Kitabı oku: «La prevención, la mejor protección contra el abuso sexual infantil»
LA PREVENCIÓN, LA MEJOR PROTECCIÓN CONTRA EL ABUSO SEXUAL INFANTIL
Margarita García Marqués

La prevención, la mejor protección contra el abuso sexual infantil Primera edición: 2022
© 2022 Margarita García Marqués
Directora de colección: Mercedes Bermejo
Directora de producción: M.ª Rosa Castillo
Revisora técnica: Francesca Cassisa
Correctoras: Nuria Barroso y Anna Alberola
Maquetación: cuantofalta.es
Diseño de la cubierta: ENEDENÚ DISEÑO GRÁFICO
© 2022 Editorial Sentir es un sello editorial de Marcombo, S. L.
Avenida Juan XXIII, n.º 15-B
28224 Pozuelo de Alarcón. Madrid
www.editorialsentir.com
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra».
ISBN: 978-84-267340-7-5
Producción del ePub: booqlab
LA PREVENCIÓN, LA MEJOR PROTECCIÓN CONTRA EL ABUSO SEXUAL INFANTIL
Margarita García Marqués

Dedicado a Alma, Mary y David, para que el dolor de estos niños no haya sido en vano.
A todos los niños y niñas que sufren en silencio el abuso sexual infantil.
A todos los adultos con niños heridos en su interior que han sobrevivido guardando en secreto que han sido víctimas de abuso sexual infantil.
A los profesionales especializados en infancia, que con su trabajo y detección del dolor de los menores pueden hacer sanar las heridas profundas del alma.
A Cristina, por su ayuda en la elaboración del libro.
A Laura y Julia, por su colaboración.
AGRADECIMIENTOS
Un día, un ser muy cercano a mi vida me enseñó que de situaciones difíciles y duras se puede llegar a lograr algo positivo no solo para uno mismo, sino que lo aprendido de esa situación puede llegar a ayudar a muchas personas. Hemos aprendido juntos, en el camino, que se puede prevenir, detectar, intervenir y, sobre todo, sanar.
A David, mi hijo, agradezco y agradeceré eternamente su manera de ser, su fortaleza y su capacidad para enseñarme que, a pesar del dolor, es posible la sanación completa en los menores. Gracias a él inicié este camino de prevención y de sanación, a través de la asociación que fundé en el 2007 para el bienestar de la infancia (ASPASI).
Él me hizo entender que se puede llegar a muchas personas, que se puede tener de primera mano información para que miles de niños y niñas no tengan que pasar por estas situaciones.
Por ello, agradezco a todas y cada una de las puertas que se abrieron; y a las que no quisieron que entrara también les agradezco, porque me dieron más fuerzas para llegar a los que creyeron en la importancia de la información que ofrecía gratuitamente en mis principios, y que hoy día sigo ofreciendo tanto a los profesionales como a los futuros profesionales desde sus universidades.
No puedo olvidarme de tantos colegios que han sido valientes; y digo «valientes» porque no ha sido nada fácil ofrecer la información a través de mis charlas para padres y docentes, además de realizar los talleres para sus alumnos/as sobre un tema tan tabú y que da tanto miedo hoy todavía en nuestro país.
En mi caminar de más de 30 años como profesional quiero agradecer a cada una de las personas que me abrieron su corazón expresando su dolor, que me confiaron su secreto, su historia sobre lo vivido en la infancia. Agradezco la enseñanza de supervivencia de los miles de menores, de aquellos adolescentes heridos y de tantos adultos que tras su sanación han comprendido que ese abuso sufrido en la infancia limitaba sus vidas y sus relaciones.
Gracias muy especialmente a mis hijos por tener una paciencia infinita, por entender mi dedicación y mi lucha por la protección de la infancia.
Muy especialmente agradezco a la editorial Sentir que me hayan dado la oportunidad de llegar, con el nacimiento de este libro, a muchas personas más, y que se hayan comprometido conmigo en un tema que sabemos todos que no es nada fácil. Por ello, agradezco de corazón el apoyo y la dedicación que he recibido por parte de todo el equipo.
Margarita García Marqués
Ser valiente a pesar
Ser valiente a pesar del sinsentido,
aunque tú creas que nada se alcanza.
El sol regala su cálida usanza gocemos
o no de su ardor cedido.
Alza el romero su olor convencido
de algún amante que abrace su danza.
Así recrea la noble esperanza
por abbá urgida, siempre amanecido.
Todo se enamora ante el dios del trino,
ante la fuente que, animada, emana,
ante la esencia del mismo universo.
Ser valiente al fin con el tierno tino
de la ventura del amor que sana,
llama de labio dulce y mimo terso.
(José Ramón Abad)
Índice de contenidos
Introducción
1. ¿Qué es el abuso?
2. ¿Qué es un abuso sexual a menores?
3. Distintos tipos de abusos: físico, psicológico, sexual y por negligencia
4. Relevancia de la prevención del abuso
4.1 Contexto familiar
4.1.1 ¿A partir de qué edad han de reconocer los niños su cuerpo?
4.2 Contexto escolar
4.2.1 Cómo lo cuentan los menores
4.3 Contexto psicoterapéutico
4.4 Contexto social y político
4.5 Contexto médico y sanitario
5. Para padres, madres y familiares
5.1 ¿Cómo saber si han abusado de mi hijo?
5.1.1 Si tu hijo/hija tiene menos de seis años
5.1.2 De los seis a los once años
5.1.3 De los doce a los catorce años
5.2 Secuelas a corto y a largo plazo en víctimas de abuso sexual
5.3 ¿Qué hacer si descubro que han abusado de mi hijo, o SI tengo indicios?
5.4 ¿Denuncio o no denuncio?
5.5 Cómo lo gestiono como padre o madre
6. Para psicólogos psicoterapeutas
6.1 ¿Cómo saber si han abusado de un paciente?
6.1.1 Los niños
6.1.2 Los adolescentes
6.1.3 Los adultos
6.2 ¿Cómo podemos ayudar para que los niños hablen?
6.2.1 Juegos para las sesiones
6.3 Perfil del abusador
6.3.1 ¿Cómo son los abusadores?
6.4 Aliados del abusador
6.5 Evaluación del abuso sexual
6.6 Intervención
6.6.1 Con el hijo
6.6.2 Con la familia
6.6.3 Con el abusador
6.7 Familia nuclear
6.7.1 Familia extensa
6.8 Seguimiento
6.8.1 Pubertad
6.8.2 Adolescencia
7. Para profesionales de la educación
7.1 ¿Cómo podemos detectar si uno de nuestros alumnos ha sido víctima de abusos?
7.1.1 Indicios que pueden mostrarnos que algo puede estar pasando
7.2 Cuando se detecta un abuso sexual infantil, ¿a quién comunicarlo y cómo?
7.3 ¿Cómo actuar después con el menor?
8. La denuncia
8.1 El abuso sexual a niños y la justicia
8.2 El síndrome de alienación parental
9. ¿Qué secuelas tienen los menores que han sido víctimas de abusos?
9.1 Secuelas de menores que han sido víctimas de abusos
9.1.1 Indicadores físicos
9.1.2 Indicadores psicológicos
9.2 Qué actitudes pueden tener en clase
9.2.1 En niños hasta los ocho años
9.2.2 En niños de ocho a catorce años
9.2.3 De catorce a dieciocho años
9.3 Si ha sido cuidado adecuadamente
9.4 Si ha sido desprotegido
9.5 Si ha sido sobreprotegido
10. ¿Qué secuelas tienen los adultos que han sido víctimas de abusos en la infancia?
10.1 Secuelas de los adultos que han sido víctimas de abusos en la infancia
10.2 La relación de pareja
11. Los abusos sexuales en las redes sociales
11.1 La grabación de menores para el consumo de pornografía infantil
11.2 Accesibilidad al material pornográfico
11.3 El acoso sexual en las redes
12. Cómo evitar que los adolescentes se conviertan en abusadores
12.1 ¿Qué es necesario?
12.2 La importancia de la prevención
13. Datos estadísticos
13.1 Evidencia científica
13.1.1 Consecuencias iniciales
13.1.2 Consecuencias a largo plazo
14. Revisión de la literatura científica relacionando abuso sexual infantil y cáncer en España, Europa y globalmente
14.1 ¿Qué relación existe entre las víctimas de abusos sexuales infantiles y el desarrollo de cáncer?
14.2 ¿Cómo afecta la combinación de alcohol y tabaco en el riesgo de cáncer?
14.3 Trastornos mentales en hombres y mujeres expuestos a abuso sexual en la infancia
14.4 Consecuencias del abuso sexual infantil: una revisión de las variables intervinientes
14.4.1 Consecuencias a corto plazo
14.4.2 Consecuencias a largo plazo
14.5 Abuso sexual infantil con contacto genital: un factor de riesgo de cáncer cervicouterino invasivo
14.6 Trastorno mental en menores víctimas de abuso
14.7 La esquizofrenia
15. Recomendaciones finales
16. Bibliografía
INTRODUCCIÓN
Este libro nace ante la necesidad y demanda de muchos padres y profesionales de tener herramientas que les permitan enseñar a los menores de forma lúdica a protegerse del abuso sexual infantil (ASI), así como poder detectar el abuso y acoger de forma saludable para el menor, sin miedo, sabiendo que este es un problema social que, por desgracia, afecta a muchos menores.
Otra de las razones por las que nace este libro es porque en los años que llevo trabajando el ASI en mis talleres y cursos a profesionales especializados en menores (maestros, psicólogos, trabajadores sociales, educadores sociales, integradores sociales, educadores infantiles, médicos y enfermeras) escucho mucho la frase «este tema es muy difícil y yo no quiero implicarme, si veo que a un niño puede pasarle algo así, prefiero no meterme y mirar para otro lado, mejor no complicarse». Quiero enseñar a todos estos profesionales que el ASI no es un tema difícil si se sabe encarar, si se sabe tratar de forma adecuada. Si tenemos las herramientas precisas y lo hacemos bien.
Mucha gente teme involucrarse en este tema porque lo consideran algo demasiado horrible y doloroso para hacerle frente, pero por mirar hacia otro lado no va a desaparecer. Al contrario, adoptar esta actitud nos convierte en cómplices de esta lacra social. Por desgracia, una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños lo sufren antes de cumplir los 15 años de edad; la mayoría lo vive sin dolor, como un juego que llega a ser molesto con el tiempo, y el secreto, el miedo, la desinformación y el silencio son los aliados principales del abusador. Si todos callamos, esto seguirá ocurriendo; la única forma de solucionarlo es trabajar en equipo.
Esta problemática social precisa de la colaboración de todos los profesionales que forman parte del entorno de los menores, que deben darle la importancia que se merece y trabajar de forma adecuada en la prevención y la detección del problema para que se produzca un descenso considerable de ASI.
Entre todos podremos conseguir que la sociedad sea más sana y segura para nuestros menores.
1 
¿QUÉ ES EL ABUSO?
La Real Academia de la lengua Española, en su diccionario, define el abuso sexual como un:
«Delito consistente en la realización de actos atentatorios contra la libertad sexual de una persona sin violencia o intimidación».
Como psicóloga especializada en ASI, defino como abuso sexual a un/a menor:
«Cuando un/a adulto/a o niño/a mayor o grupo de niños humillan, vejan y ridiculizan la sexualidad o genitales de otro niño/a.
Cuando se enseña pornografía a menores o se los estimula sexualmente aunque sea con la palabra, con la exhibición o con el exponer desnudo al menor cuando este claramente se siente incómodo con la situación».
El abuso sexual infantil está categorizado, además, como una tipología del maltrato o abuso infantil. Por ello es importante y necesario comprender qué es el abuso antes de centrarnos en el abuso sexual.
Según el DRAE, un abuso es hacer uso excesivo, injusto o indebido de algo o de alguien. También hacer objeto de trato deshonesto a una persona de menor experiencia, fuerza o poder.
2 
¿QUÉ ES UN ABUSO SEXUAL A MENORES?
Según la definición aportada por el National Center of Child Abuse and Neglect (1978), abuso sexual a menores significa:
«Contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando este usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona. El abuso sexual puede también ser cometido por una persona menor de 18 años, cuando es significativamente mayor que la víctima o cuando el agresor está en una posición de poder o control sobre otro menor».
«Los contactos e interacciones entre un niño o una niña y un adulto, cuando el adulto usa al niño o a la niña para estimularse sexualmente él mismo, al niño, a la niña o a otras personas. Puede ser cometido también por una persona menor de edad, cuando es significativamente mayor que el niño o la niña o cuando está en posición de poder o control sobre otro u otra menor» (1997).
Estas dos definiciones dejan claro que el abuso sexual se distingue de una violación (agresión sexual) en que, más que la violencia presente en las violaciones, se caracteriza por una coerción ejercida sobre la víctima debido a la diferencia de poder entre el agresor y la víctima. Es decir, no se da una relación entre iguales, ya que el agresor siempre tiene más recursos a su disposición, bien sea porque es mayor o porque se encuentra en una posición de poder o control respecto de la víctima.
Margarita García Marqués, psicóloga especializada en abuso sexual infantil, comunicación, infancia y autoestima, define abuso sexual infantil (ASI) como:
«La situación en la cual un adulto o adolescente utiliza a un niño o niña significativamente menor para satisfacer su sexualidad, o estimular sexualmente al menor, aunque el menor no haya sabido poner límites o incluso haya dado su consentimiento, también cuando un niño, o varios de la misma edad fuerzan a otro niño sexualmente sin su consentimiento. Asimismo, también es un ASI cuando se ridiculizan, humillan o vejan los genitales o la sexualidad del niño. O cuando se fuerza la intimidad del menor haciéndole fotos desnudo con intenciones sexuales; o cuando les hacen ver pornografía, o mantienen relaciones sexuales delante de los niños».
Las formas más comunes de abusos sexuales a menores son: el incesto, la violación y la vejación y la explotación sexual (Gallardo, 1997).
3 
DISTINTOS TIPOS DE ABUSOS: FÍSICO, PSICOLÓGICO, SEXUAL Y POR NEGLIGENCIA
Hay distintos tipos de abusos ejercidos hacia los menores, pero nosotros distinguiremos cuatro, Hay que tener en cuenta que, como suelen ocurrir en el entorno familiar, y la mayoría de las veces se producen desde el comienzo de sus vidas, los menores los asimilan como algo normal y cotidiano, y se adaptan a ello en la medida de sus posibilidades; incluso en muchas ocasiones no muestran síntomas.
• Abuso físico: Consiste en la violencia física ejercida sobre un menor, normalmente en forma de golpes, tortazos, pellizcos, tirones de pelo, etc. Tiene graves consecuencias psicológicas, además de las secuelas físicas obvias, ya que la víctima se siente indefensa ante el agresor, que suele ser más fuerte y poderoso que ella.
• Abuso psicológico: Consiste principalmente en insultos, desprecios, humillaciones, críticas negativas y vejatorias, amenazas, manipulaciones negativas, aislamiento, etc. Las consecuencias más importantes suelen ser psicológicas, y abarcan desde una baja autoestima hasta intentos de suicidio.
• Abuso sexual: Consiste en utilizar a un/a niño/a sexualmente, con o sin el consentimiento del mismo, para satisfacer las necesidades o deseos sexuales de una persona mayor que el/la niño/a. Se ejerce un poder por mayor madurez, debido al abuso de poder o fuerza o por ejercer la manipulación con el menor, ejerciendo ese poder en forma de abuso sexual.
• Negligencia: Es la situación en la cual al menor se le niega la atención de sus necesidades físicas básicas de manera temporal o permanente. Se trata de necesidades como: dormir, comer, ingesta de agua o líquidos, abrigo adecuado o espacio; en definitiva, se le niega la atención primaria que debe obtener un menor.
En muchas ocasiones, el abuso sexual a menores va acompañado de abuso físico y/o psicológico y/o negligencia.
En otras, el abuso sexual es una forma del abusador de ejercer poder sobre el niño cosificándole y haciéndole sentir como una propiedad más sobre la que se ejerce poder (como en el caso de muchos niños abusados por la figura parental).
4 
RELEVANCIA DE LA PREVENCIÓN DEL ABUSO
Los tres focos donde hay que poner atención en la prevención y detección del abuso sexual son: el contexto familiar, el escolar y el sanitario.
4.1 CONTEXTO FAMILIAR
Este es uno de los prioritarios en el tema de prevención y detección del ASI. Si los padres trabajan con la prevención y enseñan a los menores a respetar su cuerpo y su intimidad, sus hijos estarán protegidos de la mayoría de los abusos sexuales; hay que tener en cuenta que la mayoría de los abusadores están en el entorno familiar del menor y que el abuso se lleva a cabo tras la obtención de la confianza del menor con ternura y cariño. Si en la familia hablamos a los niños con naturalidad de la sexualidad, adecuándonos a la edad del menor, los niños, incluso los más pequeños, han de saber que cada parte del cuerpo tiene su nombre; también los genitales. Para ello, nos ayudaremos de libros de educación sexual adecuados a cada edad. Los podemos dejar a su alcance en casa o leerlos con ellos; aconsejo la lectura con ellos para adaptarnos a las necesidades de nuestros hijos y fomentar su curiosidad, responder a sus preguntas y adecuarnos a su despertar sexual. Educar con normalidad a nuestros hijos/ as sobre la sexualidad, teniendo siempre en cuenta la edad del menor, será uno de los principios para la prevención de un posible ASI.
Una buena educación sexual permitirá a los menores saber reconocer sus cuerpos, su sexualidad, sus cambios hormonales y sus necesidades en cada etapa. Han de saber que pueden contar con nosotros para solventar sus dudas y preguntas, y también que en casa tienen toda la información que necesitan, y que no tienen que buscarla fuera, ni acudir a Internet, visualizar pornografía o consultar a adultos que aprovechen su curiosidad para iniciarlos (o abusar) sexualmente. Si tenemos una buena comunicación con nuestros hijos, sabrán que pueden contar con nosotros.

Los porcentajes que se muestran en la figura han sido sacados de los estudios llevados a cabo con mis pacientes. De un grupo de 9289 personas, en los últimos 15 años de trabajo, un 89 % de los abusos se perpetran por familiares y, de estas personas, un 37.4 % ha sufrido tocamientos sin consentimiento, un 23,3 % han sido obligadas a tocar a alguien sexualmente, un 17.7 % ha sufrido intento de penetración, un 11.6 % han sido penetradas, un 33 % ha sufrido exhibicionismo u ha sido obligado a ver pornografía por parte de su abusador, y el 7 % ha sufrido otras formas de abuso sexual. El 83% fue a través de juegos y seducción y comenzó con el consentimiento del menor, y el otro 17% fue por abuso de poder y con violencia.
4.1.1 ¿A partir de qué edad han de reconocer los niños su cuerpo?
Desde el año y medio o los dos años. Cuando les enseñamos las distintas partes del cuerpo y les preguntamos «¿y dónde esta tu nariz, tus ojos, el ombligo, y tu pene o tu vulva?» han de saber cómo se llaman sus genitales; son partes de ellos mismos y, como tal, deben nombrarlas con normalidad. Esta parte de su anatomía les llama la atención desde pequeños. Podemos llamarlo con un nombre más formal, pene y/o vulva, o de forma coloquial, como tengan costumbre en la familia, pero ha de tener su propio nombre; esta será una de sus primeras clases de educación sexual.
A partir de los tres años, o en cuanto controlen esfínteres, han de saber que los genitales son partes de su cuerpo y que son las más íntimas. Como ya están aprendiendo a controlar esfínteres, saben que el pis y la caca se hacen en el servicio, y con cierta intimidad. Así que pueden aprender de forma natural que sus genitales también son partes íntimas. Por ello, debemos y podemos hablarlo con naturalidad, sin alarmarles, sin poner agravantes que les hagan ver que son zonas prohibidas o partes del cuerpo que no se deben tocar, porque aún necesitarán en algunos momentos ayuda para limpiarse o porque viven su sexualidad con libertad y curiosidad.
A partir de mi experiencia profesional, he podido observar en las sesiones que en estas edades tempranas ya comienzan a percibir que esta parte de su cuerpo produce sensaciones diferentes y tiene reacciones que les hacen sentir algo que no saben identificar todavía, y que es el placer sexual. Aunque no lo sepan reconocer, saben que tiene que ver con el «gustito», como me dicen ellos/as. Algunas veces he escuchado a niños decir «Mira, mi pito está feliz», mostrando su erección con orgullo (menores de 3 o 4 años); incluso he escuchado a menores (de 3 a 5 años) sentirse molestos por la erección de su pene y pedirme que los ayude a bajar la erección, entre llantos, porque les incomoda esta sensación confusa que no saben manejar.
A los dos o tres años, la mayoría de los niños y niñas se dan cuenta con naturalidad de que cuando frotan sus genitales de una forma concreta sienten que su cuerpo se estremece y comienzan a descubrir un incipiente placer. Esto hace que estos tocamientos algunas veces se realicen en cualquier sitio de la casa: salón, cocina, habitación, o incluso en el parque o en el colegio.
Es en esta edad cuando ya podemos enseñar a nuestros hijos que lo que están realizando, el tocamiento de sus genitales, es algo íntimo que han de llevar a cabo en su habitación o en el baño; es importante no reñirles ni enfadarnos, sino ayudarlos a protegerse mostrándoles sitios seguros donde expresar su energía sexual. Este límite también es una forma de protegerlos de los presuntos abusadores/depredadores que haya cerca de ellos (ya que algunos abusadores con los que he trabajado explicaron que al ver a los niños tocarse o frotarse lo sintieron como una invitación hacia ellos para enseñarles e iniciarlos en la sexualidad).
¿Esto implica eliminar los juegos cariñosos que algunas veces compartimos con los niños? Por ejemplo, cuando decimos: «¡Ay! Que te cojo el culete» o cuando nos los comemos a besos cuando son pequeños. Yo creo que no. Creo que cada familia ha de decidir cómo juega con sus hijos. Considero que no es conveniente alarmar; hemos de vivir la sexualidad de forma natural y alegre, de manera sana, sin alarmar ni asuntarnos. Lo que sí debemos enseñar a los menores es que cuando algo les hace sentir incómodos con respecto a su cuerpo tienen el derecho de decir «NO, ASÍ NO». Tienen derecho a que se los respete y a que si alguien hace algo que les resulta desagradable, deje de hacer lo que les está molestando.
A los seis o siete años los niños ya han de saber que sus genitales les pertenecen; ningún adulto ni niño mayor puede tocarles, ni siquiera con su consentimiento (salvo excepciones como, por ejemplo, que se hayan hecho una herida o una revisión médica). En cualquier caso, si alguien les hace algo pueden y deben poder hablarlo con mamá y papá; si han de guardar el secreto sobre ello o les hace sentir una sensación extraña, confusa y más bien desagradable han de poder hablar de ello con mamá, papá o algún adulto de su confianza.
Hemos de enseñarles a los niños que alguna gente tiene problemas y no sabe que esas partes íntimas son privadas y no han de tocarlas. Para que lo comprendan podemos ponerles ejemplos: hablarles de los pequeños hurtos; decirles que todos sabemos que no se deben tomar las cosas que no son nuestras sin permiso, pero que, aun así, alguna gente comete pequeños hurtos, y que, aunque todos sabemos que está mal, algunas veces algunas personas lo hacen, se creen con el derecho de tomar lo que les gusta sin permiso. Y hay que enseñarles que eso no está bien; si todos enseñamos a esos que hacen pequeños hurtos que no nos gusta, terminarán aprendiendo y ya no lo harán, pero si nos reímos o no le damos importancia creerán que es una gracia y seguirán haciéndolo.
Así hemos de obrar con esa gente que traspasa los límites y trata de tocar los genitales de los niños; los menores tienen que ser valientes y saber poner los límites a esa gente que no sabe, porque no han aprendido, o sí sabe, pero le parece que no es para tanto. No pueden jugar o acariciar sus zonas íntimas. Y si no se han atrevido a decir que NO, por vergüenza o por falta de confianza, sin duda, cuando haya pasado, han de contárnoslo para que nosotros enseñemos a esa persona que eso no se hace.
De los diez a los catorce años, los niños experimentan un proceso hormonal que hace que se desarrollen sus genitales, aparezca el vello púbico y haya un cambio en su cuerpo y en su sentir. Con ello, también comienzan a tener un mayor interés sexual; las hormonas están revueltas. Los preadolescentes tienen conductas sensuales y comienzan a erotizarse de forma más significativa. En esta edad, los depredadores sexuales ajenos a la familia están más alerta y los menores, que se sienten mayores, con una incipiente autonomía, empiezan a salir solos a los parques o con sus amigos, van y vuelven solos del colegio, se sienten mayores, más seguros y autónomos. Esta recién conquistada autonomía conlleva ciertos peligros; ahora son más vulnerables, ya que no están protegidos por la presencia de sus padres o de adultos, y tienen que saber ser asertivos, protegerse y tener en cuenta que aunque la mayoría de la gente en general es buena, algunas personas tienen problemas con los límites y han de saber protegerse de ellas.
Es aquí donde hemos de darles más herramientas para poder poner los límites a conocidos y desconocidos, donde hemos de enseñarles, si no lo hemos hecho antes, a ser asertivos y confiar en sí mismos y en sus sensaciones, explicándoles que hay gente que, aunque sea buena o simplemente lo parezca, puede ser que no haya asimilado el concepto de respeto en cuanto a los límites entre persona. Es importante enseñarles que pueden tratar de engañarlos, y que podría engañarnos a nosotros, los adultos. Las personas que engañan suelen utilizar algo que les guste (un perrito, o un juguete) para apartarlos del grupo o atraerlos hacia su casa, y pueden increparlos o tratar de engañarlos o convencerlos a través de regalos o chantajes, o hacerles caricias mientras se acercan sigilosamente a sus genitales, con tocamientos no apropiados para su edad. Han de estar preparados para poder poner límites y decir con asertividad y fuerza: «NO, así NO, mis partes íntimas son privadas».
En esta edad, la vergüenza y el sentimiento de haberse dejado engañar puede conllevar que guarden para ellos el hecho de haber sido víctimas de un abuso sexual. No quieren parecer tontos por haber sido engañados, porque se sienten culpables de lo que les ha ocurrido. Por eso, hemos de fomentar la confianza entre ellos y nosotros y también para con ellos mismos, y explicarles que estos hombres (y en ocasiones, mujeres), los abusadores, suelen ser muy astutos y saben engañar a cualquiera; y que incluso nosotros podemos caer en su trampa. Los abusadores tienen muchas herramientas para engañar, manipular y hacer que los niños se sientan culpables. Por eso, no han de sentir vergüenza por caer en sus redes porque son muy buenos creando trampas en las que es muy fácil caer. Hemos de enseñarles que han de ser valientes y contarlo a pesar de la vergüenza, el miedo o el sentimiento de culpa que puedan sentir, para que ese adulto cese en su conducta inapropiada. Tenemos que hacerles entender que si ellos hablan lograrán proteger a muchos niños y niñas (por ejemplo, a otros menores, a su mejor amigo/a o a su hermanito/a) a los que ese adulto también engañaría si ellos guardan silencio y a los que causaría más daño.
En conclusión, han de saber que si son valientes y hablan y expresan sus vivencias respecto del abuso al que han sido sometidos no solo se protegen a ellos, sino que también protegerán a otros menores.
4.2 CONTEXTO ESCOLAR
Con nuestras charlas de prevención y detección en colegios prevenimos el ASI de varias formas.
Gracias a las charlas y talleres para profesores, preparamos a los docentes para prevenir el abuso, así como para detectar los indicios que pueden mostrar los menores que han sido víctimas de abusos. Les informamos de cómo actuar siguiendo el protocolo pertinente si surge algún caso y respondemos a sus preguntas, resolvemos sus dudas, aconsejamos y permanecemos en contacto con el centro para cualquier duda que pueda surgir. En las charlas y/o talleres para padres, proporcionamos herramientas a los progenitores para que hablen con los niños con naturalidad de la sexualidad y de una forma sana; para prevenir el abuso y mejorar la comunicación con nuestros hijos, les informamos de la realidad sin asustar, y con positividad les ofrecemos consejos para que lleven a cabo en el ámbito del hogar una prevención sin tabúes, sin vergüenza, para que nuestros hijos comuniquen aquellas situaciones que les incomoden.
En las charlas y/o talleres para niños enseñamos a los menores a reconocer sus partes íntimas, a poner límites, a reconocer y respetar su cuerpo, a comunicar lo que les hace sentir incómodos a mamá, papá o a un adulto de confianza, y a ser más asertivos. A través de juegos lúdicos trabajamos con los menores la prevención, tocando temas como la sexualidad, la autoestima, la comunicación, la inteligencia emocional, la asertividad, etc. Y les proporcionamos herramientas que los ayudan a sentirse más fuertes y protegidos del ASI.
De forma online, cuando los centros educativos envían una circular a casa ofreciendo información de la charla de prevención del abuso, también se lleva a cabo una prevención de forma más extensiva, ya que cuando enviamos nosotros esa circular a los colegios, estos remiten una notificación a todas las familias. A partir de ese momento comunicamos a nuestra familia y amigos que en el colegio de nuestro hijo/a se está trabajando la prevención y detección del ASI. Si hay algún abusador en nuestro entorno sabrá que estamos preparando a los maestros, padres e incluso a los niños para detectar y protegerse del ASI, y también sabrá que los menores estarán preparados, que los mismos niños tendrán herramientas para protegerse y que el entorno del menor está preparado para detectar los indicios que evidenciarán la presencia de un abuso si llegara a ocurrir y podrán detectarlo y actuar de forma adecuada. Todo esto pondrá a los abusadores en estado de alerta, limitará sus acciones o, incluso, ayudará a descubrirlos.
Por lo tanto, la desinformación, el secretismo y el silencio son los aliados principales de los abusadores. Cuando estos tres parámetros se revierten, dejan de ejercer su poder en el menor y este deja de ser vulnerable. Gracias a nuestra actuación conjunta, nuestros niños están preparados para poner límites y para hablar. Y nosotros, para poder escuchar y detectar el abuso.
Los profesionales de la educación podemos introducir la educación sexual a edades tempranas. A modo de ejemplo, podemos mostrarles la imagen de un cuerpo entero y llevar a cabo juegos con los niños para que le pongan la boca, la nariz, los ojos, los genitales, etc. Este ejercicio es importante porque ha de ser uno de los primeros para comenzar la prevención del ASI. Así, los niños aprenden que cada de una de las partes de su cuerpo tiene un nombre; también aquellas que en su casa no se atreven a nombrar. Podemos enseñarles dónde se ubican el pene y la vulva, y preguntar cómo lo nombran en sus hogares. En algunos colegios en los que hemos impartido talleres, en clases de 20 alumnos han expresado más de 40 nombres para nombrar los genitales femeninos o masculinos. Asimismo, les haremos saber que son nuestras partes íntimas, que los adultos y/o niños mayores no deben tocarlas salvo excepciones (una revisión en el médico o si tienen una herida o les duele); en cualquier caso, estas excepciones pueden contárselas a mamá y/o papá, o a un adulto de su confianza, pero nunca deben guardarlo en secreto.
Los niños pequeños, sobre todo los que no tienen hermanos, también quieren conocer y ver cómo son los genitales de otros niños. Los juegos de exploración son normales en estas edades, así como el comienzo de tocamientos autoerógenos, que estén dentro de lo habitual, es decir, tocarse el pene o la vulva, interesarse por los genitales de otros niños o de los padres, jugar a médicos o comenzar a frotarse los genitales en un comienzo de autoestimulación genital. Aunque esta curiosidad es normal, no se debe permitir en el colegio o en la clase; hay que poner límites y ayudarlos a contenerse, y hacerles saber de forma tranquila que ese no es el sitio adecuado para esas exploraciones o juegos. Se trata de algo íntimo que han de realizar en su casa, en su habitación o en el baño, no en el colegio.
A los seis-siete años, la curiosidad de los niños los lleva a explorar con otros niños la sexualidad, por lo que los juegos de médicos son normales entre ellos. No obstante, su libertad sexual y curiosidad puede hacerles vulnerables para los depredadores sexuales, que ven en esa curiosidad de los menores un motivo para intervenir y abusar de ellos. Algunos abusadores me han llegado a explicar que: «El niño tenía curiosidad y yo solo le estaba enseñando», «Es que estaba tocándose y yo solo le ayudé; le enseñé cómo tenía que hacerlo. Yo soy bueno, tengo buenas intenciones, no creas que soy de esos que hacen daño a los niños». Por este motivo hemos de enseñar a los menores a tener intimidad para llevar a cabo sus exploraciones o tocamientos.

4.2.1 Cómo lo cuentan los menores
Tendemos a creer que el menor nos lo va a decir directamente. Pensamos que si le pasa algo nos lo contará con todo lujo de detalles y sin ningún reparo: «Seño, Antonio me toca la vulva todas las noches». En realidad, no es así; la mayoría de las veces los menores lo explican de forma indirecta y ambigua. Somos nosotros los que tenemos que saber interpretar, detectar y hacer preguntas abiertas para tratar de entender lo que les pasa. Y la mayoría de las veces se expresan a través de la comunicación no verbal.
Suelen decir cosas como:
• «Estoy cansada porque Antonio no me deja dormir». Pregunta: ¿Qué tiene que ver Antonio con que estés cansada? ¿Qué es lo que pasa para que no te deje dormir?
• «No quiero ir a casa porque no quiero ver a mi hermano». Pregunta: ¿Qué pasa con tu hermano para que no quieras ir a casa?
• «No me gusta que sea miércoles». Los miércoles es el día que va con su padre, pero no preguntaremos por el padre. Nuestra pregunta será la siguiente: ¿Qué ocurre los miércoles para que no te guste ese día?
También pueden mostrar reacciones que nos hagan sospechar que están atravesando un momento difícil, como, por ejemplo: apartarse asustados cada vez que nos acercamos a ellos; pasar por fases de alerta y/o ansiedad; permanecer en estado de mutismo; no relacionarse con los demás niños; mantenerse aislados; no jugar; estar ausentes; mirarnos fijamente como si quisieran decirnos algo, pero guardar silencio cuando les preguntamos qué quieren o qué les pasa; autoagredirse; estar muy nerviosos algunos días de la semana cuando los recoge una determinada persona; tener problemas digestivos, sobre todo cuando se acerca la hora de volver a casa; dolores de genitales; angustia; ansiedad; etc.
Lo que hay que hacer cuando se sospecha que el menor sufre algún tipo de maltrato es:
• Crear un espacio de confianza donde pueda expresarse.
• Tener calma y no querer saber de inmediato lo que le pasa.
• Formular preguntas abiertas para que nos cuente poco a poco lo que le ocurre.
• No mostrarse invasivo. Si le acribillamos a preguntas, no nos hablará con tranquilidad.
• Jugar a algo que le resulte divertido, dibujar, que nos ayude a ordenar la clase sin indagar mucho.
Hay que dejar que el menor nos cuente a su ritmo y con tiempo, haciéndole sentir que es seguro hablar con nosotros, que puede contarnos lo que le preocupa o le incomoda. Puedo empezar diciendo «Últimamente te veo… muy distraído», «te apartas cuando me acerco», «no te veo jugar con otros niños», «te veo aislado», «te siento muy triste», «te enfadas con facilidad», etc.
Cuando logro establecer un buen vínculo con el menor (lleva su tiempo), y que me cuente qué le hace sentir mal o tener una conducta no deseada, y me revela que está sufriendo abusos sexuales o cualquier tipo de abuso, lo primero que he de hacer tras esa revelación es respirar y tranquilizarme. Luego, sentir gratitud por la confianza depositada en mí y sentirme bien por haber generado la suficiente confianza para que el menor me revele algo tan duro. Y prepararme para actuar de forma adecuada. Mantener la comunicación, dar seguridad y que confíen en nosotros es una de las claves fundamentales para la prevención y detección precoz del ASI.
Es importante recibir lo que nos expresa con tranquilidad y objetividad, sin mostrar grandes emociones de rabia, susto o temor, y tratando de no añadir nada de nuestra cosecha, cuidando la contratransferencia sin dar por hecho nada, dejando que el menor nos cuente. Es importante hablar con preguntas abiertas y dejar que narre lo que le ocurre y luego transcribirlo lo más fielmente posible antes incluso de contárselo a otra persona; también podemos grabarlo si tenemos permiso anticipado.
Frases que pueden ayudar son:
• «Parece que lo que me estás contando es algo difícil que has vivido. ¿Puedes hablarme más de ello?».
• «Tengo la sensación de que algo duro te debe de estar pasando para tener esta actitud o este comportamiento (que podemos describir): pegas a tus compañeros, utilizas palabras o dibujos muy señalizadas, insultas a los demás, te aíslas, no hablas. ¿Quieres que hablemos de ello?».
Por otra parte, reconocer que se pueden llevar a cabo juegos sexuales en el centro escolar no significa que tengan que permitirse. Si ocurre, y somos conocedores de ello, tenemos que averiguar lo que ha pasado, formular preguntas abiertas, preferentemente por separado, para que nos cuenten lo que han vivido y asegurarnos de que no se trata de un abuso y que ningún menor de los que ha intervenido en el juego ha sufrido abusos sexuales por parte de un adulto o un niño mayor. También debemos observar si alguno de ellos se ha sentido violentado u obligado a realizar esos juegos sexuales. En todo caso, cuando se sospecha algo así, lo ideal es derivarlo a un psicólogo especializado en abusos o a un orientador escolar para que investigue si se trata de un juego de niños o de un caso de abuso, ya sea entre ellos o por parte de algún adulto respecto de uno de los menores.
Si en el colegio no hay especialistas o intuimos que el menor tiene más confianza con nosotros porque acaba de contárnoslo, si lo interrumpimos o derivamos a otra persona es probable que se cierre. Tenemos que estar preparados para escuchar sin intervenir, o con las mínimas intervenciones posibles. Las intervenciones que llevemos a cabo han de servir solo para aclarar, y debemos tener mucho cuidado en que nuestras preguntas no induzcan al menor a una respuesta concreta.
Las preguntas que debemos formular son las siguientes:
• Últimamente te veo muy distante y distraído, tengo la sensación de que algo no te permite concentrarte. ¿Quieres que hablemos de ello?
• Es la tercera vez que pegas a tu compañero y alzas la voz. Tú no acostumbras a actuar así. Tengo la sensación de que estás atravesando un momento difícil, me gustaría que pudieras confiar en mí, quizá pueda ayudarte a encontrar una buena solución.
Si encontramos a niños jugando a juegos sexuales en el baño o en el patio, podemos formular preguntas abiertas como:
• He observado (o alguien me ha dicho) que estabais jugando con los pantalones bajados y explorando,
• ¿quieres contarme qué ha pasado?
• ¿cómo te has sentido con lo que ha pasado?
• ¿cómo te sientes al haber sido descubierto?
• ¿de quién ha sido la idea de hacer eso?
• ¿quién te ha enseñado esos juegos?
• ¿has jugado con más niños a este juego?
No ha de ser un bombardeo de preguntas; no hemos de formularlas todas, ya que incomodaría al menor. Lo importante aquí es averiguar si alguno de ellos ha jugado en contra de su voluntad. Y si alguien les ha «enseñado» a jugar a ese juego. Podemos preguntar: «Me han dicho que estabais jugando Pedro y tú con los pantalones bajados. ¿Puedes contarme qué ha pasado?».
Cuando el menor hable, observaremos si lo hace con naturalidad o si se muestra temeroso. Si lo hace con naturalidad, está bien:
—Estábamos jugando a tocarnos el pito.
—Ya veo, y ¿cómo se os ocurrió ese juego?
—No sé, quería ver cómo era tocar el pito de otro niño.
—Y ¿alguien te enseñó ese juego?
—No, se me ocurrió a mí.
—Ya veo; bien, está bien que exploréis y os conozcáis, pero no sé si te das cuenta de que este no es el sitio para esas cosas.
—Valeeeeee.
Otro caso
El niño está avergonzado, con la cabeza gacha, sintiendo que se le ha pillado en algo vergonzoso y malo.
Podemos decir:
—Parece que te sientes mal.
Asiente con la cabeza.
—¿Qué te hace sentir mal?
Se encoge de hombros.
—¿Es lo que estabais haciendo lo que te hace sentir mal o que os haya pillado?
—Las dos cosas.
—Ya. ¿Por qué piensas que es malo lo que hacíais?
—No sé.
—¿No querías hacerlo?
Se encoge de hombros.
—Y si no querías hacerlo, ¿qué ha pasado?
—Que me obligó.
Se encoge de hombros.
—Ya, y cómo te obligó.
—No puedo decirlo.
—Ah, ¿por qué?, ¿qué pasaría si me lo contaras?
—Que me harían…
Hace un signo con el dedo de cortarse el cuello.
—Ya veo, y eso te asusta.
—Pues claro, ¿qué te parece?, ¡me muero!
—Bueno, ¿sabes?, conozco a una persona que ayuda en estos casos. Voy a hablar con ella a ver qué podemos hacer.
—Pero no lo cuentes.
—Lo siento, creo que lo estás pasando mal y voy a hacer lo posible por ayudarte. ¿Tus padres lo saben?
—No, ellos no saben nada.
—Vale, voy a pedir ayuda a ver si podemos buscar una buena solución, ¿te parece?
—Vale.
—Y cuando lo necesites, quiero que sepas que puedes hablar conmigo.
Se le derivará a un psicólogo especializado en abusos.
Si simplemente se trata de un juego de niños, después de charlar con ellos sobre este tema con naturalidad, debemos explicarles que el colegio no es el lugar adecuado para hacer esas cosas, que entendemos su curiosidad, pero que este no es el lugar.
Les contaremos con tranquilidad que tenemos que hablar con los implicados y también con sus padres, pero sin avergonzarlos ni hacerlos sentir mal, para que sus progenitores hablen con ellos sobre sexualidad, puesto que es normal a su edad tener curiosidad. Les preguntaremos si tienen confianza con sus padres, si saben que no pueden obligar a nadie a jugar a estos juegos y si tienen conocimiento de que los mayores no han de jugar con sus partes íntimas. Les diremos también que deben de leer algún libro adecuado a su edad para poder satisfacer su curiosidad.
En cualquier caso, no hemos de magnificar el hecho, porque no se trata de un acto terrible. La curiosidad de los niños los puede llevar a investigar, y nosotros hemos de enseñarles a respetar los límites del cuerpo del otro, a saber que hay espacios para cada cosa, y que el colegio no es el lugar adecuado para jugar con la sexualidad, puesto que eso es algo íntimo que no se debe hacer en el colegio, ni siquiera con el consentimiento de todos los implicados.
A lo largo de toda mi trayectoria profesional, he descubierto que hay menores con distintos grados de energía sexual; así, los hay con mucha energía, con media y/o con poca.
La sexualidad no es más que parte de nuestra energía. Aquellos con más energía de este tipo tienen una mayor curiosidad en estos temas. Eso no implica que hayan sido víctimas de abusos o que alguien los haya dañado, pero sí serán más activos, tendrán más curiosidad e interés, y comenzarán antes sus actividades y exploración. Estos menores empiezan a sentir antes atracción por las chicas o los chicos, a formular preguntas sobre parejas y novios, a tratar de saber y sentir curiosidad sobre cómo se hacen los bebés. No nos debe alarmar, solo hemos de enseñar a contener, canalizar y manejar toda esta energía y tratar de lidiar su interés de forma amable y tranquila, explicándole que el colegio no es un lugar para ciertos tipos de juegos.
Tenemos que aprender a ayudar a estos niños muy sexuales a canalizar esa energía a través del deporte o el baile, o alguna actividad que exija movimiento y los ayude a sacar el exceso de energía, a la vez que educarlos sexualmente hablando con los padres para que los ayuden a encauzar esa energía de forma sana y creativa, a través de charlas con ellos, contestando a sus inquietudes, y de libros de educación sexual adecuados a su edad, para que aprendan a respetarse a sí mismos, y a respetar a otros niños a la vez que su curiosidad sexual está satisfecha sin peligro alguno.
Hay que tener en cuenta que su curiosidad los puede llevar a acercarse a abusadores que los utilicen y dañen y les enseñen una sexualidad malsana.
Si los padres no se sienten preparados para esta charla, sería conveniente que buscaran algún adulto que sí la pueda tener; es importante que crezcan con una sexualidad sana.
Si tenemos la opción de grabar la entrevista porque tengamos permiso de los padres, recomiendo grabar por lo menos el audio con el móvil, sobre todo si tenemos sospechas de un abuso. Trataremos de no intervenir, dejaremos que los niños nos narren lo que ha ocurrido y, después de que ellos hayan terminado su narración, formularemos preguntas abiertas y saludables como:
• ¿Qué ha ocurrido?
• ¿Cómo y/o quién ha comenzado?
• ¿De quién ha sido la idea?
• ¿Quién te ha hecho eso que narras?
• ¿Dónde ocurrió, cuántas veces ha ocurrido?
Nunca hay que hacer preguntas inductivas como:
• ¿Ha sido Juan quien ha empezado?
• ¿Tenías que bajarte los pantalones?
• ¿Te ha tocado los genitales?
• ¿Has tocado sus genitales?
• ¿Has hecho eso porque un adulto te lo ha hecho a ti antes?
Muchas veces a los niños, como a muchos adultos cuando sienten que los han «pillado» en algo que se supone que no está bien (juegos sexuales con otros compañeros), no porque ellos lo sientan como una cosa mala sino porque ven nuestra cara de «horror» cuando los descubrimos, se les hace difícil decir que simplemente están explorando, experimentando y jugando, o conociéndose mutuamente (que es lo que dirían si nosotros les habláramos con normalidad). Yo lo he escuchado decir a más de un niño/niña, cuando los he descubierto jugando a juegos sexuales, y muchos padres también lo han confirmado). Pero si en nuestras caras ven ese «te he pillado en una acción vergonzosa» o «¿cómo? ¡si solo eres un niñ@!» (Hemos de saber que los niños y niñas son seres sexuales desde el mismo momento de nacer, aunque nos cueste reconocerlo, y que tienen curiosidad y ganas de explorar desde su infancia y buscan respuestas y pueden estimularse desde muy pequeños).
Así que si les «pillamos» en una actitud así (con la connotación de que estamos viendo algo que consideramos como no adecuado), si ven en nuestra mirada el susto o la sorpresa negativa, en cualquier caso una mirada no sana y más bien enjuiciadora, si les preguntamos:
• ¿Pero qué estáis haciendo? Ellos tienden a ir a la solución más fácil.
• ¿Lo has hecho porque alguien te lo hizo a ti primero? Al ver la cara que ponemos y la gravedad en nuestra voz, suelen responder afirmativamente.
• ¿Ha sido el profe de lengua quien te lo ha hecho? Decir sí es lo más fácil para ellos en esos momentos.
Los menores piensan que así no los van a reñir tanto; es como dirigir la culpa hacia otro lado. Lo único que quieren en esos momentos es escaparse de la mirada enjuiciadora que están viendo en nuestros ojos, sin darse cuenta de las consecuencias que eso puede tener para el profe de lengua y para él mismo. Por esta razón, hay que tener mucho cuidado y no formular preguntas directivas a los menores.
Si sospechamos que los niños están en el baño jugando a juegos sexuales, podemos invitar desde fuera diciendo: «Hola, chicos, ¿por qué estáis tardando tanto en salir del baño? ¿Por qué os metéis dos en el mismo cuarto de baño?». Es conveniente separarlos para preguntarles individualmente y ver lo que cuenta cada uno, y si la versión de ambos coincide; es importante estar relajados y no poner caras o miradas de que es algo malo, puesto que solo queremos saber lo que pasó en los baños, solo eso.
Es importante averiguar si alguno está intimidado por el otro, o si los dos están de acuerdo y se trata de un juego inocente. Si tenemos sospechas de que algún niño intimida a otro en el baño, hay que tratar de no dejarlos ir juntos al baño, tener una charla con ambos menores, por separado, y observarlos en los patios y las salidas de los baños. Si sospechamos que un niño fuerza a otros o siempre tiene la iniciativa para jugar a esos juegos sexuales, además de hablar con el chico, hay que hablar con tranquilidad con los padres del niño para pedirle que ayuden a su hijo a canalizar su energía sexual, o busquen la ayuda de algún psicólogo especializado en ASI.
Podemos decirles: «Hemos encontrado en varias ocasiones a vuestro hijo jugando a juegos sexuales en el baño; sabemos que son cosas de chicos, y de su curiosidad, pero no podemos permitir estos juegos en el colegio. Nosotros pondremos atención para que esto no vuelva a pasar, pero quizá sería conveniente que hablaran con él sobre ello, y quizá ayudarse de un profesional que le enseñe a canalizar esa energía y a manejarla de forma adecuada».
4.3 CONTEXTO PSICOTERAPÉUTICO
A nivel psicoterapéutico podemos trabajar con los menores para ayudar a la prevención, detección e intervención del ASI. Muchos menores llegan a terapia con síntomas de ASI: ansiedad, angustia, problemas de sueño, regresiones, aislamiento, problemas de relación, autoagresiones, etc.
A través de juegos podemos explorar qué hay detrás de estos síntomas, y fortalecer y proporcionar herramientas a los menores para que puedan comunicar lo que les ocurre y ser más asertivos y resolutivos.
Dependiendo de la edad de los niños, y siempre adaptándonos a un lenguaje acorde con la misma, podemos explorar si los menores son conscientes de los límites de su cuerpo, si conocen sus partes íntimas, si es respetada su intimidad en su familia o en el colegio o si se sienten invadidos y faltos de privacidad. Un cuento de educación sexual infantil que puede ayudar es Tu cuerpo es un tesoro, ilustrado por Elisa Bernat, que enseña a los menores de forma lúdica las distintas partes del cuerpo y su privacidad.
Podemos ayudarlos a hablar de las emociones, a reconocerlas, y verbalizar lo que sienten por cada uno de los miembros de su familia, o personas de su entorno familiar; enseñarles a reconocer con quién se sienten a gusto y cómodos y con quién a disgusto e incómodos, y a poder expresar esa incomodidad, a escucharse, a transmitir lo que sienten.
Podemos hablarles de esos secretos que algunas veces guardamos que nos hacen sentir mal, esos que conviene sacar y expresar, y darles la confianza suficiente para que en este contexto puedan hablar de todas esas cosas que duelen o les hacen sentir mal, para solucionar los problemas que les hacen sentirse mal. Algunas veces, un cuento que hable de los secretos puede ayudar al niño/a a explicar esos secretos que le hacen sentirse así. El Senticuento ¿De qué color son tus secretos?, ilustrado por M.ª Jesús Santos Heredero, puede ayudar mucho a los menores a compartir esos secretos difíciles que algunas veces guardan para ellos; es una forma lúdica, divertida y bonita de contar esas cosas que en ocasiones resultan difíciles de explicar.

Considero estos cuentos una ayuda para poder hablar de forma natural y eficaz con los menores, una herramienta más con que poder explorar el mundo de la intimidad y de los secretos con los niños, tanto en los colegios como a nivel familiar y terapéutico. Podemos hacerlo con la lectura de los cuentos o representándolo a través de guiñoles e interactuando con el menor con muñecos.
Podemos enseñarles que algunas veces algunas personas, aunque sean de la familia, tienen problemas con los límites e invaden nuestro espacio personal y eso nos incomoda, y preguntar si algunas veces se han sentido invadidos e incómodos por algún adulto o niño de dentro o fuera de la familia. Y enseñarles a poner el límite donde ellos lo sientan, con asertividad y determinación.
Juegos con límites y ausencia de límites pueden ser buenos para enseñarles a ser asertivos y hacerse respetar.
Haremos que aprendan a comunicarse de forma asertiva y a resolver los conflictos que surgen en su vida cotidiana, incrementando la confianza en sí mismos y expresándose con mayor claridad y determinación. Deben aprender que tienen derecho a decir SÍ y a decir NO, según lo sientan, y si se sienten incómodos con un abrazo o un beso en un momento dado o no les apetece que los abracen o les hagan cosquillas en ese momento pueden decir abiertamente NO; aunque sean pequeños, tienen derecho a que se respete su espacio y su ser.
También debemos enseñar a los padres de los menores con los que trabajemos. Hemos de decirles que las situaciones de «abuso» cotidianas que reciben los menores a diario les pueden hacer vulnerables a los abusos; son esos pequeños abusos frecuentes del día a día de los que no nos damos cuenta, y que pueden parecer invisibles, los que pueden estar abonando el terreno para los abusadores.
Muchos niños víctimas de abuso me decían que pensaron que era normal que un adulto les tocara los genitales. «Ya sabes — me decían—, los adultos siempre hacen cosas que no me gustan como abrazarme muy fuerte o hacerme cosquillas; y, aunque les digo que no, no paran. Yo pensaba que esto que me hacía era normal, como esas otras cosas. Los adultos hacen lo que quieren siempre y no entienden el NO; si les digo NO, se enfadan y me lo hacen más veces».
En los talleres que tengo de niños para prevenir el abuso, muchos expresan cómo se sienten al sufrir estos abusos diarios por los distintos adultos de su entorno.
Ejemplos de lo que me cuentan en los talleres:
• La abuela me da besos y me achucha, aunque le digo que no quiero. Incluso me dice que soy desagradable y maleducado si un día no quiero darle un beso.
• El abuelo me hace cosquillas y, cuando me canso, le digo que pare y no para.
• Cuando juego con mi primo y me hace daño, le digo que pare y no para.
• Cuando mamá me dice que soy su bebé y me achucha fuerte, algunas veces le digo que no quiero y sigue haciéndolo.
• Cuando papá me sujeta las piernas, me pone boca abajo y bromea conmigo, me gusta; pero cuando no me apetece y le digo que no quiero, no me escucha y sigue, sigue.
Trabajaremos su autoestima para que tengan confianza en sí mismos y puedan sentir que tienen más fuerza.
4.4 CONTEXTO SOCIAL Y POLÍTICO
La importancia social de la prevención del ASI está clara: si trabajamos para la prevención y detección del ASI podremos reducir mucho la prevalencia del ASI con todas las secuelas asociadas a ello.
Por un lado, si trabajamos la prevención evitaremos que muchos menores sean víctimas de abuso porque estarán preparados para ponerle límite y decir: No, son mis partes íntimas, no se tocan.
En cuanto a la comunicación, al trabajar la prevención les enseñamos que sus partes íntimas son privadas y si alguien las invade han de contarlo. Lo más probable es que lo cuenten después de que haya pasado la primera vez, y podremos acogerlos en el momento de explicarlo y protegerlos.
Sí, sé que no podremos prevenirlo en todos los casos; habrá abusadores que seguirán realizando estas acciones, y se reirán de los límites impuestos por los niños.
Identifico tres tipos de abusadores: los que tienen rasgos psicopáticos, los que pertenecen comúnmente a la media de la población y los que son socialmente reconocidos y muy respetados.
Los más psicopáticos, a los que llamo en el lenguaje de los niños los malos malosos malososientos, son personas con rasgos psicopáticos, con falta de empatía, manipuladoras, controladoras. No podemos darle herramientas al menor para protegerse de ellos; un niño solo es un niño, y no tiene fuerza para protegerse de un adulto malsano solo con la palabra.
Los de la media de la población, a los que yo llamo para que me entiendan los menores los buenimalos, en general son personas buenas, con comportamientos aceptables para la sociedad, pero algunas veces pierden los nervios y se les puede escapar alguna mala acción que los lleva a portarse de forma no adecuada. Estos son la mayoría de los abusadores intrafamiliares; los menores sí se pueden proteger de ellos si están preparados y les damos las herramientas adecuadas.
Los socialmente reconocidos, en el lenguaje infantil los buenos buenosos buenososientos, son aquellos que todos consideramos bellísimas personas. En general, tienen comportamientos reconocidos socialmente por su amabilidad y su buen hacer con todos aquellos que están en su entorno; también entre estos puede haber abusadores, a los que cuesta más enfrentar porque los menores no suponen que estas personas puedan estar haciendo algo malo. A los menores a los que hemos preparado, les explicamos que estas personas pueden estar confundidas y no saber respetar esos límites de su cuerpo, por lo que si el menor les dice: «Estas son mis partes íntimas y no puedes tocarlas», estas personas pedirán perdón y se apartarán. De estos sí podemos enseñar a los menores a protegerse y a comunicarlo si les ocurre.
Es importante detectar al abusador si preparamos a los niños y a su entorno; de esta forma, los menores lo cuentan en cuanto ocurre. Así, también podremos poner en el punto de mira al posible abusador que, viendo que actuamos de forma rápida y con firmeza, rechazando esta acción, denunciando según el caso y asegurándole que estaremos pendientes de su proceder y de sus actuaciones futuras, y de su cercanía con otros menores, se pensará mucho tener otra conducta sexualizada con otros menores, ya que sabe que estaremos atentos a sus actos y protegeremos a los niños de nuestro entorno.
Tras haber trabajado durante treinta y tres años con miles de personas de distintas edades que han sido víctimas de abusos sexuales en la infancia, he observado que cuando los niños saben respetar su cuerpo y hacer que lo respeten, si tienen la capacidad de comunicar el abuso, si son escuchados y son tratados en el mismo momento en que ocurre de forma adecuada, las secuelas son leves o nulas.
Los niños que tienen la capacidad de comunicarlo se sienten valientes y salen de la experiencia fortalecidos. Hay distintos casos:
• Los que han sabido poner el límite, y se sienten fuertes por haberle podido decir NO a su agresor, y te expresan con orgullo su hazaña.
• Los que no han sabido poner el límite en el momento, como me han contado algunos niños: «Cómo iba a decirle que No, era mi primo mayor», «No sabía lo que estaba pasando, era mi tío, no pensaba que él me haría algo malo, hasta que me lo hizo y yo no sabía qué hacer, no sabía cómo pararlo, luego se lo conté a mamá». Estos menores han tenido el valor de contarlo tras la primera o segunda vez que ocurrió y se sienten aliviados por haber soltado la pesada carga que llevaban.
A ambos hemos de hacerlos sentir valientes, porque les explicaremos que gracias a que nos lo han contado hablaremos con esa persona y le enseñaremos que eso no se hace, para que no se lo vuelva a hacer ni a él ni a otros niños. Dependiendo de la edad del niño y de la respuesta hacia su abusador, también le diremos que esa persona tendrá responsabilidad sobre sus actos y deberá asumir las consecuencias; probablemente tendrá un castigo por haberle dañado.
Otros niños no se atreven a contarlo y guardan silencio, bien porque han sido amenazados, porque les da vergüenza o para proteger a sus padres (para que no sufran y se sientan mal o para que no se enfaden mucho, o porque es el abuelo y creen que su padre se sentiría muy mal sabiendo que el abuelo hace esas cosas), para proteger al mismo abusador («también le quiero»; o tienen sentimientos encontrados hacia él, amor/odio) o simplemente por temor. El secreto es uno de los factores que más daño hace al menor; a la larga, hace que el dolor, el malestar y los sentimientos de culpa se agranden y se enquisten, y produzcan secuelas más graves. Por eso es importante detectarlo a tiempo y ayudarlos a expresarlo.
Guardar ese secreto durante mucho tiempo daña al niño, hace que las distorsiones cognitivas que tiene el niño se fijen y se graben. Así, sienten y creen que ellos son los culpables de lo que les ha pasado; se sienten malos, sucios, no adecuados. Y la ambigüedad de emociones sentidas, amor/odio, placer/malestar, quiero/no quiero, culpa/acusación, toda esta amalgama de emociones y sentimientos los daña. Sienten que guardan un secreto terrible, que si los demás vieran realmente quiénes son, se darían cuenta de su gran culpa; y van creciendo sin atreverse a vivir con plenitud, guardando parte de su ser, funcionando al 60 o 70 % de sus posibilidades, porque parte de su energía está dedicada a guardar ese secreto tan «feo y desagradable» que no quieren trasmitir, por temor a que otros descubran su gran vergüenza.
Por otro lado, cuando trabajamos conjuntamente con toda la sociedad, estamos previniendo no solo que los niños sean víctimas de abuso, sino también de los abusadores. Cuando los abusadores son conscientes de que la sociedad está sacando a la luz este problema, y que el secreto, el silencio y la desinformación de los niños ya no son sus cómplices, tienen menos espacio donde abusar. Por otro lado, si preparamos a los menores para poner límites y contarlo si les llega a ocurrir, descubriremos antes a los abusadores y podremos poner remedio a esta problemática social que tanto dolor y secuelas produce en los menores y en los adultos que han sido víctimas de abusos en la infancia.
Muchos de los abusadores con los que he trabajado minimizan la importancia del daño que han causado, diciendo cosas como: «el menor venía y me buscaba», «yo no le hacía daño, yo soy de los buenos, lo que yo he hecho no es para tanto, le daba placer», «cuando vi que le hacía daño, paré, yo soy bueno, ¡eh!, no como esos otros que sí han de estar en la cárcel». No son conscientes del daño que hacen en el momento ni, sobre todo, a la larga a ese menor; minimizan el efecto de sus acciones. Así que si los detectamos a tiempo podemos mostrarles el daño que causan y evitar que abusen de otros menores y de formas más graves.
En cuanto a la etapa adolescente, uno de cada cinco, según estudios de la Unión Europea, ha sido víctima de abusos; y, de estos, el 20 % se convertirá en abusador. Si a esta edad trabajamos con los menores, es posible que podamos ayudar a sanar a estos menores, así como detectar a los posibles abusadores, concienciándolos del daño que esto produce y ayudándolos a canalizar su energía sexual de forma constructiva.
Es importante trabajar con los menores que han sufrido ASI en distintos ámbitos; trabajar con ellos una educación sexual sana, enseñarles a poner límites, fomentar su autoestima y asertividad, trabajar su agresividad y sentimientos de culpa, mejorar la comunicación y las relaciones... Todo ello nos llevará a reducir la prevalencia del ASI.
El ASI tiene un mayor grado de incidencia asociado a distintas enfermedades mentales, como depresiones, psicosis, trastorno límite de la personalidad, etc., así como con actitudes en el afrontamiento hacia la vida, sentimientos de inferioridad, de culpa, de no ser válido. Esto hace que el SER no se desarrolle en toda su plenitud; si consiguiéramos detectarlo a tiempo, ahorraríamos mucho dolor y sufrimiento a toda la sociedad (tanto a la persona que ha sufrido ASI, como a padres, hermanos, pareja, abuelos de niños que sufren ASI, y reacciones adversas que dañan a la sociedad de una u otra forma: bajas por depresión, brotes psicóticos, paranoias, agresiones, suicidios…).
Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.