Kitabı oku: «Constelaciones familiares»

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Somos parte de un grupo, de un colectivo, de una trama tejida con pequeñas y grandes historias, secretos, deseos y anhelos. Esto es EL MUNDO FAMILIAR. Nos vamos construyendo gracias al sentido de pertenencia hacia un grupo determinado, y, como un efecto amplificador, esto se materializa en experiencias, vivencias y hechos concretos de nuestra vida.

Este libro facilita el difícil ejercicio de la superación de desafíos personales y la travesía por la propia historia para rectificar, comprender, sanar el presente y producir un cambio que construya lentamente un futuro brillante.

Los lectores hallarán las herramientas para reconciliarse con el pasado, recuperar la capacidad de establecer acuerdos y resolver incertidumbres para introducirse en el maravilloso mundo de las Psicoconstelaciones.

Gracias a este método de trabajo es posible recuperar información que creíamos perdida, reconstruir ciertos tramos del pasado, armar una autobiografía más coherente y sana, y elevar nuestro presente a una forma de vida más digna y placentera para que las almas se manifiesten y se comuniquen y funcione como disparador de un proceso de transformación.


Marcelo Ducruet es licenciado Psicólogo Clínico. Egresó en el año 1992 (Universidad de Belgrano) con Diploma de Honor de la carrera. Se formó en Psicoterapia Sistémica en el Centro Privado de Psicoterapias, asociado al Mental Research Institute de Palo Alto, California, dirigido por la licenciada Celia Elzufán. Incorporó a su trayectoria terapéutica el trabajo en Constelaciones Familiares y los Órdenes del Amor, luego de haberse formado en el Centro Bert Hellinger de Argentina, dirigido por la licenciada Tiiu Bolzmann. En el año 2012, fundó el Centro Cambio Energético, del cual es director. Este es un espacio donde convergen diferentes disciplinas terapéuticas para brindar a los pacientes o consultantes respuestas y soluciones integrales a cada una de las problemáticas que presentan. Es autor de los libros El constelador y las profundidades familiares del alma y Psicoconstelaciones. Una terapia integral para el cuerpo y el alma.

Marcelo Ducruet

Constelaciones familiares Acuerdos que sanan

Una nueva mirada del amor


Índice

  Cubierta

  Contratapa

  Biografía del autor

  Portada

  Agradecimientos

  Nota al lector

  Palabras preliminares Comentarios sobre la obra Una terapia diferente Una vida, un camino El camino del aprendiz

  Contextualizando las psicoconstelaciones Acerca de esta metodología revolucionaria y el rol del terapeuta El marco teórico-sistémico de las Constelaciones y Psicoconstelaciones Hablemos del alma Alma y espíritu Los movimientos del espíritu (según la Escuela de Bert Hellinger) Canalizar energía no está relacionado con ser médium La Psicoconstelación como herramienta de sanación a distancia

  Acerca del rol del terapeuta Mi propia experiencia constelativa: primera vez en un taller Mi recorrido como facilitador de Constelaciones Familiares La ayuda apropiada: pautas El terapeuta frente a lo que es real para el paciente Las creencias Los órdenes de la ayuda ¿Cualquier persona puede ayudar? Formar a consteladores El trabajo complementario

  El proceso propiamente dicho de la psicoconstelación Ciertos puntos relevantes Adentrándonos en la entrevista previa a un taller Qué temas puedo constelar Cómo prepararse para un taller de Constelaciones, por el Dr. Chris Walsh19 En la rueda constelativa, la puntualidad El inicio de la sesión constelativa El representante La colocación de las manos en los hombros El cuidado de los representantes ¿Se puede interrumpir una sesión? El seguimiento posterior a la Psicoconstelación Algunas técnicas complementarias relacionadas con el uso de objetos (anclajes) Reiki Entrevista a Frank Arjava Petter Respiración

  Análisis de los vínculos Las relaciones más tempranas y formadoras de identidad Los Órdenes del Amor según Bert Hellinger Puntos esenciales de los Órdenes del Amor Cuándo actuamos en contra de Los Órdenes del Amor La repetición, la repetición, la repetición Potencial de cambio Lo que nos enferma y lo que nos sana Amigarse con uno mismo Lazos que construyen, lazos que destruyen

  Casos: sanando heridas Caso I: Apnea de sueño... un recuerdo olvidado en el alma Caso II: Vínculo interrumpido entre madre e hija Caso III: Cuando el alma se repliega Caso IV: Sanación y reconexión con el linaje femenino ancestral Caso V: El temor a no ser querida Caso VI: Una relación que necesita cerrarse Caso VII: Dolor en el hombro – dolor por un duelo Caso VIII: La importancia de la elaboración de un duelo. La despedida… te dejo ir con amor Caso IX: La dificultad de alcanzar la prosperidad en un nuevo emprendimiento Caso X: Cuando la partida es inesperada y no deja tiempo para la despedida Caso XI: El reencuentro con los ancestros Caso XII: Terapia regresiva y Psicoconstelaciones para un problema de maternidad Caso XIII: Superar los dolores físicos es posible. Un dolor en la cadera y la necesidad de ser cuidado Caso XIV: El sufrimiento del que acompaña al enfermo Caso XV: Una relación compleja con su madre Caso XVI: Cuando el alma elige su momento para encarnar

  Movimientos a distancia Movimiento 1 a distancia: Lo que está deteniendo mi avance Movimiento 2 a distancia: El desacuerdo en el hoy refleja…

  Sección especial para quienes aman a sus amigos animales Cosas del Cielo. Cuento sufí acerca del valor de la amistad Caso A: Para mi amigo del alma, Andy Caso B: Un movimiento de Psicoconstelación para un amigo entrañable Caso C: Aprender a soltar Los perros con los que Freud compartió su vida

  Testimonios I. Laura Capatto II. Maqui López III. Silvana Formoso IV. Silvia Belocopitow V. Stella Maris Sánchez VI. Valeria González VII. Vera Protzen VIII: Yamila Romer IX: Ivana Castagnetti X: Susana Kopp XI: Jimena Máquez XII: Ricardo Verde

  Conclusión

  Créditos

  Otros títulos de esta editorial

Este libro lo dedico a Lu por el largo camino que recorrimos juntos, por su apoyo incondicional durante estos años, por tantas vivencias compartidas y, sobre todo, por ser parte de mi familia y mi mundo.

AGRADECIMIENTOS

El agradecimiento es la mejor cura para el espíritu.

Takata Sensei

Quiero agradecer a mis padres, por su apoyo incondicional a lo largo de todos los años de mi formación. Por su recuerdo que permanece en mí como una presencia amorosa y reaseguradora.

A mi familia, por la calidez de su presencia, por los aprendizajes y cada momento compartido.

A mis entrañables amigos de cuatro patas, por el amor y su compañía.

A mis amigos, por ser parte también de ese sentir de familia y por la alegría de compartir momentos de crecimiento.

A mis compañeros de tarea, por el apoyo, la colaboración y el intercambio en el aprendizaje.

A los consultantes, por elegirme para acompañar sus procesos, por el sentir de amistad que nos une y por la confianza y el respeto que garantizan un trabajo comprometido de equipo.

Al equipo de colaboradores en los talleres de Psicoconstelaciones, Cristina, Silvina, Valeria, Ivana, Nacho y Yamila y a todos quienes formaron parte espontáneamente en cada taller por su participación desinteresada, y el cuidado de cada participante.

A Gabriela Pomi, por entregarse con dedicación a la tarea de enriquecer mi pensamiento y mi palabra.

A todos quienes dieron su testimonio para el presente libro: Vera Protzen, Yamila Romer, Valeria González, Ivana Castagnetti, Stella Maris Sánchez, Maqui López, Jimena Máquez, Silvia Belocopitow, Susana Kopp, Silvana Formoso, Laura Capatto y Ricardo Verde.

A mis anteriores libros El constelador y las profundidades familiares del alma y Psicoconstelaciones: una terapia integral para el cuerpo y el alma, por ver materializado en cada uno de ellos mi sueño de transmitir mis aprendizajes y vivencias.

Al Centro Cambio Energético, mi espacio sagrado, por cada vivencia que habita en él y por haber sido el testigo de mi crecimiento personal y profesional a lo largo de estos años.

Finalmente, a todos mis lectores, por confiar en mí para iniciar el camino de una vida más plena.

NOTA AL LECTOR

En pos de la confidencialidad, he omitido la identidad real de los constelantes, salvo la de aquellos que forman parte de mi equipo y, porque, obviamente, cuento con su aprobación.

Las historias relatadas en los capítulos CASOS: SANANDO HERIDAS, así como también en MOVIMIENTOS A DISTANCIA y SECCIÓN ESPECIAL PARA QUIENES AMAN A SUS AMIGOS ANIMALES guardan fidelidad con lo acontecido y solo fueron editadas a efectos de hacer más clara su lectura para las personas que no tienen experiencia en el trabajo constelativo.

El borrador de cada historia fue compartido con los protagonistas reales en una entrevista individual. Todos, por supuesto, dieron su consentimiento para que sus relatos fueran publicados, pues confían en que su experiencia sanadora será de utilidad para los lectores que desean hallar en esta herramienta un camino de sanación.

Agradezco profundamente a cada uno de los que pusieron con total confianza en mis manos su historia personal para ser agentes de sanación para otros que necesitan ayuda.

PALABRAS PRELIMINARES
COMENTARIOS SOBRE LA OBRA

El despertar de la consciencia nos remite, inexcusablemente, a la convicción de la presencia colectiva del alma. Somos parte de un grupo, de un colectivo, de una trama tejida con pequeñas y grandes historias, secretos, deseos y anhelos. Esto es EL MUNDO FAMILIAR.

Sin esa consciencia grupal, que se manifiesta como resultado de formar parte de distintos núcleos, de diferentes entramados, nuestro desarrollo sería imposible.

Es así que, desde el comienzo de nuestra historia, nos vamos construyendo gracias al sentido de pertenencia hacia un grupo determinado, y, como un efecto amplificador, esto se materializa en experiencias, vivencias y hechos concretos de nuestra vida.

En la labor constelativa existe una virtuosa reciprocidad de dar y recibir. Sin esa consciencia de intercambio el trabajo constelativo no serviría, no cumpliría su función.

Mi intención es, pues, que este libro se convierta en un silencioso acompañante que facilite, a cada uno de los lectores, el difícil ejercicio de la superación de desafíos personales y la travesía por la propia historia para rectificar/comprender/sanar el presente y producir un cambio que construya lentamente un futuro brillante.

Obviamente, a medida que se avance en la lectura, los lectores podrán hallar las herramientas para reconciliarse con el pasado, para recuperar la capacidad de establecer acuerdos y resolver incertidumbres.

Asimismo, por medio de la presentación de casos, vivencias en talleres, consultas y explicaciones que se encuentran aquí, les será posible introducirse e iniciarse en el maravilloso mundo de las Psicoconstelaciones.

Esta iniciación implicará un cambio profundo de consciencia. Y, por supuesto, para que este proceso sea beneficioso, el camino de iniciación deberá ser adecuadamente guiado.

Es por esto por lo que, a medida que se recorran las siguientes páginas, será necesaria una lectura silenciosa, humilde, de apertura, para que se produzca la comunicación de espíritu a espíritu. Gracias a ello, lo que se desvelará será el misterio que rodea todo lo relativo a las Psicoconstelaciones y su poder de sanación.

Escribir este libro fue condensar con la sencillez del lenguaje y con la humildad del eterno aprendiz, mi recorrido de estos años en el camino espiritual… Un sendero largo y sinuoso, siempre construido con curiosidad y esfuerzo, y con la firme convicción de que el trabajo terapéutico es una dinámica de amor, en sus infinitas manifestaciones.

Me queda la esperanza de que, a través de la lectura de este libro, sus almas se manifiesten y se comuniquen y funcione como disparador de un proceso de transformación.

UNA TERAPIA DIFERENTE

En el entramado de la personalidad se dejan ver concatenadamente una suerte de perlas que son indicios, indefectibles señales, por donde convergen las aristas del complejo familiar.

M. D.

Cuando comienzo una Psicoconstelación, la primera intuición que me guía es que el alma del consultante ya sabe perfectamente qué es lo que viene a sanar. Lo que sigue, el ritual de colocar las manos detrás de la persona elegida, ubicarla en un lugar determinado del espacio, de acuerdo con la imagen interna y su magnetismo constelativo, es parte de un marco referencial, pero nada más que eso. O sea, el alma es la que sabiamente se va moviendo cual ajedrez mágico y va colocando las piezas de un modo que nos envía su mensaje.

No es tarea fácil trabajar desde un nivel de tal profundidad. Se realiza un acuerdo y se pone en marcha un movimiento como una rueda que siempre nos trasciende y que, una vez iniciado, ya no se detiene. Yo no podría afirmar exactamente qué es lo que en el alma se mueve, como tampoco podría asegurar qué es lo que no se mueve, pero evidentemente algo maravilloso ocurre.

La psicología tradicional, que la mayoría conoce, opera con parámetros y ejes que funcionan en dimensiones diferentes a las que se ven en las Psicoconstelaciones en donde se abren posibilidades y realidades extraordinarias y sorprendentes.

Lo que produce el movimiento de las Psicoconstelaciones, esa dinámica transformadora, es un salto cualitativo en todos los ámbitos de nuestra insospechada personalidad y una comprensión progresiva, intuitiva, espiritual y álmica. Aquí radica la fuerza de esta terapia.

Por otro lado, esta metodología no trabaja con el ser aislado sino con la persona que pertenece a un entramado familiar y social. De hecho, con esta terapéutica siempre aparecen nuevos registros y datos que, en todos los pacientes, hacen referencia a antepasados o se relacionan significativamente con ellos. Es como una atracción física, una gravitación especial, que gira en torno al eje familiar.

En cada Psicoconstelación, trato de que las personas que están muy ancladas en lo concreto de sus preocupaciones diarias abran sus ojos a este despertar filosófico que acompaña al fenómeno constelativo.

Mi desafío, entonces, es acompañar a cada consultante en su camino de comprensión, sanación y acuerdos.

Cuando realizo este acompañamiento, por supuesto, trato de desaparecer, esto es, correrme, ser solo un canal. No es más ni menos que una despersonalización similar a la experimentada durante la meditación. De esta forma, permito que el otro logre sumergirse, adecuadamente y sin miedos, en ese espacio oculto que se vislumbra por medio de esta herramienta sistémica.

Una Psicoconstelación es una herramienta que se debe emplear con mucho respeto puesto que el grado de permeabilidad que se maneja es mucho mayor que en otras terapias, y, allí, radica su asertividad. Mientras que en una psicoterapia de cualquier orden, desde las más tradicionales a las menos tradicionales, los mecanismos de defensa están muy activos, en las Psicoconstelaciones el constelante se halla más abierto y expuesto a ciertas experiencias fuera de lo común. El grado de exposición en una Psicoconstelación hace necesario maniobrarla con prudencia, respeto y sabiduría.

Yo he tenido una multitud de experiencias con talleres en los que he notado que cuanto mayor es la integración y apertura, más profundo es el acceso a lugares absolutamente desconocidos y recónditos de la personalidad y el alma. Se trata de confines álmicos a los que no se ingresa con la guía del pensamiento racional, sino que se viven como flashes, flashbacks, fulgores que aparecen y que muestran claramente dónde está atrapado ese puñal pretérito que tanto lastima.

UNA VIDA, UN CAMINO

Siempre me atrajo todo aquello que estaba más allá de los límites de mi percepción. En ese afán de conocer, llegué al pleno convencimiento de que cada evento significativo es un desenvolvimiento creciente de mi alma, de su necesidad de aprendizaje y de expresión.

Fue así que comencé un lento pero progresivo camino hacia la creación de las Psicoconstelaciones y de mi Centro Cambio Energético.

Obviamente, este deseo de “ver más allá”, de trascender la realidad más evidente, produjo un cambio en mi vida, como persona y como profesional terapéutico.

Gracias a este anhelo de trascender las metodologías tradicionales entendí que todo en la vida es una suerte de cocreación, de una intrínseca coparticipación, y que nada nos pertenece con exclusividad. Lo que somos es el resultado de una construcción propia y también fruto de una interacción permanente con la cultura en la que nos desenvolvemos, con la herencia familiar, con la sociedad completa.

El Centro Cambio Energético, por ejemplo, es resultado de mi trayectoria personal, de mi interacción profesional y, fundamentalmente, una creación y recreación permanentes que llevo a cabo junto con mis pacientes y con toda la gente involucrada en lo sistémico.

Podríamos preguntarnos entonces qué es este Centro. No es más ni menos que una clínica heterogénea, un campo abierto de posibilidades terapéuticas en donde confluyen diferentes disciplinas con el objetivo de brindar asistencia: Terapia Individual Sistémica, Psicoconstelaciones Familiares, Reiki, Terapia Postural y talleres de meditación y armonización con sonido Didgeridoo, cuencos tibetanos, Shruti, Tambor Chamánico, Flauta Nativa, Koshi Bells y mantras cantados. Se trata de un multiespacio en donde se trabaja con todos los planos del ser. La psiquis, el alma, el cuerpo son todos componentes esenciales y cada uno debe ser observado y tratado a fondo.

Hay otro mundo más allá del mundo que solemos captar a simple vista y es el mundo de la magia y los magos. ¿Y quiénes son los magos? Todos y cada uno de nosotros porque tenemos el poder para transformar nuestro universo. La idea de que la realidad es plástica, y no pocas veces mágica, nos permite imaginarnos de una nueva manera. Si así no fuera, ¿por qué sostendríamos que “el pensamiento crea realidad”?, ¿cómo tendríamos la certeza de que somos responsables y que tenemos la herramienta mágica para nuestra superación? Hay que abrazar esta idea de una magia en nosotros y de la existencia de reencuentros alquímicos para nuestra alma. Todo esto, sin caer en la banal superstición.

Es por esta causa que me gusta afirmar que somos magos, pues, el admitirlo y afirmarlo implica entrar en contacto con lo maravilloso que tiene la vida, y lo que posibilita esa comunión es la Psicoconstelación.

¿Y por qué las Psicoconstelaciones son mágicas? Porque nos abren las puertas a esas otras realidades que interactúan con nuestro presente y de las que no estamos conscientes.

La Psicoconstelación como recurso metodológico puede ser definida como una modalidad mediante la cual se ingresa en una dimensión donde se escenifica una historia que escapa a lo que podemos comprender en primera instancia. Es absolutamente creativo lo que ocurre en ella, uno simplemente tiene que estar dispuesto a dejarse llevar. Es similar a la experiencia teatral, pero no desde la representación, sino de la participación expectante. Es esa otra realidad la que emerge fenoménicamente en el espacio magnético que se genera entre los cuerpos que constelan. No es, insisto, una descomprometida escenificación sino que se trata de representar activamente el rol de ser ese otro a partir de la corporalidad propia. Así se dejan fluir las energías, se activa el campo emocional y se es en función del otro.

Podemos trazar un paralelismo con el hecho estético de ir al teatro, de ver una película, de contemplar una obra de arte, un concierto, un ballet o abrir un libro. Es vincularse álmicamente con el autor de esas creaciones.

Si yo me entrego con confianza al proceso estético, vibro, siento, imagino que estoy inmerso en la propuesta. En la Psicoconstelación sucede lo mismo. Soy protagonista de mi propia historia y soy el eco simultáneo de otras historias, las de los otros que resuenan en mí. Mi cuerpo está totalmente presente, cada célula viva de mi organismo vibra con esa energía, tal como ocurre cuando estoy abstraído absolutamente con la lectura o como cuando me hallo frente a una obra de teatro. En esa clara calma de la transparencia, los caracteres de cada uno de los personajes escenifican mi texto, mi propio ser. Somos lo que les ocurre a los otros, somos guionistas, escrutadores y directores que pueden intervenir para hacer sanar.

Es por esto por lo que prefiero trabajar con pequeños grupos, ya que todos tendrán su turno para representar y ser representados. Me parece interesante que todas las personas vivan la experiencia, que puedan trascender la mirada del otro, que no es más que la mirada propia proyectada hacia afuera.

Si me paro en un lugar y trasciendo mi propia mirada, ya no siento vergüenza, me desinhibo, porque entiendo que ese otro que me mira no es otro que yo mismo. Como facilitador, como coordinador de un movimiento, lo que particularmente me interesa, más allá de los resultados, son los infinitos registros que se disparan y activan en el otro, que puedan vivenciar estados de consciencia que la mayoría del tiempo permanecen inexplorados. Y esto es lo mágico que vivo como constelador… participo de esa realidad oculta, escurridiza, siento resonar el cuerpo del otro y, desde este nivel energético, donde no hay cabida a la palabra, me es posible realizar intervenciones para despertar en cada uno de los participantes que acuden a mi instituto “ese plano velado”.

Jamás interrumpo esa experiencia extraordinaria, aunque hayan asistido participantes nuevos, porque obstaculizaría la riqueza del trabajo y el ingreso a ese plano que está fuera de lo racional. Si por miedo, al miedo del otro, corto esa fusión de energía, entre los fenómenos inexplicables, si pongo entre paréntesis la experiencia (atípica) cuidando la imagen que se llevan los participantes, estaría coartando el fenómeno, obstruyendo la afluencia de cosas que fluyen.

Esta es mi impronta como constelador.

Vivencio la responsabilidad de la entrega álmica, de consciencia, de cuerpo y de emociones de la gente que confía en mí desde la certeza que entro a un lugar que es sagrado. Accedo con total certeza, con seguridad, fortaleza y humildad. Esta es la única forma de ingresar en un sitio en el que se te recibe con amor.

Ubicado en esas profundidades, guío el alma con respeto para que se explaye, desde un lugar que no juzga ni se inmiscuye.

Mis maestros me enseñaron a desempeñar mi papel con amor y, desde el amor, profesar ese valor trascendental que es acercarse, de alguna manera, a los secretos vericuetos de la sabiduría. Y simplemente lo que he aprendido, lo que he tomado, intento llevarlo a mi habitual práctica como terapeuta, con toda la responsabilidad, la paciencia y la consciencia que esto significa. No sé si puedo lograrlo todas las veces, pero siempre lo intento.

Uno humildemente adopta un método constelativo, incorpora los conocimientos adquiridos, sin embargo, en un punto del camino se hace necesario incluir la propia riqueza espiritual, la mirada particular y construir el camino personal. Tomar el legado de un maestro como Bert Hellinger, sin duda delata un orgullo irreprochable y esto lo asumo con muchísimo respeto y solidaridad intelectual, pero sé que si bien mi método se asemeja, al mismo tiempo estoy cumpliendo con mi propio destino. El maestro me asiste, pero si me tomo exclusivamente de él, de su influyente figura, comienzo a manejarme con un libreto que no me pertenece y pierdo la naturalidad necesaria, la fluidez que preciso para moverme durante una Psicoconstelación.

A través del tiempo, fui reinterpretando autores y métodos que derivaron en una manera personal de realizar mi labor cotidiana, siempre guiado por una firme convicción: es fundamental mantener a raya mi ego, para no intervenir más allá de la genuina búsqueda de quien viene a consultarme. Aquí ingresa la sabia prudencia, para mostrarme qué es lo apropiado, qué debo contestar, qué debo pensar, y cuáles son las cosas que debo desechar. No me aporta nada que alguien se vaya de uno de los espacios que coordino o que facilito, sintiendo algo negativo, o bien llevándose una falsa creencia positiva, producto de mi propio “saber”. Puntualmente, me interesa la comprensión sensible de que han pasado por un espacio donde los pude ayudar, donde les fue posible guardar un registro de un antes y un después en sus vidas que íntimamente les pertenece.

Es importante que cada persona que deja el espacio constelativo se lleve esa sensación de confianza, de respeto y de sanación. Ese es para mí el efecto inmediato de la terapia constelativa.

Lleva tiempo la sanación del cuerpo y del alma, y en ese proceso es fundamental el papel del ayudador para guiar sabiamente al paciente. No me sirve forzar las salidas, aunque tenga las herramientas disponibles adquiridas a lo largo de tantas experiencias como constelador, el respeto y la paciencia es lo que deberá producir el cambio.

Todo líder, coach, coordinador, facilitador, maestro, del orden que fuere, tiene como preponderante misión acompañar al otro hasta donde pueda ir, no hasta donde se pretenda llevarlo.

EL CAMINO DEL APRENDIZ

Desde mi rol profesional de constelador, observo que todas las personas que se acercan a los talleres, así como aquellos que realizan consultas individuales, son guiados por una necesidad creciente de encontrar respuestas; esta necesidad, por supuesto, es la manifestación del alma que, a través de una serie de síntomas, intenta lograr una amplitud del campo de consciencia.

Todos estamos invitados a iniciarnos en un camino de apertura. Todos estamos invitados a tomar distintas alternativas para lograr activar la mayor cantidad de recursos posibles de nuestro yo multidimensional.

Ese es el camino del aprendiz.

Nada de lo que acontece en el alma es producto del azar o de extraños designios negativos. Nuestra alma, por alguna razón sabia, elige vivir determinadas experiencias para realizar un camino de superación.

Muchas veces es difícil confiar en la certeza de estos designios cuando estamos sumidos en el dolor, porque lo que deseamos, de todas las maneras posibles, es liberarnos de lo que nos lastima. Sin embargo, desde el sufrimiento que implica transitar esas experiencias, debemos intentar ver más allá, para que sea posible iniciar el camino del aprendiz y, por lo tanto, de evolución.

Claro está que mi alma también se manifiesta y me conduce por lugares que a veces no desearía atravesar… vivencias fuertes que abarcaron y abarcan un abanico de situaciones complejas y penosas, pero que debí y debo superar a diario. Son pruebas que en principio parecen insuperables, pero que con voluntad férrea las venzo y, día a día, me hacen crecer y aprender. Este sinuoso y arduo recorrido que me fue llevando por diferentes sitios en un largo viaje que aún continúa, me devuelve siempre a la magia de ir encontrándome cada vez más con el sentido de las vivencias y el mensaje que contienen para fortalecerme y superar cada obstáculo.

Y ese fue, precisamente, mi inicio como aprendiz. La sinuosa senda del compromiso de descubrir, de mirar con otros ojos, de ver, finalmente, lo que luego volcaría en mi cotidiana práctica profesional.

Hace ya mucho tiempo que fui guiado por una querida amiga y colega, Olga Giordano, hacia las Constelaciones Familiares y los Órdenes del Amor, de Bert Hellinger. La vida de este gran maestro me conectó enseguida con aquella original fascinación… descubrir una dimensión donde se puede unir de manera perfecta todas las piezas del rompecabezas de la existencia y abrir la mente hacia un nuevo campo de consciencia.

Para quien aún no entró en contacto con esta herramienta terapéutica y espiritual, puedo adelantar brevemente que a través de las Psicoconstelaciones Familiares es posible comprender que formamos parte de una inmensa red relacional, donde los padres, hermanos, tíos, antepasados lejanos y cercanos y hasta amistades que tuvieron lazos con nuestros ancestros son los que influyen y moldean “de alguna manera” nuestro aquí y ahora.

Justamente, en la consulta emerge lo excluido en nosotros, aquellos temerosos secretos, las urdimbres del silencio y todo lo que ha quedado aparentemente olvidado.

La intención de la presente obra, queridos lectores, es acompañar desde mi experiencia profesional a quienes estén interesados en iniciarse en el camino constelativo, mágico viaje del alma por lugares desconocidos para sanar aspectos de la historia personal no recordada, oculta, encapsulada.

Todos los que hemos vivenciado esta experiencia psicoterapéutica podemos afirmar que gracias a este método de trabajo es posible recuperar información que creíamos perdida, reconstruir ciertos tramos del pasado, armar una autobiografía más coherente y sana, elevar nuestro presente a una forma de vida más digna y placentera.

CONTEXTUALIZANDO LAS PSICOCONSTELACIONES
ACERCA DE ESTA METODOLOGÍA REVOLUCIONARIA Y EL ROL DEL TERAPEUTA

Los hijos casi nunca se atreven a vivir una vida más feliz o más plena que sus padres. Inconscientemente, siguen siendo fieles a tradiciones familiares tácitas que operan invisiblemente. Las Constelaciones Familiares son una forma de descubrir vínculos familiares subyacentes y fuerzas que se han llevado inconscientemente durante varias generaciones.

Bertold Ulsamer

“El terapeuta o ayudador están en sintonía con el alma dándole todo el espacio, todo el tiempo. El alma muestra lo esencial inmediatamente. Naturalmente el terapeuta o el ayudador tienen que estar en concordancia con el sistema mayor. Libre de imaginaciones, libre de teorías, libre de intenciones, libre de emociones, libre de empatía en el sentido habitual. Así, algo se muestra”.1

Las Constelaciones Familiares y las Psicoconstelaciones se inscriben en un marco amplio como herramienta sistémica de sanación desde la mirada de una transgenealogía que implica reconocernos como parte de una historia viva, presente en cada uno de nuestros desafíos, en cada uno de nuestros sueños. Se trata de una historia en acción que cambia momento a momento y que nos lleva más allá de una imaginaria línea de tiempo en un viaje que trae las voces de nuestros ancestros.

Comprender la vida a través de la mirada de las Psicoconstelaciones implica un cambio paradigmático porque la realidad se capta con otros ojos, con otra mentalidad y emoción.

Hablar de Psicoconstelaciones es hacer referencia a la experiencia enriquecedora en donde opera una filosofía de reconciliación en el amor, de integración de aparentes opuestos, de abrir canales para que el alma se exprese; es también manejarse dentro de una ética de cuidado como lo requiere todo trabajo emocional profundo, ya sea con una persona o un grupo, de forma asistida y sumamente cuidada. Esta metodología así planteada produce una magia, un proceso de sanación que nos integra y nos convierte en artífices del cambio energético que el mundo reclama.

EL MARCO TEÓRICO-SISTÉMICO DE LAS CONSTELACIONES Y PSICOCONSTELACIONES

Es importante poder tomar en consideración el marco en el cual están inscriptas las Constelaciones Familiares porque de ese modo es posible que quienes se acercan a esta herramienta puedan tener mayor claridad a la hora de comprender determinados fenómenos que, de otra manera, se podrían interpretar erróneamente.

Para ir definiendo las Constelaciones Familiares, trabajaré con la imagen de círculos concéntricos donde el núcleo central será el desarrollo de esta herramienta ubicada dentro de la terapia sistémica hasta el círculo exterior donde llegaré a consideraciones metafísicas o filosóficas.

El Modelo Sistémico

Comenzaré por el núcleo central definiendo en primer lugar a las Constelaciones como una herramienta que está encuadrada dentro del Paradigma Sistémico que se diferencia significativamente de la teoría Psicoanalítica.

A este respecto tomaré las palabras de algunos maestros como John Weakland, Richard Fisch y Lynn Segal, representantes de la Escuela de Palo Alto California, modelo en el cual fui formado en Psicoterapia. En el libro La Táctica del Cambio estos tres autores expresan:

La teoría psicodinámica se centra en el paciente individual, sobre todo en las estructuras y procesos intrapsíquicos. Por consiguiente, no atiende primordialmente a la conducta provocada por un problema, sino a supuestas cuestiones subyacentes. Más aún, este punto de vista considera que el presente es, básicamente, resultado del pasado, en términos de cadenas lineales de causa a efecto, desde los orígenes hasta las consecuencias. A esto se añade el énfasis que se otorga a lo que está debajo y atrás, a lo que sucedió hace tiempo y lejos, en vez de al aquí y ahora. Este énfasis sobre los orígenes ocultos, en vez de sobre lo que se puede observar ahora, lleva necesariamente a una prolongada indagación sobre el pasado y a un uso preponderante de la inferencia. Además, esta perspectiva tiende en gran medida, aunque a menudo implícitamente, a considerar que los problemas son el resultado de deficiencias del individuo, de carencias provocadas (excepto en el caso de aquellas a las que a veces se les asigna un carácter innato) por la ausencia de experiencias positivas tempranas o por experiencias negativas, precoces o tardías. Con respecto a la práctica, se prescribe que el terapeuta debe lograr primero una comprensión de esas cuestiones complejas y ocultas, y a continuación ayudar, mediante interpretaciones, a que el paciente obtenga la comprensión adecuada. En algunas formas de tratamiento individual también pueden ser importantes el apoyo y la orientación con vistas a superar o compensar una supuesta carencia, pero el factor curativo fundamental sigue siendo la introspección, la comprensión interior. La premisa básica es de orden intelectual: «El conocimiento hará libre al sujeto».2

Sin embargo el modelo de la Terapia Familiar Sistémica que tal como lo mencioné oportunamente corresponde a mi forma de leer los procesos psicológicos plantea lo siguiente:

La terapia familiar no constituye una mera cuestión de cambio en las prácticas específicas, que mirarían a familias enteras en vez de a individuos aislados. Por el contrario, su visión difiere punto por punto de la postura psicodinámica que acabamos de esbozar.

Como es obvio, la terapia familiar se centra en el paciente no en solitario sino en su contexto social primario, la familia. La atención otorgada a la comunicación y a la interacción dentro de la familia conduce a un énfasis mucho mayor sobre la conducta real, la que tiene lugar de forma observable en el presente, más bien que en el pasado, en lo interior o en lo inferido. El no considerar aisladamente la conducta problemática sino en relación con su contexto inmediato, la conducta de los demás miembros de la familia, significa algo más que un mero cambio concreto de punto de vista, por importante que éste sea. Dicho cambio es indicativo de una modificación epistemológica general, pasando de la búsqueda de cadenas lineales causa-efecto a un punto de vista cibernético o sistemático: la comprensión y explicación de cualquier segmento determinado de conducta mediante su colocación en un sistema organizado de conducta más amplio y en funcionamiento efectivo que comporta la utilización generalizada de retroalimentación y de refuerzo recíproco.

Además, este centrarse en la forma en que un sistema está organizado o en que funciona erróneamente implica creer menos en las carencias individuales. En lo que respecta a la práctica, esta visión propone que la tarea del terapeuta no se reduzca a comprender el sistema familiar y el lugar que en él ocupa el problema, sino que también ha de tomar alguna medida que cambie el sistema disfuncional, con objeto de solucionar el problema.3

Para que esta visión quede aún más clara es importante mencionar, que el trabajo en Psicoterapia Sistémica implica mirar siempre a la persona en relación con otros factores significativos, desde el grupo inicial familiar hasta los diferentes grupos en los cuales interactúa a lo largo de su vida.

Dado que la conducta es circular, la modificación en las pautas interaccionales y de comunicación en una persona producen un movimiento en el sistema como un todo.

La filosofía detrás de la Constelación y Psicoconstelación

Todos los seres humanos enfrentamos desafíos existenciales diversos, enfermedades, pérdidas.

Estos desafíos responden a leyes invisibles que escapan a lo que podemos comprender desde la manera de pensar habitual.

En este plano profundo, no existe la buena o mala suerte. Eso es solo una interpretación.

La verdadera razón permanece inaccesible.

Muchas veces en el intento de llegar a desentrañar el misterio, perdemos de vista el aprendizaje que en el mismo debemos descubrir.

Los desafíos son la clave para evolucionar.

Nuestra disposición a transmutarlo permite transformarlo en desarrollo espiritual o psicológico.

Gracias a nuestra sabiduría que nos permite dar el gran salto podemos elegir caminos de sanación para nuestra evolución.

Eso implica valentía, audacia, perseverancia y actitud.

De cada uno de nosotros depende explorar en nuestro interior si estamos dispuestos.

M. D.

Ya visto el núcleo, diré que el círculo exterior es el marco filosófico en el cual está inscripta la Constelación Familiar.

Este marco posee como eje rector la propia filosofía del Tao.

En el Tao Te Ching podemos leer:

Hay algo sin forma y perfecto

que existía antes que el universo naciera.

Es sereno. Vacío.

Solitario. Inmutable.

Infinito. Eternamente presente.

Es la madre del universo.

A falta de un nombre mejor

lo llamo Tao.

Fluye a través de todo,

Dentro y fuera de todo

y al origen de todo retorna.4

La filosofía, entonces, de la Constelación es que el principio del cambio y de la sanación es la comprensión cabal y aceptación de que no somos seres aislados sino que todos estamos conectados y que parte de lo que somos y vivimos surge como resultado de ser parte de ese GRAN TODO.

Podemos hablar así, de vínculos causales que configuran a cada ser, y, por tanto, una parte nuestra es auténtica y libre y la otra es resultado de lazos invisibles que nos mantienen relacionados con los otros.

Para comprender esta nueva realidad Lao-Tsé refería estas palabras:

Cierra tus ojos y verás claramente.

Cesa de escuchar y oirás la verdad.

Permanece en silencio y tu corazón cantará.

No anheles contacto y encontrarás la unión.

Permanece quieto y te mecerá la marea del Universo.

Relájate y no necesitarás ninguna fuerza.

Sé paciente y alcanzarás todas las cosas.

Sé humilde y permanecerás entero.

Esta es, justamente, la referencia al orden sabio que nos trasciende y donde encuentra su sentido mucho de lo que tenemos que transitar en la vida.

Este Todo también se halla conformado por una red álmica que determina los hechos con un propósito que en la mayoría de los casos no llegamos a comprender.

Desde esta mirada, todo cuanto sucede responde a un propósito, puesto que nuestra alma elije invitarnos a superar con sabiduría ciertas circunstancias, sin embargo, no se trata de un determinismo ya que el libre albedrío queda garantizado en todo aquello que es posible realizar para superar los desafíos.

Desde este lugar, las enfermedades personales o familiares, las discapacidades, las exclusiones del sistema o las relaciones marcadas por hechos traumáticos son compromisos emocionales fuertes que indican que el alma está comunicándose, está trabajando para resolver conflictos.

Es desde el equilibrio de los opuestos, desde la filosofía del Ying y el Yang, desde donde todos los hechos significativos de la historia encuentran un sentido profundo.

Así, por ejemplo, un perpetrador y una víctima se encuentran y, a través de este contacto, garantizan el contrato que los une. Los términos bien y mal, justo e injusto aquí no funcionan. De modo que, el fin último es lograr la reconciliación en el amor que proponen las Constelaciones Familiares, esto es, que el perpetrador y la víctima acuerden en paz.

El odio nos encadena con el perpetrador. La víctima queda libre del perpetrador cuando se retira. Al retirarse remite al perpetrador a su propia alma y a su propio destino. Esa es una forma de respeto. De esa manera la víctima queda libre. Retirarse del perpetrador y su acción hacia el centro vacío −así lo llamo yo− da fuerza y, de ser una víctima, la persona pasa a ser alguien en condiciones de actuar. Sin embargo, aquellos que persiguen y se indignan, los moralistas y los inocentes, en el alma son malhechores. Sus violentas fantasías a menudo son peores que la acción del perpetrador.5

Si esto no se logra, se vuelve a poner en marcha la rueda de violencia que determina que la víctima pase a encarnar la energía perpetradora sufrida.

Detrás de las acusaciones públicas en contra de los perpetradores y la advertencia de recordar esos crímenes para que algo así no vuelva a ocurrir actúa la idea de que esos acontecimientos fueron manejados por personas y que sean personas las que puedan llegar a evitarlos o arreglarlos. (…) Los acusadores impiden dar a las víctimas lo único adecuado, o sea hacer el duelo. El duelo en conjunto une. Ya no hay soberbia. Ese duelo es el que sana.6

HABLEMOS DEL ALMA

“Es difícil definir con precisión qué es el alma. En todo caso, la definición supone un quehacer intelectual, y el alma prefiere imaginar. Intuitivamente sabemos que el alma tiene que ver con la autenticidad y la profundidad (…)”, dice Thomas Moore en su libro El cuidado del alma, y qué cierto es, pues es imposible intelectualizar algo tan imperecedero, infinito, inabarcable, inclasificable e inefable como el alma. También surge la consternación y desorientación cuando se trata de establecer una explicación para el término espíritu.

Traigo a colación este tema porque en las Psicoconstelaciones trabajamos con estos dos materiales, por llamarlos de alguna forma, y parte de la gente que asiste a los talleres pretende ingenuamente definirlos, enmarcarlos, que les digan “es esto”.

Sin embargo, desde la antigüedad, son innumerables los intentos para dar cuenta de estas experiencias sutiles, intangibles y aún hoy siguen las discusiones.

Sigue Thomas Moore: “El gran mal del siglo XX, que forma parte de todas nuestras angustias y nos afecta a todos individual y socialmente, es la ‘pérdida de alma’. Cuando se la descuida, el alma no se va precisamente, sino que se manifiesta en forma de obsesiones, adicciones, violencia y pérdida de sentido”.

Esta idea supone que al no poder definirla con exactitud el hombre se aparta de ella, se planta en una pose de descreimiento, de negación y al no reconocer su lado divino, espiritual, enferma.

Lo que nadie se detiene a pensar es que la mayoría de las cosas que nos rodean son desconocidas. Nuestros sentidos y la razón no son tan fieles a la realidad como suponemos. Tampoco podemos decir qué es la realidad, porque dependiendo de la cultura, la persona o el momento histórico esta variará.

¿Qué queda entonces? Confiar, además de en todo el arsenal que poseemos como forma de acercamiento a lo que solemos llamar verdad, en la intuición, en ese extraño sentido, en ese tipo de conocimiento que nos acerca a esa interioridad que excede los límites de nuestro cuerpo, y digo que lo excede porque no es un objeto con una masa específica, no es un sólido, es un algo etéreo-eterno, un principio de vida, una energía que nos une, que nos conecta, que nos acciona.

Recordemos que en las Psicoconstelaciones, el alma es el principio fundamental con el que se trabajará, pues en terapia lo que se produce o debe producir es la comunicación álmica, ni más ni menos.

Es necesario, entonces, despejar la visión y la mente, darle paso a las sensaciones e intuiciones internas y abrirse a esta nueva realidad, que es la del alma, la de la unión, la del lazo espiritual que amalgama y conecta todo.

El chamán y constelador Dann Van Kampenhout en su libro Las lágrimas de los Ancestros7, nos cuenta, por ejemplo, que cada cultura, religión y tradición espiritual se refiere a ese algo de distintas formas: “En todo el mundo existen personas que reconocen, de por sí, que experimentan algo que está como separado e independiente de sus cuerpos físicos, y a este aspecto de su ser lo denominan el alma o le dan otro nombre pero con una connotación similar. La mayoría de las tradiciones espirituales concuerda en que cada uno de nosotros tiene un alma individual considerada como un destello de Luz Divina que tiene cierta clase de consciencia independiente. Esta alma individual es algo privado, algo que está conectado a nuestra esencia más personal”.

Hay una mirada que sabe discernir lo que está bien de lo que está mal y lo que está mal de lo que está bien.

Hay una mirada que ve cuando la obediencia significa falta de respeto y la desobediencia representa respeto.

Hay una mirada que reconoce como cortos los caminos largos y como largos los caminos cortos.

Hay una mirada que desnuda, que no titubea al afirmar que existen fidelidades perversas y traiciones de gran lealtad.

Esa es la mirada del alma.8

ALMA Y ESPÍRITU

No somos seres humanos atravesando una experiencia espiritual; somos seres espirituales viviendo una experiencia humana.

Teillhard de Chardin

Lo sorprendente es que dichos efectos [se refiere a los de la sanación] no provienen solamente de los vivos, sino también de los muertos, que pueden haber sido olvidados hace mucho tiempo. Ellos pueden establecer contacto durante una Constelación familiar, en cuanto a que muestran qué es lo que debe ser corregido, y así los vivos pueden ser liberados de las consecuencias de los daños ocurridos en el pasado y de los efectos colaterales de los destinos externos pasados (…).9

Anteriormente hice mención a la imposibilidad de precisar qué es el alma, y el mismo problema se plantea con el espíritu. Nuestra razón limita el acceso a esta comprensión.

Sin embargo, Van Kampenhout, en un intento de clarificar el panorama, lo expresa así:

“Un espíritu es un alma y un alma es un espíritu. Cuando esta conciencia reside en un cuerpo físico, generalmente es llamada alma. Cuando no tiene cuerpo físico, se la llama, generalmente, espíritu; y de este modo, a las almas de las personas que han muerto, también se las llama espíritus”.

También dice que alma y espíritu están hechos de cierta energía, y es con esta energía con la que tratamos en las sesiones.

Por favor, que se entienda que esto es un modo de demarcar el objeto, pero de ninguna forma es una explicación exacta porque, de hecho, no existe tal cosa. Solo la presento, en ocasiones, a mis pacientes para que puedan entender ciertos fenómenos que ocurren dentro de algunas Psicoconstelaciones, dado que en realidad la curiosidad teórica lejos de acercarnos al encuentro espiritual, nos aleja de él. Insisto, son solo atisbos para que la razón se tranquilice un poco y dé paso a lo mágico y transcendental.

Cuando los constelantes aún no están lo suficientemente abiertos y receptivos a esta nueva experiencia extraordinaria de la comunicación álmica y espiritual, debo ir ofreciéndoles ciertos asideros a la razón hasta que lentamente se suelten y se dejen llevar por esta nueva situación. Hay en todo este trabajo un proceso de aprendizaje donde el paciente acuerda con el facilitador en tratar de liberarse de prejuicios y ciertas reglas y normas rígidas para poder ingresar a un plano más auténtico, liberador e integrador.

Era necesario hacer esta introducción para continuar con el desarrollo de un tipo de Constelación de Bert Hellinger… Los movimientos del espíritu.

LOS MOVIMIENTOS DEL ESPÍRITU (SEGÚN LA ESCUELA DE BERT HELLINGER)

Para hablar del espíritu y, por lo tanto, ingresar en un plano mucho más profundo y de mayor compromiso, es fundamental, como insisto en todo momento, trascender ciertas creencias que están determinadas por nuestra manera de pensar habitual.

De hecho, el propio Bert Hellinger vio que debía dar un salto cualitativo en su tradicional modo de realizar Constelaciones Familiares e involucrarse más de lleno en una nueva dimensión… la profundamente espiritual. A esta nueva forma de constelar la llamó “Los movimientos del Espíritu”.

Tomaré, para explicar esta concepción, las palabras del querido maestro:

[Con respecto al método anterior] ¿Dónde está la diferencia? No se posiciona a nadie. Estamos acostumbrados a que cuando alguien quiere constelar a su familia, elige representantes para sus miembros y los coloca en relación unos con otros. Ahora sólo se coloca a una persona y no importa dónde se posiciona. De repente, esa persona esta cogida por un movimiento. ¿De dónde viene ese movimiento? ¿Puede venir ese movimiento del alma del representante? Viene desde afuera, pues es un movimiento del espíritu. Si el representante queda centrado, ese movimiento del espíritu le lleva dentro de su movimiento. Los movimientos del espíritu son siempre movimientos del amor. Acercan y juntan lo que antes estaba separado.

(…)

Pero cuando observa lo que ocurre en las Constelaciones del espíritu quizás siente miedo porque de repente algo totalmente diferente se pone en movimiento, algo que no se podía imaginar ni podía pensar con anterioridad. Se muestra un movimiento del espíritu. Esto trae de inmediato a la luz lo que había sido ocultado o excluido, sin que se haya mencionado nada sobre ello.

Estos movimientos se perciben solamente cuando los representantes se mantienen sin intenciones. En el momento en que un representante tiene la intención de llegar a algo, ya no está en resonancia con el movimiento del espíritu. Entonces la concentración baja en seguida, también en el grupo.

Los movimientos del espíritu son muy lentos. Cuando alguien se mueve de forma rápida se sabe que ya no está en resonancia con un movimiento del espíritu. Cuando facilito una Constelación familiar del espíritu, yo también me pongo en resonancia con los movimientos del espíritu, yo también sin intención y sin miedo. Por esto puedo a veces decir cosas que van más allá o hacer a un representante decir cosas decisivas, sin que me invente estas palabras. Las frases que entonces me llegan o los pasos que debo dar me vienen impuestos.

(…)

Las Constelaciones Familiares del espíritu van mucho más allá de las fronteras de la conciencia y con ello más allá de la discriminación entre buenos y malos. Porque la conciencia pone un límite al amor y excluye a otros.10

Un trabajo constelativo desde la mirada de los movimientos del espíritu

El movimiento que compartiré a continuación parte de la inquietud de una paciente que desde hace tiempo transita el camino de las Psicoconstelaciones.

Es importante destacar que me refiero a una persona con un recorrido interno importante, y sus movimientos han ilustrado alguno de los casos del presente libro.

Como en cada oportunidad, la necesidad de realizar un trabajo constelativo se debe principalmente a cierta inquietud, cierta manifestación sutil que precisa una indagación en los tiempos pretéritos y en situaciones que responden a una reflexión acerca de una concepción de la vida y de los procesos internos.

Llegado el momento de la Psicoconstelación, el tema a trabajar se configuró así: Una verdad que necesitaba ser desvelada.

Un movimiento planteado de esta manera, desde los movimientos del espíritu, requiere que quien trae el tema tenga una gran apertura de consciencia para ingresar en un espacio donde quizás esta verdad se manifieste de forma poco clara. Es decir, el mensaje podría aparecer con matices metafóricos, encriptados.

Como en este caso puntual, dentro del grupo, asistieron dos personas que se iniciaban en el camino de las Psicoconstelaciones, consideré importante hacer una introducción para que pudieran estar atentos a lo que se manifestaría, ya que no tenían experiencia previa en este tipo de elaboraciones y era necesario que se mantuvieran no solo atentos y con actitud de entrega, sino además con la suficiente “permeabilidad” para ser tomados amorosamente por el movimiento.

La paciente elige para representarla a Cristina, miembro del equipo. Ella, una vez ubicada en el espacio, se toma el tiempo suficiente para poder entrar en resonancia con lo profundo que lentamente se manifestará.

Lo primero que hace es decirnos que se siente como en otro tiempo y rodeada por muchos seres, por un grupo numeroso.

Cristina: —Tengo una opresión en el pecho y mucho calor. Ese calor está situado adelante. Veo fuego… es una fogata.

Si bien no lo planeé conscientemente de esta manera, sentí con claridad que este movimiento lo haríamos solo con los miembros del equipo, lo cual como verán a continuación fue corroborado.

Se fue creando entre nosotros un campo común de resonancia, una conciencia común donde pudimos ir viendo las mismas imágenes y compartiendo el mismo sentir.

Yo: —Así es —intervengo—, hay muchas personas atrás tuyo. Adelante hay un gran fuego.

Cris: —Las personas están vestidas con túnicas —vacila un momento—. No, no son túnicas, están vestidas de época.

Tal como en un ajedrez mágico, fuimos tomados por el movimiento e incluidos lentamente en el espacio, cada uno en un lugar específico.

En ese momento, Ivana, también miembro del equipo, interviene.

Ivana: —Tengo una opresión en el pecho… hay una persecución… creo que están buscando a alguien —se incorpora.

También lo dicen Silvina y Valeria, todas personas del equipo.

Ivana comienza a llorar y, entre sollozos, nos dice que no entiende qué está ocurriendo.

Silvina también confirma ese sentir; sin embargo, percibe un sufrimiento entre todos los presentes. Siente que ella, en esa imagen, es chica, muy chica para tener consciencia de lo que está pasando. Se encuentra alarmada, intuye peligro y la inminencia de que algo grave está por ocurrir.

Valeria se toma la cabeza y llora porque siente una angustia irrefrenable.

Como en cada movimiento, la imagen es clara. Todo lo puedo ver como en una película en acción, pero también prefiero prudentemente no mencionar determinados detalles que podrían interferir en el movimiento. Es necesario dejarnos envolver por esa atmósfera, ese acontecimiento que se está desarrollando.

Todos los involucrados estábamos viendo exactamente lo mismo, tal como luego lo compartimos en el intercambio privado que hacemos como grupo de trabajo.

Sabía que la escena se trataba de un lugar del cual debíamos salir. Era demasiado traumática para vivenciarla.

La escena era la siguiente: me hallaba ante un pueblo expectante, esperando que el condenado/a llegara y fuera puesto/a en una hoguera.

Detengámonos aquí y vamos a imaginar que utilizamos un giratiempos y nos remitimos un paso atrás en esta escena, porque Cris entra en contacto con su sentir y da un paso atrás. Casi como en los relatos de ciencia ficción, automáticamente, la escena cambia. Estábamos en otro momento del mismo relato.

Yo: —¿Pueden sentir que estamos en otro momento?

Todos asienten.

Yo: —¿Pueden ver que estamos en otra escena?

Vuelven a asentir.

Cris: —Igual, no me siento tranquila. Sigo con miedo y sensación de peligro.

Ivana: —Me parece que algo va a pasar. Estoy muy angustiada.

Yo: —En esta escena no estamos seguros. Algo sucederá, pero tenemos tiempo. Debemos quedarnos tranquilos pues vamos a tener el tiempo necesario como para entender qué sucede aquí.

Veo con claridad que esta imagen no es un lugar adecuado para quedarse, por lo que los invito a todos a rebobinar, a que demos un paso atrás en la escena. Es importante en mi caso sentir certeza como facilitador y guía, porque esto nos mantiene unidos y confiados en que estamos siendo llevados hacia distintas imágenes vividas. Las sentimos en cada célula. Todo nuestro cuerpo vibra en la magia de ese tiempo. Nos sentimos parte de una historia en movimiento. Somos parte de la película, no hay diferencia entre lo que estamos viendo y el lugar en el que estamos en realidad. Todo se funde en una imagen aunque sabemos que estamos en dos planos y podemos sentir con claridad a ambos.

Para mantener la fidelidad de este relato tal como fue vivenciado relataré los hechos con la cronología exacta de lo que fue ocurriendo.

El cuadro que todos veíamos era el de un pueblo o ciudad atravesado por calles de tierra y adoquines que eran transitados por hombres y mujeres con ropas de aproximadamente quinientos años atrás. Todos estaban caminando y comprando, trabajando, es decir, haciendo sus tareas cotidianas. Sin embargo, era llamativo que todo este paisaje variopinto estuviese teñido levemente de un color sepia, como si de una foto antigua se tratara.

Continúa el movimiento, pero damos otro paso atrás en el tiempo. Estamos en una casa, un lugar sencillo de piedra. Afuera, la actividad, la vida sigue su propio ritmo natural y monótono. Allí, en el interior de ese hogar, la tristeza casi es material, profunda, asfixiante.

Le pido a Cris que gire lentamente para que quede mirando de frente a Ivana y a Silvina, que se hallan juntas.

Valeria está angustiada y llora. A su lado, la constelante está inmersa en lo que ocurre. Se encuentra profundamente conmovida por todo lo que se está desplegando frente a sus ojos y ante su alma.

Cris: —No me pidas que me despida de ellos porque no voy a poder hacerlo.

Estas palabras terminaron por esclarecer lo que presentíamos: la estaban persiguiendo desde hacía un tiempo y ahora la venían a buscar para llevarla detenida. Su castigo sería la hoguera.

Sentí que lo apropiado en esta circunstancia sería simplemente dar nuestro acuerdo, vibrar con ese dolor y sentirlo en profundidad y, al mismo tiempo, dar espacio para poder trascenderlo.

Entonces, pido a los concurrentes que hagan contacto visual y que permanezcan unos instantes en silencio.

Yo: —Honramos al Gran Espíritu y sus sabios designios. Nos dejamos guiar amorosamente y, sin cuestionar, damos nuestro acuerdo —las palabras acudían a mí naturalmente.

Era difícil atravesar por ese dolor que invadía la escena y donde nosotros éramos parte importante de ella.

Yo: —Honramos el alma de las víctimas y de los perpetradores y honramos en ellos a la rueda de la vida que pone en marcha el movimiento.

Valeria sigue conmovida y, en algún momento, ve con claridad la apertura de un nuevo portal. Lo señala. Y en ese momento ella se abre hacia una nueva escena, quizás la misma. No lo sabíamos con certeza, simplemente nos dejamos guiar hacia ella.

Valeria: —¡Es terrible la destrucción! ¿¡Qué hicieron!? ¡¡No dejaron nada en pie!! ¡¡La tierra fue arrasada y fuimos masacrados!! —llora desconsoladamente.

De pronto, con sumo cuidado, pido que nos inclinemos, que brindemos nuestro respeto a ese movimiento sagrado y que, desde ese acuerdo, simplemente honremos ese pasado. En silencio y con profundo compromiso.

Me acerco a Cris y le pido que digamos estas palabras:

—Honramos el haber sido elegidos para ser parte de este movimiento sagrado. Con profundo respeto acompañamos y desde ese sentir soltamos.

La constelante se incorpora a la rueda. Profundamente conmovida mira a Cris quien está representándola en otra vida o quizás a algún miembro de su entramado ancestral con quien ella estaba relacionada y a quien era necesario honrar en ese movimiento.

Son consideraciones que surgen como imágenes, y como tales es necesario dejarlas a salvo de las maneras de pensar habituales y no interpretarlas. El alma sabiamente tiene la claridad de los mensajes y no siempre debemos tratar de traducirlos.

Poco a poco la imagen se cierra. Cris siente que pudo “soltar” y, a través de ese sentir, pudo “dejar ir”.

Como en cada movimiento cerramos con una rueda en la que nos liberamos de la experiencia vivida y entregamos con total confianza el resultado en manos de lo sabio que nos trasciende.

Acuerdo de almas, un principio fundamental en las Psicoconstelaciones

A través de la sorprendente experiencia de que los representantes de los miembros de una familia realmente sienten como las personas a quienes están representando sin saber nada acerca de ellos, las Constelaciones Familiares han abierto el acceso a capas profundas del alma, muchas de las cuales estaban previamente ocultas en nuestra cultura. A esto se suma que, cuando los representantes permanecen realmente centrados, son conducidos por una fuerza irresistible hacia un movimiento, a través del cual las experiencias ocultas u olvidadas son traídas a la luz.11

Como habrán podido observar, en la Constelación que detallé anteriormente, existen lógicas o dinámicas que están fuera de nuestra comprensión, y que para sanar es imprescindible no resistirse a ese misterio.

Justamente, uno de los grandes lineamientos que guía a las Constelaciones Familiares es que mucho de lo que ocurre a nuestro alrededor responde a un principio sabio, y que este posee un sentido que excede cualquier interpretación.

Frente a esto, lo importante es dar nuestro acuerdo, dejarse llevar por estas manifestaciones sutiles, porque detrás de ellas hay una sabiduría que se manifiesta. El alma, las almas que se expresan, nos conducen, y si las dejamos actuar los resultados son maravillosos. Es fundamental vivir en perfecta sintonía con ese orden que nos trasciende.

Gran parte de mi trabajo como psicoterapeuta, entonces, consiste en que los consultantes hagan un acuerdo con esta realidad que los abarca, pero que no se deja comprender en su totalidad, pues solo acordando con esa sabiduría superior, una realidad mayor que escapa a nuestra vista, es que se puede producir la sanación.

Sin ir más lejos, constelar implica consentir en que estamos inmersos en un sistema y ese sistema no responde a objetivos egoístas o a cuestiones parciales sino a motivos y principios que van más allá de cualquier idea que podamos tener de él.

La negación de lo extraordinario, la resistencia ante la posibilidad de ver otras realidades, le quita magia a la vida, le resta encanto y hace de nosotros seres grises, rigurosos, sin permiso para la emoción que significa el día a día de nuestra existencia.

Liberando la intuición

Dentro de la magia que se despliega en un taller, cada persona que participa experimenta un sentir en el cuerpo que hasta el momento le era desconocido.

Justamente, el ser canal es una cualidad que todos poseemos y que es el reflejo de la maravillosa perfección que nos caracteriza como seres multidimensionales.

Sobre todo, en estos últimos tiempos, en los que se le brinda mayor importancia al pensamiento racional que a la intuición, no logramos imaginarnos como seres que nos desplegamos en diversos planos, en realidades diferentes y sutiles.

Sin embargo, desde pequeños, nos relacionamos con el mundo a través de la intuición, de percepciones, de sensaciones que se corresponden con otro tipo de conocimientos, con otras fuentes, con otros saberes, y podría afirmar, más sabios y trascendentales.

El prestigioso doctor en psiquiatría, Brian Weiss, en una entrevista realizada por Ignacio Escribano dijo al respecto:

La arremetida contra la mente comienza desde que somos muy pequeños. Se nos educa con valores familiares, sociales, culturales y religiosos que reprimen nuestros conocimientos innatos. Y si nos resistimos a esa acometida, se nos amenaza con el miedo, la culpa, el ridículo, la crítica y la humillación. O, también, pueden acecharnos el ostracismo, la retirada del amor o los abusos físicos y emocionales. Nuestros padres y profesores, nuestra sociedad y cultura pueden enseñarnos falsedades peligrosas. Y a menudo lo hacen. El mundo actual es una clara prueba de ello, pues se encamina a tropiezos y golpes, imprudentemente, hacia una destrucción irreversible. Pero si se lo permitimos, los chicos pueden enseñarnos la salida.

Lamentablemente, esta habilidad denominada intuición, que todos, en menor o mayor medida, manejamos, con el correr de los años se va dejando de lado hasta ser desplazada por este pensamiento racional que culturalmente se considera más valioso y más certero como forma de acceder al conocimiento.

Lo intuitivo, por tanto, queda relegado a ciertos ámbitos, a ciertas prácticas.

Bajo el influjo del materialismo científico, todo lo que no podía verse ni tocarse se tornó dudoso; más aún, sospechoso por pertenecer a la esfera metafísica. (…) Esta transformación se había iniciado desde mucho antes, es decir, fue anterior al materialismo. Cuando la época gótica (…) llegó a su fin con la catástrofe de la Reforma, la vertical del espíritu europeo quedó cruzada por la horizontal de la conciencia moderna.12

Continúa el Dr. Weiss:

(…) existe un descreimiento generalizado sobre todo aquello que no puede verse o demostrarse por métodos científicos convencionales. Y eso está mal, es erróneo. Nos enseñaron que todo eso es supersticioso, o no científico, o inferior. Y no es así. Tenemos sentidos más allá de los cinco sentidos. Y uno de ellos es la intuición. No sólo en el arte, los grandes descubrimientos científicos también surgen intuitivamente, y no necesariamente desde de la lógica pura. El mismo Einstein lo decía. Tiene que haber un balance entre lo racional y lo intuitivo. (…) Además, para recuperar ese equilibrio, no podemos olvidar que el amor es el componente fundamental de la naturaleza, que conecta y une a todas las cosas y las personas. Y la energía del amor es, en potencia, más fuerte que cualquier bomba y más sutil que cualquier hierba. Lo que sucede es que aún no hemos aprendido a aprovechar esa energía tan básica y tan pura.

La Psicoconstelación justamente es una herramienta exitosa porque si bien adopta herramientas del pensamiento científico, también le da un papel primordial a la intuición, a ese conocimiento extraordinario que permite al paciente llegar a otros planos y realidades. La intuición no cuestiona las sensaciones o la existencia del alma, sencillamente lo da por hecho, porque está conectada con ese mundo sensible. No discute conceptos, sino que nos comunica con otras dimensiones del ser.

CANALIZAR ENERGÍA NO ESTÁ RELACIONADO CON SER MÉDIUM

Podría empezar por afirmar que todos poseemos la capacidad de canalizar, pero pocos son los que tienen el don de propiciar como médiums. Estamos frente a dos cuestiones de distinta naturaleza.

Los seres animados e inanimados se hallan unidos por canales o hilos invisibles que enlazan y conectan. Por ello, estamos vinculados desde lo profundo con la fuente de energía universal que mantiene cohesionado a todo lo existente.

En El Talmud se puede leer:

Cada brizna de pasto tiene su Ángel que se inclina y le susurra “crece, crece”.

Así que todos tenemos esta destreza y la capacidad de aumentar la frecuencia vibracional energética a través de determinadas técnicas como la meditación o el reiki, entre otras herramientas, la cuestión es permitirnos o abrir nuestra mente a esta nueva experiencia.

Muchas personas creen que no tienen esta habilidad, sin embargo, la poseen pero nunca la cultivaron o quizá lo hicieron y jamás lo notaron. Estamos entrenados para aceptar o percibir “la realidad” de una forma y no de otra, por lo cual, aquello que es diferente a lo establecido culturalmente, se niega.

Desde pequeños se nos enseñan las tablas de multiplicar, gramática, historia, geografía, pero jamás se dan clases de intuición, espiritualidad (no, religión) o realidades alternativas. Aquí comienza el error que da origen a la saga de equivocaciones.

Cuando logramos serenar el pensamiento a través de técnicas de respiración o de meditación es posible entrar en contacto con otros planos sutiles y darnos cuenta de que existe el poder de trascender la realidad concreta para poder vibrar en la energía de lo que ocurre en otros planos.

Lo mismo ocurre con el reiki, herramienta maravillosa de sanación, que desarrollaré en un capítulo posterior, y que permite la canalización, a través de nuestro cuerpo, de energía sutil, de la energía universal. Esta canalización produce magníficos resultados en el cuerpo, el alma y la mente.

Ahora bien, tal como lo mencioné, no debe confundirse, repito, con mediumnidad, pues este término fue definido por el padre de la Doctrina Espírita Alan Kardec quien denominaba “médiums solamente a las personas capaces de producir fenómenos ostensibles con sus facultades”.

La mediumnidad es una facultad bastante múltiple que presenta una infinita variedad de matices en sus medios y en sus efectos. Cualquiera que esté apto para recibir o transmitir las comunicaciones de los Espíritus es, por esto mismo, médium, sea cual fuere el modo empleado y el grado de desarrollo de la facultad, desde la simple influencia oculta hasta la producción de los fenómenos más insólitos. Sin embargo, en el uso común, esta palabra tiene una acepción más restringida y se dice generalmente de las personas dotadas de un poder medianero bastante grande, ya sea para producir efectos físicos o para transmitir el pensamiento de los Espíritus a través de la escritura o la palabra. 13

Así también definió en El libro de los espíritus que las cualidades espirituales eran fundamentales para la utilización positiva o negativa de la mediumnidad, considerando que la baja moral convierte a los médiums en presa fácil de los malos espíritus lo cual desvía la finalidad de un don otorgado por Dios.

A este respecto consideraba:

Los espíritus son atraídos en virtud de su simpatía por la naturaleza moral del ambiente en que se les evoca. Los espíritus superiores se complacen en las reuniones serias, en que predominan el amor al bien y el deseo sincero de instruirse y mejorar. Su presencia allí aleja a los espíritus inferiores, quienes por el contrario encuentran libre acceso y pueden obrar con plena libertad entre las personas frívolas o que son guiadas sólo por la curiosidad, y en cualquier parte donde se encuentren malos instintos. Lejos de obtener de ellos buenos consejos o informaciones útiles, sólo se deben esperar de su parte futilezas, embustes, bromas de mal gusto o supercherías, y a menudo toman nombres venerables para inducir mejor a error.14

Definió, además, diferentes tipos de médiums como por ejemplo los de efectos físicos, de efectos espirituales, psicógrafos o escribientes, auditivos u oyentes, parlantes o psicofónicos, videntes, sonámbulos o sonambúlicos, sensitivos o médiums curadores.

Por lo expuesto, concluyo que ser canal y ser médium son cuestiones de diferente orden, que si bien parecen conectarse, sin embargo las separa un abismo.

En los trabajos psicoconstelativos, todos nos convertimos en canales porque recibimos y enviamos información, y si bien nos remiten al conocimiento, a ese “más allá”, nunca perdemos la consciencia, ni la energía que ingresa obstruye o desplaza la propia energía, mientras que un médium es una persona con un don especial que cuando entra en contacto con un espíritu, ese espíritu colma todo su ser, invade, lo ocupa y este médium solo se convierte en un instrumento, en la voz y cuerpo del espíritu que ha ingresado en él.

LA PSICOCONSTELACIÓN COMO HERRAMIENTA DE SANACIÓN A DISTANCIA
Distancia que trasciende al individuo y abarca a la familia completa

Es un hecho comprobado el efecto sanador de las Psicoconstelaciones no solamente en las personas que concurren al taller sino en su sistema familiar. Asimismo, este modelo es un patrón de trabajo en el campo de la Psicoterapia Familiar Sistémica.

La persona funciona como un agente de cambio activo en su sistema porque produce, a partir de la modificación en la comunicación, efectos que alcanzan a todos los miembros.

En la Psicoconstelación, al tratarse de una herramienta transgenealógica, el resultado es profundo y evidente, dado que por definición toma no solamente a las personas que conforman la familia actual sino que alcanza a las generaciones anteriores, lo cual implica también una trascendencia más allá de la vida y de la muerte.

La frase TODOS TIENEN UN LUGAR EN LAS PSICOCONSTELACIONES toma en cuenta lo expresado anteriormente.

Todos compartimos en lo profundo de nuestros entramados familiares historias de exclusión, de personas a quienes, por distintas razones, se les negó la pertenencia al sistema.

Las causas que pueden considerarse válidas en un plano concreto pueden no guardar en lo profundo esa misma validez. Los motivos de los conflictos actuales pueden ser muchos y variados: personas que debieron abandonar su tierra natal para nunca más volver, gente que participó en guerras y asesinaron, parientes que maltrataron física o verbalmente a otros del grupo, etcétera.

El trabajo con las Psicoconstelaciones intenta facilitar el proceso de inclusión de todos los que pertenecen al sistema. Por eso, en cuanto los excluidos y temidos reciben su lugar, de ellos emanan fuerzas positivas y sanadoras para cada uno de los integrantes de la familia, tal como lo expresa Bert Hellinger.

Quienes atentan contra algunos de los miembros de la familia, tal el caso de los perpetradores, estos son excluidos porque existe un compromiso moral de preservación del grupo que es el reflejo del sentir de amor en un plano concreto. Esta exclusión expresa no solamente el castigo desde el punto de vista legal, sino también un rechazo concreto marcado por el dolor de la pérdida. Sin embargo, en un plano profundo, más allá de las formas de pensar habituales, existe un acuerdo álmico, un sentido que escapa a lo que podemos comprender mediante el cual el perpetrador y la víctima acordaron escenificar ese pacto. Una forma de representarlo sería:

El perpetrador: —Sé que vamos a reencontrarnos y voy a dañarte, y lo siento.

La víctima: —Sé que vamos a reencontrarnos y vas a dañarme, y estoy de acuerdo.

Este acuerdo difícil de comprender por el dolor humano que significa la pérdida es el que está presente en todos los movimientos que acontecen a lo largo de la historia. Es el juego de los opuestos. Es el delicado y difícil equilibrio que marca el sentido profundo que nos liga a todos los eventos por los cuales nuestras almas elijen transitar para evolucionar.

Es por eso que entrar en contacto con la filosofía de la herramienta constelativa significa dar un lugar a todo lo que aconteció en otros planos y otros tiempos.

Una de las claves para organizar el entramado y la propia vida es llegar a comprender que la exclusión que se produjo fue consecuencia directa del amor, el dolor y para la preservación del grupo, en un momento dado y como reacción inmediata, pero luego se debe integrar desde el amor a aquel perpetrador. Nunca debemos perder de vista el funcionamiento kármico de los vínculos.

Una vez que se los recibe con respeto y amor y se honra al destino que dio sentido a la acción, estos se retiran, liberan de la carga a la familia y se convierten en fuente de fuerza para los vivos.

Distancia que trasciende el espacio terapéutico

Ahora bien, el título del presente capítulo podría prestarse a cierta confusión por lo que es necesario definirlo de manera más concreta. Dije que es una herramienta a distancia porque: a) opera en el pasado, presente y, por lógica consecuencia, en el futuro (tiempo), y, b) porque, además, es posible mantener sesiones con personas que se hallan lejos del espacio terapéutico (espacio).

Les contaré un caso para ilustrar bien el punto b.

Hace ya bastante tiempo, se me presentó el caso de una paciente que estaba radicada temporalmente en el extranjero. Manteníamos sesiones por Skype porque no lograba sentirse a gusto en el lugar, y deseaba hallar la causa de ese sentimiento.

Después de un período, ambos acordamos realizar una Constelación a distancia para ver si podíamos acceder al origen de su malestar.

En la sesión terapéutica hablamos acerca de cuál era su situación emocional actual y definimos el tema a constelar: Ella consigo misma en el hoy… y la dificultad para sentirse plena viviendo esta experiencia de aprendizaje en el extranjero.

Yo presentaría el tema en su nombre y elegiría a quien la representaría en el taller.

Mi sugerencia fue que en el momento en el que estuviéramos realizando la Constelación en su nombre, ella no debería hacer nada especial salvo permanecer tranquila y relajada, tal como ocurre cuando las personas concurren a un taller, con el mismo compromiso como si ese día ella participara en persona en la rueda constelativa.

En este caso puntual, la diferencia horaria facilitaba el trabajo, porque para la constelante era de mañana, justo en un horario en el cual ella podía estar en su hogar.

En el momento del taller, en su nombre, me presenté y presenté el tema que ella constelaría, tal como más tarde haría cada uno de los constelantes. Luego, al elegir representante, invoqué en silencio su nombre y pedí autorización a su ser superior para que el movimiento fuera facilitador y se manifestara a través de él lo que la paciente necesitaba sanar para este momento de su vida.

Como en todo trabajo constelativo, surgió que aquello que le estaba produciendo dificultades en su día a día era, sin duda, el haber dejado sola a su madre. Al ser hija única, la culpa la atenazaba, se sentía mal por haberse apartado momentáneamente de ella.

Paradójicamente, si bien esta experiencia de la lejanía con su mamá la perturbaba, la que realmente estaba impactada por esta separación era la madre, lo cual quedó claro a través de lo que fue surgiendo en la Psicoconstelación en la incorporación de otra representante que ocupó ese lugar.

Mientras todo esto sucedía en mi consultorio (en Buenos Aires), la paciente, por la diferencia horaria estaba durmiendo. Sin embargo, horas después, ella me confirmó que en el momento en que se desarrollaba su Psicoconstelación, se despertó debido a algunos malestares físicos y por una fuerte sensación de angustia. Con el trascurrir de los minutos, ambos síntomas fueron mermando hasta llegar un sopor y tranquilidad que, luego de conversar, calculamos que ese estado de paz se dio cuando ya se había cerrado su Psicoconstelación.

Como podrán observar, la herramienta funcionó a pesar de los kilómetros y horas de diferencia porque el trabajo se realiza en planos no convencionales, son comunicaciones entre almas, y estas no responden a las leyes comunes de la física. Solo interactúan en dimensiones extraordinarias.

Debo aclarar que esta técnica a distancia solo suelo emplearla con aquellos pacientes que ya concurrieron a algún taller y conocen, por lo tanto, la técnica y mi forma de aplicarla y cuando es imposible la asistencia del paciente a las entrevistas o talleres, ya sea por cuestiones geográficas, de salud u otras.

En los pacientes que no han hecho la experiencia y que por alguna razón no se animan a asistir a los talleres, prefiero esperar a que se encuentren dispuestos a participar en la rueda constelativa.

1 Hellinger, Bert, Los Órdenes de la Ayuda, Buenos Aires, Alma Lepik, 2006.

2 John Weakland, Richard Fisch y Lynn Segal, La táctica del cambio, Barcelona, Herder, 1984, p. 26.

3 Ibíd., pp. 26-27.

4 Lao Tse, Tao Te Ching, versión de Stephen Mitchell, Madrid, Alianza editorial, 2010.

5 Hellinger, Bert, “El odio”, en El manantial no tiene que preguntar por el camino, Trad.: Rosi Steudel, Buenos Aires, Alma Lepik, p. 31.

6 Hellinger, Bert, “La memoria de Auschwitz”, en El manantial no tiene que preguntar por el camino, Trad.: Rosi Steudel, Buenos Aires, Alma Lepik, pp. 41-42.

7 Van Kampenhout, Dann, Las lágrimas de los ancestros. La memoria de víctimas y perpetradores en el alma tribal, Buenos Aires, Alma Lepik, 2007, p. 33.

8 Bonder, Nilton, El Alma Inmoral. Un manifiesto de Desobediencia Espiritual, Traduccción Mario Galliccio. Buenos Aires, Emecé, 2010.

9 Hellinger, Bert, “Constelaciones Familiares y chamanismo”, en La sanación viene desde afuera. Chamanismo y Constelaciones Familiares, de Dann van Kampenhout, Buenos Aires, Alma Lepik, 2004, p. 8.

10 Hellinger, Bert, “Hellinger, Bert - Las constelaciones familiares del espíritu”, en Praxis der Systemaufstellung (2007). Traducción de Peter Bourquin, [en línea]. Dirección URL: www.peterbourquin.net [Consulta: 10 de diciembre de 2018].

11 Van Kampenhout, Daan, La sanación viene desde afuera. Chamanismo y Constelaciones Familiares, Buenos Aires, Alma Lepik, 2004, p. 7.

12 Jung, Carl Gustav, “El problema fundamental de la psicología contemporánea”, en Realidad del alma, Losada, Buenos Aires, 1999, p. 7.

13 Kardec, Allan, “Escollos de los médiums”, en Revista Espírita. Periódico de estudios psicológicos. Año II. 1859, Brasilia, Consejo Espírita Internacional, 2009, p. 29.

14 Kardec, Allan, “Resumen de la doctrina de los espíritus”, en El libro de los espíritus, [en línea]. Dirección URL: espiritismo.es [Consulta: 15 de diciembre de 2018].

ACERCA DEL ROL DEL TERAPEUTA
MI PROPIA EXPERIENCIA CONSTELATIVA: PRIMERA VEZ EN UN TALLER

Es cierto que llegar por primera vez a un trabajo grupal del cual no tenía mucha idea me producía cierta inquietud, sin embargo, la confianza que tenía en mi querida amiga y colega, quien me había invitado a participar de esta experiencia, me daba la seguridad de que estaba en un lugar que cambiaría mi forma de ver el proceso de trabajo en psicoterapia.

En aquella ocasión, recuerdo que fui elegido para “representar”, es decir, tomar el lugar de alguien en un trabajo de Constelación, a pesar de no tener la menor idea de lo que eso significaba.

¡Fue extraordinario sentir todas las energías en movimiento y la manera en que se manifestaba mi cuerpo!

También me viene a la memoria la felicidad, el bienestar y paz que sentí como resultado de ese trabajo. No tenía certeza de lo ocurrido, pero presentía que a partir de ese momento un recorrido de trabajo personal con otras herramientas además de las de mi formación como psicoterapeuta empezarían a tener un sentido más profundo.

Lo que había aprendido con anterioridad, ya sea, psicología, parapsicología, estudio de religiones comparadas, antropología, entre otras muchas disciplinas, que, de alguna manera, se hallaban aparentemente olvidadas, comenzaron a cobrar vida y a fusionarse con esta nueva terapia.

El cambio de mirada y la apertura de consciencia que proponen las Constelaciones y que ocurre en todos quienes se acercan a un taller era lo que estaba manifestándose.

Al año siguiente de esta experiencia empecé mi formación con la certeza de un camino en el cual debía comprometerme a trabajar profundamente conmigo y depurar todo lo aprendido para permitir que la alquimia transformadora tuviera lugar.

MI RECORRIDO COMO FACILITADOR DE CONSTELACIONES FAMILIARES

Mi recorrido como facilitador de Constelaciones fue definiendo mi estilo personal, desde mis inicios, con en el primer taller constelativo que dirigí.

Sentí que estaba preparado para asumir este compromiso dado que ya tenía una larga trayectoria como psicoterapeuta y que mi trabajo de formación se había nutrido durante muchos años con diferentes cursos y posgrados.

Sabía que debía estar muy atento a las señales que se irían presentando, pues lo sabio que nos guía y nos acompaña se desvelaría paso a paso.

Circunstancias personales, nada fáciles por momentos, me devolvían a la necesidad de profundizar el trabajo conmigo mismo.

Tal como expresaba Carl Jung, “conocer tu propia oscuridad es el mejor método para lidiar con la oscuridad de los demás”.

De la misma manera, trabajar desde el espejo de mi propia alma me llevó a utilizar determinadas herramientas de trabajo interno que luego pude aplicar a mi trabajo en Psicoconstelaciones.

La Terapia de Regresión y Sanación Chamánica, el reiki, la Terapia Postural Holística, el trabajo con la Terapia de Sonidos, la Danza Movimiento Terapia, todos guiados por excelentes profesionales, son solo algunos de los recursos aprendidos y aprehendidos en mi recorrido personal y profesional.

Ninguna de estas maravillosas herramientas serían útiles sino hubiese mantenido siempre me actitud de aprendiz, por supuesto. El acercarme humildemente a personas con formación, me permitía conservar intacto mi deseo de crecer, de transformarme.

Siento con claridad que todos tienen el potencial de ser maestros y aprendices al mismo tiempo, pero para ello es necesario dejar de lado el ego.

LA AYUDA APROPIADA: PAUTAS

El encuentro de dos personalidades es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman.

Carl Jung

Quienes nos desempeñamos en la función de acompañar procesos terapéuticos, debemos tener presente que toda ayuda debe desarrollarse dentro de un encuadre apropiado.

Si nos basamos en el significado de esta palabra, encuadrar es colocar algo en un marco, es decir, desde lo terapéutico implica darle una delimitación que permita que ciertas variables se mantengan en un equilibrio constante durante el proceso.

Este encuadre no necesariamente se refiere a algo estático, muy por el contrario, es algo dinámico, activo, que dependerá también de las características propias del profesional, pero que es necesario mantener para que pueda llevarse a cabo el proceso terapéutico adecuadamente.

Son pautas que facilitan la tarea y que protegen a ambos participantes (terapeuta y paciente) para que el cambio sea posible.

Las variables a tener en cuenta son, por ejemplo: el espacio donde se desarrollará la sesión, el tiempo que durará, la modalidad de trabajo y los honorarios.

Todas estas cuestiones se hallan inscriptas en el propio modelo terapéutico, aunque es el profesional quien elegirá la forma de implementarlas conforme a lo que resulte más apropiado para cada caso.

EL TERAPEUTA FRENTE A LO QUE ES REAL PARA EL PACIENTE

El mundo tal como lo vivimos es el resultado de nuestra creación, aunque nos cueste reconocerlo.

De la misma manera, la realidad refleja un orden y organización del mundo que está construido por nuestra experiencia.

Esa imagen del mundo está dada, en principio, por nuestro grupo original de pertenencia, es decir, el núcleo familiar. Allí se construyen las relaciones entre cada integrante, entre los miembros y el mundo y se produce la construcción del sí mismo. Son procesos que cohesionan a las familias y que permiten que permanezcan unidas a lo largo del tiempo, más allá de las generaciones. Al mismo tiempo, al tener relación con el exterior, con lo foráneo, están sujetas a intervenciones que pueden desorganizarlas, desarmarlas, dividirlas.

Cada familia tiene un sistema de creencias que la caracteriza que es el prisma a través del cual se mira al mundo y se evalúan las conductas de sus miembros.

Sin duda, las familias tienen un estilo particular y propio que las hace únicas y una construcción de la realidad que es producto de lo heredado a través de las distintas generaciones.

Nuestros gustos, intereses particulares, así como también la manera en la cual conceptualizamos lo que nos rodea surgen automáticamente sin que podamos justificarlos en el hoy a través de una reflexión personal, pues muchos de ellos son heredados.

Quienes nos desempeñamos como psicoterapeutas sabemos que nuestro sistema de creencias influye sin duda en el paciente, y es por esto por lo que debemos estar atentos y mantener nuestra “subjetividad controlada” como diría el maestro Erik Erickson.

Este es un concepto base de todo proceso. Los psicoterapeutas debemos percibir la imagen del mundo del paciente así como la de su grupo familiar, independientemente de quienes sean los que concurren.

El lenguaje, en estas circunstancias, es clave.

Desde esta postura, es claro que debemos ser flexibles y mantener la mente abierta para percibir las sutilezas de las verbalizaciones, de las posturas y gestos y de la realidad tanto del paciente como de su grupo.

Celia Elzufán en su libro El terapeuta como un junco nos dice:

En este libro lo que quiero mostrar es, cómo apoyándome en los principios básicos que aprendí de mis maestros y que aparentan ser tan simples, puedo utilizar todo el arsenal técnico, todas las herramientas que me ofrece el modelo y todas aquellas que se me puedan ocurrir en momentos de creatividad, si me permito estar lo suficientemente abierta como para poder realmente captar, percibir, la construcción de la realidad de quien me consulta, reprimiendo totalmente mis ideas, mis preconceptos, para poder meterme, algo así como ”debajo de la piel del o de los consultantes”.

Para ello considero que tenemos que ser como juncos, porque permanentemente los terapeutas nos enfrentamos con personas distintas, con diferentes ideas sobre su persona, sobre la vida de pareja, sobre la vida familiar. Por lo tanto, mientras estas visiones o construcciones no sean un problema para los consultantes, nosotros no tenemos que transformarlos en un problema… Me gustaría mostrar en esta “charla-narrada” cómo, en diversas áreas de las dificultades humanas, me transformo en junco para poder percibir lo que en sus orígenes, Watzlawick llamó el “lenguaje del consultante” y que luego se sofisticó con el término “constructivismo”. Únicamente transformándome en junco tengo alguna chance de poder ser una “ayudadora” de quien o quienes me consultan y producir el acto mágico del alivio del problema.15

El poder percibir el mundo y los valores del otro es, creo yo, lo más difícil. A pesar de los años de experiencia que tengo, cada vez que tengo que enfrentarme con una persona, o con un grupo de personas es enorme el esfuerzo que tengo que hacer para percibir lo que es válido para el otro y al mismo tiempo, dejar de lado mis propias creencias. Sería algo como contener la estampida de una manada de animales que están en mí y que empujo hacia atrás para poder escuchar solamente lo que le duele o cómo ve el mundo esa persona.16

Sin duda percibir el mundo tal como lo ve el otro es muy difícil, y es una de las claves fundamentales no solamente en la terapia, sino para relacionarnos con el otro aprendiendo a respetar creencias diferentes a las nuestras y darnos la posibilidad de ampliar también nuestro campo de consciencia.

LAS CREENCIAS

En líneas generales, las creencias suelen ser corsés que no permiten la flexibilidad que se necesita para adaptarse a las diferentes situaciones a las que nos debemos enfrentar cotidianamente. Por eso se habla tanto, actualmente, de resiliencia. Ser resiliente significa tener capacidad para adaptarse correctamente a circunstancias adversas. Para ello, entonces, se debe poseer una destreza precisa: flexibilidad. Ella permitirá que ciertas creencias conformen la personalidad, pero a manera de guías y no como determinantes absolutos.

Lejos de lo que muchos creen, ser “flexibles como juncos”, en algunos es una característica innata, pero también es posible aprenderla e incorporarla.

Pues bien, quienes nos alineamos desde este “despertar de la consciencia”, desde este “despertar a una nueva realidad” que forma parte de la filosofía de las Psicoconstelaciones, la adaptación al medio (cultural, social, familiar, etc.) es un elemento fundamental para cambiar y evolucionar.

Quien asiste a un taller, pero en una pose de descreimiento hacia esta herramienta de sanación o con conceptos e ideas que no desea cambiar, le será muy difícil realizar eficazmente el trabajo terapéutico.

En las Psicoconstelaciones, ya sean grupales o individuales, ante todo se debe tener una actitud de apertura y respeto ante lo nuevo, lo distinto. Las reglas inamovibles, las nociones rígidas solo provocan juicios, discriminación e involución.

Esta plasticidad a la que me refiero es un acto de crecimiento y creación, porque a través de esta nos permitimos cambiar y reinventar/nos.

Por ejemplo, cuando decimos de nosotros mismos que somos tontos, inseguros, depresivos, cuando no nos abrimos a nuevas experiencias, nos afianzamos cada vez más en una posición estática y cerrada, lo cual impide cualquier transformación positiva.

Por todo lo mencionado, la invitación de las Psicoconstelaciones y mi invitación, por supuesto, es entrar en una frecuencia en donde cada uno se permita permeabilizarse, abrirse a vivencias nuevas, sin emitir juicios, sin clasificar o calificar, para dejarse llevar por realidades diferentes y transformadoras.

LOS ÓRDENES DE LA AYUDA17

“Ayudar es un arte. Como todo arte, requiere una destreza que se puede aprender y ejercitar. También requiere empatía con la persona que viene en busca de ayuda. Es decir, requiere comprender aquello que le corresponde y, al mismo tiempo, la trasciende y la orienta hacia un contexto más global”, explica Bert Hellinger en su libro Los Órdenes de la Ayuda.

Todos dependemos de todos. Nos necesitamos. Es vital para cada uno dar y recibir, no solo ser receptor. A veces puede tratarse de un intercambio, pero en otras ocasiones es un acto más profundo y sentido.

Hay ciertos niveles de compromiso, de dedicación y amor por lo que se trasciende el mero dar y recibir.

Bert Hellinger habla de varios tipos de ayuda que me gustaría pasar a explicarles:

Primer orden de la ayuda: Se trata de dar tan solo lo que se tiene y aceptar nada más lo que se necesita, ni más ni menos.

Entonces, cuando uno quiere tomar más de lo que precisa o pretende dar más de lo que posee o es capaz, empiezan los desequilibrios. En las parejas, por ejemplo, es muy frecuente observar que uno le pide al otro más de lo que ese otro es capaz de brindar y, por lo tanto, los roces y las peleas terminan en separación.

Segundo orden de la ayuda: Está relacionado con ayudar y, NO, entrometerse, esto es, socorrer a alguien cuando lo solicita y teniendo mucho respeto por su situación. Ayudar no concede poder sobre el otro, no implica permiso para opinar sobre su vida. La ayuda debe realizarse de manera desinteresada, si no, no sirve, se convierte en otra cosa.

Tercer orden de la ayuda: Se refiere a aquellos que cuando se les pide ayuda tratan de reponer un tipo de asistencia materna o paterna.

Es fundamental respetar los roles. Los ayudadores no deben asumir roles que no les pertenecen. Un terapeuta debe operar como tal y no como padre, un amigo, como amigo y, un colega, como compañero de trabajo, si los roles se cambian la ayuda fracasa y bajo ciertas circunstancias se pueden producir vínculos desvirtuados y patológicos.

Cuarto orden de la ayuda: Se debe entender que el que solicita ayuda no es un ser aislado sino que está inserto en un grupo social, cultural y familiar, solo en ese contexto el ayudador puede realmente entender la verdadera dimensión de lo que esa persona necesita (tanto en el dar como en el recibir).

Quinto orden de la ayuda: Las Constelaciones son herramientas maravillosas para comprender el universo de cada paciente, de cada persona que solicita ayuda. Mediante esta terapia nos acercamos al constelante, observamos su entramado social y familiar, y con un panorama total de su realidad damos la ayuda exacta que aquel pide. Es una terapia de orden, como dije en mi anterior libro Psicoconstelaciones, y de reconciliación. A través de la mediación del terapeuta, la persona obtiene su ayuda en la medida que precisa, de quien precisa y con observación a los lazos de parentesco (consanguinidad o afinidad) que allí están en juego, pero por sobre todas las cosas este tipo de ayuda se caracteriza por una postura completamente amorosa, comprensiva y desprejuiciada tanto hacia el paciente como hacia la persona con la que éste tiene un conflicto. Es la única forma de brindar un verdadero servicio y asistencia.

¿CUALQUIER PERSONA PUEDE AYUDAR?

Está claro que hay diferentes tipos de ayuda y de diferentes órdenes, tal como lo vimos en el apartado anterior. Sin embargo, en este caso particular, quiero hacer referencia a la ayuda terapéutica justa y precisa.

Veamos… la buena ayuda, dice Hellinger, es cuando el profesional no se “mete, hurga o inmiscuye” en los misterios del alma, para luego ofrecerle un “procedimiento avalado científicamente” para restablecer el orden perdido. El verdadero profesional permite que el alma se exprese para que el paciente comprenda lo que debe sanar. Por ende, la ayuda es un arte, el arte de acompañar, el arte de despejar el camino para que el alma se comunique.

“Ayudar desde la sintonía con el otro, con su destino, con su alma, de forma que el otro pueda y deba crecer en ello, eso es un arte”, repite el maestro Hellinger.

Por otro lado, es fundamental para esta tarea no juzgar, no clasificar como bueno o malo, mejor o peor, porque cuando se piensa en esos términos, alguien inevitablemente queda excluido. El amor hacia todos y hacia todo es la clave. La lástima y la compasión no sirven. Estas dos últimas no brindan ni apoyo ni acompañamiento a quien lo necesita, a los terapeutas nos debilita y a los problemas de los clientes/pacientes los fortalece.

FORMAR A CONSTELADORES

Las personas que son parte del equipo de trabajo que coordino se han ido formando en Psicoconstelaciones, sin prisa, pero sin pausa. Antes de brindarles información teórica debieron entender y aceptar el profundo compromiso que representaba asumir este rol. Una vez entendida la filosofía de este trabajo, la técnica se despliega “casi” por sí sola.

Mi equipo tiene los conocimientos adecuados acerca del pensamiento sistémico, lo que implica “ser parte de una familia” y los aspectos esenciales de los Órdenes de la Ayuda y los Órdenes del Amor, de Hellinger.

Poseen, además, una sensibilidad especial para comunicarse con otras almas, para establecer comunicaciones álmicas.

Mis amigos, asistentes y, por supuesto, ayudantes han ido experimentando y viviendo junto a mí diferentes talleres y prácticas; juntos hemos compartido conocimientos para poder intervenir correctamente en cada trabajo constelativo.

Claro está que no todas las herramientas son para todas las personas. No todos pueden, y me atrevería a decir, ni deben sentirse comprometidos a continuar una formación en una herramienta si en el transcurso de esta se dan cuenta que excede lo que están dispuestos a sostener.

Es una responsabilidad que nos compete especialmente a quienes oficiamos como guías… el saber si alguien está preparado internamente para seguir adelante o si es prudente decirle que no es adecuado continuar la formación.

EL TRABAJO COMPLEMENTARIO

“Nadie puede llevar a otro más lejos de donde llegó consigo mismo”, reza un principio que escuché y que comparto siempre porque es clave en la tarea de todos los que nos desempeñamos como terapeutas.

Para conocer y ayudar a otros, es necesario tener la capacidad para conocernos y ayudarnos a nosotros mismos, como primera medida. Sin este principio fundamental es imposible llevar a cabo esta tarea profesional.

Por otro lado, es primordial reconocer nuestras limitaciones y saber acallar el ego cuando es necesario. Una actitud humilde y respetuosa es primordial en esta tarea.

Convertirse en gurúes, figuras mediáticas y maestros reconocidos puede ser tentador pero jamás debe ser el objetivo porque entorpecería nuestro trabajo que es en primera instancia ofrecer ayuda.

La valoración por nuestra tarea es fundamental. El recibir afecto y reconocimiento también lo son, pero no deben obstaculizar el camino que nos trazamos… el de aprender cada día para poder ayudar cada día.

En mi trabajo como psicoterapeuta, he incorporado herramientas complementarias que me hicieron sin duda más asertivo, pero antes de emplearlas las probé, las experimenté y comprobé que serían efectivas para los pacientes.

Creo que no se puede emplear recursos en los constelantes que previamente no hayan sido probados en mi persona, porque algunos podrían resultar inocuos o negativos.

Nadie puede ni debe aventurarse a ser facilitador sin estar debidamente formado, sin tener una base teórica que justifique su práctica y un trabajo interno que permita estar atento a aquello que debemos poder sanar en nosotros mismos.

Son muchos los facilitadores que se aventuran a una práctica y que no saben adecuadamente cómo enfrentar situaciones que se presentan tanto en aspectos de la personalidad del paciente o en el desarrollo de un taller. Esto deja a los pacientes en un estado de ansiedad y desorientación que bajo ninguna manera deben experimentar…

Las maratones terapéuticas donde una persona resuelve en un fin de semana sus dificultades más profundas, prácticas extremas de meditación, dietas sanadoras de días y otro sin fin de ofertas de cambio de vida instantáneos son parte de lo que hoy en día desvirtúa el verdadero y profesional trabajo interno.

Hay que ser cuidadosos… con uno mismo y con los demás, tanto para brindar ayuda como para recibirla.

15 Elzufán, Celia, El terapeuta como junco. Aplicaciones clínicas de terapia breve, Buenos Aires, Nadir editores, 1989, p. 27.

16 Ibíd., p. 28.

17 Hellinger, Bert, Los Órdenes de la Ayuda, Buenos Aires, Alma Lepik, 2006.

EL PROCESO PROPIAMENTE DICHO DE LA PSICOCONSTELACIÓN
CIERTOS PUNTOS RELEVANTES

Repasemos juntos cuestiones fundamentales del trabajo terapéutico.

Entrevista previa: Este primer paso lo considero vital ya que el acercamiento previo al taller permite no solo que el futuro participante me conozca y conozca el espacio sino también que yo pueda evaluar si la persona que me consulta se encuentra emocionalmente preparada para participar en una Psicoconstelación. Es imprescindible, por lo menos para mí, hacer una evaluación clínica antes de integrarlo en una rueda constelativa.

Temas para constelar: Los que necesite el paciente. Pueden ser temas laborales, familiares, relacionados con amistades, con colegas, con la pareja, en definitiva, cualquier cuestión que esté afectando la salud emocional, álmica, psicológica o corporal del consultante.

Preparación para un taller: A cada futuro constelante se le explica cómo debe prepararse para el taller, lo que puede esperar o no del trabajo y ciertos parámetros para no entorpecer la efectividad del tratamiento.

Cantidad de participantes: Considero que todo trabajo de este nivel de profundidad debe hacerse en grupos pequeños, pues permite al terapeuta atender cada detalle y persona, seguir de cerca cada signo, síntoma o manifestación álmica. En grupos muy grandes, según mi criterio, puede no resultar tan efectiva esta herramienta.

Respeto: Salvo muy raras excepciones, no permito que asistan (al taller) personas como meros espectadores; primero, porque es imposible mantenerse al margen de la influencia de lo que ocurre en las Psicoconstelaciones, y, segundo, para preservar un ambiente de profundo respeto e intimidad entre los constelantes. Creo hasta invasivo que alguien venga a ver y a opinar si no está dispuesto a comprometerse emocionalmente con el trabajo.

Herramientas: En los talleres utilizo todo el arsenal del que dispongo: reiki, TPH, meditación, respiración, además, obviamente, de mis conocimientos como psicólogo clínico.

Resultados: Quienes se acercan para constelar, sobre todo la primera vez, deben llevarse una buena impresión de lo vivenciado, deben sentirse más aliviados, y, al mismo tiempo, sentir que fue una experiencia cuidada dado que el trabajo realizado suele abrir puertas internas que tendrán repercusiones en muchos aspectos del constelante. Obviamente, los que eligen volver a transitar el camino sanador de las Psicoconstelaciones percibirán una expansión de la consciencia, lo que los conducirá a la sanación, paz, alegría.

ADENTRÁNDONOS EN LA ENTREVISTA PREVIA A UN TALLER

Tal como expliqué en mis libros anteriores, en estos años de trabajo con las Psicoconstelaciones, así como en todo el desarrollo de mi tarea profesional, siempre consideré de fundamental importancia la entrevista inicial porque con ello puedo armar una impresión diagnóstica para establecer si es o no posible el inicio de un proceso terapéutico específico.

La experiencia adquirida, a través de los años, me llevó a la conclusión de que era fundamental tener este primer contacto también en el caso de los futuros constelantes por el profundo compromiso a nivel psicológico, espiritual, emocional y físico que implica un taller.

Es importante mencionar que a lo largo de mi recorrido, el devenir de las diferentes experiencias fue marcando el camino. Así, en un principio, los grupos más numerosos fueron dejando espacio para la tarea cuidada con grupos pequeños, de la misma manera, la recomendación de un futuro constelante por quien había participado de un taller dio lugar a una preentrevista como requisito sine qua non para participar por primera vez.

También es fundamental este primer acercamiento para que el paciente se familiarice con el espacio en el cual se desarrollará la dinámica terapéutica del taller.

Por medio de ese “primer paso o contacto”, no solo yo realizo una evaluación sino que el propio paciente me observa y establece si hay o no afinidad. Es en este momento donde se produce un desvelamiento mutuo y una comunicación álmica.

Tengamos en cuenta que el alma sabe lo que precisa sanar, y, tratándose de cuestiones tan profundas como alma, espíritu y salud psicológica, es mi deber ético asistir al paciente de la mejor manera posible, para guiarlo por el camino exacto que lo lleve a su sanación.

Esta preentrevista, además de permitir el mutuo conocimiento, posibilita el comprender las expectativas del paciente, sus necesidades y saber si está llevando a cabo otros tratamientos, pues de ninguna manera mi trabajo debe obstaculizar o interferir en el de otros profesionales, como tampoco el consultante debe pedirle a esta herramienta más de lo que puede lograr.

En la terapia constelativa se trabaja con las almas, con la historia, con el presente, para recuperar la capacidad de vivir en paz y en armonía.

Ahora bien, después de todo lo expuesto, sería un error negar la curiosidad como móvil para participar en este tipo de terapia, de ahí, nuevamente, surge la necesidad de la preentrevista. Personas con diferentes características afirman que desean probar “este sistema” porque quieren intentar algo diferente, sin embargo, no saben que en realidad, están siendo guiados por su sabiduría interior para desvelar dolores y emociones que han quedado ocultos y sin procesar.

Debo reconocer que para muchos es muy espinoso revivir acontecimientos o profundizar en su alma, ya que a veces esta puede empezar a transitar por caminos desconocidos y abrir portales regresivos hacia otros planos de consciencia, al escenificar situaciones que son difíciles de comprender desde el pensamiento consciente. Algunos, en cambio, permiten ser guiados hacia esa realidad oculta y temida, son más receptivos y dejan que su alma vibre en perfecta sintonía porque saben que solo así sanarán. En ese momento, la mente se cubre con un velo para que no ingrese ningún pensamiento que interfiera en lo que está ocurriendo como proceso sanador.

El Maestro Daan Van Kampenhout siempre traza un paralelismo entre chamanismo y Constelaciones Familiares con estas palabras: “uno de los principios importantes que han sido comprendidos y se utilizan en la sanación chamánica es que una imagen sanadora creada durante un ritual no debería ser almacenada en la personalidad sino en el alma. De este modo, queda a salvo del alcance de las maneras de pensar habituales”. Son estas maneras de pensar habituales, tratando de comprender, de interpretar lo acontecido las que desvirtúan el proceso. No es propio de la Constelación interpretar, sino ver con otra mirada, la mirada del alma.

Estar dispuestos y disponibles desde una total apertura permite que la mente consciente se relaje y se acceda a este viaje metafísico.

Tomemos en cuenta que toda Psicoconstelación puede leerse en múltiples planos que no podemos llegar a comprender en su totalidad. Estamos ante un lenguaje desconocido que el alma comprende y decodifica. Por ello la importancia de liberarla y dejarla actuar.

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