Kitabı oku: «El vuelo del águila»
El vuelo del águila
Cómo el ser humano aprende a volar
Diseño de portada: Ricardo Aguilar
Tipografía y armado: Verónica Rosas Mercado
Traducción: José Luis Castañeda
© Leonardo Boff
© Ediciones Dabar, S.A. de C.V.
Mirador 42
Col. El Mirador
04920 México, D.F.
Teléfono: 5603-3630, 5673-8855
Fax: 5603-3674
e-mail: contacto@dabar.com.mx
ISBN: 970-652-101-1
Miembro de la Cámara Nacional de la Industria Editorial núm. 2500.
Hecho en México, febrero 2000.
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
1. ¿Que significa dia-bólico y sim-bólico?
2. La realidad es sim-bólica y dia-bólica
3. El hombre sapiens y demens
4. El juego de lo sim-bólico y de lo dia-bólico en el universo
5. El largo camino del ser humano rumbo a la integración
Bibliografía para profundizar
I. RUMBO A LA CIVILIZACIÓN DE LA RE-LIGACIÓN
1. De la insensatez a la sabiduría
2. El fin de las revoluciones del neolítico
3. El Adán dominador y el Prometeo conquistador
4. ¿Qué sueños nos orientan?
5. La civilización de la re-ligación
6. La aparición de una civilización planetaria
7. La hora y el turno del Águila
Bibliografía para profundizar
II. EL ÁGUILA Y LA GALLINA, LO SIM-BÓLICO Y LO DIA-BÓLICO EN LA COSNTITUCIÓN DEL UNIVERSO
1. Las distintas imágenes del universo
2. Cómo es la cosmología contemporánea
3. El planeta tierra y el surgimiento de la vida
4. La aparición de la vida humana
5. La danza cósmica del águila y de la gallina, de lo sim-bólico y de lo dia-bólico
6. Si todo comienza, ¿también todo acaba?
7. Caos y cosmos, diá-bolos y sím-bolos: el triunfo final del águila
Bibliografía para profundizar
III. EL ÁGUILA Y LA GALLINA, LO DIA-BÓLICO Y LO SIM-BÓLICO EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA
1. La evolución bio-socio-cultural dentro de la evolución cósmica
2. ¿Cuál es el motor secreto de la historia?
2.1 Movimiento versus institución
2.2 Utopía versus historia
2.3 Clases versus pueblo
2.4 La casa versus la calle
2.5 Conservadores versus progresistas
2.6 Reforma versus revolución/liberación
2.7 Izquierda versus derecha.
2.8 Lo dionisíaco versus lo apolíneo
2.9 Yin versus yang
3. El águila y la gallina en la civilización planetaria
4. Un rito de tránsito de civilizaciones
5. La nueva meta de la hominización: la noosfera
Bibliografía para profundizar
IV. EL ÁGUILA Y LA GALLINA, LO SIM-BÓLICO Y LO DIA-BÓLICO EN LA CONSTRUCCIÓN DE LO HUMANO
1. El carnet de identidad del ser parlante
2. El ser humano, el último en llegar al escenario de la historia
3. El espíritu: primero en el cosmos después en la persona
4. La subjetividad es cósmica y personal
5. ¿Cuál es la misión del ser humano en el universo?
6. Polarizaciones del ser humano
6.1 Ser humano: hombre y mujer
6.2 Ser humano: utópico e histórico
6.3 Ser humano: poético y prosaico
6.4 Ser humano: ser de necesidades y de creatividad
6.5 Ser humano: terrenal y divino.
6.6 Ser humano: sapiens y demens, sim-bólico y dia-bólico, decadente y rescatable
6.7 Conclusión: el ser humano vínculo de relacionas totales
Bibliografía para profundizar
CONCLUSIÓN LA LUCHA ENTRE EL ÁGUILA Y EL TORO
GLOSARIO
INTRODUCCIÓN
El águila y la gallina, lo sim-bólico y lo dia-bólico: dimensiones de la misma realidad.
El vuelo del águila es la prolongación de la obra anterior, El águila y la gallina: cómo el ser humano se hace humano, en la que intentamos mostrar la coexistencia de la dimensión-águila/ gallina en la realidad circundante del ser humano. Por dimensión-águila entendemos la realidad del ser humano en su apertura, en su capacidad de trascender límites, en su proyecto infinito. Por dimensión-gallina, su enraizamiento, su situación existencial, los proyectos concretos.
Queremos retomar esta preocupación bajo un ángulo parecido, también desafiante y dialéctico: la coexistencia de lo sim-bólico y de lo dia-bólico en el universo, en la historia y en cada persona humana. Al lado del binomio águila-gallina, lo sim-bólico/ dia-bólico también nos propiciará una fecunda experiencia de las cosas. Y ciertamente nos posibilitará un estado de conciencia más globalizador de la realidad.
1. ¿QUE SIGNIFICA DIA-BÓLICO Y SIM-BÓLICO?
Expliquemos, ante todo, los términos sim-bólico y dia-bólico. Su origen filológico se encuentra en el griego clásico. Símbolo/simbólico proviene de symbálein o symbálesthai. Literalmente significa: lanzar (bálein) junto (syn). El sentido es: lanzar cosas de forma que permanezcan juntas. En un proceso complejo significa re-unir las realidades, congregarlas a partir de diferentes puntos y hacer converger diversas fuerzas en un solo haz.
Originalmente existía detrás de la palabra y del concepto símbolo (symbolos) una experiencia singular y curiosa: dos amigos, por conyunturas aleatorias de la vida, tienen que separarse. La separación es siempre dolorosa. Implica sentimiento de pérdida. Los dos amigos tomaron un pedazo de tela y cuidadosamente lo partieron en dos, de tal modo que, unidos, ensamblaban perfectamente. Cada uno llevó consigo su pedazo. Cuando un día volvieran a encontrarse, se mostrarían los pedazos, que deberían ensamblar. En el caso de que ensamblasen, simbolizaba que la amistad no se había desgastado ni se había perdido. Era el símbolo (he aquí la palabra), es decir, la señal de que, a pesar de la distancia, cada cual había conservado siempre felizmente la memoria del otro, presente en el pedazo bien cuidado de tela.
De este significado original de sím-bolo, se derivó naturalmente el otro: sím-bolo como señal de distinción. Cada país, cada ciudad, en cierta época, cada familia de renombre, y hoy, cada producto, tiene su marca registrada, su logotipo o su símbolo. Hasta en la religión penetró esa significación. En la teología cristiana, por ejemplo, se acuñó la expresión técnica símbolo de la fe para expresar el credo y los dogmas fundamentales. Son las señales de distinción, la marca registrada de la fe cristiana, diferente de otras formas de fe. ¿Y lo dia-bólico?.
Dia-bólico proviene de dia-bálein. Literalmente significa: lanzar cosas lejos, separadas y sin dirección. Dia-bólico, como se ve, es opuesto a sim-bólico. Es todo lo que desconcierta, desune, separa y opone.
Como se puede fácilmente deducir: la vida personal y social está urdida por la dimensión sim-bólica y dia-bólica. A nivel personal está hecha de amistades, de amores, de solidaridades, de uniones y de convergencias. Al mismo tiempo está atravesada por enemistades, odios, impiedades, desuniones y divergencias. A nivel social, se caracteriza por luchas entre pueblos, entre sistemas sociales, entre clases, entre instituciones y usuarios. Al mismo tiempo, hay en ella convivencia pacífica, pactos de solidaridad y convergencias políticas orientadas al bien común de las naciones y del planeta.
Pero nunca lo dia-bólico y lo sim-bólico se anulan o suplantan totalmente. Conviven siempre en equilibrios difíciles, dinamizando a la vida. ¿No recorrerán toda la realidad, también la cósmica y la natural?
2. LA REALIDAD ES SIM-BÓLICA Y DIA-BÓLICA
Sí, podemos ir más lejos y afirmar: dia-bólico y sim-bólico son principios estructuradores de la naturaleza y del cosmos, de los comportamientos sociales y de la misma naturaleza humana.
En el lenguaje de la ecología se constata, por ejemplo: la naturaleza tiene características de asociación, de interdependencia, de solidaridad y de complementariedad; en una palabra, de cosmos (= armonía y belleza). Al mismo tiempo, tiene características de parasitismo, concurrencia, oposición, antagonismo y destrucción; en una palabra, de caos (=desequilibrio y desorganización).
De la biografía de la Tierra conocemos las inimaginables violencias que se dieron con espantosas exterminaciones en masa. En los últimos 570 millones de años, después de la aparición de los vertebrados, se dieron cerca de 15 devastaciones biológicas en masa. Dos de ellas exterminaron cerca del 90% de la vida de las especies. La primera, con el resquebrajamiento de la Pangea (el continente único originario) y la consecuente formación de los continentes. El fragor fue tan avasallador que la vida animal, terrestre y marítima casi desapareció. Se terminaba el paleozoico.
La segunda sucedió hace 65 millones de años. Se dieron cambios profundos en los climas y en el nivel de las aguas oceánicas. Juntamente con eso un asteroide, de tamaño presumible de 9.6 kilómetros de diámetro, habría chocado con la Tierra, produciendo una catástrofe formidable de fuego, de maremotos, de residuos lanzados al aire, al punto de provocar una noche prolongada de años, infestada de gases venenosos y asesinos. Perecieron los dinosaurios después de 130 millones de años de dominio soberano sobre todas las especies y en todo el planeta. Desapareció el 50% de la vida en la Tierra y el 90% de la vida en el mar. Terminó la era mesozoica. He aquí la presencia devastadora de lo dia-bólico en la naturaleza y en la Tierra.
Existen analistas provenientes de la biología y de la cosmología que sospechan que es inminente otra devastación en masa. Estaría en curso hace ya dos millones de años con los glaciares que, notoriamente, diezmaron vidas vegetales y animales. Pero después del neolítico irrumpió un meteoro, peligroso y amenazador: el ser humano, el homo habilis et sapiens. Con su tecnología, altamente energívora, especialmente hoy, acelera el proceso de exterminación a niveles casi incontrolables. ¿ Será posible evitar el colapso ecológico? Este es el desafío ético y político que se nos plantea. Podemos evitar la amenaza con sabiduría, autocorrección, veneración y compasión. Nuestro libro cree en este proceso de rescate del ser humano y de la Tierra.
Vamos a dar un ejemplo más de la bipolaridad en la naturaleza y en la Tierra. Es sin duda fascinante y tranquilizador caminar en una selva virgen y primitiva, captar la unión de las plantas, detectar los parásitos en los troncos, identificar los grandes árboles, los arbustos, los bambúes y las gramíneas; disfrutar del frescor del aire, de los matices del verde, de la sinfonía de los ruidos, de la filtración de los rayos solares y de la sombra bienhechora. La armonía del ecosistema nos invade y alimenta nuestro centro personal. Es una experiencia de lo sim-bólico.
Sin embargo, si conocemos un poco de biología y de botánica, podemos imaginar la lucha reñida que se traba en el reino vegetal. Las plantas se sobreponen unas a las otras y luchan por garantizar su lugar al sol. En función de ganar espacio, promueven guerras químicas en el subsuelo, con emisión de venenos, inhibidores y bacterias, oponiendo plantas y raíces a otras plantas y raíces. Se intenta vencer al contrincante y eventualmente eliminarlo. Ésta es la acción de lo dia-bólico.
Lo que parecería, a primera vista, cooperativo, asociativo y solidario, aparece ahora como competitivo, biofágico y destructor. Se da ahí la coexistencia tensa y dramática de lo sim-bólico con lo dia-bólico.
Lo que dijimos de la selva, podemos extenderlo a toda la naturaleza. Es madre generosa y al mismo tiempo madre voraz. Es sabia (en ella se dan regularidades y armonías, la articulación de la parte y del todo), y a la vez demente (crueldad en la reproducción cuando el macho muere, como en el caso de la mantis religiosa, extinciones en masa, cataclismos destructores). Produce de todo y también todo lo devora. En ella hay vida y muerte en abundancia. Trillones de partículas y haces energéticos brotan del vacío cuántico en cada fracción mínima de tiempo. Se producen millones de espermas, un sin número de óvulos, flores por millones y semillas incontables. La mayoría desaparece y muere en el momento mismo de nacer.
¿Cómo se ha de entender ese fenómeno de vida y de muerte? ¿Fenómeno dia-bólico y sim-bólico?.
Históricamente, una línea de interpretación ha privilegiado el polo sim-bólico de la naturaleza, es decir, lo cósmico (que viene de cosmos= orden y belleza). Ve la naturaleza cono madre-naturaleza, productora fecunda, nutridora generosa, regeneradora inteligente, creadora sabia de equilibrio y de armonía. El lema es: “la vida vivifica la vida”. Otra interpretación ha enfatizado el polo dia-bólico, es decir, el caótico (que viene de caos= desestructuración). Resalta en la naturaleza la lucha entre las especies con la victoria del más adaptable, la violencia de las bacterias, de animales como el tiburón, y la implacable virulencia de los volcanes y huracanes. El lema es: “tu muerte es mi vida”.
Ambas corrientes hicieron históricamente fortuna. En cierto modo, dividen hasta hoy las opiniones. Inciden en la cultura, en las actitudes de pesimismo u optimismo cultural, político, económico y ecológico. Ante el futuro, producen escenarios de esperanza o de tragedia, según se acentúe más lo sim-bólico o lo dia-bólico.
Encontramos la misma polarización de lo dia-bólico/ sim-bólico en el ser humano, que es, simultáneamente, sapiens y demens. Es portador de inteligencia, de “amorización”, de propósito. Y al mismo tiempo muestra locura, exceso, violencia e impiedad. Profundicemos un poco más en esta cuestión, que deberá fundamentar nuestras reflexiones a lo largo de todo el libro.
3. EL HOMBRE SAPIENS Y DEMENS
Nuestra cultura, arrastrada por el iluminismo, exalta al homo sapiens, al hombre inteligente y sabio, que incluso multiplicó por dos la cualificación y lo llamó sapiens sapiens, sabio-sabio, por su magnífica aptitud conquistadora del mundo, descubridora de los mecanismos de la naturaleza, intérprete de los sentidos de la historia. Reconoce en el ser humano sapiens sapiens una dignidad inviolable.
Curiosamente, los mismos que, en Europa, especialmente a partir de la revolución francesa (1784), afirmaban tales excelencias del ser humano, las negaban en otros lugares: esclavizaban a Africa, sometían a América Latina, invadían Asia. Por donde pasaban dejaban rastros de devastación y de pillaje de las riquezas materiales y culturales. Mostraban el lado demente del ser humano, de lobo voraz y de satanás de la Tierra. Es el homo demens demens.
Hoy, dada la degradación de la condición humana y ecológica mundial, estamos despertando del sueño iluminista. Estamos espantados con la posibilidad de que el ser humano demens demens se haga ecocida* y geocida;1 es decir, con la posibilidad de que elimine ecosistemas y acabe con la Tierra. Ya antes ha demostrado que puede ser suicida, homicida y etnocida.
Colocados los datos así, yuxtapuestos y en mutua contraposición –lo dia-bólico y lo sim-bólico, el sapiens y el demens– se plantea espontáneamente la pregunta: ¿cómo construir lo humano, si en él conviven el ángel de la guarda y el diablo exterminador? ¿Cómo articular un ars combinatoria que permita una alquimia para construir el ser humano utilizando con sabiduría las energías de lo sim-bólico y de lo dia-bólico? ¿Dónde está el mago capaz de esta transformación?
Necesitamos construir puentes, crear un tercer margen, superar oposiciones. Es importante asumir lo dia-bólico y lo sim-bólico en un nivel superior e incluyente. Anticipando una respuesta inicial a este desafío de la naturaleza y del ser humano, diré acerca de las preguntas recién planteadas: las devastaciones de la biosfera fueron de extraordinaria violencia, pero nunca exterminaron completamente la vida. Después de cada hecatombe, la Tierra necesitó 10 millones de años para rehacerse del impacto y reconstituir la biodiversidad. Pero consiguió reconstruir su orden y su armonía. La selva, con sus antagonismos y asociaciones, forma un ecosistema ordenado y bello. La naturaleza, maternal y amenazadora, constituye un inmenso superorganismo vivo, sistema abierto de inter-retro-relaciones que le confiere unidad, totalidad, dinamismo y elegancia. No está biocentrada, como si la vida debiese triunfar siempre. Da lugar a la muerte como forma de transformación. Equilibra, en verdad, siempre vida y muerte.
La vida humana, demente y sabia, es parte y de la historia de la vida, que, a su vez, es parte y fragmento de la historia de la Tierra. La vida humana debe, pues, ser entendida en la lógica que preside los procesos de la Tierra, de la naturaleza y del universo entero. No puede ser tomada como una provincia aparte, desarticulada del todo. Lo dia-bólico debe ser siempre visto en relación dialéctica con lo sim-bólico, y viceversa, aunque nos cueste entender esto. La razón no es todo. Tiene alcance y límites. Existen razones que transcienden la razón; razones que solamente pueden ser alcanzadas por la empatía, la intuición y el corazón. Otras veces permanecen en la dimensión del misterio, posiblemente descifrable sólo en la vida que está más allá de esta vida.
Por eso, a lo largo de este libro vamos a sustentar la siguiente tesis: lo humano se construye y debe construirse, no a pesar de la contradicción dia-bólico/sim-bólico o águila/gallina, sino con y a través de esa contradicción. En la construcción de lo humano entran el caos y el cosmos, el demens y el sapiens, lo dia-bólico y lo sim-bólico.
No solamente lo humano se construye en esa lógica compleja, también el universo. Los conocimientos cosmológicos, las visiones de la nueva física de las partículas elementales y de los campos energéticos, la percepción que la biología molecular y genética nos proporcionan, en una palabra, lo que el discurso ecológico (que incorpora y sistematiza todos estos saberes) nos enseña es la inclusión de los contrarios, la ley de la comple-mentariedad, el juego de las interdependencias. Es la red de relaciones por las que todo tiene que ver con todo en todos los momentos y en todas las circunstancias. Es el funcionamiento articulado de sistemas y subsistemas que todo y a todos engloban. En una palabra, es la visión holística2 y holográfica3.
Lo dia-bólico y lo sim-bólico, el águila y la gallina, se encuentran en un sistema mayor que los encierra, los dinamiza y también los supera. En verdad, como veremos, constituyen el motor secreto de la evolución y de todo movimiento universal. Ambos tienen una raíz común: la interdependencia entre todos los seres. Uno necesita del otro, vive con el otro, a través del otro, para el otro. Todos se complementan. Nadie queda fuera de la red de relaciones incluyentes y envolventes. Nadie existe solo. Todos inter-existen y co-existen.
Estas oposiciones son lados de una misma realidad, una, diversa, contradictoria, plural. Cuando hablamos de complejidad, queremos expresar esa naturaleza singular de la realidad.
No existe el ser simple. Todos los seres son complejos; cuanto más relacionados, más complejos. Por tanto, surge la lógica de lo complejo que sobrepasa la lógica lineal de la identidad pura y simple. Es la lógica dialógica que se realiza estableciendo conexiones en todas las direcciones. Las dificultades referentes a la coexistencia de lo dia-bólico con lo sim-bólico se deben al hecho de que se ven separadas y opuestas. No se tiene en cuenta la conexión, no siempre visible y no rara vez misteriosa, existente entre ellos, su mutua pertenencia y complementariedad dentro de un sistema mayor.
4. EL JUEGO DE LO SIM-BÓLICO Y DE LO DIA-BÓLICO EN EL UNIVERSO
Anticipamos aquí lo que más adelante detallaremos en un capítulo. La lógica del universo y de todos los seres existentes en él es ésta: organización- desorganización- interacciónreestructuración- nueva- organización. No existe un equilibrio estático, sino dinámico y siempre en proceso. Siempre hay eco-evolución. La virtud principal no es la estabilidad, sino la capacidad de crear nuevas estabilidades a partir de inestabilidades. La lógica de la naturaleza no es recuperar el equilibrio anterior, sino gestar nuevas formas de equilibrio abierto. Esta aptitud permite a la vida desarrollarse, producir la diversidad y perpetuarse. La vida inventa incluso la muerte para poder continuar en un nivel superior y más abierto.
El universo se construyó y se construye a partir y a través de lo dia-bólico, del caos, el big bang primitivo. Lo dia-bólico es generativo, pues favorece nuevas formas de organización. Hace evolucionar el cosmos bajo formas cada vez más sim-bólicas, complejas y ricas.
Dicho con las palabras de nuestro tema: lo sim-bólico se construye a partir de lo dia-bólico, lo sim-bólico se rehace y se reestructura continuamente en la medida en que confronta, integra y eleva a niveles más altos lo dia-bólico que lleva siempre dentro de sí.
Un ejemplo sencillo tomado del estómago de una vaca puede ilustrar lo que estamos afirmando. El estómago está habitado por una inmensa colonia de bacterias que se nutren de celulosa. La vaca come el pasto que contiene celulosa, el alimento de las bacterias. Por otra parte, la vaca hace el bolo alimenticio que absorbe trillones y trillones de estas bacterias. Se alimenta de ellas rumiando el bolo alimenticio. La vaca se hace, así, depredadora de bacterias, como las bacterias se hacen depredadoras de celulosa. Las bacterias comen el pasto-celulosa de la vaca y son, a su vez, comidas por la vaca. Sin el pasto-celulosa las bacterias no existirían. Y sin las bacterias las vacas tampoco, porque sin rumiar las bacterias en el bolo alimenticio morirían de inanición y de hambre. Véase aquí la mutua dependencia, la simbiosis, entre las bacterias y la vaca.
Importa, pues, ver el conjunto, la unidad constituida por los elementos opuestos, lo dia-bólico y lo sim-bólico, bacterias y vaca, que se hacen complementarios. La vaca necesita de las bacterias, y las bacterias necesitan de la vaca. Dicen: tu vida es mi muerte, tu muerte es mi vida. Se complementan.
La teología cristiana, en su sabiduría antigua, contemplaba esta misma dimensión en la Iglesia de Cristo. Con audacia, la llamaba casta meretrix, casta meretriz. Es casta, se decía, porque vive de la gracia de Cristo. Es meretriz, porque continuamente traiciona al divino Esposo. Como señal de Dios en el mundo (sacramento), participa de la ambigüedad de toda señal: puede ser incomprendida o mal interpretada. Por eso, puede ser un signo y un anti-signo de Dios. Como enseñaban, hace mucho, los teólogos: el sacramento de la Iglesia contiene inevitablemente una dimensión dia-bólica y una dimensión sim-bólica. El esfuerzo no ha de consistir en acabar con esta tensión. Mientras vivamos en la historia, es insuperable. El esfuerzo ha de consistir en no permitir nunca que lo dia-bólico se imponga hegemónicamente, sino lo sim-bólico. Tampoco se ha de intentar erradicar lo dia-bólico, sino se ha de integrar de manera que acabe reforzando y confiriendo dinamismo a lo sim-bólico.
Volvamos a la situación del ser humano. Es sapiens y demens. ¿Cómo construirlo hoy día, personal y socialmente, si ha mostrado falta de sabiduría e inmensa capacidad de demencia?
La cuestión es complejísima. Tal vez el camino sea hasta inaccesible para la pura razón analítica. Exige, más bien, una razón práctica y simbólica, sensible a los valores. Efectivamente, la demencia humana implica una dimensión ética. Es decir, supone responsabilidad, culpa, reparación, reversibilidad y evitabilidad. El mal ético en la historia, desde Job, fue y sigue siendo un desafío para toda concepción humanística de la vida.
El mal existe no para ser comprendido sino combatido. En la medida en que es superado, deja entrever su ordenación a un todo mayor en el que seja de ser absurdo. Se presenta como incentivador en la construcción de nuevos caminos y de estados de conciencia más altos y maduros. A partir de ahí tiene sentido. De lo dia-bólico se gesta lo sim-bólico.
Importa, por tanto, descongelar el mal y lo dia-bólico, ponerlos en movimiento, como parte de un proceso. Forman parte de la cosmogénesis y de la antropogénesis, condición originaria de la evolución.
Pero, honestamente, hay que reconocer: no siempre este sentido es perceptible. Exige fe y esperanza. Estas actitudes no son voluntaristas. Están fundadas en el carácter virtual de la misma realidad que lleva en su seno el sentido encubierto. Globalmente, este sentido se revelará con evidencia solamente al final. Hasta entonces, nos cabe esperar y creer pacientemente. Esta actitud exige desprendimiento, serenidad y sabiduría, y es una condición inevitable de nuestro estado de creaturas, limitadas y siempre abiertas.
5. EL LARGO CAMINO DEL SER HUMANO RUMBO A LA INTEGRACIÓN
Para alcanzar una sabiduría que nos ofrezca alguna luz sobre la conexión dia-bólica y sim-bólica de la realidad, importa:
En primer lugar, quitar al ser humano de su falso pedestal y sacarlo de la soledad donde se autocolocó: fuera y por encima de la naturaleza. Es su antropocentrismo ancestral y su individualismo visceral. Inter-existe y co-existe con otros seres en el mundo y en el universo. Necesita reconocer ese vínculo de solidaridad cósmica, e insertarse conscientemente en ella. Centralizarse en sí mismo -antropocentrismoes señal de arrogancia y de falsa conciencia. En primera instancia, nosotros somos para la Tierra. Solamente a partir de ahí, la Tierra es para nosotros.
En segundo lugar, importa devolver el ser humano a la comunidad de los humanos; descubrir a la familia humana, el sentimiento de solaridad, de corresponsabilidad, de familiaridad, de intimidad y de subjetividad. Hoy la planetización se realiza en su edad de hierro, bajo el mercado competitivo y no cooperativo. Por eso causa tantas víctimas. Pero crea las precondiciones materiales para nuevas formas de planetización: la política, la ética, la cultura y otras. Ofrece la base imprescindible para una nueva etapa de la hominización: la etapa planetaria, de la conciencia de la especie y de la única sociedad mundial. A ella se ordena, quiéralo o no.
En tercer lugar, importa pasar de la humanidad a la comunidad de los seres vivos (biocenosis4). El ser humano necesita desarrollar veneración, respeto, piedad, compasión con todos los seres que sienten y sufren. Cruel e inhumano es matar niños y torturar animales. Es falta de compasión mantener vacas confinadas en un estrechísimo recinto, con alimentación químicamente balanceada, para que se trasformen en fábricas de carne. Dramático, también, es perder la piedad para con la vida humana y la compasión para con todos los que sufren. Con esas actitudes, nada será imposible, guerras nucleares, colapsos ecológicos, la autodestrucción de la especie homo. Importa defender la vida, los valores de la vida y una política orientada a la salvaguarda y desarrollo integral de la vida.
En cuarto lugar, urge pasar de la comunidad de los seres vivos (biocenosis5) a la Tierra, entendida como Gran Madre, Gaia6 y superorganismo vivo. El ser humano es hijo e hija de la Tierra. Más todavía, es la misma Tierra que en su evolución ha llegado al nivel de conciencia refleja, de “amorización”, de responsabilidad y de veneración del Misterio.
En quinto lugar, importa pasar de la Tierra al cosmos. Lo que el ser humano es en relación a la Tierra (la conciencia y el amor), es la Tierra en relación al cosmos. Uno de los lugares, quién sabe, entre otros millones y millones donde irrumpió el Espíritu, la Conciencia y el Amor incondicional. La Tierra es uno de los cerebros y uno de los corazones del cosmos que todos conocemos.
Por fin, urge pasar del cosmos al Creador. Toca al ser humano descifrar el misterio que sobrepasa y subyace en todos los seres y en todo el universo. El hombre y la mujer modernos que han pasado por la universidad son generalmente agnósticos. Tienen dificultad para creer. Y, cuando creen, tiene dificultad para mostrar su fe. Diferentemente se comportaba el ser humano de otras etapas de la evolución. Sabía dar al misterio mil denominaciones. Hacerle fiestas, celebrar su advenimiento. En fin, el ser humano era y es todavía hoy un ser espiritual, hijo e hija de Dios, Dios mismo por participación.
Queremos, en nuestro texto, dialectizar el águila y la gallina, lo dia-bólico y lo sim-bólico, el caos y el cosmos, a fin de presentar una tentativa sincera de integración que sea holística7, abierta y esperanzadora ante la crisis que dosola y acrisola a todos.
BIBLIOGRAFÍA PARA PROFUNDIZAR
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1 Geocida: el que asesina a la Tierra.
2 Holismo/visión holistica: viene del griego holos que significa totalidad. El término fue creado por el filosofo sudafricano Ian Smuts, en 1926, para designar el esfuerzo de la mente por captar el todo en las partes y las partes en el todo.
3 Holograma: fenómeno en el que el todo está presente en cada una de las partes y las partes solamente existen insertados dentro de un todo que, a su vez, se ordena a otro todo mayor.
4 Biocenosis: el conjunto de todas las especies vegetales y animales que viven en un determinado espacio físico, formando una comunidad viviente.
5 Biocenosis: el conjunto de todas las especies vegetales y animales que viven en un determinado espacio físico, formando una comunidad viviente.
6 Gaia: nombre que la mitología griega daba a la tierra como divinidad y entidad viva. James Lovelock mostró que la Tierra como un todo forma un superorganismo vivo y la denominó Gaia.
7 Holismo/visión holistica: viene del griego holos que significa totalidad. El término fue creado por el filosofo sudafricano Ian Smuts, en 1926, para designar el esfuerzo de la mente por captar el todo en las partes y las partes en el todo.
I
RUMBO A LA CIVILIZACIÓN DE LA RE-LIGACIÓN
Analistas, sobre todo procedentes de la biología, de las ciencias de la Tierra y de la cosmología, nos advierten que el tiempo actual se asemeja mucho a las épocas de grandes rupturas en el proceso de la evolución, épocas caracterizadas por extinciones en masa. Efectivamente, la humanidad se encuentra ante una situación inaudita. Debe decidir si quiere continuar viviendo o si escoge su propia destrucción.
El riesgo no viene de una amenaza cósmica (el choque de algún meteoro o asteroide) ni de algún cataclismo natural producido por la propia Tierra (un terremoto de magnitud extraordinaria o algún desprendimiento de placas tectónicas). Viene de la propia actividad humana. El asteroide amenazador se llama homo sapiens demens, surgido en Africa hace pocos millones de años.
Por primera vez, en el proceso conocido de hominización, el ser humano tiene en sus manos los instrumentos de su propia destrucción. Se creó verdaderamente un principio, el de autodestrucción, que tiene su contrapartida, el principio de responsabilidad. De ahora en adelante la existencia de la biosfera estará a merced de la decisión humana. Para continuar viviendo, el ser humano deberá quererlo. Tendrá que garantizar las condiciones de su sobrevivencia. Todo depende de su propia responsabilidad. El riesgo puede ser fatal y terminal.
En los tres últimos siglos, la humanidad occidental se ha organizado con más insensatez que sabiduría. Su estilo de vida se ha mundializado. Con él va unida la destrucción de ecosistemas, la amenaza nuclear y la falta de compasión, que relega millones y millones de personas a la miseria.
Los indicadores de la situación mundial son alarmantes. Dejan poco tiempo para los cambios necesarios. Estimaciones optimistas señalan como límite el año 2030. A partir de esa fecha, nadie garantiza la sustentabilidad del sistema-Tierra.
Por tanto, ahora, más que nunca, necesitamos sabiduría; sabiduría para captar las transformaciones imprescindibles; sabiduría para definir la dirección acertada; sabiduría para proyectar el sueño que nos guiará; sabiduría, en fin, para dar prioridad a las acciones concertadas que harán realidad ese sueño.
1. DE LA INSENSATEZ A LA SABIDURÍA
Resumiendo, tres son los nudos problemáticos que urge desatar: el nudo de la extinción de los recursos naturales no renovables, el nudo de la soportabilidad de la Tierra (¿cuánta agresión puede soportar?) Y el nudo de la injusticia social mundial.
No pretendemos detallar tales problemas, ya ampliamente conocidos; sólo queremos compartir y reforzar la convicción de muchos. Según ésta, la solución de los problemas mencionados no se encuentra en los recursos de la civilización vigente, pues el eje estructurador de ésta consiste en la voluntad de poder y de dominación. Someter la tierra, explotar al máximo sus recursos, conquistar pueblos y apropiarse de sus riquezas, buscar la prosperidad, incluso a costa de la explotación de la fuerza de trabajo y de la de la naturaleza: he aquí el sueño más grande que ha movilizado y sigue movilizando al mundo moderno. Ahora bien, esta voluntad de poder y de dominación está llevando a la humanidad y a la Tierra a un callejón sin salida fatal. O cambiamos o perecemos.
Tenemos que cambiar nuestra forma de pensar, de sentir, de valorar y de actuar. Nos urge hacer un cambio revolucionario en nuestra civilización, bajo otra inspiración y a partir de otros principios más benevolentes para con la Tierra, sus hijos y sus hijas. De este modo, los seres humanos podrán salvarse y salvar también su bello y radiante planeta tierra.
Más todavía. Apoyamos la idea de que los sufrimientos actuales poseen un significado que transciende la crisis de la civilización. Se ordenan a algo más grande. Revelan los trabajos de parto en que estamos señalan el nacimiento de una nueva etapa en el proceso de hominización. Están surgiendo los primeros brotes de un nuevo pacto social entre los pueblos y de una nueva alianza de paz y de cooperación con la Tierra, nuestra casa común.
Rechazamos la idea de que los 4,5 billones de años de formación de la Tierra sólo hayan servido para su destrucción. Las crisis y los sufrimientos se ordenan a una gran aurora, que nadie podrá detener. De una época de cambio pasamos al cambio de época. Estamos dejando atrás un paradigma que plasmó la historia en los últimos quince mil años.
2. EL FIN DE LAS REVOLUCIONES DEL NEOLÍTICO
Hace diez o doce mil años, el ser humano inauguraba el neolítico. Abandonó las cavernas y se aventuró a la conquista del mundo exterior. Mediante sucesivas revoluciones, que podemos llamar revoluciones del neolítico, lo transformó.
La primera de ellas, la más universal de todas fue la revolución agrícola. Se domesticaron animales y plantas, se regaron los campos, se crearon villas y ciudades y se garantizó la infraestructura de la subsistencia material de los seres humanos. A partir de esta época, se empezaron a echar las raíces del patriarcado, es decir, de la dominación del principio masculino y de los hombres sobre las mujeres en la organización de la vida humana. Dicho en términos tecnológicos, fue una gran liberación. ¿Pero a qué costo?
14 mil años después, se hizo la revolución industrial. Se creó la máquina, que se incorporó a la fuerza física del ser humano. Éste ya no tuvo necesidad de hacer grandes esfuerzos, cargar pesos y gastar su salud en la producción. Lo sustituyó la máquina. Se mantuvo e incluso se reforzó el patriarcado, pues crecieron los medios y las formas de dominación sobre las personas y sobre la naturaleza. No obstante, en relación a las carencias humanas, fue una considerable liberación. ¿Pero a qué costo?
En nuestros días, trescientos años después, se hizo la revolución del conocimiento y de la comunicación. Se creó otro tipo de máquina, que se incorporó a la fuerza mental del ser humano: el cálculo, el trabajo intelectual, el descubrimiento por medio del computador, del robot y de la informática. Se avanzó hacia dentro del corazón de la materia, sacando informaciones de las partículas subatómicas y de las energías primordiales. Se penetró dentro del misterio de la vida, recogiendo las informaciones del código genético y revolucionando el futuro por la biotecnología y por el copilotaje de la evolución. Es una liberación tecnológica inimaginable. ¿Pero a qué costo?
Es importante reconocer, sin embargo, que asistimos al surgimiento de lo femenino, que desenmascara la presencia del poder masculino en todos los campos de la vida familiar y social, en las expresiones del lenguaje, en la formulación del saber y en la institución de ritos y tradiciones, y denuncia el patriarcado como poder opresor de la mujer y del mismo hombre. El ecofeminismo de manera especial, ha obligado a lo masculino y a toda la cultura a una redefinición que busca más equilibrio y relaciones más inclusivas y participativas.
Hay que reconocer que todas estas revoluciones, nacidas en el cambio del neolítico, transformaron, sin duda, la faz de la Tierra. Acortaron distancias y aceleraron el tiempo. Trajeron comodidades para la vida cotidiana, llenando, por ejemplo, nuestras casas de electrodomésticos y de otros instrumentos de comunicación. Cambiaron los paisajes. Donde ayer había mar, hoy hay una ciudad. Donde había una montaña, hoy funciona una fábrica. La misma composición físico-químico-biológica del Planeta es otra. El ser humano acumuló un poder inmenso pero peligroso.
Este proceso conquistó, en mayor o menor escala, los cuatro puntos cardinales de la Tierra. Penetró en todas las culturas, hasta en las más recónditas del corazón de la selva amazónica o del interior del Sudeste Asiático. Allí puede faltar comida en la mesa, pero no falta un aparato de radio o un televisor que permite a sus moradores el estar unidos al mundo y soñar. Hoy, todo está pensado, proyectado y producido en función de la aldea global planetaria en que se está transformando nuestro planeta Tierra.
Simultáneamente, este proceso es responsable de la devastación del sistema-Tierra, por la monocultura tecnológica y material, por el patriarcado todavía dominante, por la deshumanización y falta de compasión en las relaciones sociales. La Tierra y los humanos han pagado un precio demasiado alto por el tipo de desarrollo que proyectaron. La continuidad de este proceso puede destruirnos.
3. EL ADÁN DOMINADOR Y EL PROMETEO CONQUISTADOR
Para superarlo, es importante identificar las causas que lo generaron. No basta, por consiguiente, señalar las fechas de su desarrollo histórico, como lo hicimos rápidamente. Urge denunciar al motor que empujó esta historia al punto dramático en que se encuentra en la actualidad. ¿Qué propósito se esconde detrás de este inmenso proceso técnico-científico-cultural, que es al mismo tiempo benefactor y perverso?
Respondemos: se esconde la figura del Adán bíblico que, conforme al texto sagrado, siente el llamado de dominar la Tierra y todo lo que ella contiene: las aves del cielo y los peces del mar. Se oculta la figura mitológica de Prometeo, divinidad que robó el fuego del cielo y se lo entregó a los humanos, haciéndose así inspirador del proceso civilizador, asentado sobre el poder-dominación.
La voluntad del poder y de dominación es el proyecto antropológico en vigor desde el neolítico. Su expresión clásica es el antropocentrismo, que ha marcado toda la trayectoria cultural a partir de entonces. Someter la Tierra, aprovecharse de sus recursos, ignorar la autonomía de los demás seres vivos e inertes, conquistar otros pueblos y someterlos para construir la prosperidad: he aquí el sueño más grande que ha movilizado siempre a esa porción de la humanidad, depositaria de los medios del poder, del tener y del saber.
El proyecto de poder-dominación alcanzó su expresión máxima a partir del siglo XVII. En esa época se comenzó a montar la máquina industrial. Ya se habían construido las bases filosóficas para tal empresa. Lo había hecho René Descartes (1596-1650), que enseñaba que el ser humano debe ser “el maestro y el dueño de la naturaleza”; y también Francis Bacon (1561-1626), el padre del método científico, que veía el laboratorio como una cámara de torturas de inquisidor. Se debe forzar, coaccionar, torturar a la naturaleza, escribía, hasta que entregue todos sus secretos. Fue el autor de la expresión: saber es poder. Y el poder era entendido como capacidad de dominar, esto es, hacer con los demás lo que él más fuerte quiere.
Con esa postura se radicalizó el antropocentrismo: la dominación total de la naturaleza por el ser humano. Se reafirmó de este modo el patriarcalismo, pues el proyecto de dominación fue pensado e implantado por el hombre-macho, marginando a la mujer e identificándola con la naturaleza. Naturaleza y mujer, según ese proyecto, deben ser sometidas por el hombre-macho.
Como consecuencia, se perdió el sentido de la unicidad de la vida y de la diversidad de sus manifestaciones, la percepción espiritual del universo y el esprit de finesse (espíritu de finura) ante el misterio de la vida y del universo. Todas estas características son atribuciones que lo femenino (la dimensión del anima, en el hombre y en la mujer, pero principalmente en la mujer) podría haber dado a la humanidad. Pero, al contrario, imperó el esprit de géometrie (el animus, el espíritu de cálculo y de control), expresión máxima de lo masculino.
A esta base filosófica se añadió la base científica. Galileo Galilei (1564-1642), Copérnico (1473-1543) y Newton (1643-1727) proporcionaron la nueva imagen del mundo fundada en las matemáticas, en la física y en la astronomía heliocéntrica. El matrimonio de la teoría con la práctica originó la cosmología1, llamada moderna.
Esta cosmología posee las siguientes características: es materialista y mecanicista; es lineal y determinista; es dualista y reducionista; es atomista y compartimentada. Expliquemos estos términos.
El universo, en esta percepción del mundo (cosmología), está compuesto de materia, esencialmente estática e inerte. Funciona como una máquina que ha existido siempre. Las leyes son deterministas y permiten una descripción matemática exacta de todos los fenómenos. La lógica es lineal, pues para cada efecto existe la causa correspondiente. Toda la complejidad de la realidad se reduce a sus elementos más simples.
Es reduccionista, porque reduce la capacidad de conocimiento de los seres humanos solamente al enfoque científico. Sometiéndola a la manipulación técnica, se reduce la capacidad de la naturaleza de regenerarse creativamente. Considera todas las realidades, desde las estrellas hasta el cuerpo humano, compuestas por los mismos elementos básicos (los átomos indivisibles e inertes), discretos, yuxtapuestos, sin ninguna relación entre sí, cuyos procesos son mecánicos.
Es dualista, porque separa materia y espíritu, hombre y mujer, religión y vida, economía y política, Dios y mundo. El espíritu es ignorado o reducido a la esfera de lo privado. Lo que cuenta es la materia, mensurable, matematizable, manipulable y destituida de cualquier tipo de irradiación y propósito. Es entregada, sin consideración alguna ética o espiritual previa, al proyecto de desarrollo material diseñado por el ser humano.
Ya se dijo que los efectos de esta visión reduccionista y dividida sobre la mente humana constituyen una verdadera lobotomía: nos han hecho obtusos ante las maravillas de la naturaleza e insensibles frente a la reverencia que el universo naturalmente provoca. Nos hemos quedado desencantados. ¿Hay cosa peor que perder la magia, el brillo, la irradiación de la vida, de las personas, de las cosas y del universo?
En cuanto a lo social, la voluntad de poder se ha convertido en voluntad obsesiva y desmesurada de concentrar poder, de enriquecerse, de conquistar nuevas tierras y de subyugar a otros pueblos. Tal propósito ha sido la gran obsesión a partir del siglo XVI, en la alborada de la modernidad; se manifestó en el colonialismo, en el imperialismo y en la imposición de la monocultura material, cultural y religiosa, donde quiera que llegaron los comerciantes y los misioneros europeos. Se aplicó a la sociedad lo que Darwin (1809-1882) enseñó acerca de la evolución de las especies y de la selección natural: sólo sobrevive el más fuerte. Esto significa que los pueblos considerados menos desarrollados y las clases consideradas más débiles deben estar subordinados a los que se consideran a sí mismos como los más fuertes; en este caso, a los europeos blancos y cristianos, que asumieran, efectivamente, la función de mostrar a aquellos su lugar de subordinados, y de conducirlos hacia él utilizando generalmente la violencia, mucha violencia.
Pero no es suficiente denunciar la voluntad de poderdominación con sus incontables víctimas. Hay detrás una raíz todavía más profunda, que en nuestro libro Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres, intentamos profundizar. Volveremos a ella más adelante en nuestra reflexión. Aquí sólo la insinuamos con una rápida consideración. El ser humano, en su aventura evolutiva, se fue alejando lentamente de su casa común, la Tierra. Fue rompiendo los lazos de coexistencia con los demás seres, sus compañeros en la eco-evolución. Perdió la memoria sagrada de la unicidad de la vida en sus incontables manifestaciones. Olvidó la trama de interdependencias de todos los seres, de su comunión con los vivos y de la solidaridad entre todos. Se colocó en un pedestal. Pretendió, desde una posición de poder, someter a todas las especies y a todos los elementos de la naturaleza. Tal actitud introdujo la ruptura de la re-ligación de todos con todos. He aquí el pecado originante de la crisis de nuestra civilización, que está llegando en nuestros días a su paroxismo.
Tenemos que encontrar el eslabón perdido. Urge rehacer el camino de retorno, como hijos pródigos, a la casa materna común, a la Tierra. Abrazar a los demás hermanos y hermanas, a las plantas, a los animales y a todos los seres. Para regresar del exilio al que nos hemos sometido, como en la parábola bíblica del hijo pródigo, tenemos que alimentar añoranzas y cultivar sueños.
4. ¿QUÉ SUEÑOS NOS ORIENTAN?
Para rehacer la alianza con la tierra y sellar un pacto de buena voluntad con todos los seres, los sueños son de la mayor importancia. Mueren las ideologías y envejecen las filosofías, pero los sueños permanecen. Son ellos el humus que permite proyectar continuamente nuevas formas de convivencia social y de relación con la naturaleza. Con acierto escribía Seattle, cacique piel-roja, a Stevens, gobernador del Estado de Washington, en 1856, cuando éste obligó a los indígenas a vender las tierras a los colonizadores europeos. El cacique, con razón, no entendía por qué se pretendía comprar la tierra. ¿Se puede comprar y vender la brisa, el verdor de las plantas, la transparencia del agua y el esplendor del paisaje? El contexto revela que los pieles-rojas comprenderían el por qué y la civilización de los blancos, “si conociesen los sueños del hombre blanco, si supiesen cuáles son las esperanzas que él trasmite a sus hijos e hijas en las largas noches de invierno, y cuáles son las visiones que ofrece para el día de mañana”.
¿Cuál es nuestro sueño? ¿Qué esperanza trasmitimos a los jóvenes? ¿Qué visiones del futuro ocupan las mentes y el imaginario colectivo por medio de las escuelas, de los medios de comunicación y de nuestra capacidad de crear valores? ¿Qué cuidado tenemos de la naturaleza y qué benevolencia suscitamos respecto de todos los seres de la creación? ¿Qué nuevas tecnologías utilizamos que no nieguen la poesía y la gratuidad? ¿Qué hermandad fomentamos entre todos los pueblos y culturas? ¿Qué nombre damos al Misterio que nos circunda y con qué símbolos, fiestas y danzas lo celebramos?
Las respuestas a estas preguntas generan un nuevo modelo de civilización. Ante las transformaciones que afectan los fundamentos de nuestra civilización actual preguntamos: ¿quiénes son los actores sociales que proponen un nuevo sueño histórico y diseñan un nuevo horizonte de esperanza? ¿ Quiénes son los sujetos colectivos gestores de la nueva civilización?
Sin detallar la respuesta podemos decir: se encuentran en todas las culturas y en todos los rincones de la Tierra; proceden de todos los estratos sociales y de todas las tradiciones espirituales; están en todas partes. Pero son principalmente los insatisfechos con el actual modo de vivir, de trabajar, de sufrir, de alegrarse y de morir; en particular, los excluidos, los oprimidos y los marginados. Son aquellos que, aun dando pequeños pasos, intentan un comportamiento alternativo y proponen pensamientos creadores. Son incluso aquellos que osan organizarse alrededor de ciertas búsquedas, de ciertos niveles de conciencia, de ciertos valores, de ciertas prácticas y de ciertos sueños, de cierta veneración del Misterio, y juntos comienzan a crear visiones y convicciones que irradian una nueva vitalidad en todo lo que piensan, proyectan, hacen y celebran.
Por estas sendas despunta la nueva civilización, que será de ahora en adelante no ya regional sino colectiva y planetaria, y, esperamos, más solidaria, más ecológica, más integradora y más espiritual.
5. LA CIVILIZACIÓN DE LA RE-LIGACIÓN
¿Qué nombre daremos a la civilización que surja? Ensayamos una respuesta: será una civilización más sintonizada con la ley fundamental del universo que es la “panrelacionidad”, la sinergia y la complementariedad. Será la civilización de la re-ligación de todo con todo y de todos con todos.
¿Qué experiencia fontal hará que encontremos el eslabón re-ligador? Sin mayores especulaciones, lanzamos la hipótesis de que será una nueva experiencia de lo sagrado. Lo sagrado no es una cosa. Es la cualidad luminosa de las cosas. Se trata de una irradiación que emana de todo lo existente, de cada persona y del universo entero. Todo puede causar admiración y encantamiento. Todo puede contener un mensaje que debe ser descifrado. Todo puede ser portador de un misterio. El Misterio no es un enigma que, descifrado, desaparece. Misterio es la profundidad de cada realidad que, conocida, nos desafía a conocerla más y permanece siempre como misterio en el conocimiento. Misterio no es el límite del conocimiento, sino lo ilimitado del conocimiento. Ese conocimiento-misterio no es frío y formal. Está cargado de emoción, de significado y de valor. Por eso es un conocimiento cordial. Produce una experiencia interior llena de conmoción. La percepción de lo sagrado de las cosas es un dato original e irreductible.
La estructura de lo sagrado o de lo numinoso, como fue detectada por los estudiosos antiguos y modernos, se organiza alrededor de dos experiencias seminales: la de lo fascinosum (fascinante) y la de lo tremendum (temible). La realidad nos fascina como el Sol, nos atrae poderosamente y nos llena de entusiasmo. Pero, al mismo tiempo, suscita en nosotros el temor, huimos de él, pues, como el Sol, puede cegarnos y quemarnos. Cuando nos enfrentemos a la Suprema Realidad, esa experiencia irrumpe avasalladora, como lo atestiguan personas religiosas y místicas de todos los tiempos y lugares. Esta experiencia suscita un sentimiento profundo: de veneración, de encantamiento, de respeto y de reverencia.
Semejante sentimiento surge cuando contemplamos la Tierra desde el espacio exterior. Parece una bola de Navidad, azul-blanca, llena de vitalidad, colgada en el universo. Es nuestro planeta, el único que tenemos. Sentimos reverencia y temor por su encanto y por los riesgos que corre.
Estas actitudes son fundamentales, si queremos salvaguardar la vida y rescatar la dignidad de nuestra gran Madre, Pacha Mama2 y Gaia3, la Tierra. Sin cultivar la experiencia de lo sagrado, no lograremos poner límites a la voracidad depredadora del tipo de desarrollo dominante, ni salvar ecosistemas y especies vivas amenazadas de extinción.
Sin embargo, sólo nos abriremos a lo sagrado de la Tierra, del ser humano, del universo y de todo lo que en él se contiene, si antes creamos las precondiciones para su surgimiento. Y éste se encuentra en la dimensión del anima, de lo femenino, en el hombre y en la mujer, tan refrenada desde el neolítico y en la cultura técnico-científica de la modernidad.
Lo femenino, como veremos más detalladamente a lo largo de este libro, es la capacidad de captar totalidades articuladas, de tener entereza, de cultivar el mundo interior, de desarrollar niveles profundos de espiritualidad, de pensar por intermedio del cuerpo, de aprender en nuestra intimidad las resonancias del mundo exterior en símbolos y de arquetipos, de dar espacio a la ternura y al cuidado, de abrirnos al sentimiento, a la gratuidad y a la sensibilidad con el misterio de las personas, de la vida y del universo entero.
Es el esprit de finesse, propuesto por Blaise Pascal (16231662), que se distingue del esprit de géometrie. El espíritu de finura representa, en los hombres y en las mujeres, la dimensión de lo femenino, con las características indicadas arriba. Se completa con la dimensión de lo masculino, en las mujeres y en los hombres, que es el espíritu de geometría, la capacidad de ordenar, de racionalizar, de abrir caminos, de superar dificultades y de construir un proyecto de vida o de civilización. Ese espíritu de geometría creció en los últimos siglos mediante la aventura técnico-científica de la humanidad, reprimiendo lo femenino, en detrimento de una experiencia más global e integradora del ser humano.
Es importante, en esta ocasión de la historia, que recuperemos la dimensión de lo femenino, que nos abre a lo sagrado y a la veneración tan necesarios para que inauguremos una civilización de la re-ligación, del reencantamiento de la naturaleza y de la veneración del universo. Será seguramente la experiencia de lo sagrado y de lo numinoso lo que funcionará como eslabón articulador y como experiencia original de la nueva civilización naciente.
Cabe enfatizar: esta experiencia es antropológica. Está unida a la estructura básica del ser humano. Re-liga al ser humano constantemente con la Fuente original. No es monopolio de las religiones. De la re-ligación proviene la re-ligión.
Función primordial de la religión es re-ligar la persona a su Centro, donde mora la divinidad con su brillo. A partir de la recuperación de lo sagrado, entrevisto en todas las cosas, los seres humanos darán un nuevo aliento a las religiones históricas y a las diversas tradiciones espirituales o reinventarán otras religiones o caminos espirituales.
Esta espiritualidad, fundada en la re-ligación, en la experiencia del anima y de lo sagrado, deja atrás las religiones de cuño patriarcal. El mismo cristianismo asumió las características patriarcales, ausentes en la experiencia de Jesús, que es más bien femenina. Él presenta al Abba (papacito) celestial con características de madre, llena de misericordia y reconciliación. Pero fue traducida (y en parte traicionada) en el marco de dominación de los hombres, que se creen los únicos representantes de Dios y de Cristo (jerarquía, clericalismo, celibatarismo). Esta forma patriarcal de religión introdujo profundos dualismos: entre Dios y mundo, espíritu y materia, vida terrena y vida eterna, religión natural y religión revelada, religión verdadera y religiones falsas. La nueva religión que integra lo masculino y lo femenino (animus y anima) enfatiza la unión entre fe y vida. Identifica la profunda unidad de la experiencia espiritual, expresada en los muchos caminos y religiones. Subraya el panenteísmo, que se afirma: Dios está en todas las cosas y todas las cosas están en Dios. Existe comunión y no separación entre Dios y criatura. Dios no habita sólo en los cielos, sino en todas partes, especialmente en la profundidad del ser humano.
A causa de todos estos valores, la civilización de la re-ligación dará importancia a la religión y a la espiritualidad, como instancia que se propone re-ligar todas las cosas entre sí, con el ser humano y con el Supremo, porque las ve todas re-ligadas umbilicalmente con su Creador. Esta civilización que emerge será religiosa o no lo será. Poco importa el tipo de religión –occidental, oriental, antigua, moderna– con tal que que vincule y alimente continuamente la experiencia radical de re-ligación, expresada en mil caminos religiosos y espirituales, experiencia que consiga re-ligar, efectivamente, todas las cosas y gestar un sentido de totalidad y de integración. Entonces podrá surgir la civilización de la etapa planetaria, de la sociedad terrenal, la primera civilización de la humanidad como humanidad.
Nos sentiremos todos implicados en una misma conciencia colectiva, en una misma responsabilidad común, dentro de una misma y única arca de Noé que es la nave espacial azul-blanca, la Tierra. En ella y con ella nos salvamos o nos perdemos todos.
6. LA APARICIÓN DE UNA CIVILIZACIÓN PLANETARIA
Esta nueva civilización no es sólo un deseo y un sueño alegre. Está surgiendo. Viene, ante todo, bajo el nombre de mundialización y de globalización. Se trata de un proceso irreversible. Representa indiscutiblemente una etapa nueva en la historia de la Tierra y del ser humano. Estamos superando los límites de los estados-naciones y dirigiéndonos hacia la constitución de una única sociedad mundial que demanda más y más una dirección central para las cuestiones concernientes a todos los humanos, como la alimentación, el agua, la atmósfera, la salud, la vivienda, la educación, la comunicación y la protección de la tierra.
Es verdad que estamos todavía en la fase de la globalización competitiva, opuesta a la globalización cooperativa, que supone una economía diferente, estructurada alrededor de la producción de lo necesario para todos, seres humanos y demás seres vivos de la creación. Pero ella cumple una condición fundamental: crear las bases materiales para otras formas de mundialización, más importantes y necesarias.
Efectivamente, lo queramos o no, ya se está anunciando también una mundialización bajo el signo de la ética, del sentido de la compasión universal, del descubrimiento de la familia humana y de las personas de los más diferentes pueblos, como sujetos de derechos que no dependen del poder económico y político de los pueblos o del dinero de su bolso, ni del color de su piel, ni de la religión que profesan. Estamos todos bajo el mismo arco-iris de la solidaridad, del respeto y de la valorización de las diferencias y movidos por el amor que nos hace a todos hermanos y hermanas.
La mundialización se hará también en la esfera de la política que deberá reconstruir las relaciones del poder, ya no en la forma de dominación/explotación de las personas y de la naturaleza, sino en la forma de la mutualidad biofílica (= reciprocidad entre los seres vivos) y de la colaboración entre todos los pueblos, base de la convivencia colectiva en la justicia, en la paz y en la alianza fraternal/sororal con la naturaleza. Ésta deberá organizarse alrededor de una meta común: garantizar el futuro del sistema Tierra y las condiciones para que el ser humano pueda continuar viviendo y desarrollándose, como lo ha venido haciendo desde hace cerca de 10 millones de años.
Por fin habrá, seguramente, una mundialización de la experiencia del Espíritu en el desarrollo de las energías espirituales que se extienden por todo el universo, trabajan la profundidad humana y las culturas y refuerzan la sinergia, la solidaridad, el amor a la vida a partir de los más amenazados y la veneración del Misterio que penetra en todo y en todo resplandece, misterio al que se da culto en la oración, en la contemplación y caminando bajo su luz.
Estamos ante un experimento sin precedentes en la historia de la humanidad. O creamos una nueva luz, o vamos al encuentro de las tinieblas. O seguimos el camino de Emaús del compartir y de la hospitalidad, o experimentaremos el camino del Calvario, el descenso solitario al infierno en cuyo portal Dante Alighieri escribió: «Dejad toda esperanza, vosotros los que entráis”
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