Kitabı oku: «Estrategias de coaching ejecutivo»
Sobre este libro
Marcela Fernández y Laura Bicondoa nos llevan de la mano. Nos invitan a mirar la técnica en profundidad, las características de un coaching ejecutivo, los indi-cadores para reconocer qué camino es el correcto, el balance entre la empresa contratante y la persona ejecutiva, la relación con otros, y en detalle un proce-so completo que incluye cómo darse cuenta cuando se está en presencia de alguien que precisa algún tipo de tratamiento. Lo hacen desde una experiencia profesional de muchísimas horas de trabajo y muchas empresas de renombre internacional que lo valoran, y que ellas entregan con total transparencia y gene-rosidad en este libro. El coaching es un viaje de creación y prueba. Este libro es un viaje que, igual que el coaching, no tiene retorno. Leerlo, estudiarlo, lleva a caminos y conductas insospechadas a medida que las sesiones ocurren. El coaching tiene que ver con la generosidad: con la capacidad de “generar”, y así ellas son el ejemplo de generación y entrega a manos llenas, de casos, ejem-plos y de lo que saben.
ELENA ESPINAL
Índice
Sobre este libro
Estrategias de coaching ejecutivo
Prólogo de Elena Espinal
Introducción
Parte 1
El coach ejecutivo y la organización
1. Qué es y qué no es el coaching ejecutivo
Especialidades y categorías de coaching
Diferencias entre el coaching y otras disciplinas
Coaching organizacional y coaching ejecutivo
¿Qué es entonces el coaching ejecutivo?
Reglas de la relación en coaching ejecutivo
Relación de coaching ejecutivo
2. ¿Quién necesita un coach?
Algunos beneficios del coaching ejecutivo
Perfiles en la organización
De organizaciones como máquinas a organizaciones como organismos
Puntos de dolor. Aprender a mirar anomalías y vacíos
¿Para qué buscan coaching?
Motivos frecuentes de contratación
3. Documentación
¿Por qué es importante la visibilidad?
Acuerdo de coaching ejecutivo
Políticas de presentismo y cancelación
Modelos de documentación
Modelo de planilla de seguimiento
Modelo de planilla de reporte de fechas de sesiones
Modelo de planilla de logros
Modelo de encuesta de satisfacción
4. Diseño de propuestas. Oferta de valor
Elementos de las propuestas
Parte 2
El flow del proceso de coaching ejecutivo: modelos de intervención y práctica
5. Relación = Resultados
Las bases de la ecuación R=R
Diseño de modelo de vínculo
La fórmula en acción
Medir la R de relación
6. Objetivos de las sesiones y objetivos del proceso
¿Cómo ligar el objetivo de una sesión al objetivo de un proceso?
¿Cuánto dura un proceso de coaching ejecutivo?
Autoevaluación del coach
7. Objetivos
¿Cuál es tu relación con los objetivos?
Objetivos bien formulados
Dieciocho preguntas para un objetivo bien formulado
Objetivos HARD y SMART
Objetivos y resultados clave: OKR
8. Medición de resultados
¿Para qué medir?
Otros indicadores: KPI, PI, KRI y RI
Dos familias de métricas: de desempeño y de resultado
Métricas y temporalidad
¿Cuál es el indicador bueno?
Métricas con sentido
Todo se puede medir
Saber mostrar: la información visual
9. Matriz de significado y desempeño
Los cuatro cuadrantes
¿Cómo utilizar la matriz de significado y desempeño?
10. Fuente de poder y fórmula del éxito
Observador e identidad
Primera aproximación: la queja
Enunciando el cambio
Fuente de poder y fórmula del éxito
Beneficios ocultos
Los grandes supuestos
Último paso: llevarlo a la acción
11. FODA personal
Combinaciones del FODA
12. Jugar con personajes
13. Intuición y audacia
El rol de la intuición
14. Gestión de las emociones. Resiliencia
15. Campos de observación. Anticipación, patrones y ciclos
Pensamientos y patrones recurrentes
Crear un futuro diferente
Uso de metáforas o analogías
16. Diagnósticos organizacionales
Diagnósticos organizacionales, ¿qué son?
Diagnósticos con o sin cargo para el cliente
¿Para qué diagnosticamos?
¿Cómo diagnosticamos?
Vigencia de los diagnósticos organizacionales
Tipos de diagnósticos
17. Abrir nuevos mundos. Coaching para emprendedores
La mirada de Peter Denning
La innovación es la adopción de una nueva práctica en una comunidad
La mirada de Fernando Flores
La analogía del turista
Modelo de innovación: inquietud central. Estilo. Producto o servicio
Características de los emprendedores
18. Feedback y feedforward
Feedback
Feedforward
Parte 3
Cierre del proceso de coaching
19. Cierre del proceso. Celebración. Recontratación
Fases del cierre
Epílogo
Referencias bibliográficas
Acerca de las autoras
| Bicondoa, LauraEstrategias de coaching ejecutivo : de la práctica a la teoría / Laura Bicondoa ; Marcela Fernández. - 1a edición especial - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Granica, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-8358-94-91. Coaching. I. Fernández, Marcela. II. Título.CDD 658.409 |
Fecha de catalogación: Mayo de 2021
© 2021 by Ediciones Granica S.A.
Diseño de tapa: Lucas Frontera Schällibaum
Conversión a eBook: Daniel Maldonado
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ISBN 978-987-8358-94-9
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
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Laura Bicondoa Marcela Fernández
Estrategias de coaching ejecutivo
De la práctica a la teoría

ARGENTINA–ESPAÑA–MÉXICO–CHILE–URUGUAY
Queremos dedicar este libro a nuestros mejores maestros: nuestros clientes, los clientes de nuestros clientes, nuestros alumnos, y a todos los que nos supieron guiar por este maravilloso camino profesional.
Queremos dedicarlo también a nuestros maestros en esta profesión (y en la vida): Elena Espinal, Jim Selman y Fernando Flores.
De modo personal, lo dedicamos a quienes nos acompañan incondicionalmente en esta pasión, testigos silenciosos que comparten su tiempo para dejarnos volar y seguir creciendo: nuestras familias y amigos más queridos.
Agradecemos especialmente a Lisa Davelosa por la dedicación, compromiso e impecabilidad con que realizó el trabajo de edición de este libro.
Prólogo de Elena Espinal
¿Cómo el coaching ejecutivo encaja en un movimiento de incremento de conciencia mundial? ¿Cómo no perder de vista que el coaching ejecutivo no se dedica a resolver problemas, sino a lograr ejecutivos poderosos, inspiradores, que, trascendiendo el pasado, se lleven y lleven a sus equipos a la esencia de su potencial creativo y de coordinación de acciones?
Si podemos lograr esto, estamos en presencia de una técnica magníficamente realizada y de un arte, que lo es, porque es espejo del alma. El coaching es un portal de acceso al reino de las más puras potencialidades y cualidades humanas, manifestadas en la acción. Significa inspirarse para conocer y comprender profundamente cómo observamos el mundo y elegir una manera de hacerlo que nos acerque más a nuestros sueños. Es darnos cuenta de nuestra capacidad de hacer milagros, si comprendemos por milagro la aparición de algo que no podía esperarse de manera natural y espontánea.
El coaching también incluye en su existencia un cambio sutil: rescata lo femenino, no de la mujer como sexo, sino de la energía femenina que representa la fuerza creativa, la fuente de amor y el anhelo que han vivido en la apariencia de estar separados de lo que era ser humano. Esto significa añorar la integridad, y atreverse a sentir la pasión y el deseo. Estos aspectos no desaparecen jamás, simplemente quedan reprimidos y lo han estado durante mucho tiempo, ocultos frente a una cultura que ha representado al ejecutivo como un gran controlador, dominador y alejado de ciertos rasgos humanos como el miedo, la vulnerabilidad y otras emociones. Una nunca negada, y hasta aceptada, ha sido el enojo.
Cuando se pierde de vista la pasión y es reemplazada por el enojo, en general oculta la depresión, el resentimiento, la ira, el cinismo y el orgullo. Cuando en espacios de intimidad podemos trascender nuestras creencias, heridas del pasado, y nuestros miedos, abrimos la puerta al desafío y a la posibilidad de ir juntos, de la mano, a crear nuevos mundos.
Somos artistas de nuestro destino, y el liderazgo de los ejecutivos puede comenzar a considerarse desde esta mirada.
¿Cómo lograr esta maestría?
Marcela Fernández y Laura Bicondoa nos llevan de la mano. Nos invitan a mirar la técnica en profundidad, las características de un coaching ejecutivo, los indicadores para reconocer qué camino es el correcto, el balance entre la empresa contratante y la persona ejecutiva, la relación con otros, y en detalle un proceso completo que incluye cómo darse cuenta cuando se está en presencia de alguien que precisa algún tipo de tratamiento.
Lo hacen desde una experiencia profesional de muchísimas horas de trabajo y muchas empresas de renombre internacional que lo valoran, y que ellas entregan con total transparencia y generosidad en este libro.
La maestría aparece cuando se puede dejar de lado la técnica, porque esta ya es parte de nuestro ser-hacer en el mundo. Esa transformación se logra con horas de trabajo dedicado, presente y de mirada compasiva para ensayar y volver a hacerlo hasta que salga. Ellas son maestras en eso. Lo lograron y el mundo lo reconoce. Son mujeres, con esa dosis de energía femenina abarcadora de lo creativo y lo sutil. Aportan resultados incluyendo, invitando a usar el poder personal y a la transformación.
El coaching es un viaje de creación y prueba. Este libro es un viaje que, igual que el coaching, no tiene retorno: leerlo, estudiarlo lleva a caminos y conductas insospechadas a medida que las sesiones ocurren. El coaching tiene que ver con la generosidad: con la capacidad de “generar”, y así ellas son el ejemplo de generación y entrega a manos llenas de casos, ejemplos y de lo que saben.
Me es difícil terminar este texto sin declarar una verdad conocida, pero no especificada hasta aquí. Conozco a Marcela desde que inició su carrera de coaching en el ICP, en 1999. Siempre fue madura, centrada, capaz, abocada a su visión y buscadora de posibilidades.
Conozco a Laura desde que asomó su carita a este mundo y por primera vez la vi, entre lágrimas de madre primeriza, como años después miraría a sus dos hijos, que hoy son mi nueva razón de vivir. Todo lo que pude haber soñado de una hija se cumplió: sus valores, su dedicación y capacidad de estudio, su manera de enfrentar la vida, su resiliencia, pero también su profesionalismo, su entrega y pasión por el trabajo, su liderazgo en el mundo del coaching que, junto a Marcela Fernández, ha dejado huella en el mundo organizacional.
Es un honor que agradezco con el alma el haber sido elegida para hablar de este libro y de sus autoras, antes de ser leído. Eso es un Prólogo. (Un Prólogo como si hubiera podido hablar de mi hija antes de que otros la conocieran.)
Es un honor en la vida caminar las tres juntas un camino profesional y admirarlas, y aprender de ellas, sorprendiéndome a cada rato. Este libro es una sorpresa más, por su sencillez y su profundidad. Por su amor y su entrega. Por su dedicación minuciosa y abarcativa. Por la esperanza que alberga de colaborar en la formación de coaches de altísimo nivel que dignifiquen la profesión. Por el futuro que quieren contagiar a los ambiciosos de vida y pasión en un viaje a lo desconocido con otros, para la construcción de los espacios que todos vamos a vivir.
Introducción
El CE (coaching ejecutivo) es una práctica cuya expansión e impacto van en aumento. Elegir esta especialidad conlleva un compromiso y una responsabilidad como profesionales, no solo hacia el cliente sino también hacia la organización a la que este pertenece, e implica ampliar nuestra visión y comprender el alcance de nuestras intervenciones, que van más allá de la organización, en beneficio de los clientes, los colaboradores, los accionistas, los proveedores, las comunidades y trabajar en la construcción de una identidad que respalde las ofertas y promesas que haremos, apropiarnos de una historia y una tradición que nos antecede y que merece un estudio sistemático, así como la permanente actualización y conocimiento de tendencias y mercados, para poder conjugar lo que existe y lo que podemos crear en este dominio.
El desarrollo como coaches ejecutivos nos invita a descubrir un mundo que se despliega ante nosotros con una complejidad que no podemos ignorar. Es un camino de aprendizaje, lleno de desafíos emocionantes, reflexiones y prácticas que a medida que se repiten se van incorporando de manera tal que, cuando llega el momento de estar con el cliente, podemos elegir las estrategias más oportunas para acompañarlo en el recorrido hacia sus objetivos.
Nuestra experiencia en el ámbito, durante estos veinte años, se fue enriqueciendo de una gran cantidad de pruebas y errores, creatividad, estudio, formación, búsquedas y encuentros.
Cada uno de estos eventos nos fue forjando, y nos impulsaron hacia el desarrollo de un modelo flexible basado en tres pilares fundamentales que llamamos “El triángulo del éxito”:
1. Objetivos y propósito
2. Visibilidad
3. Fórmula Relación = Resultados
Los objetivos y el propósito son el motivo por el cual nuestros clientes nos llaman y determinan el norte de todas nuestras intervenciones. Sin ellos, no hay motivos para el coaching, porque el primer paso para este es querer lograr algo, y tanto los objetivos como el propósito enmarcan el “para qué” de nuestro trabajo. En ocasiones, nuestros clientes tienen objetivos pero pierden de vista que detrás hay un propósito, y nosotras los conectamos para que tengan una causa significativa.
Además, los objetivos deben volverse visibles, trasladarse a un marco que el cliente, su entorno y el coach puedan reconocer, de forma tal que esa declaración se convierta en evidencia concreta de logro. Reconocer que hemos logrado algo nos invita a detectar la presencia o la ausencia del indicador o, mucho más interesante aún, el rastro de progreso que va dejando. Visibilizar es iluminar el camino, identificando pistas que confirmen que vamos por donde elegimos ir.
En este camino, es necesario evaluar si la calidad de las relaciones con las que contamos es suficiente para alcanzar los resultados esperados. En todos estos años de experiencia detectamos que cuando un resultado no se logra hay un trasfondo relacional que requiere de atención y cuidado; por lo tanto, nunca diseñamos una intervención sin trazar objetivos visibles y un propósito significativo para las dos partes de esta ecuación R=R. Para nosotras es fundamental tener claros esos objetivos y acordarlos con el cliente, porque de esa manera equilibramos el sistema y le damos movimiento: lo que ocurre en una “erre” tiene correlación directa con la otra.
Así es como trabajamos nosotras, y queremos compartirlo con todos ustedes, en detalle, a lo largo de este libro. La idea es ofrecerles recursos que puedan utilizar en sesiones de ce, que prueben y lleven a la acción, experimenten y busquen cuál es la mejor combinación para cada uno de acuerdo a su estilo profesional.
Les proponemos explorar una multiplicidad de perspectivas que les permitan ser más flexibles y que los habilite a generar cambios tanto en su capacidad de acción como en su capacidad de producir resultados. Descubrirán los poderes potenciales que hay en cada uno y que harán de su oferta de trabajo algo original y diferente.
Construidos sobre la base de las prácticas que realizamos con nuestros clientes (que funcionan una y otra vez), estos textos recuperan lo aprehendido en toda nuestra trayectoria como equipo de ce. Si bien los relatos se basan en la experiencia compartida, encontrarán también pasajes escritos en singular que son ejemplos de las prácticas que cada una de nosotras ejerció con distintos clientes.
Nuestro deseo es que tanto los alumnos del curso Estrategias de ce como los lectores de este libro sean capaces de instalar un nuevo entendimiento, en donde el denominador común sea la apertura de posibilidades en diferentes contextos. La propuesta es ambiciosa: queremos formar a los mejores coaches ejecutivos del mundo.
Les damos la bienvenida a una aventura que no solo impactará en su estilo de hacer coaching, sino también en su identidad y en su forma de ver la vida. Esperamos que lo disfruten mucho y que tomen de él lo que más les sirva para seguir haciendo de este mundo un mejor lugar para vivir.
¡Muchas gracias!
Laura Bicondoa y Marcela Fernández
Parte 1
El coach ejecutivo y la organización
1. Qué es y qué no es el coaching ejecutivo
Hagas lo que hagas, hazlo bien. Hazlo tan bien que cuando la gente te vea hacerlo, quiera volver y verte hacerlo de nuevo y querrán traer a otros y mostrarle lo bien que lo haces.
Walt Disney
El coaching es una disciplina que apunta a liberar el potencial de las personas a través del cambio en el observador, lo que genera acciones y resultados concretos relacionados con el objetivo que el cliente quiere lograr. Su origen se da en el ámbito deportivo, en la relación entre el coach y su equipo; el entrenador no necesariamente tiene las habilidades y destrezas de los deportistas, pero sí puede observarlos en acción y mostrar lo que los jugadores no ven por estar en el campo practicando su deporte. En esta situación, se establecen objetivos específicos, medibles, para lograr el mejor desempeño. El entrenador es capaz de mostrar la coherencia entre el juego interno y el juego externo, y trabaja sobre las brechas para coincidir en el logro del resultado.
Un coach funciona como un observador diferente, que ve lo que no ven quienes están involucrados en la acción. Tiene la capacidad, además, de mostrarlo de tantas formas como sea necesario para que el “cliente” (el que es coacheado) pueda reconocer eso que no ve, y pueda “hacer algo” al respecto, cambiar su manera de observar, cambiar su manera de ser, cambiar sus acciones, cambiar su manera de relacionarse con lo que ocurre y, por ende, cambiar sus resultados.
Sin desconocer que existen diferentes definiciones y miradas sobre el coaching, a los fines de este libro desarrollaremos la aproximación que comparte Alain Cardon, porque incluye varios aspectos clave. Para él, el coaching es una profesión que involucra ciertas habilidades por las cuales te pagan para acompañar el diálogo del cliente, enfocado en los logros y metas que él o ellos desean, mientras él explora su mundo, amplía sus posibilidades y expande su universo.
El primer aspecto refiere a que el coaching ya es una industria en crecimiento que genera miles de millones de dólares y con un gran futuro, porque es el modelo de liderazgo que más buscan las organizaciones. En segundo lugar, “el diálogo del cliente” implica nuestro involucramiento con su diálogo, lo acompañamos como socios en las interpretaciones que hace de su mundo, sus relaciones y sus resultados. La realidad humana funciona a través de las interpretaciones que hacemos de lo que ocurre, si no conseguimos los resultados que queremos, tenemos que cambiar o crear nuevas interpretaciones que nos habiliten nuevas acciones y maneras de ser. Al decir “enfocados en logros y metas que ellos desean”, significa que no queremos –ni necesitamos– llevarlos a nuestro mapa, sino más bien conectar con su propósito y su propia agenda. Por último, “mientras explora su mundo, amplía posibilidades y expande su universo” está relacionado con que nuestro objetivo sea conectar a nuestros clientes con sus más altas posibilidades futuras, considerando al sistema entero alrededor de nuestro cliente, buscando aportar valor a todos los actores clave conectados a su labor.
Hay distintas disciplinas y tipos de coaching, y también distintas aplicaciones o “especialidades” que cubren casi todas las necesidades del mercado. Las formas de hacer coaching y el estilo personal de cada coach se debe tener en cuenta a la hora de elegirlo, los coaches pueden tener formaciones distintas: con una fuerte base psicológica, con formación empresarial, o ser directores de empresas que adquieren habilidades para coachear el sector en el que son expertos. Hay también profesionales con formación científica o universitaria que luego de años de práctica deciden dedicarse a la asesoría y encuentran en el coaching la metodología que mejor se adapta a sus expectativas.
Especialidades y categorías de coaching
En principio, podemos dividir esta disciplina en dos grandes categorías: coaching personal o de vida, y coaching en organizaciones. Dentro del coaching personal, los coaches pueden llamarse de distintas maneras que responden a sus habilidades o público objetivo, entre otros:
• Coach personal.
• Coach de carrera.
• Coach profesional.
• Coach de relaciones.
Es muy importante diferenciar el coaching personal del ce. Si están ganando experiencia en el dominio de las organizaciones y provienen del coaching de vida, estén atentos a no “descarrilarse”. En el proceso de aprendizaje de ce, puede suceder que ante una situación incómoda con un cliente, cuando estén hablando de un tema del negocio donde el ejecutivo puede hacer o no una diferencia, si ustedes no están seguros van a recuperar lo que sí saben y derivar la situación al coaching personal: “¿Con tu papá te pasa lo mismo que con tu jefe?”. El desafío de ustedes va a ser no entrar a esa zona de confort, porque el coaching ejecutivo no es coaching personal.
Si bien es posible que para las personas que logran resultados en el negocio, el ce también tenga un impacto en su vida personal –porque trabajamos y observamos patrones de conducta, emocionalidad, estados de ánimo, formas de ser, confianza dentro del contexto organizacional en el que se desenvuelve–, nuestro foco es lo que le pasa en la organización y en su relación con todos los stakeholders o actores clave (personas que se relacionan y son impactadas por las acciones y decisiones de la empresa: colaboradores y su entorno y familia, comunidades, accionistas, inversores, clientes, proveedores). Las organizaciones nos pagan para que lo que trabajemos con esta persona tenga un impacto en la organización, que sea visible para todos los involucrados.
Si un ejecutivo está atravesando una situación particular, no podemos desestimarla y decir “volvamos a tus indicadores porque no vendiste nada”. Pero sí podemos tomar de su situación temas que se parezcan a la situación laboral, o patrones de conducta que tengan un traslado a otros dominios de la vida y usarlos de manera integral. No queremos que la gente deje sus problemas personales afuera de la organización, sino que coacheamos desde una visión de plenitud, donde las personas acuden al lugar de trabajo con todo lo que son y todo lo que les ocurre.
Experiencia
Un director de ventas de una gran empresa de pinturas se estaba divorciando y no tenía “cabeza” para pensar en los negocios.
—No tengo cabeza para trabajar.
—Bueno, muy bien, cuéntame cuáles son los patrones que observas en tu conducta y en tu forma de relacionarte de los que puedes hacerte responsable y que te llevaron a que te divorcies.
—Bueno… No le dedicaba tiempo, llegaba muy tarde a mi casa, no tenía espacio para mi vida personal, no escuché más…
—Yo no voy a hablar del divorcio, pero sí quiero que observemos los modelos de conducta y las formas de relacionarte, que en tu vida personal tuvieron estos resultados, porque también los puedes tener en tu vida organizacional. ¿Cómo se relaciona lo que te pasó con el mundo organizacional? ¿Escuchas a tus reportes? ¿Les dedicas tiempo? ¿Estás dispuesto a cambiar puntos de vista?
El arte está en lo que ustedes traigan y puedan observar de lo personal. Cuando no tenemos experiencia nos enganchamos con las historias, pero se trata de ir más allá para ver cuáles son los núcleos donde se originan los resultados de la vida personal y del trabajo. Si el cliente insiste en traer temas personales, nosotros tenemos que saber marcar cuáles son los límites del ce. No ignoramos su vida personal, pero estamos para trabajar en cómo poder desarrollar habilidades, competencias, sensibilidades que muevan la aguja del mundo organizacional.
Los coaches somos responsables por las promesas que hacemos y por lo que nos van a pagar: volvamos siempre a eso y que el cliente haga el traslado. Si el cliente trae una emocionalidad, esa emocionalidad la llevamos al trabajo.
Experiencia
En una sesión con la directora general de una institución de salud, ella comentó que le dieron un pésimo diagnóstico médico.
—No puedo ni hablar.
—Entiendo el shock en el que estás ahora mismo –mientras se lo digo, le espejeo su corporalidad; se podía percibir en el tono de su voz el nudo en la garganta, la tristeza que le había causado ese tema–. ¿Qué sientes al respecto?
—Me siento enojada y frustrada. Pero a la vez con ganas de ocuparme de salir pronto de esto.
—¿Tienes alguna idea de cómo hacerlo?
—Sí, hasta sé con quién tengo que ir, lo que me preocupa es mi equipo de trabajo y el proyecto.
—Imagínate cómo impactaría esto en tu equipo de trabajo, si con esta emoción y todo, igual demuestras que tu compromiso no se mueve, ¿en quién te convertirías? ¿Qué ejemplo le darías a tu equipo de trabajo? ¿Qué oportunidad es esta situación para ti? No digo que no estés triste y que te pongas un traje de amianto como si no te pasara nada, digo que reconozcas y uses tu emoción, y aun así sigas con tu compromiso, porque en tu vida personal tienes una hija, tienes un marido, tienes tu familia y vas a tener que convivir con ellos también desde esta emoción. ¿Qué opinas al respecto?
En el ce trabajamos en un contexto organizacional para los resultados del negocio y focalizamos en cómo el cliente puede ser un motor para alcanzarlos.
Dentro del coaching en organizaciones podemos encontrar las siguientes categorías o especialidades:
• Coach ejecutivo.
• Coach de negocios.
• Consultor.
• Coach profesional.
• Coach corporativo.
• Coach organizacional.
• Coach de bienestar o felicidad.
• Gerente, director, etc.
• Coach en marketing, ventas, finanzas, etc.
Es importante destacar que a mayor especificidad en el área de experiencia, más fácil es para el cliente comprender y captar en qué se especializa el coach y cómo lo puede acompañar.
Nosotras entendemos que no es necesario que el coach sea experto o tenga conocimiento sobre la actividad que realiza su cliente. Un coach con una excelente habilidad para escuchar puede detectar con facilidad las incoherencias manifestadas por el cliente, entre lo que dice querer obtener y lo que hace o piensa. El “no saber demasiado” le permite al coach hacer preguntas desde la curiosidad, que lo orienten y orienten al cliente hacia los resultados, así como también permiten clarificar los objetivos y las áreas de aprendizaje que explorarán a lo largo del proceso. En la mayoría de los casos no somos expertos en el área de especialidad de nuestro cliente, más bien somos un socio para nuestros clientes en la interpretación del mundo y las formas de expandirlo, y para ello nos apoyamos en el lenguaje entendido como una expresión del ser. El lenguaje oculta e ilumina, y lo utilizamos para hacer una diferencia en el espacio de posibilidades. En ocasiones dominamos la especialidad de nuestro cliente y podemos aportar conocimiento (y serían más bien intervenciones de mentoring o consultoría). Sea cual fuere el background del coach, el propósito del CE es el mismo: asistir al cliente para que logre los resultados que se propone.
Diferencias entre el coaching y otras disciplinas
Diferencias entre coaching y mentoring
Si bien en la Odisea Ulises encomienda la educación de su hijo Telémaco a un sabio personaje llamado Mentor (el hombre de mayor conocimiento y sensibilidad), recién en la década de 1960 se adopta la práctica de mentoring en el ámbito empresarial, promoviendo que los ejecutivos reciban apoyo de alguien que ocupa un cargo más alto, para desarrollar competencias específicas y de liderazgo, relaciones interpersonales y que se beneficien de la red que les habilite el mentor para ascender con mayor facilidad y rapidez.
Gráfico 1

En una relación de mentoring, el mentor tiene más experiencia que el cliente sobre la materia en cuestión, y se espera que lo oriente para lograr un mejor desempeño. El mentee o mentoreado depende del mentor para adquirir conocimientos: el mentor habla, aconseja y el mentee escucha, aplica y hace. La función del mentor es guiar a través de un proceso vertical de aprendizaje y desarrollo en el cual él es experto.
En el caso de coaching, ya vimos que el coach no necesariamente debe saber más que el cliente, pero sí debe tener claro cuál es su objetivo y trabajar con él para que logre lo que se propone a partir de su propia experiencia y aprendizaje. Los resultados se obtienen a través de un cambio de observador, de interpretación de su realidad, y las diferentes acciones que tome el cliente que le permitan lograr lo que se propone (porque pensando de la misma manera, producirá los mismos resultados). El cliente establece una relación de independencia en relación con el coach: él es quien elige y habla, el coach escucha. El coach trae la pregunta y el que responde poderosamente es el cliente. El coach muestra y el cliente elige qué rumbo de acción tomar, qué cambio desea emprender; el coach acompaña el proceso de aprendizaje y de logro, y es una relación horizontal, de socios para el logro de objetivos.
El mentoring tiene que ver con el traslado de la experiencia y la pericia sobre un tema particular. Si es un cuadro de reemplazo, por ejemplo, el mentor prepara a la persona que viene a ocupar su puesto. No es coaching, los coaches no decimos cómo, cuándo o dónde: hacemos preguntas y casi no damos respuestas, porque el diseño de lo que es posible lo hace el cliente.
Existe el mentor coach, alguien que ya sabe coachear en determinado dominio y cuenta su experiencia y corrige, moldea, influye a otros coaches que están aprendiendo, pero no a las organizaciones. Es un coach para coaches.
En este ámbito, hay otra pregunta que es bueno aclarar: ¿mentoría es igual a consultoría? No necesariamente. El mentor transfiere aprendizajes de su carrera y de su rol, dice qué se debe aprender; y el consultor brinda soluciones, muestra el modelo, el diagnóstico, no dice cómo sino que muestra lo que se tendría que hacer de acuerdo al proyecto en que están trabajando.
Diferencias entre coaching y consultoría
La diferencia entre el coaching y la consultoría yace en que el consultor es el proveedor de soluciones, dueño de un modelo de intervención, y encargado algunas veces de la implementación y el seguimiento de este. En otras palabras, el consultor dice qué se debe hacer. En el dominio de la consultoría, la empresa busca a alguien que solucione ciertos problemas o realice determinados cambios dentro de la organización. El consultor realiza un diagnóstico y ofrece la manera de resolver los problemas planteados si la empresa accede y lo contrata. El coach no ofrece soluciones, ni impone modelos para implementar.
Una de las quejas más frecuentes de las empresas hacia la consultoría es que cuando se termina su trabajo no saben cómo implementar la propuesta, se quedan sin guía, o simplemente la propuesta sugerida no se adecua al mundo del cliente. De algún modo se establece una relación de dependencia. Por eso, muchas veces, cuando termina la consultoría, las empresas contratan coaches para que las personas puedan desarrollar las habilidades y competencias para alcanzar lo que el consultor indicó. El coaching no parte de los problemas. Es más, una de las premisas del coaching es que quien lo solicita es alguien en plenitud de recursos que busca ir por más.
Diferencias entre coaching y psicología
Al igual que el coaching, hay muchas definiciones de psicología, por tanto aquí solo contextualizaremos algunas ideas para dar luz en los espacios en que coaching y psicología comparten campos de acción y es necesario reconocer los alcances de cada disciplina.
Dado que, tanto en psicología como en coaching existe una gran diversidad de enfoques y métodos, no hay definiciones exactas de sus alcances pues estos siempre estarán ligados al marco conceptual proveniente de la escuela/orientación/modelo estructural desde donde se aborda la práctica.
Si bien la traducción del término psicología es “ciencia del alma”, en la actualidad se la reconoce como una disciplina científica que aborda la conducta –humana y no humana– en todos sus aspectos. Como tal adhiere al modelo de las ciencias para validar sus postulaciones (investigación, descripción, análisis, formulación de modelos que explican los fenómenos de estudio y de métodos específicos y validados para su abordaje).
Comprende una diversidad de campos de observación y aplicación que dan origen a varias ramas de especialización, a saber: Psicología Clínica, Psicología del Aprendizaje, Psicología Forense, Psicología del Trabajo, Psicología Social, etc. Y abreva de otras ciencias como la Filosofía, ciencias biológicas, sociales y exactas.
Cada una de ellas da lugar a una especialidad, a un modelo conceptual como marco teórico y a métodos de abordaje de los fenómenos de los que se hace cargo. Lo más conocido para nosotros es el universo de la Psicología Clínica que se ocupa de la descripción, diagnóstico y tratamiento de la salud mental. Es en este ámbito en el que se desarrollan diversos métodos terapéuticos para abordar todo tipo de trastornos conductuales, desde aquellos con síntomas leves y pasajeros hasta los que revisten gravedad para la vida del individuo.
Es importante que a la hora de diferenciar la Psicología del Coaching tengamos presente que no es igual hablar de abordaje psicológico que de terapias psicológicas como una primera clarificación de ámbitos de aplicación.
Desde esta perspectiva por eje, el coaching habla de clientes o cliente, el psicólogo como terapeuta habla de pacientes. El psicólogo escucha desde su marco conceptual un malestar que afecta al individuo y trabaja para paliar o erradicar el malestar con método propio.
El coach escucha también desde su marco conceptual, el cual se enfoca en la formulación de preguntas que ponen el énfasis en el aprendizaje y la transformación del individuo para el logro de objetivos.
El psicólogo se enfoca en la dinámica intrapsíquica a niveles profundos de identidad, identifica lo que interfiere o condiciona el comportamiento y ayuda a su resolución.
El coach trabaja con la percepción conciente del individuo acerca de quién es, qué necesita y qué desea lograr y conecta a las personas con posibilidades de acción (desde la reflexión) para lograrlo creativamente.
Una de las primeras preguntas que haremos como coaches es: “¿Qué quieres lograr?”. Pregunta que para nosotros es también un monitor para diferenciar desde el inicio si lo que el cliente trae como situación a trabajar es pasible de ser abordado en un proceso de coaching o requiere de otro tipo de intervención.
Según Whitmore el coaching consiste en liberar el potencial de una persona para incrementar al máximo su desempeño, en ayudarle a aprender en lugar de enseñarle.
En el campo del coaching ejecutivo, el motivo de solicitud de procesos de coaching suelen ser bastante claros y enmarcados: el cliente requiere trabajar sobre aspectos de su desempeño profesional y alcanzar metas de crecimiento y desarrollo en esa área. Sin embargo hemos de estar atentos a cuál es la preocupación y situación que están a la base del pedido de acompañamiento: Por ejemplo, si una persona dice: “Estoy atravesando un mal momento en mi trabajo, me siento bloqueado o frustrado”, un coach puede ser una alternativa. Pero si dice: “Estoy atravesando un mal momento en mi trabajo y volvieron a aparecer trastornos de la ansiedad”, un psicólogo sería el indicado. Cuando la persona se encuentre estable, podría eventualmente derivar en un proceso de coaching.
Un proceso de coaching tiene un tiempo limitado de duración, un encuadre de trabajo y su marco ético.
Para que los campos de intervención de nuestra disciplina queden claros en todo momento, una práctica que aprobamos y recomendamos es hacer un acuerdo de coaching en el que el encuadre del método de trabajo, los roles del coach y del cliente, y lo que se puede esperar del proceso aporte visibilidad a la promesa que encierra un proceso de coaching.
La Federación Internacional de Coaching (icf) define el coaching como una asociación con el cliente en un proceso creativo y estimulante que los inspira a maximizar su potencial personal y profesional, centrándose en la visión, el éxito, el presente y el avance hacia el futuro. La terapia enfatiza la psicopatología, las emociones y el pasado para comprender el presente.
Las federaciones y asociaciones de coaching incluyen dentro de sus códigos de ética, la importancia de reconocer los alcances y límites de nuestra competencia y derivar al cliente a un terapeuta o impulsar a que el cliente busque la ayuda profesional adecuada cuando es necesario.
El coaching toma como punto de partida el presente e impulsa al diseño de un futuro que es el que el cliente quiere. El pasado, desde el punto de vista del coaching ontológico, es una interpretación de su historia que puede servir o no a los fines que se propone. Esta interpretación es realizada por un observador, y existe la posibilidad de cambiar la manera de observar e interpretar, de modo que nos sirva para diseñar el futuro que buscamos, o para soltar el pasado cuando este se convierte en una recurrencia obstaculizante. Dado nuestro marco conceptual, el único momento que tenemos disponible para la acción es el presente y es allí donde el cliente producirá los cambios que lo llevarán al logro de sus expectativas. El coach no busca los “por qué”, pregunta más bien “para qué”. El “para qué”, dispara hacia el futuro y las indagaciones que promovemos son: ¿Cuál es la finalidad de esto? ¿Cuál es el propósito? ¿Te sirve para lo que quieres lograr? El coach impulsa al cliente a crear un paradigma distinto, expandir los marcos de referencia o inventar nuevos, de acuerdo a lo que el cliente quiere obtener.
Experiencia
Una empresa me contrató para un proceso de coaching con el director de manufactura porque tenía varios reportes de violencia verbal con el personal. Las personas renunciaban y la rotación era muy alta. Con esa evidencia sostenían que el hombre era violento para la organización. Durante las sesiones conmigo el cliente era un encanto, un ser maravilloso. En cada sesión, trabajábamos con indicadores como una manera de que el gestiones y se autogestiones en base a observables.
—Si la sesión estuvo tan buena, ¿qué pasa que se te sigue yendo gente? ¿Qué pasa que sigue habiendo denuncias?
Yo tenía las denuncias que le hacían, y me di cuenta que había en él una disociación. Entonces preparé una sesión donde le expuse con hechos lo que veía, algunos signos y comportamientos que observé durante sus interacciones y, luego de explorar el tema juntos, le pregunté cómo se sentiría buscando asistencia psicológica, y conversamos acerca de diferentes líneas terapéuticas. Él no estaba muy de acuerdo, porque según él “no estaba loco”, pero intenté explicarle y normalizar la situación comentando que muchas personas tomaban terapia para mejorar sus comportamientos, e incluso yo misma tuve en diferentes momentos de mi vida un terapeuta. Me dijo que lo consideraría.
Luego de unos días, lo llamé para saber qué decisión había tomado y me comentó que estaba dispuesto a hacerlo. Entonces acordé con él que hablaría con la organización para sugerir otro tipo de profesional y que concluiríamos nuestro acuerdo de coaching.
Insistimos en que es mucho más serio, que un coach se plante y diga “Hasta acá llegué”, a seguir manoteando para ver cómo arreglar una situación que está fuera de nuestro alcance, para cumplir el compromiso que asumimos. La situación puede empeorar cada vez más para la organización, y desde ya para la persona a quien debemos cuidar por encima de todo. Y nosotras estamos comprometidos con eso.
Diferencias entre coaching y capacitación
Capacitar al mismo tiempo que se hace coaching es una tendencia que deriva de las escuelas de formación y del apego al modelo “educativo”. Creemos que es preferible separar estos ámbitos, dejando a la capacitación los conceptos y las herramientas que tienen que ver con el saber hacer, y a lo relacionado con el “ser” incluirlo en el dominio del trabajo del coach.
Entendemos la capacitación como un lugar donde el alumno recibe nociones y temas de teoría o práctica, de alguien que sabe del tema y que, además, incluso en la disposición espacial, está en un lugar diferente de quien “aprende”.
En el coaching, el cliente declara sus espacios de aprendizaje y busca quien lo acompañe mostrándole lo que observa, pero sabiendo que al final la elección y la decisión están siempre de su lado. No hay disparidad de conocimientos ni diferentes alturas en la relación. El coach no opera como experto en el tema que quiere resolver el cliente, sino que es este quien declara sus propias brechas y es protagonista de sus procesos y sus resultados, diseñando su propio plan de ruta y haciendo los cambios que considere necesarios. La autoridad que se pueda conceder al coach es enteramente en la experiencia del cliente y el modelo relacional acordado entre ambos.
Comunicarse con el cliente en el lenguaje que más le sirva a este es una disposición del coach: por ejemplo, la introducción de nuevos términos y distinciones, si es el caso, será de manera ecológica e integrada a su realidad y necesidades. No es necesario “invadir” al cliente con un vocabulario que puede resultar ajeno, y que distraerá del foco y del propósito del programa. La idea no es que “aprenda” coaching, sino que lo “experimente y lo viva”.
Coaching organizacional y coaching ejecutivo
El modelo de coaching se traslada a empresas y organizaciones, de lo que surgen diferentes especialidades tales como el coaching organizacional (CO) o el CE y sus distintas derivaciones.
Las principales diferencias entre CO y CE se detallan en el Cuadro 1.
Cuadro 1. Diferencias entre coaching organizacional y coaching ejecutivo
| Coaching organizacional | Coaching ejecutivo | |
| Enfoque | Proyectos / Planeaciones / Cultura de la organización | Desarrollo del ejecutivo |
| Participantes | Equipos directivos / Áreas | Individuos |
| Metodología | Sesiones grupales | Sesiones individuales |
| Cambio | Cultural | Individual |
| Logros | Generales | Propios del ejecutivo y su gestión |
| Impacto | Organizacional / Cultural/ Entorno | Individual/ Organizacional/ Entorno |
En ambos casos, cuando nosotras hacemos co o ce lo que buscamos es traer la voz del futuro que está emergiendo, y la de todos los implicados (stakeholders) a los que la persona o el equipo agrega valor. No vamos solo por un puñado de objetivos desconectados del sistema mayor.
El CE se enfoca en el desarrollo del ejecutivo individualmente, trabajando en sesiones uno a uno, y creando una relación personalizada basada en las necesidades del cliente. Por lo general, los temas y necesidades más comunes en este tipo de coaching tienen que ver con:
• Liderazgo.
• Relación con pares, colaboradores y jefes.
• Desarrollo de habilidades de gestión, comunicación y coordinación de acciones.
• Planes o proyectos específicos de los que el ejecutivo es parte.
• Plan de carrera.
• Diseño de futuro personal.
• Destrabar barreras personales.
• Confianza y control.
• Cambios a nivel profesional y personal.
El CO abre el compás de intervención y trabaja enfocándose en:
• Proyectos.
• Reconfiguración organizacional.
• Planificación estratégica.
• Cultura de la organización a nivel de equipos, comités ejecutivos, áreas, cortes verticales o transversales para permear planes.
• Cambios a nivel organizacional o de comunidades o equipos.
• Alineación de estrategias.
• Modelos de gestión.
• Visiones compartidas.
• Programas específicos.
• Implementaciones.
• Diseño y estructuras de cadenas de valor.
• Integración entre áreas, etc.
En el ce los participantes son individuos que trabajan en organizaciones y ocupan distintos niveles o roles dentro de la organización. Esta observación no es menor, dado que en el ambiente empresarial los alcances y la toma de decisiones cambian dependiendo la posición de la persona, y los objetivos del coaching variarán también de acuerdo a esta. La pregunta que nos debemos hacer es cómo crear más valor en todo el ecosistema de la organización.
El co interviene en el equipo como unidad, observa la organización y la cultura, distinguiendo modos de operar, estilos de relación, reglas explícitas e implícitas. Trabaja en la generación de posibilidades y abre el espacio para que todos participen en la construcción de objetivos y resultados, tomando en cuenta datos de la organización, mediciones que muestren a gran escala lo que está sucediendo y que sirvan de apoyo para demostrar los cambios al finalizar el proceso.
En términos de metodología, la duración de las sesiones individuales de ce varía dependiendo del estilo del coach y las necesidades del cliente, y no es necesario que todas las sesiones se ajusten sí o sí a los tiempos preestablecidos: a veces en 45 minutos se logró el objetivo de la sesión y “rellenar” los 15 minutos restantes para cubrir la hora no aporta nada (y a veces perjudica).
De las sesiones grupales de co hemos aprendido que en el manejo de grupos, y para optimizar los tiempos, hay que acordar la duración de los encuentros (desde dos horas para reuniones de comités hasta un par de días consecutivos o separados, dependiendo del trabajo) que variará en función de los temas que se aborden. Hay casos en los que el comité directivo decide hacer un off site o sesiones fuera del sitio de trabajo para trabajar en la planeación estratégica de ciertos proyectos, o por ejemplo para tomar decisiones en las que se necesita llegar a un acuerdo para bajar una sola línea, definir la visión, misión y valores de la empresa, fortalecer vínculos y muchos otros temas que afectan a la organización o a un área como un todo.
Los logros en el ce son individuales, aunque no dejamos de visualizar el impacto sistémico. El cliente alinea sus resultados con los de la organización y esta vinculación es relevante en ambos sentidos. Primero, porque si la organización es la que contrata los servicios de coaching, lo hace para impulsar en algún sentido los resultados del negocio. Segundo, desde el cliente, porque los objetivos sobre los cuales elige trabajar le muestran dónde está parado en términos de lo que la organización espera de él o ella.
Por este motivo, para que haya transparencia, sugerimos que el cliente comunique a la organización, a través de una conversación con su superior directo o quien corresponda, cuáles serán los objetivos que trabajará en coaching. La retroalimentación de esta sesión es sumamente rica, dado que muestra el punto de partida y abre el espacio para negociar, compartir visiones, exponer necesidades y aclarar expectativas. Justamente por esto, el hecho de firmar un acuerdo de ce documenta y hace visible el propósito del programa para todos los involucrados. Cualquiera de ellos puede recurrir al acuerdo en caso de confusiones o cambios y renegociar, extender o finalizarlo de acuerdo a lo establecido en el contrato. También es recomendable que en esa sesión de alineación entre el colaborador y el jefe esté presente el coach.
Los logros del co se traducen a gran escala y por lo general se evidencian en indicadores del negocio que son visibles para todos los participantes. Por eso, es imprescindible, al comenzar, definir y acordar qué es lo que quiere lograr y cómo se va a ver en términos de resultados para que la energía y las acciones del equipo se dirijan a eso en particular y no pierdan el foco. La dinámica de equipo da lugar a la dispersión y a abrir demasiados frentes al mismo tiempo a medida que avanzan. Nuestra sugerencia es definir un proyecto y trabajar en él hasta terminarlo y, de ser necesario, después abrir otro más. Mezclar procesos contribuye a la confusión y, a la larga, produce desgaste.
El impacto del ce es en primer lugar individual, por el cambio de observador y sus consecuencias en la traducción en acciones y resultados. Esto afectará de manera secundaria a sus colaboradores, pares y superiores, incluso a su entorno familiar y comunidades. Siempre indicamos a nuestros clientes que avisen que están tomando coaching, y también les advertimos que las personas que los rodean están acostumbradas a que ellos sean de una manera y que van a poner a prueba el cambio, porque al realizarlo, lo que termina cambiando en realidad es el modelo de relación, y este es el punto en donde el impacto del coaching se expande a los demás.
Para nosotras, el mejor indicador de nuestro trabajo como coaches ejecutivas dentro de las organizaciones es una medición indirecta: nos miden por lo que otros observan que han cambiado nuestros clientes y cómo han impactado en el entorno.
En el CE el impacto se verá en los puntos de la organización que fueron trabajados en el proyecto grupal. Esto puede incluir la cultura de la organización como un todo, el modelo de gestión de un área, cambios en el diseño de la cadena de valor, etc. Cuando los cambios son a gran escala, es recomendable que los involucrados en el programa de coaching lo comuniquen debidamente a quienes se vean afectados, para facilitar la aceptación e implementación y reducir la resistencia que puede generar la incertidumbre en estos casos.
¿Qué es entonces el coaching ejecutivo?
Podemos concluir que CE no es otro tipo de coaching, sino que es el coaching que se realiza en los contextos donde hay ejecutivos: se trata entonces de trasladar todo eso que ustedes aprendieron en su formación como coaches (cuanta más diversidad de recursos, más miradas posibles para ofrecerle al cliente) a un contexto ejecutivo. Una organización es un conjunto de personas que se relacionan para lograr resultados. El núcleo de una organización exitosa o fallida reside en su gente. Tal como dice Margaret Wheatley, en las organizaciones, el poder y la energía se generan a través de las relaciones. Los patrones de relaciones y las capacidades para formarlos son más importantes que las tareas, funciones, roles y posiciones.
A lo largo de más de veinte años estudiando, investigando e impartiendo coaching nos atrevemos a decir que no existe una única procedencia del término, ni del CE, así como tampoco hay una única definición, pero dado que se nutre de varias vertientes, y por todo lo que desarrollamos hasta ahora, proponemos que:
CE es coaching aplicado a una persona que trabaja en una organización, dentro del marco organizacional, para cumplir los resultados que la organización le pide.
El ce es una alianza profesional que ayuda a los ejecutivos y sus equipos a maximizar su potencial profesional y personal, y lograr metas de la organización. Una definición que circula en documentos de la icf habla del ce como una relación facilitada uno a uno, mutuamente diseñada entre un coach profesional y un colaborador clave que tiene una posición poderosa en la organización.
Como adelantamos en la Introducción, este libro trata de poner a disposición recursos orientados al mundo de las personas en las organizaciones, deseando que ustedes como coaches los lleven a la práctica para alcanzar los resultados que se propongan con sus clientes.
Para nosotras es importante, porque observamos que uno de los errores más frecuentes es creer que hacemos coaching a un ejecutivo, y que ese ejecutivo está solo, define sus resultados solo y trabaja solo todo su proyecto.
El ejecutivo no es una isla dentro de la organización, vive dentro de un marco provisto por la organización, respetando sus reglas, políticas y tradiciones, lo que está permitido o no allí dentro, los resultados esperados, sus colaboradores (en caso de que tenga gente a su cargo), sus actividades (en el caso que sea alguien que está en la operación), o la estrategia (en el caso que esté a niveles más altos).
Es posible que dentro de la práctica profesional nos encontremos con un emprendedor que trabaja solo, aunque en la mayoría de los casos quien nos contrata es la organización, por ende nosotros trabajamos para alinear los objetivos de esa persona con los objetivos de la organización. No podemos dividir o escindir el mundo organizacional del día a día de esa persona y tampoco de las comunidades o del propósito al que sirve esa organización.
Y por último, otra característica relevante y distintiva del CE de acuerdo a nuestra mirada es que es muy importante que los resultados del cliente estén ligados a los resultados del negocio y a todos los sectores donde sirve o impacta la organización; esto da cuenta de nuestra comprensión del mundo del ejecutivo y de sus relaciones anidadas con la organización, con los clientes, con los proveedores, con los colaboradores, con las comunidades, con los accionistas.
Reglas de la relación en coaching ejecutivo
Las reglas constituyen el marco de referencia de la relación de coaching, pero eso el cliente no lo sabe, solamente lo saben los coaches. No hay reglas generales, ustedes pueden empezar a delinear cuáles son las reglas que a ustedes les funcionan. Recomendamos que cada coach desarrolle este marco de trabajo, dependiendo de su estilo, y cree un contrato para sentar las bases con el cliente, definiendo qué es posible o no para cada persona.
Si no ponen reglas, después no podrán decir : “Esto no vale”. Todo debe pautarse en la primera sesión, y si no quieren que sea la primera sesión, pueden tener una sesión de presentación con su cliente, dejando en claro y sentando las bases antes de empezar, utilizando el contrato de coaching. Así, si algo sucede durante las sesiones, tanto el coach como el cliente podrán decir: “Esto lo hablamos y lo acordamos”.
Lo principal es definir una forma de trabajo y los compromisos que ambas partes asumen. Es posible enunciar: “Yo coach me comprometo a…” y “Yo cliente me comprometo a…”, y hay que tener en cuenta que las reglas deberían incluir las consecuencias que implicarían si se rompen. Esto es importante ya que a veces, en el miedito de empezar, hacemos las reglas pero no decimos qué pasa si se rompen (y aplica tanto al coach como al cliente).
El doctor Fernando Flores hace una distinción entre reglas y normas. Las reglas son acuerdos que definen los límites de la relación, y lo que es posible o no dentro de un juego. Son explícitas, se comunican y se comparten, y en algunos casos hasta pueden leerse. Están sujetas a modificaciones de ser necesario, y también estos cambios son conocidos por los involucrados. Conocer las reglas del juego es nuestra responsabilidad antes de aceptar participar en él.
Un tema muy diferente son las normas, que son reglas tácitas. Estas operan “dando por hecho” que algo es así, son acuerdos en la convivencia que funcionan y tiñen nuestra manera de actuar. No se cuestionan, y cuando eso ocurre, se abre un nuevo espacio de posibilidad que antes no existía. Esto para el ce es importantísimo: muchos de nuestros clientes operan y diseñan futuro y posibilidades en función de normas no cuestionadas.
Las reglas son las condiciones explícitas que ponemos para entrar a determinada relación, contexto, juego, contrato, acuerdo, etc. Las normas, como decíamos antes, son reglas tácitas. Lo que suponemos y damos por hecho que va a pasar, pero no está en ningún lado. No está escrito, no está conversado, no está declarado. Muchas veces, los problemas que se tienen son por las normas que no se han dicho, las normas que no se han expuesto de alguna manera. Entonces, dejemos muy en claro las reglas y pensemos en las normas y volvámoslas reglas de ser necesario. Porque si no, no tendremos derecho a reclamar.
Por otro lado, si no establecemos reglas claras, corremos el riesgo de empezar a relacionarnos más con nuestras expectativas que con lo que realmente está pasando. No tengan miedo de poner reglas y no tengan miedo de preguntar: “¿Qué más supones que va a pasar en esta relación de coaching?”. Porque cuanto más claro lo tengan y más visibilidad le den, mayores posibilidades van a tener de conversar si alguna de estas reglas se rompe.
Ejemplos más comunes de reglas en coaching ejecutivo
Roles y compromisos de cada participante. Qué se espera del coach, qué se espera del cliente y de otros participantes (el jefe del cliente, Recursos Humanos, etc.).
Confidencialidad. Qué clase de información se comparte y cuál se mantiene confidencial. Es recomendable instruir a la organización acerca del código de ética para que quien nos interpele comprenda que debemos mantener la confidencialidad de todas las conversaciones con el cliente, y que no se compartirá información personal sin su permiso expreso según lo permita la ley, a excepción de que exista un peligro inminente.
Puntualidad. Definir consecuencias si cualquiera de las partes no la cumple. ¿Se establece un tiempo máximo de tolerancia en caso de llegadas tarde?, ¿qué pasa si se excede ese tiempo?, ¿se descuentan los minutos de tardanza del total de la sesión, o a partir de determinados minutos de demora la sesión se da por tomada y se resta del cupo del participante? Aquí entra en juego la decisión del coach y la coherencia con su palabra.
Duración de la sesión. Establecer un tiempo máximo y mínimo de duración con el fin de que ambas partes sepan qué cantidad de tiempo requieren para coaching y que puedan disponer del tiempo restante. A medida que vamos ganando experiencia, los coaches sabemos cómo utilizamos nuestro tiempo y cuánto es lo óptimo para trabajar y comprometernos a un resultado de cada sesión. Nosotras decimos que la sesión no va a durar menos de 45 minutos ni más de una hora, porque conocemos nuestra forma de trabajar y sabemos lo que podemos alcanzar dentro de ese parámetro. Hay otros coaches que hacen sesiones de media hora, una hora y media o dos; no está ni bien ni mal, son solo preferencias. Tomar en cuenta los tiempos del cliente también es relevante. Si es una persona sumamente ocupada, avisar de antemano la duración de la sesión no es menor. Si la alternativa es negociar los tiempos, el coach debe recordar que está coordinando acciones con el cliente y que la mejor alternativa es aquella en la que ambos estén de acuerdo al cien por ciento.
Modalidad. ¿Cómo vamos a trabajar? ¿Cuáles son las posibles opciones? Presencial, en línea, telefónica. ¿Se pueden alternar las modalidades? Es importante en este punto que ambas partes acuerden y que se sientan cómodas con la elección. También aquí el coach debe proponer modalidades en las cuales se sepa desenvolver. Se trata de hacer y cumplir promesas para generar una identidad profesional que se vea reflejada en nuestro trabajo.
Valor. ¿Cuánto vale la sesión o el proceso? ¿Cuáles son las condiciones de pago? Consecuencias frente a los retrasos en los pagos. También en este apartado solemos informar cómo repondremos la sesión en caso de no asistir por fuerza mayor. Lo mismo ocurre con el cliente, dejando claro con qué anticipación puede reagendar una sesión o bajo qué condiciones pierde el derecho a la sesión, en caso de no presentarse y no avisar con la debida antelación. En ce es posible que esta información referente al valor, aparezca solo en el acuerdo que hacemos con la organización. Sin embargo sugerimos incluir las condiciones en las que se pierde o reagenda una sesión, dentro de las reglas que compartimos con el cliente.
Normas. Nos permitimos regalarles algunas preguntas que tienen que ver con cuáles son las normas que ustedes tienen (con las cuales se manejan y que después, al incumplirse, sienten que se rompió una regla pero se dan cuenta de que nunca lo explicitaron en la relación con el otro). ¿Cuál es la consecuencia de romper esas normas?
En nuestros equipos de trabajo, cuando asumimos que todo el mundo entiende que somos todos profesionales y que vamos a trabajar de tal manera, y que la confianza es el suelo sobre el cual nuestras relaciones crecen, o que nadie va a traicionar a nadie. Que todos nos vamos a respetar, o que todos tenemos una participación del equis por ciento. Pongan eso sobre la mesa. Porque ahí es donde van a empezar a construir otro tipo de relaciones y van a habilitar otro nivel de conversaciones. Con ustedes mismos, con sus equipos, con sus jefes, con sus clientes.
Si van a trabajar en una organización, tienen que explicar lo que significa para ustedes una norma, es decir, cuando estamos en una relación de ce debemos poner eso sobre la mesa y decir: “Yo doy por hecho que…” o “¿Qué das por hecho tú que va a pasar con esta relación?”. “Yo daba por hecho que me ibas a pagar sesión por sesión, pero no me estás pagando”, “Yo pensé que te tenía que pagar al final del proceso”. Hay todo un temor, una incomodidad, “No sé de qué estamos hablando, me siento mal porque no se habló desde el principio”.
Si estamos empezando una relación, está buenísimo definir las reglas y sacar a la luz las normas para que los acuerdos sean claros desde el principio.
Relación de coaching ejecutivo
¿Cuál es el compromiso del cliente?
Aprender. A/prender quiere decir soltar. Estamos conversando con alguien que seguramente “sabe” de su trabajo, de su gestión, de su especialidad. Le estamos proponiendo que confíe en nosotros y en nuestra competencia sin que aún tenga evidencia alguna de ello y se guíe solo por su intuición. En este caso, aprender y correr el riesgo irían de la mano. Aprender también tiene que ver con la declaración de ignorancia que crea el espacio para escuchar y dar autoridad a otros.
Entonces, aprender significa que en un proceso de coaching vamos a desafiar y a provocar a los clientes. Les pediremos que hagan cosas que nunca hicieron, que observen situaciones desde un punto de vista desde el que nunca antes habían observado. Aprender implica soltar la sabiduría y entrar a la experiencia emocional y biológica de hacer algo nuevo. A los seres humanos, mayormente a los adultos, nos da vergüenza ser principiantes, no saber, pero debemos amigarnos con ese proceso porque todo el tiempo estamos aprendiendo. Si nosotros nos damos el permiso de aprender, se lo vamos a habilitar automáticamente al otro.
Entrar a una relación de ce implica, muchas veces, soltar un montón de certezas, creencias, interpretaciones, mandatos, supuestos, formas, saberes, etc. ¿Por qué? Porque quien busca un coach quiere lograr algo que no está pudiendo. Si se parte del principio de “Yo ya sé todo, no necesito nada”, queda poco espacio para el aprendizaje. Esto suele pasar cuando nos contratan en una organización y el área de recursos humanos nos manda un cliente al que no le informaron que tendría sesiones, no sabe para qué sirven ni cuál es el propósito. El ejecutivo podría decir: “Yo no pedí ningún coach, no sé ni para qué estoy aquí”.
El punto de partida en todos los casos es ser claros. La relación de coaching es una relación de socios, una alianza donde trabajamos en estas incertidumbres para abrir posibilidades. Somos socios en el aprendizaje.
Empecemos a observar los estándares con los cuales se mide al cliente. Alguien puede ser experto en llevar las finanzas de una organización, pero ser principiante en trabajar con un equipo que es nuevo. No se conocen, nunca trabajaron juntos y el ejecutivo no sabe qué hacer. Esta sería una clara demostración de que hay diferentes niveles de aprendizaje en distintos dominios de la vida organizacional.
Es importante que los clientes se den permiso para ser aprendices otra vez y que disfruten de aprender, que confíen en que eso no les va a quitar poder, ni estatus ni el puesto. A veces tienen miedo de que si no saben, los van a sacar y van a poner a otro, pero en realidad cuantas más habilidades tengan, mejor se van a adaptar a un mundo de cambio constante.
Una de las competencias que hoy las empresas están buscando es gente que tenga learnability, capacidad de aprender, y no les importa tanto el curriculum y el background. Parte de nuestro trabajo como coaches es animar al cliente a aprender, compartir con ellos que durante el proceso van a tener momentos en donde se van a frustrar, en donde van a decir “me aburro”, “quiero abandonar”, “esto es demasiado para mí”, “no sé cómo administrar mi tiempo”. Todas esas emociones y estados de ánimo acompañan algún estadio del aprendizaje. Si logran sobreponerse a eso, serán más capaces de aprender y mejores aprendices. Y ustedes como coaches confíen en su capacidad de aprender, porque si confían, van a poder entender y empatizar mejor con sus clientes.
Estar dispuesto a llevar a la práctica nuevos conocimientos. Aprender va de la mano con estar dispuestos a llevar a la práctica los nuevos conocimientos, así que el cliente tiene que lanzarse a probar cosas nuevas, si no, ¿cómo va a ampliar su mundo de posibilidades? ¿Cómo va a ampliar lo que cree que puede o no puede hacer? A nosotras lo que nos da la pauta de que nuestros clientes están progresando es que accionen: cuando toman acción, algo en su biología cambia, su cuerpo registra algo distinto, tienen otro estímulo y cuanto más lo practiquen, más caminitos neuronales se van a abrir y más posibilidades estarán disponibles para esa persona.
Nos referimos a traducir en acciones los resultados de las conversaciones sostenidas con el coach, porque solo de esa manera se verá reflejado en la realidad el resultado deseado, haciéndose visible para todos los interesados.
Si no se puede trasladar lo hablado en coaching a una acción, es puro “bla, bla”. En esto somos determinantes: dentro de las planillas de coaching que usamos hay una columna de “Tareas”. Son cosas para hacer. “¿Qué vas a hacer con esto que te diste cuenta en esta sesión? ¿Dónde se va a aplicar? ¿En qué acción el mundo se va a enterar que cambiaste tu punto de vista o tu enfoque o tu emoción o tu proyecto? ¡Hazlo!” Por ejemplo: “Ve y habla con tu jefe a ver qué pasa y después cuéntame”.
La única manera de cambiar es haciendo. No basta con cambiar el chip en la mente. Si el chip no se manifiesta en el cuerpo, en las acciones, nunca va a aparecer traducido en los resultados.
Hablar con transparencia y honestidad. Estamos construyendo las bases de una relación de confianza. No tiene sentido ocultar o evitar temas relacionados con los compromisos asumidos en el acuerdo de coaching. Para nosotras, en cuanto esta premisa se rompe, se ve impactada la relación coach-cliente y hay que revisar nuevamente los términos del acuerdo. Este es un punto en el cual el coach puede declarar terminada la relación.
Que nuestros clientes sean transparentes con nosotros nos permite comprenderlos y cuidarlos si se sienten vulnerables. Ser honestos y transparentes, para nosotras es básico en la conversación de coaching, inclusive si el cliente dice: “No me gusta tu estilo de coaching” o “No me gusta cómo me coacheas, quiero tener otro coach”, porque todos tenemos derecho a elegir. Que un cliente tenga opciones, o que nosotros seamos capaces de decirle al cliente: “Mira, yo tengo un estilo que es directo”, “Tengo un estilo que tiene humor” o “Tengo un estilo que a veces es un poco imperativo, ¿te gusta ese estilo?”. “No, mira, yo prefiero un estilo más amoroso, más tranquilo.” “Bueno, entonces yo no voy a ser el tipo de coach que va a favorecer tu proceso de coaching y tu proceso de aprendizaje. Puedes elegir otro.” Retirarnos con dignidad, no perder energía en caer bien va a facilitar el proceso de coaching. Y nosotros también elegimos. Si sentimos que no coincidimos con los valores de ese cliente, ni con su ética, podemos retirarnos y recomendarle otro coach sin ningún problema.
Declarar lo que quiere lograr. Esta es básicamente la “razón” del coaching. Es importante recalcar que el cliente es el dueño de sus resultados, responsable de estos, y nadie más que él o ella puede hacer esta declaración. Esto habla de grandeza, de identidad, también nos muestra el tipo de observador que es el cliente y hasta dónde está dispuesto a llegar. La conversación de coaching existe básicamente porque hay alguien que quiere lograr algo, que no sabe cómo hacerlo. Si sabemos qué es lo que quiere lograr el cliente, vamos sobre un norte claro que nos va a servir para navegar.
Declarar lo que no funciona y lo que está faltando. Estas declaraciones van a marcar brechas de trabajo tanto para el coach como para el cliente, y también nos habla de la manera de observar que tiene el ejecutivo y con qué está comprometido. Abre la puerta a la audacia del coach para ir más allá y habilita nuevos espacios de posibilidad.
¿A qué se compromete el coach en esta relación?
1. A comprometerse con los compromisos del cliente. Los coaches trabajamos para los compromisos del cliente, somos socios para sus resultados y funcionamos como un observador externo que interviene ofreciendo miradas y espacios de reflexión. Indagamos a través de preguntas cuya finalidad es que el cliente sea dueño de las respuestas, diseñador y gestor de sus soluciones.
La acción siempre está con el cliente, y los logros son de él. Esto es un límite que tenemos que tener muy claro: la acción está “de su lado de la cancha”. Nuestro compromiso es trabajar para que pueda observar, ver lo que no está viendo, para que pueda asumir riesgos que no asumía, para que pueda aprender, para que se dé permisos, para que tenga conversaciones que no tenía.
¿Qué somos capaces de prometer? La relación de ce se basa en un acuerdo donde decimos a qué nos comprometemos a trabajar con el cliente, y el cliente le dice a la organización qué es lo que quiere lograr. ¿Cuál es el límite de nuestra competencia como coaches y cómo nos hacemos cargo de eso? “Yo llego hasta acá. Hasta acá soy bueno. De acá para arriba no, de acá para abajo tampoco.” Esto es transparente y sigue el acuerdo de honestidad que le pedimos al otro. Desde nuestra experiencia, les advertimos que no prometan algo que no pueden cumplir, pero tampoco que limiten las posibilidades del cliente a lo que ustedes son capaces de prometer, porque es injusto. Sepan cuál es el límite de su competencia y qué les falta para desarrollarla. ¡Ojo! Cada vez que abrimos la boca estamos creando un mundo y estamos alimentando una identidad. Nosotras creemos que en el mundo del coaching, sobre todo en organizaciones, hay un montón de gente haciendo promesas que no puede cumplir. Y eso nos afecta a todos.
Si bien los resultados los va a lograr el cliente, el coach se puede comprometer a tener un nivel de conversación que impacte en la manera del cliente de relacionarse con su trabajo, en la forma de bajar esos cambios a la acción y cómo esos cambios van a impactar en los resultados finalmente. Los coaches sí nos podemos comprometer a resultados porque sabemos que la manera de trabajar que tenemos tiene el respaldo de que podemos generar un tipo de impacto. Podemos decir: “Yo me comprometo a estos resultados”, y chequearlo inclusive a la hora de hacer el acuerdo de coaching.
Por ejemplo, si un cliente les dice que quiere subir las ventas un 50 % en un mes, ¿qué evidencia tiene? ¿Qué historial hay de que las ventas se puedan subir un 50 % en un mes? Hay que ver con el cliente cuán factible es su objetivo en una línea de tiempo, y si no es posible en lo que dura el proceso de coaching, seguro que sí lo será, por ejemplo, un porcentaje menor. Ustedes se van a comprometer al porcentaje que pueda subir durante el proceso de coaching. No tengan miedo de decir: “Mira, en 12 sesiones no creo que las subas al 50 %. Tenemos mucho que hacer y mucho que practicar y yo no me puedo comprometer a este pacto, ¿tú podrías comprometerte a este impacto? ¿O crees que lo podríamos parcializar y que en estas 12 sesiones sí vas a ver un aumento en tus ventas, y si te funciona, lo sigues implementando hasta llegar al 50 %?”.
Para grandes objetivos, la recomendación que nosotras hacemos es que parcialicen, que se pregunten qué es lo que se puede lograr de eso en cuatro o cinco meses de coaching (que es más o menos como se podrían repartir las doce sesiones, dependiendo de las acciones que pueda tomar).
Nosotras trabajamos con paquetes de 10 o 12 sesiones que se renuevan en función de los resultados. Solo practicando y observando los resultados de sus procesos ustedes podrán definir en cuántas sesiones son buenos. Nuestra experiencia nos ha demostrado que son raros los casos en donde las organizaciones compran un proyecto de coaching anual, porque da la impresión de que no se termina nunca o el compromiso parece aflojarse.
2. A hacer preguntas. En el ce hay que saber confiar en el proceso del cliente y en su capacidad de hacer conciencia para lograr los objetivos que se propone. Hay veces que por experiencia nos gana la ansiedad de facilitar respuestas y agilizar tiempos. Estas condiciones no traen beneficios a largo plazo, el cliente tiene que crear su propia mirada y confiar en ella para que cuando el coach no esté, esta habilidad haya quedado instalada.
Pregunten, sean curiosos y no tengan vergüenza de hacerlo. Pregunten todo, lo que van a hacer en la primera sesión es integrarse y conocerse un poco más. Por ejemplo: ¿En qué mundo vives? ¿Qué es lo que quieres lograr? ¿Cómo es tu relación con tu entorno? ¿Y con tu equipo? ¿Con tu jefe? ¿Cómo es tu relación con la organización? Entonces, pregunten, pregunten y pregunten, y no tengan miedo de preguntar porque además en la pregunta está todo un mundo que se abre, tanto para el coach como para el cliente.
3. A evolucionar juntos. Como coaches debemos también ser un modelo de aprendizaje continuo, combinando la conciencia de uno mismo, del equipo, de la organización y del ecosistema. No solo coacheamos en la relación uno a uno, sino que estamos impactando más allá de las cuatro paredes de la oficina de nuestro cliente, y el propósito de nuestra intervención es coevolucionar de manera colectiva y global, mirando el compromiso del cliente aplicado a cómo crea valor al interactuar con todas las partes de su sistema y sistemas anidados. No es coherente esperar de nuestros clientes una transformación radical, que tengan el apetito suficiente para asumir riesgos sin precedentes o dar saltos cuánticos si nosotros no estamos dispuestos a hacerlo.
No queremos que piensen en la relación coach-cliente como algo desbalanceado, donde nosotros somos los entrenadores y ellos los alumnos, sino más bien en abrir la posibilidad de una relación que se cocrea mutuamente, donde operamos como compañeros en la conversación.
4. A desafiar. Desafiar la manera del cliente de ver la realidad y sus circunstancias, su manera de relacionarse. Desafiar lo que es posible y lo que no es posible. Desafiar lo que quiere lograr, e ir por más.
Desafiar es poder poner en tono de pregunta lo que el cliente da por hecho y no se da cuenta. En parte, el coach es testigo de todo el mundo –interno y externo– del cliente, cuando él está ciego a un montón de acciones, palabras, silencios y no acciones. Cuando desafiamos traemos todo eso a la luz y les permitimos observarse, tomar conciencia, reflexionar y hacer. Mostrar no es lo mismo que aconsejar: “Te muestro y tú eliges si te sirve o no te sirve, si crees que lo puedes aplicar, escuchar”.
Arriesguemos, y que el proceso de coaching sea “sexy”, que esté tan bueno para el coach como para el cliente, que queramos llegar a la sesión de coaching con ganas de trabajar. Cuando el coaching se pone aburrido, estático o monótono, no es bueno ni para el coach ni para el cliente. Entonces, “busquemos un objetivo que sea ‘sexy’ para los dos”, diría nuestro gran amigo y colega Dionisio Quinteros. Que esté buenísimo, que se antoje.
5. A escuchar. Los coaches tenemos que saber escuchar lo que se dice, y lo que no se dice también: escuchar el cuerpo, sus gestos, su respiración, su cara, su todo. La escucha tiene que ver con muchos niveles, y desde la Teoría U de Otto Scharmer, podemos distinguir los siguientes:
Hay un primer nivel de escucha que tiene que ver con la descarga de información. Se van a dar cuenta de que en las primeras sesiones el cliente necesita volcar todo lo que le pasa, lo que siente, su percepción de los otros y de la organización, y comparte mucha información. Es lógico, y es lo más normal que puede pasar. La descarga es el primer paso de un proceso, recomendamos escuchar generosamente y no engancharse, solo estamos siendo testigos de cómo nuestro cliente interpreta la realidad.
Después podemos escuchar de otra manera, podemos invitar al cliente a que se escuche a sí mismo. Reflejamos lo que está diciendo con preguntas como “¿Escuchaste lo que dijiste? ¿Podrías repetir eso que dijiste?”. Es como dar vuelta la cámara y hacer que se observen. Muchos de nosotros todo el tiempo estamos diciendo lo mismo, hasta que alguien nos lo muestra, y recién ahí nos damos cuenta de qué repetimos y que lo podemos poner en duda.
Otro nivel de la escucha tiene que ver con la empatía. Si como coaches no conectamos emocionalmente con el cliente, tendremos una relación estéril; pero si hacemos click con él, por supuesto que habrá un afecto de por medio. Afecto es dejarse afectar, que lo que el otro dice en ese momento forme parte de nuestro mundo, porque estamos los dos allí, en la sesión de ce y en esa conversación. Si no nos dejamos afectar por el cliente, no vamos a poder comprenderlo, ni vamos a entender lo que le pasa, ni poder mirar como mira, y solo de esa manera es posible invitarlo a que mire de otras formas.
¿Cómo hacer para dejarse afectar y lograr esta vulnerabilidad? Lo cierto es que da mucho más trabajo impedir que te afecten. Somos seres humanos, todos conectamos emocionalmente con las personas, y desde el inicio estamos involucrados porque es una relación de coaching y el cliente suele decir: “Esto no me sale”, “Esto no puedo”, “¿Cómo puedo hacer esto?”. ¿Cómo no ser vulnerable con alguien que se muestra vulnerable?
Generen ese espacio, la vulnerabilidad no es debilidad, es reconocer nuestra humanidad, aquello que nos une como seres humanos, nuestras emociones, lo que todos tenemos. Negar las emociones es negar nuestra humanidad.
El último nivel es escuchar desde el futuro que quiere emerger. Escucharemos al cliente decir: “No puedo expresar con palabras, todo esto que me doy cuenta”, “Ahora que lo veo de esta manera, comprendo todas las posibles soluciones que no había visto antes”, es el nivel de escucha al que accedemos cuando ambos, coach y cliente nos conectamos con las más altas posibilidades futuras; un cambio delicado y profundo tuvo lugar y la persona sale de la conversación con una nueva manera de ser.
6. A abrir posibilidades. Estas posibilidades se abren en conversaciones en las que el cliente empieza a abrir nuevos mundos que antes no estaban disponibles. Los coaches abrimos posibilidades, las mostramos y el cliente elige por sí mismo, pero siempre vamos a estar en un permanente abrir de mundos de posibilidades para nosotros y para nuestros clientes. Y cuando hablamos de posibilidades no hablamos de cosas que seguro van a pasar, sino de temas que van a ocurrir solo si el cliente se compromete a transformarlos en realidad.
7. A cultivar estados de ánimo. Los estados de ánimo nos acompañan todo el tiempo y tienen que ver con nuestra historia: si queremos cambiarlos tenemos que reconocer nuestro pasado, cuáles son los estados de ánimo que habitamos más frecuentemente, y cuáles son los estados de ánimo que queremos habitar. También saber qué juicios o preconceptos tenemos que hacen que estemos una y otra vez en los mismos estados de ánimo.
Los estados de ánimo definen qué es posible o qué no es posible para nosotros. Si estamos resignados, nada va a ser posible, pero esa resignación tiene una historia de la que debemos hacernos cargo y revisarla; y extender esa práctica a nuestro cliente. Si queremos intervenir en el futuro, tenemos que intervenir en el diseño del estado de ánimo que permita declarar las posibilidades en las que queremos habitar.
Queremos que la conversación de coaching invite a un estado de ánimo de asombro, de curiosidad, de ambición, de creación. Hay muchas formas de trabajar, y en la exploración de cada una de ellas, cada coach irá encontrando su estilo. Hay coaches que son buenos para provocar y otros que son buenos para cocrear y diseñar. En la búsqueda del estilo hay que saber ser flexible y poder jugar con varios roles dependiendo de las necesidades del cliente. También hay que estar atentos a no caer siempre en los mismos recursos por falta o por miedo a explorar otros. El trabajo del coach también incluye un trabajo personal, que expanda miradas y herramientas para ofrecer al cliente.
8. A definir expectativas y límites. Hablar de expectativas y límites es primordial en las primeras conversaciones de coaching. Si no aclaramos las expectativas desde un inicio, corremos el riesgo de que cualquiera de las partes las confunda con promesas. Las expectativas constituyen un doble juego, en el cual el otro pasa a un segundo plano y es desplazado por lo que esperamos que haga, piense, sienta o diga. Traer las expectativas a un primer plano de la conversación y al acuerdo con el cliente permite a ambos tener claridad sobre lo que se puede esperar del proceso.
El peor enemigo del momento presente y de la relación con este son las expectativas. Cuando nos relacionamos con nuestras expectativas, dejamos de relacionarnos con lo que está pasando y con el otro, y solo podemos decir “se parece o no se parece a lo que esperaba”. Es mejor ayudar al cliente a poner las expectativas sobre la mesa, y que después pueda trasladar esta propuesta a su trabajo, su gente, sus equipos o su jefe.
Es importante definir claramente qué esperar de la relación de coaching para poder aclarar lo que comprende el marco de la relación y lo que queda fuera del mismo. Por ejemplo: si el cliente espera que estén disponibles todo el tiempo y ustedes no lo van a estar, díganselo. Es importante que tengan la tranquilidad de que poner límites es muy útil, porque cuando se crucen esos límites ustedes pueden volver a los acuerdos realizados previamente y, llegado el caso, solicitar una nueva conversación para un nuevo acuerdo.
Los límites tienen que ver con nuestros espacios, nuestros contextos y nuestra dignidad. Anímense a poner límites: habiliten el no para el cliente y para ustedes mismos. Decir que no es tan válido como decir que sí. Si nunca dicen que no, el sí de ustedes no vale nada. Entonces podrán decir: “No, a las diez de la noche no atiendo llamadas”, “No atiendo los fines de semana”, etc.
9. A declarar acontabilidades (aquello por lo que rinde cuentas) dentro de la relación. ¿Quién hace qué? Definir bien quién hace qué dentro de la relación, por ejemplo: “Yo documento la planilla de sesiones y tú haces las acciones que acordamos de acá a la próxima sesión”.
Otro punto importante es separar el coaching de otro modelo relacional, y para eso están los límites de nuestra profesión. No somos confidentes, ni amigos, ni consejeros de los clientes. Esos roles nos mueven del lugar para el cual fuimos contratados, y le quitan seriedad y profesionalismo al contrato.
Una vez más, debemos tener presente cuáles son las promesas que estamos en condiciones de realizar. Ligamos promesas con nuestra identidad profesional y con la identidad del coaching, y asumir responsabilidad por cumplirlas forma parte de nuestro trabajo.
Romper las promesas que hemos hecho a causa de diferentes factores (la emoción de cerrar un contrato, la ilusión de llegar mucho más allá de lo que nos piden, la intención de “agregar más” para que la propuesta sea irresistible), puede acabar siendo nuestra propia debacle profesional. Hay que ser cuidadosos porque no solo afectamos nuestra identidad, sino la de todos los coaches ejecutivos.
***
Cerraremos este capítulo con la metáfora del jardinero y la flor. Un jardinero no puede controlar las fuerzas de la naturaleza, ni acelerar el proceso de germinación y crecimiento de las plantas, o el despertar de las semillas. Pero sí puede abonar la tierra para que esta se nutra y germine mejor. Un jardinero no puede controlar el sol, pero sí el lugar de las plantas de su jardín de acuerdo a las necesidades de luz de cada una. Un jardinero tiene paciencia, comprende que cada flor tiene su tiempo para abrirse en todo su esplendor y se asombra con la belleza única que cada una proyecta. Un jardinero puede podar, prevenir plagas, elegir la ubicación de las plantas en el jardín, y hacer el mejor uso de la ecología del mismo para que todo el sistema se vea beneficiado.
Cada cliente tiene un potencial que se libera durante la relación de coaching y el coach nutre esta relación. Aunque la decisión de crecer está en el cliente, el coach preparará el medio propicio para que esto suceda: dará recursos para robustecer el poder y la identidad del cliente como persona y dentro del sistema en el que se desenvuelve. El coach también poda: muestra incoherencias, emite juicios, desafía y cuestiona las prácticas que se interponen entre el estado actual del cliente y el lugar adonde quiere llegar. E integra nuevas prácticas en el sistema del cliente, cuidando que esa integración no sacrifique nada de lo que se quiere conservar de su ecología.
Al final del proceso, es como ver crecer una flor. Poder admirar y apreciar su belleza nos pone en contacto con nuestra propia belleza y vulnerabilidad. Nos hace humanos. Nos une.
2. ¿Quién necesita un coach?
Creo que es posible que la gente normal elija ser extraordinaria.
Elon Musk
La contratación de un coach por parte de organizaciones para trabajar con sus ejecutivos tiene distintos matices y necesidades. Aquí abordaremos estos temas y comentaremos las razones de contratación y los perfiles y dolores de los ejecutivos y los equipos más frecuentes.
En general, son las empresas las que contratan a un coach ejecutivo, es decir, hay un patrocinador dentro de la organización que paga este servicio para los colaboradores que tienen autoridad y responsabilidad, y buscan lograr metas personales, profesionales y organizacionales. Nosotros, utilizando una amplia variedad de técnicas, métodos y sensibilidades, y a través de un acuerdo de coaching formalmente definido, ayudamos al cliente a tomar conciencia –como motor de cambio– para que mejore su desempeño profesional y satisfacción personal y, en consecuencia, impacte en la efectividad de la organización.
Algunos factores que distinguen al CE son:
• Enfoque holístico y personalizado.
• Conocimiento del comportamiento humano integrado con las prioridades estratégicas de la organización para maximizar los resultados.
• Participación activa de los ejecutivos.
• Relaciones de colaboración entre el coach, el ejecutivo o colaborador, su jefe, el patrocinador de la empresa (área de donde salen los recursos para pagar el servicio), recursos humanos.
Los seres humanos siempre estamos conectados con las posibilidades, nos sale de manera natural, en cualquier actividad que emprendemos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Nuestra resistencia al cambio convive con nuestra capacidad de innovar: esa tensión está presente en cómo tomar un atajo si el tráfico se complica hasta en cómo mejorar nuestra calidad de vida, por eso el ce aparece tan embebido como una práctica organizacional de alto impacto, ya que empata directamente con una aspiración compartida: perseguir posibilidades como agentes de cambio.
Si bien hay estudios que documentan el valor del ce, nosotras consideramos que no alcanza con circunscribirlo al retorno de la inversión (roi), porque pueden resultar métricas vanidosas y su cálculo es cuestionable. Acordamos que el ce impacta en el roi y que debemos encontrar formas de medirlo y hacerlo visible para el cliente, pero también existen otros indicadores que demuestran que el coaching es una opción que impacta positivamente en las organizaciones.
Si los atletas de élite y las organizaciones piensan que necesitan coaches, ¿por qué tú no? ¿No será que todos necesitamos uno alguna vez?
Mientras escribimos este libro, vivimos desde marzo 2020 uno de los movimientos de cambio social más grande de la historia. La pandemia del COVID 19 nos puso a navegar en aguas inciertas, piensen nada más como era su vida en 2019 y compárenla con la de 2020: estamos físicamente aislados y tecnológicamente hiperconectados, líderes y colaboradores forzados a experimentar el trabajo desde casa, cuando casi no existen regulaciones legales, y sin duda saliendo de la zona de confort para mantener las fuentes de trabajo y la estabilidad laboral. Ante la crisis sanitaria y económica, las empresas comienzan a reducir varias de las “ces” (capacitación, café, copias, coaching). Sin embargo, notamos que las empresas que apostaron a conservar el coaching generaron bienestar, ayudando a sus colaboradores a cumplir con las nuevas demandas laborales, empatizando y reconociendo las emociones complejas para superar el miedo, la negación y los bloqueos de aprendizaje que los sacan del estancamiento. Nos ha tocado en este período acompañar a los ejecutivos ayudándolos a estar conectados, a dominar un nuevo ambiente de trabajo, a incluir a su familia como parte integral de su espacio laboral, a abordar la ansiedad y también a fortalecer las relaciones para estar presentes aún estando físicamente ausentes, para poder interactuar productivamente con sus equipos.
Algunos beneficios del coaching ejecutivo
City & Guilds Group encuestó a más de mil profesionales del Reino Unido, y la encuesta arrojó que el coaching:
• Es útil para adoptar nuevas tecnologías y formas de trabajar.
• Es una parte integral de la productividad y el desempeño.
• Es útil cuando se atraviesan períodos de cambio organizacional.
• Juega un papel fundamental en el impulso de la productividad a medida que las personas cambian de roles o adoptan cambio de carreras.
En nuestra experiencia, hemos visto que el coaching impulsa la diversidad e inclusión laboral en entornos donde coexisten –cada vez más– diferencias culturales, étnicas, de idioma, generacionales o de preferencias sexuales, mejorando el trabajo en equipo, la diversidad de pensamiento y las relaciones.
Está comprobado que la diversidad y la inclusión hacen que las empresas sean más resilientes y resistentes. El reporte “State of the Global Workplace”, Gallup, 2017, arrojó que los equipos más diversos son más innovadores, generan mejores resultados, son 17 % más productivos, 21 % más rentables, tienen un 20 % más de ventas y superan por mucho las métricas de satisfacción al cliente. Las empresas donde la diversidad de talento y la inclusión de múltiples perspectivas son bienvenidas emergerán más fuertes de esta crisis.
No deberíamos quedarnos fuera de los capítulos de inclusión y diversidad si perseguimos las dos máximas de nuestro enfoque de CE: Relaciones y Resultados. Es decir, buscamos en cada intervención generar bienestar y rentabilidad:
• Mejorando las comunicaciones.
• Aumentando el compromiso y la lealtad.
• Reduciendo el conflicto.
• Disminuyendo los niveles de estrés y tensión dentro de las empresas.
• Logrando resultados sin precedentes.
Perfiles en la organización
En nuestros comienzos como coaches, nos preparábamos de la mejor forma que podíamos: armábamos una oferta de servicios que tenía cuarenta páginas de información (hoy sabemos que a nadie le interesa leer eso, nuestra actual presentación tiene dos páginas) y en las reuniones hablábamos sin parar, contando todo lo que podíamos hacer. Y si bien hicimos buenas relaciones que nos posibilitaron conocer a otros clientes, perdimos mucho tiempo hablando sin hacer las preguntas correctas. Nos llevó años pulir los ofrecimientos de CE, pero el camino nos ayudó a comprender a las organizaciones y a su mundo, nos enseñó a escuchar más que a hablar.
Como coaches ejecutivos podemos elegir especializarnos en alguno de los niveles organizacionales o en ciertos perfiles, pero en nuestro caso, en estos veinte años tuvimos la oportunidad de trabajar y colaborar de manera variada con todos. Ahora, mirando con perspectiva y entrenando coaches ejecutivos, sabemos que no fue casualidad, sino un proceso donde pulimos nuestra mirada e incluso aprendimos vocabulario organizacional, a movernos y a navegar en el poder de las organizaciones y, sobre todo, a entender sus dolores y simplificar el proceso complejo –el enredo semántico de los líderes que escuchábamos– y plasmarlo en propuestas que se hacían cargo de sus necesidades y expectativas. Por todo esto, creemos que nuestro camino les puede ayudar a acelerar el proceso de construcción de su oferta de valor y elegir en dónde les gustaría participar.
Cada uno de los perfiles organizacionales vive en un mundo diferente, con sus propias inquietudes y preocupaciones, y además se distinguen por su tipo de conversación. Por lo general, se espera que la alta dirección o gerencia se oriente más a la estrategia, a proveer de una misión y visión cargadas de significados poderosos al resto de la organización; y a medida que descendemos, la gestión se vuelva más operativa, traducida en funciones y actividades que se pueden desmembrar en operaciones o pasos.
La estructura piramidal y jerárquica típica de las empresas está comenzando a mutar, es un paradigma en comienzos de extinción, ya que nace de la concepción de organizaciones como máquinas. En la época en que la Revolución Industrial tuvo su pleno auge, con Taylor y Fayol haciendo numerosos cálculos, descuartizando las operaciones en pequeños pasos, contando minutos y segundos para estandarizar y lograr la máxima eficiencia posible, se olvidaron de un factor clave en esta historia: las personas, con sus hábitos, creencias y emociones.
Las organizaciones que tienen una cultura centrada en las personas y cuentan con una red de equipos anidados entre sí, que aprenden y toman decisiones rápido, apoyados por la tecnología y un propósito evolutivo que cocrea valor para todas las partes interesadas son las más exitosas. Sin embargo, nos toca ver en la mayoría de las organizaciones para las que trabajamos, que ese tipo de dinámicas ocupa solo algunas áreas de la empresa.
Normalmente la organización y la estructura se orquestaban desde un paradigma mecanicista que perseguía, a través del binomio de entradas y salidas de operaciones, la calidad y el control de los proyectos a través de management y gestión.
Comencemos de abajo para arriba. En el nivel operativo, las personas son gerentes de sí mismas: reciben por parte de los mandos más altos una serie de instrucciones detalladas, se organizan por especialidades formando silos o compartimientos estancos. Podríamos dedicar capítulos enteros a hablar de los silos, ya que esa es una de las razones por las que más fuimos contratadas los últimos veinte años: “Trabajamos en silos, nos cuesta colaborar y mirar todos hacia un objetivo común”, ya lo habían escuchado antes, ¿verdad?
Ejemplo
Pensemos en la historia apócrifa de una fábrica de lentes de sol en Rusia. Ellos produjeron cientos de miles de lentes de sol. Todos cumplían con los estándares y criterios de calidad; sin embargo había uno crucial que olvidaron: los lentes eran tan oscuros que los clientes no podían ver a través de ellos. Cada fracción dentro de la organización podía decir “Yo hice mi parte” o también “Ese no es mi problema”. Al estar tan metidos en su parte del proceso, se olvidaron de lo más importante: quién iba a usar ese producto.
En segundo lugar nos encontramos con la gerencia media –también hemos escuchado a organizaciones que los llaman “gerentes de otros”. Preocupados por hacer cumplir las reglas, muchas veces generan procesos burocráticos innecesarios; son los encargados de que los operativos lleven a cabo los encargos, y en ocasiones se olvidan de procurar que el que opera comprenda, ejecute, colabore, aporte y cree valor. Muy metidos en el mundo de los papeles, muchas veces sienten que lo que hacen no aporta demasiado valor y sin embargo no pueden dejar de hacerlo, excusando y refrendando su quehacer en frases como “aquí las cosas son así” o “hay que cambiar a los jefes”.
La alta gerencia, o “gerentes de gerentes”, se encarga de bajar la estrategia que en ocasiones quiere imprimir la dirección –si es que está clara–, aunque muchas veces hacen lo que pueden para avanzar, de manera reactiva, intentando hacer que otros saquen adelante la operación. Es una jerarquía que se organiza verticalmente, donde las instrucciones van de arriba hacia abajo, pensando incrédulamente que lo que ellos bajan es lo mismo que los gerentes y operativos interpretan. Así, caen en la ilusión de que esta estructura opera como una verdadera máquina, bajan instrucciones que están articuladas en el nivel de conversación que ellos tienen, y se olvidan de que la operación necesita otro tipo de detalles. Por ejemplo, si un operario tiene por función poner tapitas a las botellas, escucha que la alta dirección –sin darse cuenta de que las consignas deben ser expresadas en los términos del mundo de quien las recibe– baja este tipo de instrucciones: “Tenemos que tener el 95 % de eficiencia”, ¿no sería mejor, tal vez, decirle que de 100 botellas que tapan, necesitan que 95 botellas estén listas para salir al mercado y solo cinco pueden ser rechazadas por tener la tapa mal puesta? Este es un ejemplo nada más, porque sostenemos que hoy día, una empresa que tiene el 95 % de eficiencia es muy ineficiente. Cada día que pasa, la tecnología, la velocidad y los clientes, cada vez más preparados, exigen productos mejores y más baratos.
Ejemplo
Joel es un buen gerente, empezó siendo coordinador en una de las plantas y no solo fue demostrando su valor y creciendo en la organización, sino que se preocupó por cultivar sus habilidades, tomó algunos cursos, terminó su maestría y la empresa le pagó un importante curso de perfeccionamiento de habilidades directivas donde se encontró con compañeros que pasaban por la misma situación: “¿Cómo puedo confiar más en mis colaboradores y hacer que mis jefes y los altos directores confíen y me den chance para que mi gente se equivoque para aprender? No puedo permitirme fallar, entonces prefiero hacerlo yo. ¿Cómo le digo que no al jefe de mi jefe? Eso no me corresponde, pero como siempre intento dar lo mejor de mí, se le hace fácil pedírmelo. No sé cómo negarme, pero si hago lo que me piden, entonces dejo de hacer mi trabajo, y si a eso le sumo que termino haciendo parte del trabajo que deben hacer mis reportes, ya casi no me queda tiempo para lo importante”.
Finalmente, llegamos a la Dirección: hemos escuchado muchas veces a los altos ejecutivos hablar de “La soledad de este sillón”. Si de acuerdo a la onu, las micro, pequeñas y medianas empresas (Pyme) son la espina dorsal de la economía, las mayores empleadoras del mundo, representan más del 90 % del total de las empresas, y son responsables del 50 % del Producto Interno Bruto (pib) a nivel mundial, afirmamos que endémicamente la mayoría de los que ocupan cargos directivos no nacieron siendo directores, sino que escalaron y llegaron a donde llegaron aprendiendo a operar. Uno de los problemas recurrentes por los cuales nos contratan es porque a los directores y la alta gerencia les cuesta delegar de manera efectiva, les cuesta confiar, es decir, les cuesta sacar las manos de la operación.
A medida que escalamos en esta estructura, el liderazgo se vuelve más conversacional y menos operativo, se deja de hacer con las manos y empezamos a hacer con las palabras. A muchos de nuestros clientes les cuesta aceptar que cuando emiten su voz, dan una directiva o hacen una declaración, están creando realidad y produciendo más valor que si lo hicieran todo por ellos mismos.
Cuando escuchamos “No tengo tiempo” en mandos medios y directivos, les hacemos esta cuenta, y francamente se quedan helados cuando descubren el resultado. Háganla con nosotras y sigan estas preguntas.
• ¿Cuánto tiempo en porcentaje te dedicas a hacer el trabajo que debería estar haciendo tu gente?
• ¿Qué porcentaje de tu tiempo le dedicas a hacer el trabajo que deberían hacer los reportes directos de tus reportes?
• ¿Cuánto tiempo del total de tu tiempo te dedicas a hacer otras actividades que deberían hacer tus pares o tus jefes?
• ¿Cuánto tiempo entonces le dedicas a tu rol?
Esta cuenta la usamos muy seguido para crear conciencia del rol, y los clientes abren sus ojos como el dos de oro, ¡no pueden creerlo!, y les cuesta mucho cambiar ese paradigma y empezar a hacer con las palabras, a dar seguimiento, a generar acuerdos y a gestionar promesas contagiando una visión inspiradora, que impulse a los distintos equipos a ponerla en marcha y en acción.
Tomando en cuenta todo esto podemos inferir que las necesidades varían. Ahora agreguemos una variable muy importante: en el ámbito organizacional el networking o redes informales florecen de manera espontánea. Está en nuestra naturaleza humana buscar grupos de pertenencia, donde podemos compartir áreas de interés, ideas e incluso trabajo. Estas redes formadas por grupos de pares, comunidades, comités no tienen título, pero sí tienen poder, y se logran organizar a través de comunicación telefónica, celular, mails, plataformas virtuales de comunicación como la Intranet, movilizando el talento, el conocimiento y la información.
McKinsey, en la publicación “Harnessing the power of informal employee network” (2007) concluyó, luego de analizar las redes informales que se gestan vía mail, que si las empresas solo pusieran en marcha las conversaciones de acuerdo a la estructura de su organigrama, no serían capaces de llevar a cabo el trabajo de su día a día. Las personas crean valor a partir de las ideas, intangibles y conversaciones que mantienen entre sí. Es una lástima que los líderes no tengan un mapa claro de esas estructuras y se enfoquen solo en lo que muestran los organigramas. Aprovechar el poder de las redes informales, que muchas veces logran evadir el radar del management y eludir el control, permiten navegar en la complejidad de la organización y tener un mapa más certero de las conversaciones de valor.
Ejemplo
Si observamos el Gráfico 2, la posición identificada con el ESPECIALISTA parecería ser tan solo una pieza más en la parte inferior del organigrama. Sin embargo, si hacemos un mapa social y relacional, resulta ser un nodo clave, con varias conexiones; incluso el presidente de la corporación tiene contacto con él y con otro colaborador.
Gráfico 2. Redes formales e informales.
Adaptado de Cross R. L. y Parker, A. The Hidden Power of Social Networks.

Como estas redes operan de manera más rápida, se ahorran estructuras de coordinación y costos, pero también generan ineficiencias y errores. Cultivar las redes y aprender a aprovecharlas es un gran recurso que ayuda a nuestros clientes a mejorar su gestión. La calidad de las relaciones es directamente proporcional a la calidad de los resultados, por lo tanto gestionar relaciones estratégicas y operativas es clave.
De organizaciones como máquinas a organizaciones como organismos
El verdadero organigrama de cualquier empresa es una telaraña entramada de relaciones informales, y aunque insistamos en forzar las estructuras piramidales, el flujo de trabajo natural se muestra distorsionado. En respuesta a este modelo, que no encaja con el mundo VICAH (Volátil, Incierto, Complejo, Ambiguo e Hiperconectado), se crean otras estructuras que buscan mayor dinamismo y flexibilidad. Las compañías necesitan mayor infraestructura para dar soporte a las redes formales, remover cuellos de botella y aprovechar el talento. Por eso, más que intentar armar un modelo basado en la pirámide y buscar que la información ahora venga de abajo hacia arriba para agilizar las cadenas jerárquicas de comando y control, se están creando modelos alternativos que favorecen el intercambio de conocimiento y aceleran los ritmos de colaboración y de información, y por ende, de resultados.
Aunque hay una lucha entre quienes siguen buscando atesorar sus posiciones y trincheras y los modelos colaborativos que son más holocráticos, cada día más empresas buscan acelerar su ejecución y lograr que el cliente se sienta satisfecho. A veces no hacen un cambio radical, pero sí crean oficinas y espacios más orgánicos aislados de la cultura mecanicista de los equipos tradicionales, como una Dirección de Tecnología, una Fábrica de Ideas o de Innovación o un Departamento de Atención al Cliente.
En las organizaciones como organismos las personas colaboran de forma rápida y efectiva, las líneas y cajas son menos importantes, y se pone foco en la acción y la entrega de valor. Se busca tener agilidad para satisfacer al cliente, con líderes orientados a dar servicios que brinden dirección y libertad, y que operen como un catalizador, establezcan un sistema transparente para todos, con pocas reglas pero mucha alineación, de modo que cada quien aporte lo mejor de sí mismo.
Las organizaciones que se conforman como células o escuadrones logran que sus empleados se expongan a cierta cantidad de libertad e incertidumbre y a estresores propios de la realidad y de las demandas del cliente, para ayudarlos a que crezcan y se vuelvan más flexibles, para que entreguen la mayor cantidad de valor en el menor tiempo posible. Esta cultura centrada en la persona opera en ciclos rápidos de aprendizaje y decisión (sprints), habilitados por la tecnología, la cercanía y la transparencia, guiados por un fuerte propósito compartido.
Somos una sociedad cada vez más orientada al conocimiento y la información, y para los millennials –que son mayoría en la población de las organizaciones– trabajar en un entorno mecanicista es obsoleto. Quienes crearon este tipo de modelo buscan divertirse más, ser líderes que sirvan, ser más que un jefe, donde los clientes se vuelven la fuerza central y están activamente comprometidos con el desarrollo de productos y servicios dentro de su reto.
Cuando nuestros clientes ejecutan los planes y proyectos construidos en el contexto del coaching, se enfrentan a su traducción en la realidad. En ese momento la sociedad del coach y el cliente debe estar alerta a las fuerzas que impulsan y detienen las iniciativas, y por eso consideramos importante compartir con ustedes otras formas de organización y coordinación de acciones, para abrir la curiosidad a las tendencias que están generando impacto.
La agilidad se está volviendo una alta prioridad estratégica para varios managers con los que trabajamos. Cada vez más, las compañías están transformando las actividades en varias partes de la organización –desde la innovación y la experiencia del cliente hasta las operaciones y la estrategia–, para volverse más ágiles, persiguiendo una mayor capacidad de respuesta.
Mentalidad agile es una forma de pensar, un marco de trabajo, prácticas, organización, metodología y filosofía a la vez, por eso no la queremos circunscribir a una nueva metodología de management. Se trata de la capacidad de reconfigurar rápidamente la estrategia, la estructura, los procesos, las personas y la tecnología para crear oportunidades de valor y protección de valor.
La agilidad requiere estabilidad y dinamismo a la vez. La estabilidad es dada por una plataforma de aspectos que no cambian, es la columna vertebral que se convierte en un punto de anclaje mientras que otras cosas mutan constantemente, cultivando la confiabilidad y la eficiencia. Las prácticas dinámicas, en cambio, permiten a las empresas reconfigurarse y responder de manera ágil y rápida a los nuevos desafíos y oportunidades.
Las organizaciones y los líderes que comprenden este tipo de entramado e instalan ceremonias y prácticas ajustando el modelo de coordinación de acciones a un modelo menos mecanicista y más agile, logran:
• Aumentar su habilidad para manejar cambios de prioridades.
• Dar visibilidad de los proyectos.
• Dar alineación entre TI (Tecnología) y Negocio.
• Mejorar la moral del equipo.
• Aumentar la velocidad de sacar productos al mercado.
• Incrementar la productividad del equipo.
• Disminuir el riesgo.
Cada decisión que se toma en la sede central le quita responsabilidad a la gente de otras partes de la organización y reduce el número de personas que sienten que están haciendo una contribución real a la organización.
Dennis Bakke
Puntos de dolor. Aprender a mirar anomalías y vacíos
Observar qué le duele a nuestro cliente nos ha resultado muy productivo porque a ellos les abre espacios de acción e interacción. La pregunta: “¿Dónde te duele la empresa en la que trabajas?” evidencia dolores que también se pueden mirar como anomalías, y si se quieren resolver, una forma de hacerlo es mirar las recurrencias de esas anomalías y cambiarlas, intervenir en lo que se repite y no produce los resultados deseados.
Podemos conocer cuáles son los dolores más frecuentes en cada nivel de la organización. Por ejemplo, a los directores generales les duele que no se cumplan las expectativas de los inversionistas, la rentabilidad, que disminuya el valor de las acciones; o en el caso de pequeñas empresas, el valor de su patrimonio o de su posicionamiento. También podemos trasladar este tema a las escalas de los diferentes mundos de las organizaciones, las Pymes o empresas familiares: “Si no respondemos a la dinámica de la industria, nos quedamos fuera”.
Dependiendo del mando y el tipo de organización, escuchamos diferentes dolores. Nuestro secreto está en poder traducir esas anomalías en una oportunidad para generar valor.
Cuadro 2. Dolores, inquietudes y preocupaciones recurrentes
| Rol | Preocupaciones e inquietudes |
| Director general | - Rentabilidad.- Impulsar el cambio cultural de acuerdo a las macrotendencias.- No lograr cumplir con las expectativas de los inversionistas.- No cumplir con las expectativas de otros actores clave (stakeholders).- Reducción del valor de la empresa.- Incapacidad para responder a la dinámica del mercado.- Innovar y detectar nuevas oportunidades.- Demasiadas elecciones tecnológicas.- Falta de visión de los líderes. |
| Gerencia alta | - Compromiso en las utilidades o rentabilidad.- Presión por entregar resultados rápidos.- No lograr cumplir con la estrategia.- No se cumplen los objetivos de crecimiento y desarrollo.- Rotación.- Falta de diversidad de perspectivas.- Falta de agilidad de cambio.- Falta de talento adecuado.- Fortalecer el liderazgo.- Falta de compromiso. |
| Gerencia media | - Implementar planes y objetivos.- Bajar planes estratégicos.- Temor a equivocarse.- Entregar resultados y eficiencia.- Desarrollo individual.- Lograr que los equipos implementen los planes.- Desarrollo de equipos.- Rotación.- Change management.- Mejores prácticas de cambio. |
| Mandos operativos | - Lograr resultados.- Encajar en el puesto.- Comprender su rol.- Desarrollo individual y crecer en la organización.- Temor a equivocarse. |
Por ejemplo, a veces, en empresas no muy grandes, piden a los directivos compromiso en las utilidades, pero la dirección general o los dueños no comparten la información de los números de la empresa. Por lo tanto, piden números a quienes no pueden comprometerse porque desconocen esa información que de alguna manera está blindada u oculta. Es en este tipo de espacios que, como coaches, escuchamos anomalías.
¿Cuál es nuestra capacidad de acción aquí? Poder traducir esos dolores en una oportunidad de generar valor.
Experiencia
Carmen es la mano derecha del presidente de una Pyme no tan Pyme, y como CFO tiene a su cargo la dirección financiera de la empresa. Ella tiene en sus objetivos un compromiso con respecto a la rentabilidad. Sin embargo, nos comentaba que la dirección general no compartía con ella la información completa acerca de los números de la empresa. En ocasiones el director general manejaba algunas operaciones por su cuenta y solo le informaba el valor de la operación para que la agregara a una cuenta del balance comercial o, a veces, si ella tomaba una decisión con respecto a no permitir que cierta unidad tome horas extras, ya que debían pagarlas un 50 % más y este valor impactaba no solo en el mes sino en la prima vacacional y el aguinaldo, entonces el director de planta, convencía al dueño y simplemente se autorizaba. Ella lo notaba diez días después del cierre del mes, y ya no había mucho para hacer. Esas anomalías manifestaban que no había solo un problema de rentabilidad. Es evidente que en el trasfondo había un problema de relación y de confianza. Carmen comienza a dudar de sí misma, no parece ser la misma, ya no opina en las juntas de dirección como lo hacía antes. Ella antes de proponer una idea piensa para sí misma; ¿será esto lo que quiere escuchar mi jefe? Su jefe, que ni cuenta se dio acerca de la forma en la que Carmen era desautorizada por él frente a otros compañeros, lo atribuyó a un problema de motivación y falta de compromiso. Esos son los aspectos en lo que podemos intervenir, como observadores externos, comprendiendo una dinámica que va más allá de lo que se ve. Estas anomalías en las relaciones y forma de coordinar acciones están presentes en las dinámicas interpersonales.
La invitación que les queremos hacer a ustedes es que empiecen a observar cómo hacemos para atender las anomalías desde la oferta de valor del coaching.
¿Para qué buscan coaching?
La cuestión que más surge en la contratación de compromisos de coaching refiere a que las empresas necesitan líderes con inteligencia emocional bien desarrollada para guiar e influenciar a los equipos a través de la ambigüedad. El nivel de turbulencia en el entorno laboral exige que los líderes entiendan a sus equipos: su nivel de estrés, intensidad de compromiso y motivación. Cuando hay problemas, los líderes deben aprender cómo resolver estos desafíos desde un compromiso y perspectiva de productividad. Si bien la automatización se está infiltrando en el lugar de trabajo, los equipos siguen compuestos por personas, y el reconocimiento del “toque humano” es necesario.
Últimamente han crecido las solicitudes de procesos de coaching que apunten a la felicidad y el bienestar en el trabajo, y surgen medidores específicos sobre esto, pues hay líderes que, si bien logran buenos resultados, son tóxicos para sus equipos. Nos piden coaching diciendo que “están maltratando al equipo, no lo dejan ser y por ende no lo están desarrollando”.
Motivos frecuentes de contratación
De los asuntos por los que más se contrata CE, queremos abordar cada uno de los casos para ilustrar necesidades y alcances de nuestra gestión.
• Coaching por elección u obligación.
• CE para el liderazgo directivo.
• CE para el desarrollo de talento.
• CE para superar limitaciones en la gestión.
Coaching por elección u obligación
El CE se puede contratar directamente por el usuario del proceso o puede ser contratado por la organización para otras personas. No siempre el cliente elige el coaching como estrategia o apoyo para sus resultados. Es frecuente encontrarnos en situaciones en donde la primera entrevista con el cliente es incómoda para ambas partes, por eso es imprescindible ser claro en términos de expectativas, alcances y propósito, de forma tal que sea el cliente el que vea en esta disciplina una oferta para su desarrollo. Este es el momento de crear la relación y de escuchar, de responder a inquietudes y clarificar.
Coaching ejecutivo para el liderazgo directivo
El coaching ha resultado de suma utilidad para trabajar con líderes dentro de las organizaciones. Es un catalizador de desarrollo, un espacio óptimo para la reflexión, la planificación y el diseño de estrategias. Potencia la calidad de las relaciones, la mirada sistémica, el foco e impacto de las acciones y sobre todo el espacio para declarar posibilidades. El CE produce profundas transformaciones en los líderes impulsando el compromiso con resultados sin precedentes desde un lugar renovado, arriesgado y responsable, y con capacidad de crear equipos de alto desempeño, declarar nuevos horizontes y volverse un modelo a seguir dentro de la organización.
Coaching ejecutivo para el desarrollo de talento
El desarrollo de talento es un gran campo de aplicación para el CE, que ha demostrado acelerar la incorporación de competencias fundamentales para uno de los activos más importantes de las empresas: los talentos que constituyen el semillero de los futuros líderes de la organización. Nuestra experiencia realizando esta tarea fue sumamente satisfactoria, porque las personas están ávidas de recursos para maximizar su desarrollo y demostrar de qué son capaces, aman la innovación, están dispuestas a correr riesgos y encuentran en el CE un cauce para mostrar sus ideas y propuestas de valor.
Coaching ejecutivo para superar limitaciones en la gestión
A veces se contrata un coach ejecutivo para trabajar temas clásicos de gestión, como pueden ser delegar, trabajar en equipo, desarrollar proyectos, mejorar relaciones, comunicar asertivamente, lograr una eficiente coordinación de acciones, o alcanzar resultados en tiempo y forma, entre otros. Para cada una de estas acciones existe una traducción en resultados, que se pueden medir y que pueden ser visibles para la organización. La traducción de estas habilidades en resultados concretos permite darle al proceso un peso específico que de otra forma se diluiría en intentos o percepciones personales.
3. Documentación
Lo que se puede medir, se puede mejorar.
Peter Drucker
¿Por qué es importante la visibilidad?
El proceso de CE y sus objetivos tienen que ser visibles para todas las partes involucradas: el sponsor o patrocinador (que en ocasiones es Recursos Humanos, en otras es el director del área o del equipo), Recursos Humanos, el jefe del cliente, el cliente y el coach.
La visibilidad comienza en la promesa del servicio de ce, presentada en una propuesta que incluya el alcance, costos, política de cancelación y de confidencialidad, y un acuerdo relacionado con el proceso de coaching y los objetivos que se persiguen. Lo visible del proceso no es necesariamente el contenido, pero si es la empresa quien contrata al coach, tiene derecho a saber qué es lo que está pagando y a pedir informes sobre el avance a lo largo del proceso.
Se creó un mito alrededor de nuestra disciplina: si una persona está siendo coacheada, no se puede preguntar sobre ese “espacio sagrado”. Pero para nosotras, los coaches que realmente son profesionales y hacen promesas que saben que pueden cumplir se comprometen a hacer visibles los resultados. De no ser así, ¿cómo se evidencia el efecto del coaching? Si las personas solo se basan en el cambio de su estado de ánimo, la sensación es pasajera. Si el estado de ánimo va pegado a un indicador, tiene cuerpo y peso propio.
Las grandes preguntas a hacer en este dominio son: ¿cómo serán visibles para los involucrados –directa e indirectamente– el output del proceso, los resultados? ¿De cuántas maneras posibles puedes medirlos y darles visibilidad? Las respuestas a estos interrogantes robustecen cualquier propuesta.
La documentación es muy importante porque, además de funcionar como entrega visible del proceso de coaching, es la evidencia que tenemos como coaches de haber realizado nuestro trabajo. Desde nuestra experiencia profesional, podemos afirmar que en medio del proceso hay un período de meseta en donde parece que no está pasando nada. También, cuando a partir de las conversaciones de coaching salen a la luz patrones sistémicos, temas no resueltos, búsqueda de culpables, incertidumbre, sensación de pérdida de control, puede ocurrir que ante la falta de toma de responsabilidad la mirada gire hacia el coach bajo el juicio de “esto no está funcionando”. En estos casos la documentación es parte del argumento de “por qué sí funciona”.
Si hemos documentado el proceso, el acuerdo de coaching y los reportes de avance para la organización, la planilla de sesiones entre coach y cliente (confidencial) son, en definitiva, más que suficientes para iniciar la conversación en un nivel en donde los coaches mostramos nuestro trabajo: allí están los datos.
Nos permitimos hacer una salvedad: que estén los datos y la evidencia no implica que necesariamente el proceso de coaching esté funcionando, ni que la calidad del proceso cumpla con los estándares ni con las promesas realizadas al cliente y a la organización. Por eso insistimos, una vez más, en el marco de seriedad y profesionalismo que apunta a nuestra identidad como coaches ejecutivos. Nuestras promesas como coach y las expectativas como cliente quedan plasmadas en el acuerdo y cada coach ejecutivo sabe si cuenta con las competencias o experiencia para cumplirlas. De cara a la organización y a los procesos de selección y contratación de coaches, el hecho de contar con la documentación de nuestro trabajo y la visibilidad que da al proceso de coaching es una manera de comprometernos con nuestra labor, así como el estar disponibles para evidenciarlo cuando lo pidan.
Acuerdo de coaching ejecutivo
El acuerdo de coaching es un documento en donde quedan por escrito los objetivos, metas e indicadores del proceso. Se elabora entre la primera y la segunda sesión –para dar tiempo a hacer ajustes y correcciones–, y para tener validez debe estar firmado por el cliente, el coach y el jefe del cliente.
Si bien el contenido del acuerdo le pertenece al cliente, el coach aporta mayor visibilidad y claridad en los enunciados a través de preguntas específicas. También puede trabajar con la exigencia, ya que a veces los clientes establecen demasiados objetivos para la cantidad de sesiones que tienen (y es un buen momento para comprender el tipo de observador que es y cómo se relaciona con sus propios resultados).
Partes del acuerdo
El acuerdo de CE tiene una estructura a la que cada coach le da un toque personal que hace de ese “su acuerdo”. Recomendamos que esté escrito en hojas membretadas para un aspecto más formal, y que tenga:
• Introducción. Qué es y para qué sirve el acuerdo (diez renglones aproximadamente).
• Presentación de las partes. ¿Quiénes participan del acuerdo? (coach, cliente, jefe o sponsor, área de la empresa que hace la contratación).
• Objetivos del coaching. Se enumeran los grandes objetivos sobre los que el cliente quiere trabajar. Son títulos que después se partirán en metas para hacerlos más tangibles y alcanzables. Por ejemplo: alcanzar ciertos resultados de su área de gestión; reducir indicadores (gastos, rotación, etc.); aumentar indicadores (calidad, retención, porcentaje de talentos, etc.); desarrollar habilidades (delegar funciones, trabajar en equipo, etc.); mejorar en la coordinación de acciones. Los objetivos estarán relacionados con el nivel en el que se desempeña el cliente.
• Metas. Para comerse un pastel entero, la mejor manera es dividirlo en porciones. El pastel son los grandes objetivos, las porciones son las metas.
Roles del coach y del cliente
Cada uno debe dejar escrito en el acuerdo cuáles son las acontabilidades (aquello por lo que rinde cuentas) de su rol. Esto ya viene impreso a la hora de compartirlo con el cliente, pero si el coach lo desea pueden diseñarlo juntos como parte del proceso de coaching.
Promesa de confidencialidad
En este apartado queda plasmado que el contenido de las sesiones es confidencial y que no se compartirá sin permiso del cliente. Si el cliente planeara causar daños a la organización o al equipo, hay que conversar con él, y si mantiene su posición, los coaches tenemos el compromiso moral de informar a la organización rompiendo el acuerdo de confidencialidad.
Acerca de las sesiones
Aquí se detalla el número de sesiones que se contrata, la frecuencia, la duración, la modalidad, el medio de comunicación entre coach y cliente, la fecha de comienzo y la fecha estimada de terminación del proceso.
Políticas de presentismo y cancelación
Se refieren a la asistencia a las sesiones, la puntualidad, tolerancia de llegadas tarde, y a la política de cancelación. Cada coach debe decidir qué hacer si el cliente cancela la cita. En nuestro caso, si la cancelación se avisa con 72 horas de anticipación, la sesión se repone; si es con menos anticipación, se pierde y se resta del cupo de sesiones del cliente. Si la cancelación se da por parte del coach, la sesión se repone siempre.
Vigencia del acuerdo
Establecer un plazo de vigencia del acuerdo, que empieza a correr a partir de la fecha de firma y aceptación. El acuerdo debe manifestar la conformidad de todas las partes involucradas. Por ejemplo, si el jefe no firmara el acuerdo o no coincidiera con los objetivos que el cliente quiere trabajar, es responsabilidad de este último llegar a puntos de acuerdo en miradas y objetivos (un hecho así indica que hay que trabajar sobre la relación con el jefe, la comunicación, la coordinación de acciones, las expectativas, etc.).
Planilla de seguimiento
Es un documento privado que se maneja entre el coach y el cliente. El diseño es a elección de cada coach dependiendo de su estilo de trabajo y preferencias.
Sugerimos que incluya:
• Fecha de la sesión. Incluye el día, la hora y el lugar o medio.
• Temas por trabajar en cada sesión. Recordar la diferencia entre el objetivo de la sesión y el objetivo del programa. En cada sesión se pueden trabajar uno o más objetivos en particular, que en suma apuntarán al logro de los objetivos del programa.
• Tareas. Nos gusta dejar tareas que tengan que ver con llevar a la acción lo trabajado en la sesión. Está comprobado que la asimilación es mucho mayor cuando se pasa al cuerpo.
La planilla de seguimiento debe enviarse después de cada sesión, solicitando al cliente que la lea y valide nuestra devolución. Este es un testeo permanente para el coach de su manera de escuchar.
Registro de sesiones
Este documento por lo general se maneja entre el sponsor o quien tenga a su cargo controlar y realizar los pagos de las sesiones y el coach, y sirve para que puedan llevar un seguimiento del proceso en términos operativos. El diseño es acorde con las necesidades de la organización y los datos que el coach se compromete a ofrecer para mostrar el avance del proceso, cuidando siempre la confidencialidad de las sesiones.
En algunos casos, también se establecen las fechas de pago acordadas en la propuesta. Cada cuánto tiempo se entrega este informe es algo que se consensúa con el sponsor.
A continuación, compartimos con ustedes algunos de los documentos que nosotros usamos con nuestros clientes. Hemos creado un software que facilita este proceso, generando diferentes vistas, de acuerdo a quién esté vinculado con el proceso. El jefe, al igual que el sponsor y recursos humanos, solo pueden ver el acuerdo de coaching y las fechas de sesión. El cliente tiene acceso a la misma información que el jefe y a las notas compartidas de la sesión y el progreso de los objetivos. El coach tiene acceso a toda la información y a un espacio de notas privadas que puede tomar durante la sesión.
Modelos de documentación
Uso personal

Acuerdo de Coaching Ejecutivo
COACHEE:
Este documento es un acuerdo entre el participante (coachee) y su coach. Tiene como finalidad identificar los objetivos del proceso de coaching, así como las metas que se desean alcanzar y los métodos para medir el éxito, definiendo los roles del coach y el participante, cómo ambos emplearán el tiempo de coaching y la confidencialidad.
Las personas que tendrán acceso a este documento son: el coachee, el coach, el/los jefes del coachee, el Administrador de RRHH y el Project Manager de Liderarte.
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