Kitabı oku: «Llegan 3 ¡y antes de tiempo!»
Llegan 3 ¡YANTES DE TIEMPO!
ISBN: 978-84-122619-4-3
1era edición: 2020
© 2020 Mónica Vírchez Figueroa
© 2020 Gratia ediciones
Edición: Valeria Le Duc
Diseño Editorial: Karina Flores
Portada: Ángel Ruiz y Karina Flores
Prohibida su reproducción parcial o total por cualquier medio mecánico o electrónico, sin la autorización del autor y del editor.
MÉTODO NIDCAP
CON BEBÉS PREMATUROS
Llegan 3
¡Y ANTES DE
TIEMPO!
Mónica Vírchez Figueroa

Contenido

PRÓLOGO
Escuchar y ser guiado por tu hijo
Vencer las probabilidades
Trayectoria
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO 1 Iniciando la nueva aventura
Planificación de la familia, la noticia y la sorpresa
Cuidados en el embarazo de alto riesgo con trillizos
Complicaciones
Posibles causas de la prematuridad
CAPÍTULO 2 Pasando la primera prueba
Maternidad
Segundo trimestre de embarazo
La unidad neonatal
CAPÍTULO 3 El evento tan esperado
Cesárea de emergencia

El nacimiento respetado
¿Qué es la prematuridad?
El apego
Somos mamíferos
CAPÍTULO 4 Traslado entre hospitales
Colecho
Mis hijos y el NIDCAP
El rol maternal y el rol paternal
Contacto del tacto positivo
El lenguaje del recién nacido según Charlotte
Masaje infantil
CAPÍTULO 5 Lactancia
Duelo vivido por los padres
Proceso del duelo
Cuidados en el postparto
CAPÍTULO 6 Proceso anterior al alta hospitalaria
Unidad neonatal óptima
Ivana y el método Brazelton
Thomas Berry Brazelton
Preparándonos para dejar el hospital
CAPÍTULO 7 Filosofía sobre los cuidados centrados en el desarrollo
¿Qué es el método NIDCAP?
Cuidados centrados en la familia
Beneficios del cuidado NIDCAP en el desarrollo temprano
La familia
CAPÍTULO 8 Alta hospitalaria
Llegar a casa
Canastilla para el bebé
Instalación y adaptación en casa
Depresión postparto
Primeros meses en casa
CAPÍTULO 9 Segundo semestre en casa
Juegos y rutinas
Primera salida del país
Aviso de burnout
Primer año de edad
La importancia del padre
CAPÍTULO 10 Escolaridad
Guardería
Transición de la guardería al preescolar
Seguimiento a los cuatro años
¿Cómo ayudarlos a desarrollarse?
Nuevas mudanzas
Primaria
Seguimiento de los trillizos
Secundaria y bachillerato
Universidad
CAPÍTULO 11 Seguimiento continuo del bebé prematuro
Posibles secuelas a largo plazo
La importancia de la familia y del entorno
Seguimiento continuo
CAPÍTULO 12 Proceso de resiliencia
Burnout (hipersaturación emocional)
Salud mental en las madres de múltiples prematuros
Plan de acción para los padres con burnout
Cómo apoyar a los padres en el hospital
Trauma
Síndrome de estrés postraumático
La presencia del psicólogo puede ayudar
Necesidades de los padres
Privación del sueño
Fatiga crónica
Fibromialgia
Posibles secuelas de ser padres de partos múltiples y bebés prematuros
Resiliencia
¿Qué hacer para desarrollar una resiliencia óptima?
Sugerencias para los futuros padres y parejas de múltiples
CAPÍTULO 13 Asociaciones de padres
Asociación Prematura
Importancia de una asociación de padres
Fundación Europea EFCNI
Decálogo de los derechos del bebé prematuro
CAPÍTULO 14 Conclusiones
Red de apoyo psicológico y social
Salud mental
Agradecimientos
Referencias bibliográficas
Contactos
Centros de NIDCAP
Glosario
Apéndice

PRÓLOGO

Escuchar y ser guiado por tu hijo
Las historias de nacimientos son infinitamente fascinantes. Para cada mujer, dar a luz es un evento trascendental. Los relatos de madres que dieron a luz de forma prematura son extraordinarios y me siento privilegiada de haber escuchado tantos, así como y de aprender de las madres y los padres sobre cómo se enfrentaron a las complejas emociones y a las responsabilidades físicamente agotadoras que conlleva tener un bebé que necesita cuidados neonatales. ¿Cómo lo manejan y cómo podemos ayudarles a desarrollar la resistencia que necesitan, no sólo para los primeros días, sino para las semanas, meses y años siguientes?
Las madres nos dicen que sus fuentes de apoyo más importantes son su pareja, luego su familia y, por último, los profesionales que las cuidan a ellas y a su bebé; pero no siempre es así. ¿Qué pasa si estás sola, en un país lejos de casa en el que el idioma que se habla no es el tuyo?, ¿Y si manejar las ansiedades de tus bienintencionados amigos y familiares se convierte en una carga extra?, ¿Qué pasa si hay un conflicto dentro de la familia? Enfrentarse a los abuelos que creen saber lo que es mejor la pareja o la nueva familia es difícil en cualquier momento, pero aún más cuando tus defensas están bajas y ellos no tienen ni idea de lo que estás pasando. Supongamos además que las emociones con las que estás haciendo malabares se duplican o triplican con gemelos o trillizos, cada uno en un viaje diferente. Hay que permitir a los padres crear sus propios vínculos durante su estancia en la unidad neonatal y prever un apoyo emocional continuo hasta que encuentren su sitio en su comunidad, no sólo para los bebés llamados de “alto riesgo”, sino para todas las familias que lo quieran y lo necesiten.
La separación de la madre y el bebé es un trauma para ambos; las organizaciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud y la Fundación Europea para el Cuidado de los Recién Nacidos, insisten con razón en que los padres deben tener acceso ilimitado a sus bebés y estar tan comprometidos como sea posible en proporcionar todo el amor y el cuidado que forma parte de ser padre. A pesar de las pruebas que demuestran lo importante que es esto para el futuro del bebé y la familia, todavía está muy lejos de ser una práctica universal, incluso en países que cuentan con recursos suficientes. La separación crea una situación en la que los padres se ven despojados de su rol por profesionales que tienen el conocimiento y el control, establecen las reglas y, con demasiada frecuencia, actúan como guardianes. Se necesita valor para desafiar esta posición. Toda familia necesita defensores que la ayuden a trabajar en el sistema.
Los servicios de salud saben que tienen el deber de asesorar a la familia, pero con demasiada frecuencia lo único que hacen es distribuir grandes volúmenes de información impresa que nunca se lee. ¡Misión cumplida! Los padres pueden sentirse inhibidos a la hora de hacer preguntas, y más aún cuando tienen la misma duda sin aclarar, porque han estado demasiado estresados para asimilar la información, no están seguros de si se les está dando una imagen real o tienen miedo de que se les perciba como “difíciles” y que esto pueda repercutir en su bebé.
Una buena comunicación significa preguntar además de contar. ¿Qué es lo que los padres quieren saber realmente, y no lo que los profesionales creen que quieren saber?, ¿Podemos usar un lenguaje significativo en vez de escondernos detrás de la jerga del club de la neonatología?, ¿Nos sentamos y hacemos la conversación personal o nos paramos ante ellos en grupos intimidantes? Los padres necesitan confiar en la comunicación y también en la cultura del equipo. Perciben las rivalidades y disputas que acechan en el fondo y que los hacen más vulnerables y vigilantes.
Una de las principales plataformas del entrenamiento de resistencia es lo que a veces llamamos “egoísmo responsable”, es decir cuidarse a sí mismo. A menudo se exhorta a las madres a que se vayan a casa y descansen cuando lo que más desean es estar cerca de sus bebés. Como dijo una madre, haber tenido que dejar a su bebé se sintió como una amputación. El mínimo que se debe proporcionar es: un asiento cómodo junto al bebé en el que pueda dormir si lo necesita, acceso a agua potable y comida nutritiva. Y cuando los padres elijan irse, quizás para tener algo de privacidad y acurrucarse de vez en cuando, eso también está bien. Las habitaciones familiares se están incorporando cada vez más a las unidades neonatales para hacer realidad la presencia continua de los padres, pero también es necesario que puedan estar solos y tener privacía.
Los padres aprenden unos de otros y necesitan oportunidades para construir esas relaciones. La sala de extracción de leche es a menudo su santuario. La soledad es una condición común de las madres primerizas y muchos padres temen aventurarse a volver a su comunidad cuando su bebé sale del hospital. Después del alta puede ayudar el contactar a otros padres para que florezcan las relaciones: estar con otras personas que han compartido experiencias similares es un alivio.
La llegada de un nuevo bebé siempre cambia la dinámica familiar, pero cuando llegan al mundo demasiado pronto, y con mucha incertidumbre en torno al futuro, el panorama es más complicado. Se ha puesto mucho énfasis en el cuidado de las madres, pero últimamente se ha prestado más atención a los padres. Estos también son vulnerables a la ansiedad, la depresión y los trastornos de estrés postraumático. Es necesario actualizar la idea tradicional de un padre en el papel de proveedor fuerte que se las arregla interesándose más por los datos en los monitores que por el bebé. Algunas unidades ofrecen ahora redes de asistencia para los padres. Un compañero bien apoyado es lo que la madre necesita. Y si hay otros niños en la familia, ¿cómo elegir dónde deben invertir su energía?, ¿En su pequeño recién nacido que se aferra a la vida en el hospital, en los otros niños de la casa que están angustiados y desorientados por su ausencia, o en la nube de ansiedad que flota sobre la familia? Este es un acto de equilibrio que las unidades neonatales deben tener en cuenta y ofrecer oportunidades para que los hermanos sean bienvenidos, a la vez que pueden ayudar con el cuidado de los bebés.
No hay una sola manera de ser padre, pero hay un principio primordial y es el de escuchar y ser guiado por tu hijo. Tal vez una de las formas más importantes de ayudar a un padre a construir su capacidad de recuperación es escucharlo sin juzgarlo, para darle espacio para reflexionar sobre su situación y lo que su bebé le está diciendo. Cada bebé es especial a su manera y, si se alienta al padre a que simplemente esté con su bebé, podrá aprender quién es, y descubrirá las peculiaridades y características individuales que deben ser comprendidas y atendidas. En este libro, Mónica recuerda la frustración de escuchar que se referían a sus bebés llamándolos “los trillizos”, lo que la llevó a escribir retratos a pluma de cada uno de ellos, para ayudarnos a entender lo distintos que eran. Así mismo, es maravilloso ver …..cómo sus diferencias los llevaron a evolucionar para convertirse en tres únicos y gloriosos jóvenes y cómo cada uno tomó un camino distinto para convertirse en el adulto que es hoy en día.

INGA WARREN
Formadora y entrenadora del método NIDCAP.
Co-directora del programa para la educación en el neurodesarrollo del bebé.
Honorable investigadora asociada de la Universidad de Londres.
Consultora en Bliss. Autora de Bebés tempranos.
Vencer las probabilidades
El nacimiento de un niño antes de la fecha prevista, incluso cuando se advierte a los padres de que su hijo podría ser prematuro, es un acontecimiento estresante. Puede que uno se haya preparado para ello, pero a menudo es incluso más abrumador de lo que se podría haber previsto. Ahora, imagina que te enfrentas a trillizos nacidos once semanas antes de la cesárea. ¿Vivirán?
Este es un libro sobre una familia que comienza con un embarazo de alto riesgo y cuidados neonatales, hasta recibir el alta. A menudo, la historia se detiene ahí para los obstetras y los neonatólogos. Pero volver a casa con los tres bebés es un hito importante y el comienzo de un viaje de ida y vuelta para esta familia y sus trillizos, a lo largo de la infancia y hasta la edad adulta. Es la historia de una madre, Mónica, y sus trillizos, y ¡qué viaje ha sido! Desde continuar con la alimentación por sonda y el oxígeno en casa, hasta el propio agotamiento y la depresión postnatal, el viaje continúa a través del seguimiento inicial del desarrollo, hasta el comienzo de la escuela primaria. Luego, el paso al instituto y los desafíos de la adolescencia, hacer amigos y construir relaciones con los compañeros. Y todo esto mientras se intenta acomodar seis mudanzas de casa en diez años. La historia de este libro termina con la transición de los trillizos a la edad adulta. Y a pesar de un comienzo en común, cuán diferentes han resultado ser como individuos.
Han habido muchas tensiones y sacrificios a lo largo de este viaje, como el hecho de que el matrimonio no sobreviviera, pero ambos padres siguieron cuidando de sus dos hijas y de su hijo. Ha habido dolor, preocupación y dudas. Pero el mensaje más importante es el de la resistencia: cómo vencer las probabilidades, cómo enfrentar y superar los obstáculos y cómo compartir sus experiencias, así como todo lo que aprendieron al transitar por ellas para dar esperanza a otros que se encuentren en una situación similar.
Mónica y sus hijos son el testimonio de que uno puede superar y crear algo para que otros se beneficien —una asociación para padres de niños prematuros en España y en colaboración con toda Europa—. Que este libro de esperanza a muchos padres que han dado a luz a un niño prematuro o múltiples bebés.

DIETER WOLKE
Ph.D. Dr rer nat h.c.; Profesor de Psicología del Desarrollo y
Diferencias Individuales en la Universidad de Warwick, Reino Unido
Stradford upon Avon.
Trayectoria
Prematura es una asociación española de padres que forma parte de la fundación europea del cuidado del recién nacido (EFCNI), formada por padres de bebés que nacen antes de término o con alguna complicación en conjunto con los médicos especialistas. Surge en 2006 con la intención de optimizar el tratamiento y la evolución de los bebés prematuros durante toda su infancia y adolescencia, así como también ofrecer experiencia vivida a todas las familias que lo necesitan.
Mónica Vírchez ha participado en el desarrollo y crecimiento de la Asociación Prematura por 20 años. Desde el principio, ha conectado la asociación con otras organizaciones de padres tanto a nivel nacional como internacional nacional, como internacionalmente, promoviendo un intercambio fructífero de experiencias entre familias afectadas y profesionales.
En 2006, atendió a la primera reunión de padres en Roma, organizado por la Fundación EFCNI. Ha formado parte de esta organización como miembro de la junta asesora de padres desde 2015 hasta 2019. En esta posición, ha estado involucrada en el proyecto de los estándares europeos para el cuidado neonatal y para la salud del recién nacido, donde ha colaborado en el grupo de expertos sobre el seguimiento del niño nacido prematuro. Follow up and continuing care.
Su experiencia personal como madre de trillizos y bebés prematuros y profesionalmente por su licenciatura en psicología especializada en prematuridad, contando con sus habilidades y conocimientos para desarrollar un estándar para la atención y el cuidado del bebe contando con un seguimiento de alta calidad para recién nacidos prematuros y con alguna dificultad para lograr su mejor futuro.
Los Estándares Europeos para el cuidado de la Salud del Recién Nacido se lanzaron oficialmente en noviembre de 2018 en el Parlamento Europeo en Bruselas y fueron respaldados por más de 150 sociedades profesionales de la salud y organizaciones oficiales europeas.
En 2015, se creó el Congreso de Sociedades Neonatales Europeas conjuntas (Congreso jENS). Es el primer congreso médico donde los representantes de padres y pacientes participan activamente en sesiones y talleres, y permitió a los padres y profesionales de la salud cooperar y establecer una relación de apoyo, además de trabajar conjuntamente.
Estos son solo dos ejemplos de los cambios que podemos observar en la relación entre padres y expertos médicos. Por lo tanto, Mónica quiere continuar su compromiso con la voz de los padres, ya que está convencida de que una cooperación respetuosa de los padres y los profesionales dará como resultado una atención sostenida de alta calidad para los bebés prematuros o enfermos. Por lo tanto, promueve y apoya la profesionalización de grupos de padres como presidenta de la Asociación Prematura y miembro de EFCNI desde hace mucho tiempo y, por último, pero no menos importante, como madre de trillizos que nacieron prematuros.

SILKE MADER
Co-fundadora y Presidenta de EFCNI
Fundación Europea para el cuidado del recién nacido.
Por respeto al anonimato de los profesionales y hospitales se han cambiado los nombres originales en el libro.
A mis trillizos: Tania, Fiona y Dídac con
todo mi cariño, gracias por estar aquí.
A sus hadas madrinas: Ivana,
Charlotte, Joyce y Megan.
“Cuando un recién nacido aprieta con su
pequeño puño, por primera vez, el dedo de su
padre, lo tiene atrapado para siempre.”
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

XAVIER KRAUEL
INTRODUCCIÓN

Pensé mucho en hacer este libro y me llevó varios años decidir hacerlo, y poder terminarlo. Marc y yo somos mexicanos y hemos vivido fuera de nuestro país desde hace varios años.
Al acabar nuestras carreras profesionales y trabajos en la Ciudad de México, nos trasladamos a vivir a Inglaterra, donde tuvimos la gran suerte y bendición de tener a nuestros trillizos. Por el trabajo de Marc, nos hemos cambiado a diferentes residencias durante estos años, con varias mudanzas y un sinnúmero de vivencias y aventuras en compañía de nuestros tres hijos.Como psicóloga, siempre había trabajado en guarderías, kindergarten y consultorios. Desde que tuve a mis trillizos me he inclinado mayormente por todos los temas relacionados con la maternidad.
Ser padres de partos múltiples y bebés que han nacido prematuros es una gran aventura que resulta desconocida. Implica muchos cuidados, tanto para la madre durante el embarazo, como en el parto tan esperado, y más aun cuando los bebés nacen antes de tiempo. Se necesita mucha entrega, dedicación, tiempo y disposición para poder criar a tres bebés a la vez. Los padres se encuentran con grandes cambios en sus vidas, en sus emociones, y se enfrentan a los sentimientos que se producen ante el gran acontecimiento.
Este relato de mi experiencia como madre de trillizos prematuros ha sido un proyecto que comencé hace años y que apenas ahora he podido concluir. He recorrido una aventura única que ha marcado mi vida intensamente. En estas líneas encontrarás las vivencias de una madre que tuvo a sus trillizos prematuros en un país que no era el suyo, con el método NIDCAP en la Unidad Neonatal de un hospital en Londres. Describo mi embarazo de alto riesgo y un sinfín de experiencias vividas durante los veinte años posteriores.
No es una guía de consejos, pero sí una experiencia vivida con una red de apoyo psicológico y otros aprendizajes adquiridos en un país distinto al propio. Tanto los bebés como nosotros, somos guerreros que luchamos por sobrevivir a esta difícil experiencia de mucha incertidumbre, dudas, confusiones y dolor.
Este libro está dirigido a todos aquellos padres y madres que estén interesados en la prematuridad de uno o varios bebés a la vez, así como el paso por la unidad neonatal, por haber tenido hijos que nacieron antes de tiempo. Relato mi recorrido durante mi concepción, embarazo, parto y postparto. Comparto mis peripecias en un país que no era el mío, así como la gran ventaja y beneficio que recibieron mis hijos con el método NIDCAP en un hospital inglés, mismo que explico a detalle más adelante.
En él, considero la importancia de la prevención durante el embarazo y los cuidados óptimos para recibir a los tres bebés a la vez; las complicaciones que pueden aparecer, y las posibles situaciones en el parto y postparto. Existen cambios inesperados que se pueden presentar en estos bebés tan frágiles y sensibles que necesitan cuidados médicos especiales.
También relato el día del nacimiento de los trillizos por medio de una cesárea y la posterior lactancia respetada. Comparto el hecho de haberme dado cuenta, varios años más tarde, de que tuve la oportunidad de llevar a cabo una maternidad consciente sin haberla planeado. Valoro la oportunidad de haber vivido esta experiencia única e inolvidable en un país extranjero, gracias a la Seguridad Social Inglesa (NHS).
Así mismo, recalco la importancia del vínculo y el apego que desarrollan los padres con los bebés prematuros que son tan frágiles y vulnerables. Puntualizo los sentimientos y emociones vividos por los padres primerizos que se encuentran ante una nueva y difícil situación que los pone a prueba.
De igual manera, mi intención es adentrarme en la importancia del vínculo piel con piel, el método canguro, la lactancia materna, el masaje infantil y la atención a los padres, y aprovecho para compartir con el lector cómo aprendíamos a ser padres y a llevar una maternidad consciente.
Explico cómo el apego, el tacto, el cariño y la presencia de los padres son esenciales para la supervivencia de estos pequeños seres humanos.
Explico asimismo en qué consiste el Método NIDCAP en el hospital (Es un método reconocido internacionalmente por su humanización de la neonatología. Su metodología conjuga una técnica validada y estandarizada para los recién nacidos).
Comparto con el lector nuestra experiencia como padres primerizos, cuando conocimos los principios básicos de método NIDCAP y valoramos el tacto positivo, los toques que se le pueden hacer a los bebés, la comunicación, la interacción, el llanto, el sueño del bebé, así como los primeros cuidados en casa.
Muy pronto pudimos darnos cuenta de que la planificación, la organización y la logística para poder sobrellevar la situación con tres bebés prematuros implicaba un reto gigantesco: ¡rutina sin parar y seguir adelante!
Adicionalmente, incluyo a detalle los diferentes estudios, análisis y pruebas necesarias para su desarrollo óptimo, así como los controles durante el primer año, y la importancia del seguimiento del prematuro durante la infancia y adolescencia, además de las revisiones médicas y psicológicas de los niños llevadas a cabo por diferentes profesionales.
Menciono también cómo fue distinto su desarrollo y su crecimiento, a pesar de haber sido tres bebés que nacieron el mismo día, y recalco la manera en la que se tuvieron que adaptar a las distintos retos individuales y cambios de país. También comento cómo llevaron a cabo su escolaridad desde el inicio hasta el día de hoy en la universidad. Planteo lo importante que es para la familia el cuidado de la madre en el postparto. Las secuelas por la falta de sueño, la fatiga excesiva hasta llegar a un burnout y posteriormente una fibromialgia. Lo dañina que es la privación de sueño y el sueño no reparador, condición con la que he tenido que aprender a vivir, ya que me ha acompañado durante 20 años.
Asimismo, comento la importancia que tienen las asociaciones de padres a nivel nacional en España y a nivel europeo, al mismo tiempo que comparto el gran valor de contar con una red de contactos con diversos profesionales de la salud a los que tuve la oportunidad de conocer y de quienes aprendí tantas cosas durante todos estos años.
Una parte fundamental del libro está dedicada a la historia de la creación de la Asociación Prematura y de la Fundación Europea EFCNI en Alemania, así como la gran red de contactos y documentos publicados por las asociaciones de padres: Importancia de los derechos del bebé prematuro, del Proyecto Europeo sobre los Estándares sobre el cuidado neonatal en los bebés nacidos antes de tiempo y la presentación y asistencia al Parlamento Europeo, en Bruselas.
Invito a los padres que se encuentran en esta situación tan especial de partos múltiples a informarse, a leer tantos libros y artículos como puedan sobre el tema de prematuridad, embarazos múltiples, así como las referencias bibliográficas e investigaciones para adentrarse en el tema.
Les sugiero de manera especial hacer contacto con otras familias que han pasado por la misma experiencia y apoyarse entre ustedes. Los invito a aprender conjuntamente con los profesionales sanitarios y salir delante de esta gran batalla en compañía de nuestros hijos.
Informo y motivo a los padres de prematuros y múltiples a tomarse muy en serio y llevar a cabo el seguimiento del niño, tan fundamental en su desarrollo psicocognitivo y social para su salud integral. Planteo además cómo podría ser una educación ideal para los niños prematuros.
Para finalizar, planteo mis conclusiones sobre este largo camino de aprendizaje para orientar a los padres primerizos. También anexo testimonios de personas que observaron y vivieron conmigo este camino en diferentes etapas y mi resiliencia en los años difíciles.
He recorrido una aventura única que ha marcado mi vida intensamente.
CAPÍTULO 1
Iniciando la nueva aventura

Planificación de la familia, la noticia y la sorpresa
La gente cree que tengo una historia de “cuento de hadas”, porque ven a mis hijos sanos, por fortuna. Pero no fue realmente así y ahora les contaré la realidad de esta gran aventura. Me siento muy afortunada con la experiencia vivida en Inglaterra.
¡Uno de cada diez nacimientos en el mundo son prematuros! La prematuridad es uno de los problemas de salud más prevalentes entre la población infantil de los países desarrollados. Entre un 8% y 10% de los nacimientos se dan antes de la semana 37 de gestación, y es la causa del 75% de la mortalidad perinatal, además de ser motivo del 50% de los problemas de discapacidad en la infancia (UNICEF, OMS).
Iniciaré mi relato contando que Marc y yo dejamos nuestro México lindo y querido después de habernos casado, y de que él ganara una beca en el extranjero. Estuvimos cambiando de residencia y empezamos a plantearnos la idea de tener familia. Vivíamos en aquel entonces en Alemania, y la empresa donde trabajaba Marc lo trasladaba de nuevo al Reino Unido. Yo tenía 35 años y llevábamos una vida tranquila. Somos un poco aventureros y nos gustaba viajar y conocer diferentes culturas.
Llegamos a vivir a Inglaterra y nos instalamos en una cabaña, un antiguo granero a las afueras del norte de Londres, en un micro pueblo muy cerca de Watford y no muy lejos del trabajo de Marc. El lugar era hermoso, silencioso y retirado de la civilización. Estábamos rodeados de naturaleza, todo era muy verde, rodeado de prados y bosques. La típica campiña inglesa muy bonita, aunque aislada de la ciudad. Había animales silvestres a nuestro alrededor y ausencia de alumbrado en las aceras. Llevábamos una vida muy práctica y, en aquel entonces, yo trabajaba en la ciudad; estábamos como a 40 minutos del centro. Solíamos salir los fines de semana con nuestros amigos o a visitar los alrededores.
Todavía era finales del invierno, cuando salí un fin de semana a pasear con mi madre que estaba de visita con nosotros. Empecé a tener un dolor intenso en la parte baja de la espalda, en el riñón, y tuve que acudir a mi médico rápidamente. No podía ni conducir, era un dolor muy fuerte que no había sentido nunca. Tenía un cólico nefrítico o algo similar, así que tuvieron que ingresarme unos días para observación médica. Por ese ingreso y las pruebas de sangre que siguieron, supimos que estaba embarazada. Cuando nos dieron la noticia, nos quedamos muy asombrados. Realmente nos sentimos sumamente contentos y lo recibimos con mucho entusiasmo e ilusión. Seguí mi vida y mi rutina diaria de manera normal, no tuve náuseas o vómitos en las primeras semanas, como suele sucederle a muchas futuras madres, y eso me llamó la atención. Solo recuerdo haber estado muy sensible del sentido del olfato. Olía el café con claridad a larga distancia.
Primer trimestre de embarazo
En las primeras revisiones ginecológicas rutinarias, nos dijeron que estábamos esperando gemelos, lo cual nos hizo mucha ilusión pues personalmente siempre había deseado eso, pero nunca pensé que me pasara a mí. Nos hicimos a la idea de que tendríamos gemelos y estábamos felices con la noticia. Unos meses después, fuimos a la siguiente consulta médica y con el ultrasonido nos confirmaron que no veían dos bebés, ¡sino que eran tres! Y estaban en distintas bolsas.
No lo podíamos creer y nos sentimos todavía más emocionados. Claro que eran aún muy pequeños, pero se veían a la perfección en la pantalla del aparato. La verdad es que fue sumamente sorprendente y fuerte recibir la gran noticia para nosotros como futuros padres primerizos, la tomamos con gran ilusión y nos alegró muchísimo. ¡No lo podíamos creer!
En el marco del sistema nacional de salud (NHS) británico, se plantea la opción de la reducción de embriones, y, de hecho, nos preguntaron si estábamos de acuerdo con la idea de continuar con un embarazo de trillizos, ya que los embarazos múltiples implican altos riesgos físicos para la madre y los bebés, además de que plantean una gran aventura para los futuros padres.
Nosotros estábamos convencidos desde el inicio sobre nuestra decisión de quedarnos con los tres y seguir adelante con la gestación, no nos cupo ninguna duda. Por lo tanto, no se volvió a tocar el tema con el doctor. Mi médico nos indicó que sería un embarazo de alto riesgo por mi edad, además ser embarazo múltiple. A partir de los 35 años, las mujeres tienen mayores riesgos, además de necesitar cuidados especiales y mucho reposo. El médico nos recomendó que contactáramos con diversas asociaciones relacionadas con la maternidad para recibir asesoría y la guía necesaria, ya que tener un embarazo múltiple sería algo delicado e implicaría varios cambios en nuestras vidas. Nos sugirió que contactáramos a la Dra. Brant, de la Asociación de Embarazos Múltiples (Multiple Birth Association, MBA), en Londres.
Me puse en contacto de inmediato con la asociación y me comentaron sobre las próximas reuniones que organizaban para futuras madres de múltiples. Posteriormente, me enviaron información con las fechas de los siguientes encuentros para embarazas de gemelos o trillizos en un hospital de Londres, donde estaba la MBA en aquel entonces. Continuaba con mi rutina día a día y me sorprendió que realmente no tuviera cambios repentinos o notables en mi cuerpo como yo esperaba, por tratarse de mi primer embarazo ¡y de trillizos!
Lo único era que me sentía sumamente fatigada, tenía sueño permanente a todas horas. Durante el primer trimestre seguí moviéndome por la ciudad como de costumbre. Estuve tomando clases de yoga, pero las tuve que dejar pues me cansaba muy rápido con los ejercicios. Recuerdo algún día haberme quedado dormida en el tren antes de llegar a mi destino. Mi abdomen había comenzado a crecer poco a poco, y cada día estaba más y más grande.
Previendo los inconvenientes, decidimos que lo más acertado sería cambiarnos de casa. Vivíamos en un lugar hermoso y rodeado de naturaleza, muy sano, pero muy apartado de la ciudad, y no me veía con mis tres futuros bebés alejada de la civilización y de todo lo que pudiera necesitar como madre primeriza. Así que empecé con la búsqueda de un piso en Londres. Estaba cursando mi primer trimestre del embarazo.
Al visitar los diferentes departamentos, tuve algún dolor de ciática, pero sólo era molesto y me duró un par de días, nada especial. Poco a poco veía que engordaba, pero solo de la barriga, los brazos y la cara se adelgazaban. Por supuesto que el médico me había recetado suplementos de hierro y ácido fólico, además de aspirina infantil para los primeros meses, los cuales tomaba sin falta, e intentaba comer alimentos sanos, pero reconozco que no tenía apetito y me sentía satisfecha rápidamente. El estómago se me llenaba muy pronto. Comía lo que me apetecía en ese momento y varias veces al día. Recuerdo haber tenido mucha sed y beber mucha agua y zumos durante este periodo y, sobre todo, intentaba descansar cuando tenía oportunidad. Dormía bastante bien, sin problemas, y descansaba lo suficiente, pero aun así me sentía cansada. Experimentaba mucho agotamiento físico. En Londres comenzaba la primavera y los días se empezaban a poner muy lindos y soleados.
Mi médico nos comentó que, tras las 14 semanas de embarazo, había pasado el peligro de aborto natural, común en los embarazos múltiples. Por esa razón, no quisimos dar la noticia a nuestras familias hasta que hubiera pasado el tiempo suficiente para compartir con los nuestros la alegre y sorpresiva nueva. Tenía mis revisiones ginecológicas periódicas a las que siempre acudía con entusiasmo y constancia para saber cómo se encontraban los bebés. Me sentía muy emocionada cada vez que tenía cita médica. Me hacían varias pruebas, ecografías, estudios de laboratorio y todo parecía normal durante estas primeras semanas de gestación. Mi médico me envió a hacerme una prueba necesaria con el doctor Nick.
Me gustaría hablarles un poco del doctor Nick y de su trayectoria.: Se trata de un médico extranjero radicado en el Reino Unido, especialista en medicina materno-fetal y pionero en la cirugía fetal. Profesor de medicina fetal en el Hospital King’s College en Londres, mejoró la prevención de la preeclampsia y del parto prematuro y el desarrollo de la terapia fetal. Realizaba operaciones quirúrgicas intrauterinas. Llevaba a cabo la evaluación del escáner de 11 a 13 semanas, incluida la medición de la translucencia nucal, y fue él quien propuso un nuevo modelo de atención del embarazo. Estos estudios permiten evaluar el riesgo de amenaza de aborto o parto prematuro, además de que son muestra de que es posible evaluar el riesgo de la mayoría de las complicaciones relevantes que afectan a la madre y al minúsculo bebé. Evaluar la posibilidad de complicaciones del embarazo de alto riesgo en un momento temprano brinda a los médicos la oportunidad de tranquilizar a las pacientes y a las futuras madres.
El Dr. Nick realizó un estudio nucal específico para esa semana de gestación con el que podríamos saber cómo se encontraban los bebés, midiendo su peso, y su talla, además de evitar la prueba de la amniocentesis, ya que es invasiva y conlleva el riesgo de inducir un aborto. La prueba nucal era común en Inglaterra en ese momento y consistía en medir la nuca del bebé por medio de la ecografía para así saber si existía algún problema específico, como podría ser una complicación en algún órgano, síndrome de Down u otro factor genético importante a tomar en cuenta durante el embarazo y el futuro parto.
Unos días más tarde, nos enteramos de la siguiente reunión de la MBA, que se llevaría a cabo en el Queen Charlotte’s Hospital. Marc y yo asistimos nerviosos aunque muy interesados y motivados por saber qué nos dirían. Pudimos darnos cuenta de que, entre los asistentes, habían varias mujeres embarazadas de gemelos y cuatro de trillizos. En la mesa de discusión hablaron distintas madres de partos múltiples que desempeñaban diversos roles en sus vidas diarias: la ejecutiva de empresa, la madre trabajadora, la que se queda en casa, la desorganizada, la hippie, la “supermamá”, la deportista, la perfeccionista y otras más.
Me pareció muy interesante escucharlas y nos dieron varios folletos, dosieres, consejos, sugerencias, además de que nos recomendaron libros sobre el tema. Estas reuniones se realizaban cada dos o tres meses aproximadamente. Recuerdo que me llamó mucho la atención que las madres de múltiples comentaron que todas habían estado internadas en el hospital por alguna complicación, generalmente por hemorragias que son comunes en este tipo de embarazos. De cualquier manera, empecé a enterarme del tema, a buscar referencias bibliográficas, y a visitar librerías, ya que todas las cuestiones relacionadas con los bebés y los embarazos múltiples me parecían muy interesantes e importantes en ese momento. Me motivaba saber qué estaría pasando en mi cuerpo en ese instante, semana a semana, y lo que podría hacer yo por mis bebés. La Asociación de Partos Múltiples daba una serie de recomendaciones para futuras madres de trillizos.
Cuidados en el embarazo de alto riesgo con trillizos
El mío se consideraba un embarazo de alto riesgo porque, según los estudios, el promedio de la gestación de trillizos era de alrededor de 34 semanas. Los obstetras recomiendan el reposo absoluto a partir de la semana 24, ya sea en hospital o en casa con las mismas atenciones que en un centro médico. La única diferencia es que en casa se necesita organización y mucha ayuda para la futura mamá en reposo.
Generalmente se sugiere a la futura madre practicarle una cesárea por seguridad, tanto de ella como de los bebés, ya que con el parto natural pueden experimentar sufrimiento fetal los pequeños que nacen después del primero. Se informa a los padres sobre la posible futura prematuridad de los múltiples, ya que en trillizos el 80% nacen antes de tiempo y necesitan tratamiento especial en las unidades de cuidados intensivos de los hospitales durante varias semanas (MBA, 1998). Sin embargo, hay países en los que siguen naciendo bebés múltiples por parto natural, como Estados Unidos.
Con toda esta información confirmamos nuestra decisión de cambiarnos a la ciudad, pues no me veía sola con tres bebés viviendo en el campo y desconectada de los servicios. Empezamos a organizarnos para visitar posibles pisos donde vivir. Londres es una ciudad muy cara, así que teníamos que hacer una gran búsqueda y hallar algo que fuera práctico para nosotros.
Cuando estaba aproximadamente en el cuarto mes encontré un piso en el centro y decidimos cambiarnos lo antes posible. A partir de ese momento, empezamos a tomar en cuenta los espacios de las habitaciones, cercanías y cosas prácticas para cuando tuviéramos a los bebés en nuestro hogar. Así es que realizamos la mudanza en pocos días y pronto estuve ya instalada en el nuevo piso en Londres, mucho más cerca de los médicos en el centro de la ciudad, lo cual resultaba muy cómodo para mí y me tranquilizó bastante. Todavía pude hacer la mudanza con tranquilidad, calma y ayuda.
El piso estaba cerca del metro Maida Vale. Volvíamos de nuevo a Londres, ciudad entrañable y acogedora. Activa, dinámica y vanguardista. Te atrapa y siempre me ha parecido atractiva, me gustaba mucho y siempre disfruté de sus calles y su vida.
Nos instalamos rápidamente y a mi ritmo. Me sentí muy tranquila y motivada cuando volví a la ciudad, pues presentía que mis hijos estarían mejor atendidos. Entraba la primavera en Londres y se respiraba otro aire y ambiente, los parques estaban florecidos con narcisos y tulipanes típicos de esa época del año.
Semanas más tarde, ya instalada del todo y sintiéndome más segura, volví a tener cita con el gran doctor Nick en Harley St., zona de las consultas de los mejores médicos en la ciudad, cerca de Regent’s Park. Esta vez era un encuentro muy especial pues nos dirían el género de nuestros bebés y estábamos muy expectantes e ilusionados.
Acudí a la cita cerca de la semana 20 de gestación, era una ecografía rutinaria del embarazo y el doctor Nick nos dijo que estábamos esperando dos niñas y un niño. Nos dio mucho gusto, aunque cualquier género nos hubiera parecido igual de bien, realmente no teníamos preferencias. Sin embargo, el médico especialista comentó que me preparara, ya que pronto empezaría a sentirme muy pesada y cansada, sobre todo porque la panza aumentaría mucho debido al crecimiento simultáneo de los tres bebés, a la vez desarrollándose dentro de mi vientre, semana a semana. Se acercaba el inicio del verano y todavía me sentía con algo de fuerza. Sin embargo, se me hincharon los pies por el calor que hacía. Así es que seguía tomando mis descansos, y continuaba también con el suplemento de vitaminas para el embarazo.
Todavía realizamos un viaje con la autorización del doctor Nick aunque yo estaba muy dudosa. Me parecía que el médico comprendía perfectamente que sería una de nuestras últimas salidas antes de tener a los bebés y por mucho tiempo. Me cuidé mucho durante el viaje y lo disfruté sabiendo que tal vez sería el último juntos como pareja. En general estuvo muy bien y fue tranquilo. Únicamente me sentí cansada cuando caminaba, ya que empezaba a estar más pesada y panzona. También al levantarme de la cama, reincorporarme y ponerme de pie. Me empezaba a costar mucho moverme.
Las semanas posteriores empecé a sentir mucho dolor en las dos ingles por el peso de la panza, creo que en todo ese proceso fue el dolor más fuerte que sentí. Claro que descansaba e intentaba no estar de pie mucho tiempo, pero era como si fuera la gravedad y la panza pesara, así que no podía mejorar mucho ese dolor. Compré un cinturón para embarazo y lo usaba de día al caminar, me ayudaba solo un poco a sostener la barriga que cada vez se volvía más y más grande.
Complicaciones
Continuaba con mi embarazo de manera normal, aunque empecé a sentirme cada vez más cansada, día a día. Estaba cerca de las 22 semanas cuando, de una semana a otra, todo cambió. Tenía que ir con Marc a comprar algunas cosas que nos faltaban, entre ellas las cunas de nuestros bebés, cuando de pronto tuve una gran hemorragia. Fue cuando me di cuenta de que las complicaciones habían comenzado. Nos asustamos mucho e inmediatamente hablé con mi médico y me recibió de emergencia en su clínica, que se encontraba bastante cerca, afortunadamente.
Me revisó, parecía preocupado, y me preguntó qué había pasado. Solo recuerdo que, durante esa última semana, me había sentido sumamente cansada, más de lo habitual. En ese momento me sentía preocupada, sorprendida y nerviosa a la vez. Me di cuenta de que había tenido un embarazo hasta entonces de lo más normal hasta esa semana, y que de un momento a otro todo había cambiado para mí y mis bebés. Hizo varias llamadas telefónicas a sus conocidos y contactos médicos, pues yo estaba registrada para tener el parto en un hospital, pero ahí no atendían partos prematuros antes de la semana 34. Así que teníamos que organizar todo para poder recibir atención médica urgente y cerca de mi casa.
Me asignaron el hospital del Servicio Nacional de Salud (NHS) que me correspondía por la zona donde vivíamos, de modo que fuimos de inmediato a urgencias de maternidad. Me revisaron y me pusieron suero y una inyección intravenosa con un medicamento llamado Prepam, para controlar las contracciones y poder retener a los bebés en mi vientre el mayor tiempo posible, aunque yo no sentía ningún movimiento de las contracciones. Pasé todo el fin de semana ingresada en maternidad y en reposo absoluto. Estaba alarmada, asustada, y Marc me acompañaba.
Me sentí mejor en el hospital, más segura, y pude descansar. El centro de salud era antiguo, amplio, con techos altos. Era el mes de julio y empezaba a hacer mucho calor, recuerdo beber agua fresca con hielo que me hacía sentir renovada. También comía mejor. Me dieron de alta el lunes y regresé a mi departamento, que estaba muy cerca. Estuve tranquila ese día y al siguiente tuve otro sangrado escaso por la mañana. Tuve que volver a urgencias de inmediato y me ingresaron en maternidad, veía muy preocupadas a las enfermeras.
Durante el día me comunicaron que no tenían tres cunas disponibles en la unidad de neonatos, así que empezaron a buscar en otros hospitales de la seguridad social (NHS) de la ciudad. Ese mismo día por la tarde me trasladaron en ambulancia a otro centro en el que recibían casos de embarazos de alto riesgo, bebés que nacen prematuros y embarazos múltiples. Llegan casos de todas partes de Inglaterra. Me sentí rara en la ambulancia y fue en ese momento cuando me percaté de la gravedad de mi situación. Marc venía siguiéndome en el coche.
Yo estaba en la semana 22 de gestación y me llevaron directamente a la sala de partos, donde pasé sola la primera noche pues era probable que nacieran en cualquier momento. Por un lado estaba alerta y asombrada, por otro, rogaba y confiaba en que mis bebés se quedaran conmigo esa noche y más tiempo.
Me estuvieron controlando las contracciones que tenía a pesar de que no las sentía. Esa noche estaba nerviosa escuchando a otras madres teniendo a sus bebés ahí cerca, pariendo, escuchaba gritos, enfermeras que corrían casi a mi lado. Yo deseaba inmensamente que los míos se quedaran en mi vientre y que todavía no nacieran, pues sabía que eran aún muy pequeñitos. Afortunadamente, las contracciones empezaron a disminuir durante la madrugada y a las 8 de la mañana me trasladaron a mi habitación. Estuve en una zona de observación dentro de la maternidad durante una semana aproximadamente, donde me encontraba sola en una habitación. Después me cambiaron a la zona de maternidad con las demás futuras mamás que padecían preeclampsia o alguna otra complicación.
Este segundo hospital lo recuerdo antiguo, enorme, frío, un poco oscuro y con techos altos. Contaba con personal sanitario muy diverso, de países europeos, asiáticos y de distintas culturas. Las enfermeras eran muy amables y hasta la encargada de la comida charlaba conmigo. Mi sensación era que el hospital era muy viejo pero contaba con profesionales de la salud muy especializados y preparados. Nos comentaron que ahí llegaban los casos de alto riesgo de toda la ciudad. Existe la idea preconcebida de que los ingleses son muy fríos, pero yo me llevé una gran sorpresa. Siempre me sentí atendida, protegida y tomada en cuenta como paciente y como persona. Los doctores y las enfermeras eran educados, respetuosos y con la mejor disponibilidad humana. Los encontré a veces hasta cercanos, al contrario de lo que se piensa de ellos en otros países.
En cuanto ingresé en el hospital avisé a mi madre, quien vivía en el extranjero, pues sabía que Marc tendría que seguir trabajando fuera de la ciudad y no podría acompañarme durante todo el día. Llegó esa misma semana y siempre le estaré agradecida, ya que no sé qué hubiera hecho sin su presencia y sus consejos, tan importantes en este proceso. Fue clave en mi embarazo de riesgo y durante mi estancia en el hospital en reposo absoluto.
Tenía varias revisiones de las enfermeras durante el día y, por las noches, observaban los signos vitales y hacían monitoreo electrónico de los bebés. En la ronda de visita de las mañanas, los médicos especialistas me explicaban cómo iba mi situación de salud. Me alimentaba mejor en el hospital, comidas completas aunque no muy abundantes. La alimentación durante el embarazo es sumamente importante, y más cuando hay tres bebés creciendo en tu interior. Era difícil, ya que sentía el estómago lleno, pero hacía lo posible por comer y beber lo suficiente, líquidos, caldos, agua y leche.
Me sacaban sangre todas las mañanas para los análisis de laboratorio, y pruebas de orina para poder revisar el azúcar, el hierro, y las proteínas. Podrían parecer pruebas molestas, pero me acostumbré rápidamente a esta rutina de la enfermería. Me indicaron que estaba anémica, así que empezaron a darme vitaminas y pastillas de hierro, y me explicaron que la anemia era normal en los embarazos múltiples, ya que los bebés toman todos los nutrientes de la madre. No tenía ningún suero ni sonda intravenosa, simplemente estaba recostada en la cama del hospital incubando a mis bebés.
Empezaron a inyectarme heparina para que no se formaran coágulos en las piernas, ya que me pasaría bastante tiempo acostada en la cama sin hacer mucho movimiento ni esfuerzos. También me inyectaban esteroides dos veces por semana para poder ayudar a los pulmones de los bebés a madurar, tomando en cuenta que podían nacer en cualquier semana de gestación. Mi madre me ayudaba después de ducharme a colocarme las medias elásticas de compresión en las piernas, necesarias para evitar la formación de coágulos, porque yo ya no podía inclinarme por la enorme panza.
Me sentía sumamente cansada aunque no hiciera ningún esfuerzo, era como un agotamiento general. Así que intentaba dormir cuando me apetecía para poder descansar. La mayor parte del tiempo dormía sentada y muy cómoda, recargada en una almohada, redonda del tipo de las de lactancia. Comía mucha fruta, que era lo que se me antojaba en esos días, y bebía agua con hielo pues era verano y hacía mucho calor en las habitaciones del hospital. Las enfermeras insistían mucho en que bebiera además leche suficiente en el desayuno y en la cena. También me sugerían tomar cerveza Guinness —que me conseguía Marc— por la cantidad de hierro y malta que contiene. Por supuesto sin alcohol.
En las semanas siguientes, los médicos detectaron que había desarrollado una diabetes gestacional, así que comenzaron a quitarme todo el azúcar en la comida, mermeladas, jugos, miel, azúcar blanca, postres y demás. Empezaron a hacer controles diarios de azúcar en sangre y me comentaron que desaparecería cuando nacieran los niños. Además, me hacían un recuento rutinario de la hemoglobina en sangre para ver cómo me encontraba de la anemia.
Por otro lado, para bañarme tenía que usar una silla de plástico para poder sentarme cómodamente. Mi madre me ayudaba a ducharme y tenía que ser en unos cuantos minutos, ya que no podía ponerme de pie por mucho tiempo por el peso de la barriga. Sufría mucho dolor inguinal por el sobrepeso y sobre todo durante las últimas semanas antes de que nacieran los bebés.
Me dediqué principalmente a descansar, a dormir, a incubar a mis bebés, y a leer artículos y libros durante el día. La información que encontraba me relajaba y me sentía motivada e interesada en saber más sobre los partos múltiples y lo que pasaba en las futuras madres. En ese tiempo, no existían los teléfonos móviles como ahora y me gustaba leer en papel. En los libros que había consulado por mi estado de alto riesgo encontré esta lista que me pareció interesante para compartir:
Posibles causas de la prematuridad
♦Inadecuada nutrición o hidratación
♦Abuso de substancias tóxicas (tabaco, alcohol, drogas)
♦Estrés emocional (mujer sin pareja, embarazo no planeado, separación o divorcio, reciente cambio de casa, aislamiento geográfico-cultural, enfermedad crónica en la familia, alguna muerte reciente, madres solteras)
♦Estrés financiero, desempleada, hogar inadecuado
♦Miedo al incremento del abdomen durante el embarazo
♦Miedo de estar embarazada de dos o más bebés
♦Antecedentes de un embarazo o parto prematuro
♦Historial de parto prematuro en la línea materna (en varias generaciones o antecesores)
♦Crónico (riesgo prematuro de ruptura de membranas)
♦Obesidad o sobrepeso
♦Problemas en la placenta (placenta previa)
♦Hipertensión (toxemia)
♦Infecciones vaginales (clamidia, trastornos severos en los riñones o vías urinarias)
♦Anomalías congénitas (problemas de corazón)
♦Fibromas (tumores benignos en el útero)
♦Anomalías cromosómicas (síndrome de Down)
♦Anomalías uterinas, incompetencia cervical
♦Diabetes mellitus
♦Insuficiente o excesivo líquido amniótico
♦Embarazos múltiples (casi la mitad de los mellizos y el 90% de los trillizos son prematuros)
♦Desprendimiento de placenta
♦Preeclampsia o hipertensión durante el embarazo
♦Incompetencia cervical
♦Complicaciones con el bebé, problemas con el líquido amniótico, infección o muerte del feto.
♦Exposición a las radiaciones (rayos-X), gases anestésicos
♦Accidente automovilístico u otro tipo de herida (caída)
♦Trauma físico, abuso corporal
♦Trabajo físico exagerado, viaje demasiado cansado
♦Dos o más abortos en el segundo trimestre
(HAVING TWINS, 1991)
A pesar de que los diferentes factores de esta lista pueden influir, los médicos no saben aún con precisión por qué ocurre el parto prematuro, ya que puede suceder, tanto en un embarazo, como en embarazos múltiples y en diferentes semanas de gestación.


Nunca olvidaré el día en el que Mónica me dijo que estaba embarazada. Se tocó la tripa y dijo: ¡hay uno aquí, otro aquí y otro por aquí… iba a tener trillizos! Estaba muy contenta por ella, pero no podía no pensar en qué complicada iba a estar la situación como madre primeriza.
La panza de Mónica iba creciendo y creciendo y transformándose a la vez; las actividades del día a día estaban siendo cada vez más difíciles, mientras que los bebés parecían crecer de una forma sana. Mónica tuvo que afrontar obstáculos físicos y emocionales, y adaptarse a la nueva rutina, siempre con la meta de estar sana.
Después llegó el día de ir al hospital por el reposo absoluto. Tuvo que quedarse a descansar, recuperarse y ser atendida durante dos meses. Era para estar seguros de que estuviese sana y de que los bebés nacieran sin ningún tipo de problema. Mónica parecía estar con una mente positiva durante todo el proceso y para poder darles el mejor resultado a los tres bebés.
¡Al fin nacieron!, ¡Y los tres bebés estaban bien! Ana era de tamaño normal, mientras que Diego y Tamara eran pequeños. Los primeros días que Mónica pasó con sus hijos fueron muy difíciles. Las incubadoras eran abrumadoras, pero ella estaba concentrada en hacer lo mejor posible para sus bebés.
Por fin llegaron a casa y los retos continuaban, pero ahora sin el apoyo constante del personal del hospital. Mónica estaba adaptándose a los tremendos cambios que el embarazo había causado en su cuerpo. Ahora, reajustándose a su barriga sin los bebés y con una nueva familia esperándola en casa. Estaba súper agotada considerando todo lo que tuvo que pasar, pero no había tiempo para descansar.
Ella parecía concentrada en los bebés y en sus necesidades, con las complicaciones añadidas de los cuidados especiales para niños que nacen prematuros, además de y hacer todo lo posible para nutrirlos y quererlos. Desde el principio, los bebés tenían tres caracteres diferentes y así continuó a medida que se hacían más grandes.
Yo recuerdo que al principio dejó de preocuparse por ella misma, dejó de lado tanto su salud mental como física. Sin embargo, parecía estar consciente de ello. El continuo agotamiento se volvió más visible y estaba pasando factura de forma física y mental. Parecía ser que Mónica estaba volviendo a su forma normal —ser una mujer, una esposa (haciendo todo como antes)— y ahora también una mamá.
Los bebés se estaban convirtiendo en niños y nuevos obstáculos aparecían: sus personalidades individuales estaban haciéndose notar. Mónica se concentró en darles todo lo posible y estrechar los lazos entre ellos, lo cual consiguió de forma notable.
Gradualmente, Mónica empezó a fortalecerse y a hablar sobre sus sentimientos y sus problemas. Esto la motivó a buscar ayuda y también estar atenta a los problemas que una madre con hijos prematuros puede afrontar a lo largo de todo el proceso. Eventualmente empezó a darse permiso para cuidar de sí misma, lo cual era igual de importante.
Los retos han continuado a lo largo de los últimos 20 años y me he sentido honrada de haber compartido muchos momentos con Mónica. Ella ha criado a tres de los jóvenes adultos más educados que he conocido jamás. Gracias por formar parte de mi vida y compartir muchos momentos bonitos juntas.
VANDA, enfermera en Londres

CAPÍTULO 2
Pasando la primera prueba

Maternidad
Es muy frecuente que la sociedad nos venda la idea de un embarazo normal y precioso y seguramente será así para la mayoría. Nos enseñan en revistas y en distintos medios de comunicación que es la culminación de la felicidad, cuando realmente para muchas mujeres no es así. Creo, por otro lado, que no se nos informa lo que se puede llegar a vivir en realidad, lo que se puede sentir o experimentar. No solo cuando tenemos un embarazo múltiple y de alto riesgo, pues hablando con otras mujeres, pacientes, amigas y futuras madres, supe que muchas de ellas también atravesaron abortos espontáneos, embarazos difíciles, a veces dolorosos emocional y físicamente.
He sido testigo en ocasiones, de que algunas las futuras madres han padecido preeclampsia, diabetes gestacional, anemia, pérdida de sus bebés en diferentes meses del embarazo, complicaciones diversas, sorpresas desagradables y otras desgracias durante el nacimiento. No se cuenta con suficiente información por parte de los ginecólogos y obstetras, y algunas futuras madres se lo toman a la ligera y no se informan lo bastante. Por eso, siempre les sugiero que tomen las clases de preparto, ya que es un buen camino y una oportunidad de acercarse mucho más a su embarazo y vivirlo conscientemente. También me parece importante el que puedan contar con una acompañante durante su embarazo, parto y postparto. Hay excelentes matronas y acompañantes o doulas en la actualidad en diferentes países europeos y en España. En el Reino Unido, Holanda, Suecia y Estados Unidos se cuenta con este apoyo. La madre de la embarazada puede hacer la función de acompañante, o bien la persona que escoja la futura madre. Resulta muy beneficioso para la mujer contar con alguien de su confianza junto de ella durante este hermoso proceso. La presencia de la matrona o comadrona durante el embarazo es básica para un mejor control del trabajo de parto.
A pesar de que me documenté durante mi embarazo, pasé dificultades y grandes retos que tuve que vivir cuando estuve ingresada en el hospital. Actualmente, me parece que no hay la suficiente información sobre la prevención y los cuidados durante la gestación en los hospitales. Me refiero a datos a los que la futura madre tenga acceso en los centros médicos, las clínicas y las consultas. Falta mas información: guías, folletos, trípticos, pósters.
Por otro lado, las futuras madres a veces no se lo toman en serio y creen que no hay nada malo que pueda pasarles a ellas o a sus bebés. Se advierte sobre los riesgos o posibles complicaciones, pero a veces no se toman con la debida seriedad y responsabilidad.
Ahora pienso que me informé sobre el embarazo porque me interesaba el tema y porque yo busqué documentarme, por mi curiosidad, y reconozco también que me ayudó mucho, tomando en cuenta que tenía un embarazo de alto riesgo y tres seres pequeños en mi vientre.
Me parece que en la actualidad estamos muy mecanizados en la cultura de occidente. En la vida citadina, a veces las madres no ejercen como tales porque depositan a sus hijos con los abuelos, las tías, en sillitas, hamacas, en cochecitos, o en cunas y corrales por horas. No los cargan, los arrullan, los acunan, ni interactúan con ellos. Más adelante, los dejan con las nannies, cuidadoras o canguros, por horas y días. Lo he visto mucho en la consulta y me ha llamado la atención, sobre todo en esta moderna maternidad. Me pregunto si eso es ser madre para tu hijo.
Debemos de preguntarnos qué es realmente la maternidad. Sería ideal poder ejercerla desde la crianza con apego, sabiendo que solo la madre le puede dar a ese bebé lo que necesita en cada momento. Ser conscientes de nuestro rol de madres con nuestros bebés, ver sus necesidades y satisfacerlas con placer. Sí, en realidad la maternidad implica mucho sacrificio, buena disposición, tiempo, olvidarnos de nosotras mismas como personas, de nuestras parejas, amigos, trabajo, estudios y un sinnúmero de actividades a las que estábamos acostumbradas. Sobre todo, el primer año es clave para el desarrollo emocional y de todo tipo para nuestro hijo.
Todas estas verdades, nadie te la dice así. Pienso que los primeros tres a cinco años, el bebé y el niño deberían estar atendidos por su madre, si es que tiene la oportunidad laboral y la posibilidad económica para hacerlo. Sabemos que en la actualidad es difícil conciliar trabajo y maternidad, pero se tiene que hacer un intento de lograrlo, y presionar a los gobiernos para que respeten y creen leyes que vayan en favor y protección de las familias. Solo así podremos tener una mejor sociedad e hijos mejor atendidos y queridos.
Segundo trimestre de embarazo
Ya teníamos más o menos hechas las listas de cosas que necesitaríamos para los bebés y mi madre nos había traído una maleta llena de regalos de los familiares para el gran evento. El nacimiento de los bebés era todo un acontecimiento para la familia.
Así pasaron varias semanas, yo debía de tener mucha paciencia y me hice a la idea de que probablemente estaría el tiempo que quedara de mi embarazo en reposo absoluto. La barriga seguía creciendo y creciendo, sentía muchos movimientos de los bebés que se notaban en la superficie en la piel de mi abdomen. Fueron momentos muy especiales para nosotros como futuros papás.
El doctor Frank era el encargado de la maternidad en el segundo hospital y contaba con un equipo profesional de especialistas que eran muy amables con nosotros. Me sorprendió, ya que había visto algunas críticas en las noticias en aquel entonces sobre la seguridad social inglesa (NHS), pero mi experiencia fue muy diferente y podría decir que era ¡excelente!
Como parte de la rutina del hospital, me monitoreaban dos veces al día y tenían que localizar a los tres bebés, escuchar sus corazones y cómo se encontraban en general cada día. Aunque fuese un poco molesto o incómodo, yo siempre quería saber cómo estaban. A veces, las enfermeras tardaban en localizar los tres corazones, pero eran muy comprensivas y me animaban a tener paciencia. Algunos días, me bajaban en silla de ruedas a otro piso para hacerme las ecografías y pruebas necesarias de laboratorio. Seguían controlando mi diabetes gestacional y la anemia a diario.
Un día tuve una visita inesperada y especial: la de Melanie, una madre de gemelos ya adolescentes que era miembro de la Asociación de partos múltiples (MBA), era encargada de visitar a futuras madres de partos múltiples. Pasó a verme un rato y charlo conmigo, dándome información importante sobre embarazos y partos múltiples, animándome a tener paciencia y a seguir aguantando el tiempo necesario la estancia en el hospital. Sus hijos ya tenían 12 años en aquellos días, y me comentó que varias madres de múltiples pasaban por lo mismo que yo. Recuerdo muy bien ese día y sus palabras, qué razón tenía en lo que me comentaba. Siempre quedé muy agradecida por sus consejos y su apoyo emocional en esas duras semanas.
En ese momento, yo no me imaginaba todo lo que me esperaba al tener a mis bebés prematuros. Varios años más tarde, yo estaría haciendo lo mismo que hizo Melanie conmigo en el hospital. Estaría apoyando a otras futuras madres de bebes prematuros y partos múltiples.
Aproximadamente a las tres semanas de hospitalización y reposo absoluto tuve otra gran hemorragia en la madrugada. Recuerdo que la enfermera, junto con otro personal médico, tiraron de la cama y me llevaron directa y rápidamente a la sala de partos. Tuve contracciones durante la madrugada aunque no las sentía, y por fortuna estuvieron reduciéndose paulatinamente hasta las ocho de la mañana. Los médicos decidieron hacerme una transfusión de sangre, así que recibí dos litros en las horas posteriores.
Me sentí más repuesta después de esa maniobra médica necesaria. Permanecí en observación en la zona de pacientes graves de maternidad de nuevo tres días y después tuve una recuperación notable. Tras unos pocos días mostré una gran mejoría. Me dieron permiso para irme a casa por un fin de semana y yo me sentía con ánimos de ver otras cosas y salir de la rutina del hospital. Había estado como en aislamiento durante mes y medio, ahora estaba recuperada, me sentía completamente descansada y fuerte al mismo tiempo. Lo único que hice fue disfrutar de mi familia, estar en mi casa y permanecer tranquila. Me dio tiempo de ir a la peluquería. Añoraba ver un poco las calles de Londres, el sol y más gente circulando por la ciudad, era otro panorama para mí después de semanas de hospitalización. Pasado ese fin de semana volví al hospital con suerte, sin ningún incidente.
La unidad neonatal
La semana siguiente, los doctores nos indicaron que era necesario que visitáramos la unidad neonatal, donde seguramente pasarían un tiempo los bebés cuando nacieran, ya que es común en los partos múltiples que nazcan prematuros. Marc me llevó en silla de ruedas. Nos llamó la atención cómo estaban los bebés tan pequeños, llenos de aparatos, tubos y luces, y con los papás, las mamás y las enfermeras circulando. Sin embargo, no me impresioné tanto como hubiera creído, ya que siempre me he sentido muy atraída por los recién nacidos y bebes pequeños, así que lo tomamos como una realidad que tal vez pronto llegaría y que tendríamos que afrontar y aceptar.
Había logrado llegar a la semana 28 de gestación ingresada en maternidad y las enfermeras, muy amables, me animaban a seguir adelante, descansando y tomándome las cosas con calma. Me orientaban diciéndome que lo mejor para los bebés era que se quedaran conmigo el mayor tiempo posible, ya que yo era su incubadora natural. Me felicitaron esa semana y me motivaron para que comiera bien y descansara lo suficiente.
Desde que ingresé en maternidad, los médicos me inyectaban esteroides para que pudieran madurar los pulmones de los bebés, esto es muy importante para su futura salud. Estaba muy acostumbrada a los piquetes en los brazos que no me molestaban, pues me inyectaban varios medicamentos.
Por ser la semana 28 los bebés no estaban colocados para nacer en un parto natural y ya se nos había informado que me harían una cesárea porque, en el Reino Unido, generalmente tratan los embarazos múltiples de este modo por seguridad para la madre, para bajar el riesgo de los tres bebés y evitar el sufrimiento fetal, entre otros factores.
Al siguiente fin de semana pregunté si me dejarían ir de nuevo a casa y me lo permitieron con los cuidados necesarios. Ya tenía un abdomen muy extendido, estaba en la semana 29 de gestación y parecía en la 40 o más. Durante esos días mis bebés se movieron mucho. Me dejaron volver a casa con las recomendaciones de siempre: reposo absoluto, levantarme solo para ir al baño, ducharme rápido, comer bien. Reconozco que fui buena paciente, ya que seguía al pie de la letra las indicaciones del médico. Siempre me transportaban los enfermeros o Marc en silla de ruedas y luego del ascensor al coche y del ascensor del edificio a casa directamente, por lo que no me permitían hacer ningún esfuerzo físico.


Recuerdo la infinita alegría con la que recibí la noticia de tu embarazo. En otras cartas, el anuncio había sido que eran dos. Pero lo que no tuvo límite fue que, se confirmó que venían TRES. Para mí, que tuve la experiencia de tener tres hijos con espacio de un año entre cada uno, resultó inconcebible que tú, a quien tengo en mi recuerdo como aquella niña pequeña que siempre has sido para mí, ahora fueses una madre de tres al mismo tiempo.
Me puse a pensar en las dificultades que tendrías en el país en que te encontrabas y estaba segura de que tenías un esposo dispuesto que te ayudaría.
Me enteré por tu mamá, mi entrañable amiga, que fue a tu encuentro y que me comentó que había sido un acierto que los bebés nacieran en el Reino Unido, pues tuviste una atención y un seguimiento médico de primera.
También supe que fue agotadora y exhaustiva la rutina de la atención de cada uno de los bebés. Estar agotada, exhausta y desequilibrada es una rara combinación que siempre sentí que padecías por la difícil crianza. Obviamente, la pareja sufre olvido involuntario y natural. Si la llegada de un hijo quita el sueño, la llegada de tres al mismo tiempo quita la vida personal.
Apuesto a que te olvidaste de ti por muchos años, viviste para otros y tu mundo, desde entonces, fue otro. Tengo la certeza de que sentiste que te cambiaron de planeta y te dedicaste a cuidar tus TRES flores.
YOLA, educadora infantil y directora de escuela

CAPÍTULO 3
El evento tan esperado

Cesárea de emergencia
Un viernes de septiembre volví a mi casa con todos los cuidados de los que me rodeaban, tanto en el hospital, como mis familiares. Esa noche dormí diferente, me sentía incómoda, nerviosa, inquieta, pero bien físicamente. Por primera vez en todo el embarazo me dio insomnio. Fue el único en el que me sentí de esa manera tan extraña: de mal humor, sensible, harta de la situación de tanta espera. Al despertarme tuve otra pequeña hemorragia que me tomé con calma, todavía me dio tiempo de desayunar rápido y nos fuimos de emergencia hacia el hospital.
Al llegar a la maternidad apenas estaba amaneciendo. Eran las ocho de la mañana y me atendió la misma enfermera de siempre y que me conocía bien, Nell, una chica muy joven y atenta. Por primera vez corrió a avisar a los otros médicos que algo pasaba en el registro de los corazones de los bebés. Llegó el doctor Frank, varios médicos y enfermeras, cerraron la cortina alrededor de mi cama y dijeron que uno de los niños empezaba a tener sufrimiento fetal, así que era necesario practicar una cesárea de emergencia lo antes posible. No nos dejaron pensar ni asimilar la noticia…Los bebés nacerían ¡ya! Me llevaron en la misma cama, tiraron de ella rápidamente y me trasladaron a la sala de partos.
Cuando nos dieron la noticia de que ya era hora de que nacieran, inmediatamente pensé que era muy pronto todavía, pero que estaba en buenas manos, de los mejores profesionales del país. Marc y mi mamá se negaban a creerlo, pero yo me sentía dispuesta y lista para lo que viniese. Me empezaron a preparar para el quirófano. Como tengo un problema de escoliosis en la columna vertebral desde pequeña, siempre temí la anestesia epidural. Sin embargo, acudieron dos anestesiólogos y no tuve ningún dolor ni molestia cuando me pusieron la gran aguja en la espalda. Probaron con un spray para ver si ya no tenía sensibilidad en el vientre. Posteriormente me acostaron y me explicaron de forma detallada lo que iban a hacer.
La sala de partos se empezó a llenar de profesionales sanitarios. Había aproximadamente unas 15 personas entre dos anestesiólogos, tres obstetras y varias enfermeras que ayudaron en ese momento, además de dos pediatras por cada uno de los bebés para ir atendiéndolos individualmente, más otros médicos y enfermeras.
Yo estaba perfectamente consciente y, aunque me sentía un poco nerviosa por el gran momento, no tenía miedo. Colocaron la cortina para que no viera los instrumentos y la operación quirúrgica. Me indicaron que cortarían la piel en ese momento y yo sentí solo unos tirones en el abdomen sin dolor, fue muy rápido. Poco después me fueron presentando a cada uno de mis bebés, primero a Tamara, después a Ana y por último a Diego, con el que estuvieron más tiempo los pediatras, asistiéndolo.
Nacieron con diferencia de un minuto cada uno, estaban muy despiertos, atentos y se movían mucho. Eran delgados y pequeñines, estaban envueltos en una manta blanca. Nos dio mucho gusto e ilusión verlos y conocerlos por primera vez, después de tanta espera. ¡Los miré a los ojos y Marc y yo les hablamos diciéndoles sus nombres y dándoles la bienvenida! Estaban lindos, con los ojos muy abiertos y bien despiertos. Verdaderamente estábamos muy emocionados. Marc me acompañó todo el tiempo de la cesárea. Nos sentimos contentos, emocionados y unidos en este momento especial y único, ¡el más feliz de mi vida! No lo podía creer: finalmente habían nacido mis hijos.
El nacimiento respetado
Después de muchos años descubrí que había tenido una cesárea respetada, es decir estuve acompañada y recibí apoyo del personal sanitario. Hubo respeto hacia la pareja y a los nuevos padres.
Recuerdo que, desde que me prepararon hasta el nacimiento, pasaron entre veinte y treinta minutos. Después estuve como una hora hasta que terminaron de cerrar la herida, y otra más para pasar a recuperación. Dejaron pasar a mi mamá a verme y estaba sorprendida de lo consciente que estaba yo y cómo me encontraba. Uno de los anestesiólogos había salido antes a tranquilizarla y a decirle que los bebés habían nacido bien, que eran muy pequeños pero muy despiertos y activos. Hicieron la prueba APGAR a cada uno y horas después nos entregaron la información en una libreta con todos los datos sobre su nacimiento. Uno a uno se los fueron llevando a la unidad neonatal de cuidados intensivos y se fue vaciando la sala de partos. Solo se quedaron unos tres médicos a revisarme y coserme la herida. Dentro de todo lo que implicó fue algo rápido.
Marc fue de inmediato a ver cómo se encontraban nuestros bebés en la unidad neonatal mientras yo me recuperaba de la cesárea en mi habitación. Ese día lo pasé en reposo, pero más tarde pasó un enfermero y nos explicó que era muy importante que los bebés empezaran a alimentarse con leche materna del banco de leche del hospital. Por haber nacido tan chiquitos la necesitaban, pues ayudaría mucho a su sistema inmunitario por los grandes nutrientes que contiene. Por supuesto que estuvimos de acuerdo y firmamos el documento para el trámite de autorización, por lo que recibieron leche materna desde que nacieron. Antes de la semana 34, los bebés no cuentan con el instinto de succión y no pueden mamar.
Nuestros hijos habían nacido bien en general, aunque prematuros de 29 semanas de gestación, casi 30, y pesaban cada uno aproximadamente un kilo. Los tres recibían oxigeno y estaban conectados a una sonda orogástrica para alimentarse. Una de nuestras hijas estaba muy bien, la otra estaba estable, aunque había nacido con reflujo, y el niño sufría problemas respiratorios, ya que sus pulmones no se habían desarrollado lo suficiente por la falta de madurez en la gestación. Diego era el que había pesado menos y necesitaba más atención ya que nació con displasia pulmonar, es decir que sus pulmones no estaban maduros todavía. Por esta razón me inyectaban la heparina, para que se desarrollaran lo más posible antes de su nacimiento.
Marc rápidamente subió a verlos la unidad neonatal, mientras yo me recuperaba en mi habitación. Estaba consciente, me sentía fatigada pero muy feliz finalmente.
Al día siguiente bajamos a verlos, yo en silla de ruedas a la unidad neonatal e inmediatamente los toqué de nuevo y les hablé, ya que todavía no los podía cargar todavía, pues estaban conectados a varios tubos y yo no me podía inclinar hacia la incubadora por la herida de la cesárea. Tocaba sus manitas y sus pies, y ellos respondían con movimientos sutiles, me sentía muy feliz de estar con ellos. Me dio una gran tristeza verlos así. Sin embargo pensé positivamente que se recuperarían con el tiempo y con mucha paciencia. Marc estaba afectado de ver cuán pequeños eran. Teníamos que tener mucha fuerza y paciencia para afrontar esta difícil situación. Yo, por otro lado, me sentía vacía por dentro, en mi cuerpo. Una sensación muy común con los embarazos múltiples y en cualquier embarazo.
Días más tarde, las enfermeras de la unidad nos mostraron la forma de abrir la incubadora para poder tocarlos y cambiarles los pañales. Yo preguntaba las dudas que tenía sobre los aparatos y ellas me lo explicaban siempre bien dispuestas. Había enfermeras de distintas nacionalidades: anglosajonas, orientales, latinas, africanas, sudafricanas, italianas, portuguesas… Me comentaron que los bebés tenían que estar calientitos y protegidos en la incubadora. También me indicaron que, para poder tener leche, tenía que hidratarme mucho. Me sugirieron comer alimentos enteros como leche, queso, yogurt, curry, frutas, y verduras. Recuperarme bien, descansar lo necesario y dormir. Es muy fácil escucharlo, pero en esos momento me sentía sumamente confusa, sensible, cansada. Llevarlo a cabo no era nada fácil.
Los médicos me indicaron que tenía que cuidarme y seguir con los análisis, pues como había perdido sangre en la cesárea tenían que hacer el recuento de la hemoglobina para ver si seguía anémica, porque podrían tener que hacerme otra transfusión de sangre. Sin embargo, después me confirmaron que no era necesario. Se me hincharon un poco los pies y los tobillos los primeros días después de la cesárea. Intentaba recuperarme a ratos en la cama y otros caminando lentamente. La herida de la cesárea no la sentía, la zona en mi vientre estaba muy insensible, de hecho no sentía nada.
A los dos o tres días empecé a incorporarme y me pude poner de pie, me dolía la herida de la cesárea pero me daban calmantes. Sin embargo, esa molestia no era nada en comparación con el dolor inguinal que había tenido anteriormente por el peso de mi abdomen. Además sentía una necesidad innata de estar junto a mis críos que seguramente echaban en falta a su madre. Como al cuarto o quinto día empezó a subirme la leche.
Me gustaría enfatizar que la separación entre la madre y sus hijos es muy dolorosa y difícil, pero es algo que sucede en los casos de los prematuros. Sería ideal que no se diera esta SEPARACIÓN entre la madre y el bebé y así poder mantener el apego y el vínculo.
¿Qué es la prematuridad?
En todo el mundo, uno de cada diez nacimientos son prematuros. La prematuridad es un tema de salud pública que nos afecta mucho a los padres, ya que nuestros bebés nacen sumamente pequeños, frágiles, vulnerables, con poco peso, tamaño e inmadurez en varios aspectos.
Si el bebé nace antes de las 37 semanas de gestación se considera que es un prematuro. En España, se estima que alrededor del 8% de los bebes nacen antes de llegar a término. Si el bebé nace antes de tiempo, puede ser que su organismo no esté lo suficiente maduro como para sobrevivir fuera del vientre materno.
No todos los prematuros son iguales, pues dependiendo de su edad gestacional y de su peso, su evolución es diferente. Los niños de más riesgo son los que tienen menos de 32 semanas de gestación, y prematuros extremos se consideran aquellos que están por debajo de las 28 semanas de gestación. Entre la semana 34 y la 36 se los clasifica como prematuros tardíos. Todos ellos requieren cuidados especiales dependiendo de su madurez.
Un bebé que nace en la semana 23 tiene alrededor de un 17% de posibilidades de sobrevivir. Uno de 25 semanas tiene un 50%, y a partir de la semana 28 sube a un 90%. Aun así, cada niño es un único, con una experiencia personal.
Los embarazos múltiples también suelen dar como resultado bebés de bajo peso. Muy pocos logran nacer después de la semana 36.
El bebé que nace antes de las 37 semanas de gestación presenta inmadurez principalmente en los pulmones, en el sistema inmunitario y en el cerebro. Es posible que su cuerpo todavía no esté lo suficientemente formado como para sobrevivir fuera del vientre materno y, por tanto, puede presentar problemas respiratorios, alimenticios o infecciones, por lo que deberá quedarse en la incubadora durante un tiempo y recibir atención especial en los cuidados intensivos neonatales.
Allí les proporcionan alimento y oxígeno asistido, que necesitan para sobrevivir. Los mantienen calientes en la incubadora como en el vientre de la madre y llevan registros electrónicos y especializados para que reciban la mejor atención médica. Deben permanecer varias semanas, e incluso meses, hasta que alcancen su madurez física para salir adelante por sí mismos, a la vez que son sometidos a varias pruebas clínicas, exámenes y radiografías para ver su evolución en todas las áreas.
En las unidades los visitan varios profesionales que se ocupan de sus revisiones y su estado físico día a día, y cuentan con varios aparatos que se utilizan para registrar todos sus órganos vitales y detectar cualquier cambio o anomalía que se pueda dar en los monitores. Los examinan minuciosamente en la incubadora.
Los padres de los prematuros debemos afrontar incertidumbre y complicaciones, además de tomar muchas decisiones. Puede llegar a ser una experiencia dura, ya que se pasa por un escenario muy distinto al que se esperaba. Es una época muy sensible para los nuevos padres.
Toda mujer espera tener un embarazo común y normal, y que su bebé nazca sano tras las 40 semanas de gestación natural. Sin embargo, a veces las situaciones se presentan de diferente manera y los bebés llegan al mundo antes de su madurez total.
Las enfermedades más comunes que pueden presentarse son:
♦Síndrome de dificultad respiratoria (RSD)
♦Apneas
♦Hemorragia ventricular (HIV)
♦Cardiopatía (CAP)
♦Enterocolitis necrotizante (ECN)
♦Ictericia
♦Anemia
♦Enfermedad pulmonar crónica o displasia pulmonar (DBP)
♦Infecciones
La edad corregida se define como la que tendría el bebé si hubiera nacido a las 40 semanas, se “corrige” o “ajusta” la madurez del recién nacido según la intensidad de su prematuridad. La prematuridad, en semanas, se calcula restando a las 40 (la fecha teórica prevista de parto) el número de semanas reales de gestación al nacer.
El apego
A continuación me gustaría abordar al autor inglés John Bowlby, ya que es el padre de la teoría del apego y quien mejor nos muestra la relación madre-hijo, tan básica y necesaria en el momento del nacimiento. Él enfatiza la importancia del contacto y el vínculo con el recién nacido.
John Bowlby es el autor más relevante sobre la teoría del apego. Psicólogo por la Universidad de Cambridge y médico por la Universidad de Londres, fue entrenado por la gran psicoanalista Melanie Klein y se dedicó a estudiar a los niños. Por sus propias vivencias en la infancia tuvo la necesidad de trabajar aspectos como el vínculo, la ansiedad de separación y el miedo a la pérdida en menores de edad. Su principal interés se centró en la infancia y el periodo de desarrollo.
“Los bebés, al igual que otras especies animales, cuentan con conductas innatas de raíces biológicas que los predisponen a formar vínculos afectivos con la finalidad primordial de favorecer la supervivencia”, señala Bowlby (1989). Y añade: “Una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, se desarrolla y consolida entre dos personas por medio de su interacción recíproca, cuyo objetivo más inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad.”
Bowlby otorgó una mayor importancia a los factores ambientales y de crianza, y a la relación real entre madre o figura materna e hijo. Comenzó a trabajar en la unidad de psiquiatría infantil. Después de la guerra fue director adjunto de la Clínica Tavistock, en donde pudo observar los efectos de la contienda en la psique de los pacientes. Realizó numerosas observaciones y estudios que le permitieron comprender el desarrollo infantil. Creó su teoría del apego como la descripción de la relación entre las vivencias y relaciones emocionales durante la infancia y el comportamiento, estableciendo la importancia de forjar vínculos de apego seguros. Trabajó aspectos como el abandono o la ambivalencia y la necesidad innata de los cuidados maternos que genera el sentimiento tan importante de apego.
El autor lo describe como un mecanismo de adaptación basado en la búsqueda de protección contra posibles agentes hostiles, y explica las consecuencias de cortar dicho vínculo o bien no satisfacer esta necesidad. Su legado ha sido una gran aportación para comprender la importancia de la relación madre-bebé, en la que se enfatiza la vinculación con nuestras figuras parentales en la infancia.
Se ha demostrado que del contacto de la madre y el bebé al momento del nacimiento se obtienen beneficios para el fortalecimiento del lazo afectivo entre ambos. Las madres que tienen más posibilidades de cargar a sus bebés durante los primeros momentos o días del nacimiento suelen mostrarse más cariñosas, más atentas e incluso más hábiles para manejarlos que otras que no los toman en brazos.
En el bebé, las conductas innatas son la sonrisa, la mirada, el llanto, las llamadas de atención y la orientación preferente hacia estímulos sociales. Estas conductas atraen a las personas de su entorno. Los recién nacidos necesitan desarrollar una dependencia segura respecto de sus padres antes de enfrentarse a situaciones desconocidas.
El mantenimiento de un vínculo se experimenta como una fuente de seguridad, mientras que, por el contrario, su pérdida implica ansiedad, pesadumbre e incluso cólera. Lo que representa el apego es la necesidad íntima compartida con otra persona. En el apego están implicados todos los aspectos de las sensaciones y emociones. Es necesario que dos personas interactúen durante un cierto tiempo para que se forme un vínculo.
Las funciones del apego que recalca Bowlby son el procurar la supervivencia, ya que mantiene próximos y en contacto a la cría y al progenitor, y la de proporcionar seguridad emocional. (CODAJIC, 2004)
Otros beneficios del apego son:
♥Regula la cantidad y la calidad de estimulación que necesita el bebé para su desarrollo. Posibilita la exploración y el aprendizaje.
♥Fomenta la salud física y mental (si es adecuado).
♥Favorece el desarrollo social ya que crea seguridad.
♥Proporciona placer mutuo madre-bebé.
Se tiene que tomar en cuenta que, en los niños prematuros, este proceso puede tener menos capacidad de respuesta. Los pequeños emiten señales difíciles de interpretar, les cuesta la adaptación, sus capacidades se desarrollan más lentamente, les toma más tiempo.
Somos mamíferos
Durante mi estancia en el hospital, al tercer día ya subía las escaleras de la maternidad hasta la unidad de cuidados intensivos de neonatos, ya que visitaba a los bebés todos los días a diferentes horas. Era una unidad que tenía puertas abiertas para los padres las 24 horas, los siete días de la semana.
Nos indicaron que les inyectaban grasa en forma líquida, ya que era lo que necesitaba sus cuerpos en ese momento. Y podíamos ver una especie de suero blanco que estaba al lado de la incubadora. También nos comentaron que les inyectaban cafeína para mantener los corazones activos y a ritmo. Intentaban que no hubiera mucho ruido en la unidad neonatal y que no entrara la luz directa ni exterior, ni artificial. Nosotros sentíamos mucha curiosidad y preguntábamos todo.
En la entrada de la unidad encontramos un corcho con las fotografías y los nombres del personal médico y de enfermería de neonatos, y podíamos identificar perfectamente quién era cada doctor y enfermera, así como el cargo médico que desempeñaba. Había de todas las nacionalidades y siempre se dirigieron a nosotros con amabilidad y respeto. Cualquier duda que tuviéramos nos la respondían cordialmente. Su buena disposición siempre la valoramos mucho como padres. A pesar de que era un lugar desagradable, nosotros nos sentíamos cómodos. Claro que teníamos que seguir las reglas del hospital de ponernos bata, lavarnos las manos cada vez que entráramos a la unidad de neonatos o no hablar en voz muy alta, entre otras.
Como madre, también me sentía mamífero, tenía la necesidad de estar con mis críos, mis bebés, permanentemente.
Para entender un poco más en qué consiste el instinto maternal abordo al autor Michel Odent, ya que con su visión comprendí lo que me pasaba en aquel momento. Es un médico obstetra francés que estudió en París, Francia, y posteriormente cambió su residencia a Londres, Inglaterra, en donde es el representante del llamado “movimiento del parto natural”. Odent defiende el parto fisiológico, en el cual la intervención externa debería ser mínima. Fue el primero en hablar sobre la iniciación de la lactancia materna durante la hora siguiente al nacimiento. Recalca que ese momento es un periodo crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar. Expone la necesidad del calostro para el recién nacido y su importancia en el sistema inmunitario. Odent postula que la situación de la madre embarazada es determinante en el futuro tanto psíquico como físico del bebé.
Los problemas que surjan en el nacimiento pueden tener su consecuencia en el futuro. Este autor defiende una postura de la parturienta en la que esté presente la llamada “privacy”, intimidad y privacidad. Con calidez, silencio y el tiempo necesario. Insiste en que “ante todo, el ser humano es un mamífero”, y que por lo tanto deben ser satisfechas las necesidades mamíferas. Un ejemplo es el deseo de las madres de quedarse con sus recién nacidos a solas, junto a ellos, disfrutándolos, dándoles calor y amándolos. (Odent, 2007).
El método canguro
Estas teorías se relacionan mucho con la práctica de un método creado en Latinoamérica y que se ha difundido enormemente en todos los continentes, el llamado contacto piel con piel o método canguro.
Esta práctica consiste en poner al bebé en el regazo o pecho de la madre y mantenerlo ahí calentito, escuchando los latidos del corazón. Es un momento muy íntimo de comunión, amor y compañía con ellos. Es una sensación muy extraña, pero hermosa porque estás con ellos en plenitud. Cuando después los dejábamos en sus incubadoras terminábamos sumamente cansados pero satisfechos.
Apenas nos acercábamos a visitar a los bebés en su incubadora, las enfermeras los levantaban sin quitarles los tubos y nos los ponían en el pecho tanto a mí como a Marc para estar cerca de ellos, realizando el piel con piel. Nos motivaban mucho a ponerlo en práctica y nos insistían en hacerlo.
La doctora Natalie Charpak es la presidenta de la Fundación Madre Canguro en Bogotá, Colombia. Es una pediatra francesa reconocida internacionalmente por sus investigaciones sobre el método canguro en hospitales. Natalie es una gran mujer profesional e investigadora. Insiste y alerta mucho a los padres y al público sanitario sobre este tema en sus conferencias y su libro Mamá canguro, tan útil para los padres. Se ha recomendado ampliamente este método en bebés prematuros y con bajo peso al nacer, con problemas respiratorios crónicos, hemorragias cerebrales, problemas cardiacos, operaciones o intervenciones graves, entre otras complicaciones.
El método canguro se ha convertido en una de las herramientas más conocidas para mejorar la nutrición de los niños prematuros o que han nacido con bajo peso, ya que posibilita que estos bebés regulen su temperatura, como si estuvieran en una incubadora, a la vez que se alimentan con leche materna, lo que favorece su ritmo cardiaco y reduce notablemente su estrés. Es un método muy potente y efectivo.
Se sugiere practicarlo la mayor cantidad de horas posibles en la unidad del hospital, y al menos dos horas al día, si se puede, con los más graves. No solo se recomienda con bebés muy prematuros, sino también con los que estén delicados que tengan más de 30 semanas, además de seguir haciéndolo luego en casa libremente.
La doctora Charpak fundamenta claramente con estudios basados en evidencia científica los beneficios de este método tan natural, como efectivo. Explica que se logra alcanzar el equilibrio del ritmo cardiaco y también de la respiración. Ayuda mucho a que los bebés no se estresen y se relajen gracias a este contacto (Charpak, 2006).
Beneficios del Método Canguro
♥Mejorar la temperatura corporal del bebé
♥Disminuye apneas y bradicardias
♥Mejora el nivel de oxígeno
♥Ayuda al bebé a ganar el peso
♥Mejora el sueño del bebé
♥Disminuye el llanto
♥Ayuda a mejorar la producción de leche en la madre
♥Establece un buen comienzo en la lactancia
♥Los padres se vuelven más seguros en cuanto a su habilidad para cuidar de su bebé
♥Los padres se sienten más interesados en llevarse a su bebé a casa
♥El procedimiento es fácil y seguro para los bebés muy prematuros y también para los intubados
(Warren, 1999)
Para nosotros era como un regalo ponerlos en método canguro, como padres, el poder estar con ellos en comunión directa. Las enfermeras intentaban a toda costa que practicáramos el piel con piel con los bebés en el pecho. Aunque estuvieran entubados y aunque fuera un poco incómodo para todos, ellas siempre tuvieron el tiempo y la dedicación para acompañarme, y dejarnos a los niños el tiempo que quisiéramos, siempre y cuando ellos no se cansaran o estuvieran molestos. Era como una tarea cotidiana desde que entrábamos a la unidad neonatal: los visitábamos, y poco a poco se organizaban para ponernos a cada uno en el pecho. Todavía llevaba la bata y el camisón de maternidad, y me guiaban para que pusiera al bebé piel con piel en mi pecho, para que hubiera un contacto directo entre cuerpos.
Permanecí una semana en el hospital porque, por ser un embarazo múltiple, necesitaba más tiempo de recuperación. En el Reino Unido recomiendan de cuatro a siete días de permanencia en el hospital la clínica después de una cesárea. El viernes que me dieron de alta aprovechamos para comprar de última hora las cunas de los bebés que nos faltaban.
Ya había comenzado a producir calostro durante los días anteriores. Desafortunadamente, por la tarde, caminaba sostenida de los brazos de Marc y de mi mamá, pero aún así me tropecé por la calle, y caí de rodillas. Ellos me ayudaron a levantarme. Me asusté mucho, pero por suerte no se me abrió la herida. A partir de ahí, la leche se me detuvo y no volví a producir la misma la cantidad de antes. Me sentí triste y culpable, pero fue un accidente que no pude evitar. Más adelante alquilamos una máquina eléctrica ordeñadora de pechos para lograr tener más, sin embargo no funcionó del todo. Parece ser que el estrés juega un papel muy importante, y en ese momento, yo tenía a los bebés en el hospital, a los familiares en casa, y todo era muy complicado. Tenía que ir todos los días al hospital, sacarme la leche, refrigerarla, y luego llevarla en una pequeña nevera portátil directo a la unidad neonatal. Aun así, con mucho esfuerzo, llevé calostro a la clínica durante el tiempo que estuvieron allí.
Tras el alta del hospital regresé con muchos cuidados a mi casa. Sin embargo, me sentía lejos de mis hijos y quería estar con ellos. Mis suegros habían llegado a visitarnos y a conocer a los nuevos nietos. Yo intentaba organizarme lo mejor posible para salir temprano por la mañana y pasar todo el día en la clínica con mis bebés. Caminaba muy despacio en casa, pues todavía me sentía débil, frágil y con molestias en el vientre por la cesárea. Tenía que tener mucho cuidado y mi madre me acompañaba. Tomaba el transporte público, comía a deshoras y, aunque dormía, no descansaba mucho pues siempre estaba preocupada y al pendiente de los niños. El hospital me quedaba a 40 minutos en transporte público.
Los niños estuvieron dos semanas en esa unidad neonatal, ya que la trabajadora social solicitó que los cambiaran a un hospital más cercano. Me indicaron que en los próximos días trasladarían a los bebés al hospital en la zona de Paddington, más cerca de mi domicilio, en el que yo había estado internada un fin de semana, cuando empecé a tener las complicaciones durante el primer trimestre del embarazo. Al final estuve ingresada en el segundo centro durante dos meses, julio y agosto, hasta los primeros días de septiembre en que nacieron mis hijos.


Conocí a Mónica en Barcelona en el año 2003, cuando ambas llevábamos juntas a nuestros hijos a la escuela. Los niños eran compañeros en P-3 y me llamaba mucho la atención verla llegar cada día con sus tres hijos detrás de ella, cual mamá con sus cachorros, y bueno, preguntarme cada día cómo lo hacía con tres y sin ayuda en casa.
Luego, nuestros hijos pasaron al edificio de los mayores y ella subía cada día los tres pisos para dejarlos en la sala. En esa época padecía fibromialgia y era un gran trabajo subir y bajar las escaleras, todo era un esfuerzo para ella. Verla trabajar en su casa con los tres chicos que había que alimentar, bañar, acostar, ayudar con los deberes, cuidarlos cuando estaban enfermos y además estaba como psicóloga en un hospital. No conforme con todo lo que tenía que hacer en su casa, tomó un curso para dar masaje infantil. Después se mudó a Madrid con su familia y tuve la oportunidad de verla nuevamente, los chicos ya más mayores. Ella seguía vinculada al masaje infantil, trabajando en la Asociación de Niños Prematuros muy activamente.
Es una mujer con mucha fortaleza interior, con mucha voluntad para sacar adelante a sus hijos a pesar de sufrir esta enfermedad que es tan incomprendida por la sociedad. Siempre alegre, solidaria y preocupada por los demás.
COLETTE, mami en preescolar

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