Kitabı oku: «Las disciplinas de un hombre piadoso»


LAS DISCIPLINAS DE UN HOMBRE PIADOSO
©2015 Segunda edición por Editorial Patmos
Miami, Florida, EE. UU.
Todos los derechos reservados
Originalmente publicado en inglés con el título
Disciplines of a Godly Man
Publicado por Crossway Books, Wheaton, Illinois
©1991, 2001 R. Kent Hughes
e-ISBN: 978-1-64691-112-7
Conversión a epub: Cumbuca Studio
ÍNDICE
1 Portada
2 Portadilla
3 Creditos
4 Reconocimientos
5 INTRODUCCIÓN 1 La disciplina para la santidad
6 LAS RELACIONES 2 La disciplina de la pureza 3 La disciplina del matrimonio 4 La disciplina de la paternidad 5 La disciplina de la amistad
7 EL ALMA 6 La disciplina de la mente 7 La disciplina de la vida devocional 8 La disciplina de la oración 9 La disciplina de la adoración
8 EL CARÁCTER 10 La disciplina de la integridad 11 La disciplina de la lengua 12 La disciplina del trabajo
9 EL MINISTERIO 13 La disciplina de la iglesia 14 La disciplina del liderazgo 15 La disciplina del dar 16 La disciplina de testificar 17 La disciplina del servicio
10 DISCIPLINA 18 La gracia de la disciplina
11 RECURSOS A James y Deby Fellowes testifican de su fe B El calendario M’Cheyne de lecturas bíblicas diarias C Proverbios selectos en cuanto al use de la lengua D Salmos de alabanza apropiados para la adoración personal
12 NOTAS
Landmarks
1 Portada
2 Portadilla
3 Creditos
4 Índice
5 Reconocimientos
6 Dedicación
7 Introducción
RECONOCIMIENTOS
Deseo dar las gracias a mi secretaria, Sharon Fritz, por su cuidado y excelente destreza al escribir a máquina las múltiples revisiones del manuscrito; a Hebert Carlburg, por su corrección semanal de las pruebas y por sus numerosas sugerencias para mejorar el trabajo; a George Grant, por su hábil revisión final a pesar de sus numerosas ocupaciones en la remota Inglaterra; a Ted Griffin, editor gerente de Crossway Books, por su penetrante juicio que ha hecho comprensible lo incomprensible; y a mi esposa, Barbara, que posee la amable sabiduría de detectar lo que esta fuera de lugar e ir al grano con la eterna pregunta, propia de Santiago: “Y eso, de qué sirve?”
Dedico este libro a mis hijos Brian Thomas Hoch, James Jefferson Simpson, Richard Kent Hughes II y William Carey Hughes.
INTRODUCCIÓN
1
DISCIPLINA PARA LA SANTIDAD
En CIERTA OCASIÓN, al comienzo del verano, antes de entrar al séptimo grado de la escuela básica, mientras transitaba por un campo de béisbol, utilicé una raqueta de tenis por primera vez ...iy quedé prendado! No transcurrió mucho tiempo antes que, a mis diez años de edad, me convirtiera en un holgazán, solo pendiente del tenis. Mi pasión por este deporte se volvió tan intensa que al tener una pelota de tenis en mis manos mi primer impulso era acercármela a la nariz para olerla. El aspirar la fragancia a goma al abrir una lata de pelotas nuevas se convirtió para mí en algo embriagador. El golpe tras golpe a la pelota y el persistente sonido de una pelota suavemente golpeada, especialmente en la quietud de los primeros momentos de la mañana, era algo grato. Mis recuerdos de ese verano y del siguiente, son los de canchas de tenis negras bajo un sol abrasador; de pies irritados; de sudor salobre; de largos tragos de deliciosa agua tibia tomados de una lata de pelotas vacía; de las breves sombras del mediodía dirigiéndose hacia el este seguidas de las luces de la cancha, y de los siempre presentes y horripilantes murciélagos nocturnos bombardeando en picada nuestros voleos altos y tendidos de la pelota de tenis.
Ese otoño decidí convertirme en un jugador de tenis y gasté todos mis ahorros secretamente atesorados en una de esas antiguas raquetas de tenis Davis Imperial hermosamente enchapadas, un tesoro con el que hasta dormía. iY vaya si era disciplinado! Jugaba todos los días después de regresar del colegio (salvo durante la temporada de baloncesto) y todos los fines de semana. Cuando llegaba la primavera iba en mi bicicleta a la cancha donde practicaba el equipo de la escuela secundaria local a impacientemente los veía jugar hasta que finalmente accedían a dejarme jugar con ellos. Las dos vacaciones de verano siguientes tome clases de tenis, participé en algunos torneos y practicaba de seis a ocho horas diarias, regresando a casa solo después que apagaban las luces.
Y me volví un buen jugador, tan bueno en realidad, que a los doce y medio años de edad, siendo estudiante de primer año de secundaria y pesando unos cincuenta y cinco kilos, ya era acompañante del equipo de tenis de mi colegio californiano de tres mil estudiantes.
Pero no solo jugaba bien, sino que también aprendí que la disciplina personal era la clave indispensable para lograr cualquier cosa en esta vida. Desde entonces comprendí que en la disciplina está la clave de lo que llamamos genio.
EJEMPLOS
Los que han visto jugar a Mike Singletary, (el eterno campeón de la liga profesional de fútbol americano, ganador en dos oportunidades del premio como Mejor Jugador Defensivo del Año, y que es miembro de los Cachorros de Chicago, Equipo Campeón del XXV Super Bowl) y han observado la intensidad que hay en sus ojos abiertos al máximo, así como sus lanzamientos violentos y demoledores, por lo general se muestran sorprendidos cuando lo conocen personalmente. Mike no es un gigantón imponente. Mide escasamente un metro ochenta y pesa, quizás unos cien kilos. ¿De dónde viene su grandeza? De su disciplina. Mike Singletary es un estudiante disciplinado del juego, tan bueno como el mejor que haya existido jamás. En su biografía, Calling the Shots [Decidiendo to que ocurrirá], el dice que al ver videos de fútbol observa una misma jugada de cincuenta a sesenta veces, y que le toma tres horas ver la mitad de un juego de fútbol ique tiene solo de veinte a treinta cogidas de balón!1 Porque observa a cada jugador; porque mentalmente sabe qué hará el contrario, tomando en cuenta todos sus movimientos y el tiempo que queda de juego; porque lee la mente del contrario por su postura, Mike por lo general se dirige hacia el destino previamente trazado antes que el juego se desarrolle. El legendario éxito de Mike Singletary es un testimonio de su admirable vida disciplinada.
Estamos acostumbrados a pensar que Ernesto Hemingway era un borracho a indisciplinado genial que consumió una botella de whisky diariamente durante los últimos veinte años de existencia, pero no obstante la muse de la inspiración estaba con él. Hemingway era realmente un alcohólico impulsado por pasiones complejas.2 Pero cuando se trataba de escribir, iera la quintaesencia de la disciplina! Sus primeros escritos se caracterizaron por un obsesivo perfeccionismo literario, esforzándose por desarrollar un estilo propio, dedicando largas horas a pulir una oración o buscando la mot juste, la palabra precisa. Es bien sabido que Hemingway escribió diecisiete veces el final de su novela Adiós a las armas, tratando de que fuera perfecto. Esto es característico de los grandes escritores. Dylan Thomas hizo más de doscientas versiones a mano (!) de su poema Fern Hill (Colina de helechos).3 Y Hemingway, aun al final de sus días, cuando cosechaba los estragos del estilo de vida que había llevado, mientras escribía en su Finca Vigía, de Cuba, se paraba diariamente frente a un destartalado escritorio, calzado con mocasines que le quedaban grandes, sobre loses amarillentas de arcilla, desde las seis y media de la mañana hasta mediodía, anotando cuidadosamente su producción del día sobre una tabla. Su producción diaria promedio era de apenas dos paginas; es decir, unas quinientas palabras.4 Fue la disciplina, la sólida disciplina literaria de Ernesto Hemingway, lo que transformó la manera de expresarse de sus compatriotas norteamericanos y de todo el mundo angloparlante.
La multitud de bocetos de Miguel Ángel, de Leonardo de Vencí y del Tintoreto, la disciplina cualitativa de su trabajo, prepararon el camino pare la calidad universal de sus obras. Nos maravillamos de la perfección anatómica de las pinturas de Leonardo, pero nos olvidamos que él en una ocasión dibujó un millar de manos.5 Y en el siglo pasado, Matisse, al referirse a su destreza con el pincel, dijo que la dificultad de muchos que deseaban ser pintores es que pasaban la mayor parte del tiempo persiguiendo a las modelos en vez de estar pintándolas.6 ¡De nuevo el factor disciplina!
En este siglo se ha proclamado a Winston Churchill, con justicia, el mejor orador contemporáneo, y pocos que hayan escuchado sus elocuentes discursos opinarían lo contrario.Y aun menos sospecharían que él era todo, menos alguien particularmente “dotado”. Más lo cierto es que Churchill tenía un ceceo confuso que lo hacía blanco de muchas bromas, que dio como resultado su incapacidad de ser espontáneo al hablar en público. No obstante, se hizo famoso por sus discursos y por sus aparentes comentarios improvisados.
iLa verdad es que Churchill lo escribía todo y luego practicaba lo que iba a decir! Hasta hacia una coreografía de las pausas y fingía torpezas para buscar después la frase adecuada. Los márgenes de sus manuscritos contenían notas anticipando los “iviva!”, “¡muy bien!’’, “iviva! prolongado” y hasta “ovación de pie”. Después de haber hecho esto, se paraba frente al espejo y practicaba interminablemente, ensayando sus respuestas y sus expresiones faciales. F. E. Smith dijo: “Winston ha pasado los mejores años de su vida escribiendo discursos improvisados.”’
¿Fue Churchill alguien particularmente dotado? Puede ser. ¡Pero yo creo más bien que era un hombre disciplinado y trabajador!
Y lo mismo ocurre en cualquier otro aspecto de la vida.
Tomás Edison logró inventar la luz incandescente después de fracasar un millar de veces.
Jascha Heifitz, el más grande violinista de este siglo, comenzó a tocar el instrumento a la edad de tres años y desde muy joven se dedicó a practicar cuatro horas diarias, hasta su muerte a los setenta y cinco anos - a pesar de haber sido ya desde hacía largo tiempo el mejor del mundo acumulando alrededor de ciento dos mil horas de práctica durante toda su vida. Sin duda alguna que Heifitz dio su “¡muy bien!’’ a la respuesta de Paderewski ante el comentario lisonjero de una mujer acerca de su genio: “Señora, antes de ser un genio trabajé como un esclavo.”
Nunca llegaremos a nada en la vida sin disciplina, ya se trate de las artes, de los negocios, del deporte o de los estudios; y esto es doblemente cierto en cuanto a los asuntos espirituales. En las demás esferas podemos pretender tener algunos talentos naturales. Un deportista puede haber nacido con un cuerpo fuerte, un músico con un tono perfecto, o un pintor con un talento especial para la perspectiva. iPero nadie puede pretender tener un talento espiritual natural! En realidad, todos vinimos al mundo en la misma situación de carencia en cuanto a lo espiritual. Nadie busca a Dios naturalmente; nadie es intrínsecamente justo; nadie hace instintivamente el bien (Cf. Romanos 3:9-18). Por consiguiente, como hijos de la gracia, nuestra disciplina espiritual lo es todo, ¡todo!
Repito ...¡la disciplina lo es todo!
PABLO Y LA DISCIPLINA
Siendo así, la exhortación de Pablo a Timoteo en cuanto a la disciplina espiritual que aparece en 1 Timoteo 4:7 “ejercítate pare la piedad” - es no solo de importancia trascendental sino edemas de urgente necesidad personal. Hay otros pasajes de la Biblia que hablan de la disciplina, pero éste es el gran texto clásico de las Escrituras. La palabra “ejercítate” se origina del vocablo griego gumnos, que significa “desnudo”, y es la palabra de la cual se derive nuestra palabra española gimnasio. En las antiguas competencias atléticas griegas, los participantes competían sin ropas, para no tener ninguna carga o estorbo. Por consiguiente, la palabra “ejercítate” tenía originalmente el sentido literal de “ejercítate desnudo”.8 En la época del Nuevo Testamento se refería al ejercicio y al entrenamiento en general, pero aun entonces era, y sigue siendo, una palabra con olor a gimnasio, el esfuerzo de un buen entrenamiento. “Entrénate con un propósito de santidad’’ da a entender el sentido de lo que Pablo está diciendo.
ESFUERZO ESPIRITUAL
En otras palabras, Pablo está pidiendo que haya iesfuerzo espiritual! De la misma manera que los atletas se liberaban de todo y competían gumnos - libres de todo lo que pudiera significarles un peso -también nosotros debemos deshacernos de todo estorbo, de toda relación, de todo hábito y de toda inclinación que nos estorbe la santidad. El escritor de Hebreos lo expone así: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1). Nunca llegaremos espiritualmente a ningún lado sin el despojo consciente de las cosas que nos impiden avanzar. ¿Qué cosas lo están hundiendo a usted bajo un peso? El llamado a la disciplina exige que se despoje de ellas. ¿Es usted lo bastante hombre como pare hacerlo?
El llamado a ejercitarnos pare la piedad sugiere también dirigir todas nuestras energías hacia la santidad. Pablo lo ilustra en otra parte, al decir: “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene .. .Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre” (1 Corintios 9:25-27). iEso implica esforzarse con intensidad y energía! Debemos notar particularmente que en una frase posterior en el contexto de la orden de Pablo de “ejercítate pare la piedad”, él hace un comentario sobre el mandamiento y las palabras interpuestas, diciendo que “por esto mismo trabajamos y sufrimos” (1 Timoteo 4:10a). “Trabajamos” significa “esfuerzo fatigoso”, y “sufrimos” es la palabra griega de la cual proviene “agonizar”. El esfuerzo fatigoso y la agonía son necesarios si uno desea ser santo.
Cuando uno se entrena seriamente, se somete voluntariamente a horas de disciplina y aun de dolor pare ganar el premio: comer diez kilómetros comenzando con cien metros en plena forma. iLa vida cristiana victoriosa es un asunto agotador!
iSin intrepidez no hay madurez! iSin disciplina no hay discipulado! iSin esfuerzo no hay santificación!
¿POR QUE LA DISCIPLINA?
Comprendiendo esto, abordaremos ahora las razones que he tenido pare escribir este libro, las cuales son dos:
En primer lugar, en el mundo y en la iglesia de hoy, la vida cristiana disciplinada es la excepción, no la regla. Esto vale tanto para los hombres como para las mujeres y los clérigos profesionales. No podemos justificarnos diciendo que eso siempre ha sido así, porque no es verdad! En cuanto a la razón de que así sea, pueden ofrecerse varias causas de sentido común, tales como la deficiente enseñanza en cuanto al tema o a la apatía espiritual personal. Pero subyacente a gran parte del rechazo consciente de la disciplina espiritual, está el terror al legalismo. Para muchos, la disciplina espiritual significa ponerse uno de nuevo bajo la ley, con una serie de reglas draconianas que nadie puede cumplir, y que engendran frustración y muerte espiritual.
Pero nada puede estar más alejado de la verdad, si uno comprende lo que son la disciplina y el legalismo. La diferencia es de motivación: el legalismo se centra en la persona, mientras que la disciplina se centra en Dios. El corazón legalista dice: “Haré esto para ganar méritos para con Dios.” El corazón disciplinado dice: “Haré esto porque amo a Dios y quiero agradarle.” iExiste una diferencia infinita entre la motivación del legalismo y la motivación de la disciplina! Pablo lo sabía implícitamente y combatió sin cuartel a los legalistas en toda Asia Menor, sin ceder un ápice. Y ahora exclama: “Ejercítate (disciplínate) para la piedad (santidad).” Si confundimos el legalismo con la disciplina, lo hacemos a riesgo de nuestra propia alma. La segunda razón para este libro es que los hombres son mucho menos disciplinados espiritualmente que la mujeres. Un estudio reciente llevado a cabo por la Iglesia Metodista Unida reveló que el ochenta y cinco por ciento de los suscriptores a su importante revista devocional, EL aposento alto, son mujeres.
Por otra parte, las mismas estadísticas son cierta para su otro folleto devocional, Alive Now [Vivos ya], cuyo setenta y cinco por ciento de lectores son mujeres.9 Esto esta corroborado por el hecho de que la gran mayoría de los libros que se venden en las librerías cristianas son comprados por mujeres.10 iEso significa sencillamente que las mujeres leen más literatura cristiana que los hombres!
También es cierto que la mujer se preocupa más por el bienestar espiritual de su esposo que a la inversa. La revista Today’s Christian Woman [La mujer cristiana de hoy] ha descubierto que los artículos que tratan del desarrollo espiritual de los esposos son los más leídos.11 Todo está respaldado por estadísticas comprobables. Una encuesta de Gallup realizada en junio de 1990, reveló que el setenta y un por ciento de las mujeres encuestadas creían que la religión puede dar respuesta a los problemas modernos, mientras que solo el cincuenta y cinco por ciento de los hombres lo creían así.12 El culto típico de una iglesia time un cincuenta y nueve por ciento de mujeres, frente a un cuarenta y un por ciento de hombres.” Además las mujeres casadas que van a la iglesia sin su esposo superan en una proporción de cuatro a uno al número de hombres que asisten sin su esposa.14
¿Cuál es la razón de eso? Con toda seguridad, el extendido credo de la autosuficiencia y del individualismo de los hombres tiene que ver con eso. Parte del problema también puede estar en que los hombres evitan cualquier cosa que implique relaciones (¡en lo cual, precisamente, consiste el cristianismo!). Pero no podemos admitir que las mujeres sean más espirituales por naturaleza, pues el desfile de grandes santos (tanto hombres como mujeres) a través de los siglos, así como de hombres espiritualmente ejemplares en nuestras iglesias de hoy, refutan claramente esta creencia. Sin embargo, la verdad es que los hombres de hoy necesitan de mucha mas ayuda que las mujeres en cuanto a la edificación de una disciplina espiritual.
Lo que voy a decirle - de hombre a hombre - en este libro, sale de mi corazón y de mi estudio, durante mucho tiempo, de la Palabra de Dios. Al escribir esto me he imaginado estar de frente a mis propios hijos adultos, sentados conmigo a la mesa, tratando de decides lo que pienso en cuanto a las disciplinas fundamentales de la santidad. Este libro es fácil de manejar y comprender. La Iglesia necesita de verdaderos hombres, ¡y nosotros somos esos hombres!
UN LLAMADO CÓSMICO
Nada de lo que se diga puede exagerar la importancia de este llamado a la disciplina espiritual. Escuchemos nuevamente a Pablo en 1 Timoteo 4:7,8: “Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.”
El habernos disciplinado o no, hará una enorme diferencia en esta vida. Todos somos miembros los unos de los otros, y somos animados o desanimados por la vida interior de los demás. Algunos afectamos a los demás como una gozosa marea, pero otros somos como resacas al Cuerpo de Cristo. Si usted está casado, la presencia o la falta de disciplina espiritual pueden servir para santificar o para maldecir a sus hijos y a sus nietos. La disciplina espiritual, por consiguiente, tiene enormes promesas para esta vida presente.
En cuanto a la “vida venidera”, la disciplina espiritual edifica la arquitectura perdurable del alma sobre el fundamento de Cristo: oro, plata y piedras preciosas que sobrevivirán a los fuegos del juicio y que permanecerán como un monumento a Cristo por toda la eternidad (cf. 1 Corintios 3:10-15).
Algunos podrán menospreciar la importancia de la disciplina espiritual en esta vida, ¡pero nadie lo hará en la eternidad! “La piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.” El cristiano disciplinado da y recibe lo mejor de ambos mundos, tanto del presente como del mundo por venir.
La palabra disciplina puede suscitar en algunas mentes la idea de represión, sugiriendo que ella implica una vida restringida. ¡Pero nada puede estar más alejado de la realidad! La disciplina obsesiva y casi maniaca de Mike Singletary es lo que lo libera para que pueda jugar como una fiera en el campo de fútbol. La angustia de Hemingway en cuanto a las palabras precisas fue lo que lo liberó para que dejara una marca permanente sobre la lengua inglesa, sólo superada por Shakespeare. El sinfín de bocetos pintados por Miguel Ángel fue lo que lo liberó para crear los cielos de la Capilla Sixtina. La esmerada preparación de Churchill fue lo que lo liberó para dar sus grandes discursos “improvisados” y sus brillantes respuestas. El disciplinado trabajo agobiador de los grandes de la música fue lo que liberó el genio que había en ellos. Hermanos en Cristo, es la disciplina espiritual la que nos libera de la gravedad de este siglo presente y nos permite remontarnos a las alturas con los santos y los ángeles.
¿Nos esforzaremos por hacerlo? ¿Entraremos al gimnasio de la disciplina divina? ¿Nos zafaremos de las cosas que nos impiden avanzar? ¿Nos disciplinaremos mediante el poder del Espíritu Santo?
Los invito a entrar en el gimnasio de Dios en los capítulos que siguen, para un esfuerzo santificador, con algo de dolor, pero también con una gran recompensa.
¡Dios está buscando unos cuantos hombres que estén dispuestos!
Alimento para pensar
¿Qué es la disciplina espiritual, y por qué es tan importante? ¿Qué es lo que generalmente se interpone en nuestro camino? (ver Romanos 3:9-18) ¿Qué le puede causar la falta de disciplina en su vida?
Reflexione en 1 Timoteo 4:7, 8 (“Ejercítate en la piedad”). Aquí, ¿cuál es el significado literal de ‘ejercítate’? En la práctica, paso a paso, ¿qué es lo que se supone que debo hacer?
¿Qué dice Hebreos 12:1 sobre esto? ¿Qué cosas le están impidiendo avanzar en su caminar con Dios? ¿Por qué sigue aferrado a ellos?
¿Hay un costo para la disciplina espiritual? Revisa 1 Corintios 9:25-27. ¿Qué podría costarle una disciplina mayor? ¿Está preparado para pagar el precio? ¿Por qué sí o por qué no?
“¡Sin masculinidad no hay madurez! ¡Sin disciplina no hay discipulado! ¡Sin sudor no hay santidad!” ¿Verdadero o no verdadero? ¿Cómo se siente, en lo profundo de su interior, con este desafío?
¿En qué se diferencia la disciplina espiritual del legalismo? ¿Cuál practica más a menudo? ¿Se necesita un cambio? Si eso es el caso, ¿qué puede hacer para que se dé?
La aplicación/respuesta
¿De qué habló Dios más específicamente, más poderosamente en este capítulo? ¡Háblale a Él acerca de eso en este momento!
¡Piensa en esto!
¿Podemos “llegan a ser realmente hombres de Dios disciplinados — un Mike Singletary o Winston Churchill espiritual? ¿No nos estamos exponiendo a una derrota? Conteste esto en sus propias palabras, sin utilizar los clichés evangélicos.
NO NO NECESITA sino encender el televisor durante algunos minutos
LAS RELACIONES
2
LA DISCIPLINA DE LA PUREZA
UNO NO NECESITA para sentir la presión de la agobiante sexualidad de nuestros días. Y la mayor parte de la opresión es brutal. Un aburrido recorrido por los canales de televisión al mediodía muestra invariablemente a una pareja envuelta bajo las sábanas de la cama y mucha monotonía sensualista. Pero la presión se ha vuelto cada vez más ingeniosa, especialmente si su propósito es vender. La cámara toma un primer plano, en blanco y negro, de un rostro masculino, apasionado y anhelante, sobre el cual se superpone un destello ambarino, que luego se convierte en un encendido frasco de perfume Obsessión, de Calvin Klein, mientras el rostro pronuncia su deseo. Cuñas comerciales más recientes presentan imágenes cinematográficas con prosa de D.H. Lawrence y de Madame Bovary, de Flaubert, mientras ésta se pasea frente al dormitorio de su ilegítimo amante.1 ¡El vaho viscoso de la sensualidad lo ha penetrado todo en nuestro mundo!
Sin embargo, aun con todo eso, muchos sensualistas quieren más. El profesor David A. J. Richard, de la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York, que recomienda la libre circulación de pornografía cruda, sostiene que “la pornografía puede verse como el medio especial de la sexualidad, como una pornotopia; una concepción del deleite sensual en la celebración erótica del cuerpo, un concepto de la libertad fácil, sin consecuencias, una fantasía del desenfreno reiterativo permanente”.2 ¿Pornotopia? ¡Ya inventaron la palabra! Suena como una nueva atracción de Disney World. Autotopia .. .Pornotopia .. .Tierra de la Fantasía. “¡Absurdo!” pensamos -y lo es-,pero dolorosamente a los argumentos de Richard se les está dando hoy consideración seria. ¡No es de extrañar que vivamos en una cultura que exuda sensualidad por todos sus poros!
Y la Iglesia no ha escapado tampoco, pues muchos en la iglesia de hoy se han marchitado bajo el calor de la sensualidad. Hace poco tiempo Leadership magazine [Revista Liderazgo] realizó una encuesta entre un millar de pastores. Los pastores respondieron que doce por ciento de ellos habían cometido adulterio estando en el ministerio ¡uno de cada ocho pastores! - y veintitrés por ciento había hecho algo que ellos consideraban sexualmente impropio.3 Por otra parte, la revista Christianity Today [Cristianismo hoy] hizo una encuesta entre un millar de sus suscriptores que no eran pastores y descubrió que la cifra entre éstos era casi el doble: el veintitrés por ciento dijo que había tenido relaciones sexuales extramaritales y el cuarenta y cinco por ciento indicó que habían hecho algo que ellos consideraban sexualmente impropio.4 ¡Uno de cada cuatro hombres cristianos son infieles y casi la mitad de ellos se han comportado indecorosamente! Esto es muy grave si recordamos que los lectores de Christianity Today tienden a ser líderes laicos que han recibido una educación universitaria, ancianos de iglesias, diáconos, y superintendentes y maestros de escuelas dominicales. Y si esto está ocurriendo entre el liderazgo de la Iglesia, ¿cuánto más no estará pasando entre los miembros comunes de la congregación? ¡Sólo Dios sabe!
Esto nos lleva a una conclusión ineludible: la iglesia evangélica contemporánea es, en términos generales, “corintia” en esencia. Es una iglesia cocida a fuego lento en los jugos derretidos de su propia sensualidad, y por eso:
• No es extraño que la Iglesia haya perdido su interés por la santidad.
• No es extraño que sea tan remisa para disciplinar a sus miembros.
• No es extraño que el mundo le reste importancia como algo que está fuera de lugar.
• No es extraño que muchos de sus hijos la rechacen.
• No es extraño que haya perdido su poder en muchos lugares, y que el Islam y otras falsas religiones estén logrando tantos convertidos.
La sensualidad es sobradamente el mayor obstáculo a la santidad entre los hombres hoy, y está haciendo estragos en la Iglesia. La santidad y la sensualidad se excluyen mutuamente y los que han caído en las garras de la sensualidad no podrán jamás elevarse a la santidad mientras se encuentren bajo su agotador dominio. Si vamos a “ejercitarnos para la piedad” (cf. 1 Timoteo 4:7) debemos comenzar con la disciplina de la pureza. ¡Tiene que haber algún celo santo, algún esfuerzo santo!
LAS LECCIONES SACADAS DE UN REY CAÍDO
¿A dónde debemos mirar en busca de ayuda? El ejemplo más aleccionador que encontramos en toda la Palabra de Dios es la experiencia del rey David, tal como aparece narrado en 2 Samuel 11.
Una vida en la cúspide
El relato comienza hablando de David en la cúspide de su brillante carrera, tan brillantemente encumbrado como el que más entre los grandes hombres de la historia bíblica. Desde su niñez, había sido un amante apasionado de Dios y poseía una enorme integridad de alma, como lo atestiguaron las palabras del profeta Samuel cuando lo ungió como rey: “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). A Dios le agradó lo que vio. ¡A Dios le agradó el corazón de David!
Su corazón era valeroso, como quedó evidenciado al enfrentarse a Goliat y responder a la temible retórica del gigante con unas cuantas palabras atrevidas, de su propia cosecha, y luego arremeter a fondo contra Goliat, dándole en medio de la cabeza.
David tenía una perfecta personalidad sanguínea, desbordante de alegría, entusiasmo y confianza, y rebosaba de un carisma irresistible. Era el poeta, el dulce salmista de Israel, tan en comunicación con Dios y consigo mismo que sus salmos siguen tocando hoy las fibras del corazón del hombre. Bajo su liderazgo todo Israel estaba unido. David difícilmente parecía ser un candidato para el fracaso moral. Pero el rey era vulnerable, ya que había debilidades definitivas en su conducta que lo dejaron a merced del fracaso.
Su insensibilización
En 2 Samuel 5, que recoge por primera vez la toma del poder por parte de David en Jerusalén, se menciona casi como una digresión que David tomó más concubinas y mujeres de Jerusalén, después que vino de Hebrón (v. 13). ¡Debemos notar, y notar bien, que el que David tomara más mujeres era pecado! Deuteronomio 17, que estableció las normas para los reyes hebreos, les ordenaba abstenerse de tres cosas: 1) tener muchos caballos, 2) tomar muchas mujeres, y 3) acumular mucha plata y oro (cf. vv. 14-17). David cumplió bien con lo primero y lo último, pero fracasó totalmente en cuanto a lo segundo por hacerse deliberadamente de un numeroso harén.
Debemos entender que en la vida de David se había enraizado una progresiva insensibilización al pecado, con el consiguiente descenso de santidad. La colección de esposas de David, aunque era “legal” y no se consideraba adulterio en la cultura de su época, sin embargo, era pecado. Los excesos concupiscentes del rey David lo insensibilizaron al llamamiento santo de Dios en su vida, como también al peligro y a las consecuencias de la caída. En resumen, la aceptación por parte de David de la sensualidad socialmente permitida, lo insensibilizó al llamado de Dios y lo convirtió en presa fácil del pecado funesto de su vida.
Es la sensualidad “legal” y la condescendencia con lo culturalmente aceptable lo que nos llevará a la ruina. Las prolongadas horas de mirar indiscriminadamente la televisión, es uno de los grandes culpables de esta insensibilización. La supuesta conversación masculina, de doble sentido, con chistes soeces y risa por las cosas que debieran sonrojarnos, es otro de los instrumentos perniciosos. La mundanalidad común ha reblandecido astutamente a los hombres cristianos, como lo corroboran las estadísticas. El hombre cristiano que sucumbe a la insensibilización de la mundanalidad aceptada, se prepara para una caída.
Su relajación en cuanto la disciplina
El segundo error en la conducta de David que lo llevó al desastre, fue la relajación de los rigores y de la disciplina que siempre había sido parte de su vida activa. David se encontraba en la mitad de su vida, con aproximadamente cincuenta años de edad, y sus campañas militares habían tenido tanto éxito que no era necesario que él personalmente saliera a combatir. Por tanto, con toda razón le dio el trabajo de acabar con el enemigo a su competente general, Joab, y luego se fue a descansar. El problema era que la relajación se extendió a su vida moral. Es difícil mantener la disciplina interior cuando uno se relaja así. David se volvió inmediatamente vulnerable.
David no sospechaba que algo insólito iba a ocurrir ese aciago día primaveral. Él no se levantó y dijo: “¡Madre mía, que día tan hermoso; creo que voy a cometer un adulterio hoy!” Aprendamos la lección que hay aquí. Precisamente cuando pensamos estar totalmente a salvo, cuando sentimos que no hay ninguna necesidad de mantenernos alertas para continuar ocupándonos de nuestra integridad interior y para disciplinarnos en la santidad, ¡es cuando se presenta la tentación!
Su obsesión
Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén. Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. (2 Samuel 11:1-3)
Había sido un día caluroso y caía la tarde. El rey se paseaba por el terrado del palacio para tomar un poco de aire fresco y para mirar a su ciudad al final de la tarde. Mientras miraba, sus ojos vieron la figura de una mujer extraordinariamente hermosa que se bañaba sin ningún pudor. En cuanto a lo hermoso que era, el hebreo es explícito: la mujer era “muy hermosa” (v. 2). Era joven, estaba en la flor de la vida, y las sombras del crepúsculo la hacían aun más seductora. El rey la miró .. .y continuó mirándola. Después de la primera mirada David debió haber dirigido la vista en la otra dirección y debió haberse retirado a sus habitaciones, pero no lo hizo. Su mirada se convirtió en una mirada fija pecaminosa y después en una mirada ardiente y libidinosa. En ese momento, David se convirtió en un viejo verde y lujurioso, apoderándose de él una obsesión lasciva que tenía que satisfacer.
Dietrich Bonhoeffer observó de que, cuando la lujuria toma control de la persona, “en ese momento Dios .deja de ser real .Satanás no nos llena de odio contra Dios, sino que nos hace olvidar a Dios”.5 ¡Qué gran sabiduría hay en esta afirmación! Cuando estamos dominados por la lujuria, la realidad de Dios se desvanece. Cuanto más lascivo se volvió, tanto menos real se hizo Dios para él. No sólo disminuyó su conciencia de Dios, sino que también perdió conciencia de quién era él mismo, de su santo llamamiento, de su fragilidad y de las consecuencias inevitables del pecado. ¡Esto es lo que ocasiona la lujuria! Lo ha hecho millones de veces. Dios desaparece de la vista de los que han sido embotados por la lujuria.
La verdad exige que usted se haga unas cuantas preguntas muy serias: ¿Ha desaparecido Dios del panorama? ¿Lo vio alguna vez con colores brillantes, pero ahora su recuerdo se ha opacado como una vieja fotografía? ¿Tiene usted una obsesión inmoral que se ha convertido en lo único que usted puede ver? ¿Es su deseo sexual lo más auténtico que hay en su vida? Si es así, entonces usted está en un gran problema. Por tanto, necesita dar algunos pasos decisivos, como veremos más adelante.
Su racionalización
De su obsesión fatal, el rey David descendió al escalón siguiente: la racionalización. Cuando sus intenciones se hicieron evidentes a sus subalternos, uno de ellos trató de disuadirlo, diciéndole: “Es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías heteo.” Pero David no iba a permitir quedar desairado, de modo que una fuerte racionalización se produjo en su mente, quizás tanta como la sugerida por J. Alian Peterson en su libro The Myth of the Greener Grass [El mito de que el césped más verde está en el patio ajeno]:
Urías es un gran soldado, pero probablemente no es tan buen amante o esposo; es mucho mayor que ella, y estará fuera durante mucho tiempo. La joven necesita un poco de consuelo en su soledad. En esto puedo ayudarla. Nadie resultará perjudicado. No busco nada malo con eso. No es lujuria; sé lo que es eso. Es amor. Eso no es lo mismo que encontrar una prostituta en la calle. Dios sabe que es así. “Tráiganmela.”6
Una mente controlada por la lujuria tiene una capacidad infinita para la racionalización.
• “¿Cómo puede ser malo algo que produce tanto placer?”
• “Dios quiere que sea feliz; estoy seguro de que Él jamás me negaría algo que sea indispensable para mi felicidad, ¡y esto lo es!”
• “El asunto aquí es de amor. Estoy obrando con amor, con el máximo amor.”
• “En primer lugar, Dios jamás estuvo de acuerdo con mi matrimonio.”
• “Los cristianos y sus estrechas actitudes condenatorias me tienen harto. Me están condenando. ¡Ustedes son mucho más pecadores que yo!”
Su degradación (adulterio, engaño, asesinato)
La progresiva insensibilización, relajación, obsesión y racionalización de David lo llevaron a uno de los fracasos más grandes de la historia, y a su degradación. “Y envió David mensajeros y la tomó; y vino a él, y durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa. Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta (2 Samuel 11:4,5). David no se percató que había dado un paso en falso en el precipicio y que se estaba viniendo abajo; que la realidad vendría pronto, que llegaría rápidamente al fondo.
Todos estamos familiarizados con la ruin conducta de David, que lo convirtió en un asesino y en un taimado calculador, decidiendo la muerte de Urías para ocultar su pecado con Betsabé. Baste con decir que en esos momentos de la vida del rey ¡Urías, con todo y estar borracho, era mejor persona que David estando éste sobrio! (v. 13).
Un año después, David se arrepentiría tras la incisiva acusación del profeta Natán. Pero las tristes consecuencias no podría deshacerse. Como se ha señalado con frecuencia:
• Fue la violación del décimo mandamiento (codiciar la mujer de su prójimo) lo que llevó a David a cometer adulterio, violando así el séptimo mandamiento.
• Luego, a fin de robarle la mujer a su prójimo (violando, por tanto, el octavo mandamiento) cometió un asesinato y violó el sexto mandamiento.
• Violó el noveno mandamiento hablando falso testimonio contra su hermano.
• Todo esto trajo deshonra a sus padres, violando así el quinto mandamiento.
De esta manera, David violó todos los mandamientos que se refieren a amar al prójimo como a uno mismo (los mandamientos cinco al diez). Y al hacerlo, deshonró también a Dios, violando, en realidad, los primeros cuatro mandamientos.7
El reinado de David se fue en picada a partir de ese momento, a pesar de su encomiable arrepentimiento.
• Se le murió el bebé.
• Su bella hija, Tamar, fue violada por su medio hermano Amnón.
• Amnón fue asesinado por Absalón, hermano de padre y madre de Tamar.
• Absalón llegó a odiar tanto a su padre David por su bajeza moral que encabezó una rebelión contra él con el apoyo de Ahitofel, el ofendido abuelo de Betsabé.
• El reinado de David perdió la aprobación de Dios. Su trono jamás recobró su estabilidad pasada.
Debemos aceptar que David jamás habría dado más que una mirada fugaz a Betsabé si hubiera podido vislumbrar los desastrosos resultados de su pecado. Creo de todo corazón que serían muy pocos los hombres - si es que hubiera alguno que se apartarían de la Palabra de Dios si pudieran ver lo que eso les acarrearía.
La historia de la catastrófica caída del rey David ha sido dada por Dios y debe tomarse seriamente por la Iglesia en esta “época corintia” como una advertencia a la patología de los factores humanos que conducen al derrumbamiento moral:
• La insensibilización que se produce por la mundanalidad tradicional de la cultura.
• El síndrome fatal que se produce por la relajación moral de la disciplina.
• Los efectos ofuscantes de la obsesión sensualista.
• Y la racionalización con la que tratan de justificarse los que están dominados por la lujuria.
En el caso de David, el ciclo incluyó además adulterio, engaño, degradación familiar y decadencia nacional. La patología es evidente, como también lo son los terribles efectos de la sensualidad; y ambos tienen el propósito no sólo de enseñarnos, sino además de amedrentarnos ¡para que ahuyentemos de una buena vez la sensualidad de nosotros!
LA VOLUNTAD DE DIOS: LA PUREZA SEXUAL
A veces hay personas, que se consideran cristianas, que sencillamente no creen lo que estoy diciendo en cuanto a la pureza sexual. Consideran que tal enseñanza es victoriana y puritana. Victoriana no es. Pero enormemente puritana sí lo es, porque es sumamente bíblica. Para responderle a estas personas las dirijo al llamado más explícito en cuanto a la pureza sexual que conozco, que se encuentra en 1 Tesalonicenses 4:3-8:
Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo.
Si la lectura de este pasaje no es lo bastante convincente en cuanto a la ética bíblica, debemos comprender que se basa en Levítico 19:2, donde Dios dice: “Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios”, un mandamiento dado dentro de un contexto de advertencias en contra de los extravíos sexuales. También deseo señalar que en 1 Tesalonicenses se nos llama a evitar la inmoralidad sexual y tres veces se nos pide ser “santos”. Desechar esto es pecar contra el Espíritu Santo - la presencia viva de Dios - como claramente lo dice el pasaje citado.
Como dice el erudito en Nuevo Testamento, Leon Morris:
El hombre que lleva a cabo un acto de impureza sexual no está únicamente violando un código moral humano, ni siquiera pecando sólo contra el Dios que en algún momento del pasado le dio el don del Espíritu Santo. Está pecando contra el Dios que está presente en ese momento; contra Aquel que continuamente da el Espíritu. Todo acto de impureza es un acto de aborrecimiento contra el don del Espíritu Santo dado por Dios desde el mismo momento que ese don es brindado .. .Este pecado sólo es visto como lo que realmente es, cuando se ve como una preferencia por la impureza antes que por el Espíritu que es santo.8
Por consiguiente, para un cristiano rechazar esta enseñanza en cuanto a la pureza sexual es rechazar a Dios, ¡y esto puede indicar una fe falsa!
LA DISCIPLINA DE LA PUREZA
Si en realidad somos cristianos, es un imperativo que vivamos con pureza y santidad en medio de nuestra cultura corintia y “pornotópica”. Debemos vivir más allá de las horripilantes estadísticas o la Iglesia se tornará cada vez más fuera de lugar e impotente, y nuestros hijos la abandonarán. La Iglesia no puede tener ningún tipo de poder si no es una iglesia pura.
Eso exige que vivamos la afirmación de Pablo: “Ejercítate para la piedad.” Es decir, ¡debemos esforzarnos por la santidad!
Responsabilidad moral ante los demás
Nuestro entrenamiento comienza con algo tan importante como la disciplina de ser responsable moralmente ante los demás. Esto se hará con cualquiera que regularmente le pedirá a usted cuenta de su vida moral, haciéndole preguntas directas y francas. Si usted es casado, debe idealmente utilizar a su esposa para esto, pero también le sugiero que se busque a otro hombre, uno que no le dé cuartel en cuanto a asuntos sexuales. Usted necesita a alguien de su mismo sexo que comprenda su interioridad sexual, alguien con el cual usted pueda ser absolutamente sincero, a quien pueda confesarle lo que lo tienta y atrae. Usted necesita a alguien que lo ayude a vencer y a mantener su alma fiel a Dios. La responsabilidad moral recíproca es lo ideal. A este respecto pienso en cierto vendedor que mantiene regularmente responsabilidad moral a través del teléfono con otro vendedor cristiano, y aun busca la forma de hacer coincidir sus itinerarios para estar juntos en las ciudades a las que van al mismo tiempo.
La oración
Junto con esto, está la disciplina de la oración (hay más de esto en el capítulo 8). Ore diaria y concretamente por su pureza sexual personal. Me asombra que sean tan pocos los hombres que, teniendo interés por su vida, se ocupen de orar por esto. Pídales a su esposa y a sus amigos que oren por usted con respecto a esto y ore usted por los demás en este sentido. No espere que se lo pidan. Ore por la pureza sexual de sus amigos también. ¡Ellos lo necesitan, tanto como usted!
La memorización
Luego, llénese de la Palabra de Dios mediante la disciplina de la memorización. Nuestro Señor dio el ejemplo por excelencia al rechazar las tentaciones de Satanás, utilizando cuatro citas precisas de pasajes del Antiguo Testamento (Cf Mateo 4:1-11). El salmista, por su parte, dijo: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Salmo 119:9). “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (119:11). Se estaba refiriendo, naturalmente, a toda la Palabra de Dios, no sólo a los pasajes que tienen que ver con la sexualidad. No obstante, he visto que la memorización disciplinada de 1 Tesalonicenses 4:3-8 cambia la vida de un hombre. (Otros pasajes provechosos son Job 31:1; Proverbios 6:27; Marcos 9:42ss; Efesios 5:3-7; 2 Timoteo 2:22; algunos de los cuales comentaré más tarde.)
La mente
La disciplina de la mente es, por supuesto, uno de los retos más formidables (tema que analizaremos más detalladamente en el capítulo 6). Las Escrituras presentan, por lo general, a la disciplina de la mente como la disciplina de los ojos. Es imposible que usted mantenga una mente pura si todo el tiempo no discrimina lo que ve en televisión. En una semana usted verá más asesinatos, adulterios y perversiones que todo lo leído por nuestros abuelos a largo de toda su existencia.
Aquí es donde se hace necesaria la acción más radical. Jesús dijo: “Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno” (Marcos 9:47). ¡Ningún hombre que permita que la podredumbre de ciertos canales de televisión, de videos para adultos y de las diversas revistas de pornografía inunde su hogar y su mente, escapará de la concupiscencia!
Job nos ha dejado orientación para los días que vivimos: “Este compromiso establecí con mis ojos: No mirar lujuriosamente a ninguna mujer” (Job 31:1, La Biblia al Día). ¿Cómo cree usted que viviría Job en nuestra cultura actual? Él entendió la sabiduría de Proverbios 6:27: “¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan?” El compromiso de Job prohibía una segunda mirada. Eso significa tratar a las mujeres con dignidad, mirándolas con respeto. Si la forma de vestir o el comportamiento de una mujer es perturbador, mírela a los ojos, no en ningún otro lugar; ¡y aléjese lo más rápidamente que pueda!
La mente abarca también la lengua (véase el capítulo 11 de este libro) porque, como Jesús dijo, “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Pablo es más específico: “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias” (Efesios 5:3,4). Significa que no debe haber humor sexual, ni chistes de mal gusto, ni vulgaridades, a los cuales están tan propensos muchos cristianos para probar que no están “fuera de onda”.
Los límites9
Ponga límite alrededor de su vida, sobre todo si trabaja con mujeres. Evite la intimidad verbal con las mujeres, a no ser con su esposa. No le revele intimidades a otra mujer, ni la inunde con sus problemas personales. La intimidad es una gran necesidad en la vida de la mayoría de las personas, y hablar de asuntos personales, especialmente de los problemas propios, puede llenar la necesidad de intimidad que tiene la otra persona, despertando su deseo de más intimidad. Muchas relaciones extramaritales comenzaron de esa manera.
Hablando ahora a nivel práctico, no toque a las mujeres. No las trate con el afecto informal con que trata a las mujeres de su familia. Son muchos los desastres que comenzaron con un toque fraternal o paternal, que se convirtió después en un hombro comprensivo. Usted puede aun tener que correr el riesgo de ser erróneamente considerado como “distante” o “frío” por algunas mujeres.
Siempre que usted coma o viaje con alguna mujer, hágase acompañar por una tercera persona. Esto puede ser incómodo, pero brindará la oportunidad de explicar sus razones, lo cual, en la mayoría de los casos le ganará respeto en vez de censura. Muchas de sus colegas de trabajo se sentirán así más cómodas en su trato profesional con usted.
Nunca coquetee, ni siquiera en broma. El flirteo es intrínsecamente halagador. Usted puede pensar que resulta simpático, pero eso a menudo despierta en la mujer deseos no correspondidos.
La realidad
Sea realista en cuanto a su sexualidad. ¡No sucumba a la vana prédica gnóstica de que usted es un cristiano lleno del Espíritu Santo que “nunca haría cosa semejante”. Recuerdo muy bien a un hombre que con suma indignación tronaba que él estaba a salvo del pecado sexual. ¡Pero cayó pocos meses después! Enfrente la verdad. ¡Así como cayó el rey David usted también puede caer!
El temor a Dios
Por último, está la disciplina del temor a Dios. Esto fue lo que ayudó a José a rechazar las tentaciones de la esposa de Potifar. “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9). También le ayudó a huir. “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Timoteo 2:22).
La presión de nuestra cultura nos oprime con sus obsesiones y sus racionalizaciones sexuales, y muchos en la iglesia de Cristo han cedido bajo su peso, tal y como lo demuestran las estadísticas. Para no ser parte de esas estadísticas hay que esforzarse disciplinadamente. ¿Somos hombres de verdad? ¿Somos hombres de Dios? ¡Quiera Dios que así sea!
Alimento para pensar
“A la Iglesia evangélica contemporánea, se le considerada ampliamente, ‘Corintia’ hasta la médula. Está guisándose en los jugos derretidos de su propia sensualidad.” ¿Está de acuerdo o no? ¿Qué con respecto a su propia iglesia? ¿Qué con respecto a su propia vida personal?
“En este tiempo [de la lujuria] Dios.. .Pierde toda realidad.... Satanás no nos llena con odio contra Dios, sino con un olvido de Dios” (Dietrich Bonhoeffer). ¿Haa encontrado que esto sea cierto en sus propias batallas con la tentación?
¿Cuál es la manera más efectiva para prevenir los deslices morales?
¿Será 1 Tesalonicenses 4:3-8 muy cerrada para considerarla como una atadura para los hombres cristianos de hoy? ¿Por qué sí o por qué no? Si no, ¿cómo podemos hacer para que este pasaje nos sirva para obtener la victoria en nuestra lucha por la pureza? ¿Qué tiene la santidad de Dios que ver con nuestra santidad? (ver Levítico19:2)
Acerca de la inmoralidad predominante de nuestra cultura, ¿cómo es posible que esperemos mantener nuestros pensamientos y conducta puros? ¿Es realmente necesaria la amonestación de mantener “límitesen nuestras relaciones con las mujeres en nuestra vida? ¿No es esto poner a las mujeres muy baja estima? ¿Y a nosotros mismos?
La aplicación/respuesta
¿De qué le habló Dios más específicamente, más poderosamente en este capítulo? ¡Háblale a Él acerca de eso en este momento!
¡Piensa en esto!
Haga una lista de por lo menos media docena de aplicaciones específicas y prácticas con respecto a la moral sexual de la experiencia de David en 2 Samuel 11.
3
LA DISCIPLINA DEL MATRIMONIO
POR LO GENERAL, tengo la mejor perspectiva en las ceremonias de casamiento cristianas, ya que estoy de pie a aproximadamente un metro de distancia de la feliz pareja. La piel de los novios brilla con la luminosidad ambarina despedida por la luz parpadeante de los cirios que alumbran detrás de mí. Lo veo todo: los ojos humedecidos, las manos temblorosas, los guiños furtivos, el mutuo ardor de sus almas; y escucho las palabras que sus padres repitieron una vez antes que ellos: “.. para bien o para mal, en pobreza o en riqueza; en enfermedad o en salud.” Se están sometiendo a lo de más alcance en la vida, a los intereses, sentimientos y aspiraciones de la comunidad cristiana, a la vida misma.
A veces, en mi disfrute de la ceremonia, mi mente se pone a vagar e imagino la boda final cuando Cristo nos desposará oficialmente con Él, para volver de inmediato a la realidad de la parábola viviente que está frente a mis ojos. ¿Cómo le irá a esta pareja en su matrimonio con el paso de los años? ¿Venerará la esposa a su marido? ¿Amará él a la que ahora es su hermosa novia, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella? ¿La amará con un amor sublime y santificador? ¿La amará como se ama a sí mismo? Mi sincera oración es que así sea.
Así fue y sigue siendo en la vida de Robertson McQuilkin, el dilecto ex rector de la Universidad Bíblica de Columbia, y de su esposa Muriel, quien sufre de los estragos avanzados de la enfermedad de Alzheimer o demencia precoz. En marzo de 1990 el doctor McQuilkin presentó su renuncia mediante una carta, en estos términos:
Mi querida esposa Muriel ha venido sufriendo un debilitamiento progresivo de su salud mental desde hace aproximadamente ocho años.
Hasta ahora había podido ocuparme tanto de sus necesidades cada vez mayores, como de mi responsabilidad de dirigir la Universidad Bíblica de Columbia. Pero recientemente resulta evidente que Muriel se siente alegre la mayor parte del tiempo que paso con ella, y casi nada feliz cuando me ausento. Pero no se trata sólo de que no se siente feliz, sino que se llena con el temor - y aun del terror - de que me ha perdido, y siempre va en busca de mí cuando salgo de la casa. Entonces puede llenarse de ira si no me encuentra. Por tanto, me resulta claro que ella necesita ahora de todo mi tiempo.
Quizá les ayude a comprender mi decisión el que repita lo que dije cuando anuncié mi renuncia en el culto de la capilla.Ya la decisión se había tomado, en cierta manera, hace cuarenta y dos años, cuando prometí cuidar de Muriel “en salud o en enfermedad .. .hasta que la muerte nos separe”. Así, pues, como lo anuncié a los estudiantes y a los profesores, como hombre de palabra, la integridad tiene que ver en mi decisión. Pero también un sentimiento de justicia. Ella ha cuidado de mí devota y abnegadamente todos estos años, de modo que si yo tuviera que cuidar de ella durante los próximos cuarenta años, ni aun así pagaría toda mi deuda. El cumplimiento del deber, sin embargo, puede requerir determinación y estoicismo. Pero hay más: amo a Muriel. Ella es para mí un motivo de felicidad por su inocente dependencia y confianza en mí; por el amor ferviente que me tiene; por sus destellos ocasionales de esa gracia de que tanto disfruté; por su espíritu feliz y por su fuerte resistencia ante su continua y angustiosa frustración. ¡Por tanto, no me siento obligado a cuidar de ella, sino que lo deseo! Es un gran honor poder ocuparme de una persona tan maravillosa.
El mes siguiente, mi esposa Bárbara y yo hicimos una breve visita a los McQuilkin, y pudimos observar la manera gentil y amorosa como el doctor McQuilkin se ocupaba de su esposa, quien entendía muy poco lo que estaba ocurriendo a su alrededor. El recuerdo de esa visita es de una belleza imperecedera.
¡Ese amor tan precioso, como el de Cristo, no es producto de la casualidad! Surgió de la determinación profunda hecha por un joven esposo que se propuso cuarenta y dos años atrás vivir bajo la autoridad de lo que la Palabra de Dios enseña en cuanto a cómo debe un hombre espiritual amar a su esposa, tal como aparece en Efesios 5. Son preceptos con los cuales debe estar familiarizado todo hombre cristiano; los cuales debe entender y, creo, hasta aprender de memoria, como yo mismo lo he hecho. Estas directrices constituyen la disciplina sobre la cual está asentado el matrimonio; son las columnas de un matrimonio que lucha por ser lo que realmente debe ser.
Para profundizar en cuanto a lo que es la responsabilidad del hombre piadoso, debemos fijar en nuestra mente la gran verdad que aparece al final del capítulo 5 de Efesios, en el versículo 31, en el que Pablo cita Génesis 2:24: Cuando un hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, “los dos serán una sola carne”. Luego añade en el versículo 32: “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto a Cristo y de la iglesia.” ¡Hay una unidad asombrosa en el matrimonio! La afirmación de que el hombre y la mujer son “una sola carne” indica algo de la profundidad psicológica y espiritual del matrimonio: un intercambio de almas.
El matrimonio idealmente da como resultado dos personas que son al mismo tiempo la misma persona ¡hasta donde es posible que dos personas lo sean! En el matrimonio, la pareja tiene el mismo Señor, la misma familia, los mismos hijos, el mismo futuro y el mismo destino final, una unidad sorprendente. Un vínculo asombroso se produjo en el momento que vi por primera vez a mis hijos recién nacidos y los sostuve en mis brazos. Ellos son parte de mi carne. Estoy íntimamente unido a mis hijos, entretejido con ellos. Sin embargo, no soy una sola carne con ellos. Soy una sola carne sólo con mi esposa. Esta, en mi opinión, es la razón por la cual las parejas de ancianos, a pesar de tener un aspecto físico muy diferente, terminan pareciéndose tanto entre sí, porque son “una sola carne”. Ha habido un intercambio de almas, una apropiación recíproca de sus vidas.
Esto es, en realidad, un misterio que ilustra en parte la unión conyugal que hay entre Cristo y la Iglesia. Y esta es la razón por la cual el texto bíblico utiliza con frecuencia un lenguaje descriptivo cuando habla de Cristo y los esposos, y de la Iglesia y las esposas. Debemos, entonces, tener siempre frente a nosotros la misteriosa naturaleza de nuestra unión si queremos comprender las tres disciplinas del amor conyugal: la disciplina del amor abnegado, del amor santificador y del amor a uno mismo.
EL AMOR ABNEGADO
Las primeras palabras de Efesios en cuanto a la relación conyugal son un rotundo llamado a un amor radical y abnegado: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (v. 25). Este llamado al amor marital era un brusco y directo viraje en cuanto al compromiso conyugal (o a la falta de él) de los hombres de esa época, tal como ocurre hoy día. Tomada en serio, ¡la forma franca de estas palabras, “amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” es asombrosa! Y si se aceptan con sinceridad, el puñetazo que propina este llamado derribará a muchos hombres cristianos ...¡porque no dan la talla!
La muerte
La razón por la cual el puñetazo duele tanto, es porque constituye un llamado directo a amar con la disposición a sacrificarse, aun hasta la muerte. Reconociendo esto, Mike Mason, autor del libro clásico The Mystery of Marriage [El misterio de la unión conyugal], dice irónicamente que el amor conyugal es como la muerte: nos reclama en su totalidad. Estoy de acuerdo. Si uno no lo entiende así, entonces no sabe lo que es verdaderamente el amor conyugal. El amor marital lo reclama todo. Mason asemeja después al amor conyugal con un tiburón: “¿Y quién no se ha asustado, casi hasta morir, al ver a oscura sombra del amor deslizándose veloz y descomunal, como un tiburón interestelar, como una montaña inundada, a través de las aguas más profundas de nuestro ser, a través de profundidades que nunca antes supimos que teníamos?”1
El tener conciencia de lo que implica este llamado puede asustar al comienzo, pero es también algo hermoso, porque el hombre que se somete a un amor tal experimentará la gracia de la muerte al yo egoísta. El matrimonio es un llamado a morir, y el hombre que no muere por su esposa está muy lejos de conocer el amor al cual se le ha llamado. Los votos matrimoniales cristianos son el comienzo de una práctica de muerte vitalicia, de dar no sólo lo que uno tiene, sino además todo lo que uno es.
¿Es esto un terrible llamado al patíbulo? ¡De ninguna manera! No es más terrible que morir al yo personal y seguir a Cristo. En realidad, los que mueren tiernamente a sí mismos por amor a su esposa son los que experimentarán más gozo, se sentirán más satisfechos con su matrimonio y experimentarán una mayor dosis de amor. El llamado de Cristo al esposo cristiano no es un llamado a que se convierta en un “aguantalotodo”, sino a morir. Como veremos más adelante, esto puede significar la muerte a nuestros derechos, a nuestro tiempo, a los placeres a que tenemos derecho, pero todas son muertes liberadoras. Esto es algo viril de verdad, muy masculino, porque se necesita ser todo un hombre para estar dispuesto a morir.
El sufrimiento
Cuando Cristo se dio a sí mismo por nosotros, no sólo murió sino que también sufrió.Y su sufrimiento no fue sólo el de la cruz, sino que fue y es un sufrimiento que surge de su identificación con su esposa, la Iglesia. Esta es la razón por la cual Pablo, que perseguía fanáticamente a la Iglesia, oyó repentinamente clamar a Jesús: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4). Cristo sufre por su esposa, y los esposos deben también sufrir por su esposa.
Cuando usted decide uncir su vida a otra vida, es candidato a un viaje frenético con enormes altibajos. De la misma manera que cuando uno ama realmente a Dios experimentará dificultades que no entiende un corazón que no ha aprendido a amar, igual ocurrirá en el matrimonio. Usted compartirá las injusticias, las crueldades y las decepciones que le dará su esposa. También experimentará sus malos ratos, su inseguridad y su desesperación. Claro que también experimentará una serie de placeres más allá del alcance de los que no han aprendido a amar. Transitará a través de algunos valles oscuros, ¡pero también se remontará a las estrellas!
La intercesión
La noche que Cristo se dio a sí mismo por nosotros, Juan 17 dice que oró en este orden: por sí mismo, por sus doce discípulos y por nosotros los que habríamos de creer después. Cuando terminó de orar por su futura esposa, fue a la cruz. Luego vinieron su muerte, su resurrección, su ascensión y su entronización a la diestra del Padre, donde constantemente intercede por nosotros. Por eso entendemos que el darnos a nosotros mismos por nuestra esposa implica la intercesión devota a su favor. ¿Ora usted por su esposa con algo más que “Señor, bendice a Margarita en todo lo que hace”? Si no lo hace, está pecando contra ella y contra Dios. La mayor parte de los hombres cristianos que dicen amar a su esposa jamás ofrecen más que un reconocimiento superficial a las necesidades de ella al dirigirse a Dios. Usted debe tener una lista de las necesidades no expresadas o manifiestas de su esposa para presentarlas vehemente a Dios, por amor a ella. ¡Orar por su mujer es la obligación conyugal de todo esposo cristiano!
El mandamiento llano y liso es: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). Tenemos el llamamiento divino de morir por nuestra esposa, llevar sus sufrimientos como si fueran nuestros e interceder por ella.
EL AMOR SANTIFICADOR
El matrimonio que está bajo el señorío de Jesucristo es una relación mutuamente santificadora que nos mueve hacia la santidad. La mayoría de nosotros, cuando nos casamos, somos como una casa con numerosos muebles, muchos de los cuales deben ser retirados para hacerle sitio a la nueva persona. El matrimonio ayuda a vaciar esas habitaciones. El verdadero amor conyugal revela habitaciones llenas de egoísmo, y cuando uno vacía esas habitaciones encuentra otras de egocentrismo. Más allá de éstas, al seguir con la limpieza de la casa, están las habitaciones de la autosuficiencia y de la testarudez. El matrimonio hizo realmente eso en mi favor: ¡Yo no tenía idea de lo egocéntrico que era hasta que me casé! George Gilder, en su muy comentado libro Men and Marriage [Los hombres y el matrimonio], incluso sostiene que el matrimonio es la única institución que domestica el arraigado salvajismo del hombre.2 Con el paso de los años, un buen matrimonio puede hacernos mejor, volviéndonos casi irreconocibles. Hay, en realidad, una santificación recíproca en el matrimonio.
Pero el énfasis de las Escrituras está en la responsabilidad que tiene el esposo de amar a su esposa: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha” (vv. 26,27). Eso es lo que Cristo hará mediante nuestro divino connubio con Él, ya que a su regreso la Iglesia lavada y regenerada le será presentada en absoluta perfección. Esta será la reafirmación del más grande romance de todos los tiempos.
Mientras tanto, estas divinas nupcias son una parábola de lo que tiene que ser el efecto excelso del amante esposo sobre su esposa. El esposo tiene que ser un hombre amante de la Palabra de Dios, que lleva una vida de santidad, orando y sacrificando en favor de su esposa. Su auténtica espiritualidad estará dirigida a alentarla interiormente y hacia arriba, hacia la imagen de Cristo. El hombre que santifica a su esposa entiende que esta es su responsabilidad por decreto divino.
Olvidando por el momento la responsabilidad espiritual de nuestra esposa para con nosotros, ¿se da cuenta de que es su responsabilidad procurar la santificación de su esposa? Aun más, hablando sinceramente, ¿acepta que así sea? El matrimonio revelará algo en cuanto a su mujer que usted ya sabe: que su esposa es pecadora. El matrimonio lo revela todo: sus debilidades, sus peores inconsecuencias, las cosas que los demás nunca ven. Amar a nuestra esposa no es amarla porque es santa sino porque es pecadora. “Si la amamos por su santidad, no la amamos en absoluto”, 3 dice Mason. Usted debe ver a su esposa como se ve a usted mismo, y la amará como se ama a usted mismo. Usted se dará cuenta de sus necesidades mutuas, y hurgará en la Palabra de Dios para oír de corazón y tratar, por su gracia, de obedecerla a fin de que su esposa se vea estimulada por su vida, convirtiéndose así en una esposa aun más hermosa para Cristo.
Esto hace surgir algunas preguntas serias: ¿Se asemeja mi esposa más a Cristo por estar casada conmigo? ¿O es ella como Cristo, a pesar de mí mismo?¿Ha disminuido su semejanza a Cristo por mi causa? ¿La santifico o le sirvo de tropiezo? ¿Es ella una mejor mujer por estar casada conmigo? ¿Es una mejor amiga? ¿Es una mejor madre?
El llamado es claro: nuestro amor debe ser un amor santificador.
EL AMOR A UNO MISMO
La mitología griega cuenta la historia de un hermoso joven que no se había enamorado de nadie, hasta el día que vio su propio rostro reflejado en el agua y se enamoró de ese reflejo. Estaba tan enfermo de amor por sí mismo, que finalmente se consumió y murió, convirtiéndose en la flor que lleva su nombre: Narciso. 4 En realidad, ¡el amor narcisista no es nada bello! Sentimos repulsión por el narcisismo y hacemos todo lo posible por evitarlo.
Sin embargo, como algo increíble, en Efesios 5 se nos llama a un amor muy grande por nosotros mismos: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su sangre y de sus huesos” (vv. 28-30). Este amor por nosotros mismos cuando amamos a nuestra esposa se base en la unidad de “una sola carne” de la que ya hemos hablado, del profundo intercambio de almas que se produce en el matrimonio que hasta puede hacernos parecer físicamente a nuestro cónyuge. Es el amor que el Lorenzo de Shakespeare alaba cuando le dice a Jessica que ella será puesta en “mi alma invariable”.5 ¡Nuestro amor conyugal es nuestra alma invariable!
Amar a nuestra esposa como a nuestro propio cuerpo es algo grande y maravilloso. Significa darle a ella la misma importancia, el mismo valor, “la misma majestad existencial que nos concedemos naturalmente a nosotros mismos”.6 Ella se vuelve tan concreta como lo soy yo para mí mismo. Ella es yo mismo.
¿Cómo amar a nuestra esposa como a nosotros mismos? ¿Cómo cuidar de ella como lo hacemos con nosotros mismos? La respuesta implica tres encarnaciones:
La primera es una encarnación física. El doctor Robert Seizer cuenta en su libro Mortal Lessons: Notes in the Art of Surgery [Lecciones mortales: Notas sobre el arte de la cirugía] la operación que realizó para extraer un tumor y la necesidad que tuvo de cortar un nervio facial, dejando la boca de una joven permanentemente torcida por la parálisis producida. Dice el doctor Seizer:
Su joven esposo se encuentra en la habitación, de pie al otro lado de la cama y juntos parecen sentirse a gusto a la luz de la lámpara al caer la tarde, ignorantes y aislados de mí en su intimidad. ¿Quiénes son este joven y esta boca torcida que he hecho - me pregunto -? ¿Quiénes son estos que se contemplan y se tocan con tanto interés y avidez? La joven pregunta: “¿Me quedará la boca así, para siempre?” “Sí - le digo -,porque el nervio fue cortado.” Ella asiente con la cabeza y se queda en silencio. Pero el esposo sonríe. “Me gusta así - dice -. Te queda bonito.” Luego.. .sin cohibiciones, se inclina para besar su boca torcida y yo, tan cerca, puedo ver como él tuerce sus labios para acomodarlos a los de ella, para demostrarle que su beso es posible todavía. 7
Así es la manera como debemos amar. El cuerpo de nuestra esposa es nuestro cuerpo, su bienestar es nuestro bienestar, su atractivo es nuestro atractivo, y su preocupación es nuestra preocupación.
Una segunda manera de amar a nuestra esposa como a nuestro propio cuerpo consiste en la encarnación emocional. Son tantos los hombres que hacen tema de humor humillante las diferencias emocionales que hay entre hombres y mujeres. Desprecian la condición natural femenina, como si la dureza masculina fuera superior. Se dan cuenta de las diferencias que hay entre los sexos, pero no las toman en consideración y no tratan de comprender. ¡Ningún hombre puede decir que obedece a Dios si se comporta de esa manera! Es una masculinidad mal entendida la que piensa que poder comprender los sentimientos de otra persona es un rasgo femenino. En realidad, tal comprensión de las naturalezas complementarias que Dios les dio al hombre y a la mujer, es característico de todo hombre verdaderamente desarrollado y maduro.
Por último, por supuesto, debe haber encarnación social. Erma Bombeck dice jocosamente que hay muchos maridos machistas que piensan que su esposa debe pasar todo el día ocupándose de los juguetes de los niños o de los calcetines de la familia.
La mujer tiene, desde luego, muchos escenarios sociales aparte del hogar, tales como la oficina y la escuela. Recuerdo una beneficiosa encarnación que experimenté una vez que mi esposa se encontraba visitando a su hermana durante una semana, dejándome a cargo de nuestros cuatro hijos pequeños. En esos días me tocó preparar las comidas, cambiar un sinfín de pañales, vendar heridas, arbitrar en riñas, dar baños, ordenar el desorden y volver a arreglarlo todo de nuevo. Yo estaba ocupado antes de levantarme y después de acostarme. La experiencia me marcó de tal manera que en mi mente inventé un nuevo cuarto de cocina después de observar cómo se lavan los automóviles en las máquinas automáticas. Los pisos se inclinan hacia un inmenso desagüe ubicado en el centro del cuarto de cocina. De una de las paredes cuelga una manguera lista para pulverizar todo lo sucio puesto allí después de las comidas. Fue una encarnación que no estuve muy deseoso de repetir, pero como dice mi esposa, ¡me hizo bien!
Estamos llamados a amarnos a nosotros mismos por mandato divino. Eso significa amar a nuestra esposa como a nuestro propio cuerpo, a cuidar de ella como Cristo cuida de la Iglesia. El amar el cuerpo de nuestra esposa como amamos al nuestro exige una triple encarnación: física, afectiva y social. Debemos dedicar a nuestra esposa la misma energía, el mismo tiempo y la misma facultad creadora que nos dedicamos a nosotros mismos. Estamos llamados a amarnos con amor inquebrantable. Dichosa la esposa a quien se le ama así, y aun más dichoso el hombre que ama de tal manera, porque es como Cristo.
Es grande el desafío que nos presenta Efesios 5: Amor abnegado (¡el amor es como la muerte!), amor santificado? (amor que eleva) y amor a uno mismo (amar a nuestra esposa es como amar nuestro propio cuerpo). Si esto nos llama a hacer algo, ese algo debe ser el esfuerzo por la santidad. Como dijo Walter Trobisch: “El matrimonio no es un logro acabado, sino un proceso dinámico entre dos personas, una relación que sufre cambios constantes, una relación que crece o se muere.” 8
El llamado que se nos hace a todos de amar a nuestra esposa como Cristo amó a la Iglesia exige ciertas disciplinas específicas.
COMPROMISO RESPONSABLE
Debemos comenzar con la disciplina del compromiso responsable. Con el paso de los años, me he vuelto más exigente en mis demandas a las parejas que desean que las case. Les digo que los votos matrimoniales son el compromiso voluntario de amar, independientemente de como uno se sienta. Les digo que es una tontería pensar que uno puede faltar a los votos sólo porque uno “sienta” que ya no está enamorado. Les hago ver que las Escrituras nos llaman a “vestirnos de amor” (Cf. Colosenses 3:14), y que a pesar de que ese amor puede ser considerado hipócrita, nunca es hipocresía vestirse de la gracia divina. Les digo que si tienen en mente el más mínimo pensamiento de que pueden divorciarse si la otra persona no es lo que esperaban, no realizaré la ceremonia de casamiento. La verdad es que los matrimonios que dependen de estar “enamorados” para mantenerse, terminan en fracaso. Los que recuerdan las ardientes promesas hechas en la ceremonia nupcial son los que triunfan. No hay nada mejor que pacto más compromiso responsable.
FIDELIDAD
Cuando un hombre se compromete consigo mismo a amar a su esposa, “como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”, siempre le será fiel.Una cosa con la cual la Iglesia puede contar siempre es con la fidelidad de su Esposo, Jesucristo. Y esto es algo con lo que puede contar la esposa cuyo esposo ame como Cristo. Jeremy Taylor, el notable predicador del siglo diecisiete, dijo lo siguiente en cuanto a la fidelidad conyugal en su sermón “The Marriage Ring or the Mysteriousness and Duties of Marriage” [La sociedad matrimonial o el misterio y las obligaciones del matrimonio]:
Sobre todo .. .que él (el esposo) conserve hacia ella una confianza sagrada y una pureza inmaculada, porque en esto consiste la sociedad matrimonial, que ata a dos corazones con una cinta eterna; es como la espada encendida del querubín puesto para guardar el paraíso .La pureza es la garantía del amor, que protege a todos los misterios del matrimonio como se protegen los secretos de un templo. Bajo este cerrojo está depositada la seguridad de la familia, la unión de los afectos y el reparador de las roturas que se producen de cuando en cuando.9
Nuestra esposa debe poder confiar en nuestra fidelidad. Todo lo nuestro: nuestra mirada .nuestras palabras .nuestra agenda .nuestro ardor debe decirle a ella: “Te soy fiel y lo seré siempre.”
COMUNICACIÓN
Luego viene la disciplina de la comunicación. Hace poco se les preguntó a los lectores de una popular revista para mujeres lo siguiente: “Si usted pudiera cambiar algo de su marido, ¿qué cambiaría?” 10 El consenso abrumador fue que les gustaría que mejoraran su comunicación con ellas. También indicaron que, todavía mejor, les agradaría que sus esposos las escucharan. A este respecto, dice Eugene Peterson:
El estereotipo es el del esposo escondido tras las páginas del periódico durante el desayuno, leyendo la información de una agencia noticiosa en cuanto al escándalo más reciente de un gobierno europeo, la puntuación de las competencias atléticas del día anterior, y las opiniones de un par de columnistas con los cuales él jamás se encontrará, en vez de escuchar la voz de la persona que ha acabado de compartir su misma cama, servido su café y freído sus huevos, a pesar de que escuchar esa voz viva presagia amor y esperanza, profundidad emocional y exploración intelectual mucho mayores que lo que él puede sacar de las informaciones del NewYork Times, de The Wall Street Journal y de The Christian Science Monitor, todos ellos combinados. 11
La disciplina de la comunicación requiere que aparten tiempo regularmente para hablar - para hablar realmente, comunicando más que hechos, sentimientos - y que aprendan a hablar en metáforas y símiles, con frases que comiencen con: “Me parece que. . .” Eso significa que usted está escuchando. La publicación Harvard Business Review (Revista de temas económicos de la Universidad de Harvard) sugiere que todo ejecutivo dedique el sesenta y cinco por ciento de su tiempo a escuchar.12 ¡Cuánto más el esposo inteligente!
ENCOMIO
Después recomiendo firmemente la disciplina del encomio. En cierta ocasión, Winston Churchill asistía a un banquete de etiqueta en Londres en el cual se les hizo la siguiente pregunta a los dignatarios presentes: “Si usted no fuera quien es, ¿quién quisiera ser?” Naturalmente, todo el mundo tenía curiosidad por saber lo que diría Churchill, que estaba sentado al lado de su amada esposa Clemmie. Después de todo, nadie esperaba que Churchill dijera que le gustaría haber sido César o Napoleón. Cuando finalmente le llegó el turno a Churchill, el anciano líder, el último en responder la pregunta, se levantó y dio su respuesta: “Si no hubiera sido quien soy, lo que más me habría gustado ser - y aquí hizo una pausa para tomar la mano de su esposa - es el segundo esposo de Lady Churchill.”13 Eso le resultó agradable a su esposa, pero él hablaba también en nombre de todos los que se sentían satisfechos con su matrimonio.
El compromiso responsable de exaltar a nuestra esposa es de suma importancia. Si cree que lo que su esposa hace es menos importante que lo que usted hace, está equivocado y tiene un problema muy grande. El felicitarla por sus atenciones y por lo que hace por usted cada día, debe ser algo común y corriente, como también debe ser el mostrarle siempre respeto siendo cortés con ella.
DEFERENCIA
Junto con esto, debe practicarse cuidadosamente la disciplina de la deferencia. Son muchos los hombres que jamás se privan de algún placer personal por amor a su esposa. Para ciertos hombres, el golf es sinónimo del Paraíso de Dante, pero la entrada a una tienda por departamentos es como las puertas del infierno del poeta italiano, con la siguiente inscripción: “Abandonad cualquier esperanza los que entréis aquí.” 14 Pero si usted ama a su esposa, debe haber ocasiones en que usted se olvide de su deporte preferido porque aprecia los intereses de ella y porque simplemente la ama.
TIEMPO PARA EL ROMANCE
Por último, debo mencionar la disciplina de apartar tiempo para el romance. Hace algunos años, en el medio oeste de los Estados Unidos, un granjero y su esposa se encontraban acostados durante una tormenta cuando el embudo de un tornado repentinamente levantó el techo de la casa y la cama donde se hallaban. La esposa comenzó a dar chillidos de entusiasmo y el marido le dijo que no eran momentos para estar gritando. Ella le respondió que estaba tan feliz que no podía evitarlo. ¡Era la primera vez, en veinte años de casados, que habían salido de noche juntos!
En 1986 la revista Psychology Today [Psicología hoy] hizo una encuesta entre trescientas parejas a las que se les preguntó qué cosa las mantenía unidas. Uno de los principales factores que mantuvo la unión fue el tiempo que pasaban juntos. 15 Siendo así, asegúrese de mantener esta prioridad. Su calendario revela lo que es importante para usted, por tanto incluya el calendario de su esposa dentro del suyo. Aparte horas especiales en su calendario semanal para pasarlas juntos, a propósito. Sea creativo. ¡Cítela! Sorpréndala. Sea pródigo con ella.
¿Cuándo fue la última vez que se adelantó a abrirle la puerta a su esposa? ¿Cuándo le dijo: “Te amo”? ¿Cuándo la felicitó o le escribió una nota cariñosa? ¿Cuánto tiempo hace desde que le llevó flores y se “citó” con ella? ¿Cuándo le dio atención superespecial?
Muchas otras “disciplinas” pudieran mencionarse, la mayoría de las cuales se hallan implícitas en lo que hemos dicho; por ejemplo, la ternura, la sensibilidad, la paciencia. Pero lo más importante es proponérselo. Ante el ardor de un nuevo amor, el matrimonio parece tan fácil como caerse de un tronco que es arrastrado por la corriente, pero en realidad es tan fácil como mantenerse encima de él. Para que el matrimonio se mantenga hace falta atención, mucho talento y esfuerzo.
¿Está usted ocupándose de la segunda elección más importante de su vida (la primera es Dios)? ¿Ha tenido que esforzarse últimamente? Sin esfuerzo no hay progreso; sin sacrificio no hay beneficio.
Inclinémonos ante la Palabra de Dios: “Pórtense varonilmente y sean fuertes. Cualquier cosa que hagan, háganla con bondad y amor” (1 Corintios 16:13,14, La Biblia al Día). Disciplínese con el propósito de ser santo.
Alimento para pensar
¿Está de acuerdo con la analogía de Mike Mason entre el amor conyugal y la muerte? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Qué demanda de usted el amor por su esposa? ¿Está dispuesto a pagar el precio?
¿Generalmente siente lo que tu esposa siente -sus alegrías y las penas. cuando está en los picos de la montaña y cuando está en los valles profundos? ¿Qué puede hacer para dejarla saber que usted quiere “conectarse” con ella emocional y espiritualmente?
“Orar es el trabajo conyugal de un esposo cristiano.” ¿Está de acuerdo? ¿Con qué frecuencia ora por su esposa? ¿Y con ella? ¿Qué puede hacer para que esto sea más como un hábito?
¿Qué está haciendo en la actualidad para ayudar a su esposa a acercarse más a Cristo? Has una lista de por lo menos seis cosas específicas que hará dentro de las próximas dos semanas para ayudar a su esposa a crecer espiritualmente.
¿Qué sucede con un matrimonio cuando el esposo no se quiere asimismo? ¿Bíblicamente, qué significa realmente amarse asimismo? ¿Cómo se mostrará tal actitud en la práctica?
¿Cómo aplica usted en su matrimonio Colosenses 3:14 y 1 Corintios 16:13, 14? Sea específico.
La aplicación/Respuesta
¿De qué le habló Dios más específicamente, más poderosamente en este capítulo? ¡Háblale a Él acerca de eso en este momento!
¡Piensa en esto!
Lea Efesios 5:22-33. Después, escriba unos cuantos párrafos sobre el significado espiritual del matrimonio cristiano. ¿Qué tiene que ver la sumisión de la esposa y el amor del esposo el uno con el otro? ¿Qué enseña a su matrimonio la relación de Cristo y su Iglesia?
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LA DISCIPLINA DE LA PATERNIDAD
RECUERDO VIVAMENTE el día que nació nuestro primer hijo — el 10 de agosto de 1963 -una noche sumamente calurosa del sur de California. Hacía tanto calor que había llevado a mi barrigona mujercita a la playa —a Huntington Beach, para ser precisoa tomar un poco de fresco. Allí hice un hueco en la arena para que colocara su barriga, y nos estiramos bajo el sol mientras la fresca brisa del Pacífico nos refrescaba, y sin darnos cuenta comenzamos a broncearnos.
Ya era la media tarde cuando partimos de regreso al calor y a la contaminación de Los Ángeles. Mientras viajábamos, quitamos el techo corredizo de nuestro Volkswagen y tontamente nos achicharramos un poco más. Muy pronto parecíamos unas langostas rojas.
Después de cenar, mientras estábamos acostados con la piel ardiendo sobre las calurosas sábanas de nuestra cama, le comenzaron a mi esposa los dolores de parto, y eso es casi todo lo que recordamos de nuestras quemaduras. Mi esposa estaba ocupada con otra clase de dolor y yo estaba tan nervioso que me olvidé del mío. Esa noche se produjo uno de los acontecimientos más importantes de nuestra vida: Dios nos dio nuestra primogénita, una hermosa niña a quien le dimos el nombre de Holly. Lo recuerdo todo, hasta el color de las paredes del hospital. Parece que apenas ocurrió ayer.
Hay otro acontecimiento que conservo en mi mente con parecida intensidad. El 23 de julio de 1986, veintitrés años más tarde, en otro hospital del lejano estado de Illinois, mi bebé Holly dio a luz a su primogénito, un hermoso chiquillo, Brian Emory, y su padre lo sostuvo en sus brazos con idéntica emoción.
Ambas experiencias fueron profundamente sobrenaturales, pues vi la creación de Dios: sangre, tierra, aire, viento y fuego. Aunque sólo fue una brevísima fracción en la inmensidad del tiempo, sentí una profunda identificación con el pasado y con el presente. También sentí la gracia divina, el torrente de la bondad de Dios derramándose sobre mí y sobre mi familia.
Hoy, ya abuelo de seis nietos (con la posibilidad de que vengan más), veo cada vez con mayor claridad que mi mayor tesoro, después de mi vida en Cristo, son los miembros de mi familia, y comparto la reacción universal de que si se produjera un incendio, sólo después de poner a salvo a mi familia trataría de salvar las fotografías, los álbumes de recortes, y las tarjetas y notas de cumpleaños.
Algún día, cuando todo se haya ido y ya no pueda ver, oír o hablar - en realidad, cuando ya no sea capaz de recordar sus nombres - los rostros de mis seres queridos estarán en mi alma.
Ahora que me encuentro en la mitad de mi vida, hallo cada vez mayor satisfacción en mi familia y en las familias de mis hijos. Todos mis hijos son cristianos consagrados y quieren que el Señor Jesucristo utilice sus vidas. Digo esto con toda humildad, porque a los padres generalmente se les culpa demasiado por los problemas de los hijos, y se les reconoce excesivamente cuando les salen buenos. Estoy consciente de que mis hijos son lo que son por la gracia de Dios, y también de que tanto para mí como para ellos aún queda camino por recorrer.
Con todos mis hijos mantengo una relación mutuamente satisfactoria. Son independientes de mí, pero desean mi compañía y mis consejos. Nos respetamos mutuamente. Me llaman y los llamo, y todos estamos pendientes de los días de asueto en que tenemos la oportunidad de poder estar juntos.
Le cuento todo eso porque, aunque no he sido un padre perfecto, he aprendido algunas cosas en la vida que debo transmitirle, de hombre a hombre, a usted que está en la mitad o en el comienzo de la paternidad.
El simple hecho de la paternidad lo ha dotado a usted de un poder aterrador en la vida de sus hijos, porque ellos sienten por usted un amor innato que Dios les ha dado. Hace poco, mientras leía el libro de Lance Morrow, The Chief, A Memoir of Fathers and Sons [El jefe, una biografía de padres e hijos] me encontré con una excelente expresión de eso:
De tiempo en tiempo, había sentido por mi padre un anhelo que era casi físico, algo apasionado, pero anterior al sexo, algo infantil, profundo.Esto es algo que me ha desconcertado y que hasta me ha hecho caer en la depresión. Es tan misterioso para mí saber exactamente lo que deseaba de mi padre. He visto ese anhelo en otros hombres, y ahora lo veo en mis propios hijos en su anhelo por mí. Creo que también lo he vislumbrado una o dos veces en los sentimientos de mi padre hacia su padre. Quizás se trate del vivo deseo de Telémaco,1 el resto del niño que queda en el hombre, todavía ansioso de la heroica protección de su padre. Uno busca regresar, no al vientre materno ...sino a algo diferente, al amparo del padre en el mundo. El niño quiere el magnetismo y el abrazo de su padre. Es un anhelo profundo, pero a veces algo triste, un rasgo masculino muy común que es al mismo tiempo vagamente poco viril. Lo que me sorprende es la irritación que a veces se apodera del hombre cuando está dominado por lo que es, en el fondo, una pasión no correspondida.1
¡Nuestros hijos varones nos anhelan por naturaleza! Quizás usted haya experimentado algo como esto: Acaba de dar una carrera y está sentado en el portal de su casa sudando copiosamente y oliendo muy mal. Entonces su hijo, o quizás un muchachito vecino, se sienta a su lado, se recuesta a usted y le dice: “Hueles bien.”
Ese es el anhelo primitivo por nuestro padre.Y también el corazón de nuestros hijos se inclina por naturaleza a nuestro corazón con anhelos semejantes.
Lo terrible es que podemos, o bendecir a nuestros hijos, o maldecirlos con heridas no correspondidas que nunca parecen sanar. Nuestra sociedad está llena de millones de hijas que buscan conmovedoramente el afecto que su padre jamás les dio, y algunas de esas hijas se encuentran ya en el ocaso de la vida. En el otro extremo están los innumerables hijos varones que no tuvieron una relación saludable de identificación sexual con su padre y ahora están utilizando lo que les queda de vida en la búsqueda de su identidad sexual mediante perversiones e inmoralidad sexual. 2
¡Como padre usted tiene ese poder tan grande!Y tendrá ese poder imponente hasta el día de su muerte, quiéralo o no, en su actitud hacia la autoridad, en su actitud hacia las mujeres y en cuanto a Dios y a la iglesia. ¡Qué responsabilidad tan imponente! Se trata, en realidad, de un poder de vida y muerte.
Por esas razones vivimos en un tiempo de gran crisis social. Segmentos enteros de nuestra sociedad están huérfanos de liderazgo masculino. En el otro extremo de la balanza están los hombres fuertes que dan lo mejor de su liderazgo a su actividad profesional, pero que han fracasado en el liderazgo del hogar. ¡Nosotros somos los hombres llamados a ser diferentes! Y si el propósito de Dios no se cumple en los hijos del Señor, jamás se cumplirá.
Hay pocos lugares donde el esfuerzo santificado pueda dar tan buenos dividendos como en la paternidad. Si usted está dispuesto a esforzarse santamente, podrá ser buen padre. Si está dispuesto a esforzarse, verá abundantes bendiciones.
Afortunadamente, la Palabra de Dios nos proporciona un plan para el entrenamiento paternal, en una punzante oración: “Y vosotros, padres,no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Este plan se puede recordar más fácilmente si se pone en forma negativa y en forma afirmativa. La forma negativa es: “Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos”. La positiva es: “Sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.”
LOS “NO” DE LA PATERNIDAD
El “no” está perfectamente claro, porque literalmente quiere decir “no provoquéis a ira a vuestros hijos para que éstos no hiervan de ira y resentimiento”. La Biblia Latinoamericana capta muy bien la idea al decir: “Y ustedes, padres, no hagan de sus hijos unos rebeldes.” La franqueza y sencillez de este “no” nos invita a pensar con sinceridad en las formas como llevamos a nuestros hijos a la exasperación.
Las críticas
En primer lugar están las críticas. Cada año, cuando en nuestra familia decoramos el árbol de navidad y coloco sobre el árbol una diminuta guirnalda roja y verde, adornada de cristal, pienso en el niñito que me la obsequió cuando yo era entrenador de fútbol. Su padre, que era un hombre sarcástico y burlón, solía ir de un lado a otro del terreno rebajando la actuación de su hijo con palabras tales como “cobarde” y “mujercita”. Este hombre fue el único padre a quien en toda mi vida tuve que pedirle que se callara o que se marchara del campo. A veces pienso qué habrá sido de la vida de ese niño, ahora convertido en un hombre.
Winston Churchill tuvo a un padre semejante en Lord Randolph Churchill. A éste no le gustaba el aspecto de Winston, ni su voz, ni tampoco soportaba tenerlo cerca. Jamás lo felicitó, sólo lo criticaba. Los biógrafos de Churchill han sacado extractos de sus cartas donde éste ruega a ambos padres atención por parte de su padre: “Mejor habría sido que me hubieran colocado como aprendiz de albañilería .. .habría sido natural .. .y habría podido conocer a mi padre . . .” 3
Los padres que están siempre criticando a sus hijos los desmoralizan. La versión paralela de este “no” que aparece en Colosenses 3:21 indica que los hijos amargados por las quejas continuas y las burlas4 “se desalientan”, son como un caballo falto de ánimo. Uno puede verlo en la forma que camina el caballo, y también en la mirada y postura de un niño desanimado.
Las críticas se expresan de muchas maneras, no necesariamente verbales. Algunos padres por principio jamás alaban a sus hijos: “Cuando felicito a alguien lo hago con sinceridad”; pero sucede que jamás lo hacen. Hay quienes se limitan a una felicitación vaga y vacilante, como la que recibe el muchacho que ha hecho un gol en un juego de fútbol: “Eso estuvo muy bien, hijo, pero la próxima vez trata de hacerlo mejor.”
A menudo no son las palabras, sino el tono de la voz o la falta de atención lo que lo dice todo. ¿Por qué algunos padres son tan criticones? Quizás se deba a la forma como ellos mismos fueron tratados por sus padres. O quizás sean criticones que lo disimulan muy bien en público, pero que no pueden controlar sus críticas en medio de la presión de las relaciones familiares. Para estos padres, la Palabra de Dios es como una flecha que va directo al corazón: “No exasperen a sus hijos con sus críticas.”
La severidad excesiva
Algunos padres exasperan a sus hijos siendo demasiado severos y dominantes. Pero éstos necesitan recordar que criar hijos es como tener en la mano una pastilla de jabón húmeda: si se la agarra con mucha firmeza saldrá disparada de la mano, y si no se la agarra bien se deslizará y caerá. Por tanto, agarrar con suavidad, pero con firmeza, es lo que le permitirá a uno mantener el control.
Resulta imposible calcular los estragos causados durante tantos años por la severidad excesiva dentro de la comunidad cristiana evangélica. Como pastor he tenido que enterrar a personas que vivieron prácticamente todos los setenta años de su vida despotricando contra el severo legalismo con que fueron criadas, pastillas de jabón escapadas de la mano que nadie supo cómo recoger. Otros casos no fueron tan trágicos. Lo que hicieron fue renunciar al legalismo bíblico y teológico, pero aún siguieron luchando emocionalmente con el problema por el resto de su vida.
¿Por qué algunos padres son tan estrictos? Algunos lo son porque tratan de proteger a sus hijos de una cultura cada vez más ordinaria, y las medidas represivas parecen ser la mejor forma de lograrlo. Otros son sencillamente personas dominantes que utilizan normas, dinero, amigos o su influencia para controlar la vida de sus hijos. Para estos padres, la Biblia leída de modo legalista y fuera de contexto se convierte en una autorización para adueñarse y dominar a sus hijos. Y hay otros que interpretan mal su fe en términos de la ley antes que de la gracia. Algunos padres son excesivamente estrictos porque les preocupa la opinión de los demás: “¿Qué pensarán los demás si mi hijo va a ese lugar ...o usa esa ropa ...o es visto escuchando esa música?” No son pocos los hijos de pastores que se volvieron rebeldes porque sus padres los reprimieron para conformarlos a las expectativas de los creyentes. ¡Qué pecado tan grande contra nuestros hijos!
Entonces, lo que tenemos que hacer es más bien desempeñar nuestra función de padres sosteniendo firmemente a esas diminutas y desvalidas pastillas de jabón que son nuestros hijos, y a medida que crecen ir aflojando la mano inteligentemente. Como padres cuidadosos tenemos que decir “no” a muchas cosas. Por eso debemos tratar de decir “sí” lo más posible, y reservar los “no” para las situaciones verdaderamente importantes.
Debemos ser bíblicos en cuanto a nuestros “no”, y a medida que nuestros hijos crezcan debemos estar preparados para analizar las normas según las perspectivas bíblicas. Debemos aprender a confiar en que Dios nos dirigirá en la crianza de nuestros hijos, reconociendo que ellos tendrán finalmente que aprender a tomar sus propias decisiones.
Padres, no exasperen a sus hijos siendo demasiado estrictos. Aprendan a agarrar la vida de sus hijos con la tierna presión de la mano de Dios y a moldearlos con su amor.
La irritabilidad
Lo hemos visto ¡y hasta quizás hecho! El padre llega a casa después de un día de presiones, preocupado, con el semblante arrugado. Su pequeño hijo de tres años llega corriendo hasta él, pero el papá está ocupado desahogándose con su esposa y le dice: “Un momento, Jaimito.”
El niño tira de los pantalones del padre, pero no obtiene ninguna atención. Entonces el padre explota, lo levanta y le pega duro por “mal educado”. Sólo el Señor sabe cuántos niños se desaniman por los “días difíciles” de sus padres.
La vida es a veces como la tira cómica en la que el jefe está de mal humor con su empleado. Éste, a su vez, llega a casa y está irritable con sus hijos; entonces, uno de éstos patea al perro; el perro sale corriendo a la calle y muerde a la primera persona que ve, ¡al jefe de su amo!
Nosotros, los padres, nunca debemos permitir que las presiones nos lleven a este triste ciclo ¡pues el costo es demasiado alto!
Hay quienes dicen que a todos tratas bien, pero que cuando estás en casa eres peor que la hiel.
¡Sus hijos lo saben!
Las inconsecuencias
Pocas cosas exasperan tanto a un niño como las inconsecuencias de sus padres. Pobre del caballo montado por alguien que le da órdenes confusas, hundiéndole las espuelas a los lados y reteniéndolo con las riendas al mismo tiempo. Pero más pena da del niño al que un padre caprichoso le cambia las normas todo el tiempo y que está siempre irritado por los mensajes contradictorios que recibe.
Usted puede perdonarse a sí mismo diciendo: “¡Estoy demasiado ocupado... No soy una persona organizada ... Es que reacciono sin pensar!” Pero sus hijos no se lo perdonarán.
Sea consecuente: ¡Jamás haga a sus hijos promesas que no piensa cumplir! ¿Recuerda algo que nunca cumplió? ¿Aquel paseo a caballo? ¿Ir a la heladería o al estadio de béisbol? Usted puede haberlo olvidado, pero tiene a un niñito que lo seguirá recordando aun después de transcurridos ochenta años.
El favoritismo
Uno de los pecados más irritantes y condenables que puede cometer un padre contra sus hijos es el favoritismo.Y digo esto a pesar de ser el último en recomendar un trato indiscriminado para todos los hijos. Hay hijos que necesitan más disciplina, y otros que necesitan más independencia. Algunos necesitan más que otros que se les diga lo que tienen que hacer. Algunos necesitan de más demostraciones de afecto que otros. Pero ningún hijo debe ser tratado mejor que otro.
El favoritismo fue el odioso pecado de Isaac, quien prefirió a Esaú por sobre Jacob. Irónicamente, el favoritismo fue también el abominable pecado de Jacob, quien prefirió a José por sobre sus demás hijos. ¡De tales padres que muestran favoritismo, tales hijos despreciados! ¡Qué humillante para un hijo saberse menos preferido, menos amado!
El gran “no” de la paternidad es: “No provoquen a ira a sus hijos.” La vida nos enseña que los “no” que se derivan de eso son los siguientes:
• No sean criticones.
• No sean demasiado estrictos.
• No sean irritables.
• No sean inconsecuentes.
• No muestren favoritismo.
LOS “SÍ” DE LA PATERNIDAD
Al “no” de la paternidad le sigue un “sí”: “...sino criadlos en la disciplina y amonestación del Señor”; el cual, bien entendido, exige tres “sí”: ternura, disciplina y enseñanza.
La ternura
Las palabra “criadlos” significa “nutrir o alimentar”, como en Efesios 5:29, que contiene las mismas palabras griegas de cómo sustenta y cuida el hombre su propio cuerpo. Calvino traduce “criadlos” como “amadlos generosamente” y recalca que la idea de conjunto es que hablemos a nuestros hijos con amabilidad y simpatía. 5
Cuando era un adolescente, el padre de mi mejor amigo era todo un hombre. Había servido durante treinta y dos años en la Guardia Costera como suboficial ayudante de contramaestre. Era un hombretón, y en su juventud se había enfrentado en boxeo a Joe Luis. Los oficiales se adelantaban a saludarlo cuando lo veían en la calle. Podía a veces ser rudo y revoltoso, ¿pero saben cómo llamaba a su hijo, que pesaba ciento veinte kilos? “David querido.”Yo era para él “Kent querido”, y que me llamara así no me preocupaba en absoluto. En realidad, me hacía sentir muy bien. Él no era de los que creía que “los hombres machos no muestran afecto”. En realidad, todavía besa a su hijo adulto, que también es todo un hombre.
Los padres debemos ser tiernos. Los hombres nunca son tan varoniles como cuando son tiernos con sus hijos, ya sea sosteniendo a un bebé en sus brazos, mostrándole amor a su muchacho aún en edad escolar, o abrazando a sus hijos adolescentes o adultos.
He aquí una afirmación del filósofo cristiano Elton Trueblood, que amplifica el principio:
Todo niño necesita saber que su padre y su madre se aman, independientemente de su relación con él. Es responsabilidad del padre hacer que su hijo sepa que él está profundamente enamorado de la madre del niño. No hay ninguna razón valedera para que las demostraciones de afecto se oculten o se hagan en secreto. ¡El niño que crece sabiendo que sus padres se aman tendrá una magnífica base para su propia estabilidad!6
La ternura - tanto verbal como física - resulta natural para todo padre que somete a la Palabra de Dios. ¿Estamos dando la talla en esto?
La disciplina
Luego está la “disciplina”. Esta es una palabra fuerte que significa “disciplina, aun mediante el castigo”. Pilato utilizó la misma palabra cuando refiriéndose a Jesús dijo: “Le soltaré, pues, después de castigarle” (Lucas 23:16). La disciplina incluye, por supuesto, el castigo físico, de ser necesario. Significa que abarca todo lo necesario para ayudar a “instruir al niño en su camino” (Proverbios 22:6).
La tragedia es que son tantos los hombres que han dejado esta responsabilidad a la madre de sus hijos, y esto no sólo es una injusticia para con la madre, sino que además priva al niño de la seguridad y de la dignidad que surge de haber sido disciplinado por el padre.7 ¿Deja usted la disciplina de sus hijos a su esposa? Si es así, eso constituye una lamentable violación de su responsabilidad familiar. ¡Usted no está obedeciendo la Palabra de Dios!
La enseñanza
Por último está la enseñanza o “amonestación”. Esto significa enseñanza verbal o exhortación verbal. La palabra “amonestar” significa literalmente “colocar ante la mente”. Esto, por lo general, significa confrontar y tiene que ver, por tanto, con el punto anterior de la disciplina. Esta es precisamente la razón por la cual el sacerdote Elí fracasó tan aparatosamente como padre en la educación de sus hijos. 1 Samuel 3:11-13 nos dice:
Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere le retiñirán ambos oídos. Y aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.
La palabra griega “estorbar”, de la Septuaginta (versión griega del Antiguo Testamento), tiene la misma raíz de la palabra “amonestación” de Efesios 6:4. Elí no se enfrentó a sus hijos, ni los amonestó por su pecado, y por eso fueron destruidos.
La amonestación clara y directa es necesaria para una buena educación. Si hemos de confesar de plano nuestra responsabilidad como padres, debemos:
• Participar verbalmente en la enseñanza de nuestros hijos.
• Hacer que participen regularmente en el culto familiar y que oren.
• Estar pendientes y responsabilizarnos junto con nuestra esposa en cuanto a todo lo que entre en su mente impresionable.
• Responsabilizarnos de ayudar a que su participación en la iglesia sea una experiencia significativa.
• Sobre todo, asegurarnos de que el libro abierto de nuestra vida - nuestro testimonio - muestre la realidad de nuestra enseñanza, pues lo que vean en nosotros será su mejor enseñanza.
En las postrimerías de su vida, a los ochenta y un años de edad, a Evangeline Booth, que todavía se desempeñaba como general del Ejército de Salvación, le preguntaron cuándo quiso por primera vez ser parte del Ejército de Salvación:
—Desde muy joven —respondió—-. Veía todo el tiempo a mis padres (fundadores del Ejército de Salvación) trabajando para la gente y llevando sus cargas, día y noche. Ellos no tuvieron que decirme ni una palabra en qué consistía el cristianismo.’
Los “sí” de la paternidad -ternura, disciplina y enseñanza - exigen algo muy grande, como cierto médico muy ocupado comprobó. Este hombre se sentaba a la mesa con su familia, se encargaba de todos los gastos de la casa y decía lo que se debía hacer, pero sin realmente prestar atención a los problemas de la familia. Una tarde, mientras preparaba un artículo para una prestigiosa revista de medicina, su pequeño hijo entró silenciosamente al santuario prohibido que era la habitación de estudio de su padre.
— Papi — dijo el niño.
Sin decir una sola palabra, el médico abrió una gaveta del escritorio y le dio un caramelo.
Un poco después el niño volvió a decir:
— Papi.
Su padre, distraído, le alargó entonces un lápiz.
— Papi — insistió el niño.
El médico respondió a esto con un gruñido, dando a entender que sabía que el niño estaba allí, pero que no quería ser molestado.
— Papi — dijo una vez más el niño.
Enojado, el atareado médico dio media vuelta a su silla y dijo:
—¿Qué cosa es tan importante que insistes en interrumpirme? ¿No ves que estoy ocupado? Ya te ha dado un caramelo y un lápiz. Ahora, ¿qué más quieres?
—¡Papi, quiero estar contigo!
Los “sí” de la paternidad no se pueden ejercer por medio de los demás. Usted tiene que participar acostando usted mismo a sus hijos y orando por ellos y con ellos. Usted tiene que participar en sus juegos, en sus conferencias, en sus presentaciones teatrales y musicales, y en sus competencias deportivas.Tiene que sacar tiempo para estar a solas con cada uno de sus hijos. Tiene que responsabilizarse de planificar fabulosas vacaciones familiares y de promover y fortalecer la solidaridad familiar.
Ahora que me encuentro en la mitad de la vida, a veces pienso con melancolía a dónde se escapó el tiempo entre los dos recuerdos imborrables que fueron el nacimiento de mi hija y el nacimiento de su hijo. Para ser sincero, algunos de estos años fueron lentos y difíciles, y en numerosas ocasiones pensé que jamás podría hacer frente a tantos problemas. Pero cuando esos grandes acontecimientos se recuerdan con el significado que tuvieron, no parece haber transcurrido nada de tiempo entre ellos. Por eso, cada vez que tengo la oportunidad de tener a un bebé en mis brazos, animo a sus padres a saborear cada momento y a no ejecutar de prisa la experiencia, pues en un abrir y cerrar de ojos el niño ya habrá crecido. El saber que disponemos de apenas un breve tiempo para criar a nuestros hijos, debe ser motivación más que suficiente para hacerlo de la mejor manera posible y para que la enseñanza de la Palabra de Dios en cuanto a la responsabilidad paternal vibre de importancia para nosotros.
El tiempo es la crisálida de la eternidad, pues no hay más tiempo que el presente. Estoy consciente de que todos atravesamos períodos de nuestra vida en los que disponemos de poco tiempo para dedicarnos a nuestra familias, es parte del ritmo natural de la vida. Pero el excesivo “atareo” no debe ser a propósito ¡como resulta tan a menudo! Debemos tener cuidado de no llenar nuestra agenda diciendo “sí” a cosas que significan “no” a nuestras familia. Precisamente ahora es el momento de sacar tiempo para ella. ¡No hay otro! ¿Lo hará? ¿Lo haré yo?
Debemos juzgar nuestro desempeño como padre. ¿Qué le dice su corazón al leer las preguntas que siguen a continuación? ¿Es usted un buen padre o un mal padre?
• ¿Está usted siempre criticando a sus hijos, o los estimula?
• ¿Es excesivamente estricto o razonablemente estricto? Es decir, ¿les permite gradualmente a sus hijos mayor libertad?
• ¿Es impaciente o irritable, o paciente y mesurado en su trato con sus hijos?
• ¿Es consecuente en cuanto a lo que espera de ellos?
• ¿Ha cumplido con lo que les ha prometido?
• ¿Muestra favoritismos?
• ¿Es tierno tanto con sus hijos como con sus hijas?
• ¿Participa en su disciplina?
• ¿Pasa tiempo con sus hijos, tanto en familia como individualmente?
¡Qué poder tan imponente el de nosotros los padres! Nuestros hijos desean el “magnetismo y el afecto” de sus padres. ¡El corazón de nuestros hijos está volcado hacia nosotros! Y nuestro Señor quiere que el nuestro esté volcado hacia el de ellos. Escuchamos esa verdad gloriosamente proclamada por el ángel Gabriel al anunciar que parte de la misión de Juan el Bautista de preparar al pueblo para el encuentro con el Señor había sido “hacer volver los corazones de los padres a los hijos” (Lucas 1:17). Ahora que Cristo ha venido, este es el resultado permanente de su obra salvadora. Cuando un hombre se entrega verdaderamente a Cristo, su corazón se vuelve hacia sus hijos.
Sométase a Cristo. Permita que Él vuelva el corazón de usted hacia sus hijos. Y pídale al Espíritu Santo el poder para poner en práctica la disciplina paternal. Esfuércese por el alma de sus hijos.
Alimento para pensar
¿Qué esperaba o quería de su padre? ¿Ha sucedido esto? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Qué esperan o quieren sus hijos de usted? ¿Sucede esto? ¿Por qué sí o por qué no?
¿Está viviendo el “no” y el “sino” de Efesios 6:4?
Como padre, ¿es demasiado estricto o demasiado clemente? ¿Qué puede hacer, en la práctica, para llegar a ser más equilibrado en esta área?
¿Comete siempre el mismo error que Jacobo y José (favoritismo)? ¿Cómo puede dejar de hacer esto? ¿Qué debe tomar su lugar?
¿Qué enseña Proverbios 22:6 acerca de criar hijos? ¿Servirá todavía este principio de la Escritura en el mundo actual?
¿Qué error cometió el sacerdote Elí con relación a sus hijos? ¿Cómo le va en esta área? ¿Cómo puede mejorar?
La aplicación/Respuesta
¿De qué habló le Dios más específicamente, más poderosamente en este capítulo? ¡Háblale a Él acerca de eso en este momento!
¡Piensa en esto!
Has una lista de algunos de los atributos de su Padre Celestial, como están descritos en la Biblia. ¿Cuál de éstos debe ser imitado por usted como padre terrenal? Enumera las maneras específicas en que cada uno de éstos deba practicarse en su vida con sus niños. Después, comparte tus hallazgos con sus hijos e hijas.
1 Telémaco, mitológico hijo de Ulises y Penélope, cuando su padre no regresaba de la Guerra de Troya, fue a buscarlo. Al no encontrarlo, volvió a Itaca, una isla, donde vivían, y se enteró de que su padre había llegado el mismo día, pero a otro sitio de la isla.
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