Kitabı oku: «Currículo intercultural afrocolombiano»

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Catalogación en la publicación – Biblioteca Germán Bula Meyer

González Monroy, Luis Alfredo

Currículo intercultural afrocolombiano : Una apuesta pedagógica desde el diálogo de saberes / González Monroy, Luis Alfredo; Villamil Rojas, Leila Milena; Villafana Ariza, Liliana Esther. -- Primera edición. -- Santa Marta : Editorial Unimagdalena, 2019.

Ilustraciones, diagramas. – (Colección Ciencias Sociales, serie: Educación y pedagogía)

ISBN 978-958-746-229-6 -- 978-958-746-169-5 (pdf) -- 978-958-746-230-2 (epub)

1. Planificación curricular - educación multicultural. 2. Planificación curricular - Educación para la responsabilidad social. 3. Educación y estado. 4. Educación comunitaria. I. Autor. II Autor. III autor. IV Título. V. Serie

370.117

CDD 23

Primera edición, octubre de 2019

© UNIVERSIDAD DEL MAGDALENA

Editorial Unimagdalena

Carrera 32 No. 22 - 08

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(57 - 5) 4381000 Ext. 1888

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Colección Ciencias Sociales, serie: Educación y pedagogía

Rector: Pablo Vera Salazar

Vicerrector de Investigación: Ernesto Amarú Galvis Lista

Coordinador de Publicaciones y Fomento Editorial: Jorge Enrique Elías-Caro

Diseño editorial: Luis Felipe Márquez Lora

Diagramación: Eduard Hernández Rodríguez

Diseño de portada: Andrés Felipe Moreno Toro

Fotografía de portada: Vivienda de comunidad afro (campamento Miami), El Retén. Foto: Tatiana Mahecha.

Corrección de estilo: Catalina Marín

Santa Marta, Colombia, 2019

ISBN: 978-958-746-229-6 (impreso)

ISBN: 978-958-746-169-5 (pdf)

ISBN: 978-958-746-230-2 (epub)

DOI: 10.21676/9789587462296

Impreso y hecho en Colombia - Printed and made in Colombia

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Tabla de contenido

Introducción

Capítulo 1

Afrocolombianidad un horizonte del currículo

San Juan de Palos Prietos. Un pedazo de África en la escuela

El ser afro en la diversidad

Antecedentes epistémicos

Capítulo 2

Educación intercultural

Currículo

Currículo intercultural

Comunidades afrocolombianas

Saberes ancestrales

Oralidad

Diálogo de saberes

Capítulo 3

Perspectiva metodológica

Estancia en el campo

Participantes e informantes claves

Estrategias y técnicas de recogida de información

Resultados

Comprensión

Interpretación

Implicaciones pedagógicas

Conclusiones

Referencias

Introducción

Este libro, escrito en un lenguaje natural y afable, tal como se expresan sus participantes, expone los resultados de una investigación que tuvo como propósito contribuir a la construcción de un currículo intercultural, afianzador de los saberes ancestrales de la comunidad afrocolombiana de San Juan de Palos Prieto, Magdalena, el cual surgió de las propuestas de sus fuerzas vivas, que identificó sus verdaderos intereses, expectativas y necesidades. Para ello, se realizó de manera metódica, una indagación, visibilización, comprensión y valoración de dichos saberes no tenidos en cuenta, en los procesos de diseño curricular en la escuela del contexto donde se efectuó la inmersión, los cuales pueden considerarse como aportes de enriquecimiento a las propuestas educativas contextualizadas en la educación colombiana.

En este sentido, se buscó explorar los significados que atribuye esta comunidad afrocolombiana a su riqueza y legado cultural como agente patrocinador de los procesos de aula, e incorporarlos, a posteriori, de forma transversal, en el currículo escolar construido por la comunidad como característica distintiva de su identidad sociocultural e histórica, y como parte del ejercicio ciudadano de comprensión y aceptación de las diferencias de nuestra sociedad colombiana que favorezca las relaciones diversas y plurales de las culturas existentes en condiciones de respeto, tolerancia y solidaridad.

Es así como se quiere destacar la importancia de hacer investigación desde escenarios de vulnerabilidad y diferenciación que permitan la visibilización de aspectos culturales y étnicos pocos reconocidos y aprovechados en las dinámicas escolares. Aspectos que, entre otras cosas, hacen referencia al objeto de este estudio, en favor de la cimentación de identidad afrocolombiana y su reconocimiento en el ámbito educativo desde una práctica pedagógica innovadora e incluyente.

Esta iniciativa educativa se muestra como el resultado de una exigencia social a la necesidad de crear espacios de diálogos interculturales que impulsen la sana convivencia entre sus miembros, en contextos en los que aún se evidencian actitudes discriminatorias por razón de etnia, credo e ideologías. Lo anterior significa que el estudio tiene una característica adicional, y es su naturaleza inclusiva, que convoca a otros mundos de saberes y cosmovisiones a dialogar y reflexionar sobre su papel y aportes a una sociedad cada vez más justa y equitativa, que en palabras de Santos (2006) se describe de la siguiente manera:

Existen diversos tipos de conocimientos, diferentes maneras de conocer. Se debe emprender una búsqueda de las diferentes alternativas de conocimiento y de acción, tanto en aquellos escenarios en donde han sufrido una supresión que resulta más obvia de rastrear, como en aquellos en donde se las han arreglado para subsistir, así sea de una forma desacreditada y marginal. Es una búsqueda que debe desarrollarse en el sur, como la metáfora con la que identifico el sufrimiento que ha padecido el ser humano bajo el sistema capitalista globalizado (p. ٥٠٦).

Es de acotar que una gran multiplicidad de conocimientos que llevan consigo una insuperable sabiduría ha desaparecido como consecuencia de las inhumanas acciones prejuiciosas de un sistema capitalista, que ha querido sobresalir subestimando y marginalizando otras formas de conocimiento, distintas a las reconocidas por este. Conocimientos que, en muchos casos, se han resistido a ser aniquilados y han sobrevivido buscando maneras “desacreditadas y marginales” de ocultarse, para no ser hallados por este sistema, que ha desaprovechado la experiencia y sapiencia de sus pueblos herederos.

Este desaprovechamiento ha tenido como resultado una pérdida irrecuperable para la ciencia y la sociedad, que han podido robustecer la comprensión y sabiduría de este universo diverso y plural a través de la aceptación, familiarización y profundización de otras cosmovisiones, a las que se les ha apartado del escenario social y científico, por considerarlas insignificantes y de poco valor. No se les ha dado el lugar ni la importancia que les corresponde. Por mucho tiempo se les ha subestimado y se les ha querido mantener ocultas. Situación que ha sido diferente para el conocimiento eurocéntrico, el cual, desde su llegada a lo que hoy es América, en el periodo de la Colonia, se ha impuesto arrogantemente sobre otras formas y ha permanecido hasta el día de hoy. ¿Cómo lo ha hecho? Walsh (2009a) afirma que ha sido mediante la “geopolítica del conocimiento que tiende a hacer despreciar y a oscurecer las historias locales, a la vez que, autoriza un sentido ‘universal’ de las sociedades ‘multiculturales y del mundo multicultural’” (p. 9).

No cabe duda que esta geopolítica del conocimiento, promovida inicialmente por los europeos en el continente americano, ha descalificado y negado la riqueza epistémica de sus pueblos ancestrales. Es necesario entonces romper estructuras establecidas para empezar a abrir pequeñas brechas en las que, por medio de propuestas pedagógicas e investigativas, las personas puedan reconocerse en los otros, haciendo humanidad de manera correspondida, como ejercicio esencial para una vida social en tranquilidad. Por ello, se busca identificar y reconocer otros escenarios y alternativas de conocimiento que amplíen el panorama de aprendizajes, cada vez más significativos y particulares, como el que convocó al presente estudio, dentro de un marco de los saberes y tradiciones afrocolombianas. En ese orden de ideas, se reafirma la urgencia de formular, de acuerdo con Santos (2010):

[…] alternativas postcoloniales y post-imperiales, que incluya una crítica radical del imperialismo y cree una posibilidad de resistencia y alternativa contra hegemónicas, con un doble objetivo: establecer una nueva relación de equilibrio dinámico entre el principio de igualdad y el principio de reconocimiento de la diferencia; y mostrar el potencial de traducción intercultural para crear alianzas basadas en la idea de que la comprensión del mundo es mucho más amplia que la comprensión occidental del mundo y que la emancipación social debe ser repensada con la misma amplitud (pp. ٨-٩).

Sin lugar a equivocaciones, el colonialismo aún imperante en nuestras naciones sigue marginalizando los saberes de los pueblos indígenas, Rrom1 y afrocolombianos, los ha posicionado como saberes no modernos y locales frente a la universalidad del conocimiento occidental. Por esta razón resulta necesario proponer alternativas antiimperialistas que procuren la armonía entre las diferencias culturales y étnicas, que hoy conviven en condiciones de desigualdad e injusticia social. Al mismo tiempo que se establecen acuerdos para legitimar la multiplicidad de conocimientos que existen y que contribuirían a la consecución de una vasta comprensión del mundo.

Así las cosas, se apuesta en esta iniciativa pedagógica, sustentada en el reconocimiento a las diferencias, que busca avanzar en la construcción de una ideología intercultural, que acepte y valore la diversidad, la equidad, la democracia y los saberes ancestrales como conocimiento práctico y universal, que coexiste en igualdad de condiciones con el conocimiento occidental hegemónico, en un mundo cada vez más globalizado y dinámico, que exige nuevas formas de comprensión de las realidades existentes y que respondan a las actuales condiciones socioculturales de las territorialidades y las localidades.

Al respecto, De Sousa (2009) ofrece una explicación a dicha situación al poner en evidencia una de las posibles razones de la marginalización de los saberes ancestrales, cuando afirma: “que los intercambios e interpretaciones siempre han sido muy desiguales e inherentemente hostiles” (p. 81).

Y es que, a partir de la colonización de lo que actualmente se conoce como América, las comunidades originarias, raizales y palenques han recibido un trato desigual y hostil por parte de una sociedad hegemónica monocultural. Lamentablemente, hoy cuando se podría suponer que se han superado muchas de esas barreras étnicas, todavía se observan miramientos y reparos por su condición de indígenas, Rrom y/o afrocolombianos. Por tanto, la escuela en su papel de agente social ha de proponer escenarios de reconciliación que acerquen esas brechas que la misma sociedad ha puesto entre sus miembros solo por un color de piel, y que en este caso, se quiere amainar con la implementación de un currículo intercultural.

Por consiguiente, este currículo no se circunscribe únicamente a la escuela, es necesario que trascienda a todos los espacios comunitarios y sociales. Por ello, se involucró a toda la sociedad “sanjuanera”2 en la construcción de identidad afrocolombiana, en el afán de reproducir el legado ancestral que poseen, sin claudicar, en una postura de reivindicación, proyectándolo como instrumento de autorreconocimiento y autoaceptación. Consistió en un ejercicio de repontenciación de su memoria histórica-cultural, que permitió su empoderamiento como grupo poblacional. Así lo describe Villoro (1998):

La preservación de la propia identidad es un elemento indispensable de la resistencia a ser absorbidos por la cultura dominante. Tiene que presentarse bajo la forma de una reafirmación… de la propia tradición cultural, de la lengua, de las costumbres y símbolos heredados. En la persistencia de un pasado propio pretende un pueblo verse a sí mismo (p. ٥٦).

De esta manera, al proponer la elaboración de un currículo intercultural, en la comunidad educativa, esta hace aportes generosos referidos a su cosmovisión, simbologías, tradiciones y costumbres, conlleva revalidar un etnos propio, y a evitar una subalternización ante otras culturas. La probabilidad de que la esencia identitaria de los pueblos originarios, afro y Rrom desaparezca, invita a la comunidad científica latinoamericana a desarrollar trabajos investigativos que promuevan la conservación y preservación de la memoria colectiva de estos pueblos, a través de proyectos educativos que reflejen la naturaleza de estas comunidades mal llamadas “minoritarias” e incorpore aspectos de sus propias culturas.

Siguiendo esta línea, el estudio hace un reconocimiento a la cultura y saberes afrocolombianos, pueblos que a lo largo de la historia del Nuevo Mundo se han resistido a desaparecer, siendo perseverantes en mantener vivo su pasado. Conocedores de manera consciente de ser poseedores de una inconmensurable riqueza y sabiduría ancestral, digna de ser tomada en cuenta para incorporarla como elemento dinamizador en los procesos formativos dentro y fuera del aula, que activen y redireccionen el quehacer pedagógico en cualquier escenario educativo, en el afán de consolidar en las personas in situ sentido de arraigo y oportunidad hacia el terruño donde se ha nacido y se pretende fallecer.

El diálogo reflexivo, respetuoso e incluyente, tomado como instrumento heurístico, propició un encuentro de intercambio intercultural, y puso al descubierto los sentimientos más íntimos y profundos de los actores de este escenario investigativo sobre el tema en cuestión. Este ejercicio se convirtió en la puerta que abrió la posibilidad de crear colectivamente acuerdos de convivencia, solidaridad, equidad y justicia social, que favorecieron las interrelaciones equilibradas entre culturas diversas y plurales. Al mismo tiempo, se suprimieron actitudes de subvaloración, estigmatización, discriminación e invisibilización.

Con la construcción de este currículo intercultural —afianzador de saberes ancestrales afrocolombianos— se pretenden garantizar los conocimientos y prácticas culturales propias de esta comunidad, que han sido subvaloradas e invisibilizadas por una sociedad dominante, asimétrica e injusta. Así mismo, se quiere hacer un aporte a las ciencias de la educación en la medida en que se fundamenten procesos de comprensión y producción de conocimientos que puedan ser tenidos en cuenta en contextos con características similares al abordado en el presente estudio.

Dado todo lo expuesto, el estudio se abordó desde las categorías: educación intercultural, currículo, currículo intercultural, comunidad afrocolombiana, saberes ancestrales, oralidad, diálogo de saberes y procesos lectoescriturales. A partir de estas categorías se realizó una indagación bibliográfica y contextual que permitió hacer interpretaciones y comprensiones de la realidad vivida y sentida por la comunidad de San Juan de Palos Prieto, Magdalena, en lo que se refiere a su significación y papel que han de desempeñar en las dinámicas escolares y en todos los aspectos de su vida como grupo poblacional.

La obra se plantea en tres momentos, a saber: en el primero se reflexiona alrededor de la episteme afrocolombianidad, se dibuja su horizonte curricular, desde la evocación de un continente de vida y esperanza traído a América, donde se cristaliza con una identidad propia en una línea del tiempo, en la cual se llega a comprender qué es ser y sentirse negro. En un segundo momento, se elaboró una narración inteligible sobre la lógica científica del objeto de estudio. Abordándose las categorías que fundamentaron el estudio: educación intercultural, currículo, currículo intercultural, comunidades afrocolombianas, saberes ancestrales, oralidad y diálogo de saberes, haciéndose en cada una de ellas una delimitación conceptual.

Por su parte, en el tercer momento se correlata la inmersión realizada en el escenario de investigación, obteniéndose una descripción profunda de este, con el fin de llevar al lector a una posición omnipresente y de participación pasiva en el hecho investigativo; se narra igualmente, el proceso metodológico llevado a cabo a lo largo de la investigación que permitió recorrer el camino para lograr los propósitos establecidos. El estudio se realizó a través de una etnografía doblemente reflexiva, en el cual la observación participativa, la entrevista y los grupos de discusión fueron las técnicas empleadas para obtener una información auténtica, que permitió el acercamiento al espacio simbólico de la comunidad afrocolombiana de San Juan de Palos Prieto, para hacer una lectura, lo más fiel posible de su realidad y cosmovisión, que condujo a un análisis honesto de la misma, con el objetivo de presentar una interpretación y comprensión de sus escenarios de vida, que conducirían a proponer en estudios posteriores, alternativas de mejora. De otra parte, se presentan los resultados desde un ejercicio de comprensión-interpretación que motivaron la formulación de algunas propuestas de planificación curricular a las que se le han llamado implicaciones pedagógicas. Se cierra con una exposición breve de las conclusiones después de analizar la realidad policrómica y multicultural de la comunidad afrocolombiana abordada.

Finalmente, la obra no es más que una invitación a los investigadores socioeducativos a asumir otras perspectivas para hacer ciencia, superando la tradición eurocéntrica, forjando trabajos que surgen desde abajo, donde la voz de los silenciados adquiere valor científico y contribuyen a revalorar al ser humano y a sus territorios de vida.

1. A esta comunidad también se le conoce como gitanos.

2. Gentilicio de las personas originarias de San Juan de Palos Prieto, lugar donde se llevó a cabo esta investigación.

Capítulo 1
Afrocolombianidad un horizonte del currículo

Colombia es reconocida en su Constitución Política como una nación multicultural y pluriétnica, poseedora de una gran riqueza de saberes ancestrales propios de sus comunidades indígenas, afrocolombianas, Rrom y mestizas. Estas realidades llevan a abordar de manera necesaria y profunda la episteme interculturalidad, en el que los mal llamados ‘grupos minoritarios’ (indígenas, afrocolombianos y Rrom), exigen de las fuerzas vivas de la sociedad una mirada atenta a sus necesidades, intereses y expectativas, para configurar desde las ciencias de la educación, un sistema educativo que permita la inclusión efectiva y real de sus conocimientos y saberes, de sus creencias y costumbres, de su cultura y tradición, de su idiosincrasia e identidad. En otras palabras, la interculturalidad corresponde a una decisión personal y social comunitaria que se asume conductualmente para relacionarse en contextos donde se reconoce la diversidad (Esmeral y Sánchez, 2016, p. 78).

Sin embargo, aún se evidencia una clara hegemonía en las prácticas escolares que imputan visiones de mundo, filosofías y conocimientos instrumentales de producción, relegando a un segundo plano las particularidades de una gran diversidad de identidades y culturas propias, que enriquecen, hacen única y especial a la sociedad colombiana.

A lo largo de la historia nacional, estos pueblos han accedido a ser “educados” en un modelo que no ha respondido a sus existentes realidades y requerimientos. Si bien es cierto que se viene implementando poco a poco un discurso pedagógico incluyente en el que se le está dando voz a los saberes afrocolombianos e indígenas, sigue siendo muy notorio el dominio del sistema educativo estatal en el que el protagonista es todavía el conocimiento homogeneizante tradicional. Tal como la afirma Mosquera (2008):

En los discursos imperantes en la escuela sigue siendo débil la percepción sobre la diversidad en la sociedad colombiana y, por extensión, en el ámbito escolar. Se muestra igualmente, débil la percepción sobre las consecuencias y efectos del racismo en la vida de los alumnos que viven diariamente la discriminación racial […] los datos analizados permiten comprender que con relación al vector de la pertinencia, en el espacio escolar ocurre la valoración de una sociedad hegemónica blanca o mestiza en contraposición, una desvalorización y descuido respecto a la construcción y mantenimiento de referencia a otro tipo de identidades de raíces afro e indígenas (p. ١٠٨).

Es evidente que el discurso pedagógico enfocado en la interculturalidad no ha tenido trascendencia en las escuelas colombianas, porque los currículos y las prácticas pedagógicas de los docentes muestran una frecuente descontextualización e improvisación. Poco se conoce sobre los temas étnicos y culturales propios. De hecho, se suele relacionar la etnoeducación con la atención a grupos étnicos “minoritarios” (Arbeláez y Vélez, 2008, p. 6), es decir, a comunidades indígenas y afrocolombianas. Pero, no solo las incluye a ellas, sino también a toda la diversidad étnica que tiene Colombia y de la cual también forman parte los mestizos.

Del mismo modo, la educación que ha de servir de puente para el estudio comprensivo, crítico, respetuoso y tolerante de la diversidad étnica y cultural del país ha carecido de prácticas educativas incluyentes en las que se favorezca el diálogo reflexivo y abierto de creencias, costumbres, conocimientos y saberes ancestrales propios de sus integrantes, con el fin de reconocer, aceptar, respetar, valorar y enriquecer las diferencias como característica especial, sobresaliente, individual y colectiva de la identidad colombiana.

La escuela ha asumido su rol como promulgadora de conocimientos de la ciencia eurocéntrica, pero le ha faltado generar los espacios mínimos para reflexionar acerca de los procesos interculturales que subyacen de manera solapada en una sociedad rica en interacciones de subjetividad, presta en todo momento a dialogar de manera respetuosa, a estar atenta a suscribir consensos con sus pares y adversarios, y sobre todo, a tomar de manera serena decisiones para unas comunidades educativas proyectadas a la realización de sus miembros como personas íntegras y sociales.

En este sentido, la escuela se constituye en un lugar en el cual colectivamente se construye currículo, ahora desde una perspectiva intercultural que responde a los verdaderos anhelos, exigencias, expectativas, necesidades y particularidades de sus comunidades. En una visión altruista que reconoce la diversidad policrómica de una nación con una geografía heterogénea. Para ello, se pone como punto de referencia a una escuela rural ubicada en el Caribe colombiano que encierra una historia propia, unas problemáticas comunes, unos sentimientos identitarios y unos saberes tradicionales ancestrales. Ahora bien, con esta alusión no se pretende desconocer a los otros pueblos que conforman la unidad nacional del país.

Lo anterior lleva a pensar que es la escuela como organización social, la llamada a trabajar en la construcción y reconstrucción de tejido social, como dinámica reivindicativa de una sociedad que ha rechazado, excluido, humillado y discriminado a las comunidades afrocolombianas. Es la escuela entonces, según Walsh (2007b), la emplazada a proponer escenarios de socialización y reconciliación a través de un currículo intercultural, que exponga:

Nuevos procesos de intervención intelectual que puedan incluir la recuperación, la revaloración y la aplicación de los saberes ancestrales, pero no como algo ligado a una localidad y temporalidad del pasado, sino como conocimientos que tienen contemporalidad para comprender y actuar ahora. Procesos de intervención intelectual y de pedagogía crítica que podrían poner en consideración modos otros de pensar, aprender y enseñar que cruzan fronteras. La interculturalidad, la descolonización y la descolonialidad, en este sentido, son proyectos y luchas necesariamente entretejidos (p. ٤٨).

Surge por ende, la necesidad de diseñar un currículo contextualizado y pertinente que tenga en consideración “modos otros de pensar, aprender y enseñar”, hecho que es apremiante. La reivindicación de los derechos de los afrocolombianos ha de tener en cuenta su cosmovisión del mundo, su manera de enfrentar la vida y sus conocimientos ancestrales, que son válidos, significativos y universales para dicho grupo y han de ser tenidos en cuenta al momento de tal diseño. Es por ese motivo que se requiere de un trabajo mancomunado de todos los estamentos de la comunidad educativa en la construcción de este currículo intercultural (Alonso y Hernández, 2012), y sobre todo de las familias afrocolombianas que conocen y vivencian sus saberes ancestrales.

Sin embargo, el trabajo que realizan las familias afrocolombianas del corregimiento de San Juan de Palos Prieto, Magdalena, en y desde sus hogares, para aportar a la formación de estudiantes integrales con identidad afrocolombiana, es muy moderado. Esta afirmación se hace tomando en consideración el poco interés en enseñar a sus hijos su esencia y tradiciones. Gran parte de los jóvenes a los que se les pregunta por su cultura, en actividades escolares, no saben qué contestar. De hecho, podría considerarse que muchas de estas familias han sido colonizadas por costumbres y saberes homogeneizantes que, de una u otra forma hoy influyen sigilosamente en la falta de autorreconocimiento y autoaceptación de muchos jóvenes afrocolombianos, como lo mencionan López, Rivas y Rodrigo (2011):

La historia de Colombia y de sus pueblos, hablan de las hazañas y grandezas de los hombres mestizos, se habla de una cultura y una sociedad blanca, pero nunca se ha pensado ni hablado con voz de afrocolombiano, de un afrocolombiano (a) que posee una historia, una cultura, una ciencia, una tecnología, una tradición propia, entre otras; por el contrario, las miradas de la sociedad hegemónica han hecho que un buen número de afrocolombianos (as) se avergüencen de su grupo étnico y de su cultura. Hay quienes se casan con un mestizo por la creencia de que así mejorará su condición o estatus social, niegan su tierra de origen o buscan una posición laboral rodeándose de mestizos (p. ١).

Sin lugar a dudas, autorreconocerse y auto aceptarse como afrocolombianos en un país en el que todavía se evidencian conductas discriminatorias ante el color de piel, pudiera ser un ejercicio difícil y poco espontáneo para muchos jóvenes que han crecido rodeados de una cultura eurocéntrica que los ha rechazado y marginado. Es necesario recordar que esta comunidad afrocolombiana es descendencia de la que llegó a lo que hoy se conoce como América, traída del continente africano durante el periodo de la Colonia. Población que sufrió la esclavitud y su deshumanización, y que lamentablemente, aún sigue siendo discriminada y humillada por su color de piel.

Si bien es cierto que en el año 1851 se decreta la libertad de este grupo poblacional, se acota que este fue antecedido por décadas de luchas para lograr la reivindicación de sus derechos. Y cuando por fin se logra, no es tan real como se esperaba. Así lo registra la página web del periódico El Pilón3:

Fue el ٢١ de mayo de ١٨٥١ cuando el gobierno de José Hilario López decretó la abolición de la esclavitud en Colombia. Con este importante acto, se esperaba la construcción de un país multicultural y pluriétnico -tal cual lo menciona la Constitución de ١٩٩١- en donde las razas, colores, creencias e ideales no fueran un pretexto para ser parte de este, sin embargo, a la fecha aún se observan cientos de casos de discriminación e injusticia hacia las comunidades afrodescendientes.

Como se puede ver, la abolición de la esclavitud no fue un hecho real e inmediato. Los afrocolombianos tuvieron que esperar por mucho tiempo más el tan anhelado sueño de convivir en una sociedad tolerante y justa, donde se les respetara y valorara su etnia y su cultura. Mientras seguían esperando la reivindicación de sus derechos, continuaron siendo objeto de injusticias y maltratos. No fue suficiente el Decreto de Abolición. A este respecto, el portal Colombia aprende (s.f.), aclara:

Existen cuatro momentos que deben destacarse en este complejo episodio colombiano: ١٨١٢: la Constitución del Estado de Cartagena prohibió el comercio y trata de negros. Proyecto frustrado debido a la Reconquista española en ١٨١٥ comandada por Pablo Morillo. ١٨١٤: el dictador Juan del Corral ordenó la libertad a los hijos de esclavos nacidos en Antioquia. ١٨٢١: Ley de Libertad de vientre. ١٨٥١: ٢١ de mayo, el presidente José Hilario López firma la abolición legal de la esclavitud.

En definitiva, este proceso fue lento e inconcreto. Y tristemente, la situación no ha cambiado por completo para esta comunidad. Aunque ha habido algunas variaciones favorables, no se puede negar que desde esa época hasta el día de hoy se siguen contando por cientos los casos de diferenciación, exclusión, humillación, discriminación, segregación e injusticia hacia los afrocolombianos.

Es innegable tal situación. La sociedad en general y de hecho el mismo Estado “han hecho sordos sus oídos” para escuchar la voz de estas comunidades afrocolombianas que piden atención y justicia. Y aunque el Estado ha hecho esfuerzos por visibilizarlos, aún no lo ha logrado, falta mucho por hacer. Ellos, como todo colombiano, desean ser partícipes activos de la construcción social, política, económica y cultural del país, pero desean una participación real y profunda.

A pesar de todos los progresos que se han adelantado para mejorar las condiciones sociales de las comunidades afrocolombianas, la situación continúa desoladora, como afirma el Departamento Nacional de Planeación (1998):

En relación con la población afrocolombiana […] se conoce que habitan en su mayoría en los cordones de miseria y que en éstos (sic) las condiciones de saneamiento básico son críticas, […] Las mujeres afrocolombianas enfrentan condiciones bastantes complejas. Aunque se han enmarcado principalmente en actividades de la pequeña minería, agrícola, caza, pesca, artesanías, servicio doméstico, trabajo informal, no se les ha reconocido de modo sustancial sus aportes a la construcción de la base económica de la Nación, ni el papel primordial que juegan en la familia. Pese a ello, constantemente viene enfrentándose a diversos problemas tales como el desempleo, el analfabetismo, la violencia familiar, la pobreza, el abuso sexual, el ultraje, y el desplazamiento por la violencia y la discriminación racial y de género–sexo. De igual manera se encuentra desprotegida frente a la seguridad social, lo que en su conjunto las coloca como un grupo poblacional especialmente vulnerable (p. ٣٠).

En este orden de ideas, la Revista Semana (2011) presentó los resultados de un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el que se muestra que en Colombia el 90% de la población afro se concentra en 201 municipios de la geografía nacional.

En dichas localidades se presentan indicadores de pobreza mayores al resto de municipio y un rezago general en los indicadores de calidad de vida. De esta forma, mientras el ٦٠٪ de la población afro está en la pobreza, la cifra para el resto es del ٥٤,١٪. También se presentan brechas en educación, salud y equidad de género.

Como puede notarse, la población afrocolombiana se encuentra en difíciles situaciones económicas que la hacen más vulnerable. Habitan en zonas marginadas donde la pobreza, la inequidad, la violencia y la fragmentación del tejido social son críticos. Los sectores de la salud, educación, trabajo productivo y la discriminación afectan más profundamente a esta población. Las evidencias de rechazo, marginación, humillación y discriminación son comprobadas. No se les ha reconocido su valor y actuación relevante en la historia y construcción de una sociedad diversa y rica culturalmente. Y aunque poseen un gran patrimonio ancestral, que proclaman saberes, tradiciones, costumbres, ritos y valores propios representados en la lucha y la conquista de sus derechos que por años han tenido que reclamar y que, aún siguen reclamando, la discriminación y segregación de la cual han sido víctimas los negros y por extensión los afrocolombianos por su color de piel, ha sido implacable y despiadada: han querido arrebatarles su cultura y aniquilarlos. Al respecto, Blandón (2017), referenciando a la Corporación Convivamos y la Alcaldía de Medellín, afirma que:

A pesar del avance en herramientas jurídicas para la protección y promoción de los derechos humanos básicos y de orden colectivo de las comunidades afrocolombianas, al igual que para el fortalecimiento de su identidad, se evidencia una persistencia viciosa y socialmente aceptada de estructuras y prácticas colectivas que lleva a que aún hoy se sigan perpetuando importantes niveles de inequidad social, económica y educativa, así como la vulneración permanente de los derechos de estas comunidades con las prácticas racistas y discriminatorias (p. ١٢٥).

Todo este historial de sufrimiento y exclusión, hace vulnerables a las comunidades afrocolombianas, que exigen del gobierno, de la nación, de las instituciones públicas y privadas, y de la misma sociedad, atención especial. Esta puede tener como referente y punto de partida a las escuelas que subyacen en estos territorios de reivindicación. En este sentido, no se pretendió con el presente acto investigativo dar soluciones a la problemática socioeconómica que atraviesan estas comunidades, ni borrar el dolor, la humillación y la segregación de la cual han sido víctimas. Lo cierto es que su finalidad estuvo soportada en el afán incesante de hacer visible a la comunidad afrocolombiana, en este caso, a una comunidad afro asentada en el Caribe colombiano, San Juan de Palos Prieto, mediante el reconocimiento de sus saberes ancestrales como cimiento en la construcción de un currículo intercultural, en el cual las voces de los participantes nativos fueron escuchadas, respetadas y valoradas. Por todo lo anteriormente planteado, se formuló la pregunta problema del estudio en los siguientes términos:

¿Cuáles son los sentidos y significados que atribuyen las comunidades afrocolombianas a la construcción de un currículo intercultural que afiance los saberes ancestrales en el Caribe colombiano?

Con el propósito de responder a las pretensiones teleológicas del estudio, este se planteó como objetivo general develar los sentidos y significados que atribuyen las comunidades afrocolombianas a la construcción de un currículo intercultural que afiance los saberes ancestrales en el Caribe colombiano. Un propósito que supone a la vez: reconocer los saberes ancestrales que se encuentran en el currículo escolar orientados a la construcción de identidad propia; identificar desde las voces de los participantes el legado de tradiciones afrocolombianas a través de los procesos lecto-escriturales que se dan en el currículo escolar, y comprender desde el diario vivir de la comunidad afrocolombiana la necesidad de incorporar de manera transversal la interculturalidad en la escuela como lugar de reencuentros y saberes tradicionales.

San Juan de Palos Prietos. Un pedazo de África en la escuela

San Juan de Palos Prieto es un corregimiento del municipio de Puebloviejo, en el departamento del Magdalena (Colombia), ubicado al sur de este y aproximadamente a tres horas de la cabecera municipal. Se halla situado entre extensas plantaciones de palma africana, donde habita una comunidad afrocolombiana proveniente del sur de Bolívar, específicamente de los municipios de María La Baja y San Onofre. Municipio último este, que, en ese entonces, formaba parte del departamento de Bolívar y que hoy integra el departamento de Sucre.

Mapa 1. Localización del corregimiento de San Juan Palos Prieto-Magdalena


Fuente: Electrónica4(Map data © 2018 Google)

Al indagar sobre la historia de este corregimiento, fue casi nada la documentación oficial encontrada, así que se decidió preguntar entre sus habitantes para reconstruir sus antecedentes, y como resultado se presenta el siguiente argumento: San Juan de Palos Prieto nace alrededor de los años cuarenta del siglo XX, cuando un grupo de campesinos, procedentes de María La Baja y San Onofre, atraídos por la fama de la United Fruit Company5, deciden explorar estas tierras.

Al llegar a la zona6, buscaron quien les entregara tierras para trabajarla y hacer sus propias “rosas” o cultivos. Es así como a través de unos contratos verbales con la familia Dávila, terratenientes del sector, acuerdan dar a manera de préstamo parte de sus tierras para que estos campesinos sembraran y cosecharan sus plantaciones. Al pasar el tiempo, se trajeron a sus familias y conocidos para que los acompañaran en la labor, dando origen al primer asentamiento afrocolombiano en la zona y por supuesto haciéndose cada vez más numerosos. Con el transcurso de los años, un grupo de estos campesinos deciden invadir los terrenos y apoderarse de ellos a la fuerza, iniciando una disputa con la familia Dávila que duró varios años. Fue una lucha difícil y sangrienta, ya que se presentaron enfrentamientos con la Policía y el Ejército. De hecho, algunos campesinos fueron arrestados y/o asesinados.

Estos campesinos buscaron la asesoría de un abogado que los ayudara en sus pretensiones. Fue así que por un periodo de seis años, el abogado Juan Cenón Prieto se prestó a guiarlos en el proceso que comenzó entre los años de 1957 a 1958 y terminó en el año 1964, con la entrega de una escritura colectiva. Ya con escritura en manos, se disponen a repartir las tierras entre los campesinos asignando a cada uno dos hectáreas de terreno. Inicialmente, sus casas fueron construidas de barro, palma, bareque, madera y posteriormente de concreto. Sus primeros moradores eran personas trabajadoras que lo hacían de forma independiente en sus propias parcelas, donde cultivaban arroz, maíz, yuca y ahuyama. Vivían de sus cultivos.

El pueblo recibió el nombre de San Juan de Palos Prieto por varias razones casuales: la primera, tiene que ver con el hecho de que las tierras invadidas por los campesinos pertenecían a una de las secciones que conformaban las fincas de los Dávila y que llevaba por nombre Palos Prieto, a las otras dos se les conocía como Palo Alto y Palos Verde. Coincidencialmente, el abogado que los asesoró era de apellido Prieto y de nombre Juan. Y la tercera razón, porque nuevamente, producto del azar, su color de piel hacía honor a la palabra prieto que tanto se les cruzaba en el camino, lo que los llevó a adoptar el nombre para el caserío.

Así mismo, el abogado, quien era devoto de la virgen de Chiquinquirá, le prometió a esta que le haría una fiesta todos los años en la plaza del pueblo si lo ayudaba a ganar este pleito, para que los campesinos pudieran tener sus tierras donde sembrar y cultivar para sobrevivir. Fue así como el litigio se resolvió un 22 de febrero, y aunque esa no es la fecha en la que se celebra la fiesta de la virgen de Chiquinquirá, el pueblo la asumió para celebrarla como una forma de agradecimiento a este abogado que les ayudó a conseguir sus propósitos. Como consideraron un milagro tal logro, le agregaron el San, y hoy el pueblo se conoce como San Juan de Palos Prieto.

Las vías de acceso eran inexistentes. La gente salía en burro, en bicicleta o a pie entre los extensos matorrales para abastecerse de alimentos y comercializar sus cosechas. Con el pasar de los años, el señor Lacouture abre vía hacia Soplador, corregimiento de Zona Bananera, facilitando la entrada y salida del pueblo. Hoy, la situación ha mejorado, ya existen carreteras, (destapadas y polvorientas), por las que trafican moradores, trabajadores y toda clase de vehículos. De hecho, ya entra y sale una buseta que recoge a los pobladores y los lleva hasta el municipio de Fundación para hacer sus compras y diligencias. Sin embargo, en época de invierno, la situación es difícil. Los caminos se dañan a causa de las lluvias y se hacen intraficables, hasta el punto de aislar al pueblo en algunas ocasiones.

En el año 1986, llega la luz eléctrica a San Juan de Palos Prieto, lo que provocó en el pueblo la exigencia de otros servicios públicos a la Alcaldía de Puebloviejo. Así fue como después de muchas solicitudes, se construye la escuela que inicialmente solo atendía a estudiantes de primaria. Hay que mencionar que, antes de esto, los niños y jóvenes eran educados ocasionalmente por algunos miembros de la comunidad que tenían un poco de conocimiento sobre lectura y escritura, ya que casi toda la población era iletrada. No sabían leer ni escribir. Con el tiempo, la alcaldía nombra sus primeros docentes para que desarrollen sus labores en el pueblo.

En la actualidad, San Juan de Palos Prieto cuenta con una población aproximada de ochocientos habitantes, distribuidos en 120 familias, ubicadas mayormente en el corredor de la calle principal, que es la única calle del pueblo. Aunque desde hace poco se inició la apertura de otra calle. Tienen una Junta de Acción Comunal y se está conformando el Consejo Comunitario. El 98% de sus habitantes son afrocolombianos. Algunos son desplazados de la violencia, procedentes de Trojas de Aracataca y del vecino país de Venezuela. Son personas sencillas, alegres y con expectativas. Que han ido superando poco a poco la cruel violencia que se vivió en la Zona y de la cual fueron víctimas.

Esta es una zona de difícil acceso que no cuenta con servicios de acueducto ni de alcantarillado. El servicio de energía eléctrica no es bueno, constantemente se va el fluido eléctrico, haciendo difícil la realización de algunas actividades académicas y culturales que se programan en la institución y que requieren del suministro. En cuanto al agua, muchas de las familias han construido en sus patios pozos artesanales para acceder a ella, sin embargo, la calidad del líquido no es recomendable para el consumo. Otros deben ir a buscarlas a acequias cercanas.

San Juan de Palos Prieto es un territorio netamente agropecuario, donde predomina el cultivo de la palma africana. La mayoría de los hombres del pueblo trabajan como jornaleros en fincas vecinas de palma y otros se dedican a trabajar sus pequeñas parcelas donde cultivan el pan coger, y algunos crían animales. De allí obtienen el sustento de sus familias. Algunas tienen ingresos menores al salario mínimo. Las mujeres se dedican a las labores domésticas y a la crianza de sus hijos, son familias de bajos recursos económicos. Muy pocos poseen tierra para sembrarla, solo cuentan con sus viviendas, que en la mayoría de los casos son propias. Los productos de la canasta familiar son traídos de los municipios más cercanos que están aproximadamente a dos horas, como (Aracataca y Fundación) y a casi tres horas, como (Ciénaga). Lo que de una u otra manera incrementa el valor de los productos, impactando negativamente en los ingresos de las familias.

Son personas muy humildes y alegres. Sus fiestas patronales en honor a la virgen de Chiquinquirá se celebran en el mes de febrero. Se practican danzas folclóricas como el baile negro tradicional, y se juega cuco y cucunubá, juegos propios de esta comunidad, que se practican con granos de maíz y balines de metal (canicas), respectivamente. En la gastronomía podemos contar platos típicos como el arroz de coco y fríjol, que se preparan con mayor frecuencia en épocas de Semana Santa.

Cabe señalar que la mayoría de las familias paloprieteras son de bajos recursos económicos, su sustento depende del sembrío de la palma africana, la cual tiene una gran influencia en la vida de esta comunidad, pues además de obtener sus ingresos de ella, se ven afectados por la contaminación ambiental que ha ocasionado su cultivo en la zona, ya que la única quebrada del pueblo, la quebrada Roncador, ha desaparecido a causa de los desechos que deja el procesamiento de la fruta de la palma de aceite o palma africana, que son arrojados allí por las fincas que las trabajan.

Por otra parte, al introducirnos a la Institución Educativa Departamental Rural de Palos Prieto, se observa que su perfil natural es el agropecuario. Cuenta con un convenio de articulación con el Sena7, en el que el colegio aporta la unidad productiva, que vienen siendo los estudiantes, un docente en el área y las instalaciones para realizar las prácticas. Mientras que el Sena colabora enviando dos instructores: uno para la parte agrícola que trabaja con los estudiantes de décimo, y otro para la parte pecuaria con los estudiantes de undécimo. Al finalizar la media vocacional, los estudiantes reciben una certificación del Sena como técnico en producción agropecuaria, y el título que le otorga la institución educativa como bachiller técnico agropecuario.

Esta institución educativa está conformada por seis sedes: San Juan, Guayabos, El Triunfo, San Joaquín, La Isla y Tierra Nueva. San Juan es la sede donde se encuentra la oficina administrativa. Las otras cinco se hallan ubicadas respectivamente, a 2.5, 7, 10, 12 y 12 kilómetros de distancia de esta. Lo que de alguna manera influye en la asistencia regular y puntual de los estudiantes al colegio. Muchos de estos niños se trasladan en motos, en bicicletas o hasta a pie. Incluso, algunos se arreglan temprano para llegar al colegio, pero no consiguen transporte para llegar, así que en algunos casos pierden el día de clases.

Por otro lado, dos de las sedes se encuentran situadas en fincas privadas, en donde no es posible invertir en infraestructura, ni mantenimiento. Solo se les puede surtir en material didáctico, tecnológico y docentes. Las seis sedes ofrecen servicios de preescolar y básica primaria. San Juan además tiene cobertura en básica secundaria y media técnica. Mientras que Tierra Nueva ofrece cobertura hasta octavo grado de bachillerato. Los estudiantes de la institución también reciben los beneficios del Programa de Alimentación Escolar.

Todas las sedes, a excepción de El Triunfo, cuentan con fluido eléctrico. Todas cuentan con computadores, aunque no con internet, ya que el servicio es deficiente, a pesar de contar con las antenas instaladas por los operadores. Así mismo, en ninguna de las sedes hay aseadoras, ni celadores. De vez en cuando, por pequeños periodos de tiempo, en la sede San Juan, se contratan aseadora y conserje. El resto del año, los docentes y los estudiantes realizan la labor de limpiar y barrer las instalaciones educativas.

La Institución Educativa San Juan de Palos Prieto cuenta con 730 estudiantes, atendidos por treinta y cuatro docentes, dos coordinadoras y una rectora. Veinticinco son licenciados, tres especialistas, seis normalistas y seis profesionales diferentes a la pedagogía. De estos, veintiséis tienen contrato en propiedad, y once en provisionalidad. Del mismo modo, cinco ingresaron a la planta docente a través del Decreto 22778 y 32 docentes mediante el Decreto 12789.

En cuanto a los acudientes de los estudiantes, generalmente son mujeres, son muy pocos los hombres que cumplen con este papel dentro de la comunidad educativa. La mayoría asiste a las reuniones que se programan para la entrega de informes académicos e informativos. Aunque son poco participativos en actividades como actos cívicos, culturales o de otro tipo que se realizan en la institución.

Su condición de afrodescendientes los convierte en una comunidad especial. Su riqueza cultural es valiosa y significativa. Sus creencias, costumbres, tradiciones, ritos, cantos, formas de vivir y concebir la vida son un legado importante, no solo para su comunidad, sino también para nuestro país. Ellos forman parte de la idiosincrasia que identifica a Colombia y constructores activos de nuestra historia, nuestro presente y también de nuestro futuro.

El ser afro en la diversidad

La diversidad étnica y cultural que posee Colombia la convierte en uno de los países más privilegiados y aventajados del mundo. Su patrimonio cultural representado en valores, saberes, conocimientos, costumbres y tradiciones la hace única y especial. La Constitución Política de 1991 así lo reconoce al considerar el carácter pluriétnico y multicultural como característica constitutiva de la nacionalidad colombiana.

Fue gracias a la carta política que se empezó a visualizar y a dar espacios legales y sociales a la condición multicultural y pluriétnica de esta sociedad. Esto como resultado de los justos reclamos de los pueblos y comunidades denominados “minoritarios” (indígenas, afrocolombianos y Rrom, entre otros), que por mucho tiempo han exigido del Estado y de la sociedad en general, el reconocimiento y la reivindicación de sus derechos como miembros activos de ella; pues ellos, al igual que el resto de la comunidad, han forjado la historia e idiosincrasia de este país y, por supuesto, esperarían aportar en condiciones de equidad al presente y futuro de esta nación.

Como resultado de estos justos reclamos, la comunidad mundial ha respondido ante la negada diversidad étnica y cultural que por muchos años se promocionó. Cada vez toman más auge los temas relacionados con la multiculturalidad y la plurietnicidad, a tal punto que los Estados están considerando la transformación de sus sistemas educativos a unos más incluyentes e interculturales. En este sentido, la Unesco (2001)10 por ejemplo, ha asumido esta tarea con particular interés. Ha proclamado en su Declaración Universal sobre Diversidad Cultural, la necesidad de tener en cuenta, a aquellas comunidades que han sido rechazadas e invisibilizadas, y a las que se les ha negado sus derechos como ciudadanos, al afirmar que los estados miembros se comprometen a:

Favorecer el intercambio de conocimientos y de las prácticas recomendables en materia de pluralismo cultural con miras a facilitar, en sociedades diversificadas, la inclusión y la participación de las personas y de los grupos que proceden de horizontes culturales variados (artículo ٢).

Declaración que promueve reformas en el sistema educativo, orientadas a la promoción de prácticas de intercambio intercultural, como es el caso, de la construcción de un currículo intercultural que circunscriba la creación de estructuras y contenidos propios, en donde se reconozcan los saberes de entornos culturales variados, y se erijan diálogos reflexivos y respetuosos que fomenten la vida en común, basados en la comprensión de los demás como vía hacia una sana convivencia.

Reconocimiento que, para efectos de este estudio, ha de tener en cuenta los aportes materiales y espirituales que las comunidades afrocolombianas han hecho a la construcción de una nación colombiana diversa y pluriétnica. Sin embargo, tal reconocimiento incluye también garantizar la participación y cohesión de toda la sociedad, con identidades diversas y variadas que conviven en el país y dan vida a las relaciones sociales:

En nuestras sociedades cada vez más diversificadas, resulta indispensable garantizar una interacción armoniosa y una voluntad de convivir de personas y grupos con identidades culturales a unos tiempos plurales, variados y dinámicos. Las políticas que favorecen la inclusión y la participación de todos los ciudadanos garantizan la cohesión social, la vitalidad de la sociedad civil y la paz (artículo ٢).

No cabe duda, los Estados deben crear políticas para la consecución de estos objetivos. No es un capricho, es un derecho y un compromiso como sociedad, ante estos grupos poblacionales que por tanto tiempo han padecido el rechazo, la humillación, la marginalidad y la discriminación racial. Por tanto, es un deber de los gobiernos proponer estrategias de reivindicación y re-establecimiento de sus derechos, que además patrocinen y refrenden las relaciones armónicas entre sus comunidades. Así mismo, es una responsabilidad de todos los habitantes del planeta como ciudadanos del mundo, en una creación que se asemeja cada vez más a una gigantesca aldea global, ya que vivir en paz y armonía es potestad de todos.

Del mismo modo, haciendo referencia a los derechos que poseen estos grupos minoritarios manifiesta en su artículo 4:

La defensa de la diversidad cultural es un imperativo ético, inseparable del respeto de la dignidad de la persona humana. Ella supone el compromiso de respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales, en particular los derechos de las personas que pertenecen a minorías y los de los pueblos autóctonos. Nadie puede invocar la diversidad cultural para vulnerar los derechos humanos garantizados por el derecho internacional, ni para limitar su alcance.

Es menester entonces el reconocimiento de la identidad cultural como parte de la defensa de sus derechos y como pueblos autóctonos. Es una forma de demostrar dignidad hacia estas minorías, que también quieren participar en condiciones de equidad, en la construcción de una sociedad libre, justa, tolerante y respetuosa de las diferencias. Propósito que por medio de este estudio se esperó lograr: el reconocimiento a los saberes ancestrales de la comunidad afrocolombiana San Juan de Palos Prieto ante sus miembros, sus nuevas generaciones y la comunidad educativa. De esta forma, al hacer un ejercicio en la escuela y requerir sobre lo que significa ser afrocolombiano, un estudiante se pronuncia en los siguientes términos:

Sentirme orgulloso porque soy negro, porque somos un pueblo que podemos salir adelante con nuestras propias culturas (voz del estudiante ١E, ٢٠١٧).

Realizar una investigación en la que se develen los sentidos y significados que atribuyen las comunidades afrocolombianas a la construcción de un currículo intercultural, que visualice y reconozca sus costumbres y saberes ancestrales, resulta pertinente porque contribuye a contextualizar los contenidos desde los cuales se realiza el trabajo de aula y a crear estrategias pedagógicas que hagan más interesante y representativo este proceso para los estudiantes. Manejar los procedimientos del aula sobre la base de la esencia de los protagonistas, deriva en un ejercicio práctico e innovador, distinto pero significativo. Es una forma de desmonopolizar y democratizar las prácticas educativas que permiten, según Santos (2006):

Superar la lógica de la monoculturalidad del saber y del rigor científico, la cual tiene que ser cuestionada por la identificación de otros saberes y de otros criterios de rigor que operan creíblemente en contextos y prácticas sociales declarados como no existentes (pp. ٧٨-٧٩).

Estos saberes desconocidos y pocos desarrollados en contextos educativos podrían convertirse entonces en elementos dinamizadores del currículo escolar. Provocando entre sus beneficiarios una elevación de los índices de motivación y participación con respecto a su proceso educativo. Sería de igual manera una oportunidad para los docentes de resignificar su praxis a través de la búsqueda de opciones distintas de hacer su trabajo, cada vez más contextualizado y significativo.

Estos conocimientos ancestrales considerados de poco valor científico han existido por mucho tiempo en espacios sociales cumpliendo un papel de promotores de cultura, de salud y de sabiduría, que han posibilitado mantener viva a una comunidad que ha resistido toda clase de atropellos y maltratos por parte de una sociedad opresora. Lo que en otras palabras significa que dichos saberes han contribuido a la subsistencia de una población que ha querido ser eliminada por su color de piel, pero a pesar de ello, se ha mantenido firme, fuerte e inmovible en su propósito de subsistir como pueblo.

Es evidente que dichos conocimientos han resultado prácticos para estas comunidades, quienes los han utilizado para enfrentar sus desafíos cotidianos: las enfermedades, la tristeza, la crianza de los hijos, la muerte, entre otros. Los usos y beneficios de estos saberes son numerosos, la medicina natural así lo demuestra. Por ello, resulta oportuno citar las palabras de Walsh (2009a), quien considera innegable la necesidad de: “Resaltar lógicas, racionalidades y modos socioculturales de vivir históricamente negadas y subordinadas” (p. 12). Realidades que enriquecen el acervo cultural y epistémico de las sociedades.

Se hace indispensable entender que la diversidad étnica y cultural existente trae igualmente consigo una amplia multiplicidad de conocimientos heterogéneos y distintos, que brindan la oportunidad de abordar una misma realidad desde diferentes puntos de vista, enriqueciendo su campo de análisis y comprensión. Lo que supone una generosa y vasta percepción de nociones y discernimientos de dicha realidad. Esta posibilidad de experimentar otros modos de aprender y conocer es lo que Santos (2010) define como ecología de saberes y la explica con las siguientes palabras:

Es una ecología porque está basada en el reconocimiento de la pluralidad de conocimientos heterogéneos y en las interconexiones continuas y dinámicas entre ellos sin comprometer su autonomía. La ecología de los saberes se fundamenta en la idea de que el conocimiento es interconocimiento (p. ٤٩).

El autor en mención deja ver entre líneas la importancia de reconocer los saberes y conocimientos plurales y diversos. Afirma que aunque estos tienen autonomía propia, pueden dinámicamente interconectarse produciendo más conocimiento. Esta constante y regular relación de saberes abre las puertas para proponer otras formas de contacto social. Uno más abierto, tolerante, solidario y natural; libre de prejuicios y dispuesto a fundar nuevos esquemas de conocimientos que tengan en cuenta la heterogeneidad y las dinámicas que puedan surgir de ellas.

Esta interconexión de la diversidad epistémica, conocida como ecología de saberes, debe ser vista como un derecho de la ciudadanía mundial que hace honor a la pluralidad de la cual forma parte. Y como un aporte a la tan anhelada paz que se desea en contextos de democracia y justicia social. Es un encuentro de saberes y culturas en condiciones de equidad, donde cada una, desde su autonomía, bajo la misma medida e importancia, tributa su esencia y razón de ser, con el objeto de producir nuevas relaciones y conocimientos. Pero no cualquier conocimiento, sino uno cada vez más sabio, como lo expresa Santos (2006):

Del principio de incompletud de todos los saberes se deduce la posibilidad de diálogo y disputa epistemológica entre los diferentes saberes. Lo que cada saber contribuye a tal diálogo es el modo como orienta una práctica dada en la superación de una cierta ignorancia. La confrontación y el diálogo entre los saberes suponen un diálogo y una confrontación entre diferentes procesos a través de los cuales prácticas diferentemente ignorantes se transforman en prácticas diferentemente sabias (pp. ٧٨-٧٩).

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Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
152 s. 5 illüstrasyon
ISBN:
9789587461695
Telif hakkı:
Bookwire
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