Kitabı oku: «Romance de lobos, comedia barbara»
Ramón del Valle-Inclán
Romance de lobos, comedia barbara

Publicado por Good Press, 2022
EAN 4057664140357
Índice
JORNADA PRIMERA
ROMANCE DE LOBOS
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
AGELUS VIBANCO
ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO
JORNADA PRIMERA
ROMANCE DE LOBOS
Índice
JORNADA PRIMERA
ESCENA PRIMERA
Un camino. A lo lejos, el verde y oloroso cementerio de una aldea. Es de noche, y la luna naciente brilla entre los cipreses. Don Juan Manuel Montenegro, que vuelve borracho de la feria, cruza por el camino, jinete en un potro que se muestra inquieto y no acostumbrado a la silla. El hidalgo, que se tambalea de borrén a borrén, le gobierna sin cordura, y tan pronto le castiga con la espuela como le recoge las riendas. Cuando el caballo se encabrita, luce una gran destreza y reniega como un condenado.
EL CABALLERO
ĄMaldecido animal!… ĄTiene todos los demonios en el cuerpo!… ĄUn rayo me parta y me confunda!
UNA VOZ ĄNo maldigas, pecador!
OTRA VOZ
ĄTu alma es negra como un tizón del Infierno, pecador!
OTRA VOZ
ĄPiensa en la hora de la muerte, pecador!
OTRA VOZ
ĄSiete diablos hierven aceite en una gran caldera para achicharrar tu cuerpo mortal, pecador!
EL CABALLERO
żQuién me habla? żSois voces del otro mundo? żSois almas en pena, o sois hijos de puta?
Retiembla un gran trueno en el aire, y el potro se encabrita, con amenaza de desarzonar al jinete. Entre los maizales brillan las luces de la Santa Compańa. El Caballero siente erizarse los cabellos en su frente, y disipados los vapores del mosto. Se oyen gemidos de agonía y herrumbroso son de cadenas que arrastran en la noche oscura, las ánimas en pena que vienen al mundo para cumplir penitencia. La blanca procesión pasa como una niebla sobre los maizales.
UNA VOZ
ĄSigue con nosotros, pecador!
OTRA VOZ
ĄToma un cirio encendido, pecador!
OTRA VOZ
ĄAlumbra el camino del camposanto, pecador!
El caballero siente el escalofrío de la muerte, viendo en su mano oscilar la llama de un cirio. La procesión de las ánimas le rodea, y un aire frío, aliento de sepultura, le arrastra en el giro de los blancos fantasmas que marchan al son de cadenas y salmodian en latín.
UNA VOZ
ĄReza con los muertos por los que van a morir! ĄReza, pecador!
OTRA VOZ
ĄSigue con las ánimas hasta que cante el gallo negro!
OTRA VOZ
ĄEres nuestro hermano, y todos somos hijos de Satanás!
OTRA VOZ
ĄEl pecado es sangre, y hace hermanos a los hombres como la sangre de los padres!
OTRA VOZ
ĄA todos nos dió la leche de sus tetas peludas, la Madre Diablesa!
MUCHAS VOCES
… ĄLa madre coja, coja y bisoja, que rompe los pucheros! ĄLa madre morueca, que hila en su rueca los cordones de los frailes putańeros, y la cuerda del ajusticiado que nació de un bandullo embrujado! ĄLa madre bisoja, bisoja corneja, que se espioja con los dientes de una vieja! ĄLa madre tińosa, tińosa raposa, que se mea en la hoguera y guarda el cuerno del carnero en la faltriquera, y del cuerno hizo un alfiletero! Madre bruja, que con la aguja que lleva en el cuerno, cose los virgos en el Infierno y los calzones de los maridos cabrones!
El caballero siente que una ráfaga le arrebata de la silla, y ve desaparecer a su caballo en una carrera infernal. Mira temblar la luz del cirio sobre su puńo cerrado, y advierte con espanto que sólo oprime un hueso de muerto. Cierra los ojos, y la tierra le falta bajo el pie y se siente llevado por los aires. Cuando de nuevo se atreve a mirar, la procesión se detiene a la orilla de un río donde las brujas departen sentadas en rueda. Por la otra orilla va un entierro. Canta un gallo.
LAS BRUJAS
ĄCantó el gallo blanco, pico al canto!
Los fantasmas han desaparecido en una niebla, las brujas comienzan a levantar un puente y parecen murciélagos revoloteando sobre el río, ancho como un mar. En la orilla opuesta está detenido el entierro. Canta otro gallo.
LAS BRUJAS
ĄCanta el gallo pinto, ande el pico!
Al través de una humareda espesa los arcos del puente comienzan a surgir en la noche. Las aguas, negras y siniestras, espuman bajo ellos con el hervor de las calderas del Infierno. Ya sólo falta colocar una piedra, y las brujas se apresuran, porque se acerca el día. Inmóvil, en la orilla opuesta, el entierro espera el puente para pasar. Canta otro gallo.
LAS BRUJAS
ĄCanta el gallo negro, pico quedo!
El corro de las brujas deja caer en el fondo de la corriente, la piedra que todas en un remolino llevaban por el aire, y huyen convertidas en murciélagos. El entierro se vuelve hacia la aldea y desaparece en una niebla. El Caballero, como si despertase de un sueńo, se halla tendido en medio de la vereda. La luna ha trasmontado los cipreses del cementerio y los nimba de oro. El caballo pace la yerba lozana y olorosa que crece en el rocío de la tapia. El Caballero vuelve a montar y emprende el camino de su casa.
[Ilustración]
JORNADA PRIMERA
Índice
ESCENA SEGUNDA
Don Juan Manuel Montenegro, llama con grandes voces ante el portón de su casa. Ladran los perros atados en el huerto, bajo la parra. Una ventana se abre en lo alto de la torre, sobre la cabeza del hidalgo, y asoma la figura grotesca de una vieja en camisa, con un candil en la mano.
EL CABALLERO
Apaga esa luz….
LA ROJA
Agora bajo a franquealle la puerta.
EL CABALLERO
Apaga esa luz….
El Caballero se ha cubierto los ojos con la mano, y de esta suerte espera a que la vieja se retire de la ventana. El caballo piafa ante el portón, y Don Juan Manuel no descabalga hasta que siente rechinar el cerrojo. La vieja criada aparece con el candil.
EL CABALLERO
ĄSopla esa luz, grandísima bruja!
LA ROJA
ĄAve María! ĄQué fieros! ĄNi que le hubiera salido un lobo al camino!
EL CABALLERO
ĄHe visto La Hueste!
LA ROJA
ĄBrujas fuera! ĄArreniégote, Demonio!
Sopla la vieja el candil y se santigua medrosa. Cierra el portón y corre a tientas por juntarse con su amo, que ya comienza a subir la escalera.
EL CABALLERO Después de haber visto las luces de la muerte, no quiero ver otras luces, si debo ser de Ella….
LA ROJA
Hace como cristiano.
EL CABALLERO
Y si he de vivir, quiero estar ciego hasta que nazca la luz del sol.
LA ROJA
ĄAmén!
EL CABALLERO
Mi corazón me anuncia algo, y no sé lo que me anuncia… Siento que un murciélago revolotea sobre mi cabeza, y el eco de mis pasos, en esta escalera oscura, me infunde miedo, Roja.
LA ROJA
ĄArreniégote, Demonio! ĄArreniégote, Demonio!
Al oir un largo relincho acompańado de golpes en el portón, Don Juan Manuel se detiene en lo alto de la escalera.
EL CABALLERO
żHas oído, Roja?
LA ROJA
Sí, mi amo.
EL CABALLERO
żQué rayos será?
LA ROJA
No jure, mi amo.
EL CABALLERO
ĄEl Demonio me lleve!… ĄSe ha quedado la bestia fuera!
LA ROJA
ĄLa bestia del trasgo!…
EL CABALLERO
ĄLa bestia que yo montaba! Despierta a Don Galán para que la meta en la cuadra.
LA ROJA
Denantes llamándole estuve porque bajare a abrir, y no hubo modo de despertarlo. ĄCon perdón de mi amo, hasta le di con el zueco!
El caballero se sienta en un sillón de la antesala, y la vieja se acurruca en el quicio de la puerta. Se oye de tiempo en tiempo el largo relincho y golpear del casco en el portón.
EL CABALLERO
Prueba otra vez a despertarle.
LA ROJA
Tiene el sueńo de una piedra.
EL CABALLERO
Vuelve a darle con el zueco.
LA ROJA
Ni que le dé en la croca.
EL CABALLERO
Pues le arrimas el candil a las pajas del jergón.
LA ROJA
ĄAve María!
Sale la vieja andando a tientas. Canta un gallo, y el hidalgo, hundido en su sillón de la antesala, espera con la mano sobre los ojos. De pronto se estremece. Ha creído oír un grito, uno de esos gritos de la noche, inarticulados y por demás medrosos. En actitud de incorporarse, escucha. El viento se retuerce en el hueco de las ventanas, la lluvia azota los cristales, las puertas cerradas tiemblan en sus goznes. ĄToc-toc!… ĄToc-toc!… Aquellas puertas de vieja tracería y floreado cerrojo, sienten en la oscuridad manos invisibles que las empujan. ĄToc-toc!… ĄToc-toc!… De pronto pasa una ráfaga de silencio y la casa es como un sepulcro. Después, pisadas y rosmar de voces en el corredor: Llegan rifando la vieja criada y Don Galán.
LA ROJA
Ya dejamos al caballo en su cuadra. ĄQué noche Madre Santísima!
DON GALÁN
Truena y lostrega que pone miedo.
LA ROJA
ĄY no poder encender un anaco de cirio bendito!….
DON GALÁN
żNo lo tienes?
LA ROJA
Sí que lo tengo, mas no puede ser encendido en esta noche tan fiera.
Tengo dos medias velas que alumbraron en el velorio de mi curmana la
Celana.
EL CABALLERO
żHabéis oído?
LA ROJA
żQué, mi amo?
EL CABALLERO
Una voz….
DON GALÁN
Son las risadas del trasgo del viento….
Suenan en la puerta grandes aldabonazos que despiertan un eco en la oscuridad de la casona. El Caballero se pone en pie.
EL CABALLERO
Dame la escopeta, Don Galán. ĄVoy a dejar cojo al trasgo!
DON GALÁN
Oiga su risada.
LA ROJA
Lo verá que se hace humo o que se hace aire….
Abre la ventana Don Juan Manuel, y el viento entra en la estancia con un aleteo tempestuoso que todo lo toca y lo estremece. Los relámpagos alumbran la plaza desierta, los cipreses que cabecean desesperados, y la figura de un marinero con sudeste y traje de aguas, que alza el aldabón de la puerta. La lluvia moja el rostro de Don Juan Manuel Montenegro.
EL CABALLERO żQuién es?
EL MARINERO
Un marinero de la barca de Abelardo.
EL CABALLERO
żOcurre algo?
EL MARINERO
Una carta del seńor capellán. Cayó muy enferma Dama María.
EL CABALLERO
ĄHa muerto!… ĄHa muerto!… ĄPobre rusa!
Retírase de la ventana, que el viento bate locamente con un fracaso de cristales, y entenebrecido recorre la antesala de uno a otro testero. La vieja, y el bufón, hablando quedo y suspirantes, bajan a franquear la puerta al marinero. En la antesala el viento se retuerce ululante y soturno. Las vidrieras, tan pronto se cierran estrelladas sobre el alféizar, como se abren de golpe, trágicas y violentas. El marinero llega acompańado de los criados y se detiene en la puerta, sin aventurarse a dar un paso por la estancia oscura. Don Juan Manuel le interroga, y de tiempo en tiempo un relámpago les alumbra y se ven las caras lívidas.
EL CABALLERO
żTraes una carta?
EL MARINERO
Sí, seńor.
EL CABALLERO
Ahora no puedo leerla… Dime tú qué desgracia es esa… żHa muerto?
EL MARINERO
No, seńor.
EL CABALLERO
żHace muchos días que está enferma?
EL MARINERO
Lo de agora fué un repente… Mas dicen que todo este tiempo ya venía muy acabada.
EL CABALLERO
ĄHa muerto! ĄEsta noche he visto su entierro, y lo que juzgué un río era el mar que nos separaba!
Calla entenebrecido. Nadie osa responder a sus palabras, y sólo se oye el murmullo apagado de un rezo. El caballero distingue en la oscuridad una sombra arrodillada a su lado, y se estremece.
EL CABALLERO
żEres tú, Roja?
LA ROJA
Yo soy, mi amo.
EL CABALLERO
Dale a ese hombre algo con que se conforte, para poder salir inmediatamente. ĄAy, muerte negra!
[Ilustración]
JORNADA PRIMERA
Índice
ESCENA TERCERA
Noche de tormenta en una playa. Algunas mujerucas apenadas, inmóviles sobre las rocas y cubiertas con negros manteos, esperan el retorno de las barcas pescadoras. El mar ululante y negro, al estrellarse en las restingas moja aquellos pies descalzos y mendigos. Las gaviotas revolotean en la playa, y su incesante graznar y el lloro de algún nińo, que la madre cobija bajo el manto, son voces de susto que agrandan la voz extraordinaria del viento y del mar. Entre las tinieblas brilla la luz de un farol. Don Juan Manuel y el marinero bajan hacia la playa.
EL MARINERO
ĄYa alcanza mi amo cómo no está la sazón para hacerse a la mar!
EL CABALLERO
żDónde tenéis atracada la barca?
EL MARINERO
A sotavento del Castelo.
EL CABALLERO
Como habéis venido, podemos ir….
EL MARINERO
Era día claro, y tampoco reinaba este viento, cuando largamos de Flavia-Longa. Aun así nos comía la mar. Vea cómo lostrega por la banda de Sudeste. ĄHay mucha cerrazón!
EL CABALLERO
ĄHay otra cosa!… ĄMiedo!
EL MARINERO
El mar es muy diferente de la tierra, y de otro respeto, Seńor Don Juan
Manuel.
EL CABALLERO
ĄNo sois marineros, sino mujeres!
EL MARINERO
Somos marineros, y por eso miramos los peligros que apareja la travesía. Al mar, cuanto más se le conoce más se le teme. No le temen los que no le conocen.
EL CABALLERO
Yo le conozco y no le temo.
EL MARINERO
No le teme, porque usted no teme ninguna cosa, si no es a Dios.
EL CABALLERO
żCuántos marineros sois?
EL MARINERO
Cinco y el rapaz, que no merece ser contado. Hemos venido con los cuatro rizos, y aínda hubimos de arriar la vela al pasar La Bensa.
EL CABALLERO
ĄQué noche fiera!
EL MARINERO
No se ve ni una estrella.
EL CABALLERO
ĄNi hace falta! Si fueseis gente de mar, os gustaría este tiempo bravo.
EL MARINERO
ĄEs mucho tiempo!
EL CABALLERO
Siempre preferible a la calma.
Han llegado al atracadero donde se abriga la barca. Grandes peńascales coronados por las ruinas de un castillo. El marinero se adelanta, y con el farol explora el camino para bajar a la orilla. Es peligroso el paso de aquellas rocas cubiertas de limo, donde los pies resbalaban. En el abrigo se adivina la forma de la barca. Un farol cuelga del palo, y lo demás es una mancha oscura. El marinero da una gran voz.
EL MARINERO
ĄAbelardo!
EL CABALLERO
żEs el patrón?
EL MARINERO
Sí, seńor.
EL CABALLERO
żAbelardo, el hijo de Peregrino el Rau?
EL MARINERO
Sí, seńor.
EL CABALLERO
Su padre era un lobo para la mar.
EL MARINERO
Pues el hijo le gana … ĄAbelardo!
UNA VOZ EN LAS TINIEBLAS
żQuién va?
EL MARINERO
Sube para darle una mano al Seńor Don Juan Manuel… Yo mal puedo con el farol.
EL CABALLERO
ĄNo te muevas, Abelardo! Me basto solo.
Bajan a la orilla del mar. Se oye el vuelo de las gaviotas, convocadas por el viento y la noche. Una sombra se acerca: Sus pasos fosforecen en la arena mojada. Los relámpagos tiemblan con brevedad quimérica sobre el mar montańoso, y se distingue la barca negra, cabeceando atracada al socaire de los roquedos.
EL CABALLERO
żEres tú Abelardo?
EL PATRÓN
Para servirle, Seńor Don Juan Manuel.
EL CABALLERO
A ti no te conozco… A tu padre le he conocido mucho… Me acuerdo de una apuesta que ganó: Era ir nadando hasta la Isla.
EL PATRÓN
ĄDe poco le ha servido al pobre aquella destreza!
EL CABALLERO
żMurió ahogado?
EL PATRÓN
Murió, sí, seńor.
EL CABALLERO
żCuándo embarcamos?
EL PATRÓN
Cuando el tiempo lo permita.
EL CABALLERO
ĄTú no morirás como tu padre! Tú tienes que pedir permiso al tiempo para hacerte a la mar. Cuando lleguemos estará fría aquella santa. ĄLa muerte no tiene tu espera, hijo de Peregrino el Rau!
A la luz de los relámpagos se columbra al viejo linajudo erguido sobre las piedras, con la barba revuelta y tendida sobre un hombro. Su voz de dolor y desdén vuela deshecha en las ráfagas del viento. El hijo de Peregrino el Rau hace bocina con las manos.
EL PATRÓN
Muchachos, vamos a largar.
UN MARINERO
El viento es contrario y no llegaremos en toda la noche. Si no ocurre avería mayor.
OTRO MARINERO
Más valía esperar.
OTRO MARINERO
Al nacer el día acaso salte el viento.
EL CABALLERO
żEn qué ańo nacisteis?ĄUn rayo me parta si no habéis nacido en el ańo del miedo!
EL PATRÓN
ĄA embarcar, rediós! Meter a bordo el rizón.
A la voz del patrón los cuatro hombres que tripulan la barca, uno tras otro, van saltando a bordo con un rosmar de protesta. El patrón manda aparejar la vela y se inclina sobre la borda de popa para armar la cańa del timón. Después se santigua. La barca se columpia en la cresta espumosa de una ola. Comienza la travesía.
[Ilustración]
JORNADA PRIMERA
Índice
ESCENA CUARTA
Sala desmantelada en una casa hidalga, a la entrada de Flavia-Longa. Llegan hasta allí, desde otra estancia, las voces de los criados, que rinden el planto a la seńora, que acaba de morir. Los hijos han hecho campańa en la sala, y rifan al son que se reparten lo que afanaron al saquear la casa. Allí están Don Pedrito, Don Rosendo, Don Gonzalito, Don Mauro y Don Farruquińo. Los cinco hermanos se parecen: Altos, cenceńos, apuestos, con los ojos duros y el corvar de la nariz soberbio. Don Farruquińo se distingue de los otros en que lleva tonsura y alzacuello.
DON ROSENDO
ĄCreéis que en casa de mi madre se comía con cucharas de madera!
DON FARRUQUIŃO
Eso parece.
DON ROSENDO
Yo no paso por ello. żQuién es el ladrón de la plata que siempre hubo aquí?
DON FARRUQUIŃO
Ahora no la hay, y fuerza es conformarse.
DON ROSENDO
Pues la había.
DON PEDRITO
Sílbale, a ver si acude.
DON FARRUQUIŃO
El capellán se la llevó machacada, cuando estuvo en la facción. Creo recordar eso.
DON ROSENDO
ĄMentira! Yo la he visto después, y comí con ella. ĄY no hace mucho!
DON MAURO
Yo también.
DON GONZALITO
Toda la plata ha desaparecido hoy mismo, y el ladrón no es el capellán.
DON ROSENDO
żQuién de vosotros llegó el primero?
DON PEDRITO
Yo llegué el primero. żQué hay?
DON ROSENDO
Pues tú eres el ladrón.
DON PEDRITO
ĄY tú un hijo de puta!
Don Pedrito y Don Rosendo se abalanzan y se agarran. Los otros hermanos se interponen con gran vocerío. El capellán asoma en la puerta: Es un viejo seco, membrudo de cuerpo y velludo de manos, vestido con una sotana verdeante que se le enreda en los calcańares.
EL CAPELLÁN
ĄAún está caliente el cuerpo de vuestra madre, y ya peleáis como Caínes! ĄRespetad el sueńo de la muerte, sacrílegos! Esperad a que llegue vuestro padre, y él dará a cada uno lo que en herencia le corresponda. No seáis como los cuervos, que caen en bandada sobre los muertos para comérselos. ĄCuervos! ĄCaínes!
Los cinco hermanos, revueltos en un tropel, siguen gritando en el centro de la estancia, y los brazos se levantan sobre las cabezas amenazadores y coléricos.
DON FARRUQUIŃO
Don Manuelito, esto no se arregla con sermones.
EL CAPELLÁN
ĄTambién has manchado en este saqueo tus manos que consagran a Dios! Esperad a que llegue vuestro padre y él dará a cada uno lo suyo. ĄLos lobos en el monte tienen más hermandad que vosotros! ĄNacidos sois de un mismo vientre, y peleáis como fieras que por acaso se hallan en un camino!
DON FARRUQUIŃO
żQuién avisó a Don Juan Manuel?
EL CAPELLÁN
Yo le avisé. Esta tarde salió con una carta mía, la barca de Abelardo.
DON PEDRITO
ĄEsa es una conspiración!
DON MAURO
ĄQué se pretende con avisar a mi padre!
DON GONZALITO
Debió respetarse la voluntad de mi madre, que no le llamó cuando estaba moribunda.
EL CAPELLÁN
Porque vosotros lo habéis estorbado. Pero harto sabéis que su último suspiro fué para él. ĄCuervos! ĄLobos!
DON PEDRITO
ĄBasta de insultos, que la paciencia se me acaba!
EL CAPELLÁN
ĄY tú el mayor cuervo! ĄY tú el mayor lobo!
DON FARRUQUIŃO
ĄQué valor da el vino!
DON MAURO
ĄUn rayo te parta, Don Manuelito!
EL CAPELLÁN
Guardad esos fieros para las mujeres y para los rapaces, que a mí no se me asusta con ellos. ĄSacrílegos! Vendrá Don Juan Manuel y os arrojará de esta casa que estáis profanando con vuestras concupiscencias.
DON PEDRITO
ĄUn rayo me parta! ĄMe da el corazón que hoy ceno lengua de clérigo!
DON FARRUQUIŃO
ĄAdobada en vino!
EL CAPELLÁN
ĄSacrílegos! ĄSeríais capaces de poner las manos sobre esta corona!
DON FARRUQUIŃO
ĄNo lo consentiría yo!
EL CAPELLÁN
ĄTú eres el peor de todos!… Ya tendréis el castigo, si no en esta vida, en la otra… Os dejo, os dejo entregados a este latrocinio impío… żOís esa campana: Llama por mí y llama también por vosotros… Voy a decir la primera misa por el descanso de nuestra madre, mi protectora, mi madre. Vosotros, Caínes, bien hacéis en no oírla. ĄSería un escarnio! Sois como los perros, que no pueden entrar en la casa de Dios.
El capellán sale, y el doble de la campana que resuena en la sala desmantelada, detiene por un momento aquel expolio a que se entregan desde el comienzo de la noche los cinco bigardos.
JORNADA PRIMERA
Índice
ESCENA QUINTA
La alcoba donde murió Dońa María. Es el amanecer, uno de esos amaneceres adustos e invernales en que aúlla el viento como un lobo y se arremolina la llovizna. En la alcoba, la luz del día naciente batalla con la luz de los cirios que arden a la cabecera de la muerta, y pasa por las paredes de la estancia como la sombra de un pájaro. La lluvia azota los cristales de la ventana y se ahíla en un lloro terco y frío, de una tristeza monótona, que parece exprimir toda la tristeza del invierno y de la vida. La ventana se abre sobre el mar, un vasto mar verdoso y temeroso. Es aquella una de esas angostas ventanas de montante, labradas como confesionarios en lo hondo de un muro, y flanqueadas por poyos de piedra donde duerme el gato y suele la abuela hilar su copo. Dos mujeres velan el cadáver: La una, alta y seca, con los cabellos en mechones blancos y los ojos en llamas negras, es sobrina de la muerta y se llama Dońa Moncha. La otra, menuda, compungida y melosa, con gracia especial para cortar mortajas, es blanca, con una blancura rancia de viejo marfil, que destaca con cierta expresión devota sobre un hábito nazareno: Se llama Benita la Costurera.
BENITA LA COSTURERA
żQuiere que amortajemos a la seńora?
DOŃA MONCHA
żTerminaste el hábito?
BENITA LA COSTURERA
Mírelo aquí… No le rematé los hilos de las costuras, porque, mi verdad, una mortaja tampoco requiere aquel cuidado que una falda para ir al baile. ĄDońa Monchińa de mi vida, mire qué guapa le va esta esterilla dorada!
Dońa Moncha aprueba con un gesto. Benita la Costurera dobla la mortaja y espabila los cirios con las tijeras que lleva pendientes de la cintura, y se balancean al extremo de una cinta azul que llaman hospiciana.
DOŃA MONCHA
ĄPobre tía, parece que se ha dormido!
BENITA LA COSTURERA
Quedóse como un pájaro… ĄNi agonía tuvo!
DOŃA MONCHA
Dios nos libre de tenerla igual… ĄSu agonía duró treinta ańos!
BENITA LA COSTURERA
Me parece que aún la estoy viendo el día que se casó, con su mantilla de casco… fué el mismo ańo y el mismo día que vino la reina… ĄQué cosas tiene el mundo!… ĄAyudé a coserle el vestido de novia, y ahora tócame hilvanarle la mortaja!
DOŃA MONCHA
Dos veces le has cosido la mortaja… Todo lo que tú coses son mortajas….
BENITA LA COSTURERA
ĄDońa Moncha de mi alma, no diga eso! ĄSantísima Virgen de la
Pastoriza, hay mucha gente mala, y si la oyen y dan en repetirlo! ĄDońa
Moncha de mi vida, no me eche esa fama!
DOŃA MONCHA
Yo no me pondría una hilacha que hubiesen cosido tus manos… ĄTienen la sal!
BENITA LA COSTURERA
ĄAy!… ĄNo diga eso, Dońa Monchińa!… Contésteme ahora: żLe parece que antes de vestirle el hábito lavemos y peinemos a la muerta?
DOŃA MONCHA
A mí esa costumbre me parece un sacrilegio.
BENITA LA COSTURERA
żPor qué? żNo va a comparecer en la presencia de Dios Nuestro Seńor? Pues natural es que acuda a ella como a una fiesta, bien lavada y aromada. Nunca debimos haber dejado que el cuerpo se enfriase, Dońa Monchińa. Ya verá cómo ahora cuesta más trabajo aviarle… Y conforme pase tiempo, más y más… Voy por agua templada, Dońa Monchińa.
Sale la costurera con un andar leve, como si temiese que la muerta se despertase. Dońa Moncha reza en voz baja todo el tiempo que permanece sola, y la estancia oscura se llena de misterio con aquel vago murmullo de rezo que se junta al chisporroteo con que los cirios se derraman sobre los candeleros de bronce. Un gato empuja la puerta y llega sigiloso hasta la cama de la muerta, donde comienza a maullar tristemente, con largos intervalos. Tras el gato entra Benita la Costurera.
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