Kitabı oku: «Metáforas del desempeño»
Luis María Cravino
Prólogo de José Luis Roces
Metáforas del desempeño
Innovación para el desarrollo organizacional

Índice
Cubierta
Portada
Créditos
Prólogo del Ing. José Luis Roces
Prefacio
Capítulo 1. Introducción Una metáfora vale más que mil palabras Estructura del libro
Capítulo 2. La gestión del desempeño: ¿qué es realmente? Un breve recorrido histórico… Explicación breve de la diferencia entre “Evaluación del desempeño” y la “Gestión del desempeño”
Capítulo 3. Metáforas del desempeño Darmok Inventario de principales metáforas, imágenes o alegorías para representar la gestión del desempeño
Capítulo 4. Una buena combinación Eje brújula-contrato Eje balanza-justicia Eje conversación-desarrollo Eje información-inteligencia FACTOR T (T de tecnología) Los 4 ejes + el Factor T: un modelo de análisis y reconfiguración innovadora Modelos incompletos o desbalanceados La crisis de la gestión del desempeño y la formulación de un modelo innovador, integral y sostenible Manifiesto de la gestión del desempeño
Capítulo 5. Eje brújula-contrato Identidad El cómo (las competencias) Addendum específico para la cuestión de las competencias Metáforas, imágenes o alegorías para conceptualizar los objetivos Addendum específico para la cuestión de los objetivos
Capítulo 6. Eje balanza-justicia Toda evaluación genera un juicio Juicio histórico. Juicio objetivo. Juicio competitivo. Juicio valorativo Tipos de evaluación Cómo se evaluan los objetivos, las competencias o comportamientos clave, y el desempeño global Cómo evaluar competencias o comportamientos clave Cómo evaluar el desempeño global Quiénes evalúan el desempeño Coda: breve ensayo sobre cómo mejorar el eje balanza-justicia
Capítulo 7. Eje conversación-desarrollo Claves para la gestión exitosa del eje conversación-desarrollo
Capítulo 8. Eje información-inteligencia + factor T Una breve historia… que termina en el futuro Cómo desplegar el eje información-inteligencia El uso inteligente de la información del desempeño (un ensayo intencionalmente inconcluso) Coda: el factor T (T de tecnología)
Capítulo 9. Mi caja de dispositivos y herramientas Primera clave: “El despliegue amplio y simultáneo de los 4 ejes + el factor t contribuye a la mejora sustentable de la gestión del desempeño” Segunda clave: “Toda intervención sigue una serie de etapas” Tercera clave: “El diseño o la mejora del modelo de competencias es una instancia crucial” Cuarta clave: “Los objetivos no surgen espontáneamente” Quinta clave: “El eje balanza-justicia debe ser reconfigurado a partir de nuevos mecanismos para evaluar” Sexta clave: “Es conveniente integrar todos los elementos de la gestión del desempeño, pero no los de todas las políticas de Recursos Humanos” Séptima clave: “La capacitación es condición necesaria, pero no suficiente” Octava clave: “El área de recursos humanos ‘juega su credibilidad’ con el correcto despliegue del eje información-inteligencia” Novena clave: “La gestión del desempeño debería ser tan simple como sea posible, pero no más simple” Décima clave: “La gestión del desempeño es una de las principales herramientas para que todos tengamos un trabajo feliz”
Epílogo
Bibliografía
Sobre este libro
Sobre el autor
Cravino, Luis María
Metáforas del desempeño / Luis María Cravino. - 1a ed. revisada - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Temas Grupo Editorial, 2019.
Libro digital, Amazon Kindle
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-3887-87-1
1. Administración de Recursos Humanos. 2. Estrategia. 3. Capital Humano. I. Título.
CDD 658.3
© Luis María Cravino, 2017
© ITBA, 2017
Av. Madero 399
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Teléfono: +54 11 2150 4800
www.itba.edu.ar
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Dirección : Jorge Scarfi
Coordinación general: Julieta Codugnello
Organización & arte de cubierta: Betiana Cabutti
Edición y corrección general; Paula Yeyati Preiss
Comunicación & Marketing: Martín Scarfi
Diseño & Diagramación: Caterina Tabbia
Conversión a formato digital: Libresque
Imagen de cubierta: © iStock by Getty Images / alphaspirit
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723 Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este libro en cualquier forma y medio sin previo permiso por escrito de los autores y/o titulares de Copyright.
PRÓLOGO
Toda invitación a escribir un prólogo tiene para mí un sentido trascendente, semejante al de elegir el padrino para un hijo. En cierta medida y en otra dimensión, un libro para quien lo escribe es un proceso de creación personal, y elegir al prologuista es una decisión singular. Agradecido por este reconocimiento, trataré de compartir con ustedes mis reflexiones en dos sentidos: el significado que le asigno a la obra y la valoración que hago a través de ella de la trayectoria de Luis María Cravino.
Cuando él nombra en el prefacio a los innumerables amigos y colegas que le insistimos para que escribiera un libro sobre del desempeño, recuerdo haberme sumado a ese pedido. Enhorabuena, nuestra recomendación finalmente culminó en esta obra.
Había dos razones para que creyera útil y necesaria la realización de este libro. Primero, la gestión del desempeño es uno de los temas más importantes en la dirección de las organizaciones; sobre ella, circulan muchísimas opiniones encontradas y grandísimas confusiones. Segundo, luego de casi 50 años de labor profesional —habiéndome especializado en temas de dirección, organización y liderazgo—, no conozco a nadie mejor que Luis María para poder esclarecer estos dilemas.
Este libro es original y de gran utilidad tanto para especialistas como para generalistas. Está escrito con claridad y sencillez, una de las virtudes de su autor. Además, se encuentra fundamentado en sus vivencias personales como consultor y en los miles de horas de diagnóstico y diseño organizacional que ya acumula en su joven espalda. No se limita a repetir lo que dicen los autores clásicos, cuando los menciona, es porque avala sus afirmaciones desde su experiencia. No presenta recetas, porque él tampoco cree en ellas. La ausencia de definiciones taxativas es una invitación a la reflexión de los lectores y sirve para poner en evidencia la complejidad del tema abordado.
¿Por qué creo que este es un libro de impacto? Porque describe en forma genial los embrollos y confusiones que se viven en las organizaciones, a través del artilugio de las metáforas. Esto es un acierto que pondrá al descubierto para muchos de sus lectores las contradicciones de sus propias prácticas. Otra virtud del autor es que nunca deja en ridículo a sus interlocutores. En la cotidianeidad, siempre opta por alguna reflexión graciosa y sugestiva, en vez de caer en un vocablo ofensivo. Hay un chiste que lo ejemplifica muy bien: “A una persona ya entrada en la vejez le preguntan cuál cree que es la clave para la vida. Este contesta: ‘Nunca contradecir a nadie’. Perplejo el interlocutor le dice: ‘No puede ser’. A lo que el anciano replica: ‘Tiene razón’. Ese es Luis María.
El capítulo de “Metáforas del desempeño” es medular. Expone todas las razones por las cuales un área tan importante para cualquier organización, como lo es la gestión del desempeño, está mundialmente tan mal aplicada. Alguna vez, hablando con colegas de McKinsey, me dijeron que en sus estadísticas el 93% de las empresas globales la aplican y solo un 7% de ellas está satisfecho. Luis María da prueba de ello con sus variadas alegorías, donde condensa su rica experiencia.
Otra característica que quiero destacar es que, a pesar de las innumerables empresas y dirigentes del país y del exterior con los que ha trabajado Luis María, los ejemplos que utiliza siempre preservan la confidencialidad de sus protagonistas. Los que lo conocemos mucho y hemos compartido horas de capacitación con él, nunca lo vimos sobrepasar la prudente reserva de sus comentarios —otro atributo valioso de su personalidad—. No encontraremos menciones con nombre y apellido en el libro, ni tampoco las conocemos quienes oímos sus exposiciones o presentaciones; no hay nada que permita identificar las debilidades o virtudes de sus clientes. Es una característica no habitual en muchos consultores y valiosa en la relación profesional.
Finalmente, Luis María nos aporta cuatro ejes para describir los modelos existentes y agrega un factor clave para el futuro de todas las instituciones en el siglo XXI: la incorporación de la tecnología. Esta última contribución es muy importante, ninguna organización o sector de actividad podrá ser indiferente a las nuevas técnicas, en especial en el formato digital. El potencial que tiene esta área para mejorar la capacidad de gestión mediante el uso de la información y la detección de patrones de comportamiento, constituye el origen de la disciplina más impactante hoy en día: People Analytics. Estamos en los umbrales de cambios significativos en el campo y solo los podrán desarrollar con éxito quienes los hayan entendido desde la riqueza conceptual que Luis María expone en su obra. A las opiniones subjetivas les debemos agregar datos duros y de ellos inferir patrones de comportamiento. De esta forma, llegaremos a la deseada personalización, con la cual superaremos las ficticias homogeneidades que el reduccionismo mecanicista nos mostró hasta el presente.
Por todo lo expuesto hasta ahora, el libro de Luis María es oportuno, una invitación a crear un puente hacia el futuro, donde la tecnología informática pueda usarse a favor de las personas y de una sociedad más equitativa y justa. Si podemos crear instituciones respetuosas de sus miembros, seguro que ello se reflejará en una sociedad distinta.
He dejado para el final mi reconocimiento a Luis María, por su persona, por su trayectoria y por su familia. No me resultaría fácil encontrar a mi alrededor muchos ejemplos similares. Finalmente, gracias por contribuir desde hace más de 10 años a la construcción del Centro de Desarrollo de Liderazgo del ITBA, ayudando a formar profesionales que pongan la tecnología al servicio de las personas.
—José Luis Roces.
Rector ITBA
PREFACIO
Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado
que hay dentro de nosotros.
—Franz Kafka.
Supongo que todo libro surge por el deseo de quien lo escribe de convertirlo en una realidad. En este caso, como autor, he sentido —además de aquel lógico deseo— una obligación, un compromiso. De modo que el acto de escribir, especialmente el proceso que llevó a terminar la obra, significa algo así como saldar una deuda.
Siempre me interesó el tema de la evaluación del desempeño. Era apenas un analista junior de Recursos Humanos, cuando un jefe imprudente —o quizá visionario— me pidió que diseñara un formulario para analizar el rendimiento de la empresa donde en ese entonces trabajaba. Sin conocer siquiera el concepto de benchmarking, le rogué desesperadamente a mis compañeros de facultad —que ocupaban roles más senior en otras empresas— que me pasaran copias de los formularios que solían usar. Luego, mi trabajo fue el de armar un collage (literalmente usando tijeras y cola de pegar) para que quede algo presentable. Mi jefe lo aprobó y, por más increíble que parezca, ese formulario frankensteiniano fue utilizado para el propósito previsto. Una locura, tal vez una premonición sobre mi futuro, pero el hecho fue que ese primer collage inició algo así como una obsesión personal y persistente en el tiempo.
Esta anécdota —aquella que evoco quizá alterada por el tiempo y por haberla recreado tantas veces— dio pie a nuevos desarrollos y a diseños e implementaciones más serias y profesionales en otras empresas en las que trabajé. Más adelante, aprendí de forma exponencial al ejercer el cargo de consultor organizacional, dedicando al tema literalmente miles de horas. Escribí una tesis doctoral que me llevó años, mediante la cual me adentré con esfuerzo y dedicación en esta disciplina. En todo ese camino, en un peregrinaje que se fue revelando como una verdadera vocación, fui recolectando de colegas, clientes y alumnos un latiguillo martirizante y cruel que se repetía una y otra vez. El mismo decía: “¿Cuándo vas a escribir un libro sobre gestión del desempeño?”. Pese a que con el correr de los años fui elaborando respuestas para obtener un escape elegante, aquella pregunta constante no dejaba de atravesarme. Me dolía, me angustiaba. Hasta que un día, como si fuese una revelación, encontré la causa de por qué no comenzaba la tarea de escribir. Por suerte, hallar el motivo me condujo hacia solución.
La gestión del desempeño —denominación más moderna que incluye (en parte) a la vieja evaluación del desempeño, pero que también (en parte) se diferencia de la misma— me resultaba inabarcable, amplia, extensa, como si fuese un vasto territorio sin límites aparentes. Sentía qué si escribía algo sobre un tema determinado, cometía una injusticia, al no dar cuenta de otros temas, y así sucesivamente. De modo tal que prefería no abordar algo que a mi criterio parecía aterradoramente inconmensurable. En cierta forma, me veía como un astrónomo contando estrellas, pero en cada recuento incorporaba un área de análisis mayor y un telescopio más potente, de modo que el número de estrellas se acercaba a un infinito insondable. Es así como antes, previamente a la esperada revelación, elaboraba un temario donde cada rama se abría en subtemas que luego se dividían en nuevos subtemas y así en adelante, hasta que finalmente lograba un agotamiento intelectual inmovilizante y letal.
Obviamente, la solución al problema de contar estrellas es delimitar el campo y renunciar a toda pretensión abarcadora, a toda búsqueda de completitud y de exhaustividad. Me tranquilizó saberme incapaz de abarcar la totalidad del tema y ya no pretender conectar todo con todo. Por lo tanto, como aclaramos al inicio, este libro solo procura considerar de manera delimitada algunos aspectos de la gestión del desempeño, aquellos que me interesan particularmente. Nada más. Esta declaración de selectividad me dio la calma de espíritu que necesitaba para liberar mi pluma y me quitó el peso de ser exhaustivo e inclusive integral.
Pero comenzado el proceso de escritura, surgió otro elemento que debí sumar a la demarcación del contenido: el estilo reflexivo. Los primeros borradores del libro proponían un enfoque didáctico y se extendían explicando o describiendo detalladamente fenómenos y conceptos del tema elegido. Finalmente, comprendí que de esta forma seguía ampliando o profundizando demasiado, a tal punto que nuevamente las estrellas parecían otra vez infinitas.
Es por ello que, renunciando a la aspiración de completitud y al enfoque didáctico-explicativo, ahora puedo explicar de qué se trata este libro. Bien, este es un libro de reflexiones sobre algunos temas (solo algunos) vinculados con la gestión del desempeño, que en lo particular me resultan de interés. Ni más ni menos. También, para favorecer la lectura, he preferido utilizar la primera persona porque esta se asocia más a un estilo reflexivo y no a uno más neutro o académico. Del mismo modo, sin pretender violar derechos de autor, he optado por reducir todo lo posible el uso de citas o notas accesorias y de limitar la bibliografía a las fuentes más relevantes.
Todas estas aclaraciones iniciales no pretenden ser una disculpa para quienes en algún momento me martirizaron con un: “¿Para cuándo el libro?”. Solo buscan advertir al lector sobre la promesa que este texto encierra: ser la simple formulación de un conjunto de reflexiones. Para el lector, será solo eso. Pero para mí, es mucho más, ya que estas introspecciones expresadas en formato de libro me liberan de la deuda que mi consciencia asumió hace ya mucho tiempo.
Y hablando de deudas, el prefacio debería ser el espacio que utiliza el autor para agradecer los múltiples préstamos que otros nos han hecho (que van desde apoyos e ideas, hasta oportunidades para realizar la práctica profesional, recomendaciones, conversaciones provocadoras, etc.). Es así, que nuevamente me vi, al pretender exhaustividad y completitud, trabado ante un listado enorme de acreedores de mis agradecimientos, en donde otra vez el miedo a la omisión se volvía significativo. Observaba que siempre, luego de elaborar un listado tentativo de agradecimientos, aparecían muchos más. De modo que no me queda más remedio que formular un comprensivo y sincero: gracias por todo, gracias totales y gracias a todos.
Aclaro que el “todos” no comprende a Cecilia. A Cecilia le dedico el libro, cada capítulo, cada palabra, cada minuto, desde el día que la conocí hasta siempre.
—Luis María Cravino
Buenos Aires, 2017.
CAPÍTULO 1
Introducción
Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.
—Eduardo Galeano
Las organizaciones son un fenómeno complejo y paradójico que puede comprenderse de muchas maneras diferentes. Muchas de nuestras ideas “dadas por supuestas” son metáforas, aunque no podamos reconocerlas como tales.
—Gareth Morgan
Como he expresado en el prefacio, este libro trata la cuestión de la gestión del desempeño desde una perspectiva que delimita el tema a ciertos aspectos o problemáticas específicas.
De alguna manera, el concepto de “gestión del desempeño” se las ha ingeniado para asumir un conjunto de definiciones que abarcan aspectos no siempre equivalentes, aunque en general relacionados. Cuando se menciona esta disciplina, surgen —a grandes rasgos— 4 acepciones bien diferentes.
La primera la comprende como una habilidad personal. En otras palabras y llevando la cuestión hasta sus extremos, se podría afirmar que si en todo el mundo existiese únicamente una sola persona, aun así podríamos hablar de gestión del desempeño, ya que esa persona debería planear aquello que desea lograr, monitorear sus logros y, finalmente, medir su tasa de éxito. Siguiendo con esta idea, podría pensarse un segundo ejemplo: un estudiante define la nota que espera alcanzar en un examen, especifica las conductas que necesita desplegar o desarrollar para asegurarse de cumplir sus metas y controla el avance de sus planes; eventualmente, al conocer la nota del examen que ha dado, podrá apreciar el logro final o lamentar un indeseable fracaso. Esa autoevaluación le servirá para rescatar aprendizajes y aplicarlos en el siguiente examen.
La segunda acepción es quizás la más popular. Considera a la gestión del desempeño como la habilidad de los líderes para planear, monitorear y evaluar el desempeño de sus colaboradores. Cuando nos referimos a esta perspectiva, aparecen infinidad de términos vinculados con la labor del líder: “dar contexto”, “orientar”, “delegar”, “dar feedback”, “coachear”, “motivar”, etc. En los tradicionales cursos de gestión del desempeño que suelen impartirse en el ámbito organizacional abundan, por lo general, este tipo de temáticas. De algún modo, esta segunda acepción es indisoluble de la noción de liderazgo.
La tercera aplicación es más específica y generalmente no utiliza una traducción al español, sino que mantiene la expresión en inglés: performance management. Ve la gestión del desempeño como una disciplina de eminente naturaleza técnica que puede enmarcarse dentro del campo de la administración de empresas, cuyo propósito es analizar o evaluar la performance de una compañía o de un área determinada de la misma.
La cuarta acepción se refiere a la gestión del desempeño como una herramienta organizacional que, en general, es administrada por las áreas de Recursos Humanos (o como se denomine en un futuro cercano esta función). Esta tiene como propósito —entre muchos otros que se abordarán más adelante— facilitar la ejecución de las acepciones 1 y 2 y, eventualmente, dejar registro escrito de los acuerdos, compromisos y opiniones que se generan en la relación entre un jefe y un colaborador en el ámbito organizacional.
Este cuarto camino será el foco principal del libro y el marco que delimitará su contenido, de modo que cuestiones tales como brindar feedback o reconocimiento —que pueden ser cruciales para que un jefe gestione el desempeño del colaborador— estarán expresamente fuera del eje que me he propuesto o más bien impuesto. Sin embargo, no siempre se respetará esto tan estrictamente, ya que de manera continua incorporaré referencias a otros campos: el de la autogestión personal (vinculado con la primera acepción) o bien el que abarca la relación específica entre un jefe en relación con su colaborador (ligado a la segunda).
Otro conjunto de cuestiones que serán excluidas del foco del libro (aunque, como ya expliqué, no siempre seré tan estricto) se refieren a las consecuencias que surgen de la gestión del desempeño, especialmente aquellas vinculadas con las decisiones que se toman a partir de la calificación del desempeño de un colaborador en un período determinado (por ejemplo, aquellas relativas a la evolución de su carrera laboral, a la mejora de su remuneración fija o al cálculo de su remuneración variable).
Una metáfora vale más que mil palabras
Alguna vez me enteré qué la trillada frase “una imagen vale más que mil palabras” era la derivación de otra acuñada por el poeta Virgilio, “una metáfora vale más que mil palabras”. Ambas frases, la trillada y la de Virgilio, no dejan de ser ciertas. Son las metáforas —como expresa el epígrafe de este capítulo— las que nos permiten comprender fenómenos complejos. La gestión del desempeño es uno de ellos.
Para este enfoque (la elaboración de alegorías y su funcionalidad comprensiva), debo reconocer que dos libros me inspiraron positivamente y me permitieron ordenar la escritura de este libro. El primero de ellos (el orden es solo para enumerar ya que ambos son igualmente importantes) es el texto de Gareth Morgan Imágenes de la Organización (Ed. Ra-ma, Madrid, 1990). No es mi propósito abordar el texto de Morgan, cuyo aporte excede el tema al que me he avocado, sin embargo, he querido dar cuenta de la deuda de gratitud que he asumido con él. Cuando por razones absolutamente académicas volví recientemente a releer el aporte de Morgan y abrevar en sus descripciones —que utilizan, por ejemplo, la imagen de una máquina o de un organismo viviente para hablar sobre la organización—, me di cuenta inmediatamente que el tema que me compete también puede ser presentado de esa forma alegórica: “La gestión del desempeño es como si fuese…”. De esta forma, se aclaran un abanico de opciones que permiten una comprensión múltiple y diversa del concepto que me preocupa analizar. En síntesis, el lector podrá apreciar en los siguientes capítulos un uso y abuso de las comparaciones y del lenguaje figurado, que procurarán tanto clarificar como clasificar.
El segundo libro que voy a mencionar, que influyó en igual medida en esta obra, es el de Henry Mintzberg, Safari a la Estrategia (Ed. Granica, Buenos Aires, 1999). Al igual que con el de Morgan, no entraremos en detalle sobre el texto de Mintzberg porque está fuera del propósito de este libro, pero sus enfoques fueron para mí altamente inspiradores. Este autor recurre a la tradicional historia de los ciegos y el elefante: al no poder obtener una visión total del objeto examinado, cada ciego toca una parte del animal y obtiene información parcial y en cierta forma incorrecta —el que toca el costado del elefante puede conocer la magnitud del animal o la dureza de su piel, pero quizás lo confunde con una pared; el que toca sus orejas apreciaría algo más fino y frágil, pero cree que es una tela; así sucesivamente—. Esta historia sirve para mostrar el funcionamiento en conjunto de numerosas perspectivas (ninguna más cierta o más integral que la otra) y para agrupar una variedad de escuelas de planeamiento estratégico. Tal vez Mintzberg nos ha enseñado a muchos, entre los que me incluyo, que los humanos no siempre somos capaces de establecer una teoría unificadora y que, en ciertos casos, un conjunto de perspectivas diferentes es lo que más nos ayuda a acercarnos a la verdad.
Ambos libros, el de Morgan y el de Mintzberg, son obras monumentales que ya son parte de la historia perenne del pensamiento organizativo. Mi humilde propósito no es emularlos, sino simplemente reconocer el origen de los enfoques que me permitieron la redacción de este texto.
Estructura del libro
Habiendo aclarado que el foco principal de este texto será la gestión del desempeño como herramienta organizacional (la cuarta de las acepciones enumeradas), el mismo será desarrollado a través del siguiente esquema de capítulos.
En el capítulo 2, se abordará la definición de la disciplina a tratar o, en otras palabras, qué es la gestión del desempeño.
En el capítulo 3, se presentará un inventario (vasto, pero sin duda, incompleto) de imágenes o comparaciones que pretenden describir la manera en que vemos el tema que nos compete.
El capítulo 4 expondrá lo que a mi criterio es la mejor combinación de metáforas que, utilizadas convenientemente, permiten lograr un funcionamiento efectivo de la herramienta de gestión del desempeño.
El capítulo 5 se centra en el Eje Brújula-Contrato, referido al poder que tiene nuestra disciplina para guiar y marcar el rumbo de una organización.
El capítulo 6 desarrolla el Eje Balanza-Justicia y se dedica a exponer la necesidad de evaluar y de crear justicia dentro de las organizaciones.
El capítulo 7 se adentra en el Eje Conversación-Desarrollo, donde se aborda probablemente uno de los aspectos más centrales de la herramienta de gestión del desempeño vinculado con la relación jefe-colaborador.
El capítulo 8 es doble, ya que comprende el Eje Información-Inteligencia junto con el Factor T (T de Tecnología), en los que se describe y explica el proceso de convertir información en inteligencia. De alguna manera este capítulo explora las potencialidades de aquello que de manera amplia, y por ahora fantasmagórica, se conoce como People Analytics. De manera suplementaria, se tratará la cuestión de las promesas de la tecnología informática en términos de gestión.
El capítulo 9 lleva por título “Mi caja de dispositivos y herramientas”. En él expondré un conjunto de recomendaciones para hacer que la gestión del desempeño supere sus críticas y florezca con plenitud, logrando los propósitos para la que ha sido diseñada.
Soy clásico y no puedo cerrar el libro sin un epílogo.
Finalmente, el lector podrá encontrar una breve (muy breve) bibliografía sobre el tema tratado.
CAPÍTULO 2
La gestión del desempeño:
¿qué es realmente?
El mundo era tan reciente, que muchas cosas
carecían de nombre y para nombrarlas
había que señalarla con el dedo.
—Gabriel García Márquez.
Un breve recorrido histórico…
Como la pólvora o como la brújula, la evaluación del desempeño parece haber sido creada por los chinos, aunque sea difícil probarlo. He realizado al menos un par de investigaciones para trazar un recorrido histórico de este campo y todo parece indicar que los chinos fueron pioneros en la utilización de esta herramienta. Murphy y Cleveland también se refieren a este primer acercamiento:
En el tercer siglo después de Cristo, Sin Ju, un antiguo filósofo chino, criticaba el sistema de evaluación empleado por la dinastía Wei, que se basaba en una escala de nueve grados y en el cual casi nadie era evaluado por sus méritos, sino por la simpatía de su jefe. (Murphy y Cleveland, 1991)
Cualquiera podría percibir un déjà vu oyendo el hallazgo de Sin Ju.
Sin pretender hacer un análisis de tanto rigor histórico, me propuse analizar cómo fue evolucionando el nombre de la herramienta en cuestión, al menos en los últimos 60 años. Fue así como ordené en una línea de tiempo las definiciones acerca de qué se entendía en diferentes momentos históricos por “evaluación del desempeño”, o bien por “gestión del desempeño” (más adelante se hará una referencia especial a esta sutil diferencia entre “evaluación” y “gestión”, que puede tener una relevancia mayor a la esperada). Del recorrido que presentaré, resulta muy interesante observar que no solo evolucionan las definiciones, sino también las denominaciones. Para incrementar el rigor del análisis, preferí un relevamiento a la vieja usanza. No utilicé Google, sino que leí los textos completos en formato físico (en papel) tratando de comprenderlos de la manera más exacta posible. En total, encontré unos 60 autores diferentes que abordan el tema. En la revista académica Journal of Business Studies de la Córdoba Management School, publiqué un artículo bajo el título de “Cravino” (2015) en el que examino ese listado cronológico de autores. En esta ocasión, a los efectos de ser breve y concreto, no presentaré a todos, solo expondré a los que señalan los hitos y contenidos de mayor relevancia.
El listado comienza con McGregor (1957), cuya definición sobre nuestra área de estudio no se basa en aquello que es realmente sino en aquello para lo que sirve. Sintetizando, McGregor considera que la evaluación del desempeño “provee un juicio sistemático del desempeño de una persona que trabaja y contribuye para determinar incrementos salariales, promociones, transferencias y, en algunos casos, desvinculaciones”.
Varios años después, Levinson (1970) retoma la definición ideada por McGregor para agregarle, entre otros aspectos, la relevancia de esta herramienta en el enriquecimiento de la comunicación entre los jefes y cada uno de sus colaboradores. Más adelante, Lawler y Rhode (1976) también hicieron su aporte sobre el tema, afirmando que la evaluación del desempeño “es básicamente un sistema de control de gestión, que brinda sensores que indican la necesidad de hacer cambios en la gestión”.
Resumiendo, podemos decir que, según estas tres definiciones, la disciplina en cuestión permite tomar decisiones en el ámbito de los Recursos Humanos, mejora la comunicación entre el jefe y su colaborador, y permite controlar la gestión organizacional.
En la cronología sigue Zerilli (1978), quien agrega un concepto que será crucial: “(la evaluación de desempeño) se constituye como una apreciación del logro de los objetivos de una persona, en simultáneo con la aplicación de ciertas conductas expresadas”. Esta primera consideración de la dualidad de la evaluación —que separa el qué lograr (los “objetivos”) del cómo lograrlo (luego denominado convencionalmente como “las competencias”)— resulta de particular importancia para dar identidad a la herramienta que se analiza en este capítulo.
La línea de tiempo continúa con Beatty y Schneier, quienes sostienen que:
un efectivo sistema de evaluación del desempeño debe no solo medir exactamente el nivel actual del desempeño de una persona, sino que también debe contener mecanismos para reforzar las fortalezas, identificar deficiencias y proveer información tanto a la organización como al evaluado, de modo tal que permita mejorar el desempeño de este último. (Beatty y Schneier, 1982)
Este es otro aspecto importante para sumar en nuestro recorrido.
Otro autor en nuestro viaje por el pasado es Bazinet (1984), quien sumó la necesidad de separar cualquier tipo de feedback o comunicación informal en la relación entre el jefe y el colaborador de aquello que denominamos “evaluación del desempeño”, ya que esta herramienta es formal y, por lo tanto, según el autor, “es sistemática y estructurada, contribuyendo a uniformar el criterio de los evaluadores”.
En síntesis, hasta la mitad de la década de los 80, la única denominación conocida para esta herramienta era la de “evaluación del desempeño”. Gracias a los aportes de los últimos autores enumerados, se suma a su definición anterior el hecho de que aprecia el desempeño humano (integrado por el qué y el cómo), que facilita la mejora del desempeño del colaborador y que unifica criterios de evaluación, entre otros aspectos.
Sin embargo, en nuestro viaje por el “túnel del tiempo”, me encuentro luego con Guinn (1987). Esta autora introduce un nuevo concepto de impacto: la “gestión del desempeño”. Ella comienza a definirla por lo que no es: no se trata de “un evento anual”. Pero sí está compuesta por una serie de eventos a lo largo del año, ordenados en tres etapas: planeamiento, seguimiento y evaluación del desempeño. Guinn critica con vehemencia a la tradicional evaluación del desempeño, opinando que la misma “es una instancia confrontativa, en la que el jefe es el juez del desempeño del empleado, y focalizada únicamente en completar un formulario”. Asimismo, la autora agrega que:
La etapa de evaluación del desempeño es el paso final del proceso de gestión del desempeño, que provee la oportunidad tanto de revisar lo que se ha hecho, como de elaborar planes futuros. La etapa de evaluación es el punto final, pero también es el comienzo de la gestión del desempeño. El análisis del desempeño pasado provee las bases para el planeamiento del siguiente ciclo. (Guinn, 1987)
El trabajo de Guinn resulta relevante para conceptualizar a la gestión del desempeño como un ciclo continuo de planeamiento, seguimiento y evaluación; en tanto que caracteriza a la evaluación del desempeño como una herramienta burocrática y hasta confrontativa. En todo caso, la evaluación no sería una herramienta, sino la tercera etapa de la gestión del desempeño.
Mi investigación toma como hito el trabajo de Guinn, para separar la evaluación del desempeño (como herramienta del pasado) de la gestión del desempeño (como herramienta del futuro). Sin embargo, todo el proceso de indagación presenta resultados muy variados, ya que en mi recorrido por treinta autores diferentes en la década de los 90 e inclusive por textos escritos bien entrado el siglo XXI, se alternan ambas denominaciones presentadas a veces una como la otra, sin establecer la divisoria que claramente expone Guinn. De alguna manera, pareciera ser un proceso como el que denomina Kuhn (1970), una convivencia entre paradigmas dominantes y alternativos.
Como ejemplo de lo anterior, Murphy y Cleveland (1991) utilizan el término “evaluación del desempeño”, reforzando el significado de esta herramienta como un proceso social y de comunicación más que de medición. Spencer y Spencer (1993) retoman las ideas de Guinn sobre la gestión del desempeño como ciclo (planeamiento, seguimiento y evaluación), pero consideran que existe una cuarta etapa: la de las consecuencias, ya que finalmente de esta herramienta surgen decisiones como cambios en las compensaciones o en la definición de premios, por ejemplo (siguiendo con la línea que inauguraron McGregor y Levinson).
Weiss y Hartle (1997) ayudaron a torcer el equilibrio de los 90 (un empate técnico entre la tradicional evaluación del desempeño y la moderna gestión del desempeño) con una aguda definición de lo que realmente es esta última, categorizándola como un proceso que sirve “para establecer un entendimiento compartido acerca de qué debe ser logrado y de cómo aquello que debe lograrse se ha logrado. (…) la gestión del desempeño no es un set de formularios, ni un hito de evaluación anual, ni un esquema para pagar premios”. En perfecta sintonía con esa definición, Bacal asevera que la gestión del desempeño:
es un proceso continuo de comunicación, comprometido en sociedad entre el empleado y su superior inmediato para establecer: 1) Las funciones del empleado y qué se espera de su trabajo; 2) Cómo el trabajo del empleado contribuye a las metas de la organización; 3) Qué es lo que el empleado está haciendo bien y qué significa esto en términos concretos; 4) Cómo el empleado y su superior inmediato pueden sostener el desempeño existente y mejorarlo; 5) Cómo será medido el desempeño del empleado. (Bacal, 1999)
Esta completa enumeración de Bacal sintetiza las finalidades de la gestión del desempeño en términos de su potencial para especificar lo que el empleado debe lograr, su conexión con los objetivos superiores y la posibilidad del jefe de brindar feedback, dar coaching, evaluar y mejorar el desempeño del colaborador.
Ya sobre el comienzo de nuestro actual milenio, Hartle opina que esta disciplina:
es un término muy utilizado hoy en día, del que, sin embargo, no existe una definición universalmente aceptada. En algunas organizaciones se considera sinónimo de dirección por objetivos. En otras, es algo que tiene que ver solo con la evaluación de los empleados. Finalmente, existen organizaciones que lo han circunscripto solo a un simple acontecimiento relacionado con la formación y el desarrollo, o un proceso referente a la remuneración en función del desempeño. Sin embargo, la gestión del desempeño es un proceso holístico o global que puede abarcar todos los aspectos anteriormente indicados y algunos más. La gestión del desempeño es un proceso o conjunto de procesos que sirve para establecer un conocimiento compartido acerca de lo que se debe conseguir (y de cómo se va a conseguir) junto con un liderazgo claro que incremente las posibilidades para lograr aquello que se desea. (Hartle, 2004)
En gran medida, esta definición coincide con la formulada previamente por Weiss y Hartle, ya que plantea la idea de que la gestión del desempeño es un instrumento de comunicación que genera una comprensión compartida de lo que debe lograrse y de cómo debe lograrse, junto con una dirección que asegure que dichas expectativas se cumplan. Hartle (2004) agrega, además, que la gestión del desempeño “tiene más probabilidad de producir buenos resultados cuando se lleva a cabo un proceso único e integrado, en lugar de realizarla como un conjunto de procesos distintos y, a veces, sin relación alguna entre sí”. Este último aspecto mencionado por Hartle parece central a la hora de comprender a la gestión del desempeño como un proceso integrador, uniendo los habituales mecanismos de administración por objetivos con, por ejemplo, la evaluación por competencias o el diagnóstico de necesidades de capacitación basadas en brechas del desempeño.
Por último, Hartle brinda una definición desafiante al plantear a la gestión del desempeño como un mecanismo complejo que brinda “garantías” al empleado. Por ejemplo, la gestión del desempeño debe permitirles a los empleados la facultad “tanto de ser conscientes de qué se espera de ellos y de la forma en que su contribución encaja dentro de los objetivos de la organización, como de comprender la forma en que se va a medir su desempeño, y cómo seguirá la marcha de los mismos”. Asimismo, Hartle plantea dos garantías adicionales tales como “la posibilidad (o el derecho) de que los empleados puedan participar en la determinación de sus propias metas y, también, el derecho a recibir el adecuado apoyo durante todo su ciclo de desempeño”. La mayoría de los autores que postularon sus ideas entre 2004 y 2015 repiten, palabras más palabras menos, las ideas de Hartle.
Todo este recorrido histórico me permitió formular el siguiente gráfico (de tipo conceptual).

De acuerdo, al relevamiento bibliográfico, se hace evidente que, desde el final de la década de los 80 (1987 exactamente), hay dos paradigmas en disputa: la “evaluación del desempeño” vs. la “gestión del desempeño”. Desde los 90, la frecuencia de aparición del segundo concepto viene en ascenso y, en paralelo, la de su archirrival viene en descenso, aunque este aún no se resigna a su completa derrota. El recorrido histórico llega hasta el presente, donde ambos todavía existen y disputan su poder en un verdadero estado de confusión.
Explicación breve de la diferencia entre “Evaluación del desempeño” y la “Gestión del desempeño”
Hasta aquí el lector habrá podido apreciar qué es la evaluación del desempeño y qué otra cosa diferente es la gestión del desempeño. La primera se refiere más a un evento habitualmente conducido por el jefe, quien hace una revisión retrospectiva de la tarea o de las conductas del colaborador. Probablemente esa revisión concluya con una calificación, que servirá de base para tomar decisiones que sin duda impacten en la vida laboral del empleado.
La gestión del desempeño, en cambio, requiere para su definición un extenso conjunto de ítems que dificultan su expresión en una sola oración. Presentaré este listado a continuación. Puede ser que la naturaleza de la gestión del desempeño como sistema complejo requiera de esta enumeración para su mejor comprensión, pero tal vez (y este será el propósito principal del libro) la mejor manera de resolver esta cuestión será mediante el uso de metáforas —aspecto central que desarrollaré a partir de los siguientes capítulos—.
Vamos primero a la enumeración de sus ítems o aspectos. La gestión del desempeño:
Es un sistema organizacional complejo/holístico que permite mirar hacia afuera, hacia adentro, hacia atrás y hacia adelante.
Es un proceso conversacional, ya que ordena buena parte de las conversaciones entre el jefe y el colaborador.
Es un ciclo integrado de gestión del “qué” (habitualmente los objetivos) y el “cómo” (habitualmente las competencias).
Está integrado por un ciclo continuo de planificación, seguimiento, evaluación y mejora.
Es una herramienta compleja que tiene impacto sobre cuatro “pisos de análisis”: el desempeño individual, la gestión del jefe, la gestión de Recursos Humanos y la gestión organizacional.
Es una práctica relevante para la gestión de los Recursos Humanos (o como se llame la función en el futuro), ya que provee información valiosa que puede procesarse y analizarse para la toma de decisiones centrales en la gestión del capital humano (tales como la capacitación, el desarrollo y la compensación).
Es una práctica de la gestión del conocimiento y del aprendizaje organizacional, que permite un análisis sistemático y profundo de la gestión realizada y, por lo tanto, la mejora de la gestión futura.
Es una herramienta organizacional que permite identificar y diseminar buenas prácticas.
Es un proceso de registro de información, que permite desplegar los dispositivos de trazabilidad del desempeño individual, con el fin de incrementar la conciencia y la efectividad de la organización.
Es un proceso de comunicación interactivo, que le permite al colaborador involucrarse activamente en la gestión de su propio desempeño.
Si bien cada uno de los ítems expuestos podría tener un desarrollo específico, me concentraré en 3 aspectos clave para comprender mejor la gestión del desempeño:
1 La naturaleza dual de la gestión del Desempeño
2 La naturaleza cíclica de la gestión del Desempeño
3 Los cuatro pisos de la gestión del Desempeño
1. La naturaleza dual de la gestión del desempeño
Una característica esencial para comprender el concepto de gestión del desempeño es la doble naturaleza que la identifica. En general, esa mirada dual puede entenderse informalmente con el uso que le da el aficionado de fútbol: este se lamenta si su equipo favorito ha perdido un partido (pese a que según su opinión “se jugó bien”) y también se lamenta —aunque en menor medida— si el partido se ganó (pero “jugando mal”). En la vida académica, por otra parte, conocemos muchos casos en los que un profesor procura compensar el desempeño insatisfactorio de un alumno en un examen mediante una “buena nota de concepto” o viceversa.
Los ejemplos anteriores plantean que cualquier desempeño puede ser descompuesto en un aspecto más objetivo denominado el qué lograr/qué se logró y otro más subjetivo, el cómo lograrlo/cómo se logró. En el mundo organizacional existe una convención muy aceptada para ambas categorías. Los “objetivos” son el qué se debe lograr y los “resultados” el qué se logró. En tanto las “competencias” (término que cuestionaré más adelante) son el cómo lograrlo y los “comportamientos” demostrados son el cómo se logró.
Jack Welch, el mítico, controversial y temido chairman de General Electric por casi 25 años, popularizó el cuadro (no de su autoría) que se presenta a continuación.

Todo cuadro de 2x2 intenta ser una burda representación de la realidad, pero habitualmente sirve. Aquí se evidencia que el “desempeño deseado” es aquel que combina el logro simultáneo del qué junto con el ejercicio esperado del cómo. Los otros cuadros, por otro lado, explican situaciones no deseadas y/o que requieren atención. En principio, parecería beneficioso para aquel que no logra los resultados y tiene las conductas requeridas ya que se le daría una “segunda oportunidad”, según la expresión de Welch. El mayor castigo estaría sobre aquellos que no cumplen con el cómo.
Más allá de cualquier discusión ideológica, en la que encontraremos adeptos y opositores, este concepto dual es un principio generalmente aceptado para comprender la gestión del desempeño.
2. La naturaleza cíclica del desempeño
La mayoría de los autores que opinan sobre el tema (además de la inmensa cantidad de ejemplos que podemos observar en el mundo real) presentan a la gestión del desempeño como un ciclo continuo de 3 o 4 etapas, como se muestra en el siguiente gráfico.

La cuarta etapa eventualmente estaría para generar la “mejora continua”, que enlaza la tercera etapa de evaluación con la primera de planificación, cerrando de ese modo el ciclo. Para otros, en cambio, la cuarta etapa es la de las consecuencias: qué sucede en materia de decisiones luego de la etapa de evaluación, o bien la calificación obtenida —dato crucial de esta etapa, que procura sintetizar el desempeño que el colaborador ha tenido en un período determinado—. Tal vez el siguiente gráfico represente mejor la idea expuesta.

Como se aprecia, la etapa de planificación que se ubica al comienzo del ciclo del desempeño debería ser breve, al igual que la etapa de evaluación al cierre del ciclo. La mayor parte del tiempo corresponde a la etapa de seguimiento.
Tanto el primer gráfico como el segundo permiten apreciar una particularidad: hay una etapa de evaluación. Esto podría implicar que la gestión del desempeño incluye la evaluación del desempeño, idea que —aclaro esto con intensidad y vehemencia— no comparto. La gestión del desempeño es, entre muchas cosas, un ciclo, y la evaluación del desempeño es, puntualmente, un evento. La gestión del desempeño tiene etapas, una de ellas es la evaluación. Por lo tanto, la gestión del desempeño no es un paraguas inclusivo que cobija bajo su protección a la evaluación del desempeño, sino que la reemplaza de manera superadora.
3. Los cuatro pisos de la gestión del desempeño
Me gusta dibujar la gestión del desempeño como un edificio de 4 pisos, todos interconectados, como se presenta más adelante.
| TODA LA ORGANIZACIÓN Transmitir de manera formal cuáles son los objetivos principales que procura alcanzar la organización, además de presentar cuáles son las competencias que regulan y orientan el comportamiento. Asegurar el alineamiento organizacional y monitorear el avance del desempeño. Desarrollar mecanismos de aprendizaje organizacional, que se genera a partir de la recolección de evidencias (expresadas como logros y/o comportamientos desplegados). EL ÁREA DE RECURSOS HUMANOS Recolectar información valiosa para organizarla en prácticas (mejora del desempeño, asignaciones, clima y compromiso, disciplina, capacitación, planeamiento del desarrollo, compensaciones, etc.). EL JEFE Definir y organizar las principales prácticas de liderazgo (guiar, desarrollar, dar feedback, reconocimiento, coaching, etc.). Organizar la conversación con sus colaboradores. EL COLABORADOR Comprender qué se espera de él. Desarrollar conciencia de sus logros. Organizar la conversación con su jefe. |
Estos 4 pisos resultan esenciales tanto para expresar las multidimensionales utilidades de la gestión del desempeño, como para aclarar la naturaleza de su complejidad. El hecho de que sus impactos y beneficios se relacionan con diversos planos (organización total, Recursos Humanos, jefe y colaborador) es una de las principales causas por las que se la comprende de manera incompleta y parcial. A mi criterio, el modelo de metáforas que se propondrá en los siguientes capítulos puede contribuir a esclarecer el conocimiento sobre la gestión del desempeño como sistema complejo y multidimensional.
Propuesta de nombre: un aporte para finalizar el debate sobre la confusión nominativa entre gestión del desempeño y evaluación del desempeño
McDonald y Smith (1995) realizaron una investigación para demostrar el mayor impacto que tenía la gestión del desempeño por sobre la evaluación del desempeño. Para esto, dividieron a un gran número de empresas en dos conjuntos. Si la herramienta que poseían se montaba sobre un ciclo de planificación, seguimiento y evaluación, se denominaba como “gestión del desempeño” (ya que gestionaba un período de tiempo). Si en cambio era un evento con una sola etapa, debía denominarse “evaluación del desempeño”. Para información del lector, puede decirse que los hallazgos obtenidos por estos autores fueron sumamente contundentes: la gestión del desempeño influye positivamente sobre los resultados económicos de las empresas en mucha mayor medida que el aporte que brinda la evaluación del desempeño.
En mi tesis doctoral utilicé esta simple taxonomía para probar una hipótesis acerca de la existencia de cierta anarquía u obscuridad semántica en las prácticas organizacionales de empresas privadas de Argentina. Descubrí qué, en la vida real, existían organizaciones que desde el área de Recursos Humanos aplicaban herramientas que planeaban, seguían y evaluaban el desempeño en un período de tiempo, y las llamaban una “evaluación del desempeño”; en tanto que otras empresas aplicaban un simple formulario en el que, mediante un único evento, evaluaban el desempeño, y lo llamaban “gestión del desempeño”. Propongo llamar a las cosas por su nombre, tan sencillo como eso. Inventemos si queremos nombres de fantasía para las herramientas en cuestión, pero si se planea, sigue y evalúa, es una herramienta de “gestión del desempeñó”; si solo se evalúa, es “evaluación del desempeño”. Tan simple como eso.
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