Kitabı oku: «El curioso caso de la especie sinnombre»

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Ricardo Villanueva Lomelí

Rectoría General

Héctor Raúl Solís Gadea

Vicerrectoría Ejecutiva

Guillermo Arturo Gómez Mata

Secretaría General

Luis Gustavo Padilla Montes

Rectoría del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas

Missael Robles Robles

Coordinación del Corporativo de Empresas Universitarias

Sayri Karp Mitastein

Directora de la Editorial Universitaria

Primera edición electrónica, 2019

Textos © Luis Javier Plata Rosas

Ilustraciones © Ubaldo Sebastián Flores Guerrero

Coordinación editorial Iliana Ávalos González

Cuidado editorial Juan Felipe Cobián

Diseño de portada e interiores J. Daniel Zamorano Hernández

Plata Rosas, Luis Javier, autor

El curioso caso de la especie sinnombre: anécdotas taxonómicas de muy diversos géneros / Luis Javier Plata Rosas. -- 1a ed. – Guadalajara, Jalisco: Editorial Universidad de Guadalajara, 2019.

A la cabeza de la portada: Gabinete de curiosidades.

Bibliografía p. 243-271

ISBN 978-607-547-566-0

1. Plantas-Clasificación 2. Zoología-Clasificación 3. Linné, Carl von, 1707-1778 4. Nomenclatura binominal I. t.

580.12 .P71 CDD

QK91 .P71 LC

D.R. © 2019, Universidad de Guadalajara


Editorial Universitaria José Bonifacio Andrada 2679 Colonia Lomas de Guevara 44657 Guadalajara, Jalisco

www.editorial.udg.mx 01 800 UDG LIBRO

ISBN 978-607-547-566-0

Septiembre de 2019

Hecho en México

Made in Mexico

Se prohíbe la reproducción, el registro o la transmisión parcial o total de esta obra por cualquier sistema de recuperación de información, existente o por existir, sin el permiso previo por escrito del titular de los derechos correspondientes.

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Vestíbulo

Hacer un libro es mucho más que solo escribir el texto. En ocasiones se parece mucho a filmar una película: lo que uno ve en la pantalla es el resultado del trabajo colectivo de guionista, director, actores, escenógrafos... y una larga lista a la que las películas de Marvel —mientras esperamos sentados las escenas poscrédito—, nos han acostumbrado, y en la que nadie es prescindible.

Si El curioso caso de la especie sinnombre es un placer visual tan grande para el lector como lo fue para mí cuando lo tuve en mis manos por primera vez, todo el reconocimiento es para el equipo de trabajo de la Editorial de la Universidad de Guadalajara, y en especial para: Sayri Karp, directora de esta editorial, quien desde que se lo propuse apoyó e hizo suya la idea de un “especiero” que nos permitiera esparcir lo que suele quedarse en las páginas ultraespecializadas de las revistas científicas; Iliana Ávalos, editora que coordinó y supervisó a quienes participamos en la obra y, de manera minuciosa en extremo, cuidó cada detalle; Juan Felipe Cobián, editor cuyas valiosas observaciones y sugerencias mejoraron notablemente el libro; Ubaldo Sebastián Flores Guerrero, responsable de las ilustraciones de las especies que aparecen en estas páginas, porque sólo un artista y un biólogo como él podrían haber logrado una combinación tan morfológicamente rigurosa como estéticamente disfrutable; y para Liza Kelly, quien propuso la idea de ilustrar las guardas con el escarabajo pelotero (que no pelotudo).

Es mi mayor esperanza que el goce mental que experimenten al leer nuestro libro sea equiparable al que es fruto sensual (visual, palpable, con aroma y sabor a tinta y papel, y hasta auditivo, al pasar las páginas) de su edición.

Como todo lenguaje, la nomenclatura zoológica refleja la historia de aquellos que la produjeron, y es el resultado de prácticas diversas y conflictivas. Algo de nuestro uso nomenclatural ha sido el resultado de la ignorancia, de la vanidad, insistencia obstinada sobre predilecciones individuales continuas, tanto como aquellas del lenguaje en general, de costumbres nacionales, orgullos y prejuicios. Los lenguajes comunes crecen espontáneamente en innumerables direcciones; pero la nomenclatura biológica tiene que ser una herramienta exacta que transmitirá un significado preciso a las personas en todas las generaciones.

James Chester Bradley, zoólogo

Prefacio a la primera edición (1961) del

Código Internacional de Nomenclatura Zoológica

Índice

A MANERA DE PREÁMBULO: INCLASIFICABLE PRESENTACIÓN DE CARLOS LINNEO Y SU NOMENCLATURA BINOMINAL

TERCETO INTRODUCTORIO SIN DEMASIADA CIENCIA

Guía rápida para nombrar una especie

ABC de la pronunciación para el taxónomo bisoño

¿Los chicos prefieren el queso a las espinacas?

POR LAS RAMAS DEL ÁRBOL DE LA VIDA

Glandes homenajes

Crónicas de los reinos vivientes I: donde se narra la creación de los cinco reinos de la vida

Errare nomenclatorum est

La magia de un nombre

¿Anatomía o taxonomía?

El artrópodo manos de tijera

¡La paloma!, ¡la cucaracha!, ¡la cerveza!

Kate Winslet, Liv Tyler y otros nombres Agra dable-s

El poderoso Thor… y otros dioses asgardianos

Desde Disneylandia, los taxónomos presentan…

¿NomenKlatura? De la extrema izquierda a la extrema derecha

Escenarios shakesperianos

El príncipe rana

“Su continua misión: explorar extraños, nuevos mundos…”

En un ecosistema muy, muy cercano…

Mea culpa

“Mucho que nombrar todavía tienes que”

Harry Potter y las especies fantásticas

La asombrosa araña beisbolista

La Gorda y la Flaca

Crónicas de los reinos vivientes II: la guerra de los taxónomos

“Es posible que fuera concebido por los midiclorianos”

La historia lo juzgará… y reclasificará

¿Quién vive en una piña debajo del mar?

La vida es un albur

Coqueteos entomológicos

Los otros viajes de Gulliver

Un auténtico conejito de Playboy

Las especies sin cabeza

Las aventuras de Jerry (¿o era John?, ¿Jeremiah?) Johnson

Biodiversidad I: el “reino” microscópico

El caricaturista que amaba los bichos (y era amado por los entomólogos)

90-60-90… o su equivalente en un invertebrado prehistórico

Trabalenguarius trestristestigrensis

Minimalismo zoológico

Por favor, cuiden de este oso… y de su escarabajo

En el Parque Jurásico

Mediocres sin gloria

La princesa que amaba a los científicos

¡Tekeli-li, tekeli-li!

Una Nobel propuesta de nomenclatura

Las caderas de la oruga no mienten

Es la taxonomía, Charlie Brown

Ga-ga, ¡oh-la-la!

Furia de cangrejos

Cinco pececitos presidenciales se fueron a nadar…

Tarzán de los… ¿camaleones?

Trilo-Beatles y otros trilobites musicales

Una última —e indigesta— cena prehistórica

Queen y Mr. Bad Guy

Mandelanismo sudafricano

Frank Zappa and the Mothers of Taxonomic Invention

Nombra tu propia especie sin salir de casa (por unos miles de dólares)

Gusanos metaleros

Biodiversidad II: el reino vegetal

Increíble e irritante historia de una tarántula y de sus pelos urticantes

La criatura del pantano con labios de Mick Jagger

Los colores de Lila Downs

Torydactil margaretacheriana

El rey lagarto de Birmania

En la telaraña de Orson Welles

Pinball Wizard Tommy Boots

El presentador favorito de los taxónomos (no, no es Kent Brockman)

Arañas y roqueros aterciopelados

Expresionismo abstracto en una concha

AC/DC, CP/MP (CiemPiés/MilPiés)

El Señor de las Arañas

Un caracol punk rock

Tres polillas pintorescas

Tres especies cuasimodistas

Las especies del creador del Planeta Viviente

Un ave y un científico… ¿más extraños que la ficción?

Los pequeños antiguos de H. P. Lovecraft

Viaje al centro de la Tierra con una audaz viajera

¿Thanatos Gratus? ¿La Muerte Agradecida? ¡Ah, The Grateful Dead!

Si Dios hizo la abeja, hizo la avispa el Diablo… ¿o Girault?

Spider Man y sus asombrosas arañas

Aracno-melomanía

El chupacabras, la tortuga y el coyote

Obamanía

La rana, el murciélago y Ozzy Osbourne

The Beatles, John Lennon y A Hard Name’s Night(mare)

A.K.A.ros

Nada es indestructible, excepto, aparentemente… ¿Madonna?

La medusa matarreyes

Un pariente de Tenazas, la langosta

Los avispados grecolatinistas

Caracoles y rock

Mujer bonita y el escarabajo dandy

En la música, como en la vida, hay de géneros a géneros

Micromoscas

Alberto I de Mónaco, príncipe de los oceanógrafos

La espada de Moctezuma

Ratas chalchaleras

Los enredos de Rollo

Arquitectos españoles y criaturas marinas

¿Catfish o batfish?

De asesinatos y grullas, y paleobotánica y grúas

La mosca que estiraba la pata como Chaplin

No es lo mismo… pero es igual

Confucianismo binomial

Se vale repetir, primera parte

Bestias fantásticas y cómo nombrarlas

Valar morghulis (no es un nombre científico: es Juego de tronos)

Sanguijuelas de novela

Fábula del escarabajo olvidado por Darwin, y hallado de nuevo en un museo

El ejército de los taxónomos

Un taxónomo en la República de las Letras

Fábula de la hormiga haragana que no lo era tanto

La tortuga estelar de Mundodisco

La megamordida de un Moby Dick prehistórico

Nostradamus y la profecía cumplida

El espinoso pez con joroba de fábula… o de fabulista

Match point para la eternidad

Las mascotas del señor y la señora Marcus

El arácnido vampírico

El corazón de Casanova

La mosca con brazo de Popeye

El pterosaurio encontrado en el mundo perdido

Biodiversidad III: el reino animal

La araña troglodita y la caverna de Platón

Bestiario prehistórico de Tolkien I

Bestiario prehistórico de Tolkien II

Roosevelt & Roosevelt

Secretaria, secretaria… y no sólo fui tu secretaria

Juegos de palabras intraducibles… o casi

Megachile con megalengua chomskiana

El dinosaurio vicioso y la banda de la buena suerte

Darwinula, darwini, darwinii, darwinia, darwiniana, darwiniensis…

Cuando el nombre de un científico es el nombre científico

El casi-perro lavador

Celebrando a Linneo

La mosca escorpión que soñaba con ser nombrada como la mujer pájaro

Jaws y el tiburón ninja

La aturdida condición del tordo

Aventuras y desventuras con Steve Irwin, el Cazador de Cocodrilos

Las arañas tramperas de Bond, Jason Bond

¡Extra, extra! Se vale repetir, segunda parte

Depredador y todo un género de arañas de película

ESTO NO ES EL FIN: CUARTETO CALAVÉRICO A MANERA DE EPÍLOGO

Al pájaro carpintero imperial

Al lobo mexicano

A la foca monje

A un biólogo

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE DE ESPECIES

A manera de preámbulo: inclasificable presentación de Carlos Linneo y su nomenclatura binominal

Hace mucho, mucho tiempo, los humanos nombraban a los cerdos cerdos… pero también puercos, cochinos, gorrinos, guarros, lechones, marranos, cuinos, y no faltaba quienes trataran a los jabalíes como un cerdo más. En el mundo todo era confusión.

Así estaban las cosas en el Reino de los Seres Vivientes cuando, cierto día, apareció un hombre que, para distinguirse de los demás, llevaba el nombre de Carl Nilsson Linnaeus, pero al que los hispanohablantes que lo conocían se referían como Carlos Linneo, o Carlitos, para abreviar.

A Charlie se le ocurrió que un sueco, como él, o un inglés, o un ruso o un mexicano o alguien de la nacionalidad que fuese, sin importar qué idioma hablase, podría saber que gris, pork, svin’yao y cerdo se referían al mismo animal si todos usaban un lenguaje en común al referirse al porcino personaje. Como todo ente instruido en sus días hablaba o, al menos, entendía algo de latín, Carolus Linnaeus escogió esta lengua muerta para dar a cada especie de ser vivo no uno, sino dos nombres.

Y vio Linneo que era bueno, y dijo a los taxónomos, sus seguidores y herederos intelectuales: “Desde ahora este puerco vulgar será conocido como Sus scrofa domestica”.

Y desde ese ahora, cuando alguien nos habla de la calidad de los jamones de un Sus scrofa domestica, al mencionar su nombre científico sabemos que no se refieren, por ejemplo, a los de Pumba, el facocero (Phacochoerus africanus) de la película El rey león, sin importar que físicamente se parezcan mucho.

Es momento de hacer una pequeña digresión: ¿no es este relato tan inexacto y, peor que eso, este libraco, una vulgarización extrema de la Sagrada Ciencia de la Taxonomía, responsable de clasificar a los seres vivientes? ¿Dónde quedó el rigor académico? ¿Quién pretende explicar de manera profunda y en unas cuantas páginas lo que a un especialista dentro de la zoología, la botánica o la microbiología le toma años y hasta décadas aprender en laboratorio, campo y biblioteca?

La verdad es que, en efecto, lo que el lector tiene en sus manos está muy lejos de ser un tratado de taxonomía. Por el contrario, y como indica su título, en estas páginas lo que aparecen son anécdotas variopintas sobre las mil y una razones —y, a veces, las sinrazones— detrás de los nombres científicos con que fueron bautizadas por sus descubridores una pequeña muestra de las millones de especies que viven, o han vivido alguna vez, en nuestro planeta.

La historia —contada de manera mucho más ortodoxa que en los párrafos anteriores— de cómo Linneo creó el sistema de nomenclatura binominal, o binomial, para clasificar a los seres vivientes, forma parte de los libros de texto de biología desde el nivel de enseñanza media. He puesto a propósito el (mal) ejemplo del cerdo, cuyo nombre científico tiene tres palabras en lugar de dos para indicar la subespecie, con el fin de llamar la atención sobre el hecho de que están también en lo cierto quienes señalan que, en muchas ocasiones, explicaciones inevitables al estudiar taxonomía, como por qué domestica es una subespecie y no otra especie del género Sus, quedan fuera de obras de divulgación como la presente.

No fue, en rigor, pensando en cerdos, sino en las cerca de seis mil especies de plantas presentes en Suecia, que a Linneo se le ocurrió la idea más feliz de su vida.1 Por un lado, quise divertir al lector y divertirme un poco al hablar sobre Linneo y la necesidad de un nombre universal para cada especie, y por otro lado, hacerle sentir desde la primera página que en las páginas restantes deseo mantener ese tono ligero y amable, sin descuidar la exactitud de los nombres científicos y la veracidad de las anécdotas, cada una de las cuales cuenta con referencias que, para facilitar su lectura, aparecen al final del libro. Siempre que ha estado disponible, he consultado directamente el artículo científico en el que se da nombre a la especie de la que se trata.2 Cuando no lo menciono de manera explícita, el entrecomillado remite al autor o autores del artículo científico en el que fue nombrada la especie.

Uno de mis propósitos al rescatar estas anécdotas de las publicaciones especializadas ha sido compartir con el lector lo que la mayoría de las veces, al ser consignado por los autores del hallazgo y nombramiento de nuevas especies, es conocido únicamente dentro del pequeño círculo en el que se encuentran aquellos que son especialistas en organismos vivos identificados por palabras técnicas tan conocidas para ellos como desconocidas para el resto de nosotros. Teniendo presente esto, he reducido en lo posible los tecnicismos propios de esta rama de la biología e indispensables para la comunicación entre científicos.

Con un inventario tan extenso de especies como aquel con el que contamos en la Tierra, bien podría uno dedicarse el resto de su vida a escribir anécdotas taxonómicas, sin jamás conseguir incluir a todas las especies nombradas —y eso que faltaría aún considerar a aquellas que no han sido descubiertas—, pero como es posible que el lector no tenga entre sus propósitos leer un mamotreto así, y teniendo en mente que alguna vez escuché que “los libros no se terminan, se abandonan”, decidí, si no abandonar, sí limitar bastante la extensión de esta obra.

No obstante, espero que la breve excursión por estos parajes taxonómicos sea para el lector por lo menos tan disfrutable como lo fue para mí y que, al igual que en las sagas novelescas y cinematográficas, sienta un ansia insoportable por conocer más, mucho más, sobre las impresionantes aventuras de quienes desde hace millones de años protagonizan La vida en la Tierra, personajes tan fascinantes como irrepetibles. ¡Que se diviertan!


1 Aunque, siendo igualmente rigurosos, su mayor contribución no fue en sí la nomenclatura binomial —muchos otros antes que él la habían propuesto—, y ni siquiera haber acuñado alrededor de diez mil nombres para especies de plantas y animales, sino haber ordenado toda la literatura previa de manera que el resto de los naturalistas pudieran, a partir de entonces, consultar su obra y asociar estos nombres con las especies nombradas.

2 Esto ocurrió en la gran mayoría de los casos, siendo las excepciones nombres científicos con una antigüedad previa a la del siglo pasado.

TERCETO INTRODUCTORIO SIN DEMASIADA CIENCIA

¿Sistemática o taxonomía?

En un libro de referencia de gran prestigio [Ernst] Mayr (1969) caracterizó a la taxonomía como “la teoría y práctica de clasificar organismos” mientras que se refirió a la sistemática como “la ciencia de la diversidad de los organismos”. La sistemática era una ciencia, la taxonomía mera “teoría y práctica” como la fontanería, el corte de pelo y otras actividades respetables pero claramente no-científicas. […] La forma más simple de evitar esta discusión más que fútil es abandonar el término “sistemática” y adoptar en su lugar una definición de taxonomía como la […] de la Iniciativa Taxonómica Global: “Entendida en términos generales, la taxonomía es la clasificación de la vida, aunque está enfocada más frecuentemente en la descripción de especies, su variabilidad genética, y sus relaciones entre una y otra.”

Henrik Enghoff

(taxónomo, por supuesto)

Guía rápida para nombrar una especie

Si bien la taxonomía es una ciencia que permite clasificar a un organismo dentro de cierto taxón,3 la asignación de un nombre a una especie por los taxonomistas no lo es, por lo que los científicos tienen que ponerse de acuerdo sobre cuáles son las reglas a seguir a la hora del bautizo.

Las reglas taxonómicas son discutidas durante reuniones entre pares cada determinado tiempo y consignadas en alguno de los códigos correspondientes: el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica, el Código Internacional de Nomenclatura para Algas, Hongos y Plantas, y el Código Internacional de Nomenclatura de Bacterias.

Los nombres científicos deben estar escritos con las letras del alfabeto latino. Si está en latín, debemos aplicar las reglas de esta lengua, mas no debe preocuparnos no saber latín ni griego, pues podemos derivar el nombre a partir de cualquier idioma de nuestra preferencia, o usar incluso una combinación arbitraria de letras siempre y cuando formen una palabra (zgtmrg, por ejemplo, no está permitido).

El nombre del género se denomina nombre genérico, y el de la especie, nombre específico cuando se trata de animales; en los casos restantes se conoce como epíteto específico.

Si queremos nombrar una especie en honor de una persona, el nombre específico debe terminar en -i o -ii. Por ejemplo, si queremos bautizar a una nueva especie de araña del género Kukulkania con nuestro nombre y nos llamamos Anacleto, el resultado será Kukulkania anacletoi.

En caso de querer homenajear a todo un grupo, como podría ser nuestra familia entera de apellido Gutiérrez, el nombre específico debe terminar en -orum. Asi, obtendríamos Kukulkania gutierrezorum.

Si es una persona femenina la homenajeada —digamos, nuestra madre, de nombre Cleotilde—, el sufijo será -ae: Kukulkania cleotildeae.

Ahora bien, si lo que deseamos es asociar a la especie para siempre con un lugar —aquel en el que la descubrimos o nuestra playa favorita para vacacionar— tendremos que añadir un -ensis al final: Kukulkania vallartensis.

Una vez que cumplamos con los requisitos mencionados, sólo nos resta publicar la descripción de nuestra especie descubierta, y el nombre con el que la bautizamos, en una revista científica. Tanto en esa publicación como en este libro, si hablamos sobre diferentes especies de un mismo género en un párrafo o sección, podemos escribir sólo una vez el género y luego seguir refiriéndonos a este de manera abreviada, con la primera letra del mismo. Por ejemplo: “Algunas especies del género de polillas Eucosma son E. mandana, E. nandana y E. pandana” (todas estas en verdad existen).

3 Un taxón es un grupo de organismos que tienen un parentesco evolutivo. En orden jerárquico y partiendo del reino (por ejemplo: reino animal), las subdivisiones son: filo, clase, orden, familia, género y especie.

ABC de la pronunciación para el taxónomo bisoño

La pronunciación de los nombres científicos no es, ni por mucho, equivalente a aprender en rigor la pronunciación en griego, ni la pronunciación tradicional o la pronunciación clásica del latín. Por ejemplo, en latín tradicional el diptongo ae se pronuncia como e, pero en latín clásico se pronuncia tal cual. Así, en casos como el de Tropaelum, sería igualmente válido decir tropelum que tropaelum.

Teniendo en cuenta esto y, sobre todo, que nuestro objetivo principal es comunicarnos, las siguientes son las reglas de pronunciación para la nomenclatura binomial:

1 Los diptongos ae y oe se pronuncian e (Kallstroemia es calstremia); ai se pronuncia a (altaica es altaca), ou se pronuncia o (ourantiaca es orantiaca), ei se pronuncia i (Eichhornia es icornia), eu se pronuncia u (melanoleuca es melanoluca), oe se pronuncia e (Phocoena es focena), ou se pronuncia u (Bougainvillea es buganvilea), eae se pronuncia ee (la familia Solanaceae es solanacee).

2 Las combinaciones ao, ea, eo, ia, ie, io, iu, ua, ue, uo, ao y oa no son diptongos y se pronuncian tal como se escriben.

3 Ce, ci, y ch se pronuncian como k (Ceratogyrus es keratoguirus, Poecilotheria es poekiloteria, Chenopodium es kenopodium). Nota: ce y ci también pueden pronunciarse tal cual (como en Triceratops y en coelurea, que es cerulea).

4 Ge y gi se pronuncian gue y gui (Gelidium es guelidium, Gigartina es guigartina).

5 X al inicio de una palabra se pronuncia como s (Xylococcus es silococus) y como parte de una palabra se pronuncia cs (Zanthoxylum es zanthocsilum) y la z como ds (Albizia es albidsia).

6 La j siempre se pronuncia como i (Jasminum es iasminum).

7 La v se pronuncia como u, pero se admite también como b o v (Vicia es uicia o bicia).

8 La doble ele (ll) se pronuncia como una sola l (Calliandria es caliandria).

9 Ph se pronuncia f (Triphyophyllum es trifiofilum).

10 Th se pronuncia como la letra griega theta, es decir, como th, similar a la pronunciación de la z en España.

11 La u siempre se pronuncia, aún si está al lado de q o g (Quercus es cuercus, Pinguicula es pingüicula).

Excepciones a estas reglas son los nombres científicos que provienen de otras lenguas (ni latín ni griego), que usualmente son las de la zona en la que habita la especie en cuestión y que se pronuncian como se haría en la lengua nativa. Esto incluye nombres científicos en honor de personas o lugares, como Campsicnemius charliechaplini, cuyo nombre específico, según las reglas, se pronunciaría karliekaplini, pero que, como su procedencia es el cómico Charlie Chaplin, se pronuncia charlichaplini.

Poniendo el acento en los nombres científicos

La acentuación de los nombres científicos es lo más sencillo del mundo, si con ello nos referimos a usar tilde, pues esta nunca se emplea. El asunto es algo más complicado si nos referimos al acento prosódico:

1 En la nomenclatura científica sólo existen palabras graves y esdrújulas, no hay palabras agudas (excepto, claro está, los monosílabos).

2 Las palabras que terminan en ceae llevan el acento antes de la c (familias como Rutaceae o clases como Phaeophyceae, que son rutacee y feoficee).

3 Las palabras de dos sílabas son graves (Ulex es ulex, Hebe es ebe).

4 Las palabras de tres o más sílabas son graves si:a) La penúltima sílaba contiene dos vocales juntas (anemopaegma es anemopegma, Arouna es arouna, Nimphaea es nimfea).b) La vocal de la penúltima sílaba es seguida de x o z (Lespedeza es lespedeza, paradoxa es paradocsa);c) La vocal de la penúltima sílaba es seguida de dos consonantes o que no se fundan para formar un solo sonido, como cc, ll, ss, tt, mm, ps, ct, rm, nt, sb, lp y nd (Agrostis es agrostis, Culisetta es culiseta, Pontentilla es pontentila)d) La vocal en la penúltima sílaba tiene un sonido largo, como en las palabras terminadas en:• -ata, -atus, -atum y -ates (echinata es ekinata, alatus es alatus, Dendrobates es dendrobates);• -ales y -alis (el orden Polipodiales es polipodiales, orientalis es orientalis);» -ana, -anus, -anum (africanus es africanus, mexicanum es mecsicanum)» -ica, -ina e -inae (Carica es carica);» -odes, -otes y -osis (Stratiotes es stratiotes);» -pogon (Heteropogon es heteropogon), -chlora (Hypochlora es hipoclora), soma (Xanthosoma es santosoma) y -ura (brachyura es brakiura).

5 Las palabras de tres o más sílabas son esdrújulas si la vocal de la antepenúltima sílaba es larga, lo que ocurre cuando:a) la vocal de la antepenúltima sílaba es seguida de otra vocal (Scorpioides es scorpioides);b) la vocal de la antepenúltima sílaba es seguida de una consonante (volubilis es volubilis);c) en la antepenúltima sílaba hay un diptongo ae, oe, oi, ei, ai o au (amoyensis es amoiensis).

6 Las palabras de tres o más sílabas son esdrújulas en palabras terminadas en -cera, -coris, -donax, -dytes, -grapha, -gnatus, -monas, -phaga, -phylla, -ptera, -pterix, -poda, -spora, -stoma, -toma, -coma, -ula (Campanula es campanula, Archaeopteryx es arkeopterics).

¿Los chicos prefieren el queso a las espinacas?

—Los chicos prefieren el queso a las espinacas verdes fritas (Kids Prefer Cheese Over Fried Green Spinach).

—¿Cómo dijo?

—Es un acrónimo para los siete niveles de la taxonomía: reino, filo, clase, orden, familia, género y especie (Kingdom, Phyllum, Class, Order, Family, Genre, Species).

—Impresionante.

Quizás más impresionante es que el diálogo no proviene de Plaza Sésamo ni de un documental, sino de un capítulo de la serie de televisión El mentalista (The Mentalist) donde se explica este truco mnemotécnico para recordar los siete niveles o categorías taxonómicas (ocho si, por arriba del reino, tomamos en cuenta el dominio).

POR LAS RAMAS DEL ÁRBOL DE LA VIDA

La taxonomía según los taxónomos y otros bichos académicos I

De acuerdo con el Wall Street Journal, el mundo tiene alrededor de 10 mil taxonomistas en activo. No es un gran número cuando se considera cuánto hay para ser registrado. Pero, el Journal añade, debido al costo (cerca de 2 mil dólares por especie) y el papeleo, sólo cerca de 50 mil nuevas especies de todos los tipos son registradas por año.

Bill Bryson,

Una breve historia de casi todo

Glandes homenajes

Priapulus es un género de gusano marino de forma cilíndrica que, al ser estimulado externamente cuando alguien lo toca— crece y se pone duro. Por este fálico comportamiento estos gusanos fueron bautizados en honor de Príapo, dios de la fecundidad en la mitología griega, dotado de un pene gigantesco.

Phallus impudicus (del latín phallus, del griego phallos, ‘pene’, y del latín impudicus, ‘sin pudor, desvergonzado’) es un hongo apestoso que parece un pene erecto. En su General Historie of Plants (1597), un erudito mamotreto de 1 mil 480 páginas, el botánico inglés John Gerard se refirió a esta especie como “fungus virilis penis effigie” o, para abreviar, simplemente como “el hongo verga”; dos siglos después, su colega y compatriota John Parkinson, en su tratado Theatrum botanicum (1640), decidió bautizarlo como Phallus hollandicus en honor de los holandeses (ignoramos la razón). Linneo transformó el gentilicio en adjetivo y gracias a él cada vez que vemos a este hongo con supuestas propiedades afrodisiacas, no tenemos por qué asociarlo con los habitantes de los Países Bajos.


Crónicas de los reinos vivientes I: donde se narra la creación de los cinco reinos de la vida


Los dos reinos

Hace mucho tiempo (unos tres siglos), en un lugar muy lejano (Suecia), Carlos Linneo ordenó la vida en un sistema jerárquico en el que, cual muñecas rusas, unos grupos formaban parte de otros.

Así quedaron ordenadas especies en géneros, géneros en familias, familias en clases, clases en órdenes, órdenes en filos y, para finalizar, filos en reinos; aunque no fue Linneo, sino el científico alemán Ernst Haeckel, quien introdujo en el siglo XIX los niveles de filo —cuyo nombre en latín, phyllum, es también muy usado en biología— y familia, si bien otros autores anteriores usaban ya nombres como subreino, círculo o tipo para referirse al filo.

Como muchos niños hoy en día, Linneo colocó a cada ser vivo que conocía en uno de dos reinos: animal o vegetal, y legó el hasta hoy inacabable trabajo de seguir ordenando a los seres vivos en manos de los actualmente llamados taxónomos. Pero la vida —o, para ser más precisos: los seres vivientes— resultó ser mucho más compleja de lo que pudo haber previsto Linneo y, aunque por más de un siglo los biólogos se las arreglaron con dos reinos, gracias al —o por culpa del— microscopio, muy pronto se dieron cuenta de que había cientos y miles de especies rebeldes —un alto porcentaje de ellas, formadas por una sola célula y microscópicas— cuyas características les impedían su segura inclusión en uno u otro reino.

Reino de los primerísimos

Como las fronteras entre animal y planta eran más bien difusas cuando de organismos como algas, bacterias y amibas se trataba, en 1859 el inglés Richard Owen propuso la creación del reino Protozoa (en griego, ‘primeros animales’) para nombrar lo que él consideraba “numerosos seres, mayormente de diminuto tamaño, que retienen la forma de células nucleadas” y que tenían “características orgánicas comunes” de plantas y animales; un año después, el naturalista británico John Hogg consideró que era necesario instaurar el Regnum Primigenium o, usando palabras menos rimbombantes, el reino Protoctista (que en griego significa ‘primeras criaturas’ o ‘primigenios’, ya que para Hogg los protoctistas eran seres vivos cuya existencia antecedía a la de animales y plantas, por lo que agrupó a las esponjas entre ellos). En 1863 los estadounidenses Thomas B. Wilson y John Cassin lanzarían su propia propuesta de nombre: reino Primalia.

El problema de qué hacer con los organismos que no eran ni plantas ni animales no quedaría ahí, y en 1866 Haeckel nos daría el nombre más popular —si bien no el más aceptado entre especialistas: la microbióloga Lynn Margulis, por ejemplo, considera que el nombre correcto es el de reino Protoctista— para englobar en ese entonces —no ahora— a todos los organismos unicelulares: el reino Protista (que en griego significa ‘muy primeros’ o, si usamos un superlativo, ‘primerísimos’). En el “reino de formas primitivas” de Haeckel, si tenía una única célula y se parecía más a un animal, sería un protozoa; si era más bien parecido a una planta, se trataría de un protofita. ¿Más de una célula? Entonces estaría en el reino Histonia, formado por los subreinos Metafita —plantas— y Metazoa —animales—. Así, seguimos teniendo dos reinos y, por fin… ¿todos los taxónomos contentos? En realidad, la pax taxonomica duraría muy poco, pues la llegada de un nuevo tipo de microscopio complicaría las cosas nuevamente y de manera definitiva.

Reino de los solitarios

Hacia 1930 los primeros microscopios electrónicos hicieron su aparición y dificultaron considerablemente la enseñanza de la microbiología a partir de los dos reinos del sistema de Haeckel debido a lo que gracias a ellos se pudo observar: había seres unicelulares que tenían un núcleo bien definido dentro de una membrana; otros —las bacterias y las algas verde-azules o cianobacterias—, por el contrario, carecían de este. Con o sin núcleo sería la frontera que haría necesaria la creación de un nuevo reino. Sería el biólogo estadounidense Herbert F. Copeland quien propusiera en 1938 una taxonomía basada en cuatro reinos: Animalia, Plantae, Protista y Monera (que en griego significa ‘solitario’) para incluir a bacterias y cianobacterias. El término Monera tiene su origen en el nombre Moneres, que Haeckel había usado como una subdivisión de su reino Protista.

En 1947 el mismo Copeland señaló que Protoctista tendría que ser el nombre adecuado —en lugar de Protista— para referirse al cajón de sastre en el cual guardar la “miscelánea” —término usado por el propio Copeland— de organismos con núcleo, ya sea que fueran unicelulares o multicelulares, que no reunían las características de plantas o animales.

El fin de la taxonomía (de la tradicional, al menos)

En 1969 los hongos se declararían separatistas del reino Vegetal y formarían su propio reino, el Fungi, gracias al ecólogo norteamericano Robert H. Whittaker, quien utilizó como principal criterio de agrupación las tres formas principales de nutrición de los seres vivientes: absorción, ingestión y autotrofía, así como la evolución de unicelular a multicelular. En sus cinco reinos, Whittaker reconocería la separación entre organismos procariotas y eucariotas —los que Copeland identificaba con los términos anucleado y nucleado—, nombres propuestos por el francés Edouard Chatton en 1938.

La clasificación de Whittaker representaría el fin de la taxonomía tradicional, basada en semejanzas morfológicas y ecológicas, pues una revolución había comenzado en 1953 en biología: James Watson y Francis Crick —a partir del trabajo experimental de Rosalind Franklin (esta editorial no desea incomodar a sus lectoras feministas)— habían descubierto la estructura en forma de hélice del ADN, la molécula que contiene la información genética de cada ser viviente, y con ello abrían la puerta para todas las clasificaciones taxonómicas basadas en las relaciones a nivel genético entre especies… pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión (de hecho, en otras páginas de este libro).


Errare nomenclatorum est

Scrotum humanum es el nombre del primer fósil de dinosaurio reportado en la literatura científica. En su obra de 1677, The Natural History of Oxfordshire, el reverendo Robert Plot concluyó que ese fragmento de fémur fosilizado, de más de medio metro de circunferencia, tenía que pertenecer a la bíblica estirpe de los humanos gigantes que poblaron la Tierra en tiempos anteriores al diluvio —Plot hacía honor a su título de reverendo: de reverendo crédulo.

El dibujo con que Plot acompañó la descripción de este pedazo petrificado de muslo se asemejaba bastante a un par de testículos, por lo que en 1763 el naturalista Robert Brooke decidió bautizar a la especie a la que pertenecieron en vida estos restos como Scrotum humanum en su obra de interminable título: Historia natural de las aguas, tierras, piedras, fósiles y minerales. Con sus virtudes, propiedades y usos medicinales: a lo cual se añade el método con el que Linnaeus ha tratado estos temas.

Actualmente todo parece indicar que el fósil en cuestión corresponde al dinosaurio carnívoro Megalosaurus bucklandii, pero de acuerdo con las reglas establecidas por Linneo, el apelativo genital tendría que ser el apropiado al hablar de este dinosaurio. En 1993 dos paleontólogos recomendaron abandonar por completo la ocurrencia de Brooke, moción que fue aceptada por la Sociedad Linneana, para tranquilidad de los amantes de las bestias mesozoicas.

La magia de un nombre

Abra cadabra es un molusco bivalvo del mismo grupo que almejas y ostiones. Su nombre remite a las palabras de encantamiento que en la antigüedad se pronunciaban para curar la fiebre. Prueba de que carecía de todo encanto es que este animal está extinto y son sus restos fósiles los que Frank Eames y G.L. Wilkins identificaron en 1956, con tan mala suerte que este último murió antes de que se aceptara un nombre tan hechizante.

El infortunio de estos ocurrentes científicos no acabó ahí porque, como el molusco pertenecía en realidad a otro bien conocido género, Theora, en 1957 tuvo que ser bautizado como Theora cadabra. Y en 1918… ¡abracadabra! La propuesta original fue escamoteada, finalmente, por Theora mediterranea, haciendo referencia a la región en que vivía, en el suroeste de Irak. Como consuelo hechizo, Abra cadabra continúa siendo sinónimo de Theora mediterranea.

¿Anatomía o taxonomía?

Gluteus minimus (del latín glutaeus, del griego gloutos, ‘la grupa’; y del latin minimus, ‘el más pequeño’) no es, en este caso, uno de los músculos que de mínimo no tienen más que el nombre en ejemplares de Homo sapiens como Jennifer Lopez o Kim Kardashian. En 1975 dos paleontólogos llamaron así a una especie fósil que, a la fecha, ignoramos si se trata de un invertebrado o del diente de un pez del periodo Devónico. Lo que sí sabemos es que, a pesar de que lo parece, no es el minúsculo trasero fosilizado de algún animal.

Colon rectum (del griego kolon, ‘miembro’) es un escarabajo condenado a ser para siempre confundido con temas colorrectales desde que el entomólogo Melville Harrison Hatch no pudo evitar rematar con este nombre a una de las especies del género Colon. Desde entonces, se tiene noticia de que algunos taxónomos han omitido citar esta especie en más de una de sus listas.

El artrópodo manos de tijera

Kootenichela deppi es un artrópodo de grandes apéndices que vivió durante el periodo Cámbrico. Con “grandes apéndices” los paleontólogos se refieren a que estos invertebrados tenían enormes —en comparación con el resto del cuerpo— patas delanteras modificadas que les permitían agarrar a su presa mientras se la comían (dicho en términos técnicos, contaban con apéndices raptoriales).

El nombre genérico alude desde 2013 tanto a sus grandes apéndices (chela es ‘garra’ en latín) como al lugar en el que fue descubierto, muy apropiadamente, por David Legg (leg significa ‘pata’, ‘pierna’ en inglés): el Parque Nacional Kootenay, en Canadá. El nombre específico es un tributo al actor Johnny Depp en su papel de Edward Scissorhands, en la película del mismo nombre, ya que los apéndices raptoriales de la especie tienen un aspecto muy similar a las manos de tijera del joven monstruo creado por Tim Burton en 1990.

¡La paloma!, ¡la cucaracha!, ¡la cerveza!

En 1919 G. F. Hampson nombró un género de polilla como Neerupa, sin sospechar que en 1966 su colega Stanislaw Bleszyński re-nombraría parte de las especies del género como La y aprovecharía su uso en español como artículo gramatical para bautizar a dos polillas bolivianas como La cucaracha y La paloma.

Ese mismo año (1966), aunque el malacólogo Dwight Taylor no gritó ¡lotería! cuando descubrió una especie de caracol gasterópodo en Cuatro Ciénegas, Coahuila, no pudo menos que exclamar el equivalente en inglés de la expresión mexicana ¡ay caramba!, y bautizarlo como Paludiscala caramba.

El juego taxonómico lo continuó en 1995 un tercer colega, Bernard Landry, al ponerle La cerveza a otra polilla texana y, en el mismo tono humorístico, llamar Almita texana a una cuarta polilla paisana, por supuesto, de aquella que despierta la sed de más de uno, entomólogo o no.

Kate Winslet, Liv Tyler y otros nombres Agra dable-s

Agra dable es una de las muchas combinaciones posibles que este versátil género de escarabajos —que incluye más de seiscientas especies— permite a entomólogos que gustan de los juegos de palabras, como Terry L. Erwin, quien tan sólo en el año 2002 bautizó 29 nuevas especies de escarabajos Agra, hallados en Costa Rica con nombres tan agradables y agraciados —cuestión de gustos— como las personalidades reales o de ficción que cohabitan en la cabeza de este científico, entre ellas:


 ■ Kate Winslet (Agra katewinsletae): “su personaje [en Titanic] no se hundió con el barco, pero no seremos capaces de decir lo mismo de esta elegante especie boscosa, si toda la selva tropical se convierte en pastizales”.

 ■ Liv Tyler (Agra liv), porque “la existencia de este escarabajo depende de que no ocurra un Armagedón” como el de la película protagonizada por la actriz.

 ■ Catherine Bell (Agra catbellae), por la estrella de la serie de televisión JAG y porque este escarabajo comparte hábitat con un hermoso “gato” (en inglés, cat): el jaguar.

 ■ Arnold Schwarzenegger (Agra schwarzeneggeri), en referencia a su notablemente bien marcados fémures —una parte de la pata de estos insectos—, parecidas a bíceps y que recuerdan al ex Gobernator.

 ■ Lilu (Agra lilu), por la cabeza rojiza de esta especie, que rememora la cabellera roja de Lilu, personaje principal de la película El quinto elemento, interpretado por Mila Jovovich.

 ■ Dax (Agra dax), dedicada al personaje de la serie de televisión Star Trek, Deep Space Nine, interpretado por la actriz Terry Farrell.

 ■ Éponine Thénardier (Agra eponine), por “la desafortunada pilluela callejera de Los miserables de Victor Hugo, quien, en la versión de Broadway de la historia, personifica la belleza trágica. Tal es el estado de las selvas tropicales donde viven estos escarabajos”.

 ■ Los pitufos (Agra smurf, smurf es ‘pitufo’ en inglés), en referencia a la forma de la cabeza del escarabajo, similar a la de Papá Pitufo y a la de los otros cien pitufos de la aldea.

 ■ E. O. Wilson, el mirmecólogo (especialista en hormigas) más famoso del mundo y quien fue homenajeado indirectamente por Erwin al nombrar como Agra conhormigas a un escarabajo que, junto con otras 48 especies de hormigas, cubría prácticamente un árbol del cual Erwin recolectó todos estos insectos en 1982. Erwin envió estas especies de hormigas a E. O. Wilson para su estudio.En otras páginas el lector tendrá oportunidad de comprobar que no será esta la última vez que se tope conErwin y sus escarabajos Agra.

El poderoso Thor… y otros dioses asgardianos

No sólo los cómics pueden apropiarse de la mitología nórdica para nombrar a los superhéroes. Las especies que rinden tributo a los dioses de Asgard incluyen a:

 ■ Aegirosaurus leptospondylus (en latín, ‘lagarto con vértebras delgadas’) es un ictiosaurio del Jurásico llamado así por Aegir, dios del océano.

 ■ Asgardaspira es un caracol cuyo enroscamiento de su concha recuerda a la serpiente gigante que rodea a… ¿Asgard, hogar de los dioses nórdicos? No, más bien a Midgard, la Tierra Media, nuestro mundo (¿por qué, entonces, no la bautizaron como Midgardaspira?) La morada de Odín y los suyos es también parte de Cryptococcus asgardensis, una especie de hongo antártico.

 ■ Clossiana freija es una mariposa cuya belleza nos recuerda a Freiya/Freya/Freja/Freija, la diosa de la fertilidad. Freya es también el género de una planta y de una araña.

 ■ Clossiana thore lleva en su especie al, ahora famoso, dios del trueno.

 ■ Eoconodon nidhoggi es un mamífero prehistórico, ancestro de las ballenas actuales, cuyos fósiles se hallaron en la localidad de Purgatory Hill (Montana, Estados Unidos). Su nombre está asociado a otro animal de monstruosas dimensiones, si bien mítico: el dragón Nidhogg, quien yace aprisionado en las raíces del árbol Yggdrasil, que conecta los nueve mundos de la cosmología escandinava.

 ■ Midgardia xandaros es la estrella de mar con los brazos más largos que los de cualquier otra especie de estos equinodermos: 67 centímetros en un cuerpo de tan sólo 2.6 centímetros de diámetro. Nombrada así por Midgardsormr, la serpiente de Midgard que, al igual que esta estrella, yace en el fondo del mar. Y si en la película Furia de titanes pudieron coexistir fabulosos seres nórdicos y griegos, ¿por qué no en la taxonomía biológica? Así, Xandaros es un monstruo marino de la mitología griega.

 ■ Ragnarok no es tan sólo la batalla del fin del mundo, sino también el sinónimo con el que se conoce a Baioconodon, el género de un mamífero prehistórico.

 ■ Thor es un género de camarón nombrado como el dios del trueno siglos antes de que este saltara a la fama mundial. J. S. Kingsley, su descubridor, no dio explicación alguna sobre su razón de bautizar a una especie caribeña como una deidad nórdica, pero un siglo después el biólogo John C. Markham nombró como Loki, el dios que “frecuentemente acompañaba a Thor y le causaba un considerable problema”, a otro género de crustáceo que parasita al camarón Thor.

 ■ El “apellido” de la comúnmente llamada musaraña acorazada de Thor (Scutisorex thori) está asociado con la deidad del martillo no sólo por su superfuerza, ya que su columna vertebral es cuatro veces más fuerte que la de cualquier otro animal que habita este mundo, sino como homenaje al zoólogo Thorvald Thor Holmes. Especies tan disímiles como un ácaro (Heminothrus), un copépodo (Scottocalanus) —recuerden a Sheldon J. Plancton, el personaje de Bob Esponja— un lenguado (Arnoglossus), un bacalao y muchas más, llevan también unido al género la palabra thori (‘de Thor’) para indicar a los investigadores, homónimos del poderoso hijo de Odín, que las descubrieron.

Desde Disneylandia, los taxónomos presentan…

Adelopsis dumbo es un escarabajo, descubierto en Colombia en 2001; su edeago —el órgano reproductor— y la proyección que tiene en la punta de este asemejan una trompa y una oreja, lo que le da cierto parecido al orejón elefante volador.

Bambiraptor es un dinosaurio, parecido a un ave, que vivió hace 75 millones de años y que medía menos de un metro de largo. Su tamaño minúsculo fue la causa de un bautizo tan tierno, aunque se especula que el fósil de Bambiraptor estudiado podría tratarse en realidad de un ejemplar juvenil de Saurornitholestes. Como nadie está seguro aún y el nombre es ya popular en paleontología, así ha permanecido en espera de nueva evidencia.

Hakuna matata (en suajili, ‘no te apures, no hay problema’) es una especie de avispa descubierta en 2006 en Uganda que “perpetúa el lema de la película de animación El rey león que mejor encierra el espíritu africano”.

Misumena mickeyi es una araña descubierta en 2012 en la India. En su abdomen parece que un admirador de las caricaturas del famoso ratón lo hubiese tatuado ahí (con un poco de imaginación), razón suficiente para nombrar así a esta especie.

¿NomenKlatura? De la extrema izquierda a la extrema derecha

Lejos de ser apolíticos o apartidistas, y al igual que la mayor parte del mundo, es común que los taxónomos compartan simpatías y fobias por figuras pertenecientes a muy distintas franjas del espectro político. ¿Políticamente incorrecto? Sin duda en más de un caso, pero siendo científicamente correcto y dado que ningún código de nomenclatura lo prohíbe, no hay más que apechugar si no compartimos las convicciones de quien eligió a tan, en ocasiones, controvertidos personajes para nombrar su especie, como son:

 ■ Adolfo Hitler y Anophthalmus hitleri, un escarabajo ciego que habita en cuevas de Eslovenia. De acuerdo con la periodista Rose George, en 1933 el biólogo que descubrió esta especie se la vendió a Oscar Sheibel, un coleccionista alemán, quien quiso honrar así a su héroe, en ese entonces canciller de Alemania. Hitler le envió una carta de agradecimiento a Sheibel y con ello firmó la suerte del escarabajo de acuerdo con las normas de la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica, que desde entonces nos recuerda al Führer y está en riesgo de extinción por culpa de los coleccionistas de este tipo de curiosidades. En 1934 otro fan del líder del partido nazi, Paul Guthörl, bautizó como Rochlingia hitleri al fósil de un palaeodictióptero, un orden extinto de insectos que vivieron durante el Paleozoico.

 ■ George Washington, primer presidente estadounidense, y Washingtonia, un género de palmeras.

 ■ Thomas Jefferson, tercer presidente estadounidense y Jeffersonia, un género de plantas; Chesapectin jeffersonius, un molusco bivalvo que vivió en la costa de Virginia, Estados Unidos, en el Plioceno; y Megalonyx jeffersonii, un perezoso gigante del Mioceno.

 ■ Napoleón Bonaparte y el árbol africano Napoleonaea imperialis, descrito en 1804, año de la coronación del general francés como emperador.

 ■ El rey Kamehameha I, quien unificó las islas Hawái en 1810, y Mitra kamehameha, un caracol marino de estas y otras islas del Pacífico.

 ■ Jules Grévy, tercer presidente de la Tercera República Francesa, y la cebra de Grevy Equus grevyi, descrita a partir de un espécimen regalado al mandatario por el emperador de Etiopía en 1882.

 ■ Mao Zedong, fundador de la República Popular China, y la “bestia de Mao”: el Maotherium, un género de mamíferos extintos del Cretáceo descubierto en Liaoning, China, en 2003 (therium es ‘bestia’ en griego).

 ■ Ross Perot, candidato a la presidencia de Estados Unidos en 1992, y Pachyrhinosaurus perotorum, dinosaurio con cuernos que vivió durante el Cretáceo y cuyos restos fósiles fueron descubiertos en Alaska en 2012. El nombre específico es un reconocimiento a Ross, su esposa Margot y sus hijos, “quienes han demostrado una larga historia de apoyo a la ciencia y a la educación científica para el público”.

 ■ El undécimo presidente de la India, A. P. J. Abdul Kalam, “quien encendió las jóvenes mentes hacia el verdadero mundo de la ciencia y la tecnología”, y el pez gato Horaglanis abdulkalami, hallado en 2008 en un pozo de Kerala, India.

 ■ El emperador de Japón Hirohito y Rotaovula hirohitoi, un caracol marino. El emperador dedicó gran parte de su vida al estudio de la biología marina y construyó su propio laboratorio en el Palacio Imperial de Tokio, donde, a lo largo de los años, recibió más de 28 mil especímenes de criaturas marinas de todo el mundo para su clasificación.

 ■ El emperador de Japón Akihito, hijo de Hirohito, y Exyrias akihito, un pez marino arrecifal de la familia de los gobios que vive en el océano Pacífico. Fue bautizado en 2005 en reconocimiento a las aportaciones del emperador —quien estudió biología marina— en el estudio de los gobios, en los que es especialista.

 ■ Andrés Manuel López Obrador (sí, leyó usted bien), presidente de México y fundador del partido Movimiento Regeneración Nacional y Magnolia lopezobradorii, una especie de árbol nombrada en 2012 y descubierta en Los Tuxtlas, Veracruz.


Escenarios shakesperianos

Los personajes de William Shakespeare son interpretados, más cómica que trágicamente, en el Teatro de la Vida por un sinnúmero de especies. En el escenario tenemos, por ejemplo, que:

 ■ El celoso protagonista homónimo de Otelo ha servido para bautizar a dos libélulas (Agyrthacantha othello y Camacinia othello) un escarabajo (Agra othello), un caracol de mar (Natica othello), una polilla (Acronicta othello), un gorgojo (Rhyncogonus othello) y una mosca (Molophilus othello). La esposa del celoso Otelo es el género de un gusano poliqueto (Desdemona), mientras que su traicionero sirviente presta su nombre a un género de tiburones (Iago).

 ■ El travieso duende Puck, sirviente de Oberón, nombra a un pez de las profundidades marinas: Puck pinnata, donde la especie (del latín pinnatus, ‘en forma de pluma’) hace referencia no al órgano bioluminiscente que cuelga desde su cabeza y enfrente de él como piñata, sino a sus aletas pectorales alargadas.

 ■ La reina de las hadas, Titania, de El sueño de una noche de verano en su condición de habitante de los bosques ha sido una elección recurrente a la hora de bautizar a seres que comparten su hábitat, en especial insectos, incluyendo mariposas (Clossiana titania, Catagramma titania, Callicore texa titania), libélulas (Neuraeschna titania), polillas (Acontia titania, Catocala titania), zancudos (Tipula titania y Nesopeza titania), escarabajos (Cosmisoma titania) y muchos otros más. Además de insectos, llevan este nombre un hongo (Titania berkeleyi) y un murciélago que vive en bosques del sureste de Asia (Kerivoula titania), descubierto en 2007. En una orquídea (Oberonia titania) se reúne la pareja real de esta obra fantástica.

 ■ El general Macbeth ha quedado inmortalizado en una especie de mariposa (Talicada macbethi) y en una araña hawaiana que rinde tributo igualmente al director de Ciudadano Kane (Orsonwelles macbeth); todo parece indicar que el zoólogo que bautizó a este arácnido era amante tanto de Welles como de Shakespeare, ya que nombró otras tres especies con personajes de otras de sus obras: O. othello y O. falstaffius (sir John Falstaff aparece en Enrique IV y en Las alegres comadres de Windsor).

 ■ Romeosaurus fumanensis es un dinosaurio cuyos fósiles fueron encontrados en el año 2013 en la localidad de Fumane —de ahí el nombre de la especie—, cerca de Verona, ciudad donde se desarrolla Romeo y Julieta. No existe, a la fecha, un Julietasaurus.

El príncipe rana

La rana de torrente de Cuellaje es una especie del género Hyloscirtus cuyo nombre común alude a que ha sido identificada únicamente en riachuelos con cascadas de la zona de Cuellaje, en una rama de la coordillera de los Andes localizada al norte de Ecuador, a más de 2 mil 700 metros de altitud.

La ranita —mide unos siete centímetros— está en peligro de extinción y, para reconocer los esfuerzos conservacionistas de Su Alteza Real Charles Philip Arthur George Windsor, mejor conocido por nosotros, los plebeyos hispanoamericanos, como Carlos, príncipe de Gales, el patronímico creado para su nombre específico es princecharlesi.

Luis A. Coloma y sus colegas responsables del descubrimiento señalan: “En su llamado a detener la deforestación tropical, el Príncipe Carlos usa las ranas como símbolos, y su Campaña SOS Rainforests incluye un video con una rana como embajador de la selva tropical. Por esta razón él es afectuosamente conocido por los medios como ‘el príncipe rana’. El Príncipe Carlos está contribuyendo notablemente a la sensibilización en la batalla contra la deforestación tropical, el cambio climático y la extinción catastrófica de anfibios de la selva tropical. Su trabajo está conduciendo a una mayor concientización de estos problemas y esta mayor concientización beneficia la conservación de la biodiversidad, la sustentabilidad, el alivio de la pobreza y la protección del funcionamiento de los ecosistemas para las generaciones presentes y futuras”.

“Su continua misión: explorar extraños, nuevos mundos…”

Todo fan de Star Trek reconoce de inmediato las palabras con voz en off con las que inicia cada episodio de esta saga espacial, por lo que no es extraño que sirvieran de inspiración a los biólogos y trekkers Hannelore Hoch, Manuel Naranjo y Pedro Oromí durante su expedición a una cueva artificial (una mina de agua) localizada en las islas Canarias y en la que descubrieron una especie de insecto-hoja (un fulgoromorfo) cavernícola, Meenoplus roddenberryi, que es homónima del visionario creador de las aventuras de la tripulación del U.S.S. Enterprise.

De acuerdo con los biólogos aventureros, “Gene Roddenberry estaba fascinado por la exploración de lo desconocido, y estamos seguros de que habría estado encantado con el descubrimiento de la nueva forma de vida descrita aquí [en su artículo de 2012 que, en una forma no muy común en los títulos de publicaciones científicas, inicia con la frase: ‘Testigo de un mundo perdido’]”. Y es que, concluyen Hoch, Naranjo y Oromí, “buscar nuevas formas de vida […] viajando temerariamente a donde nadie ha llegado antes, aplica tanto al espacio como a la bioespeleología”.

Los españoles hacen justicia a su fama de estar entre los trekkies más apasionados, al menos dentro de la taxonomía, pues en 2009 otro equipo de paleontólogos no perdió la oportunidad de nombrar una especie de cangrejo ermitaño del género Annuntidiogenes, que vivió a mediados del Cretáceo en Navarra, al norte de España, como A. worfi, por el teniente Worf, “interpretado por el actor estadounidense Michael Dorn, uno de los principales personajes tanto en las películas de Star Trek (The Next Generation, Deep Space Nine) y en cintas subsecuentes basadas en The Next Generation, en referencia al ornamento arrugado de la región anterior gástrica”.

En un ecosistema muy, muy cercano…

En el mismo año en que finalizó la trilogía original de La guerra de las galaxias, los entomólogos Arnold Menke y David Vincent invadieron al nada polémico género de avispas Polemistus con homenajes cinematográficos como P. chewbacca, P. vaderi y P. yoda.

En 2005 Kelly Miller y Quentin Wheeler, también entomólogos, nombraron a un escarabajo Agathidium vaderi por la similitud entre su cabeza y el casco del villano Darth Vader; al parecer, sucumbieron al “lado oscuro de la Fuerza”, pues bautizaron a otros tres escarabajos como A. bushi, A. rumsfeldi y A. cheneyi en honor del expresidente, exsecretario de Defensa y exvicepresidente de Estados Unidos George Bush, Donald Rumsfeld y Dick Cheney —responsable este último de aprobar la llamada Iniciativa de Defensa Estratégica, popularmente conocida como Guerra de las galaxias—. Si no hay aún insectos, ni ninguna otra especie, bautizados como Jar Jar Binks u otros personajes de la segunda trilogía, no podemos culpar a los taxónomos, pero sí a George (Lucas, no Bush).


Darth Vader es, por lo visto, el personaje favorito de esta saga entre taxónomos: todo un género de ácaros lleva el nombre de Darthvaderum por Glent Hunt, quien asegura que pensó inmediatamente en él al ver la micrografía del bicho tomada con un microscopio electrónico. Adelomyrmex vaderi es una hormiga cuyo aspecto oscuro evoca al padre de Luke Skywalker, o por lo menos eso le parece a Fernando Fernández, nombre no científico del fan científico que la descubrió en 2003. Bajo el manto de Lord Vader se hallan también, por su color negro brillante/casco de Darth Vader, una libélula (Thricops vaderi), una avispa (Arketypon vaderi), un cangrejo (Garthambrus darthvaderi) descubierto en 2009, y un milpiés, hallado en 2010, cuyo escudo anal se parece al casco de este personaje. No debemos incluir aquí a dos especies de crustáceos (Pseudoaeginella vaderi y Epimeria vaderi), quienes en realidad homenajean a otro “Lord” homónimo al fílmico: Wim Vader, profesor de zoología.

Han solo es un trilobite —un organismo prehistórico— cuyo género, en rigor, no es un homenaje al personaje interpretado por Harrison Ford en La guerra de las galaxias, sino que hace referencia al grupo étnico han, originario de China, en tanto que solo se refiere a que es la especie fósil más antigua de la familia Diplagnostidae, en la que se hallan los trilobites. A pesar de tan fundamentada explicación, Samuel Tuvey, descubridor de esta especie en 2005, afirma que la más mundana verdad es que nombró al trilobite como Han Solo porque sus amigos apostaron que no se atrevería a usar a un personaje de una saga fílmica tan famosa.

Una especie de pez gato del río Gurupí en Brasil es tan parecido al cazador de recompensas Greedo de Rodia, que no hubo más remedio que llamarlo, desde 2015, Peckoltia greeedoi.

La casa en esta galaxia de los jedi, al menos de las hormigas de esta especie, se halla en la isla de Madagascar. Tetramorium jedi fueron bautizadas en 2012 “como los ficticios, nobles y sabios guardianes de la paz”.


La araña Apostichus sarlacc vive en refugios subterráneos, en el desierto de Mojave, que recuerdan las trampas de arena de la gigantesca criatura de las arenas de Taooine que conocimos en El regreso del Jedi y a la que honra desde 2012.

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22 ekim 2025
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