Kitabı oku: «Padres Fieles»

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PADRES

FIELES

Una Guía Bíblica para

la Crianza de los Hijos

MARTHA PEACE Y

STUART W. SCOTT

Publicado por:

Publicaciones Faro de GraciaP.O. Box 1043 Graham, NC 27253 www.farodegracia.org

ISBN 978-1-629461-91-5

Agradecemos el permiso y la ayuda brindada por el Dr. Wayne Mack y P & R Publishing, (P.O. Box 817, Phillipsburg, New Jersey, 08865) para traducir e imprimir este libro, The Faithful Parent, al español.

© 2010 por Martha Peace y Stuart W. Scott

© 2014 Todos los Derechos Reservados, Publicaciones Faro de Gracia. Traducido por Brent Line. Redactado por Armando Molina. Diseño gráfico por Greg Warner de Small Reflection y Sara Younis.

Ninguna parte de esta publicación podrá ser reproducida, procesada en algún sistema que la pueda reproducir, o transmitida en alguna forma o por algún medio – electrónico, mecánico, fotocopia, cinta magnetofónica u otro – excepto para breves citas en reseñas, sin el permiso previo de los editores.

© Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. © renovada 1988, Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.

Stuart dedica este libro a:

sus amados padres,

Raymond y Anne Scott—

Raymond ya está en la presencia de Jesús, y Ana,

aun sirve a nuestro Señor con nosotros—

y a sus hijos,

Christa y Marc,

quienes son un regalo de Dios

y a quienes ama profundamente

Martha dedica este libro a:

sus amados nietos,

Nathan, Tommy, Jordan, Kelsey, Caleb,

Cameron, Kaylyn, Carter, Matthew,

Kylee, Noah, y Emma.

Contenido

PRÓLOGO

AGRADECIMIENTOS

Primera Parte LA BASE BÍBLICA

1 LA META EN LA CRIANZA DE LOS HIJOS Y NUESTRA ESPERANZA

2 LA SALVACIÓN Y SANTIFICACIÓN DEL NIÑO

Segunda Parte LA VIDA COTIDIANA

3 EL NIÑO RECIÉN NACIDO

4 EL INFANTE

5 EL PREESCOLAR

6 EL NIÑO DE EDAD ESCOLAR

7 EL ADOLESCENTE

8 PADRES QUE PROVOCAN

Parte Tres PADRES QUE PERSEVERAN

9 CASOS ESPECIALES

10 CUANDO LO PLANEADO NO SE HACE REALIDAD

CONCLUSIÓN

APÉNDICE A: Presentando el Evangelio en Su Contexto: Sembrando Fielmente la Semilla en Conformidad con las Escrituras

APÉNDICE B: La Dinámica de “Poner”/“Quitar”

APÉNDICE C: La Formación de un Varón de Dios

APÉNDICE D: Llevando Cautivos los Pensamientos

PRÓLOGO

Al llegar a una iglesia donde hablaría con algunos padres acerca de cómo pastorear a sus hijos, fui recibido en la puerta principal por una mamá desesperada.

“Estoy tan contenta de haberme topado con usted. Necesito ayuda. Mi hijo de cuatro años me preguntó ayer, ‘¿Mamá, por qué te tengo que obedecer si tú nunca me obedeces a mí?’ Tiene que ayudarme, Dr. Tripp; no supe cómo responderle”.

La respuesta a la pregunta de este preescolar es muy simple: “Cariño, Dios dice que los hijos deben obedecer a su mamá, pero no dice que las mamás deben obedecer a sus hijos”.

La confusión en esta joven madre—la falta de una respuesta ya estructurada para esta pregunta básica—ha alcanzado a una gran masa en la iglesia. Los padres están preocupados, y casi tan desesperados como esta mamá por obtener respuestas bíblicas sólidas.

Otros padres cristianos también están confundidos. “¿Cómo corrijo y disciplino a mi hijo cuando dice mentiras?” “Mi hijo hace berrinches en los momentos más inoportunos; en el consultorio del doctor, en el supermercado. ¿Qué hago?” “Sé que mi hijo de 14 años ya es bastante mayor como para disciplinarlo físicamente, pero ¿Qué puedo hacer para corregirlo?” “Mi hijo simplemente no me habla; No puedo hacer que hable más de una sola palabra”. ¿Cómo le hago para que mi hijo adolescente no pierda tantas horas jugando en la computadora?” “¿Cómo puedo controlar mi enojo para corregir a mi hijo de una forma piadosa y constructiva?”

Es fácil comprender esta confusión. La tarea de criar hijos es muy agotadora aun en las épocas más sencillas. Pero no vivimos en una época sencilla. Muchas voces están mandando mensajes que compiten y contradicen el nuestro. Nuestras familias son confrontadas por medios masivos que están moldeando la estructura de la vida familiar más allá de lo que podemos imaginar. Estamos criando hijos en tiempos frenéticos en los que nuestros horarios están reducidos y la vida avanza rápidamente. Pareciera que no tenemos tiempo suficiente para nuestros hijos, y cuando lo tenemos no sabemos qué hacer con él.

Hoy en día, lo que más necesitamos es la claridad y la sabiduría infinita de la Palabra de Dios. La Biblia provee consejería sólida, robusta, y hecha a la medida para cada era y cultura. La mayor necesidad que tienen los padres es conocer la Biblia con la sabiduría y el entendimiento necesario para aplicar la Escritura en las áreas de entrenamiento y crianza de los hijos de manera adecuada y factible.

Padres Fieles: Una Guía Bíblica para la Crianza de los Hijos provee la ayuda comprensiva que necesitan los padres. Martha Peace y Stuart Scott nos han dejado un legado en la crianza familiar como lo hicieron con sus libros anteriores en cuanto a los roles del esposo y la esposa.

La Parte Uno de Padres Fieles provee un firme fundamento en la Palabra de Dios. Comienza con una exposición breve sobre qué significa criar hijos en la disciplina e instrucción del Señor (Ef. 6:4). Los autores muestran cómo la disciplina provee estructuras, límites, e inclusive corrección, al mismo tiempo que la instrucción prepara la mente y el corazón para pensar bíblicamente acerca de todos los aspectos de la vida.

El siguiente campo de estudio de este fundamento expone el doble llamado de los hijos a obedecer y a honrar a su padre y a su madre (Efesios 6:1-3).

El último campo de estudio de este fundamento es una discusión sabia y perspicaz acerca de la salvación y la santificación del niño.

La tentación de muchos al tomar este libro será la de ir directamente a la sección o las secciones que describen las etapas del desarrollo de sus hijos. Si usted así lo hace, encontrará ayuda y orientación práctica, pero se perderá de los fundamentos esenciales que le permitirán construir una estructura sólida de crianza bíblica en la vida de su familia.

La Parte Dos ataca las diferentes etapas de la educación de los hijos: bebés, niños pequeños, preescolares, escolares, y los muy temidos adolescentes. Peace y Scott han identificado la madurez física y conceptual de cada una de estas etapas de desarrollo, junto con las expectativas apropiadas que deben tener los padres. Además, los autores añaden las implicaciones y las aplicaciones que tienen la disciplina y la instrucción del Señor en las diferentes etapas de los hijos.

Esta parte central del libro es más que una guía para desarrollar perspectivas bíblicas. Más bien es una herramienta valiosa que sirve como referencia para todas las etapas de desarrollo. Este es un libro que los padres querrán guardar en el lugar más visible de la casa ya que en él encontrarán lo que pueden esperar de sus hijos, lo que los hijos deben esperar de sus padres, e inclusive algunas indicaciones de mucho valor.

Mi experiencia es que muchos padres cristianos que aman a sus hijos y que tienen buenos deseos hacia ellos pueden estar cegados a la manera en que exasperan a sus hijos. La Parte Dos describe quince maneras en que los padres pueden provocar inconscientemente a sus hijos. Estas provocaciones son familiares para cualquiera que haya pasado tiempo dando consejería a padres e hijos. Debido a que ninguno de nosotros es un padre perfecto, usted se encontrará a sí mismo en este capítulo por lo menos una o dos veces.

La Parte Tres aborda algunos casos especiales sobre los cuales los padres me preguntan frecuentemente cuando enseño acerca de pastorear los corazones de los hijos. ¿Qué hay de las familias mezcladas, padres solteros, familias con custodia compartida, padres que comparten hijos con esposas inconversas, o hijos con necesidades especiales? Estos casos son abordados e interpretados a través de los lentes de la disciplina y la instrucción del Señor.

Muchos padres llegarán al final de este excelente libro queriendo más. ¡Y hay más! Hay varios apéndices que complementan el mensaje de este libro.

Siempre busco dos cosas en un libro acerca de la crianza de los hijos: (1) Busco que el autor tenga una percepción y un entendimiento del corazón como el manantial de la vida. (2) Busco un libro que esté lleno de la esperanza y de la gracia del evangelio. Ambas cosas están aquí en abundancia. Estoy agradecido de que la motivación interna y el poder del evangelio no sean capítulos separados en este libro. Más bien son hilos de verdad que han sido tejidos a través de la hechura de cada capítulo. Y la esperanza del evangelio está presente como una verdad esencial no sólo para los hijos, sino también para los padres.

El libro que sostiene en sus manos es un recurso excepcional. Los autores son cristianos maduros y son guías espirituales seguros. Están llenos de la esperanza y la gracia del evangelio. Son sabios en su entendimiento de la naturaleza de la vida cristiana. Ellos tienen un entendimiento profundo de las necesidades de los hijos y las dificultades de ser padres fieles. Son maduros en su aplicación de la Biblia y su mensaje para los desafíos de la crianza de los hijos. Este libro será un recurso que no pasará de moda para los padres fieles.

Ted Tripp

AGRADECIMIENTOS

Estamos muy agradecidos con la vecina y amiga de la infancia de Martha, la Dra. Andrea Starrett. Andrea--pediatra con especialidad en neurodesarrollo—vive en Nueva Orleans, donde también ejerce su profesión. La Dra. Starrett ha contribuido con muchas sugerencias valiosas que fueron usadas para fortalecer las secciones del crecimiento y el desarrollo, así como el capítulo de los casos especiales. Su pericia es obvia. ¡Gracias, Andrea!

También queremos agradecer especialmente a la Dra. Laura Hendrickson. Laura ejerció anteriormente como psiquiatra y ahora es consejera bíblica en San Diego. Laura nos dio permiso de adaptar su material en el libro, Cuando Niños Buenos Toman Malas Decisiones,1 para la sección “Cuando el Niño Tiene Necesidades Especiales” de este libro. No hay manera de que hayamos mejorado su material. ¡Gracias, Laura!

Zondra Scott, la esposa de Stuart, nos ayudó en la edición, hizo buenas sugerencias, y se las ingenió para cocinar unos deliciosos bizcochos para nuestro desayuno en una de las ocasiones en las que trabajamos en este libro en la casa de Stuart y Zondra en Louisville. Fue un gozo tenerla a nuestro lado y e hizo que el todo el proceso fuera mucho más placentero. ¡Gracias, Zondra!

Por supuesto que también tenemos que reconocer a Anna Peace Maupin. Anna es hija de Martha y madre de siete hijos a los que también educa en casa. Anna tiene una licenciatura en inglés y tiene el don de escribir y editar. A la mitad de este proyecto, cuando Stuart y Martha habían perdido toda esperanza, Anna estaba segura de que el problema podía solucionarse. Así que lo solucionó, y el Señor la usó para restaurar la esperanza de Stuart y Martha. ¡Gracias, Anna!

John Crotts, el pastor de Martha, fue una bendición especial. Casi al final del proyecto, John leyó el manuscrito e hizo algunas sugerencias importantes. Inclusive tuvo una junta urgente con nosotros una mañana en el restaurant Atlanta Bread Company. Bueno, ambos sabíamos que las sugerencias de John eran sabias, aunque nos quejamos internamente al pensar en el trabajo adicional. Después de hacer el trabajo adicional, podemos decir sinceramente, ¡Gracias, John!

Muchas gracias a Jan Haley y Barb Smith por sus sugerencias editoriales. Este libro es mucho más legible como resultado de su amoroso trabajo. ¡Gracias, Jan y Barb!

Marvin Padgett de P&R Publishing fue muy entusiasta en este proyecto. Trabajar con Marvin fue un gozo para nosotros, y esperamos que lo haya sido también para él. También queremos agradecer a John Hughes por su edición y aliento. Gracias, Marvin y John. Ambos fueron una bendición.

Claro, estamos muy agradecidos con nuestro Señor Jesucristo. Él nos ha permitido perseverar en este proyecto. A él damos toda la gloria, y nuestra oración es que use este libro para ayudar a los padres a amarle y a honrarle al mismo tiempo que crían a sus hijos “en disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6:4).

Martha Peace y Stuart Scott

Primera Parte LA BASEBÍBLICA

Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios se a perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

(2 Tim. 3:14–17)

1
LA META
EN LA CRIANZA
DE LOS HIJOS Y
NUESTRA ESPERANZA

A través de toda la eternidad solamente ha habido un padre perfectamente fiel, y fue padre del único hijo perfectamente fiel. Por supuesto, nos referimos a Dios el Padre y al Señor Jesucristo. Ellos se amaban perfectamente y nunca pecaron. El Padre siempre se complacía del Hijo. El Hijo siempre cumplía la voluntad de su Padre. Ni uno ni el otro pecarían jamás porque son santos. ¡Cuán bello es esta imagen!

Imagínese ahora, un padre que está viajando con su familia en plan de vacaciones. El está conduciendo el auto, su esposa está a su lado y sus dos hijos están en el asiento de atrás. De un momento para otro uno de los niños comienza a gritar, “¡Él me está mirando!” En seguida se desata un conflicto en el asiento de atrás. Inmediatamente, todos los que están dentro del auto se ponen nerviosos y cada uno está pecando de una manera u otra. Esta otra imagen no es tan bonita.

Los padres al igual que los hijos necesitan ayuda, mucha ayuda. Necesitan la ayuda de aquel que es perfecto, que sí entiende nuestra necesidad y que nos ayuda – Dios mismo. De eso trata este libro. El Padre fiel entrega una perspectiva práctica y bíblica respecto a “criar a los niños en la disciplina y amonestación del Señor” a través de, y debido a, la gracia de Dios para con nosotros (Ef. 6:4).2 Nuestros objetivos son estos: presentar la base bíblica que respalda esta disciplina e instrucción, darle a Ud. una perspectiva de lo que debe ser la vida diaria junto a sus hijos, y retarlo a que Ud. llegue a ser un padre fiel que persevera y deja los resultados a cargo de Dios.

La Meta Correcta

La meta de todo padre cristiano es ser fiel a la Palabra de Dios, por su gracia y para su gloria. Esta es nuestra meta porque en Cristo tenemos la gran esperanza de poder ser fieles independientemente de que nuestros hijos lo sean.

¿Qué se quiere decir con “ser fiel”? La palabra “fiel” se encuentra muchas veces a través del Antiguo y Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, “fiel” hace referencia a Dios. Significa ser “permanente, veraz, certero, duradero, resuelto, seguro, confiable y promueve la idea de un apoyo seguro y firme.”3 De igual manera en el Nuevo Testamento, la palabra que se traduce como “fiel” significa ser “de confianza, fiable, o veraz.”4 A la luz de lo que aprendemos en las Escrituras acerca de la palabra “fiel”, si hemos de ser padres fieles seremos resueltos, confiables, y veraces respecto a nuestro compromiso con Dios y su Palabra.

También seremos como Dios, confiables en el cuidado que brindamos como padres y comprometidos con lograr el bienestar de nuestros hijos.

Un ejemplo de fidelidad de los padres se demuestra a través del siguiente relato acerca de Christa; hija de Stuart y Zondra Scott, cuando tenía tres años de edad. Ella iba a ser pajecita en la boda de su tío. Su familia viajó a una ciudad distante para asistir a la boda y se hospedaron con la familia de Martha y Sanford. Un miembro de la familia Peace era David, de 16 años de edad. David era alto, un poco delgado y probablemente muy poca atención le dio a la pequeña niña. Por lo contrario, los ojos de Christa expresaron su asombro cuando le presentaron a David. Emocionadamente le dijo a la madre de David, “¡Venga a ver a David. Él mató a Goliat!”

Fue muy divertido para todos los que estuvieron en ese lugar aquel día. A pesar de que Christa no entendía la gran brecha de tiempo en la historia, fue obvio que le habían enseñando historias bíblicas en las que creía con todo su corazón, por pequeño que fuera, y creía que eran la verdad. Stuart y Zondra eran fieles, enseñando a Christa acerca del Señor y su Palabra.

El Señor recompensa la fidelidad, no la perfección. Esto es debido a que ni podemos vivir sin pecar, ni podemos obligar a nuestros hijos a vivir así. Solamente nuestro Señor Jesucristo es el que “no conoció pecado” (2 Cor. 5:21). El nunca pecó, pero nosotros sí pecamos y él sabía que necesitaríamos su ayuda y su ánimo para criar fielmente a nuestros hijos, como él lo desea. La buena noticia tan asombrosa, es que por la gracia de Dios, los padres Cristianos están en un lugar en donde cada vez más pueden aprender en cuanto a la voluntad de Dios y obedecerla porque tienen el Espíritu de Dios morando en ellos. Una persona que se esfuerza en honrar al Señor mientras cría a sus hijos, arrepintiéndose y cambiando lo que haya que cambiar, es un padre, o una madre fiel. Aunque no seremos padres perfectos, podemos, día por día, aprender a poner en práctica las instrucciones de Dios. Algún día podremos oír al Señor decir lo que el amo le dijo a su sirviente, “Bien, buen siervo y fiel” (Mat. 25:21).

¿Cómo podemos saber si estamos viviendo fieles a la instrucción de Dios? Lo sabemos cuándo buscamos que el vivir de acuerdo con la instrucción de Dios nos sea un habito. Las Escrituras son la voluntad revelada de Dios (Deut. 29:29; 2 Tim. 3:16–17). Dios mismo nos habla a través de la Biblia. La Biblia es un libro sin igual porque es la Palabra de Dios. Por lo tanto, es suficiente para decirnos lo que necesitamos saber con el fin de que ejerzamos fielmente nuestra labor de padres.

Las Escrituras no nos dan detalles paso a paso sobre cada decisión que un padre debe hacer. Lo que sí hacen sin embargo, es que por medio de directrices y principios que hemos de acatar, nos proveen la verdad. Por ejemplo, un principio general sería “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.” (Prov. 3:5).

Las Escrituras también nos hablan del Señor Jesucristo y de cómo podemos llegar a ser Cristianos. Segunda de Timoteo 3:15 nos dice que “las Sagradas Escrituras… pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” Por ende, los padres solo pueden cumplir fielmente la Palabra de Dios si primero, han creído en Cristo.5

Una vez hemos sido salvos, Dios comienza la obra de santificación en nuestras vidas. La raíz de la palabra que se usa para expresar santificación en el griego original quiere decir implícitamente, ser santo.6 Este es un proceso de crecimiento espiritual que comienza en el momento de la salvación y será completado en el cielo (Tito 2:11–14). Con frecuencia nuestros hijos son medios principales por medio de los cuales Dios nos muestra nuestro pecado y nos moldea más y más a su imagen. No es inusual oír a una madre decir, “Antes de que nacieran mis hijos yo no sabía que tenía un problema de ira.” Por lo tanto, para sobrellevar las tendencias pecaminosas y para hacernos más parecidos a Cristo, el Señor Jesús oró al Padre a nuestro favor, “Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad (Juan 17:17, énfasis añadido)

Siendo padres tenemos que recordar que nuestros hijos no son los únicos que están pasando por el proceso de santificación.

Hasta aquí hemos visto que la meta de los padres es ser fiel a la Palabra de Dios, pero sin duda esto no es lo único. La única manera de que podamos ser fieles es por la gracia de Él. La gracia de Dios que él muestra hacia sus hijos caídos y sin esperanza en sí mismos son un favor y una ayuda inmerecidos. La gracia está disponible por medio de la persona de Jesucristo quien ha provisto salvación a aquellos que creen en él. La gracia de Dios cubre toda su creación de manera general, pero también capacita diariamente a sus hijos a que sean más como el Señor Jesús. Aunque no lo merecemos, Dios de manera sobrenatural nos ha regalado la motivación y la fuerza con las cuales se puede cumplir su voluntad. Aunque tenemos la responsabilidad de “ocupar[nos] en nuestra salvación con temor y temblor,” es Dios quien “produce en [nosotros] el querer como el hacer por su buena voluntad.” (Filip. 2:12–13, adaptación añadida).

Por supuesto debemos hacer todo esfuerzo acompañado de oración por ser obedientes, pero es solamente con la ayuda de la gracia de Dios que toda cosa buena y agradable llega a nuestras vidas. A veces la crianza de los hijos puede ser una tarea abrumadora, pero la gracia de Dios capacita, es suficiente y siempre está a nuestra disposición porque, “…todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia…” (2 Pedro 1:3). Con la ayuda de Dios podemos ser más constantes en el entrenamiento y la instrucción que damos en amor. Los padres no tardan en darse cuenta que trabajar con niños requiere mucha paciencia y perseverancia, pero toda la gracia necesaria está disponible. Posiblemente tenemos hábitos y maneras de pensar anticuados que necesitan ser renovados, pero Dios puede ayudarnos a cambiar mientras cumplimos con nuestra parte y en oración dependemos de él.

Conocemos a una madre joven que recientemente creyó en Cristo y ha luchado con la ira y la impaciencia, especialmente hacia su hijo de siete años. Parece ser que su hijo con frecuencia sentía el impacto del estado de ánimo que ella manifestaba en un día dado. La madre sintió convicción por la manera desagradable en que actuaba y comenzó a confesar su pecado ante Dios y ante su pequeño hijo. A la vez, comenzó a repasar sus pensamientos cuando se veía tentada a responder airadamente. Un día estaba en la cocina de su casa cuando su hijo hizo algo que anteriormente la habría hecho estallar. Sin embargo, ese día las cosas fueron diferentes. El Señor le ayudó a pensar, “El amor es paciente. Puedo demostrarle amor a pesar de su pecado.” Ella respondió a su hijo con disciplina amorosa y con gozo al reconocer que Dios la estaba ayudando a ser una madre cristiana amorosa.

El cambio debe comenzar con los padres. En Deuteronomio 6:6, Dios les dice a los padres, “estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón.” Nuestros hijos deben ver a diario en nuestras vidas lo que queremos ver en las vidas de ellos. El Señor puede en el mismo momento darnos la gracia para impedir que les llamemos la atención de manera áspera y con palabras hirientes. Él puede seguir haciendo que crezcamos más y más en fidelidad para que traigamos gloria a él.

Dios recibe todo el reconocimiento porque es solamente debido a la gracia de Dios que podemos renovar nuestras mentes y ser más como Dios. En otras palabras él recibe toda la gloria. La gloria de Dios abarca la manifestación de sus perfecciones maravillosas (a veces acompañadas de resplandor en las Escrituras, Ex. 33:18–23). Glorificar a Dios es darle el honor, literalmente “el peso” que le es merecido por sus perfecciones.7 La belleza de las perfecciones de Dios ha de ser reflejada en la vida de todo cristiano siendo obediente a su Palabra en el poder del Espíritu Santo. A la luz de lo que Dios ha hecho en nosotros por medio de Jesucristo, no hay algo, por común que sea, que no podamos hacer para la gloria de Dios. Nos gusta pensar en esto como el ser un “sacrificio vivo” para el Señor (Rom. 12:1). El apóstol Pablo explicó el significado de glorificar a Dios en términos claros y prácticos: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31, énfasis añadido).

Este “todo” incluye realizar fielmente las responsabilidades bíblicas de los padres. Los padres tienen dos responsabilidades principales hacia sus hijos, estas son: criarlos (1) en la disciplina del Señor y, (2) en la amonestación o instrucción del Señor.

Responsabilidades Bíblicas Básicas de los Padres

Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor (Ef. 6:4)

La palabra griega usada para expresar disciplina en este versículo es paideia, la cual lleva la idea básica de entrenar nuestra vida externa.8 Es un término amplio que abarca una orientación estructurada y un control, que sean bajo parámetros prácticos para la vida diaria, para estimular, redargüir, o reprender (debido a desobediencia y/o actitudes pecaminosos y por supuesto, como sea apropiado según la edad del niño o de la niña.)

Por otro lado, amonestación o instrucción es la palabra griega nouthesia, la cual significa “poner o fijar en la mente.”9 Aquí la idea está dirigida a nuestra mente interna/nuestro corazón. Los padres han de instruir a sus hijos (tan fielmente como les sea posible), a pensar bíblicamente en cuanto a Dios, el hombre, Satanás el mundo y la vida.

Por ejemplo, debemos enseñar a nuestros hijos en cuanto a lo que significa temer y amar a Dios (Prov. 1:7 y Mat. 22:37–40). Ellos necesitan entender que la prioridad de la vida es una relación con Dios. Que vivan en un hogar cristiano servirá para ayudarles a honrar y respetar a un Dios digno, para fomentar un deleite sincero y una lealtad a él. En la medida en que usted demuestre que ama a Dios con todo su corazón, será más fácil encontrar ejemplos de la fidelidad de Dios y de darle el amor y el honor que él merece.

Cuando los padres instruyen y disciplinan a sus hijos no deben provocarlos a ira. Este principio se expresa de una manera un poco diferente en Colosenses 3.

Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten. (Col. 3:21)

Todo padre tarde o temprano, ha provocado sin necesidad a su hijo pero este versículo se refiere a una actividad habitual, continua. Con frecuencia los padres son más grandes, fuertes y coordinados y saben más que sus hijos. Cuando este es el caso es fácil provocar a los hijos a airarse al exigir de ellos más de lo que los hijos son capaces de hacer. Los padres pueden provocar a sus hijos de otras maneras tales como el ser crueles, burlarse de sus hijos, reaccionar de manera áspera, reaccionar exageradamente al disciplinar a los hijos, retirar su amor, o al no expresar que los hijos les son motivo de alegría.10

Las Escrituras son claras cuando tratan el tema de proteger a personas de quienes podríamos fácilmente aprovecharnos y eso incluye a los niños. En lugar de provocarlos a ira, los padres tienen dos obligaciones con sus hijos de criarlos en (1) la disciplina del Señor y (2) la amonestación del Señor.

Los padres no son los únicos en la familia que pueden glorificar a Dios al ser fieles. Si el hijo, o la hija es un cristiano, él o ella también lo pueden hacer. A igual que sus padres, los hijos tienen dos responsabilidades bíblicas, básicas: (1) obedecer a sus padres, y (2) honrar a sus padres.

Responsabilidades Bíblicas Básicas del Hijo

“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.” (Ef. 6:1)

Los hijos deben obedecer a sus padres excepto cuando le piden que peque. Encontramos el mandato obedeced a vuestros padres claramente declarado en Efesios 6:1, pero Dios lo cualifica. Ellos han de obedecer “porque esto es justo.” El Señor nunca pediría que pecaran y por supuesto, un padre tampoco lo debe pedir. Además, Hechos 5:28–29 deja en claro que quienes son autoridad no tienen el derecho de exigirles que pequen a quienes están bajo su autoridad. Pedro explicó esto a sus propias autoridades diciendo que era “¡necesario obedecer a Dios antes que a los hombres!” cuando la exigencia de un gobernante iba en contra de lo que Dios exigía. Dios siempre es la autoridad suprema.

La palabra griega que expresa “obedecer” es hupakouo.11 Esta es una palabra que se compone de hupa (“estar debajo”) y akouo (“dar atención” o “escuchar”). Nuestra palabra “acústica”, deriva de akouo. La acústica es todo aquello “relacionado con el sentido o los órganos de audición, al sonido, o a la ciencia de los sonidos.”12 Por lo tanto, la responsabilidad del hijo es escuchar, akouo, la instrucción de sus padres con la intención de obedecer. La razón de esto es que el hijo está bajo, hupa, la autoridad de sus padres.

La obediencia conduce de manera lógica a la segunda responsabilidad básica del hijo.

“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.” (Ef. 6:2–3)

Cuando se entregó este mandamiento incluía una promesa maravillosa de largura de vida. Según obedecía el hijo podría vivir bien y durante más tiempo, especialmente en vista de que la rebelión resultaba en apedreamiento.

En su carta a los Efesios, Dios a través de Pablo resalta lo importante y beneficioso que es para un hijo que honre a sus padres. En verdad, un hijo honra a sus padres cuando les habla y habla de ellos de una manera amable y respetuosa y cuando busca someterse a la autoridad de sus padres mientras vive en su casa.

Hasta este punto hemos visto que los hijos están bajo la autoridad de sus padres y los hijos tienen dos responsabilidades: (1) obedecer a sus padres y (2) honrar a sus padres. También hemos visto que para la gloria de Dios y por su gracia los padres pueden cumplir fielmente las dos responsabilidades básicas que tienen: (1) disciplinar a sus hijos y (2) instruirlos en las cosas concernientes al Señor.

Nuestra Esperanza

Cada hijo que Dios nos da es una bendición especial de él. No solo nos bendice con el hijo sino también con la promesa que cuando necesitamos ayuda, podemos siempre “acercarnos con confianza al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:16). Dios ha prometido que él es “fiel y no [nos] dejará ser tentados más allá de lo que [podemos] resistir . . .” (1 Cor. 10:13).

Tenemos una gran esperanza tanto en la provisión diaria de la gracia de Dios como en la ayuda que hay para nosotros en la Palabra de Dios. La Biblia “se escribió para nuestra instrucción a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Rom. 15:4). Recientemente hubo un comercial de televisión que declaraba que “los hijos no llegan con un manual de instrucciones.” Pues sencillamente eso no es verdad. La Biblia sí nos dice lo que tenemos que saber y Dios nos dará ayuda sobrenatural para poder ser fieles a la Palabra de Dios.

Conclusión

Hay personas que creen que los hijos no son una bendición y buscan como “devolver la mercancía”. Pero los hijos sí son en verdad, una bendición maravillosa. Otros creen que los hijos no llegan con un manual de instrucciones, cuando sí lo hay. Podríamos titularlo un manual de sabiduría. Ellos llegan con instrucciones escritas por aquel que las creo y para los padres cristianos, llegan acompañadas de la ayuda personal de Dios. Con la gracia capacitadora de Dios y para su gloria podemos honrar fielmente a Dios al ejercitarnos en la crianza de los hijos, aún a través de los años de adolescencia. ¡Podemos hacerlo a favor de nuestro Padre perfectamente fiel, sea que en este mismo momento los hijos se están gritando el uno al otro en el asiento trasero del auto, o están pensando que David Pearce mató a Goliat!

Preguntas para Repasar

1. ¿Cómo es que la meta de ser fiel difiere de las metas que normalmente tienen los padres?

2. ¿Cuál cree Ud. que ha sido su meta principal como padre?

3. ¿Tiene alguna pregunta en cuanto a si es Ud. un hijo de Dios, nacido de nuevo, perdonado de sus pecados y está confiando únicamente en Cristo Jesús como su Señor y Salvador? ¿Cuáles preguntas tiene? (Ver Apéndice A, y/o su director de estudio para recibir ayuda adicional).

4. ¿Qué contraste haría Ud. entre el ser fiel y el ser perfecto? ¿Qué lugar tiene el crecimiento progresivo (santificación) en la crianza de los hijos?

5. ¿Cuáles son las dos responsabilidades básicas de los padres?

6. ¿Cuáles son las dos responsabilidades básicas de los hijos?

7. ¿De qué manera está Dios usando a sus hijos para santificarlo?

8. ¿Quién recibe el reconocimiento de cualquier fidelidad que usted manifiesta y por qué?

2
LA SALVACIÓN Y
SANTIFICACIÓN
DEL NIÑO

¿Podrá haber algo más importante para unos padres cristianos que sus hijos sean salvos y vivan para servir al Señor? ¿Puede Dios salvar a niños? ¡Claro que sí! Sin embargo, debido al riesgo de que se hagan falsas profesiones de fe, este capítulo tiene que ver con la presentación del evangelio en su debido contexto para sus hijos y con la manera en que es posible ayudar a los hijos que son salvos a crecer y a madurar como creyentes. Lo más vital que los padres podrán hacer es enseñar las verdades del evangelio. Por lo tanto, comencemos con la presentación del evangelio.

El Evangelio en Su Contexto

Es importante recordar que no hay un evangelio para los adultos y otro para los niños. Si Dios está abriendo los ojos de los niños, ellos comprenderán todas las verdades básicas del evangelio. Es por decir así, como un contenido para adultos pero con la fe de un niño. Si bien la versión infantil se presenta a un nivel diferente, para que haya una verdadera conversión, todos los elementos del evangelio deben ser enseñados, comprendidos, y recibidos con un corazón renovado hacia Dios (Ezequiel 36:26–27).

Los niños deben recibir instrucción a temprana edad en cuanto a Dios y la reverencia que se le debe tener. Deben ser instruidos en cuanto a las doctrinas particulares a la salvación. No es el momento para presionarlos a tomar alguna decisión de confiar en el Señor Jesús para ser salvos. Más bien, la presión debe de estar sobre los padres y los obreros de la iglesia a que sean fieles en presentar el evangelio completo a esta temprana edad. Enseñe diligentemente a los niños acerca de Dios, el hombre, el pecado, la ley, y la salvación “conforme a las Escrituras” (1 Cor. 15:3).

Además de desarrollar su propia relación con Cristo, comience poco a poco y en forma narrativa, a enseñarles a sus hijos pequeñas partes del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Su objetivo es instruirlo en el conocimiento de Dios para que ellos lo teman por reverencia y honra porque “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Prov. 1:7). No olvide leer Las Escrituras. Luego intente responder las preguntas que ellos hacen. Durante la semana refuerce lo que los hijos han aprendido en la iglesia. Sin importar la manera en que escoja hacerlo, lo importante es que tenga un plan sistemático para enseñarles las historias mientras aún son jóvenes (normalmente edad preescolar y kínder), y luego construya sobre las mismas a medida que los hijos van creciendo y son capaces de comprender más. Ana, la hija de Martha, le está enseñando historias bíblicas a sus hijos menores usando un flanelógrafo, lo cual le permite ilustrar las historias de manera colorida. A propósito, también está enseñando inglés a sus dos hijas más pequeñas, que son de Etiopía.

Otra manera de enseñarles la Palabra de Dios es a través de cantos e himnos. Cualquiera que sea el medio, su entrenamiento debe comenzar con una comprensión básica de quien es Dios.13

Comprendiendo a Dios

Niños y adolescentes necesitan comprender que no hay otro como Dios. El es único y es asombroso que nos haya revelado como es él. “A ti te fue mostrado, para que supieses que Jehová es Dios, y no hay otro fuera de él.” (Deut. 4:35). Él es único en el sentido que él es el único grandioso Dios que consiste de tres personas distintas que habitan en unidad (Gén. 1:26; Juan 10:30; Hechos 5:3–4). La triunidad de Dios, o la Trinidad no es fácil de explicar pero los padres deben estudiar el tema y comenzar a enseñarles a los hijos acerca de este concepto. Ya que no hay ejemplo que pueden tomar de la vida cotidiana para ilustrar adecuadamente la Trinidad, sugerimos para ayudar a sus hijos a entender mejor como es nuestro Dios trino, que usen Mateo 3:16–17. Es uno de los ejemplos más claros en la Biblia donde las tres personas de la Trinidad actúan concertadamente. 14

Dios también es único porque siempre ha existido en la eternidad pasada antes de crear el sol y la luna y días de veinticuatro horas. Es decir, él ha existido “por todos los siglos” (Judas 25). El profeta Isaías dice que Dios se ha revelado como “‘Aquel que es Alto y Sublime, que habita la eternidad...’ ” (Isa. 57:15, énfasis añadido).

Dios no es solamente eterno, también es nuestro Creador. Una gran verdad se explica cuando lo niños aprenden que “En el principio creo Dios los cielos y la tierra” (Gén. 1:1). “Él nos hizo . . .” (Salmos 100:3). Él está personalmente involucrado. Ver también Colosenses 1:15–17.

Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo.” (Isa. 44:24)

En su ser único, Dios también es desmedidamente santo y justo. Al ser santo quiere decir que es completamente libre de todo pecado y de toda inconstancia en como él es y como obra. A diferencia de nosotros, él es siempre justo. Al ser justo quiere decir que siempre será fiel a sus normas y que debe mantenerse separado del pecado.

“Él es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto.” (Deut. 32:4)

En su mayoría las personas reconocen que Dios es santo, pero pocas personas reconocen su justicia. Las Escrituras dicen que dos personas pudieron ver el trono de Dios. Uno de ellos fue Isaías y el otro fue el apóstol Juan. Ambos dicen haber visto criaturas con seis alas cada una volando alrededor del trono de Dios y Juan registra que decían, “Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios Todopoderoso. . .” (Apoc. 4:8). Ya que Dios es santo, debe castigar el pecado. Por lo tanto él es justo. Pablo predicaba basado en la justicia de Dios:

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, [el Señor Jesucristo]; dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hechos 17:30–31 con explicación añadida)

Otra pieza del rompecabezas para poder comprender como es Dios es conocer que el es todopoderoso y soberano sobre su creación. Esto nos recuerda aquella canción de niños que dice, “Mi Dios es tan grande (los niños extienden los brazos hacia los lados), tan fuerte (flexionan los músculos), y tan poderoso, no hay nada (menean la cabeza en señal de “no”), que mi Dios no pueda hacer (dos palmas).”15 Dios es todopoderoso y es soberano. “Soberano” quiere decir que él gobierna sobre su creación. Un Salmista escribió, “Porque Dios es el Rey de toda la tierra; Cantad con inteligencia. Reinó Dios sobre las naciones; Se sentó Dios sobre su santo trono.” (Salmos 47:7-8) Dios es nuestro Rey Supremo del Cielo.

¡Afortunadamente, Dios también demuestra su misericordia, compasión, amor y gracia hacia nosotros y nuestros hijos! Jesucristo, Dios hecho carne, vino al mundo, “lleno de gracia” (Juan 1:14).

Pablo escribió una carta a la iglesia de Corinto en la cual alababa a Dios diciendo, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación. . .” (2 Cor. 1:3, énfasis añadido). Con frecuencia uno de los primeros versículos bíblicos que los niños aprenden es Juan 3:16

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16, énfasis añadido)

Se podría decir muchísimo más en cuanto a cómo es Dios, pero con frecuencia aún los niños más grandes y los adolescentes no conocen las verdades más básicas en cuanto al carácter de Dios. Necesitan recibir instrucción. De lo contrario no vivirán en asombro reverente de él. Hemos mirado algo de cómo es Dios, pero, ¿Qué diremos del hombre? ¿Qué enseñan las Escrituras en cuanto a cómo es el hombre?

¿Quién es el hombre para que tengas

de él memoria?

El hombre fue creado sin pecado antes de la caída. Debía adorar a Dios, reflejar su gloria, servirle, y proclamar su majestad. Fue creado para que Dios lo amara, cuidara, bendijera, satisficiera y consolara, y para que caminara a diario con él. Considere los siguientes versículos:

“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.” (Deut. 10:12)

“Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.” (Sal. 16:11)

“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” (Sal. 73:25–26)

“Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque sacia al alma menesterosa, Y llena de bien al alma hambrienta.”(Sal. 107:8–9)

“Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él.” (Isa. 30:18)

El hombre fue creado para vivir en comunión cercana con su Creador, pero cuando el pecado entró en el mundo las cosas cambiaron drásticamente.

Nuestro Pecado es Peor que lo que Creemos

Sencillamente, el pecado es quebrantar la ley de Dios. El apóstol Juan lo explicó diciendo, “es infracción de la ley” (1 Juan 3:4).16 Comenzó cuando Satanás, quien fuera un ángel creado por Dios, se rebeló contra Dios. Satanás fue lanzado fuera del cielo y luego en con artimaña engañó a Eva para que comiera la fruta del árbol prohibido. Como si fuera poco, llevó la fruta a Adán, y aunque Adán sabía muy bien cuál sería la consecuencia de lo que hacía, el también comió. El pecado es como una enfermedad sin restricción: contagia.

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.. . . ” (Rom. 5:12). La Biblia presenta a los hombres como pecadores “. . . como ovejas, cada cual se apartó por su camino. . .” (Isa. 53:6).

Cada hombre, mujer y niño es responsable por la decisión que ha tomado de pecar y por ello está separado de Dios, porque Dios es santo. En Jeremías 31:30 leemos claramente que “cada cual morirá por su propia maldad.” Las Escrituras también enseñan claramente que nuestras “iniquidades han hecho división entre [nosotros] y [nuestro] Dios.” (Isa. 59:2, adaptación añadida). Dios no puede ignorar que él es santo, por lo tanto su ira está sobre todos los que no son redimidos; y la muerte y el juicio y el infierno son los resultados del pecado. El autor de Hebreos explica, “…está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. . .” (Heb. 9:27). El pecado afecta todo aspecto de nuestra vida—mente, voluntad, emociones y cuerpos físicos. Esto es lo que los teólogos llaman la depravación total. Por la gracia de Dios, la depravación total no quiere decir que cada ser humano es tan malo como pudiera ser. Lo que sí quiere decir es que todo ser humano peca y justamente merece recibir la ira de Dios. Tristemente, nuestro pecado es peor de lo que creemos que es, pero la otra cara de la moneda es que la gracia de Dios es más maravillosa que lo que podemos comprender (Rom. 5:20).

Gracia, Gracia, Maravillosa Gracia

A los niños hay que enseñarles con claridad, que no hay algo que pueden hacer para librarse a si mismos de la ira de Dios. No interesa que tan buenos se creen, o que tan especiales se creen, la norma de Dios es completa santidad. Por más que se esfuercen, no podrán ser perfectos, ¡ni siquiera si son criados en un hogar cristiano! Podrán ser muy dulces por fuera, pero aún tienen un corazón depravado y egoísta que necesita recibir la gracia de Dios. Todo niño necesita un Salvador que los limpie del pecado y les de la justicia perfecta de Dios. Aquel Salvador solo puede ser el Señor Jesucristo, el Cordero perfecto, sin mancha, quien vino al mundo a “dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Cristo llevó sobre sí nuestros pecados al caer sobre él la ira y el castigo que merecemos. La deuda por el pecado fue cancelada por completo a favor de los que creen. “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu. . .” (1 Pedro 3:18).

Solamente Dios-hombre que fue sin pecado y no mereció morir o ser castigado por el pecado, pudo satisfacer la ira del Padre. Solamente Cristo tuvo la justicia perfecta que necesitamos nosotros si hemos de ser aceptados por Dios. La resurrección de Jesús de entre los muertos fue prueba que él era quien decía ser y que a través de su muerte él había logrado lo que dijo que lograría. La obra estaba concluida y la ira de Dios aplacada. Ahora Dios ofrece reconciliación por gracia, por medio de la fe en Cristo únicamente. Podemos ser “… acercados [a Dios] por la sangre de Cristo” (Ef. 2:13, explicación añadida).

Si la única manera en que podemos ser acercados a Dios es por medio de Cristo, entonces los padres que sean sabios tendrán cuidado de no sugerir que sus hijos ya se encuentran en comunión con Dios, antes de que ellos hayan respondido al evangelio (2 Cor. 5:11–21). Los mismos padres tampoco inquietarán a sus hijos más pequeños con la dura realidad de su estado de perdición hasta cuando sean capaces de entender las verdades del evangelio. Sin duda, aún los niños que no han sido salvos pueden ser instruidos a reconocer, alabar, y agradecerle a Dios por ser quien él es y por la gracia común que él les demuestra (Psa. 150:6).17 Sin embargo, esto no se debe confundir con lo que es una relación reconciliada con Dios por medio de Cristo. Por lo general, permita que sus hijos primero sean testigos de la relación suya con Dios antes de que respondan al evangelio para que puedan ver lo que Dios desea para la vida de ellos en el caso que sean salvos.

Al ser salvo, el creyente es declarado por Dios perdonado de todos sus pecados (Col. 2:13). Él también promete la esperanza segura del cielo, solamente por medio del Señor Jesucristo. (1 Pedro 1:3–4). “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). La fe que verdaderamente salva es una transferencia de confianza en uno mismo a depositarla en Cristo exclusivamente. Implica sentir tristeza piadosa y arrepentimiento que aleja del pecado y por siguiente, impulsan a amar, confiar, someterse, y andar en pos del Señor Jesucristo.

Este cambio fue ilustrado en la vida real cuando el Señor me salvo a mí (Stuart). Yo había sido un adolescente rebelde y había escogido estudiar como interno en una escuela cristiana en otro estado antes que vivir en casa con padres que eran temerosos de Dios. Tan pronto como Dios me salvó, me entristeció mucho la manera en que yo había ofendido a Dios y maltratado a mis padres. Resolví entonces, viajar pidiendo aventón hasta la casa de mis padres (recorriendo parte del camino en un vehículo recolector de basuras), y para sorpresa y dicha de mis padres, les pedí que me perdonaran. Verá que la evidencia de que alguno ha sido salvo no es solo una oración que se ha rezado, sino un corazón que se ha alejado del pecado para seguir a Cristo y por la gracia de Dios, sigue perseverando “…para que los que viven, ya no vivan para [sus propios intereses], sino para [los intereses] de aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor. 5:15, explicación añadida).

Para estas alturas, usted quizás quiera hacer algunas preguntas respecto a lo que hasta ahora ha leído. Es por eso que hemos titulado la siguiente sección . . .

¿Pero, y Qué Me Dice De… ?

¿Qué me dice de la urgencia de ser salvo? La salvación es de suprema importancia pero aunque así es, todavía no es debido que presionemos a los pequeños a que hagan una “decisión” de aceptar a Jesús. Si de todas maneras usted ejerce esta presión es muy probable que estará promoviendo que se haga una profesión de fe mal informada o interesada. Estamos invitando a los niños a ser salvos cuando les enseñamos lo que ello quiere decir (Hechos 16:31–32), y aún entonces, el que ellos comprendan y tengan fe depende de la obra de Dios en ellos.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, [él] les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. (Juan 1:12–13, [énfasis añadido)

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia [él] nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. (1 Pedro 1:3–5, énfasis añadido)

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día. (Juan 6:44)

Podemos estar seguros que en el debido momento Dios salvará a los que escogió y ninguno de los escogidos se perderá (Ef. 1:4). El Señor Jesucristo lo dijo de la siguiente manera, “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37, énfasis añadido). En lugar de presionar a sus hijos a que se comprometan, enseñe y declare el evangelio a sus hijos. Por supuesto los padres cristianos deben ser “embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de [ellos]” (2 Cor. 5:20, adaptación añadida).

¿Pero, qué me dice de los niños que hace profesión de fe pero no viven de acuerdo a la profesión hasta años después cuando se “consagran nuevamente” al Señor Jesucristo? Con frecuencia escuchamos testimonios por este estilo: “Durante una clase de escuela dominical alcé mi mano o pasé al frente cuando era niño; de haber muerto habría ido al cielo. Luego, siendo adolescente, consagré nuevamente mi vida al Señor y mi vida cambió.” Hay un problema con esta manera de pensar y es el siguiente: Las Escrituras no enseñan algo parecido a esa experiencia. (Tito 2:11–14). Lo que ha descrito la persona como una nueva consagración es lo que la Biblia dice ser la salvación.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2 Cor. 5:17)

¿Pero, qué me dice de un niño que hace una clara profesión de fe y su vida si comienza a cambiar? Aunque eso sea cierto, no deje de evangelizar para dedicarse solamente al discipulado. Aún el disciplinar a su hijo debe ser orientado hacia el evangelio. Las profesiones de fe que se hacen a tempranas edades son en gran parte debidas a la comprensión infantil de los niños, pero también a que no han sido probados en su fe (1 Pedro 1:6–7). Los padres no deben dejarse convencer de la profesión de fe de sus hijos si el hijo por lo general, no está perseverando en la fe y la obediencia a los mandamientos de Dios.

A la vez, aunque es de entenderse el porqué puede haber dudas en cuanto a la salvación de ellos, tenga cuidado de no apresurarse en pasar juicio al respecto, o de hacerlo frecuentemente, ya que su duda puede resultar en frustración para ellos.

Recordemos como Jesús enseño la parábola del trigo (representación de los creyentes) y la cizaña (representación de los no creyentes). El amo (representación del Señor Jesús), juzgará a fin de cuentas, quién es, y quién no es cristiano. (Mat. 13:24–30). Con frecuencia nos es imposible juzgar el fruto. Hay momentos en nuestras propias vidas cuando tampoco habrá sido evidente que éramos salvos. Más bien, observe la manera habitual de vivir a diario (la filmina de la vida de cada cual). Al menos debemos ser de ánimo para el niño en cada paso espiritual que tome, sin presumir y sin asegurarles que son salvos. (Mat. 7:17–23). Ya sea que usted cree que son salvos, o no lo crea, continúe enseñando acerca de todos los aspectos maravillosos del evangelio. ¡A la vez, por supuesto, no deje de discipular a los niños que profesan ser cristianos!

¿Pero, qué me dice de criar a un niño que no es creyente? La verdad es que todo padre cristiano comienza con hijos que no son creyentes. De hecho, es posible que los padres tomen el papel de evangelistas todos los años de crianza de sus hijos. Los padres aún así son responsables de enseñar a sus hijos en cuanto a las normas santas y supremas de Dios. Con frecuencia, niños que no son creyentes y que han sido criados bajo principios cristianos tienen mayor dominio propio y son de mejor carácter que un niño mimado y falto de instrucción. Siendo así, les irá mejor en la vida y es probable que serán más atentos a la instrucción que usted les dé. ¡Esto se deberá a la gracia común de Dios en la vida del niño y no olvide, también en la vida de quien lo cría!

¿Pero, qué me dice de, “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov. 22:6)? ¡Seguramente, dirá usted, esta es una garantía de Dios! Recuerde, los proverbios no son promesas invariables de Dios, sino verdades generales. Por ejemplo, por lo general, “La dádiva en secreto calma el furor,” pero no siempre (Prov. 21:14). Por lo general, “La gloria de los jóvenes es su fuerza,” pero no todos los jóvenes son fuertes (Prov. 20:29). Y por lo general, “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él,” pero sabemos que algunos sí se apartan. Se puede interpretar Proverbios 22:6 de varias maneras. Algunos creen que se refiere a hábitos o a llevar un rumbo sabio o insensato en la vida. Otros creen que se refiere a la inclinación o tendencia del niño. Pero no hay duda que es una verdad general, no una promesa invariable.

¿Pero, qué me dice de, “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué. 24:15)? El discurso apasionado de Josué se dirigió a los hijos de Israel llamándolos a volver de los ídolos para servir a Dios. El no podía decretar que toda persona en su propia casa sería salva, ni mucho menos que toda persona en la nación de Israel sería salva. La declaración de Josué apuntaba a que en la medida en que el pudiera ejercer influencia sobre quienes lo rodeaban, iba a servir a Dios y enseñar a los de su propia casa a hacer lo mismo.

¿Pero, qué piensa con respecto a que “no es justo si Dios no salva a mis hijos, sobre todo después de lo mucho que me he esforzado.” Este conflicto en cuanto a la equidad de Dios no es nada nuevo. Algunos en la iglesia de Roma también se preguntaban que hacía Dios. El apóstol Pablo sintió “gran tristeza y continuo dolor en [su] corazón” debido a que no todos los Judíos; sus parientes según la carne, serian salvos (Rom. 9:2). Sin embargo, la tristeza de Pablo no equivalía a dudar de la bondad de Dios y su derecho a gobernar sobre su creación. Pablo usa como ejemplo, que Dios escogió dar su bendición especial a Jacob, en lugar de seguir la costumbre de escoger al primogénito de Isaac, Esau. También usa como ejemplo, los propósitos que tuvo Dios para poner a Faraón en su puesto de autoridad. No fue para salvarlo sino para demostrar su poder a través de él y para que el nombre de Dios “sea anunciado por toda la tierra” (Rom. 9:17). De la manera como el alfarero tiene el derecho de moldear la arcilla como le place, Dios tiene el derecho y “de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.” (Rom. 9:18). Todos debemos humillarnos ante nuestro Dios y soberano creador, sabio y perfecto en su bondad, ya que no distinguimos el fin del comienzo de las cosas ni todo lo que Él piensa.

¿Qué puede hacer si tiene más preguntas o si necesita orientación adicional para poder entender y presentar las verdades del evangelio? Hemos incluido más información en un amplio bosquejo del evangelio que encontrará en el Apéndice A. Por ahora vayamos a la pregunta, “Por la gracia de Dios creo que mi hijo ha recibido salvación. ¿Ahora qué?

La Santificación del Niño

Un niño que “está en Cristo es una nueva creación. Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Cor. 5:17, énfasis añadido). El niño conoce nueva vida en sus deseos y el control que el pecado ejercía anteriormente sobre su vida perdido su fuerza (Rom. 6:4–6). Ha comenzado el proceso de ser conformado a la imagen de Cristo (Rom. 8:28–29). Ahora, por la gracia capacitadora de Dios, el niño ha de esforzarse para despojarse del viejo hombre y vestirse del nuevo lo cual es ser “creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Eph. 4:22–24).18 Al final el proceso de santificación será completada por Dios en el cielo. ¿Qué enseña la Biblia en cuanto a la santificación?

Vimos en el capítulo 1 que santificación significa “ser apartados para santidad.”19 Esto es igualmente un privilegio como lo es un proceso que Dios comienza el momento que salva una persona y la “une en [unión sobrenatural con] Cristo” (Rom. 6:11, explicación añadida). Este comienzo que es de Dios el inicio de la santificación se llama santificación de posición. Es obra completamente de Dios. Nuestra santificación será una transformación completa cuando Jesús regrese por nosotros o cuando nos lleve a estar con él por medio de nuestra muerte. Entonces seremos sin pecado “sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 24). Este aspecto de la santificación se llama glorificación. También es obra de Dios.

Las Escrituras enseñan un tercer aspecto de la santificación, progresiva. Este aspecto difiere de los otros dos siendo obra de Dios y a la vez, responsabilidad del hombre. El nuevo creyente ha de entregarse a Dios y obedecer sus mandamientos. El hombre debe ejercer lo que algunos han denominado santo sudor mientras que a la vez, debe depender del Espíritu Santo para infundir en sus esfuerzos poder para la gloria de Dios. Pablo dijo, “ejercítate para la piedad” (1 Tim. 4:7). Por lo tanto, padres, enseñen de la santificación a sus hijos ya salvos de modo que ellos entiendan tanto la gracia de Dios como su responsabilidad.

Una de las maneras maravillosas en que Dios desarrolla la imagen de Cristo en un niño que es cristiano, como lo hace con nosotros (esto es, no la perfección pero progreso definitivo), es probándolo. La prueba para un niño podría ser un matón en la escuela, o un examen de álgebra que tendrá que pasar si ha de aprobar la materia. Otras pruebas podrían ser el aprender a vivir en paz con hermanos y hermanas, o tener que sobrellevar la muerte de una mascota muy querida. Por supuesto, aún los niños podrán sufrir pruebas extremas como sería la muerte de un ser querido. Dificultades y pruebas llegan de variados tamaños pero con la ayuda de Dios un niño cristiano puede afrontarlas, desarrollando carácter piadoso. De esta manera el niño glorifica aún más a Dios.

Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna… Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. (Santiago 1:2–4, 12, énfasis añadido)

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. (Rom. 5:1–5, énfasis añadido)

Todo niño que Dios ha salvado comenzará el peregrinaje para llegar a ser como Cristo. Cada prueba en su vida tomará un significado nuevo porque no tendrá que padecerla en vano. Tiene un buen propósito en su vida y en el plan de Dios. Recordemos lo que José les dijo a sus hermanos después de todas las maldades que ellos le hicieron, “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. . .” (Gen. 50:20). Los propósitos de Dios son para glorificarse a si mismo y el hacernos bien sí se hará realidad a medida que Dios moldee un cristiano, aún un cristiano joven, y le dé la imagen del Señor Jesucristo. Por lo tanto, asegúrese de ayudar a su hijo a entender cómo es que las dificultades y las pruebas forman parte de esta etapa progresiva de su santificación.

Tome precauciones para evitar la micro-administración de la fe de sus hijos, o esperar que hoy mismo haya santificación completa en sus vidas. No se les puede forzar a crecer, pero se les puede guiar con suavidad. Por ejemplo, a medida que maduran espiritualmente y suman años a su edad, ayúdeles a pensar correctamente acerca de sus decisiones y objetivos y no se limite a exigir de ellos lo que usted sabe que es sabio y piadoso.

Los niños que profesan fe en Cristo también necesitan ser discipulados y que les enseñen cómo es que el evangelio debe ser aplicado a su vida cotidiana. Algunas cosas claves que enseñarles son:

• Su posición en Cristo y como se vive esa identidad.20

• Cómo es que la Palabra de Dios debe influir en sus vidas y maneras sencillas para que adelanten sus devocionales.

• Oración.

• Adoración personal/deleite en Dios.

• Santificación y la Dinámica de “Vestirse”/“Despojarse” (Ver Apéndice B).21

• La Renovación de la mente (Ver Apéndice D, Llevando Cautivos los Pensamientos)

• Cómo discernir cuales deseos son idolatría.22

• Guerra espiritual.23

• Como compartir su fe.

• Usando sus dones espirituales y su servicio en la iglesia.

• Doctrinas bíblicas fundamentales.24

Parte del proceso de discipulado debe incluir la mayordomía de todas las cosas que Dios ha dado al niño: tiempo, talentos, dinero, bienes materiales, etc. Varones jóvenes que van madurando y se dejan enseñar pueden recibir instrucción acerca de la masculinidad, el liderazgo, y el ejercicio de tomar decisiones con perspectiva bíblica como también, las directrices de Efesios 5:25–33 y Tito 2:6–8 y las características de piedad que encontramos en 1 Timoteo 3 y Tito 1. Las jovencitas deben recibir discipulado usando las directrices de Tito 2:3–5, Efesios 5:22–24 y 33, y Proverbios 31:10–31. Además de la preparación básica para el matrimonio los jóvenes cristianos en camino de formación deben recibir instrucción acerca del igualmente importante privilegio de servir a Dios siendo una persona soltera.

A medida que sus hijos den evidencia consecuente de fe y fruto será hora de enseñarles acerca del bautismo. (Mat. 28:19; Rom. 6:3–4), la santa cena (1 Cor. 11:23–30), y membresía en la iglesia (Hechos 2:42). Es necesario que antes de que sus hijos participen de estas cosas, haya entendimiento claro y aceptación respecto a lo que cada uno de estos significa, tal como los debe haber acerca del significado de la salvación. No entre apresuradamente a estos mandamientos tan importantes de Dios para el verdadero creyente.

Conclusión

Los niños reciben la instrucción de sus padres en cuanto a muchas cosas que son para su seguridad. Con frecuencia se sacrifican indefinidamente en pro de la educación de sus hijos. La mayoría de ellos morirían por sus hijos si fuera necesario. La tarea de presentar el evangelio claramente y completamente en segmentos pequeños cada vez, es trabajo para un padre, pero no podría haber una tarea más importante. Solamente hay dos cosas en la tierra que duran para siempre: nuestra alma y la Palabra de Dios. Es aquí donde se debe hacer la mayor inversión en la vida de nuestros hijos.

A medida que usted busca discipular a sus hijos en los caminos del Señor verifique que con frecuencia reitera que el camino cristiano es una relación con un Dios y Salvador asombroso más que con una lista de mandamientos y prohibiciones. Es nuestro anhelo que usted pueda ver a sus hijos con el deseo de aprender y crecer como también, que sus esfuerzos sean correspondidos positivamente. Pero recuerde, al final lo que usted busca es ser fiel al Señor; lo demás le corresponde al niño y en últimas, a Dios.

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos… andando por el camino…” (Deut. 6:6–7, énfasis añadido)

Preguntas de Repaso

1. ¿Aunque es posible que niños sean salvos, que deben hacer y no hacer los padres durante los primeros años?

2. ¿Cuales cosas harían falta en una profesión de fe mal informada o falsa?

3. ¿Al enseñar la totalidad del evangelio a sus hijos, en qué debe confiar/mantener fijada la mente? ¿Qué no puede hacer usted?

4. ¿Puede un padre cristiano usar Proverbios 22:6 o Josué 24:15 para declarar que Dios ha prometido salvar a niños? ¿Por qué o por qué no?

5. ¿Quién es responsable por la santificación progresiva de sus hijos (transformación diaria a la imagen de Cristo)?

6. ¿Cuáles son algunas de las maneras por las que usted y sus hijos podrían deleitarse diariamente en el Señor Jesucristo y en su evangelio?

7. ¿Cuáles son algunas cosas claves que deben ser demostradas y enseñadas una vez su hijo haya hecho profesión de fe y de evidencia de cambio de corazón y rumbo en su vida?

Segunda Parte LA VIDACOTIDIANA

“Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres. Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.’ ” (Deut. 6:1–9)

3
EL NIÑO RECIÉN
NACIDO

Hace veinticinco años Martha conoció a una señorita que estaba embarazada. Era su primero embarazo. Varias veces dialogaron en cuento a que si los niños nacen con una naturaleza pecaminosa. Pocos días después del nacimiento del bebé, la señorita llamó a Martha para decirle que su recién nacido era puro e inocente y que de ninguna manera era un pecador. Ellas hablaron de lo que la Biblia dice de la naturaleza pecaminosa pero para la joven madre no había claridad al respecto. Seis semanas más tarde la joven madre volvió a llamar a Martha y dijo, “¿Se acuerda de lo que dije de mi bebé; que no era pecador y que era inocente? ¡He cambiado de parecer!”

Los bebes sí llegan al mundo siendo criaturas indefensas y muy dependientes. De allí resulta que por lo general dan la apariencia de ser inocentes. Sus cabezas son demasiado grandes para sus cuerpos y por lo tanto no pueden sostener en alto sus cabezas, ni sentarse hasta que sean mayores y más fuertes. Prácticamente lo único que son capaces de hacer es llorar, comer, y acurrucarse. Requieren un cuidado físico casi constante, especialmente si tienen cólicos.

Es muy breve el tiempo que duran los niños en ese estado pequeño porque ocurre una transformación física sorprendente desde el nacimiento hasta los doce meses de edad. Consideremos algunas observaciones generales respecto a niños típicos.

Peldaños en su Desarrollo

Por lo general un recién nacido llora, mira a su alrededor e intenta enfocar sus ojos para ver su mundo. Cuando ha cumplido seis semanas de nacido sus ojos pueden enfocar bien, puede mirar a alguien y devolver una sonrisa. Cuando ha cumplido doce meses los niños pueden gatear, agarrarse de algo para levantarse, sentarse, hablar muy expresivamente, y tal vez, decir dos o tres palabras.

Los recién nacidos tienen la tendencia natural de aferrarse al dedo de un adulto con sus pequeños dedos. A los doce meses puede recoger una pequeña migaja del piso y llevarla a su boca. ¡A los recién nacidos no les parece importar quién cuida de ellos, mientras que es muy obvio que a un niño de doce meses sí le importa! Los recién nacidos no pueden voltearse por si solos, por supuesto, pero un niño de doce meses por lo general, puede caminar sosteniéndose de algún mueble.

Anna, la hija de Martha, pidió que su mamá estuviera con ella para ayudarle después del nacimiento de su hijo, Tommy. Desde luego, eso no sería ningún problema para Martha! Anna fue enfática en decir, “Quiero que vengas a cuidarme a mí y yo quiero cuidar a mi bebé.” Y eso exactamente fue lo que hizo, con algunos consejos de parte de la Abuela. Dos años más tarde, cuando nacieron las gemelas de Anna, ella recibía con brazos abiertos a quienes quisieran encargarse de cambiar el siguiente pañal.

Así como actuó Anna es que toda madre inexperta tiene que superar la torpeza con que baña, viste y cambia los pañales de su recién nacido. Para cuando su bebé ha cumplido doce meses ya la mamá puede hacer estas tareas con facilidad y además el bebé pude ayudarle al extender un brazo o una pierna mientras es vestido o levantando la colita cuando le están cambiando el pañal.

No sabemos qué es lo que piensan los recién nacidos pero sí sabemos lo que piensa un niño de doce meses por la forma en que responde a solicitudes sencillas, tal y como decirle, “no”. La mayoría pueden decir “oh-oh” cuando el plato de comida cae al piso desde su silla. Un niño de doce meses comienza a entender la utilidad de los objetos de tal manera que puede sostener su vaso para tomar de él, usar su cuchara para alimentarse, y sostener la bocina de un teléfono para escuchar la voz de su padre.

La infancia es un periodo de tiempo durante el cual la mayoría de los padres tienen muchas preguntas. ¿Qué hacemos cuando…? ¿Es normal esto? ¿Cuándo dormirá sin despertar una sola vez durante la toda la noche? Un buen pediatra o aún una abuela con sentido común pueden responder estas preguntas, y otras. En lo que queda de este capítulo queremos dar atención a lo que Dios dice de estos preciosos bebes en su Palabra.

La Perspectiva Bíblica del Recién Nacido

Las Escrituras no nos dicen mucho acerca de los bebes. Lo que aprendemos proviene de los pasajes de las Escrituras que usan el bebé para ilustrar otro punto. Por ejemplo, en el libro de Lamentaciones se advierte al pueblo judío de un juicio que ha de venir sobre ellos por causa de su idolatría. Obviamente, los niños menores morirían primero en el juicio ya que son más vulnerables.

“Mis ojos desfallecieron de lágrimas…cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad. Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, derramando sus almas en el regazo de sus madres.” (Lam. 2:11–12)

Lo que enseña Lamentaciones 2 es la ira de Dios por causa de la idolatría de los judíos. El juicio catastrófico que resulta se presenta de manera vívida en la descripción del efecto que tendrá sobre los bebes debido a su vulnerabilidad.

En Mateo 21:16 encontramos las primeras tres instancias del uso de bebes a manera de ejemplos.

Y le dijeron: “¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?”

En este pasaje tanto niños como ancianos adoran a Jesús durante su “entrada triunfal” a Jerusalén, pocos días antes de su crucifixión. Aunque los niños recién nacidos no podían expresarse en palabras, le rinden honra en virtud de que son creados por el Señor mismo y Dios tiene compasión de ellos (ver Col. 1:16 y Jonás 4:11).

Otra ilustración e el Nuevo Testamento es el que el apóstol Pedro le escribió a los cristianos dispersados a través del Imperio Romano. Su propósito al escribir la carta fue ayudarlos a prepararse para la horrible persecución que no tardaría en comenzar y a la que estarían sometidos los cristianos bajo el reinado del Emperador Nerón. Pedro comenzó la carta infundiendo a los cristianos gran aliento por motivo de su salvación y luego les dijo, “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado” (1 Pedro 1:13). La manera en que ellos debían de “prepararse” era aprendiendo y obedeciendo, “la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23), resultando esto en que, “[desearan] como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2, adaptación añadida). Casi todos nos podemos identificar con la imagen de un bebé deseando la leche de su madre.

La tercera ilustración en el Nuevo Testamento es uno que el apóstol Pablo usa en la primera carta a los Tesalonicenses. En este libro Pablo está defendiéndose ante falsas acusaciones que han puesto en juicio sus motivaciones al predicar el evangelio. Pablo tenía de testigo a Dios para decir que él, “nunca [usó] de palabras lisonjeras…, ni [encubrió] avaricia… ni [buscó] gloria de los hombres” (1 Tes. 2:5– 6, adaptación añadida). Más bien, el modo de ser de Pablo fue manso y tierno, teniendo a los Tesalonicenses en muy alta estima.

Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. (1 Tes. 2:7–8)

Pablo usa la ilustración de una madre que cuida tiernamente de sus hijos. Ellos son muy preciados para ella y siente gran afecto por ellos. Las madres en todo el mundo comprenden sin dificultad cual es el amor y cariño que siente una madre lactante.

En Tito capítulo dos, Pablo subraya la importancia del cuidado tierno de una hacia sus hijos. Allí enseña que las mujeres mayores deben enseñar, “a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos . . .” (Tito 2:3–4). Este amor de tipo filos implica tener un afecto tierno que atesora. Un bebé debe ser apreciado y amado por su mamá.

Dudo que una madre o un padre puedan darle a su bebé demasiados abrazos, besos y sonrisas tiernas. Zondra, la esposa de Stuart, recuerda que mientras en su regazo cabían sus dos hijos, Christa y Marc ella tomaba el tiempo de mecerlos y cantar con ellos. Cantaban una tierna canción que ella había escrito. La letra de la canción es: “Mami ama a Christa (o Marc) . . . Christa (o Marc) ama a Mami… se mece, mecen todo el tiempo…,” y así continuaba mencionando el amor de Papá y el amor de Jesús también. Zondra amaba y atesoraba tiernamente a sus bebes. (¡Y ahora Christa ama y atesora tiernamente a su propio bebé!)

Debemos amar y cuidar tiernamente de nuestros bebes. Es por eso que también debemos amarlos tanto como para “criarlos en la disciplina y la amonestación del Señor” (Ef. 6:4).

Disciplinando a los Recién Nacidos

Que los bebés no puedan hablar no es razón para creer que no tienen la capacidad de escuchar y obedecer. Siempre son capaces de comprender más de lo que pueden expresar verbalmente. Es por eso que los padres desde el comienzo deben enseñar a sus bebés el significado de “no”.

Enseñe a su bebé a responder a la voz suya cuando le habla en un tono normal. Cuando el bebé intenta agarrar algo que no debe tomar en sus manos dígale calmadamente, “no” y retire la pequeña mano del objeto. Si persiste, dele una péquela “palmada” (Esto se explica más tarde en este capítulo).

Los padres también deben disciplinar a sus recién nacidos cuando manifiestan actitudes pecaminosos. Esto raramente sucede y si tiene dudas, es mejor equivocarse optando por mostrar misericordia y dar lugar a pensar bien de su precioso bebé. Cuando un bebé demuestra una actitud pecaminosa frecuentemente se hace por medio de un llanto airado acompañado del gesto físico de lanzar su cabeza hacia atrás y retorcer su espalda. Todo esto debido a que no pudo tener lo que quería. Con calma dígale, “No, no le permitiré hablarme de esa manera,” y si no se calma de una vez, dígale “No,” y dele una pequeña “palmada.”

Aplique la palmada con la mano y antes de dar la palmada a su bebé, dese la palmada en la parte superior de la mano para confirmar que no va a usar demasiada fuerza. Por lo general son dos o tres “palmaditas” para los bebés, haciendo contacto los dedos suyos con las manos de ellos o gordura de sus pequeños muslos. Su intención es solamente sorprenderlos, pero si persisten en desobedecer o en una actitud pecaminosa tal vez sea necesario aplicar la “palmadita” con un poquito más de fuerza.

Algunas personas dicen que no se debe castigar a los hijos usando las manos ya que ellos tendrían temor de sus manos cuando vayan a abrazarlos o alzarlos. No estamos de acuerdo con esa perspectiva porque un hijo que tiene temor de la mano de su padre o madre, o a movimientos abruptos de estos, probablemente está reaccionando a comportamiento previo que sus padres hayan tenido cuando respondieron y golpearon airadamente a sus hijos. Su mano es la manera más segura de saber si está reaccionando más de la cuenta o dando palmadas demasiado fuertes. ¡Si la ira que siente es pecaminosa, no castigue a un hijo de ninguna de edad! Es necesario que usted controle las emociones propias antes de disciplinar a su hijo. Si para controlar sus propias emociones es necesario dejar pasar un tiempo antes de poderle dar una palmadita a su hijo, no lo castigue. Un recién nacido no podrá relacionar lo que hizo hace treinta minutos y lo que está ocurriendo ahora.

Cuando Anna, la hija de Martha, tenía seis meses de edad descubrió la dicha de poder darse vuelta. Se convirtió en experta haciéndolo y lo hacía muy rápidamente acompañado siempre de una sentida risa. Un día Anna comenzó su demostración de destreza para darse vuelta mientras que Martha intentaba cambiarle el pañal. Martha volvió a girar a Anna y le dijo, “No, debes permanecer quieta.” Martha recuerda que esto sucedió unas diez veces seguidas. No debió de haber durado tanto pero Martha al fin se dio cuenta que Anna estaba desobedeciendo y la giró una vez más, le dijo, “No,” y le dio una pequeña palmadita en el gordo de su pequeño muslo. ¡Anna nunca volvió a tener ese comportamiento! Ella lloró y también lloró Martha.

Cuando tenga dudas en cuanto a la disciplina de un bebé, siempre opte por tomar la decisión equivocada y ser más misericordioso. Aplique una “palmadita” solamente cuando tenga seguridad para hacerlo. En oración pídale sabiduría a Dios. Muchos padres nos dicen que no disciplinan a sus bebés porque creen que “él no tiene la suficiente edad para comprender.” Eso es verdad, pero es por medio de la disciplina y la instrucción que van a aprender a obedecer y entender lo que en verdad significa, “no”. Ahora demos atención al tema de la instrucción en el Señor.

La Instrucción en el Señor

Hable con su bebé con frecuencia desde el comienzo de su pequeña vida. Sonríe y sea expresivo. Nunca es demasiado temprano para que un niño vea la alegría que sienten sus padres cuando le hablan del Señor y su bondad.

No es demasiado joven para que le lean libros, sobre todo cuando un bebé está próximo a cumplir un año de vida. Libros sencillos con cuadros maravillosos a color estimularán su mente en la medida en que va madurando en entendimiento. Puede usted, incluir libros sencillos acerca de Dios y nuestro señor Jesucristo. Su hijo prestará atención durante muy corto tiempo, tal vez solamente un minuto o dos, pero aparte el tiempo y haga el esfuerzo.

Enseñe a su bebé a orar antes de comer los alimentos. Algunas familias se toman de las manos, pero sea o no esta su costumbre, su bebé puede aprender a estar en quietud y a escuchar durante unos segundos mientras usted da gracias al Señor por los alimentos.

Cante a sus pequeñitos “salmos e himnos y cantos espirituales” mientras está “alabando al Señor en su corazón” (Ef. 5:19). ¡Muchas veces el canto de una madre alabando al Señor calmará el corazón de un bebé quisquilloso y el corazón de una madre quisquillosa! Sin duda, la mamá que se deleita en el Señor traerá gozo al corazón de cualquier bebé aún cuando no tenga edad para comprender el significado de ello todavía. Si usted no conoce cantos cristianos y sencillos para niños, solicite al director del ministerio de niños que le de algunas sugerencias u obtenga un CD que contenga cantos acerca de Dios. Aprenda los cantos para que usted pueda enseñar a su hijo.

Imparta instrucciones sencillas y claras. Por ejemplo, “Obedezca a mamá y ven acá,” toda vez que a su bebé le extiende sus brazos. Otra instrucción clara es simplemente, “No,” mientras va retirando la mano del bebé de la toma eléctrica. Dentro de poco tiempo su bebé relacionará lo que usted dice con la obediencia. Sea paciente y amable al cuidar de su bebé. El cuidado de un recién nacido es muchas veces, puro amor ágape. Verdaderamente es una “obra de amor” a media noche o cuando usted se siente mal. Si llega sufrir por falta de sueño pida ayuda.

Cuando los padres están cansados es fácil dejar que sus pensamientos se tornen pecaminosos. El cuadro a continuación contiene ejemplos de “pensamientos pecaminosos de media noche” comparados con “pensamientos amorosos, tipo ágape.”


PENSAMIENTOSPECAMINOSOSDE MEDIA NOCHE PENSAMIENTOS AMOROSOSTIPO ÁGAPE
1. “¡No aguanto más!” 1. “Esto es difícil pero Dios me dará la gracia para perseverar así como el ‘amor [que] todo lo soporta.’ ” (1 Cor. 13:7; 10:13)
2. “¡Quisiera que [el bebé] nunca hubiera nacido!” 2. “[El bebé] es una bendición de Dios. Una de las maneras en que me bendice es brindando su ayuda para que yo crezca como cristiano. Me alegra que [el bebé] haya nacido.” (Sal. 127:3)
3. “¿Dios por qué me está haciendo esto?” 3. “El Señor me está probando esta noche y me está dando una oportunidad especial para demostrar el amor y para crecer en la gracia de Dios.” (Santiago 1:2–3)
4. “¡Esto me enfada sobremanera!” 4. “Por mi propia voluntad me llené de ira. Nadie me obliga. El amor es benigno. Puedo demostrar amor a mi bebecita levantándome y yendo a cuidarla con ternura.” (1 Cor. 13:4)
5. “No me queda energía para poder seguir dando.” 5. “El siervo fiel sirve de día y de noche. Oraré y le pediré a Dios que me ayude.” (Lucas 17:7–10; Heb. 4:16)

A través de los años durante los cuales se ha dado consejería a padres y han sido padres, Stuart y Martha han aprendido unos consejos que hacen que la vida de los padres y del bebé sea más fácil. No estamos hablando de “Así ha dicho el Señor,” pero tienen el respaldo del buen sentido común bíblico.

Consejos de Sentido Común

El primer consejo es que consiga dormir lo suficiente. Vaya a dormir temprano en lugar de quedarse tarde de noche viendo televisión, o en lugar de ponerse al día con sus tareas. Por lo general, aunque duerman toda la noche, los bebes se despiertan temprano en la mañana llenos de energía. Van creciendo rápidamente y tienen hambre. Aunque será tentador tomar tiempo para estar a solas durante las horas de la noche, vaya a dormir lo más pronto como sea posible. En el Salmo 127:2 el Rey Salomón escribe: “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores;

Pues que a su amado dará Dios el sueño…” Ejercite disciplina para acostarse temprano por amor a su bebé.

De ser posible, la mama debe reposar durante unos 45 minutos, más o menos, para prevenir la fatiga. Si todas sus responsabilidades le representan una carga imposible de llevar, sobre todo sumando el cuidado de un recién nacido, su esposo debe aliviarle la carga. Es la responsabilidad de la esposa decirle a su esposo cuando requiere de su ayuda, pues él no puede saber lo que ella tan solo está pensando. Ella también podrá necesitar la ayuda de la familia en la iglesia o de sus parientes. Una madre no debe esperar a estar agotada para entonces pedir la ayuda de otros. Cualquier persona que ha tenido un bebé entenderá.

Entrene a su bebé a dormirse por si solo(a) en la cuna en lugar de acostarlo allí después de que se haya dormido. Al comienzo podrá llorar un poco pero espere, sea paciente. Deje pasar un tiempo breve y entonces verifique que el bebé está bien. Así todos, incluyendo el bebé, serán más felices y descansarán más.

Desarrolle un horario pero no lo venere. Un horario es tan solo una ayuda. Es de gran ayuda que la madre esté casi siempre en casa. Así podrá acostar a su bebé a la hora de la siesta, en un horario estable. Tenga un horario programado pero “en todo dad gracias” si el Señor cambia el horario que usted programó (1 Tes. 5:18). Por ejemplo, la esposa recibe una llamada telefónica de parte de su esposo. Él le informa que una rueda del auto se ha desinflado y él necesita que ella lo vaya a recoger. De manera providencial, Dios ha permitido algo que estorba a la esposa.

Es bueno tener un horario pero no juzgue a otros padres que no mantiene un horario tan estricto y permiten que sus niños tomen siestas cuando sea y donde sea. ¡Hay niños que creen que su casa es el carro! Aunque sea así, los niños pueden ajustarse muy bien y vivir contentos en la disciplina y amonestación del Señor con o sin un horario estricto.

Una palabra de precaución para las madres lactantes. Hay ocasiones cuando su producción de leche merma y su médico le recetará un medicamento para aumentar la producción de leche. Debido a la seriedad de posibles efectos secundarios tal vez quiera estudiar sus opciones.25

Conclusión

Hemos mirado lo que dice la Biblia en cuanto a los bebes y a que no son demasiado jóvenes como para que los padres comiencen a establecer un fundamento de disciplina e instrucción en el Señor. Tampoco es demasiado pronto para que ellos vean que sus padres se regocijan en ellos y en el Señor. Los bebes verdaderamente son un regalo Dios:

He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta. (Psa. 127:3–5)

Un bebé es una bendición que Dios da a los padres para que ellos amen su bebé y se maravillen de la creación de Dios. Los bebés son un regalo que reciben de Dios y traen consigo el beneficio adicional de que ayudan a los padres a crecer en su caminar con el Señor. Un nuevo bebé es testimonio de la bondad de Dios hacia ellos. Por medio de los bebés los padres reciben una oportunidad especial para humillarse ante Dios y decir: “Gracias por la maravilla de este bebé. Ayúdame a ser el padre, o la madre que tu quieres que yo sea, ejercitando confianza en ti y en tu bondadosa gracia.”

Preguntas para Repaso

1. Las Escrituras no nos hablan mucho acerca de los recién nacidos. ¿Cómo aprendemos acerca de ellos en la Biblia? Provea dos ejemplos.

2. Según los dos párrafos primeros en la sección “Disciplinando a los Recién Nacidos,” ¿cuándo y cómo debe comenzar a enseñarle a su hijo a escuchar y a obedecer?

3. ¿Es posible para un recién nacido tener una actitud pecaminosa? Si responde que sí, que debe hacer usted?

4. Bajo cada una de las categorías a continuación escriba cuatro ejemplos específicos de cómo criar a su bebé en la amonestación del Señor.

a. Sonría y sea expresivo.

b. Hable del Señor con alegría.

c. Leales libros y muéstreles cuadros.

d. Enséñeles a dar gracias antes de comer.

e. Cante a su bebé.

f. Imparta instrucciones sencillas y claras.

5. ¿Qué significa “el cuidado de un recién nacido es el amor ágape puro”?

6. Escriba tres cosas incorrectas que piensa o podrá haber pensado acerca de sus hijos cuando eran bebés.

7. Escriba los pensamientos correctos que deben tomar el lugar de los que anotó en la pregunta anterior. Para mayor ayuda, consulte el Apéndice D.

8. Lea de nuevo los “consejos de sentido común” que están al final de este capítulo. ¿Puede añadir otros?

9. Repase el último párrafo del capítulo tres y enumere las maneras en que los bebés son una bendición. ¿Puede añadir otros?

10. ¿Qué pide usted en oración a favor de su recién nacido?

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