Kitabı oku: «Ayudas naturales para el corazón»
Ayudas naturales para el corazón
PATRICK HOLFORD
Ayudas naturales para el corazón
Superalimentos, dieta y estilo de vida cardiosaludable
Traducción de Glòria Bohigas

NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud y, en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.
Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactas y ciertas en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.
Título original inglés: Say no to Heart Disease Publicado por primera vez en Gran Bretaña en 1998 por Piatkus Books, un sello de Hachette UK Company.
Edición ampliada y actualizada por el autor en 2010.
© Patrick Holford, 1998
© de la traducción: Glòria Bohigas, 2012
© de esta edición: RBA Libros S.A., 2012
Avda. Diagonal, 189 – 08018 Barcelona
rbalibros.com
Primera edición: octubre de 2012
REF.: OEBO891
ISBN: 9788416267729
Queda rigurosamente prohibida, sin autorización por escrito del editor, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).
Todos los derechos reservados.
Contenido
Agradecimientos
Introducción
Las enfermedades cardíacas: ¿una epidemia moderna?
Primero las malas noticias • El poder de la prevención • Entender la presión arterial y el pulso • Entender las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebrovasculares
¿Por qué hay enfermedades cardíacas? Nuevos avances
El mito del colesterol • Realidades y leyendas de la grasa • La lipoproteína (A): conexión con la vitamina C • La resistencia a la insulina: el factor azúcar • La homocisteína, una de las principales amenazas para el corazón • El magnesio y el misterio del infarto • ¿Predisposición adquirida o heredada? • Cómo tener una enfermedad cardíaca: resultados garantizados
El estado de salud de su corazón
Factores de riesgo • Chequeo cardiológico
Supernutrición para un corazón saludable
Los inhibidores de ECA • El AEP: el secreto de los esquimales • Cómo bajar la presión con minerales • Alimentos nocivos • Los beneficios del ajo • La coenzima Q y el corazón
¿Cómo evitar las enfermedades cardíacas?
La dieta ideal • Beneficios de los suplementos • Cambios en su estilo de vida • Cómo favorecer la recuperación
Notas
Direcciones útiles
Libros del mismo autor en español
Agradecimientos
Este libro no hubiera sido posible sin la ayuda de Jan Shepheard, que ha tomado las riendas en mi ausencia y ha sido capaz de aguantarme cada mañana a primera hora. En cuanto a la investigación, quiero dar las gracias a Anne McKeever, documentalista del Instituto de Nutrición Óptima; a mi ayudante, Pam Self; a Antony Haynes, por su colaboración en el estudio sobre la insulinorresistencia y su permiso para utilizar el cuestionario de la página 77, así como a los numerosos científicos que me han facilitado el acceso a sus más recientes investigaciones. Por último, mi más sincero agradecimiento a Natalie Savona, por su trabajo de edición, y a Heather Rocklin y al equipo de Piatkus por su consejo, ayuda, aliento y asesoramiento editorial.
Introducción
Abordar el tema de las cardiopatías implica cierta complejidad, por lo que he estructurado este libro para que al lector le sea fácil entender qué debe hacer para mantener su corazón en perfecto estado de salud.
En la primera parte del libro se explica el funcionamiento del sistema cardiovascular, en qué consiste la enfermedad cardiovascular y cómo puede lograrse una protección casi completa siguiendo los consejos que se ofrecen a lo largo de la obra.
En la segunda parte del libro se describen las nuevas teorías sobre los principales factores que, según se ha demostrado, contribuyen a provocar enfermedades del corazón. La lectura de este apartado le ayudará a entender la base de las recomendaciones prácticas que se indican al final del libro.
En el tercer apartado los lectores conocerán cuáles son los factores de riesgo, aprenderán a calcular su propio riesgo y en qué áreas de su dieta y estilo de vida deben centrarse para minimizarlo.
En la cuarta parte del libro se muestra de qué forma los nutrientes y los cambios alimentarios pueden ayudar a evitar las cardiopatías, mientras que la quinta ofrece consejos claros y prácticos para evitarlas.
CONSEJO MÉDICO
Aunque, en realidad, muchas de las estrategias que aquí se proponen han demostrado ser más efectivas que cualquier terapia farmacológica convencional, las recomendaciones de este libro no pueden sustituir en ningún caso las indicaciones de un médico. Si desea cambiar de medicación, consulte a su médico.
GUÍA PARA USAR LAS ABREVIATURAS Y MEDIDAS DESTE LIBRO
La mayoría de vitaminas se miden en miligramos o microgramos. Las vitaminas A, D y E también se designan en unidades internacionales (UI), una medida diseñada para estandarizar las distintas formas de estas vitaminas, que poseen distintas potencias. En este libro, calorías significa «kilocalorías» (kcal).
1 gramo (g) = 1000 miligramos (mg) = 1 000 000 microgramos (mcg o μg)
1 mcg de retinol (mcg ER) = 3,3 UI de vitamina A
(ER = equivalente de retinol)
1mcg ER de betacaroteno = 6 mcg de betacaroteno
100 UI de vitamina D = 2,5 mcg
100 UI de vitamina E = 67 mg
mg% = mmol × 38,7
REFERENCIAS Y OTRAS FUENTES DE INFORMACIÓN
Para escribir este libro se han usado cientos de referencias procedentes de la bibliografía científica. En la bibliografía se indican los autores y títulos de cada estudio. Las investigaciones que secundan algunas de las afirmaciones de esta publicación pueden consultarse en la Biblioteca Lamberts del Instituto de Nutrición Óptima (ION, por sus siglas en inglés), a la que pueden acceder sus miembros. ION también ofrece servicios de información, así como búsqueda de bibliografía y consulta en la biblioteca para los lectores que deseen examinar la bibliografía científica sobre un tema determinado.
www.ion.ac.uk/information/publications
y www.ion.ac.uk/information/onarchives.
PRIMERA PARTE
Las enfermedades cardíacas:
¿una epidemia moderna?
Primero las malas noticias
Una de cada dos personas muere como consecuencia de una cardiopatía.
Cada año casi 300 000 personas fallecen prematuramente en Gran Bretaña a causa de un infarto o un accidente cerebrovascular. Uno de cada cuatro hombres tendrá un ataque al corazón antes de llegar a la edad de jubilación y una cuarta parte de los fallecimientos por esta causa se producirá en personas menores de 65 años. En las mujeres, las cardiopatías y accidentes cerebrovasculares son la segunda causa de muerte, después del cáncer, entre los 35 y los 54 años. Aunque en general las enfermedades del corazón suelen aparecer a partir de los 45, incluso a los diez años los depósitos grasos (que marcan el inicio de un trastorno arterial) ya están presentes en un gran número de personas. Esta epidemia moderna está tan extendida que casi la damos por supuesta, y no somos capaces de protegernos de una enfermedad cuya causa es bien conocida y cuyo tratamiento ha sido demostrado con creces, pese a ser potencialmente más mortífera que el sida. Según la Dirección General de Salud Pública de Estados Unidos, de los 2,2 millones de norteamericanos que fallecen cada año, casi 1,6 millones mueren por trastornos relacionados con la alimentación, mayoritariamente enfermedades arteriales y cardíacas.
No es natural fallecer como consecuencia de una cardiopatía. En muchas culturas del mundo no se registra una incidencia particularmente alta de accidentes cerebrovasculares e infartos. Los británicos de mediana edad, por ejemplo, cuadruplican la tasa de enfermedades cardíacas de los japoneses. Las autopsias practicadas en momias egipcias que fallecieron en el año 3000 a. C. muestran indicios de depósitos de grasa en las arterias, pero sin obstrucciones causantes de infarto o accidente cerebrovascular. A pesar de lo obvios que resultan los signos de ataque al corazón (dolor torácico agudo, sudor frío, náuseas, descenso de la presión arterial y pulso débil), en los años treinta del siglo pasado eran tan poco frecuentes que la gente necesitaba acudir a un especialista para que realizara el diagnóstico. Según los registros sanitarios de Estados Unidos, en 1890 la incidencia de infarto por cada 100 000 personas era cero; en 1970 había llegado a 340. Aunque las muertes se produjeran por causa de otras cardiopatías (como válvulas calcificadas, corazón reumático y otros defectos congénitos), la incidencia de obstrucción arterial causante de accidente cerebrovascular o infarto era mínima.
En 1890 la incidencia por infarto en Estados Unidos era cero por cada 100 000 personas
Más preocupante es, incluso, que las enfermedades del corazón ataquen a personas cada vez más jóvenes. Autopsias practicadas en Vietnam demostraron que uno de cada dos soldados muertos en acción, con una edad media de 22 años, presentaba aterosclerosis (depósitos en las arterias). Hoy en día, se prevé que la mayoría de los adolescentes presenten signos de aterosclerosis, lo que señala el comienzo de una cardiopatía. Es obvio, pues, que en nuestro estilo de vida, alimentación o entorno algo ha cambiado radicalmente en los últimos sesenta años para desencadenar esta epidemia moderna.
VEINTE AÑOS MENOS DE VID A
El coste de las enfermedades del corazón representa, por término medio, 20 años menos de vida. Aunque la esperanza de vida del ser humano es por lo menos de 100 años, la gran mayoría fallece prematuramente a consecuencia de un cáncer o una cardiopatía. Incluso las personas que llegan a los 90 años presentan muchas veces problemas de salud derivados del Alzheimer o la artritis invalidante. Con razón, a veces nos preguntamos si vale la pena vivir tanto tiempo.
Pero sí que se puede llegar a los 100 años disfrutando de buena salud. Pensemos, por ejemplo, en los cuatro pioneros de la nutrición óptima. El doctor Linus Pauling, dos veces ganador del Premio Nobel, descubrió el valor de la vitamina C cuando tenía 65 años; murió a los 93, después de haber realizado algunos de sus estudios más significativos tras cumplir los 90. El doctor Roger Williams, descubridor de la vitamina B5 y del ácido fólico, falleció a los 96 años, pero estuvo enseñando y escribiendo activamente hasta los 95.1 El doctor Carl Pfeiffer, pionero de la terapia nutricional para las enfermedades mentales, tuvo un grave ataque al corazón a los 51 años; le dijeron que no sobreviviría sin marcapasos y que no pasaría de los 10 años, pero cambió sus pautas alimentarias y vivió hasta los 80 años, activo hasta el final. El doctor Abram Hoffer, otro pionero de la alimentación óptima, descubrió el valor de la vitamina B3 cuando tenía 35 años y vivió hasta bien entrados los 90, escribiendo, investigando y visitando a sus pacientes hasta los 80 años. Todos ellos habían llegado a la madurez cuando empezaron a cambiar realmente su alimentación y su estilo de vida.
Sin embargo, uno de cada cinco hombres y una de cada nueve mujeres fallecen a consecuencia de una cardiopatía antes de llegar a los 75 años. Si elimina el riesgo de padecer una enfermedad cardíaca puede esperar vivir saludablemente de 10 a 20 años más, siempre que no muera de cáncer o sufra artritis o Alzheimer. Aun así, los simples cambios que introduzca en su alimentación y estilo de vida para reducir el riesgo de enfermedad cardíaca, también minimizarán la posibilidad de sufrir otras enfermedades invalidantes. Si sigue los consejos de este libro podrá añadir años a su vida y vida a sus años.
El poder de la prevención
Ningún otro trastorno ha sido investigado de forma más exhaustiva que las enfermedades cardíacas. Sin embargo, aunque increíble, hasta el momento no se han compilado todos los datos dispersos ni se han presentado formando una estrategia clara de prevención. Estos son los objetivos de este libro, y le sorprenderá comprobar que probablemente puede llegar a eliminar por completo el riesgo de padecer una cardiopatía.
La siguiente tabla muestra los principales factores de riesgo conocidos (incluyendo las estadísticas médicas, que se explican en los siguientes capítulos) y el porcentaje de disminución de riesgo que se espera obtener con su erradicación. La buena noticia es que todos estos factores pueden eliminarse, excepto la predisposición genética, mediante cambios relativamente simples y llevaderos en la alimentación y el estilo de vida.
¿CUÁLES SON LOS FACTORES DE RIESGO?
Eliminar los factores de riesgo mediante simples cambios en la dieta y el estilo de vida puede minimizar las posibilidades de padecer una cardiopatía en los siguientes porcentajes:
| ESTADÍSTICAS MÉDICAS | PORCENTAJE |
| Nivel alto de colesterol en la sangre (HDL bajo; LDL alto) | 60 |
| Nivel alto de grasa en la sangre (triglicéridos) | 60 |
| Hipertensión arterial | 222 |
| Nivel alto de homocisteína en la sangre | 70 |
| Nivel alto de lipoproteína (A) | 50 |
| Resistencia a la insulina | 30 |
| DIETA | |
| Demasiadas grasas saturadas | 50 |
| Demasiada carne | 50 |
| Demasiada sal (sodio) | 25 |
| Demasiado alcohol | 50 |
| Pocas vitaminas antioxidantes C y E | 50 |
| Poca vitamina B | 50 |
| Poco potasio, magnesio y calcio | 50 |
| Pocas grasas esenciales (pescado y semillas) | 40 |
| Pocas verduras y frutas frescas | 30 |
| ESTILO DE VIDA | |
| No realizar ningún ejercicio aeróbico | 50 |
| Tener sobrepeso | 30 |
| Fumar (20 cigarrillos al día) | 70 |
| Tener demasiado estrés | 50 |
| Presentar predisposición genética | 5 |
| Reducción total del riesgo: | ¿cien por cien? |
Estos porcentajes, basados en estudios actuales, son muy aproximados. Véase una visión general de la investigación y los factores de riesgo en «Nutritional Aspects of Cardiovascular Disease», Department of Health, 1994.
Por supuesto, no pueden sumarse simplemente todos los porcentajes, ya que muchos de estos factores se superponen, aunque lo cierto es que, si se hiciera caso de la mayoría, se llegaría a una reducción del riesgo del cien por cien. En otras palabras, sabemos cómo eliminar efectivamente la gran mayoría de factores de riesgo relacionados con las enfermedades del corazón.
El control de la presión arterial reduce el riesgo de cardiopatía en un 30%
Para ilustrarlo, supongamos que usted es una persona corriente, con una dieta y un estilo de vida parecido al de la media de la población, y con un riesgo medio del 50% de fallecer a causa de una cardiopatía. En un momento dado, decide consumir más fruta y verdura (rica en vitaminas antioxidantes, potasio, magnesio y calcio) y dejar de añadir sal a las comidas. Esto controlará su presión arterial, reduciendo el riesgo en un 30%. Luego deja de fumar 20 cigarrillos al día, lo que disminuye su riesgo en otro 70%, y decide suplementar su dieta con vitamina C, E y un complejo de vitamina B. El complejo de vitamina B rebajará sus niveles de homocisteína (una toxina para las arterias), atenuando el riesgo en un 70%. Las vitaminas C y E reducen el riesgo en un 50% y bajan los índices de colesterol. Si, además, modera el consumo de alcohol hasta una media de una copa al día, reducirá su riesgo al 50%, y si empieza a hacer ejercicio tres veces por semana, conseguirá otra reducción del 50%. Empiece también a consumir mayor cantidad de pescado, por ejemplo, salmón y atún, y coma menos carne. Los pescados citados proporcionan grasas esenciales Omega-3 y una reducción del riesgo del 40%.
¿Hasta dónde debe llegar para tener un riesgo cero? En realidad, no se sabe exactamente porque no se han hecho estudios sobre los efectos combinados de estas medidas de prevención. Las posibilidades de eliminar prácticamente cualquier riesgo son, sin embargo, muy elevadas, aunque usted esté predispuesto genéticamente a padecer una cardiopatía.
Entender la presión arterial y el pulso
En nuestro organismo existe una increíble red de vasos sanguíneos; si los colocáramos uno detrás de otro, de extremo a extremo, ¡llegarían a la Luna! En su punto más ancho miden 2,5 cm de diámetro. En su punto más estrecho –los capilares– solo miden una cuatrocientosmilésima parte de un centímetro.
El sistema cardiovascular está compuesto por el corazón y los vasos sanguíneos, que transportan oxígeno, combustible (glucosa), materiales de construcción (aminoácidos), vitaminas y minerales a todas y cada una de las células de nuestro cuerpo. La sangre se oxigena en los pulmones, donde unos pequeños vasos sanguíneos llamados capilares absorben oxígeno y, a su vez, liberan el dióxido de carbono que exhalamos. La sangre oxigenada va a parar al corazón, que se encarga de bombearla a todas las células. En las células, los vasos sanguíneos se convierten de nuevo en una red de capilares extremadamente finos por los que circulan el oxígeno y otros nutrientes. El oxígeno y la glucosa son necesarios para aportar energía a cada célula. Los productos desechables son el dióxido de carbono y el agua, que pasan de las células a los capilares.

Fig. 1. El sistema respiratorio y cardiovascular
Los vasos sanguíneos que aportan nutrientes y oxígeno a las células se llaman arterias, mientras que los que transportan productos de desecho y dióxido de carbono se denominan venas. La sangre arterial es más roja porque el oxígeno es transportado por una sustancia llamada hemoglobina, rica en hierro, que proporciona un tono rojizo. La presión en las arterias es también mayor que en las venas. Además de regresar al corazón, toda la sangre pasa por los riñones, donde se eliminan los productos de desecho, convirtiéndose en orina. La orina se almacena en la vejiga urinaria y se prepara para ser excretada.
¿QUÉ CAUSA HIPERTENSIÓN ARTERIAL?
Uno de los primeros signos de enfermedad cardiovascular es el aumento de la presión sanguínea. Imaginemos una manguera sujeta a un grifo que se abre y se cierra. La presión es mayor cuando el grifo está abierto y menor cuando está cerrado. Con la presión arterial ocurre lo mismo. Una presión de 120/80 significa que el índice máximo, justo después del latido, es de 120 unidades; y que el valor mínimo, cuando el corazón se relaja, es de 80 unidades. Imaginemos que la manguera es de metal y no de goma. Esto incrementaría la presión, ¿verdad? Si la manguera estuviera forrada de piel o el fluido fuera más espeso, también subiría la presión. Por lo tanto, una presión arterial alta es un indicador fiable de que algo no va bien. Las compañías de seguros de vida confían en gran medida en la presión arterial para calcular la esperanza de vida.
Aproximadamente una de cada cuatro personas padece hipertensión, mientras que solo la mitad de la población tiene unos niveles óptimos de presión arterial (por debajo de 120/80).
La presión arterial alta, también llamada hipertensión, puede ser consecuencia de tres cambios principales en la arteria, y, en general, suele estar causada por una combinación de los mismos:
•Mayor constricción: los vasos sanguíneos contienen una capa de músculo. Si este músculo se contrae en exceso, la presión aumenta. El tabaco y el estrés pueden provocar este tipo de constricción, así como el exceso de sal (sodio) o la falta de magnesio, calcio o potasio, porque estos minerales controlan la contracción y la relajación muscular.
•Sangre más espesa: la sangre espesa o viscosa puede provocar un aumento de la presión sanguínea. La sangre contiene unas pequeñas placas, llamadas plaquetas, que se adhieren entre sí. Esta capacidad para coagularse es lo que evita que nos desangremos hasta la muerte cuando nos cortamos, aunque, si la sangre se coagula en exceso, existe el riesgo de que se produzcan coágulos que pueden suponer una amenaza para la vida, especialmente si las arterias ya son estrechas de por sí.
•Aterosclerosis: el estrechamiento de un vaso sanguíneo (causado por el endurecimiento y el deterioro de la pared arterial) suele producir un aumento de los depósitos de colesterol y otras sustancias. El vaso sanguíneo también puede volverse menos elástico, lo que incrementa la presión.
NIVELES ÓPTIMOS DE PRESIÓN ARTERIAL Y PULSACIONES
El nivel óptimo de presión arterial es de 120/80 o inferior. Una presión máxima (sistólica) superior a 140 o una presión mínima (diastólica) superior a 90 indican un problema potencial. Cuando la media es de 150/100 indica un grave riesgo de problema cardíaco. Por ejemplo, una mujer de 55 años con una presión arterial de 120/80 vivirá, por término medio, hasta los 78 años. En cambio, la esperanza de vida de un hombre de 55 años con una presión arterial de 150/100 será de 72 años. La hipertensión es una enfermedad silenciosa, solo una de cada diez personas con presión arterial elevada es consciente de que tiene este problema. A partir de los 25 años la presión sanguínea de la mayoría de las personas se incrementa con cierta rapidez, por lo que es recomendable que se tome la presión una vez al año. Si usted es una persona sana no hay razón para que la presión arterial le aumente con la edad. En muchas culturas primitivas no experimentan esta subida.
NIVELES DE PRESIÓN ARTERIAL Y PULSACIONES;
RIESGO BAJO, MEDIO Y ALTO

Las pulsaciones (las veces que late su corazón por minuto) no son tanto una medida del estado de salud de sus vasos sanguíneos, como un indicador de la forma física de su corazón. Por ejemplo, un ciclista que esté muy en forma puede tener un pulso de 40, mientras que el ritmo cardíaco de la mayoría de las personas es de 80 latidos por minuto. Como consecuencia, el corazón del ciclista puede bombear la sangre por todo su cuerpo con la mitad de latidos. Su corazón, que es esencialmente un músculo, es mucho más fuerte. Las personas más sanas tienen un pulso inferior a 70 latidos por minuto. Curiosamente, existe una estadística relativamente constante en todo el reino animal: todos tenemos una media aproximada de tres mil millones de latidos a lo largo de nuestra vida. De lo que se desprende que alguien con un pulso de 80 tendrá una esperanza de vida de 71 años; y si tuviera un pulso de 60, viviría hasta los 95. Cuanto mejor sea su dieta y mayor su ejercicio físico, menor será su ritmo cardíaco.
Tanto las pulsaciones como la presión arterial pueden disminuir gracias a una alimentación óptima. Un ensayo de tres meses de duración realizado por el Instituto de Nutrición Óptima de Londres, en el que participaron 34 personas con hipertensión, logró un descenso de ocho puntos en la presión sistólica y diastólica, con mayor disminución en las personas que previamente presentaban una presión inicial más elevada.2 En otro estudio, el doctor Michael Colgan demostró que, al seguir un programa exhaustivo de suplementos nutricionales durante cinco años, personas de todas las edades presentaban una disminución gradual de la tensión arterial desde una media ligeramente superior a 140/90 a una menor de 120/80.3 El doctor Colgan también halló un descenso medio del pulso de 76 a 65 en el mismo período de tiempo.

Fig. 2. Efectos de los multinutrientes sobre la presión arterial y el pulso
Entender las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebrovasculares
Cualquier trastorno de los vasos sanguíneos se denomina afección cardiovascular, conocida también como «enfermedad cardíaca» o «cardiopatía». Se trata de una denominación algo confusa, porque los trastornos cardiovasculares pueden producirse también en el cerebro, provocando una obstrucción que, en este caso, puede causar apoplejía o derrame cerebral; lo que se conoce generalmente como «accidente o enfermedad cerebrovascular». La interrupción del flujo sanguíneo también puede producirse en las piernas o en otras partes del cuerpo, en cuyo caso se denomina trombosis. Pero la obstrucción más frecuente se produce en las arterias coronarias que riegan el corazón y se denomina enfermedad de las arterias coronarias o enfermedad arterial coronaria. Aproximadamente la mitad de las muertes cardiovasculares se produce como consecuencia de un trastorno de las arterias coronarias, y una cuarta parte, por causa de accidentes cerebrovasculares.
Las afecciones potencialmente más mortíferas se concentran en las arterias. Con los años pueden producirse una serie de cambios en las paredes arteriales que conllevan la deposición de sustancias no deseadas, como colesterol, compuestos grasos y calcio. Estos depósitos se denominan placas arteriales o ateromas, un término que procede del vocablo griego con el que se designan las gachas de avena, por la similitud de su consistencia. Su presencia y el engrosamiento de las arterias se llama aterosclerosis, y afecta con mayor frecuencia a zonas muy determinadas del cuerpo, tal como muestra la figura 3.
Fig. 3. Áreas frecuentes de aterosclerosis
La aterosclerosis, junto con una sangre más espesa de lo normal y con tendencia a formar coágulos, puede favorecer la obstrucción de la arteria e interrumpir el flujo sanguíneo. Si eso ocurre en arterias que riegan cualquier parte del corazón, esta parte del corazón morirá por falta de oxígeno. Esto se denomina infarto de miocardio o ataque al corazón. Antes de que eso ocurra a muchos pacientes se les diagnostica una angina de pecho, un trastorno que se manifiesta cuando el corazón recibe un aporte limitado de oxígeno a causa de la obstrucción parcial de las arterias coronarias, y que se caracteriza por dolor de pecho, en general tras un esfuerzo físico o un episodio de estrés.
Si la falta de riego se produce en el cerebro, parte de este muere, lo que causa un accidente cerebrovascular. Las arterias cerebrales son especialmente frágiles y, en algunas ocasiones, el accidente no se produce como resultado de la interrupción del riego sanguíneo, sino por la ruptura de arterias, en cuyo caso se denomina hemorragia o derrame cerebral. Si la obstrucción se produce en la pierna, puede causar dolor en las extremidades y derivar en trombosis (un trombo es un coágulo de sangre). Cuando las arterias periféricas se obstruyen pueden provocar una mala circulación en los pies o en las manos y, a la larga, dolor y cojera, un trastorno que recibe el nombre de claudicación.
La interrupción del flujo sanguíneo al corazón se denomina infarto de miocardio
Popularmente existe la falsa idea de que nuestras arterias se obstruyen porque consumimos demasiado colesterol. Aunque este se halla estrechamente relacionado con las enfermedades cardiovasculares, son varias las causas que las provocan, y distintas las estrategias para prevenirlas, como se explica en la segunda parte de este libro.
DEFECTOS CONGÉNITOS
Un pequeño porcentaje de cardiopatías está causado por defectos que ya están presentes en nuestro organismo desde que nacemos. Se llaman defectos congénitos y pueden afectar a una válvula cardíaca o a una arteria demasiado estrecha. Estos defectos no pueden corregirse mediante cambios en la dieta o en el estilo de vida, y posiblemente requerirán intervención quirúrgica.
SEGUNDA PARTE
¿Por qué hay enfermedades cardíacas? Nuevos avances
El mito del colesterol
En 1913 un científico ruso, el doctor Anitschkov, pensó que había encontrado la respuesta a las enfermedades cardíacas, ya que las inducía en conejos cuando les administraba colesterol. Pero no se dio cuenta de que los conejos, al ser vegetarianos, no tenían un organismo capaz de metabolizar esta grasa animal.
Puesto que en las arterias de personas con enfermedades cardiovasculares también se hallaron valores altos de colesterol, se pensó que estos depósitos eran el resultado de un exceso de colesterol en la sangre, posiblemente causado por un exceso de colesterol en la dieta.
Esta simple teoría tuvo sus partidarios, y muchos médicos siguen defendiendo una dieta baja en colesterol como forma de prevención de las enfermedades del corazón, a pesar de la ausencia sistemática de resultados positivos en las investigaciones. Si la teoría del colesterol fuera correcta, sería de esperar que las personas con una dieta alta en colesterol tuvieran una mayor incidencia de cardiopatías, que el aumento de colesterol en la dieta incrementara el colesterol en la sangre y que los índices de colesterol en la sangre fueran buenos predictores de las enfermedades del corazón.
PONER A PRUEBA EL COLESTEROL
El doctor Alfin-Slater, de la Universidad de California, decidió poner a prueba la teoría del colesterol:4
«Nosotros, como todo el mundo, estábamos convencidos de que cuando consumes colesterol, tienes colesterol. Cuando reflexionamos sobre ello, vimos que ninguno de los estudios realizados hasta entonces había verificado lo que ocurría con los niveles de colesterol cuando se añadían huevos, ricos en colesterol, a una dieta normal.
»Seleccionamos a 50 personas sanas con medidas normales de colesterol en la sangre. A una mitad se les pidió que consumieran dos huevos al día (además de otros alimentos ricos en colesterol que ya tomaban como parte de su dieta normal) durante un período de ocho semanas. A la otra mitad se le dio un huevo adicional al día durante cuatro semanas y, posteriormente, dos huevos al día durante las siguientes cuatro semanas. Los resultados no demostraron ningún cambio significativo en los niveles de colesterol en la sangre.
Más adelante, el doctor Alfin-Slater comentó: «Nuestros hallazgos nos sorprendieron mucho».
Otros tres estudios5, 6, 7 tampoco fueron capaces de hallar ningún aumento de los niveles de colesterol al añadir huevos a la dieta. En realidad, en 1974, un comité asesor británico designado por el gobierno para analizar los «aspectos médicos de la política alimentaria en la dieta relacionada con las enfermedades cardiovasculares» llegó a esta conclusión: «La mayoría del colesterol en la dieta de las comunidades occidentales procede de los huevos, pero no hemos hallado ninguna evidencia que relacione el consumo de huevos con las enfermedades cardíacas».8
Durante el momento álgido de la «fobia» al colesterol, el doctor Jolliffe, conocido por sus dietas de adelgazamiento, puso en marcha un «club anticoronario» y emplazó a 814 hombres, de entre 40 y 59 años y sin enfermedades cardiovasculares, a seguir una dieta baja en colesterol y con elevada presencia de grasas poliinsaturadas.9 Como grupo de control, un grupo de 463 hombres de edad y estado de salud similar siguieron con su dieta normal, relativamente alta en colesterol. Cinco años más tarde, ocho hombres del grupo que seguía una dieta baja en colesterol habían fallecido de un ataque al corazón. En cambio, en el grupo de control ¡no había muerto ninguno! Irónicamente, el propio doctor Jolliffe falleció como consecuencia de complicaciones vasculares de la diabetes a la edad de 59 años, por lo que no vivió lo suficiente para ver los resultados.
Las gambas y los huevos son alimentos ricos en colesterol
Los esquimales de Norteamérica siempre han sido un enigma para la teoría del colesterol. Su dieta tradicional, con un alto consumo de carne de foca, posee uno de los niveles más altos de colesterol de cualquier pueblo indígena; sin embargo, su índice de enfermedades cardiovasculares está entre los más bajos. Otro alimento rico en colesterol son las gambas. Una investigación realizada en la Universidad Rockefeller suministró a los participantes del estudio tres raciones de gambas (300 g) o dos huevos grandes al día, ambos con 580 mg de colesterol. Los investigadores hallaron que ambos grupos experimentaron un incremento del colesterol bueno HDL y del colesterol menos deseable LDL (véase la página siguiente), por lo que se llegó a la conclusión de que ni una ni otra dieta alteraban significativamente el riesgo cardiovascular.10
Actualmente está claro que no existe una relación sólida entre el consumo de una dieta rica en colesterol y la incidencia de enfermedades cardiovasculares. Dicho esto, sin embargo, lo cierto es que muchos alimentos ricos en colesterol también poseen un alto contenido de grasas saturadas y suelen estar fritos en aceite. Estos alimentos se asocian necesariamente a un aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares (una conexión que se expone detalladamente en el próximo capítulo). Por lo tanto, es prudente no excederse en alimentos ricos en colesterol, aunque no hay ninguna necesidad de tenerles fobia.
Sustituir la proteína animal por proteína vegetal, especialmente la soja, reduce significativamente los índices de grasa y colesterol en la sangre, y esto disminuye paralelamente el riesgo de padecer cardiopatías. Los efectos beneficiosos se dejarán sentir con tan solo una ración de tofu o dos vasos de leche de soja al día.11 (Con relación a este tema, véase la página 154.)
EL COLESTEROL BUENO Y EL COLESTEROL MALO
Ahora sabemos que el colesterol por sí solo no es el malo de la película. Al fin y al cabo, el cuerpo fabrica colesterol y todos tenemos unos 150 g en nuestro cuerpo. De estos, 7 g están en la sangre. El cuerpo necesita colesterol para fabricar hormonas sexuales y vitamina D, así como para digerir y transportar grasas (lípidos). Sin embargo, tener un alto nivel de colesterol en la sangre se asocia a un mayor riesgo de afección cardiovascular. Pero lo fundamental es saber qué tipo de colesterol tenemos y de qué forma el cuerpo elimina su exceso en las arterias.

Fig. 4. Cómo el cuerpo transporta el colesterol
El colesterol se produce en el hígado y es a este órgano donde regresa después de su tránsito (como componente de la bilis) en el tracto digestivo, donde ayuda a digerir las grasas antes de ser reabsorbido por el flujo sanguíneo. Ciertos «contenedores» de proteínas, conocidas como lipoproteínas de baja densidad (LDL), son responsables de transportar el colesterol a las paredes arteriales; mientras que las lipoproteínas de alta densidad (HDL) ayudan a que el colesterol vuelva al hígado. Por lo tanto, si usted presenta un nivel bajo de colesterol LDL y un nivel alto de colesterol HDL, puede estar tranquilo, porque significa que la mayor parte de su colesterol se encuentra en el «contenedor» HDL, que lo elimina de las arterias.
Se dice que el colesterol HDL es el «colesterol bueno» y que el colesterol LDL es el «colesterol malo». Por eso, los análisis de colesterol no solo dan cuenta del valor total, sino de las cantidades que corresponden al contenedor «bueno» (HDL) y al contenedor «malo» (LDL). Si, por ejemplo, los análisis indican un nivel alto de colesterol total y la mayor parte se presenta en forma de LDL, el riesgo será elevado. En cambio, si se tiene un nivel bajo de colesterol total y gran parte se encuentra en el contenedor HDL, el riesgo será bajo. En general esta cifra se indica teniendo en cuenta la relación entre colesterol total y colesterol HDL. Si esta ratio es de 5:1 (cinco partes de colesterol y una parte de HDL), existe un riesgo medio; si es de 8:1, el riesgo es alto; si es de 3:1, el riesgo es bajo.
NIVELES ÓPTIMOS DE COLESTEROL
Para la mayoría de los laboratorios el intervalo de referencia de colesterol total en sangre está entre 120 y 330 mg%. Sin embargo, como ocurre en el caso de la glucemia, los valores supuestamente «normales» se determinan a partir de individuos que por lo general tienen una salud precaria. ¿Cuáles son los valores de referencia para las personas sanas? Es la pregunta que el doctor Emanuel Cheraskin y sus colegas se propusieron responder mediante un estudio realizado entre 1281 médicos, utilizando una escala de clasificación llamada Índice Médico de Cornell (CMI, por sus siglas en inglés), en la que los participantes debían rellenar un cuestionario relacionado con la salud. En todo el grupo, se hallaron unos índices de colesterol de entre 110 y 520 mg%. Los individuos más sanos (los que obtuvieron una puntuación de 0 en el CMI) presentaban unos niveles de colesterol de entre 176 y 239 mg%. En otro estudio realizado con estudiantes de odontología, Cheraskin evaluó los efectos de eliminar carbohidratos refinados en la salud de las encías. Los que lograron la mejor clasificación dental tras el cambio de dieta presentaban unos niveles de colesterol en la franja inferior de 190 a 210 mg%, un valor que puede considerarse óptimo.
NIVEL DE COLESTEROL EN LA SANGRE; RIESGO BAJO, MEDIO Y ALTO

MEJORE SUS NIVELES DE COLESTEROL CON NIACINA
Un método comprobado para mejorar la ratio colesterol/HDL (es decir, incrementar la cantidad de colesterol «bueno» o HDL y reducir la de colesterol «malo» o LDL) es tomar un suplemento diario de niacina (vitamina B3). Se trata de una estrategia sumamente efectiva (que también ayuda a atenuar otro factor de riesgo, la lipoproteína (A), analizada detalladamente en el próximo capítulo). En uno de los primeros ensayos clínicos sobre esta vitamina, realizado por el doctor Grundy,12 los pacientes a los que se les había administrado niacina presentaron un descenso del 22% en el colesterol total y un descenso del 50% en el índice de grasa en la sangre en tan solo un mes. Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association en 1986 llegaba a la conclusión de que «era el fármaco de elección» cuando el tratamiento dietético había fracasado para corregir los niveles de colesterol.13
La niacina es muy efectiva para aumentar los niveles de HDL
Desde los años ochenta, dos fármacos para tratar el colesterol, el gemfibrozilo y la lovastatina, han ido ganando popularidad entre la clase médica por sus efectos en la reducción del colesterol. Sin embargo, no son ni mucho menos tan efectivos como la niacina para elevar los niveles beneficiosos de HDL. Lo cierto es que, según tres estudios estadounidenses,14, 15, 16 la niacina es, por término medio, cinco veces más efectiva para aumentar los valores de HDL. Otro estudio, que combinaba niacina con gemfibrozilo, demostró que, al cabo de cuatro semanas, el colesterol total y el colesterol LDL habían disminuido en un 14%, el colesterol HDL había aumentado en un 24%, y la ratio colesterol total/colesterol HDL había mejorado en un 30%.17 Estos cambios son suficientes para que una persona pase de la categoría de «riesgo alto» a la de «riesgo normal». Y, aún más importante: los triglicéridos (la grasa en la sangre) disminuyeron en un 52%. Estos resultados coinciden con los de otros ensayos sobre niacina, por lo que es probable que gran parte de esta mejora fuera debida a la niacina y no al gemfibrozilo.
Pero hay un problema. La niacina es un potente vasodilatador (es decir, dilata los vasos sanguíneos) y, en las cantidades necesarias para arrojar estos resultados (de 500 a 1500 mg al día), puede causar rubor durante unos 30 minutos. No es un efecto dañino, en realidad es beneficioso, aunque a mucha gente le resulta molesto. Partiendo la dosis por la mitad y tomándola dos veces al día con las comidas, el rubor suele remitir a los pocos días. Una alternativa es tomar niacinato de inositol, llamado también «niacina sin sonrojo». Sin embargo, no es tan efectivo para mejorar los niveles de colesterol, y más vale reservarlo para aquellas personas a las que les moleste el efecto de sonrojo de la niacina.
La niacina posee muchos efectos beneficiosos sobre el sistema cardiovascular. Gracias a su efecto vasodilatador mejora la circulación de la sangre y puede favorecer la eliminación del exceso de colesterol. También hace que las células sanguíneas sean menos pegajosas, lo que reduce la posibilidad de que se agrupen para formar coágulos y el riesgo de infarto. Sin lugar a dudas, merece la pena incluir la niacina en una estrategia de prevención para aquellos pacientes con valores de colesterol de alto riesgo.
EL PELIGRO DE TENER UN NIVEL DE COLESTEROL EXCESIVAMENTE BAJO
Puesto que un nivel alto de colesterol se vincula a un mayor riesgo de padecer una enfermedad de las arterias coronarias, muchas veces se piensa que tener un nivel bajo supone una ventaja. Pero no es así, tal como han confirmado tres investigaciones independientes. Un estudio realizado en Japón demostró que, mientras que un valor alto se asocia a un trastorno cardiovascular (con escasa incidencia en Japón), un valor bajo está relacionado con una mayor incidencia de accidente cerebrovascular. En un grupo de 6500 varones japoneses se demostró que cuando los índices de colesterol se situaban por debajo de 190 mg%, el número de accidentes cerebrovasculares aumentaba significativamente.18
A su vez, un investigador finlandés, Jykri Penttinen, ha hallado un mayor índice de depresión, suicidio y muerte por causas violentas entre los individuos con niveles de colesterol muy bajos.19 Estos hallazgos han sido confirmados por David Freedman, del Centro de Control de Enfermedades de Atlanta, que ha demostrado que las personas con trastorno antisocial de la personalidad presentaban niveles inferiores de colesterol.20 Freedman está convencido de que las personas con cantidades muy bajas de colesterol tienden a ser agresivas.
Esto sugiere que los fármacos para reducir el colesterol solo deben administrarse a pacientes con un índice alto de colesterol en sangre, aun cuando padezcan una enfermedad cardiovascular.
¿ES SANO SU COLESTEROL?
El colesterol es sin duda una sustancia necesaria para el cuerpo. Existen riesgos asociados tanto para los niveles altos como para los niveles bajos de colesterol, y también según si se presenta en forma de HDL o LDL. A ello hay que añadir otro factor: al ser una sustancia grasa, el colesterol puede oxidarse o deteriorarse; del mismo modo que el aire oxida la pintura al óleo (cuando la lata no se tapa, la pintura se endurece), el colesterol puede endurecerse. Cuando esto ocurre, resulta más difícil transportarlo por el cuerpo y cada vez hay más evidencias de que este puede ser un factor a tener en cuenta en la aparición de la enfermedad cardiovascular.
La siguiente pregunta es: ¿qué causa daños al colesterol? La respuesta es: los oxidantes. Estos se derivan del tabaco, los alimentos fritos, la polución y otros procesos habituales del organismo (como hacer demasiado ejercicio anaeróbico, por ejemplo, esprintar, puesto que el organismo experimenta un déficit de oxígeno porque es imposible inhalar el suficiente para la energía que se gasta). En el otro extremo están los protectores corporales, las vitaminas antioxidantes A, C y E, además de minerales como el selenio y el cinc. En realidad, los alimentos que consumimos contienen centenares de antioxidantes, sobre todo la fruta y la verdura. Por ejemplo, la uva contiene proantocianidinas, por lo que una pequeña cantidad de vino puede ser un factor ligeramente protector frente a las enfermedades cardiovasculares, mientras que demasiado alcohol es un factor de riesgo conocido. Las investigaciones recientes demuestran sistemáticamente un menor riesgo de aterosclerosis entre personas con un consumo elevado de nutrientes antioxidantes.
El vino puede ser ligeramente protector frente a las enfermedades cardiovasculares
MÁS ALLÁ DEL COLESTEROL HDL Y LDL
Los «contenedores» HDL y LDL son compuestos especiales de grasas y proteínas, llamados lipoproteínas. Hace unos años los científicos empezaron a investigar si los niveles de estas lipoproteínas podían ayudar a predecir las enfermedades del corazón.21 La lipoproteína que se combina con colesterol para producir colesterol LDL no deseable se denomina «apoproteína B» o «apo B». Los individuos con altos índices de apo B también presentan altos niveles de colesterol LDL y un mayor riesgo de problemas cardiovasculares. La lipoproteína que se combina con colesterol para producir colesterol HDL se denomina «apoproteína A». (En realidad hay dos tipos: apo A1 y apo A2.) Cuanto mayor sea su nivel de apoproteína A1, menor será su riesgo.
Sin embargo, estudios más recientes también sugieren que el «problema» de la grasa podría explicarse por un tipo de lipoproteína más específica y de otra clase, no solo LDL o colesterol dañado. Las investigaciones realizadas en los depósitos grasos que obturan los vasos sanguíneos en personas fallecidas a causa de un trastorno cardiovascular han hallado un nivel muy alto de un elemento llamado apoproteína (A), que no debe confundirse con la apoproteína A, que el cuerpo fabrica bajo determinadas circunstancias. La apoproteína (A) posee una tendencia natural a atraer lípidos y a adherirse a ellos para crear lipoproteína (A), que se adhiere fácilmente a las paredes arteriales. Los niveles de lipoproteína (A) son, pues, altamente predictivos de una alteración cardiovascular. Esta es la base de una destacada nueva teoría sobre la principal causa subyacente a las enfermedades cardiovasculares y sugiere una nueva forma de entender el tratamiento, que se explica posteriormente en el capítulo titulado «La lipoproteína (A): conexión con la vitamina C» (véase página 65).
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