Kitabı oku: «Susan Glaspell y los Provincetown Players»

Yazı tipi:


Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americans

http://www.uv.es/bibjcoyhttp://bibliotecajaviercoy.com

DirectoraCarme Manuel


Nieves Alberola Crespo

Susan Glaspell y los Provincetown Players: laboratorio de emociones (1915-1917)

Susan Glaspell y los Provincetown Players: laboratorio de emociones (1915-1917) se enmarca dentro del proyecto de investigación UJI (P1-1B2015-62) «Funcions educatives de la literatura a l´entorn de les emocions, la imaginació i la construcció d´identitats».

1ª edición de 2017

Reservados todos los derechos

Prohibida su reproducción total o parcial

ISBN: 978-84-9134-201-4

Ilustración de la cubierta: Homa Arkani, Free, óleo sobre lienzo, 2011

Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es

publicacions@uv.es

A mis padres,Manuel y Mª Luz

A Valentina Cook, in memoriam

Agradecimientos

Deseo expresar mi más sincero agradecimiento a Valentina Cook, heredera del legado de Glaspell y Cook, por concederme en su día de forma desinteresada permiso para traducir las obras al español tras informarle de mi nuevo proyecto.

ÍNDICE

Prólogo

HUMOR Y PSICOANÁLISIS

Deseos suprimidos

EMOCIONES ENCONTRADAS

Nimiedades

REMOVER EL PASADO

Cierra el libro

PERIODISMO Y TEATRO

El pueblo

Bibliografía

PRÓLOGO

Fátima Agut Clausell 1

El camino de las dramaturgas hacia su reconocimiento público y literario ha sido largo, tortuoso y lleno de silencios, mucho más que en otros géneros literarios como la narrativa y la poesía que se han aceptado como más propios de la mujer. Por supuesto, la mujer ya había sido objeto literario y figura clave en el teatro occidental desde las tragedias griegas. Recordemos a Fedra, Antígona, Hécuba y tantas otras protagonistas, pero no habían sido sujetos de creación literaria dramática, ni tan solo podían ser representadas por ellas mismas. No tenían acceso a la escena ni a la literatura dramática porque, en la mayoría de los casos, el dramaturgo tenía que asistir a los ensayos, dirigir las representaciones y no eran las bambalinas el lugar más apropiado para ellas.

Sabemos que las espectadoras accedían al corral de comedias por otras puertas y tenían un lugar especial, la cazuela, para que no se mezclaran con los hombres. En los teatros norteamericanos, la platea era el lugar de hombres y mujeres solteras acompañadas y de los críticos; los palcos del primer piso laterales los ocupaba la alta sociedad y el segundo piso, la clase media; el «third tier» se reservaba para aprendices, criados, esclavos, a veces separados por razas, y prostitutas.

A pesar de todos estos inconvenientes, algunas mujeres asumieron el reto de romper todas esas barreras y pasar de objetos a sujetos literarios en diversos países, culturas y lenguas. Afortunadamente, investigadoras e investigadores de la literatura norteamericana han rescatado del olvido y nos han ofrecido diversos estudios2 de voces, algunas casi olvidadas, como Mercy Otis Warren (1728-1814), que escribió obras pasando del teatro político del XVIII al social del XIX; Judith Sargent Murray (1751-1820), que nos dejó obras de calidad y frecuentaba los teatros como espectadora; Susanna Haswell Rowson (1762-1824) y Charlotte Barnes (1818-1863), dramaturgas al tiempo que actrices; Anna Cora Ogden Mowatt (1819-1870), que triunfó y fue muy respetada con su obra Fashion (1845) considerada la mejor obra del XIX y que se incluye en numerosas antologías al formar parte del canon literario; o Charlotte Mary Sanford Barnes Conner (1818-1863), que con su obra The Forest Princess (1844), traducida como Pocahontas, obtuvo gran éxito y como actriz interpretó papeles masculinos con normalidad.

Con la finalidad de dar a conocer las obras de las dramaturgas estadounidenses a los lectores de habla hispana, se publicó en 2006 un volumen3 que incluye las traducciones de las obras Vecinos de Zona Gale, Nimiedades de Susan Glaspell, Directas e indirectas de Alice Gerstenberg e Impacto de color de Zora Neale Hurston acompañadas de elaboradas y precisas introducciones que nos acercan a la biografía de las autoras, así como al significado de las obras y de los personajes en el contexto social y cultural en que se escriben y se estrenan. Las obras de teatro recopiladas en este volumen son representativas del cambio que se estaba produciendo a principios del siglo XX en el teatro; surgen como alternativa al teatro comercial de Broadway y son muestra de las dificultades a las que se enfrentaban las escritoras para poner voz a sus problemas, y en el caso de Hurston se sumaban todos los inconvenientes posibles al tratarse de una autora afroamericana4.

Puede ser que al traducir Nimiedades y redactar una introducción crítica sobre la vida y obra de Susan Glaspell, Nieves Alberola se fijara un nuevo reto como traductora e investigadora de literatura norteamericana: dar a conocer las obras de un acto que Glaspell escribió para los Provincetown Players, grupo de teatro del que fue cofundadora. Para llevar a cabo tal empresa Alberola se puso en contacto con Valentina Cook para informarla de su nuevo proyecto y pedir permiso para traducir las obras al español. Gracias a la desinteresada voluntad de la heredera del legado de Glaspell y Cook, ha sido posible presentar de nuevo traducida Nimiedades, al cumplirse el centenario de su estreno, junto a tres obras más bajo el título Susan Glaspell y los Provincetown Players: laboratorio de emociones (1915-1917).

Susan Glaspell5, reconocida por sus originales dramas feministas, por la sensibilidad, el realismo, las sugerencias de sus personajes en los diálogos aparentemente triviales, sobre todo entre las mujeres, fue galardonada con el premio Pulitzer de Teatro en el año 1931. Nimiedades se estrenó en 1916 en el Wharf Theatre, un antiguo almacén de pescado que Cook y sus compañeros actores habilitaron como sala de teatro y que inauguraron en julio de 1916 con las obras Winter’s Night, de Neith Boyce, Freedom, de Jack Reed y Suppressed Desires (Deseos suprimidos), de Susan Glaspell y George Cram Cook. Para continuar la programación, Cook le pidió a su esposa Susan que escribiese otra obra tal como nos recuerda la profesora Alberola:

[…] Cuando el Wharf se quedó vacío, se sentó en el escenario, cerró los ojos y permitió que las ideas cristalizaran en imágenes. Retrocedió a sus días de reportera del Des Moines Daily News, cuando trabajó en el caso de Margaret Hossack, acusada de haber matado a su marido. Recordó su visita a la casa, en concreto a la cocina, y comprendió por primera vez lo que un matrimonio sin hijos podía significar: soledad, frustración y completa dependencia de un marido que se dedica por completo a su trabajo. Con estas ideas en mente regresó a casa y empezó a escribir la primera escena de Trifles [Nimiedades] (Alberola Crespo, 2006: 82).

Por estas razones y por el placer de recordar a Susan Glaspell, en la clausura de las II Jornades d’Igualtat organizadas por el Consell de l’Estudiantat de la Universitat Jaume I de Castellón el pasado mes de octubre con el tema Mujeres en las Artes Escénicas, se representaron unas escenas de Nimiedades, un siglo después de su estreno primero en Provincetown y luego en Nueva York. Celia Usó y Nieves Alberola, con una gran dosis de entusiasmo y estudio, mostraron al alumnado del siglo XXI la vigencia de Glaspell y sus personajes. Esta escenificación estuvo dedicada in memoriam a otra mujer de teatro, Celia Guardiola6, para quien Nimiedades era una de sus obras preferidas.

Susan Glaspell y los Provincetown Players: laboratorio de emociones (1915-1917) presenta la traducción de las cuatro primeras obras que Glaspell escribió para los Provincetown Players precedidas de introducciones críticas individualizadas. Llama la atención el trabajo de traducción porque se consigue una versión en castellano que conserva los matices de la original. En cuanto a las introducciones destacan las peculiaridades de tiempo y lugar en los que fueron escritas las obras y, en sordina, el ánimo que la autora desvela implicándose. Este libro está destinado al público lector hispanohablante de textos literarios dramáticos para que no se olvide a esta dramaturga ni a sus obras, para que perviva en la escena o en la lectura su palabra, sus personajes, sus mujeres invisibles, relegadas o atrapadas en la casa-jaula familiar, para que su afán por conseguir la igualdad en la sociedad, en el trabajo, en la remuneración y en la conciliación familiar deje de ser algo que todavía hoy suena a actualidad.

HUMOR Y PSICOANÁLISIS

Vivimos y evolucionamos entre dos extremos, la risa y el llanto, entre dos polos que se unen en el humor, cualidad importante y valiosa que forma parte de la inteligencia. El humor necesita de la sorpresa y nos proporciona placer al transformar la tristeza en alegría, la desilusión en comicidad. En el humor hay algo de liberador: como público nos reímos mejor cuando el humor valiente y generoso al poner en tela de juicio ideas, creencias o deseos nos preserva de la seriedad de espejismos y fanatismos. Aquellas personas que usan el humor como estrategia en sus escritos se afanan por llegar a un amplio espectro de audiencia especializada o no en el tema tratado. Dicha tarea no es fácil porque su éxito radica en lograr que a pesar del paso del tiempo el humor no se pierda y que generación tras generación puedan disfrutar de un humor que perdura a pesar del paso de los años, de un humor que llegado el caso, no se pierda en la traducción a otras lenguas, que perdure su esencia en las adaptaciones a otras culturas, a otros registros espacio-temporales.

A principios del siglo XX Susan Glaspell y George Cram Cook experimentaron al escribir juntos Suppressed Desires (Deseos suprimidos) que la risa podía ser terapéutica y que el humor era fundamental para crear un sentido de comunidad. En su deseo por crear una nueva forma de teatro con objetivos artísticos y sociales más en la línea de los Abbey Players (Irish Players)7, Glaspell y Cook tenían que romper con las temáticas y las formas teatrales tradicionales. «Deseos», «sueños», «complejos», «subconsciente» o «libido», palabras que aparecen constantemente en Deseos suprimidos, nos revelan que los autores estaban familiarizados con el psicoanálisis, la nueva ciencia del alma que había irrumpido con fuerza a ambos lados del Atlántico. El decantarse por el tratamiento humorístico y crítico de un tema científico como eje central de la obra, es decir, su predilección por popularizar una temática a la que se suponía que únicamente la élite intelectual podía tener acceso iba a suponer un antes y un después en la historia del teatro norteamericano.

Antes de que Sigmund Freud visitara América acompañado entre otros por su discípulo Carl Jung, sus teorías ya eran conocidas en Estados Unidos. Varios profesores, entre ellos Hugo Münsterberg, se habían hecho eco de las mismas en sus publicaciones en diversas revistas8. En 1909 con motivo de la celebración del 20 aniversario de la fundación de Clark University (Worcester, Massachussets), el profesor Granville Stanley Hall9 invitó a Freud a dar una conferencia a la que asistirían entre otros William James y el doctor A.A. Brill. Freud impartió –en alemán– una ponencia titulada Five Lectures on Psychoanalysis en la que de manera muy condensada hablaba de las teorías que había trabajado en varios de sus libros: La interpretación de los sueños (1900)10, Tres contribuciones a la teoría del sexo (1905)11, La psicología del día a día (1901)12 y Estudios sobre histeria (1893-1895)13. Ernest Jones14 fue quien convenció a Freud de traducir al inglés su conferencia, traducción que se publicó en 1910 en la revista American Journal of Psychology.

Freud, antes de desarrollar su teoría sobre la interpretación de los sueños, se puso en contacto con un respetado médico de familia –Josef Breuer15– que inducía a sus pacientes a la hipnosis16 para que así libremente hablaran sobre sus problemas y poder liberarlos de su ansiedad o curarlos de sus enfermedades. Fue tras esta experiencia cuando Freud decidió que «no era necesario inducir a sus pacientes a hipnosis», sino que simplemente había que invitarlos a tumbarse en un diván a relajarse y «él se sentaría, donde el paciente no pudiera verlo, a escucharlo hablar de todo» (Sievers, 1955: 24). En el círculo de amistades de Glaspell y Cook al menos tres conocidos habían sucumbido a la nueva moda y se habían sometido a la terapia del psicoanálisis: Max Eastman, director de la revista The Masses y profesor de filosofía, Floyd Dell, escritor y periodista, y Mabel Dodge, una joven de familia acaudalada interesada en temas artísticos e intelectuales. Fue esta joven la que invitó al doctor A. A. Brill a dar una conferencia sobre psicoanálisis en su apartamento en 191317. Además, según Ellen Gainor, Eastman y Dell fueron de los primeros en publicar sobre psicoanálisis y su interés en el mismo «coincide precisamente con el periodo de composición y primera producción de la obra. De hecho, Deseos suprimidos se hace eco de sus escritos así como refleja el interés general en este campo dentro de la comunidad»18 (2001: 26).

Muchos intelectuales y artistas neoyorkinos gustaban de pasar los inviernos en Greenwich Village y los veranos en Provincetown, una pequeña ciudad de pescadores en la que alquilaban cabañas por poco dinero –costumbre que Glaspell y Cook iniciaron tras contraer matrimonio en abril de 1913. En esta comunidad de artistas se criticaba las producciones de Broadway que no dejaban nada para la imaginación y lo único que les movía era el afán de lucro. Se sentían atraídos por los pequeños teatros experimentales, como el de Maurice Brown en Chicago, donde se realizaban propuestas arriesgadas y originales, y, en su fuero interno, deseaban que algo parecido tuviera lugar en la ciudad de Nueva York, deseo que les lleva a escribir y así contribuir con obras originales. Este impulso creativo queda recogido por Glaspell en The Road to the Temple en la que comenta que tomando como tema la obsesión que muchos habitantes de Greenwich Village tenían por el psicoanálisis, ella y Cook disfrutaron intercambiando parrafadas para montar la obra. Una vez finalizada la ofrecerían a los recién estrenados Washington Square Players19 quienes la rechazarían por ser «demasiado especial» (2005 [1926]: 202). Esta negativa no constituyó un obstáculo puesto que en 1915, mientras veraneaban en Provincetown junto con sus amistades, decidieron representarla en casa de Neith Boyce y su marido Hutchins Hapgood: Glaspell en el papel de Henrietta Brewster, Cook en el de Stephen Brewster y Lucy Huffaker, compañera y amiga de universidad de Glaspell, en el de Mabel. Robert Edmund Jones sería el encargado de la escenografía: con gran economía y simplicidad de elementos transformó una estancia del número 621 de la Calle Comercial en el primer escenario que daría la bienvenida no solo a Deseos suprimidos sino también a la obra de Neith Boyce Constancy, dos obras de un solo acto en las que se trata en clave de humor la obsesión por el psicoanálisis y las paradojas de los matrimonios modernos respectivamente.

Barbara Ozieblo comenta en Susan Glaspell. A Critical Autobiography que la obra se debe en gran parte a un escéptico artículo de Edwin Tenney Brewster publicado en McClure´s (octubre 1912), titulado «Dream and Forgetting: New Discoveries in Dream Psychology». Brewster comete un error que Glaspell y Cook perpetuaron: no distinguir entre deseos suprimidos y deseos reprimidos.

Según W. David Sievers, el traductor de Freud, [el psiquiatra] A. A. Brill consigna: Hay que distinguir entre represión, que es un proceso inconsciente, y supresión, que es el consciente disciplinar de los impulsos propios recurrido por la civilización. Sievers señala que la sátira de Susan Glaspell con propiedad debería titularse Deseos reprimidos. Sin embargo, estrictamente hablando, debería haber sido Deseos reprimidos y suprimidos: a Mabel le dicen que, por el bienestar de los Brewster, suprima los deseos que ya no pueden reprimirse porque el analista los ha sacado a la palestra al explicarlos (2000: 69).

Con todo, sería preferible soslayar esta interpretación como peripecias del lingüista, incluso para escritura de magistral pericia como la suya. A pesar de la confusión en la utilización de los términos, la divertida caracterización, la aguda sátira y el diálogo inteligente se combinan para hacer de esta obra una comedia efectiva que mantiene su atractivo a pesar del paso del tiempo.

A primera vista Deseos suprimidos puede parecer simplemente una sátira frívola sobre el impacto de las teorías freudianas en Norteamérica. Como ya se ha comentado, las teorías de Freud sobre el subconsciente habían fascinado a los intelectuales de finales del siglo XIX y principios del XX; pero al cruzar el Atlántico habían sido americanizadas mostrando que cualquier tipo de represión podría resultar perniciosa, en otras palabras, el psicoanálisis en su forma popularizada se reducía al descubrimiento de la importancia del sexo en la vida humana. Pero realmente se trata, en palabras de Ludwig Lewisohn, de una comedia curiosamente construida (no de personajes) «sino de ideas, o más bien de la confusión, falsedad o absurdo de las ideas»20 (1922: 104).

En una primera lectura de la obra lo primero que llamó mi atención fue la divertida caracterización, el diálogo inteligente y la aguda sátira. Como traductora, el desafío residía en adaptarla al español y conseguir que resultara tan divertida como el original. La principal dificultad a la que me enfrentaba era traducir el inteligente juego de palabras de la obra original para no perder en la versión española ese humor, esa comicidad tan deliciosamente atractiva. Tras meses de trabajo y probar distintas versiones, finalmente me decanté por hacer una variación en los nombres de los personajes: Henrietta Brewster sería en la versión española Gala Butcher, Stephen Brewster pasaría a ser Caius Butcher y en el caso de Lyman Eggleston mantendría el nombre y el apellido sería sustituido por Hueversham.

La protagonista de la obra, Gala Butcher21, está completamente obsesionada por el psicoanálisis y adora a su terapeuta, el doctor Russell. Su marido, Caius, está cansado de las tonterías de su esposa que no cesa en su búsqueda de complejos e incluso lo despierta a media noche para discutir y analizar lo que él sueña. Aprovechando que su hermana Mabel los visita, Gala insta tanto a su marido como a su hermana a que vayan a la consulta del psicoanalista, apuntando los peligros de suprimir los deseos. El doctor Russell interpretará el sueño de Mabel de ser una gallina como una aversión a su propio marido y un deseo suprimido por Caius. Y en cuanto a los sueños de Caius sobre las paredes de su habitación retrocediendo y dejándolo solo en un bosque es interpretado como la prueba concluyente de que desea librarse de su esposa, su deseo suprimido. Ante tales interpretaciones, Gala se siente traicionada por su mentor y promete quemar todos los libros sobre psicoanálisis; Caius, feliz, decide olvidar todo lo que le han dicho durante la sesión de terapia y permanece con su mujer. En cuanto a Mabel, le aconsejan que se mantenga firme en su tarea de suprimir el deseo que siente por Caius.

Gala Butcher se considera una mujer moderna, una intelectual que cree en la libertad y está en contra de los códigos morales petrificados heredados; de forma autodidacta, consigue dominar la jerga psicoanalítica (subconsciente, complejos, deseos, o libido forman parte de su vocabulario, los usa apropiadamente con soltura) al tiempo que es capaz de actuar como una verdadera profesional al interpretar los sueños (Freud) y aplicar la técnica de asociación de palabras (Jung). Sus conocimientos en la materia le posibilitan realizar una interesante puntualización: «El psicoanálisis no te dice que se tenga que satisfacer cada deseo suprimido», palabras que nos recuerdan las declaraciones del padre del psicoanálisis en una de las últimas entrevistas que concedió.

Por otra parte, Caius ironiza constantemente sobre el psicoanálisis: es capaz de reducirlo al conocido complejo de Edipo; habla sobre la nueva ciencia como una nueva religión que tiene nefastas consecuencias; y, finalmente, participa en el discurso psicoanalítico puesto que los hombres, en este caso, pueden salir más beneficiados al encontrar un aliado en el psicoanálisis para dar rienda suelta a sus deseos sin ser cuestionados. Tanto Caius como el doctor Russell –personaje ausente pero que podemos afirmar que mueve los hilos desde los bastidores– se hacen eco del rechazo a la institución del matrimonio de muchos intelectuales y artistas que habitaban en Greenwich Village a principios del siglo XX.

Del personaje de Mabel hay que subrayar su rápida evolución: en tan solo dos semanas de terapia es capaz de familiarizarse y utilizar su argot con destreza inusitada. Domina las reglas del juego, hecho que contrasta con la primera escena en la que se presenta como una ignorante hasta el punto de creer que el psicoanálisis tiene que ver con la «guerra». Dos posibles interpretaciones: 1. Esta es la única referencia al contexto histórico en el que se escribe la obra, es decir, es una alusión a la Primera Guerra mundial. 2. Una segunda lectura por la que podríamos también decantarnos sería la alusión a la “secreta guerra de los sexos”, que el filósofo e historiador alemán Oswald Spengler definió en su obra La decadencia de Occidente con estas palabras: «He aquí la secreta guerra de los sexos; guerra eterna que existe desde que hay sexos, guerra silenciosa, amarga, sin cuartel ni merced».

Dicha contienda queda dibujada en elementos de la escenografía, es decir, en la mesa en la que Caius y Gala trabajan: sobre ella descansan por una parte libros de porte serio y austeras revistas científicas como Psychoanalytic Review (Revista psicoanalítica) –recomendada por Max Eastman en abril de 1914 en un artículo titulado «A New Journal» publicado en The Masses a todos aquellos lectores que desearan comprender las atrevidas ideas de Freud22; y por otra, dibujos de arquitectura, planos, compases, escuadras, reglas, etc. Estos objetos representan los quehaceres laborales e intelectuales de los protagonistas; ambos necesitan un espacio, una habitación propia en la que llevar a cabo sus proyectos: Caius, diseñar los planos de una casa; Gala leer, investigar y escribir sobre psicoanálisis. La falta de espacios propios, es decir, el verse obligados a compartir una mesa, deriva en conflicto que, en términos tradicionales, únicamente se puede resolver si cede una de las partes.

El hecho de que en Deseos suprimidos se mencione la Revista Psicoanalítica23 (Psychoanalytic Review) resulta muy curioso desde el punto de vista de la historia de la psicología y nos lleva a cuestionarnos si las mujeres estuvieron presentes en los inicios de dicha disciplina. El estudio de las historiadoras Elizabeth Scarborough y Laurel Furumoto Untold Lives: The First Generation of American Women Psychologists (1987) es fundamental ya que recupera las voces y aportaciones de pioneras psicólogas de eminente prestigio como Mary Calkins, Christine Ladd-Franklin o Margaret Washburn que impartían clases, contribuían con artículos, realizaban investigaciones experimentales y colaboraban en equipos editoriales. En 1887 Ladd-Franklin, una autoridad internacionalmente reconocida en el campo de la visión y defensora de los derechos de las mujeres, publicó un artículo en el primer número de la revista American Journal of Psychology, revista en la que también publicó Washburn entre 1905 y 1938. Otra pionera psicóloga es Leta Stetter Hollingworth quien en sus publicaciones se dedicó a criticar la perpetuación de estereotipos sexuales y a desmontar los mitos sobre las diferencias sexuales produciéndose un giro desde determinismos biológicos a tesis más sociales. Hollingworth se trasladó con su marido a Nueva York en 1908; fue la primera persona en ocupar un puesto de psicología en la administración pública de Nueva York en 1914 y colaboró con grupos feministas de Greenwich Village como «Heterodoxy», un club fundado en 1912 por Marie Jenney Howe al que pertenecían entre otras Zona Gale, Charlotte Perkins Gilman24, Henrietta Rodman25, Mabel Dodge Luhan, Mary Heaton Vorse26 y Susan Glaspell.

Si bien hubo pioneras psicólogas a finales del siglo XIX, esta divertida e inteligente comedia pone de manifiesto que el psicoanálisis en sus orígenes fue pensado desde una perspectiva masculina y por lo tanto, al igual que Freud, no podía dar respuesta a la eterna pregunta: «¿Qué quieren las mujeres?». La nueva disciplina científica estaba a años luz de ayudar a la emancipación de las mujeres que seguían siendo a ojos de médicos y psicólogos seres frágiles, enfermizos, ángeles/guardianas del hogar a los que había que proteger. Se reforzaban los estereotipos victorianos y aquellas mujeres que optaran por estudiar, investigar o trabajar se alejaban de las normas o patrones establecidos y serían etiquetadas de «monstruos», «cuasi-mujeres», «invertidas», «almas atrapadas», «traidoras», «intrusas», o «hermafroditas sexuales» por no cumplir con los ideales de sumisión, pureza y domesticidad, por querer optar por desempeñar un papel activo en el ámbito público reservado a los varones.

Hay pocas reseñas críticas de las primeras puestas en escena de Deseos suprimidos bien porque se realizaban de manera informal siendo sus amistades la audiencia27, bien porque una vez constituida la compañía de teatro no veían con buenos ojos conceder entradas gratuitas a los críticos. En Nueva York el debut de la obra por parte de los Provincetown Players tuvo lugar en noviembre de 1916 en The Playwright´s Theatre, sito en el 139 de MacDougal Street. Los Washington Square Players, a pesar de rechazarla en 1915, la escenificaron dos años más tarde en el Comedy Theatre y críticos como Arthur Hornblow la definieron como «una nimiedad divertida»28, mientras que otros como Heywood Broun «halló la interpretación deliciosa tanto por su brillante guión, su perspicaz tratamiento del tema, así como por sus agudas observaciones de la naturaleza humana»29.

Cuando la obra se estrenó en Londres en el Everyman Theatre en 1921, la crítica la definió en los siguientes términos: «brillantemente escrita», «tremendamente divertida» y «alegre e inteligente»30. Tras la puesta en escena de The Verge en 1996 y de Inheritors en 1997 en The Orange Tree Theatre (Richmond, Londres), tuvo lugar la premier de Chains of Dew el 12 de marzo de 2008. Con motivo de la primera producción en Inglaterra de Chains of Dew se organizó el 12 de abril un seminario en el que participaron expertas en la vida y obra de Susan Glaspell y una puesta en escena de obras de un acto entre las que se incluyó Deseos suprimidos así como se cerraba con la obra Chains of Dew que tantas críticas favorables había cosechado desde la premier a principios de marzo.

La respuesta de los críticos no se hizo esperar. Sam Marlowe en The Times calificó el trabajo de la directora Phoebe Barran de brillante, alabó el trabajo de los actores (Ruth Everett, Pia de Keyser y David Annen) y definió la obra en términos culinarios como dulce, «crujiente como un pastel –deliciosa» (2008). Michael Billington en The Guardian comentó: «La broma central está ingeniosamente sostenida en la producción de Phoebe Barran […] se debería recordar que entonces Greenwich Village estaba bajo la garra de lo que un observador tildó de “manía psicológica”»31 (2008). Por su parte John Thaxter describió la obra como «una investigación deliciosamente divertida de los peligros domésticos del psicoanálisis» y elogió la energía, el ímpetu, el ingenio y el humor de las actuaciones de los actores pues «evocan lo mejor de las comedias Hollywoodienses de la década de los treinta del siglo XX»32 (2008) y Rhoda Koenig, columnista de The Independent, reseñó que «la producción de esta obra de 1915 por parte de Phoebe apunta a un acertado comentario sobre la autocomplacencia moralista del tiempo presente»33 (2008). Quizá las palabras de Koenig nos lleven al tema central de la obra y a la universalidad del mensaje: no todos los deseos pueden ser satisfechos, complacidos. ¿Se ha de concebir la convivencia entre hombres y mujeres en términos de vencedores y vencidos? Si aceptamos la vida con serena humildad significará que en nuestro día a día, en mayor o en menor medida, el humor está presente.

DESEOS SUPRIMIDOS

(SUPPRESSED DESIRES)

PERSONAJES

GALA BUTCHER

CAIUS BUTCHER

MABEL34

ESCENA I

Un estudio en la última planta, al sur de Washington Square. A través de una inmensa ventana de la pared trasera que da al norte aparecen las copas de los árboles y la parte superior del Arco de Washington. Más allá se puede ver la Quinta Avenida. Cerca de la ventana hay una gran mesa, cargada por un lado con libros de porte serio y austeras revistas científicas, por el otro con dibujos de arquitectura, planos, compases, escuadras, reglas, etc. A la izquierda hay una puerta que da al resto del apartamento; a la derecha, la puerta de la entrada a la vivienda. Está puesta una mesa con el desayuno para tres personas, pero sólo dos están sentadas a la misma –GALA BUTCHER y CAIUS BUTCHER. Mientras se levanta el telón CAIUS aparta su taza de café y sigue sentado y abatido.

GALA:

No es el café, Cayo querido. No le pasa nada al café. A ti es al que le pasa algo.

CAIUS (Obstinadamente.):

Puede que algo le pase a mi estómago.

GALA (Con desdén.):

¡Tu estómago! El problema no se halla en tu estómago sino en tu subconsciente.

CAIUS:

¡Paparruchas de subconscientes! (Coge el periódico de la mañana e intenta leer.)

GALA:

Cayo, no solías ser tan desagradable. Ciertamente tienes algún tipo de complejo. Te veo todo cohibido. No estás abierto a nuevas ideas. Ya no quieres escuchar ni una palabra sobre psicoanálisis.

CAIUS:

¡Una palabra! ¡He escuchado montones!

GALA:

Has dejado de ser creativo en tu arquitectura –tu trabajo no marcha bien. No duermes bien… 35

CAIUS:

¿Cómo quieres que duerma, Gali, si estás siempre despertándome por la noche para averiguar lo que estoy soñando?

GALA:

Pero los sueños son tan importantes, Cayo. Si le contaras los tuyos al doctor Russell, averiguaría exactamente lo que te pasa.

CAIUS:

No me pasa nada.

GALA:

No te expresas tan bien como solías hacerlo.

CAIUS:

¿Expresarme? No puedo decir nada sin que me mires de esa forma inquisitiva que pones cuando le estás siguiendo la pista a un complejo.

GALA:

Esta misma irritabilidad indica que sufres un deseo suprimido.

CAIUS:

Sufro un deseo suprimido de un poco de paz.

GALA:

El doctor Russell está haciendo verdaderas maravillas en los casos de nervios. ¿Podrías ir a verle, Cayo?

CAIUS (Dejando sonoramente el periódico.):

¡No, Gala, no voy a ir!

GALA:

¡Pero, Cayo…!

CAIUS:

¡Chitón! Oigo que viene Mabel. No nos tiremos los trastos el primer día de su visita. (Saca los cigarrillos. MABEL entra por la puerta de la izquierda, el lado opuesto a CAIUS, por lo que él la ve de frente. Lleva puesto un negligé bastante recargado en contraste con GALA, que viste ropa “radical”. MABEL está lo que se dice rellenita.)

MABEL:

¡Buenos días!

GALA:

¡Pero cómo, ya estás aquí hermanita!

CAIUS:

¡Buenos días Mabel! (MABEL le saluda a él con la cabeza y se vuelve, iluminándose su rostro, hacia GALA.)

GALA (Le da un abrazo a MABEL cuando se inclina sobre ella.):

Que estupendo tenerte aquí. Iba a dejarte dormir pues pensaba que estarías cansada después de tan largo viaje. Siéntate. Habrá tostadas recién hechas en un minuto y (Levantándose.) ¿querrás tomarte…?

MABEL:

¡Ay, debería habértelo dicho Galita! No me prepares nada. No voy a desayunar.

GALA (Al principio simplemente sorprendida.):

¿No vas a desayunar? (Se sienta, se inclina hacia MABEL, que está sentada ahora, y la contempla.)

CAIUS (Medio para sí mismo.):

¡La mirada psicoanalítica!

GALA:

Mabel, ¿por qué no vas a desayunar?

MABEL (Un poco sobresaltada.):

Pues, por ninguna razón en particular. No me interesa demasiado el desayuno y dicen que si te privas te mantienes a raya… (Su mano sobre su cadera –el gesto de una persona que está “perdiendo” peso.), es decir, que es bueno pasar del desayuno.

GALA:

¿No duermes bien? ¿Dormiste bien anoche?

MABEL:

¡Oh, sí, dormí perfectamente! Sí, anoche dormí bien, sólo que (Riéndose.) ¡tuve el sueño más extraño!

CAIUS:

¡Chito! ¡Chito!

GALA (Acercándose.):

¿Y qué soñaste Mabel?

CAIUS:

Antes atiéndeme, Mabel, creo que es mi deber ponerte al corriente. No le cuentes a Gala tus sueños. Si lo haces, se enterará de que tienes un deseo soterrado de matar a tu padre y casarte con tu madre…

GALA:

¡No seas absurdo, Caius Butcher! (Con dulzura a MABEL.) ¿Qué soñaste, querida?

MABEL (Riéndose.):

Pues bien, soñé que era una gallina.

GALA:

¿Una gallina?

MABEL:

Sí; y me abría camino a través de una multitud tan deprisa como podía, pero siendo una gallina, no podía caminar muy deprisa –era como llevar puesta una falda estrecha, sabes; y había una criatura indeterminada con una gorra azul –ya sabes qué entremezclados son los sueños– que me gritaba continuamente: “¡Arre, gallina! ¡Arre, gallina!”. Hasta que me puse tan angustiada que no podía moverme nada.

GALA (Descansando su barbilla en la palma de la mano y mirando fijamente.):

¿Dices que te pusiste muy angustiada?

MABEL (Riéndose.):

Sí; de forma tremenda.

GALA (Echándose hacia atrás, murmura.):

Esto es significativo.

CAIUS:

Sueña que es una gallina. Le dicen que arree. Se pone muy nerviosa. ¿Qué puede significar?

GALA (Impaciente le da la espalda a él.):

Mabel, ¿sabes algo sobre psicoanálisis?

MABEL (Débilmente.):

No mucho. No… yo… (Animándose.) Es algo sobre la guerra, ¿verdad?

CAIUS:

No de ese tipo de guerra.

MABEL (Avergonzada.):

Pensaba que podía ser el nombre de un nuevo explosivo.

CAIUS:

Lo es.

MABEL (Disculpándose a GALA que está frunciendo el entrecejo.):

Mira Galita, yo… nosotros a diferencia de ti no estamos en contacto con asuntos intelectuales. Como Bob es dentista… de alguna manera nuestras amistades…

CAIUS (Con delicadeza.):

¡Ah, ser dentista! (Va a la ventana y se queda de pie mirando hacia fuera.)

GALA:

¿Ya no ves a aquel escritor de la editorial? ¿Cuál era su nombre?

MABEL:

¿Lyman Hueversham?

GALA:

Sí, Hueversham. Estaba en contacto con esos temas. ¿No lo ves?

MABEL:

Sí, lo veo de tarde en tarde. A Bob no le cae muy bien.

GALA:

¿A tu marido no le cae bien Lyman Hueversham? (Misteriosamente.) Mabel, ¿eres perfectamente feliz con tu marido?

CAIUS (Con acritud.):

Vamos Gali… ¡Eso es ir demasiado lejos!

GALA:

¿Eres plenamente feliz con él, Mabel? (CAIUS va a la mesa de trabajo.)

MABEL:

Pues… sí… creo que sí. Pues… ¡Claro que lo soy!

GALA:

¿Eres feliz? ¿O sólo crees que lo eres? ¿O solamente piensas que deberías serlo?

MABEL:

¡Vaya, Galita, no sé qué quieres decir!

CAIUS (Coge una pila de libros y revistas y la deja caer sobre la mesa del desayuno.):

Esto es lo que quiere decir, Mabel. Psicoanálisis. Mi mesa de trabajo cruje bajo su peso. Libros de Freud, el nuevo Mesías; libros de Jung, el nuevo San Pablo; la Revista Psicoanalítica –números atrasados a dos cincuenta.

MABEL:

¿Pero de qué van?

CAIUS:

Todo sobre el subconsciente y los deseos desconocidos. Puede que estén haciendo mucho daño. Puede que te vuelvas loca por culpa de ellos. ¡Oh, sí! La gente se lo pasa pipa a diestro y siniestro. Y tú sueñas que eres una gallina…(Mueve la cabeza misteriosamente.)

GALA:

Un estúpido puede ridiculizar cualquier cosa.

MABEL (apresuradamente, para evitar una pelea):

¿Pero tú qué dices que es, Galita?

CAIUS (Mirando su reloj.):

¡Chispas, si Gala va a comenzar con eso! (Mientras se desarrolla el siguiente discurso de GALA se sienta a la mesa de trabajo y saca punta a un lápiz.)

GALA:

Te explico, Mabel. Si tú quieres algo y piensas que no puedes conseguirlo porque piensas que está mal, entonces intentas pensar que no lo quieres. Tu mente te protege –evita el dolor– rechazando el pensar en cosas prohibidas. Pero a pesar de todo están ahí. Están ahí encerradas en tu subconsciente y van infectándose.

CAIUS:

Una especie de uñero mental que crece hacia dentro.

GALA:

Precisamente. El impulso prohibido está allí lleno de energía y simplemente tiene que hacer algo. Irrumpe en el subconsciente disfrazado, enmascarado en los sueños, provoca todo tipo de problemas. En casos extremos hace que te vuelvas loco.

MABEL (Con un gesto de terror.):

¡Oh! ¡Dios!

GALA (Tranquilizando.):

Pero el psicoanálisis ha encontrado la forma de salvarnos de todo eso. Hace que tomemos conciencia del deseo suprimido que provocaba todos los problemas. El psicoanálisis es simplemente el último método para prevenir y curar la demencia.

CAIUS (Desde la mesa.):

Es también el último método científico para separar a las familias.

GALA (Con suavidad.):

Las familias que deberían separarse.

CAIUS:

Los Dwights, por ejemplo. Debiste conocerlos Mabel cuando viniste la otra vez. Helen vivía, aparentemente, en paz y armonía con el bueno de Joe. Pues bien, fue a este psicoanalista… fue “psicoanalizada” y ¡toma castaña! regresó a casa con el deseo suprimido de abandonar a su marido. (Empieza a trabajar dibujando líneas con una escuadra en una tabla de dibujo.)

MABEL:

¡Que terrible! Sí, recuerdo a Elena Dwight. Pero, ¿pero tenía ese deseo?

CAIUS:

Era la primera vez que se enteraba de su existencia.

MABEL:

¿Y lo abandonó?

GALA (Con frialdad.):

Sí, lo abandonó.

MABEL:

¿No se portaba bien con ella?

GALA:

Pues sí, bastante bien.

MABEL:

¿No era considerado con ella?

GALA:

Oh, sí, considerado.

MABEL:

¿Y dejó a su considerado y cariñoso marido…?

GALA:

¡Mabel! “¿Dejó a su considerado y cariñoso marido?” ¡Qué ingenua! Perdóname, querida, ¡pero qué burguesa eres! Llegó a conocerse a sí misma. ¡Y tuvo la valentía!

MABEL:

Puede que yo sea muy inocente… y burguesa… pero no veo el lado positivo de una nueva ciencia que destruye hogares. (CAIUS aplaude.)

CAIUS:

Ya que estamos ilustrando a Mabel, no debemos olvidar mencionar el caso de la secretaria personal de Art Holden, Mary Snow, a la que acaban de comunicarle su deseo suprimido para con su jefe.

MABEL:

¡Vaya, creo que es terrible, Galita! Sería mejor si no supiéramos esas cosas sobre nosotros mismos.

GALA:

No Mabel, eso era antes.

MABEL:

¿Pero, pero su jefe? ¿Está casado?

CAIUS (Resopla.):

Esposa y cuatro hijos.

MABEL:

¿Entonces qué le beneficia saber que lo desea? No se puede hacer nada.

GALA:

Las convenciones antiguas han de ser remodeladas para que se pueda hacer algo en esos casos. Parece, Mabel, que este deseo suprimido estuvo a punto de enviar a Mary Snow a un psiquiátrico. ¿Eres tan estrecha de miras que preferirías tenerla en un psiquiátrico antes que romper las convenciones?

MABEL:

¿Pero, pero ha tenido siempre la gente esos terribles deseos suprimidos?

GALA:

S i e m p r e.

CAIUS:

Pero acaban de descubrirlos.

GALA:

El daño que provocan acaba de ser descubierto. Y la gente libre y sana debe hacer frente al hecho de que tienen que ser tratados.

MABEL (Con firmeza.):

No creo que los tengan en Chicago.

GALA (A punto de renunciar a MABEL.):

La gente “los tiene” allí donde la Libido vivita y coleando –el centro de energía del alma– se halla en conflicto con los códigos morales petrificados. Eso es lo que significa en cualquier lugar del mundo civilizado. El psicoanálisis…

CAIUS:

¡Dios mío! ¡He puesto el tejado donde el sótano!

GALA:

¡El tejado donde el sótano!

CAIUS (Sujetando el plano con el brazo extendido.):

¡Eso es lo que hace el psicoanálisis!

GALA:

Eso es lo que el psicoanálisis podría des-hacer. ¿Sorprendería que no me preocupe por Cayo? La otra noche soñó que las paredes de su habitación se esfumaban y se hallaba solo en un bosque. ¿No ves lo significativo que es para un arquitecto que las paredes desaparezcan de su alrededor? Simboliza la pérdida de confianza en su trabajo. Hay algún deseo suprimido…

CAIUS (Lanzando brutalmente el plano estropeado al suelo.):

¡Deseo suprimido del infierno!

GALA:

Dices más verdades que las que te imaginas. Mediante las supresiones nacen los infiernos en nosotros.

MABEL (Mirando a CAIUS, que se tira de los pelos.):

Galita, ¿no piensas que sería bueno que nos fuéramos a otro sitio? (Se levantan y comienzan a recoger los platos. A MABEL se le cae un plato, que se rompe. GALA se para en seco y la mira –la mirada psicoanalítica.) Lo siento Galita. Es uno de los platos de colección Spode36. (Sorprendida y resentida en tanto que GALA no le quita ojo.) No te lo tomes a mal, Galita.

GALA:

No puedo evitar tomármelo a mal.

MABEL:

Te compraré otro. (Pausa. Más insistentemente puesto que GALA no contesta.) He dicho que te conseguiré otro plato, Gala.

GALA:

No es el plato.

MABEL:

Por todos los cielos, ¿entonces de qué se trata?

GALA:

Es el pequeño e insignificante falso movimiento que provocó que se te cayera.

MABEL:

Bueno, supongo que todo el mundo tiene un fallo alguna vez.

GALA:

Sí, Mabel, pero todos esos fallos significan algo.

MABEL (A punto de llorar.):

¡Creo que lo pintas exageradamente fatal! Justamente sucedió porque me pilló pensando en esa Mabel Snow de la que hablabais…

GALA:

¡Mabel Snow!

MABEL:

Snow… Snow… Bueno, ¿cuál era su nombre, entonces?

GALA:

Su nombre es Mary. Tú sustituiste tu propio nombre por el de ella.

MABEL:

Vale, Mary Snow, entonces; Mary Snow. Es la primera vez que lo oigo. No creo que haya que montar tanto lío por un nombre.

GALA (Con delicadeza.):

Mabel, querida, errores como ese en los nombres…

MABEL (Apurada.):

No significan nada, ¿verdad?

GALA (Con delicadeza.):

Lo siento querida, pero sí.

MABEL:

¡Pero si siempre me está pasando!

GALA (Tras un respingo de horror.):

Mi pobre hermanita, cuéntamelo todo.

MABEL:

¿Todo el qué?

GALA:

Todo sobre tu infelicidad. Sobre tus deseos de otro tipo de vida.

MABEL:

¡Pero si no hay tal!

GALA:

Bueno, comprendo estas cosas, querida. Sientes que Bob te está limitando a una vida en la que no te sientes libre…

MABEL:

¡Gala! ¿Cuándo he dicho yo tal cosa?

GALA:

Me has dicho que no estás en contacto con temas intelectuales. Dejaste entrever que era por el trabajo de Bob –que ha engendrado un resentimiento y ha impregnado toda tu vida con él.

MABEL:

Pero… ¡Gala!

GALA:

No tengas miedo de mí, hermanita. No hay nada que pueda impresionarme o alejarme de ti. No soy de esa pasta. Deseaba que me hicieras esta visita pues tenía la sensación de que necesitabas más de la vida de lo que estás consiguiendo. Nada de lo que he visto por separado podría avivar mis sospechas. Es el conjunto. No desayunas (Enumera utilizando los dedos de la mano.); haces movimientos en falso; sustituyes tu nombre por el nombre de otra cuyo amor sigue un rumbo equivocado. Estás nerviosa; pareces rara; en tus ojos hay una mirada asustada que no es la tuya para nada. Y este sueño. Una gallina. ¡¡Te vas a venir conmigo esta tarde a ver al doctor Russell!! Puede que toda tu vida esté en juego, Mabel.

MABEL (Entrecortadamente.):

Galita, yo… tú… tú siempre has sido la más inteligente de la familia y todo eso, pero… ¡Esto es terrible! No creo que debiéramos pensar en esas cosas (Animándose.) Verás, voy a contarte por qué soñé que era una gallina. Sucedió porque anoche, contando viejas ocurrencias de Chicago, tú dijiste que estaba tan chiflada como una gallina mojada.

GALA (En plano superior.):

¿Soñaste que eras una gallina mojada?

MABEL (Al sentirse forzada a admitirlo.):

No.

GALA:

No. Tú soñaste que eras una gallina seca. ¿Y por qué, siendo una gallina, se te instaba a que arrearas?

MABEL:

Puede que sea porque cuando voy a subirme al tranvía siempre me irrita que me digan: “¡Vamos arreando!”

GALA:

No, Mabel, esa es tan sólo una visión infantil del asunto –si me perdonas que lo diga. Tan sólo ves los elementos apostados en el sueño. No ves más allá del sueño; no columbras su significado. El sueño de la gallina…

CAIUS:

¡Gallina… gallina… gallina mojada… gallina seca… gallina loca! (Salta hecho una furia.) ¡Dejadme tranquilo y lejos de todo esto!

GALA (Recogiendo rápidamente los platos, habla con dulzura.):

Espera un momento querido, te dejaremos para que puedas trabajar tranquilamente. Mabel y yo vamos a sentarnos en mi habitación. (Sale por la izquierda cargada de platos.)

CAIUS (Cogiendo el sombrero y el abrigo de un ropero cerca de la puerta de la entrada.):

Voy a que me psicoanalicen. ¡Me marcho ya! Voy directo a ese doctor infalible de ella –ese reverendo de esta nueva religión. Si es lo bastante honesto como para decirle a Gala que no le pasa nada a mi subconsciente, quizá me deje tranquilo, y entonces estaré fenomenal. (Desde la puerta en voz baja.) No le digas a Gala que me marcho. Se alargaría la discusión y no podría aguantar tanta cháchara. (Se apresura a salir.)

GALA (Regresa.):

¿Dónde está Cayo? ¿Se ha ido? (Con un gesto de desesperación.) Ahí verás cómo está de los nervios… ¡No es ni su sombra! Te lo digo Mabel, Cayo me tiene un poco trastornada.

MABEL:

Creo que también él está un poco trastornado.

GALA:

En fin, si se ha marchado, podrías quedarte aquí. Tengo una reunión con el comité de la librería y tendré que dejarte sola durante una o dos horas. (Se pone el sombrero que estaba en el mismo ropero donde CAYO encontró el suyo, sus ojos se encienden casi carnívoramente y se posan sobre un enorme volumen que está en el suelo al lado de la mesa de trabajo. El libro está medio escondido tras la papelera. Lo recoge y bordeando la mesa se lo lleva a MABEL.) Aquí, querida, tienes un libro con los más sencillos conceptos del psicoanálisis. Léetelo y luego podremos hablar con más base. (MABEL coge el volumen y tambaleándose a causa de su peso vuelve a la silla en la parte posterior del centro. GALA se dirige a la puerta que da a la entrada, se para y pregunta bruscamente.) ¿Cuántos años tiene Lyman Hueversham?

MABEL (Con rapidez.):

Todavía no ha cumplido los cuarenta. ¿Por qué? ¿A qué santo lo preguntas, Gali? (Al girar su cabeza para mirar a GALA sus manos se adelantan hacia los bordes de las tapas del libro que se balancea sobre sus rodillas.)

GALA:

Bueno, no es nada. Au revoir. (Sale.)

(MABEL mira al techo. El libro se desliza y cae al suelo. Se sobresalta; mira al libro, después al plato roto sobre la mesa.)

MABEL:

¡El plato! ¡El libro! (Levanta los ojos, se inclina hacia delante, un codo sobre la rodilla, la barbilla sobre los nudillos y se pregunta lastimeramente.) ¿Es que no soy feliz?

(TELÓN)

ESCENA II

Dos semanas más tarde. El escenario es como el de la primera escena, excepto que han retirado la mesa del desayuno. Durante los primeros minutos crece la penumbra de una tarde de invierno. De la oscuridad surgen filas de dobles farolas, que desde la distancia parecen encontrarse. GALA está escribiendo en el extremo psicoanalítico de la mesa de trabajo de CAIUS, rodeada de libros abiertos y revistas. CAIUS entra con brío.

CAIUS:

¿Qué estás haciendo, querida?

GALA:

Un artículo para el Club Liberal.

CAIUS:

Un artículo sobre…

GALA:

Sobre un tema que no goza de tu simpatía.

CAIUS:

Caramba, no estoy tan seguro de no sentir simpatía alguna por el psicoanálisis, Gali. Lo has trabajado tan a fondo. No podría ni darme un baño sin que ello signifique algo.

GALA (altaneramente):

Abordé el tema porque estaba segura de que te hacía falta.

CAIUS:

No lo has mencionado mucho estas últimas dos semanas. Mmm, ¿no será que tu fe en él habrá disminuido?

GALA:

¿Disminuido? Ha ido aumentando aún más con cada nuevo descubrimiento. Y Mabel está ahora con el doctor Russell ¡que es tan maravilloso! Por lo que Mabel me cuenta creo que su análisis va a probar que yo estaba en lo cierto. Hoy he hecho un descubrimiento que confirma de manera notable mi teoría sobre el sueño de la gallina.

CAIUS:

¿Cuál es tu teoría?

GALA:

Pues bien, tú sabes lo de Lyman Hueversham. He estado pensando en él. Nunca lo he visto, pero sé que es menos burgués que las otras amistades de Mabel… más intelectual y (Recalcando.) no le ve muy a menudo porque a Bob no le cae bien.

CAIUS:

Pero, ¿de qué va el descubrimiento?

GALA:

Hoy me di cuenta de las primeras sílabas de su nombre.

CAIUS:

¿Lyman?

GALA:

No, Huever.

CAIUS:

¿Huever?

GALA (Pacientemente.):

Mabel soñó que era una gallina. (CAIUS se ríe.) No te reirías si supieras lo importantes que son los nombres a la hora de interpretar los sueños. La obra de Freud está llena de casos parecidos en los que todo un complejo oculto es revelado a través de sílabas significativas –como este Huever por huevo.

CAIUS:

¿Es que la relación tradicional de gallina y huevo no sugiere más bien un sentimiento como maternal?

GALA:

Por supuesto que hay algo de maternal en el amor de Mabel; pero es tan sólo un elemento.

CAIUS:

Bueno, supongamos que Mabel no tiene un deseo suprimido de convertirse en la madre de este caballero, sino ¡en su amante! ¿Qué se puede hacer? ¿Qué pasará con Bob? ¿No crees que algo le va a afectar?

GALA:

Eso no se puede evitar. Bob, como todos los demás, debe hacer frente a la dura realidad. Si el doctor Russell llegase por su cuenta a esta misma interpretación, no dudaré en aconsejar a Mabel que abandone a su actual marido.

CAIUS:

¡Mm, mm! (Se encienden las luces de la 5ª Avenida. CAIUS va a la ventana y se asoma.) ¿Cuántos años hemos vivido aquí, Gali?

GALA:

Pues, este es el tercer año, Cayo.

CAIUS:

Yo, nosotros, uno echaría de menos estas vistas si uno se marchara, ¿no?

GALA:

¡Qué cosas más raras dices! ¡Ay, Cayo, desearía que tú también fueras al doctor Russell! No creas que mis miedos se han aplacado porque haya conseguido dominarme los nervios. Tuve que ir por causa de Mabel. Pero ahora, querido dime, ¿no vas a ir?

CAIUS:

Yo (Se interrumpe, enciende la luz, después va y se sienta junto a GALA.) ¿Cuánto tiempo llevamos casados, Gala?

GALA:

¡Cayo, no te comprendo! Debes ir al doctor Russell.

CAIUS:

Ya he ido.

GALA:

¿Tú qué?

CAIUS (Con desenvoltura.):

Sí, Gali, he sido psicoanalizado.

GALA:

¿Has ido al doctor Russell?

CAIUS:

A ese mismo.

GALA:

¿Y qué te dijo?

CAIUS:

Dijo… me… me sorprendió un poco lo que dijo, Gali.

GALA (Entrecortadamente.):

Por supuesto… muy pocas veces se lo espera uno. Pero dime, ¡tu sueño Cayo! ¿Significa…?

CAIUS:

Significa… me sorprendió bastante lo que significa.

GALA:

¡No me saques de quicio!

CAIUS:

Significa… ¿de veras quieres saberlo, Galita?

GALA:

¡Caius, me vas a volver loca!

CAIUS:

Él dijo… por supuesto que puede haberse equivocado en lo que dijo.

GALA:

Él no se equivoca nunca. ¡Dímelo!

CAIUS:

Dijo que mi sueño en el que las paredes retroceden y me dejan solo en un bosque indica un deseo suprimido…

GALA:

¡Sí… sí!

CAIUS:

De liberarme de…

GALA:

Sí… liberarte de…

CAIUS:

Del matrimonio.

GALA (Se colapsa. Mira sin pestañear.):

¡Del matrimonio!

CAIUS:

Puede que él… puede que esté equivocado, sabes.

GALA:

¿Puede que esté equivocado?

CAIUS:

Yo… bueno, por supuesto, por mi parte no le hubiera dado mayor importancia. Sólo que tu gran confianza…

GALA:

Caius, ¿estás diciéndome que el doctor Russell, el doctor A.E. Russell, te dijo esto? (CAIUS asiente con la cabeza.) ¿Te dijo que tenías un deseo suprimido de separarte de mí?

CAIUS:

Eso es lo que dijo.

GALA:

¿Sabía quién eras?

CAIUS:

Sí.

GALA:

¿Que estabas casado conmigo?

CAIUS:

Sí, lo sabía.

GALA:

¿Y te dijo que me dejaras?

CAIUS:

Parece que se ha equivocado, Gali.

GALA (Levantándose.):

¡Con los pacientes que le he enviado! (Se contiene y con frialdad continúa.) ¿Qué explicación te dio para esta conclusión?

CAIUS:

Dice que las paredes que me aprisionan son un símbolo de mis sentimientos respecto al matrimonio y que su desaparición es un deseo que ha de cumplirse.

GALA (Traga saliva nerviosa.):

Y, ¿lo es? ¿Quieres que termine nuestro matrimonio?

CAIUS:

Fue mi gran sorpresa que lo deseara. Desde luego, nunca hubiera sabido lo que había en mi subconsciente.

GALA (Echando lumbre.):

¿Qué le dijiste al doctor Russell sobre mí para que pensara que eras desgraciado?

CAIUS:

No le conté nada, Gali. Lo sacó todo de sus malditas e ingeniosas deducciones. Yo… yo intenté rebatirlas, pero dijo que eso sólo era parte de una autoprotección mentirosa.

GALA:

¿Y esa es la razón por la que estabas tan – feliz – cuando llegaste?

CAIUS:

Pero, Gala, ¿cómo puedes decir tal cosa? Estaba triste. ¿No hablaba tristemente sobre… sobre la perspectiva? ¿No te pregunté por el tiempo que llevábamos casados?

GALA (Se levanta.):

Caius Butcher, ¿es que no tienes ni la más mínima idea de la seriedad de este asunto? El doctor Russell no conoce cómo ha sido nuestro matrimonio. Tú sí. Deberías haberte reído de él. ¿Confinado… en vida conmigo? ¿Le dijiste que yo creo en la libertad?

CAIUS:

Yo le dije enérgicamente que sus resultados eran una gran sorpresa para mí.

GALA:

Pero tú los aceptaste.

CAIUS:

Oh, no, en absoluto. Simplemente no podía rebatir sus argumentos. No soy un psicoanalista. Regresé a casa para hablarlo contigo. Siendo tú una discípula del psicoanálisis…

GALA:

¡Si te vas a marchar, deseo que lo hagas esta noche!

CAIUS:

¡Cómo, querida mía! Yo… ¡De veras que no podría hacerlo! Piensa en mis sentimientos. Y en mi ropa que no ha llegado todavía de la lavandería.

GALA:

Te pido que te marches esta noche. Algunas mujeres dudarían al respecto, Caius, pero yo no soy una de esas mujeres. Te dejo libre. No reniego del psicoanálisis; de nuevo digo que ha conseguido grandes cosas. También ha cometido errores, por supuesto. Pero ya que tú aceptas este análisis… (Se sienta yfinge que comienza a trabajar.) He de terminar este artículo. Mi deseo es que me dejes.

CAIUS (Se rasca la cabeza, va hacia la puerta interior.):

Lo siento Gala, siento lo de mi subconsciente. (Sola, el rostro de GALA delata su indignado estado mental. Desconcertada, resentida, intentando recobrar la compostura, logra parecer capaz de soportar con valor algo indignante. Mabel entra muy nerviosa.)

MABEL (Sin aliento.):

Galita, estoy tan contenta de que estés aquí. ¿Y sola? (Mira hacia la puerta interior.) ¿Estás sola, Galita?

GALA (Con recriminatoria dignidad.):

Muy sola.

MABEL (Corriendo hacia ella.):

Galita, ¡lo ha descubierto!

GALA (Distante.):

¿Quién ha descubierto qué?

MABEL:

¿Quién ha descubierto qué? ¡El doctor Russell ha descubierto mi deseo suprimido!

GALA:

Eso es interesante.

MABEL:

Hoy terminó la última sesión conmigo. Se hizo con mi complejo… ¡de la manera más sorprendente! ¡Pero, Gali! ¡Es tan terrible!

GALA:

Cálmate, Mabel. Seguramente no hay motivo para todo este revuelo.

MABEL:

¡Sí lo hay! Y cuando pienses en las vidas que se verán afectadas… ¡los reajustes que deben llevarse a cabo para extraer de mí ese infierno suprimido y salvarme del psiquiátrico!

GALA:

¡El psiquiátrico!

MABEL:

Dijiste que allí terminaban todos los que tenían complejos.

GALA:

¿Qué te dijo el doctor, Mabel?

MABEL:

¡Huy, no sé cómo puedo contártelo… es tan terrible… tan increíble!

GALA:

Prefiero arriesgarme a escuchar lo increíble.

MABEL:

Gali, ¿quién se lo podría haber imaginado? ¿Cómo puede ser verdad? Pero el doctor está completamente seguro de que tengo un deseo suprimido por… (Mira a GALA y es incapaz de continuar.)

GALA:

¡Bah! Sigue, Mabel. No creas que no estoy preparada para lo que tengas que decir.

MABEL:

¿Preparada? ¿Quieres decir que lo sospechabas?

GALA:

Desde el principio. Ha sido mi teoría todo el tiempo.

MABEL:

Pero, Gala, yo no podía imaginar que tuviera este deseo secreto por Caius.

GALA (Da un salto.):

¡Caius!

MABEL:

¡Mi cuñado! ¡El marido de mi propia hermana!

GALA:

¡Tú tienes un deseo suprimido por Cayo!

MABEL:

¡Ay! Galita, ¿no son terribles estos subconscientes? ¡No se parecen en nada a nosotros!

GALA:

Pero ¿a qué insensatez vas a ir a parar?

MABEL (Lloriqueando.):

Galita, no me digas eso. No quiero terminar en un psiquiátrico.

GALA:

¿Qué dijo el doctor Russell?

MABEL:

Pues verás… ¡es la cosa más extraña! Ya sabes que la voz en mi sueño decía: “¡Arre gallina, arre gallina!”. El doctor Russell descubrió hoy que cuando era una niña tenía un libro de cuentos y leía defectuosamente las terminaciones verbales. Solía leer a-rre-gla-llo (Dramáticamente.) Arre gallo es arre Cayo. (Entra CAIUS, su cabeza inclinada sobre un horario de trenes.) ¡Arre Cayo es “arre gallo”!

CAIUS:

¿Yo? ¿Arre, gallo?

MABEL (Triunfalmente.):

¡Arre, arre, gallo, gallo, Cayo!

GALA (Estalla.):

Bueno, ¿y qué pasa si Cayo es gallo? (Con desdén.) ¡Arre gallo! ¡Arre Cayo! Eso es una coincidencia ridícula…

MABEL:

¡Coincidencia! Pero si es infantil observar los elementos externos de un sueño, debes de mirar más allá… ¡Debes ver lo que significa!

GALA:

Según ese juego trivial e insignificante de palabras… sobre esa base endeble, poco sólida… estás dispuesta a… (Gime.) ¡O-h!

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