Kitabı oku: «Cuente las estrellas en un cielo vacío», sayfa 2

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Pero si usted se toma de su mano y va a donde Él le dirija, le bendecirá en formas que no puede comenzar a imaginar.

Promesa #2: Haré de ti una nación grande

La segunda promesa de Dios a Abraham es que se convertiría en una gran nación. Esta es la primera de muchas promesas incondicionales que Dios le hizo a Abraham. Es bueno que haya sido incondicional, porque si hubiera estado condicionada a la fidelidad y el desempeño de Abraham y de sus descendientes, la promesa hubiera sido hecha nula y sin efecto muy rápidamente. Abraham le falló miserablemente a Dios, y así lo hicieron sus descendientes.

Una y otra vez en las Escrituras vemos que hay promesas condicionales y promesas incondicionales. Muchos cristianos confunden las dos. Reclaman las promesas condicionales sin haber cumplido las condiciones.

Cuando Dios nos escogió en Cristo, fue un acto de pura gracia. Fue incondicional. No tuvo nada que ver con nosotros. Estábamos perdidos en pecado y éramos incapaces de cumplir con las demandas de un Dios justo y santo. Nuestra salvación fue un regalo de su gracia, no basada en nuestras obras. No tuvimos nada que ver con nuestra salvación excepto en la decisión de recibirla. Pero ahora que somos salvos, hallamos que hay una cantidad de promesas condicionales en nuestro andar cristiano.

Es importante notar esto: Cuando Dios le hizo esta promesa incondicional a Abraham: «Haré de ti una nación grande», él tenía setenta años, y Sara sesenta. Cuando Dios le dijo a Abraham que comenzara a contar estrellas, ya había pasado la edad de jubilación. Recurría a la Seguridad Social, se había unido a AARP1, y él y Sara calificaban para el descuento para mayores en el restaurante Waffle House. Es imposible comprender la clase de fe que se necesita para que un hombre sin hijos de la avanzada edad de Abraham creyera la promesa de Dios de que haría de él una gran nación.

No obstante, Abraham le tomó la palabra a Dios y contó estrellas, incluso aunque no podía verlas. Esa es una fe genuina en el más puro sentido bíblico.

«Pero, Señor, ¡soy viejo!». Comienza a contar estrellas, Abraham.

«¿Qué si me desvío de tu voluntad?». Sigue contando estrellas, Abraham.

«Pero, Señor, ¿qué si mis descendientes te abandonan?». Sigue contando estrellas, Abraham.

«¿Qué si se vuelven idólatras? ¿Qué si adoran a Baal o a Moloc?». Sigue contado estrellas, Abraham.

¿Por qué haría Dios la promesa incondicional a Abraham de que haría de él una gran nación? Porque la grandeza de esa nación no dependía de la fidelidad de Abraham o sus descendientes. La promesa incondicional de Dios a Abraham no fue cumplida por él o sus hijos. La promesa incondicional de Dios fue cumplida por «la simiente» de Abraham. ¿Quién o qué es «la simiente» de Abraham?

El apóstol Pablo responde esta pregunta en su epístola a los Gálatas: «Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo» (Gál. 3:16; ver Gn. 12:7; 13:15; 24:7). Durante siglos, los eruditos y maestros judíos malinterpretaron lo que significaba la promesa de Dios. Interpretaron «simiente» en un sentido de plural colectivo, sin darse cuenta nunca de que Dios estaba usando simiente en un sentido singular, refiriéndose no a muchas sino a una, Jesús el Mesías.

Millones de personas alrededor del mundo hoy y miles de millones a lo largo de la historia han adorado al Dios viviente por las bendiciones que Él derramó sobre Abraham, bendiciones que se cumplieron en Jesús. Como Pablo escribe en Gálatas 3:

Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham (vv. 6-9).

No es de sorprenderse que cuando Jesús dijo: «Antes que Abraham fuese, yo soy», los líderes religiosos recogieran piedras y quisieran matarlo.6 Pensaron que ellos eran las simientes de Abraham, sus descendientes prometidos. Pero era Jesús quien era la simiente, y a través de Él, incontables personas de cada nación en todo el mundo pueden venir a la fe salvadora y a la vida eterna. Y Jesús, la simiente singular de Abraham, también es el preexistente y eterno Creador.7

Promesa #3: Te bendeciré

Abraham no le pidió a Dios que lo bendijera, pero Dios se dignó a prometerle que bendeciría a Abraham. Dios lo bendeciría en formas que él nunca se imaginaría, mucho menos esperaría.

Por favor comprenda, no hay nada malo con pedir a Dios que le bendiga, nada en lo absoluto. Pero no creo que necesite pedir. Dios ha prometido que lo bendecirá cuando usted lo siga por fe y vaya a donde Él lo manda.

Puedo testificar el hecho de que, por las últimas décadas, Dios me ha bendecido ricamente en formas en las que nunca me hubiera atrevido o pensado a pedir. Al decir eso, no estoy presumiendo de mí mismo, porque le fallo todo el tiempo. Pero Dios sabe que en mi propia manera falible y propensa al pecado, busco servir a su reino con todo mi corazón. Busco glorificar al rey Jesús. Y para mi total asombro, Dios me bendice más allá de todo lo que yo pudiera pensar en pedir. No espero la bendición de Dios. No merezco su bendición, ni la pido, pero recibo su gentil bendición. Así es como nuestro amoroso Dios trabaja.

Le pido a Dios que bendiga el ministerio que Él ha edificado en nuestra iglesia y en nuestro ministerio global, Leading TheWay. Le pido que bendiga su mensaje mientras enseño, predico y escribo. Paso mi tiempo orando por otros y orando por el reino de Dios, luego busco primero su reino en cada momento en que me encuentro despierto. Y Dios, por su gracia, me bendice más allá de toda medida.

Promesa #4: Engrandeceré tu nombre

Dios le dice a Abraham: «Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición» (Gn. 12:2). Por cuatro mil años, los judíos han afirmado que Abraham es su padre. Los cristianos han afirmado por dos mil años que Abraham es su padre. Incluso los musulmanes, quienes acatan una religión basada en las obras por temor más que por fe, han visto a Abraham como su padre por mil cuatrocientos años.

¿Qué representa el nombre de Abraham? Simboliza una fe inconmovible y confianza en el Dios viviente. El nombre representa lo que Dios ha prometido. El nombre representa lo que Dios ha hecho. El nombre representa la fidelidad de Dios.

El nombre original, Abram, significaba solamente «padre exaltado». Pero Dios cambió su nombre de Abram a Abraham, «padre de multitudes». Esto simbolizó el hecho de que la fe de Abraham en el único y verdadero Dios un día sería compartida por multitud de personas de cada tribu, lengua y nación. Los descendientes de Abraham son judíos y europeos, norteamericanos y sudamericanos, negros africanos y árabes, asiáticos y nativos de la Polinesia.

Gálatas 3:14 nos dice: «Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu». El mayor descendiente de Abraham es, por mucho, el Señor Jesucristo. El mundo es bendecido al acudir a Jesús, la simiente de Abraham. Gente de todo el mundo es salva y redimida y se regocija, incluso en medio de la persecución, debido a aquel descendiente de Abraham, el Señor Jesucristo.

Promesas #5 y #6: Bendiciones y maldiciones

Dios promete a Abraham: «Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra» (Gn. 12:3). A través de las edades de la historia, Dios ha cumplido esa promesa incontables veces.

Cuando José, el bisnieto de Abraham, fue vendido en esclavitud en Egipto, la Biblia dijo que Dios bendijo a Egipto debido a José. Cuando Rahab, la prostituta, ayudó a los espías que llegaron a Jericó, Dios bendijo a Rahab y a su familia por bendecir a la nación de Israel. Podría citar muchos otros ejemplos.

Creo que una razón por la que Dios ha bendecido ricamente a los Estados Unidos es porque esta nación ha llevado el evangelio a los confines de la tierra y ha bendecido a muchas naciones, especialmente Israel.

Como cristiano, usted no se desvía de su camino para hacer enemigos. No trata de hostigar a la gente que lo maldice. Pero si defiende su fe, si simplemente dice: «Soy un seguidor de Jesucristo», instantáneamente tendrá enemigos. Si no hace enemigos, probablemente no esté tomando una postura lo suficientemente audaz por su fe.

No hay nadie a quien yo odie o a quien le guarde rencor. No importa lo que otras personas me hayan hecho, desde mi perspectiva, no son mi enemigo. Pueden parecer un enemigo, pueden odiarme, pueden desearme el mal, pero no los odiaré. Dios ha prometido pelear nuestras batallas por nosotros. Si alguien nos maldice, Dios será nuestro escudo, nuestro defensor, y si es necesario, nuestro vengador. Él se ocupará de cualquiera que nos maldiga, y será más justo y riguroso de lo que usted o yo podamos ser jamás.

Una vez tuve una conversación con un hombre enojado. Estaba amargado debido a alguna injusticia que le hicieron. Quería tomar el asunto en sus manos. Le dije: «La bendición que he tenido por vivir unos pocos años más que usted es que he visto que el Señor cuida esos asuntos por mí. He visto a Dios hacer un trabajo mucho mejor al vengar el mal de lo que yo nunca hubiera podido hacer. Así que sea paciente. Confíe en Dios. Deje ese asunto en sus manos».

En efecto, unas pocas semanas después, Dios se encargó del problema de ese joven. Dios siempre prueba su fidelidad, y siempre cumple sus promesas.

Promesa #7: A tu descendencia daré esta tierra

Cuando Dios dijo: «A tu descendencia daré esta tierra», Abraham no tenía descendencia ni tierra. Estaba contando estrellas cuando no veía ninguna. No solo eso, sino que Abraham y Sara murieron en la tierra de la promesa sin poseer ninguna tierra. Más de cuatrocientos años después, Dios cumplió su promesa a Abraham. Tras la muerte de Moisés, bajo el liderazgo de Josué, los descendientes de Abraham marcharon hacia Canaán y tomaron posesión de la tierra de la promesa.

Dios cumple sus promesas hacia la tercera y cuarta y décima y centésima generación. Sus promesas son más reales que el libro que está usted sosteniendo en sus manos. Se puede decir lo mismo de las promesas que Jesús hizo a sus seguidores en el Nuevo Testamento, tales como: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mateo 11:28-29).

Usted puede estar cargando el peso de un refrigerador sobre sus espaldas y sentirse tan agotado que no puede dar otro paso. Vaya a Jesús, cuéntele de sus cargas y penas, y Él quitará el peso de su espalda y lo cargará sobre Él. Él ya llevó la carga más pesada (sus pecados) sobre sí en la cruz.

La historia de Jesús y del joven rico se narra en Mateo 19, Marcos 10 y Lucas 18. Un joven rico le preguntó a Jesús cómo ganar la vida eterna. Jesús le dijo que obedeciera los mandamientos. El joven respondió que ya lo había hecho. ¿Qué más puedo hacer? Jesús respondió: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme» (Mt. 19:21).

En otras palabras, Dios le dice: «Deja tus ídolos (la riqueza y las posesiones que en realidad te poseen) y sé mi discípulo. Entonces tendrás tesoros en los cielos». Pero el joven rico no pudo dejar sus ídolos, así que se alejó, entristecido.

Para seguir a Jesús, debemos dejar nuestro antiguo país atrás e ir a la tierra prometida tal como Dios lo mandó. Como Abraham, debemos ir a la tierra que no podemos ver, la tierra que Dios nos ha prometido, la tierra que nos mostrará.

¿Ha escuchado a Dios llamándolo a la tierra prometida? ¿Ha dado el primer paso? ¿O aún se encuentra en Ur? O tal vez salió hacia la tierra prometida, pero se ha atorado en Harán. ¿Qué le impide llegar a la tierra prometida con Dios?

Si nunca ha dado el primer paso de fe, si nunca ha confesado sus pecados a Dios ni le ha pedido que lo perdone a través de la sangre de Jesús, puede hacerlo hoy, justo ahora, antes de que dé vuelta a otra página de este libro. Puede ser eternamente salvo y ser bendecido con la presencia de Dios. Puede ser lleno de la persona y el poder del Espíritu Santo. Ya conoce el punto de vista de Dios. Si ha escuchado la voz del Espíritu Santo, si Él le ha hablado a través de su Palabra, no espere otro momento. Responda ahora.

1 Nota del traductor: AARP es una organización estadounidense, independiente y sin fines de lucro, que busca satisfacer las necesidades e intereses de las personas mayores de 50 años.

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¿Un peregrino... o un vagabundo?

John Bunyan escribió su novela alegórica, El progreso del peregrino, mientras cumplía una condena en la prisión del condado de Bedfordshire. Su crimen: predicar el evangelio sin autorización. Era contra la ley realizar servicios eclesiásticos que no estuvieran autorizados por la iglesia establecida por el estado, la Iglesia de Inglaterra. El progreso del peregrino ha seguido en imprenta continuamente desde que fue publicado por primera vez en 1678, y ha sido traducido a más de doscientos idiomas. La primera vez que lo leí era un niño de doce años en Egipto.

El libro cuenta la historia de un hombre llamado Cristiano que progresa a lo largo de la vida en su travesía hacia el cielo, su destino final. A través de su camino, encuentra muchos peligros, desafíos y tentaciones, tal como nosotros hoy. También halla lugares de reposo, tal como Dios nos provee a nosotros.

En un momento dado, Cristiano se encuentra en una ciudad llamada la feria de Vanidad. William Makepeace Thackeray escribió una novela con ese título acerca de la sociedad victoriana inglesa, y una revista americana, llamada Vanity Fair trata de asuntos de moda y cultura; ambas recibieron su nombre de esta escena de El progreso del peregrino. La feria de la Vanidad es una ciudad edificada por el demonio Belzebú. Y todas las cosas que los humanos desean y se mueren por tener se venden cada día en el mercado de la feria de Vanidad: «Casas, tierras, negocios, colocaciones, honores, ascensos, títulos, países, reinos, concupiscencias y placeres, y toda clase de delicias, como son rameras, esposas, maridos, hijos, amos, criados, vidas, sangre, cuerpos, almas, plata, oro, perlas, piedras preciosas y muchas cosas más».1

Bunyan nos dice que hay tres características que distinguen a los creyentes como Cristiano de la gente mundana de la feria de Vanidad. Primero, los peregrinos cristianos parecen extraños para los ciudadanos de la ciudad mundana. Segundo, los cristianos hablan un idioma diferente, el «idioma de Canaán»2, el idioma de la tierra prometida. Ese no es el idioma local de la feria de Vanidad. Tercero, los cristianos tienen diferentes valores a los de la gente de la feria de Vanidad, y no muestran interés en el materialismo ni la búsqueda de placeres que se acostumbran en la feria de Vanidad. ¿Por qué los cristianos son diferentes de la gente mundana de la feria de Vanidad? La diferencia en la vestimenta habla del hecho de que los cristianos usan un manto de rectitud, el cual Jesús da a todos los creyentes y el cual la gente de la feria de Vanidad no tiene. El manto de rectitud, que fue comprado por la sangre de Jesús, hace que la gente inicua de la feria de Vanidad se amargue y se enoje.

El idioma que habla el cristiano es el idioma de Dios, no obstante, el problema de comunicación no es causado simplemente por una diferencia de idiomas. Los cristianos ni siquiera hablan de los mismos asuntos que los ciudadanos de la feria de Vanidad. Ellos hablan acerca de intereses espirituales, acerca de asuntos cercanos al corazón de Dios. La gente de la feria de Vanidad habla solamente cosas mundanas, desde un punto de vista mundano.

Los valores de Cristiano y otros creyentes son completamente ajenos a los valores de la gente de este mundo, cuyo dios es Satanás y quienes únicamente están interesados en la gratificación y elevación de ellos mismos. ¡Si tan solo los cristianos del siglo xxi fueran tan distintos del mundo como los peregrinos de El progreso del peregrino!

Rumbo a Canaán

Hebreos 11 nos dice que Abraham, Sara y los otros héroes de la fe fueron «extranjeros y peregrinos sobre la tierra».3 ¿Qué es un peregrino?

Es importante tener una definición precisa en mente. Un peregrino no es una persona que deja su hogar y vaga sin dirección; un peregrino no es un vagabundo. Un peregrino es una persona que viaja con un destino claro en mente. Un peregrino tiene una visión por conseguir, una meta por alcanzar, un destino planeado. Un peregrino está determinado a alcanzar su destino sin importar las dificultades, los obstáculos o el sufrimiento. Debido a su visión, debido a esta meta, debido a su determinación, un peregrino sostiene todo lo demás en la vida (posesiones, ambiciones terrenales e incluso gente) con las manos abiertas.

Hay pocas cosas más desgarradoras que observar a un peregrino espiritual convertirse en un mundano vagabundo. Hay pocas cosas más trágicas que ver a alguien que prometió mucho como cristiano, alguien que salió con Dios de Ur rumbo a Canaán, perderse a lo largo del camino. He conocido personas que comenzaron como peregrinos y se convirtieron en vagabundos, y mi corazón se rompe por ellos.

En este tiempo crucial de la historia humana, Dios está buscando peregrinos auténticos y sinceros que caminarán en medio de este mundo de Vanidad sin ser corrompidos por él. Sin importar nuestra edad o nuestra posición en la vida, Dios nos llama para ser sus peregrinos en este mundo turbulento y cargado de pecado. Eso es lo que Dios nos enseña a través del peregrino llamado Abraham.

Génesis 12 nos cuenta cómo Abram (es decir, Abraham) y su esposa Sarai, partieron de Harán, con rumbo a Canaán. La Biblia no desperdicia palabras. Es importante notar los detalles de este relato:

Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron (vv. 4, 5).

Cuando Abraham dejó Harán, se llevó consigo una gran cantidad de riquezas acumuladas. En este momento, Abraham tenía 75 años. Para un hombre que viviría hasta los 175, esto era la mediana edad. Las posesiones que Abraham había adquirido durante su estancia en Harán no lo detuvieron de ser un genuino seguidor de Dios. La riqueza es una trampa para muchos creyentes. Pero en las manos de un sabio y generoso discípulo del Señor, la riqueza es una fuente de bendición y ministerio. En mis casi cincuenta años de ministerio, he conocido una cantidad de gente que ha sido bendecida por Dios en lo material, pero que nunca ha hecho de las riquezas un ídolo. Usaban su riqueza para servir a Dios y a otros. Abraham era ese tipo de discípulo.

Abraham, Sara, Taré y Lot habían viajado una distancia de setecientas millas, viajando hacia el norte por el noreste, para llegar desde Ur hasta Harán. Después de vivir en Harán por cinco años aproximadamente, el padre de Abraham, Taré, murió. Después de sepultar a su padre, Abraham reanudó su peregrinaje hacia Canaán, una distancia de otras setecientas millas aproximadamente, viajando al sur por el sureste.

Quiero mirar este relato del Antiguo Testamento a la luz de un pasaje del Nuevo Testamento, Hechos 7. Ahí, Esteban, el primer mártir cristiano, se pone de pie frente al Sanedrín, el Consejo de gobierno en Jerusalén. Este es el mismo Consejo de gobierno que condenó a Jesús a muerte y que después también persiguió a Pedro y a Juan. Esteban conoce los corazones asesinos de los miembros del Sanedrín; no obstante, testifica sin temor alguno lo que Dios está haciendo a través de Jesucristo y su iglesia. Esteban está mostrando cómo Dios trabaja entre la gente a pesar de los esfuerzos de esos gobernantes por oponerse a Dios. Esteban dice:

Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora (vv. 2-4).

Esteban dice que Abraham se quedó en Harán. ¿Qué tipo de lugar era Harán? Era muy semejante a la ciudad de la feria de Vanidad, un lugar de tentaciones y seducción.

Note la frase de Esteban: «Muerto su padre». Esas tres palabras lo dicen todo. Nuevamente, la Biblia no desperdicia palabras. Esteban está hablando ante el Sanedrín, un grupo de poderosos hombres de Medio Oriente. Quiero que escuche esta historia tal como ellos la escucharon, a través de la perspectiva de la cultura de Medio Oriente. Volveré a contarle la historia de Abraham y su padre, Taré. Quiero dejar en claro que esta es la versión de Michael Youssef de la historia y no tiene la autoridad de las Escrituras. Simplemente estoy usando mi «imaginación bautizada» para contar nuevamente la historia.

Las correas del delantal de Taré

Imagine conmigo la escena que tiene lugar en Ur de los caldeos. Dios le dice a Abraham: «Quiero que abandones Ur. Quiero que dejes atrás tu vida actual y que vayas a la tierra que te mostraré».

De modo que Abraham fue a la tienda de su padre, Taré, abrió la entrada de la tienda, y dijo: «¡Papá!». Bueno, al ser esto el Medio Oriente, probablemente le dijo: «¡Abba!»

—¿Qué pasa, Abram?

—Tengo que dejar Ur. Tengo que irme lejos.

—¿Irte? ¿A dónde vas a ir, hijo?

—No sé a dónde, Abba. Solo sé que Dios lo llamó Canaán, y Él va a mostrarme a dónde ir.

—¿Dios? ¿Cuál dios? Hay muchos dioses. Tengo una repisa entera llena de dioses. Dioses de oro, dioses de plata, dioses de hojalata...

—No, Abba. Hay un único Dios, y Él me está llamando a esa tierra lejana llamada Canaán. Voy a dejar mi ciudad natal e ir a esa tierra. y Abba, voy a tener que dejarte.

Ahora, la parte de la historia que estoy por describir enseguida es pura especulación de mi parte; no hallará esto en las Escrituras. Pero basado en mi conocimiento de la cultura del Medio Oriente, pienso que esto pudo ser lo que sucedió enseguida. Creo que cuando Taré escuchó a su hijo Abraham decir que iba a dejar Ur, su padre de Medio Oriente probablemente se puso como loco.

—¿Qué? —dijo Taré—. Abram, hijo mío, ¡no puedo creer que te haya escuchado correctamente! ¿Vas a dejar a tu pobre padre en Ur y salir disparado a lugares desconocidos? ¿Vas a abandonar a tu viejo, el padre que ha sido bueno contigo todos estos años? ¿Quién va a cuidar de mí en mi vejez? Abraham, hijo, ¿no me amas?

—Bueno, seguro, te amo, Abba. Pero Dios dijo...

—¡Dios dijo! ¿Desde cuándo los dioses nos hablan? ¡Mis dioses nunca me han hablado!

—Pero el único Dios verdadero habla, y él me ha dicho que vaya a Canaán. Me dijo que va a hacer una gran nación de mí.

—Abram, no puedes dejar Ur sin mí. Si vas a Canaán, yo también voy.

Las familias del Medio Oriente son muy unidas. A menudo, cuando un hijo quiere dejar la casa e irse lejos, los padres lo consideran un insulto. Abram amaba y respetaba a su padre, Taré. Lo honró al punto de que su obediencia al llamado de Dios fue estorbada. Taré acompañó a Abraham y a Sarai, y cuando llegaron a Harán, se detuvieron y se instalaron. Y ahí se quedaron hasta que Taré murió y Abram fue libre para continuar su peregrinaje hasta Canaán.

Si usted es padre de familia, tengo un consejo bíblico para usted: cuando sus hijos alcancen la edad en la cual deban vivir por su cuenta, corte las correas del delantal. Deles su independencia.Si tiene la clase de hijo que quiere ser dependiente, que está contento con vivir en su sótano y jugar videojuegos día y noche, entonces fuércelo a valerse por sí mismo. No le hace ningún favor a su hijo adulto al mantenerlo dependiendo de usted. No malcríe a su hijo ni lo haga sentir culpable por abandonar el hogar. Diga: «Sabes que siempre te amaré y te apoyaré, y siempre serás bienvenido al visitarnos. Siempre oraré por ti, pero es tiempo de que te ganes la vida y vivas tu propia vida».

Una razón por la que Dios llamó a Abraham para que abandonara Ur fue sacarlo de ese centro de idolatría. Dios quería alejar a Abraham de la mala compañía y el mal entorno. Quería alejar a Abraham de su antigua vida hacia su nueva vida en Canaán.

Abraham tenía un padre incrédulo. Como cristiano, usted debe siempre amar, respetar y honrar a sus padres. Si ellos son no creyentes, debe orar por ellos, testificarles y ser un buen ejemplo para ellos. Pero si alguna vez todo se reduce a elegir entre obedecer a sus padres y obedecer a Dios, siempre haga lo que Dios le llame a hacer.

Salga mientras pueda

Abraham le dijo a su padre que se iba a Canaán, y Taré dijo que él se iba también. Génesis 11:31 contiene un detalle fascinante: «Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán». ¿A quién llamó Dios? A Abram. Pero la Biblia nos dice que «tomó Taré a Abram su hijo». Si Dios llamó a Abram, ¿no tenía Abram que haber llevado a Taré en su travesía en vez de ser al revés? Parece que Taré, el padre de Abram, no dejaba a Abram ir a ningún lugar sin él.

No sé si usted ve el humor en esto, pero lo encuentro divertidísimo. Dios llamó a Abraham; pero Taré lo tuvo que llevar. Abraham no pudo o no quiso ir por su cuenta. Taré también llevó al sobrino de Abraham, Lot, y a la esposa de Abraham, Sara. Juntos partieron de Ur de los caldeos, con rumbo a Canaán.

A mitad de su camino, llegaron a Harán, y se establecieron ahí. ¿Por qué? Creo que es porque Harán era el hogar del gran templo de Sin, el dios de la luna. Tamara M. Green, directora del Departamento de Estudios Clásicos y Orientales en Hunter College, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, escribe: «La relevancia política de Harán en el período asirio se debió en gran medida a su deidad protectora, Sin, el dios de la Luna, y dador de oráculos, guardián de tratados cuyos ojos lo ven y conocen todo».4 El templo de Sin, añade la profesora Green, era llamado Ehulhul, que es el término sumerio para «Templo del Regocijo».

El padre de Abraham, Taré, vio el templo pagano del dios de la luna y pensó que había muerto y llegado al cielo pagano. Amaba la adoración a la luna en la ciudad de Harán. Para un adorador de la luna como Taré, la ciudad de Harán era como la Meca para los musulmanes, Salt Lake City para los mormones y el Vaticano para los católicos romanos. Este era el lugar de lugares, el Shangri-La de Taré.

Cuando Taré llegó a Harán, miró alrededor y dijo: —¡Yupi! ¡Abram, hijo mío, estoy muy contento de haber venido contigo! Olvida Canaán. ¡Quedémonos aquí! ¡Este lugar es el Disneylandia pagano!

—¡Pero Abba, Dios me llamó a Canaán!

—Canaán está a setecientas millas de distancia. ¿Por qué viajar tan lejos? Este lugar tiene que ser mejor que Canaán. ¡Aquí es donde está la diversión!

Habían llegado a Harán en la tierra de las concesiones. Habían llegado a la feria de Vanidad. Abraham estaba en gran peligro espiritual en Harán. Este lugar estaba lleno de tentaciones de materialismo e idolatría, que amenazaban con contaminar su fe en Dios.

Si usted se halla en Harán en este momento, le insto a salir mientras se pueda. Salga mientras aún sea posible. Salga mientras todavía pueda encontrar la voluntad de Dios. No se establezca en Harán. No se conforme con menos de lo mejor que Dios tiene.

Todos somos propensos a conformarnos con las seducciones mundanas que están por debajo del plan perfecto de Dios para nuestra vida. Lo sé. Yo personalmente he experimentado al menos dos «Harán» en mi vida. Me conmuevo nada más al pensar en este pasaje de las Escrituras, porque Dios me rescató y me salvó de mis dos experiencias en Harán. Llegó a mi corazón antes de que fuera demasiado tarde.

Mi oración por usted como lector de este libro es que no se conforme con Harán. Oro para que preste atención a esta advertencia en la historia de Abraham y salga de Harán sin demora. Póngase de rodillas y diga: «Señor, lamento haber transigido y haberme conformado con Harán. Siento haberme salido del camino que tú habías establecido para mí. Lamento haberme detenido antes de ir a Canaán contigo. Sácame de Harán, Señor, y prometo seguirte».

Sé sin sombra de duda que Dios se regocijará por esta oración, y le dará poder para actuar. A Dios le encanta cuando confiamos en Él incondicionalmente con todo nuestro corazón. Le encanta que nos despojemos de nuestra bendita seguridad y nos atrevamos a grandes cosas por Él. Le encanta cuando invertimos todo lo que somos y tenemos en su reino. Le encanta cuando contamos las estrellas que ni siquiera hemos visto: estrellas de sus promesas, estrellas que son nuestras incluso aunque las nubes de tormenta puedan ocultarlas de la vista.

Cuando contamos estrellas que ni siquiera hemos visto, estamos andando por fe y no por vista. Los ojos de la fe nos mantendrán en el camino correcto, siguiendo la visión de Dios para nuestra vida. Cuando seguimos nuestra propia sabiduría humana y nuestra visión mundana, nos quedamos atrapados en Harán.

Sea cual sea su Harán (y sospecho que Dios ya está trayendo algo a su mente algo que significa Harán para usted, algo que le hace sentirse atorado, atrapado e incapaz de moverse hacia Canaán), sea lo que sea, dígale a Dios ahora mismo que quiere dejar Harán atrás. Que quiere avanzar con Él. Que quiere regresar al camino y continuar su peregrinaje con el Señor. Dígale a Dios que está listo para moverse ahora mismo, luego dé el primer paso, sea cual sea. No se conforme con Harán. Salga mientras pueda. No espere hasta mañana o algún otro tiempo. Váyase ahora.

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