Kitabı oku: «Fue primicia»

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Verano de 1994. Un cronista y un camarógrafo estaban adentro de la Casa Rosada, clandestinos. Habían burlado la seguridad y entraron por una ventana. A unos metros, en la Plaza de Mayo, la marcha número 100 de los jubilados acababa de terminar en una batalla campal.

Hacía pocas semanas que el canal de Héctor Ricardo García estaba al aire y esa era una de las coberturas de mayor repercusión desde la aparición de Crónica TV. Después llegarían noticias impactantes, como el crimen del soldado Omar Carrasco, el atentado a la AMIA, la muerte de Rodrigo, el suicidio del empresario Alfredo Yabrán o la tragedia de Cromañón, por citar sólo algunos de los innumerables hechos que conmocionaron al país y marcaron la historia de esta señal.

Las placas rojas, esos carteles enormes que permiten ser leídos desde el rincón de cualquier bar; Gilda, Sandro, los Pimpinela, Monzón, Messi y Maradona; Ñuls, Boca y River; el Papa y el Gauchito Gil. La defensa de la soberanía de las Islas Malvinas y la eterna cruzada contra los “Piratas”. Un “pitufo fantasmagórico” en Catamarca y un perro condenado a muerte en Neuquén. Bernardo Neustadt, el pastor Giménez, Riverito y Anabela Ascar. Todo eso ––y todos ellos–– fueron las claves del éxito de Crónica TV.

A 25 años de su primera emisión, en estas páginas se cuenta el “detrás de las primicias”: los secretos del canal que revolucionó el mundo de las noticias.



Marcelo Figueroa nació en Trenque Lauquen, en 1979. Desde 1998 se desempeña como productor periodístico en radio y televisión en Buenos Aires. Trabajó en Zoo (América TV), Zona de investigación (Azul TV) Ser urbano (Telefe), El destape (A24) y Visión siete (TV Pública). En radio, desde hace 17 años integra el equipo de Cheque en blanco, el programa que conduce Alfredo Zaiat. Este es su primer libro. Su investigación se inició en el año 2006 e incluyó más de treinta entrevistas y la consulta de archivos gráficos y audiovisuales.

Marcelo Figueroa

Fue primicia Historia de Crónica TV. El canal de noticias firme junto al pueblo


Índice

  Cubierta

  Contratapa

  Biografía del autor

  Portada

  Dedicatoria

  Prólogo

  Introducción

  Capítulo 1. Fue primicia La fuga del siglo Secreto El casting Imágenes ¡ya! En todas partes Vivo y directo

  Capítulo 2. García, el señor de las noticias “Viva yo” El pibe García Fútbol y mujeres Así El equipo

  Capítulo 3. Páginas amarillas, crónica de una aventura “Idioma argentino” Comisaría 51º Salir a buscar Piratas

  Capítulo 4. Firme junto al pueblo Vox populi Vox Dei Los jubilados ¡Bolillas en el aire! Losers Fútbol para todos Gay friendly

  Capítulo 5. Títulos en rojo Frases hechas Todo rojo Lenguaje propio Juego de palabras Políticamente incorrectos Trending topic Letra y música

  Capítulo 6. Se teme lo peor Policías en acción Línea directa Rehenes La muerte en directo

  Capítulo 7. Detrás de las primicias 15.01 Junior El avión Dios Rodrigo

  Capítulo 8. Noticias animadas A dos voces Animales sueltos

  Capítulo 9. Verdadero o falso Fake News Los comandantes Enrique

  Capítulo 10. La pavada Misión secreta En vivo y en desnudo Oro Televisión registrada

  Capítulo 11. Guerra de noticias Fuera de juego Podrán copiarnos… Resistiré

  Capítulo 12. HD Tiempos modernos Días Santos

  Agradecimientos

  Créditos

  Otros títulos de esta editorial

A Graciela y Rodolfo, por alentarme desde siempre.

A Héctor Ricardo García, por esta historia. Y por su pasión por la noticia.

A todas las mujeres y todos los hombres de Crónica TV.

Prólogo

Es interesante saber cómo una empresa fue creada y cómo funciona; y si de televisión se trata, mejor. Y es más atractivo si esa empresa es Crónica TV.

Nosotros, mi amigo Carozo y yo (Narizota), hemos compartido más de una década en ese canal, era nuestro segundo hogar.

Marcelo Figueroa tuvo una muy buena idea: plasmar anécdotas e información precisa sobre este canal de noticias que, sin dudas, marcó un estilo, un antes y un después en los medios, fue altamente criticado y hoy, ampliamente copiado.

Aquellos años de oro de Crónica TV fueron únicos.

Cuenta regresiva para “La primavera”, “Estalló el verano”, “Cómo se pianta la vida”, “Caos vehicular”, “Llueve en Capital” y muchísimos otros.

Aquí se cuenta el nacimiento de las placas rojas. Lo primero es la información. Y, por lo tanto, se interrumpía hasta la tanda comercial, sin pasar por el estudio: “Imágenes sin editar”, “Primer medio emisor”.

Nosotros estábamos los sábados y los domingos, con musicales, pequeños recitales de famosos y de cantantes emergentes. Con producción de Catalano, Isabel Hale y Alfredo Scalise, y la conducción de Karina Ranni y Juan Elías Ranieri, y luego, Carlos Álvarez.

Uno de esos sábados, ante la mirada de todo el mundo, García entró al estudio y se acercó al mostrador. Vino a proponernos que fuéramos de martes a viernes, de 16.30 a 18. Para nosotros fue la gloria.

En el canal número uno en rating, el líder en primicias y noticias; tener ahí un espacio propio, como cualquier otro locutor, fue maravilloso.

Vivimos muchas de las anécdotas que se relatan en este libro, que describen bien la pasión de cada uno de los locutores, productores y técnicos para brindar la primicia, llegar antes que nadie, lo que llamamos “espíritu ganador”.

Disfruten del recorrido de hechos y personajes que pasaron por la pantalla caliente de Crónica.


Queremos agradecer a Marcelo Figueroa por darnos otro regalito en nuestra vida profesional: hacer gustosamente el prólogo de este libro al que recomendamos con mucho cariño.

Carozo y Narizota

Introducción

El camión de exteriores estacionó sobre la rambla de Mar del Plata, a metros de la playa y del Casino Central, para transmitir un improvisado recital de Los Sultanes. “Fiesta fiesta, pluma pluma gay”, empezó a corear en vivo y en directo el excéntrico Topo, líder del grupo. Mientras, el zócalo en pantalla rezaba: Estalló el verano.

En la redacción los productores esperaban un día sin sobresaltos, como suelen ser los de enero, hasta que una información de último momento sacudió la mañana. Unos pocos minutos después del mediodía, sin interrumpir el sonido de la canción, una placa roja con enormes letras blancas alertó: Asalto y toma de rehenes en un banco. No dieron ningún otro dato y la transmisión volvió al show musical a orillas del mar, con las olas dejándose ver a unos metros, por detrás de los turistas que bailaban y coreaban el hit.

Fue en medio de aquel clima festivo que Crónica TV anunció en primicia uno de los casos policiales más resonantes de las últimas décadas: el millonario robo al Banco Río de Acassuso. Cinco asaltantes, veintitrés rehenes, ciento cuarenta y cinco cajas de seguridad violentadas y varias horas de tensión en vivo en la televisión marcaron el espectacular atraco que, para muchos, inspiró la exitosa serie española “La Casa de Papel”.

Cuando la policía logró ingresar a la sucursal bancaria solo halló a los clientes que habían estado cautivos, restos de comida y un mensaje en tono de burla, en la bóveda, escrito por Fernando Araujo, el cabecilla de la banda. Decía: “En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es solo plata y no amores”.

La gran fuga… “Z”, tituló Crónica al confirmar que, antes de escapar, los delincuentes habían disfrutado de un “opíparo” almuerzo con pizzas y gaseosas. Después huyeron por un túnel subterráneo con un botín de veinticinco millones de dólares, burlando a los trescientos policías que cercaban la zona. Durante la desopilante cobertura, el canal también reveló: Rehén del Banco de San Isidro afirmó que los ladrones le cantaron el “feliz cumpleaños”.

Con ese desparpajo, buen olfato periodístico y una amplia red de informantes, esta señal, que transmite en vivo las veinticuatro horas, impuso un estilo único; rompió el molde de los noticieros serios y acartonados, lideró la audiencia del cable durante años y hasta fue materia de estudio en las universidades. Orgulloso, Héctor Ricardo García sostiene: “La última pirueta que le faltaba a la televisión la inventé yo”.

El Gallego –así lo llaman quienes lo conocen bien– también fue vanguardista al diseñar las legendarias placas rojas, esos carteles gigantes que admiten solo unas pocas palabras en dos o tres líneas de texto y, a puro impacto, se leen desde el rincón de cualquier bar. El formato, similar al que más acá en el tiempo popularizó la red social Twitter con sus ciento cuarenta caracteres, surgió en la gráfica, a fines del siglo diecinueve.

Los periódicos sensacionalistas de Estados Unidos “gritaban” las noticias y buscaban llamar la atención de los lectores con informaciones escandalosas, fotografías impresionantes y titulaban con una tipografía destacada; en algunos casos hasta con signos de exclamación. En Argentina lo hizo el diario Crítica primero y Crónica después.

García es una leyenda viva del periodismo argentino. Un pionero que carga en sus espaldas innumerables mitos. Hizo de todo: descubrió su pasión cuando era niño, fue un precoz canillita y desde la adolescencia frecuentó varias redacciones.

Se había iniciado como reportero gráfico; trabajó como cronista, después fue editor y jefe hasta convertirse en uno de los propietarios de medios más influyentes. Y el primer dueño de un multimedio en el país. En la década del setenta controlaba las revistas Así es Boca y Así, el diario Crónica, Canal 11, Radio Colonia y el Teatro Astros.

Aclara que no se reconoce empresario, aunque hoy cuente su fortuna en millones. Jura que no le interesa la política y esquiva los eventos frecuentados por funcionarios y hombres de negocios. Lo suyo fue y es el periodismo. Lo será siempre. Hoy, alejado de Crónica TV y con intenciones de fundar un nuevo canal, explica que solo le importa la televisión: “Me divierte mucho, me gusta, es mi vida”.

A los ochenta y cinco años sigue tan inquieto y apasionado por las noticias como el primer día. Como cuando se endeudó para pagar una entrevista exclusiva al general Perón desde el exilio. O las dos veces que aterrizó, clandestino, en las islas Malvinas para informar in situ. Todo por una primicia.

La revista Extra contó en 1967 que uno de los fotógrafos de Crónica habría llegado dos horas tarde a cubrir su horario. Al advertir su rostro apesadumbrado, García le preguntó qué le ocurría. “Acompañaba a mi madre al hospital, cruzamos un paso a nivel, me distraje y nos atropelló. La destrozó, la mató”, relató el reportero. “¡No me digas! Te acompaño en el sentimiento. Y bueno, dejá la foto para que la revelen, va en tapa. Y tomate franco hasta mañana”, habría reaccionado el Gallego.

Puede que aquello haya sido fantasía. Puede que haya sido real. “Siempre me criticaron por los cadáveres que publicaba. Llegaron a decir que Crónica ‘chorreaba sangre’. Bueno, ahora nos copian todos los noticieros y desde hace décadas los otros diarios. Si hasta Ámbito Financiero pone muertos en portada. ¡Lo mandan a cuatro columnas, con la sangre en colores. Una maravilla!”, expone García a modo de descargo.

Firme junto al pueblo es la marca identitaria con la que moldeó a todas sus empresas. “A la gente hay que darle lo que quiere. Si uno como periodista respeta esa regla de oro, es imposible fracasar. Yo no reniego de mi gusto por lo popular”, sostiene. Y con esa premisa revolucionó el periodismo televisivo cuando en enero de 1994 lanzó Crónica TV. Allí, a su modo, anunció antes que nadie el suicidio del empresario Alfredo Yabrán, el trágico accidente de un avión de LAPA en el Aeroparque Metropolitano y la muerte de Carlos Menem Junior, por citar solo algunas de sus innumerables primicias.

Una programación imprevisible, como la realidad. Último momento. Espectacular tiroteo en villa de San Martín. Hay un policía muerto y otro herido. Recibieron balazos de Fal en el pecho. En estos momentos, infernal tiroteo, anuncian los títulos catástrofe. En breve otra información relegaba a la anterior: “Lita” de Lázzari renunció a Liga de Amas de Casa. Y más tarde: Lanús Este. Desesperada búsqueda de un pibe de 13 años. Así era todo el tiempo.

Las noticias policiales, deportivas y del espectáculo desplazaban a las políticas. Un informe sobre el Día mundial de la carcajada podía extenderse más que la cobertura de una reunión de gobernadores; un discurso del presidente de la Nación sería levantado del aire si coincidía con el sorteo de las quinielas y la tanda publicitaria interrumpida para alertar en placa roja que una secta religiosa asegura que el 12 de septiembre llegará el fin del mundo.1

“Somos el receptáculo de cuanta cosa rara pasa en el país”, dirá García sin ruborizarse. Y con el mismo semblante aprobará publicar una placa negra en señal de luto para dar por muerto a Diego Armando Maradona un día en el que el rumor sobre el fallecimiento del astro del fútbol sonó fuerte. Y ahí quedó. En el corrillo que nadie confirmó y que Crónica TV largó primero sin disculpa alguna después.

Presentadores del canal tuvieron que negociar en vivo con los delincuentes que tomaban rehenes en un edificio del Conicet, alertaron sobre la presencia de un “enano fantasmagórico” que aterraba a los policías de un pueblo de Catamarca, repitieron hasta el cansancio los recitales de Sandro y cada vez que podían recordaban cuántos días faltaban para la primavera.

La clave de Crónica ha sido el modo en el que anunciaba las noticias. Lo hacían con desfachatez, sin filtros y en algunas ocasiones, al límite. Cortó por lo sano, escribió el redactor que debió titular las novedades del juicio a Lorena Bobbit, el caso que escandalizaba al mundo en el verano del 94. La mujer, hastiada ante el maltrato y las infidelidades de su esposo, lo había atacado mientras dormía y le cortó el pene. Arráncame la vida, apuntaron en otra placa.

En 2006 Córdoba fue la sede de un certamen para elegir a la Reina Nacional Gay. Competían mujeres trans de varias provincias. Ni bien trascendió el nombre de la nueva reina y las princesas, el cartel rojo anotició: Miss Gay 2006. Participaron miembros de todo el país.

Estamos hablando en pasado porque el canal cambió de manos hace un par de años y la ausencia de García se nota en la pantalla y también detrás. Así y todo hay quienes se esfuerzan por mantener el espíritu de la señal y apelan a la ironía hasta en las coberturas políticas. El 30 de octubre de 2017, mientras el presidente Mauricio Macri anunciaba un plan de reformas, Crónica observó: El discurso más largo de Macri. Van 42 minutos.

Y en el último Mundial de fútbol, ante la inesperada eliminación de Brasil, derrotado por Bélgica 2 a 0 en cuartos de final, titularon: Rusia 2018. Alto belgazo. Brasil afuera. El seleccionado carioca era uno de los claros favoritos hasta que se topó con el equipo de Hazard y Lukaku.

Los seguidores de Crónica TV festejan ese humor ácido y hacen circular por las redes sociales las capturas de pantalla con imágenes de las placas “más divertidas”:

– Asaltan, golpean salvajemente a anciana y le comen la pastafrola

– Pistolón en mano, ladrón asaltó un hotel alojamiento: acabó tras las rejas

– ¡Lo que te devoraste Marcelo Araujo! El relator cruzó mal y resultó embestido por ciclista

– Cordobés quiso anotar a su hijo recién nacido con el nombre “Lucifer”: lo mandaron al diablo

– Otro caso Cocoon. Abuela yanqui de 69 años practica 10 horas por día de videojuegos; su nieto afirmó que es su ídola

Y mientras otros noticieros presentaban investigaciones periodísticas sobre casos de corrupción en el Estado o revelaciones obtenidas con cámaras ocultas, Crónica sorprendía con informes especiales únicos: Las tragedias de nuestros famosos, La Cuba de Fidel o el “revelador” (tal como lo promocionó el propio canal) ¿El tamaño importa?, una serie de entrevistas a médicos y especialistas sobre el “órgano masculino más importante”.

El 11 de septiembre de 2001, cuando dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas en Nueva York y causaron pánico en todo el mundo, Crónica anotició a sus televidentes, todavía shockeados: En la quiniela matutina de provincia salió el 56: la caída. En la matutina nacional salió el 86: el humo. Sonó absurdo y casi de mal gusto que publicaran el resultado de las loterías cuando todavía no estaban claros los motivos ni las consecuencias trágicas del ataque terrorista.

Crónica TV es como el mate y el dulce de leche, resume una de las placas icónicas de esta señal. Así de argentina es. Tanto que no oculta su chauvinismo al celebrar el Día de la Tradición o al homenajear a Manuel Belgrano en el Día de la Bandera. Y qué decir de la Marcha de las Malvinas que sonaba cada 2 de abril mientras un cartelón reafirmaba Las Malvinas son argentinas.

Otro hito –polémico– de Crónica TV en sus veinticinco años de historia es haber mostrado una muerte en directo. Fue el 21 de noviembre de 2008 cuando el excomisario tucumano Oscar “Malevo” Ferreyra, al verse rodeado por la Gendarmería, se pegó un tiro en la cabeza. Acusado por un asesinato y una violación durante la dictadura cívico-militar, el Malevo estaba dispuesto a todo para evitar ir preso. Y se suicidó. Se mató frente a una cámara de Crónica TV, imagen que el canal reiteró decenas de veces mientras destacaba la “exclusividad” de la escena tremenda, impresionante.

Un episodio similar había ocurrido en 2002 cuando un hombre se disparó en vivo en la recepción de Crónica TV tras relatar su drama durante casi dos horas. Víctor Hugo Robles había llegado muy angustiado a Riobamba 280 después de ser abandonado por su esposa. Detallaba pormenores de su crisis conyugal hasta que, según los testigos, “se le escapó” una bala del arma con la que amenazaba quitarse la vida. Terminó malherido, trasladado de urgencia a un hospital cercano y sin lograr ser correspondido por la mujer.

También se destacaron en la ecléctica programación de esta señal las carreras de turf, las respuestas a jubilados y pensionados, un espacio sobre astrología y horóscopo, las entrevistas bizarras de Anabela Ascar y un micro dedicado a las mascotas conducido por el médico veterinario Juan Enrique Romero: Pórtese bien, sea animal.

Y no hubo otra empresa periodística que haya confiado a dos muñecos de peluche la conducción de un segmento informativo como ocurrió aquí, todas las tardes durante años, con las entrañables marionetas Carozo y Narizota. Estamos, definitivamente, ante una rareza.

En las páginas que siguen se cuenta el “detrás de las primicias”. La historia de un hombre apasionado por el periodismo que dedicó su vida a esta profesión sin haber pasado por la facultad, orientado por su intuición y observando con certeza el interés de las masas.

¿Cómo hacían para llegar siempre primero? ¿Tenían vínculos con la policía y otras fuerzas de seguridad? ¿Por qué apostaron al rojo? ¿Quién escribía las placas y con qué criterio? Este libro revela los secretos del canal que revolucionó el mundo de las noticias.2

Faltan 175 páginas para que termine este libro...

1 La placa roja con esa predicción fallida apareció al aire el 27 de julio de 2006 en medio de una tanda publicitaria.

2 Faltan 175 páginas para que termine este libro...

CAPÍTULO 1
Fue primicia
La fuga del siglo

Las fuerzas de seguridad que participaban de la pesquisa estaban desconcertadas; no tenían pistas certeras y sospechaban que los reos evadidos contaban con asistencia económica y logística. Faltan horas para los reyes. Hay tres magos sueltos… ¿Dónde están?, indagaba Crónica TV la tarde del 5 de enero de 2016. Era la noticia del momento.

Nueve días atrás los hermanos Martín y Cristian Lanatta, junto a Víctor Schillaci, habían huido del penal de General Alvear donde cumplían condena a prisión perpetua por un triple crimen vinculado al narcotráfico. La justicia tenía probada su participación en el asesinato de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, cuyos cuerpos aparecieron acribillados en un descampado de General Rodríguez en agosto de 2008.

Crónica TV tras los prófugos, avisaba el canal en medio de la errática persecución. Los redactores afectados a la cobertura aplicaban su clásica fórmula de ironía e impacto para mantener la atención de la audiencia que seguía como una novela de la tarde los pormenores de la llamada “fuga del siglo”.

En vísperas del año nuevo hubo novedades: los delincuentes dispararon a dos policías bonaerenses que habían intentado frenar la camioneta en la que circulaban por la ruta 20, cerca de la localidad de Ranchos. Hirieron a los uniformados y lograron escapar. Nada más se sabría de ellos hasta la mañana del 8 de enero cuando volvieron a enfrentarse a tiros, en la provincia de Santa Fe, con una patrulla de la Gendarmería. Otra vez un tiroteo, otra vez tiraron a matar, otra vez se escaparon. 600 policías vs. tres prófugos asesinos, advertía Crónica.

Los hermanos Lanatta y su cómplice estaban jugados y la violencia con la que se movían preocupaba a los investigadores y atemorizaba a los vecinos de San Carlos Centro, Gessler, San Agustín, Estación Matilde y Frank, la zona rural donde ahora se desplegaba el operativo policial. Psicosis, se leyó al mediodía en un nuevo cartel rojo. El Dakar de los fugitivos. En vivo: sigue la cacería humana. ¿Usted los vio?

El musicalizador de turno hizo su aporte a la incesante producción de títulos y a las nuevas placas las acompañó con una canción que parecía escrita para la ocasión. Era “Prófugos”, de Soda Stereo, cuya letra dice: “como un efecto residual, yo siempre tomaré el desvío… no tenemos dónde ir, somos como un área devastada, carreteras sin sentido… cómo podremos sobrevivir”.

En la provincia litoraleña ya trabajaban dos equipos de Crónica TV y un móvil de exteriores iba en camino. Claudia Kaufman y Carla Ricciotti eran las cronistas enviadas y junto a ellas los camarógrafos Marcelo Núñez, Claudio Villalba, Armando Tosín y Matías Carrizo; y los técnicos César Blanco y Damián Guzmán.

¡Cuidado! Ahora están vestidos de policías, alertaban desde estudios centrales con las últimas noticias del caso. Vieron a los prófugos caminando en un maizal. Piden a la población de Santa Fe que no salga de sus casas. Pueden estar en cualquier lado. Vecinos huyen despavoridos, indicaban.

A medida que pasaban los días, la audiencia de Crónica crecía a costa de las ocurrencias de sus redactores que hacían de las suyas con lo poco o mucho que se iba filtrando sobre las andanzas de los hombres más buscados del país. Los tres prófugos, más duros de matar que Bruce Willis, escribieron en un zócalo. Y al rato publicaron una de las placas más recordadas de aquella cobertura: Los prófugos tiran más tiros que Vicuña.

Ligaron así la cinematográfica fuga con la escandalosa separación del actor chileno Benjamín Vicuña y la modelo Carolina Ardohain, que dos semanas atrás había dado que hablar a toda la prensa rosa. “Pampita” se había distanciado de su marido después de acusarlo de serle infiel en varias oportunidades.

Uno de los hacedores de aquellos títulos desopilantes fue Facundo Pedrini, un joven periodista que trabajaba en el canal desde 2009, primero como operador de videograph y ahora lo hacía como coordinador de aire. Su producción de placas durante la búsqueda de los evadidos fue incesante: Minuto a minuto, los prófugos marcan el camino con sangre. Tres zorros de dos patas se esconden en el maizal. Santa Fe: sin siesta y sin vacaciones.

La pesquisa seguía. El sábado 9 de enero, bien temprano, una vecina de Cayastá contactó a los enviados de Crónica. Se identificó como Olga, dijo que era familiar de un policía del pueblo que participaba en los rastrillajes, y les dio una pista sobre la ubicación de los fugitivos. El dato sonó preciso. Y fueron hasta allí.

A las 10.59, una vez que confirmaron lo dicho por la informante, largaron la primicia: Martín Lanatta, sindicado como el líder de la banda, había sido capturado por la policía de ese pequeño poblado de casi cinco mil habitantes, ubicado a ochenta kilómetros al norte de la capital santafesina. Ni helicópteros, ni perros, ni francotiradores: la policía local… y tres caballos, detalló uno de los primeros títulos sobre la detención.

A Lanatta lo habían encontrado en un camino de tierra en las afueras de Cayastá; huía caminando. Estaba solo cuando lo apresaron, malherido. Se sabría después que durante la noche, al intentar esquivar un control policial que vigilaba la ruta 1, volcó la camioneta en la que pretendían seguir el raid, probablemente hacia la frontera y así salir del país. El vuelco terminó con ese plan.

En medio de la cobertura Crónica apuntó algo increíble: Cayastá en Guaraní significa “hasta acá llegué”. Parecía broma que uno de los tres prófugos fuera hallado justo en aquel lugar. A partir de hoy Cayastá se va a llamar… “Cayiste”, ironizaron. Y al rato: En Cayastá no almuerzan, miran Crónica TV… ¿Se perderán la siesta?

Rápido, los televidentes comenzaron a hacer circular vía Twitter las imágenes de las placas rojas y lograron viralizarlas. Crónica TV, revolución con las primicias y trending topic en las redes sociales, celebraron desde el control con un cartel enorme en pantalla a modo de guiño para sus seguidores. Los títulos estaban en boca de todos.

El ritmo pueblerino en la provincia de Santa Fe realmente estaba alterado. Las rutas habían sido invadidas por fuerzas de seguridad que patrullaban sin descanso por tierra, agua y aire. Estaban todos: la policía local, la Federal con sus grupos especiales, Gendarmería y Prefectura. También había decenas de móviles de radio y televisión. Y en Cayastá, además, los curiosos que se acercaban desde poblados vecinos para ver “en vivo la cacería humana”, tal como se leía en un zócalo de Crónica.

Cinco minutos después del mediodía, el canal informó que también había sido recapturado Cristian Lanatta. Eran tres: cayeron dos, hay un prófugo. A partir de allí la transmisión mostraría una placa tras otra: No hay dos sin tres. Schillaci a punto de ser detenido. Empezaron los tiros. Para Schillaci, balas que pican cerca. Está en un campo a 1500 metros del pueblo. Todo hacía creer que estábamos en el capítulo final de un policial que bien podría haber sido llevado al cine y que Crónica TV contó con su sello característico:

12.35 Cayeron los tres

12.39 13 días prófugos… y no llegaron a la quincena

12.49 Todos adentro… y a dormir la siesta

13.05 Confirmado: Los tres prófugos mañana no almorzarán con Mirtha Legrand

13.53 Cayastá: Hacen 31 grados y los Lanatta y Schillaci están a la sombra

13.57 Prepárese: en un rato van a aparecer todos para la foto

A las 14.28 el canal difundió la primera imagen de Martín Lanatta tras las rejas. Eran notorias las heridas que exhibía, producto del vuelco de la camioneta en la que escapaban; estaba más delgado y con signos de agotamiento. Sobre la fotografía, un texto reveló: El hijo de Martín Lanatta está mirando la foto de cómo quedó su papá.

El móvil de Crónica ya transmitía en vivo desde la comisaría de Cayastá. Claudia Kaufman relataba desde allí que el cabecilla de la banda estaba siendo revisado por personal médico de la policía. Y desde el estudio, en Buenos Aires, Gustavo Cappuccio confirmaba que la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, viajaba a Santa Fe acompañada por la gobernadora María Eugenia Vidal y otros funcionarios.

Unos minutos antes de las 15, el presidente Mauricio Macri felicitó a través de su cuenta de Twitter “a todo el equipo y a las fuerzas de seguridad por la captura de los prófugos”. Lo mismo hicieron la vicepresidenta Michetti y varios integrantes del gabinete nacional. Crónica difundió cada uno de los mensajes, pero los enviados advirtieron que algo no cerraba. En la comisaría de Cayastá solo estaba ocupado un calabozo y allí nadie había dicho nada sobre los dos últimos aprehendidos.

A las cuatro de la tarde, por fin, hubo información oficial. El jefe de la policía de Santa Fe, comisario Rafael Grau, y el ministro de gobierno local, Pablo Farías, se acercaron a la muchedumbre de periodistas y confirmaron la detención de Martín Lanatta; no hablaron de Cristian Lanatta ni de Víctor Schillaci. “Seguimos trabajando”, señalaron y abandonaron la improvisada rueda de prensa.

El final de la saga seguía abierto. En el control de Crónica quitaron de pantalla el zócalo que indicaba “cayeron los tres” y lo reemplazaron por varias placas: ¿Y ahora? ¿Otro papelón? ¿Dónde están Bullrich y Ritondo?, se preguntaban. Pida más pochoclo porque sigue la película, aconsejaron. Como en las elecciones de la AFA, no dan los números. Confirmado: hay dos prófugos. Y repetían otra vez una placa con la cara del menor de los Lanatta y Schillaci sobre la que se leía en un rojo furioso la palabra “buscados”.

El traslado de Martín Lanatta hacia la cárcel de Ezeiza se inició a las 18.33 en medio de un impresionante operativo de seguridad. Sale uno, titularon desde la redacción ni bien la caravana penitenciaria dejó la comisaría de Cayastá. La primera escala del viaje se hizo en el aeropuerto de Sauce Viejo, donde el reo, hipertenso, recibió medicación antes de subir a un avión de la Prefectura.

El vuelo aterrizó en Aeroparque y el despliegue policial siguió en los Tribunales de Retiro. 20.30 una placa roja detalló: Lanatta no brindó ni con sidra ni con champagne. Hoy le recetaron Diclofenac y Atenolol.

El domingo empezaba con un sabor amargo para los investigadores y una sensación inquietante para las autoridades políticas: tras las desinteligencias del día anterior, habría que seguir buscando al otro Lanatta y a Schillaci. Las fuerzas de seguridad de la provincia de Santa Fe y las federales parecían competir en la pesquisa y ya eran evidentes sus diferencias, aunque todos manifestaran que su objetivo era dar con los evadidos.

Crónica TV retomó el caso al mediodía con una humorada: Horóscopo de Schillaci, se leía como título a las 12.46. Es de Sagitario: “Abra los ojos a nuevas oportunidades”, recomendaban. A juzgar por los astros, el hombre no tendría de qué preocuparse y menos aún su compañero de delito, cuyo presagio era más alentador. Cristian Lanatta, pisciano: “No caiga en la depresión ni se sienta vencido”.

A las 13.13 hubo un último momento: Nuevo tiroteo con los prófugos. Esta vez era en Helvecia, otro pueblo del norte santafesino. Según una mujer que alquilaba una cabaña en la zona, dos hombres habían intentado ingresar por la fuerza al hospedaje. La turista alertó de inmediato a los dueños del complejo y a la policía que inició una búsqueda casa por casa. Ni se le ocurra ir al baño, sugirieron desde el canal a su audiencia anticipando otro día “agitado”.

El aporte de los redactores esa tarde fue memorable. Para cada momento de la persecución habría un título:

13.24 Las fuerzas especiales entraron en una casa y los recibió una mujer en bikini

13.32 Agarrarlos es más difícil que correr en ojotas

El texto apareció al aire después de que el móvil que reportaba desde Helvecia mostrara a varios policías que participaban en el operativo corriendo en ojotas, armados, y uno de ellos, descalzo. Sonaba absurdo, pero estaba registrado en las imágenes. Falta un día para la quincena y la policía ya está en ojotas, bromearon.

13.38 La cacería es cerca de la casa de Saralegui, ex jugador de Colón y Racing

13.43 Los prófugos juegan a la escondida

13.44 ¿Otra vez sopa?

13.46 Piedra libre para los prófugos

Todos los canales de noticias estaban en vivo. Todos espiaban Crónica, que hacía la diferencia con su catarata de placas rojas. El mérito ya no era solo de Pedrini. Junto a él trabajaban Nicolás Ossani, Ariel Balboni, Raúl López y Juan Pablo Rousseaux. Cada uno sumaba su impronta a los títulos. Se superaban minuto a minuto:

14.16 Máxima tensión

14.18 Buscan a los prófugos en el aserradero: toquemos madera

14.20 Dispararon a las chapas

14.29 Aserrín, aserrán. Los prófugos, ¿dónde están?

15.09 No se vaya a dormir la siesta que empieza una de acción. Sigue la película… Otra vez cerca de los prófugos

15.42 Se mueven para acá, se mueven para allá… Corre la policía, corren los vecinos

En medio de la caótica búsqueda, la periodista Carla Ricciotti se cruzó con un hombre vestido de civil que, armado con un rifle listo para disparar, inspeccionaba un aserradero en el que podrían estar refugiados Lanatta y Schillaci.

El hombre, agitado, se acercó al equipo de Crónica TV y les advirtió que tuvieran cuidado, “esto es muy peligroso”. Contó que era jubilado de la policía provincial y les explicó que a lo largo de su carrera en la fuerza ya había pasado varias con “delincuentes de esta calaña”. Después se subió a su camioneta para seguir buscando por el barrio y los periodistas pidieron ir con él: Vamos de paseo con el “hombre del rifle”, se leía en pantalla a las 14.10 mientras hacían la recorrida.

Entrada la tarde, ante la falta de resultados positivos en la investigación, el interés periodístico lo acaparó otro vecino que llegó hasta Helvecia para colaborar. Éramos pocos… y se sumó a la cacería el “Llanero Solitario”, titularon desde el control central para presentar la entrevista a un joven que había montado su caballo para sumarse al rastrillaje a orillas del río San Javier. Vuelva a pedir pochoclo. La película continúa. Está cayendo el sol y los prófugos siguen libres. El operativo hizo agua, lamentaron a las 18.47 y volvieron a preguntar: ¿Dónde están?

El lunes amaneció con más optimismo en el comando del operativo que perseguía el rastro de los prófugos. Sabían que estaban cerca, muy cerca. Con el cabecilla del grupo preso en Ezeiza, y a pesar de los buenos augurios del horóscopo que había revelado Crónica TV horas antes, la suerte de Cristian Lanatta y Víctor Schillaci estaba echada. A las 7 de la mañana un grupo táctico de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) de la policía de Santa Fe por fin los encontró.

Estaban escondidos en un molino arrocero, en la misma zona en la que había sido recapturado Martín Lanatta, en las afueras de Cayastá. Tenían dos pistolas 9 milímetros, pero no se resistieron. Schillaci rogó a los policías que le apuntaban que no lo maten. Cristian Lanatta indicó el lugar en el que habían guardado otras armas. Ahora sí, habían caído los tres. El juego del miedo terminó, anticipó el canal de las noticias. Y volvieron a inundar la pantalla con sus ocurrentes placas:

9.06 El héroe otra vez es el pueblo. Todos somos Cayastá

9.18 El fin de la saga. 3 de 3

9.25 No va más. La fuga del siglo duró una quincena

9.36 ¿Para quién son los dos palos de recompensa? ¡¡¡Que queden en Cayastá!!!

9.38 La película tuvo final feliz: acabaron todos adentro

Al límite. Así cerró la bizarra cobertura periodística de “la fuga del siglo” con la que Crónica TV volvió a liderar la audiencia del cable como en sus mejores épocas. Un acierto que logró con apenas un móvil de exteriores, dos equipos de enviados a Santa Fe y decenas de placas redactadas con ingenio y humor ácido. Ahora sí, después de las primicias, volvemos a Carlos Paz, anunciaron antes del mediodía y pasaron a otro tema.

Secreto

“¿Cómo hacen para tener las noticias al instante?”, se interesó Mirtha Legrand ni bien comenzó uno de sus tradicionales almuerzos.1 En el estudio de Canal 9, vestido de saco y corbata, Héctor Ricardo García ensayó una sonrisa pícara. “Yo les cuento –siguió Chiquita mirando fijo a cámara, en complicidad con su público–, el ladrón me estaba robando mis alhajas y la noticia ya estaba saliendo en Crónica TV”.2

García dejó de maniobrar la cuchara con la que acababa de probar una copa de camarones y contestó: “Mire, eso es un secreto profesional”. Sonrió y volvió a concentrarse en la exquisita entrada que le habían servido. La diva de los almuerzos pareció conformarse con la respuesta y antes de pasar a otro tema dijo que a ella la impresionaba “la inmediatez” con la que informaban.

Es que Crónica TV grita cada una de sus primicias. Y después, para que no haya dudas y así como quien celebra una victoria, recuerda la hora precisa en la que fueron publicadas: El único canal del mundo que anunció a las 20.46 del domingo la derrota de Chávez, avisó con una placa en diciembre de 2007 cuando la mayoría de los venezolanos rechazó una reforma constitucional. Y no importa el tenor de la información: Fue primicia 00.01. Nació el primer bebé de 2007, destacaron al rato de que comenzara aquel año.

La socióloga Cynthia Pok, extécnica del INDEC, da fe de esa ventaja que tiene esta señal en la carrera de las noticias. El 6 de julio de 2007, a poco de denunciar junto a otros trabajadores de ese organismo la manipulación de los índices de pobreza e inflación, se enteró por una placa roja que había sido desplazada de su cargo como directora de la Encuesta Permanente de Hogares. Recién al otro día Pok tuvo la confirmación oficial de lo que había anticipado a la noche la televisión.

Otro día un cartel con letras enormes señaló: Daniel Agostini se enteró en el Chaco del accidente de Nazarena Vélez por Crónica TV. Y en julio de 2006, cuando un hombre empezó a los tiros en plena vía pública en una zona comercial de Belgrano e hirió de muerte a un chico de dieciocho años, Crónica destacó que había sido el único canal que llegó a la avenida Cabildo antes que las ambulancias.

Pero ¿cuál era ese secreto que García no quiso revelar durante el almuerzo con Mirtha Legrand? Crónica TV se nutre de innumerables fuentes: funcionarios de gobierno, empleados de la justicia, jefes policiales (vínculo que se detalla en otro capítulo) y personajes de la farándula. En la redacción los teléfonos suenan sin parar. Abundan los llamados de los televidentes convertidos en “cazadores de noticias”, aquellos que quieren contar lo poco o mucho que saben. Otros, ahora, aportan lo suyo a través de Whatsapp.

“Tenemos un corresponsal en cada barrio. Cuando hay una emergencia hablan acá antes de avisar a la comisaría o al cuartel de bomberos”, explica Fabián Olivera, un legendario productor de Crónica.3 “Acá no hay operadora ni contestador automático, no hay filtros, suena el teléfono y atendemos nosotros”.

Los advierten sobre robos, denuncian estafas, como si fueran paparazzis llaman de inmediato cuando descubren a los famosos comiendo en restaurantes de moda o dejan relatos fantásticos: alguien aseguró haber visto un “hombre gato” (sí, un señor al que se oía sereno y lúcido juró que lo había visto).

Aquel aviso motivó que un equipo del canal llegara hasta el barrio Las Achiras, en Villa Celina, donde se había producido el avistaje de una criatura mitad humana y mitad felina. Los vecinos estaban alterados y los enviados de Crónica se sorprendieron al escuchar que eran varios los que confirmaban el dato. “Señor, ¿usted lo pudo ver al hombre gato?”, pregunta el periodista de Crónica ni bien comienza a grabar. “Mirá, no lo pude ver, pero sí vi sus ojos enormes. Está arriba del árbol”, indica el entrevistado.

La cobertura será emitida al rato, ya de madrugada. Era una noche de calor, en el verano de 1994. A la 1.40 Elvira Bustos y Alejandra Ruiz leen los títulos de las placas rojas: Villa Celina. Primicia de Crónica TV. Gigantesco Hombre Gato aterroriza a los vecinos. Está oculto en la copa de un árbol. Y piden las imágenes, aclarando que es un “material sin procesar”. Lo publican así, tal como llegó.

“Señora, ¿usted vio al hombre gato?”, insiste el cronista.

“Sí, me abrió la ventana y me cortó un palo. Los perros aullaban”, detalla la vecina. Y sigue: “Era negro, con uñas largas, ojos grandes. Es verdad esto que decimos nosotros, no es mentira. En el techo se siente que anda”.

Incrédulo, el cronista insiste: “¿Usted no cree que puede ser algún vecino que les está haciendo alguna broma? ¿Vio su rostro?”.

“Lo único que vi es que le brilla el ojo. Él sube de acá a allá y de allá va al pino. Es verdad que anda, toda esta semana anduvo”, afirma la mujer.

Mientras el canal emitía las entrevistas, desde otra zona del conurbano llamaron a la redacción para advertir la presencia de un ser similar. El dato, como era de esperar, se transformó en una nueva placa roja: Otro Hombre Gato en Ingeniero Budge. Los vecinos colaboran con la policía.

Los productores de Crónica escuchan a todos. Una noche el llamado fue de Daniel, un “apuesto sesentón” al que le habían impedido ingresar a un local bailable de Constitución “por fachero”: “Yo vengo a este boliche desde hace tiempo pero hoy, al llegar a la puerta, me dijeron que no podía entrar”. Denuncia que lo discriminaron por ser muy fachero, apuntaron en el videograph.

El 20 de agosto de 2007, Daniel, amargado por el momento que acababa de vivir, entendió que lo mejor sería dar a conocer ese acto arbitrario y ante la cámara de Crónica relató: “Yo tengo mucha suerte con las señoritas a las que entrego una tarjeta personal con mi número de teléfono para quedar en contacto, pero eso a la gente de este lugar le ha molestado”.

También hay quienes se comunican por necesidad y piden, encarecidamente, desde remedios hasta comida o dinero en efectivo. No son pocos los que creen que la televisión lo puede todo, pero –debe decirse de una vez por todas– no es así. El abanico de mensajes es demasiado amplio.

Cuando se trata de avisos sobre accidentes automovilísticos los productores mandan una cámara siempre. “Vamos a todos los choques porque nunca sabés lo que podés encontrar. Nos ha pasado de llegar y descubrir algún famoso herido y esa es una noticia más impactante todavía”. Y de tanto buscar, encuentran.

Una noche desde la redacción derivaron un equipo hasta Palermo, donde hallaron una escena desopilante. Conductor borracho casi provoca una tragedia. Batman único testigo, indicó el título. Un joven alcoholizado había perdido el control de su auto y chocó contra otro que estaba estacionado sobre la avenida Del Libertador.

“La policía tuvo la culpa”, decía ante la cámara de Crónica el acompañante del conductor que vestía el traje del superhéroe gótico. “¿Vos venías volando y viste todo?”, sorprendió el cronista. “Sí”, dijo el muchacho de la capa. “¿Y estaban con Robin, estaban solos, cómo venían?”, siguió entre risas el periodista. “No sé, no sé, están re locos, están todos drogados… yo también”, remató Batman.

Un antiguo aparato de radio VHF instalado en la redacción de Crónica TV era otra parte de aquel secreto que guardó García. Ese receptor ventiló varias de las primicias que aparecieron en pantalla en forma de placa roja. Los productores lo apodaron “el monito” por los ruidos chillones que largaba a través del parlante.

La radio captaba la frecuencia de la Policía Federal, una fuente inagotable de información urgente durante todo el día. Solo había que sentarse a escuchar lo que allí se decía para llegar al lugar de la noticia casi al mismo tiempo que los investigadores o, si la suerte los acompañaba y el tránsito ayudaba, antes.4

El 9 de septiembre de 1996 el “monito” se escuchó con nitidez, sin interferencias ni ruidos molestos. En un momento de la tarde un oficial moduló y avisó que en Belgrano habían denunciado un suicidio; detalló que la víctima era una persona mayor, de sexo femenino y pidió asistencia a la comisaría más cercana.

El productor que estaba de turno oyó el relato y envió de inmediato un móvil hasta O’Higgins al 1800, la dirección que había alcanzado a anotar. “Parece que se mató una mujer”, le contó a un compañero y aguardó por novedades.

A los pocos minutos, desde el camión de exteriores, reportaron que ya estaban en Belgrano. Mientras, los técnicos orientaban la antena del móvil para poder transmitir en directo cuanto antes y el cronista recogía los primeros datos. Un vecino arriesgó que la mujer se había tirado desde un quinto o un sexto piso y otro que llegó exaltado, atraído por la cámara, aseguró: “La señora que se mató es la mamá de Caniggia; pobre señora, estaba muy deprimida”.

Un portero de la cuadra no tardó en confirmar la identidad de la víctima: era Nélida Tomasa La Iglesia de Caniggia, la madre de Claudio Paul, el “Pájaro”, el futbolista que en aquel momento estaba radicado en Roma y hacía unas semanas había sido desafectado de la selección argentina.

La noticia llegó a la redacción y rápido se anunció al aire. Fue un “último momento”, otra “primicia exclusiva” de Crónica TV. Y la clave para estar antes había sido aquel aparato de radio, hoy obsoleto y en desuso, que largó los primeros datos del drama que enlutó a la familia Caniggia.

Monitorear la frecuencia policial no fue un descubrimiento ni es una genialidad de este canal, tampoco de otras redacciones donde lo han hecho. Ya en la década del treinta lo hacía el fotógrafo del The New York Times y de la agencia Acme, Usher Fellig, conocido como “el cronista rojo” o simplemente “Weegee”.5

Fellig había instalado en su Chevy marrón de dos puertas una radio de onda corta para escuchar a la policía de Manhattan y así logró ser el primero en aparecer en la escena del crimen. Con su cámara capturaba incendios endemoniados antes de que llegaran los bomberos, registraba ejecuciones mafiosas y fotografiaba choques automovilísticos antes de que las ambulancias retiraran los cuerpos bañados en sangre.

“Weegee” lo hizo en aquellos años de depresión y pobreza en Nueva York. García lo emuló en Buenos Aires, primero desde las páginas del diario Crónica y desde mediados de los noventa en Crónica TV.

Otro eslabón fundamental en la cadena de producción de las primicias es la placa roja. Y aunque ya no sea un secreto, el método resulta infalible: el cartel que cubre toda la pantalla permite ventilar lo urgente. Basta con decir qué pasó y sin ninguna otra pista para no orientar a los competidores. Una vez publicado, ya habrá tiempo de llegar al lugar de los hechos y ampliar la información con más detalles. Así habrán sumado una victoria más a su frondosa lista de anticipos.

El casting

Mario Gavilán se despertó con el sonido del teléfono. Eran casi las tres de la mañana de una madrugada muy fría del invierno de 1993. El periodista, con gran experiencia en los informativos de televisión, estaba acostumbrado a recibir llamados a horas extrañas, pero igualmente se alarmó. Atendió dormido y escuchó una voz que conocía: “Necesito verte”, le dijeron. Era Héctor Ricardo García; quería confiarle un proyecto que le quitaba el sueño. Y se encontraron al otro día.

Habían trabajado juntos por última vez en Teledos Informa, hacía cinco años, pero se conocían desde al menos dos décadas atrás cuando García mandaba en Teleonce. Gavilán estaba entonces en el área de noticias como redactor del legendario Reporter Esso. Integró después el equipo de Nuevediario, pasó por Canal 13 y durante los primeros once meses de la presidencia de Carlos Menem se desempeñó como interventor de Argentina Televisora Color (ATC). En el medio muchos lo llamaban “el padre de los noticieros”.

“El Gallego me habla de un proyecto ambicioso, quería hacer la CNN criolla”, recordaría Gavilán a mediados de 2006 mientras tomaba un cortado en La Biela, el tradicional café de la Recoleta que se transformó en su búnker cuando se alejó de las redacciones. “Le pregunté dinero para cuánto tiempo había y me aseguró que podíamos estar tranquilos seis meses. ‘En seis meses este canal está impuesto’, le prometí”.

La inversión inicial para el lanzamiento de Crónica TV fue de apenas dos millones de dólares. No necesitarían mucho más. García contaba ya con la infraestructura técnica y logística de Estrellas Producciones, la empresa que había creado en los años ochenta para generar contenidos de cine y televisión. Valuada en diez millones de dólares, la productora tenía cuatro estudios, veinte cámaras, ocho islas de edición y siete microondas. Sumaron cuatro nuevos móviles. “Todo última generación, pibe”, se enorgullecía García ante un cronista de Página/12, días antes de que la nueva señal estuviera al aire.

En noviembre hicieron el casting para seleccionar al personal que cubriría las áreas técnicas y periodísticas. Estudiantes de ciencias de la comunicación y periodismo, locutores, camarógrafos y profesionales de otros medios desfilaron por Riobamba 280. Mario Gavilán se ocupó personalmente de las entrevistas y las pruebas de cámara a cada uno de los aspirantes.

Uno de ellos era un tal Claudio César Orellano, a quien todavía hoy, a más de una década de haber dejado el canal, reconocen en la calle como “el gordo de Crónica”. El locutor, voz del estadio en La Bombonera durante años, venía lamentándose por no haber llegado a tiempo al casting que había hecho Canal 13 para Todo Noticias y casi llega tarde otra vez.

La selección de locutores estaba cerrada cuando apareció Orellano, pero consiguió que lo anotaran en una lista mecanografiada que había visto sobre un escritorio donde figuraban quienes pretendían trabajar como presentadores. Se convirtió así en el último de los convocados.

Fue citado el 26 de noviembre por la mañana. Lo ubicaron en un estudio y le pidieron que leyera unos cables de agencia con las informaciones del día. “Lo único que decían era que querían un canal caliente, vivo, en el que todo el tiempo pasaran cosas”.6 Tuvo que improvisar y presentar un móvil, simulando una transmisión en vivo.

“¿Quién es este boludo?”, preguntó García mientras Orellano hacía la prueba. Lo había observado desde el control y aquella consulta, lejos de quitarle chances, lo beneficiaría. El locutor estaba confiado. Recordaba los noticieros que el creador de Crónica había hecho en Canal 11 y suponía lo que buscaban ahora. Se fue conforme.

Gavilán también quedó satisfecho. Orellano tenía la voz muy potente, una “memoria envidiable” y el vocabulario coloquial que querían. Su desempeño fue el esperado. Y esa misma tarde el locutor supo que estaba entre los elegidos.

A diferencia de la búsqueda que habían hecho otros canales de noticias, para Crónica TV no querían caras conocidas. La decisión de contratar a profesionales jóvenes y no a consagrados tenía una razón económica y otra que Gavilán explicaba así: “La fama es puro cuento. Hay un momento en que la televisión comienza a cambiar a las personas. Yo siempre dije que el maquillaje se mete en el cerebro y lo empieza a pudrir”.

“Un tipo que de entrada te dice ‘sí, señor, como no’ a los seis meses cambia, cuando lo empiezan a llamar las mujeres y ve que tiene éxito; es muy difícil”, sostenía el exdirector de Crónica TV. “Entonces yo pensé, con los chicos, dos años tengo seguro, hasta que se aviven. En cambio, el que ya viene con una cosecha de éxitos tiene otras exigencias”.

Aunque hubo otro aspecto, realmente curioso, que fue decisivo para Gavilán al momento de elegir al personal de Crónica: los signos del zodíaco. “Soy muy creyente de las cosas que dan los signos, no es lo mismo alguien de Virgo que alguien de Géminis. Esas cosas me señalan a mí una tendencia, un temperamento, una predisposición. Y lo tuve en cuenta al armar los equipos”.

Su interés por los astros obedecía a su amistad con Horangel, un pionero de la divulgación del horóscopo. Y en el canal recuerdan que la primera consulta que les hizo Gavilán en el casting fue “¿De qué signo sos?”. Más de un aspirante quedó desorientado con la pregunta.

Imágenes ¡ya!

Hubo que esperar unas semanas para el lanzamiento. Y otra vez a causa de los astros: según las cartas de tarot, los planetas no le auguraban “buena vida” a Crónica TV si aparecía en pantalla en diciembre como estaba previsto. La advertencia llegó a oídos de Mario Gavilán y todo se frenó hasta el año nuevo.

Así, el 3 de enero de 1994, a las 8.04, un hombre joven, serio, de postura firme y vestido con un flamante traje oscuro, inauguró las transmisiones. A su lado estaba una mujer delgada, también joven, de largo pelo lacio y ojos claros. Eran los locutores Gustavo Chapur y Rosanna González, quienes tuvieron el privilegio y la responsabilidad de presentar el nuevo canal.

Sentados detrás de un modesto escritorio en el que solo había dos micrófonos y un monitor, con un reloj de agujas de pared como testigo, leyeron un texto que había redactado Héctor Ricardo García un rato antes. Explicaron que en todo lugar donde hubiera una información de interés estarían las cámaras de Crónica TV y, de inmediato, anunciaron la primera noticia: Clausuraron la disco Cemento.

Inspectores municipales y policías de la Federal habían encontrado seis menores de edad alcoholizados y una parrilla con chorizos y hamburguesas cocinándose en el medio de la pista de baile. En la nota, entrevistado por la periodista Graciela Guiñazú, hablaba el todavía ignoto Omar Chabán. Histriónico y desafiante, el empresario negaba, delante de las fajas de clausura, haber hecho la choriceada.


Ante el equipo de Crónica un vecino dijo estar feliz por la inhabilitación del local. “No puede ser que estos chicos orinen y defequen en plena calle. Se inyectan y tiran las agujas por cualquier lado, pintan todas las paredes y provocan un verdadero caos al mezclar la cerveza con drogas; son incontrolables”, se quejaba indignado.

La transmisión siguió con un informe sobre la aparición de un elefante marino hembra en las costas de Olivos, desde donde reportó Javier Díaz. Y más tarde la cobertura que había hecho Fernando Alonso, la noche anterior en el estadio de Vélez, durante una asamblea de testigos de Jehová.

Aquella mañana García respiró aliviado: ya era realidad su sueño de retornar a la televisión, un medio en el que se siente muy cómodo y conoce como pocos. Y lo hacía con su mejor fórmula: noticias. Prometía un formato realmente novedoso para la Argentina: “Información durante las veinticuatro horas del día, los 365 días del año. Siempre en vivo y sin repetir programas”.

“Cuando su canal de cable a las tres de la tarde le dice buenas noches, ¿no se siente defraudado?”, indagaba la campaña publicitaria de Crónica TV publicada en los medios gráficos. Era una clara provocación a CVN y Todo Noticias, sus dos competidores directos, que estaban en pantalla desde hacía casi un año.

La clave de esta nueva señal serían las transmisiones en vivo. Y ya el primer día hicieron cinco: desde una estación de subterráneos (esa mañana el servicio empezaba a funcionar bajo la gestión privada y se temía por despidos de los trabajadores), desde la Costanera Norte para entrevistar a los “felices adoradores del sol” y en la sede de Migraciones, donde cientos de indocumentados hacían cola para iniciar sus trámites de radicación.

Otro móvil emitió desde el Obelisco para reportar “el pulso de la ciudad” y el último lo hizo desde la Lotería Nacional, donde cubrió los sorteos de las quinielas, cuya televisación fue autorizada después de que el canal comprara los uniformes a los niños cantores. Juan Carlos Paredez, ex productor ejecutivo de Crónica, recuerda que “aunque los sorteos eran públicos, no había un criterio común para la vestimenta del personal de Lotería. Y nosotros les compramos la ropa”.

También fue noticia destacada el día del debut la primera bola de la temporada en las ruletas del Casino Central de Mar del Plata: negro el 28. Y con material que llegó “vía satélite” desde México mostraron la histórica rebelión de los zapatistas en Chiapas y difundieron imágenes de un trágico accidente aéreo en Siberia.

En un living montado en otro sector del estudio, Mario Zórzoli reporteó a varios dirigentes políticos, entre ellos, al entonces diputado Carlos “Chacho” Álvarez. Y algunos allegados a García, como el locutor Jorge “Cacho” Fontana y Ramón “Palito” Ortega, saludaron el nacimiento de Crónica TV a través de mensajes grabados.

El canal no tuvo primicias trascendentes en sus primeras veinticuatro horas. “Fue uno de los días más difíciles de mi carrera”, solía contar Gavilán. “Cómo explicar lo que es Crónica TV. Es vivir al palo. Es una caldera que consume, consume, consume, y lo que salió a las nueve de la mañana, a las dos de la tarde, ya es viejo”.7

En todas partes

Los técnicos y periodistas que participaron del lanzamiento de Crónica TV coinciden en que el trabajo en la calle no resultó fácil durante los primeros meses. La tecnología de los camiones de exteriores era básica y los movileros debieron apelar a una máxima de la televisión que sugiere, a quienes quieren sobrevivir en el medio, ingenio y creatividad cuando los recursos son escasos.

A modo de ejemplo cuentan que los auriculares que usaban los cronistas en exteriores para escuchar el retorno del estudio estaban conectados al móvil por un cable cuya extensión siempre era insuficiente. Y encima solía enredarse en las cubiertas de los autos y en los árboles.

“Igual, con esos obstáculos y otros que nos surgían, lográbamos llegar primero”, se jacta un reportero que a mediados de 1994, por esas limitaciones que le imponía el cableado del móvil, tuvo que frenar la Marcha Federal mientras pasaba frente al Congreso de la Nación.

Miles de personas se habían movilizado desde el interior del país para protestar por la política económica de Carlos Menem y caminaban hacia la Plaza de Mayo. “Era una de las primeras protestas de la Central de los Trabajadores Argentinos y Víctor De Gennaro, entonces secretario general de la CTA, debió esperar alrededor de diez minutos con la marcha parada hasta que nos dieron aire y pudimos hacer la entrevista”.

Las tareas en la calle se complicaban también porque Crónica no trabajaba con productores de exteriores, los encargados de asistir a los periodistas. “Ese puesto, según Gavilán, era un invento de vagos, pero nosotros lo necesitábamos porque teníamos que lograr que la gente aplaudiera en las protestas, asegurarnos de que un corte de calles se mantuviera mientras hacíamos la transmisión en vivo y encima hacer los reportajes”, explica el movilero.

Otra dificultad fue la aparición de los teléfonos celulares. Una vez más, la nueva tecnología llegó al canal mucho tiempo después que en las otras señales. Y cuando los cronistas volvían a la redacción y exponían su queja ante Gavilán o García se chocaban con una respuesta contundente que los dejaba sin argumentos para seguir con el reclamo. “Nosotros –decían los jefes– ya hicimos televisión cuando no había celulares, usábamos los teléfonos públicos y ahora hay muchísimos más que antes”.

El espacio donde trabajaron los productores durante años, más que a una redacción de un noticiero de televisión se parecía a una oficina pública de la década del ochenta. Recién en 2000 instalaron allí la primera computadora con conexión a Internet y, claro, hubo que esperar un tiempo más para disfrutar de la banda ancha. Si hasta entonces algunos redactores salían del paso con las antiguas máquinas de escribir.

De las paredes no colgaban relojes digitales con la hora de las ciudades más importantes del mundo como se ve en las redacciones que muestran las películas, sino tres mapas con división política: uno del territorio nacional, otro de la Capital Federal y el tercero de la provincia de Buenos Aires. Después de todo, aquí eran más útiles que esos modernos relojes y servían para orientar a los equipos que salían a recorrer las barriadas del conurbano. El GPS todavía era una herramienta del futuro.

Y lejos estaban estos periodistas de aquellos contratados por el multimillonario Ted Turner, que se lucían en la imponente central que la CNN había montado en Atlanta. Allí, cada redactor, desde su PC, trabajaba conectado a un servidor que funcionaba en red y les permitía procesar el material en video que les enviaban desde cualquiera de sus corresponsalías, esparcidas en los cinco continentes.

En la “CNN criolla”, en el primer piso de Riobamba 280, todo lucía más sencillo y artesanal. Y a quien no le gustara “que se compre un canal”, como acostumbra responder Héctor Ricardo García ante los planteos quejosos de sus colaboradores.

Además de la valiosa radio VHF hasta hace unos años sobrevivía en aquella redacción una PC 286 con monitor blanco y negro que recepcionaba los cables de la agencia oficial de noticias Télam. Y tampoco hace mucho que los nuevos plasmas reemplazaron a un antiguo televisor de veinte pulgadas porque repentinamente dejó de funcionar tras haber estado encendido día y noche, desde que empezó el canal, hace más de veinte años ¡sin que nadie lo apagara!

García no es amigo de los cambios y siempre lo justificó reivindicando a un editor argentino que se destacó en los años sesenta y setenta: “Cuando a Julio Korn le preguntaban por qué no sacaba el color sepia de Radiolandia, él contestaba que cuando algo tiene éxito no hay que tocarlo”.8

Pero no todas fueron contras. Los televidentes empezaron a identificar al canal con las primicias, se acostumbraron a que si algo trascendente ocurría lo verían por esa pantalla. Por eso reconocían el esfuerzo de sus periodistas y técnicos, si hasta los jubilados que reclamaban aumentos los miércoles interrumpiendo el tránsito en el Congreso hacían una grieta en los cortes y le permitían el paso solo a los móviles de Crónica para que pudieran correr hacia otros sitios.

Un periodista que prefirió mantener su nombre en reserva recuerda que una tarde lo mandaron a cubrir un asalto y cuando estaba por llegar a destino, su productor le informa que la persona asaltada había sido asesinada. Ya en el lugar, un policía que trataba de reconstruir el trágico robo le dijo al cronista que el cuerpo de la víctima había sido llevado a la morgue judicial para practicarle la autopsia, cinco minutos antes.

Esta vez no faltaban los recursos técnicos pero ya no tenían un elemento clave para la cobertura de la noticia. El movilero apeló entonces a su ingenio y le pidió a un motoquero del canal que se acostara en el suelo, taparon parte de su cuerpo con hojas de diarios para que nadie identificara su rostro y así se grabó la nota. Y así salió al aire.

Vivo y directo

Entre 1993 y 1994, con diferencia de unos pocos meses, surgieron Cablevisión Noticias (del grupo América), Todo Noticias (del grupo Clarín), Red de Noticias (de Telefe) y Crónica TV. Ofrecían como novedad información al instante. Ya no habría que esperar a la tardecita o a la noche para acceder a los noticieros. Era una época en la que los portales en Internet no actualizaban sus contenidos con tanta frecuencia como hoy y tampoco existían aún Facebook ni Twitter. Con ese formato de actualidad al momento, la señal de Héctor Ricardo García sacó ventaja.

Mostrar los hechos en vivo fue una de las innovaciones con las que salió a competir Crónica. Ese registro atrae por su imprevisibilidad e impide que un productor decida qué se publica y qué no, no admite filtros ni censuras, ni edición maliciosa. Todo se ve tal como sucede.

“Seremos iguales a ATC (el canal público que por aire y a través de sus repetidoras tenía la mayor cobertura territorial), estamos a toda hora y en todo el país, solo nos diferenciamos en dos cosas: somos privados y transmitimos en vivo”, exponía García al promocionar su nueva empresa.

El 18 de julio de 1994, cuando Crónica TV tenía apenas seis meses al aire, un coche bomba voló la sede de la AMIA, la mutual judía de Buenos Aires. Ochenta y cinco personas murieron en ese acto terrorista que hizo temblar al barrio de Once y estremeció al país entero. Era el segundo ataque en dos años: en 1992 habían atentado contra la Embajada de Israel.

Un equipo de Crónica estuvo en el lugar a pocos minutos de la explosión. El periodista Mariano Biasatti y los camarógrafos Carlos Arestequi y Rubén Molina llegaron detrás de dos carros de bomberos a los que venían siguiendo desde el centro. “Estábamos por Viamonte y Libertad cuando empezamos a escuchar sirenas, pasaron varios patrulleros a toda velocidad y un helicóptero de la policía. Algo había pasado pero todavía no sabíamos qué ni dónde exactamente”, cuenta Molina.

“Cuando notamos esos movimientos de la policía llamamos a la redacción y el dato que tenían era que había explotado una garrafa. Fue lo primero que nos dijeron. Y levantamos la guardia que hacíamos y fuimos hacia Once. Como tenía que dar muchas vueltas para tomar la avenida Córdoba salí en contramano por Viamonte. Mariano Biasatti sacaba media pierna por la ventanilla y agitaba un pañuelo blanco en señal de emergencia. Son recursos que empleábamos para ganar tiempo”, revela el camarógrafo que llegó a ser jefe del área y director general del canal.

“Diez y diez de la mañana, conmoción en el Once. La gente se está conglomerando, aparentemente hubo una explosión en esta zona, ya vemos a lo lejos que están trabajando los bomberos”, relata Biasatti, conmovido, en la grabación que hizo mientras se acercaba a las ruinas del edificio de Pasteur 633. “Esto es un verdadero desastre, esto es comparable a lo ocurrido en la embajada de Israel; ¡terrible!”.

Crónica TV fue el primer canal de noticias que llegó a la AMIA y el último en irse: casi cien horas corridas de transmisión, la mayor parte en vivo. Y todo lo que emitían grabado se publicaba tal como venía: en crudo, sin editar. Cronistas, productores y todos los técnicos quedaron afectados a esa cobertura que no tenía precedentes en el cable y que fue caótica y emocionante a la vez.

A treinta horas del estallido, entre los escombros, rescataron con vida al portero de la mutual judía, Jacobo Chemauel. “Fue conmovedor verlo salir y sonreír. Era tanta la emoción que María Inés Cristante, la periodista que reportaba desde el móvil, no pudo seguir hablando. El director de cámara entonces volvió a mí y también me quebré, se me caían las lágrimas”, recuerda Claudio Orellano.

El método del “canal vivo” en el que todo el tiempo pasan cosas le permitió a Crónica TV liderar la audiencia más rápido de lo que habían previsto García y Gavilán. En julio del 94 superaban por cuatro puntos a CVN y a TN y un año después la diferencia con el resto de las señales de noticias ya era abismal: 38.1 % frente a 15.7 % de TN y 6.7 % de CVN.

Las transmisiones “calientes” habían copado la pantalla y eran uno de los motivos que explicaban el éxito de la versión televisiva de Crónica. Ayudó la tecnología. “Con la antena que está en el techo del camión establecemos el enlace con el satélite”, grafica el jefe técnico Daniel Piavi. “Una vez que lo ubico, tengo retorno y ya podemos salir al aire”.9

Además de sus móviles satelitales el canal contaba con varios puestos fijos ubicados en puntos estratégicos de la ciudad. Estaban en la Bolsa de Comercio, en el Congreso, en Tribunales y el Ministerio de Economía. Además habían montado un miniestudio en una oficina de la Casa de Gobierno, a solo veinte metros del despacho presidencial. Desde cualquiera de esos sitios, a través de microondas, podían transmitir en el momento que quisieran.

Una tarde de octubre de 2008, a las 18.05, Julia Césari informa desde la redacción del diario Crónica. Tres minutos después Marcela Moretto lo hace desde la Bolsa y cuenta que baja el índice Merval. Juan Pablo Guerry aparece a las 18.14 desde un móvil en el comité de la UCR donde están anunciando un acuerdo político con Elisa Carrió.

A las 18.20, desde la Asociación del Fútbol Argentino, Héctor Heredia revela quiénes serán los árbitros que van a dirigir los partidos del fin de semana. 18.36 vuelve al aire Césari desde el diario para confirmar que el cardenal Jorge Bergoglio ha sido reelecto al frente del Episcopado.

18.43 Raúl Zapata reporta desde el Congreso las repercusiones de un fallo de la Corte Suprema en favor de la libertad sindical. Y a los diez minutos la prioridad absoluta es para un anuncio que la presidenta Cristina Kirchner hace ante empresarios del sector automotriz, en Economía. Una noticia tras otra. Siempre en vivo, a toda hora.

El 16 de diciembre de 1999, alrededor de las cuatro de la mañana –solo por citar un caso-, la señal de García mostró cómo la Gendarmería reprimía a un grupo de desocupados que cortaba el puente que une la provincia de Corrientes con Chaco. “Poné Crónica”, le dijeron desde Buenos Aires a un productor de Todo Noticias que descansaba en un hotel cercano al paso fronterizo.

Los enviados de TN habían levantado la guardia para descansar y dormían cuando fueron sorprendidos por el llamado de sus compañeros desde la redacción. Los de Crónica, en cambio, habían discutido qué hacer y decidieron que algunos, entre ellos el periodista Pablo Pla, mantuvieran la vigilia en el puente por si algo ocurría. Y ocurrió. La violenta represión con la que fueron desalojados los manifestantes solo se vio en vivo por Crónica TV en plena madrugada.

Claro que ese tipo de coberturas supone riesgos. “¿Sabés lo que pasó?”, pregunta el cronista a un joven que observa un operativo policial en la avenida Corrientes al 2400. “Yo no sé nada, dicen que hay una toma de rehenes, no sé, más de eso no te puedo decir”, se sincera el muchacho. “Yo recién vengo, vi que venían todos los patrulleros y me acerqué, no sé qué pasó”, agrega –casi nada– otro testigo.

El periodista de Crónica TV está trabajando en vivo y la suerte no lo acompaña, pero intenta una vez más: “Señor, ¿aquí hubo un robo?”. El hombre que tiene enfrente lo mira con cara de asombro y le responde: “No, yo vengo a buscar al pibe mío”. Recién después de unos minutos, logra saber que han robado en una galería comercial de la cuadra y los policías están buscando a un ladrón que se dio a la fuga.

Hace unos años García intentó registrar como marca la frase “en vivo y en directo”. Entre los fundamentos que esgrimió ante la Justicia, señaló que tenía “derecho adquirido sobre esa expresión” porque ya lo había tramitado ante el Registro de Propiedad Intelectual en julio de 1969 y ante la Sociedad de Autores en 1971. También recordó que aquel año había hecho un programa en Teleonce con ese nombre.

Pero la empresa de transmisiones deportivas TeleRed Imagen S.A. se opuso. Y mediante una acción judicial intentó evitar “el monopolio de una expresión que pertenece al público en general y a todas las personas que integran el rubro de las comunicaciones”, fundamentaron sus abogados.

Finalmente un fallo de la Sala II de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial rechazó el planteo de García. Los jueces concluyeron que “en vivo y en directo” detalla el modo de “transmitir acontecimientos comunes a los medios informativos; es decir, es una descripción de la actividad que se vincula con el quehacer ordinario de la radio y la televisión”.

Además, los integrantes del tribunal entendieron que, “aun cuando se trate de una frase de uso común, el término no identifica correctamente el producto que se pretende etiquetar pudiendo inducir a errores a los consumidores”.10

A pesar de que la justicia no le haya dado la razón, García insiste: “Una de las cosas que inventé es la frase ‘en vivo y en directo’. Lo gracioso es que todo surgió a partir de un error mío. Con Pinky hacíamos un programa de ocho horas en el viejo Canal 7 y un día armamos en exteriores un espectáculo con autos chocadores frente a la cancha de River. En medio de la transmisión se me ocurrió decir ‘en vivo y en directo’. Y así quedó la famosa frase que ahora usan todos”.

1 Almorzando con Mirtha Legrand, 23 de diciembre de 1997.

2 El 17 de diciembre de 1997, Mirtha Legrand denunció el robo de dos collares, una pulsera y un par de aros, valuados en cien mil pesos. No pudo precisar si desaparecieron de su casa o de Canal 9, donde filmaban los almuerzos.

3 Entrevista del autor a Fabián Olivera.

4 Un comisario aclara que sintonizar y escuchar la frecuencia del comando radioeléctrico no constituye ningún delito, pero advierte que sí está penado interferir esas comunicaciones.

5 Existen dos versiones acerca del seudónimo “Weegee”. Una dice que es la fonética en inglés de Ouija, el tablero espiritista que predice sucesos. Y este fotógrafo tenía la misteriosa capacidad de llegar a la escena del crimen unos segundos antes que la policía. La otra versión se refiere al sonido que se escuchaba en su laboratorio cuando secaba con un trapo la superficie lisa de las copias fotográficas. “¡Squeegee!”, se escuchaba.

6 Entrevista del autor a Claudio Orellano.

7 Entrevista del autor a Mario Gavilán, agosto de 2006.

8 Julio Korn fue un empresario editorial. En 1970 publicaba la exitosa revista Radiolandia, además de Goles, Antena y Vosotras.

9 Entrevista a Daniel Piavi en Maestros de TV, Canal 7, 2007.

10 www.diariojudicial.com.ar

CAPÍTULO 2
García, el señor de las noticias
“Viva yo”

El hombre que le escapa a las entrevistas, el que prefiere preguntar para que otros respondan, aquella vez accedió a contestar un largo cuestionario para la edición argentina de Playboy. Sí, en abril de 1986, la revista de las conejitas, del mítico Hugh Hefner, publicó un reportaje a Héctor Ricardo García, en el mismo número en el que aparecía un artículo sobre el “súper orgasmo” y un dossier dedicado a la “milenaria fellatio”.

Sin quitarse la ropa, el mentor de Crónica se desnudó y habló de todo. Evocó su infancia, confesó varios romances, definió como una “patriada” la creación de su diario, repartió críticas a políticos de todos los sectores y al final aceptó la propuesta que le hicieron los periodistas José Agromayor y Jorge Raventos: “Ya que Crónica se especializa en títulos, hágale un título a esta nota”. García lo pensó unos segundos y respondió sin ruborizarse: “Y qué sé yo, ponele Viva yo”.

El Gallego es así. No ahorra elogios para sí cuando se mira frente al espejo, y menos al repasar los logros que obtuvo a lo largo de su vasta carrera. Se reconoce talentoso, condición que destacan quienes lo han visto trabajar en cualquiera de sus empresas. “Yo tengo talento y lo digo así, con orgullo, porque el talento no es algo que se aprende sino que se hereda de la madre”, sostiene.1

Se define periodista antes que empresario: “Si no hago periodismo me muero”. Y confiesa las dos grandes frustraciones de su vida: “No haber sido cantor de Juan D’Arienzo –es la orquesta que más me enloquece en el mundo– y no haber tenido una novia que trabajara en la tienda Gath & Chaves”.2

Por momentos cuesta entenderle lo que dice, habla para adentro, como tragándose las palabras. “Dicen que soy muy bruto, que escribo García con ‘s’ y que a veces dudo en la ‘h’ de Héctor. Estoy rodeado de enemigos”, asegura el hombre que calcula haber viajado alrededor del mundo unas ocho o nueve veces.

“A mí hay cosas que me gustan y lo digo. Me gusta Cantinflas desde hace cuarenta años; en Canal 13 daban una película de él y me mataba de risa, como un loquito. Y bueno… yo a Bergman no lo entiendo, y ¡ojo!, no soy un bruto, fui al colegio, sé leer y escribir, pero qué se yo”.

García vivió para el periodismo. Durante años pasó la mayor parte del día en el canal. Y ahora que se desprendió de Crónica TV, llega al edificio de Riobamba después del mediodía en un imponente Mercedes Benz que maneja él, nunca empleó choferes. A paso lento, algo encorvado, camina desde el garaje hasta su oficina. Enciende las pantallas que hay frente a su escritorio y evoca la época en la que dirigía la empresa.

Si le aburría lo que estaba al aire, ordenaba que lo levantaran de inmediato. Sugería a los redactores el texto de las placas rojas y visualizaba imágenes de su “archivo de oro” para programar los “impactos musicales” de las noches y los fines de semana. Escribía las promociones en las que sostenía que Crónica era el canal “que eligen los argentinos” o denunciaba que los noticieros de la competencia le robaban imágenes.

Se resistió a usar una computadora y no tiene casilla de correo electrónico personal. Los mails para García debían ser enviados al buzón de Silvia, su histórica secretaria; ella se los haría llegar. Y hasta no hace mucho tiempo él tipeaba en su inseparable máquina de escribir Olivetti –que todavía usa hoy– los chimentos del espectáculo que aparecían en La Pavada, en la contratapa del diario Crónica.

En el canal recuerdan que más de una vez subió al control, desplazó al director de turno y se puso a “ponchar” las cámaras. Otras veces se sentaba junto a Alberto Thaler, su editor de confianza, para supervisar alguno de los informes especiales, como aquel que repasó “Vida y lucha de Norma Pla” o “Ídolos nacidos en los ochenta”, un atrapante material de archivo con imágenes inéditas de la actriz Celeste Cid, el cantante Luciano Pereyra y el futbolista Javier Mascherano cuando eran niños.

García le escapa a los eventos sociales, especialmente si se trata de compromisos con gente que no conoce. “Yo soy muy poco diplomático, no hago relaciones públicas. No ando con corbata a menos que tenga que ir a Tribunales (tuvo que hacerlo varias veces en los últimos años). No me gusta ir a comer con señores que no conozco”, insiste.


La mayor parte del día la pasaba recluido en su oficina, hasta entrada la noche, de domingo a viernes. “Esta empresa es una droga, yo paso todo el día pensando en esto”. Solo los sábados dejaba de ir al canal y aprovechaba a descansar o hacer las compras en un hipermercado de Palermo camuflado como un vecino más, aunque difícilmente se desentendía de la actualidad.

Hay un rasgo de su personalidad que quizá explica esa eterna pelea por llegar primero: es competitivo. “No me gusta perder ni jugando a la bolita”, reconoce. Y es ansioso, no soporta las esperas. Quienes compartieron con él alguna cena cuentan que ha llegado a quemarse con la comida al no dejar que se enfriara el plato. Cinco minutos para García son una eternidad.

“¿Vio que hay gente que juega al golf y que camina siete horas con la bolsa al hombro? A mí me apasiona hacer televisión. Me apasiona mandar la imagen de Carlos Monzón muerto y saber que siete millones de tipos la están viendo”. A la hora de buscar comparaciones lo han llamado el “Ted Turner del subdesarrollo”, pero él rechazaba el parangón. Cuando lo escuchaba se reía, aclaraba que no quiere sonar pedante, y señalaba: “Yo no tengo a Jane Fonda, pero tengo la mejor señal de noticias del país”.

En 2016 se desprendió de las últimas acciones que tenía en Crónica TV y cerró una de las etapas más brillantes de su vida. En 2011 les había vendido el cincuenta y uno por ciento del canal a los empresarios mendocinos Raúl y Alejandro Olmos, quienes se quedaron con el total de la empresa en medio de un escándalo con acusaciones cruzadas.

En mayo de 2017, todavía en litigio, García los denunció a través de una solicitada que tituló “Ocupas en un canal de televisión”. En el texto indicaba: “al día de la fecha el Grupo Olmos no cumplió el convenio firmado y homologado en el juzgado correspondiente, quedando como ‘ocupas’ sin contrato de alquiler, duplicando la seguridad del edificio con ‘patovicas’ de traje negro y apoderándose del edificio”.

Finalmente, los hermanos Olmos mudaron los estudios de Crónica TV al Bajo, donde funcionaba la redacción del diario. García recuperó el control de Riobamba 280 y allí, con una inversión en equipamiento que supera los cuatro millones de dólares, planea volver a crear un canal al que llamará Sucedió y mantendrá como lema “el canal de las noticias”.

El pibe García

Nació en Buenos Aires el 18 de noviembre de 1932, el mismo día que Mickey Mouse, el legendario ratoncito que había sido creado por Walt Disney cuatro años antes. Y es fanático de ese personaje. Conserva una colección de más de dos mil muñecos, relojes y otros objetos con la figura del ratón al que dedicó su último libro. El mítico empresario se entretiene de a ratos con alguna de esas miniaturas en la misma oficina desde la cual se permitió jugar con las noticias.

Creció a cuatro cuadras del Obelisco, en un modesto departamento de dos ambientes, donde vivían sus padres: María de los Dolores Elisa Vadillo y Héctor Manuel García. Su mamá, apodada Lola, era entrerriana y se ganaba la vida tejiendo ropa para amigos de la familia. Su papá, porteño, fue empleado en la Dirección General de Aduana.

“Era un laburante de esos convencidos de que el trabajo dignifica. Se levantaba a las seis de la mañana, hacía horas extras y recién volvía a casa a las diez de la noche”, recordó García en una de las pocas referencias públicas que ha hecho sobre su padre.

Su infancia transcurrió en el centro, entre los partidos de fútbol que jugaba con vecinitos en un terreno baldío ubicado en las avenidas Córdoba y Carlos Pellegrini, algunos viajes “de colado” en el tranvía y esporádicas visitas a los circos que levantaban sus carpas en esa misma esquina donde improvisaban la canchita.

Mientras cursaba la primaria en la escuela Julio Argentino Roca, y a poco de aprender a leer y a escribir, descubrió los diarios. Cuenta que lo atraían más los periódicos de la época que los libros escolares. “Cuando tenía diez centavos, en vez de comprarme caramelos me compraba diarios”.3

Crítica y Noticias Gráficas eran sus preferidos. Los coleccionaba, observaba en detalle las diagramaciones y las fotografías. No compartía ese interés con ninguno de sus amigos; tenía apenas siete años. Y para agrandar su biblioteca y llenarla de diarios y revistas decidió salir a trabajar. Lo emplearon como canillita cerca de su casa. Más tarde consiguió el puesto de repartidor a domicilio en un almacén hasta que, por fin, debutó como periodista.

En quinto grado junto a dos compañeros hizo El Estudiante, un boletín escolar en el que aquel niño emprendedor se animó a escribir algunas de sus opiniones sobre la actualidad. Imprimían los ejemplares con un mimeógrafo que les habían regalado en el diario Noticias Gráficas, cuya redacción, curiosamente, funcionaba en Riobamba 280, el mismo lugar donde montaría los estudios de Crónica TV y antes el diario Crónica.

En 1944, a los doce años, tuvo una oportunidad única: publicó por primera vez una noticia fuera de la escuela y a la vista de todos. Gracias a su prolija caligrafía, con tiza mojada en agua y un pincel, empezó a escribir los títulos destacados del día en las pizarras del diario El Nacional, en el balcón del primer piso de Corrientes 938.

“Lo mío es el periodismo”, sentía. Pero mamá Lola se ilusionaba con verlo con el título de perito mercantil o doctor en ciencias económicas y lo inscribió en el Carlos Pellegrini para que cursara el secundario. “Era un colegio bravísimo. Y además, estaba en el turno mañana y a mí siempre me costó un triunfo madrugar. Muchas veces me rateaba, entonces me iba a la placita que está en Charcas y Callao y leía el diario”, se sincera García.4

“Yo tenía muchas vocaciones y todas tenían que ver con rajar del colegio”. Se refugiaba en El Nacional y pasaba largos ratos entre los escritorios de los periodistas hasta que se vinculó con el equipo de fotografía: “Empecé revelando, abrillantando fotos”.5

“El laboratorio es un lugar que siempre llama la atención y más cuando uno es pibe. Las máquinas fotográficas de entonces eran muy grandes, los fotógrafos llevaban trípode, magnesio, todo un equipamiento para hacer una nota. Empecé llevándoles la valija, un poco para colarme en la cancha”.

“Un día cayó gente en la redacción del diario y no había fotógrafo. Me dijeron ‘¿Te animás a sacar fotos?’. Cacé la máquina de madera, viejísima, tenía cinco velocidades; un fogonazo y la foto salió perfecta”.

No transcurrió mucho tiempo hasta que le confiaron el trabajo como ayudante de fotografía en los partidos de fútbol. Debutó en el antiguo estadio de San Lorenzo. Lo ubicaron detrás de un arco, con una cámara Speed Graphic con teleobjetivo, pero ninguna de las dos fotos que captó fue publicada.

Recién el 27 de septiembre de 1947, en el diario peronista Democracia, apareció su nombre sobre una foto aérea de la ciudad de Buenos Aires que había tomado durante su vuelo de bautismo. Fue un momento importante para su precoz carrera, pero no lo pudo festejar porque ese mismo día murió su papá: “Mi padre no fue un hombre de dinero y a su muerte las cosas se pusieron bastante oscuras en casa. No es fácil convertirse en la cabeza del hogar a los catorce años”.

“¿Era buen fotógrafo?”, le preguntó un periodista de Playboy a García. “Supongo que sí, porque aunque me echaron dos o tres veces por chiquilinadas mías, siempre me volvían a llamar”. Francisco Loiácono, uno de los decanos de la prensa policial argentina, asegura que los reporteros gráficos “huelen la noticia, son los que tienen el mejor olfato. Y García pertenece a esa raza”.

Cámara en mano, el creador de Crónica se ganó su lugar en las redacciones: “Mi paso por Democracia y algunos aciertos fotográficos me abrieron las puertas de otros diarios: fue así como en tres oportunidades trabajé en Clarín (en todas ellas me despidieron por rebelde), en Crítica, El Laborista y El Diario”.

Sus compañeros lo llamaban “el pibe García”. Y así lo conoció Julio Ramos, quien después compartiría con García la aventura de crear su propio diario: “Éramos los dos muy jóvenes, coincidimos unos pocos meses en Clarín. Unos años después yo fundé Ámbito Financiero, él ya tenía Crónica, y mantuvimos una relación muy cercana. Un día me sinceré con él y le dije que no sabía por qué nos habíamos hecho amigos, porque yo no tengo esa vena, esa visión que él tiene de la calle”.6

Fútbol y mujeres

En 1950 Héctor Ricardo García salió del país por primera vez. Había sido contratado por la revista partidaria Mundo Boquense para cubrir un torneo cuadrangular que el club de sus amores jugaría en Chile. Para emprender el viaje, como todavía era menor de edad, tuvo que convencer a su madre y hacerle firmar una autorización para cruzar la frontera.

Empezó su trabajo como enviado sin dificultades. Tomó contacto con los futbolistas xeneizes, escribió varias notas y salió a conocer todo lo que pudo hasta que, deambulando por las calles de Santiago, se dio cuenta de que se estaba quedando sin dinero. No pensó demasiado y decidió vender parte de la ropa que había llevado; así solventó los gastos de su estadía.

Volvió fascinado. Del otro lado de la cordillera había visto los diarios como los que él soñaba hacer algún día. Los periódicos chilenos mostraban títulos enormes, ya usaban color, publicaban datos irónicos y le dedicaban gran espacio al deporte, a los sucesos policiales y a las crónicas del espectáculo. Era todo lo contrario a lo que ofrecía la prensa gráfica argentina. Aquel formato lo sedujo y pronto intentó ponerlo en práctica.

Junto a Mario Valeri y al paraguayo Valdovinos y con el financiamiento del distribuidor de diarios Antonio Rubbo, crearon Sucedió. “Fue una aventurita que duró cuatro o cinco números. Era una copia floja de una revista que tenía mucho éxito –Ahora–; floja porque salía una semana el jueves y la otra cuando se podía. No anduvo”.7

Un tiempo después volvió a probar suerte como editor con otra revista: Así es Boca. Armó un equipo con los periodistas Manuel Jiménez y Mario Ruzza, sus compañeros en Mundo Boquense. La inversión esta vez la hizo el director de orquesta típica Francisco Rotundo, a quien el Gallego había conocido en las milongas porteñas mientras sacaba fotos para la publicación tanguera La Cumparsita.

Instalaron la redacción en un departamento diminuto y oscuro del centro, en el edificio ubicado en Sarmiento 310, de allí que a la sociedad que formaron entre los cuatro (él, Jiménez, Ruzza y Rotundo) la llamaron Editorial Sarmiento S.R.L. Y Así es Boca apareció el 7 de abril de 1954 con el título “Sensacional retorno boquense”. Boca Juniors le había ganado 3 a 2 a Newell’s Old Boys en Rosario.

“La mayor tarea en Así es Boca, que competía con Selecciones Boqueases y BJ, recaía sobre mis espaldas, dado que además de la parte gráfica, concretaba la diagramación, casi todo el titulado, la corrección y hasta el traslado de los materiales hasta el taller, desde la calle Sarmiento y 25 de Mayo hasta Bolívar y Caseros. Y, lógicamente, en colectivo”, repasa García.8

La suerte lo acompañó. Justo ese año, después de una década sin ganar un torneo, Boca salió campeón. Y la revista lo celebró con un “Libro de Oro”, un especial que se agotó en medio de los festejos. Harían más ediciones como esa durante los años que siguieron, siempre al terminar los campeonatos y con ventas muy exitosas. “En aquella época no había foto color, pero las coloreábamos nosotros y fue un negocio fabuloso”.

Mientras Así es Boca crecía, García se enamoró de Araceli Rodríguez, la empleada de un consultorio odontológico que estaba ubicado en la misma cuadra de su casa, en Córdoba y Carlos Pellegrini. Se casaron, se instalaron en la casa de él junto a Lola y cuando las cosas mejoraron, la pareja se mudó a un departamento alquilado en Barrio Norte, en la esquina de Güemes y Agüero. Allí nació María Elena, la única hija de García, quien no heredó la pasión por el periodismo.

El matrimonio con Araceli duró ocho años y no tuvo final feliz: “Se terminó cuando empecé con esta máquina trituradora que es el periodismo. La verdad es que una mujer tiene que ser muy especial para atreverse a una relación conmigo”, reconocía. Y fue la cantante de tangos Marina Dorell quien se atrevió y lo conquistó.

Esta vez el amor subsistió solo dos años. Después llegaría su segundo matrimonio legal. Se casó con la vedette Ethel Rojo y convivieron poco más de una década. Se habían conocido mientras competían: él era dueño del Teatro Astros y ella la primera figura del Maipo. “Ethel me cambió mucho la vida, me tranquilizó”, admitía el Gallego un tiempo después de concluir su relación con Rojo.

García cuenta que tuvo “muchas novias” y aclara cada vez que puede: “Si hay algo que nunca van a poder decir de mí es que soy homosexual o drogadicto. Al que no le gustan las mujeres es un tarado”. Pero desconfía del sexo opuesto. Tanto que en 2003 escribió un lapidario libro titulado Cómo mienten las mujeres en el que enumera casos concretos de actrices, vedettes, conductoras y hasta ex primeras damas que “tuvieron sus momentos de amor en otras camas”.

En el prólogo advierte que “las mujeres tienen ya más poder que los hombres. A ellas solo les falta equiparar las ganancias de los hombres para lograr la total independencia”. Sigue más abajo: “Lo van a conseguir para que el mundo gire en femenino. Y ya es tarde para rever el camino que han recorrido, que no me parece mal, pero sí que lo transiten pisando cabezas”. Aunque aclara: “No obstante, ¡Vivan las mujeres!”.

A lo largo de los dieciséis capítulos del escrito al que pide no considerar un texto “machista”, revela las infidelidades de Susana Giménez y María Martha Serra Lima, entre otras tantas nacionales, y de la “obesa” Mónica Lewinsky, la “espectacular rubia” Britney Spears y la “nada atractiva” Camila Parker Bowles entre las extranjeras, como para demostrar que el pecado de las mentiras y las traiciones amorosas es universal.

Así

La conmoción que causó el asesinato de Alcira Methyger, una joven empleada doméstica de veintisiete años que murió descuartizada, víctima de la ira de su novio, generó una venta masiva de diarios y revistas. El crimen ocurrió el 19 de febrero de 1955 en el barrio de Barracas. El caso se mantuvo en la portada de Ahora durante varias semanas y agotó cada una de las ediciones. Eso precipitó el proyecto que tenía García de incursionar en el periodismo de actualidad.

Pensó en una revista popular, con muchas fotos, crónicas policiales, información política, espectáculos y deporte. Pretendía “mostrar la realidad sin tapujos”. Ya no contaría con el respaldo económico de Rotundo, quien decidió abandonar la sociedad, pero igual lo pudo concretar. Con dos máquinas de escribir prestadas y una cámara fotográfica, el Gallego empezó a diseñar Así, nombre por el que debió pagar cinco mil pesos porque ya estaba registrado como marca.

Argentina vivía un momento de agitación política. Juan Domingo Perón había sido derrocado por la denominada Revolución Libertadora y por presión del nuevo Gobierno en la prensa abundaban las críticas al líder justicialista, incluso algunos medios ni siquiera se atrevían a mencionarlo.

El 19 de octubre Así llegó a los kioscos de diarios y revistas con un título polémico: “Una mujer espera a Perón en Suiza”. Citaba como fuente un cable de la agencia internacional New Service, según el cual “los amigos del depuesto dictador argentino”, entre ellos la famosa jugadora de tenis Mary Terán de Weiss, habían hecho arreglos para un exilio confortable de Perón en ese país.

Otra noticia destacada en el primer número de Así fue la detención de César Paesano, Roberto Navarro y Luis Laurito, acusados de robar y matar a seis taxistas porteños. La nota definía a los criminales como “amorales” y en un recuadro hacían el perfil del “Amoral Laurito”: Este sujeto es increíble. Desde su manera de hablar, de pararse, de gesticular. No tiene nada y le falta todo, sentenciaba la revista.

Unas líneas más abajo seguía: Lo que a alguien le debe parecer audacia es simplemente descaro. Un descaro de enfermo. Cuando le pedimos que pose para nuestros fotógrafos nos dice con un tono femenino que nunca trata de esconder o disimular: –Yo no soy una “loca”–. Y lanza una carcajada. Nos mira con furia. Sentimos que está descargando un odio especial sobre nosotros.

Este es el sujeto que “jugó” de mujer con anteojos ahumados. Pero el –“ella”– niega haber intervenido en asalto alguno. Así habla este cínico. Así, de esta manera dolorosamente increíble. Como desde atrás de su ajustado pullover colorinche y lanzando miradas cargadas de una satánica luz que le ha servido para alumbrar un camino de horrorosa infamia, cerraba el recuadro.

Crónicas rojas, hechos curiosos ocurridos en el mundo, entrevistas a las estrellas del espectáculo, novedades del deporte, algo de sexo y buena información política completaban las páginas de Así. No hubo otro secreto. Ese fue el formato con el que García, a los veintitrés años, entró a jugar fuerte en el periodismo gráfico.

El tercer número de la revista desafió al gobierno de facto de Eduardo Lonardi. Así llegó a los kioscos con una entrevista a Juan Domingo Perón ilustrada con imágenes inéditas de su exilio en Paraguay. “Exclusivo: Habla Perón desde Villa Rica”, anunciaba la portada con un retrato enorme del expresidente sonriente, vestido de sport.

Mil pesos pagó García por ese reportaje a la agencia estadounidense United Press. Entregó un cheque sin fondos que le había prestado su mamá un fin de semana con la promesa de que el lunes siguiente, a primera hora, saldaría el descubierto de la cuenta bancaria. Tendría con qué.

Todos querían saber en qué andaba el líder justicialista y corrieron a comprar la revista: se vendieron cincuenta mil ejemplares que en Capital Federal y el Gran Buenos Aires se agotaron antes del mediodía. En la entrevista, ante el periodista venezolano Enrique Vilar Díaz, Perón prometía: “Volveré pronto a mi país”.

Las tapas de Así llamaban la atención, no solo por el tipo de información que traían, sino también por sus fotografías. Misteriosa muerte de un turbio comerciante, se leía en un título que precedía la imagen del cadáver destrozado de un hombre desplomado en el asiento trasero de un auto.

En las páginas interiores siempre había alguna nota sobre nuevos hábitos y costumbres (claro que eran más las que referían a las “malas costumbres”, esas que escandalizaban a los lectores). En enero de 1956 la revista se ocupó de los homosexuales de la época en un dossier titulado “La lacra que hay que extirparle a la ciudad”. El texto, sin firma, decía:

En los últimos tiempos, al amparo de algunas tolerancias, brindan en las arterias más céntricas de Buenos Aires y en las del Barrio Norte, una desembozada exhibición de sus vicios. Una realidad aterradora y cruel ante la cual solo cabe la palabra de la ciencia, si es que en verdad la ciencia puede algo. Nos referimos a los amorales invertidos que pululan nuestras calles mostrando al desnudo las taras que los agobian, sin que, al parecer, les merezcan las personas que circulan por su lado el menor respeto.

No hace mucho tiempo que se inició un tipo especialísimo de existencialismo que lanzó, entre otras “modas” para los hombres, el cabello apenas recortado, una ondulación de peluquería, los sacos cortos y con tajitos, el pantalón casi ajustado a la pierna y cierta manera rebuscada de hablar que hacía volver la cabeza a las personas que transitaban por las calles. Un cierto tipo de juventud –no toda, afortunadamente– ha adoptado una situación sexual incierta como si en ello hubiera una verdadera vocación natural.

Cabe en esta oportunidad el recuerdo de una persona de bien, de gran cultura y no menos preocupación que nos decía, después de una razia, en el Departamento Central de Policía: “Yo soy el padre de…Es mi único hijo. La esperanza anhelada de toda mi vida. Cuando descubrí lo que ‘era’, quise echarlo de mi casa pero no lo hice por la madre. Por ella he soportado todas las vergüenzas que ustedes puedan imaginar. Un día, hace dos años, dejé un revólver cargado en su mesa de luz. Y es tan cobarde, además, que no es capaz de matarse”.

Bajo los apodos más desopilantes vemos el desfile de esta juventud invertida con la profunda pena que nos inspira esta desgracia en el seno de nuestra familia argentina. ¿Cómo es que ha llegado a esta situación la muchachada criolla que en otras épocas fue orgullo exponente de nuestra raza? Las autoridades deben mirar por ellos que son la savia de la Nación.

Este artículo, homofóbico y estigmatizante desde la primera línea hasta la última, expresaba el pensamiento dominante de aquella época; solo se entiende en ese contexto.

La revista provocaba. Y pagó caro por ello. El gobierno del militar Juan Carlos Onganía se molestó varias veces por el contenido de la publicación y otras fue la municipalidad porteña la que mandó a los inspectores de moralidad a levantar los ejemplares de los kioscos. En diciembre de 1969, la Intendencia tildó a Así de “inmoral y presuntamente obscena” por mostrar imágenes de cuatro jóvenes que se habían paseado por la calle Florida en malla. “Esas prendas solo se pueden usar en playas o piletas”, fundamentaron los censores.

Antes, en julio de 1966, el municipio había secuestrado la edición de Así por haber publicado en portada la foto de unos músicos tocando desnudos en una fuente del centro de Buenos Aires. Eran Los Beatniks, el grupo de Moris, Javier Martínez, Antonio Estévez y “Pajarito” Zaguri, que acababan de hacer la primera grabación del rock argentino en los estudios CBS y querían promocionar –como fuera– “Rebelde”, su flamante single.

“Fuimos a ver a Héctor Ricardo García y le dijimos que íbamos a hacer un escándalo en Barrio Norte”, recordó Moris. “Entonces llamó a su jefe de redacción, lo puso a nuestra disposición y nos dijo que si Boca no ganaba, nos daba la tapa”. Y así pasó. “Secuestraron toda la edición por pornográfica y nosotros estuvimos presos tres días. La prensa sacó un montón de notas y eso nos ayudó porque la compañía hizo una gran promoción y nos mandó a tocar a Mar del Plata”.9

Pero la sanción más dura contra Así fue la clausura que ordenó Onganía por decreto. Fue el número 600, con fecha 12 de febrero de 1970. A la mujer del presidente de facto “no le agradaron las fotografías de una tragedia de trenes en Pacheco con decenas de muertos”, explica García cada vez que habla del episodio. La revista reapareció recién a los dos meses, después de que la justicia hizo lugar a la demanda interpuesta por los abogados de la Editorial Sarmiento.

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