Kitabı oku: «Obras morales y de costumbres (Moralia) XI. Tratados platónicos. Tratados antiestoicos.»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 322


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ÓSCAR MARTÍNEZ GARCÍA (Tratados platónicos) y CARLOS GARCÍA GUAL (Tratados antiestoicos) .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2004.

www.editorialgredos.com

Las traducciones, introducciones y notas han sido llevadas a cabo por: M.a ÁNGELES DURÁN LÓPEZ (Tratados platónicos) y RAÚL CABALLERO SÁNCHEZ (Trotados antiestoicos) .

REF. GEBO403

ISBN 9788424936990.

TRATADOS PLATÓNICOS

INTRODUCCIÓN

La tradición nos ha conservado dos escritos plutarqueos sobre doctrina platónica, las Cuestiones platónicas y el tratado Sobre la generación del alma en el «Timeo», al que sigue el Epitome del tratado «Sobre la generación del alma en el ‘Timeo’», excerpta de dos capítulos del anterior, ausente, como era de esperar ya que no es obra de Plutarco, del Catálogo de Lamprias , pero presente en el Corpus planudeo. Además de éstos, el Catálogo de Lamprias menciona otros más relativos al pensamiento de Platón, los tratados 66, 67, 68, 70 y 221 que trataban respectivamente de la generación del Universo según Platón, de la ubicación de las Ideas, de cómo participa la materia de las Ideas, del Teages , y de la teleología platónica.

No se agota aquí la presencia del pensamiento platónico en la obra de Plutarco, porque a esos escritos monográficos hay que añadir otros tratados que, sin estar centrados en Platón, le conceden destacado relieve: Isis y Osiris, La E de Delfos, Sobre el demon de Sócrates, Escrito de consolación a Apolonio, si realmente podemos reconocerlo como obra de Plutarco; eso sin contar las numerosas citas y alusiones, prácticamente omnipresentes en la obra de Plutarco; sin contar tampoco la contaminación de la doctrina genuinamente platónica con desarrollos ajenos en Sobre la cara visible de la luna, en Los oráculos de la pitia y en La desaparición de los oráculos o, prescindiendo de la aparente crítica, encaminada siempre a confirmar la validez de la doctrina de Platón, en el Contra Colotes.

Produce cierta sorpresa el que, siendo indiscutibles la adhesión y el interés de Plutarco por la filosofía de Platón, no sea ésta objeto directo de sus escritos más que en los pocos casos antes citados. Causa de ello podría ser lo que el autor dice al principio del tratado Sobre la generación del alma en el «Timeo» donde alude a su discordancia con «la mayoría de los platónicos» de su época a los que, como se ve en el desarrollo de la exposición, no quiere herir 1 . En ello tenemos, a la vez, testimonio de que la actividad de Plutarco se ejerce más que en las coordenadas de la Academia, junto a ella 2 , porque, si bien resultan evidentes su simpatía y sus deseos de no entrar en querellas con sus amigos académicos también podemos ver que Plutarco tiene conciencia de sus discrepancias con ellos y que, cuando se decide a entrar en los temas que las suscitan, no teme ponerlas en primer plano si unos u otros acusan a Platón de inconsistencia o si pretenden hacerle decir cosas distintas de las que, a juicio de Plutarco, sostiene no sólo en el pasaje citado, sino el entramado del conjunto de su doctrina.

Por su parte, la abrumadora abundancia de citas platónicas en la obra del queronense es claro indicio de la importancia que en estos momentos de proliferación de escuelas y sectas filosóficas tenía la filosofía de Platón 3 o, por lo menos, algunos aspectos de la filosofía platónica, porque ésta es muy amplia y compleja y cada época ha podido poner el acento en un aspecto distinto. Pues bien, todo indica que en tiempos de Plutarco, un momento en que se va haciendo realidad el sincretismo de los nuevos cultos importados de Egipto y de Oriente con los dioses griegos que ahora ocupan el primer plano, como Asclepios o Dioniso, o con las advocaciones de los dioses tradicionales actualmente preferidas, que son las que apuntan a la benevolencia y providencia divinas; en un momento en que las sectas filosóficas contribuyen a abonar sentimientos de universalismo, haya una especial sensibilidad por los aspectos escatológicos, cosmológicos y metafísicos en la medida en que se relacionan con los anteriores 4 . Todos estos aspectos coinciden en el Timeo, un diálogo que resultaba especialmente atractivo en este momento 5 . Son, en todo caso, aspectos prioritarios para una personalidad como la de Plutarco, un hombre profundamente religioso que está perfectamente al tanto de las corrientes filosóficas de su época.

Por lo demás, el singular relieve que dentro de la obra platónica se concedía en tiempos de Plutarco al Timeo no constituye novedad, puesto que todo indica que, incluso en vida de Platón, este diálogo fue objeto de discusiones y críticas, que, al parecer, alentaba él mismo en la Academia 6 : Aristóteles, Crantor, Espeusipo y Jenócrates inician los comentarios más o menos amplios que continúan muchos estoicos, Epicuro, los Alejandrinos y los escépticos y que, después de Plutarco, han de proseguir hasta el s. XVII. Las razones de ese continuado interés son, sin duda, varias; entre ellas, al menos en los primeros comentaristas y críticos, destaca el deseo de resolver las propias oscuridades del texto platónico 7 . En efecto, el discurso de Timeo va dirigido a unos interlocutores familiarizados con los métodos de la ciencia 8 , a los que basta una alusión para tener presente una teoría, al corriente de los recientes progresos de las matemáticas, acostumbrados a un vocabulario que difiere, porque también difiere el tema, del que solemos encontrar en el conjunto de los diálogos. Las disparidades entre las interpretaciones de Aristóteles, Espeusipo y Jenócrates, asiduos todos ellos de la Academia, nos impiden acudir al recurso fácil de nuestra ignorancia de las «doctrinas no escritas» para justificar las diferencias; dado que los discípulos directos discrepan sobre la interpretación del Timeo, la ambigüedad habrá de ser atribuida al propio diálogo, que, por lo demás, ha seguido y sigue suscitando interpretaciones dispares e, incluso, contradictorias entre los comentaristas e intérpretes. Esas ambigüedades sustentan interpretaciones diferentes, de modo que este diálogo confirma la tesis básica de la Teoría de la Recepción y no sería exagerado decir que cada lector del Timeo ha leído un diálogo diferente.

Al mismo tiempo, todas esas posibles lecturas 9 han ido adhiriendo al texto inicial de Platón, contribuyendo involuntariamente a hacer más opaco todavía un texto de por sí oscuro; por eso, en su aspiración de explicar la que él entiende como auténtica doctrina platónica, Plutarco se ve obligado a empezar por apartar ese lastre que hace pantalla y nubla el acceso directo a la misma. En esos casos rechaza el recurso de ocultar la dificultad en «razones expositivas», «didácticas», etc. y la destaca con trazo grueso, convencido de que su lectura es más adecuada y, sobre todo, más fiel que la de los que «estudian a Platón asustados y pidiendo socorro» o los que lo toman como pretexto o cobertura de sus propios planteamientos 10 .

Lo primero que habrá de destacarse, pues, es esa voluntad de fidelidad 11 . Frente a Jenócrates y a Crantor y a los seguidores de uno y otro, a todos los cuales acusa por igual en 1013B haberse «desviado totalmente de la opinión de Platón», Plutarco parece haber tomado a cuenta propia la advertencia que él mismo predica en la primera Cuestión 12

lo mismo que si el aire en los oídos no está tranquilo y libre de voz propia, sino lleno de ecos y de zumbidos, no se capta con precisión lo dicho, así también si algo, desde dentro, perturba con el estrépito de su réplica al elemento que juzga los argumentos filosóficos, será difícil comprender lo dicho desde fuera.

Por eso parece adoptar la actitud de ese filólogo cuya necesidad puede percibirse en el pasaje del Fedro en el que Platón constata que el texto escrito requiere la constante ayuda y protección de su padre frente a las manipulaciones de unos y otros. Como ese filólogo implícito. Plutarco rompe una lanza en su Sobre la generación del alma en el «Timeo» para que la doctrina del maestro se difunda sin mutilaciones ni excrecencias. De este modo, su fidelidad revierte en respeto a la literalidad de lo dicho y se refleja en las constantes citas de otros pasajes de los diálogos en los que cede la palabra al filósofo para que al oírlo en sus propias palabras se conjure el riesgo tergiversar su pensamiento.

Fidelidad a la doctrina y lectura literal podrían sugerir adhesión mimética, incapaz de desarrollar demostraciones originales propias 13 . No es esa la actitud de Plutarco. Tiene su propia opinión sobre una serie de puntos fundamentales, por ejemplo, la famosa anánkē, que le permite resolver el difícil problema de la causa y origen del mal, aunque, por sostenerla, pudo incurrir en la misma conducta que critica 14 . Vemos, en efecto, que algunas de esas abrumadoras citas se interrumpen a veces antes de llegar al punto en que las palabras de Platón podrían arruinar la tesis de Plutarco, como ocurre en Leyes 896D-E a propósito del «alma perversa», etc. 15 . Llegamos así a una señalada característica del método exegético plutarqueo que, como oportunamente ha indicado F. Casadesús 16 , «bajo la apariencia de un comentario explicativo, introduce ligeras modificaciones, que acaban conformando un nuevo modo de entender el Timeo».

Otras dificultades proceden del vocabulario. A pesar de su voluntad de precisión y claridad, Platón no disponía del repertorio terminológico que su tema requería y tuvo que acudir a los medios a su alcance para conseguir expresar su pensamiento, especialmente a metáforas varias para un mismo objeto que, por ser metáforas y por su variedad, no pueden dejar de crear ambigüedad 17 . Buen ejemplo de ello tenemos en el nuevo elemento necesario para la generación del cuerpo del mundo que es designado como «receptáculo» o «nodriza» —adaptación de un término habitual que es vaciado de su significado y dotado de otro nuevo—, pero ese mismo nuevo elemento es también llamado chṓra, aunque esta chṓra del Timeo no es «extensión de tierra», «región» o «país», «emplazamiento», etc., sino algo semejante al ekmageîon, cera blanda en la que se imprime un sello, a pesar de lo cual conserva de su valor normal una imprecisa relación con lo espacial que me inclina a entender esa enigmática chṓra como aquello que asegura las condiciones de la espacialidad. Otras veces Platón ha utilizado un término preciso, pero los siglos lo han hecho caer en desuso y han ido imponiendo otro. Plutarco es consciente de este problema, que resuelve aclarando el alcance del término utilizado por Platón y advirtiendo en qué precisas condiciones puede ser sustituido por la palabra moderna que se ha impuesto en el uso. Otros casos son más escurridizos, porque se ha mantenido el significante del término platónico, pero el significado ha podido variar en función de las modulaciones impuestas por los filósofos y escuelas que han ido ejerciendo su actividad en los siglos que median entre Platón y Plutarco 18 . Este problema nos muestra todas sus aristas con respecto al término ousía que muchos traductores de Platón evitan verter por substancia o esencia porque en el uso filosófico de estos términos pesan decididamente las precisiones derivadas de su empleo por parte de Aristóteles, pero cuyas connotaciones pueden estar más o menos presentes en el uso del mismo por Plutarco, incluso cuando está citando a Platón 19 .

Al margen de los puntos comunes a las Cuestiones platónicas y al tratado Sobre la generación del alma, hay un aspecto omnipresente en ambos escritos: diga lo que diga Platón, Plutarco se esfuerza en argumentar de modo que la conclusión confirme que llevaba razón. Esta actitud, tan diferente de la que trasluce en las criticas de los primeros académicos, y que, como bien dice W. Burkert 20 , es compartida por la mayoría de los platonistas antiguos o modernos, es, en el caso de Plutarco, un nuevo testimonio de su indiscutible sentimiento de fidelidad al filósofo que eligió como maestro. Siendo este objetivo fundamental en su exégesis del pensamiento platónico es fácil comprender el interés que pone en desmontar las acusaciones de inconsistencia que se han formulado contra Platón, bien por sostener tesis contrapuestas en distintos pasajes de los diálogos, bien por adoptar actitudes diferentes en el conjunto de su filosofía. F. Ferrari 21 ha estudiado los procedimientos a los que solían recurrir los platónicos y, con ellos, Plutarco, para negar validez a dichas acusaciones.

Traducción y notas

Por su propia naturaleza, cada uno de los tratados reunidos en este tomo pertenece a un género distinto. De las características de los zētḗmata, de las fórmulas que alternan para plantear la cuestión, de las que van introduciendo las posibles soluciones, de la jerarquización de las mismas, se ha de tratar en la introducción a las Cuestiones platónicas. En cuanto a la introducción del epítome, lo poco que hay que decir desde el punto de vista formal es que tiene el tono desangelado y seco de unos apuntes mal tomados y, por supuesto, sin pretensiones estilísticas. Mayor interés tiene el Sobre la generación del alma en el «Timeo», que, en realidad, es un híbrido de carta familiar y de lo que hoy llamaríamos artículo científico; del primer aspecto derivan expresiones, fórmulas y recursos como interpelaciones a los destinatarios 22 que, en alguna medida nos aproximan a la lengua coloquial de la élite intelectual, una lengua que pudiera ser el paralelo a finales del S. I y principios del S. II d. C. de lo que es la de los diálogos platónicos en el S. IV a. C. Por su parte, el contenido científico impone un determinado modo de desarrollar los argumentos 23 y, sobre todo, un vocabulario técnico cuya precisión se paga con la merma de libertad en el uso de recursos literarios. Todo esto es lo que la traducción presente ha intentado reflejar.

Las numerosas notas aclaratorias que exigen unos textos de esta índole se justifican en las propias dificultades de los temas tratados en las Cuestiones platonicas y en el Sobre la generación del alma en el «Timeo», puesto que en ambos casos estamos ante debates de tesis filosóficas o científicas con las que no todos los lectores han de estar necesariamente familiarizados. Intentando centrar un poco mejor la cuestión, el primer problema que se nos plantea es el de las referencias a los pasajes de los diálogos platónicos citados por Plutarco o a las obras de los demás filósofos aludidos; otras notas recogen las referencias a otros pasajes del corpus platónico relativos al mismo punto —o susceptibles de aclararlo— tanto si confirman como si invalidan la tesis del polígrafo. Del mismo modo han sido recogidas las referencias a otros pasajes del corpus plutarqueo que puedan confirmar, matizar o aclarar lo que sostiene en un pasaje concreto. Otro bloque de notas procede de la bibliografía generada en torno al pensamiento y a los escritos platónicos, que es inmensa, empezando ya, como se ha indicado anteriormente, en vida de Platón para continuar hasta nuestros días. Con respecto a los antiguos hemos recogido el máximo posible —en lo que reconozco agradecida mi deuda, especialmente, con H. Cherniss— de las referencias a las opiniones que pudo conocer Plutarco y, salvo que sean nuestros transmisores de los planteamientos pitagóricos o arrojen especial luz, he prescindido de los posteriores.

En cuanto a la bibliografía moderna sobre Platón y sobre Plutarco, era inevitable renunciar a toda pretensión de ser, no digo ya exhaustiva, sino de citar todas las obras realmente importantes. Aquí me he limitado a citar en nota, de entre las que he manejado, las que me han servido para ver las cosas más claras.

Al margen de las notas relativas a los aspectos antes mencionados hay otras referidas a los filósofos y matemáticos citados por Plutarco, sobre los que se dan unas mínimas indicaciones.

Por último hay otras notas más cuyo objetivo es dejar constancia de la lección preferida cuando nos apartamos de la edición de C. Hubert-H. Drexler, en la que se basa esta traducción.

M.a ÁNGELES DURÁN LÓPEZ

1 Testimonio de ello tenemos en 1025B, donde evita nombrar a los que defienden que la que es difícil de mezclar es la identidad y no la alteridad. Cf. R. AGUILAR , La noción del alma personal en Plutarco. Tes. doc., Madrid, 1981, pp. 185-186.

2 En la polémica creada a raíz de la publicación del libro de J. GLUCKER, Antiochus and the Late Academy. Gotinga, 1978, para quien la influencia de la Academia en Plutarco sólo pudo ser superficial, han vuelto a defender una importante vinculación a los académicos de su tiempo P.-L. DONINI, «Plutarco, Ammonio e l’ Academia», en F. E. BRENK e I. GALLO (eds.), Miscellanea Plutarchea, Ferrara, 1986, págs. 98-99 y D. BABUT , «Plutarco y la Academia» en J. GARCÍA LÓPEZ y E. CALDERÓN DORDA (eds.), Estudios sobre Plutarco: paisaje y naturaleza, Madrid, 1991, págs. 3-12 y la mayoría de los especialistas, que la dan por supuesta.

3 A pesar de suscitar tan gran interés, la segunda de las dos obras de Plutarco incluidas en este tomo es, junto con el anónimo comentario al Teeteto parcialmente transmitido por el papiro PBerol 9782, que se data en el S. I a. C., nuestro único ejemplo de comentario seguido de textos platónicos para esta época.

4 Cf. CH. FROIDEFOND, «Plutarque et le platonisme», Aufstieg und Niedergang der römischen Welt (ANRW) II, 36, 1, Berlín-Nueva York, 1987, págs. 184-233, [págs. 188-189]; P.-L. DONINI, «Il Timeo: unità del dialogo, verosimiglianza del discorso», Elenchos, 9, 1988, 5-52; F. FERRARI, «Struttura e funzione dell’esegesi testuale nel medioplatonismo: il caso del Timeo». Athenaeum LXXXIX, 2, 2001,», págs. 529-533.

5 FERRARI , Πρόνοια platonica e νόησις aristotelica: Plutarco e l’impossibilità di una sintesi», en A. PÉREZ JIMÉNEZ , J. GARCÍA LÓPEZ y R. M.a AGUILAR (eds.), Plutarco, Platón y Aristóteles, Madrid, 1999, págs. 63-77, insiste en la lectura de índole predominantemente teológica de la que era objeto el Timeo en tiempos de Plutarco. Sobre ello se habían pronunciado ya H. DӦRRIE ,«Der Platonismus in der Kultur und Geistgeschichte der früheren Kaiserzeit», en Platonica Minora. Múnich, 1976, págs. 166-210; DONINI, «Plutarco e la rinascita del platonismo», en G. CAMBIANO, L. CANFORA, D. LANZA (eds.). Lo spazio letterario della Grecia antica, Vol. I, tomo 3, Roma, 1994, págs. 35-60.

6 Aristóteles publicó su diálogo Sobre la filosofía, en el que criticaba la exposición platónica de la generación del mundo, en vida de Platón. No hace más que iniciar el debate, porque en el Acerca del cielo I 9, 279b32 SS ., critica a los discípulos que, rechazando la tesis de la generación del mundo en el tiempo, intentaban justificar el que Platón hablara de ello aduciendo «motivos didácticos».

7 Sobre las oscuridades de los textos filosóficos, sus variedades y su caracter voluntario, véase J. BARNES, «Metacommentary», Oxford Studies in Aneient Philosophy, 10, 1992, 267-281. No obstante, las oscuridades de Platón, especialmente en el Timeo, suelen atribuirse a las dificultades de la materia tratada.

8 Timeo 53c.

9 El estudio sistemático de las mismas, tanto antiguas como modernas y contemporáneas, ha sido realizado por L. BRISSON, Le Même et l’Autre dans la structure ontologique du Timée de Platon, Sankt Augustin 19942 . Para las primeras véase también, M. BALTES, Die Weltentstehung des platonischen Timaios nach den antiken Interpreten. I, Leiden 1976.

10 Sobre la generación del alma en el «Timeo» 1013D-E y 1013B.

11 «Non sempre Plutarco fu più amico della verità che di Platone» dice A. M. BAATTEGAZZORE, «L’atteggiamento di Plutarco verso le scienze», en I. GALLO (ed.), Plutarco e le scienze, Génova 1992, págs. 19-49, concretamente, págs. 32-33, actitud que ejemplifica con la exégesis del Timeo y califica a nuestro autor de «fedele a oltranza a Platone». Sin embargo hemos de ver que, pese a su sincera voluntad de fidelidad, también Plutarco altera el texto platónico para hacerle decir lo que él querría que dijera.

12 1000B-C.

13 Para H. CHERNISS, en su introducción al De animae procreatione in Timaeo, en Plutarch’s Moralia. XIII. 1, págs. 135-136, la interpretación «literal» que hace Plutarco de la creación del alma y del mundo en el Timeo no es consecuencia de la lectura literal del diálogo, sino al revés, son la teología y la teodicea de Plutarco las que exigen esa lectura literal. Ya antes, la relación de este tratado con la teología de Plutarco había sido establecida por D. BABUT, Plutarque et le Stoïcisme, París, 1969, págs. 139-139, especialmente, pág. 287. En el mismo sentido abunda FROIDEFOND, loc. cit.

14 Cf. mi intervención en el V Congreso Internacional de la I. P. S. Madrid-Cuenca, 4-7 de Mayo de 1999, «Plutarco ante el problema del mal en Platón», en A. PÉREZ JIMÉNEZ, J. GARCÍA LÓPEZ y R. M.a AGUILAR (eds.), Plutarco, Platón y Aristóteles. Madrid, 1999, págs. 333-342.

15 La mutilación procede a la inversa, omitiendo las palabras inmediatamente anteriores, en la cita de Político 273b porque la mención a «la parte corpórea de la mezcla» no le hubiera permitido identificar «el aspecto congénito de su antigua naturaleza» con el alma precósmica. Sobre esta manipulación del texto para adecuarlo a la exégesis sostenida, véase FERRARI, «Struttura e funzione», pág. 548 e «Introduzione», en F. FERRARI y L. BALDI, Plutarco. La generazione dell'anima nel Timeo, Nápoles, 2002, págs. 18-20.

16 «Comentarios plutarqueos sobre la creación del mundo en el Timeo de Platón», en A. PÉREZ JIMÉNEZ, J. GARCÍA LÓPEZ y R. M.a AGUILAR (eds.), Plutarco, Platón y Aristóteles, ob. cit., págs. 247-260, especialmente, pág, 249.

17 Sobre los reproches que por usar metáforas poéticas dirige Aristóteles a Platón, véase M. DIXSAUT, «D’un antiplatonisme à l’autre», en M. DIXSAUT (ed.), Contre Platon. I, Le platonisme dévoilé, París, 1993, págs. 9-25, concretamente, págs. 11-12.

18 Un problema similar acerca del término historia en La desaparición de los oráculos se ha planteado P.-L. DONINI en «Problemi del pensiero scientifico a Roma: il primo e il secondo secolo d. C.» en G. GIANNANTONI y M. VEGETTI (eds.), La scienza ellenistica. Nápoles, 1984, págs. 334-334.

19 Por eso, pretendiendo traducir a Plutarco, he optado por esencia.

20 Lore and Science in Ancient Pythagoreanism, trad, ingl., Cambridge-Mas., 1972, pág. 323, n. 7: «It seemed self-evident to the Platonist that Plato knew all the correct answers, at least to any important question».

21 «Struttura e funzione», págs. 538-538.

22 Estas interpelaciones al destinatario aparecen también en escritos plutarqueos de otro tipo, incluso en las Vidas.

23 Buen ejemplo de ello tenemos en las dicotomías que nos ha impuesto el esquema de la primera parte y en la gradación de los argumentos parciales en la segunda del Sobre la generación del alma en el «Timeo»: primero los números; después, por un lado, sus propiedades en la suma con la comprobación de las mismas en la escala diatónica y en las relaciones astronómicas; por otro, sus propiedades en la multiplicación, a lo cual pertenecen las demostraciones gráficas, después, como en el caso anterior, las comprobaciones en las escala musical y en las relaciones astronómicas.

CUESTIONES PLATÓNICAS

INTRODUCCIÓN

Encontramos los primeros usos de zētḗmata como término técnico en el marco de la explicación de los poemas homéricos; se aplica a la exposición de una dificultad en la interpretación de una palabra o un verso, seguida de una propuesta de solución. Después, el modelo se aplicó a pasajes de otros autores, a anécdotas, etc., como las que se tratan en el Banquete de los Siete Sabios o como las que Plutarco recoge en sus Charlas de sobremesa. En efecto, según dice él mismo 1 , eran especialmente adecuadas para esas ocasiones. En esas reuniones vió H. Dörrie 2 el portillo por el cual los temas filosóficos, si bien con un enfoque divulgativo, consiguieron introducirse en los zētḗmata, género que, a su juicio, corresponde en principio, a la filología. El planteamiento de Dörrie ha sido criticado 3 porque su oposición entre filosofía y filología no responde al uso documentado en Plutarco 4 ni es general entre sus contemporáneos. De hecho, Plutarco consideraba el conjunto de las Charlas de sobremesa como práctica de la filosofía 5 y, con más razón aún, debía atribuir carácter filosófico a las Cuestiones platónicas.

Las Cuestiones platónicas son una colección de diez pequeños comentarios a puntos concretos del pensamiento platónico, que pueden centrarse en un sólo pasaje o enlazar varios, intentando explicar unos por otros, —por ejemplo, en la Cuestión III acude al Timeo para explicar República 509d-51 le —. Plutarco no aborda en ellas aspectos esenciales, como hace en el tratado Sobre la generación del alma en el «Timeo» sino «curiosidades» marginales sobre detalles que Platón no estimó oportuno desarrollar en sus pormenores, expresiones metafóricas cuyo simbolismo se intenta desvelar, etc. Plutarco se inscribe con ello en una larga tradición de la que da testimonio cuando alude, para aceptarlas o rechazarlas, a las soluciones propuestas por unos u otros en las discusiones que continúan las que tenían lugar en la Academia y que se hacen aún más vivas después de la muerte de Platón.

El ya aludido carácter puntual de los temas tratados, es común a otros tipos de escritos plutarqueos, las Charlas de sobremesa, por un lado, y las diferentes Aitíai —Cuestiones romanas, Cuestiones griegas y Cuestiones sobre la naturaleza —, por otro. En todos ellos es posible ver la huella de notas o apuntes tomados al hilo de sus lecturas —los hypomnḗmata a los que alude en el Sobre la paz del alma 464F— que Plutarco selecciona y utiliza variamente al introducirlos en sus diferentes escritos. No obstante, lo que tenemos en las Cuestiones platónicas no es el material doxográfico de los hypomnḗmata en bruto, previo a la menor elaboración con vistas a su publicación, porque, aunque el conjunto de esta obra carece de los elementos de contextualización que en el Banquete de los Siete Sabios o en las Charlas de sobremesa se encargan de sugerir que esas conversaciones tienen lugar en una reunión concreta, en la que intervienen unos interlocutores concretos, que sostienen tesis concretas y determinadas, etc., obedece a un tipo de composición cuyas características fueron estudiadas por A. Gudeman 6 y, posteriormente, por F. Romano 7 y por J. Opsomer. Más difícil resulta distinguir los zētḗmaia y las aitiai cuyos parecidos se suelen justificar en su común origen en las anotaciones de Aristóteles y su Escuela. Estudiando el uso de ambos términos en Plutarco, J. Boulogne 8 ha constatado que el queronense prefiere utilizar zētḗmata para las dificultades que suscitan las afirmaciones de poetas o filósofos y, en cambio, prefiere el término aitía cuando el problema que quiere plantear es la determinación de las causas de hechos observados. Para Opsomer, en cambio, la clave del uso de zétḗmata reside en la relación de la cuestión propuesta con un pasaje concreto y en su aspecto estrictamente exegético.

Frente a los escritos afines de tipo simposíaco, las Cuestiones platónicas carecen de introducción —los manuscritos que contienen la obra entera, X, J, g, E, B, ɛ, n advierten «no se encontró el principio»— y de conclusión, que confieran algún tipo de unidad a esos diez 9 breves comentarios yuxtapuestos sin que fórmula alguna permita vislumbrar el motivo de la selección o del modo de ordenarlos. En efecto, el único común denominador es que el tema sometido a discusión es tratado, o simplemente aludido, en alguno de los diálogos de Platón. No obstante, es perceptible el especial relieve que en esta selección de temas platónicos se concede al Timeo.

Desde el punto de vista de la forma cada una de las Cuestiones platónicas consiste en una pregunta formulada de un modo impersonal para la que se proponen dos o más respuestas 10 . Tanto las preguntas como las respuestas son introducidas por una serie de fórmulas alternantes; son igualmente formularias las expresiones que permiten pasar a otra posible respuesta, destacando en este apartado, las fórmulas que responden al tipo skópei mḗ, hóra dè mḗ y similares con las que Plutarco quiere llamar la atención sobre la respuesta que, a su juicio, resuelve la cuestión o, por lo menos, una de las cuestiones abordadas en el proceso de la argumentación.

Hay, sin embargo, Cuestiones que, realmente, quedan sin solución: esto ocurre, como veremos, en la primera; más llamativo aún es el caso de la VI que, a pesar de la jerarquización evidente entre las dos alternativas propuestas, omite la esperada síntesis, posiblemente, como apunta J. Opsomer 11 , porque Plutarco había creado artificialmente el dilema que plantea.

Con respecto al contenido, podemos agrupar, por un lado, las Cuestiones que intentan zanjar la polémica acerca de la interpretación de algún aspecto del pensamiento platónico. Son interesantes tanto por darnos un testimonio vivo de las distintas y, con frecuencia, contradictorias corrientes de opinión que han surgido entre los platónicos , como por permitirnos captar en qué medida nacen esas discusiones del parti pris de unos y otros y en qué medida derivan de oscuridades o ambigüedades del texto platónico. O ambas cosas a la vez, como nos ocurre en la Cuestión IV, en la que Plutarco saca partido de la somera exposición platónica sobre el mal, para dar paso a la misma teoría que como interpretación personal desarrolla en Sobre la generación del alma.

La Cuestión III tiene origen en un problema de crítica textual: en República 509e el manuscrito de Plutarco pone ánisa, lectura frente a la cual caben las variantes an ’ísa o an ísa; nuestro autor va a justificar la de su manuscrito por razones ideológicas 12 . Este primer motivo, en el que el problema puramente filológico es subordinado a sus consecuencias filosóficas 13 , le permite completar el argumento en un aspecto que Platón no estimó necesario plantear —¿qué segmento es mayor?— y cabe la duda sobre qué fue primero en el alma de Plutarco, si el problema de lectura o el apostar por la mayor extensión del segmento de lo inteligible 14 ; en todo caso, este último extremo, con un suave cambio de tema, le va a permitir dar una respuesta personal, no la platónica, a una cuestión distinta de la que se planteaba inicialmente: ¿cómo es que, estando tanto los humanos como el Universo constituidos de cuerpo y alma, son los unos mortales y no el otro? Tras esto, volviendo a Platón, da, al parecer, de lado a la pregunta inicial y, apoyándose en una alusión a la Escala de Diotima, cierra su comentario con una exhortación a emprender la ascención dialéctica. Sin embargo, la claúsula final, cita literal de la frase con la que Diotima culmina su famosa Escala, sugiere en este nuevo contexto que ese «piélago de belleza» que es la Belleza en sí, no sólo es algo más real, más auténtico y más puro, como en el Banquete platónico, sino también más extenso que las múltiples y mezquinas bellezas de los cuerpos, los saberes y las actividades de nuestro mundo cotidiano 15 .

Cabe pensar que también la Cuestión VIII tenga su origen en las implicaciones filosóficas que derivan de problemas de crítica textual: en Timeo 40c el manuscrito de Plutarco, como la mayoría, daba illoménēn, «girando», lectura que es, asimismo, la que conocía Aristóteles; pero esta lectura contradice la tesis de la inmovilidad de la Tierra que Platón demostraba en Fedón 99b y que parece sustentar la representación de la Tierra en Fedro 246e-247a. Como quiera que esa tesis había quedado superada, Plutarco sugiere la posibilidad de que en su vejez el propio Platón hubiera concebido, junto al movimiento de rotación, el de traslación de la Tierra. Con todo, el eventual cambio de opinión de Platón no resuelve la contradicción que Plutarco quiere eliminar. El modo más sencillo de obviar el problema sería introducir una enmienda en Timeo 42d sustituyendo el genitivo por un dativo que, en vez de «las almas fueron sembradas en la Tierra, en la Luna y en todos los demás instrumentos del tiempo», nos permitiera leer «en el tiempo las almas fueron implantadas en los adecuados cuerpos instrumentales». Pero Plutarco rechaza esta solución de comodidad, porque no es ésta la única ocasión en la que Platón se refiere en el Timeo a los astros como «instrumentos del tiempo»; rechaza igualmente la interpretación puramente física según la cual

la Tierra es instrumento del tiempo, ya que no se mueve como los astros, sino que al permanecer girando siempre en el mismo lugar sobre sí misma, proporciona a los que se trasladan ortos y ocasos con los que se definen las primeras medidas de los tiempos, los días y las noches».

Desbrozado así el camino de interpretaciones insuficientes, Plutarco empieza por hacernos cobrar conciencia de la verdadera clave del problema: no reside éste en ninguno de los extremos considerados hasta ahora, sino en nuestro modo de concebir el tiempo en el que pesan indebidamente las definiciones propuestas por Aristóteles, Espeusipo o los estoicos. Las múltiples dificultades que nos ha ido planteando el texto se disiparán cuanda hagamos el esfuerzo de entenderlo al modo platónico y veamos que

el tiempo no es accidente ni contingencia de un eventual movimiento, sino causa, potencia y principio de la simetría que asegura la cohesión de todo lo que existe y de la organización cuyo movimiento regula la naturaleza del Universo, porque ésta está dotada de vida. Antes bien, por ser movimiento la propia organización y simetría son llamadas tiempo.

En grupo aparte hemos de incluir las Cuestiones en las que Plutarco intenta explicar el sentido de una metáfora, expresión, etc. Así ocurre en la Cuestión VI donde intenta explicar la afinidad de la naturaleza del «ala» del alma con lo divino o en la segunda «¿Por qué será que al dios supremo lo llamó padre y creador de todas las cosas?», que parece brindarle oportuno pretexto para insistir, contra Numenio en una idea propia 16 que defiende con ardor y que desarrolla con mayor detenimiento en Sobre la generación del alma 1041E: el dios es creador del Universo en cuanto que impone orden a la materia caótica, y padre del mismo porque «el alma no es sólo producto, sino también parte del dios y no se ha producido por obra suya, sino de él y a partir de él».

En este mismo grupo incluiremos la primera Cuestión que, en primera lectura, puede damos la impresión de tomar el texto como pretexto porque, si la entendemos literalmente, tiene su respuesta en el mismo diálogo, en el mismo pasaje, del que nace. En efecto, la pregunta que Plutarco formula «¿Cómo será que la divinidad le mandaba a Sócrates que ayudara a parir a otros, pero a él le prohibía procrear, como se dice en el Teeteto?» es contestada por el propio Sócrates en 149b: ninguna mujer apta para procrear es partera; sólo se dedican a este oficio las que ya no pueden ser madres. Pero Plutarco prescinde de la descripción de las cualidades requeridas para ejercer de comadrona y del proceder de estas mujeres — un clarísimo ejemplo de analogía técnica por medio del cual Sócrates da cuenta de su propia actividad — y pasa directamente a las conclusiones. La omisión de ese pasaje revela que a Plutarco no le interesa la respuesta propiamente dicha, sino que, sin metáforas ni mitos, quiere iluminar el término comparado, esto es, el talante crítico de Sócrates, su método de enseñanza, su oposición a la que practican los sofistas, etc. Los siglos que median entre Sócrates y Platón y el propio presente de Plutarco dejan sentir el peso de su erudición y de su tendencia al sincretismo, señaladas características que separan el mundo helenístico e imperial del mundo clásico, en la tentación de una solución

si hay ciencia de lo verdadero y la verdad es una, no participa de ella menos que el que la encontró el que ha aprendido del que la encontró; pues recoge más el que no cree tener y recoge lo mejor de cada cual, del mismo modo que el que no ha engendrado adopta al mejor hijo

que no podrían compartir ni Sócrates ni Platón. El primero porque, como indica el frecuente final aporético de sus discusiones, prefiere a la respuesta la búsqueda de una respuesta; el segundo, en cuyos Diálogos toda definición ex akoês, es decir, toda definición debida a otro, conduce casi sin excepciones al fracaso, porque, consciente de que somos peregrinos en este mundo de inestabilidad y cambios, no deja de exhortarnos a andar el camino, a emprender e intentar culminar la ascensión dialéctica. Por eso, para volver a la ortodoxia de la doctrina platónica, Plutarco se refugia con cierta brusquedad en la doctrina de la reminiscencia que, en verdad, implica un cambio de tema.

También da la impresión de tomar el texto como pretexto en la Cuestión V en la que se pregunta por qué Platón utiliza sólo figuras rectas en la construcción del mundo cuya descripción emprende en el Timeo, siendo así que también las hay redondas. Y no podemos suponer que se haya olvidado de ellas, porque cita explícitamente la esfera. El argumento que desarrolla recuerda los que expusieron los sofistas Antifonte y Brisón intentando resolver el problema clásico de la cuadratura del círculo.

En otros casos Plutarco completa por su cuenta la explicación apuntada por Platón, como ocurre en la Cuestión VI a propósito de los fenómenos de impulsión.

Singular es, en mi opinión, el caso de la Cuestión X en la que Plutarco se pregunta por qué son ónoma y rhêma las únicas partes de la oración que menciona Platón e intenta justificar el proceder del admirado maestro; para ello acude a dos argumentos principales: las demás, o se pueden reducir a las anteriores como es concretamente el caso del pronombre, que «es a todas luces un género nominal», o el «llamado participio, que es amalgama de verbo y nombre». O son superfluas, como demuestra acerca del artículo por su ausencia en latín, esa lengua «que ahora utiliza casi todo el mundo» y su escasísima presencia en Homero, o para las preposiciones por su menor uso en latín que en griego. Pasando a argumentos estilísticos encuentra, como el autor del tratado De lo sublime, la clave de la eficacia expresiva de un conocido pasaje de Demóstenes 17 en el asíndeton y, puesto que

ningún ser vivo, ni instrumento, arma o cosa alguna puede llegar a ser, con la merma o pérdida de una parte propia, más hermoso, más eficaz o más agradable y, en cambio, el discurso tiene muchas veces más emoción y garra si se prescinde de las conjunciones», se deduce fácilmente que éstas no son «parte propia» de la oración, sino elementos unitivos y conectivos, «como la cola en los libros»...

Plutarco no podía ignorar, sin embargo, que todas esas otras partes de la oración eran ajenas a la reflexión platónica quien, como vemos en el Crátilo, el diálogo que dedica al tema de la lengua, no se interesa por las cuestiones gramaticales, sino, como diríamos hoy, lingüísticas —signo triangular o bifronte, teoría de la convención o tesis naturalista, la evolución lingüística, el debate sobre si es o no posible hablar en falso, etc.— que permitan precisar en qué condiciones y con qué restricciones puede ser efectivamente la lengua el órganon didaskalikòn kaì diakritikòn tês ousías que en dicho diálogo se postula 18 . Al margen de otras muchas observaciones lingüísticas salpicadas por los diálogos, la otra gran aportación de Platón es la discriminación de los valores existencial y copulativo del verbo ser laboriosamente alcanzada en el Sofista, discusión en la que se definen funcionalmente 19 ónoma y rhêma, los términos que constituyen el punto del que parte Plutarco. Y, sin embargo, si leemos con atención este pasaje básico de Sofista 262c podremos constatar, lo mismo que en Crátilo 425a, que Platón no pretende hablar de gramática, sino del discurso como pensamiento verbalizado.

Esto nos devuelve a terreno conocido, porque, como es sabido, la importante contribución de Platón y Aristóteles al estudio de la lengua no se distingue todavía de la Lógica y no vamos a contar con estudios sistemáticos de la lengua hasta época helenística. Como contrapartida los escritos de Aristóteles que tratan de la lengua — Categorías, Sobre la interpretación, Tópicos, Retórica y Poética — inducen a pensar que el conocimiento de la misma que se tenía en Grecia en tiempos de Platón era mucho mayor que lo que los textos reflejan 20 . Siendo así las cosas, Plutarco puede pretender que sus lectores admitan que Platón prescindió de las demás partes de la oración que menciona Aristóteles en su Poética por considerarlas superfluas y nosotros podemos pensar que lo que estimó superfluo fue el ocuparse de esos temas.


TABLA DE VARIANTES TEXTUALES



1 Cf. Charlas 614A-E y 686B-D.

2 Porphyrios’ «Symmikta Zetemata». Ihre Stellung in System und Geschichte des Neuplatonismus nebst einem Kommentar zu den Fragmenten, Múnich 1959, págs. 1-4.

3 Cf. J. OPSOMER , «Zητήματα: structure et argumentation dans les Quaestiones platonicae’, en J. A. FERNÁNDEZ DELGADO , F. PORDOMINGO PARDO (eds.), Estudios sobre Plutarco: Aspectos formales, Madrid, 1996, págs. 71-83, con amplias referencias bibliográficas.

4 Sobre las contradicciones de los estoicos 1046D y F, Sobre las nociones comunes contra los estoicos 1078E y I084D.

5 Cf. P.-L. DONINI , «I fondamenti della fisica e la teoria delle cause in Plutarco», en I. GALLO (ed.), Plutarco e le scienze, ob. cit., pág. 116.

6 Λύσεις, RE, 1927, col. 2511, 1 - 2529, 1. 34.

7 F. ROMANO, «Le Questione platoniche di Plutarco di Cheronea», Sophia 33 (1965), 116-131.

8 J. BOULOGNE , «Les Questions Romaines de Plutarque», ANRW II, 33. 6, 1992, pág. 4683.

9 No parece que sea casual el que las Cuestiones platónicas sean precisamente diez porque en el libro IX de las Charlas de sobremesa (736C) Plutarco se justifica por haberse pasado del «habitual diez», número de Cuestiones que, efectivamente, incluye en cada uno de los demás.

10 En este esquema podría verse un reflejo del in utramque partem disputare que según CICERÓN , Of . 2, 7-8, había adoptado la Academia con Arcesilao como medio de aproximación a un mejor conocimiento.

11 Zητήματα, pág. 79.

12 Contra la opinión de DÖRRIE , «Formula analogiae: an Exploration of a Theme in Hellenistic and Imperial Platonism», en H. J. BLUMENTHAL y R. A. MARKUS (eds.), Neoplatonism and Early Christian Thought. Essays in Honour of A. H. Armstrong, Londres, 1981, págs. 40-41, quien sostiene que Plutarco defiende aquí la variante ánisa, frente a las otras posibles, comparto las de F. ROMANO , loc. cit. pág. 123, J. DILLON , «Tampering with the Timaeus: Ideological Emendations in Plato, with Special Reference to the Timaeus», American Journal of Philology 110 (1989), 51-51 y OPSOMER , Zητήματα, pág. 80, n. 38, de acuerdo con la cual Plutarco intentó explicar la lectura ánisa de su manuscrito.

13 En verdad, no proceden de otro modo los estudiosos que en la actualidad siguen interviniendo en la polémica filológica suscitada por la ambigüedad del texto; la lectura que más adeptos tiene hoy es, precisamente, la defendida por Plutarco; también las razones aducidas para justificarla son básicamente las mismas que nuestro autor discute en esta Cuestión. Para más detalles véase E. CHAMBRY , Platón. Oeuvres complètes. T. VII, Ie partie, La République, París, 1933, [reprint., 19758 ], pág. 140, n. 2.

14 Aunque, frente a quienes consideran que esta discusión carece de inportancia, C. SCHOPPE , Plutarchs Interpretation des Ideenlehre Platons , Münster-Hamburgo, 1994, pág. 19, sostiene que Plutarco no emplea meîzon en el sentido de «cuantitativamente mayor», sino de «ontológicamente más importante», el desarrollo del argumento de Plutarco apunta, en mi opinión, a una mayor extensión, en sentido habitual.

15 Tal vez sea posible encontrar la clave de este desplazamiento interpretativo en las graves dificultades que supuso la Teoría de las Ideas para la Academia Antigua, no sólo en cuanto a la naturaleza de las mismas, sino también en cuanto a la participación en ellas de las cosas sensibles y, fundamentalmente, en cuanto a las relaciones de las Ideas entre sí.

16 Idea propia, no platónica, porque lo único que dice PLATÓN (Tim. 29e) es que el demiurgo quiso «que todo fuese parecido a él en la mayor medida posible». Sobre esta divergencia de Plutarco con respecto a lo que dice realmente Platón, cf. BRISSON , Op. cit, págs. 297-299.

17 DEMÓSTENES , XXI, 72.

18 Para más detalles, véase M.a Á. DURÁN , «Concepto platónico del signo [lingüístico]», REL 18, 1 (1988), 129-148.

19 Ambos términos aparecen juntos también en Crátilo 431b-c, Teeteto 206d y Cartas VII 342b y 343b, pero no son objeto de explicación.

20 Cf. A. A. LONG , «Théories du langage», en J. BRUNSCHWIG y G. LLOYD con la colabaración de M. PELLEGRIN (eds.), Le savoir Grec. Dictionnaire critique, París, 1996, pág. 559.

CUESTIÓN I

1. ¿Cómo será que la divinidad le mandaba a Sócrates que ayudara a parir a otros 1 , pero a él le prohibía procrear, como se dice en el Teeteto 2 ? Porque lo que es entre chanzas [D ] y bromas 3 nunca habría nombrado a la divinidad. Por lo demás, en el Teeteto le atribuye 4 a Sócrates muchas expresiones arrogantes e insolentes, entre las cuales se encuentra incluso la siguiente 5 : «Y es que, mi extraordinario amigo, son en verdad muchos los que se irritan tanto conmigo que realmente me morderían 6 cuando les quito alguna bobada; y no se imaginan que lo hago con buena intención, porque distan de saber que ningún dios es malévolo para con los humanos; tampoco yo hago nada de eso con mala intención, lo que pasa es que de ningún modo me es lícito ni convenir en la mentira ni dejar en la sombra la verdad».

¿Será que a su propia naturaleza, en la idea de que era más crítica que fecunda 7 , la llamó «dios», del mismo modo que dice Menandro 8 «pues nuestra mente es dios» y Heráclito 9 «el carácter de un hombre es su demon 10 », o fue un [E ] motivo de veras divino y sobrehumano 11 el que guió a Sócrates a este modo de practicar la filosofía que consistía en someter a prueba una y otra vez a los demás e ir purgándolos de vanidad, inconsistencia, presunción y del hecho de ser molestos primero para con ellos mismos y luego también para con los demás 12 ? Porque se da el caso de que, como por casualidad, en aquel momento hubo en Grecia una oleada de sofistas y con ellos los jóvenes, que les pagaban mucho dinero 13 , se fueron llenando de suficiencia y saber aparente, y ponían su ambición en rivalizar imitando sus juegos verbales y charlas insustanciales en sus discusiones, y, en cambio, no hacían el menor caso a lo honroso y útil. Por eso Sócrates, que utilizaba el método de la refutación como remedio purgativo 14 , se iba granjeando su confianza al no demostrar nada cuando examinaba a otros, y se los ganaba mejor [F ] al hacer como que buscaba la verdad con ellos sin sostener su propia opinión 15 .

2. Además, el hecho de engendrar es un impedimento [1000A ] para un juicio de real provecho. En efecto, el cariño ciega acerca de lo querido 16 , y de lo propio nada es tan querido como una opinión y un razonamiento por parte del que lo ha concebido. Y es que el reputado justísimo «reparto de los hijos» 17 es sumamente injusto con respecto a los razonamientos. En efecto, en aquello es menester escoger lo propio; en esto, en cambio, lo mejor, aunque sea ajeno 18 . Por ello el que ha engendrado opiniones propias 19 resulta peor juez que los demás con respecto a lo suyo, y, lo mismo que uno de los sabios dijo que los eleos podrían ser los mejores árbitros olímpicos con tal que no compitiera un solo eleo 20 , así tampoco es justo que en las discusiones el que pretenda presidir y arbitrar como es debido aspire él mismo al premio [B ] y compita con los que vaya a juzgar. De hecho, cada uno de los generales de los griegos, cuando votaron sobre las distinciones, consideró que él mismo había sido el mejor 21 ; y no ha dejado de padecer eso ningún filósofo 22 , excepto los que, como Sócrates, confiesan que no dicen nada suyo, los únicos, por cierto, que se revelan como jueces puros e incorruptibles de la verdad. En efecto, lo mismo que si el aire en los oídos no está tranquilo y libre de voz propia, sino lleno de ecos y de zumbidos 23 , no se capta con precisión lo dicho, así también si algo, desde dentro, perturba con el estrépito de su réplica al elemento que juzga los argumentos filosóficos, [C ] será difícil comprender lo dicho desde fuera 24 ; pues la propia e íntima opinión no está dispuesta a aceptar lo que sea discordante con ella, como testifican la mayoría de las escuelas filosóficas de las que la filosofía, en el mejor de los casos, puede sostener una, pero todas las demás siguen siendo creídas y batallando contra la verdad.

3. Más aún, si no es posible al humano ni comprender ni conocer nada 25 , es natural que la divinidad le impidiera alumbrar vaciedades, patrañas e inconsistencias y que, en cambio, lo obligara a refutar a los demás cuando sostenían opiniones de esas características 26 ; que no era escasa ayuda, sino la mayor el que el razonamiento intentara liberarlos del mayor de los males, el engaño 27 y la frivolidad:

ni siquiera a los Asclepíadas les concedió eso el dios 28

porque la medicina de Sócrates no aspiraba a sanar el cuerpo, sino que era purificación 29 del alma llena de úlceras y [D ] corrupta 30 . Que si hay ciencia de lo verdadero y la verdad es una 31 , no participa de ella menos que el que la encontró el que ha aprendido del que la encontró 32 ; pues recoge más el que no cree tener 33 y recoge lo mejor de cada cual, del mismo modo que el que no ha engendrado adopta el mejor hijo.

4. Eso sin contar 34 que no merecía el menor esfuerzo lo demás —poemas, conocimientos, discursos de oradores y opiniones de sofistas— que su demon impidió a Sócrates alumbrar; en cambio, la única sabiduría que Sócrates consideraba tal, la relativa a lo divino y pensable 35 y que él llamaba erótica 36 , esa no nace en los hombres ni es descubierta, [E ] sino que es reminiscencia 37 . Por eso, Sócrates no enseñaba nada, sino que provocando en los jóvenes dudas a modo de dolores de parto, los despertaba, los animaba y les ayudaba a dar a luz los pensamientos que se habían formado en ellos 38 . Y a eso lo llamó oficio de comadrona 39 , que no introduce conocimiento desde fuera, como pretenden los otros, en aquellos con los que tratan, sino que a los que tienen en sí uno propio aunque imperfecto, confuso y necesitado de alguien que lo críe y lo confirme, se lo ponen delante.

CUESTIÓN II

1. ¿Por qué será que al dios supremo lo llamó padre y creador de todas las cosas 40 ? ¿Será porque es padre de los dioses —de los engendrados 41 — y de los humanos, como le dice Homero 42 , pero artífice de los irracionales e inanimados? [F ] Pues, dado que no se ha nacido de la placenta 43 , sino del esperma, dice Crisipo 44 que es llamado padre el que propociona el esperma. ¿O usó la metáfora como solía y llamó a la causa padre del universo, lo mismo que en el Banquete 45 llama a Fedro «padre de los discursos sobre el [1001A ] amor», porque fue el que los propuso; y en el diálogo de su nombre 46 lo llama «el de hermosos hijos», porque él dio ocasión a que tuvieran lugar muchos e importantes argumentos filosóficos 47 ? ¿O es diferente el padre del creador y el nacimiento del origen 48 ?, pues lo mismo que lo engendrado ha empezado, precisamente con ello, a vivir 49 , y no hay vuelta atrás, así también el que lo ha engendrado, precisamente con ello, lo ha hecho, porque el nacimiento es el empezar a vivir de un ser animado 50 ; pero, mientras la obra producida se opone a su creador, sea éste albañil, tejedor, fabricante de liras o escultor, la vitalidad inicial le es suministrada al que ha sido engendrado por el que lo engendró 51 y conserva su naturaleza, como fragmento y parte que es del [B ] que lo engendró 52 . Puesto que, en verdad, el universo no se parece a los productos modelados o compuestos, sino que contiene en sí gran parte de vitalidad y de divinidad, que el dios derramó de sí mismo e incorporó en la materia 53 , es natural que lo llame a la vez padre del Universo, porque éste es un ser vivo, y creador.

2. Siendo esto fundamentalmente concorde con la opinión de Platón, has de considerar atentamente si también merece ser creída esa otra conocida afirmación de que, siendo dos los elementos de los que está constituido el Universo, cuerpo y alma 54 , al primero no lo engendró el dios, sino que, dada la materia, le dio forma y la ajustó 55 , sometiéndo y definiendo lo ilimitado con los límites 56 y figuras apropiados 57 . En cambio el alma, como participa de intelecto, raciocinio [C ] y armonía 58 , no es sólo producto, sino también parte del dios y no se ha producido por obra suya, sino de él y a partir de él 59 .

CUESTIÓN III 60

1. En la República 61 compara el conjunto de todas las cosas 62 con una línea dividida en segmentos desiguales 63 , el del género de lo visible y el de lo racional, y de nuevo, de acuerdo con la misma proporción, divide cada uno de ellos en dos y, una vez que ya ha trazado los cuatro segmentos, en el de lo racional señala en primer lugar el relativo a las primeras formas, y en segundo lugar el matemático; al primer segmento de lo sensible corresponden los cuerpos sólidos, y al segundo sus reproducciones e imágenes. Y a cada uno de los cuatro los hace objeto de una facultad propia, entendimiento [D ] al primero, reflexión al matemático, y a los perceptibles creencia y conjetura a los relativos a las imágenes y reproducciones. Pues bien, ¿con qué objetivo dividió el conjunto en segmentos desiguales y cúal de los segmentos es mayor, el inteligible o el perceptible? Que él no lo explicita.

Al pronto parecerá que es mayor el perceptible 64 ; en efecto, la esencia de lo inteligible, indivisible y por ello inmutable, está condensada breve y limpiamente; en cambio, la relativa a los cuerpos, dispersa y errante 65 , produce lo perceptible. Además, lo incorpóreo está emparentado con el límite, mientras que el cuerpo es ilimitado 66 e indefinido en tanto que materia y se hace perceptible cuando es definido por participación de lo inteligible 67 . Más aún, lo mismo que [E ] cada una de las propias cosas perceptibles tiene muchas reproducciones y sombras e imágenes y que, en suma, es posible que a partir de un solo modelo se produzcan, tanto natural como artificialmente, muchísimas imitaciones, así el que las cosas de aqui difieran de lo de allí en número, es necesario de acuerdo con la doctrina de Platón, porque da por sentado que las realidades inteligibles son modelos o formas de las cosas perceptibles que vienen a ser reproducciones o reflejos de aquéllas. Más aún, deduce la intelección de las formas 68 de la abstracción y depuración de lo corpóreo, pasando en el plan de estudios 69 desde la aritmética a la geometría 70 y tras ésta a la astrología y colocando por encima [F ] de todas la armónica. Y es que las figuras geométricas surgen cuando la cantidad adquiere extensión 71 ; y los sólidos cuando la extensión adquiere profundidad; los objetos de la astrologia cuando los sólidos adquieren movimiento y los de la armónica cuando el sonido se agrega al cuerpo en movimiento. Conque, eliminando el sonido de los que se mueven, [1002A ] el movimiento de los sólidos, la profundidad de los planos y la extensión de las cantidades daremos con las propias formas inteligibles 72 , que no difieren en nada entre sí, si son consideradas desde el punto de vista de su carácter singular y único 73 . En efecto, la unidad no produce el número, a no ser que entre en relación con la diada infinita 74 . Y una vez que, de este modo, ha producido el número, sigue a los puntos, luego a las líneas y a partir de éstos continúa hacia las superficies, profundidades y cuerpos y también a las cualidades de los cuerpos sometidos a alteraciones. Además, a las realidades inteligibles las juzga una sola facultad, el entendimiento; en efecto, la reflexión es el entendimiento aplicado a los objetos matemáticos ya que en ellos se reflejan las realidades inteligibles como en espejos 75 ; en cambio, para conocer los cuerpos, como son tantos, la naturaleza nos ha dado cinco facultades y órganos sensitivos diferentes; y no todo es captado por ellos, que por su pequeñez muchas cosas escapan a la percepción. Más aún, lo mismo que, estando [B ] cada uno de nosotros constituido por el alma y el cuerpo, el elemento rector inteligente es pequeño y está oculto en una gran masa de carne 76 , es verosimil que así le ocurra en el Universo a lo inteligible con respecto a lo perceptible 77 ; en efecto, las realidades inteligibles rigen a las corporales, pero lo que procede de un principio es más numeroso y extenso que cualquier principio 78 .

2. Contra esto se podría decir en primer lugar que al comparar lo perceptible con lo inteligible estamos, en cierto modo, igualando lo mortal a las realidades divinas, puesto que la divinidad se cuenta entre las realidades inteligibles 79 ; a continuación que, sin lugar a dudas, lo contenido 80 es siempre menor que el continente y que la naturaleza del mundo [C ] rodea lo perceptible con lo inteligible, pues «el dios puso el alma en el centro y la extendió en todas las direcciones y aún desde fuera envolvió los cuerpos con ella» 81 . Pero, como se dice en las Leyes 82 , el alma no es visible «ni perceptible por ninguno de los sentidos»; por eso también cada uno de nosotros está destinado a corromperse, mientras que el Universo no ha de corromperse, pues a la condición vital de cada uno de nosotros la rodea el elemento vinculado a la muerte y disolución; en cambio, en el Universo lo corpóreo, como está rodeado en medio 83 , se conserva constantemente por obra del poder supremo e inmutable 84 . De hecho, se dice de un cuerpo que es indiviso e indivisible por su pequeñez, mientras que lo incorpóreo e inteligible lo es por ser simple, [D ] puro y estar libre de toda alteridad 85 y cambio. Además, es fácil hacer conjeturas sobre lo incorpóreo a partir de lo corpóreo. Se dice así que el «ahora» es indiviso e indivisible 86 y que está simultáneamente en todas partes 87 sin que haya parte alguna del mundo exenta de él, pero también que todos los accidentes y acciones y todas las destrucciones y generaciones que tienen lugar en el Universo están envueltos en el «ahora». Y, por ser lo inteligible simple y homogéneo 88 , facultad que lo tenga por objeto es sólo el entendimiento, como de la luz la vista; en cambio, dado que los cuerpos tienen muchas diferencias y desigualdades, hay unas facultades que son como instrumentos para captar unos y otras para captar otros 89 . Pues bien, tampoco desprecian con [E ] fundamento lo inteligible 90 y la capacidad de pensar que hay en nosotros, pues, por ser mucha y grande, está por encima de todo lo perceptible y accede a lo divino. Mas lo fundamental es que él mismo, al exponer en el Banquete 91 cómo hay que utilizar los sentimientos amorosos, haciendo pasar al alma de las percepciones hermosas a lo inteligible, insta a no someterse y servir la belleza de un cuerpo, ocupación o única ciencia, sino, despreciando la mezquindad que reside en ellos, a «dirigirse al inmenso piélago de la belleza».

CUESTIÓN IV

¿Cómo será que al demostrar que el alma es siempre más importante que el cuerpo y causa 92 y principio de su generación 93 , repite 94 que no podría haber alma sin cuerpo 95 [F ] ni entendimiento sin alma 96 , sino alma en el cuerpo y entendimiento en el alma?, pues va a parecer que el cuerpo es y no es, porque al tiempo que coexiste con el alma es también engendrado por el alma. ¿O será verdad lo que hemos repetido muchas veces 97 ? Esto es, que el alma sin entendimiento 98 [1003A ] y el cuerpo sin forma 99 coexisten constantemente uno con otro, sin que ninguno de los dos haya tenido generación ni principio, sino que, cuando el alma llega a participar del entendimiento y de la armonía 100 y ha conseguido hacerse prudente gracias a la concordancia, se convirtió para la materia en causa del cambio y, dominando con sus propios movimientos los de aquélla 101 , la atrajo y enderezó sus movimientos 102 ; de ese mismo modo el cuerpo del universo fue generado por obra del alma, cuando se fue amoldando y haciendo parecido a ella. En efecto, el alma no fabricó la naturaleza del cuerpo a partir de sí misma ni a partir del no ser, sino que a partir del cuerpo sin orden 103 y sin estructura hizo [B ] un cuerpo organizado y dócil 104 . Por tanto, lo mismo que si alguien dijera que la capacidad de la semilla está siempre en lo corporal, pero que el cuerpo de la higuera o del olivo nacen por obra de la semilla, no diría nada desacertado (pues el mismo cuerpo, al producirse en él movimiento y cambio por obra de la semilla, adquiere sus características y germina 105 ), de ese mismo modo la materia informe e indefinida, se organiza por la presencia del alma y adquiere esa forma y disposición características.

CUESTIÓN V

1. ¿Por qué, siendo así que hay cuerpos y figuras rectos unos y circulares otros 106 , tomó como principios de los rectos el triángulo isósceles y el escaleno 107 , el primero de los [C ] cuales forma el cubo, que es elemento de la tierra, y el escaleno forma la pirámide 108 , el octaedro y el icosaedro 109 , que son, el uno, semilla del fuego, el otro del agua y el tercero del aire 110 ; pero prescindió completamente de los circulares 111 , aunque se acordó de la esfera, cuando dice 112 que cada una de las figuras enumeradas es susceptible de dividir un cuerpo esférico en partes iguales?

¿Acaso, como suponen algunos, relacionó el dodecaedro con la esfera al decir 113 que «el dios utilizó» esa figura para la naturaleza del universo «cuando trazó su dibujo»? En efecto, es especialmente flexible porque, por los muchos elementos [D ] que lo forman 114 y por la escasa agudeza de sus ángulos, se aparta de la línea recta, y además por su carácter radial resulta redondeado y convexo 115 , como las pelotas hechas con doce trozos de cuero 116 . Pues tiene veinte ángulos diedros a cada uno de los cuales rodean tres ángulos planos, que son obtusos ya que cada uno suma un ángulo recto más un quinto; y está compactamente compuesto de doce pentágonos de ángulos y lados iguales, cada uno de los cuales está formado por treinta de aquellos primeros triángulos escalenos 117 ; por eso también parece que el Zodíaco y el año reproducen las divisiones de las partes, ya que son del mismo número 118 .

2. ¿O acaso es por naturaleza lo recto anterior a lo curvo y después de todo la línea curva es una alteración de la [E ] recta? En efecto, se dice que lo recto se curva y el círculo se dibuja con centro y radio —y éste es una posición de la recta— en orden a la cual incluso se mide, pues el perímetro dista lo mismo por todas partes del centro. Y por obra de las rectas se engendran también el cono y el cilindro, el primero al girar un triángulo en torno a uno de los lados que permanece fijo con el otro y la base, y el cilindro cuando le ocurre eso mismo a un paralelogramo 119 . Además, si lo más corto está más cerca del principio, la línea más corta de todas es la recta. En efecto, en la curva, lo de dentro es cóncavo y lo de [F ] fuera convexo. Más aún, los números son anteriores a las figuras, ya que la unidad es anterior al punto. En efecto, el punto es la unidad en reposo; pues bien, la unidad es triangular, porque todo número triangular 120 si es multiplicado por ocho y se le agrega una unidad, se convierte en cuadrado. Y eso también le ocurre a la unidad 121 . Por tanto, el triángulo precede al círculo. Y si esto es así, también la recta precede a la curva. Además, el elemento no se resuelve en ninguno de los conjuntos formados a partir de él, mientras que los demás se resuelven en elementos. Así pues, si el [1004A ] triángulo no se descompone en ninguna figura curva, y, en cambio, al círculo lo dividen en cuatro triángulos los dos diámetros, lo recto podría ser por naturaleza precedente y más elemental que lo circular; por cierto, que lo recto es primordial y lo circular posterior y accidental, el propio Platón lo demostró. Pues tras haber formado la tierra a partir de cubos 122 a cada uno de los cuales los rodean superficies rectas, dice 123 que su estructura es esférica y redonda. Conque no había necesidad alguna de hacer un elemento propio de lo curvo si esa configuración sucede naturalmente a las rectas [B ] cuando se ensamblan unas con otras de modo adecuado.

3. Más aún, la recta, tanto la mayor como la menor, conserva el mismo carácter de línea recta, en cambio, a las circunferencias de los círculos, si son más pequeñas las vemos más curvadas y cerradas en su curvatura; y si son mayores, abiertas. Así pues, considerados desde el punto de vista de su circunferencia convexa, unos círculos cortan los planos subyacentes en un punto y otros en un segmento 124 ; de modo que uno podría sospechar que muchas rectas colocadas cerca unas de otras dan lugar a la línea curva 125 .

4. Pero ten en cuenta 126 que ninguno de los cuerpos circulares y esféricos de aquí es perfecto 127 , sino que, como, por la distensión y la extensión 128 de las rectas o por la pequeñez de las partes, pasa desapercibida la diferencia, se presenta como redondo y circular, por lo cual tampoco ninguno [C ] de los cuerpos esféricos de aquí gira naturalmente en círculo 129 , sino que todos sin excepción se mueven en línea recta. Y es que lo verdaderamente esférico 130 no pertenece a un cuerpo perceptible, sino que es un elemento del alma y del entendimiento 131 , a los cuales atribuye también el movimiento circular como naturalmente adecuado a ellos 132 .

CUESTIÓN VI 133

¿Por qué se dice en un pasaje del Fedro 134 que la naturaleza del ala, gracias a la cual se eleva lo pesado, es de las partes del cuerpo la que mayor comunidad tiene con lo divino?

¿Acaso porque el diálogo versa sobre el amor, porque el amor tiene querencia por la belleza corporal, y porque la belleza, por su semejanza con lo divino, mueve al alma y provoca [D ] en ella la reminiscencia 135 ? ¿O más vale no empeñarse, sino que, simplemente, hay que entender que, siendo tantas las facultades del alma relativas al cuerpo, el ejercicio del razonamiento y de la reflexión tiene mayor comunidad con lo divino, puesto que dijo que tiene por objeto los seres divinos y celestes 136 ; pues bien, de un modo insólito la llamó «ala», en la idea de que el alma es la que nos eleva por encima de las cosas insignificantes y mortales 137 .

CUESTIÓN VII

1. ¿Cómo dice Platón en una ocasión 138 que el movimiento de impulsión 139 , como nunca tiene lugar en el vacío, es causa de los efectos de las ventosas que aplican los médicos y del proceso de la deglución, del lanzamiento de pesos, de las corrientes de agua, de los rayos y de la aparente 140 capacidad de atracción del ámbar y de la piedra de Heraclea 141 [E ] así como de la armonía de los sonidos? Pues va a parecer que reduce de un modo absurdo la generación de efectos multiples y dispares a una sola causa.

2. En efecto, lo de la respiración, cómo ocurre por el movimiento del aire en sentido contrario, él mismo lo ha explicado suficientemente 142 , pero de todo lo demás 143 , tras haber dicho que es prodigioso y que, por no existir el vacío, esas mismas cosas se empujan unas a otras e intercambian sus posiciones al volver a su sitio propio, nos deja la tarea de explicarlo en detalle.

3. Pues bien, lo de la ventosa, en primer lugar, viene a ser algo asi: el aire rodeado por ella junto a la carne con el [F ] calor se pone incandescente, se hace más fino que los poros del cobre y es expulsado, no al vacío, porque no lo hay, sino al aire que rodea por fuera la ventosa, y lo empuja; y éste al que tiene delante. Y al ser constantemente sujeto y objeto de este movimiento, el de delante va avanzando, buscando la [1005A] zona vacía que el primero había dejado. Y así, al caer sobre la carne que abarca la ventosa y volver a subir caliente, hace a la vez que la humedad salga hacia la ventosa 144 .

4. La deglución ocurre de la misma manera. En efecto, las cavidades de la boca y de la garganta están siempre llenas de aire; por tanto, cuando la comida es apretada por la lengua, estando a la vez tensas las amígdalas, el aire queda expulsado hacia el paladar por el que avanza y a la vez va empujando la comida.

5. Los cuerpos que son lanzados 145 abren el aire al caer en él con el golpe y lo separan; y el que circula por detrás, como tiende por naturaleza a buscar y llenar la zona que va quedando vacía, sigue al objeto lanzado, acelerando a la vez el movimiento.

6. Las caídas de rayos y los lanzamientos propiamente dichos se parecen. En efecto, la sustancia incandescente salta al aire por causa del golpe que ha tenido lugar en la nube y éste, desgarrado, retrocede y, al volver a caer al mismo lugar, empuja desde arriba, arrojando contra natura el rayo hacia abajo 146 .

7. El ámbar no atrae ninguno de los cuerpos próximos, como tampoco la piedra imán, ni a ellos les salta por sí misma partícula alguna de los cuerpos que están cerca, sino que la piedra emite unas emanaciones gaseosas pesadas, en cuyo contacto el aire, al elevarse, empuja al que tiene delante, y éste, como hace torbellinos y a su vez se va para abajo hacia la zona que va quedando vacía, atrae al hierro y lo arrastra en su movimiento. El ámbar, por su parte, tiene algo parecido [C ] a la naturaleza de la llama o del viento y lo expulsa con la fricción de su superficie, porque se abren los poros; y éste, al salir, hace lo mismo que el imán, arrastra, los cuerpos próximos más pequeños y secos que están cerca, por su liviandad y falta de capacidad de resistencia; pues no tiene vigor, ni peso e impulso capaces de exhalar una masa de aire con la que hacerse con los mayores, como también ocurre en el caso del imán.

Entonces, ¿cómo es que el aire no empuja ni acerca al imán ni piedra ni madera, sino tan sólo el hierro? Este problema se les plantea tanto a los que creen que la adhesión de los cuerpos se produce por atracción del imán como a los que admiten que ocurre por traslación del hierro 147 , pero podría haber sido fácilmente resuelto por Platón de este modo. [D ] El hierro 148 no es muy poroso, como la madera, ni muy compacto, como el oro o la piedra, sino que tiene poros, venas y asperezas que, por sus irregularidades, se adaptan al aire, de modo que éste, cuando, al ser desplazado, cae sobre el imán, no resbala, sino que, detenido por determinados lugares y resistencias que encajan con él, hace fuerza sobre el hierro y lo empuja 149 . La explicación de estos fenómenos podría ser, pues, de este tipo.

8. En cambio el fluir de las aguas sobre la tierra no tiene tan fácil explicación en el argumento del movimiento de impulsión; pues hay que tener en cuenta que a las aguas estancadas que no se mueven y permanecen así las rodea y [E ] congrega por todas partes el aire inmóvil, sin dejar resquicio vacío por parte alguna. Por tanto, el agua de la superficie en los estanques y en los mares se agita y forma olas porque el aire toma movimiento; en efecto, sigue inmediatamente al que se desplaza y fluye con él por el desnivel. Pues el golpe abajo produce el seno de la ola y el golpe arriba la cresta, hasta que se calma y se serena cuando el espacio que rodea al líquido se detiene. Pues bien, el fluir de las corrientes, como va siempre buscando la zona desalojada por el aire a la par que es empujado por las aguas que tienden a ocupar el lugar que ha quedado libre, está en continuo e incesante movimiento. Por ello también van más deprisa los ríos crecidos; en cambio cuando es escasa y poco profunda, el agua fluye 150 débilmente, porque el aire no provoca ni admite [F ] mucho movimiento de sustitución. Y es necesario que las aguas de los manantiales también refluyan de este modo, porque el aire desciende desde la salida a las zonas vacías del fondo y hace surgir de nuevo el agua hacia la salida. Pues al ser golpeado por el agua el suelo de una estancia [1006A ] umbría y que alberga aire en calma produce el soplo del viento cuando el aire recibe los golpes y es desalojado por el líquido que le cae al lado. Así sucede que son mutuamente expulsados y que mutuamente son repelidos, sin que haya vacío en el que uno de los dos se asiente y quede exento de participar del cambio del otro.

9. Pues bien, lo relativo a la armonía él mismo lo tiene dicho 151 , cómo hacen 152 que se adapten los sonidos. En efecto, el rápido resulta agudo y el lento grave; por ello también los agudos provocan antes la percepción. Pues cuando los graves van empezando y caen sobre éstos que ya se están agotando y cesando, la mezcla de ambos produce por su semejanza 153 placer al oído, que es lo que llaman armonía, [B ] Que su instrumento es el aire es fácil de entender sobre la base de lo que llevamos dicho 154 , puesto que el sonido es un golpe que, por obra del aire, recibe por los oídos el que lo percibe 155 . En efecto, lo golpea el aire golpeado por lo que se haya movido, de modo vivo, si es violento, de modo apagado, si es más flojo. Precisamente el que es golpeado violenta e intensamente llega antes al oído; el más grave, cuando hace el recorrido y llega a su vez, sigue y contribuye a la percepción después 156 .

CUESTIÓN VIII

1. ¿Cómo dice el Timeo 157 que las almas fueron sembradas en la Tierra, en la Luna y en todos los demás instrumentos del tiempo?

[C ] ¿Acaso ponía así en movimiento a la Tierra, lo mismo que al Sol, a la Luna y a los cinco planetas, a los que, por causa de sus cambios de dirección 158 , llamó «instrumentos del tiempo» y era necesario que la Tierra 159 , «girando 160 en torno al eje que atraviesa el Universo» no fuera creada fija y permanente, sino que la concibe girando y retornando, como mostraron más tarde Aristarco 161 y Seleuco 162 , el primero sólo como hipótesis, Seleuco, en cambio, demostrándolo? Y Teofrasto 163 agrega además que en la vejez Platón se arrepintió de haber atribuido a la Tierra, sin corresponderle, el centro del Universo.

2. ¿O se opone a esto la mayor parte de las opiniones [D ] que unánimemente le resultan satisfactorias al hombre y hay que corregir «del tiempo» por «en el tiempo», prefiriendo el dativo al genitivo, y hay que aceptar que no son llamados instrumentos los astros, sino los cuerpos de los seres vivos? Asi definió Aristóteles 164 el alma como «actualización del cuerpo natural, instrumental y potencialmente vivo». De modo que el sentido viene a ser éste: en el tiempo las almas fueron implantadas en los adecuados cuerpos instrumentales 165 . Pero también esto es contrario a su parecer, pues no dice una sola vez, sino muchas que los astros son instrumentos del tiempo, especialmente cuando 166 dice que junto a los demás planetas el propio Sol «nació para delimitar y vigilar [E ] el cómputo del tiempo».

3. Por tanto, es mejor entender que la Tierra es instrumento del tiempo, ya que no se mueve como los astros, sino que al permanecer girando siempre en el mismo lugar sobre sí misma, proporciona a los que se trasladan ortos y ocasos con los que se definen las primeras medidas de los tiempos, los días y las noches. Por eso también la llamó 167 precisa «guardiana y artesana de la noche y del día». En efecto, los elementos de los relojes de sol son instrumentos y medidas del tiempo sin desplazarse a la vez que las sombras, sino permaneciendo quietos a imitación del obstáculo de la Tierra al Sol que gira en torno a ella, como dice Empédocles 168

mas la Tierra, al cortar el paso a los resplandores, hace la [F ] noche.

De modo que eso tiene una explicación de este tipo.

4. Con mejor fundamento podría uno sospechar esto otro, que sea inverosímil y absurdo decir que el Sol ha nacido junto con la Luna y los planetas para definir el tiempo 169 . Y ello tanto más cuanto que el Sol goza de gran predicamento y que por el propio Platón es llamado en la República 170 «rey y señor de todo lo perceptible, como el bien lo es de lo inteligible». Pues lo perceptible es llamado deseendiente [1007A ] de aquél, porque el Sol hace que las cosas visibles, al quedar iluminadas, accedan a la existencia, del mismo modo que por obra de este otro les sobrevienen a las cosas inteligibles el ser y el ser objeto de conocimiento. Pues bien, dado que el dios tiene esa naturaleza y tan gran poder, no parece muy sólido ni especialmente razonable que haya nacido como instrumento del tiempo y medida visible de la mutua diferencia en lentitud y rapidez de las ocho esferas 171 . Por tanto, hay que decir que los que se turban por estas cosas creen erróneamente que el tiempo «es medida y cómputo del movimiento de acuerdo con lo anterior y posterior», como dice Aristóteles 172 o bien «lo cuantitativo en el movimiento», como Espeusipo 173 , o «dimensión del movimiento» [B ] y nada más, como algunos estoicos 174 que definen su esencia por lo contingente, sin prestar atención a su potencia que al menos Píndaro parece intuir de modo no despreciable cuando dice 175

al soberano Tiempo que supera a todos los bienaventurados

Y también Pitágoras que, a la pregunta «¿qué es el tiempo?», contestó que el alma del Universo. Porque el tiempo no es accidente ni contingencia de un eventual movimiento 176 , sino causa, potencia y principio de la simetría que asegura la cohesión de todo lo que existe y de la organización cuyo movimiento regula la naturaleza del Universo, porque ésta está dotada de vida. Antes bien, por ser movimiento la [C ] propia organización y simetría son llamadas tiempo 177 .

Pues recorriendo entero el camino que retorna, conforme a la norma conduce a los mortales 178

En efecto, la esencia del alma es según los antiguos 179 «número en sí que se mueve a sí mismo». Precisamente por eso dijo Platón 180 que el tiempo nació a la vez que el cielo, pero el movimiento incluso antes de que fuera generado el cielo 181 . Pero no había tiempo, pues no había organización ni medida alguna ni delimitación, sino movimiento indefinido, como materia del tiempo, sin forma ni estructura; pero, cuando empapó la superficie 182 y sometió la materia a los esquemas de estructura 183 y el movimiento a las revoluciones, convirtió la primera en mundo y el segundo en tiempo. Que ambos son imágenes del dios 184 , de su esencia 185 el mundo, de su [D ] eternidad imagen en el movimiento es el tiempo 186 , del mismo modo que el mundo es el dios en la generación 187 . Por eso dice 188 que nacieron a la vez y que también a la vez han de disolverse de nuevo, si es que les alcanza algún tipo de disolución. Pues al margen del tiempo no es posible lo generado, como tampoco lo es lo inteligible al margen de la eternidad, si esto último ha de permanecer por siempre y lo sometido a proceso no ha de llegar a disolverse nunca 189 . Por tanto, al tener tan necesarias vinculación y combinación con el cielo, el tiempo no es simplemente movimiento, sino, según se ha dicho, movimiento en una organización que tiene medida, límites y revoluciones. Pues bien, siendo el Sol presidente de éstos y vigilante encargado de definir, controlar, [E ] indicar y producir cambios y estaciones que, como dice Heráclito 190 , «todo lo traen», resulta ser colaborador del principal dios y guía, no en asuntos miserables y de menor cuantía, sino en los mayores y más importantes.

CUESTIÓN IX 191

1. Acerca de las funciones del alma en la República 192 , cuando con el mayor acierto Platón compara la armonía de lo racional, lo irascible y lo concupiscible con la concordancia de la cuerda media, la alta y la baja, podría uno dudar si colocó en la media lo racional o lo irascible; porque él no lo ha dejado claro en ese pasaje. Pues bien, la colocación conforme a la localización de las partes sitúa en la zona de la media lo irascible, y lo racional en la alta. En efecto, a lo de [F ] arriba y primero llamaban alto los antiguos 193 , como también Jenócrates 194 llamaba Zeus superior al que está entre los seres inmutables e idénticos e inferior 195 al que está debajo de la luna. Homero 196 fue el primero que llamó «superior entre los poderosos» 197 al dios que manda sobre los jefes. Y con razón ha atribuido la naturaleza a lo más poderoso la [1008A ] zona de arriba, como si asentara en la cabeza lo racional en tanto que piloto 198 y, en cambio, desterrara al final y al fondo lo concupiscible 199 . En efecto, la posición de abajo se llama baja, como evidencian las invocaciones a los muertos, que son llamados «infernales 200 » y «los que están bajo tierra»; y algunos dicen incluso que, de los vientos, el que sopla de abajo desde lo desconocido se llama Noto 201 . Pues bien, dado que lo último ocupa la ubicación opuesta a lo primero y lo bajo la opuesta a lo alto, ocupando ésa lo concupiscible por oposición a lo racional, no puede estar más arriba ni antes, ni 202 puede ser otra cosa más que lo racional. En efecto, los que le atribuyen, en la idea de que es la más [B ] importante 203 , la zona de la media, no se dan cuenta de que están privando de su preeminencia a la de la alta, que no es adecuada ni a la emoción ni al deseo. Pues una y otro tienen natural disposición para estar sometidos y obedecer y ninguno de los dos la tiene para mandar y dirigir a lo racional 204 . Y mejor aún por su naturaleza que por su localización 205 se ve que lo irascible ocupa el rango intermedio entre ellos. Por cierto, precisamente porque a lo racional le pertenece el mandar, a lo irascible le corresponde por naturaleza ser mandado y mandar porque está subordinado a lo racional y domina y reprime el deseo, cuando éste se ha desviado de lo racional 206 . Y lo mismo que en las letras 207 las semivocales están entre las mudas y las vocales porque [C ] suenan más que aquéllas pero menos que éstas, así en el alma del humano lo irascible no es simplemente emocional, sino que tiene a menudo un destello de virtud mezclado a su impulsiva tendencia a la venganza 208 . Y el propio Platón 209 , cuando comparó la estructura del alma con una yunta congénita 210 y su cochero, designó, como todo el mundo sabe, cochero a lo racional; y de los caballos, presentó al elemento relativo a los deseos 211 como desobediente y completamente indisciplinado, «de peludas orejas, sordo, con dificultad obediente al látigo y las espuelas» 212 , y el elemento irascible dócil en general a lo racional y aliado suyo 213 . Por tanto, lo mismo que el cochero no es intermedio de la yunta en valía y poder, sino que uno de los dos caballos es peor que el cochero, [D ] pero mejor que su compañero de tiro, así tampoco asignó la localización de central al elemento superior del alma, sino al que participa de la afección menos que el tercero, aunque más que el primero y de la razón más que el tercero, aunque menos que el primero. De hecho, esa organización conserva la analogía de las armonías, de lo irascible con lo racional como la alta en la cuarta y con relación a lo concupiscible como la baja en la quinta y de lo racional con relación a lo concupiscible como la alta con relación a la baja en la octava 214 . En cambio, si arrastramos lo racional [F ] al centro, más lejos del apetito quedará lo irascible que algunos filósofos identifican con el apetito por su semejanza 215 .

2. Claro que el atribuir a las localizaciones concretas lo primero, lo intermedio o lo último es ridículo 216 , cuando vemos que la misma nota alta ocupa en la lira el lugar de más arriba y primero, pero en las flautas el de abajo y último, y más aún, que la media sigue sonando más aguda que la baja y más grave que la alta sea cual fuere el lugar de la lira en el que se la coloque y se ajuste 217 . Y tampoco el ojo tiene la misma localización en todos los animales, pero en todos y donde quiera que de acuerdo con la naturaleza esté situado es de modo similar naturalmente apto para ver 218 . Por tanto, lo mismo que se dice que el pedagogo 219 no conduce a los [F ] niños yendo delante, sino detrás, o que el general de los troyanos 220

unas veces aparecía arengando a los de vanguardia y otras a los de retaguardia

y estando en uno u otro lugar sigue conservando la preeminencia, así es menester no encajonar las partes del alma en los lugares ni en los nombres, sino fijarse en su capacidad y relación. En efecto, el empezar por asentar arbitrariamente [1009A ] lo racional en el cuerpo humano es convencional, cuando tiene la capacidad principal y más importante —es como la media con relación a la alta, lo irascible, y con relación a la baja, lo concupiscible— aflojar y tensar y conseguir la plena concordancia y armonía eliminando el exceso de uno y otro y evitando que de nuevo arrecien o que se amortigüen 221 . Que la justa medida y la proporción se definen por el término medio 222 . Y es capital incumbencia de la capacidad de la razón el conseguir entre las afecciones esos términos medios 223 que llaman sagradas proporciones 224 porque consisten en la combinación de los extremos con la razón y entre sí por medio de la razón. En efecto la superioridad del [B ] tiro no es media de los caballos ni hay que plantear el arte de conducir el carro como un extremo, sino como proceso que asegura el término medio en la descompensación entre el nervio y el enervamiento de los caballos, del mismo modo que la capacidad de la razón, al compensar la agitación sin sentido de las afecciones y ajustarlas con respecto a sí misma, establece el término medio en la justa medida de defecto y exceso 225 .

CUESTIÓN X 226

¿Por qué dice Platón 227 que el discurso es entramado de nombres y verbos 228 ? Pues parece que *** 229 anula todas [C ] las partes de la oración excepto esas dos, y eso que Homero tuvo la humorada de agruparlas todas sin excepción en ese único verso 230

autòs iṑn klisíēnde, tò sòn géras; óphr ’eû eídēis

En efecto, comprende pronombre, participio, nombre, verbo, preposición, artículo, conjunción y adverbio 231 . Pues la partícula -de se ha colocado en este caso en vez de la preposición eis; en efecto la expresión klisíēnde es semejante a Athḗnaze 232 . Pues bien, ¿qué hay que decir sobre lo de Platón?

¿Acaso que en un principio los antiguos llamaban «discurso primero 233 » a lo que antes se llamaba «juicio» y ahora «proposición 234 », que es la expresión primera que implica decir la verdad o no 235 ? Y eso está constituido de nombre y verbo, a los que los dialécticos 236 llaman sujeto 237 y predicado 238 . En efecto, al oír «Sócrates filosofa» y «Sócrates vuela», vamos a decir que un juicio es verdadero y el otro [D ] falso sin que sea menester nada más 239 . De hecho, es verosímil que al principio los hombres tuvieran que recurrir al lenguaje y a la voz articulada 240 cuando querían explicar y manifestarse unos a otros las acciones y sus agentes y las afecciones y quiénes eran los afectados por ellas. Conque, puesto que nos basta el verbo para expresar las acciones y afecciones y el nombre para los que las hacen y reciben 241 , como dice él mismo 242 , parece que es eso lo que quiere decir. En cambio, respecto de lo demás se podría pensar que no significa 243 ; como los gemidos y gritos de los actores; [E ] también, por Zeus, la sonrisa y el silencio 244 contribuyen con frecuencia a precisar claramente lo dicho, aunque, evidentemente, no tienen inevitable capacidad significativa como el verbo y el nombre, sino la de agregar algún matiz al discurso. De ese mismo modo agregaron matices a las letras los que, tomándolas como tales letras, adoptaron espíritus y sus aspiraciones, alargamientos o abreviamientos de algunas, que son más bien accidentes, contingencias y variaciones de las letras 245 , como demuestran los antiguos que se conformaban con dieciseis para hablar y escribir 246 .

2. Pero, cuidado, no vayamos a malinterpretar a Platón, que dice que el discurso es entramado de nombre y verbo y [F ] no gracias a ellos; no vayamos, como el que acusa de mala fe al que dice que el remedio es mezcla de cera y gálbano, porque ha omitido el fuego y el cacharro sin los cuales no es posible hacer la mezcla 247 , también nosotros a reprocharle que ha pasado por alto conjunciones, preposiciones y demás; pues el discurso no resulta de ellos, sino, acaso, gracias [1010A ] a ellos y no es posible el entramado sin ellos. En efecto, mientras que el que articula «golpea» o «es golpeado» y luego «Sócrates» o «Pitágoras» permite de algún modo entender y comprender algo, en el hecho de pronunciar «por una parte» o «en efecto» o «en torno a» aíslados no hay modo de captar noción alguna de acción o persona 248 . Pues a no ser que se hable sobre ellos 249 o con ellos, se parecen a los ruidos hueros y a los ecos. Dado que esas palabras no tienen la capacidad de significar nada 250 ni aísladas ni combinadas entre sí, sino que si asociamos y combinamos en una misma expresión conjunciones, artículos y preposiciones, intentando construir con ellos una frase corriente, más [B ] va a parecer que estamos tarareando que hablando. En cambio, cuando un verbo se combina con un nombre, el resultado es al punto lingüísticamente significativo 251 . Por ello es natural que algunos sólo tengan en cuenta esas partes de la oración 252 ; incluso puede que Homero lo demuestre cada vez que repite 253

épos t ’ éphat ’ ek t ’onómazen

pues suele llamar épos a un verbo, como en los casos siguientes:

ô gýnai, ê mála toûto épos thymalgès éeipes 254

y

chaîre páter ô xeîne, épos d ’eíper ti léektai deînon, aphàr tó pheréoien anarpáxasai áellai 255

pues no es terrible ni aflige el corazón el decir una conjunción, un artículo o una preposición, sino un verbo que expresa una acción vergonzosa o algún accidente infamante.

Por eso también solemos elogiar o censurar a poetas y prosistas [C ] con expresiones como «éste utiliza admirablemente los nombres del ático» y «hermosos verbos» o, por el contrario, «pedestres», mientras que a nadie se le ocurriría decir precisamente esto, que Eurípides o Tucídides escriben con «artículos pedestres» o, por el contrario, «herniosos» y «áticos».

3. «Entonces» —podría preguntarse uno— «¿es que esas palabras no aportan nada a la frase?» Por lo que a mí respecta contestaría que tanto como la sal a la comida o el agua a la masa; que Eveno 256 solía decir incluso que el fuego es el mejor condimento. Pero no decimos que el agua sea parte de la masa o del pan ni que el fuego o la sal lo sean del cocido o de la comida. Y eso que a éstos los necesitamos constantemente, no como la frase, que con frecuencia prescinde de aquéllos. Me propongo comprobar 257 mi opinión a propósito de la lengua de los romanos que ahora utiliza casi todo el mundo: en efecto, con excepción de unas cuantas, ha [D ] eliminado todas las preposiciones y no admite en absoluto ninguno de los llamados artículos, sino que usa los nombres como sin apéndices. Y no es para sorprenderse, cuando incluso Homero, que sobreasale por el «decoro de sus palabras» 258 , pone artículos a pocas palabras, en la idea de que no son indispensables 259 , lo mismo que las asas de los tazones 260 y los penachos de los cascos; precisamente por eso hay anotaciones críticas 261 a los versos en los que lo hace, como 262

Aíanti dè málista daíphroni thymòn órine töi Telamoniádēi

y 263

poiéen, ôphra tò kêtos hypekprophygṑn aléoito

[E ] y pocos más además de éstos. Pero en los demás, que son muchísimos, la expresión no pierde nada ni en claridad ni en belleza por la ausencia del artículo.

4. Y sin embargo, ningún ser vivo, ni instrumento, arma o cosa alguna puede llegar a ser, con la merma o pérdida de una parte propia, más hermoso, más eficaz o más agradable; en cambio el discurso tiene muchas veces más emoción y garra si se prescinde de las conjunciones 264 . Como el ejemplo siguiente 265

que tenía a uno vivo, recién herido, a otro indemne;

a otro, muerto, lo arrastraba por los pies a lo largo del campo de batalla.

y este tan conocido de Demóstenes 266

pues muchos golpes podría propinar el que golpea, algunos de los cuales no podría siquiera referir a otro el que los recibiera. Con la actitud, con la mirada, con el tono de voz. [F ] Unas veces insultando, otras manifestando su hostilidad; pegando unas veces con los nudillos, golpeando otras en la sien. Eso encrespa, eso exaspera a unos hombres que no tienen costumbre de ser ultrajados.

Y más adelante 267

pero no Midias; sino que desde ese día habla, suelta denuestos, grita. ¿ A quién se vota? Midias el de Anagirunte 268 es candidato. Es próxeno de Plutarco 269 , está al tanto [1011A ] de los secretos, la ciudad le queda chica.

Por eso también el asíndeton goza de gran prestigio entre los que escriben manuales de Retórica; en cambio, a los que se atienen escrupulosamente a la norma y no omiten ninguna conjunción al margen del uso habitual, los acusan de escribir una prosa descuidada, inexpresiva y aburrida por su falta de variedad 270 . Sin embargo, el hecho de que los dialécticos tengan especial necesidad de conjunciones para la coordinación, combinación o disyunción de sus proposiciones 271 , lo mismo que los cocheros de bridas o que Odiseo en la cueva del Cíclope 272 de mimbres para amarrar los carneros *** 273 demuestra que la conjunción no es parte de la oración, sino, como su nombre indica, un instrumento unitivo y conectivo no de todas las expresiones, sino de las complejas 274 , a no ser que también pretendan que la correa es parte del fardo y la cola parte del libro o, por Zeus, las subvenciones parte del gobierno, como decía Demades 275 que llamaba pegamento de la democracia a las partidas del fondo del theorikón 276 . Mas, ¿qué clase de conjunción consigue hacer la unidad de la sentencia coordinando y combinando sus varios elementos como el mármol al hierro templado gracias al fuego 277 ? Sin embargo no es ni se considera parte del hierro, aunque cosas de esa clase, al penetrar y amalgamarse con los ingredientes, son precisamente las que actúan y consiguen consolidar 278 un conjunto a partir de una serie de elementos; sin embargo, hay quienes consideran que las conjunciones no [C ] fraguan la unidad, sino que la lengua es una enumeración 279 , como la de los arcontes o la de los días, puestos en fila unos tras otros.

5. Finalmente, en cuanto a las demás, el pronombre es a todas luces un género nominal, no sólo porque participa de la declinación, sino porque algunos, al decirse de referentes definidos, dan, con su presencia, el mayor relieve a la mostración. Y no veo que identifique mejor a una persona 280 el que pronuncie «a Sócrates» que el que diga «a ése».

6. El llamado participio, que es amalgama de verbo y nombre 281 , no constituye una parte independiente de la oración 282 , como tampoco los nombres comunes a hembras y machos, sino que se ordena junto con aquéllos, porque participa de los tiempos verbales y de la declinación nominal. [D ] Y los dialécticos 283 a las palabras de ese tipo las llaman antanaclásticas 284 , porque tienen la función de nombres y apelativos 285 , por ejemplo, pensante con relación a pensador y moderante con relación a moderador 286 .

7. Es ciertamente posible comparar las preposiciones con capiteles, soportes y pedestales del discurso, en la idea de que no son palabras lexicales, sino que vienen a ser accesorios de las palabras lexicales. Y, fíjate 287 , parecen trozos y fragmentos de palabras 288 , como los que escriben a la carrera con abreviaturas y virgulillas; en efecto, las palabras embênai y ekbênai 289 son evidentes síncopas de entòs bênai y ektòs bênai 290 y progenésthai de próteron genésthar 291 y kathízein de káto hízein 292 , lo mismo que por líthous bállein y toîchous orýssein dicen coloquialmente lithoboleîn y toichorycheîn 293 , abreviando y condensando la expresión.

8. Por eso cada una de ellas 294 contribuye con alguna utilidad al discurso, pero no es parte ni elemento del mismo, por lo menos en el sentido en que se dice que lo son el verbo y el nombre, que dan lugar a la primera combinación susceptible de verdad y mentira, a la cual unos llaman proposición y otros juicio, aunque Platón le decía lógos.

1 La expresión de Plutarco da por supuesto que el lector recuerda el parto viril del que habla Sócrates en Teeteto 150c, cuando compara su mayeútica con la actividad de su madre, que era comadrona. Toda esta primera Cuestión juega con el doble sentido de la procreación en sentido propio y en el sentido figurado en el que PLATÓN nos dice en el Fedro que Theuth es el padre de las letras (Fedro, 275a) o que el discurso necesita constantemente la ayuda de su padre (Fedro, 275e), etc.

2 Teeteto 150c. Frente al maieúesthai platónico, Plutarco ha puesto el contracto maioûsthai.

3 La ironía era un modo de expresión característico de Sócrates, cf. Apología 37e-38a; Gorgias 399e; Banquete 216e.

4 Sujeto, Platón.

5 Teeteto 151c.

6 Mantengo la lectura de los manuscritos, sin completar con el texto platónico.

7 La oposición refleja una imagen bipartita del alma que, más que la platónica, en la que se distinguen un elemento racional y otro no racional, parece responder a la aristotélica entre alma racional y alma vegetativa.

8 Frag . 762 y 70 KOCK.

9 Frag . B119DK.

10 Sobre los distintos tipos de daímones que encontramos en la Grecia arcaica, cf. E. R. DODDS , Los griegos y lo irracional , trad. esp., Madrid, 1960 y A. PÉREZ JIMÉNEZ & G. CRUZ ANDREOTTI (eds.) Seres Intermedios. Ángeles, Demonios y Genios en el Mundo Mediterráneo, Málaga, 2000, especialmente las contribuciones de E. SUÁREZ DE LA TORRE , «La noción de Daimon en la Literatura de la Grecia Arcaica y Clásica», págs. 47-87 y J. DILLON , «Seres Intermedios en la tradición platónica tardía», págs. 89-117.

11 Alusión al daímdn de Sócrates, esa voz que que lo frenaba ante determinadas acciones. A ella dedica PLUTARCO su tratado Sobre el demon de Sócrates. La concepción propiamente plutarquea de daímōn, sus deudas para con sus predecesores, especialmente Platón, y las sutiles modulaciones que constituyen su personal contribución al tema han dado lugar a una extensa bibliografía en la que cabe destacar los siguientes trabajos: P. DECHARME , La critique des traditions religieuses chez les Grecs des origines au temps de Plutarque, París, 1904; G. SOURY , La démonologie de Plutarque, París, 1942; G. MÉAUTIS , «Le mythe de Timarque», Revue des Ét. Anc. 52 (1950), 201-211; Y. VERNIÈRE , Symboles et mythes dans la pensée de Plutarque. Essai d ’interprétation philosophique et religieuse des Moralia, París, 1977; F. E. BRENK , «A most strange doctrine. Daimon in Plutarch», Class. Journal 69 (1073), In Mist Aparelled. Religious Themes in Plutarch's Moralia and Lives, Leiden, 1977, «In the Light of the Moon: Demonology in the Early Imperial Period», ANRW II. 16.3. 1986, págs. 2068-2145; Índices II. 36.2, 1987, págs. 1283-1299; «An Imperial Heritage: The Religious Spirit of Plutarch of Chaironeia», ib. II. 36.1, 1987, págs. 248-349, Índices II. 36.2, 1987, págs. 1300-1322 y «Darkly Beyond the Glass: Middle Platonism and the Vision of the Soul», en S. GERSH y C. KANNENGIESSER (eds.), Platonism in Late Antiquity, South Bend, Indiana, 1982, Christianity and Judaism in Antiquity 8, págs. 39-60; R. M.a AGUÍLAR FERNÁNDEZ , La noción de alma personal en Plutarco, Madrid, 1980; P.-L. DONINI , «Nozioni di daimon e di intermediario nella filosofía tra il I e il II secolo d. C.», en E. CORSINI y E. COSTA (eds.), L'autumno del diavolo, Milán, 1990, págs. 37-50; J. DILLON , «Plutarch and the Separable Intellect», Misticismo y Religiones Mistéricas, ant. cit., págs. 35-35; C. MORESCHINI , «¿Apuleyo mago o Apuleyus philosophus platonicus», en A. PÉREZ JIMÉNEZ y G. CRUZ ANDREOTTI (eds.), Daimon, Páredros, Magos y Prácticas Mágicas en el Mundo Mediterráneo, Madrid-Málaga, 2002, págs. 161-190.

12 Eco de PLAT. , Apología 23c-24a, Teeteto 210c; cf. Sofista 230b-c.

13 La concepción de la enseñanza como una téchnē, compartida por los sofistas y Sócrates, justifica la pretensión de los primeros a ser debidamente remunerados, provocando rivalidades entre ellos de las que Platón se burla en Hipias ma. 282b. Por lo demás, es sabido que Platón, como los aristócratas en general, critica tan agriamente la práctica de cobrar por enseñar como la misthophoría impuesta por Pericles (Gorgias 515c).

14 PLAT ., Sofista 230c-e, 231b.

15 PLAT ., Cármides 165b, Gorgias 506a, Cratilo 384c, y PLUT ., Cómo distinguir a un adulador de un amigo 72 A, Contra Col . 1117 D.

16 PLAT ., Leyes. 731d-e. Recurrente en PLUT.: Distinguir a un adulador 48E, Cómo sacar provecho de los enemigos 90A, 92E. De esta sentencia Plutarco hace partir una guirnalda de ejemplos cada vez más concretos.

17 Frase proverbial.

18 PLAT ., Fedón 85c, Filebo 29a.

19 Posible eco de PLAT. , República, 330 c «Yes que, del mismo modo que los poetas quieren a sus poemas y los padres a sus hijos, de ese mismísimo modo los que han adquirido sus riquezas por sí mismos ponen su afán en ellas, porque es obra propia...» y de Fedro 275a: «Así tú ahora, como eres padre de las letras, les has atribuido por cariño el efecto contrario al que producen».

20 PLUT ., Licurgo 20, 6, Máximas de reyes y generales 190C-D, 215E-F. Ya antes HERÓDOTO , II, 160 y DIODORO SÍCULO , I, 95, 2.

21 HERÓDOTO VIII, 125 y PLUT ., Temístocles 17, 120d, [PLUT .], Sobre la malevolencia de Heródoto 871D-E. El premio fue para Temístocles a quién todos calificaron en segundo lugar. Esta anécdota puede estar en la base del Certamen de las Amazonas —posiblemente una ficción literaria— que refiere PLINIO , XXXIV, 53: varios escultores famosos habían realizado estatuas de Amazonas para el Artemisio de Éfeso. Antes de conceder los premios se pidió a los propios artistas que dijeran cuál era la que, detrás de la suya, consideraban más hermosa.

22 La censura a los filósofos dogmáticos que sostiene la comparación con la conducta de los generales después de Salamina puede incluir a la vez eco de PLAT. , Filebo I4b-c; recurrente en Contradicciones de los estoicos 1036B donde censura a los que combaten por la victoria y no por alcanzar la verdad.

23 Cf. DIÓGENES DE APOLONIA , Frag . A 19 DK; TEOFRASTO , Sobre los sentidos 19 y 41.

24 Sobre el demon de Sócrates 588D-E y 589C-D.

25 Escepticismo radical que Arcesilao atribuía también a Sócrates. Cf. PLUT. , Contradic. estoic. 1036A y Contra Col. 1121F-1122A. Sobre esto, véase P. H. DE LACY , «Plutarch and the Academic Sceptics», Class. Journ. 49 (1953), 79-84.

26 Cf. PLAT. , Teeteto 151 e y 160e-161a.

27 Para Platón el peor mal que puede afligir al alma es la amathía, esto es, la falsa identificación de los valores. Plutarco, sin duda por estar hablando de los sofistas, ha preferido el término apátē que sugiere inmediatamente la teoría estética de Gorgias; Plutarco la generaliza, al menos en sus efectos, a todos los sofistas.

28 TEOGNIS 432. Cf. ATENEO , 6.

29 Plutarco ha escogido la palabra katharmós que nos hace evocar el poema de EMPÉDOCLES Purificaciones, un híbrido de pietismo órfico y de Filosofía de la Naturaleza jonia, tal vez para sugerir que también en Sócrates hay elementos místicos y racionalismo, aplicado ahora a la Ética. Sobre Sócrates, médico del hombre interior, cf. W. JAEGER , Paideia , trad. esp., México, 1957, págs 407-411; el paralelismo entre la medicina, que cura las enfermedades del cuerpo, y la sabiduría, que cura las afecciones del alma, se encuentra también en DEMÓCRITO , Frag. 31 DK. En la metáfora del alma llena de úlceras tenemos un eco clarísimo del mito del Gorgias (524e), que Plutarco conoce perfectamente.

30 Cf. PLAT. , Gorgias 480b y 524e-525a.

31 Contra el relativismo sofistico.

32 La afirmación concuerda con un aspecto importante de la personalidad de Plutarco que, aunque no parece haber contribuido al progreso de los conocimientos científicos, está al tanto de los mismos y se muestra activamente comprometido en su divulgación. De acuerdo con la alternativa que Platón reitera en Laques 186e-187a, Fedón 85c, 99c, Alcibíades 106d, 109d-e, 110d, según la cual se alcanza el saber técnico por aprender de otro o por descubrimiento personal, esto no es necesariamente contradictorio con Sobre cómo se debe escuchar 48 B-D donde defiende la investigación que conduce a los descubrimientos. En cambio, para el superior nivel de la Ciencia Platón exige que cada cual emprenda por sí mismo la ascención dialéctica.

33 Cf. PLUT. , Sobre cómo se debe escuchar 47D.

34 En esta fórmula, cuya traducción literal sería «fíjate», encuentra J. OPSOMER , Zητήματα, pág. 78, la marca de la respuesta de Plutarco a la pregunta formulada y, con ello, la culminación de la Cuestión.

35 La idea platónica, no socrática.

36 Cf. PLAT. , Banquete, 204b, 210e-212a; República 409a, 490a-b, 501d, Teeteto 176c-d.

37 Cf PLUT. , La desaparición de los oráculos 422B-C. La doctrina de la reminiscencia es expuesta por PLAT. en Menón 85d-86c, Fedón 72e-76e y Fedro 249a.

38 Cf. PLAT. , Teeteto 15 la-b y 157c-d.

39 Cf. PLAT. , Teeteto 161e, 184a-b, 210b.

40 PLAT ., Timeo 28c; cf. 37c y 41a. En Charlas de sobremesa 718A, PLUTARCO altera el orden: patéra kaì poieîn. En nuestro texto ha sustituido el toû pantós , el Universo de Platón por tôn pántōn, «de todas las cosas», expresión que se utiliza también para el Universo. En opinión de F. FERRARI , «Dio: padre e artifice», ob. cit., págs. 395-409, frente a Numenio que refería los dos términos a entidades distintas, padre al dios supremo, identificado con el Bien y con el primer intelecto y artífice al intelecto demiúrgico, Plutarco atribuye ambos al único dios de su metafísica, que es, a la vez, principio ontológico y principio cosmológico.

41 Cf. PLAT. , Timeo 40d.

42 «Padre de hombres y de dioses» es una fórmula que se aplica a Zeus doce veces en la Ilíada y tres en la Odisea.

43 Pervive la teoría clásica —cf. ESQUILO , Euménides 657-661— según la cual la madre sólo es depositaria del feto; frente a ella Empédocles y Alcmeón de Crotona, ambos médicos y pensadores, Parménides y Demócrito y, en opinión de P. LAÍN ENTRALGO , El cuerpo humano. Oriente y Grecia antigua. Madrid, 1987, pág. 86, posiblemente también Anaxágoras, defienden la idea de que la semilla procede tanto de la mujer como del varón.

44 Filósofo estoico del S. III a. C. SVF, Frag. 1158.

45 Banquete 177d. Plutarco aplica aquí el principio hermeneútico Platonem ex Platone saphēnízein que utiliza masivamente en la primera parte del Sobre la generación del alma en el «Timeo»; sobre este principio, véase F. FERRARI , «Struttura e funzione», 535-538, con bibliografía y paralelos.

46 PLAT ., Fedro 261a.

47 Fedro 242a-b.

48 De acuerdo con los MSS . E, B, ɛ, n.

49 De acuerdo con los MSS .

50 Cf. PLAT ., Banquete 196e-197a; 205b-c.

51 Cf. PLUT ., Sobre la tardanza de la divinidad en castigar 559D.

52 Cf. PLUT ., Sobre el refrenamiento de la ira 462F.

53 Cf. PLUT ., Charlas 718A. La creencia de que el Universo es divino y de que el alma humana —o parte de ella— es de la misma sustancia que la divinidad se encuentra en los órficos (B 19 DK) y en los presocráticos (HERÁCLITO , Frag. A 15 DK). La idea es básica en el pitagorismo: Según refiere ALEJANDRO POLIHÍSTOR para los pitagóricos el alma de los hombres es un apóspasma o fragmento del éter y lo caliente y lo frío; y es inmortal porque inmortal es aquello de lo que se ha desprendido. En los mitos escatológicos de Plutarco este elemento divino, el noûs, es superior al resto del alma. Cf. P. THEVENAZ , ob. cit., pág. 72; F. BRENK , «The Origin and Retum of the Soul in Plutarch», en M. GARCÍA VALDÉS (ed.), Estudios sobre Plutarco: ideas religiosas, ob. cit.

54 PLAT . Timeo 34a-b, 36d-e.

55 El locus classicus para la concepción Platónica del proceso de creación como imposición del orden se encuentra en Gorgias 503e; para la creación del mundo, véase Timeo 31c-32c, 53b; 69c. En Plutarco, esta concepción se repite en Sobre la generación del alma... 1014B-C e Isis y Osiris 372F.

56 Cf. PLAT. , Filebo 27d.

57 Cf. PLUT. , Charlas... 719A y Sobre la generación del alma ... 1023C.

58 Sobre el concepto de harmonía, véase la nota a Sobre la generación del alma... 1013D.

59 Cf. PLUT. , Sobre la tardanza de la divinidad... 559D. Plutarco amplía lo dicho aquí en Sobre la generación del alma... 1041E; sobre el uso de preposiciones diferentes, véase H. DÖRRIE , «Le Platonisme de Plutarque», Actes du VIII e Congrés G. Budé , París, 1969, que atribuye el cambio a influjo aristotélico. En cuanto al paralelismo entre este pasaje y La desaparición de los oráculos 435, cf. R. M. AGUILAR , ob.cit ., pág. 201.

60 En su análisis de la estructura de esta Cuestión , J. OPSOMER , Zητήματα, págs. 80-82, constata que en la primera sección de la respuesta hay seis argumentos, rígidamente encadenados por éti, sin marcas formales que permitan establecer relaciones o una jerarquía entre ellos. En la segunda sección, en cambio, las formulas introductorias varían, es perceptible una gradación entre los argumentos y queda claramente marcada la mayor importancia del último.

61 República 509d-511e.

62 La suma de los dos géneros que han quedado deslindados en el símil del Sol, el de las cosas visibles y el de las cosas inteligibles.

63 Sobre el problema de lectura que se plantea aquí a Plutarco, véase lo que decimos en la Introducción a este opúsculo.

64 De la eventual mayor extensión del segmento de la línea que representa a las realidades inteligibles parece deducirse la mayor extensión de las mismas. Este punto de vista es considerado erróneo en el § 2.

65 Plutarco acude a conceptos del Timeo —cf. 35a y 37a para explicar la República —; no puede, por tanto sorprendernos el que la terminología utilizada sea común al Sobre la generación del alma... (cf. 1012B, 1014D, 1022E-F). Estos términos aparecen también en Sobre la tardanza de la divinidad... 428B, 430D y en Charlas... 718D y 719E.

66 Cf. PLUT. , Sobre las nociones comunes, contra los estoicos 1080E.

67 Cf. PLUT. , Sobre la generación del alma ... 1013C.

68 PLATÓN dice en República 511d —cf Filebo 62a y Timeo 28a y 52a— que el conocimiento de tipo nóēsis sólo puede tener por objeto las Ideas, pero, tanto en Fedón 74a-76e como en Fedro 250a-d explica que lo que en este mundo nos encamina hacia ellas es la capacidad de evocación de las mismas que tienen las cosas sensibles que las imitan o participan de ellas.

69 El plan de estudios al que son sometidos los guardianes de la Ciudad que han de llegara ser filósofos y regentes en República 525b-531 d.

70 Incluye, sin duda, junto a las figuras planas la estereometría tratada por PLAT . en República 528a-e. De hecho, Plutarco menciona explícitamente los sólidos en las líneas siguientes.

71 Para este uso de mégethos como extensión de un plano, cf. GORGIAS , Frag. B3 DK.

72 También ALEJANDRO DE AFRODISIA atribuye a Platón este modo de acceder a las Formas, que pone en relación con la idea de que en la jerarquía ontológica de la realidad los niveles superiores son más simples. Favorable a la tesis de Alejandro se muestra F. LISI , «Ontología y Política en Platón», EClás. XXXIV (1992), 101, 7-21 (cf. concretamente, pág. 10). Por su parte, ARISTÓT ., Física 193b35-194a7 da a entender que es ajeno al propio Platón este modo de acceder a las ideas, que, por lo demás, le parece una extrapolación abusiva de las Matemáticas a la Metafísica. Cf. H. CHERNISS , Arislotle’s criticism of Plato and the Academy, I, Baltimore 1944, págs. 203-204. Por otro lado, J. OPSOMER , Zητήματα, pág. 82, estima que, muy probablemente, Plutarco haya tomado este argumento de manuales escolares o repertorios doxográficos y que, de ningún modo, podemos atribuírselo, porque es un aspecto de un razonamiento más amplio, que Plutarco va a refutar a continuación. En el mismo sentido se pronuncia H. CHERNISS , Plutarch’s Moralia XIII, 1, pág. 39.

73 Cf. [PLUT .], Dichos 877B.

74 Cf. PLUT. , Sobre la generación del alma... 1012E, 264A, 374A, 388A, La desaparición de los oráculos 428E-429B, ARISTÓT. , Metafísica XIV 4, 1091a23. Esta definición del número, que corresponde al pitagorismo, enmascara la distinción entre número «vulgar», número matemático y número ideal que Platón, en coherencia con su doctrina, exige en República 524e-526b. Cf. Cartas VII 342a-343b. El testimonio de SIMPLICIO indica que la diada, al ser determinada por la unidad produce el dos ideal. Cf. LISI , ibidem. Como observa CH . FROIDEFOND , «Plutarque et le Platonisme», pág. 192, la crítica de Plutarco a Jenócrates implica la unificación por parte de éste del número matemático y el número ideal.

75 Cf. PLUT. , Charlas 718E. La comparación de Plutarco atribuye gráficamente carácter de «imagen» a las entidades matemáticas, aunque, como indica H. CHERNISS , Plutarch’s Moralia XIII, 1, pág. 41, no responde al planteamiento Platónico.

76 Cf. PLUT. , Sobre la tardanza del castigo . 564A, No es posible vivir 1105D y Sobre las nociones com . 1084B.

77 La relación de analogía entre microcosmos y macrocosmos aparece ya en DEMÓCRITO Frag. B 34 DK. En PLATÓN , la encontramos en Filebo 29a-30a. A un planteamiento semejante acude en la República cuando estudia las virtudes del alma en el Estado, en la esperanza de que su mayor tamaño permita captarlas mejor.

78 Cf. 1003E, Charlas 636A-B y Sobre las nociones com. 1077A-B.

79 19 Cf. PLUT. , Sobre la generación del alma 1016B, donde el dios es identificado con «la mejor de las realidades inteligibles».

80 Cf. PLUT. , Sobre la generación del alma 1023A.

81 Timeo 34 b. Cf. PLUT ., 1023A.

82 Leyes . 898e.

83 Cf. PLAT. , Timeo 36e,

84 La razón que da PLATÓN en Timeo 41 a-b para que el Universo, que por ser compuesto y haber nacido, está lógica y naturalmente abocado a la disolución y la muerte, se conserve, es la bondad y voluntad del dios. Cf. PLUT. , Charlas 720B.

85 El interés de Plutarco por evitar la confusión entre los átomos y lo inteligible es más evidente en la argumentación del Sobre la generación del alma 1022E.

86 Cf. PLUT. , Sobre las nociones com. 1081C y, antes, ARISTÓT. , Física 233b33-234a24.

87 Cf. PLAT. , Parménides 131b, ARISTÓT. , Física 218b13 y 220b5-6.

88 Como oportunamente indica H. CHERNIS , Plutarch's Moralia XIII, 1, pág. 46, n. a, que trae a colación Contra Col. 1114D, homogeneidad y simplicidad sólo son atributos de lo inteligible.

89 Frente a la tradición filosófica encarnada en Parménides y Heráclito, EMPÉDOCLES , Frag. DK B3, 4 y A86 «nos apremia» —como dice W. JAEGER , La teología de los primeros filósofos griegos, trad. esp., México, 1952, reprint. Madrid, 19934 , pág. 136— «para que confiemos en nuestros sentidos» o, mejor dicho, en cada uno de nuestros sentidos para el aspecto de la realidad que puede captar, porque las sensaciones de las cosas sensibles resultan de las emanaciones que son adecuadas para penetrar los poros de cada sentido concreto. Consecuencia de ello es que ninguno de nuestros sentidos puede conocer las afecciones de los demás.

90 Plutarco entiende que el noûs es inteligible.

91 Banquete 210d.

92 Mientras que, como es sabido, en los diálogos de la época de madurez Platón encuentra la causa de todo lo que existe en las Ideas, especialmente en la Idea del Bien (cf. República 509b) y aunque en el Sofista (248e-249a) admite que movimiento y alteridad son «principios», lo cierto es que evita ver en ellos la causa del movimiento que, a partir del Fedro , atribuye al alma y a la divinidad. Cf. sobre esto J. B. SKEMP , The theory of motion in Plato’s later dialogues, Cambridge, 1942.

93 Timeo 34b-35 a y Leyes 896a-c; cf. PLUT. , Sobre la generación del alma 1013E-F y 1016A-B.

94 Esta idea había sido expuesta por PLAT . en Timeo 30b, 34c y Leves 896a.

95 Esto es una generalización abusiva de lo que sigue, en contradicción con la tesis de la inmortalidad del alma y de su liberación del cuerpo.

96 Timeo 46d, Sofista 249a, Filebo 30c.

97 Para la tríada entendimiento, alma, cuerpo en la que el alma es configurada por el entendimiento y, a su vez, configura al cuerpo, formulada para el alma individual en el Sobre la cara visible de la luna, cf. R. AGUÍLAR , ob. cit., págs. 51 ss. y 202.

98 En Timeo 44a Platón califica explícitamente de ánous el alma humana, enloquecida al encarnarse, algo muy distinto de la tesis del alma precósmica que Plutarco sostiene aquí. Plutarco es consciente de la originalidad de su explicación que le permite no sólo justificar el movimiento de la materia antes de la creación del mundo, sino también resolver el problema del origen del mal. El tema es ampliamente desarrollado en el Sobre la generación del alma 1014B-E. Cf. 1017A-B. Sobre esto, véase M. BALTES , Die Weltenstehung, págs. 38-45 y 93-94; F. E. BRENK , «An Imperial Heritage», especialmente pp. 264-265, L. BRISSON , Le Même et l'Autre , ant. cit, págs. 297-299 y 449-454. De ello me he ocupado en «Plutarco ante el problema del mal en Platón», págs. 333-341.

99 Timeo 50d y 51a; cf. Sobre la generación del alma... 1014F.

100 En la segunda Cuestión, 1001C, Plutarco atribuye a la divinidad la imposición de orden, razón y armonía en el alma; del mismo modo, en Sobre la generación del alma se lo atribuye al Demiurgo. Aquí, en cambio, no menciona agente externo.

101 Cf. Timeo 42c-d y PLUT. , Sobre la generación del alma ... 1024D.

102 Para la oposición que Plutarco establece entre el movimiento caótico del alma precósmica y el movimiento racionalmente ordenado del alma cósmica, cf. Cuest. Platónicas 1007C, Sobre la generación del alma... 1014F-1015A y 1015E. Como indica F. CASADESÚS BORDOY , «Comentarios Plutarqueos sobre la creación del mundo en el Timeo de Platón», en A. PÙREZ JIMÙNEZ , J. GARCÍA LÓPEZ y R. M.a AGUILAR (eds.), Plutarco, Platón y Aristóteles, págs. 254-260, Plutarco hace del alma inteligente, e. e., una vez que ha sido dotada de noûs, el sujeto de una serie de acciones que hasta ese momento eran de la exclusiva competencia del Demiurgo.

103 Cf. Sobre la generación del alma 1024A-B y Charlas 720B.

104 Cf. Sobre la generación del alma 1029E. Plutarco parece haber amalgamado aquí el carácter eupeithés del caballo bueno del Fedro (254a) y la persuasión que el demiurgo ejerce sobre la Necesidad en Timeo 48a y 56c. Por lo demás, la idea de que el espíritu impone el orden a una materia caótica y con ello la convierte en kósmos era ya fundamental en Anaxágoras, Frag. 12 DK.

105 Cf. [PLUT .], Dichos 905A.

106 Cf PLAT. , Parménides 137d-e y 145b; ARISTÓT. , Sobre el cielo 286b13-16.

107 La aparente arbitrariedad de Platón en esta elección queda satisfactoriamente explicada por K. POPPER , La sociedad abierta y sus enemigos , trad esp., Madrid, reprint2 , 1982, págs. 495-499. Constata, en efecto, que incluyen las raíces cuadradas de 2 y 3, que son irracionales y que, como consecuencia de ello. Platón rompe con la concepción aritmética del mundo propia de los pitagóricos y la sustituye por una concepción geométrica.

108 En otras ocasiones Plutarco utiliza el término tetraedro, cf. Sobre la decadencia de los oráculos 427A.

109 Timeo 53c-56b.

110 Las expresiones «elemento de la tierra» y «semilla del fuego» aparecen en Timeo 56b. Sobre ellas véase CORNEORD , Plato’s Cosmology, The Timaeus translated with a running commentary, Londres, 1937, pág. 223, n. 1.

111 Resulta sumamente atractiva la hipótesis que, como pura hipótesis, propone POPPER , ibidem, pág. 497, que se confiesa en esto deudor de W. MARINELLI: dado que la suma viene a coindir con el valor de π (la diferencia por exceso con respecto a π r es menor de 0, 0047), suma que, de acuerdo con el interés por la adición de irracionales que demuestra en Hipias ma, Platón pudo haber hecho. A juicio de M. ISNARDI PARENTE , «Plutarco e la Matematica Platónica», en, I. GALLO (ed.), Plutarco e le scienze, págs. 130-131, esta Cuestión está básicamente dedicada a refutar una teoría del tipo de la de Timeo Locr. 98d-e, según la cual Platón menciona el dodecaedro con el único propósito de aludir a una esfera imperfecta. En L’ereditá di Platone nell’Accademia antica, Milán, 1989, págs. 51-54, apunta la posibilidad de que Plutarco dependa de exégesis anteriores cuyos autores contrastaran la geometría del Timeo y otras teorías que pudieron ser propuestas incluso en vida de Platón, por ejemplo, la de Arquitas de Tarento quien, de acuerdo con la noticia que transmite ARISTÓT. , Problemas 915a25 ss., planteó la cuestión de la prioridad de las figuras formadas a base de líneas curvas y asentaba en ellas su cosmología.

112 Timeo 55a.

113 Timeo 55c. Según refiere JÁMBLICO, Vida pitagórica, XVIII, 88 (L. DEUBNER) el pitagórico Hípaso murió en el mar por haber cometido el sacrilegio de dar a conocer la construcción de la esfera a base de doce pentágonos.

114 Cf. PLUT. , La desaparición de los oráculos 427B.

115 Cf. PLUT. , La desaparición de los oráculos 428D.

116 Cf. PLAT. , Fedón 110b.

117 En La desaparición de los oráculos 428A Amonio indica que esto no es correcto.

118 Como el dodecaedro, el Zodíaco y el año están formados por doce partes que se subdividen en treinta.

119 La teoría de la rhýsis o génesis de figuras y algunos sólidos haciendo girar figuras planas aparece ya en ARISTÓT ., Acerca del alma 409a3. Sobre su atribución a Arquitas y discusión de la bibliografía ad hoc, véase M. ISNARDI PARENTE , L'ereditá, pág. 55, notas 12-15. En «Plutarco e la matematica Platonica», pág. 133-134, M. ISNARDI sugiere que, movido por su deseo de apoyar el texto Platónico, Plutarco polemiza contra la matemática helenística que había privilegiado figuras como el cono, el cilindro y la esfera.

120 Sobre los números triangulares, Cf. PLUT ., Charlas... 744B.

121 En Sobre la generación del alma... 1020D el primer número triangular es el tres porque, como es lo habitual, la unidad es considerada al margen de la serie numérica. En La E de Delfos 391A la unidad es el primer cuadrado; en La desaparición de los oráculos 429E es el primer número triangular y el primer cuadrado.

122 Timeo 55d-56a.

123 Las alusiones a la esfericidad de la Tierra no llegan hasta 62d. Ya en Fedón 108e-110b la afirmaba Platón. Sobre esto, CF. F. M, CORNFORD , ob. cit., pág. 263. Plutarco identifica aquí lo que Platón dice del «elemento» tierra que está formado de cubos y lo que dice del mundo, que es esférico, como se afirmaba ya en Timeo 44d.

124 Esta distinción es la que separa en Cartas VII 343 a al circulo «en sí» de sus representaciones.

125 Hay cierta contradicción en la actitud de Plutarco que, como acabamos de ver, acepta la rotación de los triángulos como explicación de la generación de sólidos y este otro modo de explicar la generación de las figuras, limitadas por rectas o curvas, por yuxtaposición de líneas rectas. Por el contrario, en el Sobre la cara visible de la luna 932F parece rechazar esta hipótesis y apostar por el carácter uniforme del círculo. En ello ve ISNARDI , ob. cit., pág. 55, indicio de que Plutarco acude aquí a explicaciones ya superadas o en vías de serlo con tal de defender lo afirmado por Platón.

126 De nuevo la fórmula hórā dè mḗ sirve para introducir la propuesta que zanja la cuestión. Sobre ello, véase J. OPSOMER , Zητήματα, pág. 78.

127 Cf. PLAT. Filebo 62a-b y Cartas VII 343a.

128 Para la relación entre la epístasis y éntasis de Plutarco con la tásis de las figuras geométricas de los estoicos, véase, M. ISNARDI , art. cit., pág. 134.

129 Ya ARQUITAS , Frag. A 23a decía que el movimiento círcular es el movimiento natural de los cuerpos esféricos y redondos.

130 Plutarco recupera aquí las consideraciones de PLATÓN en la Carta VII: el círculo «en sí» sólo existe en el mundo de las Ideas; en nuestro mundo cotidiano, que es el que pretende describir en el Timeo, todo círculo está contaminado de recta.

131 Plutarco atribuye al alma, o a su elemento intelectivo, lo que es en Platón el mundo inteligible. H. CHERNISS , Aristotle’s criticism, págs. 601-601, apunta que Plutarco está al borde de la identificación del alma con la «quinta esencia aristotélica».

132 Cf. Timeo 36e-37c; también 34a, y 47b-c, Leyes 898a-b y PLUT. , Sobre la generación del alma... 1024C-D.

133 Plutarco plantea en esta Cuestión dos alternativas: ¿hay que entender que «la naturaleza de ala» es el amor o que es una facultad del alma? Frente a F. ROMANO , «Le ‘Questione Platoniche’», pág. 127 y a C. MORESCHINI , «L’esegesi del Fedro e il medioPlatonismo», Koinonia 14, 1990, pág. 37, que reprochan a Plutarco el dejar ambas opuestas posibilidades sin sintetizarlas, J. OPSOMER , Zητήματα, pág. 79, sugiere que, dada la íntima relación que establece el Fedro entre el alma y el amor. Platón pudo utilizar ambos términos para designar dos aspectos del mismo fenómeno, cuya oposición en Plutarco sería debida a la influencia de la estructura formal de los zetḗmata.

134 Fedro 246d.

135 Fedro 249d-251a y 254b; cf. PLUT. , Erótico, 765B-766A, E-F.

136 Las Ideas son explícitamente llamadas «divinas» en Filebo 62a; en Fedón 84a-b theîos está por «inteligible». El paso previo se encuentra en pasajes como República 61 le, donde el carácter eterno de las Ideas arrastra los adjetivos «inmortal» y «divino», cuasi-sinónimos de «eterno» al que agregan el valor emotivo de su frecuente presencia en la tradición poética. El adjetivo «divino» se aplica a «la belleza en sí», esto es, a la Idea de la belleza, en Banquete 211e.

137 Cf. PLUT. , Sobre si los ancianos 786D.

138 Timeo 79e-80c. Ya en 58 a Platón excluía la existencia del vacío en el Universo, aunque, como es sabido —véase, por ejemplo, W. K. C. GUTHRIE , Historia de la Filosofía griega V, pág. 305, n. 139—, esto no es estrictamente cierto porque los poliedros regulares en contacto tienen que dejar intersticios; la afirmación Platónica debe, pues, entenderse en el sentido de que no están rodeados de vacío.

139 Antiperístasis es término aristotélico, cf. Física 215al4-15 y 267al5-20. El que Platón utiliza al abordar estas cuestiones en Timeo 80c es el verbo periotheîn.

140 PLATÓN habla de «los sorprendentes fenómenos de atracción»; Plutarco los convierte en «aparentes» convencido por el argumento Platónico que niega dicha atracción.

141 El imán, que en el punto 7, en Sobre Isis 376B y en Charlas 641 es llamado sideritis. Como es sabido, en Ion 533d, PLATÓN establece una famosísima comparación entre la imanación de los objetos atraídos por un imán y el contagio del entusiasmo desde el poeta inspirado por la Musa al intérprete y de éste al público.

142 Timeo 79b-80d.

143 Plutarco olvida, sorprendentemente, que en Timeo 67b PLATÓN había explicado sobre la misma base de movimientos de impulsión mutuamente provocados el proceso de audición y se detiene en 79b. donde Platón vuelve a aludir a ello para centrarse ahora en la concordancia de sonidos que será considerada consecuencia del proceso de audición así entendido.

144 Cf. Máximas de filósofos 903E-F.

145 En Timeo 80a PLATÓN , que, por cierto, no habla de aceleración del movimiento, apunta que esta explicación vale también para los cuerpos que ruedan por el suelo.

146 Cf. ARISTÓT ., Meteor . 324a y 369a.

147 H. CHERNISS , Plutarch’s Moralia, pág. 71, n. d, nos hace observar que esta segunda hipótesis es la sostenida por Plutarco y no la que parte de un impulso espontáneo del hierro, pues esta última no chocaría con el problema planteado.

148 Coincidencias y disparidades con LUCRECIO , VI 1058 ss.

149 Cf. Cuestiones sobre la nat . 916D-F.

150 Suprimimos la cruz filológica de la edición de HEUBERT.

151 Timeo 80a-b.

152 De acuerdo con los Mss. En el pasaje en cuestión del Timeo el sujeto es explícito, los movimientos.

153 El texto Platónico es, evidentemente, más explícito: la semejanza en cuestión es la que hay entre el movimiento producido en el sujeto por el agudo que se va apagando y el producido por el grave que se inicia.

154 La relación de la percepción de los sonidos con la cadena de movimientos de impulsión está más clara en Timeo 67b, donde, al hablar del sentido de oído, Platón explica que el sonido es un golpe que, por mediación del aire y los oídos, reciben «el cerebro y la sangre», mientras que la audición es el movimiento provocado por ese golpe y que, partiendo de la cabeza, llega a la zona del hígado. Plutarco, en cambio, parece haber abandonado el tema de su Cuestión y, arrastrado por el principio de su referencia al texto Platónico, se ha detenido en el tema de la concordancia de los sonidos que, rompiendo también su exposición, PLATÓN trata en 80a-b, si bien precisa que el sonido grave y el agudo cuya coincidencia parcial crea la consonancia son dos movimientos independientes que no se alteran uno a otro. A esta explicación alude también PLUTARCO en Sobre la fort. 98D, Sobre la E 390B y en Sobre la decadencia de los oráculos 436D.

155 En la versión de Plutarco el paralelismo entre la percepción de los sonidos y el lanzamiento de objetos se limita a este primer momento.

156 En cambio, en Timeo 80b, Platón habla de «una impresión única, mezcla de lo agudo y lo grave».

157 Timeo 41e y 42d. Cf. [PLUT.] , Sobre el destino 573E.

158 Cf. Timeo 39d y 40b. El término tropḗ que, en general, es el «hecho de dar media vuelta», adquiere un significado especial cuando se utiliza como tecnicismo astronómico, el de «solsticio», momento en que el Sol «da la vuelta» en su aparente movimiento se subida o bajada con respecto al ecuador. También ocurre lo mismo con los planetas.

159 Timeo 40b.

160 El texto Platónico plantea aquí un problema de transmisión que condiciona la interpretación: el Parisinus 1807 da heilloménēn, «recogida», «apretada»; la mayoría de los demás manuscritos illoménen, «girando». La primera lectura supone la inmovilidad de la Tierra que Platón demostraba en Fedón 99 b y que parece sustentar la representación de la Tierra en Fedro 246 e-247 a. En ella se prolonga la identificación de la Tierra con Hestia que encontramos en el Himno a Heslia o en el frag. 938 de EURÍPIDES (cf. al respecto, J.-P. VERNANT , «Hestia-Hermes. Sobre la expresión religiosa del espacio y del movimiento entre los griegos», en Mito y Pensamiento en la Grecia antigua, trad. cast., Barcelona 1973, págs. 135-135). La otra lectura, que es la que conoce Plutarco, tiene el aval del testimonio de ARISTÓT. , Acerca del cielo II 13, 293b30, que refiere esta doctrina precisamente al Timeo. Véase ai respecto, CORNFORD , Plato’s Cosmology , págs. 127-129; H. CHERNISS , Aristotle's Criticism , págs. 545-564; F. M. BRIGNOLI , «La dinamica immobilità della terra nella concezione Platonica dell’universo», GIF 11, 1958, 97-143; W. BURKERT , ob. cit., pág. 305, n. 17.

161 Cf. PLUT. , Sobre la cara visible de la luna 923A. Aristarco de Samos, estoico discípulo de Cleantes, ejerció su actividad en Alejandría entre el 280 y el 260 A. C. Su obra Sobre los tamaños y distancias del sol y la luna gozaba todavía de mucho prestigio en la Edad Media; sabemos por Censorino que fijó la duración del Gran Año en 2.484 años solares. De su hipótesis heliocéntrica sólo tenemos noticia por Plutarco y por EUCLIDES (Arenario I 4).

162 Seleuco de Babilonia fue un caldeo helenizado que escribió en griego, aunque su obra se ha perdido. El único dato cronológico seguro que tenemos de su vida —su defensa de las tesis de Aristarco sobre el origen gen de las mareas, que eran criticadas por el estoico Crates— nos permite situarlo en la segunda mitad del S. II a. C. así como establecer la relación con aquél que se desprende de lo que aquí dice Plutarco y de la información que en el mismo sentido proporciona ESTOBEO (Ecl. 1 122, 2). La teoría heliocéntrica que Aristarco y Seleuco propusieron no tuvo el eco que merecía, barrida por el sistema de Hiparco y Ptolomeo. Para más detalles sobre Aristarco y Seleuco, véase E. HOPPE , Mathematik und Astronomie im klassischen Altertum, Heidelberg, 1966.

163 Frag. 22. Cf. PLUT. , Numa XI, 3.

164 Acerca del alma 42la27b5. Plutarco adapta la definición de Aristóteles, modificando el sentido del término organikoû de modo que pueda servir de base a la interpretación alternativa que propone para el pasaje Platónico.

165 Cf. Timeo 4le. Para el sentido de la expresión Platónica me parece satisfactoria la explicación de J. MOREAU , La construction de l 'idéalisme Platonicien, Hidesheim, 1967, pág. 485: mientras el alma del Mundo es una organizacion imperecedera, la función atribuida a los astros induce a ver en cada uno de ellos «moins un être organisé qu’un principe d’organisation pour d’autres étres».

166 Timeo 38c.

167 Timeo 40c; cf. PLUT. , Sobre la cara visible de la luna 937E y 938E.

168 Frag . B 48

169 Alusión a Timeo 38c, recién citado.

170 República 506e-507a, 508a, b; 509b, d. Cf. PLUT. , Sobre la cara visible de la luna 944E.

171 Cf. Timeo 38b y 39b. Platón habla de phorás «revoluciones» y no de «esferas»; del mismo modo, PLUT. , en Charlas... 745C y en Sobre la generación del alma... 1029C, convierte en «esferas» los «círculos» del huso de la Necesidad que Piatón describe en República 617b. Sobre esto, véase CORNFORD , Plato’s Cosmology, págs. 78-79 y H. CHERNISS , Aristotle’s Criticism, pág. 555.

172 Física 219b1-2, 220a24-25, 220b32-221al y b7.

173 Frag . 53, LANG .

174 SVF, II 515.

175 Frag . 33, SNELL .

176 Contra ARISTÓT . Física 251b28, 219b15-16 y 220b24-28.

177 Plutarco se opone aquí a la concepción del tiempo que atribuye a Amonio en Sobre la E de Delfos 392E.

178 EURÍPIDES , Troyanas 887.

179 Cf. Dichos 898C, donde esa definición es atribuida a Pitágoras. En cambio, en Sobre la generación del alma 1012D, Plutarco critica detenidamente a Jenócrates por dar a entender que es Platónica. P. THEVENAZ , ob. cit.. pág. 96, estima que aquí, donde la cita en apoyo de su tesis, Plutarco diluye la autoría en un vago «según los antiguos».

180 Timeo 38b.

181 Cf. Timeo 30a y 52d-53a. Esta cuestión tiene especial relieve para Plutarco en el Sobre la generación del alma donde sirve de base a su construcción del «alma perversa». Cf 1014B, 1016D-F y 1024C.

182 Sin cruz. El mayor problema que presenta aquí el texto es consecuencia de la sustitución, ya mencionada a propósito de 1003A-B, de la divinidad por el alma cósmica como agente, porque en esta versión parece que el alma del mundo, una vez dotada de orden, razón y armonía, se encarga de regular sus propias revoluciones, tarea que en Timeo 36b-d asume el Demiurgo. Lo mismo ocurre con la imposición de orden y regularidad a los elementos corporales —cf. Timeo 52e-53b—. La consecuencia de dicha sustitución es asimismo perceptible en el participio epiklúsasa en el que se cruzan el divino enkatéspeiren aph' hautoû têi hylêi que hemos visto en 1001B y el alma extendida, rodeando el cuerpo del mundo de Timeo 36e y 34b, que Plutarco acaba de mencionar en 1002C.

183 Cf. Cuest. Platónicas 1001B-C y Charlas 719E.

184 Cf. la exomoiōsis en Sobre la generación del alma 1014B y en Sobre la tardanza del castigo 550D.

185 Esta afirmación, que no concuerda con lo que dice Platón, parece derivar de la interpretación que en el Plat onismo medio se pudo hacer de Timeo 92c.

186 Timeo 37d.

187 Timeo 34a-c; Criti . 106a. Cf. Sobre la generación del alma ... 1017C.

188 Timeo 38b.

189 Timeo 27d-28a y 38c.

190 Frag . B 100.

191 El contenido de esta cuestión tiene notables paralelos en el conjunto del tratado Sobre la virtud moral, especialmente en 444E y 451F.

192 República 443d.

193 Cf. [ARISTÓT .,] Sobre el Mundo 397b24-26 y ARISTIDES QUINTILIANO . Sobre la Música 1, 6.

194 Frag. 18 HEINZE.

195 A este Zeus infernal, a veces identificado con Hades, atribuye también Plutarco Sobre la cara de la tuna 942 F y 943 C toda la región sublunar. Sobre la influencia de Jenócrates en el tratamiento Plutarqueo de estos temas, véase J. DILLON , «Seres intermedios», págs. 90-98.

196 Il. VIII 31; Od. I 45, 85; XXIV 473.

197 Kreíttōn en Homero es epíteto de los dioses.

198 Cf. Fedro 247c.

199 Cf. Timeo 44d y 69d-71a.

200 En sentido etimológico, sin las connotaciones cristianas.

201 Etimología popular que da lugar a una figura difícil de reproducir en la traducción.

202 Sobreentendido el nuevo sujeto, «lo que ocupe esa posición».

203 Cf. infra 1009A.

204 Cf. PLAT. , República 441e-442d y PLUT. , Sobre la virtud moral 442A-D, así como ARISTÓT. , Ética a Nic. 1102b25-31 y Ética a Eud. 1219b28-31.

205 A pesar de la crítica de H. CHERNISS , Plutarch 's Moralia. pág. 95, n. d, acepto la enmienda de Hubert porque entiendo que esta frase introduce la alternativa —que podríamos llamar «funcionalista»— a la hipótesis «protocolaria» (cf. 1007E) que ha venido desarrollando. Ambas coinciden, sin embargo, en atribuir la posición central a lo irascible.

206 Cf. PLAT ., República 44le y Timeo 70a.

207 Como es sabido, los antiguos suelen atribuir a las letras las características de los sonidos.

208 Cf. PLUT. , Sobre la virtud moral 442B.

209 Fedro 246a. Sobre la recurrencia de este símil en Plutarco, especialmente en los escritos dedicados al Platonismo, véase P. FUHRMANN , Les images de Plutarque, París 1964, pág. 141-142 y J. OPSOMER , «L’âme du monde et l’âme de l’homme chez Plutarque» en M. GARCÍA VALDÉS (ed.), Estudios sobre Plutarco: Ideas religiosas, Madrid, 1994, págs. 33-33; para este aspecto, págs. 46-47.

210 En el símil Platónico este aspecto es importante para destacar la paridad de los caballos en todo excepto carácter y conducta en los que son diametralmente opuestos, siendo obligación del auriga asegurar el difícil equilibrio del carruaje.

211 Plutarco pasa del símil al alma y atribuye a sus elementos los calificativos que Platón aplica a los caballos del símil.

212 Fedro 253e.

213 Fedro 247b.

214 Cf. PLUT. , Sobre la generación del alma 1019D-E.

215 Cf. PLUT. , Sobre la virtud moral 442B.

216 Es el argumento expuesto en 1007F-1008a.

217 Cf. PLUT. , Sobre la virtud moral 444C, ARISTÓT , Física 224b33-34

218 Cf. PLUT. , Sobre la cara visible de la luna 927D-928B.

219 Esclavo que acompañaba a los niños en sus salidas.

220 Il . XI 64-65.

221 Cf. PLAT. , República 441e-442a y PLUT ., Sobre la virtud moral 444C.

222 Cf. PLAT. , Filebo 64 e, 66 a-b y PLUT. , La E de Delfos 391C-D.

223 Cf. PLUT. , Sobre la virtud moral 443C-D.

224 Acepto la enmienda de Becchi.

225 Cf. PLUT. , Sobre la virtud moral 444B, 445A, 451A. La doctrina es expuesta por PLATÓN en el Político. Sobre ello, cf. H.-J. KRÄMER , Arete bei Plato und Aristoteles, Heidelberg, 1959, págs. 146-171. D. BABUT , Plutarque. De la vertu éthique, París 1969, págs. 74-76 enlaza la teoría de las pasiones de Plutarco directamente con Platón, prescindiendo de Aristóteles. Sobre esto véase J. OPSOMER «L’âme du monde», pág. 46.

226 Tenemos un minucioso comentario de esta Cuestión en O. GÖLDI , Plutarchs sprachliche Interesse, Tes. doct., Zúrich 1922, págs. 2-10.

227 Sofista 262c., cf. Crátilo 425a, 431b-c, Teeteto 206d, Cartas VII, 342b, 343b, y [PLAT .], Def . 414d.

228 La exposición siguiente no deja lugar a dudas sobre el sentido en que Plutarco entiende el término rhêma. Se discute, en cambio, el que le daba Platón: basándose en observaciones de H. STEINHAL , Geschichte der Sprachwissenschaft bei den Griechen und Römern. I, Berlín, 1890, pág. 141, GUDEMAN , «Grammatik», RE VII, col. 1780 ss. y, sobre todo, T. BENFEY , Über die Aufgabe des Platonischen Dialogs: Kratvlos, Gotinga, 1866, págs. 139 ss., V. GOLDSCHMIDT , Essai sur le Cratyle, París, 1940, pág. 51, n. 2, admite que el significado de «verbo» es el que tiene rhêma en Sofista 262-263, en Cartas VII y en Def. 414d; sugiere que este uso tiene su origen en la utilización de lo que podría ser une formule courante en Teeteto 206d y sostiene que en el Crátilo el sentido es el de «locución», interpretación que tiende a imponerse a partir de G. PRAUSS , Plato und der logische Eleatismus, Berlín, 1966.

229 Laguna de 28-40 letras en la que debía ir el verbo. Se sigue la propuesta de H. CHERNISS.

230 Il. I 185: «yendo yo mismo a la tienda, tu botín, para que sepas bien».

231 Cf. DIONISIO TRACIO , Gramática 11. Cf. STEINHAL , ob. cit. II. págs. 251-256.

232 «Hacia la tienda» y «hacia Atenas». Ya en época clásica -de sólo aparece en fórmulas estereotipadas como Athḗnaze (< Athḗnas + -de).

233 Cf. PLAT. , Sofista 262c.

234 Los estoicos oponían los lektá, enunciados al axíōma, proposición lógica, unidad lógica elemental, sede de verdad y mentira.

235 PLAT ., Sofista 262 e y 263 a-b.

236 Los dialécticos de los que habla aquí PLUTARCO —también en 1011A y D— son los estoicos.

237 El término ptôsis suele significar en contextos gramaticales «caso». Con el significado de «sujeto» aparece también en SEXTO EMPÍRICO , Contra los profesores XI 29 y Clemente de Alejandría, Combinaciones VIII 26, 4-5.

238 Cf. Sobre las nociones com . 1074d.

239 Cf. PLAT. , Sofista 263a-b.

240 En el mito que cuenta Protágoras, una de las primeras cosas que hace el hombre, tras haber sido dotado por Prometeo de la sabiduría técnica, es «articular la voz y los nombres» (PLAT ., Protágoras 322a). Plutarco alude al carácter articulado del lenguaje humano en Sobre la inteligencia de los animales 973A y a la comunicación de contenidos mentales en Sobre la generación del alma... 1026A.

241 Platón sólo menciona práxeis y práttontes como contenidos de nombres y verbos, modificación observada por CHERNISS que remite a los escolios a DIONISIO TRACIO , Gramática, pág. 215, 28-30 HILGARD , y a APOLONIO DÍSCOLO , Sintaxis I 30 y III 58 UHLIG , para la sustitución de práxeis por prágmata.

242 Sofista 262a y b.

243 Plutarco piensa prioritariamente en el significado denotativo, pero se le hace cuesta arriba admitir que «lo demás» carezca totalmente de significado y, como vemos a continuación, reconoce las funciones expresivas; no obstante y, sin duda, porque son ajenas al criterio de verdad y mentira, considera que tan sólo agregan «matices».

244 Prueba del valor significativo que el silencio tiene para Plutarco, puede hallarse en el Frag. 202 SANDBACH (= ESTOBEO , III, I 109), donde hablando de los pitagóricos, dice que su método de enseñanza, «mezcla de palabra y silencio», se caracteriza por ser, como el de la iniciación, simbólico.

245 Sigue la confusión entre letra y fonema.

246 Cf. PLUT. , Charlas 738F.

247 Como es sabido, éste es el fondo del reproche de Sócrates a Anaxágoras en el Fedón, confundir la condición necesaria con la causa.

248 El uso de sôma para «persona» es frecuente en las actas de manumisión de Delfos para referirse al esclavo antes de ser manumitido; una vez cumplido el trámite, es mencionado como «hombre» o «mujer». Cabe pensar que en este pasaje Plutarco incluya también en sôma animal o cosa. En efecto, en la doctrina estoica sôma designa todo lo que puede ser agente o paciente, cf. PLUT. , Sobre las nociones com . 1073E y APOLONIO DÍSCOLO , Sintaxis I 16.

249 Esto es, en función metalingüística.

250 En Sobre la E de Delfos 386C-D Plutarco opone el punto de vista de los «dialécticos», para quienes «no existe ningún hecho real detrás de la particula ‘si’ ni detrás de la frase introducida por ella» a la sabiduría de Apolo que considera hechos reales todas esas subordinadas y que viene a ver en ellas una síntesis de interrogación y súplica.

251 Cf. PLAT. , Sofista 262c y d.

252 Cf. ARISTÓT ., Retórica 1404b. AMONIO , Sobre la interpretación 40, 26-30 afirma, basándose en el Crátilo y en el Sofista que Platón había sostenido este punto de vista.

253 Plutarco acude a una fórmula homérica cuya traducción literal es «le dijo una palabra —épos — y lo llamó por su nombre».

254 Od. XXIII, 183: «En verdad, mujer, has dicho una palabra que causa aflicción».

255 Od. VIII, 408-409: « Salud, padre huésped, y, si se ha dicho alguna palabra molesta, ojalá la empujen y alejen las ráfagas de viento».

256 Frag. 10. PLUTARCO atribuye igualmente esta cita a Eveno en Cómo distinguir a un adulador de un amigo 50A y en Charlas de sobremesa 697C; en cambio, en Consejos para conservar la salud 126C la atribuye a Pródico.

257 Cf. la tabla de variantes.

258 La primera alusión que encontramos en la literatura griega a la expresión kósmon epéōn es su negación en Il. II 213 donde Homero justifica el calificativo ametroepḗs «desmedido en sus palabras», que había aplicado a Tersites en el verso anterior, porque « sabía... muchos épea ákosma »; en el verso siguiente precisa este último término: ou katà kósmon. En el juicio de Homero lo relevante es la insolencia del plebeyo que se atreve a increpar a los reyes, pero, ya en SOLÓN , Frag. ADRADOS = 2, 1-2 GENTILIPRATO —fragmento citado por PLUTARCO en Solón 82C—, se aplica al aspecto formal, como será lo usual —cf. PARMÉNIDES , Frag. 8, 52 DK, TUCÍDIDES , III 67, 6; EURÍPIDES , Frag. 206, 2, etc.— como hace aquí Plutarco.

259 Con la mayor parte de los Mss.

260 La palabra ekpṓmata designa todo recipiente —con o sin asas — utilizado para beber: copa, vaso, taza...

261 Parásēma es el término genérico que designa toda clase de anotaciones marginales.

262 Il. XV 459: «Y en especial excitaba el ánimo al valeroso Áyax, al hijo de Telamón»

263 Il. XX 147: «hacer, para conseguir huir y escapar al monstruo marino».

264 Cf. PLUT. , César 1, 3-4 y [PLUT .], Sobre la vida y poesía de Homero 40.

265 Il. XX 536.

266 DEMÓSTENES . XXI 72. También para el autor del tratado Sobre lo sublime 20, 1. 2, en el asíndeton —junto con la anáfora y la viveza de la descripción — reside la fuerza de este pasaje.

267 DEMÓSTENES , XXI, 200.

268 Demo de Atenas.

269 Tirano de Eretria. Cf. PLUT. , Foción 12-13.

270 Cf. Sobre lo sublime , 21; DEMETRIO , Sobre la dicción 193-194 y 268-269.

271 Cf. SVF II 207 y 254; APOLONIO DÍSCOLO , Sobre las conjunciones pág. 149-150; DIÓGENES LAERCIO VII 71-72. PLUTARCO alude a estos aspectos de la teoría gramatical sobre las conjunciones en La E de Delfos 386C-D, Sobre la inteligencia de los animales 969A-B y en Sobre la generación del alma... 1026B-C.

272 Cf. Od. IX 425-427 y EURÍPIDES , Cíclope 225.

273 Laguna de extensión variable según los manuscritos.

274 Cf. SVF II 147 y 148, DIÓGENES LAERCIO , 7, 57-58; APOLONIO DÍSCOLO , Sobre las conjunciones 4-8. En el primer parágrafo de esta Cuestión. Plutarco aludía ya a la doctrina estoica de acuerdo con la cual la unidad mínima del discurso es la oración simple formada por sujeto y predicado, con exclusión de conjunciones. La función de las conjunciones es unir dos o más de esas unidades mínimas.

275 Frag. 13. Demades es un orador ático del. S. IV a . C.

276 Instituido por Pericles para pagar la entrada al teatro de los ciudadanos sin recursos y para fines asistenciales.

277 Plutarco describe una técnica diferente del trabajo del hierro en Charlas... 660C y en Sobre el principio deI frío 954A-B. Cf. ARISTÓT. , Meteorol. 383a32-b7, [ARISTÓT.] , Mir. ausc. 48, y ESTRABÓN , V 26.

278 El páschei de los Mss., que conserva HUBERT , es eliminado por HARTMANN , solución que acepta CHERNISS. Por mi parte pienso que la frecuente coordinación de páschei con poieî no ha provocado la introducción de un término nuevo en la frase, sino la sustitución de otro que debia formar endiadis con poieî ti koinón, por ejemplo, un pachnoî; en ello se basa la traducción que propongo.

279 Esta consideración del carácter lineal de la comunicación lingüística está en la base del argumento escéptico que niega la existencia de un juicio o proposición porque sus elementos constituyentes, al ser sucesivos, no coexisten. Cf. SEXTO EMPÍRICO , Contra los profesores 1 132-138; VIII 81-81, 132 y 136.

280 De acuerdo con la doctrina estoica el nombre propio se halla a medio camino entre el indefinido y la plena definición de los demostrativos, cf. SVF II. frag. 205.

281 Cf. DIONISIO TRACIO , Gramática 15.

282 También esto es doctrina estoica, a pesar de no haber sido recogido en SVF, cf. PRISCILIANO , Princip. gram. XI 2.

283 Cf. PRISCILIANO , Princip. gram . XI I.

284 Esto es «recíprocas».

285 Como para los estoicos ónoma era tan sólo el nombre propio, utilizaron el término prosēgoría para la clase de los nombres comunes y adjetivos, cf. SVF II, frag. 147. Cf PLUTARCO , Las contridicciones de los estoicos 1046F-1047A.

286 La traducción propuesta pretende reflejar la noción de agentividad, presente tanto en el participio de presente como en el nombre de agente, que es lo que Plutarco pretende ejemplificar; a ella se sacrifica la exactitud del contenido léxico.

287 De acuerdo con el análisis de J. OPSOMER , Zητήματα, pág. 78, la fórmula hórā dé mḗ sirve para zanjar la cuestión, en este caso para probar que la preposición no es realmente parte de la oración.

288 Plutarco utiliza aquí la especie por el género, e. e., «nombre» por «palabra», puesto que los ejemplos que siguen son verbos.

289 Respectivamente «entrar» y «salir».

290 «Ir adentro» e «ir afuera».

291 «Preceder» de «nacer u ocurrir antes».

292 «Sentarse» de «tomar asiento encima».

293 «Tirar piedras» y «perforar la muralla» junto a sendos verbos compuestos que significan lo mismo.

294 Plutarco ha omitido el adverbio, que, sin embargo, aparecía en el verso de Homero que le ha servido de sumario en el tratamiento de las partes de la oración. Bien pudiera ser, como apunta CHERNISS , porque los estoicos, que lo comparaban con un chupón o con un redrojuelo —escolio a DIONISIO TRACTO , Gramática, págs. 356, 15-16, y 520, 16-18 HILGARD— , prescindían de él.

SOBRE LA GENERACIÓN DEL ALMA EN EL TIMEO

INTRODUCCIÓN

Este tratado 1 constituye la respuesta de Plutarco a una solicitud formulada por sus hijos para que sintetizara sus opiniones sobre la doctrina platónica del alma, una cuestión a la que, al parecer, aludía frecuentemente pero que no había abordado sistemáticamente en ninguno de sus escritos. Las primeras líneas insisten en la dificultad del tema, agravada por su discordancia con «la mayoría de los platónicos». Son, en verdad, muchos los problemas que este diálogo plantea: ¿Cómo hemos de leerlo?¿Es un mito, un relato de ficción que, a pesar de todo, nos ilustra sobre cómo es posible que hayan ocurrido las cosas para llevamos a entender cómo son o es un eik òs lógos, un discurso verosímil, porque el tema, que pertenece al feudo de devenir, no es apto para ser tratado en los niveles superiores de la Ciencia? ¿Son el alma y el Mundo generados en el tiempo o son eternos? Y, al hilo, aflora aquí como tema filosófico el propio concepto de tiempo y junto con él, el de movimiento, que, hasta ahora venían siendo despachados en el sistema platónico al ámbito del devenir y con ello devaluados a dóxa como objetos de conocimiento 2 . Etc.

Lo que, en todo caso, queda claro en este diálogo, el único que la tradición califica de physikós 3 , es la atención filosófica que el Platón tardío concede, por fin, al «mundo de abajo» y cuyo germen puede hallarse en el reconocimiento de la capacidad de automotricidad del alma, que se afirma en el Fedro. De ello se desprende una nueva cascada de interrogaciones: ¿Qué es el alma?, ¿cómo y de qué está constituida?, ¿qué destino la aguarda?

Y, además, estos temas se imbrican unos en otros, de modo que la posición adoptada con respecto a uno de ellos condiciona la que podamos adoptar sobre otro. Así, quienes sostengan que Platón admitía la eternidad del Mundo verán en la descripción de la creación del mismo que nos ofrece el Timeo una necesidad expositiva que responde a una motivación didáctica y en la disyuntiva de definir el diálogo como mito o como lógos se apostarán por el primer término. Por el contrario quienes crean que Platón afirma que el Mundo fue creado —en el sentido de que la materia desordenada y caótica fue sometida a principios de racionalidad y orden— ven el diálogo como un lógos eik ṓs.

Cierto es que Plutarco no aborda todas las cuestiones importantes que suscita el Timeo; su tema, sensu stricto, es el alma del Mundo 4 y a él añadirá una exposición sobre los números de la que se muestra muy ufano. Hay, pues, temas sobre los que no se pronuncia. Hay otros de los que no habla, pero acerca de los cuales queda clara su postura, por ejemplo, el carácter mítico, o no, del Timeo. Plutarco lee literalmente el diálogo, rechazando implícitamente la interpretación alegórica y explícitamente el que la generación del alma y del cuerpo del Mundo no sea más que un recurso expositivo. Éste, como el de la identificación de anánk ē y chṓra, son temas en los que entra en debate y se apasiona, porque son puntos en los que unos u otros se creen autorizados para acusar a Platón de contradecirse. Otras veces discute con más sosiego, por ejemplo, cuando trata de cuestiones de terminología que, como veíamos, se resuelven precisando el alcance del término platónico y en qué circunstancias puede ser sustituido por el que se ha impuesto posteriormente.

Aunque, obviamente, ignoramos la fecha de su redacción, la cronología relativa del tratado no plantea problemas, puesto que el preámbulo, al explicamos que responde a la petición de los hijos, está ya probando que se trata de una obra de madurez 5 . Implica, en efecto, que los muchachos están familiarizados con los estudios de Plutarco, que conocen sus escritos anteriores y conocen las posturas de la mayoría de los interpretes del Timeo 6 .

Estructura y contenido del tratado

La estructura de este tratado ha estado mucho tiempo oculta por un desplazamiento de los cuadernillos que afecta a todos los manuscritos y que provocaba notables incongruencias entre los capítulos 10 y 11. El primer editor que advirtió este accidente y lo corrigió fue A. D. Maurommatos, en 1848; independientemente, también B. Müller lo advirtió y enmendó en su edición de 1870. El orden restablecido conserva, sin embargo, el recuerdo de la etapa anterior en sendas lagunas provocadas en la juntura de los cuadernillos —especialmente importante es la que se ha creado entre los capítulos 10 y 21— y en el mantenimiento de la numeración de capítulos y páginas anterior.

Una vez restablecida la secuencia original del tratado 7 , J. P. Hershbell 8 estableció las líneas maestras del esquema del tratado, cuya estructura básica resulta muy clara: Comprende, tras el preámbulo, dos partes perfectamente delimitadas 9 , precedida cada una de ellas por la cita literal del pasaje del Timeo en el que Plutarco basa su interpretación. De estas partes, sólo la primera guarda relación directa con la pregunta de los hijos; la propia cita de Timeo 35 a-b, indica que dicha petición se refería concretamente a la generación o creación del alma y no a las muchas otras cuestiones que puede plantear la psicología según Platón.

Primera parte: El alma según Platón. — La solicitud de los hijos de Plutarco sugiere la asunción de una única e inamovible teoría platónica del alma 10 , que los hechos niegan: del Cármides al Gorgias el alma ha variado en la medida en que, frente al hombre unitario que sustenta la consideración de los médicos tracios discípulos de Zalmoxis en el Cármides, el Gorgias nos plantea un hombre «en díptico», unión interina de un cuerpo y un alma, «más real e importante» que el cuerpo; la doctrina de la anamnesis del Menón nos muestra la transmigración de ese alma, cuya inmortalidad intenta demostrar el Fedón. Y mientras la República la describe unas veces como tripartita y otras como bipartita, el Fedro inaugura un nuevo enfoque centrado en la automotricidad del alma. Al mismo tiempo el Fedón nos ha hablado del alma como «no compuesta» y, por ello inmortal y «emparentada» con las Ideas; en cambio, la República parece implicar que es compuesta y, de hecho, en la exposición que le permite establecer que el alma tiene las mismas virtudes y es justa del mismo modo que la ciudad. Platón acude a los términos eídē, «tipos», génē, «géneros», y mérē, «partes». No obstante, las advertencias de Sócrates al iniciar esa exposición 11 que reitera en 504c, y la importantísima observación que hace en 61 lb-c 12 nos permiten entender que las supuestas partes del alma son impulsos o tendencias, vectores en un campo de fuerzas, como es explícito en el inicio del famoso símil 13 del alma con un carruaje alado que encontramos en el Pedro 14 : «Admitamos que se parece a la conjunción de fuerzas de un tronco alado de corceles y su cochero». En cambio, en el Timeo las «partes del alma» son auténticas partes, obra la primera y principal del Demiurgo o Artífice y las otras dos de los dioses jóvenes. Algo similar encontramos en el Político donde se distinguen claramente elementos de «origen eterno» y elementos de «origen animal».

Pues bien, para Plutarco, el alma «según Platón» es solamente la del Timeo y, en este tratado, lo que de veras le interesa es el alma del Mundo, que ha sido hecha por el Artífice.

Plutarco entra en materia transcribiendo literalmente el pasaje del Timeo en el que Platón describe el proceder del Demiurgo para conformar el alma. Las dificultades que el pasaje en cuestión suscita 15 justifican sobradamente la variedad y disparidad de interpretaciones a las que ha dado lugar. Nuestras dificultades no proceden de la esencia inmutable y eterna en la que hemos de ver la proyección en el mundo de lo creado de las Formas o Ideas, sino de la esencia divisible porque la expresión platónica sugiere 16 la presencia de un elemento corporal en la constitución del alma, cuando, al parecer, lo que pretende es destacar la idea de divisibilidad 17 . En todo caso, Plutarco rechaza la posibilidad 18 de entender que el alma sea mezcla de esencia inteligible y esencia sensible, porque esta fórmula es aplicable al alma y a cualquier otra cosa. En este mismo sentido abunda cuando, más abajo, insiste: «de la materia, lo conformado por participación y representación de lo inteligible, es directamente tangible y visible; el alma, en cambio, escapa a toda percepción», o cuando, polemizando con los que entienden que son las Ideas, y no sus imágenes o copias, las que entran en la chṓra, dice en 1023A: «los que creen que la materia corpórea se mezcla con la indivisible, se equivocan por completo». Con todo ello queda claro que Plutarco nos exige distinguir entre el elemento material, que en parte coincide con la hylé aristotélica, y la esencia divisible, cuya naturaleza debe ser vinculada al carácter múltiple del ápeiron —lo ilimitado— en Filebo 24e-25a.

Frente a quienes, como acabamos de ver, sostienen que el alma es mezcla de ser y devenir, Ferrari 19 da a entender que la mezcla es un modo de expresar el caracter metaxý del alma 20 «un’essenza intermedia, ontologicamente collocabile tra il piano intelligibile e quello sensibile», a cuyo caracter intermedio entre ser y devenir corresponde la función cosmológica del alma, encargada de transmitir al cosmos sensible la racionalidad y normatividad que regulan el mundo inteligible. En mi opinión, en cambio, el principal cometido del proceso de mezcla es de índole ontológica, manifestar que el Demiurgo al plantearse la construcción del alma pone cuidadosamente los medios para que ésta sea hén ek pollôn. De hecho, si mi interpretación 21 de los intervalos es aceptable y cabe pensar que los segmentos conmensurables, los primeros que corta en la amalgama de las tres esencias el Demiurgo, eran indispensables para la posterior inserción de los segmentos inconmensurables, podemos entender que fuera asimismo necesaria la presencia de la esencia divisible en la mezcla para que la indivisible pudiera cumplir su función unificante.

Por otra parte, como la oposición entre esencia indivisible y esencia divisible se expresa también en la oposición entre «inmutable» y «sometida a proceso de cambio», es posible entender la expresión platónica de acuerdo con lo que Timeo expone en 37a-c y, de nuevo, en 43a-c sobre las funciones cognitivas del alma, cuyo primer eco encontramos en este tratado en la síntesis de la interpretación de Crantor de Solos, y que Plutarco menciona en 1024 cuando dice de la esencia divisible que «no es otra cosa sino el movimiento susceptible de opinar e imaginar, el cual es compatible con lo sensible».

Una vez que ha refutado la tesis de Jenócrates —el alma es número que se mueve a sí mismo— y la de Crantor —para poder captar tanto lo inteligible como lo sensible el alma tiene que ser mezcla de ambos— y los demás errores en que incurren uno y otro — ni el alma ni el mundo han sido generados y la exposición platónica no es más que un expediente para explicar las facultades del alma—, Plutarco procede a dar su propia interpretación. Para ello va citando los pasajes del Timeo que le parecen relevantes, a cada uno de los cuales sigue la correspondiente aclaración apoyada en la mención de los pasajes de otros diálogos susceptibles de apoyar la interpretación de Plutarco.

La estructura formal de esta exposición reproduce la del conjunto del tratado, porque, de nuevo, encontramos dos partes, subdivididas, a su vez, en dos apartados en la mayoría de los cuales el esquema se reproduce porque Plutarco aborda en dos momentos la explicación relativa al alma del Mundo y la paralela respecto al cuerpo del Mundo. Así obtenemos el siguiente esquema:

1. La generación del alma según Platón

1.1. El Mundo ha sido creado por el dios

1.1.1. Por creación del alma hemos de entender la imposición de orden, razón y armonia al alma precósmica, ese principio desordenado e indefinido que se mueve a sí mismo y produce movimiento, al cual Platón ha llamado muchas veces «necesidad» e, incluso, en cierto pasaje de Las Leyes, «alma desordenada y perversa».

1.1.2. Por creación del cuerpo del mundo hemos de entender la imposición de formas y figuras regulares al receptáculo material que, como tal, tenía ya dimensión, extensión y espacialidad.

1.2. Constituye un error gravísimo el confundir la materia y la «necesidad»: el origen del mal.

1.2.1. La materia corporal es lo que Platón llama «naturaleza receptáculo de todo» y «sede y nodriza de los seres generados»; la del alma, «ausencia de límite», «necesidad» y «alma desordenada y perversa».

1.2.2. La primera, como carece de toda calidad y de capacidad propia, es neutra. La «necesidad» es causa del mal.

1.2.3. Conclusión de 1.2.: Platón no merece los reproches de Eudoro.

1.3. Conclusión de 1:

1.3.1. El modo de entender el acto de creación anteriormente expuesto nos impide acusar a Platón de contradecirse, pues con tanta razón dice en el Fedro que el alma —precósmica— no ha sido generada como dice en el Timeo que el alma dotada de orden, razón y armonía lo ha sido.

1.3.2. Lo mismo cabe decir con respecto al cuerpo del Mundo.

2. Facultades del alma e ingredientes de la amalgama

2.1. Capacidad cognitiva y las esencias indivisible y divisible

2.1.1. Conocer lo inteligible

2.1.1.1. Critica a los discípulos de Posidonio que consideran al alma un ser intermedio entre lo sensible y lo inteligible.

2.1.1.2. Crítica a quienes consideran que el alma es una Idea.

2.1.2. Juzgar lo sensible: Nuevo argumento contra Jenócrates y Posidonio porque ni en los límites ni en los números hay huella alguna de la capacidad por la que corresponde a la naturaleza del alma juzgar lo sensible.

2.2. Alteridad e identidad se relacionan con diferencia y orden. La identidad procede de la unidad y la alteridad de la diada.

2.2.1. Alteridad e identidad y las primeras facultades del alma: discernimiento y movimiento. Naturaleza de la imaginación y del recuerdo.

2.2.2. La naturaleza indivisible y la divisible median entre alteridad e identidad y permiten la trabazón del alma, que fue modelo de la del cuerpo.

2.3. Las facultades del alma encarnada. La copresencia de la esencia indivisible y de la divisible como clave de las antitéticas facultades del alma: no hay afección humana totalmente exenta de razonamiento ni actividad intelectual en la que no haya una parte de deseo, ambición, placer o dolor; el alma es simultáneamente contemplativa y práctica; etc.

2.4. Conclusión de 2: Por ser combinación de la esencia divisible y de la indivisible, de alteridad e identidad, el alma es vida consciente del Universo. Pruebas con respecto al alma humana; id. con respecto al cielo.

3. Conclusión de la exposición sobre la generación del alma.

Segunda parte: los números .— La primera parte termina con una alusión a los números en la que Plutarco encuentra excusa para exponer su opinión sobre ellos; al hilo de la misma encontraremos cumplida información sobre las especulaciones aritméticas, musicológicas y astronómicas basadas en lo que Platón dice en Timeo 35b-36c.

Tras la consabida cita del pasaje del Timeo, aparece el sumario de los puntos que van a ser tratados:

a) ¿Cúales son los números que Platón inserta en los intervalos dobles y triples y cúales son los que dan lugar a las proporciones descritas?

b) ¿Hay que disponer esos números seguidos en una sola fila, o en dos, en un esquema con forma de lambda?

c) ¿ Cúal es su función en la constitución del alma?

Plutarco se entretiene en el desarrollo de la primera cuestión porque, aun reconociendo que lo que realmente le interesaba aquí a Platón es la relación proporcional que los números y medias determinan, espera que su exposición pueda aclarar mejor el texto y, sobre todo, porque encuentra en él la ocasión de una especulación «que no carece de encanto filosófico». En contrapartida la segunda es la más breve; Plutarco adhiere aquí a la tesis de Crantor, porque le parece que es la que cuadra mejor con el texto platónico. En cuanto a la tercera. Plutarco rechaza todas las interpretaciones astronómicas para, en una especie de construcción anular, afirmar que la importancia de esas relaciones y números reside en que expresan la trabazón y concordancia del alma, lo cual enlaza con las palabras finales de la primera parte.

En la complacencia de Plutarco en este desarrollo de aritmología podemos confirmar la información que él mismo nos proporciona en el La E de Delfos 387F donde refiere que en su juventud se sintió fuertemente atraído por las ciencias matemáticas, gusto que atribuye a la influencia de su maestro Amonio. Podemos poner en paralelo esta afirmación con el juicio de valor positivo que, como acabamos de ver, la considera una especulación «que no carece de encanto filosófico». Pero Plutarco, que dedica unas veinte páginas a operar con esos números, no precisa en qué estriba ese «atractivo» que parece devaluar cuando, como para disculparse, asegura que su exposición puede servir de base a ejercicios prácticos por parte de sus hijos.

De todos modos, esa supuesta utilidad práctica no basta para responder a la primera pregunta que surge en el lector «¿qué significa, a qué apunta este excursus?», pregunta que, a su vez, conduce a otra previa «¿qué alcance hemos de reconocer a los números que utiliza Platón en el Timeo?». Para ésta se han propuesto respuestas de todo tipo, que, como suele ocurrir, han sido criticadas por los defensores de otras hipótesis. Parece indicado partir de la opinión de Aristóteles 22 para quien en el Timeo «el alma queda dividida katà toùs harmonikoùs arithmoús», expresión que debemos entender como «de acuerdo con el tipo de proporciones matemáticas que llamamos armónicas». Pero Plutarco rechaza la interpretación matemática cuando, en este mismo tratado 23 , advierte

Platón no introdujo las medias aritméticas y armónicas por hacer una exposición de teoría matemática, innecesaria para su hipótesis física, sino porque ese desarrollo era muy especialmente adecuado para la constitución del alma.

Muchos sufragios ha tenido la interpretación basada en la teoría de la Música, que nos permite vincular estas relaciones con los pitagóricos y alcanzar la armonía de las esferas 24 ; pero no faltan quienes piensan que lo que aquí dice Platón nada tiene que ver con la Música 25 , empezando por el propio Platón, quien en República 531c rechaza para sus futuros guardianes el modo de estudiar la armonía que practican los que «buscan números en los acordes percibidos por el oído, sin remontarse a las preguntas de qué números son concordes y cúales no y por qué lo son los unos y no los otros». Otros más nos proponen que veamos esos números como transposición de la teoría musical a la Metafísica; sin embargo, no conviene olvidar que en un conocido pasaje de la República 26 Platón habla de ésta como «lo que viene detrás de los números» y que, como indica la calificación de physikós que la tradición ha otorgado a este diálogo y como confirma la cita de Plutarco que acabamos de recoger, con la creación del Mundo abandonamos el ámbito de las Ideas para adentramos en el de lo creado.

Por otra parte, dado que, mientras los primeros intervalos determinados por el Demiurgo son conmensurables tomando como unidad de medida el primero 27 y que los que resultan de la introducción de las medias aritméticas y armónicas en los que son «duplos y triplos», esto es, la introducción en ellos de intervalos de 3/2, 4/3 y 9/8, son conmensurables en unos casos pero no en otros, los intervalos de la tercera generación, es decir, los que resultan de la tercera operación del Demiurgo que «rellenó todos los de 1+1//3 con intervalos de 1+1//8, dejando en cada uno de ellos una fracción que forma un intervalo 28 definido por la relación del número 256 al número 243», son siempre inconmensurables 29 ; dado, pues, que en la segunda y la tercera etapas estamos siempre ante casos de división de segmentos en partes desiguales, en los que se resta un segmento mayor que su mitad, cabría poner esto en relación con un caso singular de lo anterior, la división de segmentos en media y extrema razón, la famosa Sección áurea que da cuenta de la planta del Partenón, etc., para pasar, desde aquí, al libro del monje boloñés Luca Pacioli di Borgo La divina proporción y, tras él, a Kepler y a todos los que han buscado la realidad de esa proporción en la Música, en las obras de Arte, en el orden cósmico o en la Naturaleza. Con ello entroncaríamos con todos los que, sobre una u otra base, conceden valor simbólico a los números del Timeo.

Por mi parte, pienso que la clave pudiera estar en lo que nos dice el propio Platón en Timeo 37a

De este modo nacieron el cuerpo visible del cielo y ella (el alma), que es invisible pero participa de razón y armonía, y que es el mejor de los seres engendrados por el mejor de los seres inteligibles y eternos. Así pues, dado que el alma es producto de la mezcla de esos tres ingredientes, la naturaleza de lo mismo y la de lo otro y la sustancia y que anà lógon meristheîsa kaì syndetheîsa...

Entiendo que la simultánea presencia de divisiones proporcionadas y de su unificación en un todo 30 es aplicación de la doctrina ontológica de kósmos-táxis que en Gorgias 506d-e nos da acceso a la definición general de la aretḗ de todos los seres, aretḗ 31 que en el Timeo se predica del alma del Mundo mediante la formulación matemática de dicha doctrina. En este planteamiento general la importancia de la exposición relativa a las proporciones determinadas por las divisiones invita a constatar en la copresencia de segmentos conmensurables y no conmensurables que, mientras los elementos conmensurables favorecen la divisibilidad del objeto, son los inconmensurables los que preservan la unidad y, contra Demócrito cuyos átomos se agrupan en conglomerados virtuales, necesariamente divisibles e inestables, de la estabilidad de dicho objeto. No se trata, en mi opinión, de una transposición de las Matemáticas a la Metafísica aupando las primeras al nivel de la segunda o rebajando la Metafísica al nivel de las Matemáticas, sino de otro modo de verbalizar los mismos contenidos ontológicos: mientras en el Gorgias Platón recurre al lenguaje común para verter conceptos metafísicos —cf. la aproximación a la doctrina ontológica de kósmos-táxis por medio de la analogía técnica en 503e-504a—, en el Timeo opta por el lenguaje abstracto de las Matemáticas y, en éste, prescinde de la cuantificación numérica que puedan expresar los cocientes y prefiere el lenguaje, más abstracto aún, de las relaciones entre números 32 .

En otros términos, creo que la pormenorizada exposición de las proporciones que resultan de los intervalos trazados en la amalgama de las sustancias constituyentes del alma del Mundo viene a completar, con respecto al alma, la exposición general anticipada en Timeo 31c-32a

no es posible que dos elementos solos constituyan una composición como es debido sin un tercero, porque es menester que medie entre ambos un vínculo que los reúna; pués bien, el mejor vínculo es el que produce la más completa unidad posible entre sí mismo y los términos vinculados, y eso, la proporción es la que, por su propia naturaleza, lo realiza a la perfección. En efecto, siempre que de tres números cualesquiera..., el de en medio es tal que lo que es el primero con respecto a él, lo es él con respecto al último y, a la inversa, lo que es el último con respecto al medio, lo es éste con respecto al primero, entonces, dado que el medio se convierte en primero y último y el primero y el último se convierten ambos en medios, necesariamente coinciden todos en ser lo mismo con respecto a los otros y, al ser lo mismo unos con respecto a otros, todos forman una unidad.

A esta exposición sobre la proporción continua sigue en el Timeo otra sobre la proporción discontinua que Platón necesitaba para construir el cuerpo del Mundo, que ha de ser un sólido y, requiere, por tanto, dos términos medios 33 . Podemos prescindir de ella y pasar directamente a la conclusión 34 que es la que se encarga de destacar la estabilidad y permanencia del cuerpo del Mundo 35 ,

... nació el cuerpo del Mundo, acordado por la proporción ..., de modo que es indisoluble para todo el que no sea el que lo ensambló.

En resumen, la morosa descripción sobre las proporciones utilizadas en la constitución del cuerpo y, sobre todo, en la constitución del alma del Mundo me parece responder a la voluntad platónica de demostrar que el Demiurgo ha conseguido que tanto el cuerpo como el alma fueran hèn ek pollôn 36 y, por lo tanto, que sean y sean buenos, porque, como en la famosa compararación del discurso con un ser vivo que encontramos en el Fedro 37 , están constituidos por los elementos que deben constituirlos, que, además, están en el lugar que deben ocupar y que son congruentes entre sí y con el conjunto.

Procede preguntarse ahora si también Plutarco percibió la relación que hay entre los intervalos platónicos y la doctrina ontológica de kósmos-táxis. Las fórmulas que concluyen los dos grandes bloques de su tratado 38

el alma... fue ordenada por él, limitando la infinitud con la unidad, para que su esencia llegara participar de límite; mezclando por medio de la capacidad de lo mismo y la de lo otro organización, cambio, diferencia y semejanza; y elaborando, en la medida de lo posible, con todos ellos mutua comunidad y amistad por medio de los números y de la armonía.

y 39

producto de esas razones que el demiurgo utilizó y de los números es la armonía y consonancia del alma misma

me inducen a pensar que, efectivamente, es muy posible que así fuera. En ello podríamos tener una de las claves del acusado prurito por acotar la argumentación a los estrictos márgenes del método puramente científico que aplica la más excelsa de las ciencias dianoéticas, la Matemática, que es, sin duda, lo primero que llama la atención en el desarrollo sobre los números del tratado Sobre la generación del alma. Este primer objetivo puede explicar la escasísima presencia de datos simbólicos en el mismo, si es que cabe conceder tal carácter a observaciones como la de que doscientos diez es el número de días de gestación en el que nacen completamente formados los sietemesinos 40 o que el veintisiete es el ciclo de la luna 41 o bien a puntualizaciones terminológicas encargadas de hacemos saber que los pitagóricos llamaban al trece «resto», al treinta y cinco «armonía», al seis «matrimonio» porque es producto de un número par por uno impar 42 o al cinco «tremor», «esto es, «sonido», porque creían que el primero de los intervalos del tono que suena es el quinto 43 », sin que aparezca, en cambio, la menor alusión a hechos del tipo de la utilización del pentagrama, e. e., el pentágono estrellado, como símbolo de la salud 44 y como santo y seña con el que se reconocían los pitagóricos 45 ; lo único que realmente podemos citar en este sentido en el Sobre la generación del alma es que al hablar de la tetraktýs Plutarco la califica de «venerada por los pitagóricos». La voluntad de ceñirse en este tratado a métodos puramente científicos puede explicar la ausencia de elementos genuinamente simbólicos porque, como ha constatado P. Kucharski 46 y corrobora Y. Verniére 47 , las elucubraciones de aritmología alegórica a las que se dedicaban los pitagóricos no reposaban en un razonamiento racional, sino afectivo, basado en el sentimiento y en la imaginación analógica.

Esto contrasta con lo que es fácil constatar en otros tratados, concretamente en el Isis y Osiris, en La E de Delfos, en La desaparición de los oráculos en los que Plutarco no teme apelar a los valores simbólicos de los números y de las figuras geométricas 48 ; y asimismo con el contenido de un fragmento de Plutarco que nos ha sido transmitido por Estobeo 49 en el que Verniére 50 ha podido detectar una confesión de simpatía para con el simbolismo pitagórico.

Para intentar explicar la disparidad evidente en la conducta de Plutarco con respecto al simbolismo pitagórico en el Sobre la generación del alma en el «Timeo» y en los demás tratados citados puede ser útil recordar una serie de hechos como son el que las relaciones de Platón con los pitagóricos que sobrevivieron a la matanza de Tarento en Magna Grecia y con los que se establecieron en Tebas y en Fliunte tuvieran eco en el interés de varios de sus discípulos —Espeusipo, Jenócrates, Heraclides Póntico, Aristóteles— por la figura de Pitágoras y por relacionar las doctrinas de los pitagóricos, especialmente, la de los Números, con la filosofía platónica; o el que el platonismo del S. I d. C. no fuera inmune al eclecticismo y al sincretismo tanto filosófico como religioso y el que en sus representantes más conspicuos sea perceptible un claro influjo del pitagorismo que resurge ya en el siglo anterior 51 y que, a su vez, los pitagóricos de esta época practicaran un pitagorismo platonizante 52 ; o, también, el que el fragmento recién mencionado, tras comparar el tipo de enseñanza que proporciona el simbolismo pitagórico con un proceso de iniciación, precise que de lo que se trata es de que lo dicho resulte inmediatamente claro e identificable para los adeptos y anodino y romo para los extraños, de lo que podría deducirse, junto al carácter esotérico de los arcanos de la doctrina, un testimonio de la necesidad que tuvo la secta de protegerse, lo cual concuerda con las noticias que tenemos de que pitagóricos destacados —Nigidio Fígulo, por ejemplo— fueron expulsados de Roma, acusados de cometer sacrilegio y dedicarse a la magia. A la vista de todo esto cabe pensar que la ausencia de elementos simbólicos en el tratamiento de los números del Sobre la generación del alma puede responder a la voluntad de Plutarco de evitar a la doctrina platónica la peligrosa vecindad de una secta que el poder político no veía con buenos ojos 53 .

Lo que en todo caso resulta evidente es que Plutarco confina su exposición a lo estrictamente matemático y, en este ámbito, a la Aritmética, intentando demostrar que, con respecto a todas y cada una de las exigencias que desde la Aritmética, la Música o la Astronomía puedan plantearse, las proporciones y los números que las forman en el Timeo son realmente adecuados para suministrarnos la fórmula matemática de la unidad del Alma del Mundo; pero, puesto que éste es, a juicio de Platón, un zôon , un ser vivo, podemos sospechar que esa fórmula es la de lo vivo, la de la vida, aunque por ese portillo se nos vuelva a colar el simbolismo tan cuidadosamente amordazado por Plutarco 54 .

TABLA DE VARIANTES TEXTUALES



1 Un tratado que se presenta como una carta a sus hijos. Sobre este escrito como híbrido del tratado filosófico y del comentario textual, así como sobre los precedentes de dicha hibridación, véase FERRARI, «Introduzione», ob. cit., págs. 10-11.

2 Conocidas son las críticas a los planteamientos heraclíteos, especialmente al dedalismo de las definiciones propuestas en el Eutifrón y al pánta rhei en el Crátilo. El movimiento adquiere explícitamente rango ontológico cuando es considerado uno de los principios en el Sofista.

3 Casualmente el Sobre la generación del alma en el «Timeo» es el único tratado plutarqueo de objetivo metafísico que se conserva; cf. P. THÉVENAZ, L'âme du monde, le devenir et la matière chez Plutarque, París, 1938, pág. 2.

4 Del alma del Mundo hablará PLATÓN en Filebo 30a-b; puede considerarse implícita en Político 269d-273b, donde el mundo es considerado un ser vivo.

5 Cf. P. THÉVENAZ, ob. cit., pág. 9.

6 Cf. Sobre la generación del alma... 1012d y 1027a.

7 Hoy leemos los capítulos 1-10 (= págs. 1012B-1017C); después 21-21 (págs. 1022E-1027F), seguidos de 11-20 (1017C-D-1022E) y, por último, 30-33 (1027F-1030C).

8 «Plutarch's De animae procreatione in Timaeo. An Analysis of Structure and Contents», ANRW II 36. 1, 1987, págs. 234-247.

9 Cf. FERRARI, «Introduzione», ob. cit., pág. 10.

10 Cf. AGUILAR, ob. cit., pág. 165: « Plutarco no considera diacrónicamente la obra de su maestro y la utiliza como si fuera un sistema coherente de pensamiento sincrónico», y FERRARI, «Struttura e funzione», pág. 537: «La convinzione che la filosofía contenuta nei dialoghi fosse qualcosa di unitario e sistemático si impose nell'ambito del platonismo antico tra il I sec. e il II d. C».

11 República 435d: «con métodos como los que venimos empleando ahora en la exposición no vamos a alcanzar nunca nuestro propósito, sino que el camino que lleva hasta allí es otro más largo y complicado...».

12 República 504c: «No es fácil, ..., que sea eterno algo compuesto de muchos elementos y, como se nos muestra ahora el alma, con una composición que no es la mejor... El que el alma es inmortal, nos lo imponen no sólo nuestro reciente argumento, sino que también lo podrían hacer otros más; pero para saber cómo es de veras es menester contemplarla, no como la vemos ahora degradada por su comunidad con el cuerpo, sino ... pura...».

13 El símil no es más que un pis aller, pero «la exposición completa de todos los aspectos de su naturaleza sólo un dios podría hacerla, y sería larga». Como en República, PLATÓN advierte al lector sobre las limitaciones de la explicación que le ofrece.

14 Fedro 246a.

15 W. K. C. GUTHRIE, A History of Greek Philosophy. Volume V. The later Plato and the Academy = Historia de la Filosofía Griega. V. Platón. Segunda época y la Academia [trad. esp. ALBERTO MEDINA GONZÁLEZ], Madrid, 1992, pág. 308, dice, al hablar del Timeo que ésta es «... la frase más difícil y debatida de todo el diálogo. Sea cual sea la lectura e interpretación que se haga de la misma, la reflexión posterior sugiere dificultades irresolubles». La interpretación de Plutarco, que se inspira en la mezcla de los cuatro elementos constitutivos del cuerpo, aparece en 1025B.

16 Cf. CORNFOD, Cosmology págs. 59-66 y BRISSON, Le Même et l'Autre, pág. 272.

17 Desde este punto de vista la mención de los cuerpos se justifica en el hecho de que dicha divisibilidad es especialmente perceptible en los cuerpos sometidos a evolución y cambio.

18 Cf. PROCLO, In Tim. 2, 117 DIEHL; CORNFORD, Cosmology, pág. 63; GUTHRIE, Historia V... [trad, esp.], págs. 312-313, la clave de cuya interpretación reside en Timeo 37a-c, un pasaje en el que Platón describe cómo el alma del mundo, «cuando al girar sobre sí misma, entra en contacto con algo que tiene naturaleza dispersa o con algo que es indivisible...», justificando en la mención de la esencia indivisible y la esencia divisible la capacidad que tiene el alma para distinguir un particular de otro y un particular de una Idea.

19 FERRARI, «Introduzione», ob. cit., págs. 35-36.

20 Para FROIDEFRONT, art. cit., pág. 198, n. 48, la función de intermediaria entre lo inteligible y lo sensible, que Plutarco sugiere en este tratado, es precisado en el Isis y Osiris, donde se convierte en una de las piezas esenciales de la filosofía y de la teología de Plutarco.

21 Vide infra.

22 ARISTÓT. , Acerca del alma I 3, 10.

23 Sobre la generación del alma... 1028A.

24 Aunque las proporciones en cuestión puedan aplicarse a la escala musical, esto sería, desde el planteamiento del Timeo. algo secundario, porque el Demiurgo construye estas proporciones antes de haber creado el cuerpo del Mundo y, por lo tanto, antes de que existan cuerpos regulares, dotados de movimientos regulares que puedan emitir sonidos regulados rítmicamente.

25 En este mismo sentido véase, B. KYTZERL, «Die Weltseele und der musikalische Raum », Hermes 87, 1959, 405-406, y BURKERT, ob. cit., págs. 307-308, que nos invita a considerar otro tipo de «Música cósmica», el ritmo de las estaciones, que depende del curso del Sol.

26 República 507b.

27 Los demás miden respectivamente 2, 3, 4, 9, 8 y 27 unidades.

28 A este intervalo, el leîmma o resto, se le atribuye a veces el valor de 13, que es la diferencia entre los dos números cuya razón define al segmento en cuestión. Para que el segmento cubierto por 9/8 y el segmento del resto fueran conmensurables el cociente de la razón tenía que ser un número entero.

29 Del interés platónico en el problema de las magnitudes conmensurables e inconmensurables tenemos pruebas en Teeteto 147c-148a y en Leyes 819d-822d, cf. especialmente 820c y la exposición de K. POPPER, ob. cit., págs. 494-498.

30 En Banquete 192e y en República 443e bueno es lo que ha llegado a ser uno.

31 Como acabamos de ver el alma «es el mejor de los seres engendrados».

32 J. MOREAU, La construction de l'idéalisme platonicien, reimpr. Hidesheim, 1967, págs. 309-310 y págs. 316-318 sobre la proporción como relación unificante. Por su parte, H.-G. GADAMER, Platos dialektische Ethik und andere Studien zur platonischen Philosophie, Hamburgo, 1968, insiste en la transposición que hace Platón de las concepciones del número o de la armonía de los pitagóricos a lo ontológico, cf. págs.105 ss. («Platos dialektische Ethik») y 258 ss. («amicus Plato, sed magis amica veritas»).

33 La gran diferencia entre los dos medios de la proporción que fragua la unidad del cuerpo del Mundo y las dos medias establecidas para conseguir la de su alma estriba en que en el primer caso esos dos medios forman parte de una sola proporción geométrica discontinua, mientras que en el caso del alma cada una de las medias corresponde a una proporción distinta — una aritmética y otra armónica—, aunque los intervalos que una y otra determinan quedan unificados cuando el Demiurgo los «rellenó» con los de 9/8.

34 Timeo 32c.

35 La afirmación paralela con respecto al alma aparece en Timeo 37a.

36 Cf. Timeo 33c y 35b. FERRARI, «Commente», págs. 327, se acerca en cierto modo a la opinión que sostengo: «L'inserimento dei medi tra i diastemata prodotti dalla prima operazione dovrebbe avere la funzione di compattare la struttura dell'anima...», una idea que BRISSON, Le Même, pág. 327, prefiere expresar metafóricamente: «Et au niveau de l'âme du monde, la structure mathématique permet de surmonter la bia qu'implique le mélange 'au même de la nature de l'autre rebelle au mélange'».

37 Fedro 264c.

38 Sobre la generación del alma... 1027A.

39 Ibid. 1030C.

40 Ibid. 1018B.

41 Ibid. 1018E.

42 Ibid. 1017F-1018A.

43 Ibid. 1017E.

44 Cf. LUCIANO, Pro lapsu inter salutandum.

45 Cf. ARISTÓXENO, P. A. en JÁMBLICO, Vida Pitagórica 230-232.

46 P. KUCHARSKI, Étude sur la doctrine pythagoricienne de la Tétrade, París, 1952, pág. 43, citado por Y. VERNIÈRE.

47 Y. VERNIÈRE, Symboles et mythes dans la pensée de Plutarque, París, 1977, págs. 27-28.

48 La relación de los casos puede verse en Y. VERNIÈRE, Ob cit., págs. 28-30. Como apunta R. M. JONES, The platonism of Plutarch and Selected Papers, Nueva York-Londres, 1980, pág. 14, n. 47, el propio Lamprias, que es el que ha acudido a la teoría de los números en el La E de Delfos no le concede demasiada importancia y tanto en Charlas de sobremesa 740 como en 743 son rechazadas las explicaciones basadas en dicha teoría. Esto lo lleva a concluir (pág. 15) «number speculation had very little importance for Plutarch».

49 ESTOBEO III, I, 199 = PLUT., Frag. 202, SANDBACH.

50 Ob. cit., pág. 22.

51 Sobre la continuidad de la tradición pitagórica véase BURKERT, «Hellenistiche Pseudopythagorica», Philologus 105 (1961), 16-43 y 226-226.

52 Sobre este tema véase J. M. DILLON, «'Orthodoxy'and 'eclecticism'. Middle Platonists and Neo-Pythagoreans», en J. M. DILLON & A. A. LONG (eds.), The Question of «Eclecticism». Studies in Later Greek Philosophy, Berkeley-Los Ángeles-Londres, 1988.

53 Ejemplo de ello puede ser la comparación, favorable a Platón, de la tetraktys pitagórica y la platónica en 1017D y en 1019B.

54 BURKERT, Ob. cit., pág. 397, n. 49: «He finds a deep meaning in any combination of the numbers given in the Timaeus». Él piensa en la «consideration of individual numbers», yo me inclino a pensar que, por su fidelidad a Platón, debía encontrarlo en esa proporción. Sobre la consideración del poder de cada número tomado en sí mismo, mientras las relaciones entre ellos quedan en segundo plano, como una de las características de la aritmología pitagórica, cf. KUCHARSKI, ob. cit., pág. 67.

A Autóbulo y Plutarco su padre les desea prosperidad.

[1012B ] 1. Como pensáis que es menester que lo que, de palabra y por escrito, tengo repetido, aunque desperdigado, unas cosas en unos y otras en otros pasajes de mis escritos dedicados a explicar la opinión que, a mi parecer, tenía Platón sobre el alma, quede sistematizado y que sea objeto de un tratado independiente esa exposición dado que no es fácil hacerlo de otro modo y que, por oponerse a la mayoría de los platónicos, tiene que ir justificándose, voy a empezar por citar literalmente su doctrina, según está escrita en el Timeo 1

de la esencia 2 sin partes 3 y por siempre inmutable y de la divisible que, por el contrario, está sometida a cambio 4 enlos cuerpos 5 compuso un tercer tipo de esencia intermedio, y asimismo con respecto a la naturaleza de lo mismo y a la de lo otro 6 ; también con respecto a ello la constituyó como intermedia de lo que no tiene partes y de lo divisible con relación a los cuerpos de uno y otro. Y, tomando esas esencias, que eran tres, las mezcló 7 a todas en una forma única, forzando la naturaleza de lo otro, que es difícil de mezclar, a ajustarse a lo mismo. Conque, una vez que consiguió con la mezcla la esencia intermedia y que de las tres hizo una, de nuevo dividió ese todo en tantas partes como convenía, quedando compuesta cada una de lo mismo, de lo otro y de la esencia 8 . Fue haciendo las partes del modo siguiente...

Empezar por exponer ahora en sus pormenores todas las discrepancias que ese texto ha suscitado entre los comentaristas sería tarea inmensa y, para vosotros, que estáis prácticamente [D ] al tanto de la mayoría de ellas, ociosa. Pero puesto que de los autores importantes, a unos los capitanea Jenócrates 9 que afirma que la esencia del alma es número que se mueve por sí mismo, mientras que otros siguen a Crántor 10 de Solos que compone el alma combinando la naturaleza inteligible y la que elabora la opinión acerca de las cosas perceptibles 11 , espero, al aclarar esas ideas, proporcionaros, a modo de preludio, en alguna medida su explicación.

2. Breve es la crítica a ambas posturas: los unos 12 piensan, en efecto, que con la mezcla de la esencia indivisible y la divisible no se explica nada más que el origen del número, [E ] pues indivisible es lo uno y divisible lo múltiple, y de éstos nace el número 13 , cuando lo uno delimita a lo múltiple e impone límite a la infinitud 14 , a la cual llaman también diada 15 indefinida (es más, Zaratas 16 , el maestro de Pitágoras, la llama madre del número, y al uno, padre 17 ; y también por eso dicen que los más perfectos de los números son los que se parecen a la unidad 18 ). Pero el alma no es todavía ese número, pues le falta la capacidad de mover y de moverse, sino que, una vez que se han combinado lo mismo y lo otro, de los cuales éste es principio de movimiento y cambio y aquél de reposo 19 , nace el alma, que no es menos capacidad [F ] de detener y detenerse que de moverse y poner en movimiento 20 . Por su parte, los seguidores de Crántor, dado que adoptan como premisa el que la tarea propia del alma es formar juicios sobre lo inteligible y lo perceptible y las diferencias y similitudes de éstos entre ellos mismos y en sus mutuas relaciones 21 , afirman que, para que pueda conocerlo [1013A ] todo, de todo ello es mezcla el alma. Pues bien hay cuatro principios 22 : la naturaleza inteligible que es siempre invariable e idéntica, la relativa a los cuerpos, sensible y cambiante 23 y, además, la de lo mismo y la de lo otro, porque cada una de esas dos participa de alteridad y de identidad.

3. Por igual creen todos ellos que el alma no ha nacido en el tiempo y que no es engendrada, y sí que tiene más facultades, descomponiendo en las cuales su esencia por necesidad expositiva 24 , Platón sugiere en su explicación que nace y es el resultado de una mezcla 25 . E, igualmente, que al reflexionar sobre el mundo, tiene conciencia de que es eterno [B ] y no engendrado, pero al ver que es difícil captar de qué modo está ordenado y regulado para quienes no presuponen ni su generación ni la presencia previa de capacidades generativas, optó por esa vía. Aunque tales sean en líneas generales 26 las opiniones que sostienen, Eudoro 27 piensa que unos y otros se mantienen en los límites de lo verosímil; a mí, en cambio, me parece —ya que hay que recurrir al criterio de la verosimilitud— que ambos se han desviado totalmente de la opinión de Platón puesto que no estaban desarrollando sus propias doctrinas, sino que querían decir algo concorde con la de aquél. En efecto, no queda claro cómo la citada mezcla de la esencia inteligible y de la perceptible es más generación del alma que de los demás seres, objeción que se le puede ocurrir 28 a cualquiera. Así, ese mismo mundo que acabamos de mencionar —y cada una de sus partes— está compuesto de esencia corporal y de esencia inteligible, de las cuales la primera proporciona al producto materia y fundamento y la otra forma 29 y estructura 30 . Además, de la materia, lo conformado por participación y representación de lo inteligible, es directamente tangible y visible 31 ; el alma, en cambio, escapa a toda percepción 32 . Por lo que respecta al número, nunca dijo Platón que el alma lo fuera, sino movimiento que por siempre se mueve a sí mismo 33 y «fuente y principio de movimiento» 34 ; y conforme a número, razón y armonía 35 tiene él organizada la esencia del alma, que es subyacente y susceptible de admitir la más hermosa estructura producida por ellos 36 . Que no creo yo [D ] que sea lo mismo el que el alma esté organizada conforme a número y el que su esencia consista en número; en efecto, también está organizada conforme a armonía 37 y, sin embargo, no es armonía, como él mismo demuestra en el Sobre el alma 38 . Meridiano resulta que no ha sido captado por ésos lo de lo mismo y lo otro, pues dicen que lo uno aporta a la generación del alma la capacidad de reposo, y lo otro la de movimiento, siendo así que el propio Platón establece y define en el Sofista 39 el ser, lo mismo, lo otro y, además de ésos, reposo y movimiento, como diferente cada uno de cada uno y siendo cinco principios independientes unos de otros.

4. Pues bien, lo que ésos —y también la mayoría de los que estudian a Platón asustados y pidiendo socorro— coinciden en manipular, forzar y darle vueltas en todos los sentidos, como si fuera algo horrible e inconfesable que debieran esconder y repudiar el origen y constitución del mundo y de su alma, a saber, que no existen desde la eternidad ni son así por tiempo indefinido, ha sido objeto de un tratado independiente 40 y ahora bastará con decir que lo que aniquilan y destrozan por completo es nada menos que la discusión sobre los dioses que Platón 41 reconoce haber utilizado con vehemencia y de modo inadecuado a su edad 42 contra [F ] los ateos. En efecto, si el mundo no es generado, se le arruina a Platón el que por ser más antigua que el cuerpo el alma inicie todo cambio y movimiento, instituida como conductora y primer agente, según dice él mismo 43 . Por ser qué la una y ser qué el otro se dice que el alma ha nacido antes y que es más antigua que el cuerpo 44 , la exposición lo indicará según vaya avanzando. Pero parece que el hecho de ignorarlo produce una enorme incomprensión e infidelidad a su auténtica doctrina.

5. Por tanto, voy a exponer en primer lugar la opinión que tengo sobre ello 45 , confiando en lo verosímil y armándome de valor, en lo posible 46 , ante lo insólito y paradójico de mi exposición. Luego acompasando explicación y demostración, las iré aplicando a los distintos pasajes 47 . Pues [1014A ] bien, en mi opinión, los hechos son como sigue: «Este mundo» dice Heráclito 48 , «no lo ha hecho ninguno de los dioses ni de los hombres», como si temiera que por tener que renunciar a un dios fuésemos a suponer que un humano fue el que hizo el mundo 49 . Conque mejor será que, confiando en Platón, digamos que el mundo nació por obra del dios y que coreemos 50 «el uno es el mejor de los seres nacidos y el otro la mejor de las causas» 51 , y que la esencia y materia 52 de la [B ] que ha nacido 53 , no engendrada sino eternamente subyacente 54 , se ofreció al demiurgo para que la dispusiera y organizara y para que, en la medida de lo posible, la fuera haciendo semejante a él 55 . En efecto, la generación no procede del no ser 56 , sino de la situación en la que el objeto no es como es debido o cabal, lo mismo que ocurre con la construcción de una casa, un manto o una estatua. Pues lo que hay antes de la generación del orden 57 es desorden, y el desorden no es carencia de cuerpo, de movimiento o de alma, sino que tiene el elemento corporal sin forma ni consistencia, y el susceptibie [C ] de movimiento desorientado y sin ritmo. Y eso era el desajuste del alma cuando no estaba dotada de razón. Pues el dios no convirtió en cuerpo lo incorpóreo ni en alma lo inanimado, sino que, del mismo modo que no pretendemos que un experto en armonía y ritmo produzca voz y movimiento, sino voz entonada y movimiento acompasado, así tampoco el dios hizo él lo tangible y sólido 58 del cuerpo, ni la imaginación y la motricidad del alma 59 . Antes bien, tomó ambos principios, el indistinto y oscuro 60 y el agitado e irracional 61 , ambos imperfectos con respecto a lo que es debido e indefinidos, los ordenó, organizó y ajustó, consiguiendo constituir a partir de ellos el ser vivo más hermoso y cumplido 62 .

Conque la sustancia corpórea no es cosa distinta de lo que él llama «naturaleza receptáculo de todo» y «sede y nodriza de los seres generados» 63 .

[D ] 6. Y a la del alma, la llamó en el Filebo 64 «ausencia de límite», porque carecia de número y razón y porque no contenía limite alguno de defecto y exceso y de diferencia y disimilitud, ni, por tanto, medida; y hay que reparar en que en el Timeo 65 la esencia divisible 66 , que se combina con la indivisible y de la que se dice que está sometida a cambio en los cuerpos, no es llamada ni cantidad en las unidades y puntos ni longitudes y superficies, propiedades que convienen a los cuerpos y son más propias de los cuerpos que del alma, sino principio desordenado e indefinido que se mueve a sí mismo y produce movimiento, al cual ha llamado muchas veces «necesidad» 67 y en Las Leyes 68 sin rodeos «alma desordenada y perversa». Y es que esa era el alma en sí, y tuvo que participar de entendimiento, razonamiento y de la armonía de la sensatez 69 para convertirse en alma del mundo. En efecto, también aquel enorme receptáculo común y material tenía dimensión, extensión y espacialidad, pero estaba falto de belleza, de forma y de figuras regulares; y las obtuvo, para, al quedar ordenado, dar lugar a los variados cuerpos y órganos de las plantas y animales, de la tierra, el mar, el cielo y las estrellas. En cambio, los que atribuyen a la materia y no al alma el principio llamado en el Timeo [F ] «necesidad» y en el Filebo «falta de medida y límite de defecto y exceso acerca de lo más y lo menos», ¿dónde van a colocar lo que es llamado por él 70 materia constantemente amorfa y completamente privada de figuras, ayuna de toda calidad 71 y de capacidad propia y lo compara con los aceites inodoros que los fabricantes de perfumes escogen como base? [1015A ] Pues no es posible que Platón haya planteado lo que por sí mismo carece de calidad, de actividad y de inclinación 72 como causa y principio del mal y que haya llamado a la falta de límite indigna 73 y artífice de maldad, y otras veces «necesidad que muchas veces lucha de mala manera contra el dios y se le desboca 74 . En efecto, la necesidad 75 que al cielo «hace dar vueltas en sentido inverso», como se dice en el Político 76 y que lo hace regresar hacia atrás en sentido contrario y el «deseo congénito» y «el elemento inherente a aquella antigua naturaleza, elemento que participaba de mucho desconcierto antes de llegar al actual estado de orden» 77 , ¿de dónde ha nacido en las cosas, si lo subyacente era la materia sin calidad y ayuna de toda causa y que, por su parte, el demiurgo era bueno y quería que absolutamente todo fuera, en la medida de lo posible, parecido a él y que, en tercer [B ] lugar, no había nada al margen de ellos? Nos sorprenden, en efecto, las dificultades estoicas 78 cuando a partir del no ser, sin apuntar causa ni génesis, introducimos por las buenas el mal; porque, dados precisamente los seres que existían, no es verosímil que ni el bien ni lo que carece de calidad pudieran suministrar la esencia y el origen del mal. Platón, en cambio, no se vio afectado por los mismos recelos que los filósofos posteriores, y al tolerar un tercer principio y potencia entre la materia y el dios, no se vió abocado, como ellos, al más absurdo de los razonamientos, que no sé cómo se las arregla para hacer de la esencia del mal un episodio espontáneo y casual; y eso que a Epicuro no le admiten una [C ] mínima inclinación del átomo 79 , so pretexto de que introduce a partir del no ser un movimiento sin causa; ellos, en cambio, afirman que la maldad y tanto infortunio y las incontables diferentes monstruosidades y deficiencias corporales, cuya causa no está en los principios, se han producido secundariamente 80 .

7. Platón no procede del mismo modo, sino que, liberando a la materia de toda diferencia y colocando la causa del mal totalmente fuera del dios, ha escrito en el Político 81 lo siguiente sobre el mundo

En efecto, ha recibido del que lo compuso todas las virtudes, y, en cambio, de su estado anterior todas las dificultades e injusticias que ocurren en el cielo y, tras haberlas recibido [D ] de ese primitivo estado, no sólo las padece él, sino que también las produce en los seres vivos;

y un poco más adelante 82 dice «pero, al correr el tiempo e ir surgiendo en él el olvido, va acrecentando su dominio la influencia del antiguo desequilibrio» y se pone en peligro de «disolverse y en la sede de la desemejanza, que es infinita» volver a caer; en cambio en la materia, como carece de calidad y diferencia, no hay desemejanza. No obstante, por ignorar esto Eudemo 83 , junto a otros muchos, trata irónicamente a Platón, porque inconsecuentemente, a su juicio, declara causa y principio del mal a la que muchas veces ha sido llamada por él madre y nodriza. Pero es que Platón [E ] llama madre y nodriza a la materia y causa del mal al elemento que agita a la materia y que resulta divisible por lo que respecta a los cuerpos 84 , movimiento desordenado e irracional pero no inanimado 85 , al que, como hemos visto, llama en Las Leyes alma contraria y opuesta a la beneficiosa 86 . En efecto, el alma es causa y principio del movimiento, mientras que el entendimiento lo es del orden y del concierto en el movimiento 87 . Que el dios no puso en movimiento la materia inerte, sino que detuvo la materia desacompasada por la causa irracional. Pues no proporcionó a la naturaleza principios de cambio y afecciones, sino que eliminó la indefinición y discordancia del que había en toda clase de afecciones y cambios desordenados 88 , utilizando como instrumentos armonía, proporción y número, cuyo efecto no es [F ] proporcionar a las cosas con el cambio y el movimiento las afecciones y diferencias de la alteridad, sino hacerlas más fijas, estables y semejantes a los seres que son constantemente invariables 89 .

Tal es, por tanto, en mi opinión, el pensamiento de Platón.

8. Primera prueba de ello es la solución de la supuesta y [1016A ] aparente discordancia y contradicción consigo mismo 90 . Que ni siquiera a un sofista borracho, y tanto menos precisamente a Platón, podría uno atribuirle tal confusión e inconstancia en los argumentos en los que mayor empeño ha puesto como para que diga que una misma naturaleza es, a la vez, no generada y generada —en el Fedro dice que el alma no es generada y en el Timeo que es generada 91 . La demostración del Fedro es, de hecho, cosa archisabida por casi todo el mundo: basa en su carácter no generado su condición inmortal y en la capacidad de moverse por sí misma su carácter no generado. En cambio, en el Timeo 92 dice

Pero al alma no la dispuso el dios también con posterioridad al cuerpo, como nosotros que abordamos ahora su descripción después de la de aquél, pues no hubiera permitido que, al ensamblarlos, lo más viejo fuera gobernado por lo más joven. Pero, nosotros, como en buena medida dependemos de la casualidad y del azar, también hablamos aquí a [B ] la ventura. Que él hizo al alma primera en edad y mérito, y más antigua que el cuerpo, como señora que ha de mandar sobre lo que debe ser mandado 93 ».

Y de nuevo, cuando dice 94 que «ella, al girar sobre sí misma, dio principio al gobierno divino de una vida inextinguible y sensata», afirma

Y entonces nació, por un lado, el cuerpo visible del cielo, y, por otro, ella, invisible, el alma que, en cambio, participa de razonamiento y armonía, generada por el mejor de los seres inteligibles 95 y eternos como el mejor de de los seres generados.

En efecto, ai decir en ese pasaje que el dios es el mejor de los seres eternos y que el alma es el mejor de los nacidos, [C ] con esa clarísima diferencia y antítesis la priva de carácter eterno y no generado.

9. Entonces, ¿qué otro modo correcto hay de entender esto más que el que él mismo brinda a quienes quieran aceptarlo? En efecto, declara no generada el alma que, antes del nacimiento del Mundo, lo movía todo discordante y desordenadamente 96 y, por el contrario, nacida y generada la que el dios hizo consciente y organizada como una estructura a partir de ésa y de aquella excelente esencia estable, y, dado que con ello proporcionó la capacidad de pensar a lo sensible y a lo móvil el hecho de quedar ordenado por él 97 , la instituyó [D ] como guía del Universo. En efecto, en estas condiciones, también declara una veces generado y otras no generado al cuerpo del Mundo, pues cuando dice 98 que el dios tomó todo lo que era visible y que no tenía reposo, sino que se movía desordenadamente y lo organizó, y más adelante 99 que los cuatro elementos, fuego, agua, tierra y aire, antes de que naciera el Universo organizado a partir de ellos, provocaban sacudidas en la materia 100 y, por causa de su disparidad, eran agitados por ella, hace que los cuerpos en algún modo preexistan y sean subyacentes al nacimiento del Mundo; y, por el contrario, cuando diga 101 que el cuerpo ha nacido con posterioridad al alma y que 102 el mundo es generado, porque es visible y tangible y tiene cuerpo y los seres [E ] que tienen esas características se revelan como sometidos a evolución y generados, está claro para cualquiera que le asigna nacimiento a la naturaleza del cuerpo. Pero esto no quiere decir, ni mucho menos, que se contradiga y se oponga tan a las claras a sí mismo en temas de la mayor importancia. Que tampoco dice que exactamente el mismo cuerpo haya nacido por obra del dios y que existiera antes de nacer. Pues eso sería pura y simplemente suicida, sino que, también con respecto al nacimiento del Mundo, él mismo explica lo que hay que entender

En efecto hasta entonces, dice 103 , todos esos elementos estaban sin proporción ni medida; y cuando el Universo empezó a organizarse, aunque al principio fuego, agua, tierra y aire tenían algunos indicios de sí propios, estaban totalmente en la disposición en la que es lógico que esté cualquier cosa de la que el dios esté ausente; a esos elementos cuya naturaleza entonces era exactamente esa, ante todo les [F ] dio configuración por medio de los principios de estructura y de los números.

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