Kitabı oku: «Contra la muerte en vida»

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CONTRA LA MUERTE EN VIDA

LITERATURA Y CINE

CONTEMPORÁNEOS ESTADOUNIDENSES

E INSTITUCIONES TOTALES

CONTRA LA MUERTE EN VIDA

LITERATURA Y CINE

CONTEMPORÁNEOS ESTADOUNIDENSES

E INSTITUCIONES TOTALES

Márgara Averbach

Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americans

Universitat de València

Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americans

http://www.uv.es/bibjcoy

http://bibliotecajaviercoy.com

Directora

Carme Manuel

© Márgara Averbach

Contra la muerte en vida: literatura y cine contemporáneos estadounidenses e instituciones totales

1ª edición de 2017

Reservados todos los derechos

Prohibida su reproducción total o

parcial ISBN: 978-84-9134-190-1

Imagen de la portada: Sophia de Vera Höltz

Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es

publicacions@uv.es

Índice

Prólogo general

I. LITERATURA

I. A. ESCLAVITUD E INSTITUCIONES TOTALES RELACIONADAS Y DERIVADAS

Esclavitud

1. Memoria oral de la esclavitud: “cuando una vivió en tiempo de la Esclavitú, eso no se puede olvidá”

2. A Mercy y Beloved de Toni Morrison: la mirada africana

Neoesclavitud, neocolonialismo e instituciones totales en los siglos XX y XXI

3. Soledad Brother de George Jackson, literatura sobre instituciones totales

4. El linchamiento en la poesía de Langston Hughes

5. La comunicación y la institución total familia en The Color Purple de Alice Walker

6. El neocolonialismo blanco en el África negra; los estadounidenses en el siglo XX según Les Blancs de Lorraine Hansberry

7. La cárcel y la esclavitud en la ciencia ficción: Lois McMasters Bujold y Úrsula K. Le Guin

I. B. COLONIALISMO E INSTITUCIONES EDUCATIVAS

8. El colonialismo blanco y las instituciones totales en América: Plaga de palomas de Louise Erdrich

9. La escuela como institución total en poemas de Louise Erdrich, Jo Whitehorse Cochrane, Janet Campbell Hale y Simon Ortiz

10. La universidad y los amerindios: Roofwalker de Susan Power y Evil Corn de Adrian Lois

11. La Biblia envenenada de Barbara Kingsolver y la transmisión de pensamiento y valores en las “misiones” colonizadoras en África

II. CINE

12. El final feliz: Hollywood versus cine de minorías

13. Las películas de Disney antes de Pixar: lo que puede decirse y lo que no

14. Jim Jarmush: Dead Man y Samurai Way, choque de culturas y totalidad en la conquista y la dominación

15. Brokeback Mountain: el cuento de Annie Proulx y la película de Ang Lee. La familia como institución total

16. The Big Lebowski: el western hippie y las instituciones totales

17. 25th Hour de Spike Lee (cárcel y libertad)

Bibliografía

Prólogo general

Este libro surge de un programa de la materia Literatura de los Estados Unidos en la Universidad de Buenos Aires, carrera de Letras y también de un proyecto de investigación sobre el tema, en el que analizamos la forma en que se representan algunas instituciones totales en la literatura contemporánea estadounidense, sobre todo la de autores descendientes de esclavos africanos y de miembros de las tribus amerindias.

Las instituciones totales se caracterizan por intentar formar –“formatear” sería, tal vez, una palabra más exacta en nuestros tiempos– a los seres humanos que entran en ellas (voluntariamente o no) según parámetros de esas mismas instituciones1. Se trata de recortar a esos seres humanos a imagen y semejanza de modelos elegidos por las instituciones, modelos sobre los que no se consulta a los formateados. Son siempre instituciones represivas, totalitarias (“totales”) cuyo objetivo es dominar y recrear a sus “objetos” en todos los niveles: el del cuerpo, el de las ideas, el del comportamiento, esencialmente el cultural. Esa operación implica la cosificación de los internos: por eso son “objetos”, no “sujetos”. Las personas que esas instituciones toman a su cargo son “propiedad” de las instituciones y están a merced de quienes las dirigen.

En un artículo que fue seminal para el curso y la investigación, Dennis Childs2 relaciona la esclavitud, institución total que redefine a los seres humanos como bienes vendibles, con la cárcel y otras instituciones en los siglos XX y XXI.

Índice general

En ese artículo, Childs habla de la forma en que la esclavitud, que se abolió a mediados del siglo XIX, sigue entre nosotros en una serie de instituciones que dan forma a lo que George Jackson llama “neoesclavitud”. Es por eso que, según Childs, en su novela más conocida, Beloved3, Toni Morrison no está dando su versión de la esclavitud sino sobre todo su visión del presente de los africanos estadounidenses en los Estados Unidos y de la forma en que se los somete a la neoesclavitud.

No es casualidad que quien define la “neoesclavitud” sea un preso negro, George Jackson, en Soledad Brother4, que reúne sus cartas escritas en la cárcel. La cárcel es el mejor ejemplo de una institución total que copia mucho de la esclavitud: también en ella se intenta destruir a la persona y transformarla en otra, para lo cual se ejerce sobre ella un peso represivo extremo. La cercanía entre esclavitud y cárcel hace que tampoco sea casual que actualmente los movimientos que cuestionan la utilidad de la cárcel se llamen “abolicionistas”, como los que luchaban contra la esclavitud en el siglo XIX.

Por su importancia central en la historia estadounidense, la esclavitud es una institución total que toca gran parte de la literatura de ese siglo, por lo menos hasta la Guerra Civil. Como dice Howard Zinn en La otra historia de los Estados Unidos5, la esclavitud y el genocidio de las tribus amerindias son la base, el ADN de la nación. Tal vez por eso, críticos como Eric Sundquist se preguntan por qué Ralph Waldo Emerson no toca el tema. Es una pregunta que debe hacerse: ¿por qué, cuando la esclavitud era tema central de debate, el gran filósofo del país decidió no comentarla?6

Este libro dedica toda su primera sección (I.a) no sólo a la esclavitud en sí –tal como que se la representa en textos de los siglos XX y XXI– sino también a las instituciones de la neoesclavitud: la violencia racial anti negra (que tratan con tanta claridad los poetas y ensayistas del Harlem Rennaissance; aquí se estudia en los poemas sobre linchamiento de Langston Hughes), la cárcel (que es el centro del libro de cartas de prisión de George Jackson); las dificultades económicas y sociales de la comunidad negra (en la obra de Lorraine Hansberry, Les Blancs7) y el sufrimiento de las mujeres negras bajo la institución “familia” (en la novela de Alice Walker, The Color Purple8). También se incluyen algunas visiones de la esclavitud tal como aparecen en libros del género popular de la ficción científica.

En una segunda sección (I.b), se explora la forma en que algunos autores contemporáneos exploran el colonialismo y el neocolonialismo y el rol de las instituciones educativas como la escuela y la universidad, que también son instituciones totales. En esa sección los autores son mayormente descendientes de las tribus que ocupaban el espacio estadounidense antes de la llegada de los europeos y hay razones históricas que lo explican. La escuela y la universidad son tópicos en las literaturas amerindias estadounidenses, que las presentan como totales con toda claridad a pesar de que no suelen tener ese tratamiento en textos contemporáneos de autores WASP (White Anglo Saxon Protestant, Blanca Anglo Sajona Protestante)9. La escuela es quizá una de las instituciones occidentales más poderosas y naturalizadas del siglo XX, y su uso como institución total fue semejante al estadounidense en otros países de América, por ejemplo, la Argentina, donde Domingo Faustino Sarmiento tenía muy en claro la función que cumple en la formación de una imagen de país y una nacionalidad, tal como las definían en ese momento quienes dirigían el proyecto (en el caso argentino la llamada “generación del ochenta”).

En este punto de la descripción del libro hay que detenerse a pensar en los problemas de clasificación. Como suelo decir en todos los libros en que intento una organización de ideas y textos analizados, el índice –es decir, el resumen de esa organización– no es perfecto: es imposible imponer divisiones a una realidad interconectada. Eso es más que evidente, por ejemplo, en el hecho de que, en el estudio sobre el libro de Jackson, aparece la idea de que la escuela y la cárcel están muy relacionadas tanto que, en cierto sentido, son lo mismo. Sin embargo, este libro se analiza la sección de cárcel. La unión de cárcel y escuela son constantes en otros libros carcelarios como el de Leonard Peltier, My Life is my Sun Dance10, ya estudiado en Caminar dos mundos11.

La razón por la cual se coloca el rechazo de Jackson a pasar por la escuela y su decisión de “auto” educarse –semejantes al rechazo de la escuela en las obras de los escritores descendientes de tribus amerindias– en una sección diferente es que las raíces de ese rechazo son diferentes. En el caso amerindio, la resistencia contra la escuela es parte de la resistencia amerindia, del deseo de impedir que la cultura WASP borrara las culturas amerindias de la mente de los mismos amerindios. En el siglo XX, sobre todo en la primera mitad, la necesidad de defender la supervivencia de la cultura propia se resistió al ataque de la política de asimilación forzosa que se aplicó a los sobrevivientes de las Guerras Indias a través del BIA (Bureau of Indian Affairs, Secretaría de Asuntos Indígenas) y de las escuelas de pupilos (boarding schools) cuyo objetivo final era acabar con la semi independencia cultural que tenía la vida de los grupos amerindios en las reservaciones y empujar a todos los descendientes de amerindios a la asimiliación en las ciudades. Los textos que ven la escuela y la colonización de esa forma –textos de autores mayormente amerindios– se ven en una sección separada.

Finalmente, en una segunda sección general (II) se analizan una serie de películas estadounidenses que tocan el tema de las instituciones totales en un medio que, en general, ha sido siempre vehículo de expansión de la cultura WASP mainstream a nivel global. Aquí, el cine funciona como herramienta en un intento semejante al de la escuela por borrar las culturas locales, a las que relega, rechaza, lee mal y convierte en estereotipos (monstruos o víctimas inermes). Las películas que se analizan en esa segunda sección introducen instituciones totales no tratadas hasta ese momento en el libro y estudian la forma en que las representa el cine dentro de las reglas de su medio, tan distinto del literario no solo en cuanto a recursos sino sobre todo en cuanto a capacidad de llegada y recepción.

Corpus

Es importante señalar que este libro es una visión personal de la forma en que la literatura y el cine estadounidenses iluminan, debaten, analizan y representan ciertas instituciones totales. En un sentido general, el tema puede abarcar una enormidad de textos y películas estadounidenses de los siglos XX y XXI y por lo tanto, la elección del corpus tiene una base cuyas raíces, en muchos casos, tienen que ver con gustos, recorridos e intereses propios.

Tal vez el efecto más interesante del debate sobre el tema sea ayudar a desnaturalizar el funcionamiento represivo de las instituciones sociales y hacer que los lectores estudien sus representaciones con mayor atención: estas obras son llamados de atención que no deberían ignorarse. Y lo son porque son parte de la resistencia contra el intento de borrar la diversidad cultural y a los pueblos que la defienden. Y por lo tanto, son intensamente políticas. En su mayor parte, las películas y textos estudiados aquí son arte político, armas en la lucha por la batalla cultural.

Esclavitud y neoesclavitud

El argumento de Howard Zinn en el título del capítulo dedicado a la esclavitud de su La otra historia de los Estados Unidos (“Esclavitud sin sumisión, emancipación sin libertad”12) plantea una crítica profunda a la historia oficial estadounidense, es decir, al relato más conocido sobre esa institución sureña, relato que se transmite permanentemente a través de instituciones totales como la escuela y la universidad y también a través de productos culturales como el cine de Hollywood.

Según la historia oficial que, en la literatura y el cine se recuerda sobre todo en películas como Lo que el viento se llevó13, basada en la novela de Margaret Mitchell14, la esclavitud del Sur estadounidense era una institución bastante benévola (salvo las excepciones de los “amos malos”) y por esa razón no hubo rebeliones, excepto la de Nathaniel Turner. El relato oficial incluye la idea de que la “cuestión de la esclavitud” se solucionó con el triunfo del Norte en 1865. Así, la concepción oficial de esa institución incluye dos puntos importantes: la sumisión natural de los negros y el hecho de que después de 1865, la libertad de los descendientes de negros africanos esclavizados fue completa.

Zinn dice lo contrario. En cuanto a la resistencia negra, describe con cuidado las diferentes rebeliones en suelo sureño (aplastadas a sangre y fuego por el poder estatal y, en general, ocultadas por el relato oficial) y además afirma que la “resistencia” no se expresaba solamente a través de ellas. Demuestra así la falsedad de la idea de una comunidad negra sumisa, resignada y hasta satisfecha, que aparece en productos culturales como Lo que el viento se llevó.

Este libro no toma el arte y los productos culturales como instituciones totales pero sin duda transmiten cultura de una forma bastante total. Yo recuerdo particularmente la primera vez que vi la película. Incluso a los quince, dieciséis años, noté claramente la diferencia de tonos: el color pastel en el momento anterior de la Guerra Civil, un color sin sombras (como si la esclavitud no lo fuera, como si la vida entonces hubiera sido perfecta) y el sepia amarronado y triste de los años posteriores, cuando el supuesto “paraíso” de la Confederación se ha perdido para siempre. En esa visión, incluso a nivel paleta de colores, el buen tiempo es el de la esclavitud y eso es lo que se transmite una y otra vez al espectador. Nada se dice sobre la oscuridad de la vida en el Sur para la comunidad negra ni antes ni después de 1865; nada se dice sobre la vida de aquellos que, según la Institución Sureña, como se la llamaba, eran bienes vendibles; no seres humanos.

El debate en el que se inscribe el libro de Zinn es el mismo que repiten, reflejan y difunden muchas obras literarias del siglo XIX. Por ejemplo, en “The Murders in the Rue Morgue”, Edgar Allan Poe15 repite los estereotipos del negro como monstruo, una bestia inhumana a la que hay que eliminar cuanto antes. Y en el otro extremo del espectro político literario está Mark Twain (Samuel Clemens) que, en el comienzo de su novela Pudding Head Wilson16, describe el mismo escenario de Gone With the Wind con un juego de lenguaje francamente impresionante en el que pinta una apariencia perfecta que esconde un fondo sombrío, secreto y espantoso. El tono pastel que tapa un espanto terrible. El debate sobre la esclavitud está inscripto también en las obras del canon literario de ese siglo aunque no se las analice en este libro.

En cuanto a las otras estrategias de resistencia negra en tiempos de la esclavitud (borradas en los relatos pro esclavistas) Zinn describe, por ejemplo, la huida y la falta de colaboración en el trabajo (práctica ligada al estereotipo de los negros como haraganes). Esas estrategias, que las obras que se estudian en la primera sección del libro ponen de relieve, parten de una comprensión profunda de la humillación en la que la esclavitud sumerge a los que domina cuando los convierte en un cuerpo que hace lo que desea el amo, un cuerpo sin mente ni deseos propios. Hay que resistirse a esa “muerte en vida” y los caminos van desde el asesinato (centro de Beloved, la novela de Toni Morrison) hasta la huida, pasando por el suicidio. De eso trata sobre todo el género literario de la slave narrative, compuesto por narraciones autobiográficas de la vida de esclavos fugitivos, publicadas en el Norte. Para ser posibles, esas narraciones dependen de la huida misma ya que se producen en libertad, cuando ser esclavo queda en el pasado. Todas dan cuenta de la forma en que la comunidad negra se resistió a la esclavitud, creando, por ejemplo, protocolos de fuga en redes como el “Tren Subterráneo” (Underground Railroad).

En este libro, que analiza textos (escritos, orales y cinematográficos) producidos en los siglos XX y XXI, se comienza con el análisis de una serie de grabaciones de “historia oral”, grabaciones tomadas durante el gobierno de Franklin Delano Rooselvelt a negros que habían sido adolescentes en el momento de la Emancipación y que, por lo tanto, recordaban la esclavitud sureña y también la abolición. El análisis de ese material no puede ser literario (se trata de textos “orales”) pero relaciona los recursos, las tendencias y las formas de esos discursos con la literatura africano estadounidense de la contemporaneidad, relación que tiene mucho sentido porque esa literatura está profundametne ligada a la tradición cultural oral (música incluida) de quienes sufrieron la Institución Sureña.

Como dice el título del capítulo de Zinn y aclara también Eric Sundquist en su artículo17, la esclavitud no se vivió en sumisión, como pretenden la historia oficial y la literatura blanca pro esclavista: al contrario, existieron diversos mecanismos de rebelión, paralelos pero no iguales a los que surgieron en otras partes del continente americano (desde la revolución en Haití, esencial para la historia negra en América en general hasta los quilombos brasileños). Y, por otra parte, la segunda parte del título del capítulo de La otra historia de los Estados Unidos, según Zinn, la Emancipación no significó libertad verdadera para los descendientes de africanos esclavizados. La razón es que esa Emancipación no se dio como fruto de una revuelta al estilo Haití sino como una concesión política controlada por las elites políticas blancas del Norte, que, en lugar de entregar tierras a los negros y compensarlos por cuatrocientos años de esclavitud, los “liberaron” sin darles una forma en introducirse en el sistema capitalista. De ahí proviene lo que los autores del siglo XX llaman “neoesclavitud”, un sistema basado en la dominación económica.

Las secuelas de la esclavitud provienen de esa “no libertad”. Y las resistencias que combaten esas secuelas (agrupables alrededor del funcionamiento del “racismo” en la sociedad estadounidense) incluyen la narración de historias tanto literarias como cinematográficas, que en este contexto son gestos políticos y parte de la lucha.

Hasta el momento, Toni Morrison, Premio Nobel de Literatura 1993, escribió dos novelas que transcurren en tiempos de la Institución Sureña. Como “gestos políticos”, responden a dos objetivos claros: en primer lugar, contar la historia desde un punto de vista negro (no blanco), como pedía Langston Hughes en su famoso poema (“But someday somebody’ll/ Stand up and talk about me,/ And write about me–/ Black and beautiful./ And sing about me,/And put on plays about me!//I reckon it’ll be / Me myself!”18); y en segundo lugar, escribir sobre lo que Jackson llama “neoesclavitud”, es decir la situación y condición de los negros en el momento de la producción de las novelas, el presente de la escritura.

De esa doble función parte Childs en su artículo sobre Beloved, centrado en el episodio en el que Paul D va a parar a la cárcel. Para Childs, Morrison aplica allí una acronología intencional: describe un tipo de institución carcelaria que se dio mucho más adelante en la historia y lo hace para introducir en su narración el presente de los negros. Esa intención también es clara en el hecho de que el libro (tomado cronológicamente) no termina en 1865 sino diez años más adelante, como para dejar bien en claro que la situación no varió tan profundamente después de la abolición… Exactamente la misma operación puede leerse en A Mercy19, que Morrison dedica a los comienzos de la esclavitud y que plantea otro tipo de problemas y situaciones, también ligados al presente.

En cuanto a las formas nuevas de la esclavitud en la contemporaneidad, el análisis de este libro empieza por el concepto de “neoesclavitud”, desarrollado por George Jackson en su libro carcelario, profundamente ligado a las expresiones literarias de las slave narratives. Aunque este libro no estudia ese género (que pertenece al siglo XIX), es importante reconocerlo como antecedente de la literatura contemporánea sobre el tema. La metáfora de la “muerte en vida” aparece por primera vez en ese género y reaparece en el siglo XX.

Jackson afirma que los negros de su país viven muy lejos de lo que les prometía la Emancipación, que están marcados para la cárcel y la muerte desde el nacimiento solamente por ser negros. Él cae preso por un robo minúsculo y nunca consigue salir de la cárcel. “Vive” ahí desde los dieciocho a los treinta y tres años, cuando muere asesinado sin haber vuelto a pisar las calles. Como los personajes de Morrison y muchos autores de slave narratives, llama a esa vida “muerte en vida”. Desde esa situación en la que está “muerto” y también vivo, escribe cartas a su familia y a otros líderes de la lucha de ese tiempo, como Angela Davies, y es en esas cartas que define la “neoesclavitud”, mientras se convierte en líder de las Panteras Negras, en un camino paralelo al de Malcolm X, cuya transformación se cuenta en The Autobiography of Malcolm X de Alex Haley20.

La cárcel y la escuela, que Jackson considera paralelas e iguales están, así, directamente ligadas a las slave narratives, que son antecedentes de todas las obras negras de los autores que se estudian en este libro. Los estudios literarios se interesaron por el género hace poco. Antes se las consideraba solamente fuentes históricas. Uno de los críticos que inauguró este nuevo criterio fue Eric Sundquist, que las definió como el primer género literario estadounidense no copiado de Europa21. Los gustos de la época definían los tópicos del género, y exigían, por ejemplo, la aparición del látigo en escenas de morbo y voyerismo. Esa aparición sigue siendo permanente en todos los productos culturales (buenos o no) que tratan el tema, desde los que perpetúan la historia oficial como Twelve Years a Slave22 como los que hacen una crítica aguda y feroz a la institución y consideran la rebelión negra como esencial; por ejemplo Django Unchained23 de Quentin Tarantino.

La mayor innovación de las slave narratives, el centro de su importancia, es que describen la situación del esclavo desde el punto de vista del esclavo mismo, como pide el poema de Hughes, aunque por razones históricas lo hacen en un inglés muy poco negro, el único que permitían los editores blancos. Así, la representación de la esclavitud en estos textos es muy diferente de la que puede hacer, por ejemplo, una mujer norteña y blanca como Harriet Beecher Stowe en Uncle Tom’s Cabin24, pero al mismo tiempo, las memorias de esclavos están muy marcadas por lo que los editores desean y no desean decir y por el uso político que se les va a dar en la lucha por la abolición.

Después de la Guerra Civil, como dice George Jackson, la Institución Sureña cambió de forma y se convirtió en “neoesclavitud” además de expandirse a todo el país. Las instituciones que la perpetúan son muchas y muy variadas. Los artículos que completan la sección que comienza con el análisis de las cartas de Jackson toman, en primer lugar la obra de Langston Hughes, líder del Renacimiento de Harlem, primer gran movimiento literario negro en el siglo XX. Se analizan aquí los poemas en los que Hughes describe el linchamiento, esa forma ritual y violentísima en que se asesinaba a los jóvenes negros sureños que luchaban contra la neoesclavitud para “mantener en su lugar” a toda la población negra. Los poemas exploran esa forma de represión aceptada por las autoridades blancas, podría decirse que casi institucionalizada tanto que se convirtió en parte de una justicia por mano propia en el Sur.

El análisis continúa con Alice Walker que aporta una mirada femenina y feminista en The Color Purple, novela en la que la institución acusada es, sobre todo, la familia. En esta novela (epistolar, como el libro de Jackson), el centro es la mujer negra, obligada a ser lo que no es no solo por los blancos sino también por los hombres de su propio grupo, los hombres negros. Esa doble dominación es insoportable y Walker cuenta como, desde la “muerte en vida” de su matrimonio, la protagonista, Célie, reconstruye una identidad propia y se auto define en lugar de permitir que la definan desde fuera los modelos de familia de los hombres.

La sección sobre neoesclavitud analiza también dos autores contemporáneos que se ocupan sobre todo de colonización y neocolonización. Y ese tema une a esta sección con la siguiente, I. b, y causa otro problema clasificatorio. El colonialismo y sus nuevas formas están ligados profundamente a la esclavitud y la neoesclavitud. Es difícil separar un tema de otro. Pero los tiempos de la neoesclavitud también tocaron las relaciones de los WASP con otros grupos raciales, étnicos y culturales, como los amerindios.

En el primero de estos análisis, Lorraine Hansberry, la gran dramaturga negra de mediados del siglo XX, toma como tema el colonialismo europeo en África en una obra impresionante, Les Blancs25, titulada así porque está pensada como respuesta a la obra teatral de Jean Genet, Les Negres26. Nuevamente, como pedía Hughes en su poema, Hansberry recupera la voz negra para contar la historia del continente de origen de su comunidad y reescribir la interpretación francesa. Es un intento importante porque África es el centro del mundo para los africano estadounidenses, es la mitad de su identidad doble y la esclavización fue parte de la colonización. El mismo tema toma Bárbara Kingsolver en The Poisonwood Bible (La Biblia envenenada)27, que aquí se coloca en la sección de instituciones educativas porque se refiere al adoctrinamiento religioso, a las “misiones” en África.

El último capítulo de esta sección, estudia la representación del neocolonialismo y la neoesclavitud dentro del género de la llamada “ciencia ficción” (sería mejor llamarla “ficción de la ciencia” pero la mala traducción se impuso hace muchos años y es difícil de rechazar); específicamente, se analizan nuevas formas posibles de instituciones totales en las obras de Ursula K. Le Guin y Lois McMasters Bujold, dos autoras que trasladan este tema a un supuesto futuro de viajes intergalácticos.

Neocolonialismo e instituciones educativas

La sección I.b, está dedicada a las instituciones educativas como la escuela y la universidad, tomadas como armas de colonización cultural. Por las razones históricas que se han descripto más arriba, dentro de los Estados Unidos, los grupos amerindios son los que sufrieron con mayor crudeza el intento de totalización de estas instituciones en particular. La sección empieza con un análisis de la novela The Plague of Doves de Louise Erdrich28, dedicada al colonialismo en general, más que a la escuela. Aquí es necesario aclarar que los representantes de las comunidades amerindias suelen afirmar que para ellos, no hay “neocolonialismo” o “poscolonialismo”, porque para ellos, el colonialismo no terminó nunca, nunca hubo una verdadera independencia: la tierra sigue ocupada29

En la novela de Erdrich, el colonialismo se aplica a través de instituciones totales como la justicia y la policía; y de costumbres como el linchamiento (aunque ya no el linchamiento sureño antinegro sino otro tipo de rito, más semejante al linchamiento del Oeste). En esta novela en particular, se toca particularmente la temática del colonialismo blanco cuando se describe el viaje de varios colonos blancos hacia el Oeste como parte del Destino Manifiesto estadounidense, es decir llevar la frontera de un océano a otro. Erdrich intenta contar una historia –la de la “conquista del Oeste”– desde un punto de vista amerindio: nuevamente, la literatura aparece como parte del deseo de contarse a uno mismo y rechazar las definiciones de otros..

El segundo capítulo de esta sección toma la cuestión de la “escuela” en poemas de Simon Ortiz, Louise Erdrich, Jo Whitehorse Cochrane y Janet Campbell Hale, autores amerindios de diferentes tribus. Estos textos tocan la “escuela” desde distintas perspectivas: en los poemas se puede encontrar desde una crítica a la implantación del secuestro organizado de los hijos de las tribus para depositarlos en escuelas de pupilos diseñadas para alejar de ellos toda “indianidad” hasta la forma en que esa “indianidad” robada vuelve siempre desde la sangre en gestos de identidad y actos de resistencia, de los cuales forma parte la creación literaria.

El análisis de la escuela como institución total es particularmente importante para la formación de futuros docentes o profesores, que suelen no tener en cuenta 30 con la visión positiva de Susan Power, que cuenta la resistencia en instituciones terciarias en los cuentos de Roofwalker31.

En Evil Corn, la “universidad” es otro lugar de “muertos en vida”, zombies destructivos; un mundo en el que el protagonista de los poemas en prosa que componen el libro ve morir a todos los suyos, incluida la Madre Tierra a la que la universidad destruye con agroquímicos y semillas transgénicas. En Roofwalker, en cambio, se relatan los actos de resistencia de individuos amerindios que terminan colonizando a la institución colonizadora universitaria en una serie de actos de apropiación inversa que son pura vida y que muestran el camino a seguir frente a la totalización: un camino en el que la literatura, el arte y la apropiación del “lenguaje del enemigo” (ya que la escuela ha eliminado o borrado el propio) son parte de la lucha.

La sección termina con el análisis de una novela que trata el tema de las misiones europeas (religiosas) en África y que, como ya se dijo, también podría ubicarse en la sección de colonialismo . Decidí colocarla aquí porque lo que me interesa destacar de The Poisonwood Bible es la idea del sermón como institución total32. La novela de Bárbara Kingsolver toma una cuestión de género (el dominio del padre pastor sobre su esposa y sus cuatro hijas, a quienes arrastra a África) pero en realidad, en el centro de su poder como “maestro”, está el neocolonialismo europeo del cual él es y quier ser instrumento. La relación que las hermanas y la madre tienen con África las marca para siempre y les da un lugar en la estructura de la novela. Esa relación va cambiando con el tiempo. En cambio, el padre, el pastor, permanece incólumne. Vino a enseñar, no a aprender. En un contexto del siglo xx, Kingsolver relata la forma en que las naciones europeas trasladan su cultura a todas las geografías del mundo y pretenden que los habitantes originarios de esos lugares las adopten sin cambiarlas, de buen grado, y abandonen las propias. Ese aspecto inamovible y absurdo de la colonización es el que tratan de imponer todas las instituciones totales cuyo objetivo es “enseñar”.

Cine

En los siglos XX y XXI, el cine ha sido uno de los instrumentos de neocolonización cultural de los Estados Unidos y el país es perfectamente consciente de eso. Por eso, el Estado hace lobby para imponerlo en el mundo, pone dinero para que la bandera aparezca en las películas y apoya la industria de Hollywood: porque así se van imponiendo en el resto del mundo las culturas estadounidenses, sobre todo la cultura mainstream, la WASP, que es también la más poderosa. El cine de Hollywood defiende constantemente las instituciones totales de esa cultura y las presenta como necesarias y positivas. En la vereda opuesta, el cine independiente estudia la forma en que esas instituciones formatean, destruyen y cambian a los individuos, y cuenta los actos de resistencia que esos individuos se atreven a llevar a cabo contra ellas.

La institución total que aparece con mayor asiduidad en el cine de acción hollywoodense, tanto mainstream como independiente, es una que no se representa en las obras de la sección literaria de este libro: la corporación. Tal vez por la tendencia más o menos progresista de Hollywood, en general la corporación aparece como un pulpo malvado al que los protagonistas (hombres comunes y superhéroes) combaten con menores recursos, mayor debilidad y mucho heroísmo. La “corporación” está presente en cientos de tramas más o menos tradicionales y repetidas y en muchísimas películas como (la lista es incompleta, fabricada al correr de la pluma) Jurassic Park, Blade Runner, Avatar, muchas de las de superhéroes como la primera serie de películas de Spider Man, etc.33 Esto no implica que no haya también géneros cinematográficos enteros dedicados a instituciones como la “ley”, la policía, la escuela y la universidad, el ejército, las agencias de inteligencia, el Pentágono, los gobiernos federal y estatales, etc.

Las películas que se analizan en los capítulos 13 a 16 pertenecen al cine más o menos mainstream34, con directores conocidos, algunos de renombre y otros no tanto, y una producción cara y muy cuidada. El capítulo 12, en cambio, hace una comparación del funcionamiento del “final feliz” en ese tipo de cine por un lado y por otro en el cine de minorías (con director o control de grupos minotarios). Spike Lee fue uno de estos directores al comienzo de su carrera, cuando filmaba películas sobre la vida de la comunidad negra en su país; junto con directores amerindios como Chris Eyre. El último capítulo analiza la forma en que Spike Lee planteó la encrucijada de los Estados Unidos después de la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, cuando ya era un director reconocido y con poder en Hollywood y podía encabezar una producción grande, en la que se invirtió mucho dinero.

En un análisis más detallado, empecemos por la comparación del “final feliz” entre cine mainstream y de minorías del capítulo 12, central para esta sección en particular. En esa comparación aparecen temas relacionados con las instituciones adyacentes a la “justicia” (cortes, cárceles, policía) y, en el caso particular de una película de Hollywood dedicada a temática amerindia, también la corporación en su aparición más dañina: la que se relaciona con el racismo ambiental y el ataque a las tierras de las reservaciones, declaradas “zona de sacrificio”. El capítulo deja en claro que la visión del mundo de los grupos sociales más alejados del poder cambia no solo las tramas y los planteos sino también los recursos y las estructuras narrativas de productos culturales como el cine (o la literatura). Es decir, en todo producto cultural, cine incluido, hay “visiones del mundo” y esas visiones pesan35.

En el capítulo 13, se hace un análisis de las películas animadas de Disney en el período anterior a la unión con Pixar, momento en que hubo un notable cambio en los modelos sociales que esas películas reflejan. Así, se ve cómo, en el cine dedicado a los chicos de esos años, la descripción de la sociedad puede leerse como un síntoma de aquello que está aceptado a nivel de la clase media, el público masivo del cine: los planteos son siempre más conservadores que en el cine independiente y el cine para adultos. El análisis de las instituciones totales en películas como The Lion King, Aladdin, Beauty and the Beast, The Hunchback of Notre Dame36 es también una clara indicación de la forma en que el cine es consciente de que transmite cultura y tiene en cuenta al público al que va dirigido.

Los análisis de los capítulos que van del 14 al 16 toman diferentes ejemplos de historias de resistencia tal como se las representa en obras de directores de culto como Jim Jarmusch, Ang Lee y los hermanos Coen, cada uno dentro de su estética y sus intereses. En el caso de Jarmusch, se analizan dos películas cuya temática tiene que ver con los dos grupos sociales minoritarios que se analizan en este libro, negros y amerindios, pero desde una perspectiva diferente, que muestra también el creciente multiculturalismo de la cultura estadounidense tomada en general.

En el caso de Ang Lee, se compara la forma en que la película de ese director refleja a la familia como institución total violenta, con lo cual volvemos al tema de género que se vio antes en el análisis de la obra de Alice Walker. Tanto la película de Lee como la siguiente, de los hermanos Coen, tienen al western como género de origen y eso es particularmente interesante en películas que se atreven a desviarse de las ideas principales de ese género, que es el centro del mito de la cultura WASP.

En el capítulo 17, el último, se hace un análisis de 25th Hour37, película en la que Spike Lee plantea una gran metáfora narrativa de su país después de la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre. Se trata de una visión en la que el personaje que representa al país toma el peor de los caminos posibles: decide encerrarse en la institución total paradigmática, la cárcel, en lugar de optar por una solución alternativa, rebelde, que lo llevaría de nuevo a los mejores sueños de la nación. Además de la cárcel, aparecen aquí la escuela, la universidad, la bolsa y las corporaciones, y por supuesto, el dinero y la ambición en general.

***

Los escritores que se analizan en la sección I escriben una literatura política que analiza constantemente las relaciones de ciertos grupos minoritarios (negros y amerindios por un lado, mujeres por otro) con las instituciones totales de la “esclavitud” y la “neoesclavitud”, el “colonialismo” y el “neocolonialismo”: la escuela, la universidad, la policía, la justicia, la cárcel. Lo que gritan todos estos textos es que no es verdad que se haya llegado al “post racismo”, como bien lo demuestra en estos días el resultado de la elección presidencial. La literatura, como tantos otros campos de las artes, es testigo de la permanencia de las relaciones desparejas entre grupos diferentes y de la necesidad de contar la historia propia y no dejarse definir por otros si se desea mantener la diversidad cultural, muy atacada por la globalización.

En la sección de cine, se toman películas cuyas intenciones políticas son evidentes y claras por un lado y por otro, se trata de mostrar la forma en que las películas “mainstream” ocultan el carácter político de lo que cuentan. En todos los casos, transcurran o no en el presente, el cine cuenta historias que terminan comentando la situación contemporánea y que utilizan cualquier momento histórico anterior para hablar de ella y buscar caminos y soluciones a las crisis políticas, humanitarias y sobre todo culturales de ese momento, o por el contrario, apoyar la situación naturalizándola o negándola.

Todas estas visiones del momento contemporáneo muestran la lucha entre la tendencia cada vez mayor a la homogeneización cultural, apoyada por las instituciones totales, por un lado y por otro, los muchos intentos de resistencia que provienen de grupos con poco poder, colonizados por las culturas de origen europeo.

I

Literatura

I.A. ESCLAVITUD E INSTITUCIONES TOTALES

RELACIONADAS Y DERIVADAS

Esclavitud

1. Memoria oral de la esclavitud:

“cuando una tuvo que viví en tiempo de la esclavitú,

eso no se puede olvidá”

Durante varios años, fui parte de un grupo de investigación de Historia Oral, dirigido por el doctor Pablo Pozzi en la Universidad de Buenos Aires. Así, yo, que venía del campo literario, formé parte de un grupo conformado, en su mayor parte, por historiadores y sociólogos. Aprendí mucho, como siempre que se dejan de lado los límites impermeables a los que nos tiene acostumbrados el estudio especializado en Occidente. Dentro del marco de ese grupo, escuché, seleccioné, traduje y analicé una serie de testimonios de Historia Oral que se recopilaron durante el gobierno de Franklin Delano Rooselvelt38: una colección de entrevistas a negros sureños que habían sido esclavos hasta la abolición. La leí, elegí testimonios en los que se veían con claridad ciertas características, escenas y tópicos de la literatura afroestadounidense contemporánea y las traduje. El trabajo se trasladó a Memoria oral de la esclavitud, un libro de la Biblioteca de Historia Oral39.

Estos textos orales son importantes como antecedentes de recursos y tendencias en las obras de autores como Alice Walker, Toni Morrison, Richard Wright, James Baldwin, Langston Hughes y otros. Para empezar el análisis, hay que aclarar en breves palabras el sentido de la Historia Oral y sus supuestos ideológicos, que la acercan mucho a los de las literaturas de minorías que se discuten en este libro.

La Historia Oral quiere dar voz y hacer visibles a grupos sociales generalmente olvidados por la Historia europea, esa ciencia humana que surgió como una de las divisiones del conocimiento en la tendencia a la fragmentación del siglo XVIII europeo. Esta ciencia histórica se centra en su única fuente: los textos escritos. Las consecuencias ideológicas son enormes ya que la escritura pertenece solamente a la parte de la humanidad que ha aprendido a leer y escribir. Tan centrada en la escritura está la Historia que llama “Pre-historia” a lo que pasó antes de la invención de esa técnica. Las fuentes posibles son siempre las clases altas (por lo menos hasta la ampliación del alfabetismo). Todo lo que se cuenta, se cuenta desde ese punto de vista y sobre esa base. Las ideas, sentimientos, experiencias, visiones de quienes no saben leer y escribir están completamente ausentes de la Historia tradicional. Cuando se hace Historia Oral, en cambio, se toman como fuente los testimonios de quienes no saben escribir o no lo hacen constantemente. Como pedía Hughes, se permite así que los sectores que no acceden a la escritura cuenten su propia historia en su propia voz. No es poco.

El caso de la esclavitud es especialmente interesante porque la esclavitud, como ya se dijo en el Prólogo, se contó casi siempre desde el punto de vista de los blancos, y muchas veces, los blancos esclavistas que, por otra parte, fueron los grandes “padres de la patria” en los Estados Unidos de la Independencia. Por otra parte, la voz de los esclavos no llega a la Historia porque se prohibía escribir a los esclavos.

La colección de testimonios orales de personas que habían sido esclavas antes de la abolición trata de equilibrar la balanza y escuchar las experiencias de los negros anafalbetos que recuerdan la esclavitud, la Guerra Civil y la emancipación durante la década de 1930, cuando ya son viejos.

Testimonios orales y literatura

En 1988, cuando se publica The Signifying Monkey de Henry Louis Gates Jr.40, ya hacía mucho que estaba clara la relación entre la literatura escrita de los negros estadounidenses por un lado y la cultura popular, la oralidad y la música de ese grupo social por otro. Durante años se dijo que, en la década de 1920, el movimiento Renacimiento de Harlem –que contó, entre otros, con autores como Stearling Brown, Langston Hughes, Jean Toomer, Countee Cullen, Claude McKay, James Weldon Johnson– había tenido que inventar una literatura “negra” diferente de la blanca, partiendo solamente de la música. Hoy, desde la llamada “ampliación” del canon, se entiende que ya había una gran tradición literaria negra en el siglo XIX y que fue esta tradición la primera en crear un género originariamente estadounidense (no calcado de Europa): la slave narrative.

Escritas por esclavos fugitivos antes y durante la Guerra Civil estadounidense, publicadas por los grupos abolicionistas que las utilizaron para su causa, introdujeron innovaciones estructurales, temáticas y lingüísticas en la literatura. Sin un estudio amplio que considere tanto las slave narratives masculinas (por ejemplo, la de Frederick Douglass41) como las femeninas, (por ejemplo, la de Harriet Jacobs42), es imposible comprender la literatura negra del siglo XX.

Las slave narratives –literatura escrita, no oral– son memorias de esclavos fugitivos que examinan sus recuerdos de la esclavitud desde la libertad (en el Norte). Los testimonios que traduje para el grupo de estudio de Historia Oral muestran estrategias discursivas, temáticas y retóricas que reaparecen (muy enmascaradas) primero en las slave narratives escritas y después, (más abiertamente) en la literatura negra del siglo XX. Una comparación cuidadosa entre este material y Beloved, de Morrison43 mostraría hasta qué punto están unidos por pautas culturales y estrategias de representatividad, manejo de lenguaje, uso de ironía y estrategias de conocimiento, entre muchos otros puntos.

Las slaves narratives evitaron cuidadosamente el uso del llamado vernacular, la jerga oral popular negra. El uso de esa jerga les era imposible por razones estratégicas tanto propias como de los abolicionistas: tenían la necesidad de demostrar que los negros eran humanos capaces de manejar la lengua considerada “correcta” y la tecnología de la escritura, no un grupo con la mentalidad de un chico blanco de cinco años.

Sin embargo, los rastros del “vernacular” están ahí porque, como argumenta Henry Louis Gates Jr., ese idioma es la base de la identidad de los negros estadounidenses, junto con la música y la cultura mestiza que fundaron en las grietas que les dejaba la esclavitud. Ese idioma y esa música fueron las herramientas principales de la cultura negra en la lucha por la identidad propia, una identidad humana “diferente”. El “vernacular” deriva del idioma del conquistador, el idioma de los “amos”, pero lo modifica para adaptarlo a otras ideas, usos, realidades, visiones del mundo y deseos del grupo propio. La creación de ese idioma es semejante al llamado “reinventar el idioma del enemigo”44 de los autores amerindios.

Gates llama al conjunto de esas adaptaciones e innovaciones “Signifyin(g)”, –la mayúscula y la g entre paréntesis diferencian esa palabra de “signifying” en el inglés estándar45. El crítico sostiene la importancia de los hilos culturales que cruzaron el Atlántico en los barcos negreros durante el llamado Middle Passage, el momento en que los negros viajaban en las bodegas. Ciertas ideas, estrategias de representatividad y mitos –ciertas “visiones del mundo”, diría Goldmann46–consiguieron llegar al otro lado del océano y constituirse en identidad cultural. Según Gates, eso puede rastrearse en la cultura de la diáspora negra americana, desde Brasil y Argentina hasta Canadá47. De esas huellas, el crítico selecciona para el análisis la figura de un trickster yoruba llamado Esu y explica que, como todo trickster,48 Esu es un mediador cómico, un mensajero entre mundos, un intérprete, un puente. Para Gates, lo esencial es que las lecturas que hace el trickster de la realidad son no occidentales ya que rechazan el significado fijo y el pensamiento binario y optan por la indefinición, la ambigüedad y la multiplicidad de sentidos. Esu es un “lector divino”49 y su lectura hace comprensible el texto que transmite la voluntad del dios Ifa aunque no lo fije nunca en una sola relación significantesignificado50.

En realidad, Esu es un principio de incertidumbre, y la incertidumbre y la ambigüedad –y por lo tanto, la complejidad del mundo y el rechazo de las explicaciones binarias de la “verdad”– están presentes como rasgos principales en muchos de los ejemplos de testimonio oral que se analizan aquí y son estrategias constantes en la literatura de los autores afroestadounidenses contemporáneos. En el viaje a América, Esu se convierte en el Signifying Monkey (el mono que significa), y esa figura –que contradice y ataca la relación entre negros y monos, típica del discurso racista, ya que se trata de un mono capaz de jugar con el sentido, de significar (Totalmente de acuerdo, gracias)– es el centro de las estrategias retóricas que analiza Gates en su libro. Para nuestros propósitos, es esencial comprender el sentido que da el crítico a la actividad llamada Signifyin(g), que podríamos traducir como Significa(r), ya que en muchos testimonios orales, la primera persona narradora se dedica a esta actividad y lo mismo puede decirse de los personajes en la literatura afroestadounidense contemporánea.

Para resumir en forma muy breve una larga explicación de base casi deconstruccionista51, Gates afirma que el signifying (en minúscula y con g final, es decir, tal como se da en el sistema del inglés de los blancos) tiene que ver con la búsqueda de un sentido único para cada significante. En cambio, lo que los afroestadounidenses llaman Signifyin(g) (con mayúscula sin g final) consiste en jugar con las palabras buscando intencionalmente el doble sentido, la duda y la inestabilidad de los conceptos, la manipulación de la connotación y la denotación. Se trata de una serie de juegos que tienen que ver con el insulto, la burla oral y la provocación; lo que pretenden –y esto es esencial para cualquier análisis de testimonios o literatura escrita sobre la esclavitud desde el punto de vista del esclavo– es una reversión del esquema de poder en el que, como en los mitos africanos que rodean al “mono que significa”, el más débil (el mono) se burla del más fuerte (el león) y lo vence con las palabras que le permiten manipular también a otro grande, el elefante. Gates aclara que, cuando se impone un nuevo sentido a un significante (como han hecho los negros con muchas palabras, entre ellas el verbo signify, significar), el sentido anterior sigue ahí y el efecto es el de un palimpsesto en el que se ve la primera pintura a través de la segunda. Por esa razón, el crítico llama a este uso lingüístico, discurso “de dos voces” (double voiced). El discurso de dos voces rechaza explícitamente el pensamiento binario occidental y su deseo de establecer relaciones de tipo función (uno a uno) entre significante y significado. Por otra parte, el tono cómico de ese rechazo relaciona a la persona que Significa con la figura del trickster: su única herramienta es la palabra y con ella, funda una nueva forma de ver el mundo y se corre a un costado, se escurre entre las grietas para evitar las definiciones de las instituciones totales, como la esclavitud.

El Signifyin(g) está profundamente ligado con la cultura popular negra y aparece en competencias de juegos de palabras, en la composición de letras de rap, en las competencias entre raperos, “payadas” en otro ritmo, se diría en Argentina, yen muchas otras actividades culturales y de recreo del grupo.. Signifyin(g), entonces, es el nombre de una serie de estrategias retóricas –que Gates describe y analiza52 con cuidado–, relacionadas con una comprensión no occidental del mundo y del lenguaje, y al mismo tiempo con la defensa de la diferencia cultural frente al desprecio y los intentos de “asimilación forzada” que ejercen las instituciones totales y toda la sociedad blanca en la que se implanta a la fuerza a la población negra traída desde África.

En los fragmentos seleccionados de los testimonios orales, los entrevistados utilizan recursos lingüísticos del tipo que describe Gates para “narrar” la esclavitud. Como hacían las slave narratives en otro dialecto y por escrito, la “narran” para apropiarse de la historia dentro de una institución total que los definía como objetos vendibles, como bienes, e instalar un relato propio que instaure la humanidad de los negros y la defienda del relato institucional sureño. La condición oral de los testimonios, presente en las cintas grabadas, está marcada en diversos elementos (vocativos, preguntas directas, pronunciación típica del “vernacular”, guiños al entrevistador) yes el fondo concreto sobre el cual estos ancianos negros reconstruyen y representan a la esclavitud desde un punto de vista que es al mismo tiempo personal y grupal. A pesar del dramatismo y el horror de los testimonios, son constantes el humor, los juegos de palabras y la apelación a la mentira y la sonrisa como armas de defensa contra amos y capataces y la ley que los protegía, armas que no excluyen la máscara. Es esencial prestar atención a la conciencia clara que tienen los ex esclavos de temas nada inocentes dentro del debate sobre la esclavitud, temas que la derecha estadounidense sigue tratando de borrar actualmente, sobre todo el fondo económico de la llamada “Institución Sureña” y la relación de la explotación del trabajo negro con su contraparte, el miedo tremendo de los blancos del Sur a la comunidad negra en general.53

Para Gates, la estrategia discursiva central del Signifyin(g) es la revisión crítica. Justamente la revisión crítica es el gesto constante en estos testimonios orales y también en la literatura afroestadounidense en general. La comunidad negra repite el discurso colonizador pero lo hace desde la ironía, desde la burla y lo reescribe (por oral o por escrito) mostrando las costuras de un tejido que los blancos quieren definir como liso, homogéneo, abierto, sin mecanismos secretos. Es decir, tanto en la oralidad como en la escritura, se trata de destruir completamente la Historia Oficial de la Esclavitud.

Todos los fragmentos elegidos (y muchos que no entraron en el libro Memoria oral de la esclavitud), revisan la narración blanca de la esclavitud y hacen visible lo que se trata de ocultar. Es decir, se vuelve a narrar el tiempo de Lo que el viento se llevó para hacer estallar la mirada del amo. El resultado es un relato crudo, lleno de escenas de terror y sufrimiento, pero la estrategia del Signifyin(g) es casi siempre el humor y eso es muy útil al propósito de contar la vida dentro de la esclavitud sin convertir a los narradores en “víctimas indefensas”, incapaces de defenderse.

Estas estrategias tienen consecuencias políticas porque dan poder a los ex esclavos, un poder que proviene del tomar posesión de la propia historia y a través de ella de la Historia misma. Esa toma de posesión es una forma más de afirmar que no basta con que el presidente pida perdón en el Congreso ni con reconocer el enorme esfuerzo de los negros secuestrados en África en la construcción de los Estados Unidos. La reparación debe ser, entre otras cosas, económica. Así solamente puede empezarse a revertir las marcas que ha dejado la esclavitud, tanto entre los descendientes de esclavos como entre los amos54.

Ejemplos de testimonios y análisis

LEAH GARRETT

Como tantos otros en esta selección, Leah Garrett quiere desenmascarar la esclavitud y como corresponde a la cultura del Signifyin(g), ese desenmascaramiento se plantea a través de un exemplum, un relato de crueldad absoluta en el que la narradora ataca uno por uno a vastos sectores de la cultura blanca del Sur: predicadores, mujeres, niños, otros amos. Como en la novela de Harriet Beecher Stowe55, aquí se postula la idea de que la esclavitud contaminaba a todos; de que, en realidad, no había “amos buenos”. Este relato, que ya formaba parte del abolicionismo blanco, se repite aquí desde el punto de vista de los esclavos y desde ese lugar, se demuestra que bajo la esclavitud, nadie está a salvo: ni las mujeres ni los chicos ni los hombres que tratan de defender a sus esposas. Se ofrece así una visión panorámica de las actitudes de todos los involucrados en la Institución Sureña.

La última historia que cuenta Garrett es el otro lado de la trama en otro sentido: se refiere a la resistencia. El esclavo que hace huir a su mujer se comporta como un trickster frente a la institución total y gana la pulseada. Queda claro en la anécdota que la vida en el bosque es mucho mejor que la vida como esclavo –más cómoda incluso: se enumeran las diversas comodidades de la cueva donde habita la pareja--. Durante años, el matrimonio se las arregla para vivir fuera de la esclavitud delante de las narices de los amos y ese triunfo es una reversión de poder. La imagen de los hijos los acerca a Esu, el trickster africano, tal vez ya convertido en mono (pequeño, moreno, peludo, la descripción es casi exacta). En última instancia, como sucede con los tricksters, el castigo es para el amo y no para el esclavo porque incluso económicamente, el blanco pierde, se queda con una esclava menos por querer castigarla. Y por otra parte, en una demostración de la conciencia que tiene la narradora de la importancia del contarse a sí misma, la historia explica que, para los ex esclavos, es importante contar la esclavitud desde la voz del esclavo.

Sé tanta cosa sobre lo tiempo de la esclavitú que nunca la voy a podé contá toda... En eso día, lo sacerdote eran tan malo y mezquino como cualquier otro hombre. Había un hombre que la gente llamaba un buen predicadó pero era uno de los hombres má pero má malo que conocí... Cuando estuve en la esclavitú bajo ese hombre, hizo tanta cosa mala que Dio lo mató muy pronto. Su esposa o chico se enojaban con uno y si le decían algo a él, siempre te azotaba. La mayó parte del tiempo, azotaba a su esclavo cuando no habían hecho nada de nada. Una mañana de domingo, su esposa le dijo que la cocinera nunca hacía nada de lo que ella le decía... Apena lo terminó de decí, él saltó de la mesa, fue a la cocina y sacó a la cocinera al porche donde siempre azotaba a lo esclavo. Ella rogó y rezó pero él no prestó atención. La puso en que lo que llamábamo la hamaca y la azotó hasta que ella dejó de gritá. La pobre ya tenía problema de corazón; po eso estaba en la cocina, pero él la dejó colgada ahí y fue a la iglesia, predicó y dijo que servía al Señó... Cuando volvió a casa, ella estaba muerta. Cada vez que el amo lo tenía a uno ahí arriba, nadie lo podía bajá. A veces un hombre ayudaba a su esposa, pero la mayó parte de la vece, lo azotaban po eso despué.

Otro amo que tuve tenía un tonel pa azotá a su esclavo. Este tonel tenía do o tre aro alrededó. Lo ataba a uno alrededó del tonel y lo azotaba hasta que uno sangraba. Todo el mundo hacía que uno se desnudara pa azotarlo, no le importaba que alguien lo viera a uno desnudo. Alguno chico iban a buscá palo y lo pinchaban a uno mientra el amo lo golpeaba con el látigo. A vece, eso chico también pegaban en la cabeza, y su ma y pa no sabían lo que era paralos.

Otra forma que tenía el amo de azotá era en un yunque que tenía en lo establo. Ahí azotaba cuando estaba enojado en serio. Tenía tronco junto con agujero pa lo pie, la mano y la cabeza. Tenía una forma de abrí eso tronco y ponélo a uno ahí. Despué, hacía que el cochero le diera a uno tanto latigazo y lo dejaba a uno ahí tanto día y tanta noche. Po eso lo tenía en el establo pa que a uno no le lloviera encima. Todo lo día, uno recibía el mismo número de latigazo. Nunca se podía sentá.

Yo tenía un primo con do hijo. La mayó tenía que cuidá de lo nieto del amo. Lo escalone del frente eran muy alto y un día la pobre se cayó po ahí con el bebé. La esposa y la hija aullaron y se pusieron terrible y cuando volvió a casa el amo, seguían aullando como si el bebé estuviera muerto o muriéndose. Cuando le contaron, levantó una madera y golpeó a la pobre chica y la mató ahí mismito. Despué le dijo a lo esclavo que la llevaran y la tiraran al río. Su mamá rogó y rezó pero él no prestó atención; hizo que tiraran a la pobre nena ahí mismo...

Uno de lo esclavo se casó con una joven y la pusieron a trabajá en la “Casa Grande”. Un día, la Señora le saltó po algo y la chica la golpeó pa defendese. La Señora le dijo que iba a hacé que el Amo la pusiera en lo tronco y la azotara. Cuando la chica fue al campo y contó eso a su esposo, él le dijo dónde escondese y que se quedara hasta que él fuera ahí a buscala. Esa noche, le llevó la cena. La llevó a una cueva y puso aguja de pino pa que ella pudiera dormí. Le arregló la cueva ésa como una casa, sí, toda, pa ella, puso un horno y sacó un caño desde el pantano. Todo el mundo se preguntó cómo había hecho pa tendé ese caño, porque no cocinaban hasta la noche cuando nadie veía el humo. Puso un techo de tronco de pino en la cueva, hizo varia cama y mesa, de madera de pino y vivieron en esa cueva durante siete año. En ese tiempo, tuvieron tre chico. Nadie estaba con ella cuando nacieron lo tre chico, sólo su marido. Lo chico no tenían ropa, apena un pedazo de tela que le ataban en la cintura. Eran peludo como gente salvaje y salvajes, mucho. Cuando salían de la cueva, corrían cada vez que veían un conejo.

Y lo siete año vivieron en la cueva, y la gente ayudó con comida. El esposo la llevaba hasta cierto lugá y ella iba y la recogía. La gente pasaba por la cueva mil veces pero nadie sabía que esa gente vivía ahí. Nuestro Amo no sabía dónde estaba ella y llegó la libertá ante de que ella pudiera salí del todo56.

DELICIA PATERSON 57

La historia de Delicia Paterson está basada en el oxímoron, una figura típica del Signifyin(g) y aquí, una herramienta más en la resistencia contra las lecturas binarias de las culturas europeas. Algunos ejemplos: los amos eran buenos pero la azotaron por resistirse a un castigo; el amo tiene derecho a castigarla pero cuando lo intenta, ella se escapa; la venden, pero ella, que supuestamente es una cosa, un bien intercambiable, se resiste a la venta y maneja las cosas a su manera, invierte las relaciones de poder y se da el lujo de rechazar a un amo; es propiedad del amo pero decide cuándo quiere volver, entre otros ejemplos.

En cada uno de esos casos, Delicia Paterson ataca los presupuestos de la esclavitud como institución total desde adentro y afirma su humanidad, su independencia, su rebeldía, en nada parecida al estereotipo del esclavo sumiso y satisfecho en las representaciones tradicionales al estilo Lo que el viento se llevó.

En ese sentido, es ejemplar el episodio del juez, en el que ella se declara decidida al suicidio antes que ser esclava de un hombre al que no tolera y así, mediante un acto de sinceridad que afirma la independencia y al mismo tiempo el carácter intolerable de la esclavitud, consigue que el juez no la compre: ella se defiende con el lenguaje solamente, no se trata de una resistencia física. Es el lenguaje el que le da la capacidad de declararse libre, le permite decidir quién no va a ser su amo. Como todo lo que tiene que ver con la esclavitud, el argumento que usa Delicia Paterson es económico: el juez no se atreve a comprar algo que podría perder fácilmente. Dentro de la teoría de Gates, ella Significa al juez, lo manipula utilizando como arma la importancia que él le da al dinero. Su manipulación y su “libertad” tienen límites (no puede hacer que la compre quien ella quiere) pero en el relato ella demuestra que es una persona y consigue decidir algo a pesar de que está en las garras de una institución total que la define como objeto.

Nací en Boonville, Missouri, el 2 de enero de 1845. El nombre de mi madre era María y el de mi padre era Jack Wiley. Madre tenía cinco hijos pero solamente crió a dos de nosotros. Mi amo era Charles Mitchell hasta que tuve 15 años. Ellos eran bastante buenos con sus esclavos y tenían muchos. Solamente me azotaron una vez en los 15 años que pasé ahí y eso fue porque estaba trabajando en el jardín con una de las hijas de mi amo y yo le salí con algo que no le gustó así que ella va y me da un cachetazo por eso.

Me puse tan loca que levanté una azada y la corrí todo el camino hasta la casa grande y claro que me azotaron por eso. Ni siquiera tenía que dormir en las chozas. Dormía en un camastro con los hijos del amo. Yo era un sol en cualquier lugar en que trabajara porque era siempre muy limpia y cuidadosa y buena trabajadora.

Cuando tuve 15 años, me llevaron al juzgado y me subieron a la tarima para venderme. El juez Miller de mi condado estaba ahí. Yo lo conocía bien porque era uno de los dueños de esclavos más ricos del condado y el más malvado. Era tan cruel que todos los esclavos y muchos dueños lo odiaban por eso. Él me vio en la tarima y sabía que yo era una buena trabajadora así que cuando empezó a ofrecer dinero por mí en la subasta, yo levanté la voz en la tarima y dije:

–Juez Miller, no ofrezca dinero por mí porque si lo hace, yo no voya vivir en su plantación. Voy a buscar un cuchillo y me voy a cortar el cuello de oreja a oreja antes de que usted sea mi dueño.

Así que él se retiró y dejó que otros ofrecieran dinero. Mi propio padre sabía que yo estaba en venta, así que trajo a su amo para que me comprara y pudiéramos estar juntos. Pero cuando el amo de mi padre oyó lo que le dije al juez Miller, le dijo a mi padre que no quería comprarme porque yo era una descarada y nunca había tenido un negro que fuera descarado y no quería una descarada. Eso rompió el corazón de mi padre pero yo no podía hacer nada al respecto. Otro negrero que estaba junto al amo de mi padre dijo Yo no tendría un negro que no tuviera algo de agallas. Así que me vendieron a un inglés sureño llamado Thomas B. Steele por $1500. El señor Steele tenía una vieja esclava que hacía años vivía en su casa como mucama de la casa y su esposa no la quería y había tenido que venderla para mantener la paz en el hogar y me puso en su calesa y me llevó a casa con su esposa y le dijo:

–Te traje otra chica, Susanna, pero no quiero que le pongas ni un dedo encima cuando desobedezca. Me lo dices a mí y la castigo yo.

Viví en esa familia hasta que terminó la Guerra Civil. La familia de la esposa del señor Steele tenía una familia muy grande y visitaban mucho a los Steele. Al señor Tom no le gustaban porque eran yanquis y los Steele eran de los Rebeldes. Así que cada vez que el señor Tom estaba de viaje y sabía cuándo se iba, su esposa traía a toda su familia a su casa y la visitaban, y eso iba contra los deseos de él. Él me dijo que le informara cada vez que sus parientes venían a la casa y cuánto tiempo se quedaban y le dijera todo cuando él volviera a casa y que él dejaría órdenes en la casa para que me dejaran trabajar en el campo para que no tuviera que atender y molestarme con esa familia tan grande. Cuando él se iba, los parientes de su esposa venían a la plantación así que yo tenía que trabajar en la casa para ellos y era tanto trabajo que no tenía tiempo ni de mirar el campo.

Cuando el amo volvió, le dije. No había trabajado en el campo y por qué. Él y su esposa tuvieron una pelea muy fuerte sobre eso y ella me odió mucho tiempo, la idea de que su esposo le creyera a una negra y no a ella y la maltratara por eso... Pero él no la dejaba molestarme por nada así que me quedé con ellos hasta que un día, mientras yo tenía un abanico en la mano para espantar las moscas mientras ellos comían, ella le dijo algo que yo había hecho que no le había gustado. Para quedar bien con ella, nada más, él me sacó el abanico de la mano y me golpeó un poquitito con él. No me dolió nada pero me puso tan loca que fui directamente a la cocina, dejé todos los platos, me puse el sombrero y me escapé. Me quedé dos semanas lejos. Él mandó a todos los que él suponía que sabían dónde estaba yo para que me persiguieran y les dijo que me dijeran que si yo volvía a casa, nadie me molestaría. Yo me escondí en los bosques por dos semanas enteras y no tuve nada de miedo. De noche, iba a alguna de las chozas de los esclavos que eran mis amigos y comía y me quedaba toda la noche. Así que volví solamente después de dos semanas de ser esclava fugitiva y nadie me molestó nada. Fui con ellos a San Luis durante la Guerra Civil58.

FANNIE BERRY

En este fragmento, con evidentes marcas de jerga, hay una serie de estrategias relacionadas con la sexualidad que reaparecen constantemente en las slave narratives escritas por mujeres, en las que, por supuesto, no hay jerga (como sí la hay en este testimonio oral). En las slaves narratives escritas, las autoras siempre piden disculpas por sus propios actos, tal vez porque el abolicionismo, muy marcado por la religiosidad protestante, siempre ve culpa en una mujer violada y las slave narratives aparecen en la prensa abolicionista.

En la narración, Fannie Berry se defiende de los intentos de su amo con lejía, que es una de sus herramientas de trabajo y con el conocimiento que tiene de las relaciones entre el amo y su esposa. También aquí, la esclava se comporta como trickster, capaz de utilizar todo lo que tiene para resistir y hasta de bromear sobre el tema como cuando dice que “se olvidó de azotala”. La literatura afroestadounidense, por ejemplo, las novelas de Toni Morrison sobre la esclavitud, también hablan de estrategias de defensa; pero, como sucede en toda la litertura de los siglos XX y XXI, ya no recurren a la elisión para tocar el tema del sexo ni el de la violación. Al contrario, la escena de violación se vuelve tan importante aquí como la del castigo con látigo para atacar a la Institución Sureña.

El fragmento incluye un episodio de Signifyin(g): cuando la narradora dice al que la revisa en la subasta que vea si no tiene dientes en la vagina. Ese chiste casi trágico (y, dada la situación de la mujer, muy valiente) es una forma de definirse a sí misma no como víctima sino como mujer peligrosa, capaz de hacer daño a los que la dañan justo en la parte del cuerpo que ellos usa para atacarla. Y al mismo tiempo, se burla de las leyendas masculinas sobre la mujer “salvaje”. Como suele pasar con los tricksters, la defensa se traduce en beneficios para toda la comunidad: el amo deja de molestar a las mujeres. Esas características se repiten en Beloved de Toni Morrison, cuando el crimen de Sethe y su curación posterior se convierten en un principio para todas las mujeres de la comunidad de la casa en la que transcurre el “presente” de la novela.

Sukie se llamaba. Era una chica negra grande y fornida, sí, que nunca tuvo mucho que decí. Le cocinaba a la señorita Sarah Ann pero el Amo siempre estaba tratando e hacé que Sukie fuera su chica. Un día Sukie estaba en la cocina haciendo jabón. Tenía tre cacerola grande e lejía que justo, justo estaba po herví en el fuego cuando el Amo entró pa decíle algo sobre algo.

Y se le echó encima pero ella no contestó ni una palabra. Entonce, él le dice a Sukie que se saque el vestido. Ella dice no. Entonce, él la toma y se lo saca de lo hombro. Cuando hizo eso, olvidó lo de azotála, supongo, porque la agarró y trató de echála al suelo. Entonce, la chica negra ésa se enojó. Le dio un golpe al Amo y la hizo soltála y despué, le dio un empujón y le metió el trasero en la cacerola caliente e jabón. El jabón estaba cerca e hacése y lo quemó que casi lo mata. El Amo se levantó sosteniéndose el trasero y salió corriendo de la cocina y no se animaba a gritá porque no quería que la señorita Sarah Ann supiera nada e eso.

Bueno, uno día má tarde va y se lleva a Sukie y la vende a un negrero. Y la ponen sobre la tarima y lo negrero la samina y la pellizca y le abre la boca y le mete lo dedo pa ve cómo tiene lo diente. Entonce Sukie se enoja pero mucho y se levanta el vestido y le dice a lo negrero que miren a ve si hay algún diente ahí abajo. El viejo Jim, el cochero del Amo, cuenta todo porque lo ve bien. El Amo nunca molestó a una chica esclava e nuevo59.

TEMPIE HERNDON DURHAM

Las bodas son momentos de la vida de los esclavos en el que es fácil rastrear la forma en que los define y restringe la institución total de la esclavitud: aunque se celebraran abiertamente y hasta con ceremonia, no tenían validez alguna. Se fingía una ceremonia algo distinta de la blanca pero la validez legal del acto era nula. No significaba que habría habría una vida común en el futuro ni que se respetarían las decisiones personales de la pareja en cuanto a las personas con las que cada uno de los cónyuges quisiera compartir el futuro, seguían siendo objetos vendibles. Para la máscara paternalista y benevolente de la esclavitud que pinta a la institución como una gran familia, esa ilegalidad era un problema. Como sucede en Beloved y en Una bendición, las familias no existen porque para la esclavitud, cada individuo era un objeto independiente, una posesión separada de todas las otras. Se separaban madres de hijos, esposas de esposos, y ninguna relación tenía duración segura si el amo decidía en contrario.

En el testimonio de Tempie Herndon Durham, los amos participan de la celebración de la boda. Los objetos simbólicos (vestido, guantes, anillo, velo) están fabricados desde la carencia: los esclavos los arman con los materiales que tienen a mano. Como las estrategias discursivas, todos esos objetos dependen del ingenio de los involucrados y no del dinero (que no poseen), y el caso del anillo es ejemplar. Los símbolos están copiados de la cultura europea (un anillo, un vestido, un velo) pero, por esa construcción alternativa, adquieren otros valores y pertenecen claramente a una cultura diferente. Lo mismo pasa en la boda de Sethe en Beloved aunque en la novela, la simbología adquiera una elaboración mayor.

La escena transmite también la base mestiza de la cultura africano estadounidense: la ceremonia de la escoba forma parte de la cultura negra y aquí, hasta el amo la exige. La narradora le critica su autoritarismo y su necesidad de “divertirse” a costa de otros, especialmente del novio. No debe olvidarse que el desprecio a la “hombría” de los negros, el deseo de humillarlos, era parte importante de los manejos culturales de los amos durante la esclavitud y se relacionaba con una red compleja de miedos y necesidades de los blancos60. De eso también se habla tanto en los libros de escritores como Richard Wright como en los personajes masculinos de Morrison, por ejemplo, Paul D y Halle en Beloved. Los autores del siglo XX relacionan esa humillación con la necesidad imperiosa de los hombres negros de recuperar su masculinidad después de la Emancipación y también con la represión constante contra los jóvenes negros que determina la tasa de encarcelamiento contra la que protesta tanto George Jackson en sus cartas como actualmente las películas de directores negros como Spike Lee.

La narración oral de Tempie pasa directamente de la boda como ceremonia aceptada por los amos a las condiciones de vida reales de los esclavos y a su falta de validez legal. En una vuelta de tuerca inteligente, la narradora termina tocando el tema económico: el valor de una esclava estaba en su capacidad para tener hijos. No hay comentarios sobre el destino de esos hijos, pero la alusión es evidente: como en las novelas de Morrison, las mujeres cuentan a los hijos como pérdidas desde que nacen porque nunca los ven hacerse adultos (eso es evidente en Beloved).

Cuando crecí, me casé con Exter Durham. Él pertenecía a Amo Snipes Durham que tenía una plantación el otro lado e la línea del condado en el condado e Orange. Hicimo una gran boda. Una boda en el porche e la casa grande. El amo George mató un carnero y la señorita Betsy hizo que Georgianna, la cocinera, hiciera una gran torta e boda toda cubierta e blanco como nieve con una pareja e novio en el medio, e pie, con la mano junta. La mesa se puso en el patio bajo lo árbole, y nunca vio usté comida como ésa. Todo lo negro vinieron a la fiesta y el amo George tuvo un trago para todo. Esa sí que fue una fiesta. Yo tenía un vestido blanco, zapato blanco y guante blanco largo hasta el codo y la señorita Betsy me hizo hacé un velo e novia con una cortina e red blanca e una ventana. Cuando tocó la marcha nucial en el piano, yo y Exter marchamo desde el porche al altá que había hecho la señorita Betsy. Era el altá má lindo que haya visto en mi vida. Contra la enredadera rosa que estaba llena e rosa roja, la señorita Betsy puso varia mesa llena e flore y vela blanca. Extendió una sábana, una sábana re linda e lino para que no paráramo lo do y había una almohada blanca para arrodillános ahí. Exter me había hecho un anillo. Lo hizo con un botón rojo. Con el cuchillo. Lo cortó todo redondo y lo pulió tanto que parecía una cinta e satén alrededó e mi dedo. Ése sí que era un anillo lindo. Lo usé como cincuenta año, despué se puso tan finito que lo perdí un día en la pileta e lavá cuando lavaba ropa.

El tío Edmond Kirby hizo el casamiento. Era el predicador negro que predicaba en la iglesia e la plantación. Despué e que el tío Edmond dijo la palabra sobre mí y Exter, el amo George tenía que divertíse... Dijo:

–Ven, Exter, tú y Tempie tienen que saltar sobre la escoba haciaatrás; lo va a hacé pa vé quién va a se el jefe de tu casa.

Todo el mundo se puso alrededó a mirá. El amo George levantó la escoba como a treinta centímetro del suelo. El que salte sobre eso hacia atrá sin tocá el palo va a sé el jefe e la casa, y si lo do saltan sin tocá nunca el palo, no va a habé jefe, lo do van a entendése a la igualdá. Yo salté primero y ojalá me hubiera visto usté. Navegué justo po encima de la escoba como un grillo, pero cuando saltó Exter, tenía mucho trago encima y lo pie tan grande y tan torpe que se le enredaron en la escoba y se cayó e cabeza. El amo George se reía y se reía y le dijo a Exter que yo lo iba a mandá tanto que ni siquiera él se iba a atrevé a hablá a meno que yo le dijera que lo haga. Despué de la boda, fuimo a la choza que había adornado a la señorita Betsy, pero Exter no se podía quedá má que esa noche porque pertenecía al amo Snipes Durham y tenía que ise a casa. Se fue al día siguiente pa esa plantación, pero volvía toda la noche e lo sábado y se quedaba hasta el domingo e noche. Tuvimo once hijo. Nueve nacieron ante e la rendición y do despué e que fuimo libre. Así que tuve do hijo que no nacieron esclavo. Yo valía mucho pa el amo George porque tuve tanto hijo. Cuanto má hijo tenía una esclava, tanto más valía. Lucy Carter fue la única negra e la plantación que tuvo má chico e lo que yo tuve. Tuvo doce pero lo hijo e ella eran enfermizo y lo mío eran fuerte como mula y saludable. Nunca estaban enfermo61.

MATTHEW JARRET

El de Matthew Jarret es un testimonio impresionante sobre la falta de validez de la ceremonia de casamiento y la conciencia clara que tienen de eso los esclavos. La ceremonia sigue siendo importante porque de alguna forma, arma un lugar de libertad, un momento de respiro dentro de la institución total. Pero los esclavos saben que no los protege porque para la ley, ellos no son personas humanas. En este caso, la marca de la falsedad de lo que se hace está en el silencio, en lo que no dice cuando se los casa (por ejemplo, que de ahora en más solamente Dios puede separarlos o que deben vivir juntos). La misma conciencia es evidente en Sethe en Beloved y en a minha mae en A Mercy: si no mueren, los hijos desaparecen en manos de otros amos cuando los venden o venden a la madre.

Lo que hay aquí es una visión clara de la forma en que la sociedad esclavista separa a negros (esclavos) y amos (siempre blancos), considerando a unos personas humanas (reconocidas por la ley y la institución esclavitud) y a otros personas semihumanas vendibles (cosas). Esa división es la base aquí de la oposición pronominal entre “nosotro” y “ello”, que funciona como una amargar divisoria de aguas.

Nosotro lo esclavo sabíamo que la palabra no unían. No significaba nada a meno que uno dijera: “Lo que Dio unió, que el hombre no lo separe”. Pero ello nunca decían eso. Ello decían: “Ahora están casado”62.

FELIX HAYWOOD

El fragmento del testimonio de Feliz Haywood que se cita más adelante es una muestra impresionante de la ambigüedad y la complejidad de las estrategias de representación de los esclavizados en el “vernacular”. Las opiniones sobre la guerra, sobre su presencia/importancia, van y vienen entre “uno no sabía que estaba pasando...” y lo contrario: “sabíamos lo que estaba pasando todo el tiempo”. Sin embargo, Felix sabe lo que significa la Guerra con toda claridad, sabe que las cosas no van a cambiar para los esclavos. Sabe que las heridas que reciben los amos son solamente “en el dedo gordo del pie”.

En cuanto a la guerra en sí, la descripción que hace Felix Haywood es un ejemplo de Signifyin(g) en el que el narrador se burla del “heroísmo sureño”, tan publicitado por la literatura pro Sur, siempre orgullosa de sus “guerreros” y “soldados”. Los soldados van a la guerra porque no saben cómo huir, pero dicen que van convencidos. Felix habla de máscara y realidad. Pero los esclavos siguen siendo esclavos y en este testimonio, ese estado de cosas está simbolizado por la descripción de hechos muy cotidianos en medio del conflicto: una picadura de araña, juegos infantiles, la falta de esperanza.

Aquí también aparece una escena de Signifyin(g), cuando Felix discute con los esclavos que están a favor de huir al Norte. Desde su espacio particular y local, Felix entiende que las ideas fijas de los abolicionistas son incorrectas y las corrige jugando con antónimos: no hay que correr al Norte (run North) sino caminar hacia el Sur (walk South). La frase es redonda y el efecto, cómico y al mismo tiempo muy serio, muy pensado. Los que vienen a aconsejar la huida no entienden la geografía del lugar, están completamente mareados o no conciben la forma en que funciona la Institución Sureña. Para un esclavo que vive donde vive Felix, la libertad está en México no en los estados norteños y él lo comprende con claridad.

Los poemas sobre la Emancipación también hacen un razonamiento muy lúcido sobre la situación. En el siglo XX, las dos novelas de Morrison y toda la literatura afroestadounidense confirman las ideas de Felix Haywood. Howard Zinn hace lo mismo: es cierto que se dicta la Emancipación pero eso no significa que va a haber libertad. Hay alegría en Felix, sí, pero también conciencia de lo que está empezando, ese estado de cosas que Jackson va a llamar “neoesclavitud”: de ahora en más, a los negros les van a faltar comida y ropa. Lo económico va a convertirse en límite, en institución total. Así, la última reflexión sobre lo que pasó después de la Guerra Civil es profunda y muy compleja y está directamente relacionada con el concepto de “neoesclavitud” de George Jackson.

Como Beloved, cuya estructura temporal deja bien claro que hay una mejoría después de la Emancipación pero que las diferencias y el sufrimiento racista van a continuar siendo claves en los Estados Unidos, aquí el narrador dice que la libertad no depende de un lugar en particular (no está en los estados libres ni en Canadá, por ejemplo). El comentario apunta directamente no sólo a la necesidad de una libertad interior sino a la desilusión que trae a los negros la Gran Migración, que es el momento en que descubren que la situación en el Norte no es muy distinta de la que sufren en el Sur.

Por otra parte, como la libertad se mide por la “igualdad de oportunidades” y en la cultura estadounidense esa “igualdad” se mide en el éxito económico, la reflexión de Felix Haywood es tan clara como la de Zinn: la verdad es que los negros, que tenían mayores habilidades y de quienes dependían los blancos, deberían ser más ricos que los blancos según una meritocracia verdadera (trabajaron más, se esforzaron enormemente) pero siguen siendo terriblemente pobres. Felix culpa de eso a la falta de resistencia de los negros, al hecho de que no lucharan con mayor fuerza contra la institución que los había dispersado por el mundo en la diáspora africana. Tal vez apoya así la idea de Zinn, según quien el resultado de la abolición hubiera sido distinto si era consecuencia de una rebelión negra. Así, manejada por los blancos de Sur y Norte, los dejó fuera de la sociedad de nuevo e inauguró la neoesclavitud.

Es raro cómo la gente quiere sabé siempre sobre la Guerra. La guerra no fue tan grande como cree la gente. A veces, uno no sabía qué estaba pasando... Fue el final de la guerra lo que cambió las cosas. Eso fue cuando todos nos despertamos y nos damos cuenta de que pasó algo. Ah, sabíamos lo que estaba pasando todo el tiempo porque el viejo Gudlow iba al correo todos los días y nosotros sabíamos. Teníamos diarios en esos días como ahora.

Pero la Guerra no cambió nada. Vimos armas y vimos soldados y un miembro de la familia del amo, Colmin Gudlow, se fue a peleá..., a alguna parte. Pero no recibió ningún balazo excepto en un solo lugá..., y eso fue en el dedo gordo del pie. También hubo vecinos que fueron a peleá. Algunos de ellos no querían. Se los llevaron (conscripción). Yo estoy pensando que muchos de ellos fingían que querían i apenas veían que tenían que i. El rancho siguió como había sido antes de la guerra. La iglesia siguió igual. Mew Johnson, el predicadó, se ocupó de que la iglesia siguiera adelante. Los chicos no sabían que estaba la Guerra. Jugaban a las bolitas, al sube y baja y andaban a caballo. Yo tenía al viejo Buster, un buey, que me llevaba tan bien como un caballo. Nada era diferente. De vez en cuando, nos daban latigazos pero en general, la vida era buena, casi tan buena como una batata. La única desgracia fue cuando una araña negra me picó en la oreja. Se me hinchó la cabeza y salió líquido o algo. Yo estaba mucho muy enfermo y el dotor Brenner, ah, él me cuidó muy bien. Los blancos siempre cuidaban bien a la gente cuando estaban enfermos. Los hospitales no podrían hacélo mejó hoy. Sí, tal vez fue una viuda negra, pero la llamábamos “diablo que pica”.

A veces, alguien venía y trataba de que corriéramos hacia el Norte y fuéramos libre. No reíamos cuando decían eso. No había razón para irse al Norte. Lo único que teníamos que hacé era caminá y caminá al Su, y estaríamos libres apenas cruzáramos el Río Grande. En México, uno era libre. No les importaba de qué coló era uno, negro, blanco, amarillo o azul. Cientos de esclavos fueron a México y les fue muy bien. Nosotros sabíamos de ellos y cómo querían se mejicanos. Educaban a sus hijos para que hablaran solamente mejicano...

Pero lo que quiero decí es, no pensábamos en corré y escapá. Éramos felices. Teníamos nuestros latigazos, sí, pero igual nos llenábamos de galletas cada vez que los blancos tenían galletas. Nadie sabía lo que era la falta de comida. Les digo a mis hijos que sabíamos de pantalones lo mismo que un chancho sabe del paraíso; pero les digo eso para hacelos reí. Teníamos toda la ropa que quisiéramos y si uno quería zapatos tenía zapatos y con punta de bronce también. ¡Y camisas! Ah, señor, ¡ésas eran camisas que eran camisas! Si alguien se quedaba atrapado por la camisa en una rama de un árbol, tenía que morí ahí si alguien no cortaba la cosa. Esas camisas se partían menos que un pedazo de cuero.

El final de la guerra, eso vino así..., como cuando se suenan los dedos.

Fue el aleluya...

Abe Lincoln liberó a los negros

con armas y con cañoneros;

y ya no pueden darme latigazos.

Tengo mi boleto,

me voy de este pueblo,

y a la Orilla Dorada ya estoy viajando63.

De pronto, había soldados en todas partes, venían en montones, cruzaban y caminaban y pasaban a caballo. Todo el mundo cantaba. Todos caminábamos en nubes doradas. ¡Aleluya!

¡Viva la Unión para siempre!

¡Bravo, muchachos, bravo!

Tal vez sea pobre ahora,

pero no seré esclavo...

y el grito de libertad y de lucha estoy gritando64.

Todo el mundo se volvió loco. Todos nos sentíamos como caballos y nadie nos había hecho eso, solamente nosotros mismos. Éramos libres. Así no más, éramos libres. No parecía que eso pusiera mal a los blancos tampoco. Siguieron dándonos comida como antes. Nadie se llevó nuestras casas, pero enseguida la gente de color empezó a moverse. Parecía que querían está más cerca de la libertá, para así sabé qué era, como si la libertá fuera un lugá o una ciudá. Yo y mi padre nos quedamos, nos quedamos cerca como una garrapata aferrada a un gatito enfermo. Los Gudlow nos pusieron en un rancho. Mi padre, él arreaba el ganado, ganado sin marca, para los blancos. Era ganado que era de ellos, eso sí; habían ido a buscá agua a lo largo del río San Antonio y el Guadalupe. Entonces, los blancos nos dieron a mi padre y a mí ganado para nosotros. Mi padre tuvo su propia marca, (7B), y tuvimos una manada para empezar, de setenta.

Sabíamos que la libertá estaba con nosotros, pero no sabíamos qué venía con ella. Pensábamos que nos íbamos a hacé ricos como los blancos. Pensábamos que íbamos a se más ricos que los blancos, porque éramos más fuertes y sabíamos trabajá y los blancos no sabían y ya no nos tenían para que les trabajáramos para ellos. Pero no salió así. Pronto descubrimos que la libertá puede dar orgullo a la gente pero no los hace ricos.

65

KATIE ROWE

La Guerra Civil y el momento en que se derrumba la civilización sureña esclavista es un tópico en esta colección de historias orales y podría analizarse por separado. Por ejemplo, el testimonio de Katie Rowe se sitúa en ese momento y describe las reacciones de amos y esclavos. El fragmento que se cita aquí acusa al amo y también lo castiga dentro de la narración. Otra vez, aquí, la palabra es un arma para la resistencia.

Katie Rowe marca el momento desde el cual narra (el tiempo de la enunciación) en el primer párrafo y allí describe su situación como “anciana” y “abuela”. Desde ese “presente”, la década de 1930, su descripción de la esclavitud tiende un lazo generacional entre sus nietos de ese tiempo y los niños explotados de la esclavitud (la metáfora de la azada que usan, más grande que ellos, es elocuente). Esa misma relación se ve en las pinturas que hace Morrison de la esclavitud a fines del siglo XX y principios del XXI.

El discurso del amo para afirmar su autoridad frente a la crisis del Sur parece casi una instancia de Signifyin(g) invertido (aplicado por el poder contra los dominados): para amenazar, el hombre utiliza como arma la ambigüedad de la palabra “free” (libre). Así, por lo menos a nivel del lenguaje, trata de establecer una diferencia absoluta entre negros y blancos y de otorgarse a sí mismo un poder de vida o muerte sobre sus esclavos. Sin embargo, hay una cierta justicia poética en el relato porque finalmente, es el amo el que no llega a ver la liberación de sus esclavos, el que queda “liberado” de ese dolor por la muerte.

Uno de los puntos que unen a este testimonio con muchos otros es la crueldad de la institución total pero aquí hay una narración cuidadosa y detallada del momento de la liberación. Los detalles reniegan de la visión maniquea típica de las visiones del mundo europeas: ese momento no significa alegría pura para los esclavos; al contrario, lo que más se destaca es la confusión.

La forma en que se organiza el trabajo desde la Emancipación y la forma en que los negros (incluso los que no trabajan con ganas) se adaptan a la nueva situación están narradas con sumo detalle y el relato tiene plena conciencia de las dificultades que van a tener todos ellos a partir de ese momento. Como Felix Haywood, Katie Rowe sabe que la Emancipación no significa libertad. Vale la pena destacar la forma en que sigue presente el miedo a desobedecer y la forma en que se afirma el carácter perverso de la Institución Sureña como una marca indeleble.

Me puedo sentá en la galería, donde brilla fuerte la lu el sol, y cosé una buena costura cuando alguno de mi nieto quiere ropa muy hermosa pa la cosa de la escuela, pero supongo que ya no valgo pa mucho má...

Esto mismo ojo viejo vieron poderoso problema y sufrimiento en mi tiempo, cuando lo cierro ahora veo mucho chico como mi nieto, levantando azada má grande que ello mismo, y le sangran la pequeña manito y pie porque lo golpean la zarzamora, y despué le dan latigazo porque no sacaron todo el trabajo que fijó el capatá.

Yo era uno de esa chiquita esclava que estaban en la plantación donde nací y crecí porque el Amo vivía en la ciudá y tenía solamente un capatá en el lugá, pero si hubiera vivido ahí mismo sospecho que hubiera sido igual porque él era un capatá muy duro él también.

Se ponía verde e rabia y cuando lo yanqui tuvieron una gran batalla en Pea Ridge y lo Federale se fueron po toda la zona todo sangrando y atado y hambriento y él montó a caballo y cabalgó a la plantación donde estábamo cosechando maí.

Vino hasta ahí y le dijo al hombre, a Saunders –ése e el capatá–que reuniera a todo alrededó del jefe de línea –ése e mi tío Sandy– y despué dijo la ley:

–Ustede, negro, estuvieron viendo a lo soldado Federado que venían por aquí y que parecen todo harapo y herida y agotado –dice – , pero ¡eso no significa que estén vencido! Lo yanqui no van a llegá hasta acá, y si lo hacen, aún así, ustede no van a se libre po eso, porque yo lo voy a liberá ante. Cuando ello lleguen acá, van a encontrálo libre a ustede porque yo lo voy a alineá en la orilla el arroyo Bois d’Arc y lo voy a liberá con mi arma. ¡Sí! Cualquiera que pierda un movimiento, uno, con la azada o un paso en la línea o una llamada e la campana o un llamado el cuerno, va a sé libre y va a está hablando con el diablo mucho ante de ve un pa de pantalone azule...

Así habló y así era como era con nosotro todo el tiempo.

Vivíamo en casucha de tronco en la plantación, no lejo de Washington, Arkansas, cerca del arroyo Bois d’Arc, al borde el fondo e Little River.

El nombre el Amo era Dotor Isaac Jones, y vive en la ciudá, donde tiene cuatro, cinco negro en la casa, pero tiene uno 200 en la plantación, grande y chico, y el capatá Saunders manda en tiempo e la Guerra. El Ama era Betty, y tenía una hija llamada Betty ya casi crecida y despué había tre chico, Tom, Bryan y Bob, pero eran demasiado chico pa i a la Guerra. No lo vi má de una o do vece hasta despué e la Guerra.

El Amo no fue a la Guerra porque era dotor y el único que quedaba en Washington y muy pronto, igual, estaba muerto.

El otoño siguiente el que dijo que iba a pegá un tiro a lo esclavo ante de dejano libre vino a ve cómo andaba su máquina e ginebra. La caja e ginebra era una cosita vieja no má grande que una cama, con una cinta que corría a travé del costado e la casa de ginebra hacia el motó y la caldera en el patio. La caldera quemaba madera y tenía una grieta que el encargado negro estaba tratando de arreglá.

El Amo vino, totalmente loco de furia porque la ginebra había cerrado y le preguntó al encargado, Brown, qué pasaba. El viejo Brown dice que la caldera está débil y no confiable y va a estallá pero el Amo salta el caballo y va hasta la caldera y dice:

–¡Te voy a pegá un tiro en el corazón, negro! ¡Esa caldera está bien! ¡Pon algo de madera ahí, maldito sea, negro!

El viejo Brown empezó a apilá madera mientra gruñía en vo baja y el Amo se agachaba a mirá la caldera e nuevo. ¡Y entonce explotó y él, parado justo ahí!

El Amo estalló en pedazo y solamente encontraron partecita de la ropa y de él pa enterrá.

La pila e madera estalló también, y el viejo Brown aterrizó en lo bosque, pero no murió... (…)

Má tarde en la Guerra vinieron lo yanqui y acamparon alrededó y entonce, ¡el capatá se puso dulce como la miel! ¡Nadie sufrió latigazo en todo el tiempo en que estuvieron lo yanqui!

Venían y se llevaban toda la carne y el maí y lo harapo que querían y ello no decían:

–¿Po qué ustede lo pobre negro no se agarran toda la carne y toda la melaza que quieren? ¡Ustede lo hicieron y e ustede tanto como e cualquier otro! –Pero nosotro sabíamo que pronto ello se irían y entonce otra ve latigazo si lo hacíamo. Alguno negro se escaparon y se fueron con lo yanqui pero tuvieron que trabajá tan duro pa ello igual y, con lo soldado, no comían tanto ni tanta vece.

¡Nunca me voy a olvidá el día que dieron la libertá!

Esa mañana todo fuimo al campo de algodón temprano y entonce vino un negro e la casa e parte el Ama a caballo y dijo que ella quería que el capatá viniera a la ciudá y él se fue. Despué e un rato sonó el cuerno en la casa el capatá, y todo no paramo y escuchamo porque no era el momento correto el día pa que sonara el cuerno.

Empezamo a cortá e nuevo y ahí vuelve el cuerno.

El negro que era el líde de línea grita:

–¡Paren! –Y todo paramo de nuevo. –Mejó vamo. Ése e nuestro cuerno –le gritó al negro jefe y el negro jefe también lo cree pero él dice que tiene miedo e que vayamo a terminá como el diablo con el capatá si dejamo e trabajá sin él, y el jefe e la línea dice que tal ve volvió e la ciudá y está tocando el cuerno él mismo así que hacemo una línea y vamo.

Cuando llegamo a lo cuartele, vemo a todo lo viejo y lo chico en el patio el capatá así que vamo. El capatá está sentado en la galería con un papel en la mano y cuando todo llegamo, él dice vengan y se para en la galería. Entonce él llama lo nombre de todo, uno po uno, y ve que estamo todo ahí.

Sentado en la galería en una silla e cuero estaba un hombre que nunca habíamo visto ante. Tenía un sombrero grande, ancho, como lo yanqui, pero no tenía ninguna cinta amarilla en el costado como la mayoría e lo yanqui y tenía puesta ropa comprada en negocio que no era ni casera ni vaquero y era negra. Tenía el pelo gris, plomo, y la barba también, y le caía bien sobre el pecho pero no parecía muy viejo porque la cara era como fresca y saludable. Yo me creo que vendieron a todo en grupo y noto algún tipo de sonrisa y supongo que están todo contento con el asunto.

El hombre dice:

–¿Ustede negrito saben qué día e hoy? –Habla amable y sonríe. Nosotro no sabemo, claro, y miramo, quieto, y sonreímo. Muy pronto él pregunta e nuevo y el hombre que e jefe dice:

–No, no sabemo.

–Bueno, e el cuarto día de junio y e el año 1865 y quiero que se acuerden de esa fecha porque ustede van a recordá esa fecha. Hoy ustede son libre, como yo, igual, y como el señó Saunders y su Ama y todo nosotro lo blanco –dice el hombre. Vengo a decíle eso –dice –y quiero está seguro e que ustede lo entienden porque ustede no tienen que levantáse y obedecé al cuerno, ya no. Ustede son su propio jefe ahora, y no tienen que tené pase para i y vení.

Nosotro nunca habíamo tenido pase, pero sabíamo de mucho otro negro en otra plantacione que sí lo tenían.

–Quiero bendecí a todo ustede y espero que ustede estén felice, y le digo que tienen todo lo derecho y vida que tiene todo lo blanco –dice el hombre y entonce sube al caballo y se va.

Lo vemo que se va por el camino y entonce vamo al señó Saunders y le preguntamo qué hacé. Él gruñe y dice hagan como quieran, carajo, supongo, pero salgan e este lugá pa hacélo, a meno que alguno e ustede quieran quedáse y hacé la cosecha po la mitad e lo que hagamo.

Ninguno de nosotro sabía dónde i, así que decidimo quedarno todo y él divide lo campo y muestra qué parte hacé y seguimo como ante y hacemo la cosecha y la recogemo pero ya no hay cuerno despué e ese día. Alguno e lo negro son holgazane y no van al campo temprano y entonce se lo sacan otro pero ello ruegan y consiguen que se lo devuelvan y trabajan mejó que el resto e nosotro ese año66.

LORENA EZELL

El testimonio de Lorenza Ezell empieza con una descripción de la falta de identidad de los esclavos en la institución total que los convierte en cosas. El esclavo está definido no por sí mismo sino por quien lo posee (de ahí que, muchas veces, el apellido del amo sea su apellido, de ahí el fragmento sobre definiciones y definidos en Beloved). Y esa situación va a continuar como parece dejar bien en claro la variación constante del discurso de Lorenza entre tiempos pasados y tiempos presentes.

Ella utiliza el algodón y su valor económico (multiplicado casi hasta el infinito por la Revolución Industrial) como centro de la razón de ser de la esclavitud. La conciencia de la base económica de la institución es completa como lo será en la pintura que hace Morrison de ella en sus dos novelas. El algodón es aquí la razón verdadera de la Guerra Civil. En realidad, los esclavos son una excusa para borrar la cuestión económica, como pasó siempre en el discurso pro esclavista del Sur, en el que la economía desaparecía por completo y el debate tomaba otros caminos.

Ewell muestra las estrategias de defensa de los esclavos: el humor y el Signifyin(g) son constantes en su testimonio (tanto en el fragmento citado como en otros momentos que aquí se han dejado de lado). La inversión de poder también es permanente, por ejemplo en la reacción contra el capataz, encerrado por los esclavos. Cuando arrojan la llave al arroyo, la escena es el final definitivo de la esclavitud. Es imposible retroceder. Por otra parte, la entrevistada está claramente orgullosa de las habilidades de su comunidad: “nosotro hicimo todo” y dentro de esas habilidades, está el arte, en este caso la música. Eso cambia la imagen del esclavo como semi humano y víctima indefensa. La literatura africano estadounidense contemporánea intenta exactamente lo mismo.

Mi amo huyó a lo bosque una semana entera cuando lo hombre e Sherman vinieron a la plantación. No tenía razón pa preocupáse porque nosotro hicimo todo. Hay una canción divertida que hicimo sobre cuando huyó a lo bosque. Sé que la inventamo porque mi tío tuvo que ve con eso. Era así:

Blanco, ¿no vieron al amo / en el camino, con el bigote a cuesta? / Se llevó el sombrero y se fue muy e repente, / y ya no creo que vuelva. // (Estribillo) /El amo se escapó / y nosotro lo negrito noj quedamo en casa, / será que está llegando el Juicio, / y el día el final en esta tierra vana. // Miró hacia el río y vio ese humo, / está lo bastante grande y ya e bastante viejo, / pero vio lo cañoñe e Lincoln / y se fue bien lejo. // Ahora ese capatá quiere dano problema / y haceno trotá y trabajá sin tino, /pero nosotro lo encerramo en el ahumadero / y tiramo la llave al río67.

WILLIAM H. ADAMS

Este fragmento tiene una estructura aparentemente incoherente que, sin embargo, tiene sentido: tal vez se podría dibujarla como una serie de ejes alrededor de un centro. Los temas se mueven alrededor del núcleo que es claramente el deseo de libertad y la forma en que se ocultaba ese deseo frente a los amos, por ejemplo con las mentiras con las que se contestaba a la pregunta de los amos, “¿Quién quiere que el Sur gane la guerra?”.

La estructura rechaza las estrategias occidentales de orden en la narración, sobre todo, la cronología y la relación causa-efecto. En lugar de utilizarlas como hilo conductor, la narración de William toma cada tema y lo explora desde distintos puntos de vista. Por ejemplo, la iglesia de los esclavos: por un lado es secreta; por otro es un lugar de libertad dentro de la esclavitud, una grieta; por otro, está prohibida y significa miedo.

Dentro del testimonio, la historia que cuenta el tío Mack, otro trickster, tiene marcas evidentes de las historias de Esu, que en África leía el babalawo sobre los dibujos que formaban los collares sagrados de cuentas o las semillas o las piedras en la bandeja ceremonial68. La historia describe una estrategia típica de un trickster para enfrentar la dominación y como toda historia de resistencia, subvierte los pares binarios y los revierte.

Lo esclavo no tenían iglesia entonce, pero llevaban una gran olla de azúca y la daban vuelta en el suelo y ponían tronco alrededó para matá el sonido. Y ahí rezan pa se libre y cantan y bailan.

Cuando llega la guerra van y buscan esclavo de toda la plantacione y lo llevan a construí lo parapeto. Vi mucho soldado. Cantan una canción que e má o meno así:

Jeff Davis rode a big white hoss,

Lincoln rode a mule;

Jeff Davis is our President,

Lincoln is a fool.69.

Me acuerdo e cuando lo esclavo se escapaban. John Ballinger tenía un montón e perro y lo llevaba a seguí a lo esclavo fugitivo. A vece, lo perro no agarraban al negro. Entonce Ballinger, maldecía y pateaba a lo perro.

Nosotro no teníamo que tené pase pero en otra plantacione sí, o lo patrullero te atrapaban y te daban latigazo. Eran blanco pobre que no tenían esclavo. No lo llamábamo blanco en eso día, no, señó, a eso lo llamábamo “Buskrys”.

Justo ante e la guerra, un predicadó blanco, viene a lo esclavo y dice:

–¿Quieren quedase en su casa donde tienen todo pa comé y criá su hijo o quieren sé libre pa i donde sea, sin casa, como lo animale salvaje? Si quieren quedase en su casa, recen pa que gane el Su. Todo lo que quieren rezá pa que gane el Su, levanten la mano.

Todo levantamo la mano porque teníamo miedo de no hacelo pero claro que no queríamo que ganara el Su.

Esa noche, lo esclavo tuvieron una reunión en el bajo. Tío Mack, se levanta y dice:

–Una ve en Virginia, había do negro viejo, tío Bob y tío Tom. Estaban muy enojado uno con otro y un día decidieron cená y enterrá el hacha. Así que se sentaron y cuando el tío Bob no estaba mirando, el tío Tom puso un poco de veneno en la comida el tío Bob, pero él lo vio y cuando el tío Tom no estaba mirando, dio vuelta la bandeja y así él recibió la comida con veneno. –El tío Mack dice– Eso e lo que lo esclavo van a hacé, dá vuelta la bandeja y rezá para que gane el Norte.

Despué e la guerra, hubo mucha emoción entre lo esclavo. Cantaban y se alegraban mucho. Alguno parecían confundido, alguno como con miedo. Pero bailaban y tuvieron una enorme fiesta...70

Hay que destacar algunas características propias de estos fragmentos. El primero es la cantidad de estrategias, lingüísticas y no lingüísticas que aplican los esclavos frente a la crisis de la Guerra Civil. Esas estrategias incluyen la mentira, la rebelión, la inteligencia y el uso del lenguaje y la música como herramientas para encontrar un lugar en una sociedad que convierte a esa comunidad en un grupo de cosas vendibles y también para juzgar las situaciones y los cambios presentes o futuros a los que debe enfrentarse el grupo.

El segundo rasgo es la forma en que, aunque rechazan los pensamientos binarios de Occidente y se niegan a ver la Emancipación como final del problema o a reaccionar frente a ella con una alegría sin fisuras, todos los ex esclavos dejan bien en claro que la alegría estuvo ahí y que la liberación fue importante. La complejidad de ese tipo de sentimiento dice mucho sobre las visiones del mundo que traían los esclavos de África. La liberación fue positiva pero la falta de oportunidades económicas de lo que empezó después hizo que el futuro no pareciera tan promisorio. El pedido de perdón de Bill Clinton no alcanza porque si la raíz de la esclavitud era económica, la necesidad de reparación también lo es.

La conciencia que tienen los ex esclavos de ese hecho fundamental es evidente en cada uno de los fragmentos elegidos y muestra cómo cambia la “Historia” cuando la cuentan los que sufrieron a la Institución Sureña y no los que se beneficiaron de ella, los negros en lugar de los blancos. La liberación significa también una súbita conciencia de los problemas que traerá la libertad para una comunidad que, cuando fue parte de la sociedad, era esclava y cuando dejó de serlo, quedó al margen.

Todos estos fragmentos y gran parte de las entrevistas revisan la narración blanca de la esclavitud, representada por libros y películas como Lo que el viento se llevó. Para hacerlo, muestran lo que trata de borrarse en esas representaciones. El resultado es un relato crudo, lleno de escenas de terror y sufrimiento, contado con el humor típico del Signifyin(g) que sirve para rechazar la victimización de los esclavos y sus descendientes.

Tanto el humor como el contar que ejercitaba y pedía Langston Hughes tienen claras consecuencias políticas. Ambos, el contar y el humor implican la adquisición de cierto poder. Contarse a uno mismo y a la comunidad de uno es el principio de un camino hacia la reversión de las marcas que la esclavitud dejó en sus herederos como institución total (tanto en el grupo de los dominados como en el de los colonizadores)71.

Desde un punto de vista más cercano al análisis literario, los testimonios orales están recorridos por algunos rasgos esenciales, de los cuales los principales son: el uso constante del “vernacular”, que en la literatura africano estadounidense apareció recién en la década de 1920, con el Harlem Rennaissance; la forma en que la “visión del mundo” no occidental marca la estructura y el razonamiento de muchos de los ex esclavos; la conciencia que tienen los entrevistados de las relaciones de poder implícitas en la situación; y finalmente el constante uso de estrategias de defensa desde la apropiación inversa de la lengua hasta el uso de los elementos de trabajos y las máscaras del humor y el lenguaje para manipular a los poderosos.

Todos esos elementos reaparecen en todo su brillo en la literatura escrita negra de los siglos XX y XXI, en autores como Langston Hughes, Toni Morrison, Alice Walker, James Baldwin, Richard Wright, Gwendolyn Brooks, Lorraine Hansberry y muchos otros. Como estos testimonios, la literatura de todos esos autores se enfrenta a la Historia Oficial de la esclavitud y lucha para superar las secuelas de esa Institución Sureña y las marcas que ha dejado en las vidas de los afroestadounidenses.

2. A Mercy y Beloved de Toni Morrison: la mirada africana

La reescritura de la esclavitud empezó en la slave narrative, en el momento en que todavía existía la institución. Pero más adelante, hubo reescrituras literarias importantes de ese período de la Historia en voces de la comunidad afroestadounidense, sobre todo dos novelas de la Premio Nóbel Toni Morrison.

Años después de Beloved (Morrison 1987), su primer intento en ese sentido, Morrison volvió a los tiempos de la esclavitud con A Mercy (2009). Beloved transcurría en los últimos años de la Institución Sureña (al borde de la Guerra Civil por un lado y por otro unos años después de ella); A Mercy la describe en 1690, cuando apenas estaba empezando a cristalizarse como institución total específicamente ligada a la raza.

Hay que decir que las dos novelas hacen mucho más que analizar la esclavitud. Escritas en un presente al que también analizan, las dos tocan el tema de la “neoesclavitud”, el concepto con el que George Jackson72 definió la situación de los negros en los Estados Unidos del siglo XX.

En ambos libros (y en general, en toda su carrera), Morrison se interesa por el tema del choque de culturas que se produjo en el continente americano (culturas europeas migrantes, amerindias originarias y africanas arrastradas a América a la fuerza en barcos esclavistas) y lo narra en inglés, un idioma europeo que ella cambia para transmitir una visión no europea del mundo, una visión de raíz africana mestizada a lo largo de cuatrocientos años de vida en los Estados Unidos. También se apropia de la “novela” como género y lo modifica de raíz para que diga algo muy alejado de lo que dicen las típicas novelas burguesas europeas.

Historia

Morrison marca con claridad el momento histórico en que transcurren las dos historias. El “presente” de Beloved está situado en 1873, una fecha posterior a la Guerra Civil y la fecha aparece claramente en la cuarta oración73. Además de ese número exacto, se nombran hechos históricos importantes: se menciona directamente la Ley del Esclavo Fugitivo que hace legal el secuestro de Sethe y Beloved; aparece el diario North Star de Frederick Douglass; hay discusiones sobre el enfrentamiento entre abolicionismo y esclavismo, debate que marcaba la época en que transcurre la acción; en boca de Sixo, el único esclavo que sale de la Plantación de Garner, aparece como rumor el “Underground Railroad”, organización que ayudaba a los esclavos fugitivos a llegar al Norte; se nombra al regimiento negro que intervino en la Guerra Civil. Esa lista incompleta deja bien en claro que Morrison se preocupa por insertar una novela de fantasmas en lo histórico. Ese detalle significa ya un quiebre importante de las reglas de los géneros occidentales.

En A Mercy, sucede exactamente lo mismo. La fecha en que comienza la acción también se nombra con claridad desde el principio y las discusiones políticas alrededor del colonialismo y el comercio caribeño aparecen en el primer capítulo, que corresponde a Jacob Vaark. En el capítulo de Rebekka, su esposa, se mencionan la quema de brujas, las guerras entre facciones cristianas en Europa, las plagas del Renacimiento, la crueldad de la justicia inglesa y por supuesto, la situación de sumisión que sufrían las mujeres en las sociedades europeas, incluyendo la inglesa y la holandesa.

Por otra parte, se hace un estudio muy cuidadoso del momento histórico no solo estadounidense sino caribeño y mundial. A Mercy está claramente situada en el momento en que la burguesía (representada por Jacob Vaark) empieza a acrecentar su poder y hacerse fuerte frente a la aristocracia (representada por el esclavista portugués al que pertenecen Florens y su madre al comienzo) y también a desear parecerse a ella (la casa terrible que construye Jacob es parte de ese deseo). Es un momento de mucho movimiento comercial: se habla constantemente del dinero que atraviesa el Atlántico en el Comercio Triangular de esclavos, el comercio del azúcar y otros mercados típicamente coloniales. En cuanto a la esclavitud, es evidente que se está consolidando pero en el momento de la acción, no está restringida a los descendientes de africanos: todavía hay esclavos blancos e indios y también algunos negros libres.

En ambas novelas, lo histórico es central y se lo plantea con claridad y fuentes cuidadosas, pero al mismo tiempo, esa materia histórica está inserta en estructuras que, dentro de la tradición europea, no combinan bien con la relación que debería tener la “Historia” con los “hechos”.

Estructuras

A Mercy se cuenta en las voces de tres narradores. Al principio, hay una alternancia entre dos: una primera persona que habla a una segunda (Florens, que le habla al herrero, y digo “habla” porque al principio el discurso en bastardilla parece oral); y una tercera que va variando el centro de atención y pasa de personaje en personaje. Solamente al final, aparece el tercer narrador, otra primera persona, y es ella la que se queda con la última palabra. Se trata de a minha mae, la madre de Florens. Así, la hija abre la novela y la sostiene pero la que la cierra es la madre. El lazo entre ellas (cortado, maltratado por la esclavitud, como en el caso de Beloved) es el marco de toda la historia. No hay duda de que el tema de la maternidad tiene mucho peso en la obra de Morrison.

De todos modos, el núcleo narrativo está, sin duda, en la tercera persona, intercalada entre los discursos (aparentemente orales) de Florens. Esa tercera persona describe, en este orden, las experiencias de : Jacob Vaark, amo de Florens; Lina, la amerindia esclava de Jacob; Rebekka, esposa de Jacob; Sorrow (Dolor74), un personaje tan simbólico como el fantasma en Beloved; y finalmente Willard y Scully, dos esclavos por deudas. La esclavitud se analiza así desde múltiples puntos de vista: una esclava negra y su madre en primera persona (esta última al final); un europeo dueño de esclavos; una esclava amerindia; una mujer blanca (cuya situación de falta de poder la acerca en parte a los esclavos, exactamente igual que muchas mujeres en Uncle Tom’s Cabin de Harriet Beecher Stowe75); otra esclava, mestiza, que no tiene familia; y blancos esclavos por deudas.

Con estos elementos, la estructura literaria de A Mercy es espiralada: después de cada personaje se vuelve a Florens, cuyo discurso es cada vez más comprensible para los lectores, a quienes al principio les falta mucha información narrativa para entenderlo en profundidad. La espiral se corta al final con la aparición de a minha mae, cuyo relato vuelve atrás, a una historia inmediatamente previa al momento en que empieza el libro.

Así como se repiten las primeras y terceras personas, hay ciertos motivos que reaparecen rítmicamente cada tanto: los zapatos y los nombres (relacionados con problemas de identidad en el contexto específico de la esclavitud); los barcos (hay referencias al Middle Passage y a la migración europea hacia América); los debates sobre colonización y esclavitud y las ideas que los justifican (por ejemplo, el supuesto canibalismo de los pueblos no europeos); el amor humano en todas sus formas (maternidad, paternidad, pareja, amistad); las casas como realidades y como símbolos al mismo tiempo. Solamente al final, aparece el último de ellos: la escritura. Si se relee la novela, se nota que ese último motivo estaba presente desde el principio aunque bastante oculto. Por otra parte hay una serie de cuentos breves que resumen temas e hilos importantes de la novela.

Beloved apoya su crítica a la esclavitud y al binarismo europeo en un enfoque estructural diferente: lo que hace Morrison es subvertir y mestizar ciertos géneros europeos. En el centro de la mezcla de géneros que practica está la “novela de fantasmas”.

La obra está dividida en tres partes, casi como una obra de teatro clásica, y cada una de las partes empieza con la misma declaración descriptiva sobre un lugar esencial, la casa 124. La primera oración de la parte es: “124 was spiteful” (3)76. Esa maldad es la que trae al fantasma y condena a las mujeres que viven en esa casa a enfrentarse con el pasado y el futuro al mismo tiempo. La de la segunda es “124 was loud” (199)77, donde “loud” es claramente menos destructivo que “spiteful”, más tolerable. En la última parte, la primera oración es: “124 was quiet” (281)78. Se trata del momento en el que los personajes se acercan por fin a la tranquilidad, la recuperación de cierta paz, no una paz completa por supuesto.

Dentro de esa evolución, marcada por los tres comienzos anafóricos, Morrison utiliza géneros europeos en un acto de apropiación inversa y los lleva a territorios nuevos, subversivos. Los rasgos de esos géneros son importantes para la estructura de la novela, sobre todo si se fija la atención en el gótico.

El gótico estadounidense es diferente del europeo (empezando por la centralidad del lugar, la mansión gótica que caracteriza al género), sobre todo porque los Estados Unidos no tienen una historia medioeval en la que abrevar. En el continente americano, no hay palacios góticos en los que establecer la narración y enraizarla con ideas conservadoras sobre la Historia, sobre todo el dolor por la pérdida de la autoridad feudal. Morrison toma mucho del gótico estadounidense, cierto, pero Beloved no es en realidad parte de ese género como sí lo son los cuentos de Edgar Allan Poe y Nathaniel Hawthorne y algunos rasgos de las novelas de William Faulkner. Esta novela es algo mucho más subversivo, más teñido de visiones del mundo que no pertenecen al “mainstream”.

Como en el gótico, tanto europeo como estadounidense, los dos lugares en los que se desarrolla la mayor parte de la acción son cerrados, lugares que establecen reglas propias, distintas de las del resto del mundo. Pero en lugar de castillos que esconden secretos terribles o monstruos, aquí se trata de una Plantación –más parecida a un castillo por la “aristocracia” de los dueños pero con un territorio abierto alrededor– y una casa pobre a la que se llama por tres números solamente, 124.

La Plantación tiene un nombre irónico y vacío: se llama “Sweet Home” (Dulce Hogar), una representación de la visión paternalista de la esclavitud como institución bondadosa y necesaria. Al contrario de lo que implica el nombre, se trata de un lugar cerrado, una cárcel. En ese espacio, los personajes negros son cosas, objetos solamente. Es un lugar del que es imperativo escaparse (como quien se escapa de una tumba en la que lo enterraron en vida, la metáfora esencial de la esclavitud y la cárcel).

La Plantación es lo menos parecido a un “Hogar” que pueda existir aunque tanto School Teacher (Maestro de Escuela) como el amo digan lo contrario. En Sweet Home, los blancos, los monstruos del género gótico, mantienen prisioneros a los personajes y los transforman en animales o en partes del cuerpo humano, separadas de la cabeza (manos y pies, sobre todo: las partes del cuerpo que producen trabajo). En el otro extremo de la novela, el de la “libertad”, hay otro lugar cerrado y separado del mundo, 124, la casa habitada por el fantasma de Beloved, y ese lugar es el que primero es maldad, después ruido y después calma. 124 no se parece a los espacios góticos a pesar de que hay un fantasma dentro de él. Se trata de una casa comunitaria, pobre, nada parecida a los castillos del género en Europa o las mansiones de las Plantaciones en el gótico sureño, en el que, por otra parte, el terror es siempre el que producen los negros, basta con leer a Edgar Allan Poe.

Entre esos dos espacios corre la narración. Y como en el el gótico, la única forma de acabar con el terror es salir al mundo, abrirse paso hasta el exterior. Pero aquí, en este gótico subvertido, lo monstruoso no está solamente en los personajes que habitan los espacios encantados: lo monstruoso está también y sobre todo fuera de esos espacios, en la ley que protege a los amos (los monstruos) que cosifican a los esclavos, la ley que defiende a las instituciones totales. Y aquí, la acusada principal es la Ley del Esclavo Fugitivo, que permite a los cazadores de recompensas ir a buscar a Sethe y su bebé y su hija a 124. Hasta ese momento, la casa es un refugio; desde que ellos llegan, se convierte en otro lugar maldito. Así, Sethe primero huye de la Plantación, el primer castillo de monstruos, después encuentra refugio en 124, y después, para salvarse, tiene que salir de ahí hacia la comunidad que sufrió la esclavitud y la cosificación con ella, la comunidad que la había dejado fuera y al final la recibe.

Dentro de los subgéneros del gótico, Beloved es una novela “de fantasmas”, pero de nuevo, una “de fantasmas” muy rara. El libro repite algunas características del género, esencialmente la idea de que los fantasmas están de vuelta porque tienen “unfinished business” (asuntos sin terminar) entre los vivos. Morrison transforma esa idea en una acusación a la sociedad estadounidense: la esclavitud es “un asunto sin terminar” y produce fantasmas, ruido, maldad, muerte, porque sus efectos siguen ahí en cada una de las instituciones totales de la “neoesclavitud”.

Al mismo tiempo, en un gesto no binario, Morrison se desvía de gran parte del resto de las características que tienen los “fantasmas” en el género europeo. Como personaje, Beloved no es un fantasma típico de la novela gótica blanca, empezando por su aspecto: en lugar de quedarse en la edad que tenía cuando murió (como todos los fantasmas del género europeo), ella crece en cuanto al cuerpo y, a ese nivel, ya es una adolescente cuando vuelve hacia su madre. Sin embargo, su mente no ha crecido. Es una nena furiosa en el cuerpo de una joven casi adulta. Es la hija de Sethe pero no es un individuo solamente: lleva en sí toda la historia de su comunidad como queda claro en el fragmento en que, mediante el fluir de la conciencia, se describe el Middle Passage (248 a 252): “there will never be a time when I am not crouching and watching others who are crouching too” (228)79. Y esa diferencia entre cuerpo y edad también tiene que ver con el estereotipo de los negros como niños, que defendían los esclavistas.

Por lo tanto, Beloved es un fantasma muy complejo y un símbolo también muy complejo que describe a la esclavitud como un peso presente que, sin embargo, no es el mismo que era hasta 1865. Lo que hay en el presente en el que escribe Morrison no es esclavitud. Como Beloved, esa institución ha cambiado de forma: ahora es lo que Jackson llamó “neoesclavitud”, un monstruo marcado por la historia de cuatro siglos, tan horrendo que es capaz de obligar a una madre a matar a una hija para protegerla.

Beloved es incomprensible dentro de un pensamiento binario del tipo víctima vs. victimario; Bien vs. Mal. Para entenderla, hay que leer desde visiones del mundo más múltiples, más caleidoscópiacas, claramente no europeas. Así, Beloved tiene dos dimensiones: por un lado, es un fantasma individual, la hija de Sethe; por otro, es la representante de toda la historia de los africanos trasladados en el Middle Passage y por un tercero, del futuro de sus descendientes.

El género “de fantasmas” (muy cambiado) se combina con el de “novela histórica” y esa segunda mezcla también es extraordinaria: dentro de la lógica europea, lo “fantástico” y lo “histórico” no parecen pertenecer al mismo universo porque rompen el par binario “realidad” versus “fantasía”. No es Morrison la única en hacer esta combinación, por supuesto: lo mismo hace Manuel Scorza en la serie que empieza con Redoble por Rancas (1970). En realidad, el llamado “realismo mágico” –nombre que también subvierte ese par binario– se caracteriza por llevar a cabo esta operación.

Las estructuras de A Mercy y Beloved están marcadas por el enfoque africano, no europeo de la autora y por su intención decidida de contar la esclavitud y la neoesclavitud desde el punto de vista negro, dejando de lado cualquier condicionamiento del relato europeo y blanco.

Hilos y símbolos

Uno de los recursos de A Mercy es la presentación de ciertos cuentos que resumen, en pocas páginas, los motivos, los hilos y las temáticas de la narración general.

El más importante de esos cuentos es el del águila (Morrison 2008: 62 en adelante80), contado por Lina, la india, última de su tribu, esclava de Jacob Vaark. El cuento aparece como cualquier narración ceremonial amerindia en libros de autores de ese origen81: se lo cuenta no en soledad sino con los detalles de los otros elementos del rito, el o la narrador/a, el lugar de la ceremonia y los comentarios y preguntas de los que escuchan. En las literaturas amerindias, toda historia que se cuenta oralmente es un diálogo mágico y aquí, Morrison toma esa idea como propia.

La historia cuenta la llegada de un hombre evidentemente europeo que quiere apropiarse del paisaje del águila y también de sus huevos, es decir de sus descendientes, de su futuro. El águila lo ataca, el hombre le quiebra un ala y el águila cae. Hasta aquí podría ser cualquier historia pero a diferencia de la típica historia europea, esta no tiene final: Lina afirma que el pájaro sigue cayendo todavía. La caída infinita parece apuntar no sólo al destino del continente americano colonizado (que cae desde 1492) sino también al de todo el planeta, hundido en el desastre ecológico que promueve la cultura europea dominante contra la que Lina protesta cuando ve que su amo está dispuesto a matar cincuenta árboles para construir una mansión que le queda demasiado grande.

Parece una historia trágica pero en realidad es una definición en suspenso de la situación histórica de los pueblos esclavizados y explotados, tanto los africanos arrastrados a América como los amerindios. En la complejidad no binaria de Morrison, también es una historia de esperanza y resistencia: tanto el águila como los huevos siguen vivos. Todavía hay tiempo de cambiar las cosas. Y en ese cambio está metida esta novela, está metidas estas literaturas. Por otra parte, el águila es madre y está cuidando el futuro y las madres tienen muchísima importancia en estas dos novelas.

Como muchos relatos en esta novela de estructura espiralada, la historia del águila se retoma al final, cuando Florens, la narradora, se transforma en una criatura con “claws” (garras, 142). Como águila, se defiende del herrero, que es su cárcel. Como el águila, se vuelve “salvaje” y eso le sirve para liberarse. Y su historia, como la del águila, no termina del todo.

El herrero también la ve como águila. Le dice: “You are nothing but wilderness” (141)82, la acusa de ser un animal con plumas. Sin embargo, como este libro no es binario, y los personajes nunca son una sola cosa, al final, Florens también tiene las plantas de los pies de madera y se parece a un árbol: “my feet are as hard as cypress” (160)83.

En Beloved, no hay historias cortas de ese tipo pero sí personajes cuyas vidas se podrían separar de la línea principal de la trama, que muy en general sigue la historia de Sethe, Denver y Beloved. Quizás las escenas más impactantes de ese tipo tengan que ver con Paul D y Baby Suggs. La escena en la que Baby Suggs habla de sus hijos refuerza el tema de la maternidad dentro de una institución total que la convierte en una pérdida constante. La de Paul D afirma la crítica a la neoesclavitud y a la cárcel como institución total en la contemporaneidad, tal como explica Childs en su artículo84.

Además de estas historias separadas, en las dos novelas hay motivos (metáforas, símbolos, escenas) que hilan la acción y van construyendo una literatura en la que tiempo es espiralado..

En A Mercy, tal vez el más representativo de estos hilos sea el de los zapatos/pies de Florens. Al principio de su “confesión”, ella se pone los zapatos de taco alto del ama. Por eso, el amo la ve como mujer y la desea y su madre, para salvarla de ese deseo, le pide a Jacob Vaark, al que ve más humano, que se la lleve consigo como esclava. Esa escena abre y cierra el libro y además, se repite a través del punto de vista de Jacob. Es una escena que se examina desde todos los ángulos.

Esa es la primera mención de la relación de Florens con los zapatos pero esa relación evoluciona con ella. Como pre adolescente y esclava, Florens desea los zapatos del ama en un gesto de rebeldía (su destino es estar descalza y por eso se dice de ella: “the hands of a slave and the feet of a Portuguese lady”, 4)85. Esa rebeldía es positiva en un sentido porque implica no dejarse etiquetar ni dominar, no dejarse definir como “esclava”, pero el modelo de mujer-objeto que representan esos zapatos es peligroso para ella (y para cualquier esclava) porque despierta los deseos del amo. No es el modelo que Florens debería elegir y eso precipita su separación de a minha mae. Como siempre en Morrison, los símbolos jamás tienen un solo sentido y siempre son difíciles de clasificar en un esquema binario “bien versus mal”.

Más adelante, Florens recibe botas de hombre blanco para ir a buscar al herrero, al que Lina cree capaz de curar al ama, Rebekka (97). Por segunda vez, la primera narradora de la novela se pone los zapatos de alguien más poderoso que ella: esta vez, los de Jacob, el amo, que además es hombre. La resistencia es, de nuevo, inmensa: ella es mujer y esclava y asume el lugar de un hombre libre, blanco, un propietario; en cierto sentido también una salvadora posible para el ama. Pero las botas le quedan demasiado grandes y la lastiman. Así que lo que es positivo en un sentido, no lo es en otro y ese modelo de identidad (ser hombre, ser blanco) tampoco es el correcto para Florens: significaría limitarse a invertir los pares binarios europeos hombre versus mujer y amo versus esclavo y solamente eso. Es decir, hacer algo semejante a lo que hace Jacob Vaark, que primero está por debajo del esclavista portugués y después se convierte en poderoso, como sucedía en ese tiempo con la burguesía en todo Occidente. Esa inversión no arreglaría las cosas y por lo tanto, Florens tiene que sacarse las botas.

Lo que necesita es aprender a ser una mujer negra sin modelos, una mujer capaz de inventarse a sí misma Para simbolizar el cumplimiento de ese objetivo, cuando se transforma en águila, Florens también desarrolla pies de madera. Es ella misma y está en contacto con lo no humano (los árboles, los animales) como piden las visiones del mundo que provienen de África y de la América originaria, para las cuales el ser humano no posee a la Naturaleza, es apenas una parte de ella.

En Beloved, hay un elemento semejante, repetido y flexible y tiene que ver con los colores. Los colores fuertes, los aros que se pone Sethe cuando es libre, por ejemplo, el vestido que se hace para casarse, representan momentos de plenitud, instantes diminutos de libertad, y esa es la única libertad que se puede conseguir en medio de la totalidad de la Institución Sureña. Los colores se parecen a la plenitud de los veintiocho días de alegría entre la llegada de Sethe a 124 y la muerte de Beloved. Al contrario, en todo el libro, la falta de colores es un símbolo de la falta de futuro, la falta de aire para respirar, el espanto de la muerte en vida dentro de la esclavitud: Baby Suggs deja de ver los colores por el dolor que le causa la pérdida de sus hijos. Y vuelve a sucederle cuando muere Beloved, su nieta.

Un segundo hilo que utilizan ambas novelas es la metáfora del canibalismo, pero invertida. Si durante años, en la literatura, los debates y la ideología de los blancos europeos, el canibalismo de los pueblos no europeos fue la justificación de la esclavitud y el genocidio, aquí esa metáfora se invierte y se aplica a los actos por los cuales Europa esclaviza y explota a los pueblos no blancos86.

En Beloved, el canibalismo está unido a un hilo que vuelve una y otra vez a la idea de masticar, de comer y a la boca como parte del cuerpo. Uno de los momentos en que se ve con mayor claridad la idea de que los caníbales son los blancos es una escena en la que Baby Suggs reflexiona sobre su propia vida: “sixty years of losing children to the people who chewed up her life and spit it out like a fish bone…” (209)87, dice. Así describe su vida de madre frustrada que nunca consigue ver a sus hijos en la adultez y dice que esa vida es el resultado del canibalismo de los europeos. Los europeos se comieron a los habitantes de África y lo siguen haciendo.

En el fragment en el que el fantasma, Beloved es primera persona, y utiliza el recurso del fluir de la conciencia, hay alusiones a personas que se comen a sí mismas y también a las ratas que se comen a los esclavos en el fondo del barco: “some who eat nasty themselves I do not eat (…) small rats do not wait for us to sleep someone is thrashing but there is no room to do it in”88 (248). Mientras tanto, el hambre. Todos tienen hambre, todos quieren morir, todos están muertos ya en cierto modo. Así se mezclan comida, deseo, muerte y vida en el infierno del fondo del barco negrero.

En A Mercy, hay todo un debate sobre quién es el verdadero caníbal. Y lo que queda claro es que esa identidad depende de quién cuenta la historia. Rebekka odia a Lina, cierra la puerta con llave para no tenerla cerca, le tiene terror porque es india (74-5) y ella cree que es caníbal. Sin embargo, es Lina quien la salva cuando se enferma. En el otro extremo del choque de culturas, cuando a minha mae es una mujer libre en África cree que los blancos son antropófagos; alguien se lo desmiente (“They assure we that the whitened men do not want to eat we”, 164)89, pero la suposición se confirma porque los blancos los llevan al otro lado del Atlántico y los cosifican, los transforman en mercancía.

En general, en esta novela la que desarrolla conceptos más profundos alrededor del canibalismo y de su relación con el colonialismo es Lina: los blancos, dice, “Cut loose from the earth’s soul, they insisted on purchase of its soil, and like all orphans they were insatiable. It was their destiny to chew up the world and spit out a horribleness that would destroy all primary peoples” (54)90. Esa es la descripción más clara de la novela: en 1690, el canibalismo europeo (cuyo nombre es “colonialismo”) se come el mundo y los europeos ya renunciaron hace tiempo a la relación con la naturaleza que sí tienen los pueblos americanos y africanos. Y, por implicancia, ya que el libro se escribe después de 2000, Europa sigue haciendo lo mismo a través de las formas de la “neoesclavitud” y el neocolonialismo.

El símbolo de ese deseo de comerse el mundo (traducido en el afán por acumular dinero y ganancias) es la casa de Jacob Vaark y antes, la del amo portugués de a miha mae y Florens. Jacob queda deslumbrado por la casa del portugués y es por ese deslumbramiento que, a pesar de sus ideas antiesclavistas, decide competir con la aristocracia y construir una mejor para su familia. Para Lina, lo que construye es monstruoso en forma y sobre todo, en costo: para levantar la mansión se talan cincuenta árboles. Por eso, hay una maldición contra la familia Vaark: “Killing trees in that number, without asking their permission, of course his efforts would stir up malfortune”91 (44). Por eso, la casa es un lugar maldito: provoca la muerte de Jacob, la enfermedad de su mujer y la falta de hijos, es decir de futuro. Morrison habla aquí a nivel de todo el planeta: si la humanidad va por ese camino, no hay futuro para la especie es lo que está diciendo. Esa es la razón por la cual la entrada a esa casa es, para Lina, un pase al “world of the damned”92 (51). La casa separa a Jacob de la verdadera humanidad y lo convierte en victimario y aristócrata, como el portugués al que tanto despreciaba al principio. Lo mismo sucederá con toda la burguesía sureña en los Estados Unidos.

Otra de las pruebas del “canibalismo” europeo está en la descripción del Middle Passage, el viaje entre África y el continente americano en los barcos del Comercio Triangular de Esclavos. En A Mercy, la primera mención de ese viaje está muy al comienzo (pag. 29), en las conversaciones de Jacob con el aristócrata portugués sobre las pérdidas de los esclavistas cuando hay peste en los barcos y la práctica de tirar los cadáveres al mar Así, el portugués es caníbal: le parece que tirar a hombres y mujeres al mar por dinero no es nada criticable y eso es así porque no considera que los africanos pertenezcan a su misma especie. Está dispuesto a consumirlos y tirarlos cuando ya no sirven.

Como siempre en esta novela, el tema reaparece al final, desde la mirada contraria: la de una esclava que sufrió ese viaje en carne propia, uno de esos seres semi humanos que el portugués considera cosas vendibles y descartables: a minha mae. Morrison describe el pase de esa africana hacia la no humanidad, hacia el carácter de “cosa”, como una metamorfosis al final de la cual se es en una muerte en vida mucho peor que la muerte misma (163). El viaje desde el fondo de África, primero en manos de hombres negros esclavistas y después, en el Atlántico, dentro de los barcos esclavistas del Middle Passage, transforma en cosas y animales a los humanos y esa transformación se describe con claridad cuando la madre de Florens ve lo que ha quedado de sí misma del otro lado del agua, en Barbados: “It was there I learned how I was not a person from my country, nor from my families. I was negrita. Everything. Language, dress, gods, dance, habits, decoration, song –all of it cooked together in the color of my skin. So it was as a black that I was purchased by Senhor” (165)93.

El fragmento describe con claridad la definición que impone la esclavitud a los que están destinados a ser esclavos. Los negros son “negritos”, el diminutivo tiene que ver con desprecio, no son humanos y, por esa razón, los blancos pueden matarlos, venderlos, comprarlos y usar sus cuerpos como quieran94. Esa definición forzosa está particularmente estudiada en Beloved, donde los nombres están elegidos con mucho cuidado para describir a las instituciones totales como la esclavitud: el ejemplo más evidente es Schoolteacher (Maestro de Escuela), el capataz, donde “escuela” se une a “esclavitud” como instrumento de totalidad.

Como se explica en el fragmento que acabamos de citar, la esclavitud construye al africano desde afuera, con la máscara del paternalismo y una “justificación” basada en el salvajismo de los africanos, a quienes hay que educar. Por eso, ek nombre del capataz es Maestro de Escuela. Y es él, el Maestro de Escuela el que explica con claridad: “the definitions belong to the definers, not the defined” (225)95. Como sucede en la escuela y en la literatura la representa, él castiga a los “definidos” que se resisten a sus definiciones. Y sin embargo, como bien se dice, frente a esa totalidad, la resistencia es la única conducta posible. No se puede aprender una definición como esa –“Schoolteacher was teaching us things we couldn’t learn” (226)96–. Aceptar esa definición es aceptar la no humanidad que impone el amo. Es la muerte en vida. La resistencia es indispensable.

En ambos libros hay una constante descripción de la institución total de la esclavitud no sólo como definidora del Otro esclavizado sino también como talladora, definidora de cuerpos humanos (definidos como semi humanos o no humanos). Así, el cuerpo está tan marcado como la mente. Quizás el mayor de los símbolos al respecto es el látigo…, ya establecido como tal por el género de las slave narratives.

En Beloved, lo que marca la novela con respecto al látigo es el uso constante que se hace de las cicatrices que forman el árbol en la espalda de Sethe. Pero además del “árbol” en esa espalda, hay otros cuerpos marcados en la novela: el de Paul D, el de Six-O, el cuerpo sin pies ni cabeza que podría ser el de Paul A o el de Halle (su identidad nunca se descubre). Por otra parte, hay diferentes interpretaciones de las cicatrices: para algunos personajes, lo que hay en la espalda de Sethe es un árbol; para otros, no. Las cicatrices se interpretan de diferentes maneras según quién las esté mirando y en qué momento. Como afirma Henry Lois Gates Jr, en la literatura afroestadounidense –cuya visión del mundo es mestiza y muy relacionada con las africanas –, todo tiene siempre más de una lectura. Algunos personajes ven solo el horror en la espalda de Sethe, un horror sin forma. Al comienzo de la relación, Paul D también ve eso: “What tree on your back?... I don’t see nothing growing on your back”, afirma y Sethe le dice que la chica blanca que la ayudó en el camino vio exactamente eso: “that is what she said it looked like. A chokecherry tree. Trunk, branches and even leaves… But that was eighteen years ago. Could have cherries too now for all I know”97 (18; y con otras palabras en 93, hay que agregar que la repetición también es una característica importante en la literatura afroestadounidense, según Gates).

El árbol de Sethe, para quienes consiguen verlo, es símbolo de maternidad y de fertilidad pero nació del castigo, nació de las manos crueles de Schoolteacher: “Schoolteacher made one open my back and when it closed it made a tree. It grows there still” (20)98. Como el fantasma de Beloved, que no se queda en la edad en que murió o no del todo, la marca en el cuerpo no es definitiva ni siempre la misma en la novela. Y por eso, las caricias y la comprensión de Paul D, su amor, cuando lleguen, van a cambiar las cicatrices tanto físicas como mentales de Sethe (320 y siguientes).

Por otra parte, el látigo es solamente una de las formas del castigo. Otra es el bocado que ponen en la boca de los esclavos rebeldes, un símbolo absoluto de deshumanización. Con esos castigos, “Schoolteacher broke into children what Garner had raised into men” (260)99. Tiene sentido: la Institución Sureña no puede permitir esclavos hombres adultos, no puede permitir la resistencia. Por eso es tan importante para Paul D que Sethe sea capaz de apreciar su “masculinidad”. Por eso, la ama. Porque son una pareja de iguales en la que ninguno de los dos es adolescente, ni siquiera un adulto joven, recién llegado a la adultez. Son personas humanas completas y así quieren que se los considere. Los actos de emasculación intencional, tanto física como psicológica de los hombres es paralela a la violación de las mujeres negras por parte de los amos blancos.

Este atropello constante, que en las slave narratives se expresaba a través de alusiones solamente (ya que en ese momento era imposible que las escritoras negras describieran en detalle el acto sexual), aquí se convierte en una amenaza constante y explícita. En A Mercy, la amenaza de la violación para Florens lleva a a minha mae a entregarla a Jacob Vaark. En Beloved, algunos de los hijos de las mujeres negras son hijos de blancos y hay madres que no consiguen aceptarlos.

Quizá la marca más fuerte en los cuerpos --tanto de hombres como de mujeres--sea la de la muerte violenta, aplicada con toda intención por el amo primero y después, por Sethe a su hija pero solo para salvarla de la amenaza de la Institución. En Beloved, la muerte de la beba es solamente una entre muchas. Quizás el paradigma de estas imágenes de muerte sea la aparición del cuerpo sin pies y sin cabeza, ese cuerpo anónimo en el que cada esclavo imagina a uno de sus seres queridos. Ese cuerpo maltratado es el símbolo de los desaparecidos de la esclavitud, representados entre otros por los hijos que Baby Suggs nunca vuelve a ver. En A Mercy, también hay desaparecidos, miembros de la familia que no vuelven a reunirse, empezando por a minha mae y Florens, que no se cruzan nunca más excepto en la narración misma, donde sus voces aparecen contrapuestas.

La muerte horrenda de Beloved es consecuencia de la imposibilidad absoluta que tiene la maternidad de realizarse dentro de la esclavitud. Es esa imposibilidad la que hace que Sethe prefiera matar a su bebé antes que verla vivir como esclava. La razón se dice con todas las letras en la novela: cuando se vive como esclava, se vive sabiendo que “anybody white could take your whole self for anything that came to mind, not just work, kill or maim you but dirty you. Dirty you so bad you forgot who you were” (295)100. La suciedad, la cosificación, la animalización, la humillación son constantes porque la institución convierte a seres humanos en cosas vendibles, en animales, en semi humanos sin derechos. Que las novelas de Morrison transcurren en tiempos de la esclavitud pero se refieren sobre todo a la neoesclavitud queda claro cuando, en Beloved, Paul D entiende su precio como cosa, como objeto vendible: “He has always known or believed he did, his value – as a hand, a laborer who could make profit on a farm–but now he discovers his worth, which is to say he learns his price. The dollar value of his weight, his strength, his heart, his brain, his penis, and his future”101 (267). Para la esclavitud, los seres humanos de origen africano son cuerpo solamente, son peso, fuerza, pene, corazón, cerebro. Nunca personas. Y sigue siendo así en el presente de la escritura: por eso Morrison agrega la cárcel para Paul D, esa “acronología” que marca Childs.

Cuando Paul D entiende que no es dueño de su propio cuerpo, tiembla. En su artículo, Childs estudia profundamente ese temblor. Con el estremecimiento de ese personaje, Morrison está mostrando el horror de la esclavitud a nivel de síntoma personal pero hay más que eso en sus novelas. En Beloved, a pesar de que el mundo de sus personajes está muy cerrado, cada tanto, la narración abre el foco y mira el momento histórico desde arriba, desde un punto de vista más general. Por ejemplo, en algún momento de la narración dedicada a Paul D, se habla de lo que aparece en las noticias de los diarios de la época sobre los negros: nunca los horrores de la esclavitud sino los relatos que los enmascaran (183). Más adelante, en la novela, hay una enumeración estilo Walt Whitman de ciertos hechos posteriors a la Guerra Civil, para mostrar que la abolición no terminó con la falta de derechos para los africanoestadounidenses: “Whole towns wiped clean of Negroes; eighty seven lynchings in one year alone in Kentucky; four colored schools burned to the ground; grown men whipped like children; children whipped like adults; black women raped by the crew; property taken, necks broken… human blood cooked in a lynch fire was a whole other thing. The stench stank” (212)102. Esas aperturas de foco son parte de la visión general de la voz narradora, y permiten entender el peso simbólico de lo que se cuenta. Por supuesto, el uso de los personajes como símbolos es otro mecanismo que busca el mismo efecto.

Resistencias

Como ya se dijo, la resistencia es indispensable en ese contexto: la totalidad no puede, no debe aceptarse.

La muerte horrenda de Beloved es el acto de resistencia más terrible que se cuenta en Beloved. Es difícil aplaudirlo. Paul D le dice a la protagonista: “What you did was wrong, Sethe”103 (194) y la deja sola porque no puede tolerar la situación con la que se encuentra en la casa 124. Al final consigue volver pero eso es solamente cuando comprende ese asesinato como un acto de amor, y de sacrificio. El mismo tipo de sacrificio que hace a minha mae en A Mercy.

Ambas madres, a minha mae y Sethe, definen la maternidad desde lo heroico. Tanto la entrega de Florens como la muerte de Beloved son actos heroicos aunque parezcan lo contrario en una lectura superficial. En ambas novelas, la maternidad está en el centro y, en la situación de cosificación de la esclavitud, es directamente imposible cumplir con ese rol.

En Beloved, quien describe mejor el problema es Baby Suggs. La abuela de la 124 nunca vuelve a ver a sus hijos, apenas si logra encontrarse con su nuera y dos de sus nietas, una de las cuales muere asesinada veintiocho días después de que ella la conozca. La solución de Baby Suggs es una necesidad de no sentir nada hacia sus hijos: “The last of her children, whom she barely glanced at when he was born because it wasn’t worth the trouble to try to learn features you would never see change into adulthood anyway. Seven times she had done that: held a little foot; examined the fingertips with her own–fingers she never saw become the male or female hands a mother would recognize anywhere. She didn’t know to this day what their permanent teeth looked like; or how they held their heads when they walked” (163-4)104.

En A Mercy, la maternidad se replica en la estructura. La escena seminal en la que a minha mae pide a Jacob Vaar que se lleve a su hija se cuenta varias veces: una vez desde el punto de vista de la hija, una desde el punto de vista del que la recibe, el nuevo amo, y una última vez desde el punto de vista de la madre, a la que se permite cerrar el libro y dar el último consejo, la “bendición” del título. En Beloved, la maternidad es el lazo principal (entre Sethe y Beloved, viva y después de muerta, como fantasma). Pero además tiene relación con dos actos violentos, intolerables: la violación y el “robo de la leche”. La mujer negra, cosificada y transformada en mercancía, es una reproductora de esclavos para los amos, como se dice en uno de los testimonios del primer capítulo y/o una proveedora de leche para los hijos de los blancos. La Institución roba el trabajo, el cuerpo, la vida, el futuro, y también la leche a los negros y lo hace con tranquilidad porque define a los negros como no humanos

Cuando Sethe llega a 124, llega agobiada por el pasado que pronto la llevará al asesinato y más tarde se convertirá en el fantasma de Beloved: “She shook her head from side to side, resigned to her rebellious brain. Why was there nothing it refused? No misery, no regret, no hateful picture too rotten to accept? (…) (her brain) Loaded with the past and hungry for more, left her no room to imagine, let alone plan for, the next day” (83)105. Dentro de ese pasado cuyo peso es terrible, el robo de la leche es uno de los peores recuerdos para ella, junto con el látigo. Los dos símbolos del horror de la Institución Sureña aparecen en la misma conversación (18 a 21).

“They used cowhide on you?”

“And they took my milk”.

“They beat you and you was pregnant?”

“And they took my milk!” (20)106

Es el deseo de llevar su leche a sus hijos (no a los hijos de los blancos) el que hace que Sethe siga caminando bajo la violencia extrema de los negros muertos colgados de los árboles. Su furia es la raíz de su fortaleza: “What I had to get through later I got through because of you. Passed right by those boys hanging in the trees. One had Paul A’s shirt on but not his feet or his head. I walked right on by because only me had your milk and God do what He would, I was going to get it to you” (233)107.

La angustia de una madre que no puede dar vida a sus hijos, que no puede entregarles su leche, es uno de los símbolos más fuertes de Beloved. Tal vez la declaración más completa sobre el tema la hace la misma Sethe en la parte que empieza “Beloved, she my daughter” (desde 236), el único fragmento en que Sethe habla en primera persona:

Nobody will ever get my milk no more except my children. I never had to give it to nobody else –and the one time I did it was took from me–they held me down and took it. Milk that belonged to my baby. Nan had to nurse whitebabies… The little whitebabies got it first and I got what was left. Or none. There was no nursing milk to call my own. I know what it is to be without the milk that belongs to you; to have to fight and holler for it, and to have so little left. (236)108

Esa maternidad decidida y furiosa es el principio de la resistencia y explica la decisión final de Sethe con respecto a Beloved. Y la resistencia es igualmente importante en A Mercy. Para salvar a su hija, a minha mae hace que alguien le enseñe a leer y escribir y después renuncia a ella. Para salvarla, Sethe la mata y lo explica con claridad, complicando y retorciendo la metáfora de la muerte en vida: “if I hadn’t killed her she would have died and that is something I could not bear to happen to her” (138)109.

Sorrow, la otra madre que aparece en A Mercy, tiene el mismo problema que Sethe en Beloved: la falta de tradición femenina en su formación. Ninguna de las dos sabe cómo ser madre porque crecen sin mujeres alrededor; no tienen madres ni abuelas ni hermanas ni tías que puedan transmitirles ese saber. En el barco en el que nace, Sorrow está sola entre hombres; por eso no sabe qué es el sexo y no se entera de que está embarazada; por eso, su primer hijo muere en el parto. Sin embargo, al final, cuando nace su segunda hija, después de un proceso deshilachado de unión con la comunidad mal formada de la propiedad de Jacob Vaark, “Sorrow” se cambia el nombre; decide llamarse “Complete”: “I am your mother”, she said. “My name is Complete”110 (134).

111. En una plantación chica, rodeada de hombres, Sethe crece sin tradición, sin parientes. Sin comunidad femenina. Es madre como puede, como le sale. Y lo está siendo en medio de una comunidad convertida en ganado.

Al final, sin embargo, Denver le ayuda a encontrar una comunidad y es por eso que “124 is quiet” y se respira cierta sensación de alivio, de curación. A Sethe le lleva toda la novela curarse, tanto por dentro como por fuera, y no puede hacerlo sola: necesita a su comunidad.

La novela muestra varias escenas de curación: el momento en el que Paul D lava el cuerpo de Sethe (320 a 322) y de alguna forma, borra la marca del látigo porque la lee de otra forma; porque por fin entiende que “You your best thing, Sethe”112 (322). Al comienzo del libro, Baby Suggs predica ese tipo de amor, un amor que también es físico porque lo físico es imprescindible para el renacimiento:

we flesh; flesh that weeps, laughs; flesh that dances on bare feet in grass. Love it. Love it hard. Yonder they do not love your flesh. They despise it. They don’t love your eyes… And O my people they do not love your hands. Those they only use, tie, bind, chop off and leave emply. Love your hands! Love them. Raise them up and kiss them. Touch others with them… You got to love it, you! (103-104)113

Ese último pasaje describe la esclavitud en general: la cosificación (por eso, los blancos usan, descartan, dejan vacías las manos de los esclavos y desprecian el resto de los cuerpos negros); la humanidad innegable de esos cuerpos (afirma que los negros son cuerpos que lloran, ríen, cuerpos claramente humanos); y la necesidad de amarse, cuidarse, acariciarse y unirse para la curación.

Cuando Baby Suggs queda en libertad, siente que eso le devuelve su cuerpo (que estaba en manos de otros): “suddenly she saw her hands and thought with a clarity as simple as it was dazzling: “These hands belong to me. These my hands”. Next she felt a knocking in her chest and discovered something else new: her own heartbeat” (166)114. La libertad implica control del propio cuerpo y del corazón, el “autocontrol” tan necesario para George Jackson en la década de 1960.

Así, en esta novela, la recuperación es personal, individual, pero para existir, es esencial la existencia de una comunidad. En Beloved, los esclavos intentan crearla varias veces. Lo consiguen a medias al comienzo, en el Sweet Home de tiempos de Garner. Con su muerte, queda al mando Schoolteacher y la comunidad se deshace. Se reconstruye poco después para planificar la huida (otra forma de resistencia, según Howard Zinn) pero Schoolteacher la destruye de nuevo. Del otro lado de la frontera, cuando Sethe llega a la comunidad de 124, la felicidad comunitaria le dura exactamente veintiocho días (cifra claramente relacionada con los ciclos femeninos); después, se frustra nuevamente por la intervención de Schoolteacher y la terrible muerte de Beloved. La presencia constante de ese personaje de nombre simbólico representa la forma en que la institución total ejerce su poder sobre todos y la necesidad de seguir resistiendo las veces que haga falta para que la vida (simbólicamente la casa 124) sea mejor. Eso solamente se consigue al final cuando toda la comunidad rescata a Sethe a través de Denver.

En Beloved, no hay salvación posible bajo la esclavitud (no la hay bajo ninguna institución total: en toda la literatura que habla de estas instituciones, para salvarse hace falta anularlas o escapar de ellas). En la historia de Paul D, los trabajos forzados de los presos, centro del artículo de Childs, representan las nuevas formas de la esclavitud en los siglos que siguieron a la abolición. Pero ahí también hay resistencia y también ahí hay comunidad: Paul D y sus compañeros hablan a través de la cadena que los une en estas escenas que Childs considera parte de un “anacronismo intencional”: “the difference was in the power of the chain… For one lost all lost. The chain that held them, would save all or none” (130)115. Por eso se salvan cuando llega la inundación.

En A Mercy, no hay demasiada comunidad, excepto entre los esclavos de la casa de Jacob Vaark, en el período corto que transcurre entre la muerte de Jacob y el cambio profundo en Rebekka; y entre las mujeres que viajan en el barco hacia América, cuando forman una comunidad que les permite sentirse reinas (pag. 82 en adelante). Fuera de esos momentos, las resistencias de A Mercy son individuales. Es posible que esa falta de intentos comunitarios tenga que ver con el momento histórico que es el del empuje inicial de la esclavitud en todo el Caribe, incluyendo el Sur de los Estados Unidos, el mismo empuje que lleva a Jacob a convertirse en esclavista cuando, en un comienzo, rechazaba la idea.

Hay una coincidencia interesante entre las dos novelas: el debate y la lucha que se plantea alrededor de los nombres. En Beloved, Stamp Paid no acepta el nombre que le dan los blancos y elige otro: un acto de resistencia que implica que el personaje se niega a dejarse definir por los amos. Baby Suggs no quiere llamarse Jenny: se lo dice a Mr. Garner, el amo, cuando llega a la Plantación (167). Quiere conservar el nombre por el que la conoce su propia comunidad; piensa que tal vez así pueda volver a encontrarse con sus hijos perdidos, que no la reconocerían como “Jenny”.

La necesidad de elegir un nombre que niegue la definición del blanco, que se resista a ella, tuvo su momento histórico en tiempos de la neoesclavitud entre los líderes del Movimiento por los Derechos Civiles, líderes que adoptaron nombres como Malcolm X, Amiri Baraka, Mohammed Ali. En A Mercy, ese es el camino de Sorrow, que recibe ese nombre y se deja definir por él hasta que decide darse otro, cuando es madre y siente que sabe quién es. Es evidente el rol simbólico de Sorrow-Complete como representante de la evolución general de la comunidad de mujeres negras bajo la esclavitud. El personaje solamente está completo cuando se da su propio nombre.

Además de Florens, Lina es quizá la que corporiza la resistencia más profunda en A Mercy. Le imponen el nombre de una pecadora: Messalina, pero lo acortan a Lina “to signal a sliver of hope”116 (47). La situación de este personaje es el de alguien absolutamente solo, sin comunidad: es la última de su raza. Por eso, se ve obligada a aceptar la asimilación forzosa, como acepta el nombre. Esa actitud es la misma que tiene a minha mae en Barbados o, a su manera, el protagonista de la novela Ishi, Last of his Tribe, de Theodora Kroeber (1964)117. Lina se adapta pero impone sus condiciones. Aprende lo que le obligan a aprender:

Lina acknowledged her status as heathen and let herself be purified by these worthies. She learned that bathing naked in the river was a sin; that plucking cherries from a tree burdened with them was theft; that to eat corn mush with one’s fingers was perverse. That God hated idleness most of all, so staring off into space to weep for a mother or a playmate was to court damnation. Covering oneself in the skin of beasts offended God, so they burned her deerskin dress and gave her a good duffel cloth one. They clipped the beads from her arms and scissored inches from her hair. (47-8)118

El pasaje es claro: Lina acepta estas imposiciones pero no las acepta en el interior. Permite (let herself…) que la asimilen a una cultura restrictiva pero sigue leyendo las cosas que pasan a su alrededor según su propia visión del mundo. Ve con claridad que está mal “kill”, matar todos esos árboles por la casa sin pedir permiso, sin ceremonia y conserva su deseo de curar, de cuidar a otros. Su resistencia es guardar para sí un núcleo de vision india del mundo y no renunciar nunca a ella:

It was some time afterward while branch-sweeping Sir’s dirt floor, being careful to avoid the hen nesting in the corner, lonely, angry and hurting, that she decided to fortify herself by piecing together scraps of what her mother had taught her before dying in agony. Relying on memory and her own resources, she cobbled together neglected rites, merged Europe medicine with native, scripture with lore, and recalled or invented the hidden meaning of things. Found, in other words, a way to be in the world. (48) 119

Lo que surge es una cultura mestiza, la cultura que reivindican las literaturas amerindias y también la afroestadounidense. En la cultura negra, el arte del patch work, las colchas hechas con restos de las ropas descartadas de los blancos, simboliza la complejidad de esas culturas.

Florens también resiste desde la soledad. Su deseo de ser ella misma y de autodefinirse está simbolizado por sus zapatos primero y al final, por sus pies de madera. Para llegar a autodefinirse su herramienta principal es la escritura, ese arte que su madre y los hombres que la rodean no poseen. A Mercy explora la estrategia de manera particularmente no europea y en la operación, deshace el par binario “escritura versus oralidad”.

Las visiones europeas del mundo, sobre todo después del siglo XVIII pero ya desde el Renacimiento, ponen un signo positivo al miembro “escritura” de ese par. En esas visiones, la escritura es la forma más prestigiosa de comunicación. Eso da mayor valor a la elite de quienes están alfabetizados (y no son muchos en 1690, el momento en que transcurre la novela).

Florens sabe escribir. Su manejo de esa técnica europea es parte del legado de su madre y también parte de su rebeldía contra la institución total porque saber escribir va contra las reglas de la esclavitud y –como los zapatos de taco alto–no se corresponde con su condición de esclava. Su confesión en primera persona, ese texto que al principio parece oral, en realidad está escrita pero no sobre papeles sino sobre las paredes y el techo de una habitación.

Así, la escritura está tratada de una manera no europea:

-La falta de diferencia de registro entre oralidad y escritura subvierte la idea europea de “escritura”120 como arte superior del lenguaje. Florens escribe como habla, o tal vez habla escribiendo. No separa la lengua escrita de su “vernacular” oral. Como los escritores de los siglos XX y XXI, ella es en un lengujae que la convierte en parte de una cultura, un grupo.

-En el comienzo, Florens piensa en lo que escribe como un acto de comunicación: por eso su texto está dirigido a una segunda persona, el herrero. Pero esa comunicación es imposible porque el herrero no sabe leer y no está interesado en comunicarse con ella.

-Por lo tanto, la escritura de Florens no es comunicación, sobre todo al final. Es algo diferente: una herramienta de autoconocimiento y de liberación. Es la escritura la que hace de Florens quien es al final, la que la libera y la convierte en águila y en árbol.

-Florens escribe sobre las paredes de una casa europea, la casa de su amo. La casa, junto con todas las casas de la novela, es parte de la Institución total esclavitud, parte de la cultura europea que atrapa a Florens y trata de definirla como semi humana como esclava. Cuando ella quema la habitación en la que escribió y sale por esa puerta hacia la libertad con pies de madera acaba con las marcas de la esclavitud en ella. La casa también es su cuerpo y ella está empezando de nuevo.

-Pero la última palabra de la novela no la tiene Florens, que sabe escribir, sino su madre, que es analfabeta. Es decir que el libro sigue poniendo la oralidad por sobre la escritura como medio de comunicación.

Simbólicamente, el camino de la comunidad negra no va hacia la escritura. Al contrario, la usa y sigue adelante, camina hacia un espacio más propio, hacia una autodefinición de cultura claramente mestiza.

El personaje que representa simbólicamente ese camino es Sorrow. Como Beloved, Sorrow representa a toda la comunidad afrodescendiente. En 1690, con ciento cincuenta años de Institución esclavista por delante, Sorrow tiene una historia paralela a la de la comunidad africana esclavizada: nace como fruto de una violación, nace mestiza en un barco; ya en América, se convierte en esclava sin nombre y sin futuro (su primer bebé muere) y se la define como Sorrow, Dolor. Con la ayuda de una comunidad quebrada y provisoria (la única que pueden tener los esclavos) y por la maternidad, se convierte en Complete y pasa de víctima esclava a ser humano entero, de solitaria a madre. Da luz a una hija y también a una identidad (un nombre) que ella elige para sí misma.

Algunos lectores critican la tendencia de Morrison a utilizar este tipo de personajes simbólicos (Beloved, Sorrow/Complete). El rechazo, por supuesto, proviene de una visión muy europea de la literatura, según la cual ese arte debería interesarse sobre todo en la exploración de “individuos” (psicológicamente “bien construidos” o “redondos” como se les decía en un tiempo), como son en general los personajes de la novela burguesa europea y blanca en los Estados Unidos (y otros países del continente americano, por supuesto). Morrison y otros escritores negros y amerindios de los Estados Unidos se apropian del género “novela” y lo convierten en otra cosa, un relato apoyado en visiones mestizas del mundo. En estas obras, conviven personajes más cercanos al “individuo” psicológicamente complejo, como Florens o Sethe o Paul D, y personajes simbólicos como Sorrow/Complete o Beloved y la dimensión simbólica es importante en todos ellos. Dentro de las visiones mestizas y antieuropeas del mundo, que pueden rastrearse en estas obras, esa combinación no sólo es posible sino también deseable. Forma parte de la resistencia contra las lecturas del mundo que Europa llevó a todo el globo a partir del Renacimiento. Y a favor de la continuidad de las visiones mestizas de la vida, tan contrarias a las ideas de pureza de ciertos sectores blancos de la tradición WASP de los Estados Unidos, que ahora, desde la llegada al gobierno de Donald Trump, algunos se sienten autorizadas a expresar en voz alta.

Neoesclavitud, neocolonialismo e instituciones totales en los siglos XX y XXI

3. Soledad Brother de George Jackson, literatura sobre instituciones totales

La resistencia que se lee con claridad en todos los libros de la Premio Nobel Toni Morrison fue parte de la vida de la comunidad africanoestadounidense desde la llegada a América en los barcos esclavistas y hasta la actualidad pero se hizo claramente visible en el siglo XX, sobre todo desde la década de 1960 con el llamado Movimiento por los Derechos Civiles, ya que antes el relato oficial mainstream la ocultaba.

En esa década y el comienzo de la siguiente, desde la cárcel, en la que vivió desde los dieciocho años hasta su muerte violenta, George Jackson definió lo que él llamó “neoesclavitud”: la forma que tomó la institución total sureña en los Estados Unidos y el mundo a partir de una Emancipación, que, como dice Howard Zinn en su libro, no significó libertad121. Su obra carcelaria se publicó con el título de Soledad Brother. Es una colección de cartas escritas en la cárcel y prologadas por Jean Genet. Podría decirse que toda la literatura negra estadounidense del siglo XX y principios del XXI discute la neoesclavitud definida por primera vez con ese nombre en ese libro, que por eso se vuelve imprescindible en cualquier análisis de literatura afroestadounidense. Es un libro de cartas-ensayo, tal vez un poco repetitivo, pero esencial para comprender la situación de la comunidad, a la que la literatura vuelve una y otra vez.

Paratextos

Las instituciones totales producen resistencia. Y también literatura de resistencia, como hizo la esclavitud en su tiempo. Desde que existe la cárcel como institución total122, existe también una literatura carcelaria y los textos que la forman pueden clasificarse de muchas maneras. Tal vez una de las más básicas es la que se relaciona con su origen: hay literatura “escrita en la cárcel”, es decir que los autores son personas que cumplen condena o esperan juicio; y hay literatura (ficción, poesía, teatro, guiones de cine y más) escrita por personas que no están ni estuvieron presas sobre el tema de la cárcel123. Para quienes entendemos que el concepto de “literatura” abarca no sólo los géneros del canon europeo sino también cualquier tipo de texto que pueda estudiarse desde marcos críticos literarios, incluyendo los que rastrean la visión del mundo, la literatura carcelaria debe analizarse en toda su amplitud. Dentro de ese universo, la colección de cartas publicadas por el líder de los Panteras Negras George Jackson, preso durante años por robar setenta dólares, es ejemplo de un texto del primer grupo: un documento escrito por un escritor no profesional desde el interior de la prisión, un escritor que se vuelve tal dentro de la cárcel misma y para quien, escribir es parte de sus actos de resistencia.

Soledad Brother, cartas de prisión de George Jackson124 es una colección de cartas escrita por Jackson, encarcelado a los dieciocho años por un robo menor y convertido en líder de los Panteras Negras durante su tiempo en prisión, de la que no salió nunca. Las cartas relatan la evolución de su pensamiento sobre la situación de los descendientes de africanos esclavizados en los Estados Unidos, incluyendo sus puntos de vista sobre la cárcel, la escuela y otras instituciones totales. Como es lógico en una colección de cartas, también se pueden rastrear las características de las relaciones de Jackson con su familia, amigos, abogados y compañeros de militancia.

El libro reúne cartas enviadas desde la cárcel a diferentes personas. Es importante separar con cuidado las cartas de los paratextos (en este caso: la primera carta, escrita especialmente para el libro; el prólogo; las dedicatorias y los ápendices) porque las cartas que se enviaron primero y se reprodujeron después en el libro tienen dos destinatarios, como siempre en el género epistolar literario: el destinatario individual, cuyo nombre aparece en el encabezado de la carta; y el grupal, anónimo, inaugurado en la forma “libro”, es decir, todos los lectores del libro. En este caso, la colección recoge cartas enviadas a personas que existen fuera del libro, cartas que supuestamente se escribieron en un intercambio comunicativo privado y cuando esas cartas se convierten en parte de un libro, lo esencial es que sufren una transformación: pasan de ser documentos privados a convertirse en documentos públicos; la posible corrección forma parte de esta metamorfosis.

Por otra parte, como en el caso de toda literatura carcelaria escrita dentro de la prisión, hay que pensar los textos dentro de una dimensión concreta, espacial y temporalmente. Se debe tener en cuenta el lugar en el que se escribieron y las circunstancias que rodeaban al autor.

Jackson entró en la cárcel cuando era muy joven. Las cartas fueron uno de los pocos medios de comunicación que le permitió una institución que, como la esclavitud antes, se caracteriza por separar al preso de todos los lazos anteriores (familiares, comunitarios, culturales, geográficos), como bien explica Childs en su artículo125. Por lo tanto, la sola escritura de las cartas es un acto de resistencia de parte del preso: una herramienta para mantener abiertos esos canales, indispensables para cualquier ser humano y sobre todo, para un chico de dieciocho años introducido a la fuerza en un mundo de humillaciones y castigos.

Cuando se publican en forma de libro, en cambio, las cartas adquieren una dimensión diferente. Por otra parte, para el momento de la publicación del libro, la situación de Jackson había cambiado: el ladronzuelo se había convertido en el pensador negro que desarrolló el concepto de “neoesclavitud”, un líder político famoso que se carteaba con intelectuales de la talla de Angela Davis o el francés Jean Genet, autor del prólogo de la primera edición en inglés.

Escritas como textos separados, en el libro, las cartas forman un todo ordenado junto con los paratextos. Por ejemplo, solamente después de haber leído el libro completo se comprende mejor el cambio interno que implica la dedicatoria, escrita claramente para el libro, en la que Jackson menciona a dos mujeres, su madre y Angela Davis. Solamente una postura cambiada sobre el tema género puede permitir ese paratexto: el Jackson que había entrado en la cárcel y el que escribió las primeras cartas jamás hubiera escrito eso porque su desprecio frente a las mujeres era completo.

La edición española tiene dos prólogos, uno de un autor español y la traducción del prólogo de Jean Genet. En ese sentido, Soledad Brother recuerda la estructura de las slaves narratives, que siempre tenían un prólogo firmado por un blanco reconocido, en lo posible famoso. Ese paratexto obligatorio hacía posible que se permitiera la expresión escrita de un autor o autora negros dentro del mercado literario estadounidense y que esa expresión fuera atrayente para los lectores. A mediados del siglo XX, también parece necesario anunciar el libro y presentar al autor con una voz blanca y famosa como la de Genet, como si en la década de 1970 hiciera falta autorizar a un negro presidiario a decir lo suyo. Eso dice mucho sobre el racismo de esos tiempos, sacudidos por el Movimiento de Derechos Civiles, y avala la idea de que la Emancipación no trajo la libertad, de que había y sigue habiendo un marco de “neoesclavitud” en los Estados Unidos.

Estructura

El libro está dividido en dos. La primera parte presenta una carta escrita especialmente para el libro (un paratexto) que resume una breve autobiografía y algunas cartas recientes; y hay una segunda, con textos escritos entre 1964 y 1970. La primera carta --distinta de las anteriores porque los destinatarios son solamente los lectores anónimos y porque está pensada como apertura del libro-- es una especie de prólogo del autor que contiene la mayor parte de los temas y planteos del libro. Es evidente que se produjo después de todos los otros textos del libro y es interesante que Jackson haya preferido conservar la forma de “carta” para esa obertura: ¿un homenaje a lo que significaron las cartas para él como medio de comunicación en la cárcel? ¿El respeto a la estructura general del libro? ¿O es que el libro entero es una carta a los lectores del mundo, un texto lanzado hacia un mundo exterior inalcanzable para Jackson, un mundo del que lo expulsaron, en la esperanza de establecer algún tipo de comunicación?

En ese primer texto, Jackson explica que la cárcel es “the next phase in a sequence of humiliations”126 que sufren los negros estadounidenses. Llegar a la cárcel, afirma, es inevitable en la vida de todo hombre negro si es “fortunate enough to live past the age of eighteen”127 (4). La carta relaciona ese destino inevitable con otras dos instituciones que son constantes en el resto del libro: la esclavitud y la escuela, a las que define como lugares “that demand complete capitulation”128 (13), excelente definición de cualquier institución total. Pero la presión que ejercen las tres instituciones, afirma Jackson, produce resistencia. Como se dice en las novelas de Morrison, Jackson cree que, si se quiere conservar la dignidad y la hombría dentro de ellas, la resistencia es el único camino. Por eso, la cárcel crea Panteras Negras.

Esta historia de resistencia y redención en la cárcel, o de la cárcel como cuna de líderes negros no es excepcional: Autobiografía de Malcolm X de Alex Haley cuenta el mismo guion129. Y en Native Son (1940), Bigger, el protagonista de la gran novela de Richard Wright130 va en ese camino cuando le aplican la pena de muerte. En How Bigger was Born, el prólogo (escrito a posteriori) en el que Wright explica la creación de Bigger, afirma que lo que cuenta es un guión, una historia conocida, repetida cientos de veces, casi un cliché para la comunidad negra131. Así, la historia de Jackson no es nueva y él lo reconoce en su carta prólogo.

Introduce ahí también un tema esencial en la literatura carcelaria: el tiempo. Casi al final del libro y de su vida, cuando escribe las últimas cartas, Jackson siente que no tiene tiempo. Afirma que todos los otros presos “live like there was no tomorrow”132 (26). Lo mismo dice Leonard Peltier, famoso preso político estadounidese en My Life is My Sun Dance133 donde afirma en un poema que él vive “sin presente”. Muchos de los informantes a quienes entrevista Pilar Calveiro en Violencias de estado134 hablan del tiempo con palabras muy semejantes. La cárcel retuerce el tiempo, lo pervierte. Lo transforma en parte de la tortura de la gran institución total. Por eso, produce la sensación de una “muerte en vida”.

Así, la primera carta, escrita con el libro ya terminado, funciona en gran parte como una obertura musical: introduce los temas del resto del libro y prepara al lector para lo que va a leer en las próximas páginas.

La “visión de conjunto”: colonización/esclavitud/cárcel

A lo largo de su libro, Jackson describe la situación de los negros estadounidenses dentro de un par binario típico “nosotros versus ellos”, en el que “nosotros” son los negros y “ellos”, los europeos y descendientes de europeos. Dentro de ese marco, describe el problema racial estadounidense. Pero no se limita a su país. Elige un contexto global en cuyo centro está la colonización europea, que devastó a pueblos “de color” en América, Asia y África. No hay duda de que esa mirada global está directamente relacionada con su formación marxista dentro de la cárcel.

Para Jackson, el capitalismo europeo es el gran culpable de la situación a nivel mundial. El libro lo relaciona directamente con el “sueño americano” y define así al “hombre” que surge de él: en el capitalismo y la empresa competitiva, “man competing against man for the necessary things, for status symbols, for power to repress his competitors and secure his personal well-being”135 (117). Pone así a la competencia como clave de la cultura blanca de su país y de las culturas europeas en general.

Jackson sostiene que esa forma de leer el mundo es un error, sobre todo porque se intenta convencer a los pueblos no blancos de que copien esa forma de vivir: el europeo siempre está tratando de “convey to us that we must adjust ourselves to this warp, that we must learn to be more like him”136 (118), para conseguirlo, desata guerras esencialmente racistas porque son “wars against colored peoples”137 (168).

Este pensamiento, básico en Jackson, invierte el par binario “civilización versus barbarie” a nivel geográfico: aquí, los bárbaros son los europeos y la civilización está en Asia y en África. Los europeos, afirma Jackson, no saben nada “about philosophy. They know nothing of the proper way that men should carry on their relations with other men… They only excel in one area, technology”138 (114). Eso da forma a lo que llama una “ugliness of Western culture”139 (320) y en las cartas, da razones que explican esa característica: las culturas europeas tienen su origen en un clima frío, crecieron en un lugar en el que había que acaparar para sobrevivir y así aprendieron el egoísmo como valor (319). Cabe aclarar que los Estados Unidos son para él una exacerbación de estas características originadas en Europa. En cambio, América Latina (sobre todo Cuba) es la esperanza.

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