Kitabı oku: «Ecoxicanismo»

BIBLIOTECA JAVIER COY D’ESTUDIS NORD-AMERICANS
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DIRECTORA
Carme Manuel
(Universitat de València)

Ecoxicanismo: autoras chicanas y justicia medioambiental
© Maite Aperribay Bermejo
El presente trabajo se ha realizado bajo el auspicio
del grupo de investigación REWEST, de la Universidad del País Vasco UPV/EHU,
y ha sido financiado por el Gobierno Vasco (IT1026-16) y por el Ministerio de
Ciencia, Innovación y Universidades (PGC2018-094659-B-C21).
1ª edición de 2021
Reservados todos los derechos
Prohibida su reproducción total o parcial
ISBN: 978-84-9134-847-4
ISBN: 978-84-9134-848-1 (ePub)
ISBN: 978-84-9134-849-8 (PDF)
Imagen de la cubierta: Sophia de Vera Höltz
Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera
Publicacions de la Universitat de València
https://puv.uv.es
Edición digital
A mi familia, en especial a mis padres y mi hermana
Índice
Introducción
Ecofeminismo y justicia medioambiental en la literatura chicana
So Far from God (Ana Castillo, 1993): el Bildungsroman como herramienta para el empoderamiento
Cactus Blood (Lucha Corpi, 1995): la novela negra como instrumento para la lucha por la justicia social y medioambiental
Under the Feet of Jesus (Helena María Viramontes, 1995): resiliencia y visibilización del campesinado chicano
Heroes and Saints (Cherríe Moraga, 1994): voces chicanas subversivas
Watsonville: Some Place Not Here (Cherríe Moraga, 1996): la voz de los silenciados
Conclusiones
Anexo. The Principles of the Environmental Justice
Bibliografía
Sé el cambio que quieres para el mundo.
(palabras atribuidas a Ghandi)
I WILL BE A HUMMINGBIRD
The story of the hummingbird is about this huge forest being consumed by a fire. All the animals in the forest come out and they are transfixed as they watch the forest burning and they feel very overwhelmed, very powerless, except this little hummingbird. It says, “I’m going to do something about the fire!” So it flies to the nearest stream and takes a drop of water. It puts it on the fire, and goes up and down, up and down, up and down, as fast as it can.
In the meantime all the other animals, much bigger animals like the elephant with a big trunk that could bring much more water, they are standing there helpless. And they are saying to the hummingbird, “What do you think you can do? You are too little. This fire is too big. Your wings are too little and your beak is so small that you can only bring a small drop of water at a time.”
But as they continue to discourage it, it turns to them without wasting any time and it tells them, “I am doing the best I can.”
And that to me is what all of us should do. We should always be like a hummingbird. I may be insignificant, but I certainly don’t want to be like the animals watching the planet goes down the drain. I will be a hummingbird, I will do the best I can.
(Maathai)
Introducción
El porvenir pertenece a la no violencia, a la conciliación de las diferentes culturas.
(Hessel 41)
En un mundo como el nuestro, superpoblado y sobreexplotado, es necesario un cambio de hábitos en el modo de consumir y de vivir. La actual crisis económica evidencia la “profunda crisis de la civilización patriarcal capitalista occidental” (Mies y Shiva, Ecofeminismo 34). Nuestro sistema económico parece dirigirnos a la acumulación de riquezas, dejando de lado el cuidado de la vida y de la naturaleza, y, en consecuencia, nuestra crisis es, además de socioeconómica, sanitaria y medioambiental. En el siglo XXI seguimos sin haber avanzado casi nada en determinados aspectos: agencias de calificación prácticamente deciden el destino de la economía mundial, marcando quién es el más poderoso o decidiendo qué economías quedan relegadas a un segundo o tercer nivel. La desigualdad socioeconómica sigue marcando una gran diferencia entre el Norte y el Sur, pero hoy en día, dentro del propio Norte o “Primer Mundo” existe una desigualdad cada vez más agravada por la crisis económica.
La sociedad actual reclama un cambio político, económico y, sobre todo, social. Movimientos como el 15-M y otros abogaban y abogan por conseguir una sociedad mejor, más participativa y justa. El 15-M o los Indignados reciben su nombre de la obra ¡Indignaos! de Stéphane Hessel, con la que comparten determinadas ideas: “apelamos a las jóvenes generaciones a dar vida y transmitir la herencia de la Resistencia y sus ideales. … Los responsables políticos, económicos, intelectuales y el conjunto de la sociedad no pueden claudicar ni dejarse impresionar por la dictadura actual de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia” (25-26). Estos movimientos ciudadanos tienen por objetivo lograr un mundo mejor y luchan por un cambio activo, participativo y justo, para alcanzar una democracia real o de base. Mientras en el Sur se lucha por conseguir nuevos derechos, en el Norte se lucha en contra de los recortes de dichos derechos. En cualquier caso, estos movimientos son el reflejo de la lucha universal por los derechos humanos.
Las desigualdades Norte-Sur, al igual que la de género, también se reflejan en la esfera sanitaria y medioambiental. No cabe duda de que la contaminación de la naturaleza guarda relación directa con muchas enfermedades. Somos responsables directa o indirectamente de, entre otros, explosiones en reactores nucleares (Chernóbil, Fukushima), de vertidos de lodo tóxico en Hungría, y de vertidos de fuel al mar (Prestige, BP): “Los riesgos medioambientales son mayores para las mujeres de barrios populares con fábricas contaminantes y vertederos, para las trabajadoras de ciertos sectores industriales y de la agricultura que emplea agrotóxicos. También lo son para las habitantes más humildes de los países empobrecidos” (Puleo, “Ecofeminismo: la Perspectiva de Género” 2). La huella del ser humano es innegable en cualquier invasión y contaminación, sea de nuestros cuerpos como de nuestro entorno. Somos parte activa en lo que a la degradación de la naturaleza se refiere: destruimos, construimos y consumimos sin miramientos. Muchos desastres naturales están relacionados con la actividad económica e industrial: la industria, la producción, el consumo o el transporte, que permiten nuestro “progreso”, producen una enorme contaminación. A esta contaminación y maltrato a la naturaleza hay que añadirle los cuantiosos desperdicios que generamos, y que no somos capaces ni de reducir, ni de reutilizar, ni de reciclar. Los residuos que tiramos sin miramientos han creado grandes manchas de plástico que flotan en el océano Pacífico y que provocan estragos entre la fauna marina (García 2018). La diferencia Norte-Sur es abismal, y el afán de crecimiento del Primer Mundo y la explotación del Tercer Mundo están directamente relacionados. Prueba de ello es, por ejemplo, que, pese a las prohibiciones, países subdesarrollados como China, India, Nigeria, Pakistán o Ghana se hayan convertido en vertederos de hasta el 80% de la basura electrónica generada por EE. UU., Japón o la Unión Europea (Urbina Joiro, 40).
Además, debido al hecho de que la economía capitalista se basa principalmente en transacciones económicas generadas por el consumo, muchos bienes son cada vez más perecederos, hasta el punto de que estos se producen con una obsolescencia programada, que implica una corta vida útil y un gran número de residuos. Algo parecido ocurre con los alimentos que consumimos, ya que se calcula que, basándonos en sus fechas de caducidad, cada europeo desperdicia cientos de kilos de alimentos al año. Esto no hace más que evidenciar que la lucha por un mundo más equilibrado requiere esfuerzo y un modo de vida más respetuoso con lo que nos rodea y con lo que no, ya que uno de los principios de la ecología defiende que todo ser vivo está relacionado, siendo la degradación de la naturaleza fuente de pobreza, cuyas principales víctimas son las mujeres y los niños. Como afirma Puleo, “de acuerdo con las estadísticas, las mujeres somos las primeras perjudicadas por la contaminación medioambiental y las catástrofes ‘naturales’. … Sin embargo, por lo general, no se visibiliza la relación entre la estratificación de género y los problemas medioambientales” (Ecofeminismo para Otro Mundo Posible 11).
Hoy en día la ecología forma parte de los movimientos reivindicativos sociales y, aunque para algunos prevalezcan los intereses económicos, parece que son cada vez más los que comprenden que el ritmo actual de desarrollo, consumo y contaminación es insostenible, y en consecuencia luchan por un cambio hacia la ética y la justicia social y medioambiental. En este sentido, son muchas las voces que se han alzado a favor del decrecimiento sostenible, una filosofía práctica de vida, que consiste básicamente en olvidarse del crecimiento económico constante: “el decrecimiento aparece como la otra gran propuesta paralela de cambio social y económico. La agroecología, con sus técnicas no contaminantes del suelo ni destructoras de la biodiversidad, y las redes de comercio justo son opciones ecológicas y sociales reales” (Puleo, Ecofeminismo para Otro Mundo Posible 11). En este contexto de lucha en favor del medioambiente surgió hace un par de años el movimiento Fridays For Future, originado por Greta Thunberg. Esta adolescente sueca se sentó a diario durante tres semanas frente al parlamento sueco para protestar en contra de la inacción ante la crisis medioambiental. Publicó su protesta en redes sociales y en poco tiempo se volvió viral. Decidió entonces continuar con su huelga todos los viernes y su lucha se fue extendiendo a decenas de países, en los que los estudiantes se movilizaron “para visualizar la situación de emergencia climática y reivindicar a los gobiernos medidas urgentes para combatirla” (Rocabert Maltas 2019, n.p.), puesto que serán los jóvenes de hoy en día quienes vivirán esa crisis climática.
La preservación de la naturaleza implica una ética de respeto. En la introducción a The Cambridge Introduction to Literature and the Environment (2011), Clark recoge la siguiente afirmación de Brulle: “Questions about preservation of the natural environment are not just technical questions; they are also about what defines the good and moral life … These are fundamental questions of defining what our human community is and how it should exist” (1). Esto es, por ejemplo, una de las máximas que defiende el ecofeminismo; una manera de interpretar el mundo respetuosa con la naturaleza, pero también con la vida y la salud de los seres que habitan el mundo, cuya principal finalidad es lograr un equilibrio que subraye que el progreso no puede estar reñido con el respeto a la vida y la naturaleza, y sobre todo la consecución de la igualdad entre los seres. El ecofeminismo es un movimiento cuya filosofía no se limita a lograr un cambio a nivel local (my backyard) sino que defiende un cambio permanente y global (everyone’s backyard), con consignas ecologistas como “think global, act local”. Es un movimiento que propugna el respeto, la defensa de la vida, la naturaleza y la mujer. Como sostiene Puleo, el ecofeminismo aboga por romper con la división entre la naturaleza y la cultura, al tiempo que reivindica que tanto hombres como mujeres pertenecen a ambas esferas (Ecofeminismo para Otro Mundo Posible 20). El ecofeminismo es por tanto un movimiento o filosofía interdisciplinar que defiende la justicia social y la justicia medioambiental.
Existen numerosos estudios y antologías de la literatura chicana feminista o Xicanisma, sobre su trasfondo histórico y social o su recepción. Al mismo tiempo existen numerosas obras y antologías sobre la praxis ecologista y/o ecofeminista. De reciente publicación es la obra Latinx Environmentalisms. Place, Justice, and the Decolonial (2019), editada por Sarah D. Wald, David J. Vázquez, Priscilla Solis Ybarra y Sarah Jaquette Ray. Otras grandes aportaciones son Writing the Goodlife: Mexican American Literature and the Environment (2016) de Priscilla Solis Ybarra y Ecological Borderlands. Body, Nature, and Spirit in Chicana Feminism (2016) de Christa Holmes. Mientras que la obra de Ybarra realiza un resumen de la ecocrítica chicana desde mediados del siglo XIX, en la segunda obra se analizan ejemplos de producción ecofeminista en las artes visuales, pero no específicamente en la literatura. Existen algunos capítulos o artículos que tratan en cierta medida la crítica ecofeminista presente en alguna de las obras del corpus de trabajo, como por ejemplo el capítulo “Ecocritical Chicana Literature: Ana Castillo’s “Virtual Realism” de Kamala Platt (publicado en el Ecofeminist Literary Criticism editado por Gaard y Murphy en 1998) o el artículo “The Nature of Chicana Literature: Feminist Ecological Literary Criticism and Chicana Writers” de María Herrera-Sobek (publicado en la Revista Canaria de Estudios Ingleses 1998), o su capítulo “Writing the Toxic Environment: Ecocriticism and the Chicana Literary Imagination” (publicado en A Contested West: New Readings of Place in Western American Literature editado en 2013 por Simonson et al.).
Ahora bien, la cuestión que se plantea en este libro está fundamentada en la denuncia de la explotación social (racial, de género, de clase…) y medioambiental que predomina en numerosas obras literarias de autoras chicanas de los años noventa, en concreto en So Far from God (1993) de Ana Castillo, Cactus Blood (1995) de Lucha Corpi, Under the Feet of Jesus (1995) de Helena María Viramontes y Heroes and Saints (1994) y Watsonville: Some Place Not Here
(1996) de Cherríe Moraga.
Son varios los motivos que me han llevado a la elección de estas obras. Por un lado, las características que comparten: son obras en las que tanto el etnicismo, como el feminismo, y la ecología desempeñan un papel fundamental. El presente trabajo se centra en la prosa chicana, en concreto se han escogido tres novelas y dos dramas, por su mayor impacto en términos de visibilidad literaria y por parte de la recepción de estas obras, aunque también exista poesía chicana ecofeminista, como, por ejemplo, numerosos poemas de Naomi Quiñónez (Sueño de Colibrí/Hummingbird Dream 1985), Alma Villanueva (Bloodroot 1982) o Pat Mora (Chants 1984). Como se ha mencionado previamente, las obras seleccionadas fueron publicadas en la década de los noventa, coincidiendo con la consolidación y el reconocimiento de esta literatura.
Las autoras son representantes de lo que Castillo denomina Xicanisma. Este término fue acuñado por primera vez por Castillo para referirse al feminismo chicano, que espera rescatar de la esfera más teórica y académica para trasladarlo a “our work place, social gatherings, kitchens, bedrooms, and society in general” (Massacre 11). De este término –que Ibarrarán (1999) traduce como xicanismo–, deriva el concepto de ecoxicanismo presente en el título del presente estudio, término con el que se hace referencia al ecofeminismo chicano.
Castillo, Viramontes y Moraga reflejan con sus textos una clara preocupación por temas ecofeministas como el patriarcado, el etnicismo, la raza, el género o el medioambiente. Son obras asimismo “discriminadas”, en buena medida, por el canon literario. Por una parte, existe una discriminación de género, puesto que la mayoría de los nombres reconocidos entre los autores, historiadores, críticos literarios y académicos del Movimiento Chicano son masculinos: “Contemporary
Chicana feminist critics acknowledge the vital preliminary work accomplished by our compañeros … As feminists … however, we lament that Chicanos have given only a cursory nod to the women who historically labored alongside them in the struggle against Anglo-American domination and exploitation” (Saldívar-Hull 27).
También se evidencia una discriminación racial y étnica por parte de lo que Saldívar-Hull denomina “Eurocentric feminism” por el que las feministas angloamericanas y europeas tendían a dejar de lado a feministas pertenecientes a minorías raciales como la chicana, la nativo-americana o la afroamericana, por lo que según la propia Saldívar-Hull, “[w]hen White feminists began to categorize the different types of feminisms in the 1980s, we, in turn, began to trace the muting of issues of race and ethnicity under other feminist priorities” (36-37).
Podríamos incluso hablar de una triple discriminación, ya que son muchos los que creen que la crítica literaria medioambiental o ecocrítica es, o una moda pasajera o interesada: “Even now, with the nature again in vogue, and everyone’s voice rising in her defense, the rhetoric seems suspiciously self-interested. Save the rainforest in case valuable medicinal plants lie undiscovered there. … Conserve resources for future generations” (Vance 125). En contra de esta triple discriminación, So Far from God, Cactus Blood, Under the Feet of Jesus, Heroes and Saints y Watsonville: Some Place Not Here muestran cómo el ecofeminismo puede servir como herramienta para la consecución de un cambio social y medioambiental.
Ecofeminismo y justicia medioambiental en la literatura chicana
As women, we lack the body of literature, history, ritual, myth, song, healing practices, games, art, and spirituality that could give the kinds of depth and meaning to our lives that men take for granted.
(Vance 140)
Nuestro sistema económico se apropia de los recursos naturales hasta su agotamiento, el nivel de vida no es sostenible y en consecuencia resulta necesario un cambio en nuestras costumbres y modo de vida, puesto que la crisis en la que estamos actualmente inmersos no es una crisis únicamente económica, sino sociocultural, sanitaria y medioambiental. El sistema capitalista explota la naturaleza sin miramientos, y también a las clases más desfavorecidas para el mero beneficio económico. Nuestro mundo está ordenado en dicotomías jerarquizantes que se perpetúan una a costa de la otra. El ecofeminismo lucha contra estas relaciones de poder, contra la oposición hombre-mujer, y la separación entre hombre y naturaleza, que son tan antiguas como el propio cristianismo (Kheel).
Llega un momento en el que las mujeres reclaman una equiparación y reconocimiento de sus derechos. Diversas ramas del feminismo de principios de los años setenta recogen esta reivindicación y consiguen, en parte, romper con el mundo doméstico al que las mujeres habían estado limitadas durante siglos. En esta misma época surgen diversos movimientos ecologistas que se desarrollarán con mayor plenitud en las décadas posteriores. Estas luchas contra el sometimiento de la naturaleza y las mujeres son el origen del pensamiento ecofeminista, cuyas aportaciones nos ofrecen la oportunidad de enfrentarnos a la opresión de las mujeres, la naturaleza y los grupos desfavorecidos por parte de la sociedad patriarcal.
En palabras de Herrero, “el ecofeminismo es un movimiento de mujeres que nace de la conciencia de este doble sometimiento y de la creencia en que las luchas contra este contienen las claves de la dignidad humana y de la sostenibilidad” (Tortosa). El ecofeminismo es la lucha contra el patriarcado, la opresión sexual y de género, y contra el sometimiento del tercer mundo (el Sur). Es la defensa de la igualdad y paridad entre los anteriormente citados binomios hombre-mujer, cultura-naturaleza o Norte-Sur. Es la lucha en favor de la ética del cuidado, de una economía alternativa y justa, en favor de un mundo más justo a nivel social y a nivel medioambiental.
El ecofeminismo surge en Europa en el último tercio del siglo XX, y el término fue acuñado por la escritora francesa Françoise d’Eaubonne en 1974. Poco después, en 1980, las impulsoras del ecofeminismo se reunieron en el congreso Women and Life on Earth: A Conference on Eco-Feminism in the Eighties celebrado en Amherst, Massachusetts. Este primer congreso ecofeminista fue una respuesta a la crisis generada tras diversos desastres ecológicos a nivel internacional, entre ellos la progresiva desaparición del mar de Aral (URSS) en los años sesenta, el desastre de Séveso (Italia) en 1976, el desastre ecológico del barrio de Love Canal (Nueva York) en 1978, o la fusión accidental del núcleo del reactor de Three Mile Island (Pensilvania) en 1979. En este congreso se analizaron las relaciones entre ecología, salud y feminismo, y como afirman Mies y Shiva, se planteó que “la devastación de la tierra y de los seres humanos que la pueblan … y la amenaza de la aniquilación nuclear … son preocupaciones feministas” (Ecofeminismo 26).
El pensamiento ecofeminista se enfrenta a la colonización y la dominación simultanea de las mujeres y la naturaleza, y aboga, entre otras, por nuevas perspectivas y abordajes como la resistencia pacífica, el buen vivir, la soberanía alimentaria, el decrecimiento sostenible o la ética del cuidado. De ahí que nos encontremos ante una filosofía o movimiento interdisciplinar que abarca diversos ejes de acción. Tal y como afirma O’Loughlin, la dinamica de opresión es similar entre todas las personas oprimidas y en el caso de las mujeres es común que experimenten esta opresión desde más de una perspectiva, como por ejemplo mediante el racismo, el clasismo, el heterosexismo o el sexismo (148).
Puleo sostiene que el feminismo y el ecologismo son dos movimientos indispensables para el siglo XXI, y afirma que ambos movimientos “permiten desarrollar una mirada distinta sobre la realidad cotidiana, revalorizando aspectos, prácticas y sujetos que habían sido designados como diferentes e inferiores” (Ecofeminismo para Otro Mundo Posible 8). Puleo considera que el ecofeminismo está fuertemente ligado a la experiencia vital, por lo que cree que se podría afirmar “que hay tantos ecofeminismos como teóricas ecofeministas” (Ecofeminismo para Otro Mundo Posible 29). La existencia de diferentes corrientes o filosofías ecofeministas y sus múltiples relaciones con otras disciplinas como la sociología, la ecología, el pacifismo o el feminismo manifiestan su interdisciplinariedad. Al existir diferentes filosofías o corrientes dentro del ecofeminismo, actualmente prefiere hablarse de ecofeminismos: “Because our experience as women is diverse, so too is ecofeminism. Ask a half-dozen self-proclaimed ecofeminists “what ecofeminism is,” and you’ll get a half-dozen answers, each rooted in a particular intersection of race, class, geography, and conceptual orientation” (Vance 125-126). Aun habiendo diversas interpretaciones filosóficas del ecofeminismo, todas ellas propugnan “la necesidad de una nueva cosmología y una nueva antropología que reconozcan que la vida en la naturaleza (que incluye a los seres humanos) se mantiene por medio de la cooperación, del cuidado mutuo y el amor” (Mies y Shiva, Ecofeminismo 15). En este mismo sentido Birkeland afirma que, aunque existan numerosos modos de entender el ecofeminismo, todos ellos tienen ciertos puntos en común. Uno de ellos sería la necesidad de un cambio de paradigma que posibilite una transformación social basada en nuevos valores que promulguen la igualdad, la paz o la diversidad cultural. También comparten el objetivo de eliminar las relaciones jerárquicas, puesto que la simple redistribución de las relaciones de poder no sería suficiente. Cabría asimismo mencionar el hecho de que debe considerarse que todo lo perteneciente a la naturaleza tiene un valor intrínseco o inherente, lo que permitiría dejar de lado el antropocentrismo para abrazar el biocentrismo, olvidándonos de controlar la naturaleza para nuestro provecho y pasando a vivir en armonía con la misma a fin de preservar su diversidad (Birkeland 20).
Por todo ello, Puleo defiende que el ecofeminismo es un movimiento comprometido con la transformación social, cuya finalidad es la supresión de las jerarquías y la búsqueda y consecución de un nuevo modelo de desarrollo humano que sea pacífico y respetuoso con el entorno (Ecofeminismo para Otro Mundo Posible 21). El ecofeminismo promulga por tanto la sororidad, la dimensión de la política que busca la confluencia y la sintonía entre las mujeres, la alianza feminista que fomente un cambio, con el objetivo de alcanzar un mundo más justo y libertario (Lagarde y de los Rios 1).
Orígenes de la crítica literaria ecofeminista
Parece evidente que la praxis ecofeminista está más avanzada que su teoría y crítica literarias, como bien reflejan las palabras de Carr: “while ecofeminist philosophy and politics are relatively well developed, ecofeminist literary theory and critics are not” (18). En mi opinión, esto es, además, especialmente evidente en el caso de la crítica literaria hispano-latina (o en español) que, en comparación con la anglosajona, es ciertamente escasa.
La crítica literaria ecofeminista surge poco después de que d’Eaubonne acuñara el término. Una de las primeras obras de crítica literaria ecofeminista fue The Lay of the Land: Metaphor as Experience and History in American Life and Letters (1975) de Annette Kolodny. En 1983 se publica una de las primeras colecciones de artículos en torno al ecofeminismo: Reclaim the Earth: Women Speak Out for Life on Earth de Leonie Caldecott y Stephanie Leland. En ella, el ecofeminismo se describe como teoría y praxis, entre las que se destacan el activismo antinuclear, el movimiento internacional a favor de la salud de las mujeres, asociaciones en pro de los derechos de las mujeres y la tierra, o en contra del hambre en el mundo. En 1984 ve la luz The Land Before Her, también de Kolodny. En 1988 se publicó Alive: Women, Ecology and Development de Vandana Shiva; en 1989 Healing the Wounds: The Promise of Ecofeminism, una serie de artículos editados por Judit Plant; y un año después, en 1990, Reweaving the World: The Emergence of Ecofeminism, editado por Irene Diamond y Gloria Orenstein.
En la década de los noventa se publicaron obras tan importantes como Rethinking Ecofeminist Politics (1991) de Janet Biehl; Woman and Nature: Literary Reconceptualizations (1992) de Maureen Devin; Ecofeminism. Women, Animals, Nature (1993) de Greta Gaard; Made from This Earth: American Women and Nature (1993) de Vera Norwood; Greening Up Our Houses: A Guide to a More Ecologically Sound Theatre (1994) de Larry K. Fried, Theresa J. May; Literature, Nature, Other: Ecofeminist Critiques (1995) de Patrick D. Murphy; The Green Breast of the New World (1996) de Louise Hutchings Westling; Ecologies of Theater: Essays at the Century Turning (1996) de Bonnie Marranca; Shifting the Ground: American Women Writers’ Revisions of Nature, Gender, and Race de Rachel Stein (1997); Kindred Nature: Victorian and Edwarian Women Embrace the Living World (1997) de Barbara T. Gates; Shifting the Ground: American Women Writers’ Revisions of Nature, Gender, and Race (1997) de Rachel Stein; Ecofeminist Literary Criticism: Theory, Interpretation, Pedagogy (1998), coeditado por Greta Gaard y Patrick D. Murphy; Undomesticated Ground (2000) de Stacy Alaimo y New Essays in Ecofeminist Literary Criticism (2000) editado por Glynis Carr.
Ecofeministas en mayor o menor grado también son las obras Women Writing Nature: A Feminist View (Barbara Cook, 2007), Teaching North American Environmental Literature (editada por Laird Christensen, Mark C. Long y Fred Waage en 2008), Feminist Ecocriticism: Environment, Women and Literature (2012) editado por Douglas A. Vakoch, International Perspectives in Feminist Ecocriticism (editado por Greta Gaard, Simon C. Estok y Serpil Oppermann en 2013), The Oxford Handbook of Ecocriticism (Greg Garrard, 2014), Ecological Borderlands: Body, Nature, and Spirit in Chicana Feminism (Christina Holmes, 2016), Writing the Goodlife: Mexican American Literature and the Environment (2016) de Priscilla Solis Ybarra, Contemporary Perspectives on Ecofeminism (editado en 2016 por Mary Phillips y Nick Rumens), Handbook of Ecocriticism and Cultural Ecology y Literature as Cultural Ecology: Sustainable Texts (ambas de Hubert Zapf, 2016), Environmental Justice in Contemporary US Narratives (Yanoula Athanassakis, 2017), Critical Ecofeminism (2017) de Greta Gaard, Ecofeminism in Dialogue (editado por Douglas A. Vakoch and Sam Mickey en 2017), Literature and Ecofeminism: Intersectional and International Voices (2018) editado por Douglas A. Vakoch y Sam Mickey, Climate Chaos: Ecofeminism and the Land Question, publicado en 2019 por Ana Isla o Latinx Environmentalisms: Place, Justice, and the Decolonial, editada por Sarah D. Wald, David J. Vázquez, Priscilla Solis Ybarra y Sarah Jaquette Ray en 2019.
Si bien parece que existen numerosas publicaciones sobre el ecofeminismo, Gaard subraya que ninguna de las obras ecofeministas consideradas canónicas ha recibido gran atención (“New Directions” 645). Esto puede deberse al rechazo que causa el feminismo más radical, incluso entre las mujeres. Pero este ecofeminismo radical que demoniza al hombre no es el único ecofeminismo existente, y como ya hemos mencionado, el ecofeminismo promueve la igualdad entre todos los seres, por lo cual, el rechazo no debería tener cabida. Aun así, a pesar de su extensa trayectoria el ecofeminismo es a menudo menospreciado u obviado, incluso en esferas académicas, por su faceta feminista. Greta Gaard lo deja claro cuando sostiene que “a failure made more egregious when the same ideas are later celebrated when presented via non-feminist sources” (“New Directions” 645). La escasa atención de la que históricamente ha gozado el ecofeminismo no es lógica atendiendo a su trayectoria: “ecological feminism … has been present in various forms from the start of feminism in the nineteenth century, articulated through the work of women gardeners, botanists, illustrators, animal rights and animal welfare advocates, outdoors-women, scientists, and writers” (Gaard, “New Directions” 646). Una de las soluciones que propone Gaard al respecto es recuperar la amplia historia de la ecocrítica feminista y las contribuciones de la crítica literaria ecofeminista al pensamiento ecocrítico. Aboga al mismo tiempo por una ecocrítica más feminista, ya que observa que en numerosas obras ecocríticas el ecofeminismo está a veces presente, pero en la mayoría de los casos lo está en un segundo plano, se omite, o incluso se tergiversa. Este sería el caso por ejemplo del Ecocriticism (2004) de Garrad y del The Future of Environmental Criticism (2005) de Buell, ya que en ambas obras se dejan prácticamente de lado tanto la perspectiva literaria feminista como la ecofeminista, y como consecuencia: “Such representations (and misrepresentations) of feminist scholarship by collegial ecocritics warn of a larger potential for misreading or omission by broader audiences, hence the importance of both correcting the historical record and actively contributing to the future of ecocriticism” (Gaard, “New Directions” 643).
Ecoxicanismo: justicia social y medioambiental
La literatura es a menudo el reflejo del mundo, y la literatura ecofeminista es, en este caso, el reflejo de un mundo fundamentado en un sistema heteropatriarcal que ha prevalecido a lo largo de los siglos basándose en procesos de colonización o supeditación. Un sistema que ha perdurado gracias a la colonización de pueblos indígenas y de sus tierras, a la colonización de las mujeres, o a la colonización de la naturaleza, todo ello en aras del progreso y el crecimiento. Tal y como afirman Mies y Shiva, la relación de dominio entre hombre y naturaleza y la opresión de las mujeres en las sociedades patriarcales modernas están estrechamente conectadas (Ecofeminismo 9-10), por lo que puede afirmarse que no hay justicia social sin justicia medioambiental. A este hecho debemos sumarle que las principales víctimas de la contaminación medioambiental o los desastres naturales son las mujeres y los niños: “los ecosistemas degradados son factores ambientales de riesgo importantes para los niños, y en la mayor parte de los casos para sus madres también. … La exposición a riesgos ambientales perjudiciales para la salud puede comenzar antes del nacimiento” (Organización Mundial de la Salud).
Por todo ello resulta oportuno mostrar la producción literaria ecofeminista de un colectivo de mujeres pertenecientes a una minoría, cuya ficción literaria refleja la realidad que les ha tocado sufrir, y en la que se defienden muchos de los principios ecofeministas, ya que la literatura chicana contemporánea está estrechamente ligada a la lucha en pro de la justicia social y medioambiental, una lucha esencial del propio pueblo chicano. Este pueblo ha estado históricamente marcado por la conquista. Desde el descubrimiento de América los territorios del actual Suroeste norteamericano han sido escenario del mestizaje de razas y culturas. Desde la conquista española en el siglo XV el reparto territorial ha variado hasta que la actual frontera entre México y Estados Unidos fue trazada en 1848. Fue entonces, cuando tras perder la guerra de 1846-1848 y firmar el Tratado de Guadalupe Hidalgo, México perdió gran parte de sus territorios en favor de los EE. UU.. Estos territorios anexionados forman actualmente el Suroeste norteamericano, y desde la conquista de los españoles han sido escenario del mestizaje, ya que salvo por unas décadas de independencia, han estado siempre bajo el yugo de otros pueblos, cuya violencia han padecido. La firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo y las nuevas fronteras políticas supusieron para los habitantes de estas tierras un nuevo reto de adaptación, puesto que de la noche a la mañana territorios que pertenecían a México pasaron a pertenecer a los Estados Unidos. Quienes habitaban esas tierras se enfrentaron a una nueva realidad, a un idioma extraño y a una cultura diferente, que no los trataba como a iguales: “in the newly acquired southwestern frontier, Anglo settlers frequently treated the Hispanic population much like it deal with the native Indian population: as people without rights who were merely obstacles to the acquisition and exploitation of natural resources and land” (Fernández y González 1).
Las tensiones entre ambas comunidades han dado desde entonces pie a diversos conflictos culturales y raciales, y la falta de oportunidades educativas, la segregación racial y los constantes abusos policiales en los años cuarenta y cincuenta propiciaron la creación de diversas organizaciones que luchaban en pro de los derechos de la comunidad chicana. En 1957 se promulga la Ley de Derechos Civiles, creándose una comisión que investigaría las denuncias de discriminación y los abusos contra los afroamericanos, los mexicanos y los latinos en general. En esta época es cada vez mayor la conciencia de raza y las minorías son cada vez más conscientes de la discriminación que padecen. En la década de los sesenta los chicanos comienzan a organizarse en su lucha contra la opresión que padecen y uno de los mayores hitos del Movimiento Chicano será la creación de la United Farm Workers (UFW) en los campos de cultivo de California. En estos campos históricamente se empleaba mano de obra barata que provenía, sobre todo, de la inmigración, del Programa Bracero y del campesinado chicano. En 1942 EE. UU. y México llegaron a un acuerdo para reclutar mano de obra mexicana. Los primeros padecían escasez de trabajadores como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, y México estaba sumido en una depresión económica. Tras pasar unos duros procesos de selección, los trabajadores mexicanos eran contratados para trabajar –casi siempre a modo temporal– en los campos de cultivo o en la construcción de ferrocarriles. Los acuerdos, que se prorrogaron hasta 1964, tomaron el nombre de Programa Bracero, y en sus diversas campañas dos millones de mexicanos obtuvieron un contrato laboral, pero padecieron después unas pésimas condiciones laborales, puesto que el proceso en general “era físico, emocional y económicamente difícil para los aspirantes” (Smithsonian. National Museum of American History 2).
En esa misma época en la que los problemas de discriminación racial estaban a la orden del día, comenzó a hacerse pública también la preocupación por la contaminación ambiental. En 1962 se publicó el Silent Spring de Rachel Carson, que denunciaba los devastadores efectos del DDT sobre la vida silvestre. Gracias a esta obra y a otras investigaciones, en 1970 el Congreso norteamericano creó la Agencia de Protección Ambiental (EPA), y más tarde el Gobierno prohibió el uso del DDT. El mismo año de la publicación de Silent Spring se fundó el primer sindicato de campesinos chicanos, que unos años más tarde adoptaría el nombre de United Farm Workers (UFW). La UFW es una organización en favor de la justicia social y medioambiental que desde su creación se encarga de luchar desde una militancia no violenta –basada en boicots, marchas o huelgas de hambre– por unas condiciones laborales y de salubridad dignas, al mismo tiempo que informa tanto al campesinado como a los consumidores de los peligros del uso de pesticidas y del consumo de productos tratados con estos, peligros que eran evidentes en los numerosos casos de contaminación, malformaciones, enfermedades, cánceres y fallecimientos atribuibles al uso de dichos pesticidas.
El Movimiento Chicano supuso un proceso sociopolítico muy complejo que abarcaba diferentes flancos de acción. Si los años sesenta fueron una década muy agitada –recordemos los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy– y plagada de huelgas y protestas, los años setenta no lo fueron menos. En esta década surgió también con fuerza el feminismo, y las mujeres chicanas comenzaron a luchar en contra del patriarcado y el machismo. Con el tiempo se percataron de que su situación era diferente a la de mujeres de otras razas, por lo que decidieron adoptar el término Xicanisma, en el que reconocen características diferenciadoras con respecto a otros colectivos de mujeres. En estos años setenta la segunda ola del feminismo coexiste con las luchas campesinas, con el movimiento ecologista y con el pacifista.
Las protestas del colectivo chicano en esta década siguen persiguiendo las mejoras laborales, pero principalmente la salubridad en el entorno laboral, puesto que en aquel momento ya se cifran las víctimas de pesticidas en el entorno agrícola californiano: “en 1973 murieron mil quinientos campesinos envenenados por los pesticidas … ; ochenta mil niños menores de dieciséis trabajan en el campo … siendo frecuentes las muertes infantiles por el envenenamiento de los insecticidas, tuberculosis y accidentes de trabajo” (Calvo Buezas 108). Desde el surgimiento del Movimiento Chicano uno de sus mayores caballos de batalla ha sido la lucha contra la contaminación medioambiental a la que se ven expuestos los trabajadores, y tal y como afirma Kirk, “[t]he conviction that ecological, economic, and cultural survival are inextricably intertwined is an underlying theme within this movement” (183).
Históricamente el pueblo chicano ha estado muy unido a la tierra, que muchos consideran sagrada, por lo que abogan por una convivencia con la tierra y no por la explotación de la misma. Por ello no resulta sorprendente que el medioambiente juegue un papel importante en otros frentes del Movimiento, como es el caso de La Raza Unida Party, cuyo programa de 1970 rezaba: “the pollution of our environment is a crime against our people. ... To la Raza Unida party ecology is just one aspect of the manifold problems that we face” (Camejo, 9-10). Se podría afirmar que el Movimiento Chicano estaba en la avanzadilla de la justicia medioambiental, puesto que sus acciones en favor de la conservación de la naturaleza y la convivencia en armonía con la misma son anteriores a la creación del Club de Roma en 1970 y de la celebración, en 1972, de la Conferencia de las Naciones Unidas de Estocolmo, que dio comienzo a las políticas ambientales internacionales.
El ecologismo moderno experimenta un gran auge en la década de los ochenta, y como consecuencia nace en los Estados Unidos el Movimiento de Justicia Ambiental o Environmental Justice Movement. Es entonces, a comienzos de los ochenta, cuando Benjamin F. Chavis acuña el término de racismo medioambiental, que define como: “racial discrimination in environmental policy-making and enforcement of regulations and laws, the deliberate targeting of communities of color for toxic waste facilities, the official sanctioning of the presence of lifethreatening poisons and pollutants in communities of color” (xi-xii). Según Peña, el movimiento de justicia ambiental chicano “is not so much about the preservation of nature and wilderness as it is about struggles to confront daily hazards and threats to health and well-being in environments where we live and work” (15).
La década de los ochenta también estuvo fuertemente marcada por diversas catástrofes ecológicas (la catástrofe de Bhopal en 1984, el accidente nuclear de Chernóbil en 1986 o el desastre de Exxon Valdez en 1989) que acrecentaron la conciencia ecologista. Todo ello propició la fundación de grupos chicanos como Mother of East Los Angeles (en 1985), entre cuyos objetivos destacaba la lucha contra la contaminación en lugares como Watsonville o Kettleman City (Ruiz y Sánchez Korrol 497). En 1986 la UFW produjo el documental The Wrath of Grapes, una producción de aproximadamente quince minutos de duración en la que se pone de manifiesto cómo las consecuencias de los pesticidas en la salud humana se reflejan en altos índices de cáncer o en casos de niños que vienen al mundo con graves malformaciones. En el documental se denuncia que frecuentemente no se comunicaba a los campesinos que se iban a producir fumigaciones, ni se desalojaban los campos, ni se acotaban las zonas fumigadas durante un tiempo para evitar las horas o días de mayor peligro. Estas medidas estaban estipuladas por ley, pero por lo general resultaba más rentable pagar la sanción por no cumplir la ley que cumplirla. De hecho, en 1992 la Agencia para la Protección del Medioambiente (EPA) aprobó el Estándar para la Protección del Trabajador Agrícola (WPS) con el objetivo de proteger a todos aquellos que manipulasen pesticidas. Pero según informes como el “Exposed and Ignored: How Pesticides Are Endangering Our Nation’s Farmworkers” de la Farmworker Justice, el campesinado sigue estando en la actualidad expuesto a la contaminación y desinformado en relación a los peligros de los pesticidas (9-10).
En estos años ochenta la administración Reagan hablaba ya de la “decade of the Hispanic” (Alarcón 184), pero la cada vez mayor presencia hispana no abarcaba solo los ochenta, puesto que en los años noventa el colectivo hispano de los Estados Unidos fue considerado un colectivo emergente: “proleptic visions of Latinos as the ‘majority minority’ began to circulate in earnest and gain rhetorical strength in the United States. Government agencies, educational institutions, and various media outlets started to focus on what Kirsten Silva Gruesz identified as the ‘present-progressive focus on Latino emergence’” (Ramirez 163). En esta época en la que las minorías comenzaban a tener algo más de presencia se celebró la First National People of Color Environmental Leadership Summit (1991), una cumbre de gran importancia, puesto que en ella se acordaron los diecisiete principios de la Justicia Medioambiental, como aparecen en el anexo, The Principles of the Environmental Justice.
La década estará de nuevo marcada en cierto modo por el quinto centenario del descubrimiento de América y por las tensiones raciales como las Los Angeles Riots en 1992. Estos disturbios raciales comenzaron cuando los cuatro policías anglosajones acusados de propinar una brutal paliza al afroamericano Rodney King fueron absueltos del delito. Los disturbios que se produjeron en las calles de Los Ángeles se saldaron con más de 50 fallecidos y más de 2000 heridos (CNN). Otro de los acontecimientos que marcará este decenio será el fallecimiento del líder sindical César Chávez en 1993 o la aprobación de la Proposición 187 en el año 1994. Aunque dicha proposición fue revocada con posterioridad por una Corte Federal, según la misma “no person –citizen, legal inmigrant or ilegal inmigrant‘shall receive any public social services to which he or she may otherwise be entitled until the legal status of that person has been verified’” (cit. en Martin 255). Es justo en esta época en la que se publican las obras que se analizan en el presente estudio.
Si bien sus antecedentes y tradiciones pueden remontarse hasta épocas anteriores a la conquista española, la literatura chicana contemporánea puede definirse como un fenómeno relativamente reciente. A pesar de que críticos como Luis Leal, Manuel Martín-Rodríguez o Charles M. Tatum no coinciden en la datación de las diversas etapas de la literatura chicana, de las distintas clasificaciones que efectúan se deduce la gran importancia que el Movimiento Chicano tuvo en el plano literario, por lo que parece más adecuada la división que considera Literatura Chicana Contemporánea la producida desde los orígenes del Movimiento en los años sesenta hasta la actualidad.
La literatura chicana contemporánea nace como elemento ligado al Movimiento Chicano, puesto que escribir es una actividad de reivindicación de su identidad cultural ante la dominación de la sociedad anglosajona. Es por ello por lo que la literatura gira alrededor de los problemas que afectan a la vida diaria de los chicanos, de sus costumbres y de la ambigüedad de su identidad. Otro tema recurrente es la reinterpretación de la historia, la recuperación de las tradiciones y su herencia cultural, y la reivindicación del derecho a la tierra de sus ascendientes. Como afirma Saldivar, “history cannot be conceived as the mere ‘background’ or ‘context’ of [Chicana/o] literature; rather history turns out to be the decisive determinant of the form and content of the literature” (cit. en Flys-Junquera, “Murder with an Ecological Message” 347). La herencia ancestral, la historia del pueblo chicano o su día a día se convierten en motivo central de su literatura. Una parte esencial del activismo chicano comenzó a reflejar el racismo y la opresión que padecían por medio de la literatura, en la que se describían las características más significativas de su identidad, y se reflejaba su experiencia como ciudadanos dentro de un grupo minoritario. Mediante la producción literaria el pueblo chicano denuncia la discriminación de la que son víctimas y su lucha en contra de esta discriminación. Como afirma Blackwell, “stories have power: the power to inspire, the power to heal, the power to transform, the power to incite new possibilities, … to create new worlds” (vii).
Durante los primeros años de la Literatura Chicana Contemporánea los autores fueron principalmente hombres. Rueda Esquibel sostiene que “early on, feminist, gay, and lesbian voices were often silenced through sexist and homophobic discourse. In the four decades since el movimiento, both straight and queer Chicanas ‘reinvented’ nationalist mythologies to better portray the participation of women and of gays and lesbians, in spite of obstacles” (148). Las chicanas, conscientes de que sus vivencias dentro del Movimiento Chicano habían sido silenciadas, reclamaron su participación e inclusión en la esfera pública y comenzaron a defender sus derechos individuales como mujeres.
En los años setenta, cuando surgió con fuerza el feminismo, las mujeres chicanas se percataron de que su situación social era diferente a la de mujeres de otras razas. Los intereses concretos de los feminismos angloamericano y europeo tendían a opacar y ocultar la existencia del feminismo chicano, por lo que, para diferenciarse del movimiento feminista blanco, las mujeres de color optaron por su propio Womanism, y las chicanas por su parte se diferenciaban de todas las anteriores mediante su Chicana Feminism o Xicanisma, en el que, como ya se ha mencionado previamente, reconocen características diferenciadoras con respecto a otros feminismos. Su literatura se hacía eco de los problemas sociales de los chicanos, pero al mismo tiempo también de los específicos de las chicanas, ya que apreciaron que al igual que sus compañeros eran discriminadas por su raza y su clase social, pero en su caso sufrían una triple discriminación por su condición de mujeres. Como afirma Saldívar-Hull:
While Chicano historians, political scientists, and literary critics working in the 1960s and 1970s accomplished much in their projects to record the suppressed Chicano experience, … they made only passing reference to the roles of women in that history … . If feminist scholars, activists, and writers –who have lived under the o in Chicano– had to rely on the historical record written by men and male-identified women, Chicanas’ roles in history would remain obscured. (27)
Sus temas principales son el entorno familiar, la identidad, la sexualidad, la opresión racial, social y de género, y sus formas literarias son a menudo híbridas. Igual que sus compañeros, las chicanas crearán obras con gran contenido reivindicativo, reflejando tanto los problemas cotidianos como la problemática específica de las chicanas. Ellas también se ven en la necesidad de romper con los estereotipos y los roles en los que se les había encasillado, por lo que el tema fundamental de la literatura chicana será la búsqueda de su identidad, búsqueda en la cual las chicanas rompen tanto las normas establecidas como los prejuicios existentes: “Chicanas in the 1980s wrote Bildungs texts, explored the social and the political, looked for role models in their literary heritage, fought back at what they saw as an oppresive dominant society, and came together as a sonsciously awakened group of women” (Rebolledo y Rivero 24). La originalidad y la ruptura con lo hasta entonces cotidiano convierten a las autoras chicanas de los noventa en abanderadas de la Literatura Chicana, una literatura en la que, como se ha mencionado, la preocupación por la lucha en pro de la justicia medioambiental ha sido un tema fundamental. Herrera-Sobek afirma al respecto que: “For Chicana poets and prose writers alike environmental contamination becomes linked to the oppression of the Chicano people. Thus the search for social justice and concern for the environment become one and the same” (“The Nature of Chicana Literature” 94).
En este contexto surge la literatura chicana ecofeminista, que es una literatura que refleja la lucha del pueblo chicano en favor de la justicia social y medioambiental, al tiempo que lucha por los derechos de la mujer y la igualdad, en el sentido más amplio de la palabra. Kirk enumera una larga lista de organizaciones chicanas que luchan por la justicia social y medioambiental y sostiene que “the Chicano environmental movement involves the struggle for economic and environmental justice, a demand for healthful living and working conditions, increased democracy in local communities and workplaces” (182). En esa lucha por la justicia ambiental han estado involucrados codo a codo tanto los chicanos como las chicanas.
Tras el surgimiento de los estudios de género en los setenta y el auge de los estudios ecofeministas (la crítica literaria ecofeminista) y ecocríticos en los años noventa se han realizado relecturas ecofeministas de obras literarias chicanas teniendo en cuenta que, como afirma Herrera-Sobek, “the Chicanas’ critical discourse on ecological issues emanate from gender, ethnic, and social perspectives” (“The Nature of Chicana Literature“ 89). En su opinión además, “Chicana writers have been at the forefront of feminist ecological concerns since the early 1970s” “[and they] have been eco-feminists long before the term became popular in the 1980s” (“The Nature of Chicana Literature“ 90; 99). Pero tanto Herrera-Sobek como Marcone e Ybarra como Flys-Junquera coinciden en que los aspectos ecofeministas y de justicia medioambiental presentes en la literatura chicana no han sido suficientemente analizados: “Nature writing or literature with a high environmental consciousness from other minority groups or popular literary genres has been severely neglected” (Flys-Junquera, “Murder with an Ecological Message” 342).
Aun así, en “Inhabiting and Unearthing: Chicana/o and Mexican Environmental Writing” Marcone e Ybarra enumeran una serie de obras ecocríticas o ecofeministas chicanas que se remontan en las primeras etapas a The Squatter and the Don (1885) de María Amparo Ruiz de Burton, la obra de Jovita González – desde su tesis doctoral hasta sus novelas póstumas Dew on the Thorn (1997) y Caballero (1996)– y a Américo Paredes con With His Pistol in His Hand: A Border Ballad and Its Hero (1958) y The Shadow (escrita en los años cincuenta y publicada en 1998). En una tercera etapa, que coincide con el surgimiento del Movimiento Chicano, mencionan la poesía de Rodolfo “Corky” Gonzalez, las obras de Lorna Dee Cervantes o Jimmy Santiago Baca, la novela Y no se lo tragó la tierra / And the Earth Did Not Devour Him (1971) de Tomás Rivera y el “Plan Espiritual de Aztlán”, el manifiesto redactado en 1969 en la First Chicano National Conference de Denver. En cuanto a obras más contemporáneas mencionan a Ana Castillo, Cherríe Moraga, Gloria Anzaldúa y Helena María Viramontes. La relectura ecofeminista de estas obras puede concienciarnos sobre la necesidad de un cambio en nuestro modo de vida y en el modo en el que nos relacionamos con nuestro entorno. Como sostiene Herrera-Sobek:
Their knowledge of the land … coupled with the Chicanas’ commitment to social justice made these women particularly skillful in artistically rendering their concerns through prose, poetry and drama. For the Chicano people art has never been art for art’s sake but like Don Quijote, it has been a Quixotic endeavor to change the world into a better place to live for all humanity. (“The Nature of Chicana Literature“ 99)
La lucha en contra de la dominación por motivos de raza, clase o género se evidencia en numerosas obras de literatura chicana ecofeminista, entre otras en las obras que se analizarán a continuación.
So Far from God (Ana Castillo, 1993): el Bildungsroman como herramienta para el empoderamiento1
As a mestiza born to the lower strata, I am treated at best, as a second class citizen, at worst as a nonentity.
(Castillo, Massacre of the Dreamers 21)
So Far from God es un Bildungsroman de Ana Castillo. Castillo nació el 15 de julio de 1953 en Chicago, Illinois. Obtuvo un Máster en Estudios Latinoamericanos y del Caribe por la Universidad de Chicago y en 1991 se doctoró en Estudios Americanos por la Universidad de Bremen. Fundó la revista Third Woman en colaboración con Norma Alarcón (Madsen 76), y además de escribir novelas, poesía o ensayos, ha editado varios libros, traducido otros tantos y ha colaborado en diversas antologías. Su primera novela, The Mixquiahuala Letters (1986), escrita a modo de novela epistolar, está protagonizada por dos mujeres que representan tanto a la sociedad estadounidense como a la mexicana. Gracias a esta obra obtuvo el American Book Award de la Before Columbus Foundation en 1987. Unos años más tarde, en 1990, publica Sapogonia: An Anti-Romance in 3/8 Meter, y en 1993 So Far from God, por la que ese mismo año ganó el Carl Sandburg Literary Award in Fiction y el Mountains and Plains Bookseller Award al año siguiente. De 1994 es su Massacre of the Dreamers: Essays on Xicanisma, una colección de ensayos en torno al movimiento feminista chicano. En 1996 publica la recopilación de relatos Loverboys: Stories y Goddess of the Americas/La Diosa de las Américas. En 1999 ve la luz Peel My Love Like an Onion y en el año 2000 My Daughter, My Son, the Eagle the Dove: An Aztec Chant. A partir de ese momento publica WatercolorWomen, Opaque Men: A Novel in Verse (publicada en 2005 y reeditada en 2017), The Guardians (publicada en 2007, cuya versión en castellano, Guardianes de la Frontera, vio la luz en 2016), Bocaditos (2009), Give It to Me (2014), y una edición especial del vigésimo aniversario de Massacre of the Dreamers: Essays on Xicanisma (2014). En 2016 publicó su última obra hasta el momento, titulada BLACK DOVE: Mamá, Mi’jo, and Me.
Entre otros de los premios que ha recibido destacan el LAMBADA que obtuvo en 2015 por su novela Give It to Me, el International Latino Book Award de 2016, o el PEN Oakland Reginald Lockett Lifetime Achievement Award y el premio MALCS (Mujeres Activistas en Letras y Cambios Social Institute)” Xicana Critical Thought Leader Award” que obtuvo en 2018.
En lo que a su producción poética se refiere, las primeras obras de Castillo fueron Otro Canto en 1977 y The Invitation en 1979. La primera aborda, sobre todo, la protesta social, y la segunda se centra en el feminismo chicano y la sexualidad. Después, en 1988, vendrían Women Are Not Roses en 1984 y My Father Was a Toltec. Todas ellas componen el volumen My Father Was a Toltec and Selected Poems 1973-1988, de 1995. Su última publicación poética hasta la fecha es I Ask the Impossible: Poems, de 2001. Con respecto a su producción dramática, su obra más representativa es Psst...: I Have Something to Tell You, Mi Amor: Two Plays de 2005 (Castillo 2017). Sus primeras obras fueron algo más críticas que las más recientes, en las que la ironía y el realismo mágico tienen más protagonismo. Sus personajes son generalmente mujeres independientes, y su obra está escrita principalmente en inglés, aunque también está presente el codeswitching o alternancia de código lingüístico entre el inglés y el español.
Castillo participa activamente en el movimiento feminista chicano, y su obra es una crítica a la sociedad en la que vive; es una crítica al racismo, al sexismo, a la opresión, a la desigualdad y a los valores de la sociedad patriarcal. Su lucha por la igualdad está presente en su literatura feminista, que denomina Xicanisma: “… what she calls Mexic Amerindian feminism or ‘Xicanisma’, … replaces the United States-based orientation of ‘Chicana feminism’ with a broader concern for the oppression of mestizas on both sides of the U.S.-Mexican border” (Madsen 76). Las obras de Castillo se centran frecuentemente en temas como la identidad, el género, la sexualidad, el racismo, y el clasismo. Como escritora y feminista chicana su compromiso social se plasma en su obra, ejerciendo de testigo de la realidad chicana cotidiana: “The work of a Chicana novelist … involves the work of deconstructing, negotiating and mediating, and asserting a positive Chicana voice, a voice dedicated to Chicana self-definition” (Madsen 82).
So Far from God fue publicada en 1993. Su título proviene de la famosa frase del dictador mexicano Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Está dividida en dieciséis capítulos, cuyos extensos títulos evocan una telenovela caballeresca. Esta obra narra la vida de Sofía y sus cuatro hijas –Esperanza, Fe, Caridad, y “La Loca”– en el pequeño pueblo de Tome, Nuevo México. Sofía, la matriarca, se hace cargo del negocio familiar y del hogar después de que su marido Domingo la abandone.
Castillo nos presenta un universo femenino en el que las diversas protagonistas van adquiriendo su identidad mientras intentan sobrevivir, creando un Bildungsroman en el que se revelan los destinos de cada una de ellas. El hecho de crecer como chicano o chicana en una sociedad mayoritariamente anglosajona se materializa en el tema de la búsqueda de la identidad, uno de los pilares centrales de la narrativa chicana. En este sentido, Eysturoy, Annie O Eysturoy afirma que “[e]sta búsqueda de identidad supone adaptarse a las múltiples fuerzas culturales y sociales que pueden invadir el camino … del ser individual. El Bildungsroman … tradicionalmente ha sido el género que refleja la búsqueda de identidad a través de una interacción entre el ser y el mundo” (539). En estas obras se refleja un proceso de autoconocimiento y desarrollo personal mediante el cual sus protagonistas alcanzan la madurez. Todas ellas narran en mayor o menor medida la búsqueda del “yo” de sus protagonistas mientras se adaptan a su entorno social y cultural: “The tension between self and society is particularly acute in ethnic American texts by women …. The central dilemma of the Bildungsroman becomes further qualified with the consideration of additional factors such as ethnicity, gender and class” (Bolaki 88).
La lucha por la justicia social y medioambiental, así como por la igualdad de género está presente en numerosos temas abordados a lo largo de la novela, como es el caso de la crítica al machismo del catolicismo y de la sociedad patriarcal, que dificulta la búsqueda de identidad de este grupo de mujeres. Del mismo modo, Castillo realiza una fuerte crítica a la sociedad de consumo, por considerar que el desarrollo que conlleva es un mal desarrollo, un desarrollo insostenible que es además fuente de violencia contra la naturaleza y la mujer. Por si fuera poco, en el caso de So Far from God las mujeres pertenecen a un grupo minoritario y económicamente desfavorecido, por lo que la violencia y la discriminación que sufren será triple: por ser mujeres, por ser chicanas, y por ser pobres. Enfrentándose a esta triple discriminación Castillo nos presenta a un grupo de mujeres que intentará sobrevivir, cada una a su manera.
La búsqueda de la identidad personal requiere conocer y comprender la identidad cultural, que está estrechamente relacionada, entre otras, con nuestro sentido de pertenencia, con la familia, el género, el grupo étnico o las creencias. La construcción de identidades crea espacios repletos de símbolos, costumbres y tradiciones. En el caso de esta novela, la identidad de las protagonistas se nos va desvelando poco a poco, a medida que avanza la trama y se nos presentan sus historias de supervivencia. Así, una de las primeras características de la identidad de las protagonistas está marcada por su nombre. Cabe por tanto comenzar por recalcar la alegoría y la importancia de los nombres, sobre todo de los de las protagonistas femeninas, ya que estos denotan de algún modo rasgos característicos de sus identidades. Sofía, la matriarca, tiene un nombre de origen griego que significa sabiduría; sus hijas mayores por su parte reflejan las virtudes católicas de la Esperanza, la Fe y la Caridad. Desconocemos el nombre real de la hija pequeña, a quien conocemos como La Loca, ya que tras tres días supuestamente muerta vuelve a la vida, y comunica a sus vecinos que, tras haber estado en el cielo, el infierno y el purgatorio ha vuelto a la vida para rezar por todos ellos. En mi opinión su sobrenombre se debe a su desinterés por integrarse en la sociedad y a sus extrañas costumbres y habilidades.
Estas cinco mujeres forman una familia muy unida, y precisamente esa unión familiar es parte indispensable de la identidad de cada una de ellas y al mismo tiempo uno de los temas centrales de la novela. Sofía es el pilar de un hogar en torno al que las vidas de estas cinco mujeres se desarrollan, un hogar en el que las hijas se sienten seguras y valoradas, y al que vuelven siempre que tienen problemas:
She had grown up in a world of women who went out into the bigger world and came back disappointed, disillusioned, devastated, and eventually not at all. … At home she had everything she needed. Her mother’s care and love, her sisters, who, each in their own way, had shown their affection and concern for her, and she, in turn, for them. (Castillo, So Far 151-152)
La familia es la unidad en la que las protagonistas encuentran apoyo y seguridad, y tarde o temprano todas las hijas reconocen su importancia. Así, incluso Fe, que en su día se avergonzaba de su especial familia y su humilde hogar, regresa a su casa para morir rodeada de los suyos. El hogar es el lugar en el que con el apoyo de la familia se afrontan todas las desgracias con coraje, y es un hogar en el que se sobrevive sin figura paterna. Castillo realiza una crítica a la sociedad chicana por su carácter marcadamente patriarcal y machista. Las protagonistas de la novela son mayoritariamente femeninas, lo que refleja una clara oposición a la primera etapa de la literatura chicana, en la que las obras protagonizadas por hombres se dirigían frecuentemente a un público masculino, cuya realidad reflejaban.
La casa, junto con la familia, puede considerarse otra pieza clave en la vida de estas mujeres. La casa es el espacio relacionado con la mujer, su espacio vital, y el lugar donde se relacionan. Una vez superado este límite la mujer logra ser parte de la esfera pública, alcanzando una independencia y buscando su propia identidad (Ibarrarán Bigalondo, “El Xicanismo Como Método de Análisis” 127). En esta esfera pública patriarcal y machista, las protagonistas, por el mero hecho de ser mujeres, tendrían asignado un determinado rol social. Pero habiendo sobrevivido sin una figura paterna no se conforman con cumplir este rol teóricamente determinado por su género y su raza, transgrediendo por tanto las normas establecidas. Esta transgresión es una forma de liberación. Castillo nos presenta por lo tanto a una familia que trata de romper con el patriarcado, luchando por la igualdad de género, como hace el ecofeminismo. Son mujeres transgresoras, que en mayor o menor medida consiguen superar las barreras de género, raza y clase.
Sofía, la matriarca, representa a la chicana que con ironía y humor trabaja para intentar vencer estas barreras sociales. Comienza siendo una mujer sufrida y termina siendo alcaldesa y presidenta de M.O.M.A.S. (Mothers of Martyrs and Saints, una asociación formada por las madres de mártires y santos que alcanzará fama mundial). Incluso deja abierta la posibilidad de seguir alcanzando objetivos cada vez más ambiciosos que conlleven un mayor reconocimiento público: “Yes, comadre, mayor of Tome! … Then why stop at mayor? Why not elect herself la juez de paz or la comandante of Tome as they had in the old days? Why not be Queen of Tome for that matter?” (Castillo, So Far 137). Sofía, que es una mujer comprometida con su comunidad, tiene que hacer frente y superar numerosas tragedias personales y familiares, y aun así es capaz de salir adelante y superarse. Su valentía la convierte en lo que Salazar Parr y Ramírez denominan female hero, una heroína que se desvía de las características tradicionalmente impuestas a las mujeres por parte de los hombres, y que con su heroicidad no busca la superioridad: “Our women heroes do not, however, seek superiority and dominance but rather parity and equality of stature, respect, and opportunity” (59).
Esperanza, la mayor, es la única que obtiene un título universitario en Estudios Chicanos y Comunicación. Está inmersa en el Movimiento Chicano y muy bien informada de la desigualdad social y los conflictos existentes en la comunidad chicana, pero también de los que padecen otras comunidades. Comparte esta información con los que le rodean con el fin de concienciarles y hacerles ver la necesidad de unir fuerzas en la lucha por la consecución de un cambio social. Es la más activista de la familia. Consigue trabajo de reportera y, en plena Guerra del Golfo la destinan como corresponsal a Arabia Saudí, donde la secuestran, torturan y asesinan.
La segunda de las hermanas es Caridad, quien tras abandonar sus estudios universitarios trabaja como enfermera en un hospital. Se casa con Memo, quien la engaña con una antigua novia mientras ella sufre su tercer aborto. Tras abandonar a Memo comienza a beber y a ofrecer sus favores a cualquiera que le recuerde a su exmarido, hasta que la agreden brutalmente. Su gran fuerza interior la ayuda a recuperase milagrosamente de sus heridas físicas y mentales. Bien con su actitud sexual activa, o bien cuando se enamora de una mujer en Viernes Santo, transgrede la tradición patriarcal y católica. Tiene la capacidad de entrar en trance y es clarividente, y gracias a que Doña Felicia le transfiere sus conocimientos se convertirá en curandera. Ella es sin duda la más espiritual de las protagonistas.
La tercera hija es Fe. Es menos güera de lo que ella cree ser. Al mismo tiempo es ella la que más se acerca al American Dream. Su prometido Tom la abandona y Fe sufre un ataque de tipo histérico. Pasa un año sin parar de gritar, y su “grito” le acarreará problemas de habla. Cabe recordar que Paz afirma que el mexicano es un ser ruidoso que expresa la angustiosa tensión que soporta mediante un grito o mediante el aullido en que terminan sus canciones (90). Es el caso de Fe, cuya herencia mexicana, de la que ella reniega, rebrota en una situación de tensión, tras lo que será conocida como “la gritona”. Tiempo después contraerá nupcias con su primo Casimiro, tras lo cual comienza a trabajar en Acme International. En el trabajo entrará en contacto con diversos productos químicos que serán los causantes de un cáncer a causa del que fallecerá. Es la hermana que más ansía integrarse en la sociedad anglosajona, y quizás por ser la única que reniega de su identidad chicana (mestiza) sea la única de las hermanas que una vez muerta no regresa a la vida: “Her desire to escape through assimilation into middle-class white America kills her. In a sense her denial of her family, her ancestry, and her Chicana self is always a form of death –the death of her authentic subjectivity” (Madsen 100).
La Loca es la hija menor, que es dada por muerta cuando tenía tres años, pero a los tres días resucita milagrosamente. Desde su vuelta a la vida no soporta la presencia humana porque no tolera su olor. Todo el mundo la toma por Loca Santa, puesto que desde su resurrección su razón de vida será rezar por los demás. Es muy inteligente y tiene unas grandes capacidades innatas, puesto que tiene grandes habilidades que nunca le han sido enseñadas. A pesar de su inteligencia y sus grandes habilidades se dedica a ayudar a su madre en las tareas domésticas, y cuida de sus hermanas convalecientes. Se le aparecen tanto el espíritu de la Llorona como los de sus fallecidas hermanas Esperanza y Caridad. Es, junto a esta última, la más espiritual, puesto que tiene más contacto con esas presencias del más allá y tiene una estrecha relación con los animales, quizá también a causa de su aversión al contacto humano. De ahí que resulte sorprendente el hecho de que contraiga el SIDA aun cuando ni siquiera tiene contacto humano.
Tal y como afirma Platt, “Castillo interconnects a sisterhood of social ills (environmental racismo, war, AIDS, and patriarcal domestic violence) through the four sisters, whose experiences with these social ills contribute to their deaths” (150). La personalidad y los destinos de cada una de estas mujeres se nos resumen mediante su representación en una baraja de tarot (Castillo, So Far 250). Otra característica definitoria e importante de la identidad de las protagonistas es su género. Todas las protagonistas principales son mujeres y todas sufren la discriminación de género en mayor o menor medida. Castillo construye un universo femenino en el que la igualdad se busca procurando que la mujer ocupe el lugar que se merece en la sociedad. En su intento por alcanzar ese lugar tanto en la esfera privada como en la pública, las protagonistas harán frente a numerosas desgracias. Castillo utiliza la ironía para distanciar al lectorado, con el objetivo de que este no sienta una gran compasión por Sofía y sus hijas. La ironía evita que las protagonistas sean consideradas solo como víctimas de la sociedad que las rodea, y posibilita poder verlas como mujeres independientes cuya historia es una historia de aprendizaje, superación y empoderamiento.
El núcleo familiar se organiza en torno a un matriarcado monoparental en el que el género es también parte importante en la identidad de estas mujeres. Los personajes femeninos sobreviven sin apenas ayuda o presencia masculina, oponiéndose al machismo de la sociedad chicana patriarcal. Recordemos que uno de los objetivos de la lucha ecofeminista es la igualdad. En este sentido creo que Castillo nos ofrece un buen ejemplo de la realidad histórica de la mujer chicana mediante la devastadora historia de doña Dolores, otra de las habitantes de Tome: “Eleven children and one after the other passed on her until she was left with no one, except for her drunken foul-mouthed husband. … Twelve years of marriage, eleven babies that did not survive, and to top it off, the husband drank up everything they owned” (Castillo, So Far 20). Mediante esta historia parece presentársenos el posible futuro de Sofía, y en cierto modo la historia se repite, ya que Sofía pierde a sus cuatro hijas y su casa. Aun así, en su caso se aclara que, tras todo esto, ella decide liberarse del yugo machista y pone punto final a su relación con Domingo, tal y como hiciera, aunque casi ni ella lo recordara, años antes. Una vez liberada de la carga social que le suponía el hecho de que la consideraran una mujer abandonada, Sofía puede rehacer su vida. Lo mismo ocurre con sus hijas, quienes también renacen una vez han abandonado o han sido abandonadas por sus respectivas parejas: “When … women have to resist male influence and dominance … the consequences … are negative, and even tragic. … only when they free themselves from them, are they portrayed as ready to actively choose their own path and reconstruct their individual identity” (Ibarrarán Bigalondo, “Ana Castillo’s So Far from God” 29).
En esta historia de aprendizaje y superación los escasos protagonistas masculinos no se presentan de un modo demasiado positivo. La mayoría se nos presenta como poco bondadosos e inteligentes, lo que puede interpretarse como una crítica de Castillo al carácter históricamente machista del patriarcado chicano. Sobre Domingo se nos dice que nadie lo consideraba lo bastante bueno como para ser el marido de Sofía, ya que llevaba el juego en la sangre. Por su parte Rubén, el gran amor de Esperanza, decide rebautizarse como Cuauhtemoc –nombre del último rey azteca, cuya ejecución en 1525 ordenó Hernán Cortés (Orozco Linares 29-30)– en pleno apogeo de su conciencia cósmica chicana, pero poco después abandona a Esperanza para casarse con una mujer blanca de clase media. Puede considerarse que Rubén representa el rol del hombre chicano, cuyas afirmaciones ella –en un principio– no cuestiona: “… teaching her the dos and dont’s of … the role of women and the role of men … and since Esperanza had no Native women friends to verify … what was being told to her … she did not venture to contradict him” (Castillo, So Far 36).
De un modo negativo se nos describe también a Memo, novio de Caridad, del que se queda embarazada y con quien se casa tras la graduación. Al poco tiempo descubre que Memo –su propio sobrenombre nos describe el carácter del personaje– sigue viendo a su antigua novia y lo abandona. Al mismo tiempo Tom, exprometido de Fe, se nos presenta como un cobarde de corazón marchito que abandona a su prometida mediante una breve nota. En cuanto a Casimiro, el primo de Fe con el que esta contraerá matrimonio, no se nos describe como malo, pero sí como un hombre muy simple, miope, y con una enfermedad que le hace balar. En lo que se refiere a Francisco el penitente, este es reflejado como un acosador obsesionado con Caridad. Como afirma Ibarrarán Bigalondo, “Castillo strongly criticizes men, who, like Rubén, committed to the plight of the Chicano people, are incapable of valorizing and respecting the women’s fight for their personal liberation, even pushing them to a situation of self-denial and social transparency” (“Ana Castillo’s So Far” 28). El carácter negativo de las figuras masculinas queda, desde mi punto de vista, reflejado en su afición al juego, al alcohol, en su cobardía o en su machismo. Por lo tanto, resulta digno de mención que uno de los pocos personajes masculinos que Castillo describe positivamente es Fred, el perro de la familia, que tras ser abandonado por su compañera Wilma, la acepta cuando esta regresa a casa con una camada de perros mestizos que no son suyos: “But as it turned out Fred, noble and gentle creature that he was, accepted Wilma and her brood playfully and showed no indication of resentment for having been abandoned” (Castillo, So Far 50).
En este sentido cabe destacar el importante papel desempeñado en la novela por la asociación M.O.M.A.S. (Mothers of Martyrs and Saints) en relación con la ética del cuidado, una ética que también es primordial para el ecofeminismo, y que reivindica que los valores tradicionalmente asociados a la mujer son tan importantes como los tradicionalmente asociados al hombre. Como sostiene Karen J. Warren, “el ecofeminismo ofrece una posición central a los valores de respeto, amor, amistad, confianza y reciprocidad, valores que presuponen que nuestras relaciones con otros son cruciales para entender quienes somos” (86). El ecofeminismo valora por tanto la ética del cuidado tanto como la propia Castillo, que afirma que “an incorporation of mothering qualities into our value system would radically change our world” (Massacre 186). Y mediante M.O.M.A.S., Sofía y otras madres que han perdido a sus hijos e hijas se ocupan de su comunidad, y luchan en contra de la guerra, el SIDA, la contaminación medioambiental o los abusos de todo tipo (Johnson 151). Aunque haya mencionado la crítica de género que hace que en la obra los personajes masculinos no salgan muy bien parados, debo también recordar que en la misma se promueve la igualdad, como por ejemplo en M.O.M.A.S., donde la ética del cuidado es compartida tanto por hombres como por mujeres: “there was an equal portion of male and female santos and martires represented by las M.O.M.A.S. (Castillo, So Far 247).
La educación y el trabajo cooperativo también son otras propuestas que se presentan en la obra para la consecución de la igualdad. Así, a propuesta de Sofía, y con el objetivo de mejorar su pésima situación económica, los habitantes de Tomé aceptarán la propuesta de Sofía y fundarán una cooperativa de pastoreo. En el proceso de creación de dicha cooperativa los vecinos aprenderán a gestionar un negocio y al mismo tiempo tendrán la oportunidad de mejorar su situación laboral gracias a las numerosas habilidades adquiridas mientras ponían en marcha su negocio: “those who were interested could work for college credit and potentially earn an associate’s degree in business or in fine arts. And no years of cleaning the houses … or serving tables in restaurants could ever get them that!” (Castillo, So Far 147).
Las protagonistas se implican activamente en la lucha por mejorar la situación económica de su comunidad y al mismo tiempo abogan por prácticas más respetuosas con el entorno, puesto que la cooperativa de ganado y leche puede considerarse la alternativa a Acme International, una gran empresa en manos del hombre blanco. Mediante la creación de esta cooperativa Castillo denuncia la explotación de la mujer y de la naturaleza y presenta una alternativa de riqueza comunitaria frente a la riqueza individual (Ybarra, Writing the Goodlife 22). Los habitantes de Tomé parecen advertir de que la cooperación y la ayuda mutua permitirán que su comunidad se desarrolle en armonía con el entorno, y abogan, como Plumwood, “por un cambio de paradigma cultural que lleve a los seres humanos a entablar una relación de socios, una relación dialógica y recíproca con la naturaleza” (Flys-Junquera, “Las piedras me empezaron a hablar” 92). Se reconoce igualmente que el sistema socioeconómico contra el que luchan es fuente de violencia contra la mujer y la naturaleza, lo que queda de manifiesto por ejemplo cuando Sofía se percata de que una lucha común por cambiar el sistema puede desembocar en una mejora de sus condiciones de vida: “now I see … that the only way things are going to get better around here, is if we, all of us together, try to do something about it” (Castillo, So Far 142).
La identidad de los protagonistas está fuertemente marcada por su género, pero también por su etnicismo, que es otro de los pilares fundamentales, puesto que los protagonistas de la obra de Castillo tendrán que luchar por su aceptación como iguales en una sociedad anglosajona dominante. La presencia del etnicismo y el mestizaje en la novela es continua, y abarca una amplia gama de temas, entre los que cabe destacar el mestizaje racial, el mestizaje de leyendas, de creencias y religiones o el mestizaje de prácticas y costumbres.
Las protagonistas principales de la novela sufren una triple discriminación, por su condición de mujeres, por su pobreza, y por pertenecer a una minoría étnica que es además mestiza. La obra presenta tanto la cultura mexicana como la chicana, la española o la pueblo, creando identidades hibridas, mestizas. De acuerdo con Bost, las historias mexicanas y chicanas consideran el mestizaje como un elemento central a la hora de definir su identidad, lo que desde mi perspectiva se refleja también en la obra, en pasajes en los que se hace alusión directa a la ascendencia de los protagonistas (21): “they did get to Maria’s grandmother’s ranchería and were welcomed by her long-lost tíos and primos and taken out to the camposanto to visit the graves of her hispano and mestizo ancestors of the last four hundred years” (Castillo, So Far 123).
El etnicismo se manifiesta sobre todo mediante el hibridismo que plasma la realidad mestiza de los chicanos, así como en su lucha en contra de la asimilación. Poco se nos dice sobre la apariencia física de las protagonistas principales, pero se deduce que son mestizas. Sofía se nos describe como una mujer de tez morena cuya abuela era del México Viejo. Esperanza, por su parte, creo que es la que mejor representa a la Xicana contemporánea, con estudios superiores y activamente implicada en el Movimiento: “if it wasn’t for la Esperanza … they never would have had one Chicano Studies class offered on the curriculum. If it wasn’t for la Esperanza, who would have known about the struggle of the United Farm Workers on campus?” (Castillo, So Far 239). Por el contrario, Caridad personifica a la chicana que carece de grandes aspiraciones intelectuales y activistas, que lo deja todo por un hombre que terminará por abandonarla. Fe es, por otra parte, el personaje que de algún modo más ha asimilado la cultura norteamericana, aunque se subraye que su piel no es tan clara como ella misma cree. Y en cuanto a La Loca se refiere, esta se convierte en una especie de marginada, ya que no parece tener interés alguno por integrarse en la sociedad que la rodea.
Los chicanos son un pueblo mestizo, y como tal, el equilibrio entre sus orígenes es difícil, y como se ha visto reflejado en el carácter de cada una de las hijas de Sofía, creo que su nivel de asimilación cubre un amplio espectro, desde el orgullo de pertenecer al pueblo chicano y el activismo en favor de sus derechos hasta la negación del carácter mestizo. En ocasiones esta asimilación varía a lo largo de la vida, atravesando diferentes etapas, lo que Castillo refleja claramente en el personaje de Rubén, cuya asimilación será prácticamente total cuando tras casarse con una americana de clase acomodada se mude a un barrio residencial. Antes de esto, en un éxtasis chicano, adopta el nombre Cuauhtemoc, último emperador azteca, y nos presenta, entre otros, la Iglesia de los Indígenas de América, y nos habla de congregaciones de tipis, de fumar peyote y de sudaderos: “You remember, vieja, when we used to go to the peyote meetings together, when we sweat together at the lodge back in the days when we were in college?” (Castillo, So Far 35).
Puede argumentarse que el etnicismo también está presente y se mantiene gracias a la transmisión de conocimientos, costumbres y tradiciones de generación en generación. Una de las tradiciones presente en la obra es la fiesta de los quince o quinceañera, que supone la presentación en sociedad de las jóvenes. Otro modo de preservar la tradición es la transmisión de conocimientos de generación en generación. En la obra se nos ofrece más de un ejemplo al respecto, como cuando las madres enseñan a cocinar a sus hijas transmitiéndoles las recetas mexicanas, o cuando se transmiten otro tipo de habilidades o sabiduría popular, como cuando la curandera Doña Felicia enseña sus remedios caseros a Caridad, a quien enseña a tratar dolencias como el empacho y la bilis, el mal de ojo, la caída de mollera o el susto. Mediante esta transmisión de conocimientos el pueblo chicano hace frente a la asimilación de una cultura mayoritaria al tiempo que se asegura el mantenimiento de su folklore, su identidad y sus conocimientos: “most had learned their remedios from grandmothers who had learned from grandmothers. And all who had lived on that tierra of thistle and tumbleweed knew that every cactus and thorn had a purpose and reason, once put into a pot to boil” (Castillo, So Far 233).
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