Kitabı oku: «NEFERTARI»
KENNI KRANE
NEFERTARI
Poemas de mujeres

Kenni Krane
Nefertari : poemas de mujeres / Kenni Krane. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 9789878723792
1. Poesía Argentina. I. Título.
CDD A861
EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA
www.autoresdeargentina.com info@autoresdeargentina.com
Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723
Impreso en Argentina – Printed in Argentina
Tabla de contenido
1 Amar
2 A mi madre
3 A las madres del mundo
4 ¿Qué es una madre?
5 Siete cielos
6 Argentinos
7 Cruces
8 Sueños
9 Los libros
10 Marisa
11 En primavera
12 Silencio
13 Romina
14 Romina Ii
15 Maién
16 Macarena
17 Eclosión
18 Iris
19 Maena
20 Si pudiera
21 Sin amor
22 Más allá de las fronteras
23 Tallada de cristales
24 Rosas
25 Tus manos
26 Canta y baila
27 Desde los cielos
28 Mujeres inteligentes
29 Cuando camines
30 Nombre entre las piedras
31 Alforjas llenas
32 Agata
33 Micaela
34 Amor, levántate, amor
35 Carina
36 Voz interior
37 Marina
38 Elizabeth
39 Bienaventurado
40 Carina
41 Elisa
42 Sensibilidad
43 Sin alas
44 Mi África
45 Argentinas
46 Sin fronteras
47 África ii
48 Sonia
49 Nunca es tarde
50 Iris. ¿Qué tienes en tu pirámide?
51 Iris
52 Madre a un ángel
53 Ekaterina
54 Oksana
55 Oh, Valeria
56 No importa
57 Aquí estoy
58 Grisel
59 Eterna zarina
60 Dame una oportunidad
61 Por el mar
62 ¿Dónde estás, tú, amor?
63 Nancy
64 Tus ojos
65 Tus ojos oscuros
66 Eternidad
67 Planeta mío
68 Besadora
69 Cabalgatas en Santiagode los Caballeros
70 Mil años
71 Transformación
72 Karina
73 La célula
74 Tu nombre
75 La caracola
76 Tu mundo
77 Tu cabello
78 Las manos
79 La aurora
80 En las trincheras
81 Esculpiendo la esperanza
82 Fanny
83 Romina, ¿y el amor?
84 Mi ser contigo
85 ¿Sabes Romina?
86 Te recuerdo, Romina
87 Congelada
88 Explotando gente
89 El sol contigo
90 Aquí estoy para sanarte
91 Encantamiento
92 19 Frases a mi madre
93 Dos poemas a mi padre: Mansi Las manos de mi padre A mi padre
Landmarks
1 Table of Contents
Cuando caigan diamantes del cielo, ha nacido una nueva madre que cosechará los mejores frutos.
Kenni Krane
PRÓLOGO DE NEFERTARI
Íbamos cruzando los alambrados camino hacia la Pampa de los Caballos, una extensión de varias hectáreas de tierra alfombrada de pastizales. Los caballos pastaban tranquilos, como recreándose bajo los rayos de sol. Íbamos sonriendo, cantando a viva voz, de vez en cuando mis hermanos arrancaban los claveles que en muchos casos nos llegaban a tocar los cabellos.
Luego de un largo tiempo volvíamos a casa contentos y felices.
En invierno disfrutábamos la nieve y las escarchas. Los fines de semana nos tirábamos de una pendiente en un cerro nevado, muy tarde a las sombras de la oscuridad regresábamos con los trineos a la rastra, los cuerpos anegados de humedad, las manos rojas y frías como témpano antártico.
En un tiempo sin razón escribía garabatos sin sentido, para tirarlos luego a un tacho a leña. Muchas veces me embargaba la duda de si seguir escribiendo o guardar el lápiz para llevarlo a la escuela, era más importante utilizarlo para mis deberes y no para garabatos de cualquier naturaleza.
Veinticinco años más tarde, escribía sobre papeles de cartones de cigarrillos, no tenía mucho sentido garabatear sobre aquellos papeles, tal vez inconscientemente sabía que en algún momento los apilaría y los llevaría a su destino determinado. El día llegó rápidamente y fueron cayendo al cesto de basura uno tras otro hasta el último.
No recuerdo el momento y el día, pero sé que era un día de verano. El sol ingresaba por los ventanales iluminando todo el recinto y los mostradores. Marina entrando con su cabello largo y rubio, su sonrisa con la magia de su juventud… sus ojos que no perecían ojos, sino parte arrancada del firmamento, cambiando el umbral de la puerta; como si fuera otro lugar, otro tiempo.
Quince años después, a pesar de que iba en buen camino no me importaba hacer algo con ello, tampoco creía publicar algo. La gente se subía al trote de los caballos uno por uno formando una falange interminable, no los escuchaba. ¿Qué sabían ellos de poemas?, sabía poco de escribir, era cierto, ellos mucho menos.
Al pasar un largo tiempo, me di cuenta de mi egoísmo, sí, era egoísta, porque si no los publicaba por mi mal pensar nadie iba a poder leerlos jamás.
El egoísmo no es buen consejero, oscurece la razón, carcome el alma y apaga la llama del fuego sagrado.
Vivía buscando el fuego sagrado. Donde se encuentra el templo de los dioses, sí, no lo veía, quizás no estaba en la misma dimensión, tal vez pasó fugazmente y no pude verlo a tiempo.
Sin embargo escribía en momentos que no eran míos, venían a toda velocidad en locomotoras cargadas de carbones con sus chimeneas escupiendo humo a las nubes. Eran terminados en segundos, luego pasaba un tiempo, los días volvían a la normalidad.
Un día temprano me calzo los zapatos, el saco, guantes y un pequeño bulto con alimentos y pan casero. Al llegar al río Grande, enciendo un fuego entre las piedras y sales marinas. Coloco la pava sobre las llamas y espero.
Las aguas estaban tranquilas con un leve movimiento ondulante, las olas iban y volvían hacia el barrio AGP que se encontraba hacia el oeste. El puente General Mosconi mirando como si tuviera ojos de luces blancas y tenues, al este el muelle antiguo firme como buen soldado con su tiempo y sus leyendas… con grandes columnas y postigos de avanzada. Unido con grandes bulones y tuercas; a pesar de los años sigue en pie, esperando nuevos años y Navidades blancas.
Pensando en esto el día hizo un cambio profundamente luminoso, con un calor que fue creciendo, y no me dejaba ver el pequeño muelle que parecía ir levantándose de la playa para tomar vuelo, quién sabe dónde.
De pronto escucho una vibración en el suelo, las aguas del río Grande con un movimiento vibrante parecían hervir por momentos. Giro mi vista sobre mi hombro derecho, miro y veo una gran columna pasando rasante de pájaros que brillaban por los rayos del sol tocando sus cuerpos. La bandada de caiquenes cruza el río de este al puente General Mosconi. Los observo pasar con ruido tronador de aleteos fuertes, hacia el horizonte con sus alas extendidas y en continuo movimiento, juntos formando una extensa línea horizontal uno al lado del otro, dejando caer una lluvia de plumas pequeñas flotando en el aire por largo tiempo, hasta tocar las aguas. Luego todo quedó en silencio, como si se hubiese detenido el tiempo.
En un segundo, quizás menos, siento un desprendimiento de algo que no pude percibir con exactitud, que estremeció los cimientos donde me encontraba sentado. Se apagó la fogata y la pava salta por los aires, salpicando todo.
Frente a mis ojos observé sorprendido cómo un telón de fondo nuboso se iba levantando desde la orilla de la playa del barrio AGP; moviéndose de un lado a otro, flotando en el espacio profundo casi semejante a un embudo que formaba imitando un lienzo de cristales, iba aumentando y se precipitaba abruptamente con luminosidades de pequeños arcoíris.
Sin siquiera darme cuenta, observé una gran multitud caminando por una avenida ancha formada paralela a construcciones de edificaciones, y mercaderes exhibiendo sus mercaderías de gran variedad e importancia
Sus voces y gesticulaciones las oía y escuchaba claramente, todos vestidos con túnicas blancas y color semejante a la arena del desierto. Al levantar la vista me quedo sorprendido. Ante mí las pirámides se levantaban hasta el cielo, la más grande revestida como un espejo que brillaba por el sol. Las edificaciones tan bellas y hermosas casi irreales.
Sin saber el momento, todo el movimiento de aquel lugar quedó congelado sin nada continuo, todos giran hacia un costado del lienzo sus miradas, quedando detenidos en una multitud que venía cantando cantos cortos de alabanzas. Todos vestían con túnicas blancas, ajustadas con grandes cordones gruesos trenzados, ceñidos a sus cinturas. Sandalias de cuero, sus cabellos recogidos en pequeñas coletas. Sobre sus brazos, otros llevaban una especie de construcción con una elevación, formando un carruaje con ventanas de bellas telas coloridas. Los bordes lienzos bordados con finos hilos.
La multitud cantaba y alzaba sus voces de vítores, gran cantidad de ellos arrodillados formando un respetuoso pasillo adornado de flores blancas como la nieve de invierno en junio del Occidente. Por mi parte, frente a ello, solo miraba estupefacto aquel panorama de tanta magnificencia, casi observar el paraíso, pero no era el paraíso.
¿Qué era?
¡Era Egipto!
¿Era posible?
Ver Egipto antiguo en otro tiempo. Luego observo que dan la vuelta, para quedar paralelos al río Grande, frente a mí y yo a ellos.
Las cortinas se abren, y veo a una bella mujer de mirada serena, con ojos casi color de cántaros llenos de esmeraldas. Hermosos ojos. Su cabello negro cortado en la frente, cayendo a la altura de su cuello.
¿Quién era?
En un momento nuestros ojos se cruzaron y ese instante fue eterno. Me levanto sobre las piedras y la miro nuevamente a los ojos dejando el mundo en silencio, quieto e inerte.
Imprevistamente, sin apartar mis ojos de sus ojos, escucho la multitud a los gritos de vivas con las manos en alto saludándola, y llamándola por su nombre. No comprendía, tal vez por el legendario vocablo y voces extrañas para mí. Pero de pronto comprendo y claramente escucho su nombre haciendo eco en los templos del desierto.
¡Nefertari!
¡Nefertari!, gritaba la multitud.
Cuando pasaba sobre la muchedumbre, estos dejaban de realizar los rituales de cantos y alabanzas, y continuaban con sus deberes y trabajos que estaban realizando anteriormente que pasara la reina egipcia. Los mercaderes continuaban con sus ventas y muestras de sus productos, lo mismo los zapateros, las parturientas y niños en brazos. El bullicio era atronador, y las repercusiones eran tan sublimes que era un gran pulmón respirando y exhalando oxígeno con virtuosismo dando a comprender que todo estaba vivo, despierto y los dioses habían plantado bandera en aquellos bellos lugares del desierto.
Había tanto movimiento como paz reinante de norte a sur. Los camellos iban y venían cargados de frutos, comestibles, y mantas hermosamente confeccionadas. Entre la multitud me quedo mirando una gran cantidad de mujeres dispuestas enfrente de mesas, en las cuales tenían encendidas fogatas, sobre estas grandes ollas de cerámica de donde salían humeantes aromas de carne y condimento.
Sin darme cuenta vuelvo mi vista hacia Nefertari, y nuevamente el embrujo de su mirada, con sus extraños ojos de hechicera. Mis ojos abiertos como nunca, no podía dejar de mirarla, todo se centraba en ella.
Nos miramos por última vez y luego comienza a ser lo que era anteriormente. Observo una gran lluvia de cristales que no solamente hicieron desaparecer todo lo vivido hacía segundos, la manta de cristales hamacándose desde abajo hacia arriba casi flotando entre las nubes.
Hacía meses que buscaba la forma de encontrar cómo llamar el escrito, tenía muchos, pero ninguno me dejaba en paz. Hasta la visión de ese día con Nefertari en las aguas del río Grande.
AGRADECIMIENTO
A mis padres, que hicieron posible que esto saliera a la luz.
A mis hermanos, que de alguna u otra forma me fueron alentando cada vez que leían algo. A Marina, Virginia R., Karina, Sonia, Iris, Grisel, Romina y Nancy; sin saberlo encontré formas de alcanzar nuevos puentes de comunicación textual.
Quiero agradecer a mis sobrinas en particular, Virginia y Lola.
A la filosofía griega y los dioses que supieron encontrar su portavoz en este pequeño borrador que será la llama del último siglo.
Amar
Amar no es sentir el estallido de una bomba
Ni el silencio de la paz
Amar es viajar de alaska a canadá en una mosca
O un ciempiés.
Es jugar al golf en martes con un positrón, o un bosón
Con dios o con descartes
Amar es sentir y escuchar solo tu voz
A mi madre
La madre es la queremos,
pero muchas veces no comprendemos.
Solo queremos su cariño,
pero nos olvidamos de darle amor.
Aquellas caricias y sonrisas que nos dio,
llenas de energía espacial.
Siempre dando, recibiendo solo penas,
con lágrimas frías,
noches tristes muy amargas.
¡Oh!, madre querida,
afable y tierna.
Cuánto has sufrido por mí,
y solo hoy me acuerdo que mucho te quiero.
A las madres del mundo
Madre universal.
¡Madre del mundo!
Mamita, ¡te extraño!
Mamita, ¿por qué te fuiste?
Mamita, ¡no me abandones!
¡Mamá! ¿Dónde estás?
Solo te recuerdo…
Cuando estuve en tu vientre,
siempre fuiste y eres única.
¡Eres mi madre!
Madre fantástica,
mágica, buena, perfecta…
… Madre mía.
De los niños,
de los jóvenes,
de los púber.
Madre imantada de los enamorados.
Enamorada, tú, madre novia,
Tú, madre amante.
Tú fuiste, y eres hija también, madre.
Eres gladiadora,
amazona del Mato Grosso.
Eres secretaria de un rascacielos.
Eres la política, la economista,
eres florista, madre, esposa, amante.
Hija… Padre sin marido.
¡Eres la columna en estilo corintio!
Eres árbol por minutos, para amamantar con tu savia,
quien te dice: mamita, te quiero.
Eres el recuerdo, ciencia. Eres sagrada.
Tus hijos estuvieron en Grecia,
Roma, África, Egipto.
En Cuzco, Atenas, Sumeria.
Tal vez en Ushuaia.
Sentados mirando el Olivia.
¡Todos tus hijos parados en el Everest!
¡Todos tus hijos gritando!
¡Madre, te queremos!
¡Madre, hay solo una!
¿Qué es una madre?
Si alguien quiere buscar o encontrar una madre,
Que observe las tormentas.
Si quieres encontrar una madre,
Mira los abismos,
los caos,
los Nagasaki,
los Hiroshima.
Si buscas una madre,
Mira el cielo,
los cataclismos,
las supernovas,
los soles,
los planetas, y su danza perpetua.
Si necesitas una madre,
su lugar,
su origen,
su hogar,
es el paraíso.
Si quieres ver una madre,
déjala en paz,
ya ha sufrido bastante.
Sus manos con llagas,
sus ojos en llanto,
su corazón dolido.
¿Qué es una madre?
Es amor,
un planeta,
un mar.
Es siembra, cosecha, vida.
Es verbo.
¡Madre mía!
Una madre con su siembra,
con su amor,
en los canteros del paraíso con Dios.
Siete cielos
Son siete los cielos donde van las almas de los niños buenos,
son suficientes, porque llevan sus canastas llenas de corazones…
Corazones tiernos, jóvenes con sabor a azúcar, dulce de los ángeles.
Los niños van corriendo a las puertas del paraíso, no necesitan pedir permiso,
ya están registrados como perdonados.
¿Quién puede deshonrar a un niño bueno,
que te sonríe y te calma con su bello tono de voz y palabra?
Tus niños y tus niñas te aman, porque sos su madre,
su presente y fruto de tu vientre.
Argentinos
Dios entregó a los ángeles
violines en el cielo.
Voces frescas y perfectas,
a los niños en el cielo.
A las madres,
un corazón nuevo.
A los terroristas de los setenta,
las llaves del infierno.
A los doce, noches sin vela
A los pingüinos,
una poltrona, junto al hombre rojo.
Su rey, su amo, su demonio.
Dios entregó a los ángeles,
violines en el cielo.
Dios entregó a los niños
voces en el cielo.
El payaso, el arlequín,
Extrayendo sangre a un niño,
a una madre, un padre, un pueblo.
Cruces
No te preocupes, Kenni Krane.
Eres un ángel, ellos y él, los demonios.
No te preocupes, tú construyes,
ellos su contrario.
Sí, ineptos,
analfabetos,
colgajos, parásitos que destruyen.
Niños.
Soles apagados,
sueños olvidados.
Sin luz, sin agua, sin cuadernos.
Niños sin merienda,
venas sin sangre, sin futuro.
Doce años de Hiroshima.
30. 000 mentiras.
Roma una burla,
cheques sin fondo,
solo llantos, muertes…
… sin futuro.
Colapso.
Apocalipsis.
Hiroshima la nueva,
12 años de mentiras.
Ya no existe. Se ha marchado Néstor Femenía.
Corazones sangrando,
ojos sin cristales,
manos sin manos,
tambores en el cielo.
Corazón para no sentir,
ojos sin ver.
Sueños de pañuelos.
Sueños manditos blancos.
Manos sin manos,
Tambores en el cielo.
Sueños
Hoy he soñado,
con un mundo dorado,
sin semáforos,
sin constituciones,
ni leyes, ni religiones.
Un mundo infinito,
sin hambre,
sin epidemias, ni hospitales.
He soñado,
Un mundo utópico e inexistente.
He soñado un mundo equidistante,
iridiscente e intelectual.
He soñado,
con rondas de niños sonriendo,
niños con flores, y un libro bajo el brazo.
Los libros
Los libros son:
la madre de todas las ciencias.
La puerta vedada, por grandes arcanos.
El camino al puente infinito.
La inercia sin estática,
de los confines del universo.
El amor se aplaca
cuando los libros hablan
Marisa
¿Cómo te llamas?
Marisa
¿Marisa?
¿Solo marisa?
No pueden llamarte,
Ni decirte solo marisa,
Solamente marisa.
Cuando eres un cántaro inagotable de amor.
Marisa, la que convierte los llantos en sonrisa.
Los besos en amor.
En primavera
Siento venir la primavera,
Con sus aires y aromas fuertes.
Siento venir un viento, de copos invisibles como suspiros,
Veo venir a lo lejos
Lenguas de fuego sagrado de una dama bella.
Están cayendo luces que me salpican las visiones,
Estoy sonriendo, sin sonreír… pues todo viene de mis adentros, de mis visiones.
Quiero mirar y sentir las auras que no he visto ni he tocado,
Miraré de soslayo, porque me abruma mucho
Lo que siento por aquellos lados.
Mi corazón cabalga como si fuera un gran arisco salvaje.
¿Qué pensará?
¿Quizás que pueda?
Él galopa sin pedirme permiso,
Sin saber que llevo las riendas.
El que le da órdenes y tiempos,
Para que trote por campos y los verdes de primavera.
Sabe, bien que sabe… que voy buscando tu fuego sagrado.
Silencio
Estaba pensando, ¿qué sería el mundo sin silencio?
Sin ti, sin mí, sin amor.
El mundo estaría inconcluso, sin nadie que hable por él
Seríamos como dos seres errantes,
tratando de romper, lo irrompible
vagando en el desierto, como un lobo solitario.
Romina
Siento cuando pateas las olas de la playa.
Siento el crujido de tus pisadas en las piedras.
A pesar de la distancia, siento palpitar tu corazón.
Diariamente me envías mensajes encriptados.
Una sinfonía, un bemol en el espacio,
sé que eres tú.
Cuando miras al firmamento,
tus ojos estallan cristales en el cielo.
¿Qué te pasa?
Romina. ¿Qué está pasando?
Tal vez no lo sabes,
pero tú haces orbitar los planetas,
los otros y la madre tierra.
¡La madre tierra!
Con su verde selva, te da besos…
Para ser quemados con tu fuego enamorado.
¡Romina! Todavía estás, desde los tiempos y los ayeres,
aún enamorada.
Suave, hermosa, tierna,
como un ángel… parada en el umbral.
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