Kitabı oku: «Senderos museográficos de la UNAM»
Senderos Museográficos
de la UNAM

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
Dr. Enrique Graue Wiechers
Rector
Dr. Leonardo Lomelí Vanegas
Secretario General
Dr. Alberto Ken Oyama Nakagawa
Secretario de Desarrollo Institucional
Dra. Luisa Fernanda Rico Mansard
Coordinadora del Seminario Universitario de Museos y Espacios Museográficos (SUMyEM)
Senderos Museográficos
de la UNAM
Luisa Fernanda Rico Mansard

Universidad Nacional Autónoma de México
México, 2020
| Catalogación en la publicación UNAM. Dirección General de BibliotecasNombres: Rico Mansard, Luisa Fernanda, autor.Título: Senderos museográficos de la UNAM / Luisa Fernanda Rico Mansard.Descripción: Primera edición | México : Universidad Nacional Autónomade México, 2020.Identificadores: LIBRUNAM 2083457 (impreso) | LIBRUNAM 2091363 (libro electrónico) | ISBN 978-607-30-3340-4 (impreso) | ISBN 978-607-3800-3 (libro electrónico).Temas: Universidad Nacional Autónoma de México – Museos | Museos universitarios – México.Clasificación: LCC AM23.A2.R53 2020 (impreso) | LCC AM23.A2 (libro electrónico) | DDC 069.0972—dc23 |
Este libro fue sometido a un proceso de dictaminación de pares académicos externos a la Secretaría de Desarrollo Institucional, de acuerdo con sus normas editoriales.
Senderos museográficos DE la UNAM
Pimera Edición Electrónica: 03 de noviembre de 2020.
D.R. © 2020, Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad Universitaria, Alcaldía Coyoacán, C.P. 04510, Ciudad de México
Secretaría de Desarrollo Institucional
Ciudad Universitaria, 8º. Piso de la Torre de la Rectoría
Alcaldía de Coyoacán, C.P. 04510, Ciudad de México
ISBN de la obra: 978-607-30-3800-3
Imagen de la página 21, tomada del libro: El mundo en imágenes, Juan Amós Comenio, 1994, 1a reimpresión.
Diseño de portada y Cronología: Karen de J. Lara Farías
Cuidados de la edición: Karla Zanabria Iturbide
Esta edición y sus características son propiedad de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.
Hecho en México / Made in Mexico
Contenido
1ra. PARTE
Acercamientos
MUSEOS, GALERÍAS Y ESPACIOS MUSEOGRÁFICOS DE LA UNAM
Tres miradas para comprenderlos
Museos Universitarios
Trabajos previos
Influencias y contextos
Museo Nacional, patrimonio y universidad
Especialidades y trayectorias institucionales en la UNAM
Otros intentos
La UNAM al rescate de sus recintos históricos
Oferta expositiva de la UNAM
Registro de museos, galerías y espacios museográficos
Consideraciones finales
2DA. PARTE. MUSEOS DE LA UNAM. CRONOLOGÍA ILUSTRADA
3RA. PARTE TRAYECTORIA DE LOS MUSEOS DE LA UNAM
Usos, desusos y reúsos
4ta. PARTE. DIRECTORIO
FUENTES CONSULTADAS
SIGLARIO
| 1ra. Parte |
| Museos, galerías yespacios museográficosde la UNAM |
Acercamientos
Trabajos anteriores nos han enseñado que escribir sobre la trayectoria de museos a partir de una mirada amplia e incluyente es una labor muy complicada, ya que no se puede seguir una sola línea de análisis, toda vez que son varios los elementos que se tejen y entretejen para dar vida y presencia a un museo que, hoy por hoy, forma parte de un mundo cultural cada vez más complejo y competitivo.
El circunscribirse a un solo aspecto museístico, como puede ser el inventario de colecciones, el montaje expositivo o el registro de exposiciones, conlleva a la exclusión de otros elementos clave para la vida de un museo. De igual forma, centrar el estudio del museo en sus contenidos temáticos –arte, historia, ciencias, etc.-, sería mucho más sencillo que lo que aquí intentamos hacer: abordar un conjunto de museos diversos que dependen de una institución superior que los arropa y promueve, como es el caso de los museos de la UNAM. Es precisamente esa diversidad temporal, espacial, temática, intencional y administrativa de los museos la que vuelve más complejo su estudio.
La dificultad no solo radica en la mirada con la que se quiera analizar un museo, sino que el propio museo es, en sí mismo, una institución muy compleja en cuanto a su organización y operatividad. Generalmente, el visitante común no percibe estas complejidades, ya que casi siempre va a apreciar el producto final: la exhibición y sus actividades complementarias, esperando que sean de su agrado. No obstante la visión limitada de la mayoría del público, debe señalarse que para que estas actividades se lleven a cabo exitosamente y atraigan la atención de los visitantes se debe a que un conjunto de especialistas trabajó de manera coordinada para lograr este fin.
En sí, la vida de un museo no se limita solo a su imagen externa, como las colecciones, las exposiciones, los montajes, las inauguraciones o la promoción de eventos, sino que va más allá del propio museo, buscando influir en sus públicos y en los contextos socioambientales del entorno en que se ubica.
La vida interna del museo es a la vez multi e interdisciplinaria, lo que lo convierte en un laboratorio donde se combinan actividades que van desde la concepción de una exposición y su ‘traducción’ a un lenguaje museográfico; el armado de curadurías; la elaboración de narrativas objetuales, textuales, visuales, auditivas…, para diferentes usos; la preparación de discursos diferenciados para distintas audiencias; la planeación de programas de gestión, hasta la construcción de sistemas de evaluación para probar la eficacia de una exposición o el impacto del museo en la comunidad.
Por consiguiente, desde el inicio del proyecto museológico se debe tener un panorama completo de todas las actividades a realizar, así como mucho cuidado y control para que cada una se lleve a cabo debida y oportunamente, en virtud de que están concatenadas y la falla de una puede alterar las otras o, incluso, el proyecto completo. Cada paso por dar debe estar basado en técnicas, metodologías y teorías bien fundamentadas, y cada uno debe ser registrado y documentado con detalle, a fin de no perder la memoria histórica de la museografía de la institución, poder utilizar la información en actividades semejantes y, entre otros, evitar errores posteriores.
Algunos campos de conocimiento tradicionales, como arquitectura, diseño, pedagogía, psicología, comunicación, historia, administración, han abonado el trabajo en los museos, de tal manera que el museo actual cuenta con múltiples y variados referentes teóricos y metodológicos. Pero no solo eso, ya que el museo también ha creado sus propias teorías, técnicas y metodologías que actualmente se reflejan en áreas como documentación museística, museopedagogía, diseño museográfico, estudios de público de museos, evaluación en museos, museología histórica, entre muchas más, que han contribuido al campo de la Museología, correspondiente a los Museum studies de los países de habla inglesa. Los museos son, así, un claro ejemplo de espacios interdisciplinarios, territorios culturales idóneos para la construcción de nuevos saberes, fomentar experiencias culturales distintas y motivar nuevas interpretaciones sobre lo que se exhibe.
Ante este panorama, se entiende que un museo puede ser analizado desde diferentes miradas que, en vez que excluyentes, son complementarias. Presentar solamente una serie de datos fácticos siguiendo un orden cronológico significaría dejar fuera muchos aspectos importantes de nuestros museos. Pero hay que avanzar poco a poco: por un lado, no es posible abarcar todo en una sola publicación; por el otro, las lagunas de información son muy grandes. Esto debido a que el trabajo museístico se vio durante muchas décadas solo como una actividad práctica, que no necesitaba ser registrada detalladamente. Ahora, para estudiar los museos, hay que revisitarlos y reinvestigarlos para obtener más datos, que lleven a nuevas conclusiones. Esta es una de las tareas que ha asumido el Seminario Universitario de Museos y Espacios Museográficos de la UNAM (SUMyEM).
Tomando en cuenta estas carencias, se decidió comenzar por recuperar lo realizado por la UNAM en tema de museos, lo que hacemos con Senderos museográficos de la UNAM, a partir de tres perspectivas generales: la histórico-social, la patrimonial-normativa y la museológica-museográfica, resaltando algunos elementos determinantes de su patrimonio y sus museos. Con el propósito de facilitar una mayor comprensión de su trayectoria, en algunas ocasiones empezamos nuestro relato desde el pasado lejano a los días presentes, pero desde diferente mirada.
Por otra parte, también hay que considerar que museos, galerías y jardines botánicos se han convertido con el tiempo en instituciones culturales en sí mismas y son reconocidas como autoridades en cuanto a su función recolectora, preservadora, comunicadora y constructora de saberes. Más que instituciones caducas o anticuadas, son organismos en constante proceso de transformación. Su capacidad resiliente los ha llevado, hoy en día, a salir de sus cuatro muros y a convertirse en foros de expresión y espacios de encuentro cultural y social. Los cambios que en determinado momento llegan a presentar en su estructura operativa o en su distribución museográfica, generalmente obedecen a ajustes para mantenerse a la vanguardia dentro de una oferta cultural más amplia.
La mayoría de los museos de la UNAM cumple con los lineamientos museológicos de los otros museos, pero, además, tienen características propias, determinadas por las funciones universitarias de docencia, investigación y difusión de la cultura. Si queremos comprender su trayectoria, debemos mirarlos con la lente de la Universidad y del quehacer universitario, sin descontextualizarlos tampoco de los entornos museísticos nacionales e internacionales.
Las causas por las que se crean; las circunstancias políticas, económicas, culturales y sociales que llevan a su establecimiento; el avance de los distintos campos de conocimiento; la influencia del desarrollo tecnológico; las autoridades universitarias que los promueven y las dependencias académicas a las que quedan adscritos; la estructura interna y los objetivos de cada museo; la diversidad temática de sus exhibiciones, los servicios que ofrecen…, son algunos aspectos que aquí se intentó abordar.
Con estos cuestionamientos en mente, se realizó una investigación que arrojó un registro de 25 museos, entre otros espacios de exhibición que tiene la UNAM, información que ahora ofrecemos al lector en forma sucinta. Hay aún muchos datos desordenados y dispersos. Muchos más siguen ocultos en archivos académicos y administrativos que todavía hay que descubrir y catalogar para comprender mejor el papel de la UNAM en cuanto a formación de colecciones y museos. Es materia pendiente, todavía.
Otro reto para armar este Cuadernillo fue el ordenar la información de manera sencilla y atractiva para que cualquier lector pueda comprenderla. En ocasiones, los lenguajes suelen ser tan especializados que solo los conocedores de un área específica los entienden. En esta obra procuramos un lenguaje llano y de fácil comprensión tanto para miembros de la comunidad universitaria, como para el público general.
En este escrito no se pretende dar crédito a ningún museo de forma específica, ni tampoco validar las actividades museológicas que reportan. El propósito fundamental de este texto es el de recuperar la memoria histórica de la labor museística de la UNAM, aspecto generalmente soslayado de las publicaciones universitarias, ya que, en el mejor de los casos, hacen referencia al patrimonio, las inauguraciones, el número de exposiciones o la cantidad de asistentes al museo, pero no resaltan el impacto de las aportaciones de la labor museológica de nuestra Universidad, ni su impacto en el ámbito cultural del país. Estas han tenido varios momentos cumbre, poniendo muy en alto el nombre de la UNAM.
La falta de registros detallados y de una documentación seria, formal y congruente, que demuestre las actividades realizadas en nuestros museos a lo largo del tiempo, dificulta la elaboración de análisis más profundos y la implementación de políticas académicas y culturales acordes a las necesidades de los museos universitarios.
Aquí no se subsanan las carencias ni se agotan los temas, simplemente se reseña el devenir de las instituciones museísticas y se destacan algunas problemáticas por encarar. Sirva como punto de arranque para acentuar la importancia que tiene el patrimonio cultural universitario para las comunidades estudiantil y académica, y la sociedad en general, y, también, para consolidar un Plan Museológico1 de utilidad para todos los museos de la UNAM, que pueda aplicarse a corto, mediano y largo plazos. Después, extender la información y las experiencias a otras instituciones de educación superior, a fin de consolidar programas de preservación y crecimiento del patrimonio cultural/natural, tangible/intangible a nivel nacional.
El contenido de esta publicación se divide en cuatro bloques. Cada uno puede consultarse de manera independiente según el interés de cada lector. La información se extrajo de libros, catálogos, publicaciones periódicas, entrevistas personales, varios números de Gaceta UNAM, páginas web, y de datos obtenidos de encuestas aplicadas a los responsables de cada museo universitario durante 2015, 2018 y 2019.
En el primer bloque se narra el devenir de los museos de la UNAM, a partir de varios ejes temáticos. Se describe el concepto y las características de un museo universitario para que, desde el inicio, el lector pueda apreciar los elementos específicos de este tipo de museos, que los distinguen de los demás. En influencias y contextos, se resaltan las acciones más significativas en materia de museos académicos de la Europa entre los siglos XVII a XIX, modelo que se traslada a estas latitudes. También se alude al ambiente de los estudios superiores en México que propicia la formación de colecciones y museos universitarios. En el apartado Museo Nacional de México, patrimonio y universidad se reseña la estrecha relación que nuestra universidad ha tenido con el Museo, en relación a la custodia, exhibición y promoción de los bienes culturales nacionales hasta nuestros días. En Especialidades y Trayectorias institucionales se resalta el interés de la UNAM, ya como institución autónoma, por desarrollar una presencia museística en el país, propiciando investigaciones puntuales en cuanto a formas de divulgar y exhibir colecciones objetuales. Finalmente, no puede entenderse la presencia museística de la UNAM sin abordar su papel como restauradora y rehabilitadora de recintos históricos o como creadora de nuevos espacios expositivos, lo que lleva a la lista que se presenta al final de este apartado.
El segundo bloque, Cronología Ilustrada, acompaña al anterior. Abarca de 1910 a nuestros días, ofreciendo en forma gráfica los momentos cumbre del establecimiento de los museos universitarios y algunos lineamientos y resoluciones que determinan su existencia.
La tercera sección, Trayectoria de los museos de la UNAM: Usos, desusos y reúsos, incluye una breve descripción de cada uno de los 25 museos que actualmente tiene esta casa de estudios. Aquí, para ordenar los museos, se puso énfasis en la utilización original de los edificios que los albergan, más que en las temáticas, contenidos o actividades que realizan. Esto con el propósito de resaltar la trasformación que han tenido los bienes inmuebles universitarios y las acciones que la UNAM ha tenido que llevar a cabo para darles un uso práctico y un sentido de actualidad. Se presenta cada institución de manera individual, resaltando sus características y actividades museales más destacadas.
En la cuarta parte, el lector encontrará, en orden alfabético, un directorio de los museos de la UNAM, para su fácil consulta. El tema no se agota en esta obra. Esperamos que los diferentes abordajes de este trabajo sirvan de base para estudios posteriores y para construir acciones horizontales y transversales que fortalezcan la actividad museal de la UNAM y otras instituciones de enseñanza.
La obra en su conjunto constituye un registro de museos hasta inicios de 2019, cuando se actualizaron los últimos datos obtenidos. También se ofrecen cuadros informativos y planos de ubicación con el fin de que este material sirva para la visita casual, académica, turística y de entretenimiento. Cabe destacar que los materiales gráficos aquí incluidos son obra de Silvana Árago Telona (SAT) y Gabriela Guerra Nicolás (GGN), colaboradoras del SUMyEM, y varios estudiantes de arquitectura: Constanza Ponce de León Figueroa, Edgar Josué Granados Ruíz, Antonio Nicolás Hurtado Ortega e Ivonne Bolaños Fabián, quienes creyeron en el proyecto y se entusiasmaron con él, delineando las fachadas de los museos con un estilo original.
Antes de terminar estas líneas, es importante agradecer el apoyo brindado por el Consejo Internacional de Museos (ICOM), a través de su Comité Internacional de UMAC (University Museums and Collections) para la realización de la reunión Coloquio-Talleres de Documentación Museística. Patrimonio, colecciones, exhibiciones, museos universitarios, verificada del 9 al 12 de abril de 2019 en el Museo Universitario de Ciencias y Artes, así como para la preparación del presente material.
1 Válido para todos los museos de la UNAM. Conformado por programas museológicos específicos, que contemplen todos los elementos para el buen funcionamiento de cada uno, desde los entornos, los proyectos arquitectónicos, los diseños museográficos, los servicios del museo, el registro, preservación y movimiento de colecciones, la legislación, hasta la gestión y administración de cada uno. A nivel internacional se ha producido una amplia bibliografía específica para cada tema.
Museos, galerías y espacios museográficos de la UNAM
Tres miradas para comprenderlos
Hablar de museos universitarios es hablar de una de las instituciones culturales más antiguas y, a la vez, de mayor actualidad para las sociedades del siglo XXI. Son instituciones que se forman y transforman al ritmo de las propias universidades, por lo que estudiarlos demanda el constante análisis de la historia de la propia universidad, así como conocer la historia de los movimientos más significativos en la educación superior a lo largo del tiempo.
Durante los últimos años, ha aumentado notoriamente la creación de museos universitarios en todo el mundo, al igual que asociaciones y grupos de especialistas dedicados a impulsarlos. De influencia local destacan, entre otros: AAMG (Association of Academic Museums & Galleries, 1980), UMG (University Museums Group, UK, 1987), UMIS (University Museums in Scotland, 1988), CINDERELLA (University Museums and Collections in Australia, 1996). A nivel macrorregional: UNIVERSEUM (European Academic Heritage Network, 2000) y UMAC (International Committee of ICOM for University Museums and Collections, 2001). En México, desde 2007, trabaja por parte de ICOM el grupo UMAC; en la UNAM, el SUMyEM (Seminario Universitario de Museos y Espacios Museográficos) desde 2017.
De este impulso que se da a nivel internacional, se desprende que el museo universitario ya no es solo una dependencia más de la Universidad, sino que, al igual que otras instancias académicas, es un organismo eje, con vida y personalidad propias, de gran utilidad para la universidad y gran proyección para el entorno cultural general. Colecciones, salas de exhibición, museos, galerías, planetarios y espacios que resguardan el patrimonio de universidades y escuelas de educación superior son cada vez más visibles en los ámbitos académico, cultural, recreativo y turístico, lo que los compromete a ser más analíticos y críticos en sus estudios, más asertivos en sus proyectos y hacer propuestas museográficas de vanguardia, acordes con las necesidades universitarias y, al mismo tiempo, a las necesidades de la sociedad.
Dado que uno de los objetivos de toda universidad es el solucionar las problemáticas presentes y prever las futuras, sus museos no están exentos de este compromiso, por lo que deben procurar involucrarse en las propuestas académicas del momento; en este caso, ser más interdisciplinarios, formar parte de las sociedades de la información y del conocimiento, así como propiciar la construcción de saberes para que sus alcances traspasen los entornos cercanos e incidan en ámbitos locales y generales.
Aquí nos referiremos al devenir de los museos de la UNAM como un primer acercamiento al papel que han desarrollado en la vida cultural de la propia Universidad y del país, por lo que utilizaremos tres miradas para comprenderlos: la histórico-social, la patrimonial-normativa y la museológica-museográfica. Más que un trabajo acabado, es un estudio introductorio de la actividad museística desarrollada en la UNAM. Nos hemos basado principalmente en publicaciones especializadas y en las respuestas a censos levantados entre 2015, 2018 y 2019. Los museos, como toda institución viva, evolucionan y cambian, por lo que la información aquí vertida sirve como punto de partida para estudios posteriores.
Bajo la perspectiva histórico-social podemos comprender los motivos por los que se crea una colección o establece un museo, sus usos a corto, mediano y largo plazos, el impacto ejercido en el entorno académico, su proyección en grupos sociales más amplios y las razones por las que se han mantenido activos hasta nuestros días.
La segunda mirada se relaciona con el patrimonio y su marco jurídico. La idea de patrimonio no es unívoca y se ajusta constantemente a las necesidades de cada sociedad. Organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –abreviado internacionalmente como UNESCO o el Consejo Internacional de Museos –ICOM, por sus siglas en inglés, han trabajado en lineamentos generales que sirven de guía para establecer criterios locales de valoración y acción. No obstante, toca a cada país definir sus políticas y estrategias de conservación, preservación y divulgación. Organismos autónomos, como las universidades y centros de educación superior, también tienen que definir su concepto de patrimonio universitario y determinar los lineamientos para su cuidado. Sea a nivel nacional, regional o institucional, es imprescindible contar con la legislación respectiva a fin de garantizar la protección y gestión de los bienes patrimoniales pertenecientes o bajo custodia de universidades y centros educativos superiores.
La tercera mirada es la de la Museología, ya que es la plataforma estructural y funcional sobre la que se apoyan todas las actividades del museo. En virtud de que los museos universitarios no están aislados de la oferta museística general, tienen que observar tanto los principios teóricos y metodológicos de las diferentes corrientes museológicas, como analizar la eficiencia de los resultados de las construcciones museográficas en la universidad. Museología y museografía2 van de la mano y deben verse como un todo integrado que combina características y necesidades del museo, los entornos y la comunidad en la que está inserto.
En un sentido más amplio, tanto las exhibiciones, como sus servicios y productos relacionados, son expresiones culturales en sí mismas, con valores propios que forman parte de movimientos museales y culturales más generales tanto a nivel local, como regional y global, por lo que se vuelve imprescindible registrar metódicamente todo el trabajo que se realiza en el museo a fin de capitalizarlo posteriormente en otras acciones y espacios. La documentación museológica y museográfica (Marín, 2002) no solo ayuda a preservar la cultura material de las piezas, sino que permite conservar la memoria de las colecciones del museo y de la propia universidad.
Para el caso de universidades y centros de educación superior, esta documentación es medular, ya que además de su utilidad para los museos, también se convierte en eje base para entender la construcción de las distintas epistemologías, el desarrollo de prácticas educativas y permite revisitar la historia de la educación e, incluso, interpretarla con una lente que traspasa aulas y laboratorios.
Estas tres miradas: la histórico-social, la patrimonial-normativa y la museológica-museográfica son fundamentales para comprender el devenir de las colecciones y los museos universitarios. No solo sirven para detectar la integración y los usos de los acervos o la organización y el funcionamiento de los museos, sino también son de gran utilidad para realizar estudios más precisos o complejos sobre la vida cultural del país.
Museos Universitarios
Al igual que el concepto de patrimonio, el de museo también es cambiante y se ajusta a las necesidades de cada sociedad. En la Europa renacentista se retomaron los términos museion (el lugar de las musas) y pinakothek (colección de pinakes o láminas y cuadros) de la época clásica, para referirse a espacios donde se concentran y estudian objetos valiosos y obras de arte, respectivamente. Ello no quiere decir que predominara una única idea de ellos, por lo que podemos encontrar referencias a cámaras, gabinetes, salas o estudios relacionados con el término de museo, así como pinacotecas y galerías, con el de museos de arte.
La palabra museo comienza a aplicarse en la Europa del siglo XVI, evocando la idea clásica del museion. La extensión del término puede rastrearse claramente a partir de la obra Orbis Sensualium Pictus (1658), del célebre Juan Amós Comenio, el “Padre de la Didáctica”. Para Comenio, el análisis de objetos con referencias de libros y documentos se realiza en “el estudio”. Pero, la fama del museion clásico hizo que gradualmente se aplicara el término museo para instituciones dedicadas al desarrollo de conocimientos a partir de colecciones que se daban a conocer con propósitos científicos y educativos. Estas instituciones fueron adquiriendo mucho prestigio. Así, se observa, más de un siglo después, que la edición inglesa de esta obra comeniana (1777), “traduce” el estudio, como museum y en alemán aparece como das Kunstzimmer (la sala de arte) (Van Praët, 2019: 40-43). El término museo se extendió así por toda Europa y se extendió posteriormente a otras regiones del mundo (Ver Imagen 1).
A consecuencia de las ideas predominantes de la Ilustración y la Revolución Francesa, a finales del siglo XVIII, el museo comenzó a concebirse como un espacio más abierto, permitiendo la entrada a públicos diversos.
Hoy en día, la idea de museo está muy definida espacial y funcionalmente (conservación, preservación, exhibición, comunicación), aunque su uso también se extiende como centro de interpretación cultural, incluso de entretenimiento y de espectáculo. Museos como el Guggenheim o el Louvre han traspasado las fronteras de sus países de origen, convirtiéndose ya en una marca específica a nivel internacional no solo en sentido cultural, sino comercial también.

En la actualidad, con el propósito de manejar un concepto eje de museo, generalmente se recurre a la definición que proporciona el ICOM:3
Institución permanente sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, comunica y exhibe el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y disfrute (ICOM, 2007).
En esta categoría pueden incluirse los sitios y monumentos culturales y naturales, así como instituciones que cuidan y exhiben ejemplares vivos, centros de ciencia, planetarios y parques naturales, entre otros.4
A partir de ello, y las propuestas realizadas por grupos de trabajo dedicados a museos de instituciones de educación superior, podemos considerar un museo universitario como una institución museal que, además:
Depende o está asociada a universidades o instituciones de educación superior y se ocupa de proteger y difundir el patrimonio a cargo de las mismas (Stanbury, 2003: 3).
Estas colecciones y museos no se circunscriben a una sola temática, ya que generalmente abordan las especialidades que fomenta cada universidad –artes, ciencias, tecnología, historia, etc.–, procurando la preservación y el desarrollo de su patrimonio, siempre con el propósito de apoyar las funciones universitarias de educación, investigación y difusión de la cultura. Hoy en día, este trabajo también se traslada a repositorios digitales, la Internet y las redes sociales, acrecentando la accesibilidad de visitantes de todo el mundo a las colecciones y los museos en general, y a los universitarios, en particular.
Llegar a este punto requirió de un largo proceso. Hay que recordar que viajeros, curiosos, diletantes, artistas y estudiosos formaron las primeras colecciones, gabinetes, museos y galerías, gracias al apoyo de algunos mecenas e instituciones económicamente consolidadas, como la Iglesia y las universidades. El afán por estudiar y exhibir colecciones cambió la forma de ver el mundo, interpretar el cosmos y construir conocimientos especializados, lo que derivó en nuevos métodos de investigación y enseñanza.
Poco a poco, los conocimientos especializados fueron encontrando su asiento en academias, escuelas superiores y universidades, donde se convirtieron en contenidos académicos dentro del marco de la educación formal. Muchos objetos y colecciones formaron parte de este proceso, constituyendo los primeros museos que, para el siglo XIX, se denominaron indistintamente como museos educativos, pedagógicos, escolares, estudiantiles, laboratorio, académicos, universitarios, en virtud del uso de las colecciones y de las personas involucradas en la integración de museos.
Actualmente, muchas colecciones armadas por profesores e investigadores se mantienen en sus gabinetes y vitrinas para fines exclusivos de docencia e investigación. Son materiales especiales, acervos cerrados5 a los que muy poca gente puede acceder y solo se visitan con la autorización del responsable. Entre estas colecciones destacan muestras necrológicas o piezas que contienen materiales peligrosos, que requieren de un acceso controlado.
Además de estas colecciones, las universidades también cuentan con museos académicos o museos de estudio, en virtud del servicio que prestan a profesores/investigadores y estudiantes. Muchos tienen una larga trayectoria y el aumento y la clasificación de sus acervos son resultado de un trabajo aca- démico cotidiano. Por lo general, son espacios pequeños ubicados en facultades o institutos a cargo de especialistas de cada área (paleontología, zoología, flora, etc.). Las piezas están muy investigadas y exhibidas ordenadamente en vitrinas o contenedores específicos y cuentan con su cedulario descriptivo. Son museos que, además, ofrecen algunas visitas guiadas a estudiantes y público general. A pesar de su apertura pública, su proyección social es limitada, ya que se ajustan a las necesidades académicas. Por consiguiente, los horarios de visita son restringidos y están cerrados en periodos vacacionales, de exámenes o debido a eventos especiales.
En un tercer nivel, están los museos dedicados a la divulgación de temas específicos. Pueden combinar exhibiciones permanentes y temporales, y su misión comunicativa los lleva a organizar todo tipo de actividades culturales complementarias. En consecuencia, su oferta museística es mucho más abierta en contenidos y horarios, atienden distintas audiencias, y sus servicios compiten con los de cualquier otro museo. Participan en programas generales como Noche de Museos, Día Internacional de Museos, Museos y Centros de Ciencia, Red de Museos y Espacios culturales para la atención de Personas con Discapacidad, Jóvenes en Conflicto con la Ley, etc., entre otros más. Son incluyentes, convirtiéndose en puntos de encuentro cultural y social. Frecuentemente, traspasan sus muros o los de la propia universidad, involucrando a escuelas, comunidades aledañas o grupos vulnerables. También desarrollan actividades especializadas en museología y museografía que generan productos específicos (programas, cursos, publicaciones, etc.) para actualizar y capacitar a profesionales de museos y al público general.
En puerta están también los museos virtuales, cibermuseos y las colecciones digitales. Algunos que parten del patrimonio tangible/intangible de las universidades y otros, resultado principalmente de la creatividad estudiantil. El uso de las nuevas tecnologías nos dará muchas aportaciones y sorpresas en este sentido.
Formas de exhibición, exposiciones temporales e itinerantes, al igual que el patrimonio natural y cultural tangible/intangible de cada universidad se integran al éthos institucional y dan cuenta de la evolución del pensamiento y desarrollo sociales, a la vez que reúnen conocimientos y prácticas en áreas de conocimiento tradicionalmente consolidados, como son la biología y la medicina, o los emergentes, como la museología y la divulgación.
La variada oferta de servicios, diseños y temáticas expositivas ha dado a los museos universitarios más presencia y visibilidad en la ecología cultural del país. No solo constituyen un valor agregado de la universidad, sino también se han convertido en instituciones con personalidad propia, que sobrepasan los objetivos meramente académico-culturales, para satisfacer necesidades de índole política, económica, social, turística o recreativa.
La mayoría de los museos universitarios realiza las mismas actividades que el resto de los museos, pero posee algunas características que los distinguen de los demás. Destacan, principalmente: la intencionalidad original y la procedencia de las colecciones, la comunidad académica que respalda el trabajo “tras mamparas y vitrinas” y el público meta al que se dirigen:
La intencionalidad original y la procedencia de las colecciones se relacionan con los propósitos investigativos y docentes de la institución. Hay un vínculo muy estrecho entre comunidad y universidad. En el caso de las ciencias, es frecuente encontrar que académicos y estudiantes trabajen conjuntamente para reunir, preservar, exhibir y comunicar ejemplares naturales o científicos. En el de las artes, muchos materiales que otrora sirvieran como material didáctico o fueron elaborados por maestros y estudiantes, con el tiempo se convirtieron en piezas de exhibición, ya que fueron revalorizadas en virtud de su unicidad, originalidad, historicidad, artisticidad, simbolismo, etc., cambiando su función primigenia y transformándose en objetos musealizados. Así, los objetos artísticos, científicos, además de los históricos, se vuelven pruebas tangibles de la trayectoria académica y social de la institución. Muchos se convierten en los núcleos fundacionales de colecciones y museos, incluso, llegan a formar parte de los tesaurus institucionales.
La comunidad académica que respalda el trabajo “tras mamparas y vitrinas” es específica de las instituciones de educación superior, ya que cuentan con los especialistas que pueden asesorar constantemente a los museos, imprimiendo un sello de calidad a la información que se transmite. La actualización de saberes en aulas y centros de investigación se traslada con mayor facilidad a los espacios de exhibición, haciendo del binomio universidad-museo un laboratorio permanente de enseñanza y comunicación, garantizando que contenidos y técnicas de transmisión estén a la vanguardia.
El público meta de los museos universitarios lo conforma, en primera instancia, la propia comunidad universitaria. Esta puede considerarse de dos formas. Por un lado, los que asisten y participan diariamente en la vida universitaria; por el otro, en un sentido más amplio, a todas las personas que de una u otra forma están implicadas con la universidad, desde futuros estudiantes, hasta exalumnos; desde personal activo, hasta extrabajadores, al igual que personas que se relacionan temporalmente con la institución.Sin embargo, circunscribirse solo a este público significa desaprovechar la posibilidad de atraer a otros públicos y no dar a conocer todo el trabajo museográfico realizado. Por otra parte, ello conllevaría no solo a desconocer, el derecho a la cultura que tienen los demás sectores de la sociedad, sino también a incumplir con funciones universitarias sustantivas, como son la extensión académica y la difusión cultural. En consecuencia, la idea de público y audiencias en museos universitarios debe ser muy incluyente.
No obstante el peso de la tradición coleccionista y expositiva que tienen muchas universidades, la mayoría de sus piezas y colecciones pierden pronto su utilidad práctica y deben desecharse (herramientas, instrumental, equipos de laboratorio, cómputo, etc.) para dar entrada a materiales más modernos, según los requerimientos académicos del momento. Este sistema de modernización de materiales de trabajo es común a todos los centros de educación superior, por lo que cada uno debe implementar sus propias políticas de selección y descarte a fin de evitar pérdidas irremediables de piezas valiosas o importantes.
En México, contamos con cerca de 150 museos universitarios registrados, que equivale aproximadamente a un 10% de la oferta museal nacional.6 Seguramente hay muchos más que todavía no han abierto sus puertas al público, así como valiosos acervos cerrados y museos académicos que no han salido a la luz. Estamos convencidos de que, conforme se vayan consolidando las redes institucionales y de profesionales de museos, se buscará la forma de agregarse a esta línea museal, ya con fuerte arraigo en el país.
A pesar de que algunos museos universitarios son más visibles que otros, promoviendo constantemente sus actividades en los sectores académico, educativo, recreativo y turístico, la existencia y visibilidad de todos es fundamental no solo para la universidad en cuestión, sino para la vida cultural del país y la del mundo.
Trabajos previos
Los primeros datos compilados expresamente sobre los museos de la UNAM vieron la luz en 1985, en una pequeña publicación: Museos y Espacios museográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México del Centro de Investigación y Servicios Museológicos (CISM), preparada por el reconocido Profesor Miguel Madrid para conmemorar el Día Internacional de los Museos (Ver Imagen 2).

En ella se mencionan seis museos (Antropología*, Chopo, Geología, Historia de la Medicina Mexicana, Necroteca*, MUCA y Zoología), dos jardines botánicos (ENEP7 Iztacala y el Jardín Botánico Exterior), tres invernaderos (ENEP Iztacala, Manuel Ruíz Oronoz y Faustino Miranda) y cinco espacios museográficos (Galería Universitaria Aristos*, Galería Casa del Lago, Galería del Extemplo de San Agustín**, Galería de la Escuela de San Carlos y Salas de Exposiciones del Palacio de Minería).
El folleto incluye solo información básica de los museos y las salas: una breve descripción de contenidos temáticos, la ubicación, el horario de servicio y los datos de contacto. Lo escueto de la misma se debe a la limitación de los medios tecnológicos de entonces; sin embargo, por primera vez se dio peso a los museos de la UNAM a partir de una investigación de campo que, además, sirvió para estrechar lazos entre los distintos museos universitarios. Con ello, se iniciaron también conferencias especializadas en este tema.
En 2006, al abrigo de UMAC, el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) organizó en México el 6º Congreso Internacional de Museos Universitarios con el nombre “Nuevas Rutas para los Museos universitarios” con la asistencia de representantes internacionales de ICOM. En él se abordaron problemáticas y perspectivas generales de los museos universitarios, como: contextos, colecciones, audiencias, gestión, experimentación, y se presentaron algunos estudios de caso. De manera más mesurada, se mencionaron específicamente los museos de la UNAM. El libro del encuentro vio la luz en 2008. Esta reunión fue fundamental para la proyección de la UNAM en el ámbito de los museos y fue la base para echar a andar el grupo de trabajo de UMAC en México.
Dicho grupo inició labores en 2007 en la UNAM, invitando a colaborar a todos sus profesionales de museos, así como los de fuera de ella. Inmediatamente se adhirieron miembros de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Con el tiempo, se han sumado más universidades, además de juntas de trabajo internas; también, se realizaron anualmente Encuentros de Museos Universitarios. Algunos resultados de estos encuentros vieron la luz en Memorias y reflexiones sobre nuestros museos universitarios (2012), en donde ya se presentaban estudios específicos de varios museos universitarios del país. Además, se añadió un CD con un registro de museos universitarios a nivel nacional.8 Las reuniones continúan hasta la fecha y los resultados de las mismas pueden consultarse en diferentes publicaciones, en videos en YouTube y en el repositorio de Ameyalli, de la UNAM.
Posteriormente, se realizó un Cuadro cronológico de los museos de la UNAM (ediciones 2009, 2011, 2014, 2016) y una Carpeta Informativa (2015), en la que registraron los servicios al público de los entonces 27 museos9, materiales que han servido para realizar estudios posteriores más detallados y profundos. La distribución de ambos materiales no fue masiva, pero se entregaron a diferentes autoridades universitarias, para su conocimiento. Los contenidos pueden consultarse en las páginas web.10
De 1985, año de la primera publicación, a la fecha, ha habido muchos cambios. Hay más museos, más profesionales, más actividades especializadas, más teorías museológicas, más medios de comunicación y redes sociales…; pero, sobre todo, hay más conciencia sobre la importancia y los alcances de los museos universitarios. Hay más interés de las propias universidades en sus colecciones, galerías y museos, y, lo más importante, de los universitarios y la sociedad en general.
Bajo el abrigo de otras instancias como el ICOM y el SUMyEM, se continúa con investigaciones virtuales y de campo para actualizar y mejorar la información, estrechar lazos entre los profesionales y establecer puentes entre las instituciones.
Influencias y contextos
El Museo Ashmolean (1683) de la Universidad de Oxford, Inglaterra, es el primer museo universitario del que se tiene noticia. Abrió sus puertas con piezas de la universidad y con acervos donados por el rico coleccionista Elías Ashmole, quien consideraba “que el conocimiento de la naturaleza es muy necesario para la vida y la salud humanas”. Por tal motivo, también se abrió a todo el público. Contaba con un Reglamento específico que empleados y visitantes tenían que observar.
Varias universidades europeas formaron también galerías, museos y jardines botánicos en los siglos posteriores, pero fue hasta el siglo XIX, con la consolidación de muchas universidades, que el coleccionismo universitario tomó fuerza. El intercambio de información y materiales entre investigadores y profesores de distintas partes del mundo propició la reunión y exhibición de piezas, así como la creación de museos. Este modelo de museo pronto se replicó en países de América.11
En México, la UNAM ha sido heredera natural de la tradición académica de la Real y Pontificia Universidad de México. Ya como país independiente, los estudios superiores se transformaron en Escuelas Nacionales (Preparatoria, Jurisprudencia, Ingenieros, Medicina, Bellas Artes y la Escuela de Altos Estudios), mismos que se integraron, junto con otros institutos, a la Universidad Nacional, al iniciar el siglo XX.
Para desempeñar sus funciones eficientemente, se asignó a la Universidad los bienes muebles e inmuebles pertenecientes a las Escuelas. Así, los famosos gabinete-museos de zoología y física de la Preparatoria, las galerías de arte de la antigua Academia y colecciones utilizadas en las carreras de Ingeniería y Medicina fueron integradas como patrimonio universitario.
En 1929, con el reconocimiento de la autonomía a la Universidad y la reorganización de los estudios superiores, se ratificaron sus bienes.12 Además, la Ley Orgánica de ese año señaló que la UNAM conserva la Escuela de Bellas Artes, no así “la anexa Galería de Pinturas y Esculturas, que permanecerá en su calidad de Museo de Arte”; el Instituto de Biología, “excepción hecha de la parte relativa al Parque Zoológico y al Jardín Botánico”; el Instituto de Geología (Art. 1º de los Artículos Transitorios).
Con estas disposiciones se asignaron a la UNAM el Museo de Geología (inaugurado en 1906), como parte del Instituto de Geología y el Museo del Chopo (inaugurado en 1913 como Museo de Historia Natural), así como la Casa del Lago (antiguo Club de Automóviles), estos últimos como parte del Instituto de Biología.13
De igual forma, las colecciones del Herbario Nacional quedaron bajo custodia de la UNAM. A estos museos se han agregado muchos más, principalmente después de 1954, año en que la UNAM iniciara su traslado al campus de Ciudad Universitaria, en Coyoacán.
En el interior de la República, durante el siglo XIX y principios del XX se establecieron varios Institutos Científicos y Literarios que posteriormente serían la cuna de futuras universidades. Destacan los institutos de Puebla (1825), Jalisco y Chihuahua (1826), Oaxaca y Guanajuato (1827), Toluca (1828), Tamaulipas (1830), Zacatecas (1831), Veracruz (1843), Michoacán (1847), Tabasco, Aguascalientes, Coahuila y Yucatán (1867); Guerrero, Hidalgo y San Luis Potosí (1869); Querétaro (1871), Morelos (1872), y Sinaloa (1874). Posteriormente, se formaron institutos en Campeche, Chiapas y Durango. Al crecer y transformarse en universidades, la mayoría también heredó los instrumentos y materiales de enseñanza que se convirtieron en tesaurus universitarios, posteriormente dispuestos como museos. La Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) son claro ejemplo de este proceso de transformación.
Durante el siglo XIX y principios del XX, muchos de estos museos eran principalmente repositorios de objetos estudiados y ordenados, dispuestos en forma “objetiva” y estática bajo el principio de que “el objeto habla por sí mismo”, considerando al visitante como un mero observador. Sin embargo, hacia la segunda mitad del siglo XX, estas apreciaciones cambiaron gracias a cuestionamientos de pedagogos y educadores sobre los alcances reales de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Ello propició nuevas técnicas y métodos de enseñanza y el valorar espacios alternativos para el aprendizaje, entre los que se encuentran los museos. Se asentó, en general, que el aprendizaje no se circunscribe exclusivamente al ámbito formal –en aulas de clase con un programa académico predefinido–; sino que también se da en ámbitos no formales –a través de pláticas o conferencias– e informales, como mirar la televisión, navegar por Internet o con visitas a zonas patrimoniales.
Con estos nuevos planteamientos, el museo abrió un abanico de actividades y servicios bajo otro enfoque, aplicado específicamente al ámbito museístico. La idea positivista de exhibición estática de piezas, siguiendo el mismo orden de los temas escolares y libros de texto, comenzó a cambiar, lo que rompió con la rigidez expositiva, los discursos unívocos y las visitas inalterables. El interés del museo desde entonces se dirigió al público, clasificado en diferentes características y necesidades. El visitante pasivo se volvió activo; los mensajes lineales de la museografía quedaron sujetos a interpretaciones personales. A partir de ahora, el público hace al museo y no las colecciones a este.
Las nuevas teorías pedagógicas y comunicativas abonaron el terreno museal diversificando museografías, actividades complementarias a las exhibiciones y extendiendo los servicios a lugares externos al museo, como jardines y parques. Así, el visitante ya no solo va a aprender, pues, además, puede pasar ratos agradables y de socialización en el museo.
El cambio de paradigmas en materia educativa también se reflejó en instituciones de educación superior, definiendo los campos de acción de la extensión académica y la difusión cultural, así como las actividades de cada área. Conferencias, cursos, teatro, danza, conciertos, exposiciones, etc., tomaron mucho impulso hasta convertirse en programas universitarios prioritarios. Varias universidades latinoamericanas consideraron a los “museos y salas de exposición como punto eje de las artes plásticas” (L.E.U., I, 264).
La divulgación, como acción comunicativa dirigida a diferentes audiencias, también encontró su asiento en los museos, haciendo más atractiva la transmisión de conceptos y discursos complejos a públicos no expertos. Todo ello transformó la organización y el funcionamiento de los museos; los universitarios no serían la excepción, pues, al depender de una institución a la cabeza de los avances científicos y tecnológicos mundiales, también deben hacer eco de tales avances.
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