Kitabı oku: «Alternativas de aprovechamiento de los residuos en la agroindustria»



© Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira
Dirección de Investigación y Extensión
Facultad de Ingeniería y Administración
© Luis Octavio González Salcedo
Compilador
© Autores varios
Primera edición, noviembre de 2021
ISBN 978-958-794-621-5 (papel)
ISBN 978-958-794-623-9 (digital)
ISBN 978-958-794-622-2 (IBD)
Colección Pacífico
Serie Ingeniería
Sede Palmira
Coordinadora editorial - Sede Palmira
Thalía Stephanie Yumbla Ruiz
Edición
Editorial Universidad Nacional de Colombia
www.editorial.unal.edu.co
Coordinadora editorial
Liliana Carolina Guzmán Ríos
Logo de la colección
Alexander Pereira Mosquera
Diseño de la colección
Ángela Pilone Herrera
Diagramación
Ricardo González Angulo
Fotografía de cubierta
Grupo de investigación Prospectiva Ambiental,
Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira
Conversión a ePub
Mákina Editorial
https://makinaeditorial.com/
Impreso y hecho en Bogotá, D. C., Colombia, 2021
Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales
Catalogación en la publicación Universidad Nacional de Colombia
Alternativas de aprovechamiento de los residuos en la agroindustria / Luis Octavio González Salcedo, compilador. -- Primera edición. -- Bogotá : Editorial Universidad Nacional de Colombia ; Palmira : Universidad Nacional de Colombia. Dirección de Investigación y Extensión. Facultad de Ingeniería y Administración, 2021.
1 CD-ROM (370) páginas : ilustraciones (algunas a color), diagramas, fotografías. –
(Colección Pacífico. Serie Ingeniería)
Incluye referencias bibliográficas al final de cada capítulo e índice temático ISBN 978-958-794-623-9 (e-pub)
1. Aprovechamiento de desechos 2. Desechos agrícolas 3. Conversión de residuos agrícolas 4. Agroindustria 5. Industria alimentaria 6. Biomasa 7. Materia prima 8. Fibras naturales 9. Productos de origen animal 10. Productos de origen vegetal I. González Salcedo, Luis Octavio, 1966-, compilador II. Serie
CDD-23 628.7 / 2021
Contenido
Lista de figuras
FIGURA 1.1 Residuos y subproductos que resultan del procesamiento del café
FIGURA 1.2 Biorrefinería. Extracción de productos de valor agregado
FIGURA 1.3 Subproductos de los procesos de molienda en seco y en húmedo de maíz
FIGURA 2.1 a) Diagrama de fases presión-temperatura típico para un fluido y sus principales propiedades físicas en el estado gaseoso, líquido y en fase supercrítica. b) Diagrama esquemático de la instrumentación básica necesaria para operar un proceso de extracción con fluidos supercríticos
FIGURA 2.2 Ejemplos de las principales familias de compuestos encontrados en los extractos obtenidos empleando EFS de fuentes naturales
FIGURA 2.3 Superficie de respuesta para extracción de aceite de semillas de guanábana
FIGURA 2.4 a) Constante dieléctrica (ɛ) del agua en función de la temperatura. b) Diagrama esquemático de la instrumentación básica necesaria para operar un proceso de extracción con líquidos presurizados
FIGURA 2.5 Proceso secuencial de extracción de epicarpio de mango
FIGURA 2.6 Prototipo de extracción asistida con microondas
FIGURA 2.7 Rendimiento de extracción (%)
FIGURA 2.8 Extracción de fenoles totales
FIGURA 2.9 Colapso de la burbuja de cavitación y liberación del contenido de la planta en el proceso de extracción asistida con ultrasonidos
FIGURA 2.10 Superficie de respuesta en EAU para piel de mango como biomasa
FIGURA 3.1 Unidad isoprénica
FIGURA 3.2 Estructuras de carotenoides
FIGURA 3.3 Ruta biosintética de carotenoides
FIGURA 3.4 Estructuras básicas de flavonoides
FIGURA 3.5 Estructuras de antocianinas
FIGURA 3.6 Estructura de flavonoles
FIGURA 3.7 Biosíntesis de chalconas y flavanonas
FIGURA 3.8 Estructuras básicas de betalaínas
FIGURA 3.9 Ruta biosintética de betalaínas
FIGURA 5.1 Caracterización térmica de materiales orgánicos
FIGURA 5.2 Curva TGA de un material amiláceo para un proceso de descomposición térmica que ocurre en una única etapa
FIGURA 5.3 Ilustración geométrica de la ley de Bragg
FIGURA 5.4 Difractograma de rayos X de almidón de chontaduro
FIGURA 5.5 Espectros FTIR de muestras orgánicas
FIGURA 5.6 Algunos parámetros reológicos de sistemas pseudoplásticos
FIGURA 6.1 Esquema de las estrategias ascendentes y descendentes para la obtención de nanopartículas
FIGURA 6.2 Absorbancia y colores complementarios
FIGURA 6.3 Comparación de la absorbancia calculada (línea punteada) con la absorbancia medida (línea sólida) en nanopartículas de 20.4 nm de diámetro, en una concentración de 10-9 M
FIGURA 6.4 Espectro de UV-Vis de nanopartículas de oro de 15 nm sintetizadas usando el método de Turkevich y usando una concentración de 10-9 M
FIGURA 6.5 Tamaño de nanopartículas de plata (Ag) coloidal
FIGURA 6.6 Señales resultantes de las diferentes interacciones del haz de electrones con la muestra
FIGURA 6.7 Ejemplos de imágenes obtenidas con un SEM usando electrones secundarios y retrodispersados
FIGURA 6.8 Esquema de comparación entre el microscopio óptico y los microscopios electrónicos de transmisión y barrido
FIGURA 6.9 Ejemplos de imágenes de TEM y difracción de electrones
FIGURA 7.1 Publicaciones científicas en Scopus relacionadas con energías renovables (1978-2020)
FIGURA 7.2 Comparación de flujos de carbono en los sistemas energéticos convencionales y los SB
FIGURA 7.3 Clasificación general de los procesos de conversión energética de biomasa
FIGURA 7.4 Poder calorífico inferior en función del porcentaje de humedad (b.s.) para un combustible compuesto por carbono (50%), hidrógeno (6%) y oxígeno (44%)
FIGURA 8.1 Formatos y disposiciones más comunes en el reforzamiento de matrices en sus formas físicas de las posibles incrustaciones en los materiales compuestos
FIGURA 8.2 Representación esquemática de diferentes reforzamientos en los materiales compuestos
FIGURA 8.3 Representación esquemática del aporte de la fibra en el reforzamiento de la matriz en los materiales compuestos
FIGURA 8.4 Representación esquemática del aporte integrado de la fibra y las partículas en el reforzamiento de la matriz en los materiales compuestos a través del mecanismo de control del agrietamiento
FIGURA 8.5 Clasificación de las fibras
FIGURA 8.6 Proceso de obtención de paquetes de fibra adheridas naturalmente
FIGURA 8.7 Obtención de fibras separadas individualmente
FIGURA 8.8 Obtención y extracción de fibra de la estopa de coco y su uso como refuerzo en estructuras de concreto
FIGURA 8.9 Tipología del residuo seleccionado de la industria de muebles de madera
FIGURA 8.10 Objetos elaborados con el compuesto obtenido a partir de residuos de madera y matriz basado en almidón de yuca: fruteros y juguetes
FIGURA 9.1 Sistema cerrado e higiénico de recogida de sangre
FIGURA 9.2 Proceso de separación de los constituyentes de la sangre bovina
Lista de tablas
TABLA 1.1 Composición de los residuos y subproductos contenidos en las materias primas agrícolas
TABLA 1.2 Composición química (materiales lignocelulósicos) de la biomasa de algunos residuos y subproductos de origen agrícola
TABLA 1.3 Proporciones típicas de las partes anatómicas principales de los granos de cereal (g/100 g de grano, en base seca)
TABLA 1.4 Poder calorífico de residuos de productos agrícolas
TABLA 4.1 Condiciones óptimas de acción de la PPO en vegetales
TABLA 6.1 Algunos ejemplos de utilización de biomasa como agente reductor y estabilizador de nanopartículas de oro y plata
TABLA 6.2 Transiciones energéticas de algunos grupos funcionales más comunes
TABLA 7.1 Descripción de las generaciones de biocombustibles
TABLA 7.2 Características químicas y potencial energético de algunas biomasas residuales
TABLA 7.3 Composición aproximada del biogás en función del sustrato utilizado
TABLA 7.4 Ejemplos de clasificación de biorrefinerías según materia prima y la tecnología utilizada
TABLA 8.1 Clasificación de las fibras naturales según su origen y ejemplos de fibras obtenidas
TABLA 8.2 Evolución del uso de las fibras vegetales
TABLA 8.3 Aplicación de fibras vegetales como refuerzo de materiales compuestos
TABLA 8.4 Valores de eficiencia del reforzamiento de compuestos reforzados con fibra
TABLA 9.1 Composición de la sangre bovina (g/100 mL)
TABLA 9.2 Principales anticoagulantes de la sangre bovina y concentraciones requeridas
TABLA 9.3 Usos de la sangre bovina en aplicaciones no alimentarias
TABLA 9.4 Principales propiedades fisicoquímicas de las proteínas del plasma sanguíneo bovino
TABLA 9.5 Propiedades funcionales de las proteínas del plasma sanguíneo bovino
TABLA 9.6 Comparación de las características de los diferentes concentrados proteicos
TABLA 9.7 Composición del medio MRS
Lista de siglas
| AC | atmósferas controladas |
| ACV | análisis del ciclo de vida |
| AFU | aceites usados de fritura |
| AM | atmósferas modificadas |
| Andesco | Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones |
| ASE | extracción acelerada con disolvente |
| BC | borra de café |
| BHT | butil hidroxitolueno |
| CE | capacidad emulsionante |
| CES | capacidad espumante |
| CF | compuestos fenólicos |
| CFT | concentración de fenoles totales |
| CHI | chalcona isomerasa |
| CHS | chalcona sintasa |
| CIURE | Comisión Intersectorial para el Uso Racional y Eficiente de la Energía y Fuentes No Convencionales de Energía |
| CLG | solubilidad, capacidad de ligamento de grasa |
| CPTS | Centro de Promociones Tecnológicas Sostenibles |
| CRA | capacidad de retención de agua |
| CRTISO | carotenoide isomerasa |
| CVD | depósito químico en fase vapor |
| DCCR | diseño compuesto central rotacional |
| DES | solventes eutécticos profundos |
| DLS | dispersión dinámica de luz |
| DMAPP | dimetilalil difosfato |
| DNP | Departamento de Planeación Nacional |
| DOD | 3.4-dihidroxifenilalanina dioxigenasa |
| DOPA | 3.4-dihidroxifenilalanina |
| DQO | demanda química de oxígeno |
| DRX | difracción de rayos X |
| DSC | calorimetría diferencial de barrido |
| EAI | índice de actividad emulsionante |
| EAM | extracción asistida por microondas |
| EAU | extracción asistida por ultrasonido |
| EDTA | ácido etilendiaminotetracético |
| EE | estabilidad de la emulsión |
| EFS | extracción por fluidos supercríticos |
| EFSA | European Food Safety Authority |
| EM | extracción por maceración |
| EP | extracción por percolación |
| ES | extracción por Soxhlet |
| ESP | extracción con solvente presurizado |
| FAO | Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura |
| FDA | Food and Drug Administration |
| Findeter | Financiera de Desarrollo Territorial |
| FNCER | uso de fuentes no convencionales de energía renovable |
| FTIR | espectroscopía infrarroja con transformada de Fourier |
| GAE | ácido gálico |
| GEAL | Grupo de Investigación en Eficiencia Energética y Energías Alternativas |
| GEI | gases de efecto invernadero |
| GGPP | geranilgeranil difosfato |
| GRAS | agentes antioscurecimiento reconocidos como seguros |
| HBA | aceptador de enlaces de hidrógeno |
| HBD | donante de enlaces de hidrógeno |
| HPLC-DAD | cromatografía líquida de alto desempeño con arreglo de diodos |
| IEA | Agencia Internacional de la Energía |
| IL | líquidos iónicos |
| IPP | sopentenil difosfato |
| LC-DAD-MS | cromatografía líquida con detector de arreglo de diodos acoplada a espectrometría de masas |
| LHT | licuefacción hidrotérmica |
| MIR | regiones de infrarrojo medio |
| MP | mínimamente procesadas |
| MRS | Man, Rogosa y Sharpe |
| MUFA | ácidos grasos monoinsaturados |
| NIR | regiones de infrarrojo cercano |
| ODS | Objetivos de Desarrollo Sostenible |
| OECD | Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico |
| NP-HPLC | cromatografía líquida de alto desempeño en fase normal |
| PB | hidrolizados de plasma de bovino |
| PC | poder calorífico |
| PCS | espectroscopía de correlación de fotones |
| PDS | fitoeno desaturasa |
| PE | presurizado |
| PET | polietileno tereftalato |
| PFE | extracción con fluido a presión |
| PHSE | extracción presurizada con disolvente caliente |
| PHWE | extracción con agua caliente presurizada |
| PLE | extracción con líquidos presurizados |
| POD | oxidaciones catalizadas por peroxidasas |
| PPO | oxidaciones catalizadas por polifenoloxidasas |
| PSY | fitoeno sintasa |
| PUFA | ácidos grasos poliinsaturados |
| PVD | deposición física de vapor |
| pZ | potencial zeta |
| QELS | dispersión de luz cuasielástica |
| RC | recubrimientos comestibles |
| RECIEE | Red Colombiana de Conocimiento en Eficiencia Energética |
| RESS | expansión rápida de disoluciones supercríticas |
| RP-HPLC | cromatografía líquida de alto desempeño fase reversa |
| RSM | metodología de superficie de respuesta |
| RSOU | residuos sólidos orgánicos urbanos |
| RSS | relación sólido/solvente |
| RyS | residuos y subproductos |
| SAS | antisolvente supercrítico |
| SB | sistemas de bioenergía |
| SEDS | precipitación por los fluidos supercríticos |
| SEM | microscopía electrónica de barrido |
| SGE | sistema de gestión de la energía |
| SGIE | sistemas de gestión integral de energía |
| SHWE | extracción con agua sobrecalentada |
| SI | sistema internacional de unidades |
| SWE | extracción con agua subcrítica |
| TEM | microscopía electrónica de transmisión |
| TGA | análisis termogravimétrico |
| TYH | tirosina hidroxilasa |
| UV-VIS | espectroscopía ultravioleta-visible |
| VIH | virus de inmunodeficiencia humana |
| ZDS | caroteno desaturasa |
Los autores
Ana Cecilia Agudelo Henao. Licenciada en Educación-Física de la Universidad del Quindío (1984), magíster (1989) y doctora (1998) en Ciencias-Física de la Universidad del Valle. Realizó una pasantía doctoral en el Instituto de Química-Física Rocasolano (CSIC), Madrid, España (febrero 1994-marzo 1997). Fue profesora visitante en el Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Wiscosin, Estados Unidos (agosto del 2010-julio del 2011). Entre sus principales intereses de investigación se encuentran la física aplicada a la ingeniería, con énfasis en la síntesis de nanoestructuras de importancia ambiental y agroindustrial. Desde 1990 es profesora asociada en la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Correo electrónico: acagudeloh@unal.edu.co
Andrea del Pilar Sánchez Camargo. Ingeniera química de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá (2006), magíster en Ingeniería de Alimentos de la Universidade Estadual de Campinas, Brasil (2010) y doctorado en Biología y Ciencias de la Alimentación de la Universidad Autónoma de Madrid, España (2017). Realizó estancias posdoctorales en la Universidad Nacional de Colombia (2019) y en la Universidade Federal de Santa Catarina, Brasil (2020). Coautora de varios artículos científicos y capítulos de libros editados a nivel internacional. Tiene experiencia profesional en Ingeniería de Alimentos y de la Producción, y académica universitaria en Ingeniería Química, de Alimentos y Agroindustrial. Su área de investigación se centra en el uso de tecnologías verdes e innovadoras, basadas principalmente en la utilización de fluidos comprimidos para la obtención de compuestos bioactivos y la evaluación de su actividad biológica. Ha sido docente en diversas universidades, entre ellas la Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá. Actualmente se desempeña como profesora asistente en la Universidad de los Andes. Correo electrónico: ad.sanchez@uniandes.edu.co
Doris Yaneth Cadavid Rodríguez. Profesional en Física (2005), magíster en Ciencias-Física (2008) de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá, en el 2014 obtuvo el título de doctora en Física (Nanotecnología) de la Universidad de Barcelona, España. Trabajó durante tres años y medio como técnica de investigación en el Departamento de Materiales Avanzados del Instituto de Investigaciones en Energía de Cataluña (IREC) en Barcelona, España. En el 2013 fue investigadora visitante en el Novel Materials Laboratory de la University of South Florida. Durante su doctorado se centró en el desarrollo de estrategias de síntesis en solución para la producción de materiales nanoestructurados con propiedades termoeléctricas optimizadas, y sus actuales intereses de investigación son la producción, caracterización y optimización de materiales nanoestructurados con diferentes propiedades electrónicas, estructurales y térmicas para la aplicación en el campo de la conversión y el almacenamiento de energía. Actualmente es profesora asistente en la Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá. Correo electrónico: dycadavidr@unal.edu.co
Germán Ayala Valencia. Ingeniero agroindustrial (2011) de la Universidad Nacional de Colombia, magíster (2013) y doctor (2017) en Ciências da Engenharia de Alimentos de la Universidade de São Paulo, Brasil. Pasante en el Laboratorio de Tecnología de Alimentos de la Universidade de São Paulo, Brasil, y en el Laboratoire de Physique Thérmique de la École Supérieure de Physique et de Chimie Industrielles de la Ville de París, Francia. Entre sus principales intereses de investigación están el aislamiento y la caracterización de almidones no convencionales, la producción y caracterización de películas biodegradables a base de biopolímeros, nanopartículas metálicas y nanoarcillas. Actualmente es profesor asociado en la Universidade Federal de Santa Catarina, Brasil. Correo electrónico: g.ayala.valencia@ufsc.br
Harlen Gerardo Torres Castañeda. Químico (1999), magíster (2002) y doctor (2016) en Ciencias-Química de la Universidad del Valle. Experiencia académica universitaria en programas de Ingeniería. Sus áreas de investigación son los métodos y procesos físicos, químicos y físicoquímicos, la investigación fitoquímica y la ecología química de los productos naturales. Actualmente es profesor asociado en la Universidad Nacional de Colombia -Sede Palmira. Correo electrónico: hgtorresc@unal.edu.co
Hugo Alexander Martínez Correa. Ingeniero químico y magíster en Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Colombia (Manizales, 1996; Bogotá, 1998), y doctorado en Ingeniería de Alimentos de la Universidade Estadual de Campinas, Brasil (2010), donde fue becario del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Cuenta con experiencia académica universitaria en programas de Ingeniería Agroindustrial y de Alimentos, y sus áreas de investigación están relacionadas con operaciones y procesos de obtención de compuestos bioactivos mediante tecnologías como fluidos presurizados, extracción asistida por microondas/ultrasonido, su caracterización fisicoquímica, funcionalidad y aplicabilidad de los extractos, como también en diseño y desarrollo de procesos de transformación de materias primas agroindustriales. Actualmente es profesor asociado en la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Correo electrónico: hamartinezco@unal.edu.co
Juan Carlos Clavijo Salinas. Ingeniero agroindustrial (2009) y magíster en Ingeniería Agroindustrial (2015) de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. candidato a doctor en Ingeniería Sanitaria y Ambiental de la Universidad del Valle. Su experiencia académica universitaria es en el área de las Ingenierías Agroindustrial y Ambiental. Sus principales intereses de investigación son la valorización biotecnológica de residuos orgánicos y los biocombustibles. Desde el 2013 está vinculado como docente de cátedra en la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Correo electrónico: jclavijos@unal.edu.co
Judith Rodríguez Salcedo. Ingeniera química (1984) de la Fundación Universidad de América. Especialista en Ecología, Ambiente y Desarrollo (1997) de la Universidad INCCA de Colombia. Especialista (2002) y magíster (2005) en Ingeniería Sanitaria y Ambiental de la Universidad del Valle. Doctora en Agroecología (2020), de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Es miembro de diversos comités como la Red Colombiana de Conocimiento en Eficiencia Energética (RECIEE) y el Comité Técnico 186 del Icontec de combustibles líquidos, alcohol carburante y biodiésel. Coautora de tres libros. Sus áreas de desempeño son la eficiencia energética en el sector industrial, el análisis energético en sistemas agrícolas, el análisis de procesos de producción y el uso de combustibles líquidos y gaseosos y de biocombustibles. Actualmente se encuentra vinculada como profesora asociada en la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Correo electrónico: jrodriguezs@unal.edu.co
Leidy Johana Valencia Hernández. Ingeniera agroindustrial (2008), magíster en Ciencias Biológicas con énfasis en Biotecnología Vegetal (2015) de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira y candidata a doctora en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Autónoma de Coahuila, México. Su experiencia profesional y académica administrativa es en Ingeniería Agroindustrial, estando vinculada a diversas instituciones de educación superior como la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira y la Universidad Minuto de Dios Sede Buga. En el 2018 se vinculó como gestora de proyectos en el Tecnoparque del Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) Regional Tolima. Sus áreas de desempeño están orientadas a la ingeniería de procesos y biotecnología. Correo electrónico: ljvalenciah@unal.edu.co
Liliana Serna Cock. Bacterióloga (1987) de la Universidad de Caldas, especialista en Ciencia y Tecnología de Alimentos (1996) de la Universidad Nacional de Colombia y doctora en Ingeniería de Alimentos (2006) de la Universidad del Valle. Es coautora de tres libros en el área de biotecnología. Su experiencia académica universitaria y sus áreas de investigación se orientan hacia la biotecnología de las fermentaciones y el uso de residuos agroindustriales para la generación de valor. Es poseedora de tres patentes para la formulación de sustratos en procesos de fermentación a partir de diferentes residuos agroindustriales y para la composición de biosellante para prevenir la mastitis bovina y otras enfermedades infecciosas en animales domésticos. Actualmente se encuentra vinculada como profesora asociada en la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Correo electrónico: lserna@unal.edu.co
Luis Eduardo Ordóñez Santos. Ingeniero agroindustrial de la Universidad La Gran Colombia Seccional Armenia (1996), especialista en Salud Ocupacional en la Universidad Libre (2000) y doctor en el área de Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad de Santiago de Compostela, España. Posee experiencia laboral y académica universitaria en programas de Ingeniería Agroindustrial y de Alimentos, siendo sus principales áreas de investigación el diseño y la puesta en punto de procesos agroindustriales de frutas y hortalizas, valoración de los subproductos de las frutas como fuente de colorantes naturales y compuestos bioactivos, y evaluación del color en los productos agroindustriales. Actualmente es profesor titular en la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Correo electrónico: leordonezs@unal.edu.co
Luis Octavio González Salcedo. Ingeniero civil (1990), magíster en Civil Engineering (2005) de la Newport University, Estados Unidos, y doctor en Ingeniería de Materiales (2014) de la Universidad del Valle. Ha complementado su formación como Proyectista e Instalador de Energía Solar en Censolar, España, y como Programador de Computadores en el Centro de Estudios de la Energía Solar (Censolar) - Instituto de Técnicas Financieras y Contables (Itefco). Su experiencia profesional se ha enfocado en el diseño estructural, la construcción de vivienda y la asesoría en lo relacionado con maquinaria para la construcción. Sus áreas de interés son el diseño estructural, la construcción rural, las energías alternativas y la modelación matemática con inteligencia artificial. Coautor en las Agendas del Conocimiento, de la Universidad Nacional de Colombia, en el área de energía y de tres libros. Actualmente es profesor asociado en la Universidad Nacional de Colombia -Sede Palmira. Correo electrónico: logonzalezsa@unal.edu.co
Margarita María Andrade Mahecha. Ingeniera agroindustrial de la Universidad del Tolima (2002), con magíster (2009) y doctorado (2012) en Ingeniería de Alimentos de la Universidade Estadual de Campinas, Brasil. Experiencia académica universitaria en programas de Ingeniería Agroindustrial y de Alimentos. Sus áreas de investigación están orientadas hacia las películas biodegradables y los recubrimientos comestibles, el aprovechamiento de residuos agroindustriales y los sistemas de gestión de calidad. Actualmente es profesora asociada en la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Correo electrónico: mmandradem@unal.edu.co
María Isabel Gutiérrez López. Ingeniera ambiental de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira (2014) y magíster en Ciencias-Biotecnología de la Universidad ICESI (2020). Ha complementado su formación como Gestora Energética (2012) en la Universidad del Valle, Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira y Universidad Autónoma, y como Auditora energética ISO 500001 del Icontec (2012). Su experiencia profesional y académica administrativa está en el área de Ingeniería y Biotecnología, estando vinculada a diversas instituciones de educación superior como la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira y la Universidad ICESI. Sus áreas de desempeño están orientadas a la valorización de biomasas, el análisis de bioprocesos y la biotecnología industrial. Coautora de un libro. Actualmente se encuentra vinculada como docente hora cátedra y asistente de investigación en proyecto de regalías en la Universidad ICESI. Correo electrónico: migutierrez@icesi.edu.co
Óscar Julián Sánchez Toro. Ingeniero químico (1994), magíster en Biotecnología (1996) de la Academia Estatal de Tecnología Química Fina de Moscú M. V. Lomonosov, Rusia, y doctor en Ingeniería (2008) de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Manizales. Su experiencia académica universitaria la ha realizado en diversos centros de educación superior del país y ha sido Research Fellow del University College London y asesor de la FAO. Sus áreas de investigación se orientan a la biotecnología industrial, el aprovechamiento de residuos agroindustriales, el diseño de procesos de producción de biocombustibles y la ingeniería de bioprocesos. Es poseedor de una patente internacional sobre el diseño de un biorreactor para el cultivo en estado sólido. Actualmente se encuentra vinculado como profesor titular en la Universidad de Caldas. Correo electrónico: osanchez@ucaldas.edu.co
Pedro José Barragán Arango. Ingeniero de alimentos (1987) de la Universidad INCCA, especialista en Diseño y Fabricación Asistidos por Computador CAD/CAM (1998) de la Universidad de Caldas-Universidad de Holguín (Cuba), y en Docencia universitaria (2006) de la Universidad de Caldas. Recibió el título de doctor en Ciencias Agrarias (2017) en la Universidad de Caldas, institución a la cual se encuentra vinculado. Su investigación está enfocada en los procesos agroindustriales, principalmente en la temática del plasma sanguíneo y la tecnología de carnes. Correo electrónico: pbarragan@ucaldas.edu.co
Pedro Vanegas Mahecha. Ingeniero químico (1987), especialista en Salud Ocupacional (Higiene Industrial) de la Universidad Libre Seccional Cali (1997), y magíster en Ingeniería Agrícola (2008) de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá. Posee experiencia profesional en las áreas de Ingeniería Química y de Producción, así como académica universitaria en programas de Ingeniería Agrícola, Agroindustrial y de Alimentos. Sus áreas de investigación se relacionan con el aprovechamiento de residuos de origen agroindustrial, operaciones unitarias y procesos de poscosecha de materias primas agrícolas y de hierbas aromáticas, la gestión de la productividad y de la calidad y las ciencias térmicas. Creador de prototipos funcionales para la enseñanza de intercambio de calor. Actualmente está vinculado como profesor asociado en la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Correo electrónico: pvanegasmah@unal.edu.co
Saúl Dussán Sarria. Ingeniero agrícola de la Universidad Surcolombiana (1993), con estudios de magíster (1998) y doctorado (2002) en Ingeniería Agrícola de la Universidade Estadual de Campinas, Brasil. Su experiencia académica universitaria la ha desarrollado en Ingeniería Agrícola, Agroindustrial y de Alimentos, orientando sus investigaciones hacia la calidad de los alimentos, los envases para alimentos, los procesos de fisiología y tecnología poscosecha, y la agroindustria de frutas y hortalizas. Actualmente es profesor asociado en la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Correo electrónico: sdussan@unal.edu.co
Introducción
La ingeniería agroindustrial transforma la materia prima en servicios y bienes, a partir de actividades tanto en el sector alimenticio como no alimenticio; como rama de la ingeniería su objeto de estudio es la producción, conservación, transformación y comercialización de materias primas de origen biológico (Da Silva, Shepherd, Jenane y Miranda, 2013). De esta forma, se obtienen aplicaciones alimentarias en carnes, leches, frutas y hortalizas, recursos pesqueros, fermentaciones, enzimas, entre otros, así como aplicaciones no alimentarias, como el caso del aprovechamiento de curtiembres, recursos maderables y biocombustibles, para no citar un extenso listado de estas (Stincer, 2012).
En el aprovechamiento óptimo e integral de estos recursos biológicos para uso alimentario y no alimentario, sus procesos involucran tanto valores agregados como la adecuación de estos para dinamizar las cadenas productivas, los principios de sostenibilidad y la preservación del ambiente (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible - MinAmbiente, 2014). En esta última consideración, como proceso de transformación, la ingeniería agroindustrial en sus actividades genera un importante volumen de residuos; en Colombia, el Departamento de Planeación Nacional (DNP) promueve mecanismos para que al menos un 20 % de los residuos agroindustriales sean convertidos en subproductos, es decir en alternativas de materia para nuevos productos y, a corto plazo, en una alternativa de mitigación de esta problemática ambiental (Peñaranda, Montenegro y Giraldo, 2017).
Diversas y nuevas transformaciones permiten convertir dichos residuos agroindustriales en subproductos, ya que sus características y propiedades han evidenciado la posibilidad de ser aplicados en las industrias cosmética y nutricional, farmacéutica, energética en el área de los biocombustibles, de la industria de la construcción y otras exploraciones que no son mencionadas acá, pero que en el diario quehacer investigativo se vienen realizando (Vargas y Pérez, 2018).
En un esfuerzo interdisciplinario e interinstitucional, un selecto grupo de investigadores, adscritos a diversos grupos de investigación y con conocimientos propios de su formación académica, abordan la temática del aprovechamiento de los residuos agroindustriales tanto en el sector alimenticio como no alimenticio. El resultado de esta exposición queda plasmado en este documento, que desde la perspectiva curricular propone el programa de Ingeniería Agroindustrial de la Facultad de Ingeniería y Administración de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira. Este documento se estructura en nueve capítulos, organizados desde un enfoque prioritario de la comprensión del resultado de la cadena productiva, hacia la decantación en diversas alternativas específicas del aprovechamiento del subproducto.
El primer capítulo, bajo la autoría de Pedro Vanegas Mahecha, Margarita María Andrade Machecha y Hugo Alexander Martínez Correa, titulado “El resultado de las cadenas agroindustriales: subproductos y residuos de la actividad agrícola”, expone el resultado inmediato de la generación de residuos agroindustriales en la actividad productiva. A partir del concepto formado en la escuela francesa y otros posteriores (López y Castrillón, 2007), se evalúan todos esos componentes interactivos que agregan valor a los flujos continuos y discontinuos de productos y procesos dentro del sistema de la agroindustria, con sus grandes sectores agroeconómicos: el alimentario y el no alimentario, orientándose entonces hacia los subsistemas de las cadenas agroalimentarias como la leche, las carnes y demás alimentos en general.
Como una iniciativa para el buen trato del medio ambiente, Andrea del Pilar Sánchez Camargo y Hugo Alexander Martínez Correa, presentan el segundo capítulo “Nuevas tecnologías verdes en la extracción de compuestos bioactivos a partir de residuos agroindustriales”, en el que se abordan las técnicas de extracción y separación en el análisis y la industria de los alimentos, que usualmente utilizan disolventes, generan fuentes de contaminación, entre otros temas. Los avances tecnológicos y científicos en los últimos años en el área de la “química verde” se han orientado a desarrollar disolventes amigables con el ambiente, capaces de reemplazar los tradicionales, con características únicas como presión de vapor nula, alta estabilidad térmica, entre otras (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura - Unesco, 2012). En estos términos aparecen también tecnologías como la extracción con fluidos supercríticos, la cual es usada para la obtención de una gran variedad de compuestos químicos.
Los colorantes y tintes naturales, obtenidos de plantas, invertebrados o minerales, han sido utilizados desde épocas muy remotas como lo evidencian estudios y hallazgos arqueológicos en colorantes textiles del periodo Neolítico (Guirola, 2010). La mayor parte de los colorantes naturales son de origen vegetal, provenientes de raíces, bayas, cortezas, hojas, madera, hongos y líquenes; en adición, estos aventajan a los sintéticos por su sustentabilidad, al ser considerados como un recurso renovable que utiliza auxiliares naturales o de bajo, incluso, nulo impacto ambiental (Toledo, 2015). Por otra parte, el oscurecimiento enzimático que aparece en diversos vegetales como la manzana, la papa, el banano, el aguacate y otros, es manejado con la aplicación de procesos térmicos (Aguilar, 2012), a pesar de que la tendencia moderna es la de darle a los alimentos un procesamiento térmico mínimo —o de otro tipo—, pero siempre orientado a un impacto menor durante el tratamiento. De esta manera, Luis Eduardo Ordóñez Santos y Harlem Gerardo Torres Castañeda con “Obtención de colorantes naturales de origen vegetal”, y Saúl Dussán Sarria con “Oscurecimiento enzimático: control y aprovechamiento de antioxidantes para aplicación de frutas y hortalizas mínimamente procesadas”, tercer y cuarto capítulo, respectivamente, abordan el aprovechamiento desde una perspectiva ambiental y del recurso vegetal.
En los capítulos quinto y sexto, denominados “Algunas técnicas de caracterización de materiales de interés agroindustrial” y “Síntesis y caracterización de nanopartículas metálicas de interés agroindustrial”, respectivamente, Ana Cecilia Agudelo Henao, Doris Yaneth Cadavid Rodríguez y Germán Ayala Valencia, muestran las diversas metodologías y técnicas para caracterizar los subproductos agroindustriales. Esta caracterización permite la determinación de sus propiedades, conocimiento que, sin duda, potencia las futuras aplicaciones en nuevos procesos (Buera y Román, 2016).
Una de las aplicaciones más importantes en el aprovechamiento de los residuos agroindustriales corresponde a su uso como biomasa, como fuente alterna energética (De Lucas, del Peso, Rodríguez y Prieto, 2012). El séptimo capítulo, “Biomasa residual como fuente de energía”, comparte las experiencias realizadas por un grupo de investigación en el área de las energías alternativas, elaborado por Judith Rodríguez Salcedo, Juan Carlos Clavijo Salinas, Leidy Johana Valencia Hernández y María Isabel Gutiérrez López.
Por su parte, Luis Octavio González Salcedo aborda los materiales de ingeniería a partir del aprovechamiento de residuos de origen vegetal, para ser incluidos en diversas matrices como fibras de refuerzo o como componentes complementarios tipo agregados (Instituto Nacional de Tecnología Industrial - INTI, 2016; Velásquez, Peláez y Giraldo, 2016), dando forma al capítulo “Fibrorreforzamiento y agregados de origen vegetal”.
La sangre de origen bovino se puede considerar como una fuente rica en proteínas que al aprovecharse se constituye en materia prima para la elaboración de fertilizantes, concentrados, alimentos para consumo humano, con amplias aplicaciones en las industrias alimentaria, farmacéutica, agrícola y cosmética (Silva y Chocontá, 2011). En estos términos, por último, en el noveno capítulo, “Posibilidades agroindustriales del plasma sanguíneo”, Pedro José Barragán Arango, Óscar Julián Sánchez Toro y Liliana Serna Cock, exploran alternativas de uso del recurso de origen animal, específicamente de derivados de la sangre del ganado bovino.
Este documento en conjunto reúne diversas experiencias en el aprovechamiento de los residuos del sector agroindustrial. Los autores de cada capítulo realizaron diversas versiones para ajustar en cada una las observaciones y sugerencias que, desde una mirada general, fue realizada. En estos términos, se agradece la revisión y las sugerencias realizadas por la profesora asociada Aurora Peña Rueda, zootecnista, especialista y magíster en Tecnología de Alimentos. Su amplia mirada, fruto de la experiencia docente e investigativa en la carrera de Ingeniería Agroindustrial, de la cual fue integrante del equipo fundador, permitió sin duda orientar los tópicos hacia el orden temático de interés de los futuros lectores de este documento. Finalmente, se agradece la posterior revisión que un amplio jurado experto en las diferentes temáticas llevó a cabo.
Luis Octavio González Salcedo
Compilador
Referencias
Aguilar, J. (2012). Métodos de conservación de alimentos. Tlalnepantla, México: Red Tercer Milenio.
Buera, M. D. P. y Román, P. (eds.). (2016). Aprovechamiento de subproductos y valorización de recursos autóctonos: interrelación investigación-producción-desarrollo y sociedad. Buenos Aires: Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED), Universidad de Buenos Aires-Conicet.
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Guirola, C. (2010). Tintes naturales su uso en Mesoamérica desde la época prehispánica (A. Cajas ed.). Ciudad de Guatemala: Asociación FLAAR Mesoamérica.
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Introducción
Durante la transformación de las materias primas provenientes de la agricultura en productos de valor agregado se generan residuos y subproductos (RyS) que muchas veces se convierten en desechos, los cuales por lo general, tienen como disposición final los botaderos de basura, sin que previamente se realice una valoración de su potencial de aprovechamiento. En este capítulo se presenta una visión de la generación de RyS en la cadena agroindustrial en un modelo de producción limpia, haciendo énfasis en dos fases o etapas: 1) cosecha o recolección de las materias primas, y 2) procesamiento o transformación de las materias primas y valoración de los residuos como ingredientes para las industrias alimentarias, farmacéutica y cosmética, y alimentación animal.
Se resalta lo concerniente a RyS provenientes de las cadenas agroindustriales más representativas de Colombia, describiendo la de frutas y otros vegetales, caña de azúcar, arroz, maíz, trigo, palma de aceite y café, haciendo énfasis en el aprovechamiento de estos, no solo para la generación de energía en las estaciones térmicas de las fábricas por su poder calorífico, sino en otras aplicaciones importantes. En la mayoría de casos los RyS contienen compuestos valiosos que pueden ser recuperados, convirtiéndose en materia prima o insumo para la obtención de otros productos, por ejemplo: fertilizantes, alcohol, aglomerados, biogás, materiales absorbentes y materiales de construcción, entre otros.
Actualmente, el aprovechamiento de la biomasa se integra en el concepto de biorrefinería, que adquiere interés económico debido a los productos que se pueden obtener a partir de esta. Como es conocido, en la poscosecha y transformación de materias primas de origen agrícola se generan RyS que son fuente de proteínas, minerales, ácidos grasos, fibra y/o compuestos bioactivos, los cuales, al ser usados como ingredientes en la formulación de nuevos alimentos, pueden aportar beneficios específicos a la salud del consumidor (alimentos funcionales). En consecuencia, técnicas de identificación y caracterización, operaciones de extracción y estudios sobre estabilidad e incorporación de ingredientes funcionales obtenidos de subproductos y residuos son algunos de los desafíos más importantes para el sector agroindustrial. Por lo tanto, se requiere utilizar la ciencia y la innovación para aprovechar de manera eficiente subproductos y residuos como materia prima para la obtención de compuestos de interés que pueden ser usados en la producción de alimentos funcionales.
De acuerdo con lo anterior, con respecto a la oferta de productos que contienen ingredientes naturales extraídos de subproductos o residuos que aporten beneficios específicos a la salud, el sector agroindustrial estaría cubriendo la demanda del consumidor actual, ampliando las oportunidades de crecimiento para diferentes industrias y trabajando en la mitigación de los impactos ambientales negativos asociados a la generación de residuos con alta carga orgánica.
Residuos y subproductos en la producción agrícola
El dinamismo agroindustrial comprende, por un lado, las actividades del sector agrícola (cultivo, cosecha, poscosecha) y, por otro lado, el sector industrial, que transforma las materias primas agroalimentarias. En todas las actividades se producen RyS. El 95 % de la biomasa producida está compuesta por carbohidratos, lignina, lípidos y proteínas; el restante 5 % lo conforman los pigmentos, vitaminas, enzimas y aceites esenciales. Los RyS generados en la producción agrícola provienen en mayor medida de las dos actividades principales: cosecha y procesamiento, los cuales se clasifican en subproductos y residuos de cosecha, constituidos por pajas, rastrojos, hojas, madera de poda; en caso de que estén verdes se caracterizan por alta humedad y contenido de celulosa y lignina. Pueden ser empleados directamente para alimentación animal (Crawshaw, 2009; Reddy y Yang, 2005; Yadav, Kale, Hicks y Hanah, 2017).
En cuanto a los residuos de cosecha secos (hojas secas, tallos), en la mayoría de los casos pueden incorporarse al suelo después de un acondicionamiento físico (cortado, troceado, molido) o son adicionados como fertilizantes durante la preparación de nuevos cultivos. En varios países, durante la cosecha de la caña de azúcar, se practican las quemas para facilitar el corte; la hojarasca que resulta se esparce e integra al suelo para un nuevo cultivo.
El otro grupo lo conforman los subproductos y residuos de poscosecha y transformación, de los que hacen parte los materiales que no cumplen con especificaciones exigidas, granos partidos, harinas, salvado, o que presenten daños mecánicos. Se pueden incluir en esta categoría los RyS de la transformación de las materias primas como frutas con sobremaduración, cáscaras, semillas, tallos y flores de los cuales se pueden recuperar compuestos bioactivos de importancia en múltiples aplicaciones en la industria farmacéutica, cosmética y alimentaria (Ramírez y Suárez, 2010).
Durante la cosecha y transformación de materias primas agrícolas se producen: 1) residuos, materiales sobrantes como cáscaras, en cuya estructura se pueden encontrar compuestos como pectinas, ácidos grasos, esencias, colorantes (carotenoides, clorofilas, antocianinas, betalaninas), antioxidantes (como el licopeno y compuestos fenólicos - CF), almidón y algunos con posibilidades de ser extraídos para sintetizar otros compuestos o servir como ingredientes en la industria agroalimentaria, y 2) subproductos, materiales secundarios, útiles, comercializables y por lo tanto aprovechables, resultantes de un proceso de transformación. En esta clasificación pueden considerarse las frutas y los vegetales que por defectos de calidad (daños leves), tamaño, forma o algún otro atributo no cumplen con las especificaciones exigidas por el consumidor, convirtiéndose en material de uso potencial en otras aplicaciones; también hacen parte de esta categoría las harinas provenientes de una operación de molienda, granos partidos, salvados, germen, etc.
Por lo general los RyS que durante la poscosecha y el procesamiento son manejados de manera deficiente se convierten finalmente en desechos; son confinados, incinerados o llevados a los botaderos de basura, lo que genera problemas ambientales en la mayoría de los casos, al no considerar alternativas de aprovechamiento. De este modo, durante la transformación de una materia prima agrícola en producto de valor agregado pueden resultar tanto subproductos como residuos; por ejemplo, para obtener el café molido que se consume en los hogares es necesario someterlo a varias etapas hasta obtener el grano de café, luego tostarlo y posteriormente molerlo, teniendo residuos como piel, pulpa, pergamino y pectina (figura 1.1), que pueden utilizarse en muchas aplicaciones como se verá posteriormente. En la tabla 1.1 se presenta una clasificación de RyS contenidos en las materias primas agrícolas, indicando una composición general de cada uno.
Los vegetales, dentro de sus constituyentes, contienen los denominados metabolitos primarios, compuestos químicos producidos por casi todos los organismos. Estos intervienen en los procesos de supervivencia, crecimiento y reproducción necesarios para el metabolismo a nivel celular, aminoácidos y azúcares (Sagwan, Rao y Sharma, 2010). Por otra parte, los metabolitos secundarios son compuestos químicos sintetizados por células vegetales que cumplen funciones no esenciales para su crecimiento o reproducción (Bloom, 2010). Pueden ser clasificados en varias familias: terpenoides, CF y sus derivados (compuestos nitrogenados o alcaloides).

Figura 1.1
Residuos y subproductos que resultan del procesamiento del café
Fuente: fotografía de Pedro Vanegas Mahecha (2017).
Además los carbohidratos, componentes mayoritarios de las plantas, compuestos por carbono, hidrógeno y oxígeno, se encuentran en todos los tejidos vegetales, en los jugos de frutas, semillas, raíces, tubérculos, hojas y tallos. Algunos ejemplos son: glucosa, fructosa, sacarosa, materiales estructurales como celulosa, hemicelulosa, pectinas, almidón, gomas vegetales, entre otros. También están presentes los lípidos, conformados por las grasas, ricas en carbono e hidrógeno, insolubles en agua, de fácil disolución en solventes orgánicos (cloroformo, éteres, acetona, alcoholes). Son ejemplos: grasas, aceites, fosfolípidos, glicolípidos, ceras, compuestos de la cutina y suberina, presentes en semillas y en algunas frutas como el aguacate y las aceitunas (Salisbury y Ross, 2000).
Es importante considerar que la mayor parte de la biomasa que proviene de vegetales, frutas, legumbres y cereales contiene fibra, constituida por los componentes orgánicos de la pared celular vegetal (celulosa, hemicelulosa, lignina, pectina y gomas). La fibra aporta importantes beneficios a la salud humana, entre los cuales se encuentra la regulación del tránsito intestinal y su función como coadyuvante en el tratamiento de diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer de colon (Ayala-Zavala et al., 2011; Kaczmarczyk, Miller y Freud, 2012).
Tabla 1.1
Composición de los residuos y subproductos contenidos en las materias primas agrícolas

Fuente: adaptación de Méndez (1995).
De igual forma, algunos componentes que se encuentran en los RyS se consideran bioactivos y funcionales; se trata de aquellos que tienen una actividad biológica en el organismo humano, ayudando a la prevención de enfermedades coronarias, hipertensión, algunos tipos de cáncer, entre otras (Morais et al., 2014).
Residuos y subproductos en la cadena agroindustrial
La cadena agroindustrial (alimentaria y no alimentaria) es la articulación de los procesos que inician con la producción primaria agrícola hasta que el producto llega al consumidor final, teniendo tres momentos definidos: 1) sector primario o de la producción de la materia prima y cosecha; 2) poscosecha y agroindustria o transformación de las materias primas en productos de valor agregado, y 3) comercialización o distribución de los productos transformados hasta el consumidor final.
Cabe considerar que la agroindustria moderna exige un nuevo modelo de transformación, consistente en el reto de explotar al máximo las materias primas de origen agrícola, dando uso a los RyS generados durante las etapas de cosecha, poscosecha y procesamiento. Por otra parte, actualmente el alto precio del petróleo hace que el aprovechamiento de la biomasa se convierta en un fuerte renglón de la economía; dentro de esta perspectiva se pueden mencionar los ingenios azucareros, que generan electricidad a partir de la combustión del bagazo de caña y la combinación de procesos biológicos, termoquímicos y químicos para la obtención de diversos productos (Naik, 2010; Sanders et al., 2012). En la figura 1.2 se presenta el modelo de una biorrefinería, mostrando las diferentes vías y posibilidades de extracción y obtención de productos de valor agregado.
De este modo los subproductos y residuos de origen agrícola, ricos en biomasa, han llevado a la producción de materiales que pueden ser utilizados en industrias, incluso en aplicaciones para resolver problemas ambientales como el tratamiento de aguas residuales (Anastopoulos y Kyzas, 2014; Bhatnagar, Sillanpää y Witek, 2015).
A continuación se referencian algunas agroindustrias representativas de Colombia, como las de frutas y otros vegetales, caña de azúcar, cereales (maíz, arroz), oleaginosas (palma aceitera) y café, presentando un análisis de la generación de RyS en las fases de su procesamiento.

Figura 1.2
Biorrefinería. Extracción de productos de valor agregado
Fuente: adaptación de Antolín (2012).
Agroindustria de frutas y otros vegetales
La producción de frutas tropicales fue cercana a 200 millones de t en el 2016, que representa un aumento del 10 % a partir del 2013 (FAO, 2021). Colombia es el segundo país productor de frutas tropicales en América Latina con 4 062 634 t (Dane, 2017) debido, en gran parte, a su ubicación geográfica y a la variedad de frutas disponibles, que son nuevas en el mercado y que exhiben excelentes cualidades sensoriales, nutricionales y/o nutracéuticas (Jiménez et al., 2011). El procesamiento de frutas en Colombia se destina principalmente a la producción de pulpas, néctares, salsas, frutas en almíbar, frutas deshidratadas, jaleas, mermeladas, dulces y compotas (Nieto y Niño, 2018), procesamiento que alcanza rendimientos entre el 40 %-55 % de peso inicial de la fruta que entra como materia prima y genera entre el 45 %-60 % de residuos. El tipo de residuo depende del tipo de fruta y del proceso de transformación aplicado, pero en general se componen de cáscara, semillas y pulpa (Viganó et al., 2016).
En esta sección se detallan algunas frutas y otros vegetales cuyos residuos han sido estudiados por diferentes autores en función de su composición y alternativas de aprovechamiento, todo esto enmarcado en el concepto de biorrefinería (figura 1.2). Para cada caso, se presenta información sobre el tipo de residuo generado, composición del residuo y alternativas para su aprovechamiento.
Banano (Musa paradisiaca)
La producción mundial de banano alcanzó 116 millones de t, siendo una fruta de gran importancia regional por ser la principal fruta tropical producida en América Latina y el Caribe (FAO, 2021). Las cáscaras (epicarpio) de banano constituyen entre el 30 % y el 40 % del peso del fruto fresco (Pathak, Mandavgane y Kulkarni, 2016), y poseen un contenido de fibra total dietaria (43.2 %-49.7 %), lignina (6 %-12 %), pectina (10 %-21 %), celulosa (7.6 %-9.6 %), hemicelulosa (6.4 %-9.4 %) y ácido galacturónico. Las pectinas extraídas tienen alto contenido de glucosa, galactosa, arabinosa y xilosa (Khamsucharit, Laohaphatanalert, Gavinlertvatana, Sriroth y Sangseethong, 2018). La bioconversión de piel de banano ha sido probada tecnológicamente para la producción de combustibles, como biogás (Achinas, Krooneman y Euverink, 2019) y etanol (Gebregergs, Gebresemati y Sahu, 2016), bioproductos como ácido cítrico (Monrroy, Rueda, Aparicio y García, 2019) y enzimas (Parveen, Saheed y Zahangir, 2012).
En los residuos de banano se han encontrado algunos compuestos de interés, por ejemplo, antocianinas extraídas de las brácteas de banano (Susaritha, Prakash y Vadivel, 2021), CF hasta 4700 mg equivalentes de ácido gálico/100 g (mg GAE/ 100 g), donde se destacan rutina, quercetina, miricetina, camferol y cianidina (Sidhu y Zafar, 2018). En tanto que se reportan carotenoides (186 μg/100 g) entre los cuales se destacan luteína, trans-alfa y trans-beta caroteno y fibra (7680 mg/100 g) (Hernández-Carranza et al., 2015; Yan et al., 2016).
Mango (Manguifera indica L.)
Es la principal fruta tropical producida a nivel mundial (Asia, América Central y el Caribe), alcanzando una producción total de 55.8 millones de t de mango, incluyendo mangostino y guayaba (FAO, 2021). Las cáscaras (epicarpio) de mango constituyen entre el 7 % y el 24 % del peso total de la fruta (Jahurul et al., 2015), reportándose alto contenido de polifenoles (90.18-109.7 mg/g), antocinaninas (360-365 mg/100 g), carotenoides (194-436 μg/g), enzimas, vitaminas E y C, que tienen propiedades funcionales y antioxidantes (Tunchaiyaphum, Eshtiaghi y Yoswathana, 2013). Entre los CF se destacan los ácidos gálico, protocatecuico, siríngico y ferúlico (Gutiérrez-Grijalva, Ambriz-Pére, Leyva-López, Castillo-López y Heredia, 2016), en tanto que los principales carotenoides fueron β-caroteno, cis-β-caroteno y violaxantina (Ranganath, et al., 2018).
Por otro lado, la semilla, que puede representar hasta el 20 % del fruto, contiene aproximadamente el 15 % en grasas con la característica especial de no poseer grasas trans; además se considera una fuente rica en ácidos palmítico (C16:0), esteárico (C18:0), oleico (C18:1) y linoleico (C18:2) (Jahurul et al., 2014). Adicionalmente se reporta la presencia de diferentes CF incluyendo ácidos fenólicos, galoil glucósidos y esteres de ácido gálico (Castro-Vargas et al., 2019). García-Mendoza, Paula, Paviani, Cabral y Martínez-Correa (2015) reportaron la presencia de carotenoides y polifenoles totales con propiedades antioxidantes. En este estudio, extractos de cáscaras de frutos de mango presentaron alto contenido de carotenoides totales (5604.61 ± 0.51 mg de β-caroteno/g bs) y polifenoles totales (23.52 ± 0.41 mg GAE/g bs). Así, las cáscaras provenientes del procesamiento agroindustrial de este fruto son fuente potencial de compuestos bioactivos de uso como antioxidantes naturales, ingredientes alimentarios funcionales y alimentos nutracéuticos (Ajila, Aalami, Leelavathi y Rao, 2010), permitiendo mejorar calidad nutricional y sensorial del producto final.
Mora (Rubus glaucus)
En el contexto internacional, la mora no representa producción de importancia debido a la oferta de arándanos y frambuesas, siendo México el país que se destaca por su actividad exportadora (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, s. f.). Los residuos de su procesamiento (semillas) pueden alcanzar hasta un 20 % de su peso total (Pasquel, Machado, Barbero, Rezende y Martínez, 2014). El fruto es fuente de diferentes CF con actividad antioxidante, los cuales actúan reduciendo la concentración de radicales libres. Las semillas son fuente importante de aceite, que posee un gran porcentaje de ácidos grasos insaturados (85%-96%) (ácido oleico y ácido linoleico) (Pantoja-Chamorro, Hurtado-Benavides y Martínez-Correa, 2017b). Adicionalmente, se reporta la presencia de compuestos minoritarios: el escualeno, β-sitosterol, α-tocoferol, γ-tocoferol y δ-tocoferol de importancia en industrias cosmética y farmacéutica (Pantoja-Chamorro et al., 2017b).
Maracuyá (Passiflora edulis)
En el 2020 la producción de maracuyá en Colombia fue de 220.9 t, representando el 4 % de los frutales (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, 2020). Se estima que el procesamiento de maracuyá genera grandes volúmenes de residuos como semillas y epicarpio, que representan alrededor del 60 % en peso del fruto (de Silva, Batista y Maróstica, 2014; Janzantti, Macoris, Garruti y Monteiro, 2012; Viganó et al., 2016). En los últimos años se ha generado un interés cada vez mayor por el aprovechamiento de los residuos de cáscara de maracuyá debido a su contenido de fibra, a veces superior al 35% en materia seca (López-Vargas, Fernández-López, Pérez-Álvarez y Viuda-Martos, 2013; Nascimento. Mulet, Ramírez Ascheric, Carvalho y Cárcel, 2016). Este residuo también contiene ácidos grasos insaturados, carotenoides, tocoferoles y polifenoles, todos ellos con importantes beneficios para la salud (Hernández-Santos et al., 2015; Liu et al., 2012; López-Vargas et al., 2013; Macagnan, Silva y Hecktheuer, 2016; Malacrida y Jorge, 2012; Martínez et al., 2012; Oliveira, Angonese, Gomes y Ferreira, 2016).
Entre los beneficios para la salud que poseen los componentes presentes en el epicarpio del maracuyá se han indicado la reducción del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y la digestión de lípidos, contribuyendo así al control de peso y también a la reducción del riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer (Ayala-Zavala et al., 2011). Por otro lado, las fibras insolubles presentes en el epicarpio son resistentes a la absorción, digestión en el intestino delgado y, a su vez, sufren una fermentación completa o parcial en el intestino grueso, lo que conlleva beneficios asociados al buen tránsito intestinal y a la prevención de enfermedades como la diabetes, problemas cardiovasculares y cáncer de colon. Se ha reportado contenido de fibra dietaria insoluble y soluble de 44.84 y 26.62 g/100 g respectivamente, indicando su potencial uso como sustituto de grasa en la formulación de diversos productos alimentarios debido a su alta capacidad de retención de agua, aceite y capacidad emulsionante (Molina-Hernández, Martínez-Correa y Andrade-Mahecha, 2019). Adicionalmente, Marques et al. (2016) reportaron la estrecha relación entre la fibra dietaria presente en residuos de epicarpio de maracuyá y el beneficio en pacientes con virus de inmunodeficiencia humana (VIH), que presentan serios problemas de dislipemia, lo que genera un aumento excesivo de colesterol en la sangre. La fibra soluble permite reducir considerablemente estos niveles gracias a las propiedades funcionales que presentan y a la capacidad de sintetizar ácidos grasos de cadena corta. La fibra obtenida a partir de residuos de maracuyá se puede incorporar en productos alimenticios como agentes texturales, no calóricos para la sustitución parcial de grasa, con el fin de garantizar la retención de agua, aceite y la estabilidad de las emulsiones (Elleuch et al., 2011; Hernández-Santos et al., 2015; López-Vargas, Fernández-López, Pérez-Álvarez y Viuda-Martos, 2014).
En estudios de Pantoja-Chamorro, Hurtado-Benavides y Martínez-Correa (2017a) se presenta la extracción de aceite a partir de las semillas de maracuyá, con un rendimiento del 22.2 % (con respecto a la semilla seca). Este aceite presenta cerca del 84 % de ácidos grasos insaturados, principalmente ácidos linoleico y oleico, lo que permitiría su uso potencial como ingrediente para las industrias alimentarias.
Uva (Vitis vinifera)
El departamento del Valle del Cauca es el principal productor nacional de uva isabella con cerca de 1868 ha cultivadas (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, 2017a). Es uno de los cultivos más producidos en todo el mundo y su aprovechamiento principal es la fabricación de vino, en la que no se usa ni la piel ni las semillas o la pulpa, dando como resultado un subproducto denominado orujo que, convertido en harina, se ha empleado en la formulación de pan funcional (Ceballos et al., 2016). De acuerdo con Ribeiro et al. (2015), citados en Andrade et al. (2019), este subproducto es una fuente rica en CF como epicatequina, catequina, ácido gálico, procianidina y ácidos fenólicos. El contenido fenólico de las semillas es el más alto (60 %-70 %), seguido por la piel (28 %-35 %) y por último la pulpa (10 %). Las semillas están constituidas generalmente por CF, fibra, aceites esenciales y proteína. Las cáscaras, por su parte, son una fuente de antocianinas con propiedades antioxidantes y antimutagénicas y, finalmente, los tallos son una gran fuente de taninos con uso potencial en nutracéutica y farmacología (Andrade et al., 2019). Ferrari et al. (2019) concuerdan con los autores anteriores en que el orujo es una fuente rica en aceites esenciales y polifenoles (antocianinas, flavonoles, ácidos fenólicos, entre otros), pero además mencionan que se le ha dado un uso adicional para extraer ácido cítrico, metanol, etanol y xantano por fermentación, además de su empleo para producir energía por metanización.
Guayaba (Psidium guajava L.)
En el 2020 la producción mundial de guayaba representó 2.08 millones de t, donde Colombia ocupó el 6º lugar (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, 2020). La guayaba se procesa principalmente en forma de puré y concentrado. El procesamiento del puré solo involucra el 75 % de la fruta completa y los residuos de pulpa sólida remanentes se desechan como desechos sólidos en cada etapa de procesamiento (Nagarajan et al., 2019). Estos residuos se conocen como decantados y, según Ismail (2011) citado en Nagarajan et al. (2019), la cantidad de licopeno encontrada en este residuo fue del 31.5 % en relación (p/p), un porcentaje mayor que en la parte comestible; también es una fuente potencial de pectina (Lima, Regina, Ferreira, Vitali y Mara, 2019). También se han reportado diversos flavonoides (flavanoles monoméricos, proantocianidinas, flavonoles, flavanonas, isoflavonoides y neoflavonoides (Liu et al., 2018). Además, se ha evaluado el potencial de estos epicarpios para la elaboración de cosméticos fotoprotectores, encontrando que el ácido elágico presenta una actividad antioxidante in vitro y una sinergia con el filtro solar UV químico, lo que aumenta la eficacia en la capacidad de absorber ondas solares (Milani et al., 2018). Por otro lado, en semillas de guayaba se ha identificado aceite rico en β-sitosterol, γ-tocoferol, ácido linoleico y CF como vainillina, cinamaldehído, ácido vanílico y ácido cinámico (Narváez-Cuenca, Inampues-Charfuelan, Hurtado-Benavides, Parada-Alfonso y Vincken, 2020).
Zapallo (género Cucurbita)
El zapallo o ahuyama pertenece a la familia de las cucurbitáceas, las cuales se clasifican en función de la especie, textura y forma de sus tallos en Cucurbita pepo, Cucurbita moschata, Curcubita máxima y Curcubita mixta. En el 2019 se produjeron 22.9 millones de t, de las cuales 140 000 t fueron de origen colombiano (FAO, 2021). Esta hortaliza posee alto contenido de carotenoides (Altemimi, Watson, Choudhary, Dasari y Lightfoot, 2016) y, adicionalmente, es un vegetal rico en vitaminas, minerales, fibra, carbohidratos y antioxidantes. Los polisacáridos del zapallo presentan actividad hipoglucémica debido a su composición rica en fibra, la cual puede reducir el nivel de glucosa en la sangre (Różyło et al., 2014). El consumo de alimentos que contienen β-caroteno puede reducir el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, ofreciendo protección contra enfermedades del corazón y ayudando a prevenir enfermedades de la piel y trastornos de la visión (Cerniauskiene, Kulaitiene, Danilcenko y Jarienė, 2014). Debido al contenido de proteína, fibra dietaria, β-caroteno y minerales, la harina de zapallo está siendo utilizada como sustituto parcial de la harina de trigo en la elaboración de pan (See, Wan y Noor, 2007), tortas, espagueti (López-Mejía, Andrade-Mahecha y Martínez-Correa, 2016; Padalino, Mastromatteo, Lecce, Cozzolino y del Nobile, 2013), galletas (Kulkarni y Joshi, 2013), pancakes (López-Mejía, Martínez-Correa y Andrade-Mahecha, 2019), entre otros. La obtención de harina de zapallo genera dos tipos de residuo que corresponden a cáscara (4.01 %) y semillas (8.85 %).
Por otro lado, el aceite obtenido de las semillas de zapallo es fuente de ácidos grasos insaturados como los ácidos oleico, linoleico y palmítico, alcanzando contenido de ácidos insaturados superiores al 78 % (Rezig, Chouaibi, Msaada y Hamdi, 2012). También se ha reportado la presencia de β-caroteno (20.50 ± 0.50 mg/100 g muestra) y α-tocoferol (9.53 ± 1.20 mg/100 g muestra) en el aceite obtenido con CO2 supercrítico (Wang et al., 2017). En cáscara y semillas, ha sido reportado un contenido de fenoles totales de 2.34 y 10.69 mg GAE/g bh, respectivamente, con actividad antioxidante superior al 70 % (Saavedra et al., 2015).
Papa (Solanum tuberosum)
A nivel mundial la papa ocupa el tercer lugar en importancia como producto alimenticio después del arroz y el trigo (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, 2020), alcanzando una producción, para el 2019, de alrededor de 370 millones de t (FAO, 2021), de las cuales 2.6 millones le correspondieron a Colombia. El principal residuo lo representan las cáscaras. En la región Andina el residuo de diferentes variedades de papa ha sido empleado como materia prima para la extracción de fibra dietaria (40 %) y antioxidantes naturales como polifenoles, β-caroteno y α-tocoferol, incluyendo diferentes métodos ambientalmente aceptados para la separación, purificación y utilización de estos fitoquímicos promotores de la salud (Schieber y Saldaña, 2009). Albishi, John, Al-Khalifa y Shahidi (2013) cuantificaron CF presentes en cáscaras de diferentes variedades de papa y encontraron valores de CF de 4.54 y 13.85 mg EAG/g bs, significativamente mayores que su respectiva pulpa (1.36-2.09 mg EAG/g bs); similar comportamiento se encontró para la actividad antioxidante. En estas muestras se destaca la presencia mayoritaria de ácidos fenólicos, ácido clorogénico, ácido cafeico, ácido p-cumarico y ácido ferúlico con potencial aplicación en la industria alimentaria como antioxidantes. En estudios hechos por Cardoso et al. (2013) fue obtenida una cantidad apreciable de antocianinas (0.44 a 1.0 mg antocianinas/g extracto bs) en cáscaras de papa (Solanum stenotomun).
Por su parte, Narváez-Cuenca, Vincken, Zheng y Gruppen (2013) encontraron presencia de 62 ácidos hidroxicinámicos, conjugados de ácidos hidroxicinámicos y conjugados de ácidos dihidroxicinámicos en extractos de cáscara y pulpa en cultivares de papa colombianos, destacándose ácido clorogénico, ácido neo-clorogénico, ácido, cripto-clorogénico y ácido cafeico. Adicionalmente, reportaron 14 antocianinas aciladas con ácido didroxicinámico en los cultivares con epicarpio púrpura y rojo, quercetina rutinosil glucósido, quercetina di-glucósido y rutina en pulpa. En los cultivares de papa criolla se destaca la presencia de compuestos que contienen ácido hidroxicinámico-hidroxilo, aminas derivadas del ácido dihidroxicinámico y aminas derivadas del ácido dihidroxicinámico.
Aguacate (Persea americana Mill.)
Es una planta dicotiledónea de la familia Lauraceae, de origen americano (Melgar et al., 2018). La producción de esta fruta alcanzó 7.1 millones de t para el 2019 (FAO, 2021). Su actividad agroindustrial se centra en el aprovechamiento de su pulpa, estando los residuos representados por semilla y epicarpio con el 17.1 % y el 13.8 % de su peso (Wang, Bostic y Gu, 2010).
El epicarpio y la semilla se presentan como fuente importante de CF con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias (Saavedra et al., 2017). Se destacan ácidos fenólicos (ácidos hidroxibenzóicos, ácidos hidroxicinámicos y ácidos hidroxifenilacéticos), flavonoides, catequinas, pro-antocianidinas, taninos condensados y otros compuestos polares (Wang et al., 2010; Figueroa, Borrás-Linares, Lozano-Sánchez y Segura-Carretero, 2018a; Figueroa, Borrás-Linares, Lozano-Sánchez y Segura-Carretero, 2018b). En el epicarpio se han identificado catequina, ácido clorogénico, ácido cafeico, p-cumárico ácido, ácido ferúlico, ácido trans-5-O-cafeoil-D-quinico, procianidina B2 y epicatequina (Saavedra et al., 2107; Tremocoldi et al., 2018).
En las semillas se destacan gran variedad de polifenoles, ya que de sus extractos se reconoce su funcionalidad como antioxidante, antiinflamatorio y antimicrobiano. Se destacan también ácidos orgánicos (quínico, málico y cítrico), ácidos fenólicos (protocatecuico, gentísico, 4-hidroxibenzoico, benzoico, p-coumarico, cafeico y ferúlico), flavonoides (quercitina, naringenina) y catequinas (catequina, epicatequina, epicatequina galato) (Calderón-Oliver et al., 2016; Figueroa et al., 2018a; Friščić, Bucar y Hazler, 2016; Rojas-Garbanzo, Zimmermann, Schulze-Kaysers y Schieber, 2016; Saavedra et al., 2017). Estudios reportan diferencias en contenido de polifenoles entre la almendra de la semilla y su cubierta, encontrándose mayor cantidad de ácidos orgánicos y flavonoides en la cubierta de la semilla, mientras que en la almendra de la semilla se encuentran ácidos hidroxicinámicos condensados, catequinas y taninos (Figueroa et al., 2018b).
Adicionalmente, la semilla puede contener hasta el 74 % (bs) de almidón, el cual puede ser aprovechado potencialmente como material base en la elaboración de empaques biobasados o provenientes de fuentes renovables (Alves et al., 2017; Builders, Nnurum, Mbah, Attama y Manek, 2010; Chel-Guerrero, Barbosa-Martín, Martínez-Antonio, González-Mondragón y Betancur-Ancona, 2016; Lacerda et al., 2015).
Caña de azúcar (Saccharum officinarum)
La agroindustria de la caña de azúcar en Colombia (1.3 % de la producción mundial) se concentra principalmente en los departamentos del Valle del Cauca, Cauca y Risaralda, donde se cultiva todo el año, con una producción promedio de azúcar en el periodo 2014-2018 de 2 293 727 t (Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar de Colombia - Asocaña, 2018). En la cosecha, en la operación de corte resultan la hojarasca y otros residuos, que por lo general se retornan al suelo. Durante el procesamiento el bagazo es el residuo fibroso del tallo de la caña que queda después de triturar y extraer el jugo, obteniéndose aproximadamente 30 t por cada 100 t de caña. Así mismo, en el proceso de obtención del azúcar de mesa se producen otros RyS, entre los que cabe mencionar el bagacillo, las mieles agotadas y la cachaza. También en las destilerías se producen las vinazas.
El bagazo de caña es un subproducto que resulta después de la operación de molienda y extracción del jugo; se aprovecha para producir energía mediante su combustión en ingenios azucareros y trapiches paneleros, para reemplazar el uso de carbón y otros combustibles convencionales. El bagazo puede ser útil como materia prima en la obtención de productos como furfural, carbón activado, aglomerados, alimentación animal; su composición química es celulosa (41 %-44 %), hemicelulosa (25 %-27 %), lignina (20 %-22 %) y otros compuestos considerados materiales extraños (II Gera, 2007). En la tabla 1.2 se presenta la composición lignocelulósica de algunos residuos agrícolas.
Los residuos agroindustriales representan un gran potencial como materias primas en la producción de etanol (Quintero, Kafarov, Barajas, Castillo y Mesa, 2009). La principal aplicación del bagazo de caña como materia prima es la obtención biotecnológica de etanol a partir de sus compuestos lignocelulósicos.
A partir de la fibra de bagazo de caña se pueden producir aglomerados, mediante un proceso de adecuación de la fibra que incluye secado, impregnación con resinas y posterior prensado y pulimento de las superficies. Hoy en día los muebles se fabrican usando madera aglomerada obtenida al compactar residuos como el aserrín de madera y otros materiales.
Por otra parte, se han divulgado aplicaciones de aprovechamiento del bagazo para producir compuestos enriquecidos (húmicas), utilizando un proceso biológico de compostaje y preparación de ración para animales sometiéndolo a hidrólisis para mejorar digestibilidad y valor nutricional (II Gera, 2007; Spadotto y Ribeiro, 2006).
Tabla 1.2
Composición química (materiales lignocelulósicos) de la biomasa de algunos residuos y subproductos de origen agrícola

Fuente: elaboración propia.
En Colombia, para la fabricación de papel para escritura se usa como materia prima el bagazo de caña desfibrado, a partir del cual se produce la pasta que posteriormente se convierte en finas hojas. De este proceso también resultan RyS como la médula y el licor negro, para los cuales se buscan otras alternativas diferentes a la producción energía en el mismo proceso de producción.
Cereales: maíz (Zea mays) y arroz (Oryza sativa)
Los cereales son los productos agrícolas que más nutrientes aportan al organismo humano; por su contenido de carbohidratos son una fuente importante de energía, así como de aporte de proteínas (salvado, germen) y minerales. Los RyS que se producen en el procesamiento agrícola del maíz, el arroz y los salvados de cereales ricos en celulosa contienen fibras, que al aislarlas se convierten en aplicaciones en una amplia gama de industrias, incluyendo los sectores de alimentos, energía, biocombustibles, cosméticos, medicina, envasado, construcción y alimentación animal. Así mismo, la industria procesadora de alimentos se convierte en una oportunidad de mercado para los productos de biomasa lignocelulósica, por su contenido nutricional en fibras dietéticas, benéficas funcionalmente, y usadas principalmente como espesantes que mejoran la textura y disminuyen el contenido de grasa y calorías. A continuación se describen los procesamientos de cereales cultivados en Colombia como el maíz y el arroz, mencionando los RyS generados en las etapas de transformación.
La mayoría de los cereales presentan una estructura común, puesto que son granos (frutos monospermos) con una envoltura en la parte exterior, la cual contiene la semilla (pericarpio). En este sentido, el arroz se diferencia sustancialmente de los demás cereales por tener un hollejo que envuelve el pericarpio (Chakraverty y Singh, 2014). Durante el procesamiento los cereales son sometidos a molienda, con el fin de eliminar el pericarpio, llamado salvado en la agroindustria molinera, y los gránulos proteicos que se localizan en el exterior del endospermo (Balandran-Quintana, 2018).
Todos los procesos de transformación industrial de los cereales generan grandes cantidades de RyS, como el salvado y el germen, ricos en una variedad de compuestos nutricionalmente valiosos. De acuerdo con Balandrán-Quintana (2018) la biomasa resultante del procesamiento de los cereales está conformada básicamente por los componentes y proporciones mostradas en la tabla 1.3 y por los elementos descritos a continuación:
• Cáscara: algunos granos son revestidos por una cáscara (por ejemplo, el arroz) que no hace parte del grano, cumpliendo una función de protección contra los agentes externos, como son los insectos y la humedad.
• Salvado: es una capa externa protectora de la semilla (pericarpio), que consiste básicamente en células muertas, ricas en celulosa, lo cual hace que sea rica en fibra insoluble. Contiene en su estructura fibra, vitamina B, fitoquímicos y minerales.
• Germen: nutriente almacenado que tiene antioxidantes, vitaminas B y E y grasas. Es una parte del grano propensa a ser atacada por microorganismos.
• Endospermo: es el órgano de almacenamiento del grano, rico en almidón, y contiene cantidades significativas de carbohidratos y proteína.
Tabla 1.3
Proporciones típicas de las partes anatómicas principales de los granos de cereal (g/100 g de grano, en base seca)

Fuente: adaptación de Balandrán-Quintana (2018, p. 127).

Figura 1.3
Subproductos de los procesos de molienda en seco y en húmedo de maíz
Fuente: elaboración propia con base en Boucqué y Fiems (1988) y Méndez (1995).
El maíz es un cultivo transitorio, representativo en la agricultura colombiana, con una producción para el 2015 de 631 342 t (Dane, 2016; 2017). Durante la molienda en seco de los granos se producen subproductos como granos, salvado y harina. Boucqué y Fiems (1988) reportan cantidades aproximadas de subproductos obtenidos después de moler en seco 100 kg de trigo y maíz: harina (60 %), salvado (20 %-22 %), sémola (8 %-10 %), harina de germen (8 %-5 %) y aceite (1.5 %). En la figura 1.3 se presenta el esquema del procesamiento del maíz cuando se somete a molienda seca y humedad, mostrando los RyS generados.
Por otra parte, el arroz es el tercer producto más cultivado en Colombia después del café y el maíz, cuya producción se concentra en los departamentos del Huila, Tolima, Meta y Córdoba. El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural en Agronet (2017b) reporta 89 754 ha sembradas y una producción de 168 957 t para el 2016. La cascarilla de arroz representa aproximadamente el 20 % del peso total del grano, y por sus características se considera no aprovechable para la alimentación humana, siendo empleada para otras aplicaciones en el sector no alimentario (aislantes térmicos, energético).
Actualmente, hay un gran interés en recuperar compuestos bioactivos de los RyS de los cereales, debido a su gran potencial de aprovechamiento de sus efectos en la salud humana. Entre estos compuestos se encuentran los polifenoles, las vitaminas, los alquilresorcinoles, la fibra dietética y las proteínas, los cuales han mostrado tener efectos protectores contra enfermedades no transmisibles como el cáncer, la diabetes y enfermedades cardiovasculares.
Otro aspecto a considerar es el aprovechamiento del poder calorífico (PC) de los residuos del procesamiento de los cereales para sustituir combustibles. En la tabla 1.4 se reportan datos del PC de algunos residuos agrícolas, que muestran el potencial que tienen para su utilización en la generación de energía. Un ejemplo de este aprovechamiento es la cascarilla de arroz la cual, por su alto contenido de sílice, se aprovecha principalmente para la generación de energía a partir de su combustión con el fin de producir gases empleados para calentar el aire de secado de arroz y otros cereales, sustituyendo combustibles y, por ende, haciendo los procesos agroindustriales más económicos.
Tabla 1.4
Poder calorífico de residuos de productos agrícolas
| Residuo agrícola | Poder calórico (kcal/kg) | Referencias |
| Amero de maíz | 4.468 | Méndez (1995) |
| Cascarilla de maíz | 4.168 | |
| Cascarilla de avena | 4.166 | |
| Tallos de tabaco | 3.416 | |
| Cascarilla de arroz | 3.721 | Méndez (1985 Jenkis et al. (1980), citado en Motghare et al. (2016) |
| Paja de trigo | 3.785 | Anwar e Irshad (2014) |
| Tusa de maíz | 4.400 | |
| Briquetas (cascarilla arroz-palma) | 4.593 | Channiwala (2002), citado en Motghare et al. (2016) |
| Residuos de café (cisco seco) | 4.275 | Porres et al. y Roa et al., citados en Rodríguez y Zambrano (2010) |
| Bagazo de caña | 4.140 | Garcés y Martínez (2007) |
Fuente: elaboración propia.
Nota: la tabla fue construida en kcal/kg, unificando unidades y haciendo la respectiva conversión de estas.
En relación con otros usos, Sierra (2009) en su monografía ofrece algunas alternativas para el aprovechamiento de la cascarilla de arroz en Colombia, al incorporarla en materiales de construcción mediante la quema de la cascarilla y eliminación de la sílice, y la posterior adición al cemento para mejorar sus propiedades de resistencia a la compresión. Así mismo, la cascarilla de arroz se puede aglomerar para aprovechar su baja conductividad térmica (0.036 W/m.K), propiedad que la convierte en un buen aislante térmico, permitiendo explotar su potencial con la oportunidad de dar uso a productos vegetales de desecho.
Algunos subproductos que se generan en el procesamiento de cereales tienen un alto potencial de ser usados para alimentación de animales rumiantes, con capacidad de utilizar la fibra, lo que significa que los subproductos (harinas, salvado, granos agotados) pueden ser empleados para sustituir alimentos como maíz, soya, forrajes, entre otros. Aparte de la alternativa de usar los residuos de cereales como combustibles y fertilizantes, se puede mencionar su aporte como fuente de carbohidratos para los procesos de fermentación microbiana.
Oleaginosas: palma de aceite (Elaeis guineensis)
La palma aceitera es un cultivo perenne que tiene un rendimiento de 10 t/ha (entre 24-36 meses), 18-22 t/ha (8-10 años) y 26-32 t/ha (20-23 años), con un coeficiente de conversión de fruto a aceite crudo del 20.92 %. El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para el 2016 reportó una siembra de 16 054 ha. Por estimación, el peso de un racimo de frutos de palma de aceite contiene entre el 12 % y el 15 % de fibra, del 6 % al 7 % de aceite y del 21 % al 23 % de frutos vacíos.
En el proceso de extracción de aceite se generan residuos que provienen del raquis (25 %), del cuesco (10 %) y de la cachaza fibrosa (3 %-5 %), así como torta de palmiste (4 %) y aceite crudo (20 %), lo que quiere decir que cerca del 80 % de la producción corresponde a biomasa con potencial de aprovechamiento (Foo y Hameed, 2009; Quintana, Arroyave y Suárez, 2008).
Cabe destacar que los residuos que se generan en mayor abundancia durante la extracción del aceite, según Ho et al. (2014), están compuestos por: el 36.8 % de celulosa (en forma de glucano), el 28.2 % de hemicelulosa (como la suma de xilano [21.5 %] y arabinano [2.2 %]) y el 4.6 % de los grupos acetilo, el 20.3 % de lignina Klason, el 3.0 % de proteína y el 2.9 % de ceniza. El porcentaje restante corresponde a minerales como potasio, nitrógeno, magnesio, calcio, fósforo, proteínas, fenoles, entre otros (Chang, 2014).
En cuanto al follaje obtenido durante las actividades de poda y renovación realizadas en el cultivo, este representa alrededor del 46.7 % del total de los residuos derivados de esta industria (Guangul, Sulaiman y Ramli, 2014), compuestos por materiales lignocelulósicos como celulosa, hemicelulosa y lignina en porcentajes que oscilan entre el 37.68 % y el 41.7 %; el 16.4 % y el 35.34 %, y el 15.5 % y el 25.18 %, respectivamente (Khushauru et al., 2014; Srimachai, Thonglimp y O-Thong, 2014). Estos residuos son usados como fuente de abono y estabilizadores de los suelos en las mismas plantaciones de las que se obtienen (Atnaw, Sulaiman y Yusup, 2013). Sin embargo, estos materiales lignocelulósicos han sido recientemente evaluados para la producción de bioetanol (Ofori-Boateng, Lee y Saad, 2014) y como fuente de azúcares para procesos fermentativos (Zahari et al., 2012).
Por otra parte, durante la extracción, los residuos provenientes de los frutos, troncos, follaje y otros efluentes pueden ser potencialmente transformados en energía y combustibles. Harsono, Grundmann y Soebronto (2014) evaluaron el tratamiento de digestión anaerobia, encontrando que es efectivo para la producción de biogás, energía y calor, contribuyendo así a la disminución de los gases de invernadero derivados de la producción de biodiésel.
Café (Coffea)
El café es el producto que más se cultiva en Colombia, con una producción cercana a 700 000 t/año de café arábigo suave lavado. Para el 2018 se reportaron 13 557 000 millones de sacos de 60 kg (Federación Nacional de Cafeteros - FNC, 2017). Para tener semilla tostada y molida se requiere un alto grado de transformación, lo que genera gran cantidad de subproductos y residuos: cáscara, pulpa, pectina, de aproximadamente 145 000 t/año de cascarilla de café (Rincón, 2009), y 32 t/h de cortes de tallos (Triana, Quintero, Agudelo, Cardona y Higuita, 2011). Cáscara y pulpa constituyen cerca del 45 % de la cereza.
Esquivel y Jiménez (2012) y Murthy y Naidu (2012) destacan que los principales subproductos de la agroindustria del café pueden ser utilizados para la obtención de cafeína y polifenoles y otros productos de valor agregado (antioxidantes, vitaminas, enzimas, celulosa, almidón, proteínas y pigmentos). En cascarilla de café fueron extraídos CF, destacándose diversos ácidos fenólicos (clorogénico, gálico, p-hidroxibenzoico, protocatechuico y vanílico), con propiedades antioxidantes y hepatoprotectoras (Andrade et al., 2012).
Se tiene que la pulpa representa el 29 % en peso seco de la baya entera; junto con la cáscara se han utilizado, de manera limitada, como fertilizante, alimento para animales y compostaje (humus y carbono), aprovechándose solo una pequeña fracción de la cantidad que se produce en el procesamiento del café, a pesar de ser rica en carbohidratos, proteínas y minerales (potasio), taninos, polifenoles y cafeína. En peso seco, los componentes orgánicos de la cáscara son: taninos (1.8 %-8.56 %), pectinas (6.5 %), azúcares reductores (12.4 %), azúcares no reductores (2.0 %) y cafeína (1.3 %), por la gran cantidad de azúcares fermentables que los convierte en un sustrato para el cultivo de moho y levaduras, además de tener un excelente potencial para la producción de bioetanol (Anwar et al., 2014; Bonilla, Ferreira y Freitas, 2014). También el tegumento que recubre la estructura del grano de café contiene una gran cantidad de fibra total (80 %), seguida por la cáscara de cereza y los residuos, que incluyen celulosa y un poder calorífico de 4275 kcal/kg, considerados una fuente alternativa para sustituir parcialmente el uso de combustibles en la industria, por ejemplo, el carbón, que tiene un valor calorífico medio de 7000 kcal/kg. Hay otros usos identificados como la producción de biogás con el agua drenada del extracto de la cereza, que podría emplearse para secar el café.
Así mismo, se puede mencionar el uso de la biomasa residual de café en la producción de etanol celulósico, aprovechando que los residuos lignocelulósicos están compuestos por celulosa y hemicelulosa, que se transforman en sustratos asimilables por los microorganismos fermentativos. Las técnicas empleadas en la producción de azúcares reductores incluyen métodos físicos y químicos (Triana et al., 2011), utilizando cortes de los tallos de plantas de café, evaluando rendimientos en la producción de etanol para la generación de biocombustibles de recursos renovables.
Conclusiones
El panorama descrito da una idea del potencial industrial de los RyS generados en la actividad agroindustrial. Para establecer su aprovechamiento se hace necesaria la determinación de su composición química, su funcionalidad, junto con sus propiedades físicas, de forma tal que se establezca su potencial.
En el presente, la explotación de los recursos del sector agropecuario debe efectuarse pensando en el diseño de procesos de transformación integrales, donde se utilicen las fracciones sobrantes (cáscaras, piel, semillas, hojas, tallos, entre otros). Son muchos los compuestos de interés contenidos en estos, lo cual permite la posibilidad de ser recuperados mediante diferentes técnicas extractivas, que dependiendo del proceso pueden ser utilizados como ingredientes en la industria de alimentos, cosmética y farmacéutica. Por ejemplo, en la obtención de jugos se retiran partes de la fruta que pueden tener un alto valor composicional, debido a los compuestos que están en su estructura; incluso podría afirmarse que en ocasiones contienen más compuestos bioactivos que la misma pulpa.
Así mismo, los subproductos pueden ser importantes en la búsqueda de procesos económicamente rentables; tal es el caso de la alimentación animal (sectores, ganadero, porcícola y avícola) como un renglón importante para integrar el aprovechamiento de materiales que pueden servir para sustituir algunos que demandan altos costos en la nutrición, por ejemplo el maíz, sobre todo en países que demandan su importación.
Por otro lado, la generación de productos de valor agregado (por ejemplo, extractos, fibra dietaria, antioxidantes) a partir RyS resultaría en aportes significativos a las metas globales definidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales fijan una serie de metas para el año 2030 sobre el desarrollo sostenible a nivel global. Así se brindarían soluciones, con acciones relacionadas con producción y consumo responsable (ODS 17), acción por el clima (ODS 13) y vida de ecosistemas verdes (ODS 15). Adicionalmente se generarían nuevas industrias basadas en recursos biológicos (industrias biobasadas), que empleen tanto materias primas como sus RyS, incluyendo procesos eficientes y amigables con el medio ambiente, bajo el enfoque de economía circular, la cual presenta una visión alternativa al modelo tradicional de producción de bienes y servicios, en el cual los insumos, los residuos, las emisiones y las pérdidas de energía son minimizados.
Limitaciones
Si bien el conocimiento de las características químicas, funcionales y físicas de los RyS generados en la transformación de productos vegetales muestra un panorama interesante, existen grandes desafíos para integrar esta información en procesos técnicos, ambiental y económicamente factibles. Así, deben ser resueltos interrogantes relacionados con la identificación de disponibilidad, tipos y puntos de la cadena de valor en los que se generan los RyS.
Debido a la estacionalidad de la producción primaria, los RyS presentan variabilidad en su composición y en cantidades, por lo que el desconocimiento de estos aspectos limita su aprovechamiento tecnológico. En los países en vía de desarrollo este tipo de información es escasa y se reduce a algunos estudios efectuados desde el sector académico, por lo tanto, es necesario involucrar al sector privado y entidades públicas para que, por medio de políticas que incentiven la generación de conocimiento además de inversión público-privada, se identifiquen oportunidades reales para el sector industrial.
Otro aspecto limitante lo representa el manejo de los RyS y cómo este influye en su estabilidad, pues debido a la cantidad de agua y material celulósico es factible el deterioro microbiológico. En este sentido, se deben incorporar procesos tecnológicos de bajo costo a manera de pretratamientos que permitan estabilizar y preservar su contenido, garantizando un manejo seguro de dichos materiales. Se trata de pretratamientos como la fermentación, usando bacterias ácido lácticas, levaduras, ácidos orgánicos (cítrico, acético y ascórbico), así como el secado y la reducción de tamaño, que resultan ser alternativas importantes (Gumienna, Szwengiel y Górna, 2016).
El diseño de procesos y productos a partir de RyS es una tarea compleja y necesaria, pues implica la interacción de diferentes áreas, como por ejemplo el diseño mecánico de equipos, el diseño de secuencias de separación (extracción) de los compuestos bioactivos de la matriz vegetal en forma de extractos o preparados (ingredientes), el desarrollo de aplicaciones de estos ingredientes, su evaluación comparativa con productos similares en el mercado y, finalmente, la evaluación económica y ambiental del proceso.
Una aproximación plausible en este contexto es el concepto de biorrefinería, proceso a partir del cual es posible convertir biomasa (materias primas, RyS) en diferentes productos de valor agregado como alimentos, ingredientes industriales, solventes y bioenergía (biocombustibles, biogás, electricidad), entre otros. La integración de procesos y operaciones en una biorrefinería permite que los RyS resultado de una parte del proceso sean incorporados como materia prima de una operación posterior, lo cual genera mejora en indicadores de eficiencia másica y energética con respecto a procesos convencionales, siempre y cuando sea optimizada su operación desde el punto de vista económico y ambiental (Kosseva y Webb, 2013). Un ejemplo de biorrefinería lo representa la industria azucarera, donde de la producción de azúcar a partir de la extracción de caña azucarera se obtienen también productos adicionales como bioetanol, cogeneración de electricidad y abono orgánico (compost), estos últimos obtenidos de la reutilización de residuos, melazas, bagazo y vinazas.
Prospectiva
El procesamiento de RyS se presenta como una oportunidad para su valorización, mediante procesos biológicos, físicos y químicos que permitan la producción de múltiples productos (biocombustibles, biomateriales, solventes, aditivos industriales, ingredientes cosméticos y alimentarios, entre otros) en plataformas de proceso integradas bajo el enfoque de biorrefinería. Para hacer competitivo y sostenible el uso de RyS, deberá integrar el diseño de procesos que involucren la valoración del impacto potencial del proceso y/o producto mediante herramientas como el análisis del ciclo de vida (ACV), e integrarlo a los indicadores ambientales como huella de carbono y huella hídrica. El ACV permite cuantificar impactos a partir de entradas y salidas de materiales y energía requeridas a lo largo de la cadena de valor; esto es, desde el manejo como materia prima de los RyS, transformación, hasta disposición final (Nizami et al., 2017). La huella hídrica y la huella de carbono, por su parte, expresan la cantidad de agua fresca requerida y la cantidad de gases efecto invernadero producidos a lo largo de la cadena de valor (FAO, 2013; Hoekstra y Hung, 2002).
En relación con los procesos de extracción/separación de compuestos bioactivos o fracciones de interés, procesos emergentes deben ser explorados y evaluados desde los puntos de vista técnico, económico y ambiental, en los cuales se incluyen la extracción con fluidos supercríticos, extracción con líquidos presurizados, extracción asistida por microondas, extracción asistida por ultrasonidos, extracción con campos eléctricos pulsados, así como extracción con disolventes como líquidos iónicos y disolventes eutécticos profundos (Banerjee et al., 2016). Estas técnicas pueden ser consideradas extracciones verdes, en cuanto pueden reducir el consumo de energía, además del empleo de materias primas y disolventes verdes en los procesos de obtención de extractos/fracciones de alta calidad (Chemat, Vian y Cravotto, 2012).
La producción de combustibles limpios a partir de RyS se da empleando algunas opciones tecnológicas emergentes como digestión anaeróbica en la producción de biogás, producción de biohidrógeno vía fotofermentativa y generación de electricidad por medio del uso de celdas de combustible microbianas (Poggi-Varaldo et al., 2014).
Finalmente, cabe resaltar la necesidad de reconocer y ampliar el inventario de limitaciones del aprovechamiento de RyS mencionadas, con el fin de plantear estrategias que permitan superarlas, no solo para el uso de estos sino también de biomasa producto de la biodiversidad colombiana. Dicha estrategia requiere el liderazgo de organismos estatales, con la participación de sectores académicos, organismos de ciencia y tecnología y del sector industrial y tecnológico, de forma que permita que países en desarrollo aprovechen sus recursos biológicos de forma sostenible y eficiente, bajo la mirada de la denominada bioeconomía (Cepal, 2015).
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Introducción
La extracción de compuestos bioactivos a partir de fuentes naturales es un tema de investigación de gran interés para industrias como la alimentaria, la farmacéutica y la cosmética, entre otras. En la industria alimentaria este proceso es impulsado por el creciente desarrollo del sector de los alimentos funcionales. Un alimento funcional se define como ese producto que, además de cubrir las necesidades energéticas y nutricionales, es capaz de proporcionar un beneficio fisiológico (Goldberg, 1994). Por lo general, este beneficio adicional para la salud se obtiene por medio de la inclusión de un ingrediente funcional, responsable de la bioactividad pretendida. Existen actualmente en el mercado varios ejemplos de ingredientes funcionales en productos comerciales, tales como los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) (López-Huertas, 2010), esteroles vegetales y estanoles (de Smet, Mensink y Plat, 2012), péptidos (Patil, Mandal, Tomar y Anand, 2015) o polifenoles (Dueñas et al., 2015), por nombrar solo algunos. Desde la perspectiva del consumidor actual, se prefiere que los ingredientes funcionales añadidos a los alimentos sean obtenidos/extraídos a partir de fuentes naturales. Estas razones han llevado a una extensa búsqueda de nuevas fuentes naturales de compuestos bioactivos en los últimos años (Herrero, Castro-Puyana, Mendiola e Ibáñez, 2013; Herrero, Sánchez-Camargo, Cifuentes e Ibáñez, 2015).
En este aspecto, en Colombia se han identificado recursos y subproductos de la industria agroalimentaria que pueden constituir una fuente potencial de riqueza para nuestro país y una agregación de valor para las industrias alimentarias, farmacéuticas y cosméticas (Ballesteros-Vivas, Álvarez-Rivera, Ibáñez, Parada-Alfonso y Cifuentes, 2019; Castro-Vargas, Benelli, Ferreira y Parada-Alfonso, 2013; Castro-Vargas, Rodríguez-Valera, Ferreira y Parada-Alfonso, 2010; Castro-Vargas, Rodríguez-Varela y Parada-Alfonso, 2011; García-Mendoza, Paula, Paviani, Cabral y Martínez-Correa, 2015). Al respecto, uno de los objetivos de este capítulo trata sobre el aprovechamiento de subproductos de origen natural encontrados en nuestra biodiversidad. En este punto, las tecnologías aplicadas para obtener un componente particular o grupo de componentes de una fuente natural ganan cada vez más importancia. Los métodos tradicionales aplicados a la extracción de compuestos generalmente implican el uso de grandes volúmenes de disolventes orgánicos, que a menudo son tóxicos. Sin embargo, el enfoque que se está estableciendo en la actualidad es diferente, debido al hecho de que estos métodos tienen un impacto negativo en el medio ambiente (Barba, Zhu, Koubaa, Sant’Ana y Orlien, 2016).
Como resultado del aumento de la conciencia ecológica y del desarrollo sostenible, las técnicas convencionales están siendo reemplazadas por procesos más respetuosos con el medio ambiente. Esto también está estrechamente relacionado con los principios de la química verde, que tienen como objetivo principal reducir los desechos y mejorar el uso eficiente de la energía y los recursos (Anastas y Eghbali, 2010). Han sido señalados seis principios para la extracción “verde” de ingredientes naturales (Chemat, Vian y Cravotto, 2012), que incluyen: 1) la innovación por selección de variedades y el uso de recursos vegetales renovables; 2) el uso de disolventes alternativos y principalmente agua o agrodisolventes; 3) el uso eficiente de la energía y de tecnologías innovadoras; 4) la producción de coproductos en lugar de residuos para incluir la industria de bio y agrorrefinación; 5) reducir las operaciones unitarias y favorecer procesos seguros, robustos y controlados, y 6) aspirar a la obtención de extractos naturales y biodegradables sin contaminantes.
La aplicación directa de estos principios conduce al desarrollo de enfoques de biorrefinería. La biorrefinería implica el desarrollo de procesos integrados para la conversión de la biomasa en energía y la obtención de una variedad de productos, principalmente biocombustibles y coproductos de valor añadido, con un enfoque sostenible (Cherubini, 2010). Como se puede deducir, algunos de los principios mencionados están asociados a la elección de la fuente natural, pero otros están estrechamente relacionados con la técnica de extracción empleada. Para cumplir con estos requisitos, se necesitan técnicas de extracciones eficientes, económicas y seguras. Con dicho enfoque, en este capítulo es presentada una visión general de los principios y recientes aplicaciones de técnicas avanzadas de extracción, como la extracción por fluidos supercríticos (EFS), extracción con líquidos presurizados (PLE), extracción asistida por ultrasonido (EAU) y extracción asistida por microondas (EAM), para la obtención de compuestos bioactivos a partir de subproductos de la agroindustria colombiana.
Aprovechamiento de subproductos para la obtención de ingredientes funcionales
Una preocupación constante a nivel mundial está relacionada con la disposición de los residuos agroindustriales y el costo que esto genera debido a las altas cantidades que son producidas, convirtiéndose en un asunto de vital importancia para los entes gubernamentales, con el fin de dar respuesta a uno de los grandes retos de la sociedad: la implementación del concepto de sostenibilidad. Dicho concepto debe ser entendido como una forma racional de mejorar procesos, con el objetivo de aumentar la producción y a la vez minimizar el impacto negativo en el medio ambiente.
Durante las diferentes actividades relacionadas con la producción de alimentos se genera una serie de subproductos que, tradicionalmente, son reutilizados para la fabricación de piensos o compostaje o para la generación de energía. Sin embargo, hoy en día se ha hecho evidente que algunos de esos subproductos y desechos son fuentes ricas en compuestos bioactivos. Por lo tanto, su uso y valorización puede ser una buena forma de obtener nuevos productos de alto valor agregado, al mismo tiempo que se obtiene una reducción significativa de dichos residuos. De esta manera, la utilización eficiente, económica y ambientalmente sostenible de estos materiales es cada vez más importante, en especial debido a las restricciones legales que están empezando a surtir efecto en países como Colombia. Los vertederos de varias ciudades colombianas están casi llenos; por tal motivo, las nuevas políticas gubernamentales requieren la gestión de residuos sólidos. Recientemente, Alzate et al. (2017) realizaron un estudio para evaluar el potencial de diez diferentes subproductos generados en Antioquia (pimentón, zanahoria, tomate, repollo, lechuga, calabaza, papaya, tomate de árbol, naranja y maracuyá) como fuente de biocompuestos para su posible uso como ingredientes funcionales para la alimentación animal o consumo humano. Este estudio demostró que los subproductos con la mejor composición de sustancias bioactivas (carotenoides como β-caroteno, licopeno y luteína, principalmente) y capacidad antioxidante fueron el pimentón, seguido por la zanahoria, el tomate, el repollo y la lechuga, haciéndolos materias primas potenciales para el desarrollo de alimentos funcionales (Alzate et al., 2017). Por su parte, Castro-Vargas et al. (2010) investigaron el aprovechamiento de las semillas de guayaba (Psidium guajava L.) empleando técnicas verdes de extracción. Los resultados mostraron que las semillas de guayaba pueden ser consideradas como una fuente importante de ácidos grasos, principalmente ácido linoleico. Dicho ácido tiene aplicaciones en la industria de alimentos (en suplementos alimenticios) y en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares y de diabetes (Castro-Vargas et al., 2010; 2011). Así mismo, diversas investigaciones reportan el uso de técnicas verdes de extracción de ingredientes funcionales a partir de residuos; algunos de ellos se refieren a la reutilización de subproductos del café (Akgün, Bulut, Kikic y Solinas, 2014), los desechos relacionados con la elaboración del vino (Barba et al., 2016), la extracción de aceite de oliva (Roselló-Soto et al., 2015) y los subproductos de las industrias frutícolas (Viganó et al., 2016), entre otros (Manna, Bugnone y Banchero, 2015; Saravana et al., 2016).
Debido a la naturaleza intrínseca de los residuos y subproductos alimentarios, técnicas de extracción empleando fluidos presurizados han sido estudiadas dentro de enfoques de biorrefinería. Por ejemplo, la industria del aceite de oliva puede producir cuatro veces más desechos que la industria petrolera. Por esta razón, se han optimizado varios enfoques para valorizar aún más algunos de los subproductos generados como, por ejemplo, los residuos de molienda de oliva. También han sido estudiados varios procesos de EFS secuenciales basados en el uso de CO2 supercrítico puro y CO2 supercrítico con etanol como modificador para la obtención de fracciones enriquecidas en polifenoles, PUFA, ácidos grasos monoinsaturados (MUFA) y escualeno (Schievano et al., 2015). Además, este enfoque tiene la ventaja adicional de producir un secado eficiente de la biomasa restante, que es también beneficioso para procesos de transformación subsecuentes.
Por otra parte, también ha sido estudiado el uso combinado de PLE y EFS empleando subproductos con el objetivo de recuperar diferentes familias de compuestos bioactivos. Por ejemplo, en un trabajo reciente, la EFS fue seleccionada como el primer paso en una extracción secuencial de residuos de epicarpio de mango, seguida por una extracción con etanol presurizado. Algunos compuestos presentes en el subproducto del epicarpio de mango, como carotenoides, fueron extraídos preferentemente en la etapa que empleaba CO2 supercrítico, mientras que los compuestos fenólicos fueron recuperados en la segunda etapa basada en PLE, utilizando etanol como solvente (García-Mendoza et al., 2015). Resulta curioso que, en otro estudio, se varió el orden de las etapas en la extracción secuencial para la valorización de residuos industriales de Juçara (fruto de origen brasileño). En este trabajo fueron optimizados en un proceso que incluía el uso PLE a diferentes presiones y temperaturas, así como mezclas de disolventes. Una vez seleccionadas las mejores condiciones de extracción, fue usado el disolvente optimizado (una mezcla acidificada de etanol y agua) como modificador en una segunda etapa empleando EFS. De esta manera, con este enfoque de proceso integrado, fueron obtenidos extractos enriquecidos en antocianinas (García-Mendoza et al., 2017).

Figura 2.1
a) Diagrama de fases presión-temperatura típico para un fluido y sus principales propiedades físicas en el estado gaseoso, líquido y en fase supercrítica. b) Diagrama esquemático de la instrumentación básica necesaria para operar un proceso de extracción con fluidos supercríticos.
Fuente: a) traducido de Martínez (2010, p. 16); b) modificado de Martínez (2010, p. 20).
Extracción con fluidos supercríticos (EFS)
El uso de fluidos supercríticos para la extracción de compuestos bioactivos implica el uso de un fluido a presión y temperatura más allá de su punto crítico. Por encima del punto crítico, el fluido adquiere propiedades significativamente diferentes como disolvente, como consecuencia de los diferentes cambios físicos que se producen. De hecho, cuando se aumenta la temperatura de un disolvente al mismo tiempo que se alcanza su presión y el punto crítico, se obtiene un fluido supercrítico homogéneo en el que no se puede distinguir entre fases (figura 2.1a). Como resultado, los fluidos supercríticos poseen propiedades intermedias entre las de los gases y las de los líquidos. Aunque su viscosidad es similar a la de un gas (50-100 μPa·s), su densidad es cercana a los valores encontrados para líquidos (200-900 kg/m3). Además, su difusividad es intermedia entre la de los líquidos y la de los gases (0.01-0.1 mm2/s). Otras propiedades importantes también se modifican en un fluido supercrítico (tensión superficial, resistencia del disolvente, entre otras), y serán responsables de las propiedades como disolvente que el fluido presentará. Además, en condiciones supercríticas, la densidad se modifica, cambiando efectivamente las capacidades del disolvente y permitiendo así alcanzar un alto grado de selectividad en el proceso de extracción (Brunner, 2005; Sánchez-Camargo, Mendiola, Ibáñez y Herrero, 2014). Pueden emplearse diferentes tipos de disolventes como fluidos supercríticos para su uso en procesos de extracción; sin embargo, sus puntos críticos difieren en gran medida. Esto es importante debido a que la selección del disolvente no solo influye en los analitos extraíbles, sino que también puede limitar la aplicabilidad de la técnica ya que los puntos críticos de algunas sustancias son bastante extremos y, por lo tanto, muy costosos de ser alcanzados. Teniendo en cuenta la necesidad de desarrollar procesos medioambientalmente respetuosos, el uso de disolventes que demandan cantidades extremadamente elevadas de energía para ser llevados a su estado supercrítico y/o aquellos que no son seguros, deben ser claramente descartados.
En la actualidad, la mayoría de las aplicaciones de EFS dedicados a extracción de compuestos bioactivos de fuentes naturales, se basan en obtener ventajas de los valores críticos de temperatura y presión del CO2 (temperatura crítica [Tc] = 31.2 °C y presión crítica [Pc] = 73.8 bar). El CO2 posee una serie de propiedades que lo convierten en un disolvente supercrítico ideal: 1) es considerado GRAS (Generally recognized as safe)1 para la industria alimentaria; 2) es barato y fácilmente disponible, y 3) es gas a temperatura ambiente. Esta última propiedad es muy importante, ya que permite obtener un extracto exento de disolvente después de su despresurización y sin someterlo a tratamiento térmico.
Entre los parámetros que afectan la EFS, la presión y la temperatura son las más influyentes. Estos dos parámetros combinados determinarán la solubilidad de una sustancia en el fluido supercrítico (Brunner, 2005). La selección de los valores de temperatura y presión a emplear en un proceso debe realizarse cuidadosamente, de acuerdo con los compuestos “objetivo” de extracción y considerando que se obtendrá una mayor densidad del fluido supercrítico a través de un aumento de presión, lo que puede conducir a una mayor solubilidad de los componentes de la muestra. A su vez, un aumento isobárico de la temperatura de extracción producirá una disminución en la densidad del disolvente, lo que también producirá un incremento en la presión de vapor de los analitos presentes en la matriz, promoviendo la transferencia de masa.
A pesar de las ventajas comentadas, la principal limitación del empleo del CO2 supercrítico es su baja polaridad. Este factor limita la aplicación de este disolvente supercrítico en la extracción de componentes de muy baja polaridad. Para ampliar el rango de aplicaciones de esta técnica a compuestos polares, se requiere el uso de modificadores. Un modificador es un disolvente orgánico que se emplea en una proporción dada (5 %-10 %) junto con el CO2 supercrítico, dando como resultado un aumento global de polaridad en el solvente. De esta manera, pueden desarrollarse otras aplicaciones que implican la extracción de componentes más polares, que son frecuentes en el campo de compuestos bioactivos naturales. Por esta razón, la selección del modificador, así como la proporción en la que se utiliza, debe ser cuidadosamente optimizada para producir una extracción eficiente (Herrero et al., 2013; Herrero et al., 2015; Mendiola, Herrero, Cifuentes e Ibáñez, 2007; Sánchez-Camargo et al., 2014).
Algunas aplicaciones de EFS se llevan a cabo de manera que se realiza un primer periodo estático durante un tiempo dado, seguido por una fase de extracción dinámica prolongada. En estas aplicaciones, así como en aquellas puramente dinámicas, el caudal de fluido supercrítico se convierte en un parámetro importante. Dicho caudal tiene que ser controlado para utilizar la más baja cantidad de disolvente posible, pero maximizando la transferencia de masa (Sánchez-Camargo, Merindiola, Ibáñez, et al., 2014).
En la figura 2.1b se presenta un esquema típico para EFS para matrices sólidas. El primer requisito es un tanque para el disolvente de extracción, usualmente CO2, una bomba para presurizar el gas a la presión de extracción deseada y un restrictor o válvula para mantener el sistema a alta presión. Es necesaria una bomba adicional cuando se van a emplear modificadores orgánicos y, en caso de muestras sólidas, es necesaria una celda de extracción de alta presión, mientras que para la extracción de líquidos se utiliza una columna de extracción para la extracción a contracorriente. Las columnas de extracción poseen típicamente diferentes puntos para la introducción de alimentación (a diferentes alturas), mientras que el disolvente se introduce desde el fondo de la columna. De esta manera, los componentes se distribuyen entre el disolvente y la muestra líquida que fluye a contracorriente a través de la columna de separación. Finalmente, se requiere un recipiente de captura (o celdas de separación, también llamadas celdas de fraccionamiento) para la recuperación de los extractos. Se emplean diferentes métodos de captura, incluyendo el atrapamiento sólido, el atrapamiento de líquidos o el atrapamiento en frío, entre otros. En sistemas piloto o industriales, la colecta de los solutos extraídos se realiza reduciendo rápidamente la presión, aumentando la temperatura o ambas. Particularmente interesante, la despresurización después de la extracción también se puede realizar en cascada usando varias celdas de fraccionamiento o separación, considerando que cada separador podría tener una temperatura y presión particulares para que algunos de los compuestos extraídos precipiten y separen selectivamente (Herrero et al., 2013; Sánchez-Camargo, Merindiola, Ibáñez, et al., 2014; Sánchez-Camargo et al. 2014).
Algunos ejemplos de las principales familias de compuestos extraídos por EFS se presentan en la figura 2.2. Las aplicaciones típicas contemplan el uso de matrices vegetales y animales para la obtención de extractos oleosos, ceras, grasas, oleorresina, aceites esenciales o extractos de composición variada. Estos extractos pueden contener mezclas de ácidos grasos, triglicéridos, alcoholes grasos, terpenoides, fitesteroles, tocoferoles, tocotrienoles y compuestos fenólicos (de Melo, Silvestre y Silva, 2014). Muchos de estos extractos presentan biofuncionalidades como antioxidantes, actividad biológica como antimicrobiana, anticancerígeno, antiobesidad, entre otras, con amplias aplicaciones como ingredientes en aplicaciones alimentarias, farmacéuticas y cosméticas.
El empleo de la EFS en el ámbito industrial data de 1974 en procesos de descafeinización de café/té y hoy en día comprende la extracción de gran variedad de productos de alto valor agregado en la obtención de ingredientes para uso en alimentos funcionales, productos naturales para la salud, para el cuidado personal y cosméticos. King (2014) estima la existencia de cerca de 150 plantas en el mundo que emplean la EFS como técnica de extracción principal, destacándose la obtención de PUFA, carotenoides, tocoferoles, fitoesteroles, aceites esenciales, oleorresinas, extractos herbales, sabores/fragancias, pigmentos y extractos antioxidantes (Temelli y Saldaña, 2014).

Figura 2.2
Ejemplos de las principales familias de compuestos encontrados en los extractos obtenidos empleando EFS de fuentes naturales
Fuente: Sánchez-Camargo (2017, p. 22).
Caso de estudio: obtención de aceites a partir de semillas de guanábana (Anonna muricata L.)
Dorado, Hurtado-Benavides y Martínez-Correa (2016) emplearon la técnica de extracción con CO2 supercrítico para la obtención de aceite a partir de residuos (semillas) de guanábana (Annona muricata L.), provenientes de una industria de productos agroindustriales del departamento de Nariño. En este estudio se investigó la influencia de las condiciones de extracción, presión (20 y 35 MPa) y temperatura (40 y 60 ºC), sobre el rendimiento de extracción y la calidad del aceite obtenido, en términos del perfil de ácidos grasos y esteroles. Los resultados mostraron que el rendimiento global de extracción varió entre el 2.88% y el 12.95%, siendo este último valor obtenido a 38.1 MPa y 50ºC, condiciones a las cuales el CO2 presenta la más alta densidad entre las condiciones estudiadas (942 kg/m3). El efecto de la presión sobre la densidad y, a su vez, de esta última sobre el rendimiento, influyó de forma significativa en el proceso, como fue corroborado por el análisis de los resultados mediante la metodología de superficie de respuesta (RSM) (figura 2.3).

Figura 2.3
Superficie de respuesta para extracción de aceite de semillas de guanábana
Fuente: Dorado et al. (2016, p. 42).
Las muestras de aceite obtenidas en las diferentes condiciones presentaron un contenido promedio superior al 64 % de ácidos grasos insaturados, principalmente ácido oleico (ácido omega-9), linoleico (ácido omega-6), palmitoleico y linolénico (ácido omega-3). Los ácidos grasos, oleico y linoleico se consideran ácidos grasos esenciales, esto significa que el organismo humano no los sintetiza y es necesaria su ingesta. Por otro parte, son importantes en aplicaciones farmacéuticas para el desarrollo de formulaciones relacionadas con la nutrición y el fortalecimiento de la barrera lipídica de la piel y la prevención de enfermedades cardiovasculares (Rabasco y González, 2000). Adicionalmente, las condiciones de presión y temperatura supercríticas presentaron un efecto importante sobre el contenido de ácido oleico, palmítico, palmitoleico y sobre la relación de insaturados/saturados en el aceite de semilla de guanábana. Así mismo, se identificaron los esteroles: β-sitosterol (0.37-1.36 mg/mL), estigmasterol (0.52-1.00 mg/mL) y campesterol (0.19-0.50 mg/mL). Los fitosteroles poseen importantes aplicaciones en diferentes áreas de la industria: en la farmacéutica son empleados en la producción de esteroides terapéuticos, en la alimentaria para la producción de alimentos funcionales con propiedades anticolesterolémicas y anticancerígenas y, en la cosmética, en la preparación de preparados sólidos (cremas, labiales) (Fernandes y Cabral, 2007). Específicamente, el β-sitosterol presenta actividad in vitro en la proliferación de linfocitos y además actúa como agente quimioprotector en casos de cáncer de colon y de mama (Ambavade, Misar y Ambavade, 2014; Awad, Chinnam, Fink y Bradford, 2007). Por su parte, el estigmasterol se emplea en la elaboración de drogas con corticoides. Por las características propias de la técnica EFS, el aceite de semilla de guanábana obtenido se encuentra libre de solventes con una composición rica en ácidos grasos insaturados y en esteroles que permite inferir que posee un importante potencial como ingrediente natural para las industrias alimentaria, farmacéutica o cosmética.
Extracción con líquidos presurizados (PLE)
La extracción con líquidos presurizados (PLE) se basa en el uso de disolventes a presión y a altas temperaturas (siempre por debajo de sus puntos críticos), bajo condiciones en las que los disolventes se mantienen en estado líquido durante el proceso de extracción. En estas condiciones, los disolventes adquieren propiedades diferentes en comparación con las que presentan en condiciones normales (de presión y temperatura), que implican varias ventajas. Esta técnica también se conoce comúnmente como extracción con fluido a presión (PFE, por sus siglas en inglés), extracción presurizada con disolvente caliente (PHSE) o extracción acelerada con disolvente (ASE) (Herrero et al., 2013; Plaza y Turner, 2015). Es posible emplear una gran variabilidad de disolventes para llevar a cabo este tipo de extracciones; sin embargo, es creciente la tendencia en el uso de solventes amigables con el medio ambiente. Entre ellos, el agua llama la atención debido a la modificación de sus propiedades fisicoquímicas cuando es sometido a altas temperaturas y presiones (Plaza y Turner, 2015). En este caso, la técnica es llamada extracción con agua subcrítica (SWE), extracción con agua sobrecalentada (SHWE) o extracción con agua caliente presurizada (PHWE). En cualquier caso, los principios y los requisitos instrumentales son los mismos, independientemente del disolvente usado.
Cuando es empleada agua como solvente, el parámetro principal que influye en la extracción es su constante dieléctrica (ɛ). Esta propiedad se considera generalmente como una medida de la polaridad de un disolvente; al calentarse el agua bajo suficiente presión, de manera que su estado líquido se mantiene, su constante dieléctrica sufre una disminución significativa. De hecho, los valores de ɛ van desde 80 a temperatura ambiente hasta aproximadamente 27 a 250 ºC (figura 2.4a), (Uematsu y Frank, 1980), cifras muy similares a las de algunos disolventes orgánicos como etanol o metanol. Por lo tanto, es posible deducir que el agua sometida a las condiciones típicas empleadas en PLE será capaz de extraer compuestos de menor polaridad, que en condiciones ambiente.

Figura 2.4
a) Constante dieléctrica (ɛ) del agua en función de la temperatura.
b) Diagrama esquemático de la instrumentación básica necesaria para operar un proceso de extracción con líquidos presurizados
Fuente: a) Uematsu y Frank (1980, p. 1300) con permiso de AIP Publishing;
b) traducción de Mmualefe, Mpofu y Torto (2011, p. 214).
Los requisitos instrumentales necesarios para llevar a cabo un proceso de PLE se describen en la figura 2.4b:
1. Una bomba que introduce el disolvente en el sistema y ayuda a desalojar el extracto en el vial de recolección una vez que el proceso ha terminado. Además, la bomba es la encargada de mantener la presión seleccionada (normalmente entre 5.0-10.0 MPa).
2. Una celda de extracción, donde tiene lugar el proceso. Esta debe estar adaptada para soportar altas presiones y debe estar equipada con al menos dos válvulas de encendido/apagado para poder mantener las condiciones de extracción estables.
3. Un horno o sistema de calentamiento, donde es colocada la celda de extracción de modo que se pueda calentar hasta el valor de temperatura deseada. La temperatura máxima de trabajo en la mayoría de los instrumentos es de 200 ºC.
4. Un vial para la recolección del extracto.
A partir de este punto, la instrumentación empleada podría ser más o menos sofisticada, dependiendo de los requisitos del proceso. También puede incluir un circuito de nitrógeno que ayuda a desalojar todo el disolvente de las líneas después de la extracción. Existen varios instrumentos comerciales disponibles en el mercado, aunque también se han presentado diferentes aplicaciones con instrumentos construidos en laboratorio. En ambos casos, debe tenerse en cuenta que, debido a las presiones y las temperaturas habitualmente empleadas, deben utilizarse materiales resistentes a la corrosión (Saldaña y Valdivieso-Ramírez, 2015). En PLE el tipo de solvente empleado es el factor más crítico, ya que influirá directamente en el tipo de compuestos extraídos.
La selección del disolvente depende del objetivo particular del proceso de extracción; debe ser considerado el disolvente más adecuado teniendo en cuenta la naturaleza y las características de los analitos objetivo (Mendiola et al., 2007). Una vez seleccionado el disolvente o la mezcla de disolventes, la temperatura es el siguiente parámetro que más influye en cualquier proceso PLE. Como regla general, cuando son extraídos compuestos a partir de matrices naturales, un aumento en las temperaturas de extracción proporcionará un mayor rendimiento de extracción. Se ha observado repetidamente cómo el uso de temperaturas muy altas no siempre es perjudicial para la recuperación de bioactivos a partir de matrices naturales. Sin embargo, debido a la naturaleza de estos componentes y a su labilidad, se debe considerar que temperaturas de extracción demasiado altas podrían conducir potencialmente a la degradación de compuestos (Mustafa y Turner, 2011). Por esta razón, siempre se recomienda el uso de diseños experimentales para optimizar la temperatura de extracción, monitoreando como variable de respuesta la presencia de bioactivos en los extractos (Sánchez-Camargo et al., 2016).
La presión de extracción también puede tener un impacto importante en el proceso. Sin embargo, diferentes investigaciones han demostrado que una vez que la presión es suficiente para mantener el líquido disolvente, su efecto es bastante limitado (Herrero et al., 2013; Mustafa y Turner, 2011). En cuanto al tiempo de extracción, esta variable, aunque importante, tiene menor influencia. El tiempo de extracción se refiere al tiempo en el que el disolvente está efectivamente en contacto con la muestra que se extrae a la temperatura y la presión fijadas, y también se conoce como tiempo de extracción estática. Este último término se refiere a extracciones estáticas en las que un volumen dado de disolvente se deja en contacto con la muestra en las condiciones de extracción deseadas, durante un tiempo específico. En general, se aplican tiempos de extracción estática relativamente cortos (5-20 min) para la extracción de bioactivos a partir de matrices naturales. Los tiempos más largos usualmente no producen mejores resultados cuando se alcanza un equilibrio entre los componentes de la muestra y el disolvente (Mendiola et al., 2007). Otro modo de operación implica el uso de extracciones dinámicas. En este caso, el disolvente calentado y presurizado fluirá continuamente a través de la muestra. Aunque este modo podría ser más favorable para la extracción completa de la muestra, dado que se evita la formación de equilibrio, pueden ser necesarios mayores volúmenes de disolvente. Además, en este último caso, el caudal de disolvente también debe optimizarse, ya que influirá directamente en el tiempo de extracción (Herrero et al., 2013).
Entre las aplicaciones de procesos que involucran PLE se encuentran en la extracción de nutracéuticos y otros bioactivos, entre los cuales se destacan compuestos fenólicos, pigmentos (carotenoides), tocoferoles, esteroles, alcaloides, grasas y lípidos, aceites esenciales y aromas, a partir de fuentes como plantas medicinales y especias, frutas y vegetales, algas y microalgas, semillas de oleaginosas, entre otras (Herrero et al., 2013; Herrero et al., 2015; Mustafa y Turner, 2011).
Caso de estudio: etanol presurizado en la extracción de compuestos bioactivos en piel de mango (Mangifera indica L.)
En investigaciones realizadas por García-Mendoza et al. (2015) se propuso un proceso en etapas secuenciales para la obtención de compuestos bioactivos presentes en piel de mango (Mangifera indica L.), residuo proveniente de una industria frutícola del Valle del Cauca. Inicialmente, se sometió a extracción la matriz vegetal empleando dióxido de carbono supercrítico (EFS) (30 MPa/40 °C), con el fin de extraer compuestos de baja polaridad. Posteriormente, se llevó a cabo la extracción de la matriz agotada de la etapa anterior, empleando etanol 99.5 % presurizado (PE, 30 MPa/40 °C) como disolvente (figura 2.5).
Como se esperaba, el rendimiento global de extracción de la primera etapa, empleando EFS, fue significativamente menor (3.15 ± 0.31 %) a la obtenida en la segunda etapa con PE (48.61 ± 1.42 %). Este hecho se debe a la mayor selectividad que ofrece el CO2 como solvente (como se discutió en la sección “Extracción con fluidos supercríticos”), mientras que el etanol posee la capacidad de extraer compuestos con un amplio rango de polaridad. Otros resultados mostraron que la primera etapa permitió obtener extractos con un bajo contenido de fenoles totales (15.80 ± 0.40 mg) equivalentes de ácido gálico (mg GAE/g extracto) y una alta concentración de carotenoides y flavonoides totales (5.60 ± 0.51 mg de β-caroteno/g extracto y 7.99 ± 0.12 mg equivalente catequina [CE]/ g extracto, respectivamente). En contraste, en la segunda etapa del proceso, la extracción con PE, la recuperación de fenoles totales aumentó en un 48 % (23.52 ± 0.41 mg GAE/g extracto) con respecto a su extracción en la etapa inicial. Por su parte, el contenido de flavonoides totales se vio disminuido en un 55 % (4.06 ± 0.06 mg CE/g extracto) en la segunda etapa, siendo preferentemente extraídos empleando CO2 supercrítico. Contrastando con estos resultados del fraccionamiento por etapas, este estudio también contempló, a manera de comparación, una extracción etanólica convencional en una sola etapa, destacándose por una mayor cantidad de flavonoides y compuestos fenólicos extraídos (41.63 ± 0.19 mg GAE/g extracto y 10.51 ± 0.02 mg CE/g extracto, respectivamente), pero con un bajo rendimiento de extracción (11.4 ± 0.50 %).

Figura 2.5
Proceso secuencial de extracción de epicarpio de mango
Fuente: elaboración propia con base en García-Mendoza et al. (2015).
Siguiendo el enfoque de biorrefinería, esta estrategia de extracción permitió obtener de una misma matriz dos fracciones selectivamente enriquecidas en diferentes familias de compuestos: un extracto supercrítico concentrado en carotenoides y flavonoides (presumiblemente de baja polaridad) y una fracción etanólica rica en compuestos fenólicos. El alto contenido de carotenoides extraídos con EFS se debió a la alta solubilidad de estos compuestos en el dióxido de carbono supercrítico, causado por su carácter no polar. Llama la atención, en este caso, que los flavonoides presentes en epicarpio de mango (expresados como equivalentes de catequina) mostraron una baja polaridad, puesto que su solubilidad fue mayor en CO2 que en etanol presurizado a las condiciones ensayadas. Por su parte, en la segunda etapa (PLE) el contenido de fenoles totales aumentó significativamente, lo que puede ser explicado por la alta solubilidad de estos compuestos en disolventes polares como el etanol. De esta forma, el epicarpio proveniente del procesamiento agroindustrial de frutos de mango representa una alternativa de recuperación de biocompuestos con alto valor agregado, que pueden ser potencialmente empleados como antioxidantes naturales o ingredientes alimentarios funcionales (Naeem, Taskeen, Iqbal, Mubeen y Maimoona, 2009).
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