Kitabı oku: «Introducción al Nuevo Testamento»
INTRODUCCIÓN
AL NUEVO
TESTAMENTO
UN ESTUDIO HISTÓRICO,
LITERARIO Y TEOLÓGICO
Mark Allan Powell
Traducido por Mayra Ileana Urízar de Ramírez

Introducción al Nuevo Testamento: Un estudio histórico, literario y teológico
© 2020 por Mark Allan Powell
Publicado por Editorial Patmos,
Miami, FL. 33169
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede reproducirse, almacenarse en algún sistema que la pueda reproducir, ni transmitirse de forma alguna —por ejemplo, electrónica, mecánica, fotocopia, grabación— sin el permiso previo por escrito del editor. La única excepción son las citas breves en reseñas impresas.
Publicado originalmente en inglés con el título Introducing the New Testament: A Historical, Literary, and Theological Survey, por Baker Academic, una división de Baker Publishing Group, Grand Rapids, Michigan 49516, U.S.A.
© 2009, 2018 por Mark Allan Powell.
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Todos los mapas se basan en originales creados por International Mapping.
Diseño interior por Brian Brunsting, Baker Publishing Group.
ISBN: 978-1-64691-050-2
eISBN: 978-1-64691-096-0
Impreso en Brasil | Printed in Brazil
202122232425267654321
A Missy Bebé
Te amo
Contenido
Lista de mapas
Prefacio
1.Contexto del Nuevo Testamento: El mundo romano
2.Contexto del Nuevo Testamento: El mundo judío
3.Los escritos del Nuevo Testamento
4.Jesús
5.Los Evangelios
6.Mateo
7.Marcos
8.Lucas
9.Juan
10.Hechos
11.Las cartas del Nuevo Testamento
12.Pablo
13.Romanos
14.1 Corintios
15.2 Corintios
16.Gálatas
17.Efesios
18.Filipenses
19.Colosenses
20.1 Tesalonicenses
21.2 Tesalonicenses
22.Las cartas pastorales: 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito
23.Filemón
24.Hebreos
25.Santiago
26.1 Pedro
27.2 Pedro
28.Las cartas juaninas: 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan
29.Judas
30.Apocalipsis
Glosario
Créditos del arte
Índice
Mapas
1.1El Imperio romano
1.2Palestina en la época de Jesús
4.1Galilea en la época de Jesús
10.1Primer viaje misionero de Pablo
10.2Segundo viaje misionero de Pablo
10.3Tercer viaje misionero de Pablo
10.4Viaje de Pablo a Roma
12.1El mundo de Pablo en su época
12.2El mundo de Pablo hoy día
14.1Acaya
16.1Galacia del norte y del sur
17.1Ciudades paulinas alrededor del mar Egeo
26.1Asia Menor: Provincias a las que se dirige 1 Pedro
30.1Asia Menor: Iglesias a las que se dirige Apocalipsis

Kume Bryant
Prefacio
¡Bienvenido al Nuevo Testamento! Probablemente usted es estudiante universitario o de un seminario. Tal vez toma este curso porque verdaderamente le interesa aprender más acerca de estos escritos cristianos, o quizá lo necesita simplemente para cumplir un requisito académico. De cualquier manera, mi intención al escribir este libro es ayudarle a tener una experiencia interesante, agradable e intelectualmente gratificante.
El Nuevo Testamento es un libro fascinante. Y cualquiera que haya sido su experiencia con él hasta ahora, un encuentro académico en un ambiente educativo le abrirá sin duda los ojos a ideas y conceptos que no había considerado antes. Algunos serán estimulantes, otros pueden ser inspiradores, unos cuantos podrían ser exasperantes, pero no muchos serán aburridos. En resumidas cuentas, esta debería ser una buena clase.
Démosle un rápido vistazo general a este libro. Unos cuantos capítulos tratan temas generales (p. ej., el mundo del Nuevo Testamento, la vida y pensamiento de Pablo), pero la mayor parte del libro trata directamente de los escritos del Nuevo Testamento en sí. Un capítulo típico toma uno de los libros del Nuevo Testamento y le ofrece tres cosas:
•Un panorama general del contenido del libro.
•Una discusión de preguntas del contexto histórico: ¿Quién escribió el libro? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué?
•Una presentación de los temas importantes: ¿Cuál es el mensaje del libro? ¿Qué temas de este libro han interesado más a la gente a lo largo de los años?
Ahora bien, permítame observar unas cuantas cosas que son distintivas en cuanto a esta introducción particular al Nuevo Testamento, cosas que podrían distinguirlo de otros libros de texto que usted ha usado (y de otras introducciones al Nuevo Testamento).
Los capítulos se pueden leer casi en cualquier orden
Creo que el libro funciona bastante bien si simplemente se lee como fue escrito, comenzando cada parte del Nuevo Testamento en su orden canónico (p. ej., el orden en que los escritos aparecen en las ediciones modernas del Nuevo Testamento). Pero muchos profesores querrán introducir los capítulos en un orden distinto, y pueden tener buenas razones al hacerlo. He aquí unas cuantas ideas.
•Quizá algunos quieran leer el capítulo acerca de Marcos antes del capítulo sobre Mateo, porque creen que Marcos fue el primer Evangelio que se escribió. También es el más corto de los cuatro Evangelios y, por esa razón, puede ser un buen «Evangelio inicial» para los estudiantes principiantes.
•Quizá algunos quieran leer los capítulos sobre Lucas y Hechos uno tras otro, porque esos dos libros del Nuevo Testamento probablemente fueron escritos por la misma persona.
•Quizá algunos quieran leer los capítulos sobre Efesios y Colosenses, o el de Judas y 2 Pedro uno tras otro. En ambos pares, parece que los dos libros se relacionan entre sí y, frecuentemente, se les trata como «hermanos literarios».
•Quizá algunos quieran leer los capítulos sobre las cartas de Pablo antes de leer los capítulos sobre los Evangelios porque, cronológicamente, las cartas de Pablo fueron escritas antes que cualquiera de los Evangelios.
Hay otras variaciones posibles. No se trata de que se asuste si su profesor revuelve el libro y lo dirige a leer capítulos fuera de orden. El libro fue diseñado para que funcione de esa forma, y su profesor (probablemente) sabe lo que hace.
El libro impulsa el enlace de ideas, pero no trata de resolver disputas
El libro es algo único en este sentido. La práctica convencional de un libro de texto del Nuevo Testamento es que el autor (1) presente preguntas y controversias que hayan surgido en cuanto a los documentos del Nuevo Testamento, (2) describa diversas posturas que se hayan tomado en cuanto a estos asuntos y (3) le diga al estudiante qué ideas y posturas deben aceptarse (p. ej., qué puntos de vista son correctos en la mente del autor). He omitido este tercer paso, no porque no tenga opiniones en cuanto a esos asuntos, sino porque, como maestro, generalmente no me parece útil que el libro de texto me haga esas determinaciones (o a mis estudiantes). Asumo que su profesor le dará alguna guía en cuanto a evaluar las distintas ideas, y lo hará de una forma apropiada para el ambiente académico particular en el que usa este libro. Esas evaluaciones se hacen de manera distinta en contextos distintos (en una universidad bíblica protestante, en un seminario católico romano, en una universidad estatal): los distintos principios, prioridades y presuposiciones entran en acción, y lo que cuenta como evidencia convincente en un escenario, puede requerir menos atención en otro. De cualquier manera, la meta de este libro es la participación, no el adoctrinamiento. Sin embargo, si alguna vez nos conocemos, ¡me encantará decirle lo que pienso que debe creer en cuanto a toda clase de cosas!
El libro hace uso de los recursos abundantes del arte cristiano
Probablemente, usted ya se dio cuenta del uso extenso que este libro hace de las obras de arte, suponiendo que este prefacio no le haya intrigado tanto como para leerlo antes de mirar cualquier otra cosa. Este libro contiene los mapas usuales y las fotos históricas que caracterizan a las introducciones convencionales del Nuevo Testamento, pero también ofrece reproducciones de obras de arte de muchas tierras y muchos siglos. ¿Por qué?
•Espero que estas ilustraciones tengan un atractivo estético y hagan que su uso del libro de texto sea más placentero. La vida debe ser placentera, o por lo menos tan placentera como sea posible, y estudiar no siempre es la ocupación más placentera. Tal vez el arte ayude. En cualquier caso, no hay mucho en el arte que tenga que aprender para los exámenes, así que, agradezca eso.
•Las obras individuales ilustran temas o puntos clave que se enfatizan en el libro o en los mismos escritos del Nuevo Testamento. No han sido elegidas al azar; cada obra corresponde a un motivo o concepto, o ilustra algún punto en particular que se discute. A veces es obvio; en otras ocasiones quizá no lo entienda al principio («¿Para qué está esto aquí?»). Piénselo, pregúntele a alguien más, permita que el arte inspire a la reflexión y a la conversación.
•Espero que el arte transmita algo de la influencia de estos escritos, la importancia del Nuevo Testamento para la historia y la cultura. Mucho del arte se ve muy antiguo; algo se ve muy nuevo. Algunas piezas son representativas; otras son abstractas. Algunas son occidentales; otras, orientales. Algunas le gustarán, otras no tanto. Si se toman juntas, ilustran el alcance del impacto espacial, temporal, cultural y estético del Nuevo Testamento en nuestro mundo. Representan su atractivo, lo cual ayuda a explicar por qué estudiamos un libro como este en primer lugar.
El libro tiene un sitio web complementario que presenta numerosos recursos adicionales
Se desarrolló un sitio web para la edición en inglés de este libro que está disponible en www.IntroducingNT.com. Los lectores que tengan alguna facilidad con el idioma inglés encontrarán materiales que podrían ser útiles en este curso y después del mismo. Si lo desea, puede imprimir y reproducir estos materiales. Por supuesto, los instructores o estudiantes también pueden tener la libertad de traducir cualquiera de estos recursos para hacerlos más adecuados para los contextos del idioma español.
Reconocimientos y un anuncio interesante
Los que aprecian este libro y les parece valioso para su estudio del Nuevo Testamento tienen una deuda de gratitud con el Trinity Lutheran Seminary, la magnífica institución donde enseño. Los líderes de la comunidad de Trinity me otorgaron tiempo y recursos para completar este proyecto, y lo hicieron sin más motivo que el compromiso de promover la educación bíblica y teológica. De igual manera, los que aprecian este libro deben estar agradecidos con muchas buenas personas asociadas con Baker Academic: James Kinney y James Ernest tuvieron la visión de que este proyecto culminara en la altamente exitosa primera edición de la obra; Brian Bolger fue el administrador del proyecto; Rachel Klompmaker aseguró los derechos de la mayor parte del arte; y Jeremy Wells desarrolló el sitio web. Kinney, Bolger y Wells continuaron con su servicio en esta nueva edición; a ellos se unió la especialista de libros de texto, Christina Jasko, quien tuvo la responsabilidad principal del sitio web que se ha expandido considerablemente, y a la asistente de adquisiciones, Brandy Scritchfield, quien obtuvo los derechos del arte y otras imágenes maravillosas. Le invito a que juntos agradezcamos a todas estas personas.
Creo que eso es todo por ahora. ¿Por qué está leyendo el prefacio? ¿No debería estar estudiando?
INTRODUCCIÓN

Bridgeman Images
1
Contexto del Nuevo Testamento
El mundo romano
El mundo del Nuevo Testamento puede ser un lugar desconocido para el principiante. La gente se golpea el pecho (Lc. 18:13; 23:48), se rasga su ropa (Mr. 14:63), habla en lenguas (Hch. 2:4-13; 1 Co. 14), y se lava los pies entre sí (Jn. 13:3-15). Algunas personas usan filacterias, que Jesús cree que deben ser angostas no anchas (Mt. 23:5). Cuando la gente come, no se sienta a la mesa; se acuesta en el suelo (Jn. 13:23, 25). Cuando las personas quieren elegir a un líder importante, no vota; echa suertes (Hch. 1:26).
filacteria: una pequeña caja que contenía textos de las Escrituras y que los judíos piadosos portaban en la frente o en el brazo izquierdo, como obediencia a Éxodo 6:8; 11:18.
Según nuestros estándares, ese mundo frecuentemente es riguroso. Cuando una mujer quiere pedirle algo a un hombre, se arrodilla en la tierra y espera que él le ceda la palabra (Mt. 20:20); cuando un hombre se atrasa en el pago de una deuda, a su esposa e hijos los venden como esclavos (Mt. 18:25). Es un mundo brutal, en el que los ladrones pueden ser clavados desnudos en palos de madera y colgados en público, donde la gente pueda ver que mueren lentamente (Mr. 15:27). Es un mundo en el que algunas personas creen que una mujer que comete adulterio debe ser arrastrada por la calle y lapidada hasta que muera (Jn. 8:2-5).
echar suertes: práctica semejante a una «lotería», que se usaba para elegir a una persona para determinada tarea: las «suertes» eran piedras marcadas, similares a los dados (véase Hch. 1:26).
También es un mundo lleno de sorprendente ternura y dignidad. La gente habla libre y afectuosamente de cuán profundamente se aman unos a otros (Fil. 1:3-8; 4:1). Se valora a las familias, se atesoran las amistades y la hospitalidad hacia los extranjeros casi se puede dar por sentada. Es un lugar donde la fe, la esperanza y el amor son valores fundamentales (1 Co. 13:13) y donde la conservación u obtención de honra supera a todas las otras metas de la vida. Ese es también un mundo con una pauta moral muy bien ajustada, con algunas nociones ampliamente aceptadas de lo que constituye la virtud y lo que constituye el vicio (véase, p. ej., Ro. 1:29-31; 13:13; 1 Co. 5:10-11; 6:9-10; 2 Co. 6:6-7; Gá. 5:19-23).
Todos los libros del Nuevo Testamento fueron escritos por personas a quienes llamaríamos cristianos, así que, para entenderlas, tenemos que saber unas cuantas cosas acerca de lo que estos cristianos creían: lo que ellos valoraban, lo que temían, cómo vivían. Pero, para ser un poco más específicos, todos los libros del Nuevo Testamento fueron escritos por cristianos romanos, es decir, que vivían en el Imperio romano. Además, aunque todos estos libros fueron escritos por cristianos, no todos fueron escritos acerca de cristianos. Jesús, Juan el Bautista, la Virgen María y muchas otras personalidades célebres del Nuevo Testamento no eran cristianas sino judías. Para ser más específico, ellos eran judíos romanos, es decir, judíos que vivían en el Imperio romano.
Mapa 1.1. El Imperio romano
Entonces, para entender el Nuevo Testamento, debemos estar conscientes de tres mundos distintos: el mundo cristiano, el mundo judío y el mundo romano. En todos los escritos del Nuevo Testamento, estos tres mundos convergen.
El gobierno romano durante la era cristiana
Jesús nació durante el reinado del primer gran emperador romano, César Augusto (27 a. e. c.-14 e. c.), y llevó a cabo su ministerio durante el reinado del siguiente emperador, Tiberio (14-37 e. c.). Roma estaba distante de Jerusalén, pero la presencia del emperador siempre se sentía. Posteriormente, a medida que el cristianismo salió al mundo que rodea el mar Mediterráneo, la fe nueva llamó la atención de los emperadores de maneras que invitaban a la participación directa. Por ejemplo, el historiador romano Suetonio relata que el emperador Claudio expulsó a los judíos de Roma alrededor de 49 e. c., debido a un disturbio sobre alguien conocido como «Cresto» (probablemente una referencia a Cristo mal pronunciada). El sucesor de Claudio, Nerón, persiguió violentamente a los cristianos, y los asesinó de maneras sádicas que generalmente eran repugnantes para el público romano.
a. e. c.: abreviatura que significa «antes de la era común»; en los estudios académicos a. e. c. se usa típicamente para fechas en lugar de a. C. («antes de Cristo»).
e. c.: abreviatura que significa «era común»; en los estudios académicos, e. c. se usa típicamente para las fechas en lugar de d. C. («después de Cristo»).
Sin embargo, para Jesús y sus seguidores en Palestina, los gobernantes romanos locales tenían más importancia inmediata que los emperadores de la lejana Roma. Cuando los romanos conquistaban un país, típicamente establecían un rey, gobernador o algún otro mandatario en la tierra, pero también trataban de conservar algunas instituciones del gobierno nativo. De esa manera, según el Nuevo Testamento, el concilio de líderes judíos, el Sanedrín, tenía autoridad en Jerusalén en algunos asuntos (Mr. 14:55-64; Hch. 5:21-40), pero las autoridades romanas siempre tenían la palabra final (cf. Jn. 18:31). Un poco de conocimiento de estas autoridades romanas es importante para entender el Nuevo Testamento, por lo que aquí consideraremos brevemente a algunos de estos gobernantes.
Herodes el Grande
Herodes el Grande gobernó en toda Palestina de 37 a. e. c. a 4 a. e. c. Fue nombrado primero por el rey Marco Antonio, pero después fue confirmado en ese puesto por César Augusto, el archirrival de Antonio. El hecho de que obtuvo el apoyo de estos dos líderes rivales indica que era experto en las maniobras políticas (cambiaba de lado exactamente en el momento preciso). Herodes también llegaría a ser conocido como un experto constructor; entre sus proyectos están un puerto en Cesarea y una cantidad de fortalezas (como Masada, Maqueronte y Herodión). Él reconstruyó la antigua ciudad de Samaria en la metrópolis griega Sebaste y, tal vez más importante aún, fue responsable de la expansión y renovación del templo judío en Jerusalén. En la época de Jesús, este «templo herodiano» se consideraba como una de las siete maravillas del mundo antiguo; su pináculo era el punto arquitectónico más alto del mundo.
Cuadro 1.1
Herodes y el Templo
El historiador judío romano Josefo relata: «A los quince días de su reinado Herodes reconstruyó el Templo, rodeándolo de una muralla a una distancia que era el doble de lo que antes lo circundaba. Los gastos fueron muy grandes y las riquezas que le puso, indescriptibles» (Las guerras de los judíos 1.XXI.1). Flavio Josefo, Las guerras de los judíos, Colección Historia (Barcelona: CLIE, 2013), 1.XXI.1.
Mapa 1.2. Palestina en la época de Jesús
A Herodes, que étnicamente era idumeo, se le consideraba «medio judío», pero el pueblo judío lo veía como extranjero y colaborador romano. Aunque Herodes el Grande parece haber sido un gobernante competente en muchos aspectos, todo el mundo sabía que era paranoico hasta el punto de que en realidad inspiró un proverbio romano atribuido a César Augusto: «Es mejor ser un cerdo que un hijo en la casa de Herodes» (a los romanos les parecía cómico el hecho de que no comiera cerdo, pero sí mató a tres de sus hijos cuando sospechó que ellos querían usurpar el trono). Herodes también asesinó a su esposa judía Mariamna, cuando sospechó que ella confabulaba en su contra, y este incidente inspiró muchas leyendas (p. ej., cuentos de cómo permaneció desesperadamente enamorado de ella o que era acechado por su espíritu). Herodes era gobernador de Palestina en el tiempo en que Jesús nació (Mt. 2:1), y sigue siendo conocido por los cristianos por la historia bíblica en la que confronta a los magos y ordena una masacre de bebés en Belén (Mt. 2:1-18).
magos: astrólogos o brujos relacionados con la religión persa.
Herodes Antipas
Herodes Antipas gobernó Perea y Galilea desde 4 a. e. c. hasta 39 e. c. En la literatura romana, frecuentemente se refiere a él como simplemente «Antipas», pero los Evangelios del Nuevo Testamento constantemente lo llaman «Herodes», y eso puede llevar a un poco de confusión, ya que a Herodes el Grande también se le llama «Herodes» en el Nuevo Testamento. De cualquier manera, Herodes Antipas gobernó en menos territorio que Herodes el Grande (cuyas tierras se dividieron cuando murió), y solamente era tetrarca, no rey. Aun así, su período fue largo, e incluye todo el tiempo de la vida y ministerio de Jesús en Galilea.
tetrarca: gobernante de la cuarta parte de una provincia o región.
Alrededor de la época en la que Jesús comenzó su ministerio público, Juan el Bautista criticó a Antipas por casarse con su sobrina Herodías, que ya estaba casada con otro tío. Antipas hizo que arrestaran a Juan y, posteriormente, lo decapitó a petición de Herodías (Mr. 6:14-29). El Evangelio de Lucas narra que Antipas también tenía un interés siniestro por Jesús, quien se refería al gobernante como «zorro» (13:31-33), probablemente una referencia a su gusto por la violencia (los judíos consideraban a los zorros animales rapaces, que mataban no solo por comida sino también por deporte). Según Lucas, Antipas escuchó especulaciones de que Jesús podría ser Juan el Bautista que había resucitado (9:7-9) y examinó brevemente a Jesús cuando fue arrestado en Jerusalén, esperando ver que Jesús hiciera un milagro (23:6-12).
Poncio Pilato
Poncio Pilato gobernó Judea como prefecto o procurador entre los años 26 y 36 e. c. En esencia, fue un gobernador que fungía como representante de César. A Pilato se le representa en alguna literatura (notablemente en los escritos de Filo de Alejandría) como un gobernador cruel, que odiaba a los judíos y no entendía su religión. Algunos eruditos creen que este vilipendio quizá sea exagerado, pero muchos relatos sí indican que el período de Pilato en el puesto estuvo empañado por episodios de conflicto y violencia. Durante su primera semana en el poder, buscó instalar estandartes imperiales en Jerusalén, lo cual precipitó una crisis entre los judíos, quienes veían los estandartes como idolátricos. Avergonzado, Pilato retiró los estandartes como respuesta a protestas virulentas y amenazas de disturbios. Más adelante, usó dinero del templo para financiar un acueducto, y eso precipitó más protestas, pero esta vez él no dio marcha atrás; envió a soldados (disfrazados como civiles) entre la multitud de manifestantes y, a una señal preestablecida, hizo que golpearan y mataran a la gente al azar. El Nuevo Testamento narra que Pilato fue el gobernador que sentenció a Jesús para que fuera crucificado, en tanto que también lo declaró inocente (Mt. 27:1-26; Mr. 15:1-5; Lc. 23; Jn. 18:28-19:26). Algunos años más tarde, a Pilato se le recordaba por haber usado la fuerza extrema para suprimir un avivamiento religioso dirigido por un profeta samaritano. Otros dos procuradores de Judea figuran en historias posteriores del Nuevo Testamento: Félix (53-60 e. c.) y Festo (60-62 e. c.), que mantuvieron a Pablo preso en Cesarea y presidieron sus audiencias allí (Hch. 23-25).
prefecto: en el Imperio romano, el magistrado o alto funcionario cuyos deberes y nivel de autoridad variaban en contextos distintos.
procurador: gobernador nombrado por el emperador romano para administrar una provincia por un período indefinido.
Figura. 1.1. La muerte de un profeta. Marcos 6:14-29 narra la historia de un banquete repugnante en el que Herodes le regala a su hijastra «en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista», después de que su madre, Herodías, la impulsa a pedir eso como recompensa por complacer al gobernante ebrio con su danza. (Bridgeman Images)
Herodes Agripa I
Herodes Agripa I gobernó Galilea (al igual que Herodes Antipas) desde 37 e. c. a 41 e. c. y después llegó a ser rey de toda Palestina (al igual que su abuelo Herodes el Grande) desde 41 a. e. c. a 44 e. c. También se le llama simplemente «Herodes» en el Nuevo Testamento, que puede ser confuso para los lectores que no se dan cuenta de que hay tres personas distintas que tienen ese mismo nombre; por otro lado, la persona llamada «Agripa» de Hechos 25:13-26:32 no es Herodes Agripa sino un gobernador posterior de Galilea a quien los historiadores llaman «Herodes Agripa II». Herodes Agripa I fue un gobernante políticamente popular y exitoso, pero persiguió al movimiento cristiano incipiente en Jerusalén, y mató al discípulo de Jesús, Jacobo, y encarceló a Pedro (Hch. 12:1-3). Finalmente, tuvo una muerte un poco atroz, que el Nuevo Testamento atribuye a la ira divina (Hch. 12:20-23).
Filosofía y religión en el mundo romano
Todos los que vivían en el mundo que produjo el Nuevo Testamento fueron influenciados directa o indirectamente por distintos patrones de pensamiento que los griegos y romanos llevaron a las tierras que dominaron y ocuparon. La gente de esa era fue heredera de los tres filósofos griegos más grandes: Sócrates (ca. 470-ca. 399 a. e. c.), Platón (ca. 428-ca. 348 a. e. c.) y Aristóteles (384-322 a. e. c.), y, hasta cierto punto, el pensamiento de la mayoría de la gente estaba formado por lo que estos maestros habían enseñado. Por cierto, se podría decir que el pensamiento de la gente hoy día todavía se ha formado con las ideas expuestas y exploradas por estos pensadores influyentes.
Sin embargo, los eruditos del Nuevo Testamento centran más su atención en ciertos movimientos filosóficos que eran populares durante el período en el que se escribieron los documentos del Nuevo Testamento. Entre ellos están los siguientes:
•El cinismo: La orientación que hacía énfasis en la autenticidad radical, el repudio a la vergüenza, la simpleza en el estilo de vida y en el deseo de poseer solamente lo que se obtenía natural y gratuitamente.
•El epicureísmo: La orientación que hacía énfasis en el libre albedrío, cuestionaba el destino y estimulaba la obtención del verdadero placer por medio de la evasión de la ansiedad, la concentración en el presente y el disfrute de todas las cosas en moderación.
•El platonismo: La orientación que hacía énfasis en la realidad de un mundo trascendental de «ideales» que apoyan todo lo que es físico o terrenal.
•El pitagorismo: La orientación que hacía énfasis en el valor del razonamiento inteligente, la memoria y la honestidad radical, todo al servicio de una búsqueda para obtener armonía de ideas, y de cuerpo y alma.
•El estoicismo: La orientación que hacía énfasis en la obtención de virtud a través de la aceptación del destino, con base en la noción de que todas las cosas son predeterminadas y que hay lógica en todo lo que transpira en el universo.
Los eruditos del Nuevo Testamento detectan la influencia de estas escuelas filosóficas en varias maneras. A Pablo se le describe interactuando con filósofos epicúreos y estoicos en Hechos 17:16-34, pero el impacto de la filosofía griega y romana se puede detectar incluso cuando no hay razón para sospechar el contacto directo. Josefo, un historiador judío romano del siglo I, pensaba que los esenios (que produjeron los Rollos del Mar Muerto) eran similares a los pitagóricos, y que los fariseos tenían mucho en común con los estoicos. De igual manera, muchos eruditos modernos han observado similitudes entre los primeros seguidores de Jesús y los filósofos cínicos (p. ej. en su renuncia al materialismo y condición mundana). Varias cartas del Nuevo Testamento (incluso 1 Corintios, Gálatas y Santiago) hacen uso de la «diatriba» y otras formas de argumento retórico que eran populares entre los filósofos cínicos y estoicos. La Carta a los Hebreos frecuentemente se lee como una interacción con la filosofía platónica, y el concepto del «Logos» en Juan 1:1-18 también le debe mucho a esa escuela de pensamiento. Las «pláticas en los banquetes» que Jesús da en el Evangelio de Lucas (7:44-46; 14:7-14) y los discursos largos que da en el Evangelio de Juan (5:19-47; 6:25-70; 7:14-52; 8:12-59; 10:1-18, 22-39; 12:23-36; 14:1-16:33) son similares en cuanto a estilo y contenido a los escritos de diversas escuelas filosóficas.
esenios: judíos ascetas, separatistas que vivían en comunidades privadas; probablemente debe identificárseles con el grupo que vivió en Qumrán y conservó la biblioteca de manuscritos conocidos como los Rollos del Mar Muerto.
Rollos del Mar Muerto: la colección de documentos judíos que fueron copiados y conservados entre 250 a. e. c. y 70 e. c. Véase «esenios», «Qumrán».
Por supuesto, no todos en el mundo romano se habrían identificado como seguidores de una de estas escuelas particulares. Los campesinos judíos de Palestina quizá no habrían distinguido uno de otro. Aun así, estas filosofías representan la clase de pensamiento que estaba «en el aire» en ese entonces. Representan los esfuerzos por responder las preguntas que prácticamente todos se hacían: ¿Cuál es el propósito, meta o bien supremo en la vida? ¿Está todo predeterminado o puede la gente tomar decisiones que afecten el resultado de sus vidas? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Cuál es el secreto de la felicidad? Hasta las personas sin educación de los rincones más remotos del imperio (p. ej., los pescadores, pastores o carpinteros galileos) tendían a pensar en cosas como estas, y a orientarse de una manera más compatible con un sistema filosófico que con otros. Naturalmente, la gente entonces (así como ahora) también podía ser ecléctica e inconsecuente, que se aferra simultáneamente a nociones derivadas de escuelas que los mismos filósofos quizá no habrían considerado compatibles.
diatriba: estrategia retórica que se deriva de la filosofía griega, en la que un autor argumenta con un oponente imaginario proponiendo objeciones y luego respondiéndolas.
La religión romana
Además de los sistemas filosóficos principales, el mundo romano ofrecía una variada selección de opciones religiosas. En primer lugar, estaban los numerosos dioses de la mitología griega y romana que todos conocemos (Zeus, Afrodita, Apolo y otros). La mayoría de ellos tenían templos en su honor, y a la gente se le invitaba a participar en diversas festividades y prácticas para ganarse el favor del dios o para celebrar sus dones. Parece que algunas personas del imperio habían tomado esto muy en serio y literalmente. Para otros, las prácticas aparentemente religiosas eran más experiencias sociales y simbólicas, algo parecido a la gente moderna que celebra la Navidad con rituales diseñados en torno a la historia de Santa Claus. De esa manera, cuando los paganos romanos se convertían al cristianismo, había algunas preguntas en cuanto a si las prácticas puramente sociales relacionadas con la mitología romana eran incompatibles con su fe nueva. Algunos cristianos romanos no veían nada malo con celebrar los festivales tradicionales inspirados por las historias de dioses míticos, que ellos sabían que no eran reales. Otros cristianos (como la mayoría de los judíos) veían eso como un acomodo terrible.
paganos: gentiles no convertidos, los judíos y los cristianos frecuentemente los relacionaban con la idolatría, el politeísmo, las creencias religiosas erradas y un estilo de vida inmoral.
Algo similar probablemente se aplicaba a la adoración del emperador. A los emperadores romanos frecuentemente se les identificaba como figuras divinas a quienes se les debía un honor apropiado. En la piedad popular, a los emperadores se les atribuían diversos milagros y beneficios divinos. Sin embargo, aparte de esto, ninguna «religión» real se desarrolló alrededor de los emperadores: lo que los judíos y cristianos consideraban como «adoración» de los emperadores, la mayoría de los romanos lo veían como simples actos de patriotismo (similar a jurarle lealtad a una bandera). Los romanos rara vez entendieron por qué los cristianos se rehusaban a darle semejante honor al César.
El mundo romano también exhibió una amplia variedad de sectas que los eruditos modernos identifican como «religiones de misterio». Estas se desarrollaban alrededor de dioses y diosas de diversas mitologías: Demetrio, Dionisio, Orfeo, Cibeles, Astarté (Ishtar) y Artemisa (Diana) eran particularmente populares. Diferían una de la otra, pero siempre implicaban participación en ritos secretos como lavamientos rituales, comidas comunes y, a veces, ritos sexuales relacionados con las preocupaciones de fertilidad (de cosechas o de humanos). El conocimiento secreto que se obtenía permitía a los devotos afianzarse con el dios o la diosa en esta vida y establecer una conexión íntima que continuaría en el mundo más allá de la muerte. Sabemos que estas religiones eran populares, pero sabemos poco de ellas porque sus practicantes deliberadamente mantuvieron sus ideas y prácticas en secreto. Los reportes que sí tenemos podrían ser relatos hiperbólicos con base en la especulación y el rumor. Después de todo, algunos romanos consideraban el cristianismo como una religión de misterio cuando apareció por primera vez, y los primeros relatos en cuanto a la adoración cristiana incluyen acusaciones de orgías y canibalismo, probablemente porque los cristianos llamaban a su comida eucarística «banquete de amor», y hablaban de «comer el cuerpo de Cristo».
fertilidad: la habilidad de producir descendencia; se usa con los humanos capaces de concebir hijos, o con los campos capaces de producir cosechas.
eucaristía: de una palabra griega que significa «acción de gracias»; la comida ritual que practican los cristianos de una manera que conmemora la última cena con sus discípulos; también llamada «Santa Cena» y «Sagrada Comunión».
Finalmente, podría ser útil mencionar unas cuantas otras áreas de interés espiritual que estaban tan generalizadas en el mundo del Nuevo Testamento, que no es necesario relacionarlas con alguna religión en particular.
El animismo
Había una creencia generalizada en la existencia de espíritus, buenos y malos, y en la posibilidad de que estos espíritus pudieran poseer personas y animales. También podían morar en rocas, en árboles, en ríos y en otros fenómenos. La percepción común era que esos espíritus interactuaban con el mundo de la naturaleza, por ejemplo, las tormentas del mar eran ocasionadas por los espíritus del agua; las enfermedades eran ocasionadas por posesiones demoníacas. Como resultado de esas creencias, la gente de todas las clases sociales frecuentemente se ponía amuletos protectores, y se usaban pociones mágicas y hechizos para influir en o manipular a los espíritus para que hicieran la voluntad de uno. Parece que la ciudad de Éfeso había sido un centro de esas artes mágicas (véase Hch. 19:11-21). En este mismo sentido, debemos observar que prácticamente todos en el mundo del Nuevo Testamento creían en fantasmas (los espíritus de los difuntos); algunos trataban de contactarlos.
Figura 1.2. Animismo. En el mundo romano, comúnmente se creía que los espíritus habitaban en los árboles, las rocas, los ríos y en otros fenómenos naturales. (Bridgeman Images)
El agüero y la adivinación
Había gran interés en saber el futuro: los sueños, las visiones y otros portentos podían revelar el futuro, pero podría ser necesario un intérprete para saber su significado. Los sacerdotes conocidos como agoreros trataban de determinar la voluntad de los dioses al observar los patrones de vuelo o los hábitos para comer de las aves (los «agüeros»). Los oráculos profesionales, generalmente mujeres, afirmaban tener la capacidad de predecir el futuro a los que los buscaban (y realizaban los servicios requeridos). Los más famosos estaban en Delfos, Grecia. También se practicaba la astrología, que daba predicciones del futuro (y consejo relacionado para el presente) con base en la observación de las estrellas, que eran consideradas deidades que afectaban los acontecimientos terrenales.
adivinación: cualquier práctica usada para discernir la voluntad de los seres divinos o para predecir el futuro.
oráculo: la persona, generalmente femenina, capaz de recibir mensajes de los dioses, como respuesta a solicitudes particulares, incluso preguntas acerca del futuro; el término también se usa para el lugar donde se dan esos mensajes, y para el mensaje en sí.
El sobrenaturalismo
Había una aceptación común, entre la mayoría de la gente del mundo romano, de que lo que podríamos considerar acontecimientos sobrenaturales podrían ocurrir y ocurrían: lo que nosotros consideramos imposible, ellos lo consideraban extraordinario. Los milagros con frecuencia se atribuían a personas que parecían tener un vínculo especialmente estrecho con el reino espiritual; a la persona que se creía que tenía ese vínculo la llamaban theios anēr («hombre divino»). Ejemplos de esos «hombres divinos» serían Honi, el Dibujante de Círculos (un maestro judío del siglo I a. e. c.) y Apolonio de Tyana (un filósofo griego el siglo I e. c.). A Jesús, que vivió en medio de las vidas de estas dos personas, sin duda los romanos, que habían escuchado las historias de milagros que se reportan en el Nuevo Testamento, lo habrían considerado un theios anēr. Interesantemente, en tanto que era más probable que a las mujeres se les considerara oráculos que podían predecir el futuro, la mayoría de los hacedores de milagros eran hombres.
En el horizonte: El gnosticismo
Uno de los acontecimientos más significativos para el cristianismo del siglo II fue el surgimiento del gnosticismo, el movimiento religioso o perspectiva que atrajo a muchos cristianos y llegó a ser el azote de muchos líderes eclesiásticos prominentes, que buscaban defender la fe ortodoxa de lo que ellos llamaban la «herejía gnóstica». Es difícil definir el gnosticismo porque, como fenómeno religioso e ideológico, tomó varias formas y tuvo muchas expresiones distintas (por ejemplo, piense en lo difícil que sería definir exactamente lo que se quiere decir con la religión o filosofía de la «nueva era» hoy día). El gnosticismo también demostró una capacidad extraordinaria para la integración con religiones y filosofías distintas: había judíos gnósticos, cristianos gnósticos y paganos gnósticos. Sin embargo, en última instancia, el matrimonio del gnosticismo con el cristianismo demostró ser especialmente efectivo, y a lo largo de los siglos II, III y IV, las versiones gnósticas del cristianismo constituyeron las alternativas principales para lo que generalmente consideramos cristianismo «convencional». Había cientos de iglesias cristianas gnósticas, completas con su propio clero, obispos, liturgias y todos los demás accesorios de cualquier sistema religioso organizado. Los gnósticos también escribían sus propios evangelios, que contaban historias de Jesús de maneras que reflejaban sus intereses particulares y luego les ponían una fecha anterior a los libros, atribuyéndoselos a los discípulos de Jesús o a conocidos cercanos. En Egipto se descubrió una biblioteca de escritos gnósticos, en Nag Hammadi en 1945, y la disponibilidad de esa literatura ha realzado grandemente nuestra comprensión de la diversidad cristiana.
herejía: falsa enseñanza, o enseñanza que no se conforma a los estándares de una comunidad religiosa.
Todas las expresiones diversas del pensamiento gnóstico se derivan de una actitud realmente dualista, que considera el «espíritu» como fundamentalmente bueno y la «materia» como fundamentalmente mala. De esa manera, el mundo físico en general y los cuerpos humanos individuales en particular, se entiende que son prisiones materiales en las que las almas o espíritus divinos han estado atrapados. La forma más predominante de gnosticismo conocida para nosotros sostenía que el mundo fue creado por un dios malo, o por lo menos inferior, conocido como el demiurgo. Los seres humanos son básicamente espíritus eternos, que fueron capturados por el demiurgo y ahora están confinados en cuerpos de carne, en un mundo de materia. Los cristianos gnósticos creían que Cristo había venido como un redentor espiritual (disfrazado como ser humano) a impartir conocimiento secreto (griego, gnōsis). Este conocimiento permite que los iluminados sean liberados de su existencia material y que se den cuenta de su verdadera identidad como seres espirituales. Las implicaciones de semejante sistema de fe para la vida en este mundo variaban drásticamente. Muchos gnósticos (probablemente la mayoría) sostenían que la liberación de la carne implicaba la renuncia a los placeres corporales y a los intereses materiales: estimulaban la virginidad, el celibato, el ayuno, las dietas estrictas y otros aspectos de un estilo de vida asceta y austero, que les permitiría llegar a ser más espirituales. Pero otros gnósticos llegaron a la conclusión opuesta: participaban libremente en toda forma de excesos libertinos debido a que ya que el espíritu es todo lo que importa, lo que uno hace con la carne es completamente irrelevante.
dualismo: la tendencia de separar los fenómenos en categorías notablemente opuestas, con poco espacio para algo en medio (p. ej., considerarlo todo ya sea como «bueno» o «malo»).
asceta: estricto o severo religiosamente, especialmente en cuanto a la abnegación o renuncia de los placeres mundanos.
Tenemos que hacer énfasis en que el gnosticismo parece ser un acontecimiento de los siglos II, III y IV; no hay prueba de que el movimiento como tal tuviera alguna adherencia en la época en la que se reporta que ocurrieron los eventos en el Nuevo Testamento, ni cuando se estaban escribiendo los libros del Nuevo Testamento. No obstante, los eruditos históricos no piensan que un movimiento como este simplemente haya aparecido totalmente formado a mediados del siglo II; la suposición es que, las ideas y tendencias que definirían posteriormente al gnosticismo tuvieron que haber estado presentes antes. De esa manera, ha llegado a ser común para los eruditos del Nuevo Testamento hablar de un «protognosticismo» casi invisible y mayormente no identificado, como parte del ambiente que constituyó el mundo del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo escribe de la distinción entre «lo que es de la carne» y «lo que es del espíritu» (Ro. 8:4-13; Gá. 5:16-26; 6:8). El Evangelio de Juan y las cartas juaninas resaltan que Jesús no era solamente un ser espiritual, sino más bien un hombre con cuerpo de carne real (Jn. 1:14; 1 Jn. 4:2). Los textos como estos (hay muchos más) parecen indicar que el gnosticismo estaba «en el horizonte»: la gente ya pensaba en las clases de cosas que el gnosticismo buscaría tratar, a veces de maneras que eran compatibles con los documentos del Nuevo Testamento, y otras veces de maneras que eran radicalmente distintas a esos escritos.
Sistemas sociales y valores culturales
Entender el mundo del Nuevo Testamento también implica llegar a conocer la mentalidad de la gente para quienes se escribieron estos documentos originalmente. En los años recientes, la erudición del Nuevo Testamento ha llegado a ponerle más atención a identificar los códigos sociales no escritos de ese mundo, asuntos que pueden haber sido tan penetrantes que simplemente podrían haberse dado por sentados. Algunos de estos temas se discutirán con más detalles en los capítulos siguientes. No obstante, unos cuantos merecen mencionarse aquí.
La riqueza y la pobreza
El Imperio romano se caracterizó por una desigualdad económica grotesca. No había nada comparado a lo que nosotros llamaríamos «clase media»; mayormente, la gente era sumamente rica (como el tres por ciento de la población) o sumamente pobre (como el noventa por ciento). La mayoría de los que pertenecían al segundo grupo vivían en o cerca del nivel de subsistencia, y ganaban precisamente lo suficiente para sobrevivir, con poca esperanza de ahorrar algo que les permitiera mejorar su condición o que los protegiera de la miseria. Las más afortunadas de estas personas empobrecidas por lo menos podían aprender un oficio (como aparentemente fue el caso de Jesús, sus discípulos y el apóstol Pablo), pero para mucha gente de las áreas rurales, «subsistencia» significaba vivir de la tierra, por lo que la vida estaba sujeta a las vicisitudes de la agricultura. De esa manera, para los menos afortunados, los mendigos, las viudas, los huérfanos, los presos, los jornaleros no calificados, la sobrevivencia en sí frecuentemente pudo haber estado en duda. Los cálculos modernos sugieren que, alrededor del veintiocho por ciento de la población del Imperio romano durante el tiempo del Nuevo Testamento vivía por debajo del nivel de subsistencia, lo que significa que esa gente no sabía de un día a otro si sería capaz de obtener las cosas necesarias para vivir.
Dados los extremos de semejante situación, las actitudes hacia la riqueza y la pobreza eran una parte importante del mundo social. Algunas personas religiosas de la época de Jesús creían que la riqueza podía verse como una señal de la bendición de Dios, y que la pobreza podía entenderse como una consecuencia de la desaprobación de Dios. Sin embargo, es difícil saber cuán generalizada era esa noción. Lo que parece más acertado es que prácticamente todos en ese tiempo se aferraban a lo que ahora se llama la teoría del «bien limitado». La gente creía que el dinero y las cosas que el dinero puede comprar eran escasos (o por lo menos finitos); la percepción común, en total contraste al capitalismo moderno, era que la adquisición de riqueza o recursos por algunos precisaba del agotamiento de riqueza o recursos para otros. Para decirlo de forma sencilla, prácticamente todos en la época del Nuevo Testamento creían que solamente había una cantidad determinada de «cosas» para todos, y que algunas personas tenían menos de lo que necesitaban porque otras personas tenían más de lo que necesitaban.
Patrocinio y lealtad
La sociedad romana (en Palestina y en todas las demás partes) funcionaba de acuerdo a expectativas fuertes en cuanto a la beneficencia y la obligación. Al nivel más simple, el intercambio de favores era prácticamente definitivo en los amigos. Los «amigos» eran personas que hacían cosas los unos por los otros y, aunque no se suponía que nadie llevara la cuenta, la ayuda y el apoyo tenían que ser mutuos a largo plazo, si no, la amistad se rompería. Sin embargo, a otro nivel, casi toda la gente estaba involucrada en las relaciones de patrón-cliente, con gente que no era similar socialmente. Muy pocas personas tenían dinero o poder, pero se esperaba que quienes los tuvieran fueran benefactores de los que no los tuviesen. Por ejemplo, los ricos podían permitir que los campesinos vivieran en su tierra o les daban comida, granos o empleo. En términos sociológicos, a esos benefactores se les llama «patrones» y a los recipientes se les llama «clientes». En esa relación, el intercambio de favores no podía ser mutuo, pero se esperaba que los clientes dieran a su patrón lo que podían: gratitud y, por encima de todo, lealtad.
relación patrón-cliente: el sistema social según el cual la gente con poder es benefactora de los que carecen de poder, de quienes se espera que respondan con gratitud, servicio y lealtad.
Se esperaba que alabaran a su patrón, que hablaran bien de él y que realzaran su reputación social. Se esperaba que confiaran en que su patrón seguiría proveyéndoles. Y, cuando fuera necesario, se esperaba que prestaran varios servicios que el patrón pudiera requerirles. Esas relaciones no estaban constituidas legalmente, pero a un nivel básico, representaban la forma en la cual la mayoría de la gente pensaba que el mundo debía funcionar y, en efecto, la manera en que funcionaba.
Las relaciones de patrón-cliente formarían un escenario significativo para el desarrollo de la teología cristiana. El término que se usaba más frecuentemente para la concesión de beneficios del patrón es charis (que típicamente se traduce como «gracia» en el Nuevo Testamento), y el término que frecuentemente se usaba para la actitud de lealtad hacia el patrón, que se esperaba del cliente, es pistis (que frecuentemente se traduce como «fe» en el Nuevo Testamento). De esa manera, el fenómeno de las relaciones patrón-cliente parece que ha servido como una analogía severa para los encuentros divino-humanos, en los cuales los elementos constitutivos son gracia y fe: Dios da a la gente gratuita y generosamente (gracia), y esto despierta dentro de la gente una respuesta apropiada de confianza, devoción y disposición a servir (fe).
Honor y vergüenza
El valor social crucial del mundo del Nuevo Testamento (entre los griegos, romanos, judíos y todos los demás) era el honor, es decir, la condición que uno tiene ante las personas cuya opinión uno considera importante. Hasta cierto punto, el honor se asignaba por medio de factores que estaban más allá del control de la persona: la edad, el sexo, la nacionalidad, la etnicidad, la altura, la salud física, la clase económica y cosas similares podían establecer ciertos parámetros que definían los límites de cuánto honor uno podía esperar obtener. Sin embargo, de acuerdo a esos parámetros, muchas cosas podían incrementar el honor de alguien (la piedad religiosa, el valor, el comportamiento virtuoso, una disposición agradable o caritativa, etc.), y muchas cosas podían precipitar la pérdida de honor o incluso ocasionar lo opuesto: la vergüenza.
Semejante sistema de valores puede no parecernos extraño, porque incluso en la sociedad moderna occidental a todos les gusta recibir honor y nadie quiere ser avergonzado. Sin embargo, la diferencia podría ser de magnitud: el mundo del Nuevo Testamento era un mundo en el cual el honor debía valorarse por encima de todo lo demás, y la vergüenza debía evitarse a toda costa. Por ejemplo, la gente quería ser adinerada, no principalmente porque la riqueza les permitiera vivir con lujos, sino porque casi todos creían que era honorable tener dinero para gastar. De igual manera, era vergonzoso ser necesitado; Ben Sira, un prominente maestro judío del período del Segundo Templo enseñaba que «es mejor morir que mendigar» (Sir. 40:28). Él decía eso no porque mendigar fuera inmoral o pecaminoso, sino porque era deshonroso y no valía la pena vivir la vida sin honor. Todos en el tiempo de Jesús (incluso los mendigos) probablemente creían eso.
El lenguaje de honor y vergüenza se encuentra en todo el Nuevo Testamento. Algunas voces del Nuevo Testamento se aprovechan del lenguaje para presentar la fidelidad como un camino para alcanzar el honor y evitar la vergüenza (1 P. 1:7; 2:6). Otras voces buscan anular la sabiduría convencional en cuanto a cómo se aplican estos valores y afirman, por ejemplo, que es más honorable comportarse como siervo que tratar con prepotencia a otros como una persona de poder y privilegio (Mr. 10:42-43; cf. Lc. 14:7-11). Y algunos documentos del Nuevo Testamento repudian totalmente la obsesión con el honor y apelan a los lectores a desarrollar un nuevo sistema de valores definido por Cristo, que no buscó honor ni gloria, sino más bien llevó la vergüenza de la cruz (He. 12:2).
La vida bajo el gobierno romano
¿Cómo era la vida bajo el gobierno romano? Por un lado, los romanos eran excelentes en la administración, y muchas cosas probablemente funcionaban de mejor manera bajo su control que lo que habría sido de otra manera. Ellos despejaron el mar de piratas, construyeron acueductos y caminos, mantuvieron el crimen a un mínimo y dieron muchas oportunidades de empleo. La extensión del Imperio romano, y su estabilidad básica, llevó al mundo a una unidad sin precedentes, un fenómeno que a veces se le llama la Pax Romana. El comercio fluía más libremente que nunca antes, y tanto los viajes como las comunicaciones (p. ej., el envío de cartas) llegó a ser relativamente fácil, un factor esencial para el rápido esparcimiento del cristianismo.
Sin embargo, en Palestina estos beneficios llegaron a un precio muy alto. Primero, la carga de impuestos parece haber sido increíblemente opresora, que introducía a la mayoría de la gente a la pobreza y la mantenía allí. En efecto, se ha estimado que, en la era del Nuevo Testamento, entre un cuarto y un tercio de toda la gente del Imperio romano eran esclavos (véase el cuadro 23.2). Algunas personas, de hecho, llegaron a ser esclavas voluntariamente, con la esperanza de mejorar su suerte (por lo menos entonces tendrían alimentos). Segundo, el pueblo judío (incluso los que no eran en efecto esclavos) sabía que no era libre, y ese conocimiento era una afrenta a su honor nacional y sentimiento religioso. Había soldados en todas partes, que les recordaban que eran un pueblo conquistado. A los judíos se les permitía practicar su religión oficialmente, pero Israel tenía una tradición antigua de profetas que criticaban severamente las injusticias y exponían las trampas de los poderosos, y a los romanos no les gustaba esa clase de cosas (como lo descubrió Juan el Bautista). Lo que se permitía era una clase de religión inofensiva que no enfadara ni desafiara a las autoridades.
Varias fuentes antiguas indican que Palestina llegó a ser cada vez más inestable en la segunda mitad del siglo I (después del tiempo de Herodes Agripa I). Los apasionados judíos rebeldes, conocidos como zelotes, finalmente, dirigieron una guerra directa en contra de Roma (66-73 e. c.) que tuvo consecuencias desastrosas para el pueblo judío. La ciudad de Jerusalén fue conquistada y el templo destruido en 70 e. c. Alrededor de sesenta años más tarde, una segunda revuelta judía, dirigida por Simón ben Kosiba, popularmente conocido como Bar Kojba, también fue reprimida despiadadamente. Después de eso, bajo pena de muerte, a ningún judío se le permitía entrar a lo que alguna vez había sido Jerusalén.
No sabemos con seguridad qué le pasó a la iglesia cristiana en Palestina, pero el foco de atención para el creciente movimiento cristiano cambió de Jerusalén a lugares como Éfeso, Antioquía y Roma. Eso se debió principalmente al éxito de misioneros como Pablo en llevar el evangelio a grandes cantidades de gentiles. En esas áreas, los cristianos a veces se topaban con hostilidad de los vecinos judíos que habían llegado a ver la fe nueva como una aberración o religión falsa (véase 1 Ts. 2:14). Sin embargo, los romanos siempre eran la mayor amenaza, y su hostilidad llegó a su clímax bajo el emperador Nerón, que inició en Roma la primera persecución manifiesta de cristianos, patrocinada por el gobierno en la década de los años sesenta, una purga horripilante en la que Pedro, Pablo y un gran número de otros fueron martirizados.
Al inicio del siglo II, casi todos los libros del Nuevo Testamento se habían escrito, incluso los Evangelios y todas las cartas de Pablo. Para ese tiempo, los romanos habían llegado a considerar al cristianismo y al judaísmo como religiones separadas, y la primera entonces se consideró una innovación no autorizada y fue declarada ilegal oficialmente. Obtenemos una buena imagen de lo que eso significó en la práctica, con un conjunto de cartas enviadas por el gobernador romano Plinio al emperador Trajano, alrededor del año 112. La política general era una estrategia de «no pregunte, no lo diga»: a los cristianos no se les buscaba, pero cuando llegaban a la atención de un gobernante, serían torturados y asesinados, a menos que renunciaran a su fe e hicieran sacrificios a los dioses romanos (véase el cuadro 26.6).
Cuadro 1.2
¿La paz de quién?
La Pax Romana fue establecida por medio de la conquista. Calgaco, un líder caledonio de una de las naciones derrotadas en este extremo afirmó amargamente: «Ellos crean desolación y la llaman paz» (Tácito, Agrícola 30).
Conclusión
Los documentos del Nuevo Testamento son escritos cargados de valor que critican los estándares culturales del mundo en el que se produjeron. Se evalúa tanto el sistema social romano como el judío, a veces de una forma positiva, a veces de una forma negativa. Por ejemplo, a medida que nos abrimos paso a través de estos escritos, encontramos una crítica bien sustentada del imperialismo romano. La perspectiva no es totalmente negativa, había beneficios en el sistema romano. Aun así, aunque no siempre se afirma directamente, uno no tiene que ver mucho para darse cuenta de que la mayoría de los autores del Nuevo Testamento por lo menos desconfían de la Pax Romana: la paz mundial es buena, ¿pero a qué costo se ha obtenido, y a qué costo se mantiene?
No debería sorprender descubrir que los teólogos modernos han buscado aplicar estas críticas al mundo en el que vivimos ahora. Las feministas desafían el statu quo de la supremacía masculina, y los teólogos de la liberación critican el proceso del «colonialismo» por el que los poderes europeos imponen sus sistemas políticos y religiosos en las naciones en desarrollo. En el siglo XXI, algunos teólogos hablarían en tono crítico de la Pax Americana o incluso de la Pax Cristiana, según la cual, la paz relativa se puede conservar por medio del dominio de un sistema político, cultural o religioso, y, por supuesto, los escritos del Nuevo Testamento se mencionan en esas discusiones. Sin embargo, como lo veremos, esos documentos no hablan unilateralmente, y la gente con ideas sociopolíticas distintas frecuentemente es capaz de encontrar apoyo a su postura preferida en los comentarios que se dan en uno u otro de los libros del Nuevo Testamento. Pero incluso cuando hay falta de claridad en cuanto a la aplicación de los valores del Nuevo Testamento a nuestro mundo moderno, las preguntas siempre salen a luz: ¿A qué costo se han obtenido los beneficios de la sociedad moderna? ¿Y a qué costo se mantienen?
teología de la liberación: un movimiento en la teología cristiana, desarrollado principalmente por católicos romanos latinoamericanos del siglo XX, que hace énfasis en la liberación de la opresión social, política y económica, como anticipación de la salvación final.

Michael O’Neill McGrath
2
Contexto del Nuevo Testamento
El mundo judío
El Nuevo Testamento cuenta una historia que ya está en progreso. Asume que sus lectores conocen el material que constituye lo que los cristianos llaman el «Antiguo Testamento», y también se espera que sepan lo que le ocurrió al pueblo judío en los años intermedios, desde que esos libros se escribieron.
Intentemos hacer un ejercicio rápido. Mire la siguiente lista de palabras y trate de adivinar lo que todas tienen en común, en realidad son dos cosas:
Bautismo
Centurión
Crucifixión
Denario
Diablo
Exorcismo
Gentil
Infierno
Judío
Mesías
Parábola
Fariseo
Rabino
Romano
Saduceo
Samaritano
Sinagoga
Cobrador de impuestos
¿Qué tienen en común estas palabras?
•Primero, todas ellas designan fenómenos comunes que se mencionan frecuentemente en el Nuevo Testamento.
•Segundo, designan fenómenos poco comunes que se mencionan con poca frecuencia (si acaso se mencionan) en el Antiguo Testamento.
Claramente, mucho ha cambiado en lo que ampliamente podría llamarse «el mundo bíblico». Los israelitas del Antiguo Testamento han llegado a ser judíos del Nuevo Testamento, y mucho les ha ocurrido a ellos y al mundo en el que viven.
La historia hasta aquí
El Antiguo Testamento cuenta la historia de un pueblo que se identifica a sí mismo como el escogido de Dios. Su historia como pueblo comenzó con la elección de Dios de Abraham y Sara, y con la decisión de Dios de tener una relación especial con todos sus descendientes. Esos descendientes estaban organizados en doce tribus, pero se les conocía colectivamente como los hijos de Israel. Ellos tuvieron que soportar años difíciles de esclavitud en Egipto, pero Dios llamó a Moisés para liberarlos, darles la Torá (las instrucciones de cómo debe vivir el pueblo de Dios) y llevarlos a la tierra prometida (una región que los romanos más tarde llamarían Palestina). Allí, llegaron a ser una nación importante que alcanzó su punto más alto bajo el reinado del rey David, alrededor de 1000 a. e. c. Construyeron un templo espléndido, pero los siglos posteriores fueron marcados por la división y la decadencia.
En 587 a. e. c., los babilonios conquistaron la ciudad capital de Jerusalén, destruyeron el templo y se llevaron a la población al exilio. Cincuenta años después, Ciro de Persia permitió que el pueblo (ahora llamados judíos) regresara y construyera un templo nuevo, que fue dedicado en 515 a. e. c. y mucho tiempo después destruido por los romanos en 70 e. c. De esa manera, al período de historia judía de 515 a. e. c. a 70 e. c. se le llama el período del Segundo Templo. Se le subdivide en cuatro períodos más:
El período persa (ca. 537-332 a. e. c.)
A lo largo de este período, la nación judía fue gobernada por sacerdotes, con interferencia mínima de los reyes persas. Fue en este tiempo que las sinagogas surgieron como lugares importantes para la enseñanza y la adoración. Los judíos llegaron a enfocarse cada vez más en la fidelidad a la Torá como distintivo de su religión.
helenista: afectado por el helenismo, es decir, la influencia de la cultura, costumbres, filosofía y modos de pensamiento griegos y romanos. Por ejemplo, se decía que la gente judía estaba «helenizada» cuando adoptaba las costumbres grecorromanas o llegaba a creer proposiciones derivadas de la filosofía griega.
El período helenístico (ca. 332-167 a. e. c.)
Con las conquistas de Alejandro el Grande, Palestina estuvo bajo el control griego; después de la muerte de Alejandro, Palestina primero llegó a ser parte del impero de los ptolomeos, cuyo poder se centró en Egipto (320-198 a. e. c.). Luego llegó a ser parte del imperio de los seléucidas, cuyo poder se centró en Siria (198-167 a. e. c.). Uno de los gobernantes seléucidas, Antíoco IV Epífanes (175-164 a. e. c.) quiso exterminar la religión judía infligiendo atrocidades horribles a cualquiera que profesara o practicara la fe.
El período asmoneo (167-63 a. e. c.)
Los rebeldes judíos apodados «macabeos» («martillos») dirigieron una revuelta en contra de Antíoco y ganaron la independencia. El templo (profanado por Antíoco) fue dedicado nuevamente en un acontecimiento que llegaría a ser conmemorado durante el Festival de Janucá. Los macabeos establecieron un estado judío gobernado por la dinastía asmonea («asmonea» es el apellido oficial de los líderes de los macabeos). Las sectas judías, incluso las que con el tiempo llegarían a ser conocidas como «fariseos» y «saduceos», surgieron en esta época.
Janucá: festival judío de ocho días que conmemora la rededicación del templo judío en 164 a. e. c., después de que lo hubiera profanado Antíoco Epífanes; también se le llama «Fiesta de la Dedicación» y «Fiesta de las Luces».
El período romano (63 a. e. c.-70 e. c.)
La guerra civil entre los asmoneos dejó al estado judío listo para la conquista del creciente Imperio romano. El general romano Pompeyo anexó el territorio sin mucho empeño en 63 a. e. c., y Palestina permanecería bajo el gobierno romano hasta el final del período del Segundo Templo, y más adelante.
La gente de Palestina en el tiempo de Jesús
Durante la vida de Jesús, la población de Palestina era increíblemente diversa. Incluso entre el pueblo judío no había un solo y unificado sistema de fe ni de prácticas. Aun así, había ciertas cosas que casi toda la gente judía creía: solo hay un Dios, y este Dios los había escogido para que fueran un pueblo elegido y santo, distinto a todos los demás pueblos o naciones de la tierra; también, Dios había hecho un pacto con ellos y les había dado la Torá. Por consiguiente, ellos vivían de maneras que los apartaban de los que no eran el pueblo de Dios: practicaban la circuncisión, guardaban el sábado, tenían restricciones alimenticias y se comprometían a ciertos estándares morales (p. ej., los Diez Mandamientos). Sin embargo, además de ese conocimiento básico, el pueblo judío en la época de Jesús era bastante diverso. Y, por supuesto, no todos en Palestina eran judíos (véase Mt. 15:21-28; Lc. 3:14; Jn. 4:5-9).
Torá: la ley de Moisés, como se encuentra en el Pentateuco; o, frecuentemente, sinónimo de «Pentateuco» (refiriéndose, entonces, a los primeros cinco libros de la Biblia hebrea).
Cuadro 2.1
Cronología básica del Nuevo Testamento
| 63 a. e. c. | Pompeyo conquista Jerusalén para Roma |
| ca. 6-4 a. e. c. | Nacimiento de Jesús |
| ca. 30-33 e. c. | Crucifixión de Jesús |
| ca. 32-36 e. c. | Pablo llega a ser seguidor de Cristo |
| ca. 46-65 e. c. | Los viajes misioneros de Pablo y su encarcelamiento (como se registra en Hechos); las cartas de Pablo se escriben en este período |
| ca. 62-65 e. c. | El martirio de Pedro y Pablo en Roma |
| ca. 65-73 e. c. | Se escribe el Evangelio de Marcos |
| 66 e. c. | Estalla la guerra judía en Roma |
| 70 e. c. | Destrucción del templo de Jerusalén |
| 73 e. c. | Caída de Masada, final definitivo de la guerra judía |
| ca. 80-100 e. c. | Se escriben otros libros del Nuevo Testamento: Mateo, Lucas, Juan, Hechos y las cartas de la «segunda generación» por seguidores de los apóstoles originales |

Figura 2.1. Galilea hoy día. La tierra en la que Jesús vivió sigue siendo un entorno exuberante y mayormente rural. El edificio octagonal cerca del centro de esta foto es una iglesia que se construyó sobre la casa que se dice que le perteneció a Pedro, uno de los discípulos de Jesús (Mt. 8:14). Justo a la derecha de la estructura están los restos de una sinagoga, en el lugar que Jesús enseñó y llevó a cabo un exorcismo (Mr. 1:21-27). (Todd Bolen / BiblePlaces.com)
Hagamos un estudio rápido de algunas personas que conoceremos en el mundo del Nuevo Testamento en Palestina.
Los fariseos
Los fariseos pueden ser la más conocida de las sectas judías para los lectores del Nuevo Testamento. En muchas historias de los Evangelios, ellos son los oponentes de Jesús, y frecuentemente se les representa como legalistas de mente cerrada (Mt. 23:23-24) o, incluso, como hipócritas que no siguen sus propias enseñanzas (Mt. 23:3). Sin embargo, esta forma de percibirlos estaría incompleta (en el mejor de los casos), pues representa una evaluación hostil de cómo los cristianos (que llegaron a ser sus competidores religiosos) creían que algunos fariseos se comportaban algunas veces. En un sentido más amplio, a los fariseos se les conocía por hacer énfasis en la fidelidad a la Torá, que incluía el estudio de las Escrituras y la obediencia a las demandas de Dios. Ellos eran los judíos que fundaron sinagogas en toda la tierra y estimulaban a cada persona judía a participar en la oración, el estudio bíblico y la adoración regular.
Cuadro 2.2
El Shemá
«Escucha, Israel: El SEÑOR nuestro Dios es el único SEÑOR. Ama al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas».
En la época de Jesús, como en la nuestra, el Shemá era la oración central del judaísmo y se recitaba todos los días. Procede de Deuteronomio 6:4-5, aunque las versiones posteriores agregaban un refrán litúrgico y versículos adicionales de Deuteronomio 6:5-9; 11:13-21; Números 15:37-41. Shemá es la palabra hebrea para «¡Escucha!».
Los fariseos también le atribuían una categoría autoritativa a un material oral conocido como «la tradición de los ancianos» (véase Mt. 15:2), que con el tiempo llegó a estar codificado dentro del judaísmo como la Misná (parte del Talmud). Parece que sus interpretaciones de la ley fueron impulsadas por una convicción de que todo el pueblo de Dios debe vivir con una santidad suprema. Exhortaban a los laicos a seguir en sus vidas diarias las mismas reglas de pureza que se esperaban de los sacerdotes que servían en el templo; la idea era que (en cierto sentido) cada casa era un templo, cada mesa era un altar y cada hombre era un sacerdote. Por ejemplo, los fariseos y sus seguidores practicaban el lavamiento de manos que originalmente estaba diseñado para el servicio en el templo, antes de ingerir cualquier comida (véase Mt. 15:2; cf. Mr. 7:3-4).
Misná: colección de discusiones rabínicas en cuanto a la interpretación de la ley de Moisés; la Misná forma una parte importante del Talmud judío.
Talmud: colección de sesenta y tres libros (incluso la Misná) que contiene la ley judía civil y canónica, con base en las interpretaciones de las Escrituras.
Parece que muchos fariseos habían sido escribas, y es posible que algunas referencias del Nuevo Testamento a «los escribas» se refieran a los escribas que eran fariseos (cf. Mr. 2:16; Lc. 5:30; Hch. 23:9). Lo mismo probablemente sea cierto de los «intérpretes de la ley» de quienes nos enteramos de vez en cuando (cf. Mt. 22:35; Lc. 11:45); ellos eran expertos en la ley (es decir, Torá) y de esa manera probablemente fueran fariseos. Muchos fariseos eran líderes de sinagoga, y a algunos se les decía «rabinos», es decir, maestros (cf. Mt. 23:6-8). Jesús (a quien también se le llamaba «rabí») probablemente tuviera más en común con los fariseos que con cualquier otro grupo judío de su época, lo cual podría explicar por qué la mayoría de sus argumentos fueron con ellos: tenían lo suficiente en común como para hacer posible un debate. El apóstol Pablo fue educado como fariseo y siguió considerándose fariseo, incluso después de que llegara a ser misionero para Cristo (véase Fil. 3:5).
ley: «la ley de Moisés» o cualquier regulación que el pueblo judío entendía que delineaba la fidelidad a Dios en relación con el pacto que Dios había hecho con Israel.
Los saduceos
Los saduceos probablemente hayan sido el grupo judío más poderoso de la época. Son menos prominentes en nuestras historias de los Evangelios porque parece que ellos estaban centrados en Jerusalén, y Jesús pasa la mayor parte de su tiempo en Galilea (pero véase Mr. 12:18-23). Parece que ellos controlaban el sistema del templo y frecuentemente dominaban el Sanedrín, el organismo rector judío. El sumo sacerdote y los sacerdotes principales, de quienes nos enteramos en el Nuevo Testamento, probablemente hayan sido saduceos. Los fariseos y los saduceos eran capaces de cooperar entre sí en asuntos de interés común, pero estaban divididos por una variedad de asuntos teológicos y políticos. Por ejemplo, se dice que los saduceos no creían en la vida después de la muerte y que eran escépticos de las historias no bíblicas en cuanto a los ángeles y demonios. Solamente consideraban el Pentateuco (los primeros cinco libros de nuestro Antiguo Testamento) como Escrituras sagradas y veían los demás libros, que los judíos y cristianos ahora consideran Escrituras, simplemente como escritos religiosos.
sacerdotes: en el judaísmo del Segundo Templo, la gente autorizada para supervisar el sistema sacrificial en el templo de Jerusalén; estrechamente relacionados con los saduceos.
En tanto que los fariseos eran maestros que hacían énfasis en la Torá y las sinagogas, parece que los saduceos estaban más dispuestos que los fariseos a acomodarse en cuanto a asuntos políticos, siempre y cuando el templo y el sistema sacrificial pudieran continuar sin cesar. (Para una comparación de los fariseos y los saduceos entre sí, véase el cuadro 2.3; véase también la historia en Hch. 23:6-9.)
Cuadro 2.3
Los fariseos y los saduceos
| Fariseos | Saduceos |
| Generalmente de clase media | Mayormente de clase superior |
| Base de poder fuera de Jerusalén | Base de poder en Jerusalén |
| Relacionados estrechamente con la sinagoga | Relacionados estrechamente con el templo |
| Principalmente maestros y eruditos | Principalmente sacerdotes |
| Comprometidos teológicamente con mantener la relación de Israel con Dios a través de la obediencia a la ley | Comprometidos teológicamente con mantener la relación de Dios a través del sistema de sacrificios |
| Aceptaban como Escrituras la mayor parte de lo que los cristianos llaman «Antiguo Testamento» | Aceptaban solamente la Torá (el Pentateuco) como Escrituras |
| Creían en la resurrección de los humanos a la vida después de la muerte | No creían en la resurrección a la vida después de la muerte |
| Reconocían la existencia de seres espirituales, como los ángeles y demonios | Eran escépticos de las creencias en cuanto a los distintos seres espirituales |
| Eran considerados moderados socialmente, que objetaban la imposición de la autoridad romana, pero no abogaban por las revueltas armadas en contra del poder romano | Eran considerados conservadores socialmente, que buscaban la colaboración con las autoridades romanas, de maneras que asegurasen su propio lugar en el statu quo |
| Fariseos prominentes: Shammai (interpretaciones estrictas de la ley), Hillel (interpretaciones más indulgentes de la ley) | Saduceos prominentes: Caifás y Anás, identificados como sumos sacerdotes durante la vida de Jesús |
| En el Nuevo Testamento, discuten con Jesús por asuntos de la ley, pero se les relaciona solamente de manera periférica con la trama para ejecutar a Jesús | En el Nuevo Testamento, ellos son los principales arquitectos de la trama para ejecutar a Jesús |
| Los antepasados principales del judaísmo moderno | Desaparecen de la historia después de la desastrosa guerra judía con Roma 66-73 e. c. |
Los esenios
Los esenios eran separatistas ascetas que vivían en comunidades privadas. Probablemente han de relacionarse con el grupo que vivía en el desierto de Qumrán y que conservó la biblioteca que ahora se conoce como los Rollos del Mar Muerto. Los esenios abogaban por leyes alimenticias estrictas y otros senderos rigurosos hacia la santidad, incluso, para algunos de sus miembros, el compromiso con el celibato; también practicaban baños rituales y comidas sagradas similares a los sacramentos cristianos del bautismo y la eucaristía. Adoptaron creencias mesiánicas y abrigaban ideas apocalípticas acerca del juicio inminente y la liberación divina. Los esenios no se mencionan nunca en el Nuevo Testamento, y no hay indicación segura de que cualquier personaje del Nuevo Testamento supiera de ellos o tuviera algún contacto con ellos. Sin embargo, a los eruditos les gusta comparar y contrastar las creencias y prácticas esenias con las del cristianismo. En particular, Juan el Bautista ha sido evaluado a la luz de esto: al igual que los esenios, vivía en el desierto, demandaba un arrepentimiento radical y bautizaba a la gente. Es imposible saberlo con seguridad, pero la mayoría de los eruditos hoy día no encuentra ninguna prueba directa para sugerir que Juan fuera esenio (o que alguna vez lo hubiera sido), pero pudo haber sido influenciado por algunas de sus ideas.
asceta: estricto o severo religiosamente, en especial en cuanto a la abnegación o renuncia de los placeres mundanos.
ideas apocalípticas: ideas influenciadas por un pronóstico pesimista para el mundo en general, combinadas con una perspectiva optimista de un remanente favorecido, que será rescatado del mundo maligno a través de algún acto inminente de intervención divina.
Los zelotes
Los zelotes eran judíos radicales opositores de Roma, que abogaban por la rebelión armada en contra de las fuerzas romanas. Entre ellos estaban los sicarii, asesinos que portaban cuchillos, que se mezclaban entre las multitudes y apuñalaban a los judíos sospechosos de colaborar con los romanos. En última instancia, los zelotes y sus simpatizantes serían los responsables de dirigir a los judíos a una guerra desastrosa en contra de Roma en 66-73 e. c. Probablemente no se mencionen en el Nuevo Testamento en sí, aunque uno de los discípulos de Jesús se llamaba «Simón el zelote» (el término simplemente podía significar «Simón el fervoroso»). Los zelotes quizá no aparezcan como una fuerza organizada en Palestina, sino hasta unos cuantos años después de la época de Jesús.
Los herodianos
Los herodianos eran una coalición política de judíos que apoyaban a la familia y dinastía de Herodes, e incluía a muchos líderes romanos que gobernaban varias áreas de Palestina en diversas épocas. En el Nuevo Testamento dice que colaboraron con los fariseos para hacer tropezar a Jesús políticamente y para establecer las bases para hacer que lo desterraran o destruyeran (véase Mr. 3:6; 12:13).
Cuadro 2.4
Cita de la Misná
Sobre tres cosas se sostiene el universo:
sobre la Torá,
sobre el culto,
y sobre la caridad.
—Misná, Padres (Abot) 1:2
Carlos del Valle, La Misna, Edición preparada por Carlos del Valle, (Editora Nacional: Madrid, 1981).
Los samaritanos
Los samaritanos vivían principalmente en Samaria, la región situada entre Judea (donde estaba Jerusalén) y Galilea (donde Jesús vivió y llevó a cabo la mayor parte de su ministerio; véase el mapa 1.2). Ellos afirmaban que eran el verdadero Israel (los descendientes de las tribus «perdidas» que fueron llevadas al cautiverio asirio alrededor de 722 a. e. c.) y que los judíos representaban a un grupo de disidentes que había iniciado cuando Elí estableció un santuario rival en Silo (véase 1 S. 1:3). Los samaritanos tenían su propio templo en el monte Gerizim y afirmaban que era el santuario original; consideraban el templo de Jerusalén como un santuario secundario, construido por los heréticos (véase Jn. 4:19-22). No aceptaban nada como Escritura aparte del Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia), y tenían su propia versión del Pentateuco, que difería en puntos clave del de los judíos (p. ej., uno de los Diez Mandamientos afirma que se debe adorar al Señor solamente en el monte Gerizim). Los samaritanos afirmaban que su versión del Pentateuco era la original y que los judíos habían falsificado el texto producido por Esdras durante el exilio babilonio.
Según los judíos, los samaritanos no eran hijos de Israel en absoluto; más bien, eran descendientes de colonos extranjeros que los asirios habían llevado a la tierra después de la conquista en 722 a. e. c., en el mejor de los casos, la descendencia de Israel que habían abandonado sus tradiciones y se habían casado con extranjeros. Los líderes religiosos tanto judíos como samaritanos enseñaban que era incorrecto tener cualquier contacto con el grupo opuesto. Idealmente, los judíos y los samaritanos no debían ingresar al territorio de los otros, ni siquiera hablarse los unos a los otros. Sin embargo, durante el período del Nuevo Testamento, Samaria estuvo bajo el gobierno romano y los romanos no reconocieron a Samaria ni a Judea como países separados; simplemente los agruparon (junto con Idumea) como un reino con un solo gobernante. El historiador judío romano Josefo narra numerosas confrontaciones violentas entre los judíos y los samaritanos a lo largo de la primera mitad del siglo I.
En el Nuevo Testamento, a Jesús frecuentemente se le representa con una actitud compasiva, por no decir amistosa, hacia los samaritanos: sorprende a una mujer samaritana al tener una conversación con ella (Jn. 4:3-26), e incluso señala a samaritanos individuales como buenos ejemplos para que sus seguidores los sigan (Lc. 10:30-37; 17:11-19). El libro de Hechos indica que algunos samaritanos llegaron a ser cristianos (Hch. 8:5-17).
Los gentiles
Los gentiles también eran prominentes en Palestina en esta época. Grandes cantidades de romanos, griegos y persas se habían trasladado al área y establecido allí, contribuyendo a la urbanización de áreas que tradicionalmente eran rurales. En efecto, las dos ciudades más grandes de Galilea en la época de Jesús eran Tiberias y Séforis, pero no se dice que Jesús alguna vez hubiera visitado alguna de ellas. A medida que viaja por la zona rural, demuestra una preferencia obvia por las aldeas, y evita completamente los grandes centros urbanos, donde vivía la mayoría de los gentiles. Las actitudes judías hacia los gentiles variaban: entre los fariseos, se narra que el rabí Shammai había adoptado una intolerancia hacia los gentiles, en tanto que se dice que el rabí Hillel había sido más conciliador. La evidencia en cuanto a Jesús es mixta (para una actitud negativa hacia los gentiles, véase Mt. 6:7; 10:5; 18:17; 20:25-26; para una actitud positiva, véase Mt. 8:5-13). Incluso Pablo, que dedicó la última parte de su vida a llevar la salvación a los gentiles, parece que no siempre pensó muy bien de ellos (véase, p. ej., Ro. 1:18-32).
gentil: persona que no es judía.

Figura 2.2. El templo de Jerusalén. El templo era el centro de adoración y vida religiosa del pueblo judío. Este modelo exhibe el edificio y sus patios externos como se veían en la época de Jesús. La plaza externa estaba abierta para toda la gente, pero al complejo amurallado en el centro de la plaza solamente los judíos podían entrar. El edificio alto en el centro es la parte interior del santuario, o «lugar santísimo», al que podían entrar solamente los sacerdotes designados en ocasiones concretas. (Craig Koester)
La actitud de los gentiles hacia los judíos también fue un poco variada. El antisemitismo era alto, con muchos gentiles (incluso los que vivían en Palestina) que abiertamente odiaban a los judíos y despreciaban su cultura, costumbres y religión. Pero también hubo una buena cantidad de gentiles que se sentían atraídos hacia la religión judía. De particular interés para el estudio del Nuevo Testamento son aquellos gentiles que se les llamaba «temerosos de Dios». Los temerosos de Dios eran medio convertidos: gentiles que adoptaban la teología, adoración y moral judía, pero no seguían las leyes rituales de pureza, que consideraban como específicas para los judíos étnicos. Se les permitía asistir a las sinagogas, pero típicamente no eran circuncidados (lo cual habría constituido una conversión completa y los habría hecho «judíos»). Con el tiempo, estos temerosos de Dios llegaron a ser candidatos de primera clase para la conversión al cristianismo (véase Hch. 10:1-2).
temerosos de Dios: gentiles que simpatizaban con la teología y moral judía.
Los efectos del helenismo en el mundo del Nuevo Testamento
El «helenismo» se refiere ampliamente a la influencia de la cultura griega, que era prominente en el Imperio romano (o en lo que a veces se llama el mundo grecorromano). Durante el período del Nuevo Testamento, se decía que la gente judía en todo el mundo estaba «helenizada» porque habían sido influenciados en mayor o menor grado por la cultura de Grecia y Roma.
Las influencias helenistas incluían asuntos culturales sencillos. Por ejemplo, mucha gente judía de la época, incluso Jesús y sus discípulos, habían adoptado la práctica griega de reclinarse en una mesa para comer (es decir, comían recostados, sobre cojines en el suelo). Por supuesto, el grado de helenismo variaba; en algunos casos se había adoptado, en tanto que en otros casos se había rechazado. Josefo, el historiador judío romano, narra un ejemplo extremo de la influencia helenista que dice que, en algunas ciudades, los jóvenes judíos pagaban para que les hicieran operaciones quirúrgicas en sus penes, para que cuando los vieran desnudos haciendo ejercicios en el gimnasio, pareciera que eran incircuncisos; aparentemente, la circuncisión estaba pasada de moda, y los varones judíos no querían que los gentiles los ridiculizaran. En el otro extremo, algunos judíos rechazaban hostilmente cualquier cosa que pareciera venir del helenismo, buscaban aislarse del mundo secular y denunciaban prácticas sociales aparentemente inocentes como ejemplos de infección pagana.
paganos: gentiles no convertidos; los judíos y los cristianos frecuentemente los relacionaban con la idolatría, el politeísmo, las creencias religiosas erradas y un estilo de vida inmoral.
Las influencias helenistas eran evidentes en Palestina, pero eran más prominentes en la «diáspora». Este término (que significa «dispersión») se refiere a los judíos que vivían fuera de la tradicional tierra natal de Palestina. Algunos judíos de la diáspora eran descendientes de gente judía que no había vuelto del exilio babilonio. Muchos otros eran judíos que descubrieron que la Pax Romana les permitía emigrar y vivir libremente en otra parte. Lo hacían por una variedad de razones: oportunidades de negocios, educación o un simple deseo de ver más del mundo. Pero debido a que los judíos de la diáspora frecuentemente estaban lejos de Jerusalén (en efecto, muchos no vieron nunca la ciudad), el sistema del templo perdió un poco de su prominencia y significado para ellos. Los judíos de la diáspora tendían a acudir a las sinagogas en lugar del templo para sus necesidades religiosas, con el resultado de que, con el tiempo, los rabinos llegaron a ser más importantes que los sacerdotes, y la obediencia a la Torá era más prioritaria que ofrecer sacrificios (que se permitía solamente en Jerusalén).
rabinos: maestros judíos, muchos de los cuales tenían discípulos o seguidores; estrechamente asociados con los fariseos.
Los efectos del helenismo también se sintieron de otra manera muy práctica: el hebreo dejó de ser el idioma principal del pueblo judío. Fue casi olvidado en la diáspora y tendía a usarse solamente en los servicios religiosos en la misma Palestina. El idioma común para Jesús y otros judíos palestinos fue el arameo. De esa manera, en Palestina se usaban ampliamente las paráfrasis de las Escrituras llamadas «tárgumes». Fuera de Palestina, el idioma común de los judíos de la diáspora era el griego, el idioma en el que se escribirían todos los libros del Nuevo Testamento. En efecto, mucho antes del tiempo de Jesús, durante el siglo III a. e. c., las Escrituras judías se habían traducido al griego. Esta traducción griega de la Biblia Judía se llama la «Septuaginta» (la palabra significa «setenta», y la abreviatura común de la Septuaginta es «LXX», el número romano para setenta). ¿Por qué ese nombre? Según la leyenda, la traducción fue hecha por setenta (o setenta y dos) eruditos quienes, al trabajar independientemente, produjeron setenta (o setenta y dos) traducciones idénticas. La Septuaginta se usaba ampliamente en toda la diáspora y también parece que se usó en muchas partes de Palestina. Notablemente, la mayoría de los autores del Nuevo Testamento citan la Septuaginta en lugar de traducir de la Biblia hebrea cuando hacen referencia a algo que se dice en las Escrituras.
La Septuaginta contenía quince libros adicionales, escritos en griego en los años después de que se escribieran las Escrituras hebreas (lo que los cristianos generalmente llaman el «Antiguo Testamento»). A estos libros adicionales, los cristianos protestantes frecuentemente los llaman «apócrifos», aunque once de ellos los católicos los clasifican como «escritos deuterocanónicos». Su condición como Escrituras fue disputada entre los judíos en la época de Jesús, así como ocurre hoy día entre los cristianos. En el Nuevo Testamento, los apócrifos nunca se citan como Escrituras, pero Pablo y otros autores parece que sí habían leído algunos de estos libros y los consideraban favorablemente en sus enseñanzas.
El helenismo también aportó un aumento generalizado de sincretismo religioso. A medida que las poblaciones se mezclaban, las ideas religiosas se iban intercambiando. Por ejemplo, algunas personas judías llegaron a creer en la inmortalidad del alma, la idea de la filosofía griega de que cada persona tiene un alma que sigue viviendo después de que su cuerpo muera. Hay material en las Escrituras judías que podría interpretarse como apoyo a esa opinión, aunque no se había entendido de esa forma previamente.
sincretismo: la combinación o fusión de distintas creencias, y perspectivas religiosas o culturales.
Otras tendencias de la religión judía se amplificaron y modificaron a través del sincretismo judío. Aquí damos un breve vistazo a tres.
La teología de la sabiduría
La teología de la sabiduría llegó a ser más popular que antes. La tradición de la sabiduría de Israel se enfocaba menos en la verdad revelada divinamente (los profetas declaraban palabra del Señor que frecuentemente iba en contra del pensamiento humano) y más en el sentido común (la verdad que se obtiene a través del conocimiento general de la vida y la condición humana). Hay una buena cantidad de material de sabiduría en las Escrituras judías (en libros como Proverbios, Job y Eclesiastés), y los judíos helenistas quizá encontraron una teología basándose en este material que estuviera en consonancia con la vida en un mundo secular, orientado más en la filosofía. En el Nuevo Testamento, la influencia de la teología de la sabiduría es evidente en las enseñanzas de Jesús (véase Mt. 5-7) y en los escritos de algunos de sus seguidores (véase especialmente la Carta de Santiago).
El dualismo
El dualismo pasó a primera plana como un aspecto más prominente de la perspectiva religiosa. El dualismo refleja la tendencia a separar los fenómenos en categorías pronunciadamente opuestas, con poco espacio para algo intermedio. Por ejemplo, una perspectiva dualista tiende a materializar el «bien» y el «mal» como realidades dentro de la naturaleza. La religión judía originalmente se había resistido al dualismo extremo, haciendo énfasis en que toda la gente y las naciones tienen tendencias tanto buenas como malas. Sin embargo, en el mundo del Nuevo Testamento encontramos que ha llegado a ser común pensar que hay «gente buena» y «gente mala» en el mundo (cf. Mt. 5:45; 13:38), y que también hay espíritus buenos (ángeles) y espíritus malos (demonios). Además, la religión judía tradicional le había atribuido prácticamente todo el poder a lo que era bueno, a lo que se derivó del Dios todopoderoso y justo que gobernaba sobre todos. El impulso dualista le concedía mucho más poder a Satanás. De esa manera, en el Nuevo Testamento descubrimos que los cristianos influenciados por el judaísmo helenista han llegado a ser tan dualistas que en realidad se refieren a Satanás como «el dios de este mundo» (2 Co. 4:4; cf. Lc. 4:6; Jn. 14:30; 1 Jn. 5:19).
Figura 2.3. Torá. La cultura helenista valoraba la belleza, el honor, la fortaleza y la aceptación del destino, pero en la mentalidad tradicional judía no había nada más precioso que la Torá: la revelación de la voluntad de Dios que era más dulce que la miel y que se deseaba más que el oro (Sal. 19:10). (Randy Zucker)
El apocalipticismo
El apocalipticismo combinaba una perspectiva dualista radical (una clara distinción entre el bien y el mal) con una perspectiva determinista de la historia (la idea de que todo se desarrolla de acuerdo a un plan divino). La perspectiva apocalíptica típicamente era dual: (1) un pronóstico pesimista para el mundo en general: las cosas empeorarán; y (2) una perspectiva optimista de un remanente favorecido, los que serían rescatados del mundo maligno a través de un acto de intervención divina (que siempre se ha creído que es inminente). De esa manera, se ponía un límite al poder del mal, pero era principalmente un límite temporal: Satanás puede gobernar en el mundo por ahora, ¡pero no por mucho tiempo! El apocalipticismo como una dimensión de la religión judía surgió durante el exilio babilonio (véase el libro de Zacarías) y podría haber tenido la influencia de la religión persa, que era sumamente dualista. De cualquier manera, llegó a su máxima expresión durante el período helenista (véase el libro de Daniel) y floreció durante el período romano. En los días de Jesús, los judíos tendían a adoptar el apocalipticismo como una reacción en contra del imperialismo romano y su secuela cultural, el helenismo. En el Nuevo Testamento, el apocalipticismo es más conspicuo en el libro de Apocalipsis, pero resalta también en muchos otros escritos (p. ej., Mt. 24-25; Mr. 13; Lc. 21:5-36; 1 Ts. 4:13-5:11; 2 Ts. 2:1-12; 2 P. 3:1-18).
Conservación de la identidad judía
La influencia del helenismo pudo haber sido de largo alcance en el mundo del judaísmo del Segundo Templo, pero pocos judíos querían perder su identidad nacional y cultural completamente. Algunas tradiciones: la circuncisión, la observancia del día de reposo, de los días de fiesta y los festivales llegaron a ser señales clave que le recordarían al pueblo quiénes eran, e inhibirían la total inmersión en la sociedad grecorromana. Diariamente, las señales clave de esa identidad pueden haber sido los diversos «códigos de pureza» que el pueblo judío había desarrollado. Esos códigos se derivaban típicamente de la Torá, y frecuentemente declaraban maneras públicas y observables en las que el pueblo judío viviría de manera distinta a la mayoría de la población.
códigos de pureza: reglas derivadas de la Torá que especificaban lo que era «puro» o «impuro» para el pueblo judío, y les permitía vivir de maneras que los marcaría como distintos de la población general.
Por supuesto, todas las sociedades tienen valores determinados culturalmente en cuanto a lo que consideran «limpio» o «impuro». En el mundo moderno occidental, la mayoría de la gente se lava el cabello de manera regular, no para evitar enfermedades, sino porque piensan que el cabello grasoso es repulsivo o sucio. Pero global e históricamente, ha habido mucha gente (incluso de la que leemos en la Biblia) que ha pensado que el cabello grasoso simplemente es natural, la forma en que se supone que debe ser el cabello. Esas ideas reflejan los estándares de las sociedades particulares, valores que podrían permanecer profundamente (y ser defendidos vigorosamente), pero no son universales. De igual manera, la gente judía de la época de Jesús (al igual que muchos judíos hoy día) tenía ideas firmes en cuanto a lo que era limpio o impuro, pero, como marcadores de identidad, estas ideas habían llegado a ser integrales para su religión. Comer cerdo o langosta no solamente era repulsivo o asqueroso, era algo que Dios había instruido que no se hiciera. Además, la razón principal por la que Dios les había instruido que no comieran cerdo o langosta no era porque hacerlo fuera inmoral o malo en sí; más bien, la abstención de esos alimentos los diferenciaba de los otros pueblos del mundo.
En un sentido positivo, el concepto judío declaraba que ciertas cosas eran santas o sagradas: Jerusalén era una ciudad santa (véase Mt. 27:53), el templo era un edificio santo y el día de reposo era un día santo. En un sentido negativo, había muchas cosas que podrían provocar que una persona fuera impura, como el contacto con un cadáver o con varios fluidos corporales. Los leprosos eran impuros, así como las mujeres durante la menstruación y los hombres que recientemente habían tenido una secreción sexual (incluso las emisiones nocturnas). Es importante observar que ser impuro o toparse con la impureza no necesariamente era algo malo o vergonzoso; frecuentemente, el punto era simplemente observar lo que hacía que alguien fuera impuro y realizar ciertos rituales de purificación como reconocimiento de eso. Para una analogía moderna (aunque con puntos débiles), podemos considerar la acción de cambiar pañales a un bebé: nadie en nuestro mundo moderno pensaría que es algo malo o vergonzoso, pero la mayoría de la gente probablemente se lavaría las manos después de hacerlo.
Algo que no sabemos es lo seriamente que todos consideraban los códigos de pureza. Algunos judíos podrían haberlos ignorado o cumplido selectiva y esporádicamente, pero muchas personas (frecuentemente de las que tenemos información) tomaban muy en serio la pureza ritual y no les parecía en absoluto que los códigos fueran opresivos. Los judíos de la era del Nuevo Testamento no vivían con una aversión paranoica por evitar la contaminación a toda costa ni sufrieron de una autoestima baja debido a la incapacidad de permanecer ritualmente limpios todo el tiempo. Solo evitaban lo que era evitable, observaban lo que no era y hacían ritos de purificación como parte de su disciplina espiritual regular. Esa era una parte profundamente significativa de la vida religiosa para muchos judíos, tanto en Palestina como en la diáspora.
Conclusión
El mundo del Nuevo Testamento en realidad son muchos mundos. Los Evangelios se ubican en Palestina, pero las cartas de Pablo están dirigidas a ciudades como Corinto, Filipos y Roma, lejos de la tierra natal de Jesús. Es más, aunque los Evangelios relatan acontecimientos que ocurrieron en lugares como Belén, Nazaret y Jerusalén, fueron escritos por y para gente que vivía en otras partes: Antioquía, Éfeso o Roma. Las historias se cuentan con un enfoque dual: reportan lo que ocurrió allí y por qué es importante aquí, lo que ocurrió entonces y por qué es importante ahora.
Sin embargo, algo que recordar es que, en cada escrito del Nuevo Testamento, los contextos cristianos, judíos y romanos se traslapan: los intereses cristianos, los intereses judíos y los intereses romanos se superponen. La afirmación cristiana en estos escritos es que los judíos y los romanos por igual encuentran una identidad nueva en Jesucristo (véase Gá. 3:28). El Dios de Israel es la esperanza de los gentiles y es, en efecto, el Dios de todo el universo (cf. Ro. 1:20; 15:4-12).

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Los escritos del Nuevo Testamento
Uno de los cristianos más prominentes del siglo II fue un hombre que conocemos como Justino Mártir (es decir, Justino el Mártir). Justino produjo una cantidad de escritos teológicos, pero tal vez se le conozca mejor hoy día por un solo párrafo en el que da una primera descripción de un servicio de adoración cristiano (véase el cuadro 3.1). La mayoría de los elementos de liturgias contemporáneas ya aparecen en su lugar: la predicación, las oraciones, la comida eucarística, incluso una ofrenda.
apóstol: «uno que es enviado» (apostolos); se usa para ciertos líderes entre los primeros seguidores de Jesús, especialmente los doce discípulos y Pablo. Véase «discípulo».
Queremos darle atención especial a una de las observaciones de Justino: «se leen, en cuanto el tiempo lo permite, los Recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas». ¿Qué quiere decir él con «los recuerdos de los apóstoles»? Se refiere a los escritos que ahora se encuentran en el Nuevo Testamento (específicamente los cuatro Evangelios). Estos escritos se están leyendo públicamente en la adoración, junto con «los escritos de los profetas», es decir, las Escrituras judías que figuraban en lo que ahora los cristianos llaman el «Antiguo Testamento».
pacto: en la Biblia, un acuerdo o pacto entre Dios y los seres humanos que establece los términos de su relación continua.
Los primeros cristianos creían que las Escrituras judías proporcionaban un registro del pacto de Dios (o testamento) con Israel. Pero los cristianos también creían que Dios había hecho algo nuevo en Jesucristo y encontraron un lenguaje para describir esto en Jeremías 31:31-34, donde el profeta habla de Dios que hace un «nuevo pacto» (véase también Mt. 26:28; Mr. 14:24; Lc. 22:20; 1 Co. 11:25). Con el tiempo, los cristianos determinaron que los escritos apostólicos que testificaban de este nuevo pacto también debían contarse como Escrituras, y parecía natural llamar a estas obras «los escritos del nuevo pacto» o, simplemente, «el Nuevo Testamento».
testamento: aquí, una relato escrito de un pacto, en este sentido, es que las partes de la Biblia se llaman «Antiguo Testamento» y «Nuevo Testamento».
Cuadro 3.1
La adoración cristiana en el siglo II
En el capítulo 67 de su Primera apología, el teólogo cristiano Justino Mártir (110-65) nos proporciona nuestro primer relato de la adoración cristiana fuera del Nuevo Testamento en sí:
El día que se llama del sol se celebra una reunión de todos los que moran en las ciudades o en los campos, y allí se leen, en cuanto el tiempo lo permite, los Recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas. Luego, cuando el lector termina, el presidente, de palabra, hace una exhortación e invitación a que imitemos estos bellos ejemplos. Seguidamente, nos levantamos todos a una y elevamos nuestras preces, y estas terminadas, como ya dijimos, se ofrece pan y vino y agua, y el presidente, según sus fuerzas, hace igualmente subir a Dios sus preces y acciones de gracias y todo el pueblo exclama diciendo amén. Ahora viene la distribución y participación que se hace a cada uno, de los alimentos consagrados por la acción de gracias y su envío por medio de los diáconos a los ausentes. Los que tienen y quieren, cada uno según su libre determinación, da lo que bien le parece, y lo recogido se entrega al presidente y él socorre de ello a huérfanos y viudas, a los que por enfermedad o por otra causa están necesitados, a los que están en las cárceles, a los forasteros de paso, y, en una palabra, él se constituye provisor de cuantos se hallan en necesidad. Y celebramos esta reunión general del día del sol, por ser el día primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo, y el día también en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos.
D. Ruiz Bueno, Padres apologistas griegos, citado por, Enrique Moliné, Los Padres de la Iglesia, (Ediciones Palabra, S. A., Madrid, España, 1982) 84.
Generalidades del Nuevo Testamento
Debemos comenzar considerando un «índice» básico del Nuevo Testamento. Hay veintisiete libros que varían en longitud, desde el Evangelio de Lucas (el más largo) a 3 Juan (el más corto). Los libros están clasificados en siete categorías.
1.Los Evangelios: Hay cuatro de ellos (Mateo, Marcos, Lucas, Juan) y tienen el nombre de las personas que tradicionalmente han sido identificadas como sus autores. Los cuatro informan de la vida, ministerio, muerte y resurrección de Jesús; de esa manera, proporcionan cuatro versiones distintas de la misma historia básica, y hay bastante coincidencia en su contenido.
2.El libro de Hechos: Este libro es en realidad la «segunda parte» del Evangelio de Lucas, pero se ha colocado en su propia sección en el Nuevo Testamento (después de los cuatro Evangelios), porque es el único libro que relata la historia de la iglesia primitiva, es decir, lo que ocurrió después de los acontecimientos que se relatan en los Evangelios.
3.Las cartas de Pablo a las iglesias: Hay nueve de estas (Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses). Si usted no está familiarizado con el Nuevo Testamento, los nombres de estos libros pueden darnos la impresión de ser raros o difíciles de pronunciar; son referencias geográficas a la gente de diversas ciudades o regiones a las que fueron enviadas las cartas (p. ej., «efesios» eran las personas que vivían en la ciudad de Éfeso). El autor que se ha especificado en las nueve cartas es Pablo, un misionero cristiano importante. Estas cartas se presentan en el Nuevo Testamento por orden de extensión, de Romanos (la más larga) a 2 Tesalonicenses (la más corta).
4.Cartas de Pablo a personas: Hay cuatro de estas (1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón) y tienen el nombre de las personas a quienes fueron enviadas. De nuevo, se presentan en orden de longitud. El autor que se ha especificado es el mismo Pablo que está relacionado con las nueve cartas a las iglesias, y conforman, en total, trece cartas de Pablo.
5.La carta a los Hebreos: Esta se encuentra en una clase propia. Es una obra anónima y no sabemos quién la escribió o a quién fue enviada, pero ya que parece que fue escrita para los cristianos judíos (es decir, cristianos hebreos), tradicionalmente se le llama «La Carta a los Hebreos».
6.Cartas de otras personas: Hay siete de estas (Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan, Judas). A diferencia de las cartas de Pablo, estas no tienen el nombre de las personas a quienes fueron enviadas, sino más bien el de las personas que tradicionalmente han sido identificadas como sus autores. Frecuentemente, se les llama «Las cartas (epístolas) generales» o «Las cartas (epístolas) católicas». La palabra «católica» del segundo título no tiene nada que ver con la Iglesia Católica Romana, sino que simplemente significa «universal» o «general».
católico, ca: «general» o «universal»; en los estudios religiosos, la frase «iglesia católica» no se refiere a la Iglesia Católica Romana, sino más bien a los cristianos de todo el mundo.
7.El libro de Apocalipsis: Este también está en una clase propia. Da el relato de una experiencia visionaria, como la relata alguien cuyo nombre era Juan. A veces se le llama «El Apocalipsis de Juan» (la palabra apocalipsis significa «revelación»).
Dos advertencias o amonestaciones se pueden hacer sonar en cuanto a las primeras impresiones de estos libros del Nuevo Testamento. Primero, los libros no están ordenados por orden cronológico. Para tomar solamente un ejemplo, los Evangelios aparecen primero en el Nuevo Testamento, pero no fueron los primeros libros en ser escritos; los cuatro probablemente fueron escritos después de la muerte de Pablo y, de esta manera, tienen que ser posteriores cronológicamente a cualquiera de las cartas que Pablo escribió. Segundo, los títulos que estos libros ahora tienen reflejan las tradiciones de la iglesia antigua, que frecuentemente no resisten un escrutinio. El primer libro del Nuevo Testamento se titula «El Evangelio según Mateo» (o simplemente «Mateo» de forma resumida), pero la Biblia en sí no dice que Mateo escribiera este libro, y muy pocos eruditos modernos piensan que él lo hubiera hecho. De igual manera, tenemos libros en nuestro Nuevo Testamento llamados «La Primera Carta de Juan», «La Segunda Carta de Juan» y «La Tercera Carta de Juan», pero los libros en sí son anónimos y pudieron haber sido escritos en cualquier orden (están ordenados en nuestras Biblias del más largo al más corto).
Desarrollo del canon
Los autores de los libros de nuestro Nuevo Testamento no sabían que estaban escribiendo las Escrituras, nuestros libros actuales de la Biblia. No sabían que el Nuevo Testamento alguna vez existiría, mucho menos que sus escritos serían parte de él. Sin embargo, estos escritos le deben su prominencia e influencia al hecho de que llegaron a ser incluidos en esa colección.
canon: literalmente «regla» o «estándar»; usado por los grupos religiosos para referirse a un listado autoritativo de libros que son aceptados oficialmente como Escrituras.
Para entender este punto importante, imaginemos por un momento que la carta de Pablo a los Romanos simplemente llegó a nosotros como un escrito independiente, un documento de la antigüedad que presenta los pensamientos de un misionero cristiano en la cumbre de su carrera. ¿Quién lo leería y por qué? Con toda probabilidad, sería una obra interesante para los eruditos que querían reconstruir la historia antigua de una de las religiones más importantes del mundo. Pero los hombres y las mujeres de avanzada edad no lo leerían en los asilos, los profesionales de negocios no se reunirían cada semana para leerlo en los desayunos de oración y los adolescentes no memorizarían pasajes de él en los campamentos de verano. Sin duda se le consideraría un clásico de la literatura epistolar antigua (como las cartas de Cicerón), y tal vez se citaría de vez en cuando, pero probablemente no hubiese inspirado cientos de pinturas, miles de himnos y millones de sermones. El impacto y la importancia de todos los escritos del Nuevo Testamento se deben en gran parte a su inclusión en el canon cristiano.
La palabra canon significa literalmente «regla» o «estándar», pero los grupos religiosos la usan para referirse a un listado de libros que oficialmente son aceptados como Escrituras. En los primeros años, los cristianos simplemente reunían escritos que les parecían útiles y los compartían entre sí. Pablo animó a las iglesias a las que les escribió a intercambiar esas cartas entre sí, para que ellos pudieran leer lo que él había escrito a otras congregaciones, así como a su propia comunidad (véase Col. 4:16). De igual manera, estamos razonablemente seguros de que múltiples copias del Evangelio de Marcos se produjeron y distribuyeron a diferentes partes del Imperio romano unos cuantos años después de que fue escrito (parece que tanto Mateo como Lucas habían tenido copias). Ya que no había imprentas en ese tiempo, la producción de manuscritos era un proceso costoso y requería de mucho tiempo; sin embargo, los cristianos en todo el mundo querían copias de estos documentos y parecía que habían hecho un trabajo extraordinario al hacer y compartir copias unos con otros.
Figura 3.1. Conservación de los manuscritos. No poseemos ninguna copia original de los documentos del Nuevo Testamento tal como sus autores los produjeron. Durante siglos, los monasterios y otras instituciones copiaron los manuscritos a mano. En algunos casos, el trabajo se hizo apresuradamente y produjeron copias llenas de errores. Pero la reproducción de las Escrituras también podría considerarse como un llamado supremo, que se llevó a cabo con una seriedad meticulosa que produjo resultados sorprendentemente precisos. (Bridgeman Images)
Al principio, no era necesario un acuerdo oficial en cuanto a qué libros había que leer; por lo general, las obras que circulaban eran los escritos producidos por la gente que había fundado o dirigido las primeras iglesias, gente como Pablo y los discípulos originales de Jesús, o por lo menos, gente que había conocido a Pablo o a los discípulos originales. Esta cadena de conexión con Jesús o Pablo llegaría a ser conocida como la «tradición apostólica», y siempre y cuando las iglesias copiaran y compartieran escritos que seguían esta tradición, no era tan necesario decidir cuál de estos escritos era digno de ser etiquetado como «Escrituras».
tradición apostólica: materiales orales o escritos que se cree que tienen una conexión estrecha con Jesús, con sus discípulos originales o con el misionero Pablo, o que se cree que son congruentes con lo que esas personas enseñaron.
Sin embargo, casi desde el principio hubo voces dentro del cristianismo que estaban en tensión con esa tradición en desarrollo. Con las cartas de Pablo, aprendemos que había gente que discutía por las versiones de la fe cristiana que el mismo Pablo rechazaba; esta gente predicaba un mensaje que pensaban que era «el evangelio», pero que Pablo afirmaba que era una perversión del evangelio (véase Gá. 1:6-9). Algunas de estas voces alternativas del movimiento cristiano probablemente también hayan producido escritos (véase 2 Ts. 2:2), pero al parecer sus obras no han sido conservadas ni incluidas en el Nuevo Testamento. En un sentido, entonces, el Nuevo Testamento no es una colección de los primeros escritos cristianos; más bien es una selección de esos escritos. El Nuevo Testamento contiene esas obras que se consideraron como las más representativas de lo que llegó a ser la corriente principal y ortodoxa.
Escrituras: los escritos sagrados de una religión, se cree que fueron inspiradas por Dios y se consideran como autoritativas para la fe y práctica.
El proceso por el que se hicieron esas selecciones fue complejo, y hay controversia entre los eruditos modernos en cuanto a cómo se hicieron los dictámenes. Sin embargo, en el siglo II dos acontecimientos hicieron que el asunto del canon fuera una presión para los cristianos.
Primero, ahora había cristianos que querían excluir los escritos que tenían vínculos con la tradición apostólica que no eran de su agrado. La figura más prominente en este aspecto fue el erudito y evangelista cristiano Marción (ca. 110-60), que llegó a ser importante en la primera parte del siglo II. Parece que Marción había sido influenciado por un movimiento llamado «gnosticismo», que valoraba lo que era espiritual, pero despreciaba cualquier cosa material o física (véase «En el horizonte: El gnosticismo» en el cap. 1). También quería depurar del cristianismo las influencias judías y hacerlo una religión más puramente gentil. Marción exhortaba a sus seguidores a rechazar escritos que enseñaran una versión de la fe distinta a la que él promovía. Con el tiempo, produjo un listado aprobado de escritos que él creía que debían ser considerados como Escrituras para los cristianos: diez cartas de Pablo (todas excepto 1 Timoteo, 2 Timoteo y Tito) y una copia del Evangelio de Lucas. Él también editó estos once libros para retirar las referencias positivas al Dios judío, o a las escrituras judías, o a otros asuntos que no encajaban con su versión antijudía e hiperespiritual de la fe (afirmaba que los escritos habían sido modificados previamente por los heréticos y que, al editarlos, estaba simplemente restaurándolos a su forma original). De cualquier manera, muchos escritos que actualmente están en nuestro Nuevo Testamento fueron rechazados por Marción y sus seguidores, no porque se considerara que estuvieran en desacuerdo con la tradición apostólica, sino más bien porque esa tradición en sí se consideraba que era corrupta (impregnada de judaísmo y demasiado interesada en la vida física en un mundo material).
Cuadro 3.2
De Jesús a nosotros: Seis pasos en la transmisión de la tradición del Evangelio
Primera etapa: El Jesús histórico
Jesús dice y hace cosas que se consideran extraordinarias.
Segunda etapa: La tradición antigua
| Oral | Escrita | |
| La gente recuerda lo que Jesús dijo e hizo y comparte esas memorias con otros. | o | La gente escribe relatos breves de cosas que Jesús dijo e hizo. |
Tercera etapa: Composición de los Evangelios
Los escritores de los Evangelios compilan sus libros, y se inspiran tanto en la tradición oral como en las primeras fuentes escritas para formar narraciones de la vida y obra de Jesús.
Cuarta etapa: Conservación de los manuscritos
La gente hace copias de las narraciones del Evangelio y las distribuyen.
Quinta etapa: Traducción
Los eruditos traducen copias de las narraciones del Evangelio a otros idiomas, que incluyen, con el tiempo, el nuestro.
Sexta etapa: Recepción
En las ediciones modernas de los Evangelios, escuchamos o leemos de lo que Jesús dijo e hizo.
Segundo, había cristianos en el siglo II que comenzaron a producir escritos nuevos y a atribuirlos a la gente que había pertenecido al círculo original de testigos apostólicos. En prácticamente cada caso, estos escritos nuevos eran versiones que imitaban los libros que habían sido escritos en el siglo I: alguien escribía una carta que promovía ideas gnósticas y afirmaba que era una carta de Pablo recién descubierta; alguien más escribía un evangelio que presentaba a Jesús como un seguidor importante del gnosticismo y afirmaba que era una obra de uno de sus doce discípulos recién descubierta. Estos libros siguieron produciéndose hasta buena parte del siglo IV. Sus anacronismos e idiosincrasias hacen que las atribuciones ficticias de autoría sean fácilmente obvias hoy día, pero la producción de esos escritos sí ocasionó confusión entre los cristianos de los primeros siglos.
Por esa razón, el problema doble: por un lado, la mayoría de las iglesias cristianas querían usar solamente aquellos escritos que pudieran estar razonablemente relacionados con la tradición apostólica; por otro lado, querían usar todos los escritos que estuvieran relacionados con esa tradición, no solo los que encajaban con las preferencias ideológicas de algún maestro en particular. De esa manera, para el final del siglo II comenzaron a aparecer listados que especificaban qué escritos se pensaba que satisfacían esos criterios. Según esos listados, llega a ser evidente que la mayoría de los escritos que ahora se encuentran en nuestro Nuevo Testamento eran aceptados universalmente como testigos confiables de la tradición apostólica. Sin embargo, a siete libros les resultó difícil obtener esa aceptación: Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 Juan, 3 Juan, Judas y Apocalipsis. No tenemos ningún indicio de que estos libros alguna vez fueran denunciados o rechazados directamente, pero parece que los líderes eclesiásticos más cautelosos fueron renuentes a considerarlos a la par con los otros (es decir, como obras que debían ser consideradas como Escrituras). Sin embargo, con el tiempo surgió un consenso, y para inicios del siglo V, el canon de nuestro Nuevo Testamento actual de veintisiete libros estaba bien establecido.
Dos conclusiones en cuanto al canon de los escritos del Nuevo Testamento serían aceptadas por la mayoría de los eruditos hoy día. Por un lado, todos los libros de nuestro Nuevo Testamento actual son libros que fueron encontrados compatibles con lo que llegó a considerarse como «cristianismo apostólico»: hay ciertos asuntos básicos de fe en los que parece que hablan con unanimidad. Por otro lado, la selección de los escritos canónicos no fue estrecha, que eliminara la diversidad de opinión: los veintisiete escritos del Nuevo Testamento presentan una amplia variedad de puntos de vista, incluso posturas que a veces son difíciles de reconciliar. En efecto, si todos los autores de estos escritos se hubieran reunido en un solo salón en un momento y tiempo determinado, es casi seguro que ellos habrían discutido entre sí muchos asuntos que han seguido siendo de interés para los cristianos a lo largo de los siglos. En pocas palabras, los escritos del Nuevo Testamento demuestran una unidad básica, pero también una diversidad extraordinaria.
Cómo estudian los eruditos el Nuevo Testamento
El campo académico del estudio del Nuevo Testamento se ha desarrollado en una disciplina que abarca distintos enfoques y emplea una variedad de métodos.
La crítica textual
Los críticos textuales analizan los diversos manuscritos del Nuevo Testamento que se han conservado a través de los siglos y los comparan, los fechan y emplean diversas técnicas para determinar cuáles son los más confiables. Su meta es reconstruir lo que los manuscritos originales probablemente decían, y también observan las «variantes de un texto» cuando una o más de las copias que se han hecho a través de los años dicen algo distinto. Las variantes de texto significativas, a veces, se observan en las notas al pie de página en las Biblias en español (p. ej., véase la nota al pie de página de Mt. 10:3 en la NTV, que indica que al discípulo de Jesús que se llama «Tadeo» se le llama «Lebeo» en algunos manuscritos).
variante: en la crítica de texto, otra interpretación de un texto, apoyada por algunos manuscritos.
La arqueología
Los arqueólogos excavan las ciudades antiguas y otros sitios importantes del mundo del Nuevo Testamento, y han descubierto una enorme cantidad de pruebas físicas que proporciona información de contexto para interpretar estos textos. También han descubierto documentos antiguos de este período. Los hallazgos más importantes son la biblioteca de los Rollos del Mar Muerto, que nos dice mucho de la diversidad de la religión judía del siglo I, y la biblioteca gnóstica Nag Hammadi, que nos dice mucho de la diversidad del cristianismo primitivo.
La crítica sociológica
Los eruditos examinan el Nuevo Testamento con perspectivas y herramientas que se derivan de las ciencias sociales, como el campo de la sociología. Prestan atención a varios asuntos que caracterizaban al mundo social del Imperio romano durante la era del Nuevo Testamento: el fenómeno de la Pax Romana; las migraciones de la diáspora del pueblo judío; la ocupación militar de Palestina y un sistema económico que prácticamente eliminó la clase media, dejó a poca gente rica y pobres a casi todos los demás. Los eruditos del Nuevo Testamento que están especializados en sociología examinan los escritos del Nuevo Testamento para ver cómo se tratan los efectos de estos fenómenos sociales.
La antropología cultural
La antropología cultural, que se deriva de las ciencias sociales, busca entender lo que ocurre en determinada cultura por medio de la comparación con lo que se sabe de otras culturas. Los antropólogos culturales estudian asuntos como las relaciones familiares, las estructuras de poder, los roles establecidos en función del sexo, los sistemas económicos y las estrategias para la educación. En cuanto al Nuevo Testamento, ellos han analizado los códigos de pureza que definían lo que la mayoría de la gente consideraba que era «puro» e «impuro» y el sistema de valores sociales que hizo que la gente valorara la adquisición de honra por encima de todo lo demás.
La crítica histórica
La «crítica histórica» se ha usado a veces en los estudios del Nuevo Testamento como un término genérico para aquellos planteamientos que se enfocan en las circunstancias de la composición del texto (p. ej., la crítica de las fuentes, la crítica de las formas, la crítica de la redacción [todas se discuten a continuación]) a diferencia de la «crítica literaria», que abarca planteamientos que se enfocan en la interpretación del texto que ahora tenemos enfrente (p. ej., la crítica narrativa, la crítica retórica, la crítica de la recepción, la crítica ideológica [también se discuten a continuación]). Sin embargo, en un sentido estricto, la «crítica histórica» se refiere a las formas en las que un historiador puede usar el Nuevo Testamento para aprender acerca de la historia. Los historiadores (ya sean cristianos o no) ven a Jesús, a Pablo y a otras figuras del Nuevo Testamento como personas importantes e interesantes, y entienden que el surgimiento del cristianismo es uno de los desarrollos más significativos de la historia humana. De esa manera, usan el Nuevo Testamento como un recurso para entender las vidas y circunstancias de estas personas y para reconstruir los acontecimientos que ocurrieron concernientes a ellas.
La crítica de las fuentes
La disciplina de la crítica de las fuentes intenta desplazarse detrás de los textos del Nuevo Testamento para postular hipótesis en cuanto a los materiales que los autores bíblicos pudieron haber usado al componer sus documentos. Pablo habla de una liturgia cristiana primitiva en 1 Corintios 11:23-26 y parece que incorpora un himno cristiano en su carta a los filipenses (véase Fil. 2:6-11). Al parecer los autores de nuestros cuatro Evangelios también poseían algunos materiales escritos en los que se inspiraron cuando escribieron sus libros (véase Lc. 1:1). Los críticos de las fuentes tratan de identificar estos materiales y a veces, incluso, tratan de reconstruirlos.
La crítica de las formas
La disciplina de la crítica de las formas busca clasificar distintos materiales que se encuentran en el Nuevo Testamento, de acuerdo al género o tipo literario («forma») y sacar conclusiones pertinentes a la interpretación, con base en estas clasificaciones. Se pueden distinguir distintos tipos de material: genealogías, parábolas, historias de milagros, discursos, himnos, credos, proverbios y muchos más. El fruto de esas investigaciones se hará obvio en este libro cuando consideremos «Tipos de material en los Evangelios» (en el cap. 5) y «La estructura o formato típico de una carta» (en el cap. 11). Los críticos de las formas generalmente están interesados en identificar el sitz im Leben («situación en la vida») en que cada uno de estos tipos de literatura habría encajado, lo cual implica ciertas suposiciones en cuanto a propósito: una broma podría emplearse para entretener, mientras que una oración podría emplearse para adoración. Los críticos de las formas han practicado su disciplina en conjunto con la crítica de las fuentes, pero con la visión de discernir las fuentes orales que están detrás de los textos del Nuevo Testamento.
La crítica de la redacción
La crítica de la redacción, que se usa principalmente en los estudios de los Evangelios, trata de determinar las intenciones particulares de los autores del Nuevo Testamento al analizar cómo ordenaron y editaron su texto fuente. La disciplina típicamente involucra dos métodos: (1) el análisis de la composición considera cómo están ordenadas diversas unidades dentro del libro en particular, el orden o ubicación de las unidades individuales, la secuencia del material y la organización general del libro; y (2) el análisis de la enmienda considera las alteraciones que el autor del Evangelio probablemente haya hecho en el texto fuente: adiciones, omisiones y otros cambios que revelan las prioridades y preferencias del autor. Para los resúmenes de los análisis de la crítica de la redacción de los Evangelios de Mateo y Lucas, véase el cuadro 6. 2 y el cuadro 8.2.
análisis de la composición: el estudio de cómo las unidades están organizadas en un libro particular, orden o ubicación, secuencia y arreglo estructural.
análisis de la enmienda: el estudio de las alteraciones que el autor probablemente hacía al texto fuente, adiciones, omisiones y otros cambios que revelan las prioridades y preferencias del autor.
La crítica de la narrativa
La crítica de la narrativa, que también se usó principalmente con los Evangelios (y el libro de Hechos), se inspira en la comprensión del análisis literario moderno, para determinar los efectos particulares que se espera que las historias bíblicas tengan en sus lectores.
Al igual que en la crítica de la redacción, la crítica de la narrativa se interesa en tratar cada libro por sí solo y en tratar de discernir lo que es característico en él, pero en tanto que la crítica de la redacción se enfoca en su composición (la forma en que el autor organizó y editó el material), la crítica de la narrativa se enfoca en la recepción (cómo se espera que la obra impacte o afecte a los lectores). La crítica de la narrativa frecuentemente analiza un Evangelio de la forma en que los críticos literarios interpretan una historia corta: le ponen atención a la forma en que avanza la trama, en que los personajes se desarrollan, la forma en que se presenta o resuelve el conflicto y la forma en que las características de la retórica, como el simbolismo y la ironía, afectan la percepción del lector de lo que está ocurriendo.
La crítica de la retórica
El foco de la crítica de la retórica está en las estrategias empleadas por los autores bíblicos para cumplir propósitos particulares. Los críticos de la retórica se interesan no solo en el punto que una obra quiere aclarar, sino también en la base en la que ese punto se establece (los tipos de argumentos o pruebas que se usan): a veces se cita la evidencia externa o documentación; a veces se nombra a un personaje confiable para el autor; en otras ocasiones se apela a las emociones o sentido de lógica del lector.
La crítica de la recepción
El acercamiento a los textos del Nuevo Testamento conocido como crítica de la recepción se enfoca en la forma en que los lectores han entendido y podrían entender el texto, quienes los emplean de diferentes maneras y en diversos contextos. Típicamente, a los críticos de la recepción les interesa la «polivalencia», es decir, la capacidad de que cualquier texto signifique cosas diferentes para personas distintas. La mayoría de los críticos de la recepción se interesan en explorar la forma en que los lectores contribuyen al proceso de interpretación, les dan su propia perspectiva y presuposiciones a los textos y los leen a la luz de eso. Por ejemplo, analizan cómo los factores de la ubicación social (edad, sexo, nacionalidad, condición económica, etc.) inevitablemente afectan las formas en que los lectores emplean los textos y ayudan a determinar lo que creen que esos textos significan. Un tipo de crítica de la recepción conocido como Wirkungsgeschichte («historia de la influencia») busca documentar y explicar cómo determinados textos se han leído a lo largo de la historia, cómo se han usado en las discusiones teológicas, en la liturgia, en la predicación, en el arte y en otras formas de recepción, tanto académica como popular.
Figura 3.2. Estudiantes de las Escrituras. La inclinación cristiana a estudiar las Escrituras de una manera académica y seria se deriva del judaísmo. Los rabinos judíos establecieron primero los estándares para la interpretación de las Escrituras, muchos de los cuales todavía se respetan hoy día. En las casas judías, la instrucción en las Escrituras puede comenzar en la niñez; en efecto, muchos niños judíos aprenden hebreo para entender mejor la Biblia. (Bridgeman Images)
Las críticas ideológicas
Hay una cantidad de enfoques al Nuevo Testamento, un poco relacionados con la crítica de la recepción, que buscan explorar la forma en que estos escritos podrían interpretarse cuando se leen desde perspectivas ideológicas particulares. Las diferentes críticas feministas exponen lo que los distintos libros o pasajes quieren decir cuando se leen desde un punto de vista feminista. Un campo relacionado interpreta los textos desde una perspectiva específica de las mujeres afroamericanas, y un campo en desarrollo llamado «crítica mujerista» hace lo mismo desde la perspectiva de las mujeres latinoamericanas. La «crítica poscolonial» resalta las interpretaciones desde las perspectivas de la gente marginada y oprimida en el mundo, especialmente de Asia, África o América Latina. Estos enfoques y otros similares (marxista, jungiano, etc.) buscan presentar interpretaciones que otros eruditos pudieron pasar por alto debido a las limitaciones de sus propias perspectivas ideológicas, generalmente no reconocidas. Ellos también hacen preguntas en cuanto a las perspectivas ideológicas de los mismos autores bíblicos, y buscan exponer suposiciones ideológicas que puedan ser inherentes en los textos producidos en culturas y contextos particulares.
La deconstrucción
El enfoque a los textos llamado «deconstrucción» es más bien un modo extremo de interpretación que surgió a finales del siglo XX y llegó a ser popular con eruditos influenciados por la filosofía posmoderna. Trata de demostrar que todas las interpretaciones propuestas son constructos ideológicos que no tienen ninguna afirmación objetiva de legitimidad. El proceso de interpretación inevitablemente favorece ciertas posibilidades a expensas de otras. De esa manera, los eruditos posmodernos frecuentemente sostienen que la interpretación revela más acerca del intérprete que del texto, y emplean el método de la deconstrucción para demostrar que las interpretaciones propuestas de cualquier texto determinado dependen del criterio subjetivo: pueden ser interpretaciones correctas desde un punto de vista en particular, pero cualquier cantidad de otras interpretaciones tendrían que considerarse como igualmente válidas. Desde la perspectiva posmoderna, el significado en cualquier sentido absoluto es inalcanzable. Aun así, los intérpretes pueden «jugar» con los textos, y eso puede valer la pena si aprenden cosas de sí mismos y de otros intérpretes en el proceso. De manera positiva, la deconstrucción frecuentemente resalta posibilidades olvidadas para el significado bíblico y hace preguntas en cuanto a por qué no se han explorado más completamente esos enfoques.
filosofía posmoderna: el enfoque relativista a la vida y pensamiento que niega los absolutos y la objetividad.
Exégesis y hermenéutica
Los eruditos bíblicos a veces hacen una distinción entre exégesis y hermenéutica. El primer término, exégesis, se refiere al estudio académico de la Biblia, con un énfasis en la explicación propiamente dicha de los textos; los enfoques académicos descritos anteriormente implican el uso de los métodos exegéticos. El segundo término, hermenéutica, se refiere más ampliamente a la reflexión filosófica en el proceso de interpretación, incluso la consideración de preguntas en cuanto a cuál debe ser la meta de la interpretación, y a las diversas formas en que los pasajes bíblicos pueden considerarse significativos o acreditados. ¿Debe estudiarse el Nuevo Testamento como una colección de documentos históricos para determinar qué revelan acerca de los orígenes de la religión cristiana? ¿Debe analizarse y evaluarse por sus cualidades estéticas y artísticas? ¿Debe abordarse como un recurso para el desarrollo de dogmas religiosos? ¿Debe estudiarse (académicamente) como Escrituras, como un libro que revela los propios pensamientos de Dios? Y, si así fuera, ¿qué significa eso? Una persona puede creer que el Nuevo Testamento es la palabra inerrante de Dios; otra puede considerar que contiene libros que retienen las marcas tanto de inspiración divina como de falibilidad humana. Claramente, la interpretación del Nuevo Testamento puede verse afectada por las distintas suposiciones hermenéuticas que los intérpretes hacen en cuanto a estos escritos.
Uno de los errores más comunes que comenten los estudiantes cuando son nuevos en el campo de los estudios bíblicos académicos es asociar los métodos exegéticos particulares con posturas hermenéuticas específicas. He aquí algunos ejemplos: (1) el estudiante lee un libro de un arqueólogo que afirma proporcionar prueba de que ciertas historias bíblicas son fácticas y correctas, por lo que el estudiante llega a la conclusión de que los eruditos que quieren demostrar la exactitud de las narraciones bíblicas típicamente usan la arqueología; (2) el estudiante lee un libro de un crítico de la redacción que afirma que los autores de los Evangelios editaron su texto fuente de maneras que revelaban que tenían motivos inconsecuentes y opuestos, por lo que el estudiante llega a la conclusión de que los eruditos que quieren hacer énfasis en puntos contradictorios de las Escrituras típicamente usan la crítica de la redacción; (3) el estudiante lee un libro de un crítico de la retórica que sostiene que el argumento de Pablo en una carta en particular es tan persuasivo que todos deben aceptarlo hoy día, por lo que el estudiante llega a la conclusión de que los eruditos que quieren animar a los lectores a aceptar lo que los autores bíblicos enseñaron como válido para nuestra época típicamente usan la crítica de la retórica; y (4) el estudiante lee un libro de un crítico de la narrativa que considera que los Evangelios son cuentos ficticios, por lo que el estudiante llega a la conclusión de que los eruditos que no creen que los Evangelios dan relatos exactos históricamente de los acontecimientos del siglo I típicamente usan la crítica de la narrativa.
Todas estas conclusiones son falsas. Todos los métodos exegéticos y las disciplinas académicas descritas anteriormente son utilizados por personas que funcionan con suposiciones e intereses distintos. Los métodos en sí son simplemente herramientas que se emplean con propósitos muy distintos, por personas con actitudes y metas diferentes. El estudiante principiante debe ser cuidadoso de no evaluar la legitimidad o el valor de un método con base en una exposición limitada a su uso. Adicionalmente, la mayoría de los eruditos usan estos métodos, combinándolos entre sí; ellos examinan un texto con un enfoque para responder un conjunto de preguntas y usan otro enfoque para responder un conjunto distinto de preguntas. Usan un método un día y otro método el día siguiente.
Conclusión
Los escritos del Nuevo Testamento no solo se leen; se estudian. De hecho, probablemente sea seguro decir que estos libros han sido investigados más cuidadosamente y analizados con más detenimiento que cualquier otro escrito de la historia. El campo académico de los estudios del Nuevo Testamento ha llegado a ser una disciplina que abarca muchos enfoques distintos y emplea una variedad de métodos. Algunos eruditos están más interesados en las preguntas históricas; dependen de la arqueología para reconstruir los escenarios en los que se escribieron los libros del Nuevo Testamento, y sacan provecho del entendimiento de la sociología, de la antropología cultural y de otras disciplinas para entender lo que se reporta dentro del contexto del mundo antiguo. Otros eruditos tienden a estar más interesados en comprender los mensajes que los libros transmiten o en los efectos que los mismos esperan tener en sus lectores, por lo que dependen más de los métodos que analizan las características retóricas y literarias de los textos. Y, por supuesto, muchos eruditos del Nuevo Testamento están interesados en los asuntos teológicos, por lo que estudian estos escritos a la luz de los intereses específicos ideológicos y doctrinales. En un sentido general, los distintos enfoques metodológicos al Nuevo Testamento se pueden comparar a las llaves en un aro: las distintas llaves abren puertas diferentes y conceden acceso a distintas clases de conocimiento. Es difícil saber al principio qué puertas uno quiere abrir. Por consiguiente, el mejor consejo para los intérpretes bíblicos incipientes generalmente es este: Traten de obtener un juego de llaves tan completo como sea posible.

Dianelos Georgoudis / CC BY-SA 3.0
4
Jesús
Levántese un domingo en la mañana y conduzca por su ciudad. Si vive en los Estados Unidos, encontrará iglesias, así como lo haría en muchos otros países. Son de muchas clases: denominaciones históricas e innovaciones recientes, comunidades de adoración, de «marcas» y genéricas. Encontrará gente que se reúne en catedrales elevadas y en locales comerciales alquilados, en auditorios espaciosos y en santuarios estilo hacienda. Verá vestimentas y menajes, vitrales y pantallas de video, costosas obras de arte encargadas y carteles improvisados de mal gusto. Y la gente es tan diversa como su mobiliario.
Ahora bien, he aquí un hecho sorprendente: toda esa gente se ha levantado y se ha reunido con otros el domingo en la mañana por causa de una persona: un judío que nació al otro lado del mundo hace más de dos mil años.
¡Escuche!
Oirá a la gente cantar:
Dominará Jesús el Rey
En todo pueblo bajo el sol;…
…
Oh, qué amigo nos es Cristo
Él llevó nuestro dolor…
…
Loores dad a Cristo el Rey, suprema potestad;
De su divino amor la ley, postrados aceptad…
Escuchará congregaciones confesar un credo:
Creemos en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Cuadro 4.1
La importancia histórica de Jesús
En una mañana de primavera, alrededor del año 30 e. c., tres hombres fueron ejecutados por las autoridades romanas de Judea. Dos eran «bandoleros»… El tercero fue ejecutado como otra clase de criminal político. No había robado, saqueado, asesinado, ni siquiera guardado armas. Sin embargo, se le acusó de haber afirmado ser el «rey de los judíos», un título político. Los que observaban… sin duda pensaron que el mundo observaría poco lo que pasó aquella mañana de primavera… Por supuesto, resultó ser que este tercer hombre, Jesús de Nazaret, llegaría a ser una de las figuras más importantes de la historia humana.
—E. P. Sanders*
Independientemente de lo que cualquiera pueda pensar o creer de él personalmente, Jesús de Nazaret ha sido la figura dominante de la historia de la cultura occidental durante casi veinte siglos. Si fuera posible, con alguna clase de superimán, retirar de esa historia cada migaja de metal que tuviera por lo menos un vestigio de su nombre, ¿cuánto quedaría?
—Jaroslav Pelikan†
*E. P. Sanders, The Historical Figure of Jesus [La figura histórica de Jesús] (Londres: Penguin, 1993), 1.
†Jaroslav Pelikan, Jesus through the Centuries [Jesús a través de los siglos] (New Haven: Yale University Press, 1985), 1.
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza que el Padre.
Escuchará a un evangelista que exhorta a las personas a aceptar a Jesús como su Señor y Salvador personal, y que las invita a pedirle que entre a sus corazones para limpiarlas de pecado. Escuchará adoradores inspirados que afirman que Jesús les ha hablado esa misma mañana y les ha dado palabras de guía para otros que están presentes. Escuchará a un sacerdote que recita en latín o en griego, y que promete a los que se han reunido que están a punto de comer la carne de Jesús y beber su sangre.
Si usted no es una de esas personas, si no es cristiano, todo esto puede parecerle extraño. Incluso si es cristiano, algo de esto puede parecerle extraño, porque probablemente usted tenga algunas ideas sobre cuáles grupos de cristianos tienen razón en cuanto a Jesús, y cuáles no.
Jesús en el Nuevo Testamento: Terrenal y exaltado
Jesús es la figura central del Nuevo Testamento; cada libro se escribió por él y, en cierto sentido, acerca de él. Aun así, se puede hablar de dos formas distintas del Jesús de quien leemos en el Nuevo Testamento. Primero, el Nuevo Testamento nos habla de un hombre llamado «Jesús», que vivió en Galilea y que dijo e hizo muchas cosas extraordinarias antes de que finalmente fuera crucificado. Segundo, el Nuevo Testamento también habla de Jesús como una figura exaltada y eterna, que existió antes de la creación, que ahora sigue reinando desde el cielo, sentado a la diestra de Dios y que mora en los corazones de los que creen en él.
La fe y doctrina cristianas afirman la unidad de estas dos figuras: son el mismo Jesús, no dos distintos. Aun así, los eruditos cristianos frecuentemente descubren que es útil distinguir entre los dos, especialmente cuando interpretan el Nuevo Testamento. Por ejemplo, hay un pasaje en el Evangelio de Mateo en el que Jesús les dice a sus discípulos: «A los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a mí no me van a tener siempre» (26:11). Luego, más adelante en el Evangelio de Mateo, Jesús les dice a estos mismos discípulos: «estaré con ustedes siempre» (28:20). El primer pasaje se refiere a lo que los eruditos llaman la figura de Jesús terrenal, histórica (o, a veces, «el Jesús antes de la Pascua»), el hombre que vivió en Galilea y que dijo a sus discípulos que no estaría presente con ellos en la tierra para siempre. Pero luego, en el segundo pasaje, cuando Jesús dice: «estaré con ustedes siempre», debe referirse a otra cosa. Los teólogos cristianos dirían que el Jesús eterno exaltado («el Jesús después de la Pascua») está presente de una manera que la figura terrenal e histórica no lo está.
La figura terrenal de Jesús en el Nuevo Testamento: Generalidades
Los Evangelios del Nuevo Testamento se refieren sistemáticamente a Jesús como un judío de Nazaret, una pequeña aldea de la provincia de Galilea. Es el hijo de José y María y tiene varios hermanos y hermanas. Es un campesino judío que trabaja como tektōn, una especie de carpintero u obrero de construcción. No se dice casi nada de su vida temprana, aunque se implica algún proceso de educación con el hecho de que, como adulto, sabe leer (Lc. 4:16-20) y es conocedor de las Escrituras. No se dice nada de su estado civil, lo que probablemente quiere decir que debe considerársele un adulto soltero, comprometido (¿por razones religiosas?) con una vida de celibato (cf. Mt. 19:12).
El Nuevo Testamento se enfoca principalmente en el último año de la vida de Jesús. Es bautizado por Juan el Bautista, un apasionado predicador del arrepentimiento, que parece haber formado su ministerio con el ejemplo de profetas del Antiguo Testamento como Elías. Luego Jesús comienza un ministerio público propio y viaja por todas las aldeas de Galilea, enseñando, predicando y sanando. Llama a discípulos para que lo sigan y elige a doce de esos discípulos para que constituyan un grupo más íntimo de seguidores, siguiendo el modelo de las doce tribus de Israel. Algunas facetas de su ministerio son especialmente dignas de atención:
•Es un ministerio itinerante. En tanto que Juan el Bautista predicaba en el desierto, esperando que las multitudes salieran a escucharlo, Jesús predica en el camino, y lleva su mensaje a diferentes grupos a medida que él y sus discípulos se trasladan de un lugar a otro (véase Mt. 8:20).
•Es un ministerio rural. Aunque había ciudades grandes en Palestina (Cesarea, Séforis, Tiberias), no se dice nunca que Jesús visitara alguna de ellas, excepto Jerusalén; el foco de su ministerio son las aldeas y los pueblos comerciales, lugares como Betsaida y Capernaúm. Frecuentemente, se le describe ministrando a la gente en ambientes al aire libre (p. ej., al lado del mar de Galilea).
gentil: persona que no es judía.
•Es un ministerio judío. A pesar de los encuentros ocasionales con gentiles o samaritanos, el ministerio de Jesús está dirigido principalmente a judíos y se conduce con términos significativos para el pueblo judío. Con frecuencia, enseña en las sinagogas, cita las Escrituras judías y discute temas como la forma en que la ley judía se puede cumplir de mejor manera y cómo se cumplen los escritos de los profetas judíos.
samaritanos: pueblo semita que vivía en Samaria en la época de Jesús y afirmaba ser el verdadero Israel, descendientes de las tribus que fueron llevados en cautiverio por los asirios.
De esa manera, el Nuevo Testamento presenta a Jesús como un campesino judío que asume los papeles de rabino y profeta en favor de otros campesinos judíos de Galilea, durante el gobierno de Herodes Antipas; adicionalmente, la fase más prominente de su ministerio ocurre precisamente después de que Herodes arresta a Juan el Bautista (véase Mr. 1:14).
En cuanto a contenido, el tema más prominente que Jesús trata en el Nuevo Testamento es la inminencia y certidumbre del gobierno de Dios. Jesús usa frecuentemente la frase «reino de Dios» (o a veces «el reino de los cielos») para describir la esfera y el poder de la influencia de Dios, un fenómeno que ni el tiempo ni el espacio pueden restringir. Según Jesús, el «reino de Dios» (una frase que también se puede traducir como «gobierno de Dios» o «reinado de Dios») no solo está en el cielo o en el futuro, sino que es una realidad que ha de experimentarse aquí y ahora. Cuando Jesús dice: «El reino de Dios está cerca» (Mr. 1:15), quiere decir algo así: «Dios está listo y dispuesto para gobernar nuestra vida, aquí mismo y ahora mismo». Pero eso no es todo; el reino también tiene una dimensión futura, y el Nuevo Testamento presenta a Jesús que habla de eso también. Habrá un juicio final en el que el mismo Jesús presidirá, y a los seres humanos se les concederá acceso a la dicha eterna o se les condenará al castigo eterno, según su condición con relación a Dios y al mismo Jesús. Él indica que las bendiciones del reino futuro son para los que creen en él y que son fieles a él de palabra y obra.
reino de Dios/reino del cielo: frases que se usan para describir el fenómeno de que Dios gobierna, donde y cuando eso pueda ser.
El énfasis general en la presencia y el poder de Dios tiene numerosas implicaciones. Otros temas prominentes en las enseñanzas y predicación de Jesús incluyen: (1) un llamado a la lealtad firme a Dios y a la confianza absoluta en Dios; (2) una promesa de perdón que lleva a la reconciliación de pecadores y a una nueva inclusión de marginados entre el pueblo de Dios; (3) una revaluación de ciertas interpretaciones legales, particularmente aquellas que se consideran agobiantes o que se consideran que fomentan el elitismo espiritual; (4) una «ética de amor» radical, que declara que el amor a Dios y al prójimo son una sinopsis de todas las demandas de Dios y que impulsa a la gente a amar a todos, incluso a sus enemigos y (5) una reversión de juicios de valor que insiste en que Dios favorece al pobre más que al rico y al humilde más que al poderoso, con la consecuencia obvia de que los que quieran agradar a Dios deben humillarse a sí mismos, por medio de la pobreza y el servicio voluntarios.
Cuadro 4.2
El reino de Dios en las enseñanzas de Jesús
Jesús enseña frecuentemente acerca del «reino de Dios». A veces parece que habla del reino presente de Dios en las vidas humanas; otras veces parece que habla de un reino futuro donde la gente vivirá por siempre con Dios en el cielo. A menudo, parece que sus referencias al «reino de Dios» conllevan ambos significados. El reino de Dios es un fenómeno que ni el tiempo ni el espacio pueden limitar; es tanto un reino presente como un reino futuro.
•»Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia» (Mt. 6:33; cf. Lc. 12:31).
•»Si expulso a los demonios por medio del Espíritu de Dios, eso significa que el reino de Dios ha llegado a ustedes» (Mt. 12:28; cf. Lc. 11:20).
•»Se ha cumplido el tiempo —decía—. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!» (Mr. 1:15; cf. Mt. 4:17).
•»El reino de Dios se parece a quien esparce semilla en la tierra. Sin que este sepa cómo y sea que duerma o esté despierto, día y noche brota y crece la semilla» (Mr. 4:26-27).
•»Les aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto el reino de Dios llegar con poder» (Mr. 9:1; cf. Mt. 16:28; Lc. 9:27).
•»Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al infierno» (Mr. 9:47).
•»Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos» (Mr. 10:14; cf. Mt. 19:14; Lc. 18:16).
•»El que no reciba el reino de Dios como un niño de ninguna manera entrará en él» (Mr. 10:15; cf. Mt. 18:3).
•»¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!» (Mr. 10:23; cf. Mt. 19:23; Lc. 18:24).
•»No volveré a beber del fruto de la vid hasta aquel día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios» (Mr. 14:25).
•»Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece» (Lc. 6:20).
•»Allí habrá llanto y rechinar de dientes cuando vean en el reino de Dios a Abraham, Isaac, Jacob y a todos los profetas, mientras a ustedes los echan fuera» (Lc. 13:28).
•»La venida del reino de Dios no se puede someter a cálculos. No van a decir: “¡Mírenlo acá! ¡Mírenlo allá!” Dense cuenta de que el reino de Dios está entre ustedes» (Lc. 17:20-21).
•»Quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios» (Juan 3:3).
Compare estas referencias de las cartas de Pablo:
•»Porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas, sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo» (Ro. 14:17).
•»El reino de Dios no es cuestión de palabras, sino de poder» (1 Co. 4:20).
•»El cuerpo mortal no puede heredar el reino de Dios» (1 Co. 15:50).
El Nuevo Testamento también presenta a Jesús enseñando sobre sí mismo, es decir, acerca de su identidad como alguien que tiene una relación única con Dios, y que habla prolépticamente, es decir, de una manera que anticipa los asuntos de interés para los cristianos en la vida de la iglesia primitiva (véase, p. ej., Mt. 18:15-18). Frecuentemente, se refiere a sí mismo en tercera persona como «el Hijo del Hombre», y también quiere que se le identifique (por lo menos en privado) como el Mesías y como el Hijo de Dios. En general, parece que Jesús indica que la posibilidad y necesidad de vivir bajo el gobierno de Dios es una realidad nueva, que ahora está disponible debido a él: Jesús es el mediador por medio del cual las personas experimentan el poder y la presencia del gobierno de Dios.
parábola: historia o dicho figurado que transmite una verdad espiritual a través de la referencia a fenómenos rutinarios y terrenales.
El estilo o la conducta del ministerio de Jesús también merece atención. Concretamente, a él le gusta contar parábolas, aunque también usa proverbios, aforismos y otras formas memorables del lenguaje, asociadas con la tradición de la sabiduría judía. Además, se le describe realizando lo que podría llamarse «acciones proféticas» (exhibiciones públicas poco convencionales con el propósito de aclarar un asunto en particular). El Antiguo Testamento narra que Isaías anduvo desnudo por tres años para ilustrar la vergüenza que le llegaría a Israel cuando la nación fuera llevada al exilio (Is. 20:3), y que Jeremías llevó puesto un yugo (Jer. 27:1-7) y quebró un cántaro (Jer. 19:1-11). Los hechos proféticos que se le atribuyen a Jesús incluyen cenar con recaudadores de impuestos (Mr. 2:15-17), entrar a Jerusalén montado en un burro (Mr. 11:1-10) y voltear las mesas de los cambistas de dinero en el patio del templo (Mr. 11:15-17).
Figura 4.1. Niños en el mercado. Jesús se comparó a sí mismo y a Juan el Bautista con los niños que tocan música en un mercado. No importa qué clase de música toquen —cantos fúnebres o bailes festivos—, la mayoría de la gente no pone atención. De igual manera, Jesús y Juan tenían estilos de ministerio muy distintos, pero ambos fueron desestimados por muchos (véase Mt. 11:16-19; Lc. 7:31-35). (Lalo García)
Otro aspecto prominente del ministerio de Jesús en el Nuevo Testamento es su práctica regular de sanar a los enfermos. Él purifica a los leprosos; hace que el mudo hable, que el sordo oiga y que el ciego vea, permite que el cojo o paralítico camine. Frecuentemente, estas curaciones se llevan a cabo por actos de exorcismo. Las personas sufren de diversas aflicciones porque están poseídas por demonios, pero cuando Jesús obliga a los espíritus inmundos a irse, la gente se cura instantáneamente. Jesús dice que es capaz de hacer esto porque el reino de Dios ha llegado (Mt. 12:28); de esa manera, sus curaciones y exorcismos también se convierten en hechos proféticos, que ilustran su mensaje central en cuanto a la presencia y al poder del gobierno de Dios. En unos cuantos casos, hasta le devolvió la vida a la gente. También hace lo que a veces se llama «milagros de la naturaleza», y realiza cosas que comúnmente son imposibles para un ser humano: camina sobre el agua, multiplica una cantidad limitada de comida, transforma el agua en vino, controla el clima, marchita una higuera. En la medida en que estos milagros son hechos proféticos, sirven para ilustrar el poder de la fe en Dios (véase Mt. 14:28-31; Mr. 11:21-24); a veces, también parece que tienen significado simbólico, por ejemplo, el agua transformada en vino simboliza una transformación de la vida rutinaria a la vida abundante (véase Jn. 2:1-11).
exorcismo: la acción de expulsar un demonio de una persona o cosa.
demonio: espíritu malo (o «impuro»), capaz de poseer a las personas y de incapacitarlas con alguna clase de enfermedad o incapacidad.
De cualquier manera, el ministerio de Jesús lo pone en conflicto con los líderes religiosos de Israel. No están de acuerdo con él en muchos asuntos en cuanto a la interpretación de la ley (p. ej., las regulaciones del día de reposo, el criterio para el divorcio) y la práctica apropiada de la piedad (p. ej., el ayuno, el lavado ritual de las manos, el dar ofrenda, el uso de filacterias). Según el Nuevo Testamento, estos líderes están celosos de la popularidad de Jesús entre la gente, y están escandalizados, porque se relaciona en público con los pecadores; también están ofendidos por su afirmación de que habla con una autoridad divina que sobrepasa nuestro propio juicio. Pero para Jesús, ellos también son ofensivos: los considera insensatos pedantes, falsos e hipócritas y parangones pomposos de arrogancia, por lo que los denuncia en público, precisamente con esos términos.
La carrera del Jesús terrenal llega a un clímax cuando se le arresta en Jerusalén, en lo que el Nuevo Testamento presenta como cargos inventados. Él quiere preparar a sus discípulos para este trauma al exponer conocimiento previo de lo que ocurrirá, prediciendo exactamente lo va a pasar y llevando a cabo una comida final con sus seguidores, llena de últimas palabras y consejos para ellos, a fin de que los sigan en los días venideros. Su muerte se presenta en el Nuevo Testamento como resultado del mal colectivo: los oponentes judíos de alto rango lo quieren fuera del camino y manipulan a un gobernador (Poncio Pilato) que, como era de esperar, era injusto, para que ordene la tortura y ejecución de un hombre que él sabe que es inocente. Hasta los propios discípulos de Jesús contribuyen a su muerte vergonzosa, ya que uno de ellos lo traiciona, todos lo abandonan y el hombre que era su mano derecha (Pedro) niega saber quién es Jesús. Clavado en una cruz, Jesús sufre y muere; su cuerpo es colocado en una tumba donada por un compasivo miembro de la élite judía. Entonces, así como lo predijo, resucita de los muertos y se les aparece a varios de sus seguidores.
Figura 4.2. El Jesús universal. A lo largo de la historia, la gente de distintas culturas frecuentemente ha concebido a Jesús (y a veces a la Virgen María) desde el punto de vista apropiado a su contexto particular. No han tratado de representar a María y a Jesús como «realmente eran» en la Palestina del siglo I, sino como pueden parecerles a los devotos a través de los ojos de la fe. Cp. fig. 4.3. (izquierda, Rose Walton; derecha, Bridgeman Images)
El Jesús terrenal como lo entienden los autores individuales del Nuevo Testamento
El esbozo anterior del Jesús terrenal se parece a lo que frecuentemente se enseña y se cree de Jesús en las iglesias cristianas y en las clases de escuela dominical. Sin embargo, el estudio académico del Nuevo Testamento le da un enfoque un poco distinto al tema: la meta principal de semejante estudio no es entender lo que los cristianos creen de Jesús, sino entender los escritos del Nuevo Testamento en sí. Este no es un tema totalmente distinto; obviamente hay mucho traslapo entre «los escritos del Nuevo Testamento» y «lo que los cristianos creen de Jesús», ya que las creencias cristianas se basan en esos escritos. Aun así, los temas no son exactamente los mismos, y vamos a ver algunas de las formas más importantes en las que típicamente difieren.
Las creencias cristianas acerca de Jesús generalmente buscan abarcar todo lo que el Nuevo Testamento enseña en cuanto a él, todo lo que se afirma en los distintos libros combinados. Sin embargo, para entender cualquier escrito particular del Nuevo Testamento, es necesario enfocarse en lo que un libro o autor dice, al margen de la consideración de lo que se dice en otros libros. De esa manera, en los estudios del Nuevo Testamento es usual hablar del «Jesús de Mateo» o del «Jesús mateano», del «Jesús de Juan» o del «Jesús juanino», del «Jesús de Pablo» o del «Jesús paulino», y así sucesivamente. Eso puede ser un poco confuso o impresionante para un estudiante principiante, por lo que unos cuantos ejemplos ilustrarán el asunto.
En el Evangelio de Mateo, Jesús no pide información de sus discípulos ni de otra gente. En el Evangelio de Marcos, Jesús les hace preguntas a sus discípulos como: «¿Cuántas hogazas tienen ustedes?» (6:38) y «¿Qué están discutiendo con ellos?» (9:16). Las historias en las que aparecen estas preguntas se encuentran también en el Evangelio de Mateo, pero en Mateo las historias se cuentan de una manera que no se hacen preguntas (véase 14:16-18; 17:14-16). Hay varios ejemplos más de esto. ¿Qué debemos hacer con semejante fenómeno? Definitivamente, Jesús sí le pidió información a la gente, el Nuevo Testamento aclara eso. Pero el Jesús de Mateo no le pide información a la gente. Reconocer este hecho quizá no nos ayude a saber algo de Jesús (una meta de la teología y fe cristiana), pero sí nos ayuda a entender el Evangelio de Mateo (una meta del estudio del Nuevo Testamento). Para obtener una comprensión firme del Evangelio de Mateo debemos preguntar: «¿Por qué este libro no presenta a Jesús pidiendo información? ¿Es simplemente una coincidencia que no lo haga? ¿O el autor está tratando de demostrar algo?».
Tomemos otro ejemplo. En el Evangelio de Juan, Jesús no realiza ningún exorcismo y no cuenta ninguna parábola. Por los demás Evangelios, sabemos que Jesús sí hizo exorcismos y contó parábolas. Por lo que el Jesús de los Evangelios sinópticos hace esas cosas, pero el Jesús juanino no. De nuevo, saber esto probablemente no enriquezca nuestra comprensión de la vida y misión del Jesús terrenal, pero puede contribuir significativamente a nuestra comprensión de un libro en particular del Nuevo Testamento: los eruditos que estudian el Evangelio de Juan quieren saber por qué este libro no incluye exorcismos ni parábolas.
Los estudiantes del Nuevo Testamento tienen que acostumbrarse a escuchar declaraciones como las siguientes:
•El Jesús mateano insiste en que todos los mandamientos de la ley permanecerán válidos hasta el fin de los tiempos (Mt. 5:18).
•El Jesús marcano es incapaz de hacer milagros para los que carecen de fe (Mr. 6:5; cf. Mt. 13:58).
•El Jesús lucano promete que Dios dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan (Lc. 11:13; cf. Mt. 7:11).
•El Jesús juanino frecuentemente usa metáforas para describirse a sí mismo (Juan 6:35; 8:12; 10:7, 11; 11:25; 14:6; 15:1).
Para algunos estudiantes, particularmente los que están más empapados en la fe y tradición cristiana, son más preocupantes las declaraciones que parece que indican que un libro contradice las creencias o valores del cristianismo. Por ejemplo, los eruditos del Nuevo Testamento dirán: «El Jesús marcano no nació de una virgen». Para los principiantes, eso podría sonar como una negación de la doctrina cristiana del nacimiento virginal, pero los eruditos simplemente declaran un hecho: no hay referencias del nacimiento virginal de Jesús en el Evangelio de Marcos. El autor del Evangelio de Marcos no sabía la historia del nacimiento virginal, o deliberadamente decidió omitirla. De cualquier manera, si queremos entender lo que el autor del Evangelio de Marcos quería comunicar a través del libro que escribió, debemos enfocarnos o interpretar ese libro como fue escrito, en lugar de suplementarlo con información de otras fuentes. A un nivel introductorio, la meta de los estudios del Nuevo Testamento siempre es entender cada libro de acuerdo a sus propios términos; la integración posterior de temas e ideas de todos los escritos del Nuevo Testamento generalmente se asocia con un campo avanzado de estudio llamado «Teología del Nuevo Testamento».
Figura 4.3. ¿El Jesús histórico? Esta «cabeza de Cristo reconstruida» fue producida por Richard Neave, un científico forense y artista médico en la Universidad de Manchester. El doctor Neave trabajó con tres cráneos de hombres galileos semitas del siglo I e. c. para componer un facsímil razonable de cómo era realmente Jesús. Además, Neave sugiere que Jesús habría medido alrededor de 1.6 m y habría pesado alrededor de 50 kilos. Probablemente, tendría barba porque era común entre los maestros, y habría tenido cabello rizado, más o menos hasta la nuca, porque en los hombres el cabello largo hasta los hombros se consideraba deshonroso (1 Co. 11:14). (Foto de la Biblioteca de la BBC)
El Jesús terrenal como lo entienden los historiadores modernos
Los historiadores también están interesados en estudiar al Jesús terrenal que se presenta en el Nuevo Testamento, y usan los escritos del Nuevo Testamento de la misma manera en que usan otros escritos de la antigüedad. Consideran estos escritos como fuentes principales para analizar, con el fin de extraer información pertinente para una reconstrucción creíble de quién fue Jesús y qué ocurrió en el mundo debido a él. Al usar el Nuevo Testamento con este propósito, debemos observar que los historiadores no lo usan de la misma manera que los teólogos cuando buscan explicar lo que los cristianos deben creer acerca de Jesús ni lo usan de la misma manera que los eruditos, cuya meta es entender los mensajes de los libros individuales. El objeto de la búsqueda del historiador no es «el Jesús del Nuevo Testamento», que es importante para le fe cristiana ni es el «Jesús mateano», ni «el Jesús juanino», ni ninguna otra figura semejante que frecuentemente es el foco del estudio del Nuevo Testamento. Ellos buscan al «Jesús histórico», es decir, la persona que surge de un análisis de fuentes de acuerdo a principios de la ciencia histórica generalmente aceptados. En este sentido, el estudio histórico de Jesús es un campo decididamente distinto a los estudios del Nuevo Testamento: es un campo que usa el Nuevo Testamento para entender la historia y no un campo que ve la interpretación del Nuevo Testamento como un fin en sí mismo. Aun así, el traslapo de intereses entre estos dos campos es considerable, a tal punto que algunas discusiones de lo que se llama «estudios del Jesús histórico» pueden ser apropiadas.
Lo primero que hay que decir es que el «Jesús histórico» no debe equipararse con Jesús, el hombre real que vivió en Galilea. Los historiadores reconocen que Jesús, la persona real, dijo e hizo muchas cosas que son desconocidas para nosotros. También aceptan que él pudo haber dicho y hecho cosas que se narran en el Nuevo Testamento, que no se pueden considerar como históricas, simplemente porque no hay prueba suficiente que verifique o confirme lo que se narra allí. La ciencia histórica es escéptica por naturaleza. Por ejemplo, los historiadores generalmente no están dispuestos a aceptar aseveraciones de que la gente hacía milagros u otras proezas sobrenaturales que desafían las leyes conocidas de la ciencia. No niegan necesariamente que esas cosas hayan ocurrido, pero generalmente sostienen que esas afirmaciones no se pueden confirmar de maneras que les permitan ser consideradas como hechos históricos. No son asuntos que se puedan verificar basándose en lo que cuenta como prueba histórica.
Cuadro 4.3
La biografía de Jesús por un historiador: Un extracto
Aún es un desconocido cuando llega a una aldehuela de la Baja Galilea. En él se clavan las miradas frías y duras de los campesinos, que llevan viviendo en el nivel mínimo de subsistencia el tiempo suficiente para saber con toda exactitud por dónde pasa la línea divisoria entre la pobreza y la miseria. Tiene todo el aspecto de un mendigo, aunque a su mirada le falta el encogimiento propio del pedigüeño, en su voz no se oye el típico soniquete quejumbroso y anda sin arrastrar los pies. Habla acerca de la ley de Dios, y los que lo escuchan lo hacen más que otra cosa por curiosidad. Ya saben ellos todo lo que hay que saber acerca de la ley y el poder, del reino y del imperio; en una palabra, saben perfectamente lo que son los impuestos y las deudas, la desnutrición y la enfermedad, lo que es ser un campesino oprimido o estar poseído por el demonio. Lo que a ellos les gustaría saber es qué puede hacer ese reino de Dios por el hijo que está cojo, por el padre ciego, por un alma demente gritando su torturado aislamiento entre las tumbas que marcan los límites del poblado. Jesús pasea con ellos entre los sepulcros y, en el silencio que se produce al concluir sus exorcismos, los aldeanos escuchan una vez más su voz, aunque ahora la curiosidad cede paso a la ansiedad, al temor, al embarazo. Es invitado, como exige el protocolo, a casa del principal personaje de la aldea, pero él prefiere quedarse en la de la mujer desposeída. No está bien, desde luego, pero no sería prudente criticar a un exorcista ni censurar a un mago.
John Dominic Crossan, Jesús: Vida de un campesino judío (Barcelona: Crítica, 1994), 9.
Los historiadores también son cautelosos en cuanto a aceptar reportes no corroborados de autores que narran cosas que ellos habrían querido que fueran ciertas o que habrían ayudado a promover su causa en particular. De esa manera, desde la perspectiva del historiador, los documentos del Nuevo Testamento deben clasificarse como «propaganda religiosa»; fueron escritos con el propósito expreso de promover la fe cristiana y de persuadir a la gente a creer ciertas cosas acerca de Jesús. Por ejemplo, los Evangelios de Mateo y Lucas informan que Jesús (que generalmente se decía que era de Nazaret) en realidad había nacido en Belén. Pero esto es algo que los cristianos habrían querido que la gente creyera de Jesús; un nacimiento en Belén habría ayudado a fomentar sus credenciales como el Mesías judío, quien se esperaba que naciera allí (véase Mt. 2:4-6; cf. Mi. 5:2). Por consiguiente, los historiadores son cautelosos en cuanto a aceptar semejante relato como un hecho histórico.
Ese uso escéptico del Nuevo Testamento no tiene nada que ver con la apreciación teológica que concuerda con los escritos de la gente que cree que son Escrituras inspiradas. Aun así, los estudiantes no deben asumir que los «eruditos del Jesús histórico» necesariamente son irreligiosos. Muchos pueden ser cristianos devotos que simplemente están comprometidos con la honestidad en cuanto a la práctica de su disciplina (la ciencia histórica); se dan cuenta de que, aunque crean personalmente en Jesús (en un sentido espiritual, teológico o religioso), no deben falsear la prueba, ni tratar los materiales históricos en cuanto a él de manera distinta a como lo harían si estuvieran estudiando a cualquier otra persona del mundo antiguo.
Mapa 4.1. Galilea en la época de Jesús
A los estudiantes frecuentemente les parece complicado pensar en las afirmaciones bíblicas de esa manera. Puede parecer sacrílego admitir que algunas cosas que ellos creen de Jesús, cosas que se presentan claramente en el Nuevo Testamento, no superan la prueba de la ciencia histórica. Pero puede haber un sentido en el que ya sabemos que ese es el caso. En los Estados Unidos, se pueden enseñar ciertas cosas acerca de Jesús en las escuelas públicas: un maestro de historia puede decirles a los estudiantes que Jesús fue judío, que enseñó la Regla de oro, que llamó a sus discípulos, que fue crucificado, eso se considera como «hechos históricos» de Jesús, que se pueden presentar sin ninguna sospecha de que el maestro esté promoviendo la religión cristiana. Aun así, la mayoría de la gente en Estados Unidos se da cuenta de que sería inapropiado que un maestro de la escuela pública les dijera a los estudiantes que Jesús nació de una virgen, que era el Mesías, o que murió por los pecados de la gente. Un maestro que dijera esas cosas, probablemente, se metería en problemas por enseñar creencias religiosas en lugar de presentar simplemente información histórica. Por supuesto, las categorías de los «hechos históricos» y las «afirmaciones religiosas» se ponen confusas, pero la mayoría de nosotros probablemente tiene cierto grado de conciencia de que ciertas cosas acerca de Jesús son verificables dejando a un lado la fe, en tanto que otras no. La búsqueda del «Jesús histórico» básicamente es una búsqueda por el «Jesús verificable históricamente».
Regla de oro: nombre tradicional que se le dio a las palabras de Jesús en Mateo 7:12: «Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes».
Cuadro 4.4
Imágenes y títulos de Jesús en el Nuevo Testamento
| Alfa y Omega | Ap. 21:6 |
| Amigo | Jn. 15:13-15 |
| Autor de la vida | Hch. 3:15 |
| El buen pastor | Jn. 10:11 |
| Cabeza del cuerpo | Col. 1:18 |
| El camino | Jn. 14:6 |
| Cordero de Dios | Jn. 1:29 |
| Cristo (Mesías) | Mr. 8:29 |
| Dios | Tit. 2:13 |
| Emanuel | Mt. 1:23 |
| Espíritu | Hch. 16:7 |
| Estrella de la mañana | Ap. 22:16 |
| Garantía | He. 7:22 |
| Heredero | He. 1:2 |
| Hermano | Mt. 25:40 |
| Hijo de Abraham | Mt. 1:1 |
| Hijo de David | Mt. 9:27 |
| Hijo de Dios | Jn. 20:31 |
| Hijo del Hombre | Mt. 20:28 |
| Imagen de Dios | Col. 1:15 |
| Iniciador | He. 12:2 |
| Intercesor | 1 Jn. 2:1 |
| Juez | Hch. 10:42 |
| Rey de reyes | Ap. 19:16 |
| León de Judá | Ap. 5:5 |
| Luz del mundo | Jn. 9:5 |
| Maestro | Lc. 17:13 |
| Mediador | 1 Ti. 2:5 |
| Ministro | He. 8:2 |
| Novio | Mr. 2:19-20 |
| Nuestra paz | Ef. 2:14 |
| El pan de vida | Jn. 6:35 |
| Pastor supremo | 1 P. 5:4 |
| Perfeccionador de la fe | He. 12:2 |
| Piedra angular | Ef. 2:20 |
| El primogénito de entre los muertos | Col. 1:18 |
| El primogénito de toda creación | Col. 1:15 |
| Profeta | Lc. 13:33 |
| La puerta | Jn. 10:7 |
| Raíz de David | Ap. 5:5 |
| Raíz de Isaí | Ro. 15:12 |
| La resurrección | Jn. 11:25 |
| Rey | Mt. 25:40 |
| Salvador | Lc. 2:11 |
| Salvador del mundo | Jn. 4:42 |
| Santificador | He. 2:11 |
| El Santo de Dios | Mr. 1:24 |
| Segundo Adán | Ro. 12:5-19 |
| Señor | Ro. 10:9 |
| Señor de gloria | 1 Co. 2:8 |
| Señor de señores | Ap. 19:16 |
| Siervo | Mr. 10:45 |
| Sumo sacerdote | He. 3:1 |
| El Verbo | Jn. 1:1 |
| La verdad | Jn. 14:6 |
| La vid | Jn. 15:5 |
| La vida | Jn. 14:6 |
La figura exaltada de Jesús en el Nuevo Testamento
Hasta aquí hemos enfocado toda nuestra atención en la figura terrenal de Jesús, el hombre que vivió en Galilea (y que, de esta manera, está sujeto a la investigación histórica). Pero, como se indicó anteriormente, el Nuevo Testamento también le pone mucha atención a Jesús como una figura exaltada, que sigue estando activo en las vidas humanas, aunque ya no esté físicamente presente en la tierra. De hecho, el Nuevo Testamento generalmente presenta el «ser cristiano» como un asunto de estar en una relación viva con Jesucristo, una relación que debe interpretarse de manera distinta a lo que los seres humanos una vez tuvieron con el Jesús terrenal. A veces, a Jesús se le visualiza morando dentro del creyente individual (Gá. 2:19-20). Muy frecuentemente, la metáfora se invierte de tal manera que el creyente se encuentra en Cristo (Fil. 3:9), es decir, como una parte de la entidad colectiva que ahora conforma el cuerpo de Cristo en la tierra (1 Co. 12:27). En cualquier caso, la relación es mutua: los creyentes moran en Jesucristo, y Jesucristo mora en ellos (Jn. 15:5).
Hay una considerable variación en semejante simbolismo. El Jesús exaltado puede identificarse como el novio de la iglesia (Mr. 2:19), o como un gran sumo sacerdote que sirve a Dios en un santuario celestial (He. 4:14). En efecto, al Jesús exaltado frecuentemente se le ubica en el cielo (Col. 3:1), aunque permanece activo en la tierra, especialmente a través de las palabras y obras de los que hablan y actúan en su nombre (Hch. 4:30). A veces, se le identifica como un espíritu que sigue inspirando y dirigiendo los acontecimientos en la tierra (Hch. 16:7). Se comunica con la gente a través de visiones (2 Co. 12:1) y profecías (1 Co. 14:29-31). Su presencia a veces se experimenta por medio de la interacción con otra gente, especialmente los marginados (Mt. 25:40), los vulnerables (Mr. 9:37) o los perseguidos (Hch. 9:5). La comprensión de su presencia a menudo se vincula con el bautismo (Gá. 3:27) o con la participación en una representación de su última cena (1 Co. 11:23-26). Responde oraciones (Jn. 14:14) y también hace oraciones por sus seguidores (Ro. 8:34). Además, el Nuevo Testamento da una seguridad absoluta de que este Jesús exaltado vendrá otra vez: regresará a la tierra de una manera tangible al final de los tiempos, vendrá en las nubes del cielo a presidir en el juicio final (Mt. 24:30; 25:31-32).
Hasta entonces, Jesús sigue siendo objeto de devoción: los cristianos casi pueden definirse como «todos los que en todas partes invocan el nombre del Señor Jesucristo» (1 Co. 1:2), o como gente que cree en Jesús sin evidencia física de su existencia (Jn. 20:29), o como gente que ama a Jesús, aunque no lo hayan visto (1 P. 1:8). En efecto, son gente que lo considera digno de adoración y alabanza (Ap. 5:6-14).
Figura 4.4. Cristo en gloria. Una imagen del siglo VI, de Saqqara, Egipto. (Bridgeman Images)
Este panorama general de cómo el Nuevo Testamento presenta la figura del Jesús exaltado es importante para la teología y fe cristianas. Pero, como con la figura terrenal de Jesús, el campo de los estudios del Nuevo Testamento quiere ser más específico y centrarse en cómo los libros o autores individuales entienden al Cristo exaltado. Algunos escritores exhiben lo que se llama una «alta cristología», según la cual, al Jesús exaltado se le equipara con Dios (véase el cuadro 4.5); otros se esfuerzan por mantener alguna distinción entre Jesús (por muy exaltado que sea) y Dios el Padre, de quien él sigue siendo subordinado (véase Mr. 10:18; Jn. 14:28). Algunos libros o escritores hacen énfasis en ciertos aspectos de la identidad o ministerio del Jesús exaltado y les ponen poca atención a otros. Por ejemplo, la carta a los Hebreos, en gran parte, se construye alrededor de una exposición del Jesús exaltado como sumo sacerdote, una imagen a la que se le pone poca atención (si acaso se le pone) en la mayoría de los otros libros del Nuevo Testamento. La imagen del Jesús exaltado que se manifiesta en un cuerpo de creyentes en la tierra es especialmente prominente en las cartas de Pablo. Los eruditos del Nuevo Testamento no solo asumen que cada autor funcionó con el rango completo de entendimiento en cuanto al Jesús exaltado que se encuentra en el Nuevo Testamento como un todo; sino que tratan de discernir qué aspectos del simbolismo del Nuevo Testamento son funcionales para cada libro, como para entender cada libro en sus propios términos.
Cristo: «el ungido»; el hombre conocido como «Jesús el Cristo» finalmente llegó a ser llamado simplemente «Jesucristo».
cristología: la rama de la teología que se enfoca en la persona y la obra de Jesucristo, que se entiende como una figura divina eterna.
Cuadro 4.5
Jesús como Dios: Referencias del Nuevo Testamento
Los versículos siguientes frecuentemente se citan como ejemplos de ocasiones en las cuales el Nuevo Testamento se refiere a Jesús como Dios:
•»El Verbo era Dios» (Jn. 1:1).
•»El Hijo unigénito, que es Dios» (Jn. 1:18).
•»¡Señor mío y Dios mío!» (Jn. 20:28).
•»El Mesías, el cual es Dios sobre todas las cosas, alabado por siempre» (Ro. 9:5, DHH).
•»Nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» (Tit. 2:13).
•»Pero con respecto al Hijo dice: “Tu trono, oh Dios”» (He. 1:8).
•»Nuestro Dios y Salvador Jesucristo» (2 P. 1:1).
•»Jesucristo… es el Dios verdadero» (1 Jn. 5:20).
Véase Murray J. Harris, Jesus as God: The New Testament Use of Theos in Reference to Jesus [Jesús como Dios: el uso de Theos del Nuevo Testamento con referencia a Jesús] (Grand Rapids: Baker Academic, 1992).
Conclusión
Entonces, ¿cuántos Jesús hay? ¿Ha llevado la cuenta?
Veamos. Tenemos al «Jesús del Nuevo Testamento» (también llamado el «Jesús canónico»). Tenemos al «Jesús terrenal» (a veces llamado «el Jesús antes de la Pascua» o «el Jesús de la historia»). Tenemos al «Jesús exaltado» (llamado también «el Jesús después de la Pascua» o «el Cristo de la fe»). Y luego está el «Jesús histórico» (llamado también «el Jesús históricamente verificable»). Y tenemos a todos los distintos Jesús asociados con los diversos escritos o autores del Nuevo Testamento: el Jesús paulino, el Jesús juanino, el Jesús petrino (es decir, el Jesús de 1 Pedro) y así sucesivamente. En última instancia, también podemos hablar del «Jesús de la teología cristiana» o, en efecto, podríamos hablar del «Jesús bautista», «el Jesús calvinista», «el Jesús católico», «el Jesús luterano», «el Jesús wesleyano» y así sucesivamente. Podríamos hablar (y los eruditos definitivamente hablan) del «Jesús estadounidense», del «Jesús asiático», del «Jesús africano», del «Jesús latinoamericano» y así, sin parar.
Es impresionante y probablemente a la larga sí resulte un poco absurdo. Pero la complejidad de las clasificaciones es una medida de la estatura e importancia del hombre en sí. A ninguna otra persona de la historia o la literatura alguna vez se le ha otorgado tanta atención; nadie más atrae este nivel o esta variedad de interés. Según el Nuevo Testamento, eso no es nada nuevo; casi desde el mero principio, se dice que Jesús ha impulsado la consideración de las preguntas que las personas siguen haciendo hoy:
«¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva!» (Mr. 1:27).
«¿Por qué habla este así?» (Mr. 2:7).
«¿Quién es este?» (Mr. 4:41).
«¿De dónde sacó este tales cosas?» (Mr. 6:2).
Todos esos versículos proceden de solamente un libro: el Evangelio de Marcos. Entonces, a medida que esta historia continúa (en Mr. 8:27-28), Jesús les pide a sus discípulos que respondan a esta pregunta: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Y luego les pide que respondan otra pregunta: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Con todo, la tarea académica puede ser aprender acerca de cómo varios autores, historiadores y teólogos del Nuevo Testamento identifican a la persona e importancia de Jesús. Pero la mayoría de los estudiantes finalmente terminan queriendo responder las preguntas por sí mismos.

Manolis Grigoreas
5
Los Evangelios
Piense en los dibujos, pinturas y otras fotos de Jesús que haya visto. ¿Cómo lo representan? ¿Qué le atrae a usted? ¿Hay fotos que en realidad le gustan o le disgustan? ¿Por qué?
¡No tiene que buscar ejemplos muy lejos! Este libro contiene una amplia variedad. Por ejemplo, en el último capítulo hay un retrato de Jesús que intenta lograr realismo y trata de describir al hombre como en realidad pudo haber sido. Y luego hay ejemplos de obras de arte que van por otro camino; intencionalmente, presentan a Jesús de maneras que ayudan a la gente contemporánea a relacionarse con él. Estos artistas no tratan de ser literales; quieren pintar a Jesús «como lo vemos hoy día».
A medida que comenzamos nuestro estudio de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, puede ser útil pensar que los libros proporcionan «retratos de Jesús», y es posible que usted desee pensar un poco la pregunta de qué clase de retrato se proporciona. ¿Se esforzaron los autores del Evangelio en describir a la persona y obra de Jesús con una exactitud precisa, literal e histórica, o estaban más interesados en presentar a Jesús de una manera que lo haría pertinente para una audiencia proyectada? No se sorprenderá al escuchar que los eruditos no concuerdan en este punto, pero la discordia puede ser exagerada. Muy pocos eruditos sostendrían que los escritores del Evangelio no tenían interés en la representación históricamente exacta, y prácticamente ninguno negaría que le dieron forma a sus relatos de Jesús de maneras que resaltarían su importancia para sus lectores. La pregunta es si un interés dominó al otro.
Podemos seguir adelante con esta analogía porque «la reconstrucción histórica versus la pertinencia contemporánea» es solamente un asunto que considerar. Observe los cuadros de Jesús y encontrará obras que exhiben a Jesús en términos muy espirituales, mirando hacia el cielo, con un halo sobre su cabeza; otras veces se ve como cualquier otro hombre, como «uno de nosotros». Algunos artistas lo representan como gentil y tierno, con un corderito en su pecho o con niños en su regazo. Pero eso no se parece mucho al Jesús que les gritó a los fariseos («¡Camada de víboras!») o que sacó a los cambistas de dinero del templo. Las preguntas que los artistas enfrentan inevitablemente son estas: «¿Cuál Jesús quiero presentar? ¿Qué aspectos de su persona multifacética quiero enfatizar?».
De igual manera, cada uno de los cuatro Evangelios presenta un retrato de Jesús que es distinto a los otros tres. Cerca del final del siglo II (como cien años después de que se escribieron los Evangelios), Ireneo, obispo de Lyon, sugirió que los Evangelios fueran simbolizados por las cuatro «criaturas vivas» que se mencionan tanto en Ezequiel 1:4-14 como en Apocalipsis 4:6-8. Esto llegó a ser una práctica estándar en el arte cristiano a lo largo de los siglos. A Mateo se le representa como hombre, a Marcos como león, a Lucas como buey y a Juan como águila. De esa manera, la iglesia reconoció desde el principio que cada Evangelio era único.
La tentación para los lectores de la Biblia es combinar los cuatro retratos para obtener un cuadro de Jesús tan completo como sea posible. Pero hacer eso nos hace perder la imagen particular que cada escritor del Evangelio quería presentar. La meta del estudio del Evangelio debe ser primero reconocer los cuatro retratos separados que dan estos libros individuales (véase el cuadro 5.1). Cuando nos enfocamos en cualquiera de los Evangelios, y solamente en ese Evangelio, ¿cuál es la imagen que surge? Esa es la imagen que el autor (un artista literario) quería mostrarnos. Una vez que vemos a ese Jesús, podemos continuar con otro Evangelio y obtener una segunda imagen, y luego una tercera y una cuarta.
Cuadro 5.1
Cuatro retratos de Jesús
•El Evangelio de Mateo presenta a Jesús como el que mora siempre con su pueblo hasta el fin. Jesús funda la iglesia, en la que se perdonan pecados, se responden oraciones y se vence el poder del pecado (Mt. 16:18-19; 18:18-20).
•El Evangelio de Marcos presenta a Jesús como el que anuncia la llegada del reino de Dios, en el que los humildes son exaltados y los orgullosos son humillados. Obediente a esta regla, muere en una cruz y da su vida como rescate por muchos (Mr. 10:45).
•El Evangelio de Lucas presenta a Jesús como alguien cuyas palabras y obras liberan a los oprimidos. Jesús viene a buscar y a salvar a los perdidos y a liberar a todos los que él describe como «cautivos» (Lc. 4:18; 19:10).
•El Evangelio de Juan presenta a Jesús como el que revela cómo es Dios en realidad. Jesús es la Palabra de Dios hecha carne, y revela con sus palabras y obras todo lo que se puede saber de Dios (Juan 1:14; 14:8).
Género
A fin de cuentas ¿qué es un «Evangelio»? La mayoría de los lectores modernos están familiarizados con muchos tipos distintos de literatura, un recorrido por una librería moderna revela secciones dedicadas a historia, ficción, viajes y así sucesivamente. Podríamos preguntarnos: si hubiera habido librerías como esta en el mundo antiguo, ¿dónde habrían colocado el Evangelio de Mateo? ¿O el de Marcos, el de Lucas o el de Juan?
La palabra evangelio se usó primero para describir no una clase de libro sino el contenido de la predicación cristiana. La palabra significa literalmente «buenas noticias» (evangelion en griego) y por esta razón a los autores de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento frecuentemente se les ha llamado «los cuatro evangelistas», porque escribieron buenas noticias (esencialmente las mismas buenas noticias que otros «evangelistas» estaban predicando). En un sentido, entonces, nuestros Evangelios escritos solo son predicaciones, en forma indirecta, pero en realidad no se leen como sermones. ¿Qué son?
evangelista: en los estudios del Nuevo Testamento, el autor de cualquiera de los cuatro Evangelios; Mateo, Marcos, Lucas y Juan son los cuatro evangelistas.
Muchos eruditos modernos piensan que los Evangelios se pueden introducir libremente en el género de «biografía antigua». Los libros que pertenecen a ese género eran especialmente populares en el mundo romano, y muchos de ellos han sobrevivido hasta el día de hoy. El historiador griego Plutarco (45-125 e. c.) escribió más de cincuenta biografías de griegos y romanos prominentes. Alrededor del mismo tiempo de Plutarco, Suetonio y Tácito relataron las vidas de emperadores romanos. Había biografías de generales y héroes militares y también de filósofos y líderes religiosos. Una librería o biblioteca romana probablemente habría puesto nuestros Evangelios del Nuevo Testamento en el mismo estante de Las vidas de los filósofos más ilustres por Diógenes y de Vida de Apolonio de Tiana por Filóstrato.
Entender los Evangelios como biografías antiguas es útil, pero es necesario decir por lo menos cinco cosas más en cuanto a esto.
1.Son compilaciones. Aunque los Evangelios, como productos terminados, podrían ser identificados como biografías completas, ellos incluyen otros géneros de literatura dentro de sus páginas: genealogías, himnos, parábolas, historias de milagros, discursos, historias de pronunciamientos y más.
2.Tienen la influencia de la literatura judía. Los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento están escritos en griego, el idioma del mundo grecorromano, pero fueron escritos por personas muy versadas en las Escrituras de Israel. Esas Escrituras también contienen narraciones semibiográficas de personas como Abraham, Moisés y Elías. Aunque nuestros Evangelios fueron escritos para el mundo grecorromano, sus autores sabían estas historias del Antiguo Testamento y tuvieron la influencia de ellas.
3.Son biografías antiguas, no modernas. Los Evangelios no pretenden, en absoluto, dar perspectivas objetivas o equilibradas de la vida de Jesús. No revelan sus fuentes ni ofrecen ninguna manera en que los lectores corroboren la confiabilidad de lo que ellos narran. Su enfoque no es nada detallado: dan poco conocimiento de la personalidad o motivación de Jesús; casi no dan información de su vida temprana; ni siquiera se molestan en describir su apariencia física. También carecen de la clase de datos —referencias a nombres, fechas y lugares— que serían estándares para cualquier biografía: el Evangelio de Marcos nos dice que Jesús sanó a un hombre en una sinagoga (3:1-6), pero no nos da el nombre del hombre, ni nos dice cuándo ocurrió esto, ni qué pasó después (¿Fue permanente la curación? ¿Llegó a ser seguidor de Jesús el hombre? ¿Siguió asistiendo a la sinagoga?). Aunque puede parecernos extraño, las audiencias del mundo antiguo no esperaban que se hicieran esas preguntas en las biografías. El propósito de las biografías antiguas era narrar relatos que presentaban el carácter esencial de la persona que era objeto de la obra. En efecto, el propósito de la biografía era definir el carácter de esa persona de una forma que invitara a la imitación. Además, el estilo anecdótico de las biografías antiguas permitía que los acontecimientos se relataran sin mucho interés en la cronología. Los acontecimientos no necesariamente se presentaban en el orden en que ocurrieron; más bien, se narraban en una secuencia apta para tener el efecto retórico deseado en los lectores del libro. Esta característica puede explicar por qué nuestros cuatro Evangelios frecuentemente relatan acontecimientos en secuencias distintas (p. ej., el relato en el que Jesús vuelca las mesas en el templo de Jerusalén se encuentra cerca del inicio del Evangelio de Juan, pero está cerca del final del Evangelio de Marcos). Véase el cuadro 5.2.
Cuadro 5.2
Características de las biografías antiguas
•Sin pretensión de una objetividad separada
•Sin interés de establecer hechos (p. ej., al citar pruebas o fuentes)
•Poca atención a los datos históricos (nombres, fechas, lugares)
•Poca atención a la cronología de los acontecimientos o desarrollo del pensamiento del sujeto
•Sin interés psicológico en las motivaciones internas del sujeto
•Estilo de narración anecdótico
•Énfasis en el carácter y rasgos que definen al sujeto
•Foco constante en la filosofía de vida del sujeto
•Un fuerte interés en la muerte del sujeto, como algo consecuente con su filosofía de vida
•Presentación del sujeto como un modelo digno de imitación
•Descripción del sujeto como superior a sus competidores o rivales
•Interés general en el legado del sujeto, evidente en los seguidores que continúan con la tradición
4.Ellos emplean un estilo ficticio («semejante a la ficción») de narración. En muchos sentidos, el estilo literario de los Evangelios del Nuevo Testamento se acerca más a la ficción moderna que a la presentación moderna de información histórica. Decir esto no es difamar la exactitud de lo que se relata: los eruditos que consideran que el contenido de los Evangelios es confiable históricamente todavía pueden reconocer que el estilo de escritura es bastante similar al de las obras que ahora clasificamos como ficción histórica. Los autores de los Evangelios conocían el arte de contar historias y emplean los instrumentos literarios como la ironía, el simbolismo y los presagios. Piden nuestra empatía para que, a medida que sus historias se desarrollan, nos sintamos atraídos al drama. De esta manera, los eruditos que emplean la «crítica de la narrativa» (véase «La crítica de la narrativa» en el cap. 3) frecuentemente hablan de la «trama» de un Evangelio en particular, o de cómo las características de su retórica llevan la historia a un clímax, de una forma que pretende generar efectos específicos en los lectores. El género de la biografía antigua permite ese análisis, porque las biografías del mundo antiguo tendían a tratar la historia como una anécdota y a relacionar los acontecimientos con un estilo que los lectores modernos asocian con la ficción.
5.Son abiertamente evangelísticos. La mayoría de las biografías escritas del mundo antiguo eran evangelísticas en un sentido amplio. No solo transmitían información acerca de personas interesantes; más bien, informaban sobre las vidas extraordinarias con una esperanza obvia de que los lectores fueran inspirados por lo que se presentaba, y se motivaran a cambiar sus valores o conducta como consecuencia. Nuestros Evangelios del Nuevo Testamento exhiben esa tendencia a un extremo. Sus autores cuentan la historia de Jesús de una manera que pueda inspirar a la gente a aceptar sus enseñanzas o practicar su estilo de vida. Pero hay más: la afirmación de los Evangelios es que lo que ha ocurrido en y a través de Jesús ha alterado el mismo curso de la historia y la naturaleza de la existencia humana. Estos autores están contando una historia de gran importancia, y relatan cosas que ellos afirman que afectarán las vidas de toda la gente, ya sea que crean en Jesús o no.
Tipos de material en los Evangelios
Como se observó anteriormente, los Evangelios se ven mejor como compilaciones. Sus autores los compusieron para que fueran biografías de Jesús, pero al hacerlo, incorporaron muchos tipos distintos de material a la estructura general de la «biografía». Algunos de estos son específicos en Evangelios particulares: las menciones de los cumplimientos son especialmente populares en Mateo; solo en Lucas y Juan hay himnos; solo en Mateo y Lucas hay genealogías. Pero otros tipos de material se encuentran en la mayoría o en todos los Evangelios. Estudiaremos aquí algunos tipos de material que son particularmente penetrantes.
mención de cumplimiento: una categoría de la critica de las formas para una declaración que alguna cosa ha ocurrido para cumplir lo que fue profetizado en las Escrituras (p. ej., Mt. 2:15).
Cuadro 5.3
Parábolas en los Evangelios

Resumen
9 parábolas de Marcos (todas, menos una, también están en Mateo o Lucas)
6 parábolas de material que frecuentemente se le atribuyen a Q (que se encuentran en Mateo y Lucas, pero no en Marcos)
10 parábolas únicas de Mateo
17 parábolas únicas de Lucas
42 parábolas en total
Parábolas
Jesús es famoso por contar parábolas. Más de cuarenta parábolas se encuentran en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas (véase el cuadro 5.3). No hay parábolas en el Evangelio de Juan, pero incluso allí vemos ejemplos del lenguaje figurado, no muy alejados del género de las parábolas (4:35-37; 8:35; 10:1-5; 12:24; 16:21).
¿Qué exactamente es una parábola? Las historias y los dichos que se clasifican como parábolas en los Evangelios son de muchos tipos distintos. Un par de las parábolas más conocidas de Jesús se presentan explícitamente como alegorías: él explica la parábola del sembrador (Mr. 4:3-8; cf. 4:13-20) y la parábola de la mala hierba (Mt. 13:24-30; cf. 13:36-43) e indica que cada elemento de estas historias significa algo más (la semilla es la palabra, las aves son el diablo, etc.). Sin embargo, la mayoría de estas parábolas no son alegorías. Unas cuantas son simplemente frases ingeniosas que más parecen «ideas para parábolas» que parábolas propiamente dichas (véase Mt. 15:13; cf. 15:15). Jesús compara lo celestial y espiritual con las realidades mundanas: el reino de Dios es como una semilla de mostaza (Mr. 4:30-32), o una perla (Mt. 13:45-46), o un tesoro escondido en un campo (Mt. 13:44). Muchas parábolas son anécdotas cortas que funcionan como ilustraciones de sermón: la parábola del rico necio en Lucas 12:16-21 ilustra lo absurdo de igualar la calidad de vida con la adquisición de posesiones. Pero en otros casos, las parábolas no ayudan a aclarar un punto difícil; hacen exactamente lo opuesto, e introducen un elemento de complicación en cuanto a lo que de otra manera sería claro. Dios prefiere usar a los que cumplen la Torá que a los que no, ¿verdad? Pues no en el caso de un fariseo en particular y un cobrador de impuestos en particular (Lc. 18:10-14). En efecto, en algunas ocasiones las parábolas presentan acertijos para que la gente los resuelva (Mr. 3:23), y en ciertos casos, funcionan como una clase de lenguaje en clave para hablar de asuntos divinos en términos que los no iluminados no comprenderían (véase Marcos 4:11-12, 33-34; 7:17). C. H. Dodd, un experto en parábolas, decía que una parábola tenía la tendencia de «dejar la mente con suficiente duda acerca de su aplicación precisa para provocarla al pensamiento activo» (Parables of the Kingdom [Las parábolas del reino], [Londres: Collins, 1961], 16).
alegoría: una clase de lenguaje figurado en el que los elementos o personajes que forman una historia denotan conceptos u otros entes en el mundo real.
Cuadro 5.4
Perspectiva judía en cuanto a las parábolas
Con tus ojos no debes considerar a la ligera la parábola, ya que por medio de la parábola uno llega al verdadero significado de las palabras de la Torá.
—Midrás, Cantar de los Cantares Rabbah 1.8
Harry Freedman y Maurice Smith, eds., Midrash Rabbah (Midrás Rabbah), (Londres: Soncino, 1939).
En general, los eruditos buscan discernir el punto básico que se esperaba que cada parábola aclarara y advertir en contra de inferir mucho de las historias. Jesús dice una parábola acerca de la oración, y usa el ejemplo de una viuda persistente que busca justicia de un juez corrupto e indiferente (Lc. 18:2-5). El punto básico es que la persistencia es importante en cuanto a las búsquedas espirituales; malinterpretaríamos al pensar que Jesús quería que la gente viera a Dios como corrupto e indiferente. Él cuenta otra parábola acerca de unos obreros a quienes se les paga lo mismo, aunque trabajaron distintas cantidades de horas (Mt. 20:1-16). El punto básico parece ser que Dios puede ser sorprendentemente generoso de una manera que ofende a los que se ven a sí mismos como más merecedores; es menos probable que Mateo conservara esta parábola en su Evangelio porque él quisiera proponer alguna nueva escala de pagos para los jornaleros. Dicho eso, los intérpretes a veces sí tratan de ir más allá del «punto básico» de las parábolas para preguntarse por qué Jesús expondría estos puntos de esta manera particular. ¿Dan las historias anteriores algún indicio en cuanto a la opinión que él tenía de los jueces o de las relaciones laborales?
Figura 5.1. Jesús expulsa un demonio. (The Bridgeman Art Library International)
Historias de milagros
Jesús también es famoso por hacer milagros, y nuestros cuatro Evangelios contienen numerosos relatos de él haciéndolos (véase el cuadro 5.5). El término griego preferido para «milagro» en los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) es dynamis, que significa «poder» u «obra de poder» (p. ej., Mt. 11:20-23; Mr. 6:2, 5). En el Evangelio de Juan, a los milagros frecuentemente se les llama sēmeia o «señales», porque apuntan más allá de sí mismos a la verdad acerca de Dios que Jesús ha venido a revelar (p. ej., 2:11; 12:37).
Las historias de milagros más comunes son los relatos de Jesús cuando sana a los enfermos o discapacitados físicamente; en unos pocos casos incluso se dice que resucita gente. Muchas de estas historias centran la atención en la fe, ya sea la de la persona afligida (Mr. 5:34; 10:52; Lc. 17:19) o de otros (Mr. 2:5; 7:29; 9:23). A veces, las historias de curaciones tienen el propósito de que se lean con un grado de interpretación simbólica. Por ejemplo, la historia de Jesús cuando sana a un ciego lleva al comentario sobre la capacidad de Jesús de conceder conocimiento espiritual (Jn. 9:39).
Cuadro 5.5
Historias de milagros en los Evangelios

Las historias de curaciones se traslapan considerablemente con los relatos de exorcismos. En la Biblia, la posesión por un espíritu inmundo no hace que una persona llegue a ser pecadora o inmoral; más bien, hace que la persona enceguezca o enmudezca, que tenga convulsiones o que quede lisiada, o que experimente alguna otra clase de aflicción física o emocional. Las historias de exorcismos del Nuevo Testamento generalmente se enfocan en la interacción de Jesús con el espíritu inmundo, la persona afectada aparentemente es incapaz de acción o reacción independiente, lo que puede explicar por qué ninguna de esas personas en el Nuevo Testamento alguna vez pide un exorcismo (observe cómo el padre pide ayuda para su hijo poseído por un demonio en Mr. 9:18, 22).
espíritu inmundo: demonio, ser espiritual que habita en las personas y las hace estar enfermas o discapacitadas.
También hay un puñado de historias de milagros en los Evangelios, en las que Jesús rescata a la gente del peligro (el apaciguamiento de la tormenta en el mar) o provee para las necesidades físicas de las personas (la multiplicación de hogazas de pan, la transformación del agua en vino, la producción de una gran pesca). Y, finalmente, hay un par de ocasiones de lo que a veces se llaman «milagros de epifanía», porque sirven para manifestar la presencia divina de Jesús (caminar en agua, la transfiguración).
epifanía: manifestación de la divina verdad o presencia.
En nuestro mundo moderno, las historias de milagros frecuentemente parecen presentar a Jesús como alguien que viola las leyes conocidas de la naturaleza o, de alguna otra manera, hace lo que los científicos consideran imposible. Semejante actitud sería anacrónica para el mundo del Nuevo Testamento, en el que casi todos creían que había fuerzas espirituales y mágicas que podrían permitirle a la gente hacer lo que no podrían haber hecho por su cuenta. De esa manera, la reacción más común a los milagros en el Nuevo Testamento no es incredulidad sino asombro (véase, p. ej., Mt. 9:33-34). Los espectadores reconocen que un poder extraordinario está en marcha; la pregunta supone qué poder y con qué fin.
Historias de pronunciamientos
Los cuatro Evangelios canónicos contienen numerosos ejemplos de lo que los eruditos llaman «historias de pronunciamientos», que conservan la memoria de algo que Jesús dijo (véase el cuadro 5.6). En esas historias, todo lleva a un pronunciamiento climático y provocativo: el dicho, que usualmente llega al final, es la razón de ser de la anécdota (así como la «frase clave» es la razón de ser de un chiste). Esas historias eran populares en el mundo antiguo, y poseemos numerosos libros llenos de historias de pronunciamientos, conservadas para otras figuras antiguas. He aquí un ejemplo de un libro de texto educativo llamado el Progymnasmata por Theon:
Algunas personas fueron a ver a Alejandro el Grande y le preguntaron: «¿Dónde has escondido tu tesoro?». Él señaló a sus amigos y dijo: «En ellos».
Cuadro 5.6
Historias de pronunciamientos en los Evangelios: Algunos ejemplos
Historias de corrección
•Deja que los muertos entierren a sus muertos (Mt. 8:21-22)
•Perdona setenta veces siete (Mt. 18:21-22)
•Si alguno quiere ser el primero (Mr. 9:33-35)
•El que no está contra nosotros (Mr. 9:38-40)
•Dichosos más bien (Lc. 11:27-28)
Historias de elogio
•La confesión de Pedro (Mt. 16:13-20)
•La viuda generosa (Mr. 12:21-44)
•La mujer que unge a Jesús (Mr. 14:3-9)
Historias de controversia
•Comer con pecadores (Mr. 2:15-17)
•Los discípulos de Jesús no ayunan (Mr. 2:18-22)
•Recoger granos el día de reposo (Mr. 2:23-28)
•Comer con las manos impuras (Mr. 7:1-15)
•¿Con qué autoridad? (Mr. 11:27-33)
•Pagar impuestos al César (Mr. 12:13-17)
•¿De quién será esposa? (Mr. 12:18-27)
Véase Robert C. Tannehill, “The Gospels and Narrative Literature,” in The New Interpreters Bible: New Testament Survey [»Los Evangelios y la literatura narrativa», en La Nueva Biblia del intérprete: Estudio del Nuevo Testamento], (Nashville: Abingdon, 2005), 1-16.
Nuestros Evangelios relatan docenas de historias acerca de Jesús que son estadísticamente similares a estas anécdotas seculares. A veces, el dicho climático de Jesús constituye una corrección: Pedro ofrece perdonar a su hermano siete veces; Jesús dice: «No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces» (Mt. 18:21-22). En otros casos, da un elogio: una viuda da un centavo al templo, y Jesús dice: «Esta viuda pobre ha echado en el tesoro más que todos los demás…, de su pobreza, echó todo lo que tenía» (Mr. 12:41-44). Además, en nuestros Evangelios, las historias de pronunciamientos frecuentemente ocurren dentro de un contexto de controversia. Muchos de los dichos más memorables de Jesús están motivados por objeciones que aumentan en su ministerio o por otros desafíos a su autoridad. Como respuesta a un conflicto con los escribas y fariseos, Jesús declara: «El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado» (Mr. 2:23-27); como respuesta a un intento de tentarlo a la autoincriminación, él exhorta a la gente: «Denle, pues, al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios» (Mr. 12:13-17).
escribas: profesionales judíos hábiles para enseñar, copiar e interpretar la ley judía; estrechamente relacionados con los fariseos.
fariseos: uno de los principales grupos judíos, activos durante el período del Segundo Templo; los fariseos estaban generalmente relacionados con sinagogas y le daban un gran valor a la fidelidad a la Torá; la mayoría de los rabinos y muchos escribas eran fariseos.
Dichos individuales
Los Evangelios también contienen numerosos dichos de Jesús que carecen de contexto narrativo. A veces, estos dichos están conectados para formar lo que parecen ser discursos de Jesús, dichos en alguna ocasión particular. En ciertas ocasiones, los eruditos agrupan los dichos en distintas clases o categorías para facilitar la referencia y discusión (véase el cuadro 5.7).
Cuadro 5.7
Dichos de Jesús: Algunos ejemplos
Los dichos de sabiduría proporcionan conocimiento en cuanto a cómo funciona la vida en realidad:
•»Donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón» (Lc. 12:34).
•»Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede mantenerse en pie» (Mr. 3:24).
Los dichos proféticos proclaman la actividad o el juicio de Dios:
•»El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!» (Mr. 1:15).
Los dichos escatológicos reflejan la perspectiva de que el futuro es nuestra importancia principal:
•»El Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada persona según lo que haya hecho» (Mt. 16:27).
Los dichos legales interpretan la voluntad de Dios:
•»En todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas» (Mt. 7:12).
Los dichos de «yo» son autobiográficos:
•»Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mr. 2:17).
•»Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (Jn. 10:10).
Narraciones de la pasión y la resurrección
Los cuatro Evangelios concluyen con un relato extenso de la pasión (el arresto, el juicio, la crucifixión, el entierro) y la resurrección de Jesús. En cada Evangelio, esta porción de la historia se trata con detalles más intensos que cualquier otra porción de la narrativa, y el ritmo de la narrativa baja hasta el punto de que el lector recibe un relato de casi cada hora de lo que ocurre. Los eruditos han observado similitudes entre estos relatos y las escenas de las muertes de otros hombres famosos de las antiguas biografías grecorromanas. Estos relatos también exhiben un fuerte grado de interacción con las Escrituras del Antiguo Testamento: parece que fueron escritos por gente que ya ha pensado profundamente en cuanto al significado de la muerte y la resurrección de Jesús, y que han reflexionado en esos acontecimientos a la luz de pasajes de los Salmos, de los profetas y otros pasajes de las Escrituras. De esta manera, la muerte y resurrección de Jesús no solo es otro episodio de una serie de acontecimientos extraordinarios; para cada uno de los cuatro Evangelios, se trata como el clímax de la historia, el punto al que todo se ha estado desplazando todo el tiempo. En efecto, cada uno de los Evangelios prepara a su lector para este acontecimiento culminante y hace que Jesús pronostique exactamente lo que ocurrirá (p. ej., Mr. 8:31-32; 9:31; 10:33-34) o que haga alusiones vagas que se espera que el lector entienda, de una manera que los personajes de la historia no lo hacen (véase Mr. 2:20; Jn 2:19-22; 3:14; 8:28; 12:32-34). Más aún, cada Evangelio cuenta la historia de la muerte y resurrección de Jesús de una manera distinta que reúne ciertos hilos y cumple temas importantes de esa obra en particular. Por ejemplo, en Mateo, Jesús muere como el Mesías de Israel, y cumple profecías que indicaban que él sería quien salvaría a su pueblo de sus pecados (véase 1:21); en Marcos, él da su vida como rescate por muchos, demostrando la forma sacrificial de la abnegación que debe marcar a todos sus seguidores (8:34-35; 10:43-45); en Lucas, muere como un mártir noble, como una víctima de la injusticia, que vencerá la muerte de una manera que promete un final a la opresión (4:18); en Juan, muere victoriosamente, como alguien que es glorificado y exaltado en una expresión suprema del amor de Dios (12:23; 15:13). En estas, y en muchas otras maneras, cada una de las historias de la pasión y resurrección es el clímax narrativo y teológico del Evangelio en el que aparece.
pasión: en la teología cristiana, término para el sufrimiento y muerte de Jesucristo.
Composición de los Evangelios: El acertijo sinóptico
La piedad cristiana a veces ha imaginado que los autores de los Evangelios eran secretarios de Dios. Las pinturas medievales frecuentemente exhiben a uno de los autores de los Evangelios sentado en un escritorio con un ángel parado detrás de él, susurrándole al oído. De acuerdo a esa opinión, la composición de los Evangelios fue un proceso sencillo de tomar dictado, escribir palabra por palabra lo que un mensajero celestial decía que escribieran. La erudición académica asume que el asunto fue un poco más complicado. Los escritores de los Evangelios no afirman haber recibido ninguna guía especial de esta clase (cf. Ap. 1:10-11); en efecto, el autor del Evangelio de Lucas dice que él ha hecho investigaciones y que su intención es proveer un relato ordenado de lo que se ha transmitido «desde el principio» (1:1-4). Como lo implica este comentario, los autores de los Evangelios no tuvieron que comenzar de cero. Tenían lo que los eruditos llaman «fuentes orales» (piezas de material que se habían contado de memoria), y probablemente también tuvieran fuentes escritas (materiales que la gente había escrito una generación antes de que los Evangelios en sí se produjeran).
Cuadro 5.8
Las últimas palabras de Jesús
Jesús habla siete veces desde la cruz, pero no siete veces en ningún Evangelio. Los Evangelios relatan tres historias muy distintas en cuanto a las últimas palabras de Jesús. En una historia, Jesús habla solamente una vez; en una segunda historia, habla tres veces; y en una tercera, habla otras tres veces. Sin embargo, no hay paralelos entre lo que se dice en cualquiera de estas tres historias y lo que se dice en las otras dos historias.
| Historia A | Historia B | Historia C |
| Mateo y Marcos | Lucas | Juan |
| «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mt. 27:46; Mr. 15:34). | «Padre…, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc. 23:34). | «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre» (Jn. 19:26-27). |
| «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc. 23:43). | «Tengo sed» (Jn. 19:28). | |
| «¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!» (Lc. 23:46). | «Todo se ha cumplido» (Jn. 19:30). |

Figura 5.2. Inspiración divina. Mateo recibe ayuda de un ángel.
Cuadro 5.9
Los Evangelios y la autoría apostólica
Un popular concepto erróneo sostiene que los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento fueron escritos por apóstoles, seguidores terrenales de Jesús que estaban entre sus doce discípulos. Pero la iglesia siempre ha sostenido que ese no fue el caso en dos de los Evangelios (Marcos y Lucas), y Agustín pensaba que esto era significativo teológicamente.
El Espíritu Santo quiso elegir para la escritura de los Evangelios a dos que ni siquiera estaban entre los que conformaban los Doce, para que no se pensara que la gracia de la evangelización había llegado solamente a los apóstoles y que en ellos se había secado la fuente de la gracia. (Sermón 239.1)*
La gran mayoría de los eruditos hoy día querría aplicar el pensamiento de Agustín a nuestros cuatro Evangelios, ya que Mateo y Juan probablemente no hayan sido escritos por miembros de los Doce, por lo menos en las ediciones completas que ahora poseemos.
*The Early Church Fathers [Los primeros padres de la iglesia], ed. Alexander Roberts, James Donaldson, y Henry Wace (Repr., Peabody, MA: Hendrickson, 1994), 38:244.
Un factor que potencialmente complica la composición de los Evangelios está relacionado con la pregunta de si los evangelistas trabajaron independientemente unos de los otros. ¿Produjo cada uno de los autores de los Evangelios su biografía de Jesús sin ningún indicio de que los otros hacían (o habían hecho) lo mismo? ¿O se consultaban entre sí? Es más, ¿tenían copias del Evangelio o los Evangelios que se escribieron primero los que escribieron último? A tres de los cuatro Evangelios: Mateo, Marcos y Lucas, se les llama «Evangelios sinópticos» porque parece que están relacionados entre sí de una manera que el cuarto (Juan) no. La palabra sinóptico significa literalmente «ver juntos», y llegó a aplicarse a los primeros tres Evangelios porque sus contenidos podían ponerse en columnas paralelas que permitían que se leyeran y se interpretaran uno al lado de otro. La cantidad de material que se traslapa es extraordinaria, así como las similitudes en estructura, estilo, perspectiva y tono general. La pregunta de cómo debían relacionarse exactamente los tres Evangelios puede llamarse el «acertijo sinóptico» (o, más comúnmente, el «problema sinóptico»).
Para obtener una noción de lo que esto implica, consideremos solamente una pieza del acertijo. Los eruditos, por mucho tiempo, han observado que el Evangelio de Mateo es dos veces más largo que el Evangelio de Marcos, y que alrededor del noventa por ciento del material que se encuentra en Marcos se encuentra también en Mateo. ¿A qué se deberá eso? Agustín (en el siglo IV) pensaba que Marcos tal vez tenía una copia del Evangelio de Mateo y produjo una «versión condensada» de él. Pero la mayoría de los eruditos modernos piensan que Agustín lo entendía al revés: Mateo tenía una copia del Evangelio de Marcos y produjo una versión ampliada de él. ¿Por qué piensan eso? En primer lugar, es un poco difícil imaginar a Marcos determinando que algo del material de Mateo no fuera digno de ser incluido. Por ejemplo, según la apreciación de Agustín, los pasajes como las Bienaventuranzas y el Padre Nuestro fueron eliminados de Marcos, como el relato de Mateo del nacimiento virginal y los relatos de las apariciones de Jesús después de resucitado. Además, el Evangelio de Marcos está escrito más bien en un estilo rústico e informal, en tanto que la obra de Mateo sigue reglas de gramática más convencionales y está más pulido. ¿Debemos imaginar que Marcos copió de una obra sofisticada, cambió pasajes que eran gramaticalmente correctos para que se leyeran de maneras que son gramaticalmente cuestionables? La mayoría de los intérpretes creen que debemos asumir lo opuesto: Mateo alteró el material de Marcos y lo editó gramaticalmente y en estilo para producir un Evangelio que fuera atractivo para la gente que le importaban esas cosas. Si esto es correcto, entonces el Evangelio de Mateo es casi una «segunda edición» del evangelio de Marcos, una versión reescrita y grandemente ampliada de ese libro, presentada en un estilo distinto para una audiencia distinta.
Como se ha indicado, la teoría de que Mateo tenía una copia del Evangelio de Marcos y la amplió solamente es un segmento de lo que los eruditos, esencialmente, quieren decir cuando hablan del acertijo sinóptico. El cuadro completo que surge cuando todas las piezas están en su lugar se deja ver en la primera de las dos ilustraciones que se proveen en el cuadro 5.10. En pocas palabras, la propuesta es como sigue: (1) El Evangelio de Marcos fue escrito primero y tanto Mateo como Lucas tenían copias del Evangelio de Marcos; (2) otra fuente antigua, llamada «Q» también se produjo en la iglesia primitiva, y Mateo y Lucas también tenían copias de la fuente Q; (3) Mateo tenía algún material adicional que Lucas no tenía, al que llamamos el material «M»; y (4) Lucas tenía algún material adicional que Mateo no tenía, a la que llamamos el material «L». Esta interpretación se llama «hipótesis de dos fuentes» (o, a veces, la «hipótesis de cuatro fuentes») porque Mateo y Lucas separadamente usaron dos fuentes importantes (Marcos y Q) además de otros materiales (M y L).
Según esta teoría ampliamente aceptada, hubo un período en la historia de la iglesia primitiva (ca. 70-85) en el que los cristianos tuvieron dos escritos de Jesús: el Evangelio de Marcos y lo que ahora llamamos la fuente «Q». Las iglesias hicieron copias de estas dos obras y las distribuyeron. Sin embargo, la gente no tardó en comenzar a pensar: «¿Por qué no combinarlas?». Y Mateo y Lucas hicieron exactamente eso, cada uno a su manera. Cada uno de ellos lo hizo independientemente, sin saber lo que el otro hacía y, según esta teoría, también introdujeron otras tradiciones acerca de Jesús en la mezcla (el material M para Mateo, el material L para Lucas). Como escritores dotados con tiempo en sus manos, editaron todo para producir libros que valían por sí mismos. Como resultado, los Evangelios de Mateo y Lucas resultaron ser mucho más que simplemente «versiones ampliadas de Marcos» o incluso «híbridos de Marcos-Q». Resultaron ser biografías de Jesús verdaderamente singulares, que cuentan la historia de Jesús desde perspectivas particulares, obras que demostrarían ser efectivas de maneras distintas, para gente distinta. Por eso es que la iglesia cristiana decidió mantener los tres Evangelios sinópticos a pesar del traslapo de contenido.
Si esta teoría es correcta, y simplemente es una teoría, entonces podríamos considerar las distintas maneras en las que Mateo y Lucas ampliaron Marcos al agregar material nuevo. Los que siguen esta teoría conjeturan que Mateo decidió insertar el material de Q y M en cinco puntos clave de la narrativa de Marcos: Mateo determinó que Jesús podía dar discursos en esos puntos de la historia, y el material de Q y M se organiza temáticamente y se presenta como el contenido de esos cinco discursos. De igual manera, los que siguen esta teoría piensan que Lucas tomó material de Q y L y creó una inserción de diez capítulos en la narrativa de Marcos, según la cual, Jesús lleva a sus discípulos en un viaje y les enseña mientras viajan hacia Jerusalén. El resultado es que, en Mateo, el discipulado tiene una sensación académica, de salón de clases, Jesús el rabino instruye a sus estudiantes con lecciones temáticas, pero en el Evangelio de Lucas, el discipulado parece más una experiencia de inmersión de aprendizaje mientras se trabaja.
Debemos decir un poco más acerca de la hipotética fuente Q, que ha llamado mucho la atención de los estudios del Nuevo Testamento. Nadie recuerda cómo obtuvo su nombre. Nuestra mejor conjetura es que «Q» podría ser una abreviatura de Quelle, la palabra «fuente» en alemán. De cualquier manera, los eruditos que siguen esta teoría creen que el contenido de Q puede identificarse básicamente con el material que Mateo y Lucas tienen en común, pero que no se encuentra en el Evangelio de Marcos. Se proporciona un listado de este material en el cuadro 5.11. Por este listado es evidente que Q esencialmente fue una colección de dichos, ya que solo hay dos historias breves acerca de Jesús (la tentación en el desierto, la curación del siervo del centurión), en tanto que todo lo demás narra sus enseñanzas: parábolas, aforismos, bienaventuranzas y toda clase de pronunciamientos, y ejemplos de cada clase de dichos asociados con Jesús. Piénselo de esta manera: si Q hubiera sido publicado en una edición de «letra roja» (una Biblia que imprime las palabras de Jesús con tinta roja), casi todo el texto estaría en rojo.
Solamente podemos especular en cuanto a la naturaleza exacta u orígenes de semejante documento. Parece probable que uno de los discípulos de Jesús, posiblemente pero no necesariamente uno de los doce, hubiera escrito algunos dichos favoritos del Señor y que los primeros cristianos hubieran hecho copias de este «libro de dichos» para distribuirlo. En efecto, Papías, el líder eclesiástico del siglo II, escribe que Mateo, el recolector de impuestos, «recopiló los dichos en idioma hebreo [o arameo], y cada uno los interpretó [o tradujo] como pudo» (Eusebio, Historia de la iglesia 3.39). Aparentemente, Papías hablaba del libro que llamamos el Evangelio de Mateo, y en años recientes sus comentarios se han descartado porque (1) el Evangelio de Mateo no es una colección de dichos; (2) no fue escrito en hebreo ni arameo y (3) casi seguramente no fue escrito ni redactado por Mateo el recaudador de impuestos. Sin embargo, los eruditos recientes se han preguntado si Papías pudo haber confundido nuestro «primer evangelio» con lo que ahora llamamos la fuente Q. Tal vez Mateo, el recaudador de impuestos fue el responsable de recopilar la colección de dichos que nosotros llamamos «Q» y otros (es decir, los autores de dos de nuestros Evangelios) tradujeron o interpretaron estos dichos al introducirlos en sus Evangelios.
Cuadro 5.10
Soluciones sugeridas para el acertijo sinóptico
La hipótesis de dos fuentes

La teoría de Farrer

La hipótesis de dos Evangelios

Cuadro 5.11
El contenido del material Q en Mateo y Lucas, pero no en Marcos
| La predicación de Juan el Bautista | Lc. 3:7-9 | Mt. 3:7-10 |
| La tentación de Jesús | Lc. 4:1-13 | Mt. 4:1-11 |
| Las Bienaventuranzas | Lc. 6:20-23 | Mt. 5:3-12 |
| El amor hacia los enemigos | Lc. 6:27-36 | Mt. 5:39-48; 7:12 |
| Sobre juzgar a los demás | Lc. 6:37-42 | Mt. 7:1-5; 10:24; 15:14 |
| Sobre producir fruto | Lc. 6:43-45 | Mt. 7:15-20 |
| La parábola de los dos constructores | Lc. 6:47-49 | Mt. 7:24-27 |
| La curación del siervo del centurión | Lc. 7:1-10 | Mt. 8:5-10, 13 |
| Juan el Bautista cuestiona a Jesús | Lc. 7:18-35 | Mt. 11:2-19 |
| Los que van a ser discípulos | Lc. 9:57-60 | Mt. 8:19-22 |
| El discurso misionero de Jesús | Lc. 10:2-16 | Mt. 9:37-38; 10:9-15; 11:21-23 |
| Agradecimiento al Padre | Lc. 10:21-24 | Mt. 11:25-27; 13:16-17 |
| El Padre Nuestro | Lc. 11:2-4 | Mt. 6:9-13 |
| Pedir y recibir | Lc. 11:9-13 | Mt. 7:7-11 |
| A Jesús se le identifica con Beelzebú | Lc. 11:14-23 | Mt. 12:22-30 |
| El regreso del espíritu maligno | Lc. 11:24-26 | Mt. 12:43-45 |
| La señal de Jonás | Lc. 11:29-32 | Mt. 12:38-42 |
| Sobre la luz | Lc. 11:33-36 | Mt. 5:15; 6:22-23 |
| Denuncia a los fariseos | Lc. 11:37-52 | Mt. 23:4-7, 13-36 |
| Temor a los humanos y a Dios | Lc. 12:2-12 | Mt. 10:19, 26-33; 12:32 |
| No preocuparse por la vida | Lc. 12:22-34 | Mt. 6:19-21, 25-33 |
| Estar listos para el regreso del amo | Lc. 12:39-46 | Mt. 24:43-51 |
| Divisiones en la familia | Lc. 12:51-53 | Mt. 10:34-36 |
| Las señales de los tiempos | Lc. 12:54-56 | Mt. 16:2-3 |
| Llegar a un acuerdo fuera de la corte | Lc. 12:57-59 | Mt. 5:25-26 |
| La parábola de la levadura | Lc. 13:20-21 | Mt. 13:33 |
| La puerta angosta | Lc. 13:23-30 | Mt. 7:13-14, 22-23; 8:11-12 |
| Lamento por Jerusalén | Lc. 13:34-35 | Mt. 23:37-39 |
| La parábola del banquete | Lc. 14:15-24 | Mt. 22:1-14 |
| Cargar la cruz | Lc. 14:26-27 | Mt. 10:37-38 |
| La parábola de la oveja perdida | Lc. 15:1-7 | Mt. 18:12-14 |
| Sobre servir a dos amos | Lc. 16:13 | Mt. 6:24 |
| El papel de la ley y los profetas | Lc. 16:16-17 | Mt. 5:18; 11:13 |
| La reprimenda y el perdón de pecados | Lc. 17:1-6 | Mt. 18:6-7, 15, 20-22 |
| El día del Hijo del Hombre | Lc. 17:23-27, 33-37 | Mt. 24:17-18, 26-28, 37-41 |
| La parábola de los talentos | Lc. 19:11-27 | Mt. 25:14-30 |
Pero todo esto es especulación; hay mucho que simplemente no podemos saber. En efecto, unos cuantos eruditos creen que Q quizá no haya sido una fuente escrita en absoluto. Tal vez simplemente fue una colección memorizada de dichos, un resumen de las enseñanzas de Jesús que los cristianos (o los líderes cristianos) aprendieron de memoria. Eso explicaría por qué ya no tenemos ninguna copia de él: las copias físicas nunca existieron. Pero repito, esto es especulación.
Y finalmente, tenemos que hacer énfasis en que varios eruditos rechazan la hipótesis de dos fuentes completamente, a favor de una solución distinta al acertijo sinóptico. El competidor principal, probablemente, es una solución llamada la «teoría de Farrer», según la cual el Evangelio de Marcos surgió primero, Mateo modificó Marcos y Lucas se inspiró tanto en Marcos como en Mateo. Otra alternativa es la «hipótesis de dos Evangelios» (a veces llamada la «hipótesis Griesbach»), según la cual Mateo escribió su Evangelio primero, luego Lucas se inspiró en Mateo al crear su propia obra compatible pero distinta y, finalmente, Marcos tuvo copias tanto de Mateo y Lucas y produjo un Evangelio corto y condensado, usando material de ambos. Estas dos propuestas minoritarias intentan explicar los paralelos y las diferencias entre los tres Evangelios, sin tener que plantear la existencia de una fuente hipotética, que ahora está extraviada. La diferencia clave entre las dos es el orden en el que se escribieron los tres Evangelios. La teoría de Farrer sostiene la «prioridad marcana», por lo que tiene mucho en común con la hipótesis de dos fuentes, y rechaza solamente la existencia de Q. La hipótesis de dos evangelios rechaza tanto la prioridad marcana como la existencia de Q, y de esta manera, representa una salida más radical del paradigma dominante.
Conclusión
En el siglo II, Tatiano, un cristiano prominente, determinó que la iglesia en realidad no necesitaba cuatro Evangelios: era confuso tener cuatro relatos separados de la vida de Jesús, en especial cuando frecuentemente narraban los mismos acontecimientos. Tatiano se propuso arreglar esto produciendo una síntesis de los cuatro Evangelios que fusionaba sus relatos en una narración extensa de la vida de Jesús. Llamó a su obra el Diatessaron («a través de cuatro» en griego). Llegó a ser muy popular, especialmente en la iglesia ortodoxa oriental, y por más de doscientos años reemplazó a los cuatro Evangelios en las Biblias y leccionarios en siriaco.
Con el tiempo, las iglesias cristianas rechazaron el Diatessaron. Hoy día, la mayoría de las iglesias enseñan que Dios quiso que cuatro personas escribieran los cuatro Evangelios distintos y que aceptar la Biblia como la palabra de Dios significa entender y apreciar las historias distintas que cada Evangelio cuenta. Aun así, el enfoque del Diatessaron ha seguido siendo usado de formas no oficiales. Por ejemplo, la mayoría de las películas cinematográficas acerca de la vida de Jesús presentan una historia combinada, basada en segmentos de todos los Evangelios, es decir, que la historia de Jesús que ellos cuentan no es una que en realidad sea narrada por algún autor bíblico individual.
A nivel popular, la mayoría de los cristianos hoy día tienen algo de conocimiento de «la historia de Jesús», pero lo que saben es generalmente una historia compuesta, similar al Diatessaron. Muy pocos cristianos en realidad pueden identificar «la historia de Jesús que Mateo quiso contar», o «la historia de Jesús que Marcos quiso contar», o la de Lucas o Juan. El estudio académico del Nuevo Testamento se ocupa de remediar esto de una manera que corresponda a los intereses oficiales del cristianismo, aunque esos intereses no siempre sean evidentes en las expresiones de fe populares o prácticas. Ahora que pasamos a considerar cada uno de los Evangelios, buscaremos discernir el retrato de Jesús que cada evangelista ofrece. La meta es apreciar la imagen de Jesús que cada libro presenta y entender el mensaje distintivo que cada autor quiso transmitir.

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Mateo
He aquí un dato curioso sobre la Biblia: en el Salmo 46 de la versión de la Biblia en inglés King James, la cuadragésima sexta palabra desde el principio (sin contar el título) es shakes, y la cuadragésima sexta palabra del final (sin contar el «Selah») es spear. La Biblia King James se completó en 1610, el año en que William Shakespeare celebró su cuadragésimo sexto cumpleaños. Muchos eruditos de la literatura creen que los traductores de esta Biblia, que eran grandes admiradores de la obra del Bardo, introdujeron a escondidas un tributo de cumpleaños para Shakespeare en la misma Palabra de Dios.
No se tiene que avanzar mucho en la lectura del Evangelio de Mateo para ver que el autor de nuestro primer Evangelio, de igual manera, puede hacer juegos de números. Cuando relata la genealogía de Jesús, ordena los nombres de manera que caigan en tres grupos de catorce generaciones: había catorce generaciones desde Abraham hasta David, catorce desde David hasta el exilio y catorce desde el exilio hasta Jesús. ¡Tres veces catorce! Muchos lectores modernos podrían responder: «¿Y qué?». Pero Mateo piensa que Jesús es el Mesías, y el Mesías es el hijo de David, y el nombre «David» se puede escribir con letras hebreas (dwd), que también servían como números, y esos números son 4, 6, 4, ¡y 4 + 6 + 4 = 14!
Al Evangelio de Mateo frecuentemente se le llama «el Evangelio del Maestro» porque se enfoca mucho en el ministerio de enseñanza de Jesús y hace un fuerte énfasis en la necesidad de que los líderes cristianos entiendan la palabra (13:23) y que la enseñen a otros (5:19; 28:19-20). Pero, de igual manera, a Mateo se le podría llamar fácilmente «el Evangelio del contador», porque su autor está muy interesado en mantener un registro de las cosas. La gente que está familiarizada con el indicador de tipo Myers-Briggs identificaría a Mateo como «una J alta», es decir, como una persona que anhela el orden y la estructura. A Mateo le encantan las tríadas, presentar ejemplos o puntos en grupos de tres (p. ej., tres acciones de piedad en 6:1-18). También le gustan los pares y el dualismo: dos señores (6:24-25), dos caminos (7:13-14), dos constructores (7:24-27).
tríada: un conjunto de tres.
par: en literatura, duplicación de referencias.
Hay cosas que simplemente no entendemos. A veces, Mateo incluye dos veces lo que parece ser el mismo material en distintos puntos de su Evangelio: las palabras de Jesús sobre el divorcio se incluyen dos veces (5:31-32; 19:9), al igual que las historias de los líderes religiosos que buscan una señal de él (12:38-42; 16:1-4) o que lo acusan de obrar con el poder de Beelzebú (9:32-34; 12:22-24). ¿Por qué haría eso Mateo? Aún más enigmático, los personajes a veces se duplican: el Evangelio de Marcos reporta que Jesús sanó a un ciego en Jericó (10:46-52) y que sacó una legión de espíritus inmundos de otro hombre y los introdujo en un hato de cerdos (5:1-14), una anécdota que a los comediantes bíblicos les gusta llamar «la historia del jamón endiablado», pero cuando Mateo cuenta esas mismas historias, Jesús sana a dos ciegos (20:29-34) y saca la legión de demonios de dos hombres (8:28-33). Y en la versión de Mateo de la historia del Domingo de Ramos, Jesús se sienta sobre dos animales cuando entra montado a la ciudad (21:6-7). ¿Es esto un cumplimiento demasiado literal de la profecía (21:5; cf. Zac. 9:9)? ¿Sabía Mateo algo que Marcos no sabía? ¿O hay algo especial en cuanto al número «dos»?
dualismo: la tendencia de separar los fenómenos en categorías notablemente opuestas, con poco espacio para algo en medio.
Beelzebú: versión levemente corrupta del nombre hebreo para un dios filisteo (1 R. 1:2); el término se usa como otro nombre para Satanás en el Nuevo Testamento (Mt. 10:25; 12:24).
Una cosa es segura: Mateo no es un escritor desordenado. Él tiene un plan claro para su Evangelio, y está atento a los detalles. Simplemente, no siempre sabemos cuánto insistir en eso. Jesús relata siete parábolas acerca del reino del cielo; ¿se debe a que el «siete» es un número sagrado, o simplemente resultó ser el número de las parábolas del reino que Mateo sabía? Mateo nos dice doce veces que la profecía se ha cumplido; ¿se debe a que el «doce» es un número para Israel, o es simplemente una coincidencia? Mateo presenta ocho bienaventuranzas en dos grupos de cuatro, y cada grupo contiene exactamente treinta y seis palabras en griego y, bueno, en realidad, esa probablemente sea solo una coincidencia, pero con Mateo, ¡uno nunca sabe con seguridad!
Domingo de Ramos: el día, una semana antes de la Pascua, en el que Jesús entró a Jerusalén montado en un burro, para la aclamación de las multitudes que agitaban palmas (véase Jn. 12:12-15).
Generalidades
El Evangelio de Mateo se inicia con una genealogía que traza la ascendencia de Jesús desde Abraham (1:1-17), a la que le sigue el relato del nacimiento virginal de Jesús y los acontecimientos relacionados como la visita de los magos (1:18-2:23). Luego, la narración pasa a describir el inicio del ministerio de Jesús como adulto: Juan lo bautiza (3:1-17) y Satanás lo tienta en el desierto (4:1-11); luego, comienza a llamar discípulos y pasa por Galilea predicando, enseñando y sanando (4:12-25). Predica el Sermón del Monte (5:1-7:28), que se enfoca principalmente en el discipulado (es decir, la vida que se espera de aquellos que son fieles a Dios).
Mateo continúa la historia del ministerio de Jesús al narrar una serie de historias de curaciones (de un leproso, del siervo del centurión, de la suegra de Pedro, de dos endemoniados, de un paralítico). Estas se intercalan con anécdotas en las que Jesús responde a preguntas que aclaran o desafían la naturaleza de su ministerio (8:1-9:38). Entonces Jesús nombra a doce de sus seguidores para que sean sus apóstoles y los envía con una misión similar a la suya, y los instruye en cuanto a la persecución y la necesidad de la fidelidad radical (10:1-11:1). La oposición en contra de Jesús comienza a incrementar cuando se topa con duda, apatía y hostilidad absoluta de diversas partes: Juan el Bautista, las multitudes, los fariseos e incluso su propia familia (11:2-12:50). Él cuenta siete parábolas acerca del reino del cielo (13:1-53), y luego encuentra rechazo en su propio pueblo natal (13:54-58). Su ministerio también llama la atención de Herodes, que ha mandado a ejecutar a Juan el Bautista (14:1-12).
Figura 6.1. Los tres magos. Solamente el Evangelio de Mateo cuenta la historia de los magos que llegan de Oriente a adorar a Jesús donde él nació (2:1-12). (Bridgeman Images)
La historia continúa con énfasis en las obras milagrosas (multiplicación de comida, caminar sobre el agua, el exorcismo de un demonio de la hija de un cananeo). Esto está entrelazado con relatos que revelan que los fariseos son guías ciegos que están bajo el juicio de Dios, y con relatos que muestran que los propios discípulos de Jesús son personas de poca fe (14:13-16:12). Pero entonces, Pedro recibe la bendición de Jesús cuando confiesa que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios (16:13-20). Después de eso, la narración pasa a una larga sección que hace énfasis en las instrucciones de Jesús para sus discípulos (16:21-20:34): repetidas veces les dice que él va a sufrir y a morir, una revelación que para ellos es inquietante; les enseña acerca de la humildad y el sacrificio; permite que tres discípulos tengan un vistazo de su gloria divina cuando se transfigura ante ellos en una montaña; y los instruye en cuanto a la vida en comunidad y otros asuntos pertinentes para los que están siendo preparados para vivir en el reino de los cielos.
Jesús entra a Jerusalén y allí desafía a los líderes religiosos (21:1-23:39): vuelca las mesas en el templo, cuestiona la autoridad de los líderes, dice parábolas en contra de ellos, responde a una serie de pruebas que le ponen enfrente y arremete contra ellos como insensatos e hipócritas, destinados al infierno. Después, Jesús se retira al Monte de los Olivos con sus discípulos y les da enseñanzas privadas en cuanto a los últimos días, que incluye información acerca de su regreso y una serie de parábolas en cuanto al juicio final (24:1-25:46).
El Evangelio de Mateo termina con el relato de la pasión y resurrección de Jesús (26:1-28:20): es ungido por una mujer no identificada y comparte una última comida con sus discípulos, que lo traicionarán, negarán y abandonarán. A Jesús lo arrestan, se enfrenta al juicio ante los líderes judíos y gentiles, lo crucifican y lo colocan en una tumba; al tercer día resucita, se le aparece a un grupo de mujeres y luego faculta a sus discípulos para que bauticen y enseñen a gente de todas las naciones.
Trasfondo histórico
Aunque está primero en nuestro Nuevo Testamento, generalmente no se piensa que el Evangelio de Mateo fue el primer Evangelio que se escribió. La mayoría de los eruditos cree que fue escrito después del Evangelio de Marcos. Ya que casi el noventa por ciento del material del Evangelio de Marcos también se encuentra en Mateo, es posible ver a Mateo como una segunda edición ampliada de Marcos. Pero el libro de Mateo, en última instancia, no reemplazaría el Evangelio de Marcos de la manera que la segunda edición de una obra generalmente reemplaza las versiones anteriores. Más bien, los cristianos leerían Mateo junto con Marcos, exonerarían la redundancia y verían que ambos libros ofrecen relatos compatibles de Jesús.
El libro es anónimo, y su atribución a Mateo puede deberse, en parte, a un comentario erróneo o mal interpretado de uno de los primeros líderes cristianos. Alrededor de la mitad del siglo II, el líder eclesiástico Papías dijo que Mateo, el recaudador de impuestos, uno de los doce discípulos de Jesús, «recopiló los dichos del idioma hebreo [o arameo] y cada uno los interpretó [o tradujo] como pudo» (Eusebio, Historia de la iglesia 3.39). Líderes eclesiásticos posteriores tomaron este comentario como una indicación de que Mateo, el recaudador de impuestos, escribió el libro que ahora lleva su nombre; en efecto, eso es lo que Papías quiso dar a entender. Pero el libro que ahora conocemos como el Libro de Mateo es más que una colección de dichos. Además, está escrito en griego, no en hebreo ni arameo, y la mayoría de los eruditos simplemente hacen caso omiso del comentario de Papías, y afirman que claramente él no sabía de lo que hablaba. Sin embargo, es posible que Mateo, el recaudador de impuestos, sí tuviera algo que ver con este Evangelio. Tal vez fue la persona responsable de compilar la ahora extraviada colección de dichos que los eruditos llaman fuente Q (véase «Composición de los Evangelios: el acertijo sinóptico» en el cap. 5), y tal vez eso es lo que confundió a Papías. Pero esto sigue siendo especulativo. Tal vez Mateo recopiló algunos de los dichos que acabaron en Q, o tal vez recopiló algunos dichos totalmente distintos. Muchos escenarios son posibles, y simplemente no podemos saber con seguridad cuál pudo haber sido la contribución fundamental de Mateo, el cobrador de impuestos, a este Evangelio. En cualquier caso, muy pocos eruditos creen que él haya sido el autor de todo el libro en la forma que ahora lo tenemos. Sin embargo, de todas formas, los eruditos se refieren al autor desconocido de este libro como «Mateo»; es tradicional y conveniente hacerlo, y nadie más sabe de qué otra manera llamarlo.
Lo que podemos saber de este autor tiene que suponerse con la obra en sí. Él obviamente es un cristiano devoto y educado. Conoce las Escrituras judías bien y las usa de maneras que podrían sugerir alguna preparación de escriba. De esa manera, casi seguramente es un cristiano judío, y tal vez sea un rabino convertido o líder de sinagoga. Entre los cuatro autores de nuestros Evangelios, solo Mateo tiene la tenacidad de relatar que el ministerio original de Jesús estaba dirigido únicamente a Israel (10:5-6; 15:24; cf. 28:18-20).
Cuadro 6.1
Material único del Evangelio de Mateo
Esto corresponde a aquello a lo que los eruditos a veces se refieren como el material «M» (véase el cuadro 5.10).
| La genealogía de Jesús (a partir de Abraham) | 1:2-17 |
| El nacimiento de Jesús (con la atención en José) | 1:18-25 |
| La visita de los magos | 2:1-12 |
| La huida a Egipto | 2:13-21 |
| Sobre el cumplimiento de la ley | 5:17-20 |
| La antítesis | 5:21-24, 27-28, 33-38, 43 |
| Sobre practicar la piedad | 6:1-15, 16-18 |
| Perlas para los cerdos | 7:6 |
| La misión limitada a Israel | 10:5-6 |
| La invitación a descansar | 11:28-30 |
| Parábolas: la hierba mala, el tesoro, la perla, la red | 13:24-30, 36-52 |
| Pedro intenta caminar sobre el agua | 14:28-31 |
| La bendición de Pedro | 16:17-19 |
| Pedro paga el impuesto del templo | 17:24-27 |
| La restauración del miembro pecaminoso | 18:15-20 |
| Pedro pregunta acerca del perdón | 18:21-22 |
| La parábola del siervo que no perdona | 18:23-35 |
| La parábola de los obreros en el viñedo | 20:1-16 |
| La parábola de los dos hijos | 21:28-32 |
| La prohibición de títulos | 23:7-12 |
| Reprimendas a los fariseos | 23:15-22 |
| La parábola de las diez damas de honor | 25:1-13 |
| Descripción del juicio final | 25:31-46 |
| La muerte de Judas | 27:3-10 |
| Pilato se lava las manos | 27:24-25 |
| La resurrección de los santos | 27:52-53 |
| La guardia ante la tumba | 27:62-66; 28:11-15 |
| La Gran Comisión | 28:16-20 |
En cuanto a la fecha, su uso de la frase «hasta el día de hoy» (27:8; 28:15) implica que él escribe una generación o más después de la época de Jesús (cf. Gn. 26:33; 2 S. 6:8), y su uso del Evangelio de Marcos indica que escribe después de la publicación y distribución de ese libro (generalmente se pensaba que había sido escrito alrededor de 65-73). Una cantidad de asuntos del Evangelio de Mateo reflejan la clase de preocupaciones que la gente tenía en las décadas posteriores a la destrucción del templo de Jerusalén en 70 e. c. (cf. 24:1-2): «¿De qué manera está Dios presente con nosotros? ¿Cuál es el valor continuo de la Torá? ¿Cómo y cuándo se cumplirán las promesas de Dios a Israel?».
También parece que el autor de Mateo favorece el material que le interesaría a la gente que vivía en un entorno más urbano y próspero que el de Jesús y sus discípulos originales. Frecuentemente, se sugiere que este Evangelio pudo haber sido escrito en la ciudad de Antioquía, un lugar importante a principios del cristianismo (véase Hch. 11:25-26). Numerosos detalles en cuanto a la interpretación de este Evangelio se pueden dilucidar con la hipótesis de que el libro fue escrito para creyentes de ese entorno, pero no es algo seguro, ya que otras ciudades similares a Antioquía también podrían reunir bien las condiciones.
Entonces, nuestra mejor conjetura es la siguiente: el libro que conocemos como Evangelio de Mateo fue escrito por un cristiano judío desconocido, en Antioquía o en otra ciudad romana similar, un poco después de la destrucción del templo de Jerusalén, muy probablemente a mediados de los años 80.
¿Qué es característico del Evangelio de Mateo?
Tal vez el primer paso para entender el Evangelio de Mateo consista en reconocer en qué difiere de los otros tres Evangelios. Para comenzar bien en esto, debemos familiarizarnos con lo que es único en este Evangelio. El cuadro 6.1 enumera historias y pasajes de Mateo que no se encuentran en ninguna otra parte en el Nuevo Testamento.
Una revisión de este material proporciona una guía rápida y fácil a algunas cosas que son distintivas en cuanto a Mateo. Por ejemplo, las únicas dos veces en las que Jesús habla de «la iglesia» en el Nuevo Testamento están en pasajes de este listado (16:17-19; 18:15-20): Jesús dice que quiere construir una iglesia, y da consejos en cuanto a la manera en que esa iglesia debe tomar decisiones y regular su membresía. De igual manera, podemos observar que en una cantidad de historias del listado que están «solamente en Mateo» Pedro figura de manera prominente (14:28-31; 16:17-19; 17:24-27; 18:21-22). Eso es interesante porque si, de hecho, el Evangelio de Mateo fue escrito en Antioquía, entonces fue producido en una comunidad en la que Pedro en realidad vivió (véase Gá. 2:11-14).
Hay otra forma de determinar qué es característico de Mateo: colocar los Evangelios de Mateo y Marcos de lado a lado y observar las diferencias que aparecen una y otra vez en el material que tienen en común. Si seguimos las teorías de la fuente dominantes, tendremos que llegar a la conclusión de que Mateo no solo copió material de Marcos, palabra por palabra; más bien, hizo cambios a lo que Marcos había escrito, y estos cambios revelan lo que es característico de la versión de Mateo de la historia del evangelio. El cuadro 6.2 proporciona un resumen de cambios que frecuentemente observan los «críticos de la redacción», eruditos dedicados a estudiar las tendencias editoriales de Mateo para discernir su perspectiva característica. Además, debemos observar que, aunque el material se presenta aquí como formulado por eruditos que creen que Mateo tenía una copia del Evangelio de Marcos y la usó como una fuente para su propio trabajo, las tendencias características de Mateo serían notorias, aunque ese no fuera el caso. Si, por ejemplo, Mateo fue el primer Evangelio escrito, como lo sostienen algunos eruditos, necesitaríamos revisar el cuadro 6.2 para presentar «el uso de Marcos de Mateo», en lugar «del uso de Mateo de Marcos». Eso podría hacerse, y las diferencias significativas entre los dos Evangelios todavía serían notorias.
Muchas de estas diferencias son simplemente de estilo, pero, a pesar de eso, sirven para señalar las prioridades y el método para contar historias. Por ejemplo, frecuentemente se dice que Mateo adopta más un enfoque de «solo hechos» que Marcos; él está menos interesado en contar historias de una manera animada o colorida de lo que está en simplificar material y organizar su presentación de una forma que establezca ciertos puntos clave. Otras diferencias pueden reflejar la audiencia que Mateo visualiza para su Evangelio: las selecciones de palabras de este Evangelio parece que tienen la intención de hacer el libro más atractivo para los lectores judíos (o cristianos judíos) o más significativo para los lectores que viven en un ambiente urbano bastante próspero.
De cualquier manera, las diferencias más interesantes que se pueden detectar en el material paralelo de Mateo y Marcos son las que afectan la forma en que se presentan los personajes principales de la historia. Jesús exhibe menos fragilidad humana en el Evangelio de Mateo que en el de Marcos. Por ejemplo, no aparecen las declaraciones que podrían implicar falta de conocimiento o habilidad en él (cf. Mr. 6:5 con Mt. 13:58). De igual manera, los discípulos de Jesús exhiben más potencial para crecimiento y liderazgo en la versión de la historia de Mateo que en la de Marcos. Sin embargo, la presentación de Marcos de los líderes religiosos de Israel exhibe la tendencia opuesta: inevitablemente terminan peor en Mateo que en Marcos.
Cuadro 6.2
El uso que hace Mateo de Marcos
Según las teorías de fuente dominantes, Mateo conserva alrededor del noventa por ciento de las historias y pasajes que se encuentran en el Evangelio de Marcos, pero él edita este material de acuerdo a ciertos principios. Estudiar estos cambios editoriales es el trabajo de los críticos de la redacción (véase «La crítica de la redacción» en el capítulo 3).
Organización
Selecciones del material marcano se trasladan.
Ejemplos:
•Cinco historias de milagros se trasladan a Mateo 8-9, donde ocurren otras historias de milagros.
•El encargo misionero a los discípulos se relata inmediatamente después de que se seleccionan los discípulos (Mt. 10:1-42; cf. Mr. 3:14-19; 6:7-13).
Abreviación
Se cortan detalles o personajes que no son inmediatamente pertinentes.
Ejemplos:
•Las cadenas y el comportamiento del endemoniado (Mt. 8:28; cf. Mr. 5:2-5)
•La remoción del techo para el paralítico (Mt. 9:2; cf. Mr. 2:2-5)
•La multitud y los discípulos en la historia de la curación de la mujer (Mt. 9:20-22; cf. Mr. 5:24b-34)
Sofisticación
Expresiones casuales o coloquiales se reescriben con el griego más pulido de la clase educada.
Ejemplos:
•Se cambia el tiempo «presente histórico» en muchas ocasiones (130 de 151).
•Se reduce el uso repetido de Marcos de palabras como «y» e «inmediatamente».
•Se dan antecedentes claros a los pronombres que carecen de ellos.
Exactitud
Se corrigen los casos de exactitud cuestionable.
Ejemplos:
•»El rey Herodes» (Mr. 6:14) se convierte en «Herodes el tetrarca» (Mt. 14:1).
•Se omite la referencia a Abiatar como sumo sacerdote de Marcos 2:26 (Mt. 12:4; cf. 1 S. 21:1-6).
Pertinencia contextual
Algunos cambios hacen que lo relatado sea más pertinente para la comunidad de Mateo.
Ejemplos:
•Mateo omite la explicación de Marcos de las costumbres judías (Mt. 15:1-2; cf. Mr. 7:3-4) porque él escribe para cristianos que son judíos étnicos o que están bien familiarizados con la tradición judía.
•Mateo reemplaza frecuentemente la frase «reino de Dios» con «reino de los cielos» (p. ej., Mt. 4:17; cf. Mr. 1:15) porque algunos judíos trataban de evitar decir «Dios» por respeto a la santidad del nombre de Dios.
•Donde Marcos usa «pueblo» (kōmē), Mateo frecuentemente usa «ciudad» (polis) porque él escribe para una comunidad urbana, retirada de los ambientes rurales.
•Mateo agrega «plata» y «oro» al mandato de Jesús a los discípulos de que no llevaran «cobre» con ellos en sus viajes (Mt. 10:9; cf. Mr. 6:8) porque él le escribe a una comunidad más próspera para la que la renuncia al «cobre» podría parecer insignificante.
Descripción de los personajes
Mateo cambia la forma en la que se presentan los personajes principales en la historia del evangelio. Incluso Jesús, sus discípulos y los líderes religiosos de Israel.
Jesús
•Se omiten las preguntas que podrían implicar falta de conocimiento por parte de Jesús (Mr. 5:9, 30; 6:38; 8:23; 9:12, 16, 21, 33; 10:3; 14:14).
•Se modifican las declaraciones que podrían implicar falta de habilidad o autoridad por parte de Jesús (cf. Mt. 13:58 con Mr. 6:5).
•Se reducen las referencias de Jesús cuando exhibe emociones humanas: lástima (Mr. 1:41), ira (Mr. 3:5), tristeza (Mr. 3.5), admiración (Mr. 6:6), indignación (Mr. 10:14), amor (Mr. 10:21).
•Se omiten las historias que podrían parecer que presentan a Jesús como mago (Mr. 7:31-37; 8:22-26).
Los discípulos de Jesús
•»No tienen fe» se cambia a «poca fe» (cf. Mt. 8:26 con Mr. 4:40).
•El tema de no entender a Jesús se ajusta de manera que los discípulos son simplemente lentos para entender (cf. Mt. 16:12 con Mr. 8:21; Mt. 17:9-13 con Mr. 9:9-13).
•La ambición impropia se le atribuye a la madre de Jacobo y Juan y no a los discípulos en sí (cf. Mt. 20:20 con Mr. 10:35).
•A las historias que se tomaron de Marcos se agregan referencias a los discípulos que «adoran» a Jesús y lo llaman «Señor» o «Hijo de Dios» (cf. Mt. 14:32-33 con Mr. 6:51-52).
Los líderes religiosos de Israel
•Al escriba que Jesús elogia en Marcos (12:28-34) se le describe en Mateo como oponente que pone a Jesús a prueba (22:34-40).
•A los líderes religiosos amigables como Jairo y José de Arimatea ya no se les identifica como líderes en Mateo (cf. Mt. 9:18 con Mr. 5:22; Mt. 27:57 con Mr. 15:43).
De esa manera, nuestro reconocimiento de lo que es característico de Mateo puede beneficiarse al tomar nota de lo que se encuentra solamente en su Evangelio y también al observar la forma en que Mateo, aparentemente, ha alterado el material que se ha tomado de Marcos. Además, los eruditos frecuentemente observan que la misma estructura del Evangelio de Mateo es característica. Mateo exhibe una tendencia a las fórmulas estereotípicas y a los patrones organizacionales. En todo su Evangelio hace uso de una «cita de cumplimiento» para indicar que algo de la historia de Jesús «sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta» (véase 1:22-23; 2:15, 17-18, 23; 4:14-16; 8:17; 12:17-21; 13:35; 21:4-5; 27:9-10; si se agrega 2:5-6 y 13:14-15 a este listado, la mención de cumplimiento puede decirse que aparece doce veces). Jesús también da cinco grandes discursos en Mateo, y a cada uno le sigue una fórmula de transición (7:28; 11:1; 13:53; 19:1; 26:1); algunos eruditos han pensado que Mateo hace esto porque los judíos usualmente consideraban la Torá como «los cinco libros de Moisés», y él quería proporcionar un paralelo cristiano al ofrecer cinco libros (discursos) de Jesús. Mateo tiene una predilección por las tríadas, organizar el material en grupos de tres. Por ejemplo, las historias de milagros de los capítulos 8-9 caen en tres grupos de tres milagros, cada uno seguido de una enseñanza sobre el discipulado (8:1-17; 8:23-9:7; 9:18-24). En efecto, el bosquejo básico de toda la historia del Evangelio parece que está dividido en tres partes principales, y la segunda y tercera partes se introducen con otra fórmula: «Desde entonces, comenzó Jesús…» (4:17; 16:21). La primera parte (1:1-4:16) es una introducción, y presenta historias que ayudan a identificar quién es Jesús; la segunda parte (4:17-16:20) cuenta la historia del ministerio de Jesús a Israel; la tercera parte (16:21-28:20) trata de su viaje a Jerusalén y posterior pasión y resurrección.
pasión: en la teología cristiana, término para el sufrimiento y muerte de Jesucristo.
Cuadro 6.3
La presencia de Dios en el Evangelio de Mateo
Dios está presente en Jesús
•Cuando Jesús nace: «Emanuel» = «Dios con nosotros» (1:23)
•Se adora a Jesús (2:11; 9:18; 14:33; 15:25; 20:20; 28:9, 17)
Jesús está presente en la iglesia
•Con los niños pequeños, que son los más grandes en el reino (18:5)
•Con la gente que se reúne en su nombre a orar (18:20)
•Con los miembros necesitados de su familia espiritual (25:37-40)
•Con los que reciben pan y vino en su nombre (26:26-28)
•Con gente que bautiza, enseña y hace discípulos (28:19-20)
La iglesia está presente en el mundo
•Sal de la tierra y luz del mundo (5:13-14)
•Ovejas en medio de lobos (10:16)
•Las puertas del reino de la muerte no prevalecerán (16:18)
•Hace discípulos de todas las naciones (28:19)
Jesús dice a sus seguidores: «Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí recibe al que me envió» (Mt. 10:40).
Los temas principales del Evangelio de Mateo
La presencia permanente de Dios
El Evangelio de Mateo hace énfasis en que Dios tiene que llegar a morar con el pueblo de Dios, y que los simples seres humanos ahora pueden experimentar la realidad transformadora de la presencia de Dios en sus vidas. Por supuesto, en cierto sentido, Dios no está presente en la tierra, sino que está en el cielo. Mateo no ha abandonado esa afirmación tradicional (6:9; 23:22), pero este Evangelio está más interesado en explorar las formas en las que Dios está presente en la tierra. Responde la pregunta «¿Dónde está Dios?» con una serie de tres proposiciones (véase el cuadro 6.3). En primer lugar, según el Evangelio de Mateo, Dios está presente en Jesús. Esto puede no parecer una afirmación radical, ya que la gente judía habría reconocido que Dios había estado presente en muchas buenas personas a lo largo de la historia: Moisés, David, una multitud de profetas, y hasta en ciertos gentiles como Ciro de Persia. Pero Mateo simplemente no quiere decir que Jesús era un agente de Dios o que Dios obraba a través de él; más bien, Mateo piensa que cuando Jesús nació, Dios entró al mundo como nunca antes: Dios ahora estaba «con nosotros» (con Israel o, tal vez, con la humanidad) en un sentido sin precedentes (1:23). De hecho, Mateo cree que es apropiado que la gente adore a Jesús. Como adulto, Jesús afirma la enseñanza tradicional de que uno no debe adorar (proskynein) a ninguna entidad, aparte del Señor Dios (4:10; cf. Dt. 6:13), pero ocho veces en este Evangelio la gente adora a Jesús y no se le reprende por eso (2:11; 8:2; 9:18; 14:33; 15:25; 20:20; 28:9; 28:17; véase también 21:15-16). Parece indicar que Dios está presente en Jesús, de una manera tal que adorar a Jesús cuenta como adorar a Dios.

Figura 6.2. El Sermón del Monte. Este fresco italiano del siglo XV representa a Jesús enseñando a sus discípulos en la cima de una montaña.
Esta afirmación de la presencia de Dios en Jesús pudo haber respondido la pregunta «¿Dónde está Dios?» para la gente que vivía cuando Jesús todavía estaba en la tierra, pero para los que vivieron después de la Pascua, la pregunta simplemente se transformaría a: «Si Dios está presente en Jesús, entonces ¿dónde está Jesús?». La respuesta de Mateo es que, en segundo lugar, Jesús está presente en la iglesia. Jesús dice en este Evangelio que él estará en medio de sus seguidores cuando se reúnan en su nombre para orar (18:20) y que estará con ellos cuando salgan al mundo a hacer discípulos (28:20; cf. 10:40). En efecto, el mundo será juzgado de acuerdo a cómo trata a los miembros de su familia, porque lo que se les ha hecho a ellos se le hace a él (25:40; cf. 10:41-42; 18:5).
La respuesta de Mateo a alguien que busca la presencia de Dios podría ser: «Vaya a la iglesia y allí encontrará al Dios que está presente en Jesús» (véase 10:40). Pero Mateo en realidad no espera que los interesados hagan eso. De allí, una tercera proposición: la iglesia está presente en el mundo. Para Mateo, la iglesia no es una institución estática sino más bien un movimiento dinámico, una asamblea de misioneros que salen al mundo como ovejas en medio de lobos (10:16) a llevar la buena noticia, curación y vida (10:7-8). Los seguidores de Jesús serán la luz del mundo y la sal de la tierra (5:13-14). El mundo quizá no los aprecie, pero será un mejor lugar debido a ellos. En efecto, la iglesia que Jesús edificará vencerá las puertas del Hades (16:18), y se desplazará triunfantemente en contra de las fuerzas de la muerte y del mal.
Hades: el inframundo, o lugar donde moran los muertos; en el Nuevo Testamento, a veces parece ser sinónimo del infierno.
Jesús como el Hijo de Dios
El Evangelio de Mateo le da un énfasis especial a la identidad de Jesús como el Hijo de Dios. Al igual que en Marcos, en Mateo Dios habla dos veces desde el cielo (en el bautismo de Jesús y en su transfiguración), y en ambas veces Dios llama a Jesús «mi Hijo» (3:17; 17:5; cf. 2:15). Pero Mateo se ha extendido en este tema al agregar una historia del nacimiento virginal, que presenta a Jesús como el Hijo de Dios en un sentido casi literal (1:18) y al incluir relatos de los discípulos que confiesan que Jesús es el Hijo de Dios (cf. Mt. 14:32-33 con Mr. 6:51-52; Mt. 16:16 con Mr. 8:29). Finalmente, la identidad de Jesús como Hijo de Dios en Mateo está estrechamente vinculada a la historia de su crucifixión. En una de sus parábolas, Jesús sugiere que la razón por la que sus enemigos quieren matarlo es que él es el Hijo de Dios (21:33-46) y, sin duda alguna, más adelante se le sentencia a morir por afirmar ser Hijo de Dios (26:63-66). En la cruz lo ridiculizan los oponentes que afirman que ese destino demuestra que él no es el Hijo de Dios (27:40, 43) pero, irónicamente, la forma de su muerte lleva a otros a confesar que él es, efectivamente, el Hijo de Dios (27:54).
transfiguración: el acontecimiento que se narra en los Evangelios sinópticos, en el que la apariencia física de Jesús se altera momentáneamente para permitirles a los discípulos un vistazo de su gloria celestial (Mt. 17:1-8; Mr. 9:2-8; Lc. 9:28-36).
Las enseñanzas de Jesús
El papel de Jesús como maestro judío o rabino es más prominente en el Evangelio de Mateo que en cualquier otro libro del Nuevo Testamento. En la mayor parte, esta enseñanza de Jesús se presenta en cinco bloques grandes de material, que constituyen cinco discursos de Jesús. Los eruditos se refieren a estos discursos con nombres distintos:
•El Sermón del Monte (caps. 5-7)—sobre el discipulado, la confianza en Dios y el comportamiento moral.
•El discurso misionero (cap. 10)—sobre la misión, la persecución y la fidelidad radical.
•El discurso de las parábolas (cap. 13)—sobre los misterios del reino de los cielos.
•El discurso de la comunidad (cap. 18)—sobre la vida de la iglesia, el perdón y la disciplina.
•El discurso escatológico (caps. 24-25)—sobre el fin de los tiempos, la segunda venida y el juicio final.
Los cinco discursos de Jesús son importantes, pero el Sermón del Monte recibe la mayor atención porque ofrece un compendio de las enseñanzas de Jesús que han sido sumamente influyentes. Allí es donde uno encuentra las Bienaventuranzas (5:3-12), la Regla de Oro (7:12), y el Padre Nuestro (6:9-13). Jesús insta a la gente a que «ponga la otra mejilla» y a que «lleve la carga dos kilómetros» (5:39, 41). Habla de los «lobos con piel de oveja» (7:15), de «servir a dos señores» (6:24), de hacer «tesoros en el cielo» (6:20) y de «lanzar perlas a los cerdos» (7:6). Estas y otras expresiones del Sermón del Monte se usan comúnmente incluso entre la gente que tiene poca o ninguna relación con el cristianismo.
El discipulado
La mayor parte de las enseñanzas de Jesús en el Evangelio de Mateo consiste de instrucciones en cuanto a cómo Dios quiere que la gente viva. Según Mateo, en el mundo después de la Pascua, una persona llega a ser discípula de Jesús al enseñársele a obedecer lo que Jesús ordenó (28:19-20). El Sermón del Monte, en particular, da un resumen de estos mandamientos de Jesús que deben enseñárseles a los discípulos (5:48), y semejante perfección se logra al guardar hasta el más pequeño de los mandamientos de Dios (5:18-19), en maneras que surgen de motivos sinceros (6:2-6, 16-18) y que reflejan la pureza interna, no solamente el cumplimiento externo (5:21-22, 27-28). En los círculos teológicos, mucho de la discusión de este sermón se enfoca en la pregunta de si es realista: ¿En realidad puede vivir así cualquier ser humano? Pero al autor del Evangelio de Mateo no le habría preocupado semejante pregunta. Para él, el punto es simplemente que Jesús ha descrito la ética del reino de Dios, y que quienes buscan el reino de Dios deben hacer todo lo posible para vivir de esta manera (6:33). En la medida que el reino se haya acercado (4:17), encontrarán algo de éxito, suficiente como para ser sal de la tierra y luz del mundo (5:13-16). Sin embargo, sus fracasos pueden ser recordatorios de que el reino todavía no está totalmente presente; ellos tienen que orar para que venga, a fin de que el gobierno de Dios en sus vidas pueda ser completo (6:7, 10). De esa manera, el Sermón del Monte presenta una ética en la que los cristianos deben vivir, esforzándose para vivir en el presente como están destinados a vivir en la eternidad (6:33).
Interpretación de las Escrituras
Según Mateo, es posible conocer las Escrituras en un sentido superficial, sin entenderlas verdaderamente. Hasta Satanás es capaz de citar las Escrituras, aunque con una intención perversa (4:6). Los líderes religiosos de Israel, de igual manera, poseen una comprensión académica de las Escrituras (2:3-6; 17:10; 19:7; 21:41-42), pero Jesús, repetidas veces los reprende por no conocer las Escrituras en un sentido más profundo (9:13; 12:3, 5, 7; 19:4; 21:16, 42; 22:29, 31, 43; 26:54). Lo importante es que la gente conozca la manera apropiada de interpretar las Escrituras. La atención de Mateo a este asunto es interesante para los eruditos bíblicos, porque el mismo Mateo no siempre interpreta las Escrituras de maneras que pasarían la prueba entre los expertos exegéticos de hoy día. Él cita versículos con poco interés en su contexto original, y a veces agrega o cambia palabras para sacar lo que cree que es el significado proyectado (véase, p. ej., 2:6, que se desarrolló de Mi. 5:2 y 2 S. 5:2, con las palabras «de ninguna manera» que Mateo le agregó a lo que los textos del Antiguo Testamento en realidad dicen). Para Mateo, la clave para interpretar las Escrituras está en el reconocimiento de que se cumplen en la vida y en las enseñanzas de Jesús (5:17). La revelación de Dios en Cristo arroja luz sobre las Escrituras y revela su verdadero significado y objetivo.
Atar y desatar
El Evangelio de Mateo muestra interés especial en ayudar a los seguidores de Jesús a abordar las preguntas del comportamiento moral. Por las otras fuentes sabemos que muchos asuntos de controversia surgieron en la iglesia primitiva. En particular, a medida que cada vez más gentiles adoptaron la fe, muchos cristianos llegaron a ver las leyes judías como arcaicas o irrelevantes. Sin embargo, en el Evangelio de Mateo, Jesús declara que todos los mandamientos de la Torá judía (incluso los secundarios) permanecerán en vigor «mientras existan el cielo y la tierra» (5:18). Eso parece lo suficientemente claro, pero entonces, en otra parte de Mateo, Jesús aparta ciertas regulaciones y afirma que los que insisten en su validez condenan al inocente (9:10-17; 12:1-7; 15:1-11). En un grupo de versículos que los eruditos llaman «las antítesis», repetidas veces él afirma su propio entendimiento de la voluntad de Dios, comparado con lo que la gente ha escuchado en la tradición judía (5:21-48). Entonces, ¿qué pasa? ¿Contradice él su propio principio?
antítesis: seis declaraciones de Jesús en Mateo 5:21-48 en las que declara su propia opinión de y en contra de lo que la gente «ha oído y dicho».
Es más probable que Mateo presente la enseñanza moral de Jesús como congruente con la práctica judía de «atar y desatar la ley». Los rabinos ataban la ley cuando determinaban que un mandamiento era aplicable a una situación particular, y desataban la ley cuando determinaban que una palabra de las Escrituras, aunque fuera válida eternamente, no era aplicable bajo ciertas circunstancias. Así, el Evangelio de Mateo muestra a Jesús efectuando pronunciamientos autoritativos en cuanto a la aplicabilidad de los mandamientos bíblicos. Él ata la ley que prohíbe el asesinato como aplicable a la ira y los insultos (5:21-23), y ata la ley que prohíbe el adulterio como aplicable a la lascivia (5:27-28). Sin embargo, en otra parte, él desata ciertas restricciones del día de reposo e indica que no se aplican cuando generan una carga irrazonable (12:5-8) o impiden que uno haga el bien (12:11-12). Los mandamientos en sí siguen siendo válidos, pero en ciertas circunstancias no se aplican.
Más específicamente, Mateo presenta a Jesús transmitiendo la autoridad a sus seguidores para hacer semejantes juicios: cualquier cosa que la iglesia ate en la tierra será atado en el cielo, y cualquier cosa que se desate en la tierra se desatará en el cielo (18:18). Su expectativa es que la iglesia ejerza esta autoridad con atención a los principios que Jesús articula en este Evangelio:
•Lealtad con cumplir las Escrituras, no con abolirlas (5:17-19).
•Compromiso de tratar a los demás «como quieren que ellos los traten a ustedes» (7:12).
•Reconocimiento de la preferencia divina por la misericordia por encima del sacrificio (9:13; 12:7).
•Rechazo a invalidar la palabra de Dios por la tradición humana (15:6).
•Priorización del amor a Dios y al prójimo (22:34-40).
•Atención a los «asuntos más importantes de la ley»: justicia, misericordia, fe (23:23).
Esos principios pueden dar ocasión a algo de discrepancia en la interpretación, pero Jesús indica que Dios responsabiliza a los creyentes por vivir de acuerdo a los juicios dictaminados por sus líderes autorizados (16:19) o por la comunidad como un todo (18:17-18).
Adoración y duda, fe y entendimiento
Mateo describe a los discípulos de Jesús como seguidores falibles que, a pesar de sus fracasos, están destinados a convertirse en apóstoles de la iglesia; en efecto, se sentarán en tronos y juzgarán a las tribus de Israel (19:28). El sobrenombre de Jesús para sus discípulos en este Evangelio es oligopistoi, «gente de poca fe» (6:30; 8:26; 14:31; 16:8; 17:20; se usa en otra parte solamente en Lucas 12:28). Ellos están llenos de dudas (14:31; 28:17) y miedo (8:24-26; 14:30; 17:6), y frecuentemente no logran satisfacer las altas expectativas que Jesús tiene para ellos (p. ej., 16:21-23; 17:14-17; 19:13-15). Aun así, Jesús indica que «poca fe» es todo lo que se requiere para que la gente logre lo que Dios espera de ellos (17:20). Además, las dudas y los temores de los discípulos están acompañados de adoración; en efecto, esos fenómenos aparentemente incongruentes están entrelazados en este Evangelio de manera que la adoración, la duda y el temor se dan juntos (14:30-33). Incluso al final de la historia, los testigos de la resurrección responden con una mezcla tanto de temor como de adoración (28:8-9), y la comunidad que recibe la Gran Comisión se distingue tanto por adoración como por duda (28:17).
Sin embargo, más allá de todos estos fenómenos hay un énfasis especial en el entendimiento. En este Evangelio, la semilla que cae en el buen terreno en la parábola del sembrador se identifica como «el que oye la palabra y la entiende» (13:23; cf. Mr. 4:20; Lc. 8:15). De los discípulos de Jesús, a pesar de su duda y poca fe, se dice que crecen en entendimiento a medida que la narración avanza (véase 13:11-15, 51; 16:12; 17:13). El Evangelio de Mateo sostiene que el entendimiento es algo que Dios debe dar (11:25; 13:11; 16:17), y frecuentemente se dice de los discípulos que no entienden a Jesús hasta que él les explica lo que tienen que saber. El propósito exacto de este hincapié en Mateo no es claro, pero él puede estar subrayando la importancia de lo que ahora llamamos «educación cristiana»: los grandes apóstoles de la iglesia eran personas comunes y corrientes que, cuando Jesús les enseñaba recibían el entendimiento que les permitiría producir fruto (13:23; cf. 13:19). En efecto, ellos pudieron ir al mundo y enseñar a otros (28:19-20).
Cuadro 6.4
Las Reglas de la comunidad
Compare estas pautas del Evangelio de Mateo con la Regla de la Comunidad, para la comunidad de Qumrán (uno de los Rollos del Mar Muerto).
•»Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazlo ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Pero, si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y, si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un renegado» (Mt. 18:15-17).
•»[no] te dirigirás [a tu] compañero con ira, o mal humor, u obstinación, o con envidia impulsada por el espíritu de maldad. No lo odiarás por su corazón incircunciso, sino que lo reprenderás el mismo día para que no contraigas culpa por su causa. Y, además, que nadie acuse a su compañero ante la Congregación sin haberlo amonestado primero en la presencia de testigos» (Regla de la Comunidad 5:25-6:1).*
* The Complete Dead Sea Scrolls in English [Los Rollos del Mar Muerto completos en inglés], 7a ed., trad. Geza Vermes, (Nueva York: Penguin, 2012).
Hostilidad hacia los líderes judíos
El Evangelio de Mateo exhibe una hostilidad pronunciada hacia los líderes religiosos de Israel. En los cuatro Evangelios se presenta a estas personas como oponentes de Jesús, pero el nivel de antipatía es extraordinario en Mateo. Por un lado, el Evangelio de Mateo no parece dar lugar a excepciones. Los otros Evangelios contienen ejemplos positivos de líderes judíos que no se oponen a Jesús (p. ej., Mr. 5:22; 12:28-34; 15:43; Lc. 13:31; Jn. 3:1-2), pero parece que, en Mateo, los fariseos, los saduceos, los escribas, los sacerdotes y los ancianos forman un frente unido en contra de Jesús, y todo lo que ellos hacen, dicen, piensan o creen es incorrecto.
Mateo usa frecuentemente el término «malos» para describir a estos líderes religiosos: son gente mala incapaz de hablar o pensar algo bueno (12:34; cf. 9:4; 12:39, 45; 16:4; 22:18). Esta cualidad los identifica estrechamente con Satanás, el maligno (13:19, 38-39). En todo el Evangelio de Mateo se les identifica con epítetos como «camada de víboras» (3:7; 12:34; 23:33) e «hijo del infierno» (23:15), que los caracterizan como descendientes del diablo y no como hijos de Dios. El significado de semejante identificación queda claro en una parábola que Jesús cuenta: el mundo es como un campo en el que Dios ha colocado gente potencialmente buena y en el que el diablo ha colocado gente mala (13:24-30, 36-43). Jesús identifica explícitamente a los fariseos como que están entre estas plantas «que mi Padre celestial no plantó»; no son el pueblo de Dios y serán arrancados con el tiempo (15:13, RVR60). De esa manera, en el Evangelio de Mateo (a diferencia de los otros) Jesús nunca llama a los líderes religiosos al arrepentimiento; no hace el intento de ministrarlos más de lo que lo haría con los demonios que él exorciza. Más bien, aconseja a sus discípulos a que los dejen (15:14). Ellos dan un ejemplo paradigmático de la gente que nunca entrará en el reino de los cielos (5:20), y Jesús promete que ellos no escaparán a ser sentenciados al infierno (23:33).
Los eruditos se preguntan por qué Mateo trata a estos líderes religiosos tan severamente. A menudo, se propone que él los presenta de la peor forma posible, porque está enojado con los judíos contemporáneos por rehusarse a creer en Jesús y por actuar de manera abusiva en contra de los cristianos. De esta manera, la polémica se caracteriza no solo por las tensiones históricas entre Jesús y los líderes judíos (ca. 30), sino también por las tensiones actuales entre la iglesia de Mateo y «la sinagoga de la cuadra (ca. 85). Esto es definitivamente posible, pero otros eruditos piensan que Mateo está más interesado en anotar un punto teológico a través de la retórica literaria de su historia. Mateo presenta a los líderes religiosos como una personificación de todo lo que está opuesto a Dios, para poder presentar la victoria de Cristo como una conquista del mal. El argumento principal de la historia no es que Jesús superara a los fariseos en varias competencias ideológicas; lo más importante es que Dios, a través de Jesús, venció a los poderes principales del mal, incluso cuando ellos triunfaron en hacer lo peor de sí mismos. Antes de dejar este punto, debemos observar que al Evangelio de Mateo con frecuencia se le ha acusado de fomentar el antisemitismo. Jesús les dice a los líderes judíos que «el reino de Dios se les quitará a ustedes» (21:43), y le dice al centurión gentil que «a los súbditos del reino [¿los judíos?] se les echará afuera, a la oscuridad» (8:12). Finalmente, presenta al pueblo de Israel como un todo, que asume la responsabilidad del asesinato de Cristo, y grita: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» (27:25). Es probable que Mateo quisiera que este último versículo se leyera irónicamente: la sangre de Cristo ocasiona perdón de pecados (26:28), por lo que el pueblo judío no evoca una maldición sobre sí mismos, sino más bien ora inconscientemente por salvación (probablemente con palabras tomadas de la liturgia cristiana). Sin embargo, el versículo generalmente no se ha leído de esta forma, y la gente antisemítica a lo largo de la historia lo ha usado, así como otros textos del Evangelio de Mateo, para justificar el odio y el abuso de los judíos, caracterizándolos como «matadores de Cristo» y como gente que Dios ha condenado.
centurión: oficial del ejército romano, típicamente a cargo de cien soldados.
Conclusión
Nos hemos centrado en lo que es característico de Mateo, pero no debemos desviarnos de la tradición común que este Evangelio proclama. Si se entiende que Mateo ha tomado material de Marcos y de otras fuentes, entonces quizá debemos también observar pasajes en los que él no hizo ninguna alteración seria. Y cualquier listado de «temas principales» de Mateo también podría incluir asuntos que se encuentran en la mayoría o en todos los Evangelios: Jesús predicó acerca del reino de Dios; enseñó con parábolas; recibió a los pecadores y marginados; hizo milagros; dio su vida para salvar a la gente del pecado; resucitó; predijo que volvería.
Los eruditos frecuentemente han tratado de caracterizar el Evangelio de Mateo en relación con sus rasgos más notables. Se le ha llamado «el Pentateuco cristiano», «catecismo», «manual eclesiástico» y «manual de disciplina». Para sus primeros lectores pudo haber sido de todas esas maneras, pero a un nivel básico, Mateo es «un Evangelio», una biografía antigua que cuenta la historia de Jesús, que proclama su vida y enseñanzas como la buena noticia. Es un libro de invitación, y llama al lector a buscar el reino de Dios y su justicia (6:33), a ir a Jesús y experimentar descanso (11:28), a escuchar sus palabras y actuar de acuerdo a ellas (7:24), a entender la palabra y producir fruto (13:23) y a vivir una vida de buenas obras que le dan gloria al Padre que está en el cielo (5:16).
Pentateuco: los primeros cinco libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio.

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7
Marcos
¿Qué pasaría si a la gente le pidieran que elaborara un compendio de los «Mejores éxitos de Jesús»? Por supuesto que el listado variaría, pero muchos cristianos querrían incluir la historia del nacimiento de Jesús (Lc. 2:1-20), la parábola del buen samaritano (Lc. 10:30-37), la parábola del hijo pródigo (Lc. 15:11-32), el Padre Nuestro (Mt. 6:9-13), las Bienaventuranzas (Mt. 5:3-10), la Regla de Oro (Mt. 7:12), y tal vez unos cuantos relatos de los encuentros de Jesús con personajes memorables como Zaqueo (Lc. 19:1-10), María y Marta (Lc. 10:38-42), Tomás (Jn. 20:19-29) y la mujer samaritana en el pozo (Jn. 4:5-30). En cuanto a las historias de milagros, sería difícil superar la resurrección de Lázaro (Jn. 11:1-44) o la transformación de agua en vino (Jn. 2:1-11). Y no podríamos dejar fuera la enseñanza de Jesús acerca del «amor a los enemigos» (Mt. 5:43-48) o «tanto amó Dios al mundo…» (Jn. 3:16).
Todos estos pasajes tienen una cosa en común: no se encuentran en el Evangelio de Marcos. El Evangelio de Marcos es el más breve de los cuatro Evangelios, y falta mucho del material acerca de Jesús que se ha conocido mejor y se ha querido más en la tradición cristiana. Hay unas cuantas gemas aquí: la parábola del sembrador (4:1-9), la alimentación de los cinco mil (6:30-44) y el encuentro con el joven rico (10:17-22), pero, para los que están familiarizados con los demás Evangelios, Marcos puede parecer escaso, particularmente en cuanto a su presentación de las enseñanzas de Jesús.
Además, como lo veremos, Marcos cuenta sus historias de Jesús de maneras que acentúan la fragilidad, el sufrimiento, el fracaso y la ambigüedad; esto no ha hecho que su Evangelio sea atractivo para los lectores que están enamorados del poder, la gloria, el éxito o la certidumbre.
Sin embargo, los críticos que estudian la Biblia como literatura frecuentemente eligen a Marcos como la obra maestra de los cuatro Evangelios. Su libro es menos complejo que los de Mateo y Lucas y es menos «hablador» (o filosófico) que el de Juan. Funciona como una historia que se cuenta de principio a fin, la clase de historia que uno podría haber escuchado que se leía en voz alta de una sentada. Marcos cuenta la historia de una manera singularmente viva y colorida, y nos da una trama estructurada muy compacta en la que, a veces, los personajes interactúan de maneras sorprendentes. Todo esto para decir que el Evangelio de Marcos es menos una compilación de éxitos misceláneos que un solo opus, un relato lleno de misterio, conflicto, ironía y patetismo.
Generalidades
Juan el Bautista prepara el camino del Señor (1:1-8). Cuando Jesús es bautizado por Juan, una voz del cielo lo llama el «Hijo amado» de Dios (1:9-11). Después de ser tentado por Satanás, Jesús comienza a predicar el evangelio del reino de Dios (1:12-15) y a llamar a sus discípulos (1:16-20). Marcos describe un día de su ministerio: Jesús enseña con autoridad, exorciza un espíritu inmundo, sana a mucha gente y se levanta temprano la mañana siguiente para orar y continuar con ese trabajo (1:21-40). Se involucra en una serie de controversias por asuntos como la autoridad para perdonar pecados, comer con recaudadores de impuestos, el ayuno y las leyes del día de reposo (2:1-3:6).
Al continuar con su ministerio, Jesús nombra a doce de sus seguidores para que sean apóstoles (3:7-19). Las tensiones aumentan cuando su propia familia trata de refrenarlo y los fariseos lo acusan de usar el poder de Beelzebú (3:20-35). Jesús cuenta una serie de parábolas, incluso la muy conocida parábola del sembrador (4:1-34). Luego hace cuatro milagros: calma una tormenta en el mar, saca una legión de espíritus impuros de un hombre y los lanza a una manada de cerdos, sana a una mujer que ha tenido hemorragia y resucita a la hija de Jairo (4:34-5:43).
Jesús enseña en su pueblo natal y en las aldeas vecinas (6:1-6). Luego, Jesús envía a sus discípulos en una misión, y cuando ellos no están, Marcos da un reporte retrospectivo de cómo Herodes mató a Juan el Bautista (6:7-33). Jesús alimenta milagrosamente a cinco mil personas y camina sobre el agua (6:34-52). Entonces, después de una controversia con los fariseos por la pureza ritual (7:1-23), lo acosa una mujer sirofenicia, cuya fe sorprendente obtiene la curación de su hijo (7:24-30). Jesús amplía su ministerio al territorio gentil al pasar por toda la Decápolis, donde sana a un hombre sordo (7:31-37) y alimenta a cuatro mil personas (8:1-9). Una discusión tensa con sus discípulos refleja la importancia de las dos alimentaciones (8:10-21).
Jesús sana a un ciego en Betsaida (8:22-26), y Pedro confiesa que Jesús es el Mesías, en Cesárea de Filipo (8:27-30). Esto introduce una nueva fase de la narración, en la que Jesús instruye a sus discípulos en cuanto a su pasión venidera y su significado para su vocación como discípulos (8:27-10:52). Tres veces predice su pasión, y cada vez sus discípulos demuestran un poco de fracaso que lo impulsa a dar instrucciones adicionales (8:27-9:1; 9:30-37; 10:32-45).
En este material están intercalados los relatos de la transfiguración de Jesús (9:2-13), de la curación de un chico poseído por un espíritu maligno (9:14-29) y las anécdotas que dan enseñanzas en cuanto a asuntos como la tolerancia, la fidelidad radical, el divorcio y las posesiones materiales (9:38-10:31). La sección concluye cuando Jesús sana a otro ciego (10:46-52).
Jesús entra a Jerusalén sobre un burro (11:1-11), maldice a una higuera y expulsa a los mercaderes del templo (11:12-25). Su autoridad es desafiada en una serie de encuentros con los líderes religiosos (11:27-12:37), en contra de quienes cuenta la parábola de los labradores malvados (12:1-12). Castiga a los escribas, pero elogia a una viuda que da todo lo que tiene al templo (12:38-44). Luego da un largo discurso sobre el fin de los tiempos y su segunda venida (13:1-37).
Marcos concluye su Evangelio con el relato de la pasión y resurrección de Jesús. Una mujer desconocida unge a Jesús (14:1-11) y él comparte una última cena con sus discípulos (14:17-25). Luego, esos discípulos lo traicionan, lo niegan y lo abandonan cuando a él lo arrestan y enjuician, primero ante el Sanedrín y luego ante Pilato (14:26-15:20). Cuando es crucificado, habla solamente una vez desde la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (15:34). En la mañana de la Pascua, algunas mujeres llegan a la tumba en la que fue colocado su cuerpo y se les dice que él ha resucitado de los muertos (16:1-8).
Trasfondo histórico
La mayoría de los eruditos cree que el Evangelio de Marcos fue el primer Evangelio escrito y que probablemente haya sido producido en algún momento entre 65 y 73, alrededor de la época de la guerra judía con Roma, y justo después de las persecuciones romanas que pusieron fin a las vidas de Pedro, Pablo y muchos otros cristianos. Tal vez las muertes de esos creyentes impulsaron al autor a escribir lo que anteriormente había sido el tema de la predicación cristiana. En efecto, muchos lectores observan que, el bosquejo básico del Evangelio de Marcos se parece a los relatos breves del ministerio de Jesús que dieron los predicadores como Pedro y Pablo en el libro de Hechos (véase Hch. 10:36-41; 13:24-31).
Cuadro 7.1
Papías en cuanto al Evangelio de Marcos
Papías, un cristiano del siglo II, relata la tradición que él escuchó en cuanto al Evangelio de Marcos:
Y el anciano decía lo siguiente: «Marcos, quien fue intérprete de Pedro, escribió con exactitud todo lo que recordaba, pero no en orden de lo que el Señor dijo e hizo. Porque él no oyó ni siguió personalmente al Señor, sino que, como dije, a Pedro quien adaptaba sus enseñanzas de acuerdo con las necesidades de sus oyentes, pero sin la intención de dar un relato corrido de las palabras del Señor, por lo que Marcos no se equivocó en absoluto cuando escribía ciertas cosas como las tenía en su memoria. Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso».
Eusebio, History of the Church [Historia Eclesiástica], trad. G. A. Williamson, (Londres: Penguin, 1965), §3.39.15.
El libro es anónimo, y solamente podemos conjeturar la identidad de su autor. Sin embargo, al inicio del siglo II, los cristianos escribían «según Marcos» en los manuscritos del libro. Eso nos da una pista bastante buena en cuanto a la identidad del autor, pero «Marcos» era un nombre muy común (de acuerdo con algunos, el único nombre masculino más común del Imperio romano de la época). Sin embargo, a mediados del siglo II, Papías, un líder cristiano, identificó más al «Marcos» que escribió este Evangelio como «el intérprete de Pedro», indicando que él fundamentó su narración en los propios recuerdos de Pedro (véase el cuadro 7.1). La fuerte implicación de las observaciones de Papías es que debía identificarse al autor con el «Marcos» que se menciona en 1 Pedro 5:13, que había estado con el apóstol Pedro en Roma. Los eruditos no saben bien qué hacer con esta tradición: podría ser exacta, pero, en realidad, el Evangelio de Marcos da una descripción menos halagadora de Pedro que cualquier otro Evangelio, y también contiene menos historias de Pedro, o asuntos que Pedro habría presenciado, que cualquier otro de los demás Evangelios.
De cualquier manera, la tradición de la iglesia también ha identificado al autor de este Evangelio con una persona que se menciona en el libro de Hechos y en algunas de las cartas de Pablo, un hombre a quien se le llama a veces «Juan Marcos» y de quien se dice que fue parte de la primera comunidad cristiana de Jerusalén (véase el cuadro 7.2). A esta tradición le va mejor entre los eruditos modernos, ya que Juan Marcos algunas veces fue compañero de Pablo, y la ideología de este Evangelio refleja varios temas y prioridades paulinas (p. ej., la centralidad de la cruz, la elección de los indignos, la evangelización de los gentiles). En efecto, la influencia de Pablo puede verse en este Evangelio mucho más claramente que en el Evangelio de Lucas, a cuyo autor frecuentemente se le identifica como uno de los compañeros de Pablo.
La tradición de la iglesia sí muestra una tendencia a simplificar los asuntos, por lo que no es sorprendente darse cuenta de que al autor de este Evangelio frecuentemente se le identifica como alguien que encaja en todas las posibilidades anteriores. De esa manera, se declara que el Juan Marcos del que leemos en Hechos y en las cartas de Pablo es el mismo Marcos que se menciona que está con Pedro en Roma. Según la tradición, esta es la persona que Papías identifica como el autor del Evangelio. Él había sido parte de la primera iglesia cristiana; había viajado brevemente con Pablo; había sido el intérprete de Pedro cuando Pedro estuvo en prisión. ¿Qué mejor persona para escribir un Evangelio?
Cuadro 7.2
Juan Marcos en la iglesia primitiva
El autor del libro de Marcos ha sido identificado popular y tradicionalmente con un cristiano conocido como Juan Marcos, que se menciona en el libro de Hechos (12:12, 25; 13:5, 13; 15:37-39). ¿Qué sabemos de esta persona?
•Juan Marcos era un cristiano joven que vivía en Jerusalén, donde su madre celebraba reuniones de la iglesia primitiva. Cuando era niño, habría tenido la oportunidad de conocer a Pedro y a todo el resto de los discípulos de Jesús, además de la madre y los hermanos de Jesús.
•Juan Marcos era pariente de Bernabé, y acompañó a Pablo y a Bernabé en su primer viaje misionero. Sin embargo, los rigores del viaje demostraron ser demasiado para él, y regresó a casa. Pablo se rehusaba a permitir que Marcos fuera en el siguiente viaje, pero Bernabé se lo llevó en otra aventura misionera.
•De Marcos, el primo de Bernabé, después se dice que está con Pablo cuando él estuvo preso (Col. 4:10; cf. Flm. 24; 2 Ti. 4:11). Esto sugiere que Juan Marcos y Pablo se habían reconciliado.
•No está claro si Juan Marcos es el mismo «Marcos» que se menciona que está con Pedro en Roma en 1 Pedro 5:13.
Los eruditos no le restan importancia completamente a la tradición declarada, pero frecuentemente prefieren adherirse a lo que se puede saber del autor en el mismo Evangelio de Marcos. El autor es obviamente un cristiano devoto que cree en Jesús como el Mesías y el Hijo de Dios (1:1), y parece que escribe para gente que ya conoce el básico mensaje cristiano y que tiene una buena inclinación hacia él. El libro no tiene un tono defensivo, ni hay ningún elemento de suspenso en cuanto a cómo van a resultar las cosas. Parece que Marcos relata historias que la gente ya ha escuchado antes y que va a querer escuchar otra vez.
Es interesante observar lo que es necesario explicar y lo que Marcos simplemente asume que sus lectores sabrán o creerán. Él asume, por un lado, que sus lectores consideran que las Escrituras de Israel son la palabra de Dios (véase 7:8), que entenderán lo que significa decir que Jesús es el Mesías (8:29) y que Jesús da su vida como rescate (10:45). Por otro lado, él no asume que ellos tienen mucho conocimiento de los asuntos judíos inherentes a Palestina: se da cuenta de que quizá necesiten algunas palabras que expliquen lo que los saduceos creen (12:18) o acerca de lo que los fariseos quieren decir con «manos impuras» (7:2-5). Marcos asume que sus lectores sí saben el significado de las palabras y los conceptos latinos que se extrajeron del mundo romano («legión» [5:9, 15]; «denario» [12:15]; «pretorio» [15:16]; «centurión» [15:39]), pero regularmente define las palabras arameas que usan los judíos en Palestina («Boanerges» [3:17]; «talita cum» [5:41]; «corbán» [7:11]; «efatá» [7:34]; «Bartimeo» [10:46]; «Abba» [14:36]; «Gólgota» [15:22]; «Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?» [15:34]).
legión: la unidad de tres mil a seis mil soldados del ejército romano.
denario: moneda romana de plata, igual al típico salario por un día de trabajo.
pretorio: cuartel general de un gobernador o general romano.
centurión: oficial del ejército romano, típicamente a cargo de cien soldados.
Con todo esto podemos conjeturar que Marcos probablemente escribe para una audiencia de cristianos romanos para quienes la historia de Jesús y sus discípulos es historia sagrada, a tal grado sagrada que es fundamental para su fe religiosa, pero es historia en el hecho de que pasó hace algún tiempo entre la gente que era bastante distinta a ellos.
Como se observó anteriormente, la mayoría de los eruditos cree que el Evangelio de Marcos fue escrito alrededor del año 70, o unos cuantos años antes o después de que el templo de Jerusalén fuera destruido por los romanos durante la guerra judía con Roma. Una razón para esto es que en Marcos 13:2 Jesús predice la destrucción del templo, y muchos eruditos creen que sería más probable que Marcos incluyera esa predicción en su Evangelio si ya hubiera ocurrido, o por lo menos pareciera probable que ocurriera. Otra razón para suponer una fecha en el rango de 65-73 es que mucho del Evangelio de Marcos tiene que ver con dar consuelo, ánimo y consejo a los cristianos que sufren persecución violenta (p. ej., 13:9-13), y lo peor de las primeras persecuciones llegó bajo el emperador Nerón, a mediados de los años 60. Por esta misma razón, muchos eruditos creen que el Evangelio de Marcos pudo haber sido escrito en Roma, dirigido a creyentes que están sufriendo los terrores que se han desatado sobre ellos allí (aunque, por supuesto, esos acontecimientos habrían traumatizado también a los creyentes en cualquier parte).
No podemos estar seguros exactamente de cuándo o dónde se escribió el Evangelio de Marcos. Unos cuantos eruditos sí argumentan por una fecha más temprana (antes del año 60), y eso no es imposible. Aunque, en general, este Evangelio parece que fue producido en un punto de transición entre el cristianismo de primera generación (la edad apostólica) y el cristianismo de segunda generación (la edad posapostólica). Su autor no había conocido a Jesús personalmente, pero no estaba tan lejos de quienes sí lo habían conocido. Quizá conoció gente, como Pedro o Pablo, que habían sido parte del movimiento cristiano desde sus primeros días. También parece que tuvo acceso a algún texto original, aunque la naturaleza y la extensión de esos materiales siempre son difíciles de determinar (véase el cuadro 7.3). De cualquier manera, Marcos debe haber sentido la necesidad de proporcionarle a la iglesia un relato escrito sobre la fe de la que había testificado la generación pasada de testigos oculares y apóstoles.
edad apostólica: el período entre la crucifixión de Jesús y las muertes de sus primeros seguidores.
edad posapostólica: el período relacionado con la primera o segunda generación, después de las muertes de los primeros seguidores de Jesús.
Cuadro 7.3
Posibles fuentes para el Evangelio de Marcos
•La colección de historias de controversia, que incluye las que se encuentran ahora en 2:1-3:6
•La colección, o posiblemente dos colecciones, de historias de milagros, incluso muchas de las que ahora se encuentran en los capítulos 4-8
•El tratado apocalíptico que contiene mucho de lo que ahora está en el capítulo 13
•Una primera versión de la narración de la pasión (la historia de la muerte y resurrección de Jesús)
¿Qué es característico del Evangelio de Marcos?
La mayor parte del contenido del Evangelio de Marcos también se encuentra en Mateo o en Lucas (o, de cualquier manera, tanto en Mateo como en Lucas). Una pequeña cantidad de material se encuentra solamente en Marcos (véase el cuadro 7.4), pero en la mayor parte, lo que es característico de este Evangelio es su perspectiva y estilo.
Marcos cuenta su historia de Jesús con una urgencia que sobrepasa lo que se encuentra en los otros Evangelios. Todo parece que ocurre muy rápidamente: la palabra griega para «inmediatamente» (euthys) se usa cuarenta y dos veces en este Evangelio, once veces solamente en el primer capítulo. Y la anticipación emocionante con la que Marcos escribe tiene implicaciones teológicas. Las primeras palabras de Jesús en este Evangelio son: «Se ha cumplido el tiempo» (1:15), y la historia que sigue se cuenta de una manera que confirmará esa afirmación: el mundo cambia rápidamente y nunca volverá a ser el mismo. Los acontecimientos que han acaecido son de importancia cósmica y definitiva, y los acontecimientos que están por ocurrir serán aún más trascendentales (véase 9:1; 13:28-30).
Generalmente, se dice que el Evangelio de Marcos fue escrito en un estilo de griego que es coloquial y no refinado, lo que quiere decir que no siempre está atento a los asuntos que los gramáticos estrictos consideran importantes (p. ej., dar sus pronombres con antecedentes claros). Una característica de su estilo que ha llamado una considerable atención es su uso abundante del «presente histórico»: comienza una narración en el tiempo pasado («Los fariseos se acercaron a Jesús…») y luego continúa en el tiempo presente («y le dicen…»). Marcos hace eso 151 veces, lo suficiente como para volver loco a un maestro de gramática. Aun así, como lo observan muchos eruditos, el efecto de escribir de esta manera es «hacer que el pasado cobre vida». Marcos lleva a sus lectores a la acción, y relata la historia como si estuviera ocurriendo ahora y no entonces.
Marcos también exhibe una destreza especial para contar historias en otros aspectos. Hace un uso notable de una técnica retórica conocida como intercalación, envolver una historia con otra para hacer lo que algunos expertos llaman un «sándwich literario». Cuatro ejemplos de esta técnica se presentan en el cuadro 7.5. El efecto retórico parece ser invitar al lector a ver más de cerca las dos historias, compararlas y contrastarlas. De esa manera, la historia de Jesús cuando maldice la higuera ayuda a interpretar el relato de su purificación del templo: al igual que la higuera, el templo ya no da fruto (es decir, no produce lo que Dios quería que produjera), y de esa manera, como la higuera, está condenado.
Cuadro 7.4
Material único del Evangelio de Marcos
•La parábola de la semilla que crece en secreto (4:26-29)
•La curación de un hombre que es sordo y mudo (7:31-37)
•La curación del ciego de Betsaida (8:22-26)
•Los dichos acerca de la sal (9:49, 50b)
•La huida del joven en el huerto (14:51-52)
El final del Evangelio de Marcos también es característico, bastante impactante, por cierto. Es la mañana de la Pascua y un grupo de mujeres ha llegado a la tumba para ungir el cuerpo de Jesús. Un joven (probablemente un ángel) les dice a las mujeres que Jesús ha resucitado y que ellas tienen que transmitir ese mensaje a sus discípulos. Entonces el Evangelio de Marcos llega a su conclusión con esta oración en 16:8:
Temblorosas y desconcertadas, las mujeres salieron huyendo del sepulcro. No dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.
Esto parece una forma rara para concluir un Evangelio. Uno bien podría preguntar esto: Si las mujeres en realidad «no dijeron nada a nadie», ¿cómo se enteraron los discípulos de la resurrección? ¿Y en realidad vio alguien alguna vez al Jesús resucitado?
Este final abrupto es tan extraño que algunos cristianos buscaron componer finales más apropiados para el libro, uniendo relatos de lo que pasó después, basado en material que se encuentra en otra parte del Nuevo Testamento. El más conocido de estos finales improvisados todavía aparece como Marcos 16:9-20 de las Biblias en español (generalmente encerrado en paréntesis o impreso con cursiva al final de la página). Sin embargo, todos nuestros manuscritos griegos más antiguos del Evangelio de Marcos concluyen con 16:8, que nos deja con dos posibilidades: (1) el final de Marcos se perdió en algún momento antes de que cualquiera de nuestros manuscritos más antiguos se produjera (en cuyo caso no hay forma de saber cómo concluiría en realidad este Evangelio); o (2) Marcos deliberadamente terminó su Evangelio de esa forma para lograr alguna clase de efecto retórico. Ambas teorías tienen sus defensores, pero la mayoría de los eruditos favorecen la segunda solución, lo que entonces nos deja con más preguntas: ¿Cuál era el efecto retórico que él tenía en mente? ¿Por qué terminar la historia con miedo y silencio?
Cuadro 7.5
Intercalación en el Evangelio de Marcos
La familia de Jesús se dispone a llevárselo (3:21).
Los líderes religiosos acusan a Jesús de usar el poder de Beelzebú (3:22-30).
La familia de Jesús llega y él los reprende (3:31-35).
Jesús va a sanar a la hija de Jairo, un líder de la sinagoga (5:22-24).
Una mujer con hemorragia se cura al tocar la ropa de Jesús (5:25-34).
Jesús resucita a la hija de Jairo (5:35-43).
Jesús envía a sus discípulos en una misión (6:7-13).
Marcos relata cómo Herodes mató a Juan el Bautista (6:14-29).
Los discípulos regresan con el reporte de su misión (6:30).
Jesús maldice una higuera por no dar fruto (11:12-14).
Jesús ataca el templo y lo llama «cueva de ladrones» (11:15-19).
La higuera que Jesús maldijo se secó y se murió (11:20-21).
Esto saca a relucir otro aspecto característico del Evangelio de Marcos: está embuido de un sentido de misterio y ambigüedad, y la historia se cuenta con una apreciación profunda a dejar que las cosas se queden sin decir (cf. 1:43-44; 5:43; 7:36; 8:26, 30; 9:9). A Jesús no le importa dejar a la gente en la oscuridad (véase 4:10-12), ni Marcos siente ningún impulso de aclarar las cosas para el lector. Observaremos un ejemplo entre docenas que se podrían citar. En Marcos 8:14-21, Jesús les dice a sus discípulos: «¡Ojo con la levadura de los fariseos y con la de Herodes!». Ellos no entienden que quiere decir eso, y él se altera con ellos. Sin embargo, lo que él hace es explicar lo que quiso decir, y muchos lectores pueden quedarse sintiéndose tan ignorantes como sus discípulos. Entendemos que se supone que debemos entender la metáfora de la levadura, pero ¿la entendemos? Es interesante que tanto Mateo como Lucas enmienden la historia de Marcos para hacer saber al lector lo que Jesús quiso decir; más interesante aún, ellos interpretaron el dicho de manera distinta. Mateo nos dice que Jesús se refería a las «enseñanzas» de estos líderes religiosos (Mt. 16:12); Lucas dice que él se refería a su «hipocresía» (Lc. 12:1). Marcos estaba satisfecho con dejarlo sin explicar; a él no le importa dejar que sus lectores pregunten: «¿Entonces qué significa?». O, a veces, «¿Qué pasó después?». O más importante aún, «¿Y ahora qué?».
Temas importantes del Evangelio de Marcos
Un retrato muy humano de Jesús
Generalmente, se dice que el Evangelio de Marcos ofrece el retrato más humano de Jesús de nuestro Nuevo Testamento. Ese tipo de juicio es necesariamente relativo y solamente se deriva al compararlo con los demás Evangelios. Si uno solo leyera Marcos, sin referencia a ningún otro libro, Jesús parecería ser un ser extraordinario y, de hecho, divino. A menudo, él sabe el futuro (p. ej., 10:32-34; 13:2; 14:18-20, 27-30) o los pensamientos profundos de otras personas (p. ej., 2:8; 12:15), y está en comunicación directa y constante con Dios, quien se complace en llamarlo «Hijo» (1:11; 9:7). Parece que él no se equivoca y que no comete ningún pecado, y exhibe poder sobre las enfermedades, la naturaleza y los espíritus impuros. Pero también tiene el cuidado de distinguirse de Dios (10:18), y se le describe como hombre sujeto a la debilidad y fragilidad humana: le da hambre (11:12), no lo sabe todo (13:32) y es incapaz de hacer milagros para los que no tienen fe (6:5; cf. Mt. 13:58). Exhibe un rango completo de emociones humanas, como misericordia (1:41, RVR60), enojo (3:5), tristeza (3:5), asombro (6:6), compasión (6:34), indignación (10:14), amor (10:21) y angustia (14:34). A veces, tiene que batallar para saber la voluntad de Dios (14:36), y en cierto momento de la historia, incluso parece cambiar de parecer y llega a una comprensión más profunda del plan de Dios a la luz del comentario inteligente de una mujer (7:24-30). Por supuesto, algunos de estos elementos también están presentes en los demás Evangelios, y Marcos definitivamente no es único al presentar a Jesús como ser humano. Los cuatro Evangelios le atribuyen a Jesús características tanto humanas como divinas, pero a la mayoría de los lectores les parece que la humanidad de Jesús se exhibe con particular claridad en la narración de Marcos.
La centralidad de la cruz
En el siglo XIX, el erudito Martin Kähler describió el Evangelio de Marcos como «una narración de la pasión con una introducción amplia» (en cuanto a las narraciones de la pasión, véase «Narraciones de la pasión y la resurrección» en el capítulo 5). El objeto de tal observación puede ser que, aunque el Evangelio de Marcos es solamente la mitad de largo que Mateo o Lucas, la narración de la pasión en Marcos tiene más o menos la misma longitud que en los demás Evangelios. De esa manera, un mayor porcentaje de toda la narración de Marcos lo ocupa su relato del rechazo, el sufrimiento y la muerte de Jesús. Pero eso no es todo. En el Evangelio de Marcos, la trama de matar a Jesús se presenta al principio (3:6); en Mateo, se presenta considerablemente después (12:14), y en Lucas, aún más tarde (19:47). De esa manera, la mayor parte de la historia de Marcos se puede leer como un preludio a lo que ocurre en el final, cuando Jesús muere en la cruz. Una sección larga de la historia (8:22-10:52) parece que está organizada en torno a las predicciones que Jesús hace de su pasión (8:31; 9:31; 10:33-34) y a la incapacidad de los discípulos de entender la importancia de la cruz para la salvación humana y para su propio discipulado (véase el cuadro 7.6).
pasión: en la teología cristiana, término para el sufrimiento y muerte de Jesucristo.
Ya que el Evangelio de Marcos generalmente se considera como el primero de los cuatro en ser escritos, se percibe como una transición entre dos tipos importantes de material en el Nuevo Testamento: las cartas de Pablo, por un lado, y los Evangelios sinópticos más recientes (Mateo y Lucas) por otro lado. En las cartas de Pablo, el enfoque en Jesucristo se centra casi exclusivamente en el Señor crucificado y resucitado. En ninguna parte de sus cartas Pablo menciona que Jesús enseñaba con parábolas, que hacía milagros, que cenaba con marginados o que discutió con los fariseos por causa de las leyes del día de reposo; más bien, Pablo quiere transmitir lo que considera ser «lo más importante»: «Cristo murió por nuestros pecados tal como dicen las Escrituras. Fue enterrado y al tercer día fue levantado de los muertos» (1 Co. 15:3-4, NTV). Los Evangelios de Mateo y Lucas difieren radicalmente de Pablo en que la mayor parte de su contenido lo ocupan relatos de cosas sobre Jesús que Pablo no incluye en su listado de lo que es más importante: ellos dan exposiciones largas de las enseñanzas de Jesús y relatos biográficos de su vida y ministerio antes de la pasión. Marcos está en algún lugar entre estos: él quiere narrar algunos aspectos de la vida de Jesús (las cosas que Pablo no menciona), pero quiere mantener el enfoque, desde el principio hasta el fin, en la historia de la muerte de Jesús en una cruz.
Cuadro 7.6
El camino de la cruz

Temáticamente, la crucifixión de Jesús es sin dudas lo que más le importa a Marcos. En última instancia, Jesús no ha venido a sanar a los enfermos ni a discutir con los fariseos; ha venido a dar su vida (10:45). Es la voluntad de Dios que él lo haga (14:36); de hecho, parece ser la voluntad de Dios que muera en la cruz como alguien que ha sido traicionado (14:44-45), abandonado (14:50), negado (14:66-72) y desamparado (15:33-34). Ese es su destino, lo que Dios quiere que ocurra y Satanás quiere evitar (8:31-33). Marcos no explica exactamente por qué Jesús tiene que hacer eso, o cómo su muerte cumple los propósitos. En lugar de explicaciones elaboradas, obtenemos dos imágenes figuradas: rescate y pacto. El lenguaje de «rescate» (10:45) implica que su muerte, de alguna forma, compra la libertad humana, y el lenguaje de «pacto» (14:24) que sella o establece una relación entre la humanidad y Dios. Cómo o por qué hace esas cosas, Marcos no lo dice, pero la cruz de Cristo también es muy importante para él por otra razón: es el símbolo principal para la vida de abnegación, servicio y sacrificio que los seguidores de Jesús están llamados a adoptar (8:34).
rescate: la redención de un prisionero o esclavo por un precio; o, en el judaísmo, la ofrenda de un sacrificio sustituto.
pacto: en la Biblia, un acuerdo o pacto entre Dios y los seres humanos que establece los términos de su relación continua.
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