Kitabı oku: «Disfrutando la Palabra»
Disfrutando la Palabra
Nina Atcheson

Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.
Índice de contenido
Tapa
Dedicatoria
Recomendaciones
Prólogo
Agradecimientos
Capítulo 1: Un regalo sin envoltura
Capítulo 2: Líneas enemigas
Capítulo 3: El poder de la Palabra
Capítulo 4: Abrir la Palabra
Capítulo 5: Luz que permanece: Dios y tú
Capítulo 6: Cómo estudiar tu Biblia
Capítulo 7: Examinar la Biblia juntos
Capítulo 8: Savia, crecimiento y ramas muertas
Capítulo 9: Hacia la Eternidad
Disfrutando la Palabra
Nina Atcheson
Título original: As Light Lingers
Dirección: Pablo M. Claverie
Traducción: Roberto Badenas
Diseño: Giannina Osorio
Ilustración de tapa: Shutterstock
Ilustración del interior: Javier Zanuy, Ayelén Méndez
Libro de edición argentina
IMPRESO EN LA ARGENTINA - Printed in Argentina
Primera edición e - Book
MMXXI
Es propiedad. © 2020 Editorial Safeliz.
© 2021 Asociación Casa Editora Sudamericana.
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
ISBN 978-987-798-540-5
| Atcheson, NinaDisfrutando la palabra / Nina Atcheson / Director Pablo M. Claverie. - 1ª ed - Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: onlineTraducción de: Roberto Badenas.ISBN 978-987-798-540-51. Vida Cristiana. I. Claverie, Pablo M., dir. II. Badenas, Roberto, trad. III. Título.CDD 230 |
Publicado el 30 de diciembre de 2021 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).
Tel. (54-11) 5544-4848 (opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)
E-mail: ventasweb@aces.com.ar
Website: editorialaces.com
Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.
Dedicatoria
A Matt, mi amado y asombroso esposo.
La experiencia de acercarnos cada vez más a Jesús mediante su Palabra es una de las mayores alegrías de mi vida.
Otra vez Jesús les habló, diciendo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).
Recomendaciones
Acabo de terminar de leer el libro Disfrutando la Palabra, de Nina Atcheson, y me ha encantado. Este libro no solo me ha dado herramientas para entender la Biblia mejor, sino también me ha motivado a leerla más. Es un instrumento poderoso, que recomiendo a todos. El libro ha sido una bendición tal para mí que estoy planeando usarlo en mis clases sobre crecimiento espiritual.
S. Joseph Kidder, profesor de Ministerio Cristiano y Espiritualidad Bíblica, Universidad Andrews
Hace un año descubrí algo nuevo y fresco en un libro acerca de cómo recibir cada día el bautismo del Espíritu Santo. Ese libro cambió mi vida y mi ministerio. Este nuevo libro de Nina Atcheson puede hacer lo mismo por ti. ¿Cómo puedes separar el bautismo diario del Espíritu de una lectura cotidiana y fresca de la Biblia? El plan estratégico de Nina puede ser nuevo para ti, pero si lo sigues, nunca volverás a ser el mismo. Esa es la promesa de su autora.
Dwight K. Nelson, pastor principal, Iglesia Pioneer Memorial, Universidad Andrews
Nuestro caminar diario con el Señor es tan vital que es el elemento esencial de la vida. Muchas veces no asumimos nuestra comunión necesaria con el Señor de una manera práctica. Nina Atcheson ha desarrollado un interesante método de acercamiento a la Palabra de Dios para que se haga realidad en nuestra vida diaria. La Asociación Ministerial de la Asociación General está fomentando la lectura de este importante trabajo. Si deseas obtener la bendición de Dios por medio de la lectura de su Palabra, serás muy bendecido por este enfoque personal.
Ted N. C. Wilson, presidente de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día
El amor de Nina por las Escrituras es contagioso. Cuando leas su libro, querrás leer la Palabra de Dios de nuevo. Y si todavía estás aprendiendo cómo hacerlo, Nina te ayudará llevándote de la mano.
Andy Nash, autor de The Book of Matthew: Save Us Now, Son of David [El libro de Mateo: Sálvanos ahora, hijo de David]
Este libro es tan profundamente impactante como práctico; seguro que revigorizará el tiempo que dediques al estudio bíblico. Lo subrayé a menudo mientras lo leía y me convencí por completo de mi necesidad de tener una experiencia mucho más profunda con la Palabra de Dios. ¡Espero compartir este recurso ampliamente!
Melody Mason, autora de Atrévete a pedir más: Secretos bíblicos para la oración
Si deseas tener una experiencia vibrante, refrescante y significativa con la Palabra de Dios, la Biblia, encontrarás sabios y prácticos consejos en la lectura de Disfrutando la Palabra. Nina Atcheson comparte de manera muy convincente su experiencia sobre el poder de la Palabra de Dios, y desafía al lector a hacer frente a las principales circunstancias que tienden a distraernos y a mantener la Biblia al margen de nuestra vida. La autora presenta un acercamiento a la Biblia que, si se sigue, hará que el estudio de las Escrituras se convierta en una experiencia personal deseable. Alimentarse de la Palabra de Dios con la ayuda del Espíritu Santo es enriquecedor e impacta positivamente al lector, llevándolo a un reavivamiento espiritual y a una reforma. Recomiendo sinceramente este libro a todos los que desean seguir la Biblia como una verdadera lámpara en los caminos de la vida. Esta es una gran lectura para jóvenes y adultos, escrita en un lenguaje fácil de entender. La lectura de este libro me ha inspirado a reorganizar mi estudio bíblico y comenzar de nuevo.
Geoffrey Mbwana, vicepresidente de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día
Amo este libro. Es fácil de leer y tan relevante que no solo es útil para personas de cualquier edad o etapa en su caminar espiritual, sino también para las familias, con el objetivo de que los niños también puedan aprender a estudiar la Biblia de manera significativa.
Terry Johnson, presidente de la Asociación de Greater Sydney, Australia
El libro de Nina Atcheson me recuerda una y otra vez que la clave para el crecimiento espiritual y el poder está en pasar tiempo con Dios por medio de su Palabra. Sabemos que “la vida eterna está en conocer a Dios”, y eso no sucede sin dedicarle tiempo de calidad. Este libro subraya la importancia de estudiar la Palabra en oración, invitando al Espíritu, y permitiéndole que nos transforme y nos use según la voluntad de Dios. Está lleno de diversas y profundas lecciones espirituales, así como de consejos prácticos y específicos sobre cómo estudiar la Biblia y ponerla en práctica. Creo que todos los pastores, los líderes y los miembros laicos serán bendecidos al leerlo.
Pavel Goia, editor de la revista Ministry
Este es un libro espléndido, lleno de sabias ideas y de reflexiones que te alentarán a dar prioridad en tu vida a la Palabra de Dios y a dedicarle tiempo de calidad. Te proporcionará muchos consejos prácticos y ejemplos con respecto a cómo hacerlo.
John Peckham, profesor de Teología y Filosofía Cristiana, Universidad Andrews
Este es un libro maravilloso y realista. Me gusta porque es práctico y no solo teórico. Creo que esta es una excelente herramienta para usar con niños y adolescentes cuando deseamos enseñarles a profundizar en la Palabra de Dios. Este libro es definitivamente valioso para las familias, para los niños y para todos los líderes y los maestros de ministerios infantiles en todo el mundo.
Linda Mei Lin Koh, directora de Ministerios de la Infancia, Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día
Atcheson nos invita a fomentar una relación personal con Jesús, nuestro mejor amigo. Pasar tiempo de calidad con Jesús en un profundo estudio personal de la Biblia es un factor esencial para llegar a conocerlo. En nuestra ocupada vida tecnológica, la autora nos muestra a cada uno de nosotros cómo superar una relación superficial, por medio de unos sencillos pasos que nos llevan a un compromiso personal y amoroso, y a la comunión con Dios. Recomiendo este libro a todos los que anhelan ese tipo de relación.
Larry Blackmer, vicepresidente de la División Norteamericana
Leer la Biblia y pasar tiempo con Dios no consiste en leer un capítulo de la Biblia, elevar una oración rápida, y ya está. Se trata de permanecer en su presencia y dejar que Dios nos envuelva en su amor mientras escuchamos su voz por medio de la Biblia. Nina ha hecho un trabajo excepcional para enseñarnos cómo se consigue eso. ¡Alabado sea Dios por haberla guiado! Este es un libro para leer y releer. ¡Es especialmente interesante lo que ella comparte sobre lo que logra hacer también con sus niños! Este libro será un clásico para recomendar a muchos lectores hasta que Jesús venga.
Janet Page, secretaria asociada ministerial para las familias pastorales y Ministerios de Oración, Asociación General
Nina Atcheson nos insta a no dejar que los libros devocionales nos priven de la belleza de simplemente leer o escuchar la Palabra de Dios. Aunque algunos preferimos la contemplación escrita y otros la reflexión oral, todos podemos recibir la bendición que viene de meditar en lo que el Espíritu, por medio de la Palabra de Dios, nos dice personal y prácticamente a cada uno de nosotros en estos últimos tiempos. Atcheson tiene razón: una vida devocional constante no es negociable: ni para el individuo, ni para la pareja ni para la familia.
Jeffrey Brown, secretario asociado de la Asociación Ministerial de la Asociación General
Después de leer este libro, desearía haber tenido acceso cuando era más joven a la información que comparte, al empezar a construir mi fe en Dios. Proporciona principios prácticos para lograr un acercamiento relacional a Dios y a su reino. Leer este libro ha reforzado mi confianza en que puedo tener una relación con Dios que no se base en reglas, sino que logre conocer a Dios mejor por medio de la Biblia.
Eddie Williams, Strongest Man Australia, 2018
Nina Atcheson, madre y educadora, ha escrito un inspirador libro sobre el estudio de la Biblia. Aquellos que pueden haber descuidado la lectura de las Escrituras por varias razones apreciarán sus sugerencias prácticas para disfrutar del texto, sugerencias que Atcheson ha experimentado personalmente con éxito. Su lectura es accesible y llena de calidez, ¡hace que queramos volver a leer otra vez las Páginas Sagradas! Los padres que todavía tienen niños pequeños serán especialmente bendecidos. Este es un libro muy fácil de leer, pero muy significativo.
Jo Ann Davidson, profesora de Teología Sistemática, Universidad Andrews
Prólogo
Se nos repite que nuestra mayor necesidad es que se produzca un reavivamiento de la verdadera piedad entre nosotros. El mensaje contenido en este libro es crucial para que cada uno de nosotros pueda hacer realidad tal reavivamiento.
Mi corazón “ardía dentro de mí” mientras leía y releía las páginas de este poderoso libro de Nina Atcheson. El Espíritu Santo me iba impresionando, a la vez que me conducía a su misma hermosa experiencia con el Señor por medio de su Palabra, ¡de que también yo necesito vivir de manera mucho más profunda y consistente de cara a los tiempos que se avecinan! Porque Satanás hará todo lo que pueda para mantenernos alejados del tiempo y de las herramientas que necesitamos para lograrlo.
La Biblia, la Palabra viva de Dios, nos lleva a la conversión, nos aporta sabiduría y victorias, nos transforma a imagen de Cristo, genera reavivamiento, relaciones amorosas, nos da consuelo, instrucción, orientación y alegría, porque es el verdadero “pan” que necesitamos para vivir plenamente cada día. ¡Qué identificado me he sentido con lo que Nina dice sobre todas esas “buenas actividades” (y algunas no tan buenas) en las que gastamos nuestros momentos libres cada día en lugar de fortalecer nuestra mente y nuestro carácter para las últimas batallas que tenemos ante nosotros! Esas actividades dejan poco tiempo y espacio para tener una mente clara para escuchar la palabra de Dios y desear relacionarnos con él.
No solo serás estimulado por el mensaje de este libro e inspirado con los testimonios de Nina, sino también te verás equipado con diversos métodos prácticos e ideas útiles para tu vida.
Creo que este libro es “lectura obligada” para todo hombre, mujer, sea adulto o joven, e incluso para todo niño, que desea conocer a Jesús personalmente. Será una experiencia que mejorará a todos y les cambiará la vida, al sumergirlos en la Palabra de Dios. Tanto si no estás seguro de lo que crees, como si eres un nuevo cristiano o un seguidor de Jesucristo de toda la vida, te hará mucho bien leer y aplicar los principios de este libro.
Cada pastor, anciano, maestro, padre y líder de la iglesia necesita especialmente este libro para crecer en el camino del discipulado, no solo para ellos mismos sino también para su familia, para los miembros de su iglesia e incluso para las personas que se están acercando a la fe en sus comunidades.
También estoy convencido de que este libro es extremadamente práctico para ayudarnos tanto a nutrir y retener nuevos miembros, como a los miembros de toda la vida, que es una de nuestras mayores necesidades en todas las culturas del mundo. Por favor, ¡lee este libro! ¡Serás bendecido!
Jerry Page, secretario ministerial de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día
Agradecimientos
Ante todo, estoy agradecida a Dios por habernos dado su Palabra, por amarnos, conducir nuestra vida y bendecir nuestro futuro. ¡Este libro se basa en su mensaje, y toda la gloria es suya!
También estoy especialmente agradecida a las siguientes personas:
A mis preciosos hijos, Jacob, Thalia y Eli, que me enseñan a creer con su fe infantil y a estudiar la Biblia con apertura y entrega. Llenan mi vida de alegría, mucho más de lo que se pueden imaginar. Los quiero inmensamente.
A Matt, mi esposo y mejor amigo: me has animado con tu paciencia a escribir estas reflexiones en medio de nuestra ajetreada vida. Servir a Dios y cuidar a nuestra familia contigo es el más grande y maravilloso de los privilegios.
A mi dulce madre, Nerida Koolik, a quien he visto leer su Biblia cada mañana desde que era pequeña, y a mi sabio padre, Peter Koolik, que con su trabajo desinteresado me enseña cómo vivir dignamente. Ambos aún me inspiran a pensar en los demás y a vivir para Jesús.
A mi querido abuelo, ya fallecido, el pastor Henry Miller. Cuando me asomaba por la puerta de su oficina en mi casa cuando era niña, siempre estaba inclinado sobre su escritorio, estudiando su Biblia.
A mi querida hermana, Tatiana Green, y a Jo Ann Davidson, John Peckham y Joseph Kidder, que dedicaron mucho de su tiempo a animarme y ofrecerme sus comentarios sobre el manuscrito del libro.
A Jerry y Janet Page, que han orado por mí, me aportaron valiosos comentarios sobre este libro y me consiguieron oportunidades para compartir este mensaje. ¡Son una gran bendición!
Y a mi extensa familia y a todos aquellos que me han estimulado a lo largo de los años a buscar joyas en la Palabra de Dios.
Capítulo 1
Un regalo sin envoltura
Con respecto a este Gran Libro [la Biblia], no puedo más que decir que es el mejor regalo que Dios ha dado al hombre. Todo lo bueno que el Salvador dio al mundo lo comunicó por medio de este Libro. Abraham Lincoln
Cuando entregué su regalo a mi hijo por su quinto cumpleaños, lo tomó encantado con sus manitas y lo sostuvo por un momento. Pude ver que se preguntaba qué escondía la linda envoltura. Hizo una pausa y lo sacudió, esperando encontrar una respuesta a su curiosidad.
Al ser incapaz de averiguar el contenido del paquete con aquel gesto, ya no se pudo contener. Arrancó el papel y se encontró con un juego de mesa que (yo estaba segura) brindaría muchas horas de convivencia y diversión a toda nuestra familia. Sin embargo, el rostro de mi hijo reflejó su decepción cuando vio el contenido. No era lo que esperaba. Enseguida, me di cuenta de que no apreciaba el valor del regalo. Mi corazón se sintió un poco triste cuando vi que no era lo que él quería.
Entonces, hizo una pregunta inesperada:
–Mamá, papá, ¿podrían envolvérmelo de nuevo? En este momento no lo quiero. Envuélvanlo y guárdenlo junto a mi cama para otra ocasión.
Y se dio la vuelta, ansioso por averiguar si había algún otro regalo que abrir.
Esa experiencia me hizo reflexionar. ¿Así actuamos con Dios ante el precioso regalo de la Biblia?
¿Tienes un ejemplar de la Biblia, pero prefieres conservarlo cerrado, en algún sitio al alcance de la mano, aunque sin abrir, porque aparentemente hay cosas más interesantes “para jugar” por el momento? Si tu respuesta es afirmativa, tu caso no es el único. No obstante, durante los últimos años yo he abierto ese precioso regalo, y me resulta inevitable compartir contigo lo que he descubierto.
¿Qué lees?
Una amiga, que sabe cuánto me gusta leer, me preguntó qué libro leía.
–La Biblia –respondí.
Ella me lanzó una mirada un tanto burlona y guardó un elocuente silencio.
Al considerar esa breve conversación, me he planteado algunas preguntas. En primer lugar, ¿por qué mi respuesta dejó momentáneamente sin palabras a mi amiga? ¿Se trata realmente de una respuesta tan extraña? Yo leo muchas cosas diferentes, pero en ese momento efectivamente leía mi Biblia con suma atención. Además, ¿por qué no tendría que gustarme leer la Biblia? Es el libro más publicado de todo el mundo en cualquier idioma y uno de los más antiguos. Muchas personas la han copiado en secreto, la han trasladado de contrabando y han pagado grandes cantidades de dinero para conseguir su propio ejemplar personal. Mucha gente incluso ha muerto por ese Libro. Si es verdad que ha sido tan valioso para otros a lo largo de la historia de este mundo, no veo por qué sería menos preciado para mí hoy.
Entonces, mi querida amiga, después de quedarse un instante con la mirada vacía, respondió:
–Pienso que, sin duda, la Biblia es un buen libro. Pero nunca sé por dónde empezar. Creo que Dios puede comunicarse por medio de la Biblia, pero en realidad eso a mí nunca me ha pasado.
¿Alguna vez te has sentido así, con la impresión de que, si supieras en qué sección deberías abrir tu Biblia, tal vez encontrarías fortaleza y esperanza en los mensajes de sus páginas? Quizá te gustaría leerla, pero no sabes por dónde comenzar. O tal vez piensas que deberías leerla a pesar de todo, y te comprometes a leer un capítulo cada día (rápidamente, antes de que inicie tu jornada diaria), pero la vida se llena de otras cosas, y a los pocos días dejas de leerla. Aunque crecí en un hogar cristiano fervoroso, esa fue mi experiencia. Puedo comprenderte muy bien si también es tu caso.
Una cosa es segura: alguien quiere mantenernos alejados de la Palabra de Dios, y me refiero a nuestro gran Enemigo. Él sabe que, cuando leemos la Biblia, es decir, cuando la leemos en serio, nuestra vida cambia y aun cambia la vida de quienes nos rodean. El diablo hace todo lo posible para evitar que abramos las páginas de la Palabra divinamente inspirada. Quizá conozcas algunas de sus tácticas. ¿Alguna vez has pensado algo parecido a lo siguiente?
¡Estoy tan ocupado en este momento! ¿Cómo voy a encontrar tiempo para leer la Biblia?
Tengo tantas cosas que hacer y siempre estoy tan cansada que, en cuanto abro la Biblia, el sueño me vence.
No puedo evitarlo: cada vez que trato de leer la Biblia, me distraigo y me pongo a pensar en otras cosas.
Para mí, la Biblia es anacrónica y me resulta irrelevante. No me parece que diga alguna cosa relevante sobre lo que vivo en estos momentos.
Siento como si ya lo hubiera escuchado todo antes, las mismas historias, los mismos pasajes. ¿Qué de nuevo podría aprender?
Es que, sencillamente, a mí no me gusta leer.
En el fondo, me siento un poco incómoda cuando leo la Biblia. Como no vivo como Dios quiere, difícilmente podrá hablarme por medio de su Palabra.
Si has tenido alguno de esos pensamientos, te tengo una buena noticia: ¡tu caso ni es el único ni está perdido! Esas son algunas de las mentiras que el diablo nos susurra para evitar que abramos la Biblia, porque su poder vivificante es capaz de cambiarnos para siempre. Todos escuchamos esas mentiras de vez en cuando.
Pero Dios espera y llama suavemente a la puerta de nuestro corazón (Apoc. 3:20); desea que le demos la oportunidad de quedarse con nosotros. Cuando bebemos de su fuente, tenemos hambre y sed de lo que ofrece. Nos llena y bendice sin medida (Mat. 5:6).
Tal vez en este momento tengas una vibrante relación con Jesús, y ya sabes cómo buscar y apropiarte de los tesoros que la Biblia te ofrece día a día. Si es tu caso, estoy segura de que ya has constatado cómo la Biblia puede hablarte directamente, en las diversas circunstancias de la vida, para darte orientación y paz. Sin duda, Dios ha cumplido sus promesas y has visto a Dios obrar a tu alrededor y en ti de maneras increíbles.
O tal vez nunca has experimentado algo de lo anterior. Quizá la Biblia te parezca un libro anticuado, más un viejo símbolo religioso que una herramienta que pueda serte útil hoy. Tal vez la hayas leído en el pasado (o incluso hoy mismo), pero no te resulta “viva”, y sientes que tu relación con Dios se ha estancado o dejado de existir.
La verdad es que, en este momento, la Palabra de Dios está viva, a la espera de que la abras para que pueda hablar a tu corazón y animarte, motivarte y conducir tu futuro. Está disponible para ti ahora mismo.
No necesitas ser un erudito para entenderla. “Así como en los primeros siglos, las verdades especiales para este tiempo no se hallan en posesión de las autoridades eclesiásticas, sino de hombres y mujeres que no son demasiado sabios o demasiado instruidos para creer en la Palabra de Dios”.1 La Biblia no es un libro académico más, o una colección de fábulas, sino un relato hermoso y profundo de cómo el Dios creador del Universo busca acercarnos a él. Es un libro asombrosamente “vivo”. Puedes leer la misma historia o el mismo pasaje una y otra vez, y descubrir con cada lectura nuevas verdades que se apliquen directamente a tu vida.
Deleitarte en la luz
En estos días vivimos en un mundo de oscuridad y el enemigo quiere mantenernos en ella, tan lejos de Dios como sea posible. Si te levantas en la noche sin encender alguna luz, puedes tropezar, porque no se ve claramente. No puedes distinguir si hay una persona o un objeto a tu alrededor. También cuando está oscuro, los otros sentidos se alarman y es fácil que, por instinto, se desaten tus nervios o tengas miedo de la oscuridad. En vez de reaccionar con racionalidad, quizá te encasilles en tus inquietudes, deformes la realidad y te sientas mal, con miedo y a solas.
Por el contrario, cuando te rodea la luz de la mañana, cuando el Sol reconforta tu alma, es más fácil que te sientas a gusto y feliz. Ves todo a tu alrededor con claridad, tanto lo bello como lo triste. Ves lo que te rodea y ves el camino que tienes por delante.
Jesús nos dice que es la Luz del mundo (Juan 8:12). Él puede alumbrar las zonas oscuras de nuestra vida y nuestro entorno para aclarar las cosas, “calentar” nuestro ser y acabar con nuestra tibieza (Apoc. 3:16). La Biblia dice que el rostro de Dios resplandece y puede reflejar su luz sobre nosotros (lee Núm. 6:24-26; Mat. 17:2; 28:3; Sal. 80:3, 7). Cuando Moisés descendió del Sinaí, después de haber estado en la presencia de Dios, su rostro brilló durante varios días debido al tiempo que había pasado con el Señor (Éxo. 34:29-35).
Mientras pensaba en mi deseo de reavivar mi relación con Dios, me di cuenta de que nunca podría conseguirlo a menos que pasara más tiempo de alta calidad con él. Así que, desde entonces, constantemente me hago el siguiente par de preguntas:
1 ¿Cómo puedo disfrutar de la Palabra de Dios, regocijarme en su calor y gozar del tiempo que paso con él?
2 ¿Me apetece pasar más tiempo con Dios? ¿Me quedo con él más de lo que pareciese necesario, porque me cuesta separarme de él?
Cuanto más pensaba en estas cosas, más me las ponía Dios en mi corazón. Creo fervientemente que muchos de nosotros deberíamos atrevernos a pasar más tiempo con el Señor por medio de su Palabra (¡yo tanto como tú!). Para esto, no importa que te hayas criado o no en la religión cristiana.
Así que, me puse a pensar en métodos que fuesen realmente prácticos y eficaces para conocer más profundamente al Dador de este libro, y creo que descubrí por qué muchos de nosotros apenas frecuentamos sus páginas. Cuando empecé a estudiar atentamente mi Biblia, las cosas empezaron a cambiar con gran sencillez. En cuanto comencé a enseñar a mis hijos cómo estudiar la Biblia, la atmósfera de nuestro hogar cambió, y esto es lo que quiero compartir contigo.
Mientras escribo, oro para que el Espíritu Santo te hable y descubras el anhelo que Dios tiene de sentarse y hablar contigo por medio de su Palabra; también, cómo la Biblia mejorará tanto tu vida cuando la leas que te parecerá increíble. Creo que la Escritura responderá cada pregunta, cada desafío, cada preocupación y cada alegría que tengas en tu corazón ahora mismo. También oro para que, en última instancia, tu relación con Dios se haga más profunda de lo que alguna vez creíste posible.
Antes de continuar, te invito a hacer una pausa. Toma un momento y eleva una sencilla oración. Pide al Espíritu Santo que te hable mientras lees estas líneas, que te dé un corazón abierto para que Dios pueda hablarte. Ahora mismo, por adelantado, mientras escribo esto, oro ya por ti.
1 Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro (Florida, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2011), p. 57.
Capítulo 2
Líneas enemigas
Alrededor de nosotros se están cumpliendo eventos de vital importancia; nos encontramos en el terreno encantado de Satanás. No duerman, centinelas de Dios, que el enemigo está emboscado cerca, listo para lanzarse sobre ustedes y hacerlos su presa en cualquier momento en que estén relajados y soñolientos. Elena de White, El conflicto de los siglos
Kukla, nuestra gata birmana, era la mascota más mimada del mundo. Era mi compañera de escritura. Se sentaba en mi regazo, me seguía a la cocina cuando necesitaba beber algo y me maullaba cuando tenía hambre. La tuvimos dentro de la casa durante los primeros seis meses de su vida, porque el invierno de Michigan es demasiado frío como para haberla dejado a la intemperie. Cuando llegó la primavera, ella nos veía salir a la calle y nos observaba por la ventana con nostalgia.
Un día, decidimos que sería divertido llevarla fuera de la casa con nosotros. Los niños pensaron en conseguirle una correa y un collar, pero descartamos esa idea y la dejamos vagar suelta mientras la seguíamos de cerca. El mundo exterior la maravillaba: la nueva sensación del césped bajo sus patas, los cantos de los pájaros en lo alto, la nueva experiencia del viento y la agradable luz del Sol sobre su pelaje.
Después de ese primer día, tras haber experimentado el mundo exterior, Kukla quería estar fuera todo el tiempo. Nos vimos obligados a ceder. La vimos disfrutar su nueva libertad hasta que un día trajo una ardilla a nuestra puerta trasera. ¡Nos quedamos estupefactos y enojados! El cuerpo sin vida de la ardilla yacía sobre la hierba, y mis desconsolados hijos no tuvieron más remedio que enterrar aquel pequeño cuerpo debajo de un árbol. Ese fue apenas el primer día de nuestra Kukla cazadora. Cada mañana emitía un gutural maullido hasta que la dejábamos salir. Parecía mentira que nuestra dulce gatita se hubiese convertido en una agresiva asesina. Al verla ronronear, acurrucada junto a la chimenea por las noches, parecía casi increíble que fuese capaz de matar y despedazar animales indefensos durante el día.
Aunque la gente suele culpar a Dios por todo el mal de este mundo, vale la pena considerar lo que la Biblia nos dice acerca de Satanás. Declara que también se convirtió en un feroz cazador como resultado de su alejamiento de Dios. Lo describe como un león astuto y taimado, a la espera de atacarnos y devorarnos (1 Ped. 5:8). Observa y espera hasta que descubre nuestros puntos débiles; después elabora su plan de acción para atacarnos. Trata de hacernos todo el daño que le sea posible y destruirnos en cuanto se presenta la ocasión.
Primera estrategia de Satanás
Uno de los ataques más importantes que Satanás puede planear contra ti es impedir que convivas con Dios mediante su Palabra. En mi opinión, su primera estrategia contra los cristianos de hoy consiste en mantenernos lejos de la Biblia, a toda costa, ya sea por apatía, exceso de actividades, cansancio o al fomentar dudas.
Sabemos que “Satanás emplea todo artificio posible para impedir que los hombres obtengan un conocimiento de la Biblia, pues su claro lenguaje revela sus engaños”.2 ¡Por eso nos parece tan difícil disfrutar de la Biblia, dedicarle tiempo y comprometernos con su contenido! Satanás usa todos los recursos disponibles para impedirnos leer la Palabra de Dios. Sabe que contiene un poder que a él lo hace impotente. Sabe que la oración y la Biblia son las armas más poderosas que la humanidad puede usar contra él, y hace todo lo posible para impedir que tú y yo leamos las Escrituras.
El diablo sabe que, si puede mantenernos alejados de la Biblia durante períodos prolongados de tiempo, prácticamente ha ganado la batalla. Sabe que la palabra de Dios es poderosa y que, así como trajo este mundo a la vida (Sal. 33:6), puede resucitar a los muertos (Juan 11:41-44) y vencer las tentaciones (Mat. 4:1-11). Mantenernos lejos de la Biblia no solamente perjudica nuestra relación con Dios; también el resto de nuestras relaciones. Nuestro matrimonio se vuelve tenso, gritamos a nuestros hijos y no tenemos suficiente paciencia con amigos o compañeros de trabajo. La vida parece demasiado ajetreada y nos sentimos estresados, abrumados, sin salida, sin solución.
Cuando nos negamos a considerar con detenimiento este problema, somos incapaces de reconocer lo que sucede. Tal vez hasta pensemos que estamos cerca de Dios, mientras que pasan días y aun semanas sin que abramos la Santa Palabra, y cada día nos debilitamos más espiritualmente. Puede que oremos brevemente de vez en cuando y vayamos a la iglesia; no obstante, ¿abrimos nuestra Biblia y damos prioridad al hecho de leerla? Quizás en ciertos momentos nos sintamos cerca de Dios, pero duran poco. Tratamos de ser buenas personas, ciudadanos morales según las pautas de la sociedad, pero en nuestro interior todavía tenemos un vacío.
Para mí, ha sido todo un reto evitar las distracciones y tener tiempo de calidad con Dios a lo largo de los años. Cuando mis hijos eran muy pequeños y yo trabajaba por las noches, me parecía casi imposible reservar algo de tiempo para Dios. Concluía a la carrera mi maravillosa pero agotadora tarea de cuidar a mis hijos durante el día, para atender mis labores nocturnas; tras pasar las noches inquietas, ya tenía que volver a despertar a los niños. A veces me sentía como si hubiera estado encerrada en un ciclo de actividades del que no podía escapar.
Entonces me di cuenta de que necesitaba más ayuda de Dios. Más que nunca, necesitaba paciencia y amor para criar a mis niñitos e intentar que lo conociesen a él. Lo necesitaba y, aunque a menudo oraba mientras corría tras los niños, parecía casi imposible dedicar una cantidad de tiempo decente y de calidad a leer su Palabra. Sentía tal vacío en mi alma que tenía la impresión de no haberme enterado de ningún sermón en la iglesia durante años, debido a la necesidad de cuidar y atender a mis niños pequeños.
Hablé con mi esposo, Matt, sobre ese desafío y, desesperada, supliqué a Dios que me mostrara cómo podía tener encuentros más frecuentes con él. Entonces, un día tuve una idea. Salí casi a rastras de la cama en cuanto escuché que los niños se despertaban. Serví su desayuno, les leí una historia, les repartí algunos libros y juguetes, y luego tomé mi Biblia y un diario. Me senté en mi vieja silla roja en un rincón de la sala de estar y me puse a orar en voz alta. Pedí a Dios que me hiciera capaz de mostrar a mis hijos que pasaba tiempo con él; también pedí que bendijera el tiempo, por breve que fuera, que lograra dedicar a él.
Entonces empecé a leer. El ambiente no era muy tranquilo, pues los niños no andaban muy lejos, pero era el momento de encontrarme con Dios. Durante aquellas primeras mañanas, cada vez que los niños me interrumpían o me preguntaban algo, les decía que estaba con Jesús y tenían que dejarme pasar ese tiempo a solas con él sin interrumpirme. Ahora que recuerdo, me doy cuenta de que, aunque mis hijos eran muy pequeños (de dos a cuatro años), con el tiempo llegaron a comprender que, cuando me sentaba en esa silla roja con mi Biblia, entonces convivía con Jesús, mi mejor amigo. Ahora que son mayores, me doy cuenta de que fue importante para ellos verme dedicar tiempo a Jesús y así dar el ejemplo.
¿Tienes una “silla roja” en algún lugar de tu vida a la que puedas acudir, como símbolo de tus encuentros cotidianos con Dios mediante su Palabra? Muchos de nosotros enfrentamos el desafío del tiempo. Si eres una madre con hijos pequeños, quiero animarte a que acudas a Dios y le pidas que te ayude a encontrar cómo reservar tiempo para que él se convierta en una prioridad de tu vida. Si eres un ocupado empresario, o un estudiante de tiempo completo, te animo a que presentes ante Dios tu problema de tiempo. ¡Convivir con él llena nuestra alma como nada más en este mundo y cambia nuestro desempeño, ya sea como padres, líderes o discípulos!
Existen otras distracciones y también son muy reales. Hubo una época en que me distraje mucho con las compras por Internet. Navegaba en busca de buenas ofertas, ropa interesante, cosas que creía que mis hijos necesitaban; en realidad, cualquier cosa. Quería desempeñar mis deberes de madre lo mejor que me fuera posible, pero a menudo sentía ganas de ver qué cosas nuevas podía encontrar a la venta en Internet: moda, artículos para el hogar y, por supuesto, lo que las redes sociales decían de lo que la demás gente compraba.
Al cabo de algún tiempo, en el fondo de mi ser, me di cuenta de que ya no leía mi Biblia ni oraba lo suficiente. En primera instancia, desestimé ese pensamiento e intenté justificarlo. Pero, al final, reconocí que las compras se estaban convirtiendo en una adicción para mí. Manifesté mi problema a Dios en oración y lo dejé en sus manos. No quería perder tanto tiempo como el que estaba dedicando a eso. Me sentía casi fuera de control. Traté de abandonar mi hábito, pero al día siguiente me encontraba de nuevo en el mismo lugar, consultando los anuncios que aparecían en la bandeja de entrada de mi correo electrónico y, sin darme cuenta, navegaba de nuevo por Internet, no necesariamente para comprar algo, sino para ver qué cosas me habría gustado comprar si hubiera podido. Así desperdiciaba mi precioso tiempo.
De pronto, me sentí molesta conmigo misma. ¿Cómo podía permitir que esa distracción me consumiera tanto tiempo? Creía que estaba entregada a Dios, pero parecía que Internet me dominaba. Me mantenía lejos de mi Biblia y la oración. Decidía rendirme ante Dios y pedirle que me ayudara, pero luego, muy pronto, volvía adonde había estado momentos antes. No podía comprender lo que me pasaba ¿Por qué no lograba ser más fuerte? ¿Por qué no podía simplemente entregarme a Dios, con el deseo genuino de que me ayudara?
Entonces entendí algo. Dependía de mi propia fuerza, en lugar de la de Dios. Estaba concentrada en mis acciones, no en las de Dios. Nunca lo conseguiría solo con mis propias fuerzas. Mi fortaleza humana no bastaba para llevar a cabo ese proceso de entrega a Dios. Deseaba superarme, pero no lograba salir adelante.
Lo que necesitaba era permanecer con Jesús todo el tiempo, vivir una relación realmente significativa con él. Tampoco podría conseguir que una relación satisfactoria con él se produjera al momento y por sí sola: necesitaba tomar la decisión de pasar con él todo el tiempo que hiciese falta. Necesitaba decidirme a reunirme con él a solas. Necesitaba regocijarme en las palabras que él tenía para mí y en responderle. Necesitaba confiarle mi tiempo. Lo necesitaba a él más que a cualquier otra cosa.
Me di cuenta de que la Palabra de Dios por sí misma sería mi mayor ayuda para superar mi problema personal. Cada mañana comencé a reclamar, en voz alta, las promesas de Dios: sus palabras para mí y mi respuesta en oración a él. De pronto, llegaron a mi mente increíbles promesas como esta: “Tu amor, Señor, no cesa, ni tu compasión se agota. ¡Se renuevan cada día por tu gran fidelidad!” (Lam. 3:22, 23, BLP).
Así que, comencé a orar a partir de la Palabra de Dios y reclamarle sus promesas. ¿Alguna vez has hecho esto? ¡Es realmente efectivo! Se trata de lo siguiente: como parte de tu oración a Dios, incluye un versículo bíblico que contenga lo que quieras decirle. Expones a Dios lo que está en tu mente y en tu corazón, y con toda humildad le dices: “Aquí, en tu Palabra, dice [lo que sea que hayas encontrado]… ¡Te lo pido como parte de mi oración! ¡Por favor, haz esto en mi vida!”
Es importante escoger cuidadosamente las palabras que lees en las Escrituras y no sacarlas de contexto para manipularlas según tus deseos. Sin embargo, Dios promete que sus palabras no regresarán a él vacías: “Lo mismo sucede con mi palabra. La envío y siempre produce fruto; logrará todo lo que yo quiero, y prosperará en todos los lugares donde yo la envíe” (Isa. 55:11).
Ese versículo es una de mis promesas bíblicas favoritas. Me dice que la Palabra de Dios es tan poderosa que puede cambiar nuestras situaciones, transformar nuestra vida y hacernos prosperar. ¡No es de extrañar que Satanás quiera mantenernos lejos de esto! Sí, el enemigo hace todo lo posible para alejarnos de la Palabra de Dios, porque sabe lo mucho que puede cambiarnos.
Sabemos que comprar por Internet en sí no está mal; de hecho, es una de las grandes comodidades de la vida actual. Yo compro en línea cuando necesito algo que no puedo conseguir fácilmente en una tienda local. Pero ahora soy consciente de que no debo dejar que las compras por Internet me hagan perder horas y horas. Soy consciente de que no quiero permitir que esa costumbre me quite tiempo para pasar con mi familia, porque la cantidad de tiempo que antes le dedicaba afectaba mis pensamientos y se volvía poco saludable. Quiero que Dios bendiga mi tiempo como madre, esposa, amiga y hermana.
Así como yo me distraía con algo que no es malo en sí mismo, tal vez tú también dejas que tus pensamientos y tu tiempo sean absorbidos hasta el extremo de sentirte distraído e incómodo para acudir a Dios por medio de tu Biblia.
Tal vez tus momentos libres los uses para consultar las redes sociales. Tal vez no puedas resistir la acción inconsciente de revisar sin cesar tu teléfono móvil y ver los últimos mensajes que has recibido, de modo que eso te ocupa cada minuto que tienes libre.
O podría ser que tu problema radique en ver películas o seguir series de televisión. Has adquirido la costumbre de ver algo todas las noches y en eso piensas durante todo el día.
Tal vez lo tuyo sea el juego. Formas parte de un grupo de jugadores y te gusta fomentar esa conexión social, pero acapara tanto tus pensamientos y tu tiempo que casi nada te queda para Dios.
Quizá tu problema sea la comida. Te pasas el tiempo pensando en lo que te gustaría disfrutar en tu próxima comida, y tu alimentación empieza a salirse de tu control. Eso te causa estrés y tu respuesta instintiva es comer.
Tal vez sea el deporte. Tu cuerpo funciona como una máquina y sientes prácticamente la obligación de hacer ejercicio durante varias horas cada día para alcanzar los objetivos que te has fijado. O quizá prefieras ver a otras personas practicar deportes, hasta el punto de que tus pensamientos y tus planes giran completamente en torno al próximo encuentro.
En fin, podría ser que necesites dedicar todo tu tiempo libre a estudiar o trabajar y te resulte imposible conceder a Dios algo de tu tiempo, porque tienes demasiadas presiones sobre ti.
Aunque ninguna de las cosas mencionadas sea mala en sí misma (de hecho, algunas son muy buenas), me refiero a un empleo desequilibrado del tiempo, que deja poco espacio para Dios o para los demás. Creo que todos tenemos este problema en mayor o menor medida, y entonces queda poco espacio para Jesús, aunque sepamos que la vida nos resultaría mucho más fácil si lo buscásemos a él primero (Mat. 6:33).
Piensa en lo siguiente: “Bien sabe Satanás que todos aquellos a quienes pueda inducir a descuidar la oración y el estudio de las Escrituras serán vencidos por sus ataques. De aquí que invente cuanta estratagema le es posible para distraer la mente”.3
Satanás sabe que, si quiere conseguir todo lo que desea, le queda ya poco tiempo antes de que Jesús vuelva. Su objetivo es evitar que oremos y leamos la Biblia, y hace todo lo posible para ocupar nuestra mente y mantenernos alejados de Dios. Podríamos ser cristianos comprometidos, pero si no permanecemos en Dios mediante la oración y su Palabra escrita gradualmente nos marchitaremos por dentro. Sé lo que se siente cuando esto sucede, y puede que tú también lo sepas. Las distracciones son la mejor herramienta de Satanás para mantener al pueblo de Dios apático e impotente.
Jesús entiende nuestra condición apática, pero la reprueba (Apoc. 3:14-22). Aunque él es Dios, también fue un ser humano que experimentó el cansancio (Juan 4:6). Sintió las presiones de la vida y escapó de ellas al retirarse a orar a solas con su Padre (Luc. 5:16; 6:12; Mar. 1:35). Jesús sabía que acudir a su cita a solas con su Padre era lo mejor que podía hacer para recuperar fuerzas.
He hablado con niños que aman a Jesús con todo su corazón, pero nadie les ha enseñado jamás a estudiar su Biblia. A ellos les parece obvio comenzar por el Génesis y leerla de principio a fin, pero es frecuente que, al leer por el simple hecho de leer, se desanimen al llegar a Levítico. Durante tu niñez, ¿alguien te enseñó a estudiar tu Biblia, de modo que no te fijaras tanto en qué cosas sabes de su contenido, sino en conocer a su Autor?
He hablado con jóvenes muy ocupados en sus estudios, que buscan establecerse un sitio en el mundo y entablar relaciones significativas. Pero Dios no ocupa un lugar importante en sus planes, y si intentan darle su sitio se preguntan cómo conseguirlo. He hablado con profesionales solteros que tienen mucho éxito en su trabajo, pero que están tan enfocados en sus tareas que no encuentran tiempo para estar con Dios todos los días.
He hablado con mamás y papás tan atareados y cansados de ejercer de padres que, para ellos, el estudio de la Biblia es lo último que hay su mente. Ya es bastante difícil dormir apenas cinco horas durante la noche, además de mantenerse al día con las tareas domésticas, el trabajo y las relaciones personales importantes, por lo que parece imposible encontrar una porción adicional de tiempo para dedicar a Dios cada día.
He hablado incluso con algunos líderes de iglesia que siguen en contacto con Dios y que, sin embargo, se agotan cada vez más, a medida que pasa el tiempo, porque no tienen oportunidad suficiente para escuchar la Palabra de Dios. Yo misma he experimentado ese tipo de vida “ajetreada, pero buena”; es decir, hacer cosas por los demás y por Dios, pero no siempre me he tomado el tiempo de disfrutar de su Palabra en busca de orientación y fuerza.
Esta es la verdad: todos nos hemos sentido así en algún momento de nuestra vida. Todos hemos tenido la sensación de que debería haber una solución mejor que acudir a la Biblia para leer uno que otro versículo rápidamente. Pero también hay otra verdad: Jesús espera pacientemente que deseemos estar con él, que lo busquemos en su Palabra. Puede ayudarnos a superar las distracciones que levantan una muralla entre nosotros y él. Nuestra meta no es la perfección, sino eliminar los obstáculos que dificultan nuestra relación con Dios.
Él llama suavemente a la puerta de nuestros corazones. Espera que tomemos conciencia de que allí está (Apoc. 3:20). Al igual que los padres ansiosos que observan dormir a su hijo, contemplando con amor las expresiones de su rostro y los movimientos de su respiración, Jesús espera pacientemente a que nos despertemos para ver su rostro. Cuando hablas con una persona cara a cara, cuando la miras abiertamente a los ojos, cuando conversas íntimamente con ella, empiezas realmente a conocerla.
La Biblia nos dice que Dios nos exhorta a “buscar su rostro”, y quiere que nuestra respuesta sea: “Yo, Señor, tu rostro busco” (Sal. 27:8, NVI). Rara vez nos saltamos una comida, pero con bastante frecuencia olvidamos nuestro alimento espiritual. Jesús dice: “Busquen primeramente el reino de Dios” (Mat. 6:33). Nosotros le pedimos: “Danos hoy el pan nuestro de cada día” (vers. 11, NBLA); sabemos que necesitamos este sustento más que cualquier otra cosa. ¡Nuestro pan de cada día es ese tiempo con Dios, nuestro real Sustentador!
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