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Kitabı oku: «Historia de Venezuela, Tomo I»

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PRÓLOGO

Publicada en dos volúmenes la primera parte del manuscrito del Padre Pedro de Aguado, referente á la conquista y población de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada, estima la Real Academia de la Historia que, perseverando en su propósito de sacar del olvido en que inmerecidamente se encuentra uno de los más autorizados historiadores primitivos de Indias, debe dar á la imprenta la segunda parte de dicho manuscrito, consagrada por el autor al descubrimiento y fundación de la Gobernación y Provincia de Venezuela.

Al hacerlo, la Real Academia de la Historia cree realizar una obra de justicia, reivindicando para el Padre Aguado la gloria de haber sido la fuente, por decirlo así, á que hubieron de recurrir todos los historiadores posteriores de Venezuela para trazar el cuadro, bien triste, por cierto, de los primeros pasos dados en el camino de la civilización por aquella extensa, rica y variadísima comarca.

Oviedo y Baños, al que por algunos se ha considerado, con notoria parcialidad, como el primero que dió á conocer de un modo detallado los sucesos que, referentes á Venezuela, había apuntado en términos muy generales Antonio de Herrera en sus Décadas de Indias, se sirvió principalmente de las Noticias históricas de la conquista de Tierra Firme del Padre Pedro Simón; pero como ya se hizo notar tratando de la Historia de Santa Marta, el Padre Simón, que no pudo ser testigo presencial de la mayor parte de los sucesos que narra, confesó honradamente que había utilizado mucho el manuscrito del Padre Aguado, y comparando las obras de ambos franciscanos, se observa que no es exagerada la confesión de aquél, sino pequeño tributo rendido á la memoria del docto provincial de la de Santa Fe. De modo que al seguir el método y orden y utilizar los informes de fray Pedro Simón, no hizo Oviedo y Baños otra cosa que continuar por el camino que dejó trazado el Padre Aguado.

Pero como fray Pedro Simón, si en unas partes copió al Padre Aguado, en otras se limitó á extractar sus relatos, y como Oviedo y Baños, aunque siguió á aquél, prescindió de no poco de lo consignado en Noticias historiales, eliminando, según hizo notar el Sr. Fernández Duro, lo referente á los descubrimientos y conquistas por el Orinoco y el Meta, á los territorios de Paria, Cumaná, Guayana, isla de la Trinidad, Cubagua y Cabo de la Vela, así como sucesos importantes ocurridos en la laguna de Maracaibo, resulta la obra del historiador caraqueño mucho menos completa que la del Padre Aguado. Estas deficiencias se acentúan en lo relativo al estado del país, condición de los naturales y usos y costumbres de los indios al verificarse la conquista, y en todo lo referente á la descripción del terreno.

No es esto desconocer el mérito indudable de la labor realizada por Oviedo y Baños, sino sencillamente restablecer con imparcialidad la realidad de los hechos y dar á cada uno lo suyo. Escribiendo dos siglos después que el Padre Aguado y siglo y medio más tarde que el Padre Simón, Oviedo y Baños pudo utilizar elementos de información con los cuales no pudieron contar aquéllos, y ampliar y completar su relato; pero en el fondo, en lo esencial de cuanto se refiere á los orígenes de la Gobernación de Venezuela, principio de la conquista y colonización, aprovechó indirectamente, por intermedio del Padre Simón, el trabajo de fray Pedro de Aguado.

Es, pues, este docto franciscano el primero, cronológicamente, de los historiadores de la Gobernación de Venezuela, como es el primero de los historiadores de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada; y su relato, que en todo lo que él pudo abarcar resulta el más detallado y completo, tiene una autoridad de que carecen los demás: la autoridad de haber sido el Padre Aguado testigo presencial de muchos de los sucesos que narra, y de haber recogido las noticias de otros, de labios de los que fueron actores ó espectadores de ellos; por lo cual, en múltiples ocasiones consigna opuestas versiones acerca de un mismo hecho, dando con ello una prueba de imparcialidad.

Si esto no fuese bastante para justificar el que la Real Academia de la Historia desee dar á conocer íntegramente el manuscrito del Padre Aguado, otras consideraciones de verdadero peso hacen indispensable la publicación de la Historia del descubrimiento y fundación de la Gobernación y Provincia de Venezuela.

Es la primera la de que hubo tal enlace entre la conquista y colonización del Nuevo Reino de Granada y la conquista y colonización de Venezuela, que muchas veces se confundieron, por lo cual la Historia de las primeras se completa en la Historia de las otras. En muchos años no hubo verdaderos límites entre una y otra Gobernación; ni se fijaron oficialmente, ni cuando esto se hizo pasó de ser una demarcación vaga, sin realidad ni eficacia, por efecto de no conocerse el terreno. Los límites fueron surgiendo poco á poco, por virtud de múltiples disposiciones; pero no existiendo en la época de la conquista, no puede extrañar que, frecuentemente, los que salían de Santa Marta llegasen á territorio de Venezuela, y que los que salían de Coro penetrasen en lo que correspondía al Nuevo Reino. Además, unos y otros persiguieron durante mucho tiempo aquella seductora fábula de El Dorado, que tanta sangre hizo derramar y tantas vidas costó, y esta quimera contribuyó también á confundir ambas empresas. De aquí que, para conocer por completo la Historia de la conquista y colonización del Nuevo Reino de Granada, sea indispensable conocer también la Historia de la conquista y colonización de Venezuela, y que no sea posible darse cuenta exacta de éstas sin estudiar al propio tiempo aquéllas. Así debió comprenderlo el Padre Aguado, y por ello, sin duda, presenta en su manuscrito la Historia de Venezuela como la segunda parte de la Historia de Santa Marta y el Nuevo Reino, y claro es que no publicando aquélla resultaba incompleta la publicación de ésta.

Además, y esta es la otra consideración á que antes se aludía, el manuscrito de fray Pedro de Aguado ha sido publicado en América de un modo incompleto y con numerosos errores. De la Historia de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada se publicaron en Santa Fe de Bogotá, el año 1906, los nueve primeros libros de los diez y seis de que consta; pero hecha la publicación por una copia indudablemente muy imperfecta, salió aquélla con tantas omisiones y con tantas erratas, que no es posible formar por esa edición juicio exacto de la labor del docto franciscano. La segunda parte ha sido publicada en 1915 en Caracas, por disposición del Gobierno del General Juan Vicente Gómez, bajo la inspección de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela. La copia del manuscrito que sirvió para esta edición fue hecha en Madrid por el individuo del Cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos D. Rafael Andrés y Alonso, y era, indudablemente, mucho mejor que aquella otra; pero se resiente de no haberse fijado bien en el sentido de los párrafos para la puntuación, por lo cual, siendo ésta un tanto caprichosa, muchos períodos resultan ininteligibles; y esto, unido á que la corrección de las pruebas no debió hacerse con el esmero debido, da por resultado que la edición sea sumamente deficiente. La memoria del Padre Aguado y la exactitud histórica demandaban de consuno que se hiciese una reproducción exacta y fiel del manuscrito del docto franciscano; y esto es lo que se ha propuesto la Real Academia de la Historia.

En esta edición se ha respetado escrupulosamente el original, no tratando de corregir el estilo ni de enmendar errores del texto; pero señalándolos y rectificándolos por medio de notas cuanto se ha creído indispensable para la mejor inteligencia de aquél. Además, como esta publicación no responde á un interés exclusivamente filológico, sino á un propósito esencialmente de cultura histórica, al final de los capítulos que lo exigen se han consignado ampliaciones y comentarios á los asertos del Padre Aguado, utilizando para ello con preferencia documentos de la época de la conquista y colonización, unos inéditos y otros pocos conocidos.

Esa época entraña en Venezuela grandes enseñanzas, lo cual aumenta el valor y la utilidad de la obra de fray Pedro Aguado, y en ella deben fijarse muy especialmente cuantos censuran la labor colonial de España.

Durante diez y ocho años gobernaron en Venezuela los alemanes. Primero, Ambrosio Alfinger; luego, Jorge de Spira y Federmann; después, Felipe Huten, y, por último, Enrique Remboldt. En la historia de estos gobernadores – si es que merecen este nombre, porque, en realidad, no fueron más que unos aventureros de escasos alientos y de mediana fortuna – no puede registrarse ninguna acción verdaderamente grande, ninguna acción que recuerde siquiera el arrojo incomparable, la temeridad, rayana en la locura, de Cortés, de Pizarro, de Ximénez de Quesada, y de tantos otros españoles que lograron inmortalizar sus nombres. En cambio, ¡cuánta inhumanidad, cuántos crímenes, cuánta desolación y cuánta miseria señalaron su paso por el país! Acaso en ninguna otra parte sufrieron tanto los indios, y acaso en ninguna se derramó, oscuramente, sin gloria y sin provecho, tanta sangre española; y, sin embargo, puede decirse, sin incurrir en exageración, que la colonización de Venezuela no comenzó en realidad hasta que en 1546 llegó á Coro por Gobernador el licenciado Juan Pérez de Tolosa, cuya labor, desgraciadamente interrumpida bien pronto por la muerte, se continuó bajo los gobiernos del licenciado Villacinda y de Gutierre de la Peña. Más aún: durante la administración de los alemanes ni siquiera se logró realizar de un modo efectivo la conquista, pues ésta la llevaron á cabo luego capitanes españoles, como Diego García de Paredes, hijo del Sansón de Extremadura, el mestizo Francisco Fajardo, Juan Rodríguez Sánchez, Julián de Mendoza, Cristóbal Cobos y aquel Diego de Losada del que con razón se ha dicho que fué uno de los capitanes más ilustres que hubo en América en el siglo XVI.

Para todo el que estudie con ánimo desapasionado é imparcial la conquista y colonización de Venezuela durante el período de los gobernadores extranjeros, resulta evidente que la labor de los alemanes adoleció de los mismos defectos, cuando menos, que la de los españoles, pero que, en cambio, careció de la grandeza que hace de la de estos últimos una verdadera epopeya. Es decir, que lo que hubo de censurable en la acción de España en las Indias, no fué propio y peculiar de nuestras ideas y de nuestro carácter, porque en los mismos errores incurrieron los alemanes, y en los mismos habrían incurrido, seguramente – y lo sucedido en otros países lo demuestra – hombres de diversa nacionalidad; mientras que la grandeza épica de la conquista de Méjico, del Perú, del Nuevo Reino de Granada, etc., esa es nota especial, peculiarísima, de España; nota por nadie superada en empresas semejantes, y aun cabe decir que por nadie igualada.

Semejantes enseñanzas importa mucho que sean divulgadas; y para conseguirlo hace falta que se estudie en sus detalles la conquista y colonización de Venezuela, especialmente en el período en que esta obra fué dirigida por los alemanes.

Por todo ello entiende la Real Academia de la Historia que la publicación de la segunda parte del manuscrito de fray Pedro de Aguado responde á una triple finalidad: es un homenaje debido en justicia á la memoria del docto franciscano; facilita y completa el conocimiento de la Historia de la conquista y colonización del Nuevo Reino de Granada, tan íntimamente enlazada con la de Venezuela, y entraña una gran lección para los apasionados detractores de la obra colonial de España. No hace falta más para justificar el acuerdo de la docta Corporación.

JERÓNIMO BÉCKER.

SEGUNDA PARTE

de la istoria que conpuso fray Pedro de Aguado, de la horden de San Francisco, de la obsservanzia, ministro prouincial de la prouincia Ssancta Fee, en el nuevo Reyno de Granada, Indias del mar Oçeano. En el cual se trata el descubrimiento y fundacion de la gouernacion y provincia de Uenencuela, con el descubrimiento de la isla Trenidad, y fundazion de la ciudad de Cartagena y su gouernacion, en Tierra Firme; con el alçamiento y tirania de Lope de Aguirre, traydor, hasta que fue muerto en la gouernacion de Uenencuela por los del campo del Rrey. Cventase todo el descursso del general Pedro de Orssua, que fue muerto por este traidor Aguirre yendo en busca de la tierra que llaman Dorado.

con licencia y privilegio realde Castilla y de las Indias.

EL RREY

Por quanto vos, fray Pedro de Aguado, frayle menor de la observancia de la horden de San Françisco, nos abeis hecho relaçion que abeys conpuesto vn libro entitulado el descubrimiento, paçificaçion y poblacion de las provincias de Santa Marta y Nuebo Rreyno de Granada, de las nuestras Indias del mar Oçeano, dividido en dos partes; obra de mucha curiosidad y que en trazella1 abiades pasado mucho trabajo, suplicandonos os mandasemos dar pribilegio por algun tienpo para que ninguna persona si no fueses vos o quien tuviese vuestro poder, no lo pudiesen ynprimir ni vender en las nuestras Indias, o como la nuestra merced fuese; y abiendose visto por los del nuestro Consejo de ellas, y el dicho libro2, atento a lo susodicho lo abemos tenido por bien; por ende, por la presente damos licençia y facultad a bos, el dicho fray Pedro de Aguado, para que por tienpo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el dia de la data desta nuestra çedula en adelante, solamente vos o quien vuestro poder obiere y no otra persona alguna, podays llevar el dicho libro a las dichas nuestras Indias, yslas y Tierra firme del mar Oçeano, e ynprimille y vendelle en ellas; y mandamos que en ello a bos o a quien3 dicho vuestro poder obiere, no se os ponga ynpedimento alguno; y que durante el dicho tienpo de los dichos diez años, ninguna persona si no fueres vos el dicho fray Pedro de Aguado y quien tuviese vuestro poder, no pueda ynprimir ni vender en las dichas nuestras Indias ni en parte alguna de ellas el dicho libro, so pena de perdimiento de los que ynprimieren o bendieren y de las ynprentas, moldes y otros aparejos con que los ynprimieren, y demas de ello çinquenta mill marabedis por cada vez a cada vno que lo contrario hiziere, la mitad para nuestra Camara y fisco y la otra mitad para vos el dicho fray Pedro de Aguado; y mandamos a los nuestros Visorreyes, Presidentes y Oydores de las nuestras Abdiençias rreales de las dichas nuestras Indias, yslas y Tierra firme del mar Oçeano y a qualesquier nuestros Governadores de ellas que guarden y cumplan y hagan guardar y cumplir esta nuestra çedula y lo en ella contenido, y contra su tenor y forma no bayan ni pasen ni consientan yr ni pasar en manera alguna, y executen y hagan executar la dicha pena en los que contra lo susodicho fueren ó pasaren. Fecha en Lisboa, a tres de Setiembre de mil y quinientos y ochenta y vn años.

YO EL RREY.

EL RREY

Por quanto por parte de vos, fray Pedro de Aguado, de la horden de San Francisco, de la rregular observançia, nos a sido fecha rrelaçion4 que vos abiades conpuesto vn libro yntitulado Primera y segunda parte del descubrimiento, paçificaçion y poblaçion del Nuebo Rreyno de Granada de las Indias, el qual era muy vtil y provechoso; y atento al trabaxo que en le hazer abiades pasado, nos suplicastes os mandasemos dar liçençia para lo poder ynprimir, y prebiliego por tienpo de diez años, o como la nuestra merced fuese; lo qual visto por los de nuestro Consejo y como por su mandado se hizieron las diligencias que la prematica por nos nuebamente hecha sobre la ynpresion de los libros dispone, y por os hazer bien y merçed fue acordado que deviamos mandar dar esta nuestra çedula para vos en la dicha rrazon, y nos tubimoslo por bien; y por la presente os damos liçençia y facultad para que por tienpo de diez años primeros siguientes, que corran y se cuenten desde el dia de la fecha desta nuestra çedula, vos o la persona que vuestro poder tuviere, y no otra persona alguna, podays ynprimir y bender el dicho libro que de suso se haze mençion, y por la presente damos liçençia y facultad a quarquier ynpresor destos nuestros Rreinos que vos nonbraredes para que por esta bez lo pueda ynprimir, con que despues de ynpreso, antes que se venda lo traygays al nuestro Consejo, juntamente con el original que en el se vio, que ba rrubricado y firmado al cabo de Pedro Çapata del Marmol, nuestro secretario de Camara, de los que en el nuestro Consejo rresiden, para que se corrija con el y se os tase el preçio que por cada bolumen obieredes de aber; y mandamos que durante el dicho tienpo persona ninguna, sin vuestra liçençia, no lo pueda ynprimir ni vender, so pena que el que lo ynprimiere o bendiere aya perdido y pierda todos y qualesquier libros y moldes y aparejos que del tuviere, y mas yncurra en pena de çinquenta mil maravedis por cada vez que lo contrario hiziere, la qual dicha pena sea la terçia parte para el juez que lo sentençiare y la otra terçia parte para la persona que lo denunçiare y la otra terçia parte para nuestra Camara; y mandamos a los de nuestro Consejo, Presidente y Oydores de las nuestras Avdiençias, Alcaldes, alguaziles de la nuestra Casa-Corte, y Chancillerias, y a todos los Coregidores, Asistentes, Governadores, Alcaldes mayores y hordinarios y otros Juezes y Justiçias qualesquier de todas las çivdades, villas y lugares de los nuestros Rreynos y Señorios, ansi a los que agora son como a los que seran de aqui adelante, que vos guarden y cumplan esta nuestra Çedula y merçed que ansi vos hazemos, y contra el tenor y forma de ella ni de lo en ella contenido, vos no bayan ni pasen ni consientan yr ni pasar por ninguno, so pena de la nuestra merced y de çien mil maravedis para nuestra Camara; y fecha en Lisboa a seys dias del mes de Jullio de mil y quinientos y ochenta y dos años.

YO EL RREY.

PROLOGO AL LETOR

No deven ser olbidados por silençio los hechos y obras tan eroicas de nuestros naturales españoles, en espeçial aquellos que para honrra y gloria de Dios sean hechos, y como quiera que por la mayor parte sean los honbres de flaca y fragil memoria, prouee nuestro Dios, con su grande sabiduria, a mober los coraçones de algunos para que escriviendo las tales obras y haziendo libros e historias, sean por esta manera rreduzidos a la memoria, a lo qual con façilidad son mobidos por el gusto y contento que dello rreçiben, por la memoria que dellos queda en los libros que conponen de obras virtuosas y notables hechos pasados; por que como dize Balerio, no ay humildad en el mundo, por grande que sea, que no sea tocada de dulçura y contento, y porque la memoria de los hechos y hazañas pasadas es vn exenplo para consultar las verdaderas5.

Tocado algun tanto del dicho dulçor, me puse a rrecupilar esta segunda parte de mi Historia, en la qual se tratan y escriven los muchos trabaxos, hanbres y muertes que nuestros españoles pasaron en los descubrimientos de parte del nvebo mundo de Indias, donde no solo mostraron sus ynbençibles esfuerços y fuertes animos españoles en hanbres, desnudez, navfragios y calamidades que pasaron, mas tanbien en gerras y batallas que con ynnumerables numeros de gentes tubieron, siendo con grande pujanza acometidos con grandes victorias dellos salieron con el fabor de aquel ynmenso Dios por cuyo amor deseando la conversion de aquellas gentes tan barbaras y avmento de nuestra Santa Fe catolica estos trabaxos tomaron6.

Tratase del primer descubrimiento de Venençuela y su primer fundacion, con todo lo en ella subçedido hasta la muerte del traydor Lope de Aguirre, que en la çivdad de Barquiçimeto fue muerto y desbaratado7. Asi mesmo se trata el descubrimiento de la ysla Trinidad, con todo lo en ella subçedido al capitan Antonio Sedeño, y la fundaçion de la governaçion y çivdad de Cartagena, puesta y asentada en la costa del mar Oceano, en Tierra Firme, con el discurso del governador Pedro de Orsua, hasta que fue muerto por Lope de Aguirre y Don Hernando de Guzman en el rrio Marañon; en el qual discurso se veran grandes crueldades, muertes y rrobos que estos hizieron, hasta que fueron desbaratados en la governaçion de Benençuela; a todo lo qual me a mobido y conbidado las rrazones y cavsas que en mi prologo de la primera parte tengo dadas, donde se podran ver.

Y asi del tienpo que en aquel trabaxo y en este pase, que algunos podra pareçer no tan deçente a mi estado y profesion como lo fuera si en otras Historias mas espirituales me ocupara, quedare escusado si con coraçones sinçeros y desapasionados se mira, pues esto lo abia de hazer alguno, y en ello abia mucho descuydo, a cuya cavsa quedara muy presto en oscuridad de olbido, y fuera casi ynposible aberse la claridad tan verdadera como en este tiempo yo he abido con tanto trabaxo quanto por lo en la misma Istoria contenido podra ser visto y conocido.

LIBRO PRIMERO

EN EL LIBRO PRIMERO SE QUENTA Y DA NOTIÇIA DEL PRINÇIPIO Y ORIGEN QUE8 ESPAÑOLES TUBIERON EN LA GOVERNAÇION DE BENENÇUELA, Y QUAL FUE LA PRIMERA ÇIVDAD DESPAÑOLES QUE EN ELLA OBO, Y QUIEN LA FUNDO Y DE QUE SUERTE, Y COMO LOS BEZARES OBIERON AQUELLA GOBERNAÇION DEL ENPERADOR, Y QUIEN FUE EL PRIMER GOVERNADOR QUE A ELLA ENBIARON, Y COMO ESTE SU PRIMER GOBERNADOR SE PUSO A HAZER NVEBOS DESCUBRIMIENTOS, Y LA MALA FORTUNA QUE EN ELLOS OBO; Y DE COMO FUE MUERTO EN LA JORNADA O DESCUBRIMIENTO QUE HIZO A LAS PROVINÇIAS, DONDE ESTA POBLADA PANPLONA. TRATASE ASI MESMO DE LA LAGUNA DE MARACAYBO Y GENTES QUE EN ELLA ABITAN, Y DE VN PUEBLO DESPAÑOLES QUE ALLI QUEDO FUNDADO. DIZESE EN EL LA PERDIDA DE VN CAPITAN GASCUÑA CON SESENTA MIL PESOS, Y DE VN ESPAÑOL QUE ESCAPANDO DE LOS DE GASCUÑA BIVIO ENTRE YNDIOS ÇIERTO TIEMPO HASTA QUE SALIO DE ENTRE ELLOS.

CAPITULO PRIMERO

En el qual se escribe el prinçipio que tubo la governaçion de Benençuela, y quales fueron los primeros españoles que la prinçipiaron.


Del descubrimiento y primera poblazon de la gobernaçion de Benençuela no e hallado la claridad que quisiera y era justo para que la rrelaçion y notiçia que desta governaçion escrivo fuera entera y mas a gusto de los lectores, porque entiendo que a nuestros sucesores e ystoriadores que en los siglos venideros nos subçedieren, no dexara de serles desgustoso este defecto. Mas podran creer que no es culpa de mi parte, porque çiertamente e puesto la diligencia a mi posible para saberlo muy de rrayz, y solo e hallado que en el año de mil y quatroçientos y nobenta y ocho, en el tercero viaje que Don Cristoval Colon hizo a las Indias, quando enbocando por las bocas del Drago, que entre la ysla de la Trinidad y Tierra Firme se hazen, vino a dar a Cumana y a la isla Cubagua, donde hallo las pesquerias de las perlas, y costeando toda aquella costa hazia el Poniente descubrio hasta el cabo de la Vela, donde asi mesmo abia pesqueria de perlas; en esta navegaçion y descubrimiento entro toda la costa de Venençuela, que es desde el puerto y provincia de Caracas hasta la laguna de Maracaybo.

Despues desta primer vista no e hallado que otros españoles entrasen en esta tierra de Venençuela, con armada ni sin ella, hasta que despues del año de mil y quinientos y veynte y çinco que fueron dados por esclavos los yndios, y abia en la9 ysla Española muchos vezinos que hazian armadas y pasaban a las demas yslas y a la costa de Tierra Firme a hazer cabalgadas y entradas en las poblazones de los yndios y prender los que podian y hazellos esclavos, que este era su prinçipal trato y contrato. Entre estos mercaderes o tratantes era vn Juan de Ampres, factor del Rrey en aquella ysla, el qual en este tiempo hizo çierta gente para pasar adelante con su manera de trato. Dizese deste Juan de Ampres que abiendo salido de Santo Domingo a hazer esclabos, que aporto al golfo y costa de Venençuela adonde dizen el cabo de San Rroman, y se metio en vn ancon que por cavsa deste promontorio o punta haze alli la mar, en el qual estando surto y abiendo saltado en tierra, tubo notiçia que en aquella tierra o provinçia estaba vn señor o prinçipal, de naçion caquetio, que por la mayor parte suelen ser gente de muy buena disistion e ynclinaçion y amigos de españoles. Este principal subjetaba y mandaba toda aquella provinçia y era muy poderoso, y por este respecto muy temido y avn tributado de todos sus çircumbezinos, con lo qual façilmente los abia hecho creer que el era el avctor y hazedor de muchas cosas que la tierra y elementos naturalmente produzen por la ordenaçion divina, como son las llubias, granizos, truenos y relampagos y eladas y secas; y como del caer estas cosas a sus tiempos dependen los buenos temporales y frutificaçion de la tierra, y el tener sustento las gentes, aquellos naturales temian con muy amedrentados animos el poder deste prinçipal, y ansi quasi lo tenian por Dios, acatandolo y rreberençiandolo con estremo grado, y procurando estar todos subjetos a su voluntad en tanto grado que quando abia de yr fuera de su casa o pueblo10 algunas rrecreaciones o pasatiempos o a guerras, era llevado por los mas prinçipales de sus subjetos, cargado en los hombros, en vn genero de lecho que comunmente llaman hamaca, sin que ninguna distançia del camino poca ni en mucha cantidad la caminase a pie ni en ningun genero de jumentos, porque en esta tierra no los abia en aquel tiempo, avnque agora, como adelante se vera, es muy abundante de todo genero de ganados.

Juan de Ampres, sabida la grandeza deste señor, procuro tener comerçio y trato con el, entendiendo que de su amistad le rredundaria mucho bien y provecho a el y a sus compañeros, y asi tubo modos y maneras como este prinçipal le viniese a bisitar y a ber, porque avnque estaba en su tierra y era tan poderoso como se a dicho, y el Juan de Ampres de menos gente y posible, quiso vsar del termino que siempre nuestros españoles an vsado en las conquistas y descubrimientos, dando a entender a los naturales, por muy poderosos y pujantes que sean, no tenellos ni estimallos en nada, para por esta via ser mas estimados dellos; y asi fue bisitado deste prinçipal, el qual hizo esta visita con tanto hornato quanto pudo para que los españoles conoçiesen y viesen por aquello ser mucho su poder y aber. Traxo algunas cosas de presente, asi de comidas como de oro y mantas, lo qual rreçibio Juan de Ampres, y en rremuneraçion dello le dio algunas cosas y rrescates despaña, que avnque por los yndios y prinçipal fueron tenidas en mucho por ser muy nuebas a ellos, soy çierto que nunca llegaron al preçio y valor de lo que le presento este prinçipal, porque me çertificaron que pasaron de ocho mil pesos de oro fino, sin las demas cosillas de mantas y comidas y otros jugetes que los yndios suelen presentar.

Alli se hablaron y comunicaron por sus ynterpretes, y trataron de pazes y amistades, la qual siempre hasta el dia de oy conservo este prinçipal y sus sujetos; y avnque en diversas vezes le an dado ocasion de quebralla, y avn an pasado por las demas tribulaçiones de ser saqueados y rrobados de soldados y algunos dellos hechos conclabi11, pero con todo esto siempre an conservado la primera paz.

Determino de hazer alli rrancheria y asiento y de no dexar desierto aquel sitio de españoles, pareçiendole seguro puerto para hazer sus entradas en aquella tierra firme y pasar mas prosperamente adelante con sus grangerias, y asi hasta oy no se despoblo, porque alli o cerca de alli esta poblada la civdad que dizen de Coro, que fue la primera que en aquella governaçion se poblo.

Este es el origen e prinçipio que tubo la governaçion de Venençuela, el qual asi como en alguna manera fue ynfeliçe, haziendo esclabos los naturales, asi el suceso della nunca a sido muy feliçe, porque con estar en ella pobladas seys civdades, que son Coro, Burburata, la Balençia, Baqueçimeto, el Tocuyo, Truxillo y otros dos pueblos que agora nuebamente se an poblado en la provinçia de Caracas, no son bastantes los quintos quel Rrey alli tiene para pagar los ofiçiales que administran y goviernan aquella tierra espiritual y temporalmente, y ansi cumple su Magestad los salarios que al Obispo y Governador da y a los demas, de la rrenta que tiene en el Cabo de la Vela o Rrio de la Hacha, ques donde sacan las perlas.

Y porque lo que aqui e apuntado en suma, se yra viendo por el discurso de la presente Istoria, pasaremos adelante con los negocios de nuestra governaçion de Veneçuela(A).

NOTAS AL CAPITULO I

(A) Poco precisos, como de meras referencias, son los informes del P. Aguado acerca de las origenes de la Gobernación de Venezuela, y no del todo exacto lo que se refiere á Juan de Ampies ó de Amprés.

No fué éste el primero á quien se autorizó para efectuar rescates en dicha parte. Antes que á Ampies le fué otorgada al escribano de la Audiencia y Chancilleria de Santo Domingo, Diego Caballero, licencia real para que, bajo la inspección del Oidor de dicha Audiencia, licenciado Jerónimo Lebron, aprestase, en el término de ocho meses, una armada, y se dedicase con ella á rescatar en la parte de Tierra Firme comprendida entre los Cabos de San Román y de la Vela, esto es, en una extensión de unas cien leguas de costa12.

Tuvo esto lugar en 1525; pero al año siguiente, acaso porque los resultados obtenidos por Caballero no fuesen de gran provecho, el almirante Don Diego Colón y el juez de residencia de la Española, licenciado Rodrigo de Figueroa, concedieron al factor de dicha Isla, Juan de Ampies, autorización, confirmada por el Emperador el mismo año, para rescatar sin violencias en las islas comarcanas de «la Tierra firme llamada Castilla del Oro y en los parajes de Coquibacoa y Sauca y Paraguachoa», y «para poblar las dichas islas y las guardar de las armadas que por ellas pasasen, é industriar (á los indios) en las cosas de nuestra Santa Fe Católica»13.

De modo que Ampies no fue á Venezuela por su sola voluntad y sin autoridad alguna, como parece desprenderse del relato del P. Aguado, sino con licencia real é investido de facultades para poblar y gobernar; facultades de que hizo uso con sentido politico y humanitarios sentimientos, protegiendo de modo resuelto á los indígenas y procurando asi atraerlos y reducirlos.

El verdadero nombre del factor llamado por el P. Aguado Juan de Ampiés, y por el P. de Simón Juan de Ampués, era Joan Dampies ó Joan de Ampies, pues de estas dos maneras firmó en documentos que originales se conservan en el Archivo de Indias, según hizo notar el Sr. Fernández Duro.

CAPITULO SEGUNDO

En el qual se escrive el prinçipio que tubo la çivdad de Coro, y como la gobernaçion fue dada a los Bezares por el Emperador.


Con el asiento que Juan de Ampres hizo en Venençuela y algunos rricos rrescates y contratos que con los naturales tubo, se dibulgo luego fama por todas las Indias y lugares poblados en aquel tiempo de españoles, de la prosperidad de la tierra, a la cual acudieron gentes de todas partes, vnos a conquistar y bivir por la soldadesca, y otros a hazer esclabos los que tenian liçençia para ello, y otros a rrescatar y contratar con los naturales, por lo qual en breve tiempo se rreformo la rrancheria e alojamiento que alli abia tomado el factor Juan de Ampres, en tal manera que ya pareçia mas rrepublica o çivdad que rrancheria; y ansi le dieron dende a poco tiempo titulo de çivdad, y por ser aquella tierra llamada Coro, fue asi mesmo la çivdad llamada Coro, sin tener mas fundación ni origen del que abemos dicho; avnque luego que le dio la denominaçion de çivdad el que gobernaba la gente que alli rresidia, que era el Juan de Ampres, nombro sus alcaldes y rregidores que gobernasen y rrigiesen aquella rrepublica(A), en la qual manera de govierno se sustento algun tiempo, que fue lo que pudo tardar la nueba de la prosperidad de aquella tierra en llegar a España a tiempo que el Emperador y Rrey Don Carlos era llegado de Alemania, donde abia estado algunos dias procurando mitigar y apagar las perniçiosas çentellas y avn abrasadoras llamas quel Lutero, el año atras de veynte y vno derramaba y sembraba entre aquellas gentes, y su benida fue a dar asiento de todo punto en las cosas del govierno de los españoles, los quales avian estado fuera de la tranquilidad y asiento que aquel Rreyno suele tener, por cavsa de las Comunidades y alteraçiones que el mesmo año de veynte y vno se abian engendrado entre ellos, por las opresiones y molestias que çiertos governadores estrangeros quel Enperador abia dejado les hazian. En todo lo qual y en la diligençia quel almirante Don Fadrique Enrriquez y el conde estable Don Iñigo de Belasco, despues de aber rrompido y desbaratado el exerçito de los comuneros, pusieron en echar y ahuyentar a los françeses, que aprovechandose de la ocasion y tiempo de ver ocupados a los españoles en las çebiles guerras que ente si tenian, se abian entrado por el Rreyno de Nabarra y apoderadose de la mayor parte del, se abia rregastado14 mucha mas suma de dineros de la que las rrentas del Enperador podian suplir; y no obstante estos gastos rreferidos, sustentaba al presente, avnque avsente, la gerra y defensa del Estado de Milan, donde en conpetencia del Rrey de Francia tenia su exercito y campo, sustentandolo con superbas espensas y gastos que semejantes miliçias traen consigo.

Y15 avnque esta gerra le subçedio prosperamente al Emperador, porque en ella su exercito desbarato al françes y prendio al rrey Françisco de Françia y fue traydo a España por Don Carlos de Lanoy el año de veynte y seys, no fue esta victoria bastante para rrecuperar y soldar los gastos y daños pasados; y asi el Emperador se hallava a esta sazon con nesçesidad de ser socorrido y faboreçido de dineros. Avn en el qual tiempo era famosa la compañia o gran compañia que dezian de los Bezares, po las grandes contrataçiones de mercadurias que en muchas partes del mundo tenian, los quales, oyendo la fama de la prosperidad y rriquezas desta provinçia de Coro o Benençuela que Juan de Ampres abia descubierto, y sintiendo la neçesidad en que el Emperador estaba, ofreçiendose a servirle con çierta cantidad de dineros porque les diese la conquista y paçificaçion desta provinçia y les hiziese señores del primer pueblo que poblasen, con doze leguas de termino a la rredonda, y que pudiesen enbiar gobernadores ellos de su propia avtoridad, los quales fuesen rreçebidos como si por el Rrey fuesen embiados y nombrados.

El Emperador les conçedio, por rremediar alguna cosa su neçesidad y falta de dineros, la governaçion con las condiciones que le pidieron los Bezares, y conque para la paçificaçion y poblazon della no tuxesen otra nacion de gente salvo españoles, y con que el oro y plata y otras cosas que della sacasen fuesen llevadas a España y otras muchas condiciones y posturas que cerca de la juridiçion y quintos rreales el Rrey les puso; de lo qual les fueron luego libradas y dadas çedulas y provisiones rreales, para que vsando dellas y de su juridiçion pudiesen embiar a quien quisiesen por su Governador(B). Demas desto, el Emperador, teniendo atençion a lo que Juan de Ampres abia gastado y trabaxado en descubrir aquella tierra y sustentar aquella rrancheria, y a lo mucho que en elle le abia servido, y al ymteres que dello al Rrey se le avia seguido, le hizo merced de le dar vna ysla que oy es llamada de Coraçao, en la qual abia poblazon de naturales, y al presente los ay, y por el derecho deste Juan de Ampres la posee Vejarano, vezino de Santo Domingo, y tiene della muy buen aprovechamiento de ganados de todas suertes que alli cria, y otras grangerias a que los yndios le ayudan.

Esta esta ysla junto a esta provinçia y çivdad de Coro, obra de tres leguas della, que tienen vn braço de mar que la divide de la tierra firme. Es casi rredonda; tendra en contorno obra de quatro leguas. Los naturales que en ella residen por la mayor parte son ladinos, que es tanto como dezir españolados en la lengua. No tienen alli juez que los tenga en justiçia, porque segun los pocos agravios que los vnos a los otros se hazen, no lo an menester. Algunas vezes suele estar en ella vn saçerdote que administra los sacramentos a estos yndios, a quien enbia y paga su salario el que tiene aquel señorio; y quando ay entre ellos alguna cosa que aberiguar, que como he dicho son bien pocos o ningunos, este sacerdote los conçierta y aberigua(C).

NOTAS AL CAPÍTULO II

(A) No Coro, sino Santa Ana de Coro fué el nombre que recibió la ciudad fundada por Ampies, el 26 de Julio de 1527, en la costa de Coriana ó Curiana, junto al puerto llamado de la Vela.

El nombre de Coro, que según el P. Aguado recibió la ciudad por ser ese el que tenia la tierra, fué tomado, según Castellano, del rio Coro que está inmediato; aunque Fernández Duro indica que ese nombre no es indigena, porque Coro llaman en Navarra á una vid de sarmiento prolongado.

El haberse confundido el puerto de la Vela con el Cabo del mismo nombre dió lugar á errores geográficos en la redacción de algunos documentos oficiales; como de lo mismo fué también causa – añade Zaragoza16– la indeterminación y las vacilaciones ó ignorancias en el señalamiento exacto del punto que debia tenerse y entenderse por Cabo de la Vela, entre los varios promontorios del terreno que, formando un gran Cabo entre las depresiones del Este y Oeste de aquella costa, constituye lo que hoy se llama Peninsula de la Guajira.

(B) La capitulación del Emperador con los alemanes acerca de la conquista, población y gobernación de Venezuela, no tuvo lugar con los Belzares ó Wolseres, sino con Enrique Einguer y Jerónimo Sayller.

Estos, antes de ultimar los tratos, y en virtud de permisos especiales, enviaron sus agentes á las tierras que pretendian se les adjudicasen, y una vez informados por éstos, llevaron adelante sus tratos con el Emperador, y al propio tiempo se concertaron con Garcia de Lerma, que habia sido nombrado Gobernador de Santa Marta y se encontraba bastante apurado de recursos. En su virtud, el 28 de Marzo de 1523 se pactó entre el Monarca y los alemanes una Capitulación, cuyos puntos esenciales son los siguientes:

«El Rey. – Por quanto Enrique Einguer e Geronimo Sayller, alemanes, nuestres vasallos, me hicisteis relacion que vosotros estais informados que Nos mandamos a Garcia de Lerma vaya por nuestro gobernador a la provincia de Santamarta, y porque vosotros teneis noticias de aquella tierra y su comarca, y sabeis que los indios naturales della son belicosos y flecheros, y una parte dellos estan rebelados juntamente con ciertos cristianos y otras gentes que fueron en la muerte del gobernador Bastida; e para pacificar la dicha tierra y reducirla a nuestro servicio de manera que se haya el provecho que de ella se espera, hay necesidad que el dicho Diego Garcia de Lerma vaya muy acompañado y en orden de gente, armas y municiones y bastimentos, y de tal manera proveido que pueda allanar y pacificar la dicha tierra y poblarla y castigar los rebeldes y culpantes en el dicho levantamiento e muerte, para lo qual es menester grandes gastos y dineros; y porque la empresa y poblacion de la dicha tierra no se yerre ni aventure ni dilate, vosotros os ofreceis de hacer una armada de cuatro navios o mas, con doscientos hombres o mas, armados e avituallados por un año, con los quales el dicho gobernador allanará la dicha tierra de Santamarta; y ansi mismo me hicisteis relacion que junto a la dicha tierra de Santamarta y en la misma costa está otra tierra ques del Cabo de la Vela y Golfo de Venezuela y el Cabo de Sant Roman y otras tierras hasta el Cabo de Maracapana, que estan en la misma conquista, en que se incluyen muchas tierras y provincias, la qual tierra con la de Santamarta vosotros os ofreceis a pacificar y poblar de los dichos hombres y mas otros ciento, que seran trescientos por todos, muy bien proveidos y armados, como dicho es, todo a vuestra costa y municion, sin que en ningun tiempo seamos obligados a vos pagar ni a satisfacer los gastos que en ello fizieredes, mas de lo que en esta capitulacion vos sera otorgado, y me suplicastes y pedistes por merced vos hiziese merced de la dicha conquista y poblacion de las dichas tierras, e vos hiziese y otorgase las mercedes y con las condiciones que de yuso seran contenidas, sobre lo qual Yo mande tomar con vosotros el asiento y capitulacion siguiente:

Primeramente, cumpliendo vos lo que de suso os ofreceis, de ir ó embiar la dicha armada con el dicho nuestro Gobernador de Santamarta e pacificando aquella como dicho es, vos doy licencia y facultad para que vos o qualquier de vos, y en defecto de cualquier da vosotros Ambrosio Alfinguer o Jorge Einguer, hermanos de vos el dicho Enrique, o qualquier dellos, podais descubrir y conquistar y poblar las dichas tierras y provincias que hay en la dicha costa, que comienza desde el Cabo de la Vela, o del fin de los limites y términos de la dicha Gobernacion de Santamarta, hasta Marcapana, leste oeste, norte sur, de la una mar a la otra, con todas las islas que estan en la dicha costa, esceptuadas las que estan encomendadas y tiene a su cargo el Factor Joan de Ampies, con tanto que seais obligados de llevar, y lleveis, destos nuestros Reynos e de fuera dellos, de las personas que no estan prohibidas para ir a aquellas partes, a hacer la dicha poblacion y hacer en las dichas tierras dos pueblos o mas, los que a vosotros pareciere y en los lugares que vieredes que conviene; y que para cada una de las dichas poblaciones lleveis a lo menos trescientos hombres, y hagais en la dicha tierra tres fortalezas, todo lo que dicho es á vuestra costa y mincion; y seais obligados a partir de España, con los dichos trescientos hombres, el primero viaje dentro de un año de la fecha de esta capitulacion, y seais obligados a hazer los dichos dos pueblos dentro de dos años despues de llegados; y para todo esto deis la seguridad bastante que vos sera señalada.

Otro si: que demas de los dichos trescientos hombres seais obligados a pasar a las islas Española, Sant Juan y Cuba y a la dicha vuestra tierra y a otras cualesquier partes de las nuestras Indias y Tierra Firme e a las islas nuestras, dentro del dicho termino de los dichos dos años, cinquenta alemanes naturales de Alemania, maestros mineros, a vuestra costa, para que con su industria y saber se hallen las minas y veneros del oro y plata y otros metales que oviere en las tierras e islas, e los repartir por ellas como a vosotros pareciere ques mas provecho nuestro; y que en el buen tratamiento, libertad y exencion que han de tener los dichos alemanes, se guarde lo mismo que esta otorgado y concedido a los mineros alemanes que residen en Galicia, en los mineros de aquel reino.

Y acatando vuestras personas y servicios y la voluntad con que os moveis a hazer lo suso dicho, es nuestra merced y voluntad de vos hazer merced, como por la presente vos la hago, para quel que de vosotros fuere a hazer la dicha conquista y poblazon, todos los dias de vuestra vida seais nuestro Governador y Capitan general de las dichas tierras que ansi descubrieredes y poblardes, con salario en cada vn año por nuestro Governador de doscientos mill maravedis, y por Capitan general cien mill maravedis, y dello vos mandare dar nuestras cartas y provisiones, y si por acaso vos, los dichos Einguer e Geronimo Sayller, no fueredes en persona a lo suso dicho y embiardes a qualquiera de los dichos Ambrosio de Alfinger e Jorge de Einguer a la dicha conquista y poblacion, teniendo poder y nombramiento vuestro para ello, qualquier de los que ansi nombrardes tenga e use los dichos titulos de Governador y Capitan general el tiempo que vosotros quisieredes y por bien tuvieredes, no estando ninguno de vosotros en la dicha tierra.

Ansi mismo vos hare merced, como por la presente vos la hago, del oficio de nuestro Alguacil mayor de las dichas tierras, para vos y para vuestros herederos y sucesores, para siempre jamas, sin que por ello vos sea dado salario alguno mas de los derechos pertenecientes al oficio.

Ansimismo vos hare merced, como por la presente vos la hago, de las tenencias de las dichas tres fortalezas que a vuestra costa os obligais a hazer e hicieredes vosotros en las dichas tierras, por los dias de vuestras vidas y de vuestros herederos para siempre jamas, quales vosotros señalardes y quisierdes, con setenta y cinco mill maravedis de salario en cada un año con cada una dellas, y dello vos mandare dar provision patente con tanto que las dichas fortalezas se hagan, si pareciere a vos y a los dichos nuestros oficiales de la dicha tierra que hay necesidad dellas, y que sean tales quales convenga, a vista de los dichos oficiales.

Otro si: acatando vuestras personas y servicios y lo que en la dicha poblacion abeis de gastar, es mi merced y voluntad de vos hacer merced, como por la presente vos la hago, del titulo y oficio de nuestro Adelantado de las dichas tierras al uno de vosotros los dichos Enrrique Einguer y Geronimo Sayller, qual entre vosotros fuere concertado, para que aquel y sus herederos y sucesores, para siempre jamas, sea nuestro Adelantado de las dichas tierras e islas, y dello vos mandase dar titulo y provision en forma.

Ansi mismo, acatando la voluntad con que os moveis a nos servir en lo suso dicho y el gasto que se os ofrece en ello; Quiero, y es mi voluntad, que en todas las tierras que asi descubrieredes y poblaredes a vuestra costa, segun y de la forma y manera a que de suso se contiene, ayais y lleveis quatro por ciento de todo el provecho que en qualquier manera se nos siguiere, para vosotros y para vuestros herederos y sucesores para siempre jamas, sacado las costas y gastos que por nuestra parte fueren hechas y se hizieren en conservacion y poblacion de la dicha tierra en qualquier manera, y los salarios que mandaremos pagar, asi a vosotros como a otras cualesquier personas y oficiales nuestros y que para la dicha tierra en qualquier manera se proveyeren; pero no se entiende que abeis de llevar parte de las alcabalas ni almojarifazgo, ni penas de Camara, por que esto no es fruto de la tierra y ha de quedar enteramente para Nos.

Item: por vos hacer merced, es mi merced y voluntad, que de los mantenimientos destos Reynos que llevardes a las dichas tierras, no pagueis derechos de almojarifazgo ni otros derechos algunos por todos los dias de vuestra vida, no siendo para los vender, contratar ni mercadear con ellos; pero si despues de llevados los vendieredes, que despues que seais obligados a pagar los derechos de almojarifazgo.

Otro si: vos hago merced de doce leguas de quadra, de las que ansi descubrieredes, para que tengais tierra con que grangear y labrar, no siendo en lo mejor ni peor, esto a vista de vos y de los nuestros oficiales que para la dicha tierra mandaremos proveer, para que sea vuestra propia y de vuestros herederos y subcesores para siempre jamas, sin juridicion civil ni criminal, ni otra cosa que a nos pertenezca como a Reyes y Señores por razon de la suprema.

Y ansi mismo que vos dare licencia, como por la presente vos la doy, para que de las nuestras islas Española, San Juan e Cuba y Santiago, podais llevar a la dicha tierra caballos e yeguas e otros ganados que quisieredes y por bien tuvieredes, sin que en ello vos sea puesto embargo ni impedimento alguno.

Y porque nuestro principal deseo e intencion es que la dicha tierra se pueble de cristianos, porque en ella se siembre y acreciente nuestra santa fe catolica, y las gentes de aquellas partes sean atraidos, convertidos a ella; digo, que por questo haya mas cumplido y breve efeto a los vezinos que con vos, en este primero viaje o despues, a la dicha tierra fueren a la poblar, es mi merced de les hacer las mercedes siguientes:

Que los tres primeros años de la dicha poblacion, no se pague en la dicha tierra a Nos, del oro de mina solamente mas del diezmo, y el quinto año el noveno, y de ay venga avajando por este orden hasta quedar en el quinto; y que de lo restante que se oviere, asi de rescate como en otra qualquier manera, se nos pague el dicho nuestro quinto enteramente; pero entiendase que de los rescates y servicios y otros provechos de la tierra, dende luego havemos de llevar nuestro quinto como en las otras partes.

Otro si: que a los primeros pobladores y conquistadores se les den sus vecindades y dos caballerias de tierras y dos solares, y que cumplan la dicha vecindad en quatro años questen y vivan en la dicha tierra, y aquellos cumplidos lo puedan vender y hazer dello como de cosa suya.

Otro si: que los dichos vecinos que fueren a la dicha tierra el dicho primer viaje, y despues ocho años luego siguientes, no paguen derechos de almojarifazgo de los mantenimientos y provisiones que llevaren para su casa.

Otro si: por hacer merced a vos y a las dichas gentes que a la dicha tierra fueren, mando que por tiempo de los dichos ocho años no sean obligados a no pagar cosa alguna de la sal que comieren e gastaren, de la que en las dichas tierras oviere.

Otro si: vos doy licencia y facultad a vos y a los dichos pobladores para que a los indios que fueren rebeldes, siendo amonestados y requeridos, los podais tomar por esclavos, guardando cerca destos lo que de yuso en esta nuestra capitulacion y asiento sera contenido, y las otras instrucciones y provisiones nuestras que cerca dello mandaremos dar; e desta manera, e guardando la dicha orden, los indios que tuvieren o caciques y otras personas de la tierra por esclavos, pagandoselos a su voluntad a vista de la justicia y beedores, y de los religiosos que con vos iran, los podais tomar y comprar, siendo verdaderamente esclavos, pagandonos el quinto de los dichos esclavos.

Otro si, digo, que porque la dicha tierra mejor y mas brevemente se pueble, mandare hazer a las dichas tierras las mercedes que tenemos hechas y tienen las otras tierras e islas que agora estan pobladas, siendo convinientes a la dicha tierra y no contrarias, las quales luego seais obligados a declarar, para proveer en ello.

Otro si: que por tiempo de seis años vos mandare dar lugar en las nuestras atarazanas de Sevilla, en que tengais las cosas que se ovieren de llevar y cargar para la dicha tierra, y vos dare licencia para que en las islas de Tenerife podais cortar cien pinos de los que alli tenemos nuestros, pudiendose dar sin perjuicio de tercero, para que hagais dellos lo que quisieredes.

Y por que Nos, siendo informado de los males y desordenes que en descubrimientos y poblaciones nuevas se han hecho y hazen, y para que Nos con buena conciencia podamos dar licencia para lo poder hazer, para remedio de lo qual, con acuerdo de los de nuestro Consejo y consulta nuestra, esta ordenada y despachada una proposicion general de capitulos sobre lo que vos habeis de guardar en la dicha poblacion y descubrimiento, la qual aqui mandamos encorporar, en tenor de la qual es esta que se sigue, que va en todas las capitulaciones adelante.

Por ende, por la presente, haziendo vosotros lo susodicho a vuestra costa y segun y de la manera que de suso se contiene, y guardando y cumpliendo lo contenido en la dicha provision que de suso va encorporada e todas las otras instrucciones que adelante vos mandaremos dar, guardar e hazer para la dicha tierra e para el buen tratamiento y conversion a nuestra Santa fe catolica de los naturales della, digo y prometo que vos sera guardada esta capitulacion y todo lo en ella contenido, en todo y por todo, segun que de suso se contiene, e no lo haziendo ni cumpliendo asi, Nos no seamos obligados a vos mandar guardar e cumplir lo susodicho ni cosa alguna dello, antes vos mandaremos castigar y proceder contra vosotros, como contra persona que no guarda y cumple y traspasa los mandamientos de su Rey y Señor natural. Y de ello vos mando dar la presente, firmada de mi nombre y refrendada de mi infrascrito Secretario. Fecha en Madrid a veinte y siete dias del mes de Marzo de mill e quinientos y veinte y ocho años.==Yo el Rey.==Refrendada del Secretario Cobos, señalada del Obispo de Osma, y Beltran, y Ciudad Rodrigo, y Manuel»17.

Concertada esta capitulación, formalizaron sus tratos Garcia de Lerma, como gobernador de Santa Marta, y Jerónimo Sayller, en representación de los alemanes, cuyo concierto fué confirmado por S. M. en esta forma:

«El Rey.==Por quanto vos Geronimo Sayler, aleman, nuestro vasallo, e vos Garcia de Lerma, nuestro criado y gentil hombre de nuestra casa e nuestro governador e capitan general de la provincia de Santa Marta, nos hace esta relacion, que bien sabiamos el asiento e capitulacion que vos el dicho Geronimo Sayler e Enrique Eynguer, aleman, habiamos mandado tomar sobre la poblacion y conquista de las tierras e provincias que comienzan desde el Cabo de la Vela o del fin de los limites e terminos de la dicha governacion de Santa Marta hasta Marcapana, este oeste norte y sur de la una mar a la otra, con todas las islas que estan en aquella costa ecebto las que estan encomendadas al factor Juan de Anpies, e de lo que se ha de hacer en las dichas poblaciones e governacion; e aviades tomado entre vosotros cierto asiento, en tenor del qual es este que se sigue:

«Lo que se asienta entre Garcia de Lerma, governador de Santa Marta, e Enrique Eynguer e Geronimo Sayler, alemanes, sobre conquistar e poblar las tierras e provincias que ay desde la costa que comiença desde el Cabo de la Vela, o del fin e limites e terminos de la dicha governacion de Santa Marta hasta Marcapana, leste oeste norte y sur de la una mar a la otra, con todas las islas que estan en la costa, segun e como lo tenemos de su magestad, es lo siguiente:

»Primeramente, que por quanto el dicho Garcia de Lerma va por mandado de su magestad por governador de Santa Marta, e para le pacificar e se apoderar de la dicha tierra terna necesidad de gente e armase e bastimentos, e lo mismo y mas sera menester para conquistar y poblar las tierras y provincias que ay de la costa que comienza desde el Cabo de la Vela o del fin e limites e terminos de la dicha governacion de Santa Marta hasta Marcapana leste oeste norte y sur de la una mar a la otra, con todas las islas que estan en la dicha costa, segun e como lo tenemos de su magestad, lo igualado e asentado entre las dichas partes, que los dichos Enrique e Geronimo compraran tres navios, o mas, los que bastaren para enviar, y enviaran trescientos hombres del Andalucia y otras partes destos reinos e fuera dellos que sean del señorio de su magestad, proveidos e armados e bastecidos de lo necesario para el dicho viaje e pacificacion, conquista e poblacion de las dichas tierras, a vista e parecer del dicho Garcia de Lerma e de otra persona si los dichos Geronimo e Enrique la quisieren poner e nombrar; en el qual proveimiento e compra de los dichos navios e cosas de rescates para las dichas tierras, se obligan los dichos Geronimo e Enrique de gastar hasta la suma de seis mill ducados, los quales pornan de contado en la ciudad de Sevilla en poder de Anrique Quisler, aleman, e le daran para ello sus letras de cambio, para que le sean dados en dineros dentro de quarenta dias de la fecha desta capitulacion e asiento.

»Iten, que los dichos trescientos hombres se tomen e pongan en la dicha armada de mano e a voluntad de los dichos Enrique e Geronimo, o de la persona quellos quisieren nombrar e señalar juntamente con el dicho Garcia de Lerma, el qual tenga asimismo facultad para tomar e señalar el solo cinquenta hombres de los dichos trescientos que han de ir en la dicha armada.

»Iten, que los dichos Enrique Eynguer e Geronimo Sayler, ayan de nombrar o nombren, si quisieren, los oficiales, y maestros y pilotos e contramaestres de las dichas naos, y quel dicho Garcia de Lerma aya de ir e vaya por capitan principal de la dicha armada; la qual es asentado que aya de yr, e vaya derechamente a la dicha tierra de Santa Marta, haciendo escala en Santo Domingo de la Ysla Española, tan solamente no pueda estar ni este mas de cinquenta dias sino fuere con necesidad urgente de toda la dicha armada, aprovada por los oficiales della, y luego aya de continuar su viaje y derrota derecha a la dicha tierra de Santa Marta.

»Iten, si quando llegare a la dicha tierra de Santa Marta la hallaren pacifica, sin resistencia, que en tal caso el dicho Garcia de Lerma tan solamente pueda sacar e saque de la dicha armada los dichos cinquenta hombres y no mas, o dende abaxo, para quedar en la dicha Santa Marta, e que no pueda salir a tierra, para quedar en ella, mas personas que las dichas cinquenta, como dicho es; e si por caso la dicha Santa Marta estuviese revelada, o de tal manera que conviniese o fuese menester que mas gente de los dichos cinquenta hombres o todos trescientos saliesen en tierra, para la allanar y apoderar en ella al dicho Garcia de Lerma, que en tal caso, y no en otro alguno, lo pueda hacer e haga, con tanto que acabada la dicha pacificacion se ayan de tornar a embarcar y embarquen los dichos doscientos e cinquenta hombres para cumplir lo contenido en el capitulo siguiente.

»Iten, que hallando pacifica la dicha Santa Marta, o despues de pacificada como dicho es, luego, sin dilacion, la dicha armada aya de yr, e baya con los dichos doscientos e cinquenta hombres o mas, los que oviere y no menos, a conquistar e poblar las dichas tierras conforme al asiento y capitulacion que los dichos Enrique y Geronimo han tomado y hecho dello con su magestad.

»Iten, que quando los dichos cinquenta hombres quedaron en la dicha Santa Marta con el dicho Garcia de Lerma, hallandola pacifica, o despues de pacificada como dicho es, que en tal caso el dicho Garcia de Lerma pueda tomar e tome, para conservacion de la dicha poblacion de la dicha tierra, la sesta parte de todo el bastimento y mercaderia de rescate que oviere quedado en la dicha armada al tiempo que oviere de salir e saliere de la dicha Santa Marta a las dichas tierras, e si menos hombres, de los dichos cinquenta, sacaren, que al respecto y no mas tome dicho bastimento e rescate, e aunque mas personas quedasen, no puedan tomar ni tomen mayor cantidad de la dicha sesta parte, como dicho es.

»Iten, quel dicho Garcia de Lerma, sea obligado de dar a la persona e personas que llevaren cargo en la dicha armada, desde Santa Marta a las otras tierras, todo el favor e ayuda que le fuere pedido e oviere menester; e lo mismo sea obligado a hacer quando, despues de llegada la dicha armada a las dichas tierras de Veneçuela e sus provincias fuere requerido; e que siendo menester aya de ir e baya en persona con toda la gente e armas e bastimento que pudiere, para la pacificacion e conservacion de las dichas tierras.

»Iten, que los dichos Geronimo e Enrique, puedan juntamente ambos, e cada uno dellos ir en persona en la dicha armada, e sino fueren nombrar persona que en su lugar aya de tener cargo de llevar la dicha armada de Santa Marta a las dichas tierras como capitan dellas, y despues de llegado, aya de ser o sea governador e justicia mayor de todas las dichas tierras de Veneçuela e sus provincias, e cumplir y ejecutar lo contenido en la capitulacion hecha con su magestad cerca dello, y que la capitania de la dicha tierra tenga el dicho Garcia de Lerma, con el salario señalado para el dicho oficio de capitan, y que el salario de governador lleven los dichos Enrique e Geronimo, o la persona quellos nombraren; e quando qualquier dellos estuviere en persona en las dichas tierras, ayan de tener e tengan ambos los dichos cargos de governador e capitan, con sus salarios, y no el dicho Garcia de Lerma.

»Iten, por quanto, como dicho es, los dichos Enrique y Geronimo han de poner los dichos seis mill ducados para la dicha armada, y della han de quedar los dichos cinquenta hombres en la dicha Santa Marta, y la sesta parte de los dichos mantenimientos y rescates, como se contiene en los capitulos de suso escritos, es asentado entre las dichas partes, que de todo el dicho gasto de la dicha armada se tenga quenta e razon por libro que haga fee, conforme al memorial que para ello se dara firmado de todos tres, e quel dicho Garcia de Lerma sea tenido e obligado e dende agora se obliga de pagar a los dichos Enrique e Geronimo Sayler, o a quien su poder oviere, el valor de la dicha sesta parte de los dichos bastimentos e rescate, e gastos que toda la dicha armada en qualquier maña oviere hecho e costado, ecebto el valor de los navios si aquellos llegaren a salvamento a la dicha Santa Marta e saliesen seguros della; pero si por caso, lo que Dios no quiera, se perdiesen o fuesen tomados antes de llegar a la dicha Santa Marta, en tal caso tambien se obliga a dicho Garcia de Lerma a pagar la sesta parte del valor de los dichos navios, como lo ha de pagar de las otras cosas, como dicho es, lo qual aya de pagar e pague en la dicha Santa Marta del primer oro, perlas e otras cosas qualesquier que por razon del salario o rescate, o mineros o cabalgadas o en otra qualquier maña el oviere en la dicha tierra o islas o tierra firme del mar Oceano y le perteneciere, despues de tres meses que sea llegado a la dicha tierra.

»Iten, por quanto los dichos Enrique e Geronimo tienen, como esta dicho, capitulado con su magestad cerca de las dichas tierras, y estan a su cargo de las conquistas a poblar, y el dicho Garcia de Lerma quiere contribuir en todo el dicho gasto que para ello se ha de hacer, es asentado entre las dichas partes, que si el dicho Garcia de Lerma, desde el dia que la dicha armada llegase a la dicha Santa Marta en un año, diere e pagare a los dichos Geronimo o Enrique, o a quien en poder oviere en la dicha Santa Marta o en las dichas tierras, la quarta parte de todo lo que la dicha armada oviere costado de primero coste, o despues hasta el dia que oviere de hacer o hiciese la dicha paga; que en tal caso el dicho Garcia de Lerma, pueda e aya de gozar e goze e participe en la quarta parte de todo lo contenido en la dicha capitulacion y llevar el provecho dello, por rata de la dicha cuarta parte para si e para sus sucesores, ecebto en lo que toca a titulos de governador e alcalde e alguacil mayor de las dichas tierras e fortalezas della, porque estos oficios con sus salarios han de quedar para los dichos Geronimo e Enrique e sus sucesores, por ser, como son ellos, los que al presente ponen el gasto de toda la dicha armada: e si por caso el dicho Garcia de Lerma pusiere en Sevilla o en Santo Domingo o en Santa Marta, en bastimentos o en otras cosas necesarias e provechosas a la dicha armada; que dello todo se tenga cuenta e razon para quel valor dello se menoscabe de lo que asi oviere de dar e pagar de la dicha sesta parte, que asi ha de quedar en la dicha Santa Marta.

»Iten, son contentos los dichos Geronimo e Enrique, que si el dicho Garcia de Lerma en qualquier maña dejare la dicha governacion de Santa Marta, que en tal caso, queriendo el, aya de tener e tenga el la governacion e capitania general de las dichas tierras todos los dias de su vida, y gozar el salario de uno de los dichos oficios, qual el mas quisiere; que asi mismo aya de tener e tenga para si e para uno de sus hijos y decendientes y herederos, perpetuamente, una tenencia de las tres que en las dichas tierras se hicieren, e gozar del salario della.

»Iten, que los dichos Geronimo e Enrique puedan, con licencia de su magestad, llevar negros esclavos para las minas e grangerias de la dicha Santa Marta, y asi mismo los mineros de Alemania e de otras partes, e aprovecharse de todo ello sin dar parte al dicho Garcia de Lerma, ninguna, agora ni en tiempo alguno.

»Iten, que los dichos Enrique e Geronimo puedan libremente enviar sus factores e criados a las dichas tierras, con sus mercaderias y cosas de rescate, e contratar en todo ello libremente sin impedimento alguno.

»Iten, por la presente escritura, todos tres e cada uno dellos por lo que le toca o atañe, prometen e se obligan con sus personas e bienes de cumplir y executar con todo lo contenido en ella, e de no venir ni pasar, agora ni en tiempo alguno, contra cosa alguna dello, so pena de diez mil ducados, la mitad para la camara e fisco de su magestad e la otra mitad para la parte ovediente; e la pena pagada o no, que todavia sean obligados a cumplir lo contenido en esta capitulacion e asiento: E asimismo dixeron, que suplicaban e suplican a su magestad, que lo mande confirmar e aprovar, para que inviolablemente sea cumplido, e sus justicias lo hagan asi guardar; especialmente a lo que toca en la paga de la sesta parte que han de servir e que dar de la dicha armada en la dicha Santa Marta, para que del provecho e salario o rescate e fundimiento e otra qualquier cosa perteneciente al dicho Garcia de Lerma, sean pagados e satisfechos, llana e enteramente, los dichos Geronimo e Enrique, segun se contiene en los capitulos; e lo mismo se entiende de lo demas que de la dicha armada se gastase en beneficio e remedio e pacificacion de la dicha Santa Marta, como dicho es: de maña, que si acaeciese que toda la dicha armada se consumiese e gastase en la dicha Santa Marta, o qualquier parte della, que todo ello sea tenido e obligado el dicho Garcia de Lerma a lo pagar enteramente, el solo, a los dichos Enrique e Geronimo, de sus propios bienes que tiene o toviere adelante, en qualquier maña.

»Lo qual todo, que dicho es e cada cosa dello, los dichos Geronimo Sayler, por si y en nombre del dicho Enrique Eynguer, al qual e por el qual se obligo de le hacer estar e pasar por lo de suso capitulado, so la dicha pena de suso contenida, de la una parte el dicho Garcia de Lerma, e de la otra parte, se obligaron de lo asi cumplir e tener, e cumplir cada uno lo que es obligado, como de suso dice e se contiene; e para ello obligaron sus personas e bienes muebles o raices, avidos e por haber e dieron poder a qualesquiera justicias, para que por todo rigor de derecho los costreingan e apremien a cumplir e guardar lo contenido en esta escriptura; e renunciaron qualesquier leyes e fueros o derechos que en su favor sean, que les no valan; e otorgaron en esta razon dos escripturas de un tenor, para cada una de las partes la suya, que fueron fechas e otorgadas en la Villa de Madrid, estando en ella su magestad e su corte e Consejo, a primero dia del mes de Abril, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mill e quinientos e veinte y ocho años. Testigos que fueron presentes a lo que dicho es, Bernardino Oro, e Luis de Soto, e Alonso de Avila escribano, estantes en la Corte, e firmaronlo de sus nombres los dichos otorgantes en el registro desta carta.==Garcia de Lerma, Geronimo Sayler.==E yo Pedro de Villaverde, escribano de sus cesareas e catolicas magestades e su notario publico en la su Corte y en todos los sus reinos e señorios, presente fuy a lo que dicho es en uno con los dichos testigos e de otorgamiento del dicho Geronimo Sayler por si y en nombre del dicho Enrique Eynguer, e del dicho Garcia de Lerma, que yo conosco, esta carta fice escribir según ante mi paso, e por ende fice aqui este mio signo a tal: en testimonio de verdad – Pedro Villaverde, escribano.»

E por parte de vos, los dichos Garcia de Lerma e Geronimo Sayller me fue suplicado e pedido por merced, mandasemos confirmar e aprovar el dicho asiento, que de suso va incorporado, pues era servicio nuestro e bien de las dichas tierras e provincias e de su poblacion, o como la nuestra merced fuese: lo qual visto por los de mi Consejo de las Indias, fue acordado que deviamos mandar dar esta nuestra carta en la dicha razon, e yo tovelo por bien: por ende, por la presente, sin perjuycio nuestro e de nuestra hacienda e de otro tercero alguno, confirmamos e aprovamos el dicho asiento entre vosotros hecho, que de suso va incorporado, e lo habemos por bien, e mandamos que se guarde e cumpla y execute lo en el contenido, en todo e por todo, segun e como en el se contiene.

Fecha en Madrid a veinte y dos dias del mes de Abril de mill e quinientos e veinte y ocho años: Con tanto que vos, el dicho García de Lerma no salgais de la dicha vuestra governacion de Santa Marta a entender en otra cosa fuera della.==Yo el Rey.==Refrendada del Secretario Cobos.==Señalada del Obispo de Osma y Doctor Beltran y Obispo de Ciudad Rodrigo y Licenciado Pedro Manuel.»

Dos años y medio después, el domingo 20 de Noviembre de 1530, Enrique Einguer, por capitulación firmada en Augusta (Alemania), renunció y traspasó en favor de Bartolomé y Antonio Belzar la parte que le correspondía en la gobernación de Venezuela; y pocos meses después, en 17 de Febrero de 1531, Einguer y Sayller, con consentimiento de S. M., reiteraron esa renuncia y traspaso en favor de los Belzares. De modo que Carlos I no pactó directamente con éstos, como afirma el P. Aguado, sino que los últimos obtuvieron por mera acción y renuncia de aquéllos los derechos que se desprendían de Real Cédula de 27 de Marzo de 1528.

(C) Necesario es hacer constar, para evitar errores y que se comprenda bien lo que en pago de sus servicios y dispendios se dió á Juan de Ampies, que entonces se consideraban aún como islas ciertas partes de la Tierra Firme no bien exploradas todavia.

CAPITULO TRES

Como los Bezares enbiaron Gobernador y gente a la gobernaçion de Benençuela, y de adonde tomo este nombre de Venençuela y la laguna de Maracaybo.


Luego, en el mismo tienpo y año quel Enperador dio esta governaçion a los Bezares, ellos començaron a hazer nuebos gastos y espensas y juntar gente y soldados para la poblazon desta provinçia, para el qual efecto adereçaron quatro nabios de todo lo neçesario a semejante nabegaçion, pertrechandolos y proveyendolos de muchos generos de armas de las que en las gerras comunes se suelen vsar.

Metieron en ellos treçientos hombres que en el Andaluzia hizieron, y navegando el rrio de Sevilla abaxo, llamado Guadalquebi, entraron con prospero viento en el mar Oçeano: de la qual armada y gente estos Bezares nombraron por capitan y su primer Gobernador de Venençuela o Coro a vn caballero de su propia naçion, aleman, llamado miser Ambrosio Delfin(A). Y porque pareçe confusion que sin dar mas claridad, a esta provinçia la ayamos nombrado vnas vezes Coro y otras Venençuela, sera bien cumplir con esta duda, para agora y para adelante, por que nadie se halle perplexo açerca dello.

Junto a esta provinçia y poblazon de Coro esta vn lago, que asi de las aguas que de las provinçias de Pamplona y Mérida, çivdades pobladas en el Nuebo Rreyno, y de otras partes a estas çircumbezinas, corren y se desaguan, como por la entrada que la mar tiene en este lago, a cavsa de ser el sitio del mas baxo, se a hecho alli en tanta distancia que se halla por cosa çierta tener noventa leguas de çircuyto o boxaçion. Este lago a partes es hondable en tanta manera que pueden nabegar en el naos de qualquier grandor, y por otras es muy terreno y de poca hondura. Toda o18 la mayor parte desta laguna esta poblada de muchos naturales, que habitan y biven asi en el agua como en tierra. Las casas de los que tienen sus habitaçiones en este lago son en esta manera: que mediante la yndustria de que naturaleza les proveyo como a las demas gentes, tuvieron tal arte y modo que hincando en el propio lago çiertos maderos o palos gruesos por su horden y cubierto, ençima dellos fabrican sus casas y moradas en tal forma que habitan en ellas sin que el agua del lago ni la del çielo los dañe ni sea muy perjudiçial; y para el serviçio y provision de lo que de la tierra an menester, vsan de aquel genero de bateles o esquilfes que tan general es en las Indias, llamados canoas.

Este lago ni es todo dulçe ni es todo salado. Quando el biento se ensoberbeçe corre en el mesmo genero de tormenta que en la mar. Mengua y creçe, avnque no generalmente, mas que en las partes mas cercanas a la mar. Es rredondo, algo prolongado hazia la culata, que es por donde entran los rrios y aguas que baxan de Pamplona. Otros quieren deçir que es esquinada o treangulada casi a manera de vn paño de tocar; pero lo más çierto es lo primero. Tiene la boca algo angosta por espacio de dos leguas, y algunos la hazen de dos bocas, la vna mayor que la otra. Tiene peligrosa entrada. Pierdense en ella, y anse perdido algunos nabios, por rrespeto de çierto ancon que de vna parte y otra haze la mar, en el qual ancon o ensenada, por rrespecto de ser la tierra baxa, quando van nabegando, entendiendo que nabegan seguramente no sienten su perdiçion hasta hallarse encallados los nabios; y ansi los que son diestros en esta nabegaçion se apartan todo lo que pueden desta laguna y de su tierra.

Entrando, pues, españoles en ese lago hallaron esta nueba manera de abitaçion y poblaçon de gentes que, como he dicho, habitaban en el agua; y viendo la mucha similitud que esta gente en su habitaçion tenia a la de Veneçia, çivdad poblada en los lagos y lagunas del mar Adriatico, cuyos prinçipios fueron casi tan flacos como los que en este lago se hallaron, porque con la gran destruyçion y rruyna que en tiempo del Emperador Valentiniano hizo en Italia el tirano Atila, que fue año de quatroçientos y çinquenta y quatro, çiertas gentes de vna provinçia llamada Venençia, amedrentados de los estragos y crueldades deste tirano, se rretiraron de la tierra firme y se pasaron a vnos pequeños ysleos que en las lagunas dichas hazia la mar, en los quales estuvieron rrecogidos y fortificados hasta que paso la persecuçion y tirania de Atila; y viendo estas gentes la mucha seguridad y fortificaçion del sitio que alli tenian, nvnca se mudaron ni quisieron yr de aquel lugar, antes dende en adelante lo procuraron anplificar y tomar en si çierta horden de govierno que hasta agora les dura y conserva y a traydo en la prosperidad y sublime fama que al presente tiene. Y como el numero de los moradores yva creçiendo, les era forçoso fundar y hazer sus casas en la propia agua, y asi la mayor parte desta ynsine çivdad esta poblada en el agua, y por ella con sus artifiçios y maravillosos ingenios, andan y se tratan y comunican con mucha façilidad y sin ningun detrimento.

Y pareçiendoles, como he dicho, a los españoles que por habitar estos yndios deste lago en el agua de la forma que e contado, eran en alguna manera semejantes a los moradores de Venençia, pusieron por nombre a la provincia Venençuela, y desta suerte se escurecio dende en adelante de tener la provinçia nombre de Coro y quedarse con el solamente la çivdad, y asi hasta este nuestro tiempo comunmente aquella Governaçion se a llamado y llama la provinçia y Governaçion de Venençuela.

Y tanbien es de saber que este lago por quien nos emos alargado a contar lo que de suso se a dicho, no tomo ni tiene la nonbradia de la provinçia de Venençuela, que del o por el fue nombrada asi, mas es llamada la laguna de Maracabo. Laguna, como es notorio, es bocablo vsado entre españoles que significa congregaçion o ayuntamiento de aguas: Maracaybo era nombre propio de un señor muy poderoso que en este lago rresidia o bivia, que señoreaba y mandaba la mayor parte de las gentes que en ella habitavan, cuyo nombre era tan celebre entre aquellos naturales que en biendo o entrando donde ellos estaban españoles, luego les nombraban Maracaybo, o señalaban, o daban a entender por señales su gran poder y grandeza, y de aqui le quedo entre los españoles el nombre y sobre nombre de la laguna de Maracayvo.

Pareçerle a al lector que e salido vn poco fuera del discurso deste capitulo, y a mi parecer no e sino cumplido con vna parte de lo que adelante me queda por decir tocante a esta laguna, pues para dar rrazon y claridad de donde tomaron nombres la provincia de Venençuela y la laguna de Maracaybo a sido menester la narraçion que e hecho.

Salido el governador Miçer Ambrosio del fin del rrio de Sevilla y entrado en la mar Oçeano, como al prinçipio deste capitulo dixe, con sus navios y gente navego prosperamente por su derrota y sin suçedelle cosa notable aduersa ni prospera llego en breve tiempo al puerto y surgidero de Coro, donde hallo a Juan de Ampres y a la demas gente de su rrepublica, los quales viendo la pujanza de gente que consigo llevava Miçer Ambrosio y las provisiones y çedulas quel Enperador le abia dado a los Bezares para que fuesen governadores de aquella probinçia, lo admitieron y obedeçieron y metieron en posesion della(B).

NOTAS AL CAPITULO III

(A) El P. Aguado incurre en el error, del que participó tambien Fernández de Oviedo, de afirmar que Ambrosio de Alfinguer fue el primer Gobernador de Venezuela nombrado por los Belzares.

Con dezir que Alfinguer llegó á la ciudad de Coro «en el año de la encarnación de Nuestro Señor de mill y quinientos e veinte y nuebe»19, es decir, dos años antes de hacerse la cesión á favor de los Belzares, queda destruido ese error.

Alfinguer recibió su nombramiento de Einguer y Sayller, y en Santo Domingo le fueron entregadas, por mano de García de Lerma, las provisiones reales para que pudiera ejercer sus funciones. Los Belzares designaron para que los representase en Venezuela á Juan Siuser Jofer, como luego se verá.

El verdadero nombre de Micer Ambrosio parece ser que era Ambrosio Einguer, y que se le apellidó Alfinger por el pueblo de su naturaleza. Micer Ambrosio era hermano de Enrique Einguer, según consta por la capitulación que los alemanes otorgaron con el Emperador.

(B) Baralt, en su Resumen de la Historia antigua de Venezuela20, de acuerdo con lo afirmado por el licenciado Pérez de Tolosa en su Relación, dice que vistos por Juan de Ampies los despachos imperiales de que era portador Alfinguer, «les dió con resignación y modestia entero cumplimiento», y poniendo en posesión del gobierno á aquellos extranjeros, se retiró á la isla de Curazao y de allí á la capital de la Española.

El licenciado Pérez de Tolosa, ocupándose de los primeros actos de Alfinguer en su gobernación, escribe: «Llegado el dicho Ambrosio, y sacados todos sus mantenimientos y aparejos á una casa de munición, se dió á la gente todo lo necesario á muy justos precios, que en la Española no se pudieran dar á tan bajos precios, eceto los caballos y aderezos de la gineta que al parecer de la gente se dieron en subidos precios; porque un caballo se daba por dozientos y mas pezos, y una silla por cinquenta. Presuponga vuestra Alteza que la gente que llegó á Venezuela fue tan pobre, que no tenian de que pagar esto al contado, y para lo pagar y satisfazer se acordó y mandó por el dicho Gobernador, que ninguno, por ninguna via, pudiese rescatar ni haber oro que no trajese al montón, para satisfazer de los dichos mantenimientos y hazienda que se les daba: y hase de presuponer que, ansimesmo, esta fue la causa que no se hiziese repartimiento de la tierra, demas que se dize, que hubo algunos españoles que fueron causa dello; dando á entender al dicho Gobernador, que si la tierra repartiere no sería tan señor ni tan obedescido como estandose por repartir. – Otros quieren dezir, que se dejó de hazer el repartimiento hasta ver el fin de la tierra, por tener lugar de escojer, en lo mejor, las doze leguas de que se les haze merced por la capitulación á los adelantados. Como quiera que fue(se), este fue el mayor error que se tubo á los principios, muy grandecido á los fines, con total destruccion de todo lo descubierto, y muerte de los más españoles que á la dicha provincia han ido, porque segund fama comun pasan de quinientos cristianos los que en la dicha provincia han fallecido hasta la ida del dicho licenciado Tolosa.»

CAPITULO QUATRO

Como Miçer Ambrosio entro con gente en la laguna de Maracaybo y se alojo de la otra vanda de la laguna, donde despues llamaron el21 pueblo de Maracaybo.


Como al prinçipio que el fator Juan de Ampres entro en esta provinçia de Venençuela y hizo asiento en ella, segun se a dicho, se dibulgo y estendio la fama por todas partes, asi de la rriqueza y prosperidad desta tierra como de los muchos y domesticos naturales que en ella abia, y en aquella sazon ninguna persona tenia consinada la defensa y amparo de los naturales, y por otra parte estaba yntroduzida aquella costumbre que en aquel tiempo abia de hazer los yndios esclavos, que fue prinçipal destruyçion y desolaçion y rruyna de muchas provincias que muy pobladas y abundantes de naturales que en aquella sazon abia junto a la mar del norte, y las que no se despoblaron quedaron los naturales dellas tan amaestrados en las cosas de la guerra y defensa suya, y con vn tan arraygado odio y enemistad contra los españoles que se entiende que permitieran morir todos antes que serles subjetos ni tributarios, a cavsa de los eçesivos e yntolerables daños que en sus personas, hijos y mugeres y haziendas rreçibieron; la qual enemistad y entrañable aborreçimiento que de tan antiguo tienpo estos yndios tienen fixado en sus entrañas, lo podemos ver con presente esperiençia en aquellas provinçias de Caracas y toda aquella costa hasta la ysla Trinidad, donde tanta cantidad despañoles an sido miserablemente muertos en bengança de los daños que sus anteçesores en aquella costa hizieron.

La qual nueba de prosperidad y rriquezas hizo que muchas personas que bivian deste trato de hazer esclabos, acudiesen a esta provinçia con su çierta manera y deshorden que ellos en ello tenian, de tal suerte que en el poco tiempo que obo desde que Juan de Ampres la descubrio hasta quel gobernador Miçer Ambrosio vino a ella, que como he dicho fue el año de veynte y seys(A), se dieron tanta priesa a hazer esclavos o despoblar aquesta tierra, que casi en esta sazon que Miçer Ambrosio llego, se hallavan muy pocos naturales çerca de Coro que les pudiesen dar a los españoles el sustento que abian menester; y ansi le fue forçoso a Miçer Ambrosio dar luego horden como salir con su gente deste pueblo de Coro a buscar y descubrir tierras y provinçias donde pudiese poblar y sustentarse.

A esta sazon tubo Miçer Ambrosio notiçia muy çierta de las muchas rriquezas y grandes poblazones de yndios que en la laguna de Maracaybo abia, por lo qual fue movido a tomar esta derrota y demanda antes que otra ninguna, y aprestando luego las cosas necesarias a la navegaçion y conquista de la laguna, haziendo adereçar vn nabio de los que consigo abia traydo, y dos vergantines que con22 toda brevedad alli hizo, los quales luego encamino por mar que entrasen con alguna gente por la boca de la laguna, y el, con toda la demas, se partio por tierra, dexando en Coro alguna gente que abia caydo enferma y otros soldados y vezinos para el sustento de aquel pueblo.

Puesto en camino Miçer Ambrosio, los soldados que con el yvan(B), entendiendo23 que lo que trabajasen o poblasen24 abia de ser para gente estranjera, y que la peor parte abia de ser y era para ellos, jamas pretendian poblar ni hazer ningun benefiçio en los pueblos y naturales que topaban, mas todo lo procuraban destruyr y arruynar a fin de que aquellos señores extranjeros ni gozasen de lo quel Rrey les abia dado ni de lo que les abia costado sus dineros ni menos de lo que ellos descubriesen, y asi por doquiera que esta gente andubo y paso, hasta hoy queda el rrastro.

Camino Micer Ambrosio con su gente derecho a la laguna de Maracaybo y luego paso toda la gente de la otra parte de la laguna25 ques hazia el Cabo de la Bela, por que Coro esta desta otra parte de la laguna la costa arriba, mas hazia el Oriente, y el Cabo de la Vela de la otra parte, la costa abaxo hazia el Occidente; y alli hizo luego vna manera de alojamiento, que comunmente llaman rrancheria, donde se alojo el y su canpo, para de alli dar mejor orden en lo que se abia de hazer tocante al descubrimiento y paçificaçion de aquella laguna y sus provincias. Y porque consigo llevaba mugeres casadas y criaturas y otros generos de carruaje que en semejantes jornadas cavsan estorvo y embaraço, con lo qual siguio la diçiplina de los demas pobladores de Indias, que quando asi van a poblar alguna provinçia lo primero que hazen en entrando en la tierra que van a descubrir o poblar buscan vn sitio que este mas encomedio, basteçido de agua y leña y tal que la gente que en el dexaren se pueda defender de los naturales que les quisieren ofender, en el qual hazen luego su alojamiento o rrancheria; haziendo çiertas maneras de casas en que abitar el tiempo que alli estuvieren, que son vnos bohios pequeños hechos de varas delgadas y paja, y hecho el alojamiento y rrancheria donde puedan dexar el carruaje o fardaje y las otras cosas que les son estorbo para el caminar y pelear, luego desde alli da horden el capitan en embiar sus cavdillos y descubrir y paçificar, dexando sienpre fortificado el alojamiento y rrancheria con guarniçion de soldados, qual conbiene conforme a la calidad de la tierra y gente della.

Pues en esta forma y por estos respectos hizo Miçer Ambrosio su rrancheria de aquella parte de la laguna conjunta al agua, para de alli hazer sus salidas y entradas y descubrimientos que por el agua y por tierra fuesen menester, con yntento de en aviendo visto todo lo que en aquel ancho lago avia y en la tierra que lo çercaba, si fuese cosa tal qual el deseaba y por notiçia le abian dado, poblar vn pueblo o mas26 conforme a la dispusiçion y poblazon de la tierra y del agua y gozar de aquella merçed quel Rrey abia hecho a los Bezares, que por governador le abian enbiado.

Esta rrancheria o alojamiento que hizo Miçer Ambrosio permaneçio despues por algunos años en forma de pueblo, y fue sustentado y habitado por algunas gentes españolas, y llamado el pueblo de Maracaybo, y al presente se tiene notiçia en aquella provinçia de Venençuela que en este sitio ay grandes arboles de granadas y parras de España y otros muchos generos de arboledas frutiferas de las de Indias que los españoles que alli rresidieron abian plantado y cultivado, con que tenian particular rrecreaçion, por lo qual y por la mucha abundançia de caça de conejos, curies, venados y otros generos de monteria que por alli çerca abia y la mucha abundançia de pescados y otras cosas que de la laguna tenian, biven oy en aquesta Governaçion algunas personas con gran deseo de bolver a rrehedificar la poblazon y a bivir en ella; y para promover los animos y boluntades de otros, añaden otras muchas buenas propiedades a este sitio o poblazon y a las provinçias a el comarcanas, que por no tenellas por çiertas ni verdaderas no las digo.

El governador Don Pedro Ponçe de Leon dio la poblaçion y pacificaçion desta laguna y de la tierra que de la parte del Cabo de la Vela ay, a vn Alonso Pacheco, vezino de Trugillo, de la propia governaçion, el qual hizo barcos y gente para entralla a poblar; y dire que le dio la poblazon de la otra vanda de la laguna, porque hazia la parte donde esta poblado Coro estan comarcanos o conjuntos a la misma laguna los pueblos o çivdades de Merida, que es de la provinçia del Rreyno, y Trujillo, que como he dicho, es de Venençuela, y los moradores destas dos çivdades tienen subjetos y ocupados los naturales que hazia esta parte donde ellos estan tiene esta laguna poblados asi en la tierra como en el agua y les sirven y son sufraganeos27, de todo lo qual mas por estenso trataremos en su lugar de la fundaçion y origen de cada vna destas dos çivdades.

NOTAS AL CAPITULO IV

(A) Afirma el P. Aguado que Alfinguer llegó á Coro el año de 1526. Posible es que fuera en esta fecha, pero no como Gobernador, sino como agente especial de los alemanes, para enterarse de la índole de la tierra.

Fernández de Oviedo dice que llegó á su gobernación el 24 de Febrero de 1528, pero esto es un error, porque la capitulación del Emperador con los alemanes Einguer y Sayller, por virtud de la cual les cometió la conquista y gobernación de Venezuela, tiene fecha de 27 de Marzo de 1528.

Más exacto parece lo que dice el licenciado Tolosa, que Alfinguer llegó á Coro en 1529.

Hay que tener también en cuenta que Ampies no fué á Venezuela hasta 1527.

(B) Según el licenciado Tolosa, acompañaban á Alfinguer en su expedición á la laguna de Maracaybo ciento cincuenta hombres de á pie y de á caballo.

CAPITULO ÇINCO

En el qual se escrive como los españoles y Miçer Ambrosio, su capitan, anduvieron vn año descubriendo y conquistando la laguna de Maracaybo. Tratase de la forma de las canoas y sus rremos.


Dado el asiento que fue necesario y conbiniente, Miçer Ambrosio en su alojamiento o rrancheria, luego començo a proseguir por agua y por tierra su nuebo descubrimiento de la laguna de Maracaybo y sus contornos, trayendo algunas vezes la gente dividida por la laguna y por tierra, y otras vezes toda junta por el agua en dos vergantines y una canoa, que segun figuran su grandeza es cosa de notar; y para que mejor se pueda conprehender esto que por cosa notable quiero decir, es de saber que, segun en otras partes desta ystoria por la mayor parte he apuntado, todos los yndios de las Indias vsan de çierto genero de nave pequeña, de un madero que los latinos llaman monoxilum, para nabegar por los rrios y lagunas, y estas son llamadas por los españoles canoas, y son de vn solo palo o madero, cabado a manera de vna artesa28 o dornajo, eceto que se le da o haze en el palo toda la concabidad o gueso que se puede hazer, de suerte quel casco quede fornido para çufrir la nabegacion, y vase ensangostando29 de popa y proa como vn nabio para ser mejor governada: y en estas navegan los yndios, bogando o rremando, partidos en dos partes, vnos a la proa y otros a la popa, partiendose por su horden, tantos a vn lado como al otro, y todo el tiempo que ban rremando van los rremeros em pie, porque ni el espaçio y gueco o grandor de la canoa da mas lugar ni entiendo que pudiese sufrir otro genero de rremos de los que para este efecto los yndios an husado e ynventado de su antiguo origen, los quales son poco menos que del grandor del hombre o yndio que lo a de llevar. Lo que deste rremo entra debaxo del agua es vna pala puntiaguda poco mas ancha que dos manos, muy delgada por los lados y por medio mas fornida, con vna manera de lomo, y todo lo que de alli para arriba, que es lo que cae fuera del agua, es rredondo y tan grueso quanto puede ser empuñado del que lo a de mandar; a la qual manera de rremos los españoles comunmente llaman canaletes, que devio ser el nombre que los primeros españoles pusieron como en otras cosas se a visto por esperiencia, pero los yndios en cada provincia los llaman diferentemente vnos de otros.

Desta forma que he dicho que son las canoas tenía vna Miçer Ambrosio, hecha de vn solo madero o arbol, sin añadidura ni compostura alguna, mas de lo que en el propio palo se pudo cabar y labrar, en la qual cabian o traya Miçer Ambrosio quarenta hombres de armada con seys caballos, y algunos afirman que mas, pero esto basta y es cosa que se puede tener por estraña y no vista hasta agora que en el gueco de vn solo arbol, en la forma que este estaba labrado, nabegase tanta gente y caballos; porque avnque en las primeras conquistas y descubrimientos de rrios cavdalosos y lagos o lagunas que en muchas partes de las Indias an sido andadas y descubiertas por españoles se a hallado grandisimo numero de canoas de todas suertes y nunca jamas en sus prinçipios ni despues mediante la yndustria de los españoles se a hallado ni hecho canoa que sola çufra a llevar seguramente dos caballos y muy poca gente, ni que con muchas partes llegase al grandor desta.

Los yndios de la laguna no temieron mucho esta entrada de Miçer Ambrosio, asi por ser ellos en si gente muy atrevida y belicosa en el agua, como porque antes desta entrada de Miçer Ambrosio abia por ynfortunio entrado en esta laguna vn nabio despañoles en que yva el Obispo de Santa Marta Don Juan de Calatayud, a quien los yndios desbarataron y se çevaron en sangre despañoles. Deste Obispo se cuenta que luego que entro en esta laguna los yndios, viendo cosa tan nveba y nunca por ellos vista, se venian a los españoles casi simplemente, y algunos españoles que ya conoçian el movimiento que los yndios suelen tener y la buelta que dan, procuraban aprovecharse dellos en tanto que aquella sinçeridad les turaba, por lo qual el Obispo rreprehendia asperamente a los españoles y les dezia «dexadlos, no les hagays mal, que son obejitas de Dios», procurando por todas vias que no rreçibiesen ningun desabrimiento de los españoles.

Dende a poco tiempo los propios yndios bolvieron la hoja y vinieron con mano armada a dar las graçias al Obispo por el benefiçio que les abia hecho, y començaron a disparar en los españoles la flecheria que trayan, y a herillos y maltratallos, y entre los que al prinçipio hirieron los yndios fue al Obispo, el qual, viendose de aquella suerte, començo a animar a los españoles con muy grandes bozes, diziendo: «a ellos, hermanos, a ellos, que estos no son obejas de Dios, sino lobos de Satanas». Mas con todo eso mataron alli los yndios a todos los mas españoles, y quedaron tambien ympuestos30 que despues no les pareçio cosa nueba la entrada de Miçer Ambrosio, antes entendiendo que todos abian de morir y quedar en su poder se les mostraban amigos, y despues yntentaban sus acometimientos muy a su salvo contra los españoles, en los quales vnas bezes salian descalabrados y otras31 descalabraban, y avn que las mas victorias quedaban y quedaron por nuestros españoles, no dexaron de hazerles harto daño con la flecheria de que estos yndios vsan, que es casi toda la mas de dientes de pescados de diversas suertes.

Miçer Ambrosio, con los españoles, avnque a los prinçipios les pareçio mucha gente y canoas que se les llegaban a dar guaçabara, no por eso dexaron de proseguir su descubrimiento como lo llevaban començado. Advierto de vna cosa, porque no me tengan por descuydado, y es que el vocablo que el poco a dixe o nombre de guaçabara, generalmente se vsa del en las Indias y se toma por qualquier rrecuentro que aya, asi por tierra como por el agua, entre españoles e yndios y entre yndios y españoles, ora cometan los vnos ora los otros, lo que no es en los rrecuentros que se an abido contra tiranos y españoles y negros que en estas partes se an alçado, y asi doquiera queste termino o bocablo yo vsare, el lector entendera que es rrecuentro, acometimiento o batalla o rrompimiento entre españoles e yndios.

En poco mas tiempo de vn año vio este governador con su gente toda la mayor parte desta laguna de Maracaybo, navegandola y entrando en muchos ancones y lagos y esteros donde los yndios tenian algunas poblazones fortificadas y escondidas, y abia y hallose algun oro entre los naturales, mas no era en tanta cantidad como los españoles y su Governador quisieran, por lo qual, avnque abia cantidad de naturales, acordaron de no hacer alli mas parada sino pasar adelante con su campo y gente, por que avnque estos descubridores llevaban, a lo que mostraban, voluntad de poblar donde obiese muchos naturales, su prinçipal yntento era buscar mucho oro y no darse mucho por poblar, y ansi dieron la buelta a rrecogerse a su rrancheria o alojamiento, trayendo consigo todos los yndios que pudieron aver para enbiallos por esclabos a Coro y sacar dellos algun dinero para rreformaçion de algunas cosas que abian menester para proseguir su jornada, y espeçialmente de gente o soldados, porque asi en guaçabaras y de heridos y flechazos de yndios como de enfermedades que comunmente los primeros dias suelen dar a los que pasan a Indias, se le abia muerto mucha gente a Miçer Ambrosio de la que consigo abia llevado. Y tambien esta laguna y las tierras que la cercan no son sanas, sino bien enfermas y de muy mala propiedad y costelaçion, porque en nuestros tiempos an abaxado de Merida, civdad del Nuebo Rreyno, algunos cavdillos con gente a descobrir puertos a esta laguna y a procurar otros aprovechamientos, y por poco que en ella o en sus rriberas y territorio se an entretenido, bultos32 a su pueblo todos an caydo enfermos de rrezias calenturas y algunos se an muerto, y los que an escapado, por mucho tiempo no se les quitaba del rrostro vna color casi amarilla que ponia admiraçion a los que los vian, y por esto entiendo que sin33 la gente que los yndios mataron e hirieron a Miçer Ambrosio, que no dexarian de caer enfermos y morir otros muchos de çiçiones34 y llagas y otras enfermedades que en este lago y las tierras a el comarcanas, que por la mayor parte son montuosas, que solemos dezir arcabucosas, por los malos bapores que en todo ello se engendran, pudieron los españoles adquirir, y con ello la muerte.

CAPITULO SEYS

Como Miçer Ambrosio se partio con su gente de la laguna35 por tierra y llego á las lagunas de Tamalameque, donde prendio el caçique y prinçipal de aquella tierra.


Buelto Miçer Ambrosio con sus bergantines o barcos y canoas a su alojamiento o rrancheria de Maracaybo, dio luego horden en lo que se debia hazer, para con brevedad proseguir su descubrimiento y llevar adelante sus desinios, antes que por algun ynfortunio de los que la fortuna suele oponer, fuese frustrado dellos. Enbio luego con toda presteza los esclavos o yndios que de la laguna saco, y de lo proçedido dellos le traxeron de rrescate algunas cosas de las que enbio a pedir, y algunos españoles para la rreformaçion de su compañia; y para ir menos ynpedido y no llevar consigo ningun genero de estorvo, acordo dexar en aquel aloxamiento o rrancheria de Maracaybo, todos los hombres casados con sus mugeres y los enfermos y otros que por diversos casos eran muy ynpedidos para el vso de semejantes gerras, que entonces y avn agora, por reboco36, llamamos jornadas o descubrimientos; y dexandoles vn sostituto o tiniente suyo que los tubiese en justiçia, con otros algunos soldados sanos para que pudiesen los enfermos ser proveidos de la comida que obiesen menester, se partio con todo el rrescate de la gente atrabesando çierta serrania o cordillera que casi cerca (de) aquella laguna por aquella parte que agora dezimos la cordillera del valle de Vpar, por estar a la otra bertiente que corre al rrio grande de la Magdalena un pueblo de españoles en vn balle dicho deste nombre. Este rrio grande de la Magdalena es el rrio por do se descubrio el Nuebo Rreyno de Granada, y por dondo oy suben los españoles y provisiones de España aquel Rreyno, segun en otra parte se a dicho. Atrabesada esta cordillera, Miçer Ambrosio, pasando por entre diversas poblazones y gentes, fue a dar a las lagunas que oy se dicen de Tamalameque, por llamarse el Señor o prinçipal que sujetaba los naturales que por alli abia, deste nombre Tamalameque; y esta en esta provincia poblado, rribera del rrio grande, vn pueblo despañoles que se llama deste mismo nombre, la civdad de Tamalameque, que es sufraganeo a la governaçion de Santa Marta.

Estas lagunas o laguna de Tamalameque es bien grande. Hazense en ella algunas yslas que estaban pobladas. Congreganse aqui estas aguas por ser la tierra baxa y estar en el paraje de la corriente y agua del rrio grande, por lo qual no pueden correr ni escurrirse, vaguarse37, los rrios que a esta laguna vienen a dar. De donde ella prinçipalmente se haze es el rrio de Çaçare, que viene del valle de Vpar, rrio caudaloso y que nabegan por el canoas, y todas las aguas que de la cordillera corren desde el valle de Upar hasta junto vna provinçia que dizen los Carateres o despoblados, sufragana a la civdad de Panplona del Nuebo Rreyno, todas se juntan aqui.

Llegado Miçer Anbrosio a esta provincia y lagunas de Tamalameque hallola, como he dicho, muy poblada de mucha cantidad de naturales y muy abundante de comida y de mucho oro que los yndios poseian. Estaba el prinçipal o señor38 poblado rribera desta laguna, en vn pueblo que la vezindad del tomaba un quarto de legua; y avnque la poblazon era tan grande, y otras muchas que a la rredonda abia y los naturales en mucha cantidad, nunca se atreuio este prinçipal a esperar en su pueblo a los españoles, por las nuebas que antes de ellos tenian y le abian dado otros yndios sus vezinos, y asi se recogio con su hazienda y gentes a una ysla que en la laguna estaba algo apartada de tierra, creyendo que poniendo el en cobro todas las canoas y apartandolas de donde los españoles las pudiesen aber, no tendrian modo como pasar a la ysla adonde el estaba, por ser por alli algo hondable el lago. Mas los españoles y su governador, viendo delante de sus ojos aquellas gentes, y que casi les hazian cocos con las joyas y adereços de oro que sobre si trayan, buscaban y baçilaban sobre que modo podrian tener para pasar seguramente el agua y entrar en la ysla a despojar aquellos miserables de sus tesoros; y podemos deçir questos yndios ellos mesmos se hazian la gerra y se ponian açechanças, pues mostrando o haziendo ostentacion de las joyas y oro que tenian a sus contrarios, les davan abilantez y ponian espuelas a su codiçia, para que con mas calor procurasen de pasar a donde ellos estaban, y al fin, despues de muchos acuerdos que sobre ello el governador abia tenido, fue rresoluto en que todos los mas de a caballo se echasen al agua en sus caballos y fuesen a dar en aquella gente, que teniendose por muy seguros con la fortaleza de que naturalmente estaba cercado aquel sitio, con las aguas que lo fortificaban, no esperaban rrecibir ningun daño de los españoles ni tenian pensamiento de mudarse ni apartarse de alli, antes, como he dicho, casi ponian por señuelo el oro y rriquezas que tenian, entendiendo con la bista de ello atormentar los codiciosos animos de los españoles y su governador.

Determinados ya el governador y sus soldados de seguir la toma de aquel ysleo con esta yndustria, rremitiendo el fin del susceso a lo que su fortuna guiase, pusieron en obra su acuerdo, y cabalgando en sus caballos hasta treinta españoles con sus armas, se arrojaron al agua, y gobernando con los frenos los caballos y animandolos con las espuelas, sin que ninguno dellos peligrase ni pereciese, pasaron nadando a la ysla, donde los yndios, casi atonitos y sin sentido de ver aquella nueba manera de nabegar de los españoles, se hallaban tan confusos entre si que avnque tenian las armas en las manos, no vsaron de ellas con la presteça que era rrazon para defender la entrada a los españoles, lo qual pudieron hazer con façilidad por ser el sitio donde estaban acomodado para ello.

Despues que en la ysla vieron a los españoles començaron a vsar de las armas para ofendellos con el tumulto y alaridos con que todos generalmente lo suelen hazer; mas como los españoles estaban ya en tierra, donde podian aprovecharse de sus caballos y ser señores dellos, començaron a correr y escaramuçear por entre los yndios, hiriendo a todas partes, de suerte que sienpre los yvan ahuyentando y constriñendo a que se rrecogiesen al agua, donde les era a los yndios el daño doblado, porque como la laguna era honda y la gente mucha, cayan vnos sobre otros, y el que no sabia nadar llevaba al hondo al que sabia, y asi perecieron muchos, sin los que en tierra fueron muertos, y sin otras muchas gentes de todo sexo que amedrentadas de ver la ferocidad de los caballos y crueldad de los que los seguian, se arrojaban al agua a guareçer en algunas canoas de las que por alli tenian.

Los españoles quedaron señores de la ysla y obieron preso al caçique o señor de aquellas gentes que, como he dicho, se llamaba Tamalameque, con otros algunos yndios prinçipales y mucha parte de sus riquezas y oro, con que se pasaron muy contentos a donde el Governador estaba con la demas gente mirando el suceso desta guaçabara, a quien entregaron luego todo el despojo y presa que en ella se abia abido, que fue cantidad de oro. Holgaronse todos con el buen suceso que alli abian tenido; pusieron a rrecado el prinçipal Tamalameque, de quien esperaban aber gran suma de oro por su rrescate, y hizieron asiento alli por algunos dias, asi porque la gente descansase, como por la mucha rriqueza que desta provinçia esperaban sacar, segun los buenos prinçipios que abian bisto y despojo que en este primer reencuentro obieron.

CAPITULO SIETE

Como estando los españoles divididos se juntaron mucha cantidad de yndios y binieron a sacar de poder de los españoles a su caçique, y como Miçer Anbrosio enbio a Gascuña a Coro por mas gente y soldados.


Dende39 a pocos dias algunos soldados quisieron pasar adelante, sin haçer en esta provinçia mucho asiento, mas Miçer Ambrosio, biendo la fertilidad de la tierra y las muestras de oro que en aquellas primeras vistas abia abido, considero que podia aber en esta provinçia alguna parte de lo mucho que deseaba, y asi, con acuerdo de los mas, determino entretenerse en esta provinçia algunos meses hasta ber y avn aber toda la rriqueza que en la tierra abia, con la qual rresoluçion enbio luego vn capitan o cavdillo con la mitad de la gente, que serian nobenta honbres, a ber lo que abia en çiertas poblazones que çerca de alli estaban, y el se quedo en su alojamiento con la demas gente y con el caçique y los demas prinçipales.

Los yndios desta provinçia, viendo que mucha parte de la gente española andaba fuera del canpo, pareçioles que era tienpo oportuno y que se les ofreçia ocasion en que pudiesen rrecobrar a su caçique o señor, con lo demas que en la guaçabara perdieron; y no perdiendo tienpo se conbocaron y juntaron, según afirman personas que se hallaron presentes, mas de diez mil yndios de gerra y bien adereçados, conforme a su vso y costumbre de militar. Metidos en la cantidad de canoas que para tanta gente era menester, se vinieron nabegando hazia el rreal de los españoles; y segun pareçio despues, estos yndios, como abian visto yr fuera los españoles que se a dicho, creyeron que en el alojamiento quedaban muy pocos, a los quales façilmente desbaratarian y matarian; y como saltando en tierra y llegando a donde el governador Miçer Ambrosio estaba rrancheado, viesen la gente que con el estaba, se les mudo el animo de tal suerte que jamas ninguno de ellos se atrevio a prinçipiar la guaçabara ni acometer a los españoles, sino como honbres desatinados, començaron a deçir que les diesen su caçique muy porfiadamente y con muchas bozes. El Governador, conoçiendo la pusilanimidad y cobardia que los yndios consigo trayan, mando a los españoles que se estuviesen quedos, y no les consintio que moviesen las armas contra aquella amedentrada gente, y al qual asi mesmo mando que dexasen luego las armas, donde no que alli serian todos muertos por su gente. Y los yndios, como estaban de suyo tan acobardados y perdido el animo, y de nuebo los amenazaba Miçer Anbrosio, obedeçieron luego su mandado, y soltandolas todos en el suelo, se rrindieron a boluntad y merced del Governador. Dizen los que presentes se hallaron, como por cosa de maravilla, que era tanta la cantidad de armas que estos yndios trayan, que juntas y hecho vn monton, no se pareçia vn honbre de a caballo de la otra parte. Yo no tengo esta maravilla por tal, pues sabemos que en la Nueba España y en el Piru este ayuntamiento de armas, que aqui eran arcos y flechas y macanas, alla era oro y plata; y en la Nueba España se junto en la plaça vn monton de oro y plata que no se pareçian dos honbres, el vno puesto de la vna parte y el otro de la otra; y en el Piru fue de mucho mayor numero.

Mando Miçer Anbrosio a los yndios que se bolviesen, y que si querian llevar o aber a su caçique, a quien benian a buscar, le traxesen çierta cantidad de oro que el alli les señalo. Los yndios se bolvieron y fueron paçificamente, sin hazer mas acometimiento ni daño en los españoles del que se a dicho, dexando sus armas, que por hartos dias sirvieron de leña para las coçinas de los españoles; y metiendose o enbarcandose en sus canoas se bolvieron a sus poblazones.

La gente que abia ydo a descubrir, bolvio desde a pocos dias con algun oro, que generalmente, en toda esta provinçia, lo tenian los yndios, y oy dia lo tienen.

Estubose Miçer Ambrosio en esta rrancheria o alojamiento haziendo entradas o correrias de vna parte a otra casi vn año, en el qual tiempo, asi de lo que rranchearon y tomaron forçiblemente a los yndios como de lo que les daban de presentes y el caçique dio por su rrescate, obieron el gobernador y sus soldados mas de setenta mil pesos de buen oro. A cabo deste tienpo, ya que estaba arruynado y corrido y esquilmado todo lo que en esta provinçia de Tamalameque abia, acordo Miçer Anbrosio pasar adelante con su descubrimiento y jornada, y pareciendole poca gente la que tenia para tan larga entrada como se le ofrecia, porque de la gente que de la laguna saco se le abian muerto, asi en la gerra como de enfermedades, mucha parte de sus soldados(A), acordo enbiar vn cavdillo con algunos soldados y alguna parte del oro que alli se abia abido a Coro, para que juntase toda la mas gente que pudiese, dandoles todo abio del oro que llevasen y con toda brevedad bolviesen y le siguiesen por el rrastro y vestigio de la derrota que el de alli tomaria. Y para este efecto nombro y señalo a vn capitan Gascunia o Gascuña, natural de Arebalo(B), y le dio veynte y cinco soldados, y asi los sesenta mil pesos, que era parte del oro que se abia abido en esta provincia de Tamalameque, para que con aquella ostentacion y muestra de rriqueza mobiese los animos de los soldados y los atraxese asi, para que con mayor voluntad lo siguiesen.

Partiose Gascuña con la gente que le fue dada, la buelta de Coro y provinçia de Venençuela, de cuyo viaje en el siguiente capitulo trataremos largo, y el gobernador Miçer Ambrosio por entonçes se quedo alli en el alojamiento y rrancheria de Tamalameque, y donde a poco tiempo alço su canpo y siguio su40 viaje y derrota en la forma que adelante se dira.

NOTAS AL CAPÍTULO VII

(A) Según Oviedo y Baños, la falta de gente que obligó á Alfinger á enviar por socorro á Coro, no fué debida exclusivamente á las muertes por la guerra y enfermedades, de que habla el Padre Aguado, sino también á que muchos soldados, descontentos, se habían retirado á Coro fugitivos, «no pudiendo tolerar el áspero natural de Alfinger, ni el modo tan extraño que tenia de gobernar, castigando por leves causas con azotes, horcas y afrentas á muchos hombres de bien por mano de un Francisco del Castillo, que era su maestre de campo, hombre cruel y de malvada intención». (Historia de Venezuela, tomo I, cap. IV.)

(B) Gascunia, Gascuña ó Bascuña, le llama el Padre Aguado. Oviedo y Baños le nombra Iñigo de Bascona; Fernández de Oviedo le apellida Vascuña, y Castellanos, Vasconia.

CAPITULO OCHO

En el qual se escrive como metiendose Gascuña por los despoblados y arcabucos de la culata de la laguna, perecio de hanbre el y todos los demas que con el yvan.


El capitan Gascuña o Bascuña puso en prosecucion el mandamiento del gobernador, y tomando consigo el oro que se le abia dado, que como he dicho, fueron sesenta mil pesos y sus veynte y cinco conpañeros españoles, començo de caminar la buelta de Coro, por muy diferente camino del que abia traydo con su Gobernador, porque como el paraje donde a la sazon estaban era mas arriba de la culata de la laguna de Maracaybo, pareçia por buena conjetura que atravesando o bojando41 por tierra la serrania que por alli abia, yr a salir de la otra vanda de la laguna, sin tener neçesidad de atrabesar aquel ancho lago42 ni desandar el camino andado, que le parecia mas largo del que por donde pensaba yr podia ser.

Estas consideraçiones les salieron muy al rrebes a Gascuña de lo quel abia traçado, porque en apartandose del rreal luego atrabeso la cordillera que entre la laguna de Maracaybo y el rrio grande de la Magdalena esta, que es la que emos dicho llamarse la cordillera del valle de Vpar, y trastornando la sierra a las bertientes de la laguna, camino algunos dias por tierra alta avnque montuosa y mal poblada, y avnque de los altos destas sierras vio Gascuña a toda la tierra que por delante tenia, por la qual abia de atrabesar, era cubierta de muy altas montañas y arcabucos y lo mas della tierra llana que por la mayor parte suele estar anegada y cubierta de aguas, no considero el daño que de seguir por alli su viaje le podia venir, mas entendiendo que todo seria aconpanado de algunas raras poblazones, como en los altos de aquella cordillera las abia, paso adelante con sus conpañeros, y caminando algunos dias por despoblado, siguiendo la trabesia de la culata de la laguna sin que ningun camino le guiase, apartaronse tanto de las poblazones que a las espaldas dexaban, que quando quisieron bolver atras no pudieron por rrespecto de que se le abia acabado la comida que llevaban, y sin ningun reccurso de mantenimiento, con solo la esperança de hallallo adelante, abian caminado çiertos dias con solo comer algunas hojas silvestres que en aquellas montañas cojian. I como mientras mas adelante caminaban mas la hambre los maltrataba, de tal suerte que no solo no podian llevar sus armas mas casi ni avn menear sus personas, consumidas las fuerças de hombre, acordaron poner o dexar el oro escondido o enterrado en vna parte señalada, para que si saliesen a poblazones despañoles o de yndios pudiesen bolver por ello.

Mas a estos soldados, y avn casi a los que con Miçer Ambrosio quedaron, le fue este oro y rriquezas el açote y castigo que al consul Quinto Cipion43 y a sus comilitones les fueron el saco y rrobo que en Françia hicieron, quando tomando y entrando por fuerça de armas a la çiudad de Tolosa, no solo rrobaron lo que los del pueblo tenian, mas entraron en el tenplo de Apolo, a quien aquellos çivdadanos servian con mucho acatamiento, y saqueando el tenplo, como a las demás casas del pueblo, rrobaron del ciento y diez mil libras de oro y çinco millones de libras de plata, y así el consul Quinto Çipion, como todos los que partiçiparon deste rrobo, murieron desastrada y miserablemente, segun que en su Istoria mas largamente se rrefiere este caso.

Gascuña y su gente enterraron estos sesenta mil pesos al pie de vna çeyva, arbol muy grande y señalado en aquella comarca, y casi dexando sus coraçones alli soterrados con aquel metal, començaron á caminar por aquellas montañas, a ver si podian hallar algun genero de comida de qualquier suerte que fuese; y viendo que no lo hallavan y que las naturales fuerças casi del todo les yvan faltando, començaron a matar algunos yndios e yndias de las que consigo llevaban para comer de ellos, ymitando en esto la brutalidad de los animales yrraçionales, que faltandoles el vso de la rrazon, muchas veces muerden y comen los vnos de44 los otros, comian de aquellas carnes humanas tan sin asco ni pabor como si se obieran criado en ello y para ello. Mas no es de marabillar que honbres vsasen deste genero de crueldad por rremedio contra las angustias de la hanbre, pues escriviendo Josepho en sus Istorias, y lo rrefiere Evsebio en el terçero libro de la Istoria eclesiastica, en el capitulo segundo, que tiniendo Tito cercado a Jerusalen, y abiendola ya entrado o tomado, sobrevino tan grande hanbre en la çivdad que vna muger que bivia rribera del rrio Jordan, de la aldea de Benzob, llamada Maria, hija de Lazaro, muger rrica y de noble linaje, hallandose en aquellos dias en Jerusalen, con vn cuchillo, por su propia mano, degollo a su hijo, partiendolo por medio, puso luego la mitad al fuego, y asandola, se la comio, y despues vino a comer la otra mitad, cosa por cierto de grande admiracion y que parece escandalizar solo el oyrlo. Yo, a lo menos, por tan castigo de Dios tengo la hanbre y calamidad destos soldados, por los rrobos, fuerças y muertes y otras crueldades e yncomodidades de que con los yndios abian vsado, como el que vino sobre Jerusalem en los tiempos rreferidos de suso.

Viendose ya de todo faltos de rremedio y que las fuerças naturales los desanparavan del todo y que ya no les abia quedado ningun yndio a quien tan rrabiosamente pudiesen sepultar en sus entrañas para conservaçion de ellas, començaron a esparçirse y dividirse por entre aquellas montañas y arcabucos, donde la hanbre los consumio, asi al capitan como a todos los mas de los soldados, de quien no se supo mas nueba, eceto quatro de ellos que, o por ser mas animosos o mas rrobustos, pudieron conservar mas tiempo las fuerças y el animo, los quales, caminando por donde su ynfortunio los guiaba, fueron a dar a vn rrio que casi entra en la laguna de aquella parte donde Merida esta poblada, rriberas del qual se sentaron a descansar, porque les pareçio, por algunas señales que en el vieron, que era rrio poblado y que navegaban yndios por el, con esperança de que Dios encaminaria por alli alguna canoa de yndios, de donde pudiesen aber con que rremediarse y sustentarse.

CAPITULO NUEBE

En el qual se escribe el suceso de los quatro españoles que se apartaron de Gascuña.


Dende a poco tiempo que estos españoles pasaron a descansar rribera del rrio, para soportar mejor el tormento de la hanbre con la esperança dicha, açerto a pasar por alli vna canoa con yndios que yvan de vn pueblo a otro, a los quales llamaron los españoles con señas que les hizieron para que viniesen a donde ellos estaban. Los yndios se acercaron a tierra por ver y conocer que nueba gente era aquella; mas no se llegaron tanto que los españoles los pudiesen asir para matallos y comellos, como despues lo pusieron por la obra, y viendo que los yndios se llegavan rrecatadamente, solo les dieron a entender, con señales que les hizieron, la neçesidad que padeçian, rrogandoles que les truxesen alguna cosa de comer.

Los yndios, por el senblante o aspeto que en los españoles vieron, entendieron lo que les pedian y abian menester, y asi se fueron el rrio arriba a donde tenian su poblazon, y tomando la comida que les pareçio que era bastante para tan poca gente, bolvieron a donde los españoles estaban, los quales, como los vieron bolver, pareçiendoles que el mantenimiento que podian traer seria poco, determinaron que se tomasen los yndios y se matasen y asasen en barbacoas45 para guardar y tener de respecto para su comida. Los yndios llegaron sinçeramente, sin rreçelo de rreçebir daño ninguno de los españoles, a quien con tan buena voluntad trayan de comer, y saltaron en tierra, sacando el mayz y otras rrayzes y legunbres que trayan. Los españoles, desque los vieron que les pareçia que podian ser señores de ellos, cada vno echo mano de su yndio para poner por obra lo que antes abian tratado, y como su flaqueza era tanta y sus fuerças tan pocas, poca fuga fue menester para que los yndios se soltasen de sus manos; y visto que los yndios se les yvan, juntaronse todos a vno de los yndios, y asiendose del lo mataron y despedaçaron muy liberalmente y asaron en barbacoa para su sustento.

Esto de asar46 en barbacoa esta carne es vna costumbre casi general en las Indias entre algunos yndios, los quales jamas acostumbran a salar carne ni pescado, avnque tengan bundancia de sal, mas haziendo vnas barbacoas que no sean muy altas del suelo, que son vnas estacas hincadas en tierra, del altor que les pareçe, encima de las quales hazen vn cañizo algo rralo de varas que llaman barbacoa, y alli ponen la carne a asar y mucha candela debaxo, hasta que se consume todo el xugo y vmor y queda del todo seca: y con esto se entretiene mucho tiempo la carne, avnque sea de puerco, y el pescado y todas otras cosas que despues de muertas se pueden corronper y dañar; y a falta de sal, los españoles, en las jornadas y nuevas poblazones se aprovechan deste vso de los naturales, y asi lo hizieron estos de quien al presente vamos hablando; que muerto su yndio y hecho sacrifiçio del a su dios el vientre, lo asaron en barbacoa por sus puestas47, y luego alli comieron el asadura, pies y manos, y el menudo, con tanta alegria como si fuera de otro animal de los acostumbrados a comer entre cristianos.

Y rrecelandose que los yndios que se escaparon de sus manos no conbocasen gente y viniesen sobre ellos, acordaron de yrse de donde estaban, y asi començaron a caminar rribera arriba de aquel rrio todos ellos, eceto vno llamado Françisco Martin, que por tener vna llaga en vna pierna muy enconosa no pudo caminar y le fue forçoso quedarse alli; y los demas, prosiguiendo su desesperado camino el rrio arriba, padeçieron como todos los otros avian hecho y acabaron sus vidas con bien largas y penosas muertes. Y porque en lo deste capitulo me queda y en el siguiente, he de deçir el subçeso deste Françisco Martin, que por la enfermedad de su pierna no pudo seguir a sus compañeros en la muerte como los abia seguido en la bida, dire lo que este honbre hizo, antes de llegar a este rrio.

Andaban sus compañeros y el tan acosados de la hanbre que se podia bien dezir por ellos que rrabiaban de hanbre. Cupole a vn yndio que les abia que dado la suerte del sacrifiçio, y asi lo sacrificaron y mataron, dandole por sus propias manos la muerte, porque fuese mas açeto. Estando haziendo puestas o pedaços el cuerpo muerto, para dar a cada vno su parte, quitaron el mienbro genital, como cosa mas ynmunda, y echaronlo a mal, lo qual, como biese este Françisco Martin arremetio a el y alçandolo del suelo, sin esperar a ponello en el fuego se lo comio asi crudo, como se abia quitado del cuerpo; que fue cosa por çierto, no de honbre sino de mas que bruto y carniçero animal; y por esto no quento la diligencia que todos ponian en que no se perdiese cosa ninguna de lo que en vn cuerpo humano ay. La sangre no era menester llegalla al fuego, porque en abriendo el muerto, con las manos la sacaban y se la bebian, y avn como suelen deçir, se quedaban lambiendo las manos; y por no ser molesto no quiero pasar adelante con estos abominables enxemplos de crueldad.

Este honbre llamado Françisco Martin, permitiendolo Dios, para questos castigos fuesen notorios, vino a escapar con la vida y a bolver a poder y conpañia despañoles de la manera que por el discurso desta Istoria se vera; mas para llegar a este tiempo paso muchos trances que tanbien ire declarando. Viendose el triste solo en aquella playa o rribera donde sus conpañeros lo abian dexado, acordo echarse el rrio abaxo, pareçiendole que pues por alli nabegaban canoas, que no dexaria de aber algunas poblazones donde, o le conservarian la bida o con mas brevedad lo despenarian. Sabia nadar, y ayudandose de vn madero o palo grueso que alli hallo, se hecho por el rrio abaxo, y giandolo sus hados fue a dar a vna poblazon de yndios que en la rribera deste rrio estaba, gente de buena dixistion o condiçion, los quales como lo biesen, admirados de ver vn honbre barbado y tan blanco, cosa que ellos nunca abian hasta entonces visto, lo tomaron y lo llevaron al caçique y señor de aquella prouinçia, el qual, con la misma admiraçion que sus vasallos, lo mando recojer y tener en su casa por cosa de grandeza, sin hazer ningun mal ni consentir que se le hiziese por ninguno de sus subditos.

CAPITULO DIEZ

Como prosiguiendo Miçer Ambrosio su jornada, paso por el rrio del Oro y provincia de Guane, y fue a salir a los paramos y tierras donde agora esta poblada la ciudad de Panplona.


En tanto questas cosas subçedieron al capitan Gascuña y a su gente, el gobernador Miçer Ambrosio, despues de haberse entretenido algunos dias en aquella provinçia de Tamalameque, porque el socorro que de Coro le viniese y Gascuña le truxese, con más façilidad lo alcançase, prosiguieron su viaje y descubrimiento por lo baxo de la cordillera ó sierra48 que confina con las rriberas del rrio grande, avnque algo apartado del; porque se debe notar que por desta parte del rrio grande por do Miçer Anbrosio caminava sienpre ay tierra llana entre el rrio y la sierra que va casi subçesive hasta sus nacimientos, y esta serrania que va sienpre á bista deste rrio grande, toda es rramos y gajes que quiebran de la cordillera que desde Chile viene entera çiñendo y rrodeando casi toda esta parte de Tierra Firme, donde está poblado el Piru y Chile, los Charcas, Quito y Nuebo Rreyno, y la gobernaçion de Venençuela, y otras gobernaçiones y provinçias, lo cual parece ques diviso de la tierra de la Nueba España y Florida y esotros Rreynos que de aquella parte están. Por la mucha angostura y estrechura que entre estas provinçias hace la tierra, desde el Nombre de Dios, poblado en la mar del Norte, a Panama, poblado en la mar del Sur, que de vn pueblo á otro, o del vn mar al otro ay deziocho leguas, antes menos que mas, y esta estrechura que aquí haze la tierra parece que divide estos dos grandes Rreynos y provinçias, la vna de la otra, no embargante que toda es Tierra Firme y que de Nueba España se pude yr a Piru y a Chile por tierra y andar toda la rredondez de aquesta quarta parte del mundo, desde la tierra que dizen del Labrador, que cae bien debaxo del Norte, hasta el estrecho de Magallanes, que por el contrario esta ó cae casi debaxo del Sur, que casi pareçe questas dos provinçias estan frontera la vna de la otra metiendose el Oçeano mar en medio, que haze hazer a la tierra vn ancon al Ocidente, cuyo rremate es el estrecho que he dicho, donde esta poblado el Nombre de Dios y Panama.

Siguiendo Micer Ambrosio aquesta serrania, sin dexar el rrio grande que llevaba a la mano derecha, camino algunos dias con buena esperança asi de lo que adelante esperaba hallar como del socorro y a ayuda que con el capitan Gascuña le abia de venir, y pasado algun intervalo de tienpo y viendo la tardança del socorro, y que la tierra por donde yva era muy enferma a cavsa de las ynundaçiones que el rrio grande por alli hazia, con que se crian muchas sabandijas y mosquitos de todas suertes, que les era a ellos plaga y muy pesada carga, aviendolos de sufrir por fuerça, con cuyas picaduras se cavsaban llagas e hinchazones en las piernas a los soldados y en las manos y en otras partes de sus cuerpos, determino y acordo Miçer Anbrosio meterse en las sierras, porque generalmente toda tierra alta en las Indias es mas sana que la baxa, y a esta sazon estaba en el paraje de las provinçias donde agora esta poblada Panplona; y poniendo en efecto sus desinios y determinaçion començo a marchar con el campo y gente que hasta aqui le abia quedado, por tierras muy asperas y faltas de comida, con que se les acreçento o doblo el trabaxo a los españoles, y quedandose algunos que con la flaqueça y falta de fuerças no podian subir la aspereça de las sierras por los arcabucos y montañas, eran muertos de tigres y otros animales que por estas tierras se crian, fue a salir Miçer Anbrosio a donde agora dizen el rrio del Oro, que avnque esta çerca de la çivdad de Panplona es termino de la çivdad de Velez, en cuyos vecinos estan encomendados los naturales del, de quien trataremos mas particularmente a su tiempo.

Llegado aqui Miçer Ambrosio, traya su gente tan fatigada de hambre que casi no podian caminar ni en aquella parte del rrio donde abian llegado y estaban no abia poblaciones ningunas de yndios de do pudieran aber algun rrecurso de comida; y porque caminando de aquella suerte era acrecentar los trabajos a los soldados y ponerse en abentura de perderse todos, como subçedio a los de Gascuña. Hallose cerca de vna çienaga o lago pequeño que en aquella parte estaba, en el qual se criaban mucha cantidad de caracoles, que fue vn particular rremedio para tolerar algo su hambre, de que se sustentaron muchos días, porque proveyo Dios que fuesen en tanta abundancia que bastasen alimentar toda la conpañia. Y de alli evbio vn cavdillo llamado Esteban Martin con sesenta hombres de los más sanos y en mejor dispusiçion para caminar, a que fuesen a descubrir algunas poblazones, porque alli donde estaban abian hallado algunos rrastros y bestigios de naturales que les abia dado esperança de hallallos çerca de alli: y avn les abian puesto a todos animo con la esperança que tenian para mejor caminar y seguir su descubrimiento.

Partiose Esteban Martin, y caminando a la provinçia de Guane, que esta cercana al rrio del Oro y es sufragana a la çiudad de Velez, donde hallo mucha cantidad de naturales y abundancia de comidas, y rreformandose alli y descansando con sus compañeros, rrecogió la comida que pudo llevar en las pieças o yndios que consigo traya y con otros que en esta provinçia de Guane abia tomado, y dio la buelta a donde Miçer Ambrosio abia quedado, llegando a cabo de veynte dias de como se aparto del, que en todo este tiempo Miçer Ambrosio y los que con el quedaron no se sustentaron ni comieron otra cosa mas de los caracoles que de la çienega o lago que he dicho podian sacar.

Holgose el Gobernador y toda su gente de las buenas nuebas que le traya Esteban Martin, y luego otro dia siguiente marcho con toda la gente junta la buelta de Guane, por el camino que el cavdillo y gente que abia enbiado descubrieron; y llegados a Guane se entretuvieron algunos dias a descansar y rreformarse, por venir tan maltratados y cansados del camino pasado quanto de lo dicho se puede colegir y conoçer. Desde esta provinçia de Guane camino Miçer Ambrosio con toda su gente junta hazia los paramos que agora son territorio de Panplona, tierra fria y poblada de muchos naturales. Estos paramos fue por donde despues andubo Hernan Perez de Quesada, hermano del adelantado Don Gonçalo Ximenez de Quesada, que despues de descubierto y poblado el Nuebo Rreyno por el dicho Adelantado, salio en descubrimiento de vna famosa notiçia que dezian de la casa del Sol, y llego a estos paramos y poblazones mas de diez años despues, y hallo los vestigios y rrastros desta gente de Miçer Ambrosio; y rreconoçida la tierra por algunos que con el yvan de los que abian escapado desta jornada de Miçer Ambrosio, dio la buelta y se torno al Rreyno, de do abia salido, como de todo esto hemos tratado mas largo en la Istoria del descubrimiento y paçificaçion del Nuebo Rreyno.

Entrado Miçer Ambrosio con su gente en los lugares dichos, hizo alli algun asiento con el canpo para mejor rreconoçer la tierra, y ver y determinar la derrota que abian de tomar, y hazer algunas correrias o entradas a vna parte y a otra con sus cavdillos, para rreconoçidos los alrrededores y las partes hazia donde se ynclinaba mas la poblazon de los naturales, seguir lo que mas les conviniese.

CAPITULO ONZE

En el qual se escribe como prosiguiendo Miçer Ambrosio su descubrimiento hazia la laguna, fue muerto de çiertas heridas que en vna guaçabara le dieron yndios.


Andando de estas poblazones y alojamiento donde Miçer Ambrosio estaba y sus cavdillos, descubriendo a vna parte y a otra, y rreconoçiendo todas las dispusiçiones de las tierras de que estaban çercados, pareçioles la tierra de hazia el Rreyno que tenian al Sur, mas alta y mas quebrada y menos poblada, y la tierra de hazia la parte de abaxo, al Nordeste, a do las aguas yvan a la laguna de Maracaybo, mas apaçible y andadera y avn mas poblada, por donde se ynclinaron mas a seguir la derrota o bia de hazia la laguna, avnque por diferente camino del que abian traydo, que no la del Rreyno. Y esto no fue porque entendiesen entonçes que aquella derrota que tomaban era a la laguna, de do abian salido, por aber rrodeado mucho camino, y en esto fue esta gente desgraçiada, y como suelen deçir, de corta ventura; porque si siguieran su derrota como la abian començado, entraban en el Rreyno, donde obieran las rriquezas que despue obo el adelantado Ximenez, y poseyeran aquella tierra, que es cierto que no estuvieron diez leguas de la primera gente mosca que hazia aquella parte se dice chicamocha. Mas siguiendo su camino por donde los guiaba su fortuna, pasaron vnos paramos que desde estas poblazones ay, para yr al balle que agora los de Panplona llaman de Rrabucha49, en vn dia tan turbio y cargado de aguas y viento, que generalmente puso en gran detrimento a toda la gente y conpañia, y vbieran de pereçer alli de frio y elados, que ni con el caminar ni con el arroparse podian rresistir la fresca50 del paramo, y asi murieron alli elados y enparamados mucha cantidad de yndios y algunos españoles y caballos, que fue cosa açerbiçima ver como sin poderse socorrer vnos a otros se quedaban muertos y riendose o rregañando los dientes.

Los que de la tempestad deste paramo escaparon, lo tubieron en mas que aberse librado de las hambres y calamidades pasadas.

Entrando en el valle de Rabicha hallaronlo muy poblado y los naturales del muy a punto de guerra, y asi el tienpo que por este valle y los a el comarcanos andubo esta gente, nunca dexaron de rreçebir guaçabaras de los naturales, que con buen animo les acometian; mas sienpre yvan con la peor parte, porque como sus armas son tan flacas y sus animos tan debiles acaboseles presto todo y rretiranse o rrecojense tan sin horden que sienpre son mas mal tratados en los alcançes que les ban dando que en disparate de sus guaçabaras.

Y antes que se pase esta ocasion, pues voy tratando destos naturales, dire lo que hizieron, segun lo que se puede colegir, por permision divina, con vn hombre ymitador de abominables crueldades con yndios. Miçer Ambrosio traya este hombre por criado, que no le servia de otra cosa sino de traer a cargo vna cadena, en la qual venian aprisionados çierta cantidad de yndios que trayan cargado la muniçion y el demas fardaje que era del rrancho y tienda del governador, y estan puestos por tal horden con sus colleras al pescueço que avnque vayan caminando y cargados, nunca se les quita la cadena; y como los yndios sientan tanbien la hambre como los españoles e yvan cargados, cansabanse, y faltandoles las fuerças, de flaqueza se cayan y sentaban en el camino. Este alcayde o verdugo del demonio de Miçer Ambrosio, por no detenerse y abrir la cadena y sacar el yndio que se cansaba, y por otros diabólicos respetos que le mobian, cortabale luego la cabeça para quitallo de la collera, y dexabaselo alli muerto. Y desta suerte se certifica aber quitado la bida a muchos yndios; y como Dios nuestro Señor no consienta que semejante tirania y crueldades queden sin exemplar castigo, subçedio que en el valle de Rrabicha, de quien bamos tratando, salieron los yndios vn dia a dar guaçabara a los españoles, y se açercaron tanto a ellos que casi de entre las manos les tomaron los yndios a este verdugo, criado de Miçer Ambrosio, y sin se lo poder quitar y estorvar los españoles, alli delante de sus ojos le cortaron la cabeça a macanazos, y dexando el cuerpo a bista de los españoles, se llevaron la cabeça consigo en pago de quantas este miserable honbre abia quitado ynjusta y cruelmente a los yndios:

El Gobernador con su gente siguio su descubrimiento, y saliendo deste valle y pasando otras poblazones de yndios, fue a dar al balle que dixeron de Miçer Ambrosio, que es el propio que agora dizen los de Panplona, Chinacota, que es nombre propio de la tierra. Estaba este valle muy poblado de naturales y era abundante de arboles, que avnque en este tiempo se pareçe la prosperidad que entonçes pudo tener, por aberse muerto y consumido por diversos rrespectos muchos naturales del. Alojose Miçer Ambrosio en vna parte deste valle con su gente por ser abazible51 su estalaje, para de alli enbiar a descubrir lo que adelante obiese. Los naturales, como vieron esta nueva gente en su tierra y tenian ya por odidas notiçia de la mala vezindad que a do quiera que llegaban hazian, dexaron sus casas desiertas, y rrecogiendose con sus mugeres, hijos y haziendas a las montañas comarcanas, a ponello todo en cobro, acordaron venir a berse con los españoles, y si pudiesen, echallos de su tierra. Y subçedio quel dia questo obieron de hazer, Miçer Ambrosio y Estevan Martin, su capitan o cavdillo, se apartaron paseando fuera de su alojamiento descuydadamente, porque nvnca abian visto ni oydo ningun rremor52 de aquellos yndios, antes tenian entendido que de miedo se abian ahuyentado por la notiçia que de ellos les abian dado. Los yndios, con mano armada, les venian a dar guaçavara, y los dos capitanes echaron mano a sus espadas, y teniendose con ellos se defendieron balerosamente sin que los yndios les pudiesen echar mano, antes hirieron y mataron muchos de ellos; y como Miçer Ambrosio no tenia alli su sayo de armas con que mejor guardar su persona, rreçibio algunas heridas de los yndios malas y peligrosas; y no hera esto tan lexos del alojamiento que la gente que en el estava no oyeron la grita de los yndios, y sospechando lo que era salieron a ellos y hallaron a su governador con su conpañero rrebueltos con los yndios, como se a dicho, y como acudieron alli luego todos los españoles, fueron los yndios desbaratados y ahuyentados, avnque vitoriosos, que asi se puede decir, pues de las heridas que dieron a Miçer Ambrosio murio dende a pocos dias, y fue alli, en aquel valle53, enterrado por los suyos, de donde le quedo la nombradia y apellido del valle de Miçer Ambrosio, que hasta oy tura(A).

De las proprias naturalezas destas provinçias y de las que en estas comarcas de Panplona andubo esta gente, y de los yndios dellas, no trato aqui por no ser este su lugar.

NOTAS AL CAPITULO XI

(A) El P. Aguado no resulta muy bien enterado en lo relativo á la labor de Ambrosio Alfinger, por lo cual, para completar su relato, se reproducen los siguientes párrafos de la mencionada Relación del licenciado Pérez de Tolosa.

«Habiendo reposado el dicho Ambrosio de Alfinguer con la dicha gente, en la dicha ciudad de Coro, fue en descubrimiento de la laguna de Maracaybo, con ciento y cincuenta hombres de pie y de caballo; dondes la laguna se detuvo año y medio, poco más ó menos; poblo junto á la laguna un lugar que se dixe Maracaybo. Dejole poblado de cinquenta ó sesenta españoles, y volviose con muy poca gente á la ciudad de Coro, porque mucha de la que llevó se le murió.

»En este comedio vinieron dos armadas; en la una de las quales vino un Jorje Ynguer, con poder de Enrique Ynguer y Geronimo Sayler, y sin provision real; este no fue obedecido ni recibido por Gobernador. Después llegó otra armada de tres naos, con pasados de trezientos hombres, y en ella venia un micer Juan Sinser-Jofer, el qual se nombraba por Gobernador, con los mismos poderes y sin provision real. Fue recibido este Micer Juan por Gobernador, por la justicia, regimiento y oficiales, estando ausente el dicho Ambrosio de Alfinguer; el qual, llegado en Coro dentro de quince dias, fue obedecido por Gobernador como lo era de antes, y el dicho Juan Sinser-Jofer voluntariosamente quedó sin la dicha gobernacion, y dende á tiempo quedó en Coro. Estas naos trajeron muchas provisiones y mercadurias, las quales se vendieron á los españoles, al fiado, en precios mas baratos que nunca han valido, obligándose de dos en dos y tres en tres; en esta armada postrera vinieron, asi mismo, treinta alemanes mineros, de los quales casi ningunos viven. El dicho Ambrosio de Alfinguer trajo de la dicha entrada siete mill pesos de oro de chafalonia, los quales se dieron al factor de los Velzares, para en pago de la ropa y mantenimientos que en nombre de república se tomaron, y fuese á curar de una enfermedad rezia que traia de la entrada. Dejó por teniente á Niculao Fedreman, que habia servido en compañia del difunto Jorje Ynguer, con que le mandó que no saliese de la ciudad de Coro y treinta leguas á la redonda en descubrimiento alguno. Partido que fue el dicho Ambrosio de Alfinguer á Santo Domingo, el dicho Fredreman, ecediendo la comision que tenia, con ciento y quinze hombres de pie y de caballo se metió la tierra adentro y descubrió el valle de Bariquicimeto y de las Damas, y dió la vuelta para Coro, donde halló ya de vuelta al dicho Ambrosio de Alfinguer; el qual le prendió, y hecho proceso le dió un liviano castigo. Este Fedreman trujo de la dicha entrada siete mill pesos de oro de chafalonia, en nombre de toda la gente, los quales se dieron á los factores de los Velzares para en quenta y parte de pago de lo que se debe en nombre de república.

»Antes quel dicho Gobernador partiese para Santo Domingo, envió sesenta hombres de pie y de caballo, con muchos mantenimientos á costa de los Velzares, á socorrer el pueblo que dejaba en Maracaybo, porque dejó la gente muy desnuda y necesitada; y con esta gente envió por teniente á un Luis Gonçalez de Leyva, el qual, esta ida, hizo algunos esclavos, y envio dos navios cargados, los quales se perdieron eceto uno que aportó en la Isla de Cuba, de que se hizo alguno dinero; y con todo ello se acudió al Factor de los Velzares. Estos esclavos, se dice que hizo el dicho teniente Luis Gonçalez sobre haber fecho los requerimientos contenidos en un capitulo de la capitulacion que con Enrique Inguer y Gerónimo Sailer se hizo.

»Vuelto el dicho Ambrosio de Santo Domingo, partió para el dicho pueblo de Maracaybo, y dejando aquel pueblo á recaudo, con ciento y sesenta hombres de pie y de caballo fue en el descubrimiento de los Pacabueyes y Rio Grande de Santa Marta, que es la mejor tierra que se ha descubierto en esta gobernacion. Con el primer oro que alli hubo, que fueron, segun dizen, hasta treinta mill pesos, parte dello fino y parte de chafalonia, con todo ello envió al capitán Basconia, con veinte y cinco hombres escojidos, de pie, dirigidos al Factor de los Velzares, para que aquella moneda emplease en vestidos y provisiones. Este capitán Basconia, con toda la gente se perdió, y el oro con ellos: escapó solo un cristiano, que acaso se halló á cabo de tiempos entre los indios haziendo vida de indio, el qual dió relación. Andando mas adelante, descubriendo la tierra, se hubieron quarenta mill pesos de oro de chafalonia; y de alli empezó á dar la vuelta hacia Coro.

»En este tiempo, subiendo por el dicho Rio Grande de Santa Marta arriba, le llevó las provisiones de la gobernación, y la cesion y traspaso que Enrique Inguer y Gerónimo Sayler hizieron á Bartolome y Antonio Velzares; y prosiguiendo su camino para Coro, en los confines del Nuevo Reyno, en el valle que se dice de Ambrosio, en una pelea que hubo con los indios, fué herido en la garganta de una flecha, de que murió como muy buen cristiano, ordenada su ánima y sus cosas: murió muy pobre y bien quisto de la gente: era de gentil disposición y rostro, muy españolado, templado en su comer y beber: á su principio se dize que fue riguroso con la gente, y algunos ministros de justicia que tuvo causaron que se afrentaran muchos españoles.»

Segun Oviedo y Baños, Alfinger fue sepultado «á seis ó siete leguas de distancia de la ciudad de Pamplona, que despues poblo Pedro de Ursua, cuyo sitio, por haber sido donde la muerte puso término á la bárbara crueldad de aquel tirano, mantiene todavía el título de su nombre, siendo comunmente conocido por el Valle de Micer Ambrosio, aunque el coronista Herrera, contra la evidencia de una verdad tan clara, pone esta muerte en Coro, por yerro conocido de las relaciones que le dieron para formar su historia». (Historia de Venezuela, t. I, cap. VIII.)

Como se observa fácilmente, contrasta el juicio que Alfinger merece á Pérez de Tolosa, con el que consignan los demás historiadores, y dada la respetabilidad de aquél y el crédito que merecen sus informes, cabe sospechar que los otros exageraron en sus relatos, dejándose llevar de informes apasionados y parciales, dictados, tal vez, por la odiosidad que producía su condición de extranjero. Del relato del Padre Aguado puede deducirse que Micer Ambrosio comenzó portándose bien, pero que luego dejó hacer á sus tenientes y soldados, naciendo de aquí su fama de crueldad.

CAPITULO DOZE

Como muerto Miçer Ambrosio fue eleto por capitan Juan de San Martin, y prosiguiendo su jornada fueron a dar donde Francisco Martin estava preso o cavtivo, y tomandolo consigo salieron a la civdad de Coro.


Muerto Miçer Ambrosio, no dexo de cavsar su muerte alguna discordia entre sus soldados, porque como por su avsencia les era forçoso nombrar capitan o persona que los tubiese y llevase en justiçia, pretendian algunos este cargo, avnque no lo osaban publicar ni declararse en ello, mas de estorvar la elacion que los mas querian hazer, y al fin, viendo que de la tardança desta elacion y nombramiento se podia seguir entre ellos mesmos perpetuas discordias que fueran cavsa de su final destruyçion, avinieronse vn dia todos de conformidad, asi los que pretendian el cargo como los que lo aborreçian, y nombraron por su capitan, para seguir su54 jornada, a Juan de San Martin(A), el qual açeto el cargo y començo a proseguir su viaje por la propia derrota y via que Miçer Ambrosio lo llevaba encaminado; y saliendo deste valle de Chinacota o de Miçer Ambrosio, fue a dar consigo a donde agora dizen los llanos de Cucuta, que son vnas tierras mal pobladas que agora sirven de criaderos de ganados a los vezinos de Panplona y a los vezinos de la billa de San Cristoval, por estar en medio de los confines destos dos pueblos; y de aqui, teniendose a la mano derecha del rrio de Panplona, que muy cavdaloso entra en la culata de la laguna de Maracaybo, como antes de agora he dicho, fueron caminando a bista del propio rrio hacia la laguna, porque siguiendo esta gente esta derrota fueron a dar sin pensarlo a la provinçia donde estaba Francisco Martin, soldado que escapo mediante su buena yndustria de los que se perdieron con Gascuña.

Dire aqui lo que a este Françisco Martin le subçedio desde que entro en poder de yndios hasta que fueron estos españoles a dar con el.

El caçique o señor de aquella provinçia, abiendo ya açetado en su serviçio o en su casa a este Françisco Martin, como por cosa de grandeza, para que fuese visto de todos sus sujetos, segun se a dicho, tratabale bien y no consentia que se le hiziese mal ninguno, que era harto buena propiedad para las demas gentes de las Indias, las quales son en si tan crueles e ympias que avnque no coman carne humana no pueden acabar consigo de tener bibo ningun prisionero español que a las manos ayan.

Usando desta clemencia que he dicho, este prinçipal con este Françisco Martin, los yndios y sujetos deste caçique, quando su señor se yva fuera del pueblo, tenian por pasatiempo a este español, y vsando con el de muchas maneras de juegos, le trataban muy mal: entre los quales dire aqui vna bien mala burla. Atabanle estos barbaros dos cabuyas o cuerdas a los pies y hazianle que saltase todo lo que pudiese, y en estando el pobre honbre en el ayre tirabanle de los cordeles atras y hazianle dar de hoçicos o de colodrillo en el suelo, y de quanto contento rreçebian los yndios en ver esto entiendo que nuestro español tenia de daño y tristeza. Y ciertamente el pobre honbre pereçiera en estos pasatiempos sino fuera faboreçido de vna hija del propio señor ó caçique, que le era afiçionada mediante aberse rrebuelto con ella carnalmente. Esta le quitaba destos pasatiempos y otros semejantes con que los yndios se holgaban; y conservandole la bida hizole que siguiese los trajes y maneras de bivir de los yndios y que ymitase todo lo que viese, que con esto contentaria al caçique su padre y a los demas yndios. El Francisco Martin se dio tan buena maña que ni traya rropa sobre su cuerpo ni daba lugar a que le naçiese pelo en la barba ni en las otras partes ynferiores, y vsaba las armas y los otros exerçiçios y avn creo que ydolatrias de los yndios y el comer hayo y cal, que es vna costunbre muy general entre yndios y muy vsada; y avn despues de salido de entre estos yndios lo vsaba muchas vezes, porque se le abian asentado y encaxado tan bien las cosas de los yndios que el las tenia por naturales y ellas a el por hijo; y finalmente, el salio tan buen mohan o fisico que dio a entender a los yndios que sus curas eran sobrenaturales, y asi acudian a el con los enfermos como si en el hallaran toda la sanidad que buscaban; y visto esto, el caçique, y entendido el amor que su hija le tenia, acordo de casallos, y puniendolo en efecto congrego sus gentes conforme a su costunbre para celebrar bodas, a los quales pesaba de ello, por pareçelles que abia de pretender el Françisco Martin mandallos, porque antes deste tiempo abian visto en el señales de muy atrevido. Las bodas se çelebraron, y dende en adelante començo nuestro desposado a mostrarse mas grabe y hazerse temer de los yndios, y a seguir sus gerras y parçialidades, y señalarse y abentajarse en las guerras que los yndios de su pueblo tenian con otros, en manera que los mesmos naturales, de su voluntad, le binieron a nonbrar por su capitan, con lo qual començo a estremarse mas con los yndios y a querellos subjetar y gobernar diferentemente de como solian en su antiguedad hazello.

Los yndios, por esto y por otros agrabios que este Françisco Martin les hazia, secretamente se amotinaban contra el, y su muger, como era enparentada, luego le daba abiso de ello, y el mediante alguna mas yndustria que tenia de la que los yndios en semejantes hechos suelen tener, los esperaba a que viniesen, y procurando ganalles por la mano en el acometer los descomponia, y luego o mataba a los mullidores del motin o los apaciguaba y contentaba; y con estos ymbustes y otros ardides de que vsaba ya no abia quien osase tomar armas contra el, y asi bibia y poseya paçificamente lo que tenia, y vnos por amor y otros por temor no hazian los yndios mas de lo que el queria.

En efeto, este hombre, en todo y por todo, seguia todas las costumbres, rritos y çerimonias de los yndios, y tubo dos o tres hijos en su muger, por quien despues sospiraba. En esta bivienda bivio este hombre casi tres años que obo desde que Gascuña se perdio con el oro hasta que la gente que quedo de Miçer Ambrosio aportaron a esta provinçia, que es lo que agora proseguiremos.

El capitan Juan de San Martin, con los demas soldados, fue caminando algunos dias por la derrota que he dicho, y como esta era la primera vez que los naturales que en las comarcas deste rrio de Panplona estaban poblados, abian bisto gentes españolas y caballos, no osaban vsar de las armas contra ellos ni resistilles el camino, como despues hizieron al capitan Alonso Perez de Tolosa, hermano del governador Tolosa, que lo hizieron bolver atras, segun que adelante contare en su lugar. Metido en algunas jornadas el rrio abaxo el capitan Juan de San Martin con su gente, reconocio la laguna de Maracaybo, y biendo quan cerca estaba de Benençuela animose la gente por dar conclusion a su perigrinaçion, y pasando adelante, ya que estaban junto a la propia laguna, hazia la parte do esta poblada Merida, açercaronse a la provinçia y poblaron donde estaba Françisco Martin convertido en yndio. Los yndios luego dieron notiçia de como españoles se acercaban a su tierra. El Françisco Martin, temiendose que por aquellas nvebas, de consentimiento de su suegro no le hiziesen algun daño, dixoles que el era yndio y que aquellos españoles lo trayan forçado o cautibo y quel se abia huydo de ellos, que le diesen la gente de gerra que en el pueblo abia y que el mataria a los españoles y los desbarataria. El cacique y los demas sujetos, creyendo ser asi lo que su yerno decia, adereçaron sus armas y gentes para yr a dar en los españoles, los quales ivan marchando hazia aquella provinçia donde el Françisco Martin estaba, bien quitados de que les subçediera tam bien aquella derrota, porque por ser por alli la tierra de muchas montañas y muy anegadiza con dificultad pudieran atinar a salir a donde pretendian, sino fuera abiendo muy buenas guias que supieran la tierra y los llevaran por donde abian de yr, y para este efeto y avn para traer a su amistad todas aquellas gentes que por alli abia les aprobecho mucho el hallarse en esta tierra este español que estaba ya tam bien ynstruto en la lengua de aquellos naturales, que con façilidad, mediante el hablalla tambien, los atraya á lo que queria.

Visto por los yndios donde el Françisco Martin estaba que se acercaban a su pueblo los españoles, determinaron salilles al encuentro, y llevando por su capitan al tornadizo, le començaron a seguir con sus armas y horden de pelear, el qual les iva dando la horden que abian de tener en el acometer, y poniendolos en celada o enboscada, dandoles a entender que aquel era el mejor modo de guerrear, se aparto de ellos con titulo de que yva a espiar a los españoles, los quales venian bien çerca de donde los yndios se abian puesto por consejo de Françisco Martin en emboscada. Este español, segun la vsanza que de bibir entre los yndios tenia, como ya he dicho, yva desnudo en carnes y enplumajado y embixado, que es çierta manera de barniz con que se vntan quando an de yr a semejantes lides y a otros pasatiempos, y con su arco y flechas en las manos, el cabello largo, la barba pelada, y en el mienbro genital puesto vn calabacillo pequeño, segun lo tenian de costumbre aquellos yndios y todas las demas naciones que traya. Venia tan al natural yndio, quanto se puede creer que lo estaba en ato55 y costumbre; y açercandose a los españoles y dandoles vista, ellos tuvieron por temeridad y grande atrevimiento la de aquel honbre que siendo vno solo y tiniendo ya noticia de como trataban los españoles a los yndios, se viniese de mano armada a ellos; y porque semejante manera de desverguença no quedase sin castigo determinaron de alançeallo56 los que delanteros venian; y viendo el Françisco Martin que los españoles llevaban hazia el semblante de maltratallo, anticipose a hablalles, diziendoles que no tenian para que aperçebirse contra el, porque era su compañero y soldado de su compañia.

El capitan Juan de San Martin y los que alli junto con el venian, admirados de oyr hablar aquel yndio en lengua española, casi se turbaron, y rreparándose para entender mejor lo que les abia hablado, y açercandose mas a ellos el Francisco Martin les declaro su caso por estenso, quien era y el modo de su perdiçion, y la bivienda que tenia. Los españoles luego rreconoçieron a este soldado, y admirados de la forma que traya, se apearon y le cubrieron con algunos bestidos y con el lloraron la perdida de sus compañeros con estremos de entrañable sentimiento, y todos juntos se fueron a donde estaba la enboscada de los yndios, a los quales hablo Françisco Martin dandoles a entender, diferentemente de lo que antes les abia dicho, como aquellos españoles eran sus hermanos, y que no les harian ningun daño ni mal tratamiento; y confederados desta manera, se fueron al pueblo donde el prinçipal estaba, el qual dio muestras de holgarse de la confederaçion y amistad de los españoles, y hospedandolos amigablemente les proveyo de lo que obieron menester para su sustento; los quales descansaron alli algunos dias, donde fueron bien servidos asi destos yndios como de todos los demas comarcanos, a quien el Françisco Martin traxo a la amistad y gracia de los españoles, los quales, despues de estar algo rreformados de los trabajos pasados, prosiguieron su viaje y derrota para Coro, llevando consigo a Françisco Martin y buenas guias que les encaminaban por caminos muy esconbrados de çienegas y anegadizos, que es lo que mas pesadumbre les daba: y por do quiera que pasaban, mediante el faravte que llevaban, les salian los yndios de paz y les hazian todo buen ospedaje. Y despues de aber peregrinado por las partes dichas y pasado los trabajos rreferidos y otros muchos que aqui no se cuentan, llegaron estos españoles a Coro sin su governador y con perdida de la mayor parte de sus conpañeros que abian salido con ellos, que quedaron muertos en el discurso desta larga jornada; que desde la salida hasta la entrada en Coro tardaron cinco años, sin hazerse mas fruto spiritual ni corporal del que de todo lo dicho se puede presumir.

Avnque Miçer Ambrosio sienpre procuro que se hiziese buenos tratamientos a los yndios, y no consintio que ningun soldado llevase yndio cargado ni avn yndia que le moliese, a los prinçipios de su jornada, pero despues todo el daño que podian hazian. Mando por edito público que todo el oro que hallasen los soldados en poder de los yndios o en sus casas se lo tomasen y quitasen so grabes penas57 que para ello les ympuso; y por otra parte mando tanbien por edicto publico que los soldados no rrescatasen ninguna comida con los yndios a fin de que no fuesen molestados de los soldados; hordenanzas, por cierto, muy de rreyr, que por vna parte mandaba que les tomasen todo el oro que los yndios tenian, y por otra que no les comprasen lo que abian menester y ellos quisiesen de su boluntad vender. Yo entiendo que desta suerte devieron de ser todas las demas constituciones y hordenamientos que en govierno y jornada y gente este governador hizo, y asi obo el suçeso y fin de su jornada que abemos contado.

NOTAS AL CAPÍTULO XII

(A) El licenciado Pérez de Tolosa, Castellanos y Oviedo y Baños, le llaman Pedro de San Martin. El Padre Simón sigue en esto, como en casi todo, al Padre Aguado.

Oviedo y Baños dice que á la muerte de Alfinger «empezaron á originarse en aquel pequeño ejército disturbios y disensiones sobre quién le había de suceder en el gobierno, y aunque los pretendientes eran muchos, por voto de los más principales fué preferido á todos el factor Pedro de San Martin; pero aunque las prendas de nobleza, prudencia y valor que lo asistían lo hacían muy digno para las honras del empleo, no fué tan acepto su nombramiento, que dejase de haber discordias y alborotos que hubieran pasado á motines declarados si el capitán Juan de Villegas, con su autoridad y aquella respetable veneración que se había granjeado en la estimación de todos, no hubiera sacado la cara y tomado la mano á sosegarlos». – (Historia de Venezuela, cap. IX.)

CAPITULO TREZE

En el qual se escrive como el capitan Venegas, que abia quedado en el pueblo de Maracaybo, sabiendo la perdida del oro de Gascuña lo fue a buscar, y llevando por guia a Francisco Martin, donde se obiera de perder, y sin hallarlo se volvio a salir.


Llegada la gente de Miçer Ambrosio a Coro, cada qual procuro su descanso y rremedio, que lo abian bien menester, segun salieron de trabajados y mal tratados de la jornada; y los vezinos de Coro, sabido el subçeso del capitan Gascuña, y como Francisco Martin venia y abia salido en cueros de entre los yndios, mobidos de caridad y compasion, lo bistieron y proveyeron abundantemente de rropas y caballos, por parecelles que mas por hordenaçion divina que por potencia humana abia aquel hombre escapado con la vida y salido de entre los barbaros. Procuraban saber del si con facilidad se podia bolber a la parte donde se abia perdido Gascuña, para procurar sacar aquel oro. Mas avnque Françisco Martin les dezia que si, no por eso se atrevian a ponello en efeto, temiendo de perderse como los demas; y como antes de agora he dicho, no fuese aquel oro el oro tolosano, y asi lo dexaron58 de yr a buscar los de Coro; mas despues, como luego dire, no falto quien tomase aquella demanda sin hacer ningun efecto en ella.

Deste Francisco Martin dire, que era tanto el amor que a la muger e hijos que en su cavtividad obo tenia, que lamentaba y lloraba por ellos, y procuraba vias y maneras como bolverse a ellos; que estaban en (el) tan ympresas las çerimonias y costumbres de los yndios, que muchas veces, por descuydo, vsaba de ellas entre los españoles; y avnque el comer hayo59 no lo vsaba por descuydo sino por vicio, y asi lo acostumbro despues muchos tiempos60 como los mismos yndios. Dicese que fue tanto el deseo que en este hombre convertido en barbaro rreyno de ver a su muger ynfiel y a sus hijos yndios, que procuro bolver a ellos, y asi lo hizo, que desapareciendose de entre los cristianos, confiado en su dispierta lengua y habla de yndio, se metio por entre los pueblos de los yndios sin ningun temor y bolvio a donde abia vivido algunos años gentilicamente, donde despues estubo cierto tiempo, hasta que acerto a bolver gente española por aquella provinçia, y fue de ellos tomado y sacado forçiblemente y contra su boluntad, y avn afirman que a estos españoles se les huyo del camino y se torno entre sus parientes o de su muger, y bolvieron otra vez a la propia provinçia, y lo tornaron a aber a las manos, y lo sacaron con mas guarda y vigilancia, hasta que lo bolvieron a Coro, y de alli lo encaminaron con çierto capitan al Nuevo Rreyno de Granada, para alexallo y quitallo de aquella ocasion, donde andubo y estubo despues mucho tiempo.

Pero antes questo le subcediese o hiziere Françisco Martin, vn capitan Venegas, natural de Córdoba, a quien Miçer Ambrosio abia dexado por su tiniente en el pueblo o rrancheria de Maracaybo, pretendiendo o deseando que aquella rriqueza de oro que con tanto trabaxo de su persona y rriesgo de su conçiencia abia abido su gobernador de la sustancia temporal de aquellos miseros yndios de Tamalameque, por do abia andado, no se perdiese y se aprovechase el de ella, atraxo asi a este Francisco Martin y hizole grandes ofertas y promesas de que le gratificaria muy bien se le llevaba a donde Gascuña se abia perdido y el oro se abia enterrado, de lo cual le daria muy buena parte. Francisco Martin confiado de su juyzio, avnque no deviera ser tan perfecto como el presumia que era, dixole al Venegas, que el le guiaria y llevaria adonde le pedia sin herrar punto. El teniente Venegas, con aquel deseo y codiçia que de aber aquel oro tolosano tenia, junto sesenta honbres a los quales tanbien hizo promesas de que partiçiparian de aquella rriqueza; y partiendose con ellos del pueblo de Maracaybo, sin llevar mas de vn caballo, y ese sin silla, para hazer ostentacion y muesta del a los yndios que en gran manera temian a los caballos y a su furia, y toda la gente a pie, y mal armados, se fue la buelta de Tamalameque, guiandolos Françisco Martin, y de alli, rrebolviendo sobre la cordillera, a tomar la derrota que Gascuña abia tomado, la atrabesaron y boxaron a los propios arcabucos y montañas donde se perdio la gente; y como las bueltas y guiñadas que de vna parte a otra abian dado por aquel arcabuco fueron muchas y por muy deversas partes del, desatino la guia y traxolos algunos dias de vna parte a otra y de otra a otra, y casi estuvieron en el mismo rriesgo de perderse que Gascuña, lo qual visto por el capitan Venegas, y que ya les començaba a aquexar la hambre y avn a caer la gente enferma, con toda la mas presteza que pudo dio la buelta por el propio camino por do abia entrado, lo que le fue façil de hazer, porque como este tiniente tubiese ya mediana esperiençia en cosas de descubrimientos de Indias, al tiempo que entraba por el arcabuco o montaña yva señalando el camino con cortaduras que hazia en los arboles por do pasaba, y como todo quedase señalado fuele muy ligero de atinar por do abia entrado, y bolverse á salir, sin hazer ninguna cosa que le aprovechase, y asi fue burlado de sus pensamientos.

Bolviose á su pueblo de Maracaybo, donde rresidio despues muchos dias, hasta que despues, segun que adelante se dira, llego la gente de Fedreman y llevo consigo toda la gente que en Maracaybo abia y despoblo el pueblo.

Pero este tiniente y los que con el estaban grandisimo trabaxo en el sustento deste pueblo de Maracaybo, porque como junto a el no obiese ningunas poblazones de naturales eran forçados a yr a buscar la comida muy lexos y a traella a cuestas los propios españoles, y despues a los que la trayan se la quitaba la justiçia para partirla ygualmente con los enfermos y otras gentes que en el pueblo quedaban, y avn salian al camino a ver que no dexasen alguna cosa escondida: tanta era su neçesidad y falta de comida. Ayudaba en esta sazon a sustentar este pueblo el capitan Martinez, que despues fue con Fedreman al Nuevo Rreyno, al qual, dandole este tiniente Venegas cierta gente y vergantines y la canoa grande se andaba por la laguna de pueblo en pueblo rrancheando los yndios y quitandoles lo que tenian y proveyendo de quando en quando el pueblo de mayz, y el tenia su abitaçion a manera de cosario pirrata en la provinçia de Guevara, y de alli salia con sus vergantines a correr la laguna y rrobar a los navegantes que por alli pasaban.

LIBRO SEGUNDO

EN EL LIBRO SEGUNDO SE DIÇE COMO LOS BEZARES, SABIDA LA MUERTE DE MIÇER AMBROSIO, SU GOVERNADOR, TUVIERON PROVEYDO A NICOLAS FEDREMAN, AL QUAL RREBOCARON LA CONDUTA POR QUEXAS QUE DEL OBO Y PROVEYERON POR GOVERNADOR A JORGE ESPIRA, Y POR SU TINIENTE A FEDREMAN. VENIDOS A BENENÇUELA LOS DOS, CADA QUAL DE ELLOS YNTENTO VNA JORNADA POR SI, SALIENDO POR DIFERENTES DERROTAS O CAMINOS, Y DESPUES DE ABER LLEGADO POR LOS LLANOS ADELANTE JORGE ESPIRA A LOS CHOQUES, FUE FORÇADO A BOLVERSE CON PERDIDA DE MUCHA GENTE A CORO. FEDREMAN FUE LA BUELTA DEL CABO DE LA VELA, PASANDO LA LAGUNA DE MARACAYBO CON YNTENTO DE PROSEGUIR LA JORNADA QUE MIÇER AMBROSIO ABIA HERRADO DEL RREYNO, Y EN EL CAMINO ARREPINTIOSE Y PRENDIO AL CAPITAN RRIBERA, QUE CON GENTE ABIA SALIDO DE SANTA MARTA, Y DANDO LA BUELTA SOBRE LA LAGUNA DE MARACAYBO LA PASO Y RREBOLVIO SOBRE LOS LLANOS DE VENENÇUELA, PARA YR EN DEMANDA DE LA NOTIÇIA DE META. EN EL CAMINO TUBO NOTIÇIA COMO VENIA DESBARATADO JORGE ESPIRA, DIOLE DE YNDUSTRIA LADO Y APARTOSE DEL POR NO SER FORÇADO A ALGUNA ALTERAÇION, Y PROSIGUIO ADELANTE, HASTA QUE ENTRO EN EL NUEBO RREYNO DE GRANADA. JORGE ESPIRA, DESPUES DE ABER PASADO POR EL FEDREMAN, TUBO NOTIÇIA DE ELLO Y EMBIO TRAS DEL CIERTA GENTE PARA ABISALLE, LOS QUALES, NO PUDIENDO PASAR LOS RRIOS DE APURE Y ÇARARA, SE BOLVIERON A CORO, A DONDE HALLARON POR JUEZ DE RRESIDENCIA AL DOCTOR NAVARRO, DE SANTO DOMINGO, Y AL OBISPO BASTIDAS. QUEDO SUSPENSO JORGE ESPIRA DEL GOVIERNO, Y DENDE A POCO MURIO, Y NABARRO SE FUE A SANTO DOMINGO, CON TODO EL DISCURSO DE ENTRAMAS JORNADAS MUY COPIOSAMENTE ESCRITO.

CAPITULO PRIMERO

Como por muerte de Miçer Ambrosio proveyeron los Bezares por governador de Venençuela a Jorge Espira, y por su tiniente a Nicolas Fedreman, y de su pasada a Indias.


Al tiempo y sazon que a la çiudad de Coro llego la nueba de la muerte de Miçer Ambrosio, governador, y del mal suçeso de su jornada y descubrimiento, hallose alli Nicolas Fedreman, el qual, como de antes tubiese conocimiento particular con los Bezares, pareçiole oportuno tiempo este para aber para si aquella governaçion de Benençuela, y procurando algunas rricas joyas y pieças de oro, se fue a España, donde a la sazon rresidian algunos de los de la conpañia que tenian cargo de proveer los governadores de Benençuela, a los quales Nicolas Fedreman procuro aplazer y contentar para ganalles la voluntad, dandoles algunas dadivas de oro del que abia llevado, prefiriendose de servilles muy bien en aquella governaçion si le daban el cargo del govierno de ella. Los Bezares, viendo la platica y suerte de Fedreman, que era muy prinçipal y de su propia naçion, y la buena horden y traça que daba en los negoçios del govierno de aquella tierra, determinaron de encargarsela y hazello governador de ella; y poniendolo en efeto, le dieron y libraron las cedulas o provisiones de governador, con particular ynstrucçion de lo que abia de hazer; y açetado el cargo por Nicolas Fedreman luego començo a hazer gente para pasar y llevar consigo a Benençuela y tener copia de conpañias de soldados con que hazer nuebos descubrimientos, con lo qual se dibulgo y publico luego la nueba de como Fedreman tenia el govierno de Benençuela, de que peso a ciertos soldados que de la propia provinçia abian ydo a España y en la sazon dicha se hallaron en ella, y luego, ayudados de la persuasion de otras personas que pretendian el propio cargo, se fueron a los Bezares y les dixeron que no les conbenia ni era provechoso que Fedreman fuese a governar aquella provinçia de Benençuela, porque era de animo bullicioso y sobervio e yntolerable de sufrir, y que con sus pesadas palabras maltrataba los soldados, y con otros terminos muy extraños e ynsufribles de que vsaba era muy aborrecido de toda la gente que en la governacion abia, y que lo mesmo seria de los que llevase.

Con las persuasiones destos y de otros que, como he dicho, pretendian este gobierno, mudaron façilmente los Bezares acuerdo, mobidos de temor no fuese cavsa Fedreman de que obiese alguna alteraçion en la gobernaçion, por donde le viniesen a perder, con lo que en ella tenian y pretendian. Y pareçiendoles justas cavsas las que les daban, y el temor que ellos abian conçebido, rrebocaron la conduta que de governador abian dado a Fedreman, y dieronsela a Jorge Espira, caballero de su propia naçion de Alemaña; y porque Nicolas Fedreman no quedase del todo descontento y despojado de sus pensamientos, nombraronle por tiniente general de Jorge Espira, casi dandoselo por acompañado en el gobierno, confederandolos a entramos61, de suerte que entre ellos nunca obiese ninguna desconformidad, mas con que siempre tubiese la superioridad Jorge Espira. Dixeronlos que pues la tierra de Benençuela era larga, que bien podian entramos efetuar sus desinios y hazer por diferentes derrotas jornadas y descubrimientos con que todos fuesen aprovechados y su gobernaçion avmentada(A).

Con estos medios y otros que los Bezares entre Jorge Espira y Fedreman pusieron, los confederaron y hermanaron de suerte que nunca mas quebraron ni obo entro ellos ningun genero de discordia, mas acabando de hazer la gente con toda diligencia en el Andaluzia y Rreyno de Murcia y en otras partes despaña, juntaron quatroçientos honbres, gente muy lucida, y en cinco nabios que adereçaron para su viaje salieron del rrio de Sevilla, Guadalquebi, por el año de mil e quinientos y treynta y tres; y entrando en la nabegaçion del mar Oçeano tomaron su derrota a las yslas de Canaria, y antes de llegar a ellas, donde dizen el Golfo de las Yeguas, que es donde por la mayor parte son desbaratados con adversa fortuna las armadas que bienen a Indias por las grandes tenpestades que alli se levantan, dioles tal tormenta que en breve tiempo arribaron a San Lucas, donde estubieron hasta que la mar se apaziguo y abonanço el tiempo; y tornando a proseguir su biaje por el Oçeano adelante, ya que estaban a la bista de las yslas de Canaria, los torno a dar otra fortuna y tormenta contraria de su nabegaçion, tan sobervia y rrezia, que aquella propia noche que la tormenta les dio aporto la nao capitan a Nuestra Señora de Rregla, y otra de las de la compañia, casi en el mesmo tiempo fue a Caliz62, que fue cosa que pareçe ynposible aberse podido nabegar en tan poco tiempo, y los demas navios arfando y corriendo su fortuna y alijando muchas cosas de las que trayan a la mar arribaron a Caliz, y a cabo de poco tiempo fue alli junta toda el armada deste governador Jorge Espira, y viendo muchos soldados que no les abia Dios hecho pequeña merced en abellos librado de las tormentas pasadas, donde por momentos se abian visto en punto de ser sumergidos en la mar y muertos miserablemente, acordaron perder la señal, como suelen deçir, y no tornar a entrar en la mar ni seguir el viaje, porque casi todos los que se quedaron en Caliz desta vez, que serian dozientos honbres, perdieron todo quanto en los nabios abian metido, asi de matalotaje como de otros adereços que para sus personas llevaban.

El subçeso destas tormentas o ynfortunios de la mar, fue atribuydo a que Dios nuestro Señor lo permitio asi por culpas y pecados de algunos que en el armada yvan, entre los quales se hallo un sodomita que acostumbraba a vsar aquel pecado en tierra, y avn no se sabe si lo vsaba en la mar, y no nos devemos marabillar de que esta armada padeciese las tormentas e ynfortunios dichos, sino como no fue tragada y asorbida de la mar, pues nos es notorio el castigo que Dios nuestro Señor hizo en la gentilidad de Sodoma y Mogorra63 y los otros pueblos sus comarcanos, como se le en el Genesis, capitulo dezinuebe, en el qual se trata que con fuego y relanpagos del cielo fueron quemados y abrasados, y por memoria deste castigo esta el sitio desta ciudad hecho vn lago o çienega pesima e ynfrutuosa, y estara hasta la fin del mundo. Este malvado cristiano despues de aber saltado en tierra desta segunda vez que arribaron a Caliz, quiso rreynçidir en su maldad, y juntandose con otros dos de su ofiçio obieron çierta pasion y rrenzilla en que el vno de los tres fue muerto y a los dos prendieron, y sabida la cavsa de su discordia fueron castigados y quemados conforme a las leyes del Rreyno.

I pareçiendoles a los que en el armada abian quedado que con aber sido castigado este malaventurado se aplacaria la yra y castigo de Dios contra ellos, tornaron a embarcarse y proseguir su viaje, y con buen tiempo, sin ningun contraste de fortuna, llegaron a las yslas de Canaria, ocho dias antes de Nabidad, donde se holgaron y rregoçijaron la Pascua, y los governadores y sus capitanes procuraron en aquellas yslas rrehacerse de gente, por aberseles quedado, como se ha dicho, la mitad de la que abian juntado y trayan en Caliz. Juntaronseles alli dozientos honbres, gente basta y grosera, y pasada la Pascua hizieron señal de rrecoger o enbarcar la gente para pasar adelante, y saliendo con prospero viento de las yslas de Canaria, caminaron sin suçedelles cosa alguna hasta rreconoçer a San German, que es çierto promontorio o punta de la ysla de Puerto Rrico, y pasando de alli adelante hacia Coro, se les cayo en la mar un pagecillo o grumete que servia en el nabio, y sin saber nadar fue sustentado sobre el agua en la mar hasta tanto quel nabio en que yba, que con prospero viento y todas velas nabegaba, amayno y ahecho el batel en la mar, que paso harto espaçio o yntervalo de tiempo, y entrando gente en el bolvieron a buscar el muchacho buen rrato atras, y hallaronlo encima del agua entretenido sin ser hundido; y viendo que era cosa marabillosa el no aberse ahogado aquel moço, pues sin tener con que se poder sustentar sobre el agua ni saber nadar, lo abian hallado bibo, le preguntaron que modo abia vsado para no ahogarse, el qual rrespondio quel era deboto de Nuestra Señora, y que al tiempo que cayo inboco su nombre y se encomendo a ella, y que mediante esto tubo entendido que no abia pereçido. Los marineros se bolvieron al nabio con su paje, y dando todos gracias a Dios por el subçeso lo tubieron por buen prodigio o señal. I prosiguiendo su viaje llegaron dende a dos64 dias de como esto les subçedio al puero65 y çiudad de Coro, donde desenbarcaron con mucho contento y alegria.

Y avnque esta narraçion o drigrision que en este capitulo he hecho no era de mi Istoria, por ser todo ello cosas subçedidas fuera del Imperio de las Indias, donde es mi prinçipal yntento tratar y dar cuenta de los descubrimientos y poblazones y gerras en ellas suçedidas, elo tratado porque estos dos capitanes o governadores, Jorge Espira y su teniente Fedreman, hizieron dos jornadas diferentes la vna de la otra, y con diferentes subçesos en la governaçion de Venençuela; y abiendo de tratar de sus descubrimientos y conquistas, pareçiome que tanbien era rrazon tratar de sus prinçipios, para mas claridad de lo que de ellos tengo descrevir, y lo mesmo se entendera en lo demas que se hallare escrito en esta Istoria que sea peregrino de las Indias(B).

NOTAS AL CAPÍTULO I

(A) Uno de los que más contribuyeron á que se revocase el nombramiento de Fedreman fué el procurador Alonso de Lallana, el cual, durante la larga expedición de Micer Ambrosio, había quedado gobernando en Coro en unión de Luis González de Leyva. Lallana vino á España y ante el Consejo de Indias informó malamente del proceder de Fedreman. Entonces los Belzares designaron para Gobernador á Jorge de Spira ó Jorge Formut, natural de Spira, pero dejando á Fedreman como teniente general de éste.

El verdadero nombre de Jorge Spira es, según una Cédula real, Jorge Hohermut.

(B) Entre los que tomaron parte en esta expedición figuraron, según Oviedo y Baños, Alonso Pacheco, natural de Talavera la Vieja, progenitor de los caballeros de este apellido en la ciudad de Trujillo, y de los Tomares en Caracas; Francisco Infante, natural de Toledo, de quien descienden los caballeros Blancos Infantes de esta ciudad de Santiago; Francisco de Madrid, natural de Villa-Castin, de cuyos méritos son herederos los Villegas; Gonzalo Martel de Ayala, de quien quedó descendencia en el Tocuyo; Montalvo de Lugo, natural de Salamanca, que pasó después al Nuevo Reino, y desengañado con los reveses que le volvió la fortuna, se volvió á España, á gozar con quietud de un mayorazgo que había dejado en su patria; Francisco de Graterol, tronco de ilustres familias; Damian del Barrio, natural del reino del Granada, cuyos servicios en la América correspondieron á los que antes tenía obrados en la Europa, habiéndose hallado en la memorable batalla de Pavía, en el saco de Roma con el duque de Borbón y en otras célebres funciones de las de más importancia en aquel tiempo: descienden de este caballero los Parras, y Castillos de Barquisimeto; los Silvas de esta ciudad de Santiago, y otras ilustres familias que tienen su asistencia en la provincia.»

CAPITULO SEGUNDO

En el qual se escriue como llegado a Coro Jorge Espira luego echo la gente la bia de los llanos, y el se fue tras de ella para descubrir aquella via, y como el teniente Fedreman se quedo en Coro para yr a Santo Domingo a hazer mas gente.


Llegado Jorge Espira a Coro, que fue por el año de treynta y quatro(A), y viendo el mal adereço que en aquel pueblo abia para poderse detener ni sustentar alli tanta gente como el abia traydo y los demas que en el pueblo estaban, dio luego horden en adereçar su entrada, y porque los nabios en que abia venido eran de vn flamenco vezino de San Lucar, llamado Pero Marques, no fuesen sin alguna joya de la tierra, embio çierta conpañia de soldados a vna provinçia de yndios dichos pirahavas66, ymfamados de gente yndomita y de mala digistion para con españoles, y entiendo que lo deven ser, porque hasta el dia de hoy se estan rrebeldes esos pocos que quedaron sin querer ninguna amistad ni conformidad con los españoles que siempre an rresidido en Coro, y trayendole çierta cantidad de yndios de la parte dicha, los hizo esclavos y los entrego al señor de los nabios, y con esto los despacho y se fueron la buelta despaña, y el se quedo aprestando con toda diligençia para entrar la tierra adentro a seguir su nuebo descubrimiento. Y porque como en el capitulo antes de este apunte, Jorge Espira y Fedreman hizieron dos jornadas casi a vn mesmo tienpo, avnque salieron por diferentes caminos, yremos tocando por su horden de cada vno y del subçeso de su descubrimiento sin hazer ninguna distinçion en sus Istorias, mas de dar entera notiçia de entrambos, avnque mezclada, pero de suerte que se entienda.

Quiriendo, pues, salir de Coro Jorge Espira, como he dicho, a su descubrimiento, de pareçer de algunos españoles platicos en la tierra y diestros en la gerra de los yndios, a quien suelen llamar ysleños, dividio su gente en dos partes, y la vna, que serian dozientos, con los capitanes Cardenas y Martin Gonçalez y Micer Andrea, embio por las sierras que entiendo ser lo que agora llaman las sierras de Carora, a pie y sin caballos, por pareçelles que aquella tierra tenia dispusiçion de muy aspera y que por ella no podian yr ni atrabesar los caballos; y tanbien hizo esta division el gobernador Jorge Espira porque aquella provinçia no la tenian por muy fertil, y si todos yvan juntos por vn mesmo camino, yrian en abentura de padecer hanbre.

Encamino esta gente delante, y mandoles que le esperasen en saliendo a los llanos, y el se quedo en Coro dando traça y horden como su tieniente Fedreman se abiase para seguir su jornada. Conçertaron que Fedreman fuese a Santo Domingo y tomase de los fatores de los Bezares todo lo que obiese menester para caballos y abios de soldados, y haziendo toda la mas gente que pudiese se bolviese a Coro, y con los soldados y capitanes que alli le quedaban siguiese su jornada por de la otra parte de la cordillera, que cae sobre los llanos de Venençuela, porque Jorge Espira abia de yr bojando67 la cordillera por la parte de los llanos, y llevandola entramos capitanes en medio, verian mejor lo que en ella abia, porque como en este tiempo no se abia visto lo que era la cordillera, considerabanla muy angosta y estrecha, y en tal forma que la podian tomar en medio los dos capitanes, lo qual era ymposible segun adelante se podra ber; y dando Jorge Espira para todo lo dicho muy cumplida ynstruccion y rrecavdos a Fedreman, se partio de Coro con el rresto de la gente y con ochenta caballos, y tomando la derrota de la Burburata por la rribera de la mar, prosiguio su camino a encontrarse con la gente de a pie que de delante abia enbiado por las sierras, los quales, como eran rrezien venidos de España y no hechos a aquel trabaxo, y el tiempo ynbernizo y de muchas aguas, tenian por yntolerable aquella manera de bivir y grangear la bida, y tambien, no obstante la pesadumbre quel camino y el ynbierno les daba, los yndios naturales de las tierras por do yvan les acometian muchas vezes dandoles guaçabaras, y procurando estorvalles el pasaje, los peones lo hizieron tan bien que rresistiendo a todas estas contrabersias, avnque trabajosamente, pasaron toda aquella serrania, que serian sesenta leguas, y fueron a dar consigo a vna provinçia llamada Burabre68, que esta al prinçipio de los llanos y a las espaldas de donde agora esta poblada en esta propia governaçion la çiudad del Tocuyo, cuyos naturales eran en mucha cantidad y muy belicosos, y gerreros en tanta manera que desde que esta gente española de a pie entraron en su territorio hasta que los echaron y ahuyentaron del, nunca çesaron de darles guaçabaras y alcançes, y avnque los españoles tenian cantidad de arcabuzes, no les aprovechaban de ninguna cosa, porque el tiempo era de aguas y los yndios estaban ya tan amaestrados y diestros que nunca benian a berse con los españoles y tener con ellos sus rrefriegas, sino era quando mas llovia, con que salian vitoriosos.

Visto los españoles el daño que de los yndios rreçebian y el que la hanbre les cavsaba, que no hallavan comida en aquella provincia por tenella los naturales alçada y puesta en cobro, acordaron rretirarse y bolver atras a encontrarse con el governador Jorge Espira y la demas gente de a caballo que avn a esta sazon no abian llegado a donde ellos estaban; y tomando por ynstrumento y amparo desta su tornabuelta la escuridad de la noche, que para esto solo les era faborable, se rretiraron y salieron de aquel sitio y poblazon donde estaban con la mejor horden y silencio que pudieron para no ser sentidos de sus enemigos, los quales cada dia se yban acreçentando y tomando mas abilantez y osadia por no rrecebir ningun daño de los españoles, los quales si mas tiempo alli estuvieran o permaneçieran, rreçibieran muy gran daño de los naturales.

Rretirados los españoles, como esta dicho, se alexaron y apartaron lo que pudieron destos naturales, de suerte que no pudiesen ser danificados de ellos; y avnque abia pareçeres que no parasen hasta donde topasen a su governador, los muchos heridos y enfermos que trayan no les dieron lugar a que hiziesen tan larga via o rrebuelta como querian. Rranchearonse o hizieron asiento en el desenbocadero que dizen de Barquiçimeto, donde esperaron al governador Jorge Espira y a los que con el yvan por la rribera de la costa, que con menos trabaxo que los de a pie abian llevado, por llevar consigo todos los caballos e yr por tierra mas apazible y andadera y de naturales mas domesticos.

Ya que los soldados de a pie y sus capitanes abian descansado en el aloxamiento dicho del desenbocadero de Barquiçimeto, asomo el governador a vista de ellos por vn alto, con que se alegraron y rregoçijaron y alibiaron los enfermos, y juntos todos en aquel alojamiento, dieronse largas noticias los vnos a los otros del suçeso de sus viajes, y cada qual rrecontaba sus trabaxos por mayores, pasando el tiempo en esto en tanto que el governador con sus consejeros daban horden en la derrota que de alli adelante se abia de tomar, y en el modo que se abia de tener para mejor descubrir e yr viendo la tierra.

NOTAS AL CAPITULO II

(A) Según el licenciado Pérez de Tolosa, no fué en 1534, como dice el P. Aguado, sino en Enero de 1535, cuando Jorge de Spira llegó á Coro, con provisiones de Su Majestad, para gobernar la provincia de Venezuela.

«Llevó consigo, añade la Relación, dos naos cargadas de muchos mantenimientos y ropa, y otros dos navios cargados de caballos, á costa de los Velzares; y llevó consigo nuevamente quatrocientos españoles; diose toda esta dicha hazienda en precios moderados á la dicha gente y bajose el precio en las sillas y caballos; conque de consentimiento de Justicia, Regidores y Oficiales se hizo estatuto, que si alguno de los que tomaban ropa muriese sin dejar de que pagar, se pagase lo que el tal debia por la república y comun de toda la gente; no embargante que no se halla que cosa destas se pagase en voz de república».

CAPITULO TRES

En el qual se escrive como despues de junto Jorge Espira con su gente, paso adelante, hasta llegar a la poblazon de Chacarigva, donde tubieron el ynbierno.


Platicado el Governador con sus ysleños espirmentados sobre la derrota y bia que abian de llevar, determinaron que debian seguir la bia de los llanos, llevando la cordillera que a mano derecha tenian por guia, no perdiendola de bista; y con esta determinaçion alço el Governador su canpo y començo a marchar hazia las poblazones de Buravre, que es donde abian hecho rretirar a los capitanes Cardenas y Martin Gonzalez y Miçer Andrea69 con la gente de a pie, cuyos moradores avn no abian dexado las armas de las manos, antes como gente vitoriosa deseavan la buelta de los españoles a su tierra, entendiendo desbaratallos y gozar de sus despojos; y como entendian que no se abian alexado de ellas muchas jornadas tenian puestas sus çentinelas y espias en partes altas, sobre arboles, donde por mucha distançia pudiesen señorear con la vista los caminos por do los españoles podian entrar en su tierra. Y como este tienpo se acercase, y la gente del Governador llegase a vista de los espias, ellas luego dieron aviso de ello a sus prinçipales y gente de sus pueblos, los quales, juntandose en gran numero, porque era la tierra muy poblada, muy regozijados y armados segun costumbre, salieron al encuentro fuera de su pueblo a rrecebir a los españoles con las armas en las manos, y no mirando en la gente y caballos que en el campo se abian acreçentado, porque hasta entonçes estos yndios no abian visto caballos ni sabian el daño que con ellos se hazia, arremetieron con buen animo a los españoles, los quales venian aperçebidos para rreçebir y rresistir el ympetu de los yndios, y rrebatiendo los españoles esta primer arremetida de los yndios sin que les hiziesen daño alguno, salieron a ellos los de a caballo y començaron a herir y alançear aquella gente desnuda, avnque no de ánimo, de suerte que en breve espaçio los desbarataron y constriñeron a que perdiendo su primer brio, bolviesen las espaldas y cada qual procurase poner en salbo su persona, dexando hecho muy poco daño en los españoles, mas de aber herido algunos livianamente, de suerte que nadie peligro: solo mataron dos caballos.

El Governador, abida esta vitoria, se fue derecho a las poblazones de los yndios y en ellas se alojo y estubo quinze dias, por aber en esta sazon cargado las aguas de suerte que no se podia caminar.

Es toda esta tierra de los llanos en general muy abundante de caça de venados, y como la yerba que en ella se cria son pajonales muy altos, façilmente los alcançan los de a caballo y los alançean; y como estas poblazones de Caravre no tenian la abundançia de comidas que para tanta gente era menester, especialmente que, como he dicho, todos los yndios fueron forçados algunos de a caballo yr alançear o caçar venados para sustentarse y dar algun rrefresco a la gente que llevaban enferma, que padeçian doblada neçesidad, entre los quales salio vno llamado Orejon, y apartandose de sus conpañeros en seguiento70 de vn benado, se alexo tanto de ellos y del alojamiento, que despues de alcançar y matar el venado, nunca pudo atinar a salir por do abia entrado en aquellos llanos. Los demas españoles, sin poder matar ningun venado, por rrespeto de estar la tierra muy harta de agua y no poder correr los caballos por ella, se bolvieron al rreal, y echando menos al conpañero Orejon y dando de ello notiçia al Governador, hizo sus diligençias mandando tirar muchos arcabuzazos, para que con el estruendo de ellos pudiese atinar a salir de donde estaba, y ninguna cosa aprovecho. Finalmente, el pobre Orejon, español, se quedo en la canpiña o çabana aquella noche, y abiendolo visto los yndios naturales andar desbariado y que se quedaba alli aquella noche, se juntaron cantidad de ellos y fueron donde estaba durmiendo, y sin que fuesen sentidos lo tomaron a manos y con su propia espada le cortaron la cabeça. El caballo deste español andaba suelto, y con el bulliçio de los yndios se espanto y se fue a donde estaban los demas españoles alojados, de donde conjeturaron su mal subçeso.

El governador embio luego vn capitan con gente a buscar rrastro o señales deste español entre los yndios, los quales dando en çierto lugar o rrancheria donde muchos yndios estaban congregados y fortificados, hallaron la espada del muerto y parte de la cabeça coçida para comer, y el casco de ella adereçado para bever en el, y con esto no curaron de buscar mas a su conpañero, sino prendiendo alguna gente de la que en aquel lugar estaba hizieron el castigo o bengança de la muerte del español, matando culpados y no culpados, a los vnos por lo que hizieron y a los otros por que adelante no hiziesen daño(A).

Pasado esto y el tiempo dicho, se tubo notiçia de otra provinçia que mas adelante estaba, llamada Chacarigua(B), de tierra mas alta y ayrosa y abundante de comida, a la qual se fue luego el Governador con toda su gente, y alojandose en ella en parte comoda, tubo alli el ynbierno, que serian tres meses, donde se le murieron algunos españoles de los que yvan enfermos, y algunos otros que costreñidos y forçados de la hambre a buscar que comer, se yvan a pescar algo apartados del alojamiento, donde eran miserablemente muertos de los yndios abitadores de aquella provinçia y de tigeres71, de los quales generalmente en todos estos llanos, desde su prinçipio hasta el cabo, ay mucha abundançia, que an hecho harto daño en españoles y en los propios naturales que por aquellas comarcas abitan, hasta despoblar y arruynar muchos pueblos de yndios, dexandolos desiertos e ynabitables.

NOTAS AL CAPITULO III

(A) El Padre Simón cuenta casi en los mismos términos la muerte de Orejón y el castigo impuesto á los indios por Juan de Villegas, que fué, según Oviedo y Baños, el capitán que envió Spira en busca de aquel soldado, y cuyo nombre omite el Padre Aguado.

Una vez más se evidencia que el autor de las Noticias historiales no hizo más que seguir el relato del Padre Aguado, según el manuscrito de éste, introduciendo pequeñas variantes.

(B) Como ocurre con la mayor parte de los nombres indios, los autores denominan de diferentes maneras á esta provincia.

Chacarigua escribe el Padre Aguado; Acaricagua, el Padre Simón, y Acarigua, Pérez de Tolosa y Oviedo y Baños.

CAPITULO QUARTO

En el qual se escrive como Fedreman enbio gente la buelta del Cabo de la Vela, y el se fue a Santo Domingo a rrehazerse de mas soldados y caballos, y la prision que esta gente de Fedreman hizieron de çiertos soldados de Santa Marta y del capitan Rribera, que con ellos estaba.


En tanto que con los acaeçimientos dichos proseguia su descubrimiento Jorge Espira, su tiniente Nicolas Fedreman dio prinçipio a su jornada y descubrimiento por muy diferente camino del que abia dicho Jorge Espira, y avn con muy diferente proposito, porque en juntando72 que en Coro pudo juntar, nombro por su alcalde mayor a Antonio de Chaves, y los encamino la buelta de la laguna de Maracaybo, para que pasando y atrabesando de la otra banda de aquel ancho lago, marchasen la buelta del Cabo de la Vela, donde le esperasen, y el abia de acudir por mar con la gente y caballos que en Santo Domingo, isla española, abia de hazer a costa de los Bezares, conforme a la facultad que para ello le abia dado Jorge Espira, su governador, y de alli proseguir su jornada por la horden que se vera en el discurso desta Istoria.

Y con este conçierto y acuerdo el se embarco para Santo Domingo, y Antonio de Chaves prosiguio su viaje con su gente, derecho a la laguna de Maracaybo, donde ya estaba vn capitan llamado Martinez, que con el nabio que Miçer Ambrosio metio en esta laguna, y la canoa grande de quien abemos hecho mençion, y otros barcos sustentaba y proveya de comidas la gente que Miçer Ambrosio abia dexado en su aloxamiento o rrancheria, que ya a esta sazon tenian titulo de pueblo, y por tal se sustentaban alli, avnque trabajosamente; y este Martinez corria toda la laguna hasta la culata, con obra de sesenta honbres que consigo tenia, y proveya, como he dicho, de mantenimientos a la gente del pueblo o rrancheria, y el se aprovechaba de algun oro que rrancheaba o tomaba y de algunas pieças de yndios e yndias que hazian esclavos. A este dio abiso de sus desinios Fedreman, antes que se fuese a Santo Domingo, mandandole que tubiese prebenido de comida aquel pueblo y alojamiento de Maracaybo, para quando su gente llegase, y el estubiese a punto con sus nabios y canoas para pasallos a todos de la otra parte de la laguna; y a esta cavsa pasaron mucho mas trabaxo en esta sazon los soldados que con Martinez estaban, por aber de prevenir y proveer de tanta comida como para tanta gente era menester.

Llego el alcalde mayor, Chabes, a la laguna con la gente que a cargo llevaba y hallo el pasaje puesto a punto y en pocos dias se hallaron de la otra banda alojados en el pueblo de Maracaybo, donde se entretubieron algunos dias, considerando la tardanza que el teniente Fedreman abia de hazer en Santo Domingo, lo qual le fue cavsa de gran calamidad y trabajo, porque como esta laguna y las provinçias comarcanas al pueblo abia tantos años que sustentaban la gente que por alli andaba, y abia sustentado la conpañia y gente de Miçer Ambrosio mucho tiempo, como se a visto, ya no tenian ni hallavan mantenimientos ni vituallas en tanta abundançia como de antes, y como en esta sazon cargo tanta gente de golpe, faltaron tanbien de golpe los mantenimientos, y asi la hanbre les fue causa de muchas enfermedades de que murio mucha gente; y por otra parte los tigeres que en esta provinçia abia, andaban tan encarniçados y cebados que hizieron muy grandes daños en los yndios que estos españoles tenian en su serviçio, y en los propios españoles.

Viendo el alcalde mayor, Chabes, y los demas capitanes que con el venian la mortandad y destruycion que en la gente abia sobrevenido, determinaron salirse deste pueblo, y dividiendo la gente en tres partes y encargandose della tres capitanes, salieron por diferentes caminos para que mejor se pudiesen sustentar, mas con horden y conçierto de que, para çierto tienpo, se hallasen juntos en el cabo de la Vela para rreçebir a Nicolas Fedreman, que se entendia que para aquel tiempo que señalaron abria ya llegado o llegaria de Santo Domingo.

En este mismo tiempo, siendo governador en Santa Marta el oydor o dotor Infante por el Avdiençia de Santo Domingo, salieron de Santa Marta el capitan Rribera y vn capitan Mendez, por su mandado, en vn nabio con çinquenta de a pie y de a caballo, a hazer esclabos a la Rramada, que es çierta provinçia que esta hazia la parte del Cabo de la Vela y governaçion de Venenzuela, y llegados alli, y saltados en tierra, tomaron algunos yndios e yndias, e haziendolos esclavos, los enbarcaron en el navio y los enbiaron a Santo Domingo, y ellos se quedaron en aquella provinçia como gente venturera, procurando aver algun oro por fuerça o de grado entre los naturales de aquellas provinçias. Dende a poco tiempo murio el capitan Mendez y quedo el govierno de la gente en el capitan Rribera, el qual, por ympedimento de algunos rrios que con la fuerça del ynbierno trayan mucha agua, no abia podido bolverse por tierra a Santa Marta, avnque lo abia yntentado algunas vezes, y estando alojado en la provinçia o junto al rrio de Macomite, el qual por ser cavdaloso y venir muy creçido les abia ympedido la buelta y pasaje, enbio obra de veynte hombres a buscar comida hazia la parte de la laguna de Maracaybo, por donde la gente de Fedreman yva marchando, y de vna de las compañias de Fedreman, que no lexos deste lugar estaba alojada, avia a la propia saçon salido vna escuadra con veynte y cinco hombres a buscar tanbien comida hazia Macomite, donde el capitan Rribera estaba alojado, e yendo la escuadra de los de Fedreman, que se deçia Murçia, marchando por vn camino que no devia ser muy esconbrado ni muy derecho, oyo rruydo y estruendo que los soldados de Rribera yvan haziendo, y rreparandose, y enboscandose con los soldados que con el yvan, llegaron dos o tres de los soldados de Santa Marta muy descuydadamente, a los quales tomo Murçia y desarmandolos los metio entre los suyos y espero alli a los demas que deshordenadamente y apartados vnos de otros yvan caminando, y como yvan llegando, sin hazer ningun alboroto, los rrecogia y desarmaba hasta que los junto todos muy paçificamente y con ellos dio la buelta a donde estaba o abia quedado su Capitan, el qual, sabida aquella nueba y como por alli andaba gente de Santa Marta, procuro luego rreduzir y juntar a si la otra gente de su compañia que andaba dividida para mejor se sustentar, como se a dicho, y juntos todos los capitanes y soldados de Fredeman, hordenaron de tratarse y hablarse con el capitan Rribera, o por grado o por fuerça traello con toda su gente a su conpañia, lo qual yntentado hizieron façilmente, porque viendose Rribera con tan poca gente y que el tiempo le era contrario para poderse rretirar y rrecoger hacia Santa Marta con los conpañeros que le quedavan, acordo condeçender con aquel genero de violentos ruegos con que era mas forçado que rrogado por los capitanes de Fedreman, y ansi se junto con ellos, creyendo que façilmente le darian lugar a que se bolviese a Santa Marta. Mas los capitanes de Fedreman y su alcalde mayor, Chabes, no se hallaron con tal pareçer, antes determinaron de tenello consigo a el y a toda su gente, hasta quel teniente Fedreman viniese de Santo Domingo y el hiziese lo que quisiese de ellos, y con este acuerdo se estuvieron todos juntos, pasando el ynbierno con harto trabaxo y hambre.

CAPITULO ÇINCO

Como, pasado el ynbierno, el governador Jorge Espira marcho hasta llegar a las rriberas del rrio Opia, donde torno a ynbernar, y como en el camino prendio a Francisco Velasco, con su teniente, y lo enbio a Coro, por çiertas palabras que dixo.


Ya quel alegre tienpo del verano le entraba a Jorge Espira y las aguas se aplacaban, aprovechandose de la ocasion quel tiempo le ponia en las manos, porque hasta entonçes, avnque por la hambre abia sido forçado a mudarse de aquel aloxamiento de Acarigua, las aguas de que abia estado çercado no le dexaban efetuar su voluntad, se mudo y paso mas adelante con su gente y campo a vna provinçia llamada Amorodore, en la qual se alojo y rrancheo para que la gente se rreformase de la hambre que trayan de atras; porque como en esta provincia no se abia hecho daño ninguno, hallaron en ella abundantemente de comer, y tanbien era grande ynpedimento y estorvo al73 caminar y asi porque por ser aquella tierra llana avn no se abian escurrido ni enxigado74 las aguas, se estuvo en esta poblazon y alojamiento vn mes, donde los naturales de ella, deseando echar de si tan malos guespedes como los españoles eran, por los daños que en sus comidas y avn personas de ellos rreçebian, convocandose y juntandose muchos yndios tomaron las armas en las manos para echar de alli a los nuestros; mas ninguna cosa les presto, porque dos vezes que acometieron a dar en sus enemigos fueron con mucha façilidad rrebatidos y ahuyentados tan admedentradamente que nunca mas osaron juntarse ni tomar las armas en las manos, antes apartandose todo lo que podian de los españoles, les dexaban gozar con quietud de sus casas y haziendas y de todo lo demas que entre manos tenian, en pago de lo qual les abian muerto dos caballos.

Despues del tiempo dicho paso el Governador adelante con su gente, prosiguiendo su descubrimiento por la halda de la sierra y cordillera, que sienpre llevaba a mano derecha, y llego a otra provinçia de yndios llamados Coyones, bien poblada, y la gente belicosa y gerrera y de buen coraje en las guaçabaras, y de diferente lengua de la de atras. Alojose en esta provinçia la gente española, y pretendiendo los naturales de ella ganar mas honrra que los de atras, salieron de mano armada y con buena horden acometieron a los nuestros, los quales, avnque estaban ya puestos a punto para rreçebir a los enemigos, no dexaron de tardar en desbaratallos, por ser gente que les turaba el brio algun tiempo, y avnque fueron maltratados y desbaratados de los españoles, todabia les pusieron en condiçion de matar al capitan Montalbo, al qual quitaron la lança, y derribandolo del caballo se lo llevaban a manos bivo sino fuera socorrido de algunos soldados que lo defendieron y quitaron de las manos de los yndios. Hirieron y maltrataron a otros españoles, mas no murio ninguno. Acometieron otras dos vezes estos yndios, y sienpre fueron frustados de sus desinios con daño de sus personas.

De esta provinçia de Coyones paso adelante Jorge Espira con su gente y llego a las provinçias y rrios que dizen de Varinas, que es a las espaldas de donde esta agora poblada la çivdad de Merida del Nuebo Rreyno. Alli se rrancheo y alojo el Governador con su compañia por descubrir y ber si por alli çerca obiese entrada para atrabesar la tierra. Estubo en este sitio o alojamiento muchos dias Jorge Espira, con gran daño de su gente, porque se hallava poca comida y abia muchos enfermos, que les era gran ynpedimento y estorvo para seguir su descubrimiento y jornada con la diligencia neçesaria, de donde rredundaba quel75 Governador hiziese tantas paradas y sintiese la gente tanto la hambre, de tal suerte que muchos dias se sustentaron con solamente palmitos76 y otras comidas silvestres y no conoçidas, cavsadoras de mayores enfermedades y males. Y estando en esta neçesidad tan extrema, tubo notiçia el Governador que en la sierra o cordillera se hazian çiertos valles poblados de yndios, en que abria abundancia de comida, el qual luego enbio a su teniente, llamado Françisco de Velasco, con dozientos honbres y algunos caballos, y le mando que llegase con los caballos hasta el pie de la sierra, y que quedandose el en vnos poblezuelos de yndios que alli abia con alguna gente, embiase la demas arriba a traer comida y le proveyesen de todo el mayz, yuca y patata y sal que pudiesen, que era todo bien menester.

El teniente Françisco Velasco se partio con la gente, y llegando al pie de la cordillera hizo lo quel Governador le abia mandado, quedandose el alli con çinquenta honbres, y enbiando los demas a lo alto para el efecto dicho con vn cavdillo llamado Nicolas de Palencia, los quales caminando hallaron vn buhio rredondo muy grande, hecho en vn arcabuco o montaña, en el qual abia mas de mil y quinientas hanegas de mayz; y alegrandose los soldados con tan buen encuentro, pararon alli con el serviçio de yndios e yndias que llevaban, de donde salian a correr los pueblos y lugares de alrrededor, prendiendo alguna gente de la que por alli abia, rrancheandoles esa miseria que tenian, donde obieron alguna probision de sal, con que rrestavraron algun tanto la mucha falta que de ello todos tenian; y enbiando deste buhio redondo la guente77 que pudieron cargada de mayz y otras rrayzes y sal, se quedaron los mas de los soldados en guarda de aquel buhio, porque si lo desamparaban, los yndios no los escondiesen el mayz.

El Françisco de Velasco holgose con el rrecado y comida que le abian traydo de la sierra, y procuro que se llevasen dos o tres caminos de comida a donde el Governador estaba con los enfermos, y procuro yformarse de las graçias que Jorge Espira le daba por el socorro de la comida que le abia enbiado, al qual dixeron que estaba algo quexoso por lo poco que le abia llevado; y amohinandose el Velasco destas nuebas, dixo: o cuerpo de tal con el Governador; pues boto a tal que si el tiene alla çiento de capa blanca, yo tengo aca dozientos de capas negras; y con esto rrecogio la gente y fuese donde Jorge Espira estava. Algunos amigos del Gobernador les pareçio mal estas palabras del Françisco de Velasco, y dando abiso dello al Gobernador le yndinaron contra el de tal suerte que luego proçediendo contra Velasco lo prendio y aprisiono con todo rrecado y hizo sus ynformaciones muy bastantes de lo que abia dicho; y consultando el negocio con los capitanes y personas prinçipales que en el canpo traya, las pidio pareçer de lo que se debia hazer, los quales78 acordaron que devia echar de si a Belasco, porque no obiese tantos superiores. Visto esto y que ningun bien abian de cavsar al tinienti, y asi, de pareçer de todos, acordo el Governador echar de si a Belasco, embiandolo a Coro con toda la gente enferma que en el canpo abia y algunos sanos para su rresguardo y custodia. Enbio asi mesmo vn capitan con vna conpañia de soldados para que aconpañasen aquella gente enferma y presa, hasta echallos fuera de las provincias que atras quedaban, que eran de gente belicosa y guerrera, sin que reçibiesen dellos ningun daño(A).

Hecho esto y bueltos los que aconpañaron al tiniente Velasco y enfermos, prosiguio su descubrimiento el Governador con su gente los llanos adelante, y como el tiempo era ya del todo enxuto y los rios venian muy mansos, no se detenian en ninguna parte, antes caminaban con toda ligereza, pasando por muchas provincias pobladas de gentes diferentes vnas de otras y de diferentes lenguas y nombres, con todos los quales no dexaron de tener algunos rrecuentros y guaçabaras, mas no de suerte que les ynpidiesen el caminar. Llegaron a los rrios famosos por su grandeza, llamados Apure y Zarara, y como era berano facilmente los pasaron, porque la tierra es llana y ellos van derramados y estendidos y muy sosegados y mansos; y sin estos, otros muchos rrios de mediana grandeza, que tambien suelen ynpedir el pasaje a los descubridores, como son los rrios Caçanare, de igual grandeza que los nombrados, y Pavxoto y Çosubana79 y el Temeri, y Guanaguanare, y Opia, y Haya, y Gravbiare, y Papamene, todos estos que salen de la sierra y cordillera dicha, cuyos nombres rreferidos son los propios que los naturales les tienen puestos. Y caminando, ya quel ynbierno entraba, llegaron a vn rrio, llamado Opia, a la rribera del qual abia algunas poblazones de yndios, donde pareçio al Governador y a sus capitanes ser parte acomodada para tener y pasar el ynvierno, por poderse proveer y sustentar de las comidas y mantenimientos que los naturales destos pueblos tenian para su sustento, y ansi hizieron su alojamiento y rrancheria en el mejor y mas alto sitio que les pareçio destos lugares y pueblos que a la rribera del rrio Opia estaban.

NOTAS AL CAPITULO V

(A) Oviedo y Baños, que en todo lo esencial de este relato sigue al Padre Aguado, aunque sea por intermedio del Padre Simón, añade algunos detalles:

«Estas palabras de Velasco – dice – y el modo con que las expresó su sentimiento parecieron muy mal á cuantos las oyeron; y, ó fuese por vengar alguna pasión ó desafecto, ó por la comun propensión de querer muchos ganar gracias con los superiores, aunque sea á costa de los créditos ajenos, no falto quien las pusiese en noticia del Gobernador, acriminando la materia y subiendo de puntos el delito; de que, irritado Spira, puso luego en prisiones á Velasco, y procediendo contra él por vía jurídica, sustanciada la causa, se resolvió á cortarle la cabeza; pero mediando la autoridad de Juan de Villegas, Damián del Barrio, Alonso Pacheco y Juan Guevara, fué bastante la interposición de éstos para que, templado el enojo del Gobernador, revocase la sentencia, contentándose con remitirlo preso á Coro, y en su compañia toda la gente enferma que llevaba», etc. (Tomo I, libro I, cap. XIII.)

CAPITULO SEYS

Como el teniente Chaves llego al Cabo de la Vela y hallo alli al teniente Fedreman, que abia venido de Santo Domingo, y como el capitán Rribera y los demás soldados de Santa Marta fueron sueltos.


El rrio de Macomite, en cuyas rriberas la gente y capitanes del tiniente Fedreman ynbernaron, abia ya baxado y el ynbierno çesado quando el tiniente Chaves y los otros cavdillos determinaron pasar adelante con su descubrimiento la bia del Cabo de la Bela; y dexando en aquel aloxamiento o ynbernadero toda la gente enferma, porque no les fuese estorvo ni ympedimento en su jornada, pasando el rrio Macomite prosiguieron adelante y començaron a entrar entre algunas gentes belicosas y desnvdas, salteadoras y vagabundas, las quales no abitaban en poblazones ni en lugares conoçidos, sino metidos en montañas, ni menos cultivaban las tierras para sustentarse, ni cojen ningun genero de fruta de ellas, asi por ser, como he dicho, estas gentes enemigas del trabajo, como por ser la tierra algo esteril; mas con todo eso no ay campo que si lo cultiban no lleve fruto. El sustento y mantenimiento destos yndios es carnes de benados, que ay por alli en abundancia, y pescados, que en aquella comarca se toma mucho, y por pan comen çiertas puches o maçamorras hechas de vna semilla muy menuda, como mostaza, que la tierra por alli produze de suyo.

Estos yndios, avnque estan tan divididos, son en cantidad. Salieron diversas vezes acometer a los españoles con muy buen brio, y como era gente muy suelta y diestra en el gerrear, hizieronles poco daño los nuestros y ganaron con ellos poca honrra, porque en vn rrecuentro o guaçabara que tuvieron los vnos con los otros, perdieron los españoles vn capitan llamado Abellaneda de Guzman, con otros seys soldados que, a manos, bivos80 les tomaron los yndios y les pusieron en condicion de perder mas gente: y asi tubieron los nuestros por mas açertado el pasar adelante que el pretender sujetar estas gentes, pues con ellas no se podia ganar ninguna honrra ni avn hazienda, porque no tenian oro ni otras rriquezas de que pudiesen ser aprevechados.

En esta propia jornada y descubrimiento hallaron estos descubridores en la costa de la mar, quatro nabios de españoles hechos pedaços, y las gentes de ellos tendidas por la playa y costa y arenales de la mar, todos muertos, que pareçio aber pereçido de hambre y sed, sin que en ellos obiese señal de abellos muerto ni llegado a ellos yndios, ni menos pudieran atinar que gente fuese esta.

Pasados los españoles de las tierras de estos salteadores, y entrando entre otra gente mas domestica, acordaron embiar por la gente enferma que abian dexado en el alojamiento del rrio Macomite; y enbiando a la ligera tres soldados buenos peones y atrevidos, que fueron Alonso de Olalla y Alonso Martin de Quesada y Diego de Agudo, les mandaron que fuesen á dar abiso á la gente enferma que se aperçibiesen y estubiesen a punto para quando los caballos llegasen por ellos que luego se partiesen. Estos tres soldados españoles81, con solas sus personas, espadas y rrodelas, se metieron temerariamente por entre las provinçias dichas y por otras, aventurandose a ser presos de los yndios; y queriendolos Dios guardar, pasaron sin rreçebir ningun daño y llegaron al alojamiento donde abía quedado la gente enferma, de los quales hallaron muy pocos bivos, que con las enfermedades y hambre y poco rrefrigerio, todos los más se abian y estaban muertos en sus propios lechos y hamacas, sin que los bivos, que eran bien pocos, los pudiesen enterrar ni dar sepoltura, ni avn creo que vsar los vnos con los otros de ninguna obra de misericordia. Los tres soldados quedaron admirados de ver la mortandad que en el alojamiento hallaron, y los que estaban bivos sintieron tanto plazer en bellos, que olvidados de sus enfermedades saltaban de las camas a congratularse con ellos, dando no solo con palabras muestras de su alegria, mas con abundançia de lagrimas que de sus ojos bertian. Entre sanos y enfermos determinaron hazerse vn conbite ó banquete para mejor celebrar su alegria y contento, y para efetuallo mataron vn borrico pequeño que rremaneçio82 en aquella rrancheria, y con dos pares de bollos de mayz que á los tres soldados les abia sobrado del matalotaje, a medio asar la carne, se sentaron a comer, por lo qual entiendo que avn hasta agora no la an digirido algunos.

Con esta çena o conbite y con el contento dicho, se esforçaron los enfermos y cobraron animo para mejor sufrir su calamidad, y de alli adelante lo pasaron mejor, porque con algunos bledos que los soldados que en socorro abian ydo les cojian y cozian de los que abia por alli naçidos, se sustentaron hasta que llegaron los caballos, y subiendolos en ellos caminaron a donde estaba la demas gente; y como estaban tan debilitados y consumidos y los rregalos que se les hicieron fueron tan pocos y el caminar a caballo suele matar los sanos quanto mas los enfermos, se yvan muriendo por el camino hasta que llegaron á juntarse con los demas españoles, donde esos pocos que bivos quedaron fueron rreformados y curados, y dende a poco se partieron deste alojamiento donde abian estado esperando los enfermos, y prosiguiendo su derrota caminaron algunos dias trabajosamente, al cabo de los quales llegaron al Cabo de la Bela, donde hallaron al tiniente Nicolas Fedreman, que era ya llegado de Santo Domingo con ochenta honbres y cantidad de caballos y comida que abia rrecogido de por alli çerca y el abia traydo de Santo Domingo.

Alegraronse mucho todos estos capitanes y soldados de hallar alli a su General, por el buen socorro que les tenia de comida y rropa para bestirse. Fedreman, asi mesmo, se holgo de ber su gente, avnque no dexo de sentir la mucha que le faltaba y se abia muerto. Luego, su tiniente o alcalde mayor, Antoño de Chabes, le dio notiçia de como estaba con ellos el capitan Rribera, que con çiertos soldados abia salido de Santa Marta a hazer esclabos, como se a dicho, y que por hallallo en su juridiçion o governaçion el los abia preso y los tenia alli para que hiziese dellos a su voluntad. El gobernador Fedreman mando luego pareçer ante si el capitan Rribera y a los demas soldados que con el salieron de Santa Marta, y les hablo muy afablemente, ynduziendolos a que lo siguiesen de su voluntad; en fin de lo qual les dixo que el tenia por señor y padre al dotor Infante, governador de Santa Marta y Oydor de Santo Domingo, por cuyo mandado abia venido alli, al qual no queria desgustar ni dar ninguna pesadumbre; que avnque lo abian hecho mal en entrar a hazer esclabos en aquella tierra, que era de su distrito, lo de hasta alli pasase, y dende en adelante no lo hiziesen, sino que se rrecogiesen á su governaçion, y si entre ellos avia algun soldado que de su voluntad quisiese quedarse en su compañia que el se lo agradeçeria y tendria muy particular quenta con su persona, y sino que ninguno quedase y fuesen con la bendiçion de Dios, ofreçiendoles si abian menester algun abio o socorro para su camino. El capitan Rribera y sus soldados tubieron en mucho el parlamento que Fedreman les habia hecho, tan aconpañado de buenos cunplimientos y amorosas palabras y ofreçimientos, qui si no lo tubieran en aquel tiempo por cosa fea el no bolver a dar cuenta a sus governadores, desde luego se quedaran con el; mas forçados desta costunbre se despidieron y apartaron de Fedreman para yrse la buelta de Santa Marta, eçeto tres soldados que vsando de su libertad no quisieron seguir a su capitan Rribera y se quedaron alli con el general o tiniente Fedreman, el qual se detubo en este alojamiento del Cabo de la Vela algunos dias, yntentando, con çierto artifiçio de rrastros, si podia sacar perlas de la mar, lo qual por entonçes fue de ningun efecto y fue en bano su trabaxo. Mas agora entiendo que gozan de ello los vezinos del rrio de la Hacha, que çerca deste Cabo de la Vela habitan, los quales an sacado y sacan muy gran cantidad de perlas, de donde Fedreman no las pudo sacar, el qual viendo quan mal le yva con la grangeria de las perlas, determino dexalla y dar horden en la prosecuçion de su descubrimiento y jornada, en la forma que adelante se dira.

CAPITULO SIETE

En el qual se escriven algunas cosas de las que al governador Jorge Espira y a sus soldados les subçedio en el ynbernadero del rrio Opia, y como paso de alli adelante.


Con la fuga de las aguas del ynbierno creçio tanto el rrio de Opia, en cuyas rriberas se abia alojado el governador Jorge Espira con sus compañeros, que con su ynvndaçion cubrio muchas tierras comarcanas al alojamiento, conque cavso muy gran daño a los españoles, que con esto eran ynpedidos a no poder salir a poblazones apartadas a buscar comida, y asi les sobrevino tan afligida hanbre que les cavsaba enfermedades y otros daños con que eran muertos; y por otra parte eran danificados de los tigeres, que como a lugar mas alto y seguro de las aguas, se abian rrecogido muy gran cantidad de ellos a donde el rreal de los españoles estaba alojado, que en pocos dias les abian llevado delante de los ojos y avn casi de entre las manos muy gran cantidad de yndios e yndias ladinos que les servian, y entre ellos algunos españoles; y entre otros a quien esta desgraçia les subçedio fue a vn Manuel de Serpa, portuges, que abiendo salido con otros conpañeros a coger cierta fruta, no muy desbiado del alojamiento, llamada hobos, que era el prinçipal mantenimiento con que se sustentaban los españoles, vn tigere llego desvergonçadamente, y con su bruto y cruel atrevimiento, delante de los demas españoles, le dio con las manos vn golpe o manotazo a este portuges en la cabeça que la hizo pedaços, y pasando por entre los demas el tigere armado o enrrizado, no obo quien osase herille ni hazelle mal ninguno.

Trayan estos animales tan amedentrada toda la gente, que hasta los caballos sentian el daño y no osaban salir ni apartarse del alojamiento a paçer, por estar algunos heridos y lastimados de ellos; y las espias que para rreguardo del campo se suelen poner en lugares acomodados para ello y junto a los caminos por donde mas el peligro se teme, no daban lugar los tigeres a que asi se hiziese ni se guardase en esto ni en otras muchas cosas la diçiplina militar, mas ynterronpiendolo todo eran cavsa que los que hazian la guardia y servian de espias y velas hiziesen sus oficios encima de arboles muy altos, a donde avn del todo no se tenian por seguros, segun las astucias y trayçiones de que vsa este carnicero animal por aber y matar alguna persona.

Y viendo el governador la calamidad que su gente padeçia por falta de comida, acordo que se hiziese vna balsa de maderos libianos para en ella atrabesar el rrio de Opia y pasar a vn lugarejo que de la otra parte estaba, a proveerse de alguna comida; y poniendo en efecto este acuerdo, hizieron la balsa en quinze dias, bien grande, en que cabian buen golpe de gente, la qual echaron en el agua y en ella entraron todos los soldados que cupieron, y con su çierta manera de rremos y otros soldados buenos nadadores, que yendo por el agua nadando tiravan con cabuyas o sogas de la balsa para ayudalla a nabegar y pasalla de la otra banda, començo a engolfarse en aquel ancho rrio; y llegando al medio de la corriente y fuga del agua, fue façilmente desbaratado el govierno de la nabegaçion, y llevandola el rrio con la corriente fueron todos los españoles que en ella yvan puestos en condiçion de ser muertos; porque los yndios que de la otra banda estaban, biendo que la yndustria de los nuestros no abia sido tal que bastase a cortar por la corriente del agua y asabesar83 el rrio, antes abian sido señoreados y sojuzgados del, llevandolos el agua por do abia querido, prestamente entraron en sus canoas con sus rremos o canaletes y armas en las manos, y endereçando las proas a la balsa partieron con animos de ganar vna buena vitoria y aber en su poder toda la gente que en la balsa yva, si sus desinios no fueran estorvados con la muerte de vn español de los que abian salido nadando delante de la balsa, llamado Francisco de Caçeres, que en el rrio toparon sobre el agua, los quales ocupandose y teniendose a dar la muerte a este español, que con sumirse debaxo del agua muchas vezes los entretubo muy gran rrato, hasta que la balsa de nuestros españoles, por la propia agua y conbates del rrio, fue rrestituyda a tierra hazia la parte donde estaban alojados los españoles, donde luego los que dentro yvan, desanparandola, se metieron por la montaña adentro, huyendo cada qual como podia, temiendo que avn por la tierra yrian con las canoas los yndios bogando en su alcance, segun sacaron los animos amedrentados de aquella tribulacion.

Acabados los yndios de dar la muerte a Françisco de Caçeres, soldado afamado entre estas conpañias por su buen brio e yndustrias en cosas de guerras, fueron en seguimiento de la balsa, la qual hallaron sin ninguna gente, y llevandosela consigo se andaban rregocijando con ella por el agua, trayendola de vna parte a otra, dando muy grandes muestras de alegria, como gente que solo aquello tenian por entera vitoria, y que su barbaridad no alcanço aprovecharse de tan buena ocasion como tuberon para hazer mas daño en los nuestros y aber vna vitoria harto notable, pues en ella abian a las manos los mas y mejores soldados de la conpañia, con que quedaba todo el rresto de la gente perdida, por estar muchos o los mas de ellos enfermos y no para tomar armas en las manos.

Con estos trabajos y otros que mi pluma calla por parecer yncreybles, paso el ynbierno y las aguas afloxaron de suerte que vn poco mas arriba del alojamiento, por çierto vado apaçible quel rrio Opia por aquella parte hazia, lo pasaron los nuestros, y començaron a marchar por entre gentes de diversas y diferentes lenguas, que por no tener ynterprete que las entendiese para saber quales eran y los nombres de sus provinçias y pueblos, no van aqui escritas en este discurso, que seria en el paraje de los chiscas o laches, lamados84 chita y el cucuy, por donde despues se siguio el camino de la governaçion de Venençuela al Nuebo Rreyno. Obieron estos españoles vn yndio que avnque escuramente era entendido de çierto faravte que en el rreal trayan, el qual dio al gobernador Jorge Espira muy entera rrelaçion del Nuebo Rreyno de Granada, porque a esta sazon estaban en el paraje del, declarandoles muy particularmente las muchas rriquezas que los naturales poseyan y los muchos y grandes señores que en el abia con la muchedumbre de naturales, y que la sal y mantas que por alli abian entre aquellos yndios de lo llano por donde andaban, toda baxaba del Nuebo Reyno; dandoles tanbien a entender que para señorear y sujetar tantos señores y naturales como en aquella tierra abia, eran muy pocos los españoles que el alli abia visto, prefiriendose este yndio a metellos en la tierra que les deçia, y avn que en alguna manera hallavan los españoles por alli algunas señales de lo que el yndio dezia, no del todo eran promobidos sus animos a seguillo, pues lo guardaron tan floxamente que se les huyo vna noche, y por huyrse el pobre yndio cayo de vna barranca abaxo en vn rrio que cerca estaba, donde se mato y fue comido bien en breve de los peçes, porque yendo otro dia a pescar al propio lugar vn español tomo vn peçe creçido, en el buche del qual hallaron la natura y conpañones todo junto deste yndio; y avnque despues, por persuasiones de algunos buenos soldados, fue persuadido Jorge Espira á enbiar gente a descubrir este Rreyno, y salieron al efeto çierta conpañia de soldados con vn Juan de Villegas(A), que despues governo aquella provincia de Venençuela, no hizieron cosa ninguna que les aprovechase; porque hallando la subida de la sierra dificultosa para caballos, se bolvieron desde çiertos pueblos que algo metidos en la cordillera estaban, donde tomaron cantidad de mantas y sal de la que del Rreyno baxaba, y con esta su floxedad dexaron casi como de entre las manos este pedaço de prospera tierra con que despues con no menores trabaxos y calamidades de los que esta gente paso, pero con mejor fortuna y mas ostinados animos, descubrieron por muy diferente derrota de esta y conquistaron y sujetaron el tiniente Gonçalo Ximenez de Quesada y sus comilitones, tres años despues del acometimiento85 de Jorge Espira, con que ylustraron y perpetuaron sus buenos hechos y hazañas, y mereçio dignamente el teniente y general Ximenez de Quesada ser Adelantado del Nuebo Rreyno, y sus soldados y conpañeros en el trabaxo gozar de vna prospera quietud con que descansadamente oy gozan de los frutos y esquilmos de aquella tierra, justamente por ellos mereçidos.

Y desta propia adversa fortuna partiçipo Miçer Ambrosio, como en su Istoria se trata86, pues hallandose el año de veynte y nuebe, no diez leguas ni avn ocho desta provinçia del Nuevo Reyno, por la parte por donde al presente esta poblada la çivdad de Panplona, en el distrito del propio Nuebo Rreyno, dexo de seguir su descubrimiento como lo llevaba encaminado, y dando la buelta sobre mano izquierda, ynclinandose a çiertas poblazones de gentes chitarera que de aquella parte abia, fue dende a pocos dias muerto, y su gente se bolvio a la laguna de Maracaybo, por diferente camino del que abia llevado, y de alli a Coro.

NOTAS AL CAPÍTULO VII

(A) Según Oviedo y Baños, acompañaron á Villegas cuarenta hombres, entre los cuales iban Francisco Infante, Gonzalo Martel de Ayala, Francisco de Madrid, Juan Cuaresma de Melo, Hernán Pérez de la Muela y Alonso de Campos.

De este Juan de Villegas se ha de hablar largamente más adelante, pues llegó á obtener la confianza de los Gobernadores, y aun á regir él mismo la tierra, y entonces será ocasión de poner de manifiesto las condiciones de éste hombre, tan duramente juzgado por algunos.

CAPITULO OTABO

Como pasando adelante Jorge Espira con su gente dieron en vna poblazon que por su fortaleza llamaron Salsillas; y de çierta notiçia que tubieron de vn gran rrio, que presumieron ser el Marañon.


No paso el Governador con su gente por las tierras y poblazones que en suma y algo escuramente rreferi en el capitulo antes deste, tan pacificamente que no le matasen y descalabrasen y hiriesen algunos soldados, de suerte que le fue necesario detenerse algunos dias adelante de donde yntento entrar en el Nuebo Rreyno, hasta tanto que sus enfermos tuviesen mejoria, y convaleçieron de tal manera que avnque trabajosamente estuvieron para caminar, y pasando adelante con su largo y trabajoso descubrimiento, con sobra de buena esperança, porque algunos yndios que se abian tomado por las provinçias por do abian pasado, astuta y malvadamente a fin de echar los españoles de sus tierras, y conoçiendo en alguna manera, avnque barbaros y de rrusticos yngenios, la pretension de los españoles, que era aber muchas rriquezas de oro y plata, de lo qual, avnque aquellos barbaros careçian, no dexaban de tener algun conocimiento de muy lexos, espeçialmente que el Governador les mostraba algunas pieças que destos metales llevaba, y asi casi todos los yndios pareçia que por abiso del demonio, estaban tan conformes que vno de otro no discrepaba en dar muy buena rrelaçion y notiçia al governador Jorge Espira de que adelante por la derrota que yva hallaria tanta abundançia de aquellos preçiosisimos87 metales que cargarian muy muchos caballos dellos en llegando, y con esto, añadian calidades de gentes vestidas de mucha grabedad y magestad que lo poseian, y con otros falsos colores que a sus platicas daban, henchian los animos de los soldados de vna tan buena y loca esperança, que çiegos y llenos de codiçia, pasaban por muy yntolerables trabaxos, y no estimando los que delante se les ofrecian, ni escarmentando, como suelen decir, en cabeça agena, pues cada dia vian desminuir y apocar el numero de la gente de su conpañia con miserables muertes que rrecebian, vnos de hanbre, otros de cansados y trabajados, otros comidos y despedaçados de brabos tigeres, y otros de diferentes generos de enfermedades que les daba, mas vsando de sus ynbençibles animos, avnque temerariamente, siempre proseguian adelante con su descubrimiento y jornada; y asi dieron de rrepente y sin pensarlo, casi desaperçebidos de comidas, en vna tierra algo aspera y quebraxosa, en parte montuosa y en partes rrasa, de muy rrara poblazon y esteril de comidas, donde se tomaron algunos yndios, los quales, siendo ynterrogados por sus faravtes, dieron notiçia que çerca de alli, sobre la mano izquierda, estaba vn pueblo grande, bien proveydo de mantenimientos y de otras cosas.

El Governador, con codiçia de ber y saber lo que era, si por ventura fuese el prinçipio de la notiçia que de atras traya, hizo asentar su canpo en la parte mas alta que le pareçio, y embiando vna buena conpañia de soldados, de los mas dispuestos para ello, les dio naturales que los guiasen por buen camino, los quales, apartandose algunas jornadas de la demas gente, llegaron a vn cerro y poblado de crecidas montañas y arcabucos, lo alto y cumbre del qual era rraso y llano, y en el estaba vn lugar ó pueblo de hasta cien casas o buhios grandes, el qual demas de la fortificaçion conque la naturaleza lo abia dotado, artifiçialmente, por yndustria de los yndios y moradores de aquel pueblo, tenia hecho vn palenque de gruesos troncos de palma, muy espinosos y puyosos, apretados y abraçados vnos con otros, de mediana altura. Junto con esto y alrrededor del mesmo palenque, tenia hechas muy hondas cabas, dentro de las quales estavan hincadas muy largas y altas puyas, las puntas para arriba, y cubiertas estas cabas muy sutilmente con muy delgadas varas y tierra ençima, y sobre la tierra de las cabas sembradas algunas yervas para mas disimulaçion, que ninguno que no lo obiera bisto pudiera presumir que alli obiese aquellos hoyos, ni que gente de tan rrusticos yngenios como son aquellos yndios tubiesen capaçidad para ynventar semejante manera de fueça y custodia para su pueblo y personas.

Llegados nuestros españoles, como se a dicho, a bista deste pueblo y palenque, luego que fueron juntos determinaron de arremeter y asaltallo, porque la çerca no era muy alta, y como de tropel se fuesen llegando sin mirar por do yvan, vno de los de la conpañia, llamado Migel Lorenço, antiçipose de los demas quiriendose nombrar y ganar honrra; mas como no mirase donde ponia los pies, fue engañado con el artifiçio e yngenio de aquellos barbaros, y cayo dentro de vn hoyo de aquellos, y como los demas viesen que el conpañero no pareçia, presumiendo el engaño que en la tierra abia, se rrepararon y fueron llegando atentadamente hasta donde el soldado se abia sumergido y hallandolo bivo, porque cayo casi de lado entre las puyas y estacas del hoyo, no abia rreçebido lision ninguna, y echandole çiertas varas largas en que se asiese, lo sacaron con toda presteza del hoyo, sin que los yndios tubiesen lugar de tomar las armas y ofendellos, pero avnque quando acudieron estaba ya fuera el español, ellos començaron, desde lo alto del palenque a arrojar ynomerable cantidad de flecheria, y muchas lanças y dardos, con que hizieron rretirar a los españoles, y los arredraron del palenque, hiriendoles algunos soldados, y sin rreçebir ellos daño alguno quedaron vitoriosos, porque avnque los nuestros, aquel propio dia y otro despues, diversas vezes, procuraron con buenos ardides asaltar el palenque, fueron sienpre rrebatidos de los de dentro, sin poder hazer ningun daño en ellos; y considerando quan fortaleçido estaba aquel pueblo, y que si perseveraban en querello tomar su ostinaçion seria de ningun efeto, y asi tenida por temeraria y loca, acordaron dexar aquel pueblo con su vitoria, al qual por pareçelles con aquella manera de fortificaçion ynespunable para las armas que tenian con que arruynallo, le pusieron por nombre Salsillas, casi en memoria de la ynespunable fuerça de Salsas, que en Cataluña esta.

Solamente obieron deste pueblo vna yndia con vna criatura de hasta siete v ocho años, con la qual por presa de su trabaxo se bolbieron a donde abia quedado su Governador alojado, sin llevar otro rrecurso ni proveymiento de comida88, que fue harto desconsuelo para todos. El Governador tomo la yndia y con sus ynterpretes procuro ynquirir y saber de ella si se hallaria por alli çerca comida alguna, la qual le rrespondio que çiertas jornadas de alli abia mucha abundancia de mayz y de otras cosas de comer, pero que abian de yr por vnas çienegas y manglares, tierra muy mala y de perberso camino, y despues abian de llegar a vn rrio muy cavdaloso, por el qual abian de yr en canoas a donde la comida estaba. La neçesidad que de ella abia hizo que al Governador no le pareçiese nada dificultoso este camino para sus soldados. Luego mando aperçibir los que les pareçio, y dandoles por cavdillo vno de aquellos capitanes y a la yndia para que los guiase, les mando que fuesen a traer el bastimento que pudiesen, y que llevasen atada y con todo rrecaudo aquella yndia que abian de llevar o llevaban por guia, la qual si se les yva seria en baño su trabajo, y pondrian la gente en rriesgo de pereçer de hanbre.

A este rrio de que esta yndia dio notiçia, algunos en aquel tiempo quisieron afirmar que era el rrio Marañon, y no es de marabillar que lo tratasen, pues entonçes no abia la claridad que del y de otros muchos rrios muy cavdalosos agora ay; y mas lo çierto es que este rrio, que no es el Marañon por donde baxo Orellana del Piru, y despues la gente de Aguirre, porque desde este paraje hasta las provinçias de donde se bolvio perdido este governador Jorge Espiro, ay muy grande ynstancia89 de tierra, y se pasan otros muchos rrios cavdalosos, que avnque todos se juntasen no llegarian a hazer vn rrio que con alguna similitud pudiese ser conparado con el Marañon. Demas desto, sin lo que este Governador camino prolongando la sierra y cordillera que sobre mano derecha llevaba, sin encontrar rrio que con su grandeza le ynpidiese el pasaje, como el Marañon lo hiziera, casi por el mesmo camino caminaron despues otros capitanes con numero de gentes, como fueron Hernan Perez de Quesada, hermano del Adelantado del Nuebo Rreyno, que prolongando la cordillera fue a salir a las espaldas de Pasto, segun en su Istoria se dize; y despues del andubo Felipe de Vtre, que salio de la governaçion de Venençuela, y despues Don Pedro de Silva, que salio del Nuebo Rreyno; y con aber, como he dicho, mas claridad y pasado mas adelante deste paraje de Jorge Espira, jamas ninguno se afirmo aber visto el rrio Marañon para afirmarse en ello, mas de devisar desde lexos grandes aguas que presumian ser el.

E querido dar aqui esta claridad y rrelaçion sobre este caso, porque ninguno debe tener por çierta la opinion que algunos quieren sustentar de que de90 los Governadores y Capitanes que de Venençuela y de Cobaagua salieron antiguamente a descubrir, obo algunos que llegaron a las rriberas del rrio Marañon, tambien porque lo dicho es materia conveniente a lo que en el capitulo siguiente tengo de tratar, y para mas conprovaçion de mi opinion que es la que en el apuntare.

CAPITULO NUEBE

En el qual se escrive çierta notiçia que vna yndia dio a Jorge Espira de que abia españoles perdidos cerca de donde estaba alojado, y como de aqui naçio la opinion de la gente perdida de Ordaz y lo del Dorado.


El cavdillo quel governador Jorge Espira enbiava a buscar comida, tomo la yndia que para guya91 le abia dado, y pretendiendo guardalla desde luego con cuydado, atole vna cabuya o soga al pescueço por prision, que es vna cosa muy vsada entre gentes de jornadas quando asi van en descubrimientos. A los yndios que las van sirviendo y les llevan sus cargas y comidas les ponen esta manera de prision, para que demas del trabajo que llevan en yr cargados y fuera de sus casas y naturalezas, vayan sujetos a vna perpetua servidumbre.

Viendose, pues, esta pobre yndia enlazada por el pescueço, començo a quexarse de la crueldad y tirania que con ella vsaban estos españoles y a dezir que a ella la abian tenido sujeta otros españoles, pero que no lo abian hecho tan seberamente con ella ni la abian puesto aquella manera de prision, antes despues de aberse servido libremente de ella el tienpo que les pareçio, le abian dexado y enbiado con todo contento a su casa. Y como el faravte o ynterprete diese notiçia desto que la yndia abia dicho, cavsoles grande admiraçion y los hizo estar perplexos, considerando que pudiese ser aquello, pues hasta entonçes nvnca por aquella via abia pasado ninguna gente de ninguna parte a descubrir, antes ellos eran los primeros descubridores de aquellas tierras.

Y con esta confusion, el Governador llamo a la yndia y le torno a rrepreguntar lo que abia dicho, la qual, por el faravte o ynterprete, rrespondio que çiertos honbres de la suerte y manera de los que alli estaban, abian subido por el rrio arriba por donde ella los queria llevar, y llegados aquel pueblo del palenque, que los españoles llamaron Salsillas, se bolvieron, y que avnque en aquella sazon la prendieron aquellos españoles, sin hazelle daño ninguno la abian sotado, por temor de los quales aquellos yndios avian fortificado en aquella forma aquel su pueblo, y que estaban diez jornadas de alli el rrio abaxo en vna tierra de muchos pueblos de yndios, donde los cristianos tenian hecho otro palenque fuerte en que se rrecogian y estaban fortificados contra las asechanzas y calunias de los yndios naturales de aquelas tierras y eran ya muy biejos, y que tenian muchos hijos ya grandes e yndias que les servian, los quales no tenian para defensa de sus personas sino solas dos espadas, y los demas vsaban las armas de la tierra, que eran arcos y flechas, y que asi mesmo no tenian caballos, que en su lengua llaman guabiares, mas que tenian perros, a quien llaman avres.

Esta rrelaçion y notiçia que esta yndia dio destos españoles mobio los animos de muchos soldados a tener voluntad de yr en demanda de aquella tierra y gente de quien les abia dado notiçia aquella barbara muger; mas al gobernador Jorge Espira no le pareçio açertado viaje dexar de seguir su descubrimiento por tierra e yr a meterse en la fortuna del agua por dicho de vna ynfiel de menos verdad que fee, y asi con buenas rrazones dio a entender a los suyos que debian de quitarse de aquel proposito, y los animos que tan balerosamente querian emplear en seguir aquella rrustica muger que por ventura pretendia metellos en donde pereçiesen, los conservasen para la notiçia que casi entre las manos llevaban, por la mucha çertidumbre que los naturales de atras les abian dado de las rriquezas de adelante.

De estos propios soldados que aqui se hallaron con Jorge Espira an querido y avn quieren afirmar que esta notiçia que con astuçia de aber libertad les dio esta yndia de aber visto y conoçer españoles en aquella tierra y estan en la parte dicha, es çierta y verdadera, y que es la gente que Don Diego de Ordax perdio viniendo al Marañon; y lo que açerca desta gente de Ordaz ay que saber yo lo tengo escrito en esta Istoria, tratando de aquella propia jornada, y los propios soldados de Ordaz que oy son bivos afirman que en el Marañon no se perdio ninguna gente de los de su conpania, sino en vnos baxos. De los que alli se perdieron en el propio batel de la nao escaparon çiertos soldados que dieron notiçia de la perdiçion y anegaçion de los demas; y como en la propia parte trate, esto de dezir que ay españoles en aquellas provinçias del Dorado o sierras del Sur, es ynbençion sembrada mañosamente, para con esta color persuadir a los governadores que consientan juntar gente para yr a buscallos; de la qual fama y dibulgaçion tubo notiçia Su Magestad en España el año de mil quinientos y çinquenta y nuebe, y embio vna çedula rreal al Avdiençia del Nuebo Rreyno de Granada para que se ynformasen de los naturales que gente españoles abia perdidos en aquellas provinçias del Sur, y avnqne diligentemente lo procuraron, no hallaron ninguna evidençia ni claridad de ello, y asi se dexo caer.

Porque es çierto que vn solo cristiano que Su Magestad entendiera que abia en aquellas partes entre yndios, es tanto el entrañable amor que a sus subditos y vasallos tenia y tiene, que sobre el libertarlo obiera puesto toda la diligençia posible. Aliende desto, como poco a dixe, el rrio Marañon esta tan desviado desta provinçia y paraje de donde voy tratando quanto atras queda declarado. Luego sigese que avnque se obiera perdido gente en el Marañon, que no podia aberse apartado tanto del, ni metidose en la tierra, por ser los descubrimientos y conquistas de aquel tienpo de tal condiçion que consumian en breve tienpo muy grandes compañias de gentes. Y esto no lo digo porque por ello pretenda deshazer la grandeza de la tierra que en aquellas del Sur ay, que llaman el Dorado, porque yo por muy çierto tengo en este caso la comun opinion y notiçia que siempre an dado los naturales, algun prinçipio de la qual vio Felipe de Utre el año de quarenta y siete, quando salio herido y casi huyendo y admirado y espantado de aquel prinçipio que vio el y los que con el yvan, que los naturales vezinos de aquella tierra y amigos suyos le vendieron por muy pequeña cosa en conparaçion de lo que adelante abia, como en su lugar mas largo lo dire, tratando de su jornada, y lo mesmo confirmo despues Don Pedro de Silba, que yendo con vnos pocos compañeros enfermos y mal adereçados, vio vn prinçipio de poblazones y gentes tan rricas y tantas que le fue neçesario sin dalles ninguna pesadumbre, bolverse por do abia entrado, de lo qual tanbien en su lugar dire como paso.

Y pues tantos testigos ay y de tanto credito, por muy çierto se puede tener la feliçidad de aquella tierra; y porque sobre todo lo dicho tocante al Dorado y a la gente de Ordas, se trata mas largo en la parte rreferida, podre çesar aqui la platica, y avn rrogar a estos señores governadores y sus soldados que se entretengan vn poco buscando que comer en estos arcabucos, en tanto que rrecorremos la salida del tiniente Fedreman del Cabo de la Vela em prosecucion de su jornada, y declaramos algo del suçeso della.

Solo me rresta aqui dezir que los soldados y capitanes de Jorge Espira se conformaron con la voluntad de su governador, y siguiendola no curaron de tratar mas en lo que la yndia dezia, con proposito de seguir su descubrimiento, como lo llevaban començado por la halda de la cordillera del Rreyno.

CAPITULO DIEZ

Como Fedreman partio del Cabo de la Bela y se metio la tierra adentro, donde torno a encontrar con el capitan Rribera y lo prendio a el y a sus soldados, y dio la vuelta a la laguna de Maracaybo por diferente camino.


En tanto que los trabaxos preferidos padeçia el governador Jorge Espira y sus soldados, al teniente Fedreman no le subçedian sus cosas tan prosperamente que no partiçipase de las mesmas calamidades e ynfortunios92; porque despues de aber estado algunos dias en el Cabo de la Bela, fueron rresolutos el y sus capitanes y gente que siguiesen las pisadas y camino que Miçer Ambrosio abia llevado, porque en su compañia abia algunos soldados de los que escaparon de aquella jornada, que le certificaban que si llegaba al paraje donde Micer Ambrosio llego y de alli proseguia adelante con su descubrimiento, que podia dar en alguna tierra prospera y feliçe, por abelles pareçido en alguna manera buena dispusiçion de tierra la de adelante hacia el Norte; avnque a otros que con Miçer Ambrosio yvan les pareçio lo contrario, por la poca voluntad que de pasar adelante tenian, afligidos de los grandes trabaxos y neçesidades que abian pasado.

Y con esta determinaçion se partio Fedreman con toda su gente del Cabo de la Vela, tomando la derrota y via del valle de Vpar, para de allí ponerse en el camino que tenia pensado; y avnque en este viaje no fueron perseguidos de naturales, fueronlo de enfermedades que començaron a dar a los soldados en apartandose de la costa y frescura de la mar, porque luego se metieron en vnas tierras y valles muy calidos y que careçian de todo rrefresco y avn de comidas y de aguas, que era lo que mas atormentaba la gente, porque como eran rreçien venidos de España y no hechos a semejantes trabaxos, hanbres y sedes93, facilmente eran consumidos y muertos; y asi el tiniente yva cada dia perdiendo gente por el camino sin podellos rremediar. Apartabanse algunos soldados a quien la sed mas aquexaba a buscar agua, y engolfados la tierra adentro, que por alli en algunas partes era muy llana, facilmente desatinaban y perdian el tino, sin jamas poder açertar con el camino por do abian entrado, y asi como locos se andaban de vna parte á otra, hasta que vençidos de flaqueza y faltos de fuerça no se podian menear a vna parte ni a otra, y alli donde esta triste boz les tomaba, alli se quedaban mirlados y muertos; y de esta suerte le falto mucha gente a Fedreman, sin poder el poner ningun rremedio en ello, porque si se detenia a buscar los soldados que desta suerte se le perdian era poner en condiçion de perder de todo punto su canpo, pues mientras mas se detuviese por estas tierras calientes y secas, mas abia de cargar la sed y enfermedades en su gente, y ansi, avnque cada dia le daban nuevas que se le quedaba la gente perdida, pasaba de largo y disimulaba con ello, porque, como he dicho, no podia ni le convenia hacer otra cosa, so pena de perdello todo.

El capitan Rribera, que con sus cinquenta conpañeros se abia apartado en el Cabo de la Bela de Fedreman para se yr a Santa Marta, de do abia salido, prosiguiendo su viaje, le fue estorvado el pasaje por los yndios de Chimila, pueblo çercano a la marina y a Santa Marta, porque hiriendoles çiertos soldados en vna guaçabara que con ellos tuvieron, les fue forçoso rretirarse de noche y bolver atras, por lo qual determino el capitan Rribera de verse otra vez con Fedreman a fin de rrogalle que si tenia algun nabio en la costa se lo vendiese para yr a Santa Marta. Algunos soldados de los de Rribera quisieron estorvar estas vistas, diziendo que si con Fedreman se tornaban a ber, que podria ser constreñilles a que fuesen con el; mas Rribera como era hombre cabeçudo, rrepudio el consejo que le daban, diziendo que no seria parte Fedreman para estorvalle de hazer lo que quisiese, y con esta determinaçion llego a encontrarse con Fedreman a tiempo que le abian ya faltado parte de sus soldados y estaba con neçesidad de acreçentar su gente, y viendose los dos Capitanes, façilmente se conçertaron, porque Fedreman, ofreciendose de hacer todo plazer al capitan Rribera si de su voluntad le siguiese con sus soldados, le persuadio por muchas vias y con muchos buenos cunplimientos a ello, y viendo Rribera que si lo que Fedreman le rrogaba no lo hacia de voluntad, lo abia de venir a hacer con biolencia y por fuerça, acordo conplazer al tiniente Fedreman y condeçender con su rruego, y asi le dio la palabra de no hazer mas de lo que quisiese. Esto determinado, algunos soldados de los de Rribera, no pareçiendoles bien tanta tardança como Rribera hazia en estarse alli con el tiniente Fedreman, porque se deseaban bolverse a Santa Marta, fueronse a Fedreman a preguntalle lo que estaba hecho y si los abia de dexar yr a Santa Marta, el qual los remitio a su capitan Rribera, para que les diese la respuesta dello, donde luego supieron lo que estaba determinado y conçertado entre los dos capitanes, y para mas congratularse Rribera con Fedreman y escusallo de culpa, hizo çierto escrito o petiçion diziendo que el de su voluntad se metia debaxo de su vandera por estar en parte donde podia ser desbaratado y maltratado de los naturales.

Algunos soldados de los que Rribera abia traydo, quisieron yntentar nobedades, y començaron a mover los animos de muchas personas, para que dexando la conpañia de Fedreman, se fuesen a Santa Marta; mas siendo descubiertos de sus desinos y tratos, fueron frustados dellos, y algunos castigados exemplarmente, porque el Alcalde mayor, Antonio de Chabes, por consejo y mandado del teniente y capitan de dreman94, ahorco dos soldados de los de Santa Marta, que pareçian tener los animos mas levantados y cavsar mas bulliçio en el canpo, y con todo este castigo y la bigilançia que los capitanes de Fedreman ponian en guardar y mirar que no se les fuesen los soldados que abian venido con el capitan Rribera, se les fueron vna noche seys soldados, y echandolos menos otro dia el capitan Fedreman95 los enbio a buscar haziendo gracia y merced de los caballos y rropas y presas y armas, y de todo lo demas que los fugitivos llevaban a los que yvan en su alcançe y seguimiento, para que con mas voluntad los siguiesen; y despues de aber caminado en su demanda algunos dias, se bolvieron sin hazer ningun efeto, porque en el camino perdieron el rrastro y no atinando la derrota que podian llevar fueron burlados por las astuçias y buen ingenio de los fugitivos, los quales, entendiendo que abia de salir gente en su alcançe, llegaron al rrio llano y haziendo señal o rrastro de que abian pasado adelante, se bolvieron al propio rrio y caminando por el agua del muy gran rrato, se enboscaron y escondieron de suerte que, como he dicho, no pudieron ser hallados de los que los buscaban, los quales se bolbieron sin la presa a donde Fedreman estava, y los soldados de Santa Marta prosiguieron su viaje, y pasando por muchas poblazones de naturales y gentes muy belicosas, llegaron a Santa Marta, donde hallaron al Adelantado de Canaria Don Pero Fernandez de Lugo, que abia rrezien llegado de España, el qual, sabido lo que Fedreman abia hecho, le escrivio muy comedidamente que se hiziesen buena vezindad y que le desocupase lo que de su governacion le tenia ocupado.

Estas cartas, por mano de los naturales, de vnos en otros, fueron a poder de Fedreman, el qual, sabida la pujanza de gente quel Adelantado abia traydo despaña, camino luego con su canpo derecho al valle de Upar, como yva, para segun se a dicho, seguir la derrota de Miçer Ambrosio y entrar en el Rreyno. Mas como la joya y suerte del Nuebo Rreyno no estaba guardada para estos gobernadores de Venençuela, que eran muy amigos de derramar sangre humana y de oprimir los probezillos, en llegando Fedreman al vallo de Upar mudo consejo con la ambiçion y deseo que tenia de ser governador de Venençuela: porque pareçe ser que quando salio de España los Bezares le dieron toda buena esperança de que tras del le embiarian provisiones para que en el quedase el govierno de la tierra, y con este deseo ymagino que ya estas provisiones quel esperaba estarian en Coro, y asi, dexando el camino y derrota que llevaba, en la qual no ynteresaba mas de ganar por la mano al licençiado Ximenez y entrar mucho tiempo antes en el Nuebo Rreyno de Granada, dio la buelta sobre la mano izquierda, acostandose a la laguna de Maracaybo, para bolver a la rrancheria y puerto por do su gente abia pasado. Dividio su gente por diversas partes para que mejor se pudiesen sustentar, y con todo eso era tan mal poblada por alli la tierra como la de antes por do abia pasado, y asi no menos hambres y neçesidades padeçieron en esta torna buelta que en lo que atras quedava andado, con muertes de muchos españoles.

En esta jornada se aparto vn capitan llamado Pedro de Linpias(A), a quien cupo por suerte yr con çierta gente por la cordillera y serrania que caen sobre la propria laguna, donde tomo cantidad de oro fundido y alguno en polvo, de do quedo la noticia y fama que agora dizen de los braços de herina, que es esto: y avnque despues lo an salido a buscar algunos capitanes, nvnca an topado con ello. Es tierra de pocos naturales, pero de muy rricas minas de oro debaxo de tierra. Y con la horden dicha camino el canpo de Fedreman derecho a la laguna, donde llego, con harto trabaxo y perdida de los suyos, al propio paso y lugar de do antes abia partido Chabes con toda la gente, que era la rrancheria y alojamiento do estuvo Miçer Ambrosio. Llegados alli hallaron mal adereço para poder pasar la laguna, porque los bergantines y canoas todo lo quemaron quando pasaron: solo les quedo para rremedio desta pasada, sacar de la laguna las obras muertas del nabio que antes alli abian tenido para su conquista y pasaje, que abiendole pegado fuego se habia quemado todo lo que cay fuera del agua; y aderesçandolo lo mejor que pudieron, pasaron todos de la otra parte de la laguna de Maracaybo, donde se alojo el campo, en tanto que Fedreman, juntamente con su yda a Coro, determinaba su viaje y la derrota que abia de tomar.

NOTAS AL CAPÍTULO X

(A) Pedro de Limpias y Sarmiento, que habia llegado con Ampiés á Venezuela, y se distingió en las jornadas de Alfinger y Federmán, era un hidalgo, natural de Burgos, según Castellanos, y montañés, según el Padre Simón.

Tenía gran facilidad para aprender las lenguas de los indígenas, y esto hizo doblemente valiosos sus servicios.

Como más adelante se dirá, acompañó á Huten en su expedición, pero indispuesto con su jefe deslució su historia, haciéndose merecedor de grave castigo, que no sufrió. Sirvió después á las órdenes de Carvajal, y tomó parte en la jornada de Alonso Pérez de Tolosa.

Fué uno de los fundadores de Tocuyo, en el que se estableció.

CAPITULO ONZE

En el qual se escribe vna guaçabara que los yndios dieron á los españoles, y el subceso de ella, y como pasando adelante y pasando por muchas poblazones y rrios cavdalosos, llegaron al rrio de Papamene.


Abiendo ya asosegado Jorge Espira a su gente del alboroto que entre ellos se abia levantado sobre yr en descubrimiento de las tierras y españoles que por notiçia les abia dado aquella yndia de quien atras queda largamente dicho, y estando casi de camino para pasar adelante, fueron juntos y conbocados esos pocos naturales que por aquella comarca abia, para acometer a los españoles y hazer en ellos el daño que pudiesen; y poniendo en efeto su determinaçion, vinieron de mano armada vn día muy de mañana, ya que quería amaneçer, que es la ora en que mas comunmente los yndios suelen dar en los españoles, y llegando a donde las velas o çentinelas estavan casi dormidas, arronjaron vna lança y dieron a vno de los que velaban en la rrodela que se la pasaron y juntamente con ella el cuerpo del que la tenia, que dende a poco murio dello, y con esto fueron sentidos los yndios por los demas españoles, los quales luego tomaron las armas para rresistir a sus contrarios; y los adereços de guerra que trayan estos naturales eran muy creçidas lanças de palma y rrodelas de anta y mucha cantidad de flecheria con rreçios arcos y grandes hondas de las quales vsaban con mucha destreza; eran muy çiertos en el golpe; trayan asi mesmo muy grandes ollas y gruesas cabuyas o sogas para atar a los españoles y guisarlos y comellos y celebrar vna muy buena comida, para el qual efecto trayan alli consigo a sus mugeres con los adereços de coçinar.

Ya que abia entrado el dia començose a trabar la guaçabara o pelea entre los vnos y los otros tan rreçiamente que casi estuvo por algun espaçio dudosa la vitoria; porque demas de que los yndios eran briosos y muchos, vsaban bien de todas sus armas, danificaban a los nuestros en gran manera con las piedras que les arrojaban con las hondas, que al caballo que vna vez açertaban con una piedra de las que tiraban nvnca mas lo podian hazer arrancar contra los yndios; y como en estas guerras la prinçipal fuerça sean los caballos, y los mas rrehusaban los encuentros con el terror96 de las piedras, daban mayor esperanza a los enemigos de conseguir la victoria, y era tanta la fuerça e ynpetu con que estos barbaros arrojaban vna piedra, que con ella quebraban vna rrodela hecha de macanas o de dvelas, que es bien rrezia y fuerte.

Viendo los nuestros el vigor y rresistençia de los contrarios, y quan en abentura estaba la vitoria desta guaçabara, enbio el governador Jorge Espira çincuenta soldados de a pie y quinze de a caballo que rodeando çierto trecho por detrás de vn monte o arcabuco pequeño que al vn lado se hazia, fuesen y diesen en las espaldas a los contrarios, con que los ahuyentasen, lo qual con la brevedad que el caso lo rrequeria fue hecho, y dando por las espaldas ynopinadamente de los enemigos, fueron heridos y muertos muchos de ellos, y como por ambas partes fuesen guerreados, dexando las armas, se dieron a huyr con mucha soltura, y asi obieron la bictoria los nuestros, avnque con algun daño que se recibio de heridas que dieron a particulares soldados y a muchos yndios del serviçio de los españoles, que tanbien salieron a la pelea.

Rrecogiose la gente, y porque los que salieron heridos fuesen curados y no puestos en el trabaxo del camino tan presto97, holgaron en este alojamiento otros quinze dias mas, al cabo de los quales prosiguio el Governador su descubrimiento por la halda de la sierra y fue a dar a vn pueblo que llamo el pueblo de Nuestra Señora, por respeto de que en el holgaron y estuvieron el dia de Nuestra Señora de Agosto, y este dia les hizo el Governador vn conbite a todos los soldados en rregozijo de las buenas nuebas que los yndios de aquel pueblo les daban de la prosperidad de tierra y naturales y rriquezas que adelante dezian que abian a fin de echar a los españoles de su tierra. Y aqui, asi mesmo, hizo esta gente çierta promesa a Nuestra Señora porque les encaminase aquello que deseaban.

Este pueblo de Nuestra Señora, cerca de donde al presente esta poblado vn pueblo despañoles dicho San Juan de los Llanos, que por via del Nuebo Rreyno poblo el capitan Avellaneda, es por donde despues vino a entrar el tiniente Fedreman en el Nuebo Rreyno, como adelante diremos en esta misma Istoria. Hallaron en este pueblo de Nuestra Señora vn buhio o casa de admirable grandeza; tenia de largo dozientos pasos y cada frente dos puertas grandes, y segun despues se supo, era este buhio tenplo de aquellos barbaros, donde hazian sus sacrificios al sol, a quien tenían por Dios, y en el tenían muchas donzellas recogidas, que eran ofreçidas como en sacrificio de sus padres, con las quales estava vn yndio viejo, que era como el sacerdote para aquellos ofrecimientos, el qual tenia cargo de predicar aquellas mugeres lo que conforme a sus preçetos abian de guardar. Tenian en este buhio cantidad de todo genero de mantenimientos para el sustento de aquellas ençerradas donzellas.

Pasadas las fiestas y rregoçijos; que no debieron ser pocos los que se hizieron con las buenas nuebas de la tierra de adelante, prosiguieron su viaje, y al salir del pueblo de Nuestra Señora, ya que yvan marchando, salieron á dar en los españoles cantidad de yndios de aquella provinçia, los quales se abian juntado para dar en el alojamiento de los españoles y alli danificarlos todo lo que pudiesen, porque les pareçia mal la mucha tardança y entretenimiento que en su tierra hazian, y tan mal libraron en este acometimiento del camino como libraran si en el alojamiento acometieran; porque luego la gente que allí yva de a caballo dio en ellos, y alançeando muchos de los que en la delantera yvan fueron façilmente rrebatidos y desbaratados, de suerte que no tornaron a dar mas desasosiego al canpo que caminaba.

Aquel dia propio fueron los nuestros a alojarse a vn lugar o pueblo que estaria dos leguas del de Nuestra Señora, cuyos moradores abian sido llamados y llevados para la guaçabara o pelea que con los españoles tubieron; y como otro dia acudiesen a sus casas y alrrededor de ellas encontrasen los caballos que andaban sueltos paçiendo, eran tan opresos del temor que en la guaçabara del dia antes abian cobrado, que sin osar ni poder bolber atras ni pasar adelante, se dexaban caer en el suelo y metiendo las cabeças y rrostros entre la paja dexaban los cuerpos descubiertos, como suele hazer la perdiz quando es perseguida del caçador. Deste pueblo paso nuestra gente adelante en su descubrimiento, y llegaron a vn rrio llamado Oriare o Oguape, rribera del qual avia algunos naturales poblados, de lengua guati. Alojose el Governador en la rribera deste rrio por yr algo creçido. Los naturales que de la otra parte estaban contrataban con los nuestros, avnque no con mucha seguridad, porque pasaban el rrio en canoas con algunas comidas, y quando llegaban çerca de tierra dezian a los españoles que pusiesen el rrescate a la lengua del agua y que se arredrasen afuera, y con esto llegaban los yndios y tomando el rrescate que les daban, dexaban98 alli las comidas que trayan, y se bolvian sin querer mostrar su conversaçion; y pareçeme que lo hazian astutamente, pues si cayan en poder de aquella gente que venian hechos a tomar todo lo que abian menester graçiosamente, se abia de hazer lo mismo con ellos, y avn si pasaban sin derramamiento de sangre, seria muy gran merced que se les hazia.

Estos yndios, pensando asonbrar a los nuestros, hazian en sus pueblos, que estaban a la rribera de aquel rrio Ariare, muy grandes candelas o fuegos toda la noche; y vna de las noches que alli estuvieron los nuestros, de rrepente, alzaron los yndios muy gran grita y bozeria que cavso alguna admiraçion entre los españoles, y procurando ynquirir y saber que fuese la cavsa de aquel alboroto y grita, era que en aquella sazon abia hecho eclise la luna, y conforme a las suprestiçiones questos yndios vsan, tubieronlo por mal pronostico y señal, como que por aquel eclibse les abia de sobrevenir hambre o mortandad, y para rremedio destos males o en venganza del pronostico y señal que la luna les abia dado, se ayraban y enojaban contra ella arrojandole muchos tizones, y palos y piedras y otras cosas que a las manos abian. Con el mismo ynpetu los prinçipales y señores, siguiendo la misma furia y suprestiçion de sus subditos, tomaban las macanas, que son sus armas, y davan muy grandes golpes en los arboles que topaban, en señal de vengança contra la luna, y bolviendose a los yndios sus vasallos, los consolaban diziendo que no temiesen las calamidades que rrepresentaban los prodigios de la luna, que ellos lo rremediarian todo con grandes sementeras que harian para su sustento y mantenimiento, y con esto se aplacaron.

Los nuestros, buscando vado, pasaron el rrio muy apartados de la poblazon dicha, y prosiguiendo su descubrimiento por la halda de la cordillera que a mano derecha llevaban, fueron a dar a vna provinçia que tiene vn rrio llamado Guavyare, y por la lengua de los naturales Camicamares, cuyos naturales salieron al encuentro al Governador Jorge Espira y a los suyos, por los quales99 fueron façilmente desbaratados y ahuyentados; y no deteniendose en esta provinçia prosiguieron adelante y llegaron a vn pueblo de çierta gente llamados guayupes, cuyos moradores esperaban a los nuestros en sus propias casas con las armas en las manos; y para rrepresentar con mas feroçidad la brabeza de sus personas, que eran muy creçidas, estaban todos vntados con el çumo de çiertas mançanas que en comun llaman xaguas, con lo qual eran bueltos muy negros. Estas xaguas es cosa muy vsada en las Indias, casi tanto como la bixa, betun colorado de que tanbien, como en muchas partes desta Istoria e tratado, vsan los yndios e yndias mucho.

Estaban estos barbaros desnudos, en cueros, para mejor vsar de la ligereza de sus personas, y con esto se abian enborrachado con aquel brebaje de que vsan todos los yndios en general, que es o de mayz o de aquella rrayz llamada yuca; porque tenian estos yndios, y sin ellos otros muchos, que saliendo borrachos a la guerra o pelea, llevan consigo mas vigor y fuerza y coraje. Mas todas estas ynvençiones no les aprovecharon cosa alguna, porque avnque en el primer acometimiento que nuestros peones les hizieron se defendieron muy bien, luego que llegaron los de a caballo fueron con façilidad rronpidos y desbaratados y puestos en huyda. Los nuestros saquearon el pueblo, y alojaronse alli aquel dia, y el siguiente se partieron para adelante, y en pocos dias llegaron a vn rrio cavdaloso, llamado Papamene, que en lengua de aquellos naturales quiere dezir rrio de plata, rribera del qual se alojaron para dar horden en su pasaje y en buscar vado para ello y aber algunos yndios naturales de por alli que los guiasen adelante.

CAPITULO DOZE

Como teniendo Jorge Espira paz con los yndios del Papamene paso el rrio, y atrabesando la tierra deste nombre, fue a dar, con guias que de alli tomo, a los Choques, de donde embio vn cavdillo con gente a descubrir lo que adelante abia.


Alojado Jorge Espira rriberas del rrio Papamene, luego los naturales de aquella provinçia, admirados de ver aquella nueba manera de gentes, barbadas y bestidas y en toda manera de bivir muy diferentes de ellos, començaron a çercar rrecatadamente a los nuestros, para mejor vellos y rreconoçellos, lo qual visto por el governador, començo a llamallos por señales que les hazia y por algunos ynterpretes que traya, que avnque torpemente entendian en alguna manera aquella lengua. Los yndios, entendiendo por las señas que veyan que los nuestros querian su amistad y trato, tomaron la comunicaçion que les pareçio mas segura y de que menos se podian aprovechar los españoles para rresistirles, y metiendose gran cantidad de ellos en canoas, se vinieron por el rrio açercando a donde estaban alojados los españoles, los quales no dexaban destar muy rrecatados y sobre el aviso, viendo que los yndios abian vsado de aquella destreza y que para venillos a ber se abian juntado mas de treçientas canoas.

Començaronse a tratar los vnos con los otros por via de rrescate y mercado, porque los yndios trayan cantidad de pescado asado en barbacoa y otros generos de comidas de que ellos vsan, y a trueque dello pedian de lo que los españoles trayan100, y lo que mas les agradaba eran cascabeles, por los quales daban mas que por otro ningun genero de rrescate de los que los españoles trayan; y con este genero de contrato vinieron los yndios a perder el temor y a darse mas a conversaçion con los nuestros, de suerte que vinieron a saltar en tierra y a entrar muy sin temor en el alojamiento de los españoles. Viendo esto el Governador, procuro ynformarse destos yndios de la noticia que adelante avia o tenian de gentes y oro, los quales como si estuvieran en los coraçones de los nuestros, asi les pintaban por palabras lo que yvan a buscar, diziendoles que en tiempos pasados sus mayores abian ydo a guerrear con çiertas gentes que adelante de ellos estaban, de donde abian traydo gran cantidad de oro y plata; y como era cosa que los españoles y su Gobernador mucho deseaban aber, no pusieron ninguna duda en ello, mas tomando de aquellos propios yndios quatro o çinco para guias y lunbre101 de aquella tierra, levantando sus tiendas pasaron el rrio de Papamene, y caminando por donde los yndios les llevaban, fueron a dar a vnas provinçias llamadas los Choques, tierra bien poblada avnque arcabucosa y muy doblada y los naturales de ella muy belicosos e yndomitos y de muy mala disistion102 y condiçion y gente muy diestra y animosa en el gerrear, y asi vsan de lanças muy largas de palma, a las puntas de las quales tienen puesto vn pedaço de vna canilla de vn yndio, muy delgada y afilada, y enxerida alli con hilo, con que hieren rreziamente a sus contrarios. Vsan para su defensa de rrodelas de palo, muy rrezias y muy ligeras, y en la manija de la rrodela traen sienpre puesto vn pedaço de çierto genero caña que en esta tierra y en otras muchas ay, y tan agudo como qualquiera nabaja, avnque no tan rrezio ni tan turable, para en hiriendo el yndio degollallo y cortalle la cabeça. Es gente que come carne humana toda ella en general, hasta las mugeres, por lo qual se mueven grandes gerras entre si vnos con otros, y por comerse no tienen ley el padre con el hijo y el marido con la muger. Estan muy juntos los pueblos vnos con otros, pero fortaleçidos con palenques de gruesos maderos por lo poco que entre ellos tura la amistad. Al tiempo de yr a hazer sus sementeras llevan consigo sus armas, y con la vna mano caban y en la otra tienen la lança y la rrodela, porque como todos andan enemistados por sus continuas gerras en ninguna parte tienen seguridad. Es tierra de muchas aguas y rrios y muy humida y manantiales, y por esto mal sana para españoles(A).

Entrando Jorge Espira en esta provinçia de los Choques se alojo en la parte mas comoda y descubierta que le pareçio, donde dende a poco tiempo llegaron vnas yndias naturales de aquela provinçia, que trayan en las manos çiertas vasijas de agua con vna manera de ysopos hechos de cabuya, ques como cañamo, los quales mojandolos en el agua començaron a asperjar a los cristianos, y descurriendo por todos con su manera de salutaçion, luego les comencaron a labar los pies a algunos y beverse el agua con que los lababan y comerse qualquier cosa que podian aber de las vñas de los pies o carnosidad y otras inmundiçias que alli se suelen criar o pelos que de la barba se les cayan, suprestiçion o çerimonia bien sucia a mi parecer, y hecho esto, estas barbaras comencaron a hablar muchas cosas en su lengua, de las quales los nuestros no pudieron entender ningunas por falta de ynterpretes, porque los que del Papamene avian sacado, en el camino se les abian huydo por negligençia de las guardas que los trayan a cargo; y con esto se bolvieron a yr las yndias por el camino por do avian venido y nunca mas bolvieron.

Los yndios desta provinçia, avnque entre si estavan discordes en esta sazon, se confederaron para dar en los españoles, y tomando todos de conformidad las armas, rrebolvieron con ellas sobre los nuestros, teniendo por muy çierta la vitoria por la gran confianza que de si tenian en casos de guerra. Mas en todo se hallaron burlados de sus desinos, porque al acometer a los nuestros fueron dellos rebatidos, y luego acudieron los de a caballo, y dando en ellos hirieron a muchos, y fueron desbaratados y ahuyentados en breve espaçio de tiempo, y con no salilles este acometimiento con la prosperidad que pensaron, nunca dexavan de acometer a los nuestros y venir cada dia sobre el alojamiento a dar gritos y desasosiegos y a hazer daño en los yndios del serviçio de los españoles, porque poniendose los propios yndios choques en enboscada çerca de donde estavan rrancheados los españoles, les tomaban algunas pieças que salian del alojamiento a buscar agua, o leña y otras cosas necesarias.

El Governador, queriendo saber que tierra era aquella y las poblazones della, mando a vn su maese de canpo, llamado Estevan Martin, que con çinquenta peones y quinze de a caballo saliese a bisitar y ver aquella tierra y rreconoçer lo que en ella abia; y salido este capitan con la gente que se le dio, nvnca se pudo apartar mucho del alojamiento, a cavsa de los muchos manglares y otros estorvos que abia, por donde no podian ni pudieron jamas pasar los caballos, que se les sumian casi todos por entre las muchas rrayzes de arboles que sobre la haz de la tierra abia, que son los llamados manglares y pantanos o tremadales, de suerte que de toda ymposibilidad no podian llevar caballos, y asi se bolvio Estevan Martin con la conpañia a donde el Governador estaba, y le dio cuenta y rrazon del ympedimento que abia tenido para no pasar adelante a hazer lo que le abia mandado; el qual torno a mandar al propio capitan Estevan Martin que dexando los caballos fuese con çinquenta compañeros y viese aquella tierra y lo que en ella abia.

El Estevan Martin era honbre vaquiano en las Indias, que es lo mesmo que ysleño y de espiriença suficiente, y vno de los que escaparon de la jornada de Miçer Ambrosio, el qual, como atentadamente abia considerado la dispusiçion de aquella tierra y la desverguença y atrevimiento de los naturales della, pesole de que el Governador tornase a mandar que fuese con gente de a pie y sin caballos a vella, y tubo empacho de decirle al Governador que no queria yr o que no convenia aquella yda, porque no dixesen que lo hazia de flaqueza o temor. Solamente le dixo: vuestra señoria, obstinado en su primer acuerdo, me manda yr entre gente tan belicosa y gerrera como esta es y de sierra y montaña, y que comen carne humana, y a pie y sin caballos; plega a Dios que bolvamos aca alguno de los que alla vamos, porque yo por mi cuenta hallo que esta gente es mas belicosa que otra alguna de quantas he visto ni andado, y que abremos bien menester las manos. El Gobernador, pasando por lo que su maese de canpo Estevan Martin abia dicho, torno a mandar que saliesen los que estavan apercebidos, y que si no querian ber lo que en aquella tierra abia, que apartandose de la poblazon de la provinçia de los Choques donde estavan, pasasen a descubrir y ver lo que adelante abia; con lo qual se despidio y aparto Esteban Martin con sus çinquenta compañeros, y dexando las poblazones que çerca del alojamiento estaban, paso adelante por tierra muy cerrada y sin caminos y por entre çienegas y arroyos que fatigavan y afligian demasiadamente la gente que consigo llevaba, lloviendoles muy continuos aguaceros de noche y de dia; y despues de aber caminado tres o quatro dias con harto trabaxo, ya que estaban para dar la buelta al rreal, por parecelles de ningun efeto ni provecho aquel su caminar, deparoles su fortuna vna angosta senda o caminillo pequeño e ynvsitado por el qual caminaron otros dos dias, y al tercero, ya tarde, dieron en vnas labranças de yndios, y en vna tierra muy doblada y quebrada y rrazonablemente poblada por los altos, donde encontraron vn camino ancho y bien seguido, y caminando por el anduvieron toda aquella noche baxando quebradas o arroyos muy hondos, y subiendo a lo alto. Ya que era çerca del dia, llegaron junto á vn pueblo o lugar de hasta treynta casas que en lo alto de vn çerro estaba fundado de tal suerte que con las propias casas hazian o çercaban vna plaça de mediano grandor, de condiçion que sino era por las propias moradas de los yndios no se podia entrar en la plaça, y estas eran llanas a manera de rramada, eçeto que a vn canto de cada buhio estava hecho vn rretrete o partadixo para dormitorio de los moradores, y el rrestante estaba lleno de grandes atanbores y otros ynstrumentos de que aquellos yndios vsaban.

El capitan Estevan Martin se detuvo antes de entrar en este pueblo por poner en conçierto su gente, que como habia caminado toda la noche venia algo desconçertada y avn cansada, y los yndios del serviçio y carruaje que trayan muy entendido por el camino.

NOTAS AL CAPITULO XII

(A) «Acabada esta nación hay otra de indios que llaman Choques: estos comen carne humana; no tratan ningund género de oro: comen arañas, hormigas y culebras y todo género de ponzoñas: tienen razonables pueblos en una tierra doblada de serrezuelas y montosa: es gente que pelean en esquadron como soldados; su pelea es con rodelas de madera, bien hechas, pintadas con soles y estrellas, con dardos; son demasiadamente diestros destas armas, y quando vienen á buscar los españoles, vienen muy en orden y paso á paso, y danse poco por los españoles, y como los de á caballo rompen por ellos, que se veen quitados de su esquadrón, facilmente los matan y desbaratan. Por esta nación de Choques llegó Felipe de Huten más adelante que el gobernador Jorge de Espira, y llegó al rio Marañón, por donde del Perú bajó Orellana con dos bergantines. Toda esta tierra que hay desde Bariquicimeto al dicho rio del Marañón es tierra perdida, porque hay pocos indios, y los que hay pobres y huidos por los montes á causa de los dapños de los españoles y gente de guerra». (Relación de las tierras y provincias de la Gobernación de Venezuela, que es á cargo de los alemanes, por el licenciado Juan Pérez de Tolosa. Colección Muñoz.)

CAPITULO TREZE

En el qual se escrive la pelea que los españoles obieron con los yndios del pueblo que abian topado, y como rretirandose hazia el alojamiento, fueron tanbien acometidos y maltratados de otros yndios que en el camino avia.


Como los yndios del serviçio y carruaje que Estevan Martin llevaba venian muy derramados, no se llegaron ni juntaron tan façilmente como el cavdillo pretendia, el qual viendo que la luz del dia se açercaba, y pareçiendole que era mejor ocasion y mas açertado dar en el pueblo con el velamen y escuridad de la noche, dexo a Nicolas de Palençia, que despues fue vezino en Panplona, en el Nuevo Rreino, para que rrecogiese la gente que faltaba, y el con la mayor parte de los soldados que llevaba, dio en el pueblo, moviendo algun tumulto y alboroto en las primeras casas, porque como los moradores dellas sintiesen sobre si gentes y armas extrangeras y eran heridos y maltratados de los españoles, alcando sus bozes y griteria dieron á entender a los demas del pueblo, el afliçion en que se vian y la entrada de los nuestros en su tierra, y asi toda la otra gente del pueblo, tomando las armas en las manos, acudieron aquella parte donde mas bulliçio abia, y dando en los españoles que andaban algo derramados, los costriñeron y forçaron a que se recogiesen a vn cuerpo y esquadron, con los quales pelearon buen rrato sin que de ninguna parte se rreconociese ventaja ni el daño que se hacia por la escuridad de la noche; y como los yndios tenian ventaja a los nuestros en el conoçimiento del lugar y en el nvmero de gerreadores, forçaronlos a que, desanparando de todo punto el pueblo en el qual avian peleado gran rrato, se rretirasen fuera del a çierto sitio donde se fortificaron y entretuvieron hasta que la demas gente que atras avia quedado, llego, y en este tienpo ya los yndios avian lastimado y herido algunos soldados y muerto algunos yndios ladinos de los que al prinçipio llegaron, que se esparcieron por el pueblo a rranchear y hurtar lo que abia, como por costumbre lo tenian, mas estos eran facilmente muertos de los naturales con lanças que los atrabesaban por el cuerpo.

Juntos, pues, todos los españoles, rrecobraron el animo perdido, y dando con muy buen brio y coraje en los yndios, los hizieron rretirar, avnque con harto trabaxo y rriesgo, porque como las armas que aquellos barbaros tenian eran lanças muy largas y rrodelas y peleavan a pie, quedo y con buen conpas, con dificultad les podian entrar los nuestros, ni hazelles daño, mas al fin, como he dicho, ellos hizieron rretirar a los yndios y tornaron á ganar el pueblo y lugar que abian perdido, con lo qual los yndios perdieron el animo y no apretaban a los nuestros con la furia que de antes. Rreconocieron façilmente los españoles la floxedad de los yndios y el poco brio con que peleaban, y aprovechandose de la ocasion y no perdiendo punto, siguieron su vitoria, y avnque con trabaxo muy grave los desbarataron y de todo punto los ahuyentaron y echaron del pueblo.

Los barbaros, no apartandose mucho del lugar, pusieron las rrodelas sobre las cabeças, porque llovia muy rreçiamente y siempre abia llovido durante el tienpo de la guaçabara, y estuvieronse alli esperando a que amaneçiese para rreconoçer y ver que genero de gentes eran las que con tanto ympetu los abian echado de sus casas y pueblo. Los nuestros, para poner mayor temor en los animos de los yndios y amedrentallos por todas vias, y para señorear mejor aquel sitio, pusieron fuego al pueblo y quemaronlo todo, sin que dexasen en pie mas de solas tres casas que estaban algo desbiadas de las demas, en que guarecerse del agua y alojarse el tiempo que alli estuviesen.

Llegado el dia, los yndios se estaban bien cerca de los españoles, como antes lo abian hecho, con sus armas en las manos, sin moverse, espantados y admirados de ver quan poca gente les abia hecho tanto daño. A los nuestros no les pareçio bien la osadia destos barbaros, estarse tan desvergonçadamente alli junto, y hablandoles con vn ynterprete que trayan, que los entendia torpemente, les dixeron que si alli se detenian mucho que verian el fin de sus vidas, porque demas de ser ellos gentes que a otras muchas e ynvmerables naçiones abian sujetado y arruynado, abian enbiado a llamar vn gran nvmero de compañeros que atras abian dexado, los quales, llegados que fuesen, pensaban, no solo a ellos, mas a todos los que en aquella provinçia obiese, destruyllos y asolallos. Los yndios rrespondieron que a ningun genero ni nvmero de gentes temian, porque ellos y los demas que en aquella provinçia bivian estaban hechos a las armas y eran de animos ynbencibles, y que avnque por las continuas gerras que entre si tenian, bivian discordes, que para aquel efeto se confederarian, y que si entonces los españoles los vençiesen, creerian que abian vençido y sujetado otras muchas gentes, como dezian, y que dignamente mereçerian ser señores de ellos. Platica y rrespuesta fue esta, por çierto, a mi parecer, bien semejante a la que vn capitan de los misios, dio, en tiempo de Otaviano, emperador, a Conidio, su capitan, que siendo enbiado con el exerçito a sujetar estas gentes que (se) abian rrebelado, ya que los exerçitos de ambas partes estaban para conbatirse, vn capitan de los misios, haciendo señal, mando callar a los de su exerçito y preguntando en alta voz a los del exerçito rromano «quien soys vosotros», le fue rrespondido: somos los rromanos, señores de todas las gentes; rreplico el capitan de los misios: «asi será si a nosotros nos sujetaredes y vencieredes».

Los nuestros ynçitaban a los yndios a pelear, mas ellos, no quiriendo moverse de donde estavan, no hazian caso de lo que se les dezia, lo qual, visto por los españoles, movieron sus armas contra los barbaros para echallos de aquel sitio do estaban y hazellos cobrar temor, lo qual fue de ningun efecto, porque esperando con obstinados animos los yndios a los nuestros, sin haçer ningun movimiento del lugar donde estaban, los rrebatieron sin rreçebir ningun daño[1], antes al tiempo del acometer hirieron con sus largas lanças algunos de los nuestros; y avnque diversas vezes los españoles yntentaron ahuyentar y echar estos yndios de su presençia y castigallos de su rrustica desverguença con que tan llegados á los nuestros estaban, nunca lo pudieron hazer; lo qual visto por el cavdillo, pareçiendole que si muchos naturales de aquella naçion se juntaban, façilmente los desbaratarian y matarian toda la gente, porque aquellos pocos yndios los tenian como çercados, sin dexallos yr a vna parte ni a otra103, acordo rretirarse de noche, porque estando a esta ora algo descuydados los enemigos que sobre si tenian, pudiesen mas seguramente, bolviendoles las espaldas, caminar; y aquella propia noche, despues del primer gallo, se retiraron por el propio camino por do abian entrado, y fueron al tiempo que amaneçia a dar a otro lugarejo que abia dexado atras, de hasta treynta casas, cuyos moradores estavan ya abisados y convocados por parte de los del pueblo de donde los nuestros se abian rretirado, para que tomasen las armas contra ellos.

Y saliendo estos yndios de mano armada dieron en los españoles que yvan marchando y cansados de los trabajos pasados, en tres partes, y haziendoles desconçertar de la hordenança que llevaban, los costriñeron a que divididos los españoles acometiesen a hazer rresistencia en los yndios conforme a como les abian acometido, y asi los de la vanguardia, que yvan subiendo vna questa hazia el pueblo de los yndios, se tuvieron con los enemigos, hasta que matando algunos dellos los hizieron desamparar el paso y el pueblo y rretirarse bien a lo largo. Las otras dos partes de los españoles fueron tan apartadas y maltratadas de los yndios que si no fueran socorridos de los que abian desbaratado al primer esquadron de la vanguardia, pereçieran los vnos y los otros. Salio herido desta rrefriega el cavdillo Estevan Martin, de siete lançadas bien peligrosas, con las quales disimulo sin ser sentido de los suyos porque no desmayasen, hasta que del todo fueran desbaratados los yndios, y los españoles, avnque maltratados y muchos dellos muy mal heridos, rrecogidos al pueblezuelo, donde cada vno mostraba los despojos que de la guaçabara en el cuerpo abia sacado.

Los yndios de la tierra, al tiempo que acometieron a los españoles, les abian tomado todo el carruaje y servicio y rropa que llevaban, y despues de pasada la guaçabara y aber perdido la vitoria por no conocer la ocasion y tiempo que para ello tuvieron, se venian çerca de donde los españoles estaban rrecogidos, y haziendo muy menvdos pedaços toda la rropa que abian tomado, lo ponian en las puntas de las lanças, y dando muy grandes bozes, la arrojaban, hasta que desta suerte lo despendieron todo, sin quedarse con cosa ninguna. Los nuestros curaron sus enfermos o heridos lo mejor que pudieron, y deseando conservar sus vidas, procuraban modo como rretirarse hazia donde el governador Jorge Espira estaba, escapado de aquel rriesgo y notable peligro en que se veian; porque ni eran parte para caminar seguramente ni para sustentarse alli algun tiempo, ni entre ellos abia español que de noche se atreviese a guiar por el camino por donde abian entrado. En esta rrefriega se dize que abiendo llegado vn español, llamado Valdespina, mal herido, al pueblo donde estaban rrecogidos los de la vanguardia, los dixo que su capitan quedaba ya em poder de los yndios muy mal herido, e que en aquella sazon seria ya muerto. Algunos de los que alli estaban se afligieron demasiadamente, dando muestras de aber perdido el animo con palabras flacas, diziendo que pues el capitan abian muerto, que tambien a ellos matarian los yndios, a lo qual rreplico Nicolas de Palencia rreprehendiendo su pusilanimidad con palabras asperas y eficaçes, diziendo que el capitan no era mas que vno ni peleaba mas de por vno, e ya que lo obiesen muerto ellos eran honbres para defenderse y ofender a los enemigos, y que a esta sazon llego el cavdillo Estevan Martin disimulando con las heridas que traya y rreprehendio a los que con la nueba de su muerte abian desmayado, y enbio a socorrer la demas gente como muy buen capitan; y fue çierto que los yndios lo tubieron en su poder, y que mediante ser faboreçido de otro soldado escapo de sus manos.

Estando, pues, en esta afliçion estos atribulados soldados, sin esperança de ningun rremedio, fue abierta divinalmente la boca de vn yndio ladino de los que alli abian escapado, el se prefirio de llevar de noche a los españoles por el propio camino que abian traydo, al alojamiento do estaba Jorge Espira. Fue esta voz del yndio ocasion de mucho plazer a aquella atribulada gente, avnqne se hallaban apartados del Governador mas de veynte leguas de muy mal camino, aspero y çenagoso, y el tiempo muy metido en aguas, que casi no cesaba de llover de noche ni de dia, y avnque los españoles que estaban sanos tenian, como he dicho, grande voluntad de conservar sus vidas, desanimabalos muy mucho aquel triste espetaculo que de muertos y heridos delante de si tenian; porque algunos que por sus mortales y peligrosas heridas no podian caminar, los abian de llevar en hamacas, cargados sobre sus propios honbros, por aquella asperisima tierra, de noche y lloviendo, con lo qual se les hazia mas dificultosa y dura la esperança de verse fuera de aquel peligro en que estaban entre aquellos barbaros que no çesaban de tenellos çercados y ponellos continuas açechanças. Estos yndios eran tan bien de la propia naçion y generaçion de los choques, donde Jorge Espira estaba alojado.

CAPITULO CATORZE

En el qual se escrive como venida la noche los españoles se rretiraron, llevando a questas sus enfermos, algunos de los quales dexaron en el camino, y llegaron al alojamiento donde Jorge Espira avia quedado.


Estando perplexos los españoles con las consideraciones dichas esperando la noche para con el amparo de la oscuridad y la guya que tenian, salir como pudiesen de aquel pueblo, cada qual blasfemaba y maldezia la loca determinaçion de aquel su Governador extrangero, que con ynconsiderada obstinaçion los abia puesto en aquellos trabaxos, no dexandose rregir por los que mas entendian de aquella horden y disciplina de guerra; porque como se a dicho, Estevan Martin, a quien estos soldados tenian por cavdillo, herido de crueles lançadas que los yndios le abian dado, avia rrehusado la salida, y por lo que abia visto hazer a los naturales y por la dispusiçion de la tierra y el tiempo que les era contrario, pronostico su perdiçion y daño, y dandoselo a entender al governador Jorge Espira, los abia hecho salir muy contra su voluntad aquella jornada, y por eso puesto en la calamidad en que estavan.

Venida la noche la gente determino de con el trabaxo que se les ofreçia rretirarse, y adereçando quatro hamacas en quatro palos, pusieron en ellas quatro españoles que abian mal herido, que no podian caminar, y cargandolos sobre los honbros, guiandolos el yndio ladino, comencaron a caminar. Estos heridos que en hamacas se cargavan, eran el cavdillo o capitan Estevan Martin y vn Valdespino104 y otros dos españoles; y para que con el silençio de la noche los yndios no entendiesen o presumiesen que se abian rretirado los españoles, ataron vn perro que consigo tenian en vno de los buhios donde estavan rrancheados, y como el perro quedase y se viese solo no ceso de ladrar y avllar muy rreçiamente toda la noche, con el qual estruendo o rruydo, avnque despues, el siguiente dia, era ya tarde, siempre creyeron estarse los españoles dentro, en los buhios.

Los nuestros caminaron toda aquella noche con sus enfermos cargados y aconpañados de muy rreçios aguaçeros que les hazian sentir el trabajo doblado. La tierra era aspera y doblada; los arroyos venian muy creçidos, que casi los pasaban a nado, y con no parar toda la noche, quando amaneçio se hallaron apartados poco mas espaçio de media legua de do abian salido, y los soldados tan cansados y afliguidos del trabaxo pasado de la noche, que con palabras asperas deçian que antes querian pereçer y morir, y con la muerte dar fin a sus ynfortunios, que tolerar ni sufrir aquella carga y trabaxos que llevaban, por lo qual entre todos se tomo vna determinaçion no menos cruel que neçesaria a su salud, y fue, que llevando consigo cargados al Capitan y al Valdespinosa105, se dexasen alli los otros dos soldados heridos, que por estar ya infiçionados del frio y casi pasmados, no se tenia ninguna esperança de su salud; y poniendo en execuçion esta su determinaçion, tomaron los dos soldados y apartandolos buen trecho del camino, porque no fuesen hallados de los yndios, les dixeron que en pasando los otros dos enfermos vn rrio que çerca de alli estaba, bolverian por ellos. Los soldados, sintiendo mas quel propio morir, aquella crueldad que en dexallos en aquellas montañas con ellos se vsaba, y entendiendo que no abian de bolver mas por ellos, solamente les dixeron con palabras muy aconpañadas de lagrimas, que ellos bien entendian quan al cabo y en lo vltimo de sus vidas estaban y lo poco que podian bivir; que solo les pesaba de no hallarse al tiempo de su muerte entre cristianos, para con mas animo pasar aquel transito; y con esto los dexaron con harta pena, y apartandose dellos vinieron con los otros dos cargados a la orilla de vn rrio cavdaloso, que pasaron por vnas puentes de bejucos bien peligrosas y de gran rriesgo.

Pasado este rrio, luego alli, en su rribera, se alojaron los nuestros para descansar del trabaxo pasado, porque estavan alli ya con alguna seguridad de que los yndios no les podían hazer mucho daño, a cavsa de que dexavan atras todas las poblazones de quien se temian. Pusieron sus çentinelas y guardas de gran rrecado en las puentes, y estuvieronse quedos hasta que escanpase, para poder hazer lumbre con que callentarse y alegrarse, que de otra cosa no les podia aprovechar por no traer consigo ninguna cosa de comer que tuviese necesidad de llegar al fuego.

Luego que pasaron este rrio, vn soldado llamado Pedro de la Torre, que era muy buen peon, deseando la salud y rremedio de sus conpañeros, les dixo que avnque desde donde estavan al alojamiento de Jorge Espira abia çerca de veynte leguas, que le diesen licençia y quel se pondria en aquel dia donde la demas gente estaba, y daria aviso para que les enbiasen socorro y comida; y viendo todos lo que les ynportaba venilles al camino algo que comer y quien les ayudase a llevar la carga de los enfermos, le dieron liçençia a este Pedro de la Torre, el qual se dio tanta priesa a caminar que aquel dia llego donde el Governador estaba y le dio aviso de lo que pasaba: y poniendo en ello luego rremedio el Governador mando adereçar para que otro dia saliesen soldados con comida a rreçebir y faboreçer a los que escapando de las manos de los barbaros por particular graçia que Dios les quiso hazer, yban con el trabaxo que se a dicho; los quales descansando aquel dia rribera del rrio de las puentes y tiniendo por particular comida y rrefrigerio vnos cuescos de çiertas palmas silvestres que asandolos comian vn poco de tuetano que dentro de si tenian, otro dia marcharon con sus enfermos a cuestas y caminaron como dos leguas, y al tiempo que se rranchearon se les murio Valdespina, vno de los dos que llevaban cargados, con que se les alivio algo el trabaxo; y prosiguiendo su106 poco a poco su camino, salieronles al encuentro los soldados que Jorge Espira enbio con alguna comida, con los quales se holgaron, y juntos todos llegaron en pocos dias a donde su Governador estaba, que no poco le peso de ver la perdida de los suyos, espeçialmente de ver quan mal herido venia el capitan Estevan Martin, en cuya salud procuro el Governador poner todo el rremedio posible; mas como las heridas eran tan peligrosas aprovecho todo poco, porque dende a pocos dias murio, cuya muerte dio harta pena a todos los del canpo generalmente, por ser esto honbre de prinçipal yngenio y de mucha espiriençia en las cosas de Indias.

Estuvo en esta provinçia de los Choques Jorge Espira mas de vn año, sin poder salir de ella a cavsa de las muchas aguas que continuamente caen sin çesar, que casi pareçe que en esta tierra no se conoçe ni saben quando es verano; en el qual tienpo se le murio y enfermo la mayor parte de la gente, y cada dia se le morian, y asi mesmo los caballos, que como no gozavan de ningun buen hervaje criaban dentro, en el buche, gran cantidad de lonbrices que los matavan; y hazia tanta falta la muerte de los caballos que despues de la perdida de los españoles no abia cosa que mas se sintiese.

CAPITULO QUINZE

En el qual se escrive como despues de aber Fedreman pasado la laguna se fue a Coro, y enbio toda la gente por la tierra alta, la via de las provinçias del Tocuyo, con el capitan Diego Martinez, y lo que en el camino le subcedio hasta llegar a Carora.


Engolfeme tan de golpe en los tristes espectaculos y subcesos107 de la jornada del governador Jorge Espira, que casi me abia olvidado de proseguir adelante con lo que su teniente y su gente hizo despues de pasada la laguna. Mas como esto no aya sido en mi mano claramente lo podra ver el lector, pues no era justo dexar quebrado el hilo de la Istoria en vn lugar tan calamitoso y donde la fortuna mas cruelmente quiso mostrar su potencia y furia mutable contra aquella gente y de vna bana esperança que les abia dado de rriquezas y prosperidades, convertirsela en hanbres y enfermedades y muertes y otras adversidades e ynfortunios, y al fin, sin dalles algun contento ni alegria despues en ningun tiempo, les forço a que se bolviesen a do abian salido, como adelante se vera.

El tiniente Fedreman, pasada su gente la laguna de Maracaybo, se determino en que toda ella, con el capitan Diego Martinez, natural de Valladolid, se fuesen por la tierra alta y serrania, llamadas las provinçias de Carora, a dar al valle que dizen de Tacarigua, y que alli lo esperase para juntandose el otra vez con su gente, meterse en los llanos en demanda de la notizia de Meta; y avnque su governador Jorge Espira abia llevado la misma derrota, hazia cuenta Fedreman que la tierra era ancha y larga, y que en tomando çertidumbre del camino o biaje que el Governador llevaba, apartarse el de sus pisadas y seguir por otra derrota.

Apartose Fedreman con algunos de aquellos capitanes amigos suyos, y fuese la bia de Coro, para ver si hallava la que pretendia y aver algunos soldados y otros pertrechos de guerra, e yr despues por la via de la mar en alcançe de su gente. El capitan Martinez prosiguio su viaje, como le abia sido mandado por su General, caminando por lo alto, con alguna falta de comida, que llevaba algo fatigada la gente.

Al prinçipio de entrar o caminar por esta serrania el capitan Martinez, suçedio vn caso que por pareçerme de admiraçion lo pongo aqui. Entre los otros soldados que en esta conpañia yvan abia vno, llamado Martin Tinajero, natural de Ecija, honbre que al parecer esterior bivia bien y cristianamente. Fue necesario apartarse vn cavdillo, llamado Hernando Montero, con hasta veynte conpañeros a buscar comida, y fue vno dellos este Martin Tinajero, al qual, en esta salida, le aquexo çierta enfermedad que tenia, de que murio, y fue enterrado por sus conpañeros en vn hoyo o concabidad que en ynbierno abia hecho el agua y cubierto el cuerpo con tierra, y dexandolo asi se bolvieron con su provision o mantenimiento al canpo; y dende a çiertos dias se ofreçio yr gente otra vez aquella propia parte donde el cuerpo de Martin Tinajero estaba o abia sido enterrado; y quiriendo ver los españoles si los yndios avian andado con o lo abian desenterrado, hallaronlo que estava el cuerpo algo descubierto y le salia vn çierto olor muy suave y agradable y con tanto ynpetu que mas de çinquenta pasos a la rredonda ocupaba el campo, y admirados de aquella maravilla se bolvieron sin llegar a el, por questaba cubierto de vna gran multitud de abejas de las que crian miel, y muchos, por lo que de aquel honbre conoçieron y por lo que despues en su cuerpo muerto vieron, juzgaron ser algun bienaventurado; mas como nuestros españoles y su Capitan y cavdillo llevaban los ojos puestos en las rriquezas que deseaban aber, no curaron de examinar aquel caso ni ver si eran dignos de llevar consigo aquel cuerpo o dalle eclesiastica sepoltura; mas prosiguiendo su camino llegaron a çierta provinçia de yndios cerca de Carora, carives o canibales, llamados jiraharas, gente belicosa y gerrera, los quales, viendo que los españoles llevaban su vanguardia endereçada a su pueblo, tomaron las armas, que eran arcos y flechas, y saliendo al camino a rrecebir a los nuestros acometieron a los de la vanguardia, a los quales pusieron en condiçion de desbaratallos si no fueran con brevedad socoridos de los demas que atras venian, con que rrebatieron a los yndios y los desbarataron y ahuyentaron, matando muchos dellos. Los yndios hirieron algunos españoles con rrecia furia y fuerça, avnque de las heridas no murio ninguno. Dieron, entre otros flechazos, vno a vn Garcia Calvete, por vn lagrimal de vn ojo, que le salio la flecha al colodrillo, y con estar en lugar tan peligroso y pasada la flecha de parte a parte, no murio este honbre, antes biviendo muchos dias, despues108 vino a ser vezino en la çiudad de Velez, del Nuebo Rreyno de Granada.

Desbaratados los carives, nuestros españoles se alojaron en su pueblo, donde hallaron alguna provision de comida, porque jamas dexaron de caminar con falta della. Los yndios, deseando vengarse de la ynjuria rreçebida y echar de su pueblo y tierras a sus enemigos que en ella se estavan, convocaron todos los naturales sus vezinos comarcanos, e ynduçiendoles y rrogandoles que en su fabor quisiesen tomar las armas contra los nuestros, los atraxeron a ello con algunas dadivas que les dieron; y para con mas seguridad efetuar lo que pretendian, hordenaron que los naturales de alli saliesen de paz a los españoles, y los demas comarcanos estuviesen enboscados a la mira, y que quando oyesen el rruydo que entre los yndios y los españoles se travaria, acudiesen en su fabor, y abria lugar de destruyr del todo a los nuestros; y con este conçierto se vinieron al rreal vna banda de aquellos barbaros, que serian hasta quatroçientos, con algunas cosas de comer para los españoles y vnos hazeçillos de paja dentro de los quales trayan escondidas sus armas y flechas; y siendo esta traycion descubierta por las lenguas que tenian, fueron los yndios castigados de su loco atrevimiento, porque luego que los españoles entendieron la celada que tenian y trayan hordenada, dieron en aquellos que en el pueblo estaban y matando muchos dellos ahuyentaron a los demas, quedando en su poder presos hasta ochenta de los mas prinçipales; y como los yndios que estaban enboscados y a la mira, que serian mas de mil valientes gandules, viesen y oyesen el tumulto y rruydo que en el alojamiento de los españoles, adonde sus conpañeros estaban, avia, acudieron prestamente con sus armas y hallaronlos desbaratados y muertos y presos los que he dicho, y avnque acometieron con sus armas a los nuestros, fue de ningun efecto su acometimiento, por estar ya los nuestros puestos en horden de guerra y sin ningun temor, antes amenazaban a los yndios con que darian en su presençia crueles muertes a los que tenian presos si suspendiendo sus armas no se rretiravan con presteza.

Los yndios lo hizieron asi, que bolviendose a sus casas y pueblo trataron luego del rrescate y libertad de sus prinçipales y compañeros, lo qual concluso paso el capitan Martinez adelante con su gente, y adelantandose el con treynta conpañeros vna jornada de los demas que la yvan siguiendo, llego á vna provinçia de naturales que confinaban con los de las provinçias de Carora, cuya gente era belicosisima y gerrrera, los quales, luego que sintieron la poca gente que consigo llevaba el capitan Martinez, se juntaron, y tomando las armas, que eran flecheria, arcos y macanas, se vinieron para el en un pueblezuelo ó lugarejo do estava alojado, lo qual, visto por el capitan Martinez y sus conpañeros, armandose con las armas que acostumbraban pelear, salieron al encuentro á los yndios, que serian mas de quatrocientos; y avnque a los prinçipios se tuvieron con los enemigos, despues fueron constreñidos a rretirarse y rrecojerse junto á vn gran buhio, donde se fortificaron y defendieron valerosamente de aquellos barbaros que, con pretension de tomallos bibos y a manos a todos, no se abian aprovechado de la ocasion que su fortuna les puso en las manos. Rrecogidos los nuestros aquel lugar, trataron de pazes con los yndios, para debaxo de ellas hazer algun exenplo de crueldad con que atemorizar y estantar109 a los demas y echallos de sobre si. Fue, pues, el suceso que los yndios mas prinçipales, debaxo de trato doble de amistad que los españoles les hizieron, llegaron a ellos quietamente, avnque con las armas en las manos. El capitan Martinez se metio con seys soldados armados en vn buhio grande que alli tenian por rreparo, y dixo que los yndios que le quisiesen ver entrasen dentro para hablalles, dexando los demas soldados en su guardia a la puerta. Entraron de aquella canalla y rrustica gente como duzientos gandules con todas sus armas. Martinez, y los que con el estaban, dando en estos yndios que en el buhio abian entrado, los mataron a todos, sin que ninguno escapase, lo qual, visto por los demas yndios que fuera abian quedado, no osando detenerse mas alli, se rretiraron y fueron a sus casas y dexaron libres á los españoles del cerco y tribulaçion en que los tenian puestos, avnque algunos mal heridos.

Llegada toda la demas gente que atras venia, el capitan Martinez marcho con todos juntos y entro en las provinçias de Carora, donde hallaron muchos naturales ricos y de buena y afable condiçion para con los nuestros, donde determino descansar y holgarse algunos dias, para que así los españoles como los caballos se rreformasen de las hanbres y trabajos que desde que se apartaron de la laguna hasta que llegaron a estas provinçias de Carora, abian pasado.

CAPITULO DIEZ Y SEYS

Como el capitan Martinez llego a las provinçias del Tocuyo, y dende a poco llego el general Fedreman, y paso adelante con su gente. Cuentase todo el discurso de su jornada, hasta que llegaron al pueblo que llamaron de la Poca verguenza.


El capitan Diego Martinez se estubo con la gente y conpañias de Fedreman, holgando en las provinçias de Carora, dos meses, por ser la tierra acomodada110 para ello, despues de los quales, ya que la gente y caballos se abian rreformado y holgado de los trabaxos pasados, se movio con la conpañia para adelante, y habiendo algunos alborotos y rrefriegas111 de poca ynportançia con algunos naturales que por el camino abia, vino a parar a çiertas provinçias llamadas del Tocuyo, adonde agora esta poblada la çivdad del Tocuyo, en aquella governaçion de Venençuela, tierra fertil y abundante de comidas y naturales.

Alojose la gente en el sitio de vn pueblo que pocos dias antes abian quemado çiertos yndios serranos, llamados coyones, que abaxando de las sierras y montañas donde tenian su abitaçion, gran numero de ellos, y dando de rrepente en aquel pueblo, hizieron gran estrago en los naturales, matando muchos dellos y llevando presas mugeres y otras criaturas, pegaron fuego al pueblo y dexaronlo asolado y todo quemado. Y porque sobre esto y sobre la llegada de la gente de Geronimo Ortal con112 los capitanes Alderete y Nieto a este alojamiento, y de çierta guaçabara que a todos juntos les dieron los yndios coyones, y de todo lo suçedido en esta rrancheria hasta que Alderete y Nieto se fueron o los enbiaron a Coro, con la venida de Fedreman a su canpo, largamente trato en esta Istoria, en lo que sobre las jornadas de Geronimo Hortal e escrito en el libro quinto y sexto, en los capitulos ocho y nuebe113, solamente proseguire de aqui adelante con el descubrimiento y derrota quel tiniente Fedreman, con toda la gente de su conpañia y la de Cubaagua que truxeron los capitanes Nieto y Alderete, todos juntos, hizo por los llanos de Venençuela adelante, por donde abia ydo descubriendo y conquistando su governador Jorge Espira.

Aviendo, pues, el tiniente Fedreman acudido ya a tierra del Tocuyo, donde su gente y la de Cubaagua estaban alojados, y enbiando o ydose a la çiudad de Coro los capitanes Nieto y Alderete, que despues vino a ser Adelantado de Chile, supo el general Fedreman como entre sus soldados avia cantidad de oro que a los naturales de las provinçias por do pasaron les avian tomado o rrancheado. Persuadioles a que se lo diesen para enbiar a la costa por algunas cosas necesarias, y que si ellos tuviesen neçesidad de algo para sus personas, lo diesen por memoria, que del propio oro que daban se lo traerian. Los soldados, haziendo el rruego del capitan, que en alguna manera era fuerça, le encargaron que les hiziese comprar lo que ellos por sus memorias pedian; y enbiandolo todo a Coro, se partio de aquel sitio del pueblo quemado, y atravesando por las provinçias del Tocuyo, pobladas de muchos naturales, gente cobarde y de poco animo, se paso al valle de Baraquecimeto, donde asi mesmo esta poblado otro pueblo de cristianos llamado la Nueba Segobia de Baraquecimeto, y por ser tierra ayrosa y algo mas sana quel de atras, y bien proveyda de comidas, se estuvo y entretuvo en este valle algunos dias, esperando lo que abia enbiado a buscar a Coro y las provisiones de governador, que avn todavia rreynaba en el aquella codiçia y ambiçion de governar solo; la qual esperança, demas de ser vana por jamas nunca venir al efeto, fue cavsa de algunos daños en su canpo, porque como con vil viçio avia despendido y gastado el alegre y enxuto tiempo del verano, despues, frustado de sus desinios y enfadada la gente de estar alli, començo a marchar hazia los llanos en fin del verano y prinçipio del ynvierno, tiempo muy rrezio y cruel para los que abian de caminar y seguir su descubrimiento, dividiendo su gente por sus partes, porque mejor se sustentase hasta salir a los llanos, donde se abian de juntar.

El capitan Martinez fue con la vna parte de la gente por vnas provincias de yndios llamados los gueros, y Fedreman fue por el desenbocadero de Baraquecimeto, donde a pocos dias se juntaron en lo llano; y como començando a marchar creçiese la fuga114 del ynvierno, fuele forçoso a Fedreman rretirarse de lo llano y bolverse a ynbernar a la sierra, lo qual hizieron con gran trabaxo por estar ya algunos arroyos grandes ocupados con la muchedumbre de agua que abia llovido. Bueltos a la tierra hizieron su alojamiento en vna provinçia y poblazones de yndios llamados coyones; y despues de dado asiento en las cosas necesarias, Fedreman, que todavia bivia en el la esperança de verse governador, se aparto con algunos soldados y bolvio al balle de Baraquicimeto y a otro que esta cerca del, llamado el valle de las Damas, a ver si abian venido o benian de Coro con los rrecavdos que esperaba, y no hallando ningun rrastro ni señal dello, se bolvio a su alojamiento, donde hallo notiçia que çierta gente enferma que el governador Jorge Espira abia enbiado de adelante con su teniente o maese de campo Francisco de Velazquez, segun queda atras dicho, estava cerca de alli; y luego, sin considerar los estorvos e ynpedimentos de las aguas, que eran muchas, enbio a Pedro de Limpias, su capitan, con çinquenta hombres, que los fuesen a buscar. Limpias se aparto con sus compañeros del alojamiento y dexando la tierra ynconsideradamente se metio por lo llano, engolfandose en aquellas llanas campiñas o tierras, que en esta sazon mas estaban para nabegarse que para caminarse; y como la tierra por do yva era despoblada y sin ningunos naturales, fue su jornada de mayor trabajo y rriesgo, de mas de ser ynvtil.

Acaboseles la comida que llevaba a Limpias y a sus compañeros, y quando quisieron dar la buelta no pudieron caminar con la facilidad lo que abian andado, porque como avia siempre llovido, abia el agua anegado mas tierra, y asi no podian caminar sino muy poco y por rrodeos y desechos. El rremedio que tuvieron para rrestavrar la falta de la comida fue vn perro o galgo que consigo llevaban, que matando toda la carne de venados que para el sustento de aquella compañia era menester, les dio a todos de comer, hasta que despues de aber caminado muchos dias llegaron a donde Fedreman, su general, estaba alojado, hallando nveba çierta de que los españoles enfermos, en cuya busca abian salido, eran ya pasados la via de Coro.

A esta sazon ya las aguas se aplacaban, por lo qual començo el tiniente Fedreman a marchar hazia vn pueblo o provinçia de yndios donde los naturales de atras le abian dicho que abian estado españoles, y llegando a el y hallando los rrastros y vestigios de la gente de Jorge Espira, no curo de detenerse ni perder mas tiempo ociosamente, y pasando adelante camino muchos dias sin sucedelle cosa alguna notable, porque las poblazones eran rraras, y como avian quedado amedrentados los naturales de ellas de la gente y campo del governador Jorge Espira, que antes avia pasado por aquella derrota, no osaban tomar las armas contra la gente de Fedreman. Yendo, pues, Fedreman en su descubrimiento, llego a vn pueblo de yndios que, por la cavsa que luego dire, fue llamado el pueblo de la Poca Verguenza. Los moradores deste pueblo se estuvieron en sus casas hasta que los españoles entraron, a quien el Teniente y Capitan general abia mandado que ninguno se detuviese a rranchear en los buhios o casas de los yndios, sino que si los naturales huyesen siguiesen el alcance y prendiesen los que pudiesen, y si se defendiesen, peleasen con ellos con el vigor que solian.

Fue, pues, el caso que como los yndios, desanparando sus casas y haziendas, huyesen de ver entrar por su pueblo a los españoles, algunos codiçiosos soldados, menospreçiando el mandato de su Capitan y contra toda buena diciplina y horden de gerra, dexando de seguir el alcançe, se metian por las casas de los yndios a rrobar y rranchear lo que en ellas hallasen, a exemplo de los soldados de Sertorio, que teniendo preso al magno Ponpeyo, en la batalla que junto al rrio Xuquer en España obieron los dos, por rrobar los rricos adereços de plata que el caballo de Ponpeyo traya, se les fue el prisionero de entre las manos y escapo con la vida; y avnque esta batalla la vençiese de Sertorio, por quedar Ponpeyo con la vida, por la deshordenada codicia de los soldados de Sertorio, vinieron despues a matar a Sertorio y a destruylle su canpo y a suçeder las demas gerras çeviles que entre Ponpeyo y Julio Çesar subçedieron, porque de Sertorio defendia y era de la parte de Mario, en cuyo lugar subçedio despues Julio Çesar, y Ponpeyo en el de Çilla. Y como el capitan Fedreman viese lo que sus soldados hazian, bolviose a ellos y dixoles: «o que poca verguença de soldados»115. Esta palabra de Fedreman fue muy notada de los suyos, porque hasta este tiempo, antes ni despues, jamas les abia dicho palabra descomedida116 ni mal criada, mas siempre los abia tratado con generosa y amigable afabilidad, y no solo no se las abia el dicho, mas ni avn consentido que otros se las dixese; y admirados los españoles de como su general se abia desmandado esta vez, avnque con rrazon, a dezilles lo que les dixo, como cosa que otra tal ni semejante jamas oyeron de su boca, llamaron a este pueblo el pueblo de la Poca Verguença.

Los soldados que siguieron el alcance de los yndios tomaron algunos varones y mugeres, y hallaron en este pueblo los nuestros mantas de algodon bien hechas y en cantidad de panpanillas, que es çiertos paños de algodon texidos por si, con que las mugeres cubren sus ynferiores partes. Hallaron asi mesmo gran cantidad de hilo de algodon en muy grandes obillos, que tenia harto que cargar vn honbre en vno de ellos, y abundancia de comidas.

Holgo en este pueblo Fedreman con su gente algunos dias, porque yvan cansados del camino pasado.

CAPITULO DIEZ Y SIETE

En el qual se escrive como Jorge Espira se salio de los Choques y dio la buelta a Coro, y el teniente Fedreman paso adelante, prosiguiendo su jornada, y se aparto del camino por no encontrarse con Jorge Espira.


Viendo Jorge Espira que en la provinçia de los Choques, donde estaba alojado, que la fortuna le abia burlado por mano de los naturales de atras, los quales malvadamente y con cavtelosa yndustria avian encaminado a los nuestros a aquella tierra donde vieron su factal perdiçion, determino salirse della, lo qual hizo con muy gran trabajo, porque como en el poco nvmero de gente que le abian quedado fuesen mas los enfermos que los sanos, era mayor el trabaxo y mas creçida la neçesidad y falta de comidas. Mas como honbres que para sufrir los trabaxos y contrastes de fortuna no abian menester nueba diçiplina, pues toda su jornada abia sido vna escuela dellos, dieron la buelta a Coro, saliendose de aquella mala tierra y caminando algunos dias por la propia derrota y camino que abia llevado.

Nvnca rreçibieron de los naturales ningun daño, porque como la tierra es larga y ancha los yndios que estavan poblados en el parage o camino por do avia ydo Jorge Espira, escarmentados y amedrentados de los daños que abian rreçebido, dexando sus territorios y poblazones disiertas, se pasaban a bivir a partes rremotas, apartandose del camino todo lo que podian; y como por esta cavsa no hallasen por la via que caminaban ningun genero de mantenimientos sino era acaso y de tarde en tarde, era muy mayor la hanbre que padeçian, y asi se les yvan muriendo cada dia los enfermos, y los sanos enfermando, entre los quales fueron los capitanes Mulga y Çaballos117 y Cardenas y Murçia de Rrondon, que fue secretario del rrey de Françia, Francisco, al tiempo que estubo preso en España. Este, se dize, que fue el que descubrio al Emperador el trato y conçierto quel rrey Françisco tenia hecho para se yr de la prision en que estaba y huyr despaña a Françia. Otros muchos caballeros y personas prinçipales murieron en esta tornabuelta, que aqui no escrivo, sin la soldadesca comun, que fue gran numero.

Caminando con esta calamidad llegaron a vn poblezuelo pequeño, cuyos moradores se estaban en sus casas por no aber sentido la buelta de los nuestros con tiempo; mas por tarde que lo sintieron tuvieron lugar de ponerse en parte segura, porque yvan tan cansados y debilitados los españoles que ni estaban para ofender ni defender ni seguir ningun alcançe. Alojose en este pueblo Jorge Espira, donde hallo alguna cantidad de patatas y yuca, que tuvieron que comer algunos dias que alli se detuvieron porque descansase la gente; en el qual pueblo suçedio que andando çiertos soldados alrrededor del, buscando algunas cosas de las que los yndios suelen dexar escondidas quando van huyendo, hallaron entre quatro soldados que yvan de camarada, vna criatura de hedad de vn año que su madre abia dexado por guarecerse y escapar su persona y huyr mas sin enbaraço. Estos soldados, al exenplo de los canibales o carives, gente del Brasil que tienen por gran felicidad sustentarse de carne humana, pareçiendoles que con aquella criatura mitigarian algun tanto el furor de su deshordenada hanbre, la mataron, que segun pareçio estaba muy gordita y de carnes muy mantecosas, como la leche de las mugeres las suele criar, y comiendose luego el asadurica asada118 sobre las ascuas o brasas del fuego119, pusieron su olla a cozer con la cabeça y manos y pies y vna parte del cuerpo, de cuyo caldo o brodio120 abian estos carives soldados hecho ya sus migadas o sopas con aji, y como acaso llegase por donde la olla se cozia vna yndia cristiana y ladina, y la diese olor de lo que se coçia, llegose a ver lo que era, porque estavan avsentes sus dueños, y hallando lo que dentro estava, dio dello aviso a su amo, por donde se vino a divulgar esta maldad, de suerte que llego a oydos del governador Jorge Espira, y evidentemente hallose claridad dello, porque se tomo lo que en la olla estava coziendo, quiso castigar con pena de muerte a los ynventores de aquella maldad, mas fue ynpedido por rruegos de muchos y por la neçesidad que la gente llevaba, y asi no les dio el castigo que dinamente mereçian, y camino el Governador adelante, y acaso adoleçio vno de los quatro que fueron en matar y comer aquella criatura; y çertifican personas que se hallaron presentes, que estando en lo vltimo de su vida estuvo penando y vasqueando tres dias sin poder morir, hasta que publicamente manifesto y confeso con lagrimas y señales de exterior e ynterior arrepentimiento aquel delicto, y acabado de hazer esto, murio. E apuntado esto aqui para que vean los que son crueles y carniçeros e ymitadores de los abominables exemplos de crueldad, que no solo en la otra vida seran castigados conforme a sus maldades, pero que en esta veran el prinçipio de sus tormentos, como lo vieron muchos yniquos y malos hombres, que por estar los libros llenos de sus exemplos aqui no los rrefiero y nombro, y segun en otras partes tengo rreferido, los que agora bivimos lo emos visto en algunas personas que vsando con mas rrigor de crueldad del que es permitido a sus ofiçios de soldado en las conquistas y paçificaciones de nvebas poblazones, se an bañado no solo sus crueles espadas y manos y braços, como suelen deçir, hasta el codo, pero lo ynterior de sus animos en sangre humana, derramandola sin cavsa ni neçesidad, cuyas maldades ansi mesmo delante de nuestros ojos an sido castigadas por permision divina, viniendo por vias no pensadas a poder de yndios, donde an rreçebido crueles muertes, y algunos an sido sepultados en las entrañas de los propios yndios en vengança del daño que dellos rreçibieron.

Deste lugarejo, como he dicho, prosiguio Jorge Espira acercandose a los cavdalosos rrios de Apure y Zarare, para donde asi mesmo su tiniente Nicolas Fedreman, partiendo del pueblo de la Poca Verguença, despues de aver descansado algunos dias, camino con toda su gente, y llegado que fue a las rriberas de Apure, cuyos naçimientos son en las provinçias de Merida, en las quebradas que llaman de Brabo, y por otro nombre Aricagua, donde el propio rrio es llamado por los naturales Capuri, y corronpido el bocablo por la diversidad de las lenguas, viene a llamarse abaxo Apure121(A).

Tuvo Fedreman notiçia por rrelaçion de los yndios de como Jorge Espira, su governador, avia dado la buelta y se bolvia a Coro, y así mesmo a esta sazon le llego vn capitan llamado Juan Gutierrez de Aguilon, con quinze honbres, que desde Coro abia salido en su seguimiento para yrse con el al descubrimiento y no le abia podido alcançar hasta este paraje. Holgose Fedreman con la llegada destos soldados, por tener notiçia del estado y subçeso de las cosas de Coro. Sabido de todo punto por el teniente Fedreman que era çierta la buelta de su governador Jorge Espira, aborreçiendo ver sobre si superior ni otro que mandase mas quel, no curo de dar a sus soldados notiçia de ello, sino calladamente paso los dos rrios de Apure y Zarare, donde perdio vn secretario suyo quel ynpetu del agua llevo y ahogo. Dexando la derrota que por la halda de la cordillera llevaba, y metiendose mañosamente por lo llano adelante, dio lado al gobernador Jorge Espira para que sin que topase con el pasase adelante la buelta de Coro, donde se yva Jorge Espira marchando con sus continos trabaxos y pesada carga de gente enferma que consigo traya. Llego a Çarare, y pasandolo trabaxosamente con buena esperança de tener algun descanso y rrefrigerio en vnos pueblos de yndios caquetios que entre los dos rrios Apure y Zarare estavan poblados, cuyos moradores avian dexado de paz quando por alli pasaron y muy en amistad despañoles, a los quales la gente de Fedreman abian ahuyentado y tomadoles sus mujeres e hijos y lo que tenian, y convertido su amor en odio. Pues como Jorge Espira llegase a estos pueblos y los hallase arruynados y los yndios muy fugitivos y destruydas las comidas, procuro aber algunos y preguntandoles la cavsa de su calamidad y el andar fuera de sus casas, le dixeron como poco tiempo antes çierta gente abia pasado por alli que les abia hecho los tratamientos dichos.

Jorge Espira, admirado de aquello, no curo de tenerse, mas luego prosiguio su camino, y pasando el rrio Apure, de la otra vanda hallo la rrancheria y alojamiento que la jente de Fedreman abian hecho pasando por alli, y por los vestigios y rrastros colejian aber poco mas de quinze dias que abian pasado los españoles o estado alli, sin saber quienes fuesen. Y con este cuydado se daba Jorge Espira toda la priesa que podia a caminar, por ver si hallase quien le diese entera rrelacion de que jente fuese aquella que abia pasado; e yndo caminando llego al rrio llamado Avre, y como fuese falto y neceçitado de comida, fuele forçoso alojarse rriberas de aquel rrio para procurar alguna vitualla o sustento para su gente, e yendo çiertos soldados a vnas poblazones de yndios caquetios que çerca del alojamiento estavan, dieron en ellos, y entre los demas naturales se tomo vna yndia ladina, que avia venido en conpañia de Fedreman, la qual, por aver caydo enferma, la dexaron entre aquellos yndios que abian quedado en su amistad; y como la yndia fuese trayda ante el governador Jorge Espira, diole entera notiçia y rrelaçion de como la gente que por alli abia pasado era Fedreman, su tiniente, con los capitanes Linpias y Pinilla y Rribera y vn padre Rrequexada, agustino, y otros muchos soldados, los quales yvan diçiendo yr en busca del governador Jorge Espira; pero si Fedreman yva publicando esto, no llevaba yntençion de cumplillo, pues quando supo que Jorge Espira se açercaba a el se aparto de su enquentro, como se a dicho, y se metio por lo llano.

El Governador estuvo perplexo algun tiempo en tomar determinaçion de lo que haria, porque era persuadido a que bolviese siguiendo a Fedreman y le tomase la gente, y con ella yntentase otro nuebo descubrimiento. Mas considerando la poca gente y mal armada que consigo traya, y la mucha que podia llevar Fedreman, pareçiole que era ponerse en las manos de su tiniente o de su enemigo, para que del hiziese lo que quisiese, y asi se detubo en las rriberas deste rrio Avre, hasta determinar cuerdamente lo que devia hazer, y que a si y a sus soldados fuese mas sano.

NOTAS AL CAPÍTULO XVII

(A) Como una de tantas pruebas que podría ofrecerse á los que no tengan ocasión de comparar la obra del P. Simón con la del P. Aguado, de que aquél no hace más que seguir y copiar á éste, haremos notar lo siguiente:

Escribe el P. Aguado:

«Donde el propio rio es llamado por los naturales Capuri, y corrompido el vocablo por la diversidad de las lenguas, viene á llamarse abajo Apure.»

Y dice el P. Simón:

«El nombre propio de este rio por los naturales es Capuri; pero corrompido el vocablo por los trasiegos de unas á otras lenguas, le llamaron Apure.»

El nombre de Aricagua, que, según el P. Aguado, tienen las quebradas en que nace el Apure, es escrito de distintas maneras por los autores. El P. Simón dice Acaricagua, y Pérez de Tolosa, Acarigua.

CAPITULO DIEZ Y OCHO

Como el governador Jorge Espira, despues de aber enbiado gente en seguimiento de Fedreman, llego a Coro, donde hallo el govierno de la tierra en el doctor Nabarro, proveydo por el Avdiençia de Santo Domingo.


Despues de aver estado pocos dias Jorge Espira rriberas del rrio Avro122, fue rresoluto en enbiar alguna gente tras de Nicolas Fedreman, su teniente, con nuebos poderes suyos para ganalle la voluntad, porque ya que no era poderoso para subjetallo, pretendio por maña hazer lo que no se atrevia con fuerças, y a que le abisasen que no siguiese la derrota quel abia llevado, porque se perderia, sino que en llegando al pueblo de Nuestra Señora procurase meterse en la sierra y atravesar la cordillera, porque alli le abian dado çierta noticia los yndios de mucha gente y oro, sobre lo qual le escrevia muy largamente; y porque en aquel lugar do estavan alojados, rribera del rrio Avro, no abia abundançia de comida para dar matalotaje a los que atras abian de bolver, pasaron adelante a vnas provinçias abundantes de mantenimientos de çiertos yndios llamados giraharas, poblados junto a la propia cordillera, que ya trayan a mano yzquierda.

Estos giraharos estan poblados en tierra montuosa; es gente desnuda, muy enemigos despañoles, grandes gerreros y salteadores. Vsan para la guerra de vnas macanas muy grandes, ques vna arma de palma negra, que ellos se aprovechan della como los españoles de vn montante. Vsan de arcos grandes y anchos y muy rrezia flecheria, la qual tiran y abientan con gran furia, de suerte que si açiertan con ello pasan vn hombre de parte a parte. Es gente ydolatra y muy suprestiçiosa.

En esta provinçia hizo el governador Jorge Espira hazer matalotage para los que abian de bolver en el alcançe de Fedreman, y mandando aperçebir para este efecto treynta hombres, y entre ellos doze de a caballo, y por su cavdillo a Felipe de Utre, caballero aleman de la propia casa de los Bezares, que era su capitan de la guardia, los enbio con los despachos dichos, y el prosiguio su camino, segun lo llevaba, por la falda de la sierra, sin detenerse en ninguna parte mas de a tomar comida, hasta la sierra que dizen de Coro, donde se detubo a rreformar los caballos y a descansar algunos dias. Felipe de Utre con sus conpañeros camino hasta Apure, donde le fue ynpedido el pasar adelante, porque como obiese enpeçado a entrar el ynvierno, venia aquel poderoso rrio tan creçido, que ecediendo sus hordinarios limites ynundaba grandisima legua y media de tierra llana. Estuvose Phelipe Dutre esperando treynta dias a ber si el rrio se aplacaba y le daba lugar para pasar; y como lo viese sienpre estar en vn ser, dio la buelta camino de Coro en seguimiento de su governador, al qual alcanço alojado y descansando en la sierra de Coro, como se a dicho.

Ayrose Jorge Espira de que la quedada de Phelipe de Utre obiese sido sin ningun effecto; mas sabido el contraste que para bolverse abian tenido, mitigo su furor y determino llegar con brevedad a Coro. Los dias que Jorge Espira se detuvo en esta sierra de Coro a descansar, fue por los naturales della muy mal ospedado, porque jamas çesaban de ponersele sobre algunos collados que sojuzgaban su alojamiento, y de alli los flechaban y danificaban seguramente, sin poder rreçebir daño ninguno de los nuestros; lo qual visto por Jorge Espira, determino armarles vna çelada, y enbiando de noche çierta cantidad despañoles a que se enboscasen en vnos arcabucos o montañas que en los collados donde los yndios acostunbraban venir a flechar estavan, fueron façilmente castigados aquellos barbaros de su loco atrevimiento, porque como otro dia de mañana viniesen ynconsideradamente al lugar do solian flechar a los nuestros, fueron por los del rreal movidas platicas con que los descuydaron, y dando los españoles de la enboscada en ellos, fueron muertos muchos y presos mas de treynta, de los quales empalo diez por aquellos çerros para atemorizar la tierra. Castigo, çierto, abominable y cruel y que por mano de cristianos no se abia de dar a ningunas gentes, y a sido tan hordinario en algunas partes de Indias, que al que conforme a ley natural defendia su patria, mereçiendo por ello antes premio que pena, le davan tan de hordinario este castigo y pena de enpalado como si ansi fuera justiçia. Esto esta ya estirpado y quitado por mano de algunos cristianisimos juezes quel Rrey a enbiado a Indias, y especialmente en las tierras sujetas al Nuebo Rreyno de Granada, donde, como en su lugar mas largamente dire, se vsaba este genero de castigo en los yndios por algunos ynconsiderados y crueles hombres; mas los governadores y juezes supremos que en el Avdiençia de aquel Rreyno an rresidido, an castigado y enmendado estos negoçios y otros muchos tocantes al buen tratamiento y conservaçion de los naturales, de tal suerte que pareçe ya aver llegado a aquella tierra vna hedad muy florida y alegre para los naturales, lo qual no a sido en esta governaçion de Venençuela, de quien al presente tratamos, que en algunos pueblos de ella123 no vsan de crueldades por no tener ya yndios en quien vsallos, y donde los ay, andan los soldados tan encarniçados y çevados en maltratallos que casi aposta les mueven ocasiones con que los yndios se alçen para despues, con ese color, ylles a hazer gerra, y por castigo juridico enpalallos y aperreallos o comellos124 con perros como a fieras, a ymitaçion de lo que Solimano, gran turco, hizo, casi en este mismo tiempo, que seria por el año de treynta y seis, que enbiando los Asapos y los Acarzis, contra çiertas gentes llamados los çimiriotos, gentes que habitan en el monte de la Çimera, en tierra de Butintro, hazia que a manera de monteros y corredores, anduviesen tras estas desarmadas y desventuradas gentes y los matasen y diesen fin y cabo de todos ellos, por çierto enojo que dellos vbo. I mientras Su Magestad aquella Governaçion no la pusiere debaxo del Avdiençia del Nuebo Rreyno, para que por mano de los juezes que en aquella Avdiençia rresiden, sean visitados estos pueblos y quitados estos daños, no dexaran aquellos miseros naturales de padeçer e yrse apocando.

Esto he dicho aqui porque se me ofreçio esta ocasión. Si en alguna manera me he apartado de la Istoria, el lector con paçiençia tolere lo que yo con ynadvertencia he hecho.

Despues de aver Jorge Espira amedrentado bien con el castigo que hizo, no solo a los moradores de aquella provinçia donde estaba, mas a todos sus circunvezinos, ya que su gente y caballos estaban algo descansados, caminaron derechos a Coro, sin que otros yndios ningunos osasen tomar armas contra ellos ni salilles al camino a hazer estorvo ni desabrimiento. Despues de aver caminado algunos dias llego a la çivdad de Coro Jorge Espira, donde hallo espirada su governacion y juridiçion, y por governador della al doctor Navarro, vezino de Santo Domingo, a quien el Avdiençia de aquella ysla abia proveydo por governador de Venençuela, por aversele acabado a Jorge Espira el tiempo que traya señalado en su conduta para governar. Entro en Coro Jorge Espira con solos noventa hombres, pobres y flacos, y muy maltratados, al cabo de quatro años que della salio con quatroçientos soldados bien adereçados. Estuvo en Coro algunos dias Jorge Espira, donde era aborreçido de los españoles, por no querer sufrir a ser governados por extrangeros; y como le abian quitado y el no era parte a premiar a los soldados que siguiesen su boluntad, estuvose en Coro como persona privada o particular, donde como adelante diremos, murio(A).

Y porque primero que tome la mano em proseguir el suçeso de las cosas desta governaçion estoy obligado, conforme a la horden que llevo, de dar cuenta del rremate de la jornada de Nicolas Fedreman, que pasados los rrios de Apure y Zarare se aparto de la cordillera y se metio en los llanos, por no encontrar con su governador y por ybitar toda ocasion de discordia y pasion como cuerdo y astuto capitan, proseguiremos con el subçeso de su jornada en los siguientes capitulos, donde solamente trataremos del, hasta que entro en el Rreyno y se junto con la gente del licençiado don Gonzalo Ximenez de Quesada, tiniente del adelantado don Pedro Fernandez de Lugo, y no mas, porque lo que de alli adelante le subçedio queda escrito en la primera parte, en el descubrimiento del Nuebo Rreyno.

NOTAS AL CAPÍTULO XVIII

(A) «Mientras Federman iba descubriendo hacia el Nuevo Reino y rehuyendo el encuentro con Jorge de Espira, andaba éste en su «infelice jornada y descubrimiento por los Llanos», durante la cual jornada, por haber cumplido el término señalado á su gobernación, proveyó la Audiencia de Santo Domingo, por Juez de residencia al Doctor Navarro, el cual al regresar el de Espira á Coro le despojó del mando y le abandonó inerme á los odios de sus soldados y aun á la malquerencia que los pobladores españoles habían manifestado en todas formas á las hechuras de los alemanes.» – Justo Zaragoza: Memoria sobre la Península de la Guajira.

Según Fernández de Oviedo, Espira llegó á Coro el 27 de Mayo de 1538, con 110 hombres y 24 caballos, de los 261 soldados y 80 caballos que llevó; y trajo 5.518 pesos de oro de la tierra, los cuales fundidos en Coro, quedaron reducidos á 4.783 pesos. Deducidos los derechos del fundidor y el quinto real, quedaron para los soldados sólo 1.262 pesos. Estos, con 1.700 más del Gobernador, fueron enviados á Santo Domingo para comprar caballos y otras cosas necesarias. —Historia general y natural de las Indias, tomo II.

CAPITULO DIEZ Y NVEBE

Como atrabesando çiertas çienegas el tiniente Fedreman con su gente, se torno a arrimar a la sierra, y prosiguiendo su jornada llego al pueblo de Nuestra Señora.


Segun atras queda dicho, como por no berse Fedreman con su governador Jorge Espira dexase el camino de la sierra, pasados los rrios Apure y Zarare, y se metiese por lo llano, dio en vnas çienegas o lagos de poca agua, pero largos y dificultosos de pasar y atrabesar, por rrespeto de ser ellos en si muy çenagosos y llenos de lama125, de suerte que pusieron en gran trabaxo asi a los soldados como a los caballos para aber de salir de ellos. Estas çienegas eran llamadas en lengua de los naturales gatry126: orillas estavan poblados Arechona y Caocao. Estos naturales tenian pocas comidas de labor, por ser lo mas de sus mantenimientos pescados que de aquellas çienegas pescaban, lo qual fue cavsa de padecer muy gran hambre y neçesidad los españoles. Estos yndios tenian alguna rropa de mantas rrazonable y cantidad de hilo de todas colores, lo qual, con otras baratijas, escondian por librallo de la abariçia de los soldados, entre algunos juncales y otros herbacales que en aquellas çienegas se criavan; mas los soldados, que por rrobar y exerçitar todo abariento acto ymitan los rrastreadores sabuesos, que por el olor del ayre descubre la caça, por partes no pensadas, yvan a dar con la miseria que los yndios tenian en el agua escondido y se lo llevaban para sus menesteres.

Pasadas estas çienegas entraron luego en tierra enxuta, y engolfandose por lo llano, en pocos dias perdieron de bista la sierra y cordillera, que casi por guia y lumbre o farol de su derrota trayan, donde les falto tan de golpe la comida que les puso en condiçion de pereçer todos de hambre. Mas esta falta rremediaron los caballos, a los quales començo a dar çierta enfermedad de que murieron muchos, y supliendo con la carne de ellos la neçesidad de la comida, se alimentaron muchos dias, hasta que llegaron a vn rrio algo angosto, pero muy hondable, en cuyas rriberas abia grandes bestigios y señales de aber abido en otros tiempos grandes poblazones. Alojose alli Fedreman con su conpañia, y luego enbio vn capitan con gente a buscar comida por los alrrededores de aquella provinçia, y hallaron, desbiado del rrio, algunos poblezuelos de yndios con algunos mantenimientos: tomaron lo que abian menester y algunas pieças de yndios e yndias naturales de aquellos lugares, y se bolvieron a su alojamiento, donde deseando Fedreman saber la cavsa de la rruyna de aquellos poblezuelos, que pareçia aber abido rribera deste rrio, pregunto a los yndios que le abian traydo, la claridad del negocio, los quales le dixeron que dentro, en aquel rrio en cuyas rriberas estaba alojado, andaba vn animal feroz y brabo, que tenia diversas cabeças, que matando algunos yndios abia sido cavsa que los demas se arredrasen y apartasen de aquel lugar y sitio do estaban poblados. Desto no fueron muy maravillados algunos soldados de Fedreman, que demas de aber oydo todo el canpo los grandisimos bramidos que este animal dio estando alojados rriberas de aquel rrio, lo vieron por sus propios ojos y çertificaron ser vna muy espantable y fiera que juzgaban tener dibersidad de cabeças, y vnos la tuvieron por sierpo y otros por culebra.

Aqui le pareçio a Fedreman que su governador abia ya pasado adelante, por lo qual determino tornarse arrimar á la sierra, y enbiando delante127 de si a Pedro de Linpias con alguna gente que fuese descubriendo y a buscar algun lugar para ynbernar, porque ya se açercaba el ymbierno, el se partio en su seguimiento con todo el rresto de la gente. Pedro de Linpias camino lo que pudo, hasta llegar a vn rrio llamado el Pavto, donde hallo cantidad de pueblos y abundançia de comidas y sitio acomodado para tener el ynbierno; y de alli enbio ocho soldados de los que consigo llevaba que bolviesen atras a dar mandado a Fedreman, que poco a poco yva marchando con la otra gente, y por este rrespeto se hallava en esta sazon desbiado algunas jornadas de donde Limpias estaba. Los ocho soldados que con esta embaxada yvan, apartandose del camino que abian traydo, dieron en vn poblezuelo donde avia vnos pocos moradores, asalteandolo ahuyentaron a los yndios y ellos tomaron lo quen el pueblo abia, que era algun oro y otras cosas de rrescate y algunos yndios, y no quiriendo pasar de alli por temer que abria adelante yndios que les danificasen o por no perder la presa que en las manos tenian, se bolvieron vergonçosamente a donde estaba Pedro de Linpias, el qual, como los viese yr sin llevar rrecado de lo que les abia enbiado, disimulo con ellos y enbio otros ocho soldados al propio effecto, los quales llegaron a donde toparon a Fedreman y dandole noticia de a lo que yvan, todos juntos se bolvieron o vinieron em pocas jornadas a donde Linpias estaba, el qual los salio a rreçebir al camino a vn pueblo de yndios, dichos vacoa, donde supo el tiniente Fedreman el cobarde hecho que los ocho soldados abian perpretado en bolverse del camino. Hizo en ellos vn castigo exemplar, avnque no conforme a como su covarde vileza merecia, que quitandoles todo lo que abian rrobado a los yndios, asi oro como pieças de serviçio, lo dio todo a los otros ocho soldados que en su lugar abian sucedido, y demas desto les dio por pena que cada vno de ellos cargase en su caballo treynta jornadas vn enfermo de los que en el canpo yvan que no tenian caballos.

Alojose Fedreman con su canpo en el alojamiento que Linpias le habia señalado para ynbernar, y durante el tiempo del ynbierno enbio ciertas esquadras con gente, que por aquel paraje viesen y descubriesen si se podia atravesar la cordillera, para por alli entrar con toda la gente, los quales fueron, y despues de aber andado algunos dias buscando esta entrada, se bolvieron sin hallar la que buscaban, por ser alli la sierra muy aspera y que por ninguna via se pueden meter caballos.

Paso el ynbierno sin sucedelles cosa prospera ni adversa, y luego que enpeçaron a tener alguna rrareza las aguas, prosiguio su camino casi por el propio que Jorge Espira abia llevado, llevando siempre la sierra a mano derecha y caminando por la falda de ella. En este tiempo suçedio que yendo el canpo marchando por vna canpiña rrasa, salio vn tigere128 desvergonçada y atrevidamente, y metiendose entre la gente que en el batallon yva, con mas presteza de la que se puede pensar mato vn español y tres pieças, yndios ladinos y cristianos, y como al alboroto acudiesen muchos españoles de a pie y de a caballo, dexando el tigere hecho el daño dicho, se aparto muy mansamente sin que ninguno le osase hazer mal, porque no bolviese su encarniçada furia contra los demas que le quisiesen ofender. Alojaronse alli çerca por dar sepoltura aquellos cuerpos muertos, y obiera de ser en mas daño y ofensa suya, porque como el tigere bolviese á buscar la presa que abia hecho y gente que abia muerto, entrabaseles por el alojamiento a hazer otros muchos daños, lo qual con continua bela y guardia que toda la noche tuvieron le estorvaron.

Amaneçido, Fedreman camino con su gente, y dende a pocos dias llego al rrio de Meta, cuyos naçimientos estan dos leguas de la civdad de Tunja, en el Nvebo Rreyno de Granada, en el camino que de Tunja llevan a la çivdad de Santa Fe. Llamose este rrio de Meta en sus nacimientos Bajaca129. Rribera deste rrio de Meta se alojo Fedreman, donde descanso algunos dias. Estan poblados muchos naturales rriberas del, gente de buena digistion y amigables. Llegan a este paraje aquellos grandes pescados dichos bufeos, que se crian en el mar Oçeano. Este rrio se junta con el rrio Vrinoco, dozientas leguas apartados de la mar, y ambos juntos, junto a la mar, son llamados el rrio de Vriaparia, de quien adelante se trata.

Ay en estos llanos de Venençuela çierta nacion de yndios llamados guashiguas130, gente que no biven en pueblos ni son cultibadores ni labradores ni tienen lugar señalado donde habitan: traen consigo vnas tendezuelas hechas de algodon, en que se rrecogen de noche: sustentanse de lo que salteando rroban y hurtan a las otras gentes mas nobles, a ymitaçion de los haydones, famosos salteadores que rrobando y salteando baxan por los bosques de Esclavonia y corren todas las tierras que por aquellas provincias ay hasta los confines de Vngria haziendo estraños daños y malefiçios a las otras gentes, tiniendo esto por prinçipal ofiçio para su sustentaçion.

Estos guahiguas es gente muy ligera y suelta, tanto que con poca delantera que a vn caballo lleven con dificultad les alcançan. Vsan de çierto genero de ynstrumento, hecho a manera de fretales131 de cascabeles con que entran haziendo estruendo por los pueblos en donde entran a rrobar. Entiendo que esta propia naçion de yndios son los que por otro nombre, en estos propios llanos, llaman giraharas, que biven de la propia manera que estos.

Despues de aber descansado Fedreman rribera del rrio Meta algunos dias, paso adelante con su canpo, y marchando por la falda de la sierra llego a la provinçia llamada de sus propios naturales Marvachare, que es donde los de Jorge Espira dixeron el pueblo de Nuestra Señora, y esta gente de Fedreman llamaron al pueblo de la Fragua, por aber alli armado una fragua para adereçar çiertas herramientas. I todo esto es en el territorio donde agora esta poblado el pueblo dicho San Juan de los Llanos, ques del distrito del Nuebo Rreino de Granada, de quien en la primera parte desta Historia queda escrito.

CAPITULO VEYNTE

Como atrabesando Nicolas Fedreman desde el pueblo de Nuestra Señora la cordillera y sierra, entro en el Nuebo Rreyno de Granada.


Llegado el tiniente Nicolas Fedreman al pueblo Nuestra Señora, en la parte que le pareçio mas acomodada hizo su alojamiento, y luego de algunos yndios que alli se tomaron procuro ynformarse y saber que dispusiçion de tierra y gente abia adelante por la falda de la cordillera, por ver si le convenia pasar adelante, avnque tanbien consideraba que pues Jorge Espira y sus soldados se avian buelto de hazia aquella parte, como le davan claras señas el rrastro de su camino, que no devia de aber ninguna buena tierra por aquella derrota. Los yndios le dixeron claramente que no curase de pasar adelante sino que por alli atrabesase la cordillera, donde daria en gente muy rrica. Fedreman llevaba consigo los adereços de vna fragua, la qual mando armar alli para adereçar las herramientas que traya gastadas y mal tratadas del camino pasado, porque si se le ofreçiese abrir alguna montaña o arcabuco se hallase en las manos con que hazello.

Hecho esto tomo consigo vna parte de su gente y algunos capitanes y salio a buscar algunos naturales para mejor ynformarse dellos de la notiçia y nveba que los yndios del pueblo de Nuestra Señora le davan, y caminando tres dias dio en vna provinçia de yndios llamados operiguas, al prinçipio de la qual hallo vn pueblo pequeño y rrecogido, fortificado con vn rrezio y grueso palenque, cuyos moradores en sintiendo los españoles se pusieron en arma defendiendo con obstinados animos sus casas. Los nuestros hizieron todo su posible para asaltallo, mas nunca pudieron hasta que llegandose a el mañosamente lo abrieron por vn lado con las hachas y machetes que llevaban, y por vn portillo que le hizieron entraron los españoles sin rreçebir mas daño de herillas vn soldado a la entrada de vn flechazo. Llamaron a este pueblezuelo Salsillas, por pareçelles rrezio el palenque. Este lugarejo es distinto del que atras diximos que la gente de Jorge Espira no pudo asaltar y lo llamaron tanbien Salsillas. Rrancheose lo que abia en el pueblo y tomaronse algunos yndios, porque todos los mas huyeron quando vieron que los españoles entraban ya en el palenque. Destos yndios que aqui se tomaron torno Fedreman a ynformarse e ynquerir y saber lo que adelante abia, los quales, confirmando lo que los de atras abian dicho, dandoles nueba de mucha gente de naturales que poseyan grandes rriquezas, y diziendoles que alli yvan muy pocos españoles, que bolviesen por los que atras quedaban, y que ellos les meterian en la tierra.

Con esta buena nveba y gias que ya Fedreman tenia se bolvio a do estaba su alojamiento a dar horden em partirse con toda su gente la sierra adentro para atrabesar la cordillera, y llegado que fue hallo que la gente estaban faltos de quien las llevasen sus cargas y lo que tenian, porque se les abian huydo muchos yndios que hasta alli abian traydo; y para rremediar esta neçesidad Fedreman enbio tres de sus capitanes con gente por diversas partes a buscar yndios para el efeto dicho, y dende a dos dias bolvieron los dos bien provehidos de naturales, y el otro, que fue Pedro de Linpias, no le suçedio tanbien como a los demas, que fue cavsa de no acudir tan presto, porque echandose el rrio Ariare abaxo, en vn pueblo llamado de sus propios naturales Miyegua, y dando en el hallo que los varones y gente para tomar armas no estavan alli, que eran ydos a pescar, y ensartando en sus colleras algunas mugeres y de la gente mas creçida que en el pueblo abia, dio la buelta hazia donde Fedreman estaba, y como los yndios fuesen abisados deste saco que en sus mugeres y hijos se abia dado, dexando la pesqueria tomaron las armas y vinieron en seguimiento de Linpias y de sus conpañeros, los quales132 alcançaron a tiempo que por defecto del camino se abian apartado los peones con la presa que llevaban de la gente de a caballo, y dando en ellos los yndios los hizieron soltar la mas de la gente que los abian preso, trabando con ellos guaçabara en la qual hirieron de vna lançada a vn soldado, de que murio despues. Y como a esta grita acudiesen los de a caballo, que no yvan muy desbiados, fueron los yndios forçados a huyr y rretirarse al rrio, donde se arrojaron y guareçieron nadando. Todabia se quedaron los españoles con parte de la presa, con la qual llegaron al alojamiento; y acercandose el tienpo de la partida fueron rrepartidos aquellos yndios e yndias que los capitanes abian traydo, entre todos los del canpo para que les llevasen sus cargas, y los españoles casi forçados a salir de alli porque les abian dado çierta enfermedad o rramo de esquilençia133 con que abian muerto algunos soldados e yndios ladinos.

Enbio el teniente o capitan general desta gente, Fedreman, a Pedro de Linpias delante con los gias, que fuese descubriendo y metiendose en la sierra para atrabesalla. Linpias, tomando su vanguardia, camino por donde las guias le llevaban, y vna jornada apartado del alojamiento del pueblo de Nuestra Señora dio en vn rrio llamado el rrio de Tegua, a la entrada del qual hallaron vn lugarejo de hasta diez v doze casas que el dia antes sus propios moradores le abian pegado fuego porque no se aprovechasen del los españoles, entre las çenizas del qual hallaron alguna sal, que les dio mucho contento porque yvan muy faltos de ella, y pasando adelante fueron a hazer noche a otro lugarejo apartado de alli el propio rrio arriba, donde estando durmiendo los soldados y las centinelas velando, llego vn tigere y tomo vna yndia de debaxo de la hamaca o lecho de vn soldado, y sin ser poderosos todos los que alli estavan para se la quitar, la llevo arrastrando para su sustento.

Otro dia prosiguiendo Linpias su descubrimiento, atrabesando por diversos y frigidisimos paramos y sierras muy asperas y montuosas y muy faltas de comida, donde padeçio muy extraños trabajos con los soldados que con el yvan y perdio algunos de ellos, porque demas de la falta que de comidas llevaban, les era forçoso abrir los arcabucos y caminos por do abian de pasar cortando muy gruesos arboles y maderos que el tienpo abia derribado y travesado por la via que llevaban, y cortando grandes peñascos con picos y açadones para que pudiesen pasar los caballos, y donde sus fuerças no bastaban a quebrantar las peñas para este efecto sobre pujaba su yndustria, porque atando los caballos con sogas los subian por lugares muy altos, y con estos trabajos y calamidades llego Linpias a vna loma muy agria y aspera que tenia la paja muy creçida y seca en lo alto, y por los lados eran despeñaderos, y el camino por do abian de subir muy estrecho y aspero, de suerte que por ninguna manera se podia con presteza abaxar por el; y los yndios, como viesen entrar a los españoles, pegaron fuego por lo alto, y como el ayre viniese de aquella parte donde el fuego se abia pegado, veniase con gran furia açercando a los nuestros y cogiendolos en el lugar apretado que no podian bolver atras con los caballos ni avn con las cargas, lo qual bisto por Linpias, vsando con toda la presteza que pudo, echo vn contra fuego, con el qual ataxo solamente el daño que los caballos abian de rreçebir, que era despeñarse o quemarse, porque con su ynpetu el fuego les quemo muchos yndios con las cargas y rropa que llevaban, y vn español enfermo que yba cargado en vna hamaca fue dexado de los que le llevaban por guareçer sus vidas y alli fue abrasado, y otro llamado Bibanco, por antiguo temor que devia tener a este elemento y por no morir en su poder, se arrojo del altura de aquella loma o sierra y quiso mas morir despeñado y hecho pedaços que bibir con alguna señal defetuosa que chamuscandole el fuego le podia hazer como a otros muchos hizo.

Pasado el ynpetu deste fuego, Linpias no curo de bolverse atras, mas pasando adelante con su buen animo y mejor fortuna con yguales trabajos que los de hasta alli, llego dende a pocos dias al valle de Fosca, donde hallo alguna poblazon de yndios moscas, de los sujetos al Nuebo Rreyno, y alguna comida, avnque poca, con que descanso algunos dias, y durante este tiempo siempre el tiniente Fedreman le venia siguiendo con el rresto de la gente, avnque apartadamente pero por sus propias pisadas, gozando de las hanbres y neçesidades que los delanteros gozavan, pero no de tanto trabajo, por hallar ya el camino, que era de montañas, abierto y descubierto. De Fosca salio Pedro de Linpias a Pasca, otro rrepartimiento del Nuevo Rreyno, donde hallo algun rrastro de caballos, avnque dudoso, y como no tenia lengua o ynterprete que entendiese aquellos naturales, no podia aver ninguna claridad de lo que pretendia, y estando asi perplexo en Pasca rreçibio cartas del liçençiado Ximenez, teniente del adelantado Don Pedro Fernandez de Lugo, que por la via de Santa Marta y Rrio Grande de la Madalena abia entrado en aquella tierra, en que le hazia saber como el estava alli poblado por Santa Marta, y que le hiziese plazer de que se viesen. Linpias despacho luego con brevedad algunos soldados a su general Fedreman, que en su seguimiento yva con yndios cargados de comida, dandole aviso de lo que pasaba, y asi mesmo enbio a vn Hernando Montero, a quien traya por su escuadra, que fuese a verse con el liçençiado Ximenez, el qual fue muy bien rreçebido de Ximenez, y para traello con mas façilidad á su amistad y saber del lo que pretendia, diole vna cadena que traya al cuello, que pesaba mas de çien castellanos; e ynformado de Montero de la gente que era y de la manera que benian, enbio luego çiertas personas prinçipales de su conpañia que fuesen a saludar de su parte al teniente Fedreman y tratar como se viesen.

Quando estos legados del liçençiado Ximenez llegaron a Pasca, ya abia llegado alli con el rresto de la gente Fedreman, que como en el camino le llegaron las nuebas y cartas que le enbiaba Linpias, apresuro su caminar y llego a Pasca con mas brevedad de la que pensaba; y como llegaron a berse con Fedreman los legados del liçençiado Ximenez, segun dixe, fueron por el muy bien rreçebidos y saludados, y luego se partio al balle de Bogota, adonde el liçençiado Ximenez estaba alojado en el sitio donde agora esta poblada la çivdad de Santa Fe, despues de aber çinco años que su gente, que serian quatroçientos honbres, salieron de Coro la buelta de la laguna de Maracaybo, hasta que entro en el Rreyno, año de treynta y nuebe, con solos çien honbres.

Y porque el suçeso de las cosas de Nicolas Fedreman y de sus soldados y capitanes, de este punto y avn desde vn poco mas atras, no perteneçen a este lugar, çesa aqui su Istoria con deçir que despues, por ocasiones que en el Nuebo Rreyno se ofreçieron, fue a España juntamente con el liçençiado Ximenez y con el tiniente Benaleaçar, que a esta propia sazon entro en el Rreyno por la via del Piru, y estando alla litigando sobre no se que pretensiones, murio dende a poco tienpo que de las Indias fue(A).

Proseguir sean de aqui adelante los demas suçesos de Benençuela, por la horden que los llevan entablados.

NOTAS AL CAPÍTULO XX

(A) Es curioso conocer algo de lo ocurrido á Federman con los Belzares después de su regreso á Europa, aunque no se sepa el desenlace de los incidentes á que se alude.

En carta dirigida al Emperador por el licenciado Juan de Villalobos, fiscal del Consejo de Indias, con fecha Madrid 13 de Septiembre de 1540, se dice:

«Federman preso en Gante por los Belzares so color de un contrato para les servir allá por 7 años de Factor de Mercaderias. Antes que á ellos de cuenta, debe hacer residencia sobre las cosas de V. M. y ha de verse en este Consejo asi lo que por los Belzares se le acusa de haber traido más oro y piedras de las que ha registrado, como lo que Federman les acusa de haber defraudado á V. M. en 200.000 ducados según me escribe, y esta quizá es la causa de resistir los Belzares su venida aca, porque no los descubra. Conviene además que venga aca para que informe los secretos de la tierra.»

En otra carta dirigida también al Emperador por los del Consejo de Indias (Conde D. G.ª Manrique, Dr. Beltrán, Dr. Bernal, Lic. Velázquez), fechada en Madrid el 23 de Agosto de 1541, se lee:

«V. M. nos mandó escribir de Bruselas 21 Octubre 40 que á pedimento de Bartolomé Belzar y Compañia habia sido preso Nicolás Federman por los Juezes de la lei la villa de Gante, diciendo les devia cierta suma del tiempo que fue Governador en Venezuela. Que Federman pidió se remitiese la causa á este Consejo, lo que resistian los Belzares á titulo de que se trataba de cumplir un contrato fecho en Augusta. Que V. M. lo remitió al Consejo de Flandes, el que les dió ciertos términos, i pasados insistió Federman se le tragese á su costa á este Consejo, do haria sus provanzas i mostraría que los Belzares havian defraudado á V. M. en más de 100.000 ducados. V. M. avocó á si la causa, dió á Federman termino de 9 meses para venir preso i hacer sus provanzas, i nos embió á mandar que llegado Federman á esta Corte lo tuviésemos á recaudo i recibiésemos sus provanzas, así en su defensa, como en la acusación que pone á los Belzares: é oidas las partes consultásemos á V. M. Llegó Federman en 2 Febrero i tiene villa por carcel so fianza de 6.000 ducados, de más de 9093 escudos que le estan embargados en Amberes. Se ha seguido la causa, i porque el Recetor destinado ha tenido otras ocupaciones no ha tomado los testigos hasta poco ha. Insta Federman por plazo competente. Y aunque los Belzares lo resisten, le prorogamos por el término dado al Fiscal acerca del fraude de los 100.000 ducados que á costa de Federman sigue contra los Belzares. Los 9 meses se cumplian en 14 Julio i se le han prorogado otros 78 dias. El pido término ultramarino, particularmente en la causa del fraude, porque se han de tomar informaciones en Indias. V. M. disponga en esto. Al Consejo parece que siendo cosa de tanta cantidad i calidad se de el término que se pide para hacer las provanzas.»

(Colección Muñoz. Tomo LXXXIL)

CAPITULO VEYNTE Y VNO

En el qual se escrive lo que despues suçedio a Jorge Espira en Coro, hasta que murio, y el rresto del govierno del doctor Nabarro.


Segun atras queda apuntado, durante el tiempo que Jorge Espira andaba en su ynfeliçe jornada y descubrimiento por los llanos, se le cumplio el termino de su conduta de governador, por lo qual134 el Avdiençia de Santo Domingo proveyo por juez de rresidençia al doctor Nabarro, vezino de aquella ysla, con tiempo limitado, el qual cumpliendose çesaba su juridiçion; y como quando Jorge Espira llego a Coro, desbaratado de su jornada, hallase al doctor Nabarro que governaba, fue luego despojado de todo su trono y aborreçido de los soldados que entrañablemente deseaban echar de si aquella carga de governadores estrangeros; y asi, ayudandose los españoles del fabor de Don Rodrigo de Bastidas(A), que aquella saçon era obispo de Venençuela y estaba en Coro, pretendian que por ninguna via le fuese por el juez de rresidençia encargado a Jorge Espira ninguna conpañia de gente ni conduta para entrar la tierra adentro, porque aviendose ofreçido en aquella sazon ocasion de yr a castigar vnos yndios poblados hazia la boca de la laguna de Maracaybo por aver muerto çiertos españoles, pretendia Jorge Espira llevar a cargo aquella jornada e yr por capitan de ella para de alli hazer otro descubrimiento.

Y como los soldados lo contradixeron con el fabor del Obispo, que tenia mucha mano en los negoçios de la gobernaçion, vso Jorge Espira de maña135 para efetuar sus desinos, y corronpiendo al Obispo con algunas dadivas que le dio, le hizo bolver la hoja y tomar la demanda por el contra los españoles, los quales estaban obstinados en aquella su opinion: que avnque el Obispo en el pulpito dezia muchas palabras, diziendo que era grande la maldad de la gente y soldadesca, que tiniendo Rrey buscaban Rrey y tiniendo governador buscaban governador, con otras muchas palabras y rrazones, no fue todo esto parte para convençellos, ni hazelles que se bolviesen a meter debaxo del govierno de Jorge Espira; y visto por el doctor Nabarro la obstinaçion de los españoles, enbio los que alli pudo juntar, que serian ciento y tantos, con vn capitan de naçion(B) a hazer el castigo a la parte dicha, los quales fueron y prendiendo los culpados los enbiaron a Coro, donde el governador y juez estaba, y ellos, deseando verse fuera de aquella governaçion, por ser la juridiçion della subjeta a estranjeros, que procurando su particular ynteres y provecho tenian sujetos y presos los codiciosos animos de los españoles con mucha diversidad de fueros con que apremian la abariçia de los menores y acreçentaban la suya, acordaron pasarse a las provinçias de Cuba agua, que en esta sazon eran muy acompañadas de gentes españolas que pasaban a ellas de Santo Domingo y de las otras yslas a hazer esclavos y gozar de la rriqueza y pesqueria de perlas que en la ysla Cubagua, cercana aquella provinçia abia, y por eso dicha deste nonbre, se sacaba; y dexando hecho el castigo caminaron apartandose de la poblazon de Coro, y entrando y metiendose en la sierra para por alli atrabesar a Cuba agua.

Algunos soldados de flacos animos y fuerças, pareçiendoles dificultosa y trabaxosa esta jornada, dexaban de seguir a sus conpañeros y se bolvian a Coro, donde el Obispo Bastidas y Jorge Espira yncrepaban mucha culpa al doctor Nabarro de la yda destos soldados, pareçiendoles que quedaba aquella gobernaçion muy falta de gente para su defensa y para yntentar nvebas jornadas. Nabarro, viendose fatigado de las bozes del Obispo y de las que Jorje Espira y de los demas factores de los Bezares, determino juntar la gente que pudo e yr en seguimiento y alcançe de aquellos soldados, tomando su camino por la costa de la mar, via de Burburata, para por alli, con mas presteza, salir a los balles de Barqueçimeto y el Tocuyo, y tomalles la delantera.

Los soldados que por la sierra yvan, pasaron muchos trabaxos y rriesgos de ser tomados a manos de los yndios por no llevar caballos, y al cabo de çierto tienpo hallaron rrastro del doctor Nabarro, el qual abia ya pasado136 por alli, y metidos en vna poblazon de yndios llamados los axaguas, donde tubo notiçia que estaban los fugitibos, los quales sin saber del le abian harrado137 en el camino. Dandole lado, de Barquiçimeto se salieron los soldados fugitibos a lo llano por el desenbocadero de Boravre, donde a tino tomaron la derrota que les pareçio y fueron a parar a vn rrio llamado el Pao, en cuya rribera se alojaron para rrehazerse de comida, que llevaban muy gran falta de ella. El doctor Nabarro llevaba buenas lenguas o ynterpretes, con las quales facilmente abia notiçia de los naturales por do pasaba, de la derrota y camino que llevaban los fugitibos, y asi los yvan siguiendo casi por sus propias pisadas, fueles alcançar en las rriberas del rrio Pao, donde, como se a dicho, se abian alojado para buscar comida.

Llegado el doctor Nabarro con su gente, que serian sesenta honbres con buenos adereços y caballos, al alojamiento de los fugitibos, no hallo en el mas de a los enfermos, que los demas soldados se abian esparcido por diversas partes a buscar comida; y como a la tarde fuesen juntos fueron rreprehendidos asperamente por Nabarro de lo que abian yntentado hazer, por avelle a el cargado el Obispo y Jorge Espira la culpa de su alteraçion y movimiento. Los fugitibos le dixeron que ellos no se yvan de aquella governaçion mas de por no estar debaxo del dominio de los Bezares ni de sus estrangeros governadores, y que como la tierra obiera de ser governada por naturales españoles que de entera voluntad rresidieran en ella, pero que entendiese que por entonçes en ninguna manera bolverian a Coro, y que si como fue el que vino en su seguimiento y alcançe, obiera sido el governador Jorge Espira, que con vna miserable y cruel muerte le dieran el castigo que su osadia y atrevimiento mereçia. Viendo el doctor Nabarro la arrogançia con que estos desarmados soldados hablavan, dixoles que se rreportasen y aderecasen, que avnque no quisiesen abian de bolver con el a Coro. Los fugitivos, que serian treynta, porque todos los demas se abian buelto del camino a Coro, disimulando por entonçes su ynjuria, callaron, y tratando con el capitan que ellos abian eleto, que se decia Pancorvo138, lo que debian hazer, dieron de noche en la gente de Nabarro y quitandoles las armas y caballos que trayan y dexandolos desarmados, les hizieron perder el brio y furia que trayan contra los desarmados fugitivos y estar sujetos a lo que ellos quisiesen hazer.

Mudada desta suerte la fortuna de los fugitivos y de sus perseguidores, fue conpelido el doctor Nabarro a sujetarse a ellos y pedilles misericordia, rrogandoles muy ahincadamente que no le ynfamasen de aquella suerte, mas que bolviendole sus armas y caballos se fuesen con el a Coro, los quales, como faborecidos de su hado y fortuna vsasen bien de la ocasion que entre las manos tenian, despidiendo al doctor Nabarro y a su gente les bolvieron algunos caballos para que seguramente pudiesen pasar por entre los yndios por do abian de bolver, y les dixeron que no tratasen mas en la buelta, pues demas de ser de ningun efecto, lo que sobre ello se dixese139 era yncitar los animos de algunos soldados que agrabiados estavan del Doctor y de otros de su conpañia, a tomar vengança por sus propias manos de su adversario; y visto esto, el Doctor, que sin animo ynjuriado no podia pareçer en Coro ante el Obispo y los otros sus contrarios, pues demas de no aber hecho ningun efecto su jornada abia sido tan vergonçosamente despojado de sus caballos y armas, determino yrse con los fugitivos la buelta de Cuba agua, los quales lo acetaron, haziendo que la demas gente se bolviesen la buelta de Coro a dar noticia de lo que pasaba; avnque todos quisieran yrse con los fugitivos la buelta de Cuba agua por salirse de la mirable140 Venençuela, no lo consintieron solo por evitar que en el camino no se moviese entre ellos alguna discordia, eçeto a quatro soldados de los del Doctor con quien tenian particular conocimiento y amistad.

En este alojamiento del rrio Pao se apartaron las dos escuadras, los vnos a Coro y los otros a Cubaagua, a donde fue el doctor Navarro. Los de Coro se bolvieron por el camino por do abian ydo, sin les suçeder ningun contraste, y los de Cubaagua, como abian de pasar por tierras ynotas y no andadas de españoles hasta entonces, pasaron muy grandes trabaxos, hanbres y neçesidades y rriesgos de ser diversas vezes tomados a manos y muertos de belicosos y caribes yndios que por do pasaban topaban, y rriesgos de rrios y tigeres que les comieron algunos soldados, y de otros ynfortunios que semejantes jornadas traen consigo, especialmente a tan poca gente como esta era. A cabo de aber caminado algunos meses de la manera dicha, llegaron a la provinçia de Cubaagua, donde descansaron.

El doctor Nabarro, buelto a Coro, dexo el gobierno de la tierra porque se le abia ya cumplido el tiempo que traya limitado, y bolviose a Santo Domingo, donde despues bivio mucho tiempo y murio alli.

En este mesmo tiempo le dio a Jorge Espira en Coro vna enfermedad, parte de ella de enojo de verse despojado del govierno de la tierra, y parte del quebrantamiento de los trabajos pasados, de que en pocos dias vino a morir, avnque algunos ay que afirman aver Jorge Espira muerto en Santo Domingo, aviendo ydo alla a procurar que se le bolviese el govierno. En vna v otra parte, murio a esta sazon(C).

NOTAS AL CAPÍTULO XXI

(A) El obispo Bastidas era hijo del descubridor del mismo nombre, gobernador que fué de Santa Marta, y de cuyos hechos se da cuenta en la primera parte del manuscrito del Padre Aguado. (Véanse los capítulos I y siguientes del libro I de la Historia de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada.)

(B) El capitán encargado de ir á castigar á los indios Saparas fué Alonso de Navas, según Oviedo y Baños.

(C) Fernando de Oviedo, al dar cuenta de la muerte de Jorge de Espira, añade:

«Haya Dios missericordia dél: que en verdad, aunque yo tracté poco su persona, me pareçio que era dino del cargo que tenía, y que viviendo, fuera Dios servido dél y Sus Magestades. Porque demas de ser prudente y virtuoso, estaba en edad para poder trabaxar, y de los trabaxos passados bien instruido, para comportar y proveer en los venideros. Su fin fué en el mes de… del año próximo passado de mill e quinientos e quarenta.»

Amador de los Ríos, en nota á las anteriores líneas, dice:

«Aqui hay un claro en el códice, que se tiene presente, sin que sea posible fijar ya el mes que Oviedo dejó en blanco. Sin embargo, por el contexto de su narración puede deducirse que Espira hubo de fallecer á fines de Octubre ó en los primeros días de Noviembre de 1540.»

Oviedo y Baños dice que Espira murió el 12 de Junio de dicho año, y D. Justo Zaragoza, que el día 11.

Castellanos agrega que fué enterrado en el templo.

Acerca del sitio en que ocurrió la muerte de Jorge de Espira conviene tener en cuenta que en carta de 20 de Diciembre de 1540, dirigida por los Oidores de la Audiencia de Santo Domingo al Emperador, se dice:

«Por Octubre pasado supimos la muerte de Jorje d'Espira, Governador de Venezuela, yendo de camino para descubrir la Casa del Sol i otras provincias, para lo que havia embiado delante cerca de 100 hombres de pie i cavallo, i que en Coro quedavan otros 100 hombres i 50 cavallos para seguir á los demas, todos gente diestra. Que todo quedó en calma por la muerte del Governador…» (Colección Muñoz, tomo LXXXII.)

De esta carta se deduce que Espira no pudo morir á fines de Octubre ó principios de Noviembre, como dice Amador de los Ríos, ni en Junio, como afirman Oviedo y Baños y Zaragoza. Si en Santo Domingo se supo la muerte en Octubre, debió ocurrir á fines de Septiembre ó principios de Octubre de 1540.

LIBRO TERCERO

EN EL LIBRO TERÇERO SE DA NOTIÇIA DE COMO BUELTO EL DOCTOR NABARRO A SANTO DOMINGO EL AVDIENÇIA PROVEYO POR GOVERNADOR A DON RODRIGO DE BASTIDAS, OBISPO DE VENENÇUELA, Y POR SU GENERAL A PHELIPE DE VTRE, EL QUAL HIZO CIERTA GENTE Y ENTRO A DESCUBRIR LA TIERRA ADENTRO POR LOS LLANOS, CON TODO LO SUBÇEDIDO EN SU JORNADA; Y DE COMO EN EL YNTERIN QUE PHELIPE DUTRE ANDABA EN SU DESCUBRIMIENTO, EL RREY PROVEYO POR OBISPO DE PUERTO RRICO A DON RODRIGO DE BASTIDAS, EL QUAL YENDOSE A SU OBISPADO, DEXO POR TINIENTE A DIEGO DE BOYZA141 Y ESTE QUIRIENDOSE YR, NOMBRO POR ALCALDE MAYOR A VN FACTOR DE LOS BEZARES142, DICHO ENRRIQUE RREMBOL, EL QUAL MURIO DENDE A ÇIERTO TIEMPO, Y POR FIN DESTE PROVEYO EL AVDIENÇIA POR GOVERNADOR DE VENEÇUELA Y JUEZ DE RRESIDENCIA DE CUBAAGUA, AL LIÇENÇIADO FRIAS, FISCAL Y POR SU CAPITAN GENERAL A VN JUAN DE CARAVAJAL, RRELATOR. EL FRIAS SE FUE A CUBAAGUA, A TOMAR RRESIDENCIA, Y EL CARAVAJAL SE VINO A CORO, Y FALSANDO143 LAS PROVISIONES QUE LLEVABA, SE HIZO GOVERNADOR Y JUNTO ÇIERTA CANTIDAD DE GENTE ESPAÑOLA, CON LA QUAL SE METIO LA TIERRA ADENTRO HASTA LAS PROVINÇIAS DEL TOCUYO, DONDE SE ALOJO Y ESTUBO MUCHOS DIAS, EN LOS QUALES PHELIPE DUTRE DIO LA BUELTA ALGO DESBARATADO Y LLEGO AL TOCUYO, DONDE HALLO A CARAVAJAL Y CON EL TUBO ÇIERTAS RRENZILLAS, POR DONDE EL CARAVAJAL, MALVADAMENTE, LE CORTO LA CABEÇA A EL Y A OTROS; Y DE COMO EN ESPAÑA FUE PROVEYDO EL LIÇENÇIADO TOLOSA, EL QUAL VENIDO A VENENÇUELA Y SABIDO LO QUE CARAVAJAL ABIA HECHO, ENTRO LA TIERRA ADENTRO Y LO PRENDIO Y HIZO JUSTICIA DEL; Y DE COMO Y PORQUE EL RREY QUITO LA GOBERNAÇION A LOS BEZARES, Y EN QUE TIEMPO; CON LA JORNADA QUE ALONSO PEREZ DE TOLOSA HIZO POR EL RRIO DE APURE ARRIBA Y EL SUBÇESO DE ELLA, CON TODO EL DISCURSO DE GOVERNADORES QUE HASTA NUESTRO TIENPO A ABIDO EN AQUELLA GOBERNAÇION, Y PUEBLOS QUE EN ELLA SE AN POBLADO, CON SUS POBLADORES O FUNDADORES, CON LOS SUBÇESOS DE CADA PUEBLO EN EL PROPIO CAPITULO HASTA NUESTRO TIENPO.

CAPITULO PRIMERO

Como el Avdiençia de Santo Domingo proveyo por governadores de Venençuela al obispo Bastidas y a Phelipe Dutre, el qual junto gente y salio en demanda del Dorado.


Segun en el vltimo capitulo del presente libro144 diximos, buelto el doctor Nabarro a Santo Domingo y muerto Jorje Espira y entrado Fedreman en el Nuebo Rreyno, quedo la governaçion de Venençuela sin governador, por lo qual el Avdiençia de Santo Domingo proveyó luego por governador de aquella provinçia a Don Rodrigo de Bastidas, obispo de ella, y por capitan y tiniente general para que entendiese en las cosas de gerra y nevos descubrimientos y en los negoçios criminales, a Phelipe Dutre, cavallero aleman, devdo o de la casa de los Bezares, mançebo de floreçiente edad, que abia andado con Jorje Espira en la jornada larga de los llanos(A).

Llegadas las provisiones del Avdiençia a Coro, donde el obispo Bastidas estaba, luego dio como buen prelado y governador horden qual convenia para el buen govierno de aquella tierra y conservacion de los naturales, avnque algunos quieren deçir aver hecho lo contrario, porque como en aquella sazon obiese llegado el capitan Pedro de Linpias, que abia abaxado del Nuebo Rreyno de Granada, a donde poco antes entro con el tiniente Fedreman por la bia de los llanos de Venençuela, hizo el señor Obispo çierta junta de soldados, bien adereçados, y entregandoselos a este capitan Linpias, los enbio a la laguna de Maracaybo a que rrancheasen y rrobasen todo el oro que pudiesen y tomasen todos los yndios que hallasen para hazellos esclavos y de su balor pagar los fletes de çiertos nabios que de Santo Domingo le abian enbiado con gente y caballos para el sustento de aquella tierra.

Pedro de Linpias, tomando debaxo de su anparo la gente, que serian sesenta soldados, y partiendose con ellos la buelta de la laguna, diose tan buena maña, como hombre que ya otras vezes abia andado por alli, que en breve tiempo tomo y aprisiono de aquellos miseros naturales mas de quinientas personas de barones y mugeres; y dando la buelta con ellos a Coro, las entrego al Obispo, el qual mas como merçenario que como pastor, las mando marcar o herrar por esclabos, y enbarcandolas en los nabios, fueron llevados en perpetua y miserable cavtibidad, a Santo Domingo, donde todos pereçieron, pagando con la sangre de ynoçentes sus profanidades y tramas.

Concluso esto, luego Phelipe Dutre, con la gente que por alli pudo juntar, determino de hazer vna jornada o entrada por la propia parte por do abia ydo Jorje Espira, pareçiendole que por el mal govierno de aquel su governador, con quien el primero avia ydo, se abia quedado por descubrir y ver la tierra, y como comunmente suele acaeçer entre los soldados que de alguna jornada salen perdidos sin aber hecho ningun bien effecto, que se levantan entre ellos opiniones soñadas o ymaginadas, diziendo si por tal parte hizieramos o tomaramos tal derrota o creyeramos a tales yndios o siguieramos a tales guyas, nvnca nos perdieramos, y asi a este brioso mançebo se le ofreçian muchas consideraçiones y casos subçedidos en la jornada a Jorje Espira, por donde le pareçia que con aquella poca de esperiençia pasada era ya sufiçiente para governar qualquier numero de gente y para estos pocos soldados que tenia juntos o podia juntar, pasar mucho mas adelante de donde su governador abia llegado. A esto se juntaba tanbien que como Pedro de Linpias avia con Fedreman andado aquella derrota de los llanos y abia estado en el Nuebo Rreyno de Granada, en donde se tenia gran nueba y notiçia de çiertas provinçias hazia la parte del Sur, que confronta con aquel Rreyno, que agora y avn entonçes llamavan el Dorado, daba notiçia de ello y esperança de meter a Felipe Dutre y a los que con el fuesen en la tierra rrica del Dorado, y como por su ançianidad y mediana esperiençia en los negoçios de descubrimientos y jornadas era persona de mucho credito, avmentaba el deseo de Felipe Dutre y la codiçia el Obispo, que deseaba que durante el tiempo de su govierno se hiziese alguna cosa notable o memorable.

Pues como el Governador y obispo y su capitan general fuesen de animos tan conformes, mediante la diligençia que entramos pusieron, juntaron en Coro çiento y veynte honbres bien adereçados de armas y caballos, entre los quales era Linpias, de quien poco a trataba, y Bartolome Berçia, hijo de Antonio Berça145, vno de los de la conpañia y otros muchos caballeros e hijos dalgo, con los quales salio Felipe Dutre de la çiudad de Coro por el año de quarenta y dos; y enpeçando su jornada por el camino de la costa, por ser mas breve a dar a Burburata y de alli al desenbocadero de Barqueçimeto a salir a los llanos, camino con prospero tiempo por la halda de la sierra, llevandola sienpre a la mano derecha, como Jorje Espira y Fedreman abian hecho; y como los naturales de aquel camino estavan ya amedrentados de las otras conpañias que antes avian pasado, no curaban de salir a hazer gerra a esta gente de Felipe Dutre, antes, segun en otra parte he dicho, dexando sus antiguos pueblos desiertos, se yvan a bivir a lugares apartados de alli, por no rreçebir mas daño del rreçebido; y avnque en el caminar por estos llanos Felipe Dutre no tuvo con los naturales ningunas guaçabaras, no dexo de padeçer las mesmas calamidades y persecuçiones de hanbres y tigeres, rrios y aguas que los demas, ynvernando a sus tiempos y deteniendose en este camino casi los propios dias que su governador se detuvo, siguiendo en el, como e dicho, las propias pisadas de sus antecesores hasta llegar a la provinçia del pueblo de Nuestra Señora, donde deteniendose alli para ynbernar y tomar mas claridad de la provinçia del Dorado, hallo rrastro y vestigios de Hernan Perez de Quesada, hermano del liçençiado Ximenez, que despues fue Adelantado, que poco antes abia salido con doçientos honbres del Nuebo Rreyno, y baxado a lo llano en demanda del Dorado, donde Felipe Dutre estubo algun tiempo perplexo e yndeterminable sobre si pasaria adelante siguiendo las pisadas de Hernan Perez, pareçiendole que aquellos a quien la fortuna abia metido por diversos caminos en la feliçidad y prosperidad de aquel Nuebo Rreyno, los llevaba tanbien por aquella via a entregalles otras nuebas provinçias mexoradas y mas prosperas que las que abian dexado de entre las manos, en donde en alguna manera con el oro y rriquezas que alli tomaron abian puesto calor a su abariçia y deshordenada codicia(B).

Mas esto no fue asi, porque mudando con mucha presteza la fortuna su rrueda contra estos que del Rreyno abian salido en busca y demanda del Dorado, los llevo a tierras muy asperas y dobladas146 y pobladas de muy altas montañas y arcabucos y desyertas de gentes naturales, donde dandoles doblada adversidad que les abia dado de porperidad147, les hizo padeçer muy extraños trabaxos, y siendo los mas muertos miserablemente, fueron vnos pocos que bivos escaparon a salir a las espaldas de Pasto, en la governaçion de Popayan, segun se vera mas largamente escrito en la primera parte desta Istoria, donde tratamos de las jornadas que del Nuebo Rreyno se hizieron.

Porque consideraba, y con mucha rrazon, Felipe Dutre y sus capitanes, que la gente que en el Nuebo Rreyno estaba no se moveria de aquella prospera tierra si no fuese teniendo guias çiertas que sin andar baçilando de vna parte a otra, les metiesen en el Dorado; y por estas cavsas se determino de seguillos e yr en su alcançe, pareçiendole que tierra donde tantas rriquezas y naturales abian dicho algunos yndios que abia, que no seria tan corta ni angosta que el y sus soldados no cupiesen en ella con los demas que delante yvan.

NOTAS AL CAPÍTULO I

(A) Lo que dice el Padre Aguado acerca de la sucesión en el gobierno de Venezuela por muerte de Spira, discrepa grandemente de la versión que da Fernandez de Oviedo.

«En la hora que aqui se supo (la muerte de Jorge de Spira) – escribe el autor de la Historia general y natural de las Indias– por el señor obispo Don Rodrigo de Bastidas, aunque avia poco que descansaba en su casa de esta cibdad, como buen pastor espiritual y çeloso del serviçio del Emperador, nuestro señor, determinó de yr en persona á aquella tierra de su dioçesis y gobernaçion, y porque para ello desde antes tenia poderes Reales, para que en defeto ó ausençia del gobernador gobernasse é proveyesse todo lo que convinniesse. E assi partió desta cibdad nuestra de Sancto Domingo quassi en fin de noviembre del mismo año, muy bien acompañado de mas de çiento e çinqüenta hombres, y con çiento y veynte caballos: y entre aquesta gente avia muchos hombres de bien y gente diestra para la poblaçion y conquista de la tierra.

»Bien creo yo que si su persona de este perlado no entendiera en esta armada, que no la ovieran tal los alemanes desde España sin despender assaz millares de ducados, y con despendidos, no fuera la gente tan al propósito. Y segund yo lo supe por carta del dicho señor obispo, fecha en Coro á doce de diçiembre de mill é quinientos é quarenta, desde á nueve días que partió de aqui llegó á aquella cibdad é á su Iglesia; é luego eligió por capitán general á Felipe de Huten, caballero aleman, persona noble y de buenas calidades, hasta en tanto que Su Magestad Çessárea, á suplicación de los alemanes Valçares, á cuyo cargo está aquella poblaçion é conquista, provea, ó confirme al que es dicho.

»Quando el obispo llegó con la armada que es dicho, halló en la tierra dosçientos caballos otros, y mas de tresçientos hombres hábiles y hechos á la tierra, y se espera que se ha de haçer mucho fructo. Dios lo guie á su sancto serviçio y le dé entendimiento á aquel Pedro de Linpias, del qual la historia ya ha hecho mençion, que sea buen adalid. Este estaba aqui, porque avia venido con las cartas y dineros que Fedreman escribió; y el señor obispo se le llevó consigo, como á hombre que se espera ser útil en aquella conquista, assi porque es lengua y plático en aquella tierra, como porque de su aviso ó de lo que ha visto en ella se tiene mucha esperança, para las cosas del tiempo presente». (Obra citada, tomo II, pág. 323).

Oviedo y Baños, siguiendo al P. Simón, coincide en lo esencial con el P. Aguado, y se equivoca al decir que Linpias había regresado desde el Nuevo Reino á Coro.

El obispo Bastidas tenia poderes de gobernador desde que se creyó que Jorge de Spira habia muerto tierra adentro.

(B) Felipe de Huten, que así se llamaba, según las Cédulas reales, y no de Urre, Ute, Utem, Uten ó Dute, como algunos le apellidan, salió de Coro, para emprender su jornada, en el mes de Agosto de 1541.

Le acompañaban: como alcalde mayor para la jornada, un caballero de Sevilla, llamado Rodrigo de Ribera, y como veedor, el contador Antonio de Naveros.

CAPITULO SEGUNDO

Como pasado el ynbierno, Felipe Dutre siguio a Hernan Perez hasta que por çiertos rrespectos se aparto de su bia, y por diferente camino, despues de aber ynvernado en el camino, se bolvio al pueblo de Nuestra Señora.


A la sazon quel ynvierno començo a aplacarse, ya estaba a punto Felipe Dutre para partirse, porque le parecia que no era cosa acertada gastar el tiempo en ningun ocioso entretenimiento, pues todo lo que Hernan Perez y los que con el yvan le llevaban de delantera era en su perjuyzio, por pareçelle que a la primera entrada siempre se suele mejor gozar de las rriquezas de la tierra; y llevando consigo yndios que le guiasen por el propio camino que Hernan Perez llevaba, se daba toda la priesa que podia a caminar, hasta que llego a la provinçia del Papamene, donde se allojo en vn pueblo de yndios en que abia alguna comida, para descansar e ynformarse de la derrota que Hernan Perez llevaba, avnque hasta este lugar no abia perdido el rrastro.

Esta provinçia del Papamene, segun muchos afirman, cae y esta a las espaldas de la villa de Timana, poblada en los naçimientos del Rrio Grande de la Magdalena. En este pueblo del Papamene obo Felipe Dutre vn yndio prinçipal, natural de aquella provinçia, que pareçia ser señor y bien acondicionado, y que en su lugar daba muestras de ser honbre de verdad, de quien procuro ynformarse y saber si la demanda y notiçia que Hernan Perez llevaba era çierta o no, y si la devia el seguir o bolverse, sobre lo qual Felipe Dutre hizo a este yndio prinçipal muy particulares preguntas con los ynterpretes y lenguas que tenia. El caçique o prinçipal, entendido bien lo que se le preguntaba, rrespondio que no le convenia seguir la derrota que llevaba, porque por alli no abia ningunas poblazones de gentes que tubiesen oro, por ser todo arcabucos y tierra muy mal poblada y muy aspera y quebrada, y que pocos dias antes abian pasado por alli çierta cantidad despañoles o gente como ellos y que todos se yvan muriendo por no hallar que comer y de otras enfermedades que les daba, y que a lo que entendia por lengua de los yndios sus vezinos, ya serian muertos todos o los mas, y que si Felipe Dutre yva en busca de gentes naturales y oro, que atras los dexavan en muy mucha cantidad, que si de alli querian bolverse quel los guiaria y les llevaria a ella. Y para confirmaçion de lo que decia, saco çiertos nisperos de oro y plata y dixo que aquelos abia traydo de la tierra quel les abia dicho vn hermano suyo que pocos dias antes abia venido de alla; y que para caminar por camino mas derecho desde alli donde estava, avian de yr en demanda de vn pueblo de yndios llamado Macatoa, poblado en las rriberas del rrio Guaynare, de la otra vanda del, en cuya demanda, siempre que caminaban llevaban el pecho al 18 Oriente, ladeados vn poco sobre el honbro izquierdo, ques aquella parte que los mareantes llaman el sueste.

Felipe Dutre, avnque diversas vezes se ynformo deste principal, jamas lo hallo variable en lo que deçia, no por eso le quiso dar credito, creyendo que aquel barbaro lo hazia por desbiallo de la demanda que llevaba Hernan Perez o de otra alguna rrica provinçia que debia estar adelante, o de algunas poblazones de yndios amigos suyos que en aquel camino devian estar, a fin de que ellos no fuesen a proveerse de lo necesario, y asi prosiguio su camino por la bia que Hernan Perez llevaba, llevando consigo al yndio prinçipal, prometiendole que dende a pocos dias daria la buelta y yria con el a donde le decia. Y despues de aber pasado ocho dias de aquellas montañas y sierras, viendo el prinçipal quan obstinados yvan los españoles en seguir aquel perverso camino que los llevaba al matadero, dexolos vna noche y bolviose a su casa.

Los soldados, viendose metidos en aquellas montañas y que yvan enfermando y faltos de comida, pesoles de que Felipe Dutre siguiese aquella derrota y dexase de seguir la quel prinçipal les abia dicho, y avn que daban muestras al capitan de seguir de malagana aquel desesperado camino, ninguna cosa les prestaba, porque yva Felipe Dutre tan metido y contumaz en seguir a Hernan Perez que casi con esta su loca determinaçion daba a entender desear y buscar su propia perdiçion, como los demas que yvan delante hizieron; pero al fin, despues que vio que mientras mas seguia aquel camino mas se yva su gente atormentando y enfermando y padeçiendo hanbres y neçesidades, dexolo de seguir y tubose a mano izquierda, porque Hernan Perez sienpre yva caminando y teniendose a mano derecha, y apartandose algunas jornadas por la bia de mano izquierda que abia tomado, vio vna punta o rramo de la cordillera que se metia gran trecho por los llanos adelante, que fue llamada la punta de los Pardaos, y creyendo ser aquella distinta y apartada sierra de la por donde yva, camino a gran priesa, con su gente, para ella, porque segun siempre le abian dicho el Dorado estaba en otra cordillera distinta de la por donde abia caminado hazia la parte del Sur, y des que çerca llego rreconoçio como era la propia cordillera de mano derecha y que no se rremataba alli, sino que yva dando la buelta sobre la misma mano derecha.

A esta sazon entraba ya el ynbierno y con facilidad no podia bolver atras, y asi le fue forçoso yrlo a tener a aquela parte de la cordillera dicha de los Pardaos, tierra muy esteril y enferma y de muy pocos naturales y esos tan brutos y bestiales en su manera de bivir que no ay naçion en el mundo a quien en rrustiçidad y torpeza de juyzios se pueda ygualar, por que ellos comen carne humana, culebras, sapos, arañas, hormigas y quantos viles y suzios animales produze la tierra. Toman estos yndios vn bollo de mayz algo tierno y ponense como osos ençima del hormiguero, y moviendo rruydo para que las hormigas salgan, quantas pueden aber juntan con el bollo o pan y alli las estan estruxando y amasan y se las comen, cosa çierto jamas oyda hasta nuestros tienpos que otras gentes hagan, y çierto que tierra que tan barbaras gentes, y mas semejables a los brutos que otras ningunas, cria y sustenta, que no puede produçir buenos ayres ni bapores, porque aqui enfermo toda la gente a Felipe Dutre, y se paraban los soldados hipatos148 y hinchados y perdiendo sus naturales colores cobravan otras muy diferentes, casi narangadas; pelavaseles el cabello, y en lugar de ello saliales pestifera sarna, de que morian; y porque aqui no se dixese que todos los duelos con pan etc., casi apenas hallavan que comer. Las mesmas calamidades padeçian los caballos, que hinchandose a manera de hidropicos y cayendoseles el pelo y cubriendose de sarna, eran muertos; y con el gran deseo que de comer sal tenian en viendo qualquiera rropa puesta al sol a enxugar arremetian a ella con feroçidad de brutos, y por presto que sus dueños acudian les abia de quedar algo en la boca.

Con esta calamitosa adversidad pasaron el ynbierno en aquella punta de tierra dicha de los Pardaos, el qual pasado dieron la buelta por diferente camino del que llevaron, con perdida de algunos soldados que se les abian muerto, y con trabaxo de muchos que trayan enfermos, hazia el pueblo de Nuestra Señora, para dexar alli los enfermos, los quales no se atrevia Felipe Dutre pasar adelante, por serle ynpedimento para caminar y gerrear, y por no dexallos en tan mal sitio y lugar como era el donde abia ynbernado, y por ser la tierra del pueblo de Nuestra Señora tierra mas descubierta y sana, y de alli tornar a dar la buelta sobre su notiçia con la gente questuviese para ello. Y caminando con no menos trabaxos que a la yda llevaron, allego este capitan Felipe Dutre al pueblo de Nuestra Señora, despues de aber casi vn año que del abia salido en seguimiento de Hernan Perez, y alojandose alli para descansar y rreformar su gente y dar con brevedad la buelta, fue de nuebo por el movida platica de la notiçia quel prinçipal del Papamene le abia dado; porque era este capitan tan animoso y deseoso de salir con algun buen hecho, que con todos los trabaxos y calamidades pasadas no abia perdido ninguna parte del brio con que salio de Coro, y ansi luego procuro aber yndios de aquella provinçia del pueblo de Nuestra Señora para de nuebo ynformarse dellos de la notiçia del Dorado, por ver si en alguna cosa conformavan o concordaban con el yndio y principal de Papamene.

CAPITULO TRES

En el qual se escriven los movimientos que en Coro suçedieron y vbo açerca del govierno de la tierra en el interin que Felipe Dutre andava en la jornada de suso rreferida.


Durante el tiempo que las cosas que de suso en suma hemos contado, le suçedieron a Felipe Dutre en su jornada y descubrimiento y demanda del Dorado, no dexaba de aber en Coro nuebos suçesos y movimientos, porque proveyendo Su Magestad a Don Rrodrigo de Bastidas, obispo de Venenzuela, por obispo de San Juan de Puerto Rrico, fuele forzoso dexar el cargo de governador que tenia e yrse a su nuebo Obispado, y nombrando por su tiniente general, para que por su avsençia tuviese en justizia la tierra, a vn Diego de Boyça, castellano, comendador de la horden de Cristo de Portugal, persona prinçipal y de buen linage y suerte, se fue a Puerto Rrico(A).

Este tubo el govierno de aquella provinçia poco mas de vn año, sin hazer ni suceder en su tiempo cosa digna de escrevirse; y quiriendose yr desta tierra, por provision particular que para ello tubo de la Rreal Avdiençia de Santo Domingo, nonbro por su alcalde mayor a vn factor de los Bezares, llamado Miçer Anrrique, el qual deseaba grandemente yntentar alguna cosa digna de memoria; y como en su tienpo149 a Coro Diego de Losada150, que abia salido poco abia, perdido de la jornada de Sedeño, donde abia andado por maese de canpo de Pedro de Rreynoso, fue enbiado con beynte conpañeros por tierra la buelta de Cubagua a que atraxese asi alguna gente de la mucha que alli abia perdida y ociosa, para con ella hazer alguna nueba jornada o poblazon; porque como ya a esta sazon Su Magestad, como cristianisimo rrey y enperador, obiese quitado la grangeria de hazer esclavos los yndios, y los obiese puesto en libertad, toda la gente que en aquella provinçia de Cubaagua bibian deste trato, que era muy mucha, estaban suspensos sin saber a donde yr ni tener ninguna manera de grangeria; y como Diego de Losada se açercase a ellos ynduziendolos a que se entrasen en la juridiçion de Venençuela, para alli hazer nuebas jornadas y descubrimientos, façilmente lo hizieron y se le pasaron mas de noventa honbres, con los quales se bolvio Losada, y Villegas su conpañero, a quien para el mesmo efecto abia Miçer Anrrique dado ygual comision; y como por antigua costumbre entre los que son yguales en juridiçion se halle pocas yguales la condiçion o conformidad, naçio entre estos dos capitanes sobre el mandar, algunas cosquillas que despues, durando por algun tienpo, parieron diversidad de discordias.

Dieron la buelta, como dixe, con sus noventa conpañeros, hazia Coro, para alli ordenar y hazer por mano del Alcalde mayor, lo que conviniese. Detuvieronse algun tienpo en el camino, asi por ser largo como por los muchos rrios y belicosos naturales que por el ay, de suerte que quando llegaron a Coro hallaron ser ya muerto su alcalde mayor Miçer Anrrique, por cuyo fin y muerte y por no aber noticia de Felipe Dutre, que abia dias que andaba en su descubrimiento, el Avdiençia de Santo Domingo nombro por governador de Veneçuela y juez de rresidencia de Cuba Agua al liçençiado Frias, fiscal de aquella Avdiencia, que es el propio que fue por juez de comision o de rresidençia contra Antonio Sedeño, governador que fue de la Trinidad, a quien el propio Sedeño en tierra de Cuba Agua desbarato y avn maltrato, segun adelante se dira; y por su capitan o tiniente general nombraron a vn Francisco de Caravajal(B), que era rrelator en la propia Avdiençia, y librandoles las provisiones de todo ello, el liçenciado Frias se fue la buelta de Cuba Agua a tomar la rresidencia, como le era mandado por el Avdiençia a çiertos españoles que alli avian andado haziendo esclavos y otros agrabios a los yndios.

Françisco de Caravajal, con algunos soldados y gente que junto para los descubrimientos que pretendia hazer, se vino la buelta de Venençuela, y no pudiendo tomar puerto en Coro, fue a desenbarcar a Paraguana, que estara quarenta leguas de Coro; y sabido por Villegas la llegada de Caravajal, luego se partio a rreçebirle para tenelle propiçio y favorable, y con mano agena perseguir a Losada, con quien ya tenia mas clara enemistad. En todo se dio Villegas tan buena maña que atraxo al Carabajal a ser su amigo, y metio todo el mal que pudo entre el y Losada, por donde venido que fue Carabajal a Coro, vso de mañas con que con buena color echo a Diego de Losada de la tierra, para que ni el estorvase lo que pretendia hazer, ni con su presençia diese enojo a su enemigo Villegas, porque como Diego de Losada era caballero de animo rreposado y muy bien hablado, y por eso bien quisto de todos los que en aquel pueblo rresidian, temiose Caravajal que en los bulliçios que el pensaba yntentar, no ocurriese la gente a aquel caballero, que con sus virtudes los tenia a todos subjetos a su querer, y tomandole por cabeça destruyesen de todo punto sus desinos.

Ido Losada de Coro, luego Caravajal començo a juntar gente para yr la tierra adentro a hazer nuebas poblazones y descubrimientos; y como los soldados dixesen que no querian yr con el por no ser el governador sino vn tiniente de limitada juridisçion, yntento vna maldad digna de grabe castigo, y fue que tomando las provisiones que traya de tiniente y mudando la sustançia de ellas en que dixesen governador, hizo demostraçion de ellas a algunos amigos suyos para que dibulgasen y dixesen como era governador nonbrado por el Avdiençia, y que por tal lo podian tener, porque asi lo rrezaban y deçian las provisiones que abia traydo. I como por faltar entre los que deseaban desconponer a Carabajal, no tuviese ninguna contradiçion su falsedad, vso dende en adelante de su juridiçion como governador, nonbrando por su tiniente a Juan de Villegas, por aber sido su compliçe y conpañero en la falsedad.

Diose Carabajal toda la prisa que pudo en hazer y juntar gente para hazer su jornada; y como algunos por no seguir aquel Governador, que les pareçia que tiranicamente governaba, se avsentasen a los montes, eran por el traydos y despojados de lo que poseyan, caballos y otras cosas, y como desterrados por grabes delitos, eran echados de la tierra; y con estas violençias y amenazas junto Carabajal vna buena conpañia de duçientos hombres rrazonablemente adereçados. I porque quando el liçençiado Frias biniese a Coro, no hallase armas ni gente con que seguille, procuro que quedase aquel pueblo tan desproveydo de todo, que saliendose del con su gente para su jornada lo dexo casi como si de enemigos obiera sido saqueado y arruynado. Metiendose la tierra adentro con su gente, fue a parar a las provinçias del Tocuyo, donde hizo su alojamiento con proposito de paçificar aquella tierra y poblar en ella los pueblos que le pareçiese.

NOTAS AL CAPITULO III

(A) Nombrado obispo de San Juan de Puerto Rico, Don Rodrigo de Bastidas salio de Coro y se dirigió á Santo Domingo, á cuya ciudad llegó el sábado 28 de Enero de 1542.

Por cierto que el Padre Aguado no se muestra muy benévolo con el obispo Bastidas; pero Fernandez de Oviedo le juzga en estos términos:

«Hizo la reformaçión de la provinçia, y proveyó en ella lo que al servicio de Dios y de Sus Magestades, y á la conservación de los indios y su buen tractamiento, y al remedio de los conquistadores españoles convino. Porque assi como fue llegado a la cibdad de Coro, sin descansar dia ni hora, con mucha prudençia é prontitud, proveyó todo aquello quel tiempo é oportunidad de las cosas dieron lugar é se pudo haçer, assi en la reformaçión é visitaçion de las ánimas de los chripstianos é de su Iglesia, como en el buen tractamiento é quietud de los indios que estaban de paçes, y en el ornamento y nesçesidades de aquella república.»

Este juicio de Fernández de Oviedo parece ajustarse al que generalmente merecía entonces el obispo Bastidas, pues hay que tener en cuenta que el nombramiento de éste para Puerto Rico, se hizo á instancias del Cabildo de San Juan.

El chantre Juan de Cea, el arcediano Domingo García y el canónigo Juan de Segura escribieron al Emperador en 15 de Enero de 1540 diciéndole: «Ya otra vez suplicamos se nos enviase Obispo. Suplicamos sea Bastidas el de Venezuela, utilísimo aquí por su persona y los bienes de su patrimonio.» (Colección Muñoz, tomo LXXXII.)

Diego de Buiza ó Boica, á quien dejó encargada la gobernación el obispo Bastidas, era castellano, aunque hijo de portugueses. Pérez de Tolosa dice que era pariente del licenciado Guevara, oidor de la Audiencia de la Española, y Oviedo y Baños le califica de «caballero de grandes prendas y singular expediente para cualquier negocio».

(B) Aguado, y siguiendo á este, el P. Simón, le llaman Francisco Carvajal; pero según Castellanos y Pérez de Tolosa, se llamaba Juan.

Era natural de Ponferrada y escribano de oficio.

CAPITULO QUATRO

Como dexando Felipe Dutre los enfermos en el pueblo de Nuestra Señora, se partio con quarenta soldados en demanda del Dorado. Quentase lo que en el canpo le subçedio hasta llegar a çierta poblazon que estaba cerca de la tierra de los Omeguas.


Despues de aberse holgado y descansado algunos dias Felipe Dutre en el pueblo de Nuestra Señora, y aberse bien ynformado de algunos yndios que por alli se tomaron, si era çierta la notiçia del pueblo que en el Papamene le abian dado a la151 qual llamavan los naturales de aquel pueblo Guagua, y los del Papamene, Omeguas, que casi corresponde con la que Orsua tubo en el Marañon, llamada Omegua, hallando ser çierta y que todabia le afirmavan y confirmaban la prosperidad de aquella tierra, dio la buelta sobre la punta de los Pardos152, de donde se abia rretirado a dexar en buena parte sus enfermos y rreformar sus jumentos; y llevando consigo quarenta hombres, y con ellos a Pedro de Linpias, que demas de ser honbre venturoso y mañoso y de buen conoçimiento en cosas de yndios, abiase dado a deprender las diferentes lenguas de aquellos barbaros, las quales entendia medianamente, comenzo a seguir por la derrota que los yndios le abian dicho, y avnque pasando por rraras poblazones, sienpre de los yndios que podia aber se procuraba ynformar donde estaba el pueblo llamado Macatoa, y si para yr a el llevaba buena derrota por do yba. Los yndios, no apartandole ni estorvandole punto de su camino, por pareçelles que yba a tierra donde mas no bolveria, y que con miserables muertes que los omeguas les darian, se vengarian de los daños que sus comarcanos y vezinos abian de españoles rreçebido, siempre les encaminaban la bia derecha al rrio Guavyare, en cuyas rriberas estaba poblado Macatoa, por quien yva preguntando. Caminando siempre por camino llano, alto y enxuto que por pocas partes de aquellos llanos se suele hallar ni se a hallado, sin suçedelles ningun contraste ni ynfortunio, dieron dende algunos dias que abian caminado, en el rrio llamado Guavyare, el qual es rrio cavdaloso y muy hondable y algo furioso y que si no es en canoas o nadando no se puede pasar, lo qual tenian Felipe Dutre y sus soldados neçesidad de hazer, porque de la otra vanda estaba el pueblo en cuya demanda yva.

Andubieron algun rrato por las rriberas de Guavyare, buscando si hallarian vado por do pasallo o yndios que los pasasen, y lo uno ni lo otro pudieron topar, mas de solamente vn yndio que acaso andaba pescando o mariscando por aquella rribera, al qual, despues de abelle preso, con halagos que le hizieron y buenas palabras que le dixeron, le aplacaron de la yra y coraje que en berse en poder de gentes para el tan espantables, abia cobrado; y dandole a entender el poco daño que le abian de hazer, le preguntaron a que parte estaba el pueblo llamado Macatoa. El yndio, como era natural de por alli y sabia y conoçia bien aquella tierra, luego les declaro muy por estenso lo que le preguntaban, señalando la parte y lugar donde aquel pueblo caya y la poca distançia que de alli estaba agua arriba, eçeto que se abia de pasar el rrio. Felipe Dutre, confiandose en lo que la fortuna quisiese hazer, dio algunos rregalos o rrescates a aquel yndio y persuadiole y rrogole que fuese al pueblo Macatoa y que de su parte saludase al señor del y le dixese que el, con aquellos soldados que alli tenia, yvan en demanda de çiertas provinçias de mucha gente que le abian dicho que el sabia, para yrse a ber con ellos; que tubiese por bien de rreçebir su amistad, que el le seria perpetuo amigo y no consentiria que en sus tierras ni basallos se hiziesen ningunos daños ni rrobos, y que no reynase en el ni en sus yndios ningun temor de que por los suyos se les harian ningunos malos tratamientos, ni se avsentasen de sus casas, y otras cosas para atraer los animos de aquel yndio y señor de aquel pueblo y de sus sujetos a su amistad y comunicaçion; porque como las crueldades de que los españoles les solian hazer en aquellos tiempos bolavan y penetraban a partes muy rremotas y apartadas, no dexaban los moradores deste rrio de tener ya notiçia de la furia e ympetu en animos de los nuestros, y de como sujetaban y arruynaban las tierras por do pasaban, y por esto le convino a Felipe Dutre enbiar aquel mensajero con todos estos halagos y muchos mas.

El yndio se fue con su enbaxada la buelta de Macatoa, y llegado alla la debio de dar muy cumplida, segun pareçio, porque otro dia siguiente vinieron a donde Felipe Dutre estaba noventa yndios en canoas aconpañando a vn hijo del señor o principal de Macatoa, al qual su padre enbiaba con la rrespuesta de la enbaxada que el dia antes abia llevado el yndio. Los españoles, temiendo no fuese aquella gente de guerra que benia a pelear con ellos, pusieronse a punto de guerra. Llegaron las canoas a la parte de la rribera donde estavan alojados los españoles, y saltando en tierra aquel barbaro que su padre enbiava por enbaxador aconpañado de otros algunos yndios, pregunto en su lengua desde lexos por el prinçipal o cabeça de los cristianos, y como fuese entendido lo que deçia, salio a el Felipe Dutre aconpañado del capitan Linpias, que entendia aquella lengua, y de otros algunos soldados; y como por lo que se le dixo y enseño, el yndio conociese que Felipe Dutre era el capitan de aquella gente, le hablo en su lengua desta manera: Ayer embiastes con vno de los moradores destas rriberas que por aqui hallas a saludar a mi padre, haziendole saber vuestra venida, conbidandole con vuestra amistad, prefiriendoos a no danificar a el ni a sus sujetos, dandole a entender que no es vuestro yntento mas de ynformaros y saber del que gentes son las que abitan en las tierras comarcanas a çiertas sierras que apartadas de aqui estan este rrio abaxo, en cuya demanda vays, y que porque os encaminase a ellas le seriades muy gratos y le hariades todo el benefiçio que pudiesedes, por todo lo qual se halla mi padre tan devdor vuestro quanto yo no se dezir ni significaros, porque halla en vosotros muy diferentes obras y palabras de las que algunas gentes le abian dicho, significandole que herades vnos hombres terribles, feroçes, crueles, enemigos de toda paz, amistad ni concordia, senbradores de gerras, derramadores de sangre humana, y finalmente que toda vuestra feliçidad era desasosegar con mil generos de crueldades a las miserables gentes por do pasabades: enbiame a vosotros para que de su parte os de la norabuena de vuestra venida y llegada, y que es muy contento de açetar vuestra amistad, y no solo advertiros de lo que pretenderedes saber del, mas tambien serviros con todo lo que fuere neçesario para vuestro viaje, y daros guias que os guien y lleven por buen camino y en breve tiempo: rruegoos que os paseys a aposentar a su casa y pueblo, donde mejor os pueda servir y ver, y para este efecto vienen aqui estas canoas que os pasaran de la otra parte deste rrio.

El general Felipe Dutre le rreplico con el ynterprete que le agradeçia su enbaxada, y que en todo se rremitia a las obras que veria. Apartose algo el General a tratar con los suyos lo quel yndio abia tratado y dicho; y como los españoles sea gente tan rrecatada, no les pareçio que aquella enbaxada traya la sinçeridad y llaneza que devia traer, sino que debaxo della abia alguna çelada, y pareçioles que aquel dia no se pasase el rrio Guavyare, porque era ya tarde y las canoas que trayan no eran tantas que de vna vez pudiesen pasar todos, porque si divididos pasaban era dalles materia y ocasion a los yndios para que si tenian pensada v hordenada alguna traycion, la efetuasen, y yendo o pasando todos juntos ya que algo obiese podrianse defender mejor. Felipe Dutre le dio por rrespuesta aquel prinçipal que el ser ya tarde y aber pocas canoas para el pasaje del rrio les era ynpedimento para que luego no se efetuase lo que deçia açerca de que luego pasasen a la otra vanda; que se bolviese en orabuena a donde su padre estaba, y que otro dia pasarian. El yndio entendido lo que se abia dicho, dixo que por falta de pasaje no lo dexasen, que el haria alli venir mas canoas, y ansi enbio luego vn yndio que hizo venir alli otras tantas y mas que las que antes el abia traydo; y visto los españoles la liberalidad del yndio, porque no pensasen que de temor lo dexaban de hacer, se enbarcaron, y llevando los caballos a nado pasaron todos juntos aquella tarde el rrio, y alli luego se alojaron por pareçelles que no era ya ora de caminar ni llegar al pueblo de Macatoa.

Al enbaxador o hijo del cacique le peso de que los españoles no quisiesen pasar de alli, mas abisandoles que no fuesen el rrio abaxo, donde podrian ser danificados de çiertas gentes que por alli habitaban, se fueron a su pueblo a dar cuenta de lo subçedido a su cacique o prinçipal.

Otro dia de mañana embio el señor de Macatoa çinquenta yndios cargados de mayz y pescado y carnes de venado y caçabe a los españoles y a su general, y les enbio a rrogar que se fuesen a descansar a su pueblo, que se holgaria mucho de bellos alla; y como el General y los demas tubiesen deseo de ver aquel prinçipal, luego se partieron todos juntos para el pueblo de Macatoa, el qual hallaron desocupado de sus moradores porque en el se alojasen los españoles, y toda la gente del pueblo, que serian quatroçientos vezinos, se abian alojado vn tiro de arcabuz de allí, rribera del rrio Guavyare, y admirados desta hazaña y liberalidad le preguntaron al caçique o señor que como o porque abia desenbaraçado su pueblo e ydose de sus casas a alojarse junto al rrio, el qual rrespondio que conoçiendo la gran ventaja que los españoles les tenian en personas y en balentias y en su manera de bivir y tratar y en todo lo demas que hazian, hallavan no solo merecer y ser dignos de que ellos los diesen sus propias casas en que se aposentasen, sino de que perpetuamente les sirviesen.

Era este prinçipal vn yndio bien apersonado, de mediano cuerpo, y alegre y liso de rrostro, de muy amigable y noble aspecto, no viejo, sino que al pareçer tendria de treynta y seys o quarenta años. Sus yndios era gente creçida y luçida, avnque desnuda, de naçion guaypes, que por otro nonbre son dichos guayupes. Tenian estos yndios el pueblo linpio y bien adereçado y muy proveydo de comidas de todas suertes, de las que ellos vsaban, y muchas hamacas, en que los españoles durmiesen.

Felipe Dutre, con sus ynterpretes, luego tomo la mano en ynformarse deste prinçipal y señor de Macatoa de la tierra del Dorado, en cuya demanda yva, y en quatro dias que alli estuvo descansando, su prinçipal exerçiçio era este, variando en sus preguntas, por ver si el yndio variaba en sus rrespuestas; el qual deçia que junto a çierta cordillera que en dias claros de alli se devisaba, abia grandisimas poblazones de gentes muy rricas y que poseyan ynumerables rriquezas; que le pareçia que no debia yr a ellas con tan poca gente como llevaba, porque por muy balientes que fuesen, la muchedumbre de las gentes donde yvan los consumirian y acabarian muy presto. El General, como yba determinado a no dar la buelta sin ver el prinçipio de la tierra, pidio guias al caçique para proseguir su viaje, el qual se las dio; porque para llegar a otra poblazon de yndios amigos suyos abia çiertas jornadas de despoblado, le dio otros muchos yndios cargados de comida para el camino, con los quales se partieron los españoles, y siendo guiados por vnas çabanas o campiñas rrasas y sin camino, porque de yndustria eran llevados por alli, a fin de apartallos de çiertas poblazones que rribera del rrio Guavyare abia, donde podian rreçebir daño. Y despues de aber caminado nuebe dias de despoblados, llegaron çerca del pueblo amigo del señor de Macatoa, a quien los nuestros yvan rrecomendados para que les hiziesen buen ospedaje y los guiasen adelante. Las guias que los españoles llevaban, ya que estubieron obra de dos tiros de arcabuz del pueblo, de suerte que los moradores del se enpeçaban a alborotar para tomar las armas, dexaron a los nuestros a que se alojasen alli donde estaban, y ellos fueronse al pueblo a dar notiçia de la gente que era y la derrota y demanda que llevaban, y a sosegar los alborotados animos de aquellos barbaros que con la bista de los nuestros estaban ya con las armas en las manos para salles153 al encuentro.

CAPITULO ÇINCO

En el qual se escrive como siendo guiado Felipe Dutre de çierto prinçipal del pueblo arriba dicho, llego al prinçipio de la tierra del Dorado, donde fue herido el y otro capitan, y de alli dio la buelta al pueblo de Nuestra Señora.


Dende a poco tiempo que las guyas estuvieron en aquel pueblo sosegando la gente y dandoles cuenta del efecto a que los españoles yvan, se bolvieron a donde Felipe Dutre estaba alojado, y le dixeron como dexaban quieta aquella gente y al prinçipal o señor de aquel pueblo en su amistad, y quel les daria guias y todo rrecado para proseguir su viaje desde alli adelante hasta llegar a la tierra; y pues ellos no tenian mas que hazer les dexase bolverse a su pueblo de Macatoa. El General les agradeçio lo que abian hecho, y les dio liçençia que se bolviesen, los quales luego lo hizieron.

Este propio dia le vino a bisitar el señor o cacique de aquel pueblo con çiertos yndios cargados de comida y a saber mas por estenso los desinos de los españoles, los quales les fueron muy particularmente declarados; y entendiendolos el yndio mediante los ynterpretes que Felipe Dutre llevaba, estando admirado y espantado de ver aquella nueba manera de gente vestida y barbada y que caminaban en sus jumentos o caballos, de cuya terrible vista no menos se marabillo, se dize que les cobro tanta afiçion y amistad, que mostro gran pesar de vellos tan ostinados en querer pasar adelante, porque le pareçia que no solo no serian parte para bolver atras si vna bez entraban en aquella tierra en cuya demanda yvan, pero que miserablemente abian de ser muertos y despojados de lo que llevaban, por la belicosa gente de aquella provinçia. Dioles asi mesmo entera rrelacion de la gente de aquella tierra, diziendo ser ynumerable y gente vestida, y que vsaban traer cubiertas sus carnes y que tenian çiertos animales que segun figuraron ser como las obejas que los yndios del Piru tienen y tenian, y otros generos de abes como pavos y gallinas de papadas; y algunos quisieron afirmar que les abian dado por notiçia estos yndios que los otros del Dorado poseyan o tenian çiertos animales creçidos que afirmaban ser camellos, mas esto no tiene ninguna similitud ni aparençia de verdad. Lo que más contento a los nuestros fue la mucha cantidad de oro que les deçian que tenian, y pueblos muy rrecogidos; y visto por este prinçipal que sus persuasiones no eran parte para estorvar a Felipe Dutre que no pasase adelante, dixo que el en persona le llevaria y guiaria hasta el prinçipio de la tierra, porque gustaba mucho este barbaro de ver andar los españoles encima de los caballos y de belles guinetear y hazer mal, y por solo esto se movio a aconpañallos por aquella llana tierra.

Despues de aber descansado Felipe Dutre con sus compañeros tres dias en aquel alojamiento, se movio para pasar adelante, y llevando en su conpañia aquel prinçipal, con obra de çien yndios que llevaban comida y algunas baratijas de los españoles, caminaron çinco dias por muy seguidos y anchos caminos, avnque por alli pareçia la tierra ynabitable, y al vltimo dia, bien tenprano, dieron en vna caseria de hasta çinquenta buhios, en los quales abia gente, y preguntado aquellos naturales que quienes eran aquellos, dixeron que alli se rrecogian los yndios que tenian cargo de guardar las labranças o sementeras de los pueblos de adelante, los quales, en sintiendo los españoles, luego començaron a huyr. Desde este lugar se dize que asi el General como todos los demas que con el yvan, vian bien çerca vn pueblo de disforme grandeza, tanto, que avnque estaban bien çerca no le vian el cabo, todo junto y puesto por su horden, en medio del qual estaba vna casa que en grandeza y altura sobrepujaba mucho a las otras; y preguntando a aquel prinçipal que por guia llevaban, que casa fuese aquella tan señalada y eminente entre las otras, rrespondio ser la casa del prinçipal o señor de aquel pueblo, llamado Qvarica, el qual, avnque tenia çiertos simulacros o ydolos de oro del grandor de muchachos, y vna muger, que era su diosa, toda de oro, y poseya otras rriquezas, el y sus vasallos, que eran muchos, abia mas adelante muy poco trecho otros prinçipales y señores que en numero de basallos y en cantidad de rriquezas y de ganados eçedan154 a aquel y a su gente; y que avnque de alli para delante no abian menester guyas que los guyasen, porque sienpre, si los dexaban bivos, andarian y caminarian por grandes poblazones, pero que para mejor se ynformar de la rriqueza de aquellos omeguas, que asi dixo llamarse aquella gente, procurasen tomar vn yndio de los que de aquellos buhios abian salido, para que mejor los advirtiese de todo, porque el se queria bolver a su pueblo sin pasar de alli.

A esta sazon se hallaron a caballo el general Felipe Dutre y otros que los tenian, y corriendo tras los yndios ninguno pudieron alcançar, eçeto el General y vn capitan Artiaga, que yvan juntos y por llevar buenos caballos yvan en alcançe de dos yndios que llevaban dos lanças o dardos en las manos, los quales viendo que ya los dos de a caballo les yvan en el alcançe, se bolvieron contra ellos y enpleando muy bien sus lanças hirieron con ellas a los dos Capitanes en vn mesmo lugar, entre las costillas debaxo del braço derecho, y quedando con esto vitoriosos, sin rreçebir daño ninguno, se fueron derechos a su poblazon.

Juntose luego Felipe Dutre y Artiaga con la demas gente, los quales viendo aquel desgraçiado subçeso, casi cortados, estaban perplexos e yndeterminables en lo que harian. Asi mesmo, el caçique que los abia guiado hasta alli, viendo el mal prinçipio que abian tenido, estaba temeroso si acudirian luego las gentes de aquellas provinçias sobre el y los españoles y los matarian a todos, y dezia que dignamente merecian pereçer y ser muertos alli todos, pues menospreçiando su consejo y pareçer se abian querido meter en aquella agonia y trabaxo.

Ya a esta sazon estaba en el pueblo grande que delante tenian la nueba de como abian llegado alli los españoles, donde sonando grandisimos estruendos de atambores y fotutos y alaridos de yndios, pareçia que algun tempestuoso exercito se movia y venia sobre los nuestros. Con esto luego155 la noche, que fue como muro y defensa puesto para guarda y amparo de los españoles e yndios que con ellos estaban; porque cargando en hamacas los yndios amigos a los dos capitanes heridos, dieron la buelta, caminando toda la noche y el dia siguiente sin parar hasta que llegaron al pueblo de do abian salido, donde luego dieron horden en curar los heridos que hasta entonçes no se abian curado. Hizo alli vn soldado llamado Diego de Montes, natural de Madrid, vna cura çierto buena para no ser hombre cursado en ello, la qual contare solo por la delicada astuçia de que vso.

Como las heridas estaban entre las costillas y el no alcançase, por no tener estudio ni esperiençia si156, cayan mas altas o mas baxas de las telas que comunmente llaman entrañas, los que no son zuruganos, tomo vn yndio viejo y harto de bivir que alli le dieron en aquel pueblo, que devia ser esclavo, y poniendolo ençima de vn caballo, hizo que otro con una lança de yndios le hiriese con el propio acometimiento que al General le abian hecho quando lo hirieron, vistiendole primero el sayo de armas con que el propio General estaba vestido al tiempo que fue herido, y metiendole la lança por el propio agugero del sayo fue el yndio herido por la parte quel general, y apeandolo del caballo fue por el Diego de Montes abierto y hecho del anotomia; y viendo que la herida caya sobre las telas dichas, tomo sus dos enfermos y rrasgandoles las heridas por lo largo de las costillas, los hizo çierto labatorio con que meçiendolos de vna parte a otra segun suelen hazer a los odres para lavallos, fueron limpios de mucha maleza que dentro tenian, y en breve sanos157. Los yndios deste pueblo se admiraron y marabillaron mucho asi de la horden y manera con que fueron curados como del sufrimiento y confiança que tuvieron a sufrir aquella anotomia y cura, y les dixeron que si muchos hombres trayan como aquellos, que bien podian entrar por fuerça de armas en la tierras y poblazones que atras quedaban, los quales, avnque los nuestros se rretiraron, no por eso se abian sosegado158, mas juntando cantidad de quinze mil yndios, que antes mas que menos les pareçieron a los nuestros, vinieron en su seguimiento y alcançe, de lo qual luego que se açercaron a donde los nuestros estaban, tubo notiçia aquel prinçipal o caçique amigo, por lengua de sus sujetos y labradores que por las campañas andaban y los abian bisto venir, y dello dio abiso al general Felipe Dutre, y el, como estaba malo, rremitio la horden de la guerra al capitan Linpias, honbre bien afortunado en guaçaraba.

Este, como biese que los yndios omeguas que en su alcançe abian salido, se le açercaban, puso los españoles armados en conçierto, y saliendo al encuentro a los omeguas que benian divididos en diversos esquadrones y armados con lanças y rrodelas, les arremetieron con muy buen animo con la gente de a caballo, y avnque al primer ynpetu los yndios rrebatieron a los nuestros, fue Nuestro Señor servido de favorecellos, porque de otra suerte no eran parte para descomponer ni ahuyentar tanta cantidad de gentes y tan bien armadas y belicosas. Torno Linpias, con sus treynta y ocho conpañeros, arremeter contra aquellos barbaros, que por su muchedumbre, les pareçia que tenian ya en las manos la victoria, y rrompiendo por ellos començaron a lançeallos de vna parte y de otra y a derribar y atropellar con los caballos mucha cantidad de ellos, sin que los nuestros reçibiesen ningun daño; lo qual, visto por los omeguas, començaron a perder el animo con que alli abian llegado, y con mas temor de la feroçidad de los caballos que de los guinetes, començaron a rretirarse muy desconçertadamente, y los nuestros a seguir su vitoria y alcance para poner mayor temor en ellos; y asi los hizieron bolver desbaratados a su pueblo, con perdida de mucha gente que asi en la guaçabara como en el alcançe fueron muertos. Algunos dizen que en esta guaçabara fue donde hirieron al capitan Artiaga, y no quando a Felipe Dutre: que sea en la una o en la otra parte, no obo mas heridas en to esto que las de los dos159 capitanes.

En tanto que los nuestros y los omeguas peleaban, el caçique de aquel pueblo y sus yndios, con las armas en las manos, estaban haziendo guardia a Felipe Dutre, y desque bieron la bictoria que los nuestros abian abido, fueron grandemente espantados de que tan poca gente obiese desbaratado a tanta; y alabando la fortaleza de los nuestros les tornaron a dezir que si se juntaban vn razonable numero de ellos, que bien sujetarian a los omeguas y gozarian de sus rriquezas, que eran muchas.

Pasados pocos dias, Felipe Dutre determino dar la buelta al pueblo de Macatoa, y de alli al de Nuestra Señora; de lo qual peso harto al prinçipal que mostraba desear que se estubiesen alli y comunicar con ellos por deprender algunas cosas puliticas y provechosas para su bivir. Mas desque vio que era asi la boluntad de los españoles, dioles la comida que era menester e yndios para que la llevasen, y encaminolos por do abian venido.

Felipe Dutre camino por los despoblados por do abia ydo, y como caminaba sin camino y los yndios y guias que traya se le huyesen y le dexasen en el camino, fue a salir a las rriberas del rrio Guayare, mas arriba de do estaba el pueblo de Macatoa, y rreconoçiendo la tierra y paraje donde estaba y que aquel pueblo quedaba atras, enbio a el a Pedro de Linpias para que hiziese subir canoas el rrio arriba para que le pasasen de la otra parte. Linpias lo hizo asi, que bolviendo otro dia con abundançia de comida y canoas, paso el rrio Guavyare. Prosiguiendo su camino llego al pueblo de Nuestra Señora, donde abia dexado sus enfermos, despues de aber tres meses que se abia apartado e ydo en demanda del Dorado[162].

NOTAS AL CAPÍTULO V

(A) Muerto, como más adelante se dice, Felipe de Huten, perdiéronse con él las noticias referentes al reino de los Omeguas, que después ha sido buscado inútilmente; pero, según ha recordado el Sr. Fernández Duro, el P. Gumilla refiere – invocando el testimonio del P. José Cabarte, misionero que anduvo treinta años por el alto Orinoco, y el de un indio bautizado por él mismo, el cual declaraba haber estado cautivo quince años entre los Omaguas, Omeguas ó Enaguas – , que es fácil determinar el itinerario que siguió Huten por las riberas del Guaviare, Ariari y Orinoco. El referido indio, sin conocer una palabra de lengua española, nombraba los sitios donde durmieron los expedicionarios los veintitrés días que desde el Dorado emplearon hasta las márgenes del Orinoco, dándoles nombres castellanos que sólo ellos podían imponer, y refería las mismas grandezas de los tesoros y multitud de gente que el cacique de Macatoa contó á Huten.

La obra del P. Gumilla, Historia Natural, Civil y Geográfica de las Naciones situadas en las riberas del río Orinoco, se publicó en Barcelona en 1791.

No obstante lo dicho anteriormente, no vaciló Herrera, en sus Décadas, en fijar la situación de los Omeguas. «Y á todo esto – dice – desde Maracapana á Barquisimeto, se llama Nueva Andalucia, y en lengua de indios, la Guayana, que contiene desde la Margarita hasta río Marañon… donde están los indios Omaguas, í Amigas con las Provincias del Dorado y otras.»

CAPITULO SEYS

En el qual se escrive como Felipe Dutre salio del pueblo de Nuestra Señora en seguimiento de Pedro de Linpias, que con çierta cavtela se abia apartado, y se encontro con Françisco de Carabajal en las provinçias del Tocuyo.


Fue tanto el contento y alegria que la gente que Felipe Dutre dexo en el pueblo de Nuestra Señora, rreçibio asi de ver bolver a su General y conpañeros como de la grande y çierta notiçia que les trayan, que ya se juzgaban por poseedores y señores de aquella prospera y rrica tierra, espeçialmente que quando asi vienen algunos soldados de buscar alguna nueba tierra o descubrimiento, sienpre acreçientan doblada fama de lo que vieron, y para encareçer su trabajo arman vnas maquinas de cosas que bieron y oyeron y les suçedieron, con que atraen façilmente a todas gentes a que con muy yntrinsica afiçion deseen ya verse en aquella tierra o el pie en el estribo para yr a ella, y cada qual se juzgaba por bien abenturado en pareçelle que no podia dexar de verse poseerla.

Estos soldados y su capitan fueron burlados de sus propios deseos y cobdiçia, porque no solo no bolvieron a poblar aquella tierra del Dorado, mas entre ellos mesmos naçieron luego discordias por donde se desbarataron y bolvieron sin conçierto, y avn su General fue muerto, por ser despojado del derecho que a esta tierra tenia; porque pasa asi: que como antes de agora e dicho, entre la demas gente llevaba Felipe Dutre a Pedro de Linpias, a quien abia dado cargo de maese de canpo, y a Bartolome Berzar, hijo de Antonio Berzar, a quien abia hecho capitan. Y como estos fuesen cabeças en el canpo, y el vno fuese montañes y el otro aleman, y entrambos pretendiesen mandar y ser rrespestados y supremos, no se conformaban en nada, antes se llevaban mal y andaba entre ellos el anbiçion de mandar el vno mas que el otro tan desulata160, que casi se hazian obras por do viniesen a rrompimiento; porque como el Bartolome Berzar era de la naçion de Felipe Dutre y hijo o devdo de los governadores de aquella tierra, era por el faboreçido, y ansi con su calor cobraba brio para conpetir con Pedro de Linpias, el qual, como la fortuna le ofreçiese ya ocasion y aparejo para apartarse con buena color de la conpañia de Felipe Dutre y avn tomar vengança de los desabrimientos que entre anbos capitanes se le abian hecho, trato que se le diesen algunos conpañeros con que poder salir a Coro, para juntar alguna buena conpañia de gente y armas y caballos y bolver con ello con toda presteza a socorrelle para que todos juntos bolviesen de nuebo a los omaguas, diziendoles que el bolver todos juntos a Coro era fatigar los enfermos que abia, y que en el ynterin que el yva y bolvia descansarian y se rreformarian asi los enfermos como todos los demas.

Este doble abiso o consejo de Pedro de Linpias les pareçio bien a Felipe Dutre y a Bartolome Berzar y otros muchos, por lo qual le fue luego dada liçençia y veynte conpañeros que con el saliesen a Coro, y el General con la demas gente se quedo en el pueblo de Nuestra Señora descansando, segun lo abian conçertado.

Pedro de Linpias, siguiendo su tornabuelta, se vino por el propio camino por do abia ydo, hasta que llego a las propias provinçias del Tocuyo y Barqueçimeto, donde hallo al nuevo governador, avnque con falso titulo, Françisco de Caravajal, que poco abia que era llegado a aquellas provincias, el qual procuro ante todas cosas ganar la boluntad y conseguir su gracia para despues alcançar del lo que quisiese. Diole cuenta de la nueba y rrica tierra que abian descubierto, y como venia a buscar copia de soldados para bolver a ella, para el qual efecto quedaba esperando Felipe Dutre con la demas gente en la parte dicha, y ençitando al Caravajal que pues tenia abundancia de gente para hazer la jornada, que tomase aquella ynpresa tan prospera y felice con la qual podria ganar gran honrra y fama, demas de las muchas rriquezas que se podian ynteresar; y que a Felipe Dutre, que pretendia el señorio de aquella tierra, con enbialle preso a Coro a el y a sus conpañeros, façilmente lo frustaria de sus desinos, pues para todo esto era poderoso con la gente que tenia. Carabajal era algo anbiçioso y bulliçioso y façilmente fue conduzido a fixar su animo, avnque malvadamente, en efetuar y poner por obra aquellas cosas que Linpias le abia dicho.

Felipe Dutre y Bartolome Berzar, despues de partido y apartado Linpias dellos, presumieron la maldad que traya pensada, por las pasiones pasadas; y pareçiendoles que no podia ser pequeña la guerra que aquel domestico enemigo les haria, ni façiles de rremediar los daños que les cavsaria, con la presteza que el caso rrequeria se pusieron luego en camino, caminando a las mayores jornadas que pudieron, por ver si en alguna manera le podian alcançar; y como Linpias, vsando de la mesma presteza no se abia detenido en el camino cosa alguna, fue de ningun efecto la presteza o diligençia de que vso Felipe Dutre, el qual, llegado que fue al desenbocadero de Barqueçimeto, tubo notiçia de los yndios de como en la provinçia del Tocuyo estaban españoles, que era Caravajal, y por no meterse ynconsideradamente entre gente que no conoçia ni sabia si eran amigos o si enemigos, vsando de aviso de honbre rrecatado y de guerra se alojo en (el) balle de Barquiçimeto, para de alli rreconoçer que jente era la que estaba en el Tocuyo, y ver lo que lo convenia.

Dende a pocos dias se vinieron a tratar los de Carabajal con los de Felipe Dutre, y a aber entera notiçia los vnos de los otros, y a poner la guarda neçesaria cada qual de los dos capitanes en su alojamiento y gente. Pedro de Linpias no çesaba de poner calor, con el enojo y odio y enemistad que a Felipe Dutre tenia, al161 capitan Carabajal para que lo prendiesen y persiguiese, pues tenia copia de abentajada gente; mas Carabajal, como era honbre mañoso y de agudo yngenio, no queria poner aquel negoçio en ventura de batalla, en donde la fortuna suele, por no pensados modos, dar la victoria, no a los que en fuerças y muchedumbre de gentes la tienen por çierta, sino aquellos que por ser pocos y tener rreconoçidas claras ventajas en sus contrarios, procuran peleando con osados animos, vender sus vidas a costa de mucha sangre que de sus contrarios derraman, a donde suele esta bariable fortuna poner todas sus fuerças, dandoles claros triunfos a quien no los pensaba gozar. Y asi pretendia Carabajal, con mañas y simulaçiones, atraer a su alojamiento a Felipe Dutre, para alli seguramente ser señor del y hazer lo que le pareçiese.

De todas estas cosas era abisado Felipe Dutre por cartas de honbres que en conpañia de Carabajal estaban, que aborreçian por todo estremo el govierno de aquel honbre, tan malvadamente y por tan torpe modo adquirido. Escrevianle tanbien que no desabraçase ni apartase de si aquel titulo que tenia de general, ni se dexase governar ni subjetar de Carabajal, porque si el Avdiençia de Santo Domingo algun nonbramiento abia hecho de nuebos ofiçiales ó ministros de justicia, fue y era entendiendo que el era muerto o perdido, y que asi no abia derogado sus poderes, con lo qual hazian estar ostinado a Felipe Dutre en querer mandar y governar aquella tierra con aquel rrançioso titulo que tenia; avnque en tales tiempos mas firme titulo es y suele ser la fuerça del exerçito que la abundançia y antiguedad de provisiones y poderes rreales.

Finalmente, el Carabajal se dio tan buena horden en seguir sus ardides y mañas, que eran como de honbre andaluz y rreformado en Indias, que hizo entender y creer a Felipe Dutre que no se haria mas de lo quel quisiese y hordenase, y que de conformidad se nonbrasen personas que biesen las provisiones de entrambos y que estubiesen por lo que los arbritos sentençiasen, o que ya questo no quisiese, que ambos de conformidad governasen el campo y gente y juntos fuesen a poblar y conquistar el Dorado.

Fue tan convençido y creydo Felipe Dutre desto que le deçia Carabajal, que dexando su primera determinaçion, se levanto del alojamiento donde estava y se metio y mezclo con su gente y soldados en la rrancheria y alojamiento de Carabajal, con que se acabo de destruyr, segun luego se vera.

CAPITULO SIETE

En que se escrive çierta sediçion y alboroto que entre Caravajal y Felipe Dutre obo despues de aberse juntado.


Juntos los dos Capitanes o governadores, como los que terçiaban mal de la vna y de la otra parte los tenian mas çerca, mas frequentemente los yncitaban a enemistad y a que se danificasen el vno al otro; pero Carabajal, como tubiese mas gente162, avnque alguna della mas para ofenderle que para defenderle, disimulando con las promesas y ofreçimientos que a Felipe Dutre abia hecho, avnqve tratandolo amigablemente, procuraba aber ocasion para prendello, porque aquel caballero aleman, confuso de lo que abia hecho en juntarse con Carabajal, andaba muy sobre el abiso aconpañado de sus familiares, prevertiendo163 y apartando toda ocasion que a Carabajal le pudiese ser vtil y provechosa para efetuar sus desinos.

Fue, pues, el caso que como Carabajal no hallase comodidad para sin notable escandalo y alboroto prender a Felipe Dutre, conbidole a comer para si alli obiese ocasion y lugar, prenderle y hazer lo que pretendia. Felipe de Vtre, porque no se presumiese del que le abia faltado el animo y que por temor no queria açetar aquel cavteloso conbite, que con falsa ostentacion de buena voluntad se le abia hecho, conçedio a Caravajal lo que le rrogaba y fuese con el a comer, dexando prevenido a Bartolome Berzar y a sus amigos que estubiesen sobre el abiso164 y con las armas en las manos para en oyendo algun bulliçio acudir a defenderle; y el, como honbre que yva a comer con su enemigo, llevaba en su persona gran abiso y rrecato y avn armas defensibles encubiertas. Comieron y pasaron su conbite o cena sin que en el se yntentase cosa alguna, porque Carabajal abia sido abisado de la gente que Felipe Dutre dexaba prevenida. Levantados de la mesa, el aleman tomo la mano en hablar, visto que todo estaba sosegado y que no se yntentaba nada de lo quel pensaba, diziendo a Carabajal que pues ninguna cosa de las que le abia prometido no cunplia ni queria hazer, antes violentamente, mas con la fuerça de su gente que con el derecho ni justiçia, que el se queria yr a Coro con sus soldados, para de alli yr a dar cuenta al Avdiençia, que le abia enbiado, de lo que en la jornada abia hecho. Carabajal le rreplico que bien podia yrse donde quisiese, pero que la gente no la abia de llevar consigo ni se llamase dende en adelante general ni tiniente, pues sus provisiones abian ya espirado y estaban derrogadas, y que en aquella governaçion otro no tenia juridiçion sino el a quien el Avdiencia abia enbiado por governador.

El capitan Felipe Dutre rreplico contradiziendo a Carabajal, y como las voluntades destos dos capitanes estubiesen tan enfiçionadas y rrebueltas para danificarse el vno al otro, fueron con165 esta pequeña ocasion tan ençendidos y abrasados en yra, aconpañada de asperas y sobradas palabras, que ynçitaban cada qual a los suyos a que tomasen las armas con que diese fin aquella su rrençilla y arraygada enemistad; y como Bartolome Berzar estaba puesto a punto de parte de Felipe Dutre, en oyendo las alteradas bozes que los dos daban, salio de donde estaba, siguiendole los suyos, y con furia de aleman, que por estremo suele ser muy sobervia y ciega, se fue derecho a Carabajal con el espada desnuda para lo herir o matar: mas como algunos honbres nevtrales que alli estavan, a los quales conforme a las leyes de Solon podian ser justamente tenidos por ynfames y nunca admitidos a ningunos ofiçios ni onores, se metiesen de por medio, rrepunaron la furia de Bartolome Berzia166 de suerte que no pudo efetuar lo que pensaba hazer. Y porque mejor se entienda esto que dixe de las leyes de Solon, es de saber que entre otras muchas que para el buen govierno de su rrepublica aquel gentil hizo y ordeno, que fue vna que dezia, que si por algun caso humano se levantase alguna sediçion o alboroto, el que en semejante caso fuese favoreçedor de la vna parte y contrario de la otra, que este tal yncurriese en las penas dichas, y no gozase de las preheminençias, porque quiso mas buscar su probecho particular que el bien comun.

Era cosa de notar y avn de rreyr que en este sediçioso alboroto cada vna de las partes se aprovechaba de la boz del Rrey, con la qual querian fortificar sus pasiones; porque como los juezes españoles tienen por costunbre, quando alguna sediçion se rrebuelve en que les hagan rresistençia, pedir avxilio a los presentes, de qualquier condiçion que sean, con deçir «aqui del rrey», y cada qual destos dos capitanes apellidaba y pedia favor y ayuda para defenderse el vno del otro vsando de las palabras rreferidas. Mas como ya los mas de los soldados estubiesen determinados en sus voluntades de lo que abian de hazer, cada qual se arrimaba al que tenia por amigo o al que pensaba seguir; y esto no lo hizieron todos, porque muchos, estandose a la mira para despues seguir al que la fortuna sustentase, no curaban de acudir a llamamiento de ninguno de los capitanes, lo qual por entonçes hizo mas pujante la parte de Felipe Dutre, porque como descubiertamente se llegasen todos sus amigos y enemigos de Caravajal, pudiera facilmente triunfar de su adversario, dandole por su mano la pena que sus desatinos mereçian. Mas no quiriendo aber esta victoria con fama de tirano o traydor, por no macular su persona y linaje, dexando con la vida a su contrario, cabalgo en su caballo, y haziendo todos sus amigos lo mesmo, tomaron del alojamiento de Carabajal las demas armas y caballos que les pareçio, y apartandose de alli fueron a alojarse al balle de Quibor, que agora son estancias del Tocuyo, para de alli dar mayor dolor con su presençia a su enemigo; lo qual sabido por Carabajal, vsando de su yndustria conforme al subçeso que fortuna abia guiado, vso de nuebas cavtelas para rrecobrar los caballos y armas que Felipe Dutre y los suyos le abian llevado; y echando algunos amigos suyos como echadizos, les dixo que fuesen a Felipe Dutre y le significasen quan grabe delito era el que abia cometido en alborotarse contra vn governador del Rrey y tomalle las armas y caballos que tenian, por lo qual podia ser grabemente castigado por el Avdiençia, y que lo mejor era que se tornase a confederar con Caravajal y le bolviese sus armas y caballos, y quel Carabajal le perdonase a el y a todos los demas como governador que era de aquella tierra.

Trataronse estos negoçios con tanta eficaçia por los a quien fueron cometidos, que façilmente atraxeron a Felipe Dutre a que los hiziese, y sobre ello hizieron escrituras de conçierto y amistad y çiertas capitulaçiones que llamaron de paz, y fueron firmadas por Juan de Billegas, tiniente de Caravajal, que era vno de los que binieron a donde Felipe Dutre estaba a tratar los conçiertos, y despues los firmo el propio Carabajal, y asi le fueron bueltas las armas que se le tomaron y caballos, no enbargante quel Felipe Dutre, abisado de los suyos que no se fiase en cosa alguna de las cosas que Carabajal le prometiese ni hiziese ningun conçierto con el, porque era honbre muy versuto y cavteloso y que ninguna cosa hazia sino era con doblez.

Confirmada la paz y amistad de la suerte dicha entre los dos, Felipe Dutre se partio mas descuydadamente de lo que debia la buelta de Coro, caminando a pequeñas jornadas y muy sin horden ni conçierto, como honbre que entendia no dexar a las espaldas enemigo astuto y vengativo, sino cordial amigo.

CAPITULO OCHO

Como Carabajal corto las cabeças a Felipe Dutre y a Bartolome Berzar y a otros.


Despues que Carabajal se vio apoderado en sus armas y caballos y tubo nueba çierta que Filipe Dutre era partido de las çavanas de Quibor la buelta de Coro, llamo e junto toda la gente que con el abia quedado, a los que les hablo diziendoles que si eran españoles y en ellos rreynaba la nobleza y valor de la gente española acostumbrada que suele tener por natural167, que no podian dexar de aver sentido entrañablemente la afrenta e ynjuria que a todos generalmente abia hecho aquel mançebo estranjero, faboreçido de algunos de su naçion, que con demasiada sobervia se abian estremadamente señalado en despojalles de sus armas y caballos, tomando para ello la boz de no se que mohoso titulo que dezia tener de general, fundandose prinçipalmente en la potençia de sus amigos y allegados, con los quales abian maculado a todos los que alli quedaban, pues les abian tomado sus armas y caballos, y despues, por via de afrentoso conçierto, bueltoselas casi dando a entender que no solo les hazian merced de ellas, mas que avn tanbien de las vidas, y de lo qual todo y de aberse descomedido y desvergonçado contra la persona rreal, en cuyo lugar el asistia, no solo en sus animos yrian rregozijandose, pero que se yrian jatando de ello y divulgandolo por entre sus devdos y conoçidos, que seria abominaçion y gran bituperio para todos ellos; y ansi los ynçitaba a que tubiesen conpasion de sus propias honrras y no las dexasen asi estragar de gente estrangera, y que tomando las armas en las manos y siguiendole, el los pondria en su poder a Felipe Dutre y a Bartolome Berzar, alemanes, honbres sobervios y escandalosos y que sin tener titulo se queria hazer señor de aquella tierra y les abia tan malvada y traydoramente agrabiado, y que quando ellos no quisiesen, como era rrazon y debian y eran obligados, dalle avxilio y fabor como a su governador, para yr en su alcançe y prendellos, que tienpo vendria en que serian castigados por ello, y que porque no tubiesen escrupulo alguno en si el era governador o no de aquella provinçia, viesen los titulos que dello tenia, de los quales les hazia ostentaçion para que dello estuviesen mas satisfechos.

Vieronlos que alli estaban sellados con el sello rreal, y la letra, avnque falsada168, rrezaba a el nonbrandolo governador. Con esto y con las disfraçadas amenazas que les hizo, y algunos que por la particular enemistad tenian deseo de seguir y perseguir aquellos caballeros alemanes y a los de su parcialidad, fueron mobidos sus animos a seguir el querer de Caravajal y tomar las armas para seguille, el qual no fue nada perezoso a ponello por la obra, porque cabalgando luego en su caballo y puniendose en el camino, dio ocasion a que con brevedad le siguiesen los demas, con determinada deliberaçion de aber entera vengança de sus contrarios.

Fue, pues, el caso que caminando Carabajal, y la gente que con el yva, a grandes jornadas, en breve alcanço Felipe Dutre y a sus conpañeros, que, como he dicho, caminaban floxa y descuydadamente, los quales estaban ya alojados a la barranca de vna quebrada honda; y como Carabajal con los suyos llegase de rrepente y abian quedado las amistades hechas, avnque fingidamente por parte del Carabajal, no obo cavsa que mobiese a Felipe Dutre a tomar las armas, entendiendo, como he dicho, que las amistades eran fixas. Mas desque Carabajal y los que con el yvan se obieron apeado, prendieron con poco escandalo ni rresistençia a Felipe Dutre y a Bartolome Berzar, y a vn Palençia, y a vn Rromero, y a otros, sosegando con buenas palabras a los demas; y mandando a vn negro que como a malhechores atase las manos a aquellos sus prisioneros, hizo que con vn boto machete169 les fuesen alli, en el suelo, cortadas las cabeças, con barbara crueldad; porque como el cuchillo o machete con que aquella injustiçia se executaba fuese gastado de servir y el en si muy grosero y bastardo, ninguna cosa cortaba, sino haziendoles muchos pedaços los pescueços y machucando y quebrando la carne y guesos (de) que estaban conpuestos, les dava vnas crueles y penosas muertes, ynçitando y dando calor a Carabajal para que con brevedad matase aquellos capitanes emulos, Pedro de Linpias y vn Sebastian de Armaçea170 y otros(A).

Hecho esto dio la buelta, como honbre vitorioso, Carabajal al Tocuyo, bolviendo consigo a los mas de los que yvan con Felipe Dutre, y algunos dexo que se fuesen a Coro a llevar las nuevas deste malvado y cruel hecho; avnque otros afirman que no dexando ni consintiendo que ningun soldado fuese a Coro a llevar esta nueba, se los bolvio todos consigo a su alojamiento, con proposito171 de aber entera vengança de todos aquellos que mas abiertamente se abian mostrado contra el, a los quales pensaba castigar con mucha severidad quando mas olvidados estuviesen del suceso de aquel negocio, porque para tener mas biva la memoria de los que le abian ofendido, para dellos aber entera vengança con crueles generos de muertes que les pensaba dar, abia hecho vn padron o minuta de todos, a ymitacion y exemplo del cruel enperador Comodo, que con el animo de crueldad que entre los otros vicios en el rreynaba, hizo vn memorial para matar a muchos principales de Rroma y de su Corte, y entre ellos estaba su muy querida amiga Marcia, la qual, como por çierta ocasion obiese el papel a las manos y viese la crueldad y maldad que Comodo tenia ordenada, acordo ganalle por la mano, y con la presteza que el negocio rrequeria, sin dar parte dello a algunos de los condenados, le dio çierta ponçoña con que lo mato; y avnque en Carabajal no hizo este propio efecto su memorial, a lo menos fue mucha parte para que se le diese la muerte que despues se le dio, y solo se mostro rriguroso mofaz172 contra vn Pedro de San Martin, español amigo suyo que tenia cargo de factor, porque viendo quan tiranicamente guyaba Carabajal sus negocios y quan dañado tenia el animo contra muchos españoles y quan çebado y presto estaba en hazer crueldades y en querer matar a muchos de los que en el primer ynpetu abian quedado con las bidas, le yva a la mano, rrefrenando sus severidades y desatinada crueldad, persuadiendole a que no matase tanta gente como queria matar, pues mejor fama y loa se adquiere con la misericordia y clemencia que con la crueldad y rrigor. Mas como este violento y tirano Governador estaba tan ynpuesto en aber entera bengança de los aquien abia tenido por contrarios, y para conservaçion y sustentacion deste su mal pecho no faltasen sustentadores y honbres que no menos malvados desinos tenian que el propio Carabajal, persuadianle a que efetuase lo que San Martin con tanta ynstancia le estorvaba, y ansi vino Carabajal a aboreçer de todo punto el amistad y consejos de San Martin y a desechallo de si, rredarguyendole algunas cosas falsamente opuestas, con la qual ocasion lo aparto de si y de su gente, enbiandolo a Coro preso y desterrado, para que de alli lo llevasen a Santo Domingo; porque a este perverso haziasele de mal matar a San Martin, por pareçelle que con la muerte de aquel honbre que tan amigo suyo abia sido, cobraria una notable y perpetua ynfamia con que hiziese mas abominables sus malvados y crueles hechos, los quales queria conservar con titulo y color honroso, diziendo que los abia hecho por la fuerça e ynjuria y manifiesta afrenta que aquellos alemanes, descomidiendose contra la persona rreal, a quien el rrepresentaba, le abian hecho.

NOTAS AL CAPITULO VIII

(A) Los degollados por orden de Carvajal, además de Felipe de Huten, fueron Bartolomé Velzar, Diego Romero y Gregorio de Palencia, al cual apellidan otros Plasencia y Placencia.

La participación que en estos sucesos tuvo Pedro de Limpias, abandonando, primero, á Felipe de Huten, y excitando después á Carvajal para que prendiese y matase al joven caudillo alemán, empaña la justa fama que como capitán había logrado aquél conquistar.

Un historiador moderno, el Sr. Navarro Lamarca (Compendio de la Historia general de América, Buenos Aires, 1913, tomo II, pág. 178) dice que Huten volvió á Coro para buscar refuerzos, y que al llegar allí encontró el gobierno de Venezuela en manos del brutal soldado Carvajal, que le hizo degollar sin formación de juicio. Ni Carvajal era soldado, sino escribano de oficio y relator de la Audiencia de Santo Domingo, ni Huten murió en Coro, sino cerca del Tocuyo, en el mismo sitio en que después fué ahorcado su verdugo.

CAPITULO NUEBE

Como por el Consejo Rreal de Indias fue proveydo por governador de Benençuela el liçençiado Juan Perez de Tolosa, el qual, viniendo a Venençuela, corto la cabeça a Carabajal, y como la gobernaçion fue quitada a los Bezares.


Carabajal, quando mas metido estava en sangre y mas cercano a poner por obra sus ynicos disinos, fue frustado dellos, porque en el ynterin que las cosas rrecontadas despues de la muerte del governador Jorge Espira pasaban en Venençuela, fueron a España al Consejo Rreal de Indias y al propio Enperador muy grandes y particulares quexas y rrelaçiones, asi de la gran destruyçion que los governadores y factores de los Bezares abian hecho en Venençuela en muchas provinçias de naturales, y avn todavia hazian, haziendo esclavos los yndios y rrobandoles y rrancheandoles sus haziendas, como de la grande opresion y fuerça que los españoles de ellos rreçebian, teniendolos en perpetua servidumbre con titulo y color de abelles dado fiadas algunas mercadurias y llevandolos forçiblemente a las jornadas, donde por parte de los malos tratamientos que de los capitanes rreçebian, eran miserablemente muertos; y demas desto nunca le pagaban ni abian pagado al Rrey sus quintos ni cunplido las otras capitulaciones que hizieron y pusieron, por lo qual determino de quitalles el govierno de aquella tierra a los Bezares, que tan contra justiçia administraban; y para este efecto y para tomar rresidençia en toda aquella costa, desde el Cabo de la Bela hasta Cubaagua, nonbro por juez y governador al liçençiado Juan Perez de Tolosa(A), el qual llegado a la governaçion de Venençuela o a la civdad de Coro, casi a la propia sazon que Carabajal mato a Felipe Dutre y a Bartolome Berzar y a los demas, y hallando173 en Coro al liçençiado Frias, que ya abia benido de Cubaagua, tomandole rresidençia lo dio por buen juez y lo enbio a Santo Domingo, donde luego, por soldados que se desgarraron y huyeron de Carabajal, con temor que de morir a sus manos tuvieron, supo Tolosa las nuebas crueldades y tiranias por el cometidas, avnque ya abia sabido de la manera que abia entrado en Coro y lo que abia alli hecho, y la violençia con que abia juntado la jente que consigo tenia.

Demas de lo dicho, fue hecha rrelaçion del gran rriesgo en que otros muchos soldados que en poder de Carabajal abian quedado, estaban de ser por el muertos, por el particular odio que con ellos tenia, por lo qual fue yncitado el governador Tolosa a con mas brevedad partirse en demanda de Carabajal con çierto numero de gentes que para el mesmo efecto abia alli juntado el liçençiado Frias. Y llevando consigo buenas guias o interpretes y mucha diligencia en que no se le diese abiso de su yda a Carabajal, camino la buelta del Tocuyo a muy grandes jornadas, sin detenerse en el camino cosa ninguna; y en todo se dio tan buena horden y modo, que sin ser sentido amaneçio vn dia con su gente en el rrancho de Carabajal, y çercandolo con todo cuydado fue por el preso y puesto en seguras prisiones, con la guardia de soldados que se rrequeria; y porque no sabia que tales fuesen las generales voluntades de todos los soldados que con Carabajal estaban, ni si abria nuebos bulliçios por estar por ventura todos conjurados, hizo llamamiento con mucha modestia de los que en aquella sazon estaban con Carabajal, porque la mayor parte de ellos abian ydo con vn capitan Juan de Ocanpo a descubrir çiertas poblazones o provinçias de yndios cerca de alli; porque Carabajal, no abiendo querido seguir su primer proposito y palabra que a Pedro de Linpias abia dado de yr a poblar los omeguas o Dorado, que Felipe Dutre abia descubierto, por pareçelle jornada muy larga y de mucho rriesgo y avn mal afortunada, por averse perdido en ella tanta gente como se abia perdido, abia mudado proposito y determinado entretenerse por alli algunos dias con su gente, para despues hazer lo que la ocasion le ofreçiese.

Juntos, pues, los soldados que en el alojamiento o rrancheria de Carabajal abia, Tolosa les mostro las provisiones que del Rrey traya y les hablo eloquentemente, diziendoles que el efecto de su venida no era ni abia sido para agrabiar a nadie, sino para dalles toda libertad y contento, porque el Rrey no solo abia quitado la juridiçion a los Bezares, como se a dicho, mas mando que ningunos soldados fuesen detenidos por ninguna devda que les deviesen, y que ellos gozaban con sosiego de todas las libertades que Su Majestad les daba, y que ninguno se alborotase de ver que abia preso a Carabajal, pues lo abia hecho para con mas quietud ser ynformado de do174 que convenia al serviçio del Rrey y de todos ellos; que si en el hallase cosa yndebida o yndina de su persona y cargo, que el lo enbiaria al Audiençia, donde fuese oydo y sentençiado.

Con estas y otras razones que Tolosa dixo y trato con los que alli estaban, a los amigos de Carabajal y que deseaban su libertad, agrado y contento, y a los demas dio buena esperança de lo que deseaban, y asi todos de conformidad le rrespondieron que lo que Su Magestad abia hecho en enbiarle a el por governador abia sido como de clementisimo Enperador, y lo quel alli yntentaba y pensaba hazer eran cosas de prudente y desapasionado governador; y asi tomaron las provisiones que traya de governador, de las quales les hizo demostraçion, y con vna antigua y virtuosa çerimonia que entre la gente española se acostunbra y vsa en semejantes negoçios, las besaba cada qual de por si y las ponia o tocaba sobre lo superior de su cabeça en señal de obediençia y de que estaban y pasaban por lo que el Rrey por ellos les mandaba, y estarian obedientes a lo que su governador hiziese y les mandase.

Con esto se sosegaron y apaziguaron todos, pero luego, con toda presteza, el governador Tolosa mando a Diego de Losada, capitan que consigo llevaba, fuese con alguna gente de la que consigo abia traydo, la tierra adentro, a donde el capitan Juan de Ocanpo con el rresto de la gente de Carabajal andaba, y llevase los trasvntos de las provisiones y rrecavdos que abia traydo, los quales les enseñase a todos y congregandolos con afabilidad les hablase mansamente, de suerte que los animos de ningunos dellos no fuesen ençendidos a mover algun tumulto o sediçion, dandoles a entender el efeto y cavsa de su venida, como era mas para dalles contento y tranquilidad que desasosegallos ni inquietallos; y en el caso hiziese aquello que como honbre del juyzio y partes que Losada tenia, se esperaba, y con todos juntos se bolviese al alojamiento del Tocuyo, donde le quedaba esperando con Carabajal y la demas gente.

El capitan Losada se dio en todo lo que el Governador le encargo, tan buena maña, que no solo todos de conformidad le obedecieron, mas dando muestras de gran contento y alegria se juzgaban aber cobrado vn bien abenturado y alegre tienpo, siendo libres de las tiranias y opresion de Carabajal.

Buelto Losada al alojamiento del Tocuyo, con el capitan Juan de Ocampo y la gente que con el andaba, y viendo el governador Tolosa las voluntades que los mas tenian de pasar y estar por lo que el hiziese, y que daba muestras de desear ver el castigo que las sediçiones y tiranias de Carabajal mereçian, no quiso vsar de la presteza y rrigor que contra los semejantes se suele vsar, para yvitar algun futuro escandalo que la dilaçion de las cosas arduas suele traer consigo; y asi muy por los terminos judiçiales, nombro o, como suelen deçir, crio su fiscal que de parte de la justicia acusase a Carabajal de los delitos que tiranica y malvadamente abia cometido; y concluyendo con el su proçeso o cavsa por los terminos del derecho, vino a condenar a Carabajal a que fuese arrastrado por los lugares mas publicos de aquel alojamiento y fuese colgado de vna çeyba, arbol creçido que el propio Carabajal abia conservado y no consentido que se cortarse para tenella por horca o rrollo en que castigar los quel quisiese ajustiçiar, amenazando con el a sus contrarios y a las personas con quien tenia particular odio, en lo qual le suçedio a Carabajal lo propio que a Aman, privado del rrey Asuero, que habiendo hecho vna horca en que Mardoqueo, tio de la rreyna Ester, fuese ahorcado por odio que con el tenia, permitio Dios que en la propia horca que Aman abia hecho para dar la muerte a Mardoqueo, alli fuese el propio Aman ahorcado y no otro ninguno, como se quenta en el libro de Hester, capitulo siete.

Mandando, pues, Tolosa que en este propio arbol çeyva, que por horca tenia Carabajal señalado, fuese ahorcado, mando que despues de muerto fuese hecho cuartos y puestos en quatro palos y partes publicas, para exemplo y manifestaçion de su delito y castigo. Desta sentençia apelo Carabajal para ante Su Magestad, alegando que por derechos rreales estaba mandado que ningun governador fuese condenado a muerte sino por el propio supremo y rreal Consejo de las Indias; y demas desto fue muy rrogado Tolosa de todos los prinçipales que con el estaban, que no executase aquella sentencia de su muerte en Caravajal; pero ninguna cosa presto lo vno ni lo otro, porque costandole175 claramente a Tolosa de los delitos y maldades que abia acometido Carabajal, y que si dilataba su muerte, segun era mañoso y cavteloso, podria atraer a si algunos amigos que le soltasen y obiese algun nuebo bulliçio, con mayor daño del pasado, hizo que con mucha brevedad, hallandosel presente, executase su sentençia; y asi fue Carabajal sacado de la prision en que estaba, arrastrando en la forma acostumbrada con que esta çerimonia de justiçia se suele hazer en España, y siendo colgado del pescueço de la horca o arbol en que fue mandado colgar, dieron fin sus dias y fueron castigadas sus maldades. Mas fue cosa de notar y marabillar que luego que Carabajal fue colgado y muerto en aquel arbol, con ser vno de los arboles que mas viciosamente176 se crian y mas sustentan el verdor, se177 fue dende en adelante secando y consumiendo hasta que no quedo memoria del. La gente que con Tolosa estaba le rrogaron que no consintiese ni permitiese que Carabajal ya muerto fuese hecho quartos, por no dar notiçia de su muerte a los naturales, que sabiendola con mas rrazon abominarian a los españoles y los tendrian por crueles que por misericordiosos ni mansos. Tolosa les conçedio lo que en este caso le rrogaron, y asi fue enterrado en vna hermita o yglesia que alli tenia hecha. Subcedio esto año de quarenta y siete(B).

NOTAS AL CAPÍTULO IX

(A) En tanto que Carvajal llevaba á cabo los crímenes enumerados en los capitulos precedentes, el licenciado Frias, que de Cubagua se había trasladado á Coro en los comienzos de 1546, permanecía retraído y temeroso de sufrir la misma suerte que Huten, sin atreverse á intentar nada contra aquél, y deseando que llegase un nuevo gobernador.

No tardó esto en suceder, porque conociendo la Corte las tropelías de Carvajal, y teniendo en cuenta el estado constante de perturbación en que vivía Venezuela, decidió el Emperador declarar terminado el arrendamiento ó capitulación de 27 de Marzo de 1528 á favor de los alemanes, y enviar un español que restableciese en la mencionada Gobernación los fueros de la desprestigiada autoridad. Así lo hizo, designando para cumplir esa misión al licenciado Juan Pérez de Tolosa, letrado vizcaíno, no segoviano, como dice Oviedo y Baños, y caballero de gran prudencia, quien fué á Coro á mediados de 1546.

(B) La jornada contra Carvajal y la muerte de éste las refiere el mismo Pérez de Tolosa en los siguientes términos:

«Desde la ciudad de Coro hize saber á vuestra Alteza mi llegada á esta provincia de Venezuela, y de los desconciertos que en ella habian pasado, y de como Juan de Carvajal, gobernador y capitán general proveído por la Audiencia de la Española, había degollado á Felipe de Huten y á Bartolomé Velzar y á Diego Romero y Gregorio de Plazencia, capitanes y soldados desta provincia. Envié la información que dello se pudo hazer, y enviado aquel despacho, con la gente que pude sacar de Coro me partí en seguimiento del dicho Juan de Carvajal, y tomé el camino de las montañas, pensando atajar camino, y sucedióme el camino muy trabajoso por la braveza de la tierra y de los indios de las montañas, que me dieron muchas guazabaras, yendome siguiendo de noche y de dia hasta pasar á los Llanos que dicen de Carora: matáronme dos caballos y fueron heridos cinco cristianos, aunque, bendito sea Dios, ninguno peligró de muerte. Tardose en caminar estas montañas treinta dias, y en los Llanos de Carora, que es una tierra fertil de caza de venados, se rehizo la gente del cansancio que traia de las montañas, de la falta de comida, que diez dias anduvieron sin que comiesen otras cosas sino frutas silvestres, que en aquellas montañas hay en mucha abundancia y mucha miel. En estos Llanos de Carora, que son diez y seis leguas en largo y obra de seis en ancho, nos bastecimos de maiz é carne de venados.

»Pasando adelante, á tres jornadas, una montaña entre dos rios, encontramos diez y siete cristianos de á caballo que Juan de Carvajal, siendo avisado de indios que le iban á buscar cristianos, enviaba á ver que gente de cristianos era; y como yo iba muy sobre aviso, desde que pasé los Llanos tomé la vanguardia con veinte y cinco soldados de pie y de caballo, muy buenos isleños, y ellos venian algo derramados y sin orden: dimosles tanta priesa en tomarles el vado que, aunque lo quisieron hacer muchos, ni uno solo se nos escapó que no tomamos, y mostradas las provisiones obedecieron luego y como leales vasallos de vuestra Alteza de hazer todo lo que se les mandase: y ansi segui mi camino con esta gente, que fué grand ayuda para lo que después medió.

»Fui avisado desta gente, que Carvajal habia salido con ellos cinco leguas deste asiento, con otros sesenta de pie y de caballo, y que hasta que ellos volviesen habia de aguardar alli; que es en un lugar que se dice Quibure, donde hay unas grandes çabanas y caza de venados y conejos, y que tenian pensamiento de suplicar de las provisiones que viniesen y ponerse en resistencia contra qualquiera que las llevase, para le quitar el cargo. Y para evitar escándalos y diferencias me fui llegando á la ligera, dejando todo el servicio atrás de aquellas çabanas de Quibure, con pensamiento de pasar adelante á este asiento y mostrar las provisiones que traia, y hazerme mejor parte con la gente del asiento. Y hizelo asi, é caminé toda la noche, dia de San Bartolomé, y en viendo el alba entré en este asiento, al qual habia venido el mismo Carvajal á ver una amiga que tenia; y asi le tomé y prendí estando muy descuidado: y la gente del campo que con el estaba, estaba lo mismo, y aunque turbados luego vinieron á hazer la obediencia, especialmente un teniente suyo que se dice Juan de Villegas, buen isleño, antiguo en esta provincia, y por seer contrario á las liviandades pasadas, la noche antes habia determinado de le cortar la cabeza, y á otros siete ú ocho gentiles hombres de este campo, y tenia ya preso á uno dellos. Tiénese por averiguado que si no llegara yo á la sazón, que todos se hizieran pedazos quantos estaban en este campo. Luego que prendí al dicho Carvajal y á otros dos, envié á Diego de Losada, que conmigo vino en esta jornada, que es un caballero de cerca de Benavente, muy esforzado, isleño antiguo y diestro en la guerra de los indios, á la gente que estaba en Quibure: la (cual) obedeció las provisiones, y todos con mucha alegria vinieron á dar la obediencia.

»En este campo hay docientos y quince hombres, gente muy escogida: hay entre ellos setenta de á caballo: habrá cient caballos, docientas yeguas, trecientas vacas de vientre, quinientas ovejas y algunos puercos: todos están muy pobres de vestidos; ningun oro alcanzan: están muy desesperados y muy ganosos de dejar esta tierra; y sino fuera porque Carvajal los prometió que los llevaría y pasaría al Nuebo Reyno con este ganado, no se hubieran sustentado aquí, porque ellos se hubieran amotinado y ido por partes á donde se les antojara, con gran dapno de muchos dellos y de los indios por donde quiera que pasaran: todos ellos están sosegados y con esperanza que vuestra Alteza dará licencia a su salida y orden de su vida y aprovechamiento, de modo que sirvan á V. M. En la verdad es una gente muy lucida y muy diestra en las cosas de las Indias, y de mucha esperiencia de guerra, y si desta tierra salen, que dará toda esta provincia desamparada, y dudo poderse sustentar la ciudad de Coro, porque con las espaldas destos los indios comarcanos, que son muy guerreros, atacan á los que allí están.»

…

«Carvajal fue oido ordinariamente y concluso el pleito fue enviado, y en él ejecutada la sentencia, segund parece por el traslado synado de sus confisiones y sentencia, que con esta envio: otra sentencia corporal no la hubo, ni se ejecutó porque solo él bastaba para inficionar más gente de la que aqui estaba. Por el bien y concordia desta gente no convino al servicio de vuestra Alteza que más se hiziese, y con lo hecho no hay gente de más unión y conformidad, para lo que toca al servicio de su Magestad, de la que aquí esta.»

(Carta de D. Juan Pérez de Tolosa al Rey, fechada en el Tocuyo el 15 de Octubre de 1546. —Biblioteca de la Academia de la Historia, Colección Muñoz.)

CAPITULO DIEZ

De los principios que tubo la çiudad del Tocuyo en la governaçion de Venençuela, y de como el governador Tolosa enbio a Alonso Perez de Tolosa, su hermano, con gente, a descubrir las Sierras Nebadas, donde oy esta poblada Merida, del Nuevo Rreyno.


Despues de aber el governador Tolosa muerto á Carabajal de la manera dicha, luego procuro que aquel alojamiento donde Carabajal estaba, que ya en alguna manera tenia forma de pueblo, se hiciese y perpetuase, para que toda aquella gente española que alli estaba, por yr a buscar su sustento a otras partes, no fuesen cavsa de mayores daños; y asi procuro que se abezindasen y tomasen solares y estancias, y el nonbro y hizo nombramiento de alcaldes y rregidores que tubiesen a cargo la administraçion de la rrepublica, y dende en adelante se yntitulo çivdad; y este es el fundamento y prinçipio de la çiudad del Tocuyo, famosa en aquella governaçion por estos sus ynfeliçes prinçipios.

De la fundaçion deste pueblo lo que e hallado por mas çierta opinion, avnque algunos la atribuyen al capitan Francisco de Carabajal, por aber sido el propio pueblo el sitio de su alojamiento y aberse conservado y permaneçido alli algunos dias, otros la atribuyen a Billegas, que se hallo con Carabajal por su teniente y despues privo con Tolosa y fue tanbien su teniente; y como en esto vaya poco, cada qual podra arrimarse a quien tuviere el afiçion. Solo sobre el dire que segun pareçe, el Tocuyo fue poblado el año de quarenta y siete, y aquel propio año fue muerto Caravajal: yo tengo que la muerte de Caravajal fue primero que la poblazon del Tocuyo, segun me an ynformado algunas personas que en aquella tierra estan, y por esto me afirmo en mi opinion de que el governador Tolosa la poblo, el qual asi mesmo rrepartió los naturales que por alli çerca abia, entre los que quisieron ser vezinos y moradores de la çivdad del Tocuyo. I porque la gente española que alli abia era mucha, y todos no se podian sustentar en aquel pueblo, a persuasion de algunas personas, hordeno el governador que vn hermano suyo, llamado Alonso Perez de Tolosa, fuese con vna parte de la gente que alli abia, a descubrir la provinçia de Sierras Nevadas, donde al presente esta poblada la çiudad de Merida, del Nuebo Rreyno; avnque a178 otros ançianos, de los que en aquel tienpo se hallaron alli, çertifican que no salio Alonso Perez de Tolosa con gente del Tocuyo a este efecto, sino que persuadido e ynducido el Governador de vn Cristoval Rrodriguez, que abia estado en el Rreyno, que se le seguiria aquella governaçion muy gran provecho y vtilidad de que obiese camino por donde tratase y comunicase los vezinos de ella con los del Rreyno, enbio a su hermano a que descubriese este camino(A).

Que sea de la vna o de la otra manera, por comisión del Governador salio del Tocuyo o çivdad nombrada, Alonso Perez de Tolosa, con çien honbres, entre los quales yva el capitan Diego de Losada, mas por administrador y governador de la persona del Alonso Perez que por soldado, porque como este capitan era persona grabe y de mucha esperiencia en cosas de Indias, fue por el propio Governador rrogado que fuese con su hermano, para encaminalle y rregille, en lo que abia de hazer, dandole titulo de maese de campo. Caminaron la bia del rrio del Tocuyo arriba çiertas jornadas, y dexandolo a mano izquierda, atravesaron çierta serrania que ay por alli, y fueron a dar a las bertientes de los llanos, a otro rrio que en lengua de los yndios es llamado Çaçaribacoa, por do acabaron de salir a lo llano. Este rrio entiendo ser el que agora comunmente llaman Guanaguanare, por el qual acabaron de baxar a lo llano, por do caminaron en seguimiento de su jornada; y en llegando en el paraje de las Sierras Nevadas, que desde lo llano suven, quisieron los capitanes atrabesar para con mas brevedad dar en la notiçia que yban a buscar, porque en aquel tienpo y mucho despues no dexo de ser sobervia aquella notiçia, hasta que despues, descubriendola y poblandola los del Rreyno el año de çinquenta y ocho, vieron quan poca y miserable era.

No faltaron muchos soldados que con yntençion de açercarse al Rreyno, para ver si se podian meter en el, contradixeron esta entrada y subida por la Sierra Nevada, puniendo a ella muy grandes ynconvinientes, como de çierto los abia, porque con aber ya cerca de diez años que esta aquella provinçia poblada de españoles, los de Merida jamas por esta parte por donde esta gente yntentaba subir, an podido bajar caballos a lo llano por la aspereza y maleza de las sierras y estrechos caminos que por alli ay, que avn con dificultad los caminan a pie. Paso la gente adelante sin se detener en ninguna parte hasta llegar al rrio de Apure, rribera del qual se alojaron; y como a los naturales que por alli abia poblados les pareçiese poca gente aquella para la que otras vezes abian visto pasar por alli, y demas deso los viesen estar con algun rreposo, procuraron, como se suele deçir, tentarse las coraças, y juntandose todos los naturales de aquella provinçia en conçierto y horden de guerra, vinieron a dar muy de mañana sobre los españoles, los quales como hasta entonçes no abian rreçebido ninguna alteraçion de los yndios, estaban con mas descuydo del que se rrequeria y era permitido a gente que estaba entre sus enemigos; lo qual obiera de ser cavsa de que rreçibiesen algun notable daño; pero como todos los mas eran honbres ya hechos a las alteraciones y tumultos con que los yndios suelen acometer a sus enemigos, no se turbaron punto, mas tomando con toda presteza las armas, los detuvieron, aunque con algun daño, porque los hirieron algunos españoles y les mataron vn soldado, pero juntandose los mas de los nuestros con sus armas en las manos facilmente fueron rrebatidos y ahuyentados los yndios con harto daño que rreçibieron, porque demas de los que coriendo sangre yvan heridos de los alcançes que hazian los de a caballo, que entre yndios suelen ser los mas dañinos, quedaron atualmente muertos mucha parte de aquellos barbaros, que con sus cuerpos desnudos y rrusticas y flacas armas, les pareçia que por haber vsado de aquella yndustria de tomar la mañana tenian ya la bitoria en casa; pero ellos quedaron tan hostigados que no solo no bolvieron los propios acometer a los nuestros, pero en mucha distançia de tierra que turaba la gente de aquella naçion, no obo yndio que tomase armas en la mano ni avn osase asomar a dar grita desde lo alto de los cerros, que es cosa muy vsada entre ellos.

Descansaron en este alojamiento los españoles donde les fue dada esta guaçavara algunos dias por curar sus heridos.

NOTAS AL CAPÍTULO X

(A) Sobre el objeto de la jornada de Alonso Pérez de Tolosa escribe el Gobernador D. Juan Pérez de Tolosa, en carta al Rey, de 15 de Octubre de 1546, lo siguiente:

«Al valle de que hago relación, que es muy bueno, he enviado por teniente mío y por capitán á Alonso Pérez de Tolosa, mi hermano, y á Diego de Losada, maestre de campo, para que lo descubran y sepan lo que es, con quarenta de á caballo y sesenta peones; y si en este valle se hallan minas, esta tierra, con sola aquella parte, se remediará y terná aparejo para las mejores poblaciones destas partes.»

En carta de 3 de Diciembre de dicho año añade sobre la misma jornada:

«Lo que de presente hay que avisar á vuestra Alteza, es que la gente caminó por las montañas, y no pudiendo atravesarlas por su braveza, vinieron á caer en los llanos de Acarigua, de que se haze mención en la relación que á vuestra Alteza envié, por donde pasaron Jorge de Spira y Felipe de Huten y todos los otros que han entrado á descubrir tierras.

»Escribiose mejor por el maestre de campo, que aquel era camino para el Nuebo Rreyno, y que se temia que la gente se amotinara para ir allá, que les diese licencia para ir por otra via á la culata que dizen de Maracaybo, porque allí habría tierra donde la gente se podría entretener; y porque su intención principal era ir á robar y destruir indios; e aun la salida por allí la tenia mas cierta, segun fuí informado de isleños esperimentados; porque su Magestad no es servido que esto se haga, sino que se busque tierra comoda para que se haga poblazón, envie á mandar que siguiesen su camino hasta dar en dos rios muy grandes que hay en los Llanos, tierra de mucho mantenimiento, y que yendo apegado á las montañas buscasen entrada para este valle que van á buscar; que segund tengo relacion hay contratacion á este valle por dos partes, por ciertas cargas de sal en grano que se han tomado en los Llanos, que dizen los indios que la llevaban de la laguna de Maracaybo; y deste valle dizen que salen los ríos de que se haze la Laguna de Maracaybo, é que está cercado de muy bravas montañas: está la dificultad en si podrán pasar los caballos, que sin ellos no se puede hazer conquista. Mandoseles que si no se hallase pasada hasta los ríos, que se volviesen á este asiento. La perpetuidad desta provincia está en hallarse este valle, y que tenga minas de oro, porque sin estas no se pueden sustentar cristianos en esta provincia, y mayormente gente tan pobre y tan mísera.»

CAPITULO ONZE

En el qual se escrive el fundamento y prinçipio de la çiudad de Burburata, de la governaçión y costa de Venençuela.


Tiniendo ya el liçençiado Tolosa la tierra y bulliçios de los españoles todo asentado y sosegado, y abiendo enbiado a su hermano Alonso Perez de Tolosa, como se a dicho, a poblar a Sierras Nevadas, pareçiole que era bien acabar179 de cumplir con lo que Su Magestad le abia encargado y mandado, y asi se partio la buelta de Coro, para de alli yr al Cabo de la Bela, a tomar rresidencia a las justiçias que en el rresidian, dexando por su teniente en la çivdad del Tocuyo a Juan de Villegas, que por conocimiento que de sus mayores tenia vino a tenerle por amigo y hazer mucho caso del.

Aseme olvidado de declarar vn punto, el qual, avnque no sea deste lugar, tomallo a el lector donde lo hallare.

Segun de lo que atras queda dicho consta y pareçe que este nonbre Tocuyo era propio de los naturales, dado aquella provinçia donde Carabajal estaba alojado, y como al tienpo que alli se rrancheo o alojo el alojamiento se llamaba deste nombre la rrancheria del Tocuyo, despues, quando se mudo en nombre de çivdad no obo ninguna ynovaçion en el nombre, como comunmente en Indias lo suelen hazer los que pueblan çivdades o billas, dandoles la nonbradia de sus propias patrias o provincias o rreynos de donde son naturales, y asi se quedo este pueblo con el nonbre de aquella provinçia, que era dicha Tocuyo.

Pasando adelante con nuestra Historia, como quedase Juan de Villegas en180 el cargo de tiniente de governador y aconpañado de mucha gente que avn abian quedado en el Tocuyo, demas de los que estaban abezindados y tenian yndios, determino ocupar en algo a los ociosos; y como el era honbre que diversas vezes, por su antiguydad, abia andado aquellas provinçias y tierras, por muchas partes tenian notiçia de que en la provinçia de la Burburata abia algunos naturales donde se podian sustentar y entretener parte de los españoles que con el estaban, y asi enbio vn capitan, llamado Pedro Alvarez, con quarenta honbres, a poblar aquella provinçia, el qual poblo en la costa de la mar el pueblo que comunmente llaman de la Burburata; y avnquel capitan Pedro Alvarez, al tienpo que lo poblo, es çierto que le puso otro nombre a similitud de los despaña, este se perdio, e yo no he podido aber noticia del para darla, mas de que, como e dicho, comunmente se llama la çiudad o pueblo de la Burburata, por ser asi llamada antiguamente esta provinçia donde esta poblado, de sus naturales y moradores(A).

El puerto maritimo deste pueblo es el mas frequentado y vsado en aquella governaçion, y por donde se proveen los demas pueblos, que al presente estan poblados la tierra adentro, de todas las cosas que se traen de fuera para el sustento de sus personas y casas. Es pueblo bien proveydo, avnque de mucha zozobra y trabajo, por aber contino de andar los moradores del con las haziendas en los honbros, porque como alli no tienen ningun genero de fortaleza para hazer rresistençia a los cosarios françeses, que muy a menudo acuden a la costa de las Indias a rrobar, en biendo qualquier nabio, luego son los pobres vezinos constreñidos a tomar, como suelen deçir, faldas en çinta, y a meterse a manera de fieras y salvajes por los montes y arcabucos a guareçer sus personas y esa miseria que tienen.

En este pueblo fue a donde el traydor de Aguirre, despues de aber arruynado la ysla Margarita, y hecho las severidades que en otra parte yo trato, salto y obo lengua o notiçia de algunos portugueses y otros malvados honbres, de la comodidad que tenia aquesta governaçion de Venençuela para por ella pasar al Nuebo Rreyno de Granada, por estar la tierra tan desproveyda de armas y gentes como estaba; y en el no dexo de hazer su buena estrena con algunas crueldades de que vso, matando algunas personas, asi de las que con el venian, como de otras que de la tierra obo.

No trato aqui particularmente de la conquista y paçificaçion de los naturales desta provinçia y pueblo de la Burburata, porque avnque en aber la rrelaçion y notiçia dello e puesto toda la diligençia a mi posible, no e podido tener della mas claridad de lo que he dicho.

Cae en la juridiçion y terminos deste pueblo las minas de oro dichas de Burburata, donde se saca con esclavos y con yndios muy buen oro y subido de quilates y muy alabado por los plateros para su officio por ser muy dulce de labrar. Otra cosa notable no ay que a mi notiçia aya venido que se pueda escrevir deste pueblo y provinçia de Burburata ni de sus naturales, antiguos moradores y abitadores della, eçeto que pocos dias a, atemorizados los vezinos de los continuos asaltos que los franceses les dan, se quisieron pasar a bivir a la Nueba Balençia, que esta doze leguas la tierra adentro y dexar o despoblar este pueblo, y por el governador Don Pedro Ponce de Leon no les fue permitido, antes mando, con graves penas, que lo sustentasen.

Es pueblo mal sano para los que nuebamente entran en el, que por sus continuas calores y bapores que de algunas montañas que cerca de si tienen salen, cavsan grandes çiçiones181 y calenturas, y si no tienen buen govierno y rregimiento en todo lo que se debe tener, facilmente son consumidos. Es tierra muy dexativa, y lo mesmo tienen casi todos los pueblos desta governaçion, porque todos ellos estan poblados en tierras calientes y de no muy buenos ayres.

NOTAS AL CAPÍTULO XI

(A) En las cartas que Juan Pérez de Tolosa dirigió al Rey desde Coro en 8 de Julio de 1548 se dan, acerca del origen de la ciudad de Burburata, interesantes noticias, que rectifican algunas de las consignadas por el Padre Aguado.

Según las actas ó escrituras que inserta el Licenciado, la nueva ciudad se fundó el 27 de Febrero de 1548, recibiendo por nombre el de Nuestra Señora de la Concepción del puerto de Burburuata, y fué su fundador el capitán Juan de Villegas, y no Pedro Alvarez, como afirma el Padre Aguado. El Pedro Alvarez era teniente de veedor de S. M. en la jornada, y firmó el acta de fundación como testigo en unión del capitán Luis de Narváez, de Pablos ó Pedro Xuares (pues de las dos maneras se le llama en dicho documento), alguacil mayor, de Juan Domínguez Antillano, Gonzalo de los Rios, Sancho Briceño, Juan de Escalante y otros hasta el número de cuarenta.

Pero el obispo de Coro Don Miguel Jerónimo Ballesteros, en carta al Rey de 20 de Octubre de 1550, dice: «El licenciado de Tolosa envió á este Juan de Villegas, con poder de teniente, para que poblase el puerto de Burburuata: tomó posesión y no lo pobló, y después de muerto el licenciado de Tolosa lo envió luego á poblar, y por caudillo á un Per Alvarez, el qual hay informado ques hombre muy desasosegado y cruel entre indios, y que por su cabsa se alzaron ciertos pueblos de indios en la provincia de Maracapana, etc.»

De modo que bien pudiera tener razón el Padre Aguado.

Juan de Villegas fué á poblar, tomó posesión del terreno é hizo la ceremonia de la fundación, pero nada más, y luego, el que realmente pobló, fué Pedro Alvarez.

CAPITULO DOZE

Como el capitán Alonso Perez de Tolosa, subiendo por el rrio de Apure arriba, fue a dar al valle de Santiago, donde agora esta la billa de San Cristobal, del Nuebo Rreyno, y de alli a los llanos de Ququta.


Bolviendo a la jornada y suceso de Alonso Perez de Tolosa, despues de aber mejorado sus heridos182 alço tiendas de las rriberas del rrio Apure, donde estaba alojado, y prosiguiendo su descubrimiento, de comun consentimiento, por el propio rrio de Apure arriba, y metidos en la sierra, apartaronse del General o Capitan obra de quarenta honbres a buscar comida, los quales llegaron a vn pueblo cuyos moradores estaban puestos en arma, porque abian tenido notiçia de la yda de los españoles, los quales, llegando a donde los yndios estaban, fueron por ellos con las armas detenidos algun tanto, de suerte que no fue mucha la rresistencia que les hizieron; porque avnque eran muchos en numero, los nuestros fatigaronlos tanto que les hizieron dexar el sitio que tenian y rrecojerse los vnos a sus casas y buhios y los otros a lo largo. Los que en el pueblo se metieron defendieron sus buhios gran rrato, de suerte que primero que los rrindiesen hirieron al capitan Rromero y a otro soldado; pero al fin ellos fueron apretados de suerte que los nuestros los obieron por prisioneros y les saquearon el lugar y les hizieron otros muchos daños, y con la presa de yndios y mayz y otras menudencias que estos quarenta soldados tomaron en este pueblo, se bolvieron a juntar con la demas gente, que siempre yva marchando ó caminando por las rriberas del rrio Apure, y andadas pocas jornadas, fueron a dar a çierta naçion o pueblo de yndios llamados los Tororos, poblados en la rribera del propio rrio Apure, de la otra parte, los quales como viesen a los españoles que querian pasar el rrio para yr a su pueblo, pusieronse en las rriberas o barrancas para estorvarselo; mas como los nuestros, armados sobre sus caballos, pusiesen el pecho al agua y lo atrabesasen y pasasen a la parte donde los yndios estaban, fueron con mucha façilidad rrebatidos y quitados, no solo de las rriberas del rrio, pero de su propio pueblo y lugar, metiendose y alojandose los españoles en el, y saqueando y rrobando lo que en el abia.

Estuvieron alli descansando tres o quatro dias, en los quales dos soldados españoles, no guiandose por prudençia sino por su deshordenada cobdiçia, se apartaron de los demas a ver si hallarian algunas mantas v oro v otras bujerias que los yndios suelen tener y los soldados cobdiçiar, avnque sean de poca estimaçion, a los quales, como los yndios viesen solos y apartados de los demas tanta distançia, arremetieron a ellos, y el vno tomaron a manos y le dieron el pago que su neçio atrevimiento mereçia con vna cruel muerte, y el otro, por ser mas ligero y suelto, se escapó de sus manos y fue a parar a las de su general Tolosa, el qual, por el desacato de aberse ydo sin licençia y sido cavsa que matasen a su compañero, lo mando luego ahorcar; mas siendo rrogado con mucha inportunidad de todos los del campo, fue forçado a dispensar con el y comutalle la pena de muerte en otros trabaxos y exerçiçios tocantes al benefiçio y serviçio comun.

Deste pueblo de los Tororos prosiguieron su viaje dexando el rrio de Apure sobre la mano derecha que, como he dicho en otro lugar, tiene sus naçimientos en las provinçias de Merida, y siguieron por otro rrio que con este mesmo se junta, que baxa de las provinçias y valle de Santiago, donde agora esta poblada la villa de San Cristoval, en el Nuebo Rreyno, entre Panplona y Merida. Caminando por este rrio que es dicho, al valle de Santiago183 nuestros españoles, ya questaban çerca del propio balle, les salieron a rreçibir, con las armas en las manos, muy gran número de naturales del propio valle de Santiago, que tiniendo notiçia de las nuebas gentes que hazia su tierra se azercaban, con determinaçion de defenderles la entrada y rrebatillos si pudiesen, abian salidoles al encuentro, vna jornada el rrio abaxo, por el angostura del. Mas despues que çerca se vieron, admirados y espantados de ver la nueba manera de gentes nunca por ellos vista, y los caballos y perros que llevaban, fueron suspensos de tal suerte que ni para acometer ni para huyr les quedo animo, a los quales los españoles arremetieron, y matando y hiriendo muchos de ellos, forçaron a los demas a huyr y rretirarse hazia sus casas, y aquel dia se alojaron çerca del propio valle de Santiago, y otro dia entraron en el, dando de rrepente en vn pueblo que a la entrada deste valle, sobre la mano derecha, estaba.

Hallaron los moradores del mas cuydados184 de lo que pensaron; mas ellos, viendo a los españoles, no fueron perezosos en tomar las armas, con las quales procuraban defender su pueblo y echar del a los nuestros; mas como sus armas fuesen flacas y sus cuerpos no tuviesen ningun amparo ni defensa por andar desnudos, no fueron bastantes sus animos y brios a rresistir ni tolerar los golpes de las espadas y armas de los españoles, y asi, viendose maltratar tan cruelmente dellos, les dexaron libre el pueblo y se rretiraron a las montañas que cerca estaban, donde se manpararon185 de la furia de sus enemigos, los quales se aposentaron en el pueblo, saqueando y arruynando lo que en el abia; y de algunos yndios que se tomaron tuvieron notiçia los nuestros de que mas arriba estaba otra poblazon o pueblo grande, que era el que agora es por los de la villa de San Cristoval llamado el pueblo de las Avyamas, por la mucha abundançia que dellas avia en este pueblo186 quando despues, el año de cincuenta y nuebe, pasando el capitan Juan Maldonado, vezino de Panplona, a las provinçias de Merida, estuvo con su gente alojado en el. Pues a este pueblo de las Avyamas camino otro dia el capitan Tolosa, haziendo la jornada de noche por ser menos sentido de los naturales, y llegando al pueblo quando amanecia. Como ya los yndios tuviesen notiçia de los españoles o de sus crueldades y los viesen entrar por sus puertas, dieronse mas a huyr que a tomar las armas ni defenderse.

Deste pueblo de las Avyamas atrabesaron a vnas poblazones que estaban frontero, de la otra banda del rrio de las Avyamas, en vnos altos cuyos naturales se abian ahuyentado y dexado sus casas desiertas. Mas como los españoles, poniendo toda diligençia por aber a las manos aquella gente que dellos se abia avsentado temiendo sus crueldades y tiranias, fueronlos a hallar en vnas escondidas rrancherias o alojamiento donde se abian rrecojido con sus mujeres y hijos; y como ellos viesen que hasta en aquel escondido lugar los avian ydo a buscar y a perseguir, tomaron las armas y defendiendose187 con animos obstinados188, hirieron al Capitan y a otros algunos soldados, con seys caballos que de las heridas murieron; pero al fin, avnque vengados, fueron rrebatidos y desbaratados los yndios, y sus alojamientos ganados y saqueados de los nuestros. Abida esta victoria, los españoles se salieron de todo punto del valle de Santiago, atrabesando por la loma que dizen del Viento, y fueron a salir a los llanos que aora llaman de Ququta, donde los vecinos de Panplona y San Cristoval crian sus ganados, por baxo de donde estan los cortigos o casas y corrales de los ganados, en vnas poblazones de yndios que oy en dia estan alli, sufraganas o subjetas a la villa de San Cristoval. Llegados que fueron los nuestros a esta poblazon y primer pueblo della, los yndios del se rrecogieron a vn buhio grande que tenian casi a manera de fortaleza, con sus troneras o flechaderos, por donde enpeçaron a disparar y tirar de su flecheria contra los españoles, y se defendian tan obstinada y rreziamente, que sin ser rrendidos ni danificados de los nuestros, los forçaron a que se rretirasen y apartasen de su pueblo, con daño y perdida de algunos españoles y caballos que murieron de los flechazos y heridas que de los yndios rreçibieron; y marchando la gente y su capitan Tolosa, fueron desde este pueblo al rrio que llamaron de las Batatas, que es el que los de Panplona oy dizen el rrio de Çulia, y metiendose por la serrania adelante hazia los carates o despoblados siete v ocho jornadas, la aspereza y fragura de la tierra los forço a que se rretirasen y bolviesen atras, al valle o provinçia de Ququta, donde se alojaron para descansar algunos dias y rreformarse, que andaban ya muy trabajados y cansados.

CAPITULO TREZE

Como llegado el capitan Alonso Perez de Tolosa a la laguna, y no pudiendo pasar adelante, se bolvio al Tocuyo con mucho trabajo; y como el governador Tolosa murio.


Ya que algunos dias obieron descansado, el capitan Alonso Perez de Tolosa y sus capitanes y soldados en el llano de Ququta, començaron a caminar el valle abaxo, por las rriberas de los rrios de Panplona, hazia la laguna de Maracaybo, que es donde los propios rrios van a parar; y caminando muchos dias con varios subcesos de algunos belicosos yndios por do pasaban, tiniendo con ellos algunos rrepiquetes189 de poca ynportançia avnque de algun rriesgo, por herille, como les hirieron, algunos españoles, que de las heridas murieron, llegaron a los llanos que dizen de la laguna, hazia la parte do esta poblada agora Merida, poblados de naturales llamados bobures, que es gente mas domestica y menos gerrera ni bulliçiosa que la que abita en las sierras comarcanas; y marchando por aquellos llanos adelante, para bojando190 aquella parte de la laguna donde estaban, bolverse a Benençuela, pues no hallaban tierra acomodada a su gusto para poblar191, dieron de rrepente en vn estero o çienega que quasi atravesaba todo lo llano, y de ancho tendria media legua, la qual les fue ynpedimento y estorvo para no poder pasar adelante ni hazer lo que pretendian; porque como este lago fuese muy hondo y çenegoso no podian los caballos ni peones en ninguna manera pasallo, avnque con mucha diligençia procuraron y buscaron si por alguna parte deste lago abria algun bado que le diese lugar y aparejo para pasallo. Gastaron y destruyeronse en ber si el agua del se abajaba o amenguaba mas de seys meses, despues de los quales, viendo que su estada alli era de ningun efecto, y la hanbre les yva ya maltratando, por no tener ya comidas los naturales que por alli çerca abia, dieron la buelta para salir por do abian entrado.

Enbio Tolosa delante a Pedro de Linpias, con beynte y tantos conpañeros, para que a la ligera caminase a grandes jornadas, y fuese a dar mandado al gobernador su hermano o a sus tinientes de su buelta, para que al camino le saliesen con algun socorro de comidas v otras cosas; a los quales luego, en apartandose del capitan Tolosa, les mataron a la terçera jornada dos conpañeros; mas no por eso dexaron de proseguir su viaje, y con gran trabajo y rriesgo llegaron al Tocuyo. Tolosa, con la demas gente, prosiguio la salida luego tras de Linpias, pero como traya mas gente, y casi toda enferma, sustentabase mas dificultosamente, y ansi, yendo marchando, les fue forçoso apartarse del camino a tomar comida a vn lugarejo de hasta seys casas o buhios, cuyos moradores, avnque pocos, no desanpararon sus casas, mas defendiendolas con las armas en las manos, rresistieron a los nuestros que no entrasen en ellas; y como acaso hallasen los españoles vn buhio, apartado de los otros, proveydo de mucha carne de puerco asada en barbacoa, y otras cosas de comer, dexando de pelear con los enemigos que tenian presentes, se yvan desordenamente, aflixidos de la hanbre, a aber parte de la comida que en el buhio abia, sin tener cuenta con el daño que les podia venir, la qual deshorden, como los yndios viesen, doblandoseles el animo, salieron de su propio pueblo a echar a los españoles de donde estaban encarniçados en la comida; y como los yndios diesen en ellos, al primer encuentro o rrefriega mataron dos soldados, y les hizieran mas daño si ellos, ençendidos con el temor de ser alli muertos de aquellos barbaros, no tornaran a tomar las armas animosamente, y haziendo rrostro a los yndios les rrebatieron y hizieron rrecoger a su pueblo, y siguiendoles hasta dentro de sus casas, los forçaron a desanparallas y huyr por guareçer las vidas, dexando a los nuestros el pueblo con lo que en el abia, y tomando la comida que hallaron, que fue poca para lo que abian menester, se bolvieron al camino, el qual prosiguieron muy trabaxosamente a cavsa de ser tan grande la falta de comida que les sobrevino, que en obra de diez leguas de camino se les quedaron veynte y quatro soldados muertos de pura hanbre y falta de comida; con el qual trabajo llegaron a Ququta, valle de las estançias o criaderos de ganados de Panplona, y subiendo por aquel balle arriba a vnas poblazones que en lo alto estan rrepartidas a vezinos de Panplona, para aber alli alguna comida para su viaje y buelta, la qual tomaron, y rretirandose a lo llano les vinieron los yndios dando grita y alcançe hasta que se alexaron bien de su territorio y se metieron en lo llano de Ququta; y con esta comida atravesaron el valle de Santiago, y sin detenerse en el punto, se metieron por el rrio y angostura abaxo, por do fueron a dar al rrio de Apure, donde se alojaron entre los dos rrios Apure y Zarare, junto rriezuelo pequeño que entre los dos corre, llamado Choro192.

En este alojamiento algunos soldados que tenian poca gana de bolver a Benençuela, pidieron liçençia al capitan Tolosa para venirse al Rreyno, el qual se la otorgo y dio, y juntandose treynta soldados desta opinion, y entre ellos vn Pedro Alonso de los Hoyos por su cavdillo, que despues fue poblador de Panplona, se vinieron perlongando la sierra193 hasta que llegaron al rrio de Çaçanare, que baxa a las espaldas de los laches dichos Chita y Cocuy, y metiendose por este rrio de Çaçanare arriba, caminaron hasta que hallaron sal y mantas de las del Rreyno, y siguiendo el rrastro dello, no con zenzillos trabaxos, fueron a salir á los pueblos dichos del Cucuy y Chita, que son en los terminos de Tunja, del Nuebo Rreyno.

Hize aquesta particular mençion destos soldados, porque mediante el descubrir ellos este camino tan çercano a Benençuela, se trato esta Governaçion y aquel Rreyno, y fue proveydo de mucha abundançia de ganados, de que tenia gran neçesidad, porque en aquella sazon abia muy poco y balia a ecexivos preçios, y despues aca, por este propio camino, y por otros que se an descubierto, se an metido ynfinitos ganados de toda suerte, de do a benido a abundar la tierra del Rreyno de carnes, avnque todavia no dexan de traer de la Governaçion.

El capitan Tolosa prosiguio luego su viaje, y pasando a Apure, por çerca de lo llano, por mano de vnos caqetios yndios que le salieron de paz y le proveyeron de comida, paso de largo sin detenerse en el camino, hasta que llego al paraje de los rrios de Barinas, que es casi en el paraje de las Sierras Nevadas de Merida; y siendole necesario enbiar a la Sierra por comida para pasar adelante, fue a ello Diego de Losada, con quarenta honbres, y metiendose en la Sierra con toda la gente que llevaba, se le apartaron de los demas siete soldados, los quales fueron a dar a vn buhio grande, donde hallaron vnas yndias y mayz y alguna sal, de la qual tenian grande falta. Rregozigados los siete soldados con la buena fortuna que les abia corrido en aver hallado aquella buena presa, llegaron cantidad de yndios de guerra, y çercando el buhio, poniendo a tres puertas que tenia muy buenas guardas de valientes yndios para que los españoles no saliesen, yntentaron de poner fuego al buhio, y como la paja no quisiese arder, tuvieron lugar los cercados de animarse y aventurarse a salir, y rronpiendo y rrebatiendo las guardas que a la vna puerta estaban, salieron todos fuerra y peleando animosamente con los yndios que los tenian çercados, mataron algunos de ellos, con que los demas huyeron. Los soldados cargaron luego de todo lo que pudieron llevar, y dando buelta a donde Losada avia quedado, se bolvieron todos juntos al lugar donde su general Tolosa los esperaba; y con la comida que de Barinas sacaron caminaron todos juntos hasta llegar al Tocuyo, al cabo de dos años y medio que del abian salido.

Hallaron que el governador Juan Perez de Tolosa era ya muerto, que murio yendo la via del Cabo de la Vela a tomar rresidençia.

Governaba aquel pueblo del Tocuyo el mismo Juan de Villegas, a quien el governador Tolosa abia dexado por tiniente.

NOTAS AL CAPITULO XIII

(A) La muerte del licenciado Juan Pérez de Tolosa debió tener lugar en Enero ó Febrero de 1549, pues con fecha del 14 de Junio siguiente la Audiencia de la Española expidió provisión de Gobernador y Capitán general, con la cláusula de «hasta que Su Majestad provea», á favor de Juan de Villegas.

Consta que la provisión se dió á pedimento de la Ciudad de Coro y demás vecinos de la provincia.

Se cumplió en Coro el 27 de Marzo de 1550, siendo Teniente de Gobernador Alonso Pérez de Tolosa; Alcaldes, Miguel de Barrientos y Antonio Col; Regidores, el Tesorero Alonso Vázquez de Acuña, el Contador Antonio de Naveros y Gutierre de la Peña.

En la ciudad de Nuestra Señora de la Concepción, del puerto de Burburata, fué presentada la provisión el 26 de Mayo de 1550 por el alguacil mayor, ante el veedor de S. M., Francisco de Madrid, y la dieron cumplimiento el Capitán Per Alvarez y los pobladores.

En el Tocuyo se presentó el 7 de Septiembre, estando la mayor parte de los españoles en la puerta de la iglesia, acabada la misa mayor.

(Colección Muñoz, tomo LXXXV.)

Zaragoza, en la Memoria ya citada, dice que Pérez de Tolosa murió en la ciudad del Rio de la Hacha en Enero de 1549.

CAPITULO CATORZE

En el qual se escrive el descuydo que en Venençuela se a tenido y tiene de enseñar la dotrina a los yndios, y algunas cosas y propiedades de los llanos y halda de la cordillera.


Esta jornada de Alonso Perez de Tolosa entiendo aber sido la vltima que de la provinçia de Venençuela se hizo e yntento por los llanos o para los llanos a hazer descubrimientos y poblazones; porque como dende en adelante los Bezares no tubieron juridiçion en ella, y por el mesmo caso çesaron de enbiar factores con mercadurias, de las quales davan algun abio a los soldados y fiandoles algunas cosas de tienda les forçaban a que rresidiesen en la tierra, y sus governadores, con la codicia que trayan de aber oro para rrestavraçion de sus gastos, luego hazian juntas de gentes e yvan a vna parte y a otra a descubrir y ver si les abia tornado a creçer la lana aquellas desventuradas obejas, y si no la tenian, sus personas lo pagaban.

Los governadores que el Rrey a enbiado an sido muy moderados, y hallavan la tierra tan gastada y cansada de la continua sujeçion y subsidio en que los governadores alemanes la abian tenido, que en toda ella no abia ya honbre que desease salir de vn miserable rrancho, avnque grande y bien esconbrado, y dandose a criar ganados de vacas, obejas y yeguas, por ser la tierra acomodada para ello, contentandose con solo el esquilmo que del ganado abian, y porque por la falta que del oro tenian no les acudian ningunas mercadurias de España, como eran paños y lienços para su vestir. A ymitaçion de Noema, hermana de Tubal y de Tubalcayn, ynbentora del hilar y texer y hazer rropa para que se cubriesen los honbres y mugeres, ynventaron ellos entre si el texer y hilar, que entiendo que fue la primera parte de las Indias donde honbres y mugeres españoles lo vsaron de hilo de algodon, haziendo vnas telas de donde cortaban camisas y jubones y todo genero de rropa blanca; y de la lana hizieron cierta manera de paño de poca suerte194, llamado xergilla, para sayos y capas. Esto hazian en telares altos a vso de la demas gente de Vropa; porque los yndios ninguna rropa que tenian la texian de la suerte195 que las naciones de Vropa hazen, sino muy diferentemente, como en otro lugar se dira. Y asi, dende en adelante, como he dicho, contentandose con esta pasadia196, juzgavanse por tan bien aventurados como los que poseyan las muchas rriquezas de Piru, se estaban en sus pueblos y casas, gastando el tienpo en vil oçio, porque todas las otras cosas que fuera del sustento de carne y lana abian menester, se las abian de dar los yndios, asi el algodon o el hilo hilado como el mayz para pan e yndias para molello y para las otras cosas.

Esto apunto197 no para ynfamallos sino para yncrepallos de descuydados, porque con aberse sustentado mas tienpo de veynte años con el sudor y trabaxo de los yndios, avnque mediante su yndustria, entiendo que no se a hallado hombre en toda la Governaçion que en la poblazon de los yndios de su encomienda aya hecho Iglesia, ni an puesto la menor diligençia del mundo en que siquiera supiesen que ay Dios, o siquiera dezir Jesus v otra cosa que tuviese señal de aver estado alli cristianos, para que pareçiese que en algo les pagaban aquellos miserables sus trabajos. Ello es çierto gran lastima, de algunos descuydados e ynconsiderados cristianos que, siquiera por via de platica y rrazonamiento, como se paran a hablar con los yndios otras oçiosidades y torpedades, no gastarian su conversaçion en cosas espirituales. El yndio, el moro, el gentil, todas quantas naçiones abido en el mundo, que çiegamente adoravan y tenian por dioses los simulacros y obras de sus manos y de naturaleza, persuadian con mucha ynstançia a los con quien trataban que creyesen en sus dioses y les hiziesen sacrifiçios, dandoles a entender que los de las otras gentes eran dioses falsos y los suyos verdaderos, y avn aca, en las Indias, pocos tiempos antes que los españoles entrasen en Piru, rreynando en aquellos rreynos un barbaro dicho Guaynecapa, con la anbiçion que de rreynar tenia, hizo gerra a muchas gentes muy apartadas de sus rreynos y a todos los que sujetaba les ynduzia y persuadia a que dexando su lengua materna y la ydolatria de sus ymaginativos dioses, creyesen en los suyos, que el tenia por verdaderos.

Verdaderamente ha sido tanto el descuydo que en esto an tenido los españoles y cristianos que hasta aqui a abido en esta provinçia de Benençuela, que no solo a los yndios de su rrepartimiento no les an dado ningun genero de doctrina, pero ni avn a los que en sus propias casas y de sus puertas adentro les servian; porque pasa en verdad lo que dire. Al tienpo y sazon que Merida, çivdad en las provinçias de Sierra Nevada, se poblo por el Nuebo Rreyno, asi mesmo se poblo o reedifico la çivdad de Truxillo, en la provinçia de Cuycas, por Venençuela; y como los de Merida tuviesen sacerdote que les administraba los Santos Sacramentos, y los de Truxillo careçiesen deste benefiçio, a rruego del Obispo de aquella Governaçion o de los propios vezinos, paso el cura de Merida a confesar la gente que abia en Truxillo; y çertifica este saçerdote que es honbre de fe y credito, que llegaron a sus pies a confesarse yndias e yndios ladinos del serviçio de algunos de los que en aquel pueblo estaban, que cortaban198 y hablavan la lengua castellana tan agudamente como sus amos, y por ventura mejor, porque algunos eran portugeses, los quales yndios e yndias, con aver estado veynte años, y mas tiempo, en conpañia y serviçio de aquellos cristianos, no solo no sabian ninguna oraçion de las dominicales, pero ni avn hazer la señal de la cruz, y mucho baptizados, y cristianos, y Maria, y Juana, y Catalina, y vallos199 yr a la Iglesia, y venir de la Iglesia, y otros actos y çerimonias esteriores que avnque eran bien hechas, no se lo que pareçerian en aquellos que no entendian ni sabian lo que hazian; y ansi entiendo que divinalmente a de venir a ser castigada esta gente si en lo dicho y en otros eçesos que en aquesta tierra se hazen no ay enmienda.

E salido un poco fuera del proposito con que enpeçe a escrevir este capitulo; pero fue mi pluma rrodando de suerte que no puede dexar de devertirme200. Pase este caso con los demas, y bolviendo a la materia digo que por aber çesado, como çesaron, las jornadas destos llanos y que nvnca mas se entro en ellos con junta de gente para largos descubrimientos por via de Venençuela, sino fue para llevar ganados al Nuebo Rreyno, çesara aqui la materia de tratar dellos en esta Istoria de Venençuela, y por esto me quiero despedir con rrecontar algunas particularidades que los soldados de aquel tiempo y que anduvieron en algunas de las jornadas rreferidas, cuentan por abellos bisto por sus propios ojos, sin enbargo de otras muchas que los españoles poblados en la çivdad de San Juan de los Llanos an visto y sabido despues aca mediante el trato que en los yndios que hazia aquella parte ay an tenido y las buenas lenguas o interpretes de que an vsado, segun en su lugar queda escrito y en diversos lugares desta Istoria e tocado.

En estos llanos, desde el pueblo o çivdad del Tocuyo hasta la çivdad de San Juan de los Llanos, poblada en el pueblo que comunmente emos llamado de Nuestra Señora, ay de camino, por la falda de la Sierra, duzientas leguas, antes mas que menos, en las quales caen los rrios que en diversas partes desta Istoria emos nonbrado, en los quales los modernos que por alli an caminado con ganados, an puesto diferentes nombres, como a sido el rrio de Tapia y el rrio del Estribo, y otros, asi que no ay para que rreferillos. Todos estos rrios son abundantisimos de muchos generos y diversidades de peces, chicos y grandes y de todas suertes y de muy diferentes formas y hechuras; y porque en este caso, si particularmente yo vbiese de tratar de todos los generos y formas y efectos de los peçes que en estos rrios se crian, seria ponerme a lo que no puedo cumplir y caer en falta, solo dire del efecto de tres o quatro peçes de diferentes formas y efectos, el vno de hechura vna morena201 de las que en la mar se suelen criar, tan largo como tres palmos, muy mantecoso y grueso, de suerte que se aprovechan los yndios de su grosura y manteca para algunos efectos y curas. Es de muy buen gusto en el comer. Este peçe, en llegando a picar en el anzuelo tiene en si tal propiedad que al pescador haze luego temblar y casi perder la color y turbarse, y si muchos acuden a echar mano del todos tienblan. A los prinçipios ponia en gran congoxa la operaçion deste peçe a los españoles, por pensar que perpetuamente avian de quedar tenblando o les abia de acudir aquella enfermedad, mas despues les perdieron el temor, y avnque tenblavan, erales ocasion de rregoçixo a los que miraban. Hallose en ellos el manati, pescado que se cria en el agua y paçe las yervas que en las rriberas se crian; el cayman, hechura y forma de lagarto, que por su feroçidad y bestial atrevimiento es muy temido, por los grandes daños que en los honbres haze, mas que otro ningun animal de los que en el agua se crian. Criase asi mesmo vn animalejo de hechura de vn benado, que se sustenta o mantiene en tierra y abita en el agua; es patihendido y estercola como venado; tiene el hoçico o cara de hechura como la cabra, avnque mas chata; las orejas, pequeñas, como de lebrel; tiene dientes y muelas altas y baxas, las piernas y braços cortos, ancho de pecho y lomos, como vn berraco grande; la cola que casi solamente se señala; el pelo muy corto y bermejo, comese su carne; es duro de cozer; el gusto tiene de pescado: llaman los españoles a este animal Ancha; no se aparta mucho de las rriberas de los rrios. Deste animal o pescado, yo no he hallado que hasta nuestros tienpos se aya visto en otras partes, porque este no es de la naturaleza o generaçion de otros animales llamados Dantas, que tanbien los ay en estos llanos, que son de hechura de mulas pequeñas, avnque patihendidos.

En el rrio llamado Pavta, afirman algunos aver visto dos sierpes de mediano grandor.

En lo que toca a los animales de tierra pasaremos con la mesma brevedad que en lo de los pescados. Ay tigeres muy dañinos, como atras se a dicho; leones bermejos y muy cobardes; osos hormigueros, dantas, venados; puercos monteses de dos suertes o maneras, vnos que son los que llaman baquiras, que no andan en manadas sino apartados de dos en dos. Ay conejos, liebres, curies, que son de hechura de rratones, eçeto que no tienen rrabo; çierto genero de lagartos, que no son los que llaman higuanas, que tienen buena comida; mayas, que es vn animalejo pequeño, como vn guzque. Ay otros animales pequeños de hechura de vna zorra, manchados de pardo y blanco y negro, llamados maspurite: este, si se ve acosado de los perros, se haze mortezino, y si llegan a el vierte vna orina de tan pesimo hedor que los aparta y arredra de si; hecha espumarajos por la boca, y si algun español se allega a ellos y le mean en la rropa, no es mas de provecho. Ay otro ynutil animal que los españoles suelen llamar perico ligero: este es pardo, de hechura de vn sapo, como tres o cuatro pies de largo, el pelo muy blondo202; da muy grandes bozes, que casi en ellas ymita la boz de vn honbre que da bozes; el humor deste animal es tan flematico que me pareçe que en vn dia no se movera distançia de cinquenta pasos, porque el anda como lagarto, la barriga arrastrando por el suelo, y muebe con tanta pesadunbre el braço que quando muebe el pie o la pierna para pasar adelante a pasado grande espaçio. Dizese de este perico ligero que con toda su torpedad se sube muy poco a poco sobre un arbol a comer fruta y que, desque se harta, por no atreverse a baxar por do subio, se dexa caer desde donde esta al suelo sin rreçebir ningun daño: no se que para ninguna cosa sea provechoso este torpe animal: aylo en muchas partes y provinçias arcabucosas y calientes. Hallase en estos llanos vn animalejo pequeño, del grandor de vn conejo, el pelo como de vn cordero manchado, las vnas anchas y largas como de oso hormiguero; quando le fatigan metese en el agua; con el pelo deste animalejo hecho çeniza y polvo se curan los yndios, donde los ay, las bubas, que son muy enfermos de ellas.

He tratado aqui destos pocos animales por parecerme mas extraños y mostruosos de otros muchos que en estos llanos ay muy diferentes de los que en Evropa se crian; que por no tener en este lugar notiçia dellos no lo trato. En el discurso desta Istoria no dexare de apuntar y deçir de los que se me ofreciere, que como he dicho me ha pareçido que son extraños y nunca bistos.

De arboles y abes y otras muchas cosas notables que por estos llanos ay no se haze aqui memoria porque como no estan poblados despañoles ni avn por ellos se sigue ningun camino del Rreyno a Venençuela no se puede aber la notiçia de todo ello que en otras partes se tiene por estar españoles en ellas que curiosamente los escudriñan. Tanbien digo que muchas cosas asi de naturalezas de yndios como de cosas que la tierra cria y produze que en toda la governaçion de Venençuela ay, no yran aqui escritas por defecto de no hallar yo quien me diese claridad dellas; y asi solamente tratare en lo que me queda por deçir de algunos pueblos que en ella se an poblado y de los Governadores que en ella, desde Tolosa hasta nuestro tiempo, suçedieron en el govierno de aquella tierra, con lo que a nuestra notiçia obiere venido del fruto y vtilidad que en ella hizieron.

En lo tocante a los llanos se me abia olvidado vn punto açerca de los tiempos, y es que en aquellas tierras casi son diferentes los tenporales de otras, porque el verano yncluye en si los meses de Otubre, Novienbre, Dizienbre, Enero, Febrero, Março, avnque en estos meses no dexan de acudir algunos prolixos aguaçeros. El ynvierno comiença por Abril, y dura Mayo203, Junio, Julio, Agosto y Setienbre, y estos son los tiempos que an acostumbrado seguir los que por estos llanos an caminado.

1.En la edición de Caracas se escribe hacerla, en vez de trazella.
2.En la edición de Caracas se suprime la conjunción y, resultando que lo que se vió en el Concejo fué el libro del Padre Aguado, y no la instancia de éste y el libro, como se dice en el original.
3.En la edición de Caracas: el dicho vuestro poder.
4.En la edición de Caracas: de que vos.
5.En la edición de Caracas no se hace aquí punto y aparte, ni siquiera punto, sino que va todo seguido, como está en el original, con notable confusión para el lector.
6.Tampoco aquí se hace punto y aparte en la edición de Caracas.
7.Tampoco aqui se hace punto en dicha edición.
8.En la edición de Caracas: que los españoles.
9.Las palabras aqui subrayadas lo están en el original. En la edición de Caracas se dice: y había en la, sin subrayar.
10.En la edición de Caracas: a algunas. En el original falta a.
11.En la edición de Caracas: y algunos de ellos hechos esclavos. El original dice conclabi, una de las muchas palabras latinas que suele emplear el autor, y que aquí puede significar encerrados, apresados.
12.Colección de documentos inéditos de Indias. Tomo XXII, pág. 125.
13.Colección de documentos inéditos de Indias. Tomo XXII, pág. 184.
14.En la edición de Caracas, regostado.
  Regostado, de arregostarse, es engolosinarse ó aficionarse à alguna cosa; regastado (palabra compuesta de la preposición inseparable re, que significa repetición, y de gastado), significa gastar mucho ó muchas veces. Regostado, como dice la edición de Caracas, no forma sentido.
15.En la edición de Caracas se omite la conjunción.
16.D. Justo Zaragoza. —Memoria sobre la Peninsula de la Guajira.
17.Archivo de Indias. – Indiferente general. – Registros, asientos y capitulaciones generales para descubrimientos y poblaciones: 1508-1574. Tomo I, folio 59.
18.En la edición de Caracas se omite o.
19.Relación breve y la más cierta que se ha podido haber, de las personas que se han hallado en Venezuela, desde el principio que se vino á poblar por los Velzares y sus gobernadores con provisión de Su Majestad, por el licenciado Juan Pérez de Tolosa. – Coro, 8 de Julio de 1548. (Biblioteca de la Real Academia de la Historia.)
20.Página 149. – Edición de París de 1841.
21.En la edición de Caracas: al en vez de el.
22.En la edición de Caracas: en en vez de con.
23.En la edición de Caracas: entendieron, en lugar de entendiendo.
24.En la edición de Caracas se omite o poblasen.
25.Tachado: la costa arriba.
26.En la edición de Caracas: poblar un pueblo más, omitiendo la conjunción o.
27.En la edición de Caracas se añade: y feudatarios.
28.En la edición de Caracas, y sin duda por error de imprenta, en vez de artesa, se pone artera.
29.En la edición de Caracas, en vez de ensangostando, se dice engostando, lo cual nada significa.
30.Instruídos, enterados.
31.En la edición de Caracas se repite la palabra veces, que no está repetida en el original.
32.Bultos, por vueltos.
33.En la edición de Caracas se escribe con en vez de sin.
34.Cisiones, por incisiones.
35.En la edición de Caracas se dice á la laguna en vez de de la laguna.
36.Rebozo: simulación, pretexto.
37.Vaguada es la línea que marca el fondo de un valle, y es el camino por donde van las aguas de las corrientes naturales. En la edición de Caracas, en vez de vaguarse se dice ó aguarse.
38.En la edición de Caracas se dice: Estaba el principal poblador ó señor de la rribera de esta laguna.
39.En la edición de Caracas, desde.
40.En la edición de Canarias, en por su. Debe ser errata de imprenta.
41.En la edición de Canarias, bajando por bojando.
42.Un borrón cubre la primera silaba de esta palabra.
43.En la edición de Caracas: Quinto Escipión. Asi debia ser, pero en el original se comete el error copiado aquí.
44.En la edición de Caracas a en vez de de.
45.Barbacoa significa aquí conjunto de palos de madera verde puestos sobre un hueco á manera de parrilla, que usan los indios para asar carne.
46.En la edición de Caracas: salar.
47.Como más adelante puede verse, puesta significa aqui pedazo.
48.En la edición de Caracas: tierra en lugar de sierra.
49.Rrabucha ó Rrabuelsa. La palabra está enmendada en el original, y resulta de difícil lectura.
50.En la edición de Caracas: fuerza por fresca.
51.Debe ser una errata, y querer decir apacible, como se escribe en la edición de Caracas.
52.Debe ser errata material y querer decir rumor.
53.En la edición de Caracas se omite en aquel valle.
54.En la edición de Caracas, la en vez de su.
55.Debe ser hato, ropa y pequeño ajuar para el uso preciso y ordinario.
56.En la edición de Caracas: alcanzarlo.
57.En la edicion de Caracas se lee: y quitasen cincuenta graves penas.
58.En la edición de Caracas: desearon.
59.En la edición de Caracas: ajo por hayo. El hayo es una mezcla de hojas de coca y sales calizas ó de sosa y aun ceniza.
60.Idem íd.: y asi lo acostumbró mucho tiempo.
61.Entramos forma anticuada de entrambos.
62.Caliz, por Cádiz.
63.Mogorra por Gomorra.
64.A dos está repetido en el original.
65.Debe ser errata material, y querer decir puerto.
66.En la edición de Caracas: jiraharas.
67.En la edición de Caracas: bajando por bojando.
68.En la edición de Caracas: Buravre. En el original está enmendada esta palabra, y sobre la v se ha escrito después la b.
69.En la edición de Caracas: Micer Andrés.
70.Debe ser errata, y querer decir seguimiento.
  En toda esta parte del manuscrito abunda mucho la supresión de sílabas, y, sobre todo, la de las letras finales de ciertas palabras.
71.Debe querer decir tigres.
72.Aquí deben faltar algunas palabras. En la edición de Caracas se dice: «porque en juntando la gente que en Coro», etcétera; pero en el original no existen las palabras la gente.
73.En la edición de Caracas, el en vez de al.
74.Debe querer decir enjugado.
75.En la edición de Caracas: aquel en vez de que el.
76.Idem id.: palmitas. Esto nada significa. Palmito es una planta de la familia de las palmas.
77.Debe querer decir la gente.
78.Siguen varias palabras tachadas.
79.En la edición de Caracas: Sosubana.
80.En la edición de Caracas: que á manos vivas. Esto cambia completamente el sentido. Lo que el autor dice es que seis españoles fueron hechos prisioneros vivos.
81.En la edición de Caracas: otros tres soldados españoles.
82.En el original está escrito rremamanecio, debiendo ser rremanecio. En la edición de Caracas se dice: amaneció. Esto es un error. Remanecer significa aparecer de nuevo é inopinadamente, y esto es lo que da sentido al texto.
83.Debe querer decir atravesar.
84.Quiere decir llamados.
85.En la edición de Caracas: acontecimiento.
86.Idem id.: como en su Historia trata, omitiendo el se.
87.En la edición de Caracas, y sin duda por errata de imprenta, se dice preciosimos.
88.Sigue línea y media tachadas.
89.Debe querer decir distancia.
90.En la edición de Caracas falta el de.
91.Léase guia.
92.El original dice ynfortinios.
93.En la edición de Caracas: hambre y sed.
94.En vez de de dreman, que está escrito en el original, debe leerse Fedreman.
95.En la edición de Caracas: el capitán Rivera.
96.En la edición de Caracas: temor. Para el sentido del párrafo es igual; pero el original dice terror.
97.En la edición de Caracas, la coma está después de la palabra camino y falta después de presto. Con ello se altera el sentido.
98.En la edición de Caracas: dejaron.
99.En la edición de Caracas, en vez de quales se escribe que les. Esto hace que no pueda entenderse el párrafo.
100.Siguen aquí unas palabras tachadas.
101.Lumbre está aquí usada, indudablemente, en el sentido de luz, modelo, persona ó cosa capaz de ilustrar ó guiar.
102.En la edición de Caracas: distinción por disistion.
103.En la edición de Caracas se hace aquí punto.
104.En la edición de Caracas: Valdespinosa.
105.Aquí, en el original, se llama Valdespinosa al que antes se nombró Valdespino.
106.Este su huelga.
107.Hay aquí unas palabras tachadas.
108.En la edición de Caracas falta el adverbio después.
109.¿Es una errata, y se ha escrito estantar por espantar, ó estantar es una forma anticuada de estantío, que significa que no tiene curso, parado, detenido ó estancado?
  En la edición de Caracas se escribe espantar.
110.En la edición de Caracas, por errata de imprenta, sin duda, se dice acemodada.
111.En ídem id.: refriegas y alborotos.
112.En la edición de Caracas: y en vez de con.
113.Estos capítulos VIII y IX son del libro VI, no del V.
114.Fuga está aquí empleado en el sentido de la mayor fuerza ó intensión de una acción.
115.En la edición de Caracas se omite o.
116.Idem id: desmedida por descomedida.
117.En la edición de Caracas: Sabayos por Çaballos, que es como está escrito en el original.
118.En la edición de Caracas, y sin duda por errata de imprenta, se dice azada por asada.
119.Aqui siguen unas cuantas palabras tachadas.
120.Brodio por bodrio, guiso mal aderezado.
121.En la edición de Caracas, abajo está escrito con mayúscula, de donde resulta que el nombre del rio parece ser Abajo Apure.
122.Por error material, sin duda, se dice Auro, en vez de Aure, en el original.
123.En la edición de Caracas, en vez de en algunos pueblos de ella, se dice: en algunos pueblecillos de ella.
124.En la edición de Caracas: comérselos.
125.Lama: cieno blando, suelto y pegajoso, que se halla en algunos lugares, en el fondo del mar ó de los ríos.
126.Gatry ó hatry: la palabra resulta de muy difícil lectura. Pero en la edición de Caracas se omite esa palabra y se dice: «Estas ciénegas eran llamadas en lengua de los naturales que á sus orillas estaban poblados, arechona y caocao.»
127.En la edición de Caracas se omite la palabra delante.
128.Tigere, por tigre.
129.Al margen, y con letra y tinta diferentes, pero no modernas, han escrito las palabras foiaca o boiaca.
130.Guashiguas ó Guayhiguas.
131.En la edición de Caracas: pretales, que es lo que debe querer decir.
132.En la edición de Caracas: los que les, en vez de los quales.
133.¿Será esquinencia, angina?
134.En la edición de Caracas: que en vez de qual.
135.En la edición de Caracas: mapa por maña.
136.En la edición de Caracas: y apasado. Debe ser errata de imprenta.
137.El original dice ha rrado. ¿Será de harrear, arrear, y estará empleado en el sentido de que lo estimularon involuntariamente á seguir caminando ó á caminar más de prisa, ó quiere decir que lo habían dejado atrás?
138.En la edición de Caracas: Pancorso.
139.En la edición de Caracas: dispusiese por dijese.
140.Debe querer decir miserable. En la edición de Caracas se copia mirable, sin aclaración alguna.
141.En la edición de Caracas: Boizal.
142.Idem íd.: Besares por Bezares.
143.Falsando, de falsar, forma anticuada de falsear.
144.Debe ser del libro anterior.
145.En la edición de Caracas Bercia. Así debe ser, pero no es lo que consta en el manuscrito.
146.En la edición de Caracas se omite y dobladas.
147.Porperidad por prosperidad.
148.¿Es una errata y debe leerse hiposos, ó hipatos se ha derivado de hipar, que significa fatigarse por el mucho trabajo ó angustiarse con exceso?
149.Aquí parece que falta la palabra llegó.
150.En la edición de Caracas se llama á Diego de Losada Diego de Lozada, no una vez, sino muchas.
151.En la edición de Caracas: al en vez de a la.
152.Así dice el original, pero debe ser Pardaos.
153.Salles por salilles.
154.Debe ser excedían.
155.Debe ser llegó, en vez de luego. – En la edición de Caracas se dice luego.
156.En la edición de Caracas, se en vez de si.
157.En la edición de Caracas: sanas por sanos. Puede ser errata de imprenta.
158.Aquí se hace punto en la edición de Caracas, con lo cual se altera el sentido.
159.En la edición de Caracas se omite la palabra dos.
160.¿Será una errata, y habrá querido el autor escribir desallada, que significa descarada?
161.En la edición de Caracas el en vez de al. Con esta pequeña alteración se presenta á Carvajal odiando á Felipe de Utre, lo cual entonces no era cierto.
162.En la edición de Caracas: pero como Caravajal, tuviese mas gente.
163.Idem íd. previniendo.
164.En la edición de Caracas: estuviesen al aviso. Se omite sobre.
165.En la edición de Caracas: en en vez de con.
166.Berzar ha escrito antes repetidamente; pero estos cambios en los nombres son muy frecuentes en el autor.
  También son muy frecuentes en toda esta parte las omisiones de letras, que se suplen para no hacer más difícil y fatigosa la lectura.
167.Debe querer decir: buen natural.
168.Falsada, por falseada.
169.Es decir, con un machete romo de punta.
170.Armaçea ó Armaçia.
171.En la edición de Caracas: con su propósito.
172.¿De mofa, burla ó escarnio?
173.En la edición de Caracas: hallándose.
174.En la edición de Caracas: lo en vez de do.
175.En la edición de Caracas, y, sin duda, por errata de imprenta, se dice contándole en vez de costándole.
176.Vicioso significa también vigoroso y fuerte, especialmente para producir.
177.En la edición de Caracas: le, en lugar de se.
178.Sobra a, que altera el sentido del párrafo.
179.En la edición de Caracas se omite la palabra acabar.
180.En la edición de Caracas: con, en vez de en.
181.Cición: calentura intermitente que entra con frío; terciana.
182.En la edición de Caracas: sus heridas. Con esto parece como que Alonso Pérez de Tolosa había sido herido, lo cual no es exacto.
183.En la edición de Caracas: Colvalle de Santiago.
184.Cuidar, seguido de la preposición de, significa vivir con advertencia respecto de una cosa, pero aunque decir esto ha podido ser el pensamiento del autor, el texto hace sospechar si se tratará de una errata, y deba leerse descuidados.
185.Mamparar, forma anticuada de amparar.
186.En la edición de Caracas se hace aquí punto, cortando el período y alterando el sentido.
187.En la edición de Caracas: defendióse, en lugar de defendiéndose.
188.Aquí se hace punto en la edición de Caracas, resultando cortado el periodo.
189.Repiquete significa también lance ó reencuentro.
190.Bojando, de bojar, que significa medir el perímetro de una isla, cabo ó porción saliente de una costa. En la edición de Caracas, bajando.
191.También aquí se hace punto, cortando el periodo, en la edición de Caracas.
192.En la edición de Caracas: Chorro.
193.Perlongando la sierra quiere decir ir caminando á lo largo de la falda de la sierra.
194.Suerte está empleada aquí en el sentido de condición, valor.
195.Aquí suerte significa modo ó manera.
196.Pasadia equivale aquí á pasada, empleada ésta eu su acepción de congrua suficiente para mantenerse y pasar la vida.
197.En la edición de Caracas: á punto. Apunto, del verbo apuntar, en su acepción de tomar nota por escrito, es lo que dice el P. Aguado.
198.Cortar, tratándose de un idioma ó lengua, y con los adverbios bien ó mal, significa pronunciarla con exactitud, limpieza y precisión, ó al contrario.
199.En la edición de Caracas: Catalina y Compañía limitábase á. En el original dice lo por nosotros consignado, y nada más. En lugar de vallos, debe leerse vellos, verlos.
200.En la edición de Caracas: divertirme. Divertirse significa aquí apartarse, desviarse, alejarse.
201.Morena es un pez marino del orden de los malacopterigios ápodos, de un metro aproximadamente de longitud, con cabeza de hocico prolongado, dientes fuertes y puntiagudos, branquias reducidas á dos agujeros pequeños, y cuerpo viscoso y sin escamas, amarillento y con manchas de color castaño.
202.En la edición de Caracas: blando.
203.Por errata de imprenta, sin duda, se pone Marzo, en vez de Mayo, en la edición de Caracas.
Yaş sınırı:
12+
Litres'teki yayın tarihi:
25 haziran 2017
Hacim:
690 s. 1 illüstrasyon
Telif hakkı:
Public Domain

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