Kitabı oku: «Perspectivas actuales del feminicidio en México»


UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE LA CIUDAD DE MÉXICO
DIFUSIÓN CULTURAL Y EXTENSIÓN UNIVERSITARIA
RECTORA
Tania Hogla Rodríguez Mora
COORDINADORA DE DIFUSIÓN CULTURAL Y EXTENSIÓN UNIVERSITARIA
Marissa Reyes Godínez
RESPONSABLE DE PUBLICACIONES
José Ángel Leyva

COLECCIÓN: ESTUDIOS DE GÉNERO

Perspectivas actuales del feminicidio en México
Primera edición 2021
D.R. © María Eugenia Covarrubias Hernández
D.R. © Universidad Autónoma de la Ciudad de México
Dr. García Diego, 168,
Colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc,
C.P. 06720, Ciudad de México
ISBN (impreso) 978-607-8692-21-7
ISBN (ePub) 978-607-8692-34-7
publicaciones.uacm.edu.mx
Esta obra se sometió al sistema de evaluación por pares doble ciego y su publicación fue aprobada por el Consejo Editorial de la UACM.
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Índice
Dedicatoria
Agradecimientos
«También el silencio es violencia». A manera de prólogo
Leticia Romero Chumacero
Presentación
María Eugenia Covarrubias Hernández
FEMINICIDIO: PERSPECTIVAS, ACCIONES Y DESAFÍOS
Breve esbozo del feminicidio en México y la construcción sociocultural de la masculinidad
Náyade Soledad Monter Arizmendi
La importancia de la sensibilización y la perspectiva de género en la aplicación operativa del protocolo para feminicidio en la Ciudad de México
Claudia Irma Portilla Campos
Feminicidio y experiencias de intervención educativa
Patricia Ravelo Blancas
PERSPECTIVAS CRÍTICAS DE LA COBERTURA DE FEMINICIDIOS EN MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Feminicidios en México. Un panorama general a partir de publicaciones en medios digitales de comunicación
Luz María Ledesma Reyes
La violencia contra mujeres y niñas. Exploración del discurso de la prensa digital, 2012
Adriana Peimbert Reyes
Feminicidio en relaciones de noviazgo. Una aproximación al fenómeno a partir de notas periodísticas en la Ciudad de México y el Estado de México
María Eugenia Covarrubias Hernández
FEMINICIDIOS EN EL ESTADO DE MÉXICO: ENTRE LA INDOLENCIA Y LA ACCIÓN
Los rostros desdibujados, cuerpos desde el silencio: Los feminicidios del Estado de México entre la precarización de la vida, la indolencia y la impunidad
Manuel Amador Velázquez
Alerta de Violencia de Género en el Estado de México y el discurso político/mediático que minimiza la violencia feminicida
Paco Dorado
Notas al pie
Las autoras y los autores
Dedicatoria
Este libro está dedicado a la memoria de todas las mujeres que han sido víctimas de feminicidio en México, así como a los familiares y personas cercanas que han sufrido la pérdida de estas mujeres. También está dedicado a las y los activistas que incansablemente luchan exigiendo justicia para las víctimas. Asimismo, está dedicado a quienes desde la academia y la investigación trabajan cotidianamente aportando elementos para la comprensión y erradicación de este grave problema.
No es necesaria una gota de sangre
para gritar contra el odio y la violencia.
Ni una gota de sangre me basta
para sentir el dolor de la víctima.
Ni una gota de sangre:
ni una más…
Y aun así
cientos de nuevas víctimas se suman
a la enorme lista de sacrificados,
desaparecidos,
torturados,
secuestrados,
mutilados.
No es necesario escuchar el llanto de una niña violada
o un niño arrojado a las alcantarillas
para luchar contra la barbarie y el genocidio.
Un padre implora impotente ante la súplica inaudible;
una madre exige justicia frente a la cámara de diputados;
un hermano grita en la cúspide del perdón…
más nadie responde.
También el silencio es violencia.
ROSINA CONDE
Agradecimientos
MARÍA EUGENIA COVARRUBIAS HERNÁNDEZ
Este libro es el fruto de varios esfuerzos compartidos; todos y cada uno fueron esenciales en la realización de éste.
En primer lugar, un agradecimiento a las diversas instancias de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), por su abierta disposición para apoyar proyectos académicos de impacto social, apoyo que se ve reflejado en la culminación de esta obra.
A la doctora María Elena Durán Lizárraga, quien, durante su desempeño como coordinadora del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UACM, apoyó la realización del encuentro Una mirada actual al feminicidio en México: Perspectivas, acciones y desafíos, del cual surge este trabajo.
Al ex coordinador del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UACM, el maestro Ernesto Raúl Bravo Núñez, por el apoyo y gestiones para la publicación de esta obra.
A la doctora Leticia Romero Chumacero, al maestro Porfirio Miguel Hernández Cabrera y al doctor Gerardo Bustamante Bermúdez, integrantes del Grupo Interdisciplinario de Investigación en Género y Sexualidad (GIIGS), por la solidaridad y entusiasmo con que acompañaron este proyecto.
A las y los investigadores que presentaron ponencias en el encuentro, y aunque no se pudieron incluir aquí todos los trabajos, su participación en dicho evento propició reflexiones invaluables para continuar con la discusión y análisis del fenómeno que nos ocupa a todas y todos. Gracias a Perla Orquídea Fragoso Lugo, Mónica A. Luna Blanco, Karla Paola Romero Jiménez, Patricia Castañeda Salgado, Fernando Huerta Rojas y Héctor Domínguez-Ruvalcaba.
A las y los realizadores y artistas que también se presentaron en el encuentro enriqueciéndolo con su talento: Alejandra Sánchez Orozco, José Antonio Cordero, Rosina Conde, Paola Pérez, Gerardo Bustamante Bermúdez y la banda Soulsticio.
A las y los participantes del Taller «Mujeres, Arte y Política» y del performance «Rompiendo la impunidad, invisibles somos visibles», especialmente a Manuel Amador, coordinador de estos espacios en los que se concentraron algunas de las acciones que nos ocupan para erradicar el feminicidio: el análisis, la visibilización y la denuncia.
Por último, un especial agradecimiento a Luz María Ledesma Reyes por su incondicional apoyo, trabajo y compromiso a lo largo de este proceso, por imaginar la realización del encuentro como una aventura exitosa y por todo el empeño puesto en la publicación de este libro.
«También el silencio es violencia» A manera de prólogo
LETICIA ROMERO CHUMACERO
Cada feminicidio es un escándalo abrumador. ¿Cómo entender la saña, la violencia bestial, el resentimiento y el odio raigal que asoman tras el desprecio con que se arrancan vidas de mujeres en México?, ¿cómo concebir la indiferencia institucional en torno a la cotidiana aparición de cuerpos ultrajados en todo el país? Apabulla tanto dolor sin sentido, tanto mutismo criminal.
En el marco amplio de las insultantes cifras de personas que, día a día, pierden la vida en un país donde los crímenes ligados al narcotráfico han desbordado a todas las autoridades de distintos niveles de gobierno, las cuales exhiben su colusión e ineptitud a un tiempo, despunta ominosamente la cantidad de mujeres cuya dolorosa muerte se debió a eso, a que eran mujeres. Los esfuerzos por documentar, investigar, sancionar e inhibir los asesinatos de todas ellas aún son angustiosamente insuficientes si pensamos que, según cifras oficiales, siete mujeres –niñas, adolescentes, adultas– son ultimadas cada día en el país. Siete cada día.
Con base en consideraciones como las precedentes, el libro que usted tiene en las manos constituye un esfuerzo por estudiar el complejo papel que desempeñan, en el tema del feminicidio, la construcción de las identidades de género, las masculinidades violentas, la educación, las instancias de procuración de justicia, las alertas de género y los protocolos implantados en México, la sesgada difusión que de esos hechos hacen los medios masivos de comunicación y el activismo con el cual la sociedad civil afronta, con valor y dignidad, un escenario tan oscuro.
Cualquier iniciativa que permita atisbar el fenómeno referido con la mira dirigida hacia su desaparición se agradece, porque es imperioso articular soluciones multifactoriales. Sin duda, las cifras, reflexiones y planteamientos que desde distintas disciplinas se exponen y argumentan en los capítulos siguientes inspirarán más diálogos especializados y favorecerán acciones concretas.
Las víctimas y sus familias, víctimas también, no merecen que en torno a sus casos se extienda un silencio ensordecedor. Los perpetradores, a su vez, no merecen la bondad de un silencio que los protege de la acción de la justicia. Como ha escrito la poeta Rosina Conde, «también el silencio es violencia». Las universidades, por lo demás, están llamadas a opinar, a formular propuestas de solución a las problemáticas que abruman al país: no es otro el noble objetivo de este libro.
Verano de 2019
Presentación
MARÍA EUGENIA COVARRUBIAS HERNÁNDEZ
El feminicidio en México ha alcanzado una magnitud alarmante, desde que empezó a ser evidenciado con la desaparición y asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua, en la década de los noventas, no sólo por el elevado número de mujeres desaparecidas, torturadas y asesinadas en esa entidad, sino sobre todo por la inauguración de modalidades de saña y crueldad dirigidas hacia los cuerpos de las mujeres, así como por la acción omisa del Estado y su incapacidad para garantizar condiciones de vida y seguridad a éstas. A partir de ello, los familiares de las víctimas, las investigadoras feministas y la sociedad civil en su conjunto, se han dado a la tarea de documentar, denunciar, analizar y exigir justicia. Sin embargo, lejos de erradicarse, el problema se ha extendido a prácticamente todo el territorio mexicano, y en los últimos años, el Estado de México es la entidad en que se ha registrado un creciente número de casos.
Con este escenario de fondo, en noviembre de 2016 se llevó a cabo el encuentro académico: Una mirada actual al feminicidio en México: Perspectivas, acciones y desafíos, que se realizó en la Sede Cultural Casa Talavera, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, con el objetivo de propiciar un espacio de diálogo y discusión sobre diferentes factores que confluyen en el fenómeno del feminicidio en México, así como destacar la importancia de algunas de las acciones ejecutadas y por implantarse para contrarrestar su incidencia.
Gracias a la participación de destacados especialistas en el estudio, investigación, activismo y producción artística alrededor del feminicidio, el encuentro logró ampliar las perspectivas que se tenían del fenómeno, incorporando nuevas reflexiones y apuntalando acciones que se perfilan como los siguientes retos. La riqueza de las ideas ahí presentadas, sumada a las discusiones que se generaron, tuvieron como consecuencia la publicación de este libro, que contiene las versiones ampliadas de algunas de las ponencias.
Plantear un encuentro y un libro sobre feminicidio en México no constituye una tarea vana; más bien, ante la inminencia de la gravedad del fenómeno, reportado por diversas instancias internacionales, nacionales y de la sociedad civil, se torna urgente la labor de estudiarlo e investigarlo para proponer mecanismos de freno que impacten a toda la estructura social en que se produce, así como sensibilizar, denunciar y sumar voces a las exigencias de justicia.
Basta revisar algunas de las cifras que se presentan anualmente alrededor del 25 de noviembre, a propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, para corroborar la necesidad de abrir nuevos espacios en los que se presenten y difundan por todos los medios posibles las acciones llevadas a cabo a fin de contribuir a la erradicación de todas las formas de violencia hacia las mujeres, en particular del feminicidio.
Como ejemplo de lo anterior, los diversos estudios cuantitativos realizados arrojan datos respecto a las cifras de mujeres víctimas de feminicidio, las modalidades de violencia y asesinato, las entidades federativas donde se llevan a cabo, los aspectos geopolíticos y las características de las víctimas (edad, estado civil, ocupación, etcétera). Los más importantes y completos son Feminicidio en México. Aproximaciones, tendencias y cambios, 1985-2009, y Violencia feminicida en México. Características, tendencias y nuevas expresiones en las entidades federativas 1985-2010.1 Éstos dan cuenta de manera detallada de la ocurrencia de feminicidios en México, desde 1985 y hasta 2010. Contemplan los aspectos legales, la geopolítica de la violencia feminicida en México, el feminicidio infantil, los contextos donde se produce y las cifras puntuales de los homicidios de mujeres. Se señala que en el país se dispone de diferentes fuentes oficiales donde es posible obtener esta información, sin embargo, se argumenta la dificultad para conocer con precisión estos datos.2
En 2016 se presentó una actualización de la información en el estudio La violencia feminicida en México, aproximaciones y tendencias 1985-2014.3 Los datos corresponden al registro de defunciones femeninas con presunción de homicidio (DFPH) a lo largo de 30 años (entre 1985 y 2014), contabilizando un total de 47 178 casos en todo el país. La publicación hace una distinción entre los periodos con incrementos y reducción de muertes, los ocurridos en la vía pública y en la vivienda, además de las causas de muerte como ahorcamiento, estrangulamiento y sofocación, disparo de armas de fuego, contacto traumático con objeto cortante y con objeto romo o sin filo.
A su vez, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (2011)4 se ha encargado de documentar las cifras del fenómeno y en el año 2011 documentaron 1 235 casos ocurridos en el periodo de enero de 2010 a junio de 2011 en ocho estados de la república (Estado de México, Sinaloa, Tamaulipas, Jalisco, Nuevo León, Distrito Federal, Oaxaca y Sonora).
En su último informe, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (2013)5 abarca el periodo de 2012-2013 y reporta el asesinato de 3 892 mujeres en los 31 estados del país y en el entonces Distrito Federal.
De igual manera, ONU Mujeres6 dio a conocer que en México ocurrieron 2 502 defunciones femeninas con presunción de homicidio en 2013, es decir, siete asesinatos al día, además de que 63 por ciento de las mujeres del país han padecido algún tipo de violencia, teniendo como focos rojos el Estado de México, Guerrero, Jalisco y la Ciudad de México.
Por su parte, el INEGI reportó que en 2015 en promedio siete mujeres fueron asesinadas diariamente en México durante 2013 y 2014,7 mientras que entre 2013 y 2015 el número de mujeres asesinadas 6 488;8 tan sólo en el Estado de México, entre el primero de enero y el 18 de noviembre de 2016, fueron asesinadas 299 mujeres.9
El informe más reciente que se tiene es el realizado por el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), en el que se señala que «de 2014 a 2017 fueron asesinadas un total de 6 296 mujeres en 25 estados del país, de los cuales 1 886 casos fueron investigados como feminicidio, es decir, sólo 30%».10
Por otro lado, se debe reconocer que se han tenido algunos avances en materia legislativa, pues actualmente se tiene conocimiento, entre otros datos, del estado actual del tipo penal de feminicidio en México, del análisis de la obligatoriedad de emisión y aplicación de protocolos de investigación del delito en las entidades de la República Mexicana, de las sanciones, de las acciones promovidas para declarar la alerta de género en varios estados, así como la declaración de ésta para algunos municipios de los estados de México y Morelos en 2015; Michoacán, Chiapas, Nuevo León y Veracruz en 2016; Sinaloa, Colima, San Luis Potosí, Guerrero, Quintana Roo, Nayarit y Veracruz en 2017;11 Jalisco, Oaxaca, Durango, Campeche y Zacatecas en 2018; y Puebla en 2019.12
Sin embargo, el camino por recorrer aún es largo, y en ese trayecto, el libro Perspectivas actuales del feminicidio en México concentra trabajos con diversas perspectivas del feminicidio que, en conjunto, abonan en el tejido de hilos que se entrecruzan para dar forma a este complejo fenómeno. El énfasis está puesto en los elementos que promueven y mantienen los feminicidios, las formas en que se cometen, el papel de los medios de comunicación y la actuación de las instancias de procuración de justicia, así como en delinear algunas de las acciones necesarias dirigidas a su erradicación, al tiempo que se bosquejan nuevas propuestas de intervención en diferentes ámbitos.
Es importante advertir que, al reunir los trabajos de diferentes autores, el lector encontrará información que se repite, como definiciones y otros datos necesarios para contextualizar y delimitar el problema del feminicidio, pero éstos adquieren sentido en la lectura de cada apartado específico.
Un criterio ético en el que no se encontrará uniformidad es en nombrar a las víctimas: cada autor y autora argumenta el criterio utilizado, el cual se puede apreciar en el cuerpo de los textos, por lo que se respetó su decisión.
También es necesario señalar que el alcance del contenido del libro es informativo y de sensibilización para cualquier público lector, pues tal como se afirma en algunos de los trabajos, es importante emprender diversas acciones encaminadas a conocer y sensibilizar respecto a la incidencia del feminicidio en México, pues sumadas a otras acciones se podrá abonar a generar condiciones de vida alejadas de la violencia y a la exigencia de seguridad y justicia.
El libro está estructurado en tres apartados. El primero, «Feminicidio: perspectivas, acciones y desafíos», reúne los trabajos de tres investigadoras. Sus perspectivas son diversas, no sólo por el ámbito de formación y acción de cada una, sino también porque centran su estudio en puntos clave, aunque distintos, presentes en el feminicidio: los factores que se encuentran en la construcción de masculinidades violentas; la implantación del protocolo ante el feminicidio y el papel de los servidores públicos para su adecuada aplicación; y la apuesta en las acciones educativas.
En «Breve esbozo del feminicidio en México y la construcción sociocultural de la masculinidad», Náyade Soledad Monter Arizmendi recurre a las miradas y voces de quienes se han pronunciado alrededor del feminicidio para contextualizarlo en el marco de la violencia contra las mujeres vivida en México, generada y reproducida a partir de las relaciones de género inequitativas entre hombres y mujeres. El énfasis está puesto en los componentes de la socialización diferenciada de género que derivan en la construcción de masculinidades violentas, desde los ámbitos familiar, escolar y los grupos de pares.
En «La importancia de la sensibilización y la perspectiva de género en la aplicación operativa del protocolo para feminicidio en la Ciudad de México», Claudia Irma Portilla Campos explica el proceso mediante el cual se ha construido el concepto del delito de feminicidio, su incorporación al ámbito jurídico y la creación del Protocolo de Investigación Ministerial, Policial y Pericial. Posteriormente, ejemplifica cinco casos de feminicidio en los que se aprecia la actuación institucional en la implantación del protocolo, reconociendo el apego adecuado a éste; sin embargo, esto no es suficiente, pues también señala y cuestiona las dificultades, fallas y ausencias en su manejo, lo que se traduce en la falta de justicia para las víctimas y sus familiares, apuntando al reto que las instituciones de procuración de justicia en particular y la sociedad en general debemos asumir para prevenir, atender y erradicar el problema.
El texto «Feminicidio y experiencias de intervención educativa», de Patricia Ravelo Blancas, describe diversas acciones educativas implantadas para contrarrestar los efectos de la violencia vivida en Ciudad Juárez, Chihuahua, particularmente el feminicidio. Desde una perspectiva de intervención dialógica, se colabora en la construcción del proceso de reapropiación y transformación de la conciencia social comunitaria, mostrando cómo la apuesta desde la educación puede transformar comportamientos violentos y encauzarlos hacía una cultura de respeto en las relaciones sociales y de género.
El segundo apartado, «Perspectivas críticas de la cobertura de feminicidios en medios de comunicación», tiene como hilo conductor la presentación de información y análisis de casos de feminicidios que hacen diversos medios informativos, de manera específica prensa escrita y medios electrónicos; sin embargo, cada autora centra su atención en una modalidad particular de abordaje, por lo que en conjunto se puede apreciar que la forma en que los feminicidios son presentados por los medios contribuye a la falta de reconocimiento de los factores que propician y mantienen esta problemática, al tiempo en que se les interpela para que contribuyan a cambiar la percepción social mostrando de manera diferente los casos.
En «Feminicidios en México: Un panorama general a partir de publicaciones en medios digitales de comunicación», Luz María Ledesma Reyes hace una revisión de diversas notas periodísticas que aluden a mujeres asesinadas y describe cuantitativamente el fenómeno tomando como principal categoría de análisis el tipo de feminicidio, cruzando con las subcategorías de edad, modo de asesinato, relación de la víctima con el feminicida y entidad en que ocurrieron. La pertinencia de este trabajo gira en torno al desconocimiento que se tiene de cifras oficiales, actuales y confiables acerca del feminicidio en México, lo que lleva a considerar las publicaciones de los medios como una fuente primaria de información; sin embargo, también se hace una crítica a la forma en que son presentadas las notas y la desvaloración que hacen del problema.
En «La violencia contra mujeres y niñas: Exploración del discurso de la prensa digital, 2012», Adriana Peimbert Reyes recurre al análisis de contenido de veintidós notas informativas, mediante las cuales explora el discurso periodístico gráfico y textual para dar cuenta de la violencia ejercida contra mujeres y niñas, incluyendo el feminicidio. Entre los hallazgos destaca que, en los contenidos informativos de la prensa digital mexicana en el año 2012, predominó el tono sensacionalista en los datos, narrativas y descripciones, siendo parte de la agenda mediática de éstos. Además, la forma en que se presentan los hechos violentos no permite ver que se trata de delitos producidos por condiciones de desigualdad, exclusión, discriminación y subordinación en que viven las mujeres.
El texto de «Feminicidio en relaciones de noviazgo. Una aproximación al fenómeno a partir de notas periodísticas en la Ciudad de México y el Estado de México», de María Eugenia Covarrubias Hernández, presenta una revisión de noticias publicadas en diversos medios, en las que se reporta el asesinato de mujeres jóvenes, señalando como responsable al novio o ex novio. A partir de 34 casos se delinean los factores que confluyen en estos feminicidios, tales como celos, antecedentes de violencia en la relación, los métodos de asesinato o el embarazo de algunas mujeres, pero, sobre todo, se enfatiza en los elementos de misoginia, impunidad y omisión presentes en cada una de las muertes. Si bien el texto no analiza la forma en que son presentadas estas notas, sí señala la contribución que podrían hacer los medios para incidir en la erradicación del problema, nombrando estas muertes como feminicidios y describiendo los elementos que los propician.
El tercer apartado, Feminicidios en el Estado de México: entre la indolencia y la acción, reúne dos trabajos que dan testimonio de la cruenta realidad de la violencia feminicida que se vive en la entidad mexiquense. Se interponen la denuncia, la revisión crítica de la implantación de la alerta de violencia de género, así como las acciones llevadas a cabo desde el activismo social y el efecto de éstas en ciertos sectores de la población.
En «Los rostros desdibujados, cuerpos desde el silencio: Los feminicidios del Estado de México entre la precarización de la vida, la indolencia y la impunidad», Manuel Amador Velázquez pone su voz para denunciar lo que pese a su evidente existencia se invisibiliza: las reiteradas manifestaciones de violencia y desprecio hacia las mujeres víctimas de feminicidio. Ante la anulación de todos los derechos humanos, el autor pone rostros a quienes les ha sido arrebatado impunemente. También nos presenta el rostro de los feminicidas, éstos sí reconocidos públicamente, lo que poco importa en un sistema político sumido en la corrupción y la ilegalidad. A pesar de lo anterior, el texto concluye con una mirada esperanzadora, mediante la implantación de acciones políticas que buscan visibilizar el problema e incidir en él.
En «Alerta de Violencia de Género en el Estado de México y el discurso político/mediático que minimiza la violencia feminicida», Paco Dorado, a cuatro años de la entrada en vigor de la declaración de Alerta de Violencia de Género en once municipios mexiquenses, hace un alto en el camino para recordar qué representa este mecanismo y por qué se decreta. Asimismo, hace un balance de los resultados a partir de las acciones promovidas por las instancias encargadas de la ejecución de la alerta y los contrasta con la exposición de algunos casos de mujeres asesinadas, los cuales nos permiten ver la distancia que hay entre la realidad cotidiana en que viven –y mueren– muchas mujeres en el estado y la efectividad del mecanismo para erradicar la violencia feminicida.
En suma, los ocho textos que integran Perspectivas actuales del feminicidio en México ofrecen diversas visiones para conocer y entender algunos de los elementos que en la actualidad se aprecian alrededor del feminicidio en nuestro país, contribuyendo a visibilizarlo y brindando algunas claves para la atención, la prevención y el acceso a la justicia.
Bibliohemerografía
BARRAGÁN, Almudena, «Suben feminicidios en México: 6,488 mujeres asesinadas entre 2013 y 2015», en Economía Hoy, México, 8 de marzo de 2016, en: http://www.economiahoy.mx/nacional-eAm-mx/noticias/7406635/03/16/Siete-mujeres-mueren-al-dia-en-Mexico-victimas-de-la-violencia.html [Consulta: 11 de abril de 2016].
INEGI, «Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer (25 de noviembre)», Aguascalientes, 23 de noviembre de 2015, en: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2015/violencia0.pdf [Consulta: 15 de abril de 2016].
MENDOZA, Veneranda, «Durante 2016, una mujer asesinada casi cada día en Edomex», en Proceso, México, 25 noviembre 2016, en: http://www.proceso.com.mx/463970/2016-una-mujer-asesinada-casi-dia-en-edomex [Consulta: 8 de abril de 2016].
NOTICIASMVS, «Siete mujeres fueron asesinadas a diario en México durante 2013: ONU», en: http://www.noticiasmvs.com/#!/noticias/siete-mujeres-fueron-asesinadas-a-diario-en-mexico-durante-2013-onu-342.html [Consulta: 03 de marzo de 2019].
OBSERVATORIO CIUDADANO NACIONAL DEL FEMINICIDIO, «Una mirada al feminicidio en México 2010-2011», en: http://observatoriofeminicidio.files.wordpress.com/2011/11/informe_feminicidio_2011.pdf [Consulta: 10 de abril de 2019].
_______ «Estudio de la implementación del tipo penal de Feminicidio en México: Causas y Consecuencias 2012 y 2013. Católicas por el derecho a decidir», en: http://observatoriofeminicidiomexico.org.mx/wp-content/uploads/2015/01/17-NOV-Estudio-Feminicidio-en-Mexico-Version-web-1.pdf [Consulta: 14 de abril de 2019].
_______ «Informe Implementación del Tipo Penal de Feminicidio en México: Desafíos para Acreditar las Razones de Género 2014-2017», en: https://docs.wixstatic.com/ugd/ba8440_66cc5ce03ac34b7da8670c37037aae9c.pdf [Consulta: 25 de abril de 2019].
SERENDIPIA.DIGITAL, «Alerta de Género es activada en 50 municipios de Puebla», publicado el 10 de abril de 2019, en: https://serendipia.digital/2019/04/alerta-de-genero-es-activada-en-50-municipios-de-puebla/ [Consulta: 25 de abril de 2019].
SECRETARÍA DE GOBERNACIÓN, «Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres», publicado el 19 de octubre del 2018, en: https://www.gob.mx/inmujeres/acciones-y-programas/alerta-de-violencia-de-genero-contra-las-mujeres-80739 [Consulta: 25 de abril de 2019].
Feminicidio Perspectivas, acciones y desafíos
Breve esbozo del feminicidio en México y la construcción sociocultural de la masculinidad
NÁYADE SOLEDAD MONTER ARIZMENDI
Este texto surge tras cursar el taller «Mujeres, Arte y Política», en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), plantel Cuautepec, impartido por el activista Manuel Amador Velázquez, en el ciclo escolar 2016-II.
Las siguientes líneas trazan un acercamiento a la problemática del feminicidio en nuestro país desde una perspectiva de género y educación. En un primer apartado se describe el contexto en torno al feminicidio, posteriormente se habla de la construcción sociocultural de la masculinidad, espacio donde se tocan aspectos de tres ámbitos de socialización de los varones como el familiar, el educativo (formal) y el grupo de pares. En un tercer y cuarto apartado se trata el tema de la violencia, y posteriormente las consideraciones finales.
El contexto
En México cada día muere una cantidad inaceptable de mujeres en manos de hombres que habían tenido o tenían alguna relación con ellas, sin embargo, en otros casos los feminicidios también son perpetrados por completos desconocidos o por grupos ligados a modos de vida violentos y criminales.1
De acuerdo con el Reporte sobre delitos de alto impacto2 del Observatorio Nacional Ciudadano, en promedio, en febrero de 2019, cada 14 minutos y dos segundos se registró una víctima de homicidio doloso o feminicidio en México. Mientras que la mayor tasa de feminicidios se reportó en el estado de Colima, la cual fue de 6.87 víctimas por cada 100 mil habitantes.
En el año 2018, conforme con los datos presentados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), el Estado de México ocupó el primer lugar en feminicidios a nivel nacional al registrarse 106 casos,3 siendo el municipio de Ecatepec en el que se contabilizó el mayor número de éstos, con 14 víctimas, seguido de Chimalhuacán y Nezahualcóyotl, en los que se registraron nueve en cada uno.4
En la prensa extranjera el feminicidio en nuestro país se ha convertido en noticia de primera plana; sin embargo, en México sólo es una problemática que se naturaliza e ignora,5 pues «Las cifras disponibles sobre estos crímenes están incompletas y son básicamente inútiles. Las procuradurías no publican cifras específicas sobre feminicidios ni a nivel estatal ni federal».6 Sin embargo, lo que si hay es un registro progresivo de mujeres desaparecidas o asesinadas en México.
Por ejemplo, algunos datos sobre el feminicidio en el Estado de México, recabados por Flor Goche y publicados en Contralínea,7 revelan que las mujeres asesinadas en esta entidad fueron privadas de la vida en la mayoría de los casos con arma de fuego, arma blanca o con las manos. Asimismo, en muchos de éstos había parentesco entre la víctima y el victimario, es decir, el asesino fue el cónyuge o pareja, el concubino o el padre. Además, es recurrente que los cuerpos sean encontrados en casa habitación, la vía pública, en parajes, terrenos baldíos o en vehículos. También apunta en su investigación que entre las víctimas se encuentran menores, pero la edad más común va entre los 21 y 30 años y en su mayor parte éstas fungían como amas de casa, estudiantes, empleadas o comerciantes.
Los cuerpos de las víctimas son objeto de extrema violencia. El feminicidio se caracteriza comúnmente por la presencia de secuestro, violación, estrangulamiento, apuñalamiento, etcétera. Los cuerpos son sembrados en barrancas, callejuelas, ríos de aguas negras, basureros y terrenos baldíos, son introducidos en maletas, bolsas de basura, cajuelas de automóviles, tinacos, cisternas, y de muchas otras formas que parecerían inconcebibles.8 Lo cierto es que todos los casos llevan la firma de «aquí mando yo» (cuerpos pensados como objetos usables, prescindibles, maltratables y desechables).9
Entonces, ante los hechos descritos ¿podría pensarse que estamos presenciando una especie de carnicería humana?; las respuestas podrían ser múltiples, pero tampoco resulta tan absurdo concebirlo de esa manera.
Ahora bien, es pertinente decir que el feminicidio no es sólo un homicidio cometido en contra de una mujer. Es más que eso, es un delito que lleva un mensaje de crueldad, desprecio y dominio; es el último escalón de la reiterada y sistemática violación de los derechos de las mujeres. Marcela Lagarde señala que el feminicidio es un crimen de odio, que ocurre en circunstancias específicas: éstos son ejecutados con saña, en lugares donde el Estado y sus agentes no lo castigan, manteniendo así una permanente impunidad.10 Por tanto, no se les puede nombrar como «crímenes pasionales»,11 pues lo que hay detrás es una situación de poder.12
Michel Foucault lo llama biopoder, es decir, el «derecho de muerte o poder sobre la vida» que tienen unos sobre otros; en los casos de feminicidio no sólo se trata de desposeer a las mujeres de propiedades simbólicas, materiales o de cualquier otra índole, sino disciplinar y decidir sobre el valor de la vida de las mujeres.13
Es así que el feminicidio se convierte en un crimen de Estado, por su ineficacia en garantizar la vida, la seguridad y la protección de los derechos de las mujeres,14 aunado a las distintas formas y grados de violencias que viven día a día.15
En la actualidad, la constante difusión de los derechos de la mujer y la reivindicación de la igualdad de género en diferentes ámbitos de la vida pública no han logrado incidir de gran manera en la disminución de casos de violencia y discriminación hacia las mujeres, pero si ha generado una crisis de los «papeles o roles tradicionales» masculinos y femeninos.16 Por ejemplo, en el caso de las mujeres «la valoración de una identidad femenina asociada a una nueva forma de asumir la maternidad […], tenemos menos hijos, […] estudiamos más y participamos más activamente en la fuerza de trabajo y en los procesos políticos y sociales».17
De tal manera que «la violencia homicida contra las mujeres [se convierte en] […] una respuesta al [resquicio] […] del modelo hegemónico de feminidad y masculinidad»,18 pues quienes la perpetúan no son meros enfermos mentales. El feminicidio no responde a hechos aislados, más bien debe ser explicado a partir de las estructuras sociales (familiares, económicas, políticas, educativas y culturales) donde se originan, así como del análisis de la construcción de la identidad masculina y femenina; puesto que a partir del conocimiento de las formas de las relaciones de poder entre hombres y mujeres se explicaría el acrecentamiento de las violencias, que se asocia no únicamente a una crisis (socioeconómica o de valores), sino que también atañe a las identidades, es decir, al proceso de construcción de las mujeres y hombres como sujetos.19
Históricamente, las diferencias entre hombres y mujeres se han conceptualizado en oposiciones binarias. Es a través del género que se asigna a las personas lo considerado propio de lo «femenino o lo masculino»,20 por medio de roles, comportamientos y actividades diferenciadas; fortaleciendo así las jerarquías entre hombres y mujeres en las distintas esferas de la vida cotidiana.21 María Jiménez apunta que:
El género es un conjunto de relaciones sociales que, basadas en las características biológicas, regula, establece y reproduce diferencias, pero también desigualdades entre hombres y mujeres. Se trata de una construcción cultural que es histórica, que varía de sociedad en sociedad y que tiene sus matices […] [en la] desigualdad social, como son la clase social y la etnia.22
Aún en estos tiempos, ciertas representaciones son vigentes entre la sociedad mexicana, mismas que tienen sus raíces en el universo simbólico patriarcal (religioso). Por una parte, está la figura de un «Dios» (varón, todopoderoso y omnisciente), que coloca al hombre en la cima de la «creación» humana, como su apoderado en la tierra, para dominar todo lo existente incluso a las mujeres. Por otra, está la imagen de la «tentadora» Eva, estereotipo de la mujer «moralmente débil», maliciosa, seductora, culpable de las desdichas, que ha de ser controlada, sometida y castigada con dureza (que debe pagar hasta con la propia vida).23
En otras palabras, se construye un patrón que trata de estandarizar los cuerpos y las subjetividades de los sujetos. En el que se afirma que a alguien más no sólo le pertenece la vida de las mujeres, sino que puede disponer de ésta según le plazca. Por lo que cada acto de voluntad e independencia por parte de ellas se entiende como un acto de rebelión que debe ser cortado de raíz antes de que prospere.24
Para ejemplificar lo anterior, remitámonos al caso ocurrido el 3 de julio de 2015 en Monterrey, Nuevo León:25
Angie, de 24 años, fue asesinada por su pareja (de 25 años) a golpes; la causa oficial de la muerte fue contusión profunda en el cráneo. Su novio privó de la vida a Angie un jueves por la noche; al día siguiente él fue a trabajar con normalidad; todavía el fin de semana durmió con el cadáver antes de suicidarse, colocando una bolsa de plástico en su cabeza, después de haber tomado alcohol y pastillas. Pero, ¿cuál fue el motivo, si eran una pareja casi «ideal» para quienes los conocían? De acuerdo con la indagatoria de la Policía Ministerial, el feminicidio ocurrió por «celos», pues él tenía la «sospecha» de infidelidad.
De tal manera que la violencia, en este caso como en muchos otros, se convirtió en un instrumento del agresor para anular la subjetividad de la mujer y conformar así un nuevo ser: un cuerpo y una identidad sometida y subordinada.
La construcción sociocultural de la masculinidad
Dicho lo anterior, cabe preguntarse: ¿La socialización diferenciada tiene alguna influencia para que algunos hombres lleguen a convertirse en feminicidas? ¿Los patrones tradicionales de masculinidad hoy día se han potenciado a través del lenguaje, la «narco cultura», los medios de comunicación sexistas, los deportes y/o el discurso religioso? ¿Los varones miran a las mujeres como sujetos de acción u objetos de posesión? ¿Qué convierte el cuerpo de una mujer en desechable y qué privilegio considera que tiene el varón para poseerla, castigarla y hasta anularla?
Una clave para poder comprender cómo las personas construyen e interiorizan los patrones de lo masculino y lo femenino es la socialización diferencial de género, puesto que desde la infancia se da por sentado que por «naturaleza» niños y niñas son distintos y por lo tanto tienen que desempeñar papeles diferentes en su vida adulta.
Por lo anterior, Judith Butler dice que «el género es un hacer»,26 mientras que Irene Meler, señala que tanto la feminidad como la masculinidad son construcciones colectivas concretadas en una compleja red de mandatos para hombres y mujeres, plasmada en las subjetividades de éstas.27
En tanto, los agentes socializadores como el sistema educativo, la familia, los medios de comunicación, la religión, los grupos de pares, entre otros, transmiten mensajes, modelos, normas, patrones, roles y estereotipos de género, que al ser reiterados una y otra vez comúnmente son interiorizados por las personas;28 es decir, «los hacen suyos», como «un depósito de saber almacenado».29
Así, la socialización diferencial contribuye a reafirmar la creencia de que hombres y mujeres son diferentes y que por ende deben comportarse de manera distinta en diversas esferas de la vida humana (laboral, sexual, amorosa, por decir algunas).30
Por tanto, la masculinidad se adquiere a través de los otros, en la socialización y ésta es reconstruida y afirmada diariamente. En otras palabras, se prueba y se gana a lo largo de la vida. Por ejemplo, es común que los varones hagan hincapié en su sexualidad en términos cuantitativos: tener muchas mujeres o muchos hijos, en el tamaño de su miembro, en la cantidad de sus conquistas y la frecuencia de sus relaciones sexuales.31
Se puede decir entonces que el hombre no nace, se hace. Como diría Joan Scott: «lo masculino y lo femenino no son características inherentes a las personas, sino construcciones artificiales».32
En la actualidad es un hecho que los cambios de los roles femeninos han trastocado profundamente las raíces de los masculinos, tambaleando el sistema patriarcal,33 especialmente las identidades y funciones más características de los hombres; es el rol de proveedor el que ha cambiado sustancialmente,34 pues ya no son ellos los únicos que aportan a la economía familiar o de pareja, las mujeres también lo hacen, trabajan, ganan un salario y administran el dinero.
Tal como se ha argumentado en párrafos anteriores, la forma de ser hombre es una enseñanza que se transmite durante la interacción social, la cual es reforzada por medio de castigos y recompensas por parte de otros miembros de la sociedad,35 ya sea por la madre, el padre, los abuelos, los amigos o el jefe. De esta forma, cualquiera que salga de estos parámetros o intente salir será humillado por su diferencia, por no cumplir con el «mandato»,36 pues «la masculinidad hegemónica o dominante constituye un saber que orienta, motiva e interpela a los individuos constituyéndolos como sujetos»,37 pero que también supone transgresión y negación en la compleja red de relaciones sociales entre las personas.
Por lo anterior, es evidente que las mujeres no son las únicas víctimas; los varones también están insertos o aprisionados en un sistema de valores que ya no cumple su función. Las antiguas características de la virilidad, la fuerza física, la autoridad moral, el liderazgo familiar ya no los representan a todos, pues hoy día los hombres se enfrentan a nuevos contextos. Por ejemplo, los hijos adolescentes se burlan del padre o retan su autoridad, las esposas que trabajan y ganan dinero, son más independientes e incluso cuestionan su autoridad.
Es así que un sinnúmero de varones sienten inseguridad al ver tambalear sus roles masculinos, entran en conflicto, pues no saben qué papel desempeñar en el proceso de cambio cultural, ya que comúnmente se les ha educado desde la infancia a través de una serie de estereotipos que atienden al poder, la dominación, la competencia, el control de otras u otros, el autocontrol, el pensamiento racional y lógico, el éxito en el trabajo, la autoestima apoyada en los logros (principalmente en la vida laboral y económica), la egolatría, la agresividad, la fanfarronería, el ser mujeriego, el gran bebedor y poseedor de una «sexualidad activa» entre otras muchas acciones; todo esto como medio vital para demostrar la masculinidad.38
Por lo tanto, para invalidar el mito de la violencia contra las mujeres como un asunto privado, una situación «natural» o coyuntural «normal» de la dinámica familiar y las relaciones de pareja, fuera de la injerencia de la justicia y del Estado, es indispensable deconstruir el modelo de dominación sexista imperante en nuestra sociedad.39
Se considera que a los varones la estructura y los patrones patriarcales también los someten. Igualmente son violentados por los estereotipos sociales, porque los obligan a negar sus necesidades afectivas al tratar de mantener un modelo «heterosexual falocéntrico».40
Es necesario visibilizar otras maneras de ser hombre, distintas del arquetipo tradicional de la virilidad.41 Porque las ideas que se tienen con respecto a lo que es ser hombre no son naturales y cambian con el tiempo, y puesto que cada varón puede construir su propia forma de masculinidad, es por ello que se habla de masculinidades en plural, pues no hay sólo una forma de serlo. Hay que tener en cuenta que los hombres son diferentes y diversos y que en la vida diaria hacen cosas que antes se pensaban exclusivas de las mujeres; en la actualidad algunos han modificado las formas tradicionales de ser hombre, pero aún falta que muchos otros se sumen al cambio o lo acepten. Ya que cada hombre o mujer puede rechazar o ser complaciente con los roles hegemónicos de género.42
Es indudable que hoy día la masculinidad hegemónica es constantemente cuestionada. Una y otra vez se rompen los roles tradicionales frente a los nuevos. Asimismo, hay que tener en cuenta que los sujetos están inmersos en un contexto complejo y de crisis, pues las desigualdades económicas se traducen en miseria cultural y violencia extrema. En los barrios marginales las familias están atrapadas en la sobrevivencia, la desintegración familiar, el abandono, el hambre, la discriminación, la pobreza y la precariedad en múltiples sentidos.43
EL ÁMBITO FAMILIAR
Las distintas configuraciones familiares influyen en gran medida en la interiorización y asimilación de estereotipos ideales de lo que deben ser y hacer los hombres y las mujeres. Desde el nacimiento, las personas reciben un trato diferente según su género, tanto en los juegos, el uso de colores, el lenguaje, los nombres, los espacios propios para estar, etcétera.
Muchos niños y jóvenes viven esta presión de forma traumática en su infancia, sufren frustración tras las burlas, las imposiciones y los castigos a los que fueron sometidos por sus padres, hermanos y compañeros. Frecuentemente se les dice: «tienes que ser hombre», o «para que aprendas a ser hombre», convirtiendo esas expectativas en moldes rígidos del «deber ser».44
En repetidas ocasiones son las madres las que suelen vigilar la masculinidad de sus hijos e intentan continuamente reformarlos. Por ejemplo, se les señala: «no aguantas nada», «lloras como una niña», o «aguántese, ¿qué no es hombrecito?» Si bien se ha insistido (en algunos casos) que todo hombre tuvo una madre que lo crió, también es cierto que ellas no son las únicas responsables de la construcción de la masculinidad de los varones.
Es así que, consecuentemente, «volverse hombre» es alejarse de la influencia femenina. Entonces «el hombre es más hombre cuanto más se aleja de lo femenino». Se observa así un modelo hegemónico de masculinidad; éste supone que un «verdadero hombre» oculta su miedo y dolor y resiste a difíciles pruebas.
Por ejemplo, a los varones adultos se les suele justificar diciendo: «es de carácter fuerte», «es un poco brusco», «es muy exigente», o «así son los hombres», y sucede desde luego que se justifican de alguna manera las conductas machistas y violentas.45
EL ÁMBITO ESCOLAR
Por otro lado, está el ámbito escolar (como grupo secundario de socialización), en éste, es común que el profesorado interiorice los estereotipos dominantes y los reproduzca. Es a través del «currículum oculto»46 que la escuela reproduce valores, actitudes y conductas fomentando las relaciones jerárquicas de género, donde las mujeres constituyen el grupo socialmente subordinado.47 Es así que «las escuelas no son [sólo] agencias socializadoras; [también] son agencias colonizadoras».48
Es por esto ciertas actividades son monopolizadas por un sexo; por ejemplo, a las chicas comúnmente no se les da la misma formación en las áreas de mecánica, física y matemáticas como a los chicos. Mientras que éstos últimos no aspiran a realizar roles de «cuidador» o a profesiones consideradas como femeninas, pues son vistas como inferiores.49
Asimismo se generan características supuestas como «masculinas», tales como la despreocupación, la tendencia a infringir las normas, resolver problemas matemáticos, la competencia, el trabajo físico y la actitud territorial. La actitud territorial (dominante) por parte de los chicos, es tanto en el aula como en el patio de recreo, no sólo compiten por el espacio, también lo hacen por la atención del profesor/a en una constante lucha de poder. Matizado por sus «osadías» y «peleas», asimilando su identidad masculina con la imagen de un cuasi-héroe.50
Empero, también es una realidad que ser hombre y estar en el ámbito escolar no es sencillo, ya que la escuela es un «campo de prueba» para demostrar cuán masculinos son. Bajo una fachada (agresiva y temperamental), negando todo aquello que pudiera estar relacionado con lo femenino (dolor, emotividad, delicadeza).51 Puesto que para hacer valer su identidad masculina los chicos deberán afianzarse en tres pilares: 1) que no son una mujer, 2) que no son un bebé y 3) que no son homosexuales.52
Entre tanto, los varones que no se ajustan al canon suelen ser objeto de acoso, burla y hasta de violencia (física y verbal) por parte de otros chicos, ya que éstos últimos aprovecharán cualquier ocasión para confirmar sus cualidades «masculinas» (superiores), frente a la vulnerabilidad del otro, con un lenguaje homofóbico, empleando calificativos como el de «cobarde», «nenita», «marica» o «afeminado».53
LOS GRUPOS DE PARES
Los grupos de pares también son importantes en la construcción de las diferencias sexuales. Ya que el tener amigos/as constituye una manera de adquirir conocimiento social, es decir, éstos son agentes de socialización de género.54 Es una forma de cultura informal, pues la información transmitida sobre las diferencias de género y sexo se filtran a través de estas agrupaciones.55 Por ejemplo, los grupos conformados sólo por chicos, comúnmente tienden a comunicarse poco verbalmente; pero en su juego destaca el contacto corporal (la pelea), la rivalidad, el enfrentamiento y la pugna. Juegan de manera muy física, es decir, dominan los espacios corriendo y persiguiéndose.56 Además, entre ellos está bien visto el que se les considere como promiscuos, «Don Juanes» e infieles.57 Aun siendo adultos, muchos varones siguen retándose entre ellos, tratando de descubrir «quién es más hombre»; hacen hincapié en su sexualidad, asociada más con el poder que con el amor.
La violencia cultural
Ahora bien, la violencia está ligada a la existencia de pautas culturales vinculadas a la socialización y a la educación de género. A unos y otros varones se les permite ser violentos en rangos y grados distintos. Es así que las masculinidades prevalecientes todavía están cargadas de violencia que se demuestra a través de los deportes, las competencias rudas, la política, las profesiones y hasta a través de los delitos. Es en este cuadro complejo de convivencia entre los géneros, donde se gesta la violencia, sobre todo de hombres contra mujeres.58
El hombre agresor ejerce su violencia hacia la mujer por la convicción de que tiene derecho a someterla, a corregirla porque tiene superioridad moral sobre ella. Tal vez, si nos imaginamos la configuración de ese derecho tradicional y hegemónico en la mente del agresor, estaremos en mejores condiciones de entender la secuencia de violencia que conduce al feminicidio.59
Asimismo, la violencia ha sido asumida como «normal» en la conducta de los varones, entretejida en las prácticas culturales y el arraigo del capital cultural (tradicional) histórico, y ¿por qué?, porque les sigue proporcionando privilegios. A éstos se les puede nombrar como «pactos patriarcales», conceptualizados como formas de pensar y obrar de complicidad entre los sujetos, donde el poder y la violencia se piensan como parte de la supuesta «esencia masculina».60
Entonces, muchos hombres, a partir de esos privilegios se autodefinen como «dueños», «patrones» y «protectores», se creen con la capacidad de decidir el destino del cuerpo femenino, el que debe estar dispuesto a ser poseído, sometido, compartido o domesticado, según voluntad y antojo.61
Asimismo, ciertos discursos (biologicistas) han pretendido justificar el ejercicio de la violencia por parte de los hombres hacia las mujeres, argumentando que responde a cuestiones naturales (como algo innato), de su carácter e identidad masculina. Pero es claro que las masculinidades (forjadas desde la infancia) son construidas en lo social.
Para reflexionar
Ante todo lo dicho, la violencia y el feminicidio no son sólo el resultado de una cultura machista, patriarcal y misógina, producto de la socialización diferenciada. También tiene que ver con la falta de recursos materiales y simbólicos para generar dinámicas sanas en las relaciones entre hombres y mujeres, ya que nuestro contexto alude a una sociedad fracturada e indolente, donde a través de las instituciones como la familia, la Iglesia, la escuela, el Estado y el trabajo subsisten recursos simbólicos que naturalizan formas de violencia y discriminación de lo femenino.62
Los hombres, para hacer valer su función soberana se sentirán habilitados para censurar y disciplinar a las mujeres por medio de la muerte. Torturarán sus cuerpos como un signo de conquista de éstos (un territorio que se posee); éste será un espacio donde claramente se inscribirán los significantes del poder masculino. La violación tendrá que ver con el sometimiento y el cumplimiento del supuesto «derecho» de la exigencia del acto sexual como un deber femenino.63
Por tanto, el feminicidio tendrá que ver con la negación de la subjetividad y el cuerpo de las mujeres. Es decir, el victimario de alguna manera afirma que aquella no es un sujeto de valor, acción y decisión, sino objeto que se puede ultrajar y desechar.64
Esto alude a una supuesta masculinidad ultrajada por mujeres que se han permitido una mayor independencia sobre el sentido y uso de su vida (cambio en las relaciones de poder en el grupo familiar, trabajo femenino, mayores niveles de educación, mayor libertad en el ejercicio de su sexualidad, etcétera), siendo así, que cualquier liberación o resistencia incitará la violencia masculina, que no tiene por qué ser así.65
De tal modo que, así como afirma Teresa Incháustegui, la violencia hacia las mujeres y los feminicidios estarían constituyéndose como un dispositivo de poder masculino para restituir y/o conservar sus lugares (privilegiados) de dominio (en lo individual y en lo colectivo); asimismo, para reducir el cambio actúa como un aparato de control y censura de las transformaciones de los tradicionales roles, estereotipos, códigos de género, expresiones de la sexualidad, así como de la incursión de las mujeres en espacios que simbólicamente eran considerados como propios de los hombres (la vida pública y el trabajo asalariado).66
Para finalizar, es importante decir que los feminicidios no son perpetrados por meros desequilibrados. Más bien, personifican todos aquellos aspectos deformados de la sociedad: un claro desacuerdo con la construcción de las identidades femeninas, una rebelión ante el supuesto despojo de sus privilegios (como proveedores, autoridad, cabeza de familia y otras formas tradicionales de dominio frente a las mujeres).67
Por un lado, se crea la falsa imagen de que todas las mujeres están en peligro y deben mantenerse a salvo bajo la tutela masculina; por el otro, como diría Rita Segato, el feminicidio lleva el mensaje de un claro aleccionamiento a las demás mujeres sobre los resultados que su conducta puede tener si desafían el orden masculino.68
Ante todo, es preciso desarrollar nuestra capacidad de indignación e inconformismo ante las altas cifras de feminicidio. Ante la problemática urge la necesidad de desarrollar un pensamiento crítico, emancipador y contestatario.69 Descarnarnos de la razón indolente, perezosa y olvidadiza, pues estamos imbuidos en un sistema capitalista, en el que día a día se transgreden nuestros derechos, donde las personas se consuman en la posesión e individualidad. Es preciso construir nuevas formas de ser y pensar liberadoras, equitativas y justas (alejadas de discursos salvadores) que desarrollen la posibilidad de cuestionar nuestra posición actual, que no tenga que ver con un enjuiciamiento moral.70
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CLAUDIA IRMA PORTILLA CAMPOS
Introducción
México atraviesa por una crisis de altos índices de violencia registrados en los últimos años. La carencia de valores, la ausencia de programas de política pública funcional en materia de prevención del delito y la introyección sociocultural del comportamiento sexista y machista que aún prevalece en la sociedad como un acto normal de convivencia, derivan en resultados más complejos, como la ejecución de delitos de diversa índole.
La violencia, así como la descomposición social, dejan expuestos a grupos de mayor riesgo (por ser considerados vulnerables), como mujeres y niñas. Debido a la ausencia de equidad e igualdad a lo largo de la historia, éstas sufren a diario atropellos, vejaciones y son sujetas a diversas formas de violencia por su condición de género, que van desde la explotación sexual, la desaparición forzada, la violencia familiar, psicológica, psicoemocional, económica, física, mental, verbal, escolar, laboral (por mencionar algunas), hasta llegar al feminicidio.
Diversas disciplinas han estudiado el comportamiento humano intentando dar una explicación de las conductas violentas como las que se presentan a continuación.
La biología señala que las conductas violentas, y en general las emociones, están ligadas al sistema límbico, el cual es un conjunto de estructuras del encéfalo con límites difusos que están especialmente conectadas entre sí; su función tiene que ver con la aparición de los estados emocionales o con aquello que puede entenderse como «instintos», por lo que el miedo, la felicidad o la rabia, así como todos los estados emocionales (llenos de matices), tienen su principal base en esta red de neuronas.1
Por otra parte, el psicoanálisis señala que todo comportamiento humano está conformado de una manera dualista: amor-odio, deseo-agresión, consciencia-inconsciencia. En todo proceso mental (sano o enfermo) existen fuerzas opuestas que se combaten mutuamente. La neurosis no es sino una forma de ese instinto de conservación ante los oscuros embates del deseo sexual «desorganizado» (dirigido, incluso, hacia los padres).2
De igual modo, la psicología define la conducta violenta como una modalidad cultural, conformada por conductas destinadas a obtener el control y la dominación sobre las personas.3
Por su parte, la criminología,4 cuyas áreas de investigación incluyen el iter criminis, la incidencia y las formas o mecanismos de los crímenes así como sus causas y algunas consecuencias,5 define la violencia, siguiendo la taxonomía de Iborra y Sanmartin, como un tipo de acción, según el daño causado, a partir del escenario o contexto en el que ocurre y según el tipo de agresor y el tipo de víctima. De esta manera el comportamiento de la conducta desviada lleva al estudio criminal, la relación del crimen y la víctima para entender los motivos que llevaron a un sujeto a cometer un delito.6
Por otro lado, Gabriel Tarde, nos habla de la imitación. La violencia generada en el entorno crea una conducta de repetición. Así, en un contexto social agresivo se da de manifiesto una agresividad en el entorno familiar. Es un proceso repetitivo en los micro espacios, de la sociedad al trabajo, del trabajo a casa, de la casa a la familia, de la familia a cada uno de los integrantes de ésta.
A su vez, es posible observar la repetición de las conductas aprendidas a las que se atribuye masculinidad, es decir, aquellas que consideran que el hombre es el que más comete delitos o bien que los varones son mayoritariamente agresores, lo que da como resultado la sumisión de muchas mujeres en diversas esferas del extracto social, pese a los alcances del progreso en la reestructura femenina, situación que se ve aun reflejada en las estadísticas de violencia familiar y de abuso sexual que llega hasta al feminicidio.
Manifestaciones de conducta violenta hacia mujeres y niñas como las constantes agresiones verbales, la violencia emocional, la celotipia, el maltrato físico y emocional son algunos de los factores que se desencadenan al preservar el concepto de propiedad, pues en el imaginario masculino se puede pensar que «yo hago lo que quiera con ella porque es mía».
Por todo lo anterior, se realizó un estudio y seguimiento de casos en relación con el actual manejo del Feminicidio en la Ciudad de México y a la aplicación del Protocolo de Investigación Ministerial, Policial y Pericial del Delito de Feminicidio, pues los actuales resultados a partir de la tipificación del delito muestran que la ausencia de sensibilización, la carencia de prevención y la cultura de invisibilización de la violencia, son factores contundentes al momento de ejecutar el delito y revictimizar a las mujeres que sufren de violencia y a su vez de violencia sistemática institucional.
Primera parte
CONSTRUCCIÓN DEL CONCEPTO SOCIAL DEL DELITO DE FEMINICIDIO Y SU INCORPORACIÓN AL ÁMBITO JURÍDICO
El concepto de «femicide», de acuerdo con Diana Russell, fue utilizado públicamente por primera vez en el idioma inglés en el año 1801, precisamente en un artículo para referirse al asesinato de una mujer. La misma Russell lo utilizó en 1976 ante el Tribunal Internacional sobre Crímenes contra las Mujeres realizado en Bruselas. Ella lo define como «el asesinato de mujeres por hombres, por ser mujeres».7
A partir de lo anterior, se dio la incorporación de normas penales específicas sobre ciertas formas de violencia contra las mujeres, surgiendo las leyes penales sexualizadas; éstas han sido abordadas desde otra perspectiva por el Mecanismo de Seguimiento de la Implementación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Mesecvi).8 En las recomendaciones de su Informe Hemisférico, se señala expresamente que se debe:
Eliminar cualquier medida que se tenga sobre el problema de la violencia en contra de las mujeres y que sea genéricamente neutra, indicándose así que es necesario que las normas referentes a violencia doméstica sean específicas para prevenir, sancionar o erradicar las agresiones infligidas contra las mujeres.
La justificación de esta recomendación señala que las disposiciones genéricamente neutras suponen el riesgo de permitir su aplicación en contra de las mujeres, por lo que no cumplirían con el objetivo del artículo 7, c), de la Convención Belém Do Pará. En este sentido, el Comité para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación en su sexto informe periódico de México recomendó a nuestro país en el año 2008: acelerar la aprobación de la enmienda del Código Penal para tipificar el feminicidio como delito.9
Construcción jurídica del feminicidio
En el año 2006 el Consejo Centroamericano de Procuradores de Derechos Humanos (CCPDH) y el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) definieron el femicidio como la muerte violenta de mujeres por el hecho de ser mujeres y agregaron que éste constituye la mayor violación a sus derechos humanos y el más grave delito de violencia contra éstas.
Por otro lado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) consideró en su fallo que la investigación de este tipo de crímenes implica obligaciones adicionales para los Estados, pues el realizar investigaciones efectivas tiene alcances adicionales cuando se trata de una mujer que sufre una muerte, maltrato o afectación a su libertad personal, en el marco de un contexto general de violencia contra las mujeres.
Por otra parte, el tipo penal de Feminicidio en el Distrito Federal en el artículo 148 Bis del Código Penal para el Distrito Federal, establece que comete el delito de feminicidio quien, por razones de género, prive de la vida a una mujer. Con el objetivo de proporcionar herramientas a las personas operadoras de la norma, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal creó una interpretación auténtica o legislativa para señalar qué se debería entender por el elemento normativo del tipo denominado «razones de género»; y al efecto señaló que serían cinco los supuestos normativos que lo actualizarían.
1. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo.
2. A la víctima se le hayan infligido lesiones infamantes, degradantes o mutilaciones, previas o posteriores a la privación de la vida.
3. El cuerpo de la víctima sea expuesto, depositado o arrojado en un lugar público.
4. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a su fallecimiento.
Asimismo, en el último párrafo del artículo 148 Bis se creó una agravante en el tipo penal, con la redacción siguiente: «Si entre el activo y la víctima existió una relación sentimental, afectiva o de confianza; una relación de parentesco, laboral, docente o cualquiera que implique subordinación o superioridad, y se acredita cualquiera de los supuestos establecidos en las fracciones anteriores, se impondrán de 30 a 60 años de prisión».10
Creación del protocolo de investigación ministerial, policial y pericial del delito de feminicidio de la Ciudad de México
Debido a los cientos de casos de feminicidios ocurridos en los últimos años y a las recomendaciones emitidas por las instancias ya mencionadas, el Gobierno del Distrito Federal, en cumplimiento con su obligación de proteger y promover plenamente el respeto a los derechos humanos de las mujeres, envió el día 8 de marzo de 2011, a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, una iniciativa de reforma al Código Penal para el Distrito Federal con la finalidad de reconocer la violencia sistemática y reiterada contra la mujer, sólo por el hecho de serlo, con la propuesta de tipificar expresamente su manifestación más extrema, como es la privación de su vida, denominándola feminicidio.
La Asamblea Legislativa del Distrito Federal, compartiendo la obligación del Gobierno del Distrito Federal en la protección de la vida de las mujeres, aprobó la iniciativa, que dio lugar a la emisión del Decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones del Código de Procedimientos Penales para el Distrito Federal, por el que se incorporó al catálogo de delitos del Código Penal para el Distrito Federal el delito de feminicidio, previsto en el artículo 148 Bis, cuya publicación se efectuó en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el día 26 de julio de 2011.
Dentro de las disposiciones que contiene el decreto referido, se adicionó igualmente el artículo 105 Bis del Código de Procedimientos Penales para el Distrito Federal, donde se establece la obligación de realizar la investigación pericial, ministerial y policial del delito de feminicidio de conformidad con los parámetros establecidos en los protocolos especializados con perspectiva de género.
Como parte de la sensibilización que diversas instituciones están llevando a cabo ante la violencia feminicida, se ha propuesto una visión científica, analítica y política sobre las mujeres y los hombres, que contempla eliminar las causas de dominación de género, la jerarquización de las personas basada en ésta misma razón, así como la desigualdad y la injusticia. Por ello se promueve la igualdad a través de la equidad, el adelanto y el bienestar de las mujeres, contribuyendo a la construcción de una sociedad en donde las mujeres y los hombres tengan el mismo valor, la igualdad de derechos y oportunidades para acceder a los recursos económicos y a la representación política y social en los ámbitos de toma de decisiones.11
De esta manera, la idea de contar con un protocolo con perspectiva de género pretende que se establezcan las bases mínimas para el procedimiento de investigación e integración del delito de feminicidio, que deberá desarrollarse con la debida diligencia por parte de la persona titular del Ministerio Público, la Policía de Investigación y la Coordinación General de Servicios Periciales, lo que permitirá que el Gobierno del Distrito Federal cumpla con la obligación de proteger los derechos humanos de las mujeres.12
Dicho protocolo cuenta con 52 páginas. A continuación, se muestran sólo los títulos del procedimiento del Protocolo de Investigación Ministerial, Policial y Pericial del Delito de Feminicidio.
• Intervención previa al inicio de la indagatoria.
• Procedimiento de investigación.
• Búsqueda, fijación, levantamiento y embalaje de indicios.
• Lineamientos generales de la investigación posteriores a las actuaciones realizadas en el lugar de los hechos o del hallazgo.
• El deber de la autoridad ministerial en caso de existir persona detenida.
• El personal de la policía de investigación, en atención a la intervención que le ordene la persona titular del ministerio público, deberá realizar las actuaciones.
• Lineamientos específicos de la investigación.
• Lineamientos específicos para la acreditación de las hipótesis normativas que integran el tipo penal de feminicidio.
• Líneas de investigación.
• Cadena de custodia de los indicios.
• Determinación ministerial.
Así como:
• Procedimiento de atención para las víctimas indirectas, ofendidos y testigos.
• Mecanismos de análisis, evaluación, supervisión y vigilancia del protocolo de investigación ministerial, policial y pericial de la procuraduría general de justicia del Distrito Federal.
• Capacitación.
• El instituto de formación profesional será el responsable de capacitar y sensibilizar continuamente al personal sustantivo de la procuraduría general de justicia del Distrito Federal encargado de implementar el protocolo de investigación ministerial, policial y pericial en el delito de feminicidio.
• Sensibilización hacia la perspectiva de género.
• Elementos del delito de feminicidio y normatividad penal vigente. Aspectos básicos de la investigación policial del feminicidio con perspectiva de género.
• La investigación científica del delito de feminicidio.
• Análisis jurídico, pericial y policial del delito de feminicidio.13
Segunda parte
EXPOSICIÓN DE CASOS MOTIVO DE ESTUDIO
Concientizar a toda una población de los altos índices de delincuencia que se ejerce en contra de las mujeres por su género o su condición de vulnerabilidad no es tarea fácil; la sensibilización, la información y la formación en perspectiva de género son factores fundamentales y necesarios para ir transformando el constructo social.
Comentarios como: «Ustedes mismas se vulneran», «pues ¿cómo no quería que la mataran si andaba haciendo lo que no?», «si se metía con uno y con otro», «si se vestía así», «pues a lo que se dedicaba», «no vale más la vida de una mujer que la de un hombre», «también las mujeres matan», «las educan para andar de x, y o z», «es que algunas hasta se lo ganan», «ese delito está mal, no debería de existir», «para qué se sale de su casa sola»… entre muchos otros se escuchan en el día a día social, incluso entre los mismos servidores públicos.
Con la finalidad de respetar a las víctimas se expondrán algunos casos utilizando seudónimos y omitiendo datos precisos de las investigaciones. Se citan sólo con la finalidad de hacer ilustrativa la labor institucional que se desempeña y a su vez, destacar aciertos, logros, carencias, ausencias, así como para resaltar también las necesidades en el tema que hoy nos interesa a todos, para finalmente llegar a un análisis claro y objetivo del manejo operativo del protocolo del delito de feminicidio.
Caso I
«Itzel» se encontró estrangulada y violada en la delegación Iztapalapa. «Itzel», de 17 años, madre de un niño de año y medio, vivió en concubinato por dos años con su pareja de 22 años (padre de su hijo). Se separó de su pareja debido a constantes maltratos físicos y verbales hacía ella y hacia su hijo, por lo que inició un proceso legal por violencia familiar. Desde la separación ella vivía en casa de su mamá y su hermano menor de 12 años.
Según los relatos, salió de su casa alrededor de las 10:00 p.m.; aprovechando que su mamá se bañaba se salió sin avisar, se encontró con un amigo y posteriormente con algunos más, dos mujeres y un hombre, quienes eran menores de edad. A bordo de una camioneta de tipo combi (propiedad del padre de uno de ellos) comenzaron a ingerir algunas cervezas.
Alrededor de la 1:30 de la mañana fue vista por su tía y su prima afuera de la tienda de la localidad (que abre las 24 h) acompañada del amigo; de la misma forma vieron el vehículo, sin embargo, no se percataron del resto de los pasajeros.
Según las declaraciones de la madre, ella se percató de la ausencia de su hija alrededor de las 22:30 horas, cuando su hijo menor le avisó que el hijo de «Itzel» lloraba en la cama y ella no estaba, por lo que atendió al pequeño y posteriormente llamó al celular de «Itzel» sin tener respuesta; aproximadamente a la 1:00 a.m. se fue a dormir con los pequeños.
A las 4:00 de la mañana la madre de «Itzel» despertó y se percató de que su hija aún no llegaba, por lo que salió en su búsqueda; a cuatro cuadras de su casa vio una patrulla y decidió solicitar su apoyo; cerca de la patrulla vio un área acordonada en un terreno baldío; en cuanto se acercó más logró ver el cuerpo de una mujer tirado en el piso, por lo que de inmediato solicitó a los policías ver el cuerpo, que resultó ser el de «Itzel».
El cuerpo de «Itzel» se encontró semidesnudo, con la blusa que portaba enrollada alrededor de la cintura. Estrangulada con un cordón y amarrada de las manos, presentaba sangrado vaginal y golpes en rostro y tórax.
Debido a la solicitud de la madre y por los antecedentes de violencia, las investigaciones del asesinato de «Itzel» iniciaron con el padre de su hijo, quien fue citado ante las autoridades para rendir declaración; acudió en compañía de un amigo y la madre de este último; en la declaración manifestó que esa noche él se encontraba en casa de su amigo escuchando música, señaló haber sido visitado en ese lugar por «Itzel», quien iba en estado de ebriedad y acompañada de un hombre conocido por problemático y vicioso al que apodaban «El Congo» y de cuatro personas más a bordo de una camioneta; el testimonio fue confirmado por los acompañantes dueños de la casa en la que estaba la noche en cuestión.
Se citaron a todas y cada una de las personas que tuvieron contacto tanto visual como verbal con ella esa madrugada, excepto a los acompañantes de la camioneta de tipo combi, debido a que se desconocían sus nombres y sus ubicaciones. Todos los testimonios indicaban que el acompañante era el ex concubino e incluso varias personas escucharon a «Itzel» decir «te amo mi amor, qué bueno que estamos otra vez juntos» cuando se encontraban dentro y fuera de la tienda, y señalaban que ambos se encontraban en estado de ebriedad.
Por ello su ex pareja fue aprehendido como medida preventiva para evitar su sustracción en el proceso de la investigación.
El cuerpo de «Itzel» tuvo indicios importantes para la investigación, como: el hallazgo de la ropa a unos cuantos metros del cuerpo que contenía sangre que no le pertenecía a ella, su abdomen estaba cubierto de semen y también se encontró un bote del denominado activo que se utiliza como droga inhalante.
Después de realizar las diligencias periciales correspondientes, se compararon las muestras de ADN, tanto de la sangre como del semen encontrado, con las del ex concubino, obteniendo un resultado negativo, por lo que éste fue liberado.
Se realizaron investigaciones que llevaron a la identificación de la camioneta de tipo combi y se encontró que el propietario era padre de uno de los acompañantes de «Itzel» esa noche, un menor de edad a quien le apodan «el mudo» (por la sordera que padece de nacimiento). Se solicitó la autorización del padre para realizar las indagaciones pertinentes en presencia de un intérprete de señas que hiciera veraz y efectiva la comunicación; al realizar la entrevista se obtuvieron los datos de tres de los menores y del hombre apodado «El Congo», que los acompañaban esa noche.
Los tres menores y «el mudo» manifestaron que tanto «Itzel» como «El Congo» se bajaron de la camioneta alrededor de las 3:00 a.m. diciendo que tenían otras cosas que hacer, ambos muy tomados y «chemos». Ella insistía en seguir la fiesta y «El Congo» se comprometió a llevarla a su casa. De ahí no supieron más de ellos y no los volvieron a ver.
En relación a «El Congo», sólo fue ubicado su domicilio y sus familiares declararon que él salió de viaje sin decir a dónde.
Se solicitaron muestras de cabello de los cuatro menores con el consentimiento de los padres, para cotejo del ADN con los hallados; no obstante, todos los resultados fueron negativos. De igual forma se recolectaron muestras de cabello a la madre de «El Congo» para realizar el mismo procedimiento pericial, en donde se obtuvo un resultado positivo.
Con las pruebas de ADN positivas y con el apoyo del sistema nacional y la policía cibernética, se investigó la línea telefónica del celular y las redes sociales de «El Congo», quien fue ubicado en el estado de Sinaloa, en donde se llevó a cabo su detención.
Caso II
«Nancy» se encontró acuchillada en su vivienda en la delegación Xochimilco.
«Nancy», de 20 años, originaria de Oaxaca, migró a la Ciudad de México en compañía de dos de sus hermanas mayores desde hace tres años. Rentaron unos cuartos en una vecindad en donde sólo las separaba un pequeño patio. Una de ellas está casada (la más grande) y con un hijo menor de un año, la otra vive en concubinato con su pareja desde hace dos años y «Nancy», que conoció desde hace aproximadamente dos años a «Carlos», su novio, que a veces se queda a dormir con ella en su cuarto.
Las hermanas tenían la costumbre de visitarse cada mañana unas a otras en sus respectivos cuartos, por lo que a una de ellas le resultó raro que «Nancy» no pasara a saludar cuando ya eran las 11:30 a.m.; en ese momento decidió ir a buscarla aun sabiendo que «Carlos» podía estar presente y que éste no goza de su afecto debido a la relación violenta que sostiene con «Nancy».
Al entrar a la habitación se percata de que «Nancy» está acostada en la cama y tapada, por lo que le grita «¡párate floja!». Al no obtener respuesta decide entrar y destapar el cuerpo para darse cuenta de que estaba muerta. El cuerpo presentaba una herida por arma punzocortante en el costado izquierdo del dorso, entre la cuarta y quinta costilla, la cual fue la causa de muerte. «Nancy» tenía golpes en el rostro, marcas de sujeción en muñecas, cuello y brazos. Existían indicios de haber tenido relaciones sexuales, pero no con signos de violencia.
En las entrevistas que se realizaron a los familiares y vecinos algunos manifiestan que «Nancy» era muy tranquila, pero siempre que «Carlos» venía a quedarse se escuchaban discusiones, gritos y algunas veces la vieron golpeada.
La única referencia que se tenía de «Carlos» es que trabajaba como albañil en una obra en Polanco y que era originario de Puebla. «Nancy» sólo contaba con algunas fotografías de él en su teléfono, ya que la que estaba enmarcada en su pared desapareció el día que encontraron su cuerpo.
Después de las indagaciones la policía de investigación llegó a una obra en Polanco en donde identificaron al sujeto llamado «Carlos» con otro nombre y documentos falsos; la explicación que dieron a las autoridades fue que «esas personas muchas veces trabajan sólo de entrada por salida, por lo que no es necesario tener mayores datos o documentos de ellos».
No se tuvieron más datos por parte de los familiares, vecinos y amigos, ni resultados en bases de datos que arrojaran información al respecto, lo que dificultó la identificación y detención de «Carlos» hasta el momento.
Caso III
«Lucy» se encontró degollada y violada en un hotel de la delegación Cuauhtémoc.
«Lucy», de 37 años, era sexoservidora; en su último trabajo atendió la invitación de cinco hombres para asistir a un hotel cercano. Su imagen se ve en las cámaras del hotel llegando con sus cinco acompañantes y algunas horas más tarde sólo se ve salir a ellos. Los trabajadores del hotel se percatan de la muerte cuando intentan realizar la limpieza de la habitación.
El cuerpo de «Lucy» presentaba violación tumultuaria; estaba atada por las muñecas con un cordón de agujeta larga a una de las patas de la cama. Mostraba múltiples golpes en todo el cuerpo y fue degollada con un arma blanca.
Las entrevistas que se realizaron a las compañeras de trabajo, familiares y amigos indicaban que llevaba casi 10 años dedicándose a la prostitución y nunca le había pasado mayor cosa que algún cliente impertinente. El día de su muerte llegaron al sitio en donde ella ofrecía sus servicios cinco chicos en un automóvil diciendo que festejaban un triunfo en el futbol y querían una chica para todos; «Lucy» se despidió alrededor de las 12:00 de la noche diciendo «cayeron los buenos».
Los trabajadores del hotel declararon que no era común ver a «las chicas» entrando con tantos, pero que no estaba dentro de sus posibilidades impedirlo. No se extrañaron al verlos salir solos porque eso a veces pasaba. Tampoco era raro verlos salir con otra ropa porque cuando entraron llegaron con uniforme de deporte, pero llevaban mochilas y seguramente se bañaron.
Los estudios periciales que se llevaron a cabo en el lugar de los hechos y en el cuerpo de «Lucy» arrojaron datos importantes como huellas dactilares, sangre, semen, saliva, entre otros. El cuerpo fue sometido a mucha violencia y se pudo establecer que por lo menos cuatro de los cinco acompañantes participaron en la violación.
Entre las pruebas que se practican en las víctimas que se dedican al sexoservicio está la prueba de lisa para determinar la presencia de VIH, a la cual «Lucy» dio positivo, al igual que uno de sus atacantes.
Se realizaron confrontas fisonómicas de los videos en las bases de datos, así como retratos hablados de los cinco sujetos. También se llevaron a cabo las confrontas de las huellas dactilares encontradas en el cuarto del hotel, pero ninguna dio algún resultado positivo. Se rastrearon los equipos de futbol que pudieran utilizar el uniforme que se apreciaba en los videos sin obtener resultados positivos.
Se solicitó colaboración de algunas instituciones como Conasida para revisar los registros de suministro de medicamentos para enfermos de VIH y en ella estaba dada de alta «Lucy». Además, con las pruebas de genética se cotejó el banco de datos obteniendo la identificación de por lo menos uno de los sujetos que también recibía tratamiento por la misma enfermedad. Una vez ubicado y presentado ante las autoridades dio los nombres y ubicaciones de sus acompañantes y relató los hechos:
Conocí a «Lucy» aquí en Conasida y me parecía muy alzada para ser quien era, me dijo que a veces andaba por la merced y otros lugares. El día que ganamos el partido los cuates querían festejar con unas viejas, pero a otro se le ocurrió que nos lleváramos a una nada más por falta de dinero. Ellos no sabían de mi enfermedad y ni modo de decirles que no. Me acordé de «esta vieja» y los llevé a buscarla. Uno de ellos llevaba algo que se metieron y se pusieron locos, y como la vieja se empezó a poner renuente que si la jalaban, que si muy brusco, que si muy duro, la amarramos, pero quería irse y dijo que «estábamos muy loquitos», intentó gritar, pero le taparon la boca y ella pataleaba y a uno lo mordió, entonces les dije esa vieja está sidosa. Fue cuando se enojó y sacó de la mochila una navaja y la rebanó porque ya nos había contagiado a todos.
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