Kitabı oku: «El Ser Confinado: Diarios de una Pandemia», sayfa 6

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Manuel Víctor García, Bolivia
La Argentinidad

Nuestra historia es sencilla, se llama reciclarse o reconvertirse en pandemia. Yo trabajo en La Paz dando clases de equitación. Con la pandemia pasamos a tener casi cero de ingresos. Y un día empezamos a hacer en casa alfajores, medialunas bien al modo argentino, dulces y saladas, luego pan de plátano, cheesecake, pie de manzana, mermeladas ecológicas, galletas bañadas en chocolate rellenos de mousse de limón, en fin, muchas cosas ricas. Nuestro objetivo era poder cubrir los gastos fijos. Hoy ya he vuelto a trabajar, mi señora sigue con la pastelería, seguimos trabajando desde casa, haciendo nosotros el delivery de todo, y el negocio sigue.

Historias de Pandemia y oportunidades que se dan producto de la necesidad que te obliga a hacer lo que antes se hacía por gusto, y ahora es por gusto y por obligación.

Empezó como algo que se hacía para vender en la urbanización o cerca, por eso le llamamos Pastelería de la Vecina, ahora tenemos clientes en toda la ciudad de La Paz y en El Alto.

Mucho nos ayuda la publicidad por Facebook e Instagram y también el programa del señor Juan Carlos Arana Posdata, donde invitaron a mi señora como emprendedora, como consecuencia de la pandemia.

Esa es nuestra historia de renovación en la pandemia.

Mientras se quieren hacer, las cosas hay que hacerlas. Nada ni nadie nos tiene que poner límite.

Tatiana Corino, Argentina
La verdadera vocación

Crecí en un campo en la ciudad de Necochea, entre cosecha, laguna, caballos, quinta, juegos y casitas en los árboles. Amaba pintar, me sentaba frente a los árboles y los dibujaba, eso me llevó a tomar ramas caídas y modelar gnomos en parces, ese fue mi primer trabajo. Quería estudiar diseño gráfico cuando terminara el secundario, pero para ello tenía que irme a otra ciudad. Mis padres no quisieron, entonces estudié maestra jardinera porque entiendo que lo primero que sembrás en los niños, en los primeros años de su vida, son las bases del resto de sus vidas. Nunca fui tecnológica, creo que es lo contrario a la naturaleza, no tiene esencia ni alma, durante años desde que comenzó la telefonía celular nunca me compré un teléfono, mi mejor amiga comenzó a trabajar en una compañía de celulares y me regaló un celular Nokia, porque estaba cansada de llamarme al “zapatómetro”, una especie de teléfono que había hace unos años y que no funcionara, y así llegué hasta la actualidad, con 43 años, con teléfonos que los demás descartan y caen en mis manos, hoy entiendo que la tecnología es necesaria para la comunicación y nos permite mantenernos conectados con todo el mundo, pero sigo pensando que nada suplanta el calor de un abrazo.

Me llamo Tatiana Vanesa Corino y soy docente en un Jardín Maternal Comunitario, salita de dos años. El 6 de marzo me encontraba de licencia por infidelidad y maltrato de mi ex pareja, en medio del dolor, juzgados, mis hijos, desalojo, mi familia de origen en Necochea, comenzó la cuarentena. Un teléfono celular que no grababa videos, sin computadora, las tareas de mis hijos y mi rol docente se vieron colapsadas, utilizaba la Tablet de mis hijos para grabarme y mandarle los videos a mis alumnos, en un momento mi ex se quedó la Tablet porque cambié mi estado de WhatsApp a soltera. Conecté la máquina con pantalla rota a un monitor viejo y ahí armaba los proyectos. También me la pidió mi ex. Comencé a preparar tres o cuatro videos y la directora me traía el teléfono del jardín, me esperaba afuera y me grababa para poder seguir presente y mantener mi fuente laboral. La coordinadora de Maria Auxiliadora se enteró de mi situación y me mandó a ver a una chica que me dio una notebook de inclusión, cuando la prendí tenía agotadas las pilas y no podía hacerlas funcionar, entonces una amiga me pasó el teléfono de un técnico en computación que podía salir porque hace mantenimientos de rapi pagos, él pasó, se la llevó, me cambió las pilas y me la trajo.

Ahora tenía una computadora para trabajar, en ese momento comprendí que no estaba sola, una cadena de favores comenzó a sucederse, la directora me prestó un teléfono personal de ella y pude conectarme por zoom, tanto para las tareas de mis hijos, como con el equipo docente, y de un día a otro monté un sistema de educación a distancia como todas mis colegas, donde el espacio es la sala de mi casa, los derechos de autor están cedidos: muchas investigaciones, imágenes, manualidades, textos, tareas, un esfuerzo repentino en donde se multiplican las horas de trabajo, había que pensar en actividades en casa donde los niños podrían aprender. Cabe aclarar que trabajo en un jardín comunitario. Gratificaciones muchas. Ver videos de tus alumnitos hablándote como si te tuvieran enfrente, video llamadas donde hablan todos a la vez y quieren contarte todo lo que hicieron, videos haciendo las actividades o circuitos dedicados con tu nombre y mandándome besos, darme cuenta que la esencia está en lo presencial, la tecnología no puede suplantar los abrazos, los mocos, la merienda compartida, el dormirse en tus brazos, siempre pensando en cada uno de ellos y en las posibilidades que tiene su familia.

Aldo Guzzetti, Argentina
Cocinando nuevas ideas

Hola, mi nombre es Aldo Guzzetti, soy el Chef y propietario de un pequeño rincón italiano gastronómico ubicado en la ciudad de Necochea, Pcia. de Bs As, República Argentina, que lleva el nombre de “Peperoncino ristorante”.

Si retrocedemos en el tiempo 20 años atrás, año 2000, yo empecé a cursar la carrera de gastronomía. Me recibí a los tres años y luego de una breve experiencia en mi país, decidí armar mi mochila y migrar a Italia, el país de mis antepasados, para conocer su cocina.

En el año 2007, había retornado a mi país con el solo objetivo de llevar a cabo mi proyecto. Un piccolo ristorante italiano en mi ciudad natal. Así que el 1 de junio de ese año abrí las puertas de Peperoncino, por suerte, con gran éxito.

En los más de trece años que lleva en funcionamiento el ristorante, pasó generalmente por momentos buenos. Con mayor trabajo en verano, por estar ubicado en una ciudad turística, y un poco menos en invierno, pero siempre manteniendo su fiel e incondicional clientela.

Hasta marzo del 2020 fue un ristorante tranquilo y sin demasiados sobresaltos, todo estaba bajo control, nada se salía de su carril, de hecho, la temporada de verano había sido muy buena. Nadie sabía lo que sucedería poco tiempo más tarde.

El domingo 15 de marzo, Peperoncino abrió sus puertas con total normalidad, pero ya se vislumbraba la llegada de la inminente cuarentena.

El lunes 16 de marzo, se anunció el cierre de la mayoría de las actividades comerciales así que era el momento de empezar a buscar alternativas. El delivery era una modalidad de entrega que en los trece años nunca quise abordar, por varios motivos. El principal era el de pensar que era imposible acercar a la mesa de los hogares un producto de restaurante en un excelente estado de presentación, temperatura, etc.

El martes 17 de marzo comenzamos a utilizar un nuevo formato que denominamos: “Aspetta in macchina”. Una especie de take away donde los clientes llaman para hacer el pedido y lo pasan a retirar por el restaurante, pero con la diferencia que a este se lo alcanzamos en el vehículo. Formato que duró muy poco ya que fue prohibido a escasos días, así que el 26 de marzo debimos recurrir al tan resistido sistema de delivery. Rápidamente el público se adaptó y comenzamos a repartir nosotros mismos los pedidos.

El primero de mayo lancé un nuevo ciclo llamado: “Cocina italiana por regiones”. Consistía en que cada semana, además de nuestra carta habitual, se presentaba y elaboraba un plato típico de una de las regiones de Italia, cada semana una distinta. Estos platos estaban acompañados de una breve descripción de las regiones y alguna que otra historia o vivencia personal. La idea era que nuestros clientes pudieran viajar un poquito por la península italiana, al menos de esa manera. Y así fue, muchos solo pedían ese plato, que de alguna forma los transportaba a la tierra de sus nonos. Fue todo un éxito.

En un momento, estuve estudiando la posibilidad de crear una línea de comida al vacío. De hecho, hice varias pruebas con una envasadora que compré hace un tiempo por otro motivo, pero finalmente desistí por no lograr un producto deseado.

Hacía tiempo que quería hacer algunas reformas al ristorante, así que el 20 de abril, comenzamos a trabajar en eso. Era el momento justo para llevarlo a cabo. Estábamos trabajando con delivery, pero a puertas cerradas. Todo aquel que en alguna oportunidad construyó o realizó alguna reforma en su hogar o negocio, sabe todas las dificultades que esto ocasiona en cuanto a la limpieza, por ejemplo. Por esta razón es que repito, era el momento ideal, así que nos lanzamos a realizar algo que, de otra manera, con el ristorante abierto, hubiese sido mucho más difícil.

La reforma consistió en:

 El desplazamiento de los baños y la creación de un baño para discapacitados y hombres, dos baños para damas y un ante baño mixto.

 La amplitud de la vista a la cocina.

 El cambio de gran parte del piso.

 Pintura del interior del salón.

 Arreglo de algunos techos y canaletas.

El 24 de julio, “reabrimos” el restaurante. Por supuesto, con un severo protocolo que consiste básicamente en el distanciamiento de las mesas, el registro de cada una de las personas que concurren al lugar, y a estrictos procedimientos de limpieza y desinfección de diferentes accesorios de uso común.

Quiero dedicar en esta narración de mi experiencia, un párrafo a todos mis empleados que se pusieron el ristorante al hombro, mutando en sus roles o actividades todo el tiempo con la mayor de las predisposiciones.

Si bien el sector gastronómico fue sin duda uno de los más afectados económicamente por esta pandemia, nunca dejamos de trabajar. Es verdad que los gastos fijos, para muchos del rubro fueron muy difíciles de costear y obligaron a tener que cerrar sus negocios.

Mi experiencia es bastante positiva ya que además de trabajar pude desarrollar una reforma que en otra situación me hubiese sido, por el tiempo que duró, casi imposible.

Sin duda nada será igual después de esta pandemia que nos tocó vivir. La mayoría de las personas de alguna u otra manera debieron reinventarse o aggiornarse a un nuevo estilo de vida. Mi caso no fue la excepción, y como trabajador autónomo debí buscarle la “vuelta al asunto”.

Pero esto no lo hubiese podido lograr sin la compañía y apoyo incondicional de mi esposa Cecilia que es toda una guerrera de la vida. Junto a ella, desde el primer día de cuarentena, supimos buscar posibilidades y alternativas sin perder los estribos. El proyectar día a día, el generar objetivos a corto y mediano plazo, creo que fueron la clave para que siempre estemos tranquilos y buscando las mejores opciones. ¡Además, agregar que la amo y admiro mucho!

Por todo lo contado en mi relato, estoy convencido que, en estos tiempos adversos, aunque muchos piensen lo contrario, nunca hay que dejar de moverse.

Margarita Diaz, Argentina
Ejemplo de vida y voluntad

Voy a retrotraerme en el tiempo laboral de mi vida, previo a jubilarme en la docencia. Conocí la labor en el nivel inicial, en una escuela primaria en la zona fabril de la ciudad de Rosario, lugar donde residí transitoriamente allá por el año 1952.

Radicada nuevamente en Necochea a fin del año 1952, durante los dos años siguientes realicé suplencias esporádicamente hasta el 20/8/56, donde obtuve la titularidad como directora de 3° en la Escuela Rural N°24 del Paraje “Mojón de Palo” distante 28 Km de la ciudad cabecera. Para tomar posesión debí afrontar tres aspectos 1) La radicación en la escuela, imposible el traslado diario sin movilidad y caminos de tierra, nos instalamos con mi esposo y un bebé de nueve meses 2) La atención de la dirección y todos los grados de la escuela primaria 3) La comunidad educativa de los veintiséis alumnos, estaba totalmente enfrentada por problemas políticos. Fueron dos años de un trabajo intenso para lograr la normalidad, la experiencia fue única que jamás olvidé. Me proponen el traslado a la Escuela Rural N°26 de Energía, acepté porque tenía la posibilidad de trasladarme en micro diariamente y compartir la tarea con dos docentes sin asumir la dirección. Llevaba más de cinco años de ruralidad sin obtener un pase provisorio a planta urbana, mi salud se resintió y solicité una licencia por un año sin goce de haberes, finalizada la misma y sin resolver la situación de traslado, presento mi renuncia al cargo.

Corría el año 1961 y yo estaba sin trabajo, la Asociación Escolar Alemana proyecta la fundación de una escuela primaria y una sala de jardín. Me convocan haciéndome el ofrecimiento que asumiera la dirección a cargo y tercer grado, acepto y me pongo a trabajar con una matrícula de veintiséis niños y la organización de ambos niveles. Al año siguiente aumentó mucho la matrícula y se debió adaptar el edificio a las circunstancias. Con el gran trabajo de los docentes, Asociación Escolar Alemana, Cooperadora, la Embajada Alemana y muchísimos aportes de la comunidad se levantó el edificio de la Avenida 74 de la ciudad de Necochea, para luego trasladar la escuela a su nuevo lugar. Trabajé como directora durante doce años, recibí grandes satisfacciones, pero mi futuro estaba detenido en ese cargo, a los colegios privados no se nos permitía hacer perfeccionamiento ni aspirar a cargos de mayor jerarquía. Para mí era una gran limitación, decidí incorporarme en el orden oficial y continuar mi carrera docente.

Fui nombrada en la Escuela N°10 y designada para la capacitación y perfeccionamiento docente como Escuela Experimental, en el área de Estudios Sociales 8° y 9° grados para el cambio educativo, cuando la Escuela deja de ser Experimental (experiencia única de gran valor), ocupo en el mismo establecimiento el Área de Estudios Sociales y Lengua en 6° y 7° grado. Transcurrido un tiempo la jefatura de Región VII abre concurso para becaria de Asistencia Técnica Docente en el Instituto Superior de Planeamiento Educativo de la Capital Federal, me designan como becaria durante seis meses, todos los fines de semana regresaba a mi hogar en tren. Durante dos años trabajé en las áreas de Matemática, Ciencias Naturales en 6° y 7° de la Escuela N°10, pude implementar los métodos de aprendizajes en los grupos de alumnos y evaluar los resultados. Se inicia la Dirección de Enseñanza No Oficial (DENO) para la Supervisión de las escuelas no oficiales, se abre concurso para los aspirantes a cubrir cargos en la Jefatura VII y VIII Mar del Plata y Bahía Blanca, a mí me quedaban tres años para jubilarme y me presento, es así que me designan Inspectora de Área con Sede Necochea a cargo de ocho distritos todos servicios privados, después de dieciséis meses de trabajo me trasladan a Tres Arroyos, Jefatura Bahía Blanca a cargo de nueve distritos en planta urbana y rural. Visitaba hogares–escuelas con niños ubicados por minoridad, atendidos por órdenes religiosas: jesuitas, dominicas, francesas, alemanas. Un ejemplo de laboriosidad y dedicación dignos de admiración, todo el consumo en el mantenimiento de los hogares eran el fruto del trabajo enorme de las religiosas y los alumnos de los cursos superiores. Concluí mi carrera conociendo cómo desarrollaban la vida en esas comunidades de distintos orígenes, con valores dignos del mayor elogio.

El 30 de abril de 1982 presento la renuncia al cargo y llega el momento de jubilarme, ansiaba estar con mi familia y desarrollar aspectos de mi vida que no había podido cumplir: pintura artística y artesanal, reciclado de muebles y marcos antiguos, trabajos de jardinería, encuentros musicales. Trabajé cinco años ad honorem con la Asociación Amigos del Museo Histórico Egisto Ratti del Parque Miguel Lillo y hace veintiún años que trabajo en la Asociación Educativa de Jubilados Filial Necochea. Trabajamos contribuyendo con las necesidades comunitarias Necochea Quequén, se dictan talleres con apertura a los socios y a quienes deseen incorporarse siendo jubilados: informática, pintura artística, telar, mosaiquismo, bordado mexicano, yoga, gimnasia artística, talleres para la memoria dictado por la Licenciada en Psicología. Se realizan charlas sobre jardinería, salud mental y física con profesionales médicos, temas históricos, etc. También me desempeñé durante tres años como Profesora de Práctica de la Enseñanza en el Instituto de Formación Docente Nro. 31.

De pronto irrumpe en el mundo la pandemia covid-19, se cierran las instituciones y por supuesto se suspenden todos los talleres programados, dos meses de cuarentena estricta que nos cambió la vida, fue un verdadero sacudón, una toma de conciencia para aprender cosas nuevas y hacer todo aquello que nos hace sentir bien. En este tiempo los problemas tienen diferentes alternativas y consecuencias, lo importante es llevar a cabo acciones necesarias para resolverlos.

De acuerdo a lo expuesto, paso a considerar el día a día de mis actividades: abro mi ventana para recibir el sol y ver mi colorido jardín, luego realizo las tareas propias del hogar. En horas de la tarde me conecto por Zoom para trabajar con los talleres para Adultos Mayores que dicta la Universidad de Mar del Plata Facultad de Psicología. “Envejecimiento positivo” “Los adultos mayores en tiempos de Pandemia” “Estrategias Mindfulness para la vida cotidiana”

Los fines de semana me conecto con el Teatro Colón, en el Canal Allegro HD (503) escucho música didáctica. Reinicie la pintura artesanal, atiendo el jardín, continúo por video llamado mis clases de Yoga, con mis amigas seguimos visitándonos por WhatsApp, video llamada, correo electrónico o zoom. De la televisión miro solamente lo que me hace sentir bien y elijo películas documentales. Realizo caminatas breves al aire libre por el parque, plaza o por el barrio con el protocolo correspondiente.

Diciembre 2020:

¡Gran sorpresa sobre mi salud! Lo que se había iniciado como bronquitis, atendida por WS, por mi médico de cabecera. Al no haber mejoría, fiebre muy alta se me indica un hisopado que dio positivo covid-19.

De allí en más, mi hija se puso en contacto con quienes me tenían que asistir, fue muy difícil lograr la solución hasta que una Doctora sin ser yo paciente de ella, me consiguió ser atendida en el Centro de covid-19 del “Hospital Emilio Ferreyra”, muy eficiente fue el tratamiento indicado previa revisación, mis pulmones estaban limpios, seguía la bronquitis, después de una semana de suministrarme la medicación adecuada, permanecí en observación unos días hasta darme el alta. Mi estado de ánimo siempre fue positivo y más cuando todos los de mi entorno dieron hisopados negativos. Estoy agradecida a mi familia, especialmente a mi hija que estuvo en el campo de batalla directamente conmigo. Todos colaboraron en suministrarnos alimentos, medicamentos. No supe dónde contraje el virus, de cualquier forma, no es mi intención, me cuidé estrictamente y me tocó. Estoy totalmente recuperada y pude concluir mis proyectos durante la pandemia. Ayer finalicé el último taller por Zoom de la Universidad para Adultos Mayores de la Facultad de Psicología de Mar del Plata que auspicia PAMI.

Estoy agradecida a Dios que me acompañó en todo momento.

Paula Tavarone Pascutto, Escocia
Cuando uno está donde tiene que estar, la vida encuentra el camino

Mi nombre es Paula, tengo 44 años, ahora vivo en Escocia. Tengo una enfermedad crónica rara, incapacitante, camino con bastón, y soy inmunosuprimida, me jubilaron en noviembre del 2019, después de muchos años dando vueltas, sin diagnóstico.

Hace años soñaba vivir en Escocia, pero las cosas no se daban.

Haciendo tratamientos, entre cirugías que salieron mal y muchos dolores, los médicos dicen que ya no tienen nada que hacer, en Argentina.

Me puse a investigar, y existe un tratamiento de células madre en Alemania y Reino Unido, si bien no es una cura, me permitiría seguir caminando y frenar un poco el avance.

La opción entre UK y Alemania era clara, en UK me puedo expresar con los médicos. Además, en UK la salud es pública, en Escocia los medicamentos y tratamientos son gratis.

Consulto con los especialistas y uno me dijo que estamos lejos de esos tratamientos, pero estaba a veinte horas de Escocia. Necesitaba apurarme antes del brexit.

En el camino de esperar la evaluación médica para jubilarme y buscar dónde vivir, conocí un inglés, que vive en Escocia y que escuchó mil veces que su vida conmigo podía convertirse en una pesadilla, y mil y una veces dijo que no le importaba. Un hombre que me repite “te sostengo la mano”.

Para residir legalmente en Escocia necesitaba ciudadanía europea antes del brexit, 31 de diciembre 2020.

Junté toda la documentación de mi abuelo italiano y el 14 de diciembre aterricé en Roma, donde este hombre me esperaba, para no dejarme sola en el proceso.

Conseguir casa para hacer el trámite no fue fácil. Pero todo terminó saliendo sobre ruedas.

El 27 de febrero tenía mi ciudadanía italiana, el 2 de marzo mi documento y el 12 de marzo deberían entregar el pasaporte. Tenía boleto a Argentina para el 10. Lo cambié para el 14.

Volví a buscar mis cosas, vender y terminar el trámite de cobro de la jubilación y una audiencia por un juicio el 18.

Todo redondo. Mi pareja, volvía a Escocia, vendía la casa, alquilaba una más chica, sin escaleras y apta, y con ese dinero ponemos un café literario que yo pudiera atender sentada.

Él pide el retiro voluntario el 18 de enero. Se lo otorgan en febrero. Genial. Alquilaba todo, dejaba el local arreglando y viajaba a Argentina entre abril y mayo a ayudarme con la mudanza.

Empieza la pandemia. Todo pasa muy rápido.

Al principio la subestimamos. La línea aérea le avisa que cancelan los vuelos, que el último será el 10. Le pido que se vaya. No quería. Cambia el boleto y va al supermercado, yo no podía caminar hasta ahí. Es montaña abajo y no podría volver con la compra.

Se va, yo esperaba mi pasaporte. El 11 cierran la oficina. Nadie sabía nada. Me manda mensaje mi hematólogo, que no se me ocurra subirme a un avión a Argentina, que es imposible desinfectar el baño. Que me quede encerrada. Ya estaba, sin salir desde el 27 que tramité. Cancelo el viaje a la Argentina. Mi alquiler temporario vencía el 5 de abril. Si renovaba tenía que pagar tres meses juntos.

Mi pareja vendió la casa, tenía que entregarla el 29 de marzo. Busca alquileres, las inmobiliarias en Escocia no quieren mostrar propiedades. Se complica. Finalmente encuentra una.

Mi pasaporte sin novedades.

Me quedé sin comida. Estaba sola, encerrada y asustada.

Al anochecer pasaba el camión del ejército a cada rato diciendo que todo el mundo estuviera adentro, que no había camas en el hospital.

A las ocho de la mañana el auto de la iglesia, con el rosario. A las doce el canto por los enfermos, a las ocho de la noche el aplauso, y a las diez empezaban los militares, más de vez en cuando, los camiones de ejército con los cajones y la gente salía a aplaudir. Era imposible pensar en otra cosa. La intensidad italiana, el apasionamiento, también en la tragedia.

Me autorizan a dejar a un vecino a cargo de retirar el pasaporte y que me lo mande por correo.

Segundo problema, entrar con documento implica hacer migraciones en UK, implica que alguien no quiera dejarme entrar en medio de una pandemia.

Empiezo a buscar vuelo el 16, no había, todos los días cerraban una frontera, cancelaron vuelos. Me quedaba sin comida. No había trenes hasta Roma, la única opción era tomarme un taxi. Todo era una sangría de dinero.

Me costaba mucho dormir, desde Argentina llegaron más problemas que soluciones. Al principio no querían postergar la audiencia, y si no iba personalmente no podía seguir el trámite para cobrar. –Sigo sin cobrar siete meses después– pese a que informatizaron bastante.

Encuentro un vuelo Roma París Manchester. Mi pareja me va a buscar a Manchester, Inglaterra, el 24 de marzo. El día 22 se empieza a hablar de cerrar la frontera Inglaterra– Escocia. Yo no tenía forma de demostrar qué hacía viajando y explicarle eso en dos minutos a la policía.

Llego en taxi a Roma. Declaro la verdad, para migraciones, que si me voy a mudar tengo que inscribirme en un registro, le digo que el registro está cerrado. Me dicen que si mi DNI italiano dice que vivo en Italia, no puedo salir de Italia para ir a Reino Unido.

En un ataque de desesperación rompo el formulario delante del policía, le pido otro en blanco y le digo que me voy a París, para volver a la Argentina, y que salgo con pasaporte argentino. A regañadientes me dejan pasar después de ir y venir y consultar como cinco veces.

La policía no se ponía de acuerdo si quería controlar atentados o seguridad por la pandemia. Uso bastón, ya dije. Querían que me sacara las botas, el cinturón y la campera, sin tocar nada. Yo además estaba vestida como cebolla, para ir sacando y tirando ropa.

No se conseguían barbijos en el pueblo, usaba seis toallitas de Espadol con un agujero por las orejas.

Casi me caigo en el control, entonces trajeron una silla de ruedas, y le echaron desinfectante hasta mojarla. Me senté en la silla mojada.

Llego a París. Lockdown completo. Si no subía al vuelo, no podía salir del aeropuerto.

No había servicio de sillas de ruedas por la pandemia. Ni ayuda. Casi pierdo el vuelo. Me siento en un asiento no apto para discapacitados, la tripulación me cambia. Pero no se respetaba la distancia con otro pasajero, el otro pasajero, ruso, no se quería cambiar, se saca la máscara y le grita a la azafata a medio metro de la cara, momento que le agrega tensión a la que ya tenía.

Todo el viaje desde que salí de la casa a las 2 am sin ir al baño, por seguridad. Me sentía bastante mareada, empieza la neuralgia de la cara en el vuelo. La neuralgia es por la compresión de las vértebras, los nervios no ayudan, la tensión comprime.

Recibo un mensaje que mi pareja me está esperando.

Migraciones me pregunta qué hago, no puedo ir de turismo. Le respondo la verdad. Me estoy mudando. Mi casa está acá. No tengo dónde vivir. Esto ya estaba planeado antes de la pandemia, qué quiere que haga.

Me dicen que me aislé catorce días. Bienvenida.

Y sentí que cuando uno está donde tiene que estar, la vida encuentra el camino.

Salí y antes de saludar a mi pareja, fui al baño, me saqué la ropa y la puse en una bolsa, donde quedó aislada una semana.

Lo abracé llorando y llamé a mis papás.

Nos tuvimos que ir a una habitación. La casa estaba vacía, y no entregaban la otra porque empezaron a pintar, y no la pudieron terminar por la cuarentena. El 2 de abril los convencimos para que la dejaran sin pintar y nos mudamos.

Desde ese momento vivimos de la plata de la casa.

Solo pudimos ver a su familia dos veces en discusiones de las restricciones.

Aprobaron mi residencia en mayo.

Todavía no pude ver a un médico. Solo me dan calmantes y análisis de sangre.

Los primeros siete meses viviendo juntos han sido hermosos. Con momentos de sostener al otro y momentos de necesitar aire.

En agosto, decidí volver a la repostería. Mi pareja cocina con mi dirección y yo sólo decoro. Habilitamos con mucha dificultad la cocina, por la pandemia. Ya no creo que vuelva este año a Argentina.

Mis cupcakes y tortas se venden, tengo esperanzas que sirva al menos para ayudar con los gastos.

Hasta que pase la pandemia.

Hasta que reinventemos el mundo que viene.

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445 s. 10 illüstrasyon
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9789878717395
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