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El silencio es la música del alma

Manuel J. Fernández Márquez


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Manuel J. Fernández Márquez

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Prólogo

Parecería imposible que, en medio de la polifonía de la vida, pudiéramos escuchar las melodías del silencio como deleite espiritual de nuestras almas. Nuestra mente está cargada de palabras estiradas y nuestra consciencia embotada, oscura, incapaz de iluminar nuestras dimensiones más profundas, donde el silencio es soplo de vida, es suspiro y es puntos suspensivos donde el alma canta melodías infinitas.

El ruido entorpece y perturba, interfiere y estorba. El barullo nos hace emigrar de nuestra propia armonía, de nuestro ser interior para convertirnos en caminantes errantes, descentrados de nuestra propia vida y protagonistas de nuestro propio desorden corporal, mental y afectivo.

Manuel J. Fernández Márquez, en El silencio es la música del alma, nos ayuda a regresar al lugar desde donde hemos huido, a mi yo profundo, para sintonizar con los acordes interiores de mi propio ser en una relación armoniosa conmigo y con los demás, en el encuentro de las manos y la unión de nuestros corazones. Nos hace recobrar ese silencio de nuestro interior profundo donde podríamos ser nosotros mismoznuestros propios reyes, como diría W. Shakespeare.

El silencio es don del que ofrece y el P. Fernández Márquez, en este tesoro de su fructífera inspiración, nos ofrece ese don como meditación de su creatividad, como figura de pausa, soplo de aliento, solaz en la escritura musical de la vida. El autor en este libro no solo hace del silencio la canción del alma que respira en cada flor y vuela en cada pájaro, el silencio también es un maestro que nos habla, nos enseña, nos guía y nos introduce en el manantial de su sabiduría de la que el bullicio de la vida agitada nos destierra.

El silencio en esta obra es un seductor que con sus mágicos encantos, en cada verso y cada estrofa, seduce y cautiva la palabra, con ella intima en su interior para que ella encuentre su más clara contradicción en su pretensión de querer explicar y darle nombre a todo y para que vuelva al mundo renovada, regalada a nuestros labios y revestida de su significado más profundo. ¡Qué sería de la palabra si no existiera el silencio!

Jesús M. de León, sj.

Santo Domingo, R.D.

20 de mayo de 2010.

Presentación

El silencio es un tesoro y un milagro.

Es un milagro y un misterio que sólo podemos sentir y vivir en el centro de nuestra alma.

El silencio es «algo más», infinitamente más que estar callados o habitar un lugar o espacio donde no hay ruidos ni sonidos.

El silencio existe. Es una melodía infinita, eterna y amorosa, una música sin notas, porque las contiene todas.

El silencio es, existe, aquí y ahora, donde estás tú y donde estoy yo, en el centro de cada cosa, de cada persona y de cada criatura y envolviendo el aire que respiramos y toda la creación.

Descúbrelo.

Siéntelo.

Escúchalo.

Saboréalo.

Experiméntalo.

Vívelo.

El silencio es un sonido del ser, de la misma esencia de Dios, es una melodía de la música de Dios que resuena en el hondón del alma sosegada.

Sólo la experiencia del silencio interior nos abrirá las puertas a la paz, a la quietud y la armonía de todo nuestro ser en comunión con Dios y con toda la creación.

El silencio es la melodía de Dios que transforma toda nuestra existencia en música de Dios, en transparencia de Dios, en mitad de la vida.

Gusta y saborea cada palabra, cada frase y cada párrafo de estos textos, leyéndolos lenta…, lentamente y en silencio, una y otra vez las mismas palabras, sintiéndote todo tú presente mirando, percibiendo, sintiendo y escuchado cada palabra. Deja que ella te hable al corazón y te revele su misterio.

La lectura silenciosa y contemplativa de estas páginas, que han brotado del silencio, puede ayudarte a despertar tu silencio interior y abrirte las puertas al silencio sagrado y divino, a la melodía y la música de Dios en tu alma.

1. Introducción

El silencio es un sonido inefable más allá del ruido, que sólo percibe el alma sosegada.

Escucha, escucha en silencio la música que existe a tu alrededor, escucha el susurro del viento y la brisa fresca que acaricia tu rostro.

Escucha el silencio de las cosas, porque las cosas están en silencio, pero cada objeto tiene su propia música.

Escucha el sonido de tus pasos, el crujido de la puerta, el sonido del agua de la fuente o del grifo, el sonido de tu boli, de las hojas del libro que estás leyendo, el sonido de cuchillo cortando el pan y del vaso al colocarlo en la mesa.

Escucha los sonidos de tu alrededor, de los coches, de la música ambiental y de las palabras que salen de los labios de la persona que está a tu lado.

Escucha el silencio y el sonido de las cosas, del aire que respiramos, del espacio que existe entre las cosas, de la luz y de la sombra, escucha el silencio y el sonido de tu propia respiración.

Silencios y sonidos nos envuelven en todas las situaciones que vivimos. Siempre estamos rodeados de sonidos y silencios, porque las personas, los objetos, las cosas, están silencio y tienen su propia música.

El silencio y el sonido son dos notas de la misma música, que se alternan entre sí, en la sublime danza y armonía de toda la creación.

Sonidos que perciben mis sentidos, acarician mi corazón y esponjan mi alma. Silencios que acarician mi rostro, serenan mi corazón y besan mi alma.

Sonidos y silencios, música de toda la creación que resuena en todo mi ser y se escucha con los cinco sentidos, con la mente, con el corazón y con toda el alma.

Pero el silencio, en su misterioso secreto, esconde notas que sólo se perciben en el alma sosegada, en el centro del alma. Notas que vienen de la otra orilla, donde la tierra se funde con el cielo, donde lo sagrado y divino se transparentan en cada cosa y en cada criatura.

Así, es posible que un día escuchemos, más allá de los sonidos y silencios, el mismo Silencio, sagrado y divino, que es la música del alma.

El Silencio, misterioso y sagrado Silencio, esconde en su ser la presencia de una palabra, un beso y una calma infinita, que llenan tu alma de la misma música de Dios.

El Silencio sagrado y divino es la música del alma, es la presencia amorosa del Espíritu de Dios, que nos transforma por dentro y por fuera, haciendo que nuestra vida sea transparencia amorosa de Dios.

El Silencio es la música del alma. Escúchalo…

2. La noticia es El Silencio…

La gran noticia es El Silencio infinito…

La noticia es El Silencio…

La noticia es el silencio

de cada criatura,

de cada cosa,

de cada objeto,

de cada persona,

de cada situación…

La Noticia es percibir Lo No-Percibido,

escuchar Lo No-Audible,

tocar Lo No-Manifestado,

sentir Lo No-Sensible,

ver Lo No-Visible…

La gran noticia es percibir,

escuchar,

sentir,

gustar,

saborear

y vivir El Silencio,

más allá de cualquier sonido,

más allá de cualquier silencio…

La Noticia, la Gran Noticia es

notar Lo que No-Se Nota,

descubrir Lo que está cubierto,

percibir Lo que está detrás, más allá,

descubrir Lo No-Descubierto,

ver Lo No-Visible,

percibir Lo No-Percibido,

escuchar Lo-Audible,

sentir Lo No-Manifestado…

La Gran Noticia es

respirar El Aliento que hay detrás de cada aliento,

sentir el Espíritu que anima cada ser,

vivir el Espíritu que vive y vibra en cada criatura…

La noticia es El Silencio…

La gran noticia es El Silencio,

El Silencio infinito, eterno y amoroso,

música de Dios,

que envuelve toda la creación,

en eterna comunión de amor.

3. Silencio, silencio

Sosiego.

Serenidad.

Cielo de plata.

Eco de la tierra.

Todo tranquilo.

Espacio limpio.

Susurro del viento.

Descanso del alma.

Todo en su sitio.

Sencillez.

Calma interior.

Mirada suave.

Tranquilidad del camino.

Caricia que ablanda.

Aroma del viento.

Música sin notas.

Quietud interior.

Espacio de amor.

Anchura de corazón.

Presencia inadvertida.

Lenguaje de Dios.

Sabiduría de corazón.

Luz del alma.

Plena consciencia.

Gozo interior.

Abrazo del Espíritu.

Humildad del Ser.

Transparencia azul.

Armonía del cielo con la tierra.

Eternidad, “ahora”.

Presencia sagrada.

Milagro del sonido.

Música del alma.

Comunión eterna.

Aliento de vida.

Beso del alma.

Horizonte divino.

Comunión de todo en Dios.

Eternidad ahora.

Todo en Dios.

4. Canto al silencio

Con este libro pretendo que el silencio hable por sí mismo y de sí mismo con un lenguaje que vaya más allá de las palabras.

Es verdad que usaré palabras para ello. ¿De qué otra forma podría hablar del silencio así, a distancia, como nos encontramos tú y yo? ¿De qué otra forma sino con la palabra podría hablar del silencio sino dejando su mensaje impreso en unos pliegos de papel?

Quizás algún día el mismo silencio te hable a ti sin intermediarios. Ese día será fiesta para ti, porque cuando el silencio te habla, la vida se transforma.

El silencio, si es auténtico, profundo y liberador, transmite algo más que palabras, ideas y reflexiones; va más allá de ellas; o, mejor dicho, viene de más allá de ellas.

El silencio transmite luz, liberación, esperanza, vida, amor, ternura, nuevo espíritu... El silencio transmite luz porque viene de la luz; liberación porque viene de la libertad y de la esperanza; transmite vida y espíritu porque viene de la fuente de la vida; y nos descubre el amor porque viene del amor y la ternura infinita.

El silencio, si viene de la otra orilla de nuestra vida, transmite Espíritu de Dios, vida divina, Reino de Dios. El silencio, si viene de la otra orilla, si viene desde las profundidades del mismo ser de Dios, unifica, crea lazos de amor y comunión, descubre la unidad y el amor, la vida de Dios, que corre como manantial en el ser profundo de todo ser.

El silencio, cuando es lenguaje de amor del corazón humano, crea fraternidad, familia divina, hijos de Dios llamados a vivir y compartir la vida por estas tierras nuestras y por los mismos senderos de Dios.

El silencio, si es Silencio –con mayúsculas– nos abre a la sabiduría del alma: gustar y vivir el Reino de Dios, aquí y ahora, en nosotros mismos, en todas las personas y en toda la creación.

5. Existe el silencio, el espacio, la quietud

Existe el silencio

existe el espacio interior,

existe la quietud

donde yo vivo en plenitud.

Más allá del sonido,

existe el silencio,

existe la armonía sin notas,

donde oyes la música de Dios.

Más allá de los objetos.

existe el espacio interior,

existe la armonía sin nada,

donde percibes la presencia de Dios.

Más allá del movimiento de las cosas

existe la quietud,

existe la calma infinita del alma,

donde percibes la eternidad de Dios.

Más allá del silencio,

del espacio y de la quietud,

existe una presencia amorosa,

que transforma tu alma en Dios.

Existe el silencio

que te habla de Dios,

existe el espacio interior,

que te eterniza en Dios.

Existe la quietud

que te asienta en Dios.

Existe la comunión amorosa,

que te hace uno con Dios.

Existe la plenitud de tu vida divina,

que te transforma en Dios.

Señor, silénciame.

Señor, vacíame.

Señor, lléname.

Señor, enamórame.

Señor, transfórmame.

6. Pensamientos del viento 1

Cuida el silencio

y el silencio cuidará de ti.

Sólo nos habla el silencio

cuando nosotros escuchamos en silencio.

Cuando vivo en silencio,

todo está es su sitio,

dentro y fuera de mí

y una gran quietud

invade mi alma.

Las palabras más bellas son

las que brotan del silencio,

las que expresan el silencio,

las que llevan al silencio…

El silencio es un sonido

inefable más allá del ruido,

que sólo percibe

el alma sosegada.

7. Quietud, silencio, calma infinita…

Quietud, silencio, calma infinita…

Quietud en el espacio de las cosas,

silencio en el suave gesto de mis manos,

paz y calma en mis pensamientos,

quietud que embarga mi alma.

Quietud, silencio, calma infinita…

Quietud, silencio en cada objeto,

silencio en el aire que respiro,

armonía y sosiego en cada paso de mis pies,

quietud y silencio en la caricia que respiro.

Quietud, silencio, calma infinita…

Quietud en mis manos y en la yema de mis dedos,

quietud en mis labios y en mis mejillas,

silencio en la mirada de mis ojos,

quietud y suavidad en el aire que respiro.

Quietud, silencio, calma infinita…

Quietud en mis manos y en mis gestos,

quietud en la vida que corre por mis venas,

silencio en los latidos de mi corazón,

quietud y calma infinita en el hondón de mi alma.

Quietud, silencio, calma infinita…

Quietud en todo mi cuerpo,

silencio en mi mente suave y calmada,

quietud en el lago de mi alma,

silencio y quietud en la presencia dibujada.

Quietud, silencio, calma infinita…

Quietud, presencia enamorada,

silencio amoroso que unifica,

quietud amorosa que enamora,

silencio y quietud, unidos en uno los dos.

Quietud, silencio, calma infinita…

Quietud, paz infinita, dentro y fuera,

silencio infinito y eterno, ahora,

quietud amorosa del alma en su presencia,

comunión íntima que nos hace uno a los dos.

Quietud, silencio, calma infinita…

8. Leyendo a los místicos 1

«Son muchos los que andan buscando constantemente, pero sólo encuentran los que permanecen en constante silencio...

El hombre que se complace en la abundancia de palabras, aunque diga cosas admirables, está vacío por dentro.

Si amas la verdad, sé amante del silencio.

El silencio, como la luz del sol, te iluminará en Dios y te librará de los fantasmas de la ignorancia.

El silencio te unirá con el propio Dios...

Más que cualquier otra cosa, ama el silencio, que habrá de darte un fruto que ninguna lengua humana es capaz de describir.

Al principio hemos de violentarnos a nosotros mismos para permanecer silenciosos, pero luego nace algo en nosotros que nos arrastra al silencio.

Ojalá te haga Dios experimentar ese «algo».

Si lo logras, una luz inefable te iluminará... y, al cabo de un tiempo, una indecible dulzura nacerá en tu corazón, y el cuerpo se verá casi obligado a permanecer en silencio.»

Isaac de Nínive, un monje sirio.

Citado por A. de Mello,

Contacto con Dios, págs. 53-54, Sal Terrae.

9. Miedo al silencio

Tenemos muchos miedos. Es humano tener miedos: al dolor, a la soledad, al futuro, al qué dirán, al fracaso, al absurdo...

Pero sobre todo tenemos miedo al silencio. No sabemos qué hacer con el silencio.

No sabemos a dónde nos acabará llevando.

No sabemos a qué mundo desconocido nos acabará conduciendo.

El silencio nos lleva a una experiencia de soledad...

El silencio como soledad nos lleva a situarnos ante nosotros mismos, desnudos, sin ropajes ni artificios, solos ante nuestra cruda y bella realidad.

A esta soledad, sin nadie que nos arrope, sin nadie que nos comprenda o proteja; a esta soledad le tenemos miedo. Nos cuesta vernos tal como somos y aceptarnos tal como somos...

Por eso, una razón para huir del silencio es nuestro miedo a la soledad, miedo a nosotros mismos, miedo a encontrarnos con nuestra propia realidad.

Si tenemos paciencia y afrontamos ese miedo a la soledad sin buscar compensaciones, recuperaremos el paraíso perdido, descubriendo la riqueza de vivir y existir tal como somos; recuperaremos el paraíso perdido y encontraremos el hogar, nuestro hogar. Un hogar lleno de vida y de paz. La vida y la paz que brota del silencio, la vida y la paz que da el amor del corazón, la vida y la paz que da la luz de Dios, iluminando nuestra mente y nuestro corazón.

Si tenemos paciencia y vivimos el miedo a la soledad más allá de ella, encontraremos el valor del silencio en su pleno sentido: encontraremos nuestra comunión con nosotros mismos, con Dios y con toda la creación.

10. Señor, todo es sonido silencioso

Señor, todo es y no-es infinito.

todo es y respira el aliento eterno,

todo es sonido silencioso,

eco de tu música silenciosa y divina.

Señor, palabra es tu silencio

en mi corazón,

silencio amoroso es tu caricia,

llenando de paz el hondón de mi alma.

Señor, sumergido en tu quietud

callada y amorosa,

vislumbro tu eterna presencia

en un mar sin orillas y sin música.

Señor, silencio y quietud es todo,

amor y ternura es tu presencia.

Señor, silencio, hecho palabra inefable,

es tu voz misteriosa en mi alma.

Señor todo es sonido silencioso,

presencia callada, beso del cielo,

envuelto en tu abrazo amoroso

me dejo todo yo en tu alma.

11. Leyendo a los místicos 2

Es preciso recuperar el silencio

«Lo hemos expulsado de las ciudades.

En el campo, en el monte, en la orilla del mar

es acosado por aparatos de estridente potencia.

Todo y todos se esfuerzan por ahogar su silencio.

Por eso es preciso crear islas de silencio

en torno a nosotros y en nuestras ocupaciones.

Islas para defendernos; islas para recuperarnos.

El silencio no nos engaña con propuestas fantásticas,

no nos distrae con milagros imposibles,

no nos cansa con estrépito fastidioso.

Es preciso repatriar el silencio que hemos desterrado.

Ese silencio que aporta calma, da paz y hace crecer

la sabiduría.

Los momentos más grandes de la vida humana

son siempre momentos de profundo silencio.

Los momentos más grandes del arte, de la ciencia,

de la creatividad, son momentos de absoluto silencio.

De cuando en cuando tenemos que retirarnos al interior

de nosotros mismos, y en el silencio, descubrir la verdad

y dirigir con seguridad el timón de nuestra vida.

Hay que crear islas de silencio en medio de las ocupaciones

más absorbentes para no ser arrastrados,

para ser dueños de las cosas y no dejarnos triturar por ellas.

Dios quiere que seamos dueños de las cosas

y no pajas que arrastra la corriente.»

F. Mieza

12. Sed de silencio

Siempre nos ha llamado la atención el silencio, cuando se hace presente, en una situación concreta.

Siempre nos ha llamado la atención el silencio, cuando se hace presente, en una situación concreta.

Siempre nos ha llamado la atención el silencio de una calle solitaria, el silencio de un camino hacia la montaña, entre los troncos de unos pinos centenarios.

Siempre nos ha llamado la atención el silencio de una gruta o de un sótano, o del espacio recogido y oscuro de una capilla o catedral románica.

El silencio nos llama la atención, no pasa inadvertido. No sabemos de dónde viene ni adonde va, pero nos llama la atención, nos despierta y nos abre por dentro a algo desconocido, a algo que se nos escapa y no sabemos qué hacer con él.

El silencio, cuando se hace presente, está ahí, sin más, sin decir nada diciéndolo todo, porque el silencio habla con sola su presencia callada y desnuda.

El silencio cuando se hace presente, no pasa inadvertido, te llama la atención sin pretenderlo, nos habla sin decir nada, nos interroga sin hacer preguntas, nos sitúa y nos descubre el lugar donde nos encontramos, sin análisis ni cálculos mentales.

El silencio es un misterio, un misterio desconocido en nuestros caminos rutinarios, en nuestros trabajos estresados y estresantes, en nuestras tareas y conversaciones superficiales, en nuestras idas y venidas inconscientes y agobiadas.

El silencio es un misterio que, cuando se hace presente en nuestra vida rutinaria, dividida y ausente, nos llama la atención y despierta de pronto, en nosotros, sin pretenderlo, asombro, temor, sosiego, descanso, nerviosismo, calma serena, inquietud angustiosa, o qué sé yo de cosas positivas o negativas.

Sin saber cómo explicarlo, el silencio siempre nos desencadena un cúmulo de pensamientos y reacciones emocionales, que nos llevan a valorar, despreciar o temer el silencio, sin acabar de saber qué es realmente y qué podemos hacer con él.

El silencio, sin saber cómo ni por qué, es amado o temido, valorado o despreciado, buscado ardientemente o evitado a toda costa, porque con él y en su presencia, podemos sentirnos vivir o morir. «Hay silencio que matan», decimos, pero también sabemos que hay silencios que nos abren a un mundo nuevo, a un paraíso, un silencio que nos llena de vida infinita, amorosa y divina.

Ante la presencia del silencio no permanecemos indiferentes, siempre nos despierta por dentro y por fuera, unos pensamientos, reflexiones y reacciones emociones, positivas y gozosas para unos, pero también negativas y angustiosas para otros.

1. ¿Qué es el silencio?

2. ¿Qué es realmente el silencio?

3. ¿En qué consiste el silencio?

4. ¿Dónde está el silencio?

5. ¿Está dentro de nosotros?

6. ¿Está fuera de nosotros?

7. ¿Cómo notamos su presencia?

8. ¿De qué depende su presencia?

9. ¿Por qué a veces viene y a veces se va y desaparece?

10. ¿Sabes qué es el silencio?

11. ¿Te relacionas con el silencio?

12. ¿Qué relación tienes con el silencio?

13. ¿Te interesa el silencio? ¿Por qué?

14. ¿Ignoras el silencio? ¿Por qué?

15. ¿Desprecias el silencio? ¿Por qué?

16. ¿Valoras el silencio? ¿Por qué?

17 ¿Temes el silencio? ¿Por qué?

18. ¿Qué idea tienes tú del silencio? Descríbela.

19. ¿Has tenido alguna experiencia del silencio? ¿Cuál?

20. ¿Piensas que hay diversas clases de silencio?

Describe alguna de ellas.

Tendríamos que empezar diciendo que «hay silencio y silencios», como diría Santa Teresa. Hay silencios auténticos y silencios falsos, como hay monedas valiosas y auténticas y monedas falsas.

«Hay silencio que matan» y matan porque no son silencios auténticos, son mutismo, control programado de ruidos, tensión y rigidez mental, mordaza en mis labios para no hablar, control emocional angustioso, silencios que distancian la comunicación y violentan la convivencia.

Estos «silencios que matan» son silencios falsos, porque matan, crean tensión, agobian, endurecen, aplastan, distancian de los demás, bloquean la comunicación, encierran en la cárcel mental lo más creativo, humano y divino de la persona.

El silencio, el verdadero silencio, es un tesoro, es una riqueza infinita. Es un tesoro…, escondido, claro, como todo tesoro. Y como todo tesoro escondido, hay que buscarlo, sí, buscarlo seducido desde dentro del alma, como algo que te va a devolver la vida, como busca el sediento un vaso de agua cristalina y pura.

El verdadero silencio es un tesoro infinito, es un misterio que se esconde en la otra orilla de la experiencia humana, donde percibimos la caricia divina del paraíso perdido.

Sí, el silencio verdadero y auténtico existe. Existe aquí y ahora, más allá de los límites de nuestras idas y venidas.

El silencio existe más allá de nuestros parloteos mentales, de nuestros altibajos emocionales, más allá de nuestras situaciones de la vida diaria.

El silencio es un tesoro escondido en mitad de ese campo donde desarrollamos nuestras tareas y trabajos, en mitad de las calles y plazas de nuestra ciudad y en mitad de las habitaciones de nuestra casa.

El silencio es un tesoro infinito y sagrado, es un misterio más allá de nuestras palabras y silencios, más allá de nuestra convivencia y en mitad de ella, porque es un misterio escondido en el centro del ser de cada cosa, de cada persona, de cada situación, como una presencia silenciosa de Dios.

El silencio es un tesoro, es ese misterio que nos toca el alma, nos sonríe con la misma música de Dios, nos silencia hasta el fondo del alma y nos sumerge en Dios.

El silencio es un tesoro escondido, es un misterio que tenemos que descubrir en una búsqueda constante como el sediento busca saciar su sed.

El silencio es un tesoro, es un misterio que nos seduce, nos enamora, toca nuestro corazón, despertando nuestra sed infinita de Dios.

Señor, tengo sed de silencio,

tengo sed de tu silencio.

Señor, silénciame...

Señor, silencia los ruidos de mi cuerpo, de mi mente y de mi corazón.

Señor, tengo sed de vivir el silencio,

tengo sed de encontrar el silencio,

tengo sed de saborear el silencio.

Señor, silénciame…

Señor, dame a gustar el silencio.

Señor, que escuche tu silencio.

Señor, que tu silencio hable a mi corazón,

que tu silencio silencie mi alma,

que tu silencio llene mi alma de ti.

Señor, que tu presencia silenciosa

me enamore

y me disuelva en ti.

Señor, silénciame…

13. Pensamientos del viento 2

A veces, las palabras oscurecen

y las explicaciones revuelven.

El silencio serena y libera siempre.

Las discusiones alteran y distancian,

El silencio siempre sosiega y unifica.

Permanece atento...

y escucha más allá de lo que oyes,

percibe más allá de lo que ves,

siente más allá de lo que tocas...

Permanece atento y...

escucharás lo que no se oye,

percibirás lo que no se ve,

sentirás lo que no se toca,

intuirás el misterio esencial de toda criatura...

14. El silencio y el despertar interior

Cuando el silencio habla,

la vida se transforma…

Cuando el silencio

no es evasión ni huída,

no es alejarme de nada ni cerrar mis ojos,

no es taparme los oídos,

no es esconderme de los sonidos…,

sino apertura de mi mente silenciosa

y de mi atención amorosa,

la vida se transforma…

Cuando el silencio

no es evasión ni huída,

cuando el silencio es silencio

de mi mente, de mi cuerpo y de mi corazón,

la vida se transforma…

Cuando el silencio

es silencio de verdad,

cuando el silencio

es silencio mío y de todo mi ser,

cuando el silencio

es liberación de ruidos de mi cuerpo

de mi mente y de mi corazón,

cuando el silencio

es silencio que despeja mi mente

y despierta mi atención consciente,

cuando el silencio es silencio de verdad,

la vida se transforma…

Cuando el silencio es silencio

de mi mente, de mi cuerpo y de mi corazón,

se esponja mi alma,

se aquieta mi corazón,

se disuelve mi cuerpo,

se ensancha el espacio interior,

aparece la quietud interior,

se sonríe mi alma,

se armonizan los gestos de mis manos,

se ablandan mi frente y mis mejillas,

se dibuja una sonrisa en mi rostro,

se dilata el amor de mi corazón,

aparece la humildad de mi nada y de mi todo.

se disuelve la oscuridad

y aflora la luz de la consciencia,

se enraíza el ser mi ser,

se asienta mi existencia en el silencio envolvente

que acaricia la vida.

Cuando el silencio es silencio de todo mi ser,

me disuelvo en el silencio amoroso de Dios…

15. Saber callar

Comienza a callar,

empieza a caminar

por la orilla del silencio,

bordea los caminos

de tu propio silencio.

Adéntrate en la consciencia

de tu cuerpo y de tu mente,

vive la quietud de tus sentidos y respira la vida de tu cuerpo.

Descubre el bullicio de tu mente,

acalla las idas y venidas

de tus ideas y recuerdos,

despierta tu atención serena.

Desde tu quietud y silencio,

observa despierto

objetos y personas,

escucha su silencio y su palabra.

En medio del ruido,

escucha;

en medio de las gentes,

observa;

en medio de la vida,

permanece atento y silencioso.

Al final, siempre es mejor callar...

Acoge y vive desde el fondo,

la vida que fluye siempre

en el fondo de toda vida...

Al final, mejor es callar...

siempre escuchar es mejor,

siempre enriquece tu hogar

acoger en silencio a los demás.

Escucha, escucha siempre,

calla, calla en cada instante,

vive abierto a tu presencia,

descubre la presencia de Dios ahora.

16. Sólo el silencio habla

Sólo el silencio habla desde la otra orilla

y nos desvela el Misterio de la palabra y de la Vida.

Sólo el silencio habla desde la otra orilla

donde todo es plenitud, Vida, amor, luz y paz infinita.

Sólo el silencio habla sin palabras,

porque su palabra es el silencio elocuente

que susurra el contenido y el misterio de la palabra.

Sólo el silencio habla sin palabras,

desvelando el Misterio de Dios al alma,

desvelando una Presencia dulce y amorosa

en la quietud y en el silencio del alma.

Sólo el silencio habla, canta, ríe, llora,

baila y acompaña al alma,

desvelando, en su mismo centro,

la presencia silenciosa y eterna de Dios.

Sólo el silencio habla en el eco infinito

del silencio de los árboles,

del silencio del aire que respiro,

del asfalto de la calle,

de las nubes, de la tierra, del agua, del espacio,

de las paredes de las casas

y de cada criatura que escucho a mi alrededor.

Sólo el silencio me habla al corazón

y lo acaricia, con suave ternura,

en la brisa inadvertida que calma, suaviza

y lo llena de la bondad infinita de Dios.

Sólo el silencio me habla sin decirme nada

y desvelándome el Misterio de toda criatura

que veo a mi alrededor,

desvelando la quietud y el silencio

que abraza y enamora de Dios.

Sólo el silencio habla, comunica y descubre

la verdad infinita y misteriosa del Ser infinito,

eterno y amoroso de Dios.

Sólo el silencio habla, me comunica y me transmite

el secreto de mi ser, de mi riqueza infinita,

el secreto de mis ojos y de su mirada,

el secreto suave de mis labios y de sus palabras,

el secreto de mi corazón y de la infinita ternura

de mi amor.

Sólo el silencio habla, canta y descubre

la riqueza y el tesoro de los amigos,

de las personas que veo y acojo en mi corazón,

de las personas que observo en cada esquina de la calle,

de las personas que lloran, cantan o disfrutan

a mi alrededor.

Sólo el silencio habla sin decir nada,

desvelando el tesoro de cada criatura

escondida en el mismo misterio de Dios,

viviendo y vibrando llena

de la misma Vida infinita y eterna de Dios.

Sólo el silencio me habla al corazón,

desvelándome, en el mismo centro del alma,

la presencia transparente, quieta y amorosa de Dios.

Sólo el silencio habla desde la otra orilla,

desde la misma orilla de Dios,

donde todos somos uno con él y en él,

y donde él es todo en nosotros.

Sólo el silencio habla

Y desvela el misterio infinito de Dios

y el misterio infinito de mi ser,

de mi vida y de toda mi existencia.

Sólo el silencio infinito de Dios

me habla al corazón y me transforma,

fundiéndose y haciéndome uno con él.

Sólo el silencio habla, canta

y sonríe en mi corazón,

sin música ni palabras,

llenado de gozo inefable

y calma interior toda mi alma.

Sólo el silencio infinito me inunda el alma,

plenifica mi corazón,

me llena de vida infinita,

me enamora

y me transforma, desde dentro,

en una vida llena de Dios,

en una criatura nueva, divina,

sagrada y vivificada por el Espíritu de Dios.

Señor, silénciame.

Señor, lléname.

Señor, transfórmame…

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