Kitabı oku: «Historia natural. Libros VII-XI»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 308

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por FRANCISCO MANZANERO CANO .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2003.
www.editorialgredos.com
Las traducciones y notas han sido llevadas a cabo por Encarnación del Barrio Sanz (Libro VII), Ignacio García Arribas (Libro VIII), Ana M.a Moure Casas (Libro IX), Luis Alfonso Hernández Miguel (Libro X), M.a Luisa Arribas Hernáez (Libro XI).
COORDINADORA : Ana M.a Moure Casas.
REF. GEBO385
ISBN 9788424934187.
LIBRO VII *
(1) El mundo con sus tierras, pueblos, mares, *** 1 notables, [1] islas y ciudades, se encuentra de ese modo 2 . Las características de los seres que viven en él requieren una observación no menos particularizada, aunque el espíritu humano ni siquiera en esto pueda abarcarlo todo.
El comienzo se dedicará con toda razón al hombre, por cuya causa parece que la naturaleza ha engendrado todo lo demás con un precio grande y cruel frente a tantos dones suyos, de manera que no se puede juzgar si ha sido para el [2] hombre la mejor madre o la más funesta madrastra. En primer lugar, es el único de todos los seres vivos que se cubre con recursos ajenos. A los demás les concedió diversos modos de cubrirse: caparazones, cortezas, pieles, espinas, pelo, púas, crines, plumas, alas, escamas, lana; incluso a los troncos de los árboles los ha protegido del frío y del calor con una corteza, a veces doble: sólo al hombre en el día de su nacimiento, desnudo y en la tierra desnuda, lo incita al vagido y al llanto, y a ningún otro entre tantos animales lo incita a verter lágrimas, y éstas inmediatamente después del comienzo de su vida 3 . En cambio, ¡por Hércules!, la risa más precoz [3] y rápida no se da a nadie antes de los cuarenta días 4 . A partir de este primer momento de luz se apoderan de él ataduras que ni siquiera tienen las bestias que nacen entre nosotros, y torpeza en todos sus miembros. Así, el que ha nacido felizmente yace atado de pies y manos, llorando el ser que está destinado a gobernar sobre los demás, e inaugura su vida con suplicios por una sola culpa, porque ha nacido 5 . ¡Ay, qué locura la de aquellos que con este inicio creen que han nacido para la soberbia! La primera esperanza de fuerza [4] y el primer don del paso del tiempo lo hace semejante a un cuadrúpedo 6 . ¿Cuándo anda como un hombre? ¿Cuándo comienza a hablar? ¿Cuándo tiene una boca fuerte para los alimentos? ¿Durante cuánto tiempo tiene la cabeza palpitante 7 , como prueba de que es el más débil de todos los animales? Finalmente, las enfermedades y tantos remedios inventados contra los males, ¡y esos remedios también son vencidos enseguida por cosas inesperadas!
Y los demás seres perciben unas características propias, unos se sirven de la velocidad de sus miembros, otros de la rapidez de vuelo, otros pueden nadar: el hombre no sabe nada de nada sin instrucción, no habla, no anda, no come y, para abreviar, ¡espontáneamente por su naturaleza no hace otra cosa que llorar! Por eso, ha habido muchos que pensaban que lo mejor era no nacer o ser suprimido lo más rápidamente posible 8 . Es el único de los seres vivos al que se le ha dado el [5] dolor por la muerte, los excesos del lujo, y de maneras ciertamente innumerables y a través de todos sus miembros, el único al que se le han dado la ambición, la codicia, un inmenso deseo de vivir, la superstición, la preocupación por la sepultura y también acerca de lo que sucederá después de él. Ningún ser tiene una vida más frágil, ninguno un deseo mayor de todo, un pavor más oscuro, una saña más aguda.
Por último, el resto de los seres se comporta con rectitud dentro de su propia especie. Vemos que se congregan y se mantienen firmes frente a los que son diferentes: los fieros leones no luchan entre sí, la mordedura de las serpientes no afecta a las serpientes, incluso las bestias del mar y los peces sólo se muestran crueles contra los de distinta especie. En cambio, ¡por Hércules!, la mayor parte de los males del hombre procede del hombre 9 .
[6] 1 Del conjunto del género humano, en una gran parte, también he hablado en mi exposición de los pueblos. Y, desde luego, no voy a tratar ahora los ritos y costumbres, innumerables y casi tantos cuantos grupos de hombres existen; sin embargo, creo que no se deben omitir algunos y, en especial, los de los que viven más lejos del mar, entre los que no dudo que a muchos algunas cosas les van a parecer prodigiosas e increíbles. Pues, ¿quién iba a creer que existían los etíopes 10 antes de verlos? o ¿hay algo que no cause asombro cuando se tiene conocimiento de ello por primera vez?, ¿cuántas cosas se cree que no se pueden hacer hasta [7] que se han hecho? Realmente, la fuerza y majestad de la naturaleza carecen de credibilidad si alguien se ciñe solamente a algunas partes de ella y no a su totalidad. Por no hablar de los pavos reales 11 , de las manchas de los tigres y de las panteras y de los colores de tantos animales, es un hecho breve de decir pero infinito en su valoración, que hay tantos idiomas, tantas lenguas, tan gran diversidad de formas de hablar que un extranjero para el de otro país apenas hace el papel de hombre. Ya en nuestro aspecto y en nuestro [8] rostro, aunque sólo hay en él diez miembros o poco más, entre tantos miles de hombres no existen dos figuras que no se puedan distinguir, cosa que no puede conseguir ningún arte en un número pequeño de objetos por más que se lo proponga. Y, sin embargo, yo no voy a empeñar mi credibilidad en la mayoría de estas cosas y más bien remitiré a los autores que se nombren en todos los temas dudosos, sin que repugne seguir a los griegos, tanto por su exactitud mucho mayor, como por su dedicación más antigua al estudio.
2 (2) Aspectos sorprendentes de algunos pueblos
Ya he mencionado que hay pueblos [9] escitas, y muchos, que se alimentan de carne humana 12 . Esto mismo sería increíble si no pensáramos que en la región central de la tierra (incluso en Sicilia e Italia), hubo pueblos de semejante monstruosidad, como los cíclopes y los lestrígones 13 ; y, mucho más recientemente, al otro lado de los Alpes, existía la costumbre de hacer sacrificios humanos a la manera de aquellos pueblos, cosa que dista poco de comer carne humana 14 . Y a continuación de aquellos que están situados al norte, no lejos del [10] sitio mismo donde se levanta el aquilón, y de la cueva que toma nombre de éste, en el lugar que llaman Ges Clitron 15 , se cuenta que están los arimaspos, de los que ya he hablado 16 , caracterizados por tener un solo ojo en medio de la frente, y que están continuamente en guerra por las minas con los grifos, una especie de fieras con alas, según la tradición general, que extrae oro de galerías subterráneas, siendo admirable la avidez que ponen las fieras en custodiarlo y los arimaspos en arrebatárselo; lo escriben muchos autores, pero los más famosos son Heródoto y Aristeas de Proconeso 17 . [11] Sin embargo, más allá de los demás escitas antropófagos, en un gran valle del monte Ímavo 18 , hay una región que se llama Abarimo, en la que viven unos hombres salvajes con las plantas de los pies vueltas detrás de las piernas, de extraordinaria velocidad, que vagan de un lado para otro en compañía de las fieras 19 . Betón 20 , el que midió los itinerarios de Alejandro Magno, ha reseñado que estos no pueden respirar bajo otro cielo, y por eso ni son arrastrados ante los [12] reyes vecinos ni lo fueron ante Alejandro Magno. Isígono de Nicea cuenta que los primeros antropófagos, que dije que estaban al norte, a diez días de camino por encima del río Borístenes, beben en calaveras y se ponen ante el pecho la piel con pelos a modo de servilletas 21 . Según el mismo, en Albania nacen unos de pupilas glaucas, canos desde la infancia, que ven más de noche que en pleno día. Cuenta, además, que a trece días de camino por encima del Borístenes los saurómatas siempre toman la comida al tercer día 22 .
Según Crates de Pérgamo, en el Helesponto, en los alrededores [13] de Pario, existió una raza de hombres, a los que llama ofiógenes, que solían curar las mordeduras de serpiente con el simple contacto y extraían el veneno del cuerpo con la imposición de las manos. Según Varrón, todavía hay allí unos pocos cuya saliva es antídoto contra las mordeduras de serpiente 23 . También en África existió un pueblo [14] semejante, como escribe Agatárquides, el de los psilos, llamado así por el rey Psilo, cuyo sepulcro está en un lugar de la Sirte Mayor 24 . El cuerpo de éstos tenía congénito un veneno, mortífero para las serpientes, con cuyo olor las adormecían; y tenían la costumbre de exponer ante las más feroces de ellas a sus hijos recién nacidos y, de ese modo, probar la virtud de las mujeres, pues las serpientes no huían de los hijos adulterinos. Este mismo pueblo fue llevado casi al exterminio por los nasamones, que ahora ocupan esos lugares 25 . Sin embargo, una raza procedente de aquellos que habían huido o estaban ausentes cuando fue la lucha, permanece todavía hoy en unos pocos lugares. También en Italia [15] perdura una raza semejante, la de los marsos, que dicen que proceden de un hijo de Circe, por lo que tienen ese poder innato 26 . Y, por otra parte, en todos los hombres hay veneno contra las serpientes: dicen que, al ser alcanzadas por la saliva, huyen como del contacto del agua hirviendo y, si les entra en la boca, incluso mueren, especialmente con la saliva de un hombre en ayunas 27 .
Calífanes cuenta que, más allá de los nasamones y limítrofes con ellos, están los maclias, andróginos, con características de ambos sexos, que copulan entre sí tomando alternativamente una u otra naturaleza. Aristóteles añade que tienen la [16] mama derecha de hombre y la izquierda de mujer 28 . Asimismo en África, según Isígono y Ninfodoro, hay algunas familias de hechiceros por cuyos elogios perece el ganado, se secan los árboles y mueren los niños 29 . Añade Isígono que hay gente de la misma clase entre los tribalos y los ilirios 30 , que hacen hechizos incluso con la mirada y matan a aquellos a los que contemplan largo tiempo, especialmente con los ojos encolerizados; su maleficio se deja sentir con más facilidad en los adultos, y lo más notable es que tienen dos pupilas en cada [17] ojo. Relata Apolónides 31 que, en Escitia, también hay unas mujeres de esa clase, a las que llaman bicias. Filarco cuenta también que en el Ponto están los «tibios» y otros muchos de las mismas características, cuyas marcas son que en un ojo tienen dos pupilas y en el otro la efigie de un caballo; y que, además, esos mismos no pueden sumergirse ni siquiera sobrecargados de ropa 32 . Según Damón, de manera no muy diferente de ellos, en Etiopía están los fármaces, cuyo sudor provoca la descomposición de los cuerpos que tocan 33 . Incluso [18] entre nosotros, Cicerón afirma que, en cualquier parte, todas las mujeres que tienen dos pupilas hacen daño con la mirada 34 . Hasta ese punto la naturaleza, habiendo puesto en el hombre la inclinación de las fieras de alimentarse con vísceras humanas, quiso poner también veneno en todo el cuerpo e, incluso, en los ojos de algunos, para que no existiera ninguna clase de mal que no estuviera en el hombre.
No lejos de la ciudad de Roma, en el territorio de los faliscos, [19] hay unas pocas familias que se llaman hirpos. Éstas, en el sacrificio anual que se ofrece a Apolo al pie del monte Soracte 35 , al caminar sobre un montón de leña encendida, no se queman y, a causa de ello, por un senadoconsulto perpetuo 36 , están exentas de la milicia y de todas las demás cargas. En el [20] cuerpo de algunos nacen miembros prodigiosos en algún aspecto como, en el caso del rey Pirro, el dedo gordo del pie derecho, con cuyo contacto se ponía remedio a los enfermos del bazo. Cuentan que no pudieron quemarlo con el resto del cuerpo y está en un templo guardado en una urna 37 .
[21] La India y la zona de los etíopes son especialmente abundantes en prodigios. En la India nacen los seres más grandes. Prueba de ello son los perros, más grandes que los demás 38 . Se cuenta que hay árboles de tan gran altura que no se pueden sobrepasar con flechas; incluso la fecundidad del suelo, el clima templado y la abundancia de agua hacen, si es posible creerlo, que bajo una sola higuera se puedan guarecer varios escuadrones de jinetes 39 , las cañas son de tal altura que, algunas veces, en su seno, apto para navegar, cada [22] internodio puede llevar hasta tres hombres 40 . Consta que allí muchos hombres superan los cinco codos de altura, no esputan, no les afecta ningún dolor de cabeza, dientes u ojos, pocas veces de alguna otra parte del cuerpo: los fortalece el calor tan templado del sol. Sus filósofos, a los que llaman gimnosofistas, se mantienen mirando al sol desde la salida hasta el ocaso con los ojos inmóviles y están todo el día sobre la arena ardiente apoyándose unas veces en un pie y otras, en otro 41 . Megástenes asegura que en un monte que se llama Nulo hay unos hombres con las plantas de los pies [23] vueltas, que tienen ocho dedos en cada pie; y que en muchas montañas una raza de hombres con cabeza de perro se cubre con pieles de fieras, emite un ladrido en lugar de voz, está armada de uñas y se alimenta de las fieras y aves que caza; cuando él lo escribía había más de ciento veinte mil de éstos 42 . Ctesias escribe, además, que en cierto pueblo de la India las mujeres sólo paren una vez en la vida y los recién nacidos encanecen al instante. Él mismo también, que existen unos hombres, que se llamarían monocolos, con una sola pierna, y de extraordinaria agilidad para el salto; que también se llaman esciápodas, porque en los mayores calores permanecen tumbados boca arriba en el suelo protegiéndose con la sombra de los pies 43 ; que no lejos de ellos están los trogloditas y, enseguida, a partir de éstos hacia Occidente, hay unos sin cabeza, que tienen los ojos en los hombros 44 . También hay sátiros en las montañas de la parte [24] oriental de la India (se conoce como región de los catarcludos); son una especie de animal agilísimo, que caminan unas veces a cuatro patas y otras erguidos, con aspecto humano; por su velocidad no son capturados sino viejos o enfermos 45 . Taurón llama salvaje al pueblo de los coromandas; sin voz, con un grito horrendo, con cuerpos cubiertos de pelo, ojos glaucos y dientes de perro. Según Eudoxo, en el sur de la India, los hombres tienen pies que miden un codo, y las mujeres los tienen tan pequeños, que se las llama estrutópodas 46 . Según Megástenes, entre los indios nómadas [25] hay un pueblo que, en lugar de nariz, sólo tiene agujeros; con las piernas endebles como los reptiles; se llaman esciratas 47 . Además, que, en lo más remoto del territorio de la India por la parte oriental, en las proximidades de la fuente del Ganges, están los ástomos, sin boca, con todo el cuerpo cubierto de pelo, que se visten con la pelusa de las hojas, y viven sólo del aire que respiran y de los olores que perciben por la nariz; no tienen ninguna clase de comida o bebida, sólo los diversos olores de las raíces, de las flores y de las manzanas silvestres que llevan consigo en las marchas más largas para que no les falte su aroma; se los mata sin dificultad [26] con algún olor más fuerte. Se dice que, más allá de éstos, en la parte más lejana de las montañas, están los trispítamos y los pigmeos, que no sobrepasan los tres palmos de altura, es decir, tres dodrantes, con un clima saludable y siempre primaveral, protegidos del aquilón por las montañas; Homero también contó que los atacan las grullas 48 . Es fama que, en primavera, sentados a lomos de carneros y cabras, armados con flechas, descienden en tropel hasta el mar y destruyen los huevos y polluelos de esas aves; la expedición se lleva a cabo en tres meses; de otro modo no resistirían a las siguientes bandadas; sus chozas se construyen de [27] barro, plumas y cáscaras de huevo. Aristóteles cuenta que los pigmeos viven en cuevas, todo lo demás acerca de ellos, como el resto de los autores 49 . Isígono cree que los indios cirnos viven ciento cuarenta años; lo mismo, los etíopes macrobios, los seres y los que viven en el monte Atos, éstos sin duda porque se alimentan de carne de víbora; por ello, esos animales no son ponzoñosos para sus personas ni para su ropa 50 . Según Onesícrito 51 , en unas regiones de la India [28] en las que no hay sombra, existen unos hombres de cinco codos y dos palmos, que viven ciento treinta años y no envejecen, sino que mueren como si fueran de mediana edad. Crates de Pérgamo llama gimnetes 52 a unos indios que sobrepasan los cien años; bastantes los llaman macrobios. Según Ctesias, un pueblo de éstos, que se llaman «pandas», situado en unos estrechos valles, vive doscientos años; en la juventud tiene el cabello blanco, que ennegrece en la vejez 53 ; por el contrario, otros, próximos a los macrobios, no [29] sobrepasan los cuarenta años; sus mujeres sólo paren una vez. Eso también lo cuenta Agatárquides y, además, que se alimentan de langostas y que son veloces. Clitarco les dio el nombre de «mandos», y Megástenes, incluso, enumera trescientas aldeas de ellos. Las mujeres paren a los siete años, y a los cuarenta les llega la vejez 54 . Según Artemidoro, en la [30] isla de Tapróbane, una vida larguísima transcurre sin ninguna enfermedad del cuerpo 55 . Según Duris, algunos indios se unen con fieras, y sus hijos son medio fieras y medio hombres 56 . Entre los calingas 57 , un pueblo de la misma India, las mujeres conciben a los cinco años y no sobrepasan los ocho de vida. Y en otro lugar, nacen hombres con rabo recubierto de pelo, de extraordinaria velocidad, y otros se cubren completamente con las orejas 58 .
El río Árabis separa a los oritas de los indios. Aquéllos no conocen otro alimento que los peces, que secan al sol después de hacerlos pedazos con las uñas y, así, de ellos hacen [31] pan, según refiere Clitarco 59 . Más allá de Etiopía, según Crates de Pérgamo, están los trogloditas, más veloces que los caballos; además, unos etíopes sobrepasan los ocho codos de altura; ese pueblo se llama sírbota. Un pueblo de los etíopes nómadas, llamados menisminos, que está orientado al septentrión siguiendo el río Ástrago, dista del Océano veinte días de camino; viven de la leche de los animales que llamamos cinocéfalos, cuyos rebaños apacientan, matando a los machos, excepto los necesarios para la reproducción 60 . [32] En los desiertos de África, se presentan a la vista figuras de hombre y, al momento, se desvanecen.
La naturaleza hizo del género humano estas y otras cosas semejantes como objeto de burla para ella, para nosotros, como curiosidades prodigiosas. ¿Y quién podría enumerar una por una las que hace cada día y casi cada hora? Baste para dejar al descubierto su poder, el haber puesto pueblos entre las cosas prodigiosas.
A continuación, unas cuantas cosas muy conocidas en el hombre.
3 (3) Partos prodigiosos
El nacimiento de trillizos está confirmado [33] por el ejemplo de los Horacios y los Curiacios 61 . Por encima de ese número, se tiene entre los hechos extraordinarios, excepto en Egipto, donde el beber agua del río Nilo produce fertilidad 62 . Más cerca, en los últimos días del Divino Augusto, una tal Fausta, plebeya de Ostia, al dar a luz a dos niños y otras tantas niñas, presagió sin duda el hambre que vino a continuación 63 . Se informa también que, en el Peloponeso, una mujer dio a luz cuatro veces quintillizos, y que la mayoría de todos sus partos vivió. Afirma Trogo que, en Egipto, incluso de un solo vientre, nacen siete al mismo tiempo 64 .
Nacen incluso algunos de uno y otro sexo al mismo [34] tiempo, los que llamamos hermafroditas, antiguamente llamados andróginos, y considerados como seres prodigiosos, ahora, en cambio, como objetos de placer 65 . Pompeyo Magno, entre los adornos del teatro, puso maravillosos retratos de personas famosas, trabajados con el mayor cuidado por grandes artistas; entre ellos se lee que, en Tralles, Eutíquide fue depositada en la pira funeraria por veinte hijos, después de haber tenido treinta partos 66 , y que Alcipe parió un elefante. Aunque eso se cuenta entre las cosas portentosas. Pero el hecho es que, en los comienzos de la guerra mársica, una esclava parió una culebra 67 y, entre los seres monstruosos, se dan también partos multiformes de maneras diferentes. El emperador Claudio escribe que en Tesalia un hipocentauro [35] murió el mismo día de su nacimiento, y nosotros mismos, durante su principado, vimos conservado en miel uno que le habían traído de Egipto 68 . Entre otros ejemplos está el de un recién nacido de Sagunto que, el año en que la ciudad fue destruida por Aníbal, volvió al vientre de su madre nada más nacer 69 .
4 La transformación de mujer en hombre no es cosa de [36] mitos. Encontramos en los Anales que, en Casino, durante el consulado de Publio Licinio Craso y Gayo Casio Longino 70 , uno, de muchacha bajo la potestad paterna, se convirtió en niño, y por orden de los arúspices fue deportado a una isla desierta. Licinio Muciano expone que él vio en Argos a Aresconte, que se había llamado Arescusa e, incluso, se había casado; luego, le vinieron la barba y la virilidad, y tomó esposa. Él vio también, en Esmirna, un niño de las mismas características 71 . Yo mismo vi en África a Lucio Consicio, ciudadano trisditano, que se había transformado en hombre el día de la boda, 〈y vivía cuando yo escribía esto〉 72 .
*** en los partos de gemelos pocas veces sobreviven [37] tanto la madre como los hijos, a no ser que viva uno solo; y si son de distinto sexo, es todavía menos frecuente que sobrevivan los dos. Las niñas nacen más rápidamente que los niños, del mismo modo que envejecen más rápidamente. En el vientre de la madre, los niños se mueven más y se llevan casi siempre en la parte derecha, las niñas en la izquierda 73 .
5 (4) La reproducción del hombre. Plazos de gestación de 7 a 13 meses con ejemplos célebres
Los demás seres vivos tienen un [38] tiempo determinado para la gestación y para el parto; el hombre nace durante todo el año y con un plazo de gestación incierto; uno, en el séptimo mes; otro, en el octavo; incluso, hasta en los comienzos del undécimo. Antes del séptimo mes nunca es viable. En el séptimo mes tampoco nacen, a no ser que hayan sido concebidos la víspera o al día siguiente del plenilunio, o en el interlunio. Según la tradición, en Egipto [39] se nace en el octavo mes y, ciertamente, tales partos son viables ya incluso en Italia, contra la opinión de los antiguos 74 . Esto varía de muchos modos. Vistilia, esposa de Glicio y, después, de Pomponio y Órfito, ciudadanos muy ilustres, tuvo de ellos cuatro hijos, siempre en el séptimo mes; dio a luz a Suilio Rufo en el undécimo, a Corbulón, en el séptimo, ambos cónsules, y después a Cesonia, esposa del [40] príncipe Gayo, en el octavo 75 . Para los que nacen dentro de estos meses, el mayor peligro es hasta los cuarenta días; en cambio, para las embarazadas, el peligro está en los meses cuarto y octavo y, en ellos, los abortos son mortales 76 . Cuenta Masurio que el pretor Lucio Papirio, al presentar uno demanda legal como heredero en segundo grado, dio la posesión de los bienes en contra de él, porque la madre decía que había tenido el parto a los trece meses, ya que no parecía que estuviera determinado con seguridad un plazo de tiempo para los partos 77 .
6 (5) Señales en las embarazadas indicadoras del sexo antes del parto
[41] A partir de los diez días de la concepción los síntomas de que ha comenzado un hombre son: dolores de cabeza; en los ojos, vértigos y mareos; repugnancia en las comidas, y náuseas. La gestación de un niño da mejor color y un parto más fácil; el movimiento en el vientre se produce a los cuarenta días. Todo es contrario en el otro sexo: un peso insoportable y una ligera hinchazón de las piernas y la ingle; en cambio, el primer movimiento es a los noventa días 78 . Pero la mayor debilidad, cualquiera que sea el [42] sexo, se produce al brotar el pelo en el feto y en el plenilunio; ese tiempo perjudica mucho a los recién nacidos y, sobre todo, a los niños pequeños. Y hasta tal punto repercute en las embarazadas la manera de andar y todo lo que se pueda decir, que, las que toman comidas demasiado saladas, dan a luz a niños que no tienen uñas y, si respiran, paren con más dificultad. Un bostezo durante el parto es mortal, así como es abortivo haber estornudado después del coito 79 .
7 Da pena y también vergüenza considerar qué insignificante [43] es el origen del más soberbio de los animales, cuando para la mayoría llega a ser causa de aborto el olor que produce una lámpara al apagarse 80 . ¡De estos comienzos nacen los tiranos, de éstos los espíritus sanguinarios! ¡Tú que estás confiado en las fuerzas de tu cuerpo, tú que abrazas los dones de la fortuna y ni siquiera te consideras discípulo de ella, sino hijo, tú cuya mente es la de un emperador, [44] tú que te crees un dios, rebosante de orgullo por alguna razón, pudiste morir por tan poca cosa! Y todavía hoy puedes morir por una causa mínima, como un minúscula mordedura de serpiente o también, como el poeta Anacreonte, por una uva pasa, o como el pretor Fabio Senátor, atragantado por un solo pelo en un sorbo de leche 81 . Para terminar, realmente hará una justa valoración de la vida aquel que recuerde siempre la fragilidad humana.
8 (6) Partos monstruosos
[45] Es contrario a la naturaleza, que los niños nazcan sacando primero los pies, por esta razón los llamaron Agripas, como partos difíciles 82 . Así dicen que nació Marco Agripa, casi el único ejemplo de felicidad en todos los nacidos de ese modo; aunque se cree que éste también expió el augurio de haber nacido invertido con su enfermedad de los pies, una juventud desdichada, pasarse la vida entre armas y muertes y, por la culpa de su llegada 83 , con toda su descendencia en la tierra, desgraciada; y, sobre todo, por las dos Agripinas, que engendraron a los príncipes Gayo y Domicio Nerón, azotes del [46] género humano; y, además, con la brevedad de su vida, muerto a los cincuenta y un años, entre los tormentos de los adulterios de su esposa y el penoso servicio a su suegro 84 . También Nerón, príncipe hace poco tiempo y enemigo del género humano durante todo su principado, nació de pie, según escribe Agripina, su madre 85 . El orden natural es que el hombre nazca de cabeza, la costumbre, que sea levantado por los pies.
9 (7) Nacidos por cesárea
Tienen los mejores auspicios los [47] que, al morir la madre en el parto, nacen, como dicen que nacieron Escipión Africano el Mayor y el primero de los Césares, después de cortar el vientre de su madre, por lo que también se los llamó cesones 86 . De igual modo nació también Manilio, el que entró con su ejército en Cartago 87 .
10 (8) Qué son los vopiscos
Entre los gemelos llamaban vopiscos a los que quedaban retenidos en el vientre y nacían después de que el otro hubiera muerto por aborto 88 . Y de hecho, en torno a esto, surgen, aunque excepcionales, los mayores prodigios.
11 (9) La concepción del hombre. La reproducción del hombre
A excepción de la mujer, pocas [48] hembras conocen el coito estando preñadas; de hecho, sólo llega a tener uno o dos fetos más. Figura en escritos de médicos y también en los que se ocupan de investigar esas cosas, que en un solo aborto salieron doce fetos. Pero, cuando ha pasado muy poco tiempo entre dos concepciones, se gestan los dos, como se vio [49] en el caso de Hércules y su hermano Ificles 89 , y en aquella que en un parto doble tuvo uno parecido al marido y otro, al amante; asimismo, en una esclava de Proconeso 90 , que, de coitos del mismo día, engendró uno parecido al amo y otro, a su administrador; y en otra que, después de un parto normal, tuvo otro de cinco meses; y de nuevo, en otra, que habiendo tenido un niño sietemesino, en los meses siguientes dio a luz gemelos 91 .
(10) Ejemplos de parecidos entre hombres
[50] (10) Ya son conocidas por todo el mundo diversas cosas como que de hombres sin defecto, nacen mutilados; de mutilados, hombres sin defecto y hombres con el mismo miembro mutilado; y que algunas señales, lunares y cicatrices, incluso, se reproducen. (Entre los dacios, reaparece en el brazo la marca de su origen en la cuarta generación.
[51] 12 Hemos oído decir que en la familia de los Lépidos nacieron tres en sucesión discontinua con un ojo cubierto por una membrana) 92 ; y otros se parecían a un abuelo e, incluso, entre gemelos, uno se parecía al padre y otro, a la madre y, un año después, nació otro parecido al mayor como si fuera gemelo; algunas mujeres siempre paren hijos parecidos a ellas; otras, al marido; otras, a ninguno de los dos; y algunas, las hijas, al padre y los hijos, a ellas. Está fuera de duda el ejemplo de Niceo, famoso púgil que nació en Bizancio; éste, a pesar de que su madre, fruto del adulterio de un etíope, en nada difería del color de los demás, reprodujo en él a su abuelo etíope 93 .
Realmente el cómputo de parecidos es inmenso y se [52] piensa que en ellos influyen muchas cosas de forma fortuita: la vista, el oído, la memoria y las imágenes grabadas en el momento mismo de la concepción. Incluso se cree que un pensamiento que, de repente, pasa velozmente por la cabeza de uno de los dos da o mezcla un parecido: y por eso hay más diferencias en el hombre que en todos los demás animales, porque la velocidad de los pensamientos, la rapidez mental y la diversidad de carácter imprimen marcas multiformes, mientras que los demás seres vivos tienen una mente inmóvil y parecida a todos los demás, cada uno dentro de su especie. Con el rey Antíoco de Siria tuvo un gran parecido [53] uno de la plebe, de nombre Artemón, hasta el punto de que Laódice, la esposa del rey, después de haber sido ya asesinado Antíoco, representó, por medio de él, el mimo de su elogio y de la sucesión del reino 94 . Eran parecidos a Pompeyo Magno, Vibio, un individuo de la plebe, y Publicio, uno liberado incluso de la esclavitud, con un aspecto casi igual, reproduciendo aquella boca llena de integridad y el mismo honor de su eximia frente; la misma causa, también, [54] impuso a su padre el sobrenombre de Menógenes, su cocinero, que tenía ya el de Estrabón, debido al aspecto de sus ojos, por reproducir igualmente el esclavo su defecto 95 ; a un Escipión, un simple esclavo de un negociante de puercos había dado el de Serapión; después de él, a otro Escipión de la misma familia, le dio nombre el mimo Salvitón 96 ; así como Espínter, un mimo de segunda categoría, y Pánfilo, uno de tercera, a Léntulo y Metelo, elegidos cónsules el mismo año, por lo que fue especialmente violento el hecho fortuito de que al mismo tiempo se vieran en el teatro las imágenes de [55] los dos cónsules 97 . Por el contrario, el orador Lucio Planco dio nombre al histrión Rubrio; a su vez, los también histriones Burbuleyo y Menógenes dieron nombre a Curión, el padre, y a Masala, el que fue censor, respectivamente 98 . En Sicilia, un pescador reprodujo ciertamente no sólo la imagen del procónsul Sura, sino hasta su gesto al hablar, su forma de arrastrar la lengua y su mala pronunciación 99 . A Casio Severo, el célebre orador se le echó en cara el parecido con el mirmilón Armentario 100 . [Recientemente, en la familia Junia, no se distinguía a Galión del liberto Castelano, ni al senador Agripino del mimo Sannio, al que llamaban Paris] 101 . Toranio, el mercader de esclavos, vendió a Antonio, ya triúnviro, unos jóvenes de [56] extraordinaria belleza, nacidos uno en Asia, otro al otro lado de los Alpes, como si fueran gemelos: tan idénticos eran. Después, cuando al descubrirse el engaño por la forma de hablar de los jóvenes, fue increpado por Antonio, enfurecido, que se quejaba entre otras cosas de la magnitud del precio (pues los había comprado por doscientos sestercios), el mercader, con ágil ingenio, respondió que los había vendido en tanto porque el parecido entre los que han nacido del mismo vientre no era extraordinario; en cambio, encontrar personas procedentes de pueblos diversos con una apariencia tan acorde, estaba por encima de toda tasación; y tan favorable admiración le produjo, que aquel espíritu de la proscripción, en ese momento enfurecido además por el ultraje, entre toda su fortuna, no tenía otra cosa en más aprecio 102 .
13 (11) Ejemplos de descendencia muy numerosa
Existe un cierto rechazo peculiar de algunos cuerpos; y personas estériles [57] entre ellas engendran cuando se unen con otras, como Augusto y Livia 103 . Asimismo, hay hombres y mujeres que tienen sólo hijos varones y otros, sólo hijas; por lo general, alternan, como la madre de los Gracos con sus doce hijos, y Agripina, la mujer de Germánico, con sus nueve 104 . Para unas, es estéril la juventud; a otras, les es posible concebir [58] una sola vez en la vida. Algunas no llevan a término los embarazos y, si por medicinas o por cuidados los superan, casi siempre alumbran una hija 105 . El divino Augusto, entre otras muestras de ejemplos excepcionales, conoció a un nieto de su nieta, nacido el año en el que él murió, Marco Silano, que después de obtener Asia tras su consulado, a la llegada de Nerón al principado fue asesinado por el veneno [59] de éste 106 . Quinto Metelo Macedónico, además de dejar seis hijos, dejó once nietos y, entre nueras, yernos y todos los [60] que lo saludaban llamándole padre, veintisiete 107 . En las Actas del tiempo del divino Augusto, se encuentra que, en su duodécimo consulado y siendo colega suyo Lucio Sila, el día tercero antes de las idus de abril, Gayo Crispinio Hílaro, plebeyo de una familia libre de Fiésole, ofreció un sacrificio en el Capitolio junto con sus ocho vástagos, entre los que dos eran hijas, sus veintisiete nietos, sus dieciocho bisnietos y sus ocho nietas, formando una procesión que superó a todas las habidas hasta entonces 108 .
14 (12) Hasta qué edad se puede engendrar
La mujer no concibe después de [61] los cincuenta años, y la mayor parte pierde la menstruación a los cuarenta. Pues, entre los hombres, es conocido que Masinisa, después de los ochenta y seis años, engendró un hijo, al que llamó Metimanno 109 , y que Catón el Censor, cumplidos los ochenta años, engendró de una hija de su cliente Salón; por este motivo una línea de [62] sus hijos recibió el nombre de Licinianos, y otra, el de Salonianos, entre los que estaba el de Útica 110 . También recientemente, en el caso de Lucio Volusio Saturnino, muerto mientras desempeñaba la prefectura de la ciudad, es conocido que de Cornelia, de la familia de los Escipiones, engendró a Volusio Saturnino, que luego fue cónsul, después de los sesenta y dos años 111 . Y entre la clase baja, se encuentra normal engendrar hasta los setenta y cinco años.
15 (13) Prodigios de la menstruación en las mujeres
[63] La mujer es el único ser vivo que tiene menstruaciones y, por ello, el único cuyo vientre tiene las que han llamado molas. Se trata de carne informe, sin vida, que rehúsa la herida y el corte del hierro; se mueve y detiene, incluso, las menstruaciones como un embarazo; unas veces, es mortal; otras, envejece con ella; algunas veces, sale cuando está el vientre muy suelto 112 . También, a algunos hombres les sale en el vientre algo semejante, que llaman escirro, como sucedió a [64] Opio Capitón, el que fue pretor 113 . Pero no se podría encontrar fácilmente nada más maléfico que el flujo de las mujeres: el mosto se avinagra si se acercan; si los tocan, los cereales no granan; lo sembrado muere; las semillas de los huertos se secan; los frutos de los árboles en los que se han apoyado, caen; el lustre de los espejos se empaña sólo con la mirada: el filo del hierro se vuelve romo; el brillo del marfil y las colmenas mueren; incluso la herrumbre se apodera del bronce y el hierro, y el bronce toma un desagradable olor; los perros cogen la rabia al probarlo, y su mordedura [65] se infecta de un veneno incurable. Es más, el betún, pegajoso, además de su carácter viscoso, que, en determinada época del año, flota en un lago de Judea, que se llama Asfaltites, y se queda adherido a todo lo que toca, no se puede quitar más que con un hilo ***, que esté infectado con tal veneno 114 . Dicen también que en las hormigas, un ser diminuto, hay una cierta sensibilidad hacia ello, y que, al probar granos infectados con él, los sueltan y no vuelven a buscarlos después. Y esta calamidad, de tal naturaleza y tan [66] grande, se manifiesta en la mujer cada treinta días, también con una frecuencia de más de un trimestre, pero, en algunas, con menos de un mes; así como en otras, nunca.
(14) Pero ésas no conciben, puesto que ésta es la materia con la que se origina el hombre, al unirse con ella la semilla del varón formando una especie de coágulo que, después, al mismo tiempo, cobra vida y cuerpo. Por eso, cuando en las mujeres embarazadas hay flujo, se producen partos que no tienen fuerza o no pueden vivir o están cubiertos de sanies, según afirma Nigidio 115 .
16 (Igualmente cree que a una mujer no se le corta la leche [67] cuando está criando, si concibe de nuevo del mismo hombre) 116 en cambio, según la tradición, se concibe con mucha más facilidad al comenzar o terminar esta situación. Hemos oído decir que es indicio de fecundidad en las mujeres el que, al aplicar a los ojos un ungüento, se impregne su saliva con él 117 .
(15) Anécdotas acerca de los dientes. Anécdotas acerca de los niños.
[68] Por lo demás, no hay duda de que a los niños les salen los primeros dientes a los siete meses y casi siempre en la parte de arriba, que esos dientes caen a los siete años y salen otros después, y que, incluso, algunos nacen con dientes, como Manio Curio, que por eso recibió el sobrenombre de Dentato, y Gneo Papirio Carbón, hombres ilustres los dos 118 . Entre las mujeres esto era prueba de mal augurio en el tiempo de los [69] reyes. Habiendo nacido así Valeria, al vaticinar los arúspices que iba a causar la perdición de la ciudad a la que la hubieran llevado, fue deportada a Suesa Pomecia, muy floreciente en aquella época, y así se verificó el resultado 119 . (Cornelia, la madre de los Gracos, sirve de prueba de que es de mal presagio el hecho de que algunas mujeres nazcan con los genitales cerrados) 120 . Algunos, en lugar de dientes, nacen con un hueso seguido en la parte superior de la boca, como [70] el hijo de Prusias, el rey de los bitinios 121 . Por otra parte, los dientes son hasta tal punto resistentes al fuego, que no se queman con el resto del cuerpo y, a pesar de que no son dominados por las llamas, son socavados por una descomposición de la pituita 122 . Adquieren blancura con cierto remedio, se desgastan con el uso y en algunos casos se caen mucho antes. Y no son sólo necesarios para la comida y los alimentos, puesto que los de delante tienen el gobierno de la voz y del habla, recibiendo el golpe de la lengua con una armonía determinada y cortando, atenuando o debilitando las palabras por su disposición y su tamaño y, cuando faltan, quitando toda claridad. Más aún, se cree que en esta [71] parte del cuerpo hay también augurios. A los hombres se les atribuyen treinta y dos dientes, a excepción del pueblo de los túrdulos 123 : se piensa que a quien tiene más se le promete una vida más larga 124 . Las mujeres tienen un número menor: a las que tienen en la parte superior derecha dos de los que reciben el nombre de caninos, se les conceden delicadezas de la fortuna, como en el caso de Agripina, la madre de Domicio Nerón; al contrario en la izquierda. (No [72] es costumbre de los pueblos la cremación de un hombre antes de que le salgan los dientes) pero después se dirá más de esto, cuando desarrolle la descripción miembro a miembro 125 .
Sabemos que Zoroastro ha sido el único hombre que rió el mismo día de su nacimiento; a él mismo, en presagio de su futura sabiduría, el cerebro le palpitaba de tal manera que levantaba la mano que se le ponía encima 126 .
(16) Ejemplos de hombres de gran tamaño
[73] Es cosa segura que a la edad de tres años cada uno tiene la mitad de lo que será su estatura. Sin embargo, en toda la raza humana en conjunto se observa que casi cada día es un poco menor y que pocos son más altos que sus padres, porque el calor abrasador al que ahora tiende el tiempo debilita la fertilidad del semen 127 . En Creta, al abrirse una montaña por un terremoto, se encontró un cuerpo de cuarenta y seis codos de estatura, que unos dicen que era de Orión, otros de Oto 128 . [74] Hay testimonios por los que se cree que el cuerpo de Orestes, que fue desenterrado por mandato de un oráculo, era de siete codos 129 . Sin embargo ya hace casi mil años que aquel famoso poeta Homero no dejaba de quejarse de que los cuerpos de los hombres eran más pequeños que los de los antiguos 130 . Los anales no dicen el tamaño de Nevio Polión pero, por el hecho de que casi acabó sofocado por el agolpamiento de gente, sí que está considerado como un portento 131 . Nuestro tiempo, bajo el imperio del divino Claudio, ha conocido como hombre más alto, a uno llamado Gabara, de nueve pies y otras tantas pulgadas, que habían traído de Arabia 132 . En tiempos [75] del divino Augusto hubo unos con medio pie más, cuyos cuerpos se guardaban como cosa extraordinaria en un sepulcro de los jardines de Salustio; sus nombres eran Pusión y Secundila 133 . Bajo el imperio de este mismo, entre los caprichos de su nieta Julia, estuvieron el hombre más bajo, de dos pies y un palmo, llamado Conopas, y su mujer Andrómeda, liberta de Julia Augusta 134 . Escribe Varrón que los caballeros romanos Manio Máximo y Marco Tulio medían dos codos; incluso yo mismo los he visto conservados en unas urnas 135 . No es cosa desconocida que nacen algunos de un pie y medio, y algunos más largos, que cumplen el curso de su vida en los tres primeros años.
(17) Niños precoces
Encontramos en testimonios de Salamina [76] que un hijo de Eutímenes creció tres codos en tres años; que, torpe al andar, lento de entendimiento, llegó incluso a ser púber, con una voz fuerte, y que, pasados los tres años, murió de una súbita contracción de sus miembros. Yo mismo no hace mucho vi casi todas esas mismas cosas, excepto la pubertad, en un hijo de Cornelio Tácito, caballero romano que era procurador de la Galia Belga. Los griegos llaman a esos casos ectrápelos; en latín no tienen nombre 136 .
[77] 17 Se ha observado que el hombre de los pies a la cabeza tiene la misma longitud que entre la mayor extensión de los dedos con las manos extendidas 137 ; asimismo, que tiene más fuerza en la parte derecha; algunos, igual en las dos partes, y algunos, más en la izquierda, y que esto nunca sucede en las mujeres.
(18) Particularidades notables de los cuerpos
Los varones pesan más, y los cuerpos todos los seres, muertos más que vivos, y dormidos más que despiertos. Los cadáveres de los hombres flotan boca arriba, los de las mujeres boca abajo, como si la naturaleza preservara el pudor de las difuntas.
[78] 18 Hemos oído decir que viven algunos con los huesos compactos y sin médula. La señal de eso es que ni sienten sed ni emiten sudor, aunque sabemos que la sed puede ser dominada por la voluntad y que el caballero romano Julio Viator, del pueblo federado de los voconcios 138 , al que, en sus años mozos, a causa de la enfermedad del agua infiltrada bajo la piel, los médicos le habían prohibido los líquidos, hizo de la costumbre algo natural, y en la vejez se mantuvo sin beber 139 . Y también otros tuvieron mucho dominio sobre sí mismos.
19 Dicen que Craso, el abuelo del Craso que fue muerto [79] entre los partos, nunca rió, y por eso lo llamaron Agelasto; y que, del mismo modo, muchos tampoco han llorado 140 . Que a Sócrates, famoso por su sabiduría, siempre lo vieron con el mismo rostro, ni más sonriente ni más alterado. Esta imperturbabilidad de espíritu llega algunas veces a una cierta rigidez y a un carácter duro e inflexible y suprime los afectos humanos, a ésos los griegos los llaman ápates 141 , habiendo encontrado muchos de esa clase especialmente, —lo que es curioso—, entre los fundadores de escuelas filosóficas, [80] como Diógenes el Cínico, Pirrón, Heráclito y Timón, que lo llevó incluso a la aversión hacia la totalidad del género humano. Pero estas pequeñas particularidades de la naturaleza se conocen de formas diversas en muchos, como en Antonia, la esposa de Druso, no haber escupido nunca y en Pomponio, consular y poeta, no haber eructado 142 . (Los que tienen los huesos compactos por naturaleza, que son muy pocos, se llaman «córneos»).
20 (19) Fuerzas extraordinarias
[81] Cuenta Varrón, en su relato de portentos de fuerza, que Tritano, de cuerpo delgado pero de fuerzas extraordinarias, era famoso entre los gladiadores de armadura samnita y que su hijo, soldado de Pompeyo Magno, tenía nervios no sólo rectos sino también cruzados en forma de red por todo el cuerpo, incluso en los brazos y en las manos, con una asombrosa distribución de fuerzas y, además, que luchando por un desafío derrotó sin armas a un enemigo, y después lo llevó al campamento sujetándolo [82] con un solo dedo 143 . Por su parte Vinnio Valente 144 , que prestaba servicio como centurión en la guardia pretoriana del divino Augusto, solía sostener los transportes cargados de odres de vino hasta que los vaciaban, y sujetaba los carros teniéndolos cogidos con una sola mano, haciendo fuerza contra las bestias de carga que empujaban en sentido opuesto, y hacía otras cosas prodigiosas que se ven inscritas en su monumento. [83] El mismo Marco Varrón dice: «Rusticelio, apodado Hércules, levantaba en el aire a su mulo; Fufio Salvio subía escaleras llevando dos pesas de cien libras en los pies, otras tantas en las manos y dos de doscientas en los hombros». Yo también he visto algo de una ostentación portentosa, a uno llamado Atánato, caminar por el escenario vestido con una coraza de plomo de quinientas libras y calzado con unos coturnos también de quinientas. Al atleta Milón 〈de Crotona〉, estando de pie, nadie podía moverlo del sitio, ni enderezarle un solo dedo si tenía cogida una manzana 145 .
(20) Velocidad excepcional
Que Filípides hubiera recorrido [84] mil ciento cuarenta estadios desde Atenas hasta Lacedemón 146 en dos días era una cosa grande, hasta que Anistis, corredor lacedemonio, y Filónides, de Alejandro Magno, en un solo día recorrieron mil trescientos cinco desde Sición hasta Élide 147 . Y ahora mismo sabemos perfectamente que algunos en el circo resisten ciento sesenta mil pasos y que hace poco, durante el consulado de Fonteyo y Vipstano 148 , un niño de ocho años recorrió setenta y cinco mil pasos desde el mediodía hasta el atardecer. El asombro por esto llegaría a ser completo si se pensara en el larguísimo trayecto que Tiberio Nerón realizó en varios vehículos, en un día y una noche, cuando iba apresuradamente a Germania junto a su hermano Druso que estaba enfermo. Esos fueron doscientos mil pasos 149 .
21 (21) Vista extraordinaria
[85] La agudeza de la vista presenta ejemplos que sobrepasan todo lo creíble. Cuenta Cicerón que había sido metida dentro de una nuez una Ilíada de Homero escrita en pergamino. Él mismo cuenta que había uno que podía ver perfectamente a ciento treinta y cinco mil pasos. A éste, Marco Varrón incluso le da nombre: lo llamaban Estrabón; añade que, por otra parte, durante la guerra Púnica, desde el cabo Lilibeo de Sicilia, solía decir incluso el número de barcos, cuando la flota salía del puerto de Cartago 150 . Calícrates hizo hormigas de marfil y otros animales tan pequeños que los demás no podían distinguir sus miembros. En este aspecto realmente se distinguió Mirmécides con una cuadriga hecha del mismo material, que podría cubrir una mosca con las alas, y un barco, que una abejita podría esconder con las suyas 151 .
22 (22) Oído prodigioso
[86] El oído cuenta con un sólo ejemplo digno de admiración: la batalla en la que fue destruida Síbaris, que se oyó en Olimpia el mismo día en que se había llevado a cabo 152 . Pues la fama de la victoria sobre los cimbros 153 , y los Cástores que llevaron a Roma el anuncio de la victoria sobre Perseo el mismo día en que aconteció, fueron visiones y presagios de los dioses 154 .
23 (23) La resistencia del cuerpo
La resistencia del cuerpo, como el [87] reparto de desgracias es abundante, ha proporcionado pruebas innumerables. La más brillante entre las mujeres es la de la meretriz Leena, que, sometida a tortura, no delató a los tiranicidas Harmodio y Aristogitón 155 ; entre los hombres, la de Anaxarco, que siendo torturado por una razón semejante, escupió contra la cara del tirano su lengua cortada a mordiscos con los dientes y, con ella, la única esperanza de delación 156 .
24 (24) La memoria
La memoria, un bien absolutamente [88] indispensable para la vida, es difícil de decir quién la tuvo más sobresaliente, al ser tantos los que alcanzaron gloria por ella. El rey Ciro llamaba por su nombre a todos los soldados de su ejército, Lucio Escipión a todo el pueblo romano, Cíneas, embajador del rey Pirro, al senado y al orden ecuestre de Roma al día siguiente de llegar. Mitridates, rey de veintidós pueblos, impartía leyes en otras tantas lenguas, y en cada una de ellas se [89] dirigía sin intérprete al pueblo reunido en asamblea 157 . Y en Grecia, Cármadas repetía como si leyera en una biblioteca los libros que alguien le había pedido. Finalmente se llegó a hacer una técnica de la memoria que fue inventada por el poeta lírico Simónides y perfeccionada por Metrodoro de Escepsis, de manera que todo lo que se había oído se repetía [90] con las mismas palabras 158 . Y no hay otra cosa tan frágil en el hombre: acusa los daños de las enfermedades, de un accidente e incluso del miedo, unas veces de forma parcial, otras total. Uno que fue golpeado con una piedra olvidó sólo las letras; otro que resbaló desde un tejado muy alto se olvidó de su madre, parientes y vecinos; otro, estando enfermo, de sus esclavos; y el orador Mesala Corvino, hasta de su propio nombre 159 . Por eso con frecuencia intenta y trata de alejarse incluso de un cuerpo tranquilo y fuerte. También se interrumpe al deslizarse el sueño, hasta el punto de que la mente vacía pregunta en qué lugar está.
25 (25) La energía del espíritu
Yo creo que el dictador César es [91] el más sobresaliente en energía de espíritu; y no hago ahora memoria de su valor y constancia ni de su grandeza, capaz de todas las cosas que se contienen bajo la bóveda del cielo, sino de su particular energía y rapidez, ágil como una chispa. Hemos oído decir que solía escribir o leer al mismo tiempo que dictaba y escuchaba, y que dictaba cuatro cartas a la vez de temas de la misma importancia [o, si no hacía otra cosa, siete a la vez, a sus secretarios] 160 . Él mismo combatió en cincuenta y dos batallas, [92] siendo el único que sobrepasó a Marco Marcelo, que combatió treinta y nueve veces 161 . Pues yo no pondría de ningún modo entre su títulos de gloria, además de sus victorias sobre ciudadanos, haber matado un millón ciento noventa y dos mil hombres en los combates, un daño tan grande producido al género humano, cosa que él mismo declaró que era así al no publicar las muertes de las guerras civiles.
(26) Clemencia, magnanimidad
Con más justicia se debe conceder [93] a Pompeyo Magno el haber arrebatado a los piratas ochocientos cuarenta y seis barcos 162 : que César tenga como algo característico y peculiar, además de lo que se ha dicho, la nota distintiva de su clemencia, en la que superó a todos hasta tener que arrepentirse 163 .
Él mismo ofreció un ejemplo de magnanimidad con el que [94] no se podría comparar ningún otro. Por eso, enumerar en esta parte los espectáculos ofrecidos, las riquezas prodigadas o la magnificencia de sus obras sería propio de alguien a quien le gusta la ostentación: la verdadera e incomparable grandeza de su espíritu invicto fue que, después de haberse apoderado de los archivos de cartas de Pompeyo Magno en Farsalia y también de los de Escipión en Tapso, con la mejor fe los quemó sin haberlos leído 164 .
26 (27) Las hazañas más célebres
[95] Verdaderamente corresponde al honor del Imperio Romano, no sólo al de un hombre, que se mencionen en este lugar todos los títulos de las victorias y los triunfos 165 de Pompeyo Magno, ya que el brillo de sus hazañas se iguala no sólo con las de Alejandro Magno sino incluso casi con las de Hércules y las del [96] padre Líber 166 . Pues, una vez recuperada Sicilia, momento desde el que comenzó mostrándose primero partidario de Sila en la causa de la República, después de dominar África entera y someterla a su autoridad, por lo que recibió como trofeo de guerra el nombre de Magno, entró en carro triunfal, cosa que nadie había obtenido antes, siendo caballero romano, y pasando inmediatamente a Occidente, además de conseguir trofeos en los Pirineos, añadió a la victoria ochocientas setenta y seis poblaciones, desde los Alpes hasta los confines de la Hispania Ulterior, sometidas a su autoridad, y con gran magnanimidad guardó silencio sobre Sertorio y, después de poner fin a una guerra civil que concitaba a todos los enemigos extranjeros, de nuevo condujo los carros triunfales siendo caballero romano, tan frecuentemente general antes que soldado 167 . Después, enviado a todos los mares y luego a Oriente, [97] volvió trayendo a su patria estos títulos según la costumbre de los vencedores en las competiciones sagradas —en realidad no se coronan ellos mismos, sino que coronan a sus patrias—; por eso, en el santuario de Minerva, que dedicó con el dinero del botín, ofrecía estos honores a Roma:
El GENERAL GNEO POMPEYO MAGNO, CONCLUIDA UNA GUERRA DE TREINTA AÑOS, DISPERSADOS, PUESTOS EN FUGA, MUERTOS Y RENDIDOS DOCE MILLONES CIENTO OCHENTA Y TRES MIL HOMBRES, HUNDIDOS O CAPTURADOS OCHOCIENTOS CUARENTA Y SEIS BARCOS, TOMADAS BAJO PROTECCIÓN MIL QUINIENTAS TREINTA Y OCHO POBLACIONES Y FORTALEZAS, Y SOMETIDOS LOS TERRITORIOS DESDE LOS MEOTAS HASTA EL MAR ROJO, CUMPLE SU VOTO, COMO DEBÍA, A MINERVA 168 .
[98] Esto es el compendio de su actuación en Oriente. Pero el preámbulo del triunfo que celebró el día tercero antes de las kalendas de octubre, siendo cónsules Marco Pisón y Marco Mesala 169 , era el siguiente:
HABIENDO LIBERADO DE PIRATAS LA COSTA MARÍTIMA Y HABIENDO DEVUELTO EL IMPERIO DEL MAR AL PUEBLO ROMANO, CONSIGUIÓ HONORES DE TRIUNFO POR SUS VICTORIAS EN ASIA, EL PONTO, ARMENIA, PAFLAGONIA, CAPADOCIA, CILICIA, SIRIA, LOS ESCITAS, JUDÍOS, ALBANOS, HIBERIA, LA ISLA DE CRETA, LOS BASTERNAS Y, ADEMÁS DE ESTO, SOBRE EL REY MITRIDATES Y SOBRE TIGRANES 170 .
[99] Lo más grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (según él mismo dijo públicamente en la asamblea, hablando de sus propias hazañas) que recibió Asia como la provincia más lejana y la devolvió a la patria como provincia interior 171 . Si alguien por el contrario quisiera examinar de igual modo las hazañas de César, que se mostró más grande que aquel, debería enumerar el orbe de la tierra absolutamente entero, cosa que convendrá que es infinita.
27 (28) Las tres mayores cualidades en el mismo hombre; la inocencia más veces reconocida
En otras cualidades también han [100] sido sobresalientes muchos hombres y de diversas formas. Se considera que el primer Catón de la familia Porcia ostentó las tres facetas más destacadas en un hombre, a saber: ser muy buen orador, muy buen general y muy buen senador, cosas que, todas ellas, a mí me parece que brillaron si no antes, sí más claramente en Escipión Emiliano; además, sin el odio de la mayoría por el que Catón sufrió. Por eso, quede como característico de Catón: haber pleiteado cuarenta y cuatro veces, haber sido demandado más veces que nadie y haber salido siempre absuelto 172 .
28 (29) El mayor valor
En quién residió el mayor grado [101] de valentía es una disputa sin fin, sobre todo si lo que se recoge es una fabulación poética. Quinto Ennio, que admiraba de una manera especial a Tito Cecilio Teucro y a su hermano, añadió por ellos el decimosexto anal 173 . Lucio Sicio Dentado, que fue tribuno de la plebe siendo cónsules Espurio Tarpeyo y Aulo Aternio, no mucho después de la expulsión de los reyes, ostenta sin duda el mayor número de votos por haber combatido en ciento veinte ocasiones, salir ocho veces vencedor de un desafío y ser famoso por tener cuarenta y cinco cicatrices, todas [102] delante, ninguna en la espalda. Él mismo consiguió botín en treinta y cuatro ocasiones, siendo galardonado con dieciocho lanzas sin hierro, veinticinco placas de metal, ochenta y tres collares, ciento sesenta brazaletes, veintiséis coronas, entre ellas catorce cívicas, ocho de oro, tres murales y una obsidional, un cesto de dinero, diez prisioneros y, al mismo tiempo, veinte bueyes 174 ; habiendo acompañado a nueve generales que obtuvieron el triunfo principalmente por obra suya y, además, (lo que considero más grande en sus obras) con la acusación ante el pueblo de uno de los generales, Tito Romilio, al cesar en su consulado, por mal ejercicio del mando militar 175 .
[103] No serían menores los honores de Capitolino, si no los hubiera perdido al final de su vida. Había conseguido botín dos veces antes de los diecisiete años. Fue el primer caballero que había recibido una corona mural, seis cívicas, treinta y siete ofrendas, tenía veintitrés cicatrices, todas delante, y había salvado a Publio Servilio, maestre de caballería, estando él mismo herido en un hombro y en un muslo. Por encima de todo, él solo había salvado de los galos el Capitolio y de paso, el Estado, si es que no los había salvado por su propia ambición de reinar 176 .
En cambio, en los siguientes casos hay sin duda grandes [104] actos de valor, pero mayores de fortuna. Ciertamente, en mi opinión, nadie pondría con razón a ningún hombre por delante de Marco Sergio, aunque su descendiente Catilina quite gloria a su nombre. En su segunda campaña militar perdió la mano derecha; fue herido veintitrés veces en dos campañas, por eso no era muy útil con ninguna mano, ni con ningún pie [sólo ileso en uno] 177 , participó después en muchas campañas, siendo un soldado débil. Capturado dos veces por Aníbal —pues la hazaña no fue con un enemigo cualquiera—, dos veces escapó de sus ataduras, habiendo estado custodiado todo el tiempo durante veinte meses con cadenas o grillos en los pies. Luchó cuatro veces sólo con la [105] mano izquierda, después de haber sido heridos en el vientre, 〈en un solo día〉, dos caballos sobre los que montaba. Se fabricó una mano derecha de hierro y combatiendo con ella atada liberó Cremona de su asedio, defendió Piacenza y tomó doce campamentos enemigos en la Galia 178 ; todas estas cosas se ponen de manifiesto en el discurso que pronunció durante su pretura al ser apartado por sus colegas de las ceremonias religiosas por inválido. ¡Cuántos montones de coronas [106] habría levantado éste si hubiera cambiado el enemigo! pues es muy importante en qué momento ha acontecido el acto de valor de cada uno. ¿Qué coronas cívicas dieron Trebia, Ticino o Trasimeno? ¿Qué corona se mereció en Cannas, donde el mayor acto de valor fue haber escapado de allí 179 ? Los demás realmente fueron vencedores de hombres, Sergio venció incluso a la fortuna.
28 (30) Las inteligencias privilegiadas
[107] ¿Quién podría hacer una selección de la gloria de los ingenios entre tantas clases de disciplinas y tan gran diversidad de temas y obras, si por casualidad no confiesa que no ha existido ninguno más fecundo que el del poeta griego Homero, ya sea apreciado tanto por la forma como por el tema de su [108] obra? 180 . Por eso, Alejandro Magno —pues tan magnífica crítica se enunciará mejor y sin envidia en juicios insignes—, habiendo capturado entre los trofeos de guerra un cofre de perfumes de Darío, el rey de los persas, que era valioso por su oro, perlas y piedras preciosas, dijo al mostrarle los amigos sus diversos usos, puesto que como a hombre guerrero y desaliñado por la milicia le desagradaba el perfume: «De ninguna manera, ¡por Hércules!, que sea entregado para guardar los libros de Homero», para que la obra más valiosa del espíritu humano se conservara en el sitio más rico posible 181 . Asimismo, al saquear Tebas, ordenó que respetaran a [109] la familia y a los penates del poeta Píndaro 182 ; la patria del filósofo Aristóteles la creyó la suya propia y añadió una prueba tan generosa al brillo tan grande de sus hazañas 183 . A los asesinos del poeta Arquíloco los descubrió Apolo en Delfos 184 . A Sófocles, el príncipe del teatro trágico, cuando murió, el padre Líber ordenó enterrarlo a pesar de que los lacedemonios cercaban la muralla, advirtiendo bastantes veces en sueños a Lisandro, su rey, que permitiera inhumar al que era su predilecto. Averiguó el rey quiénes habían muerto en Atenas y entre ellos supo sin dificultad a quién había señalado el dios y concedió una tregua para sus funerales 185 .
30 (31) Quiénes fueron los más sabios
[110] A Platón, el maestro de la sabiduría, le envió el tirano Dionisio, que por lo demás había nacido para la crueldad y la soberbia, un barco empavesado y, al desembarcar, lo recibió en el puerto él en persona con una cuadriga blanca 186 . Isócrates vendió un solo discurso por veinte talentos 187 . Esquines, el más grande orador ateniense, después de leer a los rodios el discurso de acusación que había utilizado, leyó también la defensa de Demóstenes, por la que había sido empujado a aquel exilio, y ante sus muestras de admiración, les dijo que más se habrían admirado si se la hubieran oído pronunciar a él, llegando a ser en su desgracia el testigo más importante [111] de su enemigo 188 . A Tucídides, como general, los atenienses lo llevaron al exilio y, como historiador, lo hicieron volver admirando la elocuencia de aquel cuyo valor habían castigado 189 . Grande fue también la prueba de reconocimiento de los reyes de Egipto y de Macedonia que le cupo a Menandro, dentro del género cómico, cuando fueron a buscarlo con una flota y por medio de embajadores; más grande por parte de él mismo, al preferir los conocimientos literarios a la fortuna de los reyes 190 .
Los próceres romanos también ofrecieron pruebas de reconocimiento [112] incluso a extranjeros. Gneo Pompeyo, una vez concluida la guerra de Mitridates, cuando iba a entrar en la casa de Posidonio, famoso por su dedicación a la filosofía, prohibió que el lictor golpeara la puerta según la costumbre, y ante la puerta de la sabiduría, hizo inclinar las fasces aquel ante quien se habían inclinado Oriente y Occidente 191 . Catón el Censor en aquella famosa embajada procedente de Atenas, de tres eminentes sabios, después de oír a Carnéades, juzgó que aquellos embajadores debían ser despedidos, porque con los razonamientos de aquel hombre difícilmente se podía discernir de qué parte estaba la verdad 192 . ¡Qué gran cambio de costumbres! Aquel siempre pensó que en [113] cualquier caso todos los griegos debían ser expulsados de Italia, en cambio su descendiente Catón de Útica trajo consigo a un filósofo después de su tribunado militar, y a otro después de su embajada en Chipre; y es memorable que, respecto a la misma lengua, uno de los dos Catones la haya rechazado y el otro la haya introducido 193 .
[114] Pero revisemos también la gloria de los nuestros. El primer Africano ordenó que pusieran sobre su sepulcro una estatua de Quinto Ennio, y que aquel nombre ilustre, que sin ninguna duda había arrancado la tercera parte del mundo como botín, se leyera en su epitafio al mismo tiempo que la inscripción del poeta 194 . El Divino Augusto prohibió que quemaran los poemas de Virgilio en contra de la modestia del testamento de éste; así le cupo al poeta una prueba de reconocimiento mayor que si él mismo hubiera aprobado su [115] propia obra 195 . Una estatua de Marco Varrón, el único que la tuvo en vida, fue colocada en la biblioteca que Asinio Polión abrió al público en Roma, la primera en el mundo, con su parte del botín de guerra 196 ; la gloria de Varrón porque el primer orador y ciudadano, entre aquella multitud de ingenios que hubo entonces, le diera a él solo esta corona fue, a mi entender, no menor que cuando a él mismo, tras la guerra contra los piratas, Pompeyo Magno le dio la corona naval 197 . Son innumerables después los ejemplos romanos, [116] si se quisiera seguir, pues es la única nación que ha dado en cualquier campo más hombres extraordinarios que el resto de la tierra. Pero ¿con qué sacrilegio puedo dejar de hablar de ti, Marco Tulio, o con qué distinción te puedo proclamar el más sobresaliente? ¿Con qué prueba de reconocimiento mayor que la que te dio en su conjunto el pueblo que es el más ilustre entre las naciones, y eso tomando sólo de toda tu vida las obras de tu consulado? Por tu palabra renunciaron [117] las tribus a la ley agraria, es decir, a su propio alimento; por tu persuasión perdonaron a Roscio, el autor de la ley del teatro, y soportaron con buen ánimo que las gradas fueran reservadas con discriminación de ellos; por tu palabra los hijos de proscritos sintieron vergüenza de pretender cargos públicos; ante tu talento huyó Catilina; tú proscribiste a Marco Antonio. ¡Salve, el primero de todos en ser llamado «padre de la patria», el primero en haber merecido con la toga el triunfo y la corona de laurel de la lengua y, padre igualmente de la elocuencia y las letras latinas 198 , (como el dictador César, en otro tiempo tu enemigo, escribió de ti) una corona tanto más grande que el laurel de todos los triunfos, cuanto más grande es haber llevado los límites del genio romano tan lejos como los del imperio 199 .
[118] 31 En los demás bienes del espíritu, fueron superiores al resto de los hombres por su sabiduría: entre los romanos, los que por ello recibieron el nombre de Catos y Córculos 200 ; entre los griegos, Sócrates, preferido a todos los demás por el oráculo de Apolo Pitio 201 .
32 (32) Las normas más útiles para la vida
[119] Los hombres, a su vez, situaron cerca de los oráculos al espartano Quilón al consagrar en letras de oro en Delfos sus tres preceptos, que son: conocerse a sí mismo; no desear nada en exceso, y también, que la consecuencia de las deudas y los pleitos es la miseria. Es más, cuando murió de la alegría por la victoria de su hijo en Olimpia, Grecia entera acompañó su cortejo fúnebre 202 .
33 (33) La adivinación
El don de la adivinación y una cierta unión con los dioses fue muy notable en la Sibila, entre las mujeres 203 ; entre los hombres, de los griegos, en Melampo, y, de los romanos, en Marcio 204 .
34 (34) El mejor hombre
Desde los primeros tiempos sólo [120] una vez el senado bajo juramento ha declarado a uno el mejor, a Escipión Nasica; él mismo fue señalado dos veces por el pueblo con un fracaso en su candidatura. En suma, no se le permitió morir en su patria; lo mismo ¡por Hércules!, que morir fuera de la cárcel a Sócrates, al que Apolo había declarado el más sabio 205 .
35 (35) Las mujeres más castas
La mujer más casta según la opinión de las mujeres, fue estimada, la primera vez, Sulpicia, hija de Patérculo, esposa de Fulvio Flaco, elegida entre cien escogidas antes, para dedicar una imagen de Venus según los libros sibilinos; la segunda vez, Claudia, elegida en prueba de su religiosidad cuando trajo a Roma a la Madre de los dioses 206 .
36 (36) Ejemplos de la mayor abnegación
[121] Ejemplos de amor filial ciertamente ha habido infinitos en todo el mundo, pero sólo en Roma uno con el que no podrían compararse todos los demás. A una mujer humilde de la plebe y, por eso, desconocida, que acababa de parir, estando su madre encerrada en la cárcel para sufrir suplicio, como, después de haber conseguido la entrada, el portero siempre la echaba antes de que le diera algo de comida, la cogieron alimentándola a sus pechos. Por este hecho digno de admiración su piedad fue recompensada con la salvación de su madre, y ambas recompensadas con alimentación perpetua y, además, aquel lugar fue consagrado a la diosa Piedad, siendo cónsules Gayo Quincio y Manio Acilio, con un templo de la misma diosa construido en el lugar de aquella cárcel, [122] donde ahora está el teatro de Marcelo 207 . El padre de los Gracos, tras haber sido capturadas unas culebras en su casa, al responderle que viviría el de sexo distinto al de aquella a la que se quitara la vida, dijo: «Muy bien, matad a la del mío, pues Cornelia es joven y puede parir todavía». Esto era perdonar a su esposa y mirar por el estado; y eso sucedió al poco tiempo 208 . Marco Lépido murió por amor a su esposa Apuleya después de repudiarla 209 . Publio Rutilio, que estaba afectado por una enfermedad leve, murió de repente al anunciarle la derrota de su hermano en la candidatura al consulado. Publio Cacieno Filótimo quería tanto a su patrono que, nombrado heredero de todos sus bienes, se arrojó a su pira 210 .
37 (37) Algunos hombres sobresalientes en las artes: Astrología, (gramática), medicina
Son innumerables los hombres que [123] han brillado en el conocimiento de las diversas artes, sin embargo lo adecuado sería tratar de ellos escogiendo lo más selecto: en astrología, Beroso, a quien los atenienses por sus predicciones proféticas erigieron en el gimnasio a expensas públicas una estatua con la lengua dorada 211 ; en gramática, Apolodoro, a quien los anfictiones de Grecia rindieron honor 212 ; en medicina, Hipócrates, que predijo la peste procedente de los ilirios y envió a sus discípulos a las ciudades vecinas para ayudar; por este servicio Grecia decretó para él los mismos honores que para Hércules 213 . El rey Ptolomeo, durante los ritos Megalenses, recompensó con cien talentos esa misma ciencia en Cleómbroto de Ceos por haber salvado al [124] rey Antíoco 214 . También tiene gran fama Critóbulo por haber sacado una flecha de un ojo del rey Filipo y haber curado la pérdida del ojo sin deformarle la cara 215 . Sin embargo, la fama más grande la tiene Asclepíades de Prusa por la fundación de una nueva escuela, después de rechazar a los embajadores y las ofertas del rey Mitridates, por haber descubierto un método con el que el vino cura a los enfermos, por haber devuelto a un hombre de la muerte y haberlo mantenido vivo, pero especialmente, por haber apostado con la fortuna que no se le creyera médico si él mismo alguna vez hubiera estado enfermo de alguna manera. Y ganó, perdiendo la vida muy avanzada su vejez, al caerse por unas escaleras 216 .
(38) Geometría, arquitectura
También a Arquímedes le cupo [125] una prueba eminente de reconocimiento de su ciencia de geometría y mecánica con la orden de Marco Marcelo, al tomar Siracusa, de que fuera el único contra el que no se atentara, pero lástima que la insensatez de un soldado quebrantara el mandato 217 . También han sido elogiados: Quersifronte de Cnoso, por la construcción del maravilloso templo de Diana en Éfeso 218 ; Filón, en Atenas, por la de un arsenal para cuatrocientos barcos 219 ; Ctesibio, por el descubrimiento de la teoría de la neumática y del órgano hidráulico 220 , y Dinócares, por el trazado de Alejandría, en Egipto, cuando la fundó Alejandro 221 . Este mismo general ordenó con un edicto que no lo retratara ningún otro que Apeles, ni lo esculpiera otro que Pirgóteles, ni lo reprodujera en bronce otro que Lisipo 222 . Estas artes han brillado con muchos ejemplos.
38 (39) Pintura, escultura en bronce, mármol y marfil; cincelado
[126] El rey Átalo pagó en una almoneda cien talentos por una sola tabla del pintor Aristides de Tebas 223 . El dictador César compró, por ochenta, dos tablas de Timómaco, Medea y Áyax, para consagrarlas en el templo de Venus Generadora 224 . El rey Candaules por un cuadro de Bularco sobre la destrucción de los magnesios, de dimensiones no pequeñas, pagó su peso en oro 225 . El rey Demetrio, apodado el Conquistador, no incendió Rodas para no quemar una tabla de Protógenes, que estaba colocada en esa parte de la muralla 226 . [127] Praxíteles se hizo famoso por la escultura en mármol y especialmente por la Venus de Cnido, notable por el insensato amor que inspiró en un joven y por la valoración del rey Nicomedes, que intentó permutarla por la enorme deuda de los de Cnido 227 . A Fidias el Júpiter Olímpico le ofrece cada día una prueba de reconocimiento 228 ; a Mentor, el Júpiter Capitolino y la Diana de Éfeso, a los que fueron dedicados los vasos que él había cincelado 229 .
39 (40) Precios excepcionales de algunos hombres
El precio máximo de un hombre [128] nacido en esclavitud hasta este momento, al menos en lo que yo haya podido averiguar, fue el de un gramático, Dafnis, cuando Atio de Pisauro lo vendió y Marco Escauro, primer magistrado de la ciudad, ofreció en la subasta sseecientos mil sestercios 230 . En nuestra época han sobrepasado esto, y no por poco, unos cómicos, pero éstos compraban su propia libertad, y más cuando [129] se cuenta que ya en tiempos de nuestros antepasados el cómico Roscio ganaba quinientos mil sestercios al año 231 , si es que alguien no echa de menos en este lugar al pagador de la guerra llevada a cabo hace poco en Armenia a causa de Tiridates, al que Nerón manumitió por trece millones de sestercios 232 . Pero esto era el precio de una guerra, no el de un hombre, del mismo modo que, ¡por Hércules!, fue el precio del capricho, no el de la belleza, cuando Clutorio Prisco compró a Pezonte, uno de los eunucos de Sejano 233 , por cincuenta millones de sestercios. Esta ganancia realmente injusta la produjo aquella feria en medio del luto de la ciudad, porque nadie se preocupaba de presentar denuncias.
40 (41) La suprema felicidad
[130] De todas la naciones en el mundo entero sin duda la más sobresaliente en virtudes 234 ha sido la romana. No cabe en el juicio humano saber qué hombre tuvo la felicidad suprema, puesto que la misma buena suerte unos la determinan de una manera, otros de otra, y cada uno según su temperamento. Si queremos hacer un juicio verdadero y decidir dejando a un lado todas las alternativas de la fortuna, ningún mortal es feliz. La fortuna trata con abundancia y se comporta indulgentemente con aquel que razonablemente se puede decir que no es infeliz. Pues aunque no haya otras cosas, seguramente existe el temor de que la fortuna se canse y, en cuanto [131] se percibe esto, la felicidad no es completa. ¿Y qué decir de que ningún mortal es sabio siempre? ¡Y ojalá que la mayoría juzgue esto falso y no como algo dicho por un profeta! El género humano, vano e ingenioso para engañarse a sí mismo, cuenta a la manera del pueblo tracio que, según haya sido la experiencia de cada día, mete piedras de distinto color en una urna, y en el último día las cuenta por separado y así habla públicamente de cada uno. ¿Y qué decir de que [132] ese día alabado por la blancura de la piedra tuvo el origen de su mal? ¡A cuántos afligieron la órdenes recibidas! ¡A cuántos arruinó su dicha y los precipitó en el sufrimiento extremo ésa, que sin duda fue su dicha, en el instante en que aquella hora fue gozosa! Así es ciertamente: un día es juez de otro, y sólo el último, de todos, y por eso no hay que confiar en ninguno. ¿Y qué decir de que los bienes no son iguales a los males, aun de igual número, y que ninguna alegría puede compensar la más mínima tristeza? ¡Ay! ¡Qué vano y necio esfuerzo! ¡Se mide el número de los días, cuando lo que se busca es su peso! 235
41 (42) Rara sucesión entre las familias
En todo el tiempo sólo se encuentra [133] una mujer, la lacedemonia Lámpido, que haya sido hija de rey, esposa de rey y madre de rey 236 , una sola, Berenice, que haya sido hija, hermana y madre de vencedores en los Juegos Olímpicos 237 ; una sola familia, la de los Curiones, en la que hayan existido en sucesión seguida tres oradores 238 , y una sola, la de los Fabios, en la que haya habido tres príncipes del senado seguidos: Marco Fabio Ambusto, su hijo Fabio Ruliano y su nieto Quinto Fabio Gúrgite 239 .
42 (43) Ejemplos sorprendentes de diversidad. Un hombre dos veces proscrito
[134] Por lo demás, los ejemplos de la inconstancia de la fortuna son innumerables. Pues ¿de qué cosas hace grandes gozos si no es a partir de males, o de qué, enormes males, si no es de inmensos gozos?
43 La fortuna salvó al senador Marco Fidustio, que había sido proscrito por Sila treinta y seis años, pero para proscribirlo de nuevo. Sobrevivió a Sila, pero hasta Antonio, y consta que fue proscrito por éste sin ninguna otra razón que porque ya había sido proscrito 240 .
(44) Ejemplos sorprendentes de honores
[135] Ciertamente la fortuna quiso que sólo Publio Ventidio obtuviera un triunfo de los partos, pero a este mismo, cuando era niño, la fortuna lo llevó en el triunfo obtenido por Gneo Pompeyo en Ásculo; aunque, según Masurio, fue llevado dos veces en un triunfo; según Cicerón, había sido mozo de cuadra de la panadería del ejército y, según la mayoría, había llevado una juventud pobre como soldado raso 241 . También Cornelio [136] Balbo el Mayor fue cónsul, pero después de haber sido denunciado y sometido a deliberación de un jurado sobre la aplicación de la pena de azotes contra él, siendo el primer extranjero y, además, nacido en la costa del Océano, que alcanzó aquel grado que nuestros antepasados habían negado incluso en el Lacio 242 . También está entre los ejemplos notables Lucio Fulvio, cónsul de los tusculanos que se habían sublevado, y que, al pasarse a su lado, el pueblo romano lo honró al instante con el mismo grado, siendo el único que, el mismo año en el que había sido enemigo, consiguió en Roma el triunfo sobre aquellos de los que había sido cónsul 243 . Hasta este momento Lucio Sila ha sido el único [137] hombre que se ha atribuido el sobrenombre de Feliz, elegido sin duda por la sangre de los ciudadanos y el asedio a su patria. Pero 244 ¿por qué pruebas de felicidad se guió? ¿Acaso porque había podido proscribir y asesinar a tantos miles de ciudadanos? ¡Qué interpretación tan mala e infeliz en el tiempo futuro! ¿No tuvieron mejor suerte muriendo entonces esos de los que ahora nos compadecemos, mientras que [138] no hay nadie que no odie a Sila? 245 Y bien, ¿el final de su vida no fue más cruel que la desgracia de todos los proscritos por él ya que su propio cuerpo se comía a sí mismo causándole sufrimiento? Porque aunque fingiera y aunque por su último sueño, en el que de alguna manera murió, creamos que el odio procedente sólo de él había sido superado por su gloria, sin embargo, declaró que sin duda a su felicidad le faltó dedicar el Capitolio 246 .
(45) Las diez cosas más afortunadas en un solo hombre
[139] Quinto Metelo, en el discurso que pronunció en las honras fúnebres 247 de su padre Lucio Metelo, pontífice, dos veces cónsul, dictador, maestre de caballería, quindecénviro para el reparto de tierras, y el que después de la primera guerra Púnica condujo en un triunfo muchos elefantes 248 , dejó escrito que su padre había reunido las diez cosas más grandes y mejores, en cuya busca empleaban su vida los sabios: en efecto, [140] había querido ser un guerrero de primera fila, el mejor orador, el más valiente general, que bajo sus auspicios se llevaran a cabo las empresas más grandes, ocupar el más alto cargo, tener la mayor sabiduría, ser considerado el senador más grande, conseguir mucho dinero de forma honrada, dejar muchos hijos y ser el más ilustre en la ciudad; estas cosas le habían acontecido sólo a él y a ningún otro desde la fundación de Roma. Es largo y completamente inútil refutarle, [141] pues lo rebate un solo suceso, ya que ese Metelo pasó la vejez privado de la vista, que había perdido en un incendio al rescatar el Paladio del templo de Vesta, una causa memorable, pero con un desenlace triste 249 . Con esto sucede que ciertamente no se le debe llamar infeliz, pero tampoco se le puede llamar feliz. El pueblo romano le concedió lo que a ningún otro desde la fundación, que, cada vez que fuera a una reunión del senado, lo llevaran en carro a la curia: algo grande y sublime para él, pero concedido al precio de sus ojos.
44 También el hijo de ese Quinto Metelo que dijo esto [142] acerca de su padre, se cuenta entre los raros ejemplos de felicidad humana: pues, además de los cargos más importantes y del sobrenombre de Macerión, fue colocado en la pira funeraria por sus cuatro hijos, de los que uno había sido pretor, los otros tres cónsules, dos de éstos habían obtenido el triunfo y uno había sido censor; estas cosas, cada una por [143] sí sola, han sucedido a pocos 250 . Sin embargo, en la plenitud de su vida pública, al volver del Campo de Marte a mediodía, momento en que están vacíos el foro y el Capitolio, Gayo Atinio Labeón, que tenía el sobrenombre de Macedón, tribuno de la plebe, a quien aquel como censor había excluido del senado, lo arrastró hacia la roca Tarpeya para que fuera arrojado desde ella 251 . Acudió volando, por así decir, aquella cohorte tan numerosa que lo llamaba padre; pero, como era inevitable en un imprevisto, llegaban tarde y como a un funeral, porque no tenían derecho a resistirse ni atacar a alguien inviolable; a punto de morir por su propio valor y por su servicio al cargo de censor, a duras penas fue [144] encontrado un tribuno para interponer el veto 252 ; vuelto a traer desde el umbral mismo de la muerte, vivió después de la beneficencia de los demás, al declarar también intocables sus bienes desde entonces quien había sido condenado por él, como si hubiera sido poco el castigo de rodearle el cuello con una cuerda y hacer que le saliera sangre por los oídos 253 .Y sin duda también incluiría yo entre sus desgracias haber sido enemigo del segundo Africano, como atestiguó el propio Macedónico, puesto que dijo: «Id, hijos, acudid a sus funerales, nunca veréis las honras fúnebres de un ciudadano más grande». Y decía esto él, el propio Macedónico, a los que ya eran Baleáricos y Diademados 254 . Pero aunque sólo [145] se tenga en cuenta aquella afrenta, ¿quién podría decir en razón que fue feliz éste, que corrió el riesgo de morir a capricho de un enemigo que ni siquiera era el Africano? ¿Por vencer a qué enemigos tuvo que pagar un precio tan grande? o ¿qué cargos y qué carros triunfales no anuló la fortuna con aquella violencia, al ser arrastrado siendo censor por el medio de la ciudad —pues ésta había sido la única forma de demorarse—, arrastrado hasta el propio Capitolio, al que él mismo en su triunfo, con los adornos de los dioses, ni siquiera había arrastrado así a los prisioneros? 255 Este crimen [146] llegó a ser más grande por la felicidad que vino después, al correr el Macedónico el riesgo de perder incluso unas honras fúnebres tan grandes, en las que iba a ser llevado a la pira por sus hijos que habían conseguido el triunfo, como si celebrara el triunfo incluso en sus funerales. No es en absoluto completa la felicidad que ha quebrado algún ultraje, menos aún uno tan grande. Por lo demás, no sé si acrecienta la nobleza de las costumbres o el dolor de la indignación el que, entre tantos Metelos, tan criminal atrevimiento de Gayo Atinio haya quedado para siempre sin venganza.
45 (46) Adversidades del Divino Augusto
[147] También en el caso del divino Augusto, a quien la humanidad entera citaría en esta relación, si se valoran cuidadosamente todos los aspectos, se pueden encontrar grandes reveses en su destino humano 256 : el fracaso en su aspiración a maestre de caballería con su tío y, frente a su solicitud, la preferencia de Lépido ante él 257 ; el odio por las proscripciones a causa de su asociación en el triunvirato con los peores ciudadanos, y ni siquiera a partes iguales, sino siendo Antonio [148] el de más peso 258 ; en la batalla de Filipos: sus enfermedades, su huida y ocultación durante tres días en una laguna enfermo y, según declaran Agripa y Mecenas, en su refugio, hinchado por el agua infiltrada bajo la piel 259 ; su naufragio en Sicilia, y también allí otra ocultación en una cueva, y cuando ya huía por mar ante la presión de las tropas de los enemigos, sus ruegos a Proculeyo para que le diera muerte 260 ; 149 su preocupación por el conflicto de Perusia; su inquietud por la batalla de Accio; su caída desde una torre en la guerra de Panonia; tantas sublevaciones militares 261 , y tantas enfermedades graves de su cuerpo; los sospechosos votos de Marcelo, la vergonzosa relegación de Agripa 262 , tantas conspiraciones contra su vida 263 , las acusaciones a la muerte de sus hijos y el luto, triste no sólo por la pérdida 264 ; el adulterio de su hija y sus planes de parricidio puestos al descubierto 265 ; el afrentoso alejamiento de su hijastro Nerón 266 ; otro adulterio por parte de su nieta 267 ; después, tantos males juntos: la falta de recursos militares, la rebelión del Ilírico, la leva de esclavos y la escasez de jóvenes, la peste de Roma, el hambre de Italia, su determinación a morir y, tras cuatro días de ayuno, haber estado a un paso de la [150] muerte 268 ; además de esto, el desastre de Varo y el humillante ultraje a su majestad 269 ; la exclusión de Póstumo Agripa después de su adopción, y la añoranza después de su destierro; a continuación, sus sospechas hacia Fabio y a que revelara sus secretos; más tarde, las maquinaciones de su esposa y de Tiberio, su última preocupación 270 . En suma, aquél, un dios y que, no sé si más que merecerlo, había obtenido un puesto entre los dioses, murió dejando como heredero al hijo de su propio enemigo 271 .
46 (47) A quiénes tuvieron los dioses por más felices
Vienen al pensamiento en esta enumeración [151] unos oráculos de Delfos pronunciados por el dios como para castigar la vanidad de los hombres. Son estos dos: que Pedio, que había muerto por la patria hacía muy poco, era muy feliz 272 ; y en otra ocasión, a la pregunta de Giges, el rey entonces más importante de la tierra: que Áglao de Psófide era más feliz. Éste, muy anciano, cultivaba en un reducidísimo rincón de Arcadia una propiedad pequeña pero suficiente para los alimentos del año holgadamente. No salió nunca de allí y, como es evidente por su género de vida, no sufrió más que lo mínimo en su vida a causa de su mínima ambición 273 .
47 (48) A quién ordenaron honrar en vida como a un dios. Extraño resplandor
Por mandato del mismo oráculo y [152] con el asentimiento de Júpiter, el más grande de los dioses, recibió culto en vida y en plenas facultades el púgil Eutimo, siempre vencedor en Olimpia y vencido una sola vez. Su patria era Locros, en Italia. Veo que Calímaco admiraba como ninguna otra cosa que una estatua suya allí y otra en Olimpia fueran alcanzadas el mismo día por un rayo y que el dios ordenara ofrecer sacrificios, lo que se instituyó no sólo en vida suya, sino también después de muerto, y respecto a él no hay ninguna otra cosa digna de admiración más que esto, que había agradado a los dioses 274 .
48 (49) Las mayores longevidades
[153] En cuanto al espacio y duración de la vida de los hombres, no sólo el lugar sino también el momento del nacimiento y el propio destino de cada uno lo dejan en la incertidumbre 275 . Hesíodo, que es el primero que ha transmitido algo respecto a esto, relacionando con la edad de los hombres muchas cosas, siguiendo mitos, en mi opinión, asignó nueve edades nuestras a la corneja, el cuádruple de esto a los ciervos, el triple de esto a los cuervos, y otras cosas más propias de [154] mitos en el caso del fénix y en las ninfas 276 . El poeta Anacreonte asigna ciento cincuenta años a Argantonio, rey de los tartesios; diez años más a Cíniras de Chipre, y a Egimio, doscientos 277 . Teopompo a Epiménides de Cnoso, ciento cincuenta y siete 278 . Según Helánico, algunos del pueblo de los epeos, en Etolia, llegan a cumplir doscientos años; con él coincide Damastes, al afirmar que incluso uno de ellos, Pictóreo, sobresaliente por su tamaño y su fuerza, vivió trescientos años 279 . Según Éforo, unos reyes de los arcadios vivieron trescientos años cada uno 280 . Según Alejandro Cornelio, [155] en el Ilírico un tal Dandón vivió quinientos años 281 . Según Jenofonte en su Periplo, un rey de la isla de los lutmios vivió seiscientos años y, por si fuera poca exageración, su hijo, ochocientos 282 . Todo esto sucedió por desconocimiento de las divisiones del tiempo. En efecto, unos delimitaban un año con el verano y otro con el invierno, otros con las cuatro estaciones como los arcadios, cuyos años eran de tres meses, otros con el curso de la luna, como los egipcios. Por eso entre ellos se cuenta que vivían mil [156] años cada uno. Pero, para pasar a hechos admitidos, es casi seguro que el gaditano Argantonio reinó ochenta años; se cree que comenzó a reinar a los cuarenta. Está fuera de dudas que Masinisa reinó sesenta años y que Gorgias de Sicilia vivió ciento ocho 283 . Quinto Fabio Máximo fue augur durante sesenta y tres años. Marco Perpenna y, recientemente, Lucio Volusio Saturnino fueron los que sobrevivieron a todos aquellos a los que habían pedido opinión en su consulado. Perpenna dejó sólo siete de los que había nombrado senadores siendo censor; vivió noventa y ocho [157] años 284 . En este asunto también se me ocurre hacer notar que en total sólo ha habido un quinquenio en el que no muriera ningún senador, cuando los censores Flaco y Albino hicieron el sacrificio lustral, desde el año quinientos setenta y nueve de la fundación de Roma hasta los siguientes censores 285 . Marco Valerio Corvino cumplió los cien años; entre su primer consulado y el sexto transcurrieron cuarenta y seis años. Él mismo se sentó en la silla curul en veintiuna ocasiones, tantas como ningún otro. Igualó su longevidad el pontífice Metelo 286 .
Y entre las mujeres, Livia, la mujer de Rutilio, sobrepasó [158] los noventa y siete años; durante el principado de Claudio, Estatilia, de familia noble, los noventa y nueve; Terencia, la mujer de Cicerón, los ciento tres y Clodia, la de Ofilio, los ciento quince; ésta, además, dio a luz quince veces 287 . La comedianta Luceya declamó en la escena a los cien años. Durante el consulado de Gayo Popeo y Quinto Sulpicio, en los juegos votivos por la salud del divino Augusto, la actriz de intermedios Galeria Copiola fue llevada de nuevo a la escena cuando tenía ciento cuatro años; había sido presentada como principiante por el edil de la plebe Marco Pomponio noventa y un años antes, durante el consulado de Gayo Mario y Gneo Carbón; fue llevada de nuevo por Pompeyo Magno en la dedicación del gran teatro, siendo ya anciana, como una cosa extraordinaria 288 . Según Asconio [159] Pediano, Sámula también vivió ciento diez años 289 . Me parece menos extraño que Estefanión, que fue el primero que danzó con toga, danzara en dos juegos seculares, los del divino Augusto y los que el emperador Claudio celebró durante su cuarto consulado, puesto que entre ellos no hubo más de sesenta y tres años, aunque también vivió después más tiempo 290 . Según Muciano, en la cima del monte Tmolo, que llaman Tempsi 291 , viven ciento cincuenta años, y esos mismos años se le asignaron a Tito Fulonio de Bolonia en la censura del emperador Claudio 292 , y por la comparación de los censos que había presentado antes y las pruebas de su vida —pues el emperador se ocupaba de esto—, se puso de manifiesto que era verdad.
49 (50) Diversas maneras de nacer
[160] Precisamente este tema parece demandar la opinión de los que se dedican a la ciencia de las estrellas. Epígenes negó que se puedan cumplir ciento doce años; Beroso, que se puedan sobrepasar los ciento dieciséis. Perdura también la teoría que Petosíride y Nequepso transmitieron (la llaman «tetartemorio» por ser una parte de tres signos), por la que se pone de manifiesto que en la zona de Italia se pueden alcanzar los ciento veinticuatro años. Dijeron aquellos que nadie sobrepasa la medida de noventa grados a partir del nacimiento del astro (lo que llaman «anáforas»), y que éstas mismas se interrumpen por la presencia de estrellas maléficas o también por los rayos de éstas y los del sol 293 . Por otra parte, no es seguro cuánto es lo máximo que asigna la escuela de Esculapio, que dice que la duración de la vida se recibe determinada por los astros 294 . Sin embargo, dicen que es rara una [161] duración demasiado larga, puesto que en el transcurso de determinadas horas de los días lunares, como la séptima y la decimoquinta, pues se cuentan de día y de noche, nace una gran cantidad de gente que muere en una sucesión gradual de años, que llaman climatéricos, no sobrepasando casi los cincuenta y cuatro años los que han nacido así 295 .
Así pues, en primer lugar, lo cambiante del propio arte [162] de la astrología manifiesta qué cosa tan poco segura es. Se añaden las pruebas del censo más reciente, el que hace cuatro años realizaron como censores los emperadores Césares Vespasianos, padre e hijo 296 . Y no hay que examinar todos los archivos. Sólo expondremos ejemplos de la parte central, entre el Apenino y el Po. Declararon tener ciento veinte [163] años, tres en Parma y uno en Brixilo; ciento veinticinco, dos en Parma; ciento treinta, uno en Piacenza y una mujer en Favencia; ciento treinta y cinco, Lucio Terencio, hijo de Marco, en Bolonia y, a su vez, en Rímini, Marco Aponio, ciento cuarenta y Tertula, ciento treinta y siete. En las colinas de la parte de acá de Piacenza está la población de Veleya, en la que seis personas declararon tener ciento diez años; cuatro, ciento veinte, y uno, Marco Mucio Félix, hijo [164] de Marco, de la tribu Galeria ciento cuarenta 297 . Y para no detenernos más en un hecho admitido, en la octava región de Italia fueron censados cincuenta y cuatro hombres de cien años, catorce hombres de ciento diez, dos de ciento veinticinco, cuatro de ciento treinta, otros tantos de ciento treinta y cinco o treinta y siete, y tres hombres de ciento cuarenta.
[165] Otro aspecto cambiante de la Humanidad: Homero contó que Héctor y Polidamante, hombres de condición tan opuesta, nacieron la misma noche 298 . En el tercer consulado de Gayo Mario y Gneo Carbón, el mismo día, el quinto antes de las calendas de junio, nacieron Marco Celio Rufo y Gayo Licinio Calvo, ambos ciertamente oradores, pero con qué resultado tan diferente 299 . Esto sucede también con los que nacen cada día a las mismas horas en todo el mundo, y al mismo tiempo son engendrados amos y esclavos, reyes y pobres.
50 (51) Diversos ejemplos de enfermedades
Publio Cornelio Rufo, que fue cónsul [166] con Manio Curio, perdió la vista estando dormido, mientras soñaba que le sucedía esto 300 . Por el contrario, Jasón de Feras, que había sido desahuciado por los médicos por una vómica, cuando buscaba la muerte en el combate, encontró el remedio de manos de un enemigo al ser herido en el pecho 301 . El cónsul Quinto Fabio Máximo en la batalla entablada junto al río Ísara contra los alóbroges y los arvernos, en la que murieron ciento treinta mil enemigos, el día sexto antes de las idus de agosto, se vio libre de una fiebre cuartana en medio del combate 302 . Es poco seguro y demasiado frágil este regalo de la [167] naturaleza, cualquiera que sea el tiempo que se nos concede, realmente mezquino y breve incluso para aquellos a los que les tocó con mayor generosidad, por más que contemos absolutamente todo el tiempo de la vida. ¿Qué decir respecto a que, si se tiene en cuenta el descanso nocturno, cada uno vive la mitad de su vida y otra parte igual transcurre parecida a la muerte o es un sufrimiento, si ese descanso no se produce? Y no se piensa en los años de la infancia, en los que no se tiene uso de razón, ni en los de la vejez, en la que se vive para sufrir, ni en tantas clases de peligros, tantas enfermedades, tantos temores, tantas preocupaciones que no hay un deseo más frecuente que la muerte, tantas veces [168] llamada. Realmente la naturaleza no ha ofrecido a los hombres nada mejor que la brevedad de la vida. Se embotan los sentidos, se entorpecen los miembros, se amortigua la vista, el oído, el andar, incluso los dientes y el aparato digestivo, y sin embargo esto se cuenta como tiempo de vida. Por eso se encuentra como un prodigio, y de forma única, el ejemplo del músico Jenófilo, que vivió ciento cinco años sin ningún [169] deterioro de su cuerpo 303 . En cambio, ¡por Hércules!, a todos los demás, en cada parte de sus miembros, como a ningún otro ser, les vuelve un dañino calor o frío a determinadas horas, y no sólo horas, sino cada tres o cuatro días y noches, incluso durante todo un año. E incluso hay una enfermedad que consiste en que se pierde la razón durante algún [170] tiempo 304 . Pues la naturaleza también ha puesto algunas leyes a las enfermedades: que la fiebre cuartana nunca comience en el solsticio de invierno ni durante los meses de invierno; que algunas enfermedades no sobrevengan después de los sesenta años y algunas se quiten en la pubertad, especialmente en las mujeres; que los ancianos sean muy poco sensibles a las epidemias. Y desde luego, las enfermedades atacan a todos los pueblos y, sin discriminación, tanto a los esclavos como a los próceres y pasando por las demás clases. En esto se ha observado que las epidemias se propagan desde las zonas del sur hasta el occidente y casi nunca de otra manera, ni en invierno, ni que duren más de tres meses 305 .
51 (52) La muerte
Se ha observado que ya son signos [171] de muerte: en la locura, la risa y, a su vez en el delirio, la preocupación por los bordes del vestido y arrugar la ropa que le cubre, el desinterés hacia los que intentan reanimarlo, la emanación del cuerpo del líquido del que es indecoroso hablar; sobre todo, se observan indicios ciertamente indudables en el aspecto de los ojos y de la nariz y, también, en el hecho de estar tumbado continuamente boca arriba, en el pulso arrítmico u hormigueante de las venas, y otros indicios que fueron observados por Hipócrates, el príncipe de la medicina 306 . Y con ser innumerables [172] los signos de muerte, no hay ninguno de una salud segura, por lo que Catón el censor transmitió a su hijo, como si se tratara de un oráculo, la siguiente observación acerca de los hombres fuertes: una juventud senil es indicio de una muerte prematura. Pero la cantidad de enfermedades es tan ilimitada que Ferecides de Siros expiró al brotarle del cuerpo una plaga de gusanos 307 . Algunos tienen fiebre crónica, como Gayo Mecenas; éste mismo, en sus últimos tres años, no concilió el sueño un solo instante. El poeta Antípatro de Sidón todos los años era atacado por la fiebre sólo en su día natal, y en él murió después de una vejez bastante larga 308 .
52 (52) Quiénes volvieron a vivir después de muertos
[173] El consular Avíola revivió en la pira y, como al cobrar fuerza las llamas no se le pudo ayudar, fue quemado vivo. Una caso parecido se cuenta del pretor Lucio Lamia 309 . Pues de Gayo Elio Tuberón, que había desempeñado el cargo de pretor, Mesala Rufo y muchos otros cuentan que fue retirado de la pira 310 . Esta es la condición de los mortales. Somos engendrados para estos y otros azares semejantes de la fortuna, hasta el punto de que, respecto a un hombre, ni siquiera se [174] debe estar seguro de su muerte. Entre los ejemplos encontramos que el alma de Hermotimo de Clazómenas, abandonando su cuerpo, solía ir de un lado para otro y, en su vagabundeo, anunciaba desde lejos muchas cosas que no podían ser conocidas sino por alguien presente; entre tanto su cuerpo estaba medio muerto, hasta que quemándolo unos enemigos suyos, que se llamaban Cantáridas, quitaron al alma, por así decir, la funda para su regreso 311 . También en Proconeso se vio el alma de Aristeas salir de su boca volando en forma de cuervo 312 ; son muchas las fábulas que acompañan a ésta 313 . De igual modo recojo también el caso de Epiménides [175] de Cnoso que, siendo un muchacho, cansado por el calor y el camino, se quedó dormido en una cueva cincuenta y siete años y, al despertarse como si fuera al día siguiente, se extrañaba del cambio de aspecto de las cosas, cayendo después sobre él la vejez en igual número de días; a pesar de ello, sin embargo, vivió hasta los ciento cincuenta y siete años 314 . El sexo femenino parece especialmente propenso a este mal por la retroversión de la matriz, que si se corrige, hace recobrar la respiración; de eso trata aquel libro de Heraclides, famoso entre los griegos, con el caso de una mujer que fue devuelta a la vida después de estar siete días exánime 315 . Varrón mantiene también que, siendo él vigintíviro [176] para el reparto de tierras, en Capua, uno que llevaban al funeral volvió desde el foro a casa por su pie; lo mismo sucedió en Aquino 316 . Y también en Roma, Corfidio, marido de su tía materna, volvió a vivir después de que le hubieran preparado las honras fúnebres, y el que se las había preparado [177] las recibió de él. Añade unos prodigios que convendría revelarlos en su totalidad: sucedió que parecía que había muerto el mayor de los dos hermanos Corfidios, del orden ecuestre, y, una vez abierto el testamento, el menor, nombrado heredero, se había ocupado del funeral; entretanto, el que parecía muerto, dando palmadas reunió a la servidumbre y contó que él venía de parte de su hermano, que éste le había encomendado su hija, le había mostrado, además, en qué lugar había enterrado oro sin que nadie lo supiera, y había pedido que le hicieran las honras fúnebres que él había dispuesto. Mientras él contaba esto, los criados del hermano corrían a anunciar que aquél había muerto, y el oro se encontró [178] donde había dicho 317 . La vida, por lo demás, está llena de estos vaticinios, pero no deben ser mencionados, ya que muchas veces son falsos, como demostraremos con un gran ejemplo. En la guerra de Sicilia, Gabieno, uno muy valiente de la flota de César, capturado por Sexto Pompeyo, estuvo por orden de éste tirado un día entero en la playa, con el cuello cortado y apenas unido al tronco. Luego, al atardecer, congregada la multitud por sus ruegos y gemidos, pidió que Pompeyo fuera junto a él o enviara a alguien de su confianza, pues él, enviado de nuevo por los dioses infernales, [179] tenía algo que anunciar. Envió Pompeyo a varios de sus amigos, a los que Gabieno dijo que la causa de Pompeyo era grata a los dioses infernales, y su partido, justo; y por eso, el resultado sería el que deseaba; que se le había ordenado anunciar esto y que la prueba de veracidad sería que, en cuanto hubiera cumplido el encargo, él expiraría 318 . Y así sucedió. También hay ejemplos de apariciones después de la sepultura, sólo que estamos tratando de las obras de la naturaleza, no de los portentos.
53 (54) Ejemplos de muerte repentina
Por lo demás, las muertes repentinas [180] son las que producen mayor admiración y son muy frecuentes —esta es la mayor felicidad de la vida—; demostraremos que éstas son naturales. Verrio ha transmitido muchos casos, nosotros pondremos un límite con una selección 319 . Murieron de gozo, además de Quilón, de quien hemos hablado, Sófocles y Dionisio, tirano de Sicilia, ambos al recibir la noticia del éxito de una tragedia, y aquella madre de Cannas al ver a su hijo a salvo en contra de una falsa noticia 320 ; de vergüenza, Diodoro, profesor de lógica, al no resolver inmediatamente una [181] adivinanza propuesta por Estilpón 321 . Sin ninguna causa evidente murieron, mientras se calzaban por la mañana, dos Césares, el pretor y el padre del dictador César, que había sido pretor —éste en Pisa, aquél en Roma— 322 ; Quinto Fabio Máximo murió la víspera de las calendas de enero durante su consulado; en sustitución suya, Gayo Rebilo obtuvo un consulado de poquísimas horas; y lo mismo, el senador Gayo Volcacio Gúrgite; todos en plenitud de facultades y tan sanos, que estaban pensando salir 323 ; Quinto Emilio Lépido, en el momento de salir, con el pulgar tocando el umbral del dormitorio 324 ; Gayo Aufustio, después de salir, [182] cuando iba al senado, al tropezar en el comicio 325 . También un legado, que había defendido en el senado la causa de los rodios suscitando admiración, murió de repente en el umbral de la curia, al intentar andar; Cneo Bebio Tánfilo, que también había desempeñado el cargo de pretor, después de haber preguntado la hora a un esclavo; Aulo Pompeyo en el Capitolio, después de cumplir con los dioses; el cónsul Manio Juvencio Talna, mientras celebraba un sacrificio; Gayo Servilio Pansa, mientras estaba en el foro delante de una tienda a la hora segunda apoyándose en su hermano Publio; el juez Bebio, mientras mandaba que se pospusiera una orden de comparecencia; Marco Terencio Córax, mientras escribía en unas tablillas en el foro 326 . Todavía más, el año [183] pasado un caballero romano murió mientras hablaba al oído a un consular delante del Apolo de marfil que está en el foro de Augusto; sobre todos, el médico Gayo Julio, mientras aplicaba un líquido a un ojo pasando una sonda; el consular Aulo Manlio Torcuato, mientras pedía un pastel en una cena; el médico Lucio Tucio Vala, mientras bebía vino con miel; Apio Saufeyo, al volver del baño después de haber bebido vino con miel y cuando estaba tomando un huevo; Publio Quincio Escápula, mientras cenaba en casa de Aquilio Galo; el escriba Décimo Saufeyo, mientras almorzaba en su casa 327 . Murieron durante el acto sexual: Cornelio Galo, el que fue [184] pretor, y el caballero romano Tito Hetereyo, y dos del orden ecuestre, que fueron señalados en nuestra época por el amor del mismo pantomimo, Místico, que entonces era de una belleza extraordinaria. Sin embargo, el ejemplo más perfecto de serenidad ante la muerte lo cuentan los antiguos en el caso de Marco Ofilio Hílaro; éste, actor cómico, después de haber tenido [185] un gran éxito entre el pueblo el día de su cumpleaños y mientras celebraba el banquete, avanzada la cena, pidió una taza de caldo y al mismo tiempo, al ver la máscara que había llevado ese día, le pasó la corona de su cabeza, quedándose rígido en esa posición sin que nadie se diera cuenta, hasta que el más próximo de los comensales le fue a advertir que el caldo se estaba enfriando 328 .
[186] Estos son ejemplos de felicidad, pero frente a ellos son innumerables los de desgracias: Lucio Domicio, de una familia muy ilustre, que fue vencido por César ante Marsella y capturado también por él en Corfinio, bebió veneno, cansado de vivir y, después de haberlo bebido, puso todo su empeño en vivir 329 . Se encuentra en las actas que cuando se le estaban haciendo las honras fúnebres a Félix, un auriga de la facción roja, uno de sus simpatizantes se arrojó a la pira, algo que no merecería la pena decir, pero, para que esto no redundara en gloria de su autor, sus adversarios le acusaron de que se había caído mareado por la abundancia de perfumes 330 . No mucho antes Marco Lépido, de una familia muy noble, que hemos dicho que murió de la angustia producida por el divorcio, fue arrojado de la pira por la violencia de las llamas y, al no poder colocarlo de nuevo en ella a causa del calor, fue incinerado desnudo cerca con otra leña 331 .
54 (55) La sepultura
El hecho mismo de la incineración [187] no es institución antigua entre los romanos: eran cubiertos con tierra; pero fue establecida en el momento en que se enteraron de que, en las guerras en lugares remotos, desenterraban a los que habían sido enterrados 332 . Y, sin embargo, muchas familias conservaron los ritos antiguos, como la Cornelia, en la que se dice que nadie fue incinerado antes del dictador Sila, y que lo había querido temiendo el talión, cuando desenterraron el cadáver de Mario 333 . [Realmente, por sepultado debería entenderse el cadáver ocultado, sea cual sea la manera; y por enterrado, el que ha sido cubierto con tierra] 334 .
55 (56) Los manes El alma 335
Después de la sepultura son vanas [188] las divagaciones acerca de los manes 336 . A partir del último día todos tienen lo mismo que antes del primero, y a partir de la muerte ni el alma ni el cuerpo tienen algún sentido más que antes del nacimiento. Pues la misma vanidad se extiende también hasta el futuro e incluso para el momento de la muerte se promete falsamente una vida, unas veces dando inmortalidad al alma, otras la transmigración, otras dando sentido a los infiernos y honrando a los manes y haciendo dios a quien incluso ha dejado de ser hombre, como si realmente la manera de respirar fuera diferente del resto de los seres o no se encontraran en la vida muchas cosas más duraderas, [189] para las que nadie prevé esa inmortalidad. Por otra parte, ¿qué clase de cuerpo tiene el alma por sí misma? ¿Qué materia? ¿Dónde el pensamiento? ¿De qué modo tiene vista y oído o con qué toca? ¿Qué utilidad obtiene de estos sentidos o qué beneficio sin ellos? Finalmente, ¿cuál es su sede o cuánta la cantidad de almas a modo de sombras en tantos siglos? Esas son imaginaciones propias de consuelos infantiles y de una naturaleza mortal ávida de no dejar nunca de existir. Tal es también, respecto a la conservación de los cuerpos y la promesa de revivir, la vanidad de Demócrito, [190] que no revivió tampoco 337 . ¡Ay! ¿Qué es esa locura de que la vida comienza de nuevo con la muerte? o ¿qué descanso tienen jamás los que han nacido si el alma conserva sus facultades en los lugares superiores y su sombra en los inferiores? Sin duda esa seducción y credulidad echa a perder el principal bien de la naturaleza, la muerte, y duplica el dolor del que va a morir, con el pensamiento de que también va a existir después. Pues si es dulce vivir, ¿para qué puede servir haber vivido? En cambio ¡cuánto más fácil y seguro es que cada uno confie en sí mismo y saque de la experiencia anterior al nacimiento el ideal de serenidad!
56 (57) Qué inventaron algunos durante su vida
Parece lógico, antes de dejar la [191] naturaleza humana, dar a conocer qué cosas inventaron algunos: comprar y vender lo instituyó 〈Mercurio; vendimiar,〉 el padre Líber 338 ; él mismo inventó la corona como insignia real y el triunfo; Ceres, el trigo, ya que antes se alimentaban de bellotas, y también el molerlo y trabajarlo, en el Ática y, según otros, en Sicilia, por eso fue considerada diosa. Ella misma fue la primera que dio leyes; según creyeron otros, fue Radamanto 339 .
Yo pienso que los asirios siempre han tenido letras 340 , [192] pero otros, como Gelio 341 , pretenden que fueron descubiertas por Mercurio entre los egipcios 342 , otros que entre los sirios; unos y otros, que Cadmo las llevó a Grecia desde Fenicia en número de dieciséis 343 , a las que en la guerra de Troya Palamedes añadió cuatro con las siguientes formas: Z Y Φ X 344 ; después de él, el poeta lírico Simónides, otras tantas: Ψ Ξ Ω Θ; en las nuestras se reconoce el carácter esencial de todas ellas. Aristóteles piensa más bien que las primitivas fueron dieciocho y que dos, X y Z, fueron añadidas [193] por Epicarmo 345 mejor que por Palamedes. Anticlides cuenta que las inventó en Egipto alguien llamado Menón, quince mil años antes de Foroneo, el rey más antiguo de Grecia, e intenta probarlo con documentos 346 . En sentido opuesto, Epígenes enseña que en Babilonia hay inscripciones en ladrillos cocidos con observaciones de estrellas de setecientos veinte mil años; y es un autor de los más rigurosos; los que menos ponen, Beroso y Critodemo, dicen cuatrocientos noventa mil; por lo que está claro que el uso de las letras es eterno. Al Lacio las trajeron los pelasgos 347 .
Los primeros que construyeron obras de ladrillo y casas [194] fueron los hermanos Euríalo e Hiperbio en Atenas 348 ; antes había cuevas en lugar de casas. Gelio admite que el inventor de la construcción con barro es Toxio, el hijo de Celo, que había tomado modelo de los nidos de las golondrinas 349 . Cécrope a partir de su nombre llamó Cecropia a la población que ahora es la ciudadela en Atenas 350 . Algunos pretenden que Argos fue fundada antes por el rey Foroneo; según otros, también Sición; a su vez, los egipcios, que allí se fundó mucho antes Dióspolis 351 . Cíniras, hijo de Agríope 352 , [195] inventó las tejas y también las minas de cobre, las dos cosas en la isla de Chipre; asimismo las tenazas, el martillo, la palanca y el yunque; Dánao, los pozos, después de llegar desde Egipto a Grecia, por la parte que se llamaba Argos Dipsio 353 ; Cadmo, las canteras en Tebas o, según Teofrasto, en Fenicia; Trasón, las murallas; las torres, según Aristóteles, los cíclopes, los tirintios, según Teofrasto. Los egipcios, [196] los tejidos; teñir la lana, los lidios en Sardes; Clóster, el hijo de Aracne, los husos en el arte de trabajar la lana; el lino y las redes, Aracne; el arte de batanar, Nicias de Mégara, y el arte de la zapatería, Tiquio de Beocia. En cuanto a la medicina, los egipcios pretenden que fue descubierta por ellos; otros, que por Árabo, hijo de Babilonia y de Apolo; la botánica y la farmacia fueron descubiertas por Quirón, el hijo [197] de Saturno y Fílira. Aristóteles cree que Lido de Escitia enseñó a fundir y templar el bronce, Teofrasto, que fue Delas de Frigia 354 ; el arte de trabajar el bronce, unos creen que lo enseñaron los cálibes 355 , otros, los cíclopes; Hesíodo, que el hierro lo enseñaron en Creta aquellos que fueron llamados Dáctilos del Ida 356 . La plata la descubrió Erictonio de Atenas, según otros, Éaco 357 ; las minas de oro y su fundición, el fenicio Cadmo junto al monte Pangeo, según otros, Toante o Éaco en Pancaya, o el Sol, hijo del Océano, a quien Gelio atribuye también la invención de la medicina basada en los minerales 358 . El primero que trajo plomo desde la isla Casitéride [198] fue Midácrito 359 . El arte de trabajar el hierro lo descubrieron los cíclopes; la alfarería, Corebo de Atenas y, dentro de ella, el torno, Anacarsis de Escitia, según otros, Hiperbio de Corinto 360 . El arte de trabajar la madera, Dédalo 361 , y también, dentro de ella, la sierra, el hacha, la plomada, el taladro, la cola y la cola de pescado; en cambio la escuadra, el nivel, el torno y la llave, Teodoro de Samos 362 ; los pesos y medidas, Fidón de Argos o Palamedes, como prefirió Gelio 363 ; el fuego a partir del sílex, Pírodes, el hijo de Cílix 364 ; a conservarlo en una férula, Prometeo 365 ; [199] el vehículo con cuatro ruedas, los frigios; el tráfico comercial, los cartagineses; la viticultura y la arboricultura, Eumolpo de Atenas 366 ; a mezclar el vino con agua, Estáfilo, el hijo de Sileno 367 ; el aceite y las almazaras, Aristeo de Atenas 368 ; él mismo, la miel; el buey y el arado, Búciges de Atenas, según [200] otros, Triptólemo 369 ; el estado monárquico, los egipcios; el democrático, los áticos después de Teseo 370 . El primer tirano fue Fálaris de Agrigento 371 . La esclavitud la inventaron los lacedemonios 372 . El primer juicio con pena capital se llevó a cabo en el Areópago 373 .
Los africanos fueron los primeros que lucharon contra los egipcios con los garrotes que llaman falangas 374 . Las rodelas las inventaron Preto y Acrisio, luchando entre ellos, o Calco, el hijo de Atamante 375 ; la loriga, Midias de Mesenia; el casco, la espada y el asta 376 , los lacedemonios; las grebas y los penachos, los carios. Dicen que Escites, el hijo de Júpiter 377 , [201] inventó el arco y la flecha; otros, que las flechas las inventó Perses, el hijo de Perseo 378 ; las lanzas, los etolios; el dardo con abrazadera, Etolo, el hijo de Marte 379 ; las astas de los vélites, Tirreno 380 ; la jabalina, la amazona Pentesilea; la segur, Piseo; los venablos y, entre las máquinas de guerra, el escorpión, los cretenses; la catapulta, los sirios; los fenicios, la balista y la honda; la trompeta de bronce, Piseo, el hijo de Tirreno 381 ; la testudo, Artemón de Clazómenas 382 ; entre las [202] máquinas para derribar murallas: el caballo (que ahora se llama ariete), Epio, ante Troya 383 ; a montar a caballo, Belerofonte 384 ; los frenos y las sillas de los caballos, Peletronio 385 ; a luchar a caballo, los tesalios, que recibieron el nombre de «centauros» y habitaban a lo largo del monte Pelio. Los primeros que uncieron las bigas, fueron los frigios; las cuadrigas, Erictonio 386 . En la guerra de Troya Palamedes inventó la formación en el ejército, dar la consigna, las téseras y las guardias nocturnas 387 ; en la misma guerra, la indicación de los puestos de guardia, Sinón; las treguas, Licaón 388 , y los pactos, Teseo.
[203] La ciencia augural procedente de las aves la inventó Car, de quien recibe el nombre Caria; la del resto de los animales la añadió Orfeo; la aruspicina, Delfo; la adivinación por el fuego, Anfiarao; por la observación de las vísceras de las aves, Tiresias de Tebas 389 ; la interpretación de apariciones y sueños, Anfictión 390 . La astrología, Atlante, el hijo de Libia, según otros, los egipcios y según otros, los asirios; dentro de ella, la esfera, Anaximandro de Mileto 391 ; la teoría de los vientos, Eolo, el hijo de Helén 392 . La música, Anfión 393 ; [204] la siringa y la flauta simple, Pan, el hijo de Mercurio; la flauta travesera, Midas en Frigia; la flauta doble, Marsias en la misma nación 394 ; los modos lidios, Anfión; los dorios, Támiras de Tracia; los frigios, Marsias de Frigia 395 ; la cítara, Anfión; según otros, Orfeo, y según otros, Lino 396 . Con siete cuerdas la tocó por primera vez Terpandro, añadiendo tres a las cuatro primeras; Simónides añadió la octava y Timoteo la novena 397 . Támiris 398 fue el primero que, sin acompañamiento de voz, tocó la cítara; acompañado de canto, Anfión; según otros, Lino. Terpandro compuso poemas para cítara. Árdalo de Trecén instituyó el canto con acompañamiento de flautas 399 . Los Curetes enseñaron la [205] danza guerrera y Pirro la pírrica, ambas en Creta 400 . Debemos el verso heroico al oráculo Pitio 401 . Sobre el origen de los poemas hay una gran polémica; está demostrado que existieron antes de la guerra de Troya. Ferecides de Siros instituyó la escritura en prosa en tiempos del rey Ciro; Cadmo de Mileto, la historia 402 ; Licaón, en Arcadia, los juegos gímnicos 403 ; los fúnebres, Acasto en Yolco y después de él, Teseo, en el istmo, y Hércules, en Olimpia 404 ; la competición atlética, Piteo 405 ; el juego de pelota, Giges de Lidia; la pintura, los egipcios y, en Grecia, Euquir, pariente de Dédalo, según el parecer de Aristóteles 406 , según el de Teofrasto, Polignoto de Atenas 407 .
Dánao fue el primero que llegó en barco a Grecia desde [206] Egipto 408 ; antes se navegaba entre las islas en balsas inventadas en el mar Rojo por el rey Éritras 409 . Se encuentran algunos que piensan que las idearon antes los misios y los troyanos en el Helesponto, cuando lo cruzaban contra los tracios. Todavía ahora se hacen en el Océano Británico con mimbre trenzado y guarnecidas de cuero 410 , y en el Nilo, [207] con papiro, juncos y cañas 411 . Según Filostéfano, el primero que navegó en una nave larga fue Jasón; según Hegesias, Páralo; según Ctesias, Samirámide y, según Arquémaco, Egeón 412 ; la birreme, según Damaste, la hicieron los eritreos 413 ; la trirreme, según Tucídides, Amínocles de Corinto [208] 414 ; la cuadrirreme, según Aristóteles, los cartagineses 415 ; la quinquerreme, según Mnesigitón, los de Salamina; la de seis filas, según Jenágoras, los siracusanos; desde ella hasta la de diez filas, según Mnesigitón, Alejandro Magno 416 ; hasta la de doce filas, según Filostéfano, Ptolomeo Sóter; hasta la de quince, Demetrio, el hijo de Antígono; hasta la de treinta, Ptolomeo Filadelfo y hasta la de cuarenta, Ptolomeo Filopátor, que recibió el sobrenombre de Trifón 417 . La nave de carga la inventó Hipo de Tiro 418 ; el lembo, los de Cirene 419 ; la cumba, los fenicios 420 ; el celete, los radios 421 y el cerciro, los de Chipre 422 . La observación de las estrellas [209] en la navegación, los fenicios; el remo, en la ciudad de Copas; su pala, en Plateas 423 ; las velas, Ícaro; el mástil y la antena, Dédalo 424 ; el barco para el transporte de caballos, los samios, o Pericles de Atenas; las naves longas cubiertas, los de Tasos, antes sólo se luchaba desde la proa y desde la popa; Piseo, el hijo de Tirreno, añadió los espolones; Eupálamo, el ancla; Anacarsis, el ancla bidente; Pericles de Atenas, los arpones y los garfios, y el timón, Tifis 425 . El primero que combatió con una flota fue Minos 426 . —El primero que mató un animal fue Hiperbio, el hijo de Marte, y un buey, Prometeo— 427 .
57 (58) En qué cosas hubo los primeros acuerdos de los pueblos. El alfabeto antiguo
[210] El primer acuerdo tácito de todos los pueblos consistió en que se usase el alfabeto jónico.
58 Para Prueba de que el alfabeto griego antiguo era casi el mismo que es ahora el latino servirá un antigua mesa délfica de bronce dedicada a Minerva, que está hoy como ofrenda de los emperadores en el Palatino [en la biblioteca], con la siguiente inscripción: NAYΣIKPATHΣ ANEΘETO TAI ΔIOΣ KOPAI TAN ΔEKATAN *** 428
59 (59) Cuándo hubo barberos por primera vez
[211] El segundo acuerdo de los pueblos fue respecto a los barberos, si bien los romanos lo tomaron más tarde. Llegaron a Italia desde Sicilia el año cuatrocientos cincuenta y cuatro de la fundación de Roma y los trajo Publio Titinio Mena, según atestigua Varrón; antes nose afeitaban 429 . El primero que estableció la costumbre de afeitarse todos los días fue el segundo Africano 430 ; el divino Augusto siempre usaba navaja 431 .
60 (60) Cuándo hubo relojes por primera vez
El tercer acuerdo fue en la observación [212] de las horas, entrando ya en el cómputo, que en el libro segundo dije cuándo y por quién fue descubierto en Grecia 432 . También llegó más tarde aquí, a Roma. En las Doce Tablas sólo se nombran el orto y el ocaso, unos años después se añadió también el mediodía, que proclamaba un heraldo de los cónsules, cuando desde la Curia veía el sol entre los Rostros y la Grecóstasis; al declinar el astro desde la columna Menia hasta la cárcel, proclamaba la última hora, pero esto sólo en los días serenos, hasta la Primera Guerra Púnica 433 . Cuenta Fabio Vestal que [213] el primer reloj de sol lo puso Lucio Papirio Cursor, doce años antes de la guerra contra Pirro, delante del templo de Quirino que había sido ofrecido por su padre, al hacer la dedicación. Pero no da a conocer los fundamentos de la fabricación del reloj ni su artífice, ni de dónde se trajo ni en [214] quién lo encontró escrito 434 . Marco Varrón dice que el primer reloj público fue colocado en la Columna Rostral a la manera de los espolones de los barcos en la primera guerra Púnica por el cónsul Manio Valerio Mesala después de la toma de Catania, en Sicilia, y que fue transportado desde allí treinta años después de lo que se dice del reloj de Papirio, el año 490 de la fundación de Roma. A pesar de que las líneas de éste no coincidían con las horas, sin embargo se atuvieron a él durante noventa y nueve años, hasta que Quinto Marcio Filipo, que fue censor con Lucio Paulo, las dispuso más cuidadosamente y esto se tomó como uno de los dones [215] mejor recibidos de sus trabajos de censor. Sin embargo, también entonces en los días nublados las horas fueron poco seguras hasta el lustro siguiente. Entonces Escipión Nasica, colega de Lenate, fue el primero que dividió con agua lo mismo las horas del día que las de la noche e inauguró ese reloj bajo techo el año 595 de la ciudad 435 . ¡Durante tanto tiempo la luz fue indivisible para el pueblo romano!
Ahora pasaremos a ocuparnos del resto de los animales y en primer lugar, de los terrestres.
* Esta traducción del libro VII se ha hecho sobre la edición de L. IAN y C. MAYHOFF (Teubner, 1906, reimpr. 1985, vol. II págs. 1 a 77), con alguna variante, indicada en nota, procedente de la edición de ROBERT SCHILLING para la colección A. G. Budé, 1977, Les Belles Lettres, París. Para las notas y comentarios, además de esa edición, se han tenido en cuenta las de G. P. GOOLD , con traducción de H. RACKHAM (Loeb, vol. II 1942, reimp. 1989), la de GIAN BIAGIO CONTE con traducción y notas de GIULIANO RANUCCI (Einaudi, vol II, 1983, Turín), y la de G. WINKLER , con la colaboración de R. KÖNIG (Tusculum-Bücherei, Kempten [Allgäu], Heimeran Verlag, 1975), así como la traducción de FRANCISCO HERNÁNDEZ editada por la Universidad Nacional de México en 1976 (Biblioteca Filológica Hispana, 1999, 2.a ed. Visor, Madrid).
En la fase final de la elaboración de los libros VII-XI hemos tenido conocimiento de la reciente publicación de la Historia Natural, traducida por J. CANTÓ et alii, Cátedra, Madrid 2002, de lo cual queremos dejar constancia en esta primera nota.
1 El texto presenta una laguna para la que Mayhoff propone en el aparato crítico la lectura 〈flumina 〉 insignia «ríos notables», que adoptan Rackham y la edición de Tusculum.
2 Referencia a los libros anteriores o «geográficos».
3 El tema de la indefensión del hombre se encuentra en CIC ., Sobre la naturaleza de los dioses (ND) II 121; PLAT ., Prot. 321c; LUCR ., V 233 y ss.; SÉN ., Cons. a Mar. 11, 3.
4 Aunque en este libro la fuente principal de Plinio es Aristóteles, aquí se aparta del autor griego, que sitúa al mismo tiempo la risa y el llanto. Cf. ARIST ., Investigación sobre los animales (HA) VII 10, 587 b. Las mismas observaciones de Plinio se encuentran en Solino y de forma parecida en S. Agustín. Cf. SOL ., 1, 72; AGUST ., Ciudad de Dios (CD) XXI 14.
5 Seguimos la lectura de Schilling, culpam quia, en lugar de qua, en la que cree ver un reflejo de la concepción cristiana del pecado original (cf. com. ad loc.).
6 Cf. OV ., Met. XV 222.
7 Es la fontanela; cf. PLIN ., XI 134. Utiliza el término vertex, que Francisco Hernández traduce «mollera».
8 Cf. CIC ., Tusc. I 114, donde se presentan ejemplos de muerte concedida como favor de los dioses.
9 El mismo tópico de la agresividad del hombre para el hombre en JUV ., XV 159 y ss. PLINIO muestra ejemplos de animales que atacan a los de su especie en X 25 y 198.
10 Etíope: «de rostro quemado», negro; cf. OV ., Met. II 235 y s. Diversos pueblos etíopes aparecen citados en PLINIO (libros II, V y VI).
11 Seguimos la lectura de Schilling. Mayhoff lee «las manchas del pavo real, de los tigres y las panteras», justificando la mezcla de singular y plural como rasgo del estilo de Plinio.
12 Cf. PLIN ., IV 88 y VI 53
13 Los cíclopes, descendientes de Polifemo y sus compañeros, se sitúan en Sicilia y costa italiana. Los lestrígones, al sur del Lacio; cf. PLIN . III 58; en cambio, Plinio sitúa las llanuras lestrigonias en el interior de Sicilia (cf. PLIN ., III 89).
14 Cf. PLIN ., XXX 13; CÉS ., Guerra de las Galias VI 16; MELA , III 18.
15 Sobre el aquilón, cf. PLIN ., II 119 y ss.; IV 88-89 y VI 34, 55, 84. Ges clitron: «cierre de la tierra».
16 En PLIN ., IV 88 y VI 50.
17 Cf. HERÓD ., III 116; IV 13, 27. Aristeas de Proconeso: poeta épico (s. VI a. C.).
18 Cf. PLIN ., VI 60, 214-215.
19 Cf. GEL ., IX 4, 6. AGUS ., CD XVI 8
20 Cf. PLIN ., VI 61, 69. FHG 3 MÜLLER .
21 Isígono de Nicea, de datación incierta, entre el s. III y el I . a C., cf. FHG 1 MÜLLER . Cf. MELA , II 13, 14. GEL ., IX 4, 6. SOL ., XV 3, 5. Borístenes, cf. PLIN ., IV 78.
22 Cf. PLIN ., IV 80, 88; VI 16, 38. Según el cómputo inclusivo, comerían un día sí y otro no.
23 Crates (s. II a. C.): cf. PLIN ., IV 58. Pario: V 141. Ofiógenes, «descendientes de serpientes», cf. ESTR ., XIII 588; VAR ., apud PRISCIANO , X 31, p. 524, 2 H.
24 Agatárquides de Cnido: historiador y geógrafo, s. II a. C.; cf. FHG, 20 MÜLLER . Psilos, cf. PLIN ., V 27; VIII 93; XXVIII 30; LUC ., Far. 893 y ss.; SOL ., 27, 41-42.
25 Cf. PLIN ., V 33; HERÓD ., IV 172 y ss.; GEL ., XVI 11, 4 y ss.
26 Se sitúa a la maga Circe en Circeo, cf. PLIN ., II 201. Los hijos que le atribuye la leyenda serían fundadores de diversas ciudades de Italia.
27 Cf. ARIST ., HA VIII 29, 607a 30; NICANDRO DE COLOFÓN , Ter. 86; PLIN ., XXVIII 19, 35.
28 Cf. CALÍFANES , FGH IV 352. ARIST ., fr. 606 ROSE . AGUST ., C. D. XVI 8.
29 Cf. ISÍG ., FHG 2; NINF ., FHG 23 MÜLLER ; GEL ., IX 4, 8. El hechizo del fascinum, «aojamiento», muy temido, podía ser resultado de la envidia, por lo que se debía evitar o conjurar el elogio excesivo, cf. VIRG ., Buc. VII 27-28.
30 Tribalos: cf. PLIN ., III 149; IV 3, 33; VI 218. Ilirios: III 102; VI 217. Schilling entiende que Plinio sólo citaría a los tribalos. La mención de los ilirios sería una interpolación sugerida por GEL ., IX 4, 8, donde sólo cita a los ilirios. (Cf. SCHILLING , com. ad loc.).
31 Cf. APOLÓNIDES , (s. I a. C.), FHG IV 310
32 Cf. FILARCO , FHG 68 MÜLLER . Cf. PLUT ., Charlas de sobremesa V 7, 680e.
33 Cf. DAMÓN , FHG IV 376.
34 Cf. CIC ., Fr. Fil. 19 KLOTZ .
35 Cf. PLIN ., II 207, n. 366 en esta misma colección (B. C. G. 206).
36 Senadoconsulto, decisión del Senado tomada por votación, tras deliberar sobre un asunto.
37 Cf. PLIN ., XXVIII 34; PLUT ., Pirro, 3, 7-9.
38 Cf. PLIN ., VIII 149 y ss.
39 Cf. ESTR ., XV 694; DIODORO , XVII 90, 5; ARRIANO , Hist. de la Ind. 11, 7; CURCIO , IX 1, 10. Plinio utiliza la palabra turma, unidad del cuerpo de caballería formada por treinta hombres. La higuera es mencionada y descrita por PLINIO en XII 22. SCHILLING cree que se trata de la «higuera índica» (cf. com. ad loc.).
40 Cf. HERÓD ., III 98; CTESIAS , FHG 63, 57, 6 MÜLLER ; PLIN ., XVI 192.
41 Cf. SOL . 52, 25-26; MEGÁSTENES , FHG 31 MÜLLER . El codo equivalía a seis palmos (un pie y dos palmos), aproximadamente 44 cm. Gimnosofistas: «sabios que viven desnudos»; cf. PLUT ., Alej. 64.
42 Megástenes: cf. PLIN ., VI 58. El monte Nulo no aparece en los libros geográficos (cf. MEG ., FHG 31 MÜLLER . SOL ., 52, 25, 26). Seguimos la puntuación de Schilling, que es la propuesta por Deftlesen, basándose en que Solino atribuye el dato a Megástenes en lugar de a Ctesias. Algunos autores dudan si los cinocéfalos son hombres o animales.
43 Cf. PLIN ., II 236; CTES ., FHG 76, 84 MÜLLER ; GEL ., IX 4, 9. SOL ., 52, 27. Monocolos: en griego, «de un solo miembro»; esciápodas: «que se dan sombra con los pies»; generalmente se sitúan en Libia.
44 Con las mismas características, PLINIO sitúa en África a los blemias (cf. V 46).
45 En V 7 PLINIO cita sátiros en África, en las proximidades del Atlas; y en V 44, 46, cerca del río Nigris. También allí duda que sean seres humanos.
46 Eudoxo: s. IV a. C.. Estrutópodas: «de pies de gorrión».
47 Cf. MEG ., FHG 33 MÜLLER .
48 Cf. HOM ., Il. III 3-6. Trispítamo, en griego, «de tres palmos». En los libros geográficos Plinio cita pigmeos en Tracia (IV 44); Caria (V 109) y en el Nilo (VI 188).
49 Cf. ARIST ., HA VIII 12, 597a8.
50 Cf. ISÍG ., FHG 3 MÜLLER . Macrobios: «de larga vida» (cf. PLIN ., IV 37; VI 190. Seres: cf. PLIN ., VI 54, 88. Atos: cf. PLIN . IV 37.
51 ONESÍCRITO DE ASTIPALEA , FHG 134, fr. 11; cf. PLIN ., II 183 n. 287 (B. C. G. 206).
52 Cf. PLIN ., VI 190.
53 CTESIAS , FHG 72, 84 MÜLLER . Pandas; cf. PLIN ., VI 76.
54 Cf. AGAT ., FHG III 195. Clitarco: citado en PLIN ., III 57; cf. FHG 14 MÜLLER ; MEGÁSTENES , FHG 33 MÜLLER .
55 ARTEMIDORO DE ÉFESO: citado por Plinio como fuente en II 242, 244, 246 y en los libros IV, V y VI; cf. FHG 438. Tapróbane: cf. PLIN ., VI 79-92.
56 DURIS DE SAMOS , historiador griego (s. IV-III a. C.). Únicamente se conservan fragmentos editados por MÜLLER en FHG 1848. Cf. fr. 19.
57 Cf. PLIN ., VI 64-65.
58 Cf. PLIN ., IV 95.
59 Oritas ictiófagos, cf. PLIN ., VI 95, 97. CLITARCO , fr. 21a MÜLLER .
60 La misma noticia sobre los sírbotas y los etíopes nómadas que se alimentan de leche de cinocéfalo en PLIN ., VI 190.
61 Los tres hermanos Horacios, de Roma, se enfrentaron con los Curiacios, de Alba Longa, y los derrotaron (cf. LIV ., I 24-25).
62 Cf. ESTR ., XV 695,
63 Cf. SOL ., 1, 50-51.
64 Trogo Pompeyo, historiador de la época de Augusto, que también escribió un tratado sobre estos temas. Su fuente debió de ser Aristóteles (cf. ARIST ., fr. 284 ROSE ).
65 Mito de Hermaffodito: cf. OVID ., Met. IV 288-388; cf. LIV ., XXVII 11, 5; OBSECUENTE , Prod. 545, 207; en 635, 117, y 637, 113, habla de unos hermafroditas de 8 y 10 años, que fueron arrojados al mar.
66 Tralles: cf. PLIN ., V 108.
67 La Guerra Social (91-88 a. C.), es llamada aquí Mársica porque los marsos, un pueblo del Lacio, estuvieron entre los promotores de ella. El prodigio del parto de la culebra, también en OBS ., 11.
68 Cf. CLAUDIO , HRR fr. 8. Generalmente los autores consideran fabulosos a los hipocentauros o centauros; Cicerón afirma que nunca existieron (cf. CIC ., Tusc. I 90). En cuanto a la utilización de la miel como conservante, cf. PLIN ., XXII 108.
69 La destrucción de Sagunto tuvo lugar el 218 a. C. (cf. LIV ., XXI 15) o el 219 (cf. POL ., III 29, 1; IV 66, 7). Son muy numerosos los prodigios que se relacionan con las Guerras Púnicas, (cf. OBS ., 24-40).
70 El año 171 a. C. Casino: cf. PLIN ., III 63.
71 Licinio Muciano: cf. PLIN ., II 230, n. 470, en el vol. 206 de esta misma colección.
72 El texto entre paréntesis angulares, que no aparece en los manuscritos, es lectura de Mayhoff basándose en Aulo Gelio.
73 Algunos editores proponen para la laguna inicial: «Aristóteles cuenta que...», o «Según Aristóteles...», basándose en que él es la fuente; cf. ARIST ., HA VII 3, 583; 4, 584-585; Reproducción de los animales (GA) IV 6, 775.
74 Cf. A. GEL ., III 16, 9, citando a Varrón.
75 La identificación de los personajes citados no es segura; a Vistilia se la relaciona con Sexto Vistilio, citado en TÁCITO , An. VI 9,2; habría tenido seis esposos: Glicio, posiblemente el padre de Publio Glicio Galo citado en TÁC ., An. XV 56 y 71; Pomponio, tal vez el padre de Pomponio, citado por PLINIO en VII 80; Órfito, quizá el padre de Servio Comelio Órfito, cónsul con Claudio, cf. TÁC . XII 41; Suilio Rufo, relacionado con Publio Suilio Rufo, citado por TÁCITO en An. IV 31, 3; XI 1 y ss.; XIII 42, 43; Corbulón, hijo de Gneo Domicio Corbulón, (cf. TÁC ., An. III 31), y Cesonio, padre de Cesonia, esposa de Calígula.
76 Cf. ARIST ., HA VII 10, 587b; CENS ., Sobre la naturaleza de los dioses (ND) 11, 7.
77 Masurio Sabino, jurisconsulto de la época de Tiberio del que toma nombre la escuela de los «sabinianos», adversarios de los «proculeyanos»; de gran prestigio entre sus contemporáneos (cf. PERSIO , V 90); únicamente se conservan fragmentos (cf. fr. 24 HUSHKE ). GELIO cita este texto de Plinio en Noches Áticas III 16, 23. Según la Ley de las Doce Tablas (V 4), si uno sin hijos moría sin hacer testamento, heredaba su pariente más próximo.
78 Cf. SOL ., 1, 62-64, que sigue a Aristóteles; (cf. ARIST ., HA VII 4, 584a2 y ss.; 584al3 y 583b4).
79 También aquí sigue a Aristóteles (cf. ARIST ., VII 4, 584-585; 12, 588a). El final lo recoge igualmente GELIO en III 16, 24.
80 Cf. ARIST ., HA VIII 24, 605a 1.
81 Anacreonte, poeta lírico griego, del s. VI a. C. La fuente puede ser VALERIO MÁXIMO , IX 12 ext. 8. En cuanto a Fabio, seguimos la lectura de Mayhoff; en otras lecturas sería: «Fabio, senador y pretor», en cualquier caso, no identificado.
82 Cf. GEL ., XVI passim. PLINIO da aegri partus como etimología popular de agrippae.
83 Seguimos la lectura de MAYHOFF ac noxia accessu.
84 Marco Vipsanio Agripa, (63-12 a. C.), casó en terceras nupcias con Julia, la hija de Augusto, de la que tuvo cinco hijos; el último, Póstumo, nació después de su muerte. Su hija Agripina la Mayor, es la madre de Calígula y de Agripina la Menor, madre de Nerón. Ésta, según TÁCITO (An. IV 53), escribió unas memorias. Agripa es citado por Plinio como fuente en los libros geográficos.
85 Cf. AGRIPINA , HRR 2 PETER .
86 Publio Comelio Escipión, el vencedor de Aníbal. «César» y «Cesón», usados como nombre o cognomen en varias familias, están relacionados con caedo «cortar». «César» también es relacionado con caesaries «cabellera», (cf. ISID ., Etim. IX 3, 12).
87 Manio Manilio, cónsul con Lucio Censorino en el 149 a. C., año en el que comenzó la Tercera Guerra Púnica (cf. VEL ., I 13, 1). La guerra concluyó el 146 a. C. con la destrucción de Cartago.
88 En realidad sería el superviviente de un parto de gemelos en el que uno muere al nacer (cf. ISID ., Etim. IX 21 ; NON ., 557, 3. SOL ., 1, 69). Algunos personajes tienen el sobrenombre de Vopisco, como Gayo César Estrabón Vopisco (cf. CIC ., Sobre el Or. II 235).
89 Alcmena engendró, con poco tiempo de diferencia, a Hércules de Zeus, quien se había hecho pasar por Anfitrión, y a Ificles de éste.
90 Isla de Mármara, cf. PLIN ., V 151.
91 La fuente del capítulo es Aristóteles (cf. ARIST ., HA VII 4, 585a3-6. También lo recoge SOLINO (1, 60-61).
92 Dacia, región en el bajo Danubio (cf. PLIN ., IV 80,100; VI 219). Se relaciona el cognomen Lépido con lepis «escama». En los parágrafos 50 y 51 seguimos la lectura y puntuación de Schilling. Mayhoff sólo incluye en el paréntesis lo relativo a los Lépidos, y lee como ablativo absoluto nota... reddita.
93 Cambiando los ejemplos, en 50 y 51 Plinio sigue más o menos fielmente a Aristóteles (cf. ARIST ., HA VII 6, 585b28-33; 586a2-11; SOL ., 1, 78-79).
94 VALERIO MÁXIMO (IX 14 1-5), puede ser la fuente de las anécdotas sobre parecidos de 53-55. Antíoco II Teos murió envenado por su primera esposa, Laódice, que montó la representación para convencer al pueblo de su inocencia y de que el rey le encomendaba el reino.
95 El padre de Pompeyo, Gneo Pompeyo Estrabón, «el que padece estrabismo». Seguimos la lectura de Mayhoff.
96 Publio Cornelio Escipión Nasica Serapión encabezó un grupo de senadores que hizo asesinar a Tiberio Graco; citado también en PLIN ., XXI 10. El apodado Salvitón acompañaba a César en África durante la Guerra Civil; cf. SUET ., Cés. 59, y PLUT ., Cés. 52.).
97 Cornelio Léntulo Espínter y Quinto Cecilio Metelo Nepote, cónsules en el 57 a. C.
98 Lucio Munacio Planco, legado de César en la Galia, cónsul en el 42; tras la muerte de César, partidario primero de Antonio, se pasó a Octavio de forma no muy elegante, (cf. VEL ., II 83). Gayo Escribonio Curión, padre del que fue tribuno de la plebe en el año 50 a. C.. Marco Valerio Mesala Níger, censor en el 55 a. C.
99 Publio Cornelio Léntulo Sura, cónsul en el año 71 a. C., fue apartado del senado en el 70.
100 Casio Severo había conseguido cierta posición gracias a sus dotes de orador, pero condenado ya por Augusto a causa de unos libelos difamatorios, murió desterrado en Serifos el año 32 (cf. TÁC . An. I 72, 3; IV 21, 3). Los mirmilones eran gladiadores, en su origen galos, que luchaban con los reciarios armados con espada y escudo pequeño; su casco se adornaba con un pez.
101 Los corchetes son de Mayhoff que indica en el aparato crítico que Mommsen consideraba el pasaje una interpolación. Junio Galión: partidario de Sejano (cf. TÁC ., An. VI 3).
102 La anécdota se encuentra también en SOLINO , 1, 84-86.
103 Juntos no tuvieron hijos, pero Augusto había tenido a Julia de Escribonia, su primera mujer, y Livia tenía a Tiberio y Druso de su primer marido, Tiberio Claudio Nerón.
104 De los hijos de Cornelia, hija de Publio Cornelio Escipión Africano el Mayor, sólo llegaron a la edad adulta Tiberio y Gayo Graco y Sempronia. De los hijos de Agripina la Mayor, a la muerte de Germánico sólo vivían Nerón, Druso, Calígula, Agripina la Menor, Drusila y Livila.
105 En 57 y 58 para los datos generales Plinio sigue a ARISTÓTELES (cf. HA VII 6, 585b9, 13, 17, 20, 24). También se encuentran en SOLINO (1, 59).
106 Marco Junio Silano, nieto de Julia la Menor. TÁCITO atribuye su muerte únicamente a Agripina (cf. An. XIII 1).
107 Quinto Cecilio Metelo, que recibió el nombre de Macedónico por derrotar a Pseudofilipo y hacer de Macedonia una provincia en el año 148 a. C.; también participó en la campaña de Hispania el 144-143 a. C. Tenía cuatro hijos varones y dos hijas. VELEYO PATÉRCULO (I 11, 2-3, 6; 12, 1) sólo habla de los primeros.
108 Las actas: una especie de diario oficial que, sobre todo durante el imperio, se exponía a la vista del público. La fecha: 11 de abril del 5 ó 4 a. C. Gayo Crispino Hílaro: personaje desconocido. (En lo sucesivo, cuando no se conozcan datos de un personaje, no se citará en nota.)
109 Masinisa, rey de los númidas, 238-148 a. C. El nombre de su hijo aparece como Matumanno en Solino y como Metimno en Valerio Máximo (cf. SOL ., 1, 59; VAL . MÁX ., VIII 13, 1).
110 Cf. GEL ., XIII 20, 8, 14; PLUT ., Cat. 24. Marco Porcio Catón el Joven, el de Útica, era bisnieto de Marco Porcio Catón el Viejo, el Censor.
111 Lucio Volusio Saturnino murió a los noventa y tres años (cf. TÁC ., An. XIII 30). Su hijo fue cónsul en el 56 d. C.
112 Para el parágrafo 63, véase ARIST ., GA IV 7, 775b25 ss.; PLIN ., X 184; SOL ., 1, 54. DRAE 2001: «mola: Med. Masa carnosa e informe que en algunos casos se produce dentro de la matriz ocasionando las apariencias de la preñez».
113 DRAE 2001: «escirro, especie de cáncer que consiste en un tumor duro de superficie desigual al tacto y que se produce en las glándulas, sobre todo en los pechos de las mujeres». En la flota de Marco Antonio hubo un prefecto llamado Marco Opio Capitón.
114 El Mar Muerto, (cf. PLIN ., II, 226; V 71-73; TÁC ., Hist. V 6). Según el editor Mayhoff, basándose en PLIN ., XXVIII 80, hay una laguna en el texto.
115 En todo lo referente a la menstruación, Plinio se aparta algo de Aristóteles, cf. ARIST ., VII 2, 582b 1, 4, 13, 19-21. Publio Nigidio Fígulo, pretor en el 58 a. C., cf. fr. 110, 111 SWOBODA .
116 El paréntesis es del editor Mayhoff.
117 Sobre los indicios de fecundidad, cf. ARIST ., GA IV 4, 773al5; X 4, 636b1.
118 Cf. ARIST ., HA VII 587bl4; GEL ., III 10, 12; CEN ., ND 7, 4; SOL , I 70. Manio Curio Dentato, cónsul en 290 a. C., derrotó a los samnitas y a Pirro. De los personajes que llevan el nombre de Gneo Papirio Carbón, el más conocido es el cónsul del 85 a. C.
119 Suesa Pomecia: PLINIO , en III 63, cita a Suesa entre las ciudades del Lacio existentes y, en III 68, a Pomecia, entre las desaparecidas.
120 Cf. ARIST ., GA IV 4, 773a15; HA X 4, 636bl. El carácter mágico, premonitorio, trae aquí una observación fuera de lugar.
121 Cf. VAL . MÁX ., I 8 ext. 12; SOL ., 1, 70. El rey Prusias de Bitinia acogió a Aníbal tras la derrota de Zama.
122 FRANCISCO HERNÁNDEZ traduce: «No bastan a resistir al corrimiento y neguijón», cf. op. cit., pág. 322.
123 Pueblos de la Bética y la Lusitania, cf. PLIN ., III 8; IV 112 y ss.
124 Cf. ARIST ., HA II 3, 501b22; SOL ., 1, 71; PLIN ., XI 167.
125 Sobre la costumbre de no incinerar a los niños, cf. JUV ., XV 140. De nuevo hablará del tema en XI 160 y ss.
126 Zoroastro (s. VII-VI a. C.): rey de los bactrianos, considerado el primer mago; cf. ISID ., Etim. V, 39, 7; VIII 9, 1.
127 En ARISTÓTELES es a los cinco años (cf. ARIST ., GA I 18, 725b23; cf. SOL ., 1, 90; AGU ., CD XV 9). La teoría del calentamiento de la tierra ya aparece apuntada en PLIN ., II 236, al hablar de lugares que arden continuamente.
128 Solino habla de 36 codos (SOL ., 1, 90); Francisco Fernández de 16, según su comentario, porque las otras cantidades le parecen excesivas (cf. op. cit.). Orión, un gigante mitológico, murió por la picadura de un escorpión, y ambos fueron convertidos en constelación. Oto y su hermano Efialtes quisieron luchar con los dioses y amontonaron los montes Osa, Olimpo y Pelión para llegar al cielo; su castigo es permanecer en los inflernos atados a una columna con serpientes mientras un lechuza los atormenta con sus gritos.
129 La fuente del dato parece ser HERÓDOTO , I, 68. También lo recogen Solino y Aulo Gelio, que corrige la cifra por considerarla exagerada, y escribe siete pies (el pie equivalía a unos treinta cm.); cf. SOL ., 1, 90; GEL ., III 10, 11.
130 Cf. HOM ., Il. V, 304; XII 383. El tópico de la degeneración de la raza también en JUV ., XV 69.
131 Según Columela, sería de la época de Cicerón. Cf. COL ., III 8, 2.
132 Según la curiosa teoría que presenta Schilling en la nota correspondiente, el nombre Gabara denotaría el carácter gigantesco y el origen del personaje, un judío de Mesopotamia o un árabe aramizado; cf. com. ad loc.).
133 Schilling comenta el carácter sarcástico de los nombres, diminutivos para gigantes; cf. com. ad loc.). Los horti Sallustiani, el famoso parque adquirido por el historiador, acabaron formando parte de las propiedades imperiales.
134 Nombre que recibió Livia de acuerdo con el testamento de Augusto.
135 Sobre la posible ironía del nombre de Máximo, véase n. 132.
136 Cf. SOL . I, 92, 93. Cornelio Tácito, el padre o el tío del historiador. Ectrápelos: «monstruosos, enormes», en griego en el original.
137 Cf. VITR ., III 1, 3.
138 Voconcios, pueblo de la Galia Narbonense, cf. PLIN ., II 150; III 34, 37, 124.
139 aqua subter cutem fusa, perífrasis usada inicialmente por los médicos romanos para traducir la hidropesía, denominación que agrupa diversos tipos de la enfermedad (cf. CELIO AURELIANO , Chron. III 8, 102).
140 De Marco Licinio Craso Agelasto, en griego «el triste, el que no ríe», dice CICERÓN que, según Lucilio, rió una vez (cf. Del supremo bien y del supremo mal V 92; Tusc., III 31). El nieto murió en el 53 a. C. Cf. PLIN ., II 147.
141 ápates, en griego en el original, «sin pasiones, de ánimo impasible». Diógenes de Sinope, (c. 404-323 a. C.): llamado el Cínico por la escuela filosófica a la que pertenecía, se le atribuyen numerosas anécdotas. Pirrón de Élide (c. 365-275 a. C.): fundador de la escuela escéptica. Heráclito de Éfeso (c. 540-480 a. C.), para el que todo surge del fuego. Timón de Atenas, s. V a. C., llamado el Misántropo.
142 Antonia la Menor, hija de Marco Antonio y Octavia, casada con Druso el Mayor, el hermano de Tiberio, tuvo a Germánico, a Livia y a Claudio. Publio Pomponio Segundo, cónsul y poeta, amigo de Plinio, que lo cita de nuevo en XIII 83 y XIV 56.
143 Cf. SOL ., 1, 75, 76; VAR ., ARH I, fr. 7 MIRCH . Entre los gladiadores, los samnitas eran los más antiguos; llevaban escudo largo, espinillera en la pierna derecha y casco con penacho.
144 Valente «el forzudo».
145 Milón de Crotona, atleta (s. VI a. C.), vencedor varias veces en los Juegos Olímpicos; se le atribuyen numerosas anécdotas (cf. SOL ., I 76, 77). Crotoniensem, «de Crotona», lo añade el editor Schilling.
146 La ciudad que da nombre a la región, Esparta. La distancia sería de unos 202 Km. La hazaña aparece ya en HERÓDOTO , VI 106. Sobre la tradición que atribuye a Filípides la hazaña de Maratón, cf. nota de C. SCHRADER a ese pasaje, en el vol. 39 de esta misma colección.
147 En otro lugar Plinio atribuye la hazaña sólo a Filónides y da una distancia de mil doscientos estadios; en ambos casos errónea. Cf. PLIN ., II 181, y n. correspondiente en esta colección (B. C. G. 206).
148 Año 59 d. C.
149 Cf. VAL . MÁX ., V, 5, 3. Druso murió el 9 a. C. La distancia, unos 295 Km.
150 Cf. CIC ., Acad. II 81. La distancia entre el cabo Lilibeo y el cabo de Mercurio en África era, según PLINIO (III 83) de ciento ochenta mil pasos.
151 Calícrates de Esparta y Mirmécides de Mileto (o de Atenas): artistas de época arcaica. El primero aparece también en SOLINO , 1, 100; el segundo en VARRÓN , La lengua latina (LL) VII 1; IX 108; y CICERÓN , Acad. II 120.
152 En otros autores el hecho está referido a Crotona, (Cf. CIC ., ND II 6). En III 97, Plinio cita la ciudad de Crotona como existente y la de Síbaris como desaparecida.
153 Fama «la fama» es lectura de MAYHOFF ; SCHILLING prefiere nuntii «los mensajeros». El suceso lo incluye Plinio entre los portentos en II 148.
154 Los Cástores: Cástor y Pólux, los Dióscuros. Su leyenda como anunciadores de victorias debía de ser muy conocida (cf. CIC ., Tusc. I 28). Perseo de Macedonia: fue derrotado por Lucio Emilio Paulo Macedónico el año 168 a. C.
155 Harmodio y Aristogitón encabezaron la revuelta contra los hijos de Pisístrato en la que murió Hiparco (514 a. C.). Tras la caída de Hipias, fueron honrados como héroes. La leyenda a la que se refiere PLINIO (XXXIV 72) parece posterior; cf. SCHILLING , com. ad loc.
156 Anaxarco de Abdera, discípulo de Demócrito, formó parte de la expedición de Alejandro Magno. Murió torturado por Nicocreonte de Chipre; cf. VAL . MÁX ., VIII 7 ext. 16).
157 La fuente debe de ser VALERIO MÁXIMO , VIII 7, ext. 16. Sobre Ciro, cf. JEN ., Cir. V, 3, 46. Lucio Escipión puede ser el hermano del Africano Mayor (cf. SCHILLING , com. ad loc.). La embajada de Cíneas tuvo lugar el 280 a. C. Mitridates: rey del Ponto, derrotado por Pompeyo Magno.
158 Ya CICERÓN presenta estos ejemplos de memoria prodigiosa, (cf. CIC ., Tusc. I 59; Sobre el or. II 360, 351). Plinio no sigue un orden cronológico: Cármadas y Metrodoro de Escepsis, discípulos de Caméades, s. II a. C.; Simónides de Ceos, considerado el inventor de la mnemotecnia, 556-467 a. C..
159 Marco Valerio Mesala Corvino, (64 a. C.- entre 8 y 13 d. C.), formaba parte del círculo de Tibulo y Ovidio. Su pérdida de la memoria al final de la vida es relatada por varios autores (cf. SOL ., 1, 110; JER ., Cron. 197, 3).
160 Los corchetes son del editor Mayhoff, que considera ese texto como una interpolación.
161 Marco Claudio Marcelo, en su quinto consulado (208 a. C.), murió luchando contra Aníbal, al que había derrotado una vez en el 215 a. C.; había conquistado Siracusa en la campaña en la que murió Arquímedes (212 a. C.).
162 Cf. PLUT ., Pomp., 45.
163 Según VELEYO PATÉRCULO (II 52 y 56), «Los vencidos aceptaron mal el perdón que generosamente les ofrecía el vencedor». Después de la batalla de Munda, «perdonó a cuantos habían tomado las armas contra él» [trad. de M. A. SÁNCHEZ MANZANO en esta misma colección (B.C.G. 284)].
164 Victoria de César sobre Pompeyo: Farsalia, 49 a. C. Victoria sobre los partidarios de Pompeyo (entre ellos Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión): Tapso (África), 46 a. C. Sobre las cartas de Pompeyo, cf. SÉN . Sobre la ira II 23, 4; sobre las de Escipión, DIÓN CASIO , XLIII 13, 2.
165 Triunfo: recompensa concedida a un general victorioso bajo ciertas condiciones.
166 Líber: Baco, dios agrario itálico cuyo nombre está relacionado con el apelativo «Liberador» que recibe el Dioniso griego. San Isidoro lo relaciona con libare y con libertas (cf. ISID ., Etim., VI 19, 32, y VII 11, 3). Se le considera el inventor del triunfo; cf. § 191.
167 Pompeyo, partidario de Sila, luchó en África contra los últimos partidarios de Mario. Tras la muerte de Sila, fue enviado a Hispania contra Sertorio, campaña que culminó el 73 a. C. Los trofeos, ya citados en III 18, tal vez estuvieran al N. de la Junquera (cf. n. ad loc. en el vol. 250 de esta misma colección). Después, «la víspera del comienzo de su consulado, entró en Roma subido en un carro» (cf. VEL . PAT ., II 30, 2, trad. cit.); su primer consulado, el 70 a. C.
168 En el año 67 a. C. recibió del Senado el encargo de acabar con la piratería del Mediterráneo; en el 66, la dirección de la guerra contra Mitridates, al que sometió junto con su yerno Tigranes, convirtiendo Siria y Bitinia en provincias romanas, otros territorios en una especie de protectorado, cf. PLUT ., Pomp. Meotas: en la orilla oriental del mar de Azov (cf. PLIN ., IV 88).
169 28 de septiembre del 61 a. C. Era su tercer triunfo, y duró dos días, (cf. VEL ., II 40, 3; PLIN ., XXXIII 15; XXXVI 41; XXXVII 13, 14).
170 Ya en otras ocasiones Plinio refleja el hecho de que en el triunfo se llevaran carteles con los lugares de las victorias. Cf. PLIN ., III 18, V 36. El orden de los nombres tal vez responda al del desfile. Para los distintos nombres, v. libros geográficos.
171 Sobre los límites de la provincia de Asia, cf. PLIN ., V 82.
172 El primer Catón: Marco Porcio Catón el Mayor, el Censor, 234-149 a. C. El cognomen está relacionado con la palabra catus «agudo». Sobre su vida, cf. PLUT ., Catón el Mayor Publio Cornelio Escipión Emiliano, (c. 185-129 a. C.). La comparación entre ambos también en SOL ., 1, 113, 114.
173 Quinto Ennio, (239-169 a. C.), originario de Calabria; su gran obra épica, Anales, constaba en realidad de dieciocho libros, pero tal vez no fuera esa su intención; los escasos fragmentos que se conservan hacen pensar incluso que el plan primitivo consistiera en dos series de seis libros. Curiosamente, F. HERNÁNDEZ traduce «el VI Anal» (cf. op. cit.). Los personajes son desconocidos.
174 En el ejército romano el sistema de recompensas estaba perfectamente establecido. Condecoraciones: hasta pura, lanza honorífica, sin punta, la más baja; armillae «brazaletes», torques «collares» y phalerae «placas» se otorgaban individualmente a soldados rasos, pero las phalerae sólo a romanos; las coronas eran las más elevadas: la cívica, de ramas de encina, por salvar a un ciudadano romano; la de oro, aurea, por un hecho valeroso; la mural, al primero que escalaba un muro; la obsidional, de hierba, a un jefe por salvar al ejército en una situación comprometida. También se daban recompensas pecuniarias o en especie como las citadas por Plinio. Cf. M. MARÍN PEÑA , Instituciones militares romanas, Madrid, 1956.
175 Según Tito Livio, Romilio fue demandado durante el consulado de Espurio Tarpeyo y Aulo Atemio, 454 a. C.; Lucio Sicio fue asesinado por orden de los triúnviros en el 449 a. C. mientras luchaba contra los sabinos. Cf. LIV ., III 31, 43.
176 Marco Manlio, con el cognomen «Capitalino» por salvar el Capitolio de un ataque de los galos el 387 a. C., murió al ser arrojado desde la roca Tarpeya, acusado de querer convertirse en rey, cf. LIV ., V 47; VI 20. Servilio fue nombrado maestre de caballería por el dictador Marco Furio Carvilio el 389 a. C. (cf. LIV ., VI 2, 6). En Livio el nombre es Gayo Servilio Ahala.
177 Pasaje corrupto para el que se sugieren varias lecturas: animo tantum salvo, DETLEFSEN , que siguen varios editores; uno tantum salvus, MAYHOFF ; uno tantum servo, que F. HERNÁNDEZ traduce «con un solo siervo». Schilling señala como corrupta la última lectura y la suprime en la traducción.
178 Toda la hazaña de Marco Sergio Silo (cf. LIV ., XXXII 27, 7) la recoge también Solino. Basándose en éste, MAYHOFF añade uno die y SCHILLING , una die, pero en distinto lugar; otros editores no leen esas palabras. Cremona y Piacenza, ciudades próximas al Po, la primera en la parte transpadana, Piacenza en la cispadana.
179 Trebia, Ticino, Trasimeno y Cannas: lugares en la Galia Cisalpina; derrotas de los romanos frente a Aníbal, las dos primeras, en 218 a. C., cuando intentaban detenerlo junto a esos ríos, en el valle del Po; en el 217, junto al lago Trasimeno, en Etruria, y en el 216, en el pueblo de Cannas, en Apulia.
180 Forma es lectura de MAYHOFF , que prefieren la mayoría de los editores. SCHILLING lee fortuna.
181 Anécdota recogida también por PLUTARCO , cf. Alej. 26. De nuevo PLIN . XIII 3.
182 A pesar de que el poeta lírico Píndaro (521-441 a. C.) era de Tebas, en lugar de «casa», Plinio utiliza la palabra «penates», dioses de la casa.
183 Seguimos la lectura de MAYHOFF patriam suma credidit. SCHILLING lee patriam 〈iterum 〉 condidit «restauró de nuevo la patria», añadiendo él iterum; justifica su lectura en VALERIO MÁXIMO , V 6, ext. 5, y PLUT ., Alej . 7. Las ediciones de Rackham y Tusculum leen credidit, de ios códices antiguos. La patria de Aristóteles era Estagira, en Macedonia.
184 Arquíloco de Paros (s. VII a. C.), poeta lírico y yambógrafo. Según la leyenda a que alude Plinio, el oráculo ordenó salir del templo al asesino del amigo de las musas, llamado unas veces Arquias, otras Calondas, tal vez por eso, Plinio habla de «asesinos».
185 Sófocles murió en el 406 a. C. durante la Guerra del Peloponeso, pero el asedio de Atenas, que la llevaría a la capitulación en 404 a. C., tuvo lugar después de la derrota naval en Egospótamos, el 405. Lisandro era el general espartano, no el rey, que dirigió esas operaciones.
186 Dionisio II, tirano de Siracusa, recibió con todos los honores a Platón en su segundo viaje a Sicilia.
187 Isócrates: más que orador, escritor de discursos y maestro de elocuencia. El talento era, en Grecia, una cantidad, generalmente de plata, de peso variable. Se dividía en 60 minas y cada mina en 100 dracmas, que eran unidades monetarias de 4,32 gr. en el s. V a. C.
188 Esquines (390-314 a. C.), contemporáneo y rival de Demóstenes. Los discursos de los que habla son: el pronunciado «Contra Ctesifonte» por su propuesta de concesión de un premio a Demóstenes, y la respuesta de éste, «Sobre la corona».
189 Tucídides (460-400 a. C.), sufrió destierro por su fracaso como estratego en la defensa de Anfipolis. Su Historia de la Guerra del Peloponeso lo sitúa como el gran maestro de la historia, y los discursos intercalados en ella, como uno de los grandes oradores.
190 El comediógrafo Menandro (342-291 a. C.), pasó toda su vida en Atenas. El rey de Egipto es Ptolomeo I Soter, con el que mantuvo correspondencia. Los reyes de Macedonia contemporáneos fueron Casandro y Demetrio Poliorcetes.
191 Posidonio de Apamea, (c. 135-50 a. C.), filósofo e historiador griego, fundó una escuela en Rodas, donde lo escuchó Cicerón y lo visitó Pompeyo. Su obra, perdida, tuvo gran influencia entre los romanos; PLINIO lo cita como fuente en II 85 y VI 57. Los lictores acompañaban a los magistrados cum imperio para indicar su dignidad; como distintivo llevaban las fasces, un haz de varas atadas alrededor de una segur.
192 La embajada estaba formada por Carnéades de Cirene (c. 224-129 a. C.), director de la nueva Academia y difusor del escepticismo, el estoico Diógenes de Seleucia y el peripatético Critolao de Fasélide, cf. PLUT ., Catón el Mayor 22.
193 Catón de Útica, tribuno militar en Macedonia (67 a. C.); el primer filósofo es el estoico Atenodoro. En el 57 a. C. fue a Chipre a destronar a Ptolomeo, que se suicidó nada más llegar él (cf. VEL ., II 45, 4). No consta quién fue el otro filósofo.
194 Publio Cornelio Escipión consiguió el cognomen por su victoria en Zama, 202 a. C.; la tercera parte del mundo es África, después de Europa y Asia. El dato de la estatua de Ennio se encuentra en LIVIO , XXXVIII 56, 4, y en VALERIO MÁXIMO , VIII 14, 1.
195 Virgilio murió en Brindis el 19 a. C. sin haber dado los últimos retoques a la Eneida, por lo que habría pedido que la quemaran. A petición de Tuca y Vario, sus amigos, Augusto lo impidió, cf. DONATO , Vida de Virgilio, 51.
196 Marco Terencio Varrón (116-27 a. C.). Después de la guerra civil, César le encargó poner en marcha una biblioteca en Roma; La muerte del dictador paralizó el proyecto. Gayo Asinio Polión (76-4 a. C.), partidario de Antonio, tras la paz de Brindis permaneció al margen de la guerra, pero mantuvo su prestigio (cf. VEL ., II 86, 3; 128, 3). Su biblioteca fue la primera; después, Augusto fundó otra en el Palatino (cf. SUET ., Aug. 29, 3).
197 La corona naval, de oro, con espolones de barco, se concedía por acciones destacadas en el mar.
198 Et facundiae Latiarumque litterarum parens, entre corchetes en la ed. de Schilling, como interpolación, según el aparato crítico, siguiendo a A. Emout. Además, lee atque, en lugar de aeque, que lee Mayhoff.
199 En el elogio de Cicerón, Plinio distingue entre las obras de su consulado (63 a. C.), y los discursos, entre los que menciona aquellos que le parece que tuvieron mayor repercusión: Sobre la ley agraria, tres discursos contra el tribuno Rutilio Rulo que proponía un reparto de tierras; Sobre Otón, para mitigar el descontento producido por la ley aprobada del año 67, a propuesta de Lucio Roscio Otón, que reservaba a los caballeros catorce filas en el teatro detrás de los senadores; De proscriptorum filiis, en contra de los hijos de los proscritos por Sila; Catilinarias, cuatro discursos pronunciados, al menos el primero, en el 63 a. C., redactados en el 60 a. C.; y las 14 Filípicas contra Marco Antonio, que lograron momentáneamente su efecto, pero de consecuencias nefastas para él.
200 Cato, «agudo», cognomen dado al jurista Sexto Elio Peto, cónsul en el 198 a. C. y censor en el 194; relacionado con el cognomen Catón. (Cf. VAR ., LL VII 46. A corculum «corazoncito» ya Cicerón le da el significado de «sabio» (cf. CIC ., Tusc. I 18); con ese cognomen, Publio Cornelio Escipión Nasica Córculo, cónsul en el 162 y 165 a. C., un orador notable.
201 El oráculo de Delfos, cf. PLAT ., Apol. 5; VAL . MÁX ., III 4, ext. 1; SOL ., 1, 123.
202 Quilón de Lacedemonia, éforo en el 556 a. C., figura entre los Siete Sabios, cf. PLAT ., Prot. 343a; DIOD . IX 9, 1.
203 Sibila es cualquier mujer adivina. La tradición habla de diez Sibilas, pero generalmente se entiende la de Cumas, la que acompaña a Eneas en el libro VI de la Eneida y la que inspira los libros sibilinos; en San Isidoro es la séptima, cf. ISID ., Etim. VIII 8.
204 Melampo poseía el don de la adivinación, entendía el lenguaje de los animales y, además, tenía el don de curar (cf. PLIN ., X 137; HOM ., Od. XV 225). Marcio debe de ser el autor de los Carmina Marciana que predecían la derrota de Aníbal. Cicerón habla de dos hermanos Marcios (cf. LIV ., XXV 12, 3; CIC ., Sobre la adivinación I 115; II 113).
205 Escipión Nasica, hijo del llamado Córculo, fue estimado el mejor para trasladar la estatua de la Madre de los Dioses de Ostia a Roma. Derrotado en el 192 a. C., llegó a ser cónsul en el 191. Fracasó en dos ocasiones como candidato a censor (cf. Lrv., XXIX 14, 8; XXXV 34, 4; VEL ., II 3, 1; SOL ., 1, 115).
206 Sulpicia, hija de Servio Sulpicio Patérculo, esposa de Quinto Fulvio Flaco, fue elegida para la consagración de una estatua de Venus Verticordia (cf. VAL . MÁX ., VIII 15, 12). Claudia Quinta, a pesar de su reputación, fue la única que pudo hacer mover la nave que transportaba a Cibeles, atascada en la boca del Tíber, cosa que sólo podría hacer una mujer casta (cf. LIV ., XXIX 14, 12; Ov., Fast. IV 395).
207 Este ejemplo de pietas «cumplir con los dioses, los padres y la patria», se encuentra también en VAL . MÁX ., V 4, 7, y cambiando la madre por el padre, en FESTO , 209, 28; SOL ., 1, 124-125; y en HIG ., Fáb. 254, 3; es ésta la versión que ha pasado a la iconografía, como puede verse en un fresco pompeyano. Plinio habla del año 150 a. C., pero el templo de la Piedad fue consagrado en el 181 por el hijo de Manio Acilio Glabrión, que lo había prometido por su victoria contra Antíoco; se encontraba en el foro Holitorio; fue destruido en el 44 a. C. por orden de Julio César para la construcción de un gran teatro, que Augusto levantó y dedicó en el 13 o el 11 a. C. con el nombre de Marcelo, el hijo de su hermana. En el foro Holitorio había una Columna Lactaria que, tal vez, tuviera que ver con la leyenda que recoge Plinio.
208 Tiberio Sempronio Graco, cónsul en el 177 y 163 a. C., censor en el 169. Su esposa, Cornelia, hija de Publio Cornelio Escipión Africano el Mayor, treinta años más joven que él, aún vivía cuando murieron sus hijos (cf. VEL . PAT ., II 7, 1).
209 Marco Emilio Lépido, cónsul en el 78 a. C., padre del triúnviro.
210 Publio Rutilio Rufo, cónsul en el 105 a. C..
211 Beroso de Caldea (s. IV-III a. C.), fundó un escuela de astrología en Cos y según Vitruvio, inventó una clase de reloj (cf. VITR ., IX 6, 2; 8).
212 Apolodoro de Atenas (s. II a. C.) trató temas muy diversos: historia, geografía, mitografía, pero sólo se conservan fragmentos de su obra. La llamada Biblioteca de Apolodoro no es obra suya. La anfictionía era una asociación religiosa griega que recibía su nombre de Anfictión, segundo hijo de Deucalión y Pirra. Los anfictiones, representantes de las ciudades griegas, se reunían periódicamente en las Termópilas y Delfos.
213 Hipócrates de Cos (c. 460-356 a. C.): iniciador de la medicina clínica. Ilirios: al norte de Grecia (cf. libros geográficos).
214 Cleómbroto de Ceos (s. IV-III a. C.): padre de Erasístrato y de Cleofanto, médico de Seleuco I Nicátor, el padre de Antíoco I Soter, (324-261 a. C.). La identificación de Ptolomeo no es clara, podría ser Ptolomeo I o Ptolomeo II Filadelfo; aumenta la confusión el propio Plinio que más adelante atribuye el hecho a Erasístrato (cf. PLIN ., XXIX 5). Las Megalenses eran fiestas y ceremonias en honor de Cibeles.
215 Critóbulo de Cos: médico de Filipo II de Macedonia y de Alejandro Magno, citado por Quinto Curcio (cf. CURC ., IX 5, 25).
216 Asclepíades de Prusa, en Bitinia (s. II-I a. C.): médico de Craso (cf. PLIN ., XXVI 14, 15; CELSO , II 6; APUL ., Flor. 19).
217 La muerte de Arquímedes durante la toma de Siracusa (211 a. C.) es recogida por varios autores (cf. LIV ., XXV 31, 9; VAL . MÁX ., VIII 7, 7).
218 Quersifronte de Cnoso, teórico y arquitecto, inició con su hijo Metágenes la construcción del templo de Artemisa de Éfeso, una de las siete maravillas del mundo antiguo; también ideó un ingenioso sistema para transportar las columnas (cf. VITR ., VII, pref. 12; X 6; PLIN ., XXXVI 95).
219 Filón de Eleusis (s. IV a. C.) construyó un arsenal en el puerto del Pireo y escribió un tratado que en relación sus proporciones con las de los templos (cf. VITR ., VII, pref. 12). La lectura CD, «cuatrocientos», es de MAYHOFF , que corrige la M por considerarla una mala lectura, basándose en textos como ESTRABÓN , IX 325.
220 Ctesibio de Alejandría, ingeniero inventor de máquinas para elevar pesos y agua, y sus aplicaciones para producir sonidos (cf. VITR ., IX 9; X 12).
221 Cf. PLIN ., V 62.
222 Apeles (c. 352-305 a. C.): pintor de los reyes macedonios; su obra se ha perdido; citado de nuevo en PLIN ., XXXV 79 y ss.. Pirgóteles: tallador de piedras preciosas del tiempo de Alejandro Magno (cf. PLIN ., XXXVII 8). Lisipo (c. 370-310 a. C): escultor (cf. PLIN ., XXXIV 61 y ss.); existen copias de sus obras, como el Apoxiómeno, la más famosa.
223 Aristides de Tebas, contemporáneo de Apeles. De éste y los demás pintores citados aquí vuelve a hablar Plinio más ampliamente en el libro XXXV. Átalo II: rey de Pérgamo. Podría tratarse del cuadro de Baco y Ariadna que fue colocado en el templo de Ceres en Roma (cf. ESTRA ., VIII 381; PLIN ., XXXV 24).
224 A Timómaco de Bizancio, de época incierta, unos lo sitúan en el período helenístico, otros en tiempos de César. El templo de Venus Genetrix se encontraba en el foro de Julio César en Roma.
225 Candaules: rey de Lidia (muerto en tomo al 685 a. C.). Los magnesios: de Magnesia del Meandro, en Jonia (cf. PLIN ., V 114). En la versión que da en el libro XXXV del cuadro de Bularco, no se habla de destrucción, sino de batalla.
226 La tabla o pintura en cuestión había sido colgada en el único punto de la muralla por donde el asalto era posible. Demetrio Poliorcetes «el Conquistador», perdió por ello la ocasión de conquistar Rodas; cf. PLIN ., IV 10, n. 45, en esta colección (B. C. G. 250); XXXV 104). Protógenes de Caunos pretendía competir con Apeles (cf. PLIN ., XXXV 81-83, 101). Según el propio Plinio, el tema del cuadro era Yáliso, héroe epónimo de esa ciudad de Rodas.
227 Praxíteles: escultor ateniense (s. IV a. C.), del que se conserva un original, el Hermes de Olimpia; otras obras son conocidas por copias romanas. PLINIO cuenta en XXXVI 20 y 21 las anécdotas sobre la Venus de Cnido que aquí menciona. El rey puede ser Nicomedes III.
228 Fidias (s. V a. C.): director de las obras de la Acrópolis de Atenas, entre ellas, el Partenón. En XXXVI 18, 19; Plinio vuelve a hablar del artista y sus obras; entre ellas, el Zeus de Olimpia era considerado la más perfecta.
229 Mentor: cincelador en plata de fecha incierta, tal vez s. IV a. C.; su obra era muy apreciada (cf. CIC ., Verr. IV 38). PLINIO habla de él de nuevo en XXXIII 147 y 154.
230 Pisauro: en Umbría (cf. PLIN ., III 113). Marco Emilio Escauro: cónsul en el 115 a. C. Dafnis fue vendido de nuevo a la muerte de aquel (cf. SUET ., De Gram. 3, 5).
231 Quinto Roscio Galo, el actor más apreciado de su tiempo, entró a formar parte de la clase de los caballeros en tiempo de Sila; fue defendido por Cicerón con el discurso Pro Roscio commoedo.
232 Tiridates, rey de Armenia, acudió a Roma para ser coronado por Nerón (cf. SUET ., Nerón, 13, n. 53, en esta misma colección).
233 Sejano, prefecto del pretorio, de gran influencia sobre Tiberio; ejecutado en 31 d. C., tras descubrirse el golpe que preparaba. TÁCITO , en An. III 49, habla de un Clutorio Prisco condenado a muerte el 21 d. C. Evidentemente no se referiría Plinio a él si se entiende que la venta se produjo en la almoneda de los bienes de Sejano posterior a su muerte.
234 Virtute, aquí, «en virtudes», más que «en valor».
235 En este capítulo sobre la felicidad suprema, para el que no encuentra ningún ejemplo, Plinio utiliza expresiones que debían de tener carácter proverbial: «ningún mortal es feliz»; «ningún mortal es sabio siempre», etc.
236 Lámpido (s. V a. C), hija de Leontíquidas II, esposa de Arquidamo II, madre de Agis II (cf. PLAT ., Alcib. I 18, 123e). Un hecho raro en una monarquía no hereditaria.
237 Berenice habría obtenido con eso el honor de poder asistir a los Juegos Olímpicos, que estaba prohibido a las mujeres casadas. En otros autores es Ferenice (cf. VAL . MÁX ., VIII 15, ext.; PAUS ., V 6, 7-8; ELIANO , Varia Historia (VH) X 1).
238 Llamados los tres Gayo Escribonio Curión: al abuelo, contemporáneo de Gayo Graco, pretor en 121 a. C., Cicerón lo sitúa entre los oradores más importantes de su época; al padre lo cita el mismo como oponente; al nieto, tribuno de la plebe en el 50 a. C., opositor y luego partidario de César, Veleyo Patérculo lo califica de elocuente e ingenioso (cf. CIC . Sobre el or. II 98; Bru. 124; Or. 129; VEL . PAT ., II 48, 3).
239 Marco Fabio Ambusto, cónsul en 360, 356 y 354 a. C.; Quinto Fabio Máximo Ruliano, cónsul en 322, 310, 308, 297 y 295 a. C.; Quinto Fabio Máximo Gúrgite, cónsul en 292, 276 y 265 a. C.
240 Las proscripciones de Sila fueron en el 81 a. C., las de Marco Antonio, en el 43. El ejemplo se encuentra también en DIÓN CASIO , XLVII 11, 4.
241 Gneo Pompeyo obtuvo el triunfo en Ásculo (el Piceno), durante la Guerra Social. Publio Ventidio Baso lo obtuvo en el 38 a. C., al vencer a Labieno, que se había unido a los partos (cf. VEL ., II 65, 3; 78, 1. VAL . MÁX ., VI 9, 9; GEL ., XV 4, 3; MASUR ., fr. 25 HUSCHKE ; CIC . A fam. X 18, 3). La expresión de Plinio para indicar su condición de simple soldado es: in caliga militari, por ser un tipo de calzado propio de los soldados.
242 Lucio Cornelio Balbo el Mayor, gaditano, (cf. PLIN ., V 36). Según la ley Porcia de provocatione, un ciudadano no podía recibir ese castigo. Fue defendido por Cicerón. Seguimos la lectura de Schilling iudicum in consilium missus.
243 Lucio Fulvio Curvo, cónsul en el 322 a. C. (cf. LIV ., VIII 38, 1).
244 Seguimos la lectura de SCHILLING adoptatum. Sed. MAYHOFF lee adoptatus. et.
245 Lucio Cornelio Sila Félix (138-78 a. C.). También encontramos un juicio negativo sobre Sila en Veleyo Patérculo y en Valerio Máximo. (Cf. VEL ., 27, 5 y 28; VAL . MÁX ., IX 2,1).
246 Sila habría muerto de ftiriasis (cf. PLIN ., XI 114 y XXVI 138). Se conocen dos versiones del sueño de Sila: en una sería un dios el que lo llamaba; en la otra, su propio hijo, muerto poco antes (cf. APIANO , Guerra Civil I 115; PLUT ., Sila 36, 37). El templo del Capitolio había sido destruido en el 83 a. C. durante la guerra entre Mario y Sila. Éste comenzó su reconstrucción, pero la dedicación no se hizo hasta el 69 a. C.
247 Quinto Cecilio Metelo, cónsul el 206 a. C. En la forma más solemne de ceremonia fúnebre, el cortejo pasaba por el foro, donde un pariente próximo pronunciaba un discurso elogioso (laudatio funebris).
248 Lucio Cecilio Metelo, pontífice en 241 a. C., cónsul en 251 y 247, dictador en 224, maestre de caballería en 249, quindecénviro (miembro de una comisión de quince), el triunfo en el 250 a. C.; el orden seguido no es el cronológico, sino de mayor a menor importancia de los cargos. La lectura plurimos «muchos», es una corrección de MAYHOFF por primus «el primero»; para ello se basa en PLIN ., VIII 16. La misma corrección en F. Hernández. Otros editores entienden que no se debe corregir, pues sería una inconsecuencia de Plinio.
249 El Paladio, imagen de Palas Atenea que habría llevado Eneas desde Troya, se guardaba en el templo de Vesta, en el foro; se consideraba que la imagen protegía a Roma. Ese incendio del templo ocurrió en el 241 a. C.; había sufrido otro durante la invasión de los galos.
250 Acerca de la felicidad de Quinto Cecilio Metelo Macedónico (cf. 59), habla VELEYO PATÉRCULO (I 11) de forma muy parecida. Sus hijos eran: Quinto Cecilio Metelo Baleárico (cónsul en 123, censor en 120; el triunfo en 121 a. C.); Lucio Cecilio Metelo Diademado (cónsul en 117); Marco Cecilio Metelo (cónsul en 115, cuando murió el padre; triunfo en 111) y Gayo Cecilio Metelo Caprario (pretor en 115; cónsul en 113; triunfo en 111 y censor en 102 a. C.).
251 Gayo Atinio Labeón Macerión, tribuno de la plebe en el 131 a. C.. Una de las atribuciones de los censores era excluir a alguien del senado o del orden ecuestre. La roca Tarpeya, en el lado sur del Capitolio, era el lugar del que se arrojaba a los traidores.
252 Entre los derechos de los tribunos de la plebe estaban la inviolabilidad y la intercessio, «derecho a oponerse a la actuación de un colega», que en los tribunos se aplicaba también a las magistraturas superiores.
253 Otra atribución de los tribunos de la plebe era la consecratio bonorum, declarar sagrados los bienes de alguien; de hecho, confiscarlos. Terminó convirtiéndose en un abuso (cf. CIC . Sobre la casa 123).
254 El segundo Africano, Publio Cornelio Escipión Emiliano, murió el 129 a. C.. El Baleárico comenzó a serlo el 121. El sobrenombre Diademado lo atribuye PLUTARCO (Cor. 11, 4) al hecho de haber llevado una venda.
255 El que celebraba el triunfo subía al Capitolio en el carro triunfal adornado con la toga pida y la corona de laurel; le acompañaban sus hijos, en el mismo carro, si eran pequeños. En el cortejo iban los prisioneros más importantes.
256 El siguiente recuento de desgracias se encuentra en los historiadores antiguos, anteriores o posteriores a Plinio, que trataron de Augusto (TÁCITO ; VELEYO PATÉRCULO ; PLUTARCO ; SUETONIO ; DIÓN CASIO ).
257 En realidad, Octavio era sobrino nieto de César por parte de su madre, Acia, hija de Julia, la hermana de César. El rechazo de su demanda pudo tratarse de un plan de César para preparar la sucesión. En febrero del 44 a. C. nombró a Lépido maestre de caballería en Roma, y a Octavio, una especie de segundo ayudante personal en campaña (cf. J. CARCOPINO , Julio César, 1974, pág. 617).
258 Aquí se refiere a las proscripciones que tras la muerte de César fueron decretadas por el triunvirato formado por Antonio, Lépido y Octavio.
259 En Filipos, Macedonia, Antonio y Octavio derrotaron a Bruto y Casio en el 42 a. C., pero Augusto tuvo que retirarse del campamento y ocultarse por padecer una anasarca o hidropesía. Se han perdido los escritos de Agripa y Mecenas a los que alude Plinio.
260 El naufragio ocurrió durante la guerra de Sicilia (38-36 a. C.), contra Sexto Pompeyo, hijo del Magno, que fue derrotado en Tauromenio. Gayo Proculeyo era un amigo de Augusto perteneciente al orden ecuestre.
261 En el 41 a. C., Lucio Antonio, hermano del triúnviro, comenzó una revuelta contra Octavio que terminó al año siguiente con la toma de la ciudad. En el año 31 a. C. Octavio derrotó a la flota de Antonio y Cleopatra cerca de Accio, en Acarnania. Para referirse a esta batalla Plinio emplea la expresión: Martis Actiaci «del Marte de Accio». Las guerras en Panonia ocurrieron entre el 35 y el 33 a. C. Suetonio cuenta que, en la guerra de Dalmacia, Augusto resultó herido al derrumbarse un puente (cf. SUET ., Aug. 20). Suetonio enumera, además, muchas rebeliones que tuvo que sofocar.
262 Marco Claudio Marcelo, hijo de Octavia, hermana de Augusto, casado con Julia, era considerado el sucesor hasta su muerte (23 a. C.), a los veinte años. No está claro qué quiere decir Plinio con suspecta ... vota y pudenda ... ablegatio. Veleyo Patérculo únicamente apunta como causa del alejamiento de Agripa la rivalidad entre él y Marcelo. Tras la muerte de éste, Agripa se casó con Julia.
263 En Suetonio se encuentra la relación más completa de conspiradores (cf. SUET ., Aug. 19).
264 Gayo y Lucio, hijos de Julia y Agripa, adoptados por Augusto; su muerte prematura (4 y 2 d. C. respectivamente), desataron las sospechas de asesinato hacia Livia y Tiberio, de las que no se libró el propio Augusto.
265 Julia, que a la muerte de Agripa se casó con Tiberio, mantuvo relaciones con algunos que, por eso, fueron condenados a muerte; entre ellos, Julo Antonio, segundo hijo de Marco Antonio y Fulvia, que se suicidó. Julia fue desterrada a la isla de Pandateria. La importancia de esos hombres puede hacer pensar que Julia planeaba con ellos el parricidio.
266 Tiberio, hijo de Tiberio Claudio Nerón, primer esposo de Livia; retirado en Rodas, regresó a la muerte de Gayo. Los motivos de su retiro no están muy claros: huir de su mujer, apartarse de los hijos de Augusto, complicidad en su muerte... Tampoco está clara la expresión contumeliosus... secessus.
267 Julia la Menor, hija de Julia y Agripa, casada con Lucio Emilio Paulo, cónsul el 1 d. C.; ambos cayeron en desgracia ante Augusto, él acusado de conspiración, Julia de adulterio con Décimo Junio Silano, por lo que fue desterrada a la isla de Trímero.
268 Para hacer frente a los gastos militares, se vio obligado a crear nuevos impuestos. La rebelión en Panonia y Dalmacia, el Ilírico, tuvo lugar entre el 6 y el 9 d. C.; Tiberio dirigió la campaña. La peste ocurrió en el 22 a. C., el hambre en el 6 d. C. Su deseo de morir no consta en otros autores. Tal vez esté en relación con alguna de sus enfermedades.
269 En septiembre del 9 d. C., Publio Quintilio Varo y sus tropas, de al menos tres legiones, fueron aniquilados en el bosque de Teutoburgo, en Germania. El ultraje puede referirse a esta derrota, pero Schilling apunta a los libelos difamatorios de los que hablan los historiadores (cf. com. ad loc.).
270 Agripa Póstumo, hijo de Julia y Agripa; adoptado por Augusto junto con Tiberio; a instigación de Livia, según TÁCITO , An. I 5, fue desterrado a la isla de Planasia, frente a Etruria. Después se rumoreó que Augusto incluso había ido a visitarlo; lo habría acompañado Fabio Máximo, y a través de Marcia, la mujer de Fabio, habría llegado a conocimiento de Livia; eso aceleró la muerte de Máximo. A la llegada de Tiberio al poder, Póstumo fue asesinado.
271 El padre de Tiberio, partidario de Antonio, había promovido una revuelta en Campania, de donde huyó a Sicilia con Livia y con Tiberio, siendo éste un niño.
272 Un relato parecido se encuentra en HERÓDOTO , I 30, pero con otro nombre. Sobre la posible identificación de los dos relatos, cf. Schilling com. ad. loc.
273 Según VALERIO MÁXIMO , VII 1, 2, que parece ser la fuente de Plinio, Giges, rey de Lidia (c. 680-650 a. C.), habría preguntado al oráculo si había alguien más feliz que él.
274 Eutimo de Locros venció en los juegos de las 74.a , 76.a y 77.a Olimpíadas, fue derrotado por Teágenes de Tasos en la 75.a (años 484, 480, 476 y 472 a. C.). En su regreso a Italia tras la última olimpíada luchó contra un espíritu que exigía cada año la entrega de una joven, y lo derrotó. El asentimiento de Júpiter quedaba probado porque sus dos estatuas fueran heridas por el rayo. Desapareció misteriosamente a una edad avanzada.
275 En algunos lugares, o en algunas épocas, el cómputo del tiempo se ha hecho de formas diversas, lo que dificulta el cálculo.
276 Hesíodo, s. VIII a. C., poeta épico de Beocia; autor de la Teogonía y los Trabajos y días; se conservan, además, fragmentos de otras obras. Leemos hominum aevo referens con Rackham y Schilling. Traducimos aevum «edad», entendiendo la duración de la vida en general; aetates «edades», como etapas de la vida, que S. Isidoro cree que en el hombre son de siete años cada una. Schilling entiende «generaciones», cuya duración estima en treinta y tres años y un tercio aproximadamente. Cf. HES ., fr. 304 MERKELBACH -WEST ; AUS ., Égl. 5; ISID ., Etim. V 38, 3; SCHILLING , com. ad loc.
277 Cf. ANACR ., fr. 8 Diehl. Argantonio (s. VII-VI a. C.), rey de Tartesos, en la Bética, durante ochenta años (HERÓD ., I 163). Cíniras, rey, aedo y sacerdote; introductor del culto de Afrodita en Chipre. Egimio, hijo de Doro, epónimo de los dorios.
278 Teopompo de Quíos, historiador (s. IV a. C.); sólo se conservan fragmentos. Epiménides de Cnoso (s. VI a. C.), poeta y filósofo relacionado con el orfismo.
279 Helánico de Mitilene (s. V a. C.) (cf. FGH 89). Epeos, cf. PLIN ., IV 14. Damastes, cf. FGH 5. Pictóreo, aparece en VALERIO MÁXIMO (VIII 13, ext. 6) como Litorio.
280 Éforo de Cime, en Eólide, historiador s. IV a. C., sólo se conservan fragmentos. Cf. FGrH 70, fr. 112 b.
281 Cornelio Alejandro Polihístor, gramático e historiador griego que obtuvo de Sila la ciudadanía romana. Valerio Máximo habla de él en relación con la noticia de Dandón (cf. VAL . MÁX ., VIII 13; fr. 30 MÜLLER ).
282 Jenofonte de Lámpsaco, geógrafo (s. III a. C.), cf. PLIN ., IV 95. Ni la isla ni sus habitantes aparecen en los libros geográficos, ni en otras fuentes.
283 Sobre Argantonio, cf. § 154. Sobre Masinisa, cf. § 61. Gorgias de Leontinos: sofista y orador (s. V -IV a. C.), cf. VAL . MÁX ., VIII 13 ext. 4, 1, 2; CIC ., Sobre la vejez 13; POLIBIO XXXVII 10,1).
284 Después de los ejemplos extranjeros, los romanos: Quinto Fabio Máximo, llamado Cunctator por la táctica dilatoria empleada frente a Aníbal (cf. LIV ., XXX 26, 7). Los augures eran los encargados de interpretar los auspicios y prodigios para que cualquier empresa llegara a buen fin. Marco Perpenna, o Perperna, cónsul en el 92 a. C., censor en el 86. Sobre Lucio Volusio Saturnino, cf. § 62.
285 Los censores eran elegidos cada cinco años en el mes de abril para la realización del censo, que solía durar un año; al terminar, hacían un sacrificio expiatorio y de purificación, el lustrum, que dio nombre al tiempo que media entre un sacrificio y el siguiente. El año citado por Plinio es el 175, pero Quinto Fulvio Flaco y Aulo Postumio Albino fueron censores el 174 (cf. VEL ., I 10, 6). El 175 puede ser el año de la elección.
286 Marco Valerio Corvino: cónsul en 348, 346, 343, 335, 300 y 299 a. C. (cf. VAL . MÁX ., VIII 13, 2; CIC ., Sobre la vejez IX 30; XVII 61).
287 Publio Rutilio Rufo: cónsul en el 105 a. C. Estatilia aparece en otros autores como Satia (cf. SÉN ., Epíst. 77, 20; MARCIAL , III 93, 20). Según Séneca, habría hecho grabar la edad en su lápida. Cicerón se separó de Terencia el 46 a. C. Aulo Ofilio: jurisconsulto partidario de César (cf. CIC ., A fam. VII 19). Valerio Máximo cita los ejemplos de Livia, Terencia y Clodia.
288 Luceya: mima; los mimos eran actores del género más bajo. Galeria Copiola, emboliaria, actriz de pantomimas llamadas embolium que se representaban en los intermedios; debutó en el 82 a. C. (consulado de Mario y Carbón). El gran teatro, el primero estable en Roma, construido en piedra en el Campo de Marte, fue dedicado en el segundo consulado de Pompeyo (55 a. C.). La última aparición, año 9 d. C. (consulado de Popeo y Sulpicio).
289 Quinto Asconio Pediano (s. I d. C.), comentarista de Cicerón. Plinio lo llama Pediano Asconio.
290 Los ludi saeculares, cada cien años, los celebró Augusto en el 17 a. C., y Claudio, en el 47 d. C. Estefanión, según SUETONIO , había sido desterrado por Augusto a causa de sus costumbres (cf. SUET ., Aug. 45, 4).
291 Gayo Licinio Muciano (cf. PLIN ., II 230, n. 470 de esta colección). Monte Tmolo: Boz Daglari (cf. PLIN ., V 110).
292 Año 47 d. C.
293 Epígenes de Bizancio: astrólogo (s. II a. C.). Beroso (cf. 123). Sobre Petosíride y Nequepso, cf. PLIN ., II 88, n. 98, en esta misma colección (vol. 206). Tetartemorio, cuarta parte de los signos del zodíaco, esto es, tres signos. A cada signo le corresponde un número de años, variable según el lugar y el momento. Para calcular los años habría que contar como máximo los correspondientes al signo ascendente en el momento de nacer y los dos signos siguientes. Según Fírmico Materno (s. IV d. C.), la mayor esperanza de vida en Italia correspondería a los nacidos en Leo, 37 años, que sumados a los 42 de Virgo y de Libra, se aproximarían a la cifra dada por Plinio. (Cf. FÍRM ., Matheseos IV, proem. 5).
294 Esculapio, el Asclepios griego, héroe o dios de la medicina, que le había enseñado el centauro Quirón. Su escuela, muy extendida, practicaba una medicina de tipo mágico, pero a través de Hipócrates, que se decía descendiente suyo, dio origen a la nueva medicina.
295 Día lunar es el de 24 horas, frente al día (solar) en el que se contaba desde la salida hasta la puesta del sol. Climatéricos, de climacteras «momentos críticos».
296 Vespasiano y Tito fueron censores en el 73-74 d. C.
297 Para los nombres de lugar véase PLIN ., III 115-116. Los de persona no están identificados.
298 Cf. HOM ., Il. XVIII 249-252. Héctor, inclinado a la acción; Polidamante, reflexivo, aconseja a los troyanos que entreguen a HELENA y abandonen la guerra.
299 El 28 de mayo del 82 a. C. Marco Celio Rufo, amigo de Cicerón, que lo defendió en el Pro Coelio; muy elogiado como orador; sin embargo, Veleyo Patérculo no habla muy elogiosamente de sus actividades, (cf. CIC ., Celio, Brut. 273; QUINT ., Inst. Orat. XII 10, 11; TÁC ., Diál. sobre los orad. 17; VEL ., II 36, 2; 68, 1). Gayo Licinio Macro Calvo, no muy apreciado como orador, destacó como poeta perteneciente al grupo de los neóteroi.
300 Publio Cornelio Rufo (Rufino en otros autores): cónsul con Manio Curio el 290 a. C., antepasado de Sila (cf. VEL ., II 17,2); el censor Fabricio Luscino lo apartó del senado en el 275 por tener objetos de más de diez libras de plata; cf. VAL . MÁX ., II 9,4; PLUT ., Sila 1 1; GEL ., IV 8.
301 Jasón, tirano de Feras, en Tesalia, entre 380 y 370, año en que fue asesinado. Vómica: «absceso formado en lo interior del pecho» (DRAE). (Sobre la anécdota, cf. CIC ., ND III 70; VAL . MÁX ., I 8, ext. 6).
302 En el año 121 a. C. Cneo Domicio Ahenobarbo venció a los arvernos y Quinto Fabio Máximo a los alóbroges, el día 8 de agosto, junto al Isére, afluente del Ródano (cf. VEL ., II 10, 2); por eso algunos autores dan a Fabio el nombre de Alobrógico.
303 Jenófilo de Cálcide, músico y filósofo pitagórico, s. IV a. C. El dato de su edad se encuentra en VALERIO MÁXIMO , VIII 13, ext. 3.
304 Lugar de difícil lectura e interpretación. Aquí seguimos la lectura de MAYHOFF , basada en la de Alciato, morbus est aliquantisper sapientiam mori, entendiendo que la pérdida de la razón es en cierta manera una enfermedad. La adoptan también Rackham y la edición de Einaudi. En cambio, la edición de Tusculum prefiere morbus est aliquis per sapientiam mori, de más difícil interpretación. Schilling la suprime en el texto y en la traducción por considerarla, con Ernout, una adición. F. HERNÁNDEZ , a quien no convence su propia traducción «morir por saber», en el comentario propone una ingeniosa interpretación per saepe mori o semper mori, «porque a la verdad la mayor enfermedad es la muerte y ésta consiste no sólo en el acabar, sino en ir acabando, lo cual comienza el día en que nacemos» (oc).
305 Los Tratados Hipocráticos son la fuente de Plinio en lo referente a las enfermedades.
306 Plinio sigue los síntomas letales enumerados en el tratado Pronóstico; v. Tratados Hipocráticos I, págs. 321-350, en esta misma colección (vol. 63).
307 Ferecides de Siros (s. VI a. C.), citado en PLIN ., II 191 y VII 205. Traducimos serpentes por gusanos, pues, según Aristóteles, murió de ftiriasis (cf. ARIST ., HA V 31, 557a2), lo mismo que Sila y Alcmán, de quienes dice en XI 114, que murieron a consecuencia de un brote de gusanos.
308 Sobre el insomnio de Mecenas (cf. SÉN ., Sobre la prov. III 10). Antípatro de Sidón, s. II a. C. (Cf. VAL . MÁX . I 8 ext. 16).
309 Al primero, Valerio Máximo lo llama Acilio Avíola, que podría tratarse de Acilio Avíola citado por TÁCITO (An. III 41) como legado en la Galia. Su hijo Manio Acilio Avíola fue cónsul en el 54 d. C., es decir, después de la publicación de la obra de Valerio Máximo. El caso de Lucio Elio Lamia, pretor en el 42 a. C., también aparece en VALERIO MÁXIMO (I 8, 12).
310 Gayo Elio Tuberón: no identificado. De Marco Valerio Mesala Rufo sólo se conservan fragmentos (cf. HRR, fr. 3).
311 Hermotimo de Clazómenas, filósofo legendario. Su historia se encuentra en varios autores (cf. TERT ., Acerca del alma, 44; PLUT ., Sobre el demon de Sócrates 22, 592 c).
312 Sobre la anécdota de Aristeas de Proconeso, cf. HERÓD ., IV, 14, 15; APOLÓN ., Hist. Mir. 2.
313 Seguimos la lectura de Mayhoff. Casi cada editor propone una lectura distinta, aunque de sentido no muy diferente.
314 La leyenda del sueño de Epiménides de Cnoso (cf. 154) la recogen muchos autores posteriores (cf. DIÓG . LAER ., I 10, 2, 4; PAUS ., 114, 4, entre otros).
315 Heraclides del Ponto: filósofo (s. IV a. C.), citado por DIÓG . LAER ., Proem. 12.
316 Cf. VARRÓN , ARH I fr. 10 MIRSCH . Capua y Aquino: cf. PLIN ., III 43 y 63. Vigintíviro: miembro de la comisión encargada del reparto de tierras que se realizó en la Campania en virtud de la Lex Iulia Agraria (59 a. C.).
317 Corfidio, no identificado, tal vez tuviera alguna relación con el Lucio Corfidio del que dice CICERÓN (Cartas a Át. XIII 44, 3) que era muy amigo de los Ligarios. El suceso lo cuenta también GRANIO LICINIANO , s. II d. C. (cf. XXVIII 7 FLEMISCH ).
318 Gabieno: personaje no identificado de la guerra de Sicilia (cf. § 148).
319 Marco Verrio Flaco: gramático de la época de Augusto. Se tiene noticia de varias obras suyas: De ortographia, De priscis uerbis Catonis, De uerborum significatu, conocido a través de un extracto del s. II , y Libri rerum memoria dignarum. (Cf. fr. 2 EGGER ).
320 Sobre Quilón, cf. § 119. Sobre la muerte de Sófocles, cf. VAL . MÁX ., IX 12, ext. 5; DIOD . XIII 103, 4; XV 74, 2. Dionisio de Siracusa (c. 430-367 a. C.) llegó a tener un gran poder, que mantuvo incluso frente a Cartago; participó en certámenes literarios, incluso presentó en Atenas una tragedia. Tito Livio habla de dos madres que murieron al regreso de sus hijos de la batalla de Trasimeno (217 a. C.), una de ellas creyéndolo muerto; es la versión de Valerio Máximo. Aulo Gelio sigue a Plinio y lo sitúa tras Cannas (216 a. C). Cf. LIV . XXII 7, 13; VAL . MÁX ., IX 2, 2; GEL ., III, 15, 4.
321 Diodoro Crono, de Jaso, filósofo dialéctico de la escuela de Megara, vivió en la corte de Alejandro Magno. Estilpón, filósofo de la misma escuela, enseñó en Atenas hacia el 320 a. C.; cf. DIÓG . LAER . II 10, 7; II 111.
322 El primer César puede ser Lucio Julio César, pretor en el 166 a. C. Gayo Julio César, padre del dictador, murió en el 85 a. C.
323 Quinto Fabio Máximo murió el 31 de diciembre del 45 a. C. Gayo Caninio Rebilo, nombrado cónsul para sustituirlo las horas que quedaban del último día de su consulado (cf. TÁC ., Hist. III 37; PLUT ., Cés. 58).
324 Quinto Emilio Lépido: cónsul en el 21 a. C.
325 Comicio: plaza delante de la Curia, donde se celebraban las asambleas del pueblo.
326 Como embajador de los rodios, el 167 a. C., fue a Roma Teedeto, que permaneció allí hasta su muerte. Gneo Bebio Tánfilo: pretor en el 168 a. C. Entre los que llevan el nombre de Aulo Pompeyo podría tratarse del que fue tribuno de la plebe en el 102 a. C. Manio Juvencio Talna: cónsul en el 163 a. C. (cf. VAL . MÁX ., IX 12, 2). Gayo y Publio Servilio Pansa: tal vez del final de la época republicana. Marco Terencio Córax podría ser un liberto de Varrón.
327 Aulo Manlio Torcuato: tal vez el que fue pretor en el 167 y cónsul en el 164 a. C. Algunos editores en lugar de «el médico Lucio Tucio Vala», leen «Lucio Tucio, médico de Sila»: en ambos casos, sin identificar. Apio Saufeyo y Décimo Saufeyo, sin identificar, se supone también que son del final de la República. Publio Quintio Escápula: s. I a. C.; Gayo Aquilio Galo fue pretor con Cicerón en el 66 a. C.; según SCHILLING , habría muerto antes del 44 a. C., fecha en la que se supone murió Quintio (cf. com. ad loc.).
328 Sobre Cornelio Galo y Tito Hetereyo, cf. VAL . MÁX ., IX 12, 8. El primero puede estar relacionado con el poeta Gayo Cornelio Galo. Se cree que el resto de los personajes citados, no identificados, pertenece al final de la República o primera época de Augusto.
329 Lucio Domicio Ahenobarbo: pretor en el 58, cónsul en el 54 a. C.; tomó partido por Pompeyo; combatió a César después de ser indultado en Corfinio y salvar la vida en Marsella; murió en una escaramuza tras la batalla de Farsalia.
330 En las carreras de carros había cuatro bandos o facciones: rojo, blanco, verde y azul. El público seguía las carreras con gran pasión y los aurigas recibían el fervor de la gente.
331 Sobre Marco Emilio Lépido, cf. § 122.
332 La arqueología indica que desde muy antiguo se practicaban la incineración y la inhumación; la diferencia parece deberse a los distintos asentamientos humanos en época prehistórica.
333 La gens Cornelia fue una de las más importantes de la época republicana. Sila había ordenado desenterrar el cadáver de Mario y arrojarlo al Aniene (cf. CIC ., Sobre las leyes II 56; VAL . MÁX ., IX 2, 1).
334 Los corchetes son debidos a Mayhoff. La misma diferencia entre sepelire y humare se encuentra en ISIDORO , Etim. X 121; 262; XI 2, 37.
335 En la traducción de Francisco Hernández se elimina todo el capítulo 55. En cambio hay una larga refutación, desde un punto de vista cristiano, de lo expuesto por PLINIO . Dada la fecha de la traducción (c. 1576), cabe suponer una cierta cautela ante la Inquisición.
336 Vanae es la lectura de Mayhoff frente al uariae de otros editores. Manes «dioses de los muertos» (cf. ISID ., Etim. VIII 11, 100).
337 Plinio se refiere de nuevo a Demócrito en términos despectivos. Lo hizo antes al hablar de la divinidad (cf. PLIN ., II 14).
338 En estos capítulos Plinio ofrece una interpretación racionalista de los mitos. Mercurius, uindemiare es conjetura de Mayhoff de acuerdo con el significado de los personajes: Mercurio, dios romano del comercio (el nombre está relacionado con la palabra merx «mercancía»); posteriomente toma las características y atributos del griego Hermes. Líber, Baco (cf. § 95), tras su conquista de la India, obtuvo un triunfo; en el cortejo iba él en un carro arrastrado por panteras acompañado de los dioses menores relacionados con el personaje.
339 Ceres, identificada con la Deméter griega. El nombre latino está relacionado con la raíz de cresco, sería «la que hace crecer». Ya en Virgilio aparece como inventora de la agricultura (cf. VIRG ., Geórg. I 147-148; ISID . Etim. XVII 1, 2; 3, 1,19); uno de los sobrenombres de Deméter era el de Tesmóforo «legisladora» (cf. HERÓD ., VI 91, 2); en su honor se celebraban las tesmoforias; principales lugares de su culto, Eleusis y Sicilia. A Radamanto, hombre prudente y justo, se le atribuye la redacción de un código para Creta; a su muerte fue encargado de juzgar a los muertos junto con su hermano Minos.
340 Seguimos la lectura Assyriis. Hemos preferido mantener «letras», que aquí se entendería no como «signo del alfabeto», sino como «signo escrito» en general. Sobre el origen del alfabeto, cf. ISID ., Etim. I 3, 4-7.
341 Gneo Gelio, historiador (entre los siglos II -I a. C.), escribió unos Anales, perdidos (cf. HRF 2).
342 Mercurio aquí se aparta del Hermes griego. SCHILLING lo considera interpretación del Toth egipcio (o. c., com. ad l .).
343 Cadmo: hijo de Agenor y hermano de Europa, Cílix y Fénix; tras el rapto de Europa, pasó a Grecia en su busca.
344 Palamedes: héroe relacionado con la guerra de Troya; su ingenio es equiparable al de Ulises. En éste y en los siguientes grupos de letras griegas seguimos la lectura de Mayhoff.
345 Epicarmo de Sicilia: poeta cómico (c. 540-460 a. C.); cf. HIG ., Fáb. 277.
346 Anticlides: escritor ateniense de antigüedades (s. III a. C). Menón (o Menes en Mayhoff): no identificado. Foroneo: hijo del dios-río Ínaco, enseñó a los hombres el uso del fuego y la vida en ciudades.
347 Pelasgos: cf. PLIN ., III 50-51, 56 y 71.
348 No se trata de los personajes mitológicos que llevan esos nombres. Pausanias llama Agrolas e Hiperbio a los constructores pelasgos de la Acrópolis de Atenas (cf. PAUS ., I 28, 3).
349 Gelio, Gneo (cf. GEL ., HRR fr. 4 PETER ). Toxius Caeli, traducimos «Toxio, el hijo de Celo» porque, al no ser un héroe mitológico, no parece que se deba entender «Cielo» o «Urano».
350 Cécrope, primer rey mítico del Ática, enseñó a construir ciudades, por lo que dieron su nombre a la Acrópolis de Atenas (cf. ESTR ., IX 319). También ISIDORO (Etim. XV 1, 44) cita a Cécrope como fundador de Cecropia, llamada después Atenas en honor a Minerva.
351 Dióspolis Magna: Tebas de Egipto (cf. PLIN ., V 60).
352 A Cíniras, citado en 154, se le atribuyen distintas filiaciones; sólo en este pasaje de Plinio aparece como hijo de Agríope, personaje desconocido.
353 Dánao: epónimo de los dánaos, hermano de Egipto; huyendo de él, desembarcó en Argos, donde llegó a ser rey. Dipsio: «la sedienta».
354 Cf. ARIST ., fr. 602 ROSE . Lydum Scithen: «Lido de Escitia» o, según otros traductores, «Escites de Lidia». En ambos casos, personaje desconocido, lo mismo que Delas de Frigia.
355 Entre la Paflagonia y la Cólquide; cf. PLIN ., VI 11, n. 42, en esta misma colección (vol. 250).
356 Cf. HES ., fr. 282 MERKELBACH -WEST . Dáctilos («dedos») del Ida: una especie de genios relacionados con Rea, de gran habilidad manual, especialmente con los metales.
357 Erictonio: hijo de Hefesto y Gea, uno de los primeros reyes de Atenas. Éaco, hijo de Zeus y la ninfa Egina.
358 Pangeo: en Macedonia, cf. PLIN ., IV 40 y 42. Toante: hijo de Baco y Ariadna, rey de Mirina, en Lemnos. Pancaya: isla mitológica que estaría en el Océano índico (cf. HIG ., Fáb. 274, 4). El Sol: Helios, hijo de Hiperión y Tía; aquí se le dice «hijo del Océano», tal vez, porque el sol al amanecer surge del mar (cf. SCHILLING , com. ad loc.).
359 En las ediciones de Rakham y Tusculum se lee plumbum album «estaño». Las islas Casitérides: en el Atlántico (cf. PLIN ., IV 119). En otros autores se atribuye a Midas, por lo que se han propuesto lecturas alternativas a Midácrito, no conocido en otros autores, como Midas Phrigius o Midas Phryx.
360 Anacarsis de Escitia: príncipe del s. VII a. C. al que se atribuyen varios inventos (cf. PLAT ., Rep. 10, 600a; SÉN ., Epís. 90, 31); aparece citado de nuevo en 194 y 209. Hiperbio de Corinto, distinto de los personajes del mismo nombre citados en 194 y 209.
361 El ingenioso constructor mítico relacionado con el ciclo del Minotauro. Se le atribuyen numerosos inventos.
362 Hijo de Telecles (s. VI a. C.): también considerado como uno de los inventores de la escultura en bronce (cf. PAUS ., VIII 14, 8; IX 41; X 38, 5).
363 Fidón de Argos: de cronología dudosa, entre el s. IX y el VII a. C. HERÓDOTO también lo cita como inventor de los pesos y medidas (cf. HERÓD ., VI 127, 3). Palamedes: cf. § 192. Gelio, cf. HRR, fr. 6.
364 Pírodes: nombre relacionado con pir, «fuego» en griego. Cílix, epónimo de Cilicia; SCHILLING cree ver un juego de palabras con silex (op. cit., com. ad loc.).
365 Titán: hijo de Jápeto, benefactor de la humanidad por haber robado el fuego de los dioses para dárselo a los hombres.
366 No se trataría del mítico Eumolpo al que se atribuye la institución de los misterios de Eleusis, que es de origen tracio.
367 Estáfilo «el racimo» en griego, nombre de varios personajes relacionados con Baco; su filiación como hijo de Sileno sólo es conocida por este pasaje de Plinio. Sileno, sátiro que educó a Baco.
368 Hijo de Apolo y la ninfa Cirene, educado por el centauro Quirón y las musas, enseñó a los hombres lo que había aprendido de ellos, especialmente el cultivo del olivo y la apicultura (cf. CIC ., ND III 45; VIRG ., Geór., IV 315 y ss; PLIN ., XIV 53).
369 Búciges «el que unce los bueyes», personaje mítico relacionado, además, con la organización de Atenas y la introducción en ella del Paladio. Triptólemo, héroe relacionado con el culto a Ceres, que le habría enseñado la agricultura (cf. HIG ., Fáb. 277, 4).
370 Héroe mítico de Atenas anterior a la guerra de Troya. Su vida se relaciona con numerosas hazañas, entre ellas la derrota del Minotauro en Creta. Se le atribuye la organización como estado de Atenas.
371 Tirano famoso por su crueldad (570-554 a. C.). Agrigento, ciudad de Sicilia (cf. PLIN ., III 89).
372 Esta afirmación de Plinio se interpreta en relación con los esclavos estatales, los ilotas, no con la esclavitud en general.
373 Areópago «colina de Ares», en el lado occidental de la Acrópolis. En ella se juzgaban las causas criminales.
374 La misma noticia en HIG ., Fáb. 274. Falanga, origen de «palanca», en griego es igual que «falange». Eran los rodillos que se utilizaban para desplazar fardos, máquinas, etc. (cf. CÉS ., Guerra Civil II 10, 7).
375 Preto y Acrisio, hijos gemelos del rey de Argos; en la lucha por el trono, venció Acrisio; más tarde su hermano obtuvo Tirinto. Atamante, de Beocia, hijo de Eolo, nieto de Helena; a pesar de su complicada leyenda es difícil de relacionar con Calco, rey de los daunios, al sur de Italia. R. Schilling sugiere una relación entre Chalcos y el significado de esta palabra en griego, pues el clupeus o escudo redondo era metálico.
376 El gladius, espada corta, «española», aparece atestiguada desde la Segunda Guerra Púnica. El hasta era una especie de pica o lanza no arrojadiza. Cf. M. MARÍN Y PEÑA , Instituciones militares romanas, págs. 398-99.
377 Escites, héroe epónimo de los escitas, generalmente es considerado hijo de Hércules; como hijo de Júpiter aparece en DIOD . II 43.
378 Perseo, hijo de Júpiter y Dánae. Entre sus hazañas está el haber cortado la cabeza de Medusa. Al regreso salvó a Andrómeda, con la que se casó después. Un hijo de ambos es Perses.
379 Traducimos iaculum por dardo; en S. ISIDORO la que está provista de abrazadera en el centro del mástil es la lancea (cf. ISID ., Etim. XVIII 7, 5). Etolo, epónimo de Etolia; su filiación con Marte no aparece en otros autores.
380 Los vélites eran la infantería ligera en el antiguo ejército romano. Sus astas eran arrojadizas; sólo disponían de este tipo de armas. Tirreno, epónimo de los Tirrenos.
381 Desde «la jabalina» a «la honda», seguimos la lectura de R. Schilling. Mayhoff añade eundem ante pilum con lo que se cambia la puntuación y, por tanto, la atribución de los inventos. Lee «sirofenicios», como inventores de la ballesta y la honda. A partir de ahí sigue la misma puntuación. La jabalina, pilum, era una lanza arrojadiza con mango de madera, el venablo era más corto y quizá sin mango. Posiblemente el escorpión y la catapulta se utilizaban para disparar flechas, y la balista, piedras, (cf. M. MARÍN Y PEÑA , op. cit., págs. 428-29). La amazona Pentesilea luchó y murió en Troya a manos de Aquiles, que se enamoró de ella después de herirla. Piseo, héroe etrusco de Pisa.
382 La testudo o tortuga aquí no se refiere a la formación táctica, sino a un ingenio con ruedas utilizado para proteger a los soldados en asaltos o en trabajos de fortificación. Artemón, ingeniero de la época de Pericles o anterior (cf. PLUT ., Per. XXVII).
383 Epio, Epeo, citado en HOM ., Od. VIII 492, y s. y VIRG ., En. II 264 como artífice del caballo; podría estar sugerido porque el ariete a veces estaba provisto de ruedas y una cubierta.
384 Hijo de Poseidón y Eurínome. Montado en el caballo alado Pegaso, se enfrentó a la Quimera y la derrotó.
385 Peletronio podría ser el héroe epónimo del lugar de Tesalia donde vivían los lápitas. En VIRG ., Geórg. III 115, los lápitas son los inventores de los frenos y el arte de la equitación.
386 Cf. VIRG ., Geór. III 113.
387 Las téseras eran pequeñas tablillas de madera que, en las guardias nocturnas, los centinelas debían entregar a los de la ronda, y éstos a los tribunos, para comprobar la realización del servicio.
388 Sinón, espía griego en Troya, (cf. VIRG ., En. II 57 y ss.). Existen varios personajes con el nombre de Licaón, aquí puede referirse al hijo de Príamo; Aquiles lo mató después de intentar inútilmente que aceptara un rescate.
389 Car, epónimo de Caria, pasa por ser hijo de Foroneo. Orfeo, hijo de Eagro y la musa Calíope. Delfos, epónimo de Delfos, hijo de Poseidón y Melanto. Anfiarao, adivino protegido por Zeus y Apolo, hijo de Oícles e Hipermestra. Tiresias, el célebre adivino que, después de haber sido hombre y mujer, fue privado de la vista por Juno. Dentro de las artes adivinatorias, los auspicios se basaban en la observación del vuelo de las aves; la aruspicina, en la de las entrañas de las aves u otras víctimas sacrificadas, y la exticina, en la de las vísceras principales. Es extraña la inclusión aquí de la piromancia. En cuanto a los inventores, Plinio no sigue la tradición general (cf. CIC . Sobre la adivinación I 87-88). Por otra parte, algunas de estas artes, como la de los arúspices, llegaron a Roma a través de los etruscos, como parece probar la palabra haruspex con el tratamiento fonético de -u-,
390 Segundo hijo de Deucalión y Pirra. Es considerado fundador de la anfictionía
391 Cf. PLIN ., II 31, n. 34 y 36 de esta colección. Allí da como inventor de la astrología a Anaximandro, y de la esfera, a Atlante.
392 Cf. PLIN ., IV 28.
393 Hijo de Zeus y Antíope, esposo de Níobe; colaboró con su hermano Zeto en la construcción de las murallas de Tebas atrayendo a las piedras con la música de su lira y su canto
394 Pan, personaje pintoresco que habita en los bosques; aquí es hijo de Mercurio, a veces pasa por hijo de Júpiter. Midas, rey de Frigia famoso por el don, que le había concedido Sileno, de transformar en oro lo que tocaba y por las orejas de asno que le había impuesto Apolo como castigo por considerar injusta la victoria del dios sobre Pan (o Marsias). Sobre Marsias (cf. PLIN ., V 106). La fístula, siringa, «flauta de Pan», estaba formada por siete cañas de distinto tamaño formando escala (cf. VIRG ., Buc. II 36). La flauta simple, monaulo, tocaría en un solo tono. La flauta doble, muy frecuente, consistía en tocar dos flautas juntas.
395 Támiras, hijo del músico Filamón y la ninfa Argíope, o de las musas Erato o Melpómene; rivalizó con las musas y, vencido, arrojó su lira al río Bálira del Peloponeso. Modos, modulos, la disposición de sonidos o tonos para formar escalas. Los más antiguos son el dorio, el frigio y el lidio.
396 Lino pasa por ser hijo de Apolo y Pásmate, hija del rey de Argos; otras veces de Anfímaro y Urania o Calíope, lo que le haría hermano de Orfeo. En una de las leyendas relacionadas con él se dice que enseñó el arte del canto y de la lira a Támiras.
397 Terpandro de Lesbos (primera mitad del s. VII a. C.), además de crear la cítara de siete cuerdas y escribir poemas acompañados de ella, como dice más abajo, abrió una escuela de música en Esparta. Simónides de Ceos, V . 89. Timoteo de Mileto (s. V-IV a. C.); sólo se conservan fragmentos, algunos en papiro.
398 Es el mismo Támiras de arriba.
399 La lectura Árdalo es conjetura de Harduino basada en PLUTARCO , Mús. 5, 1333a.
400 Los Curetes, de los que se conocen varias genealogías, bailaban entrechocando ruidosamente sus escudos para proteger, durante su infancia, a Zeus. Pirro, en griego «el Rubio», es Neoptólemo, el hijo de Aquiles. La invención de la danza pírrica, ejecutada con armas, lanza y escudo, y antorchas, también es atribuida a Pírrico.
401 El hexámetro dactílico, verso en el que Pitia, la sacerdotisa de Apolo en Delfos, emitía sus oráculos.
402 En V 112, PLINIO afirma que Cadmo fue el primero que escribió en prosa. A Ferecides de Siros PLINIO le atribuye dotes adivinatorias en II 191. Ciro el Grande, rey de Persia (559-529 a. C.).
403 Licaón, hijo de Pelasgo y Melibea, rey de la Arcadia, que tuvo cincuenta hijos. Pasa por ser o muy piadoso o muy impío. Está relacionado con el hombre-lobo y los sacrificios humanos celebrados en Arcadia en honor de Zeus Lidio.
404 Acasto, hijo de Pelias, rey de Yolco, participó en la expedición de los Argonautas; lo mató Peleo, el padre de Aquiles. Juegos gímnicos, en los que los atletas luchaban desnudos. Los juegos griegos tienen su origen en las honras fúnebres a los héroes y siempre conservaron ese carácter religioso. Los más famoso fueron los Olímpicos, los ístmicos, los Píticos y los Nemeos. MAYHOFF lee in Iolco, SCHILLING suprime la preposición considerándolo un uso de ablativo por locativo propio del latín imperial (cf. com. ad loc.).
405 Piteo, hijo de Apolo; fundó un templo en honor de Apolo Pitio. SCHILLING lee Pythius, «el dios Pitio» (op. cit., com. ad loc.).
406 Cf. ARIST ., fr. 382 ROSE .
407 Polignoto, originario de Tasos, obtuvo la ciudadanía ateniense, porque allí desarrolló su labor artística. Lo alaban, además de Plinio, Aristóteles y Pausanias.
408 Dánao, hijo de Belo, huyó de Libia a Argos, en un barco de cincuenta bancos de remeros construido por consejo de Atenea.
409 Cf. ESTR ., XVI 779. Sobre Éritras, cf. PLIN ., VI 107.
410 Cf. PLIN ., IV 104.
411 Cf. PLIN ., XIII 72.
412 Filostéfano de Cirene, s. III a. C., amigo de Calímaco, geógrafo y mitógrafo. Jasón, héroe que organiza la expedición de los Argonautas para recuperar el vellocino de oro. Hegesias, orador e historiador, ss. IV -III a. C. Páralo, héroe del que recibe nombre la trirreme ateniense. Samirámide (cf. PLIN . VI 8, n. 31 de esta colección). Arquémaco de Eubea, historiador, posiblemente del s. III a. C. EGEÓN , uno de los Hecatonquiros, llamado también Briareo. Las naves longas, de 50 o 60 m, eran barcos de guerra; sus nombres son traducción de los griegos; se supone que hasta la cuadrirreme cada remo estaba manejado por un hombre, a partir de la quinquerreme se trataría más bien de hombres por remo, que de filas de remos (cf. MARÍN Y PEÑA , op. cit., págs. 472-3).
413 De Éritras de Jonia.
414 Cf. TUCÍD ., I 13, 3. Amínocles de Corinto (c. s. VIII-VII a. C.).
415 Cf. ARIST ., fr. 600 ROSE
416 Sobre Mnesigitón sólo se conoce esta referencia de Plinio, que lo situaría en época helenística. Jenágoras también aparece citado como fuente en el libro V (cf. PLIN . V 129); cf. FGH 240, fr. 30.
417 Filostéfano, cf. FHG, 33, fr. 29. Ptolomeo I Soter (c. 367-283), general de Alejandro Magno; a la muerte de éste fue primero sátrapa, después rey de Egipto; escribió una obra sobre las expediciones de Alejandro Magno. Demetrio Poliorcetes (v. par. 126). Su padre, Antígono I, llamado «Monoptalmo» o «el Cíclope», general de Alejandro Magno, uno de los Diádocos. Ptolomeo II Filadelfo, hijo de Ptolomeo I, muy citado por Plinio en el libro VI por sus obras en el Nilo y las ciudades fundadas por él en Egipto (cf. PLIN ., VI 58, 165-183). Ptolomeo IV Filopátor, hijo Ptolomeo III Evérgetes y de Berenice; según SCHILLING , la atribución a él del sobrenombre Trifón, es un error de Plinio (cf. op. cit., com. ad loc.).
418 Naves «onerarias», barcos de carga, utilizadas para transporte; había de muchas clases, algunas de gran calado. Hipo, no identificado.
419 El lembo, del grupo de naves actuarias, opuesto a las de alto calado, era una barca de remos, ligera y rápida, utilizada para reconocimiento; iba delante de la flota, o detrás, para cerrarla.
420 La cumba era una especie de canoa monóxila utilizada para la pesca.
421 El celete (de celes) o celox, era un barco ligero de forma desconocida, utilizado por los piratas.
422 El cerciro o cercuro era un barco ligero de forma alargada, con velas y remos. Respecto al nombre, existe la forma cércuro (tomada, con pérdida de la cantidad, del griego kérkouros); también se ha relacionado con el nombre del pez llamado corcyra.
423 Copas y Plateas, ambas en Beocia, cf. PLIN ., IV 26, n. 108, en el vol. 250 de esta misma colección.
424 Dédalo y su hijo Ícaro, según la versión más conocida, huyeron de Creta volando; en otra versión huyen los dos de Creta en barcos diferentes, naufragando Ícaro por no dominar el arte de la navegación.
425 Pericles: el famoso político y estratega ateniense (c. 490-429 a. C.). Sobre Piseo y Tirreno, cf. § 201. Eupálamo: padre de Dédalo. Sobre Anacarsis de Escitia, cf. § 198. Tifis: el primer piloto de la nave Argos.
426 Con el mítico rey Minos se relaciona se relaciona el dominio marítimo de Creta en el segundo milenio a. C.
427 Los guiones son de Mayhoff. Otros editores escriben corchetes o punto y aparte. En cualquier caso, hacen notar que el texto está fuera de lugar.
428 Cf. 192. TÁC ., An. XI 14. Las mesas délficas, trípodes usados con fines votivos. Los corchetes son de Mayhoff. «NAUSÍCRATES CONSAGRÓ A LA HIJA DE ZEUS EL DIEZMO ...»
429 Cf. VAR ., Agr. II, 10. El año 300 a. C..
430 Publio Cornelio Escipión Emiliano, cf. PLIN ., V 9, 25.; GEL ., III 4.
431 Según Suetonio (Aug. II 79,1), usaba tijeras o navaja.
432 Anaxímenes de Mileto, cf. II 187, n. 301 de esta colección.
433 Doce Tablas: primer código de leyes escrito en Roma, 450-451 a. C.; es la base del Derecho Romano; sólo se conservan fragmentos. La Curia Hostilia, edificio del foro, según la tradición, la había construido Tulo Hostilio, en la parte norte, para reunir los comicios. La tribuna de los oradores en el Foro recibía el nombre de Rostros por los espolones de los barcos capturados, que, a partir de la Primera Guerra Púnica, se colocaban en una columna en ese lugar; en época antigua se encontraba en el lado sur, al este de la Grecóstasis; en la reforma emprendida por Julio César y terminada por Augusto, pasó al lado oeste. La Grecóstasis era el edificio en el que los embajadores extranjeros esperaban antes de ser recibidos por el senado, en el lado sur. Delante de la columna Menia se juzgaba a los esclavos, a los ladrones y a los deudores; se encontraba en el noroeste, junto a la cárcel. Primera Guerra Púnica, 264-241 a. C.
434 FABIO VESTAL , cf. HRR, fr. 374 PETER . MAYHOFF lee XII annos, SCHILLING undecim annos «once años» y justifica su lectura por el año de la dedicación del templo, 293 a. C. (cf. LIV ., X 46, 7), y el de la guerra de Pirro, 282 (cf. PLIN ., VIII 16, com. ad loc.). Se mantiene «doce años», entendiéndolo como cómputo inclusivo.
435 Publio Cornelio Escipión Nasica Cúrculo colocó en la basílica Emilia un reloj de agua, pero no una clepsidra, siendo censor, en el 159 a. C.; cf. VAR ., LL VI 4, n. 24, en el vol. 251 de esta misma colección).
LIBRO VIII
1 (1) Los elefantes Su sensibilidad
Pasemos a los demás animales y, [1] en primer lugar, a los terrestres 1 .
El mayor y el más cercano a los sentimientos 2 humanos es el elefante. En efecto, reconocen el lenguaje de su patria, obedecen las órdenes, tienen memoria de las tareas que han aprendido, deseo de amor y de gloria, y aún más, cualidades que son raras incluso en el hombre, bondad, prudencia, equidad y también culto a los astros y veneración al [2] Sol y a la Luna 3 . Hay autores que afirman que en las regiones boscosas de Mauritania 4 , cuando la luna nueva, las manadas de elefantes descienden a un río que se llama Amilo 5 y allí se rocían solemnemente con agua para purificarse y que, tras saludar de esta forma al astro, vuelven a los bosques, [3] llevando ante ellos a sus crías fatigadas. Se cree también que, por tener conocimiento de los sentimientos religiosos de los demás, cuando están a punto de realizar una travesía marítima, no suben a la nave hasta que su guía les promete su regreso bajo juramento. Se los ha visto también, agobiados por un malestar, puesto que las enfermedades atacan también a veces a estas moles, arrojar hierbas hacia el cielo tumbados boca arriba, como si tomasen a la tierra por testigo de sus plegarias. En lo que se refiere a su docilidad, adoran al rey 6 , se arrodillan, y le ofrecen coronas. A los indios les sirven para arar unos elefantes más pequeños, a los que llaman notos 7 .
2 (2) Cuándo se los unció por primera vez
Uncidos por primera vez, en Roma [4] tiraron del carro de Pompeyo Magno en su triunfo sobre África 8 , espectáculo que se recuerda anteriormente en el triunfo del padre Líber, tras su victoria sobre la India 9 . Procilio 10 afirma que en el triunfo de Pompeyo no pudieron salir uncidos por la puerta. En un espectáculo de gladiadores ofrecido por Germánico César 11 , unos elefantes dieron unas vueltas desgarbadas a modo de danzantes 12 . Era corriente que arrojasen armas por los aires, [5] sin que se las llevara el viento, que, como los gladiadores, ofreciesen luchas de unos contra otros o que, retozando, ejecutasen una danza pírrica 13 . Posteriormente, también comenzaron a andar por la cuerda 14 , a llevar en literas, en grupos de cuatro, a otro que imitaba a una parturienta y a sentarse a la mesa en triclinios llenos de gente y caminar entre los lechos con tan equilibrados pasos, que no tocaban a ninguno de los que bebían.
3 (3) Su docilidad
[6] Está atestiguado que un elefante de inteligencia algo lenta para comprender lo que se le enseñaba, castigado frecuentemente con azotes, fue descubierto por la noche mientras practicaba 15 . También es admirable que suban por una cuerda y, más aún, que después desciendan, generalmente boca abajo. Muciano 16 , tres veces cónsul, atestigua que uno de ellos aprendió a escribir los trazos de las letras griegas y que solía escribir en palabras de esta lengua: «Yo mismo he escrito esto y he consagrado los despojos célticos». E igualmente, que ante sus ojos en Putéolos 17 unos elefantes, al ser obligados a bajar de una nave, aterrados por la longitud del puente que se extendía lejos de tierra firme, marchaban vueltos hacia atrás para engañarse en la apreciación de la distancia.
(4) Prodigios realizados por ellos
Saben que el único trofeo que se [7] busca de ellos consiste en sus defensas, a las que Juba 18 llama cuernos, Heródoto 19 , bastante más antiguo, y habitualmente la gente los llaman dientes con más propiedad. Por este motivo, entierran los que se les caen, bien por algún accidente, bien por la vejez. El marfil es exclusivamente este producto; por lo demás, incluso en ellos es simple hueso la parte que sirve de armazón al cuerpo, aunque desde hace poco tiempo se han comenzado a cortar también en láminas los huesos por la escasez de marfil, pues ya se hallan raras veces colmillos abundantes, a excepción de los procedentes de la India; en nuestras tierras han desaparecido, como consecuencia del lujo.
La juventud de los elefantes se evidencia por la blancura de sus colmillos. Estos animales tienen especial cuidado de [8] ellos: se ocupan de la agudeza de uno de sus colmillos, para que no esté romo para las peleas; con el otro, que usan para el trabajo, arrancan las raíces y empujan enormes pesos. Cuando se ven rodeados por los cazadores, colocan en primera línea a los que los tienen más pequeños, para que piensen que no merece la pena la lucha; después, cuando están cansados, los rompen golpeándolos contra un árbol y se salvan al precio del trofeo.
4 (5) Cualidad natural de los animales para percibir los peligros que los acechan
[9] Es admirable en la mayoría de los animales su conocimiento del motivo por el que se los persigue y que absolutamente todos sepan de qué protegerse. Se cuenta que el elefante, al encontrarse por casualidad en el desierto a un hombre absolutamente perdido, le muestra incluso el camino, compasivo y tranquilo; que, igualmente, al advertir las huellas de un hombre antes de verlo, comienza a temblar por miedo a una emboscada, se detiene mientras olfatea, observa en derredor, bufa de ira y no pisa la tierra hollada, sino que, tras arrancarla del suelo, se la da al que le sigue, éste al siguiente, y con el mismo mensaje hasta el último; entonces la columna gira, vuelve sobre sus pasos y se coloca en orden de batalla: hasta tal punto perdura en el olfato de todos esa fetidez, que, en la mayoría de los casos, ni siquiera proviene de los pies desnudos.
[10] Igualmente la tigresa, temible incluso para las otras fieras y que también menosprecia las huellas del elefante, a la vista de las del hombre se cuenta que lleva a otro lado inmediatamente a sus cachorros. ¿De qué forma reconoce y dónde ha visto antes a aquél a quien teme? Se sabe, en efecto, que tales bosques son muy poco frecuentados. Puede ser que les impresione la propia rareza de las huellas, pero ¿de dónde sacan que son temibles? Más aún ¿por qué sienten pavor solo con verlo, siendo tan superiores en fuerzas, corpulencia y velocidad? Sin duda así es la naturaleza de las cosas, así es su fuerza: que las fieras más crueles y más enormes nunca hayan visto lo que deben temer y, sin embargo, comprendan inmediatamente cuándo existe un motivo de temor 20 .
5 Los elefantes siempre marchan en manada. Encabeza [11] la columna el más viejo y la cierra el más cercano en edad. Para atravesar un río mandan delante a los más pequeños, para que no crezca la profundidad del agua al hundirse el cauce por la entrada de los mayores. Antípatro 21 atestigua que el rey Antíoco 22 tenía dos elefantes famosos en la práctica de la guerra incluso por sus nombres: y efectivamente los conocían. Catón 23 , en verdad, a pesar de que no citó los nombres de los generales en sus Anales, nos ha transmitido que el elefante que luchó con más valor en el ejército púnico se llamaba Suro por tener un colmillo mutilado 24 .
Ayante 25 no obedeció a Antíoco cuando éste quiso explorar [12] el vado de un río, a pesar de haber sido siempre en otros casos el guía de la manada. Entonces se prometió públicamente que el primer puesto sería para el que hubiera atravesado el río, y, por haberlo hecho, recompensó a Patroclo, que se atrevió, con faleras de plata, con lo que se complacen especialmente, y con otros distintivos de su primacía; aquél, que se veía degradado, prefirió la muerte de hambre a la deshonra. Es admirable, efectivamente, su pudor, y el vencido huye de la voz del vencedor y le ofrece tierra y verbena 26 .
Por pudor no se aparean sino a escondidas; el macho, a [13] los cinco años, la hembra, a los diez 27 . Según se dice, se acoplan cada dos años, cinco días cada año y no más; al sexto día se bañan en un río y antes de esto no vuelven a la manada. No conocen el adulterio ni libran entre ellos por las hembras combates funestos para los demás animales, y no porque les falte potencia amorosa, pues se cuenta que uno amó a una vendedora de guirnaldas en Egipto, y, para que nadie piense que la eligió al azar, especialmente apreciada [14] por Aristófanes 28 , famosísimo gramático. Otro amó a Menandro de Siracusa, adolescente del ejército de Ptolomeo, poniendo de manifiesto su deseo con el ayuno cuando no lo veía. Juba 29 cuenta que también una perfumista fue amada por un elefante. Hay pruebas del amor de todos ellos: alegría por la presencia del amado, caricias espontáneas, monedas, que la gente les había dado, guardadas y echadas en el seno del amado. Y no hay que admirarse de que tengan [15] sentimientos amorosos, ya que tienen memoria. En efecto, el mismo autor cuenta que fue reconocido en la vejez después de muchos años uno que había sido su guía en la juventud; así mismo, que mostraron sentido de la justicia, cuando el rey Boco 30 enfrentó treinta elefantes, a los que había decidido castigar atados a unos postes, a otros treinta, y que, a pesar de incitarlos para que atacaran, no se pudo conseguir que cumplieran ese servicio a la crueldad ajena.
6 (6) Cuándo se vieron los elefantes por primera vez en Italia
Italia vio por primera vez elefantes [16] en la guerra contra el rey Pirro 31 y se los llamó bueyes lucas, porque se vieron en Lucania 32 en el año cuatrocientos setenta y dos de la fundación de la ciudad 33 . Roma los vio siete años después en un triunfo 34 ; también los vio en mucho mayor número el año quinientos dos, tras la victoria del pontífice Lucio Metelo 35 , capturados en Sicilia a los cartagineses. Eran ciento cuarenta y dos o, según otros, ciento veinte 36 , transportados en balsas que se habían puesto sobre filas de toneles unidos.
[17] Verrio 37 cuenta que lucharon en el circo y que se les dio muerte a lanzadas por no saber qué hacer con ellos, porque ni les parecía bien alimentarlos ni regalarlos a los reyes. Lucio Pisón 38 narra que solamente fueron introducidos en el circo y que, para aumentar el menosprecio hacia ellos, fueron llevados por todo el circo por operarios con lanzas despuntadas. Los autores que piensan que no se los mató no explican qué se hizo con ellos.
7 (7) Sus luchas
[18] Es famosa la lucha de un romano contra un elefante, al haber obligado Aníbal a luchar entre sí a los nuestros cautivos 39 . En efecto, enfrentó a un elefante contra el único que había sobrevivido y acordó dejarlo libre si lo mataba: luchando él sólo en la arena, lo mató con gran dolor para los cartagineses. Aníbal, al darse cuenta de que la noticia de esta lucha iba a significar el menosprecio de estos animales, envió unos jinetes para matarlo cuando se marchaba.
Quedó claro en la guerra contra Pirro que su trompa se puede cortar muy fácilmente 40 .
Fenestela 41 cuenta que lucharon en Roma por primera [19] vez en el circo en la edilidad curul de Claudio Pulcro, en el consulado de Marco Antonio y Aulo Postumio, el año seiscientos cincuenta y cinco de la fundación de Roma 42 , e igualmente contra unos toros veinte años después, en la edilidad curul de los Luculos 43 .
También en el segundo consulado de Pompeyo 44 , con [20] motivo de la dedicación del templo de Venus Vencedora 45 , veinte elefantes o, según cuentan otros 46 , dieciocho, lucharon en el circo con los getulos 47 que disparaban contra ellos, resultando admirable la lucha de uno de ellos, que, con sus patas heridas, se arrastró de rodillas contra los grupos de enemigos, arrojando a las alturas sus escudos, tras arrebatárselos, los cuales produjeron gran sensación a los espectadores al caer dando vueltas, como si fueran lanzados por destreza y no por el furor de una fiera. También fue cosa de admirar sobremanera la muerte de otro de un solo golpe: la lanza, clavada bajo un ojo, había penetrado hasta los puntos vitales de su cabeza.
[21] Todos intentaron salir de estampida, no sin conmoción del público, a pesar de las barreras de hierro que los rodeaban. Por ello, posteriormente, el dictador César, para ofrecer un espectáculo semejante, rodeó la arena con unas fosas 48 que el emperador Nerón suprimió para añadir localidades para el orden ecuestre 49 . Pero los elefantes de Pompeyo, perdida la esperanza de huir, buscando la compasión del público, comenzaron a suplicar con una actitud indescriptible, llorando por ellos mismos entre lamentaciones, con tan gran dolor del pueblo que, olvidándose del general y de la munificencia desplegada en su honor, se levantaron todos llorando y abrumaron a Pompeyo con imprecaciones que él expió inmediatamente.
[22] Lucharon también para el dictador César en su tercer consulado 50 veinte elefantes contra quinientos infantes, y otra vez un número igual provistos de torres con sesenta combatientes 51 contra el mismo número de infantes que entonces e igual número de jinetes enfrentados a ellos. Después lucharon de uno en uno para los emperadores Claudio y Nerón, al finalizar la actividad de los gladiadores 52 .
Se cuenta que es tan grande la clemencia de este animal [23] hacia los menos fuertes, que en una manada de animales aparta con la trompa a los que se ponen delante para no aplastar a ninguno por descuido. Y no hacen daño a no ser que se los provoque, y ello a pesar de que siempre marchan en grupo y, de todos los animales, son los que menos andan solos. Cuando se ven rodeados por la caballería, recogen en el centro de la manada a los débiles, cansados y heridos y, como si lo hicieran cumpliendo órdenes o por táctica, se sustituyen por turno 53 .
8 (8) De qué modo se los captura
Los cautivos se amansan muy rápidamente [24] con agua de cebada 54 . En la India se los caza conduciendo un guía a uno de los domados para que golpee a otro salvaje al que coge en solitario o separado de la manada; fatigado éste, el guía se sube a él y lo conduce de la misma forma que al primero. África los caza mediante fosas y, si alguno cae en ellas extraviado, los demás amontonan enseguida ramas, hacen rodar enormes rocas, forman terraplenes y tratan de sacarlo con todas sus fuerzas 55 .
[25] Anteriormente los reyes, para domarlos, los hacían entrar por medio de la caballería en una hondonada artificial y engañosa por su larga extensión y los domaban mediante el hambre, cercados por los taludes y las fosas. La prueba consistía en la aceptación pacífica de una rama ofrecida por cualquiera 56 . Ahora, para conseguir sus colmillos, se los hiere en los pies, que, por lo demás, son muy blandos.
[26] Los trogloditas 57 limítrofes con Etiopía, que sólo se alimentan de esta caza, se suben a los árboles que están junto a la senda de éstos y, acechando al último de la manada, saltan desde allí sobre el extremo de sus ancas. Con la mano izquierda se cogen de su cola y entrelazan sus piernas en torno a su muslo izquierdo; colgados así, cortan con la diestra la otra rodilla y, tras dejar impedida esta pata, con una segur bien afilada cortan los tendones de la otra rodilla mientras se apartan, tras ejecutarlo todo con veloz agilidad. Otros, con un tipo de caza menos peligroso, pero menos certero, clavan en el suelo bastante lejos enormes arcos tensados; unos jóvenes escogidos por su vigor sostienen éstos, mientras otros los tensan con el mismo esfuerzo y disparan venablos a modo de flechas al paso de los elefantes y a continuación los persiguen siguiendo el rastro de su sangre.
9 (9) De qué modo se los doma
Las hembras de la especie de los [27] elefantes son mucho más temerosas 58 . Los elefantes enfurecidos se domestican mediante el hambre y los golpes, acercando otros elefantes para que castiguen con cadenas al alborotador. Por lo demás se enfurecen especialmente en la época del apareamiento e incluso destruyen con sus colmillos los establos de los indios. Por ello les impiden el apareamiento y separan los grupos de las hembras, a las que cuidan del mismo modo que al ganado mayor.
Los elefantes domados luchan en la guerra y llevan en sus lomos torres de soldados armados y en gran parte deciden las guerras en oriente, arrollan las líneas de combate y pisotean a los soldados. Estos mismos se espantan por el gruñido del más pequeño lechón 59 y, heridos o espantados, siempre retroceden, causando una destrucción similar en su bando. Los africanos sienten pavor ante el elefante de la India y no se atreven a mirarlo, pues la corpulencia de los de la India es mayor 60 .
10 (10) Su reproducción y demás características
La gente cree que gestan en su seno durante diez años; Aristóteles piensa [28] que durante dos y que no engendran más que una cría y que viven doscientos años y algunos, trescientos 61 . Su madurez comienza a partir de los sesenta años. Les gustan especialmente las corrientes de agua y vagan en tomo a los ríos, aunque, sin embargo, no pueden nadar a causa de la magnitud de su cuerpo. Soportan mal el frío, padecen éste más que nada, así como la hinchazón y la diarrea y no sufren otro tipo de enfermedades. He leído que las armas que están clavadas en su cuerpo caen cuando beben aceite y que se les hincan con más facilidad cuando están sudorosos.
[29] Es mortal para éstos comer tierra, a no ser que la coman muy a menudo. Por otra parte, devoran incluso las piedras; tienen a los troncos como su alimento más apetecible. Derriban con su frente las palmeras más altas y devoran el fruto de las así caídas. Comen por la boca, respiran, beben y huelen por lo que, no sin propiedad, se llama «mano» 62 .
De entre los animales odian sobre todo al ratón 63 y, si ven que alguno de ellos toca el pienso colocado en el pesebre, lo rechazan. Padecen el mayor sufrimiento cuando, al beber, se tragan una sanguijuela, a la que veo que vulgarmente se la comienza a llamar sanguisuga 64 . Cuando ésta queda adherida en su canal de la respiración les hace sufrir un dolor insoportable.
[30] Su piel es muy dura 65 en el lomo y blanda en el vientre, no tienen cerdas que la protejan y ni siquiera en la cola 66 tienen protección para apartar el incordio de las moscas (pues, a pesar de ser tan grande, también su corpulencia lo siente), pero su piel está surcada de arrugas y atrae a esta especie de bichos por su olor. Por ello, cuando su piel distendida alberga bandadas de éstas, las matan oprimiéndolas entre sus arrugas cerradas repentinamente; esto les sirve de cola, crin y pelo.
Sus colmillos gozan de un enorme aprecio y de ellos se [31] extrae el material más espléndido para las estatuas de los dioses 67 . El lujo ha encontrado otro mérito en el sabor que se busca en la piel de su trompa, no por otra razón, a mi entender, que porque se experimenta la sensación de que se está comiendo el propio marfil. El gran tamaño de sus colmillos se ve especialmente en los templos, pero, sin embargo, en los últimos confines de África, donde limita con Etiopía, Polibio, tomando como fuente a un reyezuelo llamado Gulusa 68 , nos ha transmitido que hacen la vez de jambas en las viviendas y que los cercados de éstas y los rediles para los animales se hacen con colmillos de elefantes utilizados como postes.
11 (11) Dónde nacen. Rivalidad entre ellos y los dragones
África produce elefantes más allá [32] de los desiertos de las Sirtes; también los hay en Mauritania 69 ; los tienen también los etíopes y los trogloditas, como se ha dicho 70 ; pero los más grandes los produce la India 71 , así como los dragones 72 que luchan con éstos en continua rivalidad y son de tan gran tamaño también ellos mismos que los envuelven con una fácil rosca y los estrangulan con el lazo de su nudo. Esta lucha produce la muerte de ambos, pues el vencido, al derrumbarse, aplasta con su peso al que lo tiene abrazado.
12 (12) La astucia de los animales
[33] Cada animal tiene una habilidad innata sorprendente, como éstos la suya. El dragón tiene dificultad para subir a una altura tan grande y, por ello, tras vigilar el camino frecuentado por éstos hacia los pastizales, se arroja encima de ellos desde un árbol alto. El elefante sabe que la lucha contra las roscas es desigual para él y así busca despedazarlo contra los árboles o las rocas. Los dragones se precaven de esto y por ello entrelazan en primer lugar sus patas con su cola. Aquellos desatan los nudos con su trompa. Éstos, por su parte, meten su cabeza en las mismas narices y, al instante, obstruyen el paso del aire y desgarran sus partes más vulnerables. Cuando se encuentran de frente, se levantan contra sus adversarios y se lanzan especialmente contra los ojos; así ocurre que a menudo se encuentran elefantes ciegos y consumidos por el hambre y por la enfermedad de la tristeza.
[34] ¿Qué causa se podría aducir de tan gran odio sino la de que la naturaleza se amaña el espectáculo de tales parejas?
Hay también otra descripción de esta lucha: dicen que la sangre del elefante es muy fría y que, por esto, el momento en que los dragones los buscan es especialmente cuando el verano es más caluroso; que, por ello, están al acecho sumergidos en los ríos cuando aquellos beben y que, enroscándose 73 en su trompa atrapada, dan un mordisco a su oreja, porque solamente este punto no puede ser defendido con la trompa. Que los dragones son tan grandes que sorben toda su sangre y que, por ello, los elefantes, desangrados y consumidos por éstos, caen, y que los dragones, ebrios de sangre, son aplastados y mueren juntamente con ellos.
13 (13) Los dragones
Etiopía los produce iguales a los [35] de la India: de veinte codos 74 . Lo más extraño es de dónde sacó Juba 75 que tenían cresta. Se llaman etíopes asaqueos 76 aquellos en cuyo territorio nacen en mayor cantidad; cuentan también que en sus regiones marítimas, enlazados entre sí de cuatro en cuatro o de cinco en cinco a modo de cañizo, formando una vela con sus cabezas erectas, se dejan llevar por las olas hacia los pastos mejores de Arabia.
14 (14) Tamaño desmesurado de algunas serpientes
Megástenes 77 escribe que en la [36] India las serpientes crecen hasta un tamaño tan grande que devoran ciervos y toros enteros; Metrodoro 78 , que en el Ponto, en tomo al río Ríndaco 79 , se tragan a las aves engulléndolas de un bocado aunque vuelen alto y rápido. Es famosa una serpiente de ciento veinte [37] pies de longitud, que fue tomada por el general Régulo, como si se tratara de una ciudad, con ballestas y máquinas de asalto, en las guerras púnicas, junto al río Bagrada 80 : su piel y sus quijadas permanecieron en un templo de Roma hasta la guerra de Numancia. Dan crédito a estos relatos las llamadas «boas» en Italia, que llegan a tan gran tamaño, que, en el principado del divino Claudio, fue encontrado un niño entero en el vientre de una, matada en el Vaticano. Se alimentan primero con la succión de leche de vaca, de donde les viene el nombre 81 .
15 (15) Los animales de Escitia. Los septentrionales. Los bisontes y los uros
[38] De los demás animales que, llegados recientemente desde todas partes, han venido a Italia con mayor frecuencia, no es necesario describir con detalle la forma. En Escitia se crían muy pocos por la falta de arbustos, en Germania, limítrofe con ella, pocos, aunque son notables las especies de bueyes salvajes, los bisontes con crin y los uros 82 , de una fuerza y velocidad extraordinarias, a los que el pueblo inculto da el nombre de «búbalos» 83 , a pesar de que es en África donde nacen éstos, que tienen cierta semejanza con el ternero y el ciervo.
(16) El alce, el aclis y el bonaso
El Septentrión ofrece también manadas [39] de caballos salvajes, así como Asia y África lo hacen de asnos, y además el alce, similar a un jumento, salvo que los distingue la longitud de las orejas y de la cerviz; del mismo modo, ofrece el aclis 84 , que vive en la isla de Escandinavia 85 y no se ha visto nunca en esta parte del globo, aunque muchos han hablado de él; es semejante al alce, pero sin ninguna flexibilidad de los corvejones y, por ello, sin posibilidad de tenderse para dormir, se apoya en un árbol y, si se corta éste, se lo coge por sorpresa; de otra forma tiene una rapidez antológica. Su labio superior es desmesurado; por ello marcha hacia atrás mientras pace, para que no se enrolle al marchar de frente.
Cuentan de una fiera de Peonia que se llama bonaso 86 , [40] con crin de caballo y en lo demás parecida al toro, con los cuernos tan enroscados que no son aptos para el combate. A causa de ello, busca refugio en la huida y deja en ella un excremento, en una extensión de hasta tres yugadas 87 a veces, cuyo contacto abrasa a sus perseguidores como una especie de fuego.
(37) Los leones. Cómo nacen
Es sorprendente que los leopardos 88 , panteras, leones y otros animales semejantes caminen con la punta de sus garras metida en las membranas de su cuerpo, para que no se rompan ni se emboten, y que corran con las zarpas retraídas y no las saquen si no es para atacar.
[42] 16 El león alcanza su máxima nobleza cuando su melena le cubre el cuello y la parte superior de la espalda; esto les sucede con la edad a todas las crías del león. Sin embargo, las del leopardo carecen siempre de este distintivo, lo mismo que las leonas 89 . Éstas tienen una gran ansia de apareamiento y de ahí el furor de los machos. África es la que contempla especialmente esto, pues, por la falta de agua, las fieras se congregan junto a unos pocos ríos. Por ello, también allí se dan partos de animales de muy diversas formas, al mezclarse, bien por la fuerza o por el placer, los machos con las hembras de cualquier especie. De aquí también el proverbio griego de que África siempre ofrece algo nuevo. [43] El león nota por el olor el apareamiento del leopardo con una leona adúltera y se lanza con toda su violencia a castigarla; por consiguiente, ella se lava de su falta en un río o lo acompaña solo de lejos 90 . Compruebo que el vulgo cree que únicamente pare una vez, por haber desgarrado su útero en el parto con la punta de sus garras 91 .
Opina otra cosa Aristóteles, autor a quien voy a seguir [44] en gran parte en este tema y, por ello, pienso que debo hablar de él. Inflamado por el deseo de conocer las clases de animales, el rey Alejandro Magno confió esta misión a Aristóteles, el hombre más sabio en toda ciencia, y se dio orden de obedecerle a varios millares de hombres en todo el territorio de Asia y Grecia, a todos los que vivían de la caza, la captura de aves o la pesca o cuidaban de vivares, rebaños, enjambres, viveros, pajareras, para que ninguna criatura de ninguna parte fuese desconocida por él. Interrogando a éstos, sacó a la luz casi cincuenta volúmenes famosos sobre los animales 92 .
Pido que los lectores juzguen con benevolencia estos libros resumidos por mí, con otras cosas que él ignoraba, mientras recorren brevemente, como consecuencia de nuestro interés, todas las obras de la naturaleza y la esencia de lo que constituyó el anhelo del más famoso de todos los reyes.
Éste, pues, cuenta que la leona pare cinco cachorros en [45] su primer parto y uno menos cada año, y que se vuelve estéril tras parir solamente uno; que, en un primer momento, son informes y que tienen muy poca carne, con el tamaño de las comadrejas, que a los seis meses apenas pueden andar y que no se mueven hasta que tienen dos meses; que en Euro pa solamente existen leones entre los ríos Aqueloo y Mesto 93 , pero que tienen mucho más vigor que los que producen África o Siria.
(18) Cuáles son sus clases
[46] Hay dos clases de leones: una achaparrada y pequeña, con melenas más rizadas. Éstos son más asustadizos que los alargados y con pelo lacio; menosprecian las heridas. Los machos expelen la orina con la pata levantada como los perros; su olor es muy fuerte y no menos su aliento; beben pocas veces y se alimentan en días alternos; una vez saciados, se privan de comida durante tres días; al comer, devoran enteros los alimentos que pueden y, cuando su vientre no es capaz para su voracidad, los sacan con sus garras que introducen en sus fauces, del mismo modo que si tienen que huir cuando se han saciado.
[47] Sostiene Aristóteles con este argumento que la vida de éstos es larga: que se halla a muchos privados de dientes. Polibio, compañero de Emiliano 94 , cuenta que, en la vejez, éstos atacan al hombre porque no les quedan fuerzas para perseguir a las fieras. En esa etapa ponen cerco a las ciudades de África y por eso él, en compañía de Escipión, los vio crucificados, para que los demás, por miedo a un castigo semejante, se abstuvieran de cometer el mismo crimen.
(19) Cuáles son las particularidades de su naturaleza
[48] De entre todas las fieras solo el león siente piedad por los que le imploran; perdona a los que se postran y, cuando se enfurece, ruge contra los hombres más que contra las mujeres y no lo hace contra los niños, si no tiene mucha hambre. Libia 95 cree que captan el significado de las plegarias; ciertamente he oído de una cautiva que regresó de Getulia 96 , que había mitigado el ímpetu de muchos de ellos en las selvas, atreviéndose a decirles, mientras conversaba con ellos, que era una mujer fugitiva, débil, que suplicaba al animal más noble de todos y rey de los demás, presa impropia de su gloria.
Sobre esto las opiniones están divididas: sobre si las fieras se amansan, al dirigirles la palabra, por instinto o por azar, porque tampoco la experiencia ha discernido si es verdad o mentira que se puede hacer salir a las serpientes mediante el canto y someterlas a castigo.
La cola es el indicio del estado de ánimo de los leones, [49] como las orejas lo son del de los caballos; efectivamente, la naturaleza atribuyó estos signos a los animales más nobles. Inmóvil indica que está en calma, suavemente agitada que está tranquilo, lo que es raro; es más frecuente, en efecto, la cólera; cuando ésta comienza, golpean la tierra y, cuando aumenta, se golpean el lomo como si se azotaran.
Su mayor fuerza reside en el pecho. Ya hinque las garras, ya los dientes, de todo tipo de heridas fluye sangre negra. Estos mismos, si están saciados, son inofensivos 97 .
Su nobleza se comprueba especialmente en los momentos [50] de peligro, no sólo por el hecho de que, sin tener en cuenta los dardos, se defiende largo tiempo únicamente mediante el terror y testifica que se ve, por así decirlo, forzado a luchar y se lanza, no como forzado por el peligro, sino como si estuviera loco de rabia. Hay otra muestra aún más noble de su carácter: por grande que sea la cantidad de perros y cazadores que lo acosen, retrocede despectivamente y sin prisa cuando está en la llanura y se le puede ver, pero, cuando alcanza la maleza y los bosques, se lanza a una carrera desenfrenada, como si el terreno ocultase su vergüenza. Mientras va en persecución, corre a saltos, cosa que no suele hacer cuando huye.
Cuando es herido, reconoce de un golpe de vista asombroso al [51] que lo ha golpeado y se lanza contra él en medio de la multitud por muy grande que sea ésta; sin embargo, a aquél que disparó contra él pero no lo hirió, cuando lo alcanza, lo derriba a tierra rodando, pero no lo hiere. Cuando la hembra recién parida lucha por sus cachorros, se cuenta que fija la vista en tierra para no espantarse de los venablos.
[52] Por lo demás, no utilizan engaños, ni son recelosos, ni miran de reojo, ni quieren que se los mire así. Según se cree, cuando están muriendo, muerden el polvo 98 y derraman una lágrima al expirar. Sin embargo, a este animal tan noble y tan fiero lo asustan las ruedas al girar y los carros vacíos y las crestas de los gallos y más aún su canto 99 ; pero, sobre todo, el fuego. Solo padece el mal de la desgana, que se cura azuzándolos, desencadenando su furia el jugueteo de unas monas colocadas a su lado; el sabor de su sangre le sirve de remedio inmediato 100 .
(20) Quién celebró en Roma por primera vez una lucha de leones, quién regaló en ella el mayor número de leones
Escévola, hijo de Publio 101 , fue el [53] primero que, en su edilidad curul, ofreció en Roma una lucha de muchos leones a la vez; sin embargo Sila, que después fue dictador, fue el primero de todos que hizo combatir en su pretura 102 cien leones con melena. Tras él, Pompeyo Magtura no 103 presentó seiscientos en el circo, de los que trescientos quince tenían melena. El dictador César 104 , cuatrocientos.
(21) Quién fue el primer romano que los unció. Prodigios realizados por leones
Su captura era en otros tiempos [54] muy dificultosa, haciéndose preferentemente con fosas. El azar enseñó otro procedimiento en el principado de Claudio 105 , casi deshonroso para la fama de tal animal, cuando un pastor de Getulia arrojó su sayo frente a la acometida de un león que se le echaba encima. Este espectáculo fue trasladado inmediatamente a la arena, mitigando su enorme fiereza de forma apenas creíble, al cubrir su cabeza echando encima algo, aunque sea muy ligero, hasta tal punto que se deja atar sin oposición: es evidente que toda su fuerza radica en los ojos. Por ello no es tan raro que un león fuese estrangulado por Lisímaco, encerrado con él por orden de Alejandro 106 .
[55] Marco Antonio fue el primero en Roma que los sometió a un yugo y los unció a un carro, y precisamente en la guerra civil, tras haberse luchado en las llanuras de Farsalia 107 , no sin dejar de ser un presagio de los tiempos, al simbolizar dicho prodigio el yugo que soportaban los espíritus nobles. Pues, el hecho de que fuera transportado así en compañía de la mima Citéride 108 , superó incluso los funestos designios de aquellas calamidades.
Se cuenta que Hanón 109 , uno de los más ilustres cartagineses, fue el primer hombre que se atrevió a acariciar a un león con su mano y a mostrarlo domesticado y que fue condenado, con el argumento de que un hombre de un ingenio tan hábil parecía ser capaz de persuadir de cualquier cosa, y de que mal se podía entregar la libertad a aquél ante quien la fiereza cedía hasta tal punto.
[56] También hay ejemplos fortuitos de su clemencia. En Siria, el siracusano Mentor, al hallarse de frente con un león que daba vueltas suplicante ante él, atónito por el terror, puesto que la fiera se ponía delante de él cuando intentaba huir y le lamía los pies, como si le suplicase, observó en su pata una herida hinchada; tras extraer la espina, lo libró de su mal. Una representación pictórica da testimonio en Siracusa de este suceso 110 .
Del mismo modo, Élpide, samio de nacimiento, trasladado [57] a África en barco, habiendo visto en la costa un león con las fauces amenazadoras, se refugió en un árbol invocando al padre Líber, porque el momento más apropiado para las promesas es aquél en que no hay esperanza. Pero la fiera no lo persiguió, aunque habría podido hacerlo, y, tumbándose junto al árbol, pedía misericordia con las mismas fauces con que lo había aterrorizado. Un hueso, por morder con demasiada ansiedad, se había incrustado entre sus dientes y lo atormentaba sin dejarle comer —el castigo se debía precisamente a sus propias armas—. Sin fiarse del acontecimiento inesperado de ver a la fiera contemplándolo y como suplicándole con mudas plegarias, permaneció quieto mucho tiempo, más por la sorpresa que por el miedo. Finalmente, [58] tras descender, arrancó el hueso al león, ya que se lo mostraba y se dejaba hacer todo lo que fuera necesario. También cuentan que, mientras la nave estuvo fondeada en el litoral, el león manifestó su agradecimiento suministrándole caza. Por ello Élpide consagró un templo al padre Líber en Samos, al que los griegos denominaron por esta razón «Dioniso con la boca abierta» 111 .
¿Nos admiraríamos después de esto de que las fieras reconozcan las huellas de los hombres, cuando es el único animal del que esperan ayuda? ¿Por qué, en efecto, no van en busca de otro animal o de dónde les viene el conocimiento de que las manos del hombre pueden curar? A menos que la fuerza del mal obligue incluso a las fieras a experimentarlo todo.
[59] 17 Un hecho igualmente digno de recuerdo lo cuenta el naturalista Demetrio sobre una pantera: echada en medio del camino a la espera de un hombre, se apareció de repente al padre de un tal Filino, filósofo; éste comenzó a recular por miedo y la fiera a dar vueltas en derredor, halagándole claramente y afligiéndose con una tristeza que incluso en una pantera podía notarse. Había parido y sus cachorros estaban [60] caídos en una fosa un poco más allá; el primer movimiento de conmiseración fue no asustarse, el siguiente, prestarle ayuda, y, acompañándola por donde lo arrastraba con las garras suavemente clavadas en el vestido, cuando conoció la causa de su dolor y a la vez el precio de su salvación, sacó a los cachorros, y aquélla, junto con ellos, lo acompañó más allá del desierto, dando muestras de alegría para que se viese sin dificultad que le devolvía el favor y que no le pedía nada a cambio, cosa que incluso es rara en el hombre.
(22) Un hombre reconocido y salvado por un dragón
[61] Estos hechos dan crédito a Demócrito 112 que cuenta que Toante fue salvado en Arcadia por un dragón. Lo había criado siendo niño con un extraordinario afecto, pero su padre, por miedo al tamaño y a la índole de la serpiente, la había llevado a un desierto y allí, cuando Toante había caído en la emboscada de unos ladrones, la serpiente, al reconocer su voz, lo socorrió.
Realmente lo que se cuenta de los niños alimentados con leche de fieras tras haber sido abandonados, como de nuestros fundadores por una loba 113 , yo opino que es más razonable pensar que sucedió por la grandeza de sus destinos que por el carácter de las fieras.
(23) Las panteras
La pantera y el tigre son casi las [62] únicas bestias que se distinguen por sus manchas; las demás tiene cada una un color propio, según su especie; entre los leones, solo en Siria los hay negros. Las panteras tienen pequeñas manchas sobre fondo blanco, como ojos. Dicen que todos los cuadrúpedos son sorprendentemente atraídos por su olor 114 , pero que se espantan por el aspecto torvo de su cabeza; por ello, oculta ésta, atrapan a los que han sido atraídos por el encanto del resto. Hay quienes cuentan que éstas tienen en los ijares una mancha semejante a la luna, que crece en forma de círculo y que del mismo modo mengua. Ahora se da el nombre de «variadas» [63] y leopardos, que son los machos, a toda esta especie, muy abundante en África y Siria. Algunos distinguen a las panteras de los leopardos sólo por la blancura, y no se ha encontrado hasta ahora ninguna otra diferencia.
(24) Senadoconsulto y leyes sobre las africanas. Quién fue el primero que presentó en Roma panteras africanas y cuando; quién ofreció el mayor número
Hubo un antiguo senadoconsulto [64] que impedía trasladar panteras africanas a Italia. Gneo Aufidio 115 , tribuno de la plebe, presentó al pueblo una propuesta de ley contra éste y así permitió importarlas para el circo. Sin embargo, Escauro 116 , en su edilidad, fue el primero que trajo ciento cincuenta, todas de las llamadas «variadas»; después, Pompeyo Magno 117 , cuatrocientas diez, y el divino Augusto, cuatrocientas veinte.
(25) Los tigres. Cuándo se vio un tigre por primera vez en Roma. Su reacción natural cuando se les roban sus crías
[65] Este mismo, en el consulado de Quinto Tuberón y Pablo Fabio Máximo, cónsul por cuarta vez, en las nonas de mayo, con motivo de la inauguración del teatro Marcelo 118 , fue el primero que mostró en Roma, en la arena, un tigre domesticado; el divino Claudio, cuatro a la vez.
[66] 18 Los hircanos 119 y los indios tienen el tigre, animal de una velocidad temible y especialmente demostrada cuando se le roban todas sus crías, que siempre son numerosas. Se las captura al acecho con el caballo más veloz y después se pasa a otro de refresco. Cuando la fiera recién parida encuentra vacío su cubil —pues los machos no cuidan de su prole— se precipita tras él, siguiendo sus huellas por el olfato. El raptor, al acercarse el rugido, suelta a uno de los cachorros, ella lo coge con la boca e, impulsada aún más rápidamente por el peso, regresa, y de nuevo vuelve a la persecución, y así una y otra vez, hasta que, cuando el cazador vuelve a la nave, la fiera se enfurece en vano en la costa.
(26) Los camellos. Sus clases
[67] El oriente cría camellos entre otro tipo de ganado. Hay dos especies de éstos: los de Bactriana y los de Arabia. Difieren en que aquéllos tienen dos protuberancias en el dorso y éstos una, y otra debajo del pecho, sobre la que se tumban. Tanto unos como otros carecen de la fila superior de los dientes 120 , como los bueyes. Todos, sin embargo, desempeñan los servicios de los animales de carga con su dorso, e incluso los de la caballería en la guerra.
Su velocidad es como la del caballo, pero cada uno [68] tiene una resistencia, según sus fuerzas. No va más allá del espacio acostumbrado ni acepta más carga que la habitual. Tienen un odio innato a los caballos. Toleran la sed incluso cuatro días y se sacian, cuando se presenta la ocasión de beber, tanto por el pasado como para el futuro, tras haber removido el agua pateándola: de otra forma no les gusta beber. Viven cincuenta años, y algunos, incluso cien. En todo caso, también ellos padecen la rabia. Se ha encontrado una forma de castrar incluso a las hembras para disponerlas para la guerra: así se vuelven más fuertes, al no dejarlas aparearse.
(27) La jirafa. Cuándo se vio por primera vez en Roma
Hay dos animales 121 que tienen [69] alguna semejanza con éstos. Los etíopes llaman a uno nabun 122 , semejante al caballo en el cuello, al buey en las pezuñas y patas, al camello en la cabeza, con manchas blancas que realzan su color amarillo rojizo, por lo que se llama camelopardal 123 . La primera vez que se vio una jirafa en Roma fue en los juegos circenses del dictador César 124 . Desde entonces se la ha vuelto a ver alguna vez, más llamativa por su apariencia que por su fiereza, por lo que también recibió el nombre de «oveja salvaje».
19 (28) El lobo cerval. Los cefos
[70] Los juegos de Pompeyo Magno mostraron por primera vez al lobo cerval, al que los galos llaman rufio 125 , con forma de lobo y manchas de leopardo. Los mismos juegos mostraron a los que llaman cefos 126 , procedentes de Etiopía, cuyas patas traseras eran semejantes a los pies y las piernas del hombre, y las delanteras, a las manos. Después Roma no ha vuelto a ver a este animal.
20 (29) El rinoceronte
[71] En los mismos juegos se vio también al rinoceronte, con un solo cuerno en la nariz, como se ha visto frecuentemente. Éste, el otro enemigo natural del elefante 127 , se prepara para la pelea afilando su cuerno contra las rocas y ataca especialmente a su vientre, que sabe que es más vulnerable. Su longitud es similar, sus patas mucho más cortas, tiene el color del boj.
21 (30) El lince y las esfinges. Los crocotas. Los cercopitecos
Etiopía produce linces 128 , abundantes [72] por todas partes, y esfinges, de pelo fusco, con dos mamas en el pecho 129 , y muchos otros animales semejantes a monstruos: caballos alados y provistos de cuernos a los que llaman pegasos 130 , los crocotas 131 , concebidos como de perro y lobo, que quiebran cualquier cosa con sus dientes y que inmediatamente digieren en su vientre lo que han devorado; los cercopitecos 132 , de cabezas negras, pelo de asno y diferentes a los demás monos por su voz; los bueyes índicos, de uno o tres cuernos 133 , la leucrocota 134 , fiera muy veloz, del tamaño del asno salvaje, las ancas de ciervo, el cuello, la cola y el pecho de león, la cabeza de tejón, las pezuñas hendidas, la boca abierta hasta las orejas y un hueso seguido en lugar de [73] dientes. (Cuentan que esta fiera imita la voz humana.
Entre ellos nace la llamada eale 135 , del tamaño del hipopótamo, cola de elefante, color negro o pardo rojizo, mandíbulas de jabalí, con unos cuernos móviles de más de un codo, que coloca alternativamente en el combate y que varía bien de frente o de lado según la táctica le aconseja.)
[74] Pero los animales más atroces que produce Etiopía son los toros salvajes 136 , mayores que los del campo, de una velocidad que supera a todos, son pardo rojizos de color, con ojos azules, pelo hacia adelante, la boca abierta hasta las orejas y, a su lado, unos cuernos móviles. Su piel tiene la dureza de la sílice y rechaza cualquier herida. Cazan todo tipo de fieras y, sin embargo, ellos mismos no son capturados más que con fosas, y mueren siempre por su fiereza.
[75] Ctesias 137 escribe que entre ellos nace un animal al que llaman mantícora 138 , con una triple hilera de dientes que se acoplan a modo de peine, con el rostro y las orejas humanos, los ojos claros, el color de la sangre, el cuerpo de león, clavando el aguijón con la cola, como el escorpión, una voz como si se mezclase el sonido de la flauta con el de la trompeta, de gran rapidez, que ataca sobre todo al cuerpo humano.
(31) Los animales terrestres de Etiopía
En la India nacen también los bueyes [76] de pezuña compacta, con un solo cuerno 139 , y la fiera llamada axis 140 , con piel de cervatillo con manchas más abundantes y más blancas, apropiada para los sacrificios al padre Líber. (Los indios orseos 141 cazan monos blancos en todo su cuerpo.) Sin embargo la fiera más salvaje es el monocerote 142 , similar al caballo en el resto del cuerpo, en la cabeza al ciervo, en los pies al elefante, en la cola al jabalí, con un mugido grave, un solo cuerno negro en el centro de la frente, el cual sobresale dos codos. Dicen que esta fiera no puede ser capturada viva.
(32) Los animales terrestres de la India. Animal que mata con la mirada
Entre los etíopes hesperios se halla [77] la fuente Nigris, nacimiento del Nilo, según ha estimado la mayoría, como confirman los argumentos que hemos expuesto 143 . Junto a ésta se encuentra una fiera llamada catoblepas 144 , de tamaño mediano y débil en todos sus miembros, salvo en la cabeza, muy pesada, y a la que sostiene con dificultad —la lleva siempre humillada hacia tierra—; de otra forma es la perdición de la especie humana, ya que todos los que han visto sus ojos han expirado instantáneamente.
(33) Las serpientes basiliscos
[78] El mismo poder lo tiene también la serpiente basilisco 145 . Nace en la provincia Cirenaica, con un tamaño de no más de doce dedos, una mancha blanca en la cabeza, como adornada con una diadema. Espanta a todas las serpientes con su silbido y no impulsa su cuerpo flexionándolo en muchos anillos, como las demás, sino que avanza enhiesta y derecha de medio cuerpo. Mata los arbustos no sólo al tocarlos sino incluso al exhalar su aliento, quema las hierbas y resquebraja las piedras; tal es su poder para el mal. Se cree que en cierta ocasión se mató una desde un caballo con una lanza y que, al ascender por ésta su veneno, murió no sólo el jinete, sino también el caballo.
[79] Y, sin embargo, el veneno de las comadrejas es mortal para un monstruo como éste —frecuentemente los reyes han deseado verlo muerto—: hasta tal punto no le gusta a la naturaleza que exista nada sin su contrario. Se hace entrar a éstas en sus cubiles, fácilmente reconocibles por la descomposición del suelo, aquéllas las matan con su olor y mueren juntamente con ellas, y finaliza la lucha de la naturaleza.
22 (34) Los lobos. De dónde procede la leyenda del hombre lobo
[80 ] En Italia, por otra parte, también se cree que la mirada del lobo es perjudicial y que privan momentáneamente de la voz al hombre al que han mirado antes de que él los vea. En África y Egipto nacen débiles y pequeños 146 ; en las regiones más frías, fieros y terribles. Debemos considerar que es falso que los hombres se conviertan en lobos y que de nuevo vuelvan a su estado, o bien creer todo lo que hemos considerado fabuloso a lo largo de tantos siglos. Sin embargo, se indicará de dónde se ha inculcado en el pueblo esta leyenda, hasta tal punto que entre los improperios existe el de «mudador de piel» 147 .
Evantes 148 , que merece crédito entre los autores de Grecia, [81] escribe que los árcades cuentan que un miembro de la familia de un tal Anto, elegido a suertes de entre su pueblo, es llevado a una laguna de la región y que, tras colgar sus vestidos de una encina, se echa a nadar y se dirige a unos parajes solitarios y se transforma en lobo, uniéndose con otros de la misma especie durante nueve años. Y añaden que, siempre que se haya mantenido alejado de los hombres, vuelve a la misma laguna y, tras cruzarla a nado, recobra su forma, habiéndose añadido a su anterior aspecto el envejecimiento de nueve años; e incluso que recupera la misma ropa. ¡Es pasmoso hasta donde llega la credulidad griega! 149 .
No hay mentira, por descarada que sea, que carezca de [82] garante. Igualmente Escopas 150 , que escribió Olimpionicas, cuenta que el parrasio Demeneto 151 , en el sacrificio con vidas humanas que los árcades hacían a Júpiter Liceo aún entonces, probó las entrañas de un niño inmolado y se convirtió en lobo y que, vuelto en sí a los diez años, se ejercitó en el atletismo y regresó de Olimpia vencedor en el pugilato 152 .
[83] Otra creencia popular es que en la cola de este animal se encuentra un filtro amoroso en un pelo corto y que, cuando se le da caza, lo expele, y que no tiene poder si no se le arranca estando vivo: no se aparea más de doce días en todo el año 153 . Está entre los augurios que come tierra cuando tiene hambre; no hay presagio más favorable que, si, al cortar por la derecha el paso de los caminantes, lo hace con la boca llena.
[84] A esta especie pertenecen los que se llaman cervarios 154 , como el que hemos dicho que se contempló, procedente de la Galia, en los juegos de Pompeyo Magno. Cuentan que si éste vuelve la vista mientras come, aunque esté hambriento, se olvida de la comida y que, tras alejarse, busca otra.
23 (35) Clases de serpientes
[85] Por lo que respecta a las serpientes, es voz popular que muchas de ellas tienen el color de la tierra en la que se esconden. Sus clases son innumerables. Del cuerpo de las cerastas sobresalen unos cuernecillos, con frecuencia cuatro pares, con cuyo movimiento pueden atraer a las aves mientras tienen el resto del cuerpo oculto 155 . Las anfisbenas tienen dos cabezas, es decir, también tienen una en la cola, como si fuese poco echar su veneno por una sola boca 156 . Unas tienen escamas, otras, manchas, todas, un veneno mortífero. La serpiente «dardo» 157 se arroja desde las ramas de los árboles, y no es temible solamente para los pies, sino que también se lanza como un proyectil disparado por una máquina. Los cuellos de los áspides 158 se hinchan, sin que haya ningún remedio para su herida, excepto si se amputan inmediatamente las partes infectadas.
Un único sentimiento o más bien afecto tiene este animal [86] tan pestífero: casi siempre marchan en pareja y no viven sino con su compañera. Por ello, muerto uno de los dos, el otro siente una increíble ansia de venganza, persigue al que lo ha matado y, por algún instinto, sólo acosa a éste, sea cual sea la multitud de gente, deja de lado los obstáculos, cruza los espacios, y no se le puede esquivar sino con los ríos o con una rápida huida.
No es posible decir si la naturaleza ha engendrado con [87] mayor largueza calamidades o remedios. En primer lugar concedió a esta desgracia unos ojos miopes, y, además, no en la frente, para mirar hacia delante, sino en las sienes; —por ello se excita con más frecuencia por el oído que por la vista—.
24 Por otra parte sostiene una guerra sin cuartel con la mangosta 159 .
(36) La mangosta
[88] Este animal, nacido en el mismo Egipto, es conocido especialmente por la siguiente hazaña: se sumerge en el limo con mucha frecuencia y se seca al sol; después, cuando se ha acorazado con muchas capas mediante este procedimiento, marcha a la lucha. En ella, con la cola levantada, se sustrae a los frustrados ataques dando la espalda, hasta que, elegido el momento, se tira a la garganta con la cabeza ladeada. Y, no contento con esto, vence a otro animal tan fuerte como él.
25 (37) El cocodrilo
[89] El Nilo engendra al cocodrilo 160 , cuadrúpedo funesto y nocivo en tierra e igualmente en el río. Éste es el único animal terrestre que no usa la lengua, el único que muerde con su mandíbula superior móvil, acoplándose terriblemente por lo demás las filas de sus dientes como un peine. En tamaño, sobrepasa con frecuencia los dieciocho codos. Pone huevos tan grandes como los gansos y los incuba siempre, por algún presentimiento, más allá del sitio al que va a ascender el Nilo en el punto más alto de su crecida anual. Ningún otro animal crece hasta un tamaño tan grande, a partir de un origen tan pequeño. También, por otra parte, está armado de uñas y de una piel impenetrable contra todo tipo de golpes. Los días los pasa en tierra, las noches en el agua, ambas cosas por la necesidad de una temperatura tibia.
A éste, una vez saciado por la ingestión de peces y entregado [90] al sueño en la orilla con la boca llena de comida, un pequeño pájaro, que allí se denomina troquilo 161 y en Italia «rey de las aves», lo invita a abrir la boca para su sustento, y le limpia primero la boca dando pequeños saltos y luego los dientes y el interior de sus fauces, que se abren también todo lo posible a esta delicia del cosquilleo.
Cuando lo ve rendido por el sueño, en medio de tal placidez, la mangosta, lanzándose como una flecha a través de las mismas fauces, le roe el vientre.
(38) El escinco
Semejante al cocodrilo, pero más [91] pequeño aún que la mangosta, nace en el Nilo el escinco 162 , principal antídoto contra el veneno y también para aumentar el apetito sexual de los hombres. Verdaderamente, en el cocodrilo residía un mal demasiado grande como para que la naturaleza se contentara con un solo enemigo para él. Por ello, también los delfines 163 que nadan en el Nilo, en cuyo dorso se encuentra una aleta labrada en forma de cuchillo, como si estuviese destinada a este menester, aunque no tienen las mismas fuerzas, matan con astucia a aquellos que los hacen sus presas y reinan en el río en exclusividad, como si fuera de su propiedad: todos los animales, efectivamente, son expertos en esto, y saben no solo lo que les interesa a ellos, sino también los puntos débiles de sus adversarios, conocen sus armas, conocen el momento propicio y las partes desprotegidas de sus oponentes. La piel del cocodrilo es suave y delgada en el vientre: por ello, los delfines se sumergen, como si se espantasen, y, nadando por debajo de ellos, cortan su vientre con aquella aleta.
[92] También hay un pueblo enemigo de este animal en el mismo Nilo, que recibe su nombre del de la isla de Téntiris 164 , en la que habitan. Su estatura es pequeña, pero su presencia de ánimo es admirable, al menos para este cometido. Este animal es terrible contra los que huyen y huye [93] ante los que lo persiguen. Pero sólo éstos se atreven a enfrentarse con él sin compañía y, aún más, se echan nadando al río y, montados en su dorso a modo de jinetes, introduciendo en su boca un palo cuando la abren con la cabeza vuelta para morderlos, y cogiendo a derecha e izquierda sus extremos por ambas partes, llevan a tierra a sus cautivos con esta especie de frenos y, aterrorizados incluso solamente con su voz, los obligan a vomitar los cuerpos recién tragados, para darles sepultura. Por ello, los cocodrilos no nadan junto a esta isla y huyen de este pueblo por el olor, como las ser [94] pientes huyen del de los psilos 165 . Se dice que este animal tiene los ojos miopes en el agua, pero que fuera tiene una visión muy aguda, y que pasa los cuatro meses de invierno en una cueva, sin comer en todo ese tiempo. Algunos piensan que éste es el único animal que crece a lo largo de toda su vida: y, además, vive mucho tiempo.
(39) El hipopótamo
Un animal mayor en altura se encuentra [95] en el mismo Nilo: el hipopótamo 166 , con pezuñas hendidas, como los bueyes, lomo de caballo, así como la crin y el relincho, el hocico recorvo, la cola y los colmillos encorvados de los jabalíes, pero menos peligrosos, una piel impenetrable para construir escudos y cascos, excepto si cogen humedad. Se alimenta, según dicen, de las cosechas que ha elegido antes para cada día, y dejando sus huellas como si se alejara del campo, para que no le tiendan emboscadas al volver.
26 (40) Quién fue el primero que lo presentó en Roma, así como al cocodrilo
El primero que mostró en Roma [96] un hipopótamo y cinco cocodrilos fue Marco Escauro 167 , en los juegos de su edilidad, en un canal hecho al efecto. El hipopótamo se ha revelado incluso como un maestro en el arte de la medicina, pues, cuando está gordo por la continua abundancia de comida, sale a la orilla para examinarla tras el reciente corte de las cañas, y, cuando ve un caño muy puntiagudo, aplastando contra él su cuerpo, se pincha en una vena de la pata y así descarga con el flujo de la sangre su cuerpo, que estaba enfermo, y cicatriza de nuevo la herida con barro.
27 (41) Remedios hallados a partir de los animales
[97] Algo semejante muestra también en el mismo Egipto un ave que se llama ibis 168 , que, mediante la curvatura de su pico, se lava por la parte por donde es especialmente saludable que se evacuen los residuos de los alimentos. Y éstos no son los únicos: gracias a muchos animales se han descubierto remedios que iban a ser útiles también para el hombre. Los ciervos han mostrado que la hierba del díctamo 169 sirve para extraer las flechas, al resultar heridos por este dardo y, tras comer esta hierba, expulsarlo. Estos mismos, cuando les pica el falangio, que es una especie de araña, o algún animal semejante, se curan comiendo cangrejos. Hay también una hierba de gran virtud contra la mordedura de las serpientes, con la que se curan los lagartos heridos cuando han luchado [98] con éstas. Las golondrinas han mostrado que la celidonia es muy saludable para la vista, al curar con ella los ojos enfermos de sus polluelos 170 . La tortuga repone sus fuerzas contra las serpientes con la ingestión de la ajedrea, a la que se llama bubula 171 ; la comadreja, con la ruda 172 , cuando traba combate con los ratones para cazarlos; la cigüeña, con el orégano 173 ; los jabalíes se curan de sus enfermedades con la hiedra 174 y comiendo cangrejos, especialmente los que arroja el mar. La culebra, con su cuerpo cubierto con una piel [99] durante el letargo invernal, se desembaraza de este impedimento con la savia del hinojo 175 y se muestra brillante en primavera. Muda de camisa primero por la cabeza y no antes de un día con su noche, enrollándola de forma que se halla por fuera la parte de la piel que estaba por dentro. La misma culebra, con la vista oscurecida por su retiro invernal, se unta los ojos y los reaviva con el máraton 176 ; si las escamas están endurecidas, se rae con las espinas del enebro. El dragón reprime la náusea primaveral con el jugo de la lechuga silvestre
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