Kitabı oku: «365 días con Jesús de Nazaret»
365 días con
Jesús de Nazaret
Francisca Sierra Gómez

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Gómez, Francisca Sierra
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Presentación
Cuando leemos los evangelios, sentimos que las palabras que Jesús dirige a sus discípulos están pensadas especialmente para nosotros. Y, en ocasiones, nos sorprende encontrar en un pasaje concreto la respuesta a algún problema que nos preocupa, el aliento necesario ante una desgracia y la llamada de atención en nuestros momentos de desidia.
Efectivamente, el Nuevo Testamento es un inmenso y rico compendio de sabiduría cotidiana que nada tiene que envidiar a los actuales libros de autoayuda. Su lectura diaria es como un faro que puede guiarnos en los días de tormenta, para decidir cuál es la actitud que, como cristianos, espera Jesús de nosotros.
La madre Francisca Sierra, autora de numerosos libros de comentarios evangélicos que han tenido una gran acogida, nos ofrece en esta ocasión la oportunidad única de pasar todo un año acompañados de las palabras de Jesús. Siguiendo un orden cronológico, la Madre va analizando los principales momentos de la vida del Nazareno, desde su nacimiento hasta su muerte y resurrección.
Las palabras de Jesús están acompañadas de un comentario de la autora, que nos da las claves para entender en profundidad el mensaje evangélico y lo lleva a nuestra vida cotidiana. En lugar de ofrecernos un erudito análisis exegético que muchas veces nada tiene que decirnos en nuestro día a día, la finalidad por la que parece haberse guiado la madre Francisca al escribir sus comentarios es: ¿qué me dicen las palabras de Jesús a mí, como persona concreta de este tiempo? ¿Cómo aplicar su mensaje en mi vida cotidiana? ¿Estoy viviendo mi fe de forma auténtica?
Los comentarios de la madre Francisca nos interpelan directamente y nos exhortan a ser auténticos seguidores de Jesús, aunque eso suponga andar el camino más difícil. Pero también nos animan en nuestros momentos de desesperanza y nos dan la fuerza necesaria para enfrentarnos a nuestros problemas.
Finalmente, este libro es también una invitación a la oración. Cada comentario termina con unas breves palabras dirigidas a Jesús y a su madre, María, para pedirles directamente su ayuda, su protección y su inspiración. Pero, lejos de plantearlas como oraciones definitivas, la autora nos ofrece la posibilidad de dirigirnos a Jesús con nuestras propias palabras, alentándonos a la oración diaria con confianza, con la naturalidad del hijo que se dirige a su padre para pedirle ayuda en los momentos difíciles.
Te invitamos a que te acerques a este libro con curiosidad, sin prejuicios, a que lo hojees y a que vayas leyendo algún comentario al azar. Estamos seguros de que eso te llevará a leer más, hasta que finalmente sientas la necesidad de acudir a las palabras de Jesús cada día, para preguntarle ante tus problemas cotidianos: ¿qué debo hacer, Maestro? En sus palabras hallarás siempre la respuesta.
El Editor
Enero
1 de enero La alegría de acoger
¡Qué bonito es acoger! Sí, ¡y qué triste y decepcionante es sentirse rechazado! La acogida genera alegría, paz y satisfacción.
Si observamos nuestras formas de actuar, verás con pena que tiendes y te dejas llevar por el gran mal que es no acoger a Jesús en tu vida. Él quiere estar contigo para hacerse caminante a tu lado, pero tú conviertes tu vida en rechazo, en indiferencia. Y con gran tristeza oyes: «Vino a su casa y los suyos no le recibieron» (Jn 1,11). Jesús siente una gran decepción porque tú tienes otras preocupaciones y otros quehaceres que te inquietan y te absorben.
Hoy el Señor, con enorme deseo y enorme amor, te pregunta: ¿eres capaz de acoger y recibir el gran regalo de dejarme compartir contigo la vida que actualmente vives? ¿Por qué no me dejas entrar en tu corazón? Piensa en tus rechazos.
Tú, que oyes y sientes estos interrogantes del Señor, ¿no serás capaz de obligarte a cambiar el rumbo de tu vida con una actitud de apertura, de escucha, de relación amorosa y de comunicación con él, tratándole en tu interior como un amigo?
Siente la alegría de acoger. Hoy no puedes por menos de repetirle: ¡Gracias, Señor, por quererme tanto! Ayúdame hoy a estar muy atento al paso de tu amor a través de las horas de mi vida. Que sepa acogerte en todas las personas y en todo lo que me ocurra hoy. Entra en mi corazón e inúndalo de tu amor. Madre de la escucha, enséñame a acogerte y a abrirte las puertas de mi corazón.
2 de enero Compañero de camino
Es para llenarse de alegría. Jesús habita en tu vida. Está inserto en tu historia. Vive contigo tus días.
¡Impresionante! Piénsalo con detenimiento. Él habitó, acampó entre nosotros y con nosotros. ¿Te has parado a pensar muy despacio en la profundidad de estas palabras: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14)? Cuando valoras en pleno contacto con el Señor su amor, no podrás por menos de exclamar desde el fondo de la admiración: «Hemos contemplado tu gloria». ¡Qué asombro! Jesús se hace hombre como tú, débil y frágil como tú. Así es el amor de Dios.
Hoy te invito a reflexionar: ¿sabes valorar la inmensa ternura de Dios? ¿Sientes en tu vida personal la presencia del Dios que vive contigo? ¿Sabes contemplarle en las personas que tratas y en tu vida de cada día?
Llénate de amor, de asombro y de alegría. Dale vueltas en tu corazón a la maravillosa frase: «Habitó entre nosotros». Reflexiona lo que significa para tu vida que todo un Dios, por lo mucho que nos ama, ponga su tienda entre nosotros.
No dejes de exclamar: ¡Gracias, Dios-amor, por hacerte vida de mi vida! ¡Gracias por hacerte uno conmigo! ¡Gracias por ser presencia viva en mi historia! Que hoy sea consciente de la plenitud de tu amor y descubra tu gloria a lo largo de las horas del día que tú me regalas y pones en mis manos con amor. Gracias.
3 de enero Una historia sorprendente
Si rastreas la larga genealogía de Jesús, comprenderás cómo se enraíza profundamente en tu propia historia. Te llevará a pensar en la amorosa acción de salvación en la que Dios construye con amor nuestra propia existencia. Dios se mete en nuestra historia totalmente, encarnándose en nuestra vida y, así, nos propone su estilo de vida en amor y misericordia. «Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo» (Mt 1,16).
Y a la luz del origen de Jesús, reflexiona: ¿cuál y cómo es tu historia personal vista desde el amor de Dios? ¿Cómo ha sido tu génesis? ¿Valoras a los seres queridos que han hecho posible que tú existieras? ¿Valoras a tu familia como un regalo de Dios? ¿Eres agradecido?
Hoy suplica al Señor ser consciente del don de la vida y del don de los tuyos. Pide al Señor por todas las personas que han intervenido en tu educación, en tu forma de vivir, en tu trabajo, en tu estatus. Pide también por las personas que han pasado por tu vida, que has querido y que te han dejado huella. Acuérdate de las personas que tienen una historia triste y no son queridas.
Señor, permíteme ver tu amor en mi vida y en mi historia. Que llene hoy mi vida de agradecimiento. Que abra mi corazón al raudal de amor con el que me inundas continuamente y sepa agradecértelo. Gracias por mi historia, por mi familia. Que mis relaciones sean de amor, unidad y de agradecimiento a ti, que me has creado con tanto amor.
4 de enero «¡No temas!»
Es maravilloso contemplar cómo el Señor no puede dejar de amar a su pueblo. Lo vemos en dos personas ancianas, Zacarías e Isabel, estériles y de edad avanzada. Así es la manera de trabajar de Dios sobre el hombre.
Considera que el mensaje que transmite Dios a través del ángel a Zacarías es el más pacificador: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado» (Lc 1,13). En la vida todo es fruto de oración y Dios siempre, siempre nos escucha. ¿Lo has comprobado? ¿Confías en el Señor? ¿Le comentas todas tus dudas y tu miedo?
Es maravilloso sentir que Dios siempre está detrás de nuestras débiles, pequeñas y grandes historias. Los mensajes de Dios siempre son de mucha tranquilidad y paz y, aunque nos cueste entender su voluntad, piensa que para Dios nada, nada es imposible. Y la paz llenará tu corazón.
Por esto hoy te invito a ver el amor de Dios en todos los acontecimientos que marquen tu vida. Ante tus dudas dile: Señor, aumenta mi fe porque vacilo ante la angustia y ante los problemas y acontecimientos que me inquietan cada día. Sí, Señor, creo pero aumenta mi fe. Contigo y muy cerca de ti, Señor, tendré fuerza para esperar sin derrumbarme, para llenarme de alegría con tu presencia y para comunicarla a los que comparten mi camino y mi historia.
5 de enero «¡Alégrate!»
¡Cuánto amor se respira en esta expresión!: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Repítela muchas veces en tu interior y sentirás la alegría de tener una Madre tan maravillosa. ¡Con qué delicadeza y respeto se dirige Dios a ella! La alegría es el mensaje que le comunica, haciéndole experimentar el saberse amada al llamarla «la llena de gracia» (Lc 1,28).
Y piensa: ¿qué quiere indicarnos Dios con este saludo? Lo más grande. El amor y la alegría. Esta es «la Buena Noticia» de un Dios que nos ama tanto que quiere estar muy cerca de nosotros; tan cerca que se quiere hacer niño como nosotros.
Hoy te invito a que pases unos momentos contemplando esta escena tan maravillosa en silencio, escuchando en tu corazón la palabra «Alégrate». En este silencio, pregúntate: ¿soy capaz de escuchar a Dios, que me que quiere llenar de alegría y desea compartir mi vida? ¿Soy capaz de escuchar «la Buena Noticia» de que me ama inmensamente»? ¿Soy capaz de llenarme de alegría al experimentar su deseo de vivir conmigo? Admira todos los detalles de la Anunciación, en la que Dios elige a una mujer muy sencilla para ser su Madre. Habla con María. Dile lo feliz que eres al saber que es «llena de gracia»: ¡Alégrate, María! Déjame que me alegre contigo. Que sienta el gozo de quererte al ser mi Madre llena de gracia, que escuche las palabras del ángel en ti. Madre mía, quiero repetir muchas veces estas palabras y en silencio oír la voz del que llevas en tus entrañas: Jesús.
6 de enero ¿Por qué te alteras?
Hoy te encuentras con la segunda frase clave que el ángel dirige a María: «¡No temas, María! Porque has encontrado gracia ante Dios» (Lc 1,30). El «no temas» penetra en su corazón y este se llena de confianza y de paz.
Hoy también María te dice: «No temas, hijo mío». Ante el miedo, ante la pobreza, ante la enfermedad, ante las incomprensiones, ante el sufrimiento, ante la soledad y ante la muerte, «yo estoy siempre contigo». Y sentirás los brazos amorosos de una Madre que te cobija y te ayuda en los momentos más duros de tu vida.
¿Tienes temores? Acude a María. ¿Te acobardas ante el dolor, la soledad, lo que no entiendes? Acude a María. Piensa en lo que te quita la paz y la alegría y deposita todo lo que ensombrece tu diario vivir en el corazón de tu Madre, María. ¿Sabes lo que es sentirse querido por Dios? ¿Sabes que has encontrado gracia ante él, seas como seas? Siéntete amado por un Dios al que no le importa cómo eres. Disfruta de su amor y comunícalo a tu alrededor.
Repítele con fuerza: Madre, yo te suplico que me socorras en todos los momentos de mi vida: en mis tentaciones, después de mis caídas, en mis dificultades, en todas las miserias de la vida y, sobre todo, en el trance de la muerte. Concédeme, ¡oh amorosa Madre!, la gracia de escuchar en mi interior el «no temas, porque yo estoy contigo». Bendíceme y ruega por mí ahora y en la hora de mi muerte. Gracias, María, por ser mi Madre.
7 de enero «Hágase»
Este es el final del coloquio maravilloso del anuncio del nacimiento de Jesús: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Dice «sí», «acepto tu voluntad, tu deseo de elegirme como madre de tu Hijo». Y así, inserta en la voluntad de Dios, nos da la alegría de abrir la puerta a la redención de la humanidad con el nacimiento de su Hijo, Jesús.
Piensa: hoy María te invita a que también tú digas este «sí» que tantas veces te cuesta pronunciar. Señor, muchas veces me cuesta ser valiente y decir: «Hágase tu voluntad». Pero si pienso en María, con ella todo lo puedo.
En silencio amoroso contempla esta escena y deja que María, nuestra Madre, pronuncie ese «sí» en tu nombre cuando tú no tengas la valentía necesaria para aceptar la voluntad de Dios.
Hoy, con gozo y lleno de felicidad, susúrrale a María: ¡Gracias, Madre, por haber dicho que «sí»! ¡Gracias!, porque con tu «sí» me has regalado a Jesús, eje de nuestra vida. En los momentos más difíciles, ayúdame y dame valentía para decir «sí». «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tú quieras. Solo quiero y deseo hacer tu voluntad».
8 de enero Ponte en camino
María está llena de felicidad y quiere compartir su alegría con su prima y, conociendo la necesidad que tiene Isabel como anciana, le apremia el deseo de estar con ella. Nos dice este episodio de la Visitación que fue «deprisa», «con prontitud» a ayudarla. «María se levantó y se puso en camino deprisa hacia la montaña... y saludó a Isabel» (Lc 1,39). ¡Qué ejemplo de servicio y entrega!
Hoy, a través de María, se te invita a «ponerte en camino». Se te exige salir de ti mismo y preguntarte: ¿qué es lo que me impide ponerme en camino: mis propios intereses o quizá mi egoísmo, mi comodidad o mi orgullo? ¿Soy sensible a las necesidades de los demás? ¿Llevo en el contacto con mis hermanos la alegría de Dios?
Cuántas veces a lo largo de tu vida has tenido ocasión de ponerte en camino hacia los demás. Cuántas veces habrás sentido la voz de tu conciencia o la propia voz de Dios invitándote a comenzar un camino de entrega, de servicio hacia los demás. Reflexiona hoy cómo vives el estar pendiente de las necesidades de los demás.
Pide al Señor y a la Virgen: Señor, quita de mi vida todo lo que me impida no servir y darme a los demás y dame la urgencia de entregarme a los más necesitados.
Señor, ensancha mi corazón para que pueda desvivirme por el hermano que tengo a mi lado. Que el ejemplo de María con su prima Isabel me ayude a olvidarme de mí mismo. A tu Madre le pido que me enseñe a estar pronto a la entrega y que llene a los demás de detalles de amor.
9 de enero Alaba al Señor
¡Qué regalo tan grande se nos ha dado con el canto del «Magníficat»! ¡Qué oración tan preciosa de alabanza y de acción de gracias! «Proclama mi alma la grandeza del Señor... porque ha mirado la humildad de su esclava» (Lc 1,46.48). María se siente asombrada y reconoce los dones tan grandes que le ha hecho su Señor. Así responde ante las alabanzas de Isabel.
Piensa: ¿me inundo de alegría ante el amor de Dios? ¿Sé proclamar con alegría las maravillas de Dios en mi vida? ¿Soy capaz de proclamar las grandezas del Señor en mí?
Hoy, lleno de admiración, proclama su amor con enorme alegría con el canto de María: «Engrandece mi alma al Señor, porque ha mirado la humillación de su sierva». Nunca podrás reconocer la obra de Dios en tu vida si no consideras tu debilidad, tus torpezas, tus bajezas ante tantos dones recibidos.
No pases el día sin releer el magnífico canto del «Magníficat» muy despacio, oyendo a María en el interior de tu corazón. Llámala muchas veces «bienaventurada».
Dile: María, contigo quiero cantar el «Magníficat». Dame tus sentimientos de fe, alabanza y acción de gracias al Señor al considerar el gran regalo de su amor. Que hoy sepa alabar las grandezas y regalos que el Señor hace en mi vida. Ayúdame, Madre mía, a repetir contigo el gran «Magníficat» de mi vida.
10 de enero Así es la figura de José
Hay que ponerse en el papel de José. ¿Cómo iba a imaginar que su esposa le había sido infiel? Pero el Señor, que nunca falla, le avisa en sueños de que no tenga miedo en aceptar a su mujer, María, porque la criatura que hay en ella es obra del Espíritu Santo. «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo» (Mt 1,20).
¡Hermoso ejemplo el de José! Toda su gloria y su felicidad consistieron en haber sabido entender lo que Dios quería de él y haberlo cumplido con máxima fidelidad. Amó a Jesús como un buen padre ama a su hijo, le dio todo lo mejor, le cuidó con un amor extraordinario.
José es nuestro gran protector y compañero de camino. Es nuestro modelo de fe. Un ejemplo de saber cumplir con toda fidelidad su papel para que Jesús pudiera salvar a la humanidad y hacerse uno con ella.
¿Cómo es tu cariño hacia José en tu vida? ¿Te paras a considerar las grandes virtudes y los ejemplos que nos deja en la historia de Jesús? ¿Le tienes como abogado y protector y acudes a él en tus momentos difíciles? ¿O quizás lo tienes muy olvidado? Acude a él, que nunca te fallará.
¡Glorioso patriarca san José! A vos acudo para que seáis mi protector durante todos los días de mi vida. Sed mi abogado, especialísimamente en la hora de mi muerte, y alcanzadme la gracia de que mi alma vaya a descansar en las manos del Señor. Amén.
11 de enero Misterio de amor
En dos sencillos versículos nos refiere Lucas el gran acontecimiento que nos cambia la vida a todos: Dios-con-nosotros. ¡Misterio del amor! «Y dio a luz a su propio primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2,7).
Así vino al mundo Jesús para estar con y entre nosotros. No hay más palabras. Todo es silencio, amor, mucho amor. La madre de Dios con su hijo en brazos embelesada de ser madre. Recuerda este profundo canto: «Sobre la noche reina la luz de tu esplendor. En medio del silencio el Verbo se encarnó. ¡Misterio del amor!».
Entra conmigo en silencio en la contemplación y en el asombro de este Misterio. Alégrate. Goza del amor de Dios que se hace niño por ti. Admira. Reflexiona sobre el misterio de Belén. Acompaña largos ratos a María y a José e inúndate de todo el cariño que envuelve la cueva de Belén.
¿Cómo nace Jesús en tu corazón? ¿Cómo vives este maravilloso acontecimiento? Alégrate. Goza. Celebra en tu corazón la verdadera Navidad.
Gracias, Jesús, por hacerte uno con conmigo. Gracias, Jesús, por traerme la alegría, la paz y el amor. Haz que penetre con toda el alma en este profundo misterio de la Navidad. Pon en mi corazón la paz que busco, la alegría que necesito y el amor que hoy me entregas. ¡Gracias, Jesús!
12 de enero Una gran noticia
¡Qué hermoso texto nos narra Lucas! ¡Qué alegre! ¡Qué sencillez! ¡Qué detalle de un Dios que quiere comunicar el nacimiento de su Hijo a un grupo de personas muy sencillas, pobres y humildes, de trabajos duros y quizás despreciados! «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».
La humildad de los pastores, la sencillez de María y José en Belén, el amor de Dios niño en el pesebre, la prontitud de los pastores para adorar a Jesús: «Os anuncio una Buena Noticia. Hoy ha nacido el Salvador del mundo» (Lc 2,10). El considerar la reacción que tuvieron los pastores de salir corriendo para adorar a ese Niño te tiene que llevar a contemplar embargado de maravilla y gratitud este misterio de amor y de luz.
Como uno más de los pastores, acércate a la cueva de Belén, adora al Niño y pregúntate: ¿qué lecciones veo en este pasaje? ¿Sé recibir las «Buenas Noticias del Señor» con alegría, asombro y adoración?
Ve ya a la cueva de Belén y pídele al Niño: Con los pastores de Belén, Jesús, ayúdame a correr presuroso a tu encuentro. Ayúdame a no quedarme «dormido» en mí mismo y, como los ángeles dieron la «Buena Noticia», que sepa anunciarte, dar y llenarme de alegría al comunicar tu presencia, el Dios-que-está y vive con cada uno de nosotros en nuestra vida.
13 de enero María, vista desde dentro
María es la mujer creyente, que resplandece y brilla siempre por su oración confiada, por su fe inquebrantable, por su apertura y escucha atenta al proyecto de amor de Dios sobre ella. ¡Cómo no alegrarnos de que María sea nuestro auténtico modelo de fe y vida interior! «Y María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). Así es nuestra Madre.
Cuando piensas en María tienes que llenarte de tanta alegría, de tanto amor hacia Ella, que te llevará a un exigente compromiso de vida, porque realmente la necesitas para todo: para orar, para que te acompañe y sobre todo para que te enseñe a ir a Jesús. Es tu compañera de camino. Ámala.
Y surgirán en ti estas preguntas: ¿cómo estoy de amor a María? ¿Se ha debilitado mi trato con Ella? ¿Qué lugar ocupa en mi vida? ¿Qué actitudes aprendo de Ella? Y no puedo por menos de repetirle y suplicarle una y otra vez: Bajo tu amparo, Virgen y Madre nuestra, pongo mi vida. Enséñame a conservar y meditar en mi corazón las grandes lecciones que tú me das.
Quédate con el compromiso de acudir a Ella en todos los momentos de hoy y siempre para que te ayude a descubrir y ejecutar el proyecto de amor de Dios en tu vida.
María, que sea como tú. Que abra mi interior y deje a Dios que entre en mi vida y sea el dueño de todo lo que soy. Que él me cubra con su sombra y purifique mi amor, el amor que he recibido de ti para poder darlo a los demás.
14 de enero El nombre de Jesús
Hoy no tenemos más remedio que preguntar a Jesús: «Pero, ¿por qué te sometiste a esta prescripción legal de la sangrienta circuncisión cuando tú, como Dios, no estabas sujeto a la ley?». ¡Qué ejemplo de humildad! A la circuncisión está ligada la imposición del nombre y Dios mismo fijó su nombre: «Jesús», que significa «Yavé salva». Este es su fin: ayudarnos, redimirnos y salvarnos. «Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús» (Lc 2,21).
Piensa en lo que significa el nombre de «Jesús» y en esta reflexión no dejes de repetir muchas veces su nombre, porque lo es todo para ti. Te librará de muchos obstáculos. Haz la prueba sintiéndolo desde el fondo de tu corazón.
También te aconsejo que repitas muchas veces: «Jesús, ten compasión de mí, que soy un gran pecador». Esto obrará milagros en ti y en los demás. Dile muchas veces que le quieres.
¿Qué te dice el nombre de Jesús? ¿Cómo aceptas las normas que regulan tu vida? ¿Te has parado a pensar en la obediencia y sumisión de Jesús aun en los momentos más duros? ¿Invocas a Jesús en todos los peligros de tu vida?
Jesús, hoy que comienzas tu camino de sufrimiento, enséñame a saber sobrellevar todo lo que me hace sufrir y me quita la paz. Dame docilidad y humildad para aceptar lo que me cuesta. Que ame tu nombre. Que lo repita muchas veces a lo largo del día y de mi vida y sobre todo a la hora de mi muerte.
15 de enero Alabanza desde la sencillez
Tres momentos importantes para pensar se te ofrecen hoy: la purificación de María como Madre de Dios y la figura de dos ancianos, Simeón y Ana, la profetisa. «Simeón tomó al Niño en brazos y bendijo a Dios» (Lc 2,22). «Ana alababa también a Dios y hablaba del Niño a todos» (Lc 2,38).
Piensa: María, que no necesita de ninguna purificación, se somete a la voluntad de Dios. Simeón es el hombre que espera y se goza cuando ve la «Luz» prorrumpiendo en alabanzas. Y Ana es la mujer que no se contenta con alabar a Dios, sino que hablaba de él a todos los que esperan la liberación de Israel.
¿Qué te dicen estos tres personajes hoy si comparas su actitud con cómo te cuesta a ti dar cumplimiento a la voluntad de Dios? María desborda humildad. Simeón es el medio elegido por Dios para comunicar el sentido salvador y redentor de Jesús. En este momento María recibe el sufrimiento que va a tener con Hijo.
¿Eres capaz de acoger los medios que te da el Señor en tu vida para saber llevar lo que te sobrepasa? ¿Has apostado claramente por Jesús? ¿Agradeces a Simeón y a Ana, la profetisa, el ejemplo de sus vidas?
Dirígete hoy a María y dile: Gracias por ser el mejor ejemplo para mi vida. Gracias por enseñarme a ser humilde y a saber aceptar el dolor. Gracias por enseñarme a proclamar y comunicar a todos la presencia de Jesús en mi vida. María, ayúdame a purificarme de todo lo que estorba la presencia de Jesús.
16 de enero Las estrellas del camino
Con alegría asistimos a la Epifanía o manifestación de Jesús a los Magos, que vieron la estrella y la siguieron hasta encontrar al Niño con María, su madre. «Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Vieron al Niño con María, su madre y, cayendo de rodillas, le adoraron» (Mt 2,10-11). Celebra con gozo este encuentro. Es el momento de la manifestación de la «luz». El día de los «regalos», del compromiso y del seguimiento de la gran estrella que es Jesús.
Dios nos llama a cada uno según nuestra manera de ser. A los Magos los llama por medio de una estrella. Y me pregunto: ¿sabrás descubrir las estrellas del camino que te manifiestan el amor de Dios? ¿Las estrellas de las mil circunstancias de la vida: una persona amiga, una llamada, una noticia alegre o quizás menos alegre, una enfermedad..., sabiendo que en todas ellas está el Señor?
Hoy es el día del compromiso para dejarte guiar por la estrella de la fe, la estrella de Dios en tu vida. Siguiéndola encontrarás a María, que te cuida con su amor maternal. Ella te espera para que ofrezcas en plena adoración el oro de tu amor, el incienso lleno de fe y tu mirra llena de lo que más te cueste.
En la gruta de Belén dile a Jesús: Jesús, postrado quiero ofrecerte mi pobre vida llena de los regalos de amor nacidos de la pobreza de mi corazón. Quiero adorarte como los Reyes Magos. Ayúdame a encontrarte en los brazos de tu Madre, María, y te pido encarecidamente que nunca deje de seguir las estrellas de todo lo que me conduzca a tu corazón.
17 de enero Consecuencias del orgullo
El recuerdo de tantos y tantos niños maltratados y explotados en la actualidad nos invade hoy. Una muerte cruenta por una orden de un rey orgulloso y ambicioso. «Herodes, al verse burlado por los Magos, montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores» (Mt 2,16).
No se te pasen los detalles de ver a Jesús convertido a los pocos días de nacer en exiliado. La Sagrada Familia de Nazaret atravesó muchas pruebas, como la «matanza de los inocentes», que les obligó a emigrar a Egipto.
Y si reflexionas sobre los detalles de esta escena debes pensar: ¿sé leer en mi vida los momentos de luz que me da Jesús? ¡De cuántos peligros me libra!
La matanza de los inocentes por Herodes puede ser un símbolo de cuando pierdes el control de tu vida y haces lo que no tienes que hacer. ¿Haces daño con tus formas de ser incontroladas? La ambición nunca es bendecida.
Al reflexionar sobre este texto, pide por tantos niños mártires anónimos. Pide para que el Señor te dé fuerza y luz para saber dominar tus impulsos. Pide por los niños que lloran a sus padres porque los han perdido o no son atendidos.
Jesús mío, me escandaliza la reacción de Herodes al matar a tantos inocentes. Ayúdame a defender siempre la vida. Aleja de mi vida el orgullo y la ambición. Haz que sepa realizar con prontitud las indicaciones que me muestras en mi vida diaria a través de los indicadores que pones en mi camino.
18 de enero Nazaret
Aquí tienes el ejemplo de la familia de Nazaret donde se formó Jesús con María y José. «Y José, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret» (Lc 2,22-23).
Es impresionante ver cómo José responde al plan que Dios le ha trazado. Todos los acontecimientos van sucediendo progresivamente: deja Egipto para volver a Nazaret. Así Jesús se integra en la historia de la humanidad en un pueblecito desconocido llamado Nazaret. Así comienza su vida oculta durante treinta años en su casita de Nazaret: obediencia, silencio, trabajo y fidelidad. Allí conoció la cultura de su pueblo, el trabajo, las relaciones humanas, la opresión, las enfermedades... En una palabra, se encarnó en nuestra realidad.
Aprende de la fe de José y de María: seguros, plenos y confiados, asumen y cumplen la voluntad de Dios tal y como se les plantea en cada momento. Aprende a fortalecer tu fe para vivir con amor y alegría los momentos más difíciles.
Hoy no dejes de preguntarte: ¿escucho con atención la voz de Dios que me indica el camino a seguir? ¿Soy dócil a sus designios?
Hoy dale gracias a Jesús por hacerse uno con nosotros.
Gracias, Jesús, por querer vivir tan a fondo mi vida. Gracias porque eres mi compañero de camino. Jesús, te pido que sepa experimentar la realidad de las personas que me rodean. Que sepa escucharte en mi interior para actuar como me indicas. Gracias y ayúdame.
19 de enero La vida en Dios
Al considerar la escena de hoy nos quedamos desconcertados. Jesús ocasiona gran dolor a María y a José. Con sufrimiento se vuelven a Jerusalén y se dirigen con toda seguridad al templo. Allí lo encuentran entre los doctores.
A la pregunta de su angustiada Madre: «¿Hijo mío, por qué has obrado así?» (Lc 2,48), Jesús le responde aclarándole el máximo objetivo de su vida: «¿No sabéis que me debo ocupar de las cosas de mi Padre?» (Lc 2,49). Sí, porque aunque José y María no desconocían la procedencia divina de su Hijo, este desea confirmarles que su vida consistirá en cumplir la voluntad de su Padre y ser fiel a su proyecto. Y María conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón (Lc 2,51) durante los años en los que Jesús permaneció en el silencio de su vida ordinaria.
¡Qué sufrimiento para unos padres ver que han perdido a su hijo! Yo te pregunto: ¿tienes ese sufrimiento cuando pierdes a Jesús en tu vida? ¿Te esfuerzas en buscarle? ¿Eres fiel, a pesar de los pesares, al proyecto del amor de Dios que marca tu vida? ¿Sabes conservar en el silencio de tu interior todo lo que te sucede, como María?
Hoy dirígete a Jesús y a María desde tu necesidad y pobreza interior: María, dame ese amor de madre para encontrar a Jesús cuando no le sienta en mi vida. Que no me deje envolver por la vida sin sentido. Acompáñame en su búsqueda. Jesús, que sepa ser fiel al proyecto de amor que tu Padre tiene conmigo y que supere con fuerza los obstáculos. Con fe y con amor te pido fuerza para el día a día.
20 de enero El mensajero de Jesús
Una nueva figura se nos presenta hoy, Juan Bautista. Un hombre que lleva una vida extraña, salvaje y aislada, pero muy consciente de su misión. Y nos preguntamos: pero, ¿quién es?, ¿qué misión tiene? La respuesta viene rápida: «Detrás de mí viene el que es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar sus sandalias» (Lc 3,15). Este es Juan Bautista, la persona elegida por Dios para preparar el camino y anunciar la misión de su Hijo.
Si te paras a considerar tu vida, verás que estás designado para una misión, para ser mensajero del amor de Dios. «No tengas miedo». ¡Qué gracia y qué regalo tan grande! Pero para eso hay que aceptar, experimentar y valorar primero el don del amor de Dios en tu vida, para después manifestar con tu testimonio viviente qué exige Jesús y seguirle. Esta es tu gran tarea. El mundo te necesita.
¿Eres consciente de tu papel como cristiano comprometido? ¿Aprecias los dones que has recibido? Jesús te necesita. Necesita de tus manos para llevarle, de tus palabras para comunicarle, de tus hechos. ¿Encontrará disponible tu vida? ¿O quizá no? Pero ya sabes, siempre con la humildad de Juan Bautista.
Ante la misión que quiere Jesús de tu vida insístele: Jesús, gracias por elegirme para la misión de transmitirte. Concédeme la gracia de tener una vida digna de testimoniarte ante los demás con fuerza y valentía. Que sea capaz de conjugar tu vida con la mía para que mi forma de actuar sea una unidad plena contigo.
21 de enero
Endereza tu vida
Se nos plantea un mensaje duro. Juan Bautista inicia su ministerio a orillas del Jordán como la voz que clama en el desierto: «Preparad el camino al Señor; enderezad sus senderos» (Mt 3,3). Invita a todos a arrepentirse. Es un mensaje duro. Usa la metáfora del hacha puesta en la raíz de los árboles: por lo tanto todo árbol que no da fruto se corta y se echa al fuego. Aunque las multitudes lo rodeaban, Juan no buscó ser el centro, nunca olvidó que su papel principal era anunciar la venida del Salvador.
El mensaje de Juan Bautista te lleva hoy a reflexionar acerca de tu forma de vida. Pregúntate: ¿qué haré?, y Juan te indicará el camino, al igual que indicó a los fariseos, publicanos, soldados y a las personas que le escuchaban: arrepentíos, pero con un arrepentimiento que destile frutos de buenas obras. Arregla todo lo que tienes torcido. No exijas a los demás lo que no hagas tú.
Pregunta a Jesús qué te sugiere cambiar para tu progreso espiritual, qué te aconseja para quitar de ti todo aquello que molesta al prójimo, que lo escandaliza. Tienes que dar frutos de una vida digna de Dios.
Y considerando con detenimiento el mensaje de Juan Bautista surge tu plegaria ardiente de petición y ayuda: Señor Jesús, te pido que sepa reducir o moderar los obstáculos que entorpecen tu encuentro. Que sepa llenar mi vida de buenas obras. Corta y quema todo lo que no es como tú quieres. Te lo pido con la confianza de que tú y tu Madre me ayudaréis en mi conversión y cambio interior.
22 de enero Recuerda tu bautismo
Hoy tenemos a la vista la investidura pública de Jesús como Mesías. «Y fue bautizado por Juan en el Jordán» (Mc 1,9). Se oyó una voz desde los cielos: «Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco» (Mc 1,11). Vemos que Jesús se adelanta entre el grupo de peregrinos que viene de Galilea; ha llegado al Jordán para ser bautizado por Juan. Pero este se resiste diciendo: «Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿cómo vienes tú a mí?».
Es el momento de sorprenderte ante el ansia que tiene Jesús de transmitir su mensaje de amor extremo y de liberarnos de tantas cargas... Jesús necesita comunicar cómo es su Padre y cómo ama. Pero, ¡qué ejemplo el suyo! Le vemos sumergirse en el agua y limpiarse para purificar todos los pecados de la humanidad.
Jesús bautizado te lleva a pensar en la gracia de tu bautismo, que has recibido como una donación del amor de Dios. ¿Cómo vives el ser Hijo de Dios? ¿Te limpias en el agua de su corazón? ¿Has pensado en el significado de tu bautismo? ¿Lo agradeces?
Desea con toda fuerza limpiarte en las aguas de la misericordia de Jesús y agradece su gran amor. Renueva en silencio las promesas de tu bautismo. Estás ungido por Dios.
Jesús, limpia mi vida. Sumérgeme, límpiame en el agua que brota de ti mismo. Que responda con mi vida de entrega, servicio y donación. Que viva cada día mi verdadero bautismo como un compromiso de vida. Gracias por hacerme con tanto amor hijo tuyo. Bendito seas por siempre, Señor.
23 de enero Tus tentaciones
No te pierdas hoy las lecciones que te da Jesús, para saber cómo actuar cuando te sientas tentado.
Jesús en el bautismo ha quedado lleno del Espíritu y este le empuja al desierto. «Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo» (Mt 4,1). ¿A qué le lleva el Espíritu al desierto? A orar, a sentir lo que es el hombre, a experimentar sus debilidades, a pasar por sus tentaciones. Va libremente pero no se deja llevar por la tentación. Quiso ser en todo semejante a nosotros.
Ante las situaciones difíciles, vete a recobrar fuerzas como Jesús al desierto de la oración, a la soledad, y ayuna de tus ideas. Él te llama a una vida mejor y necesitas orar más, privarte del mundo que te rodea. Te llama a la soledad para purificarte, para fortalecerte, para impulsarte a dar un testimonio de vida auténtica.
Hoy fija tu mirada en Jesús y cuando sientas la debilidad de la tentación, observa qué tentaciones sientes y cómo debes salir de ellas. ¿Haces como él? ¿Alimentas tu vida con ratos de desierto, de silencio y oración? ¿Reservas espacios cada día para orar y sentir la compañía de Jesús?
Jesús, te doy gracias por compartir nuestra vida, nuestra condición humana, nuestras necesidades y debilidades. Te pido gracia para poner mi mirada en ti, para confiarte todo lo que me inquieta y para que, en diálogo contigo, pueda superar los momentos más difíciles. Madre mía, en mis tentaciones y caídas ven en mi ayuda.
24 de enero Espíritu del mal, ¡aléjate de mí!
Acompaña hoy a Jesús que está en pleno desierto, donde es probado. «Entonces le dijo Jesús: “Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo le darás culto”» (Mt 4,10). Jesús sufre la debilidad del hombre: el hambre, la ambición y la ostentación. ¡De qué manera tan dura e incisiva fue probado Jesús! Así son las tentaciones del ser humano. ¡Cómo nos enseña a vencerlas!
Repasa la primera tentación, que tiene que ver con algo natural y esencial: el hambre. Y observa cómo Jesús rápidamente se niega. No quiere usar el poder de su Padre. La segunda es la ambición del poder. Jesús sabe que el hombre es ambicioso, pero él no se deja seducir por el mal. La tercera tentación es la ostentación. Esta no es su vida ni su misión. «Vete. No tentarás al Señor, tu Dios» (Mt 4,7).
También tú, como todo ser humano, eres tentado en los deseos naturales, en los de poder. ¿Qué tentaciones te dominan? ¿Cómo las vences? ¿Qué vida llevas para no caer en la tentación? Urge hoy que examines tus tentaciones y, si te ves caer, pide ayuda y deséchalas.
Necesitas con urgencia pedir ayuda: Señor, ayúdame a permanecer firme ante las insinuaciones del mal. Defiéndeme del peligro de las riquezas, del poder y del orgullo. Madre mía, ayúdame en mis debilidades, defiéndeme y socórreme del poder del mal.
25 de enero Humildad que atrae
Nos admira la humildad de Juan. Es el mensajero, el portavoz de Jesús. Esta es su misión: «Soy la voz del que clama en el desierto» (Jn 1,23). «Al que viene detrás de mí no soy digno de desatar la correa de sus sandalias» (Jn 1,27). No se enorgullece, solo quiere dar a conocer a Jesús y presentarlo.
Hoy tienes a la vista una extraordinaria lección de humildad. Cuántas veces defendemos a capa y espada nuestra posición. Pero, ¿qué es lo más importante, el anunciador o el mensaje de la persona que anuncias?
Si realmente se te preguntara quién eres tú, cuál es tu misión en la vida, ¿cuál sería la respuesta sincera? ¿Tendrías la humildad suficiente para reconocer que eres enviado para una misión, pero que por tu pobreza de vida necesitas continuamente la fuerza del espíritu de Dios?
La sociedad te observa y cuestiona tu identidad. Se te pregunta: ¿quién eres tú? Sé consciente de que tu forma de vida deja huella y se te exige una vida digna de un anunciador de Jesús.
Con el cariño de ser testigo de Jesús le pides: Jesús, Juan respondió que era tu voz. Yo, con valentía, quiero tener la misma fuerza para anunciarte, la humildad para reconocerme débil y necesitado en esta misión. Quiero transmitir tu voz. Quiero seguir tus normas. Sé que el mundo te necesita y aquí me tienes siendo sencillamente «voz manejada por ti». Santa María, ayúdame en mi testimonio.
26 de enero Jesús te libera
Así anuncia Juan a Jesús, con esta expresión sencilla. «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo» (Jn 1,30).
Nos extraña la palabra que usa Juan para definir a Jesús. Lo llama «Cordero». «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). Lo entendemos perfectamente porque sabemos que es el símbolo del sacrificio y de la liberación. Así lo define Juan porque vino a liberarnos del mal por medio de su sacrificio en la cruz.
En el mundo en que vivimos los valores son otros: el no dejarse dominar, el defendernos, la violencia... Pero Jesús es de otra manera, nos enseña que las actitudes del amor, de la bondad, de la mansedumbre son las auténticas.
Aprende las lecciones que contiene este texto: la docilidad y la humildad de Juan y la forma de actuar de Jesús. ¿Dónde encontrar la fuerza para actuar así? En el agua que mana de la fuente del corazón de Jesús.
Y surgen las preguntas: ¿comprendes cómo Jesús te libera con su sacrificio en la cruz? ¿Agradeces que se haga el Cordero que te quita los pecados que anidan en tu corazón?
Hoy repite todas las veces que puedas: «Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad». Dame la fuerza de tu Espíritu. Quiero ser verdadero anunciador que vaya proclamando: «Este es Jesús, que tanto te ama». Madre, enséñame a ser anunciador de Jesús.
27 de enero ¿Qué buscas? Y, ¿a quién buscas?
¿Quieres saber quién es Jesús y dónde vive? «Venid y lo veréis» (Jn 1,39). ¡Qué expresión tan decisiva! Cuestiona nuestro sistema de vida, nuestra forma de pensar y de actuar. Juan y Andrés son los primeros discípulos que son llamados por Jesús. Él les pregunta: «¿Qué buscáis?». Ellos le contestan: «Rabí, ¿dónde vives?». Y se quedaron con él (cf Jn 1,38).
Estás asistiendo al encuentro de Jesús con dos de sus discípulos. Es una narración bellísima.
Jesús siempre sale a tu encuentro. Te llama y te pregunta: «Pero, en realidad ¿qué buscas? ¿Sabes realmente lo que quieres? ¿Tu vida responde a una búsqueda segura y firme?». Quizá no conoces profundamente a Jesús y necesitas acercarte y convivir con él. Si logras sentirle en tu corazón, podrás oír: «Ven y verás».
Hoy Jesús te sigue llamando a una aventura de amor, de encuentro con él. Con Jesús cambiarás totalmente tu vida, tu forma de actuar y de ver la realidad que te rodea. Él te llama a experimentar su vida para que seas feliz. ¿Te quedarás con él? Con su ayuda dirás «sí» una y mil veces, aunque te cueste, aunque no sepas a qué aventura te llama. No lo dudes. Sabrás lo que es la verdadera felicidad.
Jesús, hoy quiero quedarme contigo. Te ofrezco mi vida, mis manos, mis pies, mis labios, para que los utilices como quieras. Dame la fuerza necesaria para buscarte, para preguntarte, para oír tu voz que me reclama «ven y verás» y sobre todo para que deje todo por ti. Gracias por llamarme, Señor.
28 de enero La alegría de encontrar a Jesús
Asistimos a la primera entrevista de Pedro con Jesús. Un encuentro gozoso y buscado. Andrés le comenta a su hermano Simón, con todo detalle y enorme entusiasmo, el encuentro con Jesús y le conduce hacia él: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41). Y lo más impresionante: vemos que Jesús lo mira fijamente, atraviesa con todo amor su interior, le ama profundamente y le dice: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)» (Jn 1,42). Maravilloso encuentro.
Recuerda tus encuentros con Jesús. ¿Te ocurre lo mismo que a Andrés y a Juan, que llevan a sus hermanos ante Jesús para que le conozcan? ¿Sientes esa alegría cuando te encuentras frente a frente con Jesús y te mira con inmenso amor? ¿Te llenas de tanto entusiasmo que te hace exclamar: «He encontrado a Jesús y quiero contártelo»?
Si piensas en la elección de Pedro y cotejas su elección con la tuya, puedes ver que Jesús te ama, pone en ti sus ojos, te selecciona para ser su testigo, para llenarte de alegría, de asombro, de agradecimiento y para cuestionarte: ¿qué hago con mi elección? ¿Sé llevar a otros a Jesús? ¿Le he encontrado de verdad?
Jesús, en mis encuentros contigo, cuando esté frente a ti y sienta tu mirada amorosa, dame la alegría de comunicarte y llevarte muchas personas. Que al sentir el agradecimiento de mi elección te proclame con entusiasmo y alegría. Santa María del encuentro, llévame a Jesús para que me llene de alegría y de amor.
29 de enero «Sígueme»
«Sígueme» (Jn 1,43). Profunda e incisiva palabra que no solo cala en el corazón de Felipe sino en tantos otros y, cómo no, en tu vida personal. ¡Tantas veces has oído el susurro de Jesús que te dice una y mil veces: «Sígueme»! Jesús comienza su labor dirigiéndose a Galilea. Y allí va a buscar a Felipe. Este deja todo y ya nunca se separará de él.
Jesús sale también a tu encuentro y te llama a acompañarle y a compartir su vida de misericordia, de perdón, de amor y de sencillez. ¡Qué maravilla! Párate a pensar: soy llamado a una misión grandiosa. ¿Eres digno de la elección amorosa de Jesús? No te limites a escucharle, síguele.
Seguir a Jesús te exige ponerte en camino, transformar tu propia vida en otra diferente, dejar todo lo que te estorba para estar libre. No lo dudes. Sé capaz de dejar todo para seguir a Jesús. ¿Has descubierto, sentido y experimentado el «sígueme»? ¿Puede decir Jesús de ti: «Este es un verdadero seguidor mío»?
Pídele insistentemente: Señor Jesús, dame un corazón abierto a tus llamadas. Ayúdame a no ponerte obstáculos y que sepa disfrutar de mi vocación viviéndola en ti.
30 de enero «Ven y verás»
«Ven y verás» (Jn 1,46). ¡Qué afirmación tan importante en nuestra vida! ¿Decimos en nuestra vida «ven y verás» con la alegría de sentir el encuentro con Jesús? Felipe, con su enorme entusiasmo, causa indiferencia y frialdad en Natanael. «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (Jn 1,46). Y, sin más, Felipe le lleva a Jesús: «Ven y verás».
¿Cuándo puedes insinuar a los tuyos «ven y verás»? Sencillamente cuando has tenido un encuentro profundo con Jesús, cuando le sigues y sobre todo cuando entras en pleno contacto personal con él. Piensa que el encuentro con Jesús nos cambia la vida. ¿Son así tus encuentros? ¿Invitas a otros al contacto personal con Jesús? También tú has sido llamado. Se te ha confiado una misión. No puedes dejar sin contestar las llamadas. Como Felipe, ve a Jesús. No te preocupes del cómo, pero vete y experimentarás la alegría del encuentro con él.
Hoy te nace desde lo más íntimo de tu corazón: Jesús, yo también he experimentado tu llamada, tu «ven y sígueme», tu «ven y verás», pero soy muy débil y me dejo arrastrar por todo lo que me rodea y no oigo tu voz. He experimentado tu amor y quiero ser tu testigo. Ruego a tu Madre que interceda para que lleve una vida coherente y para que, con entusiasmo, comunique esta alegría a quien me rodee.
31 de enero Enseñar, proclamar y curar
¡Qué escuetos verbos definen la magnífica misión de Jesús! «Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando el evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia de su pueblo» (Mt 4,23). Ir por la vida ayudando, transmitiendo el mensaje de amor y misericordia de Jesús, haciéndonos uno y sintiendo los problemas de las personas que sufren a nuestro alrededor. ¡Qué labor tan grande y tan satisfactoria!
Realmente vivimos nuestra historia inmersos en nuestros problemas y muchas veces somos insensibles a las necesidades de las personas que nos rodean. ¿Te has parado a pensar que muchas personas necesitan tu escucha, tu sonrisa, tu cariño? No te es difícil enseñar con el ejemplo, proclamar, llenar a los que te rodean de alegría del Reino. No te es difícil curar, compartir los males de la humanidad. Solamente hace falta que te arriesgues y te embarques en esta aventura. No dejes pasar tu vida sin un objetivo de entrega hacia los demás. No pases los días sin proclamar el amor de Jesús y sin hacer el bien.
Es muy gratificante, al acabar tu día, haber realizado hechos contables a favor de los demás, haber devuelto la sonrisa y haber hecho feliz a alguien.
Repítete: tengo que curar, proclamar, enseñar... Esta es la verdadera misión del testigo. Este es tu maravilloso trabajo. ¡Adelante!
Jesús, acompáñame en el trabajo de ser como tú en la misión de cada día. Madre de la entrega, dame un corazón generoso y sensible.
Febrero
1 de febrero María, la mejor madre
Asistimos a una boda a la que están invitados Jesús, su Madre y sus discípulos.
Es una escena familiar, humana y sorprendente. «Faltó el vino y la madre de Jesús le dice: “No tienen vino”» (Jn 2,3). Observa cómo los ruegos de una Madre cambian todos los esquemas a su hijo Jesús. María, como madre, se da cuenta de que «faltaba el vino». Sin más, ruega a su hijo Jesús un milagro. Y ante la insistente súplica de su madre, Jesús no puede dejar de hacer lo que le pide y convierte el agua en vino. Así es nuestra madre, María, siempre atenta a todas nuestras dificultades.
Escucha con agradecimiento a María que, observando tu vida, suplica a Jesús insistentemente: «Mira, no tiene vino, le falta el vino de la alegría, no tiene el vino del amor, no tiene el vino de la esperanza, su fe está apagada». Y deja que Jesús, al clamor de su Madre, te recobre y te llene de su vida, de su alegría y de su fortaleza.
Si contemplas esta escena de la conversión del agua en vino por Jesús y te la aplicas, tienes que preguntarte: ¿qué vino te falta? ¿Acudes a María en todo lo que te ocurre? ¿La llamas, la invocas? Acude a María diciéndole: «No tengo vino ni ardor en mi vida, ¡ayúdame!». Y, con mucho cariño, susúrrale con insistencia:
¡María, eres mi gran madre! Bajo tu manto me amparo. Me arrojo a tus brazos... Escucho tus palabras suplicando a tu Hijo Jesús que llene todo lo que falta en mi vida. ¡Gracias por ser mi madre! ¡Gracias, Jesús, por darme el vino que necesito atendiendo a la súplica de tu madre!
2 de febrero Comienza la misión
La fiesta de las bodas de Caná ha sido el pistoletazo de salida de Jesús a la vida pública. Ha llegado la hora de consolar, curar y dar vida. Le urge ayudar a su pueblo y a la humanidad. Es necesario sobre todo liberar a su pueblo, que se ve asfixiado por la carga de muchas normas. Jesús no quiere fijar su misión en un punto determinado y ya con su madre y con sus discípulos empieza a recorrer toda Judea y Galilea. «Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días» (Jn 2,12).
Es el momento de meterte en el corazón ardiente de Jesús y sentir con él la urgencia de la misión. En compañía de María y los discípulos comienza el aprendizaje del camino del amor, observa sus palabras y sus hechos.
Esta sencilla narración te urge a salir a la misión, a no quedarte estancado mirando la vida desde el balcón, como nos dice el papa Francisco, sino a andar el camino de la realidad de los hombres. ¿Qué haces con tu vida? ¿Te lanzas a comunicar, testimoniar y dar a conocer cómo es Dios? Estas preguntas tienen una respuesta porque Jesús necesita comunicarse a un mundo marcado por la falta de fe y de amor. Te necesita.
Señor Jesús, gracias por ser mi ejemplo en el ardor de la misión. Que no me quede acurrucando mi vida, sino que la comunique con el fuego de tu calor sentido en la experiencia de mi vida diaria. En ti confío este gran anhelo. Que lo sepa realizar.
3 de febrero
La casa de Dios
Nos dirigimos con Jesús al templo de Jerusalén y observamos el dolor que le produce ver la casa de su Padre convertida en mercado de vendedores y negocios. «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre» (Jn 2,16). Al ver así el templo, su reacción es dura y pronuncia: «Mi casa es casa de oración» (Lc 19,46). Pregúntate: ¿qué quiere decirnos Jesús con esto?
Tu casa, tu interior, que es donde habita Dios, ¡tantísimas veces la conviertes en un mercado! A Jesús le duele tu actitud y tendrá que echar a los mercaderes que tienes dentro para convertirla en «casa de oración». Al templo interior y exterior tienes que acudir de puntillas y con actitud orante. Esta es la aventura de encontrarte con Dios.
¿A qué vendedores tendrá que echar Jesús de tu vida? ¿Cómo vives tu estancia en el templo o en la casa de Dios? ¿Cómo cuidas todo lo relativo al encuentro con Él: tus momentos en el sagrario, los espacios de oración, las Eucaristías, la estancia en la iglesia? Busca momentos para dialogar con el Señor y deja que te quite todo lo que estorba para que tu interior sea «una casa de oración» donde habite Dios.
Jesús, no te enfades conmigo. Perdóname por tantas veces que he convertido tu casa en una cueva de bandidos y ayúdame a cuidarte. Que sepa rendirte el mejor culto que pueda. Enséñame a rezar, a cuidar el silencio, la Eucaristía, la intimidad, la escucha de tu Palabra y el diálogo contigo, Señor. Madre del silencio, enséñame a cuidar mi vida interior.
4 de febrero Urge «volver a nacer»
La maravillosa entrevista nocturna tan cálida nos impresiona y, ¡qué suerte tuvo este fariseo y maestro de la Ley, Nicodemo! No te pierdas toda la conversación de una persona llena de inseguridades y un Jesús deseoso de dar respuesta a todas sus inquietudes. Te sorprenderá la famosa frase que lleva a un verdadero cambio de vida. «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (Jn 3,3). Este fariseo se siente atraído por la persona de Jesús, pero tiene miedo a alejarse de sus seguridades, de sus ideas. Jesús, en cambio, lo invita a cambiar de perspectiva, a renacer de lo alto y a hacerse de nuevo. Esta es la nueva vida que le ofrece Jesús a Nicodemo y a cada uno de nosotros.
No puedes llevar una vida de cristiano sin manifestar tu experiencia de fe. No puedes sentir miedo y vergüenza de mostrar tu vida comprometida con Jesús. No puedes tener miedo a arriesgar tus intereses y posición a causa del Evangelio. Y para esto tienes que «nacer de nuevo». Pero, ¿qué significa nacer de nuevo? Cambiar el corazón, renacer, renovarse. Realmente, ¿no necesitas «renacer de nuevo» y cambiar el orden de valores de tu vida? ¿Tienes esa libertad de espíritu o actúas por temor, por prejuicios o por aparentar una vida irreal? Dejarás que surja en ti una nueva vida.
Jesús, gracias por descubrirme una vida nueva. Concédeme la gracia de nacer de nuevo. Con tu ayuda lo conseguiré. Que sepa ser valiente para dejar las redes que me atan. Creo en ti. Confío en ti, Señor.
5 de febrero El proyecto de Dios
Estamos con Jesús en plena conversación nocturna con Nicodemo, a quien después de explicarle la nueva vida, le revela el plan de amor de Dios que tiene para el hombre. «Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).
Dios es un Padre bueno y Jesús quiere que nosotros, a través de Nicodemo, lo experimentemos. Piensa con plena paz y confianza: «Dios ama tanto al mundo...», Dios me ama tanto a mí que me cambiaría por completo. Sentirte amado por Dios te tiene que dar fuerza para seguir una vida al estilo de Jesús. Tu alegría, paz y confianza son tan grandes siendo conocedor de que «Dios te ama incondicionalmente», que te llenarás de fuerza para superar tus propias debilidades.
Este es el mensaje que, con tu experiencia de ser amado por Dios, debes transmitir a todo el que se te acerque. Dios es un Dios de misericordia. Tienes que ser espejo de este mismo amor con todas las personas y en todas las circunstancias. ¿Vives de ese amor? ¿Dudas de él? ¿Qué le falta a tu fe? Hoy te comprometerás a encender en los demás el amor de Cristo.
Tu diálogo con Cristo será: ¡Qué alegría, Jesús, sentirme querido por ti! Que viva el amor que diariamente me das y que aprenda a comunicarlo con fuerza. Gracias por tu proyecto de amor que tienes conmigo.
6 de febrero
«Que él crezca y yo disminuya»
¡Qué petición tan necesaria en tu vida ordinaria! Dejar que el Señor crezca cada día más en ti.
Asistimos a una discusión de los discípulos de Juan. Estos sienten cierta envidia porque Jesús va teniendo más discípulos que su propio maestro. Ante este sentir, Juan les explica su papel y da su último testimonio de Jesús. «Él tiene que crecer y yo tengo que menguar» (Jn 3,30). Les explica que el verdadero Mesías es Jesús y que él es sencillamente su precursor. No le interesa ser protagonista, quiere menguar hasta que crezca Jesús: «Es necesario que él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30). ¿A qué te lleva este pensar y actuar de Juan Bautista?
¿Qué mueve tu actuar? ¿Lucir tus cualidades y talentos, o llevar a las personas a Cristo? ¿Dejas crecer a Jesús en tu vida disminuyendo tu yo?
Hoy tu compromiso ante esta Palabra será agradecer, disminuir, quitar tus vanaglorias, y hablar y actuar con la elegancia de Juan el Bautista. Como Juan, habla a Jesús: Señor, dame las auténticas virtudes de la humildad, de la fidelidad y de la sinceridad, para convertirme en puente que acerque a los otros a ti y hagamos ver a quien me rodea que el centro de todo eres tú.
7 de febrero
Ejemplo de fidelidad
Este es el final de un testigo fiel. Así termina la vida de Juan, en la cárcel y decapitado por ser fiel a su vida llena de dignidad y de justicia. Así termina la vida de un testigo de Jesús auténtico. «No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano». Por eso Herodes lo mandó encarcelar y matar (Mc 6,18).
La vida de Juan Bautista tiene hoy una gran actualidad. Representa la voz de la conciencia no solo para Herodes, sino para nosotros que vivimos en la realidad muchas veces llevando una vida falsa y llena de sombras.
A la vista de la historia de Juan Bautista, que denunció con toda entereza a Herodes, debes preguntarte: ¿vivo sin pensar en lo que hago con mi conciencia? ¿Disimulo, hago callar hechos que resuenan en mi interior no conformes con el Evangelio? O al contrario, ¿soy fiel a llevar sin miedo una vida digna de Jesús? Jesús nos llama a vivir con toda fidelidad. Así es el Evangelio.
No puedes llevar una vida sin exigencia. Debes ser valiente, auténtico.
Necesitamos la ayuda de Jesús para este camino. Por eso le elevamos nuestra petición: Señor, quiero ser auténtico. Quiero dar testimonio de una vida limpia. Quiero seguir en todo una conciencia digna de ti, que es agradarte siempre siguiendo como norma de mi vida tu voluntad. Quiero llevar una vida coherente y fiel a ti. Que nunca me deje dominar por el orgullo, la vanidad y demás pasiones que no te agradan.
Ayúdame, Señor. Ayúdame, María.
8 de febrero El agua de la vida
El encuentro de Jesús con la Samaritana nos asombra y nos lleva a la contemplación. Fatigado del camino, Jesús se sienta en el pozo de Jacob y espera. Enseguida ocurre un encuentro asombroso: Jesús y la Samaritana. Jesús, el amor, frente al pecador. La sed y el verdadero manantial, la mirada limpia de Jesús, frente a la mirada de una pobre pecadora.
Inicia Jesús el diálogo con esta mujer de vida dudosa: «Dame de beber» (Jn 4,7). «Si conocieras el don de Dios y quién te pide de beber, le pedirías tú el agua viva» (Jn 4,10). La conversación sigue hasta que la mujer le suplica: «Señor, dame de esa agua para que no sienta más sed» (Jn 4,15). Ya ha caído en el conocimiento de quién es Jesús y, corriendo, va a la ciudad y comunica lo que le ha pasado.
¡Cómo te busca Jesús! ¡Cómo se hace el encontradizo con tu vida! Quiere apagar tu sed. Piensa con franqueza: ¿tengo sed de Dios? ¿Descubro a Jesús cuando se hace el encontradizo en mi vida? ¿Oigo la voz del Señor que me reclama: «Dame de beber»? ¡Bebes de tantas fuentes efímeras y no te das cuenta del agua que mana limpia y llena de amor que es Jesús! Descubre las fuentes que hay en tu vida y no te canses de agradecer al Señor: Jesús, gracias por hacerte el encontradizo conmigo. Gracias por darme de beber. Que beba de tu agua, que conduce a la vida eterna, y no de mis fuentes, que no tienen la verdadera agua que mana de tu corazón. Que pueda reconocerte. Que te escuche en mi interior y oiga tu voz: «Dame de beber». Virgen de la escucha, intercede por mí.
9 de febrero Testimonio de una mujer pecadora
¿Quién es esta mujer? La Samaritana es una pecadora que nos da su testimonio cuando es seducida por Jesús: «En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en Jesús por el testimonio que había dado la mujer» (Jn 4,39). Su felicidad no puede dejar de comunicarla a sus vecinos. De pecadora se convierte en apóstol: «Me ha dicho todo lo que yo he hecho» (Jn 4,39). Ha habido en ella un cambio radical. Ha entrado en la óptica de Dios.
Es el momento de que celebres con gozo la misericordia del Señor, que te ama a pesar de tus miserias. Si te reconoces pecador, te encontrarás con el amor de un Dios que te ama locamente. Pero este encuentro te empuja al compromiso de comunicar con alegría el amor que has experimentado. La Samaritana supo movilizar a su pueblo, que sale al encuentro con Jesús y le pide que se quede tres días con ellos. Y tú, ¿sabes comunicar el sentirte querido por Dios? ¿No estarás muy a gusto en tu parcelita sin comunicar nada? ¿O quizá eres un gran anunciador? Hoy oblígate a leer este texto y a acercarte a Jesús. Déjate contagiar de su amor y, sin más, sal a la vida y comunica el gozo de su encuentro.
Jesús, deseo llenarme de la fuerza y de la alegría de sentir tu amor. Que sea testigo gozoso del amor que inunda mi vida. Que la alegría de saberme amado por ti, Señor, me lleve a comunicarte y que tu Madre, María, me ayude en el modo de comunicarte.
10 de febrero Un hombre de fe
Hoy un funcionario real nos da un maravilloso ejemplo de fe. Sale al encuentro de Jesús. Acude a él porque tiene necesidad de que cure a su hijito y le pide con insistencia y humildad que baje a Cafarnaún. La reacción de Jesús no se hace esperar. La fe de este hombre le conmueve porque no pide signos, solo presenta a Jesús una necesidad: «Anda, tu hijo vive» (Jn 4,50). No necesita ver, le basta una palabra suya. Tiene que oír de Jesús: «Si no veis signos y prodigios, no creéis» (Jn 4,49). Y así, inmediatamente recobra la confianza de la curación de su hijo. Jesús siempre nos ayuda a creer en su poder.
Admira el poder de la fe que puede darnos la vida que nos falta. Y piensa en tu fe. ¿Tienes la misma esperanza y fe que este funcionario? «Si no veis signos y prodigios, no creéis». ¿Tu vida diaria refleja que crees en un Jesús que te da la vida verdadera?
Realmente te falta mucha fe. Te falta disponer tu corazón para que Dios te otorgue este don. Dispón tu corazón para que entre Dios en él. Cree profundamente y experimenta que Dios es tu Padre y que te ama con amor eterno.
Dios Padre, lleno de amor hacia nosotros, concédeme inteligencia para saber descubrirte todos los días en los más sencillos signos de tu presencia. Dame el milagro de sentir: «Anda, tu fe te ha curado». Que sepa vivir llenándome de gratitud y descubriendo tus dones. Se lo pido a tu Madre, para que ella me conceda la fe que necesito.
11 de febrero Sentir el rechazo
Realmente se cumple el dicho de que nadie es valorado en su patria y entre los suyos. Esto le pasó a Jesús cuando los vecinos de Nazaret ven y oyen que su fama se extiende y le rechazan: «Al oír esto se pusieron furiosos, lo llevaron a un precipicio con intención de despeñarlo, pero Jesús se abrió paso y seguía su camino» (Lc 4,28-29). Jesús desea hacer en su querido pueblo lo que hace en los demás sitios: va a la sinagoga y al leer el texto que le asignan pronuncia estas palabras: «Hoy se cumple esta Escritura» (Lc 4,21). No le admiten. La envidia, la suspicacia, la desconfianza provocan el rechazo.
Cuando Jesús quiere venir a tu casa y no le miras con los ojos de la fe, del amor, le rechazas. Piensa: ¿lo haces así con el prójimo? ¿Caes en la cuenta de por qué te ocurre esto? «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron» (Jn 1,11). Y nos dice el Evangelio que, con tristeza y herido de dolor, abandonó su tierra y se dirigió a Cafarnaún. Jesús espera ser acogido por ti. Quiere que escuches su mensaje de salvación y liberación.
Hoy, con insistencia, eleva tu oración: Jesús, perdón por las muchas veces que te ves rechazado en mi vida. Quiero oír de ti que vienes a mi vida para curar, sanar, dar vista, dar libertad. No quiero rechazarte nunca. Que te acoja con todo amor en las personas que pongas en mi camino. Madre de la acogida, ayúdame.
12 de febrero La fuerza del Evangelio
Así es como tenemos que proclamar el Evangelio, como Jesús: «Se quedaban asombrados de su enseñanza porque su palabra estaba llena de autoridad» (Lc 4,32). Enseña en las sinagogas, cura enfermedades, libera del demonio a una persona que sufría la esclavitud de un espíritu inmundo, tiene un mensaje y unas palabras nuevas, enseña con autoridad, es el asombro de todos.
Somos responsables de anunciar y testimoniar con nuestra vida el mensaje de Jesús. Somos responsables de mostrarlo con entereza, con alegría, como él, que «enseñaba con autoridad». Nos obliga este texto a preguntarnos: ¿creo vivamente en lo que anuncio? ¿Mi vida ayuda a liberar, sanar y fortalecer al que sufre? ¿Hablo de lo que vivo?
Hoy, más que nunca, se necesita el testimonio de tu vida. Es necesario que vivas el mensaje que anuncias. Eres responsable del Evangelio. Pide una y otra vez al Señor que te ayude a acabar con los espíritus malos en las personas que tratas: la tristeza, la soledad, la falta de fe, la desconfianza, la violencia. Urge la misión, pero tienes mucho que aprender de Jesús. Dirígete a él y aprende la forma de comunicar su mensaje.
Enséñame, Jesús. Ayúdame, María. Necesito fuerza, entusiasmo, alegría y valor para comunicarte y atraer a otros a ti. Necesito curar, liberar... Pero sin tu ayuda no puedo hacer nada. En tus manos pongo mis afanes y la entrega para ser tu testigo.
13 de febrero Una jornada con Jesús
Hoy se nos invita a pasar un día con Jesús. Obsérvale, acompáñale y aprende de él en un día de sábado. Ha estado en la sinagoga, ha curado a un endemoniado, cura a la suegra de Simón: «Al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta... Él, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre y se le pasó» (Lc 4,38-39). Atiende a toda clase de enfermos que le llevan y temprano se va a un lugar solitario a orar con su Padre. Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto (Lc 4,42). Así es la vida diaria de Jesús.
Tenemos que aprender mucho de su vida. Tenemos que observarle, seguirle, escucharle... Ir a Jesús como estos enfermos que le buscaban porque era su consuelo en las penas, porque les enseñaba el lenguaje del amor, porque les aconsejaba, porque palpaban su cariño.
Observa cómo es tu jornada diaria: ¿acudes al encuentro con Dios, curas, liberas? ¿Buscas a Jesús con el mismo afán que estos enfermos que no le dejan? ¿Vives pensando en hacer el bien a todo el que necesite de tu cariño y ayuda? No pases la vida sin escuchar a Jesús. Llena tu vida de servicio, de trato con Dios y de alegría de hacer el bien.
Hoy quiero estar contigo, acompañarte, sentirte, observarte y ver cómo actuabas. Quiero buscarte con el mismo afán que estos enfermos del Evangelio. Necesito que impongas tus manos sobre mi vida. Quiero retirarme en la soledad y pasar ratos contigo pidiéndote fuerza. Deseo imitarte, ser como tú eres y vivir como tú vives.
14 de febrero
«Rema mar adentro»
¡Maravillosa escena! No pierdas ni un detalle. Pedro y Andrés, Santiago y Juan eran ya discípulos de Jesús, pero de forma espontánea y ocasional, y él quiere que su decisión sea firme y definitiva.
«Rema mar adentro» (Lc 5,4), le dice Jesús a Simón, que se decide a ir a pescar. No cogen nada y Simón duda. Jesús le insiste y se llenan las redes de gran cantidad de peces. Ante el asombro de Simón, Jesús pronuncia las palabras más profundas: «Apártate de mí, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8). La reacción de Jesús es sorprendente: «No temas...», le contesta. Y, lo más maravilloso: «Y dejándolo todo, le siguieron». ¡Qué lecciones tiene esta escena!
Jesús hoy te insiste: «Rema mar adentro» (Lc 5,4). Lánzate a la misión. Necesita que te adentres, necesita entrar en tu intimidad y decirte: «No temas. Yo te enseñaré. Yo estaré contigo». ¡De cuántas cosas tendrás que alejarte! ¡Son tantos los ruidos, las prisas que te rodean y envuelven tu vida! Confiado en la palabra de Jesús, podrás echar las redes y bogar mar adentro. Sí, no te canses de remar.
Jesús, ayúdame a «remar mar adentro». Ayúdame a no tener mis redes recogidas e inactivas. Socórreme, que necesito de ti, porque soy un pobre pecador. Te seguiré donde quieras que vaya.
15 de febrero La llamada
Es de admirar la prontitud del seguimiento cuando Jesús les dice: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres» (Mc 1,17) y ellos «inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron» (Mc 1,18). ¡Qué lección tan ejemplar en el seguimiento de Jesús! Dejar todo. Contempla la escena con detenimiento y trasládala a tu vida actual. El Señor nunca se deja vencer en generosidad y a estos hombres les ofrece: «Os haré pescadores de hombres» (Mc 1,1).
Hoy se te invita, a través de esta escena, a que recuerdes tantas llamadas del Señor que inundan tu vida y, entre ellas, alguna que te haya marcado de manera especial. ¿Qué has hecho con esas llamadas? ¿Te das cuenta de las señales de Jesús que marcan tu vida? ¿Eres capaz de comunicar a los demás: «Venid, porque el Señor me ha llamado»? ¿Te sientes llamado a evangelizar? No, no puedes quedarte parado. Tienes que dejar tus redes, tu posición cómoda y responder con rapidez y generosidad. Urge seguir a Jesús y comunicar su Buena Noticia. Deja de una vez las redes que atan tu vida.
Señor, quiero seguirte y estar contigo en mi vida íntima y personal. Quiero seguirte en mi forma de darte a conocer. Ayúdame en mi falta de decisión, mis cobardías, mi forma cómoda de vivir. Confío en ti. Confío en tu Madre y sé que me daréis fuerza para «ser pescador de hombres» y para «darte a conocer». Este es mi único afán: dejar mis redes y seguirte con alegría.
16 de febrero ¡Señor, límpiame!
Estás ante la bellísima oración del leproso que acude a Jesús y le pide, con suma necesidad de curación, que le limpie de su lepra. «Señor, si quieres, puedes limpiarme» (Mt 8,2). Comienza reconociendo que está muy enfermo y en actitud de súplica le dice: «Si quieres, puedes limpiarme» (Mt 8,2). No le dice: «Límpiame», no, sino: «Si quieres». ¡Qué actitud de humildad y de necesidad vital! ¡Qué confianza y seguridad en Jesús! Aprendamos la lección.
Este es el modo de dirigirte al Señor, de reconocer tus debilidades, tus carencias e impotencias. Reflexiona con el leproso: ¿cómo es tu oración de súplica? ¿Reconoces tu miseria, el sentirte muy pobre y necesitar del Señor, de su curación?
Sabes con toda seguridad que si Jesús toca tus lepras, quedarás no solamente limpio, sino muy limpio y sano. Sabes que el corazón de Jesús no puede aguantar ver enfermedades a su alrededor, pero solamente quiere que acudas a él con fe, y oirás: «Quiero, queda limpio» (Mt 8,3).
Pidámosle ante nuestras lepras: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Límpiame, cúrame. ¡Tengo tantas lepras! Sé que todo lo que tocas, lo limpias. Toca mi vida. Toca mi forma de pensar. Toca mi forma de hablar. Toca mi forma de actuar. Dame las mismas disposiciones del leproso: mucha fe, mucha necesidad de curación, mucha seguridad en ti. Madre nuestra, auxilio de pecadores, ayúdame en mi debilidad.
17 de febrero «¡Levántate!»
¡Cuánta bondad destila este texto! Es la plena manifestación del amor y de la misericordia del Padre. En primer lugar, la fe de estos hombres que llevan en la camilla al paralítico y la fe de este hombre que está inválido. «Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa». Se puso en pie y se fue a su casa (Mt 9,6).
¡Cuántas veces necesitas que te liberen de tus camillas, que te hagan caminar, que te hagan vivir! Necesitas oír de Jesús en tu vida: «¡Ánimo, hijo! Tus pecados, tus debilidades están perdonadas» (cf Mt 9,6).
Otra gran lección es el agradecimiento por la seguridad que tienes al experimentar que Jesús siempre, siempre está junto a ti para sacarte de tus situaciones de parálisis. Esta seguridad te genera mucha alegría. Pero, ¿cuáles son tus ataduras que no te dejan caminar? ¿Por qué no acudes con más frecuencia a Jesús? ¿Cómo estás de confianza en Jesús? Contempla desde el corazón de Dios tu vida y todo lo que te paraliza.
Dile con fe: Jesús, aumenta mi fe. Alimenta mi confianza en ti. Haz que sienta el perdón y oiga muchas veces en mi interior: «¡Ánimo, hijo! Tus pecados están perdonados». Que necesite oír tu palabra y tu fuerza sanadora. Necesito tu consolación, tu fuerza y tu palabra de salvación. Que tu Madre acoja mi oración y me ayude en mis parálisis.
18 de febrero «¡Sígueme!»
Hasta ahora Jesús ha llamado a unos hombres normales para seguirle, pero ahora decide llamar a Mateo, un recaudador de impuestos para Roma, y este tipo de personas eran consideradas pecadoras. La voz de Jesús llega a los oídos y al corazón de este publicano, que recibe la invitación de Jesús a seguirle. Y, ¿qué hace Mateo? Se levanta, dejándolo todo, y lo sigue.
Tú también oyes al Señor que te dice: «Sígueme». ¿Serás capaz de hacer lo mismo? Aprende la lección. Cuando Jesús te llama y te muestra el camino, tienes que dejarlo todo y seguirle con alegría, como hizo Mateo.
Esta llamada de Mateo aviva en ti no solo la fe y la confianza en Jesús, sino una enorme misericordia que te llama a emprender una forma de vida distinta a la que llevas para estar a su lado. Ante la lectura de este texto, satúrate de «misericordia» y de amor y aprende de las actitudes de Jesús, que te quiere con él.
Gracias, Señor, por tener tanta misericordia conmigo y llamarme a pesar de verme tan poco digno de seguirte. Gracias por fijarte en mí. Gracias por tu misericordia. Que sepa seguirte con alegría y tenga fortaleza y seguridad para no volver nunca atrás. Madre del «sí», ayúdame a decir «sí» en lo que me pidas. Gracias por la «llamada» y los muchos avisos en mi historia.
19 de febrero Exigencias de la llamada
Realmente seguir, caminar, vivir al lado de Jesús implica mucho. Él es exigente, pero a la vez muy comprensivo en su seguimiento. Así nos lo demuestra con sus discípulos. «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Lc 9,58). Al primero le dice que con él no va a tener todas las comodidades que desea, a otro le exige que lo deje todo y a un tercero lo mismo: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios» (Lc 9,60). Jesús nos exige un seguimiento incondicional. Tendremos muchos obstáculos y dificultades, pero todo lo tenemos que vencer con alegría y fuerza.
Cuando realmente decides seguir la vida con y como Jesús, te tienes que interrogar: ¿qué condiciones pongo al Señor? ¿Qué actitud tengo ante este seguimiento? ¿Sé dejar todo para seguirle incondicionalmente? Mira hacia delante. Renuncia a ti mismo para seguirle. Él te llama y te necesita para la misión. Para que no te cueste tanto la entrega, el mejor camino es que te abandones en sus manos bondadosas y que llenes tu corazón de su ardiente deseo de entregarse por la humanidad.
A ti, Jesús, te repito que me des fuerza para entregarme. Quiero seguirte incondicionalmente, sin poner excusas. Por eso hoy te digo: «Señor, me entrego todo a ti, dispón de mí como tú quieras y para lo que tú quieras». Señor, que tenga el corazón abierto para seguirte y no negar tus llamadas.
20 de febrero El vino nuevo de Jesús
Jesús muestra un mensaje nuevo que debe recogerse en odres nuevos, como él nos dice: «Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan» (Mt 9,17). Por esto nos exige el cambio del hombre viejo al hombre nuevo, con espíritu nuevo que solo cabe en un manto nuevo y en unos odres nuevos. Esta es la novedad del espíritu de Jesús: la libertad de espíritu, la fuerza de comunicar, la alegría de vivir y la comunicación amorosa del mensaje del Reino.
Con este texto se nos llama a la alegría, a no vivir con tristeza y dejadez la vida de Dios, a iluminar nuestra ruta con la antorcha de la fe y de la luz, con el empuje de su gracia. No puedes dar curso a la dejadez, a la apatía, a la tristeza, a la soledad y al cansancio. No. Jesús te ofrece una vida nueva donde reina la alegría de vivir. Considera en ese texto las palabras de Jesús, que quiere que vivas a su estilo con estos ejemplos: la del remiendo en paño nuevo y la del vino en los odres nuevos. Necesitas cambiar y ser paño nuevo y odres nuevos. Pregúntate: ¿qué clase de paño soy? ¿Qué clase de odre soy? ¿Cómo es el hombre que hay en mí, viejo o nuevo?
A la luz de estos ejemplos, suplica a Jesús: Quiero ser persona que vive con un espíritu nuevo y joven, que acoge la luz de tu mensaje, que se llena de la alegría de tu mensaje, Señor. Hazme abierto al Espíritu, que no esté cerrado, opuesto a la novedad de tu mensaje. María, abre mi corazón para que reciba la vida de Dios.
21 de febrero ¿Aún no tienes fe?
Después de un día de faena, los discípulos están con Jesús en la barca. Ha sido un día muy intenso y Jesús está agotado, tanto que se queda dormido en la popa. De pronto, las olas amenazan con hundir la barca y los discípulos increpan a Jesús: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» (Mc 4,38). La reacción de Jesús no se hizo esperar: calma el viento y se hace una gran calma, pero le duele que estando él tengan miedo y duden, y les recrimina: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (Mc 4,40).
Muchas veces tu vida está muy agitada y las olas de la turbación te invaden y amenazan hundirte. Tus temores te hacen perder la fe, sentirte solo, desconfiar de un Dios que te parece que vive dormido en el fondo de tu alma. Son los momentos de prueba, de soledad, de ver todo contradictorio, pero si en tu interior acudes a Dios, le gritas que te hundes, descubrirás que detrás de todo está el Señor salvándote, devolviéndote la calma. Él nunca te abandona, quiere probar tu fe. Él quiere que lo despiertes, que confíes en él. ¿Por qué desconfías? ¿Qué haces en los momentos duros? ¿A quién acudes? Contempla esta maravillosa escena y confía.
Di a Jesús: Gracias, Señor, por fortificar mi fe, por no dejarme hundir en los momentos difíciles de mi vida. Gracias por estar siempre a mi lado. Aumenta, fortifica, llena mi vida de fe en ti, sabiendo con toda certeza que contigo superaré todas las dificultades de mi diario caminar. ¡Auméntame la fe! En ti pongo mi confianza y nunca seré confundido. Madre de la fe, infúndela en mi corazón con fuerza.
22 de febrero El poder del mal
Asistimos a un rechazo de Jesús ante el mal, ante el poder del demonio que se ha adueñado de un pobre hombre de la región de Gerasa. Desde los sepulcros salió un endemoniado a su encuentro (Mt 8,28).
¡Qué reacción tan pobre y temerosa la de estos ciudadanos que temen que la presencia de Jesús les traiga males mayores! Reflexionemos sobre esta escena. También nosotros podemos sufrir esta clase de mal que todo lo destruye. Pero no temamos nunca al maligno. Nunca echemos a Jesús de nuestro lado. Nunca tengamos una actitud de rechazo.
Esta escena te lleva a pensar: ¿qué poderes del mal te dominan? ¡Cuántas veces tu falta de amor y tu falta de confianza han hecho que rechaces la intervención de Jesús, como estos gerasenos! Necesitas continuamente del Señor, no le rechaces. Sal de tus sepulcros y arrójate a sus pies para que te cure y haga salir todo el mal que te domina.
No dejes de suplicarle con mucha fe: ¡Señor, no te alejes de mí! Te necesito porque sin ti me lleno del mal, pierdo la fe y la esperanza. Quédate conmigo. Que nunca desconfíe de ti y del maligno enemigo, defiéndeme. Dame la seguridad que necesito para experimentar que tú siempre me liberas. Madre del Perpetuo Socorro, no me abandones.
23 de febrero «¿Quieres quedar sano?»
Nos impresiona cómo descubre Jesús entre tanta multitud a un enfermo abandonado. Al verlo, sabiendo que ya llevaba mucho tiempo enfermo, le dice: «¿Quieres quedar sano?». El enfermo le contesta: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar» (Jn 5,5-8). Así es Jesús. Su mirada se fija en los más necesitados, en los que nadie quiere, en los más pobres.
Las lecciones de este texto son sorprendentes y te hacen pensar en tantas veces que no echas una mano ni ayudas a quien está necesitado.
Observa el deseo de Jesús de estar siempre atento a solucionar tus problemas. Admira la fe de ese hombre. Una vez curado, Jesús le advierte: «No vuelvas a pecar». Cuando te sientes curado, te obligas a cambiar de vida, a convertirte y a no echar en el olvido tus fracasos, para no volver a reincidir en ellos.
Y ahora reflexiona: ¿sientes la necesidad de ser sanado por Jesús? ¿Qué haces ante el sufrimiento y las necesidades de los demás?
Señor, siento necesidad de ti. Necesito vivir cerca de ti. Cuántas veces me dirijo a ti para decirte: «¡Señor, no tengo a nadie que me indique el camino del bien! ¡Cúrame! ¡Échame una mano para entrar en la piscina de tu amor!». Acudiré a ti de una manera especial ante mis enfermedades, que no me dejan avanzar. Madre de la Salud, ayúdame.
24 de febrero Deseo de misericordia
«Jesús atravesó en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas» (Mt 12,1). Una acción inocente de sus discípulos, como es comer espigas cuando tenían hambre, es mal vista y escandaliza a los fariseos, estrictos cumplidores de la ley. El espíritu y no la letra es lo que nos santifica y agrada a Dios. Jesús libera a su pueblo de la eterna cuestión del sábado. El amor, la misericordia están por encima de cualquier precepto tan sagrado para la normativa de su tiempo. «Misericordia quiero y no sacrificios» (Mt 12,7).
Y ahora piensa en tu propia vida. ¡Cuántas faltas de amor, comprensión y misericordia para los demás! Juzgas y encorsetas en la letra de la normativa lo que ves. Dios te quiere con espíritu libre, pero siempre con un corazón lleno de amor. Lo que agrada a Dios es que pongas en primer lugar el servicio a los demás, antes que el culto y los mandatos de la ley. ¿Entiendes la lección que te da Jesús en este episodio hoy?
Hoy pide a Jesús ver la vida y a las personas con ojos de misericordia: Sé, Jesús, que siempre prefieres que lleve una vida de misericordia, una vida abierta al amor, abierta a la esperanza, más que una vida ceñida a la normativa legal. Sí, Señor, lo sé, por eso te pido que no pase de largo ante las necesidades de mis hermanos. Te pido no enjuiciar sus acciones desde la ley, sino desde el amor y la misericordia. Ayúdame a vivir de este modo. Madre de misericordia, ruega por nosotros.
25 de febrero ¿Hacer el bien o hacer el mal?
Tenemos a la vista otra escena en la que a Jesús lo que le importa es hacer el bien por encima del sábado.
Al contemplar este relato, nos sorprende el dolor de Jesús manifestado en la mirada de ira. Los fariseos no entienden la enseñanza del sábado que continuamente les da Jesús. «Entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano paralizada (...). “¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?” (...). Echando en torno una mirada de ira, y dolido de la dureza de su corazón, dice al hombre: “Extiende la mano”. La extendió y su mano quedó restablecida» (Mc 3,3.4).
Y piensa: si Jesús miró con ira a estos fariseos, que en vez de compadecerse del mal y de las enfermedades que ven, endurecen su corazón, ¿cómo te mirará cuando muchísimas veces conviertes el Evangelio en actos superficiales? ¿Qué dolor le producirás al verte pasar con indiferencia ante el hermano necesitado? Hay ciertas cosas que no puede soportar el corazón de Jesús: una de ellas es la dureza de corazón.
Reflexiona: tus reacciones tienen que cambiar. Debes imitar las actitudes de Jesús ante las diferentes situaciones en las que se enfrenta ante la ley, ante la enfermedad, ante la dureza de corazón. Debes ser una persona llena de amor a Dios y siempre disponible en el servicio a tus hermanos.
Jesús, sé que sentirás pena al ver mis acciones, sí, muy legalistas, pero poco llenas de amor hacia los demás. Hoy te presento mi corazón duro, frío, rebelde e insensible, para que tú lo cambies y lo llenes de comprensión y amor. Que no sea causa de tu mirada dura hacia mí. María, nuestra madre, ayúdame a cambiar mi corazón y hazlo como el de tu Hijo, Jesús. En ti confío.
26 de febrero La plegaria de petición
Una escena preciosa para leerla y releerla con mucho amor y desde Jesús. Cuando Jesús va a resucitar a la hija de Jairo, se cruza esta mujer, la hemorroísa, que estaba enferma desde hacía doce años, gastando mucho en toda clase de médicos. ¡Qué ejemplo de fe! ¡Y qué ejemplo de valentía y de acercamiento a Jesús! Le toca el manto. Esta mujer nos hace pensar que, realmente, cuando nos vemos en el límite, tenemos que actuar como ella. ¿Seremos capaces de tocar, buscar a Jesús para que nos cure? Oigamos lo que dice Jesús a esta temblorosa mujer que se postra a sus pies: «¿Quién me ha tocado el manto? (...). Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad» (Mc 5,30.34). ¿Cómo es tu fe? Necesitamos la de esta mujer. Necesitas arrojarte con humildad a los pies de Jesús.
Es el momento de ejercitar la petición de súplica: Jesús, dame la fe de la hemorroísa. Dame la valentía que necesito para acercarme a ti. Te pido que mi fe no sea cerebral sino comprometida. Ayúdame a ir junto a ti para curarme de las muchas enfermedades y debilidades que inundan mi vida. Madre, ayuda mi débil fe. Quiero ser como la hemorroísa y acudir a tu Hijo en todas mis flaquezas.
27 de febrero Seguridad de curación
Nos impresiona la actitud orante de Jairo y la bondad compasiva de Jesús. Una escena realmente preciosa. Jesús manifiesta su poder ante la misma muerte y actúa con rapidez cuando ve a este jefe de la sinagoga, Jairo, con mucha fe y necesidad de ayuda: «Mi hija está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella para que se cure y viva» (Mc 5,23).
Vemos a Jairo que manifiesta las actitudes necesarias para la oración: 1. Ora con humildad: «Se arrojó a sus pies» (Mc 5,22). 2. Ora con perseverancia: «Le rogaba con insistencia» (Mc 5,23); y 3. Ora con fe en el poder de Jesús: «Ven, impón las manos sobre ella» (Mc 5,23). Pero vemos que su oración no es del todo perfecta, y Jesús le confirma en su fe: «No temas, basta que tengas fe» (Mc 5,35).
Muchas veces te tiene que ayudar el Señor a tener fe, porque estás dudoso. ¿Sabrás rogar a Jesús una y otra vez como lo hacía Jairo? Aprende de este relato y admira la fe de este hombre que se olvida de su dignidad y se arrodilla delante del Señor. En las circunstancias difíciles, cuando todo se te va de las manos, no tengas miedo y acude al Señor. Él está siempre a tu lado. ¿Por qué temer?
Señor, no quiero que mi fe esté inactiva y muerta. Quiero creer en tu poder. Quiero oír en mi vida: «Levántate» y «cambia de vida, de costumbres, de forma de actuar». En ti espero para caminar junto a ti y volver a la verdadera vida. Gracias, Señor.
28 de febrero Tus cegueras
Probablemente a nosotros nos pasa lo que a estos dos ciegos. Piden su curación a Jesús y le siguen insistentemente con su petición. «Cuando salía de allí, dos ciegos lo seguían gritando: “Ten compasión de nosotros, hijo de David”» (Mt 9,27). Necesitan ver y confían en que Jesús les puede dar la vista. Tienes que caminar junto a Jesús como estos dos ciegos. Déjate tocar en tu vista por Jesús. Él tocará tus ojos ciegos y te ayudará para tener otra visión de la vida, de las personas, de los acontecimientos.
¿Sientes necesidad de que Jesús imponga sus manos sobre tus ojos? ¿Le gritas una y otra vez que tenga compasión de ti? ¿Crees en su poder curativo y liberador? Acude a Jesús. Grítale. Síguele. Te devolverá la vista y la salud.
Jesús te quiere con una fe fuerte, segura, pronta y sin miedos. Quiere oír de ti las grandes necesidades que tienes y que acudas a él sin dudar, con necesidad, con pobreza, con la espera de que solo él te puede sanar. Que en tus oraciones descubras al dueño del verdadero sentido de la vida y, con fe, te dejes curar e imponer las manos sobre tus cegueras.
Quiero esforzarme en conseguir las condiciones que necesito para ver, pero requiero, Señor, tu ayuda. Que descubra los secretos de la luz. Abre mis ojos para verte en todo: personas, acontecimientos... Y que así descubra tu Espíritu. Limpia mis ojos. A ti, Madre del amor, acudo para que me devuelvas la vista y descubra el amor de tu Hijo, que siempre está atento a mis cegueras.
Marzo
1 de marzo No juzgar
Así es la vida de Jesús. La gente, admirada, decía: «Nunca se ha visto cosa igual» (Mt 9,32). En cambio, los fariseos decían: «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios» (Mt 9,34).
Se te presenta Jesús actuando ante un demonio mudo. Te hace pensar y aplicar esto a tu vida. Muchas veces estás oprimido y mudo para comunicar el mensaje de Jesús. Te dominan muchos obstáculos y tienes que ponerte en manos de Jesús. Te da vergüenza testimoniar a Jesús, tienes muchos prejuicios, suspicacias, recelos. ¿Es así tu cristianismo? ¿Tiene tu forma de pensar esta doble cara de la gente y de los fariseos? ¿Cuáles son tus formas mudas de anunciar el reino de Dios? ¿Juzgas y condenas sin saber ver lo bueno de los demás? Ten mucho cuidado con el demonio mudo que se puede infiltrar solapadamente en tu vida. Abre tu interior para que realmente entre Jesús en tu vida.
Te tienes que plantear tu forma de pensar ante los demás. Acepta el pluralismo de ideas y que en tu corazón no anide más que el saber aceptar, disculpar y amar. Suplica, pide, insiste al Señor: Señor, libera de mi interior el demonio mudo que domina muchas veces mis acciones. Que sepa juzgar con amor a los demás. Que sepa valorar sus acciones y me llene de la bondad de tu corazón. A tu Madre confío mi vida, mi forma de actuar y mi forma de pensar. Solo ella me ayudará a acudir a ti para que me liberes del mal.
2 de marzo Hacer el bien
La fama de Jesús se extiende. Él fue curando a todos mandándoles que no le descubrieran (Mt 12,15). Sus curaciones, sus milagros, hacen que las multitudes le sigan por todas las partes. A los dirigentes civiles y religiosos esto les hace entrar en conflicto y quieren que desaparezca, así que deciden acabar con él: «Al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús» (Mt 12,14).
Si pasas estas reacciones a tu vida, puedes sentirte identificado ante las distintas reacciones de quienes ves que hacen el bien. Te molestan, desean quitar importancia a tus hechos. Otras veces te verás como en este relato: quieres admirar a estas personas que pasan sin dejarse notar pero que dejan un rastro inconfundible e imitable. ¡Cuántas personas pasan por tu vida con una huella ejemplar! ¡Pero cuántas veces apagas la luz de los que brillan a tu lado! Sé como esas gentes humildes y sencillas. Admira la reacción de Jesús. Sigue su camino curando, enseñando, dando misericordia... ¿Cómo son tus reacciones? ¿A quién valoras? ¿A quién desprecias? Reflexiona y comprueba las reacciones que salen de tu interior.
Cambia mi corazón, Señor, para que mis reacciones sean como las tuyas. Que haga el bien sin hacerme notar. Te lo pido con toda fe. Y a María le insisto que me ayude a tener un buen corazón y que sepa valorar las acciones de Jesús en mí.
3 de marzo El Señor te llama
Tienes a la vista un magnífico ejemplo a seguir: Jesús «llamó a sus discípulos, escogió entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro; su hermano Andrés, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo»... (Lc 6,12-14). ¿Y qué hace? Se retira y pasa toda la noche orando y dejándose orientar por su Padre. Este es el ejemplo a seguir. Ante cualquier momento importante o ante cualquier dificultad, hay que pedir ayuda al Señor.
Una vez que ha consultado a su Padre, ya de mañana selecciona a sus discípulos y escoge a los que quiere, los llama por su nombre para que le acompañen, aprendan su vida y sean sus compañeros. Son personas muy sencillas. Ellos serán los ejes de la nueva comunidad. También nombra a Pedro como cabeza del grupo.
El Señor también te llama hoy a una nueva vida. Te mira y te dice: «Sígueme». Sé valiente y ve con él. Nunca te decepciona. Pero, ¿qué has hecho con la llamada de Jesús a la santidad? ¿Qué haces con la vocación de ser testigo? ¿Cómo la cuidas? ¿Agradeces que Jesús se haya fijado en ti para estar con él y seguirle? Escúchale en tu corazón y déjate alcanzar por su mirada. Dale gracias y pide ayuda para no defraudar la llamada que te ha hecho con tanto amor.
Gracias, Jesús, por fijarte en mí y seleccionarme para la misión de curar, dar paz y amor en este mundo. Que no te defraude y tenga oídos sordos para lo que tú quieres de mí. Ayúdame a cuidar mi llamada.
4 de marzo El programa de vida
¡Magnífica carta magna la que te deja Jesús! Hoy le ves rodeado de mucha gente y de sus ya seleccionados discípulos en el monte, pronunciando su programa de vida: bienaventurados, felices, dichosos. ¿Quiénes son a los que da la seguridad de ser felices? A los que eligen ser pobres: «Bienaventurados los pobres de espíritu» (Mt 5,1), porque su verdadera riqueza es heredar el reino de Dios y porque es la señal de ser hijos de Dios. Son felices los que llevan el sufrimiento sabiendo que el único consuelo es aceptar la voluntad del Padre. «Bienaventurados los afligidos...» (Mt 5,5). Son felices los que no son violentos, porque el reino de Dios es paz, amor y alegría. «Bienaventurados los no violentos...» (Mt 5,9). Son felices los que tienen siempre sed de hacer el bien. Este es el verdadero camino que nos dará la felicidad.
Vive los valores del Reino. Dichoso serás si llevas a la práctica el camino de la humildad, de la mansedumbre, de la justicia, de saber aceptar los males que te invaden cada día. Trabaja por una vida llena de entrega, una vida que merezca la pena. Y ahora, ¿haces vida el mensaje de la felicidad de Jesús? Escucha a Jesús en el fondo de tu corazón y suplícale: Como tus discípulos y la muchedumbre que te rodeaba, quiero escuchar tu mensaje de felicidad. Hazme dócil y abierto al camino que me conduce a la felicidad. Dame la mansedumbre, la docilidad, el hacer siempre el bien. Madre nuestra, acompáñame en este camino y hazme muy feliz.
5 de marzo ¿En qué consiste la felicidad?
Aquí ves a Jesús en el monte, rodeado de sus discípulos y de la muchedumbre, dándote el camino de la felicidad.
No puede seguir en su proyecto sin explicar el camino feliz que conduce a su Padre. Cada bienaventuranza es un camino a seguir. Los que practican la misericordia, los que tienen un corazón bueno, limpio, alcanzarán la misericordia y verán a Dios (cf Mt 5,8). Jesús te propone el ejemplo de santidad y de felicidad. ¿Quiénes son? Los que viven limpios de todo lo negativo y llevan una vida sin doblez, los que donde estén luchan por la paz y la concordia, los que siempre están ofertando ayuda a los demás y son compasivos. Estas son las siete fuentes de donde brota la felicidad.
Realmente es para pensar: ¿crees que estas normas de vida están dirigidas a ti personalmente? ¿Eres misericordioso, limpio de corazón, pacífico, luchador por la paz, por la concordia, alegre? ¿Qué tienes que cambiar en tu vida para seguir a Jesús? Acude una vez más a la verdadera fuente de la felicidad.
Señor Jesús, dame fuerza para comprender tu camino. Ayúdame a no contentarme con vivir de una manera fría tus normas de vida. Que sepa agradecer tu carta magna. Que el espíritu de las bienaventuranzas ilumine y conduzca mi vida. Virgen y madre, en tu Magníficat me dejaste claro este camino. Que sepa entonar en mi vida muchas veces tu Magníficat de humildad, limpieza y misericordia. No me dejes de tu mano.
6 de marzo Los ayes de Jesús
¡Qué triste es oír los «ayes» de Jesús! Asiste hoy a las quejas dolorosas de Jesús que, rodeado de sus discípulos, predice las malaventuranzas con sus famosos y dolorosos «ayes». «¡Ay de vosotros, los ricos...! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados...! ¡Ay de los que ahora reís...! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros!» (Lc 6,24-26). Jesús se lamenta porque buscas la felicidad inmediata y olvidas lo que él valora. Él llama «felices y dichosos» a cuatro clases de personas: los pobres, los que pasan hambre, los que lloran y los que son perseguidos por causa de la fe; y se lamenta y dedica sus «ayes» a cuatro clases de personas: los ricos, los que están saciados, los que ríen y los que son ensalzados por el mundo. ¡Qué diferentes son nuestros valores y conceptos! Y tú, ¿dónde pones tu felicidad?
¡Cuántas veces llegas incluso a confundir la felicidad con el bienestar! Sin embargo, piensa que tus insatisfacciones se deben a tus vacíos y a tu falta de motivos para trabajar, luchar, gozar, sufrir y esperar. Hay poca gente feliz. Así no podemos ser felices. ¿Jesús tendrá que pronunciar sobre tu vida sus dolorosos «ayes»? ¿Te has planteado por qué no eres feliz? Piensa y reflexiona: Sé, Señor que tu camino es un camino distinto a mi forma de pensar y actuar y que la felicidad es otra. Ayúdame a buscar el verdadero mensaje que me llega de ti. Que sepa vaciarme para llenarme de tu riqueza. Que no tengas que quejarte y pronunciar tus «ayes» sobre mi vida con mi forma de actuar.
7 de marzo Ser sal y ser luz
Hoy estás ante la llamada de Jesús en el famoso Sermón de la Montaña. Después de pronunciar sus buenas y malas bienaventuranzas Jesús, viendo a sus recién estrenados discípulos, les dice cómo han de ser con los que les rodean. «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? (...). Vosotros sois la luz del mundo (...). Brille así vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,13-16). La vida de cualquier seguidor de Jesús tiene que dar sabor de eternidad, tiene que iluminar. Él los ha elegido para ser lumbreras que iluminan y liberan de la oscuridad.
También a ti te ha elegido para ser su imitador y seguidor. Tienes que iluminar, sea como sea. Tienes que ser signo para cuantos te vean y así, con tu vida, convencer de la realidad del Evangelio. Reflexionemos: ¿eres luz u oscuridad para los demás? ¿Qué clase de luz desprendes? ¿Eres la sal de la alegría, de la fe, de la acogida, de la misericordia para los demás? Cuestiónate tu forma de vida con exigencia para ayudar y favorecer a los demás. Sé signo del Evangelio vivido con todas las consecuencias.
Te pido, Señor, con insistencia que sea antorcha que irradia luz y ejemplo para quien me vea. Señor, quiero ser tu luz y tu sal que dan fuerza al existir. Quiero ser claridad y no oscuridad. Quiero ser cauce de amor y misericordia. Que mi testimonio lleve a quien me trate a vivir la alegría de tu Evangelio.
8 de marzo Cumple las normas con amor
Comprende hoy cómo Jesús instaura un orden nuevo sin quitar nada de la Ley. Él viene a darle plenitud, perfeccionamiento: otro sentido. Viene a llenarla de espíritu que le da vida, porque la letra sin amor es letra muerta. Pero, ¿qué perfeccionó Jesús? Muchos preceptos morales que agobiaban y no tenían sentido, muchos rituales y ceremonias que quedaron superados con su vida. Te enseña a vivir todas las normas y las leyes desde el amor. Pero Jesús es el primero que quiere cumplir con todo lo que su Padre le manifiesta: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud (...). Antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse la última letra o tilde de la Ley...» (cf Mt 5,17-19).
Dedícate un momento a considerar cómo vives todas las normas de vida cristiana y vida interior. ¿Pones amor en ellas? ¿Las ves como un mero cumplimiento? ¡Cuántas veces te dejas llevar por la rutina, el formalismo, y haces de tu religiosidad unas normas sin vida y sin espíritu! Este formalismo Jesús lo condena fuertemente. Jesús poco a poco va planteando el nuevo estilo de vida. Acógelo con cariño.
Permíteme, Señor, comprender que mi fidelidad a ti consiste en vivir con amor todo lo que hago. Que no me deje invadir por el conformismo, la rutina y la superficialidad. María, madre del «sí», ayúdame a ser dócil, a vivir con alegría y espíritu todo lo que me acerque más al corazón de tu Hijo.
9 de marzo Perdona siempre
¡Qué bien te sientes cuando no tienes nada contra nadie y tu corazón está en paz! Otra lección de vida te da Jesús hoy. Ahora se te dice que no te enojes con tus hermanos y que les pidas perdón antes de acercarte al altar. Jesús no solo prohíbe el «no matarás», sino también la ira, el insulto a cualquier persona, ya que es tu hermano y pertenece a la misma familia de Dios: «Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado (...). Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano» (cf Mt 5,21-26). Jesús quiere que vivas una vida con amor. Desea que tu convivencia sea pacífica y llena de comprensión ante cualquier fallo de tus hermanos.
Jesús muchas veces te preguntará: ¿cómo es tu relación con tus hermanos? ¿Cómo es tu convivencia? ¿Revisas con frecuencia el amor que domina en tus actos, palabras y formas de pensar? ¿Revisas tu amor como nos dice san Pablo en la Carta a los corintios, capítulo 13, donde se te dice cómo es el amor?
Sé, Jesús, que en el amor eres muy exigente. Dame paciencia, amor en mis palabras y hechos ante las diferencias de mis hermanos. Dame fuerza para revisar cada día el amor que conduce mis actos. Madre del amor, ayúdame en el trabajo de amar.
10 de marzo Quita lo que te estorba
«Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo (...). Si tu mano derecha te induce a pecar, cortártela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ser echado entero en el fuego» (Mt 5,27-30).
Este es el mandato que Jesús te da hoy: no solo basta que evites el pecado, es necesario que quites todo lo que te induzca a pecar. Esta es la radicalidad del Evangelio. No te valen las medias tintas. A Jesús se le sigue por completo y ante todo limpio de corazón.
¿Cuáles son tus ocasiones de pecado? ¿Qué tienes que cortar y tirar de tu vida? ¿Qué es lo que no es digno del amor de Dios? Necesitas limpiar tu existencia. Necesitas que Jesús corte y pode todo lo que no sea de su puro amor. Necesitas mirarte por dentro y advertir lo que molesta a los ojos del Señor. Necesitas ser transparente y no cubrir tu vida de falsedad y engaños.
Limpia, Señor, mi vida. Corta y tira lo que te estorba de ella. Purifica mi corazón para que no pueda enturbiarse con todo lo que no te agrada. Ayúdame a esforzarme por examinarme, corregirme y limpiar todas las estancias de mi interior. Que sepa cortar desde el inicio la raíz de todo lo que estorba. Dame perseverancia para seguirte con radicalidad cada día. Ayúdame a rechazar todo lo que te estorbe. A tu Madre confío este trabajo de limpiarme por dentro y por fuera, como buena madre.
11 de marzo No jures en falso
Jesús está en su llamado Sermón de la Montaña depurando las normas, ya que en su tiempo se abusaba de muchos y falsos juramentos, y cuando no se atrevían a jurar en nombre de Dios, lo hacían en nombre de la tierra o del cielo o del templo de Jerusalén. «Pero yo os digo que no juréis en absoluto, ni por el cielo, ni por la tierra (...). Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Mal» (cf Mt 5,34-37).
Jesús quiere que tu hablar sea con sencillez y con fidelidad; no hace falta andar con rodeos, ni con juramentos, ni con suspicacias. Ese hablar es una falta de amor. Tu hablar tiene que hundir sus raíces en la sinceridad, fidelidad y lealtad hacia los que te rodean. A Dios no le gustan ni las dobleces ni hablar por delante una cosa y otra por detrás. Esto lo recrimina el Señor.
¿Eres noble y limpio en tus relaciones? ¿Guardas la lealtad ante los demás? ¿Ayudas con tu ejemplo a hablar con dignidad y sin fingimientos?
No pases hoy sin darle gracias porque te enseña formas que van purificando tu caminar: Gracias, Señor, por avisarme y educarme en el bien hablar y obrar. Que hable con el corazón, que mi corazón sea sincero y así pueda hablar desde la verdad. Quiero ser sincero contigo. Tú sabes todo. Tú conoces mi pensar y mi actuar. Tú eres mi Maestro de vida. Gracias, Señor. Gracias, Madre nuestra.
12 de marzo Devuelve el bien al que te hace daño
Hoy Jesús te pone a la vista las formas de amar al que te hace daño y es tu contrario: «Habéis oído: “Ojo por ojo. Diente por diente”. Pero yo os digo: “No hagáis frente al que os ofende. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra... No lo rehúyas”» (cf Mt 5,38-42). La Ley del Talión era una ley romana en la que se castigaba con el mismo daño que te hiciera el otro. Era una ley que apoyaba la justicia y no la misericordia. Jesús vino a proclamar que lo primero es la misericordia.
Como cristiano y seguidor de Jesús no te es permitido devolver mal por mal; no puedes hacer daño a nadie, aunque te lo haga. Tienes que oponer el bien al mal. El cristiano nunca es violento, sino caritativo y paciente. Para el odio y la violencia la única respuesta es el amor. Tienes que amar a tus enemigos, aunque te sea muy difícil.
Hoy declara: no a la violencia, no a devolver mal por mal. Sí a amar al hermano difícil, sí a derrochar siempre el bien, sí a la paz y a la justicia. Si tienes buen corazón, tu actuar será bueno. Si imitas y practicas lo que te dice Jesús, siempre devolverás bien por mal.
Ante tus palabras, Señor, que muchas veces me resultan muy difíciles de cumplir, te quiero imitar y te pido fuerza para no responder sin pensar en el mal que hago al hermano que me ha hecho daño con sus formas de hablar o actuar. Dame las verdaderas actitudes de un cristiano, que son el perdón y la generosidad. Que mi lema sea devolver siempre bien por mal. A ti te lo pedimos, María.
13 de marzo Reza por el que te hace mal
Agradece a Jesús que continúa especificando todo lo relativo al amor de nuestros enemigos. Se dirige a su gente, tan sencilla y tan hambrienta de oír este lenguaje liberador. «Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial» (Mt 5,44). ¡Qué excelente lección! Amar al prójimo que no te aprecia y mucho más: rezar, pedir por él, rezar por los que te persiguen, por los que te calumnian.
Tienes que trabajar tu corazón para que en él nazca el amor, el perdón a tus enemigos. Pero piensa: ¿quién es enemigo para ti? Todo el que te desprecia, te critica. A este es a quien tienes que amar y por él debes rezar.
Esta es la norma de perfección que nos reclama Jesús. Nos exige vivir su vida, imitarle en todo, ser portadores de paz y bondad con nuestros semejantes. Examina tu vida personal. ¿Quiénes son para ti enemigos? ¿Cómo te comportas con ellos? ¿Sabes amarlos con un corazón lleno de comprensión y compasión? ¿Rezas por ellos? No pierdas este mensaje de Jesús tan práctico y necesario en tu vida diaria.
Tú me dices, Señor, que ame y rece por nuestros enemigos o por las personas que no nos caen bien. Así lo haré. Pero a la vez te pido con insistencia tener un corazón bueno, ser mejor, ser más perfecto, como tú quieres. Amar y siempre amar. Esta será mi meta y mi forma de actuar. Ayúdame, Madre del amor y de la misericordia.
14 de marzo Haz el bien
Así quiere Jesús que sea tu obrar: «Por tanto, cuando des limosna... Cuando oréis, no seáis como los hipócritas... Cuando recéis, no uséis muchas palabras... Cuando ayunéis, no pongáis cara triste como los hipócritas» (cf Mt 6,1-8.16).
Aprende hoy las lecciones de este magnífico texto donde se te indica el buen hacer no para que se te recompense, sino para que Dios, nuestro Padre, vea el amor que pones al realizarlo. La limosna, la oración y el ayuno son las obligaciones principales de los judíos, pero esta piedad estaba llena de hipocresía, era un obrar para ser vistos, un obrar exterior sin una recta actitud interior.
Debes hacer el bien no para ser visto por Dios, no para anunciarte como fiel y piadoso a los ojos de los demás. Esta es la hipocresía. No, no. Debes ser auténtico. Tus obras deben ser testimonio viviente del Señor. Deben contagiar que están llenas de él sin querer más que agradarle. Y «tu Padre, que ve en lo secreto, nos recompensará» (Mt 6,6).
Reflexiona: ¿qué obras de piedad haces? ¿Con qué intención las haces? ¿Buscas satisfacerte, quedarte tranquilo por cumplirlas o por el contrario solamente quieres alabar y agradar al Señor?
Señor, te pido que nunca busque recompensa en lo que te haga a ti y a los demás. Que solamente me mueva agradarte. Que no haga todo para que me lo reconozcan. Que haga el bien sin notar, con todo amor. Gracias, Señor, por tu enseñanza. Gracias, Madre.
15 de marzo ¡Señor, enséñanos a orar!
Jesús te ha dejado esta maravillosa oración para dirigirte a su Padre: «Vosotros orad así: Padre nuestro, que estás en el cielo... Santificado sea tu nombre... Venga a nosotros tu Reino...» (cf Mt 6,9-13). Detente a reflexionar cada petición.
Padre nuestro. Es la mejor expresión de un hijo llamar a Dios «Padre» y «nuestro», no mío, porque todos somos hijos y además hermanos.
Que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Y porque este Padre no es un padre terreno, sino que sobrepasa lo humano; está donde no hay odio y todo es amor.
Venga a nosotros tu Reino y hágase tu voluntad. Es la mejor petición de deseo que puedes hacer, que venga el Reino del amor, la justicia y la paz. Que sepa vivir en la aceptación de tu voluntad.
Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas. Sí, porque estás lleno de necesidades vitales, pero también necesitas el Pan de la fuerza, el Pan de la Eucaristía.
No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Eres muy débil, vacilas. Tienes toda clase de tentaciones; por esto necesitas pedir: líbrame del mal que me acecha.
Repite muy despacio y con mucho amor: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Que venga a mí tu Reino. Que se haga tu voluntad... Dame hoy nuestro pan. Perdona mis ofensas, como también perdono a los que me ofenden. No me dejes caer en tentación y líbrame del mal. Amén. Así sea.
16 de marzo ¿Dónde está tu verdadero tesoro?
Sigue muy atento los consejos que Jesús te da acerca de las riquezas de la tierra: «No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen... Haced tesoros en el cielo... Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón» (cf Mt 6,19-21). Te dice que los tesoros de la tierra perecen. No así los tesoros del reino de Dios; en esos no entra la destrucción.
Y te preguntarás: ¿cuáles son los tesoros del cielo y los tesoros de la tierra? Los del cielo son imperecederos: la experiencia del amor de Dios, las buenas obras, la oración, el servicio y la caridad hacia los demás... Y los de la tierra sí que terminan y perecen, como el dinero, la fama, las posesiones.
¿Dónde está tu verdadero tesoro? ¿En dónde pones el corazón?
Debes dar a lo material la importancia debida sin caer en los excesos. No te dejes entibiar por las preocupaciones terrenas que te llevan a perder la confianza y el apoyo de Dios. La mayor miseria del hombre es reducir el corazón a cosas materiales. No lo olvides. Pon tu corazón en Dios como tu mejor tesoro.
Señor, mi riqueza imperecedera eres tú. Mi riqueza es tu mensaje lleno de valores que nunca fenecen. Dame fuerza para poner mi corazón en ellos. Que mi vida responda a una persona que cimenta su vida en el corazón de Dios como su mejor tesoro.
17 de marzo Mira con la mirada de Dios
Magnífica imagen que Jesús te da hoy. Si tu mirada es limpia, todo lo veremos con este cristal que lo miramos, todo será bondad y comprensión: «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz, pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras» (cf Mt 6,22-23).
Hoy Jesús te aconseja que mires cómo están tus ojos y si tu vista es buena; si es así captarás lo que te rodea con una mirada buena, gozarás de la belleza que te brinda el amor de Dios. Si por el contrario tu vista es deficiente, turbia, enferma y mala, todo lo que verás será superficial, distorsionado, no reconocerás la bondad de las personas que te rodean, serás incapaz de captar la luz y vivirás en la oscuridad.
Pero, ¿cómo mantener tus ojos sanos y limpios? Cuidando lo que ves, no fijando la vista en lo que no es bueno, digno de Dios. Cuida tu mirada, limpia tus cristales y reflexiona qué es lo que te hace estar en la oscuridad y no ver la luz de Dios. Más que nunca debes gritar al Señor: «Necesito que tú limpies mi mirada y mi forma de ver la vida».
Más que nunca necesitas en tu vida tener una mirada buena, serena, bondadosa y limpia. El mal nos abruma y te dejas invadir por él. Solo tú, Señor, puedes poner sobre mis ojos unos cristales nuevos con los que admire tu amor y descubra la bondad que hay en el fondo de cada persona. «Señor, que vea». Madre nuestra, limpia mi forma de ver la vida y a las personas.
18 de marzo No a la doble vida
¡Qué tajante se muestra hoy Jesús! Nos dice: «Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (cf Mt 6,24).
Jesús emplea la palabra «servir», que en el fondo es estar bajo el dominio de un señor; y para que lo entiendas te pone el ejemplo de los dos señores que dominan al ser humano: el dios del dinero y el Dios del amor. Pero piensa: no puedes llevar una doble vida, una vida entregada al Evangelio y otra entregada a tus caprichos y comodidades.
La lectura reposada de este texto te hace considerar qué clase de vida llevas. ¿A quién sirves, a Dios o a tu plan de vivir como quieres? Debes dar una respuesta sin ambigüedades.
Piensa: ¿qué lugar ocupan las cosas materiales en tu vida? ¿Cuáles son tus dualidades? ¿Dónde está Jesús en tu vida? No, no puedes tener el corazón en dos dioses. Tienes que centrarte y dejar que te domine Dios. Esto es lo central.
Necesitamos pedir: Señor, ayúdame a descubrir todo lo que me aparte de ti. Que no juegue a tener doble vida. Mira mi vida y dime qué es lo que me aleja de ti y de tu Evangelio. Madre nuestra, ayúdanos en este camino de purificación.
19 de marzo ¿Por qué agobiarte?
¡Bendita la llamada a la tranquilidad que Jesús te da hoy! «No andéis agobiados... Buscad el reino de Dios... No os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia» (cf Mt 6,25-34).
Hoy Jesús quiere que sepas vivir tranquilo confiando en su providencia. Sí, porque vives pensando cuál será tu futuro, cómo será tu vida, y Jesús te quiere liberar de estos miedos y desconfianzas. Hoy te dice con enorme amor que por muy oscura que parezcan las situaciones de tu existencia, si él tiene cuidado de los lirios del campo, del alimento de los pájaros, ¿cuánto más tendrá cuidado de ti, que eres su hijo querido?
No te agobies. En los momentos duros pide al Señor una respuesta a lo que te está pasando. Muchas veces no la oyes y piensas: ¿y por qué me pasa esto? Quiero las soluciones a mi medida y los pensamientos de Dios son otros. ¿Confías en la mano amorosa de Dios que te cuida? ¿Ves la voluntad de Dios en lo que te ocurre?
Hoy tienes la oportunidad de entregarle al Señor todo lo que te preocupa. «Venid a mí todos los que estáis cansados, que yo os aliviaré» (cf Mt 11,18). Él jamás te abandonará. Aprende a dejar cada día las cargas a sus pies.
¡Señor, aumenta mi fe! En tus manos dejo mi existir. Me abandono a tu corazón. «En ti he puesto mi confianza y nunca jamás seré abandonado». Gracias, ¡Señor!, por cuidarme y amarme tanto.
20 de marzo No al juicio. No a la crítica
Hoy tienes delante la gran lección práctica en el trato con el otro: no juzgar, no condenar al hermano: «No juzguéis y no seréis juzgados. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?» (cf Mt 7,1-5). ¡Qué advertencias tan prácticas y tan exactas te da Jesús!
El juicio y la crítica son verdaderas faltas de amor que te hacen duro con el hermano y fino observador de sus defectos, sin ver las enormes manchas que llevas en ti. Agradece a Jesús que poco a poco te va modelando a su estilo de vida y a poner el amor por encima de todo.
Cuida las intenciones y las motivaciones. No te está permitido censurar a las personas; al contrario, tienes que justificarlas y cubrirlas con el manto de la misericordia. Observa tu vida. Observa tu forma de mirar a los demás. ¿Por qué eres tan agudo para ver los defectos de los demás y tan ciego para ver los tuyos? ¿Por qué juzgas y condenas en tantas ocasiones? Necesitamos mucho amor para no rechazar a nadie.
Con tu ayuda, ¡Señor!, haré el propósito firme de amar sin medida. No juzgar y pensar siempre bien de todos. Enséñame a ser más misericordioso y más comprensivo. Dime las cegueras que estorban y me privan de la luz verdadera que eres tú. Madre del amor, ayúdame.
21 de marzo La oración de petición
Jesús se te muestra como un gran maestro de oración: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá, porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre» (cf Mt 7,7-11).
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