Kitabı oku: «La práctica integral de vida»

Yazı tipi:

Título original: INTEGRAL LIFE PRACTICE

by Ken Wilber, Terry Patten, Adam Leonard & Marco Morelli

© 2008 by Ken Wilber, Terry Patten, Adam Leonard, and Marco Morelli.

Published in arrangement

with Shambhala Publications Inc., Boston

© de la edición en castellano:

2010 by Editorial Kairós, S. A.

www.editorialkairos.com

© Traducción del inglés: David González Raga

Primera edición: Mayo 2010

Primera edición digital: Febrero 2011

ISBN: 978-84-7245-751-5

ISBN epub: 978-84-7245-932-8

Composición: Replika Press Pvt. Ltd. India

Todos los derechos reservados.

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de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley.

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Sumario general

Prefacio

Agradecimientos

El gran experimento

1. ¿Por qué es necesaria la práctica?

2. ¿Qué es la Práctica Integral de Vida?

3. Familiarícese con la conciencia integral

4. El módulo de la sombra

5. El módulo de la mente

6. El módulo del cuerpo

7. El módulo del espíritu

8. La ética integral

9. La vida como forma de práctica

10. Navegando a través de la práctica integral

El yo único

Sobre los autores

Sumario

Prefacio

Agradecimientos

El gran experimento

1. ¿Por qué es necesaria la práctica?

Sobre las prácticas incluidas en este libro

2. ¿Qué es la Práctica Integral de Vida?

Un enfoque radicalmente inclusivo

La Práctica Integral de Vida “funciona con OCON”

Plataforma de lanzamiento: Los cuatro módulos básicos

Las prácticas estrella

¿Apremiado por el tiempo? Pruebe con los Módulos de un minuto

¿Tiene tiempo para dedicarse a sí mismo? La aplicación de los principios de la PIV

Principios de la práctica

El modo más inteligente de despertar

3. Familiarícese con la conciencia integral

Las cuatro dimensiones del ser

Los cuatro cuadrantes se hallan presentes en todo momento

4. El módulo de la sombra

¿Qué es la sombra?

El proceso de la sombra 3-2-1

Los orígenes de la sombra

Iluminar la sombra con la luz de la conciencia

Ejemplo 1: Phil visita a un amigo de la infancia

Ejemplo 2: Kathy entrega su poder a Bill

Ejemplo 3: Tony medita con un monstruo

Formas más avanzadas de trabajo con la sombra

Las tinieblas luminosas de la sombra

La extraña lógica del psiquismo

Transmutar las emociones primordiales auténticas

La transmutación emocional continua

El desarrollo simultáneo de nuestras relaciones y de nuestras emociones

Integrar la luz y la oscuridad, el espíritu y la sombra

5. El módulo de la mente

La práctica de asumir perspectivas

Aumentar la capacidad de asumir perspectivas

Elementos del marco de referencia integral

La teoría integral OCON

OCON: Omnicuadrante, ominivel, omnilínea, omniestado y omnitipo

Un lugar para todo en nuestra vida

Cuadrantes

Niveles de conciencia

Líneas del desarrollo

Responder a las cuestiones que la vida le formula

Niveles y líneas: Caminos diferentes para ascender la misma montaña

Un espectro de visiones del mundo

¿Cómo podemos participar en la co-creación de las visiones del mundo?

Nueva visita a los cuatro cuadrantes

Estados de conciencia

El entrenamiento de los estados

¿Cuál es su tipo?

Identificar su tipo Myers-Briggs

El modo en que los tipos de personalidad determinan la práctica

Aplicaciones del marco de referencia integral

El uso de OCON para ampliar nuestra visión del mundo

¿De dónde procede su perspectiva?

Lo que no es integral

Un Sistema Operativo Integral

6. El módulo del cuerpo

Redefinir la integralidad del cuerpo

Tango para tres

El trabajo con los tres cuerpos

Primer paso: Arráiguese en el cuerpo causal

Segundo paso: Energetice el cuerpo sutil

Tercer paso: Fortalezca el cuerpo ordinario

Cuarto paso: Estiramiento y relajación que permite el paso de lo ordinario a lo sutil

Paso opcional: Prácticas transicionales

Quinto paso: Descanse en el cuerpo causal

Resumen: Principios del trabajo con los tres cuerpos

Prácticas del cuerpo ordinario

¡El ejercicio físico es esencial!

Entrenamiento de fuerza. Una práctica esencial para optimizar la salud

Grupos musculares

El ejercicio cardiovascular

Deporte, danza y coordinación neuromuscular

Estiramientos

La nutrición integral

Los cuatro cuadrantes de la nutrición integral

Prácticas del cuerpo sutil

Ejercicio del cuerpo sutil

Yoga, chi-kung y artes marciales

La esencia de la práctica energética

Dominio sutil

Encauzar la intensidad

Encauzando la energía sexual

Prácticas de respiración sutil

El “juego interno” del módulo del cuerpo

Cabeza, corazón y hara

Práctica del cuerpo sutil para gestionar más adecuadamente nuestros estados internos

Nunca dejamos de respirar y nunca dejamos de sentir

Gran Corazón = Gran Mente = Conciencia-sentimiento integral

Descansando en el cuerpo causal

Dormir para despertar

La conciencia constante

7. El módulo del espíritu

Una práctica espiritual para una era integral

Un Espíritu integral

Los muchos colores del Espíritu

¿Puede sentirlo?

La práctica del módulo del Espíritu

¿Cómo trabajar con el Espíritu?

Los tres rostros del Espíritu

La espiritualidad integral moviliza los tres rostros del Espíritu

Explorando los tres rostros del Espíritu

Espiritualidad en relación

Comunidad espiritual

Devoción integral

La apertura a la devoción

¿Teísmo integral?

Estadios de la devoción

La devoción transracional

La integración de la Práctica Integral de Vida a través de la devoción

Prácticas de la meditación integral

Meditación: Haciendo real el Espíritu

Prácticas de meditación

Meditación de la respiración básica

Instrucciones básicas de la meditación en la respiración

Yo soy: Meditación guiada

La práctica perfecta

8. La ética integral

La necesidad de una ética integral

¿Pero no es la ética aburrida, tensa, opresiva…?

El asedio a la ética

Es posible descubrir una sensibilidad ética más elevada

El marco de referencia de la ética integral

El desarrollo ético

La Intuición Moral Básica

¿A quién arrojaría a los tiburones?

Valor básico, valor intrínseco y valor relativo

Enfrentándonos a dilemas éticos

Moral y ética

No ser parciales: Los cuatro cuadrantes de la práctica ética

El arte de la ética integral

Tres razones para vivir éticamente

Un vistazo al coste de la conducta no ética

Completando nuestros karmas

No es lo que hemos hecho, sino lo que haremos a continuación

La ética y la relación con uno mismo

La compasión masculina con uno mismo

La compasión femenina con uno mismo

La ética del trabajo con la sombra

Volar bajo

La responsabilidad ética expandida

La ligereza de la ética integral

9. La vida como forma de práctica: Relaciones, trabajo, parentaje, creatividad y otros módulos adicionales

La carne y los huesos de la PIV

Todo el mundo tiene problemas

Esfuerzo, entrega, objetivo y compromiso

Un vistazo rápido a algunos de los módulos adicionales

Trabajo

Dinero

Gestión del tiempo

Comunicación

Relaciones íntimas

Sexualidad

Familia y parentaje

Comunidad

Servicio

Naturaleza

Creatividad

Voluntad

El uso del marco de referencia integral en la vida cotidiana

Contemplar los módulos adicionales a través de las cinco lentes integrales

Las afirmaciones: Una herramienta ponderosa para poner en marcha los cambios deseados

La práctica de la perfección

10. Navegando a través de la práctica integral

Primera parte: El diseño de la PIV

Elizabeth y Jeremy: Dos ejemplos de diseño de un proceso PIV

1. Valore su situación actual

2. Identifique las prácticas que le falten

3. Elija sus prácticas

4. ¡Practique!

5. Sea flexible

6. Sintonice atentamente una y otra vez

7. Busque apoyo

Pasar tiempo en buena compañía

Trabajar con un maestro

Valores esenciales, visión y objetivo vital

Segunda Parte: El arte de la práctica integral

La conciencia expandida cotidiana

Consejos y principios prácticos

Estaciones y fases de la práctica integral

El yo único

Sobre los autores

Prefacio

¡Bienvenido al mundo Integral! Que el lector sostenga ahora este libro entre sus manos no sólo pone de relieve su tendencia a pensar en lo integral, sino su interés también en llevarlo a la práctica y ejercitarlo. Y eso es algo que, desde la perspectiva de la investigación evolutiva, resulta ciertamente extraordinario.

Hablando en términos generales, todos los modelos evolutivos comparten la idea de que, desde el momento del nacimiento, los seres humanos atraviesan una serie de estadios u olas del desarrollo y del crecimiento. En este sentido, las visiones del mundo propias de los estadios inferiores y más elementales son más rudimentarias, parciales y fragmentarias, mientras que las propias de los niveles superiores son más globales, integrales y auténticamente holísticas. No en vano aquéllos son conocidos como estadios de “primer grado”, mientras que éstos se llaman estadios de “segundo grado”.

Y la diferencia entre ambos niveles es muy profunda. En opinión del pionero investigador del desarrollo Clare Graves, la aparición de los estadios de segundo grado implica, en el individuo que los experimenta, «un salto de significado muy profundo». A ello, precisamente, se refiere lo integral, es decir, al pensamiento integral y también, obviamente, la práctica integral. En cualquiera de los estadios integrales del desarrollo, el universo entero empieza a cobrar sentido, evidencia su coherencia y asume el aspecto de un auténtico universo (es decir, de “un solo mundo”), un mundo singular, unificado e integrado que no sólo incluye diferentes filosofías e ideas sobre el mundo, sino también prácticas específicamente orientadas hacia el crecimiento y el desarrollo.

La Práctica Integral de Vida es una práctica integrada, una práctica que nos ayuda, tanto en el terreno laboral como en el profesional, en el lúdico, en el mundo de las relaciones, de la espiritualidad y en todos y cada uno de los aspectos de su vida, a crecer y desarrollar todas nuestras capacidades. En este sentido, la PIV apunta al logro de la mayor libertad (libertad de las limitaciones, libertad de la fragmentación y libertad de la parcialidad) y de la mayor plenitud posibles (una plenitud que abarca e incluye, en la misma totalidad inconsútil, completa y última, todas las facetas parciales y limitadas de nosotros mismos y de nuestro mundo), pasando por la actualización y el despliegue de nuestras capacidades más elevadas, hasta llegar a trascenderlo e incluirlo todo.

Esta “trascendencia e inclusión” abarca módulos y ejercicios orientados al cuerpo, la mente, el Espíritu y la sombra, e incluye prácticas procedentes de las visiones premodernas, modernas y postmodernas del crecimiento y del desarrollo. Se trata de un abordaje “omniinclusivo” que, asumiendo lo mejor de todas las visiones, lo integra en un marco de referencia que le da sentido. Las prácticas premodernas se refieren a las grandes tradiciones de sabiduría del mundo y a las prácticas meditativas que las promueven. Las prácticas modernas incluyen los estudios científicos relativos al desarrollo humano y el modo de alentarlo. Las prácticas postmodernas, por último, nos proporcionan un mapa multicultural y plural del territorio humano —es decir, del territorio de nuestro ser— que engloba todas nuestras dimensiones (física, emocional, mental y espiritual) y su aplicación a los ámbitos del yo, la cultura y la naturaleza.

La Práctica Integral de Vida es un sistema rápido y eficaz de “entrenamiento global” que alienta el desarrollo humano y el despertar espiritual, acelerando espectacularmente el desarrollo de todas nuestras dimensiones (cuerpo, mente, Espíritu y sombra). Su naturaleza global, holística e inclusiva la convierten en la más sencilla de las prácticas. Otros enfoques forman parte del rompecabezas y nos ofrecen, en consecuencia, prácticas parciales (y éxitos también parciales), pero la Práctica Integral de Vida es una práctica compleja y global que abarca todas las dimensiones fundamentales, lo que aumenta su eficacia considerablemente, especialmente cuando la comparamos con su ejercicio aislado. Pero el rasgo distintivo de la PIV es, en cualquiera de los casos, su espectacular rapidez y eficacia.

La PIV es un sistema derivado de los estadios y olas que integran la vanguardia más avanzada de la evolución y que están empezando a desplegarse ahora. Al asentarse en los estadios integrales, la PIV encarna, emerge y atrae al individuo hacia esos mismos estadios. Dicho en otras palabras, al ser una práctica procedente de los estadios de segundo grado, la Práctica Integral de Vida atrae, en consecuencia, a la conciencia hacia los niveles de segundo grado. En este sentido, ejercita tanto la “altitud” (es decir, el desarrollo vertical de la conciencia) como la “amplitud” (es decir, el desarrollo concreto de una amplia diversidad de capacidades horizontales). De todo ello trata precisamente La práctica integral de vida que presentamos en las siguientes páginas. Dicho en otras palabras, la PIV aspira a promover “un salto trascendental de significado” que llega a influir muy profundamente en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida.

Por todo ello, reciba de nuevo el lector, nuestra bienvenida al mundo Integral. Una de las ventajas de este libro radica en el equipo de autores que lo han creado. Ellos han experimentado, tanto de forma teórica como práctica, la Práctica Integral de Vida. No es de extrañar, por tanto, que su autoría colectiva integre los ricos sustratos y perspectivas sustentadas por sus autores. Y, aunque yo no haya escrito ninguno de los capítulos que componen este libro, he participado en su elaboración y revisión final, y he examinado también la integración de las distintas perspectivas y experiencias de sus autores, que trascienden con mucho las diferencias tipológicas y generacionales que les separan. A esa integración, que refleja una de sus principales fortalezas, se refiere fundamentalmente La práctica integral de vida, un libro escrito en un estilo accesible y transparente que facilita la comprensión de temas bastante complejos. Estoy muy satisfecho del resultado y más todavía de haber tenido la oportunidad de prologarlo.

La práctica integral de vida es, como su nombre indica, el aspecto práctico de la teoría integral que, tanto en su forma original como en sus diversas versiones críticas, ha provocado un impacto muy profundo sobre varios millones de personas de todo el mundo. Me parece perfecto que el lector no quiera limitarse a la teoría integral y esté dispuesto a emprender una práctica realmente integral. (La teoría integral es, en sí misma, una praxis mental que combina prácticas procedentes de todas las grandes dimensiones o, dicho en otras palabras, un mapa compuesto por las principales metodologías del mundo.) Y, si tomamos el mapa compuesto y lo convertimos en una práctica compuesta, el resultado es La práctica integral de vida, una práctica que, en consecuencia, está arraigada en lo mejor de la teoría integral. Es por ello por lo que se trata de una práctica del despertar auténticamente revolucionaria y vanguardista.

Gracias por haber elegido este libro y por estar dispuesto a emprender su propio “salto trascendental de significado”. ¡Cuando quiera podemos empezar!

KEN WILBER

Denver (Colorado), invierno de 2008

Agradecimientos

El libro que está a punto de leer ha tardado varios miles de años en poder escribirse. Por ello estamos profundamente agradecidos a los visionarios pioneros del pasado que, en aras del despertar, no dudaron en renunciar a todo, esforzándose en ver más lejos, sentir más profundamente, amar más plenamente y vivir más conscientemente. Este extraordinario linaje —del que forman parte nuestros hermanos, hermanas, maestros y héroes espirituales, tanto del pasado como del presente— comenzó en el mismo “jardín del Edén” y, desde ahí, fue asentado el terreno que ha acabado permitiendo la elaboración del libro que el lector sostiene ahora entre sus manos.

Estamos especialmente agradecidos a los valientes fundadores del movimiento del potencial humano que, emprendiendo su andadura en los años sesenta, no han dejado, desde entonces, de caminar. Esos notables practicantes experimentaron con nuevas técnicas, métodos y síntesis de transformación documentando, a lo largo del camino, tanto sus ventajas como sus inconvenientes. Especialísima mención merecen, en este sentido, los esfuerzos realizados por Michael Murphy y George Leonard, que no tardaron en responder a la llamada de Ken Wilber en su búsqueda de un enfoque más equilibrado e integral a la práctica que esbozaron en su revolucionario The Life We Are Given.

También queremos dar las gracias al equipo de brillantes colegas que nos ayudaron a elaborar muchas de las ideas y prácticas esbozadas en las siguientes páginas. Entre ellos destacamos a Jeff Salzman, Huy Lam, Diane Hamilton, Bert Parlee, Willow Pearson, Rollie Stanich, Cindy Lou Golin, Sofia Diaz, Brett Thomas, Rob McNamara y Shawn Phillips. Todos esos extraordinarios individuos han dirigido numerosos seminarios, talleres y grupos de práctica, llegando a influir en la vida de miles de personas que, gracias a sus preguntas, su feedback y su sincera puesta en práctica, han contribuido muy positivamente al desarrollo de la PIV. También queremos reconocer públicamente nuestro especial agradecimiento a Genpo Roshi, que compartió con nosotros su proceso Gran Mente, que ha permitido a muchos de los participantes en sus seminarios acabar vislumbrando su “rostro original”. (En realidad, el proceso Gran Mente debería haber sido incluido en este libro, pero lo cierto es que, para llegar realmente a experimentarlo, se requiere todo un libro, un DVD o, mejor todavía, un taller vital. Es por esto por lo que invitamos a los lectores interesados en el proceso Gran Mente a echar un vistazo a BigMind.org.)

Otros, como Nomali Perera, Clint Fuhs, Nicole Fegley y Kelly Bearer, hicieron valiosas contribuciones, como también Frank Marrero, Ted Phelps y Marc Gafni (gracias a cuyo trabajo, junto al de Jonathan Gustin y Bill Plotkin, hemos llegado a articular nuestro concepto de “ Yo Único”). También estamos muy agradecidos a los editores y diseñadores gráficos que han puesto su talento al servicio de este proyecto. Queremos destacar, entre editores y personas que han leído el manuscrito, a Liz Shaw, Kendra Crossen Burroughs, Annie McQuade, Deborah Boyar, Jordan Luftig y Nick Hedlund. También estamos muy agradecidos a Joel Morrison, Kayla Morelli y Paul Salamone, creadores de muchos de los elegantes gráficos que salpican el libro, y a Jonathan Green, Sara Bercholz y todo el equipo de Shambhala que tantas pruebas de profesionalidad nos han dado a lo largo de todo el proceso.

Nuestros maestros personales —entre los que cabe destacar a S.N. Goenka, Richard Weaver, Adi Da Samraj, el rabino Steven David Kane, Baba Muktananda, John Haught, Chögyam Trungpa Rinpoche, Byron Katie, Gangaji, Doc Childre, el rabino Shaya Isenberg, el profesor M.C. Dillon, Michael Scheisser, Adyashanti, Candice O’Denver, Genpo Roshi, Susanne Cook-Greuter— y muchos otros cuya enumeración resultaría engorrosa, nos inspiraron y despertaron a las comprensiones esbozadas en las páginas que siguen. También estamos muy agradecidos a los amigos, colegas y maestros del Integral Spiritual Center, entre los que queremos destacar al padre Thomas Keating, el hermano David Steindl-Rast, el rabino Zalman Schacter-Shalomi, Roger Walsh, Saniel Bonder, Patrick Sweeney, Sally Kempton y David Deida por sus inspiradoras aclaraciones. También damos las gracias a Andrew Cohen por el claro apoyo que nos ha prestado en foros tan interesantes como el de su revista What Is Enlightenment?

Pero nuestro agradecimiento más profundo es el que sentimos hacia nuestras queridas parejas, familiares y amigos, que han compartido a diario con nosotros el suplicio creativo que ha supuesto la confección de este libro y sin cuyo amoroso apoyo y compañía hubiera resultado bastante menos agradable y satisfactorio… ¡amén de manifiestamente imposible!

El libro tampoco hubiera podido ver la luz sin la monumental contribución de Ken Wilber. En tanto que meta-autor —no sólo de este libro, sino de la misma Práctica Integral de Vida— él ha sido literalmente el creador del campo en el que han podido florecer todas estas visiones. En sus libros y diálogos ha ido esbozando, con claridad, compasión, erudición y, lo que es más importante, sentido del humor, el espacio integral del mundo. Es por ello por lo que queremos agradecerle ahora el apoyo que, con brillantez, elocuencia y generosidad, nos ha brindado, desde el mismo comienzo, como coautor, colega, amigo, mentor y maestro.

Y no quisiéramos concluir esta sección sin darle las gracias a usted, querido lector, que ha abierto este libro motivado por la misma chispa evolutiva que impulsó a los pioneros que le precedieron en la vanguardia de la conciencia. La práctica sólo se encarna en el uso sincero de lo que aquí proponemos. Consideramos un privilegio sagrado compartir con usted esta encarnación de la visión integral.

TERRY PATTEN, ADAM LEONARD Y MARCO MORELLI

Verano de 2008

El gran experimento

Desde hace miles de años, el ser humano ha utilizado, en todo el planeta, prácticas orientadas hacia el equilibrio y la transformación de su vida. Empezando en los rituales mágicos de los antiguos chamanes, pasando por la ciencia contemplativa de las tradiciones místicas y llegando hasta los últimos y revolucionarios descubrimientos científicos realizados en los ámbitos de la salud, la nutrición y el ejercicio físico, el ser humano siempre ha buscado la forma de establecer contacto con verdades más profundas que le permitan actualizar sus potencialidades más elevadas y aumentar su bienestar y su armonía.

El acervo de conocimientos, enseñanzas y técnicas de que hoy en día, en plena era de la información, disponemos, es realmente extraordinario. ¿Cómo podríamos unificarlo todo? ¿Cómo podríamos dar sentido a la miríada de enfoques, procedentes de lugares y momentos tan diversos, de un modo que resulte relevante para nuestra vida individual y colectiva?

La respuesta a todas estas cuestiones apunta hacia un experimento en el más profundo de los sentidos, una sorprendente exploración de nuestra conciencia y de la humanidad, un viaje hacia el futuro de nuestro cuerpo, de nuestra mente y de nuestro espíritu. Pero en modo alguno queremos decir que la visión presentada en este libro sea un enfoque “experimental” y no demostrado. Lo único que, con ello, queremos decir es que, para acceder a los “datos” de la práctica (y degustar, en consecuencia, sus frutos), debemos estar dispuestos a llevar a cabo el experimento. Ésta es, en nuestra opinión, una de las tareas más apasionantes y provechosas a las que actualmente se enfrenta el ser humano.

La Práctica Integral de Vida es una forma de combinar adecuadamente la multitud de lo que nos ha legado el paso de los siglos con lo que nos proporciona la vanguardia de la psicología, los estudios de la conciencia y otros campos muy avanzados en un mismo marco de referencia que sea útil para la vida del siglo XXI. Ésta es una visión que, pese a ser simultáneamente antigua y moderna, oriental y occidental, y especulativa y científica, trasciende todas estas dicotomías. La Práctica Integral de Vida (o PIV) es integral en el sentido de que es “comprehensiva, total y equilibrada”. Es una síntesis entre “lo mejor” que nos ofrecen las tradiciones y las técnicas de transformación más avanzadas. La PIV es una exploración libre y valiente del territorio de nuestro propio ser y de nuestra propia conciencia.

Los autores estamos orgullosos de presentar, en las siguientes páginas, los resultados de una investigación sobre las claves esenciales del desarrollo humano y la PIV, iniciada, hace ya más de treinta años, con unos cuantos pioneros avanzados. Lo único que hace falta, para ello, es la predisposición a intentarlo, es decir, la predisposición a llevar a cabo, en nuestra propia vida, el Gran Experimento.

Esperamos que, independientemente de que se trate de un principiante o un practicante avanzado en busca de una visión más integral de la práctica, este libro le resulte útil. Trataremos de ayudarle a alcanzar sus aspiraciones más elevadas y crecer juntos en un aquí y un ahora cada vez más luminoso.

1. ¿Por qué es necesaria la práctica?

La Práctica Integral de Vida parte del mismo punto en que lo hace toda práctica, de la inspiración y el deseo de crecer y convertirnos en todo aquello que podemos llegar a ser.

Hay ocasiones en que esta decisión es el resultado de una verdad profunda que nos ha tocado, conmovido, abierto o despertado, mientras que, otras veces, es el simple fruto de la frustración que acompaña a las experiencias de dolor, sufrimiento y sinsentido.

Quizás sea el resultado del ejemplo edificante de una persona que vive una vida intachable, de la lectura de un libro repleto de comprensiones o de la presencia extraordinaria de un sabio o de un santo. Tal vez se trate de la muerte de un ser querido o de un amigo, o quizás caigamos sencillamente en cuenta del absurdo de una vida convencional sumida en el sinsentido.

Lo cierto es que, en cualquiera de estos casos, habremos llegado a vislumbrar la posibilidad de una existencia más libre, más clara, más verdadera, más amorosa y más auténtica —, y querremos vivirla.

Éstas son las cuestiones que, desde hace miles de años, han inspirado al ser humano. Hubo quienes, después de experimentar ese aguijonazo, entregaron su vida a un camino espiritual o místico y acabaron convirtiéndose en monjes, monjas, chamanes o yoguis. Otros, siguiendo senderos alternativos, se dedicaron a una disciplina transformadora y se convirtieron en samurais o en especialistas en artes marciales. ¿No les parecen todas ellas cuestiones muy serias y muy tradicionales?

Pero las cosas no siempre discurren por los mismos derroteros. Por más sabias que sean las tradiciones, la práctica es, por su misma naturaleza, algo vivo y que se reinventa de continuo. No se atiene exclusivamente al camino trillado por las tradiciones, sino que rompe todas las cadenas. O, dicho en otras palabras, el espíritu de la práctica vivifica toda tradición.

La tradición, a decir verdad, siempre depende de la innovación y la improvisación. Y, sin dejar de abrevar en el manantial profundo de la sabiduría del pasado, nosotros nos atenemos a la tradición… de romper con la tradición.

No en vano el mundo cambia de continuo y lo mismo hace la vida humana, nosotros y la práctica. Son muchos los estratos y dimensiones que asume la Práctica Integral de Vida personalizada. Llega hasta donde nos encontramos y, en el proceso de adaptarse a nuestra vida, experimenta cambios y transformaciones muy profundas. Pero la esencia de la PIV es muy sencilla y encarna, en cualquier contexto, tanto antiguo como moderno, la intención que alienta toda práctica verdadera, despertar todas las dimensiones de nuestro ser y abrirnos en todas direcciones para llegar a ser auténticos, reales y totales.

La Práctica Integral de Vida consiste en vivir de verdad, aumentar el nivel de integración de nuestra realidad y llegar a ser más reales que nunca. La PIV expresa el impulso de aumentar nuestra conciencia — ahora, ahora y también ahora— e ir profundizando ese despertar con el paso del tiempo.

La Práctica Integral de Vida también tiene que ver con respetarnos profundamente a nosotros mismos, a los demás y a nuestra misteriosa existencia. Este respeto nos invita a dar más, a dejar atrás las visiones limitadas y fragmentarias y expandir, en este mundo hermoso y terrible, la libertad, el amor, la apertura y la profundidad, tanto nuestras como de los demás.

La práctica es sencillamente, desde cierta perspectiva, lo que es, la decisión personal de asumir un determinado estilo de vida.

Veamos ahora unas cuantas razones que explican la necesidad de emprender una PIV:

 abrazar y trabajar con la crisis, el dolor y el sufrimiento

 convertirnos en mejores personas… a todos los niveles y en todas las dimensiones de la vida

 asumir una vida más íntegra y excelente

 ir más allá de nosotros mismos

 ¡despertar!

 descubrir y entender el sentido de las cosas

 vivir en consonancia con nuestros niveles más elevados

 convertirnos en personas más vivas y creativas

 descubrir y/o alcanzar nuestros objetivos más profundos

 amar y respetar plenamente a los demás

 hacer las cosas lo mejor que podamos

 conectar con la vida, con el universo y con el Espíritu

 participar activamente en la evolución de la conciencia

 porque quizás nos hayamos enamorado del Misterio (o de Dios)

 o por ninguna razón concreta… sino tan sólo porque nos sentimos atraídos por ello

Son muchas las personas que, después de haber experimentado un determinado tipo de práctica, acaban descubriendo que no es lo suficiente-mente completa ni abarcadora. La PIV, por el contrario, deja el espacio suficiente como para incluirlo todo en su camino:

 quizá se haya adiestrado en la excelencia física o el deporte competitivo

 quizás haya disciplinado su mente o sus emociones hasta alcanzar un rendimiento excelente en el mundo empresarial

 quizás haya practicado yoga o meditación durante décadas

 quizás haya explorado en profundidad su psiquismo y se haya enfrentado a su sombra

 quizá se haya acercado a la práctica movido por la devoción hacia Dios o hacia un maestro o guía muy querido

 quizá su interés en la PIV se haya originado en su erudición, en su intuición o en la necesidad de comprender

Hay maestros y enseñanzas que subrayan los límites de muchas de nuestras motivaciones. Una motivación muy habitual, en este sentido, es el llamado “materialismo espiritual”, según el cual, la búsqueda espiritual aspira a algún tipo de logro personal que satisfaga o perfeccione nuestra sensación de identidad separada. Pero, en el fondo, ésta no es más que una forma sutil de egocentrismo que tiende comprensiblemente a debilitarse en la medida en que maduramos. No obstante, la principal de las paradojas es la de buscar. Y es que, aunque todo el mundo emprenda el camino como “buscador”, al llegar a cierto punto, debe acabar trascendiendo, la idea de que perdió algo y renunciar finalmente a la búsqueda. Con el paso del tiempo, nuestras motivaciones evolucionan naturalmente.

Y, como ninguna motivación es errónea, tampoco debemos esperar que la nuestra sea pura y perfecta. Son muchas las razones que justifican la práctica… todas ellas, por cierto, tan válidas como parciales.

La práctica nos transforma para que nuestra intención original pueda crecer… ¡y desarrollarse! Es por ello por lo que la motivación evoluciona en función de nuestro grado de madurez. Y es que, aunque finalmente debamos acabar trascendiéndolas, todas las motivaciones se hallan, en cierto modo, al servicio de nuestro camino.

En última instancia, todas nuestras intenciones y motivaciones convergen en el momento presente. ¿Cuál es, en este mismo instante, nuestra práctica?

No existe forma mejor ni más adecuada de practicar, porque todos los enfoques son, desde esta perspectiva, menos que óptimos. La PIV no se pierde en lo accesorio y apunta a lo esencial para que, de ese modo, el lector no pierda el tiempo y encuentre lo antes posible la práctica que considere más adecuada.

¿Qué le parece si empezamos?

Sobre las prácticas incluidas en este libro

Desperdigados a lo largo de este libro, el lector encontrará una serie de ejercicios experienciales orientados hacia la puesta en práctica de la teoría integral. Algunos de ellos son explícitamente “integrales” y han sido especialmente diseñados para la PIV, razón por la cual los hemos calificado como Prácticas estrella mientras que otros, por el contrario, aunque procedentes de un origen diferente, se han visto adaptados al contexto integral. También presentamos algunas de las Prácticas estrella en una modalidad resumida que hemos decidido llamar Módulos de un minuto a la que el lector puede apelar en cualquier momento de su vida cotidiana.

Y queremos señalar que, cuando empleamos el calificativo “experiencial”, estamos refiriéndonos a su sentido más amplio, que no se limita tan sólo a las experiencias corporales, sino que también incluye las experiencias mentales y las experiencias espirituales. Trate pues de abrirse, cuando vea una Práctica estrella o un Módulo de un minuto, a la modalidad de experiencia implicada, independientemente de que se trate de una experiencia corporal, mental, espiritual o de cualquier combinación posible entre ellas.

Módulo de un minuto ¿Cuál es su motivación más profunda?

Es muy importante conectar con el significado que la práctica tenga para usted. Veamos ahora un modo de verificar su motivación. Aunque pueda hacerlo ahora mismo, de hecho, es mejor realizar regularmente este ejercicio al comenzar cualquier sesión de práctica —¡Y lo más interesante es que basta, para ello, con un solo minuto!


Coloque ambas manos sobre el corazón y respire varias veces lenta y profundamente. Preste luego atención a cualquier cosa que afl ore en su mente, en su corazón y en sus intestinos. Considere luego con mucha atención cuál es la motivación más profunda que alienta su práctica. ¿Cuál es su deseo más real? ¿Qué es lo que, ahora mismo, aparece en su conciencia? ¿Qué es lo que late detrás de los “impulsos” o de los “tirones” que ahora mismo está experimentando?

Quizás esté buscando algo extraordinario, tal vez sencillamente esté interesado en lo que sucederá o quizá sienta algo que es incapaz de describir. Observe y cobre conciencia de la motivación profunda que ahora mismo alienta su práctica.

Finalmente observe y advierta el Testigo de su experiencia, es decir, esa parte de su conciencia que sencillamente se da cuenta de los contenidos de su experiencia. ¿Quién es el que experimenta ésta, ésta y todas las experiencias que componen su vida? ¿Quién es el que es consciente y, por tanto, no tiene que ver con esas motivaciones?

Respire y relájese en esa conciencia durante unos instantes…

Luego suéltelo todo y prosiga con su vida.

2. ¿Qué es la Práctica Integral de Vida?

La palabra kosmos (con “ka”), término con el que los antiguos griegos se referían al universo, no sólo tiene en cuenta el dominio físico de las estrellas, los planetas y los agujeros negros (es decir, el significado real del término “cosmos” [con “ce”]), sino que incluye también los dominios de la mente, el alma, la sociedad, el arte y el Espíritu —o, dicho en pocas palabras, todo.

Independientemente de cuál sea su motivación, la decisión de emprender, renovar o profundizar nuestra práctica constituye un primer paso extraordinario. ¿Pero cómo, una vez tomada, podemos llevar a la práctica esa decisión? Después de treinta años de experiencia podemos garantizar al lector que, en ausencia de marco de referencia que contribuya a organizarla, el efecto de cualquier práctica acaba diluyéndose. En este sentido, el marco de referencia integral nos ayuda a dar sentido a las muchas opciones con que contamos, aumentando nuestra flexibilidad e inclusividad para poder honrar así más profundamente nuestras intenciones y actualizar más plenamente nuestras capacidades.

Un enfoque radicalmente inclusivo

El marco de referencia de la Práctica Integral de Vida se caracteriza por su gran flexibilidad. No es un programa al que debamos atenernos estrictamente para tener más éxito, un mejor aspecto, alcanzar la iluminación o ser, de un modo u otro, más perfectos. La Práctica Integral de Vida nos proporciona herramientas que contribuyen a diseñar la práctica personalizada que más nos sirva, con la certeza de que, con el paso del tiempo, irá modificándose.

La faceta “integral” de la PIV reside en su inclusividad basándose, para ello, en un mapa conceptual, al que denominamos OCON (acrónimo de “omnicuadrante y omninivel”) y al que no tardaremos en volver. OCON es una teoría de todo, una forma de entender la vida y la realidad en un sentido no, por amplio, menos preciso. OCON es un mapa de la conciencia, del Kosmos y de todos y cada uno de los niveles y dimensiones del desarrollo humano.

En términos técnicos se trata de un mapa de mapas, de una metateoría que incluye las verdades esenciales procedentes de centenares de otras teorías en un marco de referencia que tiene en cuenta, al tiempo que integra, en la misma totalidad coherente, intuiciones profundas procedentes, entre otras muchas disciplinas, de las tradiciones espirituales, de la filosofía, de la ciencia moderna y de la psicología evolutiva. En este sentido, el marco de referencia OCON tiene en cuenta las perspectivas que han aportado, a nuestra comprensión del mundo y del yo, grandes pensadores, maestros e investigadores.

Pero la cosa no acaba ahí, porque OCON también es un marco de referencia intuitivo que describe el territorio de nuestra propia conciencia. Y, para disfrutar de sus beneficios, no es necesario estar titulado ni contar con un equipamiento de última tecnología. Lo único que necesitamos, para ello, es la predisposición a aportar un nuevo tipo de conciencia a nuestra experiencia, lo que se asemeja a aprender un nuevo idioma. Quizás, al comienzo, nos sintamos un tanto torpes memorizando nuevos términos y farfullando un nuevo lenguaje pero, con el paso del tiempo, acabaremos descubriendo que, cuanto más apliquemos la nueva gramática a las situaciones de la vida real, más fácil nos resulta, aunque instintivamente sigamos pensando en nuestro idioma vernáculo y nos veamos obligados a traducirlo, recordarlo y emplearlo.

Pero, cuanto más ejercitamos ese nuevo idioma, más sencillo nos resulta pensar en él hasta que, un buen día, nos despertamos recordando que esa noche, mientras soñábamos, estábamos hablando en él. Y ello no significa, en modo alguno, que hayamos olvidado nuestro viejo idioma, sino sencillamente que nos hemos vuelto bilingües. Y, cuanto más nos expresamos en este nuevo idioma, más impregna nuestro ser, hasta que acaba convirtiéndose en parte de nosotros. Al cabo de un tiempo, las palabras fluyen sin esfuerzo de nuestros labios y somos capaces de comunicarnos, de un modo completamente nuevo, con diferentes tipos de personas. Entonces es cuando nuestro mundo se expande y advertimos horizontes que hasta entonces se nos antojaban inalcanzables.

La Práctica Integral de Vida “funciona con OCON”

Siendo OCON un intento de cartografiar el Kosmos, la PIV compromete casi todas las dimensiones de nuestra vida. Embarcarse en una Práctica Integral de Vida supone asumir más perspectivas y hacerlo de un modo más libre y flexible, ejercitando todas las dimensiones de nuestro ser. Y ésta no es una cuestión estrictamente mental, sino una modalidad de inteligencia sentida y vivida, una especie de inteligencia encarnada. La Práctica Integral de Vida es OCON aplicado a la vida, una forma de evolución consciente que moviliza todas las dimensiones de nuestro ser.

Son varias las cuestiones clave que debemos formularnos al emprender una Práctica Integral de Vida:

 ¿Cuáles son las prácticas más básicas y eficaces de las antiguas tradiciones?

 ¿Cuáles son las comprensiones prácticas que nos han proporcionado los nuevos descubrimientos?

 ¿Cómo podemos cobrar conciencia de las pautas que conectan las diferentes intuiciones y metodologías?

 ¿Cómo podemos emplear ese conocimiento para alentar nuestro desarrollo y nuestro despertar?

No somos los primeros interesados en extraer la sabiduría espiritual de las tradiciones religiosas ni en aspirar a una síntesis entre Oriente y Occidente. OCON parece proporcionarnos poderosas claves ocultas para cualquier abordaje práctico realmente universal capaz de respetar y alentar las saludables diferencias existentes entre los diferentes enfoques.

Pero los principios básicos, por más importante que pueda parecer, no son complejos ni difíciles de aprender. La Práctica Integral de Vida está diseñada por y para personas que viven en una época tan acelerada como la primera década del siglo XXI. Como no tenemos tiempo que perder, le aseguramos que las prácticas incluidas se han revelado muy útiles. La PIV es perfectamente compatible con el estilo de vida característico de nuestro tiempo. Y, aunque siempre podamos tomar algún que otro atajo, también sirve para quienes quieran profundizar rápidamente en la práctica.

¿Cómo funciona la PIV? En primer lugar, se trata de un enfoque modular a la práctica. Un módulo PIV es una categoría de práctica que se relaciona con una parte concreta de nuestro ser, como el cuerpo, la mente, el Espíritu o la sombra. De este modo, el establecimiento de los módulos que debamos practicar nos proporciona una visión global que simultáneamente pone de relieve las áreas que estamos ejercitando y aquéllas otras que, por el contrario, estemos soslayando.

Uno de los beneficios del enfoque modular es que basta con unos cuantos módulos para poner en marcha todas las dimensiones fundamentales de nuestra vida sin dejar por ello de decidir el modo exacto de hacerlo. En este sentido, la PIV no determina las prácticas concretas que debemos ejercitar… y, cuando hablamos de “prácticas”, estamos refiriéndonos concretamente a actividades realizadas de manera consciente y regular como el yoga, el levantamiento de pesas, el registro escrito de un diario, las actividades de voluntariado y servicio, etcétera, etcétera, etcétera. La PIV sólo subraya la existencia de unas cuantas dimensiones troncales —es decir, módulos básicos— y otras accesorias que, sin dejar de ser importantes, son meramente optativas y nos ayudan a establecer el modo exacto de ejercitarlas. De este modo, resulta sencillo seleccionar las prácticas que más nos interesen, sin perder el contacto con todas ellas.

En segundo lugar, la PIV es escalable, lo que significa que podemos simplificarla y acortarla para adaptarla al tiempo de que dispongamos. ¿Estamos demasiado ocupados para practicar? Podemos llevar a cabo una forma básica de Práctica Integral de Vida que no nos exija más de diez minutos al día. De este modo nadie, por más ocupado que esté, podría justificarse diciendo que carece de tiempo para emprender una Práctica Integral de Vida.

¿Está usted interesado en la transformación rápida y profunda? También puede utilizar los principios de la PIV para comprometerse, con la misma intensidad con la que lo haría un monje o un atleta olímpico, con los niveles más profundos de la práctica. La práctica puede requerir incluso varias horas al día, obligarnos a asistir a retiros o comprometerse con una comunidad entregada a la práctica.

¿Es su abanico de intereses prácticos muy amplio o muy concreto? En este sentido, la PIV es adaptable y, en consecuencia, moviliza nuestros intereses, nuestras pasiones y nuestras necesidades. Lejos de imponernos una estructura rígida, nos abre a un espacio en el que podemos desarrollar creativamente las múltiples dimensiones de nuestro ser.

Nuestras sugerencias prácticas concretas, como las Prácticas estrella, son condensadas y destiladas —lo que quiere decir que, descartando lo accesorio, conservan lo esencial— y, en consecuencia, optimizan nuestros esfuerzos. Así es como nos aseguramos de no estar perdiendo el tiempo.

La PIV, por último, es integral, que es precisamente lo que queremos decir cuando afirmamos que está “potenciada por OCON”, el mapa más global de la conciencia del que actualmente disponemos, lo que nos permite esbozar una forma de práctica que se halla a la vanguardia del siglo XXI. La estructura OCON de la Práctica Integral de Vida no sólo deja el suficiente espacio para el desarrollo superior y la autorrealización, sino también y muy especialmente para el despertar, es decir, para el reconocimiento de la Talidad o Esidad omnipresente de éste, de éste y también de este momento.

La Práctica Integral de Vida es…

Lo último en entrenamiento alterno y, en consecuencia, nos permite trabajar sinérgicamente con el cuerpo, la mente y el Espíritu en los ámbitos del yo, de la cultura y de la naturaleza

Modular, lo que significa que podemos combinar la práctica de áreas o “módulos” concretos

Escalable, es decir, adaptable al tiempo (poco o mucho) de que dispongamos, llegando incluso a los Módulos de un minuto

Adaptable a cualquier estilo de vida, lo que nos permite diseñar programas adaptados a nuestras necesidades básicas

Condensado, en el sentido de que, despojando a las prácticas tradicionales de su bagaje cultural y religioso, resume su esencia y nos proporciona una forma concentrada y eficaz de práctica muy aplicable al mundo postmoderno

Integral es decir, basada en una tecnología OCON, un marco de referencia “OmniCuadrante y OmniNivel” que nos permite car-tografiar las muchas capacidades intrínsecas del ser humano

La aventura universal (y particular) del despertar

La aventura del despertar es uno de los dramas más universales en los que se halla inmerso el ser humano. Asume todas las formas posibles y es, en este sentido, un proceso fundamentalmente creativo, impredecible e improgramable. En ciertos parajes, este proceso parece estancarse mientras que, en otros, se acelera y también hay “noches oscuras del alma” y puertas que sólo pueden atravesarse de rodillas y que se experimentan como una ordalía de transformación, un proceso de “fl orecimiento” o un romance con Dios.

Los principios de la PIV son muy claros y sencillos, y ponen a la práctica al alcance de casi cualquier persona. En este sentido, nos proporcionan un marco de referencia organizador para una vida de aprendizaje y transformación. Iluminando la imagen mayor de la conciencia, la vida, el crecimiento y el despertar, y destilando el extracto de la práctica, nos ayuda a despojarnos del lastre innecesario y proporcionarnos el espacio necesario para centrarnos en la esencia de la cuestión.

Cada camino tradicional nos ofrece una imagen única del aspecto que asume el despertar. Aun la moderna conciencia científica empezó con su propia “ilustración”. La PIV no tiene nada que ver con el rechazo de una determinada forma de despertar en favor de una nueva moda. La PIV tiene que ver con la adecuada comprensión y combinación de los caminos existentes, permitiéndoles funcionar mejor y ayudándonos a vivir más adecuadamente en pleno siglo XXI.

La PIV nos proporciona un marco de referencia nuevo y claro que no sólo permite al practicante (independientemente de que se trate o no de una persona religiosa) entender y actualizar su práctica, sino establecer un diálogo profundo y significativo con personas que siguen caminos diferentes sobre cuestiones universales relativas a la práctica.

Y ello significa que los cristianos, los judíos, los musulmanes, los budistas, los hinduistas y cualquier otro practicante religioso, indígena o transtradicional puede utilizar el enfoque integral para hablar con personas que siguen otros caminos e incluso con quienes no sustentan una visión religiosa del mundo, y referirse a su práctica con un lenguaje común (que, dicho sea de paso, puede proporcionar nuevas conexiones e ilustrar, de este modo, lo mucho que tienen en común). Aun los ateos y los agnósticos pueden trabajar con la PIV, puesto que el marco de referencia OCON es neutral y no impone ni proscribe ningún sistema concreto de creencias.

Esto nos permite satisfacer una necesidad muy seria. Tengamos en cuenta que el budista puede hablar fácilmente con alguien de su misma tradición sobre el modo de aplicar su práctica espiritual a los retos que la vida le depare. ¿Pero podría hacer lo mismo con un cristiano? ¿O con un musulmán? Y algo parecido podríamos decir con respecto a los aspirantes espirituales ajenos a esas tradiciones. Necesitamos alentar el diálogo entre los integrantes de cualquier tradición religiosa y hasta con personas que no pertenezcan a ninguna tradición. Si queremos servir a un bien mayor, la creciente comunidad internacional de práctica espiritual debería contar con un vocabulario común.

Este libro contribuye al establecimiento de un diálogo sobre una nueva dirección evolutiva de la práctica personal a la que deberían atenerse los futuros exploradores de la vanguardia del potencial humano. En este sentido, la Práctica Integral de Vida contribuye muy positivamente a definir un nuevo y emergente campo de estudio, de investigación y de aplicación.

Plataforma de lanzamiento: Los cuatro módulos básicos

Los cuatro módulos básicos de la Práctica Integral de Vida son los siguientes:

 el cuerpo

 la mente

 el Espír itu

 la sombra

otros módulos adicionales importantes son:

 la ética integral

 el yoga sexual integral

 el trabajo

 la transmutación de las emociones

 el parentaje integral

 las relaciones integrales

 la comunicación integral

El punto de partida universal de la PIV se asienta en los cuatro módulos básicos, relacionados con las cuatro dimensiones fundamentales de nuestro ser individual, el cuerpo, la mente, el Espíritu y la sombra. Usted es lo único que, para ello, necesita, de modo que, quien así lo desee, ya podría empezar a trabajar. Tenga en cuenta que la práctica coherente de estas cuatro dimensiones movilizará y potenciará su desarrollo global. De este modo será más capaz de funcionar interna y externamente, a través de múltiples perspectivas, con una mayor claridad, presencia y vitalidad en casi todas las dimensiones de su vida.


Figura 2.1 Comenzar con los cuatro módulos básicos


Figura 2.2 Módulos adicionales

Hablando en términos generales, los caminos espirituales tradicionales se han centrado habitualmente en dos o tres de estos módulos, soslayando casi siempre el módulo de la sombra. Por su parte, aunque los caminos modernos y postmodernos del autodesarrollo hayan tenido en cuenta el trabajo con la sombra, han solido desdeñar el módulo de la mente y la mayoría de ellos carecen de la profundidad y el rigor propio de las tradiciones meditativas, lo que les impide abordar adecuadamente el módulo del Espíritu.

Para esbozar adecuadamente una PIV, lo único que necesitamos es elegir una sola práctica en cada uno de los cuatro módulos básicos. Y, si queremos hacerlo sabiamente, deberemos escapar de los errores habituales que, de modos muy diversos, obstaculizan la transformación.

Hay quienes dicen: «¿Y qué pasa si quiero centrarme en un ámbito ajeno a los cuatro módulos básicos?». ¡Obviamente no hay nada que nos lo impida! Siempre podemos tener en cuenta y aportar conciencia a nuestras relaciones y a las funciones clave (relativas a nuestra profesión, nuestras relaciones, nuestra familia, etcétera) a las que se refieren los módulos adicionales. Y, en cualquier momento, nuestro objeto de interés siempre puede centrarse en cualquier módulo. Todos los módulos —tanto los básicos como los adicionales— son importantes. Si, por ejemplo, estamos atravesando una fase en la que pretendemos adaptar nuestra carrera al objetivo de nuestra vida o a la pasión que alienta nuestro corazón, probablemente queramos centrarnos en el módulo del trabajo y desplegar nuestro yo único. En cambio, si acabamos de enamorarnos (o queremos enamorarnos) o estamos trabajando cuestiones relativas a nuestra pareja, probablemente prefiramos centrarnos en el módulo de las relaciones. Y si, por último, estamos estableciendo los cimientos de una nueva familia, probablemente nos interese centrarnos en el módulo del parentaje.

Los cuatro módulos básicos no constituyen, en este sentido, una estructura rígida y dogmática, sino tan sólo un fundamento recomendado. Son muchas las etapas que componen el viaje de nuestra vida y el énfasis de la práctica deberá adaptarse en consecuencia. Los módulos PIV no son más que formas de explicar las dimensiones centrales de nuestra vida. Además, tampoco es necesario considerar a los módulos como unidades rígidas, compartimentalizadas y abstractas de nuestro ser —porque no hay necesidad de relacionarse con uno mismo de un modo distante y estricto. En este sentido, los módulos contribuyen a orientar, equilibrar e integrar la práctica, y los términos exactos son menos importantes que la energía, claridad, sinceridad e intencionalidad con que la emprendamos.

Las prácticas estrella


Figura 2.3 estrella

Cada módulo incluye una serie de prácticas a elegir. El módulo del cuerpo, por ejemplo, cuenta con un amplio abanico de prácticas, entre las que cabe destacar el levantamiento de pesas, el aeróbic, los deportes, la natación, el yoga, el chi-kung, la dieta y la nutrición. Cualquier práctica centrada en las dimensiones encarnadas de nuestro ser puede ser considerada como una práctica del módulo corporal. Y, por razones parecidas, prácticas como la oración, la meditación y la adoración, relacionadas con la dimensión espiritual de nuestro ser, pertenecen al módulo del Espíritu.


Figura 2.4 Ejemplo PIV con Módulos de un minuto

Nosotros hemos desarrollado una serie de prácticas recomendadas en cada uno de los cuatro módulos básicos, a las que llamamos Prácticas estrella. Se trata de prácticas originales, basadas en OCON y especialmente adaptadas al siglo XXI, que integran lo mejor de las visiones tradicionales, modernas y postmodernas. Y, por más que algunas sean recopilaciones de prácticas tradicionales despojadas de su lastre religioso y cultural, y que otras hayan sido especialmente diseñadas para satisfacer necesidades nuevas, todas ellas son muy eficaces y abarcan los aspectos más relevantes de la práctica.

En la Figura 2.3 presentamos algunas de las Prácticas estrella de los cuatro módulos básicos que veremos con más detenimiento a lo largo del presente libro. Pero debemos decir al lector que el único modo de saber si una determinada práctica le sirve o le gusta consiste, obviamente, en ponerla en práctica.

¿Apremiado por el tiempo? Pruebe con los Módulos de un minuto

Su PIV puede ser tan amplia y rica como quiera. Sin embargo, para quienes no disponen de mucho tiempo libre, hemos puesto a punto versiones rápidas de las Prácticas estrella a las que llamamos Módulos de un minuto. En este sentido, los módulos de un minuto son Prácticas estrella condensadas en un ejercicio muy eficaz y auténtico cuya práctica requiere muy poco tiempo. Dicho en otras palabras, el módulo de un minuto es una minipráctica estrella que puede emprender casi en cualquier momento y en cualquier lugar, tanto en el trabajo como en el metro, después de comer, entre una clase y otra o antes de acostarse.

Los Módulos de un minuto no reemplazan a las prácticas más intensas. Desde una perspectiva ideal, usted puede contar con una o dos horas al día para llevar a cabo la práctica y, en ocasiones —cuando, está en un retiro, por ejemplo—, puede disponer de más tiempo. Sin embargo, cuando el tiempo con que cuenta es escaso, los Módulos de un minuto le ayudan a permanecer en contacto con la esencia de la práctica, lo que obviamente resulta muchísimo mejor que no practicar.

De este modo, los Módulos de un minuto le permiten llevar a cabo una PIV que no le requiera más de 10 minutos al día. Así podrá seguir practicando aunque esté muy ocupado —¡y eliminar, al mismo tiempo, la principal excusa para no practicar! Cualquiera puede disponer así del tiempo necesario para practicar regularmente una PIV.

¿Tiene tiempo para dedicarse a sí mismo? La aplicación de los principios de la PIV

La práctica nunca concluye. Después de años de dedicación, los practicantes experimentados suelen trabajar con modalidades más sutiles y avanzadas de los mismos módulos. Cuando la práctica ha acabado integrándose en nuestra vida, tendemos a trabajar más profundamente con nuestros estados mentales y emocionales. Entonces es cuando la práctica se profundiza en nuestras relaciones, en el trabajo y en otros módulos adicionales. Y, por supuesto, seguimos trabajando también con los módulos básicos del cuerpo, la mente, el Espíritu y la sombra. El hecho es que nuestra práctica debe adaptarse, flexibilizarse y evolucionar de continuo en la medida en que avanzamos y nos adentramos en estadios nuevos y cada vez más maduros.

La Matriz de la Práctica Integral de Vida


Los principios de la PIV le ayudarán a diseñar y seguir perfeccionando una práctica global, equilibrada y eficaz. De este modo no soslayará nada esencial ni rechazará las dimensiones fundamentales del desarrollo, aun en aquellos momentos en los que se concentre en determinados tipos de crecimiento, como los retiros de meditación o el período de entrenamiento que precede a una competición atlética.

El ejercicio de tres tipos diferentes de salud

La práctica regular nos transforma, tanto de forma espectacular como sutil. Y esto es algo que queda muy claro cuando tenemos en cuenta los tres tipos de salud que presentamos a continuación:

1 Salud horizontal: La plenitud dinámica de las posibilidades de conciencia, vitalidad y respeto con que contamos en el estadio actual del desarrollo en el que nos encontremos.

2 Salud vertical: El desarrollo continuo hacia una mayor conciencia y complejidad, que trasciende viejas formas de ser y avanza hacia nuevos estadios del desarrollo.

3 Salud esencial: El contacto, la conexión y la realización del Espíritu que tenemos, en cualquier estadio del desarrollo, con el Misterio, Talidad o Esidad de éste y de cualquier otro instante.

La PIV asume e integra estas tres modalidades diferentes.

Aun en aquellos momentos en los que las circunstancias vitales parecen colocar en primer plano otros aspectos de nuestra vida, como el trabajo o la familia, siempre contamos con herramientas que nos permiten flexibilizar la práctica y darle la forma adecuada. De hecho, el modo en que asumimos nuestra Práctica Integral de Vida puede evolucionar con el paso del tiempo y las líneas directrices generales pueden acabar convirtiéndose en un firme compromiso que orienta de manera natural todos y cada uno de los instantes de nuestra vida. De este modo, no sólo habrá lugar, por decirlo así, para la inhalación, sino también para la exhalación o, lo que es lo mismo, para todas las cualidades y fases de una vida humana sana.

Principios de la práctica

No hay apaños rápidos

Una de las razones por las que la llamamos Práctica Integral de Vida es porque no hay apaños rápidos. No le quepa la menor duda de que, si los hubiera, nosotros los recomendaríamos. ¡Una de las lecciones más duras que, en la última mitad del siglo, nos ha enseñado el movimiento del potencial humano, es que los talleres de fin de semana no funcionan! Y lo mismo podríamos decir con respecto a los talleres intensivos de una semana o hasta de un mes. La única forma de alentar la transformación sostenida es la práctica comprometida, duradera y cotidiana.

El camino más corto y rápido para provocar el cambio duradero pasa por un estilo de vida que incluya, al menos, los cuatro módulos básicos y abrace alguna forma de PIV. Y esto, aunque parezca requerir mucho tiempo (¡y hay ocasiones en que un minuto parece eterno!), nos ayuda a movilizar nuestras potencialidades, activar nuestra energía y nuestra atención, intensificar nuestra eficacia y disfrutar de la vida. ¡No hay razones, pues, para demorar el comienzo de nuestra PIV!

El entrenamiento alterno integral

El entrenamiento alterno típico es habitualmente muy chato. Ejercita, por ejemplo, el aeróbic, el levantamiento de pesas y el yoga… pero todo ello tiene lugar a un nivel estrictamente físico. ¿Qué sucedería si aplicásemos el mismo principio del entrenamiento alterno —según el cual, lo que hayamos logrado en una dimensión cataliza el avance en todas las demás— a todos los niveles y dimensiones de nuestro ser? Porque ésa es precisamente la idea. La investigación preliminar realizada en este sentido sugiere, por ejemplo, que el meditador que también levanta pesas acelerará más el avance de su meditación que el que no lo haga, y viceversa, que el levantador de pesas que medita acelera también su práctica de levantamiento de pesas. Éste es un fenómeno al que podríamos denominar sinergia alterna integral. Los cuatro módulos esenciales activan simultáneamente diversas y poderosas sinergias existentes entre el cuerpo y la mente, entre el Espíritu y el cuerpo, y entre la sombra (es decir, el inconsciente) y el Espíritu. Y éste es un beneficio que se ve acentuado por el ejercicio de los módulos adicionales.

Aunque algunas prácticas se centren más en un módulo que en las demás, tiene lugar un cierto efecto dominó, porque el compromiso con un módulo en una determinada dimensión vital aumenta la eficacia del resto de los módulos en las demás dimensiones. Éste es el poder del entrenamiento alterno, lo que explica que, aunque el módulo de la sombra se dirija fundamentalmente a la dinámica psicológica interior, acabe influyendo en muchos aspectos de nuestra vida. Cobrar, pues, conciencia de los contenidos de la sombra y apropiarnos de ellos no sólo aumenta la intimidad y sinceridad de nuestras relaciones, sino que libera también la energía reprimida en nuestro cuerpo, aclara y aumenta la eficacia de nuestro trabajo, intensifica nuestra autenticidad y nuestra conducta ética, y puede llegar incluso a mejorar nuestras finanzas (como sucede, por ejemplo, cuando el trabajo con la sombra nos permite enfrentarnos y superar los miedos inconscientes hacia el dinero y el poder).

Un enfoque post-metafísico

El siguiente principio —más teórico pero no, por ello, menos importante— afirma que la PIV es “post-metafísica”, un calificativo que significa que no existe ninguna visión de la realidad que se presente sencillamente ante nuestra conciencia como un dato. Dicho en otras palabras, toda perspectiva es enactuada, lo que significa que, para ver algo, tenemos que hacer algo. Así, por ejemplo, si queremos saber si está lloviendo, tendremos que echar un vistazo por la ventana; si queremos ver una ameba, deberemos utilizar un microscopio y, si queremos entender de qué diablos hablan los maestros zen, nos veremos obligados a meditar.

La vieja metafísica asume que la realidad se presenta sencillamente ante nuestra conciencia sin intermediación alguna de contextos, acciones y percepciones. Pero, según la visión postmetafísica integral, si queremos experimentar una realidad integral tendremos que acometer una práctica integral. Nada, pues, de lo que presentamos en este libro debería ser tomado como una simple proclamación de la verdad porque, en todos los casos, para corroborar la veracidad de lo que alguien considera “verdad”, el lector deberá seguir una determinada práctica.

Si el lector, por ejemplo, quiere conocer la verdadera existencia de las lunas de Júpiter, deberá familiarizarse con los principios de la astronomía y mirar luego a través de un telescopio. Y si, del mismo modo, quiere conocer la verdadera existencia del satori del zen o de la iluminación, deberá familiarizarse con el zen y meditar y contemplar luego directamente la naturaleza de su mente. En lugar, pues, de tragarnos acríticamente algo o de vomitarlo escépticamente, la visión post-metafísica nos obliga a asumir una actitud abierta e inquisitiva. En cierto modo, la post-metafísica es una expresión del impulso científco —es decir, de la experimentación empírica y de la validación experiencial— que no se limita al plano material, sino que incluye todos los niveles y dimensiones de nuestro ser.

Conciencia, respeto y presencia

La esencia de la Práctica Integral de Vida no se limita al ejercicio de determinadas prácticas. Muy al contrario, insiste en el compromiso sincero de aportar conciencia, respeto y presencia a cada momento de nuestra vida —e intensificar, de ese modo, nuestra conciencia, nuestro respeto y nuestra presencia. Quien emprende una PIV aspira naturalmente a un cuerpo sano, una mente clara, un corazón abierto y el compromiso con un objetivo superior. Y ello no sólo se expresa en el modo en que respiramos y nos sentamos a lo largo del día, sino en el modo también en que trabajamos, en que tratamos a nuestra pareja y en que nos enfrentamos al estrés… es decir, en todos los aspectos y en todos los momentos de nuestra vida.

Ser conscientes y amar —es decir, ver, sentir y ser en el momento— es algo realmente muy profundo que nos obliga a liberarnos de la fijación a toda perspectiva, para ser así libres y flexibles y evolucionar con la vida.

La Práctica Integral de Vida es paradójica. Como sucede con los “caminos graduales” de los que hablan ciertas tradiciones, que implican décadas de atención diligente, la práctica va profundizándose con el paso del tiempo. Desde el mismo comienzo, sin embargo, el camino se ve puntuado por momentos de despertar y libertad súbita, experiencias cumbre en las que la conciencia va poniéndose de manifiesto gradualmente. Entonces es cuando advertimos provisionalmente la verdadera naturaleza de las cosas. Pero, si esa experiencia cumbre se repite con la suficiente frecuencia, el espíritu de la conciencia libre acaba impregnando toda nuestra vida.

Por ello decimos que el camino universal es tan gradual como súbito… y, del mismo modo, tan genérico como específico. Y es que, aunque este libro se asemeje a un manual del “modo en que debemos hacer las cosas”, la PIV no se limita a ser un programa de autoperfeccionamiento. Ofrece un extracto de los procesos universales de despertar a los estados y estadios superiores de la conciencia. Desde cierta perspectiva, uno puede empezar “haciendo el proceso” pero, desde otra, es el proceso el que “acaba haciéndonos a nosotros”.

La libertad a la que el ser humano despierta ha estado siempre presente. En consecuencia, jamás hubo problema alguno y nunca nadie necesitó transformarse. Paradójicamente, sin embargo, la transformación también es importante y por ello estamos profundamente agradecidos. En el momento de la realización vemos nuestro camino como lo que realmente es, un mero pretexto para el despertar incondicional. La práctica se asienta en la bondad, la verdad, la belleza y la alegría misma de vivir la práctica.

La Práctica Integral de Vida sigue evolucionando y profundizándose durante toda nuestra vida, haciéndose cada vez más íntima y real. ¿Cómo debemos enfrentarnos a la frustración, la decepción y el sufrimiento? ¿Cómo deberíamos responder cuando alguien nos ataca? ¿Qué debemos —o, mejor dicho, qué podemos— hacer cuando muere un ser querido? ¿Cómo debemos enfrentarnos a la cruda e inevitable realidad de la pérdida, el envejecimiento y la muerte?

Porque es precisamente entonces cuando se pone claramente de relieve la importancia de la práctica. El hecho de que podamos echar luz sobre las cuestiones relativas a la sombra, de que podamos equilibrar nuestro cuerpo con el adecuado ejercicio y nutrición, de que podamos asumir múltiples perspectivas, de que nuestro sistema nervioso pueda liberar las tensiones y de que podamos aumentar nuestro contacto con la vida y con la verdad acaban determinando nuestra experiencia inmediata, lo presentes y amorosos que podamos estar con todo lo que aparezca y el modo de emplearlo para crecer.

Pero la práctica no sólo nos ayuda a enfrentarnos a las cuestiones difíciles, sino también a las cuestiones hermosas. La vida es infinitamente maravillosa y sorprendente. El enamoramiento… el nacimiento de un bebé… tener una idea nueva y brillante… servir a una causa superior… emprender una nueva empresa… viajar y experimentar otras culturas… entender la naturaleza de la realidad… crear o disfrutar de una hermosa obra de arte… A todo eso, nos guste o nos desagrade, también estamos sometidos.

La luz del Espíritu puede cegarnos como mil millones de soles, la belleza de una simple lágrima puede fundir nuestro corazón y el amor verdadero puede aplastarnos como si de una montaña se tratase… hasta que nuestra pareja dice algo que nos molesta o enfurece, y la belleza y el amor parecen desvanecerse… para regresar al poco y redescubrir nuevamente el equilibrio, la libertad, la felicidad, la cordura, la unidad y la normalidad. Entonces todo empieza de nuevo.

¡De eso precisamente trata la práctica!

El modo más inteligente de despertar

¡Lo mejor que podemos hacer es empezar! Cualquier persona, independientemente de que se trate de un principiante o de un veterano, puede servirse de este libro para enriquecer su vida con prácticas más inteligentes y útiles.

Resulta sencillo, después de haber entendido lo básico, emprender la propia PIV. Resumamos ahora lo dicho hasta el momento:

 Cuatro son los módulos básicos de la PIV, una práctica que se apoya en el principio del entrenamiento alterno, la vida, el cuerpo, la mente, el Espíritu y la sombra.

 Todo lo que necesitamos para emprender una PIV es elegir una práctica de cada uno de los diferentes módulos básicos. Los lectores interesados encontrarán, en la página 47, ejemplos ilustrativos de la matriz PIV.

 Diseñe su propia PIV y escálela, para acomodarla a las realidades (grandes o pequeñas) de su programa, de su nivel de compromiso y de su grado de inspiración.

 Combine y equipare. Incluya las prácticas de los módulos adicionales más apropiados, centrándose en las que le parezcan más relevantes y necesarias.

 Aunque las Prácticas estrella se hallen especialmente optimizadas —y, en consecuencia, se hayan adaptado especialmente a la PIV— no son, por ello, obligatorias. Y si se encuentra muy ocupado, siempre puede apelar a un Módulo de un minuto.

 La parte más difícil tiene que ver con la vida misma. Pero la práctica nos ayuda a estar mucho más presentes, más vivos y en mejores condiciones de asumir tanto las difcultades como los placeres de la vida cotidiana.

3. Familiarícese con la conciencia integral

“Integral” significa comprehensivo, equilibrado e inclusivo. Es por ello por lo que, cada vez que pensamos, sentimos o actuamos de forma integral, experimentamos una sensación de totalidad, como si hubiésemos tenido en cuenta todas las cosas importantes. Se trata de una experiencia habitualmente intuitiva que se vive como la más correcta, la más verdadera y la que más en contacto se halla con la realidad.

Hay formas muy explícitas de articular la sensibilidad integral. Una de ellas es la que nos proporciona el marco de referencia integral OCON. El uso de un marco de referencia integral en nuestra vida cotidiana puede enseñar a nuestra conciencia a ser más integral. En este sentido, OCON puede ayudarnos a profundizar la conciencia de nuestros sentimientos, de nuestra intuición de totalidad y de nuestra Práctica Integral de Vida.

En el Capítulo 2 hemos calificado al marco de referencia OCON como una teoría o mapa de todo. También hemos dicho que la Práctica Integral de Vida se ve potenciada por OCON o que, de hecho, es OCON aplicada a la vida. En este sentido, OCON es el mapa… y nuestro ser-en-el-mundo es el territorio. OCON funciona como una especie de tecnología que cartografía la realidad y nos muestra la pauta que unifica y da sentido a las cosas. Bien podríamos decir que OCON es la pauta mayor que “da sentido a todo” e invitar al lector a verificarlo por sí mismo.

En este capítulo presentaremos y exploraremos uno de los aspectos más accesibles del marco de referencia OCON, los cuatro cuadrantes (o, dicho de otro modo, la faceta “omnicuadrante” de OCON). ¡Se trata de cuatro facetas de la conciencia que nos son tan próximas y evidentes que habitualmente nos pasan desapercibidas! Son muchos los malentendidos —personales, políticos, culturales, empresariales o incluso espirituales— que se derivan de negarnos a considerar uno o más de los cuadrantes. Una de las primeras y mejores cosas que podemos hacer para familiarizarnos con la conciencia integral es verificarla con los cuatro cuadrantes de nuestra propia experiencia.

Las cuatro dimensiones del ser

Los cuadrantes se refieren a cuatro dimensiones de nuestro ser-en-el-mundo: la dimensión interior-individual (es decir, el dominio de la psicología, los pensamientos, los sentimientos y las intenciones), la dimensión interior-colectiva (es decir, las relaciones, la cultura y los significados compartidos), la dimensión exterior-individual (es decir, el cuerpo físico y la conducta) y la dimensión exterior-colectiva (es decir, el entorno y las estructuras y sistemas sociales).


Figura 3.1 Globalmente considerados, los cuatro cuadrantes son cuatro aspectos diferentes de nuestro ser-en-el-mundo

También nos referimos a las cuatro perspectivas correspondientes de nuestra conciencia presente como yo, nosotros, ello y ellos.

La Práctica Integral de Vida emerge siempre en y como los cuatro cuadrantes (ésta es la parte de la integralidad del ello), aunque siempre hay prácticas que se centran más en un cuadrante que en otro.

En las cuatro secciones siguientes presentaremos una serie de ejercicios que pueden ser utilizados para explorar cada uno de los cuatro cuadrantes a través de las lentes proporcionadas por las perspectivas del “yo”, del “nosotros”, del “ello” y del “ellos”. De este modo empezaremos a familiarizarnos con la sensación de las múltiples dimensiones en las que emerge toda nuestra experiencia, es decir, con el territorio en el que se mueve nuestra propia práctica

Los cuatro cuadrantes son los 360° en los que se mueve nuestra vida

Nuestra vida y nuestra Práctica Integral de Vida abarcan 360°. Y, puesto que nuestra vida emerge en y como los cuatro cuadrantes, respetar estas cuatro perspectivas primordiales nos ayuda a comprometernos con ella de un modo más equilibrado e inteligente. Pero la Práctica Integral de Vida no fragmenta la vida en cuatro ni en cuatrocientas piezas, sino que está arraigada en la conciencia de su totalidad y singularidad, es decir, en su “integridad”. Y aunque, en ocasiones, determinadas prácticas concretas se centren más en un cuadrante que en otro, los cuatro, de un modo u otro, siempre se hallan presentes.


Figura 3.2 Los cuatro cuadrantes son las cuatro perspectivas de nuestra conciencia presente

Familiarícese con el “yo”

Sintonice con el espacio interno de su “yo”, con su conciencia individual en tanto que ser intencional y sensible poseedor de una sensación de “identidad”. ¿Qué es lo que sucede ahí dentro? ¿Qué es lo que aparece en el escenario de su conciencia? Ésta es una pregunta a la que sólo uno puede responder. Y es que, aunque su conducta puede proporcionarnos alguna que otra pista, el ojo interno está mejor adaptado para ello, porque lo que ocurre en su interior, es decir, en el espacio de su “yo”, resulta invisible a los demás.

Un picor aquí, un hormigueo allí, un dolor en la región lumbar, la energetización que acompaña al ejercicio físico, el agotamiento que sigue a una larga jornada laboral, el placentero cosquilleo de las caricias de su pareja, las ganas de tomarse un tentempié a medianoche, la sensación de cansancio de sus pies o el bochorno de sentir todo su cuerpo sudado. ¿Cuáles son las sensaciones que aparecen en el escenario de su “yo”?

El enfado con un mundo que se está volviendo loco, la compasión por quienes hacen las cosas lo mejor que pueden, la apatía cuando advierte la poca importancia que tienen sus acciones, la satisfacción cuando le pagan con un talón y la frustración al descubrir que carece de fondos, la felicidad de dar un paseo a la luz de la luna, el aburrimiento que experimenta en el trabajo, la sensación de amor que acompaña a la apertura de su corazón, la melancolía sin motivo, el miedo a no poder desarrollar sus potencialidades más elevadas, la gratitud por ser quien ahora mismo es, la envidia de no poder hacer las cosas que querría y la alegría que acompaña al despertar. ¿Cuáles, de todas éstas, son las emociones que ahora mismo experimenta en el escenario de su “yo”?

Voces internas que no dejan de charlar entre sí, el controlador, el escéptico, el protector, el crítico, el juez, el abusador y el niño herido. “¡No eres lo suficientemente bueno!”, “¡Eso no es seguro!”, “¡Deberías esforzarte más!”, “¡Estás equivocado!”, “¡Haz tal cosa!” o “¡Vaya mierda!”. Recuerdos traumáticos que aparecen una y otra vez, recuerdos de las veces en que, siendo niño, se sintió maltratado, el recuerdo del día en que su padre le abandonó y el recuerdo de aquel amigo que acabó traicionándole. Cada uno arrastra consigo una gran bolsa llena de las sombras de las cualidades de las que se ha enajenado y proyecta sobre los demás. “¿Enfadado yo? ¡Quien está enfadado es él!”, “¡Yo no estoy celoso! ¡La celosa es ella!”. Y la disociación siempre va acompañada de una especie de muerte. ¿Cuál es la dinámica psicológica que se despliega en el espacio de su “yo”?

En nuestro mundo interior se mueven pensamientos, ideas, opiniones, intenciones, motivaciones, objetivos, visiones, valores, visiones del mundo y filosofías de la vida. Es en el espacio de ese “yo” donde emergen todos los conceptos, desde el “creo que le gusto” hasta “E = mc2”. Los sueños iluminan ese despliegue anterior con imágenes sutiles que hacen cosas de lo más extrañas. Independientemente de que resulten aterradores, sexuales, clarificadores o estimulantes, los sueños pertenecen a un dominio sutil muy diferente al propio de la vigilia ordinaria. Y ésa no es más que una muestra de los múltiples fenómenos que pueden emerger en el espacio del “yo”, en el espacio individual e interior de éste y de todos los instantes de su vida.


Figura 3.3 Los cuatro cuadrantes con énfasis en el “yo”

La práctica de la introspección, que consiste en centrar la mirada en el “yo”, puede propiciar la aparición de momentos de gracia en los que se apacigua el flujo de esa suerte de río interior. Entonces es cuando, en lugar de las corrientes y de los rápidos habituales, aparece una mente espejo iluminada que refleja lúcidamente nuestro rostro, nuestro Rostro Original, habitualmente elusivo, aunque siempre manifiestamente omnipresente. El resplandor sereno abre la barrera sin puerta de la transparencia radical durante todo el camino de descenso que nos abre a las profundidades del océano de la conciencia. Contemple el espacio vacío en el que burbujea el agua de su conciencia interior, el espacio de su “yo”.

Familiarícese con el “nosotros”

Imagine ahora que se encuentra con una persona con la que realmente se relaciona. Evoque los sentimientos y emociones que experimenta cuando está en su presencia. Y es que, aunque no siempre coincida con ella, usted se relaciona con esa persona de un determinado modo. Esa persona ha dejado de ser un “ello” y se ha convertido, para usted, en un “tú”. El espacio del “nosotros” requiere ese reconocimiento mutuo, esa comunicación y esa comprensión compartida. Usted y yo experimentamos sentimientos, visiones, deseos y conflictos compartidos, un torbellino de amor y desengaño, de obligaciones y compromisos rotos, de los altos y de los bajos de todo lo que, en la vida, nos parece “importante”. Ahora mismo podemos sentir la auténtica textura de esas experiencias, pensamientos, intuiciones y emociones compartidas, ese milagro llamado “nosotros”.

Cuando yo me encuentro con usted y nos comunicamos, empezamos a resonar, a compartir y a entendernos lo suficiente, al menos, como para compartir cierta sensación de significado. Entonces es cuando dos “yoes” se convierten en un “nosotros”. Recuerde la última ocasión en que entabló una conversación interesante con un extraño. Recuerde cómo se sentía antes y después de la interacción. Cuando le conoció no era más que un “ello”, es decir, un objeto al que, si bien podía ver, realmente desconocía. Luego empezó a charlar con él, a intercambiar historias, a conectar con su estado emocional y a advertir la experiencia humana que se expresaba en sus ojos. Era como si realmente asistiese al nacimiento de un “nosotros” que iba erigiéndose con cada palabra, con cada asentimiento, con cada sonrisa, con cada gesto de comprensión y con cada experiencia compartida.


Figura 3.4 Los cuatro cuadrantes con énfasis en el “nosotros”

Considere ahora la gran diversidad de espacios que configuran el “nosotros”, el nosotros de la familia, el nosotros del trabajo, el nosotros romántico, el nosotros del deporte, el nosotros de los buenos amigos, el nosotros de la comunidad de vecinos, el nosotros global, etcétera, etcétera, etcétera. Advierta la textura singular y única de cada uno de esos espacios. Esos espacios son tan comunes que resulta fácil soslayar el increíble milagro de que dos o más personas puedan llegar a entenderse. Para que la comunicación sea posible, algo suyo debe ser capaz de llegar a mi mente y, del mismo modo, yo también debo poder adentrarme lo suficiente en la suya como para que coincidamos en estar viendo lo mismo. ¿No le parece realmente sorprendente?

¿No le parece extraordinaria la posibilidad de sintonizar con otra persona en la misma longitud de onda y de darse cuenta de que realmente le comprende? Ese extraordinario “nosotros” va configurándose en la medida en que usted y yo nos comprendemos, nos enamoramos, nos odiamos y en las muchas formas, en suma, en que llegamos a experimentar que, de algún modo, el otro forma, en realidad, parte de nuestro ser.

Familiarícese con el “ello”

A diferencia de la comprensión mutua que caracteriza el espacio del “nosotros”, el espacio del “ello” es la perspectiva que nos permite ver las superficies, objetivar las cosas y las personas y percibir las conductas. El espacio del “ello” va acompañado de una sensación de “cosa”, porque es el dominio de la dimensión exterior de lo individual, de algo que podemos ver, tocar, degustar, oler, escuchar y señalar.

Dirija su atención hacia la dimensión exterior de su yo, es decir, hacia el espacio del “ello”. El cuerpo físico u ordinario es un vehículo realmente asombroso (una auténtica obra de arte) compuesto de muchos estratos de complejidad diferente, que van desde las partículas subatómicas hasta los átomos, las moléculas, las células, los tejidos, los órganos y los sistemas orgánicos, y que le permite interactuar con el mundo.

Eche ahora un vistazo a una pulgada cuadrada de piel de su brazo. Dese cuenta de que, en esa pulgada cuadrada, hay más de tres metros y medio de fibras nerviosas, mil trescientas neuronas, cien glándulas sudoríparas, tres millones de células y casi tres metros de vasos sanguíneos. Eso es lo que advertiría si contase con un microscopio y tuviese mucho tiempo libre. ¿No les parece extraño pensar que cada uno de nosotros pasó media hora como célula simple y que hoy en día esté compuesto de diez mil millones de células?… ¡Y, dicho sea de paso, en el tiempo que necesite para leer esta simple frase, cincuenta millones de células habrán muerto y se habrán visto reemplazadas por otras nuevas!

Nuestro cuerpo quizá represente la cúspide de la complejidad física. Más de 70 kilómetros de redes nerviosas conectan el cerebro con el cuerpo transmitiendo información en forma de impulsos eléctricos a velocidades que superan los 300 kilómetros por hora y generando la suficiente electricidad como para encender una bombilla de 100 W (o quizá una carrera de máquinas inteligentes). Y las posibilidades a las que nos abren los cien mil millones de neuronas del cerebro son casi ilimitadas.


Figura 3.5 Los cuatro cuadrantes con énfasis en el “ello”

El interior de nuestro cuerpo es, en realidad, exterior

Aunque nuestro cerebro, nuestra sangre y nuestros intestinos puedan estar ubicados dentro de nuestro cuerpo físico siguen siendo, no obstante, exteriores a nuestro ser y se hallan, por tanto, en el espacio del “ello”. O, dicho de otro modo, podemos verlos como objetos físicos. Podemos cortar y abrir el cuerpo y seguir viendo las células y los órganos, porque todos ellos son objetos exteriores.

Deténgase y sienta el espacio del “ello” compuesto por el bum… bum… bum de su corazón. Observe los casi 100.000 kilómetros de vasos sanguíneos a través de los que la sangre atraviesa su brazo mil veces al día. ¡Bum… bum… bum…! ¡Cuarenta millones de veces al año!

La conducta de su cuerpo físico —su conducta— ocurre también en espacio del “ello”. ¿Cómo se muestra usted al mundo? ¿Qué es lo que hace? Los músculos del rostro necesarios para fruncir el ceño son más que los que se necesitan para sonreír (43 frente a 17). Las expresiones faciales, como los movimientos y las conductas, tienen lugar en el espacio del “ello”. Y, hablando de movimientos corporales, un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud afirma que a diario ocurren unos cien millones de actos sexuales. La buena noticia es que, en un beso de un minuto, uno quema 26 calorías y no digamos ya… bueno, no importa. Y todo eso abarca uno solo de sus cuerpos, el cuerpo físico ordinario. Pero el espacio del “yo” incluye también un cuerpo sutil y un cuerpo causal. Lo que viene a significar tres cuerpos.

Familiarícese con el “ellos”

Tómese el tiempo necesario para echar un vistazo al entorno inmediato que le rodea. ¿Dónde está leyendo este libro?, ¿en la cama?, ¿en una biblioteca?, ¿en un tren?, ¿en la sala de espera de la consulta del dentista?, ¿en una hamaca en pleno Caribe? Porque lo cierto es que, esté donde esté, se halla en relación con el entorno físico exterior, como otros organismos, edificios y configuraciones geográficas (como montañas, ríos y bosques).

Eche ahora un vistazo a su ropa. ¿De dónde proviene?, ¿quién la fabricó?, ¿de qué está hecha?, ¿qué sistema financiero le permitió comprarla?, ¿cómo llegó a la tienda en la que la compró?, ¿la compró acaso por teléfono o por Internet?, ¿qué sistema legal garantiza que no le engañen?, ¿a qué sistema político se hallaban sometidos los obreros que la fabricaron?, ¿cuánto se contaminó, durante el proceso de producción, el medio ambiente? Todas estas preguntas se refieren a los muchos sistemas diferentes en los que nos hallamos inmersos —y eso es precisamente lo que hacemos al rastrear algunos de los sistemas ligados a la ropa con la que nos vestimos.

Intente ahora la siguiente visualización: haga un zoom desde su sistema familiar inmediato hasta su vecindario, su ciudad, su país, el hemisferio planetario en que se encuentra, la Tierra, el sistema solar, la Vía Láctea y la totalidad del universo. Ahora haga exactamente lo contrario, comience con el universo y vaya concentrando su atención en la Vía Láctea, el sistema solar, la Tierra, el hemisferio planetario, su país, su ciudad, su vecindario y su sistema familiar. Sienta, en la medida en que vaya visualizando la gran red de la vida, la conexión que mantiene con los muchos ecosistemas físicos que pueblan el espacio de los múltiples “ellos” en los que se halla inmerso.

Es muy normal que, cuando la persona se da cuenta de la estrecha relación que mantiene con multitud de sistemas, experimente una profunda sensación de interconexión. Ejemplos de esos escenarios exteriores que compartimos son los sistemas políticos, los sistemas legales y los sistemas económicos. En este sentido, las instituciones (educativas y gubernamentales, por ejemplo), las empresas (como Google, por ejemplo) y las organizaciones sin fines de lucro (como la Cruz Roja, por ejemplo) se entremezclan para configurar la infraestructura de la sociedad. Y la combinación de sistemas sociales influye, de modos muy diversos y profundos, en nuestra vida y en nuestro desarrollo.


Figura 3.6 Los cuatro cuadrantes con énfasis en el “ellos”

Todo esto incluye los amplios sistemas y redes de comunicación que nos unen. Y es interesante señalar que las nuevas formas de intercambio de información de nuestra sociedad cada vez nos unifican más. El exterior de la comunicación se refiere a los mecanismos de distribución a través de los que viaja la información, como los medios de comunicación de masas, la publicación de libros, las redes de teléfonos móviles, los sistemas de televisión por satélite y, obviamente, Internet. ¿Le suena algo de esto?

El Gran tres: Yo, nosotros y ello

Hay veces en las que, por mera conveniencia, unificamos y resumimos los cuadrantes de la mano derecha (los cuadrantes del ello y del ellos) en lo que llamamos “el Gran tres”, es decir, yo, nosotros y ello.


La naturaleza y la sociedad configuran nuestro espacio del “ellos”, es decir, los contextos exteriores en los que nos hallamos sumidos.

Los cuatro cuadrantes se hallan presentes en todo momento…

El lector probablemente habrá advertido que, aunque las consideremos se-cuencialmente, las cuatro dimensiones del ser co-emergen (o, dicho más exactamente, “tetra-emergen”), lo que significa que aparecen como cuatro aspectos diferentes de lo mismo. Y aunque ninguna de esas dimensiones exista de manera separada e independiente de las demás, cuando hablamos o pensamos en ellas, tendemos a considerarlas de manera secuencial.

¿Olvida usted el yo y el nosotros cuando explora el ello y el ellos? ¿Olvida el nosotros y el ello cuando explora la dimensión del yo? La gente tiende a privilegiar uno o dos de los cuadrantes, al tiempo que ignora los demás. En los casos extremos, tratamos de explicar o reducir las dimensiones de la existencia a la única en la que queremos centrarnos… ¡lo que no tiene, por cierto, nada de integral!

Una de las habilidades esenciales de la conciencia integral es la capacidad de sostener la paradoja. La teoría integral ha sido descrita, en ocasiones, como el pensamiento “y/o” en lugar del pensamiento “ni esto/ni aquello”. Y aunque, dependiendo de la situación, podamos elegir centrarnos conscientemente en uno u otro de los cuadrantes, también podemos reconocer implícitamente que el yo y el ello son tan importantes como el nosotros y el ellos. Los cuatro cuadrantes emergen simultáneamente. Trate de familiarizarse simultáneamente con todos ellos.

Ésta es una forma rápida y sencilla de familiarizarse con la conciencia integral aplicada a su vida (los lectores interesados en una visión más amplia de OCON la encontrarán en el Capítulo 5). Las aplicaciones más avanzadas del marco de referencia OCON utilizan los cuatro cuadrantes y otros conceptos especiales para aclarar cuestiones relativas a la medicina, la ecología, la empresa, la espiritualidad, la política y multitud de otros campos. El marco de referencia OCON —que configura el fundamento teórico de la Práctica Integral de Vida— está siendo utilizado por eruditos, profesionales, líderes y visionarios de todo el mundo para asumir una visión más inclusiva, equilibrada y comprehensiva de su trabajo y de su vida personal.

Módulo de un minuto Familiarícese ahora mismo con la conciencia integral

Es fácil que el lector pueda pensar en pasar de la teoría a la práctica, algo que puede hacer en cualquier momento. Veamos ahora cinco sencillos pasos que nos permiten establecer contacto con los cuatro cuadrantes y asumir, en consecuencia, una conciencia más integral.


1. ¿Qué son los cuatro cuadrantes? Una forma de representar el interior (es decir, los pensamientos y sentimientos) y el exterior (es decir, el cuerpo y la conducta) del individuo (es decir, de usted) y de lo colectivo (es decir, de la cultura y del entorno).

2. Expanda rápidamente su conciencia. Tómese el tiempo necesario para sentir su “identidad yo”, es decir, todo aquello que haya en su interior que le haga sentir usted. Sienta luego su “identidad nosotros”, es decir, las relaciones que mantiene con los demás. Experimente, a continuación, su “identidad ello”, es decir, toda la complejidad de su cuerpo físico, incluyendo las energías que rodean su presencia objetiva en el mundo. Finalmente, sienta su “identidad ellos”, es decir, su pertenencia y participación en los muchos sistemas en que su vida se halla inmersa. Sienta cómo su conciencia se expande hasta abarcar todas esas importantes dimensiones de la realidad.

3. Advierta dónde suele quedarse atrapado. La teoría integral sostiene la esencialidad e irreductibilidad de los cuatro cuadrantes, es decir, del yo, del nosotros, del ello y del ellos. A pesar de todo, sin embargo, la gente suele centrar exclusivamente su atención en uno o dos de esos cuadrantes. Hay quienes, por ejemplo, sólo se interesan en los hechos exteriores, ignorando simultáneamente las interpretaciones interiores o, sin reconocer las dimensiones colectivas o comunitarias, se centran exclusivamente en la experiencia individual. ¿En qué cuadrante tiende usted a centrar su atención en lo que respecta a su trabajo, su salud o sus relaciones? ¿Está usted más interesado en el yo, en el nosotros, en el ello o en el ellos?

4. ¡Utilice los cuatro cuadrantes! Todos ellos son importantes y reales. Sienta, en todo momento, los cuatro cuadrantes de su existencia, es decir, las dimensiones del yo, del nosotros, del ello y del ellos. Luego advierta en cuál de todas ellas suele quedarse atrapado. ¿Está usted mirando de continuo hacia fuera (y viendo tan sólo, por tanto, los espacios del ello y del ellos) y nunca dentro (y soslayando, en consecuencia, los espacios del yo y del nosotros)? ¿O se pierde acaso en las relaciones (nosotros) y es incapaz de encontrar su centro individual (yo)? ¿Se preocupa sólo de su salud corporal exterior (ello), pero está desconectado de su bienestar emocional (yo)? ¿O realmente necesita salir de su cabeza (yo) y prestar atención a su espacio vital (ello)? ¡Los cuatro cuadrantes son importantes, esenciales, reales e irreductibles!

Expanda finalmente todo eso al infinito. Advierta cómo, en este mismo instante, los cuatro cuadrantes están emergiendo de su conciencia, una conciencia tan inmensa que, en ocasiones, se conoce como Gran Mente y que lo incluye todo. Sienta su conciencia pura, la conciencia en la que no sólo emerge su pequeño yo o ego, sino también las dimensiones del nosotros, del ello y del ellos. Sienta esa conciencia placenteramente abierta y manténgase así durante todo el día.

4. El módulo de la sombra
¿Qué es la sombra?

Aunque todo el mundo está familiarizado con las nociones de “cuerpo”, “mente” y “Espíritu”, la PIV considera a la “sombra” como un componente esencial de cualquier práctica que realmente aspire a ser integral. El cuerpo, la mente, el espíritu y la sombra son, pues, las áreas mínimas necesarias para la práctica porque, de otro modo —y por razones que luego veremos—, el proceso transformador tiende a quedarse estancado. Empezaremos prestando atención al módulo de la sombra porque, de todos los enfoques de la práctica, suele ser el más descuidado.

El término “sombra” se refiere al “lado oscuro” del psiquismo, es decir, aquellos aspectos de nosotros que, por una u otra razón, hemos rechazado, negado, ocultado, escindido, enajenado y proyectado. La sombra es, hablando en el lenguaje de la psicoterapia, el “inconsciente reprimido” (¡reprimido porque lo hemos escindido de nuestra conciencia e inconsciente sencillamente porque no somos conscientes de él!)

Pero el hecho de que no seamos conscientes de la sombra no implica que no tenga ningún efecto sobre nosotros. Lo único que ocurre es que se expresa a través de caminos distorsionados e insanos a los que habitualmente agrupamos bajo el epígrafe de “neurosis”.

El objetivo del trabajo con la sombra y del correspondiente módulo consiste en desarticular la represión y reapropiarnos de la sombra para mejorar nuestra lucidez y nuestra salud psicológica. Los beneficios del trabajo con la sombra se extienden de manera natural a todos los módulos básicos (desde el cuerpo hasta la mente y el espíritu) y a cualquier otro dominio de la vida, desde las relaciones hasta el sexo, las emociones, la vitalidad, el trabajo y la situación económica.

Uno de los principales beneficios del trabajo con la sombra es que libera energía que, de otro modo, malgastaríamos peleando imaginariamente con nosotros mismos. ¡Mantener la sombra es un trabajo realmente duro! Es mucha la energía que debemos invertir para ocultar de continuo aquellos aspectos de nosotros mismos que más nos desagradan. Pero, cuando el trabajo con la sombra libera esa energía, podemos utilizarla para alentar nuestro desarrollo y transformación.

Imagine lo que ocurriría si la energía de la que dispone para la transformación estuviera representada por una cuenta bancaria de 600 dólares y el salto al siguiente estado del desarrollo requiriese 800. ¿Y qué sucedería si mantener reprimido el inconsciente insumiese 400 dólares? Bastaría entonces con liberar 200 dólares de esa “cuenta” para disponer de la energía necesaria para alcanzar el siguiente estadio. Así pues, el trabajo con la sombra no sólo nos libera del dolor y el sufrimiento provocados por todos estos problemas psicodinámicos, sino que puede suponer la diferencia incluso entre el estancamiento y el desarrollo.

La psicoterapia y el trabajo con la sombra son las contribuciones más importantes de Occidente al quehacer de la práctica transformadora. Por más profunda que sea su comprensión del desarrollo espiritual, las antiguas tradiciones espirituales no se enfrentan adecuadamente a los problemas generados por la sombra y su dinámica. De hecho, uno de los principales errores en los que suelen incurrir las tradiciones espirituales —y que el trabajo con la sombra de la PIV trata de corregir— consiste en asumir que prácticas como la meditación pueden transformar la totalidad del individuo, cuando lo cierto es que, de hecho, soslayan algunas cuestiones muy importantes del yo como, por ejemplo —y muy especialmente—, la sombra. Y el lamentable resultado de esta situación es, con demasiada frecuencia, una realización de los estadios de conciencia más elevados sin la correspondiente, rigurosa y consciente integración del “lado oscuro” del practicante.

Aunque Freud cometió muchos errores y ahora esté de moda criticarlo, su comprensión fundamental de la naturaleza de la sombra sigue siendo incuestionable: los impulsos y sentimientos inaceptables se ven reprimidos de la conciencia consciente, desde donde siguen influyendo de manera encubierta en nuestra vida.

Décadas de trabajo con la sombra llevado a cabo por miles de investigadores y terapeutas de todo el mundo han corroborado reiteradamente esta conclusión básica relativa a la naturaleza de la sombra.

Pero es que, para complicar todavía más las cosas, la esencia de la sombra consiste en ocultarse de nuestra conciencia. Parcialmente, al menos, no queremos ver nuestra sombra. Es por ello por lo que, para corregirla, necesitamos un tipo especial de trabajo porque, en caso contrario, seguirá imponiendo sutilmente su naturaleza oscura sobre nuestras decisiones y nuestra conducta, y saboteando, en ocasiones, toda nuestra vida.

Nos guste o nos desagrade, la encrucijada ante la que nos hallamos consiste en:

apropiarnos de la sombra, es decir, esforzarnos en tornarnos conscientes de los impulsos, sentimientos, necesidades y potencialidades inconscientes reprimidas y poder tomar entonces decisiones más libres…

o vernos poseídos por ella, es decir, dejar que los impulsos y sentimientos enajenados dirijan nuestra vida por cauces completamente ajenos a nuestras decisiones conscientes.

Son muchas las formas diferentes de trabajar con la sombra. Durante décadas, las personas que han decidido enfrentarse a la sombra han buscado la ayuda de un psicoterapeuta adecuadamente entrenado. Y, aunque esto suela asumir la forma de una psicoterapia individual, también puede tener lugar a lo largo de seminarios intensivos o de sesiones de terapia grupal.

El campo de la psicoterapia es muy diverso. Son muchas las escuelas de psicoanálisis y muchas también las terapias psicodinámicas, varias modalidades generales de terapia cognitiva, una amplia diversidad de terapias de sensibilización, integración y curación de las emociones y numerosos enfoques somáticos o terapias de orientación corporal. Y ésta no es más que una visión muy superficial del campo.

Son muchas las lesiones, contusiones y calambres que, en cada uno de los diferentes estadios del desarrollo humano, puede experimentar el psiquismo humano. Y también nos contraemos y cerramos naturalmente ante la existencia. Cada forma de herida y contracción provoca un tipo único y distinto de sombra y de neurosis. Éste es un terreno que el campo emergente de la psicoterapia integral se ha dedicado a cartografiar con la intención de identificar los enfoques terapéuticos más adecuados para enfrentarse a estas patologías.

Pero a veces son otros los factores que determinan la decisión terapéutica. Hay veces en las que el único abordaje posible es la terapia breve mientras que en otras, sin embargo, la profundidad y severidad de la patología nos obliga a emprender una terapia larga. Son muchas las opciones de tratamiento a las que tiene acceso el psicoterapeuta de orientación integral que le permiten, en consecuencia, esbozar juicios exactos sobre todas estas decisiones importantes.

Hay individuos desafortunados que padecen lesiones psicológicas especialmente profundas. Quienes sufren psicosis como la esquizofrenia, por ejemplo, suelen obtener mejores resultados con enfoques fisiológicos como la psicofarmacología y, en su caso, la psicoterapia resulta secundaria. Como norma general, sin embargo, el abordaje integral tiene en cuenta metodologías tanto interiores como exteriores y, aun en los casos más extremos, trata de asumir una visión sensata y equilibrada.

Para todos los demás, es decir, para personas que funcionan razonablemente bien, pero que quieren mejorar su vida “ordenando, por así decirlo, el sótano”, la psicoterapia puede ser considerada como un lujo más que deseable. Zambullirnos en las profundidades de la sombra, ampliar nuestra conciencia y abrir nuevas opciones a nuestro mundo interno es una forma de aumentar nuestro conocimiento y nuestra compasión.

Pero, si carecemos de los medios, del tiempo o de la predisposición necesarias para solicitar ayuda profesional —y aun en el caso de hacerlo—, también podemos comprometernos con otras formas de trabajo con la sombra.

El proceso 3-2-1 es, en este sentido, una Práctica estrella, un ejercicio directo, económico y útil de establecer contacto con la sombra y reapropiarnos de ella (como cualquier Práctica estrella de la PIV, el proceso 3-2-1 es opcional aunque, si está interesado en una vida realmente integral, deberá asumir algún tipo de trabajo con la sombra). En la próxima sección veremos el proceso 3-2-1 pero, antes de ello, convendrá echar un vistazo al origen de la sombra e ilustrar prácticamente con varios ejemplos el modo en que se nos presenta.

El proceso de la sombra 3-2-1
Los orígenes de la sombra

El enfado de una niña pequeña con su madre puede amenazar tanto su sensación de identidad (debido a su total dependencia de ella) que se ve obligada a reprimirlo y disociarlo.

Pero esa estrategia, por más intensa que sea, no acaba con el enfado. Lo único que ocurre es que ahora el enfado parece ajeno a su conciencia. Quizás se sienta enfadada, pero no puede tratarse de su propio enfado. Así es como el sentimiento de enfado acaba desterrándose más allá de las fronteras del yo, en donde asume un aspecto ajeno y extraño a la conciencia.

Tres son, pues, como ilustra el siguiente ejemplo, los pasos que sigue este proceso de represión y proyección:

1. Estoy furiosa con mamá, pero este enfado pone en peligro mi alimento, mi comodidad, mi calor, mi amor, mi seguridad y, en suma, mi supervivencia. ¡En buen lío estoy metida!

2. Y, como eso no está bien, acabo reprimiendo el enfado y proyectándolo sobre la imagen interna que tengo de “ti”, de “ellos” o, lo que todavía es peor, de personas a las que ni siquiera conozco. El enfado sigue presente pero, puesto que no puedo admitir que quien se ha enfadado he sido yo, debe tratarse de otra persona. ¡Entonces es precisamente cuando el mundo se puebla súbitamente de gente enfadada!

3. Si reprimo completamente la ira, nunca más la reconoceré, porque ya no tendrá nada que ver conmigo. A partir de entonces estaré asustada y triste (lo que, en un mundo airado como el nuestro, parece tener mucho sentido). La represión de la ira provoca que la emoción primaria y real (y, en consecuencia, “auténtica”) del enfado se experimente en forma de reacción secundaria (y, en consecuencia, se convierta en una emoción “inauténtica”) como miedo, tristeza o depresión. Dicho en otras palabras, de este modo se crea un reclamo interno —eso es, precisamente, lo que entendemos como emoción secundaria e inauténtica (de tristeza y miedo en este caso) que todavía nos aleja más de la ira inaceptable que, no lo olvidemos, era el sentimiento original, primario y auténtico. Una emoción secundaria puede ser muy poderosa y experimentarse de manera muy auténtica, pero no es la verdadera causa y, por ello, mismo, tampoco puede ser, en sí misma, eficazmente procesada.

El trabajo con la sombra es un módulo básico porque jamás podremos trascender esa tristeza y ese miedo sin reconocer antes y reapropiarnos luego de la emoción que se halla realmente en juego, es decir, el enfado.

Todos los impulsos, sentimientos y cualidades que enajenamos y proyectamos reaparecen “fuera de aquí”, desde donde, según el caso, nos amenazan, nos irritan, nos deprimen o nos obsesionan. Tengamos en cuenta que las cosas que más suelen perturbarnos, fascinarnos o molestarnos de los demás son, en realidad, impulsos o cualidades de nuestra propia sombra que no reconocemos originándose en nosotros, sino “fuera de nosotros”.

Pero, por más que la sombra parezca “ajena a nosotros”, da forma a nuestros sentimientos y a nuestras motivaciones. De manera inadvertida y subconsciente, la sombra configura nuestra conducta y consolida pautas de las que no podremos escapar fácilmente. El único modo de salir de esas pautas consiste en atravesarlas.

Veamos ahora, con algo más de detalle, el origen de la sombra.

Identificación de la primera persona: El aspecto escindido del yo formaba antiguamente parte de lo que uno conocía como yo o como mí, pero, por alguna razón o situación vital, acabó convirtiéndose en una amenaza a la sensación de identidad. Si pudiéramos reconocer y aceptar la emoción o impulso primordial de que “estoy enojado (o asustado, deprimido o celoso) y de que no hay nada malo en ello” jamás la hubiésemos disociado ni proyectado sobre algo o alguien “fuera de aquí”.

Identificación de la segunda persona: Cuando determinados aspectos del yo nos resultan inadmisibles, acabamos expulsándolos de la conciencia y desplazándolos a la segunda persona. Dicho en otras palabras, los aspectos enajenados del yo a los que desaprobamos, de los que nos avergonzamos o a los que tememos, acaban formando parte de lo que dejo de ver en mí y empiezo a ver en ti. “No soy yo el mezquino, el impaciente o el perezoso, sino tú”.

Tú estás enfadado.

Tú estás desconsolado.

Eres tú, no yo, quien está… (a rellenar por el lector). Y o no estoy enfadado, yo no estoy desconsolado… sea cual fuere la emoción rechazada.

Identificación de la tercera persona: Cuando, finalmente, la amenaza a nuestra sensación de identidad provocada por esa situación o emoción es tan grande que no queda más remedio que rechazarla totalmente, deja de pertenecernos (primera persona) y nos relacionamos con ella como si perteneciese a los demás (segunda persona), hasta acabar desterrándola como si se tratara de un ello, es decir, de un objeto que no tiene absolutamente nada que ver con nosotros (tercera persona). Así es como, convirtiendo a la cualidad rechazada en un ello, la alejamos todavía más de nuestra conciencia. “¿Enfadado yo? ¿Pero de qué estás hablando?”

 Primera persona: el que habla (yo)

 Segunda persona: la persona con la que se habla (tú)

 Tercera persona: aquello o aquella persona de la que se habla (él, ella, ello)

Así es como las cualidades escindidas acaban convirtiéndose en un “ello” disociado —la sombra— que nos resulta desconocido y oscuro.

Veamos ahora otro ejemplo de la sombra en acción:

Harry quiere pagar sus impuestos, de modo que se dirige a su despacho. Pero, cuando se sienta a revisar los papeles, ocurre algo muy extraño, porque empieza ordenando el escritorio, luego afila los lápices, después organiza los archivos, navega por la red buscando el modo de ahorrarse algo de dinero, echa un vistazo a alguna que otra web, hojea alguna revista que le interesa y empieza a cuestionarse si realmente estará haciendo lo que quiere. Quizás —se pregunta entonces— debería contratar a un gestor que se encargase de todas esas cuestiones.

Pero lo cierto es que no abandona el despacho, porque su deseo de cumplimentar la declaración de renta todavía es mayor que su deseo de no hacerlo. No obstante, como está empezando a olvidarse de su impulso, empieza a alienarlo y a proyectarlo.

En la trastienda de su mente, sabe que alguien quiere que formalice su declaración de renta. Por eso sigue dándole vueltas y más vueltas al tema. Pero como casi ha olvidado quién es el que quiere hacer esa condenada tarea, empieza a estar molesto con todo el asunto.

Lo que realmente necesita para completar la proyección —es decir, para olvidarse completamente de su impulso de hacer la declaración de renta— es la aparición del candidato adecuado del que “colgar” su impulso proyectado.

Entrada en escena de la víctima ingenua:

—¿Cómo va esa declaración? —pregunta inocentemente su esposa al llegar a casa.

—¡Déjame en paz! —responde enojado Harry.

En ese momento la proyección se ha completado. Entonces es cuando Harry siente que no era él, sino su esposa, quien quería que hiciese la maldita declaración. “¡No te engañes porque, por más dulcemente que te lo pregunte, ella ha sido quien, desde el mismo comienzo, ha estado presionándote sutilmente para que hicieras la declaración!”

Es muy probable que, si Harry no tuviese absolutamente nada que ver con el impulso, ni siquiera se hubiese movilizado ni reconsiderase tampoco si realmente quería seguir adelante. Pero en su fuero interno sabía que alguien quería que hiciese la declaración. Y, puesto que tenía muy claro que no era él, debía tratarse evidentemente de otra persona. Es por ello por lo que, en el mismo momento en que apareció su esposa, la convirtió en la candidata más probable y proyectó de inmediato su impulso sobre ella.

A partir de ese momento, Harry experimentó este impulso como algo externo, como una exigencia procedente del exterior. Otra palabra para referirse a este impulso externo es la de “presión”. De hecho, cada vez que una persona proyecta algún tipo de impulso, se siente presionada desde el exterior. A eso, lo crean o no, se limita toda presión externa. ¡La presión externa sólo puede ser eficaz si cuelga de un impulso proyectado!

¿Pero qué ocurriría si a su esposa realmente le molestase hacer la declaración y le presionase a que la hiciera usted? ¿No cambiaría eso las cosas? ¿No habría entonces experimentado Harry la presión de su esposa en lugar de la suya?

No, lo cierto es que las cosas seguirían iguales. Es verdad que, en tal caso, ella al desplegar la misma cualidad que Harry estaba proyectando sobre ella, habría sido un “gancho” más adecuado sobre el que colgar la proyección. En este caso, habría sido como si ella misma le invitase a poner en marcha la proyección… pero lo realmente importante es que no por ello el impulso proyectado habría dejado, en ningún momento, de ser de Harry.

Su esposa podría de hecho, estar presionándole a hacer algo —y hasta molestándole por otras razones— pero lo cierto es que sólo puede sentirse presionado si también quiere hacerlo.

¿Y qué hay que hacer en tales casos?

Dado que la naturaleza verdadera de cualquier contenido concreto de la sombra es, por definición, ajena a nuestra conciencia, debemos aprender a reconocer los síntomas de la sombra y resolver el problema “dándole la vuelta”. Y ése es precisamente el punto en el que la teoría integral puede resultar de gran ayuda. La sombra empieza siendo un impulso o sentimiento en primera persona que después se ve desplazado o proyectado sobre un objeto de segunda y finalmente de tercera persona. La génesis de la sombra es un proceso muy rápido, 1-2-3. De ahí que nuestra única posibilidad consiste en invertir el proceso desde 3 hasta 2 y, desde ahí, hasta 1. Por ello precisamente le llamamos proceso de la sombra 3-2-1.

Posibles resultados de la puesta en práctica del proceso de la sombra 3-2-1

 reintegración de los aspectos escindidos del yo

 eliminación de una frontera energética y correspondiente liberación de la energía asociada

 emergencia de la compasión y de la empatía

 aparición de otras comprensiones como, por ejemplo, la identificación de la fuente original de la proyección

 emergencia en la conciencia de estrategias o acciones creativas

 la situación o la persona en cuestión deja de parecernos irritante, opresiva, insoportable o distractiva

El proceso 3-2-1 apela al cambio de perspectiva para identificar el contenido de la sombra y las proyecciones enajenadas, y reincorporarlos a la conciencia consciente. Esta práctica nos ayuda a enfrentarnos a nuestras facetas ocultas, a restablecer contacto con ellas y a experimentarlas de un modo más completo y sano.

Las facetas escindidas de nuestra personalidad que giran en torno a nuestra conciencia no aparecen como aspectos propios desintegrados, sino como “otros” alienados. Y, cuantos más “otros” alienados haya perdido nuestro psiquismo, más difícil resulta crecer. La enajenación de facetas diferentes del yo compromete seriamente el desarrollo sano.

También hay que recordar que la energía necesaria para movilizar y reprimir los elementos de la sombra y mantenerlos alejados de la conciencia queda fuera de nuestro alcance e impide el desarrollo y el avance hasta el siguiente estadio.

Iluminar la sombra con la luz de la conciencia

Como saben perfectamente los maestros de aikido, lo que ignoramos puede acabar dañándonos, mientras que siempre es posible trabajar con aquello que sabemos. Si queremos recuperar los aspectos que el proceso de disociación 1-2-3 acabó escindiendo del yo y expandir nuestra conciencia, debemos volver a establecer contacto con los aspectos del yo que habíamos puesto en cuarentena o, dicho en otras palabras, de los que nos habíamos enajenado. Y, para ello, empezamos con la parte “3” del proceso, enfrentándonos, relacionándonos y restableciendo contacto con lo que habíamos acabado enajenando como “ello” (perspectiva de tercera persona). Luego tomamos lo que veíamos como “ello” y restablecemos ese aspecto de nosotros a una conciencia parcial como “tú” (perspectiva de segunda persona), comprometiéndonos con ello, hablando con ello y dialogando con ello. Así es como, durante la parte “2” del proceso, nos aproximamos al gancho, pero todavía no nos identificamos con él. Finalmente, cuando llegamos a la parte “1” del proceso, asumimos lo que, en el paso anterior, reformulamos como “tú” y lo afirmamos como “mí” o como “lo mío” convirtiéndonos en ello (conciencia de primera persona). Ésta es, en suma, la esencia del proceso 3-2-1, que consiste en pasar de la perspectiva de tercera persona a la perspectiva de segunda persona y, desde ahí, a la perspectiva de primera persona. Así es como lo que, empezando como un “ello”, se recupera como un “tú” que finalmente se restablece como “mí”, es decir, como un aspecto de mi yo.

La esencia del proceso 3-2-1 comienza, pues, enfrentándonos a ello, prosigue hablando con ello y acaba finalmente convirtiéndonos en ello. Ésta es una forma muy sencilla de suscitar una comprensión profunda de las dimensiones reprimidas del psiquismo.

Práctica estrella El proceso de la sombra 3-2-1

Empiece eligiendo aquello con lo que quiere trabajar. Suele ser más fácil comenzar con una “persona difícil” por la que usted se sienta atraído, repelido o molesto (como, por ejemplo, la pareja, un jefe o un pariente). También puede elegir una imagen onírica o una sensación corporal que le distraiga o que, de un modo u otro, atraiga su atención. No olvide que la perturbación puede ser tanto positiva como negativa.

Hay dos formas posibles de reconocer la presencia de la sombra. El contenido de la sombra:

puede tornarle negativamente hipersensible, reactivo, irritado, enojado, molesto o dañado, y también puede tratarse de un tono o estado emocional que impregna toda su vida

o

puede tornarle positivamente hipersensible, infatuado, posesivo, obsesionado, claramente atraído o quizás se convierta en una idealización continua que estructura sus motivaciones o sus estados de ánimo.

Siga luego los tres pasos del proceso:

3. Enfréntese a ello

Observe atentamente el problema y luego, utilizando un diario en el que tomar nota o una silla vacía con la que dialogar, describa con todo detalle la persona, situación, imagen o sensación, utilizando pronombres de tercera persona como “él”, “de él”, “ella”, “de ella”, “ellos”, “suyos”, “sus”, etcétera. Ésta es una oportunidad para explorar con detalle su experiencia de la perturbación, especialmente lo que más le molesta. No desaproveche esta oportunidad y permítase describirla de la manera más plena y minuciosa posible.

2. Hable con ello

Entable un diálogo simulado con esos objetos de conciencia utilizando pronombres de segunda persona (como “tú” o “tuyo”). Y convendrá, puesto que ésa es una oportunidad para relacionarse con el problema, aprovechar la ocasión para hablar directamente con la persona, situación, imagen o sensación que aparezca en su conciencia. Quizás podría empezar entonces formulando preguntas del tipo “¿Quién/Qué eres? ¿De dónde vienes? ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Qué necesitas decirme? ¿Qué es lo que tienes que ofrecerme?” Permita luego que la perturbación le responda. Imagine lo que le respondería si realmente pudiese hablar con usted. Déjese sorprender por todo lo que aparece durante ese diálogo.

1. Conviértase en ello

Utilice ahora, mientras escribe o habla en primera persona, los pronombres “yo”, “mí” y “lo mío”, al tiempo que se convierte en la persona, situación, imagen o sensación que está explorando. Contemple el mundo, incluyéndose a sí mismo, desde la perspectiva única de esa perturbación y permítase también descubrir, no sólo las similitudes, sino también que realmente son una y la misma cosa. Esboce finalmente una afirmación o una identificación del tipo “Yo soy…” o “… soy yo”. Esto es algo que, por su misma naturaleza, siempre experimentará como algo discordante o “equivocado” (¡después de todo, es precisamente lo que su psiquismo se ha esforzado en negar!) Pero pruébelo una y otra vez hasta acabar descubriendo la verdad que encierra.

Este último paso (el “1” del proceso 3-2-1) suele tener una segunda parte en la que se completa el proceso de reapropiación completa de la sombra. En tal caso, no sólo contempla provisionalmente el mundo desde esa perspectiva, sino que también siente el sentimiento o impulso anteriormente excluido hasta reconocerlo claramente como propio. Luego debe comprometerse con él hasta llegar a reintegrarlo.

Para completar el proceso permítase luego registrar la realidad anteriormente excluida no sólo con la mente sino con todos los niveles de su ser. Este paso provoca un cambio de conciencia, emoción y energía sutil que libera la energía y la atención atrapada en la negación. Y el indicador más claro de que el proceso funciona es que usted se siente más ligero, más libre, más en paz y más abierto y, en ocasiones, más elevado y hasta un poco mareado. Entonces es cuando se abren las puertas a un nuevo tipo de compromiso con la vida.

Ejemplo 1: Phil visita a un amigo de la infancia

3. Enfréntese a ello

Tengo miedo de ir a ver a mi mejor amigo de la infancia. La última vez que fui a visitarle casi me saca de mis casillas. Tiene un trabajo superseguro y mortalmente aburrido. ¡No apura la copa de la vida y hace mucho que no experimenta el sabor de la aventura! Si se atreviese, su vida sería tan intensa como si viviera el doble. Creo que está traicionándose a sí mismo y el simple hecho de visitarle me pone enfermo.

2. Hable con ello

—¿Por qué dejas que tu esposa tome todas las decisiones importantes? —No lo hago. Sólo respeto su perspectiva.

—¿Y por qué estás a gusto con un trabajo tan anodino?

—Es un buen trabajo y me gusta.

—¿Por qué no te dedicas a la asesoría y abres tu propia empresa?

—Prefiero seguir trabajando ahí. ¿Qué hay de malo en trabajar en una empresa segura? ¿No entiendes que eso me resulte mucho más cómodo?

Una y otra vez, Phil trata de entender a su amigo, pero sólo entiende que Joe quiere un trabajo seguro y libre de riesgos y que su vida discurra por cauces tranquilos. Phil, por su parte, cree en la necesidad de romper los viejos moldes y asumir riesgos.

1. Conviértase en ello

Phil se convierte en Joe y dice: «Quiero seguridad y una vida tranquila y predecible».

Reapropiarse de la sombra

La conciencia de las emociones que le despierta la conducta de su amigo Joe puede permitir a Phil darse cuenta de lo mucho que se ha enajenado sus necesidades de seguridad. Y es que, como cualquier persona, Phil necesita ambas facetas, es decir, amenaza, vitalidad, riesgo, pasión, intriga y mayores recompensas por un lado, y comodidad, seguridad, previsibilidad y confort por el otro. Y, habiendo enajenado un polo del espectro, el camino para volver a ser completo pasa por asumir decisiones conscientes que tengan en cuenta el otro polo.

Esto suele presentarse en forma de una comprensión y un cambio energético. Phil puede llegar a una comprensión más profunda y reintegrar su necesidad de seguridad y sentirse así más libre para tomar nuevas decisiones. Entonces puede sentir un nuevo tipo de compasión y empatía por Joe y darse cuenta, por ejemplo, de que su idealización del padre aventurero que perdió cuando sólo tenía doce años ha acabado ensombreciendo facetas muy importantes de su mundo interno. E incluso puede llegar a asumir nuevas formas de enfrentarse a estos retos de su vida; por ejemplo, puede darse cuenta de que puede disfrutar agradecido de la compañía de Joe y de su familia durante un día y medio y permanecer, el resto del tiempo, en un hotel para no caer, de ese modo, en la sobredosis. Todas esas posibilidades pueden acabar relajando su desproporcionada reactividad interior.

Ejemplo 2: Kathy entrega su poder a Bill

3. Enfréntese a ello

Conocí a Bill a través de un servicio de citas online en el que especifiqué que buscaba a un hombre muy inteligente. En el mismo momento en que leí su biografía, me sentí inmediatamente atraída por él. ¡Era un profesor de la University of Chicago con un par de doctorados, uno en física teórica y el otro en filosofía!

En la primera cita me quedé embobada de todas y cada una de sus palabras, completamente enamorada de su conocimiento y de su comprensión. Y, cuanto más hablaba de agujeros negros y de teoría M, de Kant y de Kierkegaard, más atraída me sentía.

Llevamos viéndonos unos tres meses y estoy empezando a advertir algo que realmente me preocupa. Y es que, cuando estoy con él, es como si perdiese mi voz. Él se da perfecta cuenta, pero yo ignoro el modo en que podría contribuir positivamente a la conversación. Me parece tan brillante que no creo que pueda aprender nada de mí.

Me gusta estar con él, porque es una persona muy inteligente, pero dudo que mi conversación le aporte algo.

2. Hable con ello

—¿Te gusta estar conmigo?

—¡Por supuesto que sí! ¿Crees que, de otro modo, nos habríamos visto tanto los últimos meses?

—¿Pero no te aburren nuestras conversaciones? No creo que pueda enseñarte nada.

—Muy al contrario, Kathy. Me pareces una mujer muy inteligente. Son muchas las cosas que me has enseñado sobre empezar un negocio desde abajo. Una empresa tan exitosa como la tuya no depende exclusivamente de la suerte. Yo nunca he hecho nada así y son muchas las cosas que, al respecto, he aprendido de ti.

—¡El hecho de que me haya pasado la mitad de la vida estudiando no significa que lo sepa todo! Te invito a que me pongas en cuestión y a que me muestres tu desacuerdo. Valoro mucho el pensamiento independiente y las perspectivas singulares y me gustaría saber lo que, en ese sentido, tienes que decirme… ¡especialmente en el caso de que tu opinión difiera de la mía!

1. Conviértase en ello

Kathy se convierte en Bill y dice:

—Soy una persona inteligente y mis comentarios pueden ser muy interesantes.

Reapropiarse de la sombra

En algún momento de su pasado, Kathy llegó a la conclusión de que no estaba bien mostrarse inteligente con los hombres. Así fue como acabó enajenándose de su capacidad intelectual. Y, en este caso concreto, había acabado proyectando sobre Bill la cualidad positiva de la inteligencia. La intensa atracción que Kathy sentía por Bill era un “abrazo de su propia sombra”. Y su infatuación no sólo tenía que ver con Bill, sino con su propia inteligencia enajenada. Fue así como, gracias al proceso 3-2-1, Kathy acabó reapro-piándose de su propia inteligencia.

Esta reintegración le llevó a reevaluar su autoimagen y, para ello, empezó a escribir activamente un diario. Y, en la medida en que asumió estas comprensiones, fue sintiéndose cada vez más arraigada y menos dispuesta a renunciar a su poder y entregarlo los demás. Fue así como, después de distanciarse provisionalmente un tiempo de Bill, decidió continuar con la relación. Pero entonces ya no siguió idealizando su inteligencia como un intento de llenar su propio vacío. Aprendió a respetarse a sí misma y, sobre esta base, pudo darse cuenta del egoísmo y de las debilidades de él y considerarla como a un igual, como un ser humano multidimensional.

Ejemplo 3: Tony medita con un monstruo

Poco después de su divorcio, Tony empezó a sufrir terribles pesadillas que se repetían varias veces por semana. En ellas aparecía un monstruo grotesco de dientes afilados y piel fría y húmeda que le perseguía por diferentes parajes oníricos. Era un monstruo cruel que le odiaba y quería matarle y, cuando estaba a punto de cogerle, Tony despertaba temblando en medio de la oscuridad, con el cuerpo empapado en sudor.

Cuando Tony, antiguo meditador, le contó el sueño a su maestro, éste le aconsejó meditar en el miedo asociado al monstruo. Durante los siguientes meses, Tony siguió las instrucciones de su maestro, observando el miedo, sintiéndolo y relajándose en él para poder soltarse y “liberarse”. La idea era que, en el momento en que permitiera que su mente se relajase y se permitiese simplemente “ser”, la energía atrapada en sus emociones reprimidas podría liberarse y encauzarse más adecuadamente.

No obstante, después de cuatro meses de diligente práctica, las pesadillas seguían ahí de un modo, en ocasiones, todavía más intenso y Tony seguía aterrado por un monstruo que, en su opinión, quería matarle.

Entonces fue cuando decidió emprender, además de su práctica regular, el proceso 3-2-1. Veamos un ejemplo de una de aquellas sesiones.

3. Enfréntese a ello

Es como si estuviese dentro de un ordenador. Me siento envuelto por todo tipo de artilugios y luces destellantes. Me encuentro en un entorno extraño, árido y artificial. Me siento como si fuese una presa indefensa de algo que me acecha y me persigue. Miro por encima del hombro y atisbo la sombra de una figura alta y amenazadora. Sé que ese monstruo me odia y quiere matarme. El miedo tensa toda mi musculatura. Trato de escapar, pero mi torpe intento me lleva a tropezar en ese mundo extraño. Y, a pesar de todos mis esfuerzos, el asesino está cada vez más cerca… más cerca… más cerca… tan cerca que casi me atrapa, hasta que, paralizado de miedo, acabo cerrando los ojos.

2. Hable con ello

—¿Por qué me persigues?

—Porque te odio y quiero matarte.

—¿Y por qué me odias y quieres matarme?

—Porque estoy muy enfadado contigo.

—¿Y por qué estás tan enfadado conmigo?

—¡Porque eres odioso y despreciable, y mereces morir!

—¿Y cómo experimentas eso?

—¡Como si estuviese metido en un horno rugiente de furia!

Tony y el monstruo siguen explorando durante un rato los sentimientos y la experiencia del monstruo.

1. Conviértase en ello

Cuando Tony se convierte en el monstruo, dice:

—¡Estoy muy enojado! ¡Hiervo de furia y de rabia y quisiera matarte!

Reapropiarse de la sombra

Gracias a la práctica del proceso 3-2-1, Tony acabó reconociendo que, detrás del miedo, acecha la ira. Después de su divorcio, aquella ira había acabado convirtiéndose en un elemento independiente de la sombra que, en sus pesadillas, asumía la forma de un monstruo airado. Sólo reapropiándose de la ira podría Tony relajar la represión de la sombra y liberar, de ese modo, el poder de un yo más integrado.


Figura 4.1 Traducción de las emociones e impulsos secundarios e inauténticos a sus formas primordiales y auténticas.

Entonces se dio cuenta de que llevaba varios años sutilmente deprimido. Y ello se debía a una represión que le impedía acceder a la energía contenida en la emoción reprimida. Entonces empezó a hacer ejercicios más vigorosos en el gimnasio, disfrutando en especial con las clases de kick boxing y emprendió una terapia que le permitió restablecer contacto con la energía de su ser y encauzarla más adecuadamente.

Pero esto es algo que queda lejos del alcance de la meditación. Porque, por más ejemplar que fuese durante la sentada cotidiana su trabajo de observación del miedo, el miedo era una emoción inauténtica, un síntoma de la ira, la emoción primaria. Poco importa, en tal caso, que (como hacen muchas personas) nos pasemos veinte años observando el miedo porque, de ese modo, jamás conseguiremos liberar la represión primordial (en el ejemplo que nos ocupa, la represión de la ira). Y, si no restablecemos contacto con la emoción verdadera, seguiremos proyectándola y generando a nuestro alrededor todo tipo de monstruos inspiradores de miedo (y, en consecuencia, nuestro miedo no será miedo a los monstruos, sino miedo a nuestra propia ira). Poco importaba, en tal caso, que Tony permaneciese en contacto con el miedo y creyese estar transmutándolo, porque jamás conectó ni, en consecuencia, liberó la represión de la ira, la emoción primordial y auténtica, la verdadera causa de su miedo y de sus pesadillas.

Al no atenerse a la secuencia real de la disociación (que va desde 1 hasta 2 y luego 3) y no reapropiarse terapéuticamente de los contenidos disociados (que va desde 3 hasta 2 y luego de 2 a 1), la meditación acaba convirtiéndose en una forma de establecer contacto con el Yo infinito que simultáneamente refuerza la falta de autenticidad del yo finito cotidiano que, roto en fragmentos, acaba proyectándose sobre los demás. Y estos fragmentos enajenados y ocultos, inaccesibles incluso al sol de la contemplación, acaban convirtiéndose en un molde sombrío que sabotea inadvertidamente todos nuestros movimientos.

Módulo de un minuto El proceso de la sombra 3-2-1

Uno puede hacer el proceso 3-2-1 cuantas veces quiera. Y son dos, al respecto, los momentos especialmente interesantes, al despertar por la mañana y al acostarnos por la noche, poco antes de dormir. Quien conoce la dinámica del proceso 3-2-1 sólo necesita unos pocos minutos para llevar a cabo el proceso con cualquier cosa que pueda estar molestándole.

Mañana: Revise, a primera hora por la mañana (antes incluso de levantarse de la cama), su último sueño e identifique cualquier objeto o persona que posea una carga emocional. Luego enfréntese a esa persona o a ese objeto manteniéndolo en la mente. Hable después con esa persona o con ese objeto (o resuene simplemente con ello, sintiendo cómo sería estar en su presencia). Finalmente, conviértase en esa persona o en ese objeto y asuma su perspectiva. En este caso, no es necesario anotar por escrito este ejercicio, sino que puede realizarlo mentalmente.

Noche: Elija, justo antes de ir a dormir, la persona que más le haya molestado o atraído durante el día. Enfréntese mentalmente a esa persona, hable y finalmente conviértase (como hemos descrito anteriormente) en él o en ella.

Éste es un ejercicio que, repitámoslo una vez más, puede hacer todas las veces que quiera, a primera hora de la mañana o a última hora de la noche.

Formas más avanzadas de trabajo con la sombra
Las tinieblas luminosas de la sombra

Existen diferentes tipos de sombra. Durante la mayor parte de este capítulo nos hemos centrado en una de las modalidades fundamentales de la sombra, la sombra inconsciente reprimida, es decir, los impulsos, sentimientos y necesidades que nuestra conciencia experimenta tan amenazadores que acaba reprimiendo. Este material de la sombra acaba convirtiéndose en el origen y la fuente de las proyecciones, tanto negativas como positivas. Y el trabajo de iluminar la oscuridad nunca concluye.

Hay otro tipo de sombra que también conviene señalar, la sombra de las capacidades emergentes que aún no hemos asumido y de las que, en consecuencia, todavía no nos hemos reapropiado. Ésta es la sombra de nuestras dimensiones más elevadas, de las dimensiones que quieren tomar tierra y ser vividas. Es frecuente que nuestra identidad condicionada no reconozca estos aspectos de nuestras vocaciones y capacidades únicas y profundas que, en consecuencia, mantenemos alejadas de la conciencia, en la sombra. Es por esto por lo que existen ciertos tipos de crecimiento imposibles hasta que esa represión se relaje y podamos asumirnos y mostrarnos como individuos, en última instancia, únicos.

Dicho de otro modo, hay ocasiones en las que nuestra inteligencia, nuestra intuición y nuestras capacidades más elevadas no concuerdan con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Y, en tal caso, funcionamos de acuerdo a nuestras viejas identidades fijas, incapaces de integrar y encarnar responsablemente nuestras potencialidades y nuestra conciencia más elevadas, y nos quedamos atrapados siendo menos de lo que realmente somos. Es muy importante advertir que la sombra no sólo encierra impulsos rudimentarios e “inferiores” del psiquismo, sino también aspectos evolucionados “más elevados”. Hay que ser conscientes de esa posibilidad y también hay que descubrir, cuando la reconocemos operando en nosotros, la claridad y el valor de decidir vivir nuestras potencialidades más elevadas. En el epílogo de este libro, titulado “El yo único”, hablaremos de este proceso de abrirnos a nuestra dinámica y a nuestro significado especial. Estas “sombras doradas” nos brindan una oportunidad extraordinaria para el crecimiento.

Hay personas que, pese a tener una gran capacidad de liderazgo, se encuentran —por parecerles demasiado agresivo, masculino y asertivo— a disgusto con ese aspecto de sí mismos y quieren que otros se hagan cargo de la situación. ¿Quiénes son ellos —suelen decirse, en tal caso— para señalar a los demás lo que tienen que hacer? Esas personas, al asociar el lide-razgo a cualidades de control y de dominio percibidas como negativas, han acabado generando, en sí mismos, una “sombra dorada”. Y, si bien admiran la capacidad de liderazgo ajena, también se sienten incómodos con ella. En este sentido, el proceso 3-2-1 puede ayudarles a reconocer su deseo de ser un líder —que quizás sea el aspecto más avanzado de su práctica y de su desarrollo, una “sombra dorada” que, en el caso de que verse asumida y reapro-piada, puede convertirse en un auténtico don de luz visionaria.

La extraña lógica del psiquismo

Uno de los aspectos más importantes del trabajo con la sombra consiste en el reconocimiento de la extraña lógica a la que, en ocasiones, se atiene el psiquismo. Del mismo modo que responde a nuestras partes más sombrías, el psiquismo profundo suele responder también a la imagen opuesta de nuestra sombra. Así pues, no sólo podemos quedarnos paralizados, activados, agitados, desorientados o rechazados en respuesta a la presencia de las partes de nosotros mismos que no nos gustan y, en consecuencia, negamos (es decir, a nuestra sombra), sino también en presencia de su imagen en el espejo (es decir, a nuestros opuestos emocionales).

En nuestro primer ejemplo anterior, Phil había enajenado sus necesidades de seguridad, razón por la cual se sentía tan molesto visitando a Joe, su amigo de la infancia. Y algo parecido hubiese ocurrido también en el caso de haber visitado a su amigo Raul, una persona tan opuesta a Joe que, comparado con él, hacía parecer a Phil un timorato. Y, en el caso de que Phil hiciese un proceso 3-2-1 con su amigo Raul, podría acabar diciendo «lo único que importa de la vida es el riesgo y la intensidad. El resto carece de importancia. La seguridad no me preocupa nada». Y, por más que tal conclusión refleje una importante verdad psicológica, lo contrario —es decir, la negación de las necesidades de seguridad a la que, en nuestro ejemplo original, había llegado Phil— resultaba todavía más profundamente revelador.

Permita pues, al finalizar el proceso 3-2-1 y, en la medida en que “asuma” lo que originalmente lo desencadenó, que su intuición advierta los aspectos más profundos y enajenados del yo. Porque son muchas las ocasiones en que, en el proceso, advertirá la emergencia de un sentimiento opuesto a aquél con el que comenzó.

Transmutar las emociones primordiales auténticas

Hay ocasiones en las que, por más importante que sea para aclarar nuestra vida emocional, el trabajo con la sombra no es más que un primer paso. Una vez que hemos emprendido el trabajo con la sombra y empezamos a movernos entre la maraña de emociones secundarias e inauténticas, disponemos de una extraordinaria oportunidad para asumir y emplear creativamente la energía de la emoción primaria y auténtica (y aunque ya no se trate, técnicamente hablando, de “trabajo con la sombra”, constituye, muy a menudo, el siguiente paso que debemos dar en la práctica con las emociones).

La energía de la emoción auténtica es una expresión de la energía primordial de nuestro ser, algo esencial y necesario para la totalidad. Si nuestras emociones, como la ira, el miedo o la tristeza, son aparentemente “negativas” puede parecer que sabotean nuestra eficacia o envenenan nuestra mente y nuestro corazón. No es de extrañar, en tales casos, decidir la necesidad de eliminarlas. Pero ésa, no obstante, es una opción poco realista, porque el empeño en “desembarazarse” de las emociones negativas no hace sino enterrarlas más en la sombra ¡agudizando, en tal caso, el problema del que partíamos! Resulta mucho más provechoso transmutar esas emociones en su energía pura y esencial y, a partir de ahí, expresarlas y liberarlas más adecuadamente. Esperamos que el siguiente proceso sencillo de cinco pasos transmita al lector la esencia de la práctica espiritual tradicional que apunta a la transmutación de las emociones negativas:

1 Advierta lo que está sintiendo y el modo en que se muestra, tanto física como energéticamente, en su cuerpo.

2 Relaje la tendencia a juzgar, reprimir o reaccionar, y permita que lo que es, sea, cobrando de ello una clara conciencia.

3 Si su emoción tiene que ver con alguien o con algo, relaje su relación con ese objeto. Luego permita que su energía emocional simplemente sea. Advierta luego cualquier cosa que aparezca en su interior (no tanto como algo que le hacen como cuando, por ejemplo, dice «ella me hace sentir de tal o de cual modo»). Relájese y asuma la responsabilidad total de sus pautas y energías emocionales.

4 Sienta la energía de su emoción y la situación o relación en la que aflore. Luego respire y permita que esa energía fluya. Advierta el modo en que, en lugar de moverse de formas destructiva, lo hace constructivamente. Respire varias veces y advierta el modo en que, al canalizarse y circular, va transformándose.

5 Preste atención hasta que reconozca la naturaleza provisional de la emoción y permita que su energía cruda se libere, como el agua que, al hervir, se convierte libremente y sin obstrucción alguna, en vapor.

La esencia de este proceso es la aceptación de la emoción y el correspondiente permiso, lo que libera la tensión y resistencia que la envuelve. Luego deje que la emoción se exprese y permita que revele la expresión liberada, despierta y sin obstrucciones de su energía pura.

Considere, por ejemplo, lo que sucede en el caso de la transformación de la ira. Es mucha la energía que se oculta detrás de ella. ¿En qué se convierte si se libera en su esencia pura y auténtica? A menudo se revela como la energía y el compromiso de discriminar y profundizar, de disipar la confusión y de convertirla en claridad. Pero, en otras ocasiones, sin embargo, se convierte en la energía y el poder de transformar lo que haya que transformar. Una energía emocional como la ira no se desvanece en la nada sino que, al servicio de la compasión y de la libertad, puede convertirse, de hecho, en un recurso muy poderoso y útil.

La transmutación emocional continua

Las emociones son profundamente rutinarias. No es de extrañar por tanto que, después de haber transmutado una emoción, se descubra cayendo de nuevo en la vieja pauta de siempre. La energía emocional recién revelada necesita encontrar nuevas formas de organizarse. Por ello, para la transmutación exitosa de las emociones, se requiere una práctica perseverante. En este sentido, las emociones se liberarán, aparentemente de un modo completo, para reaparecer nuevamente al cabo de un tiempo y vernos de nuevo obligados a trabajar con ellas. Si queremos obtener resultados duraderos, deberemos ejercitar, en este sentido, la paciencia y la perseverancia. Con el tiempo y la práctica acabaremos advirtiendo lo rápida y poderosamente que las emociones responden a las experiencias negativas y nos sorprenderemos al descubrir que la práctica consciente acaba liberando hasta las más viscerales de ellas. Y, en la medida en que nos familiarizamos con la práctica, aumenta nuestra energía, nuestra comprensión y nuestra habilidad para trabajar con las emociones y las energías más difíciles.

La adecuación entre la transmutación de las emociones y el trabajo con la sombra:

 lo que era “ello” o “tú” acaba asumiéndose, gracias al trabajo con la sombra, como una parte disociada del “yo”

 esas dimensiones del “yo” se asumen, a lo largo del proceso de transmutación de las emociones, como “yo soy”

 el proceso libera las emociones y nos permite desidentificarnos de ellas. De este modo, las emociones dejan de poseernos y nosotros pasamos a poseerlas o, dicho en otras palabras, en lugar de dar forma al “yo”, se convierten en “mí”

Por decirlo de otro modo, las emociones secundarias inauténticas se convierten en emociones primarias y auténticas, lo que se transmuta en energía despierta y trascendente.

Como las palabras no pueden capturar con precisión la fluidez de las emociones, no existe generalización categórica alguna que pueda resultar completamente exacta. A pesar de ello, sin embargo, las correspondencias que presentamos en la Figura 4.2 de la página 92 son muy valiosas.

El trabajo con la sombra y la transmutación de las emociones

Una de las afirmaciones más conocidas de Sigmund Freud sobre el proceso psicotera-péutico es aquélla según la cual “donde estaba el ello, estará el yo”. Y algo parecido podríamos decir con respecto al trabajo con la sombra y a la transmutación de las emociones:

lo que era “ello”

se convertirá en “yo”

y lo que era “yo”

acabará convirtiéndose en “lo mío”

y será testimoniado como yo soy.

Así es como su energía se verá reclamada y liberada.

El desarrollo simultáneo de nuestras relaciones y de nuestras emociones

El proceso de transmutación de las emociones y el trabajo con la sombra nos proporcionan un espacio extra para nuestra vida emocional, en el que podemos relajarnos y experimentar directamente nuestros sentimientos.

En este sentido conviene ser curioso e investigar, confiando en que el proceso no resultará doloroso, sino liberador. Si admitimos la importancia de la energía contenida en nuestras emociones, podremos trabajar con ellas, sabiendo que finalmente se abrirán, liberando su represión y permitiendo su expresión libre y despierta. Y puede estar seguro de que, cuando tal cosa ocurra, se sentirá mucho más poderoso porque, en tal caso, la extraordinaria energía que encierran se convertirá entonces en vitalidad, conciencia y desarrollo.

El proceso de la sombra 3-2-1 y la transmutación de las emociones son prácticas muy poderosas y útiles. Los beneficios que las acompañan pueden transformar profundamente nuestra experiencia interna, enriqueciendo nuestra vida y acelerando espectacularmente nuestro crecimiento. Son muchas las personas que temen experimentar algunos de sus sentimientos, un miedo que les impide estar completamente presentes.

Esto puede cambiar si confiamos en que los sentimientos que nos asustan encierran una oportunidad para aumentar nuestro poder y nuestra vitalidad. Y el ejercicio exitoso de esta práctica no sólo libera energía anteriormente atada a las emociones contenidas en la sombra, sino que también proporciona el fundamento realista para una relación más rica y compasiva con nuestra vida emocional.


Figura 4.2. Emoción auténtica encerrada en la energía de la emoción liberada

Son muchos los frutos que acompañan a estas prácticas emocionales:

 la predisposición a reconocer y experimentar la vida más directamente, incluyendo sentimientos que anteriormente nos resultaban difíciles de admitir

 vitalidad y poder donde antes nos sentíamos aturdidos y temerosos

 capacidad de estar plenamente presentes en situaciones emocionalmente cargadas

 apertura sincera y curiosidad relajada ante emociones ligadas a la sombra

 clima interno de aceptación y compasión por uno mismo

 menor tendencia a dejarnos secuestrar emocionalmente y, en consecuencia, la correspondiente capacidad para ver la vida con mayor claridad

Integrar la luz y la oscuridad, el espíritu y la sombra

Ahora podemos empezar a extraer algunas conclusiones relativas a la sombra y establecer también un par de conexiones esenciales entre el trabajo con la sombra y otros aspectos de la PIV, especialmente la práctica espiritual y la meditación.

Cuando no nos enfrentamos a la sombra, ésta acaba encontrando el modo de obstaculizar nuestro camino

Son muchas las lecciones que nos han legado los maestros espirituales. Entre ellas se oculta una que suele pasar inadvertida y es que, independientemente del tiempo que pasemos meditando, jamás podremos convertir a la oscuridad en luz. Y, en este sentido, conviene recordar a las muchas figuras espirituales extraordinarias cuya reputación se ha visto manchada por escándalos relativos al sexo, el poder, y el dinero, derivados (de forma, a veces, sutil y paradójica) de los impulsos de la sombra inconsciente.

Es imposible ver lo que no podemos ver

¿Qué es lo que ocurre si meditamos y si lo hacemos muy profundamente?

Podemos observar el miedo y la tristeza aflorando como objetos de nuestra conciencia, podemos relajar nuestra “identificación” con ellas y hasta podemos descubrir el presente temporal en el que el miedo y la tristeza dejan de importar. Pero si, además de meditar, no hacemos trabajo con la sombra, probablemente no nos enfrentemos a ella. Esto es algo que ha quedado patente después de tres décadas de las diligentes sentadas de los alumnos occidentales que han seguido los caminos orientales. Existe una gran diferencia entre los meditadores avanzados que, aunque han meditado, no han trabajado con su sombra, y aquellos otros que han ejercitado ambas prácticas. El trabajo con la sombra que tiene lugar, por ejemplo, cuando llevamos a cabo el proceso 3-2-1, reintegra lo relativo en la totalidad, sin rozar siquiera el Yo o Testigo infinito. La meditación, por su parte, nos ayuda a realizar el Gran Yo, pero no tiene absolutamente nada que ver con los problemas del yo finito. La Práctica Integral de Vida, por su parte, se ocupa de ambas cosas, cura el yo finito unificándolo a la sombra y descubre el Yo infinito que, siendo la vacuidad sin manifestar en todas las condiciones, carece tanto de yo como de sombra.

El trabajo con la sombra incluye un territorio amplio y rico

El trabajo con la sombra impregna toda la PIV.

El crecimiento pasa necesariamente por tolerar la incomodidad. Si queremos ver una alternativa más consciente, debemos cobrar conciencia de lo inconscientes que son nuestros hábitos y nuestras tendencias anteriores. Y ello implica, al menos, un momento de conciencia implacable de uno mismo, lo que no resulta nada sencillo.

Las personas inmaduras se niegan insistente y reactivamente a esa auto-conciencia implacable, pero los practicantes desarrollan una respuesta diferente, una respuesta curiosa e interesada. Esa nueva conciencia de las pautas y tendencias inconscientes e improductivas es, en realidad, una buena noticia, porque jalona la aparición de nuevas alternativas que mejoran nuestra vida.

Esta capacidad —la capacidad de enfrentarnos a nuestras limitaciones y, en lugar de negarlas o reaccionar defensivamente, aprender de ellas— resulta esencial para todos y cada uno de los módulos de la Práctica Integral de Vida.

El trabajo con la sombra es para siempre

El trabajo con la sombra es simultáneamente necesario e interminable. Porque, independientemente de lo conscientes que seamos, no hay punto final al perfeccionamiento del psiquismo. En todos y cada uno de los instantes que componen nuestra vida, el psiquismo, de forma subrepticia y oculta, puede jugar una vez más al escondite consigo mismo. No es de extrañar que afirmemos que el trabajo de iluminar la oscuridad no concluye nunca.

No debemos esperar, pues, liberarnos definitivamente de la sombra. A pesar de nuestras sombras, siempre podemos ir más allá de nosotros mismos. Es un error quedarnos complacientemente atrapados en una interminable “sala de espejos” en la que lo único que vemos son reflejos disfrazados de nuestro ego.

Emprender este trabajo es algo muy importante. Quienes se esfuerzan sinceramente con la intención de reapropiarse de sus proyecciones se convierten en personas más maduras, responsables y fiables. Por ello consideramos que el trabajo con la sombra es un módulo esencial. Las sesiones de psicoterapia tienen un final, pero el trabajo de la sombra jamás concluye. Es cierto que, en la medida en que profundizamos en él, cada vez nos volvemos un poco más claros y la luz de nuestra conciencia resplandece un poco más. Pero donde haya luz, siempre habrá sombra y deberemos integrarlas a ambas.

5. El módulo de la mente
La práctica de asumir perspectivas

Los dos aspectos fundamentales del módulo mental de la PIV:

1 Aumentar la capacidad de asumir perspectivas más complejas, matizadas y exactas

2 Ampliar el marco de referencia mental que utilizamos para organizar estas perspectivas

Este capítulo gira fundamentalmente en torno al marco de referencia integral OCON. El aprendizaje y el uso, en nuestra vida cotidiana, de este marco de referencia aumentan la capacidad de asumir las perspectivas que, dentro de una conciencia expandida, tienen más sentido. De hecho, solemos considerar a OCON como un marco de referencia “psicoactivo”, porque su empleo amplía, intensifica e ilumina nuestra experiencia del mundo y de nosotros mismos, permitiéndonos establecer más conexiones, experimentar la vida con más profundidad y advertir aspectos de la conciencia cada vez más sutiles.

Aumentar la capacidad de asumir perspectivas

En un experimento que ha acabado convirtiéndose en clásico, Jean Piaget verificó la capacidad de los niños de asumir diferentes puntos de vista. Para ello mostró, a un niño, un cubo con lados opuestos de color azul y amarillo. Luego le preguntaba “¿De qué color lo ves?” y después “¿De qué color lo veo yo?” Los niños pequeños a los que se les mostraba la superficie amarilla asumían que el experimentador también lo veía amarillo. En torno a los cinco años, sin embargo, los niños suelen experimentar una gran transformación. Y es que, aunque sigan viendo el cubo de color amarillo, se dan cuenta entonces de que el experimentador lo ve azul. Ese niño, pues, ha desarrollado la capacidad de asumir la perspectiva de otra persona, lo que le permite responder correctamente.

La capacidad de asumir perspectivas sigue desarrollándose, en el mejor de los casos, hasta bien entrada la madurez, a lo largo de un proceso que nos permite asumir perspectivas cada vez más amplias. De este modo, donde antes nos hallábamos sumidos en una perspectiva limitada, podemos asumir ahora una visión más abarcadora que trasciende la verdad limitada de nuestra visión anterior. ¡Así es como discurre el proceso de evolución de la conciencia, permitiéndonos asumir finalmente una perspectiva que nos permite advertir nuestra asunción de perspectivas!

La simple intención de ver más perspectivas es una práctica esencial del módulo mental. Trate de advertir, siempre que le resulte posible, perspectivas adicionales, despertando así visiones nuevas cada vez más amplias, hasta llegar a la perspectiva que le permita advertir su propia asunción de perspectivas. Pero no debemos olvidar que toda perspectiva, incluida la nuestra, es tan cierta como parcial. Trate luego de asumir una perspectiva abierta que le permita observar con curiosidad nuevas formas de ver las cosas, sin aferrarse y aprestarse a defender con uñas y dientes su punto de vista.

Pero esto, por más fácil que resulte de decir, es bastante más difícil de llevar a la práctica. Son millones las formas que puede asumir la apertura a nuevas perspectivas, desde leer libros hasta hablar con personas desconocidas, viajar y ver obras de arte. La mente es infinita y también lo son, en consecuencia, las perspectivas con las que contamos. Eso es precisamente lo que convierte al marco de referencia OCON en una herramienta tan imprescindible. En tanto que forma de organizar las múltiples perspectivas que podemos asumir, abre un espacio para perspectivas más amplias (y también más profundas). Del mismo modo que el hecho de ordenar un armario nos ayuda a encontrar —en el momento en que más lo necesitamos— las cosas, OCON nos ayuda a establecer “un lugar, en nuestra vida, para cada cosa”.

El módulo de la mente y la PIV

El módulo de la mente impregna la totalidad de la Práctica Integral de Vida. Ahora mismo, de hecho, estamos asumiendo una perspectiva sobre la práctica y ejercitando, en este sentido, el módulo mental.

Si queremos que nuestra práctica avance exitosamente, debemos tener en cuenta todas las dimensiones de nuestro yo, incluida la mente. Una mente desarrollada nos ayuda a asumir múltiples perspectivas y tomar mejores decisiones a la hora de diseñar nuestra práctica, alumbrar nuevas comprensiones y afrontar nuevos retos. La inteligencia mental madura no sólo emerge como una expresión de la unidad que todos compartimos, sino también del yo único que nos singulariza.

Elementos del marco de referencia integral
La teoría integral OCON

OCON es una poderosa herramienta de integración mental. Identifica un puñado de distinciones sencillas que nos permiten reconocer, clasificar y finalmente trascender (e incluir) perspectivas. Echemos ahora un vistazo a los elementos fundamentales que componen OCON.

OCON significa “omni-cuadrante, omni-nivel, omni-línea, omni-estado y omni-tipo”. Éste es, dicho en pocas palabras, el conjunto más sencillo de distinciones que pueden explicar la complejidad de nuestro mundo y la profundidad y amplitud de la conciencia a que aspira la verdadera práctica.

Aunque a menudo digamos que OCON “da sentido a todo”, lo cierto es que OCON es un marco de referencia limitado. De hecho, deja multitud de huecos vacíos que deberán aguardar a la llegada de nuevos descubrimientos y nuevas experiencias individuales. OCON es “una teoría de todo” que deja espacio e incluye conscientemente la mayoría de las formas de conocimiento de las que somos conscientes, desde la fenomenología hasta la ciencia sistémica, los estudios culturales, el empirismo, la contemplación, la psicología evolutiva, etcétera.* Y lo hace basándose en décadas de investigación intercultural, siglos de ciencia y milenios de sabiduría. OCON nos ayuda a entender que el Kosmos es mucho más grande de lo que anteriormente suponíamos y puede servir como marco de referencia de casi cualquier quehacer humano, incluida la Práctica Integral de Vida.

OCON: Omnicuadrante, ominivel, omnlínea, omniestado y omnitipo

Revisemos ahora brevemente los elementos compositivos fundamentales del marco de referencia OCON:

Los cuadrantes combinan dos de las distinciones más fundamentales del Kosmos: interior/exterior e individual/colectivo, dos fronteras que establecen cuatro dominios diferentes, el interior y el exterior de lo individual y de lo colectivo (o, dicho en otras palabras, el yo, el nosotros, el ello y el ellos).

Los niveles son las diferentes estructuras supraordenadas que van presentándose en la medida en que la evolución se adentra en nuevos territorios. Estas estructuras —a las que, en ocasiones, denominamos “estadios” u “olas” del desarrollo— reflejan diferentes alturas de la conciencia (como, por ejemplo, egocéntrico, etnocéntrico, mundicéntrico, etcétera).

Las líneas son áreas concretas en las que tiene lugar el crecimiento y el desarrollo (como, por ejemplo, las facetas interpersonal, moral, musical, cognitiva, de las necesidades, etcétera) que se conocen, en ocasiones, como “inteligencias múltiples” o “corrientes” del desarrollo.

Los estadios son formas provisionales, cambiantes y a veces más elevadas de conciencia (como, por ejemplo, la vigilia, el sueño, el sueño profundo, los estados meditativos, “la zona” y las experiencias cumbre).

Los tipos son modalidades horizontales diferentes (como, por ejemplo, las expresiones masculina y femenina, las diferencias interculturales o los tipos de personalidad que nos presentan los modelos del eneagrama o de Myers-Briggs).

Un lugar para todo en nuestra vida

No es ningún secreto que la vida contemporánea puede resultar abrumadora. La posibilidad de acceder a tanta información y a tantas variedades de experiencia diferentes es, simultáneamente, una bendición y una condena. La sobrecarga de información puede resultar sofocante, exigente, intimidadora, paralizante, aterradora, agotadora y extenuante. Y, lo creamos o no, un marco de referencia integral simplifica mucho las cosas. Bien podríamos decir que el marco de referencia OCON es, en este sentido, una aspirina para el dolor de cabeza generado por el exceso de información.

¿Pero es éste un viaje estrictamente mental?

Integrar la mente, el cuerpo y el espíritu es una de las tareas esenciales de cualquier PIV. ¡Pero ello no implica, en modo alguno, que debamos desembarazarnos de la mente porque, después de todo, se trata de una dimensión esencial de la ecuación! Son muchas las personas que consideran a la mente como un obstáculo para el desarrollo espiritual y, en consecuencia, insisten en la necesidad de ir más allá de ella, de soslayarla y de abandonarla. “¡Desembarázate de la mente y entra en el cuerpo!”, “¡Deja de ser tan cabezón y simplemente sé!” o “¡Si fueses realmente espiritual evitarías tantas distinciones intelectuales y escucharías con más esmero la sabiduría de tu cuerpo!”.

Pero todas estas frases no hacen sino poner de relieve el prejuicio de que el cuerpo es “experiencial” y de que la mente, al ser “conceptual”, nos aleja de la experiencia inmediata. Queremos experimentar algún tipo de unidad o intimidad con el Espíritu, pero la mente, con sus divisiones y distinciones, acaba con la experiencia sentida. Y todo ello sin mencionar siquiera el fl ujo de pensamientos y distracciones (la llamada “mente del mono”) que no dejan de afl orar mientras estamos meditando. Es por esto por lo que la regla de la espiritualidad popular se ha convertido en “¡Sé!” o, dicho en otras palabras, “¡No seas tan intelectual!”.

Realmente es posible, en ausencia de práctica realmente integral, quedar atrapados en la cabeza. Pero, como la PIV no soslaya nada, también incluye la mente y el intelecto. A fin de cuentas, la mente es una dimensión de la PIV. El uso de un marco de referencia OCON es, en sí mismo, un aspecto de la práctica de integración entre el cuerpo, la mente y el Espíritu (y también la sombra).

Pensar con claridad es esencial para el cultivo de una moral adecuada, tomar decisiones conscientes y hasta practicar la compasión. Si queremos empatizar con alguien debemos ser capaces de asumir su perspectiva (un acto ciertamente mental). Es necesario, para ser auténticamente espirituales, contar con una mente sana y desarrollada.

La información, cuando no está adecuadamente organizada, pierde su utilidad. Y es que, desconectados de una imagen mayor que les dé sentido y de una pauta que lo conecte todo, los datos puros no son más que fragmentos de información desconectada que se apila en montones y no explican absolutamente nada. OCON nos ayuda, en este sentido, a identificar esas pautas fundamentales y convertir los montones en totalidades. La visión integral nos revela el modo de acomodar facetas aparentemente desgajadas de nuestra experiencia y proporcionarnos, sin simplificar excesivamente las cosas, un lugar para cada cosa reduciendo, de este modo, la complejidad de la vida.

Cuadrantes

Aunque no haya mapa que incluya todos los detalles, siempre podemos crear el espacio suficiente para que quepan todos los mapas. Del mismo modo que, en una brújula, caben todas las direcciones posibles, basta con un par de direcciones (Norte-Sur y Este-Oeste) para acomodar, en ellas, todas las orientaciones posibles.

Es así como, con dos sencillas distinciones, los cuatro cuadrantes nos abren también un espacio en el que cabe todo, es decir

1. Interiores (pensamientos, sentimientos, significados y experiencias meditativas) y exteriores (átomos, cerebros, cuerpos y conductas)

e

2. Individuos (que tienen su propia forma y experiencia distintiva) y colectivos (que interactúan dentro de grupos y de sistemas culturales)

Estas dos distinciones nos abren a las cuatro dimensiones o espacios del mundo de los que hablábamos en el Capítulo 3, los espacios del yo, del nosotros, del ello y del ellos.

La visión integral advierte el modo en que las realidades propias de los cuatro cuadrantes —desde la conciencia y la sombra del cuadrante superior-izquierdo hasta los valores y relaciones del cuadrante inferior-izquierdo, las conductas y los factores fisiológicos individuales del cuadrante superior-derecho y los sistemas ecológicos y tecnoeconómicos del cuadrante inferior-derecho— se interpenetran para dar lugar a todos y cada uno de los instantes de la vida de nuestra conciencia en este planeta.

En realidad, las cuatro dimensiones representadas por los cuadrantes se hallan presentes en cualquier situación vital. Imagínese, por ejemplo, una buena mañana mientras se dirige caminando a su oficina…

Cuadrante superior-izquierdo, espacio interior-individual del “yo”: Se siente excitado y un tanto nervioso ante la entrevista que esa mañana le espera y, en su cabeza, no dejan de aparecer pensamientos sobre el mejor modo de prepararla.

Cuadrante inferior-izquierdo, espacio interior-colectivo del “nosotros”: Se adentra en la cultura administrativa habitual de significados, valores y expectativas compartidas en que, de forma tanto explícita como implícita, se halla cotidianamente inmerso.


Figura 5.1 Los cuatro cuadrantes

Cuadrante superior-derecho, espacio exterior-individual del “ello”: Su conducta física es evidente: caminar, dar los buenos días, abrir la puerta, sentarse frente a su escritorio, poner en marcha el ordenador, etcétera. La actividad cerebral, el ritmo cardíaco y la tasa de sudoración van intensificándose en la medida en que se acerca el momento de la entrevista.

Cuadrante inferior-derecho, espacio exterior-colectivo del “ellos”: Ascensores que funcionan con electricidad, generada a miles de kilómetros de distancia, que le llevan hasta el piso en que se encuentra su oficina. Luego camina por el entorno familiar de su oficina, se acerca a su escritorio y conecta con la red de la empresa para enterarse del estado de las ventas en los distintos mercados internacionales.


Figura 5.2 ¿Qué hay en los cuatro cuadrantes?

Como puede ver, los fenómenos aparecen simultáneamente en las cuatro dimensiones. Los cuatro cuadrantes co-emergen (o, dicho más exactamente, “tetra-emergen”) en la experiencia del ahora. Además, la Práctica Integral de Vida ejercita los aspectos de su ser en los cuatro cuadrantes. Se supone que la PIV los apoya teniendo en cuenta a su “yo” individual interior, su “ ello ” individual exterior, su “nosotros” colectivo interior y su “ellos” colectivo exterior, que se hallan presentes instante tras instante.

Siempre es posible que, cuando se compromete con una PIV y con una vida de práctica, se dé cuenta, en algún momento, de que se ha “olvidado” de uno o más cuadrantes de su vida y de que, desentendiéndose del resto, ha centrado exclusivamente su atención sólo en algunos aspectos de la realidad. Pero, en la medida en que va familiarizándose con el marco de referencia integral y éste acaba convirtiéndose en su segunda naturaleza, cada vez reconoce más fácilmente, en toda situación, la presencia de las cuatro dimensiones.

Niveles de conciencia

Éste es el segundo elemento básico del marco de referencia OCON. Afirma la existencia de estructuras de conciencia más o menos elevadas (o más o menos evolucionadas o conscientes) e insiste en que, tanto a nivel individual como colectivo, el ser humano puede desarrollarse hasta niveles superiores siguiendo una secuencia de estadios u olas progresivas del desarrollo.

Ésta es una idea que, para muchas personas, resulta difícil de digerir. Esas personas creen que el hecho de hablar de niveles da pie a la sensación de superioridad o asimilan la noción de “conciencia superior” a uno de los conceptos difusos a los que nos tiene acostumbrados la llamada “nueva era”. Lamentablemente, sin embargo, hay ocasiones en que esas personas tienen razón porque hay quienes, apoyándose en la religión, se empeñan en elevarse altivamente sobre los demás. Y también hay quienes parecen no tener empacho alguno y, utilizando un lenguaje sensiblero y descuidado, hablan de “conciencia superior” y desacreditan la noble y profunda cuestión de despertar al Kosmos.

Si, por otra parte, observamos la evolución, advertiremos millones de pequeños cambios incrementicios que, de vez en cuando, dan lugar al surgimiento de propiedades emergentes que posibilitan la irrupción de algo completamente nuevo (como las células vivas que salpicaron la sopa química primordial o la aparición del arte en los primeros seres humanos). Esto jalona la emergencia de un estadio, nivel u ola del desarrollo completamente nuevo, algo que sucede en todos los cuadrantes, tanto en la evolución física y biológica (ello), como en la evolución socioeconómica (ellos), en la evolución cultural (nosotros) y en la evolución de la conciencia individual (yo). Y el despliegue de esos estadios se atiene a una pauta claramente discernible.

Consideremos ahora la siguiente secuencia:

 hacer que papá y mamá le digan lo que tiene que hacer (infancia)

 hacer lo que usted y sus amigos del instituto quieren hacer… rebelándose simultáneamente, por cierto, contra papá y mamá (adolescencia)

 hacer, en tanto que adulto libre y responsable (madurez), lo que uno considera que está bien

o esta otra secuencia:

 esclavitud

 segregación

 derechos civiles


Figura 5.3 Niveles simples de evolución física y biológica

¿Podemos advertir, en estos ejemplos, una secuencia que vaya de estadios de conciencia menos elevados a estados de conciencia más elevados? ¿Sería acaso posible invertir alguna de estas secuencias?

Insistamos en que hay personas a las que no les gusta hablar de niveles, porque no quieren colocarse por encima de nadie ni tampoco proporcionar excusas para justificar el hecho de desdeñar a los demás. Pero, por más que ésa sea una preocupación muy razonable, siempre hay casos en los que necesitamos establecer juicios sobre niveles de complejidad y de conciencia más o menos elevados. A veces es importante afirmar la superioridad de una determinada postura. ¿Refleja, el odio a los gays, una conciencia superior o una conciencia inferior? ¿Es superior o inferior que una sociedad garantice igualdad de derechos para todos sus ciudadanos? ¿Qué le parece más adecuado, contemplar el mundo en términos polares del tipo y/o (es decir, nosotros contra ellos) o reconocer la verdad relativa que yace en toda perspectiva?

También podemos considerar a la evolución biológica como un ejemplo de niveles (ver Figura 5.3).

Las moléculas, como ilustra esta figura, son “superiores” a los átomos porque los trascienden, al tiempo que los incluyen en su propia configuración. Y, en ese mismo sentido, también podríamos decir que las células trascienden a las moléculas, los organismos trascienden a las células, etcétera, etcétera, etcétera. Cuando un nivel superior trasciende e incluye a un nivel inferior, tiene lugar una emergencia cualitativa, lo que supone la aparición de algo nuevo previamente inexistente. Y ese “algo nuevo” representa un nuevo nivel evolutivo.

Cuando, hace ya miles de millones de años, el Big Bang dio origen al universo, las estrellas, los planetas y las formas vivas no aparecieron plenamente formados, sino que tuvieron que evolucionar hasta la existencia. Todo comenzó con varias formas de energía y partículas subatómicas que empezaron dando origen a los átomos, luego a las moléculas, después a los organismos unicelulares, los organismos pluricelulares, las distintas formas vegetales y animales, los primeros homínidos y finalmente ¡plof! el asombroso ser humano. Y, por más que hombres y mujeres razonables estén en desacuerdo sobre los pormenores concretos de este milagroso proceso, todos coinciden en que el nivel de existencia del organismo humano es más elevado, complejo y consciente que, pongamos por caso, el del átomo de carbono. (Y lo curioso es que, en este sentido, no tenemos que andar con pies de plomo para no dañar los sentimientos del átomo de carbono, porque carece de ellos o, al menos, no se siente ofendido por nuestra arrogancia.)

Pero también debemos advertir que, aunque el ser humano trascienda a los átomos de carbono, posea cualidades y pueda hacer cosas que a ellos les resultan imposibles, forman parte de nuestra configuración física. De hecho, el ser humano depende del átomo de carbono o, dicho en otros términos, el átomo de carbono es más fundamental que el ser humano. Y es que, si pudiésemos extirpar de la existencia los átomos de carbono acabaríamos también, del mismo plumazo, con todos los seres humanos (y también, dicho sea de paso, con todos los seres vivos). Nuestra configuración incluye aspectos procedentes de casi todos los eslabones de la secuencia evolutiva, desde los átomos hasta las moléculas, las células individuales, las células neuronales, los sistemas límbicos y el complejo neocórtex, lo que nos permite hacer cosas tan asombrosas como contemplar la evolución kósmica o utilizar el lenguaje simbólico. Este proceso de profundización, que va de lo simple a lo complejo y de lo menos consciente a lo más consciente, puede rastrearse a lo largo de los miles de los millones de años que ha requerido la evolución kósmica en la que cada nuevo nivel trasciende, a la vez que incluye, todo lo anterior, llegando a niveles cada vez más elevados de novedad y de conciencia creativa.

Cada uno de los cuatro cuadrantes muestra niveles de evolución diferentes. Los cuadrantes de la mano izquierda miden el desarrollo en términos de profundidad o de conciencia interior, mientras que los de la mano derecha lo hacen en términos de complejidad exterior. Pero el hecho de que los cuatro cuadrantes “tetraemerjan” implica que el aumento de la conciencia interior se corresponda, hablando al menos en términos generales, con un aumento de la complejidad exterior.

Así, por ejemplo, la emergencia del neocórtex complejo del cuadrante superior-derecho se corresponde con la emergencia, en el cuadrante superior-izquierdo, de la inteligencia superior. Y esto, a su vez, va acompañado del florecimiento respectivo, en los cuadrantes inferior-izquierdo e inferior-derecho, de la cultura humana y de las civilizaciones. Y es que las cuatro dimensiones han evolucionado (¡y siguen evolucionando!) simultáneamente en olas de complejidad y conciencia cada vez más elevadas.

Lo que esto significa para nuestra evolución personal es que podemos centrarnos deliberadamente en armonizar el desarrollo de los cuatro cuadrantes para alcanzar olas de conciencia y compasión más elevadas. Ésta es, de hecho, la función primordial de la Práctica Integral de Vida. La interrelación existente entre los cuatro cuadrantes es tan elevada que el desarrollo global debe ocurrir en todos ellos. Y es que, si alguno de los cuadrantes se queda rezagado, tiende a lastrar el desarrollo de los otros tres. Por ejemplo, si está tratando de alcanzar, en el cuadrante superior-izquierdo (es decir, en su conciencia interior), un estado de claridad, de poco le servirá el desorden de su despacho (cuadrante inferior-derecho). Ése es, precisamente, el motivo por el cual, cuando aspiramos a centrarnos en nuestra mente (interior), tendemos instintivamente a ordenar nuestra habitación (exterior).

Y semejante dinámica opera también en sentido contrario. Quien trate, por ejemplo, de alcanzar un nivel más elevado de salud y bienestar físico (cuadrante superior-derecho), puede beneficiarse de la relación con personas que valoran el ejercicio, cuidan la alimentación y viven una vida sana (cuadrante inferior-izquierdo). Y lo mismo podríamos decir con respecto al resto de los cuadrantes.


Figura 5.4 Aumento de conciencia = aumento de complejidad

El desarrollo y el avance a niveles superiores de salud y de conciencia implica la trascendencia y la inclusión de quienes antes éramos. Así es, precisamente, como el viejo yo acaba convirtiéndose en un nuevo yo que, despojándose de los aspectos provisionales del viejo, asume sus facetas duraderas. Y así es también como cada nueva perspectiva superior y más elevada nos permite ver cosas que antes nos resultaban invisibles. Estoy seguro de que el lector habrá experimentado ya algo parecido, ¿no es así? ¿Es usted acaso la misma persona hoy que hace diez años? Basta, para ello, con echar un vistazo al viejo yo y, reconociendo los muchos rasgos trascendidos, advertir también aquellos otros que han permanecido.

Para ilustrar este punto, veamos ahora un simple modelo del desarrollo moral que abarca cuatro niveles o estadios. En el momento de su nacimiento, el niño todavía no se ha socializado en la ética y convenciones de la cultura en la que se encuentra y, al hallarse inmersa en sí misma, la conciencia de este estadio se denomina pre-convencional o egocéntrica. No puede asumir la perspectiva de los demás y no puede considerarlos semejantes y, por tanto, merecedores de consideración moral. Sin embargo, en la medida en que interioriza las normas y reglas de su cultura, avanza hasta el estadio moral convencional, llamado también etnocéntrico, porque se centra en el grupo, tribu, clan o nación concreta a la que pertenece, y tiende, por tanto, a no respetar a quienes no forman parte de su grupo. En el siguiente estadio superior del desarrollo moral, el estadio post-convencional, la identidad del individuo experimenta una nueva expansión que le lleva a incluir, en esta ocasión, el respeto y la preocupación por todas las personas, independientemente de raza, color, sexo o credo, razón por la cual se denomina también estadio mundicéntrico. Si el proceso de desarrollo del individuo sigue avanzando (asumiendo quizás una PIV) alcanzará el estadio post-postcon-vencional o kosmocéntrico del desarrollo moral, en el que ya es capaz de identificarse y de respetar a todos los seres sensibles.

Investigadores evolutivos, como Robert Kegan, de la Harvard University, consideran que el proceso de crecimiento y desarrollo de la conciencia consiste en ir cobrando conciencia de aquello que anteriormente configuraba nuestra percepción o, dicho de otro modo, del modo en que el sujeto de un nivel acaba convirtiéndose en el objeto del sujeto propio del siguiente nivel.

Así pues, el desarrollo moral tiende a avanzar desde el “yo” (egocéntrico) hasta el “nosotros” (etnocéntrico), el “todos nosotros” (mundicéntrico) y el “todos los seres sensibles” (kosmocéntrico), en un claro ejemplo del modo en que el despliegue de los estadios de la conciencia trasciende el narcisismo y va adentrándose en la capacidad de asumir perspectivas cada vez más amplias y profundas.**

 egocéntrico = yo

 etnocéntrico = nosotros

 multicéntrico = todos nosotros (es decir, todas las personas y el planeta en que vivimos)

 kosmocéntrico = todos los seres sensibles (es decir, el despliegue del Kosmos)

El proceso de desarrollo trasciende naturalmente las limitadas perspectivas de los niveles inferiores. Mal puede, un aspecto de la conciencia perteneciente a un nivel inferior, erigirse en el centro del universo. Con la comprensión y aceptación de los niveles como hitos progresivos y permanentes del proceso de desarrollo evolutivo llega el impulso implícito de crecer hasta los niveles superiores y de ayudar a los demás a hacer también lo mismo. La Práctica Integral de Vida nos proporciona una forma global y elegante de vivir este impulso básicamente evolutivo.


Figura 5.5 Estadios del desarrollo moral

Pero, dicho esto, también tiene sentido estar donde estemos. ¿Juzgaríamos acaso a un recién nacido por no saber caminar todavía? ¿Culparíamos a un niño de cinco años por no saber calcular? Ningún nivel del desarrollo está mal ni está equivocado. Todos forman parte de una secuencia natural cuya misma existencia es perfecta. Pero, aunque todos los niveles sean parcialmente ciertos, los superiores son (por definición) más elevados, porque trascienden, a la vez que incluyen, a los inferiores.

No existe ningún nivel que sea absolutamente superior, porque siempre pueden emerger niveles más elevados ¡lo que, nos guste o nos desagrade, acabará ocurriendo! No conviene, pues, que nos convirtamos en fanáticos del desarrollo sino, muy al contrario, que aprendamos a ser amables con nosotros mismos. Nuestra tarea, en tanto que practicantes integrales, consiste en operar desde todos los niveles de los que seamos conscientes, porque todos ellos son reales, todos ellos pertenecen al mismo Kosmos extraordinario. Y, cuanto más los tengamos en cuenta, más amables, amorosos y naturales seremos con nuestro propio ritmo de desarrollo

La conciencia de los niveles puede afectar de formas muy diferentes a nuestra práctica. Por ejemplo, a menudo, elegimos el nivel de ser desde el que respondemos a la experiencia. Elegir respuestas de los niveles más elevados y verdaderos consolidará nuestra práctica (y el éxito, dicho sea de paso, de nuestra vida cotidiana). También estamos relacionándonos y comunicándonos de continuo con individuos y grupos que operan desde un amplio espectro de niveles. Es por ello por lo que, con mucha frecuencia, la práctica consiste en conectar con las personas con que nos encontremos en su propio lenguaje, es decir, en un lenguaje en el que puedan entendernos. En este sentido, convendría que los lectores interesados en la comunicación integral, echasen un vistazo a la página 147.

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