Kitabı oku: «Mercedes Sanz-Bachiller»
MERCEDES SANZ-BACHILLER
BIOGRAFÍA POLÍTICA
HISTÒRIA I MEMÒRIA DEL FRANQUISME / 59
DIRECCIÓ
Ismael Saz (Universitat de València)
Julián Sanz (Universitat de València)
CONSELL EDITORIAL
Paul Preston (London School of Economics)
Walter Bernecker (Universität Erlangen, Núremberg)
Alfonso Botti (Università di Modena e Reggio Emilia)
Mercedes Yusta Rodrigo (Université Paris VIII)
Sophie Baby (Université de Bourgogne)
Carme Molinero i Ruiz (Universitat Autònoma de Barcelona)
Conxita Mir Curcó (Universitat de Lleida)
Mónica Moreno Seco (Universidad de Alicante)
Javier Tébar Hurtado (Arxiu Històric de Comissions Obreres de Catalunya, UB)
Teresa M.ª Ortega López (Universidad de Granada)
MERCEDES SANZ-BACHILLER
BIOGRAFÍA POLÍTICA
María Jesús Pérez Espí
UNIVERSITAT DE VALÈNCIA
Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.
© María Jesús Pérez Espí, 2021
© Procedencia de los documentos y fotografias del interior:
Archivo particular de Mercedes Sanz-Bachiller,
archivo personal de Mercedes Redondo Sanz-Bachiller,
y archivo personal de Miguel Temboury Redondo
© De esta edición: Universitat de València, 2021
Publicacions de la Universitat de València
http://puv.uv.es
Coordinación editorial: Amparo Jesús-María
Ilustración de la cubierta:
Mercedes Sanz-Bachiller sentada en su escritorio de Auxilio Social, 1937.
Archivo personal de Miguel Temboury Redondo
Maquetación: Inmaculada Mesa
Corrección: David Lluch
ISBN: 978-84-9134-766-8
Edición digital
ÍNDICE
A MODO DE PRESENTACIÓN, por Joan Maria Thomàs
INTRODUCCIÓN
ABREVIATURAS
PARTE I
I. INFANCIA Y JUVENTUD (1911-1930)
II. MERCEDES SANZ-BACHILLER Y ONÉSIMO REDONDO (1931-1936)
III. SER «VIUDA DE ONÉSIMO REDONDO» Y JEFA DE LA SECCIÓN FEMENINA VALLISOLETANA (JULIO DE 1936 - OCTUBRE DE 1936)
PARTE II
IV. UN PROYECTO PERSONAL: AUXILIO DE INVIERNO (OCTUBRE DE 1936 - MAYO DE 1937)
V. UNA LÍDER FALANGISTA AL FRENTE DE AUXILIO SOCIAL (MAYO DE 1937 - ABRIL DE 1939)
VI. EL SERVICIO SOCIAL DE LA MUJER Y LA RIVALIDAD CON PILAR PRIMO DE RIVERA
VII. DE LA VICTORIA A LA DEFENESTRACIÓN (ABRIL DE 1939 - ABRIL DE 1940)
PARTE III
VIII. MÁS ALLÁ DE AUXILIO SOCIAL: LA PREVISIÓN SOCIAL (1941-1942)
IX. PROCURADORA EN LAS CORTES ESPAÑOLAS (1943-1945)
X. EL PRIMER ÉXITO: LOS SEGUROS AGRARIOS Y LAS MUTUALIDADES (1943)
XI. UN OBSTÁCULO EN LA CARRERA POLÍTICA (1943-1945)
PARTE IV
XII. NUEVOS TIEMPOS, MALOS TIEMPOS (1945-1953)
XIII. EL RÉGIMEN ESPECIAL DE SEGUROS SOCIALES EN LA AGRICULTURA: LUCES Y SOMBRAS (1945-1953)
PARTE V
XIV. LA PREVISIÓN SOCIAL EN TRANSFORMACIÓN: RESISTENCIAS Y DESAFÍOS (1954-1960)
XV. NUEVOS CAMINOS MÁS ALLÁ DE LA PREVISIÓN SOCIAL (1960-1969).
XVI. SER PROCURADORA EN TIEMPOS DE CAMBIO (1955-1967)
XVII. ÚLTIMOS AÑOS (1970-1979)
CONCLUSIONES
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
ÍNDICE ONOMÁSTICO
A MODO DE PRESENTACIÓN
Este es un libro importante. Una biografía política de Mercedes Sanz-Bachiller, una de las dos lideresas falangistas, junto con Pilar Primo de Rivera, del régimen franquista. Una biografía de la segunda en importancia de ellas. De aquella que, con la excepción de los primeros años de su actividad política –los que transcurrieron entre 1936 y 1940, en los que compitió con Pilar–, nunca llegó a tener ni la presencia pública ni el poder de esta última. Ambas eran mujeres cuyo parentesco con dos de los líderes más importantes de Falange había sido crucial –en su actuación, promoción y reconocimiento–. En el caso de Pilar, el ser la única hermana dedicada profesionalmente a la política de José Antonio Primo de Rivera. En el de Mercedes, el ser la viuda de Onésimo Redondo.
Sin embargo, las dos mujeres supieron trascender esos mismos lazos de parentesco o matrimonio, desarrollando largas e importantes carreras políticas dentro del régimen franquista. Mucho más conocida y destacada la de Pilar, la lideresa de la omnipresente Sección Femenina del partido único, FET-JONS. De gran impacto en los primeros años de ese mismo régimen la de Mercedes, fundadora de un Auxilio de Invierno / Auxilio Social igualmente omnipresente; y aun posteriormente, si bien que con mucha menos visibilidad.
Tal desigualdad de las trayectorias fue producto, en parte y como nos explica María Jesús Pérez Espí, del hecho de abandonar Mercedes su papel de viuda abnegada para volver a casarse, y hacerlo con un hombre especialmente odiado por muchos dirigentes falangistas joseantonianos, Javier Martínez de Bedoya, un jonsista que había seguido a Ramiro Ledesma en su escisión de 1935. Sin embargo, aun así, y gracias al apoyo del propio Franco y de otro líder falangista, José Antonio Girón de Velasco, sobreviviría políticamente, aunque perdiendo buena parte de su presencia pública. Y desarrollando una labor notable en el mundo de la protección social del régimen.
Pilar y Mercedes fueron dos mujeres enfrentadas durante la Guerra Civil en la Zona Nacional, así como en la primera posguerra, por cuestiones de poder y de competencias. Una pugna de la que saldría triunfante Pilar y que fue compatible con el hecho de ser ambas fervientes nacionalsindicalistas. Las dos compartían lo fundamental de esta doctrina fascista, también en lo referido a la mujer, aunque con algunos matices diferenciados. Ambas estaban dispuestas a desarrollar una «justicia social» consustancial con el ultranacionalismo de FE-JONS; eran contrarias a la noción de beneficencia tradicional católica, y se enfrentaron en momentos a la Iglesia por el control de la sociabilidad política femenina –Pilar– o la protección social –Mercedes–. También eran partidarias del papel subordinado de la mujer al hombre en la vida personal y política, aunque contradictoriamente desempeñasen ellas mismas destacados puestos de responsabilidad política. Sus discrepancias en este campo se centraban en la cuestión de la intervención de la mujer en la política, siendo Pilar partidaria de su exclusión y defendiéndola Mercedes. Era sin duda en esto más coherente que la hermana «política» de José Antonio. Pero la diferencia fundamental entre ambas fue la relacionada con el control o independencia de Auxilio Social y de las mujeres que trabajaban en él. También, el mayor desapego de Mercedes de la progresivamente nacionalcatolizada Sección Femenina. O su enemiga de hacer política «con las mujeres solas», estando por el contrario orgullosa de mandar a un tiempo a hombres y mujeres en Auxilio Social. Sin embargo, y a pesar de sus diferencias, las dos se respetaron y pudieron a veces luchar conjuntamente, como hicieron, junto con otras procuradoras, en las Cortes franquistas.
Tuvieron perfiles personales y trayectorias vitales diferenciadas. Siendo las dos mujeres fuertes –aunque Pilar de apariencia débil y frágil y Mercedes de personalidad arrolladora–, una permaneció soltera y dedicada íntegramente –según propia confesión– a la labor falangista en la Sección Femenina, mientras la otra compatibilizaba su dedicación política con un universo vivencial más complejo, casándose dos veces, dando a luz a cinco hijos, sobreviviendo a la muerte de dos de ellos siendo niños y a un aborto, o viviendo a temporadas en diferentes países. Ambas compartían el haber sido golpeadas brutalmente en los inicios de sus carreras por la muerte violenta de sus mentores, pero se sobrepusieron y desarrollaron las ideas políticas que aquellos les habían inspirado, aunque tal vez con otro matiz diferencial: viviendo en el culto al hermano muerto la una, y con mayor desprendimiento de su primer marido la segunda. Este es uno de los muchos aspectos que quedan por fundamentar historiográficamente en una comparación entre ambas que no sea intuitiva o especulativa, ya que no contamos con un estudio equivalente dedicado a Pilar al que nos presenta en este libro María Jesús Pérez Espí para Mercedes. Falta aún mucho por saber de la principal lideresa femenina de Falange y seguramente no se avanzará significativamente hasta que no se acceda a su documentación personal y política.
Digamos también que este es un libro importante para la historia de las Falanges / Movimiento Nacional y en general del Franquismo. En primer lugar, porque no se limita a estudiar/biografiar un aspecto o a un personaje del fascismo español durante la Guerra Civil y la primera etapa del régimen, las más conocidas historiográficamente, sino que abarca todo el periodo franquista. En segundo lugar, porque ofrece un análisis actualizado de la historia política de ese régimen «desde arriba», en la tradición iniciada por historiadores como el malogrado Javier Tusell y Stanley G. Payne, estudios que han tenido continuidad de la mano de otros historiadores, entre los que me cuento, y a los que María Jesús Pérez Espí realiza una excelente contribución. En tercer lugar, por su inmersión en la historia social del régimen –en buena parte ligada al impulso falangista– en todo aquello relacionado con la protección social. Y en cuarto y último, pero no por ello menos, sino más importante, en tanto que contribución al análisis político, aunque también personal, de Mercedes Sanz-Bachiller, personaje del que ya existía alguna importante aproximación biográfica, pero del que este libro constituye el más completo y seguramente definitivo estudio. Ni más ni menos.
La calidad del texto tiene que ver, en primer lugar, con la extraordinaria capacidad investigadora y analítica de su autora. Citando de nuevo a Tusell, no puedo sino corroborar lo que escribió hace años en referencia a su labor como director de tesis doctorales. Se refirió a la existencia de dos tipos de doctorandos: aquellos que necesitan ser guiados y supervisados continuamente y aquellos otros que, desde muy pronto, muestran seguridad conceptual e investigadora. Y añadiría yo: e interactúan con su mentor en un intercambio doblemente provechoso para ambos. María Jesús Pérez Espí fue una doctoranda del segundo tipo, y desde entonces no ha dejado de crecer, siendo este libro aún mejor que su tesis.
En segundo lugar, al éxito de su trabajo –que fue calificado con la máxima nota cuando se presentó ante el tribunal que juzgó– ha contribuido el uso de una documentación excepcional, como fue el archivo de su biografiada, el acceso al cual fue posible gracias a la generosidad y altura de miras mostrada por las hijas y los nietos de Mercedes Sanz-Bachiller al poner a disposición de quien no era sino una completa desconocida por entonces la documentación privada del personaje, con la inseguridad que ello inevitablemente les supuso, pero que obviaron en pro de la Historia, con mayúsculas. Por ello, y desde estas páginas, no puedo sino sumarme al agradecimiento por aquella su disposición, así como esperar que su ejemplo cunda, como está ocurriendo sin duda en los últimos años, a veces por la propia responsabilidad de los herederos y otras por la labor de localización y salvamento de fondos realizada por investigadores/as y archiveros/as. En este sentido cabe citar el trabajo que vienen realizando las responsables del Archivo General de la Universidad de Navarra, algunos de cuyos materiales han servido igualmente de base para este libro.
Por supuesto, queda mucho por hacer en el ámbito biográfico respecto al periodo franquista, en buena medida para trascender/desmentir las hagiografías y memorias más o menos «arregladas» de tantos políticos de esta época. De políticos, en masculino dominantemente, porque esa fue la composición ultra mayoritaria de la clase dirigente del régimen..., pero también de políticas. Quedan muchas dirigentes falangistas de ámbito estatal y provincial por estudiar. Todas ellas, sí, de segundo –pero nada despreciable– nivel. Las Rosario Pereda, Justina Rodríguez de Viguri, Carmen Werner, Lula de Lara, Luisa de Aramburu, hermanas Ridruejo, Montserrat de Romañá, María Josefa Viñamata o Casilda Cardenal, entre otras, siguen esperando la atención de los historiadores/as.
El lector tiene entre sus manos el estudio biográfico y político de una mujer que nunca tuvo hogar propio y que tal vez por ello dedicó gran parte de su actividad a socorrer a otros también sin hogar, principalmente a niños víctimas indirectas de la represión franquista y de la guerra y que no habían tenido una suerte como la suya –la de contar siempre con cobertura económica, estudios y acogimiento social–. Pero no solo a niños, también a personas desvalidas. Y lo hizo «en fascista», convencida de que el nacionalsindicalismo acabaría algún día con tales situaciones. Tras su destitución de Auxilio Social, encontraría de nuevo su camino trabajando en la protección social a través del Instituto Nacional de Previsión, de la Obra Sindical de Previsión Social, del Régimen Especial de Seguros Sociales en la Agricultura, en las Mutualidades y en el desarrollo de políticas de seguridad e higiene en el trabajo, entre otras actividades, así como en su labor como procuradora en Cortes, su participación internacional en el Grupo Español de la Unión Interparlamentaria o en las discusiones de la Ley sobre los derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer.
Este es también un estudio de una mujer que fue a la vez beneficiada y víctima políticamente hablando de los dos hombres a los que amó. Aprendió política de y con ellos, pero también sufrió las consecuencias de hacerlo. Todo ello está, explícito o implícito, en este libro. Que disfruten con su lectura.
JOAN MARIA THOMÀS
Universitat Rovira i Virgili, enero de 2020
INTRODUCCIÓN
La biografía política de Mercedes Sanz-Bachiller que tienen en sus manos nace de mi tesis doctoral, titulada «Mercedes Sanz Bachiller, aproximación a su biografía política». La dirigió el Dr. Joan Maria Thomàs, en la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, fue leída en el mes de septiembre de 2017 y obtuvo la calificación de sobresaliente «cum laude». Desde entonces, he ido reestructurando y adaptando el texto de la tesis, cuyo resultado es esta publicación.
Mercedes Sanz-Bachiller ha sido, y me atrevo a decir que todavía lo es, una mujer conocida por ser la viuda de Onésimo Redondo y por haber fundado Auxilio de Invierno, después Auxilio Social. A esta visión, a todas luces incompleta, han contribuido una serie de circunstancias muy concretas. En primer lugar, el hecho de que todas las publicaciones que, hasta hoy, han incluido referencias a Mercedes Sanz-Bachiller se han centrado, principalmente, en el periodo que abarca desde los meses previos a la proclamación de la Segunda República, cuando conoció y se casó con Onésimo Redondo Ortega, y en la Guerra Civil, cuando, ya viuda, fundó Auxilio de Invierno. En segundo lugar, hay que decir que la mayoría de publicaciones, a excepción de la biografía redactada por Paul Preston, han hablado de Mercedes Sanz-Bachiller por estar relacionada con otras vidas u otros temas. Es el caso de las biografías de su primer marido, Onésimo Redondo,1 y las memorias de Javier Martínez de Bedoya,2 con quien se casó en 1939. El primer estudio que abordó de manera más decidida, y más profundamente, a Mercedes Sanz-Bachiller y su actividad política fue la tesis doctoral de Mónica Orduña Prada sobre Auxilio Social.3 Se trataba, sin embargo, de una tesis doctoral sobre Auxilio Social, y no sobre Mercedes Sanz-Bachiller. Orduña, además de analizar esta institución, avanzó otro de los temas que más interés ha despertado entre los historiadores: la rivalidad con la Sección Femenina y con su lideresa, Pilar Primo de Rivera.4 La primera biografía de Mercedes Sanz-Bachiller fue publicada por Paul Preston en su conocido libro Palomas de guerra. Cinco mujeres marcadas por el enfrentamiento bélico.5 Después de estas primeras publicaciones, Auxilio Social y su fundadora han sido objeto de análisis críticos y novedosos que han revisado las publicaciones anteriores y han ofrecido nuevas perspectivas desde la historia de género o incorporando el relato de las experiencias de los niños acogidos por Auxilio Social, como es el caso de la historiadora Ángela Cenarro.6
Sin embargo, después de su dimisión al frente de Auxilio Social, Mercedes Sanz-Bachiller desarrolló una longeva carrera política, desconocida hasta ahora, y lo hizo durante treinta y ocho años, entre 1941 y 1979. Durante todo este tiempo desempeñó los cargos de vocal del consejo de administración del Instituto Nacional de Previsión (1941-1979), jefa nacional de la Obra Sindical de Previsión Social (1941-1974) y procuradora en Cortes (1943-1967). Es esta parte de su biografía política, la más extensa, a la que he dedicado una atención preferente, y la más novedosa. Pero, además, también he concretado y/o matizado algunos datos de su etapa al frente de Auxilio de Invierno / Auxilio Social (1936-1940) utilizando documentación inédita, he referenciado sus nombramientos como consejera del Consejo Nacional del Movimiento (1937-1942) y he recuperado y contextualizado sus orígenes familiares y su infancia.
Durante la investigación trabajé con fuentes distintas a las que, sin pretender hacer una relación exhaustiva, deseo referirme brevemente. En el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, cuatro fueron las secciones que, de manera preferente, concitaron mi atención. En primer lugar, la «Sección Cultura», donde está depositado el fondo de la Delegación Nacional de Auxilio Social y, dentro de este, el legado de Ángeles Villarta. También consulté el fondo de la Delegación Nacional de la Sección Femenina. Asimismo, en la «Sección Sindicatos» trabajé con tres fondos distintos, aunque con resultados diferentes. El fondo de la Obra Sindical de Previsión Social, que en principio era el que más interés tenía para mi investigación, resultó estar incompleto y ser insuficiente. De hecho, es muy poca la documentación correspondiente al periodo 1941-1942, los primeros años de vida de la Obra, y, además, la mayoría de la documentación es de tipo administrativo y contable, siendo escasísimos los documentos de contenido político. Este fue el principal motivo por el que amplié la búsqueda al fondo de la Delegación Nacional de Sindicatos y al de la Vicesecretaría Nacional de Obras Sindicales, con resultados más interesantes. En la «Sección Presidencia del Gobierno» consulté los fondos del Consejo Nacional del Movimiento, de la Secretaría General del Movimiento y, dentro de este, los de la Secretaría Política y la Junta Central de Recompensas. También los fondos del Consejo Nacional del Movimiento, pero con resultados nulos puesto que, aunque Sanz-Bachiller fue consejera de dicho organismo entre los años 1937 y 1942, no se conserva ninguna documentación al respecto. Finalmente, en la «Sección Asuntos Exteriores», consulté el fondo de la Cancillería de las Órdenes.
En el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca pude consultar los fondos de la Delegación Nacional de Servicios Documentales de la Presidencia del Gobierno y el fondo Sección Especial Masonería B.
Ha sido de vital importancia la consulta del Archivo del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria, donde se encuentra depositada la documentación del Instituto Nacional de Previsión. Allí trabajé con los libros de actas del consejo de administración del INP, los de la Comisión para la Aplicación de los Seguros Sociales en la Agricultura y otra documentación administrativa interna.
La investigación en el Archivo del Congreso de los Diputados me permitió trabajar con la documentación generada por la Comisión de Trabajo y la del Grupo Español de la Unión Interparlamentaria en su totalidad, entre otras.
Mención aparte merece el archivo particular de Mercedes Sanz-Bachiller, el cual consulté y trabajé gracias a Miguel Temboury Redondo, nieto de Mercedes Sanz-Bachiller y Onésimo Redondo Ortega, archivo valiosísimo por cuanto conserva documentación privada y personal, pero también política. Quiero añadir que, para la publicación de la biografía política de Mercedes Sanz-Bachiller, pude consultar y utilizar las imágenes del archivo personal de Miguel Temboury y también las del archivo personal de Mercedes Redondo Sanz-Bachiller, hija de Mercedes Sanz-Bachiller.
Por otra parte, en el Archivo General de la Universidad de Navarra se encuentra el fondo «Javier Martínez de Bedoya». Este fondo contiene documentación interesante de Mercedes Sanz-Bachiller que, en algunos casos, no está disponible en su archivo particular, aunque debo advertir que dicho fondo no contiene documentación original, sino fotocopias.
Finalmente, y con el objetivo de reconstruir la genealogía de Mercedes Sanz-Bachiller, consulté los fondos del Archivo Diocesano de Valladolid y del Registro Civil de Montemayor de Pililla.
En relación con el INP y a la OSPS, trabajé con las publicaciones periódicas de estos dos organismos. En el primer caso, me refiero al Boletín de Información del Instituto Nacional de Previsión, así como a las dos publicaciones que lo sustituyeron, es decir, la Revista Española de Seguridad Social y la Revista Iberoamericana de Seguridad Social, todas ellas depositadas de forma íntegra en la Biblioteca del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria. Para el segundo caso, me refiero a la revista Nuestra Obra, cuyos ejemplares están dispersados en los fondos de la Biblioteca Nacional de España, en la Biblioteca Central del Ministerio de Empleo y en la Biblioteca Hispánica, todas ellas en la ciudad de Madrid.
Finalmente, y con el fin de determinar de qué forma y con qué intensidad y frecuencia trascendió a la esfera pública la actividad política de Sanz-Bachiller, consulté la prensa escrita del periodo 1936-2007.
Igualmente, analicé los textos que, bien publicados en prensa o bien en otros formatos, publicó Mercedes Sanz-Bachiller. En algunos de ellos se trata de prólogos, como son las publicaciones de Auxilio Social y de la OSPS. Como autora, Mercedes Sanz-Bachiller publicó dos libros de lecturas escolares: Mujeres de España y Campo y ciudad, ambos publicados en 1940.
Por otra parte, consulté las diferentes tesis doctorales que han tratado aspectos relacionados con la investigación, así como las memorias de las personas que se relacionaron con Mercedes Sanz-Bachiller dentro del marco político y personal, principalmente las de Javier Martínez de Bedoya. Cabe destacar las memorias inéditas, aunque brevísimas, de Mercedes Sanz-Bachiller, escritas por Carolina Isasi Vicondoa,7 que están depositadas en su archivo particular. Asimismo, he utilizado unos escritos breves titulados Breves reflexiones de Mercedes Sanz-Bachiller,8 depositados también en su archivo particular.
Además de las fuentes anteriormente descritas, entrevisté a Mercedes y Pilar Redondo Sanz-Bachiller, hijas de nuestra protagonista y de Onésimo Redondo Ortega, con el objetivo de profundizar en la dimensión personal de la biografiada.
Finalmente, de las visitas a la ciudad de Valladolid y a Montemayor de Pililla pude extraer información valiosísima. Principalmente, visitar la segunda población me permitió observar sus paisajes, pasear por sus calles y conversar con sus gentes. Todo me llevó a comprender cómo era el Montemayor que acogió a la Mercedes niña, y a calibrar la influencia de estas tierras vallisoletanas en el desarrollo posterior de la Mercedes adulta, en la que se pueden reseguir los campos y las gentes de Valladolid.
Por otra parte, y referenciadas ya las principales fuentes con las que he trabajado, me gustaría hacer algunas reflexiones previas a la lectura de esta biografía. Como ha quedado dicho, la vida política de Mercedes Sanz-Bachiller posterior a Auxilio Social era, hasta ahora, una laguna en la historia del Franquismo, en general, y del falangismo, en particular. Pero, además, también lo era en relación con el conocimiento sobre las mujeres que tuvieron y ejercieron poder político en el régimen franquista, muy pocas en realidad, y que además estuvieron ensombrecidas por la figura siempre omnipresente de Pilar Primo de Rivera. A esta realidad se sumó otra, más de carácter historiográfico, relacionada con el hecho de que, con el final de la dictadura franquista y la recuperación de las libertades democráticas, estas mujeres no fueron objeto de estudio e investigación histórica. A día de hoy, sin embargo, ya contamos con estudios biográficos que, aunque escasos, y al principio focalizados en Pilar Primo de Rivera,9 también han abordado a algunas de estas mujeres falangistas, como Mercedes Formica,10 Marichu de la Mora11 o la propia Mercedes Sanz-Bachiller.12 Ahora bien, a pesar de estos avances, lo cierto es que recuperar para el conocimiento histórico a la totalidad de estas mujeres es todavía, en palabras de Ángela Cenarro,13 un «reto pendiente» para la historiografía que, una vez superado, permitiría «analizar la dictadura de Franco como un sistema no monolítico, atravesado por algunas fisuras, que admitió o toleró realidades que no entroncaban con su rígida doctrina nacionalcatólica». Pues bien, desde la plena sintonía con las palabras de Ángela Cenarro, deseo que esta biografía política de Mercedes Sanz-Bachiller contribuya a la consecución de este reto historiográfico. Así mismo, con la biografía política de Sanz-Bachiller pretendo reivindicar el género biográfico como un instrumento valiosísimo para el conocimiento histórico y sumarme, desde el enfoque estrictamente político, a otras biografías publicadas recientemente, como las de José Antonio Primo de Rivera y Onésimo Redondo.14
En esta biografía el contexto adquiere un valor destacado. No cabe duda de que Mercedes Sanz-Bachiller fue fruto de unas circunstancias históricas muy concretas y que, al mismo tiempo, contribuyó al desarrollo de estas. La Guerra Civil y el Franquismo, en sus distintas etapas evolutivas, condicionaron la actuación política de Mercedes Sanz-Bachiller, pero a su vez, ella misma contribuyó, con su acción y sus decisiones, a la transformación de este mismo contexto. Entiendo, pues, que la clave de esta biografía reside en la interacción entre el sujeto y el contexto, es decir, entre la biografiada y el medio, intentando mantener el equilibrio entre ambos factores. Por lo demás, no es esta una biografía en la que lo privado y personal esté ausente, pero, al tratarse de una biografía política, he valorado la relevancia y la pertinencia de lo personal en cada ocasión. Sobre todo, es una biografía política, por lo que el enfoque de la investigación es estrictamente político.
Por último, quiero aprovechar estas líneas para manifestar mi público agradecimiento a algunas personas que han contribuido a la investigación y a la publicación de esta biografía. Un agradecimiento especialísimo a Mercedes Redondo Sanz-Bachiller y Pilar Redondo Sanz-Bachiller (in memoriam), a quienes entrevisté, y que me mostraron el lado más personal de su madre, y con quienes tuve el gusto de conversar en muchas ocasiones. También a Miguel Temboury Redondo, por facilitarme la consulta del archivo particular de su abuela, siempre desde la cordialidad y la máxima disponibilidad. Esta biografía es deudora de la confianza y la generosidad que la familia Redondo Sanz-Bachiller depositó en mí desde el principio de la investigación, y que contribuyó de forma notabilísima a su éxito. Mi gratitud con ellos es enorme.
Quiero también dar las gracias a Luis Casado de Otaola (Archivo Central del Ministerio de Empleo), Margarita Barquilla Jiménez (Archivo del Congreso de los Diputados), Anselmo Barreales e Iván de Castro Pérez (Archivo del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria), Juana Bastida Veiga (Biblioteca del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria), Marian Zabala e Inés Irurita (Archivo General de la Universidad de Navarra) y Daniel Gozalbo Gimeno (Archivo General de la Administración). En todos ellos encontré la profesionalidad y la amabilidad que todo investigador necesita. A María del Ángel Sanz Muñoz y José Luis Gómez Becerra, que me acogieron y me guiaron por las calles de Montemayor de Pililla, y al Dr. Matteo Tomasoni, por enseñarme la ciudad de Valladolid y compartir conmigo cuanto sabe sobre Onésimo Redondo y Mercedes Sanz-Bachiller.
Cuando todo estaba por hacer, el Dr. Paul Preston, la Dra. Ángela Cenarro, el Dr. Ricardo Martín de la Guardia y la Dra. Mónica Orduña me impulsaron, con su apoyo, a lo que hoy es ya un objetivo cumplido, la tesis doctoral y la publicación de este libro.
A las doctoras Montserrat Duch, de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona; Ángela Cenarro, de la Universidad de Zaragoza, e Inbal Ofer, de la Open University of Israel, por sus generosas y valiosísimas contribuciones al texto de mi tesis doctoral.
Al Dr. Joan Maria Thomàs, por todo. Por ser el saber, la guía, el apoyo y el estímulo constante. Gracias, Dr. Thomàs.
Finalmente, quiero agradecer a los doctores Ismael Saz y Julián Sanz, de la Universitat de València, por su apoyo y apuesta por la publicación de esta biografía en la colección que dirigen.
En lo personal, esta biografía es un reconocimiento a la memoria de mis padres y al cariño y apoyo incondicional de mi hermana.
1 Onésimo Redondo, Caudillo de Castilla, Valladolid, Ediciones Libertad, 1937; José Luis Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo (1905-1936). Precursor sindicalista, Madrid, San Martín, 1990; Matteo Tomasoni: Onésimo Redondo Ortega. Vida, obra y pensamiento de un sindicalista nacional (1905-1936), tesis doctoral, Universidad de Valladolid, 2014; íd.: El caudillo olvidado. Vida obra y pensamiento de Onésimo Redondo (1905-1936), Granada, Comares, 2017.
2 Javier Martínez de Bedoya: Memorias desde mi aldea, Valladolid, Ámbito, 1996.
3 Mónica Orduña Prada: El Auxilio Social (1936-1940). La etapa fundacional y los primeros años, Madrid, Escuela Libre, 1996.
4 Véanse, además, María Beatriz Delgado Bueno: La Sección Femenina en Salamanca y Valladolid durante la Guerra Civil, alianzas y rivalidades, tesis doctoral, Universidad de Salamanca, 2009; María Teresa Gallego Méndez: Mujer, Falange y Franquismo, Madrid, Taurus, 1983.
5 Paul Preston: Palomas de guerra. Cinco mujeres marcadas por el enfrentamiento bélico, Barcelona, Debolsillo, 2004.
6 Ángela Cenarro: La sonrisa de Falange. Auxilio Social en la guerra civil y en la postguerra, Barcelona, Crítica, 2006; íd.: Los niños del Auxilio Social, Madrid, Espasa, 2009.
7 Carolina Isasi Vicondoa: Recuerdos y emociones de una vida. Vida y pensamientos de Mercedes Sanz-Bachiller, Archivo particular de Mercedes Sanz-Bachiller (APMSB).
8 Mercedes Sanz-Bachiller: Breves reflexiones de Mercedes Sanz-Bachiller, APMSB.
9 María Antonia Fernández Jiménez: Pilar Primo de Rivera. El falangismo femenino, Madrid, Síntesis, 2008; Susanna Tavera García: «Las mujeres de la Sección de Falange: una afirmación entre el activismo político y la sumisión patriarcal, 1934-1939», en Ana Aguado y Teresa María Ortega (eds.): Feminismos y antifeminismos. Culturas políticas e identidades de género en la España del siglo XX, Valencia, Universitat de València, 2011, p. 209.
10 Rosario Ruiz Franco: Mercedes Formica (1916-), Madrid, Ediciones del Orto, 1997.
11 Inmaculada de la Fuente: La roja y la falangista. Dos Hermanas en la España del 36, Barcelona, Planeta, 2006.
12 P. Preston: Palomas...
13 Ángela Cenarro: «Las mujeres en la Guerra Civil española: sujeto, acción y representación», en Teresa María Ortega López, Ana Aguado Higón y Elena Hernández Sandoica (eds.): Mujeres, dones, mulleres, emakumeak. Estudios sobre la historia de las mujeres y del género, Madrid, Cátedra, 2019, p. 174; véase también íd.: «Trabajo, maternidad y feminidad en las mujeres del fascismo español», en Ana Aguado y Teresa María Ortega (eds.): Feminismos y antifeminismos. Culturas políticas e identidades de género en la España del siglo XX, Valencia, Universitat de València, 2011, pp. 229-252.
14 Joan Maria Thomàs: José Antonio. Realidad y mito, Barcelona, Debate, 2017; la biografía de Onésimo Redondo, a partir de la tesis doctoral del mismo autor: M. Tomasoni: El caudillo olvidado...
ABREVIATURAS
| ACD | Archivo del Congreso de los Diputados |
| ADV | Archivo Diocesano de Valladolid |
| AGA | Archivo General de la Administración |
| AGUN | Archivo General de la Universidad de Navarra |
| AINGESA | Archivo del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria |
| APMSB | Archivo particular de Mercedes Sanz-Bachiller |
| BIDNS | Boletín de Información de la Delegación Nacional de Sindicatos |
| BIINP | Boletín de Información del Instituto Nacional de Previsión |
| BMFETJ | Boletín del Movimiento de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista |
| BOCE | Boletín Oficial de las Cortes Españolas |
| BOE | Boletín Oficial del Estado |
| BOJDN | Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional |
| CDMH | Centro Documental de la Memoria Histórica |
| CEDA | Confederación Española de Derechas Autónomas |
| CNT | Confederación Nacional del Trabajo |
| CONS | Central Obrera Nacional Sindicalista |
| DNS | Delegación Nacional de Sindicatos |
| ERC | Esquerra Republicana de Catalunya |
| FE | Falange Española |
| FE-JONS | Falange Española y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista |
| FET-JONS | Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista |
| GM | Gazeta de Madrid |
| IEP | Instituto de Estudios Políticos |
| INP | Instituto Nacional de Previsión |
| JAP | Juventudes de Acción Popular |
| JCAH | Juntas Castellanas de Actuación Hispánica |
| JONS | Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista |
| OIT | Organización Internacional del Trabajo |
| ORGA | Organización Republicana Gallega Autónoma |
| OSPS | Obra Sindical de Previsión Social |
| PCE | Partido Comunista de España |
| PSOE | Partido Socialista Obrero Español |
| PURA | Partido Unión Republicana Autonomista |
| RCMP | Registro Civil de Montemayor de Pililla |
| SOVI | Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez |
| UGT | Unión General de Trabajadores |
| UIP | Unión Interparlamentaria |
PARTE I
I. INFANCIA Y JUVENTUD (1911-1930)
Mercedes Sanz-Bachiller nació el 17 de julio de 1911 en Madrid. Sus padres, Moisés Sanz Izquierdo y Mercedes Bachiller Fernández, eran de Montemayor de Pililla, un pequeño municipio vallisoletano de apenas 1.428 habitantes1 que compartía vecindad con los de Traspinedo, Santibáñez de Valcorba, Cogeces del Monte, Torrescárcela, San Miguel del Arroyo, Camporredondo, Portillo y La Parrilla.2 Hasta Cuéllar se desplazaban sus vecinos para hacer todo tipo de gestiones, pero sobre todo para comprar los aperos de labranza. Montemayor pertenecía, además, al partido judicial de Peñafiel.
Mercedes tuvo un hermano y una hermana3 mayores que ella, que fallecieron en la niñez. Ramiro Vicente4 nació el 19 de julio de 1905 en Montemayor, aunque murió tempranamente, cuando le faltaban pocos días para cumplir los 2 años de edad.5 El 20 de septiembre de 1908, y también en Montemayor, nació una niña a la que pusieron por nombre María de las Mercedes Petra,6 los nombres de la madre y de la abuela materna, respectivamente. Sin embargo, a finales de 1909, y cuando contaba con 14 meses de edad, también falleció.7 A esta niña le siguió Mercedes Sanz-Bachiller.
La madre de Mercedes descendía de una familia de labradores acomodados con mucho arraigo en Montemayor. De hecho, tenía tierras de labranza, pinares en las laderas que dan al arroyo del Valcorba y ovejas y caballos, algo poco común en las familias del municipio.8 Además, para las labores del campo, disponía de jornaleros todo el año. Aunque la posición económica de su padre era más modesta, destacaba por ser un hombre vivaz y emprendedor, que ya en aquella época viajó en tres ocasiones a Buenos Aires y que introdujo el cultivo de la achicoria como sustituto del café en la comarca.9 Así pues, parece ser que este espíritu emprendedor de su padre fue el principal motivo por el que sus padres decidieron trasladarse a vivir a Madrid, al barrio de Chamberí, donde nació Mercedes Sanz-Bachiller. En este mismo barrio fue bautizada en la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, sita en la calle Ancha de San Bernardo, n.º 103.10 A su bautizo asistió el político liberal Montero Ríos, «tal vez como padrino, dado el liberalismo militante de sus padres»11 y de toda su familia, seguidores todos de Santiago Alba.
A los dos años del nacimiento de Merceditas, como era llamada cariñosamente, sus padres se separaron. Los motivos de la separación parece que estuvieron relacionados con la oposición de Mercedes Bachiller a vender algunas de sus propiedades para invertir en los proyectos de su marido.12 Después de la separación, Mercedes Bachiller regresó al hogar materno y se llevó consigo a su hija. En la casa familiar, situada en la calle Revilla, n.º 5, vivían con la abuela materna, Petra Fernández, y dos tías, Acacia y Encarnación. El abuelo materno, Roque Bachiller, había fallecido hacía ya algunos años.13 La tía Encarnación padecía una enfermedad mental y murió joven, y la tía Acacia se casó con un joven de Traspinedo, Miguel López, y marchó del hogar materno, así que la pequeña Merceditas se refugió en su madre y su abuela. A su padre solo volvió a verlo en 1915, cuando, a la edad de 42 años,14 falleció.15 Así pues, la infancia de Mercedes debió de ser difícil: «De mi infancia no mantengo nada, y poco o casi nada, grato».16 Este hecho la marcó profundamente, tal y como reconoció años después: «la niñez marca mucho el rumbo de la vida y de ella se derivan maneras de ser y de sentir que hacen que la proyección de nuestros actos varíe sustancialmente».17
Mercedes Sanz-Bachiller recordaba a su madre como una mujer de carácter rígido e inflexible, reticente a que se relacionara con otras niñas del pueblo y poco dada a mostrar afecto. Nunca le compró ningún juguete ni muñeca, algo que la propia Merceditas remedió en cuanto pudo manejar su propio dinero. Se compró un muñeco al que puso por nombre Carlos, motivo por el que, años después, Onésimo Redondo la llamaba cariñosamente «Carlines».18 La madre, además, estaba muy preocupada por que su hija tuviera una buena alimentación. Habiendo perdido ya a un niño y una niña, temía que Merceditas pudiese enfermar, por ello, además de procurar que se alimentara bien, insistía en que pasara alguna temporada en San Sebastián, Santander y Gijón, para que nadara y se fortaleciera físicamente.19 La otra preocupación de la madre era que tuviera una buena educación. Así, entre los seis y los nueve años, cursó la primera enseñanza en Montemayor, donde había cuatro escuelas, dos de niños y dos de niñas. Las escuelas de niñas estaban situadas en la plaza Mayor, donde estudiaba Merceditas con su maestra Asunción, a quien recordaría con verdadero cariño.20 Como el concejo de Montemayor disponía de importantes ingresos económicos derivados de la explotación del monte y de los pastos municipales, pudo sostener económicamente las cuatro escuelas, tal y como establecía la ley de instrucción pública.21
La pequeña Mercedes creció en el campo, y de estos años guardaba recuerdos entrañables: «He visto recoger la miel, era una de mis distracciones de la infancia. También he visto hacer la matanza [...] y disfrutaba mucho con todo ello».22 Según Mercedes Redondo, su madre «se educó con lo elemental y antiguo», entre «miel, piñones, pan y vino»,23 y así debió de ser, dado el carácter eminentemente agrario del municipio.
Montemayor de Pililla está enclavado en la Tierra de Pinares, una comarca natural que se extiende por las provincias de Valladolid, Segovia y Ávila. En su vertiente vallisoletana, los pinares cubren el paisaje, en el que convivían, y aún conviven, dos especies de pino: el pino negral o resinero y el pino albar o piñonero, este último de copa más redonda y frondosa que el primero. Los recursos de los pinos eran explotados por los habitantes de los municipios de esta comarca, que, como los de Montemayor, tenían en la madera, en la resina y en los piñones un medio de vida. Era una actividad impuesta por la misma naturaleza, dada la pobreza del suelo sobre el que crecen estos pinos, de composición arenosa y de escaso valor para la agricultura.24 De los pinos más viejos se hacía leña o vigas para la construcción de casas, aunque las actividades más frecuentes eran la recolección de piñas y la extracción de resina durante el invierno. Tanto la piña como el piñón se vendían, la primera para encender el fuego y el segundo para consumo humano. Si bien la familia de Mercedes tenía en Montemayor pinares de la variedad albar25 y tierras en la finca de «El Quiñón»,26 con el paso de los años Mercedes Sanz-Bachiller fue vendiendo todas estas propiedades y solo conservó las pimpolladas, es decir, los bosques de pinos jóvenes.27 En Montemayor también se cultivaban viñas, de lo que todavía dan testimonio las bodegas familiares que existen a las afueras de la localidad. Estas bodegas, excavadas en el subsuelo rocoso sobre el que se asienta Montemayor, solían tener una extensión de entre cuarenta y cincuenta metros cuadrados, y mantenían la temperatura constante a lo largo del año, sirviendo tanto para la elaboración del vino como para su conservación. El cultivo de avena, trigo, centeno y cebada también tenía una presencia destacada en los aledaños del municipio, donde todavía son visibles las eras. Los vecinos de Montemayor molían el grano del trigo en tres molinos hidráulicos próximos al pueblo, situados en el arroyo del Valcorba, afluente del río Duero, en Torrescárcela y en Aldealbar. Con la llegada de la electricidad, se instaló un molino eléctrico en el pueblo. El pastoreo de los rebaños o hatajos de ovejas completaba las actividades económicas más destacadas en el pueblo que vio crecer a Merceditas. Otras actividades, como la recogida de la miel de los colmenares o la crianza y matanza del cerdo, escalonaban el ciclo agrario anual.28
Pero ¿cómo eran las tierras vallisoletanas y castellanas que vieron nacer a Mercedes Sanz-Bachiller? Montemayor y Valladolid compartían con el resto de Castilla la Vieja29 su predominante carácter agrario. El peso de los terratenientes era indiscutible, aunque también había «una masa inmensa de propietarios pobres, poseedores de parcelas que apenas producían para sostener a sus familias, viviendo al límite de la supervivencia y viéndose obligados a trabajar parte del año como jornaleros». Añadido a ello, estaban los arrendatarios que intentaban sacar el máximo provecho a las tierras con el mínimo coste posible, y «sometidos a contratos de cortísima duración y cláusulas draconianas: obligación de pagar los nuevos impuestos y recargos que se impusieran durante el arriendo, el compromiso de hacer efectiva la totalidad de la renta aun en el caso de que se hubiese perdido la cosecha», entre otras. Las técnicas de cultivo eran arcaicas; predominaban el cultivo extensivo y la rotación bienal o, en menor medida, la trienal. La nula mecanización de las tareas agrícolas y el empobrecimiento de las tierras repercutían muy negativamente en la productividad, de tal forma que el campesino acababa endeudándose con prestamistas. Ante tales circunstancias, tanto para los terratenientes como para los pequeños propietarios y los arrendatarios, la política proteccionista y el mantenimiento de unos altos aranceles para la entrada de trigo foráneo eran fundamentales.
La situación de la industria tampoco era nada halagüeña.30 Al tratarse de un territorio agrícola, las industrias con mejor implantación eran las que transformaban los productos del campo, como las de sémola, almidón o las conserveras. A la altura de 1914, las únicas industrias que vendían sus productos fuera de la provincia de Valladolid eran las harineras, las metalúrgicas, las cerámicas, las del yeso y las azucareras. Al extranjero solamente se exportaban piñones, pieles y lanas. Por otra parte, Valladolid era la única provincia castellana en la que se habían fundado sociedades con anterioridad a 1914: las azucareras Sociedad Industrial Castellana y Colonia Industrial del Duero, y el Banco Castellano, todas ellas en 1900. La Electra Popular Vallisoletana se fundó en 1906.
Cuando nació Mercedes Sanz-Bachiller los líderes políticos de la primera Restauración31 ya habían desaparecido. De hecho, en Valladolid, después del fallecimiento de Germán Gamazo en 1901,32 se inició el relevo generacional en la élite política que, además, venía con ideas regeneracionistas. Santiago Alba, zamorano de origen, pero vallisoletano por su trayectoria profesional y política, fue la figura más destacada de esta nueva generación, aunque no el único.33 Estos políticos solían iniciar su carrera en la ciudad de Valladolid,34 donde compaginaban las actividades en el Ayuntamiento y la Diputación con el ejercicio de la abogacía y los negocios asociados al crecimiento urbanístico y la modernización de la ciudad. Y es que Valladolid, que pasó de tener 68.789 habitantes en 1900 a 91.089 en 1930,35 generó demandas en viviendas y servicios públicos que hombres como Santiago Alba y César Silió36 supieron aprovechar. El primero de ellos fundando la Electra Popular Vallisoletana, con el objetivo de suministrar electricidad a la ciudad, y el padre de César Silió con la industria La Cerámica, dedicada a la fabricación de materiales de construcción. Alba y Silió, además, compraron y modernizaron el periódico El Norte de Castilla, aunque Silió lo abandonó posteriormente para unirse a Antonio Maura, convirtiéndose en su hombre de confianza y líder del partido conservador vallisoletano. Sin embargo, en Valladolid nada podían hacer los conservadores frente al predominio de los albistas. De hecho, en cada convocatoria electoral el dominio albista era indiscutible.37 Santiago Alba, además, llegó a fundar junto a Joaquín Costa la Unión Nacional, una fuerza política regeneracionista desaparecida a la altura de 1900.
Sin embargo, las ideas regeneracionistas no cayeron en saco roto.38 A nivel nacional, Francisco Silvela, pero sobre todo Antonio Maura, impulsó reformas regeneracionistas, como la Ley de Reforma Electoral de 1907 o la fundación del INP en 1908. Ahora bien, también tuvo que afrontar los incidentes del Cu-Cut, la aprobación de la Ley de Jurisdicciones de 1906 y el envío de reservistas a Marruecos para sofocar la rebelión cerca de Melilla en el verano de 1909. Este último hecho, que en Barcelona provocó la protesta de las esposas de los reservistas en el puerto de la ciudad y acabó con la Semana Trágica, la ejecución de Francesc Ferrer i Guàrdia y la dimisión de Antonio Maura, no provocó manifestaciones de oposición en Valladolid,39 más bien al contrario. De hecho, se promovieron subscripciones para atender las necesidades de las familias de los que combatían en Marruecos, e incluso hubo muestras colectivas de entusiasmo con la llegada de la noticia de la toma del monte Gurugú o con el paso de las tropas por la ciudad. Finalmente, con José Canalejas se redujo el impuesto de consumos y se aprobó la Ley de Reclutamiento Obligatorio o la Mancomunidad de Cataluña, avanzando hacia la secularización del país, promoviendo el proyecto de la conocida como «ley del candado». Sin embargo, los años del Gobierno liberal de Canalejas también fueron años convulsos por el incremento en el número de huelgas y la movilización de las organizaciones obreras.
Aunque los tiempos estaban cambiando, la oposición al sistema de la Restauración, en general, era débil y estaba desorganizada. Si bien Pablo Iglesias ya disponía de su acta de diputado desde 1910, el socialismo no representaba una fuerza política potente, ni en resultados electorales ni en afiliación a su sindicato, la UGT. Ahora bien, el socialismo había estado detrás de las primeras huelgas agrarias que se dieron, en el verano de 1903, en Andalucía, La Rioja o en algunas provincias de Castilla la Vieja como Zamora, Salamanca, Burgos, Segovia y también Valladolid. A partir de este momento, la influencia del socialismo castellano no paró de crecer,40 un proceso en el que tuvo un papel muy relevante Remigio Cabello, fundador de la agrupación socialista de Valladolid en 1894,41 pero también el contexto socioeconómico en el campo castellano: las protestas contra los impuestos de consumos, los motines de subsistencias y los conflictos laborales durante el invierno de 1903 y el verano de 1904.42 La CNT, por su parte, acabó convirtiéndose en el sindicato mayoritario del país. Por lo que respecta al resto de las fuerzas políticas, el republicanismo se encontraba dividido, y el carlismo, después de la derrota de 1876, se escindió, tras lo cual nació el sector integrista liderado por Ramón Nocedal. Los nacionalismos catalán y vasco avanzaban progresivamente: en Cataluña, la Lliga Regionalista de Francesc Cambó había conseguido desplazar a los partidos dinásticos, y en el País Vasco, el Partido Nacionalista Vasco ya había fundado su propio sindicato. Los regionalismos gallego y valenciano, sin embargo, eran muy residuales.
Si las fuerzas políticas opositoras no estaban en condiciones de defender una alternativa al sistema restauracionista, tampoco los partidos dinásticos podían seguir sustentándolo. De hecho, vivieron serias crisis de liderazgo: los conservadores se dividieron entre los mauristas y los «idóneos» de Eduardo Dato, y los liberales, como el conde de Romanones, García Prieto o el propio Santiago Alba, pugnaban por la jefatura del partido desde la muerte de Canalejas. De tal forma que «La negativa de Maura en octubre de 1913 a seguir el “turno” con los liberales [...] determinó la bancarrota del turnismo. Desde 1914, la fragmentación del sistema de partidos fue total».43
Así estaban las cosas cuando estalló la Primera Guerra Mundial. A pesar de la neutralidad, desde 1915 los españoles empezaron a sentir las consecuencias de la guerra.44 La división y los enfrentamientos dialécticos entre germanófilos y aliadófilos se vio entre los distintos partidos políticos, la Iglesia, el Ejército, la prensa e, incluso, al estar casado el rey Alfonso XIII con una británica, Victoria Eugenia de Battenberg, la propia casa real. Durante la guerra, sin embargo, España vivió una extraordinaria época de crecimiento económico,45 aunque fue un crecimiento desigual. Si bien descendieron las importaciones y aumentaron las exportaciones, se crearon negocios y se incrementó la reserva de oro del Banco de España, también aumentó la cantidad de dinero en circulación, y la peseta perdió la mitad de su poder adquisitivo, a lo que se añadió una inflación sin precedentes. Por otra parte, la minería, así como las industrias química, hidroeléctrica, textil catalana, siderúrgica y la industria naval vasca, o la banca, vivieron un periodo de expansión. Sin embargo, se generó una grave escasez de productos de primera necesidad, agravada por la actuación de los acaparadores, que forzaban la subida de precios. En consonancia, los salarios eran cada vez más insuficientes, lo que generó una auténtica crisis de subsistencias. Ante tales circunstancias, el clima social se radicalizó y los motines, los disturbios, las protestas y las huelgas se multiplicaron por todo el país.
En este sentido, el año 1917 se reveló como el de mayor gravedad, al coincidir en pocas semanas el manifiesto de las Juntas de Defensa del 1 de junio, la Asamblea de Parlamentarios de Barcelona del 19 de julio y la huelga general, convocada por la CNT y la UGT, del mes de agosto. Tales hechos se desarrollaron en medio de una sucesión de crisis gubernamentales que no hacían sino agravar todavía más la situación. Llegado el año de 1919, además, la ciudad de Barcelona vivió niveles de conflictividad social gravísimos al convocarse la huelga en La Canadiense y aparecer el fenómeno del pistolerismo, que dejó un reguero de muertos por la ciudad.
Esta era la situación de España cuando, en 1920, y cumplidos los nueve años de edad, Merceditas fue internada por su madre en el colegio Nuestra Señora del Rosario, perteneciente a la congregación femenina de Santo Domingo de Nancy, que bien pronto fue conocido como el colegio de las dominicas francesas. El edificio estaba situado en el n.º 64 de la calle Santiago, en Valladolid, en lo que había sido un convento de las comendadoras de Santiago y, posteriormente, de las religiosas salesas.46 Las dominicas francesas llegaron a Valladolid en 1881,47 y trajeron consigo un sistema de enseñanza elitista y moderno, dirigido a la educación secundaria, que introducía la lengua francesa en todas las asignaturas, con lo que las alumnas adquirían un elevado nivel de conocimiento de francés. El aprendizaje de la escritura y la lectura se basaba en la copia de manuales escolares, pasajes bíblicos o fragmentos literarios, españoles y franceses, en los que se destacaban los valores de los grandes personajes históricos como Cristóbal Colón o Juana de Arco. Además de todas las materias de la Escuela Normal, las niñas aprendían las labores de corte y confección y el bordado a máquina. La instrucción religiosa y la inculcación de disciplina, respeto y autoridad, completaban el programa educativo de las dominicas francesas.48
Cuando Merceditas llegó a Valladolid para ingresar en el internado, la ciudad ya había vivido numerosas huelgas. El verano de 1917, al igual que en otros lugares de España, fue especialmente tenso. La ciudad albergaba un número elevado de trabajadores en los talleres ferroviarios de la Compañía del Norte y la huelga, iniciada el 10 de agosto, se saldó con numerosas detenciones y con la declaración del estado de guerra, que se alargó hasta el 17 de octubre.49 Las huelgas siguieron convocándose en los años posteriores, destacando diez en 1919, y otras diez en 1920.50 Con estos antecedentes de conflictividad social, la ciudad de Valladolid celebró aquel año elecciones municipales. La mayoría de concejales elegidos fueron liberales, resultado para nada sorprendente, pues eran estos, y particularmente los albistas, los que predominaban cada vez que se celebraban elecciones municipales.51 Merceditas, que en 1920 tan solo tenía 9 años, permanecería ajena a todas estas circunstancias políticas, aunque no del todo, puesto que sus padres eran liberales y su tío Aurelio Bachiller Sanz, primo carnal de su madre, fue alcalde liberal de Montemayor de Pililla, al menos, en 1922.52 Mientras permanecía en el internado de las dominicas, el presidente del Gobierno, Eduardo Dato, fue asesinado en Madrid en el mes de marzo de 1921. Poco después, en el mes de julio, España protagonizaba otro sonado fracaso en Annual.
La vida de Mercedes, a pesar de todas estas circunstancias, seguía centrada en los estudios. En las dominicas francesas estudió la segunda enseñanza durante seis cursos, adquirió una importante formación académica, moderna y francófona, y encontró compañeras que se convirtieron en una suerte de familia para ella, como fue el caso de Sara Alonso Pimentel. Además, durante los años de estudio en las dominicas francesas llegó a coincidir, entre 1921 y 1923, con Ángeles Santos Torroella, futura pintora surrealista, incluso es muy probable que compartieran aula, dado que tenían la misma edad.53 La permanencia en el internado, sin embargo, suponía un gasto importante para la economía familiar, motivo por el que su madre y su tía estaban en desacuerdo:
... una tía hermana de mi madre, encantadora pero quizás no totalmente de acuerdo con la educación y deseos de mi madre de [sic] ya que esta [sic] siempre deseaba los mejores colegios de primera línea aunque estos fuesen más costosos que aquellos más tradicionales y apegados a la situación cotidiana de los pueblos en que se desarrollaba la vida de esta tía mía con su ambiente familiar.54
Desde su internado, Merceditas supo del golpe de estado que el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio el 13 de septiembre de 1923 en Barcelona, y de la posterior instauración de la dictadura. En el régimen primorriverista, el Ejército asumía todo el protagonismo y la Unión Patriótica, partido nacido de la Unión Patriótica Castellana de Valladolid,55 se convertía en el partido único del régimen. Después del golpe, pronto se suspendieron la Constitución y las Cortes, los gobernadores civiles fueron apartados de su cargo y sustituidos por militares, las corporaciones municipales por gestoras, y se implantó la censura. En Valladolid,56 de igual modo que en el resto de España, la corporación municipal fue disuelta por el real decreto del 30 de septiembre de 1923,57 tras lo que fue elegido alcalde José Morales. Las corporaciones municipales y las diputaciones quedaron a disposición del régimen durante seis años, aunque en el caso de Valladolid no fue fácil dar estabilidad al Gobierno municipal; de hecho, durante el primer año la sucesión de alcaldes y de concejales fue constante. Además, los «upetistas» y, en menor medida, los mauristas y católicos empezaron a copar cargos en el Ayuntamiento y en la Diputación. Muchos de los alcaldes, concejales o jueces municipales, y otros hombres que habían ocupado cargos políticos con anterioridad a la dictadura, acabaron en las filas del somatén. Concentraciones y desfiles fueron desarrollándose en Valladolid y en los pueblos de la provincia a lo largo de estos años. La censura de prensa pronto se puso en marcha. El Diario Regional se convirtió en la voz del régimen, contrariamente a lo sucedido con El Norte de Castilla y su director, Santiago Alba, que fueron vigilados y perseguidos, incluso por la justicia.58
Por otra parte, la pacificación de Marruecos, con la exitosa operación hispano-francesa en Alhucemas de septiembre de 1925, y la prosperidad económica de estos años dieron popularidad al régimen. Mucho influyó la política económica que, desde finales de 1925, diseñó el directorio civil, basada en el intervencionismo del Estado, invirtiéndose en obras públicas, creando monopolios estatales, como la Compañía Telefónica Nacional de España, aunque controlada por la «ITT Corp.» (International Telephone and Telegraph Corporation), o las Confederaciones Hidrográficas, la compañía de aviación Iberia, y la Compañía Arrendataria del Monopolio del Petróleo-CAMPSA. Nacieron algunos bancos oficiales como el Banco Exterior de España, el Banco Hipotecario y el Banco de Crédito Industrial y, a finales de 1926, la Organización Corporativa Nacional del Trabajo y los Comités Paritarios que, una vez ilegalizada la CNT, fueron aceptados por la UGT. La conflictividad social y las huelgas disminuyeron y se aprobaron el subsidio para las familias numerosas y el seguro de maternidad. Así pues, a lo largo del directorio civil, pareció que nada podía ensombrecer el rumbo de la nación.59
En contraste con esta realidad, la vida personal de Merceditas dio un vuelco, puesto que el 20 de enero de 1926 murió su madre60 a los 50 años de edad.61 Merceditas tenía 14 años y, definitivamente, quedó huérfana de padre y de madre. En el testamento de Mercedes Bachiller quedó estipulado que la niña quedaría a cargo de su tío Aurelio Bachiller Sanz,62 primo carnal de su madre, médico y alcalde de Montemayor, que, tal como lo recordaba Mercedes, «era un hombre correcto y frío, nunca estuve en su casa. Era el hombre más sobresaliente del pueblo, generoso, de ideas liberales, de una extrema humanidad pero con un trato más bien seco».63
Él se encargaba de pagar el colegio, de proporcionarle una pequeña pensión y de administrar sus tierras y rentas. Fue a partir de entonces cuando el internado se convirtió en su hogar casi de forma ininterrumpida porque
era propietaria de casas, pero no tenía hogar. Es muy distinto una casa a un hogar. Era una chica de catorce años sin padre, sin madre, sin hermanos, sin tíos, sin abuelos... sin nada. ¡Qué iba a tener! Además, mis casas eran de muchas habitaciones, con paneras, corrales, bodegas... imposible vivir sola ahí.64
Esta circunstancia hizo que pasase largas temporadas en el colegio y que, cuando se lo permitían, visitara las casas de sus compañeras, las cuales «infinidad de veces me hacían participar de su ambiente familiar. Las mayores fueron admirables, severas pero gratas; una disciplina bien llevada que creo ha sido parte de mi vida en el cumplimiento del deber».65
Los veranos los pasaba entre Sardón de Duero, donde tenía una finca Millán Alonso Lasheras, y Traspinedo, con sus tíos Acacia Bachiller y Miguel López.66 Según Mercedes Redondo, «los hijos de ambos fueron los primos queridos de mi madre, especialmente el de su edad, Miguel».67 Sin embargo, en 1927, al cumplir los 16 años, su tío y tutor, Aurelio Bachiller, consideró que Mercedes ya había alcanzado la madurez suficiente y consintió su emancipación.68 Esta circunstancia fue aprovechada por Mercedes para, a los 17 años, trasladarse a Neully sur Seine, muy cerca de París, y cursar allí el último año de estudios. Este colegio, que ocupaba un antiguo pabellón de caza del rey Luis XIV, pertenecía a la misma congregación religiosa dominica en la que había estado interna en Valladolid. Para poder hacer frente a los gastos del viaje y de la estancia, Mercedes vendió una pimpollada y marchó con dos compañeras del colegio, las hermanas Pino. En Francia pudo, además, perfeccionar el francés y proyectar su futuro: un año más en Inglaterra que finalmente no llegó a realizar. Al regresar a Valladolid en el verano de 1929, se volvió a instalar en las habitaciones de su antiguo colegio. Aunque había tenido una vida difícil y dura en lo personal, Mercedes era una mujer joven, independiente, con una sólida formación académica, solvencia económica y con todo el futuro por delante.
Mientras Mercedes reingresaba en su antiguo internado de las dominicas, la dictadura empezaba a tambalearse. Aunque no fue decisiva para su caída, la oposición al régimen era creciente y venía desde diversos sectores de la sociedad española: las organizaciones patronales y los sindicatos católicos, los intelectuales y parte del Ejército.69 Empezando por el cuerpo de Artillería, que acabó disuelto, y siguiendo por el pronunciamiento de Valencia, encabezado por el capitán general Alberto Castro Girona y por el político conservador José Sánchez Guerra.70 Pero es que, además, se añadieron los enfrentamientos con el mundo universitario, el fracaso político del partido único y de la Asamblea Nacional Consultiva y el rechazo que generó el proyecto constitucional. Además, la etapa de prosperidad económica llegaba a su fin71 con la depreciación de la peseta, la caída de los valores bursátiles y de la rentabilidad empresarial y el estancamiento de la constitución de sociedades y de las inversiones. Así estaban las cosas cuando Miguel Primo de Rivera consultó a los capitanes generales si debía o no debía continuar en el poder. La respuesta llevó al dictador a presentar su dimisión a Alfonso XIII. Era el 26 de enero de 1930.
Fue entonces cuando Alfonso XIII encargó la formación de gobierno al general Dámaso Berenguer con dos objetivos:72 restablecer la Constitución de 1876 y convocar elecciones a Cortes. Sin embargo, la España de 1930 ya no era la de 1923, y los partidos dinásticos que habían sustentado el sistema restauracionista tampoco, enfrascados ambos en particulares guerras de liderazgo. Además, las fuerzas republicanas, Alianza Republicana o Derecha Republicana, empezaron a reorganizarse y a crecer en influencia, así como Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), la Organización Republicana Gallega Autonomista (ORGA) o el valenciano Partido Unión Republicana Autonomista (PURA). Con el objetivo de derrocar a la monarquía, el PSOE y la CNT empezaron a colaborar con el republicanismo. Todo este movimiento de fuerzas políticas contrarias a la continuidad de la monarquía y partidarias de la instauración en España de un régimen republicano se reunió a mediados de agosto en la ciudad de San Sebastián y aprobó un plan de actuación que tenía como fin último la instauración de la república. La sublevación de la guarnición de Jaca y el posterior fusilamiento de Fermín Galán y Ángel García Hernández, a mediados de diciembre, no auguraban un buen final para la monarquía.
Para la joven Mercedes Sanz-Bachiller, aquel año de 1930 significaría el inicio de una nueva etapa en lo personal, y de gran trascendencia para el futuro político de España. Durante sus años de estudio en las dominicas francesas, Mercedes había entablado una gran amistad con Sara Alonso Pimentel73 y, por este motivo, frecuentaba su casa a menudo. Esta familia, según recordaba Mercedes, «habían sido ya amigos de mis bisabuelos por asuntos de fincas y cosas de esas».74
La casa de los Alonso Pimentel era propiedad del Banco Hispano Americano, y estaba en el mismo edificio donde vivían el director de dicho banco, Andrés Redondo Ortega, y su hermano Onésimo.75 Onésimo Redondo era un joven abogado de 25 años que trabajaba como secretario asesor en el Sindicato de Cultivadores de la Remolacha de Castilla la Vieja, empleo que justo había conseguido gracias a su vecino Millán Alonso Lasheras. Pues bien, fue en el ascensor de este edificio donde, un 11 de junio de 1930, coincidieron Mercedes, Onésimo y Millán Alonso.76
Millán Alonso, ante la insistencia de Onésimo, les presentó al cabo de dos días en su casa, y quedaron en verse a la mañana siguiente, en la misa de las 9 de la mañana, en los jesuitas de Valladolid. Desayunaron juntos y volvieron a quedar para el día siguiente. Fue paseando por Campo Grande, cuando Onésimo le preguntó si quería casarse con él. Mercedes le contestó que sí enseguida, pensando que, llegado el caso, ya tendría tiempo para decir que no.77 Y a partir de entonces se inició un noviazgo de ocho meses que culminó en boda. Así lo recordaba Mercedes:
Tenía 18 años cuando de una manera casual me conoció Onésimo. Él tenía 25. Se enamoró locamente y yo vi en esta unión la solución de mi vida; la compañía y el apoyo del que toda mujer necesita. 8 meses de relaciones y boda.78
Al iniciar el noviazgo, Mercedes dejó Valladolid y se trasladó a Montemayor de Pililla, a la casa familiar, donde permaneció hasta finales de 1930. Esta circunstancia y las ausencias de Onésimo por sus actividades profesionales y políticas condicionaron la relación, que se llevó a cabo mayormente por carta.79 Y es que ese verano Onésimo estaba trabajando, por la construcción de una fábrica azucarera del Sindicato de Cultivadores de la Remolacha de Castilla la Vieja, en Venta de Baños (Palencia), trabajo que le mantenía lejos de Valladolid. A ello se añadían las dificultades económicas para la celebración del enlace con Mercedes, de manera que la fecha de la boda se iba retrasando. A estas circunstancias se añadía el creciente interés de Onésimo por la política, un interés que se había iniciado a través de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, pero, sobre todo, a raíz de su estancia en la Escuela Superior de Comercio de la Universidad de Manheim, en Alemania. Fueron sus inquietudes políticas las que le llevaron a colaborar con el Partido Nacional Agrario80 y organizar el mitin agrarista que se celebró a finales de octubre de 1930 en Valladolid. Mercedes, lejos de mantenerse al margen, también colaboró con los agraristas,81 y lo hizo económicamente, dato que no debe extrañarnos, dados sus orígenes como propietaria agrícola en Montemayor de Pililla y su posición económica acomodada. Mercedes, aunque por entonces todavía residía en Montemayor, se trasladó de nuevo a Valladolid al inicio del año 1931.
1 Censo de la población de 1910, provincia de Valladolid, población de hecho. Disponible en línea: <http://www.ine.es/inebaseweb/pdfDispacher.do?td=80326&ext=.pdf>.
2 José Cubero Garrote (dir.): Valladolid. Todos los pueblos de la provincia, Medina del Campo, Ánfora, 2006, pp. 320-321.
3 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», pp. 10-11; P. Preston: Palomas..., p. 22.
4 Registro Civil de Montemayor de Pililla (RCMP), Nacimientos, libro n.º 33, f. 9; Archivo Diocesano de Valladolid (ADV), Registros Bautismales, libro 9BC, f. 399.
5 Ramiro Vicente Sanz Bachiller falleció el 8 de julio de 1907. RCMP, Defunciones, libro n.º 26, f. 38.
6 RCMP, Nacimientos, libro n.º 34, f. 96.
7 María de las Mercedes Petra Sanz Bachiller falleció el 3 de noviembre de 1909. RCMP, Defunciones, libro n.º 27, f. 69.
8 Datos recogidos durante las conversaciones con algunos vecinos de Montemayor de Pililla en el año 2017.
9 P. Preston: Palomas..., p. 22.
10 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 8.
11 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., pp. 156 y 191.
12 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 8; P. Preston: Palomas..., p. 22.
13 Según se indica en la inscripción bautismal de Ramiro Vicente Sanz Bachiller, el abuelo materno había fallecido con anterioridad a 1905. ADV, Registros Bautismales, libro 9BC, f. 399.
14 Moisés Sanz Izquierdo nació el 28 de agosto de 1873. Era hijo de Gregorio Sanz y Remigia Izquierdo, ambos de Montemayor. RCMP, Nacimientos, libro n.º 4, f. 12v; ADV, Registros Bautismales, libro 8A, f. 64.
15 Moisés Sanz Izquierdo falleció el 4 de mayo de 1915. RCMP, Defunciones, libro 29, f. 4.
16 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 9.
17 M. Sanz-Bachiller: «Breves reflexiones...».
18 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 10.
19 Ibíd., p. 9; P. Preston: Palomas..., pp. 23-24.
20 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 9.
21 Gazeta de Madrid (GM), 1710, 10 de septiembre de 1857. Disponible en línea: <https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1857/1710/A00001-00003.pdf>.
22 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 9.
23 Entrevista con Mercedes Redondo Sanz-Bachiller (17 de febrero de 2013).
24 Fernando Manero Miguel: «La Tierra de Pinares de Valladolid: el significado de la intervención humana en la organización de un paisaje vegetal», VI Coloquio de Geografía, Asociación de Geógrafos Españoles, 1979. Disponible en línea: <http://uvadoc.uva.es/handle/10324/9082>; Amando Represa Rodríguez: Valladolid y sus comarcas. Una ciudad entre ríos, Valladolid, Ámbito, 2007, pp. 75-78.
25 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», pp. 10-11.
26 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., pp. 154 y 316.
27 Entrevista con Pilar Redondo Sanz-Bachiller (9 de octubre de 2013).
28 José Luis del Olmo Guadarrama: El ciclo del año para el labrador, Valladolid, Centro Etnográfico de Documentación y Diputación de Valladolid, 1988, pp. 7-8 y 21-22; algunos datos se han extraído de las conversaciones mantenidas con vecinos de Montemayor de Pililla en 2017.
29 Los datos y las dos citas siguientes en Carlos Hermida Revillas: «Coyuntura económica y movilización campesina en Castilla la Vieja, 1914-1923», Cuadernos de Historia Moderna y Contemporánea, 3, 1982, pp. 182-184.
30 Pablo Pérez López: «Los negocios y la actividad industrial y mercantil en Valladolid vistos por sus protagonistas (1913-1927)», Espacio, Tiempo y Forma, serie V, Historia Contemporánea, 3, 1990, pp. 249-256.
31 Pedro Carasa Soto: «Castilla y León», en José Varela Ortega: El poder de la influencia. Geografía del caciquismo en España (1875-1923), Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales / Marcial Pons, 2001, pp. 175-235; íd.: «Cambio de cultura política y poder local en la Castilla contemporánea», en Pedro Carasa Soto (dir.): El poder local en Castilla. Estudios sobre su ejercicio durante la Restauración (1874-1923), Valladolid, Universidad de Valladolid, 2003, pp. 7-25; María Ángeles Lario González: «La Corona en el proyecto canovista», en Javier Tusell y Florentino Portero (eds.): Antonio Cánovas y el sistema político de la Restauración, Madrid, Biblioteca Nueva, 1998, pp. 89-110; Fidel Gómez Ochoa: «La formación del Partido Conservador: la fusión conservadora», Ayer, 52, 2003, pp. 57-90; José Ramón Milán García: «Los liberales en el reinado de Alfonso XII: el difícil arte de aprender de los fracasos», Ayer, 52, 2003, pp. 91-115; Carlos Dardé: «El sistema político y las elecciones», en Javier Tusell y Florentino Portero (eds.): Antonio Cánovas y el sistema político de la Restauración, Madrid, Biblioteca Nueva, pp. 111-135.
32 Inés Sofía Hidalgo Marín: «La familia Gamazo: elite castellana en la Restauración (1876-1923)», Investigaciones Históricas, 15, 1995, pp. 107-118; Esther Calzada del Amo: Germán Gamazo. Poder político y redes sociales en la Restauración (1840-1901), Madrid, Marcial Pons, 2011; Juan Antonio Cano García: Gamacistas y albistas. La vida política en Valladolid durante la Restauración, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2008, pp. 65-102.
33 Celso Almuiña: «Santiago Alba, paradigma de político regenerador», Investigaciones Históricas, 15, 1995, pp. 269-296; J. A. Cano García: Gamacistas..., pp. 103-206.
34 Guillermo A. Pérez Sánchez, Pablo Pérez López, Ricardo Martín de la Guardia y Juan Antonio Cano García: «Parlamentarios vallisoletanos en la segunda Restauración (1901-1923)», Investigaciones Históricas, 15, 1995, pp. 81-95.
35 Censo de la población de 1900, provincia de Valladolid, población de hecho. Disponible en línea: <http://www.ine.es/inebaseweb/pdfDispacher.do?td=69595&ext=.pdf>.
36 Juan A. Cano García: «El componente económico en la configuración de la élite política vallisoletana», Investigaciones Históricas, 18, 1998, pp. 224 y 228; íd.: «El conservadurismo vallisoletano en la segunda Restauración: César Silió», Investigaciones Históricas, 15, 1995, pp. 97-105.
37 Guillermo A. Pérez Sánchez et al.: «Parlamentarios vallisoletanos...», p. 93.
38 Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox: España: 1808-1996. El desafío de la modernidad, Madrid, Espasa-Calpe, 1998, pp. 178-183; Ramón Villares y Javier Moreno Luzón: «Restauración y dictadura», en Josep Fontana y Ramón Villares (dirs.): Historia de España, Barcelona, Crítica / Marcial Pons, 2009, vol. 7, pp. 307-420.
39 María del Carmen García de la Rasilla Ortega: «Repercusión del problema marroquí en la vida Vallisoletana (1909-27)», Investigaciones Históricas, 6, 1986, pp. 189-213.
40 Jesús Ángel Redondo Cardeñoso: 1904. Rebelión en Castilla y León, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2013, pp. 33-53.
41 Jesús María Palomares Ibáñez: «Líderes del socialismo castellano: Remigio Cabello, fundador de la Agrupación Socialista de Valladolid (1869-1936)», Investigaciones Históricas, 6, 1986, pp. 171-185.
42 J. A. Redondo Cardeñoso: 1904. Rebelión..., pp. 58-139.
43 J. P. Fusi et al.: España: 1808-1996..., p. 185.
44 Francisco J. Romero Salvadó: España, 1914-1918. Entre la guerra y la revolución, Barcelona, Crítica, 2002, pp. 6-29; Maximiliano Fuentes Codera: España en la Primera Guerra Mundial. Una movilización cultural, Madrid, Akal, 2014, pp. 61-72; J. P. Fusi et al.: España: 1808-1996..., pp. 185-190; R. Villares et al.: «Restauración...», pp. 421-495.
45 Albert Carreras y Xavier Tafunell: Historia económica de la España contemporánea, Barcelona, Crítica, 2007, pp. 223-234.
46 Juan Agapito y Revilla: «Sumario artístico-histórico de los edificios más importantes de Valladolid», en Guía de Valladolid. Dedicada a los congresistas por el Comité local, Valladolid, Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, Congreso de Valladolid (17-22 de octubre de 1915). Disponible en línea: <http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=19234>. Del conjunto arquitectónico ocupado por las dominicas francesas, en la actualidad solo queda el claustro, convertido desde hace unos años en un centro comercial, y la iglesia. El antiguo colegio se trasladó a la zona de Valladolid conocida como Huerta del Rey.
47 La llegada de las dominicas francesas se produjo en el contexto de laicización del sistema educativo francés que impulsó el ministro de Instrucción Pública de la III República, Jules Ferry. Se concretó en dos decretos, ambos de 29 de marzo de 1880, por los que se expulsaba y dispersaba a algunas órdenes religiosas en un plazo de tres meses. A las congregaciones que no estaban autorizadas para impartir enseñanza se les daba un tiempo para que presentaran la solicitud de autorización. Al negarse a aceptar tal procedimiento, empezaron a salir de Francia y a establecerse en España, concretamente en las dos Castillas y Andalucía. En Paulí Dávila Balsera: «Las órdenes y congregaciones religiosas francesas y su impacto sobre la educación en España. Siglos XIX y XX», en José María Hernández Díaz (ed.): Francia en la educación de la España contemporánea (1808-2008), Salamanca, Universidad de Salamanca, 2011, pp. 120-121.
48 Loreto Casado Candelas: «Una práctica cultural. Colegio Nuestra Señora del Rosario (Dominicas Francesas) de Valladolid, 1888», en Pere Gabriel, Jordi Pomés y Francisco Fernández Gómez (eds.): «España Res publica». Nacionalización española e identidades en conflicto (siglos XIX y XX), Granada, Comares, 2013, pp. 483-491.
49 Jesús María Palomares Ibáñez: Valladolid. 1900-1931, Valladolid, Ateneo de Valladolid, 1981, pp. 30-35; Ignacio Martín Jiménez: Hacia el paroxismo. Violencia política en la provincia de Valladolid (1917-1936), Valladolid, Universidad de Valladolid, 2008, pp. 20-40.
50 J. M. Palomares Ibáñez: Valladolid..., pp. 22-24.
51 Ibíd., p. 58.
52 Guía-anuario de Valladolid y su provincia, Valladolid, Casa Santarén, 1922, p. 437. Disponible en línea: <http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=863>.
53 Rosa Agenjo Bosch: La pintora Ángeles Santos y su obra anterior a la Guerra Civil Española. Catalogación y estudio, tesis doctoral, Universitat de Barcelona, 1986, p. 13. Disponible en línea: <http://hdl.handle.net/2445/42593>.
54 M. Sanz-Bachiller: «Breves reflexiones...».
55 Shlomo Ben-Ami: El cirujano de hierro. La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), Barcelona, RBA, 2012, pp. 125-169; José Luis Gómez Navarro: El régimen de Primo de Rivera: reyes, dictaduras y dictadores, Madrid, Cátedra, 1991, pp. 207-260.
56 Jesús María Palomares Ibáñez: Nuevos políticos para un nuevo caciquismo: la dictadura de Primo de Rivera en Valladolid, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1993, pp. 44-46 y 78-79.
57 GM, 274, 1 de octubre de 1923. Disponible en línea: <https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1923/274/A00003-00004.pdf>.
58 C. Almuiña: «Santiago Alba, paradigma...», pp. 291-292.
59 A. Carreras et al.: Historia económica..., pp. 237-251; Antonio Pérez Yuste: «La creación de la Compañía Telefónica Nacional de España en la Dictadura de Primo de Riera», Cuadernos de Historia Contemporánea, 29, 2007, pp. 95-117; S. Ben Ami: El cirujano..., pp. 222-288; J. L. Gómez Navarro: El régimen de Primo..., pp. 391-486; J. P. Fusi et al.: España: 1808-1996..., pp. 241-243.
60 RCMP, Defunciones, libro 35, f. 141.
61 Había nacido el 10 de agosto de 1875. RCMP, Nacimientos, libro 5, f. 33.
62 Aurelio Bachiller Sanz fue médico y alcalde de Montemayor de Pililla en 1922, según consta en Guía-anuario de Valladolid y su provincia, Valladolid, Casa Santarén, 1922, p. 437. Disponible en línea: <http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=863>; P. Preston: Palomas..., p. 24.
63 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 11.
64 Sofía Moro: Ellos y nosotros, Barcelona, Círculo de Lectores, 2006, p. 205.
65 M. Sanz-Bachiller: «Breves reflexiones...».
66 Entrevista con Mercedes Redondo Sanz-Bachiller (17 de febrero de 2013); entrevista con Pilar Redondo Sanz-Bachiller (9 de octubre de 2013).
67 Entrevista con Mercedes Redondo Sanz-Bachiller (22 de febrero de 2017).
68 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 11.
69 Carmen González Martínez: «La Dictadura de Primo de Rivera: una propuesta de análisis», Anales de Historia Contemporánea, 16, 2000, pp. 337-408; J. L. Gómez Navarro: El régimen de Primo..., pp. 520 y ss.; S. Ben Ami: El cirujano..., pp. 289-353.
70 Juan José Oña Fernández: «Tensión en capitanía: los sucesos de Valencia de 1929», Revista de Historia Militar, 103, 2008, pp. 167-205.
71 A. Carreras et al.: Historia económica..., pp. 251-259.
72 Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo: «Proclamación de la República, Constitución y reformas», en Santos Juliá (coord.): República y guerra en España (1931-1939), Madrid, Espasa-Calpe, 2006, pp. 1-8; Julián Casanova: «República y guerra civil», en Josep Fontana y Ramón Villares (dirs.): Historia de España, Barcelona, Crítica / Marcial Pons, 2007, vol. 8, pp. 3-15.
73 P. Preston: Palomas..., pp. 25-26.
74 S. Moro: Ellos..., p. 205.
75 J. L. Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo..., pp. 11-22; M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., pp. 55-105.
76 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 13.
77 P. Preston: Palomas..., p. 28.
78 M. Sanz-Bachiller: «Breves reflexiones...».
79 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., p. 112.
80 Jesús María Palomares Ibáñez: La Segunda República en Valladolid: agrupaciones y partidos políticos, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1996, pp. 67-70.
81 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., pp. 109-110.
II. MERCEDES SANZ-BACHILLER Y ONÉSIMO REDONDO (1931-1936)
En Valladolid, Mercedes y Onésimo empezaron a organizar la boda. Onésimo ya había encontrado el que sería su piso, contiguo al que compartía con su hermano Andrés en el edificio Mantilla.1 Con todo preparado, se casaron el 11 de febrero de 1931 ante el juez municipal, y al día siguiente se celebró la ceremonia religiosa en la capilla del Palacio Arzobispal de Valladolid.2 Los testigos fueron, por parte de Mercedes, Jesús de la Fuente y Millán Alonso Lasheras y, por parte de Onésimo, Agustín Íscar y Luis Martín Alonso.3 Mercedes llegaba a la boda con diecinueve años y medio; a Onésimo le quedaban cinco días para cumplir los veintiséis. Ofició la boda el arzobispo monseñor Remigio Gandásegui, a quien Mercedes conocía porque ya había recibido de él la Primera Comunión y la Confirmación durante su etapa estudiantil en las dominicas francesas. La novia llevaba un vestido «color rosa claro, precioso, de muaré [sic por moirée]».4 Después de pasar los primeros días de luna de miel en Madrid, iniciaron su viaje de bodas por Andalucía. Visitaron Córdoba, Málaga y Sevilla, y fue allí, estando en Sevilla, cuando Onésimo recibió un telegrama para que volviera a Valladolid, ya que tenía que representar a su padre en un pleito en la Audiencia. A su regreso del viaje, Mercedes ya estaba embarazada de su primer hijo.
Mientras tanto, la monarquía agonizaba. Alfonso XIII había ofrecido a José Sánchez Guerra la formación de gobierno, a lo que se negó. Eran ya mediados de febrero y a toda la oposición política se añadió la Agrupación al Servicio de la República. Como última alternativa, el rey ofreció al almirante Juan Bautista Aznar la presidencia del que sería el último Gobierno de la monarquía. A las pocas semanas, en marzo, se celebró el juicio a los responsables de la sublevación de diciembre, y para el 12 de abril quedaron convocadas las elecciones municipales. Políticamente, el año 1931 iba a ser un año decisivo para el país, sin duda, pero también para la vida de Mercedes y Onésimo. Veamos.
Aunque la vida profesional de Onésimo transcurría entre el sindicato y el ejercicio de la abogacía,5 las circunstancias políticas por las que atravesaba España a principios de 1931 le empujaban a implicarse cada vez más en los asuntos políticos. La ocasión se presentó con el inicio de la campaña electoral para las elecciones municipales del 12 de abril colaborando con los monárquicos de Valladolid y participando en los actos públicos de propaganda a favor de Acción Nacional, como el que se realizó en la Casa Social Católica.6 Llegó el día 12 de abril y, una vez realizado el escrutinio, se desencadenaron los hechos que llevaron, dos días después, a la proclamación de la República.7 Así pues, el 14 de abril, a primera hora, la República fue proclamada en Éibar y, por la tarde, Niceto Alcalá Zamora, presidente del Gobierno provisional, hacía lo propio desde el balcón del Ministerio de Gobernación, en la madrileña Puerta del Sol. El rey Alfonso XIII abandonó la capital ese mismo día. En Valladolid,8
a las ocho de la noche una imponente manifestación, encabezada por la bandera tricolor, se dirige hacia el Ayuntamiento, consiguiendo algunos invadir la sala principal. Desde el balcón, el antiguo republicano Eustaquio Sanz Pasalodos proclama la República y declara la República en Valladolid.
Esa misma noche quedó constituido el nuevo Ayuntamiento, resultando elegido alcalde de la ciudad el socialista Federico Landrove.
Al día siguiente de la proclamación de la República, el 15 de abril, Onésimo y otros muchos monárquicos se concentraron en la estación de ferrocarril de la capital vallisoletana para despedir a la reina Victoria Eugenia y sus tres hijos, que pasaban por allí de camino hacia Irún. Cuando el tren partió, muchos de los allí congregados se marcharon a la Casa Social Católica, donde Onésimo Redondo les arengó para defender los valores tradicionales que para él representaban el campo y la monarquía. Allí fue donde anunció la creación de un semanario que, cuando salió a la calle a mediados de junio, llevó por título Libertad.9 Para Mercedes empezaba a hacerse meridianamente claro que su matrimonio con Onésimo no iba a ser una unión convencional y que, si quería a aquel hombre, debía acostumbrarse a esta cotidianidad acelerada que la política empezaba a imprimir en su vida.
El Gobierno provisional de la República,10 presidido por Niceto Alcalá Zamora, empezó a tomar las primeras medidas, como la aprobación de la Ley de Reforma Militar, impulsada por el ministro de Guerra, Manuel Azaña, y la Ley de Términos Municipales y el Decreto de Laboreo Forzoso, ambos del ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero. La Iglesia católica se mostró cauta al principio, aunque muy pronto el cardenal Pedro Segura tensó las relaciones con el Gobierno provisional y con el propio Vaticano. Un mes después de la proclamación republicana, la explosión anticlerical, con el incendio de edificios religiosos, empezó a fracturar las relaciones entre los católicos y la República. Así estaban las cosas cuando se convocaron las elecciones a Cortes constituyentes, que debían celebrarse el 28 de junio. Los socialistas y republicanos se presentaron en coalición, no así las derechas, que intentaban organizarse a través de Acción Nacional. Onésimo se dispuso a hacer campaña por este nuevo partido recorriendo los pueblos de Valladolid11 y, el 13 de junio, salió a la luz el primer número de Libertad. Pasadas las elecciones, tras ganar la coalición republicano-socialista y una vez constituidas las Cortes, se formó el primer Gobierno de la República.
Mientras tanto, en Valladolid, las inquietudes políticas del marido de Mercedes Sanz-Bachiller acabaron tomando forma en otra formación política. Los hermanos Onésimo y Andrés Redondo y los hermanos Jesús y Francisco Ercilla fundaron las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica. Era el 9 de agosto de 1931, y para entonces Mercedes ya lucía un avanzado embarazo. La fundación de las JCAH y la dedicación de Onésimo a esta nueva y minúscula formación política12 imprimieron un nuevo carácter en la cotidianidad de la pareja, puesto que las primeras reuniones de las JCAH se celebraban en el domicilio conyugal;13 sin embargo, pronto empezaron a reunirse en lugares más apartados de la capital.14 Las JCAH representaban el ultraderechismo más radical, legitimaban el uso de la violencia como instrumento de lucha contra el marxismo, el anarquismo, el regionalismo, el laicismo y el judaísmo que, según Onésimo y las JCAH, ponían en peligro la España nacida de la Castilla católica y rural, con sus valores tradicionales, y que tenía en sus juventudes la punta de lanza.15 Además, a finales de agosto, mientras se debatían los artículos de la constitución, Onésimo fue denunciado por injurias contra Marcelino Domingo, acusación que fue llevada hasta el Tribunal Supremo, y progresivamente «se convirtió en un interlocutor incómodo para las autoridades, además de ser señalado por los ambientes izquierdistas como un nuevo enemigo a quién combatir».16
Durante el verano de 1931, mientras en Madrid se debatía el proyecto constitucional, las JCAH y el grupo «La Conquista del Estado», liderado por Ramiro Ledesma Ramos, entraron en contacto. Fruto de ello nacieron, el 3 de octubre de 1931, las JONS, dirigidas por un triunvirato formado por Ramiro Ledesma Ramos, Onésimo Redondo y Francisco Giménez, este último sustituido por Bermúdez Cañete. Las JONS adoptaron como símbolos el yugo y las flechas de los Reyes Católicos, y lemas como «Arriba España», «Por la Patria, el Pan y la Justicia» o «España: Una, Grande y Libre», y tomaron la bandera roja y negra, de inspiración anarquista, como propia. En cuanto a las ideas políticas,17 el fascismo del grupo de Ledesma Ramos acabó por predominar en las JONS, quedando como algo más residual el ultraderechismo y el ultracatolicismo de Onésimo Redondo. Los 18 puntos programáticos de las JONS confluían en las ideas de patria, nación, imperio, catolicismo, antiparlamentarismo, antimarxismo, nacionalsindicalismo, repudio de lo extranjerizante, juventud, dignidad y justicia para el pueblo, así como fomento de la explotación comunal y familiar de la tierra. Sin embargo, después de la fusión, las JONS continuaban siendo una minúscula formación con muchísimos problemas económicos, que intentaban salvar con la financiación de los monárquicos, como José María de Areilza, y de Renovación Española, el partido de los alfonsinos.
Además de todo lo dicho, pronto se cruzó la desgracia en la vida de Mercedes y Onésimo, puesto que el 9 de noviembre de 1931, Mercedes dio a luz un niño que murió al nacer, enredado en el cordón umbilical. Mercedes parió sola en su piso de Valladolid, ya que tanto Onésimo como el ginecólogo que debía asistirla en el parto estaban en Palencia, muy probablemente asistiendo al mitin revisionista de las derechas que se celebró el 8 de noviembre. Así lo recogió Carolina Isasi Vicondoa en las memorias de Mercedes Sanz-Bachiller:
Al poco tiempo, Mercedes ya estaba embarazada de su primer hijo que nació muerto, estrangulado por el cordón umbilical, el 9 de noviembre de 1931. El día anterior del nacimiento de este niño, se celebraba en Palencia el mitin de la CEDA y el ginecólogo de Mercedes también había acudido a él.18
Lógicamente, en esa fecha la CEDA no se había fundado, pero en dicho mitin19 intervino José María Gil Robles, lo cual pudo confundirse en la memoria de Mercedes Sanz-Bachiller, al identificar este acto con un acto de la todavía inexistente CEDA. A este mitin revisionista de las derechas asistieron muchos vallisoletanos, entre los que estaría Onésimo Redondo, quien, a pesar de haberse fundado ya las JCAH, todavía seguía colaborando con Acción Nacional.20 También estuvo en este mitin el bilbaíno Javier Martínez de Bedoya, quien, a partir de entonces, empezó a colaborar con el semanario Libertad, que dirigía Onésimo Redondo.21
El 9 de diciembre de 1931, con la ausencia de los diputados de derechas no republicanos, las Cortes aprobaron la Constitución y eligieron a Alcalá Zamora como presidente de la República, que encargó a Manuel Azaña la formación de gobierno. Este nuevo Gobierno tenía importantes reformas22 que acometer. La reforma agraria, aprobada en septiembre de 1932, permitió la expropiación de los latifundios y el asentamiento de los campesinos en ellos. La religiosa englobó varias medidas que pretendían, entre otras cosas, la separación entre la Iglesia y el Estado, la libertad de culto, el divorcio, la secularización de los cementerios o la disolución de la Compañía de Jesús en enero de 1932. Además, la Ley de Congregaciones Religiosas, aprobada en mayo de 1933, contempló el cierre de los centros educativos religiosos o la obligatoriedad para las órdenes religiosas de inscribirse en un registro del Ministerio de Justicia, entre otras medidas. El Gobierno de la República incrementó el presupuesto en educación y logró construir, entre 1931 y 1933, unas 10.000 escuelas y habilitar a unos 7.000 maestros. En relación con la cuestión territorial, se aprobó el estatuto de Cataluña en septiembre de 1932, que permitía su autonomía, su propio gobierno, la Generalitat, y su propio parlamento. El 12 de abril de 1932, además, se decretó la prohibición de utilizar el apelativo «nacional» en los partidos, con lo que Acción Nacional, partido con el que había colaborado Onésimo Redondo en 1931, pasó a llamarse Acción Popular.
Bien pronto, sin embargo, empezaron las protestas, huelgas e insurrecciones, a las que se respondió con la acción represiva de las fuerzas del orden, principalmente la Guardia Civil y los Guardias de Asalto, unas acciones que empezaron a ser noticia y a poner entre las cuerdas al Gobierno de la República. Los sucesos de Castilblanco y Arnedo, entre finales de 1931 y principios de 1932, fueron los más graves por el número de víctimas mortales y por la acción desmesurada de las fuerzas del orden, hechos por los que el general Sanjurjo, director general de la Guardia Civil, fue destituido.
A los pocos meses, el 10 de agosto de 1932, y desde Sevilla, el general Sanjurjo dio un golpe de estado que fracasó, pero que tuvo consecuencias muy importantes para la vida de Mercedes y Onésimo. Entre otras cosas, el semanario Libertad fue suspendido, y Onésimo, de quien las autoridades sospechaban que había participado en la sublevación, avisado de su probable detención, decidió marchar a Portugal. Recordaba su hermano Andrés que
Se fue a la finca de Eduardo Calero, en el monte de Torozos. Allí pasó cinco días [...]. Lo que más le decidió a Onésimo a cruzar la frontera fueron los doce años de prisión que habían ido acumulando los fiscales en sus procesos contra él por artículos en Libertad y que ahora, en medio de este ambiente, les tocaba ya sustanciarse. Fue el propio Eduardo Calero el que le propuso entrar en Portugal. En Puebla de Sanabria (Zamora) tenía un amigo agricultor. [...] Con motivo de una romería, de las que se celebran alrededor de la Virgen de Agosto, en el pueblo fronterizo portugués de Franca, este agricultor, conocido por todos los de la pequeña aduana, le llevó en su coche, en plan de jarana local con otros labradores vecinos, todos descamisados y con buenas botas de vino. Nadie anotó los que iban, así que Onésimo continuó viaje para Braganza y Oporto mientras los demás regresaban.23
Probablemente el 12 de agosto ya había salido de la ciudad.24 Cabe imaginar en qué situación personal quedaba Mercedes: embarazada de nuevo y exiliado su marido sin fecha de retorno. Debió de sentir que ella misma estaba en peligro y, con el objetivo de seguir a Onésimo,
estuve viviendo ocho días en una finca de los Calero. Era una finca de secano a la que se accedía por un camino de tierra. Si venía un automóvil, levantaba mucho polvo y se veía de lejos. Entonces me escondían en la buhardilla.25
Después de estos ocho días, a principios de octubre se reunió con Onésimo en Curia, donde se habían establecido numerosos jesuitas desde que, en enero de 1932, había sido disuelta la Compañía. Allí se instalaron en una de sus habitaciones y, a finales de octubre, pudieron trasladarse a Oporto. En esta misma ciudad nació su hija Mercedes el 13 de noviembre de 1932,26 en una pensión de la calle Firmeza. Fue un parto duro, «con fórceps y sin anestesia»,27 aunque, pasado el parto, el principal problema al que se tuvieron que enfrentar fue el económico, una situación precaria que empeoró con el nacimiento de la pequeña. Onésimo seguía recibiendo algún ingreso del sindicato remolachero, pero era insuficiente, por lo que, según Mercedes: «Vivíamos fundamentalmente de las rentas de unas tierras que eran de mi propiedad [...]. No tuvimos el apoyo económico que recibieron otras familias que estaban en circunstancias similares».28
En efecto, Mercedes tuvo que vender unas tierras en Montemayor como medida de urgencia, para lo que volvió a Valladolid con la pequeña Mercedes en abril de 1933. Fue entonces cuando29 «Onésimo vuelve a Curia. Dos meses más tarde [junio], yo vuelvo a Portugal y nos trasladamos los tres a Praia das Rosas hasta octubre de 1933».30
En paralelo a todo lo relatado, hay que decir que, con el inicio de 1933, la situación política en España se fue radicalizando cada vez más. Los sucesos de Casas Viejas, acaecidos en los primeros días de enero, originaron una tromba de críticas y presiones sobre el Gobierno de la República por la excesiva crueldad con la que se había reprimido el levantamiento anarquista en aquella localidad. Con estos sucesos recientes, el 28 de febrero de 1933 la derecha se organizó en torno a la CEDA, bajo la presidencia de José María Gil Robles. Por otra parte, algunos jonsistas vallisoletanos y algunos redactores del semanario Igualdad tuvieron que hacer frente a procesos judiciales, entre ellos Javier Martínez de Bedoya y Luciano de la Calzada.31 Con la vista puesta en las elecciones municipales que se tenían que celebrar en abril, los jonsistas vallisoletanos hicieron campaña a favor de la Unión de Derechas, incluyendo en las listas a algún jonsista como independiente, sobre todo en los pueblos, no así en la ciudad de Valladolid. Fue en Alaejos, durante esta campaña electoral, donde se dio a conocer Rosario Pereda, por entonces estudiante de magisterio, pero llamada a ser una figura muy relevante del jonsismo femenino vallisoletano. A principios de septiembre, Alcalá Zamora destituyó a Azaña y encargó a Lerroux la formación de un Gobierno que apenas consiguió alcanzar un mes de vida y al que sustituyó Diego Martínez Barrio hasta la víspera de las elecciones generales del 19 de noviembre. En este contexto de crisis de gobierno, y a un mes de la celebración de las elecciones generales, Onésimo estaba convencido de que obtendría la amnistía una vez entrara, aunque ilegalmente, en España, así que prepararon el viaje y, a mediados de octubre de 1933, ya estaban en Valladolid.
En efecto, el 16 de octubre de 1933, Onésimo y Mercedes, junto a la pequeña Merche, regresaron a España.32 Para entonces, la niña estaba a punto de cumplir un año y Mercedes estaba de nuevo embarazada. Se dirigieron a Quintanilla de Abajo, a la casa de los padres de Onésimo, para después trasladarse a Valladolid. Se instalaron en el n.º 1 de la plaza de la Libertad, cerca del Teatro Calderón, donde sin dejar de trabajar para el sindicato remolachero, Onésimo instaló su despacho de abogado. Sin embargo, a los pocos días de su regreso a la capital, fue detenido por su implicación en la «sanjurjada». Poco duró el presidio, ya que consiguió salir en libertad vigilada a los dos días.
Onésimo esperaba poderse presentar a las elecciones formando parte de la candidatura cedista, a lo que Gil Robles se opuso. Fue entonces cuando decidió presentarse como independiente, aunque poco antes de las elecciones retiró su candidatura por temor a que el voto derechista quedara dividido. Así pues, el 19 de noviembre se celebró la primera vuelta de las elecciones generales,33 y el 3 de diciembre la segunda, en la que la CEDA obtuvo la mayoría de votos, seguida por el Partido Radical. El presidente de la República, Alcalá Zamora, propuso a Alejandro Lerroux que formara gobierno. Empezaba así el bienio radical-cedista, en el que se iba a revisar el bienio reformista anterior. Así, una de las primeras medidas que tomó el Ejecutivo radical fue paralizar la Ley de Confesiones y Congregaciones de junio de 1933.
El jonsismo, por su parte, trabajaba por reforzar su organización creando el Consejo Nacional de las JONS y realizando una campaña de propaganda para difundir su ideario y conseguir incrementar la afiliación. Sin embargo, desde octubre de 1933 existía ya otro partido fascista, FE, liderado por José Antonio Primo de Rivera, quien, además, había conseguido un diputado en las elecciones de noviembre. FE no solo superaba en número de afiliados a las JONS, sino que además algunos jonsistas empezaban a afiliarse a Falange. El grupo de José Antonio, además, contaba con importantes fuentes de financiación. Ante tales circunstancias, Ramiro Ledesma Ramos empezó a gestionar el acercamiento entre ambos partidos y a diseñar su unificación. En la reunión del Consejo Nacional de las JONS que se celebró los días 11 y 12 de febrero de 1934, en Madrid, se decidió la fusión con FE, con lo que nació FE-JONS.34 La dirección del partido pasó a estar en manos de un triunvirato formado por dos falangistas, José Antonio Primo de Rivera y Julio Ruiz de Alda, y por un jonsista, Ramiro Ledesma Ramos. Como secretario general fue designado Raimundo Fernández-Cuesta y Onésimo Redondo fue incluido en la Junta de Mando, donde también predominaban los falangistas. Las JONS, por lo demás, aportaron sus símbolos y lemas, así como una mayor preocupación por lo social, en general, y por el nacionalsindicalismo, en particular. Así las cosas, Onésimo tenía que organizar el mitin de presentación de FE-JONS en Valladolid. El mitin en cuestión se celebró el domingo 4 de marzo de 1934 por la mañana, en el vallisoletano Teatro Calderón, al lado de su domicilio familiar, pero al acabar el acto y abrir las puertas del teatro
se oyeron algunos tiros de los marxistas vallisoletanos apostados a distancia. Ya lo teníamos previsto y los primeros que salieron fueron los grupos de Girón y González Vicent [sic], que despejaron las calles necesarias para el desalojo, pero, al poco tiempo aparecieron los Guardias de Asalto y ya, al dividirse los frentes, no quedaron tan claras cuáles eran las calles seguras. Onésimo, que vivía al lado del teatro, subió un momento a ver a Mercedes, su mujer, que la tarde anterior –tres de marzo– había dado a luz a su segunda hija, Pilar.35
Además, el 20 de abril se aprobó la ley que amnistiaba a todos los implicados en la «sanjurjada» y, a los pocos días, Lerroux dimitió y asumió la presidencia del Gobierno Ricardo Samper.
Aunque la financiación de FE-JONS seguía llegando a través de los alfonsinos, e incluso ya se había creado la Sección Femenina,36 el partido no conseguía afianzarse como fuerza política. Es más, se había organizado en milicias, protagonizaba enfrentamientos violentos con los socialistas y el Gobierno había cerrado temporalmente los centros falangistas y sus órganos de prensa. Todos estos problemas y las discrepancias con la estrategia política de la formación estaban originando las primeras disensiones dentro del partido. Este fue el motivo por el que se convocó el I Consejo Nacional de FE-JONS para el 5 de octubre en el palacete de la madrileña calle Marqués de Riscal. Aquel día, además, Lerroux volvió a formar gobierno, incluyendo en él a tres ministros de la CEDA, se rebeló el Gobierno de la Generalitat de Cataluña y estalló la huelga general revolucionaria en Asturias. El día 6, José Antonio fue proclamado jefe nacional de FE-JONS y, por la noche, el general Domingo Batet dominó la revuelta catalana y provocó la rendición de la Generalitat, al final de la cual hubo cuarenta y seis víctimas mortales. En Madrid, el día 7 los falangistas salieron del palacete del Marqués de Riscal y, con una pancarta y la bandera nacional tricolor, se fue formando una manifestación espontánea que desembocó en el Ministerio de la Gobernación. Allí José Antonio se reunió con Lerroux, le ofreció su apoyo y le pidió armamento, a lo que este último se negó. José Antonio se subió a unos andamios y pronunció unas palabras de agradecimiento al Gobierno por la actuación en Cataluña, una actuación que se prolongó con la detención de Manuel Azaña, el día 9 de octubre, en Barcelona. Azaña permaneció en un buque prisión hasta el 28 de diciembre, acusado del delito de rebelión, aunque fue liberado por el Tribunal Supremo en esa misma fecha. La cuestión catalana se zanjó, el 14 de diciembre de 1934, con la suspensión del Estatuto de Cataluña. La huelga general asturiana, que había empezado la noche del 5 al 6 de octubre, se desarrolló de manera muy diferente a como había acontecido en Cataluña. Para acabar con ella, el Gobierno recurrió a la Legión y a los Regulares de Marruecos, poniendo al frente de todas las operaciones al general Francisco Franco. El 18 de octubre se rindió el comité revolucionario. Hubo 34 víctimas de la violencia revolucionaria, unas 1.100 ejecuciones sumarias bajo la ley marcial y unos 300 muertos entre las fuerzas de seguridad y del ejército.37
Dadas las circunstancias excepcionales por las que había pasado España recientemente, Ramiro Ledesma consideraba que había llegado el momento de tomar el poder por las armas, pero José Antonio se oponía. Al mismo tiempo, el programa político de FE-JONS tomó forma definitiva en los «27 puntos».38 En él se incluía la definición de España como una «unidad de destino en lo universal», se afirmaban los conceptos de patria e imperio y se fijaba como objetivo la anulación de la Constitución republicana y la lucha contra el «separatismo». En manos de un ejército fuerte y numeroso estaría la consecución del imperio español; el Estado sería totalitario, se abolirían los partidos políticos y el Parlamento y los órganos de representación de los españoles serían la familia, el municipio y el sindicato. El Estado sería, en lo económico, nacionalsindicalista, y se organizaría en sindicatos verticales, eliminando así la lucha de clases; el capitalismo y el marxismo serían los enemigos que combatir; se haría compatible la propiedad privada con la nacionalización de la banca y los servicios públicos; el trabajo tendría consideración de derecho y deber, y se buscaría la potenciación del sector económico primario. El Estado y la Iglesia estarían separados, aunque se respetaría la tradición religiosa de España. Finalmente, la aspiración máxima de FE-JONS sería la revolución nacional.
Con el programa clarificado, FE-JONS se negó a sumarse al Bloque Nacional, liderado por José Calvo Sotelo, perdiendo así parte de su militancia derechista y primorriverista, y la financiación de los alfonsinos, que sí se habían sumado a este. Además, Ramiro Ledesma Ramos, en claro desacuerdo con la estrategia del partido, planteó su salida junto a otros miembros como Javier Martínez de Bedoya, que se mostraba hastiado del servilismo y del señoritismo de la Falange madrileña. José Antonio acabó expulsándolos. Onésimo Redondo prefirió consultar a las JONS de Valladolid, avanzando que, fuera cual fuera la decisión del grupo vallisoletano, él la secundaría.39 El 15 de enero se dio publicidad a la escisión, pero Onésimo permaneció a las órdenes de José Antonio.
En paralelo, la situación política en España estaba condicionada por la estrategia de la CEDA40 de ir provocando crisis de gobierno para conseguir que Gil Robles ocupara la presidencia del Gobierno. Dichas crisis, desarrolladas entre noviembre de 1934 y abril de 1935, no consiguieron su objetivo. De hecho, a principios de abril de 1935, Alcalá Zamora nombró otro Gobierno presidido por Lerroux, pero sin la CEDA. Así estaban las cosas cuando la CEDA amenazó con disolver las Cortes, y el 23 de abril las JAP organizaron una concentración en Madrid con la finalidad de conseguir todo el poder para Gil Robles. El resultado se vio el 6 de mayo, cuando Lerroux formó un nuevo Gobierno en el que la CEDA ocupaba ya cinco carteras ministeriales; Gil Robles obtuvo el Ministerio de la Guerra y nombró inmediatamente al general Francisco Franco como jefe del Estado Mayor Central.
Dadas las circunstancias, Onésimo Redondo pensaba en la posibilidad de constituir un grupo político de apoyo al Ejército que estuviera liderado por Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera,41 aunque seguía preocupado porque el falangismo vallisoletano seguía a José Antonio y él se vio obligado a cerrar su semanario el día 20 de mayo de 1935 por una orden del jefe nacional.42 Los sinsabores que la política proporcionaba a Onésimo, que sin duda revertirían en la vida familiar, fueron compensados en el plano personal durante aquellos días. Mercedes dio a luz, en mayo de 1935, al pequeño Onésimo.43
Mientras tanto, en los primeros días de junio, Lluís Companys y los miembros de su Gobierno fueron condenados a 30 años de prisión por rebelión militar. FE-JONS consiguió, a mediados de 1935, la financiación del fascismo italiano y, con el incremento de los actos propagandísticos y mítines, pudo ampliar lentamente sus efectivos. A principios de julio, se aprobó la contrarreforma agraria. El 25 de septiembre Joaquín Chapaprieta44 formó gobierno y, un mes después, dimitieron los miembros del Gobierno del Partido Radical por la trama de corrupción Strauss-Perl. Días después dimitió Chapaprieta y Manuel Portela Valladares formó gobierno con independientes y liberal demócratas.
Para entonces, a principios de enero de 1936, el presidente Alcalá Zamora firmó el decreto de disolución de las Cortes y encargó a Manuel Portela Valladares la tarea de organizar nuevas elecciones. A mediados de enero se hizo oficial el pacto de izquierdas del Frente Popular.
El 16 de febrero de 1936 se celebraron las últimas elecciones generales de la República, en las que resultó ganadora la coalición del Frente Popular.
FE-JONS no alcanzó siquiera el 1 % de los sufragios. Manuel Azaña volvió a desempeñar la presidencia del Gobierno y formó un ejecutivo exclusivamente republicano, mayoritariamente con miembros de Izquierda Republicana. A los pocos días de las elecciones se aprobó una amnistía general para todos los presos políticos y sociales, entre los que estaban Lluís Companys y los miembros de su Gobierno, y se restituyeron el Estatuto y la Generalitat de Cataluña, que volvió a presidir Companys. Prácticamente desde el principio, la CNT y la UGT empezaron a reivindicar el aumento de los salarios, la reducción de la jornada laboral y el control sobre las contrataciones y los despidos, lo que originó no pocos conflictos en los lugares de trabajo. La cuestión del reparto de la tierra volvió a situarse en el primer plano político y, así, el Ministerio de Agricultura volvió a autorizar al Instituto de Reforma Agraria para que iniciase la ocupación de fincas para resolver el problema agrario, tal cual había sucedido durante el primer bienio republicano. Al tiempo que esto sucedía, la Federación Española de Trabajadores de la Tierra organizó la ocupación de unas dos mil fincas en Badajoz desde mediados de marzo. Este fenómeno se repitió en Cáceres, Jaén, Córdoba, Sevilla y Toledo.45
La CEDA, por su parte, se acercó definitivamente a las posiciones autoritarias. Sus juventudes empezaron a afiliarse a FE-JONS, aunque los japistas no fueron los únicos, ni tan siquiera la mayoría de nuevos afiliados a Falange. De hecho, la mayoría de nuevos afiliados no tenían militancia política anterior.46 También el perfil socioeconómico mayoritario de los falangistas se transformó, como sucedió en la Falange andaluza a partir de febrero de 1936, es decir, que lo que había sido una «tertulia de señoritos» se convirtió en «una organización de masas donde predominaba la clase trabajadora», un fenómeno creciente con el estallido de la Guerra Civil, que se dio en el conjunto de la España sublevada.47
Desde febrero de 1936, la polarización política y la violencia se fueron adueñando de las calles de España. En las de Valladolid, FE-JONS, Renovación Española, la Asociación Escolar Tradicionalista y las JAP, por un lado, y el PSOE, las Juventudes Socialistas, la CNT, el PCE y las Juventudes Comunistas, por otro, protagonizaban enfrentamientos constantes.48 Este era el ambiente en las calles vallisoletanas cuando José María de Areilza visitó, poco tiempo después de las elecciones de febrero de 1936, a Onésimo y a Mercedes:
Me pidió que fuera a verle en Valladolid para cambiar impresiones sobre la tremenda tensión política que se adivinaba después de las elecciones últimas. Fuimos juntos a Quintanilla de Abajo, donde había nacido, y me mostró el sugerente paisaje vallisoletano que lo circundaba. Saludé también a su mujer, bellísima y acogedora. Me habló largamente del futuro inmediato. Tenía la preocupación de que el golpe militar que los filtrajes indiscretos de las conspiraciones presagiaban como inminente tuviera un carácter ultraconservador, olvidando el componente social agrario, mayoritario en aquella España que vivía en ínfimos niveles de renta por habitante. «Me detendrán en seguida, con cualquier pretexto».49
En efecto, el momento de la detención lo propició, el 12 de marzo, el intento de asesinato del diputado socialista Jiménez de Asúa y la muerte de su escolta. Dos días después fueron detenidos José Antonio y otros dirigentes falangistas, que fueron procesados e ingresaron en prisión. Onésimo también fue detenido el día 14, pero fue puesto en libertad a las pocas horas. También se procedió al cierre de todas las sedes de FE-JONS, convirtiéndose a partir de entonces en un partido clandestino.50 A los tres días, mientras estaba en el Café Cantábrico, Onésimo fue arrestado de nuevo por el ataque con bombas a la comisaría central de Valladolid, e inmediatamente ingresó en la prisión provincial vallisoletana.51
A los pocos días de su ingreso en prisión, Mercedes supo que estaba embarazada.52 Durante todo el tiempo en el que Onésimo estuvo preso en Valladolid, Mercedes le visitaba a diario. Quería que Onésimo viera a los niños, pero, además, organizaba la correspondencia de su marido con su hermano Andrés y con otros falangistas, y atendía sus consejos para que, en su ausencia, se apoyara en Andrés Redondo, su cuñado.53 El hecho de que Onésimo fuera el jefe de los falangistas vallisoletanos ocasionaba que Mercedes recibiera insultos y abucheos en sus visitas a la prisión, aunque, fiel a su fortaleza natural, seguía adelante. La tristeza, sin embargo, la llevaba a pedir a Onésimo que abandonara la política, un desánimo que se acentuaba a medida que algunos presos eran puestos en libertad, mientras que Onésimo seguía en la cárcel. A medida que iban pasando las semanas, y la situación política se agravaba, Onésimo pidió a Mercedes que cogiera a los niños y se trasladaran, en un primer momento, a casa de Andrés, y más tarde, a Quintanilla de Abajo, a casa de sus padres. Eran ya mediados de mayo de 1936.
La prisión provincial de Valladolid, donde ya había presos comunes, empezó a llenarse de falangistas, entre los que ya estaba Onésimo Redondo, y de frente populistas. Estando todos en la misma prisión, era natural que entre ellos se produjeran constantes refriegas e incluso hechos de especial gravedad. Todo ello motivó que, liderados por Onésimo, los presos falangistas iniciaran una huelga de hambre a mediados de junio y que se produjese la destitución del gobernador civil de Valladolid, el valenciano Mariano Campos Torregrosa, y el posterior nombramiento de Luis Lavín Gautier. A partir de ahí, los hechos se sucedieron con rapidez, ordenándose el traslado de Onésimo Redondo y de otros presos falangistas a la prisión de Ávila el 25 de junio.54
Las semanas previas a la sublevación militar, en la ciudad de Valladolid se respiraba una calma tensa, y la violencia en las calles entre falangistas e izquierdistas era moneda corriente. Onésimo continuaba en la cárcel de Ávila y Mercedes, estando embarazada de cuatro meses y con tres hijos pequeños, iba y venía a la prisión siempre que podía. En cada visita aprovechaba para poner en contacto a Onésimo con el resto de líderes falangistas, como José Antonio, con el cual mantenía correspondencia,55 o con el joven jonsista y antiguo colaborador de Onésimo, Javier Martínez de Bedoya.56 En una ocasión, «fue con cuatro falangistas y rompieron la luna de la casa de un izquierdista local [...] por ser la esposa de Onésimo Redondo creía que su propia casa estaba en peligro de ataque».57
Desde la cárcel, José Antonio buscaba el concurso del Ejército para acabar con la República por la fuerza de las armas. A principios de mayo, estando Falange en la clandestinidad y él mismo en la cárcel, escribió un manifiesto58 dirigido a la oficialidad en el que pedía al Ejército unir sus fuerzas a las de los falangistas para conseguir tal objetivo. Sin embargo, los preparativos de la sublevación militar se habían iniciado ya desde principios de marzo por parte de los generales Mola, Orgaz, Ponte, Varela y Franco.59 A finales de junio, José Antonio ordenó a los falangistas que se pusieran a las órdenes de los militares,60 y Onésimo, desde la prisión de Ávila, se aseguró de que las consignas que llegaban desde la prisión de Alicante fueran comunicadas y llevadas al efecto por los falangistas vallisoletanos. Mercedes Sanz-Bachiller fue clave en esta tarea, tal y como quedó reflejado en la primera biografía de Onésimo Redondo:
Fué [sic] en estos momentos en los que alejaban al jefe castellano de Valladolid cuando se notó más la influencia de Merceditas, la mujer de Onésimo Redondo, en la organización. Ella alentaba, transmitía órdenes y ayudaba resueltamente a la preparación del movimiento. Semanalmente visitaba, acompañada de algún jefe, a Onésimo en su prisión de Avila [sic].61
En una de las ocasiones en las que visitó a Onésimo, el 13 de julio, día del asesinato de José Calvo Sotelo, tuvo que huir de Ávila ante la amenaza de una detención.62 A pesar de la cercanía del golpe y del peligro que suponía para su propia vida, Mercedes seguía implicándose en la preparación de la sublevación.
1 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., p. 114.
2 Certificado del acta de matrimonio entre Mercedes Sanz-Bachiller y Onésimo Redondo Ortega (9 de octubre de 1939), APMSB.
3 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., p. 112.
4 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 14. 43
5 Matteo Tomasoni: «Fascismo agrario y proselitismo revolucionario en el pensamiento de Onésimo Redondo», en Miguel Ángel Ruiz Carnicer (ed.): Falange. Las culturas políticas del fascismo en la España de Franco (1936-1975), Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2011, vol. 1, pp. 578-592.
6 J. L. Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo..., pp. 23-24.
7 M. Cabrera Calvo-Sotelo: «Proclamación de la República...», pp. 8-12; J. Casanova: «República...», pp. 15-20.
8 J. M. Palomares Ibáñez: La Segunda República en Valladolid..., p. 11.
9 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., pp. 30-31.
10 M. Cabrera Calvo-Sotelo: «Proclamación de la República...», pp. 12-25; J. Casanova: «República...», pp. 20-37.
11 P. Preston: Palomas..., p. 27; J. M. Palomares Ibáñez: La Segunda República en Valladolid..., pp. 77 y 79.
12 Stanley G. Payne: Falange. Historia del fascismo español, París, Ruedo Ibérico, 1965, p. 14; Joan Maria Thomàs: Los fascismos españoles, Barcelona, Planeta, 2011, p. 72; M. Tomasoni: El caudillo olvidado..., pp. 53-63.
13 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., p. 131.
14 J. L. Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo..., p. 31.
15 J. M. Thomàs: Los fascismos..., p. 73.
16 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., pp. 135 y 136.
17 J. M. Thomàs: Los fascismos..., pp. 74-77; véanse también Sheelagh Ellwood: Historia de Falange Española, Barcelona, Crítica, 2001, p. 34; José Luis Rodríguez Jiménez: Historia de Falange Española de las JONS, Madrid, Alianza Editorial, 2000, pp. 102-107; M. Tomasoni: El caudillo olvidado..., pp. 64-72.
18 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 14. Paul Preston señaló que este primer niño nació un 13 de noviembre y que tanto Onésimo Redondo como el ginecólogo estarían en Plasencia en un acto político (P. Preston: Palomas..., p. 29). Así lo afirmó también Matteo Tomasoni, concretando que estaría en una reunión del sindicato (M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., p. 145). Sin embargo, hay que concretar que Mercedes Sanz-Bachiller sí dio a luz a una niña, Mercedes Redondo Sanz-Bachiller, un 13 de noviembre, pero de 1932, dato que puede haber creado confusión.
19 Domingo García Ramos: «Las derechas en Palencia durante la IIª República», Investigaciones Históricas, 21, 2001, p. 250.
20 J. M. Palomares Ibáñez: La Segunda República en Valladolid..., pp. 78-79.
21 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., pp. 37-39.
22 M. Cabrera Calvo-Sotelo: «Proclamación de la República...», pp. 44-56; J. Casanova: «República...», pp. 39-53.
23 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., p. 49.
24 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., p. 162.
25 S. Moro: Ellos..., p. 206.
26 Certificado de nacimiento de María de las Mercedes Redondo Sanz Bachiller (4 de septiembre de 1944), APMSB.
27 S. Moro: Ellos..., p. 206.
28 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 15.
29 J. L. Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo..., p. 49; P. Preston: Palomas..., p. 32.
30 C. Isasi Vicondoa: «Recuerdos y emociones...», p. 15; J. L. Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo..., p. 47.
31 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., pp. 54-57; M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., p. 202.
32 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., pp. 207-208.
33 Octavio Ruiz-Manjón: «La vida política en el segundo bienio republicano», en Santos Juliá (coord.): República y guerra en España (1931-1939), Madrid, Espasa-Calpe, pp. 77-91; J. Casanova: «República...», pp. 113-120.
34 Véanse Joan Maria Thomàs: Lo que fue la Falange: la Falange y los falangistas de José Antonio, Hedilla y la Unificación. Franco y el fin de la Falange Española de las JONS, Barcelona, Plaza & Janés, 1999, pp. 37-40; M. Tomasoni: El caudillo olvidado..., pp. 97-109.
35 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., p. 69.
36 J. M. Thomàs: Lo que fue la Falange..., pp. 40-43.
37 J. Casanova: «República...», pp. 130-138; O. Ruiz-Manjón: «La vida política...», pp. 103-110.
38 J. M. Thomàs: Lo que fue la Falange..., pp. 277-281.
39 Ibíd., pp. 49-50.
40 J. Casanova: «República...», pp. 140-142; O. Ruiz-Manjón: «La vida política...», pp. 108-119.
41 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., p. 94.
42 Ibíd., p. 80.
43 P. Preston: Memorias..., p. 36.
44 J. Casanova: «República...», pp. 148-151; O. Ruiz-Manjón: «La vida política...», pp. 118-128.
45 Ibíd., pp. 153-173; véase también Santos Juliá: «El Frente Popular y la política de la República en guerra», en Santos Juliá (coord.): República y guerra en España (1931-1939), Madrid, Espasa-Calpe, 2006, pp. 129-150.
46 Alfonso Lazo: Una familia mal avenida. Falange, Iglesia y Ejército, Madrid, Síntesis, 2008, pp. 46-48; José Antonio Parejo Fernández: Las piezas perdidas de la Falange: el sur de España, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2008, pp. 50 y 498.
47 Alfonso Lazo: Historias falangistas del sur de España. Una teoría sobre vasos comunicantes, Sevilla, Espuela de Plata, 2015, pp. 203-204.
48 Ignacio Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid (1936-1939). Amaneceres ensangrentados, Valladolid, Ámbito, 2000, p. 26.
49 José María de Areilza: A lo largo del siglo. 1909-1991, Barcelona, Planeta, 1993, pp. 70-71.
50 J. M. Thomàs: Lo que fue la Falange..., p. 60.
51 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., p. 282.
52 P. Preston: Palomas..., p. 37.
53 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., pp. 285-289; íd.: El caudillo olvidado..., pp. 133-153.
54 Ibíd., pp. 296-298; I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., pp. 27-30.
55 Ian Gibson: En busca de José Antonio, Madrid, Aguilar, 2008, p. 138.
56 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., pp. 90-91.
57 P. Preston: Palomas..., p. 38.
58 El manifiesto era la «Carta a los Militares de España», del 4 de mayo de 1936, reproducido en S. Ellwood: Historia de Falange..., pp. 77-78.
59 J. M. Thomàs: Lo que fue la Falange..., pp. 58-62.
60 S. Ellwood: Historia de Falange..., pp. 78-79; S. G. Payne: Falange..., p. 94.
61 Onésimo Redondo, Caudillo..., p. 197; M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., p. 299.
62 J. L. Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo..., p. 87.
III. SER «VIUDA DE ONÉSIMO REDONDO» Y JEFA DE LA SECCIÓN FEMENINA VALLISOLETANA (JULIO DE 1936 - OCTUBRE DE 1936)
LA MUERTE DE ONÉSIMO REDONDO
El día 17 de julio de 1936 Mercedes Sanz-Bachiller cumplió 25 años; sin embargo, aquel día tenía poco que celebrar y mucho que temer porque, si bien el Ejército español destinado en Marruecos se había sublevado, las noticias que llegaban a Valladolid no eran fiables.1 Cortadas las comunicaciones con Madrid y censurada la prensa por parte del gobernador civil, crecía la expectación ante la sucesión de los acontecimientos.
El 18 de julio por la mañana, el gobernador Lavín ordenó algunas detenciones de civiles destacados entre la derecha local y, hacia mediodía, ordenó a los guardias de asalto y de seguridad que se trasladaran a Madrid. Ya por la tarde, y mientras los guardias de asalto estaban en la plaza de las Tenerías, se encontraron con el capitán Perelétegui, el cual les arengó para que desobedecieran las órdenes que habían recibido del Gobierno Civil y se unieran a la sublevación militar que se había iniciado el día anterior en Marruecos. A estos guardias se unieron falangistas y algunos oficiales del Ejército que, de esta forma, iniciaron la sublevación en Valladolid y se adelantaron a los planes del general Andrés Saliquet.2 En las horas siguientes fueron los falangistas, que desde días antes estaban concentrados en los alrededores de Valladolid, los que asumieron la iniciativa. Y ya por la noche empezaron a salir los primeros soldados hacia el cuartel de la VII División. Allí, los generales sublevados, Andrés Saliquet y Miguel Ponte, se entrevistaron con el general que estaba al mando de la División, Nicolás Molero Lobo, para que se plegara a sus órdenes y la entregara. En el transcurso de la entrevista hubo disparos, con el resultado de un muerto, Emeterio Estefanía, y varios heridos, entre los que estaba el general Molero Lobo y dos de sus ayudantes, quienes murieron en los días siguientes. Siendo medianoche, los generales golpistas salieron del cuartel de la VII División.
Apenas habían transcurrido dos horas del 19 de julio, se produjo la declaración del estado de guerra, emitida desde el Gobierno Civil. Unas horas después, el reducido número de personas que resistían en el Ayuntamiento fue rápidamente neutralizado y detenido. En la Casa del Pueblo, por el contrario, el número de personas que resistían era mucho mayor; de hecho, fueron detenidas 448 personas. Tomada la Casa del Pueblo, los sublevados se dirigieron a la sede de la CNT, donde detuvieron a sus ocupantes. A las ocho y media de la mañana de ese mismo día 19, los numerosos falangistas vallisoletanos que estaban presos en Ávila, entre los que estaba Onésimo Redondo, fueron liberados y, tras asistir a misa en la catedral abulense, llegaron a Valladolid hacia mediodía. Rápidamente, Onésimo emprendió el viaje hasta su casa y, según su esposa, «Salió únicamente deseoso de estar conmigo en el terreno físico, eso sí realmente, porque era lo lógico de una persona que estaba en la cárcel».3
Inmediatamente después, Onésimo se reunió con los falangistas vallisoletanos y con el general Saliquet y se instaló en la Academia de Caballería. Ya por la noche, pronunció un discurso por Radio Valladolid en el que daba cuenta de cuál era la situación después del golpe y manifestaba su apoyo incondicional al Ejército. Javier Martínez de Bedoya, desde Guernica, escuchó este discurso a través de Radio Burgos. Sin saberlo, acababa de oír la voz de Onésimo por última vez.4
El día 20 de julio, Onésimo organizó la salida de las milicias falangistas y otros simpatizantes hacia Madrid y hacia los pueblos que todavía resistían a la sublevación5 desde la Academia de Caballería. Su domicilio conyugal era un ir y venir de falangistas continuo. Mercedes mantenía las puertas de su casa abiertas y apoyaba en todo momento a Onésimo6 porque querían
sacar a España del marxismo y hundimiento en que la política ya claramente marxista-comunista se perfilaba. Temíamos el hundimiento de españa [sic] creyendo que íbamos hacia una nueva Albania. Ello nos daba un temple y un coraje que todo cuanto nos ocurría quedaba paliado por la seguridad que teníamos en el triunfo final de nuestros ideales. Cuando se lucha con fe, con conciencia, anhelando un fin, al combatir el mal, todo adquiere unas proporciones en las que no existe ni la fatiga ni el abatimiento ante la superioridad de la victoria.7
Entre el 21 y el 22 de julio, Onésimo siguió trabajando. De hecho, el 22 empezaron a salir las primeras milicias de falangistas vallisoletanos que se habían puesto a las órdenes de los militares hacia el Alto del León. Onésimo les visitó el jueves 23 para infundirles ánimo, y regresó por la tarde a Valladolid.
Al día siguiente, 24 de julio, se dirigió de nuevo al Alto del León acompañado por otros falangistas, entre los que se encontraba su hermano Andrés, pero encontró la muerte en Labajos al ser tiroteado el grupo por unos milicianos que mandaba el teniente coronel Julio Mangada.8 Mercedes Sanz-Bachiller estaba en casa cuando el general Saliquet la llamó por teléfono para comunicarle la muerte de su marido: «Yo estaba en casa, y llaman al teléfono... la puerta estaba abierta. Entraban milicianos... era una cosa... un lío que aquello no era ni una casa ni nada».9
Al recibir la noticia se desmayó y enfermó y, poco después, perdió el hijo que esperaba. Mercedes siempre estuvo convencida de que su hijo murió a consecuencia del golpe que supuso que le anunciaran tal noticia.10 La que a partir de entonces fue conocida como la «viuda de Onésimo Redondo» no pudo asistir al multitudinario entierro que se celebró en la ciudad de Valladolid ese mismo día.
La muerte de Onésimo generó numerosas muestras de duelo en Valladolid. La prensa de aquellos días dedicaba páginas a su figura y también al relato sobre las circunstancias y los hechos que habían conducido a su muerte. Al día siguiente, día 25, en El Día de Palencia se explicaba que «un grupo de marxistas emboscados en la carretera hizo una descarga cerrada, produciendo la muerte a Onésimo Redondo, jefe de las J.O.N.S.».11 Ese mismo día, en el Heraldo de Zamora, se daban más detalles sobre lo sucedido, aunque con una versión totalmente distinta a la publicada en El Día de Palencia. Según lo relatado, en Labajos se les cruzó una camioneta con varios individuos que les pidieron gasolina y les dispararon a continuación. Andrés Redondo aceleró el vehículo, y se percató después de que «Onésimo Redondo, presentaba una herida en la región frontal, mortal de necesidad. También resultaron heridos, de menos gravedad los otros dos señores que acompañaban al jefe de Falange de Valladolid».12 El medio que más detalles dio sobre lo sucedido fue El Norte de Castilla. Según esta noticia los ocupantes del vehículo no eran cuatro, sino cinco: Onésimo y su hermano Andrés, Agustín Sastre, Jesús Salcedo y Emilio Martín Calero. Al parecer, de una camioneta ocupada por unos individuos vestidos con camisas azules salió una descarga que provocó que Andrés Redondo saliera disparado con el vehículo, y se dio cuenta después de que su hermano Onésimo tenía una herida mortal en la parte frontal. A consecuencia de los disparos también resultaron heridos Emilio Martín Calero y Jesús Salcedo, sin referir si Andrés Redondo estaría herido también o no. Este diario hacía referencia a un rumor según el cual Andrés Redondo salió del vehículo y se refugió en un campo de trigo cercano.13
Un año después, en la que es la primera biografía de Onésimo Redondo, se descartaba que los autores de los disparos fueran falangistas y se afirmaba que eran marxistas. También se daban más detalles sobre cómo había acaecido la muerte de Onésimo. Al parecer, se refugió detrás del asiento del conductor mientras tres de los acompañantes salían del coche y se escondían, pero
al intentar hacer lo mismo Onésimo Redondo y bajar del automóvil, una bala, dándole en la rodilla, le hizo caer en tierra. Una descarga cerrada sobre él le quitó la vida. Junto al cuerpo del Caudillo de Castilla, Onésimo Redondo, ya mártir de España, el cadáver de Agustín Sastre, campesino de la vieja guardia que iba de escolta, muerto en servicio y en estricta fidelidad al Jefe.14
José Luis Mínguez Goyanes recogió los testimonios de Eduardo Martín Alonso y Jesús Salcedo. Según estos, poco antes de entrar a Labajos, vieron un camión ocupado por milicianos, y pensaron que eran falangistas. Según este relato, los disparos no salieron desde dentro del camión, sino que fue un miliciano el que, tras bajarse de dicho vehículo, se acercó y los encañonó. Al gritar Andrés Redondo, el miliciano disparó y mató a Agustín Sastre. Todos consiguieron huir menos Onésimo, que «se quedó en las inmediaciones del automóvil. Un primer disparo le hirió en una rodilla, cayendo junto al coche. Una segunda descarga pondría fin a su vida».15
Estos testimonios de primera mano, sin embargo, entran en contradicción con el testimonio que dio el propio Andrés Redondo en el consejo de guerra celebrado el 3 de septiembre en Valladolid.16 Según este, los milicianos estaban apostados en los lados de la carretera, es decir, que no les vieron llegar en un camión, sino que, a su llegada a las inmediaciones de Labajos, aquellos ya estaban en el exterior de dicho vehículo. Al empezar a dispararles, Andrés se refugió en una casa del pueblo hasta que llegó un vehículo que le recogió y lo trasladó a Valladolid. Andrés relata que, además de Onésimo, también murió otro falangista, apellidado Sanz, lo que indica que también fueron atacados otros falangistas además de los ocupantes del vehículo en el que viajaba Onésimo.
Pero si hay contradicciones y dudas en relación con el lugar exacto de la muerte, la sucesión de los hechos y el número exacto de fallecidos, también las hay respecto a la autoría. Las primeras notas aparecidas en la prensa hablaban de «marxistas» y «rojos», siempre confundidos inicialmente con falangistas por vestir camisas azules. Posteriormente, los atacantes fueron identificados como milicianos de una columna del teniente coronel Julio Mangada. Lo cierto es que, en el consejo de guerra del 3 de septiembre de 1936 fueron juzgados trece vecinos de Labajos por la muerte de Onésimo Redondo y otros cinco más, y fueron condenados seis de ellos a la pena capital. Pero no fueron los únicos acusados de la muerte de Onésimo, puesto que apenas seis días después la prensa publicó que habían sido detenidos en Valladolid «Segundo Calderón Treceño, de 30 años, anarquista y presunto autor de la muerte de Onésimo Redondo, Gerardo Pinar Ortega [...] y su hermana Elena».17 Tanto Segundo Calderón Treceño como Gerardo Pinar Ortega fueron condenados a muerte y ejecutados,18 lo que pone en evidencia, como mínimo, las dudas de las autoridades militares respecto a la autoría, e incluso que los hombres juzgados en el consejo de guerra de septiembre de 1936 fueran los verdaderos autores.
En relación con la autoría de dicha muerte, si en la zona nacional se consideró producto de una confusión la indumentaria que llevaban los atacantes, en la zona republicana se dio por hecho que los autores de la muerte de Onésimo habían sido los propios falangistas, a quienes
su desesperación impotente les lleva a cometer toda suerte de desmanes y tropelías. A veces se producen ellos mismos bajas, que son sensibles para sus organizaciones, pues asesinan a ciegas e incluso a sus oficiales. Así les ha ocurrido en Labajos (Segovia), donde dieron muerte a Onésimo Redondo, que, en las filas de Falange Española, gozaba de idéntica categoría que José Antonio Primo de Rivera.19
Más allá de los intereses propagandísticos de la prensa, propios de un contexto de guerra, entre las personas que estaban convencidas de la autoría falangista estaba la propia Mercedes Sanz-Bachiller, y este convencimiento la acompañó siempre y desde el primer momento.20 Para Mínguez Goyanes, sin embargo, las fricciones y los enfrentamientos de Onésimo con algunos miembros de la Falange vallisoletana no pudieron ser motivo para un asesinato, y menos el del jefe de la Falange castellana. Para este autor quedaba totalmente descartada la autoría falangista y, además, consideraba que la coincidencia con los milicianos fue totalmente fortuita.21 Para Ignacio Martín Jiménez la explicación más verosímil es la que atribuye la autoría de la muerte al grupo del teniente coronel Mangada, añadiendo que la autoría falangista «debe ser totalmente descartada».22
Matteo Tomasoni recuperó la versión que sobre la muerte de Onésimo Redondo se publicó en la obra de Joaquín Arrarás Historia de la Cruzada Española, que coincidía con lo relatado por los testigos entrevistados por Mínguez Goyanes. Además, sacó a la luz la investigación que se llevó a cabo entre 1941 y 1946 y que sirvió, según Tomasoni, para demostrar la culpabilidad de la columna de Mangada, aunque los hechos no quedaron aclarados del todo. Tomasoni concluye que «Hoy no existe, por lo menos oficialmente, un relato que se considere como la versión definitiva sobre la muerte de Redondo».23
Lo cierto es que Onésimo Redondo era uno de los pocos jefes falangistas que estaban en la zona sublevada en esos momentos. Esta circunstancia, unida a su liderazgo indiscutible en Valladolid, lo convertía en el jefe falangista más destacado en la España sublevada. Así pues, cuando el 24 de julio murió, Castilla la Vieja y el falangismo en general se quedaron sin jefe con poder efectivo. Para lo primero se encontró de forma rápida una solución: Andrés Redondo Ortega, hermano de Onésimo, «heredó» la jefatura territorial de Castilla la Vieja casi inmediatamente. Para lo segundo, sin embargo, se tuvo que esperar a que Andalucía oriental y Castilla la Vieja estuvieran conectadas territorialmente a través de Extremadura para celebrar, en la Universidad de Valladolid, un congreso falangista. La citada reunión se llevó a cabo el día 2 de septiembre de 1936,24 y de ella salieron elegidos los miembros de la Junta de Mando Provisional. Manuel Hedilla, antiguo jonsista, y uno de los hombres de confianza de José Antonio en los meses previos a la sublevación militar, fue elegido jefe de la Junta de Mando Provisional. El resto de miembros de la Junta eran Agustín Aznar, José Sáinz, Jesús Muro, José Moreno, Andrés Redondo y Francisco Bravo, que actuó como secretario. Todos los miembros eran consejeros nacionales, a excepción de Redondo.
En el resto de las provincias castellanas25 la sublevación abarcó no más de una semana a contar desde el 18 de julio, tiempo durante el cual los golpistas consiguieron hacerse con la totalidad de la región. En la VII División, que tenía su cabecera en la ciudad de Valladolid, se desarrolló rápidamente, tal y como sucedió en la VI División, cuya cabecera estaba en Burgos. En esta ciudad la sublevación estuvo dirigida por el general Fidel Dávila, quedando destituido y detenido el general Domingo Batet. Así pues, después de ser tomadas las cabeceras de la VI y la VII divisiones orgánicas, Palencia, Zamora, Salamanca, Segovia y Ávila también cayeron. Al día siguiente lo hicieron León y Soria, que pertenecían, respectivamente, a la VIII y a la V divisiones orgánicas. Hay que decir, además, que, desde las primeras semanas de guerra, tres de estas ciudades castellanas, Valladolid, Burgos y Salamanca, se erigieron como las tres capitales de la zona sublevada y fue en ellas donde empezó a concentrarse todo el aparato administrativo, político y militar de los sublevados y de todos los territorios que las tropas franquistas iban ocupando. De hecho, el día 24 de julio, al tiempo que Onésimo moría en Labajos, se constituyó la Junta de Defensa Nacional en Burgos, presidida por el general Miguel Cabanellas.26 Esta junta declaró el estado de guerra con el bando del 28 de julio y, el 29 de septiembre, nombró a Franco jefe del Gobierno del Estado y generalísimo de los tres ejércitos.27 El día 1 de octubre tuvo lugar su investidura como jefe de gobierno del Estado y la creación de la Junta Técnica del Estado,28 con sede en Burgos y presidida por el general Fidel Dávila. En Salamanca se instaló el cuartel general del Generalísimo hasta que, en octubre de 1937, Franco se trasladó a la capital burgalesa. En Valladolid, y en todas las ciudades de la zona sublevada, se iban concentrando los efectivos de FE-JONS.
LA GUERRA CIVIL, LA REPRESIÓN Y LA VIDA COTIDIANA EN VALLADOLID
Valladolid, ha quedado dicho, se posicionó rápidamente al lado de los sublevados, y se convirtió en suministradora de fuerza humana y material para el frente, así como en una de las capitales de la España sublevada. Ahora bien, esto no significa que la ciudad del Pisuerga y su provincia, así como las provincias limítrofes, no padecieran las consecuencias de la guerra y la represión sobre los vencidos que, en el caso de Valladolid, tomó tintes de verdadera brutalidad e inhumanidad, tanto por las cifras de represaliados como por las formas en que se desarrolló, convirtiéndose en macabro espectáculo público. Pues bien, fue en esta ciudad en la que Mercedes Sanz-Bachiller puso en marcha, junto a Javier Martínez de Bedoya, Auxilio de Invierno.
Desde las primeras horas después de la sublevación, y a lo largo de las semanas posteriores a esta, en Valladolid se produjeron detenciones masivas, como las 448 personas de la Casa del Pueblo a las que me he referido con anterioridad. De hecho, cuando nació Auxilio de Invierno, a finales de octubre de 1936, ya habían sido detenidas 2.051 personas,29 entre las que estaban las autoridades republicanas, como el gobernador civil, Luis Lavín Gautier, y otras más que tenían ideas políticas afines a la izquierda o que, sin haberse significado políticamente durante la República, se manifestaron contrarias a la sublevación. Fue tal la avalancha de detenciones, que la prisión provincial, conocida como «prisión nueva»,30 inaugurada en 1935 y situada en la calle Madre de Dios de Valladolid, se quedó pequeña y se tuvo que reabrir la «prisión vieja», sita en el antiguo Palacio Real de la Chancillería de la capital. Pero, además, se habilitaron como prisiones las cocheras del tranvía, situadas en el paseo de Filipinos, o el antiguo matadero municipal. También se utilizaron como centros de reclusión los cuarteles con rango de prisiones militares, en concreto los que había en la Academia de Caballería. Sin embargo, frecuentemente se trasladaba a reclusos a otras prisiones de la provincia, como la de Medina del Campo, o incluso fuera del territorio provincial. Todas ellas contaban con la vigilancia de los funcionarios de prisiones, la Guardia Civil y las milicias de FE-JONS, Acción Popular, Renovación Española y Partido Nacionalista Español. La provincia de Valladolid contaba, además, con tres campos de concentración: el Monasterio de la Santa Espina, en Castromonte; el campo del Canal o de las Paneras de Galindo, y la finca Villagodio, ambos en Medina de Rioseco; y el monasterio de Santa María, en la pedanía de San Bernardo, perteneciente a Valbuena de Duero.31
En el ejercicio de la represión resultó muy destacado, aunque no de forma exclusiva, el papel jugado por los falangistas, participando también jóvenes requetés, cedistas y alfonsinos. Durante las primeras semanas de guerra, Falange vallisoletana no solo ejerció la represión, sino que se atribuyó las funciones de orden público, los registros y las detenciones, y fue tal su control que incluso fueron muy frecuentes los incidentes con el gobernador civil y con la Guardia Civil.32 Además, también hay que decir que, desde las primeras horas del 19 julio, el general Saliquet era la máxima autoridad en Valladolid, puesto que había declarado el estado de guerra. Sin embargo, existía un descontrol generalizado que favoreció el ejercicio de esta represión y la perpetración de crímenes de forma impune. Este fue un fenómeno que se repitió en toda la zona sublevada y que, durante los primeros meses de la guerra, mereció las llamadas de atención de las autoridades militares y del propio Manuel Hedilla, así como las protestas de los falangistas contrarios al ejercicio de la represión indiscriminada. Sin embargo, estas prácticas continuaron durante la guerra y la posguerra.33 En la provincia de Valladolid, por ejemplo, hubo al menos 924 fusilamientos irregulares, es decir, producidos sin haber una sentencia judicial previa.34
La declaración del estado de guerra en la VII División se produjo el 19 de julio, lo que conllevó que la justicia militar pasara a juzgar, además de los delitos que le correspondían por su propia jurisdicción, los delitos tipificados en el Código Penal ordinario. Además, se simplificaron todos los procesos judiciales, impulsando los procedimientos sumarísimos, que se tramitaban por vía de urgencia, unos juicios en los que actuaban los consejos de guerra o tribunales militares.35 En estos juicios, que eran casi siempre colectivos, la resolución del caso se hacía en un acto único en el que el tribunal dictaba sentencia rápidamente. Las penas eran las que establecía el Código de Justicia Militar, en el artículo 237, para el delito de rebelión militar, que podía tipificarse como adhesión, auxilio y excitación o inducción. En ello tenían un peso muy importante los antecedentes ideológicos, políticos y sociales, es decir, los anteriores al 18 de julio de 1936, estableciéndose el efecto retroactivo de las leyes y de los delitos. Según el delito, las penas oscilaban entre la pena de muerte, como pena máxima, y los 6 años de prisión, como pena mínima.36
En Valladolid, los juicios sumarísimos de urgencia se iniciaron el 22 de julio de 1936, siendo el más destacado el de los 448 detenidos en la Casa del Pueblo. En este caso se impusieron 40 penas de muerte, 2 conmutadas posteriormente; 362 condenas a 30 años de prisión; 26 condenas a 20 años de prisión y 19 absoluciones.37 La mayoría de militares leales a la República fueron acusados de rebelión militar y condenados a muerte. También sucedió así con las autoridades civiles, como el gobernador civil, Luis Lavín Gautier, fusilado el 18 de agosto de 1936, o el alcalde, Antonio García Quintana. También fueron fusilados casi todos los socialistas que ocuparon cargos municipales durante la República y los cenetistas. Entre los meses de julio y octubre de 1936, inclusive, en Valladolid se fusiló, a consecuencia de una condena a muerte, a 181 personas.38 Los fusilamientos se llevaban a cabo en la pradera de San Isidro, en el extrarradio de Valladolid, y siempre al amanecer. En este lugar se llegó a instalar una parada de churros para los asistentes, y hasta allí llegaban multitud de vallisoletanos y vallisoletanas, niños incluidos, a contemplar la agonía y la muerte de los condenados. Estos espectadores gustaban de insultar a los reos y mostraban signos falangistas con frecuencia. Fue tan grave esta situación, que hasta el Gobierno Civil recriminó tales comportamientos y exhortó a la población para que dejara de asistir a los fusilamientos cada mañana.39
Además de esta represión física, hay que hablar también de la depuración y represión en la función pública. De hecho, a la altura de septiembre de 1936, ya habían sido destituidos de sus puestos 46 maestros y maestras en toda la provincia. Este proceso también afectó a los centros de segunda enseñanza y escuelas profesionales, así como a la universidad. Tampoco escapó a la depuración el cuerpo de funcionarios de las administraciones local y provincial.40
Por otra parte, bien pronto apareció la pobreza y la mendicidad infantil por las calles de Valladolid.41 Se trataba de familias que o bien habían perdido a los padres en el frente, o habían sido fusilados, o bien habían perdido su trabajo por haber sido depurados y carecían por tanto de medios de subsistencia. También apareció el paro obrero y la superpoblación, esta última causada por la avalancha de gentes foráneas que huían de otras zonas del país. Ante esta situación, empezaron a crearse multitud de instituciones benéficas, entre las que destacó Auxilio de Invierno, dirigida por Mercedes Sanz-Bachiller. Por otra parte, las autoridades vallisoletanas empezaron a presionar a las familias pudientes de la ciudad para que, a través de donativos, contribuyeran a paliar esta situación. Con el tiempo empezaron a surgir diversas iniciativas de obligado cumplimiento, como el Día del Plato Único, y, además, empezaron a ser multadas las personas que no las cumplían.
Por su parte, la Iglesia católica42 apoyó y legitimó la sublevación militar. En Valladolid, sede episcopal, la Casa Social Católica cedió sus locales para preparar el golpe, las Juventudes de Acción Católica iban a los frentes y las mujeres de Acción Católica atendían a los heridos y confeccionaban ropas a los soldados. Hubo actos de desagravio, volteo de campanas para celebrar la toma del Alcázar de Toledo, en septiembre de 1936, o la celebración religiosa en honor a la toma de Málaga, en febrero de 1937. La Iglesia vallisoletana, además, se implicó en la atención a los heridos de la guerra, convirtiendo sus centros de enseñanza, como el Convento de las Dominicas Francesas, en hospitales de sangre. También impulsó el Aguinaldo del Combatiente. Pero es que, además, empezó a recuperar los privilegios que había perdido durante la República y volvió a dirigir la moral de todos los españoles que se iban incorporando a la España sublevada. Así, se prohibieron los carnavales, se empezó a multar por comportamientos o formas de vestir poco apropiadas en público y se impuso la censura en el cine y en las publicaciones escritas. Una nueva moral se implantó con fuerza en los centros educativos, donde regresaron los crucifijos y los himnos, se volvió a separar a los alumnos por sexos y, al mismo tiempo que se depuraba a los docentes, se hacía lo mismo con los libros de texto.
Este fue el Valladolid en el que nació Auxilio de Invierno, pero también en el que Mercedes Sanz-Bachiller fue nombrada jefa provincial de la Sección Femenina. Vamos a detenernos en este último asunto.
MERCEDES SANZ-BACHILLER, JEFA PROVINCIAL DE LA SECCIÓN FEMENINA DE VALLADOLID
Después de la muerte de Onésimo, Mercedes se encontró sola y con tres hijos a su cargo. Andrés Redondo, que ya era jefe territorial de Falange castellana, le ofreció un estanco para que el sustento económico familiar estuviera asegurado, pero Mercedes lo rechazó,43 buscó niñeras para que estuvieran a cargo de sus tres hijos y empezó a organizar la recogida y confección de ropa para los soldados que estaban en el frente desde la Academia de Caballería.
Sin embargo, bien pronto fue requerida por Andrés Redondo para que ostentase la jefatura provincial de la Sección Femenina de Valladolid, ya que la mujer que lo hacía hasta entonces, Rosario Pereda, había quedado atrapada en Santander, y el puesto estaba vacante. Mercedes Sanz-Bachiller no era una profana en asuntos políticos, puesto que había estado casada con Onésimo Redondo y había seguido, y apoyado, su trayectoria política desde que empezaron el noviazgo y también después, durante los pocos años de matrimonio. Con esto quiero decir que no era una mujer ajena a los entresijos, las dificultades y los peligros que comportaba la actividad política. Además, Mercedes compartía con su marido las mismas ideas, y le apoyaba en todo hasta el punto de poner en riesgo su propia vida. Sin embargo, parece que su relación con las actividades políticas, al menos hasta meses antes de la sublevación militar, fue de forma indirecta y a través de las actividades de su marido. Esto cambió en marzo de 1936, cuando Onésimo fue encarcelado. A partir de ese momento, Mercedes se implicó totalmente en Falange.
Cuando Andrés Redondo nombró a Mercedes Sanz-Bachiller jefa provincial de la Sección Femenina de Valladolid existían, dentro del jonsismo vallisoletano, mujeres candidatas a ocupar este puesto. Se trataba de las mujeres que habían entrado a formar parte de las JONS vallisoletanas de la mano de Rosario Pereda y que, junto a ella, habían fundado la Sección Femenina de Valladolid. Pero detengámonos un momento en estas mujeres jonsistas. Lo primero que hay que remarcar es que las JONS de Valladolid fueron las primeras en admitir a una mujer en sus filas: Rosario Pereda.44 Esta joven maestra, nacida en el santanderino municipio de Ramales, empezó a colaborar con las JONS ya en 1932, e incluso en la campaña electoral para las elecciones de noviembre de 1933 participó activamente junto a Onésimo Redondo. Pereda consiguió atraer hacia las JONS a otras mujeres vallisoletanas, con las que formó la JONS femenina y con las que empezó a colaborar con los varones dentro del propio partido. De este primer grupo de mujeres jonsistas salió el grupo fundador de la Sección Femenina vallisoletana pocos años después.45 En el entorno de José Antonio también había un grupo de mujeres que habían pedido afiliarse a Falange, pero no habían sido autorizadas: Luisa de Aramburu, Inés y Lola, primas de Pilar y Carmen Primo de Rivera, y Dora Maqueda. Estas mismas mujeres asistieron al acto fundacional del Teatro de la Comedia, el 29 de octubre de 1933, y continuaron reuniéndose hasta conseguir sus carnets de afiliación. Pues bien, según el testimonio de Dora Maqueda, recogido por Delgado Bueno, fue el 12 de junio de 1934 cuando, convocadas por José Antonio, un grupo de mujeres recibieron el encargo de agrupar en una «sección femenina» a las jóvenes para encuadrarlas dentro de Falange. A esa reunión asistieron Inés, Lola y Pilar Primo de Rivera, Dora Maqueda, Luisa de Aramburu, Marjorie Munden y María Luisa Bonifaz. Además, José Antonio les encomendó que, junto a las mujeres que ya formaban parte del SEU, como Mercedes Formica, organizasen la atención a los numerosos falangistas que habían sido detenidos y permanecían en prisión.46 El 4 de noviembre de 1934,47 este grupo inicial de mujeres falangistas se dirigieron por carta a todos los delegados provinciales de FE-JONS para que propusieran a una mujer, entre las afiliadas, que pudiera encargarse de la Sección Femenina, o que buscaran alguna candidata entre las simpatizantes. En Valladolid se celebró una reunión fundacional a finales de 1934 por orden de Onésimo Redondo, quien, «encargó al delegado local Mariano Greciet Miguel que avisase a Rosario Pereda para que organizase el acto». Rosario Pereda convocó a diez mujeres que ya formaban parte de Falange y que pasaron a ser las fundadoras de la Sección Femenina vallisoletana: Dolores Martín Alonso, Consuelo González Oliveira, Feliciana Santamaría Alonso, Sagrario Amo Peña, Pilar de la Iglesia Somavilla,48 Felisa Molina Rojo, Teresa de Castro Caballero, Joaquina Greciet Sarmiento, Perpetua Membrilla Pérez y Amalia Hernández Pérez. La Sección Femenina de Valladolid pasó a estar liderada por Rosario Pereda.
Por lo tanto, cualquiera de estas mujeres hubiera podido asumir el cargo de jefa provincial de la Sección Femenina vallisoletana en el verano de 1936 en sustitución de Rosario Pereda, puesto que tenían más antigüedad y habían adquirido experiencia política con anterioridad, acompañándola en los numerosos mítines en los que participó o desempeñando cargos destacados. De hecho, dos de ellas, Dolores Martín Alonso y Consuelo González Oliveira,49 habían tenido cargos de relevancia: la primera fue fundadora del SEU vallisoletano y la segunda desempeñó el cargo de secretaria de la Sección Femenina antes del golpe de estado de julio de 1936 y, después de la sublevación, fue jefa de las mujeres que prestaban servicios en el cuartel de milicias y jefa de distritos de la Sección Femenina. Además, es posible que desde que Rosario Pereda se trasladó a Ramales, a mediados de junio de 1936, fuera Consuelo González Oliveira la que asumiera la dirección de la organización.
A todo ello hay que añadir el hecho de que Mercedes Sanz-Bachiller no había asistido a la reunión fundacional. De hecho, se desconoce si estaba afiliada a FE-JONS en aquel momento. Tampoco hay indicios de que, ni en los años anteriores, ni tampoco en el momento de la fundación de la Sección Femenina, dedicara su atención a otra cosa que no fuera su familia, su marido y sus dos hijas pequeñas. Debemos suponerla, pues, ocupándose del cuidado de su familia y siguiendo, desde una segunda posición, las actividades políticas de Onésimo y de Rosario Pereda, a la cual debió de conocer por su estrecha relación con su marido. Sin embargo, y a pesar de todas estas circunstancias, el día 12 de agosto de 1936,50 Mercedes Sanz-Bachiller fue nombrada por Andrés Redondo jefa provincial de la Sección Femenina de Valladolid, e incluso es probable que también fuera nombrada jefa territorial y tuviera a su cargo varias provincias.51
¿Qué pudo motivar, pues, la elección de Mercedes Sanz-Bachiller? Sin duda, hubo un elemento fundamental: el hecho de haberse convertido en la «viuda de Onésimo Redondo» y, como madre de los hijos de Onésimo, en la custodia de su legado. Paul Preston ya identificó hace unos años como principales motivos los siguientes: «las razones de Andrés Redondo [...] no tenían más fundamento que las que subyacían tras su propia toma de poder –un vacío de poder y “derechos de herencia”–»,52 es decir, que también en Mercedes Sanz-Bachiller confluían estos dos condicionantes, la existencia de una vacante y sus propios «derechos de herencia» como «viuda de Onésimo Redondo» que era. Además, hay que tener en cuenta el hecho de que Andrés Redondo conocía su trayectoria al lado de Onésimo y había visto cómo Mercedes, en las semanas previas a la sublevación militar, había demostrado su valía haciendo de enlace entre los falangistas que estaban libres y los que estaban presos, y que había colaborado en lo posible a la preparación del golpe. Además, puede que Andrés, movido por la ambición que algunos contemporáneos suyos le atribuyeron, quisiera fortalecer su propia posición en Falange, ya que el partido se encontraba en una situación precaria y bajo la provisionalidad de una Junta de Mando presidida por Manuel Hedilla.
Bien, el hecho es que Mercedes Sanz-Bachiller asumió el cargo de jefa provincial el 12 de agosto de 1936. Las cifras que se ofrecen sobre el número de afiliadas a la organización femenina vallisoletana en aquel momento son dispares. Según Palomares Ibáñez,53
en enero del 36 la organización femenina no llegaba al medio centenar de afiliadas. Otras tantas ingresan desde entonces hasta julio del mismo año. Durante al mes de agosto asistimos respecto de meses anteriores a un boom de afiliaciones. Sólo en la capital se inscriben casi 400 nuevas camaradas.
Este mismo autor califica de «triunfalistas» los datos aparecidos en el mes de noviembre de 1936 en el Diario Regional: 2.500 afiliadas en la capital vallisoletana y 8.000 en la provincia. Palomares Ibáñez, además, señala que la propia Mercedes Sanz-Bachiller, en el acto de bienvenida a Rosario Pereda, el 1 de septiembre de 1937, dijo que había 1.200 afiliadas. Contrasta sobremanera el dato que, en su diario personal, escribió Javier Martínez de Bedoya, la víspera del acto de bienvenida a Rosario Pereda, señalando que en esos momentos la cifra era de 12.000 afiliadas,54 dato sorprendentemente excesivo. Como puede verse, es difícil, por no decir imposible, determinar la cifra exacta de la afiliación a la Sección Femenina de Valladolid, aunque en lo que sí parece haber acuerdo es en un incremento notable de afiliadas desde finales de julio, especialmente en el mes de agosto, cosa explicable por la euforia falangista desatada durante las primeras semanas después de la sublevación militar.
Las actividades que desarrolló Mercedes en el desempeño de su cargo son difíciles de concretar por la ausencia de documentación de la propia Sección Femenina de Valladolid.55 Ha de suponerse que se centraron en llevar a buen término las órdenes de los jefes falangistas y las de la delegada nacional, Pilar Primo de Rivera, aunque su atención prioritaria fue Auxilio de Invierno. Palomares Ibáñez no duda cuando afirma que esta organización fue «la actividad que prioritariamente define su jefatura interina» y, de hecho, según este mismo autor,
en los últimos meses de 1936 y siguientes priman las noticias sobre el Auxilio de Invierno, cuestaciones, resultados y visitas a sus Comedores de Hedilla, Pilar Primo de Rivera, Nicolás Franco... Siendo esto verdad, también lo es que mientras ejerció las funciones de delegada (territorial/provincial) debió resolver las tensiones que en algunas provincias causó la unificación entre Margaritas y Falangistas.56
Delgado Bueno también resalta que «Durante los meses de septiembre y octubre Mercedes Sanz Bachiller no se comprometió excesivamente en la dirección de Sección Femenina, porque no estuvo presente en ninguno de los actos públicos de Falange vallisoletana en los que sí figuró su cuñado Andrés Redondo».57 Es más, para esta autora, Mercedes delegó en la jefa local, Carmina Martín, la representación oficial de la Sección Femenina en algunos actos.58
Añadido a todo ello, lo cierto es que, siendo ya jefa provincial de la Sección Femenina de Valladolid, Mercedes Sanz-Bachiller se encargaba de la recogida y confección de ropa para los soldados que estaban en el frente. Así lo recogió Mauricio Karl, seudónimo de Mauricio Carlavilla de la Vega, en un reportaje publicado en el Diario Regional59 apenas catorce días después de su nombramiento:
Visitaba el Cuartel General de Falange Española. Atravesaba patios y estancias. El recinto de la antigua Academia mostraba los tesoros de juventud, alegre y heroica, que encierra. Me honraba la compañía del jefe territorial, camarada Andrés Redondo [...] Llegamos a una habitación del piso bajo. Muchas mujeres trabajan en labores muy distintas [...] Una del grupo se adelanta. Tiene un block de notas en la mano [...] Oigo hablar de prendas de abrigo, de heridos, de medicinas, de hospitales [...] Hay en aquella mujer una irradiación que me conmueve. Y yo ignoro el motivo. Sus palabras fluyen sin acentos trágicos; son de una naturalidad perfecta. Las facciones, nobles y serenas, no denotan el menor rictus nervioso. Sólo los ojos, secos y brillantes, tienen un destello de tristeza infinita...
Salimos. Formo un concepto rápido. «Firmeza, misticismo, virtud», debe ser la trilogía de este carácter genuinamente español.
–¿Quien es? –pregunto inmediatamente.
–Es la esposa de Onésimo –me contestan con sencillez.
Quedo mudo de asombro. Sigue la visita, pero yo no me entero ya de nada. Mi atención ha quedado presa ante aquel asombro de estoicismo, encerrado en un débil cuerpo de mujer. [...] Mi pluma que quisiera desgranar una sonata heroica y sentimental sobre la frente de la ignorada heroína queda inmóvil, sintiéndose incapaz. Yo no podía imaginar un caso de fortaleza igual. Algo sobrenatural hay en esa mujer. Su dolor está domado dentro del pecho por un imperativo sobrehumano. Sólo el espíritu de su muerto, que vive en ella, es capaz del prodigio. [...] Mercedes, esposa del héroe, él entró ya por las puertas de la Gloria envuelto en púrpura de su sangre. Tú, recatada esposa, española ejemplar, estás unida a él en su inmortalidad...
Mauricio Karl, con su artículo, estaba contribuyendo a la construcción de una imagen de Mercedes Sanz-Bachiller como la de tantas mujeres falangistas que, en aquella coyuntura de guerra, hacían suyos los valores del servicio, el sacrificio, la abnegación y la disciplina, unos valores que compartían con sus camaradas falangistas varones. Este era el modo falangista de ser mujer, un modo que rompía con el modelo doméstico, del que Mercedes Sanz-Bachiller y otras muchas mujeres falangistas eran ejemplo.60
Así pues, parece claro que Mercedes se volcó en la recogida y elaboración de ropa para los soldados, al menos, durante las primeras semanas después de su nombramiento al frente de la Sección Femenina vallisoletana. También que no se dedicó a la organización femenina posteriormente, a partir de la fundación de Auxilio de Invierno. Sin embargo, ¿qué pudo motivar este desinterés por la Sección Femenina? Puede que, como apunta Delgado Bueno, se debiera a la provisionalidad del cargo. Puede que la respuesta la diera ella misma, años después, por boca de su segundo marido, Javier Martínez de Bedoya, cuando decía que no compartía el proyecto de las mujeres falangistas liderado por Pilar Primo de Rivera: «yo no siento esto de la Sección Femenina, esto de hacer política con las mujeres solas».61
Otras palabras de Mercedes venían a expresar algo similar, como las que le dijo a Paul Preston: «Me llamaban jefe territorial como me podían haber nombrado obispo de Madrid o de Valladolid, no tenía ni idea, ni conocía a Pilar ni la había visto nunca en mi vida. Yo conocía a José Antonio por Onésimo pero jamás a Pilar, no estaba metida en nada de la Sección Femenina».62 O las que dijo con ocasión de la entrevista con Luis Palacios: «Yo no fui nunca de la Sección Femenina».63
Además, y en relación con Auxilio de Invierno, no debemos perder de vista las motivaciones de carácter más íntimo y personal de una mujer que ha perdido de manera trágica, y muy reciente, a su marido: «Me pregunto en todo momento cómo volver a ser persona y cómo entender otra vez que los demás lo son»,64 y que ve por las calles de Valladolid, en el deambular de los niños abandonados y huérfanos, la magnitud de la tragedia: «a mí solo me movió la compasión por los niños que veía desamparados por Valladolid. Era terrible». Y, además, en relación con la represión, afirmaba que «mi intención sólo fue remediar, en parte, lo que pudiese de aquel desastre».65
Ahora bien, hay un componente que creo importante: su personalidad. Mercedes era una mujer de carácter y muy segura de sí misma, y ello, en opinión de su hija Pilar, la ayudó a superar todo lo que le tocó vivir.66 Asimismo, según su hija Mercedes, tenía una capacidad extraordinaria para contactar con las personas necesarias en cada momento, para darles responsabilidades y organizarlas.67 Esta personalidad fuerte y la capacidad para liderar proyectos y grupos humanos le sirvieron para impulsar y dirigir el proyecto que, en un primer momento, llevó por nombre «Auxilio de Invierno».
1 I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., pp. 47-95; Jesús María Palomares Ibáñez: La Guerra Civil en la ciudad de Valladolid. Entusiasmo y represión en la «capital del alzamiento», Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2001, pp. 13-23; J. Casanova: «República...», pp. 187-199; Gabriel Cardona Escanero: «Rebelión militar y Guerra Civil», en Santos Juliá (coord.): República y guerra en España (1931-1939), Madrid, Espasa-Calpe, 2006, pp. 223-233.
2 Esta hipótesis es la que se desarrolla en I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., pp. 55-59.
3 P. Preston: Palomas..., p. 40.
4 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., p. 95.
5 J. L. Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo..., p. 96; I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., pp. 157-158.
6 P. Preston: Palomas..., p. 27.
7 Mercedes Sanz-Bachiller introduce un claro anacronismo en su referencia a la República Socialista Popular de Albania para ilustrar lo que ella y sus contemporáneos consideraban el enemigo que había que batir (M. Sanz-Bachiller: «Breves reflexiones...»).
8 J. L. Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo..., pp. 100-101.
9 P. Preston: Palomas..., p. 40.
10 Ibíd., p. 41.
11 «Onésimo Redondo ha sido muerto. Un grupo de marxistas emboscados hace una descarga sobre el coche», El Día de Palencia, 25 de julio de 1936.
12 «En un pueblo de Ávila es asesinado el jefe de los Falangistas de Valladolid», Heraldo de Zamora, 26 de julio de 1936.
13 Noticia recogida en I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., pp. 371-372.
14 Onésimo Redondo, Caudillo..., p. 216.
15 J. L. Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo..., pp. 100-101.
16 Ignacio Martín Jiménez recuperó el testimonio de Andrés Redondo en este consejo de guerra, y además identificó a dos de los falangistas que también murieron como Francisco Puerta Martínez y Félix Sanz Burgueño, este último natural de Mojados y médico de Montemayor de Pililla (I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., pp. 377-378).
17 «El presunto autor de la muerte de Onésimo Redondo, detenido en Valladolid», El Diario Palentino, 30 de julio de 1936.
18 I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., pp. 378-379.
19 «Han matado a un alto jefe de Falange», ABC, 28 de julio de 1936.
20 P. Preston: Palomas..., p. 41.
21 J. L. Mínguez Goyanes: Onésimo Redondo..., p. 100.
22 I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., p. 374.
23 M. Tomasoni: Onésimo Redondo..., pp. 310-312.
24 Joan Maria Thomàs: El gran golpe. El «caso Hedilla» o cómo Franco se quedó con la Falange, Barcelona, Debate, 2014, pp. 20-23; S. Ellwood: Historia de Falange..., pp. 91-95; S. G. Payne: Falange..., pp. 103-104; J. L. Rodríguez Jiménez: Historia de Falange..., pp. 275-283.
25 Severiano Delgado, María Luz de Prado y Santiago M. López: «La Guerra Civil en Castilla y León: ensayo general para la dictadura franquista», Pasado y Memoria, 8, 2009, pp. 115-129.
26 Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional (BOJDN), 1, 25 de julio de 1936. Disponible en línea: <https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1936/001/J00001-00001.pdf>.
27 BOJDN, 32, 30 de septiembre de 1936. Disponible en línea: <https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1936/032/J00125-00126.pdf>.
28 Boletín Oficial del Estado (BOE), 1, 2 de octubre de 1936. Disponible en línea: <https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1936/001/A00001-00002.pdf>.
29 I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., p. 183.
30 Jesús María Palomares Ibáñez: «La Guerra Civil en Valladolid: notas sobre la represión en la ciudad», Investigaciones Históricas, 20, 2000, pp. 265-267.
31 Carlos Hernández de Miguel: Los campos de concentración de Franco. Sometimiento, torturas y muerte tras las alambradas, Barcelona, Ediciones B, 2019, pp. 26-27.
32 I. Martín Jimenez: La Guerra Civil en Valladolid..., pp. 188-191.
33 J. M. Thomàs: Lo que fue la Falange..., pp. 95-101.
34 I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., p. 233.
35 Fernando Peña Rambla: El precio de la derrota: la Ley de Responsabilidades Políticas en Castellón, 1939-1945, Castellón de la Plana, Universitat Jaume I, 2010, pp. 26 y ss.; Francisco Moreno Gómez: «La represión en la posguerra», en Santos Juliá: Víctimas de la guerra civil, Madrid, Temas de Hoy, 1999, pp. 318 y ss.
36 Santiago Vega Sombría: La política del miedo. El papel de la represión en el franquismo, Barcelona, Crítica, 2011, pp. 85 y ss.
37 Jesús María Palomares Ibáñez ofrece datos ligeramente distintos: 40 penas de muerte, 363 condenas a 30 años de prisión, 27 condenas a 20 años, 2 absoluciones por ser menores de edad y otras 17 absoluciones por no poderse probar que fueran detenidos al salir de la Casa del Pueblo (J. M. Palomares Ibáñez: La Guerra Civil en la ciudad de Valladolid..., pp. 147-148).
38 I. Martín Jiménez: La Guerra Civil en Valladolid..., p. 218.
39 Ibíd., pp. 199-225.
40 Ibíd., pp. 251-256.
41 Ibíd., pp. 308-318. Véase también María Silvia López Gallegos: «La vida cotidiana en la provincia de Valladolid durante la Guerra Civil», Congreso Internacional de la Guerra Civil Española, 1936-1939, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2006, edición digital.
42 Enrique Berzal de la Rosa: Valladolid bajo palio. Iglesia y control social en el siglo XX, Valladolid, Ámbito, 2002, pp. 73-89.
43 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., p. 104.
44 J. M. Palomares Ibáñez: La Guerra Civil en la ciudad de Valladolid..., p. 91; Christine Lavail: «De la creación de la Sección Femenina (1934) a la campaña electoral de 1936: Modalidades de intervención de las mujeres falangistas en la esfera pública», Arenal, vol. 15(2), 2008, pp. 345-370.
45 Sobre la presencia de mujeres en las JONS de Valladolid y de Madrid, así como en FE, véase M. B. Delgado Bueno: La Sección Femenina en Salamanca y Valladolid..., pp. 28-31.
46 Véase Mercedes Formica: Visto y vivido. 1931-1936. Pequeña historia de ayer, Barcelona, Planeta, 1982, pp. 146 y 147.
47 La fundación de la Sección Femenina vallisoletana en M. B. Delgado Bueno: La Sección Femenina en Salamanca y Valladolid..., p. 33.
48 En la fuente consultada consta como Somovilla.
49 Ibíd., pp. 47-48.
50 Expediente personal de Mercedes Sanz-Bachiller, Archivo General de la Administración (AGA), Sección Cultura, Fondo Sección Femenina, caja 2602 TOP 23-09.
51 J. M. Palomares Ibáñez: La Guerra Civil en la ciudad de Valladolid..., p. 94.
52 P. Preston: Palomas..., p. 45.
53 J. M. Palomares Ibáñez: La Guerra Civil en la ciudad de Valladolid..., p. 95.
54 Notas de Javier Martínez de Bedoya (30 de agosto de 1937), APMSB.
55 La delegada provincial de la Sección Femenina de Valladolid manifestaba a finales de 1942, refiriéndose a Mercedes Sanz-Bachiller, que: «No puedo darte balance de su labor en la Delegación ya que no existe nada sobre esto» (Carta de la delegada provincial de la Sección Femenina de Valladolid al jefe del Departamento Central de Personal de Madrid [15 de diciembre de 1942], AGA, Sección Cultura, Fondo Sección Femenina, caja 2602 TOP 23-09).
56 J. M. Palomares Ibáñez: La Guerra Civil en la ciudad de Valladolid..., p. 94.
57 M. B. Delgado Bueno: La Sección Femenina de Salamanca y Valladolid..., p. 48.
58 Ibíd., p. 138.
59 Ambos fragmentos en Mauricio Karl: «La mujer del héroe», Diario Regional, 27 de agosto de 1936. Sobre Mauricio Karl, véase J. M. Thomàs: El gran golpe..., p. 34.
60 Ángela Cenarro: «La Falange es un modo de ser (mujer): discursos e identidades de género en las publicaciones de la Sección Femenina (1938-1945)», Historia y Política, 37, 2017, pp. 91-120.
61 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., p. 104.
62 P. Preston: Palomas..., p. 45.
63 Luis Palacios Bañuelos: El franquismo ordinario. Diálogos con Payne, Carrillo, Mercedes Sanz-Bachiller, Velarde, Tamames, divisionarios, guerrilleros..., Astorga, Akrón&CSED, 2011, p. 217.
64 J. Martínez de Bedoya: Memorias..., p. 104.
65 Francisco González de Tena: Puentes de escarcha. Sistemas de socialización de los internos en los Hogares de Auxilio Social, tesis doctoral, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2006, p. 318.
66 Entrevista con Pilar Redondo Sanz-Bachiller (9 de octubre de 2013).
67 Entrevista con Mercedes Redondo Sanz-Bachiller (17 de febrero de 2013).
PARTE II
IV. UN PROYECTO PERSONAL: AUXILIO DE INVIERNO (OCTUBRE DE 1936 - MAYO DE 1937)
EL NACIMIENTO DE AUXILIO DE INVIERNO Y SU DESARROLLO INICIAL
El día 24 de julio de 1936 supuso un punto y aparte en la vida de Mercedes Sanz-Bachiller. Enviudó, perdió al hijo que esperaba y se quedó sola con tres niños pequeños. Sin embargo, fiel a su carácter y a sus convicciones, se puso en marcha tan pronto se hubo recuperado físicamente. De hecho, diecinueve días después de la muerte de Onésimo, asumió la jefatura provincial de la Sección Femenina vallisoletana. Y no solo eso, porque al mismo tiempo, y desde la Academia de Caballería, ya estaba organizando la recogida y confección de ropa para los soldados que estaban en el frente. Mercedes Sanz-Bachiller, además, estaba preocupada por los niños que veía desamparados por las calles de Valladolid y por las madres que se acercaban a ella para pedirle ayuda.
Así estaban las cosas cuando, el 1 de octubre de 1936, recibió la visita de Javier Martínez de Bedoya.1 Este joven bilbaíno era jonsista y se había convertido en uno de los colaboradores más próximos a Onésimo Redondo, participando en el semanario Libertad. Sin embargo, después de abandonar FE-JONS en 1935 junto a Ramiro Ledesma Ramos, se centró en sus estudios. A mediados de julio de 1935 se instaló en Tübingen, Alemania, para aprender alemán durante dos meses, en vista al siguiente curso universitario en la Universidad de Heidelberg. Durante ese curso, Martínez de Bedoya observó cómo el nazismo y el culto a Hitler iban impregnando el ambiente universitario y las calles, y vio los desfiles de las jóvenes nacionalsocialistas de la «Jungfrau» y sus actividades para conseguir ayuda económica para los desvalidos a cambio de pequeños recuerdos en cartón o metal. Sin embargo, cuando acabó el curso, se decidió a volver a España y llegó a Guernica, donde su padre tenía una notaría, el 2 de julio de 1936. Fue allí donde le sorprendió la sublevación militar, y desde allí inició su regreso a Valladolid poco después. Fue así como, el 25 de septiembre, Bedoya regresó a la capital vallisoletana, se entrevistó con Andrés Redondo y empezó a organizar la actividad sindical.2
Cuando Bedoya visitó a Mercedes para darle el pésame por la muerte de Onésimo, era ya el 1 de octubre. Durante la entrevista, pronto empezaron a hablar sobre la necesidad de abordar los problemas sociales que se habían desencadenado con la guerra y de «estudiar un plan de campaña social».3 En sus memorias,4 Bedoya hizo un relato muy literario sobre aquel encuentro, resaltando que al visitar a Mercedes Sanz-Bachiller y oírla hablar sobre la necesidad de hacer algo útil ante el sufrimiento de los niños que veía por las calles de Valladolid, comprendió que todo lo que había visto en Alemania podría ser la solución al hambre y la miseria ocasionadas por la guerra, y que Mercedes era «el gran instrumento que ponía Dios» en su camino. De hecho, Auxilio de Invierno siguió el patrón de la «Winterhilfe» nazi, y el nombre, la estructura y el funcionamiento de la organización fueron importadas por él a la España sublevada. Ahora bien, también es cierto que nada habría hecho sin la energía, el carácter y la capacidad organizativa y de liderazgo de Mercedes Sanz-Bachiller. De hecho, el mismo Bedoya lo corroboró en sus memorias, al dejar por escrito la frase de Mercedes que significó el arranque de Auxilio de Invierno: «Yo voy a pedir dinero prestado para comenzar».5
Y así fue cómo Mercedes Sanz-Bachiller llamó, durante el mismo encuentro con Bedoya, al secretario del Ayuntamiento de Valladolid, el jonsista Teodoro Jiménez Cendón, y le pidió cinco mil pesetas a crédito. También fue ella la que pidió a su cuñado, Andrés Redondo, director del Banco Hispano Americano de Valladolid y jefe territorial de Falange de Castilla la Vieja, un crédito de cincuenta mil pesetas. Bedoya, por su parte, apostó por traducir literalmente el nombre alemán «Winterhilfe» al español, con lo que este nuevo proyecto pasó a llamarse «Auxilio de Invierno». En sus memorias, Bedoya intentaba justificar la elección de este nombre porque quería evitar las «dificultades políticas que se presentaban al intentar crear algo nuevo dentro de Falange», y porque así «se daba la sensación, de momento, de que se trataba de un esfuerzo “eventual” frente a los infortunios del invierno próximo y que era algo que concernía a todos y a lo que nadie podría negar su circunstancial colaboración».6 Sin embargo, como ha señalado de forma certera Ángela Cenarro, estas palabras, en las que intenta dejar claro que ya en octubre de 1936 pretendía disimular su deseo de expandir Auxilio de Invierno y darle carácter permanente, «es resultado de una lectura a posteriori, realizada mucho tiempo después de conocer el afortunado destino de su obra. En realidad, nada estaba escrito en octubre o noviembre de 1936».7
Lo cierto es que, a partir de este primer encuentro, los contactos y el trabajo se multiplicaron: buscar un local, reclutar a colaboradoras y confeccionar emblemas y huchas para recoger los donativos. Y en este sentido, desde mediados de octubre empezaron a tomar decisiones, como encargar el emblema de Auxilio de Invierno a la casa Faci de Zaragoza8 y elaborar un censo de personas necesitadas «con preferencia absoluta para los hijos de los fusilados o de muertos en los frentes».9 Ello, como señaló Mónica Orduña,10 no estaba exento de riesgos, puesto que implicaba reconocer de forma explícita la brutal represión que se venía practicando en Valladolid desde la sublevación militar y que, entre los meses de septiembre y octubre, pasaba por su momento más álgido. Sin embargo, pudo llevarse adelante, en opinión de Orduña, porque en Mercedes concurrían una personalidad fuerte y decidida, una gran capacidad de liderazgo y el hecho de ser la viuda de Onésimo Redondo. Pero es que, además, tanto Mercedes como Javier querían alejarse de las luchas intestinas de Falange. Mercedes era la depositaria de la herencia de Onésimo Redondo y madre de sus hijos, y estaba fuera de estas luchas, y Javier ya se había apartado de FE-JONS desde hacía más de un año. Ahora bien, para poder desarrollar Auxilio de Invierno, debían tener en cuenta una circunstancia importantísima, y es que, al estar vigente el estado de guerra, todos los organismos que actuaban en la zona sublevada se supeditaban a la autoridad militar, y en particular en la zona norte, al general Emilio Mola, motivo por el cual necesitaban su autorización. Mola tenía por residencia el vallisoletano Hotel Imperial,11 donde también se hospedaba Javier Martínez de Bedoya por orden de Andrés Redondo. Sin que se pueda determinar el día, sí sabemos que hubo una conversación entre ambos, y que Mola dio la autorización a Bedoya. Además, le ordenó que preparase la intervención de Auxilio de Invierno en Bilbao, que se presentara a la mañana siguiente en su cuartel general para incorporarse como soldado y que se pusiera a las órdenes del coronel Fernando Moreno Calderón, hecho que debió de suceder el 23 de octubre.12 El 29 de octubre, día en el que se realizó la primera colecta en Valladolid, el coronel Moreno Calderón le ordenó que una vez al mes se presentara en Ávila, ciudad adonde se había trasladado el cuartel general de Mola justo el día anterior, para informarle sobre la marcha del proyecto. Así pues, con todo el apoyo de la autoridad militar, Auxilio de Invierno tenía las mejores perspectivas. De hecho, el 30 de octubre se inauguró el primer comedor en Valladolid, con capacidad para atender a cien huérfanos, y en las semanas siguientes se expandieron por el resto de pueblos y ciudades de la provincia, así como por las provincias limítrofes.
En los primeros días de noviembre, Mercedes Sanz-Bachiller y su equipo de colaboradores se trasladaron hasta Sevilla, ciudad donde se encontraba Pilar Primo de Rivera.13 El objetivo era «exponer a Pilar Primo de Rivera el plan de la obra social que traemos entre manos y ver de conseguir su [sic] la colaboración de la sección femenina [sic] para poder extenderla por toda España».14 Además, Mercedes quería dar instrucciones directas sobre cómo poner en marcha allí Auxilio de Invierno, y contactar con la compañía hispano-alemana HISMA (Sociedad Hispano-Marroquí de Transportes),15 a la que encargó la fabricación en Alemania de dos emblemas para las cuestaciones, un millón de cada modelo, a cambio de ciento veinte mil pesetas. La decisión de contactar con HISMA se presentaba como la mejor solución ante la falta de liquidez de la que adolecía Auxilio de Invierno, y ante la consecuente incapacidad para afrontar los gastos del encargo.16 En Sevilla, además, conocieron a Hans Kroeger, que era el delegado del Partido Nacionalsocialista en la España sublevada, y miembro de un equipo de trabajo del Ministerio de Propaganda alemán,17 quien enseguida se interesó por la propaganda de Auxilio de Invierno y se la envió a Goebbels, ministro de Propaganda alemán. De hecho, tiempo después del encuentro con Kroeger en Sevilla, se encargaron a Berlín emblemas y carteles del «Winterhilfswerk des Deutschen Vokkes-WDV», o lo que es lo mismo, la «Obra de Auxilio de Invierno del Pueblo Alemán».18 Era ya el 20 de noviembre.
Sin embargo, la buena marcha de la Obra fundada por Sanz-Bachiller y Martínez de Bedoya contrastaba con las reticencias de Andrés Redondo, jefe territorial de Falange castellana, quien, al parecer, no veía con buenos ojos esta entidad.19 Los motivos puede que estuvieran relacionados con el hecho de que tanto Mercedes como Javier desatendían las responsabilidades que el mismo Redondo les había asignado: la Sección Femenina de Valladolid y la Delegación Territorial de la CONS, respectivamente.20
Mientras tanto, en Salamanca, Valladolid y Burgos, se iban instalando los órganos militares y falangistas, y la presencia alemana empezó a ser una realidad. Adolf Hitler, además, nombró a Wilhem Faupel como encargado de negocios del Gobierno alemán en la España sublevada, con la misión de trasladarse a Salamanca, acompañado de otros colaboradores, para que se ocupara de las relaciones político-económicas.21 La llegada de Faupel se produjo el 29 de noviembre de 1936, y la influencia alemana22 sobre el incipiente Auxilio de Invierno se incrementó desde entonces. Cuando llegó Faupel ya se había realizado la segunda cuestación de Auxilio de Invierno, cuestación que se llevó a cabo de forma simultánea en varias provincias, y en la que ya se pudieron repartir los emblemas encargados a HISMA, en los que aparecía un águila troquelada con la palabra «pan» en las garras. Dicha cuestación se realizó el 17 de noviembre.
De forma paralela a la expansión de Auxilio de Invierno, FE-JONS vivía su propio proceso político. Si bien desde el 2 de septiembre de 1936, Manuel Hedilla era el jefe de la Junta de Mando Provisional, su liderazgo estaba siendo cuestionado por los jefes territoriales que, como Andrés Redondo, eran los que ejercían el poder efectivo en los territorios bajo su mando. La descripción del funcionamiento de la Junta que hizo Javier Martínez de Bedoya en sus memorias muestra una Junta en la que
se deciden las cuestiones por votos. La mayor parte de ellos se titulan Jefes Territoriales y tienen bajo su dominio a varias provincias. Funcionan como verdaderos señores feudales y entre las diversas Territoriales existe una rivalidad verdaderamente medioeval [sic]. Cada Jefe va siempre rodeado de una escolta armada de fusiles ametralladores. Se amenazan mutuamente con las propias milicias que aunque en su mayor parte en los frentes dependen directamente de ellos. Constantemente conspiran los unos contra los otros, y en el fondo cada Jefe territorial se cree con aptitudes necesarias y suficientes para ser Jefe Nacional del Movimiento.23
Añadido a todo ello, durante la celebración del III Consejo Nacional, el 21 de noviembre en Salamanca, se supo que José Antonio había sido fusilado en la madrugada del día 20 en la prisión de Alicante. Se trataba de un golpe político que dejaba a FE-JONS descabezada. Ante esta situación, y según lo que establecían los estatutos, se tenía que elegir a otro jefe. Sin embargo, valoradas las consecuencias morales y políticas, los consejeros decidieron mantener la noticia en secreto, para alimentar así la figura del «Ausente», a la espera una confirmación absoluta de su muerte y siguiendo con la provisionalidad de la Junta de Mando. Al mismo tiempo, se decidió reforzar el poder de Hedilla, algo que no fue aceptado por los otros miembros de la Junta de Mando Provisional y que acabó derivando en un conflicto interno con el tiempo.24
Antes tales circunstancias, para Mercedes Sanz-Bachiller y Javier Martínez de Bedoya, se hacía cada vez más evidente que no era posible mantenerse alejados de las luchas intestinas falangistas, y que se acercaba el momento en el que tendrían que decidir si apoyaban o no apoyaban a Hedilla. Para ellos, el deseo de fortalecer su proyecto y de obtener el apoyo político de FE-JONS era primordial, lo que los llevó a ponerse al lado del jefe porque, según Bedoya, su actitud política era «de fidelidad a Falange, simplemente, sin personalismos», pero también porque querían que se interesara «por lo que llevamos hecho de Auxilio de Invierno».25 Sin embargo, esta decisión los puso en contra del legitimismo falangista, representado por Pilar Primo de Rivera, como se verá.
Justo por aquellos días, a finales de noviembre de 1936, Pilar Primo de Rivera se trasladó a Salamanca, donde se ubicó la sede de la Sección Femenina. Desde allí pudo empezar a calibrar la magnitud que podía alcanzar Auxilio de Invierno y el verdadero alcance del poder que ejercía Mercedes Sanz-Bachiller. De hecho, el 9 de diciembre se trasladó a Valladolid acompañada de Hedilla. Mercedes los recibió en su domicilio particular y posteriormente visitaron los comedores. Tras la visita, lejos de manifestar recelos, ambos jefes falangistas tuvieron palabras de elogio para Mercedes Sanz-Bachiller y la Obra que dirigía,26 aunque las relaciones con Pilar Primo bien pronto empezaron a tensionarse.
De momento, Auxilio de Invierno iba ampliando su radio de acción, y así, el 19 de diciembre se pusieron en marcha las «Cocinas de Hermandad», en las que se cocinaba principalmente para las viudas y los ancianos que no tenían el sostén económico ni del marido ni de los hijos. Estos alimentos se llevaban a los domicilios particulares en unos recipientes metálicos que contenían el menú diario. Además, en Sevilla las cosas avanzaban con rapidez. A principios de diciembre ya había llegado la propaganda desde Valladolid. El marqués Paolucci, que era uno de los más entusiastas de la causa, se ofreció a hablar con Sancho Dávila, jefe de Falange andaluza, para iniciar Auxilio de Invierno en su zona de mando y solicitar su colaboración.27 Así, después de una campaña de propaganda en la prensa de la ciudad, se hizo la primera cuestación el 23 de diciembre y, al día siguiente, víspera de Navidad, se inauguró el primer comedor. Mercedes Sanz-Bachiller no asistió a esta inauguración, pero sí lo hizo Pilar Primo de Rivera.28
Así pues, con la entrada del nuevo año de 1937, Auxilio de Invierno iba creciendo de forma progresiva e inexorable: «Ya lo hemos organizado en Logroño, Zaragoza y Huesca. Vamos a salir para Soria y Pamplona».29 Pero al mismo tiempo, también se abrían nuevos frentes en la lucha por el poder en FE-JONS, unas luchas en las que ni Mercedes Sanz-Bachiller ni Javier Martínez de Bedoya querían inmiscuirse, pero ante las que se tuvieron que posicionar. La primera de ellas fue la defenestración de Andrés Redondo.
LA DEFENESTRACIÓN DE ANDRÉS REDONDO
Andrés Redondo, hermano de Onésimo y cuñado de Mercedes Sanz-Bachiller, había sido nombrado jefe territorial de Castilla a la muerte de Onésimo. Asimismo, había sido nombrado vocal de la Junta de Mando Provisional de FE-JONS el 6 de septiembre de 1936, en la reunión que se celebró en la Universidad de Valladolid y de la que salió elegido como jefe de la Junta Manuel Hedilla. Era, sin embargo, alguien de pocas convicciones falangistas si atendemos a la opinión que sobre él tenía José Antonio Girón de Velasco: «Andrés Redondo, hermano de Onésimo, era entonces delegado territorial de Falange. Le había nombrado Hedilla a la muerte de Onésimo, suponiendo en Andrés la misma grandeza del hermano. Nada más lejos. Creo que lo único que sabía de Falange era que llevábamos camisa azul».30 La opinión de Javier Martínez de Bedoya iba en la misma línea: «Nunca tuvo Andrés ni un ápice de nacional-sindicalista».31 Bedoya, además, recordaba las palabras que le dijo Andrés Redondo cuando, el día 25 de septiembre de 1936, a su llegada a Valladolid, se presentó en su despacho y «me hace ver la enorme carga que han echado sobre él, contra su voluntad, y describe minuciosamente la complejidad de la Jefatura Territorial, a la vez que formula su propósito de que la gestión que se le ha encomendado sea lo más breve posible, puesto que él debe dedicarse a sus cosas, a su Banco».32
Sin embargo, a pesar de ser tan poco falangista, protagonizó «uno de los asuntos más misteriosos de la intrahistoria falangista de los primeros nueve meses de la Guerra Civil»,33 que concluyó con su defenestración. Entre las razones que se barajaban como posibles causas de su destitución, estaba el haber intentado el asesinato de José Antonio Girón de Velasco. Al parecer, Girón se presentó ante Hedilla y le denunció. El jefe de la Junta de Mando Provisional se reunió con Redondo posteriormente, y durante este encuentro parece que Redondo quiso desenfundar su pistola, tras lo cual Hedilla le suspendió. Sin embargo, esta versión de los hechos fue cuestionada cuando salieron a la luz las actas de la Junta de Mando Provisional, según las cuales el día 8 de enero de 1937,34 Manuel Hedilla presentó a la Junta un escrito donde explicaba los motivos por los que había suspendido como jefe territorial a Andrés Redondo. Hedilla, además, pidió a la Junta que ratificara esta destitución y que acordara su baja como vocal. Aunque Redondo negó todas las acusaciones, la Junta las ratificó y acordó por unanimidad destituirle de la Jefatura Territorial y de la vocalía, y ello porque había cometido «actos reiterados y graves de indisciplina», e «intrigas y deslealtades contra los mandos del movimiento», lo cual era una acusación muy grave y que al parecer estuvo basada en hechos reales.35 En primer lugar, y previamente a la creación de la Junta de Mando Provisional y al nombramiento de Hedilla como jefe, Andrés Redondo, Agustín Aznar y Mauricio Karl planearon formar un triunvirato dirigente de FE-JONS. En segundo lugar, después de la muerte de José Antonio, Redondo quiso que se le ofreciera a Franco la jefatura de FE-JONS. A estos dos hechos se sumó la propuesta que Redondo hizo a Hedilla para que destituyera a Agustín Aznar como jefe nacional de Milicias y, a continuación, nombrara al general Yagüe. Pero es que, además, según relata Javier Martínez de Bedoya en sus notas personales, el 6 de noviembre de 1936, en una reunión de la Junta de Mando Provisional que se celebró en Sevilla,
Andres [sic] pretendio [sic] dar una especie de golpe de Estado y aprovechando al parentes con [sic] Jose Antonio de Sancho Davila hacerle Jefe Nacional, puesto que su odio por ahora se concentra en Hedilla. La cosa ha salido de tal manera que ademas [sic] de seguir todo de igual manera le han quitado las provincias de Leon, Zamora y Salamanca.36
En definitiva, Andrés Redondo no solo era un hombre de pocas convicciones falangistas, sino que también era alguien de carácter ambicioso, lo que le granjeó animadversiones varias desde que fuera aclamado jefe territorial de Castilla la Vieja a la muerte de Onésimo. Todo ello precipitó su suspensión a finales de diciembre y la ratificación de la destitución el 8 de enero de 1937. Ante estos acontecimientos, tanto Mercedes Sanz-Bachiller como Javier Martínez de Bedoya se posicionaron al lado de Hedilla. Vamos a tratar de explicarlo.
LA DELEGACIÓN NACIONAL DE AUXILIO DE INVIERNO
Justo por aquellos días, entre el 6 y el 9 de enero de 1937, se celebró entre Salamanca y Valladolid el Primer Consejo Nacional de la Sección Femenina.37 A este consejo también asistieron Mercedes Sanz-Bachiller, jefa provincial de Valladolid, y Javier Martínez de Bedoya, en calidad de representante de Auxilio de Invierno. Pues bien, fue durante este consejo cuando se libró la primera batalla por el control de Auxilio de Invierno entre Mercedes Sanz-Bachiller y Pilar Primo de Rivera. Y es que esta última no quería que Auxilio de Invierno se desarrollara de forma autónoma. En primer lugar, porque Mercedes era la jefa provincial de la Sección Femenina vallisoletana y estaba bajo su mando y, en segundo, porque era la Sección Femenina la que proporcionaba la mayoría de mano de obra para hacer las colectas y para atender los comedores y las cocinas de hermandad. Además, a ella habían acudido Mercedes y Javier para pedirle su colaboración en la expansión de la Obra por la zona nacional. Por su parte, Mercedes Sanz-Bachiller quería que Auxilio de Invierno tuviera la categoría de servicio independiente dentro de Falange, tal cual lo era la Sección Femenina, y ello con independencia de que ella misma formara parte de la jerarquía provincial de la Sección Femenina. Auxilio de Invierno era su proyecto, y no el de Pilar Primo de Rivera. Pues bien, partiendo de estos dos posicionamientos, vamos a ver cómo se desarrolló esta primera batalla por el control de Auxilio de Invierno.
Lo primero que hay que afirmar es que, durante la última sesión de este I Consejo Nacional de la Sección Femenina, sesión que se desarrolló en Valladolid, Auxilio de Invierno fue reconocido públicamente como delegación o servicio nacional. Así lo dejó escrito, en sus notas personales, Javier Martínez de Bedoya:
El 8 todo el Consejo Nacional de la Sección Femenina se trasladó a Valladolid y en el salón de actos de la academia se celebró una sesión dedicada a la propaganda de Auxilio de Invierno a fin de que las Jefes Provinciales Femeninas ayudasen a la difusión Nacional de esta obra. Tuve que pronunciar un largo discurso explicativo. La nota sensacional ha sido que en esta sesión se hizo público el nombramiento de Delegada Nacional de Auxilio a favor de Merceditas.38
Así lo afirmaba, casi un año después, Clara Stauffer, regidora de prensa y propaganda de la Sección Femenina, en un artículo aparecido en Labor: «En aquel I Congreso [sic por Consejo] fue nombrada la camarada Mercedes Sanz Bachiller viuda de Onésimo Redondo, Delegada Nacional de “Auxilio de Invierno”».39 E incluso Pilar Primo de Rivera, en una crónica sobre este primer consejo que se publicó en la revista Y en febrero de 1938, decía que
se trasladó el Consejo a Valladolid –[...] hasta llegar a la ciudad donde ya ese milagro de nuestra fe que es Auxilio Social– [...]. Allí fue elevada la obra a la categoría de Servicio Nacional –después de un resumen de proyectos que han sido superados a través de los días y confirmada en su puesto de mando la camarada Mercedes Sanz Bachiller.40
Y también Mónica Orduña cuando señaló que Pilar Primo dio el visto bueno al nacimiento de la Delegación Nacional de Auxilio de Invierno ya en diciembre de 1936 y, durante la última sesión del consejo, lo hizo público. En opinión de Orduña, además, la titular de dicha delegación sería Mercedes Sanz-Bachiller:
Las circunstancias y factores señalados [la visita de Hedilla y Pilar Primo a Valladolid a principios de diciembre de 1936] tuvieron la suficiente fuerza y convicción para que, en diciembre de 1936, Pilar Primo de Rivera aceptase la creación de la Delegación Nacional del Auxilio de Invierno. Y esto siguiendo el criterio de su auspiciadora [Mercedes Sanz-Bachiller], hecho que se elevó a público en la última sesión del Congreso [sic por Consejo] Nacional de la Sección Femenina, celebrado a fines de dicho mes en Valladolid [a principios de enero de 1937], donde se reconoció públicamente como titular de dicho proyecto y delegada nacional a Mercedes Sanz Bachiller.41
Por lo tanto, el reconocimiento de Auxilio de Invierno como delegación nacional, y la titularidad de dicha delegación a nombre de Mercedes Sanz-Bachiller, está fuera de toda duda.
Sin embargo, este reconocimiento llevaba intrínseco otro asunto trascendental, que era determinar bajo qué autoridad política se integraría Auxilio de Invierno: la Sección Femenina o FE-JONS. Esta cuestión, sin embargo, no se aclaró de forma definitiva durante el desarrollo de aquel consejo. Por una parte, Pilar Primo no consiguió imponer su autoridad sobre Auxilio de Invierno, a pesar de que posteriormente, en la «Crónica de los Consejos», pretendió dejar meridianamente claro que esta delegación nacional de Auxilio de Invierno, y su delegada nacional, Mercedes Sanz-Bachiller, estaban encuadradas bajo su mando, como lo estaban también las otras delegaciones nacionales de Prensa y Propaganda, Administración, Enfermeras y Aguinaldo del Soldado o Flechas.42 Por otra parte, Mercedes Sanz-Bachiller tampoco consiguió la desvinculación total de Auxilio de Invierno respecto de la Sección Femenina para depender solo de la Junta de Mando Provisional de FE-JONS. Esta falta de contundencia y claridad fue una constante también en los meses siguientes, y así ha de interpretarse la insistencia con la que, en una carta dirigida a la jefa provincial de la Sección Femenina de Zamora y Salamanca, fechada entre marzo y mayo de 1937, se subraya que
«AUXILIO DE INVIERNO» por ser obra nacional no es de competencia de ninguna Jefatura local ni Provincial, como tampoco es simplemente de la Sección femenina [sic], aunque la Sección femenina sea el brazo ejecutivo del «AUXILIO DE INVIERNO».
Y además se insiste en que
«AUXILIO DE INVIERNO» es un nuevo órgano de Falange de carácter nacional; un organismo con personalidad propia, que debe tener sus jerarquías y una unidad de pensamiento y acción.43
La historiografía, por su parte, tampoco ha conseguido clarificar este asunto. Kathleen Richmond afirmó que Auxilio de Invierno había sido reconocido públicamente durante este consejo, pero que, al parecer, Pilar Primo lo presentó como un servicio dependiente de la Sección Femenina y, todavía más, que Mercedes Sanz-Bachiller se molestó porque el mes anterior, en diciembre, había sido reconocido como un servicio independiente dentro de Falange, y no como un servicio integrado en la Sección Femenina:
[Pilar Primo] reconoció oficialmente las actividades del Auxilio Social [sic por Auxilio de Invierno] en el Consejo de la Sección Femenina celebrado en Salamanca en enero de 1937. Sin embargo, seleccionó la información dada y habló del Auxilio Social [sic por Auxilio de Invierno] como si fuera un componente de la Sección Femenina. Mercedes, que se hallaba presente en el Consejo, se sintió ofendida porque se presentara el Auxilio Social [sic por Auxilio de Invierno] como una parte del esfuerzo de guerra de la Sección Femenina, dado que el mes anterior [diciembre de 1936] había sido oficialmente reconocido como un departamento aparte de la Falange.44
Por su parte, Beatriz Delgado Bueno45 señaló la existencia de un
equívoco en torno al nombramiento de Mercedes Sanz Bachiller como Delegada Nacional de «Auxilio de Invierno». Aunque no haya constancia documental de este reconocimiento, los dos periódicos vallisoletanos, El Norte de Castilla y el Diario Regional, publicaron la noticia [...]: «Merceditas Sanz Bachiller, viuda de Onésimo, nombrada Delegado Nacional de Auxilio de Invierno. Sin embargo, ningún periódico de Salamanca recogió la noticia».
Para esta autora, «Pilar Primo de Rivera no nombró Delegada Nacional de “Auxilio de Invierno” a Mercedes Sanz Bachiller en el I Consejo Nacional, aunque tampoco se ocupó de desmentir el nombramiento que apareció publicado en la prensa de Valladolid». Y, además, coincidiendo con lo que dijo Paul Preston, «en la reunión se nombró a cada delegada provincial encargada en su provincia del nuevo servicio, “Auxilio de Invierno”». Paul Preston, en la que es la primera biografía de Mercedes Sanz-Bachiller, reconoció el hecho de que durante este I Consejo se hubiera reconocido a Auxilio de Invierno como un departamento de la Sección Femenina, pero afirmó que el cargo de delegada nacional de Auxilio de Invierno lo ostentaría Pilar Primo de Rivera, y no Mercedes Sanz-Bachiller:
En el primer Consejo Nacional de la Sección Femenina, que tuvo lugar entre Salamanca y Valladolid entre el 6 y el 9 de enero de 1937, anunció la incorporación oficial del Auxilio de Invierno a la Falange [...] el Auxilio de Invierno era considerado una subsección, o delegación, de la Sección Femenina. La propia Pilar sería jefe, o delegada nacional. Todas las jefes provinciales de la Sección Femenina se convertirían en delegadas provinciales del Auxilio de Invierno. Esto dejó a Mercedes simplemente como jefe provincial de Sección Femenina y delegada provincial de Auxilio de Invierno para Valladolid. Era aparentemente un triunfo masivo para Pilar.46
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