Kitabı oku: «Vidas paralelas III»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 354

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN MANUEL GUZMÁN HERMIDA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2006.
www.editorialgredos.com
La introducción, traducción y notas de Coriolano-Alcibíades y Paulo Emilio-Timoleín han sido realizadas por AUREUO PÉREZ JIMÉNEZ .
La introducción, traducción y notas de Pelópidas-Marcelo han sido realizadas por PALOMA ORTlZ .
REF. GEBO432
ISBN 9788424937287.
CORIOLANO – ALCIBÍADES PAULO EMILIO – TIMOLEÓN
INTRODUCCIÓN
I
LAS BIOGRAFÍAS DE CORIOLANO, ALCIBÍADES, PAULO EMILIO Y TIMOLEÓN
Si tuviéramos que buscar una nota común a estos cuatro de los seis personajes reunidos en este nuevo volumen de las Vidas Paralelas de Plutarco, ésta podría ser su destacado papel, positivo o negativo, en las crisis internas y externas de sus respectivos pueblos. En efecto, Alcibíades y Coriolano, en las confrontaciones respectivas de Atenas con los espartanos y de Roma con los volscos, aparecen como responsables individuales de sus éxitos y de sus fracasos y en su haber se cuenta al final la salvación de la patria; lo mismo cabe decir de Paulo Emilio respecto de la guerra macedonia, que puso en jaque la estabilidad internacional de Roma. Por último, los cartagineses son el enemigo exterior al que se enfrenta y vence Timoleón, hacedor de la libertad para toda Sicilia, convertida en su auténtica patria.
Las diferencias de enfoque entre estos cuatro personajes están sin duda en el carácter colectivo o individual de sus antagonistas, compatriotas o enemigos exteriores, que sirven para perfilar los contornos éticos de su personalidad. En el caso de Alcibíades y de Coriolano, la antítesis viene marcada por los atenienses y los romanos, pero también por figuras individuales como Nicias, en el primer caso, y el caudillo de los volscos, en el segundo. Pero, mientras ambos personajes son ejemplo de los rasgos que Plutarco atribuye y critica a los tiranos, un leitmotiv de su pensamiento político (a saber, egoísmo, autoritarismo, etc.) y se comportan como tales precisamente en el trato hacia sus pueblos, en el otro extremo quedan, con su espíritu de sacrificio y entrega a la lucha por la libertad, las figuras de Emilio y de Timoleón, que se realizan como verdaderos padres de la patria precisamente en y por combatir a tiranos reales, como son los de Sicilia y concretamente Hícetes, en el caso de Timoleón, o Perseo, en el caso de Emilio. Sin embargo, también tienen que vencer el descontento de sus conciudadanos (Emilio de sus soldados) o la desconfianza de un pueblo ya escarmentado de los salvadores de la metrópolis (Timoleón respecto a los siracusanos 1 ).
Por otra parte, a estos dos pares (Coriolano-Alcibíades y Emilio-Timoleón) les es común el hecho de que en la mayor parte de (o en toda) la tradición manuscrita precede el personaje romano al griego, como también sucede con el par Sertorio-Éumenes . En el caso de Coriolano , es bastante seguro que la preferencia remonta al propio Plutarco 2 , según Ziegler por razones cronológicas. En cuanto al Emilio-Timoleón , la tradición manuscrita es unánime en el orden; sin embargo, la alusión que el propio Plutarco hace a este libro en Aem . 1.6 («Entre éstos hemos recurrido ahora para ti a la vida del corintio Timoleón y de Emilio Paulo») permite discutir ese orden 3 , razón por la cual probablemente la Aldina y otras ediciones basadas en ella invirtieron el de todos los manuscritos, que colocan el prólogo delante de la Vida de Emilio y ésta delante de la de Timoleón . No ayuda a clarificar el tema el hecho de que las dos Vidas comienzan directamente, cuando lo habitual (aunque hay excepciones) es que la segunda se ligue a la anterior mediante la partícula dé , generalmente en correlación con un mén del último párrafo de la Vida precedente 4 . No obstante, hay razones que quitan importancia a esos argumentos y otras que nos animan a asumir con Ziegler (y en contra de Babbit y Flacelière, que aceptan la secuencia de la Aldina) el orden de los manuscritos. Así, respecto a que Plutarco se refiera a «la vida del corintio Timoleón y de Emilio Paulo», aunque importante para hacernos pensar en un orden distinto, no es significativo. Pues también en el prólogo del par Dión-Bruto , cuyo orden está fuera de dudas, Plutarco habla del libro «que contiene la vida de Bruto y de Dión» (con la secuencia también invertida 5 ) sin que sea discutible que Bruto sigue a Dión . Es probable que en la inversión de los personajes tenga mucho que ver, en el caso que nos ocupa, el hecho de que este par se escribe al mismo tiempo que el de Dión y Bruto , de manera que el lapsus de Plutarco puede deberse a la conciencia de estar tratando el mismo contexto histórico con los personajes griegos. De todos modos, el mayor interés de Plutarco por la personalidad de Emilio 6 y que en la comparación siempre se cita en primer lugar, justificaría de sobra que dé prioridad al romano sobre el griego. Pero hay al menos un rasgo formal que no deja lugar a dudas: la Vida de Emilio concluye con una de esas frases con que se cierran primeras Vidas («Así dicen que fue la conducta y vida de Paulo Emilio») 7 y que nunca encontramos al final de las segundas.
Respecto a la cronología relativa y a la motivación de estos dos pares, Emilio-Timoleón , compuesto a la vez que el Dión-Bruto (duodécimo par, según el propio Plutarco), se publicó antes (undécimo), como ha demostrado convincentemente G. Nikolaidis 8 ; la Introducción que precede la biografía de Emilio lo coloca, con el Pericles-Fabio , en el grupo de Vidas escritas para provecho propio. Mientras con estas Vidas Plutarco se aproxima al encomio y la hagiografía, con la serie iniciada en el Demetrio-Antonio , a la que pertenece Coriolano-Alcibíades (par dieciocho del conjunto), analiza los efectos morales de personajes negativos que merecen su reprobación y acercan la biografía al vituperio 9 .
Estos dos personajes, Coriolano y Alcibíades, sufrieron un destino similar (ambos se enfrentaron con sus pueblos y fueron juzgados, condenados y obligados a vivir en el exilio; ambos encontraron asilo entre sus enemigos y lucharon contra sus conciudadanos; y ambos murieron en el exilio, víctimas de la envidia o del miedo de los enemigos); pero presentan, sin embargo, notables diferencias, tanto por su orientación, el uno más político y el otro un soldado, según ha mostrado recientemente Simon Verdegem (2005), como por su condición, el uno refinado y culto y el otro rudo, sin formación e inflexible 10 ; aquél fue ambivalente y polytropos —como el Odiseo de Homero— y éste directo, simple y monolítico 11 ; pero los dos responden al concepto platónicoplutarqueo de «grandes naturalezas», capaces de alcanzar los mayores logros, aunque también de causar los peores males 12 a los suyos. Es cierto que Plutarco podría haber comparado a Coriolano con Temístocles 13 ; pero es que entre sus grandes defectos la tradición literaria ponía ante los ojos de Plutarco uno que va mejor con la personalidad de Alcibíades (tal como se configura ya en Tucídides 14 ) que con la de Temístocles y es precisamente el que asocia las cuatro figuras del grupo: sus pretensiones tiránicas. En efecto, Coriolano fue acusado de tirano por sus enemigos 15 , razón oficial del exilio; de Alcibíades, sus actitudes son vistas bajo este prisma por los atenienses de más experiencia 16 y el mismo biógrafo se permite dudar sobre sus opiniones verdaderas sobre la tiranía y sobre si habría deseado o no convertirse en tirano 17 . Estos personajes no son tan radicalmente tiranicidas, como en general los héroes virtuosos de las Vidas Paralelas , sino ejemplo ellos mismos de actitudes tiránicas; aunque también en esto hay una diferencia entre ambos: mientras que los antagonistas individuales de Coriolano pertenecen a la denostada especie del demagogo (con el tirano, otro de los tipos políticos más detestables para Plutarco 18 ), representada en los tribunos de la plebe, con Alcibíades se personaliza tanto aquél como éste 19 .
Tiranos y demagogos son en cambio los enemigos que hacen brillar las virtudes de Emilio y Timoleón. Al combatir a los primeros nos enseñan que el buen estadista deja a un lado los problemas personales y los egoísmos, cuando lo exige el bien de la patria (Roma para Emilio y Sicilia para Timoleón) y, por encima de intereses mezquinos, de ambiciones inconfesables y, sobre todo, de la codicia, enarbola la bandera de los valores más sagrados de la virtud política: el buen orden, las tradiciones y la libertad. De esto es un buen ejemplo Emilio frente a Perseo; pero también lo es Timoleón frente a Hícetes, los demás tiranos y los cartagineses. Ambos, revestidos de la auctoritas que genera el respeto a las tradiciones y el sacrificio por los conciudadanos, superan la plaga de los envidiosos y demagogos. Pero al lado de este elemento de moral politica, el interés especial de Plutarco por ambos personajes está en el papel de la providencia en la historia y, en las relaciones de aquéllos con la fortuna. La forma como los dos utilizan a su favor los prodigios naturales, interpretándolos correctamente como signos de información divina, a partir del conocimiento científico, los sitúa a la altura de un Pericles o de un Fabio Máximo; y la forma en que la divinidad colabora con su virtud para llevar a buen término su misión, hace de ellos sacerdotes y hombres divinos, razón de más para llevar el interés de Plutarco por sus Vidas a los límites de la hagiografía. Tan sólo una nota importante, a favor de Emilio, los diferencia: mientras los hechos son sin excepción obra de la fortuna, que colabora siempre en positivo con su virtud (una asociación extraña al pensamiento platónico del biógrafo), el tratamiento de la virtud de Emilio en guardia ante la fortuna responde más a los planteamientos morales de Plutarco: en él sobresale la virtud por encima y a pesar de la fortuna, y su figura se perfila como un modelo de sabio platónico, armado de auténtica paideia , próximo a los ideales de Licurgo o, sobre todo, de Numa. En efecto, su vigilancia constante ante la futilidad de los éxitos humanos es la guía de conducta que le marcan las pautas morales de Plutarco y por medio de ella afrontará con una dignidad casi sobrehumana los más graves infortunios familiares anteponiendo al amor paternal el debido a la patria; en esto es a todas luces superior a Timoleón.
Veamos ahora algunos aspectos concretos sobre la tradición literaria de estos personajes que determina directa o indirectamente la tarea biográfica de Plutarco y la originalidad con que modifica, amplía o selecciona los materiales de sus fuentes el biógrafo:
1. CORIOLANO
Coriolano ha sido exageradamente definido como «a noble savage», representante de una Roma pre-helénica, sin corrupción, de patriarcas. Su naturaleza es gennaía y agathé y él desarrolla cualidades naturales de enkráleia, dikaiosýne y andreía fruto de su apátheia ante el placer, las fatigas y el dinero; pero sufre por su falta de paideía y su naturaleza es un buen campo al que le falta el cultivo 20 . Por otra parte, sus condiciones especiales (un hombre público que siempre actuó a título privado en Roma) y esos rasgos propios de héroe épico han hecho dudar incluso de su realidad histórica, reivindicada con argumentos convincentes por Tim Cornell 21 .
Plutarco sigue casi exclusivamente a Dionisio de Halicarnaso 22 (también a Tito Livio 23 ), por lo que el Coriolano es entre las Vidas Paralelas un documento excepcional para conocer la forma en que Plutarco reelabora, sintetiza y, cuando es necesario, amplía los materiales de que dispone. Una buena síntesis de esos recursos puede leerse en el artículo ya clásico de D. Russell (1963), así como en otros trabajos de conjunto 24 , por lo que no insistiremos en ello. Pero sí quiero ofrecer una pequeña muestra de la originalidad de Plutarco incluso cuando sigue de cerca el relato de su fuente principal, Dionisio de Halicarnaso. A propósito de la amenaza de Coriolano y sus volscos sobre Roma, son los pequeños detalles, como la condición de los primeros embajadores (amigos y familiares), el uso de una imagen (la del ancla sagrada) para referirse a la segunda embajada (los sacerdotes) o las reflexiones sobre la acción de la Providencia, que no anula el libre albedrío (intervención de las mujeres), los que revelan la maestría literaria del queronense. Gracias a ellos, Plutarco nos hace percibir el contraste entre la situación psicológica de los dos antagonistas (los romanos y Coriolano) y la gradual evolución del conflicto, hasta el clímax y la solución. La desesperación de los romanos los lleva, en su esfuerzo por derretir el hielo de un Coriolano vengativo e intransigente, a utilizar como instrumentos para ello la amistad, el respeto que infunden los representantes de los dioses y, por último, el amor filial; es decir, los pilares en que se articula la vida humana: relaciones sociales, religiosas y familiares. Coriolano, sin embargo, es insensible a lo primero y a lo segundo, pero no puede resistirse al amor filial y sucumbe a las razones de la madre; es éste un tema presente en Dionisio de Halicarnaso, pero que Plutarco recrea con todos sus recursos dramáticos y retóricos, para extraer los matices espirituales de los interlocutores en su condición de madre e hijo, pero también en su enfrentamiento de patriota y enemigo, como hemos demostrado en otro lugar 25 .
En cuanto al esquema de esta biografía, se articula sobre los principales hechos del personaje, quedando reducidos al máximo (probablemente por falta de información) los detalles sobre su origen, infancia y primeros hechos, de los que Plutarco destaca o inventa aquellos que mejor pueden explicar la conducta moral y política del personaje. Se presentan como sigue:
1) Orígenes de Coriolano: 1.1.
2) Infancia (orfandad) y formación (ausencia de paideía ): temperamento: 1.2-1.6.
3) Vocación y primeros hechos: 2-3.
4) Actitud ante la retirada de la plebe al Monte Sagrado: 5-7.
—Descontento de la plebe y amenaza externa. La plebe se niega a obedecer la llamada a las armas: 5.1-3.
—Marcio toma posición contra quienes proponen una actitud blanda ante la plebe: 5.4.
—Retirada de la plebe al Monte Sagrado y embajada del Senado: 6.1-2.
—Fábula de Menenio Agripa: 6.3-5.
—Reconciliación y nombramiento de los primeros tribunos de la plebe: 7.1-3.
—Actitud de Marcio contraria a los demócratas: 7.4.
5) Campaña y conquista de Coriolos: 8-11.
—Asedio de Coriolos por Cominio y primeros lances a favor de los sitiados: 8.1-2.
—Actitud heroica de Marcio y conquista de la ciudad: 8.3-6.
—Nueva acción heroica junto al cónsul Cominio: 9.
—Reconocimiento a los méritos de Marcio: 10
—Concesión del nombre de Coriolano. Digresión sobre los nombres romanos: 11.
—Guerra con los etruscos (9.1-8).
—Triunfo de Publícola y funerales de Bruto (9.9-9.11).
—Críticas a Valerio y actitud de éste. El nombre (10).
6) Revueltas de la plebe, colonia a Vélitras y guerra contra los ancíates: 12-13.
—Malestar del pueblo por la escasez de alimentos: 12.1-3.
—Propuesta de una colonia a Vélitras y de una expedición contra los volscos; oposición de los tribunos de la plebe: 12.4-13.3.
—Actitud de Marcio contra los tribunos: expedición particular y éxito de la misma: 13.4-6.
7) Fracaso de su candidatura al consulado: enfrentamientos con la plebe y juicio: 14-20.
—Méritos de Marcio para el consulado y actitud en principio favorable de los romanos: 14-15.1.
—Fracaso de Marcio por su carácter arrogante y oligárquico: 15.2-7.
—Oposición de Marcio al reparto del trigo siciliano; enfrentamiento con los tribunos: 16.
—Acusaciones de éstos y juicio: 17-20.
8) Exilio de Marcio y asilo entre los volscos: 21-24.
—Exilio: 21.
—Escena de súplica a Tulo Atio y recibimiento por éste: 22-23.
—prodigios en Roma: 24-25.
9) Campañas de Coriolano y Tulo contra los romanos: 26-29.
—Nombrado general con Tulo. Incursiones de saqueo contra los romanos: 26-27.
—Campaña de Coriolano contra las ciudades aliadas de los romanos: asedio de Lavinia y cambio de opinión de la plebe: 28-29.
10) Conducta de Coriolano ante Roma: 30-37.
—Marcio ante Roma: primera embajada de los romanos y duras condiciones de Coriolano: 30.
—Nuevas conquistas de Coriolano y segunda embajada romana: 31.
—Tercera embajada (sacerdotes): 32.
—Valeria propone la mediación de la madre, que acude con la esposa e hijos al campamento volsco: 33-34.
—Diálogo con la madre y claudicación de Coriolano. Fin de la guerra: 35-36.
—Celebraciones en Roma: templo de Fortuna Muliebris: 37-38.
11) Decadencia de Marcio, muerte y exequias: 39.
—Complot de Tulo contra Marcio: 39.1-7
—Asesinato de Marcio: 39.8.
—Honras fúnebres y luto: 39.9-11.
—Suerte de los volscos y muerte de Tulo: 39.12.
2. ALCIBÍADES
Con la Vida de Alcibíades nos encontramos ante uno de los ejercicios de caracterización psicológica más ricos de la historia del género biográfico. No sin razón este personaje, magistralmente dibujado a partir de los elementos de una vasta y controvertida tradición (Aristófanes y la Comedia, Tucídides, Jenofonte, Platón, Teofrasto, la filosofía socrática y, probablemente, los estoicos Zenón y Cleantes 26 , los oradores y la retórica (Lisias, Esquines, Antístenes, Andócides, Antifonte, Isócrates, Demóstenes) 27 , la historiografía del siglo IV /III (Éforo, Teopompo, Timeo, Duris), la literatura biográfica (Sátiro, Nepote) y los historiadores de época romana (Diodoro y Pompeyo Trogo/Justino)) 28 , pero dotado de vida por la reinterpretación ética del moralista, sigue ejerciendo una fascinación inusual en la crítica moderna. Lo prueba la gran cantidad de estudios (algunos de ellos excelentes, como el de Jacqueline de Romilly) con que la bibliografía de los últimos diez años intenta desentrañar los numerosos perfiles del Alcibíades plutarqueo. Esa sensación de riqueza se crea ya en la primera parte de la Vida , una biografía de anécdotas hasta el capítulo dieciséis 29 , aparente yuxtaposición de pequeños relatos, como dice D. Russell 30 ; pero que, lejos de producir dispersión, genera en el lector, como si fuera un retrato impresionista, una imagen unitaria en su ambigüedad y en sus contradicciones 31 . En ello está precisamente la originalidad de Plutarco y la clave de esa atracción ejercida por su personaje. De entre las numerosas anécdotas de esta biografía y de los dramáticos vaivenes de su conducta política emerge un personaje que, con ser negativo como sus conmilitones del grupo (Demetrio, Antonio, Nicias, Craso y Coriolano), exhibe cierta dignidad mayor, fundamentada en el interés que le concede Sócrates en la primera etapa de la biografía y en un patriotismo que hasta el final mitiga los egoísmos de su naturaleza tiránica y demagógica. De todos modos, la impresión que deja esta biografía de Plutarco es la de un Alcibíades radicalmente contradictorio en su naturaleza (femenino y feroz como un león), desenfrenado y capaz de los mayores sacrificios, querido y denostado por sus conciudadanos, tirano y demagogo al mismo tiempo, desprendido e interesado, y que, pese a tan diversos perfiles, a fin de cuentas presenta una línea de actuación tan unitaria como la de su compañero romano. Alcibíades es desde el principio hasta el final víctima de su deseo de victoria y de su deseo de prevalencia, siempre dominado por la ambición que explica sus vaivenes, como ya hemos señalado, entre el despotismo y la demagogia, entre el éxito y el fracaso. Y Plutarco encuentra en esos vaivenes su destino final dramático, trágico 32 , que liga aún más la biografía del ateniense a la de los otros miembros del grupo (en especial Coriolano y Demetrio).
Anécdotas y hechos que ilustran por igual (a modo de anticipación y retrospetiva) las razones de su conducta, se reparten el esquema casi en un cincuenta por ciento:
1) Ascendencia, orfandad y crianza: 1.1-1.3.
2) Caracterización física (belleza y tartamudez): 1.4-1.8.
3) Carácter: anécdotas de su infancia y juventud: 2-9.
—Infancia: philonikía y philóprotos: 2-3.
—Juventud: amantes/Sócrates: 4-7.
—Matrimonio con Hipáreta: 8.
—Anécdota del perro: 9.
4) Ingreso en la vida pública y rivales políticos: 10-14
—Anécdota de su iniciación pública: 10.1-2.
—Capacidad de persuasión oratoria: 10.3-4.
—Fama por los caballos: victorias olímpicas: 11-12.
—Rivalidad política con Nicias y Féace: 13-14.
5) Alcibíades estratego: 15-16.
—Habilidad en el ámbito público: acciones de acoso a los lacedemonios: Mantinea, Argos, Patras: 15.
—Excesos en su vida privada: relaciones con sus conciudadanos: 16.
6) Expedición a Sicilia: 17-21.
—Posición intervencionista de Alcibíades: 17.
—Nicias y Lámaco: política contraria a la expedición de Nicias: 18.1-3.
—Presagios: asunto de los hermes: 18.4-8.
—Acusaciones contra Alcibíades: 19.
—Primeras acciones en Sicilia: 20.1-3.
—Decisión de hacer volver a Alcibíades: medidas contra los sacrílegos de los hermes: 20.4-21.
7) Exilio y estancia en Esparta: 22-23.
—Huida a Turios: 22.1-3.
—Detalles de la acusación y condena: 22.4-5.
—Huida a Argos y el Peloponeso: 23.1.
—Acogido en Esparta. Actuación contra Atenas: 23.2.
—Conducta en Esparta: 23.3-6.
—Amores con Timea, la esposa de Agis: 23.7-9.
8) Amistad con Tisafernes: 24-25.
—Problemas con los espartiatas: 24.1-4.
—Se entrega a Tisafernes. Amistad con él: 24.5-7.
—Política con Tisaferenes favorable a Atenas y gestiones con la flota de Samos para cambiar la actitud de los atenienses hacia él: 25.
9) Regreso de Alcibíades: 26-34.
—Instauración de los Cuatrocientos en Atenas: 26.1-2.
—Alcibíades nombrado estratego por los atenienses de Samos: 26.3-9.
—Acciones en Jonia previas al regreso: 27-31.
—Regreso de Alcibíades: 32-34.
10) Decadencia: 35-38.
—Acciones de Alcibíades en Jonia: Lisandro y la derrota de Antíoco en Éfeso: 35.
—Actuación de Trasibulo contra él y destitución del mando: 36.1-4.
—Huida de Alcibíades a Tracia: 36.5.
—Egospótamos: consejos de Alcibíades y derrota ante Lisandro de los atenienses: 36.6-37.5.
—Huida de Alcibíades a Bitinia e intento de ir ante Artajerjes: 37.6-8.
—Alcibíades única esperanza para Atenas. Orden de los espartanos a Lisandro para procurar su muerte: 38.
11) Muerte y exequias: 39
—Sueño premonitorio: 39.1-3.
—Asesinato: 39.4-6.
—Timandra recoge el cadáver y le tributa honras: 39.7-8.
—Otra versión sobre los motivos de su asesinato: 39.9.
12) Comparación: 40(1)-44(5).
—Conducta militar y política: 40(1).
—Relación política con sus pueblos: 41(2).
—Actitud ante el dinero y repercusión de su conducta entre los ciudadanos: 42(3)-43(4).
—Consideraciones finales: 44(5).
3. PAULO EMILIO
Aparte de la relación cronológica inmediata con Fabio Máximo (segundo personaje del libro publicado antes del Emilio-Timoleón) y de la no disimulada admiración de Plutarco por su hijo Escipión, hay motivos suficientes que justifican la preferencia del biógrafo por este personaje, excepcionalmente en el primer puesto de la comparación.
Aunque las principales fuentes de Plutarco para esta biografía son Polibio y Tito Livio, como ha dejado claro la discusión sobre las mismas 33 , junto con otros historiadores menores (Nasica y Posidonio, a quienes él mismo cita, o tal vez Filarco), dibujan la imagen de un noble romano de factura tradicional, Plutarco reelabora esa imagen idealizada del personaje de la tradición 34 para acercarlo al de un sabio platónico al estilo de su Numa 35 . No nos cabe duda de que al escribir esta biografía tiene in mente su idea del segundo rey de Roma, aunque los diferencie que uno vive para la guerra y el otro para la paz. En efecto, Emilio es un filósofo al que se vincula genealógicamente con Pitágoras (como Numa); es un augur (igual que el sabino), interpreta los fenómenos sobrenaturales desde el saber científico (como tantas veces hace Plutarco en sus obras) y es, como Plutarco (y aquí Licurgo), un educador moral de los jóvenes 36 . Son esas precisamente las virtudes cuya imitación se propone a sí mismo en la introducción. En cuanto a los otros rasgos, la condición militar de su vida le aparta, es cierto, tanto de Plutarco como de Numa; pero este hecho, más que alejarlo de su ideal, por la forma en que el personaje se plantea la campaña contra Perseo —ejercicio de reflexión filosófica personal y de educación para los jóvenes y sacrificio por la patria y por la liberación de Grecia en contra del tirano 37 — lo acerca al concepto plutarqueo de estadista. Además, su amor por la cultura griega, presente en la literatura romana a partir de Cicerón 38 , lo convierte definitivamente en un héroe estimulante para el queronense, que imprime a la imagen del Emilio tradicional, epítome de la nobleza republicana como lo define W. Reiter y como aparece en Livio, su sello personal. Así, seleccionando, ampliando y modificando las fuentes, inventa para él detalles como el de su formación helénica 39 , lo descarga de la responsabilidad por el saqueo final de Grecia, transferida al Senado, y, con su actitud ante la fortuna y superación de la posible envidia de un demon malévolo 40 , lo convierte en uno de esos sabios virtuosos que vale la pena imitar.
En cuanto al esquema, contiene los tópicos habituales (precisiones sobre los orígenes y los padres, formación, vocación y virtudes políticas, primeros hechos y referencias familiares). Y aunque el primer consulado (cap. 6) podría considerarse como la acmé del personaje, ésta realmente corresponde al segundo consulado y la Guerra de Macedonia, que el personaje asume como Numa, en la madurez, y en la que exhibe todas las virtudes del viejo sabio, que busca Plutarco en esta biografía. Veamos en sus detalles ese esquema:
1) Introducción programática: 1.
2) Orígenes: la familia de los Emilios; padres: 2.1-5.
3) Vocación y virtudes políticas: 2.5-2.6.
4) Carrera pública inicial: 3-4.
—Edilato: 3.1.
—Augur: 3.2-3.7.
—Pretor procónsul en Iberia: 4.
5) Familia: 5.
—Matrimonio y divorcio con Papiria: 5.1-4.
—Segundo matrimonio: 5.5.
—Hijos: 5.5-5.10.
6) Primer consulado: guerra con los ligures: 6
—Los ligures: 6.1-3.
—Guerra y victoria de Emilio sobre ellos: 6.4-7.
—Paréntesis político: educación de los hijos: 6.8-6.10.
7) Segundo consulado: Guerra macedónica: 7-27.
—Precedentes de la guerra de Perseo: 7-8.
—Éxitos de Perseo contra los romanos: 9.
—Nombramiento de Emilio como cónsul; actitud: 10-11.
—Llegada de Emilio a Grecia: 12.1-2.
—Claves de la derrota de Perseo: mezquindad con galos e ilirios: 12.3-13.3.
—Competencia de Emilio: abastecimiento de agua del campamento del Olimpo: 13.4-14.2.
—Digresión sobre las corrientes de agua subterráneas: 14.3-11.
—Estrategia previa a Pidna: 15-16.
—Batalla de Pidna: 17-22.
—Huida de Perseo a Pela y Samotracia: 23.
—Elementos divinos en relación con la batalla: la noticia de la misma: 24-25.
—Captura de Perseo y entrega a Emilio: 26.
—Reflexiones didácticas de Emilio a los jóvenes comandantes sobre la fortuna: 27.
8) Gira por Grecia y medidas en Macedonia: 28-29.
—Visita cultural por Grecia: 28.1-6.
—Conducta de Emilio en Grecia: desprendimiento y amor por la cultura griega: 28.7-13.
—Recompensa a los soldados: el asunto del Epiro: 29.
9) Regreso a Roma y celebración del triunfo: 30-37.
—Comitiva de regreso: 30.1-3.
—Descontento de los soldados y discusión del triunfo: 30.4-31.
—Descripción del triunfo: 32-34.
—Muerte de los hijos: nobleza de Emilio frente a los golpes de la fortuna: 35-36.
—Suerte de Perseo y de sus hijos: 37.
10) Últimos cargos: 38.
—Balance de su conducta política: 38.1-6.
—Desempeño de la censura: 38.7-9.
11) Muerte y honras: 39
—Enfermedad y muerte: 39.1-5.
—Honras fúnebres: 39.6-9.
—Patrimonio: 39.10-11.
4. TIMOLEÓN
Redactada al mismo tiempo que la de Dión 41 , la Vida de Timoleón se articula sobre dos temas retóricos habituales en Plutarco: la virtud y la buena fortuna como causa del éxito militar y político 42 . Una cuestión que ya hemos visto tratada en el Emilio; pero mientras allí la fortuna presenta ciertos tintes irracionales que justifican la actitud preventiva de Emilio y que se materializan en las desgracias personales de éste, en Timoleón la protección de la fortuna es completa desde su nombramiento hasta su muerte 43 . Plutarco también ahora encuentra la mayoría de los datos en los historiadores y biógrafos (Diodoro, Nepote, Timeo y Atanis 44 ); pero lejos de atenerse a la realidad de los hechos históricos, más que en ninguna otra biografía, subordina aquí tendenciosamente todo el personaje a la interpretación religiosa, como afortunado instrumento de la Providencia divina. La fortuna de Timoleón no es la fuerza irracional enfrentada, en términos platónicos, a la virtud, sino, como ha señalado recientemente Teodorsson, la Fortuna benevolente de la época imperial, que colabora con aquélla convirtiéndola en eutychoûsa areté 45 . Este enfoque determina ampliaciones, exclusiones y mayor insistencia en aquellos aspectos del material histórico sobre el personaje que subrayan el papel de la providencia representada por la Fortuna. En ese sentido, Lukas de Blois 46 llama la atención sobre cómo Plutarco exagera el número de enemigos derrotados en las batallas o minimiza y evita datos estructurales que no hacen depender los éxitos de Timoleón de la buena fortuna y virtud del personaje, como las cualidades militares de los mercenarios corintios, la intendencia y la logística militar. Quizá este deseo de exaltar el papel de una fortuna providente explique la decisión por parte de Plutarco de hacer entrar en escena a Timoleón después de veinte años de retiro y soledad 47 , y de que su nombramiento responda a una casual inspiración divina (ficción del queronense) y no a la consideración de los méritos como estratego experimentado del personaje; con ello no hay duda de que los éxitos inesperados de Timoleón tienen a la providencia como guía de su vida.
Por lo demás, con Timoleón Plutarco sigue el modelo de líder representado en su tiempo por el Agesilao de Jenofonte, el Evágoras de Isócrates, Timoteo, Pelópidas y Epaminondas: bueno, amistoso, respetuoso con las leyes, campeón de la libertad de Grecia y de la cultura helénica, objeto de la eúnoia de su pueblo, que diferencia al buen rey del tirano 48 . Así se le representa a modo de general afortunado, con menoscabo de otras virtudes suyas, como la inteligencia táctica y la capacidad financiera, que responden a la realidad histórica derivada de las fuentes, pero que minimizarían la imagen retórica pretendida por el biógrafo.
El esquema, en el que están presentes los principales tópicos del esquema biográfico de Plutarco, es el siguiente:
1) Situación en Sicilia previa al envío de Timoleón: 1-2.
—Predominio de los tiranos tras la muerte de Dión: 1
—Intervención de los cartagineses en Sicilia en connivencia con los tiranos. Decisión de los siciliotas de pedir ayuda a los corintios: 2.
2) Presentación de Timoleón: familia: 3.
—Embajada de los corintios y mención del nombre de Timoleón como general: 3.1-3.
—Padres y carácter: 3.4-3.5.
—Contraste con su hermano Timófanes: 3.6-3.7.
3) Primeros hechos: fratricidio y retirada de la vida pública: 4-6.
—Salva a su hermano en la batalla contra los argivos y cleoneos: 4.1-3.
—Timófanes se erige en tirano: 4.4.
—Participa en el complot para asesinar al tirano: 4.5-4.7.
—Retirada de la vida pública y depresión del personaje: 5.
—Digresión de Plutarco sobre la verdadera virtud y ejemplos: 6.
4) Nombramiento de Timoleón como general y preparativos: 7.
5) Expedición hasta Sicilia y llegada a Tauromenio: 8-11.
—Partida: prodigio de las dos diosas: 8.
—Noticias sobre la situación en Sicilia y llegada a Regio: 9.
—Estratagema de Timoleón y los de Regio para engañar a los cartagineses y permitir la llegada de los corintios a Sicilia: 10.
—Posición de Timoleón en Tauromenio y asedio de Hícetes y los cartagineses a Siracusa: 11.
6) Primeros éxitos: batalla de Adrano y rendición de Dionisio: 12-15.
—Victoria sobre Hícetes en Adrano: 12.
—Consecuencias de la victoria: Alianza de Mamerco, tirano de Catania: 13.1-2.
—Dionisio se entrega a Timoleón con la acrópolis de Siracusa: 13.3-8.
—Dionisio enviado a Grecia. Ecos y anécdotas de su exilio: 13.9-15.11.
7) Campaña de Siracusa: 16-21.
—Llegada de refuerzos corintios a Turios: 16.1-4.
—Hícetes intenta asesinar a Timoleón en Adrano: 16.5-12.
—Hícetes llama a Magón y pone sitio a Siracusa con los cartagineses: 17.
—Timoleón ayuda desde Catania e Hícetes y Magón se dirigen hacia allí contra él. Regreso ante la noticia de que los corintios han tomado la Acradina: 18.
—Llegada de los refuerzos de Turios a Sicilia burlando a Hannón: 19.
—Toma de Mesina y de Siracusa por Timoleón: 20-21.
8) Medidas sobre Siracusa: repoblación: 22-23.
—Destrucción de la ciudadela: 22.1-3.
—Repoblación de Siracusa: 22.4-23.8.
9) Acciones contra los tiranos de Sicilia: 24.
10) Expulsión de los cartagineses de Sicilia: batalla de Crimiso: 25-29.
11) Derrocamiento de los tiranos: 30-34.
—Suerte de los mercenarios que abandonaron a Timoleón: 30.1-3.
—Alianza de Mamerco e Hícetes contra Timoleón con ayuda de los cartagineses: 30.4-10.
—Victoria sobre los tiranos: 31.
—Toma de Leontinos y suerte de Hícetes y su familia: 32-33.
—Toma de Catania y suerte de Mamerco: 34.
12) Últimos años de Timoleón: 35-37.6.
—Papel de Timoleón en la consolidación política de Sicilia: 35.
—Balance y gloria de los hechos de Timoleón: 36.1-4.
—Gratitud de Timoleón a la Fortuna: 36.5-6.
—Renuncia al regreso a Corinto: 36.7-9.
—Superación del ataque de los demagogos: 37.1-6.
13) Enfermedad, muerte y honras: 37.7-39.
—Enfermedad: 37.7-10.
—Muestras de agradecimiento de los siracusanos: 38.
—Muerte: 39.1.
—Honras fúnebres: 39.2-5.
—Tumba y pervivencia de su labor: 39.6-7.
14) Comparación: 40(1)-41(2).
—Victorias sobre los tiranos: 40(1).
—Balance en relación con la carrera pública y la actitud ante el dinero y las desgracias: 40(2).
II
NUESTRA TRADUCCIÓN
Para la traducción de estas cuatro primeras biografías seguimos los criterios aplicados en el volumen anterior (II) y que recordamos aquí de nuevo. Ante una lengua como el griego, pródiga en participios y oraciones completivas y que utiliza más la pasiva personal que el castellano, nos hemos visto obligados a sustituir construcciones de este tipo con giros alternativos. Por ejemplo, oraciones impersonales del tipo «dicen que…», «parece que…», se sustituyen a veces por adverbios, o por expresiones como «al parecer», «según se dice», «según dicen», etc.; los infinitivos se traducen en ocasiones por sustantivos y su sujeto como complemento del nombre; oraciones de relativo, por adjetivos; y, para los participios, hacemos uso de las múltiples opciones que en cada caso nos brinda nuestra lengua: adjetivos, giros con el infinitivo, giros preposicionales, oraciones subordinadas, oraciones de relativo e incluso la coordinación, según las circunstancias. A veces mantenemos el gerundio, pero huimos de excesos en el recurso a esta forma. Hemos reducido también en general los adverbios en -mente, inevitables de cuando en cuando, dada la gran cantidad de adverbios que utiliza la lengua griega y que encontramos en el estilo de Plutarco.
Renunciamos de igual modo a respetar los períodos en exceso largos del estilo narrativo y discursivo de Plutarco, que sigue con ello las pautas normales en los prosistas áticos y en los historiadores griegos de su época. Sustituimos, por tanto, la concatenación de oraciones subordinadas y completivas por períodos más cortos, a base de oraciones independientes cuyas relaciones mutuas se marcan, bien con la coordinación —como decíamos arriba— o mediante adverbios y expresiones temporales, causales, consecutivas, etc. Partículas e ilativas, también muy abundantes en los autores griegos y de manera especial en Plutarco, mostramos tendencia a eliminarlas (aunque no lo hacemos de manera sistemática), salvo que encierren un sentido muy relevante y no marquen la simple sucesión de las frases o su contexto.
Esto por lo que atañe a algunos recursos de estilo frecuentes en la traducción del griego al castellano. En cuanto a los nombres propios griegos, se siguen las normas del libro de M. Fernández Galiano, La transcripción castellana de los nombres propios griegos , Madrid, 1969. Los nombres de dioses y determinados héroes en las biografías de Coriolano y Emilio (salvo que el pasaje se refiera expresamente a una divinidad griega) son traducidos a su forma latina (Júpiter, Hércules, Fortuna, etc.), así como el término agorá a foro y boulé a Senado.
Hagamos ahora algunas indicaciones sobre las partes complementarias del libro, es decir, sobre las notas, la bibliografía, la tabla cronológica, el aparato crítico y los índices de nombres.
1. NOTAS
En las notas hemos tratado de evitar la erudición de citas bibliográficas (las principales referencias en este sentido se incluyen de forma global en las introducciones) pero no hemos renunciado, por su interés sobre todo para los comentarios literarios e historiográficos, a recoger el testimonio de las fuentes directas o paralelas a la obra de Plutarco o a indicar las aportaciones originales del biógrafo a la tradición sobre el personaje.
Para las notas biográficas y de realia , hemos tenido en cuenta sobre todo los artículos del Der kleine Pauly , Munich, 1979, del Der neue Pauly , Stuttgart, 1996-2005, y de los trabajos citados en la bibliografía.
Respecto a los autores antiguos, sus nombres se recogen traducidos y completos, salvo en los siguientes casos en que, salvo que se integre su nombre en la sintaxis de la frase, por la gran cantidad de referencias y la longitud en algunos casos de éstos, hemos optado por abreviarlos: Diodoro Sículo, a quien nos referimos normalmente como Diodoro (D. S.); Dionisio de Halicarnaso (D. H.), Jenofonte (Jen.), Tito Livio (Livio) y Tucídides (Tuc.). Los nombres de las obras de Plutarco se abrevian según la lista recogida en el volumen I de Vidas Paralelas en esta misma colección.
2. TABLA CRONOLÓGICA
Dada la utilidad que tiene, como guía para el lector, y siguiendo la costumbre iniciada en el volumen II, hemos decidido incorporar también para estas seis biografías una cronología del período histórico a que corresponden, situando en el tiempo los sucesos mencionados por Plutarco en ellas. La elaboración es obra de Aurelio Pérez Jiménez y se han tenido en cuenta para ella, además de la bibliografía citada en esta Introducción, los artículos de las enciclopedias citadas en el apartado anterior y, en especial, los libros de Samuel y de Broughton. Dado el mayor consenso respecto a la cronología de este período, mejor conocido que el que correspondía al volumen II, hemos eliminado las notas en esta tabla; cuando hay alguna discusión al respecto, se indica en nota al pasaje correspondiente. Para mayor claridad, y tal como se hizo en el volumen anterior, establecemos dos apartados cronológicos, uno para Grecia y otro para Roma. Las fechas de nacimiento y muerte de los personajes protagonistas de estas biografías se resaltan con negrita (la fecha) y con versales (el nombre).
3. BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS DE LAS NOTAS
La bibliografía sobre estas biografías o sobre los personajes a que corresponden es amplísima, sobre todo —una vez más— en el caso de los griegos. En nuestra lista recogemos los trabajos más recientes y algunos antiguos significativos, a los que se hace referencia en las notas.
En el primer apartado se reúnen todas las ediciones y/o traducciones que nos han sido útiles.
En el segundo, aquellos trabajos que, por su carácter global, atañen a más de uno de los personajes biografiados.
Y en el tercero, organizado por los nombres de los personajes en el orden seguido en nuestra traducción, se relacionan todos los trabajos específicos de cada una de las Vidas , que se citan en las notas o en la Introducción.
Pues bien, las referencias en nota, de acuerdo con esta organización, se abrevian del modo siguiente: títulos comprendidos en el apartado I: nombre del autor y página(s) de la cita; títulos comprendidos en el apartado II: nombre del autor, año y página(s) de la cita. Si hay más de un título para el mismo año, éste irá seguido de un número arábigo entre paréntesis; si se trata de una obra con varios tomos (lo que sucede en algunos casos del grupo I), el nombre del autor irá seguido de un número romano que indica el volumen correspondiente.
4. VARIANTES TEXTUALES
Aunque para el orden de nuestra traducción seguimos el de la edición francesa (cf. Vidas , I, pág. 124), el texto en que se basa es el de la edición alemana de K. Ziegler (cf. Vidas , I, pág. 143). No obstante, en algunos pasajes hemos preferido lecturas distintas cuya elección razonamos en nota. Las siglas de los manuscritos o familias de ellos que aparecen en las variantes preferidas por nosotros, corresponden al conspectus siglorum de K. Ziegler, cuando no se hace ninguna indicación. En otro caso, se menciona el nombre del editor a cuya lista corresponde.
5. ÍNDICE DE NOMBRES
El índice de nombres propios y términos institucionales se rige por los criterios establecidos en Vidas , I, págs. 144-145 y II, págs. 45-46. Respecto a su distribución, siguiendo el esquema de los volúmenes anteriores, establecemos cinco grupos:
I. Personajes: se incluyen aquí los nombres propios correspondientes a dioses, héroes y hombres. En el caso de nombres de dioses romanos, que en el texto griego aparecen en su forma griega, se remite para las citas al nombre griego. Eliminamos del índice, por considerar que no tiene valor para la figura del personaje, su mención en exclamaciones (Zeus, Heracles), salvo que, a nuestro juicio, la referencia pueda ser significativa.
II. Fuentes: se incluyen aquí los nombres de autores y/u obras citados en el texto como referencias documentales. Se excluyen los nombres de estos autores cuando se citan por cuestiones relacionadas con su comportamiento o participación en anécdotas o situaciones de la vida, no como fuente. En este caso, la referencia deberá buscarse en el apartado I.
III. Étnicos: aquí se recogen todas las referencias a pueblos y razas.
IV. Lugares geográficos: ciudades, ríos, mares, lagos, montes, lugares, etc.
V. Realia : en este apartado recogemos los términos griegos y latinos transcritos en el texto, así como los que designan objetos, obras de arte, costumbres, fiestas, oráculos, los nombres dados a grupos sociales o a personajes, cuando se explican, los que designan instituciones, días, meses, etc., siempre que sean especialmente significativos. Hemos añadido algunos temas de especial interés, como el de las actividades y oficios, animales, plantas, etc. En algunos casos, cuando el concepto descrito en el texto es muy conocido y en éste no se menciona por el nombre habitual, el índice lo lematiza por la denominación habitual entre corchetes.
III
TABLA DE VARIANTES TEXTUALES
CORIOLANO

ALCIBÍADES

PAULO EMILIO

TIMOLEÓN

IV
TABLA CRONOLÓGICA
1. GRECIA
Siglo V a. C .
| c. 450 a. C.: | Nacimiento de ALCIBÍADES 49 . |
| 447-446 a. C.: | Muerte en Coronea de Clinias, padre de Alcibíades (Alc . 1.1). Pericles tutor de Alcibíades y Clinias, hermano de éste. |
| 433 a. C.: | Revuelta de Potidea (Alc . 7.3-5). |
| 425 a. C.: | Batalla de Pilos (Alc . 14.1). Paz de Nicias (Alc . 14.2). |
| 424 a. C.: | Batalla de Delio (Alc . 7.6). Paz de Gela. |
| 421 a. C.: | Paz de Nicias (Alc . 14.1-2). |
| 420 a. C.: | Embajada lacedomonia en Atenas; engaño de Alcibíades (Alc . 14.6-12). Alianza cuádruple entre Atenas-Argos-Mantinea-Élide (Alc . 15.1). |
| 418 a. C.: | Batalla de Mantinea (Alc . 15.2). |
| 417 a. C.: | Revuelta de los argivos contra los Mil y ayuda de Alcibíades (Alc . 15.4). |
| 416 a. C.: | Victoria olímpica de Alcibíades (Alc . 11-12). Expedición contra Melos (Alc . 16.5-6). Ostracismo de Hipérbolo (Alc . 13.4-9). |
| 415 a. C.: | Expedición de Sicilia (Alc . 17-21). Escándalo de los hermes y de los misterios (Alc . 17.6-19). Partida de la expedición ateniense a Sicilia y reclamación de Alcibíades (Alc . 20-21). Huida de Alcibíades al Peloponeso y Esparta (Alc . 22-23.1). |
| 414/412 a. C.: | Estancia de Alcibíades en Esparta. 414 a. C.: embajada de los sicilianos y corintios a Esparta y propuestas de Alcibíades (Alc . 23.2). 414-412: conducta de Alcibíades en Esparta y relaciones con Timea (Alc . 23.3-9). |
| 413 a. C.: | Ocupación espartana de Decelea (Alc . 23.2). Final de la expedición ateniense a Sicilia (Alc . 24.1). |
| 412 a. C.: | Revuelta de los aliados en el Egeo: embajada de Quíos, Lesbos y Cízico a Esparta y decisión de ayudar a los quiotas (Alc . 24.1-2). |
| 412/411 a. C.: | Trama de Agis contra Alcibíades y huida de éste a la corte de Tisafernes. Amistad con el persa (Alc . 24.3-7). Alcibíades aconseja a Tisafernes no ayudar a los espartanos (Alc . 25.1). |
| 411 a. C.: | Conversaciones de Alcibíades con la flota de Samos. Golpe de estado oligárquico en Atenas. Contrarrevolución de Samos. Marcha de Míndaro al Helesponto (Alc . 27.2) y victoria ateniense en Cinosema (interrupción de las Historias de Tucídides). |
| 410 a. C.: | Participación de Alcibíades en los hechos del Helesponto y victoria de Abido. Alcibíades prisionero de Tisafernes en Sardes (Alc . 27.1). Huida de Alcibíades a Clazómenas. Campaña de Cízico: toma de la ciudad, muerte de Míndaro y huida de Farnabazo (Alc . 28). |
| 410/405? a. C.: | Probable fecha del nacimiento de PELÓPIDAS (Pel . 3.1). |
| 409/408 a. C.: | Alcibíades y Trasilo fortifican Lámpsaco (Alc . 29.1). Derrota de Trasilo en Éfeso (Alc . 29.2). Victoria sobre Farnabazo en Abido y guerra con los calcedonios; reclamaciones de Alcibíades a los bitinios (Alc . 29). Asedio de Calcedón, toma de Selibria (Alc . 30) y acuerdos con Farnabazo y los calcedonios (Alc . 31.1-2). Campaña y toma de Bizancio (Alc . 31.3-8). |
| 408 a. C.: | Probable fecha del nacimiento de TEMOLEÓN . |
| 407 a. C. | Vuelta de Alcibíades a Atenas. Celebración de la procesión eleusina (Alc . 32-34). Victoria de Andros (Alc . 35.2). |
| 406 a. C.: | Victoria de Lisandro sobre Antíoco en Nocio (Alc . 35.6-7). Alcibíades provoca a Lisandro sin éxito (Alc . 35.8). Acusaciones de Trasibulo contra Alcibíades en Atenas y nombramiento de otros generales. Retirada de Alcibíades a Tracia (Alc . 36.5). 405 a. C. Batalla de Egospótamos (Alc . 36.6-37.4). |
| 404 a. C.: | Rendición de Atenas (Alc . 37.5). Alcibíades acude a Farnabazo con intención de huir a Persia (Alc . 37.6-8). Los espartanos deciden la muerte de Alcibíades y Lisandro se lo ordena a Farnabazo (Alc . 38.6-39.1) Muerte de ALCIBÍADES (Alc . 39.2-9). Exilio de los demócratas a Tebas (Pel . 6.5). |
| 404/403 a. C.: | Expedición de Trasibulo desde Tebas contra los Treinta (Pel . 7.2). |
Siglo IV a. C .
| 385 a. C.: | Alianza entre Tebas y Esparta. Expedición espartana contra Mantinea en la que participan Pelópidas y Epaminondas (Pel . 3.5-3.8). |
| 382 a. C: | Golpe oligárquico en Tebas apoyado por los espartanos dirigidos por Fébidas: Tiranía de Arquias y Leontiades. Huida de Pelópidas. Epaminondas se queda en Tebas (Pel . 5). |
| 382-379 a. C.: | Actividad de Pelópidas en Atenas para preparar el regreso (Pel . 5-7). |
| 379 a. C.: | Regreso de Pelópidas y los exiliados a Tebas: derrocamiento de los tiranos (Pel . 8-12). Pelópidas beotarca: expulsión de los espartanos de la Cadmea (Pel . 13.1-3). Invasión de Beocia por los espartanos. Los atenienses dejan solos a los tebanos (Pel . 14.1). |
| 378 a. C.: | Engaño a Esfodrias para que ataque el Pireo y fracaso del ataque (Pel . 14.2-6). Segunda Liga Ática (Pel . 15.1). Batalla de Tespias y muerte de Fébidas (Pel . 15.6). |
| 378/377 a. C.: | Campaña de Agesilao contra Beocia (Pel . 15.2-4). |
| 377 a. C.: | Batalla de Tanagra y muerte de Pantidas (Pel . 15.6). |
| 375 a. C.: | Pelópidas al frente del batallón sagrado. Batalla de Tégira (Pel . 16-19). |
| 373/372 a. C.: | Batalla de Platea (Pel . 15.6 y 25.8). |
| 371 a. C.: | Invasión de Cleómbroto. Batalla de Leuctra (Pel . 20-23). |
| 371/370 a. C.: | Beotarquía de Pelópidas y Epaminondas (Pel . 24.1). |
| 370/69 a. C.: | Expedición de los tebanos contra Esparta (Pel . 24.2-24.8). Sinecismo de Ítome (Pel . 24.9). Victoria en Céncreas sobre los atenienses (Pel . 24.10). |
| 369/368 a. C.: | Batalla de Cleones entre los corintios y los argivos, en la que salva Timoleón a su hermano (Tim . 4.1-3). |
| 369 a. C.: | Proceso contra Pelópidas y Epaminondas (Pel . 25). Campaña de Pelópidas a Tesalia y toma de Larisa. Huida del tirano Alejandro de Feras (Pel . 261-3). Intervención en Macedonia. Filipo como rehén en Tebas (Pel . 26.4-8). |
| 368 a. C.: | Pelópidas e Ismenias embajadores en Tesalia. Intervención de Pelópidas en los conflictos de Tesalia y apresamiento por Alejandro de Feras (Pel . 27). Los tebanos envían un ejército a Tesalia que fracasa (Pel . 28). |
| 367 a. C.: | Nuevo ejército tebano contra Tesalia bajo las órdenes de Epaminondas, beotarca, y liberación de Pelópidas e Ismenias (Pel . 29). Pelópidas enviado como embajador a Susa (Pel . 30.1-7). |
| 366 a. C.: | Regreso de Pelópidas de Persia (Pel . 30.8-31.1). |
| 366/5 a. C.: | Timoleón participa en el complot que da muerte a su hermano Timófanes, por haberse erigido en tirano de Corinto (Tim . 4.6-4.8). |
| 364 a. C.: | Segunda intervención de Pelópidas en Tesalia, batalla de Cinoscéfalas y muerte de PELÓPIDAS (Pel . 31.3-32). Expedición tebana para vengar la muerte de Pelópidas y rendición de Alejandro (Pel . 35.2-3). |
| 358 a. C.: | Asesinato de Alejandro por su esposa Tebe (Pel . 35.4-12). |
| 357/6 a. C.: | Dión expulsa de Siracusa a Dionisio II (Tim . 1.2). |
| 354/3 a. C.: | Muerte de Dión a manos de Calipo (Tim . 1.2). |
| 353-347 a. C.: | Gobiernan Siracusa como tiranos Calipo, Hiparino y Niseo (Tim . 1.2). |
| 346 a. C.: | Regreso de Dionisio II a Siracusa, tras expulsar a Niseo (Tim . 1.4). Expedición de Hícetes contra Dionisio II (Tim . 1.6). |
| 346/5 a. C.: | Los siracusanos piden ayuda a Corinto contra Dionisio II (Tim . 2.1-4). |
| 345/4 a. C.: | Nombramiento de Timoleón como general. Preparativos de la expedición (Tim . 7.1-5). Los siracusanos e Hícetes advierten de que los cartagineses impedirán la intervención corintia en Sicilia (Tim . 7.5-7). |
| 344 a. C.: | Timoleón en Delfos (Tim . 8.1-3). En primavera parte hacia Sicilia (Tim . 8.4-9.6). Llegada a Regio y estratagema para burlar a los cartagineses (Tim . 9.7-10.5). Desembarco en Sicilia y acogida en Tauromenio (Tim . 10.6-11.3). Victoria de Timoleón sobre Hícetes en Adrano (Tim . 11.4-12). En junio, cincuenta días después del desembarco de Timoleón, Dionisio II entrega la isla de Ortigia y la ciudadela con los mercenarios a los soldados de Timoleón (Tim . 13). Destierro de Dionisio a Grecia (Tim . 14-15). En septiembre, llegada a Sicilia de los refuerzos corintios con Demáreto y Dinarco (Tim . 16-19; cf . 21.3). |
| 343 a. C.: | Campaña de Siracusa: en el verano Timoleón parte de Mesina hacia Siracusa (Tim . 20.1-3). En verano-otoño se retira Magón con los cartagineses (Tim . 20.10-11) y Timoleón se apodera de Siracusa (Tim . 21-22.3). |
| 343/2 a. C.: | Primera legislación de Timoleón y primera repoblación de Sicilia (Tim . 22.4-23). |
| 342/340 a. C.: | Ataque de Timoleón a Hícetes y Leptines (Tim . 24.1-2). Expedición de Demáreto y Dinarco contra los dominios cartagineses y organización de la symmachía (Tim . 24.3-4). |
| 339 a. C.: | Desembarco en Lilíbeo de los cartagineses bajo el mando de Asdrúbal y Amílcar y batalla del Crimiso (Tim . 25-29). |
| 339/8 a. C.: | Campañas de Timoleón contra Hícetes y Mamerco y muerte de los dos tiranos (Tim . 30-34). |
| 338 a. C.: | Segunda repoblación de Sicilia (Tim . 35). Victoria de Filipo en Queronea (Pel . 18.7). |
| 337/6 a. C.: | Timoleón renuncia al mando único y se retira (Tim . 37.7-10). |
| Post 336 a. C.: | Muerte de TIMOLEÓN . |
2. ROMA
Siglo V a. C .
| 499/496 a. C. 50 : | Batalla del lago Régulo con victoria de los romanos sobre Tarquinio y los latinos (Cor . 3). |
| 494 a. C.: | Dictadura de Manio Valerio (Cor . 5) y retirada de la plebe al Monte Sagrado (Cor . 6.1). |
| 493 a. C.: | Embajada para conciliar a la plebe (Cor . 6.2) y discurso de Menemio Agripa (Cor . 6.3-5). Nombramiento de los primeros tribunos de la plebe (Cor . 7.1-2). Consulado de Póstumo Cominio y Espurio Casio: guerra contra los volscos y toma de Coriolos (Cor . 8-11). Firma del foedus Cassianum entre romanos y latinos. |
| 492 a. C.: | Carestía (Cor . 12.1-3). Envío de una colonia a Velitras (Cor . 12.4-6). Nueva guerra contra los volscos (Cor . 12.6). Incursión de Coriolano contra los ancíates (Cor . 13.5-6). |
| 491 a. C.: | Coriolano fracasa en su candidatura al consulado (Cor . 14-15.3). Campaña contra los ancíates (Cor . 19.1). Proceso de Coriolano (Cor . 18-20). |
| 490 a. C.: | Exilio de Coriolano (Cor . 21). |
| 489 a. C.: | Los romanos expulsan a los volscos de sus juegos, dando un pretexto para la guerra (Cor . 26.2). Declaración de la guerra de los volscos contra Roma (Cor . 26) e incursión de Marcio en territorio de los romanos (Cor . 27). Toma de Circeyos (Cor . 28). |
| 488 a. C.: | Coriolano se apodera de las ciudades latinas (Cor . 28.5-29.1) y pone sitio a Lavinio (Cor . 29.2-3). En diciembre Coriolano se retira de Roma (Cor . 36) y se instaura la fiesta de la Fortuna Muliebris (Cor . 37). Muerte de CORIOLANO , asesinado en una conjura de Tulo (Cor . 39.1-8). |
| 487 a. C.: | Luchas entre los volscos y los ecanos (Cor . 39.12). Victoria de Tito Sicinio sobre Tulo y muerte de éste (Cor . 39.12). |
| 486 a. C.: | Los volscos se convierten en súbditos de los romanos, tras su derrota ante Espurio Casio (Cor . 39.12). |
Siglo III a. C .
| c. 270 a. C.: | Nacimiento de MARCELO (Marc . 1.1). |
| c. 229/228 a. C.: | Nacimiento de PAULO EMILIO . |
| 228 a. C.: | Enterramiento de dos griegos y dos galos en el Foro Boario por prescripción de los Libros Sibilinos (Marc . 3.5-3.7). |
| 226 a. C. (?): | Marcelo edil curul (Marc . 2.5-2.8). |
| 226 a. C.-223 a. C.: | Movimiento de los galos contra Roma y primeros combates (Marc . 3.2 y 4.1). |
| 223 a. C.: | Campaña de Flaminio y Furio contra los galos insubres y victoria contra las órdenes del Senado (Marc . 4.2-4.7). Los flámines Cornelio Cetego y Quinto Sulpicio depuestos de sus cargos por errores rituales (Marc . 5.5). |
| 222 a. C.: | Marcelo nombrado cónsul (Marc . 6.1). Campaña contra los galos: asedio de Acerras, victoria en Clastidio y toma de Mediolano (Marc . 6-7). Celebración del triunfo (Marc . 8). |
| 221 a. C.: | Destitución del dictador Minucio y su jefe de caballería Cayo Flaminio por un presagio en el momento del nombramiento de éste por aquél (Marc . 5.6). |
| 216 a. C.: | Se confía la flota a Marcelo en Ostia para ir a Sicilia contra los cartagineses. Derrota de Cannas. Se le encarga el relevo del cónsul Varrón y se enfrenta con Aníbal cerca de Nola (Marc . 9.1-11). |
| 215 a. C.: | Elegido consul suffectus a la muerte de L. Postumio Albino, renuncia al cargo por un mal agüero en el proceso. Campaña en Nola como procónsul (Marc . 12). |
| 214 a. C.: | Marcelo cónsul por tercera vez (Marc . 13.1). |
| 213 a. C.: | Campaña de Sicilia como procónsul: conquista de Leontinos, asedio de Siracusa y toma de otras ciudades, entre ellas Mégara Hiblea (Marc . 13-18.2). |
| 212 a. C.: | Primeros éxitos en Siracusa: toma Epípolas, Tique, Neápolis. Muerte de Arquímedes (Marc . 18.3-19.7). |
| 211 a. C.: | Marcelo se apodera por traición de la Acradina. Muerte de Arquímedes (Marc . 19.7-12). Regreso a Roma. Se le niega el triunfo, que celebra en el Monte Albano, y se le concede la ovatio en Roma (Marc . 20-22). |
| 210 a. C.: | Cuarto consulado de Marcelo con mando en Sicilia. Quejas de los siracusanos, de las que es absuelto (Marc . 23); pero se le retira de Sicilia y se le encomienda la campaña contra Aníbal: batalla indecisa de Numistrona. Marcelo, por orden del Senado, nombra dictador a Q. Fulvio Flaco (Marc . 24-25.1). |
| 209 a. C.: | Como procónsul se enfrenta a Aníbal cerca de Canusio en una batalla incierta, a raíz de la cual se repliega a Campania. Acusaciones de sus enemigos en Roma (Publio Balbilo) de las que es absuelto (Marc . 25.2-27). |
| 208 a. C.: | Quinto consulado de Marcelo. Provocación con su colega Crispido a Aníbal, asentado en Vanita y Venusia. Emboscada de la caballería númida en la que cae Crispido. Muerte de MARCELO (Marc . 28-29). Honras de Aníbal a Marcelo (Marc . 301-5). |
| 202 a. C.: | Victoria definitiva de Escipión sobre Aníbal en la batalla de Zama (Aem . 7.3). |
Siglo II a. C .
| 197 a. C.: | Victoria de los romanos sobre Filipo V de Macedonia en Cinoscéfalas (Tesalia) en junio, con lo que concluye la Segunda Guerra Macedónica (Aem . 7.3; 8.5). |
| 193 a. C.: | Paulo Emilio edil curul (Aem . 3.1). |
| 192 a. C.: | Paulo Emilio es nombrado sacerdote (Aem . 3.2). Se declara la guerra contra Antíoco, rey de Siria (Aem . 4.1). |
| 191/190 a. C.: | Destinado como pretor, con dignidad consular, a Hispania ulterior (Aem . 4.1-2). Victoria sobre los lusitanos (Aem . 4. 3). |
| 189 a. C.: | Paulo Emilio regresa de Hispania (Aem . 4.4). Se le concede el título de imperator y obtiene el triunfo. Figura entre los diez legados del senado encargados de arreglar Asia tras la derrota de Antíoco III de Siria. |
| 188 a. C.: | Paz de Apamea e imposiciones a Antíoco III (Aem . 7.2). |
| 187 a. C.: | Se opone a la concesión del triunfo a Gneo Manlio Vulsón. |
| 182 a. C.: | Primer consulado de Paulo Emilio y guerra con los ligures (Aem . 6.1-3). |
| 181 a. C.: | Victoria de Paulo Emilio sobre los ligures ingaunos, en calidad de procónsul (Aem . 6.4). Celebra su primer triunfo en Roma (cf. Aem . 5.8). |
| 180 a. C.: | Muerte de Demetrio, hermano de Perseo (Aem . 8.9). |
| 179 a. C.: | Paulo Emilio figuraba entre los augures patricios para ese año (Aem . 7.7). Muerte de Filipo y subida al trono de Perseo (Aem . 8.9). |
| 172 a. C.: | Se inicia la guerra de Perseo contra los romanos (Aem . 9.1). |
| 171 a. C.: | Victoria de Perseo sobre P. Licinio (Aem . 9.2-3). |
| 170 a. C.: | Victoria de Perseo sobre A. Hostilio (Aem . 9.4). |
| 168 a. C.: | Segundo consulado de Paulo Emilio (Aem . 10.1-5). Lucio Anicio vence y apresa a Gencio, rey de los ilirios (Aem . 13.1-3). Termina la tercera guerra macedonia con la victoria de Pidna (finales de junio). |
| 168/7 a. C.: | Gira de Emilio por Grecia (Aem . 28). |
| 167a. C. | Celebra el segundo triunfo en Roma (Aem . 32-33). |
| 164 a. C.: | Censor con Quinto Marcio Filipo (Aem . 38.7-9). |
| 163 a. C.: | Tiberio Sempronio proclama cónsules a Escipión Nasica y Cayo Marcio y luego el Senado les hizo renunciar a sus cargos por haber ignorado aquél una prescripción religiosa en el nombramiento (Marc . 5.1-4). |
| 160 a. C.: | Se retira a Elea a causa de las malas condiciones de su salud. Vuelve a Roma, tras una aparente mejora, para celebrar los ritos sagrados: muerte de PAULO EMILIO . |
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1 Una relación que ha sido analizada en concreto por S. SPADA , 2004.
2 Cf. MARIA CESA en Plutarco , 1993, pág. 124, que menciona la observación de Manfredini de que sólo en pocos manuscritos se invierte el orden y, en ese caso, la comparación está entre ambas Vidas , es decir, detrás del Alcibíades , lo que confirma el carácter originario de la secuencia Coriolano-Alcibíades. La sucesión no se discute (cf. PELLING , 1886, págs. 94-96; T. DUFF , 1999 (1), págs. 205-206; S. VERDEGEM , 2005 (2), pág. 479).
3 Véase al respecto la nota de ANNA PENATI en Plutarco , 1996, pág. 140.
4 Por esta razón ZIEGLER , en su edición, sustituye en Tim . 1.1 el mén de los manuscritos por dé , aunque no es necesario. Alcibíades, Antonio y Rómulo comienzan sin la partícula.
5 Quizá porque la referencia se inserta en un contexto en que se habla del provecho que pueden obtener de su lectura romanos y griegos (en este orden). También en otro pasaje (Num . 23[1]) se habla de «la vida de Numa y Licurgo», pero es al comienzo de la comparación en que el orden suele estar invertido por la proximidad de la historia del segundo personaje.
6 Más reelaborada que la de Timoleón , como advierte M. SORDI en Plutarco , 1996, pág. 250. Además, si, como sostiene G. NIKOLAIDIS , 2005, pág. 298, la pareja se publicó inmediatamente detrás del Pericles-Fabio , hay razones cronológicas, además de las morales, religiosas e ideológicas, para que Plutarco alumbre la idea de escribir primero la Vida de Emilio y no la de Timoleón .
7 Frases similares cierran el Cimón, Demóstenes, Filopemén, Licurgo, Lisandro y Nicias .
8 2005, págs. 294-297, con discusión de la bibliografía. Vease también SWAIN , 1989, pág. 315 y nota 6.
9 Cf. NIKOLATDIS , 2005, págs. 313-314.
10 F. FRAZIER , 1987, pág. 74.
11 Cf. D. GRIBBLE , 1999, págs. 269-270.
12 Sobre el tema, cf. T. DUFF , 1999 (2); especialmente para estos dos personajes, págs. 318-321.
13 Como ya hiciera Cicerón en Brut . 42 y Amicit . 42.
14 Véase C. BEARZOT , 1988.
15 Cor . 20.2. Cicerón en carta a Ático de marzo del 49 a. C., lo pone como ejemplo de traidor junto con los tiranos Tarquinio el Soberbio e Hiparco (Att . 9.10,3).
16 Alc . 16.7.
17 Alc . 35.1.
18 Cf. F. FRAZIER , 1996, págs. 128-130.
19 D. GRIBBLE , 1999, pág. 271.
20 Cf. S. C. R. SWAIN , 1990, pág. 136.
21 2003, especialmente págs. 84-94.
22 VI 92-94; VII-19 y 21-67; VIII 1-62, 78 y 84. Hay otras referencia al personaje en CICERÓN , Brut . 41-43; Att . 9, 10, 3, en DIÓN CASIO , V 18; ZONARAS , VII 16 y TZETZES , Chil . 532-560 y en otros autores más o menos tardíos (VALERIO MÁXIMO , I 8.4; IV 3.4; V 2.1. FRONTINO , Strat . 1.8, 1. AULO GELIO , XVII 21.11. FLORO , I 5.9; 17, 3. APIANO , Bell. Civ . 1.1; AMPELIO , Lib. Mem . 27.1. EUTROPIO , Brev. Urb. Cond . 1.14, 15. De vir. illust . 19. JERÓNIMO , Eus. Chron . 1524).
23 II 33-35; 37-40; 52.4; 54.6; cf. VII 40.12; XXVIII 29.1; XXXIV 5.9.
24 Por ejemplo, F. FRAZIER , 1996, pág. 110, subraya cómo a partir de una referencia de Dionisio de Halicarnaso a la envidia de Tulo, Plutarco expande como tema psicológico el motivo de esa envidia que llevará al asesinato del héroe.
25 A. PÉREZ JIMÉNEZ , 2000.
26 Cf. F. ALESSE , 2004, especialmente para las coincidencias entre Plutarco y el estoicismo a propósito de este personaje, págs. 196-197.
27 Véase el reciente trabajo de J. L. CALVO MARTÍNEZ sobre «Oratoria y biografía. El retrato de Alcibíades en Lisias e Isócrates», en A. PÉREZ JIMÉNEZ , J. RIBEIRO FERREIRA y MARIA DO CÉU FIALHO , O Retrato e a Biografia como estratégia de teorizaçâo política . Coimbra-Málaga, 2004, págs. 37-48.
28 Excelentes análisis de las fuentes pueden verse en los libros de D. GRIBBLE , 1999; precisa y certera es la síntesis que sobre la interpretación del personaje en los distintos momentos de la tradición anterior a Plutarco hace L. PRANDI en la introducción a Plutarco , 1993, págs. 260-280. Según algunos autores, y en especial D. A. RUSSELL , 1966, seguido por V. RAMÓN PALERM , 1992, págs. 135-166, el uso de esas fuentes es relativo, pudiendo limitarse con seguridad a Tucídides, Jenofonte, Éforo y Teopompo, y para el resto a colecciones de anécdotas.
29 Cf. T. DUFF , 2005, pág. 157.
30 D. RUSSELL , 1966.
31 Estas anécdotas de la primera parte anticipan en gran medida los rasgos de la personalidad de Alcibíades que van a determinar sus acciones de la parte central de la biografía. Detalles sobre la técnica de Plutarco al respecto pueden leerse en T. DUFF , 2004 y en BECK , 2000, que se centra en su importancia como recurso literario.
32 Marcado de manera clara en los últimos capítulos de la Vida como observa S. VERDEGEM , 2004/2005, págs. 148-149.
33 El tema de la Quellenforschung de esta Vida cuenta con abundante literatura moderna, desde los trabajos específicos de SCHWARZE , 1891 hasta la discusión de W. REITER , 1988 (especialmente págs. 99-100), pasando por estudios más generales como el de H. PETER , 1865, págs. 86-89 y las puntualizaciones bibliográficas de B. SCARDIGLI , 1979, págs. 57-59.
34 Véase la síntesis que hace de ésta R. VIANOLI , 1972.
35 Como un Sócrates lo analiza L. HOLLAND , 2005. Notemos que, como Numa, Emilio es llamado en la vejez y contra su voluntad a su hazaña más importante, la guerra macedónica que, en conjunto, ocupa treinta de los treinta y nueve capítulos de la Vida y, como el sabino, es convencido para que acepte el segundo consulado por sus familiares y amigos.
36 L. L. HOLLAND , 2004, señala la coincidencia entre esta imagen plutarquea de Emilio y la interpretación que ofrece de él Cicerón y propone la posibilidad de una fuente común para ambos, si es que no un conocimiento directo del autor romano por parte de Plutarco.
37 Esta condición de libertador de Grecia es una de las razones que influyen en la decisión de escribir las biografías tanto de Emilio como de Flaminino. Sobre el tema, véase J. MAARTEN BREMER , 2004.
38 L. L. HOLLAND , 2004, pág. 278.
39 Aem . 2.6 (cf. S. SWATIN , 1989, pág. 316). La educación que se le atribuye en las fuentes se inscribe en la mos maiorum (cf. W. REITER , 1988, pág. 102).
40 Aem . 34.8.
41 Vid. supra y F. MUCCIOLI , 2000, págs. 297-298.
42 Cf. L. DE BLOIS , 2000, pág. 131, 133 y, sobre todo, H. G. INGENKAMP , 1997, que destaca la posición especial de este personaje sobre el que Plutarco subraya precisamente el papel de la fortuna en la realización de sus hechos.
43 Incluso respecto a su enfermedad Plutarco se cuida de señalar que era una enfermedad congénita, no debida por tanto al azar (cf. S.-T. TEODORSSON , 2004, pág. 223).
44 Sobre el tema de las fuentes, véase A. J. M. TALBERT , 1974, págs. 22-38, así como los estudios de M. SORDI , 1977, que apunta una lectura directa de Atanis, cambiando su posición anterior a favor de Timeo como fuente casi exclusiva (1961, págs. 91-92) y de V. RAMÓN PALERM , que se inclina claramente por Timeo (1992, págs. 237-252), rechazando por principio la propuesta de una posible fuente biográfica peripatética que había hecho H. D. WESTLAKE , 1938.
45 Véase H. G. INGENKAMP , 1997 y S.-T. TEODORSSON , 2004, pág. 222.
46 1997, págs. 219-224 y 2000, pág. 139.
47 S.-T. TEODORSSON , 2004, págs.
48 Cf. DE BLOIS , 2000, pág. 136.
49 Según P. BICKNELL , 1975, pág. 59, en 451/0 o 450/49.
50 La datación del 499 corresponde a Tito Livio, mientras que, para Dionisio de Halicarnaso, tanto la batalla como la dictadura de Postumio fueron en 496 a. C.
CORIOLANO – ALCIBÍADES
GAYO MARCIO CORIOLANO
Familia, infancia y naturaleza
La casa de los Marcios en Roma, [1 ] perteneciente a los patricios, proporcionó muchos hombres famosos; entre ellos estaba Anco Marcio 1 , nieto de Numa por parte de madre, que sucedió como rey a Tulo Hostilio 2 . Marcios eran también Publio y Quinto, que trajeron a Roma agua más abundante y mejor 3 , y Censorino a quien el pueblo de los romanos designó dos veces censor; luego, persuadido por él, votó y dictó una ley que prohibía a cualquiera desempeñar ese cargo [2] dos veces 4 . Gayo Marcio 5 , sobre el que versa esta obra, al haber sido criado por su madre, huérfano de padre, demostró que la orfandad, aunque encierra otros males, no es obstáculo para convertirse en un hombre importante y superior a la mayoría y que, sin razón, sirve de pretexto a la gente vulgar para echarle la culpa y criticarla como responsable [3] de su corrupción por falta de cuidados. Este mismo varón sirvió de prueba a quienes creen que la naturaleza, cuando es noble y buena, si está falta de educación, produce muchas cosas malas mezcladas con las buenas, igual que, en la agricultura, [4] un buen campo cuando no se cultiva. En efecto, la solidez y fortaleza de su decisión en cualquier trance producía grandes impulsos cuyo resultado eran nobles acciones; pero, a su vez, como se movía por violentas pasiones y enconadas rivalidades, hacía su trato con las personas nada fácil e inadecuado; sin embargo, la gente admiraba su impasibilidad en el placer y el sufrimiento y ante las riquezas, a la que daban los nombres de templanza, justicia y fortaleza; en cambio, en las relaciones públicas, les molestaba, como [5] desagradable, ruda y propia de un oligarca. Y es que ningún otro fruto mayor sacan los hombres del favor de las musas que el atemperamiento por la razón y la enseñanza de la naturaleza, que se somete así a la moderación y pierde el exceso 6 . Pues bien, en general entonces Roma, de la virtud, primaba [6] lo relativo a las acciones de guerra y militares y así lo demuestra el hecho de que se refieren a la virtud con el mismo nombre que al valor y que el término común es precisamente aquél con que designaban en concreto al valor 7 .
Vocación de Marcio
Marcio, que era más apasionado [2 ] que otros en los combates de guerra, ya desde niño tenía entre manos las armas y, pensando que de nada le sirven las de fuera a quienes no tienen en forma y preparada el arma natural y congénita, ejercitó de tal modo su cuerpo para toda clase de combate, que en la carrera era ágil y en el contacto y cuerpo a cuerpo con el enemigo tenía una robustez invencible. Al menos, quienes [2] siempre contendían con él en coraje y valor, cuando eran vencidos, echaban la culpa a su fuerza física, que era infatigable y no cedía a ningún esfuerzo.
Primeras campañas
Tomó parte en su primera expedición [3 ] siendo todavía un adolescente, cuando a Tarquinio, el que había reinado en Roma, después de muchos combates y derrotas y de echar, por así decirlo, sus últimos dados, se unieron la mayoría de los latinos y muchos de los demás italiotas y juntos atacaron Roma, no tanto por complacerlo como por miedo, tratando de hundir la creciente potencia de los romanos, y por envidia. [2] En esta batalla 8 , que presentaba muchos cambios en ambos sentidos, Marcio estaba combatiendo con fuerza; entonces, ante los ojos del dictador 9 , vio caer a su lado a un soldado romano y, en vez de despreocuparse de él, se puso delante y lo defendió, matando a cualquier enemigo que pretendía [3] atacarlo. Por ello, tras la victoria, el general lo coronó entre los primeros con una corona de encina 10 .
Y es que la ley concede esta corona a quien salva a un ciudadano, ya sea quizá para honrar la encina por los arcadios, pues en un oráculo el dios los llamó ‘comedores de bellotas’ 11 , o porque enseguida y por todas partes encuentran abundancia de encinas en las expediciones, o bien porque, al estar consagrada a Zeus Polieo 12 , consideraba que la corona de encina era la más adecuada que se podía conceder por [4] salvar a un ciudadano. Es la encina el árbol silvestre de mejores frutos y el más robusto de los cultivados. De él se obtenía como comida la bellota y como bebida el hidromiel y proporcionaba como vianda la mayoría de las aves, al llevar el muérdago, que se utilizaba para la caza 13 .
En aquella batalla dicen que se aparecieron también los [5] Dioscuros 14 y que, inmediatamente después de la batalla, se les vio con sus caballos chorreando de sudor anunciar la victoria en el foro, donde ahora está, junto a la fuente, el templo levantado en su honor. Por eso aquel victorioso día, [6] que fue el de los Idus del mes de julio 15 , lo han consagrado a los Dioscuros.
En los hombres jóvenes, el lustre y los honores cuando [4 ] llegan antes de tiempo apagan las naturalezas poco ambiciosas y satisfacen enseguida su ardiente sed y los llenan de inapetencia; pero a los caracteres fuertes y sólidos los estimulan los honores y los hacen brillar, como empujados por un viento hacia la belleza que se les ofrece. Pues no como si [2] los recibieran en pago, sino como si se les dieran a cuenta, se avergüenzan de no estar a la altura de su gloria y no superarse [3] con las nuevas hazañas. Con esta sensación, Marcio se propuso a sí mismo como modelo de valor 16 , deseando siempre renovarse en las acciones, e iba ligando premios con premios y añadía despojos a despojos; y a los jefes del día siguiente siempre los tenía rivalizando en aventajar a los del día anterior en honores y muestras de reconocimiento [4] hacia él. Pese a que entonces los romanos celebraron muchos combates y guerras 17 , de ninguna regresó sin corona ni [5] premio. Para los demás la gloria era la meta de su virtud, pero para aquél la meta de la gloria era la alegría de su madre. Pues que aquélla oyera las alabanzas que se le rendían y lo viera coronado y lo abrazara llorando de placer, pensaba que [6] lo colmaba de honores y felicidad 18 . Este mismo sentimiento lo confesó también, según dicen, Epaminondas: que consideraba su mayor dicha el que su padre y su madre vieron [7] todavía en vida su expedición y victoria en Leuctra 19 . Pero aquél disfrutó de que sus dos progenitores compartieran su felicidad y su éxito, mientras que Marcio creía que a la madre le debía también la gratitud a su padre y por ello no se cansaba de dar alegrías y honrar a Volumnia 20 , sino que incluso se casó con la mujer que aquélla deseaba y le propuso y siguió compartiendo su casa con la madre cuando tuvieron hijos.
Retirada de la plebe al Monte Sagrado
Cuando ya era grande la gloria e [5 ] influencia que tenía en la ciudad por su virtud, el Senado se puso a favor de los ricos y provocó una revuelta contra el pueblo, que se consideraba víctima de muchos malos tratos por parte de los usureros. Pues a los que tenían una pequeña fortuna los despojaban de [2] su hacienda con las fianzas y las ventas y a los que eran completamente pobres, los llevaban a juicio y metían en prisión sus cuerpos llenos de cicatrices por las muchas heridas recibidas y los sufrimientos que habían pasado en las expediciones por la patria. La última fue contra los sabinos, en la que aceptaron participar, ante la promesa de moderación de los ricos y el voto del Senado apoyando las garantías que les daba el dictador Manio Valerio 21 . Pero cuando, pese a su [3] arrojo en la batalla y a la victoria sobre los enemigos no se les trató con ninguna indulgencia por los usureros, tampoco el Senado daba la impresión de recordar lo convenido, sino que le importaba poco que volvieran a ser apresados y tomados en fianza; por ello había alborotos y penosas sediciones en la ciudad; y no se ocultó a los enemigos que el pueblo andaba revuelto, sino que invadieron y prendieron fuego a los campos. Y cuando los magistrados llamaron a las armas a quienes estaban en edad militar, nadie obedeció. Entonces se volvieron a dividir las opiniones de los gobernantes: [4] unos pensaban que había que ceder a los pobres y suavizar el exceso de disciplina y legalidad; en cambio algunos se oponían y entre ellos estaba Marcio 22 , que no daba mucha importancia al asunto del dinero, sino que aconsejaba, si eran sensatos, poner fin y apagar lo que era principio y ensayo de insolencia y temeridad de la plebe al levantarse contra las leyes.
[6 ] El Senado se reunió muchas veces en poco tiempo para tratar esta cuestión, pero no tomó ninguna decisión definitiva; entre tanto, se agruparon de pronto los pobres y, animándose unos a otros, abandonaron la ciudad y se establecieron a orillas del río Anio, ocupando el monte que ahora se llama Sagrado 23 ; lo hicieron sin violencia alguna ni en actitud provocativa, sino gritando que ya hacía tiempo que habían sido expulsados de la ciudad por los ricos, que Italia les proporcionaría aire, agua y un lugar para ser enterrados donde quiera que fuese, a ellos que no tenían más que eso viviendo en Roma, salvo ser heridos y morir luchando por los ricos. El Senado tuvo miedo de esto y envió a los más [2] moderados y favorables al pueblo de sus miembros más ancianos. Habló en nombre de ellos Menenio Agripa 24 , que, [3] entre ruegos a la plebe y palabras sinceras en defensa del Senado, cuando estaba acabando su discurso se expresó con esas palabras, a modo de fábula, que tanto han sido repetidas. Dijo que todos los miembros de un hombre se rebelaron [4] contra el estómago y lo acusaron de que sólo él pasaba el tiempo sentado en el cuerpo sin hacer ni pagar nada, mientras los demás soportaban grandes sufrimientos y servicios para satisfacer sus deseos. Entonces el estómago se rió de su ingenuidad, pues ignoraban que recibe todo el alimento en él, pero lo devuelve fuera de él y lo distribuye a los demás. «Pues bien», dijo, «ésa es también la respuesta [5] del Senado, ciudadanos, a vosotros; en efecto, las decisiones y medidas que en él se toman para la adecuada administración os aportan y distribuyen a todos vosotros utilidad y provecho» 25 .
Después de esto se reconciliaron, tras pedir al Senado y [7 ] conseguir que se eligieran cinco hombres como defensores de los que necesitaran ayuda, que ahora se llaman tribunos [2] de la plebe. Los primeros elegidos fueron los jefes que tuvieron en la retirada (al monte sagrado): Junio Bruto y Veluto [3] Sicinio 26 . Cuando la ciudad se reunificó, inmediatamente la plebe tomó las armas y se puso con entusiasmo a las órdenes [4] de los jefes para que los llevaran a la guerra. Pero Marcio, como ni él mismo estaba satisfecho con la fuerza que consiguió el pueblo por cesión de la aristocracia, y veía los mismos sentimientos en muchos de los otros patricios, los animaba en cambio a no ceder a los plebeyos en los combates por la patria, sino mostrarse superiores a ellos en valor más que en poder.
Toma de Coriolos
[8 ] En el pueblo de los volscos, contra los que estaban en guerra, la ciudad de más renombre era la de los coriolanos. A ésta le había puesto asedio el cónsul Cominio 27 ; los demás volscos, asustados, acudieron de todas partes en su ayuda contra los romanos, con la intención de presentar batalla cerca de la [2] ciudad y atacarlos desde dos frentes. Como Cominio dividió su ejército, enfrentándose él personalmente a los volscos que atacaban desde fuera y dejando en el asedio a Tito Larcio 28 , uno de los mejores romanos, los coriolanos menospreciaron a los que se habían quedado allí y salieron para atacarlos. En los primeros lances del combate estaban venciendo y perseguían a los romanos hasta el campamento. Fue entonces cuando Marcio salió con unos cuantos, abatió [3] sobre todo a los que se enfrentaron con él y resistió el ataque de los demás, mientras llamaba a grandes gritos a los romanos; pues era, como debe ser el soldado, según palabras de Catón 29 , no sólo por el golpe de su brazo, sino también por el tono de su voz y por el aspecto de su cara, terrible para cualquier enemigo que se encontraba con él e irresistible. Muchos acudieron a reunirse con él, formando un bloque a su alrededor, por lo que los enemigos se retiraron asustados. Pero él no se contentó, sino que los persiguió [4] y presionó, mientras huían en desorden hasta las puertas. Allí, al ver que los romanos abandonaban la persecución [5] dándose la vuelta, a causa de los muchos dardos que les lanzaban desde la muralla, y como nadie se atrevía a plantearse continuar con la persecución de los que huían hacia una ciudad llena de enemigos en armas, empezó a llamarlos a pie firme y darles ánimo, gritando que el azar abría las puertas de la ciudad más a los perseguidores que a los fugitivos. No había muchos que quisieran acompañarle, por lo que se [6] abrió paso a empujones entre los enemigos y se lanzó precipitándose con ellos al interior por las puertas, sin que al principio nadie osara ponerse delante y hacerles frente. Pero luego, cuando vieron que eran muy pocos los que estaban dentro, acudieron juntos en ayuda y presentaron batalla; se encontró envuelto entonces en un torbellino de amigos y enemigos, afrontando en la ciudad un combate increíble tanto por las obras de su brazo como por la rapidez de sus pies y las pruebas de valor de su espíritu; y venciendo a todos aquellos contra los que se lanzaba, dicen que a unos los empujó hasta los lugares más apartados y los otros se rindieron y depusieron las armas; con ello dio a Larcio mucha seguridad para introducir desde fuera a los romanos 30 .
[9 ] De esta forma fue tomada la ciudad y, cuando la mayoría estaba ocupada en el pillaje y transporte de riquezas, Marcio les daba gritos irritado, pues consideraba terrible que mientras el cónsul y sus soldados tal vez estaban chocando y entablando combate con los enemigos, ellos se dedicaban a enriquecerse despreocupados o huían del peligro [2] con el pretexto del enriquecimiento. Como no eran muchos los que le hacían caso, cogió a los voluntarios y anduvo el camino por donde se dio cuenta de que había avanzado el ejército; durante la marcha, unas veces animaba a los que iban con él y los exhortaba a no pararse, y otras suplicaba a los dioses que no le dejaran fuera de la batalla, sino que llegara en el momento en que iba a celebrarse el combate para [3] compartir el peligro con los ciudadanos. Tenían en aquel tiempo costumbre los romanos, en el momento de adoptar la formación de combate y cuando iban a coger los escudos y ceñirse el casco, de hacer testamento oral, nombrando albacea a tres o cuatro de los que los podían oírlos 31 . Cuando estaban [4] en ello los soldados, Marcio los reunió a la vista de los enemigos. Al principio, a algunos este hecho los consternó, [5] pues se presentaba ante ellos con unos cuantos, lleno de sangre y de sudor; pero cuando, corriendo hacia el cónsul muy alegre, le tendió la mano derecha y anunció la toma de la ciudad y Cominio le dio un fuerte abrazo, unos se llenaron de valor al enterarse del éxito logrado y otros, al deducirlo; y todos a gritos lo invitaban a ponerse a guiarlos y entablar combate. Marcio le preguntó a Cominio cómo estaba [6] dispuesto el ejército de los enemigos y dónde estaba situada la tropa más aguerrida. Aquél le dijo que, según creía, las cohortes del centro eran de ancíates, muy belicosos y no inferiores a nadie en orgullo, ante lo cual Marcio dijo: «Entonces, te lo pido y suplico, colócanos frente a esos soldados». Pues bien, el cónsul se lo concedió, admirando su arrojo. Cuando empezaron los golpes de lanzas y Marcio se [7] echó por delante a la carrera, no pudieron contenerlo los volscos de enfrente, sino que la parte de la falange con la que chocó quedó al punto destrozada; pero los de ambos lados se volvieron contra él y lo estaban envolviendo con las armas, por lo que el cónsul tuvo miedo y envió a los más valientes de los suyos. Se produjo entonces una encarnizada [8] lucha en torno a Marcio y en un momento cayeron muchos muertos; pero con su presión y violencia lograron rechazar a los enemigos. Cuando ya se daban la vuelta para perseguirlos, pidieron a Marcio, que se movía con lentitud por el cansancio [9] y las heridas, que se retirara al campamento. Pero aquél les respondió que la fatiga no es propia de vencedores y se lanzó a perseguir a los fugitivos. Fue derrotado también el resto del ejército, con muchos muertos y muchos prisioneros.
[10 ] Al día siguiente el cónsul, con Larcio a su lado y los demás reunidos en torno, subió a la tribuna y, después de dar a los dioses el agradecimiento debido por tales éxitos, [2] se volvió a Marcio. Primero pronunció un admirable elogio de él, como testigo personal en el combate de unos hechos y, en cuanto a los otros, informado por el testimonio de Larcio. [3] Luego, de las muchas riquezas, armas, caballos y personas que se habían capturado, lo invitó a coger un diezmo de todo antes de repartirlo a los demás. Además de aquello [4] le regaló como premio un caballo enjaezado. Marcio avanzó entre los aplausos de los romanos y dijo que aceptaba el caballo y agradecía los elogios del magistrado, pero lo demás, considerándolo un pago y no un honor, lo rechazaba; y que se contentaría con la parte que le tocara, como cada cual. «Pero un favor especial pido», dijo, «y ruego que se [5] me conceda. Había entre los volscos un huésped y amigo mío, hombre honesto y moderado. Éste se encuentra preso ahora y se ha convertido de rico y feliz en esclavo. Pues bien, siendo muchos sus males presentes, me basta con evitarle [6] uno solo, la venta». Ante estas palabras fue mayor el griterío en respuesta a Marcio, y más los que admiraron su indiferencia ante las riquezas que su valor en las guerras. [7] Pues incluso a quienes todavía tenían alguna envidia y celo hacia él por tan destacados honores, también a ellos les pareció que con no tomar nada era digno de coger grandes cosas, y apreciaron más su virtud, por la que menospreciaba tales bienes que aquella por la que era merecedor de ellos. Pues hacer buen uso de las riquezas es más hermoso que [8] hacerlo de las armas, pero mejor que usarlas es no necesitar las riquezas 32 .
Cuando la plebe cesó en su griterío y alboroto, tomó la [11 ] palabra Cominio y dijo: «En cuanto a aquellos regalos, camaradas, no podéis obligar a éste, que ni los quiere ni los acepta, a que los coja; pero concedámosle el que no está en su mano rechazar, y votemos que reciba el nombre de ‘Coriolano’, si es que no ya antes que nosotros su propia hazaña se lo ha otorgado». Desde entonces tuvo como tercer nombre [2] el de ‘Coriolano’. En cuanto a sus nombres, es evidente que tenía como propio el de Gayo y como segundo, común de la familia o de la estirpe, el de Marcio. El tercero lo usaron luego los romanos como sobrenombre por alguna acción, suceso, detalle físico o virtud, igual que los griegos ponían por una acción el nombre de Soter y Calínico 33 , por una peculiaridad física el de Fiscón y Gripo 34 , por una virtud el de Evérgetes y Filadelfo 35 , y por un éxito el de Eudemón a Bato II 36 . A algunos reyes se les dieron también [3] apodos en tono de burla, como el de Dosón a Antígono y el [4] de Látiro a Tolomeo 37 ; pero a este tipo de nombres han recurrido con más frecuencia los romanos, que llamaron Diadémato a uno de los Metelos 38 , porque anduvo mucho tiempo con una cinta en la frente por causa de una llaga; y a otro Céler 39 , porque a los pocos días de la muerte de su padre organizó juegos fúnebres de gladiadores, admirando la rapidez [5] y celeridad en prepararlos; a algunos todavía les dan nombres por alguna circunstancia de su nacimiento: Proclo, si el niño nace cuando el padre está de viaje, y Póstumo 40 , si cuando ya ha muerto; si uno es gemelo y sobrevive a la muerte del otro, [6] lo llaman Vopisco. Por los detalles físicos ponen los apodos no sólo de Sila, Nigro o Rufo 41 , sino también Ciego y Clodio 42 . Está bien, pues con ello habitúan a la gente a no considerar como una vergüenza o insulto ni la ceguera ni cualquier otro defecto físico, sino a que respondan a estos nombres como propios; mas esto es tema de otro tipo de obras.
Revueltas populares Colonia a Velitras y guerra contra los volscos
Recién terminada la guerra, los [12 ] cabecillas de la plebe volvieron a suscitar la revuelta, sin nuevos motivos ni quejas justificadas, sino simulando como pretexto contra los patricios los males que necesariamente siguieron a sus anteriores divergencias y desórdenes; pues la mayor parte del país quedó [2] sin sembrar ni cultivar 43 . Y la situación no propició la entrada de provisiones del mercado exterior a causa de la guerra. En consecuencia, había una gran escasez y los cabecillas [3] del pueblo, al ver que éste ni tenía mercado ni, si lo había, tampoco tenía suficiente dinero, hicieron correr acusaciones y calumnias contra los ricos, en el sentido de que aquéllos les traían el hambre por resentimiento 44 . En esto [4] vino una embajada de los velitranos 45 , ofreciéndoles su ciudad y pidiéndoles que enviaran colonos de entre ellos; pues una epidemia se había cernido sobre ellos produciendo tanta muerte y destrucción de vidas humanas que apenas quedaba la décima parte del total. Pareció entonces a los sensatos [5] que la petición de los velitranos les llegaba en el momento más oportuno, cuando necesitaban un alivio debido a la carestía, y albergaban la esperanza de que a la vez desaparecería la revuelta, si se limpiaba como excreción enfermiza y tumultuosa de la ciudad la facción más alborotadora y propensa [6] a dejarse soliviantar por los demagogos. Fue a éstos a los que alistaron los cónsules para enviarlos a la colonia 46 ; y a los demás les anunciaron una expedición contra los volscos, con la intención de quitarles el tiempo para alborotos civiles; pensaban además que, cuando de nuevo coincidieran en las armas, en el campamento y en combates comunes, ricos, pobres, plebeyos y patricios, tendrían una actitud más favorable y amable unos hacia otros 47 .
[13 ] Pero se opusieron los tribunos Sicinio y Bruto 48 . Gritaban que, designando la acción más cruel con el nombre más suave, el de ‘colonia’, como a un abismo los empujaban a ellos, hombres pobres, enviándolos a una ciudad infestada de aire insalubre 49 y de cadáveres sin enterrar, a convivir con un dios extraño y vengador; además, como si no les [2] bastara con matar a unos ciudadanos de hambre y arrojar a otros a la peste, encima provocaban voluntariamente una guerra, para que no le faltara ningún mal a la ciudad, por negarse a ser esclava de los ricos. El pueblo, soliviantado [3] con tales argumentos, no acudió al reclutamiento de los cónsules 50 y tenía una actitud negativa hacia el envío de los colonos.
Mientras el Senado estaba indeciso 51 , Marcio, ya henchido [4] de orgullo y que con su temple se había convertido en un referente importante y gozaba de la admiración de los más poderosos, se enfrentó abiertamente a los tribunos. Enviaron [5] la colonia, obligando a partir, bajo amenaza de grandes castigos, a los designados por sorteo; mas, como se negaban absolutamente a la expedición, el propio Marcio cogió a sus clientes y a todos los demás a los que logró persuadir 52 e hizo una incursión contra el país de los ancíates, donde encontró mucho trigo y consiguió un gran botín de [6] ganado y esclavos. Nada eligió para sí y con sus compañeros de expedición, conduciendo mucha parte del botín y llevando otra mucha, regresó a Roma. Ante eso los demás, arrepentidos y llenos de envidia hacia los que se habían enriquecido, se indignaron con Marcio y no sufrían su gloria y su poder que, según ellos, aumentaba en detrimento del pueblo 53 .
Fracaso de la candidatura al consulado y enfrentamientos de Marcio con la plebe
[14 ] Al poco tiempo Marcio se presentó al consulado. La plebe se plegó ante él y al pueblo lo embargaba cierta vergüenza de deshonrar a un varón primero en linaje y virtud y de humillarlo, [2] a la vista de tantos y tan importantes éxitos. Y es que era costumbre para los candidatos al cargo, que apelaran a los ciudadanos y los saludaran, bajando con su manto al foro, sin túnica; bien sea porque con ese aspecto se rebajaban para la petición o para que así mostraran con claridad, aquellos [3] que tenían cicatrices, las señales de su valor; pues de ningún modo fue por sospecha de un reparto de dinero y de sobornos, por lo que querían que se presentara ante los ciudadanos sin ceñidor ni túnica quien venía a pedir algo de ellos 54 . En efecto, fue más tarde, mucho tiempo después, cuando empezó la compra y venta y se ligó el dinero a los [4] votos de las asambleas. Desde ese momento la corrupción alcanzó a jueces y campamentos y dirigió hacia la monarquía la ciudad, poniendo las armas al servicio del dinero. [5] Pues no iba descaminado quien dijo que el primero en destruir al pueblo fue el primero que lo agasajó con banquetes y sobornos. Y parece que en Roma este mal se introdujo en secreto y poco a poco y no apareció de pronto ni a las claras. En efecto, ignoramos quién fue el primero que sobornó [6] en Roma al pueblo o a un tribunal; en cambio, en Atenas, dicen que el primero en dar dinero a los jueces fue Ánito el de Antemión, cuando fue juzgado por traición a propósito de Pilos 55 al final de la guerra del Peloponeso, época en la que todavía la raza de oro e intachable ocupaba el foro en Roma 56 .
Como Marcio mostraba muchas cicatrices procedentes [15 ] de numerosos combates en los que obtuvo el primer puesto luchando ininterrumpidamente durante diecisiete años 57 , sintieron vergüenza ante su valor e hicieron correr la voz entre [2] ellos de que se aprobara su nombramiento 58 . Pero, llegado el día en el que había que llevar el voto, Marcio entró arrogante en el foro, escoltado por el Senado y todos los patricios que había a su alrededor mostraban un interés como nunca antes con nadie. Entonces la plebe volvió a dejar sus buenas intenciones hacia él, abandonándose al odio y a la [3] envidia. Se añadía a estos sentimientos también el temor de que, si se adueñaba del poder un hombre aristocrático y con tanto prestigio entre los patricios, privaría totalmente al pueblo de la libertad. Con estos pensamientos, votaron en [4] contra de Marcio. Puesto que fueron proclamados otros 59 , al Senado le sentó mal, pensando que se le ultrajaba más a él que a Marcio; y tampoco aquél mantuvo la compostura ni se conformó con lo ocurrido, pues se guiaba de la parte del alma irascible y pendenciera, en que radicaba, según él, la grandeza y el orgullo; y, en cambio, no tenía la firmeza y la afabilidad de que consta en su mayor parte la virtud política y que se adquiere por la razón y la educación; en cuanto a la arrogancia «compañera de la soledad» como decía Platón 60 , tampoco sabía que debe evitarla quien se dedica a los asuntos públicos y trata con las personas, y que debe ser un enamorado de la resignación, a menudo puesta en ridículo por algunos. Él, por el contrario, era siempre rudo e inflexible y [5] consideraba que vencer y dominarlos a todos en cualquier circunstancia era una prueba de valor, no de debilidad y blandura, que como resultado del dolor y sufrimiento del alma produce a modo de hinchazón la cólera 61 ; por ello, se retiró lleno de agitación y resentimiento contra el pueblo. Los patricios en edad militar, que eran la clase de la ciudad [6] más orgullosa de su nobleza y más floreciente, y que siempre lo rodeaban con extraordinario entusiasmo, entonces se arrimaban a él y lo acompañaban no para bien suyo 62 ; pues encendían su cólera al compartir con él la indignación y el dolor. Y es que era para ellos un guía y benévolo maestro de [7] las cuestiones de guerra en las expediciones y (les infundía) emulación de virtud sin envidia entre ellos (haciéndoles) estar orgullosos de sus éxitos 63 .
Entre tanto llegó a Roma trigo, en gran parte comprado [16 ] de Italia y no menos por una donación, procedente de Siracusa, que enviaba el tirano Gelón 64 . Con ello la mayoría empezó a albergar buenas esperanzas, confiando en que la ciudad se libraría al mismo tiempo de la carestía y de sus [2] divergencias. Así pues, el Senado se reunió inmediatamente y el pueblo, aglomerado en los alrededores, aguardaba impaciente el final, con la esperanza de que gozaría de un trato de favor en el mercado y que las partidas de trigo regaladas [3] se repartirían gratuitamente, ya que también había dentro [4] quienes proponían esto al Senado 65 . Sin embargo Marcio 66 se levantó y atacó violentamente a los que trataban de favorecer a la plebe, llamándolos demagogos y traidores a la aristocracia, pues estaban alimentando malas semillas de violencia y soberbia echadas a la chusma en contra de sí mismos, cuando lo correcto era no despreocuparse de ellas en el comienzo de su crecimiento ni fortalecer al pueblo con semejante cargo 67 ; pero ya era temible por el hecho de que todo se hacía a su voluntad y a nada eran obligados si no querían, ni obedecían a los cónsules, sino que, sumidos en la anarquía, llamaban magistrados a sus propios cabecillas. [5] «Por lo tanto, sentarnos a votar donaciones y repartos, como hacen los griegos más demócratas 68 », dijo, «es favorecer su indisciplina para nuestra ruina común. Pues en absoluto dirán [6] que se les agradecen las expediciones de las que desertaron y las secesiones con que traicionaron a la patria y las calumnias a que dieron pábulo contra el Senado, sino que esperando que acordéis concerles esto, cediendo por miedo y por adulación, ya no tendrán límite de indisciplina, ni cesarán en sus disensiones y revueltas. Por consiguiente esto [7] es simplemente de locos; y, si somos sensatos, aboliremos el tribunado de la plebe 69 , pues destruye el consulado y fomenta la división de ciudad, que ya no es una sola como antes, sino que se ha cortado en dos, y nunca nos permitirá crecer juntos ni ponernos de acuerdo ni dejar de hacernos daño y molestarnos unos a otros».
Con muchos argumentos de ese tipo Marcio consiguió [17 ] maravillosamente que los jóvenes y casi todos los ricos compartieran su entusiasmo, gritando que aquél era el único varón que tenía la ciudad inquebrantable y contrario a la [2] adulación 70 ; pero algunos de los más ancianos estaban en contra, previendo lo que iba a suceder 71 . Y no sucedió nada [3] bueno. En efecto, los tribunos de la plebe, que estaban presentes 72 , como se daban cuenta de que Marcio estaba ganando con su opinión, salieron corriendo hacia la chusma, incitando a la plebe a que formara una piña con ellos y les [4] ayudara. Se celebró una tumultuosa asamblea y repitieron las palabras pronunciadas por Marcio. Poco faltó para que el pueblo, arrastrado por su indignación, irrumpiera en el Senado; pero los tribunos echaban la culpa a Marcio y enviando [5] a por él lo citaron para defenderse 73 . Como echó violentamente a los ayudantes enviados, ellos mismos fueron con los ediles, para llevárselo por la fuerza y trataron de [6] apresarlo. Pero los patricios, agrupados con él, rechazaron a [7] los tribunos y molieron a golpes también a los ediles 74 . Pues bien, entonces cayó la tarde y puso fin al altercado; pero con el día, al ver los cónsules que la plebe estaba irritada y acudía corriendo de todas partes hacia el foro, temieron por la ciudad y, después de reunir al Senado, lo invitaron a considerar cómo calmarían y tranquilizarían a la plebe con amables palabras y buenas razones; pues no era momento de rivalidades ni se combatía por la gloria, si eran sensatos, sino que la situación era peligrosa y crítica y exigía una política prudente y humana. Cedió la mayoría, por lo que salieron a [8] dialogar con el pueblo y apaciguarlo lo mejor posible, defendiéndose de las calumnias y empleando un tono moderado en sus reproches y críticas; en cuanto al precio de los productos y de los víveres, decían que no habría desacuerdo con ellos 75 .
Juicio de Coriolano
Como la mayoría de la plebe estaba [18 ] entrando en razones y claramente se dejaba convencer y seducir con las palabras templadas y prudentes que oía, se levantaron los tribunos y dijeron que, ante la sensatez del Senado, el pueblo cedía en todo lo que era razonable; pero invitaban a Marcio a defenderse y negar que buscaba la ruina del Estado y la derogación de la democracia con sus incitaciones al Senado y con su negación a comparecer cuando fue citado por ellos; y, en fin, que, golpeando a los ediles en el foro e insultándolos, trataba de provocar la guerra civil con todas sus fuerzas y empujar a las armas a los ciudadanos. Con estas palabras querían [2] humillar a Marcio, obligándolo a que, por miedo, tratara respetuosamente a la plebe y le rogara en contra de su naturaleza, o a que, si mantenía su orgullo y se mostraba como era, volviera implacable la cólera contra él; más bien era esto lo que esperaban, pues se habían formado una idea correcta [3] del hombre 76 . En efecto, se puso en pie como para defenderse y el pueblo le guardó silencio y calma; pero, cuando, ante hombres que esperaban un discurso lleno de ruegos, comenzó a emplear una franqueza insufrible y a acusarlos más que a defenderse, haciendo gala aún más con el tono de su voz y con la configuración de su semblante de una falta de temor que rayaba el desdén y el desprecio, el pueblo se irritó y era evidente su indignación y enfado con lo que aquél decía. Entonces, el más osado de los tribunos, Sicinio, tras unas breves palabras con sus colegas, salió al centro y gritando que por los tribunos se condenaba a la pena de muerte a Marcio, ordenó a los ediles llevárselo a la cima de la colina 77 y arrojarlo inmediatamente por el precipicio que había [5] bajo ella. Pero cuando los ediles pusieron su mano en él, hasta muchos plebeyos pensaron que aquel suceso era terrible y excesivo, y los patricios, completamente desencajados [5] y horrorizados, se lanzaron a gritos en su ayuda. Unos apartaban con sus manos a los que querían cogerlo y mezclaban con ellos a Marcio; y algunos tendían sus brazos en actitud de súplica a la plebe, puesto que de nada servían las palabras y las voces entre tanto desorden y alboroto. Por fin comprendieron los amigos y familiares de los tribunos que, sin una gran matanza de patricios, no era posible llevarse y castigar a Marcio y los convencieron para que le quitaran a la pena su elemento excepcional y terrible y no aplicaran el castigo por la fuerza y sin juicio, sino dando al pueblo la posibilidad [6] de emitir su voto 78 . Calmado Sicinio con esto, preguntó a los patricios con qué intención le arrebataban a [7] Marcio al pueblo, cuando quería castigarlo. Aquéllos, por su parte, le respondieron: «¿Y cuáles son vuestros planes e intenciones, al conducir así, sin juicio, a un hombre que se cuenta entre los mejores romanos hacia un castigo cruel y contrario a las leyes?». «Bien», respondió Sicinio, «vosotros [8] abandonad esta excusa de desacuerdo y sedición contra el pueblo; pues os conceden lo que pedís, que aquél sea juzgado. En cuanto a ti, Marcio, te emplazamos a que comparezcas [9] el tercer día de mercado 79 y convenzas a los ciudadanos, si efectivamente no eres culpable de ningún delito, puesto que ellos deciden con su voto» 80 .
Pues bien, entonces los patricios se conformaron con la [19 ] tregua, y se marcharon contentos con Marcio. En el intervalo hasta el tercer día de mercado —los romanos celebran los mercados cada nueve días 81 y los llaman nundinas — les daba esperanzas de que se aplazara el juicio la campaña declarada contra los ancíates 82 , puesto que sería larga y daría tiempo a que el pueblo se ablandara, calmándose su cólera o desapareciendo por completo a causa de las ocupaciones y la guerra. Pero luego, tan pronto como hicieron la paz con [2] los ancíates y regresaron, los patricios celebraron muchas reuniones, temiendo y estudiando la forma de no entregar a Marcio y no dar motivos a los demagogos para que volvieran [3] a soliviantar al pueblo. Entonces, Apio Claudio 83 , que tenía fama de hostil a la plebe entre los que más, protestaba diciendo que destruirían el Senado y traicionarían completamente a la república, si aceptaban que el pueblo pudiera votar contra los patricios. Los más ancianos 84 y favorables al pueblo por el contrario consideraban que con esa posibilidad el pueblo no sería duro ni terrible, sino suave y humano; [4] pues el juicio sería un honor y serviría para calmar a los que no despreciaban al Senado, sino que se consideraban objeto de desprecio, de forma que, con el derecho al voto, depondrían también su cólera.
[20 ] Al ver Marcio las dudas del Senado por buena voluntad hacia él y miedo al pueblo, preguntó a los tribunos con qué acusaciones y para juzgarlo sobre qué pretendían llevarlo [2] ante el pueblo. Aquéllos dijeron que la acusación era de tiranía y que demostrarían sus planes de erigirse en tirano. Entonces se levantó por propia voluntad y dijo que ya estaba dispuesto a ir ante el pueblo para defenderse y que no se oponía a ninguna clase de juicio, ni de castigo, si era condenado. «La única condición», dijo, «es que sólo me acuséis de esto y no engañéis al Senado» 85 . Aquéllos estuvieron de acuerdo y se celebró el juicio en estos términos. Pero, una [3] vez reunido el pueblo, primero forzaron a que la votación se realizara no por centurias, sino por tribus, dando superioridad con los votos a la chusma pobre, intrigante y despreocupada del bien, sobre los ricos, principales y combatientes 86 . Luego eliminaron la acusación de tiranía que no era demostrable [4] y volvieron a recordar aquellas palabras que dijo Marcio al principio en el Senado, cuando se opuso a la venta de los productos a precios ridículos e incitaba a la abolición del tribunado de la plebe. Presentaron además una acusación [5] nueva contra él: el reparto del botín que cogió del país de los ancíates y no entregó al tesoro público, sino que lo distribuyó entre sus compañeros de campaña. Esta fue la acusación que, según dicen, más sacó de sus casillas a Marcio 87 . Y es que le cayó por sorpresa y no le fue fácil encontrar [6] de momento argumentos convincentes ante la chusma, sino que, mientras elogiaba a los que participaron en la expedición, empezaron a abuchearlo los que no participaron, [7] que eran más numerosos 88 . Pues bien, cuando por fin se hizo la votación, las tribus que decidieron la condena fueron [8] tres 89 . Y la pena impuesta fue el destierro para siempre. Tras su anuncio el pueblo jamás presumió tanto de haber vencido en combate a los enemigos como entonces se retiraba orgulloso y contento; en cambio al Senado lo embargaba el dolor y una terrible tristeza, apesadumbrado y arrepentido de no haber asumido todas las medidas y sufrimientos necesarios antes que pasar por alto los excesos y el uso de tanto poder [9] por parte del pueblo. No había necesidad entonces de fijarse en las ropas o en otros signos, sino que al punto estaba claro que era plebeyo el contento y, el triste, patricio.
Exilio de Coriolano
[21 ] Sólo el propio Marcio no estaba asustado ni abatido y con su aire, andares y semblante, tranquilo entre todos los demás, que estaban afligidos, parecía el único que no compartía su propia desgracia; no era por reflexión ni paciencia, ni porque sobrellevara con moderación lo ocurrido, sino porque estaba muy afectado por la ira y la indignación, que la mayoría no sabe que es una clase de dolor. En efecto, cuando se [2] cambia a irritación, abandona, como si se inflamara, el abatimiento y la pasividad; entonces el irritado parece muy activo, lo mismo que caliente el que tiene fiebre, por estar su alma como en un pálpito, en tensión y henchida 90 . Enseguida [3] Marcio hizo más evidente esta disposición con sus actos; pues entró en su casa, abrazó a su madre y a su esposa que se lamentaban con gemidos y gritos y, después de pedirles que sufrieran con paciencia lo ocurrido, se marchó inmediatamente y se dirigió a las puertas 91 . Allí, sin coger ni pedir [4] nada a nadie, se apartó de todos los patricios que lo escoltaban juntos, con sólo tres o cuatro clientes a su alrededor. Durante unos cuantos días estuvo en ciertos terrenos suyos [5] sin ponerse en paz consigo mismo a causa de muchas dudas con que la ira le asaltaba; y, convencido de que lo único bueno y apropiado era vengarse de los romanos, decidió provocar una guerra terrible y fronteriza contra ellos 92 . Intentó [6] entonces probar primero con los volscos, pues sabía que todavía eran potentes en soldados y dinero 93 y pensaba que las derrotas sufridas recientemente más que destruir sus fuerzas los habían llenado de rencor y de cólera.
Coriolano acogido por los volscos. Planes de guerra contra los romanos
[22 ] Había un hombre de la ciudad de Ancio que, por su dinero, valor y pureza de linaje, gozaba de verdadero prestigio entre todos los volscos, llamado [2] Tulo Atio 94 . Marcio sabía que éste lo odiaba más que a ningún romano; pues muchas veces se habían amenazado y provocado en los combates y, con las fanfarronadas propias de la rivalidad, como las que produce la ambición de gloria y el celo de los jóvenes guerreros, sumaron a la pública la enemistad particular entre [3] ellos. Pese a todo, viendo que Tulo tenía cierta grandeza de espíritu y que era el volsco que más deseaba humillar a los romanos a la más mínima ocasión que le ofrecieran, sirvió de testimonio al que dijo: «Es difícil combatir con la cólera; [4] pues lo que quiere, lo compra con la vida» 95 . Así pues, cogió la ropa y las cosas con las que menos sería reconocido si lo veían y, al modo de Odiseo, «se introdujo en una ciudad de enemigos» 96 .
[23 ] Era la tarde y muchos se encontraron con él, pero ninguno lo reconoció. Se dirigió entonces a la casa de Tulo y entrando de repente se sentó junto al hogar en silencio y, [2] con la cabeza cubierta, se quedó quieto. Los de la casa se extrañaron, pero no se atrevieron a levantarlo —pues su aire y su silencio le conferían cierta dignidad y comunicaron a Tulo, que estaba cenando, lo insólito del suceso. Éste se levantó, [3] fue hacia él y le preguntó quién era para haber llegado allí y qué pedía. Entonces Marcio se descubrió y, tras contenerse un momento, dijo: «Si todavía no me conoces, Tulo, o no crees lo que estás viendo, es preciso que me delate a mí mismo. Soy Gayo Marcio, el causante de la mayoría [4] de tus desgracias y de las de los volscos, y portador del sobrenombre de Coriolano, que no permite negarlas. Ningún [5] otro premio obtuve de aquellos numerosos sufrimientos y peligros, salvo el nombre que denuncia mi enemistad con vosotros. Esto es lo único que me queda y que no se me [6] puede arrebatar; de lo demás he sido privado de todo a la vez, por la envidia e insolencia del pueblo, y por la blandura y traición de los magistrados, mis iguales. Me he visto obligado a huir y aquí estoy, como suplicante de tu hogar, no para conseguir indemnidad y salvarme —pues a qué iba a venir aquí, si tuviera miedo a la muerte— sino porque busco que se me dé satisfacción y espero conseguirla de quienes me expulsaron, haciéndote a ti dueño de mi persona. Por [7] tanto, si tienes deseo de atacar a los enemigos, vamos, aprovéchate de mi desgracia, valiente, y convierte en éxito común de los volscos mi desventura; pues lucharé tanto mejor por vosotros que contra vosotros, como luchan mejor los que conocen las condiciones en que están los enemigos que los que las ignoran. Pero si ya te has rendido, ni yo quiero [8] vivir, ni para ti es bueno salvar a un hombre antes enemigo y belicoso, y ahora inservible e inútil» 97 . Cuando Tulo oyó [9] esto, se alegró extraordinariamente y, extendiendo su mano derecha, dijo: «Levántate, Marcio, y ten ánimo. Pues nos traes un gran bien, al entregarte a ti mismo. Espéralo mayor [10] de parte de los volscos». Entonces invitó a cenar amistosamente a Marcio y, en los días siguientes, hicieron planes juntos sobre la guerra 98 .
Prodigios en Roma
[24 ] En cuanto a Roma, la animadversión contra el pueblo de los patricios, que sobre todo lo culpaban de la condena de Marcio, la tenía revuelta y los adivinos, sacerdotes y personas privadas anunciaban muchos prodigios que valía la pena tener en [2] cuenta 99 . He aquí uno que, según se dice, ocurrió. Había un tal Tito Latinio, hombre no muy distinguido, pero tranquilo y especialmente moderado y limpio de supersticiones, y aún [3] más de petulancia. Éste tuvo un sueño en el que vio cómo se le aparecía Júpiter y le encargaba comunicar al Senado que el bailarín que le habían puesto al frente de su procesión 100 [4] era muy malo y desagradable. Cuando tuvo esta visión, decía que, al principio, no le dio mucha importancia; pero como, cuando volvió a verla por segunda y tercera vez, tampoco se preocupó, tuvo que presenciar la muerte de su buen hijo y se quedó impedido por una repentina parálisis de su cuerpo. Estas cosas las anunció llevado en litera ante el Senado. [5] Y, según dicen, nada más acabar su mensaje su cuerpo recuperó las fuerzas y, levantándose, se marchó andando por su propio pie. Maravillados entonces los senadores, hicieron una amplia investigación de este asunto. Era el siguiente: [6] uno había entregado un criado suyo a otros criados con la orden de llevarlo por el foro azotándolo y matarlo luego. Cuando estaban cumpliéndolo y maltratando a aquél, que se retorcía con toda clase de contorsiones por el dolor y hacía otros movimientos desagradables a causa del excesivo sufrimiento, llegó hasta allí casualmente la procesión. Muchos [7] de los presentes mostraban su enfado, pues ni el espectáculo era alegre ni los retorcimientos decentes; pero nadie se interpuso, sino que se limitaron sólo a criticar y lanzar insultos contra quien castigaba con tanta crueldad 101 . En [8] efecto 102 , entonces trataban con mucha benevolencia a los criados y eran más amables y familiares con ellos, pues trabajaban con las manos y compartían su régimen de vida. Era un gran castigo, si un criado cometía alguna falta, [9] hacerle recorrer la vecindad con el palo del carro, en el que ponen el timón, a la espalda. Pues el que sufría este castigo y era visto así por los compañeros y vecinos ya no gozaba [10] de confianza; y recibía el nombre de furcifer 103 ; pues a lo que los griegos le dan el nombre de soporte 104 y fijación 105 a esto los romanos le dan el de furca 106 .
[25 ] Pues bien, cuando Latinio les comunicó su visión y estaban preguntándose quién sería el desagradable y mal danzarín que iba delante de la procesión de entonces, algunos recordaron, por lo insólito, el castigo de aquel criado, al que condujeron por el foro a latigazos y luego mataron. Por decisión de los sacerdotes, su dueño recibió un castigo y volvieron a celebrar desde el comienzo la procesión y el espectáculo 107 .
[2] Según parece, Numa ha sido un intérprete muy experto en todas las cuestiones religiosas y, en concreto, les dio esta [3] norma, excelente para acostumbrarlos a la piedad. Cuando los magistrados o los sacerdotes celebran algún rito divino, el heraldo los precede proclamando a grandes voces: «hoc [4] age» . La frase significa «haz esto» y los invita a concentrarse en los rituales y no alternar con ellos entretanto ninguna faena ni cualquier otra clase de ocupación, entendiendo que la mayoría de las tareas humanas se hacen en cierto modo [5] por obligación y a la fuerza 108 . Y es costumbre entre los romanos repetir los sacrificios, las procesiones y los espectáculos no sólo cuando concurre una causa tan importante [6] como ésa, sino también por pequeños detalles. Así, con que un solo caballo de los que conducen las llamadas tensete 109 flojee, o el cochero coja las riendas con la mano izquierda, deciden que vuelva a celebrarse la procesión. En época posterior [7] llegaron a celebrar un solo sacrificio hasta treinta veces, porque, según parece, siempre había algún defecto o algo que no gustaba. Tal era la piedad de los romanos para con los dioses.
Guerra de tos volscos contra los romanos. Primera incursión de Marcio
[26 ] Marcio y Tulo mantuvieron conversaciones secretas en Ancio con los más poderosos y los animaban a declarar la guerra a los romanos, mientras estaban ocupados en revueltas internas. Éstos tenían escrúpulos, porque se habían firmado [2] con ellos acuerdos y treguas por dos años. Pero los propios romanos les dieron un pretexto con el anuncio en los espectáculos y los juegos, por alguna sospecha o calumnia, de que los volscos se marcharan de la ciudad antes de la puesta del sol. Algunos dicen que esto fue un engaño y trampa de [3] Marcio, que envió a Roma ante los magistrados a un falso acusador de los volscos, como si proyectaran atacar a los romanos durante los espectáculos e incendiar la ciudad 110 . Pues bien, a todos ellos este bando los volvió más hostiles [4] con los romanos. Tulo exageró el asunto para excitarlos 111 y por fin los convenció para que enviaran una embajada a Roma reclamando las tierras y las ciudades que habían arrebatado [5] a los volscos con la guerra. Los romanos, al oír a los embajadores, se indignaron y respondieron que los primeros en tomar las armas serían los volscos, pero los romanos los [6] últimos en deponerlas 112 . A raíz de esto convocó Tulo una asamblea plenaria 113 y, cuando votaron a favor de la guerra, les aconsejó llamar a Marcio, sin guardarle ningún rencor, sino con la confianza de que como aliado sería tan útil para el pueblo como daño les había causado luchando contra ellos.
[27 ] Cuando fue llamado y se dirigió a la muchedumbre, se mostró no menos hábil con las palabras 114 que con las armas y un hombre de guerra extraordinario tanto por su inteligencia como por su valor. En consecuencia, fue designado con [2] Tulo general de la guerra con plenos poderes 115 . Temiendo que el tiempo necesario para equiparse los volscos fuera mucho y retrasara la ocasión de actuar, encargó a los notables y magistrados de cada ciudad reunir las demás tropas y la intendencia, mientras él convenció a los más animosos para que sin alistarse lo siguieran voluntariamente 116 e invadió las tierras de los romanos de improviso y sin que nadie lo esperara 117 . Con esta incursión logró tanto botín que [3] los volscos tuvieron que renunciar a conducirlo, llevarlo y utilizarlo todo en su campamento. Pero para él era un asunto [4] mínimo de aquella campaña la abundancia de botín y los numerosos daños y perjuicios que causó al país. Lo importante era el motivo por el que lo hacía: desacreditar todavía más a los patricios ante el pueblo. Así, mientras saqueaba y [5] destruía todo lo demás, respetaba escrupulosamente sus campos y no permitía devastarlos ni coger nada de aquéllos. En consecuencia, todavía se vieron más envueltos en críticas [6] y desórdenes unos con otros: los patricios echaban en cara a la plebe el destierro injusto de un hombre importante y el pueblo los acusaba de haber lanzado a Marcio contra ellos por resentimiento para luego, mientras otros sufrían la guerra, quedarse de espectadores, teniendo fuera, como guardián de su dinero y de sus propiedades, al enemigo mismo 118 . [7] Logrado esto y después de haber sido de gran utilidad para los volscos para que cobraran valor y despreciaran a los enemigos, se los llevó de vuelta con gran seguridad 119 .
Campaña general de los volscos contra Roma
[28 ] Cuando por fin se reunió de forma rápida y entusiasta todo el ejército de los volscos, resultó que era muy numeroso, por lo que decidieron dejar un cuerpo de ejército en las ciudades por seguridad y marchar con el otro contra los romanos. [2] Marcio le ofreció a Tulo elegir el mando de uno de los dos. Tulo dijo que en absoluto consideraba a Marcio inferior a él en valor, aunque sí más afortunado en todos los combates, por lo que lo invitó a dirigir las tropas que debían partir, quedándose él para guardar las ciudades y ocuparse de la intendencia para los expedicionarios 120 .
[3] Más fortalecido con ello, Marcio marchó primero contra Circeyos 121 , una colonia de los romanos, y, como se rindió [4] voluntariamente, no le causó daño. Después saqueó la región de los latinos, esperando que los romanos le presentaran batalla para defender a los latinos, pues eran sus aliados y a menudo los llamaban en su ayuda. Pero la plebe estaba [5] desanimada y a los cónsules les quedaba poco tiempo en el cargo y no querían ponerse en peligro en él 122 , por lo que despacharon sin más a los embajadores de los latinos 123 ; entonces Marcio atacó las ciudades mismas 124 y tomó por la fuerza la de los tolerinos, lavicanos, pedanos y bolanos 125 , que le ofrecieron resistencia, convirtió en botín de guerra a las personas y saqueó sus bienes. Pero a los que tomaron [6] partido por él 126 , se cuidó mucho de que no sufrieran daño contra su voluntad, y por ello acampaba lejos y evitaba su país.
Con la conquista de Boilas, ciudad que estaba a no más [29 ] de cien estadios de Roma, se apropió de muchas riquezas y mató a casi todos los que estaban en edad militar 127 ; entonces ya ni siquiera los volscos destinados a permanecer en las ciudades se aguantaron, sino que fueron con sus armas a buscar a Marcio, diciendo que sólo él era general y el único al que reconocían como su comandante; así su nombre era grande por toda Italia y admirable la gloria de su valor, que, con el cambio de bando de una sola persona, tanta mudanza había conseguido inesperadamente en la situación.
[2] Los asuntos de los romanos estaban en completo desorden: habían renunciado a combatir y se pasaban días enteros inmersos en revueltas y discutiendo unos con otros, hasta que recibieron la noticia del asedio de Lavinio por los enemigos, donde guardaban los romanos los objetos sagrados de sus dioses patrios y estaba el origen de su estirpe, pues [3] fue aquella la primera ciudad fundada por Eneas 128 . A raíz de esta noticia un asombroso cambio de opinión se adueñó del pueblo en su conjunto y otro ciertamente extraño e imprevisto [4] de los patricios. En efecto, el pueblo propuso la anulación del castigo de Marcio y llamarlo a la ciudad; pero el Senado, reunido para deliberar sobre la propuesta, se opuso y la rechazó, bien porque por rivalidad se oponía siempre a todo cuanto proponía el pueblo, o porque no quería que el regreso de aquél se debiera al favor del pueblo, o incluso porque ya se había llenado de cólera contra aquél, por el daño que causaba a todos sin haber sido maltratado por todos, y por su conducta como enemigo de la patria entera, cuando sabía que en ella el partido más influyente y poderoso compartía sus desgracias y las injusticias de que había sido objeto 129 . Se hizo pública la decisión ante la plebe, pero el pueblo [5] no tenía autoridad para hacer nada con su voto y con la ley, sin disponer de un senadoconsulto 130 .
Marcio a las puertas de Roma. Primera embajada de los romanos
Marcio, al enterarse, se irritó aún [30 ] más y, abandonando el asedio, se dirigió contra la ciudad arrastrado por la cólera; acampó cerca del lugar llamado Fosas Cluilias , a cuarenta estadios de la ciudad 131 . Su aparición fue terrible y provocó una gran [2] confusión 132 , pero sin embargo de momento puso fin a la revuelta; pues nadie se atrevió ya a contradecir a la plebe, ni magistrado ni senador, respecto al regreso de Marcio, sino que al ver en la ciudad a las mujeres corriendo por ella, a los ancianos acudir como suplicantes a los templos, llorando y rogando, y que por todas partes faltaba valor e ideas salvadoras, comprendieron que el pueblo tenía razón cuando se inclinaba por reconciliarse con Marcio y que el Senado estaba totalmente equivocado, iniciando la cólera y el rencor cuando lo correcto era ponerles fin.
[3] A todos les pareció bien, entonces, enviar una embajada a Marcio para ofrecerle el regreso a la patria y pedirle el cese [4] de la guerra con ellos. Los senadores enviados eran parientes de Marcio y recibieron en los primeros encuentros muchas muestras de benevolencia por parte de un hombre [5] que era su pariente y amigo. Pero de nada sirvió esto, sino que, tras ser conducidos por medio del campamento de los enemigos, lo encontraron sentado, con un fasto y un orgullo [6] insufribles. Rodeado de los principales volscos, los invitó a [7] exponer lo que habían venido a pedir. Aquéllos se expresaron, con palabras suaves y amables, en un tono adecuado al momento 133 . Cuando acabaron, respondió él en parte a título personal, con amargura e indignación por el trato que había recibido 134 , y en parte en nombre de los volscos 135 , como general suyo, exigiéndoles la devolución de las ciudades y todo el país que se habían apropiado con la guerra, y que se decretara a favor de los volscos la igualdad [8] de ciudadanía que tenían con los latinos; pues no había otra salida segura de la guerra, salvo la que se basaba en la igualdad y la justicia. Les dio treinta días para deliberar y, cuando se marchó la embajada, se retiró inmediatamente del país 136 .
Nuevas conquistas de Marcio y segunda embajada de los romanos
Este fue el primer motivo de queja [31 ] que tomaron los volscos que desde hacía tiempo estaban molestos con su influencia y sentían envidia. Uno de ellos era Tulo, no porque hubiera sufrido en particular ninguna ofensa de Marcio, sino por sentimientos propios de hombres. En efecto, estaba disgustado [2] por la total pérdida de su gloria y la falta de atención que le prestaban los volscos, quienes pensaban que sólo Marcio lo era todo para ellos y estimaban que los demás debían estar contentos con la porción de poder y de mando que él les dejaba. Por eso las primeras acusaciones se difundían en secreto; [3] hacían reuniones para compartir unos con otros su indignación y daban el nombre de traición a la retirada, por haber rendido no murallas ni armas, sino momentos con los que es habitual que se salve y vuelva a perderse todo lo demás; pues había concedido una tregua de treinta días para la guerra, cuando ninguna otra cosa sufre más cambios en menos tiempo. Por su parte, Marcio en este tiempo no estuvo [4] inactivo, sino que, atacando a los aliados de los enemigos, los destruía y saqueaba sus tierras, y tomó siete ciudades importantes y muy pobladas 137 . Los romanos no se atrevían a [5] acudir en su ayuda, sino que sus almas estaban llenas de temor y su actitud hacia la guerra era la propia de quienes tienen el cuerpo completamente entumecido y debilitado. Cuando pasó el tiempo y volvió a presentarse Marcio con [6] todo su ejército, de nuevo enviaron otra embajada para pedir a Marcio que depusiera su cólera y que, tras sacar a los volscos del país, dijera e hiciera lo que considerara mejor para ambos; pues ante el miedo nada cederían los romanos, pero si pensaba que los volscos debían recibir algún trato favorable y humano, todo les sería posible con tal de que [7] depusieran las armas. A esto dijo Marcio que no respondía nada como general de los volscos, pero que, como ciudadano todavía de Roma, aconsejaba y los invitaba a presentarse ante él en el plazo de tres días con una actitud y una decisión más moderada sobre las condiciones justas propuestas. Y que, si su parecer era distinto, supieran que ya no gozaban de inmunidad si volvían al campamento con vanas propuestas.
Fracaso de la embajada de los sacerdotes y visita de las mujeres a Coriolano
[32 ] Cuando regresaron los embajadores y los oyó el Senado, como si la ciudad estuviera en medio de una gran tormenta y del oleaje, cogió y echó el [2] ancla sagrada 138 . A todos los sacerdotes que había de los dioses, u oficiantes de misterios o guardianes o especialistas en la adivinación por las aves, que era tradicional desde antiguo, a todos éstos acordaron enviarlos a Marcio, ataviados con los adornos que son preceptivos para cada uno en las ceremonias sagradas, con las mismas propuestas y la invitación a que apartara de ellos la guerra y entonces discutiera con los ciudadanos sobre los volscos 139 . [3] Pues bien, les permitió entrar en el campamento, pero no hizo ninguna otra concesión, ni su actitud o sus palabras fueron más amables, sino que los conminó a firmar la paz en los términos anteriores o a aceptar la guerra. Entonces, al [4] regreso de los sacerdotes, decidieron mantenerse en calma en la ciudad para defender las murallas y resistir a los enemigos, si atacaban, cifrando sus esperanzas en el tiempo, sobre todo, y en los golpes imprevistos de la fortuna; ya que, por propia iniciativa, no encontraban ningún medio de salvación; al contrario, la turbación, el miedo y rumores adversos se adueñaron de la ciudad, hasta que se produjo un suceso semejante al que menciona a menudo Homero y que en absoluto convence a muchos 140 .
En efecto, cuando aquél dice y proclama, a propósito de [5] los hechos importantes e imprevistos:
«Entonces la diosa Atenea de ojos glaucos le inspiró» 141
y también:
«Pero algún inmortal cambió mi espíritu y en mi corazón puso la voz del pueblo» 142
y además:
«ya sea porque se le ocurrió algo o así se lo ordenó un dios» 143
manifiestan su rechazo, pensando que con ficciones imposibles e increíbles invenciones priva a la inteligencia de cada [6] uno de su facultad de elección. Pero Homero no hace esto, sino que las acciones verosímiles, habituales y que discurren según la razón, las deja en nuestra mano y muchas veces, por supuesto, dice:
«Sin embargo, lo decidí yo en mi animoso corazón» 144
y
«Así dijo, y tuvo dolor el hijo de Peleo, y su corazón estaba perplejo en su velludo pecho» 145
y de nuevo
«pero en modo alguno
convenció al sabio Belerofonte que tenía honestos pensamientos» 146
[7] En cambio, en las acciones inusuales y extraordinarias y que exigen cierto impulso entusiasta y excitación, no presenta a la divinidad anulando, sino estimulando la facultad de decisión, ni tampoco generando en nosotros impulsos, sino concepciones que dirigen nuestros impulsos, con las cuales no hace la acción involuntaria, sino que da principio a la voluntariedad [8] y le añade el coraje y la esperanza. Pues o hay que apartar a la providencia divina de toda responsabilidad y puesta en marcha de nuestras acciones, o podría haber alguna otra forma con la que ayudan a los hombres y colaboran con ellos; no, por supuesto, modelando nuestro cuerpo, ni manejando ellos mismos como es preciso nuestras manos y pies, sino despertando la facultad práctica y electiva de nuestra alma con determinados principios, concepciones y nociones, o, por el contrario, volviéndola hacia atrás y colocándola en su sitio 147 .
En Roma entonces las mujeres, dirigiéndose unas a unos [33 ] templos y otras a otros y la mayoría y principales agrupadas en torno al altar de Júpiter Capitolino 148 , suplicaban a los dioses; entre éstas estaba Valeria, la hermana de Publícola, el que realizó muchas e importantes acciones en beneficio de los romanos en la guerra y en las tareas de gobierno 149 . Pues bien, Publícola ya había muerto antes, como hemos [2] contado en la obra sobre aquél 150 , y Valeria gozaba de fama y respeto en la ciudad, pues parecía que no deshonraba con [3] su vida su linaje 151 . Entonces sufrió de repente esa experiencia que digo 152 y por una idea no exenta de inspiración divina 153 recurrió a lo que era conveniente: se puso en pie ella misma y levantando a todas las demás fue a la casa de [4] Volumnia, la madre de Marcio. Cuando entró, la encontró sentada con su nuera y con los niños de Marcio en sus rodillas. Entonces colocó a las mujeres alrededor de aquélla 154 y [5] le dijo: «Nosotras mismas, oh Volumnia, y tú, Virgilia 155 , mujeres ante mujeres 156 acudimos, no por decreto del Senado ni por encargo de magistrado. Más bien fue la divinidad la que, compadecida, según parece, de nuestras súplicas, puso en nosotras el impulso para dirigirnos aquí ante vosotras y haceros un ruego que supone la salvación de nosotras mismas y del resto de los ciudadanos y que implica para vosotras, si nos hacéis caso, una gloria más brillante que la que tuvieron las hijas de los sabinos, cuando reunieron a sus padres y maridos en el amor y la paz, apartándolos de la guerra 157 . Vamos, id ante Marcio con nosotras, sumándoos [6] a nuestra súplica y dad testimonio verdadero y justo en favor de la patria de que, aunque sufrió mucho daño, no hizo ni tomó ninguna medida terrible respecto a vosotras por cólera, sino que os devuelve a aquél, sin intención de obtener nada bueno» 158 .
Cuando terminó de decir esto Valeria, la aclamaron las [7] demás mujeres y le contestó Volumnia: «También nosotras, oh mujeres, compartimos por igual las desgracias públicas y, en privado, somos desgraciadas por haber perdido la gloria y virtud de Marcio y ver su cuerpo protegido más que salvado con las armas de los enemigos. Pero la mayor de [8] nuestras desventuras es que los asuntos de la patria se encuentren en situación tan crítica que tengan su esperanza en nosotras. Pues no sé si aquél hará alguna cuenta de nosotras, [9] ya que no la hace de la patria a la que tuvo en más consideración que a su madre, esposa e hijos. De todos modos, servíos [10] de nosotras y, tomándonos, llevadnos ante aquél, por si podemos, aunque no sea más que eso, echar nuestro último aliento en las súplicas por la patria» 159 .
[34 ] Después de esto levantó a Virgilia y los niños y se dirigió con las demás mujeres al campamento de los volscos. [2] Su contemplación y llanto infundió en los enemigos respeto y silencio. Marcio estaba ocupado en un juicio, sentado en [3] su tribuna 160 con los comandantes. Pues bien, cuando vio acercarse a las mujeres, se extrañó; y, al darse cuenta de que su madre era la que marchaba primera, quería mantenerse en sus anteriores criterios inflexibles e inexorables 161 ; pero, vencido por el dolor y consternado ante el espectáculo, no resistió que le cogieran sentado al llegar, sino que bajó más rápido que al paso y salió a su encuentro. Abrazó en primer lugar y la mayor parte del tiempo a la madre y luego a su esposa e hijos, sin aguantar ya las lágrimas ni escatimar muestras de cariño, sino dejándose arrastrar por sus emociones como por un torrente 162 .
Diálogo entre Volumnia y Coriolano. Conclusión de la guara
Cuando ya estuvo satisfecho de estas [35 ] muestras de cariño y como se daba cuenta de que su madre quería comenzar sus palabras, colocó a su lado a los consejeros de los volscos 163 y se dispuso a escuchar a Volumnia, que dijo lo siguiente: «Puedes [2] ver, hijo, aunque no lo digamos nosotras mismas, a juzgar por la ropa y el estado de nuestros desgraciados cuerpos, a qué gran soledad nos condujo tu exilio. Pero date cuenta ahora de cómo somos las más desventuradas de todas las mujeres que han venido; pues la fortuna ha hecho que para nosotras la contemplación más grata se convierta en la más temible: para mí, ver a mi hijo y, para ésta, a su marido acampado como enemigo ante los muros de la patria. Por [3] otra parte, lo que a los demás les sirve de alivio en cualquier desventura y desgracia, rezar a los dioses, a nosotras nos resulta completamente inviable. Pues no podemos pedir a los dioses al mismo tiempo la victoria para la patria y tu salvación, sino que todas las maldiciones que un enemigo podría proferir contra nosotras, todas esas se encuentran en [4] nuestras plegarias. En efecto, tu mujer y tus niños no tienen [5] más salida que verse privados de la patria o de ti. Y yo no esperaré a que la guerra me someta viva a este destino; por el contrario, si no logro convencerte para que antepongas el amor y la concordia a la rivalidad y la maldad y te conviertas en benefactor de ambas 164 y no en torturador de una u otra, ten esto en cuenta y prepárate a pasar por encima del cadáver de la que te parió antes de que puedas tomar al asalto [6] tu patria. Pues no debo yo aguardar el día en que vea a mi hijo formando parte del botín en un triunfo celebrado por sus conciudadanos o celebrándolo él a costa de su patria. [7] Ahora bien, si te pido que salves la patria causando la ruina de los volscos, esta propuesta, hijo, es una decisión difícil para ti y muy dura de cumplir; pues ni está bien destruir a los conciudadanos, ni es justo traicionar a los que han depositado [8] en uno su confianza. Sin embargo, lo que ahora pedimos es una salida a estas desgracias, que salve por igual a ambas partes y sea gloriosa y bella en mayor grado para los volscos; porque, con esa superioridad, parecerá que dan ellos, sin recibirlos en menor grado, los bienes más importantes: la paz y la amistad; y si así sucede, tu serás el principal [9] responsable: pero si no, sólo tú tendrás la culpa. La guerra, en cambio, con ser incierta, tiene esto claro: que, si tú vences, resultas ser el azote de tu patria; y si eres vencido, parecerá que por ira fuiste responsable de los mayores males para tus bienhechores y amigos».
Mientras Volumnia decía esto, Marcio la escuchaba sin [36 ] responder nada. Y como, incluso después de terminar, se mantenía en silencio un largo rato, volvió a tomar la palabra Volumnia y dijo: «¿Por qué callas, hijo? ¿Acaso está bien [2] concederlo todo a la ira y al rencor, y no está bien agradar a una madre que suplica por cuestiones tan importantes? ¿O es que es propio de un gran hombre acordarse de los males que ha sufrido, mientras que venerar y honrar los beneficios que reciben los hijos de sus progenitores no es asunto de un hombre grande y bueno? En verdad nadie debería guardar más gratitud que tú, que con tanta dureza persigues la ingratitud. Sin embargo, de la patria ya te has cobrado grandes castigos, pero a tu madre no le has devuelto ningún agradecimiento. Pues bien, era cuestión de piedad que sin [3] ninguna obligación yo obtuviera de ti las cosas tan bellas y justas que te pido; pero, como no te puedo convencer, ¿a qué retrasar mi última esperanza?» 165 .
[4] Tras estas palabras se echó a sus rodillas junto con la mujer [5] y los pequeños. Y Marcio, gritando «¡Qué me has hecho, madre!», la levantó y, apretando fuerte su mano derecha, dijo: «Has logrado una victoria venturosa para la patria, pero para [6] mí funesta; pues me voy derrotado solamente por ti». Dicho esto y después de una breve conversación en privado con su madre y su esposa, las envió de vuelta a Roma a petición de ellas mismas y cuando pasó la noche se llevó a los volscos, que no todos reaccionaron de la misma forma ni con la misma [7] actitud 166 . En efecto, unos lo censuraban a él y a su acción, otros ninguna de las dos cosas, pues estaban inclinados a una solución pacífica, y algunos, aunque molestos con lo sucedido, sin embargo a Marcio no lo consideraban malo, sino digno de perdón por haberse plegado a semejantes obligaciones. [8] Pero ninguno protestó, sino que todos lo seguían, admirando su virtud más que su autoridad 167 .
Celebraciones en Roma. Culto de la «Fortuna Muliebris»
[37 ] Cuánto fue el miedo y el peligro en que se encontró el pueblo de los romanos durante la guerra, lo dejó ver [2] mejor cuando ésta terminó. Pues justo cuando los de las murallas contemplaban a los volscos levantar el campo, en ese momento ya se estaban abriendo todos los templos, mientras acudían los romanos con coronas como por una victoria y hacían sacrificios. Pero sobre todo estaba clara la alegría [3] de la ciudad por las muestras de cariño y los honores del Senado y la plebe para con las mujeres, pues pensaban y decían que sin duda alguna habían sido aquéllas las responsables de la salvación. El Senado decretó que cualquier recompensa [4] que pidieran, ya se tratara de honores o de favor, la hicieran y concedieran los magistrados 168 ; sin embargo no pidieron nada, salvo construir un templo de la Fortuna Femenina 169 , contribuyendo por sí mismas al gasto 170 , pero asumiendo la ciudad públicamente los sacrificios y honores debidos a los dioses. Como el Senado elogió su pundonor, [5] pero levantó el templo y la estatua con recursos públicos, con el dinero que ellas mismas aportaron, en cantidad no inferior, hicieron una segunda estatua, que, según dicen los romanos, al ser colocada en el templo, gritó algo así: «Mujeres, me habéis dedicado con los ritos caros a los dioses».
[38 ] Cuentan que esta frase se pronunció dos veces, tratando de convencernos de cosas con apariencia de irreales y difíciles [2] de creer 171 . En efecto, que se haya visto estatuas sudar, llorar y derramar unas gotas de sangre, no es imposible; pues la madera y las piedras muchas veces acumulan un moho que produce humedad y echan de su interior muchos colores o cogen tintes del ambiente, con los que —podría pensarse— nada impide que la divinidad quiera indicar algo. [3] También es posible que una estatua deje salir un ruido parecido a un murmullo o a un quejido, por una fractura o distensión de sus partes que se produce con más fuerza en su interior. Pero que haya en un objeto inanimado voz articulada y habla tan clara, singular y bien pronunciada es totalmente imposible, cuando ni siquiera ha ocurrido que el alma y la divinidad hagan ruido y hablen sin un cuerpo que les sirva de instrumento y provisto de sus órganos para [4] hablar. Pero cuando la historia nos obliga con muchos y fiables testigos, se trata de una sensación distinta de la percepción que se genera en la parte imaginativa del alma y nos convence de lo que sólo fue una apariencia, lo mismo que [5] en los sueños nos parece oír sin oír y ver sin ver. De todos modos, para los que por devoción y amor hacia la divinidad son demasiado apasionados y no pueden desentenderse ni negar tales fenómenos, es importante para su fe el carácter extraordinario y fuera de nuestro control del poder divino. Pues en absoluto se parece a nada humano por su naturaleza, [6] movimiento, industria o poder y no es increíble que pueda hacer alguna cosa irrealizable para nosotros y conseguir algo imposible, sino que, con ser muy diferente en todos los aspectos, sobre todo es distinto por sus obras y está fuera de nuestra órbita. Sin embargo, la mayoría de las cuestiones [7] divinas, según Heráclito, escapan a nuestro conocimiento por falta de fe 172 .
Muerte de Coriolano
En cuanto a Marcio, cuando regresó [39 ] a Ancio de la expedición, Tulo, que hacía tiempo lo odiaba y estaba molesto con él por envidia, tramó matarlo 173 inmediatamente, pues, si escapaba ahora, no le ofrecería otra ocasión para cogerlo. Reunió [2] a muchos y los preparó contra aquél y después lo invitó a rendir cuentas ante los volscos, previa renuncia al mando. Éste tuvo miedo de convertirse en particular cuando Tulo [3] todavía era general y tenía mucha influencia entre sus propios conciudadanos, por lo que dijo que devolvería el mando a los volscos, si se lo exigían ellos; pues también lo obtuvo por encargo de todos; pero que tampoco se negaba ahora a rendir cuentas y dar razón a los ancíates que lo desearan 174 . [4] Pues bien, cuando se celebró la asamblea, los demagogos preparados para ello se levantaron y soliviantaron [5] a la chusma. Pero como, al levantarse Marcio, cedió el excesivo alboroto por respeto y le permitió hablar sin temor, y estaba claro que los ancíates mejores y más satisfechos con la paz lo escucharían con buena disposición y decidirían [6] justamente, Tulo temió la defensa de aquél 175 . Y es que era hábil orador entre los que más y el agradecimiento por sus gestas anteriores superaba a la responsabilidad posterior; es más, en una palabra, la acusación probaba la magnitud del [7] agradecimiento. Pues no les habría parecido que era un perjuicio para ellos no haberse apoderado de Roma, si no [8] hubieran estado a punto de hacerlo gracias a Marcio. Por tanto, decidieron no esperar más ni conocer la opinión del pueblo, sino que los conjurados más atrevidos empezaron a dar gritos, diciendo que los volscos no tenían que oír ni ver al traidor que los tiranizaba y que no deponía el mando y atacándolo en grupo lo mataron, sin que lo defendiera ninguno de los presentes 176 .
[9] Que este hecho no respondía al sentir de la mayor parte de los volscos, lo demostró que inmediatamente salieron corriendo de sus ciudades en busca del cadáver y lo enterraron con todos los honores, decorando luego su tumba con armas y despojos como corresponde al mejor y a un general 177 . Informados [10] de su muerte los romanos, no mostraron ningún signo de honor ni de cólera contra él, pero, a petición de las mujeres, les permitieron llevar luto diez meses, como era costumbre para ellas por el padre, un hijo o un hermano. Pues éste era el límite que para el luto más largo fijó Numa [11] Pompilio, como queda expuesto en la historia sobre aquél 178 .
Los asuntos de los volscos pronto hicieron añorar a [12] Marcio; pues primero, con motivo de una discusión con los ecanos, que eran sus aliados y amigos, por la hegemonía, acabaron en golpes y matanzas 179 ; y luego fueron vencidos por los romanos en una batalla 180 , en la que murió Tulo y quedó destruida la flor y nata de su ejército, a raíz de lo cual tuvieron que contentarse con acuerdos muy vergonzosos, convirtiéndose en súbditos y aceptando hacer lo que se les mandara 181 .

1 Cuarto rey de Roma. Que era nieto de Numa (hijo de Pompilia) lo leemos también en TITO LIVIO (en adelante LIVIO ), I 32.2 y CICERÓN , rep . 2.33. Frente a Tulo Hostilio, que se apartó de la línea religiosa trazada por Numa, Anco Marcio restauró el ordenamiento sagrado de Roma.
2 Sucesor de Numa y nieto de Hosto Hostilio, compañero de armas de Rómulo. Su política fue fundamentalmente militar, combatiendo contra Fidenas, Veyes y los sabinos. Destruyó Alba Longa y reinó, según la tradición, entre el 672 y el 641 a. C.
3 Las fuentes sólo hablan de la actividad edilicia de Quinto Marcio Rex, pretor urbano en el 144 a. C. (T. R. S. BROUGHTON , I, pág. 471) que reparó varios acueductos y construyó el de Aqua Marcia (cf. PLINIO , NH 31.41; 36.121 y FRONTINO , Aq . 1.7). Sobre Publio Marcio Rex (T. R. S. BROUGHTON , I, pág. 418), aparte de esta referencia de Plutarco, sólo tenemos noticia por LIVIO , XLIII 1.12 de su envío como embajador al cónsul Casio Longino para ordenarle suspender la expedición por Iliria contra Macedonia en el 171 a. C.
4 Se trata de C. Marcio Rutilio luego llamado Censorino, cónsul en 310 a. C., que destacó en la guerra contra los samnitas (T. R. S. BROUGHTON , I, pág. 162). Desempeñó el cargo de censor en 294 a. C. (T. R. S. BROUGHTON , I, pág. 179) y, por segunda vez, en 264 a. C., cuando dictó la ley a que se refiere Plutarco; VALERIO MÁXIMO , IV 1.3 lo presenta como ejemplo de moderación (T. R. S. BROUGHTON , I, pág. 202).
5 Sólo lo llaman Gayo Plutarco y Dionisio de Halicarnaso, mientras que en las demás fuentes (VALERIO MÁXIMO , IV 3.4, AULO GELIO , XVII 21.11 y LIVIO , II 33.5) el praenomen es Gneo.
6 Una idea que Plutarco repite en Mar . 2.4 y que pone énfasis en los problemas que para las grandes naturalezas implica la falta de una adecuada educación de tipo griego (cf. S. C. R. SWAIN , 1990, pág. 136).
7 La virtus latina equivale, en efecto, a la areté («virtud») y la andreía («valor») griegas.
8 La batalla del lago Regilo tuvo lugar en el año 499 a. C., según LIVIO (II 19.3-20.13). Sin embargo, otras fuentes, y en particular DIONISIO DE HALICARNASO (en adelante D. H. VI 2.3-22.3 y 33) la sitúa en el año 496 a. C.
9 El dictador para el año 499 ó 496 (según las fuentes) era A. Postumio Albo Regilense. Celebró un triunfo por su victoria sobre los latinos y consagró un templo a Ceres, Líber y Líbera (BROUGHTON , I, págs. 10-11).
10 En D. H., VIII 29.4 se ponen en boca del propio Coriolano los detalles que aquí recoge Plutarco, en concreto, su comportamiento defendiendo a un ciudadano y la obtención de la corona de manos del general por este hecho. Respecto a la corona cívica de encina, también la encontramos en AULO GELIO , V 6.11-12. La estrecha relación de los arcadios con la encina se indica en Quaest. Rom . 92.286A.
11 Sin duda se refiere al oráculo dado por la Pitia a los espartanos en HERÓDOTO , I 66, donde los llama así. La importancia de los arcadios para los romanos viene dada por su llegada a Italia guiados por Evandro y su establecimiento a orillas del Tíber en Roma (cf., por ejemplo, D. H., I 31 y PLU ., Quaest. Rom . 32. 272C. 76.282A).
12 «Protector de la ciudad». La encina tenía un papel importante en relación con Zeus, por ejemplo, en el oráculo de Dodona.
13 El muérdago es una planta parásita de determinados árboles y, en particular, de la encina, que produce una sustancia viscosa.
14 La noticia de la aparición de los dioses, inclinando la balanza a favor de los romanos, está en CICERÓN , De nat. deor . 2.6, VALERIO MÁXIMO , I 8.1 y, con gran lujo de detalles, en D. H., VI 13, cuya versión resume Plutarco. LIVIO no habla de ello, aunque dice que después de la batalla el dictador prometió un santuario a Cástor (II 20.12; cf. CICERÓN , De nat. deor . 3.13).
15 El 15 de julio. El detalle del anuncio por los Dioscuros, que está también en Dionisio de Halicarnaso, l.c ., vuelve a contarse, con más detalles (el que escuchó la noticia se llamó Enobarbo, porque los dioses le cambiaron la barba de negra en roja) en Aem . 25.2. Pero otras fuentes latinas (Cicerón y Valerio Máximo, l.c . nota anterior) atribuyen el anuncio por parte de los Dioscuros no a la batalla del lago Regilo, sino a la de Paulo Emilio sobre Perseo en Pidna. Al parecer hay aquí una contaminación entre los dos episodios.
16 Sin duda esta autoimitación es un elemento original de Plutarco que incluye el tópico en su esquema y que en esta biografía abunda en elementos innovadores respecto a la tradición anterior, como ha señalado D. A. RUSSELL , 1963, págs. 21-28.
17 Contra los volscos, auruncos y sabinos.
18 Se trata sin duda de una ampliación de Plutarco, como observa D. A. RUSSELL , 1963 y acepta C. B. R. PELLING , «Truth and Fiction in Plutarch’s Lives» , en D. A. RUSSELL , Antonine Literatur , Oxford, 1990, págs. 19-52, en concreto págs. 40-41. Véase también C. B. R. PELLING , «Childhood and Personality in Biography», en IDEM (ed.). Characterization and Individuality in Greek Literatur , Oxford. 1990, págs. 213-244 (págs. 227-228).
19 La frase de Epaminondas se repite en varios tratados de Moralia (Apophth . 193A. An seni ger. resp . 786D y Non posse suav . 1098A). La victoria de los tebanos sobre Esparta en Leuctra tuvo lugar en 371 a. C.
20 Sólo Plutarco da este nombre a la madre de Coriolano. Las otras fuentes la llaman Veturia (D. H., VIII 39.4, VALERIO MÁXIMO , V 2.1 y LIVIO , II 40.1).
21 El praenomen e identificación de este personaje plantea problemas. En los manuscritos de Plutarco aparece como Marcio, mientras que en D. H., VI 23 y 39, e Inscr. Ital . 13.78 es Manio; los manuscritos de Livio registran Marco, lo mismo que CICERÓN , Brut . 54. Los editores han corregido bien a partir de D. H. a Manio que, en el segundo de los pasajes citados arriba, dice que era el hermano de Publícola. Pero es distinto del Marco que aparece en la Vida de Publícola (20.1), también llamado hermano de éste por D. H., V 37, a propósito de su consulado con Postumio Tuberto del 505 a. C., que participó en la embajada de 501 a. C. y que murió en la batalla del lago Regilo el 499 a. C. (D. H., VI 12.1 y LIVIO , II 20.8-9). Preferimos mantener la corrección a Manio, aunque no podemos saber si el error es de la transmisión del texto (fácil corrupción de M’ a M, favorecida por la tradición, ya que tanto Marco como Manio figuran en ella como hermanos de Publícola) o del propio Plutarco, que nunca habla de dos hermanos de Publícola. Por desgracia, en Pomp . 13, donde vuelve a mencionarse a este Valerio, por ser con Pompeyo el único que ha llevado el sobrenombre de Maximus , no se menciona el praenomen .
22 La posición de Marcio en estos conflictos no se indica en las fuentes. Es sin duda una consecuencia del protagonismo biográfico que da Plutarco a su personaje.
23 El río Anio era un afluente del Tíber (cf. nota a Publ . 21.10). En cuanto al Monte Sagrado, LIVIO , II 32.2, precisa su distancia (tres mil pasos) de Roma. La secesión de la plebe tuvo lugar en el 494 a. C.
24 Según una tradición distinta, presente en CICERÓN , Brut . 54, el que pronunció este discurso fue el dictador Valerio. En cuanto a Menenio Agripa, fue cónsul en 503 a. C. cuando obtuvo un triunfo por su victoria sobre los sabinos; pero es famoso sobre todo por la intervención que aquí cuenta Plutarco, con motivo de la secesión al Monte Sagrado.
25 Plutarco simplifica y cuenta a su modo (por ejemplo, el efecto teatral de la risa del estómago ante la ingenuidad del resto de los miembros, que sólo aparece en la Vida ) la historia incluida con lujo de detalles en LIVIO , Il 32.9-12 y, sobre todo, en D. H., VI 86. Referencias a la fábula hay en FLORO , I 17, De vir. illust . 18 y DIÓN CASIO , IV 17.10-12.
26 D. H., VI 89 da los nombres de los cinco tribunos; en cuanto a los principales, cabecillas de la revuelta, todas las fuentes coinciden en Lucio Sicinio (aunque LIVIO , II 32-33, no lo cuenta entre los dos primeros). Respecto a Bruto, la tradición que lo coloca en primer lugar, con Sicinio, sólo está representada por Dionisio de Halicarnaso, Plutarco y la Suda . El resto lo sustituye por Albino. Para más detalles, véase la nota de T. R. S. BROUGHTON , I, pág. 16.
27 Póstumo Cominio fue cónsul por primera vez en 501 y ahora (493 a. C.) comparte el consulado con Espurio Casio (BROUGHTON , I, págs. 14-15).
28 Había sido cónsul y dictador (probablemente el primer dictador romano, según LIVIO , II 18.1-5) en 501 a. C. y 498 a. C., prefecto de la ciudad en 494 y formó parte de la embajada del 493 a. C. para convencer a la plebe (para la cuestión de su ausencia en la lista de Dionisio de Halicarnaso, cf. BROUOHTON , I, pág. 16, nota 2). Aquí lo menciona D. H., VI 92, pero no LIVIO , II 33.
29 Plutarco recoge estas palabras de Catón en Cat. Ma . 1.8 y en Reg. et Imp. Apophth . 23.199B.
30 Con este episodio de la toma de Coriolos tiene lugar en D. H., VI 92.3 y LIVIO , II 33.5, la primera mención sobre Coriolano: según Livio se lanzó al interior de la ciudad con intención de prenderle fuego con una antorcha (II 33.7) y fue el griterío de terror de las mujeres y niños lo que infundió ánimo en los romanos (II 33.8). Plutarco resume el relato de D. H., VI 92.4-6 a propósito de la actuación de Coriolano.
31 Hay referencias literarias a esta forma de testamentum in procinctu (descrito por GAYO , Inst . 2.101) en CICERÓN , De orat . 1.228 y De nat. deor . 2.9, AULO GELIO , XV 27.3 y VELEYO PATÉRCULO , II 5.3. La erudita precisión de Plutarco (no está ni en Livio ni en Dionisio) busca un mayor efectismo literario para la aparición de Coriolano ante los soldados, así distraídos.
32 Comparado este capítulo con el correspondiente de Dionisio de Halicarnaso (XCIV 1-2) en el que se inspira Plutarco y que se limita a decir que de todo lo ofrecido sólo cogió el caballo y un esclavo («y que le bastaba con el caballo, por la brillantez de su significado y con un prisionero, que casualmente era huésped suyo»), percibimos el arte de la amplificación del biógrafo (cuando normalmente se ve obligado a la simplificación) para mayor gloria de su personaje.
33 «Salvador», epíteto de Tolomeo I y «De hermosa victoria», epíteto de Seleuco II.
34 «Barrigudo», de Tolomeo VIII y «Aguileño», de Antíoco VIII.
35 «Benefactor», de Tolomeo III y «Fraternal» de Tolomeo II.
36 «Afortunado», de Bato II, rey de Cirene.
37 «Que dará», a Antígono de Macedonia y «Garbanzo» (igual significado que Cicerón), a Tolomeo X. Sobre Dosón y el motivo por el que se le dió este apodo, véase PLU ., Aem . 8.3.
38 Se trata de L. Cecilio Metelo, pretor en 120 a. C. y cónsul en 117 a. C.
39 «Rápido», alusión a Q. Cecilio Metelo Céler, cónsul en el 60 a. C. (cf. Rom . 10.3). El interés por este tema de los nombres romanos llevó a Plutarco a escribir un tratado titulado Sobre los tres nombres , que se ha perdido (Catálogo de Lamprias , n.° 100). En Mar . 1.1 vuelve a tratar sobre ello, teniendo como fuente a Posidonio. Remitimos para el tema a A. STROBACH y, en concreto, para la explicación sobre estos nombres del Coriolano a págs. 109-111.
40 Proclo viene del adverbio procul («lejos») y Póstumo del adjetivo postumus («posterior»). Vopiscus significa «que sobrevive».
41 «Rojo»; una explicación de este nombre se ofrece en Syll . 2.2. «Negro», como Aquilio Nigro, citado en SUETONIO , Aug . 11 y «Rojo», como M. Minucio Rufo, el magister equitum de Fabio Máximo.
42 El primer epíteto tiene como representante a Apio Claudio el Ciego, censor en 312 a. C. Clodio significa «Cojo» y es, en realidad, un nombre de familia, procedente, según el propio Plutarco (Publ . 10) de Apio Clauso, no un cognomen .
43 Un dato que también menciona LIVIO , II 34.2: «otro mal mucho más grave invadió la ciudad, la carestía primero de víveres a causa del abandono de los campos por la secesión de la plebe».
44 La situación social de inestabilidad que aquí refiere Plutarco y que liga a la guerra de Coriolos, no se encuentra ni en Livio ni en Dionisio de Halicarnaso.
45 Velitras era una ciudad del Lacio en la ladera meridional de los montes albanos y al norte del Ager Pomptinus y de la región de los volscos. Según D. H., V 61.3, era de origen latino, ocupada por los volscos y conquistada por Anco Marcio; según LIVIO , II 30.14, fue siempre de los volscos (Cf. Cam . 42.1).
46 Tanto LIVIO , II 34.6, como Dionisio de Halicarnaso se refieren a esta colonización de Velitras, aunque sus relatos contrastan con el de Plutarco. Para Livio, los romanos se habrían aprovechado de la peste que azotaba a los velitranos para enviar colonos a una ciudad ya colonizada en 494, tras la victoria de Valerio sobre los sabinos y de Aulo Virginio y Tito Veturio sobre los ecuos y los volscos. Livio no menciona el descontento de parte de la plebe ni el deseo del Senado de librarse de los sediciosos. Dionisio sí alude a las razones sociales para enviar colonos a las tierras tomadas a los volscos (no menciona aquí Velitras), cuando dice que Valerio «envió como colonos a hombres escogidos de entre los pobres, capaces de defender la tierra enemiga y que dejarían en la ciudad una situación menos inestable» (VI 43.1), aunque más adelante (VII 12) menciona el envío de colonos a esta ciudad como resultado de su diezmación por la peste y alude a las ventajas (prevención de revueltas) de aprobar esa colonización (VII. 12.2).
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