Kitabı oku: «Estrategias para la comprensión lectora»

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Peredo Merlo, María Alicia, autor

Estrategias para la comprensión lectora : una propuesta para profesores / María Alicia Peredo Merlo. -- 1a ed. – Guadalajara, Jalisco : Editorial Universitaria : Universidad de Guadalajara : El Colegio de Jalisco, 2015.

Incluye referencias bibliográficas

ISBN Universidad de Guadalajara 978 607 742 379 9

ISBN El Colegio de Jalisco 978 607 8350 48 3

1. Comprensión de la lectura-Estudio y enseñanza 2. Lectura I. t.

372.47 .P43 DD21

LB1050.45 .P43 LC



Índice

Introducción

Capítulo 1. Entre la disciplina y la didáctica. Algunas prenociones que afectan la enseñanza de la competencia lectora

El punto de partida

Perfiles curriculares

Perfiles de egreso de la formación inicial de profesores

Algunas habilidades lectoras

Metodología

Prenociones

El proceso de reflexión grupal

Capítulo 2. Estrategias de lectura y su posibilidad didáctica en la formación de lectores competentes. La localización de información

Notas preliminares

Habilidades y estrategias

Estrategias previas a la lectura

Estrategias durante la lectura

Estrategias después de la lectura

Lectura más allá del texto

La reflexión de los participantes

Capítulo 3. Localización y comparación de argumentos. Propuesta para su enseñanza

La ejecución de la tarea: localizar y comparar argumentos

Estrategias de lectura para textos argumentativos

Capítulo 4. Recuperación de la experiencia formativa

Aprendizajes declarados

Capítulo 5. Reflexiones finales

Bibliografía

Apéndices

1. Encuesta preliminar

2. Instrumentos de la investigación

­
Introducción

Esta obra forma parte de una serie de investigaciones anteriores en las que trabajé el problema del déficit lector en estudiantes de educación básica y educación media superior; de igual modo, presenté la problemática a profesores en servicio para conocer la representación que tienen de ella. Los resultados de estas investigaciones se fueron presentando en diferentes espacios académicos a los que en ocasiones acudían profesores en servicio, quienes siempre me solicitaban referencias bibliográficas propias o de otros autores que les ayudaran a formar lectores estratégicos, como los que mencionaba en mis disertaciones. Este libro tiene la intención de satisfacer esta petición.

México, al igual que otros países latinoamericanos, ha introducido reformas tendientes a evaluar desempeños, inicialmente de alumnos y de forma reciente de profesores en servicio y a los que pretenden ocupar una plaza docente. Más allá de si esta política es correcta, conviene reflexionar en que los candidatos a ocupar una plaza de profesor provienen del propio sistema nacional de formación de profesores, los que por cierto no pasan por esta evaluación. Me refiero a que los formadores de docentes no son objeto de evaluación. En el momento en que escribo este libro se ha realizado el primer examen y emitido los resultados correspondientes. A nivel nacional, sólo 3% aprobó el examen de ingreso, 12% tiene un nivel denominado “bueno” y el resto no es satisfactorio. Está reprobado 61%. En Jalisco, 4% aprobó, 13% obtuvo un buen resultado y el resto es poco satisfactorio, destaca 57% como deficiente. No hay una diferencia significativa entre escuelas normales y el grupo denominado abierto que probablemente corresponde a escuelas de pedagogía o similares.1 Estos resultados, sin duda, son alarmantes y no se restringen a un tipo de formación sino a un sistema escolar que no logra formar competencias básicas indispensables para los estudios superiores.

En este trabajo se analizará que estos concursantes, generacionalmente, fueron los primeros estudiantes evaluados por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (ocde) a través de pisa y los resultados muestran la falta de habilidades básicas en lectura, matemáticas y ciencias. Esto nos conduce a afirmar que los estudiantes de normal ingresan con una serie considerable de deficiencias en la formación escolar previa y que, de acuerdo con los resultados de ingreso a la profesión, muy probablemente no logran remediarlas al interior de las escuelas normales. El siguiente cuadro, tomado directamente del Programa Sectorial de Educación, permite afirmar que las autoridades y planificadores de la educación están enterados de esta situación, sin que se pueda decir que han hecho algo para revertir los resultados deficitarios. Conviene aclarar que he mostrado antes estos datos tomados de la ocde; pero al referir lo que expone la Secretaría de Educación Pública (sep), quiero poner énfasis en la urgente necesidad de intervención en los diversos niveles escolares y en que no se observa una política pública tendiente a modificar, más allá de un diseño curricular, la formación inicial de profesores.


Cuadro 1. Resultados del examen pisa
México20002003200620092012
Matemáticas387385406419413
Lectura422400410425424
Ciencias422405410416415
Promedio ocde
Matemáticas500500498496494
Lectura500494494493496
Ciencias500500500501501

Fuente: Programa Sectorial de Educación 2013-2017.

El histórico de desempeños de los jóvenes mexicanos, particularmente en el área de lectura, es el siguiente:


Cuadro 2. Histórico de lectura
AñoNivel 6 (%)Nivel 5 (%)Nivel 4 (%)Nivel 3 (%)Nivel 2 (%)Nivel 1 a-b (%)nivel -1 (%)
20000.96.018.830.328.116.1
20030.94.315.627.527.124.9
20060.65.318.228.926.021.0
200900.45.321.233.036.913.2

Fuente: Datos organizados por la investigadora.

Entre 75% y 83% de los jóvenes en este lapso de nueve años, no poseen las habilidades cognitivas necesarias para la lectura, de la cual obviamente se desprenden los demás aprendizajes. Vale la pena pensar en la relación que existe entre los profesores y el Estado que los forma, los evalúa y que, al darse cuenta de las deficiencias, parece que lo único que hace se limita a diversas modificaciones curriculares, pero no ha logrado mejorar los desempeños elementales.

A partir de ambas consideraciones: la ausencia de un texto particularmente dedicado a la formación de lectores estratégicos y las escasas probabilidades de que los estudiantes de normal sean lectores hábiles, es que me propuse desarrollar la investigación que aquí se presenta. Al acercarme a estudiantes normalistas, por medio de una metodología de investigación con grupos focales, tuve la intención de mostrar a los participantes y a los lectores de este libro que si no se poseen las habilidades para ejecutar las tareas lectoras que se solicitan a los alumnos, menos se tiene posibilidad de una enseñanza eficaz, entendida a través de altos niveles de logro educativo. Pero conviene advertir al lector de este libro, que no se trata de un manual didáctico que ofrece recetas para los futuros profesores o los que están en servicio; nada más alejado que eso. Más bien tiene una lógica argumentativa que pretende mostrar que precisamente lo que hace falta es un conocimiento teórico antes que práctico para modificar los malos resultados obtenidos al formar lectores en diferentes niveles escolares. Tampoco pretende ser un libro para enseñar a leer sino a leer bien y a pensar bien, pero corresponderá al profesor la trasposición didáctica, aunque aquí se hacen algunas sugerencias.

Ahora bien, este libro parte de una reflexión profunda del papel que tiene la enseñanza de estrategias lectoras, por este motivo se proponen algunos lineamientos que apuntan hacia la metacognición, entendida inicialmente como la capacidad individual de recuperar el proceso que se requiere para mejorar la comprensión de un texto; es decir, la intención explícita de aplicar un sistema de apoyo cognitivo para cada texto antes, durante y después de su lectura. Asimismo se analiza la importancia de la socialización como factor interviniente en el proceso de construcción del conocimiento derivado de los textos.

Los profesores tienen como una obligación inherente a su función, formar individuos que participen en la cultura escrita, lo que implica, entre otras cosas, apropiarse de la utilización del lenguaje escrito como vía de aprendizaje autónomo. Esto compromete la exigencia de que el estudiante pueda leer para aprender dentro y fuera de la escuela. Asimismo, conlleva la responsabilidad de cada profesor de actualizar sus conocimientos, precisamente a partir de un acercamiento a materiales científicos que dan cuenta de los avances relacionados con la lectura como objeto de investigación.

Este libro utiliza algunos textos experimentales para ilustrar cada estrategia lectora; conviene entonces que el lector consulte los apéndices respectivos para una mejor comprensión de lo que aquí se expone.

Finalmente quiero dejar asentado que la utilidad de este libro depende de la iniciativa de cada lector a partir de las sugerencias expuestas y que, en todo caso, recomiendo extender la consulta a distintos enfoques teóricos que sin duda coadyuvarán a ampliar el panorama de posibilidades que cada docente tenga para aplicar en los distintos escenarios pedagógicos.

1 Secretaría de Educación Pública y Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Concurso Nacional para el Otorgamiento de Plazas Docentes 2013-2014. [concursonacional.sep.gob.mx/conapd13/estadisticas/]

Capítulo 1
Entre la disciplina y la didáctica. Algunas prenociones que afectan la enseñanza de la competencia lectora
El punto de partida

En este capítulo se analiza una habilidad indispensable en la escuela. Si se considera que la lectura es la base de casi todos los aprendizajes escolares, entonces se le puede dar la connotación de aprendizaje de primer orden. Debería ser transversal a la currícula, pero quizá es una de las competencias menos desarrolladas en la educación básica fundamentalmente por el desconocimiento teórico que poseen los profesores sobre esta enseñanza particular. 1

En estudios preliminares pude evaluar algunos desempeños considerados prioritarios: la localización de información puntual y anidada en textos expositivos y narrativos. Asimismo, la comparación de argumentos opuestos y la toma de posición en textos argumentativos. Estos estudios se hicieron con estudiantes de secundaria y bachillerato. Después convoqué a profesores de español en el nivel de secundaria y constaté la representación que tienen del problema del déficit lector. Algunos de los principales hallazgos en estos estudios preliminares conducen a pensar que hay una constante que prevalece tanto en estudiantes como en profesores en servicio: no hay reglas claras para ejecutar la tarea de localización de información implícita como tampoco las hay para enseñarla. Esto mismo ocurre cuando se analizan textos argumentativos.2 Se puede hipotetizar que hay una ausencia de conocimiento teórico y su trasposición didáctica para la enseñanza formal de estrategias de lectura y el desarrollo de habilidades complejas de lectura.3

Como ya se ha mencionado, localizar información para el aprendizaje escolar y extraescolar es de vital importancia, sobre todo en una sociedad que se desarrolla a partir de la comunicación escrita y que paulatinamente se ha incorporado a la sociedad del conocimiento. Ahora bien, localizar y comparar información en textos académicos no son aprendizajes espontáneos, en general pasan por un proceso de entrenamiento y es precisamente la escuela la institución encargada de ofrecerlo; sin embargo, parece que no se logra dados los resultados en pruebas nacionales, internacionales y las investigaciones propias.

En este contexto surge una pregunta interesante: ¿los estudiantes de normal poseen estas habilidades y tienen los conocimientos pedagógicos para enseñar a los alumnos de educación básica? Se está frente a un problema entre la disciplina (teoría de la lectura) y la trasposición didáctica (formar lectores competentes). En investigaciones anteriores se constató que las historias escolares relacionadas con la lectura son muy parecidas; es decir, los jóvenes han sido mal enseñados, no conocen ni aplican estrategias de lectura y por consecuencia son lectores incompetentes que quedan confundidos cuando se les solicita analizar información. ¿Por qué habría una realidad diferente en las escuelas normales? Parecería obvio encontrar los mismos resultados, sobre todo si se considera que los primeros resultados de la ocde en pisa 2000 corresponden a estudiantes de entre 15 y 16 años y que los resultados a partir de entonces, y en los años siguientes (2003, 2006, 2009, 2012), han dado muestra de un importante déficit en habilidades cognoscitivas básicas como la lectura. Generacionalmente los actuales estudiantes de las escuelas normales son parte de estos resultados, además de que provienen del mismo sistema escolar deficiente. Se trata de un doble problema: por un lado estos estudiantes ya tuvieron una enseñanza insuficiente —según historias escolares y resultados de logro educativo—, serán profesores y desconocen cómo convertirse en lectores competentes y cuál es la mejor forma de enseñar a sus futuros alumnos a serlo.

Además, una mirada elemental al currículo de formación de profesores nos permite decir que hay un discurso curricular oficial que avala la necesidad del lenguaje escrito como piedra angular del sistema escolar, pero que deja de lado la base teórica a través de la cual los futuros profesores se pueden informar sobre los avances relacionados con la formación de lectores competentes.

Perfiles curriculares

Aunque no es mi interés hacer un análisis curricular en el sentido estricto, conviene mostrar el discurso presente en la formación de profesores toda vez que es una base por medio de la cual se concibe esta formación profesional. El currículo es también una forma de mirar la relación entre la política educativa que define el tipo de profesores que desea formar y la sociedad que cuestiona la calidad con la que los niños y jóvenes están egresando de la educación básica. Cabe reconocer que el currículo prescrito, a través de documentos oficiales, no necesariamente corresponde al manifiesto o al que se implementa en las aulas y mucho menos al implícito u oculto que analiza relaciones de poder. Me limito a ciertos referentes tácitos, lo cual encierra dificultades metodológicas; por un lado el currículo es sólo un componente de lo que supuestamente ocurre en el aula, es una forma organizada de ciertos contenidos, que en ocasiones no se traducen en programas puntuales sino sólo en orientaciones generales. Por otro lado, no queda clara la transversalidad de la lectura, la cual, por cierto, debería estarlo. Me limito al área de español, como bloque en el que específicamente se espera desarrollar habilidades relacionadas con el lenguaje, entre las cuales se encuentra la lectura, pero ésta, sin duda, está presente en todas las asignaturas. No se hace un análisis puntual de los contenidos ni de actividades específicas porque el interés está en los resultados de esta investigación que dan cuenta de ciertas deficiencias a pesar del discurso oficial. Otra guía para analizar el currículo es la bibliografía sugerida, pero ésta, a mi parecer, es escasa. Al respecto se dice:

La Secretaría de Educación Pública pone al alcance de los maestros y alumnos de la Licenciatura en Educación Secundaria, Plan 1999,4 los materiales de estudio que se requieren para el desarrollo de los programas de cada semestre. Los materiales de estudio para cada asignatura se encuentran en:

 El cuaderno: “Programa y materiales de apoyo para el estudio”, de cada asignatura.

 El acervo general y especializado de las bibliotecas de las escuelas normales.

 Las videocintas de diversas series, entre las que se encuentran las teleconferencias de la serie Transformar a las escuelas normales.

Cada cuaderno “Programa y materiales de apoyo para el estudio” está integrado por dos partes fundamentales: el programa de la asignatura y aquellos textos indicados en la bibliografía básica que por no estar disponibles en el mercado no han podido integrarse a los acervos de las escuelas normales.5

A continuación se analizan algunos elementos curriculares.

Perfiles de egreso de la formación inicial de profesores

Si se considera el perfil de egreso como el principal indicador de lo que se espera como producto de la formación, entonces se puede analizar lo que corresponde a la competencia lectora, la que sin duda es fundamental en la docencia. Se toma en primer lugar el plan de estudios de la normal primaria de 1997, ya que es el que cursaron los estudiantes que participaron en esta investigación.

Dentro del perfil de egreso, del plan de estudios de 1997 de la Licenciatura en Educación Primaria, en el rubro de habilidades intelectuales, las que corresponden a lo relacionado con el lenguaje escrito, es decir, con el desarrollo de habilidades de lectura, son:

1 Posee alta capacidad de comprensión del material escrito y tiene el hábito de la lectura; en particular valora críticamente lo que lee y lo relaciona con la realidad y, especialmente, con su práctica profesional.

2 Expresa sus ideas con claridad, sencillez y corrección en forma escrita y oral; en especial ha desarrollado las capacidades de describir, narrar, explicar y argumentar, adaptándose al desarrollo y características culturales de sus alumnos.

3 Localiza, selecciona y utiliza información de diverso tipo, tanto de fuentes escritas como de material audiovisual, en especial la que necesita para su actividad profesional.6

El perfil de egreso del programa 2012 contempla:

 Usa su pensamiento crítico y creativo para la solución de problemas y la toma de decisiones.

 Resuelve problemas a través de su capacidad de abstracción, análisis y síntesis.

 Utiliza su comprensión lectora para ampliar sus conocimientos.

 Distingue hechos, interpretaciones, opiniones y valoraciones en el discurso de los demás, para coadyuvar en la toma de decisiones.

 Aplica sus conocimientos para transformar sus prácticas, de manera responsable.

 Aprende de manera permanente.

 Utiliza estrategias para la búsqueda, análisis y presentación de información a través de diversas fuentes.

 Aprende de manera autónoma y muestra iniciativa para autorregularse y fortalecer su desarrollo personal.7

Como puede observarse, se espera lograr el desarrollo completo de las habilidades de lectura, mismas que consideré para esta investigación. No obstante, veremos más adelante que no se cumple con este perfil principalmente por razones de una historia escolar que no ha formado estas habilidades y por la ausencia de conocimiento de elementos teóricos que superen el déficit.

Ahora bien, dentro del perfil de egreso de la Licenciatura en Educación Secundaria, plan 1999, encontramos exactamente lo mismo que para la educación normal primaria del plan 1997:

1 Posee alta capacidad de comprensión del material escrito y tiene el hábito de la lectura; en particular, valora críticamente lo que lee y lo relaciona con la realidad y, especialmente, con su práctica profesional.

2 Expresa sus ideas con claridad, sencillez y corrección en forma escrita y oral; en especial, ha desarrollado las capacidades de describir, narrar, explicar y argumentar, adaptándose al desarrollo y características culturales de sus alumnos.

3 Plantea, analiza y resuelve problemas, enfrenta desafíos intelectuales generando respuestas propias a partir de sus conocimientos y experiencias. En consecuencia, es capaz de orientar a sus alumnos para que éstos adquieran la capacidad de analizar situaciones y de resolver problemas.

4 Tiene disposición y capacidades propicias para la investigación científica: curiosidad, capacidad de observación, método para plantear preguntas y para poner a prueba respuestas, y reflexión crítica. Aplica esas capacidades para mejorar los resultados de su labor educativa.

5 Localiza, selecciona y utiliza información de diverso tipo, tanto de fuentes escritas como de material audiovisual, en especial la que necesita para su actividad profesional.8

Dentro de los propósitos de la asignatura de Español del plan 19979 se encuentran algunas definiciones que nos permiten afirmar que se espera que el profesor conceptualice la base cognitiva de las habilidades relacionadas con el uso del lenguaje, particularmente su relación con el ejercicio didáctico. A pesar de las buenas intenciones no se encuentra, de forma explícita, la perspectiva teórica que lo fundamente. Lo que sí se encontró son algunas valoraciones como las siguientes: “La lectura, la escritura y la expresión oral, [son] herramientas indispensables en el desempeño docente;”q y “las capacidades para narrar, describir, explicar, preguntar y leer en voz alta son componentes de la competencia didáctica”. w

Los propósitos generales de esta asignatura están claramente enfocados a los programas de primaria, pero se carece de propósitos formativos para los propios estudiantes normalistas.

En los programas de Español y su enseñanza i y ii, los propósitos son:

Que el estudiante de Normal … comprenda lo que lee … analice los enfoques y contenidos del campo de lenguaje propuestos en la educación primaria, conozca los materiales distribuidos a los alumnos … los distintos usos comunicativos del lenguaje … se prepararán para el uso óptimo de los libros de texto gratuitos.e

En un documento posterior que se supone de apoyo para los formadores de docentes, se encontraron elementos formativos bajo un supuesto vínculo entre el hábito del profesor y los resultados de la enseñanza. Destacan los siguientes:

Desarrollo de habilidades para leer comprensiva y analíticamente, seleccionar y sistematizar diversos tipos de información, y adquirir el interés y hábito por la lectura.r

En la medida en la que el maestro logre despertar en sus alumnos el entusiasmo por la lectura, estará contribuyendo a la formación de la autonomía en el estudio y el aprendizaje que es propósito de la educación básica.t

Un profesor no lector será incapaz de despertar en sus alumnos el gusto por la lectura…y

Hacer explícitas tanto las dificultades para comprender un texto, como las diversas interpretaciones posibles, permitirá al futuro maestro reflexionar aspectos que debe tener presentes al enseñar a leer de manera comprensiva.u

Finalmente, en el plan de estudios para la Licenciatura en Educación Primaria 2012, que se orienta a las llamadas competencias profesionales, está la tendencia teórica de las prácticas sociales del lenguaje apoyadas en buena medida en los nuevos estudios de literacidad y el constructivismo en su amplia acepción, pero tampoco se expresan de forma explícita; es necesario tener un conocimiento teórico al respecto para inferir esta base.

Una vez presentado el discurso oficial en la formación de profesores, al menos mínimamente traducido en el currículo, surge una pregunta sugerente: ¿qué habilidades docentes espera la sociedad para formar lectores competentes? Si bien esta investigación no apunta a responderla, sí da cuenta de un déficit en la formación de los futuros profesores, lo que sin duda es una preocupación importante para la sociedad porque ha depositado en los profesores de educación básica la función de formar lectores competentes. Las intenciones de esta investigación se concentran en el desarrollo de estrategias lectoras en la formación inicial de profesores.

Lo que sin duda queda claro es que enseñar a leer no se refiere sólo a la decodificación del lenguaje escrito y que no es suficiente ser un buen lector para ser un buen profesor de lectura, como tampoco se puede ser formador de lectores competentes si no se es un lector habilitado.

Algunas habilidades lectoras

Este estudio pretende mostrar, por medio de un proceso de intervención mínima en la formación inicial de profesores, que la información teórica y la metacognición producen resultados que impactan en las técnicas pedagógicas que probablemente implementarán los futuros profesores. La información teórica está delimitada exclusivamente a las estrategias de lectura susceptibles de ser enseñadas y útiles para la lectura con fines de aprendizaje. La metacognición queda entendida como el conocimiento que tiene una persona acerca de sus propios recursos cognitivos y la compatibilidad de éstos con la tarea que se desea realizar; en este caso hay una doble intención: la utilización de estrategias lectoras y su trasposición didáctica; es decir, el participante en esta investigación partió de la siguiente pregunta generadora: ¿qué estrategia utilizo para identificar información en este texto en particular y cómo la enseñaría a los estudiantes que atenderé?

Para Noguerol, la metacognición es la toma de conciencia y sirve como fundamento para la evaluación formativa.i Baker y Browno proponen habilidades metacognitivas relacionadas con la lectura, algunas pueden ser consideradas estrategias, como monitorear la comprensión, el autocuestionamiento y la solución de problemas durante la comprensión. Lo importante es que el lector sea el primero en percatarse de si tiene algún problema de comprensión e intente solucionarlo adecuando una nueva estrategia. Lo que parece sucederles a los malos lectores es que no se dan cuenta de su incomprensión.

Conviene destacar que tuve la pretensión de estimular la reflexión disciplinar tanto sobre la lectura como objeto teórico, como sobre la didáctica para enseñarla y formar lectores estratégicos.

Metodología

Resultaba atractivo aplicar los mismos instrumentos utilizados con estudiantes de secundaria y de los últimos semestres de bachillerato (234 de tres contextos diferentes: Guadalajara, Laredo —migrantes mexicanos— y Tijuanap), con la sospecha de encontrar resultados semejantes. Como el sistema mexicano de formación inicial de profesores está dividido en escuelas normales para educación preescolar, primaria, secundaria y especial, cabe mencionar que sólo se trabajó en dos escuelas normales de educación primaria, una pública y otra privada, y una escuela normal superior dirigida a formar profesores de nivel secundario. Ésta fue pública ya que no se cuenta con instituciones privadas de este tipo, al menos en Jalisco. En estas tres escuelas se reunió a estudiantes del último semestre del plan de estudios 1997. Se formaron grupos focales a los que acudieron de forma voluntaria alumnos interesados en la lectura y su enseñanza. La asistencia a las cinco sesiones de trabajo fue relativamente estable. Los grupos que se formaron fueron de 12, 11 y 23 participantes. Las sesiones duraban dos horas; cada una consistió en recuperar prenociones, aplicar el instrumento de evaluación de comprensión lectora y cerrar con una breve explicación teórica de lo realizado, de manera que se generara un movimiento epistemológico a partir de la reflexión de la tarea solicitada, la ejecución y la complejidad de su enseñanza.

Las competencias de lectura evaluadas y reflexionadas fueron: a) localización de información en textos narrativos y expositivos, b) localización y comparación de argumentos en textos argumentativos, c) elaboración de un resumen.

Los textos utilizados fueron: “El desarrollo de la tecnología náutica”, “La función de la circulación”,a “El costo de la destrucción”, “El fin del imperio impuesto por los franceses”, “El asesinato del emperador Maximiliano de Habsburgo”.s El procedimiento lector consistió en:

1 Leer en silencio el texto narrativo. Leer en silencio el texto expositivo. Reporte metacognoscitivo oral.

2 Leer en silencio el texto argumentativo único. Responder un cuestionario. Responder un reporte metacognoscitivo escrito. Elaborar un resumen. Reporte metacognoscitivo posterior a su elaboración.

3 Leer en silencio los dos textos argumentativos opuestos. Tomar posición en un debate oral. Reporte metacognoscitivo oral.

Hay una fuerte influencia de los supuestos con los que los profesores enseñan; es decir, tienen nociones pedagógicas que han aprendido en su formación, no sólo en la escuela normal sino a lo largo de su trayectoria escolar. La lectura no escapa a estas prenociones, sobre todo si se considera que la lectura ocupa un lugar dentro de la cultura escrita y por lo tanto en la sociedad que la produce y consume. Primero se describen estas prenociones, que pueden considerarse como saberes, y posteriormente se analizarán a la luz de alguna explicación conceptual.

Prenociones

En este apartado se presenta el análisis de las respuestas recogidas por medio de una encuesta (cfr. Apéndice 1) aplicada a los normalistas participantes, en donde se logra percibir algunas nociones acerca de la importancia y función de la lectura, sobre todo el papel de la escuela y de los profesores para lograr estudiantes con altos niveles de competencia lectora.

Hay una cierta homogeneidad en las respuestas, sin importar mucho si el nivel es de normal primaria o de normal superior; por ejemplo, todos coinciden en afirmar que la principal función de la escuela es motivar el gusto por la lectura de cualquier tipo —literaria o informativa—. En segundo orden está el desarrollo de habilidades. Se puede argüir un punto de tensión pedagógica porque la habilidad lectora parece estar condicionada a un aspecto conductual-motivacional, lo cual teóricamente no es exacto. A pesar de que efectivamente hay un factor psicológico que involucra a la motivación, la competencia lectora involucra aspectos mucho más complejos. De hecho hay una relación entre comprender un texto para estar motivado en continuar su lectura y, en contraparte, la incomprensión, que causa abandono y tedio. Los estudiantes normalistas reconocen la función prioritaria de la lectura para el aprendizaje, es decir, la lectura para aprender. El problema lector, según ellos, se debe a la falta de motivación, a la ausencia de cultura lectora familiar, a los distractores tecnológicos y a la falta de comprensión. El error consiste en pensar que el problema del déficit lector es sobre todo un asunto de desmotivación, y no es así.

Existe un objetivo curricular en la educación básica que señala la formación de hábitos lectores. En este sentido, los encuestados coinciden en que la mejor estrategia didáctica es dar lecturas que interesen y gusten a los alumnos y posteriormente se pueden hacer comentarios o aplicar cuestionarios. Cabe mencionar que esta técnica es una tendencia que se ha observado en otros estudios e historias lectoras. Leer en la escuela demanda reportar de alguna manera lo comprendido. Hay una cierta disyuntiva entre motivar y evaluar. No siempre el lector se interesa por reportar lo leído sino por disfrutar la lectura; asunto que se relaciona más con la lectura literaria que con la informativa. Todos están de acuerdo en la necesidad de formar lectores autónomos, el problema es la recurrencia de considerar que la motivación es esencial para lograrlo. Motivar y evaluar son los pilares de su noción de lectura escolar.

Hay una prenoción de la lectura como bloque curricular y no como eje transversal y sin tomar en cuenta la diversidad de lecturas con fines e intereses distintos. El propio sistema escolar promueve esta idea de una asignatura de Español y un horario específico para lectura.

Se ha encontrado otra prenoción un tanto errónea cuando se pregunta acerca de las estrategias lectoras. Las mencionadas son: encontrar información puntual e implícita, identificar ideas principales y argumentos, comparar y evaluar la calidad de la información y del texto, elaborar un resumen y emitir una opinión. Se considera que la mejor forma de evaluar es por medio de cuestionarios y resúmenes. Y es aquí precisamente donde podemos argumentar que la idea de estrategia es errónea, porque sólo se solicita al estudiante la localización, pero no hay estrictamente la enseñanza de una estrategia lectora para lograrlo, como si fuera un proceso espontáneo o natural. En cambio hay una enorme uniformidad para evaluar la comprensión mediante un cuestionario o un resumen. Se confunden las tareas con las estrategias y por tanto la evaluación queda como un elemento desarticulado del proceso de enseñanza. No se puede solicitar la elaboración de un resumen si no se han enseñado las reglas para elaborarlo, como tampoco la localización de información implícita o anidada, sin enseñanza puntual.

Ahora, cómo se perciben los estudiantes normalistas como lectores. Oscilan entre un lector promedio y un buen lector. Casi ninguno se asume como excelente lector, pero tampoco como lector deficiente. Debe suponerse que la profesión para la que se forman demanda altos niveles de lectura disciplinar, y ellos reconocen su necesidad de lectura teórica sobre todo en pedagogía. Es interesante su forma de definir un buen lector como aquel que logra argumentar, elaborar inferencias, retener información y ser fluido en la comunicación, lo que supone entonces su concepción para definirse a sí mismos. Este estudio, a través de la reflexión, provocó en ellos giros epistemológicos, y sus prenociones se modificaron al estar expuestos al conocimiento teórico sobre la lectura.

Las prenociones se analizan con mayor profundidad en el capítulo cuatro, aquí sólo se apuntan algunos elementos que ayudan a comprender mejor los resultados de esta investigación.

Con estos primeros hallazgos empezaron las sesiones de trabajo, que, como podrá verse, tienen una alta consistencia con estas nociones. Las prenociones están cargadas de juicios y creencias. Conviene señalar, desde la perspectiva fenomenológica, que las personas forman sus creencias a partir de la experiencia y la interacción con objetos, sucesos o personas y por tanto éstas influyen en sus acciones.d Luego entonces, se puede inferir que estas nociones acerca de la lectura están cargadas de vivencias que provienen tanto de sus historias escolares previas como de las enseñanzas profesionales acerca de la pedagogía. Lo importante es que dichas nociones orientarán sus decisiones cuando ejerzan la docencia. Si éstas son erróneas, el error se perpetuará en las próximas generaciones, de ahí la importancia de incidir en el cambio a través de la información teórica, la experimentación lectora y la reflexión.

Los profesores, como muchos otros individuos, dan sentido a su acción por medio del sistema de creencias, de ahí que lo que expresan acerca de cómo enseñar una estrategia o acción alrededor de la lectura constituye una especie de teoría implícita que regula la certeza de que es correcta la acción. Es decir, el estudiante normalista considera que es un buen lector y podrá enseñar a sus estudiantes a ser buenos lectores. Las evaluaciones internacionales desmienten esta creencia, de ahí la conveniencia del movimiento o la duda epistemológica que permita generar la necesidad de mayor información disciplinar. El estudiante normalista supone legítimo el mecanismo didáctico que ha aprendido para la enseñanza de la lectura; lo que desconoce no puede ser motivo de análisis, y simplemente desconoce la necesidad de formar lectores estratégicos.

El conocimiento profesional, según Porlán, Rivero y Pozo,f suele ser el resultado de cuatro saberes de diferente naturaleza, generados en momentos y contextos no siempre coincidentes:

1 Los saberes académicos son un conjunto de concepciones disciplinares que se generan en el proceso de formación inicial y atienden a la lógica de la disciplina. En este caso se podría suponer dos tipos de conocimiento: pedagógico para la enseñanza de la competencia lectora, y la lectura como objeto teórico.

2 Los saberes basados en la experiencia son un conjunto de ideas conscientes que se desarrollan durante el ejercicio de la profesión. Se puede suponer que los estudiantes normalistas van conformando esta experiencia a través de los ejercicios y prácticas que realizan durante su formación. Si lo que tienen como modelo es la práctica de los profesores en servicio y éstos a su vez carecen de elementos teóricos para la formación de lectores competentes, el problema se recrudece.

3 Las rutinas y guiones de acción predicen el curso de las acciones en el aula. Son una especie de recetas que responden a qué hacer y cómo, y no tanto a por qué o para qué. En este caso se advierte la repetición de una técnica lectora casi homogénea: oralizar la lectura, responder cuestionarios y, cuando mucho, solicitar una lectura en silencio para reportar lo leído. Es decir, el alumno lee para dar cuenta al profesor, sin importar las herramientas que utiliza para comprender antes que reportar. Cabe destacar una fuerte tendencia a enseñar a los profesores a través de técnicas que en sí mismas son recetas didácticas.

4 Las teorías implícitas se refieren a un “no saber, más que al saber”, en el sentido de que no se pueden explicar las razones de las creencias. Los normalistas están convencidos (creen) de que la técnica que utilizan para formar lectores es correcta, pero no saben por qué; asimismo piensan que lo más importante es la motivación, pero tampoco saben explicar por qué o cómo influye ésta en la competencia y formación de buenos lectores.

En suma, se puede decir que la formación inicial de profesores está permeada por un conjunto de creencias y saberes que provienen de sus propias historias y trayectorias escolares y que para cambiarlas es necesario un proceso de formación teórica puntual que modifique las intuiciones y prenociones por un conocimiento sistemático y fundamentado.g

El proceso de reflexión grupal

Como se mencionó en el apartado metodológico, se llevaron a cabo sesiones con finalidad diversa. Con la idea de tener una mejor organización lógica del proceso, se presentan de forma independiente y secuenciada para llegar, después, a un análisis integral, pero sobre todo para poder vislumbrar el movimiento progresivo de las prenociones.

El objetivo de la primera sesión fue reconocer diferentes estructuras lingüísticas de presentación de la información: textos narrativos y expositivos de tipo clasificatorio. La dinámica de trabajo inició con una lluvia de ideas acerca de los textos con fines de aprendizaje escolar. Se otorgó a cada participante un texto narrativo y después el texto expositivo, junto con la instrucción de leer, atender la información que contiene y proponer después cómo se le enseñaría al niño o al joven, estudiante de primaria o de secundaria, según el caso, a localizar la información contenida. Se provocó la reflexión en dos niveles: como lector y como profesor (proceso individual y proceso de enseñanza).

Un primer motivo de reflexión grupal consistió en expresar la forma individual de proceder, lo que conduce a la metacognición.h Se da por entendido que los lectores competentes pueden monitorear su comprensión, ejecutar la tarea y recuperar información suficiente; asimismo son estratégicos porque aplican intencionadamente una estrategia para la mejor comprensión. El primer punto de tensión consistió en reconocer que no pueden atender dos aspectos al mismo tiempo: comprender el texto y reflexionar sobre la estrategia lectora. Esto conduce a pensar que no se eligió una estrategia como acción previa a la lectura a pesar de tener claro el objetivo de la tarea. No obstante, subrayar es la acción más mencionada, casi de forma unánime. Si bien subrayar es una estrategia para la identificación de información, la pregunta obligada es: qué y cómo se subrayan las ideas principales y si se identifica alguna estrategia. Por lo general no hay respuestas para este cuestionamiento y las que se mencionan tienden a ser poco exactas. Por ejemplo, se suele mencionar el párrafo como concepto asociado al subrayado. El párrafo segmenta y organiza el texto. El problema es pensar que la “primera oración de cada párrafo es la idea principal”j. Más allá de este error, leer por párrafos es una estrategia mencionada que parece subsumir la idea de que en cada párrafo hay información que es necesario identificar, y por tanto, subrayar. Hay una explicación muy coherente que afirma: tratar de encontrar el punto central del párrafo a partir de formar ideas con las palabras sin importar el lugar de éstas, de manera tal que se forme una idea nueva que permita comprender el contenido. Varios proponen subrayar palabras clave o desconocidas. Hay una falsa idea de que hay una oración clave que se debe identificar y subrayar.

Otros hablan de releer hasta comprender, asunto que es muy interesante porque es un hallazgo encontrado en los estudiantes de secundaria y bachillerato, quienes mencionan haber sido enseñados a releer para comprender e incluso subrayar lo que no se comprende.

Un grupo de lectores habla de la imaginación como estrategia; en realidad la imaginería mental sí es una estrategia útil para comprender el texto. Se verá más adelante que efectivamente es posible hacer que la representación mental del texto sea una estrategia para pensar sobre los objetos concretos y sobre las ideas abstractas escritas en un texto simple o complejo. Cuando tenemos que pensar sobre conceptos abstractos, pueden utilizarse procesos analógicos o asociaciones que faciliten la comprensión. Por ejemplo, si se habla de un olor fétido, la mente hace una representación para asociar ciertas experiencias del lector en las que el aroma siempre es desagradable. El olor no es un objeto tangible, pero tiene una imagen mental asociada a otros objetos posibles, como la basura, el estiércol, u otro que el lector activa para crear imágenes de lo que está leyendo.

Otra estrategia certera pero incompleta en su explicación es “leer primero el título”.

Como puede notarse, hay procesos de ejecución: subrayar, releer, buscar una idea central o clave, utilizar la imaginería mental y leer el título como una forma de anticipación del tema, lo cual es una idea vaga de algunas estrategias aunque no significa que todas sean erróneas, sino que no se sustentan como acciones intencionadas para un fin específico que favorezca la comprensión. Hay estrategias que se aplican antes, durante y después de la lectura, lo cual se abordará más adelante. Por el momento es suficiente hacer notar que la mayoría de las acciones reportadas corresponden a lo que hacen “durante” la lectura.

Cuando se sabe cómo procedieron, se prevé cómo enseñan o enseñarían. El análisis del título es utilizado como estrategia didáctica. Subrayar, comentar, discutir, identificar el significado de las palabras que lo conforman, elaborar predicciones son acciones aplicadas al título. Se afirma: “El título siempre predice el tema de la lectura”. Modelar la tarea es una forma de enseñar, se modelan procedimientos y se introduce la noción de cuestionarios; se hace por medio de preguntas y respuestas. Cuestionar al lector es una estrategia didáctica eminentemente evaluativa y de alta frecuencia. Sin duda que elaborar preguntas al texto es una estrategia lectora muy útil, pero las formula el lector y no tienen fines evaluativos sino de comprensión y automonitoreo, y las respuestas no están en las prenociones. Se reconoce poca claridad para enseñar y explicar qué y cómo subrayar; incluso se menciona que sólo se pide que cada lector subraye lo que considera interesante, o bien, subrayar palabras desconocidas e identificar conceptos. Otra estrategia es analizar la introducción, suponiendo que la haya. Definir un propósito antes de leer, lo cual indudablemente es útil. Incluso hay quien afirma que primero habrá que mecanizar la lectura y hasta una estrategia. Proponen la utilización de objetos, en este caso barcos, lo que podría suponer un pensamiento concreto y la dificultad infantil para pasar al pensamiento abstracto. Por último, hay quien basa la estrategia en la motivación para leer, con lo que regresamos a las prenociones actitudinales como elemento central del desempeño lector.

En suma, se modela y se solicita. Si el modelaje es correcto, se estima que se tendrá un aprendizaje adecuado, en cambio si el profesor modela un error de procedimiento también pudiera obtenerse un aprendizaje erróneo. Las demandas acompañadas de enseñanza no tienen problema, en cambio, si sólo se solicita la tarea sin mediación alguna, el lector irremediablemente procede de forma intuitiva y no estratégica.

En síntesis, las estrategias lectoras mencionadas de inicio fueron: subrayar, releer y considerar el título. Las estrategias didácticas para tal fin fueron referidas: modelar, cuestionar, motivar, partir del título y atender la introducción. En el siguiente capítulo se abordará la insuficiencia de estas estrategias; por el momento se deja al lector la idea de que, en razón de que en los estudios preliminares con estudiantes de secundaria y bachillerato estas estrategias estuvieron en las historias escolares, no cabe la menor duda de que así se han formado lectores deficientes.

Antes se dijo que se entregaron dos textos con estructuras lingüísticas diferentes: uno narrativo y uno expositivo clasificatorio, de manera que era de esperarse que se nombraran algunas estrategias específicas para cada uno. Hubo quien expresó haber leído igual ambos sin aplicar estrategias particulares a la estructura del texto. Sin embargo, la frecuencia más alta fue afirmar que el texto expositivo tiene más información que es necesario subrayar porque: tiene más palabras desconocidas, conceptos, lenguaje técnico e ideas principales. Un solo lector expresó una idea de la diferencia textual al afirmar que el texto expositivo permite un mapa clasificatorio y el narrativo una línea de tiempo.

Cuando se les hizo notar la diferencia en la estructura lingüística del texto y la forma de presentación de la información, resultó que en general no se habían percatado de la relación entre la estructura del texto y la estrategia para localizar información. Lo que se observa son respuestas más bien intuitivas en cuanto a las diferencias entre ambos textos.

Una vez que han reflexionado sobre su proceder y la trasposición didáctica, se recupera un movimiento epistemológico muy útil para la formación inicial de los docentes. Algunos testimonios son ilustrativos para valorar que cuando se les ofrecen explicaciones teóricas, hay una nueva forma de apropiación. Por ejemplo, hubo algunos que dieron cuenta de una doble ignorancia, no saber que uno ignora produce, sin duda, un doble problema en la enseñanza. Por un lado, hay una fuerte tendencia a modelar los aprendizajes esperados en los niños, y por otro lado hay una falsa certeza de estar haciéndolo bien por el simple hecho de ser el profesor.

Aprendimos que no sabemos lo suficiente de las estrategias y de las habilidades lectoras, como para poder desarrollarlas en los niños y que tenemos que empezar por comprender nosotros cómo se hacen para poder aplicarlas, que están en base de algo que aún no conocemos, pero que son importantes… (nb)

…el mal empieza desde nosotros que ni siquiera sabemos subrayar una idea principal y a lo largo de nuestra historia académica nunca nadie nos había enseñado y ahorita nos damos cuenta de que sí existen … que somos los futuros docentes, y si no sabemos cómo ni por qué, cómo queremos enseñarlo a otras personas… (NB)

…no sé cómo le voy a hacer para desarrollar en los niños y al mismo tiempo en mí, porque no puedo dar algo que yo no tengo, eso es algo que aprendí que sabía que no podía hacerlo… (NB)

Los siguientes testimonios dan un giro interesante porque son fuente del autoaprendizaje; surge la necesidad de investigar para conocer y aprender. Dan cuenta de un movimiento cognitivo al descubrir que la ausencia de una habilidad propia impide la posibilidad de enseñarla o desarrollarla, pero además surge la necesidad y acaso el interés por investigar un conocimiento nuevo, en este caso acerca de las estrategias de lectura.

…Yo descubrí que no sé cómo enseñar a leer a los niños, no sé cómo decirles que identifiquen las ideas principales y me llevo esa preocupación. (NB)

Debo indagar ¿Qué son las estrategias de lectura? Porque si quiero que ellos las destaquen pues primero yo tengo que proporcionarles más estrategias… (NB)

Por último, hay otro grupo de testimonios que mencionan el aprendizaje de una estrategia concreta: identificar y atender la estructura lingüística. O bien que hay una variedad de estrategias que, como decían antes, hay que investigar.

Principalmente … lo de la estructura del texto, porque los verbos te dicen mucho … ahora a lo mejor les puedo dar ese consejo a mis alumnos. (NS)

…enseñarlos a monitorearse a sí mismos, creo que es muy importante que aprendamos nosotros para poder enseñárselos de la misma manera que lo aprendimos … ya sin tomar en cuenta la motivación sino justamente las necesidades que a veces nos hacen tener que apropiarnos de algún texto. (NS)

…que no existe solamente una estrategia para comprender un texto y nosotros como maestros nos llevamos la tarea de aprender todas las que existen… (NS)

Se constata que estos estudiantes, al igual que los de secundaria estudiados antes, no han sido entrenados de manera formal para identificar las ideas principales de un texto. Reconocen que no toman en cuenta la estructura de presentación de la información, entonces tampoco conocen la diversidad de textos que existe. Por ejemplo, una gran división podría ser: continuos y discontinuos, sintácticos y paratácticos; dentro de los sintácticos continuos: narrativos, expositivos, argumentativos, informativos, prescriptivos, entre otros. Tampoco han mencionado los diversos portadores textuales y su posibilidad de análisis. Para Schelling y Van Hout Woltersk ésta es la principal causa de que muchos lectores no tengan éxito en la tarea de identificar información en un texto. Si además se toma en cuenta que en la escuela, sobre todo a partir de la secundaria, hay múltiples disciplinas y que cada una tiene su propia lógica discursiva, es decir, cada una presenta la información en formas diversas, entonces hay que capacitar lectores para diversos tipos y estructuras de textos. Los estudiantes normalistas deberían ser capaces de reconocer las estructuras textuales antes de intentar enseñarlas a sus futuros alumnos.

Sin lugar a dudas hay una historia escolar que se repite, la sola consigna “identificar las ideas principales” no apunta a una estrategia y tampoco a la aplicación de una regla. No se conoce la base teórica de los tipos de conocimiento declarativo, procedimental y circunstancial, presentes en el acto de leer e identificar información. No se encontró evidencia que permita decir que estos lectores se apropiaron de los esquemas lógicos de ambos textos y mucho menos que son capaces de una trasposición didáctica. Si el lector es capaz de diferenciar que el texto narrativo tiene una secuencia lógica temporal y el texto expositivo, como en este caso, tiene una lógica clasificatoria podrá discernir que la información del primero narra un proceso evolutivo que distingue cada etapa y cuya estructura temporal es en pasado. En tanto que el texto expositivo tiene definiciones y distinciones que permiten una clasificación y la descripción de clases y subclases.

Los elementos de un texto sobre biología (ciencias naturales) incluyen una variedad de conceptos y símbolos sin los cuales el texto pierde significado. Los textos en ciencias experimentales se distinguen en términos de la función ideacional (referencial) del lenguaje, que representa objetos tangibles, comprobables a través de ciertos mecanismos técnicos. Los científicos hablan de los procesos relacionados con el objeto en cuestión, mediante leyes que los afectan, los describen y permiten su conocimiento.l En este sentido, leer para aprender y obtener la información de un texto en alguna ciencia experimental parte del supuesto de que el contenido escrito ha sido validado por una ley que responde al canon y que se expone a manera de postulados. No deja de estar presente el conocimiento previo del lector sobre el objeto del que se habla; la estructura lingüística responde a una ciencia experimental que preferentemente describe y prescribe. Por ejemplo, es difícil que se puedan dar interpretaciones múltiples cuando se describe el sistema circulatorio de los vertebrados. La diferencia con textos en ciencias sociales es que suelen estar escritos de una manera menos canónica y son susceptibles de opinión, debate e interpretación. Si se habla de textos narrativos, como la historia, puede pensarse en discursos identitarios de cierto momento, cultura y temas o grupos sociales. Por lo general estos textos presentan hechos con causas y efectos, cambios en el tiempo o en el contexto, evidencias y fuentes de primer o segundo orden, datos o interpretaciones del autor, etc. Requieren la habilidad de identificar la posición del autor y compararla con las de otros que hablan del mismo hecho, o bien, identifican la ausencia de datos para comprender un cambio./ Por ejemplo, las diferentes causas de una invasión, los efectos, los datos que el autor expone, las intenciones de los personajes, éstos requieren, entre otros aspectos, un mecanismo de identificación de información menos explícita que en el caso de los textos de ciencias naturales. La lógica discursiva es diferente y por lo tanto requiere estrategias de lectura particulares. Incluso habrá que analizar el papel de la imaginería mental en conceptos abstractos e intangibles como el poder, la ideología, la crisis, la cultura, por mencionar algunos.

Para Mason y Hedin,z los textos expositivos están escritos para comunicar teorías y datos en una estructura y estilo que son impredecibles, lo que los hace diferentes de los textos narrativos. Explican o describen un contenido descubierto y fundamentado en verdades o leyes o en datos empíricos. Su estructura es compleja y puede ser que un fragmento tenga múltiples y diferentes estructuras. Pueden tener una mayor densidad conceptual y una lógica discursiva con diversos niveles de abstracción.

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