Kitabı oku: «Psicología y psicoterapia transpersonal»

© 1994 by Manuel Almendro
© 1994 by Editorial Kairós, S.A.
www.editorialkairos.com
Primera edición: Septiembre 1995
Primera edición digital: Julio 2010
ISBN: 978-84-7245-422-4
ISBN epub: 978-84-7245-784-3
Composición: Replika Press Pvt. Ltd. India
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A los que alguna vez llegaron al Espíritu, al Orden Implicado, al Purusha, al Nagüal… siguiendo una promesa. Para que no se olviden entre los recovecos irreversibles de la Materia, del Orden Explicado, de Prakriti, del Tonal… perdiéndose en el Laberinto ilusorio del poder, fama, dinero… A mi hijita, Blanca Luz, quien como un rayo llegó un seis de marzo, a pesar de los medicamentos antiparto. Al pequeño James Bulger, a quien nunca conoceré como tal, porque muestra esa extraña ecuación que existe entre la mirada de un niño y el orden de las estrellas.
SUMARIO
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LAS PSICOLOGÍAS TRADICIONALES
1. LA PRIMERA FUERZA: EL CONDUCTISMO
Cognitivismo
Conclusiones generales sobre estas dos teorías
Otras teorías pioneras
2. LA SEGUNDA FUERZA: EL PSICOANÁLISIS
El post
3. LA TERCERA FUERZA: LA PSICOLOGÍA HUMANISTA
La gestalt
La psicoterapia gestalt
4. OTRAS PSICOTERAPIAS DECISIVAS: LA BIOENERGÉTICA
La bioenergética
SEGUNDA PARTE: LO TRANSPERSONAL
5. LA CUARTA FUERZA: LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL
Cuerpo-consciencia-cosmos
Bajo el culto a los antepasados
La senda de los maestros
Chamanismo
Psicodélicos-alucinógenos-enteógenos
6. LO TRANSPERSONAL: HACIA UNA SÍNTESIS ORIENTE-OCCIDENTE
El eje Guénon-Godel-Brosse
G.I. Gurdjieff-A. Watts-K. Graf Dürckheim
7. AVES PRECURSORAS
Carl.C Jung
Roberto Assagioli
Abraham Maslow
Los Grof
Ken Wilber
Claudio Naranjo
Charles Tart
Otros
8. LA PSICOTERAPIA TRANSPERSONAL
La meditación en la psicología y la terapia transpersonal
Otros trabajos que se apuntan hacia lo transpersonal
La aportación transpersonal en el mundo de hoy
Críticas a lo transpersonal
La psicología transpersonal en el mundo
9. LA CIENCIA Y LO TRANSPERSONAL
Física y psíquica
Morfogénesis y hologramia
Estructuras disipativas en psicología
TERCERA PARTE: EL MENSAJE INTERNO
10. EL MENSAJE INTERNO
El silencio fértil. El vacío y los límites
Hara: una vía hacia el silencio. El cuerpo
Más sobre la percepción y el silencio
El miedo y el silencio
Represión, realización y sublimación del deseo
CUARTA PARTE: LA CONSCIENCIA Y LA ENERGÍA
11. CONSCIENTE-INCONSCIENTE.
SUBCONSCIENTE-SUPRACONSCIENCIA
12. CUADRINIDAD-PERSONALIDAD-TRANSPERSONALIDAD
La personalidad y el ego
Y el yo ¿dónde queda?
¿Y lo transpersonal?
Transmentalidad
El cuerpo. El inconsciente corporal
13. CONSCIENCIA-ENERGÍA. LA SUPRACONSCIENCIA
El sí-mismo en la consciencia-energía
El camino hacia la realización
La Isha Upanishad
14. FUNCIÓN Y ESTRUCTURA. NUEVAS PERSPECTIVAS
El cuerpo, ese gran desconocido
Función-estructura
En el reino de Vulcano
La función estructura en el estrés
¿Dónde está la llave?
Potenciales lentos
15. INVESTIGACIONES EN OCCIDENTE DESDE LA CONSCIENCIA- ENERGÍA
Barbara Ann Brennan
Otras investigaciones desde la consciencia científica
16. CONSCIENCIA-ENERGÍA. SOBRE EL CUERPO
El simbolismo del cuerpo humano. Annick de Souzenelle
Una psicología mística: Richard Moss
QUINTA PARTE: EL MOVIMIENTO VIBRATORIO
17. LA ACCIÓN Y EL MOVIMIENTO VIBRATORIO
Los movimientos involutarios
La consciencia de lo autónomo y el espectro de la materia
La práctica del mundo vibratorio. Onda-corpúsculo
La vibración consciente
Los cinco elementos
Concretando el big-bang
El cuerpo holográmico
18. LA CURACIÓN. HACIA UN PROYECTO HOLONÓMICO
Perspectivas
El síntoma es un estado modificado de consciencia
Síntomas de curación
Hacia un proyecto holonómico
El enfoque Frances Vaughan
Un filósofo en lo transpersonal: Salvador Pániker
EPÍLOGO
Peligros de la psicología transpersonal
Obstáculos de la vida espiritual
Futuro de la psicología transpersonal
Un nuevo Colón. Una cartografía del espíritu
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
Érase, y sigue siendo, una vez un príncipe al que se le encomendó la difícil misión de marchar hacia un país lejano en busca de la flor de la medicina. Su padre, el rey, estaba muy triste; aquella flor era la única que podría restablecerle de su enfermedad.
Un día el príncipe, sin vacilar, partió al amanecer. Sin embargo, sintióse muy desconsolado cuando llegó a la extraña región del mundo de la materia densa. Firme en su empeño, recorrió caminos procurando sólo lo necesario. Preguntaba y preguntaba por la dirección adecuada para llegar a la flor de la salud. Mas a lo largo de su dilatada trayectoria construyó aldeas, ciudades, participó en batallas, se perdió en numerosos atajos, pues al parecer nadie sabía dónde estaba el camino que llevaba a la flor maravillosa. Por fin, dedicado a mirar en su interior, en una especie de sueño lúcido reconoció la vía, la dibujó y, mostrándola a los lugareños, recibió indicaciones sobre un atajo recóndito, intransitable, misterioso, olvidado. De nuevo se puso en camino tras las explicaciones, lo que le permitió llegar hasta la misma flor. Cuando ya la tenía a unos metros, de repente, un inmenso dragón surgió rugiendo de debajo de la tierra. Nuestro príncipe huyó despavorido y comprendió el por qué del miedo de los habitantes de aquel extraño país. De nuevo se refugió en adquirir y fabricar, sin ton ni son, cosas y más cosas. La angustia fue surgiendo sin que supiera muy bien el por qué. Los habitantes de su país de origen, viendo que el príncipe estaba perdido, y que además se había olvidado de su misión, no cesaban de acercarse en sus sueños y meditaciones. Cada vez que el príncipe no estaba obsesionado con mirar hacia fuera y con adquirir objetos, su mente se abría a las voces de su país de origen. Un día, harto de estar enterrado en cosas que al final no le proporcionaban la felicidad, se levantó, escuchó muy bien los mensajes que le llegaban, recordó su propósito, se armó de valor y fue en busca del temible dragón. Después de una ardua pelea, como san Jorge, acabó con la fiera, que se transformó en un bellísimo pavo real, tomó la flor y en aquel momento la realidad extraña de aquel país de guerras y enterrado en cosas inútiles cambió instantáneamente. Se había convertido en su verdadero país, miró a su alrededor y se emocionó como nunca al reconocer a los habitantes como hermanos de su país de origen. Allí estaban todos, también su padre, el rey, feliz y curado. El reino de la felicidad había ensanchado sus dominios.
Brian Witine comienza un artículo sobre psicología transpersonal con un cuento de Idries Shah. Gran parte de los cuentos infantiles tienen ese argumento común de la búsqueda de la fuente o de la flor sanadora, muchos de ellos provienen originalmente de oriente y llevan siglos de boca en boca. De ellos he adaptado este relato para explicar que de alguna manera hay un mensaje del que ignoramos el “darnos cuenta”, siendo los niños quienes con su mente aún limpia pueden tener un más fácil acceso. De alguna manera la psicología transpersonal, lo transpersonal, viene a despertar y a recorrer junto con el príncipe ese camino olvidado, recóndito y casi intransitable, hacia la flor del amor y de la sabiduría. A lo largo de la historia humana siempre ha habido desde atisbos hasta grandes preocupaciones para encontrar la naturaleza íntima de lo que somos. En la historia moderna, después de una psicología empantanada en la filosofía especulativa, comienza con gran fuerza una necesidad de comprobar en vez de perderse en opiniones de salón. En principio fue el conductismo, que al establecer como verdadero lo empíricamente medible sólo se quedó en la boya de los sucesos. Posteriormente, con Freud, el psicoanálisis encuentra pensamientos que no son pensados, con ello se da el gran paso a la existencia del “inconsciente”, piedra angular en las psicologías posteriores; aunque desde este psicoanálisis se tache también como degradante lo que pueda ser supraconsciente. Posteriormente las psicologías humanistas, entre ellas la Gestalt, Rogers, etc., amplían el panorama, tomando en consideración los sentimientos y el cuerpo, el organismo en su totalidad, en un presente interpersonal que comprende el yo-tú y el aquí y ahora, los organismos, etc. La bioenergética potencia la decisiva importancia de lo que esconde el cuerpo y su energía. Con Jung reconocemos la sombra y nos adentramos profundamente en el inconsciente colectivo, desde donde los arquetipos moldean la actividad de los humanos. Todo ello ha servido para que un día el espíritu, sin paliativos y sin miedos, sea admitido en la vida del hombre industrial; ahí comienza la psicología transpersonal. Ello admite la complementariedad de los contrarios, como la del orden implicado-orden explicado, materia-espíritu, tonalnagual, hilotrólicoholotrópico, oriente-occidente e incluso peligro-oportunidad, obstáculo-palanca, etc.
La psicología transpersonal acoge que somos cuerpo-mente-espíritu, conectando de nuevo con la tradición. Un cuerpo que es consciencia, en una ecuación que equipara consciencia-materia-energía. Una consciencia que, como dicen los orientales, está enterrada en múltiples capas de porquería, patrones negativos de conducta, traumas, anclajes, deseos y creencias, sobre las que progresivamente el príncipe ha de ir realizando su limpieza, saboreando el acercamiento a ese trozo de sol que aguarda la llegada del guerrero. Ese dragón formado de escamas de porquerías produce nuestros grandes conflictos, escindiendo al príncipe, oscureciendo su misión y empujándole a la amnesia, marcando así una separación entre su yo real y su yo ilusorio. Este yo ilusorio se mantiene hoy en una realidad consensual fabricada y robótica que huye del encuentro con el dragón y con la muerte. Esas placas de porquerías nos hacen participar en la hipnosis consensual, fijarnos en una cadena de montaje, con-viritiéndonos en “hombres automáticos”, “hombres máquinas” cada vez más sofisticados pero cada vez más enfermos. Son los hombres industriales, hombres informáticos, respaldados por una educación y una formación que se refleja en nuestros patrones físicos, nuestros gestos, nuestras proporciones, nuestras conductas programadas. O bien como golosos de experiencias excitantes, reflejadas ya en “un panal de rica miel…”. O en historias que quedan “bien” en una pobre búsqueda que se conforma con el consuelo de la lectura en la cama. Es el mundo del hombre robot, que se esconde en sus hábitos rutinarios fabricando un imposible paraíso artificial, planteado en una lucha contra la naturaleza. El fin de la historia, que se preconiza desde posiciones plastificadas, será el fin, pero por su fracaso. Hoy somos un esperpento noticiero, un desecho del maravilloso Renacimiento, que comenzó superando el ahogo en lo divino para confiar y realizar en lo humano. Sólo que hoy apuramos ya la copa de Leonardo, expoliando nuestra casa, nuestra única casa, en aras de la soberbia de nuestro “poder”, en un proceso en el que llega antes la ciencia que la consciencia; la capacidad mortífera de nuestros inventos que la dudosa capacidad para neutralizar nuestros odios.
Por todo ello, por esa orientación de la vida hacia el engorde ciego y materialista, la adicción al consumo de objetos inservibles, la ansiedad del éxito a cualquier precio, de poder, de dinero, en una sociedad que se debate entre el temor a la guerra que pueda producirse por el “paro” y la fabricación de venenos, y en una civilización que huye de su auténtica naturaleza por el miedo a la muerte y por vender un consumo expoliador de la energía de la vida, perdiendo la brújula de lo evolutivo. El no querer renunciar a ello, el seguir a toda costa una manipulación y adicción a la adquisición que encubra el miedo al vacío cósmico y a la incertidumbre de nuestra presencia, claves de la insatisfacción inabarcable y de la impermanencia en la que se enseñorea la muerte, despreciando las enseñanzas tradicionales y actuales para superar este vacío, hace que la humanidad se prepare para la guerra, y sólo un reducido número de personas vea dolorosamente este proceso, lo que tal vez nos lleve al buen puerto de una transformación inevitable o a la autodestrucción definitiva. Todo ello podrá suceder si no somos capaces de realizar una transformación que esté más allá de la destrucción y la guerra. Los medios de comunicación, la contaminación televisiva que programa violencia y sexo adulterado, se dirigen a fijar al hombre robot, al hombre masa, no se dirigen al ser individual, particular, con mente y corazón. También, en la mayoría de los casos, los líderes se dirigen a mantenerse en el poder a cualquier precio, en vez de compaginarlo y orientar sus energías a la evolución de las gentes. En realidad todo lo que hoy se está produciendo se dirige a y es dirigido por el engorde del ego. A ello se dedican nuestros inventos y nuestros objetivos adquisidores. La violencia autodestructiva que programa a los más receptivos –los niños– prevalece en el occidente “culto” y arrogante con un “alto índice de crecimiento”. Al final siempre habrá en donde hacinar a los reclusos para que se autodestruyan, creyendo así que acabamos con el mal. Ésa es la alucinación de nuestro “progreso”, encerrado en un blindaje generalizado. El tecnocientifismo se erige como todopoderoso y como poseedor de la verdad, en un planeta marcado por el misterio de nuestra propia presencia. Maslow ya criticaba a las personas científicas como «rígidas y estrechas, temerosas de su inconsciente». Habla de «la ciencia como no humana». Sin embargo también habla del «científico creativo y del científico trascendente». Para Tart, el cientifismo es una ciencia interpretada como una «religión dogmática». Para este investigador la ciencia defiende «una visión distorsionada del mundo. Dado que ignora el aspecto emocional e intuitivo de la vida y cree alcanzar una objetividad que no posee en absoluto, la ciencia moderna está abarrotada de creencias emocionales implícitas, escondidas y a menudo debilitantes, y de valores que han dañado al espíritu del hombre».
La mecánica tecnocientifista en su separatividad, en el alejamiento de una visión compleja y totalizadora de la vida, reduce la persona a un conjunto de componentes que son modificados por el ambiente. El científico clásico, excusado en su poder, se encierra delegándose en el objeto, siempre externo, de su estudio. Da la impresión de que su propia y personal experiencia (a la que tal vez le tenga miedo) es desaconsejada por su entorno corporativista, del que se alejará y se colocará en entredicho si la considera y la exterioriza, experiencia que paradójicamente soporta su propia presencia en la vida, hoy todo ello bajo la influencia del pragmatismo externo y oficial de raíz anglosajona. Lo cierto es que somos todos nosotros quienes lo hemos creado así, no sólo la ciencia sino el tipo de sociedad que nos contiene. Hemos basado la vida en una máquina newtoniana de piezas sin interrelación y sin relojero. Hemos separado cartesianamente el espíritu de la materia, así que cada cual puede manipular ésta a su antojo, pues ya no hay guía ni conexión con lo sublime. El efecto es lógico y concatenante; estamos perdidos huyendo del sufrimiento y de la muerte, agarrándonos maliciosamente a creencias y posesiones, incluso matando por ellas. El tecnocientifismo unido al móvil económico especulativo se ha convertido en un fundamentalismo poseedor de la verdad, que afirma bajo grandes títulos que somos una máquina genética programada, sumiendo a los ingenuos en la desesperación. Así estamos. El telediario necesita de terapia; presenta un cuerpo emocional cada día más agarrotado, o tal vez aseptizado en vericuetos intelectuales que son los que más visten, siempre que esas emociones no irrumpan tirando la casa y a sus moradores por la ventana. Este intelecto todopoderoso y señor de estas tierras, en las que con su incesante diálogo interno dinamita toda posibilidad de evolución, aparece como un hámster dando vueltas sobre su ruedecita de Tántalo con visos de agotamiento, aunque su ego presuma de laboriosidad y jaula de oro. Esperemos que en un momento pare, para que él o el ser intuitivo, cuarto pasajero, pueda penetrar y completar la cuadrinidad. Y que al fin y al cabo podamos admitir sin sobresaltos ni estúpidos “dar largas” que nuesto habitat es un pedrusco casi redondo, querido y maravilloso, que flota en algún lugar desconocido de un universo inmenso e impenetrable. Todo ello sin necesidad de perder la nómina. Y sin cambiarlo por un plato de lentejas.
Grof coloca a la muerte como una puerta que derrumba nuestras concepciones materalistas y a la evolución tecnológica como causa de un alejamiento de los aspectos biológicos fundamentales de la existencia. Por eso habla sobre el redescubrimiento de la espiritualidad parejo a la desaparición de los tabúes relacionados con el nacimiento y con la muerte: «…redescubrimiento de la espiritualidad, que ha sido también una de las víctimas del progreso rápido de las ciencias…» y siguiendo con la conscienciación en cuanto a la muerte añade: «…es preciso darse cuenta del grado de deshumanización y alienación que el desarrollo tecnológico ha producido en occidente». Incluso critica la actitud racional del occidental instruido que considera la creencia en la consciencia después de la muerte como una regresión primitiva o como algo propio de personas que no han accedido al conocimiento científico, cuando Grof afirma con contundencia la idea de que la consciencia después de la muerte es incompatible con la ciencia materialista. La psicología transpersonal, sin renunciar lógicamente al pragmatismo, se aleja de las consultas tétricas basadas en un modelo patologizante y taxonómico, también del revoltijo esotérico con el que nada tiene que ver. Sin embargo, admite el resto de psicologías y les da una situación en el espectro. Eso tomando como guía el sabor, el olor, etc. a consciencia-energía que tantos místicos han desparramado a lo largo de nuestro mundo; el latido de ese trozo de sol, que está presente en lo microcósmico y en lo macrocósmico, en las inmensas distancias estelares y en las ínfimas subatómicas, y a su vez más allá del espacio-tiempo, en cuyo pliegue habita nuestra existencia humana, la de los animales, vegetales y minerales. Pliegues irreversibles que organizan el mundo del devenir, que provienen y se dirigen al nagual, al orden implicado, para su expansión: la de la consciencia-sabiduria-felicidad. Por ello aúlla el lobo a la luna, el venado en la cañada, el gallo a la aurora, el buscador en su grito, rasgando las tinieblas para que el señor de la luz abra la puerta …..del amor, y cese el dolor en el mundo. Y ahí está esa consciencia, latiendo en los progresos, en las felicidades, en las desdichas y guerras, en la fuerza de las ciudades y de las selvas; para que nuestra mano, nuestra responsabilidad y libre albedrío, forjen el presente tras el presente, porque ello es de nuestra absoluta incumbencia. El humano no está en un estado terminal, viene de siglos y siglos, escalando la tapia, saltando del mar, modificando su cuerpo, arañando cotas de posibilidad, perfeccionando sus sistemas orgánicos. Por ello este cuerpo se convierte en vértice de evolución, como cáliz que ensancha su capacidad de recepción en la globalidad de la vivencia diaria, en la ecuación cuerpo-consciencia-cosmos, que es lo más alejado de concebir un cuerpo ciegamente aprovechado y maquinizado. En una visión de la realidad que no se resume en el “hombre informático” pues siempre esa realidad consensual, a pesar de las modas inventadas, será siempre una “ficción conveniente” (Schrödinger). Una tendencia que no confunda el mapa con el territorio, pues éste empieza con el primer paso que accede al silencio, dejando atrás el ruido de los planos.
La psicología transpersonal pretende entrar en la entrega al propio silencio interior, tan temido, dándole paso a la consciencia-energía, verdadero camino de curación. Como así es en otras materias, como la acupuntura, restablecedora del ki, el zen, etc. Unir lo antiguo con lo moderno, entrar en el respeto de culturas milenaras, casi todas de corte chamánico, que han cartografiado el mundo de la consciencia, muchas de ellas potenciadas por las plantas psicotrópicas que por alguna razón nacen en la naturaleza. También el entrar en procesos desconocidos de lo humano que rebasen los principios euclidianos. Es la investigación desde otros enfoques para conocer nuestra realidad, como las teorías del caos de René Thom, la teoría holográfica sobre el cerebro de Karl Pribram, los campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake, el cognitivismo de Francisco Varela sobre la contrastación entre el budismo y las ciencias cognitivas, etc., aparte de los medios privados personales. Da la impresión de que estamos en el momento en que se ha de entrar en ese otro mundo de donde todo procede, de donde han bebido los grandes artistas e investigadores a lo largo de la historia; de ahí proceden las entidades que dieron cuerpo a los universales de Platón, los arquetipos de Jung, y las grandes teorías. Ninguno de ellos fue un simple imaginador. Existe ese otro mundo extraño para que médicos, psicólogos, investigadores, etc. lo exploren para gracia de la humanidad. De ese otro extraño mundo llega el maná, el nutriente que nos hará salir del callejón industrializado y afixiante, productor de detritus, mundo de prótesis, del que hemos hecho nuestra casa por el pánico a ese otro mundo falsamente representado por el miedo y por la muerte.
La psicología transpersonal también pretendería, en mi opinión, una vía para llegar con gran respeto a la psicología integral, unificando posturas que lleguen a una totalidad desde las franjas que ocupa cada posición. Por supuesto, ofrecer un camino de curación tranpersonal al mundo de la drogadicción, buscadores descarriados, víctimas del cambio. Al mundo de los buscadores de transmentalidad, para que no caigan en redes oscuras que utilizan la espiritualidad como reclamo. A las víctimas de pandemias, como el sida, cáncer, del estigma de las guerras, etc., para que vean que existen otras realidades; y sobre todo para los que se encuentran en el embarcadero de la muerte. También para los cansados de una vida desacralizada y rutinaria, pendiente de los reclamos consumistas que ofrece la enfermedad planetaria. A los que asumen su existencia como algo grande y decisivo, en un proyecto en el que curarse es conocerse y a la inversa, como decía el gran indio mazateco.
En fin, dar respuesta al sinsentido de nuestro mundo simbolizado en esos adolescentes de hoy que, buscando locamente un rito de pasaje, una iniciación, se lanzan a la velocidad, al alcohol, a las drogas estimulantes, e incluso al asesinato y al pacto de sangre. Todo por una necesidad de reto, desviado entre otras cosas porque eso es lo que venden los medios de comunicación de los que estos adolescentes maman, un reto que busca ir más allá de lo conocido en la noche del sábado, porque lo que ofrece su sociedad drogada por el consumo no les vale tanto la pena y necesitan ir más allá de los límites. Se ha perdido el rito de pasaje por el que la tradición sabia utilizaba esa fuerza que late en la sangre adolescente para iniciarlo como guerrero, como adulto, ofreciéndole una “hazaña”, emprendiendo un viaje para forjarse como adulto. El fruto de ello suponía ampliar el horizonte personal y colectivo. Sin embargo vemos cómo la muerte se lleva a adolescentes en estúpidos accidentes de carretera. Por otra parte, los ancianos, ansiosos durante su madurez de una pensión de jubilado, anunciada y añorada ilusoriamente, se les convierte en trampa mortal cuando llega en la realidad, arrinconándoles como estorbos y entrando en la demencia a los dos días de dejar el trabajo rutinario para esperar la muerte. Muchas veces agonizan aparcados en las aceras o en refugios sociales, donde muchos de ellos desean el desenlace que hoy se les retrasa con la todopoderosa magia médica, sintiéndose inservibles para la sociedad y para la vida. Por todo ello lo transpersonal vendría a ofrecer una nueva vía a toda la sociedad, un nuevo renacimiento, un cambio de civilización, partiendo de una ciencia que no reduzca la vida al azar, a un accidente, ni la consciencia a un producto de la materia. Muchos científicos se están encuadrando en el mensaje de lo transpersonal, junto con artistas y demás sectores de la humanidad en general, ancestral y moderna, urbana y rural, lejos de los Rambos y especuladores sin escrúpulos, devolviéndole a la naturaleza otro trato que no sea el de la expoliación ni el desaprensivo laboratorio de animales, a pesar de que éstos, minerales, animales y plantas, se nos ofrezcan como alimentos, belleza y fotosíntesis. Lo transpersonal propone un nuevo impulso hacia otra escala de valores que no dependen de una producción y adquisición de locura consensuada e hipnótica. La nueva ciencia de la que se habla iría por ahí; muchos de sus representantes, según mi opinión, han accedido a ese mundo naguálico, holotrópico, para encontrar las bases de sus mensajes. Ya en e=mc2 tenemos la cantidad de luz necesaria para transmutar la oscuridad, la cantidad de renacimientos para transmutar las muertes, procesos que no necesitan de la muerte física para poder ser sobrepasados. Lo transpersonal viene a entrar con todo ese bagaje de ayuda en la comprensión del vacío, base de la compasión y del amor, para reencontrarnos con el destino de todo lo viviente, de la visión oriental y occidental, como hemos señalado, descubriendo la falsedad y la necedad del control racional y estático en un mundo impermanente.
La psicología transpersonal no fomentará una terapia dirigida hacia la formación de un yo karateca, de un yo todopoderoso o de un yo de porcelana, de cara a la galería. Tampoco una asepsia que desprovea a la persona de sus fuerzas antagónicas que generan el movimiento, ni tampoco estancará a la persona en las cuatro reglas que definen una normalidad ramplona. La psicología transpersonal más bien está en la línea de la progresiva chamanización del terapeuta, es decir, más que anclarse en un aprendizaje de taxonomías y recetas teóricas, aunque útiles hasta cierto punto, propugna una progresiva vivencia y pasaje a través de la enfermedad, la crisis-cambio; de tal manera que este terapeuta tenga su propio “pasaje”, su propia crisis de transformación, lo que le proporcionará un conocimiento directo e inequívoco de por dónde transita ese cliente-paciente que ha ido a pedirle ayuda. “Sólo el herido cura” es la frase que ilustra de manera certera este cometido, y la que de verdad da el título de guía para las regiones sublimes del cuerpo, la mente y el espíritu.
Por otro lado opinamos con Frances Vaughan que no se trata de que el camino espiritual ocupe el lugar de un proceso terapéutico. Sobre ello Vaughan dice que: «lamentablemente, sin embargo, pocos maestros espirituales están entrenados para manejar diestra y éticamente la transferencia… el problema surge cuando consideramos a la espiritualidad como una alternativa al desarrollo psicológico, más que como su prolongación… la consciencia espiritual sólo contribuye a la totalidad cuando se basa en la salud psicológica y en la integración de todos los niveles de consciencia».
Hoy lo transpersonal trabaja por esa vía interior que los grandes maestros iniciaron con la religión como supraciencia, aunque hoy posiblemente gastada, sobre todo la oficial, pues sus ritos, cultos y dogmas, que también están presentes en los actos profanos, se vacían poco a poco de inspiración, entregándose a la curiosidad turística y folclórica. Sin embargo, los mapas enriquecedores y complementarios de la tradición, como el cristianismo, budismo, etc., son recuperados como verdaderos guías de los procesos vivenciales en este momento de síntesis. Lo transpersonal también encuadra a esos científicos que se encontraron con el final de la materia en los mundos cuánticos y biológicos, en la psicología que vive lo transmental y en tantos intuitivos que apenas necesitan de la palabra ni de títulos para ver algo que cada día es más evidente: el rumbo está desviado y consumándose su periplo. Son momentos para comenzar. Y eso a pesar de que la palabra “espiritual”, la palabra “mística”, se utilicen en determinados ambientes con signos de burla, a pesar de que se hayan de rescatar de lo “rancio y moralizante” a donde sus representantes tradicionales las han relegado. Por ello es muy conveniente recuperar tandems como el de Pauli-Jung, hoy con nombres como Grof, Lupasco, Sheldrake, Bohm, Pribram, Wilber, etc. Atendiendo en el proceso al sutra del corazón en aquello de que forma es formavacío es vacío, después todo es vacío para terminar con que forma es forma-vacío es vacío. Oyendo el canto de la campana de la tarde en el monaterio zen, que puede estar en cualquier esquina: «oyendo el sonido de la campana todo pensamiento es cortado. El conocimiento crece; aparece la sabiduría; el infierno queda atrás… Haciendo votos para ser el Buda y salvar a todas las gentes. El mantra para romper el infierno.»
En realidad el científico racionalista, con amplios horizontes y con la consciencia de que vivimos en el enigma, es un buen candidato para entrar en los espacios transpersonales. Todos los acontecimientos que suceden en la actualidad nos llevan a una evolución posible hacia el próximo peldaño de la humanidad o por el contrario a un racionalismo exclusivista y poderoso que no tiene salida. Vivir este proceso de evolución, en palabras de Richard Moss, es: «nuestro más grande desafío es intentar apreciar la vida y nosotros mismos en completud, como partes indivisibles de una totalidad inombrable».
Desde la ventana la luz brilla con intensidad y todo lo recubre, los colores multiplican los destellos, una luz fina lo atraviesa todo, un silencio hecho de murmullo acogedor. Aparece un orden que todo lo contempla, el aire que se respira inflama el corazón. Todo es uno. La voz está en todas partes.
Los libros se acumulan por doquier, el recorrido por ellos ha sido acompasado por el tecleo del ordenador, las ideas de sus autores han sido envueltas en los sentimientos que las despertaron. Me encuentro –uno– con ellos, y a ellos en este momento remito una irreprimible emoción.
El libro que tienes en las manos ha surgido de un impulso imparable, que no ha cesado hasta la última palabra. Aún me quedan cosas por descubrir de este evento.
PRIMERA PARTE: LAS PSICOLOGÍAS TRADICIONALES
1. LA PRIMERA FUERZA: EL CONDUCTISMO
La primera fuerza de la psicología, el conductismo, es paralela a los avances en las ciencias naturales y a los descubrimientos empíricos. Desde la últimas décadas del siglo diecinueve, lo establecido como ciencia comienza a obtener unos resultados sin precedentes, desarrollando sus instrumentos precisos y sus métodos de investigación. La física y la química, la biología con sus dos ramas: la neurología y la fisiología, comienzan a dar el gran salto. La psicología deja de desvelar filosóficamente los misterios del alma desde la especulación metafísica y se lanza en pos de lo experimental, alineándose con el descubrimiento de los mecanismos empíricos bajo el impacto de la fisiología y el positivismo racionalista sobre los hechos experimentables que definen la conducta humana. Es decir, se vuelve hacia el hombre contemporáneo y su mundo cotidiano. El materialismo hace hincapié en todas las disciplinas, unido a un sentimiento generalizado del poder de la investigacion humana.
En 1898 Thorndike publica su Inteligencia animal, Pavlov, con su teoría del condicionamiento, llegará cuatro años más tarde. Tampoco Freud en gran medida escapará a esto. Wundt, como representante de la psicología científica, presenta que el objeto de la psicología es la experiencia misma, la experiencia imediata de la persona que responde a los estímulos externos como organismo viviente. Wunt, que potencia la autoobservación como modificador de los acontecimientos, sugirió la combinación de la introspección con la experimentación, reconociendo las limitaciones del método experimental. Kant y Schopenhauer están presentes en estos comienzos. Como desafío al intros-peccionismo y con la intención de medir las conductas y predecirlas aparecen los “test”. En esta época las observaciones de Darwin sugieren que existe una completa semejanza entre la conducta animal y la humana. Todo ello tiende a una psicología reduccionista y no introspeccionista. En el esfuerzo por llegar a una psicología rigurosamente científica se destierra la introspección y se introduce la observación, al igual que en la física y la química. Llegados al empirismo radical, ya no queda margen para el concepto de consciencia. Experiencia exterior, conducta manifiesta, estímulo y respuesta, acción y reacción, éstas eran las nuevas áreas de la psicología. La nueva investigación se dirige hacia los procesos glandulares y motores. Algunos, como Willian James, consideran al yo espiritual en el centro de toda acción y adaptación, tendiendo a una idea filosófica del pragmatismo y señalando la utilidad y el placer como motivos de conducta. Se considera que su asociacionismo mecanicista, no introspeccionista, condujo también al conductismo. Dewey está preocupado por el bienestar de los hombres, su adaptación física, social y moral, rechazando unos instintos específicos y esquematizados. Thorndike, con sus fundamentos fisiológicos y reduccionistas define el aprendizaje como un proceso de prueba y error: selección y conexión. Pavlov, con los reflejos condicionados en sus conocidos experimentos, centra su teoría en el refuerzo, aspecto que posteriormente alcanzará una notable difusión.
Conductismo y reduccionismo. Con John B. Watson se centra la psicología como ciencia de la conducta, su sistema sebasa en el determinismo, empirismo, reduccionismo y ambientalismo. Maquinismo absoluto en el que, dado un estímulo, la psicología predecirá la respuesta. No habrá subjetividad ni influencias desconocidas. Watson defiende que «la conducta del hombre y la conducta del animal deben ser consideradas en el mismo plano». Estudia la conducta manifiesta y observable del organismo, sus músculos, glándulas y tejidos. La psicología descarta aquí toda referencia a la consciencia. En el llamado neoconductismo, el empirismo radical, la conducta puede establecerse en fórmulas mediante postulados que miden el potencial de reacción, el inhibitorio, la oscilación de la conducta, etc. Con B.F. Skinner, uno de los promotores más conocidos, llegamos al conductismo inductivo, donde el reflejo es la unidad simple de conducta. Se oponía a la tendencia tradicional de buscar la marca de la conducta dentro del organismo, estaba en contra de lo que el llama el animismo, proceso que inventaría un espíritu, un demonio, una personalidad, etc., capaz de cambiar el curso o el origen de la acción. Para Skinner, como para muchos otros científicos, el organismo solo reacciona al ambiente. Con él se llega al conductismo radical.
Apuntes. Dentro de lo conocido como conductismo se han desarrollado diversas tendencias que aún siguen su curso, sus bases teóricas siguen difundiéndose y se supone que renovándose y entrando en contacto y en identificaciones con otros tipos de psicología. Aunque sus investigaciones han sido con sujetos levemente afectados en laboratorios o en investigaciones semejantes, no existen estudios controlados de población con desórdenes complejos. Su tratamiento terapéutico se demanda en instituciones oficiales, compañías de seguros, organizaciones de consumidores, entrenamientos que ponen de manifiesto su eficacia empírica en determinados aspectos del aprendizaje. Sus investigaciones con animales hacen difícil que sus conclusiones se apliquen al sistema humano, lo que las convierte en una psicología animal. Sólo toca parcialmente al hombre, su cientifismo hace que el objeto de estudio se aleje del sujeto investigador, con una no implicación de éste como resultado.
Cognitivismo
La terapia cognitiva está basada en una teoría de la personalidad que establece que así como uno piensa, en gran parte determina cómo uno se siente y se comporta. La terapia es un proceso de colaboración de investigaciones empíricas, probando realidades y solucionando los problemas entre paciente y terapeuta. Con experimentos de conducta y procesos verbales se examinan interpretaciones alternativas que evidencien las contradiciones, hasta llegar a creencias más adaptadas que se dirijan al cambio terapéutico. Las modificaciones se producirán si el terapeuta considera que las creencias son irreales o irracionales. Las representaciones imaginarias son usadas para el reconocimiento y la evaluación de la distorsión y su reemplazamiento, hasta encontrar las más acertadas y funcionales. Se usan técnicas verbales para descubrir pensamientos automáticos, para que el paciente los reconozca y los identifique en el momento en que surjan.
Sin embargo, sería interesante puntualizar lo que son las ciencias cognitivas y el cognitivismo en general, según el enfoque de Francisco Varela, pues abre nuevas perspectivas muy en la línea de este libro. El enfoque de este autor se extenderá a otros capítulos. En primer lugar, Varela enfatiza dos puntos: el primero está en que el cognitivismo postula procesos mentales o cognitivos de los cuales no somos conscientes y, más aún, que no podemos serlo. El segundo punto está en que el cognitivismo abraza la idea de que el yo o sujeto cognitivo está fundamentalmente fragmentado o no unificado. Analizando elementos importantes, Varela afirma que en el cognitivismo las imágenes mentales, como cualquier otro fenómeno cognitivo, no pueden ser más que la manipulación de símbolos mediante reglas computacionales. Es decir que hasta ahora existe algo que Varela va a considerar como positivo en el proceso cognitivo: la falta de fundamento de un yo, es decir el encuentro con un vacío a la hora de buscar un soporte que no existe; y la existencia de representaciones que se interpondrían ante la experiencia, según se puede deducir de sus obras. Por ello, en cuanto a la utilidad de las ciencias cognitivas, Varela es tajante: «las ciencias cognitivas carecen de un método disciplinado para examinar e incluir la experiencia humana… las ciencias cognitivas nos ofrecen un descubrimiento puramente teórico de la mente sin yo, el cual permanece alejado de la experiencia humana real».
Y aquí hay que añadir lo que Varela recuerda desde una neocognición plena y abierta quizás discutible, tal vez por un problema de terminología o visión de la experiencia, que los factores mentales perniciosos que refuerzan el apego y el afán son los que generan tendencias a la creencia (de un yo). A partir de todo ello, Varela apela al término de enacción para entrar en una nueva perspectiva de la cognición, en la que incluye la perspectiva budista, en el caso de que en el cognitivismo se acepte la experiencia personal anclada en lo cotidiano. Desde este punto de vista la cognición ya no se plantearía, según Varela, como resolución de problemas según las representaciones, sino que en su sentido abarcador consistiría en la enactuación de un mundo – en hacer emerger un mundo– mediante una historia viable de acoplamiento estructural. Aquí podemos entrever un punto crucial en este autor: “la acción corporizada”. Es lógico establecer que el cuerpo como estructura es el que acoge el proceso. ¿No es así a lo largo de la evolución simio-humana, e incluso antes? La enacción se situaría como la base de la acción cognitiva mediante el acoplamiento corporal, generando un mundo compartido de significación, ya que las representaciones pierden el papel central. Entiendo que todo este proceso conlleva una desintelectualización, de tal modo que la investigación se descarga de procesos intermedios para dirigirse rectamente al mundo: la vivencia personal cobra relevancia y produce un conexionismo con esperanza. Las ciencias cognitivas enactivas y el madhyamika se encuentran en la falta de fundamento de un yo monolítico.
Apuntes. Como teoría relativamente reciente, el cognitivismo ha alcanzado un notable crecimiento y popularidad. Ello se debe en gran parte a su soporte empírico, su marco teórico y a su gran número de estudios sobre la población clínica. De formación rápida, hace que se preparen terapeutas con un año de entrenamiento. Los cambios terapéuticos también se producen cuando el paciente está comprometido emocionalmente con sus problemas, por lo tanto la experiencia emocional durante la terapia es un hecho importante. Las reacciones entre terapeuta y paciente son importantes. La terapia cognitiva puede ofrecer una oportunidad para un acercamiento entre la terapia psicodinámica y la terapia conductual, y hay quien piensa que existe un común asiento prometedor para estas dos discisciplinas. Hoy, muchos terapeutas conductistas se definen como cognitivistas. La investigación continua en la relación entre la cognición y el afecto abre un campo interesante.
Conclusiones generales sobre estas dos teorías
No cabe duda, como hemos afirmado ya, de que la psicología moderna va unida al desarrollo simultáneo de las otras ciencias. La psicología abandona unos devaneos filosóficos manidos y se precipita hacia el hombre de carne y hueso, apurando su encauzamiento hasta llegar al hombre máquina, susceptible de ser controlado y determinado, como sucede en el conductismo radical. La soberbia del científico –según algunas críticas– toma cuerpo dramático cuando se refiere al hombre y lo reduce a un exclusivo producto fisiológico en el que los organismos sólo reciben pasivamente lo que les hacen. Tal vez ello inspiró a Orwell su 1984. Watson ya decía : dadme dos niños y haré de ellos lo que quiera. Maslow criticaba que los voluminosos libros conductistas no tienen importancia, al menos para el núcleo humano, el alma y la esencia humana. Realmente sabemos que trabajan con condicionamientos sobre la mente condicionada. Entiendo que incluyendo las diferencias evidentes entre cognitivismo y conductismo, ambas se definirían como terapias de superficie, pues se dirigen a la modificación del consciente. Son terapias rápidas que pretenden cambiar la capa conocida por otra más adecuada a la vida del paciente. En el caso más radical del conductismo no parece existir subjetividad, así que no podremos hablar seriamente de cambios. El hombre no es reducible a una máquina, en los nuevos paradigmas es considerado una totalidad ineludible. Por supuesto, tiene instintos animales, pero también razona e intuye, y además no podemos dejar ahí el listón, puesto que la evolución continúa. El problema radica en el reduccionismo soberbio, cerrado, que supedita que el hombre es aquello y solo aquello que determinada persona y su teoría establece.
El cognitivismo, donde se abordan sentimientos y pensamientos, aparece –bajo una crítica transpersonal– como una terapia que se acerca a una necesidad de solventar los problemas superficiales que molestan al consumidor, para sobrellevar una vida racional, adaptada a los parámetros medios de la sociedad occidental. De ahí su necesidad de rapidez y utilitariedad, por lo que se convierten en terapias industriales, adecuadas a una cierta demanda; creo que bastante interesante para personas que se inicien en el conocimiento de sí mismas o no deseen introducirse en sus espacios interiores; también son adecuadas para lo que ya decíamos antes, para los entrenamientos e instituciones donde se busca una rentabilidad operaria, y para acoplamientos de amplios sectores de la población. Los tratamientos parecen dirigirse al hemisferio izquierdo, a lo concreto y racional, y su carácter de utilidad es indiscutible y positivo siempre que no reduzcan lo demás a su perspectiva. Por ello las teorías cognitivas conductuales se mueven en términos de “destrezas”, “habilidades”, etc., evitando las causas. En ello siguen a la medicina alopática. El aspecto más preocupante de su encauce clínico es que se dirigen a curar síntomas, pero la boya esconde un anzuelo bajo el agua, y si desaparece la boya perdemos la poca orientación que teníamos, y un anzuelo escondido incrementa su peligrosidad. Sobre todo en patologías profundas.
En relación con todo lo comentado, Frances Vaughan afirma que «la mayor parte de las psicoterapias breves suelen utilizar un enfoque cognitivo-conductista y pretenden cambiar las pautas habituales de pensamiento y reprogramar las repuestas».
La consciencia está también ausente en el conductismo. Sin embargo, es notable el estudio de lo manifiesto en las expresiones corporales que acompañan a las verbales y a sus contenidos, verdaderos enclaves de lo inconsciente, de ahí que las investigaciones cognitivas de esos procesos, como el de la construcción de hábitos, el de la construcción de los mecanismos proyectivos de imágenes etc., sean un buen punto de estudio beneficioso para el camino de esa deseada psicología integral, donde se encuentre todo lo sabido hasta ese momento, en beneficio de la salud y del conocimiento.
En pocas palabras podemos decir que si en el cognitivismo priva el pensamiento sobre el resto de los procesos, en el conductismo sólo reina ese pensamiento, absolutamente.
Vemos que estas teorías se asientan exclusivamente, aunque desigualmente, sobre el intelecto de la cuadrinidad de Hoffman que detallaremos más adelante: cuerponiño(ser emocional)-intelecto-ser espiritual. Las radicalizaciones, a veces, me parece que no son más que tretas de la naturaleza para apurar caminos y sacar lo provechoso de ello. Si el conductismo apuró lo externo, Freud intentó lo propio con lo interno; el cognitivismo se extiende a la emoción, pero ambos parten de una consideración positivista, racionalista de la vida, en la que no hay margen para la consciencia, puesto que ignoran la presencia de la semilla espiritual en el hombre. Si el marco es abierto, entonces se contribuirá a la sinergia investigadora. Si es reduccionista, se pueden generar síntomas de asfixia en sus propios representantes. Por lo tanto, la vida no puede reducirse a una cuestión exclusiva de “software” y “hardware”, ni tampoco todo desajuste de una persona frente a su medio tiene que pasar por una terapia que busque exclusivamente la readaptación al mismo. Si el cliente lo quiere así, todavía. Si no, después surgirán brotes más rebeldes. Conductismo y cognitivismo están unidos en buena parte a la producción consumista de nuestra sociedad y a la utilidad racional y productiva.
El terapeuta de la conducta asume, según Claudio Naranjo, que cuando la situación que provoca el síntoma se asocia con las recompensas presentadas, se está estableciendo una nueva respuesta condicionada. Sin embargo, parece improbable que una nueva respuesta condicionada, lo suficientemente fuerte como para reemplazar a la vieja, pueda surgir de unos refuerzos positivos tan suaves como un estado de relajación o la aprobación del terapeuta. El valor de las recompensas aportadas, que neutralicen lo desagradable es que, en el proceso de confrontación con lo evitado, el paciente aprende que su miedo era infundado. Las ansiedades son generalmente perpetuas para evitar la situación que las originó y así la persona pierde la oportunidad de aprender que no hay nada que temer. Se extingue, pues, una mayor apertura a experimentar la capacidad de confrontar la situación. Naranjo concluye que la terapia de conducta es ampliamente divergente de la meditación.
Walsh y Waughan reconocen en el conductismo la característica de su insistencia en la mensurabilidad y la verificación del comportamiento y el cambio. Aunque eficaz, su fuerza y su debilidad coinciden. Excluye lo subjetivo, la consciencia, y hasta hace poco los pensamientos y sentimientos. Así que poco tiene que decir sobre el nivel óptimo de salud y bienestar. Sin embargo, se está abriendo a lo cognoscitivo, se propone la eficacia del sí mismo como mediador en el cambio terapéutico, incluso con técnicas que ya el budismo practicaba en parte. Los transpersonalitas han reconocido la importancia de los modelos y la necesidad del rigor de los conductistas, aunque es obvia la diferencia en la sutileza de lo que ambos tocan: el conductista sobre comportamientos bastos y fáciles de medir, mientras que los transpersonalistas se dirigen a estados, vivencias y formas de comportamientos más sutiles.
Tart, investigador pionero de los estados modificados de consciencia, afirma que los conductistas no se atreven a proclamar que somos una máquina, la máquina gurdjieffiana, autohipnótica, en trance, dentro de la cadena de montaje consensual que hemos fabricado. Cadena que hemos de romper para llegar al “self”: el sí mismo.
Podemos concluir finalmente que en efecto, hay una realidad que tiende a crear a ese hombre robot-hombre industrial; hoy ya el hombre informático, pues es una sociedad basada en la huída del principal factor de desmontaje: la muerte, que no cabe en el mecanismo de estos presupuestos. El conductismo ha sido su teoría favorita para perfeccionar los procesos de ensamblamiento de las piezas. Es propio del momento coyuntural del pensamiento industrial. Hoy podemos concluir que sólo se valida como teoría de apoyo, como estudio del comportamiento general de poblaciones y como parte de otros tipos de terapia.
Otras teorías pioneras
Al parecer no buscan un éxito en la productividad sino que tienen unos parámetros más amplios. Por ejemplo :
La psicología hórmica de McDougall, donde se defiende un vitalismo dentro de un organismo viviente que actúa por la urgencia de sobrevivir. El vitalismo, el organicismo, el mecanicismo, están presentes en las tendencias de las diversas disciplinas, por lo que surgen alternativas que se articulan muchas veces en relación con todos ellos.
Es interesante destacar por su anticipación, la psicología holística de Goldstein, que denuncia lo ficticio de los símbolos de la física, defendiendo la gestalt y el carácter interrelacionador, es decir el carácter organísmico del ser humano a quien no se concibe como una suma de partes. El organismo viviente es un todo, de ahí –holos–, palabra clave en los movimientos actuales, lo cualitativo se superpone a lo cuantitativo para este autor, y el principio de actuación se basaría en el equilibrio de la energía, en la interacción con el ambiente que tiende a lo completivo y hacia la vida total, lo que conlleva una meta implícita, un propósito y una dirección. En ella las ciencias físicas operarían con cantidades y las ciencias biológicas, incluida la psicología, operarían con organizaciones cualitativas.
2. LA SEGUNDA FUERZA: EL PSICOANÁLISIS
El psicoanálisis se originó en la medicina, recorriendo unos caminos mentalistas, no científicos, y estudiando los aspectos irracionales de la vida humana. Aspectos repudiados por la ciencia oficial que seguía rigurosamente el camino de la anatomía, la histología y la fisiología. Sin embargo, Freud estaba dentro de este pensamiento positivista. Las influencias de Darwin y Spencer reforzaron en él un enfoque empírico de la psicología, con un fuerte desagrado por la especulación. Sigmund Freud y sus seguidores introdujeron el método racional de la investigación científica en el área del irracionalismo. Freud se inicia en 1885 con Charcot en los enigmáticos fenómenos de la sugestión, la hipnosis y la histeria, en Francia. De nuevo en Viena se dedica con Breuer a los estudios sobre la histeria, emprendiendo toda una vida dedicada a explorar el inconsciente humano. Comienza entonces su obra mundialmente conocida, a partir del impacto de La interpretación de los sueños, describiendo los contenidos latentes y los manifiestos, así como los mecanismos de condensación y desplazamiento del material onírico. Dentro de su concepto materialista de la vida, Freud afirma que existe una energía utilizada por los procesos mentales que se halla a disposición del organismo viviente; con ello llegamos al concepto de libido, con una connotación sexual absoluta. Sus aspectos más decisivos los encontramos en postulados como el principio de constancia, el de la compulsión-repetición, el de la economía, el principio del placer y el principio de realidad. Por otra parte, Eros y Tánatos, en su teoría de las pulsiones, puentes entre lo mental y lo físico, aparecen como míticos. Estos conceptos tendrán también una gran repercusión. Extiende las fases del desarrollo infantil a lo oral, anal y fálico; a partir de aquí entramos en el complejo de Edipo, lugar común de referencia casi popular. La fase de latencia terminará en la pubertad. La transferencia utilizada como reclamo, la asociación libre y la falla en el discurso en su anomalía: lapsus, redundancias, contradicciones, rodeos, tics, así como el silencio junto a la atención flotante del analista, conformarán el plano de la acción psicoanalítica sobre el diván.
La primera tópica crucial es la del consciente-inconsciente, en la que éste se considera como una especie de lugar en donde se recluyen todos los deseos que están bajo la represión y la resistencia, lo que surgirá a través del síntoma. El inconsciente en Freud se convierte en una especie de basurero amenazador que mediante el uso de la palabra en la sesiones clínicas puede llegar a ser evocado y comprendido, lo que daría lugar a la curación psicoanalítica. Posteriormente Freud encontrará que ciertos contenidos que surgen de ese inconsciente no tendrán nada que ver con la represión sino con algo más bien atávico, por ello admitirá la existencia de un inconsciente arcaico. La influencia de la existencia de un inconsciente es tan importante que Varela afirma, tal vez irónicamente, que «las personas –al menos los europeos y norteamericanos de clase media– han llegado a creer que tienen un inconsciente que es evolutiva y simbólicamente primitivo».
Una segunda tópica imprescindible será la del ello-yo-superyo, dentro de la teoría de la personalidad. El ello es inconsciente; el yo consciente será formado a lo largo de la vida, y el superyo, proviniente en un principio de la consciencia moral, representa la voz de los padres, el mundo simbólico de la autoridad y sus pautas, que pueden ir desde la restricción más absoluta hasta la ausencia de esas pautas. El “yo ideal” representa la etapa de unificación primigenia, y el “ideal del yo” será como un intento de vuelta a ello, lo que supondría la tendencia de la vida. Sobre todo esto Frances Vaughan resume que «el psicoanálisis considera que la infelicidad se debe al inevitable conflicto existente entre los deseos personales y las necesidades sociales, es decir entre las pulsiones del ello y las demandas del superyo».
Los cinco casos enmarcados para toda la vida del psicoanálisis, el de Dora como representante de la histeria, el de Juanito para la fobia infantil, el del hombre de las ratas como neurosis obsesiva, el de Sreber para la paranoia y el del hombre de los lobos, como neurosis infantil, conforman la galería más importante de los tratamientos modelo de Freud. La cuestión de la angustia es primordial también, al principio como creada por la represión y posteriormente como causa; personalmente creo que se mueve en la dos direcciones. Hoy posiblemente ya no se den estos casos retratados por Freud de una manera tan acusada y propios de la influencia cultural victoriana. Los numerosos artículos dan fe del trabajo prolífico que supuso la vida del creador del psicoanálisis, base de las psicologías posteriores.
Apuntes. Freud supuso una entrada en el mundo de las sombras que no pueden ser verificadas empíricamente como se pretende en la fisiología, y por ello abre la puerta a lo desconocido y a lo profundo en el hombre. Sin embargo participaba de una concepción racionalista y materialista de la vida. Freud, por alguna razón, tenía un tope ahí. Por ello, tal vez, no comprendió a Tagore ni a Dasgupta, profesor de filosofía en Calcuta, como afirma Ernest Jones en su biografía sobre Freud. No podía comprender el mundo hindú que trasciende lo racional. Sobre Einstein, tras su visita, comentó que «entiende tanto de psicología como yo de física». Pienso que la mente amplia de Einstein en nada concuerda con la reduccionista de Freud. Su determinismo y racionalismo le hizo llegar sólo hasta un concepto mítico racional de la existencia.
El mundo de lo espiritual, que no quisiera confundir con lo religioso, tiene poco objeto en el racionalismo de Freud. Su amigo Romain Rolland –en una ocasión– le describió una emoción mística con el universo, a la que Freud llamó sentimiento “oceánico”, y lo recondujo al estadio más primitivo de la infancia, lo cual da una idea de lo comentado. La religión viene a reducirse en Freud a una ilusión obsesivo-compulsiva, unida a un núcleo histórico, de ahí que en ciertas ocasiones haya sido posible ver algunas simbiosis entre el psicoanálisis y el materialismo dialéctico. Incluso llegaba a considerar con cierto dogmatismo que todo ataque al psicoanálisis se consideraría como una represión de la sexualidad. El mundo de la emoción de Freud al parecer sólo se exteriorizó en la muerte de su nieto Heinerle, y posiblemente en las desavenencias autoritarias con sus discípulos.
Hay varios aspectos en los que se critica al psicoanálisis, más allá de presupuestos teóricos:
Primero, el haber obtenido sus fundamentos teóricos basados en la patología. Segundo, el considerar el inconsciente como fuente de enfermedad, como algo peligroso y malo y que por lo tanto tenía que estar bajo control, lo que hace que el psicoanalista conciba como negativo todo aquello que no comprende, porque se aparta del concepto de normalidad. Miedo al sexo. «Los freudianos siguen siendo reduccionistas respecto de los valores humanos superiores, las motivaciones más reales y profundas parecen peligrosas y repulsivas, mientras que los supremos valores y las virtudes humanas son esencialmente falsos, no son lo que parecen, sino versiones camufladas de lo profundo, oscuro y sucio. Nuestros científicos sociales son igualmente decepcionantes. Un total determinismo cultural constituye todavía la doctrina oficial y ortodoxa de muchos o de la mayoría de los sociólogos y antropólogos. Esta doctrina no solo niega la existencia de motivaciones superiores intrínsecas, sino que, a veces, se acerca peligrosamente a la negación de la propia naturaleza humana.» Así se expresó Maslow. El reduccionismo racionalista y mentalista recoje la falla del discurso para metabolizarla desde el intelecto, con lo cual pierde todo su valor intuitivo. Todo ello proviene de un modelo que interpreta la realidad bajo un reduccionismo fisicoquímico que no integra la experiencia ni la vivencia personal, puesto que parte de una concepción en la que la experiencia se da sólo en los objetos, como en una reacción entre el ácido sulfúrico y un hidróxido de calcio, lo que cierra el camino a la comprensión del sentimiento de unión con el universo, pues ello requiere atravesar la barrera de lo que puede ser pensado. Por todo ello el cientificismo forma parte de esa posición de separatividad y es causa de los desastres ecológicos, por el poder de las reacciones que los experimentos desencadenan al contemplarse solamente el ombligo y no mirar el resto del “cuerpo terrestre”. Sólo Jung pudo dar ese salto hacia lo numinoso, lo transmental, convirtiéndose en paladín de lo transpersonal. Jung habla de su maestro diciendo que en él se daba una secuela de factores religiosos inconscientes, constituyéndose paradójicamente en un dogma: en el lugar del Dios celoso que había perdido había colocado la sexualidad, amenazadora, despótica y ambivalente moralmente. También comenta que la amargura de Freud le preocupaba en especial y que, según su propia expresión, se sentía amenazado por la “negra avalancha”. Freud reconoció, según Jung, la importancia de la parapsicología y de los fenómenos ocultos; sin embargo, el miedo a comentar su intimidad se pone de manifiesto en una contestación a éste: «el caso es que no puedo arriesgar mi vida privada». Jung, casi concluyente, expone que ninguno de ellos sabía qué era el psicoanálisis, pues ni siquiera el maestro había podido resolver su propia neurosis. Recuerdo haber leído que, ante una contemplación de la primavera, Freud se lamenta de un mundo que no sabe a dónde va. Ese miedo tal vez tenga que ver con sus experiencias con la cocaína, a la que algunos investigadores se han referido como motor de los primeros hallazgosdel psicoanálisis, experiencias reflejadas en el artículo «Über Coca» (1887). Sin embargo, a pesar de estas críticas, Freud y el psicoanálisis aparecen como piedra base en el inicio de la psicología moderna. Grandes autores como Perls, creador de la psicoterapia gestalt; Reich, creador de la bioenergética; Claudio Naranjo; Grof, con la terapia holotrópica, e innumerables terapeutas, entre los que humildemente me cuento, han recorrido el psicoanálisis. Y fue el Psicoanálsis el que, a pesar de su soporte racionalista, contrastó con la psicología conductual. Hoy día el psicoanálisis ortodoxo contrasta con el transpersonalismo. Es decir que llevamos cien años de andadura psicoanalítica, lo que según el colega junguiano Enrique Galán no puede pasarse por alto. Con el psicoanálisis se pasa de un inconsciente filosófico a un inconsciente operativo, y se abre la concepción de lo “psicosomático”, interrelación que coloca un embrión en la relación inseparable de la mente y el cuerpo. Con el psicoanálisis también aparece el valor del individuo y su vida personal, su biografía, que posteriormente dará lo existencial y lo humanístico en psicología. Para Galán la grandeza del psicoanálsis está en que abre la puerta a la riqueza psicológica, que posteriormente se irá desgranando, hasta llegar a lo que está más allá de la persona: lo transpersonal, apareciendo Jung como pionero. Nada de ello habría tenido lugar sin el psicoanálisis. Puede haber discrepancias sobre esta última opinión pero lo que es indiscutible es que la evolución lleva un orden progresivamente expansivo, tal vez plegado en su totalidad en el embrión de los tiempos. Es innegable que en el psicoanálisis se pasa por una vivencia analítica personal –la praxis del diván–, además de su corpus teórico, lo cual ya plantea esa necesidad de experiencia pragmática, aunque la recaptación de la falla en el discurso se realice finalmente desde el racionalismo. También podemos pensar que en esa evolución hemos de pasar por, para dejar de; es decir, trascender bifurcando.
El post
El psicoanálisis se ha dividido en diversias escuelas, unas más definidas que otras. Tenemos a Melanie Klein, inglesa, cuya teoría de las posiciones es fundamental en la epistemología del psicoanálisis. En el análisis kleiniano se subraya la importancia de los impulsos agresivos. Algunos de sus seguidores comentan con un determinismo apabullante que a partir de los seis primeros meses de vida ya está todo programado. A su escuela se le critica el haberse centrado en la práctica real en la comprensión de la relación de transferencia. Bion se centra más en el presente. (Erich Fromm, quien da origen a un psicoanálisis histórico y ético.) Otras tendencias importantes las representan Otto Rank con su teoría de la voluntad, y Ferenczi, con una nueva teoría de los instintos, a demás de su interés por el cuerpo. De Rank es de destacar la gran importancia que da al trauma del nacimiento, lo que ha sido corroborado posteriormente, aunque Rank no profundizó en ello; sin embargo adelanta el origen traumático, que sería perinatal más que edípico, lo que conlleva una versión diferente de Freud. Ferenczi le apoyó, no así Freud. Lacan, en Francia, da origen a una tendencia recuperadora de Freud, aunque hay quien opina que en realidad creó una nueva teoría analítica. La teoría lacaniana se ha extendido con profusión en Europa y en América latina. De la misma manera que Freud se organizó en los parámetros racionalistas y positivistas de fin del siglo diecinueve, Lacan se encuentra dentro de las teorías lingüísticas del estructuralismo, utilizando el concepto de metáfora para la función paterna entre otras aplicaciones, y también la metonimia, el significante, etc.; de ahí el lenguaje como constituyente. La palabra reina aquí en un hiperintelectualismo que, al igual que en el mundo freudiano, sólo se queda en la capa mental, en la capa del intelecto de la cuadrinidad, convirtiéndose así en omnipotente. Una matemática intenta formular los procesos, lo cual hace entrar en un vertiginoso poder de la palabra y el concepto, en una trasmisión superanalítica y casi esotérica, cuya validez quedaría reducida ostensiblemente si se hiciera entrar al ser intuitivo o ser espiritual, lo que conduciría a una comprensión global y guestáltica de los sucesos, antes que perderse en un laberinto intelectual que jamás encuentra salida, contentándose sólo con el minucioso relato intelectual de los devaneos de una pulsión que, como un señuelo, se pierde entre el concepto del deseo y el del goce. La complejidad del enigma del ser humano se pierde al querer valorarlo exclusivamente por la actividad intelectual y la palabra. De ese modo, es imposible la vivencia de lo transmental; por ello encuentro en el mundo psicoanalítico de casi todas sus tendencias un pesimismo poco saludable. La fuerza de la vida se pierde entre las definiciones. El final de Lacan, después de los arrebatos de sus discursos y sus seminarios, es un poco desconocido; hay quien habla de su interés por el zen, etc. El caso es que ese final pretende ser ignorado por quienes se han hecho a medida de sus teorías oficiales. Para mucha gente es evidente que terminó loco. Sin embargo, Marc Alain Descamps tiene escritos sobre los aspectos transpersonales de este hombre singular, verdadero trapecista del concepto. Hay momentos en que leer a Lacan supone una travesía interesante. Lo que se desprende de su trabajo y de la forma de exponerlo es como si ansiara apurar el camino por el que la palabra pudiera inútilmente, por sí misma y junto al intelecto, contener en sí una pulsión vital que siempre se escapa entre las agujas de tejer. La supramentali-dad, la consciencia-energía, no encuentra aquí ningún remanso para manifestarse, y aunque la teoría analítica nos ayude a adquirir consciencia de nuestros impulsos, tensiones, necesidades, depresiones, gustos y ansiedades, etc., resulta que todo lo que esté mas allá es territorio del delirio.
Hoy día existen grandes líneas y escuelas psicoanalíticas, con tendencias definidas como las resaltadas o bien con posiciones eclécticas que incorporan diversas corrientes.
3. LA TERCERA FUERZA: LA PSICOLOGÍA HUMANISTA
La gestalt
Pasada la trágica resaca de la guerra mundial, comienza un resurgir apoyado por unas generaciones que no pretenden seguir los pasos armamentistas de un poder que de ese modo mantiene su estrategia.
En el mundo de la psicología surgen caminos diferentes de los dominados por el mecanicismo del conductismo y el psicoanálisis. Este camino se aglutinará en la llamada psicología humanista, que proclama ya un nuevo orden en el acontecer humano, conviertiéndose así en la tercera fuerza que Maslow imprime en la evolución de las corrientes.
Un extenso bagaje de tendencias aglutina este movimiento que crece bajo el contundente apadrinamiento de Abraham Maslow entre otros, partiendo de una arriesgada crítica a lo establecido. Destacamos la conocida como psicología existencial de Rollo May, de raíces filosóficas en Husserl; el análisis existencial de Viktor Frankl; la bioenergética neoreichiana; el rolfing; el método Feldenkrais; la terapia primaria de Janov; el chamanismo y los trabajos psicodélicos; Carl Rogers; Erich Fromm; la teoría de campo; el holismo; Laing; la influencia de Jung; la terapia gestalt, etc., que hacían que en cualquier congreso humanista uno se encontrara con una riqueza de líneas y grupos en donde se contactaba con ese bullicio alegre, dispuesto a romper las ataduras morales de un pasado no muy lejano. Las dinámicas de grupo, maratones desnudos, etc., renuevan la terapia grupal del psicodrama, apartándolo de lo académico y productivista para dar rienda suelta, en la sala, a los impulsos naturales, sexuales y agresivos que estaban proscritos por el psicoanálisis y las psicologías académicas, limpiando y desactivando así los fondos oscuros de la mente.
La psicoterapia gestalt
Considerada como una de las más influyentes en la psicología humanista, es de especial importancia por ser una de las que se convierten en puerta de entrada de la psicología transpersonal.
Orígenes. La psicología de la gestalt se inició en Alemania, bajo la influencia de Kant y Husserl. En ella se introducía el concepto de organización, en el sentido de que los fenómenos percibidos son las totalidades organizadas, y los objetos son “objetos de experiencia”, como se expresaba Koehler. Se oponían a la cuantificación, es decir a los cómputos estadísticos, a la explicación maquinal de la vida de corte conductista. Proponían un isomorfismo basado en la relación parte-todo, la restauración del equilibrio y la experiencia psicológica como un campo dinámico entre el individuo y su ambiente. De éstas y otras concepciones partirá Perls para iniciar su terapia guestáltica, aunque Claudio Naranjo afirma que Perls buscó un apoyo académico para avalar sus ideas en momentos de necesidad. La terapia gestalt fue fundada por Frederick (Fritz) y Laura Perls en 1940, con el soporte de lo fenomenológico y existencial, potenciando lo directamente percibido y sentido sobre lo interpretado y explicado. Perls fue asistente en 1926 de Kurt Goldstein, que lideraba la psicología gestalt, existencial y el psicoanálisis. Y también fue influido por Karen Horney y Wilhelm Reich (fue analizado por éste). Es de destacar, por lo tanto, la importancia de lo psicosomático, la función de los sistemas motores y el carácter. Korzybski, el semanticista, está presente también. Las “malas lenguas “ afirman que Freud nunca recibió a Perls. En la terapia gestalt, como meta, se pretende que el paciente llegue al “darse cuenta”, “percatarse” de qué está haciendo, cómo lo está haciendo, para llegar al cómo puede cambiar, aceptarse y valorarse por sí mismo. El énfasis recae en lo que se está sintiendo y pensando en el momento, más que en lo que fue, debería o tendría que ser; lo decisivo es lo subjetivamente sentido en el presente, así como lo que es objetivamente observado como hecho importante. El interés y las totalidades organizadas significativamente hacia un proceso de autorregulación, la homeostasis, son los aspectos que Fritz Perls coloca como básicos, para no confundir las necesidades con los síntomas ni con los mecanismos de satisfacción.
La teoría de campo. Holismo. Con la doctrina holística, Perls encamina su trabajo hacia lo transpersonal, entrando a través de la teoría del campo unificado y aplicada a lo físico y a lo mental. También en el tratamiento de los hechos, símbolos, sentimientos, roles, etc., teniendo en cuenta la relación organizativa con el medio ambiente. El campo es el todo donde las partes están interrelacionadas sensiblemente. El trabajo se encara desde una perspectiva existencial, método fenomenológico enfocado en la experiencia directa de las relaciones, juegos, sufrimientos… etc., para ir más allá de un club de relaciones donde nada ocurre, criticando Perls las dinámicas en que sólo se produce un intercambio de opiniones.
El diálogo existencial busca la atracción más que la manipulación hacia una meta.
La neurosis y sus mecanismos. El hombre integrado, para Perls, es el que puede vivir en un contexto significativo con su sociedad, sin ser devorado completamente por ella y sin retirarse completamente de ella. Las perturbaciones neuróticas surgen por no encontrar ni mantener un equilibrio adecuado entre el individuo y su mundo. Las actitudes, los modos de actuar, sentir y evaluar, no digeridos, dan lugar a los introyectos, y su reverso es la proyección. Así se pasa del hacerse a sí mismo responsable de lo que de hecho es parte del ambiente, a hacer responsable al ambiente de lo que sucede en el sí mismo. Si no hay límite entre el individuo y el ambiente, entonces aparece la confluencia, se supone que en sentido negativo. La retroflexión consistiría en volverse contra sí mismo. Éstos son los mecanismos del neurótico que describe Perls, mecanismos que se unen a la manipulación y a la confusión para seguir manteniendo su estatus, sin percatarse de los puntos ciegos.
Claudio Naranjo, discípulo de Perls, es uno de los principales embellecedores de la gestalt, reconoce la importancia de la autorregulación individual de Perls, paralela a la autorregulación de los grupos de Rogers, al mismo tiempo que, para él, gestalt es 50 % de atención y 50% de espontaneidad auténtica por parte del paciente. Por otra parte el profesional es aquél que puede producir acción real, capaz de detectar la actitud exacta, reforzarla, exigirla, enseñarla, pues la conoce –en sí mismo– y además es uno mismo.
Las ideas de la psicoterapia gestalt están arraigadas más en la experiencia y la intuición que en la especulación. En su filosofía se da un respeto por el paciente, aceptándolo como es, su naturaleza impulsiva y sus mecanismos de defensa, aceptando la vida como proceso. Es la paradójica teoría del cambio de Beisser, que no necesita más que de presencia, estar consciente y responsabilidad. En La sopa de pollo es venenosa, Resnik mantiene que muchos de nuestros deseos, más que necesidades, son ansias de sustitutos ambientales. Se desprecian las explicaciones, interpretaciones, justificaciones y la actividad conceptual en general, haciendo asumir la experiencia directa, consistiendo el proceso terapéutico en una transmisión de ésta, en un contexto de yo y tú. Sin la actitud adecuada, las técnicas son formas vacías. El centrarse en el presente como técnica es primordial en la psicoterapia gestalt, lo que no sólo se reduce al verbo, sino que se amplía con sensaciones, emociones y gestos, recalca Perls. Es sentir y experienciar, más que pensar e imaginar; es realmente la terapia del “aquí y ahora”, una puerta transpersonal que lleva factura zen. La presentificación va unida a un continuum de la atención que se corporeíza en una meditación verbalizada con una capacidad de expresión directamente proporcional a la claridad de percepción en el marco interpersonal terapéutico donde el paciente es reflejado a su sí mismo.
El “aquí y ahora” toma forma en el contacto con el flujo de la actividad involuntaria: gestos, respiración, emociones, reacciones espontáneas en el “ahora me doy cuenta de…”. Todo ello frente a un terapeuta vacío –en espejo. El contacto siempre ocurre en la superficie, en las capas externas de la cebolla que simboliza el proceso. Los finales de proceso se coronan con una experiencia sobrecogedora, ausente de verbalización e intelectualización: el vacío fértil, el ¡ajá! que descorre la cortina. Con lo que llama minisatori (satori), Perls entra en un mundo de cartografía zen que emite sabores transpersonales llenos de vitalidad, pues eso es lo que expresa su cara, poco intelectualismo y mucha experiencia, sello que imprimió a este tipo de terapia-consciencia.
Claudio Naranjo aglutina las técnicas de psicoterapia gestalt en supresivas, expresivas y de integración. En realidad son muchas y no exclusivas de la ges-talt; serían verbales y no verbales, e igualmente con las estructuradas, las simbólicas, introspectivas, hacia dentro y hacia fuera. Las supresivas están basadas en las evitaciones de especulaciones y fantasías que impiden el presente, los “acercadeísmos” que llevan a la trampa de una introvisión intelectual de tipo interpretativo. El “debeísmo”, o lo que debiera ser, autoevaluación mental con el resultado de culpa, angustia, vergüenza, dentro de lo emocional, es una manifestación por el control, fabricante de expectativas catastróficas. Y por último, la manipulación en la esfera de la acción bajo la fobia a la vivencia y la compulsión por representar.
En las técnicas expresivas se pretende exagerar la expresión de un impulso para poder percatarse de él en vez de suprimirlo. Entre éstas estaría la iniciación a la acción, maximizando la iniciativa, suministrando situaciones no estructuradas, expresándose en galimatías, inversiones; distinción de figura-fondo, situando en la figura lo que consideramos virtuoso y en el fondo lo contrario; y prescripciones individuales en las que la intuición del terapeuta juega un papel importante. El completar la expresión sería otra técnica, mediante la repetición simple, la exageración, la explicitación, identificación y actuación en los sueños, anticipaciones de futuro, representación del pasado y de las partes en conflicto. El ser directo es otra técnica con la minimización y la retroflexión. Todo parece tender hacia la paradoja del cambio, polaridad contra dicotomía, polaridad de ajuste creativo que trata los opuestos como partes de un todo, y con la que se reconocería la expresividad directa de la buena gestalt.
En la técnica de integración estaría un encuentro intrapersonal con los subsí mismos, implicando sus sentimientos, utilizando cambios de sillas para materializar las partes en conflicto. La asimilación de proyecciones forma parte de estas integraciones. Todo ello lleva un “aquí y ahora”, un ser consciente y una responsabilidad. Fantasías guiadas y técnicas corporales, forman parte también del repertorio.
Resumiendo, tenemos pues, en la teoría de la psicoterapia gestalt, una interdependencia ecológica entre el organismo y el medio-ambiente, un metabolismo mental usado como una metáfora para el funcionamiento psicológico, autorregulación de los límites entre el sí mismo y ese medio-ambiente con los posibles disturbios, la autoorrealización organísmica y la consciencia. Sobre esto Laura Perls viene a decir que el propósito de la psicoterapia gestalt es la consciencia continua, la formación de una gestalt libre y continua, donde lo que más concierne e interesa al organismo, sus relaciones grupales o sociales, viene a ser una gestalt que tiende hacia un primer plano donde ello pueda ser totalmente experimentado….. hasta la resolución. La responsabilidad (capacidad de responder) determina la conducta.
Apuntes. La terapia gestalt revolucionó el panorama de la psicología en occidente y, dando un aire vitalista y directo al enfoque de la incógnita humana, potenció como nunca los encuentros de grupos en un marco vivencial para disolver eficazmente los bloqueos, lo que produjo centenares de profesionales bien cualificados así como otros tantos que, asistiendo a algún curso de fin de semana, se llaman a sí mismos guestaltistas. Todo ello porque según se recoge en la gestalt, parece que se huye de unos criterios rígidos que definan la formación de las críticas. Tanto en clínica como en búsquedas internas la gestalt tiene una gran solidez que comporta un estilo y una filosofía de la vida.
El presente tiene una cualidad vibratoria: hara, que de alguna manera podría explicar la experiencia del minisatori de Perls.
Esa búsqueda de la experiencia de consciencia presente, para hacerla saltar de los labios del paciente, así como de sus gestos etc., señala la importancia vital de la vivencia, que necesita de una activación en el cuerpo, de la vibración de sus células y circuitos recónditos, vivencia que a veces es coartada por la palabra, medio que en muchas ocasiones hace casi imposible el poder experienciar.
La experiencia es zen, silencio fértil en el vértice del presente, el vacío de lo no instituido en plena intimidad entre el individuo y el cosmos. Ahí se despliega la “experiencia de la experiencia” que, cuando surge, no necesita normas para ser recorrida. Ahí entramos en el cuerpo como consciencia, en la necesidad de poder remontarse a ella, en la pura y compleja organización de su energía, en sus órganos y sus células. En ese momento el presente consciente es hara, el centro del mundo para el monje zen. Después la palabra integra. Sobre ello hablaremos.
4. OTRAS PSICOTERAPIAS DECISIVAS: LA BIOENERGÉTICA
La bioenergética
La bioenergética es un método terapéutico inspirado en la obra de Wilhelm Reich, aunque éste elaboró su propio método llamado la vegetoterapia caractero-analítica, ampliada por el movimiento postreichiano. Podemos decir que algunos presupuestos reichianos básicos son más conocidos por la bioenergética que por la propia vegetoterapia. La bioenergética integra el trabajo con el cuerpo y la mente, entrando en un concepto revolucionario de la perspectiva psicológica que se despega de un intelectualismo y un fisiologismo para encuadrarse en la vida como proceso energético. Es inevitable hablar de Wilhelm Reich, cuya vida trágica e inquietante resume la lucha de un hombre entre sus espacios interiores y exteriores, que al final se unieron en el vértice del infarto y las rejas, un dos de noviembre de 1957. Reich ha sido considerado como un vitalista que tendía hacia lo místico, se ha dicho que fue un paranoico, patológicamente celoso, etc. Hijo de madre suicida, desde la medicina entra en el mundo de Freud haciéndose asistente de éste en 1922, siendo admitido posteriormente como miembro de la prestigiososa sociedad psicoanálitica de Viena. Su investigación abarcó todo aquello donde la energía pudiera manifestarse, cuerpos humanos y elementos. Rechazando la división cartesiana, afirma que cuerpo-mente-emociones-músculos-huesos se unifican en un todo. La energía fluye a través del cuerpo en cuatro latidos: tensión-carga-descarga-relajación. Reich rompe el tabú del contacto físico en terapia para actuar sobre la armadura corporal a fin de que descargue las emociones retenidas en los espasmos musculares.
Tenemos, pues, a un discípulo de Freud que partió de los enunciados teóricos del psicoanálisis y que explica los síntomas psíquicos actuales en virtud de los procesos psicodinámicos acontecidos a lo largo de la infancia. Al plantear que las secuelas de éstos quedan registradas en el cuerpo además de en la psique, Reich se distancia de los presupuestos freudianos, aunque conecte con los de Ferenczi. Estas secuelas de los conflictos infantiles quedan registradas bajo la forma de tensiones musculares, de disfunciones en la motilidad y en la motricidad, de trastornos en el sistema nervioso central y vegetativo que al final acaban degenerando en enfermedades orgánicas. Siguiendo los planteamientos freudianos, Reich desarrolló la relación entre diferentes tipos de neurosis y la estructura del carácter, además de sus consecuencias específicas somáticas, tanto fisiológicas como esquelético-musculares. Su verdadero distanciamiento de Freud comienza en el proceso de tratamiento, de intervención terapéutica sobre el cuerpo del paciente, cuando el “tocar” era y es algo prohibido en la dinámica psicoanalítica freudiana. Reich pasó, pues, del plano puramente psíquico a las áreas esquelético-muscular, vegetativa y emocional de la persona. Así sentó las bases de la manipulación muscular y tisular, y de la respiración para elevar el nivel energético del organismo. Según W. Reich, los traumas originales y las sensaciones sexuales se mantienen reprimidos mediante complejos patrones de tensión muscular crónica, técnicamente conocidas como «armaduras del carácter». El aspecto de la economía sexual es decisivo ya que se trata del equilibrio entre la excitación sexual y su liberación, de tal manera que la neurosis aparece realmente cuando se suprimen las sensaciones sexuales y las actitudes caracterológicas que las acompañan. Su revolución sexual fue largamente aplaudida y denostada en occidente.
El proceso terapéutico reichiano se amplía desde un nivel mental a un nivel emocional, elaborando así los dos planos simultáneamente, ya que descubrió el hecho de que las experiencias y las actitudes emocionales causaban un desequilibrio en los ritmos naturales de contracción y expansión de la musculatura. Precisamente son estos bloqueos musculares, como hemos comentado, los que se tornan contenedores de nuestra historia personal trabándose en ciertas partes del cuerpo, en la estructura y en los tejidos, creándose esa armadurra protectora que posteriormente aprisiona la renovación del individuo. El trabajo reichiano pretende pues reestablecer la capacidad total del organismo mediante la pulsación de la bioenergía: la energía que fluye a través del cuerpo físico. Reich llegó a utilizar, además de la manipulación en ciertas partes del cuerpo, la hiperventilación, así como estableció la necesidad imperiosa de la entrega del individuo a los movimientos involuntarios y espontáneos del cuerpo a fin de que la bioenergía curadora fluya sin obstáculos. Para Reich, la influencia represiva de la sociedad era el factor significativo que daba pie al orgasmo sexual incompleto y a la congestión de la bioenergía. La liberación sexual encontró así uno de los más importantes paladines, su teoría del orgón, los acumuladores de bioenergía, la satisfacción sexual completa, etc., suponían aspectos de investigación dirigidos hacia el bienestar bioenergético. Sobre este procedimiento Reich creó en los años treinta la vegetoterapia y más tarde la organoterapia. Al seguir sus propias tendencias, Reich se hace impopular entre sus colegas, Freud se niega a psicoanalizarle, no presta atención a su teoría del orgasmo, y Reich rechaza la teoría del super-yo. Su atención está en la psicosis. Atraviesa su propia crisis con estancia incluida de varios meses en el sanatorio de Davos. Pasa por el comunismo, levantando todo aquello del marxismo y el psiconálisis, incluso tiene problemas con las autoridades por donde circula. Rechazado por los psicoanalistas, su último enfrentamiento fue con la administración de alimentos y drogas de los EE.UU., alarmada por sus experimentos con la energía orgónica, sus tratamientos contra el cáncer, etc. Todo le fue confiscado y él encarcelado, en una de las más trágicas acciones del poder macartista contra un investigador solitario. Hay quien lo considera como un loco o un atormentado visionario, o como un gigante que sobrepasó los límites de su época con todas las consecuencias que ello conllevaría.
Con Reich nos acercamos a muchos de los postulados orientales, por la importancia que en éstos se le da al cuerpo. El do-ín, la digitopuntura, el shiatshu, etc., forman parte de la manipulación corporal, el poder de las manos, la más antigua medicina del mundo: el yuki, el reiki, la imposición de manos en la tradición ayurvédica dan fe de ello. Por otra parte es uno de los pilares de las revoluciones modernas que fueron más allá del aburrido enfrentamiento izquierda-derecha de los movimientos tradicionales.
Alexander Lowen, discípulo de Reich, desarrollaría el análisis bioenergético. La teoría parte de que el organismo funciona como un todo y que cualquier disturbio afecta a toda la persona; así pues, no hay distinción entre enfermedad mental o física y la interrelación física y psíquica es un hecho. El trauma psíquico tiene su peculiar recorrido por el cuerpo, bloqueándolo allí donde no fluye la energía. En el cuerpo late la pulsación, que es la cualidad de sus células, la respiración; si la pulsación es fuerte, la vida es fuerte; si es plena y libre se experimenta la alegría y el placer.
Conocer el cuerpo es conocer a la persona; sus formas y movimientos revelan la personalidad y contienen la historia de la persona. Ello hace que el terapeuta realice una aproximación a la diagnosis de la estructura del carácter que definirá una individual manera de ser. Así se describen varios tipos cuyas nomenclaturas no parecen precisamente positivas: el carácter esquizoide, oral, narcisístico, masoquista y el rígido, como establece la clasificación de John Pierrakos.
Entre las terapias descendientes de Reich goza de expansión hoy la terapia psicocorporal, con un congreso realizado recientemente en España (primavera del 93) en memoria de Rafael Estrada Villa, en el que participó Myron Sharaf, ayudante de Wilhelm Reich, muy interesado en los cambios de paradigma para liberarnos de la compulsión de repetición. La terapia psicocorporal añade el cuerpo como decisivo en las psicoterapias actuales. Se trabaja con procesos de elaboración cognitiva y psicoemocional, con manipulaciones precisas sobre la musculatura y el tejido conjuntivo, con diversos tipos de respiración energética, desencadenándose también diversos tipos de movimientos conscientes e inconscientes. Se pretende así acceder a los conflictos profundos, a la coraza caracterial y corporal mantenida por esos mismos conflictos. Al final se toma consciencia de estos bloqueos y de los conflictos de todas las etapas de la vida que se manifiestan en los síntomas actuales. Se pretende que de este modo las energías psicológicas y corporales fluyan de nuevo libremente hacia una regeneración y reorganización creativa e integradora con el momento del paciente. Su objetivo es holista en cuanto tiende a ir más allá del concepto dualista de cuerpo y mente, lo que se busca es una identidad funcional de todos los componentes del ser humano.
Otras escuelas que ampliaron y profundizaron los presupuestos reichianos fueron la biodinámica de Gerda Boyensen, con varios decenios de historia. Y más recientemente han aparecido la biosíntesis de David Boadella, la terapia funcional-corporal de Luciano Rispoli, la integración postural de Jack Painter y la integración psicocorporal de Marc Costa. Sin embargo, otras técnicas deben su inspiración al trabajo pionero y visionario de Reich, aunque más que como psicoterapias están dentro de técnicas corporales regeneradoras. Entre ellas están la técnica Alexander, semejante al principio de integración de Ida Rolf (rolfing); Moshe Feldenkrais, que inventó un sistema de corrección sistemática y reeducación del sistema muscular nervioso y Milton Traeger, que desarrolló la integración psicofísica utilizando una secuencia organizada de movimientos vibratorios, rodantes y sacudidas suaves, lo que produce un estado de relajación mental y física, paz e incluso de situaciones extáticas. Judith Aston creó el diseño estructural, e Isle Middehdolf desarrolló la terapia de respiración. Muchas técnicas de masaje se han mejorado uniendo a los principios reichianos del bloqueo muscular, como cristalización de los trastornos emocionales, las técnicas orientales de acupresión, dígitopresión y shiatzu, como ya hemos señalado. Hoy día existen los masajes de polaridad con profunda intervención en la energía del cuerpo, el masaje sueco, masaje profundo sobre el tejido conjunctivo, reflexología sobre manos y pies, etc. A todo ello debemos de unir otras técnicas que se extienden con gran vigor, como la eutonía, la diafroterapia, la antigimnasia, el DFA, etc., todas ellas de gran ayuda para liberar las rigideces corporales, penetrando en el lenguaje simbólico del cuerpo, en las subpersonalidades reprimidas y represoras, en las autoiden-tificaciones que cuando se desfasan producen las manifestaciones neuróticas.
Concretando, el proceso bionergético parte de que comprender la verdad significa ir más allá de adquirir un conocimiento intelectual de los fundamentos y las motivaciones, lo que supone un profundo conscienciamiento definido como una conexión entre los hechos de la propia vida y las fuerzas que impelen a realizarlos. Todo ello se produce en el cuerpo, que es el depositario de las experiencias, y se moviliza en bioenergética mediante unas técnicas corporales activas a las que se unen el análisis de sueños, lapsus lingüisticos, transferencias-resistencias y análisis del carácter, con la conclusión de que mientras más energía tenga una persona, más activa será, lo que se reflejará en su movimiento, sentimiento y pensamiento. La modificación de los procesos energéticos se produce a través del movimiento y de la respiración, desde abajo, desde el cuerpo, con técnicas que desbloquean las tensiones corporales, que a su vez son psíquicas, dibujando con ello un mapa corporal delimitado: el mapa del lengüaje del cuerpo.
La bioenergética nos lleva así ante una nueva dimensión de la psicoterapia, desbloqueando la parte corporal que entierra con su tensión los determinados desórdenes de los que el paciente se queja. El cambio corporal supondrá un cambio psíquico y funcional. Para ser profundo pasará por la abreacción, la catarsis, gritando sus miedos, golpeando el cojín, exteriorizando la rabia, atravesando ese estado hasta llegar a una nueva sensación de ser, superando las limitaciones de movilidad, efecto y causa de dificultades emocionales, de conflictos infantiles no resueltos; superando las restricciones ejercidas sobre la respiración natural, causa y efecto de la ansiedad. La terapia se define como un autodescubrimiento, viaje que previamente ha de haber recorrido el terapeuta, que no podrá ayudar más allá de su propio límite, marcado por el miedo y el dolor, barreras de las viejas estructuras que han de desmoronarse para dar paso a nuevas situaciones, si ese dolor-miedo no lo impide debilitando a la persona. Con ello la bionergética incorpora el cuerpo a los procesos psicotera-péuticos para holizar la terapia con la unidad cuerpo-mente.
Apuntes. La contribución de Reich a la psicología tiene en ese holismo, que va desde el “análisis del carácter” hasta la “vegetoterapia analítica”, un significado del que creo que queda aún mucho por reconocerle e investigar. También el concepto de “armadura” representa una dirección para entender el cuerpo en la neurosis producida por la tensión de protección que, reprimiendo los sentimientos sexuales junto a lo caracterológico que lo acompaña, impide la descarga. Todos esos traumas y sentimientos sexuales son reprimidos por complejas tensiones musculares: la armadura del carácter bajo la influencia represiva de la sociedad. Por ello Reich, con sus técnicas, se dirige hacia la liberación de esa armadura mediante movimientos involuntarios y espontáneos, hiperventilaciones, catarsis, descargas, para conseguir el “reflejo orgásmico”.
Con ello se dirige hacia la existencia de una energía cósmica primordial –orgón–que mueve lo mecánico, lo inorgánico y la materia viva. El orgón mueve el universo. Tanto en los procesos bioenergéticos como en las correlaciones psicosomáticas, Reich contribuye enormemente a la etiología y la naturaleza de la neurosis bajo ese contexto energético que todo lo mueve y que queda demostrado que interrelaciona proporcionalmente entre lo psicológico y lo corporal, con unas técnicas comprobadas de una eficacia hoy incuestionable.
Encuentro un desacuerdo en que se connote totalmente esa energía de sexual, en los procesos corporales, así como la validez del orgasmo completo como terapéutico, sin obviar por supuesto su importancia, sino que hay otros muchos procesos en la vida que no pasan por la exclusividad sexual que Reich heredó de la concepción psicoanalítica freudiana. A medida que profundizaba en sus investigaciones, Reich se acercó, como muchos otros, a los planos transpersonales, pero, como reconoce la crítica, jamás se desligó de la materia biológica. El orgón era algo concreto y mensurable, mezclaba el misticismo con distorsiones espirituales que consideraba como antinaturales y antiorgónicas, y como impulsos biológicos mal comprendidos, oponiéndose a Jung. Alineándose todavía con las reminiscencias de su materialismo y del psicoanálisis, para él, Dios es el orgasmo, y el diablo, la armadura.
En el avance hacia connotacioens espirituales, Lowen afirma en La espiritualidad del cuerpo que el sentimiento espiritual es un fenómeno corporal, y afecta a todo el ser. Al romperse las fachadas que esconden el verdadero yo, se abrirá una nueva profundidad y una riqueza, que es la plenitud del espíritu y que sólo el cuerpo puede ofrecer con su vida interna. Lowen toma a Jung como referencia.
También Pierrakos avanza en ese sentido de la espiritualidad del cuerpo. Con él trabajó Bárbara Brennan. Su ternura en la sala de terapias es sobrecogedora.
SEGUNDA PARTE: LO TRANSPERSONAL
5. LA CUARTA FUERZA: LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL
Antes de entrar en los conceptos explicativos de esta disciplina convendría echar un vistazo al proceso de aparición y desarrollo de lo considerado como transpersonal. Lo transpersonal recoge una llama que, por la simple razón de que forma parte de la semilla de la vida, siempre ha estado encendida dentro de la concepción occidental, y la reconduce en el mantel racional e industrializado de nuestra actualidad. Los hijos de esta cultura consumista se rebelan desde lo transpersonal ante un todopoderso y soberbio confort materializado que se ahoga en su propio propósito.
La psicología transpersonal se une a los parámetros emergentes de su tiempo, a lo cuántico y relativista, deja atrás el positivismo newtoniano del conductismo y del freudianismo, sin negarles un sitio en el espectro psicológico. Es decir que algo nuevo emerge en la concepción cultural actual, a pesar de las posibles divergencias. Materia=consciencia=energía se transconceptualizan, y los hechos lo prueban. Lo meta –y lo trans– son prefijos que claman una urgente dirección, pues las condiciones de este hermoso pedrusco así lo requieren, sólo con escuchar el menú de los telediarios. De todas formas, los cambios no son de un día para otro.
Lo transpersonal trabaja para reconocer esa realidad divina que subyace en la materia, sin vincularse a la mezquindad de un materialismo ciego. Es el objetivo de la filosofía perenne. La influencia filosófica de los tiempos actúa poderosamente sobre el tipo general de vida, de ahí que para que la vida cambie haya de cambiar la perspectiva que asumen los habitantes. El pensamiento newtoniano concibe el ser como una máquina biológica dirigida por impulsos instintivos y el universo como un autómata hecho de materia inerte. El cartesianismo separa la res cogitans de la res extensa, mente y cuerpo, separatividad de gravísimas consecuencias. Todo ello lleva a considerar a la consciencia como un producto de la materia; no hay sentimientos, no hay amor, no hay consciencia espiritual; la vida es producto del accidente, del azar; el mundo es concebido exclusivamente como competencia y supervivencia del más fuerte. La escala de estos valores se mide por la acumulación y el éxito material, en el que la ciencia llega antes que la consciencia, con una negligencia del enfoque holístico que confunde crecimiento con evolución, hoy preocupante por el poder de destrucción de nuestros inventos. La utilización de Newton y Descartes ha sido parcial, pues Newton era además astrólogo y, junto con Descartes, se fundamentaba en la unidad de Dios. Todo este pensamiento científico se ha ocupado de lo cuantitativo y deja de lado lo cualitativo, considerándolo casi degradante; e incluso al científico que se aparta y genera controversia, hay quien lo tacha de enfermo mental. En la ciencia oficial se abre un abismo entre sujeto y objeto, el científico ocupa la plaza de un dios inmaculado organizador de un entramado que no parece afectarle, sus sentimientos son tabú, incluso para él mismo. El mecanicismo ciego de reacciones químicas aleatorias que confunde los fallos en los componentes del televisor con la programación debe su reconocimiento a sus aplicaciones tecnológicas indudables, pero al carecer de un sentido de globalidad, de holismo interrelacionador, tiene visos de convertir a este planeta en un basurero de residuos, todo ello unido a la desacralización existente que ha tapado el sentido de la vida, despreciando el proceso natural del conocimiento interior y potenciando un proceso acumulativo de saber, de objetos. etc. La psicología materialista considera a los procesos mentales como reacciones del organismo ante el medio, o lo supeditan todo a flujos cerebrales. Las respuestas científicas de personas como D. Bohm, Ilya Prigogine, Sheldrake, Pribram, etc.,de las que se podrían obtener las críticas expresadas, y que estaban sugeridas en otros como Einstein, Bohr, Oppenheimer, comienzan a expandirse a pasos agigantados, tal vez porque hay necesidad de ello.
La psicología transpersonal se mueve dentro de estos presupuestos. Como tradicionalmente sabemos, psicología viene de Psijé (espíritu, alma, vida, aliento), lo que está un poco lejos de sumar y restar ratas. “Trans” significa más allá de, a través de y “persona”, máscara. Muy importante lo de “a través de”, pues en ningún momento se pretende una evasión de lo personal. Con ello entramos en que lo transpersonal busca, a través de la práctica en estados que transcienden el ego, integrar lo transcendental o espiritual en las dimensiones personales, realizando nuestra dimensión profunda, fluyendo en el devenir pero siendo sensibles a los destellos de lo eterno. Como dato cronológico tenemos que a finales de los sesenta la psicología transpersonal surge de la psicología humanista, al acercarse hacia la espiritualidad oriental. Anthony Sutich, colega de Maslow, editaría los primeros Journal of Transpersonal Psychology.
La psicología transpersonal está fundamentada en el indeterminismo atómico, en la relación cuántica más allá de la materia, en la tendencia hacia la unificación de sujeto-objeto. Omnijectividad que supera los estados arcaico, mágico y mítico de la escala de Wilber, prepersonales y prerracionales; después vendrá lo personal, para llegar a una omnijectividad transracional y transpersonal. Unificación que empieza con una interrelación de influencia mutua. La psicología transpersonal pretende contactar con la consciencia que organiza la materia, desde lo más burdo hasta lo más sutil, inteligencia del ADN, procesos celulares, moleculares, subatómicos, en el eje cuerpo-consciencia-cosmos, en un trabajo que persigue descubrir la trama (el tantra) cósmica en el interior personal, que así devendrá transpersonal. Lo emergente en la cuarta fuerza se interesa por los estados del ser, del devenir, autorrealización y expresión de metanecesidades individuales y de la especie, los valores últimos, la experiencias cumbre, éxtasis, experiencias místicas, asombros, la consciencia cósmica, la sinergia, con investigaciones sobre ello, corroborándolo en aras de una pedagogía fundamentada.
Podríamos concretar que la psicología transpersonal se centra por una parte en un aspecto vertical a través del cual se accede a planos diferentes del físico, contactando con las “entidades” que en ellos habitan, lo que supone una conexión con la antigua sabiduría de la tradición y el mundo arquetípico, hoy desechado por el materialismo rentable. Por otra parte, el aspecto horizontal conlleva la identificación con los demás seres y con la Tierra, al desaparecer las barreras del ego, es decir al desaparecer la concepción de ser encapsulado en la propia piel, en una interexistencia que evoluciona de la coexistencia a la convivencia y de la comunicación a la comunión. Verticalidad y horizontalidad son así concebidas en una relación más allá del ego y se interpenetran mutuamente. Lo transpersonal, de carácter más amplio por ser interdisciplinar, abarca la interrelación multidisciplinar. Ya no está sola la psicología transpersonal, como se puede comprobar en la física moderna, la biología, etc., con científicos que asumen la concepción tranpersonal de sus investigaciones, como son D. Bohm, R. Sheldrake, etc.
Por otra parte, en toda esa explicación de lo que significa lo transpersonal, John Rowan especifica en una lista que lo transpersonal no es lo extraperso-nal, que lo transpersonal tiene que ver con el yo superior, el ser profundo (Starhawk), el testigo interno, el ser transpersonal (psicosíntesis), arquetipos superiores de Jung, el alma (Hillman), la superconsciencia (psicosíntesis), la creatividad (ser entregado), experiencias cumbre, intuición, algunas curaciones, experiencias cercanas a la muerte, chakras elevados, guía personal, el sí mismo, el ser transfigurado, sistemas de energías sutiles. Lo extrapersonal tiene que ver con la levitación, la percepción extrasensorial, clarividencia, telepatía, radiónica, radiestesia, caminar sobre el fuego, lo paranormal, fakirismo, telekinesia, experiencias fuera del cuerpo, trabajos con cristales, etc. Yo creo que Rowan apunta a que lo transpersonal no tiene nada que ver con el uso de poderes psíquicos, con el circo y con el lucro personal derivados de ello. Rowan también diferencia en lo ya mencionado como prepersonal, como lo que aún no ha llegado a la lógica formal, lo encuentre incomprensible o lo niegue. Es decir como lo que no ha llegado aún al desarrollo de lo racional. Lo transpersonal va más alla de los límites de las categorías ordinarias de pensamiento y encuentra que éstas son inapropiadas e insuficientes para su trabajo. A consecuencia de que no se ha de identificar lo transpersonal exclusivamente con el cerebro derecho, Rowan argumenta que se ha de tener un concepto globalizador. Lo transpersonal no es la New Age por su mezcolanza. No es una religión, por cuanto tiene que ver con experiencias y descubrimientos personales que pueden no expresarse en la terminología religiosa, dedicada al culto, al rito y a los dogmas.
Lo transpersonal para Rowan tiene que ver con:
Voces interiores, no con las subpersonalidades distorsionantes del individuo, sino las que son guías para el crecimiento, y que además son canales abiertos hacia y más allá del yo superior. Tomando a Gandhi como ejemplo conocido, diferencia la intuición entre la del pequeño yo que confunde fantasía y realidad, la del de yo mágico que niega la soledad y el aislamiento (pre-personales), la del yo-rol que busca un sitio en la sociedad donde pueda ser recompensado, la del yo autónomo enfatizado en la solución de problemas y que supone un acercamiento a lo transpersonal (personales), la del yo entregado, que surge del sí mismo a través de la inspiración, arquetipos, dioses y diosas, y de la entrega digna. En el yo intuitivo hay ya identificación, sería algo como la iluminación, trascendencia, más allá de los pensamientos (transpersonales). El proceso surge desde lo prepersonal, por lo personal hasta lo transpersonal a través del cuerpo-mente-espíritu.
En Trascender el ego (1993) que F. Vaughan nos recomendó por carta y que además ha sido editado por ella y Roger Walsh, se desarrolla una síntesis sobre la definición de lo transpersonal que puede ser considerada tal vez como poco concreta; desde luego es una posición ecléctica e integradora, es decir transconcretadora de los procesos teóricos y prácticos que pueden desembocar en una interrelación multidisciplinar que dé paso a un movimiento regenerador a escala planetaria. Tal vez tengamos que añadir que, al fin y al cabo, lo transpersonal es una “actitud” ante la vida que lleva tras de sí una vivencia de la realidad no-ordinaria en la ordinaria. Según Roger Walsh y Frances Vaughan las experiencias transpersonales pueden ser definidas como las realizadas más allá de lo individual o personal, abarcando amplios aspectos de la humanidad, de la vida, la psique y el cosmos. En las disciplinas transpersonales sus practicantes tratan de expandir el cometido incluyendo los fenómenos transpersonales y sus experiencias. La psicología transpersonal es el estudio psicológico de las experiencias transpersonales y sus correlatos: naturaleza, variedades, causas y efectos. Existiría también una psiquiatría transpersonal con un interés particular en la clínica, una antropología transpersonal etc., según el proceso que aspira a desarrollar el más alto potencial de la humanidad. Esta definición no excluye ni invalida lo personal, ni se aferra a una filosofía particular o concepción del mundo, ni a un método particular, ni se compromete en una interpretación específica de las experiencias transpersonales, ni vincula las disciplinas a una ontología particular, metafísica, filosofía o religión. Por lo tanto en el amplio espectro que propugnan estos autores las experiencias transpersonales pueden ser interpretadas de muchas y diferentes maneras: pueden ser religiosas o no, teístas o ateístas. Más bien existiría una aceptación de diversas posiciones, las que conjugan lo vertical con lo horizontal o bien las que se decantan por el predominio de una de ellas. El aspecto importante que señalan los autores es la complementariedad de los diversos puntos de vista; en ello estaría la posición mas definida de lo transpersonal como integradora de lo llamado los “tres ojos del conocimiento”: sensorial, introspectivo-racional y contemplativo, a diferencia de otras disciplinas que se definen por algunos de estos aspectos ignorando el resto. Con respecto a la relación entre la religión y la psicología transpersonal, se han de considerar como campos diferentes aunque haya contactos parciales de interés y significativas diferencias, pues en la psicología transpersonal no existen credos ni dogmas, ni se demandan unas particulares convicciones; más bien se adhiere a una amplia posición científica, filosófica y experiencial para comprobar todas las pretensiones y aceptando normalmente que las experiencias se pueden interpretar religiosamente o no, según las preferencias individuales. Asimismo, en el carácter interdisciplinar, en lo Transpersonal, se pretende llegar a establecer la contribución e integración de las diversas escuelas. Finalmente estos autores están muy interesados en la importancia de la visión transpersonal que recupera las antiguas ideas, las prácticas contemplativas, métodos ancestrales, la consciencia no-ordinaria, etc., rehabilitando las experiencias transpersonales relegadas como patológicas o irracionales por la oficialidad, y asumiéndolas como una evolución en la trascendencia del ego. Es la integración de lo transcultural, la apreciación de otras religiones y filosofías, de las artes; lo que es de importancia decisiva para sumar a la gran tradición de la humanidad, para llegar a ampliar la visión de la naturaleza humana y del cosmos, descubriendo un universo vasto y misterioso, descubriendo unos reinos a los que no llegan los instrumentos físicos. Bajo este comprensivo y amplio acercamiento se aboga por que el ser humano acceda a las extraordinarias posibilidades que le brinda la visión transpersonal del cosmos. Frances Vaughan concreta que «la psicología transpersonal se ocupa de las experiencias y aspiraciones que impulsan a los seres humanos a buscar la trascendencia, y de la capacidad curativa de la autotrascendencia»
Para ella el proceso interno que comienza en el nivel existencial como una búsqueda del sentido de la vida termina conduciendo a una desidentificación del ego y al despertar transpersonal, e incluso concreta que el desarrollo transpersonal comienza en el cuarto chakra y finaliza cuando los siete chakras están abiertos, estableciendo una diferencia entre las enseñanzas provisionales que trabajan con la autoconsciencia egoica y dualista para aliviar el sufrimiento, mejorar la calidad de vida y favorecer la evolución de la consciencia, y las enseñanzas definitivas, que, por el contrario, nos recuerdan la unidad subyacente del espíritu presente en todos los seres tras cualqier actividad y bajo cualquier forma. Entre éstas estarían las experiencias cumbres pues llevan consigo un cambio de actitud, cambian enteramente los puntos de vista y crean una nueva apreciación e intensificación de la consciencia del mundo.
Hacia el entendimiento de esas dos concepciones tendería el comentario de Grof, preocupado por la coherencia del nuevo paradigma y por la necesidad de un cambio global armónico, atribuyendo a Arthur Young ese mérito de salvar la brecha entre ciencia, mitología y filosofía perenne.
El colapso del mecanicismo newtoniano abre la vía a estudios antes ridiculizados entre los que Grof señala las investigaciones sobre estados de consciencia, terapia psiquedélica, experiencial, parapsicología y tanatología, etc., estudios que se incrementan desde que Jung abriera paso a lo transpersonal con el inconsciente colectivo, trascendiendo las fronteras del individuo, transpasando las barreras del espacio y del tiempo, valorando el papel de las plantas psicotrópicas en las culturas del planeta. Estados de consciencia en los que la identidad se puede expandir más allá de la imagen corporal, abarcando a otras personas, grupos, otros seres y animales, a la humanidad y al cosmos, que en estados ordinarios se encuentran fuera del ámbito del sujeto. (Adelantemos que un síntoma pertenece en su nivel a un estado modificado de consciencia.) Experiencias que llevan consigo visiones arquetípicas con secuencias mitológicas de diferentes culturas: las más abarcadoras son de índole cósmica y trascendental, es decir emergencias espirituales y crisis transpersonales que la ciencia occidental rotuló como procesos psicóticos y los psicoanalistas como regresivos, considerando lo religioso como lo neurótico-compulsivo. El psicoanalista Franz Alexander llegó a tachar a la meditación budista como catatonía inducida. Para los antropólogos occidentales los chamanes son enfermos mentales, esquizofrénicos. Todo esto, fruto de la rigidez mental y de la ignorancia, –es decir, de nuestro propio miedo– puede ser rebasado si esa nueva ciencia abre los caminos para entender que la razón occidental no tiene la panacea ni la posesión absoluta de la verdad. Es cuestion de abandonar o no la soberbia.
Hace unos días tuve que hacer una reseña para un congreso de lo que creo que es la psicología transpersonal. Lo incluyo como aporte que pretende clarificar los caminos transpersonales en los que, por su juventud, a veces se producen lógicas interferencias.
Cuerpo-consciencia-cosmos
Las orientaciones de la psicología nacen en el seno de las necesidades de su tiempo. En el presente, lo transpersonal es respuesta a una búsqueda tan actual como ancestral, es la de rasgar el velo que cubre la trama, desde lo individual a lo universal.
Como disciplina presenta:
Una transmentalidad: el hombre no está en un estado terminal de evolución, en su hoy trastocado mundo ansía un nuevo instrumento interno que revalide y transvase una mente dualista y febril. Supone una apertura, para que la consciencia-energía emerja y ofrezca un nuevo orden en el caos.
Una trascendencia: reconocida en lo intuitivo o espiritual como principio y guía desde lo cotidiano a lo infinito. Lo transpersonal prepara el acceso a los nuevos planos evolutivos de conocimiento, donde lo inefable marca el límite. En la trascendencia hay una dirección sublime que impide engancharse en el camino. La consciencia-energía hace que cada acto sea en sí mismo un escalón hacia ella, continuo flujo de vida.
Una transindividualidad: que permite el paso a una identificación amorosa, natural y espontánea del hombre con su entorno: los demás hombres, animales, vegetales, cosas… para que la puerta de la sinergia descifre la aparente casualidad y se conecte con ese mecanismo que rige las cosas que pasan.
Una transpsicología: Que supere el modelo médico-psicológico, taxonómico y dramático-enfermista dedicado a un “fichaje” que incrusta a la persona en sus síntomas, imposibilitándole deshacerse de ese corsé y aceptando con resignación su papel de enfermo. Este modelo trata como patológica toda conducta que no coincida con el modelo de “normalidad” imperante, una terminología que descarta la reducción del espíritu al psicologismo.
En psicología transpersonal, el cuerpo es consciencia, a años luz del re-duccionismo de la perspectiva newtoniana-cartesiana, en el que el cuerpo es sólo una máquina biológica, y a años luz de la lúgubre perspectiva freudiana. La psicología transpersonal nace en una perspectiva cuántica y energética, en la que la vida es un proceso de consciencia, tras las sucesivas vivencias de muertes y renacimientos como mecanismos de trabajo, en los que la crisis sólo significa cambio; siendo avalada por un principio de complementariedad, sinergia, en el que la oscuridad es el combustible de la luz. Lo vivencial y lo emergente son el contexto direccional en el que cuerpo-mente y emociones alineados saltan al vacío de lo no instituido, zona virgen marcada por los propios límites personales.
Quizá convendría recalcar, dado el auge actual de otras materias, que la psicología transpersonal, aunque respete y se relacione con ellas, no es parapsicología ni ninguna de las mancias hoy tan extendidas. Digamos que en su propósito de curación como acceso a la consciencia personal tiene como objetivo el conectar con la matriz ordenadora del universo que se expresa en la vida, en lo ordinario y en lo no ordinario, en el mercado, el café, fenómenos perinatales, tanáticos, oníricos, etc., donde la transmentalidad deja pasar el flujo de consciencia-energía, consciencia cósmica, que atraviesa y contiene todo lo que existe.
Para acabar este apartado, y aunque represente un avance prematuro, quisiera dejar caer unas notas a fin de darnos cuenta de que dentro de las concepciones transpersonales hay ya divergencias que enriquecen el proceso hacia ulteriores clarificaciones. Michael Washburn introduce una tesis al respecto, al contrastar los modelos dinámico-dialéctico y el estructural-jerárquico. M. Washburn concibe la psicología transpersonal como un desarrollo de las potencialides humanas que sobrepasan los límites del ego, partiendo de que ese ego existe en relación con una fuente superior de la que es un instrumento. La psicología transpersonal para Michael Washburn. es menos una subdisciplina que una investigación multidisciplinaria y sintetizadora que se relaciona con asuntos religiosos como la caída y la trascendencia, filosóficos como la individualidad, la existencia, etc., por lo que propone como más adecuado el hablar de teorías transpersonales, siendo el principal objetivo el integrar la vivencia espiritual con una amplia comprensión de la psique humana pero sin caer en la reducción en uno de los lados. Sin embargo, lo que comenté como avance tal vez prematuro, puesto que los autores clave serán expuestos posteriormente, es algo sobre la posición crítica del autor que se decanta por una posición dinámica (Freud y Jung fundamentalmente), en contra de la estructural-jerárquica defendida por Wilber.
M. Washburn afirma que libido y espíritu provienen de la misma fuente y esta unificación será clave en su perspectiva. Para todo ello tenemos que presentar los tres estados: “pre-yoico”, que corresponde aproximadamente al pre-edípico y en el que la Fuente Vital “Pleroma” Dynamic Ground (término usado por el autor) domina sobre un yo subdesarrollado; el estado yoico que corresponde desde la tardía infancia hasta la adolescencia, en que el yo maduro es disociado represivamente de la Fuente Vital y el trans-yoico que corresponde con el adulto (en el caso de que este nivel aparezca). Este tercer estado conlleva que el yo maduro se reintegre con la Fuente Vital. Para Washburn éstos son los dos paradigmas básicos en las teorías transpersonales: el psicodi-námico o dinámico-dialéctico está basado en una concepción bipolar de la psique, el desarrollo de las tres fases expuestas se relacionan dialécticamente en dos polos –tesis y antítesis– hacia la conjunción de los opuestos; en Freud, con la perspectiva clásica ello-yo-superyó en la que este último forma parte de la esfera del yo; en Jung, con la bipolaridad inconsciente colectivo–yo y consciencia.
El modelo defendido por Wilber es estructural porque combina una orientación piagetiana y un desarrollo cognitivo con una orientación jerárquica (budismo-vedanta) que presenta una estructura de multiniveles ascendentes e incorporativos, de tal modo que el aspecto trifásico expuesto anteriormente es aquí más bien una gran unidad de niveles y subniveles.
Pero la dificultad aparece al escoger entre estos dos paradigmas en los que Michael Washburn encuentra cinco puntos de desacuerdo:
El primero es sobre el rol que se juega en el estado pre-egoico, en el que la posición dinámica afirma la existencia del conflicto como asunto primario en este estado; aquí la mente es volátil e inestable, el yo debe luchar con las potencias desestructurantes, figuras arquetípicas de la gran madre o el padre edí-pico. Sin embargo, el estructural-jerárquico no enfatiza aquí el conflicto aunque lo considera un nivel crítico, sobre todo como preparación base para niveles posteriores. El segundo punto de desacuerdo es sobre si los potenciales pre-yoicos son perdidos o retenidos en la evolución. El punto de vista dinámico sostiene que la transición hacia el estado yoico es de tipo disociativo, con la pérdida de muchos de los resortes psíquicos asequibles en el estado pre-yoico, pero también con la liberación de sus influencia, sumergiendo lo pre-egoico en el inconsciente. En el estructural-jerárquico se da, por el contrario, de una forma incorporativa, envolviendo y reteniendo las estructuras pre-yoi-cas hacia un nivel superior, edificando sobre ellas más que sumergiéndolas. El tercer punto vendría a plantear si la etapa yoica, la del yo mental, se aleja de sus orígenes y de sus verdaderos fundamentos. Sería afirmativo en la posición dinámica que se alinea en parte con el existencialismo al señalar el sufrimiento que supone el alejamiento de la Fuente Vital, aunque matizada como correspondiente a lo yoico; mientras que, para el modelo estructural-jerárquico este tercer punto supone una evolución sobre el nivel pre-yoico, asumiendo, según critica M. Washburn, que en ese período yoico no se es responsable de los problemas existenciales, sino más bien de una falta de realización de futuro en los niveles consiguientes. El cuarto punto se dirige hacia lo trans-yoico, planteando si ello supone una reintegración del yo. En la posición dinámica, bipolar, mantiene que la trascendencia del yo implica un re-encuentro, re-enraizarse con los potenciales pre-yoicos para renacer integrados en el nivel trans, lo que no está exento de peligros. En el modelo estructural-jerárquico lo trans supone de nuevo un ascenso claro y unidireccional hacia un mayor nivel de consciencia, lo que conlleva el sufrimiento de morir al nivel viejo para ascender al siguiente. En una quinta y última proposición, este autor se pregunta si se considera que en el estado transyoico existen dos yoes (self) o ninguno. La posición dinámica sostiene que hay un pequeño yo que ha de ser transformado en un yo superior, lo cual supone regresión e integración. Para este modelo la existencia de un yo en el período yoico es real, aunque parcial y distorsionado por no estar en contacto con la Fuente Vital. En la estructural-jerárquica este pequeño yo es una ilusión virtual que ha de ser disipada y, por lo tanto, no es materia de crecimiento ni transformación. La verdadera unidad es Brahman, Dios, etc.
Mientras la meta se da en la unión de los opuestos en una integración superior en lo dinámico, en lo estructural-jerárquico se da en disipar la radical ilusión de la individualidad. Como vemos, y además lo señala el autor, escoger no es fácil, aunque M. Washburn se decante por lo dinámico, pues según él le ofrece una lectura más sensible de las bases y de las potencialidades. Sin embargo, entiendo que ambos son dos modelos teóricos, dos mapas, que pueden ser buenos faros para un mismo territorio. Todo va a depender de la práctica, pues primero es la vivencia y después el concepto. Sólo que, aceptando que la erudición es uno de los polos del conocimiento, no caigamos –entiendo yo– en quedarnos simplemente aquí con la consiguiente disipación en discusiones teóricas huérfanas del territorio de la práctica, ya que hay experiencias que, a partir de cierto punto, sobrepasan el lenguaje.
Bajo el culto a los antepasados
Habiendo desarrollado los conceptos de las cuatro fuerzas, bien está hacer un alto en el camino que recoge lo hasta ahora desarrollado como un culto respetuoso a todas las personas y movimientos que han hecho posible la emergencia de lo transpersonal. Pero además hemos de tener en cuenta que cada fuerza propone un «modelo de hombre» y que la psicología transpersonal, que marcha hacia el desarrollo de las más altas potencialidades humanas, destaca al ser humano como un flujo de cuerpo-psique y espíritu, que en sí no son compartimientos estancos, sino una división cartográfica que incide en la interacción totalizadora y compleja del individuo consigo mismo y con el cosmos. Así hemos llegado a la psicología transpersonal, a su concepto, y aún seguiremos en esta segunda parte con el culto a otros antepasados y precursores que se acercaron ya al corazón de lo transpersonal. A partir de aquí concretaremos que en este tipo de psicología se ha desarrollado una gran influencia por parte de los llamados maestros y, por otra, de las investigaciones del nuevo paradigma científico: la física moderna, lo morfogenético, lo holográmico y lo disipativo. Todo ello tendrá cabida en los próximos apartados. Y efectivamente a este tipo de psicología le corresponde un tipo de psicoterapia y una perspectiva no exenta de críticas. Todo ello estará contenido en esta segunda parte.
La senda de los maestros
Siguiendo en la dinámica del apartado anterior y profundizando en lo transpersonal, en la necesidad de ese salto cuántico, entramos en el porqué de esa necesidad en Occidente. La respuesta viene dada sobre el creciente deterioro de una vida desacralizada que no colma las ansias de conocimiento del ser. Este rasgo primero proviene de un Occidente que abandonó su “entre-guismo” religioso medieval, donde la vida se concebía como valle de lágrimas y la responsabilidad se delegaba en manos del juicio de Dios, en cuanto a los aspectos negativos e infantiles de aquella época. No olvidemos que fue una época de intuición profunda. De ahí se embarca hacia un desarrollo de ese yo –capaz de hacer–; con lo que nace el maravilloso Renacimiento que inicia un poder individualizador y creador, y así surgen un Leonardo, un Miguel Ángel, etc. El hombre comienza a inventar y a creer –crear–, en sus posibildades. En la actualidad estamos apurando ese empuje, cuando la soberbia se enseñorea y el individualismo se ahoga en un materialismo consumista, olvidando el recogimiento de las catedrales góticas. Si es el fin de la historia, como algunos promulgan desde un cielo productor-consumidor, más bien será el fin por su fracaso. El hombre ha apurado ese enyoimiento que tuvo su razón adquiriendo su responsabilidad ante la naturaleza del Renacimiento, pero hoy ese péndulo se ha extralimitado en su función y ha perdido el sentido sagrado de su entorno. En la búsqueda de ese sentido ha encontrado un hueco muy importante la tradición oriental, allí donde la occidental lo deja por comulgar con un materialismo todopoderoso y ciego. En fin,
Un segundo rasgo es la progresiva síntesis Oriente-Occidente. Se piensa que Oriente es cerebro derecho, Occidente izquierdo. Lo que a simple vista es cierto, es que Oriente se ha preocupado más por el Ser esencial, y Occidente por el yo existencial. Posiblemente nos encaminemos en esta progresiva simbiosis a una interconexión de conocimientos, espiritualizando Occidente, abriendo su corazón, y materializando Oriente, para que se dote de infraestructuras frente a las calamidades, llegando con ello a un equilibrio gradual y progresivo en el que la esencia lo cubra todo definitivamente.
La sincronicidad Oriente-Occidente de los maestros. Los maestros emplean un lenguaje y unas palabras cuya exacta traducción vendrá dada por cómo resuenen en la persona que “escucha”. De todos modos, además de las palabras de los maestros se han de conocer los hechos y cómo los transmiten. Hoy abismados por tantas lecturas, guerra de palabras y conceptos, digamos que prestamos atención cuando las palabras nos inquietan y rompen nuestra tendencia a situarlas en el molde de alguna lógica.
En los años sesenta y setenta aparecieron algunos maestros con grandes aureolas, riadas de personas se juntaban para escucharles, constituirse en discípulos y corretear por el mundo. Son los hijos de los combatientes de la segunda guerra mundial quienes se moverán en un clima de apertura y permisividad como nunca hasta entonces se había conocido. El efecto de esta tempestad mundial será una tendencia a la libertad tan puesta en entredicho por las armas, y tal vez como unas ansias de recorrer otros caminos que los establecidos por los himnos nacionales. Algo nuevo se había despertado en aquella juventud que seguía a los gurus orientales y a la búsqueda del misterio vital que su medio natural ya no podía ofrecer. Los centros se abrieron por doquier, los viajes a la India y a sitios de enjundia espiritual se prodigaron, también las flores, sus músicas y el LSD. Todo ello es capítulo conocido.
Sobre los maestros hay diversas opiniones, desde la que defiende su necesidad imprescindible hasta lo contrario, en aras de encontrar al propio maestro interno. Por lo tanto hay opiniones que abarcan desde quienes les ensalzan hasta quienes les denigran por sus abusos. También quienes moderadamente les dan el nivel que de ellos se supone. Adelantamos que es primordial conocer el mensaje en el propio contexto en que es emitido, con todas las concomitancias y matices; lógicamente para ello se dependerá de la claridad, capacidad y experiencia para entender ese contexto en que se mueve un maestro determinado, sea en el contacto personal, en sus libros, exposiciones, etc. Tal vez esa postura moderada buscando el equilibrio de las posiciones opuestas sin caer en la tibieza debilucha pueda darnos la clave, contando lógicamente con que maestro concreto y alumno concreto pueden encontrarse en el chispazo que el devenir de la búsqueda encuentre oportuno para un momento que siempre será relativo. Así pues no habría reglas generales ni categóricas. Lo que es cierto es que el maestro no es un sustituto de la verdad interna, sino su “despertador” para que el alumno camine por sí solo. Creo que el principio de incerti-dumbre planea de alguna manera en un encuentro de estas características.
Muchos de los personajes de hoy día que despuntan en la búsqueda nos hablan de sus contactos enriquecedores con los maestros. Científicos como Deepak Chopra se refieren en sus obras a las enseñanzas recibidas de Maharishi Mahesh Yogui, fundador de la meditación trascendental, que hizo meditar hasta a las amas de casa.
Muktananda sembró Occidente de centros, consiguiendo multitud de seguidores. Digamos que junto con otros gurúes famosos puso de moda la espiritualidad, sin obviar la búsqueda necesitada en muchos casos por personas angustiadas que ansiaban la salida a sus traumas, más allá de una retórica o una pastilla; aparecieron multitud de seguidores y en cierta medida muchos de ellos encontraron una salida al síncope de sus vidas. Hoy día, después de su desaparición, muchos opinan que Muktananda extendió la práctica incorporándola como natural a la vida cotidiana y haciéndola vibrar con grandes dosis de responsabilidad. El sidha yoga hoy continúa en los centros que dirigen sus dos principales discípulos. En el Juego de la consciencia, Muktananda nos legó el proceso de su propia transformación hacia la maestría, una cartografía de los avatares y del sendero del aprendizaje de los sidhas en donde la práctica tiene un carácter gratificador pero también su lado terrorífico en el cual se atraviesa su filo cortante, causa de situaciones de pánico y muchas veces de abandono. A requerimiento de sus discípulos, el maestro con gran sinceridad explica sus procesos duros y solitarios durante su aprendizaje para que sirva de ejemplo y reconfortación en los zigzagueos del despertar de Kundalini y las diversas vivencias, ya sea a través de shaktipat o de forma espontánea. Es toda una disertación explicativa de los procesos de la respiración –pranayama–, del despertar de los chakras, del estado de Tandra, de la visión de Chandraloka, de Siddaloka –el mundo de los sidhas–, de la Perla Azul. Todo un aprendizaje inmerso en la devoción a su Gurudeva: Nityananda. Todo un universo de vivencias impresionantes que describen la riqueza del mundo de la Shakti interna, un buen antídoto para quienes se pudren por concebir una vida inmersa en la rutina gris y desesperanzada.
Quisiera continuar dando un perfil de los maestros más importantes que han visitado Occidente en las últimas décadas, desde aquella lejana presencia con la que Vivekananda impresionó al despuntar el siglo XX.
Krishnamurti, maestro y filósofo internacionalmente reconocido, penetró profundamente en la manera de comprender del occidental. Abrió la puerta de universidades, y científicos como F. Capra, Bohm, Pribram, Wilber, T. Brosse, recibieron su influencia. Krishnamurti, preparado en la teosofía, al parecer se desembaraza de un papel asignado y recorre el mundo expandiendo su mensaje sobre el vivir: la resolución del problema existencial de cada individuo por sí mismo, a través de un descubrimiento profundo y una trasformación individual, con planteamientos sobre cuestiones básicas como el miedo, que pasa por entender el deseo, y éste por entender el pensamiento. De él se dice que estaba cerca del budismo.
Durante sus seis décadas de tarea pública ha hablado a millones de personas, demostrando las rigideces de las doctrinas categóricas y examinando el funcionamiento de la mente humana. Nació en 1895 en la India y fue, como ya hemos señalado, educado en la teosofía, lo que le dio posibilidades de conocer y colaborar en la síntesis Oriente-Occidente. Su enseñanza se dirigía a desmantelar las creencias en la autoridad espiritual y hacer emerger el conocimiento puro que surge del fondo del ser, bajo el convencimiento de que la verdad es una tierra sin caminos y de que lo más importante es liberar la mente de la envidia, del odio y la violencia, y que para ello no se necesita ninguna organización.
En sus charlas públicas, conversaciones, entrevistas, etc., Krishnamurti propone con gran franqueza a sus contertulios el crear juntos –consciencia–. En sus entrevistas “marea” al entrevistador a través del handicap a fin de atravesar el encadenamiento pregunta-respuesta para llegar a aquello que ya no puede ser preguntado ni respondido, a ese “momento” en que desaparece el mi-tú, el percibidor y lo percibido: entonces llega el silencio. En su “juego”, Krishnamurti acorrala hacia la intuición. Puntualiza los conceptos sobre lo que es una realidad llena de ilusiones creadas por el pensamiento, que a su vez no puede crear un tigre. Esa realidad no es la verdad, en ésta la intuición transciende al pensamiento y no tiene nada que ver con él. Krishnamurti tiende hacia una perspectiva mundial, fuera de los condicionamientos de los nacionalismos parcialistas que pueden llevarnos a la destrucción, hacia un amor libre de miedos, una libertad que existe cuando no hay ninguna reacción condicionada, una iluminación que en sí significa libertad total; hacia una tierra de todos para vivir en ella y no para dividirla, producto esto de un pensamiento limitado que crea acciones limitadas, que crea miedo, soledades, depresiones; que crea especialistas expertos en cada cosa sin una visión global del conjunto, generando una humanidad que en su mayor parte se prepara para la guerra.
Por todo ello se necesita imperiosamente del cambio radical lejos de las rutinas formales, de los humanitarismos, acabando con el condicionamiento en sus múltiples formas a fin de llegar a una mutación radical de la consciencia. Ésta fue la siembra de aquel maestro.
Resumiendo sobre lo dicho, Krishnamurti expone que es la actividad mental lo que se interpone entre nosotros y nuestro fondo, enseñanza que se repite en otros maestros. Para ver cómo funcionan esos pensamientos se necesita, según Krishnamurti, de un espíritu extraordinariamente vigilante, alerta, estar siempre despiertos frente a la complejidad del proceso de ese pensamiento, sus reacciones, emociones, para desarrollar la consciencia. Douglas E. Harding considera a Krishnamurti como de una espiritualidad psicológica. Capra, siempre agradecido, expresa sin embargo que Krisnhamurti hablaba y que nunca escuchaba, y además no decía cómo obtener esa libertad a la que se llega al liberarse de los pensamientos. Wilber expresa que este maestro no entendió la dinámica de su propia transformación y por eso estaba mal preparado para transformar a los demás, debido posiblemente a su despertar espontáneo.
Lo que es innegable es la gran influencia de Krishnamurti que, aunque sin discípulos que lo sigan, ha marcado caminos de personas que son hoy influyentes en el avance de la consciencia. Creo que es muy difícil enjuiciarlo. Como si cada maestro auténtico, como perteneciente a esa especie de sembradores de la verdad, escogiera una adecuada vía de enseñanza para él, y de aprendizaje para el discípulo que se le acerca.
Otros maestros que desde el siglo pasado han marcado la espiritualidad hindú como Ramakrishna, Vivekananda, Aurobindo, van día a día penentrando en el buscador occidental.
Ramakrishna dio el mensaje final del hinduismo al mundo, dice de él Au-robindo: «un fulgurante océano de consciencia, fuerza, dicha (sat-chit-ananda)». Añadió el camino del raja yoga. Murió en 1886, pero Vivekananda, su mensajero, lo explicó por el mundo hacia 1902.
Ramana Maharshi enseña que la auténctica naturaleza del hombre es la felicidad, la desdicha proviene de que la gente ignora su verdadero yo, los actos del hombre se vuelven de reflejo contra él. Para Ramana M. el yo mental no existe, pues no hay nada fuera del ser.
Aurobindo encierra el mensaje planetario jamás conocido hasta ahora, el mensaje de que el vértice de la existencia biológica es el mensajero evolutivo de la supramentalidad, el secreto de los antiguos rishis. Sri Aurobindo y Madre, de nuevo síntesis Oriente-Occidente, nos legaron todo un proceso de evolución física como evolución de la supraconsciencia en la Tierra, descubriendo la consciencia-fuerza, la consciencia-alegría, la consciencia planetaria-solar-cósmica, en el cuerpo. En los últimos tiempos y a través de Satprem nos ha llegado una minuciosa explicación de esa inmersion de la fuerza supramental en el cuerpo y de su proceso de transformación en esa ley de expansión de la vida que encuentra en la muerte uno de sus principales obstáculos. También a través de él nos ha llegado la vibración íntima de Madre, sus relatos de Agenda, el escalofrío de un ser impresionado e impresionante que holla un mundo apenas revelado, que salta como un anfibio desde lo mental a lo supramental llevando sus células consigo, yendo más abajo de la mente física, más abajo de la materia, en una aventura de la consciencia que transgrede la mentira de la enfermedad y de la muerte, arribando desde un mástil terrenal a una salvación que es física, que arrastrará morfogenéticamente al resto de la especie: el secreto de los antiguos rishis, lo que lleva consigo un crepúsculo y un nuevo ser que investiga la fuerza de las mutaciones celulares. Todas sus enseñanzas son el acercamiento cauteloso a esa potencia.
Con la divulgación de las vivencias de Gopi Krishna (India, 1903-1984) se produjo una avalancha de practicantes de Kundalini, en comunidades o en solitario. También desde una perspectiva científica en el centro que fundó en Nueva Delhi (India) –Institute for Kundalini Research–, se investiga todo el proceso. Gopi Krishna reaviva el yoga, el yugo-unión con el cosmos a través de la unión con la Tierra. Critica las torturas autoinfligidas para conseguir saciarse de experiencia espiritual porque ello está lejos del conocimiento de una naturaleza que no tiene principio ni fin.
Gopi Krishna meditaba todas las mañanas antes de la salida del sol. Se le puede imaginar en esa placidez y quietud que da la India, sentado en algún lugar silencioso en su modesta casa; sin embargo, después de una subida de Kundalini «accidental», de una fulgurante explosión de luz, todo cambió y además todo se trastocó. A partir de aquí Gopi soportó un proceso doloroso que le hizo incluso dudar de su cordura y que le acercó a la enfermedad y la muerte, hasta que después de varios años llegó a comprender la naturaleza de su propio despertar: iluminación. De haberle sucedido en Occidente, probablemente se habría consumido en el rincón de un psiquiátrico… pero sucedió en la India. Tal vez, como él expone, el proceso tuvo que ser así, recorriéndolo y redescubriéndolo por sí mismo, para comprenderlo en su totalidad sin la mediación de las guías, sin la ayuda de los aparentemente sabios del lugar. Desde el día en que la luz estalló en su cabeza, Gopi Krishna no ha parado hasta su muerte.
Primero su arduo aprendizaje, después sus enseñanzas, fundando centros donde investigar, a fin de abrir a la humanidad a esa enorme fuerza de Kundalini: una energía activa en millones de seres inteligentes de todas las naciones, que crea incluso trastornos físicos y psíquicos, en gran parte debido a la ignorancia de las modernas terapias sobre este proceso. En fin, todo una vía de construcción por parte de la Naturaleza de un nuevo centro de consciencia de alta potencia en el cerebro. Es preciso que una corriente de energía psíquica potente suba desde la base de la espina dorsal hasta la cabeza para que la consciencia humana pueda trascender los límites ordinarios y el sistema cerebroespinal se someta a un cambio radical en un proceso biológico que conduce a cambios bioquímicos en la composición de la energía psíquica que alimenta el sistema nervioso y el cerebro, lo cual resulta en una transformación de la consciencia. Ésta sería la fase final del actual impulso evolutivo del hombre que guía a la humanidad, según Gopi Krishna. Sus experiencias conectan con las investigaciones sobre fisio-Kundalini del psiquiatra Lee Sannella. Todo esto no tiene nada que ver con el deseo incontrolado de poderes y dones psíquicos y milagrosos.
Dentro del legado de los indios americanos no quisiera olvidarme, por su impacto, de Alce Negro. El relato que hizo el maestro Alce Negro, hombre de conocimiento de la tribu de los oglala (sioux) a John Neihardt en 1931, representa una biblia chamánica que se regaló a la humanidad. Enseñanzas que posteriormente van a tener una enorme resonancia en las experiencias que Don Juan indujo en Carlos Castaneda, creándose una saga que despertará a millares de personas hacia el chamanismo y la búsqueda. En las enseñanzas de Alce Negro se pone de manifiesto el respeto vital por la tierra, por sus animales, sus plantas, sus ciclos, etc., en el mejor sentido que hoy se le pueda dar a la palabra “holista”, también en la esperanza de un reverdecer ante el holocausto indígena que se engendraba con la conquista y que tiene su escena patética en la matanza colectiva, en el hambre, y en el asesinato de Caballo Loco. Alce Negro le comunica a John su conexión con las fuerzas de la naturaleza, con los seres del trueno y de la lluvia, le relata su proceso de “locura terrorífica” durante su aprendizaje hacia el conocimiento, pero… «el mundo, compréndelo, es más feliz después del terror de la tormenta», sus canciones de energía y, lo que es más sorprendente, un proyecto futuro de reverdecimiento de un mundo real, al que Alce Negro tiene ya acceso y del que la existencia no es más que «un mortecino sueño remedado». Por eso tal vez Alce Negro habla de la ascensión del lucero del alba, hermosísimo y apacible: «lo ceñían nubes de cara de niño que me sonreían, las caras de los que no habían nacido aún». También de que diga que Wanekia (quien hace vivir) –el hijo del Gran Espíritu– «les narró que se aproximaba otro mundo, como una nube. Surgiría en un torbellino del oeste y destrozaría todo lo viejo y moribundo que hay en la Tierra».
Alce Negro viaja a Europa, conoce el origen de los wasichus (blancos), conoce Occidente y habla del hijo del Gran Espíritu que ya se presentó en época inmemorial a los wasichus, pero éstos le habían matado. En la visión de esa Tierra Nueva, Alce Negro la describe como un hermoso pais, límpido y verde en la luz viviente, además continúa con que «doce hombres me abordaron… veía a nuestro padre, el jefe bípedo… era un hombre erecto, con los brazos abiertos… le miré con atención y no pude descubrir a qué pueblo pertenecía, no era wasichu ni indio».
Vemos, pues, que no es la raza física lo que lo caracteriza.
Como despedida, Alce Negro lleva a sus discípulos a un monte sagrado –Harney Peak– para realizar su última oración; su fracaso fue su triunfo. Sus enseñanzas no podían estar reducidas a una tribu, su pueblo es toda la Tierra, en ella no caben wasichus ni indios, pues no caben separatividades. Neihardt, observando la oración del viejo guerrero en la montaña describe: «quienes escuchábamos advertimos que finas nubes se habían acumulado sobre nosotros. Empezó a caer lluvia menuda y fría, y resonó sordo, murmurante, un trueno sin relámpagos; mientras, Alce Negro ora: “En la angustia alzo mi voz ¡Oh seis poderes del mundo!… ¡haced que mi pueblo viva!” El anciano estuvo callado durante varios minutos, con la faz alzada, llorando bajo la llovizna… y poco después el firmamento se aclaró.»
Procedente del lejano Tibet, Chögyam Trungpa Rimpoché conecta con la visión del guerrero del corazón, senda que lleva a Shambhala. Trungpa, que huyó con la invasión china, es otro maestro de esa diáspora que nutrió a Occidente con las enseñanzas milenarias. Maestro de meditación, fundó el instituto Naropa en Boulder, Colorado, y fue presidente de la asociación Vajradatu, asociación budista que abarca más de cien centros en todo el mundo. Sus enseñanzas inciden en la vida cotidiana, concretándolas en el ajetreo occidental que él llega a conocer muy bien, y elevando la experiencia cotidiana al nivel de la sacralidad. Por ello son de gran valor. Reconoce que estas enseñanzas tienen una estrecha relación con los principios budistas, y su origen se remonta a las antiguas enseñanzas preindustriales del Tíbet, India, China, Japón y Corea.
Shambhala es lo que el mundo hoy necesita, algo de lo que ha sido privado, enseña Trungpa, algo que une los principios de lo sagrado, lo digno y lo guerrero para crear una sociedad iluminada. Como Alce Negro, las enseñanzas de Trungpa pertenecen a toda la humanidad. El mito de Shambhala nos quiere llevar hacia la bondad y la sabiduría naturales que el ser guarda en su interior, y su despertar es llegar al reino de Shambhala, a esa sociedad iluminada, reconociendo que este mundo que tenemos es básicamente bueno. Enseñanzas necesarias para salir de una manera colectiva de la confusión que reina en nuestros tiempos, enseñanzas cuya clave reside en no tener miedo de quienes somos, no tener miedo de nosotros mismos. Que la vida cotidiana sea buena y auténtica sin desesperar de nada ni de nadie, pregona este maestro cuya disciplina se basa en la meditación sentada. Una bondad fundamental que es incondicional o primordial y que conecta con ese orden natural que nos permite sobrevivir, que conecta con el bodhicitta, que significa corazón despierto. Trungpa explica con una gran claridad el proceso del guerrero, lo que es de una gran utilidad para los buscadores de hoy. Critica a una sociedad que se medica o se evade para ocultar el miedo, expresando así una cobardía que intenta vivir la vida como si no se conociera la muerte. Por eso luchamos contra un aburrimiento angustioso que nos acerca a nuestro miedo. Sin embargo, el guerrero se arma de intrepidez no exenta de tristeza y ternura y se encamina hacia la visión del Sol del Gran Este, consciente de que el mundo que le rodea de comidas envasadas y vacaciones organizadas, de la cerrazón oscura, pertenece a la oscuridad del sol poniente, donde no hay lugar para la vivencia plena y adecuada de la realidad.
El guerrero jamás descuida su disciplina, que es la expresión de la bondad fundamental, sin engaños, para soltarse en el descubrimiento de la energía fundamental: el caballo del viento. El guerrero no abandona y mantiene su lealtad hacia los seres sintientes que se hallan presos del sol poniente. Todos estos mensajes están dirigidos a una sociedad que ha abaratado el placer, disminuido el gozo y automatizado la felicidad, para que recupere la magia de la realidad con el espíritu práctico de la Tierra, en un mundo que tiene un orden, un poder y una riqueza que pueden enseñarnos el arte de dirigir nuestra vida con bondad hacia los otros y hacia nosotros mismos, respetando la presencia del espacio, del vacío libre de referencias bajo las dignidades de lo manso, lo vivaz, lo desmesurado y lo insondable.
Trungpa aboga por una introducción de las enseñanzas orientales con orden y concierto, teniendo en cuenta las diferencias culturales de los dos polos. Sobre las enseñanzas budistas del abhidharma opina que ya adelantaban lo que muchos psicólogos modernos acaban de descubrir. En ellas la creación del ego es un proceso neurótico basado en la ignorancia. Trungpa enlaza estas enseñanzas que entroncan con los conocimientos psicológicos occidentales. Así pues, comenta los skandas en relación con los bloqueos de todo tipo, de manera que resulta una joya indispensable para profundizar en los procesos psicológicos humanos de una manera clarificadora y sintetizadora, así como de una profundización en los procesos del despertar, cuando el miedo enseña de verdad sus amenazadoras garras por temor al vacío y a la falta de referencias, en ese delicado momento del proceso. Las enseñanzas se encaminan hacia un descanso del guerrero en sí mismo, sin temor a lo desconocido, a lo manifestado y sin las barreras de la esperanza. Así describe los cinco skandas: la forma, la sensación, la percepción, el intelecto, la consciencia. La verdadera comprensión, según Trungpa, reside en que ésta es en sí una apreciación directa y simple, siendo la demencia una distorsión de la consciencia (quinto skanda) que ocurre cuando se pierden todos los criterios en este nivel y cuando se distorsiona la medida interpersonal, lo cual tendría que ver con el egocentrismo. Pero la curación es posible partiendo de un nivel de relación de supervivencia.
Las enseñanzas del abhidharma explican que se ha de empezar por abajo, por el trabajo sucio. Por eso el proceso comienza por el dolor, lo cual es imprescindible para poder subir posteriormente. Incluso se pueden combinar los dos enfoques, el erudito y el del practicante, bajo los cuales está la responsabilidad y la capacidad de entender del practicante, entrando así en una enseñanza milenaria que, sin embargo, cada vez que se produce es como el buen pan recién salido del horno, haciendo frente a la multiplicidad de opciones que podemos tener por delante, pero sólo una de ellas está esperando en el medio del camino.
Taisen Deshimaru nos hizo vivir el zen japonés. Llegó a París a finales de 1967 y con ello aportó a Europa la práctica del zen –el zazen– ya que antes predominaba un conocimiento intelectual. De nuevo Oriente-Occidente. Su misión transmisiva se extendió por todos los países europeos y algunos americanos. Es un zen al que me gusta llamar marcial, es el de sentarse como un capitán frente a su ejército y no como un saco de patatas, con una atención en el vacío que no permite enredarse en el circo del fenómeno. Es decir, cuidar una postura cuya elegancia se extienda al cuerpo y al espíritu. El roshi Deshimaru fue superior del soto zen para toda Europa, un zen -en la línea soto– que se basa en la práctica, como hemos dicho, y que no utiliza el koan. También nos legó todo su camino de aprendizaje y peregrinación hasta llegar a su destino europeo, e incluso al parecer hasta dar charlas en la calle al principio, asisitir a reuniones y fiestas para dar a conocer su legado. Estando de visita en Japón en un intercambio cultural del gobierno francés Taisen la aprovechó para morirse. Atrás había dejado la semilla de la práctica.
En España, Dokushô Villalba fue discípulo y seguidor. El zazen es una práctica sencilla que cuida la postura y que se basa simplemente en la expiración e inspiración sentado sobre el zafu (cojín). Se expira lenta y poderosamente, mientras el pensamiento consciente se para y el inconsciente puede despertar, armonizando con todo lo que te rodea, con el universo entero; y al abandonarlo todo se crea la verdadera vida, nos dice Taisen. El valor del contacto con un maestro está en que puede transmitir directamente las enseñanzas e imprimirles el sello de esa transmisión. Éste es el gran valor del teisho (la enseñanza) con Taisen, que se centra en la práctica de la vigilia, del despertar que, anclado en lo concreto, apunta a una transfomación física y psíquica, como toda verdadera práctica. De este modo la enseñanza milenaria de la iluminación del Buda llega en su esencia hasta nuestros días.
Deshimaru también nos orienta en cuanto a las difundidas artes marciales (senderos de meditación) que hoy día, sacadas de su contexto sagrado, degeneran en la matonería de nuestros egos occidentales. A niveles ordinarios, hoy día el zen es respetado y practicado por numerosas personas, e incluso la palabra zen está revestida de un enigma atrayente. Por suerte numerosos grupos de personas en Occidente se juntan hoy para meditar escuchando la campana de la tarde que entona el canto del Inmediato Satori.
Otro maestro, Seon Sa Nim, nos trasmite el zen coreano. Seon Sa Nim, maestro reconocido por la tradición, es un hombre afable, accesible, cuya enseñanza se basa en la meditación con koans, otra de las formas de la tradición zen. Con el palo de mando Seon señala el centro (hara) como un punto que ha de ser “strongo” –strongo=fuerte– para llega a ser un Buda. Sus koans, como “tirando cenizas en el Buda”, atraviesan el Atlántico en los centros que este hombre ha ido montando por todo el mundo, desde que, de friegaplatos en los Estados Unidos, fuera expandiendo las enseñanzas milenarias. De nuevo Oriente-Occidente. Seon nos aconseja que no le demos importancia a nada de lo que pase por nuestra mente y que mantengamos, junto a la respiración y al koan, la atención en nuestra práctica. Entonces surge la postura correcta. Oyendo el sonido de la campana todo pensamiento es cortado, dice el canto de la campana de la tarde. Sus enseñanzas están basadas en ese handicap y en la paradoja que busca el chispazo de “la mente no sé”, utilizando los antiguos relatos zen, como el del Buda con zapatillas de paja –la historia de Ko Bong– también charlas sobre el dharma, sutras y preguntas y respuestas, etc. Compone poemas como: «Después de tanto sufrimiento en los castillos nirvánicos/ ¡qué alegría hundirse en este mundo!/ Gentes que llevan ropas de seda, / Budas vestidos de harapos, / un hombre de madera caminando en la tarde/…» Toda una enseñanza que apunta al giro de los 360 grados donde reside el Gran Yo y el pensamiento no apegado, y donde de nuevo forma es forma y vacío es vacío.
Su lema es llegar a la ilumiación para salvar a los hombres del sufrimiento.
No podíamos dejar de hablar de Bhagwan Shree Rajneesh, quien fue tal vez el maestro moderno que más ha removido Occidente. Es considerado por muchos como un provocador, que se rodeó de Rolls Royces, que gastaba, y de numerosos seguidores que se extienden literalmente todavía hoy por los cinco continentes. Las túnicas naranja entre los jóvenes occidentales se prodigaron durante un tiempo, viajando de ashram en ashram y siguiendo el dinamismo de la meditación. Bhagwan provocó incluso a las mismísimas autoridades de los EE.UU., quienes al final le expulsaron. Algunos opinan que murió de una forma lenta y extraña. De Poona surgió su núcleo al que llegaban de todas partes incluso los ejecutivos estresados de Wall Street, y a Poona regresó, donde hoy prosiguen sus enseñanzas que pretenden romper con todos los tabúes, lo que encoleriza a los puritanos. En sus ashrams se investigó muchísimo sobre las dinámicas grupales, técnicas caóticas removedoras, respiraciones, catarsis, danzas, juegos, etc., buscando la dimensión festiva basada en el gozo de momento a momento, a fin de romper los hábitos mecánicos condicionados. Todo ello contenido en lo que se llama la “meditación dinámica” que tiende al despertar de la fuerza de Kundalini y a hablar de corazón a corazón.
Se dice de Rajneesh que revolucionó los esquemas clásicos del pensamiento oriental. Lo que sí es cierto es que este maestro estaba al tanto de cómo se estaba desarrollando el proceso de la práctica en Occidente, y conoce y critica a los maestros imperantes. Critica a Maharishi Mahesh Yogui y a Krishnamurti como dos polos opuestos, en el sentido de que el primero te ofrece la escuela primaria y si te detienes ahí estarás perdido, y el segundo te hace entrar en la universidad sin pasar por la primaria. Rajneesh afirma que el zen es lo último, se encamina hacia la natural simplicidad, que es cuando Tilopa y su discípulo Naropa dicen que sólo entonces aparece Mahamudra, el final, el postrer orgasmo con la existencia, lo que representa el centro de la Gran Enseñanza Tántrica que se originó en el Tíbet milenario.
Muchas de sus enseñanzas relativas a las dinámicas grupales son de gran valor en psicoterapia.
Dhiravamsa es otro maestro que recorre Occidente desde que en 1971 colgara los hábitos en un monasterio de Tailandia. Este maestro, en una enseñanza muy cercana al zen, dentro de un concepto budista y de su profunda experiencia, presenta la meditación vipasana como renovación de la consciencia. En líneas generales la misión real del maestro es inspirar la búsqueda hacia la verdad, animar a la gente a seguirla, afrontando cualquier dificultad. Apela siempre a los consejos clásicos del Buda para que el practicante compruebe por sí mismo y no se fíe de las comprobaciones ajenas. El maestro, para Dhiravamsa, es la personificación de la vía. El maestro real despide amor y compasión a través de su ser y de sus actos de un modo natural sin ser alguien en especial. Algo que nunca debe de hacer un maestro espiritual es crear dependencia entre sus estudiantes, pues perpetúa la imagen del buscador en algo que está fuera de él. Pero además Dhiravamsa sorprende por su claridad en la exposición de los conceptos, lo que es de inestimable ayuda para la comprensión del occidental que necesita de ese aspecto intelectual por su formación cultural aunque no ha de estancarse en ese estadio.
En primer lugar hemos de agradecerle a este maestro el bajar a la investigación occidental, a sus luchas, nudos y divisiones, a la vida frenética; así pues, Dhiravamsa aparece como un maestro de carne y hueso, lo que es de agradecer. Dhiravamsa nos habla de los conceptos de animus o energía yang en las mujeres, y anima o energía ying en los hombres, los arquetipos junguianos; patrones dinámicos de energía colectivamente presentes, esos compañeros invisibles que pueden convertirse en partes conflictivas o completivas. Nos habla de un ego que ha de ser herido hasta que no pueda resistir el dolor a fin de liberarnos de eso que produce miedo y sufrimiento. Todo ello representa el proceso de crecimiento, ya que sin alcanzar estas profundidades no hay posibilidad de libertad total y sabiduría iluminada. El ego apegado o herido puede huir hasta llegar a la esquizofrenia catatónica, no habiendo calma para la autoobservación, y en donde también el ser intermedio, el intelecto o mente posesiva, busca codiciosamente una posición, dividiéndonos en segmentos separados sin lugar para la comunicación y el amor. Así que Dhiravamsa expresa tajante que la dirección está en nuestras manos. Establece que actuamos como percibimos en un momento dado, de acuerdo con nuestras ideas preconcebidas que están envueltas en nuestra memoria perceptiva, y es el ser consciente lo que nos permitirá ver tanto el exterior como el interior, la proyección reflejada y la realidad, el conflicto producido por la impermanencia, la insatisfacción y el vacío. También la ignorancia que se establece en la duda, la perplejidad y la confusión. La libertad total y verdadera no existe en el nivel de consciencia ordinaria; la libertad total es inconmensurable, absoluta, y ha nacido del espacio claro y vacío de la nada. Hemos de saber enfocar la crisis de consciencia que actúa como factor desequilibrador en los seres humanos, lejos de buscar una compensación o elusión tras lo que se paga un precio mayor que si se enfoca directamente, es decir, si ampliamos nuestro nivel de consciencia. Y si vemos la totalidad, el conflicto que tiene su origen en el dualismo desaparece. Así el conflicto de la mente condicionada, informatizada, desaparece. En la más pura tradición budista, Dhiravamsa nos habla de la codicia de los fantasmas hambrientos, de los infiernos, etc., lo que puede ayudar a comprender la naturaleza de ciertas vivencias. En esas perspectivas de acercamiento al nivel en que se mueve Occidente, Dhiravamsa nos habla de las metas de la psicoterapia occidental y de la tendencia de ésta a enraizar al individuo, a equilibrarlo, a solventar los conflictos familiares, la personalidad condicionada, etc. De este modo este maestro repasa las más importantes escuelas de psicoterapia occidentales con sus aciertos y errores hata llegar a la transpersonal, que ve como encuentro entre Oriente y Occidente, estableciendo una simbiosis coordinadora entre la meditación y la propia psicoterapia.
Para acabar este apartado, quisiera nombrar a otros maestros que, aunque menos conocidos en algunos casos, son influencias importantes en el curso de la búsquedad.
Harruchika Nogushi, en la tradición japonesa a través de sus discípulos, como Katsumi Mamine, nos ha legado un trabajo psico-corporal y energético de gran valor. Por una parte, el Katsugen como método para organizar las vivencias que se esconden en lo involuntario, teniendo en cuenta que la única alternativa para vivir sanos es tener consciencia de la propia fuerza interior y desplegarla. Hacia ello apuntan las enseñanzas del Katsugen Undo. El estudio de las tendencias habituales no conscientes en el hombre y su movimiento propició el descubrimiento del Taiheki, donde se hace un estudio exaustivo de las proporciones y de las tipologías corporales.
Sai Baba representa en la actualidad un mundo inexplicable.
El Dalai Lama, con su autoridad moral y los centros Nagaryuna contribuyen enormemente a la difusión organizada y responsable de las enseñanzas ti-betanas, tal vez la diáspora no sea más que una treta de nuestra naturaleza que busca esa interconexión planetaria que crea seres finalmente unidos por la Consciencia. Kalu Rimpoché, de los Kalyupas, dejó un inmenso legado.
Thich Nhat Hanh, representante del budismo comprometido, propuesto para el premio Nobel de la paz en 1967 por Martin Luther King, expande una vía respirable y caminante hacia la tierra pura partiendo de una felicidad que se experimenta hasta en los hechos más simples de nuestra vida cotidiana, manteniendo nuestra consciencia viva en unas enseñanzas budistas que se compromenten con esa vida cotidiana. La transformación interna en el individuo es ya el camino para la paz: una respiración y una sonrisa. Debemos caminar en paz para no estampar el dolor y la ansiedad sobre la faz de la tierra; al meditar caminando dejamos una estela de flores en nuestros pasos.
No podemos olvidar el legado tan estudiado de los mapas místicos de san Juan de la Cruz y santa Teresa, con su Noche oscura y su Cántico espiritual, sus Moradas y sus azarosas Vidas. Creo que su mensaje ha de ser rescatado para un mundo que no se resuma a erudición y literatura, ni tampoco a una religiosidad retórica y rutinaria, sino a la práctica reverdecedora y encarnadora de su mensaje. En el ámbito cristiano tampoco podemos olvidar al padre Lasalle, quien en un verdadero trabajo de síntesis Oriente-Occidente introdujo el zen en la práctica cristiana, lo que supone una renovación, tan necesaria para una iglesia que así pueda alejarse del representar, y por el contrario comienze a contactar con la humildad de las catacumbas. En España, Ana María Schlütter es una de las continuadoras de esa práctica de zen cristiano, no siempre comprendido por algunos que, encerrados en su anquilosamiento, se estremecen de espanto ante la actitud correcta.
Serge Raynaud de la Ferrière, alma de la Gran Fraternidad Universal, de origen francés, recorrió el aprendizaje de la India, de nuevo Occidente-Oriente, legándonos una sabiduría profunda y minuciosa del proceso yóguico.
Entre otros maestros reconocidos existe últimamente un grupo reducido de occidentales, relativamente jóvenes, que se colocarían entre las primeras promociones de personas que han pasado por las enseñanzas occidentales y que después lo hicieron por los maestros orientales, emergiendo de esta fusión. Entre ellos estarían Ram Dass (Richard Alpert), del que hablaremos en otras partes del libro, Da Love Ananda, Swamiji Maha, que trabaja en la encarnación de la consciencia. De origen coreano, Dae Poep Sa Nim desarrolla un budismo social muy acorde con nuestra sociedad, etc.
Da Love Ananda (antes Da Free John) se mueve en la paradoja radical. Critica el misticismo convencional que pertenece al ego, el cultivo de experiencias placenteras interiores que son componendas egoístas que nos apartan de Dios. Afirma que toda experiencia conspira para que la trasciendas y además exige que la cumplas. En estas necesidades bascula cada instante de la vida: «que uno deba liberase de un algo que no es necesario iniciar es totalmente absurdo. Entonces ¿por qué molestarse en iniciarlo?».
El proceso empieza en el nivel más bajo, miedo a perder el cuerpo, relación con la alimentación, sexualidad, que es lo que caracteriza a la persona corriente. Pero en la etapa de la iluminación comprendemos nuestra natural trascendencia de todo; entonces la gracia es el humor y la libertad si es que hay responsabilidad.
Da Love Ananda no está exento de duras críticas a su labor.
Apuntes. No han venido a jugar, el verdadero maestro ha venido con una función muy precisa que el occidental no puede confundir con el hacer deporte o asistir a una facultad. No, no es tomar café, el practicar; por ello cuando se alcanzan cotas de profundización y se rompen viejas estructuras, el practicante, o lo comprende y continúa su labor, o a veces se asusta y despotrica sobre las maldades de los maestros. Éstos son cada día más importantes por su influencia, y especialmente en las psicoterapias humanistas y transpersonales, que en ocasiones cuentan con su guía. La relación maestro-discípulo podría resumirse siguiendo a Claudio Naranjo, considerando que alguien que no ve con claridad busca la compañía de alguien que ve, en la esperanza de desarrollar su propia sabiduría. El maestro es alguien que está unos escalones por delante. El trono, en el buen maestro, no es más que un ritual generador de respeto, un antídoto contra la invalidación reactiva del otro. Naranjo, además, se pregunta por el sentido de la entrega: entregarse a un ser esclarecido que manifiesta poseer en profundidad la consciencia humana latente en todos nosotros puede ser entonces un paso hacia la liberación del yo que pretende entregarse a la divinidad interior. A buen entendedor pocas palabras bastan, y al mejor, ninguna. Y cita a Longchenpa: «y al mundo de los que debían ser instruidos vinieron maestros que los instruirán; en este orden, el maestro como estrato fundante de significado cobra forma concreta, el maestro que adiestra y el variado mundo como maestro». Por supuesto, el individuo que está al margen del camino espiritual hablará de superstición o de pensamiento mágico. Y Naranjo cita a Rumi: «¿habría oro falso si no hubiese oro verdadero?»
Por ello John White comenta cómo «aspirantes ingénuos se convirtieron en las víctimas de maestros sin escrúpulos, cuya conducta atrayente y mistificadora les sedujo de forma idealista y eficaz con la promesa de iniciarles en los misterios».
Personalmente y en mis experiencias con los maestros, la relación es tan fácil como la pregunta del niño que no sabe: ¿quién es el señor de estas tierras? Esa pregunta surge ante los planos que desconoces. A partir de ahí, si el camino te fuerza, desaparece el probador y entra el caminante, se abren puertas inimaginables para el verdadero cientifismo, el de la comprobación interior, el que definitivamente comprende para siempre el sentido de la vida y la muerte. Ya no se juega, el orden del firmamento se atisba con claridad y soporte. Parece mentira, tan presente y tan distante, ¡pero tan enfrente! Es entonces cuando surge la pregunta con asombro: ¿cómo es posible no verlo? La voluntad guía, y parece que uno no escoge, pero todo comienza a llegar y se abre una amplia perspectiva, la de cada cual. Se entra en el poder verse para poder ver con compasión, requisito imprescindible de quien ve para curar. El valor del maestro en las nuevas terapias humanistas y transpersonales es hoy incuestionable, porque ellos nos hablan del Ser, y su luz es sabiduría y a eso se le llama amor. Sin embargo, hay para el occidental una diferencia entre psicoterapia y espiritualidad, y sobre ello hablaremos. También sobre la relación con esa persona de enfrente que se sitúa en ese lugar de poder. No cabe duda de que hay maestros y maestros.
Frances Vaughan opina que el poder es un factor importantísimo en la relación maestro-discípulo. «Es uno de los obstáculos más difíciles para quienes alcanzan cierto grado de dominio en cualquier camino espiritual». Además avisa de que «aun los buscadores mejor intencionados pueden caer en manos de falsos maestros». Que la valoración del maestro puede tener en cuenta el que «nos encontremos en paz en su presencia». Adelantando un poco el apartado dedicado a los peligros de la psicología transpersonal, F. Vaughan opina que «en los casos de autoritarismo espiritual extremo, para recuperar la salud psicológica de los miembros del grupo es necesario retirar la confianza del poderoso líder y volver a depositarla en uno mismo». Incluso profundizando en lo terapeútico, F. Vaughan prosigue con firmeza: «lamentablemente pocos maestros espirituales están entrenados para manejar diestra y éticamente la transferencia… puesto que el problema surge cuando consideramos la espiritualidad como una alternativa al desarrollo psicológico, más que como su prolongación… la consciencia espiritual sólo contribuye a la totalidad cuando se basa en la salud psicológica.»
A todo esto debieran prestar atención quienes desde una posición alternativa, en la proliferación de profesores/as de yoga, de meditación, y un sin fin de nombres de técnicas corporales, ejerzan la posición de psicoterapeutas, sin una formación y un conocimiento del sutil y complejo proceso de una psicoterapia y su estrategia terapéutica de cara a abordar la emergencia de la estrategia inconsciente. La desconsideración de ello puede generar comportamientos peligrosos que distorsionen al cliente y ocasionen disturbios que se interpongan en momentos frágiles del proceso psicoterapéutico.
Chamanismo
Psicodélicos y Alucinógenos. No podía faltar un apartado sobre lo chamánico por cuanto esta forma de entender el mundo ha ejercido una poderosa influencia sobre una gran parte de las últimas generaciones y sobre las psicologías que contienen un cariz espiritual.
Todavían resuenan los ecos poderosos y discutidos de las andanzas de Carlos Castaneda, cuyas obras parecen contener una encomienda de despertar a las personas hacia otra concepción de la realidad.
He conocido el mundo chamánico del sur de México, donde he encontrado que un buen chamán es transracional, no se ha quedado en estadios mágicos y simbólicos prepersonales; cuando está arriba domina lo que hay arriba, y cuando desciende a lo racional domina lo que está abajo, y además con una soltura que apabullaría al más exigente de los informatizados. En un relato de la revista Año Cero, resumí una de las experiencias. Es cierto que hay que ir con cuidado porque los astutos cazan a los turistas. El chamán realiza un trabajo paralelo a los curanderos que se esparcen por la geografía española. No realizan “viajes” con una intención hedonista o curiosa, sino que su camino es el de la curación. Concretamente don Patricio lleva tomando el hongo desde su juventud, tiene actualmente sobre los ochenta y cinco y afila el machete con dos piedras como un adolescente, y por supuesto trabaja como los demás vecinos. Es uno más en su pueblo.
El chamanismo es una forma de entender el mundo, la más antigua, integrándose en la naturaleza, en comunión con ella, conociendo sus secretos, sus leyes más íntimas. ¿Y quién puede negar que esta vía haya seguido su propio curso de evolución desde la noche de los tiempos y por ello haya transcendido lo racional? El chamán pasa primero por unas experiencias dolorosísimas para atravesar con su carne lo que después tendrá que curar y orientar en su pueblo. No se puede enseñar si antes no se ha aprendido, no en acumulación sino en la propia transformación. Es el libro del cuerpo. El chamán se sirve de plantas de poder que por alguna razón existen repartidas por todo el planeta; su transformación es guiada por un espíritu, así tiene acceso a la medicina sagrada. El chamán tiende a ser un hombre de conocimiento, diferenciándose del hechicero. El chamanismo, hoy, se transvasa a muchos buscadores occidentales que recogen así el testigo, lejos de la connotación variopinta de la choza y la maraca. El chamanismo ha alcanzado grandes perspectivas en las psicoterapias occidentales, sobre todo, como ya hemos expresado en otras ocasiones, por lo que conlleva de chamanización del terapeuta en su condición de transformación previa, de curador herido, lejos de una formación racional acumulativa y sin transformación. Antropólogos, profesores de diversas áreas (psicología, religiones, medicina, psiquiatría y psicología, etc.), se han dedicado a estudiar esta antiquísima tradición de comprensión de la vida en los cuatro rincones del planeta donde aún persiste. Tradición –lo que ha sido legado– que no pocos investigadores consideran similares a sus hallazgos; por ejemplo, Grof considera compatibles sus teorías con los antiguos sistemas de cartografiación chamánica.
Con una mayor dedicación a lo chamánico tenemos a Michael Harner, que es uno de esos antropólogos que pasaron de ser observadores asépticos que miran a los indios como “bichitos de estudio”, a involucrarse y ser uno más, y por supuesto a quedarse pasmado de lo que se “cocía” en aquellos extraños rituales. Michael Harner se caracteriza por su interés en transvasar la formación del chamán a escala occidental y procurar la formación de los mismos en sus cursos. No cabe duda de que la explosión Castaneda dejó sembrado el terreno. Harner distingue entre chamanes, médiums y conductores ceremoniales, como hechiceros y hechiceras. El chamán (palabra original de los tungus de Siberia) es de carácter activo, viaja hacia los espíritus, buscándolos en su propio mundo, conservando el control mientras permanece con ellos, a diferencia del médiun que es poseído voluntariamente. El hechicero es más bien un ritualista que actúa en la realidad ordinaria como un sacerdote, aunque también hay chamanes que son a la vez sacerdotes. El chamán se comunica con la naturaleza, habla con las plantas, los animales, pleno de humildad, totalmente afianzado en la realidad ordinaria. Es curioso que el buen chamán no se reconozca a sí mismo como tal; ello lo tiene en la realidad no ordinaria, donde el contacto con los espíritus le valida como tal.
Un aspecto interesante de Harner es el asesoramiento chamánico en cuanto a lo pedagógico se refiere, aunque él estuvo en su proceso de aprendizaje en contacto con tribus (conibos, jívaros, etc.) participando de la ingestión de sustancias alucinógenas tales como ayahuasca, guayusa, maikua, y así comenzó su antropología de los espacios no ordinarios. Hoy actualiza los medios sirviéndose de la electrónica, partiendo de la premisa de que no somos indios: de ahí el Harner Method Shamanic Counseling. El sonido de los tambores por auriculares y la narración simultánea permiten tener una visión completa del ECC: el estado de consciencia chamánica. El viaje es de búsqueda de contacto íntimo entre el individuo y el mundo del espíritu, sin intermediarios, aconsejadores ni interpretadores, hacia el encuentro de respuestas de importancia vital para la vida del “aventurero”, siendo en la realidad no ordinaria en donde las hallará y donde hallará a los verdaderos asesores. El auténtico asesor chamánico tiende a que el que realice el viaje no dependa de nadie para responder a las preguntas. Por ello no se practica la psicoterapia, e incluso a los psicoterapeutas se les previene con cierta “desprogramación;” por ello Harner aconseja a los asesores potenciales que brinden al chamanismo la oportunidad de funcionar por su cuenta ya que no necesita de “mejoras” con conceptos y técnicas de otros sistemas. En sus libros y en su cursos de formación Harner explica su proceso tanto personal como pedagógico.
Como hemos expresado anteriormente, son muchos los estudiosos del chamanismo, lo cual diversifica las posturas. Hay quien compara el éxtasis cha-mánico con la mística cristiana y quien los diferencia; se discute si es o no un fenómeno religioso; se propone la existencia de un neo-chamanismo, etc. Parecen más bien asuntos de tipo intelectual que poco revierten sobre la esencia del proceso.
Entre otros autores-vivenciadores están Miguel Palafox Vargas y Alvaro Estrada, aunque menos conocidos, pues no están dentro del poderoso contexto económico norteamericano. El primero convivió con los huicholes dándonos una completa descripción de sus vidas y sus costumbres, así como de experiencias con la peregrinación del peyote. El segundo relata su relación con María Sabina, quien con sabia ingenuidad respondía: «las cositas (hongos) me dicen qué decir y cómo cantar». María Sabina se revela como una de las maestras del chamanismo mexicano desde que la noche del 29-30 de julio de 1955, R. Gordon Wasson se iniciara en su primera velada de hongos –puro derrumbe– en plena sierra Mazateca. El chamán mazateco, vocablo que significa “hombre venado” procedente de la sabiduría chichimeca y del maya quitxé distingue entre chotá-a-chi-née “la persona sabia” y el tji-ée “el hechicero”, en un plano interior. En un plano intermedio estaría el chotáa-xi-bendáa, el “curandero”.
Joan Halifax, antropóloga y exploradora del budismo y del chamanismo, opina que el psicoterapeuta tiene que aprender mucho del “curador herido”. Esto es tan importante que incluso el chamán no puede curar lo que él mismo no haya atravesado. Ya sabemos que nuestra estupidez racionalista tacha a estos chamanes de esquizofrénicos; lo doloroso es que se atreva a opinar por soberbia, lo que desde esa perspectiva ni se entiende, ni se puede entender. Joan Halifax apunta la conveniencia de que el psicoterapeuta investigue ciertas maneras de curar del chamán. Por ejemplo: la prescripción de soledad a la gente enferma, a veces en sitios acogedores, ayunando durante tres días y noches, costumbre que no es muy diferente de la terapia morita que se basa en el budismo zen, donde el paciente es puesto en una habitación vacía para pasar por un período de aislamiento. La utilización de la ermita para la búsqueda de visión interna es otro contexto usado por los indios de las praderas americanas, donde se busca el contacto con el Espíritu para encontrar el propio camino. Joan Halifax critica a las psicoterapias convencionales porque su contexto prohíbe o inhibe la expresión de la negatividad del sufrimiento originado en los estados más profundos, tendiendo a moldearlos en conceptos y en símbolos, lo cual producirá comprensión, pero también un distanciamiento con respecto a la vivencia de los estados «en carne viva». Añade que las terapias humanistas y transpersonales sí que se acercan a ello, pero critica en el caso de algunas terapias transpersonales que aunque provocan estados muy profundos, suelen dar mucha importancia a estados altos de consciencia, estados placenteros del ser que no siempre llegan a lo realmente esencial, para añadir que mucha gente usa las tradiciones espirituales para encubrir sentimientos de extrema negatividad, aferrándose a sus almohadones de meditación como si fueran balsas. Es interesante recalcar el vínculo estrecho que Halifax establece entre chamanismo y budismo marcado por sus propias experiencias e investigaciones en ambos campos. El budismo Vajrayana floreció en la religión chamánica bompo del Tíbet. (Recordemos a Trungpa.) lo que también sucedió en la orden zen chogie de Corea. Para Halifax el chamanismo es primordialmente un diálogo con la verdad a través del vehículo de la naturaleza, es decir una tradicición terrenal que conduce hacia lo celeste, mientras que el budismo sería lo contrario, es decir, lo mismo, (conclusión mía). El Nierika – la mente en forma de flor inacabable– en el rostro del huichole Don José, hecha de múltiples generaciones de todos aquéllos que han recibido el influjo de la sabiduría, también se produjo en Bhután en compañía de un maestro tibetano. El silencio de la mente carente de movimiento –principio zen– facilita el inicio del viaje chamánico. En ambas perspectivas se parte de lo mismo: la danza de la impermanencia contenida en la danza de la interdependencia.
Halifax ya no está en Ohio, donde programaba enseñanzas junto a otros maestros. Hoy día, después de superar algún obstáculo, vive en el sur de California, en esos pueblos de raigambre hispánica. Sus enseñanzas siguen esas dos vías chamanobudistas, en sus publicaciones y en sus cursos, revertiendo a las personas hacia sí mismas en la soledad silenciosa del desierto. Es una mujer viajera e incansable que recorre los cuatro rincones del planeta.
Para Holger Kalweit el mensaje del chamanismo se basa en que la demencia es una salvación, aunque las experiencias extrañas por sí mismas no son suficientes para convertir a una persona en chamán. Completada la crisis iniciática, los chamanes pueden entrar y salir a voluntad de los estados no ordinarios. Son capaces de curar, objetivo de su tarea, e incluso pueden inducir estados similares en otras personas. Dice Holger que si fuésemos capaces de entender el sufrimiento y la muerte como procesos de transformación física y psíquica, como hacen los pueblos de Asia y las culturas tribales, ganaríamos una visión más profunda y menos desviada de los procesos psicosomáticos y psicoespirituales, y empezaríamos a darnos cuenta de las muchas oportunidades que ofrecen el sufrimiento y la muerte del ego. Para estas culturas tradicionales, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte son manifestaciones de la sabiduría inherente del cuerpo, a la que basta rendirnos para alcanzar áreas de percepción capaces de revelar el verdadero fundamento de nuestra existencia terrenal.
Recapitulando los procesos que se atraviesan para convertirse en chamán, indígenas de diversas partes del globo manifiestan que sus poderes curativos provinieron de la superación de una enfermendad. Esto sucede en la tribu sagay junto al río Yes, de la misma manera que sucede en la comunidad siberiana soyot, y entre los zulúes, indios peruanos, etc.. Las niñas pasan por las crisis iniciáticas entre los 10-12 años. Los jóvenes a los 20-25 años. En casi todos ellos un espíritu atormenta al futuro chamán, un animal aparece en escena, bien sea el lobo, el cuervo, etc. Holger se debe referir al animal totémico, decisivo en la personalidad futura de quien lo encarna. Así, la enfermedad se convierte en una limpieza radical de las impurezas, es una resurrección que sigue a los terribles tormentos que acercan a la muerte para convertirse en la puerta de la vida. Entre los indonesios sucede algo parecido: la enfermedad es enviada por los espíritus celestiales que proveen a los iniciados de sus conocimientos y poderes. En Corea, el 90% de los chamanes son mujeres. El señor de la montaña, de barba blanca, arquetipo de la sabiduría, promete salud y buena fortuna. Los relatos que cuentan indican que no estamos ante mentes descarriadas, sino ante una forma elevada de percepción interna intuitiva. Y, como vemos, existe una forma común a pesar de las diferencias de raza y cultura. En todas, si el futuro chamán no acepta el camino, se convierte en una persona infeliz para toda su vida, si es que no se le fuerza a través de la enfermedad a aceptar el mensaje. Según Holger esta enfermedad puede tomar formas puramente físicas, como vómitos, transpiración, inapetencia, dolor, fiebre, agotamiento extremo, una enfermedad real que hace aflorar obstáculos e impurezas a la superficie, etc. Todo ello es rechazado por la medicina occidental pues pone demasiado énfasis en la manipulación puramente tecnológica y por ello se ha alienado cada vez más de la experiencia real del estado del paciente.
Añadamos a estos criterios que el chamán, el curandero, todavía surca la geografía de nuestros pueblos occidentales, sobre todo allí donde el racionalismo interesado no ha acabado con ellos. He conocido curanderos que curan a través del sueño, otros con las típicas hierbas, y otros más ocultos y extraños. Es obvio que nos visitan también desde hace un tiempo ciertos chamanes, como es el caso de Gerardo Pizarro, quien comenta con gracia su iniciación cuando fue lanzado a las pirañas del Amazonas.
Psicodélicos-Alucinógenos-Enteógenos
Como sabemos, la palabra droga tiene hoy una connotación negativa, puesto que en Occidente, por alguna razón no ajena a su propia crisis social, se ha convertido en un cáncer colectivo. Las drogas adulteradas y desacralizadas son verdaderos caballos de Troya para el organismo. Pero no es de estas drogas perniciosas, heroína, cocaína, etc., –saldos químicos sacados de plantas consideradas sagradas por los indígenas– de lo que lógicamente nos ocupamos aquí. Mas bien tengo que manifestar que muchos indios de los que conocí afirmaban de corazón haber sido curados en Huautla por el hongo y los buenos oficios de María Sabina, lo cual contrasta con estas drogas urbanas. El LSD es uno de los mayores exponentes en la cultura actual, derivado del cornezuelo del centeno, sintetizado en 1938 por Hoffman, S. Grof lo utilizó en pacientes terminales en Checoslovaquia y posteriormente junto a Joan Hali-fax, en Maryland (EE.UU.). Al parecer, esta planta ya se utlizaba en la antigüedad, en los misterios de Eleusis, camino del que nos dan una visión R. Gordon Wasson, A. Hoffman y C.A. Ruck. El LSD tuvo una rápida difusión no siempre conveniente, en el mercado. En psicoterapia se ha utilizado en numerosas ocasiones, y muchos terapeutas afirman que es el mejor fármaco. Su efecto positivo es esclarecedor, se accede a planos elevados de la realidad; desde allí se puede otear el horizonte personal y tomar nota al respecto. Es un proceso de autoconocimiento nada hedonista. El mal viaje es una visita a la negrura de los infiernos, por ello su uso ha de ser cuidadoso y orientado. Grof explica en sus obras, concretamente en Más allá de la muerte la gran importancia de las sustancias alucinógenas a lo largo de la tradición. Señala precisamente cómo desde tiempos inmemoriales de la humanidad se han utilizado plantas que contienen sustancias que alteran la mente, para diagnosticar y curar enfermedades. Al analizar el polen de las plantas que se encontraron enterradas junto a un chamán durante las excavaciones de un poblado neolítico en Çatal Hüyük, Turquía, se descubrió que eran alucinógenas. Se conocen informes de la utilización de drogas alucinógenas en la medicina china que datan de hace más de tres mil quinientos años. Como el mejor exponente de la droga como compañera de nuestras culturas se encuentra la recapitulación de Antonio Escohotado. Al mismo tiempo Grof afirma, con autoridad, que el efecto amplificador y catalizador sobre la mente humana que ejercen hoy los alucinógenos sobre sujetos elegidos al azar sugiere claramente que los elementos necesarios para estas sensaciones se encuentran en el inconsciente como elementos normales de la personalidad. Con respecto a la experiencia psicodélica, Grof nos comenta cómo las personas que se encuentran bajo los efectos del LSD sienten corrientes de energía poderosa que fluyen por sus cuerpos y una acumulación enorme de tensión alternada con descargas violentas.
Las experiencias inimaginables que se producen en las sesiones con LSD las atribuye Grof a que el enfrentamiento con la muerte es uno de los aspectos de la experiencia psicodélica. Otro aspecto importante es la lucha por renacer, en la que muchos individuos reviven el trauma del nacimiento. En el proceso de muerte-renacimiento, la muerte, el nacimiento y el alumbramiento se encuentran íntimamente ligados. La sucesión de sufrimiento físico y psíquico extremos viene seguida de experiencias de liberación, nacimiento o renacimiento, con visiones llenas de luz blanca o dorada muy brillantes. Sobre el viaje de curación, Claudio Naranjo desarrolló todo un libro poético y explicativo The Healing journey.
Además del LSD, la investigación ha descubierto otros productos entre los que podemos seleccionar algunos tan conocidos como:
El MDMA, Adam, también conocido como éxtasis, fue sintetizado en diciembre de 1912 y calificado como droga peligrosa por la ONU en 1985; se extendió por el mundo terapéutico por sus efectos menos duros que el LSD. Produce, como todo alucinógeno, un estado de salud mental artificial, como expresa Claudio Naranjo. Son cuatro horas en las que se anestesia el ego, la neurosis infantil, en un estado amoroso y sereno, donde evolucionan y se clarifican las relaciones. Si el uso es repetido se produce un agotamiento de los receptores, con sus consecuencias psíquicas y con el correspondiente peligro que proviene de utilizarla en fiestas para una satisfacción que obvia la limpieza personal y el dolor. El MDMA (metilendioxianfetamina) provoca sensaciones sociales y perceptivas no ordinarias; no es claramente un alucinógeno según algunos, sin embargo sí que hay que diferenciarlo del MDA o píldora del amor, de efectos aparentemente más tóxicos, lo que afecta a las consecuencias legales. Los efectos del MDMA, según son descritos, abren a la persona a sus sentimientos e intuiciones, a su propio despertar de la consciencia y a la empatía con los otros.
Otros tipos de sustancias, en este caso naturales, como el peyote de los hui-choles, los diversos hongos, sobre todo del sur mexicano psilocibina y psilo-cina, las ayahuasca en suramérica, las archiconocidas hachis, marigüana, las típicas de la tradición europea: beleño, mandrágora, amanita, belladona, estramonio, etc., han estado presentes en nuestra cultura. La bebida soma del Rig-Veda y el haoma del Zend-Avesta estaban hechas de amanita según Robert Gordon Wasson, quien además afirma su generalidad como mecanismos expansores de la mente en las culturas antiguas. Patañjali ya afirmaba que “los poderes sobrenaturales se obtienen de nacimiento o mediante drogas, el poder de la palabra, la autodisciplina o el samadhi”. Aldous Huxley y otros clásicos nos pusieron al corriente sobre estos caminos, sobre los que Occidente apenas tiene nada sistematizado. Sin embargo, las tribus indias lo conocen con exactitud. La sustancia psicodélica en un trabajo organizado puede servir, si se desea, como un vehículo de profundización del propio investigador y del terapeuta, para explorar sus zonas desconocidas y cartografiar las distintas regiones de la mente, para atravesarlas y así tener las claves de los procesos por donde puedan encallar sus clientes. Sin embargo no se puede despreciar la dureza secundaria de los productos farmacológicos, ya que no es fácil controlarlos. Cuando el LSD sube, sube; es imparable, aunque se desee bajar fervientemente. A eso hay que añadir las molestias de los productos fijadores del ácido. Por el contrario, el chamán recalca el efecto beneficioso y curativo de sus productos naturales, usados para curar. No olvidemos que en nuestra cultura religiosa, en su núcleo, la misa, el sacerdote bebe y come, y da de beber y comer. Tal vez entre los antiguos cristianos de las catacumbas se llevaba más lejos la experiencia.
Como colofón de lo estudiado, no podemos confundir un trabajo organizado con personas responsables, con un indisciplinado y a veces perverso uso de lo que se llama comúnmente “drogarse”.
El producto psicodélico, la planta psicotrópica, no podemos ocultarlo, es un vehículo tan poderoso de transformación que nos abre a realidades que desde una consciencia ordinaria aparecen como imposibles. Por ello su uso es delicado en extremo.
En este apartado no podría faltar nuestro amigo Richard Yensen, quien se formó como investigador de drogas psicodélicas en el ya mítico hospital de Maryland, además de estar en relación con el chamanismo mexicano y con Castaneda. Yensen trabaja actualmente con su compañera Donna Dryer en investigaciones con alucinógenos en el campo psicológico, en el único programa aprobado por la administración americana soportando las dificultades que tienen para llevar esta empresa a flote, pero de sus comunicaciones se desprende la ilusión del pionero por acceder a esos planos de realidad a los que tanto miedo les tiene nuestra humanidad consumista. Desde hace años Yensen escribe artículos muy valorados sobre este tipo de investigaciones; de ellos se desprende la ilusión del buscador humano abierto a lo desconocido e invocando a la sociedad para que admita que la investigación con potenciadores psicotrópicos y psicodélicos, además de echar mano de la forma en que las antiguas culturas los usaban como método de curación y organización, es una labor que puede ofrecernos nuevas cotas de evolución y de curación, pues el panorama que estos productos abren, como telescopios interiores, es un enigma independiente del punto de vista que se tenga, aunque a la hora de la práctica se ha de tener en cuenta quién lo hace como terapeuta, dónde y cómo, pues el principio de incertidumbre también está presente en el uso del LSD y otras drogas, de tal manera que hay que sopesar “los métodos de medición” y las posibles influencias sobre los procesos.
Me llama mucho la atención esa forma tan humana de investigar de Yensen, pues se implica en ello y nos da a conocer sus propias posiciones internas. El caso de Joe, paciente de 70 años con un cáncer terminal que se sometió a una terapia con DPT, (droga psicodélica cuya acción es menos duradera que el LSD), sirvió para recapitular la vida personal y preparar la antesala de su muerte de una manera serena y aceptada. Richard comenta que en la terapia psicodélica –donde se enfrentan profundamente las claves de la enfermedad y de la muerte, la inminencia de ésta o la psicosis– no hay separación de sujeto y objeto, de terapeuta y paciente, lo que supone una previa y decisiva preparación profesional y personal.
Richard Yensen explicita que existen tres paradigmas sobre la utilización del LSD:
La psicopatomimética, que afirma que el LSD crea un modelo de psicosis. La psicolítica, sosteniendo que el LSD altera las relaciones entre el consciente y las partes inconscientes de la personalidad, y por lo tanto crea un estado útil terapéutico de orientación psicoanalítica. Y la psiquedélica, que asume que el LSD facilita experiencias cumbre y experiencias místicas cuando se administra en dosis apropiadas y en el contexto adecuado. Este paradigma está unido al ya mítico hospital psiquiátrico de Maryland (USA). Todas estas teorías nacen de estudios que ya se inciaron conjuntamente con las investigaciones químicas modernas, aunque sabemos que el uso de los productos psico-trópicos se remonta a los orígenes de la humanidad.
Richard Yensen, partiendo de la continua crisis de los tratamientos psicológicos y psiquiátricos, demanda que el estudio de estas drogas psicoactivas no sea olvidado ni archivado, puesto que tenemos la necesidad imperiosa de avanzar en el conocimiento del rol y de la función de la mente humana en la salud y en la enfermedad. Así pues, el LSD y otras drogas son una promesa importantísima para la humanidad, de tal forma que el único camino es profundizar en la comprensión de cómo usarlas adecuada y responsablemente, puesto que los resultados experimentados son innegables.
La terapia con LSD y otras drogas se ha llevado a tratamientos paliativos con enfermos terminales, en casos de psicosis o nerurosis graves; en alcohólicos como se ha hecho en Canadá, con resultados considerados como preventivos y ejemplarizantes por la experiencia de locura transitoria en algunas personas, pues así comprenden que esa locura es a lo que definitivamente les puede llevar el abuso del acohol; o por el contrario frente a la experiencia de la belleza trascendente y redentora como curación de esas dimensiones. Para todo ello es necesario que se aclaren las informaciones críticas sobre el LSD asociado a la histeria y a los daños a los cromosomas, al movimiento hippie y a su parafernalia. Los nuevos paradigmas, según Yensen y Dryer, han de incluir también el paradigma de las drogas unido a los conocimientos del pasado para así dar repuesta a nuevos niveles de investigación. Es, pues, necesario seguir un trabajo cuidadoso y científico en todos los niveles posibles, desde las fronteras moleculares de la comprensión del cerebro a sus relaciones con la consciencia, de tal manera que ninguna cultura que aspire a una completa humanidad puede dejar esto de lado.
Richard Yensen y Donna Dryer, –su esposa– viven con esta perspectiva.
Fármacos. No podemos olvidar otro tipo de droga, legal para mas señas, como los fármacos de prescripción psiquiátrica o médica, pues su efecto, de ser necesaria su prescripción en casos determinados y teniendo en cuenta las complicaciones sociales, en ningún momento ha de yugular la experiencia que vive el paciente. Encuentro muy difícil la recuperación en personas que ya se han habituado a la precaria solidez de los fármacos, lo cual da lugar, por un tratamiento seguido de años consecutivos, a que los pacientes se sientan impotentes para dar el salto y conseguir una libertad fundamentada en su propio autoconocimiento. Joan Halifax siente mucha pena por la fuerte medicación que se les pueda dar a personas que experimentan las crisis chamánicas de conocimiento y las crisis de crecimiento, anulándose el potencial para curarse a sí mismas y a los demás, siendo químicamente, si no físicamente, encarceladas. También menciona la dificultad de trabajar con esas personas, una vez quedan atrapadas en ese proceso.
6. LO TRANSPERSONAL: HACIA UNA SÍNTESIS ORIENTE-OCCIDENTE
El eje Guénon-Godel-Brosse
En este eje nos encontramos con ciertos investigadores occidentales no suficientemente reconocidos y apenas tenidos en cuenta en las nuevas corrientes estadounidenses. Todos ellos se adentraron en el campo de la consciencia recurriendo a Oriente como llama viviente.
Son personas importantísimas en el acercamiento cognoscitivo entre los dos extremos clásicos. Es cierto que otros investigadores, como Mircea Eliade, superaron la línea oficialista de la antropología occidental, lo que llegará a una implicación máxima con Carlos Castaneda. Entre esos investigadores encontramos nombres como sir J. Woodroffre (Arthur Avalon), que escribió sobre los secretos de la serpiente (Kundalini) y sus centros. Sir Raynaud de La Ferrière, maestro de la Gran Fraternidad Universal, que recorrió y conoció la India en su formación; sus enseñanzas sobre el yoga son de las más completas. Lassalle sembrará el zen entre los cristianos. Recordemos que Krishnamurti crecerá en medio de la sociedad teosófica hasta caminar por su cuenta. Otros autores, como Lupasco, Bachelard (historiador de la ciencia), Julian Huxley etc., están en mayor o menor medida dentro de este eje, por sus estudios sobre la consciencia y la materia, y por una nueva concepción científica de la vida y de sus modelos, aunque sea desde otras perspectivas, como en el caso de Korzybsky, el semanticista; Whitehead, el logicista aplastante; Thomas Kuhn, teórico de los paradigmas científicos, sin olvidar a Francisco Varela por su trabajo, directo a contrastar perspectivas acerca de la cognición: el budismo y las ciencias cognitivas, y muchos otros.
Son citas claves en el pensamiento occidental actual.
Digamos que esta síntesis tan buscada actualmente entre investigadores de diversas procedencias se da a lo largo de todo el libro, en la senda de los maestros y ahora aquí en un grupo simbólico de personas que han recorrido ambos mundos. Es de tener en cuenta que el binomio Oriente-Occidente es también más simbólico que real, pues es en realidad de una síntesis transcultural de lo que aquí hablamos, pues las culturas de los aborígenes americanos y del resto de los continentes están también en el camino de una síntesis que no ha de ser un simple aglutinamiento, sino un engarce enriquecedor con los diferentes aportes de los sentidos culturales de la vida. Podemos hablar de pioneros creadores de la mentalidad de un Occidente estamentado en pensamientos como el de Sartre, Unamuno u Ortega y Gasset, y de otros que, como Jung, T. Brosse, etc., saltan hacia el otro lado: el del espíritu, tan simbolizado en la vida de los hindúes o en la tradición del mundo entero.
Debemos de recalcar también que Occidente recapitula y realiza su propia síntesis, la de su periplo histórico y cultural, desde una visión que no se encarcela en la estrechez racionalista. Tal es el caso del trabajo de Jung, que, como también lo es el de Joseph Campbell, escudriñando las verdades escondidas en las figuras religiosas y mitológicas, en su lenguaje simbólico, recapitulando los procesos rituales como procesos de iniciación y evolución, los sacramentos portadores de la gracia y demás mensajes entregados a la antigua humanidad por sus redentores, dirigidos a despertar la llamada interior hacia el reconocimiento de la vida universal, atravesando el «laberinto que todos conocemos y que visitamos en sueños», realidad transpersonal que siempre ha estado buscada y peligrosamente ganada en el corazón del Héroe de las Mil Caras. Esta recapitulación obedece a ese anhelo de poner en limpio lo que ha sido nuestra historia: la historia del ser occidental, la pasión de su propia mente hecha recapitulación para poder saber qué ha sido de ella a lo largo de los siglos. Ésta es también la propuesta de Richard Tarnas, en la que une lo cultural y lo espiritual: comprender el cambio de concepción de la realidad histórica y cultural para así saber cómo hemos llegado a nuestra condición presente. Es recalar en las profundas fuentes de nuestro mundo presente, y es obvio que Tarnas se fundamenta en la antigua Grecia como fuente de interiorización, inspiración y renovación, para seguir la pasión de la búsqueda por sus principales derroteros históricos hasta nuestros días. También como Salvador Pániker, que nos amplía una visión que, profundamente consolidada en Occidente, resulta de igual manera sabedora del ya cercano y vecino Oriente para apuntar a la diversidad y a la incertidumbre: visos virginales necesarios para nuevas irrupciones. Pániker lo integra en ese nuevo paradigma con el que está comprometido, acogiéndolo a la sensibilidad mística que unirá la diversidad porque tiene sobre sí el mismo techo cósmico.
Ahora pasaremos a desarrollar la obra de estos tres pioneros de un acercamiento que ha de culminar en la síntesis de Oriente y Occidente.
René Guénon. Se muestra como un gran investigador de los estados múltiples del ser así como del proceso sobre la iniciación; es también un gran conocedor del mundo islámico, del taoísmo y la civilización china. Guénon se convierte en un lugar de cita para los interesados en el tema. De él sacamos una panorámica que nos da el dulce sabor que ya suponíamos: el de unas enseñanzas que difieren en los mapas pero que convergen en un solo territorio. Guénon utiliza la palabra “esoterismo” como conocimiento verdadero de la última realidad para referirse a estos estudios, lo cual en este caso no quita un correcto sentido de uso y su valor psicológico correspondiente. Esoterismo que si es verdadero tiene al exoterismo como aspecto exterior. Dos caras, pues, de una misma doctrina.
René Guénon nos explica con profundidad el simbolismo de una vía islámica hacia el conocimiento, con la necesidad de una práctica, más que de un saber intelectual que como máximo será soporte para la meditación. Todo ello representa una guía para conocer el sentido de la búsqueda tradicional y perenne, requisito de la verdad, también de los espacios interiores y de los efectos de toda patología iniciática, inducida o encontrada espontáneamente, dentro de una concepción transpersonal que ve en el hombre un destino de luz y conocimiento, y no un estado terminal de tecno-industria y consumo. Observemos la coherencia de sus conceptos: Es-shariyah es el gran camino, y el-haqiqah, la verdad interior. La shariyah es lo religioso, y la haqiqah es conocimiento puro. La tariqah es la vía o sendero que conduce de la shariyah a la haqiqah. Partiendo de la imagen simbólica de la circunferencia la tariqah será representada por el radio: a cada punto de la circunferencia corresponde un radio, constituyendo una multitud indefinida que acaban igualmente en el centro. (Et-turuqu ila Llahi Ka-nufusi bani Adam) «las vías son tan numerosas como las almas de los hombres». Como vemos, una concepción nada fundamentalista. El esoterismo, et-taçawwuf sólo puede ser traducido por iniciación. El sufismo, según Guenón, no es una escuela, –turuq– y el verdadero sentido de la palabra Çufi es nombrar al que ha alcanzado el grado supremo. El sufismo no sería sobreañadido a la doctrina islámica, en contra de las críticas de su origen griego, persa o indio. Sin embargo todas las docrinas tradicionales son necesariamente idénticas en su esencia, según Guénon. La transmisión de los conocimientos lleva una cadena iniciática silsilah, y aunque se adapten métodos particulares las ciencias del ritmo son invariables. El proceso iniciático reproduce en todas sus fases el proceso cosmológico, utilizando términos alquímicos para señalar ciertos estados. La adhesión a una silsilah regula la transmisión de una influencia espiritual, trabajo puramente interior, con los apoyos exteriores necesarios hasta llegar a la identidad suprema, estado del verdadero Sufí. La corteza y el núcleo, terminología de Ibn-Arabi, explica las relaciones entre el esoterismo y el exoterismo. El núcleo (el-lobb) es la haqiqah, verdad o realidad esencial, que al contrario que la shariyah, no está al alcance de todos, sino de los que saben descubrirla bajo las apariencias. Es decir la corriente de las formas y el invariable medio. Para pasar de una a otra, es decir de la circunferencia al centro, hay que seguir uno de los radios, que es la tariqah, la vía estrecha. Partir de la multiplicidad de lo manifestado para llegar a la unidad. Esta ley de la circunferencia tiene dos movimientos: el circular, al que la mayoría de los hombres se limita en una vida exterior, aunque a una distancia constante del centro. Para librarse de la rotación indefinida, del Samsara budista se ha de agujerear la corteza, tomando consciencia del radio que corresponde a la propia posición y comenzar un movimiento rectilíneo: el segundo movimiento, y allí, lo que es un obstáculo para los demás se convierte en apoyo y en medio de realización. El exterior: la circunferencia, marca la diferencia de tiempos y lugares, aunque la doctrina es única. La pluralidad politeísta no sería más que una desviación por el apego de las masas a la multiplicidad de lo manifestado, confundiendo el símbolo con lo que está destinado a expresar. Notemos en esto la importancia en relación con la génesis de las disfunciones psíquicas.
René Guénon coloca el ejemplo del desierto donde la diversidad de las cosas está reducida a lo mínimo y donde al mismo tiempo los espejismos revelan todo lo que de ilusorio tiene el mundo manifestado.
También señala la necesidad del desapego e indiferencia con respecto a los frutos de la acción, esencia del Bhagavad-Gita. En el taoísmo se tiende a escapar de la corriente de las formas, de la alternancia de vida-muerte, condensación-disipación, pasando de la circunferencia de la rueda cósmica a su centro, designado como el vacío, lo No Manifestado que une los radios y constituye el núcleo de la rueda. El que ha llegado al máximo del vacío, dice Lao-Tsé, estará restablecido sólidamente en el reposo. Aquí la simplicidad, la pobreza, el estado de infancia bien entendido, son términos que se identifican en el hinduismo, cristianismo, islamismo, y se caracterizan por el alejamiento de la riqueza. Lo contrario es el apego a la multiplicidad, a la dualidad del árbol de la ciencia, a la acumulación en todos sus sentidos, que imposibilitan la elevación a un estado primordial: el de la extinción del yo en la unidad. Llegando al centro nace el tchenn-jen el hombre verdadero del taoísmo, quien, mediante una elevación posterior hacia la totalización perfecta de sus posibilidades, se convertirá en cheun-jen, el Hombre Universal, El-Insanul-Kamil de los musulmanes.
Guénon se lamenta de la pérdida en Occidente de las ciencias tradicionales: astrología, numerología, geometría simbólica, etc., la mayoría están completamente perdidas; sólo quedan más o menos vestigios informes, a menudo degenerados, reducidos a meras artes adivinatorias desprovistas de todo valor doctrinal. También se lamenta del olvido de la influencia de los árabes en Europa, los grandes transmisores de Oriente.
Para acabar, señalemos algunos aspectos relacionados con el taoísmo y el confucianismo en la tradición china, cuya riqueza se remonta a unos 3.700 años antes de la era cristiana. El comienzo (emperador Fo-hi, o dinastía que establece el trigrama cielo-tierra-hombre) podría ser el despertar de una tradición muy anterior. Creo que las doctrinas tradicionales contienen en sí mismas las posibilidades de todos los desarrollos concebibles; por ello taoísmo y confucianismo, base común de la tradición china, no serían antagónicos, sino dos ramas de una misma doctrina; nunca fueron dos escuelas rivales. Lao-Tsé y Kong-Tsé (Confucio) son los respectivos fundadores. El taoísmo ya lo hemos conocido, implica una metafísica pura; el confucianismo implica un dominio práctico y se mueve en el terreno de las aplicaciones sociales. El confucianismo no se puede comparar con el positivismo occidental, puesto que lleva en sí una aplicación de los principios superiores, que serían los principios del Tao, Vía-Principio Supremo, y el Te (Tao Te-king): la virtud, rectitud, dirección específica en una existencia en conformidad con el Principio. Es una no-acción móvil. Colocado en el centro de la rueda cósmica, el sabio la mueve sin tener que preocuparse de ejercer ninguna acción. Su estado interior es la imperturbabilidad; por lo tanto no se pierde en especulaciones relativas, análisis e investigaciones del detalle en el que se enredan las múltiples divergencias de opiniones. Ése es el centro inmóvil de la meditación. Como ello no aparece en el exterior, ha sido un desconocido para Occidente. El confucianismo, cuyo punto de vista es la acción, no pierde de vista el “invariable medio”, el equilibrio perfecto, aunque se dedique a la vida ordinaria.
Apuntes. Ampliando lo anterior con nuestra opinión, podemos ver que estas dos concepciones, taoísmo y confucianismo representan al mundo interior y al exterior, tienen que ver con los procesos primarios y los secundarios, con el centro y la superficie de la circunferencia; son dos aspectos complementarios que en absoluto se excluyen. Desde el exterior se prepara el viajero, se mantiene en lo Manifestado para un día después de conocer su sitio personal, introducirse en lo No Manifestado. El exterior tiene que ver con el devenir, el flujo continuo de Heráclito, el eterno retorno. El interior, con el presente eterno de Parménides, el ojo del huracán. Las dos concepciones se dan en el camino correcto, como está expresado en “Todo cuanto necesitas está en tí”, un cuento de Fun Chang, donde un sabio y un emperador se encuentran frente a una catástrofe natural. Es una prodigiosa enseñanza entre el aspirante y el maestro.
«Ah…, de eso te hablaré más tarde, antes es preciso que tengas la base necesaria, que puedas percibir lo que eres», contesta el sabio a ¿qué es la energía? También «una planta que vive cerca del océano se asegura de que sus raíces se introduzcan profundamente para no ser arrancada por el viento»… Muchas personas… huyen de la realidad presente diciendo «si pudiera saber de dónde vengo, entonces sí podría»… para no servirse de los instrumentos que tienen… y evitar mirarse de frente…. Al sabio no le preocupa más que el momento presente. Puede ver el porvenir y el pasado pero no se deja llevar ni por uno, ni por otro.
El emperador comenzó a sacar cadáveres…y pronto se le unieron otros ciudadanos. Al ir a marcharse el sabio y requerirle el emperador por su presencia de confianza y de paz, el sabio le contesta «¡Esas personas que te rodean tienen la misma impresión contigo!».
En todo ello está el engranaje de la realidad útil, de la circunferencia exterior confuciana dentro de la que se desarrollla la expresión de la realidad del presente eterno, del centro, de la energía taoísta.
No hay centro sin circunferencia.
No quisiera acabar sin decir algo más sobre sufismo, particularmente en lo que se refiere a las enseñanzas de Abenarabi (Ibn Arabi) (Murcia, 1165), quien tuvo contactos con Averroes. Arabi habló de la vía de la verdad, que varía según la condición de quien habla. El estado de fana (iluminación), es la contemplación del Reino, distinto al dado. Se ha de buscar al rey fuera de su prisión: el mundo; eso es adab la conducta correcta. Hay que entrar en el khalwa (el retiro) teniendo a la imaginación bajo control con un corazón separado de lo superfluo, del engaño, para dedicarse al dhikr, representación de Dios, dedicando tu hinna –el poder de la intención del corazón–, a nadie más que a Él.
«… Si te quedas con lo que te ha ofrecido Él, se te escapará; si conoces esto, debes saber que Dios te está probando».
Arabi recomienda que se obre con el Divino Nombre de al-Sattar, el que vela. Después sigue un proceso a través de los seis reinos que recuerdan los campos alquímicos, aparecen al-asma al ilahiya, el manifestado y el oculto, la conducta adecuada para dar y recibir, contracción y expansión; llegando incluso, si no te detienes en las dádivas de los procesos, al «mundo de la barbarie, del desamparo, la incapacidad y las tribulaciones; y éste es el cielo más elevado».
También aquí tenemos a quienes son absorbidos en Dios Mustahlikun y a los que regresan Mardudun y a quien es enviado con un mensaje de dirección y guía alim, que es el heredero del conocimiento. Según las teorías de Arabi vemos que las tradiciones, sean budistas, mahometanas o cristianas, tienen mucho en común. El origen de la inspiración es siempre el mismo, sólo que adecuado a las circunstancias y culturas planetarias. Arabi, con sabiduría, expresa que todo buscador ha de experimetar inevitablemente el impacto de los estados, a lo cual añadimos que todos los mapas correctos tienen esa conexión, tal que, superpuestos, mantienen las mismas coordenadas esenciales y que más allá de esa información se ha de descender al impacto del territorio, sin perderse.
El erudito Miguel Asín Palacios ha estudiado prolijamente el islam y sus relaciones con el cristianismo. En concreto nos interesan sus investigaciones sobre el sufismo y sobre Arabi.
Por una parte Asín afirma rotundamente que existe una espiritualidad en el islam que tiene similitudes estrechas con el cristianismo. De hecho ya sabemos que se comparten las creencias en el Cristo y diversos santos. Las identidades de las que habla Asín se extienden a la doctrina, la vida ascética y mística que por una parte se han explicado como evolución del Alcorán, la doctrina de Mahoma, según Massignon, y como imitación de los monacatos cristianos según Asín. Lo importante quizás de esto es señalar los posibles contactos enriquecedores de ambas religiones. De hecho Asín reconoce la influencia de Averroes y Avempace sobre santo Tomás de Aquino, y de los sufíes sobre Ramon Llul.
Es importante señalar que el sufismo, según Asín, forma parte de una tradición heterodoxa dentro del islam, de una mística que propone como único camino el gustar de la experiencia, lo que verdaderamente nos recuerda a los místicos españoles. El murciano Abenarabi sería el representante de esa mística heterodoxa que, según Asín, tiene una identificación panteísta como meta de perfección y que obra como los místicos cristianos e incluso se llegaron a llamar isauíes, seguidores de Jesús.
Podemos añadir con respecto a lo expresado que, más allá de las disputas de propiedad a la que pertenecen los místicos, ya sean musulmanes o cristianos etc., tal vez sean ellos los que realmente vivan los presupuestos religiosos, verdaderamente, alejándose de la sobriedad de las instituciones que con su ortodoxia sobria apagan los sentimientos encendidos de éxtasis y devoción.
Roger Godel. Forma parte de este eje de reconocimiento a intelectuales occidentales buscadores, en quienes lo científico se moldeaba en lo filosófico. Desgraciadamente nos encontramos con que hoy están oficialmente bastante fagocitados por esa tecnología de utilitarismo exclusivamente mercantil y de consumo acaparador; Godel, como T. Brosse, es de esos científicos que han podido saltar la barrera del método aprisionante sin que les cause rubor. ¡Qué pocos quedan!
Mircea Eliade habla de Godel como médico, psicólogo, apasionado por los métodos del pensamiento científico contemporáneo, que toma la India como campo de sus observaciones.
Godel está preocupado por el psicólogo, de ahí que esté continuamente en sus referencias, espera que imite el ejemplo del físico moderno que se acerca al místico occidental y al sabio hindú, estudiosos de “los condicionamientos” para poder librarse de ellos. Ese esfuerzo le acercará al sabio hindú, precursor de los psicólogos occidentales en busca de la consciencia transpersonal. Tanto Guénon como Godel desarrollan su actividad, poco antes uno, y poco después el otro, de la mitad de este siglo XX. Godel dice que al psicólogo se le ha de exigir un despojo: liberación respecto de las rutinas del espíritu y de los modos clásicos de pensar, se ha de vivir una exaltación del nivel de consciencia. Existe una singular analogía que vincula simétricamente el orden que rige la materia y el que preside los dinamismos psíquicos. Godel va en pos de la experiencia liberadora que sería en verdad el conocimiento de lo intemporal en nosotros, sería una experiencia de inmortalidad. Nuestra cultura, ¿representa realmente el término último de las posibilidades humanas? Serios motivos incitan a creer que al hombre puede haberle sido dado llegar a una consciencia de lo real en una absoluta trascendencia del pensamiento. Godel, después de estas reflexiones, lo que busca es encontrar al liberado: al jivan-mukta, el liberado en vida. Nos comenta: «los jivan-muktas a quienes nos acercamos tenían en alta estima a santa Teresa de Jesús, a san Juan de la Cruz, y se complacían en citar trozos de sus escritos». En sus relatos viajeros, Godel consulta a los sabios, siendo ayudado por uno de ellos, haciéndosele evidente que el viaje exigía, para llegar a término, una luz que el pensamiento científico solo no puede proveer. Aconseja que el psicólogo atienda al liberado en vida, puesto que el intelecto como el deseo son condicionados por la psique. Un jivan-mukta se muestra plenamente humano, cumple sus funciones sociales y profesionales de un modo ejemplar, el fakir de la esquina hace más milagros que él.
En carta al biólogo Julian Huxley, Godel se queja de la tendencia a cerrar el estudio a los caminos inexplorados –terra incognita– en nombre del sentido común, en Occidente. Profundiza sobre la extinción de todas las actividades psicosensoriales para llegar a la experiencia última, a un ejercicio de la consciencia más allá del espacio y del tiempo. Y las cree respuestas para esta época nuestra, perturbada. Godel, preocupado por llegar a la verdad, se asesora para escoger a los verdaderos hombres liberados, respondiendo a una investigación empírica llevada hasta la última posición axil de la consciencia, según sus propias palabras. También expresa, refiriéndose a unas investigaciones en la India: «hemos evitado con cuidado todo contacto con milagreros y adivinos; los impostores son muy hábiles y abundan». Sobre el jivan-mukta, expresa que nuestro mundo se les aparece a través de una visión de impermanencia y de flujo que le recuerda a los teóricos de la relatividad. Hablando con ellos sobre los procesos de liberación, los miedos a la renuncia, el derrumbe de los soportes que Godel les plantea (soportes del ego), tan presentes para un occidental, el liberado argumenta que lo que se encuentra al final del trabajo es la paz del espíritu. Godel habla de Ramana Maharshi, que era tal su poder de atracción en Tiruvanamalai, que su ambiente ofrecía un espectáculo de los más heteróclitos y desconcertantes, de poderoso interés.
Godel quiere esclarecer los procesos del dominio sobre ciertas funciones neurovegetativas (metabolismo hístico, respiración celular, motricidad del tracto digestivo y urinario, ritmo cardíaco, acción sobre los fenómenos de despolarización y repolarización del miocardio), campo en el que se encuentra el hatha-yoga. También sobre ciertos fenómenos parapsicológicos: telepatía, clarividencia, precognición, psicoquinesis. El estado de consciencia produce una transformación que conlleva un enriquecimiento ético, un potencial benéfico y la agilización de las funciones mentales. Se supera la ilusión de la dualidad, testimoniando la unicidad de consciencia y cosmos; es el sunyata del budismo, la plena realidad de la beatitud de Meister Eckhart.
En el jivan-mukta, la experiencia liberadora conlleva: una llegada súbita, fulgurante y a veces inesperada. Se produce una transformación profunda. Todo ello nos recuerda a Gopi Krishna. Está desprovista de contenido intelectual y de imágenes, y es permanente y definitiva a diferencia de los yoguis. Godel, que se sorprende del equilibrio mental y la perspicacia, hace preguntas intentando desmenuzar la experiencia del jivan-mukta; le responden que ellos realizan en su pureza absoluta la naturaleza original de la Consciencia, y ello no se puede comprender si no es viviéndolo. Godel critica las explicaciones superficiales de psiquiatras y psicoanalistas sobre la patología mental, y deposita su esperanza en la búsqueda de ese eje de polarización trascendente como lugar de fuerza equilibrante para la psique. Investigar lo sagrado sería una tendencia instintiva puesta de manifiesto en los ritos de iniciación «porque no me buscarías si no me hubieses ya encontrado».
Godel recalca el problema de la dualidad ya que la trascendencia de los opuestos permitió a los rishis penetrar en el corazón de la experiencia liberadora, la realización de lo incondicionado de naturaleza ultra-mental. Las técnicas de liberación persiguen bajar el nivel de tensión de los complementarios, disminuir las cargas mediante procesos catárticos, o acrecentando el dipolo hasta que salte la chispa iluminativa, como en el zen. También, afectando ignorar el juego de los opuestos por vía directa, se suscita una epifanía de luz oculta. Godel no esconde los peligros de la liberación, el de los monstruos guardianes del paraíso; observando en sus investigaciones casos de muerte aparente, insomnio prolongado, desnutrición. Necesariamente los vasana (complejos) deben aparecer y manifestarse, dicen los “psicólogos hindúes”, para agotar sus frutos. Las potencialidades psíquicas, que desde hace tiempo dormían, ahora germinan, crecen, agotando la virulencia de todos sus gérmenes en latencia. De esto que nos explica Godel es interesante comprender que la carga psíquica inconsciente sufre desgaste en sus manifestaciones; como no sucede ese progresivo desgaste es manteniéndola en el inconsciente en estado de hibernación represiva, con la amenaza de que pueda irrumpir de forma imparable. Este proceso, que como ya vimos, no es en sí más que limpieza, se produce también en el chamán. La sabiduría es fuerza, el fuego sacrificial siembra el espanto por su violencia; como tal, Agni se asocia a Indra, el héroe matador del dragón Vitra. Indra desafía la muerte, su fuerza la ha tomado de un brebaje místico: el soma. Se producen fisuras por donde el pensamiento parece huir, toma formas, visiones, y estallan en escenas grandiosas o terroríficas, en fenómenos parapsicológicos incontrolables, verdaderas tormentas psíquicas. Son como los caballeros malditos que rodean la Sala del Centro en la búsqueda del Grial. Las tendencias esquizofrénicas que estallan presagian la muerte del ego. Un profano observador diagnosticaría una crisis fatal. Uno no se debe acercar a esos parajes sin haber desatado los vínculos con la dualidad. Toda la imaginería oriental nos ilustra al respecto. La máscara india de Kirttimukha forma un círculo de espanto alrededor del árbol de la vida.
En el ascetismo, sacrificador y víctima se encuentran en la combustión pu-rificadora, hacia la ruptura en el éxtasis o samadhi, con miras a la reabsorción última en la no dualidad como hace el jnanin, y no dilapidándola en manifestar sus poderes. Godel protesta sobre las consideraciones materialistas occidentales en las que los dioses son concebidos por un pensamiento simbólico deseoso de personificar conceptos abstractos, para descerrajar que semejantes criaturas solo existen en los catálogo de los mitógrafos –herbarios de flores secas–. Godel compara los caminos taoístas, budistas, búsqueda del Grial, vías de ascenso al conocimiento, en oposición al reino de la máquina, a la reja de números, lamentándose del poco progreso de la psicología.
Propone esta tarea al psicólogo: disciplina rigurosa, llegar más allá del mundo de las formas, que busque el valor y las significaciones funcionales sobre el juego antagonista de las fuerzas psíquicas, ahí la psique se mueve en un campo inestable de rupturas y reconversiones de equilibrio, hasta llegar a la consciencia unitaria. También le propone que profundice sobre la muerte y el mundo ilusorio y sobre la homología que enfrenta a los mediadores del espíritu con los psicoquímicos, y que investigue sobre el sueño despierto y las técnicas orientales de imágenes-piloto, tomadas de los grandes mitos, para ir más allá de la interpretación sexual psicoanalítica.
Como cardiólogo, Godel nos habla de la importancia del corazón sensible al desequilibrio psíquico más que a una disfunción fisiológica, centro de paz del universo, como un ser viviente de maravilloso equilibrio.
Para acabar, detallamos aspectos de una conversación con lo que él llama un «psicólogo hindú». A unas preguntas típicamente occidentales por parte de Godel sobre lo infranqueable, el hindú expone la libertad del movimiento de la psique y su energía como fuerza creadora de la consciencia en sus caracteres temporales. Consciencia que no es objetivadora, que no es «consciencia de». Con respecto a la multiplicación de los puntos de vista, el hindú argumenta que muchos yoguis cayeron en esto, llamándolo la vida cosmogónica, lo cual acaba en el agotamiento, la demencia o la explosión del aventurero. Hay respuestas que de nuevo se encuentran con la barrera de la vivencia, el hindú expresa que es tan difícil explicarlo como a un ciego los colores, que se ha de trascender la razón. Incluso habla de un consejo dado a un psicólogo por un sabio, sobre que se eclipsara en presencia del enfermo para que la intuición llegara al observador. Le decía: «muera usted para que él viva». Es una referencia clara a que el ego del terapeuta no se interponga en el camino de la curación. Para el «psicólogo hindú» los dinamismos complejos de la emoción y del pensamiento son comparables a ondas que vibran y corren en la superficie de un lago donde se entrecruzan en todos los sentidos. A este fenómeno le llama writis. El yo no es sino una red impermanente de writis asociadas fortuitamente en ese campo de energías que es la consciencia.
Las alucinaciones están en el campo del sueño y de la vigilia. Hablando sobre la cibernética, el hindú le pregunta: «¿descubrió la cibernética el lugar que ocupa, en el centro de la síntesis, el operador de esas operaciones?».
El sabio hindú se burla del apego a la individualidad del occidental que no puede asegurar su pérdida, afirmando que la experiencia liberadora para el «psicólogo hindú» se produce cuando la Consciencia desciende desde lo alto, bajo las apariencias de amor y sabiduría. El último velo descubre el Nirvikalpa Samadhi.
Thérèse Brosse. Pionera como mujer, como científica, como buscadora, se adentra en Oriente, en la línea de Godel, con sus aparatos clínicos occidentales, para demostrar que otra forma de realidad es indiscutiblemente cierta. Su vida tras el rastro de la consciencia-energía, como cardióloga, como trabajadora de la Unesco, traspasa el papel aséptico del científico para experimentar otros modos de conocimiento. A ello se entrega y nos deja su legado, un incansable y fructífero camino. Solitaria, como todo pionero, elimina tabúes, lucha contra el entorno hostil que no puede asimilar sus conclusiones, para demostrar el olvidado sustrato biológico de la energía consciente, para colocar al cuerpo en el lugar que le corresponde. Por ello, como Godel, también cardiólogo, parten a escuchar el corazón que late como órgano y como centro en cada ser. El científico, el filósofo y el hombre se unen, y directamente se inundan con la tradición milenaria de la India.
En su itinerario de búsqueda, partiendo de la enfermedad cardíaca como efecto de traumas emocionales, desarrolla una investigación en pos de una actividad que ejerza un dominio sobre esa emotividad. Ello le llevará a un tercer nivel superior: la consciencia-energía. También al estudio del yoga, Patañjali, Krishnamurti, Aurobindo, Ramana Maharshi, etc. para contrastar sus opiniones con la ciencia avanzada de Occidente, la microfísica, la filosofía, Einstein, Laborit, Bergson, Huxley, y un sinfín, etc. Por una parte, la supresión de la fluctuación mental, ilusoria, para llegar a lo real, por otra la teoría cuántica y la también ilusoria materialidad. Con todo ello se encuentra la doctora. Esa consciencia-energía, con su presencia, borrará toda agitación psíquica, anidando en la salud y la iluminación hacia las bases científicas del conocimiento de sí mismo, de la higiene mental y de la moral biológica para aplacar la tiranía de los egos.
La doctora Brosse sigue en sus opiniones los textos milenarios, comprobándolos en su estudio. El hombre es un animal mientras está sometido a su ego, es decir, mientras no haya tomado consciencia de su verdadero yo. El hombre animal está sometido a la dualidad orgánica y al ego. En el plano fisiológico no nos resulta molesto por su complementariedad en diferentes niveles, aspecto que sin embargo no se da en lo psíquico, persiguiéndose una unidad mediante la discriminación que ejerce la dualidad, dualidad que es parte de nuestra constitución. El ego se forja así, identificando el cuerpo con el sí mismo, en la fantasía de un individuo aislado.
En sus investigaciones, la doctora Brosse se propone realizar una labor de síntesis, lo que la coloca en una imperiosa actualidad. Síntesis Este-Oeste, y entre la tradición milenaria y los últimos descubrimientos, para encaminarse hacia una filosofía del todo. Por ello repasa las bases occidentales en una línea de opinión acorde con la de este libro, estando al tanto de los comienzos de la psicología transpersonal, a la que considera en sus objetivos como superadora de los límites del ego, en relación con la parte superior del psiquismo, (Buddhi) –el carácter universal. Está al tanto de los experimentos de los estados alterados de consciencia, meditación, y de la función ondulatoria, es decir vibracio-nal de nuestra naturaleza, para relacionar la microfísica y el Shakta Vedanta, hacia la disolución de la dualidad sujeto-objeto y hacia la potencialidad del ser.
La consciencia es el eje vectorial de la vida entera. Para ello es importante, coincidiendo con Godel, descubrir las leyes biológicas que el hombre lleva inscritas, puesto que la ley de la evolución biológica es la ley de unidad por integración que procede por ajustes de síntesis consecutivas, explicando para ello la subordinación de las leyes neurológicas, desde la complejificación del córtex, hasta la afectividad de las ondas alfa, etc. Todo ello la hace converger en el evolucionismo de Aurobindo y Madre, hacia la necesidad de la experiencia de esa Consciencia, como se produjo un día en su oficina de la Unesco: entrando en un estado de identificación total con todo lo que la rodeaba.
Toda su trayectoria le fuerza a penetrar en profundidad en la India viviente, en su filósofos, contrastando todo ello con las teorías actuales occidentales, como la microfísica y la neurología, la electroencefalografía del yoga, los campos eléctricos, el estudio vectográfico de las posturas y los asanas. Por ejemplo, en halasana se reducía a la mitad el campo eléctrico cardíaco, en sir-sasana se dan reajustes energéticos por el aspecto estrechado del vectograma, en cobra tenía una ampliación considerable y una bella regularidad. En el yoga-mudra, en postura de pez, tenían lugar progresivas modificaciones del vectograma. En yoni-mudra, que persigue sustraer la consciencia de las percepciones sensoriales a través de la obturación de todos los orificios corporales, sus registros se centraron en las modificaciones del campo eléctrico de base, en su forma de desarrollo de períodos lentos que atestiguaban la cualidad del estado de consciencia. Las fluctuaciones de este campo eléctrico de base son diez veces mayores en el orden cuantitativo que las del campo eléctrico cardíaco; constituyen, sobre un desarrollo continuo de la cinta registradora, la prueba maestra para la exploración mental. Así estudia también el pranayama, el Kundalini yoga, laya-yoga, Samyama, todo ello contemplado desde su comprensión de los fenómenos que se dirigen hacia la detención del flujo del pensamiento y hacia el desplazamiento escalonado de la consciencia a lo largo de los niveles jerarquizados. También registró sobre otros yoguis la inducción psíquica, además de aspectos paranormales.
Investigó las expresiones rítmicas de la consciencia-energía, estableciendo la energía ondulatoria como la base de todas las cosas y en todo el cosmos, para adentrarse en el ritmo de la materia, el ritmo de la respiración, los ritmos vitales y psíquicos y las ondas periódicas lentas. El ritmo es concebido como expresión de un orden a través del cual se expresan las cualidades humanas: las ondas delta en las funciones vegetativas, las Theta en el nivel sensorial del niño o del adulto cuando hay inmadurez o agresión, las alfa en los sentimientos, no en la emoción bruta, el ritmo beta en la actividad intelectual. Hay un tipo único de actividad generalizado a todo el área cortical: el alfa rápido del éxtasis yóguico y las ondas lentas del sueño. El patrón de onda está determinado por el nivel de consciencia y no por el proceso de paso de un estado bioeléctrico a otro. Todo ello dentro de una jerarquía funcional entre los sistemas múltiples de regulación de la actividad cortical.
En lo evolutivo la ontogénesis recapitula la filogénesis. Brosse entra a estudiar los principios para una pedagogía, a fin de poder llegar a un estado de síntesis, más allá del ego. También en la sociología, para tratar de llegar a la función noética generalizada en el todo del acontecer humano, hacia un conocimiento de lo real, una ciencia del hombre fundamentada en la consciencia-energía.
Todas las investigaciones de T. Brosse acaban en el delta de la consciencia-energía, base en la materia, en el vegetal, en el mundo atómico y galáctico, y desde la eternidad. Con un anhelo precioso, pero poco correspondido por el científico de hoy, para que profundice en los mecanismos de la vida, en vez de agotar en vano sus recursos intelectuales en sagaces explicaciones, y así su consciencia pueda entrar en comunión con la Consciencia.
Esa Consciencia está en la sabiduría del cuerpo; por ello en la línea transpersonal de este trabajo, ese cuerpo como consciencia ocupa un sitio primordial, y en el capítulo consciencia-energía volveremos a tomarnos de la mano de Thérèse Brosse.
G.I. Gurdjieff - A. Watts - K. Graf Dürckheim
Gurdjieff. «Kipling dijo una vez que esos gemelos –se refería a Oriente y Occidente– nunca podrían entenderse. Pero en la vida de Gurdjieff, en su obra y su palabra, hay una filosofía salida de las profundidades de la sabiduría del Asia: hay algo que el hombre de Occidente puede comprender. Y en la obra de este hombre y en su pensamiento –en lo que hizo y en la manera en cómo lo hizo– el Occidente encuentra verdaderamente el Oriente.»
Esta voz vino de América, la del arquitecto Frank Lloyd Wright, pocos días después del 29 de octubre de 1949, día en que moría Gurdjieff.
Por eso en este libro se destaca a este maestro como un emisario adaptador de conocimientos orientales, que influyó decisivamente en la psicología no oficial, fundando posiblemente las primeras dinámicas de grupo de la historia moderna en Occidente, transpersonalizando al hombre al considerarlo como un “universo en miniatura” sobre el que operan todas las fuerzas. En fin, digno de ser tenido en cuenta, Gurdjieff considera al hombre como un resultado de la interacción de las emanaciones planetarias y de la atmósfera terrestre con materias de la Tierra.
Nació sobre 1870, en el Cáucaso. Su biografía, aunque es misteriosa, se ha conocido algo por sus discípulos y lo que se puede interpretar de sus obras, sobre todo en Encuentro con hombres notables, sobre sus andanzas en busca del conocimiento por Asia, Tíbet, etc., investigando las prácticas sufíes, budistas, etc. También la obra cosmogónica de Relatos de Belcebú a su nieto, aunque un tanto misteriosa, más que alegórica, recoge la concepción del mundo de Gurd-jieff, de un Belcebú allende el sistema solar, para adentrarse en los vericuetos de la vida terrestre. Gurdjieff es un enigma, ha quedado de él un halo que bascula en las opiniones entre sabio, bribón, mago, etc. Funda el primer instituto para el desarrollo armónico del hombre e instaura una nueva vía hacia el conocimiento: el Cuarto Camino, el haida yoga, de gran influencia en psicólogos y aventureros de la verdad. En sus eseñanzas se pretende llegar al estado culminante de consciencia objetiva a través de la consciencia de sí, y para ello se ha de ir más allá de la personalidad, pues hay una distinción fundamental entre la personalidad como lo adquirido, y la esencia que es innata, lo verdadero. Entre sus concepciones destaca que estamos formados de multitud de yoes que nos impiden tener una consciencia directa de las cosas, y ese velo ha de ser desgarrado para llegar a la unidad. La identificación con esos yoes, movidos ahora por el entusiasmo, después por los celos etc. se convierten en el principal obstáculo para el recuerdo de sí, generan las fantasías que distorsionan las impresiones: alimento inprescindible junto al aire y al alimento orgánico. El «yo soy quien está percibiendo esto», fija una técnica para mantener la presencia de la consciencia frente al objeto; si se hace correctamente, el mundo exterior desarrolla una intensidad de luz y color desconocidos, hasta llegar al conocimiento completo. La penetración y comprensión de sí mismo es indispensable para conocer a los demás y para acabar con el temor a los semejantes. Gurdjieff propone, para una vida más armónica, el reconciliar y unir las tres funciones humanas: pensamiento, sentimiento y acción. Con ello se alineará la gestalt, para llegar a un yo real, en el que la acción no es ya reacción. Para llegar a ese yo real se ha de despertar a esas diminutas identificaciones y falsos yoes que nos esclavizan, morir a ellos y nacer de nuevo. Es entonces cuando el mantenimiento de un estado de tranquila vigilancia en compañía de los semejantes se convierte en la enseñanza del Cuarto Camino, según lo expresa Kenneth Walker. Un Cuarto Camino que supone tomar consciencia de ser el pasajero del carruaje, el amo de sí mismo, para hacerse un alma, pues con su conocida osadía Gurdieff enseña que pocos seres humanos la tienen; hay que hacerse una, ahí estaría el propósito de la vida, a fin de no ser desintegrado por la muerte y liberarse de acabar como «alimento para la Luna».
El sueño es el primer estado de consciencia, el estado ordinario de vigilia es el segundo, y está marcado por la identificación, la consideración (no confundir con empatía), la mentira, la charla mecánica, la imaginación ilusoria (no la creadora), la conversación innecesaria, las emociones negativas. La autoconsciencia es el tercer estado de consciencia, de atención clara e imparcial. El estado culminante es la consciencia objetiva. Ya aquí, prescindiendo del maestro, el discípulo se adentra en el amor, la oración y el servicio.
«Parar la máquina» supone un número amplio de tareas duras con las que el maestro crea conflictos, se divierte con las fricciones que provoca entre los pupilos, también supone practicar la gimnasia sagrada que proviene de la hermandad sufí de los sarmouni, de los derviches y de los sacerdotes bailarines del Hindu Kush. Se trabaja el cuerpo con posturas incómodas para romper el hábito, respiraciones, danzas y ejercicios complicados, ritmos, economización de energías, arabesco de pasos empujando a la concentración de la atención hasta sus límites, integrando movimiento, sentimiento y pensamiento hasta el sobreesfuerzo, que es paradójicamente cuando son posibles ciertas experiencias. Todo ello, como podemos observar, entra en consonancia con el segundo aliento, conexión con el gran acumulador y las leyes de la bioenergética. Aparte también se trabaja el control sexual, la respiración, la concentración de la voluntad y la conexión con el guía interno. En fin, todo un entrenamiento que se dirige a ser el amo de sí mismo, ser el pasajero que domina al cochero (intelecto) del pescante, que controla a los caballos (emociones), en un buen carro (el cuerpo). El cuerpo goza de una especial atención, alineada a su condición oriental de consciencia: «las experiencias espirituales sin consciencia del cuerpo son alucinaciones. Quien es consciente del propio cuerpo no enloquece».
Es importante mencionar ciertas leyes con las que opera Gurdieff, la ley de tres, tres fuerzas: pasiva-activa-neutralizadora. La ley de siete, que no es lineal, por ejemplo la escala musical en la que los semitonos rompen la tónica, y es donde se produce el cambio. De la ley de tres más la de siete surgiría el eneagrama. Las influencias físico-químicas se deben a las emanaciones de la atmósfera del cuerpo, del sentimiento, pensamiento, y en algunas personas también del éter. Para liberarse de ellas hay que estar pasivo, pues aquí opera la ley de que lo semejante atrae a lo semejante; si hay calma, la agitación y las emanaciones ajenas rebotan contra la permanencia de las propias emanaciones. En la segunda acepción –ley de repulsión– se necesita una lucha artificial que ha de saber aplicar repulsión o atracción según los casos. Las otras leyes planetarias de Gurdieff parten del 1 del absoluto, para explicar la progresiva condensación que obstaculiza la libertad de acción. La Tierra ocuparía un lugar poco afortunado dentro del universo sometido a 48 leyes, la Luna a 96, el Sol a 12, etc.
Toda su enseñanza le proporcionó una fama diversa, dependiendo de si en sus centros se encontrara o no la calma buscada. Sus estancias se desperdigaron a lo largo de la peregrinación por una Rusia en revolución, Georgia, Constantinopla, Berlín, Londres, hasta que por fin Gurdjieff se establece en París. Las acusaciones están repartidas entre las que afirman que es un destructor del pensamiento occidental, hipnotizador colectivo, etc., que suenan a resistencias conocidas, y entre las que lo colocan como maestro indiscutible.
Su perspectiva lleva a considerar una visión que comprende unos presupuestos galácticos que incluyen viaje estelar enigmático, explicaciones sobre un órgano especial: el kundabúffer, que debe ser algo parecido al ego, la formación en la Tierrra de los seres tricerebrales: el cuerpo (la sensación y lo motor), la emoción y el intelecto. Estos seres tricerebrales como hemos señalado se nutren del aire, de alimentos orgánicos y de las impresiones, Además poseen todas las condiciones que permiten a los cuerpos astrales superiores revestirse de ellos para aterrizar planteando una salida a las miserias humanas.
Este Cuarto Camino, propuesto por Gurdjieff, consiste también en superar el primer camino, constituido por el fakir, desarrollo obsesivo de una voluntad de control corporal. Superar el segundo, el del monje emocional, devoto, religioso, que produce una voluntad emocional extraordinaria y un “santo estúpido”. El tercer camino es el del yogui, desarrollo del intelecto y capacidad de penetración en lo humano y en la modificación de su consciencia, perdiéndose en los logros. El cuarto camino combinará estos tres, desarrollándolos armoniosamente hasta llegar a ser el amo del carruaje, el dueño de sí mismo.
En fin, Gurdjieff considera que el hombre máquina vive en una realidad autohipnótica consensual muy difícil de romper. Este hombre máquina se mueve poseído por un trance consensual la mayor parte de su vida, lo que le impide ver la auténtica realidad. Por ello el trabajo del Cuarto Camino es un duro procedimiento para romper esa hipnosis, una deshipnotización y un descondicionamiento cultural a fin de abrirse a una realidad transpersonal. Esta crítica del hombre sometido a la cadena de montaje, al adiestramiento de la educación y de las leyes, sitúa como ninguna otra crítica la perspectiva esclavizada del hombre industrial, del hombre informático. Por ello Gurdjieff avisa y amenaza que es casi imposible salir. Todo su proceso pedagógico, sus ejercicios desconcertantes, sus famosos stops repentinos y posturas imposibles, tienden a esa deshipnotización, al descondicionamiento cultural de hábitos y patrones de conducta adquiridos, etc., a fin de llegar al despertar, previa desprogramación contundente del hombre robot. A partir de ahí se entraría en una nueva realidad. Eso es Gurdjieff, cuyo nombre suena a leyenda, al país de los cuentos.
Alan Watts. Como todo el mundo sabe, fue un estandarte de la contracultura americana, supongo que hasta por su esteticismo en cuanto a las formas orientales, esteticismo que por supuesto trascendió. De sus escritos se deduce hasta qué punto vivió el camino de la experiencia liberadora, destapando el truco y realizando un simple y lógico sopesar del alud de información que se cernía durante las últimas décadas en la California contestataria, una forma de vida que no enarbolaba banderas ni himnos ni ademanes; más bien, en los que sabían adónde iban, suponía iniciar una búsqueda fuera de lo considerado por el establishment. En este eje, Watts encarna en su vida muchos aspectos de la “filosofía” oriental, a la que conoció en teoría y en la práctica. En mi imaginación, desde los primeros setenta, Alan Watts aparece sentado bajo un poncho, con mirada zen frente a un espectáculo degradado en la orilla de un mar postindustrial.
Sus obras dan fe de su amplia exploración por los confines de lo espiritual, unido a una alta erudición poco frecuente, según he podido constatar. Watts puede citar en sus explicaciones a Korzybski, Bachelard, Wittgenstein, Unamuno, etc., aparte de los rigurosos Freud, Ramana Maharshi, William James, etc. En la síntesis Oriente-Occidente, Alan Watts es clave, sus títulos como Psicoterapia del Este-psicoterapia del Oeste, El Futuro del éxtasis, El gurú tramposo, etc., dan fe de ello. Y es clave porque contrapone los dos mundos, observa diferencias y afinidades. Y aunque desde que escribiera ciertos artículos ya han pasado cosas, muchas de ellas, seguro, son producto de su siembra. Un ejemplo es que hoy se esté hallando un ordenamiento del modelo psicoterapéutico que abre las puertas a una incorporación de los métodos orientales que, por otra parte, sabemos que algunos terapeutas están poniendo en práctica en sus consultas particulares desde las últimas décadas. El camino esta aún en vías de integración de diversas perspectivas.
Alan Watts encuentra en su exploración del taoísmo, yoga, vedanta, algo que se aproxima más a una psicoterapia que a una filosofía o religión. Se asombra de su simplicidad. Por el contrario, apunta que al psicoterapeuta le resulta cada vez más evidente que la “normalidad” occidental es un caldo de cultivo de la enfermedad mental con la que mantiene unas relaciones indisolubles. Para Watts el modelo psicológico corresponde al biológico, al sociológico, etc., entre los que se daría una cohesión articulada de modelos inseparablemente interconectados, y viene a decir, de alguna manera, que somos víctimas del mecanismo newtoniano que engendra la ficción de una separación y desconexión en realidad imposible, donde el ego ilusorio monta su trágica feria de muerte. El budismo, el vedanta, el yoga, representan una crítica sobre la propia cultura oriental, y ahí se emparentan con la psicoterapia, al procurar ambos una viabilidad de reconciliación entre el sentimiento individual y las normas sociales, viabilidad que no pasa por el sacrificio de la integridad individual. No se refiere a las psicoterapias oficiales, herramientas de ejércitos, iglesias, corporaciones varias, sino a las que ofrecen una liberación no necesariamente de «política revolucionaria». La palabra psique se queda corta, pues el campo que se toca es mucho más extenso, avisa Watts. Se pretende descubrir y denunciar esas ideas sobre uno mismo y el mundo como productos de convenciones sociales e institucionales que no deben confundirse con la realidad. Eso supondrá percibir el maya, ver que esas normas no son idénticas a las que rigen el universo, liberación que supone ser universal y único al desidentificarse la persona del estereotipo del rol fabricado de componendas. Además la psicoterapia lleva otra aspiración: la transformación de la consciencia, la transformación del sentimiento interior de la propia existencia. Ello supone distensión, alivio, función que ha perdido el sacerdote cristiano por su falta de formación y economía, según Watts. El conocimiento, pues, de los métodos, objetivos y principios de los elementos de las culturas orientales enriquecerán al psicoterapeuta, estableciendo esas dos aspiraciones: liberando al neurótico del samsara de sus pautas de conducta, y a la cultura de sus propios modelos estructurales.
Watts conoce perfectamente los presupuestos de la psicología occidental, de las tácticas y contra-tácticas orientales para anegar la mente en sus propias preguntas; de las triquiñuelas del maestro zen, a las que, a mi juicio, les da un exceso de importancia, pues detrás de un koan, más que una triquiñuela ineludible, hay una vivencia.
Watts plantea el cambio en la relación hombre-universo en esa aspiración de consciencia, algo que se relaciona con la autorregulación organísmica de Rogers, sin plantear la vivencia como supervivencia y en la que Satán ejerce más bien de fiscal acusador. La insania deriva de un olvidarse de sí mismo, entregándose al hobby: televisión, negocios, acciones bélicas o la retirada esquizofrénica, siendo reprimido el amor profundo entre el medio ambiente y el organismo. Todo ello ha de ser transformado por la «psicoterapia» y por el «camino de liberación», que aún va más allá. La transformación implica la unidad de las diferencias, que no puede ser expresada adecuadamente por el lenguaje. Ciertos principios generales sobre ello se darían ya en la física.
Los individuos perturbados son como puntos del campo social (respuestas sistémicas) en que se concentran las contradicciones del conjunto, desencadenando una ruptura. Todo ello expresa la idea ya establecida de la totalidad y complejidad, interrelación que nos lleva al contexto social y por supuesto al transpersonal: al cósmico, para percibir el carácter imaginario de lo espaciotemporal; maya que reside, no en el mundo físico, sino en los conceptos o formas mentales por los cuales se les describe. Todo esto, como se ve, nos lleva a Korzybski.
Watts plantea la iluminación como el summum oriental, la del bodhisattva. La del que se acerca con mucho tacto, alejándose de las mitologías aceptadas sin ser devorado por la ansiedad de los otros ni por las instituciones, cargadas de fortísimas emociones. Lo que propone el maestro oriental son nuevas formas de acción, una comprensión sensorial de mundo físico: el budismo subrayando la irrealidad del ego y la banalidad de la especulación metafísica y el vedanta enfatizando la unidad de campo.
El ego es muy tenido en cuenta por Watts, pieza clave de la diferencia: mi borde exterior, que no sólo es de mi piel sino de cada órgano y célula de mi cuerpo, es también el borde interior del mundo, ese ego separado es una institución social, una ficción social; en fin, pura hipnosis. Ese ego –hombre en-capsulado en su piel–, la gran mentira social, que proviene de que cuando yo me estoy conociendo o controlando –es decir a mi corteza cerebral– debería hacerme cargo de que, en realidad, quien me controla es un conjunto de gestos y palabras de otras personas. Un cambio en este orden supondría y llevaría a la unión con el mundo exterior: el satori. Es una identificación amplia de fondo-figura, donde forma es vacío, no ausencia de forma; todo ello muy alejado de las experiencias científicas de los laboratorios occidentales, ejecutadas en campos artificialmente cerrados donde no se da la implicación y donde el universo se considera como un mecanismo de configuraciones fortuitas de ciega energía, y a la naturaleza, como enemiga. La ciencia, según Watts, necesita de un yoga, de una intuición por encima del entendimiento verbal. La identificación con el ego niega la relación interpersonal y niega la relación con «el campo». El ego se disuelve en la identificación de sujeto-objeto, principio de la perspectiva oriental, aspecto que ni Freud ni al parecer Jung entendieron. Lo cual nos lleva a tener un concepto imperfecto de liberación en Occidente por tres razones: 1) la concepción cristiana del hombre, 2) las teoría antropológicas del siglo XIX y 3) el «psicologismo». El ego aparece en Oriente también pero con otra perspectiva de deberes y funciones.
En Watts no todo es bendición hacia el tema; plantea la ineficacia y confusión teórica del budismo y la psicoterapia, con la esperanza de provocar una mutua clarificación, y compara el nivel caricaturesco de la reecarnación del ego en Oriente con la obsesión por la historia en Occidente, la inconsciencia con avidya (ignorancia). La cuestión del ego es vital en la comparación de las dos «psicoterapias». Las ansias de superación llegan cuando ese ego antagonista de la sociedad no puede soportar sus culpas o ansiedades. Hay psicoterapias en Occidente que tienden a fortalecer ese ego, mientras que, por el contrario, en Oriente se tiende a demostrar su carácter ilusorio, como en el madhyamika de Nagarjuna, de tal manera que, según Watts, se puede resumir en un sentido lógico el que toda opinión filosófica se puede encuadrar en: a) ser, b) no-ser, c) ambos ser y no ser y d) ni ser ni no ser.
La práctica oriental no tiene por qué degenerar en un trance hipnótico profundo causante de que el yoga se convierta tantas veces en una vía muerta; por ello el zen desalienta todo intento de bloquear completamente la actividad mental, aunque se detenga su vagabundeo para vivir el instante del presente, enseñando al terapeuta una actitud taoísta, la que se da también en el judo, utilizando la fuerza del contrario para «que caiga» por su propio empuje. Así el paciente deja de ofrecer sus síntomas y de intentar controlar al terapeuta, duplicidad conceptual que procede de su ego anulador de la espontaneidad; el resultado le llevará a la liberación. Lo onírico, así como las asociaciones libres, fantasías, son como los upaya orientales: triquiñuelas, según Watts, y además afirma que, cuando la atención de los terapeutas recae exclusivamente sobre, digamos, el simbolismo onírico, se pierde de vista no sólo la técnica esencial de la terapia, sino también el contexto social de la psicopatología, sin llegar a afirmar que sean pura cháchara los sitemas teóricos freudianos y junguianos.
La crítica que me sugiere lo que Watts afirma es simplemente que apenas he oído decir nada sobre la importancia del cuerpo en la psicoterapia, cteniendo en cuenta la creciente atención que se le dispensa en Occidente y su valor incuestionable en posturas, ejercicios y respiración en todo Oriente. Me uno totalmente a la crítica a la perspectiva exclusivamente psicologizante de la terapia occidental, que así pierde el ancho camino de la liberación, perspectiva psicologizante en la que el terapeuta detenta, no sólo la autoridad de la sociedad, sino la de la naturaleza, autoridad que deviene de la ley de la vida cuyo olvido se demuestra en la auto-contradicción de la autoridad social, cuya perpetuación llevaría a la destrucción y a la locura.
En ralación a todo ello el budismo, más que un nirvana externo, es, según el maestro zen Hakuin: «esta misma tierra es el país del loto, de la pureza. Y este mismo cuerpo, el cuerpo del Buda».
Watts plantea un proceso que va más allá de la paradoja, más allá del dualismo insuperado por Freud y por gran parte de la psicoterapia occidental, más allá de la falta de espontaneidad que campea en toda reunión de psicoterapeutas como uno de los espectáculos más penosos de este mundo, en que aparecen encogidos y tensos, controlando. Pues todo viso de comportamiento «inconsciente» es ser títere de instintos bajo los auspicios de un cuerpo polimórficamente perverso, lo cual no dará salida al masoquismo civilizado, lleno de admoniciones, advertencias y predicaciones. Frente a ello, Watts propone el camino de Eros, que da vida a la razón y al sentido del deber, un camino que no se restringe a la genitalidad, que sana el alma disociada de su cuerpo mortal y que supera el miedo psicoanalista, avanzando hacia una espontaneidad taoísta y compasiva. Todo ello para superar la creación más bien diabólica de este mundo en que vivimos, aunque se proclame desde la comunidad bohemia y hippie de Sausalito, y desde la paz de los pensamientos.
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