Kitabı oku: «De sol a sol»
DE SOL A SOL reúne testimonios de vida, narrados por los propios protagonistas; en él se pueden vislumbrar los orígenes del caleidoscopio de nuestra sociedad, recuerdos valiosos que nos llevan a rescatar la historia de la región tomando como eje a sus partícipes. Tal como lo decía Joutard, conforman “esas voces que nos llegan del pasado”.
Un pueblo es su gente, su tierra, su patrimonio, sus costumbres… pero no solamente las de ahora sino también las que ha tenido siempre, desde su nacimiento. Este pasado, que desconocíamos en gran parte, es el que ha venido a rescatar y mostrarnos la autora. De aquí en adelante sabremos de dónde venimos como pueblo y cuáles fueron los hechos que han configurado una parte esencial de nuestra historia ancestral. Y lo que es más importante: nuestros hijos, nietos y posterior descendencia sabrán cuáles son sus raíces y podrán ver a sus ancestros –su nosotros– en ese “álbum familiar” en lo que, en conclusión, culmina este pequeño gran libro, que forma ya parte de nuestro patrimonio histórico-cultural.
(del Prólogo)
De sol a sol resume historias de vida de catorce ciudadanos polacos, los que arribaron a Comodoro Rivadavia en dos corrientes migratorias. Los primeros llegaron siendo niños, cuando sus padres abandonaron su país en busca de trabajo. La segunda inmigración está conformada por excombatientes de la Segunda Guerra Mundial.
En estos relatos, se refleja el amor a su tierra natal y el apego a este suelo patagónico y su integración a esta ciudad. Trabajaron duramente, formaron su familia, en este país que les abrió sus puertas sin restricciones.

Foto de autora: @Maia Losowska
María Teresa Dittler Es licenciada en Enfermería, egresada de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Chubut). Publica artículos en los diarios Crónica de Comodoro Rivadavia y Glos Polski de Buenos Aires.
Sus otros libros son Pozos. Kilómetro 8, un pueblo petrolero de la Patagonia (Editorial Vela al viento, 2011) y Amapolas rojas. Inmigrantes polacos de posguerra (Ediciones Continente, 2014).
María Teresa Dittler
Colaboración: Sonia Liliana Ivanoff
De sol a sol Inmigrantes polacos en la Patagonia

Índice
Cubierta
Sobre este libro
Sobre María Teresa Dittler
Portada
Dedicatoria
Agradecimientos
Prólogo
Palabras de la autora
Polonia Orígenes Casimiro “el grande” (1333-1370) Los caballeros teutónicos La decadencia Los campesinos Los gitanos Religión El cristianismo El judaísmo La partición de Polonia Polonia libre Segunda guerra mundial Katyn Armia Krajowa La resistencia polaca La muerte del general Sikorski (1943) Persia (Irán) Monte Cassino Sublevación de Varsovia Yalta Gobierno comunista Exiliados Papa polaco Gdansk y los astilleros
Los polacos y su “dom polski” (la casa polaca) Los polacos llegan a Chubut Los polacos en Comodoro Rivadavia
Patagonia, la nueva tierra La conquista Comodoro Rivadavia Petróleo YPF Compañía ferrocarrilera de petróleo Asociación polonesa “Dom Polski” Segunda guerra mundial en la patagonia La nueva inmigración Celebración día del inmigrante “La colectividad polaca más austral del mundo se sumó a las celebraciones por el centenario de la independencia de Polonia”
Algunas historias personales Eugenio Zacharko (1924-2016) José Koslowski (1906-2004) Jadwiga Szymanski de Koprowski (1924-2012) Juana Szymanski de Martínez (1926-2015) María Irene Milek de Mariño Suzzanna Zofía Buczak de Socha (1920-2009) Henryk Buczak (1922-2013) Viaje a Polonia 16 de mayo de 2017. Visita a lublin – Zzamosc – Tomaszów – Lubelski Museo de la industria petrolífera Lámpara a kerosene. Por Tadeusz Waiss Polonia y el petróleo argentino Adela Furman de Glinsky (1914-2004) Viaje a Polonia (2016) Auschwitz (2016) Mieczyslaw Dola Jorge Hocko (1914-2006) Mieczyslaw Kuracz (1920-2009) Zofía Anna Hauser de Twardowski (1921-2008) Andrés Jozwicki (1929-2014) Zbigniew Ludwik Gaworowski (1919-2008) Varsovia (2016)
Epílogo
Bibliografía
Créditos
Otros títulos de esta editorial
Dedico este libro a mis hijas,
constantes críticas de mi actividad literaria:
Aldana, Antonella y Giuliana.
In memoriam
Olinda Walsamakis
y Dra. Susana Torres.
AGRADECIMIENTOS
Esta publicación fue realizada gracias a la ayuda financiera de:
Embajada de la República de Polonia en Buenos Aires, Sección Consular. Se agradece al cónsul Michal Tomasz Swietlik.
Dom Polski Comodoro Rivadavia. Se agradece a Mónica Mickiewicz.
A los polacos que me brindaron sus recuerdos para poder concretar este valioso testimonio.
A los profesores que confiaron en este proyecto y me dieron su apoyo desde el comienzo: Dra. Susana Torres (Q.E.P.D.), Mg. Daniel Borquez, Pablo Strukelj y Marcin Korzeb.
Por sus valiosos aportes a Tadeusz Waiss, Enrique Koprowski (Q.E.P.D.), Ricardo Gómez y Eugenio Jasinski.
Por permitirme incluir su trabajo de investigación, a la profesora de Historia y abogada (UNPSJB) Sonia Liliana Ivanoff.
Por el aporte de fotos de sus archivos a Joanna Luba, Dominik Czapigo y Magdalena Kulpa de Ośrodka KARTA. A Jorge Hocko (hijo), familia Kuracz, Juan José Gavoroski, Susana Dola.





PRÓLOGO
Mg. Daniel Fernando Borquez UNPSJB
El resto de mi vida va a transcurrir en el lugar del cual no sé nada, vamos a dejar atrás a nuestros antepasados, que quedarán en el olvido o a merced de un frío viento que los mecerá cada tanto en nuestra memoria, ¿adónde vamos, seremos nada, seres sin historia, simples individuos destinados a vivir sin raíces?
En primer lugar, deseo agradecer a María Teresa por haberme solicitado unas palabras prologales para su libro De sol a sol. Soy de los que creen que la escritura de la historia debe rescatar el pasado no solo desde la frialdad de un documento, sino también de todo aquello que provenga de ese pueblo del que formamos parte. Si no, acabamos convirtiéndonos en apéndices de museos o bibliotecas o en prisioneros de documentos.
El trabajo histórico, sostiene la autora, está construido mirando desde abajo, para recuperar algo de la historia perdida que habla de un mundo multiétnico. Pero debe también mucho a la abstracción en el proceso de escribir la historia: a la rigidez de una historia que ha sido durante demasiado tiempo cautiva del “documento”, que sigue siendo en la mayor parte de estudios el marco indiscutido de análisis.
Este es un libro sobre unas conexiones que durante siglos han sido generalmente negadas, ignoradas o que, simplemente, han pasado inadvertidas, pero que sin embargo han marcado profundamente la historia del mundo en que todos nosotros vivimos y morimos. Por más que la erudición académica los reciba con desaprobación, estos suelen ser a la larga los libros que hacen avanzar el estudio de la historia hacia nuevas fronteras.
Los cambios que la inmigración produjo en la Argentina son variados; esta estableció sin dudas un hito en el crecimiento del país, con el aporte de hombres, mujeres y niños –anónimos y desconocidos– y con sus hazañas cotidianas. Sus historias pueden calificarse de íntegras, como la de nuestros padres o abuelos. Ellos se esforzaron en nombre de valores como la fe, la honestidad y el culto al trabajo.
De sol a sol reúne estos relatos de vida, narrados por los propios protagonistas; en él se pueden vislumbrar los orígenes del caleidoscopio de nuestra sociedad, recuerdos valiosos que nos llevan a rescatar la historia de la región tomando como eje a sus partícipes. Tal como lo decía Joutard, conforman “esas voces que nos llegan del pasado”.
En estos tiempos, en los que cuesta entender por qué estamos como estamos, es necesario recordar que nuestro país fue refugio para quienes buscaban una nueva oportunidad, un lugar donde, tras las penurias que vivieron, con su trabajo y sacrificio pudieran salir adelante. Hoy estamos viviendo, en casi todos los aspectos, el opuesto de las historias relatadas en este libro: ¿dónde quedaron la libertad, la justicia, el trabajo, la solidaridad, las oportunidades y el respeto que nuestro país brindó a la inmigración? Desde este aporte recuperamos una tierra unida en la diversidad de ideas, aportes migratorios cuya Historia aún se está construyendo, para la cual este libro es un gran aporte.
Hay aquí, como en aquel título, igualmente, el testimonio directo, el vivo presentarnos la radiografía de una Patagonia distinta de la que ha poblado la literatura o la historia nacional, esa tierra mítica, sino la real, la concreta, la que se construye en el día a día, con el aporte del esfuerzo y el trabajo. No se trata, en todo caso, de un escritor, sino de que, en el presente caso, es el propio protagonista de la historia el que toma la palabra, el que nos da su punto de vista, desde adentro; lo que aquí interesa es la palabra del migrante, el relato de sus vicisitudes, la narración de sus sueños y esperanzas. Y, sobre todo, la muestra de su permanente rebeldía, entendida como una forma de luchar contra la adversidad por la que pasa la condición humana y ver la necesidad de superarla. A través de la noche de la pobreza, de la marginación social, pero que al final de ella brilla ese sol de la esperanza, imbatible en la lucha de los pobres, de aquella clase que es futuro de la humanidad, aunque muchos parezcan haberlo olvidado.
La otra cara de Comodoro Rivadavia, la profundidad de la vida de miles de migrantes aparece aquí descrita con ponderación por uno de ellos.
El libro está estructurado en capítulos acordes a distintos inmigrantes, rescatando sus vidas, experiencias y aportes, “las estaciones de la vida del migrante, con los hitos de su existir pleno de sucesos: todo lo que fueron construyendo y logrando con su sacrificio y solidaridad”. Un libro que también debe interesar a sociólogos, profesores, maestros y todo el que desee conocer la Historia de la región, para hacerlos acceder de modo directo a un lugar que nos muestra esperanzas, luchas, pero sobre todo que rescata los rostros oscuros de esa limpia gente que constituye nuestro país.
Un pueblo es su gente, su tierra, su patrimonio, sus costumbres… pero no solamente las de ahora sino también las que ha tenido siempre, desde su nacimiento. Este pasado, que desconocíamos en gran parte, es el que ha venido a rescatar y mostrarnos María Teresa. Si bien ningún pueblo carece de historia, esta nos resulta desconocida, lo que nos pone en el lugar de desamparados al ignorar el pasado histórico del lugar en el que vivimos. Y así nos sentíamos un poco hasta ahora. De aquí en adelante sabremos de dónde venimos como pueblo y cuáles fueron los hechos que han configurado una parte esencial de nuestra historia ancestral. Y lo que es más importante: nuestros hijos, nietos y posterior descendencia sabrán cuáles son sus raíces y podrán ver a sus ancestros –su nosotros– en ese “álbum familiar” en lo que, en conclusión, culmina este pequeño gran libro, que forma ya parte de nuestro patrimonio histórico-cultural.
PALABRAS DE LA AUTORA
María Teresa Dittler
Mi primer contacto con la comunidad polaca comenzó en mayo de 2000, cuando ingresé a la Compañía Petroquímica Comodoro Rivadavia (PCR) para desempeñarme como licenciada en Enfermería en el consultorio de Medicina Laboral.
En la misma fecha comencé el taller literario de la escritora Olinda Walsamakis; estábamos próximos a celebrar el centenario de la fundación de la ciudad. Con el fin de editar un libro, nos dio un ejercicio que consistía en interrogar a personas mayores sobre sus recuerdos del pasado.
En esta actividad conocí a un grupo de personas que contaba una historia totalmente desconocida, me pareció interesante y continué escribiendo; así pasé casi veinte años en la comunidad polaca.
En la primera edición de este libro no incluí algunos temas sensibles y difíciles de comprender. Pero los escribí y conservé, como también mis vivencias personales y algunas poesías.
Esta edición lleva varios años de reelaboración, me pareció interesante incluir todo lo que había escrito, como también algunos relatos sobre mis dos viajes a Polonia. Quise conocer el país del que tanto me hablaron los inmigrantes. Al llegar quedé deslumbrada por la belleza de sus paisajes, la calidez de su gente, la deliciosa gastronomía y tanto arte.
Me comuniqué con la profesora de Historia y abogada Sonia Ivanoff para solicitarle su trabajo “Los polacos y su ‘dom polski’ (la casa polaca)”, sobre la inmigración polaca a la Patagonia. Gentilmente lo aceptó, de manera que lo incluyo como introducción a los relatos que obtuve en mis entrevistas.
En este libro se cuentan historias de vida de inmigrantes polacos que eligieron la Patagonia como lugar de residencia. En el suelo gris con petróleo en sus entrañas, encontraron un lugar donde trabajar y formar su familia.
Está el relato de los que abandonaron su país siendo niños, cuando sus padres emigraron en busca de trabajo. También está reflejado el dolor y la opresión de los que estuvieron en Polonia durante la ocupación y de los que combatieron durante la Segunda Guerra Mundial.
Mientras estuve frente a ellos me he preguntado sobre el misterio que alberga el cerebro. En sus ojos celestes y transparentes como el cielo, veo niños inocentes, ansiosos e inquietos; es notable la valentía que tuvieron cuando fueron jóvenes y debieron ser protagonistas de una guerra que no eligieron. Soportaron el hambre y tuvieron la inteligencia para aprender a vivir en las condiciones más adversas.
Siempre me sorprenden las coincidencias en las reacciones humanas ante situaciones difíciles, como la falta de alimento. La importancia que le dan al buen trato recibido, cuando fueron refugiados o prisioneros de guerra. Sus sentimientos ante la muerte cotidiana y esa gran esperanza que, aun en los momentos más duros, permanece de pie. Lo que más me sorprende es comprobar que no tienen rencor.
Amaron la Patagonia y la conquistaron con el trabajo y diferentes expresiones artísticas desarrolladas a lo largo de los años.
Esta reseña histórica fue escrita tal como la relataron sus protagonistas, no me detuve a invadir sus vidas privadas ni juzgarlos.
A fines de 2014, la Sra. Cónsul Joanna Addeo Krajewska me convocó para colaborar con investigadores de Fundación Karta: Joanna Luba y Dominik Czapigo, que llegarían procedentes de Varsovia (Polonia). Este grupo estaba trabajando junto a Marta Briewseska, directora de la biblioteca Ignacio Domeyko de Buenos Aires. Tenían como objetivo la creación de una base de datos en archivo digital, que se transformara en una herramienta para futuras investigaciones periodísticas y científicas.
Recordando el valioso material que me mostraron los polacos mientras escribía este libro, me sumé a ellos para rescatar documentos y testimonios de una historia que no debemos olvidar: guerra, deportación, exilio y esa gran ilusión que siempre tuvieron a pesar de perderlo todo.
Viajamos a Comodoro Rivadavia; a través de un llamado telefónico contactábamos a las familias polacas para acordar una visita, al llegar hacíamos las presentaciones y comenzaban a desplegarse álbumes de fotos y documentos sobre la mesa.
Nada fue mejor que mirar fotos para comprender la historia de esta generación de la década del 20. Las familias que habían llegado a la Patagonia antes de la Segunda Guerra Mundial y los que vivieron esta trágica historia en Polonia. Se los puede ver con sus familias en su país, con sus proyectos de vida que fueron truncados por los poderosos que solo creyeron en la violencia…
El tiempo en que estuvieron deportados en la URSS, liberados a Medio Oriente y países africanos para alimentarse, curarse de enfermedades y formarse para actuar en los ejércitos. La llegada a Italia junto a la maquinaria bélica. Luego Inglaterra al finalizar la guerra, la llegada a Buenos Aires; finalmente Comodoro Rivadavia cuando la ciudad comenzaba a poblarse, en la cual dejaron su trabajo, diferentes actividades artísticas y numerosa descendencia.
Joanna trabajó con el escáner y Dominik con micrófono y grabador. Si hacía falta un traductor, estaba Marta, aunque algunos siguen hablando el idioma de sus padres, lo que también les permite a los investigadores hacer estudios sobre lingüística.
En lo personal, no fue fácil ingresar a los domicilios de los polacos que han partido; ellos siempre estaban para relatar en primera persona sus vivencias, dolores y alegrías.
Es notable ver la admiración que los hijos tienen hacia sus mayores y la historia que vivieron. Compartimos recuerdos, anécdotas, emociones, brindis por el encuentro, tés, cafés, almuerzos e interminables abrazos, siendo esto lo más preciado que dejaron: sus hijos y nietos.
También fuimos recibidos por historiadores del Archivo Histórico Municipal y del Museo Ferroportuario, los que trabajaban en busca de la historia de la ciudad, en la cual los polacos han tenido un protagonismo desde sus comienzos.
El domingo antes de partir, visitamos Dom Polski para compartir un almuerzo por los festejos del Día de la Independencia (11 de noviembre).
Agradezco especialmente a la presidenta de Dom Polski Mónica Mickiewicz, al cónsul honorario Enrique Koprowski, a mi amiga Susana Godoy que nos trasladó en su vehículo y a las familias que nos brindaron su tiempo, hospitalidad y tanto afecto para lograr el objetivo.
Con esta obra, quiero rendir homenaje a estos seres que no se detuvieron ante la adversidad y nos dan un ejemplo de amor a la vida. Es mucho lo que aprendí y disfruté de los momentos compartidos, los que permanecerán para siempre en mi corazón.
POLONIA
ORÍGENES
En la antigüedad, Polonia estaba habitada por tribus eslavas sin fronteras claras; se distribuían en el extenso territorio conformado por tierras fértiles al norte y con superficie montañosa al sur. Con numerosos lagos y una gran zona cubierta de selva.
El país se convirtió al catolicismo en el año 966, cuando el príncipe pagano Mieszko recibió el bautismo de la Iglesia católica, al casarse con la princesa Dobrawa de Bohemia1 ante un altar cristiano. Junto con el cristianismo, aceptó como su máxima autoridad eclesiástica al papa romano. A partir de aquella fecha acrecentaron su territorio, uniendo tribus dispersas que incluyeron en su reinado.
Como la población era escasa y no alcanzaba a cubrir la mano de obra en los campos de cultivo, el rey enviaba su ejército a las comarcas vecinas para que tomaran por asalto a diferentes grupos humanos. Los llevaban como prisioneros y los convertían en siervos para que trabajaran en el campo y participaran en las guerras. Cuando estos siervos regresaban victoriosos de alguna batalla, el rey les otorgaba su libertad por mérito y los convertía en señores. Les daba tierra y “mil almas” para que trabajaran para ellos.
CASIMIRO “EL GRANDE” (1333-1370)
Durante el reinado de Casimiro el Grande se reunificó gran parte del territorio polaco, logrando convertirse en un país fuerte, bien administrado, con crecimiento económico y activa vida cultural. En 1364 se fundó la Universidad de Cracovia, para que los jóvenes pudieran estudiar, siendo la segunda institución de educación superior de Europa oriental, después de la de Praga.
Las primeras ciudades se establecieron a lo largo de las rutas comerciales y los polacos comenzaron a tener contacto con otras civilizaciones. Los numerosos ríos fueron las principales vías de comunicación, tanto interna como externa. Por su suelo pasaban las tropas asiáticas que asolaban las poblaciones de Europa oriental.
Algunas poblaciones se asentaron en aldeas al borde del río, construían sus casas de madera sobre soportes de troncos. De esta manera evitaban la inundación de las viviendas cuando el río aumentaba su caudal.
El país de tierras fértiles y campesinos trabajadores estaba rodeado de vecinos ambiciosos, de los que tuvieron permanentes asaltos. Ante el afianzamiento de su posición en el mar Báltico y el dominio de los caminos que conducían al mar Negro, Polonia tenía una situación intermediaria en el comercio entre el Este y el Oeste, asegurándose una condición económica muy favorable.
En las ciudades donde se desarrollaban el comercio y la industria, hubo grandes progresos. Gracias a estos privilegios, se desarrollaron las ciencias y las artes, atrayendo a estudiantes de otros países europeos.
LOS CABALLEROS TEUTÓNICOS
La Orden de los Teutones era una organización internacional cuya finalidad era convertir a los países paganos al catolicismo. Avanzaron sobre las distintas poblaciones pertenecientes al reino de Polonia y se instalaron en 1226.
Protegidos por el papa Gregorio IX, construyeron sus fortalezas y castillos con piedras y ladrillos a una distancia uno del otro de un día a caballo.
Redujeron a los pobladores a trabajos forzados y asesinaron a los que se oponían. En 1410 fueron vencidos por el Ejército Polaco con ayuda de las tropas lituanas, que obtuvieron la victoria en la batalla de Grunwald.
LA DECADENCIA
Cuando se extinguió la dinastía Jaguellón, la nobleza polaca creó una monarquía electiva, elegían un Rey vitalicio, llevando a ocupar el trono a personajes extranjeros. Esto derivó en la decadencia del Estado polaco, ante las dificultades que surgieron entre los nobles.
LOS CAMPESINOS
Desde tiempos remotos, los descendientes de los primitivos polanos2 se dedicaron a labrar la tierra y producir trigo, avena, centeno y mijo, convirtiendo al país en el granero de Europa. En el otoño, los hombres recorrían la inmensidad de los campos con el arado, para abrir los surcos y sembrar. Durante el invierno, el cereal germinaba bajo la nieve, para lucir en primavera su intenso color dorado, salpicado de amapolas rojas.
Con la llegada del verano, se comenzaba a escuchar el chirriar del hierro al rozar contra la rueda de piedra, cuando los campesinos concurrían a la herrería para renovar el filo de las guadañas. Las mujeres colaboraban en la siega del cereal, transformando el bello paisaje en gran cantidad de parvas. Las cargaban en carros para trasladarlas a los galpones y, a golpes de palo, desprendían los granos de la espiga; con una zaranda separaban la paja del trigo para llevarlo al molino y molerlo para convertirlo en harina. Las semillas de amapolas las usaban para repostería.
Cuando en épocas antiguas se malograba alguna cosecha de cereal y las guerras mantenían a los hombres en los campos de combate, gran parte de las poblaciones sufrían hambre. A partir del cultivo de papa, el alimento venerado por los pueblos precolombinos y llevado al viejo continente por los conquistadores de América, se pudo erradicar el flagelo. El tubérculo, sencillo de cultivar y cosechar, fue usado para servirlo en la mesa y alimentar a vacas y cerdos.
En las huertas tenían plantaciones de manzanos, perales, cerezos, guindos y ciruelos. Con la llegada de un invierno muy frío, los troncos reventaban y los árboles se secaban.
Los habitantes de los pequeños poblados vivían en casas modestas, obtenían el agua de los pozos y, al caer la noche, iluminaban el interior de sus viviendas con lámparas de kerosene.
LOS GITANOS
Las poblaciones recibían la frecuente visita de los gitanos, que se desplazaban por los caminos en carretas cubiertas por toldos. Comercializaban caballos con los campesinos y se beneficiaban con la generosa ayuda que les brindaban los pobladores.
Cuando a lo lejos divisaban la caravana, las mujeres ocultaban a sus hijos, porque un antiguo rumor anunciaba que robaban niños.
RELIGIÓN
En 1573 la nobleza polaca promulgó la Confederación de Varsovia, por la que se estableció la libertad religiosa. Los súbditos adquirían la religión de sus reyes y los campesinos debieron aceptar la fe de sus amos. El pueblo polaco, en su mayoría, profesa la religión Católica Apostólica Romana. También están las religiones Ortodoxa, Evangélica, el Judaísmo, entre otras.
Se construyeron templos de piedra en las ciudades y de madera en los campos, para que los sacerdotes celebraran Santa Misa los domingos y pudieran concurrir los campesinos.
En Europa estaban muy marcadas las diferencias étnicas y sociales en su población. Según sus costumbres, la nacionalidad de las personas se consideraba según la etnia a la que pertenecían y no al territorio donde habían nacido.
La mujer al casarse adquiría la nacionalidad, apellido, título y religión de su marido.
EL CRISTIANISMO
El pueblo polaco luchó por mantener la religión Católica Apostólica Romana en su territorio y demás países europeos.
Con la invasión sueca a Polonia, los habitantes en condición de siervos debieron continuar trabajando bajo el mando de los nuevos amos. Cuando los intrusos intentaron ingresar al convento de Jasna Gora, en busca de sus tesoros, los campesinos no toleraron la profanación de su templo. Se levantaron para defender a la Virgen de Czestochowa, su patrona, luchando casa por casa, hasta expulsarlos en 1655.
En 1683 la Europa cristiana se vio amenazada por el poderoso ejército turco, cuando avanzó hasta las murallas de Viena. El emperador austríaco solicitó ayuda al papa Juan III y este se dirigió al rey Sobieski, quien marchó junto a su ejército, logrando derrotar a los turcos, en una de las diez batallas más importantes de la historia.
Victoriosos volvieron a Polonia, llevando a un grupo de prisioneros, los que se establecieron en las montañas y continuaron profesando la religión de Mahoma.
En diciembre celebraban la Navidad, todo el paisaje se cubría de nieve y comenzaban los preparativos para celebrar la mayor fiesta de la cristiandad. Buscaban un pino en el bosque para adornarlo con caritas de muñeca, nueces envueltas en papel brilloso, velas, manzanitas rojas y cadenas de papel entrelazado en tonos rojo, azul, verde y amarillo. Colgaban masitas de miel con forma de estrellas y entre sus ramas esparcían copos de algodón. Los días previos a la celebración, los sacerdotes recorrían las casas de los pobladores católicos para repartir las hostias bendecidas.
En Nochebuena, tendían la mesa con el mejor mantel, debajo habían colocado una capa de heno, que representa el pesebre. Colocaban un plato y una silla de más, permanecían vacíos recordando a algún familiar ausente.
Antes de comenzar la cena, la persona mayor de la familia partía la hostia y la distribuía entre los comensales, tal como lo hizo Cristo con el pan en la última cena, cuando se encontraba rodeado por los doce apóstoles. Expresaban sus deseos de un año con mucha salud y el reencuentro de todos los presentes, para el próximo. Servían deliciosos platos elaborados con arenque y crema de leche, niños envueltos preparados con hongos, arroz y repollo. De postre, servían una preparación con avena, ciruelas secas y crema de leche. A la medianoche brindaban con vodka y servían dulces de almendras y miel.
Permanecían despiertos esperando que pasaran las rondas de los jóvenes, anunciando la buena nueva con melodías de armónica.
Al comienzo de la cuaresma, según la tradición cristiana, no se consumía carne.
En esta tierra rica en tradiciones culinarias, celebraban la Pascua de Resurrección con huevos decorados. Los hervían en agua con cáscaras de cebolla, flores de malva, lupines, azafrán y bayas de cipreses para darles diferentes colores. Desde tiempos inmemoriales, en la tradición religiosa, el huevo era el símbolo de un nuevo comienzo de la vida en la naturaleza. La puja del ave para salir a la vida y su color amarillo representaba la luz solar, con este símbolo se recuerda la resurrección de Cristo. No faltaba el budín decorado con glacé, tortas de nueces, higos y ricota, y postres de chocolate, almendra y nuez.
En junio, los jardines repletos de flores anunciaban la llegada del verano. Finalizaban las clases y los niños estaban preparados para tomar la primera comunión.
EL JUDAÍSMO
En los pueblos y ciudades había gran cantidad de ciudadanos de origen hebreo, se dedicaban a la actividad comercial, para lo que fueron convocados por el rey Casimiro el Grande.
Habitaban los territorios de Polonia, Lituania, Letonia, Estonia y una amplia zona de Alemania. Hablaban en idish, un dialecto de la antigua lengua alemana, y mantenían las costumbres de su milenaria cultura, adoptando también la lengua del país en que vivían, allí se dedicaban a la compraventa de lo que producían los campesinos. Esta actividad comercial les permitía obtener dinero para que sus hijos pudieran estudiar en las universidades. Muchos de ellos se convertían en médicos y abogados.
LA PARTICIÓN DE POLONIA
En 1772 los territorios que formaban la nación polaca fueron ocupados por sus tres vecinos más poderosos: Rusia al este, Austria al sur y Prusia al oeste.
El general Kosciuszko3, luego de haber participado en las luchas por la independencia de Estados Unidos de Norteamérica, regresó a Francia.
Con la experiencia adquirida en el país americano, planificó instalar una república en su tierra. Para lograr el objetivo, contaba con la constitución del “3 de mayo”, promulgada en 1791. Fue la primera constitución de Europa y segunda del mundo, después de la de Estados Unidos. Contenía el decreto de liberar a los siervos.
El militar juró tomar armas contra las potencias que ocupaban su país e hizo un llamado a los campesinos para que se integraran a su ejército. A cambio, les prometió tierra propia y la eliminación del servilismo. El pueblo se levantó en armas; en 1794 el general Kosciuszko fue reconocido como jefe supremo del Estado polaco, eliminó los siervos y les otorgó tierras para que trabajaran. Al poco tiempo el militar fue herido en combate y llevado prisionero a Rusia. Otra vez fueron aplastados por los antiguos invasores.
En 1795 se produjo una nueva invasión al país por sus vecinos, dejándolo completamente fuera del mapa. En aquella oportunidad, muchos polacos, para evitar el destierro a Siberia, dejaron su tierra para exiliarse en Francia, Suiza, Italia, Estados Unidos de Norteamérica y el Virreinato del Río de la Plata4, entre otros países, donde recibieron asilo. En aquella fecha llegó la primera inmigración polaca a nuestras costas argentinas.
El paso de las tropas de Napoleón Bonaparte por el territorio polaco puso fin al antiguo feudalismo, por la aplicación del código napoleónico y la modernización de las fuerzas armadas (1807).
Después del Congreso de Viena (1815) Polonia volvió a ser ocupada, se les prohibió hablar su idioma y practicar su religión. Pero los polacos lograron convertirse en un grupo humano resistente, consciente de los valores morales de sus antepasados. No se dejaron engañar ni asimilaron influencias extranjeras. Se mantuvieron unidos por la cultura y el idioma. Siguieron creando música y arte, mientras esperaban la independencia. Surgieron grandes artistas, entre ellos Frédéric Chopin (1810-1849), quien expresó en su música inmortal todos sus dolores y alegrías, el sufrimiento y la necesidad de luchar contra la opresión, el amor a la verdad y la justicia. Los sucesos políticos lo obligaron a salir de su patria y se instaló en París en 1831.
También el mayor poeta polaco, Adam Mickiewicz (1798-1855), fue condenado al destierro. El escritor abordaba temas nacionales y presentaba una imagen heroica del alma humana. Luego de la publicación de un poema, en el cual relataba una venganza patriótica, debió exiliarse en Francia, el centro de emigración polaca de aquella época.
Aunque estuvieron exiliados, estos dos creadores siempre fueron leales a su país, desde el exilio siguieron luchando por la independencia y libertad polaca.
POLONIA LIBRE
Al fin de la Primera Guerra Mundial en 1918, tras una larga historia de divisiones y ocupaciones extranjeras, Polonia logró reconstruirse como Estado independiente y soberano. Recuperó su independencia y volvió a existir ante los ojos del mundo. Para tener una salida al mar, se creó el Corredor Polaco hacia el puerto de Danzing, lo que motivó la partición de Alemania en dos.
En poco tiempo, esto puso en peligro la existencia de Polonia no solo por recuperar su independencia, algo que casi ninguno de sus vecinos reconocía, sino por el hecho de haber “quitado” territorios a Alemania.
SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
En 1933 se realizaron elecciones en Alemania, Adolf Hitler accedió al cargo de Canciller, comenzaron los rumores sobre otra guerra. Los polacos no tenían industrias, fabricaban muy poco material bélico, no contaban con armamento para enfrentarse ante el ataque de un país poderoso.
El 1º de septiembre de 1939, la tropa alemana ingresó a Polonia. Mientras los polacos resistían con gran valentía el ataque del ejército alemán, muy superior en armamento, en el mismo mes Rusia invadió la zona oriental, violando todos los convenios y principios morales.
Rusia anexó las provincias orientales, según lo previsto por el protocolo secreto del pacto Molotov-Ribbentrop, iniciando la doble ocupación.
Ambos países tomaron prisioneros a miles de integrantes del ejército, dejándolo desintegrado. Diferentes tropas huyeron a Lituania en busca de refugio, donde fueron detenidos y enviados a prisión. Otro grupo atravesó Hungría y Rumania para dirigirse a Francia e integrarse al Ejército Polaco en el exilio. Lucharon en el norte de África contra el ejército del general Rommel.
Las tropas polacas refugiadas en el extranjero participaron en las operaciones bélicas aliadas en casi todos los frentes.
Muchos militares decidieron quedarse en el país y formar diferentes guerrillas junto a pobladores civiles, entre ellas “Armia Krajowa”, dirigida por el general Stefan Roweki “Grot”.
El comandante en jefe de las fuerzas armadas, general Sikorski buscó exilio en Francia; a los pocos días, Francia y Gran Bretaña declararon la guerra a Alemania.
Ante la ocupación alemana de Francia, el líder polaco se vio obligado a refugiarse en Londres; junto a representantes de partidos políticos formó el gobierno polaco en el exilio, reconocido por los aliados. Hacia aquel país se trasladaron los comandos polacos de Aviación y Marina.
Polonia quedó dividida en tres zonas: Gran Alemania, donde sus habitantes debían firmar un documento en el que manifestaban “me siento alemán y me comprometo a colaborar con su ejército”; la Gobernación General, una zona habitada por polacos, en la que instalaron los guetos y campos de exterminio de ciudadanos judíos, y la zona oriental, ocupada por Rusia.
En la zona ocupada por Alemania exigían a los pobladores que se identificaran, a qué nacionalidad pertenecían. Muchos pobladores eslavos: polacos, checoslovacos, rusos y ucranianos, fueron destinados a realizar trabajos forzados.
Los integrantes de la SS5, vestidos con uniforme negro e insignias de calaveras, persiguieron a opositores políticos y sospechosos. Adjudicándose el derecho a ejecutar a los enemigos del régimen, sin juicio previo. Asesinaron a nobles, sacerdotes y miembros destacados de la vida política y cultural.
Ejercieron una política de exterminio con la población judía. Organizaron los guetos y señalizaron sus límites con pintura blanca sobre la calzada, colgaron carteles anunciando “zona con peligro de tifus” en idioma polaco y alemán. Construyeron un muro que los dejó definitivamente aislados del resto de la población. Hacia el lugar llevaron a los descendientes del pueblo hebreo de toda Polonia y también a los que reclutaron en otros países.
Los prisioneros fueron trasladados a los campos de concentración; los hicieron ingresar a las cámaras de gas y, desde los hornos crematorios, salieron por la chimenea para elevarse al cielo, transformados en una enorme columna de humo.
Con el crimen como bandera, intentaron destruir el tejido social de la población, devastando las estructuras básicas. Atacaron la clase social culta; cerraron las universidades y escuelas secundarias, deportaron y fusilaron a muchos de sus profesores. Bombardearon el Castillo Real, la Catedral y el Gran Teatro.
El monstruo de la guerra se había apoderado del país; en cada atardecer, reinaba el toque de queda en sus calles vacías. Los integrantes de la Gestapo y la SS, siendo ciudadanos provenientes de un “pueblo culto”, eran bestias como el tigre, entrenadas para matar.
Integraban una organización en la que era imposible no cumplir la orden de un superior; ante la desobediencia, se era ejecutado en forma sumaria.
En la zona ocupada por Rusia detuvieron a miles de militares –entre ellos, al general Wladyslaw Anders–, los que fueron enviados a las cárceles. Trasladaron a grandes grupos humanos a lugares remotos e inhóspitos de Siberia, sus pobladores nativos construían las viviendas sobre troncos, para evitar el contacto con la nieve y adaptarse a las bajas temperaturas.
A los hombres deportados les daban instrucción militar, debían sentarse sobre el pastizal, con los pies apoyados dentro de una zanja circular rodeando al oficial, para escuchar su disertación sobre la doctrina comunista y explicaciones sobre cómo deberían comportarse en el frente de batalla.
En 1941, ingresaron las tropas alemanas a Rusia, produciendo un cambio en la situación política mundial. El general Sikorski le propuso al gobierno de Stalin poner fin a viejas rencillas y colaborar con los aliados, lo que fue aceptado por el gobierno ruso. Firmaron el pacto polaco-soviético, un acuerdo que consistía en una cooperación de ambos países para vencer al enemigo común.
Desde Londres exigieron la inmediata liberación de todos los polacos prisioneros en las cárceles y los deportados a campos de trabajo en Siberia, logrando que fueran “amnistiados”. El líder ruso los quería integrar a su ejército, pero no tenía forma de alimentarlos ni de proveerles uniformes ni armamentos.
KATYN
Desde los altos mandos del Ejército Polaco comprobaron que faltaba una gran cantidad de militares destacados, que habían sido tomados prisioneros por los rusos durante la invasión a Polonia.
En abril de 1943, los alemanes anunciaron el descubrimiento de un cementerio clandestino en los bosques de Katyn. Encontraron los cuerpos de varios miles de militares polacos. Ante el reclamo, Rusia acusó a los invasores alemanes del hecho, no aceptó la intervención de la Cruz Roja Internacional para abrir una investigación y cortó relaciones con el gobierno polaco.
Finalmente, se formó una comisión internacional para investigar en la zona e identificar a las víctimas, llegando a la conclusión de que fueron las tropas rusas las que llevaron a cabo el hecho. Stalin hizo ejecutar a la mayoría de la oficialidad polaca y a un buen número de intelectuales, profesores, sacerdotes y civiles indeterminados, pero este país no lo reconoció.
ARMIA KRAJOWA
Durante la ocupación comenzó a organizarse un ejército clandestino, llamado Armia Krajowa, cuyo primer comandante fue el coronel Roweki “Grot”.
Cuando sus integrantes detenían a un militar alemán, le sacaban el uniforme y los documentos para usarlos y camuflarse en alguna operación. A los hombres de la Gestapo los ejecutaban en el lugar de detención.
El general “Grot” fue detenido y asesinado por la Gestapo en 1943. Lo reemplazó el general Tadeuz Komorowski “Bor” para continuar al frente de la guerrilla AK.
LA RESISTENCIA POLACA
Dos hechos son claves para comprender el sufrimiento del pueblo polaco y del país, en general, durante la ocupación por parte de los nazis:
El levantamiento del gheto de Varsovia entre enero y abril de 1943, durante el cual los judíos se enfrentaron con los alemanes en inferioridad de condiciones, ante la política de los traslados masivos.
En el año 1944, ante el avance de las tropas rusas, la resistencia polaca no quería que fuesen estos los que liberaran a su Patria. Desde el 1º de agosto se pusieron en marcha todos los recursos del Armia Krajowa, pero la represión provocó la muerte de casi 40.000 personas, la denominada Matanza de Wola; la lucha duró hasta el mes de octubre, la falta de recursos llevó a la rendición, lo que provocó una ola de odio por parte del nazismo que pretendió prácticamente borrar a Varsovia del mapa: se destruyeron 10.455 edificios, 923 de ellos de carácter histórico, 25 iglesias, 14 bibliotecas, incluyendo la Biblioteca Nacional, 81 escuelas primarias, 64 escuelas secundarias, la Universidad de Varsovia y la Universidad Politécnica de Varsovia. Casi un millón de personas perdieron todas sus propiedades.
LA MUERTE DEL GENERAL SIKORSKI (1943)
El primer ministro inglés Winston Churchill había acordado con el comandante en jefe del ejército polaco en el exilio, general Sikorski, en dejar al Estado polaco libre al finalizar el conflicto bélico. Pero cuando se aproximaba el fin de la guerra (1944) Stalin anunció su pretensión de abarcar su influencia geográfica y doctrinaria sobre los países del este y centro de Europa. El líder inglés se sentía agradecido por la colaboración de los rusos en la lucha contra las tropas alemanas y no quería contradecirlo.
En aquella época, entre los soldados polacos que luchaban en los distintos frentes, circulaba el rumor de que Sikorski y Churchill pertenecían a la masonería, una cofradía cuyos principios fundamentales son la tolerancia, el amor a la justicia, el bien y la cultura. En la organización, el jefe del gobierno polaco tenía mayor jerarquía que el líder inglés. Por este motivo, Churchill no podía romper el compromiso contraído; fue muy difícil resolver la situación.
El avión que abordó el general Sikorski despegó del aeropuerto de la colonia británica de Gibraltar, en pocos minutos tuvo una explosión, estalló en el aire y se precipitó al mar. El piloto checoslovaco salvó su vida llegando a nado hasta la costa.
Circuló la versión de que habían cambiado la valija que contenía el equipaje de la hija del comandante polaco por otra en la que habían colocado el explosivo.
PERSIA (IRÁN)
En 1941, el general Anders recuperó su libertad y viajó a Inglaterra para firmar un convenio con el Ejército Británico, de quienes obtuvo uniformes y armamentos para organizar el II Cuerpo Polaco, bajo comando británico.
El Ejército Polaco se organizó en Rusia, formaron las tropas para enviarlas al norte de Persia (actual Irán) para que recibieran instrucción militar.
Al año siguiente, salieron desde Egipto treinta y seis barcos cargados con soldados polacos. Sin armamentos para defenderse de un ataque aeronaval, navegaron por el mar Mediterráneo. Los custodiaba una escuadrilla de barcos ingleses, transmitían música polaca con altavoces para hacerlos sentir más cerca de su tierra, cuando en realidad estaban cada día más lejos.
MONTE CASSINO
Mientras los integrantes del Ejército Polaco luchaban en los frentes de Francia, Bélgica y Holanda, el II Cuerpo al mando del general Wladyslaw Anders llegó a Italia. Las tropas alemanas dominaban gran parte de este país, desde la caída del régimen fascista.
La tropa polaca se instaló en el pueblo de Cassino cuando todo se encontraba cubierto de nieve. Los hombres miraron hacia lo alto de la colina, donde se erguía el monasterio de Montecassino. Era una antigua fortificación romana para ejercer culto al dios Apolo; en el siglo IV san Benito lo convirtió en monasterio.
Los bombarderos ingleses y norteamericanos sobrevolaron la antigua construcción para descargar un arsenal de bombas, logrando demolerlo completamente. A su paso quedaron gruesas nubes trepando hacia lo alto. Oculta entre las cavernas, la tropa alemana resistía provista de buena artillería.
Habiendo destruido uno de los monasterios más célebres de Europa, los aliados solo lograron que el ejército alemán se hiciera más fuerte, ocultándose entre los escombros.
Al llegar la noche, la silueta del antiguo monasterio en ruinas, sitio de oración y estudio en la época medieval, se recortaba en lo alto de la colina. El general Anders se encontraba rodeado por su tropa, muchos de ellos habían sido sus compañeros de prisión en Rusia.
Algunos monjes los acompañaban mientras buscaban calor en torno a una fogata, añoraban su hogar y a los seres queridos que habían quedado lejos. Alguien tocaba una melodía con flauta y el grupo entonaba antiguas canciones. Mantenían el recuerdo de su lejano país, completamente borrado del mapa. Las mujeres recorrían el predio en jeep para asistir a los heridos y distribuir cigarrillos que les enviaban los ingleses.
Al finalizar las Pascuas se aproximaba la gran batalla final, un sacerdote celebró la misa, luego compartieron un almuerzo. Rodeando la mesa tendida, los soldados posaron para las fotos abrazados entre sí.
Las tropas de indios, neozelandeses, franceses y canadienses subieron la ladera del monte, desafiando la muerte sortearon minas y tanques. El II Cuerpo Polaco tomó un atajo; a las órdenes del comandante treparon la cuesta empinada del terreno rocoso, para lo que usaron sogas con ganchos para sostenerse. Cargaban en sus espaldas los fusiles y mochilas con municiones, ascendieron durante tres días manteniendo alta la moral. No pensaron en rendirse, vencerían al enemigo, aunque fuera lo último que hicieran en sus vidas.
Al amanecer del 18 de mayo llegaron a la cima sorprendiendo a los alemanes, los que tiraron las armas y se entregaron con las manos en alto. Otros se quitaron el uniforme y huyeron en ropa interior por el bosque quemado.
A las 9:50 de la mañana la patrulla del 12º Regimiento de Lanceros de Podolski, pertenecientes a la 3ª División de Fusileros de Carpacia llegó a las ruinas. Plantaron el estandarte de su división, luego elevaron la bandera blanca y roja.
Rodeados por esqueletos de árboles quemados, solo algunos fragmentos de paredes y columnas de hormigón permanecían en pie.
La bandera blanca y roja flameó sobre las ruinas del sitio con historia de santidad, cultura y arte, que se encontraba reducido a una gran montaña de escombros gris. Una melodía de clarinete anunció la derrota del enemigo y el fin de tan amarga batalla, en la que los polacos perdieron a muchos de sus hombres. La batalla se había cobrado la vida de 1070 polacos.
Al día siguiente, se realizó el acto con las autoridades, en el cual entonaron “Czerwone maki na Monte Cassino” con las partituras en sus manos, compuesta entre los días 17 y 18 de mayo de 1944, con letra de Feliks Konarski y música de Alfred Schutz.
El cementerio de Monte Cassino fue construido entre 1944 y 1945 por picapedreros italianos, con dirección del ingeniero Tadeusz Muszynski, según el proyecto de los arquitectos Waclaw Hryniewicz y Jerzy Skolimowski.
Fue inaugurado/consagrado oficialmente el 1º de septiembre de 1945 con una ceremonia multiconfesional (católica, ortodoxa, evangélica y judía) en la que participaron autoridades del Gobierno Polaco en el Exilio y del Comando de los Ejércitos Aliados.
También yacen militares y eclesiásticos que murieron posteriormente y fueron enterrados allí, como el general Anders, junto a su esposa Irena Renata, y el obispo Gawlina, entre otros.
En el obelisco erigido con una altura de 593 metros, en honor a todos los muertos de la 3ª División de Fusileros de Carpacia, está grabado en cuatro idiomas: “Per la nostra e la Vostra libertà noi, soldati polacchi, demmo l’anima a Dio, i corpi a la terra d’Italia, alla Polonia i cuori”.

Cementerio de Monte Cassino
SUBLEVACIÓN DE VARSOVIA
El 1º de agosto de 1944, un grupo perteneciente a la guerrilla Armia Krajowa se sublevó para ver a su patria libre, después de casi cinco años de lucha clandestina.
Siguiendo las órdenes del gobierno polaco en el exilio, a las cinco de la tarde miles de voces corrieron por toda la ciudad de Varsovia; los habitantes comenzaron a movilizarse. La ciudad quedó repleta de banderas blancas y rojas. Con poco armamento y muchas posibilidades de ser aniquilados, esperaban liberar la ciudad antes de la llegada del Ejército Rojo, los que oficialmente eran sus aliados y se encontraban muy cerca. De esta manera, tendrían ventajas para negociar su libertad con el gobierno ruso.
Al mando del general “Bor” se juntaron hombres adiestrados, mujeres y niños. Se colocaron un brazalete blanco y rojo en su brazo izquierdo para hacer frente al ejército alemán. Estos respondieron con carros blindados y aviones; bombardearon iglesias, hospitales y colegios. Prendieron fuego casa por casa, para que la población indefensa no tuviera un refugio donde ocultarse. Cuando las viviendas se entibiaron, los combatientes las volvieron a ocupar, en vano esperaron apoyo del ejército soviético, que se encontraba próximo a la ciudad de Varsovia.
En aquel verano muy caluroso, cerca de 45.000 sublevados pelearon durante sesenta y tres días. Sin alimentos, ni agua potable, prepararon sopa con carne de caballo, gato y perro, para no morir de hambre en la ciudad sitiada.
La Unión Soviética no permitió el uso de sus bases por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos para aprovisionar a los desesperados varsovianos que solicitaban ayuda urgente a los aliados. Con gran decepción, vieron alejarse al ejército ruso, detuvieron su avance para que los alemanes terminaran con la sublevación.
Pronto las conquistas comenzaron a desaparecer otra vez en las manos del enemigo, llegó el día en que no tenía sentido continuar con la lucha y debieron capitular. En la ciudad de Varsovia reinaba la muerte, el general “Bor” envió los últimos mensajes a Londres y destruyó el equipo de telegrafía.
Cerca de 200.000 personas habían muerto al fin del levantamiento, los sobrevivientes fueron sacados de la ciudad devastada. Varsovia se había convertido en un gigantesco cementerio, los cuerpos de los combatientes se encontraban esparcidos en las calles y aplastados entre las ruinas de casas y edificios. Muchos habían sido sepultados en los parques, una improvisada cruz de madera con el nombre escrito con lápiz, recordaba su identidad.
Los sobrevivientes buscaban a sus familiares, escribían sus mensajes en las pocas paredes que permanecían en pie. Anunciaban sus nombres y el lugar donde podían ser encontrados.
YALTA
En febrero de 1945, Stalin convocó a Churchill y Roosevelt a una reunión en la ciudad de Yalta, al sur de Ucrania. En el antiguo palacio de Livadia, planearon la fase final de la guerra. Algunos de los temas que debían tratar eran cómo gobernar la Alemania derrotada y definir la situación de Polonia.
En la bella ciudad a orillas del mar Negro, entre pocas personas, se hizo el reparto territorial de Europa.
El 8 de mayo de 1945, con gran estruendo, todas las armas de fuego fueron descargadas apuntando hacia lo alto, para celebrar el fin de la guerra.
GOBIERNO COMUNISTA
Polonia perteneció a los aliados durante toda la guerra, pero al finalizar no estuvo entre los ganadores. Perdió su soberanía política y se instaló el régimen comunista reconocido por los aliados. El militar polaco que reemplazó al general Sikorski no era interlocutor válido para los que trazaron el nuevo mapa de Europa, el compromiso contraído era con el militar fallecido.
Con un millón y medio de ciudadanos desterrados y numerosas personas sin residencia fija y en la miseria, desde Moscú pudieron dominarlos fácilmente.
Las grandes extensiones de tierra pertenecientes a las antiguas familias nobles fueron tomadas por el gobierno. Rusia envió a sus representantes para hacer el reparto y darle a cada uno lo que ellos consideraban que les correspondía.
En las aldeas, los hombres cortaban los palitos para marcar el límite de los campos que recibirían. En aquella época desaparecieron las industrias y propiedades privadas, se estableció una relación de dependencia absoluta del individuo con el Estado.
EXILIADOS
Los polacos que combatieron junto al ejército aliado fueron exiliados en Inglaterra; los ingleses creyeron que podrían necesitarlos ante otro conflicto armado.
Se hablaba de otra guerra entre Rusia y Estados Unidos, este país había impresionado al mundo con la bomba atómica. Demostraron la superioridad en armamento al destruir Hiroshima y Nagasaki, cuando Alemania ya había capitulado.
Luego de la entrega de Polonia a Rusia, los integrantes del Ejército Polaco que se encontraban en Italia, Alemania, Francia e Inglaterra, ante el temor de ser arrestados, no regresaron. Fueron muy pocos los que decidieron volver, al no poder sobrellevar la nostalgia por su familia.
Argentina abrió sus puertas a la inmigración sin restricciones. Muchos de ellos se trasladaron a Comodoro Rivadavia, encontraron trabajo en la industria petrolera, en la construcción y la industria. Se integraron a la casa “Dom Polski”, formaron su familia y dejaron su gran descendencia.
PAPA POLACO
En octubre de 1978, Karol Wojtyla se presentó ante el mundo ungido como Papa. El hombre que vivió la ocupación alemana durante la guerra había llegado a la máxima jerarquía en la Iglesia católica apostólica romana. Esto provocó una gran satisfacción en su pueblo, que vivió el acontecimiento como una bendición divina, debido a los sufrimientos pasados.
GDANSK Y LOS ASTILLEROS
El régimen impuesto por los soviéticos no reflejó las aspiraciones de la sociedad polaca, ni logró penetrar en su entramado social. Los pobladores del país asolado por la guerra no se detuvieron. Vivieron en la escasez, la miseria y desconectados del mundo occidental. No obstante, surgieron nuevas escuelas, universidades y se desarrolló la industria en los astilleros del mar Báltico.
A principios de la década del 80, reaccionaron los trabajadores de los astilleros de Gdansk y el movimiento se propagó. Comenzó la huelga dirigida por Lech Walesa, surgió el Sindicato Solidaridad, al que se adhirieron obreros e intelectuales.
Unidos al papa Juan Pablo II, lograron ponerle fin al régimen comunista. Polonia recuperó su condición de estado libre y un obrero se convirtió en presidente de la nación: el señor Lech Walesa.
1 Bohemia: actual República Checa.
2 Polanos: gente que cultivaba los campos (pule).
3 Andrzej Tadeusz Bonawentura Kosciuszko fue un ingeniero y líder militar polaco que se convirtió en héroe nacional en Polonia, Bielorrusia y en los Estados Unidos, donde participó en la guerra de Independencia. Es considerado uno de los más brillantes generales de Polonia y Lituania.
4 El Virreinato del Río de la Plata fue creado en 1776 por orden de Carlos III. Si bien esta primera fundación fue de carácter provisional, en 1778 se realiza la definitiva. Abarcó los actuales territorios de Argentina, Bolivia, Uruguay, Paraguay, partes del sur de Brasil y el norte de Chile.
5 Schutzstaffel (Escuadras de protección).
LOS POLACOS Y SU “DOM POLSKI” (LA CASA POLACA)
Por Sonia L. Ivanoff(*)
Polonia, históricamente limitada por distintos reinos y estados y confesionalmente católica, sufrió distintas invasiones y desmembramientos territoriales hasta lograr sus límites actuales. Este particular derrotero histórico, sumado a factores socioeconómicos originó distintas “diásporas” de las cuales la Argentina ha sido parte. Sin embargo, la producida a partir de la primera posguerra fue la que aportó el mayor flujo de polacos a la Argentina.
Comodoro Rivadavia, ciudad de inmigrantes, fue el destino de algunos que se dedicaron principalmente en la actividad petrolera, pero también de un segundo grupo al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos contaron desde los inicios de la década del 20 con la ayuda de la Asociación polaca que perdura hasta hoy.
La primera oleada, a partir de la década del 20, se asentó mayoritariamente en la zona petrolera pero también unos pocos decidieron poblar la zona rural de la provincia del Chubut. La segunda oleada, cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial hasta la década del 50 aproximadamente, fue netamente urbana y estuvo integrada por los llamados “nuevos polacos”.
Estos flujos fueron parte de la inmigración polaca atlántica, de aquellos 350.000 polacos, que entre 1864 y 1938, llegaron a América Latina. Marcin Kula6 menciona que la mayoría se dirigió a Brasil o Argentina, y más de 200.000 lo hicieron en el período de entreguerras, coincidiendo con el momento de organización del segundo estado polaco.
La emigración polaca previa a 19187 y más exactamente hacia 1914 (fin del dominio austrohúngaro sobre territorio de Polonia) se pierde en las estadísticas oficiales, pues emigraban con pasaporte ruso, alemán o austriaco8, lo cual dificulta su identificación. Sin embargo, se ha logrado recuperar información que muestra su presencia en Argentina, desde inicios del siglo XIX. El primer contingente de inmigrantes llegó a nuestro territorio entre 1812 y 1813, estuvo integrado por hombres que actuaron militarmente en Polonia; y algunos de ellos integraron “las huestes sanmartinianas en pos del ideal de emancipación”9. Posteriormente a lo largo del siglo XIX, lentamente otros fueron arribando, así en 1890, un grupo reducido de 24 polacos, “que eran exiliados políticos llegados en busca de paz y trabajo”10, crearon la primera asociación polaca “Dom Polski” (Casa Polaca) en Buenos Aires.
Esta primera institución social y otras que se crearon después de la Primera Guerra Mundial se unieron en 1944, conformando la Federación de Sociedades y Organizaciones Polacas en la Argentina. Federación que tuvo como finalidad propiciar la unión espiritual con la patria de origen, crear y mantener la unidad entre sus connacionales, y extender el amparo moral y material a los emigrantes a través de asistencia y ayuda11.
Esta inmigración polaca hacia 1925 representó el tercer grupo más importante de emigrantes que llegaban de Europa, luego de los italianos y españoles, y en 1928 ocupó el segundo lugar12. Estos grupos estuvieron integrados por un número importante de agricultores, pero también arribaban polacos con un oficio que les permitía insertarse en actividades como la construcción y la industria, o en la actividad petrolera, como especialistas en perforación, por tener conocimientos previos adquiridos en su tierra natal13. No todos los que llegaron conformaron un grupo homogéneo, se los puede dividir en función de su lugar de procedencia y sus pautas culturales, “polacos genuinos, el 20 %; para rutenos14 de Galitzia y rusos blancos de confesión grecorromana y ortodoxa, 35 %; para judíos o sea israelitas-confesión mosaica, 45 %”15. Todos estos grupos de polacos estuvieron representados en el territorio chubutense y especialmente en Comodoro Rivadavia, aunque un número importante era de la zona de Galitzia, donde existían campos petroleros.
LOS POLACOS LLEGAN A CHUBUT
Los polacos que arribaron a los Territorios Nacionales del Norte y la Patagonia, hacia fines del siglo XIX, procedían de las mismas regiones o provincias, llegaron por contactos previos con familiares o paisanos, en forma espontánea o con apoyo del gobierno nacional. El 8 de junio16 de 1897, el primer grupo de polacos procedentes de la Galitzia oriental17 se trasladó a “las tierras cálidas de la provincia de Misiones”, en Apóstoles, donde a través del esfuerzo comunitario, lograron paz y trabajo18. Es también a fines del 90 que llegan los primeros polacos a territorio chubutense, pero no solo como colonos sino también como parte de comisiones científicas que recorrían la zona andina.
Así, en la zona cordillerana del suroeste de la Provincia del Chubut, en el actual departamento Río Senguer, arribó en 1896 el naturalista Julio Germán Koslowsky19, polaco de origen, como parte de la expedición del perito Francisco Moreno20. Desde que llegó a nuestro país formó parte del Museo de La Plata21 desarrollando tareas sobre mineralogía patagónica y participó de exploraciones junto a Clemente Onelli22. Este conocimiento despertó en él la idea de fundar una colonia agrícola-ganadera de polacos en la zona de Los Huemules, al suroeste del Chubut. Esta idea la llevó a cabo junto a su familia y un núcleo pequeño de familias polacas que se aventuraron en suelo chubutense. Viajaron desde Buenos Aires hasta Puerto Madryn, y de allí en lentas carretas, llegaron a Lago Blanco –el lugar elegido– luego de tres meses de marcha. Aquellas familias, en su camino desde el valle de Trelew a la zona elegida, fueron parte de los primeros colonos que poblaron la Colonia Ideal, hoy Sarmiento23, a partir de 1890. Así Francisco Pietrobelli en su diario relata:
Un lindo día (octubre de 1898) el primero de verdadera alegría para mí, diviso una caravana que viene marchando en dirección a nuestro campamento, se componía de ocho grupos de familias, que llenas de fe se decidieron a abandonar el Valle del Chubut, con sus animales, carros, útiles, provisiones, etc. Cinco de ellas eran galeses y las otras tres polacas24.
Este proyecto colonizador se frustró, los colonos atemorizados por la soledad y las distancias abandonaron el lugar. A pesar de ello, Koslowsky se quedó y conformó el establecimiento ganadero denominado Estancia “Monte Solo”. Este intento de asentamiento polaco no figura como tal en los expedientes de tierras, sino como ruso. Más allá de su nacionalidad, nadie discute su pertenencia cultural, que fue polaca, y hoy, en reconocimiento de su temprana presencia en la zona, la toponimia cuenta con el denominando “Valle Koslowsky”, por la actuación de este migrante, que falleció en 1923.
A los primeros pioneros polacos siguieron otros en el territorio del suroeste chubutense, aunque muchos figuraron con otra nacionalidad. Se dedicaron predominantemente a las actividades agropecuarias, fundamentalmente a la cría de ganado lanar. Así se registran para ese período nombres como: Basilio Bestilnij, austriaco, casado, residente desde 1912 con su familia; Julio S. Hutnik, austriaco, casado, ocupante desde 1916; Juan Bestilnij, austriaco; Alejandro Bestilnij, austriaco; Luis Selesk, austriaco; Tomás Hutnik, austriaco, residente desde 1919 en la zona de Dr. Ricardo Rojas; Francisco Hutnik, austriaco, datos de 1917; Rosalía Hutnik, austriaca, pobladora de 1919; José Hutnik, austriaco, poblador desde 1917; Vicente Sareica, polaco, poblador de 1919. Posteriormente, y de acuerdo a las fuentes consultadas25, Bestilnij, Hutnik y Selesk figuran como ciudadanos polacos.
En comparación con otros territorios nacionales del norte en los cuales para 193726 se registraban más de 3500 polacos en las zonas rurales –Misiones con 2537 y Chaco con 1162 polacos–, en Chubut figuraban solamente 12 polacos. A diferencia de otras zonas geográficas, los polacos que se aventuraron en el espacio patagónico mayoritariamente se concentraron en zonas urbanas. Así, Comodoro Rivadavia fue el lugar elegido, principalmente, por aquellos polacos que habían tenido experiencias laborales similares en su país de origen o que fueron contratados, directamente en Europa, por sus conocimientos como perforadores.
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