Kitabı oku: «¿Qué estabas esperando?»
Contenido
PREFACIO
1. ¿QUÉ ESTABAS ESPERANDO?
2. UNA RAZÓN PARA CONTINUAR
3. ¿EL REINO DE QUIÉN?
4. DIA A DIA
COMPROMISO 1: Nos entregaremos a un estilo de vida de confesión y perdón.
5. SIENDO HONESTOS: LA CONFESIÓN
6. CANCELANDO DEUDAS
COMPROMISO 2: Haremos del crecimiento y el cambio nuestra agenda diaria.
7. ARRANCANDO LA MALEZA
8. PLANTANDO SEMILLAS
COMPROMISO 3: Trabajaremos unidos para formar un vínculo robusto de confianza.
9. ARRIESGANDO EL CUELLO
10. UNA PERSONA CONFIABLE
COMPROMISO 4: Nos comprometeremos a cultivar una relación de amor.
11. TODO LO QUE NECESITAMOS ES EL AMOR
12. PREPARADOS, DISPUESTOS Y ESPERANDO
COMPROMISO 5: Negociaremos nuestras diferencias con aprecio y gracia.
13. MARAVILLOSA GRACIA
14. ANTES DE QUE OSCUREZCA
COMPROMISO 6: Trabajaremos para proteger nuestro matrimonio.
15. CON LOS OJOS BIEN ABIERTOS
16. DE RODILLAS
17. ADORACIÓN, TRABAJO Y GRACIA
¿Qué Estabas
Esperando?
REDIMIENDO LAS REALIDADES DEL MATRIMONIO
Paul David Tripp
Publicaciones Faro de Gracia
P.O. Box 1043
Graham, NC 27253
Publicado por:
Publicaciones Faro de Gracia
P.O. Box 1043
Graham, NC 27253
www.farodegracia.org
ISBN 978-1-629460-03-1
Agradecemos el permiso y la ayuda brindada por Crossway y Paul Tripp Ministries para traducir e imprimir este libro, What Did You Expect? al español.
What Did You Expect?
Copyright © 2010, by Paul David Tripp
Published by Crossway
a publishing company of Good News Publishers
Wheaton, IL 60187, USA
This edition published by arrangement with Crossway.
All rights reserved.
© 2013, por Publicaciones Faro de Gracia. Traducción al español realizada por Victor García. Diseño de la portada por Jeremy Bennett, Kalos Grafx Studios. Todos los Derechos Reservados.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación de datos o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio – electrónico, mecánico, fotocopiado, grabación o cualquier otro – excepto por breves citas en revistas impresas, sin permiso previo del editor.
© Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. © renovada 1988, Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.
Impreso en los Bogotá, Colombia, 2013
No hay muchas
parejas favorecidas
que tengan ejemplos tan distinguidos
que vayan delante de ellos.
Gracias, Tedd y Margy,
por darnos un ejemplo vivo
de cómo vivir en un matrimonio
a la manera
de Dios.
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publicados y distribuidos por Publicaciones Faro de Gracia:
www.farodegracia.org
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PREFACIO
Por alguna razón parece que me atrae escribir cosas para las que no soy muy bueno. El matrimonio es un buen ejemplo. Me casé a los veinte años y me sentía demasiado seguro de mí mismo. Estaba convencido de mi carácter y madurez y pensaba que el matrimonio sería fácil para mí. ¡No lo fue! No se tomó mucho tiempo para que el verdadero egoísmo e impaciencia de mi corazón fuesen revelados. Pero yo procuré negar lo que Dios estaba revelando claramente. Luché para auto-convencerme de que yo no era el problema. Me volví bueno en auto-persuadirme y me esforcé en persuadir a Luella, mi esposa, de que yo estaba en lo correcto y ella estaba equivocada. Dios en su magnificente gracia nunca cesó de buscarme y Luella estaba comprometida en ser honesta conmigo.
Iba camino al desastre y no me daba cuenta. Pero no me malentiendan; no es que yo fuese un constante monstruo, y realmente quería que mi matrimonio con Luella funcionara. El problema era que había cosas dentro de mí que hacían que el tipo de matrimonio del cual este libro trata fuese absolutamente imposible. Yo analizaba, racionalizaba, criticaba y generalmente señalaba con el dedo. Pero no había escape – yo era el problema. Había sido cercado de gracia, la que no descansaría hasta que fuese liberado de eso de lo que no podía escapar – yo mismo. Descendí pateando y gritando, pero Dios me extendió su gracia y Luella fue paciente hasta que empecé a enfrentar eso con lo que había luchado tanto para no admitir: Necesitaba desesperadamente un cambio.
Recientemente Luella y yo celebramos otro aniversario. Cuando vemos hacia atrás, nos asombramos de todo lo que ha sucedido, de todo lo que Dios ha hecho. Nos amamos el uno al otro profundamente, y estamos muy agradecidos por nuestros años juntos. Han sido ricos y apasionantes. No hemos experimentado muchos días aburridos. Nos encanta estar juntos y amamos celebrar la vida que compartimos. Pero hay algo que amamos aún más. Amamos a Jesús y su gracia transformadora. Amamos Su Palabra y la asombrosa gracia que contiene. Sabemos que nuestra historia no es una historia de éxito matrimonial. No, nuestra historia es la historia de dos personas que han sido rescatadas por la gracia y sabiduría una y otra vez. Repetidamente hemos sido perdonados y fortalecidos por la gracia de Dios. Repetidamente hemos sido atrapados, convencidos, transformados y dirigidos por su Palabra.
Si ustedes pudieran ver un video de nuestra vida juntos, se darían cuenta que no hemos “arribado.” Aún estamos siendo rescatados por esa misma sabiduría y gracia. Dios aún está trabajando para revelar y ganar nuestros corazones. Quisiéramos poder decir que la guerra del amor se terminó en nuestro matrimonio, pero no podemos. Nuestro amor propio aún se mete en el camino de nuestro amor a Dios y del uno al otro. Y cuando lo hace, nuestro matrimonio sufre. Aún hay veces cuando confiamos más en nuestros instintos que en la sabiduría de Dios, y cuando lo hacemos nuestro matrimonio sufre los resultados de nuestra necedad. Así que, descansamos en la sabiduría y la gracia de Dios, pero no descasamos en nuestro matrimonio. Mientras seamos dos pecadores viviendo en este mundo caído, habrá trabajo que hacer.
Algunas veces esto significa estar dispuestos a servir cuando eso es lo último que queremos hacer. A veces significa estar dispuestos a escuchar cuando nuestro instinto es argumentar. A veces conlleva estar dispuestos a amar aun en los momentos cuando el otro no parece merecerlo. A veces requiere pedir humildemente perdón cuando somos tentados a argüir que estábamos en lo correcto. A veces implica disponerse a pasar momentos de tensión para que la verdad sea puesta sobre la mesa. En ocasiones implica dejar pasar por alto alguna ofensa menor. Pero hay una cosa que sabemos con certeza: mientras descansamos en la gracia de Dios, somos llamados a darnos gracia el uno al otro. Y mientras celebramos la sabiduría de Dios, tenemos que decidirnos a dejar que esa sabiduría sea nuestro guía momento a momento en nuestra relación y nuestras respuestas mutuas.
Personalmente no tengo nada brillante que darles. Realmente, este libro es un testimonio de mi propio rescate. Les ofrezco a ustedes y a su matrimonio dos cosas: la transformadora y poderosa gracia de Dios y Su sabiduría que reajusta vidas. En estas dos cosas ustedes encontrarán esperanza y cambio verdadero para su matrimonio, y mientras lo hacen, también aprenderán lo que significa descansar y trabajar al mismo tiempo.
Paul David Tripp
Agosto 31, 2009
COMPROMISO 1: Nos entregaremos a un estilo de vida de confesión y perdón.
COMPROMISO 2: Haremos del crecimiento y el cambio nuestra agenda diaria.
COMPROMISO 3: Trabajaremos unidos para formar un vínculo robusto de confianza.
COMPROMISO 4: Nos comprometeremos a cultivar una relación de amor.
COMPROMISO 5: Negociaremos nuestras diferencias con aprecio y gracia.
COMPROMISO 6: Trabajaremos para proteger nuestro matrimonio.
1.
¿QUÉ ESTABAS ESPERANDO?
“Nunca pensé que sería así,” dijo María. Ella se veía completamente exhausta y derrotada. Samuel solo observaba con enojo. Él no quería estar hablando conmigo de su matrimonio con María. De hecho, para decir la verdad, él no quería estar casado con María. ¡Ya estaba cansado! “Quince años – ¡quince años! – ¿Y es esto lo que tengo?”
María rehusaba responder; se sentó y se puso a llorar. “Mira lo que mi duro trabajo te da. Nadie que tú conozcas vive en una casa como la nuestra. Nadie que tú conozcas tiene las cosas que yo te he provisto. Nadie ha tenido las maravillosas experiencias alrededor del mundo que yo te he dado. Pero no, nunca es suficiente. María, estoy cansado de tus constantes quejas. Estoy cansando de la crítica diaria. Ya no quiero hacer esto más, ni creo que tú lo quieras tampoco,” dijo Samuel mientras su voz se apagaba.
Miré a Samuel y a María, y supe que no siempre había sido así. Yo me he sentado con muchas parejas mientras estaban en el proceso de considerar casarse, lo cual ha sido frecuentemente una experiencia un poco frustrante para mí. No, no me he frustrado porque ellos estuvieran “locamente” enamorados; yo creo que es maravilloso cuando un hombre y una mujer se aman el uno al otro. Entiendo que por la ansiedad del romance, se les hace difícil concentrase en el trabajo de preparación que hay que hacer. Nada de esto me ha frustrado. Pienso que el profundo afecto mutuo es una cosa hermosa.
Es este lo que me ha frustrado una y otra vez: las expectativas irreales. Allí está – lo dije. Estoy convencido que es más usual que inusual para las parejas casarse con expectativas imaginarias. Una y otra vez me he sentado con parejas que simplemente no parecen tomar en serio las cosas importantes que la Biblia tiene que decir sobre lo que cada matrimonio encontrará en el aquí y ahora. Las expectativas irreales siempre llevan al desengaño.
Tú sabes que esto es verdad si alguna vez has visto una página de vacaciones en el internet. Ningún sitio de vacaciones luce tan hermoso ni funciona tan bien en la realidad como lo hace en su página de promoción en el internet. Inevitablemente terminas desilusionado porque comenzaste con expectativas no realistas.
Nosotros llevamos a nuestra familia de vacaciones a Disney World. Miramos la hermosa literatura de Disney. ¡Pero no nos dijeron que estaríamos parados bajo un sol abrazador por 90 minutos con 120 grados de calor y 200 por ciento de humedad para subir a un juego que tomaba 33 segundos!
Mi hijo, que al momento era solo un pequeño muchacho, vio un juego al que quería subir. Caminamos por lo que parecía una eternidad y al fin encontramos el extremo de la línea. Estuvimos tanto tiempo en la línea que mi hijo y yo tuvimos esta conversación: “Papa,” dijo él, “¿Por qué estamos parados aquí? Yo le dije, “hay un juego al final de esta línea.” El dijo, con una mirada de completa fatiga, “¿y qué juego es?” Habíamos estado en la línea tanto tiempo que se le había olvidado por qué estábamos parados allí. Las expectativas irreales siempre llevan al desengaño.
USANDO LA BIBLIA BÍBLICAMENTE
Parte del problema es la manera en que usamos la Escritura. Erróneamente tratamos la Biblia como si estuviese clasificada por temas – tú sabes, el mejor compendio del mundo sobre los problemas humanos y las soluciones divinas. De modo que cuando pensamos en el matrimonio, juntamos todos los pasajes sobre el matrimonio. Pero la Biblia no es una enciclopedia; es una historia, la gran historia del origen al destino de la redención. De hecho, es más que una historia. Es una historia teológicamente anotada. Es una historia con las notas de Dios. Esto significa que no podremos entender lo que la Biblia dice sobre el matrimonio si solo miramos los pasajes que hablan del matrimonio, porque hay una vasta cantidad de información bíblica sobre el matrimonio que no se encuentra en los pasajes matrimoniales.
De hecho, podríamos argumentar que en el grado en el que cada porción de la Biblia nos hable de Dios, de nosotros, de la vida en este mundo y de la naturaleza del conflicto humano y la solución divina, en ese grado, cada pasaje de la Biblia es un pasaje matrimonial. Cada pasaje nos imparte una perspectiva que es vital para un entendimiento apropiado de los pasajes que hablan directamente sobre el matrimonio, y cada pasaje nos dice lo que deberíamos esperar mientras tratamos con la totalidad de las relaciones matrimoniales.
Uno de nuestros problemas es que no hemos usado la Biblia bíblicamente, y esto nos ha puesto en posición para sorpresas que no deberíamos haber tenido.
POR FAVOR NO ARRUINES ESTO
Pero las expectativas irreales tienen otra fuente. Es casi como si el potencial del esposo y la esposa fuesen motivados a no oír la verdad sobre lo que inevitablemente enfrentarán porque no quieren que nada arruine el irreprimible sentimiento que los ha dejado en un virtual delirio romántico. Ahora, nuevamente quiero decir que yo pienso que el sentimiento profundo y muto es una cosa hermosa, pero no debemos dejar que nos mueva a negar la realidad.
Esa dinámica es como lo que te sucede cuando estás comiendo una exquisita comida de pescado bien frito y papitas seguidas por un postre delicioso de torta de chocolate y helado. Tú simplemente no quieres considerar lo que esta comida está haciéndole a tu corazón y a tu cintura. Tú no quieres hablar de calorías y colesterol. No te sientes motivado a considerar el contenido de grasa y de azúcar. No. Tú quieres saborear cada deliciosa mordida. Quieres comerte todo el pescado y las papas fritas que puedas mientras aun están calientes y doraditas. Y no importa cuán lleno estés, planeas comerte un buen pedazo de esa torta doble de chocolate cremoso de cuatro pisos.
Como ves, en medio del poder del romance prematrimonial es muy difícil que quieras mirar honesta y estrechamente a la realidad, es decir, a esas cosas que toda pareja enfrentará algún día, de alguna manera. Tienes miedo que bajo el fuego de la luz de la verdad, tus sentimientos se evaporarán. Temes que algo va arruinar el deleite de lo que estás experimentando al momento. Lo que estás experimentando es una de las cosas más poderosas que un ser humano puede experimentar. El amor es convincente. Es motivador. Es intoxicante. Puede controlar tu mente y tus emociones. Tú te sientas con la persona que amas, consideras tu matrimonio por venir, y quieres que lo que ahora estás sintiendo y experimentando dure por siempre. Y no vas a hacer nada que lo arruine.
He aquí cómo suele operar: ustedes están enamorado y convencidos que el amor que ahora sienten los sacará adelante frente a lo que deban enfrentar. Simplemente no quieren analizar las potenciales dificultades. No quieren considerar lo que podría suceder. No quieren dejar que el futuro se meta en lo que están experimentando ahora. Su capacidad de concentrarse es corta. Están enamorados y eso les gusta; y no van a dejar que nada se les interponga en el camino. Se miran el uno al otro con ojos vidriosos y están seguros que el poderoso amor que siente los sacará adelante delante de lo que sea. No sienten que tengan mucho que temer. Están seguros que poca gente ha sentido el amor que ustedes sienten. Saben que otras parejas tienen problemas, pero están convencidos que ustedes son diferentes. Están seguros que ellos no pueden haber sentido lo que ustedes sienten. Ustedes están enamorados y están seguros que todo saldrá bien. Simplemente no están interesados en ser realistas.
ENTRE EL AHORA Y EL AUN NO
Hay una manera que los teólogos tienen de pensar sobre la vida en el aquí y ahora que resulta muy útil y puede impartirnos expectativas realistas. Todo lo que hacemos y decimos, todo a lo que nos comprometemos y toda situación, lugar y relación que experimentamos, es experimentada en el ahora y el todavía no. Tú nunca comprenderás las cosas que enfrentas diariamente hasta que entiendas que vives en el medio. Todo en tu vida es conformado por lo que es el medio. Tal vez estás pensando, “Paul, no sé de que estás hablando.” Permíteme explicarlo.
Saber que estás viviendo entre el ahora y el todavía no te dice donde estás localizado en la historia redentora de Dios. Atiéndeme; esto es intensamente práctico. Dios ya nos ha dado su Palabra como nuestra guía. Ya ha enviado a su Hijo a vivir, morir y resucitar por nuestra salvación. Ya nos ha dado su Espíritu para que viva en nosotros. Pero el mundo aún no ha sido restaurado. El pecado no ha sido aún completamente erradicado. Nosotros no hemos sido aún conformados a la imagen perfecta de Jesús. El sufrimiento, la tristeza y la muerte aún no han dejado de existir.
Es difícil vivir en el medio, pero es allí exactamente donde vivimos. Aún vivimos en un mundo triste y terriblemente quebrado. Tu matrimonio no escapará de ese quebrantamiento. Vivimos con gente con defectos. Tu matrimonio no estará protegido de esos defectos. Cuando comienzas a desenvolver lo que realmente es el ahora y el todavía no, ganas perspectivas que son enormemente útiles para entender las cosas que necesitas enfrentar si quieres un matrimonio completo y sano a los ojos de Dios.
ESPONTANEIDAD PREPARADA
Tú y yo nunca sabemos con seguridad lo que ha de venir. Piensa en ello: tu vida no ha sido conforme lo planeaste. Tú no podrías haber escrito sobre tu situación presente veinte años atrás. La semana pasada no salió de acuerdo a tu plan. Hoy no será como lo planeaste. Tu vida está bajo el sabio y soberano plan de otro (mira Hechos 17:26-27; Dan. 4:34b-35). Esto significa que cada día, enfrentas lo inesperado, con cosas que tú no planeabas. Esto es seguramente verdad sobre tu matrimonio. Los problemas que surgen tienen un enorme impacto en ti y tu esposa. La enfermedad y el pecado se atraviesan en el camino de lo que tú pensabas que estarían compartiendo juntos. Todo matrimonio tiene que enfrentar lo inesperado. Pero lidiar con lo inesperado no significa que tienes que estar sin preparación. Este libro se trata precisamente sobre el principio de la espontaneidad preparada.
Sé que esto suena como una contradicción, pero no lo es. Puede ser que estés preparado para cosas que aún no sabes que vas a enfrentar. Puedes estar listo para cosas que no tienes idea que se atravesarán en tu camino. De hecho, estoy seguro que ésta es una de las principales funciones de la Escritura. Nos capacita para estar preparados para decidir, pensar, desear, actuar y hablar bien en un mundo en el cual nosotros no somos soberanos. Esto funciona así: si hemos digerido lo que la Biblia dice sobre Dios, nosotros, la vida, el pecado y el mundo alrededor, estamos listos para lidiar espontáneamente con cosas que no sabíamos que tendríamos que enfrentar.
Una y otra vez me he sentado con parejas sorprendidas por lo que tienen que enfrentar. Pero, cuando les doy la oportunidad de contar su historia, me impresiona encontrar, de nuevo, que las cosas que están enfrentando son la clase de cosas que la Biblia predice que gente con defectos en un mundo caído enfrentará. Es perturbador cuando me siento con una esposa que está estremecida porque su esposo es un pecador o con un esposo que no estaba preparado para el hecho de que su esposa es tentada a ser egoísta.
Más parejas de las que puedo nombrar se sorprenden de que su matrimonio necesite ser rescatado regularmente por la gracia. Y por no tomar la Biblia seriamente, se quedaron cortos en el momento cuando las ruedas comienzan a girar en el camino de la vida diaria donde la gracia es su única esperanza.
No es solo la predicción de los problemas potenciales lo que la gente no ha tomado seriamente, sino también el mensaje de la provisión prometida. La espontaneidad preparada no se trata solo de saber lo que vas a enfrentar y por ello estar listo para enfrentarlo. Es también saber lo que te ha sido dado para que puedas enfrentarlo con esperanza y coraje práctico.
Este libro desplegará ante ti un estilo de vida de preparación que toma seriamente las perspectivas sabias y vivificantes de la Palabra de Dios. Estas perspectivas sabias te harán vivir preparado, aun cuando el control no esté en tu mano y en realidad no sepas qué es lo que hay para tu matrimonio al doblar de la esquina.
PUEDES ESPERAR LO ESPERADO
Jaime se enfermó y tuvo que abandonar su búsqueda por ascender en la escalera empresarial. Esto trajo una tensión en su matrimonio con Jeni que él nunca pudo haber anticipado. Braulio y Sara se volvieron tan ocupados que dejaron de comunicarse como debían y su relación pagó el precio. Bruno luchó con un pecado secreto por años y cuando Elisa lo descubrió, casi terminó con su matrimonio. Lidia y Francisco parecían estar siempre en una batalla por el control de su relación. Era cansado ser parte de ese matrimonio. Alfredo y Susana nunca parecían estar en el mismo lugar espiritualmente. Jorge y Susana tenían un infeccioso afecto el uno por el otro, pero sus dificultades financieras trajeron mucha tensión a su matrimonio. La madre de Julia la impelía a tan repetidas guerras de lealtad que causaban muchos conflictos entre ella y Carlos.
Hay dos observaciones que hacer acerca de estos matrimonios. Primero, ninguno era un mal matrimonio. Nadie estaba abandonándolo. Nadia había sido infiel aún. No había abuso o violencia. Pero ninguno estaba experimentando lo que Dios tuvo en mente cuando los unió al principio. Y todos ellos estaban sorprendidos de lo que tenían que enfrentar como parejas.
Segundo, todo lo que cada pareja enfrentaba esta predicho por mandato, principio, o perspectiva en la Biblia. Estas parejas deberían haber esperado lo esperado. Si se hubiesen allegado a la Biblia como un maravillosa ventana a su matrimonio, habrían sabido qué esperar y no se habrían sorprendido de que se pusiera en su camino.
Así que, ¿Cuáles son las perspectivas sabias esenciales que la Escritura nos da para capacitarnos a tener expectativas realistas para nuestro matrimonio?
1. Estás Desarrollando tu Matrimonio en un Mundo Caído.
Samuel no podía creer que había sido despedido después de tantos años. Julia luchaba con el pensamiento de tener que vivir con un hombre con una enfermedad crónica. Job nunca se imaginó que tendría que lidiar con las cosas que estaba enfrentado con su hijo. María se sentía como una prisionera en la casa que amaba, localizada en un vecindario que se había arruinado. Sheny luchaba con las reacciones que había tenido por su matrimonio bi-racial. Juan se preguntaba frecuentemente por qué la vida tenía que ser tan dura.
Todos enfrentamos lo mismo. Nuestros matrimonios viven en medio de un mundo que no funciona como Dios lo quiso. Por algún motivo, de alguna manera, tu matrimonio es alcanzado diariamente por la ruptura de este mundo. Tal vez simplemente tiene que ver con la necesidad de vivir con los inconvenientes menores de este mundo roto o quizá estás enfrentando asuntos graves que han alterado el curso de tu vida y tu matrimonio. Pero una cosa es segura: no escaparás del medio ambiente en el cual Dios ha escogido que vivas. No es un accidente que estés conduciendo tu matrimonio en este mundo quebrantado. Nada de esto es destino, casualidad o suerte. Todo es parte del plan redentor de Dios. Hechos 17 dice que Él determina el lugar exacto donde tú vives y el tiempo exacto de tu vida. Él conoce donde vives, y no le sorprende lo que estás enfrentando. Aunque enfrentes cosas que no tienen sentido para ti, hay sentido y propósito para todo lo que te sucede. Estoy seguro que entender tu mundo caído y el propósito de Dios para sostenerte en él, es fundamental para edificar un matrimonio de unidad, entendimiento y amor.
No hay mejor ventana para lo que enfrentamos en el aquí y ahora de este mundo que las palabras descriptivas que la Biblia usa en 1 Pedro 1:3-7: “afligido,” “pruebas,” y “sometido a prueba.” Estas palabras deberían hacer que nos detengamos. De todas las palabras descriptivas que Pedro tiene a su disposición para describir lo que Dios está haciendo en nosotros a través del medio ambiente en el cual vivimos, es muy significativo que él use estas tres palabras. Cada una es instructiva e interpretativa. Primero, tú no escaparás de las aflicciones de la vida en este mundo caído. Esas aflicciones pueden ser un dolor momentáneo o un momento significativo de pérdida. El punto es que, en el camino, la aflicción nos tocará a todos ya sea en maneras pequeñas o significativas. Segundo, todos enfrentamos pruebas. Sufriremos cosas que nunca habríamos planeado o puesto en nuestra agenda. Nos afligiremos porque enfrentaremos dificultades que no anticipamos ni planeamos. La palabra final nos trae el retrato completo de la vida en este mundo caído. La frase “sometido a prueba” no significa prueba como en un examen. No; significa “templado,” o “refinado.”
Con esta expresión, “sometido a prueba” Dios te dice una de las cosas mas significativas que entenderás acerca de tu matrimonio en el aquí y ahora. Dios decidió dejarte en este mundo caído para vivir, amar y trabajar, porque Él se propone usar las dificultades que enfrentes para hacer en ti algo que no podría ser hecho de ninguna otra manera. La mayoría de nosotros tiene un paradigma personal de la felicidad. Ahora, no es malo querer ser feliz, no esta mal luchar por la felicidad marital. Dios te ha dado la capacidad de disfrutar y ha puesto cosas maravillosas a tu alrededor para que las disfrutes. El problema no es que esto sea una meta equivocada sino en que es una meta demasiado pequeña. Dios está trabajando en algo profundo, necesario y eterno. Si Él no estuviera trabajando en esto, no sería fiel a su promesa contigo. Dios te tiene un paradigma personal de la santidad. No te molestes por este lenguaje. Estas palabras significan que Dios está trabajando a través de tus circunstancias diarias para cambiarte.
En su amor, Él sabe que tú no eres todo lo que fuiste creado para ser. Aunque sea duro admitirlo, aún hay pecado dentro de ti, y ese pecado se interpone en el camino de lo que estás supuesto a ser y diseñado para hacer. Y, dicho sea de paso, ese pecado es el más grande obstáculo de todos para un matrimonio de unidad, entendimiento y amor. Dios está usando las dificultades del aquí y el ahora para transformarte, es decir, para rescatarte de ti mismo. Y puesto que Él te ama, interrumpirá voluntariamente o comprometerá tu felicidad momentánea para hacerte avanzar un paso más en el proceso de rescate y transformación con el que Él está firmemente comprometido.
Cuando comiences a entrar en el paradigma de Dios, la vida no solo tendrá mas sentido para ti (las cosas que te suceden no son problemas irracionales, sino herramientas transformadoras), sino que también tendrás de inmediato más esperanza. Hay esperanza para ti y tu matrimonio porque Dios está en medio de tus circunstancias, y Él está usándolas para moldearte conforme a aquello para lo que te creó. Mientras Él hace esto, tu no solo responderás mejor a la vida sino que te volverás una mejor persona con la cual vivir, y esto resultará en un mejor matrimonio.
Esto no significa que cesarás de ser afligido. De hecho, Jesús lloró cuando caminó por los caminos de este mundo. Pero esta aflicción no es un túnel negro que el destino ha puesto en tu camino. Es un instrumento sabio en las manos de un Dios amoroso que sabe cuán profunda es tu necesidad y quiere darte dones de gracia que durarán eternamente.
Así que, como sea y de alguna manera, este mundo caído y lo que hay en él entrará por tu puerta, pero no tienes que temer. Dios está contigo, y Él está obrando de modo que esas aflicciones resulten en cosas buenas en y a través de ti.
2. Eres Pecador Casado con Alguien Pecador.
Voy a decir mucho más sobre esto a través del libro, pero tú y yo no nos casamos con alguien perfecto. Parece verdad cuando lo lees, pero aunque parezca obvio, mucha gente se casa con expectativas falsas acerca de la persona con quien se casa. Este es el punto: ambos traen algo a su matrimonio que es destructivo para lo que el matrimonio necesita y tiene que ser. Ese algo se llama pecado. La mayoría de los problemas que enfrentamos en el matrimonio no son intencionales o personales. En la mayoría de las situaciones matrimoniales, tú no enfrentas dificultades porque tu esposo o esposa hace algo intencionalmente parar hacer tu vida difícil. Sí, en momentos de enojo eso puede suceder. Pero frecuentemente lo que realmente pasa es que tu vida está siendo afectada por el pecado, la debilidad y las fallas de la persona con la que vives. Así que si tu esposa está teniendo un mal día, eso te salpicará de alguna manera. Si tu esposo se enojó en su trabajo, hay una buena posibilidad que traiga enojo a la casa con él.
En algún momento dado tú serás egoísta. En alguna situación hablarás rudamente. Habrá momentos de celos, amargura y conflicto. No podrás evitarlo porque eres un pecador y estás casado o casada con alguien pecador. Si minimizas los conflictos del corazón que ambos traen al matrimonio, sucederá esto: tendrás la tendencia de convertir los momentos de ministerio en momentos de enojo. Cuando tus oídos oyen y tus ojos ven el pecado, la debilidad y la falla de tu esposo o esposa, no es por accidente; es siempre gracia. Dios ama a tu cónyuge y Él está comprometido a transformarlo o transformarla por su gracia y te ha escogido para que seas uno de sus instrumentos regulares de transformación. Así que, Él te hará ver, oír y experimentar la necesidad de cambio de tu cónyuge para que puedas ser un agente de su rescate.
Frecuentemente, en estos momentos de ministerio que Dios nos da, en lugar de servir al propósito de Dios, nos enojamos porque nuestro cónyuge de alguna manera está estorbando lo que nosotros queremos. Esto nos lleva a la segunda cosa que sucede: la razón por la que cambiamos estos momentos de ministerio en momentos de cólera es nuestra tendencia a personalizar lo que no es personal. Al finalizar un mal día en el trabajo, tu esposo no dice, “Sé lo que voy a hacer. Le voy a arrojar este mal día a mi esposa para que su día sea tan miserable como el mío.” No; el problema que estás experimentando no es acerca de ti directamente. Si, es tu problema, porque este hombre enojado es tu esposo. Pero lo que estás experimentando no es personal en términos de una intencionalidad consciente. Estás viviendo con un pecador, de modo que vas a experimentar su pecado. Pero cuando personalizas lo que no es personal, tiendes a ser agresivo en tu respuesta. Cuando eso sucede, lo que te motiva no es la necesidad espiritual que Dios te ha revelado que hay en tu esposo, sino la ofensa de tu esposo contra ti, tu agenda, tu paz, etc. Así que, tu respuesta no es un “para él,” sino un “contra él.” En lugar de buscar ministrarlo, lo que quieres hacer es quitarlo de en medio de tu camino para volver a lo que querías hacer previamente. Seamos honestos – todos hemos estado allí.
Cuando respondemos agresivamente, agravamos el problema que la otra persona ha lanzado contra nosotros. Esto nos lleva a una cosa más: puesto que hemos convertido un momento de ministerio en un momento de enojo al personalizar lo que no es personal, nos portamos como adversarios al responder y por ello terminamos adoptando soluciones circunstanciales que no llegan al corazón del problema. En lugar de buscar maneras de ayudar le decimos al otro que se comporte, lo amenazamos para que se calle o nos enojamos y convertimos un momento de debilidad en una confrontación seria.
Este es un lugar donde creo que la Biblia es muy útil. El mundo de la Biblia es como tu mundo–confuso y fragmentado. Los personajes de la Biblia son como tú y tu esposa–débiles y con defectos. Las situaciones de la Biblia son como las tuyas–complicadas e inesperadas. La Biblia no es un libro de cosmética religiosa. Te trastornará con su honestidad sobre lo que sucede en el mundo en el que vivimos. Desde el fratricidio de Caín hasta la traición de Judas por dinero, la sangre y las entrañas de un mundo roto son diseminadas en cada una de sus páginas. La honestidad de Dios respecto al lugar donde vivimos es en sí misma un acto de amor y gracia. Él acerca nuestra cabeza al agujero bíblico por donde se puede ver el mundo como realmente es, no como nosotros fantaseamos que sea. Él hace esto para que seamos realistas en nuestras expectativas y así busquemos humildemente la ayuda que solo Él puede darnos.
3. Dios es Fiel, Poderoso y Generoso
Hay una realidad más que debes incluir mientras tratas de ver tu matrimonio tan realísticamente como sea posible. No solo debes considerar la condición caída del mundo en que vives y el hecho de que tú y tu esposa están lejos de ser perfectos; también debes recordar que no están solos en esta batalla. La Biblia dice que Dios está cerca, tan cerca que en tu momento de necesidad puedes alcanzarlo y tocarlo porque no está lejos de cada uno de nosotros (Hechos 17:27). Sí, ustedes viven en un mal vecindario (el mundo caído), y ambos son menos que perfectos (pecado), pero en todo esto no han sido abandonados a sus propios recursos. El Dios que determinó el lugar donde vives, vive contigo y se ha comprometido a darte todo lo que necesitas.
Estoy escribiendo esto pocos días después del día de resurrección, así que he estado pensando en la tumba vacía. Considera por un momento lo que esa tumba nos enseña. Primero, nos enseña que Dios es fiel. Siglos antes, luego que Adán y Eva desobedecieron a Dios, Él prometió que aplastaría el mal de una sola vez. Así que envió a su Hijo para derrotar el pecado y la muerte por su crucifixión y resurrección. Pasaron miles de años y Dios no olvidó ni cambió respecto a su promesa. Él no se cansó ni se distrajo. Hizo una promesa y controló los eventos de la historia (los grandes y pequeños) para que en el momento justo Jesucristo viniera y cumpliera lo que había prometido.
Pero la tumba vacía también nos recuerda que Dios es poderoso. Él es poderoso en autoridad y en fuerza. ¡Piensa en la autoridad que tú necesitarías para tener control de todas las situaciones, lugares y relaciones para poder garantizar que Jesús vendría en el momento preciso y haría lo que estaba designado a hacer! También, ¿puede haber una demostración más apropiada de poder que tener poder sobre la muerte? Por el asombroso poder de Dios, Jesús se despojó de las vestiduras de su sepultura y salió de la tumba. Esos hombres que hacen competencias de poder para levantar cosas pueden jalar un bus con sus dientes, pero todos van a morirse, y no hay nada que puedan hacer al respecto.
La tumba vacía nos señala otra cosa asombrosa. Nos enseña que Dios es generoso. ¿Por qué Él se esforzó tanto para ayudarnos? ¿Por qué se preocupa tanto para darse cuenta de nosotros, no digamos para rescatarnos? ¿Por qué habría de sacrificar a su Hijo? Porque Él es generoso. Tu y yo necesitamos reconocer que su bondad fue motivada no por lo que vio en nosotros, sino por lo hay dentro de Él. Está dispuesto por que Él es la definición de la misericordia. Es bondadoso porque es la fuente de amor. Es generoso porque está lleno de gracia sublime. Es generoso porque es bueno, noble, paciente, y benevolente. Aun cuando nosotros estamos indispuestos, llenos de nosotros mismos y buscando nuestro propio camino, Él es generoso. Él se deleita en transformarnos por su gracia. Se deleita en rescatarnos por su poderoso amor.
Así que cuando pecan contra ti o cuando este mundo caído irrumpe por tu puerta, no contra ataques o salgas corriendo. Afírmate en tu debilidad y confusión y di, “No estoy solo. Dios está conmigo, y Él es fiel, poderoso y está dispuesto.” Puedes ser realista y tener esperanza al mismo tiempo. Las expectativas realistas no son esperanza sin honestidad y no son honestidad sin esperanza. El realismo se encuentra en la intersección de la honestidad audaz y una esperanza inquebrantable. La palabra y la gracia de Dios hacen que esto sea posible en tu matrimonio.
¿Son realistas tus expectativas matrimoniales?
COMPROMISO 1: Nos entregaremos a un estilo de vida de confesión y perdón.
COMPROMISO 2: Haremos del crecimiento y el cambio nuestra agenda diaria.
COMPROMISO 3: Trabajaremos unidos para formar un vínculo robusto de confianza.
COMPROMISO 4: Nos comprometeremos a cultivar una relación de amor.
COMPROMISO 5: Negociaremos nuestras diferencias con aprecio y gracia.
COMPROMISO 6: Trabajaremos para proteger nuestro matrimonio.
2.
UNA RAZÓN
PARA CONTINUAR
Todos buscan esperanza. Todos anhelan una razón para continuar. Todos aferran su diario vivir a alguna clase de sueño. Todos quieren saber que a lo que se dedican es algo que vale la pena. Los seres humanos no vivimos por instinto. Somos seres racionales hechos a la semejanza de Dios. Las cosas que hacemos y decimos tienen sus raíces en deseos y pensamientos profundamente establecidos. Hay un sentido en el cual es correcto decir que todos estamos de por vida en la gran búsqueda de un tesoro. Tu tesoro puede no ser mi tesoro, pero igualmente ambos somos buscadores de tesoros. Si tú no crees que las cosas que estás haciendo te van a dar algún tipo de ganancia probablemente vas a dejar de hacerlas.
Tomas estaba batallando y listo para hacer sus maletas. No era que estuviese enfrentando algún desastre que lo hubiese dejado devastado y solo. De hecho, a la distancia, Tomas parecía tener una buena vida. El tenía una esposa brillante, hermosa e inteligente. Tenía tres niños hermosos menores de siete años. Su trabajo nunca era aburrido o trivial. Pero Tomas jugaba con el deseo de renunciar a su propia vida. Simplemente ya no lo podía disfrutar. El y Daniela parecían funcionar todo el tiempo con una irritación reprimida el uno hacia el otro. Sus horarios eran ridículamente exigentes, y sus hijos parecías estar en contante necesidad de atención. Tomas sentía que era raro el día en el que no se sintiera molesto con Daniela por alguna razón. Estaba cansado de trabajar duro sin ver resultados y ya no encontraba mucha razón para continuar.
Cynthia estaba en la cama despierta. Miraba a Manuel. Era difícil para ella comprender que el hombre acostado a su lado era el mismo que la había cautivado. Mientras una lagrima corría por su mejilla, recordaba la contagiosa sonrisa de Manuel y su sentido del humor. Pensaba cómo él era capaz de hacer que las cosas más triviales se convirtieran en algo placentero. Recordaba que solía emocionarse al sonido de su voz; pero ya no más. De alguna manera, en el camino, Manuel había dejado de ser Manuel. Ahora parecía permanentemente distraído y frustrado. Se pasaba el tiempo viendo deportes o en la computadora. Ir a la cama era particularmente difícil para Cynthia. Ella anhelaba un poco de ternura antes de que ambos sucumbieran al cansancio y se durmieran, pero no había ternura. Manuel se metía a la cama, fastidiado otra vez, murmuraba un buenas noches, le daba un beso mecánico y se daba la vuelta para dormirse. Noche tras noche, Cynthia se acostaba y permanecía despierta buscando una razón para continuar.
Desde el principio, Erica sabía que Willy era muy apegado a su familia, pero nunca pensó que sería como esto. Ella se sentía como una extraña en su propia vida. Estaba cansada de pasar cada día festivo y vacación con la familia de Willy. Estaba cansada de las complicaciones del matrimonio, la familia extendida, el trabajo, la iglesia. ¿Cuántos días festivos había pasado viendo a Willy y a sus hermanos divertirse y pasarla bien, indiferentes al hecho de que ella no estaba bien? Ella se había dado cuenta tiempo atrás donde estaba la lealtad de Willy, y sabía que nunca habría una decisión que él no discutiera con su familia. Había pensado mucho sobre lo que decía la Biblia acerca de “dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer,” y sabía en lo profundo de su corazón que Willy nunca había dejado a su familia. Erica estaba cansada de ser una extraña y le resultaba difícil continuar.
Nathan se paró allí con la nota arrugada en su mano. La había encontrado varias semanas atrás en el piso de su armario. Las cosas se habían dificultado desde entonces. Anita no lo había negado. Ella se había infatuado emocionalmente con un compañero de trabajo. La relación no había sido física en ninguna manera. De hecho, nunca se habían juntado fuera del trabajo, pero no por eso la nota dejaba de ser devastadora. Quienquiera que la leyera la consideraría una carta de amor. Nathan no sabe por qué la conserva. No sabe por qué la saca día a día y la lee una y otra vez. Él solo lo hace. Anita parece tener remordimiento y hace todo lo que puede para remediar lo sucedido. Nathan está agradecido que ella renunció al trabajo, pero no puede olvidar la nota. Se interpone en su vida como un Everest que sabe que necesita ascender pero nunca lo hace. Es como si esa nota se hubiese llevado todo motivo para continuar.
Sandra mira el huevo crudo que su hija de tres años acaba de botar al suelo, y quisiera gritar. Se siente más como policía que como madre. Le parece que día tras día se pasa limpiando y ordenando desde que se levanta hasta que se va a la cama para luego levantarse y hacerlo de nuevo. Se viste con un sudadero y zapatos deportivos; los días cuando se sentía atractiva casi se han borrado de su memoria. Paco ha ganado peso y tampoco luce muy bien. Ella pasa frente al espejo de cuerpo entero en el corredor y piensa, “¿que nos sucedió?” La mañana cuando se cayeron al suelo en el armario los álbumes de fotos de sus primeros años de matrimonio, ella tocó fondo. Le parecía que las fotos eran de una pareja, un tiempo y un lugar diferentes. Estaba cansada de su existencia doméstica y no podía encontrar mucha motivación para continuar.
Roberto simplemente está cansado del trabajo duro. Es difícil no desear los primeros años de nuevo. Estar con Jésica había sido tan divertido. Él amaba la espontánea libertad de su relación y sus horarios. Le encantaba el hecho de que Jésica parecía estar siempre dispuesta para todo en todo momento. Él sabía que no siempre sería así, pero nunca se imaginó que llegaría a ser como era. Con su nuevo trabajo y el arribo de los gemelos, él y Jésica hacían poco que no fuera trabajar duro. Ocupado y agotado, la vida no era muy divertida, aun en los raros momentos cuando tenían tiempo para estar juntos. Cuando Roberto trabaja hasta tarde, Jésica se queja de que él no está en casa para ayudar, y cuando está en casa para ayudar, ella se queja de que no está haciendo suficiente dinero. Roberto se lo resume bien a un compañero de trabajo: “cuando sientes que no puedes ganar, es difícil continuar tratando”.
Nora y Cristian están cansados de discutir, pero no saben cómo parar. Se levantan de lado diferente del universo cada mañana y miran todo desde perspectivas opuestas. Ambos están convencidos de estar en lo correcto y constantemente se frustran cuando el otro no ve las cosas a su manera. Han llegado a un punto en el que parece que nada importa. Las toallas tiradas en el baño o el queso que se ha secado en el refrigerador se han vuelto asuntos más importantes de lo que deberían ser. Ambos dirían que se aman mutuamente, y se piden perdón después de que el calor de otro altercado se desvanece, pero no paran de discutir. Es una existencia infeliz y ambos lo sienten. Silenciosamente se preguntan que se necesitará para que las cosas sean diferentes y qué van a hacer si nada cambia.
LO QUE NO DEBERÍA SER
Les sucede a todos. Es una realidad inevitable del matrimonio. Como sea, de alguna manera, todo matrimonio se convierte en un conflicto. La vida después de la luna de miel es radicalmente diferente de la luna de miel que la precede. La persona con la que te encantaba jugar es con la que ahora vives y trabajas. La persona que una vez fue tu escape de las responsabilidades, es ahora tu responsabilidad más grande. Pasar tiempo junto es radicalmente diferente que vivir juntos. Lo que era motivo de atracción ahora es fuente de irritación. Todos nos enfrentamos al hecho de que de alguna manera nuestro matrimonio no es lo que debería de ser. ¿Por qué? Las razones se encuentran en lo que miramos en el primer capítulo.
En algún punto durante el camino, te diste cuenta que tu también eres una persona pecadora casada con otra persona pecadora y que estás viviendo en mundo fracturado. A veces esta realidad hace que pequeños momentos intrascendentes sean mas difíciles de lo que deberían ser; a veces significa enfrentar cosas devastadoras que nunca pensaste que tendrías que enfrentar. Pero le sucede a todos. En algún punto necesitas algo más sólido que el romance. Necesitas algo más profundo que los intereses compartidos y la atracción mutua. Necesitas algo más que habilidades de supervivencia matrimonial. Necesitas algo que le dé paz a tu corazón y fuerza a tu resolución cuando no te sientas romántico y tus problemas te estén abatiendo.
Todos los matrimonios se convierten en algo que los esposos no querían que fuese. Tu vas a tener que lidiar con cosas que no planeaste enfrentar. En cada matrimonio el pecado complica lo que de otra manera sería simple. En cada matrimonio este mundo quebrado hace las cosas más complicadas y difíciles. En cada matrimonio la euforia del romance se desvanece y es reemplazada por un amor más sólido y maduro, o el egoísmo del pecado reduce el matrimonio a un estado de letargo relacional.
¿Qué haces cuando tu matrimonio se convierte en lo que no debería ser? ¿Qué haces en los momentos cuando no te sientes tan atraído a tu esposa? ¿Hacia dónde miras cuando estás irritado, herido o desanimado? ¿Qué buscas? ¿Hacia dónde corres?
BASADO EN LA ADORACIÓN
¿Qué es entonces lo que te motiva a continuar cuando los pequeños problemas se te han metido en la piel o los grandes problemas te han dejado devastado? ¿Cómo es que se produce un matrimonio de amor, unidad y entendimiento sólidos? Creo que la respuesta que estoy por dar va a sorprender a muchos. Aquí está: un matrimonio de amor, unidad y entendimiento no basado en el romance; sino enraizado en la adoración. Ahora pues, puedes ser capaz de leer todas las palabras, pero sin poder entender la profundidad del significado de este principio.
¿Qué significa decir que un matrimonio está “basado en la adoración”? La palabra adoración es compleja. Cuando la persona promedio escucha la palabra adoración piensa en una reunión donde hay himnos, ofrenda y un sermón. Pero hay una verdad bíblica envuelta en esta palabra que es vital entender si alguna vez vas a descifrar por qué tienes conflictos en tu matrimonio y cómo esos conflictos podrán ser solucionados. La adoración es tu identidad antes de ser tu actividad. Tú eres un adorador, de modo que todo lo que piensas, deseas, escoges, haces o dices está moldeado por la adoración. Simplemente no hay una explicación más profunda que ésta del por qué la gente hace lo que hace; y una vez que lo entiendes se te abren puertas que nunca antes se te habían abierto para entenderte a ti mismo y para cambiar. Déjame explicarlo.
Cuando la Biblia enseña que somos adoradores (ver Romanos 1:19-25), no está hablando sobre una función religiosa separada de los otros aspectos de nuestras funciones regulares. No, al llamarnos adoradores, la Biblia nos ofrece una perspectiva radical sobre la motivación humana fundamental. Puesto que no eres un animal que funciona por instinto, las cosas que haces y dices son producidas por una cierta clase de propósito. En otras palabras, ya sea que tus palabras y acciones tengan o no sentido en la superficie, tú has actuado o hablado por una razón. La razón más general y fundamental para hacer lo que haces es la adoración. Probablemente estás sintiendo que este enfoque necesita una explicación más amplia.
Piensa sobre esto. ¿No es interesante que algunas de las cosas que te irritan no le molestan para nada a tu esposa? ¿Por qué algo que a ti te deleita, tu esposo o esposa puede vivir fácilmente sin ello? ¿Por qué hay algunas cosas que son mucho más importantes para ti que otras? ¿Y por qué es que tu lista de lo que es importante no concuerda completamente con la de tu esposo? ¿Por qué hay cosas que te enojan (ciertos momentos, lugares, situaciones, relaciones, etc.) y ciertas que te animan? Bueno, todas estas cosas están conectadas con la adoración.
Cuando la Biblia dice que somos adoradores, quiere decir que cada ser humano vive para algo. Todos nosotros estamos excavando en busca de un tesoro. Todos buscamos algún sueño. Detrás de todo lo que hacemos hay alguna clase de esperanza. Todos están en la búsqueda constante de la vida. Tal vez estás pensando, “Paul, entiendo todo esto, pero no entiendo cómo me ayuda a entender mi matrimonio.” Déjame llevarte más allá.
Ser un adorador implica que conectas tu identidad, tu significado, tu propósito y tu sentido interno de propósito a algo. Esas cosas las vas a conseguir ya sea verticalmente (del Creador) u horizontalmente (de la creación). Esto tiene que ver por completo con lo que un matrimonio llega a ser. Ningún matrimonio deja de ser afectado cuando los cónyuges están buscando conseguir en la creación lo que solo se puede lograr en el Creador.
La comodidad se había convertido en el dios funcional de Jenny. No, no había dejado de ir a la iglesia. Amaba los servicios de adoración del domingo y le encantaba la predicación del pastor, pero la comodidad era lo que gobernaba su corazón. Conseguía su comodidad haciendo de su casa un museo donde exhibía su habilidad doméstica. Tenía mil revistas de decoración. Siempre estaba decorando o remodelando. Limpiaba sin cesar y era obsesivamente pulcra. Se decía a sí misma que quería hacer de su casa un lugar hermoso para su familia, pero lo que la movía no era su interés por su familia. Ella había atado su identidad, su sentido interno de bienestar, a la belleza de su casa.
Jenny nunca estaba realmente relajada en su casa; tampoco lo estaba su esposo ni su familia. No quería que nadie anduviera con zapatos en la casa. Se irritaba ante cada indicio de desorden y le reclamaba a quien pensara que era el culpable. En un momento de enojo, su esposo lo expresó bien: “Jenny, ya no tenemos una casa a donde llegamos. Este lugar ya no es nuestra casa; es tu museo ¡Cada vez nos sentimos menos bienvenidos aquí!”
Tito había ligado su identidad al éxito. No tenía idea de que lo que estaba supuesto a obtener del Creador lo estaba buscando en la creación, pero eso es exactamente lo que estaba haciendo. El lugar donde Tito buscaba el éxito que lo motivaba a levantarse por la mañana era su trabajo. Tito era bueno para lo que hacía; mientras más lo hacía, mejor era, y mientras mejor era, recibía más dinero y poder. Todo era muy emocionante e intoxicante. Era como si estuviese viviendo un sueño. El trabajo no era perfecto de ninguna manera, pero le daba una razón para levantarse por la mañana.
Pero con cada nueva promoción la presión crecía y las horas se alargaban. Cuando Tito llegaba a casa, mucho después de que su esposa e hijos habían cenado, a él le quedaba poca energía para su familia. Pero algo aún más profundo estaba sucediendo. Puesto que Tito encontraba su valor como persona en su trabajo, cuando dejaba su trabajo para ir a su casa, él estaba dejando lo que le daba valor. Su matrimonio realmente existía fuera de su círculo de valor. Así que, aunque Tito diría que amaba a su esposa, no le entusiasmaba llegar a su casa después del trabajo. Fácilmente se irritaba y era con frecuencia un no-participante en lo que allí sucedía.
Adriana ataba su sentido y propósito a Carlos. Ella no lo sabía, pero él se había convertido en su mesías personal. Ella diría que él era todo lo que había deseado en un esposo. Tu pensarías que eso significaba que siempre estaría feliz y satisfecha en su matrimonio, pero la verdad era lo contrario. Adriana vivía permanentemente insatisfecha. Se levantaba cada mañana y se subía en la montaña rusa de cada acción, reacción, o respuesta que Carlos tenía hacia ella. Le ponía demasiada atención al tono de su voz, a la expresión de su rostro y a su lenguaje corporal. Aun la cosa más pequeña tenía el potencial de arruinar su día. No solo estaba enfocada en como Carlos le respondería, sino que observaba estrechamente como él le respondía a otras mujeres. Para Carlos, su matrimonio era como un examen final, y él sentía que siempre era reprobado. Todo era muy agobiante y desagradable. Carlos necesitaba una razón para continuar.
He llegado a convencerme más y más que los matrimonios deben establecerse verticalmente antes de hacerlo horizontalmente. Tenemos que enfrentar lo que nos mueve antes de lidiar con la manera que reaccionamos el uno al otro. Toda relación es victimizada en alguna manera cuando buscamos en las criaturas lo que por diseño solo podemos conseguir en Dios. Cuando Dios está en su justo lugar, estamos en camino de poner a la gente en su justo lugar. Pero hay más. Estoy convencido de que solo en la adoración a Dios en nuestro matrimonio podemos encontrar una razón para continuar.
¿COMO LUCE UN MATRIMONIO BASADO EN LA ADORACIÓN
A DIOS?
Pablo dijo algo asombroso en Gálatas 5:14: Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” He pensado acerca de esto muchas veces. Si yo hubiese escrito estas palabra, “toda la ley en esta sola palabra se cumple,” creo que habrían sido seguidas por, “amarás a Dios sobre todas las cosas.” Pero esto no es lo que Pablo escribió. ¿Cómo es que el amor al prójimo resume todo lo que Dios nos ha llamado a hacer? El principio integrado en estas palabras es increíblemente práctico e instructivo cuando los comprendes. Es solo cuando yo amo a Dios sobre todo, que voy a amar a mi prójimo como a mí mismo. Fundamentalmente, las dificultades en nuestros matrimonios no vienen por no amarnos suficiente el uno al otro. Suceden porque no amamos suficiente a Dios; y por no amar a Dios suficiente, no nos tratamos el uno al otro con la clase de amor que hace funcionar los matrimonios.
Considere los Diez Mandamientos: es solo cuando guardamos los primeros cuatro mandamientos (que tienen que ver con la adoración a Dios) que guardaremos los últimos seis mandamientos (que tienen que ver con el amor a nuestro prójimo). El amor horizontal sólido siempre comienza verticalmente. Una vida que se centra en la otra persona de manera permanente y perseverante no fluye de una atracción romántica, de compatibilidad de caracteres o de estilos de vida similares. Es solo cuando vivo una vida de adoración a Dios celebratoria y reposada que dejo de tomarme demasiado seriamente a mí mismo y soy libre para servir y celebrar a otros.
Probablemente ya agoté tu paciencia y estarás pensando, “¡vamos Paul, ve al punto y ayúdame a entender cómo luce esto!” La adoración que te da un amor marital sólido y una razón para continuar fluirá de tres maneras en las que debes adorar a Dios.
1) Un matrimonio de amor, unidad y entendimiento fluirá de una cotidiana adoración a Dios como Creador.
Es solo cuando miras a tu esposa y vez en ella la gloria creativa y artística de Dios que la tratarás con la dignidad y el respecto que un matrimonio sano requiere. Dios creó cada aspecto de tu persona. Él administró cada elección de tu constitución. Determinó cuán alto serías, si tendrías la tendencia a ganar peso, cuál sería el color de tus ojos, la textura de tu pelo, la forma de tu nariz, el tamaño de tus manos, el tono de tu voz, tu personalidad innata, tus dones naturales, el tono de tu piel, el grado natural de tu físico y atletismo, o si serías metódico, analítico o relacional. Tú no escogiste ninguna de estas cosas. No te levantaste a los seis meses y dijiste, “creo que cuando crezca seré un tipo metódico,” o “voy a ocuparme en desarrollar una nariz larga y delgada porque eso beneficiará la simetría de mi rostro.”
Todas estas cosas fueren hechas por el divino artista que tiene una infinita creatividad. Pero hay momentos en nuestro egoísmo, cuando la otra persona interfiere en lo que queremos, que desearíamos subirnos al trono del creador y re-crear a nuestro esposo o esposa conforme a nuestra propia imagen, o al menos conforme a la imagen de alguien con quien sería más fácil vivir. La esposa relacional quiere cambiar a su esposo metódico en un clon de ella. El esposo analítico quiere re-crear a su esposa emocional en una pensadora desapasionada como él. El esposo se irrita por la voz chillona de su esposa o la esposa se impacienta por la lentitud con que su esposo hace las cosas.
De manera sutil o no tan sutil, todos cuestionamos al Creador, y al hacerlo deshonramos y faltamos al respecto a nuestro esposo o esposa. Terminamos criticando a nuestro cónyuge por cosas que él o ella no eligió. Terminamos pidiéndole que cambie en áreas donde simplemente no es posible. Yo no me puedo hacer más alto. No puedo alterar el rango natural de las características personales con que Dios me creó.
Cuando celebramos al Creador, nos vemos el uno al otro con asombro y gozo. Cuando ves a tu cónyuge y ves la gloria del Creador, te sientes bendecido por las formas en que es diferente. Te causa asombro y eres respetuoso de las experiencias y perspectivas que ha traído a tu vida y que nunca abrías tenido sin ese cónyuge. Y buscas maneras de expresar tu honor por tu cónyuge y por lo que los dedos del Creador hicieron.
2) Un matrimonio de amor, unidad y entendimiento fluirá de una adoración diaria a Dios como soberano.
¡Probablemente ya habrás notado que tu vida no es conforme al plan que tú tenías! La semana pasada no salió como la habías planeado. Cada una de nuestras historias está siendo escrita por otros. Piensa esto: quince años atrás no podrías haber escrito sobre la situación en que te encuentras ahora mismo mientras lees este libro. Igualmente, tu matrimonio es un drama en desarrollo escrito por el sabio control de un Dios amante y soberano.
Yo fui confrontado con esto el primer momento de mi relación con Luella. Estaba de pie detrás de ella en la línea del almuerzo de un nuevo año en la universidad. La línea era en un campus universitario en Carolina del Sur. Luella había sido criada en Cuba y yo en Toledo Ohio. No hay manera posible que hubiésemos podido controlar todas las cosas que tenían que ser controladas para garantizar que estaríamos en esa línea juntos, no solo el mismo día sino el mismo momento preciso durante el día.
Dios controló todo el proceso. El controló todas las influencias culturales que nos formaron. Controló todos los valores familiares que ayudaron a formarnos. Controló todas las situaciones, lugares y experiencias que ayudaron a conformar las formas particulares en que pensamos y en que respondemos a la vida.
Nosotros traemos al matrimonio todas esas influencias culturales y familiares, de modo que venimos con una lista de suposiciones que no son las suposiciones de nuestro cónyuge. Venimos con expectativas culturales que no son las expectativas de nuestro cónyuge. Venimos con horarios y expectativas sobre gustos, y relaciones que la otra persona no tiene. Uno espera que la cena sea un momento apresurado de ingesta alimenticia, mientras el otro espera que sea un tiempo sereno para comer y conversar. A uno no le importa si la casa se mantiene desordenada, mientras el otro está entrenado a esperar y mantener un ambiente nítido. En una familia, las reglas del esposo y la esposa eran definidas y evidentes; en la otra familia las reglas eran imprecisas. Una familia pensaba sobre el dinero como algo que hay que gastar, la otra pensaba como algo que hay que ahorrar. Podríamos multiplicar un ejemplo tras otro.
No se requiere mucho tiempo de matrimonio para darse cuenta que tu esposo no comparte tus instintos. Al llegar a ese punto, puedes adorar a Dios como soberano y celebrar la forma diferente en que tu esposo ve el mundo y con lo cual te ha bendecido, o lo deshonras tratando de re-escribir su historia. Por ejemplo, la casa en que vives no debería ser el reflejo de solo uno de ustedes. Debería ser una hermosa mezcla de las sensibilidades soberanamente producidas de ambos. Muchos esposos y esposas llevan con ellos el dolor de la deshonra y la falta de respeto que resulta cuando su cónyuge se ha burlado o denigrado su manera de hacer las cosas o rechaza su familia y su manera de relacionarse o hacer las cosas.
Pero cuando comienzas a celebrar la soberanía de Dios y cómo Él te formó y te unió a tu esposo para Su gloria y tu bien, dejas de irritarte por sus diferencias y comienzas a celebrar cómo tu vida ha sido enriquecida por ellas. Como resultado, no solo darás lugar a las cosas que caracterizan a tu cónyuge, sino que lo honrarás en lo que hagas y digas cuando seas confrontada con el hecho de que tú haces de manera diferente las mismas cosas.
3) Un matrimonio de amor, unidad y entendimiento brotará de una adoración diaria a Dios como Salvador.
No hay área más importante que ésta. No hace falta mucho para darte cuenta que te casaste con una persona pecadora, y lo que hagas cuando descubras esto determinará el carácter y la calidad de tu unión. Solo responderás de manera correcta, compasiva y beneficiosa al pecado, debilidades y conflictos de tu cónyuge si celebras la gracia transformadora de un Redentor siempre presente y siempre fiel.
Tu no puedes permitir que tus respuestas a tu cónyuge en esos momentos sean causadas por tu dolor o tu sentido de justicia propia. Deben ser causadas por la adoración. ¿Qué significa esto? Bueno, primero, significa que cuando celebras a Dios como Salvador, te confrontas con la realidad de cuán desesperadamente necesitamos de su gracia. Esto hace imposible que mires a tu cónyuge como el único pecador en la habitación o como más pecador que tú. El hecho es que nadie da más gracia que quien está convencido que la necesita también.
Adorar a Dios como Salvador también significa que encontrarás gozo en ser parte de la obra de gracia que Dios se ha comprometido incesantemente a hacer en la vida de tu cónyuge. Así que cuando tu cónyuge falla, no le vas a lanzar su pecado en la cara. No le vas a hacer sentir culpable de cuán difícil te ha hecho la vida por su pecado. No usarás sus pecados en su contra. No guardarás un registro detallado de sus faltas en tu contra. Más bien buscarás maneras de encarnar la gracia transformadora del Salvador. Estarás listo para motivarle cuando falle y restaurarle cuando caiga sin tratarle como a alguien menos justo que tú.
UNA RAZÓN PARA CONTINUAR
¿Dónde vas a encontrar razones para continuar trabajando en tu matrimonio en los momentos decepcionantes cuando más se necesitan esas razones? Bueno, no las vas a encontrar en tu cónyuge. Ella o él comparte tu condición; tu cónyuge es aún una persona defectuosa necesitada de la gracia transformadora de Dios. Todavía vives en un mundo que está gimiendo y quebrantado. No vas a encontrar esas razones en estrategias y técnicas superficiales; tus conflictos son más profundos que eso. Solo vas a encontrar esas razones mirando hacia arriba.
Cuando tu corazón descansa en la maravillosa sabiduría de las decisiones hechas por el poderoso Creador te das a ti mismo una razón para continuar. Cuando tu corazón celebra las miríadas de cuidadosas decisiones que fueron hechas para compilar las historias personales de ambos, te das a ti mismo otra razón para continuar. Cuando tu corazón se llena de gratitud por la asombrosa gracia que ambos han recibido y siguen recibiendo, te das a ti mismo otra razón para continuar. No estás sola. Tu Señor, el creador, gobernador y transformador de todo, está aun contigo. Él ha unido tu historia y la de tu cónyuge y las ha colocado directamente en el centro de Su historia redentora. Mientras Él siga siendo el Creador, mientras sea soberano, y mientras sea el Salvador, ustedes tiene razones para levantarse por la mañana y amarse el uno al otro, aun cuando no son todavía aquello para lo cual fueron creados.
COMPROMISO 1: Nos entregaremos a un estilo de vida de confesión y perdón.
COMPROMISO 2: Haremos del crecimiento y el cambio nuestra agenda diaria.
COMPROMISO 3: Trabajaremos unidos para formar un vínculo robusto de confianza.
COMPROMISO 4: Nos comprometeremos a cultivar una relación de amor.
COMPROMISO 5: Negociaremos nuestras diferencias con aprecio y gracia.
COMPROMISO 6: Trabajaremos para proteger nuestro matrimonio.
3.
¿EL REINO DE QUIÉN?
Gabriela había llevado siempre su sueño consigo como una piedra preciosa en una bolsa de terciopelo. A los doce años hojeaba las revistas hogareñas de su madre y se imaginaba su futura casa y familia. Cuando fue a la universidad ya sabía qué clase de casa y familia quería. Ella no estaba simplemente esperando ser feliz; ya sabía qué la haría feliz. No estaba consciente, pero en realidad cuando salía con hombres lo que estaba haciendo era comprar uno. Estaba buscando a ese hombre especial que la ayudaría a realizar su sueño. Así que mientras más conocía a Bernardo, mas se sentía atraída hacia él. Ella en verdad creía que se estaba enamorando, y a él le encantaba el hecho de que ella está loca por él.
Fue un cortejo rápido. Ni Gabriela ni Bernardo querían algo se interpusiera en su relación. Su boda, mientras estaban entre el tercero y cuarto año de la universidad, fue emocionante y hermosa. En verdad parecían la pareja perfecta. Gabriela era vibrante y amistosa, y Bernardo era administrativo y analítico; parecían complementarse perfectamente el uno al otro. Gabriela no podía creerlo. Recordaba el álbum que había hecho cuando niña. ¡Estaba a punto de vivir lo que había puesto en esas hojas!
Quedar embarazada de inmediato no era parte del sueño de Gabriela, pero tantas cosas habían tomado su lugar tan perfectamente que ella no dejó que esto le afectara. Le molestaba no poder graduarse con Bernardo, pero sabía que habría tiempo en el futuro para finalizar sus estudios. Bernardo no estaba preparado para la presión de trabajar y estudiar a tiempo completo al mismo tiempo, pero sabía que tenía que hacerlo. Ambos se asustaron al saber que Gabriela iba a tener gemelos. Gabriela estaba abrumada ante la idea de una familia tan súbita, pero no se lo podía decir a Bernardo. Simplemente no había tiempo en su cargada agenda para escuchar sus preocupaciones y sus quejas. Ambos adquirieron rutinas diferentes, mientras Gabriela trataba de convencerse a sí misma de que aún estaba encaminándose a vivir su sueño.
En el álbum que Gabriela había hecho de niña no había retratos de gemelos con cólicos, una casa pequeña, grandes deudas estudiantiles, ni un trabajo de principiante con bajo salario. Gabriela trataba de no deprimirse, pero lo estaba. Su casa no tenía patio y el interior era tan pequeño que lucía desordenada todo el tiempo. La vida parecía consistir no más que en levantarse por la mañana, trabajar todo el día, ir a la cama, levantarse por la mañana y volver a lo mismo de nuevo. Pero la decepción de Gabriela era más profunda que su entorno material y que su ocupada agenda. Ella estaba decepcionada de Bernardo.
La forma en que él veía la vida le había sido tan útil durante su cortejo; ahora solía irritarla más que interesarle. Parecía que Bernardo estaba perennemente insatisfecho con la desorganización de la vida que vivían juntos. Él se quejaba constantemente de lo desordenado de la casa y siempre le estaba diciendo a Gabriela como podía ser más eficiente. Para Gabriela él parecía frío, distante y constantemente a punto de enojarse.
Bernardo también tenía conflicto. Gabriela parecía más interesada en hablar por horas en el teléfono que en cuidar de sus hijas y de la casa. Él estaba cansado de ver a aquella mujer que era tan hermosa viviendo ahora en sudadero y luciendo como si se acabara de levantar. Sabía que era ofensivo pensar estas cosas, pero lo hacía. Parecía que Gabriela raramente tenía lista la cena cuando él llegaba a la casa y nunca parecía ser capaz de acostar a las niñas temprano.
Gabriela se preguntaba silenciosamente a dónde se había ido el hombre que la había atraído. Bernardo podía vestirse como quisiera en su trabajo, y lo hacía. No tenía tiempo para hacer ejercicio y frecuentemente parecía comer a la carrera, así que comenzó a engordar. Con seguridad, él ya no era tan atento y amable como lo había sido en el cortejo. Para Gabriela se hizo más y más difícil convencerse de que esto era parte de su sueño. Los hechos eran los hechos, y Gabriela no podía evadirlos. La vida era dura e iba a ser así por un tiempo.
Al principio, Gabriela y Bernardo se unieron y trataron de salir adelante juntos, pero eso no duró. Gabriela estaba muy decepcionada por lo que su vida había llegado a ser y por cómo Bernardo la trataba. Bernardo estaba frustrado de que a pesar de sus intentos por ayudar a Gabriela, ella simplemente no quería cambiar. La desdicha silenciosa que ambos sentían no permaneció silenciosa mucho tiempo. Comenzó con breves comentarios para infligir culpa y leves observaciones de insatisfacción. Al poco tiempo cayeron en un patrón de altercados regulares. Ambos tenían mucho que decir y ninguno parecía dispuesto a escuchar. Mientras más discutían, más crecía la opinión negativa que tenían el uno del otro y de su matrimonio. Ninguno de los dos olvidará jamás la noche cuando Gabriela algo que los dejó marcados. Hacía tiempo que se veía venir, pero fue difícil seguir adelante una vez que se dijo.
Ella lanzó las palabras una noche en que Bernardo llegó tarde a casa, a pesar de que las gemelas estaban enfermas y que Gabriela estaba exhausta. “Creo que cometí un gran error Bernardo. Cada día se me hace más difícil no lamentar haberme casado.” Eso cortó a Bernardo como un cuchillo. Ella sabía cuán duro él había trabajado por ella; sabía todas las cosas a las que él había renunciado por ella, ¡y ésta era su forma de darle gracias!
El próximo día fue difícil para Bernardo venir a casa del trabajo. Era difícil tener que vivir con alguien que no quería realmente estar con él. Era difícil para Gabriela también; su sueño se había convertido en una pesadilla, y no sabía qué hacer.
UNA BATALLA MAS PROFUNDA
Pobres Gabriela y Bernardo – tan heridos, tan confusos, y deseando tanto volver el reloj atrás, pero ellos no sabían qué estaba pasando y cuál era el problema. Es duro arreglar algo que no entiendes, y más duro aún cuando piensas que tu problema es realmente la otra persona. Mientras Bernardo manejaba hacia el trabajo el próximo día, repasa las cosas buenas que había hecho para Gabriela. La terraza que le había hecho a la pequeña casa la hacía más visible. Las vacaciones, que realmente no podían costear, habían saneado algo la frenética vida de Gabriela con las gemelas. Su disposición a trabajar en casa los viernes había complicado su vida laboral, pero estaba dispuesto a hacerlo por Gabriela. Él no podía creer la forma en que ella había estado actuando, y era aún más difícil creer que había dicho esas cosas.
Gabriela estaba herida también. Se pasó la mayor parte del próximo día en una espiral emocional. Si, lavó alguna ropa y cuidó de las necesidades de las gemelas, pero realmente no estaba allí. Cuando derramó el café, comenzó a llorar y le costó dejar de hacerlo. ¡No se supone que fuera así! La vida con Bernardo era todo lo que había deseado. Podía aceptar el embarazo no esperado. Podía aceptar la casa pequeña. Podía aceptar las largas horas de Bernardo. Pero su frialdad y constante irritación eran cosas que nunca pensó que tendría que enfrentar. Simplemente no les encontraba sentido. Tal vez él lamentaba haberse casado con ella. Tal vez estaba teniendo una aventura amorosa. Quizás él quería separarse y no sabía cómo decírselo. Su mente estaba agitada y su corazón quebrantado, pero no sabía qué hacer.
Tristemente, muchas parejas han arribado a este punto. Sí, los detalles son diferentes, pero han llegado allí de todas formas. La dulzura se ha evaporado de su matrimonio. La amistad se ha disipado. La persona que cortejaron no parece ser la persona con la que viven ahora. Hay distancia, frialdad, impaciencia y conflicto que no estaban allí al principio. A veces una pareja se ajusta a la guerra fría, a veces se ajusta a una tregua marital, y a veces se provocan el uno al otro como si buscaran una oportunidad para expresar su insatisfacción. A veces se vuelve una guerra frontal. A veces se esconden detrás de sus ocupaciones. Tristemente, muchas parejas simplemente se separan sin nunca entender lo que le sucedió a esa relación que una vez les trajo tanto gozo.
Son pocas las parejas que entienden lo que se necesita entender para que un cambio permanente tome lugar en su matrimonio. Ellas piensan que la batalla es con su cónyuge, o que las circunstancias en que se encuentran son las que tienen que cambiar. Pero he aquí la realidad: todas las batallas horizontales son el fruto de una guerra más profunda. La guerra más importante, la que se debe ganar, no es la que tiene el uno con el otro, sino la guerra que se libra dentro de cada uno individualmente. La victoria en esta guerra se trata de un verdadero cambio.
¿ATRACCIÓN O AMOR?
La manera de comenzar a entender esta guerra más profunda es mirando al inicio del cortejo y del matrimonio de las parejas. Considerar el inicio de la relación entre Gabriela y Bernardo nos ayudará aquí. Déjeme sugerir algo que molestará a algunos de ustedes, y que luego explicaré. Tal vez desde el mismo principio, lo que Gabriela y Bernardo prensaron que era amor, no era amor. Ahora, para ayudarlo a entender esta posibilidad, tengo que llevarlo por un pequeño recorrido bíblico.
He escrito antes acerca de lo que 2 Corintios 5.14-15 dice sobre la naturaleza fundamental del pecado, pero pienso que es particularmente útil aquí. El pasaje dice, “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” El apóstol Pablo resume aquí lo que el pecado nos hace a todos. El pecado se vuelve contra nosotros. Hace que empequeñezcamos nuestras vidas según los estrechos confines de nuestro pequeño auto definido mundo. Nos hace empequeñecer nuestro foco, motivaciones e intereses conforme al tamaño de nuestros deseos, necesidades y sentimientos. Hace que nos centremos extremadamente en nosotros mismos y en nuestra importancia. Hace que lo que más nos ofenda sean las ofensas contra nosotros mismos y que lo que más nos interese sean nuestros propios intereses. Hace que nuestros sueños sean egoístas y que hagamos planes orientados hacia nosotros mismos. ¡Por causa del pecado, realmente nos amamos y tenemos un plan maravilloso para nuestras vidas!
Todo esto significa que el pecado es esencialmente antisocial. Realmente no tenemos tiempo para amar a nuestro cónyuge en el más completo sentido de la palabra porque estamos demasiado ocupados amándonos a nosotros mismos. Lo que realmente queremos es que nuestro cónyuge nos ame tanto como nosotros nos amamos y si él o ella está dispuesto a hacerlo tendremos una maravillosa relación. Así que tratamos de reclutar a nuestra esposa para que se someta voluntariamente a los planes y propósitos de nuestro claustrofóbico reino unipersonal.
Pero hay más. Puesto que el pecado es antisocial tiende a deshumanizar a la gente en nuestras vidas. Ellas dejan de ser el objeto de nuestro afecto voluntario, la gente a quien gozosamente amamos; en lugar de eso se convierten en una de dos cosas. O vehículos que nos ayudan a conseguir lo que queremos u obstáculos obstruyendo el camino de lo que queremos. Cuando tu cónyuge cumple las demandas de tus deseos, necesidades y sentimientos, te emociona y la tratas con afecto. Pero cuando se convierte en un obstáculo que obstruye tus deseos, necesidades y sentimientos, te cuesta esconder tu decepción, impaciencia e irritación.
Es aquí donde viene otra elocuente observación bíblica. Es que nosotros somos gente orientada hacia un reino. Vivimos siempre al servicio de uno de dos reinos. Vivimos al servicio de la pequeña agenda de la felicidad personal de nuestro propio reino, o vivimos al servicio de la grandiosa agenda del Reino de Dios donde está el origen y el destino de la creación. Cuando vivimos para nuestro propio reino, nuestras decisiones, pensamientos, planes, acciones y palabras son dirigidos por el deseo personal. Nosotros sabemos lo que queremos, dónde lo queremos, por qué lo queremos, cómo lo queremos, cuándo lo queremos y quién preferiríamos que nos los entregue. Nuestras relaciones son conformadas por una infraestructura de expectativas sutiles y silenciosas demandas. Sabemos lo que queremos de la gente y cómo conseguir que nos lo den.
Piensa en Gabriela. Ella no estaba enojada porque Bernardo había quebrado las leyes del Reino de Dios. Ella no se sentía agraviada porque él estaba obstruyendo lo que Dios quería realizar en y a través de su matrimonio. No, Gabriela estaba herida y enojada porque Bernardo había quebrado las leyes de su reino. En este lado del cielo, se pelea una constante guerra en nuestros corazones entre el reino de nuestro ego y el Reino de Dios. Cada batalla que tú tienes con otra gente es el resultado de esa guerra más profunda. Cuando estás perdiendo esa guerra, vives para ti mismo e invariablemente terminas en conflicto con tu cónyuge.
Tal vez estas dos perspectivas nos digan mucho más de lo que podríamos pensar sobre el inicio de la relación de Gabriela y Bernardo. Quizás lo que ellos pensaban que era amor en realidad no era amor sino algo muy diferente disfrazado de amor. Recuerda, Gabriela había tenido toda su vida sueños muy específicos sobre el matrimonio y la familia. Aunque no se daba cuenta, ella estaba buscando al hombre que sería la pieza perdida del rompecabezas que era el sueño de su vida. Bernardo parecía ser esa pieza, y ella no tendría que sacrificar nada para que encajara. Desde el primer día ella se sintió poderosamente atraída hacia Bernardo. No podía esperar verlo otra vez. Le encantaban sus ingeniosos mensajes de texto. Le hacía feliz imaginarlo en medio de sus sueños maritales. Se aferraba a cada palabra mientras hablaban sobre su futuro. Gabriela sabía meses antes de que él le preguntara que su respuesta a su proposición sería sí. Estaba convencida de que, por primera vez, estaba profundamente enamorada.
Bernardo no había salido con muchas muchachas, así que era difícil que no le gustara la atención que le daba Gabriela. Las tarjetas cursis no eran su estilo pero eran el estilo de Gabriela. Ella lo escuchaba, respetaba su opinión y disfrutaba su compañía, ¿Cómo no habría de gustarle eso? Mientras más estaba con ella, más atraído se sentía. Le encantaba que ella fuera a recogerlo a medianoche después de la clase que tenía al salir del trabajo. Le daba risa lo específico que eran sus sueños para el futuro, pero le gustaba. Parecía lógico que debían casarse. Podría casarse con Gabriela y seguir siendo él mismo; él lograría su sueño y Gabriela también. Todo era muy atractivo.
En la superficie parecía maravilloso, pero quizás ése era el problema. No había duda que Gabriela y Bernardo se sentían muy atraídos mutuamente y que esta atracción producía un fuerte afecto. Eso era en sí mismo algo hermoso. La pregunta es si lo que estaban experimentado era amor. ¿Sería que Gabriela se sentía atraída a Bernardo no porque ella lo amaba a él sino porque él amaba a Gabriela? ¿No era que su atracción era mucho más orientada a sí misma de lo que se daba cuenta? Lo que parecía amor podría haber sido realmente la emoción de que este hombre se ajustaba plenamente al sueño de su vida que siempre había abrigado.
He aconsejado muchas parejas a punto de casarse como Bernardo y Gabriela. La emoción de estar juntos era tanta que costaba que me pusieran atención para prepararlos para el matrimonio. Estaban convencidos de que nunca tendrían problemas. Estaban seguros de que nada jamás sofocaría los sentimientos que tenían el uno por el otro. Estaban persuadidos que eran la pareja perfecta. Se sentaban en el sillón agarrados de las manos, mirándose el uno al otro con ojos vidriosos mientras procuraba advertirles que ellos eran gente defectuosa casándose con gente defectuosa. Pero siempre les era difícil tomarme en serio.
La orientación egocéntrica del pecado puede producir una atracción poderosa hacia otra persona, pero esa atracción no debe ser confundida con el amor porque no puede hacer lo que el amor hace cuando la atracción muere. Y la muerte de los sueños le sucede a toda pareja. Ninguno de nosotros logra su sueño como lo soñó, porque ninguno escribe su propia historia. Dios en su amor, escribe una mejor historia de lo que nosotros podríamos escribir. Él tiene un mejor sueño de lo que podríamos concebir. Él sabe mucho mejor lo que es mejor para cada uno. Nos puede llevar a lugares que nunca intentamos porque al hacerlo así somos transformados conforme a lo que los destinó a ser en Cristo.
¿Podría ser que a medida que Gabriela y Bernardo comienzan a enfrentar la dura realidad de la muerte de sus sueños, individuales y compartidos, su conflicto no es que están luchando por amarse sino que se les está dando la oportunidad de amarse más de lo que lo hicieron jamás? Es cuando la atracción se desvanece, cuando los defectos brotan y los sueños mueren, que el verdadero amor tiene su mejor oportunidad de germinar y crecer. Para Gabriela y Bernardo, este triste y decepcionante momento no es el fin de todo, sino el inicio de algo maravilloso. Podríamos decir que Dios los tiene ahora donde los quería. Su atracción ya no se basa en deseos centrados en ellos mismos. Ya no se aferran a su sueño, porque este se desvaneció frente a sus mismos ojos. Se sienten heridos y temerosos porque lo que impulsaba su relación se ha ido y no saben qué hacer. Pero esto no es derrota; es una oportunidad para escapar del pequeño espacio del reino de ellos mismos y comenzar a disfrutar la belleza y los beneficios del Reino de Dios. Lo que parece ser amor puede no ser amor, y cuando Dios lo revela, es una cosa muy buena. Lo que le sucedió a Gabriela y Bernardo no sucede porque Dios estaba ausente de su matrimonio. No, sucedió, precisamente porque Dios estaba presente, rescatándolos de sí mismos y dándoles lo que ellos no podían producir por sí mismos.
El matrimonio de Gabriela y Bernardo no murió; el sueño ególatra sí, y cuando esto sucedió, el amor sólido, satisfactorio, centrado en el otro, honroso a Dios y perseverante, comenzó a crecer. Su vida juntos no luce para nada como el sueño que una vez tuvieron, pero se aman más que nunca y están muy agradecidos de que Dios quiere para ellos algo mejor de lo que ellos querían.
¿EL CARRUAJE ANTES QUE EL CABALLO?
Es tentador pensar que tal vez Dios se equivocó. Quizás Él puso el carruaje antes que el caballo. Piensa: ¿no se habría evitado mucho quebranto, conflicto, heridas y decepción si Dios hubiese hecho las cosas de otra manera? ¿Por qué tenemos que casarnos con gente imperfecta? ¿Quién no se querría casar con una persona perfeccionada? ¿No haría esto que el matrimonio fuese fundamentalmente más fácil y placentero? Tal vez Dios confundió las cosas.
Ahora, la razón por la que solemos pensar así es precisamente porque somos tan cautivos de nuestro propio reino. Somos atraídos por el orden, la previsibilidad, la comodidad, la facilidad, el placer, la estima, la diversión y la felicidad personal. Estas cosas no son malas en sí mismas, pero no deben controlarnos. Tenemos conflicto con el plan de Dios porque, a nivel terreno, nosotros en realidad no queremos lo que Dios quiere. Queremos lo que nosotros queremos, y queremos que Él nos lo dé. Pero ése no es el plan. Dios no nos da su gracia para que nuestro reino trabaje; Él nos la da para invitarnos a un Reino muchísimo mejor.
Piensa en la persistencia de tu apego a los propósitos de tu propio reino. Déjame ayudarte a ver a lo que me refiero. Piensa en cuán poco de tu enojo durante el último mes tenía que ver algo con el Reino de Dios. Tu cólera raramente brota del celo por los planes, propósitos, valores y llamado del Reino de Dios. Cuando te sientes herido, enojado o decepcionado por tu esposa no es porque ella ha quebrado las leyes del Reino de Dios y eso te afecta. No, con frecuencia tu enojo se debe a que tu esposa ha quebrado las leyes de tu reino. Ella se ha interpuesto frente a lo que tú quieres y eso te ha enfurecido y te mueve a hacer o decir algo que someta a tu esposa de nuevo al servicio de tus deseos, necesidades y sentimientos.
Pero la gracia de Dios viene para demoler eso. Su gracia se propone exponer y liberarte de la esclavitud a ti mismo; quiere acabar contigo para que comiences finalmente a poner tu identidad, significado, propósito y sentido de bienestar interior en Él. Por eso te coloca en una relación integral con otra persona imperfecta en un mundo imperfecto. Es más, Él diseña las circunstancias que tú nunca habrías diseñado para ti mismo. Todo esto para llevarte al fin de ti mismo porque es allí donde comienza la verdadera justicia. Él quiere que te rindas; quiere que abandones tu sueño; quiere que enfrentes la futilidad de tratar de manipular a la otra persona para tu servicio. Él sabe que la vida no se encuentra en estas cosas.
¿Qué significado práctico tiene esto? Significa que las dificultades que enfrentas en tu matrimonio no son una evidencia del fracaso de la gracia. No, estos problemas son gracia. Ellos son herramientas que Dios usa para acosarnos y sacarnos de los entorpecedores confines del reino del yo, para que seamos libres para disfrutar las glorias celestiales del Reino de Dios. Esto significa que tú y yo nunca entenderemos nuestros matrimonios y nunca estaremos satisfechos en ellos hasta que entendamos que el matrimonio no es un fin en sí mismo. No, la realidad es que el matrimonio ha sido diseñado por Dios como un medio para un fin. Cuando lo conviertes en el fin, suceden cosas malas. Pero cuando comienzas a entender que es un medio para un fin, comienzas a disfrutar y ver valor en cosas que antes no eras capaz de disfrutar.
Cuando la guerra entre el Reino de Dios y el reino del ego, que se libra en el corazón de todos nosotros, no se gana, arrastramos nuestro matrimonio a los propósitos de nuestro diminuto reino. El problema es que nuestro cónyuge hace lo mismo. Así, que solo es cuestión de tiempo antes de que la devastación comience cuando nuestros pequeños reinos unilaterales colisionen.
Es solo cuando un esposo y su esposa viven intencional y gozosamente apegados a los planes, a los propósitos y al Señor del Reino, que su matrimonio puede realmente ser un lugar de unidad, entendimiento y amor. Libres de las agotadoras ansiedades por satisfacer la agenda de los deseos, necesidades y sentimientos del reino del ego, ahora pueden descansar en la bondad de Dios y amarse y servirse el uno al otro. El matrimonio es algo maravilloso que logra lo que fue destinado a ser solo a través de un arduo proceso.
Nuestro problema es que no nos gustan las dificultades de ningún tipo. Odiamos el dolor y repelemos el sufrimiento. Muchos de nosotros preferimos una vida fácil que una vida que honre a Dios. Así que antes de comenzar a pelear uno contra el otro, estamos realmente peleando contra Dios. Estamos peleando contra su plan y criticando su voluntad. Lo traemos a la corte de nuestro juicio y dictaminamos que no es amoroso ni sabio. Comenzamos a preguntarnos si lo que hemos creído es verdad y si vale la pena seguirlo. Al mismo tiempo, mientras nuestros corazones meditan en estas cosas, Dios está cerca y nos ama con un amor transformador. Cuidadosamente, Él nos trae al fin de nosotros mismos y nos está haciendo gente que encuentra gozo en amar a otros con la misma clase de amor sacrificial que Él nos ha dado.
Así que, mientras lees te pregunto: ¿Qué reino es el que da forma a tu matrimonio? ¿Qué reino define tu sueño? ¿Qué te hace realmente feliz? ¿Qué es lo que intensamente anhelas que sea tu matrimonio? ¿No será que lo que pensabas que era amor no era realmente el amor del Reino de Dios, centrado en el otro, para el servicio del otro? ¿No será que lo que realmente querías de la otra persona era que te amara tanto como tú te amas a ti mismo? ¿No será que tu enojo revela cuán celosamente apegado estás a los propósitos de tu propio reino? ¿No será que los problemas que enfrentas en tu matrimonio, tanto los pequeños como los grandes, no son estorbos sino oportunidades? ¿No será que cuando tú has pensado que Dios te a abandonado a ti y a tu matrimonio, Él ha estado muy cerca, dándote el mejor regalo de tu vida–Su gracia transformadora? Esta gracia te rescata de aquello de lo que tú no puedes rescatarte–tú mismo.
La reconciliación en tu matrimonio comienza cuando tú comienzas a reconciliarte con Dios. Comienza cuando comienzas a hacer esta oración radical: “Vénganos tu Reino, hágase tu voluntad justo aquí y ahora en este matrimonio, como se hace en el cielo.” ¡Cosas buenas suceden como resultado de esta oración!
COMPROMISO 1: Nos entregaremos a un estilo de vida de confesión y perdón.
COMPROMISO 2: Haremos del crecimiento y el cambio nuestra agenda diaria.
COMPROMISO 3: Trabajaremos unidos para formar un vínculo robusto de confianza.
COMPROMISO 4: Nos comprometeremos a cultivar una relación de amor.
COMPROMISO 5: Negociaremos nuestras diferencias con aprecio y gracia.
COMPROMISO 6: Trabajaremos para proteger nuestro matrimonio.
4.
DIA A DIA
Nunca olvidaré el momento. Era 1974 y Luella y yo estábamos en el primer nivel de la platea del teatro Forrest en Filadelfia. El teatro estaba lleno al final de la obra Godspell. Esta ya no era la audiencia de un teatro. Era una celebración, una fiesta. Estaban tocando y cantando la música de la obra una y otra vez. El aire estaba lleno de magia. La escena era electrizante. Las puestas estaban abiertas, pero nadie estaba interesado en irse. La historia del evangelio nos había transportado por un momento a otro lugar. Gente que no se conocía y probablemente nunca volverían a verse se agarraban de las manos unas a otras. Danzábamos, nos abrazábamos y reíamos. Fuimos llevados mas allá de nuestros temores e intereses personales. Estábamos celebrando una victoria que muchos ni entendíamos. Habíamos visto venir a la tierra a la Sabiduría y convertir a gente necia en héroes.
En ese momento único en la vida, todos cantamos la misma canción. La cantamos una y otra vez. Nadie en ese salón quería que esa canción terminara. Los músicos sonreían mientras la tocaban una vez más. Ellos sabían que quizás no volverían a experimentar eso de nuevo. Era como si sintieran que ellos no habían hecho que esto sucediera. Tal vez, por primera vez, estaban entendiendo de qué se trataba esa producción de la que habían sido parte por muchos meses.
Pensábamos que teníamos los mejores asientos en el teatro. Observábamos y veíamos una exuberancia que nunca habíamos visto y probablemente nunca volveríamos a ver hasta la eternidad. Mientras Luella y yo nos veíamos uno al otro, sabíamos que no necesitamos decir lo que estábamos pensando. Sabíamos lo que el otro sabía. Repentinamente, mi mente se hizo consciente con frescura de las palabras que estábamos cantando, palabras que toda la humanidad estaba supuesta a cantar. Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos. “Esto es para lo que fuimos hechos, de esto es de lo que se trata el evangelio, y solo la gracia es capaz lograrlo,” pensé mientras entonaba estas palabras con mi boca con la multitud que por el momento era como mi familia:
Día a día
Día a día
Amado Señor
Por tres cosas te ruego:
Verte claramente
Amarte intensamente
Seguirte fielmente
Día a día
No creo que sea posible tener una misión más apropiada para el matrimonio. Estoy profundamente convencido por la Escritura, por mi propia experiencia, y por las historias de otros que el matrimonio hay que afirmarlo verticalmente antes de poder rectificarlo horizontalmente. Antes de que puedas realmente ganar un terreno significativo en tu relación con tu cónyuge, un terreno real, donde tome lugar un cambio permanente, tú tienes que estar dispuesto a aceptar y tratar con lo que Dios dice sobre ti, tu esposa, tu mundo y Dios mismo – su propósito y su gracia. Estas cosas no son el enfoque de gente súper espiritual que quiere un matrimonio y además una gran espiritualidad. No; lidiar con estas cosas de manera que forme un cotidiano estilo de vida es el fundamento de un matrimonio como Dios lo diseñó y como El intenta hacerlo. Tú no puedes evitar enfrentar estas cosas más de lo que puedes evitar remover los árboles del terreno boscoso donde va a estar localizada tu nueva casa.
Lo que cantamos tan gozosamente esa noche fue mucho más que una canción, si bien la mayoría de la multitud no lo sabía. Era más bien un paradigma radical para una forma de vida que llena cada día con honestidad y esperanza. Las cosas a las que nos llama la letra de esta canción no son decisiones de una sola vez; están supuestas a ser compromisos cotidianos que se convierten en una manera regular de vivir la vida. Cuando los compromisos y las acciones que siguen son aplicados al matrimonio, algo muy simple, pero muy revolucionario sucede, y una vez sucede, nunca quieres volver atrás de nuevo.
LADRILLO A LADRILLO
Yo los había casado, así que fui yo quien recibió la llamada. Casi siempre es la esposa quien llama, y ella lo hizo porque se había visto forzada a enfrentar lo que en algún lugar recóndito de su mente sabía que era verdad – ella y su esposo eran pecadores. La llamada llega usualmente pocos días o semanas después de la luna de miel. Durante la luna de miel la naturaleza egocéntrica del pecado es opacada por la comida exótica y los hermosos paisajes, pero cuando la pareja regresa a la vida real, cotidiana, sin esas distracciones, se ven forzados a enfrentar lo que ellos y el matrimonio realmente son.
Siempre he pensado que este momento, cuando uno despierta a la realidad es una cosa muy positiva, aunque la persona que llama raramente se da cuenta. Usualmente la esposa entra en pánico; piensa que ha cometido un error, que su amor se acabó y que su vida va a ser una vida de tormento sin amor. Pero yo pienso que en este momento ella está por experimentar las cosas buenas que solo un matrimonio honesto puede experimentar. Está a punto de ser llevada mas allá de sí misma y eso la hará abandonar su sueño y le hará adoptar un mejor sueño y comprometerse a una serie de nuevos hábitos que no solo sanarán su matrimonio, sino lo harán algo mejor de lo que ella jamás concibió. El problema es que nada de esto es lo que ella esperaba.
Sara me llamó a las 6:30 de la mañana el día después de la ceremonia. Yo levanté el teléfono y escuché estas palabras: “¡Se acabó!” Yo sabía que no se había acabado. De hecho, estaba feliz que hubiese hecho la llamada tan pronto. Pensaba que Sara y Berto eran los jóvenes más inteligentes en la clase. Ellos habían llegado al límite de sus propias fuerzas y estaban haciendo algo muy sabio–buscando ayuda. Me daba gusto ayudarles y sabía que la jornada que estábamos por recorrer juntos los cambiaría a ellos y a su matrimonio.
He aquí lo que he dicho a las parejas una y otra vez. Es lo que he tratado de vivir en mi propio matrimonio también. La reconciliación en un matrimonio debe ser un estilo de vida, no solo la respuesta que das cuando las cosas van mal. Considera por qué esto debe ser así. Si tú eres un pecador casado con una pecadora–y lo eres–entonces es muy peligroso y potencialmente destructivo permitir la negligencia como pareja. Simplemente no pueden vivir juntos un día en el cual un acto de desconsideración, egoísmo, enojo, arrogancia, justicia propia, amargura o deslealtad muestre su horrible cabeza. Con frecuencia será benigno y de bajo nivel, pero aún estará allí.
Ahora, quisiera introducirte a un tema que surgirá una y otra vez en este libro: si vas a tener un matrimonio en unidad, entendimiento y amor, tienes que tener una estrategia de “pequeños-momentos.” Todo lo que esto hace es reconocer la naturaleza de la vida que Dios ha diseñado para nosotros. En su sabiduría, Dios nos da una vida que no avanza de momento trascendental a momento trascendental. De hecho, si examinas tu vida, veras que has tenido pocos de esos momentos. Probablemente puedas recordar solo dos o tres situaciones que transformaron tu vida totalmente. Todos somos iguales; el carácter y la calidad de nuestra vida se forma en momentos pequeños. Cada día ponemos pequeños ladrillos sobre el fundamento de lo que será nuestra vida. Los ladrillos de las palabras que decimos, de las acciones que tomamos, de las pequeñas decisiones, de los pequeños pensamientos, de los pequeños momentos, obran juntos para formar el edificio funcional que es tu matrimonio. Así que tienes que verte a ti mismo como constructor marital. Diariamente tienes el trabajo de agregar otra serie de ladrillos que determinara la forma de tu matrimonio por días, semanas y años en el futuro.
Quizás éste sea precisamente el problema. Es el problema de la percepción. Nosotros solemos no vivir de esta manera. Tendemos a caer en rutinas de casi-desidia y de actuar instintivamente con menos consciencia de lo que deberíamos hacerlo. Tendemos a retraernos de la importancia de esos pequeños momentos precisamente porque son pequeños. Pero lo opuesto es verdad: los pequeños momentos son importantes porque son pequeños momentos. Estos son los momentos de los que se compone nuestra vida, los momentos que establecen nuestro futuro y que dan forma a nuestras relaciones. Tenemos que tener una actitud de “día a día” hacia todo en nuestras vidas y si lo hacemos, escogeremos nuestros ladrillos cuidadosamente y los colocaremos estratégicamente.
Las cosas no se arruinan en un matrimonio instantáneamente. El carácter de un matrimonio no se forma en un gran momento. Las cosas se vuelven dulces y hermosas progresivamente. El desarrollo y la profundización del amor en un matrimonio ocurren por lo que se hace diariamente; esto también es verdad del triste deterioro de un matrimonio. El problema es que simplemente nosotros no le ponemos atención y por eso nos ponemos a pensar, desear, decir y hacer cosas que no deberíamos.
Déjame caracterizar esta vida de “un pequeño momento.” Tú exprimes y doblas el tubo de la pasta de dientes aunque sabes que le molesta a tu esposa. Te quejas de los platos sucios en lugar de ponerlos en el lavadero. Peleas por hacer las cosas pequeñas a tu manera en lugar de verlas como una oportunidad para servir. Te vas a la cama irritado por pequeños desacuerdos. Día a día te vas al trabajo sin un gesto de ternura entre ustedes. Peleas por lo que tú crees que es hermoso en lugar de hacer de tu casa una expresión visual del gusto de ambos. Te das la libertad de hacer cosas pequeñas con rudeza en una forma que nunca lo habrías hecho durante el cortejo. Dejas de pedir perdón en los pequeños momentos de cosas erradas. Te quejas de cómo tu cónyuge hace cosas pequeñas cuando realmente no hacen ninguna diferencia. Haces cosas pequeñas sin consultar.
Dejas de invertir en la amistad íntima en tu matrimonio. Peleas por lo que quieres en los pequeños momentos de desacuerdo en lugar de pelear por la unidad. Te quejas de las idiosincrasias y debilidades de tu cónyuge. Fallas en aprovechar esas oportunidades para animar. Dejas de buscar las maneras pequeñas de expresar amor. Comienzas a guardar un registro de los pequeños errores. Te irritas por lo una vez apreciabas. Dejas de asegurarte que cada día esté salpicado con ternura antes de ir a dormir. Cesas de expresar regularmente aprecio y respeto. Permites que tus ojos físicos y los ojos de tu corazón divaguen. Te tragas pequeñas heridas que antes habrías discutido. Comienzas a convertir pequeñas peticiones en demandas regulares. Ya no tomas cuidado de ti mismo. Estás dispuesto a vivir con más silencio y distancia de lo que permitías cuando estabas por casarte. Dejas de esforzarte por esos pequeños momentos que hacen tu matrimonio mejor y comienzas a sucumbir a lo que hay.
¿Por qué cesamos de poner atención? Porque es difícil ser cuidadosos, es arduo trabajo tener la disciplina de vigilar, y requiere un gran esfuerzo estar siempre pensando en la otra persona. Ahora, prepárate para que tus sentimientos sean heridos: tú y yo tendemos a querer que el otro se esfuerce porque eso nos facilita la vida, pero la verdad es que no queremos comprometernos a ser nosotros quienes se esfuerzan. ¡Pero no he terminado aún! Pienso que hay una epidemia de indolencia marital entre nosotros. Queremos no tener que esforzarnos y que las cosas no solo sigan igual sino mejoren. Y estoy absolutamente persuadido que la indolencia está enraizada en la naturaleza egoísta del pecado. Ya hemos examinado los peligros antisociales de esta cosa dentro de nosotros a la que la Biblia le llama pecado. Ya hemos considerado que nos hace centrarnos en nosotros mismos, pero hace algo más. Nos reduce a la pasividad marital. Queremos tener las cosas buenas sin el esfuerzo arduo de colocar los ladrillos diarios que hacen que esas cosas vengan. Y con frecuencia estamos más enfocados en lo que otros fallan y en que estos corrijan sus errores que en comprometernos a hacer lo que sea necesario diariamente para que nuestro matrimonio sea lo que Dios quiere.
Tú puedes tener un buen matrimonio, pero tienes que entender que un buen matrimonio no es un regalo misterioso. No; es más bien, una serie de compromisos que se forman a través de un estilo de vida que aprecia los momentos pequeños.
LA RECONCILIACIÓN COMO UN ESTILO DE VIDA:
¿QUE SIGNIFICA ESTO?
Hay un pasaje muy interesante en 2 Corintios 5:14-21 que provee un modelo de como luce este estilo de vida de día a día.
El amor de Cristo nos obliga, porque estamos convencidos de que uno murió por todos, y por consiguiente todos murieron. Y él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado. Así que de ahora en adelante no consideramos a nadie según criterios meramente humanos. Aunque antes conocimos a Cristo de esta manera, ya no lo conocemos así. Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.» Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios. (Versión NVI)
Este pasaje es un llamado a una manera particular de pensar y de vivir en nuestra relación con Dios. A lo que nos llama en nuestra relación con Dios es un modelo maravilloso para nuestra relación matrimonial. Esto siempre es verdad. El primer gran mandamiento siempre define el segundo gran mandamiento.
Pablo entiende que hemos sido reconciliados con Dios por un acto de su gracia. Él sabía que no hay manera en que nosotros podamos ganar el amor de Dios o merecer su favor, pero, habiendo dicho esto, él de inmediato nos recuerda que la reconciliación con Dios es tanto un evento como un proceso. Note las palabras del verso 20: “En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.” ¿A quién se refiere Pablo cuando dice “les rogamos”? A la iglesia de Corinto. Ahora, quizás tu pienses, “Pablo, si esta gente es creyente, ¿no se han reconciliado ya con Dios?” La respuesta es sí y no. Sí, se han reconciliado con Dios en el sentido de que han sido aceptados por Dios en Cristo. Pero hay otra reconciliación que está tomando lugar. En el grado en el que continuamos viviendo para nosotros mismos (v.15) en ese grado aún necesitamos reconciliarnos con Dios. Puesto que en alguna manera seguimos viviendo diariamente para nosotros mismos, necesitamos reconciliarnos con Dios en confesión y arrepentimiento. ¡Qué modelo tan perfecto es éste para nuestros matrimonios!
Sí, ustedes ya han hecho la decisión única de vivir en amor el uno al otro, pero no siempre viven como si lo hicieran. En el grado en que ustedes diariamente, en alguna manera, continúen viviendo para sí mismos, en ese grado necesitan reconciliarse diariamente con Dios y el uno con el otro. Ustedes no pueden andar cuesta abajo, esperando evitar de alguna manera lo malo. No, tienen que vivir intencionalmente reconciliándose. Tienen que vivir con corazones humildes y ojos bien abiertos. Estarán preparados para escuchar y dispuestos a oír. Ustedes examinan y consideran bien lo mejor y a ustedes mismos. Tienen que adquirir el hábito de la reconciliación que se convierte en un estilo de vida en su matrimonio, y hacen de esos hábitos una parte regular de su rutina diaria.
Tristemente, pienso que hay pocas parejas que en realidad vivan de esta manera. ¿Cuántas parejas conoces tú que dicen que su relación es la mejor que ha habido y que cada vez es mejor? ¿Cuántas parejas dicen estar experimentando ahora un nivel más profundo de unidad, entendimiento y amor del que jamás han experimentado? ¿Cuántos casados dicen que su cónyuge es su amigo más profundo, íntimo y precioso? Estas cosas no son como una nube romántica en la que andas rondando. Ellas son las ricas bendiciones de una relación que se vive de la manera en que Dios, quien creó el matrimonio, quiere que vivamos. Ellas no son lujos de relación para los que tienen inclinaciones románticas. No, son los elementos esenciales de un matrimonio verdaderamente saludable y feliz, un matrimonio que no solo te hace sonreír a ti sino hace sonreír también a Dios.
LA RECONCILIACIÓN MATRIMONIAL COMO UNA MANERA
DE PENSAR
Recuerdo que cuando era un joven pastor (¡hace pocos años!), mi hermano Tedd dijo que el 95 por ciento de lo que las parejas necesitan saber, entender y hacer esta claramente escrito en las Biblias que ellos decían que tanto apreciaban. Cuando él lo dijo, pensé que era la exageración de un pastor frustrado, quien de paso, era mi hermano, pero yo he llegado a ver la exactitud y profundidad en lo que él dijo. No hay una colección de principios de sabiduría más asombrosamente instructiva que la que se encuentra en las páginas de la Escritura. Por supuesto, esto tiene que ser verdad pues este libro fue escrito por hombres que fueron guiados a escribir por Aquel que creó todo acerca de lo que escribieron. Solo el creador podría tener un conocimiento tan poderosamente profundo y tan prácticamente transformador cuya perspectiva abarque de principio a fin como el que se halla en la Biblia. Solo Él es capaz de tener una perspectiva no limitada por el tiempo, el espacio y las arbitrariedades del pecado. Solo Él es capaz de hablar desde la ventajosa posición del propósito original de la creación. ¿Quién podría saber más sobre el mundo que Él creó y el pueblo que Él diseñó?
La palabra de Dios realmente nos abre los misterios del universo. Realmente nos hace más sabios de lo que nosotros jamás podríamos ser sin ella. Pero, habiendo dicho esto, es importante reflexionar sobre cuán triste es que no aprovechemos más la sabiduría que Dios nos ha dado. Es triste que no pensemos acerca de sus pensamientos en su presencia. Es triste que no requiramos de nosotros mismos mirar la vida siempre a través de los lentes de su sabiduría. Es triste que nos despojemos a nosotros mismo pensando que somos más sabios de lo que somos. Es triste que no nos irritemos más por nuestra necedad y nos sintamos más motivados a buscar su sabiduría.
¿Por qué les he recordado todo esto? Porque un estilo de vida de reconciliación matrimonial, que es el foco de este libro, está enraizado en tres perspectivas esenciales de la sabiduría, que juntas tienen que convertirse en la mentalidad de un matrimonio sano. Déjame bosquejártelas.
1) Tienes que vivir tu matrimonio con una mentalidad de cosecha.
Pablo captura esta mentalidad con estas muy familiares palabras: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Si vas a vivir alguna vez con la conciencia diaria de las necesidades de los momentos pequeños que te impulsan a vivir con hábitos de reconciliación, tienes que tener esta mentalidad contigo. Tienes que incorporar el principio de las consecuencias. Helo aquí: hay una relación orgánica entre las semillas que plantas y el fruto que cosechas. En el mundo físico nunca vas a plantar semillas de durazno y conseguir manzanas. ¡Si plantas semillas de durazno y cosechas manzanas, corre rápido y lejos porque algo ha sucedido en el universo! De la misma manera, habrá una consistencia orgánica entre las semillas de palabras y acciones que plantes en tu matrimonio y la calidad de relación que coseches y experimentes mientras vivan juntos. La mayoría de las semillas que plantes serán pequeñas, pero las miles de semillas que crecerán en los árboles resultarán en un bosque que cambiará el medio ambiente.
2) Tienes que vivir tu matrimonio con una mentalidad de inversión.
Todos somos buscadores de tesoros. Vivimos para ganar, mantener, guardar y disfrutar las cosas que tienen valor para nosotros. Nuestra conducta en cualquier situación de la vida es nuestro intento por conseguir lo que valoramos. Hay cosas en tu vida a las que les ha asignado importancia, y una vez que las tienes, ya no quieres vivir sin ellas. (Estos principios son discutidos en Mateo 6.19-33). Todos lo hacemos. Vivimos para poseer y para experimentar las cosas sobre las cuales hemos puesto nuestro corazón. Siempre vivimos por alguna clase de tesoro.
Todo tesoro en el que pongas tu corazón y activamente busques te dará alguna clase de retribución. Una discusión con tu esposa es una inversión en el tesoro de estar correcto y de allí obtendrás alguna clase de retribución en tu relación. ¡Si arrinconas a tu esposa con argumentos agresivos es improbable que el resultado de tu inversión sea su aprecio por ti y el deseo de tener una de esas conversaciones de nuevo! Si inviertes en el tesoro del servicio voluntario, experimentarás a cambio el aprecio, el respeto y una mayor intimidad en la amistad conyugal. Si para ti es más valioso tener tu casa inmaculadamente limpia de lo que es que tu cónyuge se sienta confortable, entonces vivirás con el resultado de eso en la calidad de tu relación.
La inversión no tiene escape; tú lo haces cada día, y muy raramente podrás escapar de los dividendos de las inversiones que haces. Pregúntate a ti mismo, “¿Cuáles son las cosas que valen más para mí ahora, las cosas que me esfuerzo por experimentar cada día y no estoy dispuesto a vivir sin ellas? ¿Y cómo el producto de estas cosas está afectando mi matrimonio?
3) Tienes que vivir tu matrimonio con una mentalidad de gracia.
Cuando me casé yo no entendía la gracia. Tenía una visión basada en los principios de la Escritura que me hacía traer una administración legal a mi matrimonio. El foco central de la Biblia no es un conjunto de principios de la vida práctica. No; su tema central es una persona, Cristo. Si todo lo que tú y yo hubiésemos necesitado fuese el conocimiento y entendimiento de una cierta serie de principios divinamente revelados, Jesús no habría necesitado venir. Pienso que hay muchos cristianos viviendo en matrimonios vacíos de Cristo. Sin saber lo que han hecho, han construido un matrimonio basado en la ley y no basado en la gracia, y por esta razón, le están pidiendo a la ley que haga lo que solo la gracia puede hacer.
El problema con esto es que nosotros no somos gente solo con necesidad de sabiduría; necesitamos también rescate, y la cosa de la que necesitamos ser rescatados es de nosotros mismos. Nuestro problema fundamental no es la ignorancia de lo que es justo. Nuestro problema es el egoísmo del corazón que nos hace preocuparnos más de lo que queremos que de lo que es correcto. Las leyes, principios y perspectivas de la Escritura proveen el mejor estándar que nuestro matrimonio jamás podría encontrar. Ellos revelan nuestros errores y fallas, pero no tienen ninguna capacidad de librarnos de éstos. Para eso necesitamos la gracia diaria que solo Jesús puede darnos.
Así que, no tenemos simplemente que exigir el uno al otro que viva según los elevados estándares de la palabra de Dios; tenemos también que ofrecer día a día la misma gracia que se nos ha dado para ser instrumentos de gracia en la vida de nuestro cónyuge. Nuestra confianza no está en la habilidad que tengamos de guardar la ley de Dios, sino en la gracia vivificadora y transformadora de quien nos atraído a sí mismo y tiene el poder de atraernos el uno al otro. Cuando vivimos con esta confianza miramos las inconveniencias del matrimonio no tanto como molestias que hay que soportar, sino como oportunidades para entrar en una experiencia más profunda de la gracia libertadora, transformadora, perdonadora y capacitadora del que murió por nosotros y siempre estará con nosotros.
Tres mentalidades–cada una un bloque esencial para edificar un estilo de vida de reconciliación y que requieren la honestidad de una humildad personal y nos motivan a reconciliarnos entre nosotros y con Dios una y otra vez.
EL COMPROMISO DIARIO DE UN ESTILO DE VIDA
DE RECONCILIACIÓN
Ustedes pueden tener un matrimonio que sea mutuamente satisfactorio y a la vez honre a Dios. Ustedes pueden en realidad. Aceptando lo que ustedes son, descansando en quién es Dios y viviendo como Él los llama a vivir, producirán una cosecha mucho mejor que los pequeños sueños que ustedes pueden producir de sí mismos.
Aquí están los compromisos diarios que se convierten en los hábitos diarios de la clase de matrimonio que el diseño de Dios se propuso y que su gracia puede hacer posible:
1) Nos entregaremos a un estilo de vida de confesión y perdón.
Diremos la verdad y trataremos honestamente con nuestros pecados, debilidades y errores. Hay una sola manera para que un matrimonio crezca, cambie y sea como Dios lo ha diseñado y lo ha capacitado para ser. ¿Cuál es esta manera? La confesión y el perdón. Es solo cuando nos comprometemos a un patrón diario de confesión, unido a la voluntad de perdonar rápida y completamente, que un matrimonio puede exceder nuestras limitadas expectativas.
Es necesario que estas dos cosas siempre estén juntas. Los patrones regulares de perdón nos dan el coraje para continuar confesando, y los patrones regulares de confesión nos permiten experimentar el gozo de la restauración que brinda el perdón. ¿Por qué eso es tan difícil para nosotros? ¿Por qué esto no es un patrón regular en cada matrimonio? ¿Cómo luce esto realmente en el acaecer de la vida diaria?
2) Haremos del crecimiento y el cambio nuestra agenda diaria.
Arrancaremos la mala hierba. Se pensaría que la insatisfacción es el enemigo del matrimonio, pero de hecho, lo contrario es la verdad. Como pecadores, tenemos la perversa habilidad de sentirnos demasiado fácilmente satisfechos. Solemos estar dispuestos a vivir con cosas secundarias que están trágicamente por debajo del sabio y maravilloso plan de Dios. Tendemos a conformarnos con la apatía marital en lugar de luchar por el verdadero amor. Tendemos a satisfacernos con una amargura y decepción de bajo nivel en lugar de esforzarnos por un patrón de confesión y perdón verdaderos. Nos conformaremos con una relación en la que todo es negociación de derechos en lugar de amor a la entrega y el servicio.
¿Cómo luce comprometerse a un cambio cotidiano? ¿Cómo identificas tú las malas hierbas del error que deben ser desarraigadas? ¿Cómo sabes con seguridad lo que debes plantar en su lugar? ¿Qué puedes hacer para convertir la insatisfacción en algo bueno, algo que más bien profundice tu amor y la calidad funcional de tu matrimonio? ¿Cómo evitas quedarte estancado en patrones que se alejan del plan de Dios y fracasan en apoyarse en los recursos de la gracia de Dios?
3) Trabajaremos unidos para edificar un vínculo robusto de confianza.
Confiando y encomendando, edificaremos un fundamento firme. Simplemente no podemos tener un matrimonio saludable, que honre a Dios, y sea mutuamente satisfactorio sin confianza. En un mundo caído, la confianza es la loza fina de una relación. Es hermoso cuando está allí, pero es seguramente dedicado y quebradizo. Cuando la confianza se rompe, puede ser muy duro restaurarla. Es la confianza lo que permite a un esposo y su esposa enfrentar todas las amenazas internas y externas a su unidad, amor y entendimiento. Es la confianza lo que permite a las parejas lidiar con las diferencias y el desánimo que cada matrimonio enfrenta. Es la confianza lo que permite a las parejas hablar con honestidad y esperanza acerca de las cosas más personales y difíciles.
Hay dos lados respecto a la confianza. Primero, tienes que hacer todo lo que puedas para probar que eres confiable. Segundo, tienes que tomar la decisión de entregarte con confianza al cuidado de tu cónyuge. ¿Cómo luce cultivar un matrimonio donde la confianza prospera? ¿Cómo luce edificar la confianza cuando ha sido fragmentada? ¿Cuáles son las características de una relación donde la confianza es el adhesivo?
4) Nos comprometeremos a cultivar una relación de amor.
Encarnaremos el amor de Cristo. Yo me siento en el balcón de mi iglesia cada domingo en la mañana, veo hacia abajo a la multitud y me pregunto cuántas de las parejas están viviendo en matrimonios sin amor. Puede que esto te choque, pero estoy convencido que hay muchos matrimonios vacíos de un verdadero amor. Acaso hay algún respeto y aprecio, y sí, las parejas pueden haber aprendido como evitar las batallas diarias. Puede ser que disfruten hacer cosas juntos de vez en cuando, pero los sacrificios prácticos y personales que definen el amor simplemente no están allí.
Estas parejas no responden el uno al otro con misericordia y gracia ante las debilidades y errores. No están dispuestas a sacrificar sus agendas y su comodidad por el bien del otro; no buscan maneras de ayudarse y motivarse; no se apresuran ni se ayudan el uno al otro a llevar las cargas de la vida en este mundo caído. ¿Cómo luce el verdadero amor en el matrimonio? ¿Cuáles son los sacrificios diarios que hace el amor? ¿Qué significa responder a tu cónyuge con misericordia? ¿Qué significa de manera práctica estar dispuesto a dar tu vida por la otra persona? ¿Cuáles son las características de un matrimonio amoroso?
5) Negociaremos nuestras diferencias con aprecio y gracia.
Celebrando al Creador, manejaremos nuestras diferencias con esperanza. Dios coloca los lirios junto a las rocas. Coloca los árboles junto a los ríos. Hace que el sol brille después de una noche oscura. Hace los músculos de un león y las delicadas alas de un colibrí. Una de las maneras en que Dios establece la belleza es poniendo cosas que son diferentes una junto a la otra. ¿No es esto exactamente lo que Dios hace en el matrimonio? El pone personas muy diferentes una al lado de la otra. Es así como Él establece la belleza de un matrimonio. La luna no sería tan impactante si estuviese suspendida en un cielo blanco; de la misma manera, la impactante belleza de un matrimonio puede verse cuando dos personas muy diferentes aprenden a celebrar y beneficiarse de sus diferencias y a proteger sus debilidades cubriéndose con las fortalezas del otro.
6) Trabajaremos para proteger nuestro matrimonio.
Vigilando y orando, trabajaremos para proteger nuestra relación. Pocas cosas son tan peligrosas en un matrimonio como el sentimiento de “haber arribado”. Cuando una pareja pierde un sentido sano de necesidad, los patrones de apatía y desconsideración crecen. La pareja ya no camina con el sentido de la enormidad de la tarea que ha asumido; ya no viven con la actitud compartida de su necesidad de la ayuda y la protección de Dios; dejan de estar atentos a las dificultades potenciales que pueden amenazar su unión. Su matrimonio ya no es protegido por la oración humilde.
Cada matrimonio requiere la intervención divina y la sabiduría divina. Cada pareja será llevada más allá de los límites de su carácter. Cada pareja necesitará fuerzas más allá de las que tienen. Ningún esposo y esposa pueden hacer lo fueron diseñados a hacer en el matrimonio sin asistencia. Una de las cosas hermosas que el matrimonio se supone que haga es alejarnos de los hábitos de la auto-dependencia para llevarnos a patrones de dependencia en Dios. ¿Qué significa tener en nuestro matrimonio patrones de “velar y orar”? ¿Cómo puede una pareja medir su potencial? ¿Cómo reconocemos las señales de un inminente peligro matrimonial?
Estos son las seis promesas de un matrimonio saludable. Con la práctica estos pueden convertirse en hábitos diarios. Ellos definen cómo admites diariamente tu necesidad y cómo haces de la continua reconciliación un estilo de vida en tu relación. Hay pocas cosas más dulces y hermosas que un matrimonio de largo tiempo en unidad, entendimiento y amor. Hay pocas comas más profundamente desalentadoras y personalmente dolorosas que un matrimonio distante, frío y conflictivo. Hay pocas cosas más tristes que las parejas que se conforman con sobrevivir, que escogen la mediocridad o están juntos pero prácticamente ya no esperan nada el uno del otro.
UNA MEJOR MANERA
No sucede con frecuencia, pero ésta era una de esas ocasiones. Lloré mientras escuchaba la historia. La tensión en el cuarto era increíble. Era imposible para Chad y María hablar entre ellos o uno acerca del otro sin enojo. Sentada frente al sillón de Chad, María nunca dejó de llorar. Ella estaba herida, pero llevaba en los archivos de su mente un registro detallado de las faltas que lo que hacía era profundizar su dolor. Chad era claramente un hombre que ya no aguantaba. Lo asombroso era que no había habido infidelidad, ni violencia entre ellos; tampoco había habido momentos decisivos de desavenencia. Chad y María simplemente habían cesado de trabajar en su matrimonio. Habían dejado de ponerle atención. Ya no tenían ninguno de los hábitos que este libro considerará. Este matrimonio de desaliento y desafecto se había formado a través de miles de pequeños momentos mundanos y casi imperceptibles.
Ninguno de los dos quería seguir casado. A ambos les aterraba levantarse por la mañana y enfrentar el día. Ambos apuntabas sus dedos y mantenían su lista egoísta de ofensas. Hubo un tiempo cuando se adoraban mutuamente, pero ese tiempo parecía como historia antigua. Ahora no había paz, mucho menos afecto. Pero yo no estaba desesperanzado porque Chad y María habían finalmente hecho una buena decisión. Habían buscado ayuda. Yo sabía que Dios cuidaba de ellos y nunca cerraría su oído a su clamor por ayuda. Seguramente había un largo camino que recorrer, pero lo recorreríamos juntos y experimentaríamos el nuevo comienzo que Dios había hecho posible en su Hijo, el Señor Jesús.
¿Y ustedes? Quizá nunca lleguen a la condición de María y Chad, pero tal vez en su corazón sepan que las cosas en su matrimonio no son lo que deberían ser. Ustedes saben que se han conformado con menos en lugar de esforzarse por más. Saben que en los pequeños momentos dicen y hacen cosas que ni los unen ni profundizan su amor. Saben que hay aéreas en las que están decepcionados, que hay momentos cuando desean que las cosas sean mejores. Saben que hay aspectos en los que se sienten estancados. No están seguros cómo se puede lograr un cambio pero desearían saberlo.
Los invito a sentarse conmigo, como Chad y María lo hicieron. Déjenme sostener frente a su matrimonio el más fiel espejo jamás hecho–la Biblia. Déjenme ayudarlos a ver con ojos y oídos nuevos y a invitarlos a abrir su corazón y a extender humildemente sus manos para recibir ayuda. Déjenme animarlos a no sentirse satisfechos sino necesitados y hambrientos. No estoy seguro qué esperan que sea su matrimonio, pero puedo decirles con seguridad que como sea que esté hoy, puede ser mejor. Dios da a todos la bienvenida a un estilo de vida de gracia reconciliadora, donde los problemas son confrontados y donde suceden cambios y no repetimos los mismos errores una y otra vez. Siéntense. Tómense su tiempo. Dios está con ustedes y tiene algo mejor para su matrimonio.
Hemos dejado de hacer cosas que deberíamos haber hecho y hemos hecho cosas que deberíamos haber dejado de hacer.
LIBRO DE LA ORACIÓN COMÚN
Puesto que nada que intentemos es jamás sin falta, nada que procuremos es jamás sin error y no logramos nada sin alguna medida de límite e imperfección humana, somos salvos por el perdón.
DAVID AUGSBURGER
COMPROMISO 1: Nos entregaremos a un estilo de vida de confesión y perdón.
COMPROMISO 2: Haremos del crecimiento y el cambio nuestra agenda diaria.
COMPROMISO 3: Trabajaremos unidos para formar un vínculo robusto de confianza.
COMPROMISO 4: Nos comprometeremos a cultivar una relación de amor.
COMPROMISO 5: Negociaremos nuestras diferencias con aprecio y gracia.
COMPROMISO 6: Trabajaremos para proteger nuestro matrimonio.
COMPROMISO 1: Nos entregaremos a un estilo de vida de confesión y perdón.
5.
SIENDO HONESTOS:
LA CONFESIÓN
Ellos nunca fueron honestos. Oh, eran hábiles para señalar uno al otro. Eran buenos para acusar, para poner excusas y para llevar la cuenta de los errores. No lo sabían, pero eran bastante hábiles en el hábito de la animosidad y la división. Era lógico que cuando vinieran a mí estuviesen desesperados. Uno no puedes revivir continuamente en el corazón las ofensas que percibes que alguien le hace y crecer en afecto hacia esa persona. No puedes argumentar diariamente que la persona con la que vives es la principal causa de las cosas malas que tú haces y querer estar cerca de ella. No puedes llevar contigo la evidencia detallada de lo que has sufrido en las manos de otro y tener esperanza de un futuro a su lado. Pero esto es lo que ellos hacían.
En un momento del cual he hablado muchas veces, ellos revelaron el estilo básico de su vida matrimonial, aunque no sabían que lo estaban haciendo. Yo había orado con ellos al inicio de la primera vez que nos juntamos y estaba tratando de encontrar una manera de hablar acerca de las cosas difíciles que se debían discutir. No creo que alguno de ellos tuviera mucha esperanza que yo pudiera decir o hacer algo que les ayudara, pero me lancé de todas maneras. Le pedí a cada uno que me dijera lo que pensaban que estaba mal en su relación. Fue un momento que nunca olvidaré, un momento de indecisión o reflexión. En el segundo en que mis palabras salieron de mi boca, ambos hablaron y dijeron una sola palabra – el nombre del otro.
En ese momento me quedé sin trabajo porque nadie buscaba nada en la habitación. Él estaba allí únicamente intentando con desesperación corregir a su esposa, y ella estaba allí intentando lo mismo. Sus ojos estaban firmemente enfocados el uno en el otro, completamente convencidos que su mayor dificultad marital estaba a su lado en el sillón. Había poca conciencia de sí mismos. No había casi ningún compromiso con el auto examen. Habría sido muy alentador escuchar a uno de ellos decir, “sé que no soy perfecto, pero….” Ellos no llegaron ni siquiera allí, lo cual explica por qué ambos estaban estancados y sin esperanza. Estaban convencidos que habían cometido el error de casarse con una persona dañada; estaban convencidos que el uno había hecho al otro hacer cosas que de otra manera nunca habrían hecho y que no tenían el poder para hacer cambiar al otro aunque lo habían intentado. Estando sentado con ellos, recordé de nuevo que el desaliento es una manera de ver, no una forma de ser.
Desde entonces me he preguntado muchas veces cuantos matrimonios están de alguna manera, estancados en este mismo ciclo. Quizás el ciclo de culpabilidad es más sutil, y el desaliento no se arraigado, pero el sistema ya está en su lugar. La pareja está estancada en un ciclo donde se repiten las mismas cosas una y otra vez ellos regresan a los mismos malos entendidos; reiteran los mismos argumentos, cometen los mismos errores. Una y otra vez y las cosas no se resuelven. Noche a noche van a la cama con nada reconciliado; se despiertan con el recuerdo de otro mal momento y se encaminan hacia la próxima vez que el ciclo habrá de repetirse. Todo se vuelve predicible y desalentador. Odian el ciclo. Desearían que las cosas fueran como antes. Sus mentes oscilan entre la nostalgia y la decepción. Quieren que las cosas sean diferentes, pero no saben cómo escapar y no están dispuestos a hacer lo que se necesita para que el cambio suceda – confesar.
Se dicen a sí mismos que todo mejorará. Prometen que pasarán juntos más tiempo. Prometen que orarán juntos un tiempo cada día por la mañana. Deciden pasar juntos más tiempo fuera de casa. Prometen que hablarán más. Pero no pasa mucho tiempo antes de que todas las promesas se desvanezcan y ellos vuelvan al mismo lugar. Todos sus esfuerzos por cambiar han sido estorbados por lo que no están dispuesto a hacer; dejar de enfocarse en el otro y enfocarse en sí mismos. Aquí está el punto: ningún cambio acontece en un matrimonio que no comienza con la confesión.
La confesión es la puerta de entrada al crecimiento y al cambio en tu relación. Es esencial. Es fundamental. Sin ella ustedes están relegados a un ciclo de repetición y profundización de los malentendidos, errores y conflictos. Pero con la confesión, el futuro es radiante y esperanzador, no importa cuán grandes sean los problemas que estén enfrentando.
LA GRACIA DE LA CONFESIÓN
1) Es la gracia para distinguir entre lo bueno y lo malo.
El cambio implica que al ponerte bajo una norma descubras con insatisfacción lo lejos que estás de cumplirla y busques la gracia para acortar la distancia de dónde estás hacia donde necesitas estar. Santiago comparo la Palabra de Dios a un espejo (Santiago 1:22-25) en el cual podemos mirarnos a nosotros mismos como realmente somos. Es imposible enfatizar demasiado cuán importante es esto. Un diagnóstico correcto siempre precede una cura efectiva. La única manera de saber que una madera es demasiado corta es cuando la mides con una regla. La única manera de saber que la temperatura de tu casa es demasiado caliente es porque tiene un instrumento para medir llamado termostato. La única forma de saber que tus llantas tienen suficiente aire es porque puedes usar un calibrador que mide la presión exacta del aire. La Biblia es el instrumento supremo de Dios para medir. Está diseñada para funcionar en nuestras vidas como una regla de medida. Podemos ponernos nosotros mismos y nuestros matrimonios frente a ella y ver si nos ajustamos a las normas de Dios. La Palabra de Dios es uno de los regalos de gracia más dulces, tener los ojos abiertos para verla claramente y el corazón abierto para recibirla voluntariamente son señales seguras de la gracia de Dios.
2) Es la gracia para entender el concepto del pecado que aún habita en nosotros.
Una de las más tentadoras falacias para nosotros – y cada ser humano en este mundo caído – es creer que nuestro más grandes problemas existen afuera, no adentro de nosotros. Es fácil caer en esta forma de pensar porque tenemos mucho material con el cual trabajar. Vivimos en un mundo quebrado donde las cosas no operan como debería ser. Cada día está lleno con dificultades y obstáculos de alguna clase. Vivimos con gente defectuosa y nuestras vidas son complicadas por sus defectos. A pesar de esto, la Biblia nos llama a confesar humildemente que el problema más grande, profundo y permanente que enfrentamos está adentro, no afuera de nosotros. La Biblia tiene un nombre para ese problema – pecado. Puesto que el pecado es egocéntrico y auto-complaciente, es antisocial y destructivo para nuestras relaciones. Es aquí hacia donde esto se dirige: requiere que cada uno de nosotros diga que nuestros más grandes problemas maritales existen dentro de nosotros, no fuera de nosotros.
Tú sabes que posees la gracia cuando puedes decir, “mi más grande problema marital soy yo.” Es fácil señalar con el dedo. Es fácil culpar. Es una bendición reconocer que llevas dentro de ti tu propio Judas personal que te traicionará una y otra vez (lee Romanos 7), y es alentador saber que no estás solo en tu lucha con el pecado.
3) Es la gracia para tener una conciencia que funciona bíblicamente.
Muchos matrimonios viajan en una carretera de una sola vía y en la dirección equivocada. Es la dirección de un corazón endurecido. Déjenme explicar esto. Durante el cortejo nos preocupamos mucho por ganarnos a la otra persona, así que nos esforzamos por ser amorosos, corteses, serviciales, respetuosos, dadivosos, perdonadores y pacientes. Nunca se nos ocurriría hacer nada descortés o rudo. Siempre estamos pensando en la otra persona, en lo que siente, lo que desea y lo que necesita. Encontramos deleite en hacerla feliz. Buscamos maneras de expresar nuestro amor. Pero después de la ceremonia, el matrimonio con frecuencia da vuelta y comienza a moverse en otra dirección. Tal vez es porque ahora ya tenemos a la persona y no necesitamos más ganárnosla. Tal vez es porque comenzamos a dar por hecho la relación que Dios nos ha dado. Cualquiera que sea la razón, comenzamos a bajar la guardia. Cesamos de ser atentos. El egoísmo comienza a reemplazar el servicio. Poco a poco, nos permitimos hacer y decir cosas que nunca se nos habría ocurrido pensar o hacer durante el cortejo. Progresivamente nos volvemos menos dadivosos, menos pacientes, y menos perdonadores. Comenzamos a cuidar más de nosotros que de la otra persona. Tal vez es algo tan pequeño como esperar que el otro limpie nuestro desorden o (sí, lo voy a decir) soltar una flatulencia en la cama. Pero éstas no son cosas pequeñas; son signos de algo destructivo y peligroso que está pasando. Al principio, cuando hacemos estas cosas rudas y egoístas nuestra conciencia nos afecta, pero no pasará mucho tiempo antes de que nuestro corazón se endurezca y nuestra conciencia ya no nos moleste más.
Es como el hombre desamparado de la calle. Tú lo miras y te preguntas cómo es posible que pueda soportar vivir tan sucio. Te preguntas por qué no teme el maltrato o la vergüenza por su condición. Puedes estar seguro que él una vez sintió esas cosas, pero en su lucha por sobrevivir se ha endurecido. Ya no le molesta más. Muchos matrimonios viajan por un camino similar. Es la triste ruta de un endurecimiento progresivo del corazón. Yo me he sentido ofuscado por la manera en que algunas parejas se tratan el uno al otro sin ninguna aparente punzada de conciencia o vergüenza mientras se sientan conmigo en busca de ayuda. Es una capacidad perversa que todos los pecadores tenemos – llegar a sentirnos progresivamente cómodos con las cosas que deberían alarmarnos, afligirnos y avergonzarnos.
Es una señal de la gracia de Dios cuando nuestras conciencias son sensitivas y nuestros corazones se afligen, no por lo que otras personas hacen, sino por lo que nosotros hemos llegado a ser. Esa sensibilidad es la puerta de entrada a un cambio real y permanente. El cambio siempre comienza cuando nos sentimos insatisfechos, y la insatisfacción personal siempre comienza con una conciencia que es sensitiva a lo malo. De aquí viene un deseo por el cambio y una inquietud que nos hace buscar ayuda, de Dios y de otros, lo cual es requerido por el cambio.
4) Es la única gracia que nos protege de nuestra justicia propia.
Este es el otro lado de la moneda. Es importante entender la dinámica que opera tan sutil pero destructivamente en nuestra relación. Puesto que todos sufrimos en algún grado de la ceguera espiritual personal – es decir, no nos vemos a nosotros mismos con precisión – y porque tendemos a ver la debilidad y las fallas de nuestro cónyuge con más precisión, comenzamos a pensar de nosotros mismos como más justos que nuestro esposo o esposa. Cuando hacemos esto, y en alguna manera todos lo hacemos, se nos hace difícil pensar que somos parte del problema en nuestro matrimonio y aceptar la critica amorosa y correctiva de la otra persona. Esto significa que no es solo la ceguera la que nos evita cambiar, sino también el concepto de nuestra propia justicia. Si estamos convencidos que estamos bien, no deseamos el cambio ni la ayuda que lo puede producir.
1 Juan 1:8 dice “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” El engaño de la justicia personal es un enorme muro en el camino del cambio marital. Es así como trabaja: el esposo se ve a sí mismo como justo y ve a su esposa como una pecadora necesitada de ayuda; y la esposa se ve a sí misma como justa y ve a su esposo como un pecador necesitado de ayuda. Así, ninguno siente la necesidad de un cambio personal. Cada uno se torna más insatisfecho, impaciente y amargado, mientras la condición del matrimonio se empeora. ¡Pero hay esperanza! La gracia hace menguar la auto-justicia, abre los ojos y suaviza nuestros corazones, profundiza nuestro sentido de necesidad y nos confronta con nuestra pobreza y debilidades. La gracia nos hace correr en busca de ayuda y nos recibe con brazos abiertos cuando venimos. Cuando un esposo y su esposa dejan de discutir sobre quién es el más justo y comienzan a afligirse por su respectivo pecado, puedes saber por seguro que la gracia ha visitado ese matrimonio.
5) Es la gracia para vernos a nosotros mismos tal como somos.
Vernos a nosotros mismos realísticamente es lo opuesto de la justicia propia. Yo he visto con asombro esposos enojados asegurando con enojo que no están enojados. Me ha sorprendido ver a esposos y esposas manipuladores manipulando una conversación para convencerme de que no son manipuladores. He visto a una esposa amargada rehusando amargamente el pensamiento de que podría estar amargada. He escuchado a hombres y mujeres que se creen justos declarando que no se creen justos. He escuchado a gente egoísta demandando egoístamente no ser vistos como egoístas. En cada caso, ellos escuchaban lo que yo les decía y luego me expresaban su evidencia de que mi veredicto era erróneo. No era simplemente que estaban rechazando mirarse a sí mismos (aunque esto también era verdad). Era que cuando se miraban a sí mismos, simplemente no veían lo que yo veía.
Esto es lo que sucede como resultado. Puesto que el esposo está convencido de que él está en lo correcto y su esposa no, él no siente la necesidad de mirarse o examinarse a sí mismo. Eso lo deja solo con una conclusión, que los problemas en el matrimonio son culpa de su esposa. Así que él la vigila con más vigilancia y puesto que ella es menos que perfecta, él acumula más y más “evidencias” para apoyar su visión de los problemas matrimoniales. Cada día él se convence más de que su esposa es la que necesita cambiar, no él. En lugar de estar afligido por las debilidades y egoísmo de su propio corazón, él encuentra más y más difícil lidiar con las de ella. Él lucha por ser paciente con ella y secretamente desearía que ella fuese como él. Esta actitud es peligrosa para cualquier relación, pero especialmente es devastadora para la salud de un matrimonio.
Muchas personas casadas son como el fariseo en el templo, quien agradecía a Dios que no era como los pecadores alrededor de él. Ellas necesitan la gracia de un auto examen correcto. Pocas cosas evitan cambios en un matrimonio más que un concepto equivocado acerca de nosotros mismos. Pocas cosas son más necesarias que ojos para vernos a nosotros mismos con claridad y exactitud.
6) Es la gracia para estar dispuesto a escuchar y considerar la crítica y la reprensión.
Es difícil vernos a nosotros mismos con claridad y es duro aceptar lo que vemos cuando lo hacemos. Es tan fácil ser defensivo. Todos llevamos dentro de nosotros un abogado que se activa fácilmente y se levanta de inmediato para defendernos. Todos hemos estado en uno de esos momentos cuando alguien nos señala algún error y aunque no lo digamos audiblemente, comenzamos a defendernos en silencio contra lo que se nos dice. Mientras se nos señala la evidencia de nuestra necesidad de cambiar, nosotros organizamos evidencias de que no somos la persona que ellos alegan que somos. Se necesita gracia para estar listos a escuchar y deseosos de oír. Se necesita gracia para aquietar nuestra mente, enfocar nuestra atención y establecer nuestro corazón para que podamos recibir la ayuda que Dios nos ofrece en ese momento de inesperada confrontación.
Aun las palabras que usamos para describir este tipo de conversación conllevan una connotación negativa. Palabras como reprensión, crítica, exhortación y confrontación no representan una situación que nosotros disfrutaríamos, pero apuntan a algo que es esencial para un matrimonio saludable. Es algo que he discutido en otros escritos. Las relaciones saludables tienen dos cualidades esenciales de carácter. Primero, la humildad de accesibilidad. Cuando ambas personas se salen de detrás de su muro protector y se abren a las perspectivas y ayuda de otros, cada individuo – y sus relaciones – tendrán una oportunidad para crecer y cambiar. La segunda es el coraje de amar honestamente. Nosotros no solo nos defendemos de la opinión de otros, sino que evitamos los momentos incómodos dejando de decir lo que hay que decir. Por el temor al desacuerdo, la tensión y el rechazo, escogemos callar acerca de cosas que, si se hablan en amor, podrían ser usadas para traer una nueva visión a unos y a otros y un nuevo comienzo a la relación.
Solo cuando nuestro confianza es en el Señor, es decir, en su constante ayuda y perdón, somos capaces de avanzar hacia la luz, sin temor de lo que tengamos que enfrentar. Cuando creamos realmente que su gracia ya ha cubierto todo lo que tengamos que confesar y nos ha dado el poder para todo cambio al que nos tengamos que someter, no temeremos vivir en matrimonios que son abiertos y honestos.
7) Es la gracia para no ser paralizados por el remordimiento.
Estoy persuadido que el temor al remordimiento evita que enfrentemos lo que necesitamos enfrentar. La confesión no solo nos llama a mirarnos a nosotros mismos en el presente, sino a ir al pasado. Si eres un esposo que ha estado casado por siete años y estás comenzando a enfrentar el hecho de que eres un hombre iracundo, tienes que estar dispuesto también a mirar el fruto que tu ira ha producido todos estos años. Si eres una esposa amargada quien en tu amargura te has retraído a una concha protectora, tienes que enfrentar no solo tu presente estado de retraimiento sino cómo tu amargura ha impactado a la gente a tu alrededor. Es suficientemente duro considerar nuestras debilidades y errores presentes. Pero es aún más duro considerar el fruto que esas debilidades y errores han producido a través de los años. Así que, en lugar de entregarnos a la tentación de correr y escondernos, necesitamos correr hacia donde se puede encontrar la ayuda.
Tal vez el más brillante y maravilloso compromiso de nuestro Redentor es capturado en estas palabras de Apocalipsis 21:5: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.” Nueva es la palabra operativa para lo que Dios está buscando hacer en ti y en tu matrimonio. Ustedes no están estancados. No están atados a los deslices del pasado. No están condenados a pagar por siempre por sus errores. La obra de Dios está en la obra de renovación. Él envió a su Hijo a la tierra para hacer posible un cambio real y permanente. Dios ha hecho posible empezar de cero y comenzar de nuevo. La reconciliación puede suceder. La restauración puede ser real. Lo que se ha roto puede ser sanado. La mala hierba de los caminos viejos puede morir y las flores de un nuevo y mejor camino pueden crecer en su lugar. Dios no nos llamará a enfrentar nuestra cosecha sin darnos lo que necesitamos para enfrentarla, y no nos llamará a plantar las nuevas semillas de un mejor camino sin darnos la sabiduría y la fuerza para hacerlo. Cuando enfrentemos el remordimiento, envolvámonos en el perdón y volvámonos a vivir una vida nueva, tomando posesión del poder que nos pertenece como hijos de Dios.
8) Es la gracia para conocer que podemos enfrentar nuestros errores porque Cristo ha tomado nuestra culpa y vergüenza.
Este punto toma de los temas previos pero necesita su propia atención. Es significativo observar que las primeras dos cosas que Adán y Eva hicieron después de desobedecer a Dios fue cubrirse y esconderse. Por primera vez, experimentaron vergüenza y culpabilidad. Temieron ser descubiertos y juzgados, y aunque trataron de atribuirle la culpa a alguien más, estaban jugando un juego de tontos. Culpar a otros no aquietó sus corazones. No les trajo paz. Lo que habían hecho trajo sobre ellos vergüenza y culpa en relación a Dios. Es importante entender que la vergüenza y la culpa no fueron solo experiencias psicológicas o emocionales; fueron reales y tuvieron que lidiar con eso.
Lidiar con nuestra culpa y vergüenza es de lo que se trata la Biblia. Es acerca de la redención, es decir, el pago de una deuda de culpa y vergüenza que tiene que ser pagada. Ese pago fue hecho en la cruz. Jesús tomo nuestra vergüenza, colgado públicamente entre criminales. Él llevó nuestra culpa tomando nuestro pecado sobre sí y pagando el precio que había que pagar por ello – la muerte. Él hizo esto aun cuando no era culpable ni tenía de que avergonzarse porque era un hombre perfecto. Él no hizo esto por sí mismo; cada acto en todo este proceso fue substitutivo, fue hecho por nosotros. ¿Para qué? Para que la culpa y la vergüenza no se apoderaran de nosotros; para que en el denuedo de la fe celebratoria dejáramos de escondernos, cesáramos de excusarnos, desistiéramos de culpar a otros, y renunciáramos a estarnos defendiendo. Para que ya no tuviéramos miedo de decir, “tienes razón, yo estoy mal y necesito que me perdones.” Para que pudiéramos decir, “sé que lo arruiné todo anoche, pero estoy dispuesto a ser mejor.” Para que pudiéramos decirnos el uno al otro, “necesito tu ayuda. Yo no siempre me veo tal como soy. Si tú ves algo mal en mí, te permito que me ayudes a verlo también.” Para que pudiéramos mirar nuestros matrimonios y no pretender que son perfectos, sino celebrar el hecho de que, a través de los años, hemos dado varios pasos importantes para acercarnos a lo que Dios nos llamó a ser y a lo que designó que nuestro matrimonio sea.
Como ves, las confesión no debe ser esa cosa temible que tratamos de evitar a toda costa; y el pecado, las debilidades y los errores no deberían ser el constante elefante en el cuarto que los esposos y esposas saben que esta allí pero no quieren hablar de ello. La confesión debería ser vista como un maravilloso regalo que cada matrimonio necesita. Debería ser liberador. No debería ser visto como un momento de pérdida, sino como una oportunidad para una ganancia personal en nuestra relación. Nuestra confesión debería ser impulsada por un profundo aprecio y gratitud hacia Dios, quien ha hecho posible para nosotros no tener más miedo a ser expuestos. Por causa de lo que Jesús ha hecho por nosotros, no deberíamos tener que esconder o excusar nuestras fallas. Somos libres de aparentar que somos perfectos, cuando en lo profundo de nuestro corazón sabemos que no lo somos. Hemos sido liberados de tener que negar nuestras dificultades. Podemos ver a los problemas cara a cara con esperanza y coraje porque Cristo ha hecho posible el cambio verdadero, permanente y personal en las relaciones. Comenzar de nuevo de manera fresca realmente sucede y puede ser nuestra experiencia. ¿Se está beneficiando tu matrimonio de la libertad de confesión?
LOS HABITOS DIARIOS DE UNA VIDA DE CONFESIÓN
¿Cómo luce tomar en serio la gracia de la confesión, dejar de hacerse de la vista gorda y hacer de la admisión honesta de los errores el hábito regular de un matrimonio? Bueno, aquí están los hábitos de la confesión como estilo de vida.
1) Seremos amorosamente honestos. La confesión requiere honestidad. Requiere la disposición a confrontar al otro cuando ha actuado o hablado de una manera que Dios dice que es errónea. Tenemos que comprometernos a lidiar con esos asuntos de una manera que sea motivada por un amor como el de Cristo. Esto significa que antes que podamos hablarle a otros de los problemas de su corazón necesitamos tratar con el dolor, la cólera y la amargura del nuestro. Recuerda, la verdad no hablada en amor cesa de ser útil porque el mensaje es tergiversado y distorsionado por otras emociones y agendas humanas. Cuando nos acercamos a nuestro cónyuge, estamos buscando ayudarle a ver lo que Dios quiere que vea. Recuerda, no podemos confesar lo que no vemos.
2) Seremos humildes cuando seamos confrontados. La humildad, cuando somos confrontados por el otro, significa la disposición a considerar. Significa aquietar ese ruido de fondo que brota de nuestro sistema de defensa interno. Significa recordar que no hemos arribado, que aún somos pecadores diariamente necesitados de la gracia y que en el momento de la confrontación estamos siendo amados por nuestro Redentor. La humildad significa la disposición a mirar en el espejo de la Palabra de Dios y regocijarnos en que cualquier cosa que veamos ya ha sido cubierta por la sangre de Jesús.
3) No pondremos excusas. Es un impulso tan típico en todos nosotros: alguien señala nuestra falta y de inmediato nos llenamos de una visión alternativa que nos sitúa bajo una diferente luz. Rehusar poner excusas significa resistir la urgencia de levantar argumentos para nuestra justificación. Significa rehusar darle vuelta a las cosas para que el otro sepa que no somos los únicos pecadores en la habitación.
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