Kitabı oku: «El verdadero sexo seguro»

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El verdadero sexo seguro

Lo que la Biblia y la ciencia dicen acerca de sexo virtual, sexo casual, noviazgo, pornografía, virginidad, ETS.

Thais Souza y Michelson Borges


Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.

Índice de contenido

Tapa

El origen del sexo

1 - Sexo fácil, consecuencias complicadas

2 - Las mentiras que nos cuentan

3 - Amor y sexo, ¿son lo mismo?

4 - Virginidad: Preservando el presente (y el futuro)

5 - La ilusión de la pornografía

6 - Principales tentaciones del hombre y de la mujer

7 - Sexo antes, problemas después

8 - Lee el prospecto

9 - Lo que la Biblia dice acerca del sexo

10 - Lo que Elena de White dice acerca del sexo

11 - Inmoralidad en la frontera

12 - No todo está perdido

Apéndice A - Preguntas para analizar y reflexionar

Apéndice B - Conociéndote a ti mismo/a y a tu novio/a

El verdadero sexo seguro

Michelson Borges, Thais Souza

Dirección: Pablo M. Claverie

Traducción: Claudia Blath

Diseño de tapa: Mauro Perasso

Diseño del interior: Carlos Schefer

Ilustración de tapa: Shutterstock

Libro de edición argentina

IMPRESO EN LA ARGENTINA - Printed in Argentina

Primera edición, e - Book

MMXX

Es propiedad. © Asociación Casa Editora Sudamericana 2020.

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.

ISBN 978-987-798-313-5


Borges, MichelsonEl verdadero sexo seguro / Michelson Borges ; Thais Souza / Dirigido por Pablo M. Claverie. - 1ª ed . - Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2020.Libro digital, EPUBArchivo digital: OnlineTraducción de: Claudia Blath.ISBN 978-987-798-313-51. Sexualidad. I. Souza, Thais. II. Claverie, Pablo M., dir. III. Blath, Claudia, trad. IV. Título.CDD 649.65

Publicado el 20 de noviembre de 2020 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).

Tel. (54-11) 5544-4848 (opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)

E-mail: ventasweb@aces.com.ar

Website: editorialaces.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.

“El adúltero, el fornicario y el incontinente no gozan de la vida. No hay placer auténtico para el transgresor de la Ley de Dios. Sabiendo esto, el Señor ha puesto restricciones al hombre. Él dirige, comanda y categóricamente prohíbe [...]. El Señor sabe muy bien que la felicidad de sus hijos depende de la sumisión a su autoridad, y de vivir en obediencia a su norma de gobierno santa, justa y buena” (Elena de White, Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 112).

Introducción
El origen del sexo

Nuestro principal órgano sexual es, sin duda, el cerebro. Es él quien maneja todas las funciones, acciones y reacciones involucradas en esta actividad biológica aparentemente común pero extremadamente compleja. En el “momento clave”, es él quien ordena la producción de adrenalina, la hormona que aumenta la frecuencia cardíaca, al duplicar la cantidad de latidos cardíacos. Para dar más energía a los músculos, se le dice al pulmón que trabaje más rápido, aumentando el número de respiraciones de catorce a veinte por minuto. Otra orden cerebral estimula la producción del neurotransmisor del placer, la dopamina. Los genitales, que tienen sensores especiales (el clítoris, por ejemplo, tiene más de ocho mil terminaciones nerviosas), envían más mensajes de placer al cerebro, lo que estimula aún más el sistema nervioso. Durante las relaciones sexuales, se quemarán entre tres y cuatro calorías por minuto (más que durante una caminata normal). La descarga intensa de estímulos y sensaciones podría provocar el colapso del sistema nervioso, si no fuera por la producción de otras sustancias calmantes, esta vez, endorfinas. Y en ese punto, la relación culmina con el orgasmo (¡el cerebro de quien está experimentando el orgasmo se parece en un 95 % al de una persona que se acaba de inyectar heroína! ¡Con la diferencia de que los efectos en el cuerpo serán positivos en el caso del sexo, por supuesto!)

Cuando hay una liberación máxima de endorfina durante el orgasmo (en ese momento, el corazón pueden alcanzar los 190 latidos por minuto), las células nerviosas del cerebro descargan su contenido eléctrico, lo que promueve la relajación física total. En las mujeres, durante el clímax, también se libera otra hormona, llamada oxitocina (u ocitocina), responsable de la contracción del útero y otras cosas de las que hablaremos más adelante.

Por cierto, hablando de orgasmo, la historia de la portada de la revista Ciência Hoje de septiembre de 2010 publicaba el artículo “Los secretos evolutivos del orgasmo femenino”. Aunque recuerda mucho a las portadas de revistas femeninas, el artículo intenta abordar el tema desde una perspectiva científica. Intenta.

El autor teoriza que el placer obtenido en el momento de la eyaculación fue un regalo de la selección natural para el hombre. Pero también admite que “el papel biológico del orgasmo femenino, sin embargo, se considera un gran misterio. Para empezar, no hay sincronización entre el momento del orgasmo femenino y la liberación de óvulos por parte de los ovarios. [...] Esta ‘ovulación oculta’ contrasta fuertemente con lo que les sucede a las hembras de muchos otros mamíferos, quienes anuncian su estado fértil a través de colores brillantes, olores especiales y solicitudes ostensivas”. Eso suena más a una constatación de que los seres humanos son humanos; y los animales, animales.

Después de una explicación relativamente larga de la selección sexual (sin aclarar aún el misterio del orgasmo femenino), el artículo menciona que “la hipótesis más ampliamente aceptada hoy para explicar la evolución del sexo sostiene que la reproducción sexual ayuda a las especies a escapar de sus parásitos. La tasa de evolución de una bacteria, que vive unos veinte minutos, es mucho más rápida que, por ejemplo, la de un ser humano. Por lo tanto, a lo largo de nuestra vida, las bacterias tienen mucho tiempo para desbloquear los secretos de nuestro sistema inmunológico, lo que nos hace más susceptibles a sus ataques. Si nuestra reproducción fuera asexual, tendríamos hijos, nietos y bisnietos genéticamente idénticos, y cada generación tendría menos defensas contra estos parásitos. La reproducción sexual nos permite producir hijos e hijas genéticamente únicos en cada generación, lo que nos da una buena ventaja en la carrera evolutiva contra los parásitos”.

Es la vieja “explicación” de la ventaja de la reproducción sexual sobre la asexual; sin embargo, esto no explica cómo este tipo de reproducción pudo haber “surgido”, ya que depende de una doble mutación en distintos organismos, en las mismas generación y región, para que dos seres se encuentren, perciban que son perfectamente compatibles, sientan atracción, copulen y, ¡voilà!, generen otro ser a partir de la combinación de material genético también distinto. El texto se aleja del tema, ya que no hay una explicación satisfactoria para este “doble milagro evolutivo”. Pero ¿y el orgasmo femenino?

Después de algunas líneas más, el autor del artículo vuelve al tema: “Se han propuesto varias hipótesis adaptacionistas para explicar el orgasmo femenino. El zoólogo inglés Desmond Morris, en el libro clásico The Monkey Naked (1967), argumenta que la evolución de la postura erguida en humanos habría dificultado la fertilización, ya que en las mujeres humanas actuales el orificio externo del cuello uterino, a través del cual los espermatozoides deben penetrar, se encuentra en la posición superior de la vagina. Según esta hipótesis, la relajación muscular resultante del orgasmo induciría a la mujer a permanecer acostada después del acto sexual, lo que aumentaría sus posibilidades de fecundación. Sin embargo, la aparición del orgasmo en varios animales cuadrúpedos sugiere que esta hipótesis no es correcta. Otra hipótesis adaptacionista se basa en el hecho de que, dado que el bebé humano nace más indefenso que las crías de la mayoría de los animales, su supervivencia solo está asegurada por el cuidado de la madre y del padre. Según esta propuesta, los orgasmos, tanto masculinos como femeninos, serían un incentivo placentero para sellar la alianza de la pareja y fomentar la supervivencia de sus hijos. El problema con esta hipótesis es que el orgasmo, así como puede ayudar a crear un vínculo a largo plazo en una pareja, también puede ser un estímulo para que una pareja “salte la valla” y tenga relaciones sexuales extramaritales.

Como puedes ver, estos supuestos son insuficientes. No explican, solo complican. Y el autor vuelve a rodear Jericó: después de hablar sobre diferentes comportamientos sexuales en diferentes especies, escribe: “La hipótesis adaptacionista más intrigante sobre la evolución del orgasmo femenino [finalmente, ¿la revelación del secreto?] fue propuesta en 1970 por el inglés Cyril A. Fox y sus colaboradores, del Hospital St. Bartholomew de Londres, después de un estudio de presión intravaginal e intrauterina durante el coito. El estudio mostró que las contracciones de los músculos genitales femeninos durante el orgasmo crean una diferencia de presión que absorbe y transfiere parte de los espermatozoides desde la vagina hasta el canal cervical, lo que aumenta la posibilidad de fertilización. Es la llamada ‘hipótesis de succión’, que obtuvo un fuerte respaldo científico en 1993 cuando los biólogos Robin Baker y Mark Bellis, de la Universidad de Manchester (Inglaterra), estudiaron la transferencia de esperma en 35 parejas inglesas y entrevistaron a miles de mujeres sobre sus experiencias sexuales. Por lo tanto, el orgasmo femenino sería un mecanismo sofisticado que permite a las mujeres elegir, consciente o inconscientemente, cuándo quedar embarazadas. Es decir, un mecanismo típico de elección darwiniana para la mujer”.

El artículo también establece que “los orgasmos múltiples que ocurren después de la eyaculación serían un mecanismo femenino para asegurar el éxito reproductivo del acto sexual”. Conclusión: el orgasmo favorece la reproducción. Ok, eso no se discute. Pero el secreto anunciado permanece sin ser revelado: ¿Cómo surgió este “mecanismo sofisticado” de placer? No se puede ignorar el hecho de que, para que el orgasmo se “active”, se necesitan varios elementos interconectados: nervios, músculos, hormonas específicas, señales electroquímicas, etc., etc. Traduciendo: complejidad irreductible.

Desde el punto de vista darwiniano, el secreto del orgasmo femenino sigue siendo eso: un secreto. Desde un punto de vista creacionista, además de un regalo extra del Creador (ya que va más allá del mandato de reproducción), el orgasmo revela una gran cantidad de diseño inteligente. Pero también implica la concepción de una nueva vida: otro milagro planeado por el Creador.

Después de la eyaculación, los espermatozoides viajan hacia el óvulo a una velocidad de 11 centímetros por hora, ¡lo que equivale a un atleta que nada 10 metros por segundo! El viaje al sitio de fertilización dura 50 minutos. El óvulo es la célula humana más grande, mientras que el esperma es la más pequeña. Alrededor de 300 millones de espermatozoides son expulsados en cada eyaculación. En la vagina, su misión no es fácil, ya que tienen que sobrevivir a las duras condiciones ácidas del medio ambiente. Millones de espermatozoides son destruidos allí. Los más fuertes que sobreviven y alcanzan el cuello uterino se benefician por las contracciones musculares leves. Solo unos pocos millones se acercan al óvulo y un solo espermatozoide lo fertiliza: el más preparado y saludable. Un verdadero control de calidad.

En el exterior, el embarazo es inicialmente imperceptible. En 40 semanas, una sola célula se especializa en diferentes tipos de células, tejidos, órganos... y se convierte en un bebé. A través de una membrana, la madre pasa los nutrientes al niño. Gana más de 850 gramos en 10 semanas. El útero se agranda para poder alojar al feto. El cuerpo materno tiene que reorganizarse para poder albergar al bebé en crecimiento. Los órganos se reorganizan: están apretados en la espalda o presionados contra el pecho. También tienen que trabajar el doble, como los pulmones o el corazón.

Los músculos de la espalda se relajan y se doblan. El estómago gira y queda “aplastado”. La madre puede comer poco por vez, incluso si el bebé le exige muchos más nutrientes que antes.

Después de nueve meses (en promedio), un bebé de más de tres kilos será expulsado. Los músculos pélvicos se relajan y el cuerpo del bebé gira para pasar a través de los huesos de la pelvis de la madre, especialmente diseñados para esta función.

Por lo tanto, la concepción, la gestación y el nacimiento de una nueva vida dependen de una serie de factores que deberían funcionar correctamente desde el principio o, de lo contrario, el primer bebé nunca habría llegado al mundo. Es un proceso que debía diseñarse de manera inteligente para funcionar correctamente la primera vez. Este pensamiento llevó a Ken Taylor a escribir, en su libro Believe To See [Creer para ver]: “Parece ser mucho más fácil creer en un Dios que creó al hombre y a la mujer que en una mutación simultánea que [hubiera producido] un macho y una hembra en una misma generación en un mismo lugar”.

De hecho, el sexo es una de las mayores evidencias del diseño inteligente en la Creación. Desde un punto de vista evolutivo, la existencia de la reproducción sexual es realmente una gran paradoja, como admite el biólogo evolutivo Richard Dawkins en El relojero ciego. A pesar de algunas sugerencias ingeniosas de los darwinistas ortodoxos, no hay una explicación darwiniana convincente para la “aparición” de la reproducción sexual.

En la reproducción asexual, todos los descendientes son clones de un pariente, distintos de él solo en detalles provenientes de la mutación. Por otro lado, la reproducción sexual genera diversidad y ayuda a eliminar mutaciones dañinas.

Realmente parece que la mejor explicación para el origen del sexo radica en un diseño inteligente: el libro del Génesis afirma que Dios creó el sexo como un regalo para la primera pareja, para ser disfrutado dentro del matrimonio, en una relación de amor y compromiso (volveremos a este tema en el capítulo 10). El sexo, según la Biblia, sirve tanto para proporcionar placer y satisfacción en la relación (y simplemente basta con leer Cantares para averiguarlo, ya que no se habla de hijos), como para permitir la reproducción de la especie (recuerda que los seres humanos no dependen del celo y pueden disfrutar del sexo en cualquier momento).

Y, si el sexo tiene que ver con un diseño inteligente, la actitud humana más inteligente sería disfrutarlo de acuerdo con las pautas del Diseñador, tanto científicas como bíblicas. De esto se trata este libro.

* Todas las citas bíblicas de este libro han sido extraídas de La Biblia, Nueva Versión Internacional.

Capítulo 1
Sexo fácil, consecuencias complicadas

Hace algún tiempo, cuando escribí un artículo científico sobre cómo las actitudes desarrolladas en la etapa del noviazgo afectan la calidad y la satisfacción del futuro matrimonio, me hallé con la inmensa dificultad de encontrar publicaciones científicas acerca del noviazgo entre adolescentes y jóvenes. Me pareció extraño. Después de todo, el noviazgo entre adolescentes y jóvenes ¿no es una realidad totalmente difundida, incluso a una edad temprana? ¿Por qué no hay casi nada sobre esto? Entonces, se me ocurrió que tal vez podría ser un buen comienzo la idea de buscar algo sobre ficar, término portugués que se refiere a las relaciones informales y fugaces, a menudo de solo una noche. ¡Y me sorprendió cuando encontré mucho material sobre este tipo de relación! De hecho, no debería haberme sorprendido tanto, ya que recibo muchas solicitudes de asesoramiento de jóvenes que hacen preguntas sobre sus experiencias con esta clase de relaciones efímeras.

Y ¿qué tiene que ver esto con el hecho de que el sexo es tan común hoy en día en las relaciones prematrimoniales? Estas relaciones informales, sin componente afectivo, se caracterizan por la falta de compromiso, la brevedad de la relación y la presencia no obligatoria de un sentimiento, digamos, “serio” por parte de otra persona. En otras palabras, es una relación libre. Las dos personas involucradas no necesitan tener algún tipo de afecto mutuo (recuerda que el afecto es diferente de la atracción física o el interés; es más elaborado, más profundo, más sólido). Finalmente, en esta clase de relaciones informales, debe haber atracción física o sexual, y el deseo de satisfacer sus deseos en cuestión de minutos u horas, y puede extender esta relación por unos días, pero manteniendo las reglas de desconexión.

Más allá de esta descripción, es un tipo de relación en la que las dos personas involucradas buscan el placer a partir de la seducción, y lo que suceda a partir de allí dependerá del deseo común de los dos: besos, abrazos, “toqueteos”, caricias sexuales, o incluso sexo casual.

Cierta vez, un grupo de jóvenes definió estas relaciones informales como “la oportunidad de besarse y estimularse mediante toqueteos solo por una noche, solo para ‘disfrutar’ sin compromiso. Y luego podemos encontrarnos nuevamente para hacer lo mismo o no. Dependerá de si ‘hay química’ o si nos gustaron los ‘toqueteos’. Si no nos gustó, no hay problema. Actuamos como si nada hubiera pasado.”

“Toquetearse” sin querer tener relaciones sexuales o, al menos, estimularse sexualmente, es muy difícil. Nuestro cuerpo reacciona muy bien ante los estímulos, especialmente en zonas erógenas (senos, muslos, glúteos, órganos sexuales, cuello, etc.). Se trata de “acción y reacción”. A menudo, incluso podemos pensar que un beso en la boca no representa ningún peligro para la relación de noviazgo. Por supuesto, hay besos y besos. Pero un beso largo, “acalorado” y bien dado produce sensaciones y deseos sexuales. No es de extrañar que las relaciones sexuales generalmente comiencen a partir de un beso, que tomará nuevas proporciones hasta que la pareja tenga relaciones sexuales. Por lo tanto, es importante, de hecho, cuidar la intensidad del beso cuando la pareja decide no participar sexualmente en el período del noviazgo. De lo contrario, es como poner leña al fuego, sin querer que se encienda.

Y, si un beso puede producir reacciones físicas de placer y estimulación sexual (no es raro que los hombres tengan erecciones y que las mujeres tengan lubricación vaginal durante un beso prolongado en la boca), cuánto más si es acompañado por caricias en partes estimulantes del cuerpo. ¡No hay duda de que esto es delicioso! Pero, la precaución se hace necesaria, porque cuando se estimula el centro del placer, nuestra capacidad de razonamiento disminuye. Por eso, muchas parejas, después de tener relaciones sexuales, dicen esto: “Nos estábamos besando y acariciando mutuamente. Estábamos seguros de que no pasaría nada más. Pero, de repente sucedió. Cuando nos dimos cuenta, ya habíamos tenido relaciones sexuales”. Por lo tanto, no es prudente suponer que la decisión de no tener relaciones sexuales antes del matrimonio será suficiente para que no ocurra la intimidad sexual. Al mismo tiempo, debe haber actitudes de precaución de ambas partes de la pareja.

Pero, volviendo al tema de las relaciones informales efímeras, lo que generalmente está involucrado en motivar esta relación es la posibilidad de la satisfacción inmediata de los deseos. Y este carácter impulsivo casi siempre termina camuflando la necesidad de que, tanto el muchacho como la chica, evalúen racionalmente las características del otro, lo que sería interesante para tener en cuenta a la hora de elegir a alguien con quien ponerse de novio. Después de todo, si la intención es solo besarse, la pregunta que se hacen es: “¿Por qué considerar cómo es realmente la persona, qué religión tiene, qué piensa de la vida, cuáles son sus objetivos, cómo son sus amigos, qué estudia, etc.?

Resulta que no podemos garantizar que involucrarte con alguien en estas relaciones efímeras sea puramente superficial, y punto final. Las emociones nos engañan y, por mucho que una joven o un joven juren que “serán solo unos pocos besos”, puede ser que se genere más de un sentimiento y, como ya están juntos, el “tamiz”, el “filtro” requerido para evaluar a este candidato a novio ya no exista; el placer de los besos, las caricias físicas y, tal vez, la relación sexual, tienden a superponerse con el análisis racional de la supuesta relación.

Cierta vez, una joven me escribió, diciendo: “Thais, necesito ayuda. No puedo romper mi noviazgo. Veo en mi novio muchas cosas que no me convienen. No me puedo imaginar casándome con él. Somos muy diferentes. Peleamos mucho. Pero todo se me va de la cabeza cuando nos besamos. Sabes, ni siquiera nos conocíamos muy bien. Comenzamos con una relación informal y nunca imaginé que nos pondríamos de novios. Era tan bueno cuando nos besábamos y nos acariciábamos el uno al otro que, sin importar cuánto peleáramos, al día siguiente terminábamos encontrándonos y comenzando todo de nuevo. Y así sigue hasta hoy. Cuando vuelvo a casa después de salir con él, pienso: ‘No coincido con él. Me da vergüenza presentarlo como mi novio a otras personas. Necesito terminar’. Pero nunca tengo el coraje, porque parece que no podré estar sin esta pasión que me llena cuando me besa. ¿Eso es amor? Estoy confundida. Creo que tengo que terminar. ¿Qué hago?”

Eso no es amor. Nota que esta joven puede ver que la relación no funcionará, pero la pasión que proporciona la intimidad física y las reacciones físicas agradables le hacen pensar (al menos en el momento de la intimidad) que todo está bien con la relación y que quiere y necesita quedarse con él. Es decir, no es cierto lo que piensan muchos jóvenes (y también adultos solteros), que está bien comprometerse físicamente más profundamente con alguien, porque podrán separar racionalmente el placer físico si tienen que evaluar la relación real. Las emociones son fuertes y nublan el raciocinio.

Lo que esta joven siente por el muchacho es atracción física y deseo sexual. Pero, aparte de eso, no coinciden. Si fuera amor, ella tendría admiración por él (por lo que es, no por sus besos y sus caricias solamente); gustaría de su compañía, independientemente de los besos y las caricias; tratarían de resolver sus disputas con respeto y la voluntad de ayudarse a sí mismos; sentirían placer por conversar y por la amistad que el noviazgo también implica. Pero, tal como está, ¿qué será de ellos (si no terminan) cuando se casen, y los besos, las caricias y el sexo dejen de ser una novedad? ¿Qué otra cosa contribuirá a que permanezcan juntos? Son diferentes. No coinciden. Ella estará avergonzada de él. Probablemente no permanecerán juntos, porque lo que los une es el placer sexual o físico, no la intimidad afectiva, que es algo que analizaremos más adelante.

¿Por qué la gente entabla relaciones informales efímeras?

Esta pregunta es interesante porque, si bien las personas hablan mucho sobre la libertad, anhelan ese amor romántico eterno y duradero.

Hay varias razones por las cuales los jóvenes eligen estas relaciones informales además del placer momentáneo, como ya hemos mencionado. Aunque vivimos en una sociedad muy individualista, algunas personas tienen grandes dificultades para lidiar con la soledad. Sienten una necesidad constante de estar con alguien. Por supuesto, generalmente somos personas sociables, y es bueno que estemos rodeados de otras personas. Pero hay quienes no pueden soportar pasar tiempo a solas. Se separan y la próxima semana ya se están involucrando con alguien más. Buscan resolver un sentimiento de necesidad afectiva, siempre a través de nuevas relaciones. Con este “impulso” de tener a alguien con ellos, terminan en relaciones rápidas y breves. Esto les impide aprender a ser buenos por sí mismos; algo que es un buen requisito previo para una relación saludable. Cuando podemos estar solos y sentirnos bien, generalmente significa que no “sofocaremos” a otra persona cuando comencemos una relación, y no haremos recaer sobre ella toda la responsabilidad por hacernos felices.

Otra razón para entablar una relación informal efímera es el hecho de que se la considera solo una forma de diversión, e incluso un juego, algo para apostar entre amigos: “¿Cuánto te apuesto a que puedo acostarme con esa chica?” “¿Cuánto te apuesto a que termino con cinco esta noche?” “Dudo que puedas acostarte con ese chico”. Y así sucesivamente. A veces parece una forma de mostrarle al grupo de amigos lo que puedes hacer; como una forma de elevar la autoestima o mejorar la visibilidad y el valor entre amigos. Resulta ser una forma de afirmación propia.

También se puede entrar en relaciones efímeras en un intento de “ahogar el dolor” de una relación rota, para desestresarse después de una intensa semana de pruebas (“¡Ah, merezco unos buenos besos para relajarme!” He escuchado a mucha gente decir eso), o la presión del grupo o la familia, que viven diciendo: “¿Por qué nunca has tenido novio?”

A partir de mis sesiones de consejería, puedo decir que el 50 % me consulta a causa de su matrimonio; el 40 % por su noviazgo; y el 10 % se refiere a otros problemas (depresión, ansiedad, culpa, adicciones, abuso, crianza de niños, etc.). Cuando alguien me cuenta acerca de una relación de noviazgo o incluso acerca de un matrimonio que no está funcionando, generalmente trato de saber qué está pasando, cómo las dos personas lidian con eso y cómo comenzó esa relación.

Es muy común que las relaciones problemáticas hayan comenzado impulsivamente; es decir, sin mucho pensamiento, sin mucho análisis. La gente a menudo repite que “hay que pensar mucho antes de tomar una decisión de matrimonio”. Pero ¿alguna vez has pensado que también es muy importante pensar antes de tomar la decisión de comenzar una relación amorosa? Hay que pensar muy bien en quién es la persona, cómo es ella, en qué concuerdan, en qué disienten, cómo trata con otras personas, cómo suele lidiar con sus sentimientos y una serie de otras cosas que analizaremos más profundamente en el capítulo 8.

Otra razón (creo que la más importante y significativa) que lleva a las personas a buscar relaciones más superficiales es una dificultad que tenemos con la cercanía afectiva, especialmente en el mundo del “no me toques” en el que vivimos. Hoy nada puede frustrarnos. Nada puede salir mal. No podemos sentir tristeza. Si alguien está triste, tiene que “intentar” ser feliz pronto. ¿Qué solemos escuchar cuando estamos tristes? “Oh, deja de pensar en eso. ¡Olvídalo! ¡Avanza!” Por supuesto, llega un momento en el que realmente debemos esforzarnos por no seguir pensando en aquellos problemas que ya se han resuelto o no se resolverán. Pero también hay tiempo para sentir tristeza, lidiar con el dolor, llorar por la frustración y, luego, dejar ir la tristeza. De lo contrario, permanece allí, camuflada, sin resolver. Escondida debajo de la alfombra.

Pero ¿por qué estoy hablando de esto? Debido a que cualquier relación puede salir mal, una forma en que las personas evitan la frustración es también evitar las relaciones más sólidas, más duraderas, más profundas y más serias. Porque de esa manera, al ser superficial y placentero al mismo tiempo, si algo amenaza con salir mal, se termina con la relación y punto final. Por lo tanto, se quedan solo en los besos, caricias sexuales y sexo, sin intimidad afectiva (que implica respeto, amistad, conversación, interés en el bienestar de los demás, admiración, cuidado, afecto no sexual). Se limitan a la superficialidad afectiva y no se miden en términos de intimidad física. Y, en este tipo de relación, si algo sale mal, la solución que generalmente se encuentra es romper y cambiar de pareja, en lugar de aprender a construir una relación sólida de noviazgo, un requisito previo básico para un buen matrimonio.

¿Y el noviazgo?

¡Qué bueno es estar de novio! ¡Caminar de la mano, pensar en el otro, sorprenderlo, enviar mensajes, sentir que pertenecemos a alguien, recibir llamadas cariñosas, regalos, besos, abrazos, tener intimidad sexual…! ¡Bueno! ¿Sientes todo eso (además de tener intimidad sexual)? Sí, muchas parejas de novios me han pedido consejos: “¡Pero, hemos estado saliendo durante tres años! ¿Cómo vamos a contenernos?” o “Pero, ya estamos haciendo planes para la boda. ¡Necesitamos saber si combinamos en la cama!” o “Pero ¿cómo voy a demostrarle que lo amo si, cuando él quiere avanzar en la intimidad sexual, le digo que no?” o “¿Cómo les voy a decir a mis amigos que todavía no me acosté con mi novia?” o “¡Ah, llega un momento en que besarse no es suficiente!” Quizá te identifiques con tales situaciones.

Pero, antes de responder cada una de estas preguntas, aquí hay algunas para ti: ¿Alguna vez has pensado en el propósito del noviazgo? ¿Para qué es el noviazgo? Una respuesta muy rápida que escuchamos es: “Conocer a la otra persona”. Cuando un amigo comenta con el otro “¡Qué bueno! Entonces ¿tú y ella están saliendo?” A menudo escuchamos: “Bueno... nos estamos conociendo”. Y es verdad. El noviazgo es una fase de conocimiento. Pero ¿conocimiento de qué? ¿Del cuerpo?

Volvamos a nuestra sociedad, que teme relaciones más profundas y sólidas. Hoy en día, hay muchas personas que entienden que el noviazgo es solo algo más que una relación informal; es decir, sería solo una relación amorosa en la que dos personas que se aman pasan tiempo juntas, se sienten físicamente atraídas, se encuentran interesantes y permanecen juntas hasta que sea conveniente para ambas (con la diferencia de que existe cierto compromiso, que no existe en las relaciones efímeras).

El noviazgo debe ser más que una relación casual, que “se va dando”. Por supuesto, no podemos comenzar una relación con la certeza de que terminará en el casamiento o que le juraremos amor eterno a nuestro novio, ¡y ya planear cuántos hijos tendremos! Pero, si alguna vez tienes la intención de casarte, se entiende que estás comenzando una relación con una persona con la que, supuestamente, podrías casarte. Y esa, ciertamente, no sería cualquier persona. Sería complicado casarse y vivir el resto de tu vida con una persona cualquiera. Probablemente, elegirías bien. Incluso hasta tengas una listita (mental o incluso escrita) de cómo te gustaría que sea esa persona. Es decir, cuando pensamos en el matrimonio, tendemos a tener mucho cuidado con nuestro futuro cónyuge. Si tenemos cuidado al pensar en la futura esposa o en el futuro esposo, ¿no debería serlo también al elegir a nuestro novio o novia, que finalmente podría ser nuestro cónyuge?

Y ¿qué tiene que ver el sexo en el noviazgo con esta elección criteriosa? En la Introducción a este libro (“El origen del sexo”), ya puedes hacerte una idea de cuán complejas son las actividades cerebrales y hormonales que se accionan en el momento del sexo. Así que, aquí va más información neuroquímica para ti: hay una región del cerebro llamada corteza prefrontal, ubicada en la parte anterior del lóbulo frontal (hablaremos más sobre esto más adelante). Esta región es responsable de las funciones de planificación del comportamiento, del razonamiento lógico, de la toma de decisiones y de la capacidad de evaluar situaciones. Es decir, es una región que debería trabajar con intensidad durante el noviazgo (después de todo, ¡debes pensar para tomar buenas decisiones!). Pero, en el momento del sexo, nuestra corteza prefrontal “va al banco de suplentes”, y el sistema límbico, la región del cerebro relacionada con los instintos y las emociones, “nubla” la razón. Con el sistema límbico tomando el control de la situación, nuestra capacidad de razonar y pensar lógicamente casi desaparece, dando paso a una avalancha de placer.

Guarda esta información y agrega esto: cuando una persona tiene relaciones sexuales, hay una gran producción de una hormona llamada dopamina, responsable de la sensación de placer. La dopamina estimula el deseo, causando un torrente de placer en el cerebro. Y después de esta descarga de placer, el cerebro pasa a sentir la falta de esta sensación, lo que dificulta el comportamiento de abstinencia luego de haber comenzado las relaciones sexuales. La probabilidad de que la pareja de novios preste más atención a los sentimientos de excitación que a los sentimientos de afecto es alta una vez que han tenido relaciones sexuales.

Además, otra hormona que entra en juego es la noradrenalina, la “sustancia de la memoria” (también hablaremos más sobre esto más adelante). Cuando experimentamos una situación en la que hay mucha emoción involucrada y los sentidos se agudizan (tacto, olfato, vista, oído y gusto, como en el caso del sexo), la noradrenalina se libera en el cerebro y “atrapa” esa experiencia y la fija como un recuerdo. Debido a que los encuentros sexuales son tan emocionales y sensoriales, el cerebro responde con una dosis de esta sustancia y fija cada experiencia en tu mente, haciendo que la abstinencia sexual sea muy difícil una vez más debido a los recuerdos sensoriales que han sido capturados y permanecen en la memoria.

Volviendo al tema de la elección criteriosa, la experiencia sexual en un contexto en el que dos personas se están conociendo toma el lugar de la necesidad que tienen los novios de evaluar aspectos de la personalidad del otro para la futura toma de decisión en relación con el casamiento o a la finalización del noviazgo. Debido a que el sexo es bueno, es placentero, es agradable, muchas parejas que no se llevan bien y que tienen diferencias notables e importantes entre ellas, que dañarán el futuro de la relación, permanecen juntas porque quedan confundidas por sus propios sentimientos. “No puedo soportar sus celos... ¡pero el sexo es tan bueno!” “No puedo soportar la forma en que se comporta con mis amigos... ¡pero el sexo es tan bueno!” “Nunca podemos resolver un problema que surge en nuestro noviazgo. Somos muy diferentes. Pero el sexo es tan pasional...” El placer que rodea al sexo enmascara nuestra visión de otros temas que deberían considerarse en una relación de noviazgo.

¿Qué pasa después? La pareja de novios se casa muy influenciada por el sentido del placer y la relación sexual, y después del matrimonio, cuando el sexo es parte de la rutina matrimonial, los dos comienzan a “tener ojos” para las otras características del cónyuge, que deberían haber evaluado previamente: “¡Qué aburrido es!” “¡Qué celosa es!” “No le interesa Dios”. “Ella no tiene metas en la vida”. “Él quiere viajar por el mundo y yo quiero quedarme en la misma ciudad”. “Ella quiere hijos; yo, no”. Y así sucesivamente: cuestiones cruciales que deben ser abordadas durante el período de noviazgo, y que están camufladas por la intensidad del placer sexual.

El placer sexual será bienvenido en el contexto del matrimonio, cuando ambos hayan decidido permanecer juntos por lo que son, por el afecto que sienten el uno por el otro, por la admiración y el respeto, por la amistad, también por la atracción física, por la forma de pensar en la que coinciden, por los objetivos de la vida que se entrelazan. No será el sexo lo que mantendrá a la pareja unida. El sexo será un regalo para ellos. ¡Será un plus! E incluso cuando forme parte de la rutina del matrimonio, todavía estarán felices de estar en compañía del otro, porque se han elegido de manera mucho más profunda y completa que solo por el placer sexual.

¿Tiene sentido para ti?

Volviendo a las preguntas planteadas antes:

“¡Pero hemos estado saliendo por tres años! ¿Cómo vamos a aguantar?

Respuesta: Recuerda el propósito del noviazgo: conocimiento intelectual, emocional y espiritual de la otra persona. La pareja puede decirme: “Pero ya nos conocemos lo suficiente”. Primero, nunca conoceremos a nadie lo suficiente, incluso dentro del matrimonio. Así que, siempre tenemos cosas por conocer el uno del otro. En segundo lugar, si ya tienen la edad, la madurez y las condiciones financieras y sociales para casarse, entonces sería importante evaluar, a partir de su conocimiento mutuo, lo que quieren para el futuro de la relación. ¿Es la boda? Si es así, ¿qué están esperando? Si no, ¿por qué continuar? Si no están seguros, es una señal de que necesitan conocerse más. Y ¿cómo van a aguantar? Si desean continuar la relación pero necesitan esperar para casarse por alguna razón, algunos comportamientos que pueden ayudar son: (1) eviten besos y caricias largos y excitantes; (2) eviten quedarse a solas en lugares donde saben que, si las caricias comienzan, será muy difícil detenerlas (la habitación del otro, el automóvil, las playas solitarias, etc.); (3) hablen entre ustedes sobre el propósito que ambos tienen para el noviazgo, con el fin de que se sientan responsables de la relación y lo recuerden; y (4) entréguense diariamente a Dios de manera individual, a fin de que él pueda fortalecerlos para que sigan siendo obedientes a las orientaciones dadas por el Creador para el noviazgo y el sexo.

“¡Pero ya estamos haciendo planes para la boda! ¡Necesitamos saber si funcionará en la cama!

Respuesta: Primero, es importante que la pareja recuerde que lo que sostiene una relación matrimonial no es el sexo, sino la intimidad afectiva. ¿Qué quiero decir con esto? Si durante el noviazgo, ustedes, que se supone que se quieren mucho, tiene relaciones sexuales y sienten que la relación no fue tan buena, ¿es esa una razón para romper? Si es así, es porque no se quieren lo suficiente como para casarse. Después de todo, ¿alguna vez te has detenido a pensar que muchas personas tienen dificultades sexuales de por vida? (hablaremos más sobre esto más adelante). Y si no, entonces puedes estar seguro de que, dentro del matrimonio, podrán adaptarse a las relaciones sexuales. Los cónyuges pueden y deben hablar sobre lo que les gusta, lo que no les gusta, lo que los enciende, lo que quieren el uno del otro, en qué parte de su cuerpo prefieren que los toquen, y todo esto permite que la relación sexual dentro del matrimonio sea perfeccionada a lo largo de la vida.

Además, el sexo no mejora como resultado de la práctica física (aquel pensamiento de que “cuanto más lo practique, mejor será, más capaz seré”), sino como resultado de niveles más profundos de intimidad afectiva, confianza y compromiso.

Las investigaciones muestran que las personas casadas están más satisfechas sexualmente que las que tienen relaciones sexuales prematrimoniales. Una de esas investigaciones, realizada por la Universidad de Chicago, dejó en claro que las parejas monógamas casadas registran los niveles más altos de satisfacción sexual: 87 % en el acto sexual y 85 % en la satisfacción emocional. Y las mujeres que guardan el sexo para el matrimonio enfrentan un riesgo de divorcio mucho menor que las que tienen relaciones sexuales antes del matrimonio, según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud de la Universidad de Maryland (probablemente porque se casaron según el análisis de las características emocionales, intelectuales y espirituales de la otra persona, en lugar de depender del placer sexual; y por la ausencia de comparación del cónyuge actual con las parejas anteriores para el desempeño sexual). Presentaremos otras investigaciones y estadísticas interesantes a lo largo del libro.

También considera que el mal sexo es generalmente una consecuencia de una mala relación afectiva, no de la falta de práctica. Si es así, las personas casadas durante mucho tiempo no tendrían problemas sexuales.

“Pero ¿cómo voy a demostrarle que lo amo, si cuando él decide avanzar le digo que no?”

Respuesta: El amor no se muestra a través del sexo. El sexo es solo una de las expresiones del amor, que está reservada para el matrimonio. Antes de eso, una de las principales demostraciones de amor que se puede dar a los demás es el respeto por sus creencias y sus decisiones. Si ya han hablado acerca de los límites del noviazgo y él (o ella) insiste en tener relaciones sexuales, es importante que mantengas un ojo abierto porque, o tiene dificultades para aceptar y respetar una opinión contraria, o puede tener dificultades para lidiar con los límites, o incluso haber desarrollado algún tipo de compulsión sexual (adicción a la pornografía, masturbación).

Por supuesto, es muy normal que una pareja tenga deseo sexual el uno por el otro. Es normal que uno desee al otro, que quiera besar, acariciar y relacionarse sexualmente. Sería anormal no sentir nada de eso. Pero, cuando ambos hablan de eso y de lo que han decidido para la relación (tener sexo o no), se espera que los dos trabajen juntos para hacerlo posible, ayudándose mutuamente en lugar de siempre estar tentando al otro.

Es importante recordar que decir “no” a las caricias más íntimas no te hace poco interesante, aburrido e insulso. Hay personas que creen que siempre deben ser seductoras para llamar la atención de los demás. Por lo tanto, siempre se insinúan, provocan y se comportan de una manera que hace que el otro lo desee sexualmente. No es la seducción lo que mantendrá el interés de tu novio. ¡Eres tú como un todo! Si tu novio te ama y no deseas tener relaciones sexuales antes del matrimonio, su expresión de amor será el respeto por ti. Si hay chantaje en su lugar, es mejor repensar la continuidad de la relación.

“¿Cómo les voy a contar a mis amigos (o amigas) que todavía no me acosté con ella/él?”

Respuesta: La misma respuesta anterior se aplica a esta. Si tus amigos no respetan tu decisión de mantenerte virgen hasta el matrimonio, tal vez necesites revaluar tus amistades. Eso no quiere decir que no puedas tener un amigo o una amiga que piense diferente. Pero él o ella necesita respetarte a ti y a tu decisión. Los chistes, las bromas pesadas y las burlas relacionadas con tu decisión son actitudes de falta de respeto. Y, además, piensa en lo siguiente: tu vida íntima no necesita ni debe ser compartida con otras personas. No necesitas salir a decirles a tus amigos que tuviste o no relaciones sexuales. Hoy está de moda publicar lo que debería ser privado. No es casualidad que las redes sociales estén llenas de publicaciones de todo lo que la persona hace durante el día: qué come, qué piensa, qué hace o deja de hacer, a dónde va, con quién sale. Todo se hace público. Pero, con respecto a tu vida íntima, la misma palabra ya lo dice: es íntima. Entre tú y Dios. Y, si necesitas ayuda y consejos, debes buscar a alguien maduro, confiable y preparado para orientarte.

“¡Ah, llega un momento en que besarse no es suficiente!”

Respuesta: Realmente, cuando nos involucramos físicamente con otra persona (no estoy hablando de sexo, sino del contacto físico con alguien que nos gusta y por quien nos sentimos físicamente atraídos), el deseo sexual crece, especialmente cuando vamos poco a poco (o rápidamente) “dándole alas”, prolongando el beso, haciéndolo “más caliente” y avanzando en las caricias.

Por supuesto, también puede darse el caso de que dos personas que han decidido permanecer castas en el período del noviazgo, y que se esfuerzan por no superar los límites del afecto físico, sientan que con el tiempo el deseo de avanzar en la intimidad sexual crece, a medida que también se desarrolla el sentimiento y el afecto por esa persona. Sin embargo, una vez más, la razón debe entrar en juego. Si los novios no tienen la edad suficiente para casarse, si aún no son maduros emocionalmente, si todavía quieren hacer otras cosas en la vida antes del matrimonio (terminar sus estudios, viajar, trabajar, etc.), si aún no tienen una estructura financiera y social que dé soporte a su matrimonio, es importante que se recuerden a sí mismos y entre sí el propósito que buscan al estar de novios, para que continúen ayudándose mutuamente a que el “clima no se encienda”.

Cierta vez, una joven se me acercó con este planteamiento: había estado de novia durante algunos años y decidió con su novio que se comprometerían. Ella dijo: “No podemos aguantar más solo besándonos. Si nos vamos a casar, ¿cuál es el problema de tener al menos una relación sexual solo para sacarnos las ganas?” Le dije que era un error pensar que las ganas desaparecerían luego de una relación sexual. ¡Por el contrario, aumentaría! Meses después, ella me contactó nuevamente: “Thais, necesito ayuda. ¿Recuerdas cuando te hablé la última vez? Sí, terminamos cediendo a ese pensamiento de que una vez ayudaría a hacer que se fuera el deseo de ir más allá de los besos. Pero, luego aumentó el impulso y fue muy difícil encontrarnos y no terminar nuestro encuentro con el sexo o las caricias. Y lo peor sucedió. Todo estaba bien, cuando de repente mi novio (que pronto se convertiría en mi prometido) decidió que no estaba listo para casarse y decidió irse a estudiar fuera del país y dejarme. ¡Estoy acabada! Me entregué a alguien que estaba segura de que sería mi esposo, ¡y ahora no es nada más! Estoy quebrada emocionalmente y necesito ayuda”.

Los jóvenes, los adolescentes o incluso los adultos solteros que leen este libro deben recordar algo: las emociones fluctúan y, hasta que no se haya tomado una decisión racional y afectiva sobre el casamiento y el matrimonio haya sido en verdad realizado, todo puede cambiar. Si alguna vez has estado de novio y tuviste que romper, sabes lo doloroso que es el proceso de cicatrización del dolor de la ruptura debido al afecto que se había creado y nutrido a lo largo de la relación. Cuando hay relaciones sexuales involucradas, este sufrimiento aumenta considerablemente, porque se ha creado un vínculo más profundo todavía entre dos personas y se ha roto abruptamente.

¿Vale la pena entrar en la onda del sexo fácil? ¿Es cierto todo lo que nos dicen sobre las relaciones sexuales fuera del contexto del matrimonio (la promesa de felicidad, satisfacción, madurez, éxito con el sexo opuesto, placer total)?

Tener sexo es muy fácil. Lo difícil es darle el significado que realmente tiene: un regalo dentro del contexto del compromiso eterno y la seguridad afectiva. ¡Ahí sí vale la pena!

Capítulo 2
Las mentiras que nos cuentan

Los medios tienen un gran poder para influir en el comportamiento de las personas, de manera positiva o negativa. También reflejan los cambios en el comportamiento de la sociedad. Lo que una vez fue visto como absurdo o incorrecto finalmente es aceptado e incluso promovido como correcto. Y, debido a que estamos interconectados con los medios de comunicación, ya sea a través de la televisión, Internet o las redes sociales, casi continua e invariablemente recibiremos la información que nos brindan. Por supuesto, podemos adoptar una capacidad crítica para filtrar todo ese contenido. Sin embargo, la Palabra de Dios es clara al decir: “Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio” (Fil. 4:8), y que no debemos conformarnos con lo que el mundo elige como normal e importante. Más bien, estamos llamados a transformarnos, renovando nuestras mentes; es decir, a través de lo que leemos, escuchamos y observamos, para que podamos vivir la voluntad de Dios para nosotros. (Ver Rom. 12:2.)

Me gusta un anuncio publicado por National Airlines en 1971. El anuncio presentaba una foto de una chica con una sonrisa discreta y ropa muy decente, con la frase: “Soy Cheryl. Vuélame”. Muchas mujeres se quejaron. Pero hubo un aumento del 23 % en el número de pasajeros; hombres, por supuesto. Recientemente, una campaña publicitaria de automóviles presentó a una chica con un escote superrevelador y la frase, “Todo por solo $ 25.990”. Y otra frase: “Estoy hablando del [automóvil]”. Casi nadie se quejó, como casi nadie más se queja cuando se compara a una mujer con una marca de cerveza, por ejemplo. Por el contrario, muchas mujeres han llegado a sentirse más deseadas y poderosas en comparación con algo que muchos hombres por igual, y desgraciadamente, desean; en este caso, cerveza.

Hablando de cerveza, en la Copa del Mundo de 2006, una de estas marcas publicó un anuncio con una foto de un muchacho flanqueado por dos chicas bonitas y escasas de ropa en una tribuna. Sostenía un cartel delante de su cara que decía: “No me filmes. Mi esposa cree que estoy en el médico”. En un solo anuncio, pueden promover el alcohol, las mentiras y la traición. Genial.

En contraste, en 2008, una revista juvenil presentó la siguiente nota sobre el jugador Kaká: “Infinitamente sin gracia ni sal. [Evangélico], ¡hasta hace poco afirmaba ser virgen! La imagen que transmite es la de un buen tipo que solo tiene relaciones sexuales con la luz apagada y debajo de las sábanas”.

En resumen, el marketing y los medios irresponsables a menudo ensalzan la rebeldía y la infidelidad, mientras que se burlan de comportamientos como la castidad y la abstinencia.

Además de las revistas para jóvenes, otro problema son las llamadas revistas para mujeres que solo predican que lo que trae placer es mucho sexo y que, para ser una mujer interesante, necesita ser seductora las 24 horas del día, en su forma de vestirse y comportarse. De lo contrario, no será femenina (¡la femineidad se asocia erróneamente con tener que ser seductora todo el tiempo!). Pero, las revistas se olvidan de presentar datos reales. En 2002, por ejemplo, se publicó una encuesta en la que el 70 % de las mujeres dijeron que no estaban satisfechas con su vida sexual. Y la mitad de los hombres dijeron lo mismo. ¿Han descubierto esto las revistas de mujeres? No, que se sepa. Y continuaron predicando que el número y la multiplicidad de parejas, así como el comportamiento seductor, son la solución para una vida de satisfacción personal y relacional.

De hecho, hay una terrible trampa circular en todo esto. La exposición constante del sexo en los medios conduce a la iniciación sexual temprana. El sexo sin compromiso o romanticismo conduce a la depresión y baja autoestima. Después de todo, el sexo en sí mismo se reduce al deseo del cuerpo del otro, no de la persona completa, y esta percepción afecta negativamente nuestros sentimientos. Y ¿sabes a qué recurren los jóvenes para “curar” la depresión? ¡Al sexo y a las drogas! Eso es triste.

En películas, telenovelas, comedias de situación, etc., la impresión que dejan es que nadie más es virgen, que este es un tabú anticuado, que todos tienen relaciones sexuales prematrimoniales y que no hay ningún problema con este tipo de comportamiento rebelde. Los estudios sobre la inconveniencia y los peligros del sexo irresponsable están casi restringidos a publicaciones especializadas y a ciertos libros que se atreven a ir contra la corriente del sexo fácil y pervertido a la manera de Cincuenta sombras de Grey. Uno de esos valientes libros de denuncia es Hooked: New Science on How Casual Sex is Affecting Our Children [Atrapados: nuevas investigaciones sobre cómo el sexo casual está afectando a nuestros hijos], de Northfield Publishing.

Antes de pensar que Hooked es otro libro con lecciones morales anacrónicas, lee otra vez el subtítulo cuidadosamente. El libro no es moralizante en absoluto y está perfectamente “en sintonía” con las nuevas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro humano; de hecho, el aspecto científico es exactamente el punto fuerte de la publicación. Escrito en coautoría por los ginecólogos y obstetras Joe S. McIlhaney y Freda McKissic Bush, el libro deja en claro que, como la comida, el sexo puede ser mal entendido y se puede abusar de él. Y este abuso a menudo resulta en enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. Pero, hay un tercer problema que no siempre se menciona o se analiza: las cicatrices emocionales resultantes de una vida sexual no orientada. Para los autores, cuando el sexo se vive dentro de un contexto matrimonial, se producen menos conflictos entre parejas. ¿Cómo llegaron a esta conclusión? De esto se tratan sus 170 páginas de investigación y estudios académicos.

Con base en datos recientes, los doctores Joe y Freda preguntan: ¿Por qué los que no son vírgenes cuando se casan tienen más probabilidades de divorciarse que los que permanecieron abstinentes hasta el matrimonio? ¿Por qué es más probable que los adolescentes sexualmente activos estén más deprimidos que los abstinentes? ¿Por qué las parejas casadas reportan niveles más altos de satisfacción sexual que las personas solteras con múltiples parejas sexuales?

Y preguntamos: ¿Alguna vez has visto preguntas similares en los grandes medios? Difícilmente. ¿En revistas de mujeres? Lo dudamos. ¿En publicaciones para adolescentes? Poco probable. Quieren hacernos creer las mentiras que venden.

Es una pena, porque cuanto más nos alejamos de la verdad sobre cualquier tema, más sufrimos en nuestras vidas y relaciones personales. Permanecer ignorante puede parecer bueno cuando se trata de imponer límites a nuestros deseos más impulsivos, porque es difícil luchar contra ellos. Sin embargo, cuando estamos dispuestos a buscar realmente la verdad sobre un tema, Dios nos fortalece para poder obedecer lo que él dice (y, cuando se trata de sexo, ¡la ciencia se está acercando mucho a lo que la Biblia presenta como orientación sobre este asunto!). Sin embargo, durante algún tiempo, todavía podemos sentir deseos contrarios a lo que se nos indicó. La promesa de nuestro Creador es esta: “Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes” (Eze. 36:26, 27). El “corazón de piedra” es aquel que no quiere cambiar y que no quiere seguir las instrucciones de aquel que nos creó. El “corazón de carne” es el resultado de la acción de Dios en nosotros (cuando se lo permitimos), que nos hace desear que él nos ayude a tener nuevas voluntades y motivaciones.

Volviendo a lo que nos dicen los medios, el abordaje mediático, enfocado en el cuerpo y la sensualidad –de ahí la extrema apreciación del aspecto físico–, a menudo pasa por alto el órgano sexual más importante: el cerebro (ni los preservativos ni los anticonceptivos nos brindan protección contra las influencias del sexo en el cerebro). Nuestro “centro de comando” funciona bajo la influencia de neurotransmisores como la dopamina, la oxitocina y la vasopresina. Los tres son neutrales y pueden recompensar los buenos y los malos hábitos, dependiendo del estilo de vida o del comportamiento adoptado por la persona. Lo que los científicos han encontrado en su investigación sexual es que no se trata solo del acto físico entre dos personas, sino de una cadena de respuestas neuroquímicas que influyen en nuestro comportamiento futuro.

Este es también el caso de la oxitocina, una sustancia conocida como la “hormona del amor”. Según una investigación de la Universidad de Chicago, en un contexto de amor y compromiso, cuando los hombres y las mujeres participan sexualmente, el cerebro libera niveles cada vez más altos de oxitocina (y vasopresina en los hombres), y esta hormona es responsable del desarrollo en las mujeres de sentimientos de empatía, confianza y afecto profundo por la persona con quien se han relacionado, manteniendo así la seguridad de los lazos emocionales específicos de dicha relación. Y esto no sucede solo en la esfera emocional. ¡La sensación de cercanía entre los dos es el resultado de la hormona que actúa sobre la química del cerebro!

Y, curiosamente, si una persona cambia de pareja constantemente, los niveles de oxitocina disminuyen y el cerebro no funciona como se espera en la liberación de esta hormona. ¡Es como si el cerebro entrara en crisis, sin comprender con quién, después de todo, establecería una conexión! Es como si estuviera pensando: “Oye, ¿es con esta persona o con aquella persona?” Y, en la indecisión (propia, por cierto), los niveles de neurotransmisores disminuyen. Es decir, nuestro cerebro está programado para conectarse a una sola persona.

Por eso, el psicólogo Kevin Leman, en su libro Entre Lençóis, dice que “una vida sexual gratificante es uno de los pegamentos matrimoniales más poderosos que una pareja pueda tener. Los hijos son un pegamento poderoso, como lo son los valores comunes, la fe y los sueños. Pero el sexo es definitivamente uno de los más fuertes”.1

Sin embargo, según Joe y Freda, si bien el efecto hormonal de la oxitocina es ideal para las parejas casadas, puede causar problemas a las mujeres solteras o a las jóvenes a quienes los hombres abordan para tener relaciones sexuales. El cerebro puede hacer que una mujer permanezca en una mala relación que cree que es buena debido a la sensación de acercamiento afectivo que produce el contacto físico, el placer y la respuesta generada por la oxitocina. La verdad sobre este tipo de relación puede ser clara para los padres o los amigos que están preocupados por el bienestar de la joven, mientras que ella puede no darse cuenta del peligro o lo inconveniente de la relación. Por lo tanto, especialmente las mujeres jóvenes, deben ser advertidas sobre el poderoso efecto vinculante de la oxitocina. La ruptura de vínculo explica el increíble dolor emocional que las personas a menudo sienten cuando se rompe una relación, especialmente cuando se trata de relaciones sexuales.

¿Qué hay de los hombres? Todo lo anterior también se aplica a ellos, con la diferencia solo en el tipo de neurotransmisor: en el cerebro masculino, es la vasopresina lo que actúa de manera similar a la oxitocina. Durante las relaciones sexuales, el cerebro de los hombres se inunda de vasopresina, que, como la oxitocina, actúa creando una conexión emocional en el cerebro con la persona con la que tiene relaciones sexuales. Sin embargo, si el patrón de comportamiento de un hombre fuera a menudo romper con una pareja y luego involucrarse con otra mujer, la capacidad neuroquímica de la vasopresina disminuye, lo que afecta la capacidad masculina de mantener una relación de compromiso, ya que la hormona que pasa a dominar la escena es la dopamina, responsable de la sensación de placer durante el sexo, sin que la vasopresina entre necesariamente en acción.

Debido a la actuación de la dopamina, la oxitocina y la vasopresina, entre otros factores, cada persona puede cambiar su estructura cerebral, gracias a las decisiones que toma o al comportamiento que adopta.

Quizás ahora tengas claro por qué el dolor de romper con una relación de pareja es mucho mayor cuando se trata de sexo. Como hemos visto, las actividades cerebrales y neuroquímicas vinculadas a las relaciones sexuales están preparadas para funcionar dentro de un contexto de compromiso total, fidelidad y vinculación afectiva absoluta entre la pareja.

Nuevamente, podemos preguntar: El cerebro, que funciona de esta manera, ¿es el resultado de mutaciones y de la evolución? ¿O sería más plausible pensar en un Dios creador que planificó específicamente estas actividades cerebrales y que dejó en su Palabra un “manual de instrucciones” sobre cómo podríamos colaborar para hacer que nuestros cerebros funcionaran según lo planeado y, por lo tanto, fuéramos más felices?

En la Biblia encontramos un texto en Jeremías 29:11 que dice: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes –afirma el Señor–, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”. El hecho de que nuestro Creador nos diga que no tengamos relaciones sexuales antes del matrimonio no es porque quiera privarnos del placer, como si solo quisiera que le obedeciéramos por causa de su supuesto orgullo y egocentrismo, sino porque quiere que tengamos un futuro lo más estructurado, saludable y feliz posible.

¿Preparados para el sexo prematrimonial?

Cuando algunos jóvenes les preguntan a sus padres o a sus consejeros por qué no pueden tener relaciones sexuales antes del matrimonio, muchas respuestas se reducen a “Todavía no estás listo”. Pero muchos jóvenes ya me han preguntado [Thais] por qué no estarían preparados para tener relaciones sexuales en la adolescencia o la juventud antes de la edad adulta, ya que sus genitales están desarrollados y la mayoría de las niñas han tenido su menarquia (por lo tanto, pueden quedar embarazadas). La ciencia misma responde: cuando se trata del tracto reproductivo, el adolescente y el joven pueden estar físicamente listos para la actividad sexual. Pero algunas estructuras cerebrales, que actúan en la preparación y en la madurez emocional, aún no están listas.

La corteza prefrontal es una parte del cerebro responsable de tener la capacidad de tomar decisiones racionales, reflexivas y calmar las emociones descontroladas. Durante la adolescencia, aún no está completamente desarrollada. En general, las decisiones tomadas en la adolescencia se realizan a partir del sistema límbico, que es una parte del cerebro responsable por las emociones básicas. El centro de la toma de decisiones en la adolescencia es el sistema límbico y, a medida que envejecemos, se desarrolla la corteza prefrontal. Pero el cambio en el funcionamiento del sistema límbico a la corteza prefrontal generalmente no se completa hasta los 25 años de edad. Es decir, las decisiones en la adolescencia tienden a estar inundadas de las emociones en lugar de la razón.

Sin embargo, cuán difícil es lidiar con el torrente de hormonas en la adolescencia cuando, al comportarse de manera impulsiva (por ejemplo, en una relación sexual con parejas informales), ¡estos jóvenes están abrumados por la increíble sensación de placer producida por la adrenalina y la dopamina que bombardean el cerebro! De hecho, ni siquiera tienen que relacionarse sexualmente para tener una idea del placer que proporciona el sexo. Las escenas de sexo en películas y en Internet, fotos de revistas, libros llenos de historias eróticas e incluso informes de compañeros o amigos que han experimentado el sexo son suficientes para tener una idea de cuánto placer implica tener relaciones sexuales. Entonces, ¿cómo lidiar con las hormonas que están “en alza”?

Los padres tienen un papel muy importante aquí. Desde que los niños son pequeños, los padres pueden enseñarles cómo lidiar con las emociones. A esto le llamamos inteligencia emocional. Se aprende e incluso los padres pueden aprenderlo si tienen dificultades con el dominio propio. Cuando los niños, luego los preadolescentes y los adolescentes, aprenden que no todo lo que quieren se alcanzará y será posible en el momento en que les gustaría, comienzan a experimentar el control de sus propios impulsos y deseos. En la edad adulta, tendrán menos dificultades para comprender que hay tiempo para todo, incluida la satisfacción del deseo sexual. Por lo tanto, los padres no deben lamentar establecer límites para sus hijos en lo que piensan que es mejor para ellos, especialmente cuando son jóvenes, para que puedan aprender temprano a esperar y manejar sus emociones.

La orientación de los padres también contribuye al tipo de comportamiento que los niños tendrán en sus relaciones amorosas. De ahí la necesidad de construir una relación sana y de confianza con los niños desde la infancia. Así, cuando más necesiten orientación paterna, tendrán la confianza suficiente como para acercarse a sus padres. Si no pueden confiar en ellos, buscarán las respuestas a sus preguntas y consultas en otro lado: amigos, revistas, películas, Internet, etc. Y estas fuentes no siempre serán confiables.

Trabajando en consejería, recibí [Thais] muchos correos electrónicos de padres con la siguiente pregunta: “Mi hijo (que generalmente tenía entre cinco y ocho años) comenzó a hacerme preguntas sobre sexo. Preguntó de dónde venía, cómo surgió, qué hacen los padres juntos en el dormitorio. ¡Y no sabemos cómo responder! Así que terminamos la conversación y postergamos las respuestas para más tarde. ¿Qué debemos hacer?”

De hecho, es muy importante que los padres den información a sus hijos desde una edad temprana. A menudo los guío, diciendo que responder las preguntas de sus hijos hace que a ellos no les dé vergüenza preguntar la próxima vez. Cuando los padres no responden o discuten con el niño por hacer una pregunta o por hablar sobre este o aquel tema, probablemente, como hemos visto, su hijo encontrará otras formas de responder preguntas en el futuro, y esto se vuelve perjudicial, porque la fuente de información más segura para los niños, sobre la vida, deben ser los padres.

El niño mismo dará señales del momento más apropiado para conocer cada tema. A medida que comienza a preguntar, este será el momento en que los padres pueden comenzar a hablar sobre ello. Sin embargo, no es necesario (ni indicado) que en el momento en que sus hijos hagan una pregunta sobre el sexo o planteen un problema de sexualidad, los padres los sienten en el sofá y comiencen a hablar de todo dando una clase de sexualidad, relaciones sexuales y temas relacionados. Los padres deben responder solo lo que preguntan sus hijos, y las respuestas deben ser simples y claras. Si no saben cómo responder, los padres pueden decirle al niño que no pueden responder por el momento, pero que responderán pronto. Pero es muy importante que realmente respondan más tarde, y no pretendan haber “olvidado” responder.

Es importante que los niños piensen: “Voy a preguntarles a mamá y a papá, porque siempre me responden, y por eso puedo confiar en ellos”. Del mismo modo, los padres deben tener esta apertura con sus adolescentes. Estos necesitan sentir aún más que pueden hablar sobre sexo con sus padres. Esta es una forma de protección e influencia que los padres pueden tener sobre sus hijos. De lo contrario, buscarán las respuestas de fuentes que no siempre son seguras ni confiables.

Los medios, en general, no se preocupan por la educación sexual (ni tampoco por los riesgos del alcohol, por ejemplo). Solo hablan de “sexo seguro” con preservativos. Pero recuerda: nadie ha desarrollado un preservativo para la mente.

Hablamos de responsabilidad parental, pero también necesitamos hablar sobre lo que una persona puede hacer para lidiar con sus impulsos. Es importante que sepa que las hormonas no son poderosas en sí mismas, impidiendo que la persona tenga el control de su acción sobre la conducta. Es decir, no es porque las hormonas actúen que no tiene sentido hacer nada más, y que “lamentablemente” tendremos que escuchar (o, en este caso, todo el cuerpo) el resultado de su acción. Si es así, no podríamos controlar sentimientos como el miedo o la ira. Sin embargo, a pesar de que nuestro cuerpo libera adrenalina y cortisol (hormonas producidas cuando tenemos miedo) cuando nos sentimos amenazados, podemos trabajar racionalmente para equilibrar este miedo y aliviarlo. Una persona que ha estado asustada por los ladridos de un perro en la calle puede contrarrestar su repentino miedo al pensar: “El perro no me morderá. Solo ladró cerca de mí porque vio a otro perro”. La persona que viaja en avión y tiene miedo puede reducir la ansiedad al pensar: “Miles de aviones vuelan a diario y no pasa nada. El piloto está preparado. Puedo descansar tranquilo”. De lo contrario, si las hormonas tienen pleno poder sobre nosotros, no hay forma de controlar otras sensaciones.

En este sentido, nuestro comportamiento funciona a través de un “sistema” gobernado por pensamientos, sentimientos y acciones. Nuestra mente produce un pensamiento que genera un sentimiento en nosotros, y ambos nos llevan a actuar de cierta manera. Por lo tanto, es muy importante cuidar los pensamientos que alimentamos, porque son los que originan nuestras emociones y nuestras acciones, y que pueden o no contribuir con hormonas para que el deseo sexual se mejore. Aquí hay un ejemplo de esto:

Ejemplo 1:

Pensamiento: “¡Oh, cuánto me gustaría besar y acariciar a mi novia! ¡Imposible controlarme!” (Y luego, uno permite que la imaginación “se vuelva loca”.)

Sentimiento: Emoción y sentimiento de impotencia ante el deseo.

Acción: Lo más probable es que se rinda y entre en un terreno peligroso de besos y caricias sexuales.

Ejemplo 2

Pensamiento: “¡Oh, cuánto me gustaría besar y acariciar a mi novio!” (Y luego entra en juego otro pensamiento: “Pero sé que, si empiezo, no pararemos, y no quiero que eso suceda”.) Este pensamiento no da paso a la imaginación, que en el otro ejemplo estaba “volviéndose loca”. Nota que el pensamiento inicial es el mismo, pero siempre que identifiquemos los pensamientos en nuestra mente podremos alimentarlos (dando rienda suelta a la imaginación, pensando aún más en el asunto) o controlarlos y modificarlos, lo que en consecuencia también cambiará el sentimiento y la toma de decisiones, la acción.

Sentimiento: Se puede sentir excitación, pero estará dominada por el pensamiento racional que entró en juego.

Acción: Se toma control de la situación y se evitan conductas indeseables.

Como seres humanos, estamos dotados de la capacidad de tener control y dominio propio sobre nuestras emociones. De lo contrario, el mundo sería un caos: Me siento enojado, mato. Siento tristeza, me mato. Estoy celoso, termino con el otro. Me siento cansado, no hago nada. Lo bueno es que tenemos la capacidad de razonar, que puede funcionar por sobre la emoción. Esto no significa que sea incorrecto sentir enojo, cansancio, tristeza o excitación y deseos de relacionarse sexualmente, sino que, si entendemos que ser llevado por estos sentimientos en momentos y contextos inapropiados tendrá consecuencias negativas (inmediatas o futuras), entonces podemos ejercer dominio sobre ellos. No es fácil, pero es posible.

Y las consecuencias de la falta de dominio son reales y tristes: las adolescentes con una vida sexual activa están tres veces más deprimidas que las que permanecen abstinentes (sin mencionar que una de cada cuatro adolescentes sexualmente activas está infectada con enfermedades de transmisión sexual cada año). Además, los pensamientos suicidas también ocurren con mayor frecuencia entre las mujeres que mantienen su vida sexual fuera de una relación de compromiso y afecto.2 ¿Por qué? Algunas razones son:

1.Muchas chicas sexualmente activas antes del matrimonio le atribuyen una gran responsabilidad, en relación con el éxito de la relación, a la necesidad de ser demasiado seductoras, sexis y físicamente atractivas todo el tiempo para sus “parejas” o novios, llegando al agotamiento emocional.

2.El hecho de que piensen que su físico es más importante para su amante, novio o prometido que quienes son como persona las frustra, las entristece y las hace sentir menos valoradas.

3.Cuando se termina una relación en la que hubo relaciones sexuales, el sufrimiento por la ruptura es mucho mayor, y la tristeza y la frustración se potencian. Esto les sucede a hombres y mujeres, pero la mayoría de las mujeres hacen una correlación entre las relaciones sexuales y el amor, creyendo que si hay relaciones sexuales hay amor; y esto no siempre es cierto, ya que para los hombres el sexo está más relacionado con el placer físico en sí mismo que con la presencia de afecto en la relación.

Una vez iniciado, difícil de interrumpir

Si bien el innegable placer que proporciona el sexo es aparentemente lo que realmente importa al decidir relacionarse sexualmente con alguien, la investigación muestra que hay importantes consecuencias neuroquímicas en nuestro cerebro cuando nos relacionamos sexualmente con diferentes parejas. Cuando el ciclo de relaciones sexuales/vinculación/ruptura se repite varias o muchas veces, incluso cuando la relación es de corta duración (es decir, en una relación rápida), se daña la importante capacidad interna que tenemos para desarrollar una conexión significativa con otros seres humanos en futuras relaciones. En otras palabras, el comportamiento actual afectará positiva o negativamente la vida y otras relaciones, aunque sean involuntarias.

Además de los neurotransmisores capaces de unirse con las parejas, hay otro detalle importante: cuanto más sexo se tenga, más las sinapsis (que son transmisiones electroquímicas hechas de una neurona a otra) que rigen las decisiones sexuales, tanto en el cerebro del hombre como en el de la mujer, se verán reforzadas para que sea más fácil elegir tener relaciones sexuales en el futuro, mientras que las sinapsis que rigen la moderación sexual se debilitan y deterioran. En otras palabras, cuanto más sexo, más difícil será tener control sobre el deseo de relacionarse sexualmente debido al deseo sexual que parece agudizarse. Es como cuando probamos algo muy bueno (ya sea comida deliciosa o un viaje espectacular) y el agradable recuerdo de esa experiencia a menudo nos hace querer experimentar esa misma satisfacción nuevamente. Por lo tanto, es bueno pensar cuidadosamente antes de dar el primer paso hacia la iniciación sexual.

Las estadísticas muestran que, si los jóvenes comienzan a tener relaciones sexuales a los 16 años, más del 44 % de ellos habrá tenido 5 o más parejas sexuales a los 20 años. Por otro lado, si tienen más de 20 años cuando comienzan a tener relaciones sexuales, solo el 15 % habrá tenido más de cinco parejas sexuales, mientras que el 50 % habrá tenido relaciones sexuales con una sola pareja. Incluso se podría pensar que tener 5 o más parejas sexuales en solo 4 años de vida es algo muy bueno, ya que uno tendrá la oportunidad de experimentar placer sexual con diferentes personas. Sin embargo, hay consecuencias físicas y emocionales bastante complejas. Las consecuencias físicas se refieren a la dificultad de abstenerse de tener relaciones sexuales después de experimentarlo debido a la memoria neuroquímica del placer, y a la alteración de la capacidad neuroquímica de la vasopresina y la oxitocina para mantener relaciones de compromiso y unión afectiva con una persona.

Y las consecuencias emocionales incluyen las comparaciones inevitables de una persona con otra en el acto sexual (por mucho que uno pueda pensar que está bien recordar a otro cuando tiene una relación con la pareja actual, imagina lo contrario: ¡tu pareja recuerda a alguien más al tener relaciones sexuales contigo!) y el dolor emocional que se siente (especialmente de las mujeres) cuando se rompe una relación en la que se mantuvieron relaciones sexuales. ¡Cuánto sufrimiento y cicatrices neuroquímicas podrían evitarse si se dejara disfrutar del sexo en el matrimonio: es decir, ¡en un ambiente físico y emocional seguro para ambos cónyuges!

Kevin Leman destaca este problema de los recuerdos de experiencias previas:

“Cuanto más hablo con las parejas, más estoy convencido de que Dios sabía lo que estaba haciendo cuando prescribió la abstinencia del sexo premarital y el sexo de mucha calidad después del matrimonio. [...] Para aquellos que han tenido otras relaciones en la vida, los recuerdos sexuales son un fenómeno natural. Lamentablemente, pueden causar interferencia en una vida sexual marital saludable. Varios pacientes ya me han confiado que los recuerdos eran un problema importante, particularmente para aquellos que tuvieron una educación rígida y que se rebelaron. Para las mujeres, la culpa puede ser insoportable a veces. Ella está haciendo el amor con su esposo cuando de repente se le viene a la mente un ex novio. Dado que el sexo es una experiencia muy emocional para las mujeres, un recuerdo las priva del significado de la relación y les roba el momento. [...] Descubrí que la culpa por las experiencias sexuales anteriores y la sensación de estar conectado con parejas sexuales anteriores son los obstáculos más comunes para un mayor placer en el sexo dentro del matrimonio”.3

Además del riesgo de que los recuerdos de parejas sexuales anteriores invadan la mente del esposo o la esposa durante el acto sexual, hay otro aspecto que debe tenerse en cuenta. Ya he aconsejado a varios cónyuges que habían tenido relaciones sexuales antes del matrimonio pero que tenían una buena vida sexual con su cónyuge. Sin embargo, cuando algo sacudía su relación, una discusión, un desacuerdo, los recuerdos de otra pareja salían a la luz junto con unas fantasías de que esa persona podría ser un mejor cónyuge que el actual. Digo “fantasías” porque todos tienen dificultades y, por mucho que otra persona parezca más interesante, lo más probable es que si una relación con ellos comenzara surgirían otras dificultades, ya que cada relación requiere mejoras y ajustes.

Pero los recuerdos (especialmente si están vinculados a una experiencia de relaciones sexuales en la que solo estuvo involucrado el placer) pueden confundir y potenciar un desajuste matrimonial.

Así, una vez más, la experiencia muestra que las relaciones sexuales fuera del matrimonio conllevan consecuencias matrimoniales que pueden ser difíciles de experimentar.

Volviendo al tema de la dificultad de poder controlar el deseo de tener relaciones sexuales después de haberlo experimentado, cuando la persona termina una relación y comienza otra, la tendencia es moverse rápida y prematuramente al mismo grado de intimidad en esta nueva relación, incluso si los dos tienen diferentes estándares de privacidad. Es decir, si la persona ha tenido relaciones sexuales con la pareja anterior, en la nueva relación, la tendencia es ir rápidamente al acto sexual, incluso si una de las parejas no ha tenido relaciones sexuales antes. La recompensa de la dopamina y el recuerdo del placer son muy fuertes. Y así, si el sexo se practica desde el comienzo de la relación de pareja, esta tiende a comprometerse tanto con el placer sexual que nubla la necesidad de conocerse afectiva, emocional e intelectualmente.

Por lo tanto, piensa detenidamente antes de dar el primer paso hacia la iniciación sexual. Además, si no estás casado, y no quieres sufrir y hacer sufrir a otros, piensa miles de veces antes de participar en cualquier actividad sexual o incluso en un contacto físico más cercano. Tu felicidad futura y la de tu novio también pueden depender de ello.

El verdadero peligro de las ETS

Atrás quedaron los días en que escuchamos mucho sobre el sida y los peligros de las enfermedades de transmisión sexual. La década de 1980 fue bombardeada con noticias sobre el descubrimiento del sida y los desafíos de vivir con él. Hoy en día no es tan común ver noticias sobre este tema. Los medios de comunicación populares, una vez más, están tratando de poner paños fríos al grave problema de la creciente incidencia de enfermedades de transmisión sexual (ETS) y sus consecuencias devastadoras, con la excusa de que las personas tienen que disfrutar más de la vida. Las películas, las telenovelas, los libros y las revistas enseñan un estilo de vida rebelde y lo “glamorizan”, sin mostrar lo que sucede después, muy por encima de lo que las campañas de “sexo seguro” están dispuestas a admitir.

Vayamos a los hechos: “En la década de 1960, los médicos lidiaron con dos ETS principales: la sífilis y la gonorrea. Estas dos enfermedades podrían curarse con una vacuna. Hoy, los médicos reconocen 25 ETS principales, de las cuales 19 no tienen cura. En la década de 1960, uno de cada 60 adolescentes sexualmente activos contrajo una ETS. En la década de 1970, ese número aumentó a uno de cada 47. Hoy, uno de cada 4 adolescentes sexualmente activos está infectado”.4 Eso es lo que lees: ¡uno de cada 4! Además, dentro de los 2 años de su primera relación sexual, la mitad de los adolescentes estarán infectados con al menos una de las tres ETS comunes.

La ETS más común es el VPH, o virus del papiloma humano, de fácil transmisión y no siempre evitado por los condones. El hecho sorprendente es que el 80 % de todas las mujeres tendrán VPH cuando lleguen a los 50 años, y el 70 % de los hombres que están sexualmente involucrados contraen el VPH. En los últimos 5 años, el VPH ha matado a más mujeres que el sida, generalmente debido al cáncer de cuello uterino, y la cantidad de muertes por este cáncer ha aumentado dramáticamente entre las mujeres jóvenes. Además, se estima que entre el 30 y el 40 % de los nacimientos prematuros y las muertes infantiles se deben a ETS. “Si eliges tener relaciones sexuales fuera del matrimonio durante la adolescencia, tu riesgo de infección es de al menos el 25 % cada año. Si tuvieras al menos una de cada 4 posibilidades de ser alcanzado por un rayo, nadie saldría afuera durante una tormenta”.5 ¿Sexo seguro?

Dos tercios de todas las ETS ocurren en personas menores de 25 años. De cada 5 estadounidenses con VIH, 3 estaban infectados en la adolescencia. Los adolescentes son 10 veces más susceptibles que los adultos a la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP). En 2005, el 50 % de los casos de clamidia fueron en adolescentes. En 2002, la gonorrea fue la enfermedad infecciosa más común entre las personas de 15 a 24 años.

Pero ¿por qué los adolescentes son tan susceptibles a las ETS? Para Josh y Erin (basados en sus investigaciones), hay dos respuestas: biología y comportamiento.

Las razones biológicas de la alta susceptibilidad de los jóvenes a las ETS están especialmente relacionadas con las mujeres. “En el revestimiento del cuello uterino, una mujer joven tiene muchas células llamadas ‘células columnares’. Estas células están expuestas en todo el revestimiento del cuello uterino. A medida que la joven crece, estas células columnares están cubiertas por células epiteliales escamosas. Estas células comienzan a formar capas y acaban cubriendo completamente las células columnares. Pero este proceso no se completa hasta que la mujer tiene alrededor de 25 años”.6 Pero ¿cuál es el problema? Esto: las células columnares son muy receptivas (como una esponja) y cualquier enfermedad que entre en contacto con ellas finalmente se quedará allí (las células columnares son un 80 % más receptivas a las infecciones que las células epiteliales escamosas).

Por lo tanto, “una niña de 15 años tiene una de cada 8 probabilidades de desarrollar enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) simplemente por tener relaciones sexuales, mientras que una mujer de 24 años solo tiene una oportunidad en 80 en la misma situación. [...] En general, un adolescente es 80 % más vulnerable a las ETS que alguien mayor de 25 años”.7 Y, para empeorar las cosas, los adolescentes tienden a elegir parejas sexuales mayores, que en teoría han tenido otras experiencias sexuales con más probabilidades de estar infectadas (más del 87 % de los casos de ETS no tienen síntomas).

Por lo que puedes ver, las mujeres a menudo tienen una mayor desventaja cuando se trata de sexo promiscuo. Por lo tanto, debes ser más firme y decir que no, teniendo en cuenta todo lo que está en juego, presente y futuro. Y el hombre, con la “H” mayúscula, también debe decir no para protegerse a sí mismo y a la persona que ama (incluso si ni siquiera conoce a esta persona e incluso si el deseo sexual está presente).

Aquí hay una interesante “coincidencia”: los cambios cervicales de una mujer ocurren en la misma etapa de la vida cuando el cerebro se mueve del sistema límbico (emociones intensas) a la corteza prefrontal (toma de decisiones racional). Entonces, una vez más, está claro que el sexo tiene el momento adecuado, el contexto correcto. Estás a salvo allí. ¡Esto es una bendición! Solo el plan divino para tu vida sexual ofrece un cien por ciento de protección. La abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad durante el matrimonio son las únicas formas de garantizar que no te infectes con una ETS.

De hecho, cuando estamos relacionados sexualmente con alguien, no solo nos relacionamos con esa persona, sino también con todos los demás con quienes ha estado involucrada, así como con aquellos con quienes esas otras personas han tenido relaciones. Un hombre o una mujer infectados con una ETS no necesariamente sabe acerca de su enfermedad, y puede tomar años descubrir qué tiene, dependiendo de lo que sea. Por lo tanto, es ingenuo imaginar que preguntarles a otros sobre su estado de salud es una garantía de sexo seguro. Además de la posibilidad de mentir (para garantizar de manera irresponsable el disfrute momentáneo del placer), la persona con una ETS puede realmente no darse cuenta de su condición. En un contexto de matrimonio, es razonable que los novios se sometan a exámenes clínicos y de laboratorio para descartar cualquier enfermedad potencial que pueda afectar a su futuro cónyuge. Pero ¿cómo se puede exigir esto a una persona que no tiene un compromiso eterno contigo? Definitivamente, no hay forma de tener sexo seguro en un contexto fuera del matrimonio.

Por lo tanto, aunque esto pueda parecer desactualizado, los padres deben aconsejar a sus hijos que no empiecen demasiado temprano a noviar. Las investigaciones demuestran que cuanto antes los jóvenes comiencen a estar de novios, más probabilidades tienen de ser sexualmente activos. Observa estos datos:

•Entre los que comenzaron a estar de novios a los 12 años, el 91 % tuvo relaciones sexuales antes de graduarse de la escuela secundaria.

•De aquellos que retrasaron el noviazgo hasta los 15 años, el 40 % perdió su virginidad en la escuela secundaria.

•De aquellos que esperaron hasta los 16 años para comenzar a noviar, solo el 20 % tuvo relaciones sexuales antes de graduarse.

¿Recuerdas lo que comentamos en el capítulo anterior sobre las parejas que, después de un tiempo de novios, descubren que el beso ya no es suficiente para sus momentos de intimidad? Bueno, comenzando a estar de novios a temprana edad, el grado de compromiso físico que tiende a desarrollarse con el tiempo finalmente alcanza su punto máximo a una edad muy temprana.

Como si el peligro alarmante de las ETS no fuera suficiente, también existen los riesgos para la salud mental del sexo extramatrimonial. Josh y Erin presentan datos más impresionantes:

•Los adolescentes sexualmente activos tienen un 300 % más de probabilidades de suicidarse que los adolescentes vírgenes.

•Los jóvenes sexualmente activos en la adolescencia tienen un 700 % más de probabilidades de suicidarse que los que esperan.

•Más del 25 % de las jovencitas sexualmente activas entre 14 y 17 años dijeron que se sentían deprimidas, en comparación con el 7,7 % de las vírgenes.

•Alrededor de dos tercios de los adolescentes que tienen relaciones sexuales dicen que desearían haber esperado. “La culpa de producir algo que no se puede recuperar puede durar más que cualquier otra consecuencia”, dicen los autores.

La Dra. Freda McKissic Bush, del Instituto Médico para la Salud Sexual, citada por Josh y Erin, dice que “mientras más personas tengan relaciones sexuales, más difícil será para ellas establecer relaciones saludables en el futuro cuando estén listas para estar con una sola persona.8

¿Vale la pena la espera o no? “El sexo después del matrimonio equivale a seguridad. El sexo fuera del matrimonio genera inseguridad, culpa, vergüenza, depresión, desesperación y sufrimiento. [...] Todos los que tienen relaciones sexuales prematrimoniales le están robando a su futuro cónyuge un área única de crecimiento juntos como pareja”.9

Josh y Erin mencionan dos historias tristes y representativas. Una es la de una niña que estuvo sexualmente activa durante la escuela secundaria. Ella nunca tuvo síntomas de ETS y nunca tuvo dificultades. Varios años después, conoció al hombre de sus sueños. Se casaron e intentaron formar una familia, pero ella no pudo quedar embarazada. Cuando fue al médico, la mujer descubrió que tenía EPI, causada por clamidia. Tenía que irse a casa y decirle a su esposo que nunca tendrían hijos.

La otra historia es sobre un muchacho que perdió su virginidad a los quince años con una chica que creía que amaba. Diez años después, aprendió lo que es el verdadero amor al conocer a la mujer de su vida y casarse con ella. Ella se casó virgen. Después de varios años de matrimonio, la esposa descubrió que tenía cáncer de cuello uterino, probablemente causado por el VPH que su esposo le había transmitido sin saberlo. Aunque ella decidió esperar, se vio obligada a pagar un alto precio porque él no había esperado.

Tu Creador es el principal interesado en tu vida y en tu salud plena. Él quiere caminar a tu lado en todo momento de tu vida y participar con alegría en tus nuevos logros y descubrimientos. Como Padre amoroso, él orienta: “Hijo mío, escúchame y haz lo que te digo, y tendrás una buena y larga vida. [...] Aférrate a mis instrucciones, no las dejes ir; cuídalas bien, porque son la clave de la vida. [...] Hijo mío, presta atención a lo que te digo. Escucha atentamente mis palabras. No las pierdas de vista. Déjalas llegar hasta lo profundo de tu corazón, pues traen vida a quienes las encuentran y dan salud a todo el cuerpo” (Prov. 4:10, 13, 20-22, Nueva Traducción Viviente [NTV]).

¿Quieres protegerte y a ti y a quien amarás por el resto de tu vida? No caigas en las mentiras que la sociedad hedonista y los medios irresponsables predican. No tengas relaciones sexuales antes del matrimonio. Espera por él o ella. Una vez casado, tendrás muchos años de vida sexual activa y de sexo realmente seguro, puro e intenso. Espera un poco más.

1 Kevin Leman, Entre Lençóis: Uma visão bem-humorada da intimidade sexual no casamento (São Paulo: Mundo Cristão, 2003), p. 46.

2 Hooked, p. 78.

3 Kevin Leman, ibíd., pp. 38, 39, 181.

4 A verdade Nua e Crua, p. 40.

5 Ibíd., p. 62.

6 Ibíd., pp. 50, 51.

7 Ibíd.

8 Ibíd., p. 74.

9 Ibíd, pp. 75, 91.

Capítulo 3
Amor y sexo, ¿son lo mismo?

¿Qué es el amor, para ti? ¿Cómo se diferencia de la pasión? ¿Es el sexo una muestra de amor? ¿O es solo pasión? El amor ¿está presente en el noviazgo? ¿O es solo parte del matrimonio? ¿Nos sentimos apasionados en el matrimonio también o solo en el noviazgo? Recibí [Thais], durante nueve años de asesoramiento, preguntas no solo de adolescentes y jóvenes, sino también de adultos. El amor y la pasión son cosas muy diferentes. Pero la confusión acerca de qué es uno y qué es otro se debe, en gran medida, a lo que los malos medios (específicamente las telenovelas y algunas películas románticas) presentan como amor, en gran parte influenciados por las características sorprendentes de nuestra sociedad actual.

Por eso, es importante aprender algunas cosas sobre las características de esta sociedad para comprender cómo el concepto de amor, pasión, sexo, matrimonio, noviazgo (relaciones, en resumen) se entrelaza con la forma de pensar y vivir en este siglo.

Vivimos de manera agitada. Con algunas excepciones, tenemos todo el día lleno de diversas actividades, desde temprano hasta la hora de acostarse (¿duermes?). Sin mencionar que, en medio de todas las actividades del día, estamos conectados a nuestros teléfonos inteligentes, tabletas, computadoras y similares, en una necesidad casi insalubre de estar conectados al mundo en todo momento. Las actividades esenciales como comer y dormir se acortan y, a veces, incluso se consideran innecesarias. A menudo escuché de mis compañeros de trabajo las siguientes frases: “Ahora no puedo almorzar. Tengo que terminar tal cosa”. “¡El almuerzo es un lujo!” “Tendré que terminar este trabajo en casa. La noche va a ser larga...” “No tuve tiempo para dormir anoche”. “No hay forma de que pueda comer hoy”.

Este apuro loco hace que las personas desarrollen una intolerancia a la espera de toda clase. Todo debe ser rápido, instantáneo. Ya no podemos posponer o remitir logros y necesidades futuras, sean cuales fueren. El mundo contemporáneo no incluye aplazamiento, paciencia ni tolerancia.

Además, hacemos todo lo posible para no tener “trabajo” (en el sentido de esfuerzo). Cuando podemos, usamos lo que sea descartable. Y en este apuro, mucho menos tenemos tiempo para permitirnos experimentar malos sentimientos. No tenemos tiempo para estar tristes, para tener decepciones, para “tragarnos” las frustraciones. Todo tiene que suceder al instante. Y si no pasa, huimos del dolor: “tíralo debajo de la alfombra”, “finge que está bien”. Después de todo, tenemos muchas otras cosas que hacer...

Cada vez somos más intolerantes al dolor, físico y emocional. ¿Tienes dolor de cabeza? Toma un medicamento. Puede deberse al hambre o al sueño, y alcanzaría simplemente con comer algo (que posiblemente se quedó fuera por “falta de tiempo”), o dormir un poco. (¿Dormir? ¡Es para los débiles!) Pero “los medicamentos funcionan más rápido”. Aparentemente, somos prácticos, pero profundamente sensibles emocionalmente.

Otra característica es la búsqueda desenfrenada de reconocimiento. Muchas personas tienen una necesidad obsesiva de ser cada vez más reconocidas e importantes, y utilizan medios destructivos para hacerlo a toda costa (pisotean a los demás, no toman vacaciones, trabajan hasta altas horas de la noche). Otros no pueden vivir sin mostrar quiénes son a través de las redes sociales, para que otros “disfruten” de lo que hacen, lo que comen, lo que visten, con quién salen, qué piensan, etc. Todo vale para que sean valorados. Y lo más interesante de todo es que, si bien quieren ser valorados y notados, sucede lo contrario: cada vez más ocultan quiénes son realmente –con sus dificultades, debilidades, incertidumbres, dudas, sentimientos, pensamientos– a las personas con las que se relacionan, como si solo pudiéramos transmitir todo el tiempo la imagen de personas perfectas e interesantes.

¿Has notado que las fotos publicadas en las redes sociales suelen ser las mejores? A veces me pregunto cuántas fotos probablemente se tomó una persona antes de elegir la mejor para publicar: en la que se ve más sexy, más interesante, más bonita, más deseable... Lo más probable es que esto se deba al miedo a sufrir cierto rechazo por ser quien se es: rechazo de otros o de sí mismo, que no puedes vivir con la idea de que tienes dificultades personales. Después de todo, ¿quién de nosotros no ha tenido miedo de exponer algo más íntimo y no ser aceptado por alguien?

Todas estas tendencias también se expresan en las relaciones amorosas y en la forma de pensar y vivir estas relaciones. Las relaciones se han vuelto breves: aparecen y desaparecen a una velocidad y a un volumen crecientes. Las personas son cada vez menos capaces de esperar para sentir placer (específicamente para el sexo) y están impacientes como para construir una relación. Por lo tanto, cuando las dificultades comienzan a surgir, pronto terminan y buscan un “nuevo amor” que es “más fácil” de tratar y que no requiere tanto, y que nuevamente proporciona placer.

Pero, después de todo, ¿qué es el amor?

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Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
271 s. 2 illüstrasyon
ISBN:
9789877983135
Yayıncı:
Telif hakkı:
Bookwire
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