Kitabı oku: «Colección de escritos publicados en Nueva España por diferentes cuerpos y sugestos particulares», sayfa 4

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Exhortacion del Excmo. é Illmo. Sr. D. Francisco Xavier de Lizana y Beaumont, Arzobispo de México,a sus fieles y demas habitantes de este Rcyno.

Don Francisco Xavier de Lizana y Beaumont por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica Arzobispo de México, Caballero Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, del Consejo de S. M. &c.

Mi amado Clero, mis dóciles ovejas, y todos los que os gloriais del nombre cristiano en este Reyno tan feliz y singularmente favorecido con la paternal providencia de nuestro gran Dios.

Si los sentimientos del alma pudieran explicarse por la lengua, este seria el momento feliz en que yo podria declarar el martirio que me oprime al oir, que vuestros mismos hermanos preparan sus pies veloces, segun la expresion de David (1), para derramar vuestra sangre, no conociendo la infelicidad en que van á precipitarse por no seguir los caminos de Ja paz. Ayudad con votos y súplicas al Pastor que tanto os ama, como en semejante ocasion lo pedia á sus ovejas San Leon Papa (2), para que no faite de mí el espíritu de la gracia, ni de vosotros la unidad, que estrecha á los fieles en vínculo de paz, conforme á la doctrina del Apóstol (3).

Es tanto lo que el Señor ama la paz, que no quiso nacer sino quando todo el orbe se hallaba en ella. Este es el glorioso nombre que le da Isaías (1), y así vemos que'en aquel sermon, que el mismo Jesucristo hizo sobre la montaña, á solo los pacíficos llama hijos de Dios (2). Esta fue Ja rica herencia que dexó á los Apóstoles al despedirse de ellos; y en aquella oracion que hizo al Padre, no solo pidió que los conservase en paz, sino tambien que los hiciese uno como el Hijo y el Padre lo son; y siendo vosotros llamados en una misma esperanza de vocacion, ¿por que no habeis de tener un mismo espíritu y sentimiento de paz? Entonces sí que seriais mi gozo y mi corona, porque veria en vosotros una idea de aquel feliz estado de la Iglesia primitiva, en la que toda la multitud de los fieles eran un corazon y una alma (3). Lejos de vosotros todo espíritu de partido: nadie diga yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Pedro; Cristo no está dividido (4). Sean enhorabuena diferentes los genios, las opiniones, y diversa la suerte y fortuna: todo esto se debe olvidar quando se trata de vuestro bien espiritual y temporal. Este es todo el fondo de nuestra Religion: este es el espíritu de Cristo, y el que no lo tiene no es suyo, dice Pablo (5), sino del diablo.

Ea pues, hijos mios, mis desvelos por vuestro bien eterno y temporal, y la confianza en vuestra docilidad excitan mi zelo hoy mas que nunca, para libraros de los desastres que os amenazan. ¿Que espíritu malévolo, que furia infernal quiere conmover las tranquilas moradas de los pueblos comarcanos, acaso con el fanático y atrevido pensamiento de acercarse á nosotros, sin conocer que vendrian á buscar su sepulcro? ¿Acaso porque la Divina misericordia quiere compadecerse de tantos infelices extenuados con la escasez, allí mismo el demonio prepara el veneno á los sencillos habitantes? Tal parece su oculto designio. Y si la Divina providencia nos quiere dar un nuevo testimonio de proteccion, congratulémonos dándole Jas mas sinceras gracias; pero si nuestra ingratitud no reconoce su benéfica mano, temamos su justa indignacion.

Sí, amados habitantes, ya lo seais de mi Diócesi ó de otra qualquiera; yo no puedo prescindir de avisaros el riesgo que corren vuestras almas, y la ruina que amenaza á vuestras personas, si no cerrais los oidos á la tumultuaria voz, que se ha levantado en estos dias en los pueblos de Dolores y S. Miguel el grande, y ha corrido hasta la ciudad de Quetétaro. Algunas personas díscolas, entre las quales oigo con dolor de mi alma el nombre de un Sacerdote digno de compasion y vitando por su mal exemplo, parece son los principales fautores de la rebeldía. Dime, dime, pobre engañado por el espíritu maligno, tú que lucías antes como un astro brillante por tu ciencia, ¿como has caido como otro Luzbel por tu soberbia? ¡Miserable! no esperes que mis ángeles (así llama la Escritura á los Sacerdotes) vayan tras de ti, como aquella multitud que arrastró el ángel cabeza de los apóstatas en el cielo: todos pelearán con el Prepósito de la Milicia Eclesiástica, y no se volverá á oir tu nombre en este Reyno de Dios, sino para eternos anatemas. ¡Bendito sea el Señor, que me ha consolado con la dicha de que ninguno de mi Clero haya manchado hasta ahora la buena opinion, y espero contribuirá como hasta aquí á Ja conservacion de la quietud pública! Pero ya que al frente de los insurgentes s: halla un Ministro de Jesucristo (mejor diré de Satanás) preconizando el odio y exterminio de sus hermanos, y la insubordinacion al poder legítimo, yo no puedo menos de manifestaros, que semejante proyecto no es ni puede ser de quien se llama cristiano, es contrario á la ley y doctrina de Jesucristo; y si el observar lo que él mismo nos manda sobre la caridad con nuestros hermanos os conducirá al cielo; el practicar lo contrario os llevará infaliblemente al infierno. Mirad que precursor del Anticristo se ha aparecido en nuestra América para perderos.

Si yo tratara de probar esta verdad con la multitud de testimonios divinos que la autorizan, me dilataria mucho; pero os hago el honor ó justicia de creer que no dudareis de las proposiciones que un Prelado ingenuo os dice con sencillez, esperando le deis crédito.

Quando tenia el mando político os hablé de la pueril rivalidad y necios partidos de europeos y criollos. El buen ciudadano no debe conocer otro que el de la religion que le honra, y la razon que le ilustra: el buen cristiano, el que prefiere á todo la ley del Redentor, no solamente debe cumplir con los deberes de hombre civil, sino tambien debe mirar con amor á su próximo, como Dios se lo manda. ¿Y será amarle inspirar odio contra él? ¿será amarle afligir su persona y privarle de sus intereses, atentar contra su reposo y vida? Es claro que no. Pues á esto se dirige el plan inquieto de esos enemigos de vuestra vida é intereses. Vosotros mismos podéis conocerlo, pues no ignorais que los capítulos principales de la ley de Dios comunicada por los Profetas, su divino Hijo y los Apóstoles, son amar al próximo como á nosotros mismos. No os dexeis pues alucinar de quien os proponga lo contrario: mirad que el interes eterno de vuestra alma es preferible á todos los temporales que falsamente os promete el principal agente de la insurreccion, y que ciertamente no lograreis aun en el caso no esperado de que los sediciosos llevasen al cabo sus perversas ideas, que todas se dirigen á perderos y arruinaros.

Se apoderarian entonces de las riquezas y del mando los mas atrevidos, y lejos de lograr vosotros felicidad alguna, seriais víctima de la dominacion nueva. Desengañaos, hijos mios, y creed á un Padre que os ama con todo su corazon. Ese Diotrephes (1) que ha sacado de sus casas á los de San Miguel y Dolores, no busca la fortuna de estos ni la vuestra, sino Ja suya: pretende obtener el Principado entre vosotros: el dia menos pensado será vencido por otro espíritu peor y mas fuerte que halagará vuestra docilidad con promesas mas lisongeras: mudareis de gefes destruyendo mutua y sucesivamente la soberbia del poder de los hijos de Satanás, padre de la mentira: se dividirá el Reyno, quedará desolado (1), y será finalmente presa de algun extrangero advenedizo, no gachupin ó criollo, sino de nacimiento obscuro y dudoso, que no reconozca Dios ni próximo, y se gobierne tínicamente por las ideas y política particular de su ambicion ilimitada. El que confia en hombre es maldito de Dios, como lo dice por su Profeta Jeremías (2): el Sénor de la verdad y la paz abomina al varon sanguinario y doloso (3), y le corta la vida aun antes de la mitad de sus dias (4), cayendo sin saber como en el lazo que armaba (5).

¿No lo veis verificado en la revolucion de Francia? Algunos pocos han sido ensalzados: todos los demas, ó han perecido hasta el número de dos millones de hombres en las campañas de veinte y un años, ó han quedado en la misma indigencia y clase en que estaban colocados, si no han sido reducidos á otra de mayor penuria. Lo mismo sucederia á vosotros: trabajariais para engrandecer al mas intrépido; y quedariais casi todos defraudados de vuestros deseos. El mejor gobierno de cada pais es el que actualmente tiene, dixo ya años hace sin poder resistir á la fuerza de la verdad uno de los mayores revolvedores de la Francia, porque son tales y tantas las desgracias que han de intervenir para mudarlo, que jamas podrá compensarlas felicidad alguna. ¿Que deberá decirse ahora despues de haber aprendido lo que nos enseña el exemplar de Francia? Es cierto que Napoleon domina, prospera y subyuga; ¿pero este impío ensalzado sobre los cedros del Líbano por su astucia infernal, dexará de experimentar quando menos lo piense la muerte desastrada que ha sorprehendido á todos los demas perseguidores de la Iglesia, como refiere individualmente Lactancio Firmiano en el libro de morte persecútorum: se ha abreviado la mano del Señor, ó dexarán de cumplirse en algun tiempo sus palabras?

¿A quantos errores y extravíos os conducirá un hombre que ademas de haber prostituido su carácter con odio condenado por nuestra santa ley, se ha asociado con algunos otros publicando la rebelion contra su amante y augusto Soberano en este suelo tan fiel? ¡Gran Dios! ¿que mayor daño pudiera causarnos si hubiera venido á nuestro hemisferio el tirano Napoleon enemigo de nuestra religion y de la patria? Si este diablo malo hubiese conseguido introducir en medio de nosotros un emisario y colocarlo al frente de un pueblo leal, ¿que mas hubiera podido maquinar contra el trono y vasallos de Fernando? publicar una guerra civil, desobedecer á las potestades legítimas, autorizar el robo, promover el desorden, y dar principio á una serie de males incalculables. Este es el resultado de lo que ahora parece á los incautos muy lisonjero: pero ah! ¡como llorariamos todos la suerte infeliz que nos arruinaría si prosperase tal proyecto tan acomodado á las miras de Napoleon! ¡Que placer tendria el perseguidor de la Iglesia, si supiese que en la Nueva España un Sacerdote habia hecho tanto en su favor, quanto no han podido alcanzar sus emisarios! No lo permita Dios, ni á la exemplar y heroica lealtad de este Reyno le caiga la mancha de faltar á la palabra que tantas veces ha jurado de ser fiel á su Rey y á las Potestades que nos gobiernan en su nombre.

Por fortuna acaba de llegar un Gefe, que penetrado del mayor amor á estos vasallos, desea como á mí me consta por aviso suyo, evitar las funestas conseqüencias que á sus súbditos amenazan si no se aquietan y desisten de sus ideas revolucionarias. Me consta tambien que quiere eficazmente la paz y tranquilidad, y que para conseguirla no perdonará medio alguno suave y caritativo: verán los inquietos pruebas de su clemencia si conocen su error y se aquietan; pero si cantinúan en sus atrevidos pensamientos, no duden tambien que experimentarán Jos rigores que dicta la justicia, de que no puede prescindir, á pesar de su buena disposicion para perdonar, contra unos hombres cuyo fin será la muerte, y cuyos estragos transcenderán á todos.

¿Sabeis quien es el autor invisible de esta insolente faccion, semejante á la que en otros tiempos se vió en la ciudad de Florencia? (1) ¿Quereis ver sobre las cabezas de los díscolos aquella multitud de cuervos del infierno que manifestó San Andrés Corsini á los Florentinos eran la causa de las disensiones? No necesitais de esta señal, pues sois cristianos, y os creo amantes de vuestro Pastor, que repartiendo el depósito de la doctrina, convierte finalmente sus palabras á los que han dado motivo á esta carta; y penetrado del dolor mas íntimo por los amargos efectos, que mira necesarios, les llama, convida y ruega con la paz, diciéndoles, bañados sus ojos en lágrimas: por vosotros olvido el cuidado de mi salud, y si pudiese abrir mi corazon, veriais que cada uno está en él. No puedo reprehenderos vuestra indiferencia hacia mí; ¿pero de que servirá ni vuestro amor á mi pobre persona, ni el mio á vosotros, si no ois mi voz y la obedeceis? ¿Que consuelo ni vida puede tener un pastor que acaso verá perecer á las almas redimidas con la preciosisima sangre de Jesus, si no calma esta tempestad de malvados? ¿Y que puede esperar estando divididos los ánimos del Gachupin y Criollo, sino la destruccion de uno y otro? (2) Ea pues, carisimos hijos mios, volved á vuestras casas y familias, que estarán llorando vuestra ausencia y temiendo vuestra infeliz suerte. Volved sobre vosotros mismos para que mi alegria sea completa, como dice San Pablo á los Filipenses (1): todos sois para mi, mi padre, mi madre, mis hermanos, mis hijos: yo intercederé con el Excmo. Señor Virey por el perdon, y os aseguro que lo hallareis dispuesto á perdonaros usando de toda la indulgencia y equidad posible: no perdonaré medio alguno para hacer presente vuestra docilidad y arrepentimiento, como lo hizo un San Fiabiano para conseguir el indulto mas cumplido á los vecinos de Antioquia que habian caido en semejante exceso.

Vosotros, Sacerdotes, limpiad con. vuestro piadoso zelo el borron con que un Ministro del Santuario ha tiznado nuestro venerable gremio: sí: vosotros, hermanos mios, debeis ayudarme á llorar el extravío de nuestro hermano, y la ceguedad de los que ha engañado. Vosotros debeis dar leccion y exemplo de la union, paz y caridad que debe reynar entre todos los fieles. Vosotros tambien, exemplares Religiosos, i quienes los Sumos Pontífices llaman tropas auxiliares de la Santa Iglesia y de sus primeros Pastores, debeis distinguiros del resto del pueblo, caminando delante de él con las hachas encendidas en las manos, esto es, con las buenas obras, para que sean imitadas de todos, y den gloria al Padre que está en los cielos. ¿Y en que ocasion mas oportuna podreis manifestar vuestra sólida virtud, que en la presente, enseñando, exhortando al pueblo la union, la paz y la obediencia, persuadiendo á los débiles y fortaleciendo á los robustos, para que aquellos no se dexen seducir, y estos se mantengan fuertes en la fe, en la lealtad y en la obediencia á su Dios y á su legítimo Soberano?

Y no creais los que os hallais en diferente estado, que no os comprehende esta misma obligacion: á todos la impuso Dios en el precepto de la caridad; de donde debeis inferir y evitar la reprehensible conducta de aquellos que fomentan discordias y preparan á sus hermanos la ruina eterna y temporal. ¡Quiera Dios que en vosotros y en todos se conserve la preciosa herencia y rica joya de la paz! y mientras en mis tibias oraciones quedo suplicándosela, os bendigo con aquellas palabras del Apóstol á los Romanos: El Dios de paz sea con todos vosotros. Amen.= México y Setiembre 24 de 1810. = Francisco Arzobispo de México. = Por mandado de S. E. I. el Arzobispo mi Señor = Dr. D. Domingo Hernandez, Secretario.

(1) Psalm. 13. v. 6 7.

(2) In die assumptionis ad Pontificat.

(3) Ad Ephes. cap. 4 v. 3.

(1) Cap. 9. v. 6.

(2) Matth. cap. 5. v. 9.

(3) Act. Apost. cap. 4. v. 32.

(4) Corinth. cap. 1. v. 12.

(5) Ad Rom. cap. 8. v. 9.

(1) Joan. 3. v. 9.

(1) Matth. cap. 12. v. 25.

(2) Hierem, cap. 17. v. 5.

(3) Psalm. 5. v. 7.

(4) Psalm. $4. v. 24.

(5) Psalm. 34. v. 7.

(1) Boland. 30. Januar.

(2) Oseas cap. 10. v.2.

(1) Cap. 2. v. 2.

Pastoral que el Illmo. Sr. Dr. D. Manuel Ignacio Gonzalez del Campillo, dignísimo Obispo de la Puebla de los Angeles, dirige á sus Diocesanos.

Nos, D. Manuel Ignacio Gonzalez del Campillo, por Ja gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica Obispo de la Puebla de los Angeles, del Consejo de S. M. …c. = A todos nuestros amados Diocesanos, salud y paz en nuestro Señor Jesucristo.

En una época tan calamitosa como la presente, lo que faltaba para colmo de nuestra desgracia era una revolucion interior. Esta se ha manifestado, segun los papeles de la superioridad, el dia 15 del que acaba en el pueblo de los Dolores, acaudillada por su Cura D. Miguel Hidalgo y los Capitanes D. Ignacio Allende y D. Juan Aldama. No hay expresiones con que significar bastantemente la temeridad de una empresa tan desatinada, ni la gravedad de los excesos y atentados que han cometido contra sus paisanos y nuestros caros hermanos los españoles europeos. Esos hijos desnaturalizados, degenerando de la humildad, moderacion, respeto á las autoridades constituidas, fidelidad y religion, que han caracterizado hasta ahora á Ja Nacion americana; han levantado el estandarte de la rebelion para manchar la reputacion de sus compatriotas, y executar en ellos las mayores crueldades. Siguiendo los detestables principios de los fran-. ceses han saqueado los Conventos, han profanado las Iglesias, han manchado sus manos en la sangre de Jos inocentes, y han cometido las mayores torpezas.

Parece que sobre ellos ha descargado el Dios de las venganzas el mismo castigo con que afligió á Egipto por su obstinacion: Yo haré(1), dice el Señor, que los egipcios se levanten contra los egipcios, que el her- mano pelee contra el hermano, el amigo contra el amigo, la ciudad contra la. ciudad y el reyno contra el reyno. Ha derramado sobre ellos el (2) espiritu de aturdimiento, que los hace andar con pasos vacilantes cómo el ebrio, que vomita lo que ha bebido.

Pero confio en la misericordia infinita de Dios que no se ha de reproducir al pie de la letra en este Reyno el exemplar de Egipto (3), los Principes no serán insensatos,ni perderán su antiguo valor. Tenemos un digno Gefe, cuyos conocimientos profundos en el arte de la guerra, acreditado valor, actividad y zelo de que ya ha dado en nuestro continente los mas claros testimonios, nos aseguran la pronta dispersion de esa gavilla tumultuaria, que solamente ha podido reunirse porque la seduccion y la malicia han triunfado de la sencillez incauta.

Las crueldades de esos bandidos, que prometiendo felicidad como Napoleon, no hacen mas que robar y saciar sus torpes apetitos, despertarán la atencion de todos y exâltarán sus nobles sentimientos de lealtad, patriotismo, amor y fidelidad á nuestro legítimo Soberano el Señor D. Fernando VII, en cuyo real nombre nos gobierna el Consejo de Regencia, á cuya obediencia nos hemos obligado por un juramento solemne.

Alerta pues, hijos mios, y no os dexeis engañar; firmes en los principios que habeis seguido por el espacio de casi tres siglos, resistid toda subversion y sed fíeles, como hasta aqui, en cumplir vuestros juramentos. Sabed que la revolucion no es obra de la razon; es hija del vicio, de la ambicion, de la mala fe, de la traycion y de todas las pasiones exaltadas; y que la acompañan el robo, la efusion de sangre, la lascivia y toda suerte de maldades. En ella las primeras víctimas que el vicio sacrifica al vicio, son los sediciosos; sin dexar por esto de padecer los inocentes. Así es, que el impedirla y precaverla es una causa comun en que todos debemos interesarnos con el mayor empeño.

¡Que cúmulo de males no vendria sobre nosotros si algunos mal aconsejados se dexaran seducir de las engañosas apariencias de otra constitucion diversa de la en que nos hallamos, y en laque, respetándose los sagrados derechos de propiedad y libertad individual, hemos disfrutado de las dulzuras de la paz! Entonces ¡desgraciados de nosotros! el fruto de nuestros largos trabajos y aplicacion pasaria, sin otro derecho que el de la fuerza, á las manos de un ocioso disipado; vuestras caras esposas 6 hijas serian sacrificadas á la torpeza brutal de unos hombres indignos por su baxa extraccion y por su perversa conducta; nuestros templos, á pretexto de gastos precisos, serian despojados de las alhajas y utensilios necesarios para el sagrado culto; los buenos viviriamos en nuestras casas llenos de sobresalto, esperando por momentos la muerte para ser víctimas de la religion y de la patria antes que prestarnos á la complicidad de los tumultuarios; y este hermoso Rey no tan privilegiado por la naturaleza quedaria devastado y convertido en un yermo.

Sí, hijos mios, este seria el resultado inevitable de las locas pretensiones de esos necios, que intentan introducir en este precioso suelo la discordia. Lo pasado es leccion segura de lo futuro: leed la historia, y hallareis la destruccion del Imperio romano en la lucha interior del pueblo contra el Magistrado, del militar contra el Senado, y de este, dividido contra sí mismo. Hallaréis que la hermosa Italia sufrió los mayores y desastres y desolacion por el partido de los Guelfos y Gibelinos. Hallaréis por último, que la Francia tan floreciente en el siglo anterior ha sido enteramente arruinada. Las grandiosas basílicas, los magníficos edificios, las decoraciones públicas, los sabios profundos, los hombres beneméritos, los nobles, los poderosos, y, lo mas sensible, la religion y la moralidad, todo ha desaparecido. No hay en aquel Reyno, que se llamó cristianísimo, ni iglesias, ni airares, ni sacrificios, ni ministros: i la literatura ha sucedido la barbarie; á la humanidad el vandalismo: las grandes poblaciones se han convertido en desiertos: los buenos, unos han emigrado, otros viven en la obscuridad y la miseria, llorando todos la destruccion de su amada patria, que ha sido presa de un infame advenedizo.

¿Y creeis que esta desolacion de un Reyno tan rico y poderoso, verificada en pocos años, es obra del monstruo que la domina? No es sino de la segur exterminadora de la discordia. Esta es la que ha causado esos horrorosos desastres, y la que debilitando las fuerzas interiores, abrió el camino para que subiese al trono un hombre detestable; de suerte, que la desventurada Francia mas debe su desgracia á las convulsiones interiores, que á la tiranía del usurpador.

No es extraño quando la concordia es la que traba y enlaza las piedras que componen el edificio del estado; y así faltando aquella es preciso que este se desplome y desmorone, como sucede á los edificios materiales quando les falta la mezcla. Por la union las cosas pequeñas se hacen grandes, y por la desunion las grandes se destruyen, dice el Padre San Gerónimo. Si se introduxera entre nosotros seria una calamidad mayor, que si Napoleon pusiera el pie en este Reyno con un exército formidable. Unidos nosotros entonces resistiriamos su poder, como lo ha resistido la España por mas de dos años, á pesar de la desigualdad de una lucha en que pelean por una parte exércitos aguerridos, y por otra soldados bisoños: por una, gentes armadas y prevenidas; y por otra, descuidadas, y sin otras armas que su valor y denuedo: una par* te ocupa Jas plazas fuertes; y la otra no opone mas que los pechos descubiertos: una hace la guerra por los principios de los ladrones; y la otra segun el derecho de gentes.

A pesar de estas desventajas, la generosa España no ha recibido el odioso yugo que se le ha querido imponer, ha conservado su libertad con asombro del orbe entero, y ha intimidado al tirano que la amenazaba con la misma cadena con que ha sujetado á ios Reyes mas poderosos. Si buscais la causa de este fenómeno político, no encontrareis otra que la union de los invictos españoles. Si entre ellos no hubiese reynado la union en amar al Rey, en crear un gobierno, en hacer sacrificios, en formar exércitos y en resistir la dominacion tiránica, sin embargo de su valor y esfuerzo, ya hace dias que estuvieran atados al carro de Napoleon.

¡Que dulce complacencia no le causariamos á este monstruo, á quien justamente aborrecemos, si la desavenencia llegara á poderarse de nosotros! Ya veria á la Madre Patria privada de los auxilios que necesita para sostener la guerra que él teme, y no puede apagar, sino pasando por las humillaciones que resiste su carácter orgulloso. Veria allanado por nosotros mismos el camino que no se ha podido abrir por medio de sus emisarios, para hacerse dueño de nuestras ricas minas. Con este designio ha apurado él su talento tan fecundo en maquinaciones y astucias en separarnos de la metrópoli, procurando por todos los arbitrios que le han sido posibles introducir entre nosotros la desunion.

Que un extraño venga á invadir nuestro suelo, y á destruir nuestra amada patria, es sensible; pero que los mismos hijos despedacen el seno de su madre causándole la muerte, es una ingratitud que no hay voces con que explicarla, ni lágrimas con que llorarla. Y esto puntualmente es lo que hacen aquellos díscolos, que por miras torcidas fomentan las divisiones y partidos. Son semejantes á Esau y Jacob, que luchando en el vientre de Rebeca su madre, le causaban tantas angustias, penas y dolores, que no pudo men s que exclamar (1): Si esto me habia de suceder ¿para que f'ue concebir? Con tan sentidas voces podia quejarse la América contra esos hijos ingratos que en el dia la afligen con sus facciones desastrosas.

No haya entre vosotros, hijos mios muy amados, esas luchas interiores: amémonos todos tiernamente como hermanos que somos efectivamente, y por unos vínculos mas dulces y mas estrechos que los de la carne y la sangre. Estamos unidos por la fe que profesamos, y componemos un cuerpo místico que es la Iglesia, de quien es cabeza Jesucristo. Formamos tambien un cuerpo civil que gobierna nuestro Soberano, y en su real nombre el Supremo Consejo de Regencia, á quien hemos prometido obediencia y fidelidad. Sobre todo el vínculo de la caridad, que es el mas fuerte, debe unir nuestros corazones de suerte que todos sean uno.

En vista de estos íntimos enlaces ¿no es extraño que fieles marcados con el sagrado caracter del bautismo, vasallos de un mismo Rey, que forman una monarquía, habitan un mismo pais, y tal vez una misma casa y tienen otras relaciones de interes, vivan desunidos en el espíritu formando partidos? No hay cosa mas detestable que las facciones, ni que mas degraden al hombre en el concepto de los sensatos. El hombre justo y racional no sigue otro partido que el de la razon y la justicia. Solamente el americano perverso y maligno puede aborrecer al europeo por la qualidad de tal, y al reves. Estoy seguro que el europeo bueno amará al americano, y este á aquel. Sea, pues, de hoy en adelante este odio el carácter que distinga á los malos europeos y americanos, y su tierno amor y correspondencia la divisa de los buenos.

Nunca ha debido haber esta desunion; no por parte de los americanos, porque estos deben á los europeos el esplendor de su origen, la civilidad, las artes útiles, la instruccion, y sobre todo la fe que plantaron en este afortunado pais aquellos primeros zelosos ministros del Evangelio, dignos de nuestro eterno reconocimiento, y que cultivaron despues con su exemplo y con su doctrina los grandes Obispos que venidos de la península han gobernado la Iglesia Americana. Siento que la prontitud con que deseo hablaros no me permita haceros una exâcta y menuda relacion de los beneficios que los españoles europeos han hecho á la América, y que exîgen de ella la mas tierna gratitud, para que así depusiesen los hijos de esta toda preocupacion.

No por parte de los europeos, porque estos deben mirar á la América en su actual estado, como la obra de sus manos; porque en ella viven con comodidad, disfrutando las delicias que proporciona la fertilidad de su suelo y la benignidad de su clima; porque con el co-. mercio y laborío de sus minas hacen grandes caudales, y porque comunmente están enlazados con americanos: relaciones interesantes que deberian alejar toda especie de rivalidad.

Pero en la presente época en que la América se ha declarado parte integrante de la monarquía, que ha sido llamada en la persona de uno de sus mas dignos ilustres hijos á exercer la soberanía, y que ha sido convocada por primera vez á Cortes: en la presente época, vuelvo á decir, en que la Madre Patria ha recibido los mas claros testimonios de la fidelidad de la América, en la alegría con que ha celebrado sus triunfos, en la tristeza con que ha recibido la noticia de sus desgracias, en los quantiosos donativos que ha hecho para socorre de sus necesidades, en los continuos votos que ha dirigido al cielo implorando sus misericordias á favor de la España: en esta época finalmente, en que el verdadero interes de todos es uno, y consiste en rechazar la dominacion francesa; estar desavenidos, es una falta de política, una imprudencia temeraria, una fatuidad, un.... no encuentro nombre propio que darle.

Depónganse las preocupaciones, parto de la debilidad de espíritu, de la ingratitud, ó de la ciega pasion: rómpase el muro que divide á la hija de la madre: no se oigan ¡amas los odiosos nombres de criollos y gachupines; seamos todos españoles, unos europeos y otros americanos; pero todos verdaderos españoles, esto es, ingenuos, sinceros, generosos, benéficos, leales y amantes de nuestros hermanos; apartemos de nuestro corazon la vil rencilla, la baxa emulacion y la perniciosa discordia.

Esto nos manda la ley santa que profesamos, cuyo espíritu es el de caridad, al que diametralmente se opone la discordia, de quien nace el odio (1), de este la venganza engendra el desprecio de las leyes', con él se pierde el respeto á la justicia, se viene á las armas, se enciende una guerra civil y cae el estado, cuya permanencia estriba en la unidad. Así es que los antiguos para significar la discordia pintaban una muger que rasgaba sus vestidos. Así es que Dios aborrece hasta un grado que asusta al que la introduce entre sus hermanos. Leed el cap. 6. de los Proverbios, y hallaréis que ios ojos altivos, la lengua falaz, las manos que derraman la sangre inocente, el corazon que forma negros designios, los pies prontos y ligeros para correr al mal y el falso testigo, merecen el odio del Señor: pero á aquel que siembra las disensiones entre los hermanos lo mira con un odio, no como quiera, sino con detestacion: Et Septimum detestatur anima ejus eum qui seminat inter fraires discordias.

He vivido entre vosotros, hijos mios, por mas de treinta y cinco años, y mi larga residencia en esta diócesis, y los destinos que he servido en ella, me han proporcionado conocer á fondo vuestro carácter dulce, amable y pacífico: vuestra docilidad, subordinacion, amor á los prelados y respeto á los jueces. Con este conocimiento nada he temido de vosotros en esta época, y me he atrevido á asegurar, tanto á la Suprema Junta Central, como al Consejo de Regencia, que en esta diócesis no habria la menor inquietud, porque una era Ja Opinion de todos sus habitantes, unos los sentimientos, unos los deseos. Y despues de estas seguridades que he prestado por vosotros ¿me pondreis en ridículo, haciéndome pasar por un hombre ligero que aventura infundados pronósticos? A un Obispo que os ama tiernamen-te, que os desea todo bien, y que está pronto á derramar su sangre por vuestra-salud, ¿le causareis con una sedicion una mortal pesadumbre que acabaria inmediatamente con su vida? Lejos de mí toda desconfianza que os es injuriosa; yo espero que continuándome vuestro amor, de que he recibido todo género de pruebas, me deis la última en manteneros como hasta aquí, dóciles á mi voz, obedientes á las autoridades constituidas, fieles á nuestro Soberano y amantes á la patria.

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