Kitabı oku: «La enseñanza de la contabilidad»

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Escobar Ávila, María Elena

La enseñanza de la contabilidad : su metodología, epistemología y didáctica / María Elena Escobar Ávila. -- Bogotá : Universidad Externado de Colombia. 2020.

208 páginas : ilustraciones, gráficas, mapas ; 21 cm.

Incluye referencias bibliográficas (páginas 187-205)

ISBN: 9789587904574

1. Contabilidad – Historia 2. Contabilidad – Investigaciones 3. Contabilidad -- Aspectos culturales 4. Contabilidad -- Enseñanza superior I. Universidad Externado de Colombia II. Título

657.07SCDD 21

Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca. EAP.

Noviembre de 2020

ISBN 978-958-790-457-4

© 2020, MARÍA ELENA ESCOBAR ÁVILA

© 2020, 2015, UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA

Calle 12 n.º 1-17 este, Bogotá

Teléfono (57-1) 342 0288

publicaciones@uexternado.edu.co

www.uexternado.edu.co

Primera edición: noviembre de 2020

Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones

Corrección de estilo: Óscar Torres Angarita

Composición: Julián Hernández - Taller de Diseño

Impresión y encuadernación: Imageprinting Ltda.

Tiraje de 1 a 1.000 ejemplares

Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad de la autora.

Diseño epub: Hipertexto – Netizen Digital Solutions

Mi dedicatoria va dirigida con todo el amor a mi hermosa familia por su paciencia y apoyo en estos años, que parecieran siglos de larga duración…

A mi Luis Carlos, compañero del ayer, del hoy, de siempre…

A mis amigos, pasados, presentes, futuros…

CONTENIDO

RECONOCIMIENTOS

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 1. EL PROBLEMA: ANOMIA CULTURAL

1.1. Educación ancilar

1.2. Apatía por la historia

1.3. Anquilosamiento de la investigación

CAPÍTULO 2. MARCO CONCEPTUAL

2.1. La enseñabilidad de las ciencias contables

2.1.1. La epistemología

a. Desde la mirada anglosajona

b. Desde la mirada francesa

c. Estado del arte sobre didáctica de la contabilidad

c.1 Literatura referida a estudios sobre modelos o métodos de enseñanza

c.2 Literatura referida a la enseñabilidad de la contabilidad

c.3 Literatura referida a los resultados de la educación superior de los contadores de cara a su vida empresarial

c.4 Literatura referida a los programas de formación en contabilidad

2.1.2. Contenido y secuencia

2.1.3. Resumen de la investigación en contabilidad

a. Corriente principal o predominante

b. Corriente interpretativa

c. Corriente o enfoque sociocrítico

2.1.4. Mediación pedagógica. Animación socio-cultural

2.2. Concepto de museo

2.2.1. Museología y museografía

2.2.2. Guion histórico

2.2.3. Guion curatorial y guion museográfico

2.3. Concepto de museo contable. El museo virtual contable

2.4. Historia cultural

CAPÍTULO 3. ELEMENTOS METODOLÓGICOS QUE GUÍAN LA PROPUESTA

3.1. La unidisciplinariedad. Immanuel Wallerstein. El sistema mundo

3.1.1. ¿Qué se entiende por método?

3.1.2. La idea de sistema mundo

3.1.3. Los siete supuestos de las ciencias sociales según Wallerstein

3.2. La complejidad. Edgar Morin

3.2.1. Paradigma de la simplificación

a. El principio de legislar resumido en “solo hay ciencia de lo general”

b. El principio de desconsideración del tiempo como proceso irreversible

c. Principio de la reducción o de la elementalidad

d. Principio del orden-rey

e. Principio de la causalidad simple y lineal

f. Principio sobre la problemática de la organización

3.3. Los siete saberes para la educación del futuro

3.3.1. Las cegueras del conocimiento

3.3.2. La pertinencia del conocimiento

3.3.3. Enseñar la condición humana

3.3.4. Enseñar la identidad terrenal

3.3.5. Enfrentar las incertidumbres

3.3.6. Enseñar la comprensión

3.3.7. La ética del género humano

3.4. Transdisciplinariedad

3.5. El constructivismo (Jean Piaget), la teoría social (Lev Vigotsky), la tabla rasa (Steven Pinker)

3.5.1. La tabla rasa (Steven Pinker)

3.5.2. El constructivismo: Jean Piaget y Lev Vigotsky

CAPÍTULO 4. LA PROPUESTA. LA ENSEÑABILIDAD POR MEDIO DEL MUSEO CONTABLE

4.1. A manera de introducción

4.2. Breve historia de la contabilidad en el mundo

4.2.1. Período empírico

4.2.2. Período clásico (siglos XIII-XIX)

a. Teoría contista, siglos XIII y XIV

b. Teoría del propietario, siglo XVIII

b.1 Escuela lombarda

b.2 Escuela personalista

b.3 Escuela controlista o materialista

4.2.3. Período económico hasta el siglo xx

4.2.4. Paradigma de la utilidad

4.3. Una propuesta de guion histórico para el campo contable en Colombia

4.3.1. Primera etapa. Contabilidad precolombina o amerindia

4.3.2. Segunda etapa. Contabilidad colonial

4.3.3. Tercera etapa. Contabilidad de la dependencia neocolonial norteamericana

CONCLUSIONES Y REFLEXIONES FINALES

REFERENCIAS

ANEXOS

Anexo 1

Anexo 2

NOTAS AL PIE

RECONOCIMIENTOS

Por la imposibilidad de un reconocimiento justo, trataré de listar solo algunos, con la esperanza de incluirlos a todos.

A la Universidad Externado de Colombia, a su Facultad de Ciencias Sociales y a la doctora Lucero Zamudio (q. e. p. d.).

Al doctor Alejandro Beltrán, decano de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad Externado de Colombia, quien, con su sabiduría y capacidad prospectiva, me impulsó a continuar en este empeño de hacerme doctora.

A los tutores que me han acompañado en este trasegar de nuevos conocimientos: el doctor Roberto Lleras, Ángela Parra y William Gamboa, quienes me ayudaron en los primeros y últimos pasos de este proceso; al grandioso maestro y guía Jorge Tua, en la Autónoma de Madrid, por aportarme y mostrarme nuevos caminos, y a mi querido amigo Jesús Alberto Suárez, quien me impulsó en la etapa final y más compleja de este proyecto. Para todos, solo palabras de agradecimiento.

A mi facultad, la de Contaduría Pública, que sentó las bases para convertirme en lo que hoy soy y represento en una profesión entrañable, por la que seguiré trabajando. A toda su comunidad académica, en el ayer y en el hoy, desde las directivas, administrativos, docentes, estudiantes, egresados, a todos, todos, quienes me vieron y me han visto dedicar horas de trabajo a la disciplina en la que me formé: la contabilidad.

A mis compañeros y amigos colegas en la docencia e investigación en la Universidad Externado de Colombia, especialmente al profesor José Ubaldo Díaz, mi amigo.

A todos quienes trabajamos en pro de nuestra querida profesión.

PRÓLOGO

La contabilidad, a pesar de haber acompañado al ser humano desde que inicia su compartir con otros seres humanos, desde que se gestan las sociedades, aún no encuentra acuerdos entre sus practicantes sobre muchos aspectos fundamentales que la guían. No hay acuerdo sobre si se trata de ciencia o de una disciplina, sobre si hace parte de las ciencias sociales o es una subdivisión de las ciencias económicas, o administrativas o del derecho. En lo que sí hay un acuerdo, desde los propios y los ajenos, es sobre su importancia y sobre sus clasificaciones.

En el contexto educativo, sigue estando en un proceso de continuo crecimiento, como ha de ser, sigue estando y estará “en formación” una forma específica de enseñar la contabilidad. Este libro presenta elementos para la reflexión, la discusión, el debate y los aportes adicionales sobre la enseñabilidad de la contabilidad. Se hace un recorrido explicativo acerca del desarrollo y surgimiento del conocimiento y acerca del significado y elementos que constituyen la enseñabilidad de las disciplinas, con un abordaje particular de la contabilidad. Así las cosas, se incluye en el libro la explicación de algunos elementos que hacen parte de esta propuesta didáctica y epistemológica y que tiene como base la historia.

Este libro surge de los trabajos realizados en el doctorado en estudios sociales y en la maestría en educación, a los que se les fue dando forma en los tiempos en los que la autora adquiría experiencia en la gestión de uno de los programas de contaduría pública más conocidos en el país. Este aprendizaje y esta experiencia se condensan en este libro que pretende aportar a la disciplina contable, desde un elemento que es trascendental, su enseñabilidad, desde la manera como se aborda y desde el reconocimiento de su importancia en la enseñanza. Por eso, seguramente encontrará en los docentes a los más beneficiados de su lectura, sin que sean ellos los únicos.

En el contexto colombiano, se evidencia en efecto una educación ancilar que ha creado un contador público con baja autoestima, al igual que la poca valoración que se tiene por la profesión de la contaduría pública. La deficiente formación de memoria histórica en cultura contable ha sido por cierto la causa primordial de un marcado colonialismo de regulación contable que ha optado, entre otras cosas, por la adopción de estándares contables de otros contextos, sin tener en cuenta la gran misión cultural de la convergencia en el sentido de propiciar políticas públicas más acordes con la realidad social-histórica de Colombia.

Ahora bien, desde el punto de vista de la disciplina contable, la problemática de memoria histórica en la cultura contable fue analizada por primera vez en el ya clásico artículo “Defensa histórica de la contabilidad”, publicado por Hatfield en 1979, para quien el problema estriba en el atávico desprecio hacia la contabilidad y su exclusión de la “literatura refinada”. Y, desde el punto de vista de la profesión, el libro Historia de la contaduría pública en Colombia siglo XX (Cubides et al., 1999) marcó un hito en el abordaje sociológico de la práctica contable, con base en las teorías de Talcott Parsons y con énfasis en la evolución histórica de la educación contable en el contexto de las profesiones liberales.

Con esto en mente, se propone la idea de museo contable como un dispositivo cultural de mediación pedagógica que propenda al fortalecimiento de la memoria histórica de la cultura contable en Colombia para generar más espíritu crítico en los agentes sociales del campo contable y que aporte al debate sobre la enseñabilidad de la contabilidad.

Se entiende por “museo contable” un proyecto social de memoria histórica en cultura contable. Para el caso de Colombia, existen estudios empíricos que demuestran una deficiente formación de memoria histórica en los programas de contaduría pública. Entre las causas detectadas sobresalen la educación ancilar para la domesticación con una fuerte tendencia a la instrumentalización de los saberes, la apatía por la historia –resultado de una política pública que eliminó la enseñanza de la historia de los currículos de educación básica y media– y el anquilosamiento de la investigación para solucionar problemas de la práctica contable, debido a la incapacidad de la academia para producir ciencia propia.

La realización de todo proyecto de museo contable implica antes que nada la creación de un guion histórico para consolidar lo que técnicamente se conoce como guion museográfico. El guion histórico permite definir el relato de los acontecimientos. Las identificaciones de los hitos históricos determinan la mediación pedagógica del guion museográfico para fomentar espacios de animación sociocultural y espacios colaborativos en el campo contable.

Se concluye que un museo contable es un dispositivo cultural de enseñabilidad que permite abordar la historia como una magistra vitae en el sentido de Cicerón (Duplá Ansuátegui, 2006). Así, como el conocimiento no es neutro ni tampoco lo son las intencionalidades por conocer, la historia se presenta como un solucionador. El tiempo en lo social ocurre por medio de procesos. Lo que es cierto hoy, puede darnos mañana conclusiones diferentes. El tiempo y el espacio deben analizarse como partes unidas de los procesos.

En cuanto a pedagogía, la complejidad, la transdisciplinariedad, el constructivismo, el aprendizaje significativo, la mediación pedagógica son conceptos que se explican y se vinculan a la enseñabilidad de la contabilidad gracias a un mediador pedagógico, un museo contable, que fortalece los conceptos pedagógicos por su poder legitimador y validador. Tal es la apuesta de enseñabilidad que se debate en este texto.

INTRODUCCIÓN

Con este trabajo se propone una forma de enseñar la contabilidad, una respuesta a la enseñabilidad de la contabilidad partiendo del concepto de “museo contable” como proyecto social de memoria histórica en cultura contable. La importancia de la historia –estudiada bajo la óptica de la complejidad, de la eliminación de las líneas divisorias de las disciplinas sociales y de la transdisciplinariedad y la puesta en la realidad que proporciona un museo virtual– se presenta como respuesta y propuesta de enseñabilidad.

Acompañados con los conceptos pedagógicos que se incluyen en el constructivismo, desde la mirada de la complejidad (Morin, 2004), de las estructuras del aprendizaje (Piaget, 1991, 2013; Williams y Marek, 2000), de los aportes de las teorías de la proximidad (Díaz, 2002; Rodríguez Arocho, 1999), se va construyendo un tejido que permite presentar una propuesta de formación, de enseñabilidad, que acerque a los estudiantes al conocimiento contable desde la óptica histórica.

Ahora bien, por lo que respecta al campo contable en Colombia, los estudios recogidos son todavía escasos. Se evidencia una deficiente formación de memoria histórica en los contadores públicos, debido básicamente a tres causas: la educación ancilar, la apatía por la historia y el anquilosamiento de la investigación contable. Con miras a buscar alternativas de solución a esta problemática, el capítulo primero está dedicado al análisis de la situación, donde se discute la anomia educativa como síntesis de las tres causas mencionadas.

A partir de la discusión sobre el problema, se consideró pertinente presentar los conceptos básicos escogidos para aclarar las ideas sobre la enseñabilidad de la ciencia contable, el concepto de museo, de museo virtual contable y de historia cultural, así: en la primera parte del capítulo dos, bajo el título de enseñabilidad de la ciencia contable1, se involucran los temas de epistemología, de contenido y secuenciación, un breve resumen de la forma como se ha investigado en la disciplina contable y los elementos de mediación pedagógica. De otro lado, en el capítulo dos, y de forma conceptual y contextual, se presentan los elementos que configuran el significado de museo contable, y se estudian los conceptos de museo, incluyendo la diferencia entre museología y museografía, así como entre guion histórico, guion curatorial y guion museográfico; también se presentan los conceptos de museo contable y de museo virtual. Los museos son vistos como las instituciones culturales de mayor respeto y tienen un fuerte componente de legitimación. De otro lado, la museología crítica une la historia con la educación. Finaliza el capítulo dos incluyendo un aparte explicativo sobre la historia cultural, en el entendido de que los museos combinan la historia y la cultura, y este proyecto analiza la cultura popular como elemento fundamental para encontrar la periodización.

En el capítulo tercero, como parte de los elementos metodológicos que guían la propuesta, se da cuenta de los significados de la unidisciplinariedad, el sistema mundo, la complejidad, la transdisciplinariedad y una explicación acerca del modelo pedagógico-constructivista que aborda las teorías de Jean Piaget, Lev Vigotsky y algunas discusiones sobre una más reciente teoría planteada por Steven Pinker. Los métodos estudiados en este capítulo son los escogidos y se constituyen en las guías metodológicas usadas en el desarrollo de la propuesta.

El capítulo cuarto discute específicamente, a manera de alternativa de solución, el proyecto sociocultural de museo contable como mediación pedagógica, para salir de la actual anomia educativa que afecta al campo contable colombiano. Esto en un contexto de animación sociocultural de largo plazo, en la medida que los agentes sociales de los currículos de contaduría pública tomen conciencia de la importancia de fomentar la memoria histórica para fortalecer su identidad cultural. Se incluye en este capítulo una breve historia de la contabilidad en el mundo, apoyada en trabajos previos de esta autora, así como una propuesta de guion histórico para el campo contable en Colombia.

Finalmente, en la conclusión se demuestra que la estrategia de mediación pedagógica más adecuada para la realización de un museo contable consiste en la elaboración de los mencionados guiones, el histórico y el museográfico, en el contexto socio-histórico de una unidad de análisis particular que presentan las emergencias contables dentro del escenario social, político y económico de Colombia.

CAPÍTULO 1. EL PROBLEMA: ANOMIA CULTURAL

Larga es la historia del pensamiento contable. Desde los primeros vestigios […] hasta la introducción a la ciencia en el siglo XIX, han pasado 30.000 años (Lopes de Sá, 1992, p. 13).

En Colombia se evidencia una deficiente formación de memoria histórica. Esto se ha constatado después de revisar una muestra representativa de programas de contaduría pública. Entre las causas detectadas sobresalen: a) la educación ancilar2 o educación para la domesticación con una fuerte tendencia a la instrumentalización de los saberes, b) la apatía por la historia –consecuencia de una política pública que eliminó la enseñanza de la historia de los currículos de educación básica y media3– y c) el anquilosamiento de la investigación para solucionar problemas de la práctica contable, debido a la incapacidad de la academia por producir ciencia propia.

1.1. EDUCACIÓN ANCILAR

La educación ancilar de los contadores se da por tres razones: 1) la forma como surge la profesión ligada a un enfoque legal normativo; en otras palabras, la profesión se constituyó en una servidumbre del derecho y de la economía; 2) currículos profesionalizantes: los contenidos de los currículos de cerca de 240 programas de contaduría en el país que tienen una base proveniente de la normativa que el Ministerio de Educación exige; 3) concepción instrumental del ejercicio profesional de la contaduría pública: los contadores públicos ven su labor y su desarrollo más enmarcados en oportunidades laborales que en la propia fundamentación disciplinar.

Enfoque legal normativo. Durante el siglo XX empiezan a surgir en Colombia normativas que determinan esencialmente el carácter normativo de la profesión que hasta entonces se desarrollaba de manera empírica. La Ley 58 de 1931 (Congreso de la República, 1931), cuyo propósito fundamental es la creación de la Superintendencia de Sociedades como ente de control, establece la figura del contador juramentado. Más adelante surge la Ley 73 de 1935 (Congreso de Colombia, 1935) llamada Ley de Revisoría Fiscal, que empezó a darle fuerza a la figura del revisor fiscal, y el año siguiente, con el decreto que la reglamentó, se ordenó la inscripción del revisor fiscal ante las cámaras de comercio. El Decreto 1948 de 1939 entrega la potestad a la Superintendencia de Sociedades de regular sobre los temas de los balances (forma como se conocían los estados financieros); además, se incluye la necesidad de que estos fueran acompañados con una nota de opinión por parte del revisor fiscal. Posteriormente, con el Decreto 1357 de 1941 (Ministerio de Economía Nacional, 1941), se dio potestad a los contadores juramentados para realizar funciones de revisoría fiscal; sin embargo, este decreto fue declarado inexequible.

A partir de ese momento sigue un período con poca legislación relativa al tema contable; en Colombia empieza a crecer el ánimo de uniones gremiales contables que empujan al gobierno a la regulación de la profesión. El 23 de noviembre de 1951 nace, bajo el nombre de Asociación Nacional de Contadores Públicos Juramentados, lo que es hoy el Instituto Nacional de Contadores Públicos. En este grupo se encontraban contadores de dos tipos: “los que nos llamábamos a sí mismos ‘titulados’ en oposición a los colegas que no habían tenido la oportunidad de recibir una formación y que llamábamos ‘empíricos’, expresión que llegó a tener una connotación peyorativa” (Nicholls García, 1990, p. 4).

Con el Decreto 2521 de 1950 (Presidencia de la República, 1950), el gobierno nacional reglamentó las sociedades anónimas y se incluyeron funciones del revisor fiscal. El Decreto 2373 de 1956 (Presidencia de la República, 1956) dio origen a la Junta Central de Contadores y por primera vez se instituye la calidad de contador público para ejercer la revisoría fiscal. La expedición de este decreto-ley hace parte de los triunfos que se endilgan los nacientes gremios de contadores de la época.

El doctor Francisco de Paula Nicholls, quien fuese decano de la Facultad de Contaduría Pública del Externado, hoy día retirado de sus labores profesionales, manifiesta que la membresía de un número mayoritario de “prácticos” comparado con los titulados, en el instituto, los convenció de crear otro organismo gremial al que dieron por nombre “Academia” y que hoy día subsiste como Colegio Colombiano de Contadores Públicos.

La Ley 145 de 1960 (Congreso de Colombia, 1960) es el estatuto de la profesión de la contaduría pública, en la que se habla por primera vez de la fe pública. Una oportunidad que la profesión tergiversó porque, a partir de ese momento, los contadores públicos han defendido su posición como garantes de la fe pública y como dueños absolutos de una exigencia de tipo legal, que, contrario a favorecer el crecimiento de la disciplina, la ha hecho dependiente de un atributo legislativo, que, como tal, puede ser eliminado de la misma manera; y se han perdido más de 50 años de crecimiento.

A la ley la empiezan a acompañar decretos y normativas que se verán durante el trasegar legal de la profesión en Colombia; entre ellas se encontraban: el Decreto 1651 de 1961 sobre sanciones a contadores públicos y revisores fiscales y el Decreto 2265 de 1969 que otorga al contador público la calidad de auxiliar de la justicia en caso de dictaminar estados de cuentas.

En el camino legal, se incluye luego el Código de Comercio (Decreto 410 de 1971) (Presidencia de la República, 1971), posteriormente se expide el Decreto 2815 de 1974 con el que se hace solidariamente responsable al revisor fiscal en casos de evasión de IVA; la Ley 32 de 1979 que reglamenta la comisión nacional de valores y establece algunas funciones para los contadores públicos; surge entonces uno de los primeros decretos que unifican normas contables, el Decreto 2160 de 1986 (Presidencia de la República, 1986) que establece reglas a la contabilidad haciendo aún más técnico-normativo el desarrollo profesional. “A través del 2160 de 1986 se oficializó la subordinación de la contabilidad mercantil a la fiscal […] y en diciembre del mismo año con el Decreto 2687 se reconoció que la presentación en el balance de las valorizaciones fue el típico dilema de la verdad frente a la conveniencia, en donde obviamente la verdad no fue la triunfadora” (Nicholls García, 1990, p. 14) y el 2687 de 1988, el cual establece normas tendientes a desligar el impuesto sobre la renta de los efectos de la inflación.

Luego, 30 años después de la Ley 145, es expedida la Ley 43 de 1990 (Congreso de Colombia, 1990) que incluye, entre otros, en su artículo 10 el concepto de atestación, además del código de ética de la profesión4. Así mismo, los decretos 2649 (Presidencia de la República, 1993)5 y 2650 (Presidencia de la República, 1993), marco conceptual de los planes de cuentas, base fundamental de los programas de contaduría pública del país. En el año 2009, la Ley 1314[6] (Congreso de Colombia, 2009) institucionalizó el ingreso de la normatividad estándar internacional en materia contable y logró, cinco décadas después, que la profesión volviera a pensar en su propio desarrollo. Pero ha habido un viraje hacia la formación que privilegia los aspectos técnicos de los estándares internacionales, olvidando la esencia del criterio profesional que estos imponen.

En últimas, si se analiza la forma como ha crecido la profesión que surge a la par de la legislación, la cual impone cambios de acuerdo con el momento histórico, se podría afirmar que una profesión cuyo avance se lo da la ley, no el propio desarrollo de la profesión, genera preocupaciones sobre su fortaleza disciplinar y permite empezar a pensar en otros caminos para su fortalecimiento. De otro lado, las palabras del profesor Humberto Cubides, “la contaduría se ha convertido en una carrera para la competencia del mercado con la influencia de las ideas y los modelos externos” (Pinzón, 2011, p. 379), apoyan el hecho de que se debe seguir trabajando en pro de contar con profesionales críticos que conozcan más de la disciplina que desarrollan.

Currículos profesionales. En cuanto al surgimiento de la profesión en Colombia, los programas surgen en la década de los sesenta del siglo pasado y según León-Paime (2008) respondían a políticas de instituciones internacionales, gestionadas desde el gobierno central, que obedecían a necesidades económicas y de mercado.

Actualmente la Resolución 3459 de 2003, por la cual se reglamentan los lineamientos mínimos de los programas de contaduría pública del país, y que además se han constituido en los máximos de muchos programas, incluye los siguientes objetivos para la formación de los profesionales:

1. Asegurar la transparencia, la utilidad y la confiabilidad de la información, así como la generación de confianza pública, a través de procesos relacionados con la medición del desempeño contable y financiero de las organizaciones, su interpretación y posibles implicaciones. 2. Comprender el contexto social, empresarial, legal, económico, político e institucional en el que se inscribe el ejercicio profesional. 3. Conocer los lenguajes, las técnicas y las prácticas propios del ejercicio profesional de la Contaduría. 4. Usar los sistemas de información como soporte para el ejercicio profesional. 5. Comprender, analizar y evaluar las teorías relacionadas con la Contaduría.

Al revisar en detalle los objetivos que plantea la resolución (próxima a ser modificada), muy seguramente se coincide en que es tangencial el referente a la propia disciplina, y que el objetivo fundamental es de carácter utilitarista. No pareciera dejar espacio para la formación integral del profesional. Y, cuando se revisan los componentes básicos que debe contener el currículo ofrecido, se encuentra un listado de requerimientos que muy seguramente forman un buen técnico, capaz de “extraer y analizar” datos provenientes de múltiples fuentes; para llegar a conclusiones con base en el análisis de información financiera y contable, se excluyen de la formación tanto las humanidades como la investigación.

Un panorama no muy halagüeño, especialmente si consideramos que el país tiene algo más de 240 programas de contaduría pública, de los cuales un número no superior al 10 % ha pasado por los procesos de acreditación de calidad que el Ministerio de Educación Nacional ha diseñado7. La Junta Central de Contadores Públicos, ente disciplinario y encargado de la inscripción de profesionales, registra cerca de 250.000 profesionales inscritos, en desarrollo de la profesión. En cuanto al desempeño de los recién egresados que presentan exámenes Ecaes, los resultados hasta ahora mostrados sitúan a la profesión en los últimos lugares en lo que se refiere a análisis crítico8.

Concepción instrumental del ejercicio profesional de la Contaduría Pública. De otro lado, una educación ancilar puede ser evidenciada al estudiar las razones que mueven a los futuros contadores y a los que se encuentran en ejercicio para estudiar o para ejercer la práctica. Esto puede verse en experiencias propias desde la docencia y coordinación de programas, y en el acompañamiento realizado por más de quince años de los procesos formativos de los contadores públicos. En las entrevistas iniciales para el ingreso a los programas, usualmente los aspirantes tienen claro que la profesión les dará herramientas laborales importantes para desempeñarse adecuadamente en su vida adulta. Se puede afirmar que son escasos los jóvenes aspirantes que manifiestan intereses diferentes al laboral. Ese puede ser un buen indicador de la percepción que proviene de los mayores (padres y familiares cercanos de los jóvenes aspirantes) acerca de las fortalezas de la disciplina.

Cuando van creciendo en su carrera, los estudiantes entienden perfectamente el papel que juegan los contadores dentro de las organizaciones, son capaces de verlas como entes necesitados de información útil, han desarrollado competencias que son apreciadas en el ámbito laboral, pero no tienen claridad sobre la manera como la profesión puede crecer desde los aportes de los propios agentes que la conforman. Entienden el crecimiento profesional como una continua actualización de saberes, y, sin desconocer la importancia para su vigencia en el mercado laboral, se encuentra muy distante de la creación profesional para el propio robustecimiento de la disciplina.

Mirando el tema de manera más general en Colombia y no circunscrito a la Universidad Externado, los egresados de contaduría pública pueden ser estratificados. Es tal la cantidad de programas ofrecidos por universidades en todo el país, y con calidades tan diversas, que las empresas se han encargado de hacer selección y escogencia de profesionales de las universidades acreditadas, y todos los demás son contadores que se dejan para labores de empresas más pequeñas, o que deben desempeñarse como auxiliares o asistentes de los demás. Panorama complejo para una disciplina que requiere fortalecerse y generar avances propuestos desde sus propios profesionales cuando estos están intentando no perecer en la competencia.

De otro lado, los profesores, contadores en ejercicio en su mayoría y con una claridad sobre la profesión, manifiestan la importancia de esta desde una mirada utilitarista. Por supuesto, la profesión es vista como un excelente camino de siempre ser vigente y necesario para las organizaciones, entre otras cosas, por la propia obligación legal de la profesión.

Algunos autores aducen que los estudiantes que toman los cursos de ciencias sociales y humanas, y que hacen ruptura con algunos de sus principios rectores de vida, se han hecho partícipes del desencanto por la profesión. Dicho desencanto, de una u otra manera, hace que estas personas miren con desdeño el trabajo teórico y práctico de los contadores públicos. Este desencanto se transfiere a la vida profesional (Rojas, 2008).

El Instituto Americano de Contadores Públicos Certificados (Aicpa), de los Estados Unidos, presentó en el Foro de Firmas, en octubre del 2014, que se celebró en la Universidad Javeriana, un documento que resume la percepción del futuro de la profesión, recogida de 5.600 profesionales de la contaduría pública. Aquí se hace referencia a las competencias identificadas: habilidades de comunicación, de liderazgo, de pensamiento crítico9 y habilidades para solución de problemas, habilidades para el cambio, integración y colaboración. En ninguna de estas se asoma la necesidad de aportar al crecimiento de la profesión desde la base de fundamentos ontológicos robustos.

1.2. APATÍA POR LA HISTORIA

La educación en Colombia, y particularmente la formación de los bachilleres, se ha visto rodeada de cambios originados en decisiones de políticas públicas en pro de una mayor cobertura, pero que lamentablemente ha descuidado la calidad. Los recursos son escasos y las decisiones no parecen obedecer a procesos investigativos serios sobre las necesidades de educación, sino a mal llamadas decisiones políticas.

La administración Gaviria en Colombia (1990-1994), y su apertura económica, trajo consigo una serie de cambios. En este contexto nació la Ley 115 de 1994 (Congreso de Colombia, 1994) para sentar las bases políticas de una nueva apuesta de país como también ocurrió en otros países latinoamericanos durante los años 1990.

Esta ley define, entre otros aspectos de educación, el nivel básico y el medio de formación. El básico incluye la formación primaria y los cuatros primeros años del bachillerato (que habilita para recibir la formación técnica), el nivel medio constituido por los dos últimos grados (décimo y once), que no son obligatorios y forman para el ingreso a la educación superior (la universitaria). Se fortalecen habilidades básicas en lenguaje y matemáticas y se hacen pruebas en estas áreas, por considerarse las más importantes y a las que hay que prestar atención; otro documento robusto sería necesario para revisar lo que ha sucedido con este esfuerzo, que parece no ha dado los resultados esperados.

En cuanto a la formación en historia, la Ley 115 en su artículo 5 (numerales 4, 5 y 6) especifica frente a los fines de la educación:

4. La formación en el respeto a la autoridad legítima y a la ley, a la cultura nacional, a la historia colombiana y a los símbolos patrios. 5. La adquisición y generación de los conocimientos científicos y técnicos más avanzados, humanísticos, históricos, sociales, geográficos y estéticos, mediante la apropiación de hábitos intelectuales adecuados para el desarrollo del saber. 6. El estudio y la comprensión crítica de la cultura nacional y de la diversidad étnica y cultural del país, como fundamento de la unidad nacional y de su identidad (Congreso de Colombia, 1994).

Por su parte, los artículos 21 y 22 definen los objetivos de cada ciclo, el básico y el medio. El artículo 21 lista los objetivos de la básica y no existe ninguno referido a la historia; se requirieron 23 años para que nuevamente la historia fuese incluida con el siguiente texto del artículo 2 de la Ley 1874 de diciembre de 2017: “La iniciación en el conocimiento crítico de la historia de Colombia y de su diversidad étnica, social y cultural como Nación” (Congreso de la República, 2017)10. Se requerirán unos años para ver el desarrollo y consecuencias, que se espera sean positivas, de esta ley. Similar situación ocurre con la educación media: el artículo 22 de la Ley 115 define los objetivos de la educación media y en sus literales no se encuentra relacionada la historia; se requirieron los cambios del 2017 para su inclusión: “h) El estudio científico de la historia nacional, latinoamericana y mundial, apoyado por otras ciencias sociales, dirigido a la comprensión y análisis crítico de los procesos sociales de nuestro país en el contexto continental y mundial” (Congreso de la República, 2017).

Los estudiantes y profesionales del hoy no conocen la historia, no se les enseñó. Esta apatía hacia la historia se une a una exaltación de conocimientos “útiles” que logran profesionales con éxito en el ejercicio, pero sin conciencia de su aporte a la disciplina en la que fueron formados.

1.3. ANQUILOSAMIENTO DE LA INVESTIGACIÓN

En un artículo publicado por los profesores Inaga y Schneider (2005) se habla de manera contundente sobre el anquilosamiento de la investigación. El título es escabroso: “The Failure of Accounting Research to Improve Accounting Practice: A Problem of Theory and Lack of Communication”; es decir, el fracaso de la investigación contable para mejorar la práctica contable11. Los autores tienen como hipótesis de trabajo que el consabido fracaso se debe básicamente a dos tipos de problemas: por una parte, problemas de la teoría contable y, por otra, problemas de la comunicación.

Por lo que respecta a este proyecto cultural de museo contable, estas dos problemáticas guardan una relación de consistencia mutua, por cuanto un museo contable busca preservar la identidad del conocimiento contable en sus relaciones unidisciplinarias para luego comunicarlos a la comunidad como un proyecto de identidad cultural. Cabe ahora preguntar: ¿cuáles son las causas de tal anquilosamiento? Responder este interrogante no es fácil, pues cada investigador podrá dar su punto de vista según su formación disciplinar. Sin embargo, por lo que al argumento de esta tesis respecta, se ha identificado como causa primordial la anomia educativa, que consiste en la pérdida de identidad cultural, que los griegos llamaban nomos y que ha ocasionado enfermedades en la cultura, por ejemplo la cultura tecnocéntrica que pulula en las facultades de programas técnicos en que se evidencia una apatía por toda formación humanística, a la que despectivamente se denomina “costura”. Pero, por la otra, también se puede dar la cultura tecnófoba en facultades de ciencias humanas, en que se evidencia cierto rechazo a la tecnología como elemento peligroso para la identidad cultural cuando se convierte en una dependencia de dominación. Esto ya fue denunciado hace medio siglo, en una célebre conferencia en 1959, en Cambridge, por Charles Snow en “The Two Cultures and the Scientific Revolution” (Snow, 2013).

Autores como Nicholls aseguran que “en primer lugar puede afirmarse que es reiterativa, jurídica e históricamente, nuestra dependencia de la norma. Esta disciplina jurídica ha castrado nuestra imaginación y creatividad. Ha sido una camisa de fuerza que ha impedido en todo momento nuestro desarrollo, la búsqueda de otros horizontes, otras inquietudes, otros ambientes” (Nicholls García, 1990, p. 6).

La línea de investigación de estudios contables en la Facultad de Contaduría Pública de la Universidad Externado de Colombia12 desarrolla un proyecto de investigación cuyo objetivo es la caracterización del contador público colombiano. En el proyecto se han aplicado, en los años 2017, 2018 y 2019-2020, encuestas nacionales a todos los profesionales de contaduría del país. Estas han permitido evidenciar realidades que aportan al debate que aquí se presenta. En la encuesta del 2017, de un total de 2.209 contadores públicos que la respondieron, solamente un 6 % contaba con nivel de estudios posgraduales de maestría, y menos de un 0,5 % tenían doctorado. Sin embargo, un 64,1 % consideraba importante la realización de cursos cortos que respondan a las necesidades de conocimientos prácticos, en temas que requiere el ejercicio profesional de manera inmediata. Además, solo un 7,1 % de los encuestados encuentra necesario el uso de revistas científicas para informarse sobre los temas de la disciplina o la profesión13. Estas cifras confirman la mirada instrumental y la poca relevancia de la formación posgradual y la investigación entre los contadores del país.

En la encuesta del 2018, que tuvo un énfasis en los temas de formación profesional, un 87 % de los encuestados manifiesta que es su experiencia laboral el factor más importante de conocimiento, mientras que la formación en la universidad es valorada con un 35 %. Adicionalmente, un 69 % considera que la calidad en la formación de los contadores descendió en los últimos años, debido a la calidad de las clases (80 %); un 53 % considera que la formación posgradual es costosa y un 23 % que no tiene relación con el ámbito práctico laboral14. Sigue habiendo una predilección hacia la formación práctica, en cursos y seminarios que resuelven los problemas inmediatos del ejercicio profesional, con un 75 % de respuestas positivas. Los contadores públicos privilegian la práctica, no ven relevantes los estudios posgraduales ni la investigación y consideran que no aportan a su quehacer.

En la encuesta 2019-2020, en una etapa preliminar de recopilación de datos, se encuentra que un 10 % de los contadores manifiesta tener estudios de maestría y casi un 1 % dice que tiene o ha iniciado estudios doctorales. Aunque hay un aumento comparado con el 2017, sigue siendo muy importante, en un 89 %, la realización de cursos cortos que habilitan sobre herramientas técnicas y de rápida adquisición.

CAPÍTULO 2. MARCO CONCEPTUAL

En el campo de la enseñanza, muchos saberes se involucran, el ser humano como docente se expone en su esencia, en su conocimiento, en sus temores y en sus realidades. El profesor Hugo Zemelman, sociólogo chileno, visitó a Colombia en 2013 en el doctorado de estudios sociales de la Universidad Externado; entre sus reflexiones sobre el papel del docente y del conocimiento, compartió con los estudiantes de la tercera cohorte algunos elementos que, a manera de introducción, se reconstruyen en esta parte del escrito. Propuso aportar una postura sobre el conocimiento bajo la premisa de que nunca podría decir “estoy pensando bien”, en el entendido de que es necesario ver más allá de los límites de la ciencia, ya que el conocimiento va más allá de los límites disciplinarios. Además, con la necesidad de contextualizar al docente en una relación de subordinación, limitado en sus conocimientos tecnológicos y con el evidente desequilibrio entre la didáctica y los contenidos curriculares; actuando en un escenario en donde los contenidos curriculares son mucho más importantes, cuando en realidad el movimiento está en la práctica docente. Algunos de los elementos que incluye son los siguientes:

– Primacía de la historia (el conocimiento siempre parte de la historia).

– No puede el hombre comprender su realidad si no hay un acto de pensar. Una realidad con un ámbito de sentido.

– No se puede excluir al sujeto. Se debe partir de la autonomía, de la capacidad de construcción de sí mismo, una autoconstrucción del sujeto. Es esencial en el proceso formativo la invitación a “ser alguien”, puede ser en términos de Don Quijote: “yo sé quién soy”15, o como lo aclara Unamuno: “yo sé quién quiero ser” (Unamuno, 2019, p. 54). Al decir “quien quiero ser”, se involucra un elemento volitivo de conciencia. Bajo esta mirada, es necesario generar condiciones para que el estudiante aprenda siendo, y lo que va a construir depende de cada uno, aunque la relación con el otro es condición sine qua non para autoconstruirme (Vigotsky, 2012).

– Para el abordaje es necesario partir del supuesto de que la historia se construye en todos los momentos. “La base que ha servido de apoyo a la construcción del conocimiento en términos tradicionales ha sido la relación presente-pasado” (Zemelman, 2011, p. 81). El conocimiento se busca en la necesidad de la construcción de la realidad histórica, el pensar busca reconocer el horizonte histórico16, que es “la capacidad teórica, pero, además, volitiva, ideológica y emocional, para ubicarnos en la situación de creación histórica” (p. 95).

– La construcción del conocimiento está asociada a la conciencia. Sin conciencia, ¿cómo saber desde dónde se está pensando? ¿Y para qué? ¿Desde dónde se está viviendo y para qué? Es un problema epistémico, no epistemológico17.

Entre Follari, Zemelman y De Sousa Santos se da una coincidencia: repensar las ciencias sociales y sus implicaciones en la tarea de conocer, aceptando la contingencia de lo social, sin abandonar una perspectiva crítica. Aunque presentan diferentes argumentos, comparten la tarea de reinventar el conocimiento social, debido a una inconformidad con las actuales formas de plantear la relación entre el conocimiento y lo social. Este reinventar el conocimiento social es visto como la tarea de incorporar lo novedoso y sus alcances (Paredes, 2014, p. 126).

– No se puede reducir la realidad a funciones cognitivas. “La realidad solamente alcanza su plenitud, es decir, se completa, en el propio proyecto de construir el futuro” (p. 81). Plantea la necesidad de construir la realidad cambiando el razonamiento sobre regularidades, a un razonamiento sobre la dirección de cambio de los procesos, uniéndose aquí al pensamiento de Morin (2004) al decir que para “Morin la realidad de la que nos ocupamos es difusa en sus contornos, ya que se define solamente en la medida misma del esfuerzo por construirla” (Zemelman, 2011, p. 83).

– El pensamiento no se agota con la construcción de teorías. El conocimiento debe “trascender la percepción estrictamente teórica, de manera que sea posible llegar a captar la situación del problema” (La et al., 2017, p. 40). Cuando se es docente se construye una relación de conocimiento y se requiere que haya un conocimiento acumulado para poder construir la relación con el otro y ayudarle a crear su propio cúmulo. Existe una relación entre pensamiento y futuro; no hay posibilidad de leer la realidad que se vive sino desde una exigencia de futuro.

– Hay que saber leer18.

Todos los elementos planteados por el profesor Zemelman sirven para resumir los conceptos que se trabajan en este capítulo y que se constituyen en los fundamentos conceptuales que dibujan la propuesta didáctica presentada en el libro. La complejidad, la historicidad del ser humano, la mirada futura que se requiere, la transcendencia del pensamiento. Para iniciar, en el desarrollo de este capítulo, es necesario esbozar algunos conceptos, entre ellos, museo, mediación pedagógica, enseñabilidad de la ciencia contable, historia cultural. La metodología utilizada para el desarrollo de este escrito es estrictamente documental y analítica, partiendo del conocimiento y desarrollo de los conceptos en la búsqueda de vasos comunicantes entre ellos.

2.1. LA ENSEÑABILIDAD DE LAS CIENCIAS CONTABLES

Adaptado de Escobar (2010).

Todas las disciplinas tienen como base cultural y académica un saber que se ha creado a partir de la investigación y de la práctica pedagógica. Con base en este saber conciliado, surgen dos ejes que explican su enseñabilidad; estos son, de una parte, los principios epistemológicos y, de otra, las características definitorias de cómo se enseña esa determinada disciplina. Cuando se habla de principios epistemológicos, se hace referencia a los acuerdos filosóficos que dan cuenta del origen y naturaleza de las ciencias (contables en este caso). Por su lado, cuando se habla de cómo se enseña, se hace refiriéndose a la metodología específica de enseñanza y que puede diferenciarla de la forma como se enseñan otras disciplinas o ciencias; se habla de la didáctica. A continuación se hará una corta reflexión acerca del significado de epistemología y de pedagogía, para luego enfatizar en la enseñabilidad de la contabilidad (Escobar, 2010).

2.1.1. La epistemología

La epistemología tradicionalmente ha sido vista como “un estudio crítico de los principios, hipótesis y resultados de las ciencias para determinar su valor” (Browaeys y Fisser, 2012, p. 208) y así entonces se refiere a los pensamientos, inteligencia, conocimiento, conciencia, imaginación, percepciones, sensación.

Se pueden distinguir dos ópticas para definir la epistemología: desde la literatura anglosajona y desde la francesa.

a. Desde la mirada anglosajona

La literatura anglosajona equipara la epistemología a una teoría del conocimiento, estudia el significado de este y sus limitaciones y alcances; distingue tres tipos de conocimiento: el científico, el moral y el religioso; de otro lado, en esta misma corriente se identifica la epistemología con la filosofía de la mente, con la fenomenología de la percepción y el papel de las imágenes en la memoria y la introspección (Audi, 2009, citado por Browaeys y Fisher, 2012). Así, el conocimiento es “un acto de alguien que se esfuerza por capturar un objeto mediante pensamientos para formar una representación adecuada de este objeto y la comprensión resultante de esta acción”19 (Browaeys y Fisser, 2012, pp. 208-209). Finalmente, equipara a la teoría del conocimiento con un sistema entre pensamiento y mundo exterior.

b. Desde la mirada francesa

Desde el punto de vista de la literatura francesa, el término epistemología se ha igualado con la teoría de la ciencia, incluyendo las ciencias físicas y la lógica. Cuando se refiere a la lógica, se asemeja a la definición anglosajona de teoría del conocimiento, explicada en el párrafo anterior, es decir, como un actuar de un sujeto que intenta formar la representación de un objeto. Aquí son válidos los aportes de Gaston Bachelard (1971) quien define la filosofía del conocimiento científico como una “filosofía abierta, como la conciencia de un espíritu que se fundamenta trabajando en lo desconocido, buscando en lo real aquello que contradice conocimientos anteriores” (Bachelard, 1971, p. 145). También en Bachelard (1971) se analiza lo que él llama una epistemología histórica como base fundamental del pensamiento. En la medida en que se reflexiona acerca del “no” entender un fenómeno, en esa medida se avanza hacia su comprensión; siempre se puede razonar sobre la historia del conocimiento: “El ser pensante piensa un pensamiento conocedor. No piensa una existencia” (p. 21). “Para el filósofo, las metodologías, tan distintas, tan móviles en las diferentes ciencias, revelan al menos un método inicial, un método general que debe informar todo el saber, que debe tratar del mismo modo todos los objetos” (p. 145). Así las cosas, la óptica francesa equipara la epistemología con la filosofía de las ciencias, generalizando las preguntas desde una mirada histórica y lingüística. Ejemplos de estas los traen Browaeys y Fisser (2012): “[…] las relaciones entre ciencias y economía, ciencias y filosofía, la situación actual influenciada por el enfoque científico y técnico y también preguntas sobre filosofías importantes como el positivismo, el empirismo anglosajón” (p. 209).

A partir de la revisión de literatura científica en cuanto se hace referencia a la forma como ha de enseñarse la contabilidad, se presenta la siguiente taxonomía que resume las diferentes formas y avances en temas varios con uso de diversas metodologías.

c. Estado del arte sobre didáctica de la contabilidad
c.1 Literatura referida a estudios sobre modelos o métodos de enseñanza

– Análisis de casos

i. Estudios sobre el llamado SCL (structures collaborative learning20), el cual hace uso del análisis de casos para pasar de una lógica basada en lecturas a una basada en casos (Tan, 2019). Otros analizan el uso de esta metodología de casos de negocios en los cursos de contabilidad y su incidencia en el aprendizaje profundo. Al no encontrarse una relación, la evidencia confirma que a nivel de aprendizaje superficial es efectivo, pero cuando se mide el aprendizaje profundo el cambio es imperceptible. Según el estudio, los estudiantes se enfocan en lo que se les exige, por lo que recomiendan hacer mayor énfasis en la evaluación (Weil, Oyelere, y Rainsbury, 2004; Weil et al., 2001; Wynn-Williams, Beatson y Anderson, 2016) con el uso de la metodología de casos, incluyendo respuestas modelos y posteriores exposiciones de nuevos casos. Los estudiantes desarrollan pensamiento crítico21 siempre y cuando se vinculen los ejercicios con intervenciones cortas por parte de los estudiantes (Phillips y Nagy, 2014).

ii. Estudios de casos particularizados a temas de contabilidad forense, por ejemplo reportando una eficiencia mayor, especialmente en el campo de la enseñanza de temas éticos (Alderman, 2019), o incluyendo el uso de big data o data analítica para el aprendizaje sobre el fraude (Enget, Saucedo y Wright, 2017; Fay y Negangard, 2017), o en temas financieros usando lo que han llamado un portafolio de aprendizaje dirigido a mejorar las habilidades de pensamiento crítico y la creatividad, incluyendo una serie de tareas que se deben desarrollar de forma autónoma e individual (Gray y Daly, 2019; Samkin y Francis, 2008).

iii. Otros han analizado los estudios de casos, pero realizando ejercicios de juego de roles involucrando la afectividad en el aprendizaje, ya que su uso no demuestra ser eficiente en las clases de contabilidad. Se hace necesario enfocarse en factores afectivos e institucionales y con el uso de un juego de roles, en este ejercicio de socio, controller y facilitador (Healy y McCutcheon, 2010).

iv. Estudios que establecen la necesidad de parte de los docentes de incentivar no solamente competencias referidas a la disciplina, sino además competencias genéricas, teniendo en cuenta que la forma tradicional de enseñanza no lo hace. Propone el uso de estudios de casos como estrategia pedagógica para lograr este propósito (Boyce et al., 2001).

v. Estudio que establece que lo importante no es el uso de casos o el direccionamiento por parte de los docentes; lo importante para que cumplan el objetivo es la forma como se utilizan para lograr la participación activa de los estudiantes (Adler, Whiting y Wynn-Williams, 2004).

– Trabajo en grupo

i. Estudios que analizan las implicaciones para la enseñanza de la contabilidad por medio del trabajo en grupo (Gowri Shankar y Seow, 2010; Tempone y Martin, 1999), en algunos casos estudiando la satisfacción de los estudiantes frente a su proceso formativo cuando se usó la metodología del trabajo en grupo comparado con una metodología tradicional de lectura. En este proyecto, los estudiantes expresaron un mayor grado de satisfacción con el uso de la metodología de trabajo en grupo (Opdecam y Everaert, 2012).

ii. Con el propósito de dar respuesta al reporte empresarial sobre la necesidad de desarrollar competencias de trabajo en equipo de los recién egresados, este estudio analiza la percepción de los estudiantes sobre el uso de esta metodología, comparando grupos grandes de estudiantes con grupos pequeños. Los estudiantes plantean la necesidad de estructurar el trabajo en equipo dentro de los planes de estudio de la carrera (Cadiz Dyball et al., 2007).

– El uso de simuladores

Simuladores de la realidad para el aprendizaje de la contabilidad, de una manera diferencial, haciendo énfasis en el estudiante. En este proyecto se pretende generar un entorno de aprendizaje más atractivo, analizando diferentes plataformas de simulación de mercados para enseñar la contabilidad en los procesos de negocios, con resultados positivos en las reflexiones de aprendizaje por parte de los estudiantes (Peng y Abdullah, 2018).

– Desarrollo de estudios utilizando la teoría del análisis experimental, considerando, como Henry Mintzberg22, la importancia del contexto y la comprensión por medio de la experiencia en la toma de decisiones. Los estudiantes deberán luego reflexionar sobre su experiencia y concluir o resolver un problema. Este tipo de educación supera la tradicional contable de memorización y respuestas descriptivas (Butler, Church y Spencer, 2019).

– Uso de tecnología para la enseñanza de la contabilidad

i. En los últimos años, y sumado a la importancia de la tecnología como apoyo didáctico, se encuentra, dentro de la literatura científica, un interés en el uso de elementos virtuales, por ejemplo los videos instructivos animados que han reportado una mejora en la experiencia del aprendizaje y una fortaleza en el trabajo autónomo de los estudiantes (Coetzee, Schmulian y Coetzee, 2018; Liu y Elms, 2019).

ii. En esta misma perspectiva, otros estudios han confirmado la efectividad de los sistemas en línea para la enseñanza de la contabilidad, inclusive cuando se compara con el método tradicional (cara a cara) o el método híbrido (McCarthy, Kusaila y Grasso, 2019). Otros analizan la percepción de los empleadores sobre los resultados de la formación en línea (Grossman y Johnson, 2017).

c.2 Literatura referida a la enseñabilidad de la contabilidad

– Algunos estudios encontraron que “la naturaleza acumulativa de la disciplina contable requiere un tipo diferente de tutoría que otras disciplinas”(dos Reis y Braund, 2019). Así, estos estudios refieren a la figura del mentor (también llamado coach, experto, guía, practicante reflexivo), como elemento fundamental para la formación de docentes. De este modo, los docentes más experimentados se convierten en tutores de los nuevos aprendices.

– Otros estudios analizaron la percepción de aprendizaje que tienen los estudiantes frente a su desempeño en el aula haciendo énfasis en la aplicación de lo que aprenden en el mundo real; los estudiantes reportaron concepciones reproductivas de aprendizaje, es decir, el aprendizaje basado en memoria y reproducción de información (Moilanen, 2017).

– Estudios que analizan los procesos de enseñanza por parte de los profesores, haciendo una distribución de los porcentajes de tiempo utilizados por ellos; encontraron por ejemplo que en actividades pasivas pueden utilizar hasta un 50 %, en las activas un 35 % y en las evaluativas un 15 % (Blankley, Kerr y Wiggins, 2017). Este estudio propone líneas futuras de investigación en los cambios y tendencias de pedagogía contable, particularizando en técnicas de enseñanza y aprendizaje.

– Estudios que se enfocan en el entendimiento de lo que significa aprender por parte de los estudiantes. Los estudiantes reportan las concepciones reproductivas, lo que permite que los autores propongan futuras investigaciones en diseño de estrategias de intervención (Byrne y Flood, 2004).

– En este campo se encuentran también experiencias como la reportada por Hu y Yang (2018) con el sistema denominado “Rain classroom”, utilizando los medios virtuales para fortalecer en los estudiantes de contabilidad de grados superiores el aprendizaje autónomo, con base en las teoría constructivistas, haciendo real el desarrollo de competencias de metacognición y autoaprendizaje, basado en un modelo con cuatro partes (que son además necesarias en cualquier modelo pedagógico): “diseño del curso, preparación del curso, enseñanza en el aula y resumen de la reflexión”23 (p. 1993).

c.3 Literatura referida a los resultados de la educación superior de los contadores de cara a su vida empresarial

– Estudios sobre los resultados de la educación superior frente a las expectativas de los empresarios o del mundo empresarial en general; ejemplo de estos son los que han evaluado las competencias comunicativas de los recién egresados, que proponen luego del estudio que este tipo de competencias debe enseñarse en los cursos de contabilidad, y no en los cursos de áreas de apoyo como usualmente se hace (Hirsch y Collins, 1988).

– Las dificultades de los estudiantes cuando se aplica el aprendizaje autónomo (Hu y Yang, 2018). Estudios que demuestran que el aprendizaje cooperativo es más efectivo en el desarrollo de competencias interpersonales y de comunicación cuando se compara con la metodología de aprendizaje grupal. Esto daría la posibilidad del uso de estas metodologías para apoyar en el tránsito de la etapa de formación a la realidad de la empresa (Ballantine y McCourt Larres, 2009).

c.4 Literatura referida a los programas de formación en contabilidad

– Estudios que analizan la eficiencia de la formación usando como objeto de estudio los programas doctorales en contabilidad en los Estados Unidos, a partir de la respuesta de los egresados del programa sobre la eficiencia de sus profesores; encuentran que son evaluados mejor los que tienen mayor formación formal. De otra parte, se establece a partir del estudio la necesidad de capacitar a los docentes con las exigencias del AACBS24 (ver anexo 1). De otro lado, propone como estudios futuros la producción de investigación de los graduandos así como los métodos de formación pedagógica más innovadora (Chan et al., 2019).

– Estudios que analizan el impacto en el aprendizaje cuando se hacen reducciones en los currículos, haciendo mayor énfasis en el área contable como la fundamental del ejercicio profesional. Los hallazgos de este estudio respaldan otros anteriores que proponen que el plan de estudios reducidos (incluyendo las temáticas más relacionados con la disciplina contable) fortalece la asimilación de los conceptos básicos, en línea con la teoría CLT25 o de la reducción de la carga cognitiva, lo que permite mejores resultados (Miller, 2020).

– Estudios que exploran el eco-humanismo y la enseñanza ética en los estudiantes de contabilidad con el propósito de aumentar la sensibilidad hacia el cuidado ambiental y la sostenibilidad como aspecto clave de la administración de las empresas (Dewi, Siswanto y Anggraini, 2019). Con el uso de historias discutidas como práctica docente, en las áreas de sostenibilidad y responsabilidad ambiental, se prueba una nueva didáctica: enseñar a partir de historias a los estudiantes de contabilidad, probando que se generan competencias analíticas en temas tan susceptibles como los éticos, haciendo uso de un mediador pedagógico interdisciplinario, las historias.

Luego de este análisis de literatura, el capítulo continúa abordando, a manera de cierre, los temas de enseñabilidad, para dar un soporte conceptual. Para Rafael Flórez (2001), en cada época histórica sus colectividades tienen una disposición epistémica a la transmisión y reproducción de los saberes. Es el mismo Flórez (1996) quien define la enseñabilidad como “[…] la característica derivada del estatuto epistemológico de cada ciencia o disciplina referida a sus rasgos de racionalidad y de sintaxis, de contenido teórico y experiencial, que distingue el abordaje de sus problemas y condiciona específicamente la manera como cada disciplina puede o debe enseñarse” (p. 34). A partir de esta definición, es necesario revisar los diferentes elementos que plantea Flórez para dar claridad a una definición desde la enseñabilidad de la ciencia contable.

Para la mirada frente a la ciencia contable y en referencia al primer elemento, al estatuto epistemológico, la pregunta sería si tienen la ciencia contable un estatuto epistemológico propio. En las taxonomías que se realizan en algunos contextos, la ciencia contable hacen parte de las económicas o administrativas, y estas, a su vez, de las ciencias sociales. Y al responder la pregunta sobre cuál es su función, la lógica conduce a responder que la contabilidad se caracteriza particularmente por su función primaria de control. Un resultado de la práctica contable son los estados financieros, los cuales han cumplido diversas funciones con el pasar de los tiempos; de igual forma, los análisis financieros que surgen de la información contable han venido evolucionando de acuerdo con las necesidades de los usuarios. Pero, a pesar de los cambios, es factible decir que su objeto funcional, entendido como la generación de información que permite la “medición organizacional”, sigue vigente, respondiendo a la teoría de la agencia en la cual el agente utiliza la contabilidad financiera para dar cuenta de su gestión (Watts y Zimmerman, 1985).

Así las cosas, se puede establecer que existe una disciplina encargada de generar información sistemática, confiable, cuantitativa y cualitativa a partir de transacciones de tipo económico, información que va dirigida a diferentes usuarios. Esta información permite conocer las actuaciones pasadas y debe proveer posibilidades en la toma de decisiones en el presente y en el futuro, no solo de los agentes, sino de la comunidad en general. La determinación sobre si se trata de una disciplina científica o de una técnica social es el asunto que estudia la epistemología en el área. De este estatuto epistemológico depende en gran medida la posibilidad de indagar sobre su enseñabilidad.

El segundo elemento que se estudia en la enseñabilidad son los rasgos de racionalidad y sintaxis. La historia de la contabilidad contribuye a explicar el origen mismo de la escritura. Su desarrollo le ha permitido al hombre pasar de las simples cuentas de las sociedades agrícolas y de los orígenes del comercio, hasta los manejos de las grandes corporaciones del mundo globalizado. Uno de los contenidos fundamentales de esta propuesta, y que es desarrollado en este libro, corresponde al uso de la historia y la cultura, por medio de un vehículo pedagógico y validador por excelencia, el museo, para que este elemento de la enseñabilidad quede resuelto; es decir, usando ese mediador se puede garantizar la enseñanza de los objetivos de la contabilidad durante su desarrollo histórico. De esta forma, es posible extraer, a partir del análisis del desarrollo histórico de la contabilidad, los rasgos de racionalidad y, en la secuencia y calidad de los contenidos, se hallan los rasgos sintácticos como se verá a continuación.

2.1.2. Contenido y secuencia

De Zubiría (2007) señala tres tipos básicos de contenidos que pueden ayudar a identificar también los elementos que deben enseñarse en la ciencia contable, referidos a la cognición, a la pragmática y a la axiología. Por su parte, Bédard (2003) establece cuatro elementos fundamentales en la formación de las áreas administrativas: praxeología, epistemología, axiología y ontología. Los dos esquemas coinciden en la importancia de los conocimientos teóricos, los prácticos y los valorativos. Elementos estos que han de considerarse en los contenidos de formación de los contadores.

Los contenidos cognitivos apuntan a la formación del individuo como un ente capaz de “aprender a aprender”. En este aspecto, Bédard (2003) diferencia cuatro puntos constitutivos de esta competencia, así: 1. El saber, el abstraer y la búsqueda de la verdad; 2. La capacidad de relacionar medios y fines; 3. La argumentación y 4. La cooperación para llegar a un orden (p. 83).

Los contenidos pragmáticos o procedimentales, con igual peso que los cognitivos, se explican diciendo que no es muy apropiado tener estudiantes con habilidades cognitivas excepcionales, si no cuentan con las destrezas técnicas requeridas por cada una de las disciplinas científicas. Bédard (2003) complementa la definición de la práctica estableciendo lo que comprende:

Las diferentes conductas humanas y las actividades de creación, de producción y de fabricación (la praxis y la poiesis); las actitudes (en los planos cognitivos, afectivos y comportamentales); el saber hacer y las habilidades; las prácticas, los métodos de trabajo y los procedimientos; las herramientas, los materiales, las técnicas y la tecnología; las palabras y los escritos; las obras, los productos y los resultados (p. 78).

Finalmente, los valorativos, referidos a los comportamientos éticos y a la competencia de toma de decisiones, tan preciada en el contador. Para Bédard (2003), la axiología está compuesta por la ética y la moral: “la ética se interesa en los principios generales de la conducta humana y tiene por objeto la teoría de la acción moral, individual y colectiva” (p. 81). De otro lado, la moral: “trata sobre las costumbres, los hábitos y las reglas de conducta admitidas y practicadas en una sociedad” (p. 81). Esto quiere decir, por tanto, que el ser humano es no solo un ser cognitivo, sino también afectivo y práctico. Esto a su vez genera la condición general de formar seres humanos más integrales, contadores integrales.

Volviendo a los rasgos sintácticos, estos están constituidos por los contenidos y su secuenciación. Los contenidos que “[…] designan el conjunto de saberes o formas culturales cuya asimilación y apropiación por parte de los estudiantes se considera esencial para su desarrollo y socialización. La idea de fondo es que el desarrollo de los seres humanos no se produce nunca en el vacío, sino que tiene lugar siempre y necesariamente en un contexto social y cultural determinados” (Coll, Pozo, Sarabia y Valls, 1992, p. 13).

Con Flórez (2001) se infiere que existe un contexto cultural en que se comparten saberes y experiencias que dan sentido a la enseñabilidad de la contaduría. El estatuto epistemológico, el contexto histórico y el desarrollo de la contabilidad permiten que una disciplina sea enseñable de una manera particular.

Si se comparan los elementos que establecen De Zubiría (2007) y Bédard (2003) con las competencias requeridas al contador público actual, se pueden complementar los contenidos que estos autores establecen, con los que son solicitados por IAESB26 (2015), la IFAC27, el AICPA28 y el ICAEW29 y que fueron estudiados por Stephenson (2017) en su análisis del uso de la teoría de comunidad de práctica, para probar la eficiencia de esta en el aprendizaje de los futuros contadores (Stephenson, 2017). Esta teoría establece a su vez cuatro componentes interconectados para el aprendizaje: práctica, significado, identidad y comunidad, relacionados en su orden con el hacer, la experiencia, el devenir y la pertenencia.

Stephenson (2017) hace el estudio de las competencias requeridas por las instituciones nombradas anteriormente y las resume así: 1. Resolución de problemas: deben desarrollar un enfoque intuitivo y creativo para la toma de decisiones; para desarrollar esta habilidad, los estudiantes han de estar expuestos a situaciones de alerta frente a la información, los resultados y fenómenos del entorno. 2. Interacción interpersonal: en el estudiante se debe desarrollar la empatía para que aprenda a identificarse con los problemas de los demás. 3. Liderazgo: debe adquirir las habilidades para influir, motivar e inspirar a los grupos. 4. Comunicación: el futuro contador debe adquirir las habilidades para comunicarse de forma escrita y verbal de modo que su destinatario entienda correctamente lo expresado. 5. Gestión de proyectos/temas técnicos: debe ser independiente, tener confianza en sí mismo y hacer seguimiento paso a paso de los proyectos. Una buena parte de estas competencias se adquiere en el campo, en la práctica. A continuación, a manera de resumen, la validación de las competencias que han de desarrollarse en el futuro profesional.

A manera de sumario, las competencias se resumen en:

- Resolución de problemas

- Interacción interpersonal

- Liderazgo

- Comunicación

- Gestión de proyectos / temas técnicos

Por su parte, y en representación del sector académico, las universidades incluyen una serie de competencias que han de formarse en los futuros profesionales. La Universidad Externado ha dispuesto cinco competencias básicas de formación en todos los futuros profesionales, de sus diez facultades, dentro del campo de las ciencias sociales. Estas se definen como parte de la misión institucional y, en concordancia con esta, se han definido los proyectos académicos de todas las unidades o facultades académicas.

Estas competencias se han nombrado como cognitiva, contextual, valorativa, comunicativa e investigativa. Cada una de ellas establece que, en su actuar, el profesional ha de considerarlas, vivirlas e interiorizarlas como parte de su ser. Adicional a ellas se encuentra, desde su misión y discurso institucional, una necesidad imperiosa de desarrollar en los estudiantes la autodisciplina, la confianza y la búsqueda de la perfectibilidad, las cuales se logran con el esfuerzo individual y colectivo.

Para entender el significado de las cinco competencias, a continuación se relacionan con la definición que de cada una de ellas se incluye en los documentos institucionales y que han sido recogidas por Escobar (2020) en los cursos de seminarios de investigación para los programas de posgrados:

Competencia cognitiva: referida a la capacidad para constituir y sustentar el saber de un cuerpo disciplinar específico y la apropiación del conocimiento especializado.

Competencia comunicativa: capacidad de interacción por medio del lenguaje, en contextos académicos y profesionales, de manera oral o escrita. Comprensión y producción de discursos.

Competencia contextual: capacidad del sujeto para comprender, interpretar y resignificar la realidad en sus diferentes manifestaciones, comprometiéndose con la búsqueda de soluciones que den respuesta a problemas específicos.

Competencia valorativa: capacidad del sujeto para producir, intervenir y adherir sistemas de valores, partiendo de su propia reflexión y de la construcción dinámica del yo individual y social. Enmarcada dentro de la axiología definida por Bédard (2003) y por De Zubiría (2007).

Competencia investigativa: capacidad del sujeto de problematizar la realidad y de usar con rigurosidad la metodología de investigación para proponer solucionar los problemas.

TABLA 1. COMPARATIVO DE COMPETENCIAS SEGÚN DE ZUBIRÍA, BÉDARD Y STEPHENSON


Fuente: elaboración propia. Adaptación de De Zubiría (2007), Bédard (2003), Stephenson (2017) y Escobar (2020).

De la enseñabilidad de la contabilidad se deduce la metodología específica. Esta metodología se materializa en modelos que recogen experiencias históricas en la práctica de la contabilidad en Colombia. Uno de los elementos que se proponen desde la metodología, y como parte de la enseñabilidad de la contabilidad, es un museo para el estudio de la teoría, la historia y los elementos fundantes de la práctica contable. El uso de la historia como un vehículo para el entendimiento de la contabilidad y su relación con la época histórica, con el aporte a la sociedad y con el aporte a su propio crecimiento, tendrá un efecto pedagógico valioso, ya que se incluyen aquí, con esta forma propuesta, el desarrollo de las competencias no solo contextuales, sino de cognición, valorativas e investigativas. Adelante, en el último capítulo, se analizarán los pormenores de esta participación.

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Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
233 s. 22 illüstrasyon
ISBN:
9789587904581
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

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