Kitabı oku: «El búfalo de agua. Tomo 2»

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Índice

1  Prólogo

2 SECCIÓN 4. Mejoramiento genético, zootecnia1. Mejoramiento genético en el búfalo de aguaIntroducciónDe Mendel a la genómicaValor fenotípicoMejoramiento genético animal (MGA) y evaluaciones genéticasParámetros genéticos en búfalosConclusionesReferencias2. Requerimientos nutricionales del búfalo de aguaIntroducciónConsumo de materia seca (CMS)Consumo de aguaRequerimientos de energíaRequerimientos de energía para el mantenimientoRequerimientos de energía para la producciónRequerimientos de energía para la producción de carneRequerimientos de trabajoRequerimientos de proteínaRequerimientos de proteína para el mantenimientoRequerimientos de proteína para la producción de lecheRequerimientos para la ganancia de pesoRequerimientos de mineralesRequerimiento de vitaminasConclusionesReferencias3. Calostro en el neonato y manejo de la alimentación de bucerros en desarrolloIntroducciónImportancia del calostro y alimentación en los bucerrosNutrientes e inmunoglobulinas en el calostroManejo del calostro en los neonatos bubalinosFalla de la transferencia de inmunidad pasiva en el bucerroSistemas de crianza y comportamiento productivo de bucerrosComportamiento productivo posdesteteConclusionesReferencias4. Manejo de pastizales y rotación de potreros para la crianza del búfalo de aguaIntroducciónEl pastoreo rotacionalBeneficios de la rotación de potrerosLos búfalos y los vacunos son diferentesComparación entre la digestión de los búfalos y los vacunosConsumo voluntario de forrajesDigestibilidad de los nutrientesMetabolitos ruminalesEcología microbiana del rumenBalance de nitrógeno y eficiencia en el uso de la proteínaEl manejo integral de los pastos y los forrajes en la producción de búfalosSobre los microorganismos del rumenSobre los requerimientos de nutrientesSobre la composición química de los forrajesSobre las necesidades de suplementación y la planeación forrajeraFactores que afectan y condicionan la producción de forrajesConclusionesReferencias5. Manejo zootécnico y buenas prácticas en la actividad bufalinaIntroducciónCondición corporalMaternidadBúfalas en ordeñoBúfalas paridas sueltas (gestantes)Búfalas paridas (vacías)Búfalas gestantesBúfalas vacíasHembras de levanteMachos de levante y cebaBubillas de vientreBubillos para pie de críaBúfalos como sementalesConclusionesReferencias

3 SECCIÓN 5. Reproducción en el búfalo de agua1. Sincronización de la ovulación e inseminación en búfalas de aguaIntroducciónFisiología del ciclo estral en búfalasInseminación a celo naturalSincronización de la ovulación e inseminación a tiempo fijoProtocolos a base de progesteronaResincronizaciónEl factor humano como determinante del éxito de la inseminaciónMonodosis farmacológicas para mejorar la eficiencia reproductivaNuestra experiencia en programas de control reproductivoConclusionesReferencias2. Evaluación y manejo reproductivo del búfalo domésticoIntroducciónCrecimiento, pubertad y madurez sexualLa importancia de la nutrición en el control endocrino de la reproducción en búfalosPeso corporal, circunferencia escrotal y desarrollo testicularPrácticas de alojamiento y alimentación en el crecimiento y desarrollo sexual de los búfalos machosExamen de aptitud reproductiva (EAR) en búfalosSelección y adiestramiento de búfalos machos para la recolección de semenBases de selección y mejora de la productividad del búfaloImportancia de la selección de padres y madres de élite para el mejoramiento genéticoAlojamientoAlimentaciónManejoÁrea de recolección de semenEvaluación del semenTrastornos reproductivos en búfalosConclusionesReferencias3. Aplicaciones de la reproducción asistida a la producción bubalina: transferencia de embriones y clonaciónIntroducciónAspectos fundamentales de la producción de embrionesEmbriones in vivoEmbriones in vitroNuevas estrategias para la aplicación de la biotecnologíaEfecto de las unidades de producción sobre los resultados del programa de embrionesClonaciónConclusionesReferencias

4 SECCIÓN 6. Salud en el hato1. Sanidad en el búfalo de aguaIntroducciónCondiciones biológicas del búfalo de agua y resistencia a enfermedadesEnfermedades hemotrópicasEnfermedades neonatalesEnfermedades reproductivasEnfermedades infecciosas crónicasEnfermedades infecciosas agudasEnfermedades de la glándula mamariaEnfermedades parasitariasMalformaciones congénitasConclusionesReferencias2. Principales infecciones entéricas en los bucerrosIntroducciónPatógenosManejo clínicoConclusionesReferencias

5 SECCIÓN 7. Manejo ante mortem del búfalo de agua1. Manejo ante mortem del búfalo de aguaIntroducciónManejoInteracción humano-animalEmbarque y desembarqueDensidad de carga y espacio disponibleTransporteMercados, ferias y subastas de ganadoCondiciones y tiempo de espera en el establecimiento de sacrificioHematomas en las canales bubalinas a causa del manejo ante mortemConclusionesReferencias2. Aturdimiento y sacrificio del búfalo de aguaIntroducciónConducción y sujeción al cajón de aturdimientoFisiopatología del aturdimiento mecánicoAturdimiento eléctricoFactores a considerar durante el aturdimiento mecánicoIndicadores de sensibilidad e insensibilidad posaturdimientoSistemas de auditoría para monitorear el manejoConclusionesReferencias

6  Semblanzas de los autores

7  Semblanzas del Comité Editorial

8  Página legal

9  Editores

10  Publicidad LID Editorial

Prólogo

Este libro, gran aporte a la bubalinocultura americana y mundial, muestra un excelente nivel en todos los trabajos. Algunos son casos profundos y extendidos, muy útiles para especialistas, científicos y para quienes quieran estudiar a fondo determinados temas. También son de gran ayuda para los criadores que buscan ampliar sus conocimientos sobre aspectos prácticos y científicos de la producción de búfalos. Quedan cubiertas las demandas de discernimiento sobre la ciencia e investigación por un lado, y sobre la producción y la industria por el otro.

Todos los capítulos son muy completos en información técnica, científica y práctica. Temas como la Genética, la Fisiología de la Nutrición, las biotecnologías para la reproducción, el manejo pre y post mortem, etc., son tratados con altísimo nivel.

Se destaca la enorme cantidad de investigaciones y resultados absolutamente nuevos que refieren, en muchos casos, a trabajos anteriores; estudios realizados en nuestro continente, con nuestra realidad, que no necesitan ser extrapolados como me ocurría con investigaciones y estudios sobre temas muy variados de la bubalinocultura en los años setenta, ochenta, noventa y a principios de este siglo, cuando tenía que recabar información de otros continentes o de trabajos realizados con vacunos. Al principio viajamos por el mundo entero con ese propósito, ya que la comunicación para el intercambio de la escasa información, y de las experiencias, requería mucho más que ahora de la presencia y permanencia física en distintos países, si es que queríamos analizar sus sistemas de producción en fincas y sus investigaciones en institutos y universidades.

Me alegra infinitamente comprobar el alto vuelo de los trabajos, de los sistemas de manejo y producción, y la riqueza de conocimientos alcanzados por los científicos, técnicos, investigadores y productores, en general jóvenes, del continente americano. Felicitaciones a los organizadores de esta obra que será de gran utilidad para la producción de búfalos de agua en todos nuestros países.

Ya no es solamente búfalo asiático: es búfalo americano, segundo en el mundo por su población y primero por su crecimiento, además del búfalo de agua europeo, egipcio y australiano.

Marco Zava



Mejoramiento genético en el búfalo de agua

Divier Antonio Agudelo Gómez

Introducción

El diseño y posterior implementación de un programa de mejoramiento genético en un sistema de producción animal está constituido por diferentes etapas. En la primera se define el (los) objetivo (s), es decir, se identifican las características que se desean mejorar; en la segunda se realiza la evaluación genética que permita determinar la línea base o punto de partida para poder cuantificar el progreso o ganancia a través del tiempo, esta valoración también permite estimar los parámetros genéticos (heredabilidad, correlaciones, repetibilidad, los valores y sus confiabilidades…) de los individuos estudiados; en la tercera etapa se lleva a cabo el proceso de selección para identificar a los animales considerados como «mejoradores», estos se aparearán entre sí y serán padres de la siguiente generación. Una vez realizado el ciclo, nuevamente se llevará a cabo la evaluación y se determinará el progreso genético o la respuesta alcanzada después de la selección, con el propósito de demostrar que un programa de mejoramiento genético es dinámico y debe ser permanente.

La eficiencia productiva en los sistemas de producción animal depende de varios elementos: la nutrición, la sanidad, el manejo, los factores ambientales y el componente genético; este último es el único que es atemporal y acompaña al individuo durante toda la vida (el resto suelen ser variables). En este sentido, es importante hacer una correcta selección de los reproductores, quienes deben tener valores genéticos superiores al promedio de la población y, de esta forma, contribuir a mejorar los promedios del sistema productivo.

En este capítulo se abordarán algunos conceptos de genética con el propósito de entender su aplicación o relación con los programas de mejoramiento; también se hará una breve revisión de los parámetros zootécnicos y genéticos estimados en trabajos de investigación en varios países y, finalmente, se presentan algunos resultados que dan cuenta de su aplicación en el campo de las evaluaciones genéticas.

De Mendel a la genómica

Gracias a las observaciones sistemáticas del fraile Gregor Johann Mendel se formularon los principios básicos de la genética. Fueron tan importantes sus hallazgos que aún hoy siguen vigentes las tres leyes que postuló (leyes de Mendel), y sirven como fundamento para entender cómo se transmiten las características fenotípicas de padres a hijos. Los avances científicos de los siglos XX y XXI, la teoría cromosómica de Sutton y Boveri en 1902 (los alelos mendelianos se localizan en los cromosomas) y la posterior identificación de la cadena de ADN, permitieron pasar de los cromosomas a la base molecular, dando paso a la genética basada en las secuencias de nucleótidos. Fue en 1977 que se inició la secuenciación del ADN, cuya finalidad es determinar el orden de los nucleótidos (A, C, G y T) en la cadena de ADN. Para el año 2000 ya se contaba con el primer borrador de la secuencia del genoma humano.

Se sabe que el porcentaje de genes que se expresa activamente en un individuo es bajo y depende de factores reguladores, lo que explica las posibles diferencias, incluso entre gemelos idénticos que tienen la misma información en su genoma. La activación o inactivación de algunos puede tener efectos sobre la fisiología, la producción y la aparición de enfermedades.

Adentrándonos un poco en la especie bubalina Bubalus bubalis bubalis (búfalo de agua) se sabe que su genoma está con formado por 25 pares de cromosomas. De acuerdo con información del National Center for Biotechnology Information (NCBI), en estos pares se tienen identificados 24,014 genes, muchos de ellos con múltiples formas alélicas que son responsables, junto con los factores ambientales, del fenotipo de los animales.

En los sistemas de producción animal, la mayoría de las características de interés económico varían continuamente, lo que significa que los individuos no pueden ser organizados en clases discretas. En el caso de los búfalos, la producción de leche y su composición (porcentaje de grasa, proteína y sólidos totales), la ganancia diaria de peso, el peso vivo a diferentes edades y el rendimiento en canal, son algunos ejemplos de características poligénicas (dependen del efecto de múltiples genes). Estos rasgos que se modifican de forma permanente se denominan caracteres cuantitativos, y el cambio que los distingue se denomina variación cuantitativa o continua. Enseguida se explica cómo se relacionan los diferentes tipos de acción génica y el ambiente con el fenotipo.

Valor fenotípico

El fenotipo de un animal como el búfalo es el valor observado al medir una de sus características y compararla con el promedio de la población, o con un grupo de individuos que sean contemporáneos. Debe tenerse en cuenta que algunas de estas particularidades están limitadas por el sexo, ejemplos de ello son la producción de la leche, la edad al primer parto y el intervalo entre partos que solo pueden ser evaluados en las hembras.

Para analizar las propiedades genéticas de una población se puede descomponer el valor fenotípico en sus partes, atribuibles a dos diferentes causas que lo determinan conjuntamente: el componente genotípico (G) y el ambiental (M). El primero es la constitución genética que posee un individuo, es decir, el arreglo particular de genes; el segundo comprende todos los factores no genéticos que lo influyen. Se podría decir entonces que el genotipo y el ambiente son, por definición, los únicos determinantes del valor fenotípico. A partir de lo anterior se puede plantear que el genotipo confiere al búfalo cierto valor, y que el ambiente puede causar una desviación de este (favorable o desfavorable). Aritméticamente se podría plantear de la siguiente manera:

F = G ± M, donde F es el valor fenotípico, G es el genotípico y M la desviación ambiental

Para un búfalo cualquiera, G está determinado en el momento de la concepción y M representa el efecto combinado de todos los factores ambientales que ejercen alguna influencia sobre él en el momento en que se mide F. En los sistemas de producción bubalinos las características de interés económico son de carácter cuantitativo, lo que significa que F y G dependen de muchos loci (lugares en el genoma donde se localizan los genes). En la mayoría de los casos, los genes que tienen algún tipo de efecto (positivo o negativo) sobre una particularidad cuantitativa no pueden ser identificados con facilidad, debido al pequeño efecto que ejercen sobre la característica en cuestión. Una solución a este problema es encontrar genes cuyos alelos tengan un efecto grande y fácilmente identificable sobre algún otro carácter (marcador genético), y examinar después el efecto de este locus sobre la singularidad. El modelo genético básico para los caracteres cuantitativos se representa por la siguiente ecuación:

F = μ + G ± M, donde μ es la media poblacional, G y M se refieren a los valores definidos anteriormente.

El motivo por el cual se incorpora la media en el modelo es para enfatizar que, en la producción animal, los valores genotípicos y efectos ambientales son relativos con respecto a la población que se evalúa. No son valores absolutos, sino que sus valores numéricos dependen del promedio de desempeño de la población y, de este modo, se expresan como desviaciones de la media poblacional.

Genghini, et al.[1] ilustran por medio de un ejemplo el modelo básico para caracteres cuantitativos. En la Figura 1 las columnas negras representan los pesos al destete (fenotipo) para tres bucerros (1, 2 y 3). Las columnas se extienden a partir de una línea horizontal que representa el peso al destete promedio de la población o media poblacional (μ=250 kg). Si la columna negra está por encima de la línea denota que el peso al destete del individuo es superior a la media, si está por debajo indica que dicho valor fenotípico es inferior. Las columnas grises y blancas representan las contribuciones de los valores genotípicos y efectos ambientales al valor fenotípico, respectivamente.

Este es un ejemplo hipotético utilizado para la ilustración, pero en realidad el valor genotípico se puede conocer al realizar las evaluaciones genéticas en ambientes diferentes. En este ejemplo el bucerro 1 pesó 300 kg, su ventaja de 50 kg con respecto a la media se debe, parcialmente, a que posee un valor genotípico superior y estuvo en un mejor ambiente (madre más lechera, mejores pastos). Los bucerros 2 y 3 pesan 25 kg menos que el promedio. El bucerro 2 tiene menor valor genotípico y también fue sometido a un efecto ambiental desfavorable. Por su parte, el bucerro 3 es genotípicamente igual que el 1, pero de los tres animales fue el que estuvo sometido a las peores condiciones ambientales.

Figura 1. Representación esquemática de las contribuciones genética y ambiental sobre el peso al destete de tres bucerros


Fuente: Adaptado de Genghini, et al.[1b]

El valor genotípico G está conformado por los siguientes elementos o tipos de acción génica reflejados en la siguiente ecuación: G = A ± D ± I; donde A es la aditividad (valor de cría o valor genético) que permite saber cuánto mejor o peor es el rendimiento de la progenie de un individuo cuando se compara con el promedio poblacional. El valor aditivo A es la suma de los efectos independientes de todos los genes que afectan determinada característica, y su valor cuantitativo es estimado cuando se realizan las evaluaciones genéticas haciendo uso de la información genealógica y productiva de los animales, este debe ser dividido entre dos () debido a que un individuo solo transmite la mitad de los genes a su progenie, el resultado se conoce como habilidad predicha de transmisión (PTA, por sus siglas en inglés) para características asociadas con la producción de leche, y como diferencia esperada de la progenie (EPD, por sus siglas en inglés) para las asociadas con la producción de carne; también se conoce como capacidad de transmisión o diferencia de la progenie (DP).

La letra D se refiere a la dominancia, que puede ser completa, parcial o presentar sobredominancia. En el primer caso se generan dificultades al momento de realizar procesos de selección, porque es imposible identificar los heterocigotos de los homocigotos (AA=Aa); si la dominancia es parcial, las pequeñas diferencias entre los heterocigotos y homocigotos podría ser atribuibles a factores ambientales, y no necesariamente a factores genéticos; la sobredominancia permite aprovechar el «vigor híbrido» o «heterosis», que es la superioridad de los animales heterocigotos (Aa) con relación al promedio de los padres homocigotos (AA, aa).

La I es la epistasis o interacción génica, algunos genes tienen la propiedad de enmascarar el efecto de otros que no son sus alelos, este tipo de acción puede ser favorable o desfavorable y generaría un limitante importante al momento de realizar proceso de selección, pues al identificar a un animal fenotípicamente superior al promedio, y esta superioridad se debe a la I, dicha superioridad no será transmitida a la progenie; afortunadamente no es un tipo de acción génica muy común en las características de interés económico[2].

En los últimos años, los avances en el campo de la genética han sido enormes: se pasó de la transición de los cromosomas a la base molecular de la herencia con el descubrimiento de los nucleótidos y del ácido desoxirribonucleico (ADN); después se dio la prosecución de nucleótidos que permitió la secuenciación del ADN, procedimiento con el que se puede determinar el orden de los primeros y la secuenciación del genoma de prácticamente todas las especies conocidas[3].

El genoma es el conjunto de todos los genes, las secuencias reguladoras y toda la información contenida en el ADN de un individuo. Con las técnicas de secuenciación masiva se pudo identificar todo el material genético de un individuo, estableciendo que en algunas especies el porcentaje de genes que se expresa activamente es bajo, pues depende de factores reguladores. Esto explica que puedan existir diferencias en gemelos idénticos que poseen la misma información en su genoma; lo mismo —y con más razón aún— puede ocurrir en animales que, incluso siendo hermanos, pueden presentar rendimientos productivos muy diferentes. La activación o inactivación de algunos genes puede tener efectos sobre la fisiología, la aparición de enfermedades y la producción.

La epigenética estudia los elementos que regulan la expresión genética de una célula sin alterar la secuencia del ADN; esta ciencia permite marcar algunos genes que deben ser expresados. Otro avance digno de resaltar es el desarrollo de chips de ADN que se pueden utilizar para leer secuencias en algunas posiciones del genoma. Con esta técnica se logran identificar algunas variaciones en los individuos y en las poblaciones. Este método tiene algunas aplicaciones como el análisis de la expresión de los genes, de los factores de transcripción del ADN, la descripción de genotipos y también ayuda a estimar los parámetros y a predecir los valores genéticos de los animales con mayor confiabilidad[3b].

Mejoramiento genético animal (MGA) y evaluaciones genéticas

El MGA consiste en aplicar principios biológicos, económicos y matemáticos para encontrar estrategias óptimas de aprovechamiento de la variación genética existente en una especie en particular y maximizar su mérito. Esto involucra tanto la variación genética entre los individuos de una raza, como la variación entre razas y cruces.

La herramienta que más ha impactado el mejoramiento animal en el mundo es el control productivo y genealógico. En efecto, la medición objetiva de la producción de los animales sirve para hacer evaluaciones de los mismos, a fin de seleccionar y evaluar las razas y cruzas, estimar los parámetros requeridos para los programas, medir aspectos económicos y optimizar el proceso. Las evaluaciones genéticas permiten medir los parámetros genéticos de una población, uno de las más importantes es la heredabilidad, que puede ser definida de dos formas: en sentido amplio (H2) y en sentido estrecho (h2).

La heredabilidad en sentido amplio es la relación entre la varianza genotípica total y la varianza fenotípica que puede expresarse de la siguiente manera: H2 = VG/VP. Esto refleja la variabilidad de los diversos tipos de acción de genes que comprenden efectos aditivos, efectos de dominancia, efectos de epistasis y efectos de interacción de genes por ambiente. La heredabilidad en sentido estrecho es la relación entre la varianza aditiva y la varianza fenotípica, puede expresarse así: h2 = VA/VP, y solo se considera la parte de varianza fenotípica proveniente del efecto aditivo de los genes. En algunos casos, para facilitar la interpretación del concepto heredabilidad se ha definido como el grado en el que los hijos se parecen a sus padres por alguna característica determinada. La heredabilidad puede tomar valores de entre 0 y 1, por lo tanto, entre más se aleje de cero se dice que la característica es más heredable; cuando toma valores cercanos a cero se entiende que dicha particularidad es poco heredable[2b].

Si una característica tiene alta h2, los animales con mayores niveles de producción suelen tener hijos con niveles altos de producción, y los que tienen bajos niveles productivos tendrán hijos con baja productividad. Por el contrario, si la característica presenta baja h2, los registros de producción de los padres no se verán reflejados en la producción de sus hijos[2c].

Parámetros genéticos en búfalos

Las características productivas en ganado son de naturaleza poligénica (controladas por muchos genes). Dichas particularidades son afectadas por el medio ambiente y de allí su gran variación. En los últimos años, dado el crecimiento poblacional que ha tenido el búfalo, la importancia económica que representa para los sistemas productivos y la generación de productos de alta calidad nutricional que de ellos se obtiene, esta especie ha logrado llamar la atención no solo de productores, sino también de científicos que han dedicado parte de su trabajo a realizar investigaciones sobre ella.

A principios de siglo eran escasos los estudios en los que se estimaban los parámetros genéticos en poblaciones bufalinas de los países del hemisferio occidental, por lo que había que recurrir a investigaciones realizadas en países asiáticos o particularmente en Italia; afortunadamente esto cambió y en los últimos años son múltiples los trabajos al respecto, lo que ha permitido sentar las bases para estableces programas de mejoramiento genético basados en datos locales y reales[4].

La característica que posiblemente se ha estudiado con más detenimiento ha sido la producción de leche, quizá por la importancia económica que esta representa en los sistemas de producción animal, además por la calidad de la misma, cualidad que le confiere propiedades nutricionales y organolépticas muy apreciadas en los mercados. A continuación, se presentan algunos parámetros zootécnicos y genéticos para algunas características de interés económico en los sistemas de producción bufalino.

En el Cuadro 1 se presentan algunos resultados descriptivos de características asociadas con la producción de leche de poblaciones de búfalo, así como los valores de heredabilidad para estimados de diversas investigaciones en países donde la producción bufalina es importante.

Cuadro 1. Valores promedio, desviaciones estándar y heredabilidad estimada para características asociadas con la producción de leche de búfalo en distintos países


Característica Grupo racial N Media ± SD Heredabilidad País Autor
Producción de leche (kg) Murrah 2,910 1631.5±642.1 0.28 Brasil
Producción de queso mozzarella PKM (kg) Mediterránea 337,158 599.5±132.1 0.31 Italia
Producción de leche a 270 días (kg) Mediterránea 1,408 2,965.6±642.1 0.33 Italia
Producción de grasa a 270 días (kg) 244.9±47.3 0.35
Producción de grasa a 270 días (%) 8.3±0.9 0.27
Producción de proteína a 270 días (kg) 137.5±22.9 0.19
Producción de proteína a 270 días (%) 4.7±0.3 0.38
Producción diaria de leche (kg) Egipcio 174,619 7.33±3.03 0.20 Egipto
Producción de leche hasta el día 270 (kg) búfalas primer parto Murrah y Mestizo 2,229 993.69±228.54 0.26 Colombia
Producción de leche hasta el día 305 (kg) Sin definir 5,896 1,841.18±629.42 0.25 Brasil
Producción de grasa hasta el día 305 (kg) 3,325 124.58±38.16 0.22
Producción de proteína hasta el día 305 (kg) 3,325 78.99±23.49 0.26
Producción de leche hasta el día 270 (kg) búfalas primer parto Murrah y Mestizo 34,195 989.2±257.7 0.30 Colombia
Producción total de leche (kg) Murrah 888 1,775.31±490.72 0.55 Brasil
Mediterránea 469 1,714.67 ±466.47 0.48
Mestizo 468 1,738.83±524.33 0.39

De acuerdo con los valores de heredabilidad anteriores, es evidente que las características asociadas con la producción de leche tendrían una respuesta aceptable para los procesos de selección, lo que permitiría obtener buenas ganancias genéticas en cada generación. Además de estimar la heredabilidad, es necesario calcular los valores genéticos de los animales, lo que es posible si y solo si se realizan controles productivos y se tiene un estricto control genealógico, así estos datos pueden complementar la información genómica de cada individuo. Esta información, procesada y analizada correctamente, generará resultados confiables para poder identificar a los animales que son superiores desde el punto de vista genético, pues como se evidenció en los primeros apartados de este capítulo, la evaluación fenotípica no es suficiente porque puede sobreestimar o subestimar el valor genético de un animal a partir de las condiciones ambientales a las que se encuentre sometido.

En los últimos años, la genómica ha cobrado importancia en los programas de mejoramiento genético. A partir de ella se tiene un conocimiento amplio del genoma de algunas especies animales y se sabe del efecto que pueden tener algunos alelos o fragmentos del genoma llamado polimorfismo de nucleótido simple (SNP, por sus siglas en inglés) sobre determinada característica. Estos datos permiten, junto con la información genealógica y productiva de los parientes, calcular el valor genético de un animal a edad temprana. La aplicación de este tipo de técnicas no solo ha facilitado y acelerado los procesos de selección, sino que ha disminuido el intervalo generacional y, una vez que se cuenta con datos productivos, la confiabilidad de los valores de cría aumenta[8b].

Un estudio que aplicó la evaluación genómica en búfalos egipcios permitió identificar algunos genes candidatos asociados con la producción de leche: se observaron 30 SNP localizados en los cromosomas 1, 2, 3, 4, 6, 9, 11, 12 y 16 que explican cerca del 10 % de la varianza genética aditiva. Algunos de esos SNP también están asociados con otras funciones biológicas relacionadas con la producción de leche[8c]. En un estudio realizado en Brasil llegaron a la conclusión de que la información genómica permite calcular con mayor exactitud la heredabilidad, obteniendo desviaciones estándar más bajas y una mayor precisión en los valores genéticos estimados[10b]. En otra investigación, también en Brasil, por medio de evaluaciones genómicas se identificó que cuatro regiones del genoma explicaban más del 5 % de la varianza para las características longitud corporal, altura a la cruz, altura a la grupa, longitud de la grupa y amplitud entre ilion e isquion[13].

En Egipto identificaron, por medio de técnicas moleculares, que los búfalos usados como reproductores en programas de inseminación artificial son monomórficos para el gen de la capa-caseína, y presentan el alelo B que se asocia con un mayor porcentaje de proteína en leche[14]. En este sentido, determinaron que los búfalos eran monomórficos para los genes de la prolactina (GG), capa-caseína (BB) y PIT-1 (GG), siendo las formas alélicas las que favorecen las características deseadas[15].

Este tipo de trabajos genómicos respaldan las bondades productivas del búfalo de agua con respecto a la calidad de la leche, y dan cuenta de cómo, desde el punto de vista genético, se pueden explicar los altos niveles productivos o la obtención de un lácteo con una mejor calidad composicional. En las Figuras 2-4 se identifica a búfalas, y características de la ubre, con valores genéticos positivos para la producción de leche.

Figura 2. Búfala Murrah pura, BCL 250-D4 con PTA positivo para la producción de leche


Fotografías: Divier Antonio Agudelo Gómez.

Figura 3. Búfala con valores genéticos positivos para la producción de leche


Fotografía: Divier Antonio Agudelo Gómez.

Figura 4. Características de la ubre y su relación con la producción de leche


A) y B) Ubre con PTA positivo para la producción de leche + 198.02 kg. Fotografías: Divier Antonio Agudelo Gómez.

Respecto a la producción de carne, se han estimado valores de heredabilidad para varias características. En el Cuadro 2 se presentan los resultados de algunos trabajos encaminados a fomentar el mejoramiento genético de dichas particularidades.

Cuadro 2. Valores promedios, desviaciones estándar y heredabilidad estimada para características asociadas con la producción de carne en búfalos de distintos países


Característica Grupo racial N Media ± SD Heredabilidad País Autor
Peso al sacrificio (kg) Mestizo 346 306±33 0.31 Colombia
Peso al destete (kg) 1021 258±33 0.26
Peso al destete (kg) Mestizo 23,937 207.35 ± 47.69 0.24 Colombia
Peso a los 12 meses (kg) 7,194 210.75 ± 44.25 0.26
Peso a los 18 meses (kg) 3,929 256.09 ± 51.35 0.44
Peso a los 24 meses (kg) 2,733 358.48 ± 53.77 0.30
Peso al destete (kg) Mestizo 9,244 182±42.46 0.45 Colombia
Peso a los 12 meses (kg) 6,975 201.8±38.70 0.42
Peso a los 18 meses (kg) 1,843 278±50.89 0.42
Peso a los 24 meses (kg) 1,476 363.4±54.32 0.41
Peso al destete (kg) Egipcio 8,099 95.74 0.41 Egipto
Peso al destete (kg) Egipcio 1,149 91.15 ± 7.75 0.257 Egipto
Peso al nacimiento (kg) Mediterránea 5,169 37.6 ± 4.7 0.30 Brasil
Peso a 205 días (kg) 3,792 192.7±40.3 0.52
Peso a los 12 meses (kg) 3,883 298.6±67.4 0.54

Al igual que las características relacionadas con la producción de leche, las observadas en el cuadro anterior presentan una heredabilidad con valores que van de medios a altos, lo que sugiere que los procesos de selección son la herramienta óptima para implementar un programa de mejoramiento genético asociado con la producción de carne o con el crecimiento en el ganado bufalino. Desafortunadamente, son escasos los trabajos que estiman parámetros genéticos vinculados con particularidades como rendimiento en canal y características de la canal y la carne; sin embargo, por comunicaciones verbales con varios criadores de Colombia que se dedican a la ceba de búfalos, he sabido de rendimientos en canal que pueden variar del 40 al 50 %, este aspecto es afectado por factores como la edad del animal, el peso vivo y el sexo.

En el caso de ganaderías dedicadas a la ceba de búfalos donde las condiciones ambientales, la alimentación y el manejo son más homogéneos, se han obtenido rendimientos en canal que pueden variar entre 48 y 53 %, lo que indica una variación genética para esta particularidad y también que se podría realizar algún tipo de selección para aumentar el rendimiento en canal. Es fundamental realizar estudios que permitan calcular la varianza genética y la heredabilidad de dicha característica.

En la Figura 5 se identifica una macho que tiene una buena conformación para la producción de carne y que, además, presenta valores genéticos positivos para la característica peso a los 24 meses.

Figura 5. Búfalo con un buen fenotipo y EPD positivo para producción de carne


BCL TITÁN 436-N6. Valor genético para producción de leche +256.11 kg. Fotografía: Divier Antonio Agudelo Gómez.

Con respecto a las características relacionadas con la reproducción como la edad al primer parto (EPP) o el intervalo entre partos (IEP), se reportan valores de heredabilidad muy variados. En una investigación realizada en Colombia reportaron heredabilidad para IEP y EPP de 0.05 y 0.42, respectivamente[21]. En Brasil reportaron para EPP e IEP heredabilidad de 0.14 y 0.03, respectivamente[22]. En un estudio realizado en 2016 se estimó la heredabilidad para EPP e IEP con valores de 0.16 y 0.05, respectivamente[23]. En general, en la literatura se reportan bajos valores de heredabilidad para las características asociadas con la reproducción, y los ganaderos prefieren invertir en optimizar las condiciones ambientales para mejorar los parámetros reproductivos del hato, y no en realizar procesos de selección que no arrojarían la respuesta esperada.

En un estudio realizado en Colombia se utilizó un modelo de componentes principales y uno multicaracterístico, llevándose a cabo el análisis de los siguientes factores: peso al destete, peso a los 12 meses, peso a los 18 meses, peso a los 24 meses, edad al primer parto y producción de leche hasta el día 270; se estimó la heredabilidad para cada característica y las correlaciones genéticas y fenotípicas entre cada una de ellas (Cuadro 3). Se evidenció que las altas correlaciones genéticas existentes entre las especificidades de peso y la producción de leche, y las correlaciones genéticas negativas de las características de peso con edad al primer parto, facilitarían los procesos de selección en los programas de mejoramiento genético[9c].

Cuadro 3. Heredabilidad (en diagonal, resaltado), correlaciones genéticas (debajo de la diagonal) y correlaciones fenotípicas (arriba de la diagonal) estimadas para búfalos de doble propósito en Colombia, utilizando un modelo reducido con tres componentes principales (PC1:3) y un modelo completo de rasgos múltiples (el error estándar está entre paréntesis).


Tratamiento WW W12 W18 W24 AFC MY270
Modelo PC1:3
WW 0.24 (0.02) 0.78 (0.02) 0.72 (0.03) 0.39 (0.04) -0.19 (0.03) 0.09 (0.93)
W12 0.99 (0.02) 0.26 (0.02) 0.81 (0.01) 0.49 (0.01) -0.23 (0.10) 0.05 (0.04)
W18 0.94 (0.01) 0.95 (0.01) 0.44 (0.03) 0.66 (0.03) -0.33 (0.02) 0.15 (0.10)
W24 0.80 (0.04) 0.79 (0.04) 0.89 (0.03) 0.30 (0.04) -0.32 (0.08) 0.29 (0.04)
AFC -0.51 (0.09) -0.52 (0.10) -0.51 (0.09) -0.76 (0.08) 0.14 (0.03) 0.11 (0.03)
MY270 0.86 (0.10) 0.88 (0.11) 0.76 (0.09) 0.41 (0.12) -0.13 (0.08) 0.24 (0.05)
Modelo MC
WW 0.24 (0.01) 0.75 (0.00) 0.72 (0.00) 0.40 (0.01) -0.19 (0.01) 0.08 (0.03)
W12 0.91 (0.02) 0.27 (0.02) 0.79 (0.00) 0.49 (0.02) -0.22 (0.02) 0.56 (0.04)
W18 0.95 (0.02) 0.86 (0.03) 0.45 (0.03) 0.66 (0.01) -0.33 (0.02) 0.12 (0.04)
W24 0.78 (0.06) 0.75 (0.07) 0.85 (0.05) 0.30 (0.04) -0.33 (0.02) 0.17 (0.05)
AFC -0.57 (0.09) -0.44 (0.11) -0.53 (0.09) -0.76 (0.11) 0.14 (0.03) 0.12 (0.03)
MY270 0.43 (0.22) 0.60 (0.12) 0.53 (0.10) 0.51 (0.12) -0.14 (0.90) 0.26 (0.06)

Fuente: Agudelo, et al.[9d]

1WW= Peso al destete; W12= peso al año de edad; W18= peso a los 18 meses; W24=peso a los 24 meses; AFC= edad al primer parto; MY270=producción de leche a los 270 días en la primera lactancia.

A modo de ejercicio

A continuación se presentan dos ejercicios en los que se evidencia el progreso genético que se podría alcanzar haciendo uso de la selección.

I. Para la producción de leche se tomarán como referencia los datos de Agudelo[11b] (Cuadro 1).

Característica analizada: PL270

Media poblacional 0: 989.2±257.7 kg

Heredabilidad estimada: 0.30

Si se usan padres de la siguiente generación (S) cuyo promedio de producción es de 1,100 kg ¿cuánto sería el progreso genético alcanzado y qué porcentaje de animales deberían ser utilizados como reproductores?

Paso 1, estimar el diferencial de selección (S):

S = (S – 0); S = (1,100 kg – 989.2 kg) = 110.8 kg

Paso 2, estimar la respuesta a la selección o progreso genético: (RS)

RS = h2 · S; RS = 0.30 · 110.8 kg = 33.24 kg

Bajo estos supuestos, la media de la próxima generación sería:

0 + RS; 989.2 kg + 33.24 kg = 1,024.44 kg

Paso 3, estimar la intensidad de selección que se debería aplicar (i)

i = S/σ; i = 110.8 kg/257.7 kg = 0.43

Al validar el valor de i =0.43 en los cuadros de intensidad de selección estandarizadas se encuentra que, de la población total, se debería descartar al 26 % inferior y utilizar como reproductores o padres de la siguiente generación al 74 % superior de la población.

II. Para la producción de carne se tomarán como referencia los datos de Agudelo et al.[9e] (Cuadro 2)

Característica analizada: Peso a los 18 meses

Media poblacional 0: 256.09±51.35 kg

Heredabilidad estimada: 0.44

Si se usan padres de la siguiente generación (S) cuyo promedio de producción es de 280 kg ¿cuánto sería el progreso genético alcanzado y qué porcentaje de animales deberían ser utilizados como reproductores?

Paso 1, estimar el diferencial de selección (S):

S = (S – 0); S = (280 kg – 256.09 kg) = 23.91 kg

Paso 2, estimar la respuesta a la selección o progreso genético: (RS)

RS = h2 · S; RS = 0.44 · 33.91 kg = 7.89 kg

Bajo estos supuestos, la media de la próxima generación sería:

0 + RS; 256.09 kg + 789 kg = 263.98 kg

Paso 3, estimar la intensidad de selección que se debería aplicar (i)

i = S/σ; i = 23.91 kg/51.35 kg = 0.46

Al corroborar el valor de i = 0.46 en los cuadros de intensidad de selección estandarizadas se encuentra que, de la población total, se debería descartar al 28 % inferior y utilizar como reproductores o padres de la siguiente generación al 72 % superior de la población.

Conclusiones

Teóricamente, se puede lograr una buena ganancia o progreso genético en los dos ejercicios planteados con anterioridad. Sin embargo, en términos prácticos, serían muy pocos los bufalistas que estarían dispuestos a realizar una presión de selección tan elevada; pero si se desea alcanzar en forma rápida y eficiente un buen progreso genético, es necesario establecer procesos de selección sistemáticos que permitan favorecer la reproducción de los individuos genéticamente superiores (portadores de las formas alélicas favorables), y paralelamente, descartara a los animales que son portadores de las formas alélicas que codifican negativamente, ya sea para producción de leche o de carne.


1 [1] [1b] Genghini, R., Bonvillani, A., Wittouck, P. y Echevarría, A. Introducción al Mejoramiento Animal. 2002; 1-26. Disponible en: https://ganaderiasos.com/wp-content/uploads/2017/03/INTRODUCCION-AL-MEJORAMIENTO-ANIMAL-.pdf

2 [2] [2b] [2c] Cardellino, R. y Roviora, J. Mejoramiento genético animal. Montevideo, Uruguay: Hemisferio Sur, 1987.

3 [3] [3b] Rubio, S., et al. «Secuenciación de nueva generación (NGS) de ADN: presente y futuro en la práctica clínica». Universitas Médica, 2020; 61(2):1-15.

4 [4] Agudelo, D., et al. «El búfalo como animal productor de carne: producción y mejoramiento genético». Revista Lasallista de Investigación, 2007; 4(2):43-49.

5 [5] Mendes, C., et al. «Genetic parameters for milk yield, lactation length and calving intervals of Murrah buffaloes from Brazil». Revista Brasileira de Zootecnia, 2013; 42:565-569.

6 [6] Parlato, E. y Zicarelli, L. «Genetic parameters and sire ranking for the adjusted estimate of mozzarella cheese production in Italian Mediterranean buffalo». Journal of Buffalo Science, 2015; 4(3):64-68.

7 [7] Liu, J. J., et al. «Genome-wide association studies to identify quantitative trait loci affecting milk production traits in water buffalo». Journal of Dairy Science, 2018; 101(1):433-444.

8 [8] [8b] [8c] Abdel-Shafy, H., et al. «A single-step genomic evaluation for milk production in Egyptian buffalo». Livestock Science, 2020; 234:103977.

9 [9] [9b] [9c] [9d] [9e] Agudelo, D. et al. «Genetic principal components for reproductive and productive traits in dual-purpose buffaloes in Colombia». Journal of Animal Science, 2015; 93(8):3801-3809.

10 [10] [10b] Aspilcueta-Borquis, R. R., et al. «Multiple-trait genomic evaluation for milk yield and milk quality traits using genomic and phenotypic data in buffalo in Brazil». Genetics and Molecular Research, 2015; 14(4):18009-18017.

11 [11] [11b] Agudelo, D. «Resultados evaluación genética para producción de leche hasta el día 270 en búfalas en Colombia, 2018». CES Medicina Veterinaria y Zootecnia, 2019; 14(1):100-129.

12 [12] Marques, L. C., et al. «Genetic evaluation of milking buffaloes (Bubalus bubalis): bull ranking». Arquivo Brasileiro de Medicina Veterinária e Zootecnia, 2019; 71:1712-1718.

13 [13] Gonzalez, J. L., et al. «Genome-wide association study applied to type traits related to milk yield in water buffaloes (Bubalus bubalis)». Journal of Dairy Science, 2020; 103(2):1642-1650.

14 [14] Abdel Dayem, A. M. H., et al. «Genotyping of kappa-casein gene in Egyptian buffalo bulls». Livestock Science, 2009; 122(2):286-289.

15 [15] Othman, E., Zayed, F., El Gawead, A. y El-Rahman, M. «Genetic polymorphism of three genes associated with milk trait in Egyptian buffalo». Journal of Genetic Engineering and Biotechnology, 2011; 9(2):97-102.

16 [16] Angulo, R., Agudelo, D., Cerón-Muñoz, M. F. y Jaramillo-Botero, S. «Genetic parameters in buffalo calves fed at full milk in beef production system in middle Magdalena region of Colombia». Livestock Research for Rural Development, 2006; 18(12).

17 [17] Bolívar, D. M., et al. «Genetic parameters for growth traits of buffaloes (Bubalus bubalis Artiodactyla, Bovidae) in Colombia». Revista Colombiana de Ciencias Pecuarias, 2012; 25:202-209.

18 [18] Salem, M. M. I., et al. «Genetic parameters and principal components analysis of breeding value for birth and weaning weight in Egyptian buffalo». Asian-Australasian Journal of Animal Sciences, 2020.

19 [19] Mourad, K. A. M. y Khattab, A. S. «A comparison between different selection indices for some productive traits on Egyptian buffaloes». Archives Animal Breeding, 2009; 52(5):476-484.

20 [20] Falleiro, V., et al. «Genetic parameters for growth traits of Mediterranean buffaloes from Brazil, estimated by bayesian inference». Buffalo Bulletin, 2013; 32(2):623-626.

21 [21] Bolívar, D. M., et al. «Parámetros genéticos para características reproductivas en una población de búfalos (Bubalus bubalis Artiodactyla, Bovidae) en el Magdalena Medio Colombiano». Revista Facultad Nacional de Agronomía Medellín, 2010; 63(2):5587-5594.

22 [22] Portela de Oliveira, D. et al. «Principal components for reproductive and productive traits in buffaloes from Brazil». 10th World Congress on Genetics Applied to Livestock Production. Vancouver, 2014. pp. 3-5.

23 [23] Da Costa, C., Aspilcueta-Borquis, R., Bossi, A. y Tonhati, H. «Genetic parameter estimates for production and reproduction traits in dairy buffaloes». Revista Caatinga, 2016; 29(1):216-221.


Requerimientos nutricionales del búfalo de agua

Alejandro Ortiz Acevedo

Introducción

El búfalo de agua (Bubalus bubalis) es considerado una alternativa rentable dentro de las unidades de producción pecuarias del mundo por sus bondades naturales: resistencia a enfermedades, longevidad, capacidad reproductiva y la cualidad de consumir forrajes toscos y convertirlos en carne y leche con altos contenidos de nutrientes, lo que le confiere relevancia en los procesos industriales. Estas características productivas le han brindado un lugar importante al desarrollo ganadero de esta especie en países tropicales. La oferta climática y la calidad de suelo de esas zonas permite su explotación en praderas con gran biodiversidad vegetal, donde se encuentran diferentes familias botánicas (gramíneas y las leguminosas) que son aprovechadas por los búfalos para la producción de carne y leche a bajo costo.

Todas estas ventajas de adaptación, producción y reproducción han dejado de lado las prácticas de manejo y alimentación necesarias para esta especie, y se ha difundido la idea de que el búfalo consume toda clase de forraje de mala calidad y resiste todo tipo de manejo. El búfalo es una especie rústica, en efecto, pero debe recibir un manejo igual —o quizá mejor— que el que se le brinda al ganado vacuno, en especial en lo que concierne a su alimentación y requerimientos nutricionales (diferentes a los de otras especies), ya que es un animal que se distingue por el uso eficiente de los mismos, a diferencia de otros herbívoros. Este capítulo tiene como objetivo identificar las demandas nutricionales del búfalo en sus diferentes etapas fisiológicas, describir cómo la oferta ambiental puede cubrir sus necesidades y satisfacer sus requerimientos de mantenimiento y producción para obtener carne y leche de buena calidad y a bajo costo.

Consumo de materia seca (CMS)

En la alimentación de animales herbívoros domésticos, como el vacuno o el búfalo, el consumo de materia seca (CMS) es una de las principales limitantes si se trata de cubrir sus requerimientos nutricionales para la producción de carne y leche. El CMS está determinado por factores que involucran al alimento y al animal, y pueden actuar de manera física y metabólica, siendo la parte física determinante por el contenido de pared celular o fibra detergente neutra (FDN) del forraje[1]. La relación entre el aumento del contenido de FDN y el descenso en el CMS se explica por el volumen de las paredes celulares del forraje, ya que estas provocan distensión del rumen y estimulan los mecanismos receptores de la capa muscular, generando una sensación de saciedad que limita el CMS[1b], [2], [3]. Los requerimientos de energía, proteína, minerales y de otros nutrientes deben estar incluidos de manera eficiente en la materia seca para que, a partir de esta, los búfalos puedan obtener mayores ganancias de peso corporal y tengan una buena producción de leche (con mejores contenidos de grasa y proteína de buena calidad). El CMS también está influenciado por la edad, el peso corporal, el sexo, el estado fisiológico, el tipo de producción y el estado reproductivo y sanitario del búfalo (Cuadro 1).

Cuadro 1. Estimaciones del consumo de materia seca (CMS) para algunas categorías de búfalos en diferentes estados fisiológicos


Estado fisiológico Consumo de materia seca como % del peso Vivo
Mantenimiento 1.3-2.4
Bubillas de vientre 2.2-2.6
Machos bubalinos de ceba 2.5-3.0
Búfalos reproductores 2.2
Machos de levante castrados 1.99
Búfalas gestantes en el período seco 1.8-2.5

Fuente: Adaptado de Bülbü[4].

Después de una extensa revisión de las observaciones de 55 grupos de animales en diferentes institutos de investigación en India, Mandal, et al.[5] encontraron que la ingesta diaria de materia seca (IMS) tuvo correlaciones positivas con el peso metabólico, con el aumento de peso diario, con la cantidad de leche corregido por el 4 % de grasa[6] y con el contenido de grasa en esta. Señalaron también una correlación negativa con los niveles de nutrientes totalmente degradables (TDN) y proteína cruda (PC) de los alimentos consumidos, datos que corrobora la observación de Paul y Lal[7] de que los búfalos pueden aumentar el consumo cuando se les somete a dietas nutricionalmente pobres. Sin embargo, no mencionan correlaciones significativas entre la IMS y el porcentaje de forraje o pastos en la dieta.

Las estimaciones de CMS pueden expresarse como el porcentaje (%) del peso corporal o como el valor de acuerdo con el peso metabólico (BW0.75), el Cuadro 2 muestra la conversión del peso corporal al peso metabólico. Aunque no se tenga una referencia específica, en la práctica se ha propuesto determinar el CMS a partir de la calidad de forraje, y particularmente del contenido de FDN (CMS= 120/FDN %), este CMS se expresa en porcentaje según el peso vivo del animal; por ejemplo, una búfala adulta con un peso de 520 kg de peso vivo que consume un pasto con una FDN de 64 % tiene la capacidad de consumir el 1.88 % de su peso vivo en MS de pasto, es decir 9.78 kg (520 kg P.V x 1.88 %); por lo que un búfala adulta que produce leche o alimenta a un ternero para producir carne debe tener buena disponibilidad de forraje (Figura 1).

Figura 1. Grupo de búfalas adultas con buena oferta de forraje verde, lo que garantiza que puedan cubrir los requerimientos del CMS


Fotografía: Alejandro Ortiz Acevedo.

Cuadro 2. Cálculo del peso metabólico


Kg P.V. BW Kg 0.75 Kg P.V. BW Kg 0.75 Kg P.V. BW Kg 0.75 Kg P.V. BW Kg 0.75
10 5.62 260 64.75 510 107.32 760 144.70
20 9.46 270 66.61 520 108.89 770 146.17
30 12.82 280 68.45 530 110.47 780 147.60
40 15.91 290 70.28 540 112.02 790 149.01
50 18.80 300 72.08 550 113.57 800 150.40
60 21.56 310 73.88 560 115.12 810 151.83
70 24.20 320 75.66 570 116.65 820 153.20
80 26.75 330 77.42 580 118.19 830 154.64
90 29.22 340 79.18 590 119.71 840 156.00
100 31.62 350 80.92 600 121.23 850 157.42
110 33.97 360 82.65 610 122.74 860 158.80
120 36.26 370 84.36 620 124.20 870 160.19
130 38.50 380 86.07 630 125.75 880 161.60
140 40.70 390 87.76 640 127.20 890 162.95
150 42.86 400 89.44 650 128.73 900 164.30
160 44.99 410 91.11 660 130.20 910 165.68
170 47.08 420 92.78 670 131.69 920 167.00
180 49.14 430 94.43 680 133.20 930 168.41
190 51.17 440 96.07 690 134.63 940 169.80
200 53.18 450 97.70 700 136.10 950 171.12
210 55.16 460 99.33 710 137.54 960 172.50
220 57.12 470 100.94 720 139.00 970 173.81
230 59.06 480 102.55 730 140.44 980 175.20
240 60.98 490 104.15 740 141.90 990 176.49
250 62.87 500 105.74 750 143.32 1,000 177.80

Fuente: Elaboración propia.

Kg P.V.: peso vivo en kilogramos

BW: Peso metabólico P.V.0.75

En el Cuadro 3 se presentan algunos forrajes tropicales consumidos por los búfalos, así como su calidad bromatológica mediante varias muestras tomadas en sistemas productivos de Colombia. Estos forrajes se caracterizan por presentar un alto contenido de FDN que limita el consumo y el aporte de nutrientes requeridos por los búfalos.

Cuadro 3. Características bromatológicas de algunos forrajes en praderas consumidas por el búfalo


Especie MS Proteína FDN DIVMS EM ED Ca P Cu
Dichanthium aristatum (Poir.) C. E. Hubb 24.0 6.5 58.9 59.6 2.1 2.3 0.77 0.17 2.5
Urochloa plantaginea (Link) R. Webster 23.0 9.6 65.2 56.5 2.4 2.8 0.40 0.25 4.5
Brachiaria brizantha (Hochst. ex A. Rich.) Stapf cv. Marandú 22.5 6.4 65.6 47.4 2.4 2.8 0.40 0.14 2.8
Andropogon gayanus Kunth 24.3 13.1 62.6 59.9 2.3 2.7 0.30 0.41 3.2
Dichanthium annulatum (Forssk.) Stapf 21.0 6.9 65.2 47.5 2.4 2.8 0.60 0.22 3.2
Urochloa decumbens (Stapf.) R.D. Webster 24.0 7.4 66.8 56.0 2.4 2.8 0.43 0.25 4.0
Brachiaria dictyoneura (Figari. & De Not) Stapf. 25.0 9.5 65.7 61.0 2.4 2.8 0.37 0.30 6.7
Cynodon plectostachyus K. Schum. 22.6 12.0 65.8 59.2 2.4 2.8 0.59 0.32 4.6
Megathyrsus maximus (Jacq.) B. K. Simon & S.W.L. Jacobs 22.8 10.8 65.3 58.5 2.4 2.8 0.51 0.27 4.5
Urochloa humidicola Morrone & Zuloaga 20.1 7.1 68.8 51.7 2.5 2.9 0.34 0.22 3.2
Leersia hexandra Swartz 24.3 18.5 63.1 70.0 2.3 2.7 0.23 0.17 6.4
Ischaemun ciliare Zetz 26.5 10.4 66.5 57.1 2.4 2.8 0.39 0.29 3.9
Panicum laxum Sw. 23.2 13.5 64.4 50.4 2.3 2.7 0.32 0.40 3.9
Urochloa mutica (Forssk.) T.Q. Nguyen 23.8 9.1 66.6 53.2 2.4 2.8 0.50 0.23 4.3
Paspalum f asciculatum Willd. Ex Flügge 25.0 9.8 64.1 51.8 2.3 2.7 0.55 0.22 4.7
Hyparrhenia rufa (Nees) Stapf. 20.5 14.8 60.8 51.7 2.2 2.6 0.71 0.46 2.8
Digitaria sanguinalis (L.) Scopoli 22.3 13.9 61.4 58.8 2.2 2.6 0.34 0.26 4.2
Pennisetum purpureum Schum 24.3 11.3 63.8 57.5 2.3 2.7 0.34 0.30 5.7
Urochloa arrecta (Hack. ex T. Durand & Schinz) Morrone & Zuloaga 21.8 11.0 65.2 61.1 2.4 2.8 0.50 0.32 3.9

Fuente: ACB y MADR[8]

Ms: Materia seca (%)

Proteína (%)

FDN: Fibra detergente neutra (%)

DIVMS: Digestibilidad in vitro de materia seca (%)

EM: Energía metabolizable (Mcal/kg MS)

ED: Energía digestible (Mcal/kg MS)

Ca: Calcio (%)

P: Fósforo (%)

Cu: Cobre (ppm)

La calidad composicional de los forrajes puede cambiar dependiendo de las condiciones de manejo de la pradera, una de esas prácticas es la edad de aprovechamiento de pastura porque, a medida que los forrajes son más maduros, el contenido de fibra se incrementa y la digestibilidad de esta disminuye, lo que altera el CMS y el contenido de proteína y carbohidratos no estructurales que aportan energía de rápida asimilación[9].

Consumo de agua

El agua representa más de la mitad de la masa corporal de los búfalos y su proporción se relaciona negativamente con la proporción de grasa del cuerpo. El agua regula la temperatura corporal y mantiene el balance osmótico, la ganancia de peso, la producción de leche, el transporte de nutrientes y la excreción de los productos finales del metabolismo[4b], [7b].

La necesidad de agua en los búfalos depende de la edad, el peso corporal, el estado fisiológico, la línea de producción, el estado sanitario, el CMS, la temperatura ambiental y la humedad relativa del entorno[10], [11]. Los búfalos consumen más agua que los vacunos (aproximadamente entre el 25-30 % más en las mismas condiciones climáticas), y su demanda se incrementa durante el período de lactancia y con el aumento en la ganancia de peso. El consumo de agua en búfalos está estrechamente relacionado con la IMS (el rango oscila entre los 5.2-5.5 litros por kg de MS consumida)[12]; el consumo a voluntad tiene un promedio que oscila entre los 71.5 y los 110.5 litros/día[12b].

En épocas de verano puede aumentar a 0.56 litros/día por cada grado que la temperatura suba por encima de 32 °C[11b]. Sin embargo, se puede manejar una medida en la práctica para el cálculo de las necesidades de consumo de agua de 5 litros por cada kg de MS que consume en invierno, y de 5.5 a 6.5 litros/kg de materia seca para verano. Una búfala que consume 9.78 kg de MS/día en época de invierno, bebe 49 litros/día, y en verano 63.5 litros/día (asumiendo 6.5 litros/kg de MS). Esto quiere decir que un lote de búfalos adultos debe tener una buena oferta de agua en el potrero o en el establo para garantizar el suministro.

Requerimientos de energía

La energía es el nutriente más limitante en la mayoría de los forrajes tropicales, principalmente por el alto contenido de fibra que restringe el consumo y por el bajo aporte que hace cada kilogramo de esta materia seca[13]. La fuente de energía para los búfalos son los carbohidratos estructurales que hacen parte de la pared celular, los carbohidratos no estructurales y los lípidos contenidos en los forrajes.

Para expresar los requerimientos de energía de los rumiantes se han utilizado diferentes valores como la energía metabolizable (EM), nutrientes totalmente degradables (TDN) y la energía neta de mantenimiento y de lactancia (ENL). Muchos elementos afectan estos requerimientos en los búfalos, entre ellos el tamaño, la edad, la gestación, la producción de carne y leche, el crecimiento y factores de estrés ambientales[7c]. En los búfalos los requerimientos de energía para la producción de leche son más altos debido a que generan un mayor contenido de grasa y proteína por kg de leche producido (para las ganancias de peso, las necesidades energéticas también son mayores).

Requerimientos de energía para el mantenimiento

La energía de mantenimiento es usada para la actividad voluntaria de recorrer los potreros para consumir pasto y agua, también para conservar su temperatura corporal y compensar la diferencia con temperaturas ambientales. Se han usado diferentes fórmulas para determinar el requerimiento energético para el mantenimiento de esta especie, una de ellas se expresa así: (ENm Mcal = ((1.4 + 0.006 x kg de peso vivo)*1700)*0.001) adaptada de Zicarelli[14], Proto[15] y Di Lella[16]. La cantidad de energía requerida para el mantenimiento de los búfalos varía entre un 20 y un 60 % cuando se encuentran en pastoreo[17].

En condiciones tropicales el aumento es del 20 %, ya que no requieren de mucha energía para regular su temperatura corporal en comparación con los climas fríos (inferior a 0 °C), ni en condiciones donde el terreno está inundado, ya que los efectos del estrés térmico son poco pronunciados bajo estas condiciones[18]. Paul, et al.[19] plantearon los requerimientos de mantenimiento para las búfalas en lactancia de acuerdo con el peso vivo y con los requerimientos para ganancia de peso (Cuadro 4), la consideración de este grupo de animales es importante porque tienen un reto metabólico superior al reproducirse y generar leche.

Cuadro 4. Requerimientos nutricionales para búfalas en lactancia y para la ganancia de peso vivo


Peso corporal MS (Kg) PC (g) PD (g) TDN (kg) EM (Mcal) EN *(Mcal)
Requerimiento para mantenimiento
400 5.35 485 280 3.16 11.4 6.84
450 5.85 530 307 3.45 12.5 7.50
500 6.33 574 332 3.74 13.5 8.10
550 6.80 617 357 4.01 14.5 8.70
600 7.26 658 380 4.28 15.5 9.30
650 7.70 699 404 4.55 16.4 9.84
700 8.15 739 427 4.81 17.4 10.44
% grasas de la leche Requerimiento para producción de 1 kg de leche de acuerdo con el contenido de grasa
5.0 % 0.608 80.0 49 0.359 1.30 0.78
5.5 % 0.648 85.1 52 0.383 1.39 0.83
6.0 % 0.688 90.3 55.2 0.406 1.47 0.88
6.5 % 0.728 95.5 58.5 0.429 1.55 0.93
7.0 % 0.768 101 61.6 0.453 1.64 0.98
7.5 % 0.807 106 64.8 0.476 1.77 1.06
8.0 % 0.847 111 68 0.499 1.80 1.08
Requerimiento para ganancia 1,000 gramos de peso corporal
1,000 g 3.37 330 230 1.97 7.12 4.27

Fuente: Adaptado de Paul, et al.[19b]

MS: Materia seca; PC: Proteína cruda; PD: Proteína digestible; TDN: Nutrientes totalmente degradables; EM: Energía metabolizable.

*EN = EM x 60 %[20].

Autores como Zicarelli[14b] sugieren que en Italia se utilizan para el mantenimiento las necesidades sugeridas por los franceses para las vacas lecheras, que son iguales a la Unité Fourragère Lait (UFL, por sus siglas en francés) 1.4 UFL + 0.6 UFL por cada 100 kg de peso vivo. Estos valores deben incrementarse en cantidades de UFL (o TDN) que dependen de:

1 la energía necesaria para caminar (que varía dependiendo del espacio disponible);

2 la jerarquía existente en el grupo, la competitividad y agresividad que unos individuos ejercen en relación con los demás (la agresividad aumenta a medida que disminuye el espacio disponible y cuando aumenta el número de horas que el comedero permanece vacío);

3 el mayor o menor aprovechamiento de los pastos;

4 el manejo y relación humano-animal.

Sin embargo, la influencia de los factores mencionados es difícil de cuantificar. Por lo que los suplementos energéticos de al menos 15 % son válidos respecto a las necesidades de mantenimiento[14c]. La aplicación de la fórmula (ENL Mcal = ((1.4 + 0.006 x kg de peso vivo) * 1700) * 0.001) para un animal de 600 kg da como resultado una demanda de mantenimiento de energía de 8.5 Mcal de EN de mantenimiento. En el Cuadro 4, Paul, et al.[19c] recomienda un valor de 9.3 Mcal de EN, por lo que es importante saber que existe cierta discrepancia entre diferentes autores con relación a los requerimientos (Cuadro 5).

Cuadro 5. Requerimientos de mantenimiento y de ganancia de peso de acuerdo con el peso vivo de búfalas en lactancia


Peso Vivo ENM (Zicarelli[14d], Proto[15b], Di Lella[16b]) Mcal ENM (Paul, et al.[19d]) MCal Diferencia
450 6.97 7.50 7.6 %
500 7.48 8.10 8.3 %
550 7.99 8.70 8.9 %
600 8.50 9.30 9.4 %
650 9.01 9.84 9.2 %
700 9.52 10.44 9.7 %

Requerimientos de energía para la producción

Las necesidades de nutrientes de las búfalas lactantes no solo están relacionadas con la cantidad de leche que producen, sino también con su contenido de grasa (Cuadro 4), que cambia significativamente durante la lactancia. El alto contenido de grasa y proteína de la leche de búfala indica que, para producir 1 kg de esta leche, se precisa un requerimiento energético más alto que el necesario para producir la misma cantidad de leche de vacuno[14e]. Debido a la gran variabilidad en la calidad composicional de la leche de búfala, esta se puede convertir en estándar al 4 % de grasa, aplicando la fórmula propuesta por Gaines y Davidson[6b]:

Leche al 4 % = (0.4 x L) + (0.15 x 1 x % G),

donde L: kg de leche

% G: Contenido de grasa

Por ejemplo, un 1 kg de leche de búfala que contiene un 8.3 % de grasa, al convertirse en estándar al 4 % de grasa da 1.65 kg.

Leche al 4 % = (0.4 x 1 kg) + (0.15 x 1 x 8.3) = 1.65 kg.

De acuerdo con Proto[15c], Zicarelli[21], Infascelli, et al.[22], por cada kg de leche de búfala producido y normalizado al 4 % se requiere la misma cantidad de energía para producir 1 kg de leche de vacuno (Mcal ENl); es decir, por cada kg de leche 0.75 Mcal ENl, requerimiento similar al reportado por Di Palo[23], Bertoni, et al.[24], Di Lella, et al.[25] y Di Lella[16c]. La misma búfala que produce leche con el 8.3 % de grasa requiere, por cada kg de leche, 1.24 Mcal ENl (1.65 kg x 0.75 Mcal ENl = 1.24 Mcal ENl).

Los autores italianos utilizan la fórmula de Di Palo[23b] para calcular la leche estandarizada (Energy Corrected Milk), pues señalan que dicha expresión toma en cuenta el contenido energético y el contenido de proteínas de la leche de búfala, lo que estandariza los requisitos de la energía que serían similares a las propuestas referentes al ganado vacuno (la fórmula de Gaines no incluye el valor energético de las proteínas presentes en mayor cantidad en la leche de búfala).

Kg de leche ECM = {1+ ([(grasa (g) - 40) + (proteína (g) - 31)] x 0.01155)} x kg de leche producida

En el ejemplo de leche con 8.3 % de grasa con 4.0 % de peso corporal, la transformación sería:

Kg de leche ECM = {[(83-40) + (40-31)] x 0.01155} = 1.60

Requerimientos de energía para la producción de carne

De acuerdo con Kearl[26], las necesidades energéticas de los búfalos en crecimiento son, aproximadamente, un 20 % más altas de lo recomendado por el National Research Council[27] (NRC) para los vacunos. Se estima que por cada kg de ganancia de peso se requiere 4.27 Mcal ENl[19e].

Las estimaciones sobre las necesidades energéticas de ganancia citadas en la literatura varían de 0.78 a 2.23 g TDN/g de ganancia[7d]. Los valores del requerimiento de energía para el crecimiento (g TDN/g de ganancia) derivaron del metaanálisis de los datos combinados de la prueba de alimentación a largo plazo, y pueden usarse como una guía segura para alimentar a los búfalos. Estos valores son los siguientes: búfalos en crecimiento: 1.44-2.10 g TDN/g de ganancia[28]; búfalo lactante: 1.97 g TDN/g de ganancia[19f]. Un estudio más reciente indicó que el requerimiento de energía para el crecimiento de las bubillas es comparable al de los machos de hasta 250 kg de peso corporal, pero aumenta rápidamente a partir de entonces y el valor es tan alto como 3.49 g de TDN/g de ganancia a 375 kg de peso corporal[7e].

Requerimientos de trabajo

El búfalo no solo produce carne y leche para la alimentación humana, también es una especie que tiene potencial para la carga debido a su mansedumbre y peso corporal (Figura 2); esta última característica está estrechamente relacionada con su fuerza y su resistencia, además de la disposición y conformación de sus extremidades que presentan flexibles cuartillas y menudillos que permiten flexionar hacia atrás sus pezuñas y pasar obstáculos fácilmente[29]. Para Kearl[26b], un búfalo de labor requiere 2.4 kcal de EM por kg de peso vivo por hora de trabajo. Para un búfalo de 650 kg de peso vivo que trabaja 6 horas al día, el requerimiento es de 9,360 Kcal de EM. EM: (2.4 Kcal de EM x 650 kg de P.V x 6 horas = 9,360 Kcal), expresado en megacalorías: 9.36 Mcal EM.

Figura 2. Mansedumbre y capacidad de labor de la especie bubalina


Fotografía: Alejandro Ortiz Acevedo.

Requerimientos de proteína

La proteína es necesaria para la formación de los tejidos corporales, repone las células y es un componente muy importante de la leche y la carne. A partir de esto las necesidades de proteína varían según el tamaño corporal, la edad del animal, los niveles de producción y trabajo y la etapa fisiológica en la que se encuentre (crecimiento, gestación, lactancia…)[26c]. Los búfalos son capaces de utilizar la proteína de manera más eficiente que el ganado vacuno, por lo que se calcula que su requerimiento para el mantenimiento es 16 % menor que el del vacuno[26d]; sin embargo, su demanda de proteína se incrementan durante el crecimiento, la gestación y lactancia.

Los requerimientos de proteína se expresan como proteína cruda (PC) o proteína digestible (PD). Un aporte insuficiente causa una disminución del apetito, bajo consumo de alimentos, un efecto negativo sobre la utilización del alimento y una disminución en la digestión de la celulosa. El exceso de proteína retrasa la edad al primer estro y aumenta el número de servicios por concepción[30]. Antes de profundizar en el requerimiento de proteína en los búfalos es necesario considerar los aspectos fisiológicos del sistema digestivo de esta especie. El primero es la tasa de pasaje del forraje por el tracto gastrointestinal, principalmente el tiempo que permanece en su retículo–rumen, y que es más prolongado que en el vacuno[31]. Otro aspecto fisiológico es el número total de bacterias: la población de celulolíticas, proteolíticas, amilolíticas y lipolíticas que habitan en el rumen, mayores en búfalos que en vacunos sobre las mismas condiciones de dieta[32], [33], [34]. La degradación de las fibras es mayor en los búfalos sometidos a dietas con bajos niveles de proteína que en los vacunos, porque las especies bacterianas celulolíticas predominantes en su rumen son las Fibrobactor succinogenes, que no necesitan de nitrógeno amoniacal para su crecimiento. La situación es diferente en los vacunos, donde el grupo de microrganismos conocido como Ruminicoccus albus sí necesita de dicha sustancia para crecer[13b], [35].

Figura 3. Grupo de búfalos de levante consumiendo forrajes toscos altos en fibra y bajos en proteína


Fotografía: Alejandro Ortiz Acevedo.

Requerimientos de proteína para el mantenimiento

A diferencia de los vacunos, los búfalos son rumiantes capaces de utilizar de manera más eficiente la proteína, y esto permite que su requerimiento de mantenimiento sea menor hasta en un 16 %[26e]. En un estudio, Kearl[26f] propuso un requerimiento para búfalos de 2.54 g de PD por cada kilogramo de peso metabólico (PW0,75) al día. Para las búfalas lactantes se debe considerar el requerimiento de proteína para el mantenimiento y el que se necesita para la producción de leche (Cuadro 4)[19g].

Requerimientos de proteína para la producción de leche

La proteína representa uno de los componentes más importantes en los productos lácteos, lo que indica que un alto contenido de este parámetro tiene beneficios para la salud y nutrición humana, de ahí la importancia de que la leche de búfala sea una fuente rica en proteínas séricas y aminoácidos esenciales[36]. Diferentes autores se han referido a la demanda de proteína cruda en la dieta dependiendo de su contenido en la leche, Proto[15d] y Zicarelli[14f] sugieren que el requerimiento es de 2.742 g de PC por cada gramo de proteína en la leche. Para Paul, et al.[19h], el requerimiento de PC y PD necesario para producir un kilogramo de leche depende del contenido de grasa de esta última (Cuadro 4).

En cuanto al requerimiento total de PC en la dieta de la búfala no lactante, Proto[15e], Bertoni, et al.[37] y Terramoccia, et al.[30b], sugieren que es similar al de la búfala lactante, es decir, del 10-11 % de PC de la dieta total. Las cantidades de proteína en las raciones deben ser superiores al 10 % porque con una cantidad más baja la actividad del rumen se puede ver comprometida y, por tanto, la digestibilidad del forraje[37b].

Requerimientos para la ganancia de peso

Las necesidades de proteína para los búfalos en crecimiento se encuentran alrededor del 0.36 g PC por cada gramo de ganancia diaria de peso (GDP)[38], dato similar al reportado por Paul, et al.[19i], que indica que para producir un g de carne se requieren 0.33 g de PC y 0.23 g de PD (Cuadro 4).

Requerimientos de minerales

Adicionalmente a los requerimientos de energía y proteína, la demanda de minerales también se debe considerar importante dado que los búfalos tienen necesidades específicas que varían según la edad, el peso corporal y la reproducción, de carne y leche. Los minerales también son esenciales para la reproducción ya que intervienen en la acción de hormonas necesarias para esta función fisiológica[27b]. Los minerales más importantes por cantidad requerida y función fisiológica son el calcio (Ca), el fósforo (P) y el magnesio (Mg), por lo general los forrajes son una buena fuente, sin embargo, su concentración varía y depende de su disponibilidad en el suelo y de la especie de planta que consume el animal[39].

Por lo general, en la alimentación tradicional los animales se enfrentan a problemas en el consumo de minerales por las inadecuadas proporciones de Ca: P que presentan ciertos forrajes, en donde la relación está por fuera del ideal de 2.5:1. Por tanto, las deficiencias de Ca ocurren principalmente en animales que se alimentan con forrajes bajos en Ca y altos en P[40]. Estudios han demostrado un mejor desempeño cuando el búfalo consume 0.75 % de Ca y 0.31 % de P en el total de su dieta diaria[40b]. Es decir, que si el animal consume en el día 16 kg de MS deberá consumir 120 g de Ca y 49.6 g de P. Algunos autores indican que por cada 100 kg de peso vivo el búfalo requiere para su mantenimiento 6.5 g de Ca, 2.5 g de P y 0.9 g de Mg; además, debe existir un aporte de minerales para la producción de carne y leche. Proto[15f] sugiere valores muy similares al requerimiento de mantenimiento para la producción de 1 kg de leche: 6.7 g calcio, 2.2 g fósforo y 0.9 g de magnesio. Para la producción de carne (Cuadro 6) los requerimientos minerales se proponen a partir de lo que indica el NRC[27c].

Cuadro 6. Requerimientos de calcio y fósforo para búfalos en crecimiento


GDP (kg) Ca (g/d) P (g/d)
0.200 17 15
0.400 20 16
0.600 24 17
0.800 27 18
1.000 30 19
1.200 33 20
1.400 36 21

Fuente: Adaptada del NRC[27d].

GDP: ganancia diaria de peso, Ca: calcio, P: fósforo.

Requerimiento de vitaminas

Las vitaminas son esenciales para promover el crecimiento, la producción de carne y leche, la reproducción y la resistencia a enfermedades, pero no solo de las especies bufalinas, sino de todas las demás. En la actualidad existe poca información acerca de las necesidades de vitaminas en los búfalos[41]. Cuando se trata de tejidos, los búfalos requieren de las mismas vitaminas que otros mamíferos, sin embargo, la flora ruminal tiene la capacidad de producir vitaminas del complejo B, C y vitamina K. La vitamina A y E no son sintetizadas por la flora ruminal, por tanto, debe suministrarse en el alimento; en cuanto a la vitamina D, una parte es suministrada por autosíntesis y la otra debe aportarla el alimento[41b], [42].

Conclusiones

La producción bubalina es una gran alternativa para la producción de carne y leche de alto valor nutricional, no solo por las características fisiológicas de adaptación a las diferentes condiciones climáticas, sino por la capacidad de la especie de aprovechar los diferentes tipos de forrajes que ofrece la pradera, los cuales aportan nutrientes en diferentes niveles. Por tanto, es esencial conocer los requerimientos nutricionales del búfalo en cada una de sus etapas fisiológicas, de esta forma se garantizan las condiciones de alimentación para mantener una óptima producción y reproducción de la especie.

La producción de búfalos es importante en zonas tropicales porque sus características fisiológicas le permiten adaptarse al clima y aprovechar los forrajes que crecen en estas condiciones. La variedad de especies que encuentran en estos lugares les aportan diferentes nutrientes que les proporcionan los requerimientos nutricionales necesarios para producir carne y leche de alto valor nutricional.


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40 [40] [40b] Anjum, M. I., Mirza, I. H., Begum, I. y Jabaid, S. «Effects of varying levels of calcium in rations for buffalo (Bubalus bubalis) calves on growth rate and nutrient digestibility». Journal of Animal and Plant Sciences, 2014; 24(1):24-29.

41 [41] [41b] Duran, R. F. Manual de explotación de búfalos. Bogotá, Colombia: Grupo Latino Editores, 2012.

42 [42] Agudelo, G. Fundamentos de nutrición animal aplicada. Medellín, Colombia: Editorial Universidad de Antioquia, 2008.


Calostro en el neonato y manejo de la alimentación de bucerros en desarrollo

José Raúl López Álvarez, Patricia Roldán-Santiago, Mélanis Dominguez Lima y Luis Alberto de la Cruz-Cruz

Introducción

De los rumiantes que sirven al hombre, el búfalo de río (Bubalus bubalis) se considera el de mayor promesa y potencial para la producción animal en el mundo en lo que respecta a la producción de leche, carne, cuero y a su empleo como animal de trabajo[1], [2]. Durante cientos de años existió el criterio generalizado del buen comportamiento y desarrollo de la especie bubalina en condiciones que serían adversas para otros herbívoros, en áreas de alimento de baja calidad y gramíneas nativas con limitados aportes nutritivos[3], [4]. Este consenso condujo al desarrollo de los sistemas de producción actuales en donde predominan los pastos naturales, prácticamente sin suplementación y dietas desbalanceadas[5], de ahí que esta sea la base de la alimentación en el trópico[6] y que el comportamiento de la especie exprese, en muchos casos, bajas tasas de crecimiento pre y posdeteste[7], [8], [9].

En este sentido, Deb et al.[3b] y Presicce[4b] indicaron que el buen reemplazo lechero se logra con sistemas alimentarios eficientes que garanticen altas ganancias de peso, aspectos que determinan la sustentabilidad y los ingresos futuros en las empresas bubalinas. Sin embargo, la nutrición de los bucerros y el manejo alimentario son las áreas más descuidadas de la ganadería del búfalo y de la investigación. De ahí que el buen cuidado de los bucerros en los sistemas de crianza del trópico proporciona una excelente oportunidad para potenciar el crecimiento estable de los hatos y su productividad en el futuro.

Es importante señalar que el sistema de manejo y alimentación para bucerros no puede ser un esquema estático de recomendaciones que se instaure en la unidad con base en un resultado obtenido. Lo que debe ser es un sistema armónico de buenas prácticas, en donde se favorezca la integración e innovación de las mejores experiencias de diversos sistemas en función de potenciar la estabilidad y el crecimiento del hato. En este sentido, es acertado observar las experiencias de los sistemas de cría intensivos para bucerros y adecuarlos a las condiciones de crianza y manejo del trópico. Por ello, el objetivo del presente capítulo es identificar las principales prácticas de manejo y alimentación para bucerros y hembras en crecimiento.

Importancia del calostro y alimentación en los bucerros

El período neonatal se plantea como una de las etapas más críticas en los sistemas de crianza bubalina porque es cuando el bucerro debe adaptarse a la vida extrauterina[10]. En esta etapa las pérdidas por mortalidad pueden ser considerables y alcanzar valores de 17 y hasta 36 %[11]. Algunos autores mencionan que en las granjas bien manejadas la mortalidad no debe exceder el 5 % desde el nacimiento hasta los 30 días de edad[12], [13]. En un estudio realizado por Wynn, et al.[14] se informa que las altas tasas de mortalidad en bucerros pueden ser atribuidas principalmente a la baja calidad, ingestión y absorción de calostro, así como a prácticas deficientes del manejo alimenticio durante los primeros tres meses de edad. Como consecuencia, los neonatos que no recibieron calostro adecuadamente tienen mayor riesgo de desarrollar diarrea y 74 veces más probabilidades de morir en los primeros 21 días de vida[15]. Al respecto, Radostits y Done[16] indican que las tasas de mortalidad cercanas al 20 % provocan una reducción del 38 % en los ingresos de la unidad de producción. Asimismo, se ha informado que las malas prácticas de alimentación y manejo podrían generar tasas de mortalidad de hasta el 85.2 %, así como tasas de crecimiento bajas indicadas por un menor peso vivo corporal de alrededor de 60-80 kg al final del primer año de vida[17].

La manera más eficiente para disminuir las pérdidas económicas debido a las altas tasas de mortalidad radica en lograr que los bucerros realicen un consumo adecuado de calostro y, por ende, aumenten la inmunidad pasiva[18], [19]; con ello también se contribuye a que tengan una alimentación correcta y a la estimulación temprana del funcionamiento ruminal durante su desarrollo[17b]. Se ha demostrado en vacunos que el adecuado consumo de calostro de los terneros, además de disminuir el riesgo de morbilidad y mortalidad antes del destete, genera beneficios adicionales a largo plazo que incluyen la reducción de mortalidad posdestete, mejores ganancias de peso, disminución de la edad al primer parto, mejor producción de leche en la primera y segunda lactancia y una reducción en el descarte[20].

Nutrientes e inmunoglobulinas en el calostro

El calostro bovino tiene diferentes componentes bioactivos provenientes de una mezcla de secreciones lácteas y constituyentes del suero sanguíneo que se acumulan en las glándulas mamarias durante el período seco. Este proceso comienza varias semanas antes del parto, bajo la influencia de hormonas lactogénicas, incluida la prolactina[20b], [21], [22].

El calostro contiene los principales nutrientes que requiere un bucerro neonato como los ácidos grasos, proteínas, carbohidratos, vitaminas (A, B6, B12, C, etc.), minerales (Ca2+, Na+, Mg, P, Cl, K, etc.), compuestos inmunológicos (inmunoglobulinas como IgG, IgA e IgM), hormonas y enzimas. Es la única fuente natural de los cuatro principales componentes del crecimiento entre los que se encuentran los factores de crecimiento alfa (TGF-α) y beta (TGF-β), así como los factores de crecimiento similares a la insulina 1 (IGF-1) y 2 (IGF-2)[23]. De ahí que sea un alimento vital para el neonato después del parto[24], pero su empleo en bucerros de mayor edad es ineficiente ya que suele provocarles trastornos digestivos (principalmente diarreas). De lo anterior se deriva la importancia de no acelerar el ordeño de las búfalas[5b], teniendo en consideración que la desnutrición y el mal cuidado de los bucerros trae como consecuencia un bajo crecimiento, un sistema inmunológico pobre, vitalidad suprimida y más propensión a enfermedades.

En estudios comparativos realizados en Egipto[21b], [24b] se encontró que el calostro de búfala presentó concentraciones más altas de sólidos totales, grasa, minerales, lactosa, vitamina E, P e IgF, así como concentraciones más bajas de Mg, K+, Na+, Zn, vitamina A y lactoferrina en comparación con el calostro vacuno (Cuadro 1). Adicionalmente, en ambas especies se observó que todos los componentes disminuyeron gradualmente a medida que avanzaba el período posparto, excepto en lactosa, que inversamente aumentó. Los autores concluyeron que existen cambios importantes desde el primer ordeño hasta el quinto día posparto, de tal manera que la composición de calostro en ambas especies se aproxima a la de la leche normal dentro de los 5 días posteriores al parto, sin presentar diferencias importantes dentro de los 14 días posparto[24c].

Cuadro 1. Contenido nutricional del calostro al momento del parto de búfalas egipcias y vacas Holstein de segunda lactancia


Componente ABúfala AVaca BBúfala BVaca
Sólidos totales (%) 26.7 24.2 26.67 24.19
Total de proteína (%) 13.5 13.4 13.46 13.45
Proteína del suero (%) - - 11.80 11.90
Grasa (%) 9.9 8 9.59 8.04
Lactosa (%) 2.4 1.7 2.7 1.89
Minerales (%) 1.3 1.0 1.26 1.03
Ca2+ (mg/100 g) - - 279.60 281.40
Mg2+ (mg/100 g) - - 35.52 42.86
Na+ (mg/100 g) - - 150.50 212.80
K (mg/100 g) - - 107.00 179.50
P (mg/100 g) - - 58 53
Fe (mg/100 g) - - 2.36 2.21
Cu (mg/100 g) - - 0.18 0.18
Zn (mg/100 g) - - 0.23 0.27
Pb (mg/100 g) - - 0.02 0.04
IGF-1 (ng/ml) 1,021 991 801.90 721.90
Lactoferrina (mg/ml) 0.9 1.0 1.08 1.19
Viscosidad 20.5 19.6 - -

Fuente: AAbd El-Fattah, et al.[21c] y BAbd El-Fattah, et al.[24d]

Se ha determinado que al momento del parto, la concentración de proteínas totales y de suero es similar entre búfalas y vacas[24e]. En general, se sabe que el calostro bubalino y vacuno contiene tres tipos de inmunoglobulinas (Ig) particularmente importantes: IgG, IgA e IgM[22b]. No obstante, en un estudio en India se observó que los valores promedio de Ig en búfalas y vacas previo al parto fue de 126.63 y 92.42 mg/ml, respectivamente; pero después del parto estos niveles se incrementaron a 201.75 y 149.29 mg/ml, respectivamente, encontrándose niveles más altos en las búfalas[25]. En otro estudio se observó que los niveles de IgG en búfalas oscilaron entre 11.22 y 185.1 mg/ml con una media de IgG de 51.71 mg/ml al momento del parto[26]. En búfalas Murrah se observó que el nivel de IgG fue de 54 mg/ml al parto, además, se advirtió una disminución en los días 2, 3, 4 y 5 después del parto. Mientras que los niveles de IgA e IgM en el día 1 fueron de 3.22 mg/ml y 5.22 mg/ml, respectivamente, ambas disminuyeron durante los primeros cinco días después del parto[22c].

La IgG es responsable de la inmunidad de los bucerros durante el primer mes de vida y representa el 86 % de las Ig totales en el calostro de búfalo[27], se consideran los anticuerpos más pequeños pero más comunes en el calostro y tienen un papel fundamental contra las infecciones bacterianas y virales[22d]. El predominio del IgG se debe a receptores activos y selectivos en el epitelio de la glándula mamaria[27b]. Por otro lado, la IgA representa alrededor del 8 % de las Ig y actúa protegiendo las superficies corporales que están expuestas a sustancias extrañas externas[22e]. Finalmente, las IgM representan alrededor del 6 % de las Ig[27c], son los anticuerpos más grandes, son el primer tipo de anticuerpos producidos por las células B activas y son especialmente eficaces para activar las proteínas del sistema de complemento como respuesta a una infección[22f], [28].

La composición del calostro y su calidad están influenciados por una variedad de factores que incluyen la edad materna, el número de parto, la raza, el estado nutricional, la duración del período seco, la vacunación, el estado de salud en general, la época del año y los factores de manipulación del calostro (acumulación y temperatura de almacenamiento)[24f], [29]. La alimentación durante la gestación tardía ayuda a lograr un crecimiento fetal óptimo, mejor producción de leche y reinicio más rápido de la actividad ovárica posparto [15b]. Se sabe que las hembras incrementan sus necesidades nutricionales durante los últimos 60 días previos a la fecha probable de parto, por lo que los animales deben alimentarse de forma adecuada durante este período[15c].

En un estudio previo se evaluó la suplementación de la alimentación con concentrado durante el período preparto (1-12 semanas antes), y se encontró que las búfalas que fueron alimentadas con 2-2.5 kg por día junto con la dieta basal ad libitum presentaron mayor producción de calostro (12.5 versus 8.08 kg), sólidos totales (25.67 versus 24.07 %), proteína (17.36 versus 15.66 %), IgG (54.70 versus 45.68 mg/ml), IgM (4.81 versus 4.08 mg/m) y total de Ig (61.7 versus 52.9 mg/ml) en comparación con las búfalas de control. En el caso de los bucerros se observó mayor peso al nacer (31.68 versus 24.2 kg, respectivamente) y mejor transferencia de la inmunidad pasiva[29b].

Por otro lado, en otra investigación se evaluó la eficacia de la administración de 10 ml de vitamina E-selenio (50 mg de vitamina E y 0.5 mg de selenito de sodio/ml) durante el último mes de gestación para mejorar la productividad y el rendimiento reproductivo de los búfalos lecheros y el rendimiento de crecimiento de los bucerros Nili- Ravi. Los resultados señalaron que las búfalas suplementadas tuvieron mayor producción de calostro (14.15 l versus 11.51 l, respectivamente), mayor producción de leche durante los primeros 90 días de lactancia (706.90 versus 663.85 l, respectivamente) en comparación con las búfalas no suplementadas. Asimismo, los bucerros de las búfalas suplementadas mostraron mayor peso al nacer (entre 3-13 %) y a las 4 semanas de edad en comparación con las búfalas que no recibieron suplementación[30].

Se ha demostrado que la suplementación con vitamina E (200 UI) en las madres, previa al parto, causó mayor peso al nacer y mejor viabilidad de los bucerros en comparación con el grupo no suplementado. Además, se observaron benéficos en la calidad del calostro, ya que los niveles de IgG fueron más altos en comparación con el calostro de las búfalas no suplementadas. No obstante, la suplementación no influyó en los niveles plasmáticos de IgG en los bucerros después de 24 horas, ya que ambos grupos de bucerros mostraron valores superiores a 10 g/l[31], [32].

Manejo del calostro en los neonatos bubalinos

La placenta de los rumiantes es epiteliocorial (sin contacto directo/placentario entre la circulación materna y fetal), por lo que no permite el paso de las Ig séricas a través de las membranas fetales; como resultado, los neonatos bubalinos nacen hipogammaglobulémicos o prácticamente agammaglobulémicos, por ello son completamente dependientes del consumo de calostro[26b], [27d], [31b], [33], ya que este les provee de energía y de diversos nutrientes que los ayudarán con su termorregulación, y el alto contenido de magnesio que contiene provocará un efecto laxante que ayudará al bucerro con la expulsión de meconio y con el inicio del tránsito intestinal[5c], [15d]. Inmediatamente después del nacimiento (2-3 horas), el bucerro debe consumir cerca del 10 % de su peso en calostro, es decir, alrededor de 3-4 l[15e], [34]. Es importante mencionar que los bucerros tienen intolerancia a cantidades más altas de calostro, ya que tienden a desarrollar diarreas después de ingerirlo en exceso[25b].

La concentración de Ig en el calostro es alta entre las primeras 6-24 horas después del parto (Cuadro 2), posteriormente disminuye significativamente a las 60 horas[35]. Aunado a lo anterior, se sabe que la capacidad de un neonato para absorber la Ig se reduce progresivamente después de 4-6 horas y cesa casi por completo a las 24 horas posteriores al nacimiento. Por lo tanto, cuanto antes se alimente al bucerro mayor será el nivel de Ig absorbida[15f]. Tras la ingestión de calostro, el receptor Fc neonatal (FcRn) transportará la Ig materna a través de la pared intestinal del neonato a la corriente sanguínea[36]. La absorción de Ig materna a través del intestino delgado sucede durante las primeras 12-16 horas después del nacimiento, denominada transferencia de inmunidad pasiva (TIP), ayudará a proteger a la cría contra organismos patógenos comunes durante 3-4 semanas, hasta que su propio sistema inmunológico se vuelva funcional y produzca sus propios anticuerpos, lo cual ocurre entre las primeras 4-6 semanas[15g], [20c], [33b].

Cuadro 2. Concentraciones de Ig, lactoferrina y proteínas totales en el calostro de búfalas Murrah desde el parto hasta las 72 horas posteriores


Componentes Al parto 24 h 48 h 72 h
IgG (mg/ml) 71.40 44.50 19.7 9.68
IgA (mg/ml) 9.28 5.56 2.29 1.20
Lactoferrina (mg/ml) 6.25 4.10 2.37 1.67
Total de proteínas (g/dl) 11.30 7.61 4.27 2.93

Fuente: Souza, et al.[27e]

Dependiendo del sistema de producción, el calostro puede provenir directamente de las propias madres o suministrarse mediante biberones, baldes o un tubo bucoesofágico[37]. Los bucerros alimentados directamente de sus madres ingieren más calostro que aquellos alimentados artificialmente (2.01 versus 1.83 kg/día)[38]. En los sistemas tradicionales en India y en muchos países de América se permite que los bucerros se alimenten directamente de sus madres después del parto[38b]. Así, el contacto entre el bucerro y sus madres puede darse al menos durante las 12 horas posteriores al nacimiento[33c]. En otras fincas, entre 3[13b], [17c], 4, 5[10b], [39], 7[24g] y hasta 20 días después del nacimiento[40] con el objetivo de que el bucerro tenga oportunidad de mamar en más ocasiones y se incremente su supervivencia.

El consumo inmediato de calostro por parte de los bucerros también se debe aplicar en la ganadería lechera intensiva, en donde los neonatos son separados de la madre inmediatamente (o poco después) del parto[38c]. En estos sistemas el calostro debería administrarse al bucerro, de preferencia, más de dos veces a intervalos iguales. Lo más recomendable es suministrarlo mediante biberones (Figura 1), ya que es la forma más parecida a la natural en comparación con el uso de baldes[39b]. Debido a que los bucerros presentan mayor sensibilidad bucal y la completa erupción de los incisivos más tarde, a diferencia de los terneros (25 días versus 8 días, respectivamente), es necesario utilizar gomas más blandas en los biberones[41].

Figura 1. Bucerros alimentados con biberones


Se recomienda el uso de biberones con gomas flexibles. Fotografía: Luis Alberto de la Cruz-Cruz.

En un estudio previo se observó que los bucerros ingirieron mayor cantidad de calostro en el primer día de nacidos cuando fue suministrado mediante un biberón en comparación con el uso de un balde (2.45 versus 1.66 kg, respectivamente). Asimismo, se observaron mayores niveles de Ig (34.53 versus 30.40 mg/ml) y mayores ganancias de peso (451g versus 348 g/día, respectivamente)[12b]. Una posible explicación es que los bucerros alimentados con biberones aprenden a comer en un período de 24 horas posteriores al nacimiento[12c].

Si el personal es limitado el calostro se podría suministrar en baldes, pero se debe tener en cuenta que es importante entrenar a los bucerros. La forma más sencilla es sumergir los dedos en la leche y luego dejar que el bucero succione los dedos. Posteriormente, la mano debe bajarse gradualmente y sumergirse en el balde mientras el bucerro sigue mamando[39c]. Una vez que el bucerro ha aprendido a beber directamente del balde será fácil alimentarlo, incluso, algunos aprenden a alimentarse a las 48 horas[39d], aproximadamente. No obstante, los bucerros son considerados de lento aprendizaje, ya que tardan más en aprender a beber directamente del balde bajo condiciones de alimentación artificial. Estudios realizados en India encontraron que los bucerros destetados al parto tardaron hasta 12 días en aprender a comer por sí solos, incluso alrededor del 36 % requirieron de asistencia después de los 15 días de edad[42].

Por lo tanto, los bucerros necesitarán de mayor asistencia por parte del personal, ya que si no consumen la cantidad necesaria de calostro disminuyen la cantidad de Ig, lo que provoca una mayor morbilidad y mortalidad, además de la restricción de nutrientes y la alteración de su crecimiento futuro[38d]. Ante esta situación se recomienda valorar los beneficios del establecimiento de esta práctica en el hato, acción que implica un cambio de manejo en todo el rebaño. Asimismo, el uso de baldes podría estar contraindicado ya que, por la posición del bucerro, no se favorece el cierre de la gotera esofágica, por lo que existe la posibilidad de que una fracción de la leche ingrese al rumen generando con ello trastornos digestivos[43].

Si por alguna razón no es posible que el calostro se suministre de forma inmediata, este debe enfriarse para mantener la calidad higiénica durante un par de días. Cualquier excedente de calostro se puede congelar y luego descongelar con el objetivo de crear un banco[39e]. Estudios previos señalan que su almacenamiento a -20 °C durante 3 meses no afectó las concentraciones de IgG e IgM, por lo que podría ser una técnica adecuada para crear bancos[21d]. Posteriormente, cuando llega el momento de alimentar al bucerro, el calostro debe calentarse cuidadosamente a una temperatura de entre 39-40 °C y nunca debe ser hervido, ya que las altas temperaturas pueden destruir las inmunoglobulinas[39f], [44].

Finalmente, es importante considerar que existen diversos microorganismos patógenos que se pueden encontrar en el calostro, así como algunas bacterias que pueden proliferar y causar problemas de salud en los bucerros, por lo que resulta necesario considerar métodos específicos para conservar su calidad incluyendo la refrigeración, congelación, el uso de conservadores, la evaporación al vacío por microondas, liofilización, atomización y métodos de pasteurización[21e]. El calostro puede ser pasteurizado a 60 °C x 60 minutos sin presentar cambios en la concentración de IgG y en la viscosidad. Asimismo, el calostro puede ser liofilizado sin presentar cambios en los componentes bioactivos[21f]. Es importante considerar en todo momento la implementación de las buenas prácticas de higiene para evitar la contaminación cruzada y la alteración de la salud de los bucerros.

Falla de la transferencia de inmunidad pasiva en el bucerro

La falla en la transferencia de inmunidad pasiva (FTIP) es el término utilizado para referirse a una deficiencia en el paso de las Ig del calostro[45], lo anterior puede ser ocasionado por malas prácticas en esta etapa, pero también se ha demostrado que más del 50 % de los casos de FTIP se deben a defectos en la estructura del receptor FcRn[26c] y a procesos de acidemia en los neonatos que cursan por procesos de asfixia intraparto[46], [47]. La FTIP resulta en una hipogammaglobulinemia, lo que predispone a los animales a diversas infecciones como la onfalitis, onfaloflebitis, artritis séptica, septicemia, neumonías y enteritis que cursan con diarrea incrementando la mortalidad de los neonatos[48].

La FTIP se puede determinar midiendo directamente las Ig séricas por medio de inmunodifusión radial u otras pruebas de ELISA[45b]. Si las Ig del suero sanguíneo son inferiores a 10 mg/ml después de las 48 horas del nacimiento los bucerros presentan FTIP[12d]. Por lo tanto, la forma más eficaz de asegurar niveles bajos de mortalidad en bucerros es verificar que ocurra la TIP, más específicamente, que los bucerros hayan absorbido al menos 20-25 mg/ml de IgG del calostro[27f]. En un análisis realizado en India se observó que los bucerros, previo a la ingestión de calostro, presentaron valores de Ig de 4.1 mg/ml, pero después de las 6 horas de nacidos se incrementaron a 153 mg/ml y, posteriormente, estos valores disminuyeron a 65 mg/ml de Ig[25].

Estudios recientes de Souza, et al.[10c] encontraron altas concentraciones de IgG en los bucerros de búfalas de diferente parto, como consecuencia del buen manejo alimenticio y el respeto al período seco. Las correlaciones significativas obtenidas entre las concentraciones de IgG del calostro y los niveles en sangre desde las cero horas estuvieron en el valor de 4.23 ± 0.33 mg/ml y hasta 34.5 ± 1.48 mg/m las 24 horas, con mejora en la inmunidad pasiva en bucerros (Cuadro 3). Por lo tanto, propiciar la buena alimentación de las búfalas en el último período de la gestación es clave para favorecer el desarrollo del bucerro.

Cuadro 3. Concentraciones de Ig y proteínas totales plasmáticos en bucerros Murrah desde el parto hasta las 72 horas posteriores


Componentes Al parto 24 h 48 h 72 h Fuente
Total de proteínas (g/dl) 4.82 8.470 8.48 8.40
IgG (mg/ml) 4.23 34.50 33.6 30.9
IgA (mg/ml) 2.22 5.41 5.43 5.49
Lactoferrina (mg/ml) 3.94 4.61 2.37 1.67
Total de proteínas (g/dl) 4.75 8.45 8.44 8.35
IgG (mg/ml) 3.03 35.80 33.63 31.90
Globulinas (g/dl) 2.29 6.40 6.28 6.11

Por otro lado, existen otros métodos indirectos para estimar la concentración de Ig como la medición de proteínas séricas totales por espectrofotometría. Según algunas pautas generales, se cree que más de 5.5 g/dl proporciona un nivel seguro, mientras que de 5.0 a 5.4 g/dl proporciona un nivel de inmunidad moderada y una puntuación por debajo de 5.0 g/dl causa FTIP[15h]. Por lo tanto, la determinación de la concentración de las proteínas totales en suero de los buceros es útil como indicador indirecto de TIP, ya que el aumento de los valores después del primer día de nacidos se debe principalmente a la absorción de globulinas, particularmente IgG, demostrando una correlación significativa con los valores de proteína total y las globulinas contenidas en el calostro[10e] (Cuadro 3).

En un estudio en Costa Rica se observó que la concentración de proteínas totales en bucerras y bucerros que permanecieron el primer día con su madre varió de 4.2 a 9.8 g/dl, con un promedio general de 6.9 g/d, sin observar diferencias en la concentración de proteínas totales entre hembras y machos. Además, observaron que solo en 13 % de los animales presentaron FTIP[45c]. Por otro lado, en un estudio realizado en Brasil, Souza, et al.[10f] encontraron que a las 24 horas los bucerros provenientes de búfalas de primer parto mostraron mayor concentración de proteínas totales (9.21 g/dl) que los bucerros provenientes de búfalas con 2-4 partos (8.36 g/dl) y de búfalas con más de 5 partos (7.78 g/dl). Lo que indica que el número de parto tiene un efecto importante en la calidad del calostro, por lo que es probable que a medida que se incrementa el número de parto la calidad de calostro disminuye. Por lo tanto, esto debería tomarse en cuenta para la creación de bancos de calostro.

Sistemas de crianza y comportamiento productivo de bucerros

En países europeos donde se extiende la crianza intensiva de búfalos destinados a la producción de leche con producto final de queso mozzarella, los bucerros se alimentan, mayormente, con sustitutos lecheros y piensos de buena calidad (Figura 2), cuyo precio es inferior a la leche de búfalas, lo que compensa su uso[49]. En este sentido, Shahin, et al.[50] informaron que el alto costo nutritivo de la leche de búfala ha potenciado que un mayor número de productores apuesten a la crianza artificial de bucerros, hasta los tres meses, con la inclusión de sustitutos lácteos sin comprometer el crecimiento del animal, al tiempo que aumenta el acopio de leche para la industria. Adicionalmente, la tendencia a destetar a los bucerros tan pronto como sea posible depende del precio de la leche de búfala, la cual se paga de 2-3 veces (en países donde se utiliza como leche para beber) y hasta 3-4 veces más cara (en Italia, en donde se utiliza para la elaboración de derivados lácteos como el queso mozzarella) que la leche de vaca[41b].

Wahid y Rosnina[51] indicaron que en el continente asiático los bucerros son criados bajo dos sistemas de manejo: 1) en apoyo a la madre y posterior al ordeño se les permite consumir de uno a dos litros de leche directamente la madre; 2) en sistemas intensivos de unidades con búfalas altamente productoras, y donde los bucerros son separados de la madre al momento del nacimiento, son criados con sustitutos lácteos y alimentos balanceados; en este sistema muchas veces los bucerros machos se descuidan y pueden hasta morir, ya que el interés principal son las hembras que en un futuro serán utilizadas como reemplazo.

Un método alternativo es la crianza de los bucerros con nodrizas, Zicarelli[41c] señala que en Italia el 40 % de los bucerros se crían con nodrizas, o incluso utilizando una vaca, lo que requiere de poca mano de obra y, además, asegura la ingesta de nutrientes[39g]. En Italia, actualmente existen algunas fincas donde, después de la fase calostral (entre 3-7 días), los bucerros son mantenidos con una nodriza que según su producción pueden alimentar entre 2-4 bucerros que maman directamente de ella dos veces al día. Es importante señalar que la capacidad de ingesta del bucerro es menor que la del ternero (2 % versus 2.4-2.8 % MS/100 kg de peso vivo) en los primeros meses de vida, lo que conduce a una menor ingestión de MS. Por lo tanto, si un bucerro se alimenta solo con leche de vaca e ingiere pequeñas cantidades de MS, también ingerirá una baja concentración de la mayoría de los nutrientes[41d].

Figura 2. Bucerros en sistema de crianza artificial, en cunas individuales y alimentados con sustitutos lácteos y alimentos balanceados


Búfala Buona - Azienda Agricola Giancarlo D’Angelo, Italia. Fotografía: José Raúl López Álvarez.

El período de alimentación solo con leche después del calostrado varía de 14-21 días, dependiendo de la capacidad del animal para iniciar con la ingesta de alimento sólido[15i]. En los sistemas intensivos en Pakistán, convencionalmente después del periodo de calostro, los bucerros son separados de sus madres y movidos a cobertizos para terneros con piso de paja de arroz. En esos lugares, los bucerros son alimentados individualmente con leche entera dos veces al día (a las 8:00 a. m. y a la 5:00 p. m.) hasta el destete, mediante baldes de acero provistos de boquillas de goma. Los baldes de leche se colocan en un soporte de hierro y son fijados contra la pared a 68 cm del suelo[17d]. En sistemas de Egipto[52] e India[39h] a los bucerros se les da leche entera inicialmente a una proporción del 10 % de su peso corporal, posteriormente la cantidad de leche se ajusta de acuerdo con el peso del bucerro hasta los 90 días de edad, dependiendo del régimen alimenticio[53]. Durante las siguientes 3-6 semanas se desarrolla la función ruminal y, de forma paulatina, los bucerros obtienen más nutrientes procedentes del alimento sólido. Lo que resulta importante para determinar la edad al destete, ya que se debe asegurar que obtengan los nutrientes necesarios únicamente de los alimentos sólidos[15j].

En el Cuadro 4 se puede observar el efecto del régimen alimenticio en el comportamiento productivo de los bucerros bajo diferentes sistemas. En este sentido, Singh, et al.[38e] informan que durante la crianza artificial la leche se puede suministrar con una relación de 10 % del peso vivo hasta los 30 días, de 1-2 meses se ajusta al 15 % y de 2-3 meses al 25 %. Por otro lado, Bharti, et al.[53b] mencionan que, a partir del día 4 y hasta el día 56, se puede administrar leche entera al 10 % del peso vivo, del día 57-64 se incrementa al 20 % y del día 65-90 se les proporciona el 40 %.

Rashid, et al.[17e] indican que de la semana 3-6 se puede administrar leche entera de búfala con el 10 % de peso vivo, y de la 7-12 inicia un proceso de disminución paulatina. El mismo autor señala que se puede implementar un sistema de alimentación con leche restringida, con un patrón similar al anterior, pero a partir de la semana 7-10 se disminuye a un 7.5, 5, 3.5 y 1.5 %, respectivamente. Por otro lado, Abbas, et al.[44b] señalan que la cantidad de leche se puede ajustar semanalmente (10-15 % de peso vivo) hasta el día 35 o 63 y, posteriormente, se reduce un tercio cada semana hasta el día 56 u 84, dependiendo de la edad al destete.

En el caso del uso de lacto-reemplazadores (Cuadro 5), Abdullah, et al.[54] señalan que se puede suministrar en una proporción del 50 % de leche entera y el 50 % del lacto-reemplazador (95 % de MS, 23.5 % de PC, 9 % de grasa, 7.5 % de minerales y 3,300 de energía metabolizable) calculado a una proporción del 10 % del peso del bucerro durante las primeras ocho semanas, y después una disminución paulatina del 1 % hasta los 120 días de edad, que es cuando se realiza el destete. En algunas granjas en Italia los bucerros son alimentados con calostro los primeros cinco días y, gradualmente, se les proporcionan lacto-reemplazadores con mayor concentración de nutrientes que los descritos anteriormente (96 % MS; 23.96 % de PC; 20.83 % de grasa y 7.45 % de minerales), los cuales pueden suministrarse mediante un alimentador automático de leche para terneros una o dos veces por día. La concentración de los lacto- reemplazadores varía de acuerdo con la edad, se proporcionan en una concentración del 18 % entre 6-8 días, al 36 % de los 9-60 días de edad, y a partir del día 61 y hasta el 90, la concentración de los lacto-reemplazadores disminuye al 29 %[55].

Aunado a lo anterior, en los sistemas de crianza artificial se debe proporcionar alimento iniciador concentrado y forraje de buena calidad a los bucerros desde la segunda semana de edad. En algunas granjas de Italia, se alimentan con iniciador sólido de buena calidad (89.39 % de MS, 8.89 % de minerales; 22.35 % de PC y 4.87 % de grasa) para asegurar un crecimiento fisiológico y una ganancia de peso diaria adecuada[56]. Por el contrario, los bucerros alimentados únicamente con rastrojo de maíz y avena no pueden satisfacer sus necesidades de nutrientes y mantienen un balance energético y proteico negativo; por lo tanto, se recomienda adicionar un complejo de urea-melaza-minerales para mejorar la palatabilidad, digestibilidad y cantidad de nutrientes[39i]. La clave de la introducción del alimento sólido es acelerar el desarrollo del retículo-rumen, favoreciendo la digestión de alimentos sólidos a edades tempranas[15k] y la disminución de los costos de crianza[57]. No obstante, si bien el destete temprano y los bajos volúmenes de leche reducen los costos de alimentación, no debería ser tomado como el único argumento para determinar el régimen alimenticio[44c].

Cuadro 4. Efecto de los sistemas crianza en el comportamiento productivo predestete en bucerros alimentados con leche entera de búfala


Grupos Consumo de leche Consumo de concentrado Ganancias de peso Peso final Referencias
1) Bucerros alimentados directamente de sus madres 2) Bucerros alimentados artificialmente con 5 l de leche en baldes con boquillas de goma. El destete se realizó a las 12 semanas. ~ 333 kg en G2 - ↑ en G2 a diferencia de G1 (542 versus 414 kg/día) ↑ en G2 a diferencia de G1 (77.2 versus 66.4 kg)
1) Bucerros destetados a las 12 semanas 2) Bucerros destetados a las 10 semanas 3) Bucerros destetados a las 6 semanas ↑ en G1 y G2 en comparación con G3 (210, 205 y 171 kg) ↑ en G2 y G3 a diferencia de G1 (36.9, 41.4 versus 23.1 kg) Sin diferencias en G1, G2 y G3 (0.387, 0.401 y 0.410 kg/día) Similar en G1, G2 y G3 (62.3, 64.2 y 63.7 kg)
1) Destete a las 8 semanas 2) Destete a las 12 semanas ↑ en G2 versus G1 (368.5 versus 187.9 l) en la semana 12 de edad ↑ en G1 a diferencia de G2 (47.3 versus 34.7 kg) a las 16 semanas de edad Similar en G1 y G2 (0.51 y 0.34 kg/día) a las 12 semanas de edad ↑ en G1 en comparación con G2 (92.3 versus 72.9 kg, respectivamente) a las 16 semanas de edad
1) Bucerros alimentados con el 10 % de leche 2) Bucerros alimentados con el 15 % de leche ↑ en G2 a diferencia de G1 (309.6 versus 246.8 l) a las 12 semanas de edad Similar en G1 y G2 (41.1 versus 41 kg) a las 16 semanas de edad ↑ en G2 en comparación con G1 (0.46 versus 0.40 g/día) ↑ en G2 en comparación con G1 (86.1 versus 79.2 kg) a las 16 semanas de edad
1) Bucerros alimentados dos veces al día directamente de su madre hasta los 90 días de edad 2) Bucerros separados al parto y destetados a los 90 días 3) Bucerros separados al parto y destetados a los 45 días - - Se observaron ganancias similares de peso en G1, G2 y G3 (0.51, 0.40, 0.45 kg/día) ↑ peso final en G1 en comparación con G2 y G3 (79.71 versus 69.51 y 73.59 kg) a los 90 días de edad
1) Bucerros alimentados por sus madres 2 veces al día antes y después del ordeño 2) Bucerros separados de sus madres al quinto día posparto. El destete ocurrió a los 90 días. ↑ en G1 en comparación con G2 (4.26 versus 3.05 kg/d) ↑ en G1 en comparación con G2 (1.511 versus 1.605 kg/d) ↑ en G1 en comparación con G2 -

Cuadro 5. Efecto de los sistemas crianza en el comportamiento productivo predestete en bucerros alimentados con lacto-reemplazadores


Grupos Consumo de leche Consumo de materia seca Ganancias de peso Peso final Referencias
1) Bucerros alimentados con leche entera de búfala 2) Bucerros alimentados con lacto-reemplazador (800 gramos/4 l de agua) G1 = 360 l y G2 = 72 kg de lacto- reemplazador ↑ en G1 en comparación con G2 (16.8 versus 15.6 kg) Similar en G1 y G2 (0.71 y 0.61 kg, respectivamente) ↑ en G1 en comparación con G2 (107.2 versus 97.7 kg) a los 90 días de edad
1) Bucerros alimentados con leche de búfala 2) Bucerros alimentados con el 80 % de leche de búfala y el 20 % de proteína de soya (126 gramos/ 1 l de agua) - Similar entre G1 y G2 (29.16 y 31.5 kg) a los 90 días de edad Similar entre G1 y G2 (0.31 y 0.30 kg/ día) Similar entre G1 y G2 (62.75 y 61.05 kg) a los 90 días de edad
1) Bucerros alimentados con leche entera de búfala (10 % del peso vivo) 2) Bucerros alimentados con el 50 % leche de búfala y 50 % lacto-reemplazador 3) Bucerros alimentados con lacto- reemplazador (160 gramos/1 l de agua) - - ↑ en G1 en comparación con G3 y no diferente de G2 (0.45 versus 0.42 y 0.36 kg, respectivamente) ↑ en G1 en comparación con G3 y no diferente de G2 (54, 50.4 y 43.2, respectivamente) a los 120 días de edad
1) Bucerros alimentados con leche entera de búfala (4 l) 2) Bucerros alimentados con 2 l de leche de búfala y 2 l de lacto-reemplazador 3) Bucerros alimentados con 4 l de lacto- reemplazador (140 gramos/ 1 l de agua) - ↑ en G1, intermedia en G2 y baja en G3 (80.16, 75.26 y 68.77 kg, respectivamente). ↑ en G1 en comparación con G2 y G3 (0.63 versus 0.43 y 0.35 kg/día, respectivamente) ↑ en G1 en comparación con G2 y G3 (98 versus 80.774 kg, respectivamente) al día 90 de edad
1) Bucerros alimentados con lacto-reemplazador del día 9-60 (36 %) y del día 61 al 90 (29 %) en una ocasión 2) Bucerros alimentados con lacto-reemplazador del día 9-60 (18 %) y del día 61 al 90 (14.5 %) en dos ocasiones ~ 85 kg de lacto- reemplazador en ambos grupos ↑ en G2 en comparación con G1 (2 versus 1.7 kg) a los 90 días de edad Similar en G1 y G2 en promedio (~ 0.52 kg) Similar en G1 y G2 (101.9 y 104.3 kg, respectivamente) a los 90 días de edad

En estudios recientes de Sturaro, et al.[61b] se evaluaron tres sistemas de alimentación para bucerros, en donde se obtuvieron ganancias de peso hasta los 90 días de 640 g.día-1 para el tratamiento control de los bucerros alimentados con leche de búfala (4 l), 451 g.día-1 para los bucerros que consumieron 2 litros de leche de búfala mezclada con sustituto lácteo para vacunos hasta el día 30, y que posteriormente del día 31 al día 90 consumieron solo sustituto lácteo, finalmente se observaron ganancias de 381 g.día-1 para los bucerros alimentados desde el día 10 y hasta los 90 días con sustituto lácteo (14 % sólidos-140 gramos de polvo por litro de agua). Las ganancias expresadas están en correspondencia con los consumos de nutrientes por parte de los bucerros, siendo más bajos los datos de animales que consumían sustituto lácteo. En este sentido, la estrategia pudiera estar enfocada en incrementar el porcentaje de nutrientes aumentando a 180 gramos y, por ende, propiciar una mayor cantidad de estos en los bucerros. Asimismo, Cardona y Varela[62] y Abdullah, et al.[54c], al evaluar sistemas de manejos similares obtuvieron ganancias de peso de entre 352 y 457 g.día-1 para el tratamiento con sustituto lácteo y leche de búfala, respectivamente.

Sin embargo, cuando se emplean sustitutos para bucerros ajustando la concentración de sólidos de la leche de búfala (16-18 %) se observan ganancias de peso superiores a 608 y 646 g.día-1 para bucerros alimentados con sustitutos lácteos (150 gramos polvo), y para aquellos alimentados con leche de búfala. Asimismo, se observaron pesos al destete (90 días) de 92.52 y 97.83 kg, respectivamente[62b]. Estos mismos autores concluyeron que la alimentación con un sustituto de leche para vacunos propició a una crianza de bucerros más económica en comparación con la crianza natural, y esto les permite a los productores alcanzar mejores ingresos al incrementar los volúmenes de leche vendible derivada de la sustitución. Resultados preliminares fueron obtenidos en Cuba al evaluar una variante de manejo y adaptación de la crianza artificial, donde los bucerros estuvieron presentes en el momento del ordeño y que fueron alimentados hasta los 90 días con sustitutos lácteos y alimento de calidad (Figura 3).

Por otra parte, al evaluar el comportamiento productivo y la eficiencia económica del empleo de sustitutos lácteos en bucerros con niveles de 9, 10 y 11 % del peso vivo del animal, Shahin, et al.[50b] encontraron pesos al destete a las 15 semanas en el rango de 87.35-94.56 kg, con mayores pesos para los que se alimentaron con 11 % del peso vivo en sustituto lácteo. Los autores concluyen que con el empleo del lacto-reemplazador al 10 % del peso vivo, se obtienen comportamientos aceptables y además eficiencia económica. De lo anterior, destaca que en los sistemas de producción de leche intensiva es económico el empleo de sustitutos lecheros, dados los altos precios de la leche de búfala y sus subproductos. Sin embargo, el desequilibrio de nutrientes y el mal manejo de los sustitutos lecheros pueden ocasionar trastornos nutricionales que repercuten en el posterior reemplazo del hato.

Figura 3. Bucerros en variante de sistema de crianza artificial en cunas individuales


Los bucerros son alimentados con sustitutos lácteos y productos balanceados de calidad. Unidad 42 de la Unidad Empresarial de Base, Cinco Palmas. Empresa pecuaria El Cangre, Provincia Mayabeque, Cuba. Fotografía: José Raúl López Álvarez.

Según López, et al.[5d] y Colsalvo[63], en los sistemas de cría tradicionales el manejo de los bucerros determina en gran medida el comportamiento productivo de estos; en este sentido el destete se realiza en correspondencia con el manejo que se lleve a cabo con las búfalas. Al evaluar el efecto del tipo de destete en el comportamiento productivo de bucerros, Singh, et al.[38g] encontraron ganancias de peso superiores (0.506 kg) en bucerros en amamantamiento directo con las búfalas, y ganancias de 0.438 kg en bucerros destetados en los primeros días, lo que supone que el contacto directo del bucerro con la madre garantiza un mejor comportamiento y, por ende, mayor consumo de leche (4.26 kg.día-1 versus 3.05 kg.día-1) para el amamantamiento y destetados los primeros días, respectivamente.

Resultados similares fueron encontrado por Bharti, et al.[59b] en India, en donde se observó que los bucerros separados de su madre inmediatamente después del parto presentaron bajo peso y menor longitud corporal que los que se alimentaron directamente de ella, lo que puede estar asociado con la dificultad que tienen los bucerros para aprender a alimentarse de los baldes de leche. El bajo peso corporal también ha sido encontrado en otros estudios en Pakistán, en donde bucerros destetados de forma temprana (3.5 meses) presentaron bajos niveles de metabolitos, en particular IGF-1[64].

A pesar de los esfuerzos por anticipar el destete, no se recomienda aplicarlo antes de los 3 meses, pero si se hace se debe cuidar que cada bucerro consuma una cantidad adecuada de materia seca (800- 900 g/día) en el momento en que es destetado[56c]. De manera general, el destete a los 90 días pudiera ser una de las prácticas aconsejables en sistemas donde se potencie la leche para la industrialización y la comercialización del producto, y que pudiera favorecer los costos de la compra de alimentos de calidad para mantener ritmos de crecimientos superiores a 0.500 kg/día.

No obstante, algunos autores señalan que el destete se puede realizar con éxito a los 45 días sin presentar alteraciones en el crecimiento en comparación con aquellos bucerros destetados a los 90 días, ya que no se observaron diferencias significativas en las ganancias diarias de peso entre ambos sistemas de crianza (0.45 y 0.50 kg/día, respectivamente)[65]. En un estudio en Pakistán se observó que el destete a las 8 semanas puede ser exitoso, ya que se observaron ganancias de peso similares y peso final sin diferencias significativas en comparación con los bucerros destetados a las 10 y 12 semanas (Cuadro 4). Los autores señalan que al tomar una menor cantidad de leche se favorece el consumo de alimento concentrado y no se afecta el rendimiento productivo[17g].

Una de las estrategias que se puede implementar para realizar el destete es la separación paulatina mediante una cerca lineal, los bucerros destetados de esta forma presentaron mayor peso corporal a los 3.5 meses (109.31 versus 99.23) y a los 6 meses (155.47 versus 143.56 kg) en comparación con los bucerros destetados de forma abrupta, respectivamente. Estos resultados pueden ser atribuidos a los bajos niveles de estrés en los bucerros que pudieron observar, oler y escuchar a sus madres durante el período predestete[52b].

Comportamiento productivo posdestete

Posterior al destete los bucerros son separados por sexos y ubicados en áreas para la ceba en el caso de los machos, o en áreas para el desarrollo o levante para las hembras. Por lo general, en muchos países los requerimientos nutritivos de esta categoría de animal (bubillos-bubillas) no se toman en cuenta porque los animales van a áreas de pastoreo que, en muchos casos, son de baja calidad nutritiva[5e]. Por consiguiente, la edad a la pubertad y la eficiencia de reproducción del rebaño se afectan por diversas causas, entre ellas la alimentación. Terramoccia, et al.[55b] indicaron que los niveles de energía y el régimen de alimentación inciden directamente en el crecimiento y la madurez sexual de las hembras bubalinas.

Un nivel óptimo de nutrición al inicio de la vida favorece un crecimiento más rápido, un inicio más temprano de la pubertad y una mejor productividad. Así, los bucerros necesitan ser criados con ganancias óptima de peso corporal, de modo que alcancen alrededor del 75-80 % del peso corporal maduro en la pubertad[15l]. En Italia, Zicarelli[41e] señala que en algunas fincas las búfalas son ordeñadas para suministrar leche a las bucerras de forma ad libitum durante un máximo de 4 meses, que es cuando alcanzan 140 kg. Estas bubillas paren a la edad de 22-26 meses y tienen un porcentaje muy bajo de prolapsos vaginales y uterinos, ya que la arquitectura pélvica probablemente está relacionada con los minerales absorbidos en las primeras etapas de vida.

Al evaluar el comportamiento de bubalinos Murrah criados en pastos de Brachiaria brizantha[66], se encontraron ganancias de peso entre los 0.478 kg y 0.491 kg para hembras y machos en sistemas de manejo de pastoreo extensivos. Terzano, et al.[67] obtuvieron resultados similares en el comportamiento reproductivo de hembras bubalinas en crecimiento al evaluar sistemas de alimentación intensivos con dietas integrales y en pastoreo, aun cuando los animales experimentaron ganancias altas de peso vivo, 0.870 kg en sistemas intensivos y 0.620 kg en sistemas de pastoreo. En este sentido, la disminución de la edad a la pubertad favorece la sustentabilidad del sistema bubalino al reducir los costos de producción, los cuales pueden ser alcanzados en sistemas de pastoreo siempre y cuando se cubran los requerimientos de los animales[68].

En consecuencia, los agricultores de avanzada proporcionan el régimen de alimentación correcto a bubillos y bubillas en crecimiento buscando obtener altas ganancias de peso diarias, anticipando la madurez sexual y la edad a la pubertad, acortando la edad al primer parto[69]; lo que implica mantener el menor tiempo posible animales improductivos en el sistema bubalino. Ante este hecho, el reto estaría en encaminar evaluaciones que permitan discernir la sustentabilidad de nuestros sistemas como cadena de valor.

En condiciones controladas, evaluando diferentes sistemas de alimentación (sistema intensivo versus sistema de pastoreo; niveles bajos y altos de alimento) en función de los requerimientos de las hembras en crecimiento, se evidenció la alta variabilidad en la edad a la pubertad —que pudiera estar influenciada por factores como la edad y el peso al destete de los bucerros—, y hubo una mayor incidencia para alcanzar la edad a la pubertad en el menor tiempo posible y con pesos óptimos[70], [71], [72], [73] (aun cuando los principales estudios se realizan en la raza Mediterránea son factibles de extenderse a otras).

Conclusiones

El estudio de los temas expuestos y la identificación de los principales aspectos que influyen en el manejo y alimentación de los bucerros en su primera etapa de vida, repercuten considerablemente en la sustentabilidad del sistema bubalino. Lo que evidencia la necesidad de proveer calostro lo más pronto posible para favorecer la inmunidad de transferencia pasiva. Asimismo, se deben proporcionar alimentos de calidad durante la etapa de crecimiento-desarrollo, de manera tal que se pueda disminuir la mortalidad, acortar la edad a la pubertad y, por ende, la eficiencia económica y reproductiva del sistema de animales improductivos.


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Manejo de pastizales y rotación de potreros para la crianza del búfalo de agua

Felipe Vélez Saldarriaga y Juan Fernando Naranjo Ramírez

Introducción

Normalmente los animales herbívoros no pastorean de manera uniforme sobre el paisaje, sino que consumen repetidamente plantas y parches de vegetación de su preferencia y, frecuentemente, las estructuras de las plantas que cosechan son las de mejor valor nutricional. En el pastoreo extensivo y continuo las plantas son sometidas por los animales a múltiples y severas defoliaciones sin suficiente tiempo de recuperación, además, el sobrepastoreo suele favorecer la exposición y degradación del suelo en algunas áreas muy susceptibles, ocasionando que las plantas preferidas tiendan a desaparecer (morir) y permitiendo que las menos deseables, que son especies arvenses o comúnmente denominadas malezas, prevalezcan y se expandan disminuyendo el potencial productivo de la pradera[1], [2]. Fynn, et al.[3] propusieron los siguientes cinco principios que pueden considerarse básicos para el manejo adecuado de pasturas y forrajes en la ganadería:

1 Proporcionar suficiente forraje para que los animales seleccionen una dieta de cantidad y calidad adecuada.

2 Controlar el pastoreo para que los animales coman una amplia variedad de plantas y disminuya el impacto en las que son deseables.

3 Dejar suficiente biomasa foliar en las plantas defoliadas para facilitar la intercepción e infiltración de la precipitación, y también para mantener la suficiente capacidad fotosintética que permita la recuperación rápida de la planta (este principio favorece la protección del suelo contra la erosión).

4 Permitir una recuperación adecuada después del pastoreo para mantener el vigor de la planta y la composición botánica deseada en la pradera.

5 Planificar y crear los medios para controlar la presión de pastoreo en tiempo y espacio para facilitar los cuatro principios anteriores.

Este marco comprende cuatro acciones operativas:

1 Proporcionar una recuperación adecuada de las plantas.

2 Modificar dinámicamente la distribución del ganado.

3 Regular la intensidad de pastoreo.

4 Modificar la nutrición del ganado y el comportamiento de alimentación según el tipo de animales.

Para conseguirlo es necesario aprender a combinar principios científicos y conocimiento local para manejar animales de manera adaptativa e influir en cuatro procesos del ecosistema: conversión eficiente de energía solar por las plantas; intercepción y retención de precipitación en el suelo; ciclo óptimo de nutrientes y promoción de una alta biodiversidad del ecosistema con mezclas más complejas y combinaciones de especies de plantas deseables.

El pastoreo rotacional

La rotación de potreros surge de la necesidad de mejorar las prácticas de manejo dirigidas a ofrecer calidad y cantidad de forraje, y para optimizar el manejo de los animales que está enfocado en aumentar el consumo de la energía fijada por los pastos, es decir, para hacer que los animales consuman más pasto[4].

Para implementar un sistema de pastoreo rotacional es necesario realizar las prácticas de utilización de forrajes con criterios asociados a la morfofisiología y fenología de las especies forrajeras, y teniendo en cuenta la capacidad de recuperación de estas. Se podría decir que existen ciertas leyes del pastoreo rotacional. Estas se fundamentan en los postulados del profesor André Voisin, formulados el siglo pasado, y están dirigidas a mejorar las condiciones de las pasturas e incrementar la productividad animal. Se pueden resumir de la siguiente manera:

Primera. Ley de reposo: antes de que una pradera esté lista para pastorear es necesario que haya transcurrido un intervalo suficiente entre dos pastoreos consecutivos.

Segunda. Ley de ocupación: el período total de ocupación de un potrero debe ser lo suficientemente corto para que una planta que fue cosechada por un animal, el primer día o a principios del período de ocupación, no sea cosechada de nuevo por este antes de dejar dicho potrero.

Tercera. Ley de rendimiento máximo: a los animales con requerimientos nutricionales más altos debe permitírseles cosechar la mayor cantidad de pasto y de mejor calidad.

Cuarta. Ley de rendimiento regular: si un animal va a producir cantidades similares de leche o carne, no debe quedarse más de tres días en un potrero. La producción máxima se obtendrá si permanece un solo día en este.

Estas leyes deben ajustarse a las particularidades de cada finca y aplicarse adecuadamente. Para poder implementar planes de rotación, programas de manejo integral de los recursos del suelo, pastos y forrajes es necesario seguir protocolos de observación, seguimiento y registro con el propósito de conocer los forrajes y determinar el uso adecuado de los mismos[5].

Beneficios de la rotación de potreros

El manejo del pastoreo en potreros múltiples se ha recomendado desde mediados del siglo XX como una herramienta importante para gestionar de manera adecuada los ecosistemas de pasturas, para mantener la productividad y mejorar la operación de los animales. La razón para desarrollar e implementar estrategias de manejo del pastoreo, como alternativas al pastoreo continuo, es evitar la degradación de los ecosistemas, disminuir la dependencia de insumos externos y mejorar las funciones ecológicas que aumentan la producción primaria y secundaria[4b].

El uso de varios potreros por lote de animales le permite al ganadero aumentar efectivamente el área utilizada por los animales que pastorean; además, subdividir un área de pastoreo en potreros más pequeños facilita la ubicación del ganado. Esta práctica propicia un aumento inmediato en la disponibilidad de forraje, ya que se tendrá el alimento suficiente y los animales no necesitarán caminar mucho para ir a buscarlo. El pastoreo en varios potreros puede prevenir o revertir la degradación de las pasturas causadas por el pastoreo selectivo en áreas y parches, acción que ocurre cuando los animales pastorean grandes extensiones sin división. Además, el uso de varios potreros por lote de ganado le permite al ganadero regular la duración de un período de pastoreo y, por lo tanto, la intensidad promedio de defoliación, así como el tiempo que transcurre antes de que cada potrero vuelva a ser pastoreado[2b], [6].

El impacto de las altas cargas (muchos animales) sobre las plantas que se pastorean intensivamente en varios potreros puede beneficiarlas por la combinación de tres factores: los animales incluyen más especies en su dieta, las especies preferidas experimentan menos defoliaciones repetidas y los períodos de recuperación de pastoreo se extienden.

La principal hipótesis para la implementación de rotaciones con muchos potreros es que cuando se usan pequeños (Figura 1), la disponibilidad de forraje no está limitada por la mala distribución de los animales, como ocurre en zonas mucho más extensas y con pastoreo continuo en una misma área. Es importante considerar que la mayoría de los herbívoros son animales gregarios (conviven en manadas) que evolucionaron en extensas sabanas, pero que naturalmente se desplazan (rotan) de un lugar a otro buscando mejores forrajes, agua o huyendo de grandes depredadores. Los búfalos en particular son altamente gregarios.

El grado de control que se tiene sobre el tiempo de ocupación de un área de pastoreo y el potencial de beneficios de producción de forraje y de animales, está en función del número de potreros usados para un ciclo de rotación, así como de la duración del período de pastoreo en cada potrero. Estos elementos determinan la demanda de forraje en relación con el que está disponible durante el pastoreo.

Un inconveniente del uso del pastoreo en varios potreros es que la intensidad de manejo aumenta a medida que crece el número de potreros por lote, es decir, se requiere de prácticas de manejo más intensivas (más mano de obra), de mayores niveles de compromiso, de habilidad organizativa y de conocimiento, y esto no siempre está disponible o es muy limitado en algunas zonas.

Figura 1. Lote de búfalas pastoreando una área reducida para la ocupación de un día


Fotografía: Felipe Vélez Saldarriaga y Juan Fernando Naranjo Ramírez.

La regulación de la intensidad del pastoreo es un factor importante que determina el vigor y la productividad de las plantas. La tasa máxima de crecimiento del forraje ocurre cuando las condiciones ambientales son óptimas, las plantas se encuentran en su período vegetativo (no han semillado) y tienen una biomasa foliar adecuada (muchas hojas verdes), es decir, tienen una alta capacidad fotosintética que les permite volver a crecer rápidamente después del pastoreo[7].

Cuando las condiciones ambientales lo permiten, los períodos de crecimiento son frecuentes y lo suficientemente largos como para mantener las pasturas productivas, de buena calidad y en estado vegetativo (no reproductivo), utilizando niveles moderados de defoliación con períodos de pastoreo de 1-3 días seguidos con etapas de recuperación de entre 25-45 días.

El rendimiento de los animales aumenta a medida que disminuye el período de pastoreo, sobre todo si hay una gran cantidad disponible de hojas verdes de calidad (Figura 2). Por el contrario, este rendimiento puede disminuir cuando el tiempo de descanso aumenta, más allá de lo que tome la recuperación de las plantas en pastoreo una vez que estas maduran. La ingesta de nutrientes se vuelve más sensible a la extensión del período cuando aumenta el número de potreros, ya que el forraje de mayor calidad desaparece rápidamente con un mayor número de corrales por lote de animales. Para una ingesta óptima de nutrientes, los ciclos de descanso deben ser lo suficientemente largos como para permitir la recuperación de las plantas, pero no tanto como para dejar que maduren. Los tiempos de pastoreo deben ser cortos y la defoliación debe ser moderada para lograr estos objetivos, pero los ganaderos también deben aprender a ser flexibles cuando determinan el período y la intensidad una vez que cambian las circunstancias[1b].

Figura 2. Búfala cosechando estructuras deseables de una gramínea (hojas y tallos suaves)


Fotografía: Felipe Vélez Saldarriaga y Juan Fernando Naranjo Ramírez.

Los búfalos y los vacunos son diferentes

Se sabe que los búfalos poseen capacidades adaptativas que les permiten aprovechar recursos fibrosos más toscos y groseros y, por lo tanto, representan un potencial importante cuando se trata de convertir alimentos de baja calidad en proteína animal: no es gratuito que sean considerados el oro negro en India. Esa condición es un atributo adquirido por su capacidad adaptativa y por las diferencias anatómicas y fisiológicas que guarda con respecto al ganado vacuno. Es indudable, además, que los búfalos tienen un potencial enorme por la calidad de los productos que ofrecen y por las características de los mismos, lo que los hace muy competitivos cuando se comparan con los vacunos.

Comparación entre la digestión de los búfalos y los vacunos

Existen importantes diferencias fisiológicas entre búfalos y vacunos. Por ejemplo, los movimientos del rumen, el volumen de líquido en este, las tasas de digestión y de pasaje, la eficiencia en la conversión de caroteno en vitamina A, entre otras. A continuación se presenta una versión resumida de las principales variantes que existen entre estas dos especies, aspectos soportados en investigaciones de varias partes del mundo, principalmente de India, donde se ha estudiado muy bien el tema.

Consumo voluntario de forrajes

Los resultados donde se comparan búfalos y vacunos son variables y están afectados por diferentes aspectos entre los que destacan los problemas metodológicos, el bajo número de observaciones en los experimentos, las diferencias en los planes de alimentación de los animales experimentales, el estado fisiológico y los factores ambientales, entre otros (Cuadro 1). Sin embargo, un análisis estadístico de los experimentos realizados en India señala que el consumo voluntario de materia seca (expresado como porcentaje del peso vivo) es significativamente menor (2.57 % x 3.09 %) en búfalas[8], [9], [10].

Cuadro 1. Consumo voluntario de materia seca (CMS) en búfalas y vacas en lactancia con diferentes niveles de producción


Producción de leche CMS (% P. V.) (g/ W0.75)
Vacas Búfalas Vacas Búfalas
<9 2.79 2.32 119.00 107.03
9-11 3.67 2.67 151.84 122.65
>11 3.29 2.67 143.94 125.37
Promedio 3.09 2.57 131.98 119.10

Fuente: Mendes y de Lima[11].

CMS: Consumo de materia seca; % P. V.: Porcentaje del peso vivo; g/ W0,75: gramos / kg peso metabólico.

En el Cuadro 2 se presenta el CMS de búfalas y vacas expresado como porcentaje del peso corporal, así como en g/kg de peso metabólico, y el resultado es que las búfalas tienen un CMS significativamente menor (p<0.001) en todos los niveles de producción lechera[9b]. Como media general se puede decir que las búfalas en lactancia presentan un CMS 0.5 kg/100 kg peso vivo menor que las vacas en un mismo plan alimenticio y condiciones de producción similares[8b], [9c], [10b]. En búfalos en crecimiento no se encontró un comportamiento similar. Analizando resultados de experimentos en las dos especies en India se observa que no hay diferencias significativas.

Cuadro 2. Consumo voluntario de materia seca (CMS) en vacunos y búfalos de acuerdo con el peso corporal


Peso corporal (kg) CMS (% peso)
vacas búfalas
90 2.79 2.98
115 2.96 2.78
140 2.85 2.82
165 2.65 2.52
190 2.41 2.35
210 2.30 2.34
230 2.44 2.40
260 2.23 2.26
320 2.08 2.10

Fuente: Paul y Lal[9d].

CMS: Consumo de materia seca.

Digestibilidad de los nutrientes

Se conocen investigaciones que comparan búfalos y vacunos en cuanto a índices de digestibilidad en experimentos realizados in vivo e in vitro; los resultados han sido variables y han estado muy influenciados por los planes de alimentación de los animales experimentales. Sin embargo, tienden a sugerir que los búfalos digieren mejor la fibra de los forrajes toscos y groseros. Aparentemente, una menor IMS ofrece a los animales un hábito de consumo y una tasa de pasaje menores, lo que contribuye para que se observe una leve superioridad en la degradabilidad de los alimentos en el rumen de los búfalos[10c].

Metabolitos ruminales

En general, los estudios indican que las concentraciones de ácidos grasos volátiles (acético, propiónico, butírico), nitrógeno amoniacal, nitrógeno bacteriano y electrolitos como calcio y potasio, se encuentran en mayores concentraciones en el líquido ruminal de los búfalos. Esos hallazgos parecen estar relacionados con un menor consumo y con una tasa de pasaje más lenta. Además, se ha encontrado que existe una mayor transferencia de urea del rumen a la sangre en los búfalos; lo que indica que estos tienen una mejor tasa de reciclaje de nitrógeno en el rumen y una mayor eficiencia en la utilización del nitrógeno. Se estima que la eficacia del crecimiento microbiano es 20 % mayor en los búfalos cuando se compara con los vacunos[9e].

Ecología microbiana del rumen

La mayoría de los estudios microbiológicos en el rumen muestran que el contenido de bacterias celulolíticas, proteolíticas, amilolíticas y lipolíticas es mayor en los búfalos que en los vacunos bajo condiciones idénticas de alimentación. Las especies celulolíticas Ruminicoccus flavifasciens y R. albus predominan en el rumen de los vacunos, mientras que en los búfalos predominan las Fibrobactor succinogenes y R. flavifasciens. F. succinogenes posee una actividad celulolítica superior y por eso los búfalos tienen una mayor capacidad para degradar la fibra de los forrajes cuando los niveles de proteína son bajos o limitados, ya que F. succinogenes no necesitan nitrógeno amoniacal para su crecimiento.

Asimismo, la proteólisis a nivel ruminal en los búfalos también es menor, lo que sugiere que parte de la proteína de la dieta no sufre trasformaciones allí y, por lo tanto, puede pasar al intestino para ser aprovechada. Otro elemento que parece interesante en los búfalos es que la población de bacterias metanogénicas en el rumen es 10 % menor que la observada en los vacunos, lo que indicaría que producen menos metano[8c].

Balance de nitrógeno y eficiencia en el uso de la proteína

La mayoría de los estudios indican que la retención de nitrógeno en los búfalos es mayor en niveles idénticos de energía y proteína. Esa ventaja parece deberse a la capacidad que tienen de mantener niveles altos de nitrógeno no proteico en la sangre, lo que hace que el nitrógeno no se pierda y se pueda aprovechar de una mejor forma. La eficiencia en la utilización de la energía y la proteína generalmente se expresa como eficiencia bruta (contenido de calorías o proteínas del producto/calorías o proteínas ingeridas). Los estudios que se analizaron en India comparando a las dos especies señalan que la eficiencia de los búfalos es superior a la de los vacunos debido, aparentemente, a la reducción de la digestibilidad de la proteína y de los nutrientes digeribles totales porque se reduce la utilización de los nutrientes en el rumen, pero se mejora la extensión de la degradación en todo el tracto por efectos de la menor tasa de pasaje[10d].

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