Kitabı oku: «Susie»
Elogios para Susie
Esta es, sin duda, la descripción más detallada, históricamente precisa y concluyente de la vida de mi tatarabuela Susie. Ray Rhodes ha sido meticuloso en su investigación, pero al mismo tiempo ha presentado la vida de Susie de una forma muy amena e interesante. Terminé cada capítulo deseando vivir la vida como lo hizo Susie. En primer lugar, y esto es lo más importante, tener la fe en Dios fuerte y duradera que ella tuvo. En segundo lugar, tener la devoción total hacia mi marido que Susie y Charles tuvieron el uno por el otro. Por último, tener la perseverancia inquebrantable que ella tuvo hasta el fin, a pesar de sus enfermedades prolongadas y las muchas pruebas de su vida. Este libro te animará a vivir la vida mirando a Cristo en espera de que Él te supla y sea todo lo que necesitas mientras tú buscas servirlo para Su gloria.
Susannah Spurgeon Cochrane, tataranieta de Charles y Susie Spurgeon.
Por mucho tiempo quise leer una biografía de Susannah Spurgeon, y Ray Rhodes me ha dado un regalo (y a toda la Iglesia) con esta biografía de una mujer notable. Si anhelas saber que Dios usará tus pruebas, que tu debilidad es el camino hacia la santidad y que tu fidelidad en las tareas ordinarias y ocultas del ministerio es valiosa para Dios, entonces deja que Susie sea tu profesora y amiga. En este libro, encontrarás a una hermana, y te sentirás animado. Dios hará la obra que quiso hacer en las vidas de Su pueblo, y Susie es un ejemplo fiel de esa obra.
Courtney Reissig, autora de Glory in the Ordinary [Gloria en lo ordinario] y The Accidental Feminist [La feminista accidental].
Leí la dedicatoria y pensé: «Este libro será un deleite». Al estudiar la línea de tiempo, pensé: «Este libro será muy útil». Después de la introducción, pensé: «Este libro será encantador». Cuando terminé la sección sobre la juventud de Susie, confirmé que mi intuición estaba respaldada: «Este libro está bien documentado». Al reflexionar en la intersección vital entre la vida de Susie y la de Spurgeon, me sorprendí y noté: «Este libro incluso arroja nueva luz sobre el príncipe de los predicadores». Cuando llegué a leer sobre el último mes excepcional en Menton y la muerte de Spurgeon, sentí: «Este libro muestra el valor de un matrimonio en que las dos personas han simpatizado tanto que prácticamente se han vuelto uno en corazón y mente». Al observar el tema continuo del Fondo del Libro y los ministerios que engendró, pensé: «¡Vaya ejemplo de visión práctica y ejecución perseverante fue esta mujer!». La utilidad propia con que Susie escribió me hizo meditar: «Esto podría servir de ejemplo para que muchas mujeres cristianas compartan las riquezas del conocimiento bíblico, la comunión profunda con Cristo y la amonestación edificante. Y, si vamos al caso, también para los hombres». Su proyecto de plantación de una iglesia y su papel en la restauración del Tabernáculo inspiró esta convicción: «Eso es lo correcto. Nunca deberíamos dejar de trabajar para la gloria de Dios y la extensión de Reino de Cristo hasta el día en que muramos». El lamento universal que siguió a la muerte de esta mujer de acero selló la siguiente conclusión en mi corazón: «En una vida madura por la gracia, ella no habría llegado a ser esta persona sin Charles, y él no habría alcanzado tan alta estatura ni recibido tanto amor y respeto sin ella. De hecho, todos necesitamos a nuestras parejas, nuestros amigos, nuestras iglesias, nuestras pruebas, nuestros triunfos y la conciencia constante de la bondad y sabiduría de Dios para transformarnos en lo que debemos ser aquí y prepararnos para lo que seremos en el más allá».
Tom Nettles, docente jubilado, pero también profesor titular de teología histórica en el Seminario Teológico Bautista del Sur; autor de Living by Revealed Truth: The Life and Pastoral Theology of Charles Haddon Spurgeon [Viviendo según la verdad revelada: vida y teología pastoral de Charles Haddon Spurgeon].
Ha pasado demasiado tiempo para que se lance una biografía completa de Susie Spurgeon. ¡Ray Rhodes ha logrado que la espera valga la pena! Este libro es una joya que tiene el mismo efecto en el lector que Susie tuvo en todas las vidas que tocó: hace que nuestra mente y corazón se maravillen por la bondad del Señor. «La más valiente de las mujeres, fuerte en la fe», como Charles Spurgeon llamaba a su esposa, estaba tan enfocada en la gloria de Dios que la teología latía en sus venas y fluía de su corazón, boca, manos y pluma. Susie Spurgeon, la reina de las teólogas amas de casa, trató los muchos obstáculos y sufrimientos que encontró en su camino como oportunidades para que el poder del Señor obrara a través de sus debilidades. Y Él obró con poder mediante Susie para bendecir a su familia y amigos, y para servir a los pastores, a los huérfanos y también a nosotros. Estoy agradecida porque Ray ha enriquecido mi compresión de Cristo mediante la vida de Susie Spurgeon.
Aimee Byrd, autora de Why Can’t We Be Friends? [¿Por qué no podemos ser amigos?] y No Little Women [Ninguna mujercita].
Charles Spurgeon fue el nombre más famoso del mundo cristiano en la segunda mitad del siglo XIX. Sigue siendo considerado ampliamente como el «príncipe de los predicadores» de toda la historia cristiana y es el héroe de incontables ministros evangélicos en la actualidad, incluyéndome a mí mismo. Pero lo que es por lejos menos sabido es lo mucho que Spurgeon amaba y confiaba en su esposa piadosa, Susannah. Con una investigación original y nuevas perspectivas sobre información que estuvo latente por mucho tiempo, Rhodes ha vuelto a situar a «Susie» en el lugar que merece junto a su célebre esposo. Todos los que están interesados en Spurgeon disfrutarán este libro, en especial por sus atisbos de la vida hogareña, las prácticas de adoración familiar y las relaciones espirituales de los Spurgeon. Todos los que quieran leer sobre la vida de una cristiana heroica podrán hacerlo en esta biografía de la extraordinaria Susannah Spurgeon.
Donald S. Whitney, profesor de espiritualidad bíblica y decano asociado del Seminario Teológico Bautista del Sur, Louisville, KY; autor de Disciplinas espirituales para la vida cristiana, Adoración en familia y Orando la Biblia.
Los admiradores de C. H. Spurgeon estarán encantados de leer esta nueva biografía de su esposa Susannah. El recuento cuidadosamente documentado de Ray Rhodes sobre la vida de Susie ilumina con frescura la historia de la mujer que sostuvo al predicador más grandioso del siglo XIX con su amor y oraciones. La historia de Susie ejemplifica lo que es confiar en Dios en medio de la enfermedad crónica y pinta un bello cuadro de la vida matrimonial. Los lectores también agradecerán a Dios por su Fondo del Libro para pastores, que otorgó miles de volúmenes para equipar a los ministros con carencias. Podemos aprender mucho de las historias de los santos que nos han precedido, y este libro no es la excepción.
Megan Hill, autora de Praying Together [Orando juntos] y Contentment [Contentamiento], editora de la Coalición por el evangelio, colaboradora habitual de CT Women y Today in the Word, y esposa de pastor.
Cuesta creer que no haya habido ningún estudio sustancial de la vida de Susannah Spurgeon hasta antes de esta obra escrita por Ray Rhodes. La vida y el ministerio de su esposo son muy famosos, pero, por alguna razón, Susannah y su vida solo han sido un capítulo en la historia de él. Felizmente, ahora Ray ha corregido eso, brindándonos un relato completo de su inspirador peregrinaje. Espero que este libro sea leído ampliamente tanto por las mujeres como por los hombres.
Michael A. G. Haykin, miembro de la Royal Historical Society; catedrático de historia eclesiástica, Seminario Teológico Bautista del Sur, y autor de múltiples volúmenes, entre ellos Eight Women of Faith [Ocho mujeres de fe].
Para los lectores modernos suele ser difícil identificarse con los santos de la antigüedad. Ray Rhodes pinta un retrato de una mujer que se dedicó a la piedad personal, una inspiración para las mujeres de todas las edades.
Sarah Zylstra, escritora principal, Coalición por el evangelio.
Un refrán popular afirma que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, y suele ser cierto. La mayoría de nosotros conoce al gran C. H. Spurgeon, pero son muy pocos los que conocen a la mujer piadosa con la que estaba casado: la mujer que crio a sus hijos, que administró su casa, que fue su alma gemela y que lo ayudó a mantenerse cuerdo en la caldera ardiente del ministerio de la iglesia local en la Inglaterra victoriana. En estas páginas vivaces escritas con claridad, mi amigo y copastor Ray Rhodes le da vida a Susie Spurgeon en relieve y a todo color, permitiéndonos entrar a la vida de la mujer que amó al príncipe de los predicadores. Esta biografía es única y muy necesaria. Es historia de la mejor clase, historia escrita para servir a la Iglesia de Jesucristo, y servirá como la biografía estándar de la encantadora Sra. Spurgeon en las décadas futuras. Literalmente, aquí hay algo cautivador para cada cristiano. Lee y gózate porque Dios le dio al gran Spurgeon tan valiente ayuda idónea.
Jeff Robinson, pastor principal, Christ Fellowship Church de Louisville, KY, y editor principal, Coalición por el evangelio.
¡Qué deleite tan dichoso e inesperado es este libro! Atrapa de inmediato, tiene un gran ritmo, está escrito con tonos vivos y es sorprendentemente alentador. Susannah Spurgeon no fue un personaje secundario. A pesar de sus impresionantes problemas de salud, ejemplificó bien que todos debemos ser fieles hasta que nuestro Rey vuelva. Este es un libro derechamente bueno.
Todd Friel, animador de Wretched TV and Radio; autor de diversos libros.
Susie nos eleva de nuestra vida de comodidad y conveniencia para llevarnos a un tiempo en que las dificultades de la vida cotidiana, junto a sus limitaciones de salud, no le fueron obstáculo para usar sus dones para promover el Reino de Dios. ¡Qué gran inspiración es para su célebre esposo Charles Spurgeon: lo anima en los períodos de depresión y problemas ministeriales, y también escucha de inmediato el llamado divino a enviar libros y recursos a los pastores necesitados de todo el mundo! El ministerio de Susie, que animó a los pastores fieles y humildes, nos inspira a usar todos los dones que Dios nos ha dado, cualquiera que ellos sean, en cualquier situación en que nos haya puesto, para Su gloria. ¡La forma en que Ray Rhodes trata la historia de Susannah Spurgeon en el contexto de la Inglaterra victoriana es interesante, informativa y motivante!
Mary Beeke, autora de La enseñanza de la bondad y esposa de Joel Beeke (escritor y presidente del Puritan Reformed Theological Seminary).
Me encanta el nuevo libro de Ray Rhodes, Susie: vida y legado de Susannah Spurgeon, por varias razones. Pero simplemente es lo que esperaría de Ray, un amigo que ama mucho el evangelio, ama a su esposa Lori con gran placer y fervor, y está comprometido con la causa de colocar tantos libros buenos en las manos y corazones del pueblo de Dios como le sea posible. Susie desmiente la caricatura de que hay una «mujercita» detrás de todo gran hombre. Susannah Spurgeon tuvo una historia, una voz, una vida y una herencia asombrosa por derecho propio, una vida que vivió gustosa a la sombra de su marido Charles Spurgeon, que era famoso en todo el mundo, pero de la que todos podemos aprender para nuestro gran provecho. Gracias a Ray, ya no veo a Susannah Spurgeon como un mero personaje secundario en el ministerio de su marido. Gracias a Ray, cuando escuche el apellido Spurgeon, ahora preguntaré: «¿Estás hablando de Susie o de Charles?». No puedo exagerar lo importante, oportuno y útil que es este libro.
Scotty Ward Smith, pastor emérito, Christ Community Church, Franklin, TN; profesor residente, West End Community Church, Nashville, TN; autor de diversos libros, entre ellos Everyday Prayers [Oraciones cotidianas].


Publicado por:
Publicaciones Faro de GraciaP.O. Box 1043 Graham, NC 27253 www.farodegracia.org
ISBN: 978-1-629463-10-0
Susie Spurgeon by Ray Rhodes Jr. Copyright ©2018 by Ray Rhodes Jr.
This book was first published in the United States by Moody Publishers, 820 N. LaSalle Blvd., Chicago, IL 60610 with the title Susie, copyright © 2018 by Ray Rhodes Jr. Translated by permission. All rights reserved. Todos los Derechos Reservados.
©2021 Publicaciones Faro de Gracia. Traducción al español realizada por Julio Caro Alonso, diseño de la portada y las páginas por Benajmin Hernandez. Todos los Derechos Reservados.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperacion de datos o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio electronico, mecánico, fotocopiado, grabación o cualquier otro excepto por breves citas en revistas impresas, sin permiso previo del editor.
Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera 1960, Sociedades Bíblicas en América Latina. renovada 1988, Sociedades Bíblicas Unidas, a menos que sea notado como otra versión. Utilizado con permiso.
A
Mi esposa Lori:
Siempre serás «Oh la más hermosa de todas las mujeres».
Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; has apresado mi corazón con uno de tus ojos (Cantares 4:9). ¡Estoy apresado!
Nuestras hijas y yernos:
Rachel (y Adrian), Hannah, Sarah (y Caleb), Mary, Lydia, Abigail
Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud (Salmo 127:4). ¡Estoy defendido!
Nuestros nietos:
Susannah, Josiah, Caleb, Eden Rose
Corona de los viejos son los nietos (Proverbios 17:6). Estoy coronado. Y Mi asistente de investigación londinense Maureen Gardner Tu devoción por la historia de Susie es inspiradora. He sido inspirado.
Contenido
Prólogo
Línea de tiempo
Susie, en persona: una introducción
Capítulo 1: Formación y familia
Capítulo 2: Una peregrina en progreso
Capítulo 3: Corazones unidos en el Crystal Palace
Capítulo 4: Un matrimonio para el cielo
Capítulo 5: Los nuevos padres
Capítulo 6: La sombra del dolor: tragedia y fe
Capítulo 7: Tomados de la mano dentro y fuera del país
Capítulo 8: La gran sufriente
Capítulo 9: El Fondo del Libro de la Sra. Spurgeon
Capítulo 10: La mudanza a Westwood: sigue el Fondo del Libro
Capítulo 11: Menton: alegría y un triste adiós
Capítulo 12: Con Cristo, lo cual es muchísimo mejor
Capítulo 13: Una mujer de letras
Capítulo 14: La plantación de una última semilla
Capítulo 15: Viendo al Rey y Su gloria
Epílogo: El legado de Susannah Spurgeon
Posfacio
Agradecimientos
veces, las lecciones más reveladoras de la historia surgen del silencio. Uno de los silencios más extraños de la historia de la Iglesia es la poca atención que han recibido las esposas de ministros y pastores, incluso de los líderes cristianos más famosos.
Tal silencio debería hacernos meditar. ¿A qué se debe esta falta de interés histórico?
Desde luego, lo primero que debe venirnos a la mente es que, por más de un milenio, debido a la enseñanza y práctica de la Iglesia Católica Romana, los sacerdotes fueron célibes. Los evangélicos de hoy seguramente saben eso, pero lo más probable es que no mediten en por qué la Iglesia Católica Romana, tanto antes como ahora, espera que los sacerdotes sean célibes mientras que las congregaciones evangélicas esperan que sus pastores se casen, con relativamente pocas excepciones.
Por decir lo menos, este es un cambio enorme tanto para la teología como para la práctica eclesiástica. Y para entender este cambio enorme debemos remontarnos a la Reforma Protestante del siglo XVI, y en especial a Martín Lutero y su amada esposa Catalina. Juntos, establecieron el modelo del pastor casado que se goza en su esposa y en sus hijos. En la práctica, inventaron la familia protestante.
Cuando Martín Lutero fue ordenado en 1507, ya era fraile agustino. Ahora también tenía el estatus de sacerdote. Luego de realizar el famoso voto a santa Ana durante una tormenta eléctrica aterradora, Lutero pasó de estudiar leyes a aprender teología. Nadie se decepcionó más que su padre, Hans Lutero, que esperaba que su hijo se convirtiera en abogado, se casara y le diera nietos.
La Reforma fue tomando forma a medida que Lutero, en especial después de publicar las «noventa y cinco tesis» el 31 de octubre de 1517, se fue convenciendo de que, a la luz de la Escritura, muchas de las enseñanzas y prácticas de la Iglesia Católica Romana eran claramente antibíblicas. A la larga, Lutero se dio cuenta de que el celibato obligatorio de los sacerdotes era una de esas enseñanzas antibíblicas. Comenzó a desempeñar una suerte de rol de cupido para sus estudiantes de teología, emparejándolos con exmonjas que ahora estaban listas para casarse. En poco tiempo, el propio Lutero se casó, y junto a su esposa Catalina (que también era exmonja), vivó la Reforma tanto en la Iglesia como en su hogar.
En mi sala de estudio, tengo una serie de retratos al óleo maravillosos e históricos de Martín y Catalina Lutero. Forman parte de las posesiones más valiosas que tengo en mi biblioteca personal. ¿Por qué? Porque Martín y Catalina son inseparables en su vida y legado. Martín Lutero se transformó en el primer pastor protagónico que simplemente es imposible de conocer sin hacer referencia a su esposa. Lutero se aseguró de que fuera así. No podemos entender a Lutero sin aludir a la fuerza y el amor que le otorgaban Catalina, sus hijos y la calidez del hogar cristiano.
Lutero entendía por qué Pablo le dijo a Timoteo que el varón que ejerce el oficio docente en la Iglesia debe ser «marido de una sola mujer» (1 Tim 3:2). Y, como bien aclara Ray Rhodes, lo mismo es cierto de Charles Spurgeon. En Susie: la vida y el legado de Susannah Spurgeon, Rhodes narra su historia. Desde luego, al narrar la historia de Susannah, también cuenta la historia del predicador más famoso de la Inglaterra victoriana: Charles Spurgeon. A medida que vamos conociendo a su amada Susie, empezamos a ver a Spurgeon de una manera que sería imposible sin no supiéramos de la presencia, el amor y la influencia de su esposa en su vida.
Los mejores libros cubren necesidades, y eso es precisamente lo que hace este volumen. Los libros que vale la pena leer cuentan bien una historia, y eso es lo que ocurre con el libro que ahora tienes en las manos.
Hay otra razón por la que aprecio esos cuadros de Martín y Catalina Lutero. Mi ministerio no sería lo que es y yo no sería el hombre que soy sin mi dulce esposa Mary. He sentido su apoyo e influencia constante en mi vida. Sé que eso también es cierto de Ray Rhodes, que diría lo mismo sobre su amada esposa Lori.
Me parece que es seguro decir que su propia felicidad matrimonial ayuda en gran manera a explicar por qué escribió este libro, por qué sabía que sería importante contar la historia de Susannah Spurgeon y por qué a ti te entusiasmará leer Susie.
R. Albert Mohler Jr.
Presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur
Fechas de nacimiento inciertas: los abuelos de Susannah (Susie) Spurgeon fueron Sampson y Mary Knott, y William y Mary Thompson. Se cree que Sampson y Mary se casaron en 1801 y que Sampson murió en 1860. Él era escudero y un exmolinero acomodado.
20 de enero de 1805 o 1806: Susannah Knott Thompson, la madre de Susannah Spurgeon, nace en Ramsgate, Kent. Fue bautizada en la parroquia de St. Lawrence, en Thanet.
9 de marzo de 1808: Robert Bennett (R. B.) Thompson, el padre de Susannah Spurgeon, nace en Londres. Fue bautizado en el Tabernáculo de Whitefield por Matthew Wilks, un pastor separatista inglés.
2 de junio de 1823: matrimonio de Henry Kilvington y Mary Knott (tía de Susie, hermana de su madre Susannah). Susie y sus padres vivirían durante un tiempo corto con la familia Kilvington.
1829: nace Susannah Kilvington, prima y posteriormente amiga cercana de Susie.
16 de abril de 1831: R. B. Thompson y Susannah Knott se casan en la Iglesia de St. Giles, Camberwell, ubicada en el municipio londinense de Southwark.
15 de enero de 1832: nace Susie Thompson en Old Kent Road, Londres.
19 de junio de 1834: nace Charles Haddon Spurgeon en Kelvedon, Essex.
1837-1901: reinado de la reina Victoria.
1840: muere Jeanne, la esposa del pastor J. J. Audebez (Iglesia Reformada Francesa, París). Tiempo después, en 1842, Audebez se casa con su cuñada. Susie visitaría París y el hogar de los Audebez. Vivió esporádicamente con esa familia durante los viajes que realizó entre 1845 y 1854.
1841-1850: El Rev. James Smith pastorea la New Park Street Chapel. La familia Thompson asiste a esa iglesia durante su pastorado.
1842: R. B. (almacenista) no logra cumplir las exigencias de sus acreedores. Tiempo después, entre 1843 y 1851, R. B. entra a trabajar a Messers Cook and Son, una empresa situada en el centro de Londres. Durante la década de 1840, los Thompson vivieron en el centro de Londres. En 1843, los problemas financieros de R. B. están resueltos.
1848: Susannah Kilvington se casa con William Olney. Los Olney son una influencia importante en la vida de Susie.
6 de enero de 1850: Charles Spurgeon se convierte en la Primitive Methodist Chapel, situada en Artillery Street, Colchester.
3 de mayo de 1850: Charles es bautizado en el Río Lark, a la altura del transbordador de Isleham.
3 de octubre de 1850: Charles es recibido como miembro de la Iglesia Bautista de St. Andrew’s Street, Cambridge.
1851: abre sus puertas la Gran Exposición, con el «Crystal Palace» como estructura central. Está situada en el Hyde Park, Londres. Charles Spurgeon viaja en junio desde Cambridge para visitarla.
Octubre de 1851: Charles Spurgeon se transforma en el pastor de la iglesia Waterbeach Chapel, al norte de Cambridge.
1852: Susie se convierte en la Poultry Chapel, situada en el centro de Londres, durante la tarde de un domingo cerca del fin del año. La fecha es incierta.
29 de enero de 1853: Susie visita la catedral de Notre Dame en vísperas de la boda de Napoleón III y Eugenia.
1852/53-1855: a fines de 1852 o principios de 1853, R. B. y su familia se mudan (temporalmente) al hogar de Henry y Mary Kilvington (la tía de Susie); permanecen allí hasta la primavera de 1855. Su dirección es St. Ann’s Terrace 7, Brixton Road. Posteriormente, regresan al centro de Londres para vivir en en Falcon Square 210.
1853: muere Mary Kilvington, hermana de Susannah Knott Thompson.
Fines del verano u otoño de 1853: Charles predica en un evento de escuela dominical en Cambridge. Este desencadena una invitación a predicar en la New Park Street Chapel (NPSC) de Londres.
18 de diciembre de 1853: Charles predica por primera vez en la NPSC como pastor invitado. Susie Thompson no asiste al culto matutino, pero, animada por Thomas Olney (el padre de William), sí está presente en el culto vespertino y escucha predicar a Charles por primera vez.
1853-54: brote de cólera en Londres; mueren 11.000 personas. En 1854, Charles sirve a los enfermos, moribundos y enlutados.
1853-56: Guerra de Crimea
1854: el Crystal Palace es reensamblado en Sydenham, un vecindario del sur de Londres.
20 de abril de 1854: Charles le obsequia a Susie una copia ilustrada del Progreso del peregrino. William Olney le cuenta a Charles sobre las luchas espirituales de Susie, lo que ocasiona este regalo.
28 de abril de 1854: Charles acepta el pastorado de la New Park Street Chapel.
10 de junio de 1854: Charles y Susie asisten a la gran reapertura del Crystal Palace. Allí, Charles revela su amor por Susie mediante un libro.
2 de agosto de 1854: Charles le propone matrimonio a Susie en el jardín del abuelo de ella.
Diciembre de 1854: Susie solicita la membresía en la New Park Street Chapel y escribe su testimonio de fe en Cristo.
23 de enero de 1855: Susie se presenta ante de la iglesia y testifica verbalmente de su fe en Cristo.
1 de febrero de 1855: Susie es bautizada por Charles, su prometido, en la NPSC.
4 de febrero de 1855: Susie pasa a ser miembro oficial de la NPSC, donde sigue siendo miembro activo hasta septiembre de 1867. A fines de 1867, ya estaba enferma y rara vez asistía a los cultos del que ahora era el Tabernáculo Metropolitano.
1855: Charles olvida a Susie mientras se prepara para predicar en The Horns. Enojada, ella corre a su casa para estar con su madre. Probablemente, este evento ocurrió entre febrero y marzo de 1855. Entonces, Charles vivía en Dover Street 75 y Susie, en Anne’s Terrace 7, Brixton, solo a un par de kilómetros de The Horns.
1855: hacia el fin del año, Charles Spurgeon publica Smooth Stones Taken from Ancient Brooks [Piedras lisas tomadas de arroyos antiguos]. Durante el verano de 1855, Charles le pidió a Susie que seleccionara citas destacadas de los escritos de Thomas Brooks para que estuvieran en esta obra. Fue el primer trabajo literario de Susie, aunque no fue reconocido en el libro.
Abril de 1855: Susie visita por primera vez a los padres de Charles en Colchester.
22 de diciembre de 1855: Charles le obsequia a Susie el primer volumen publicado de sus sermones.
8 de enero de 1856: Susannah (Susie) Thompson se casa con Charles Haddon Spurgeon. Van de luna de miel a París.
Enero de 1856: Charles y Susie se mudan juntos a su primera casa, ubicada en New Kent Road 217.
Primavera de 1856: Susie acompaña a Charles a visitar a sus abuelos a Stambourne.
1856: comienzo incipiente del Colegio de Pastores con un solo estudiante; se establece con más formalidad en 1857.
20 de septiembre de 1856: Susie da a luz gemelos: Charles y Thomas.
19 de octubre de 1856: desastre del Surrey Gardens Music Hall.
2 de noviembre de 1856: Charles vuelve al púlpito de la NPSC.
23 de noviembre de 1856: Charles vuelve a predicar en el Surrey Gardens Music Hall.
Otoño de 1857: Charles y Susie se mudan a Nightingale Lane 99.
7 de octubre de 1857: Charles predica a casi 24.000 personas en el Crystal Palace.
1857-1867: Susie goza de una salud relativamente buena y suele viajar con Charles. Va de excursión a los Alpes, visita las galerías de arte y disfruta de la ciudad de Venecia. Es activa en la iglesia. En 1860, Susie estaba con Charles en Ginebra cuando este predicó en el púlpito de Calvino.
18 de marzo de 1861: abre el Tabernáculo Metropolitano, con una capacidad de entre cinco y seis mil personas sentadas.
14 de abril de 1862: muere Susannah Thompson, la madre de Susie. Charles predica en su funeral.
Agosto de 1866: Charles inicia un orfanato para niños gracias a una donación de 20.000 libras que recibió de Anne Hillyard. De allí surgiría el orfanato de Stockwell.
1867: el orfanato de Stockwell abre oficialmente sus puertas.
1868: Susie enferma gravemente y ya no puede viajar.
1868-69: cerca de este tiempo, R. B. Thompson se muda de Falcon Square a Bell Street.
1869: La casa de los Spurgeon en Nightingale Lane es demolida y se construye otra en la misma ubicación.
1868/69: Susie es operada en Brighton por Sir James Young Simpson. Queda inválida por buena parte del resto de su vida.
1869: muere Thomas Olney.
18 de octubre de 1870: R. B. Thompson se casa con Mary Ann Kirkwood en la iglesia Christ Church, situada en el centro de Londres. Robert es vinatero. Él y su esposa viven en Hornsey, cerca de Londres.
1872/73-1892: Charles suele pasar los meses invernales en Menton, Francia, debido al deterioro de su salud.
5 de octubre de 1873: R. B. muere de un infarto cardiaco en South Terrace, Penzance; es enterrado allí.
21 de octubre de 1874: Charles (hijo) y Thomas Spurgeon son bautizados en el Tabernáculo Metropolitano a los dieciocho años.
1875: Thomas Johnson, un exesclavo de Virginia, comienza a estudiar en el Colegio de Pastores.
Verano de 1875: comienza el Fondo del Libro de la Sra. Spurgeon, que ella administra hasta su muerte.
1875: abre sus puertas el orfanato de niñas de Stockwell.
1880: a fines del verano, Charles y Susie se trasladan a Beulah Hill (Westwood), en Upper Norwood, un sector del sur de Londres cercano al Crystal Palace, que estaba en Sydenham Hill.
8 de enero de 1881: Susie y Charles celebran sus bodas de plata.
1884/85: Susie publica Ten Years of My Life in the Service of the Book Fund [Diez años de mi vida al servicio del Fondo del Libro].
1887: comienza la controversia del declive. Charles renuncia a la Unión Bautista el 28 de octubre.
18 de enero de 1888: la Unión Bautista decide censurar a Charles.
1888: Charles publica La chequera del banco de la fe, donde escribe sobre su sufrimiento por la controversia y también por la aflicción de Susie. Susie creía que la controversia del declive detonó la muerte prematura de Charles a la edad de 57 años.
1889: Susie se une la Beulah Baptist Chapel, en Thornton Heath, Londres (cerca de Westwood)–su membresía fue impugnada por el Tabernáculo Metropolitano–.
Marzo de 1889: muere a los tres meses de edad Marguerite May (Daisy) Spurgeon, nieta de Charles y Susie.
1890: muere Charles Philip Spurgeon, nieto de Charles y Susie, antes de cumplir un año.
7 de junio de 1891: Charles predica su último sermón en el Tabernáculo Metropolitano.
Octubre de 1891: a principios del mes, Charles y Susie viajan juntos a Eastbourne, Inglaterra.
26 de octubre de 1891: Charles y Susie viajan de Londres a Menton con la esperanza de que la salud de Charles mejore gracias al clima templado. Es la primera vez que Susie puede realizar el viaje.
1891: entre octubre de este año y enero de 1892, Charles se dedica principalmente a completar su libro The Gospel of the Kingdom [El evangelio del Reino].
1892: el 8 de enero, Charles y Susie celebran su trigésimo sexto aniversario de bodas, y el 15 de enero, el sexagésimo cumpleaños de Susie.
17 de enero de 1892: Charles preside su último culto público en su hotel de Menton. El 20 de enero, Charles cae en cama y permanece allí hasta su muerte, once días después.
31 de enero de 1892: Charles muere en un cuarto del Hotel Beau Rivage a las 11:05 p.m. Lo acompaña Susie, además de su hermano, su cuñada y Elizabeth Thorne, una amiga de Susie. Se realiza un servicio fúnebre en Menton, y luego el cuerpo de Charles es trasladado a Londres. Susie no regresa a Londres, sino que se queda un mes en la propiedad de Thomas Hanbury para recuperarse.
11 de febrero de 1892: Charles es enterrado en el cementerio de Norwood.
Marzo de 1892: Susie vuelve a Londres desde Italia y reanuda el trabajo de su Fondo del Libro.
Marzo de 1894: Thomas Spurgeon es elegido oficialmente como pastor del Tabernáculo Metropolitano. Hay discrepancias considerables. Acepta el pastorado el 2 de abril.
1895: Susie publica Ten Years After!: A Sequel to “Ten Years of My Life in the Service of the Book Fund” [¡Diez años después!: una secuela de «Diez años de mi vida al servicio del Fondo del Libro»].
Primavera de 1895: Susie descubre que no hay ninguna congregación bautista en Bexhill-on-Sea y, luego de un período de oración, decide plantar una iglesia allí.
1896: abre sus puertas el primer edificio de la Iglesia Bautista Beula de Bexhill-on-Sea, que era una escuela-capilla. La iglesia se constituye oficialmente el 31 de enero de 1897.
1896: Susie publica A Carillon of Bells [Un órgano de campanas].
1897-1900: Susie coedita y realiza aportes importantes a los cuatro volúmenes de la Autobiografía de C. H. Spurgeon.
12 de abril de 1897: Susie da la primera palada para la construcción de la capilla de Bexhill. El 7 de julio, fija la placa conmemorativa.
1898: Susie publica A Cluster of Camphire [Un ramillete de alheña].
20 de abril de 1898: el Tabernáculo Metropolitano es destruido por un incendio.
17 de agosto de 1898: la Capilla Bautista Beula de Bexhill-on-Sea abre sus puertas sin ninguna deuda.
8 de febrero de 1899: Susie lidera una campaña de recolección de fondos en el sótano del Tabernáculo Metropolitano. Lo hace contra las recomendaciones de su médico y consigue 30.000 USD para la reconstrucción del Tabernáculo.
Septiembre de 1900: el Tabernáculo Metropolitano vuelve a abrir sus puertas.
1901: Susie publica A Basket of Summer Fruit [Canasta de fruta estival].
22 de octubre de 1903: Susie muere en Westwood a las 8:30 a.m.
27 de octubre de 1903: se realiza un servicio conmemorativo en la biblioteca de Westwood y luego un culto fúnebre en la Capilla Bautista Chatsworth Road. El entierro es en el cementerio de West Norwood.
1903: Charles Ray publica The Life of Susannah Spurgeon [La vida de Susannah Spurgeon].
1904: se coloca una placa en memoria de Susie dentro de la Capilla Bautista Beula, Bexhill. El Fondo del Libro continúa bajo el liderazgo de Elizabeth Thorne en Westwood.
17 de octubre de 1917: muere Thomas Spurgeon.
13 de diciembre de 1926: muere Charles Spurgeon Jr.
Septiembre de 2018: se publica en inglés Susie: vida y legado de Susannah Spurgeon.
usie Spurgeon terminó de escribir la nota –había escrito cientos así a lo largo de los años–, y la colocó con cuidado dentro del libro The Gospel of the Kingdom [El evangelio del Reino]. Su fallecido marido Charles Haddon Spurgeon, el pastor bautista inglés conocido como «el príncipe de los predicadores», había escrito el volumen. Envolvió el paquete y se lo pasó a Elizabeth Thorne, su amiga y asistente de toda la vida, para que ella lo enviara por correo. Al igual que los múltiples paquetes que había enviado antes, la nota y el libro terminarían en manos de un pastor gracias al Fondo del Libro de la Sra. Spurgeon.
Este pastor en específico, que ahora vivía en otro país, en algún momento se sentó en las salas del Colegio de Pastores y escuchó atento las lecciones de su fundador: Charles Spurgeon. El libro, un comentario del evangelio de Mateo, fue la última obra de Spurgeon, y Susie la describió como «el último trabajo dulce y amoroso para la gloria del Maestro que realizó el corazón y la mano que ahora están frías por la muerte».1 Con posterioridad, el mismo pastor le respondió a Susie con una nota: «La última labor de ese cerebro maravilloso y esas manos ocupadas… la aprecio más de lo que puedo expresar con palabras. Pegué su carta dentro de la portada».2
En cierta ocasión, otro pastor le escribió: «Que Dios la bendiga muchísimo a usted y a la obra que hace para Sus ministros; que alegre su corazón cuando la desolación de la soledad irrumpa sobre usted al observar la silla vacía y los muchos objetos de la casa que le hablan de su amado. ¡Cobre ánimo!».3

Luego de la muerte de su esposo, el 31 de enero de 1892, y mientras aún lloraba su profunda pérdida, Susie se preguntó qué era lo que el Señor haría con ella, una viuda frágil y sola. ¿Seguiría con el ministerio de libros para pastores pobres que había conducido durante diecisiete años? Decidió que sí: «Dios me constriñó y me fortaleció para el servicio, a fin de evitar que mi corazón y mente se centraran demasiado en mi soledad y pérdida».4 Charles fue quien la animó a comenzar el ministerio de libros, que Susie describió como «un ángel de luz que me apunta al poder consolador del servicio activo al Señor y Sus siervos pobres».5
Cuando los libros escritos por su esposo pasaban por sus manos, suscitaban recuerdos en la mente de Susie. Recordaba los primeros días de su matrimonio, cuando viajó junto a Charles por el continente europeo. Esbozaba una sonrisa en el rostro cuando recordaba que remó en una góndola junto a su amado en el Gran Canal de Venecia. El romance les llenó el corazón en la ciudad que ella describió como «de ensueño». Incluso los días comunes eran de gozo. Charles la trataba con ternura y le decía «mi querida» y «mi amor precioso». A veces, se reían tanto que terminaban llorando. Pero ahora, Susie estaba secándose las lágrimas de los ojos. Extrañaba a su marido.
Se deleitaban mutuamente, a pesar de sus muchas pruebas. Susie recordó los primeros síntomas que percibió del deterioro de su salud, los dolores agudos que le golpeaban el cuerpo. A la postre, se sometió a una cirugía que la dejó confinada en su casa la mayor parte del tiempo, y se preguntó si volvería a ser útil para su marido o su Salvador. Luego, vinieron años de enfermedad.
Desde entonces, la salud de Susie le impidió acompañar a su esposo cuando este viajaba. Cada vez que Charles salía de la casa en dirección al sur de Francia, la miraba con amor a los ojos, triste porque no podía ir con él. Susie sabía que para Charles, que también era enfermizo, era difícil dejarla y viajar a mil seiscientos kilómetros de su hogar.
En medio de su propio dolor, Susie muchas veces consoló a Charles, que sufría por sus aflicciones personales de la depresión, la gota y la insuficiencia renal. A veces, lo encontraba llorando sin saber por qué; así de oscura podía ser su depresión. Susie consolaba a Charles leyéndole poemas de George Herbert.
Muy pronto, a Susie se le abrió la oportunidad de servir a los demás de forma activa, el día en que Charles le pasó el primer volumen de su libro más reciente: Discursos a mis estudiantes. Estaba tan encantada con esa obra magistral que quiso que todos los pastores de Inglaterra pudieran contar con una copia sin ningún costo.
Charles miró a su esposa y le dijo: «Bien, Susie, ¿harás que eso pase?».
Sorprendida por el desafío de su marido, Susie se retiró a un cuarto del segundo piso, se detuvo para recobrar el aliento y después sacó una pequeña suma de dinero que tenía guardada en un cajón. «Quizá el Señor use esta pequeña ofrenda para abastecer de libros a algunos pastores», pensó. Sin embargo, nunca se imaginó que esa experiencia la llevaría a invertir el resto de sus días sirviendo a los pastores y sus familias.

Con la certeza de que el paquete estaba en buenas manos con la señorita Thorne, Susie meditó en sus casi veinte años de servicio a los pastores pobres a través de libros, dinero e incluso ropa para sus esposas e hijos. Dios usó a Charles para incentivar ese trabajo, y Susie estaba agradecida. Su deseo principal era honrar a Cristo, pero también creía que su servicio a los pastores era «la mejor conmemoración de la vida maravillosa [de Charles] al servicio de Dios».6
Con esos recuerdos frescos en la mente, Susannah, que estaba sentada en la silla del escritorio de su esposo, se inclinó hacia delante y pensó en sus treinta y seis años de matrimonio. Hace apenas doce meses, el 31 de enero, Charles había muerto en un cuarto del Hotel Beau Rivage, de Menton, Francia, a los cincuenta y siete años. Al borde de su cama, Susie inclinó la cabeza y «agradeció al Señor por el tesoro precioso que le prestó durante tanto tiempo, y buscó, ante el trono de la gracia, fuerzas y guía para el futuro».7 El año posterior a la muerte de Charles, Susie sintió las fuertes punzadas de su vida de viuda, separada del «príncipe de su vida».8
Susie tomó con cuidado una pluma de su amado, la sumergió en la tinta, y puso la punta con delicadeza en el papel:
Estoy escribiendo en el estudio de mi esposo, donde él pensaba, oraba y escribía. Cada centímetro de este cuarto es tierra santa. Todo sigue tal como lo dejó. Sus libros (que ahora son mis posesiones más valiosas) reposan sobre los estantes en hileras brillantes, en el mismo orden en que él los puso, y uno casi podría imaginarse que el cuarto está listo y esperando a su señor. Pero ¡oh! ¡Esa silla vacía! ¡Ese retrato serio sobre la puerta! ¡Esas ramas de palma que ensombrecen el reloj! ¡El silencio extraño y solemne que permea el lugar ahora que ya no está en la tierra! A veces me arrodillo junto a su silla y, colocando la cabeza en los brazos acolchados que durante tanto tiempo soportaron su amada figura, derramo mi dolor ante el Señor y le digo una y otra vez que, aunque me quedé sola, sé que «Él ha hecho todo bien». Entonces, yendo de un cuarto a otro, mirando con los ojos llenos de lágrimas los tesoros hogareños que mi amado apreciaba y admiraba, casi aguardando oír el sonido de sus pasos tras mí y el tono dulce de su voz tierna saludándome con amor–¡ay!–,debo volver a notar lo ciertas que fueron las palabras del rey David cuando dijo en su dolor: «Yo voy a él, mas él no volverá a mí».9
Mientras trabajaba, la rodeaban los doce mil libros de su marido; la mitad de ellos habían sido escritos por los puritanos que tanto amaba o trataban de ellos.10 Los libros de Spurgeon, las «posesiones más preciosas» de Susie, seguían dispersos en tres cuartos: el estudio; la biblioteca adyacente, y otro cuarto cercano, que era más pequeño.
Susie se alejó del escritorio y recordó lo mucho que su esposo la animaba. No podía dejar su ministerio; no, no lo haría, a pesar de su soledad y su mala salud. Extrañaba muchísimo a Charles, pero Dios le había permitido servirlo en su aflicción física y ahora también la ayudaría a servirlo como viuda.
Susie administraba un fondo de libros y un ministerio de ayuda que suministraba libros, dinero, ropa y otros artículos a los pastores necesitados. También era una autora prolífica que escribió cinco libros y contribuyó enormemente a otras publicaciones (entre ellas, la enorme Autobiografía de C. H. Spurgeon, que consta de cuatro volúmenes). El biógrafo Richard Ellsworth Day, en su popular libro sobre Charles Spurgeon, se imaginó que, si Susie no hubiera decidido subyugar su individualidad a Charles y su ministerio, «podría haber ascendido al nivel de Elizabeth Barret Browning» en sus propios escritos.11 Además, Susie apoyó el Tabernáculo Metropolitano, abrió las puertas de su casa para la hospitalidad, sirvió como la «madre» del Colegio de Pastores e incluso tuvo un papel clave en la plantación de una iglesia.
Aunque las esperanzas, sueños y servicio de Susie estuvieron ligados a Charles durante su vida y ministerio, ella también vivió una vida llena de alegrías, dolores, esperanzas y sueños durante veintidós años antes de conocer al gran predicador y casi doce años después de su muerte. Dios le proveyó padres, una familia, líderes cristianos, amigos y experiencias, y eso fue lo que contribuyó a moldearla para que se transformara en la mujer piadosa y perseverante que tanto llegó a amar su esposo y tan útil llegó a ser para el Reino de Dios. Y la gracia de Dios fue lo que la sostuvo en los años posteriores a la muerte de Charles.
Cuando Susie meditaba en su vida y ministerio, alababa a Dios:
¡Cuán inexpresable es la gratitud que ahora siento por la gracia sustentadora que me sostuvo y me permitió testificarles [a los pastores que recibían los libros que enviaba] por experiencia propia que todas las promesas de Dios son verdad, y que incluso en las profundidades del dolor y las tinieblas, Su luz brilla alrededor de los que ponen su confianza en Él!12

Diez años después, un frío día de octubre de 1903, Susie, que murió a los setenta y un años, fue colocada en un ataúd cubierto de lirios, situado con cuidado al centro de la biblioteca que estaba justo a la salida del estudio de Charles, donde tantas veces se había sentado en su escritorio para escribir palabras de aliento a los pastores y meditar en la mano de Dios en su vida.
Recordando que el nombre Susannah significa «lirio», su hijo Charles le escribió un homenaje a su amada madre, en el que expresó que su «carácter cristiano tenía la naturaleza y la belleza de esa dulce planta».13 Su hermosa madre, que tenía ojos marrones y una larga cabellera color castaño oscuro, vivió una vida igual de hermosa. Amó a su marido, amó a Jesús y sirvió a Dios con fidelidad.
Aunque es imposible pensar en Susie al margen de Charles Spurgeon, ella fue una mujer notable por derecho propio. Charles Ray, el único biógrafo que escribió sobre ella con anterioridad, concluyó que Susie seguiría viva «no solo como la esposa de Charles Haddon Spurgeon… sino como ella misma»14.
a temperatura era de apenas un grado, pero el sol brillaba con vigor fuera de la casa de los Thompson el 15 de enero de 1832, cuando nació Susie. Sin embargo, la calidez de acoger a una recién nacida en la familia contrarrestó con creces las temperaturas invernales para Robert Bennett (R. B.) y su esposa Susannah Knott Thompson, que solo llevaban nueve meses de casados.15
La casa de los Thompson, situada en Old Kent Road, Londres, no estaba lejos del lugar donde varios disidentes religiosos fueron acusados de traición y colgados en el siglo XVI. El río Támesis fluía justo al norte de la primera residencia de Susie, pero en distintas ocasiones a lo largo de su vida, ella habitó a ambos lados de ese célebre curso de agua.
Guillermo IV era el rey de Inglaterra, y Victoria, su joven sobrina, era la heredera a la corona cuando nació Susie. Después de una larga enfermedad, Guillermo murió en 1837, y Victoria, de dieciocho años, ascendió al trono, que ocupó hasta su muerte en 1901. Susie tenía cinco años para la coronación de Victoria y murió dos años después de la muerte de la monarca; toda la vida de Susie estuvo marcada por la cultura victoriana. El reino de Victoria fue más que nada ceremonial, pero ella ejerció una influencia importante sobre Inglaterra, en especial como promotora de la moralidad y la vida familiar. Victoria, su marido Alberto y sus nueve hijos fueron objetos de admiración, curiosidad y críticas durante el siglo XIX. Su extenso mandato abarcó dos siglos, y fueron muchos los primeros ministros que sirvieron durante él, entre ellos Melbourne, Disraeli y Gladstone. Aunque es improbable que haya conocido a la reina, Susie vivó en su misma época.
Susie no solo era victoriana en un sentido cronológico, sino también en un sentido cultural. Durante sus setenta y un años de vida, se familiarizó con la literatura de su época, por ejemplo, con las obras de Charles Dickens, y la prosa de aquel popular autor inglés incluso influenció sus escritos posteriores.16 Al igual que muchas otras jóvenes de la clase media-alta, Susie leía mucho y era muy prolija en cuanto a literatura, música, artes y lenguaje.
Fue testigo de muchos cambios en el Londres victoriano, cambios que incluyeron ciertos progresos para las mujeres, como el movimiento sufragista, que ganó terreno a fines del siglo XIX. Sin embargo, durante gran parte de la era victoriana, las mujeres eran valoradas principalmente en el plano doméstico. Al contraer matrimonio, el marido pasaba a controlar legalmente la mayor parte de la vida de su esposa. No obstante, durante la vida de Susie, hubo avances hacia la obtención de derechos cada vez mayores para las mujeres.
Susie prosperó social y educacionalmente, y cuando se casó, se contentó con ser la esposa de Charles Haddon Spurgeon. Tuvo la bendición de contar con un marido que no solo la valoraba como esposa, sino también como amiga, igual y compañera en los esfuerzos evangélicos, a pesar de que vivían y ministraban en una sociedad dominada por los hombres.
La generación de Susie presenció desarrollos tecnológicos masivos que trajeron lámparas de gas a las calles de la ciudad, un tránsito expedito gracias al ferrocarril, y finalmente la luz eléctrica y el teléfono, a fines del siglo XIX. Londres era una ciudad de cambios.
Cuando nació Susie, los viajes estaban limitados a lo que uno podía caminar o transitar a caballo, en coche o en barco, pero en la década de 1840 se construyeron muchos kilómetros de vías férreas en Europa, y en 1850, los trenes ya corrían por los paisajes de Inglaterra y también por los de Francia. A Susie le gustaba realizar caminatas largas, y cuando tenía que decidir entre recorrer los pasadizos pintorescos en coche o a pie, elegía caminar. Cruzó la mayoría de los pasos de los Alpes y, siempre que le era posible, se bajaba del coche o de la mula para caminar, pues le encantaba estar de pie y ver las imponentes montañas sobre ella y los hondos desfiladeros bajo ella.
Gracias a la Revolución Industrial, Inglaterra pasó de tener una población principalmente rural a que la mayoría de sus ciudadanos vivieran en entornos urbanos. Desde comienzos del siglo XIX y hasta mediados de la década de 1850, los líderes de la ciudad se vieron enfrentados a desafíos casi insuperables que atormentaban a los ciudadanos. Las calles de Londres, llenas de nuevos residentes en busca de oportunidades, provocaron problemas que la ciudad real no estaba preparada para abordar.
Las condiciones sanitarias empeoraron. El agua del Támesis se contaminó. Como los pozos se infectaron y el río estaba inmundo, las bombas de agua hacían que la muerte fluyera hacia los hogares de la ciudad.17 El brote de cólera resultante hizo que se escuchara el lloro en casi todos los vecindarios de Londres. Es probable que Susie Thompson y su familia sintieran algo de temor por la muerte generalizada que hubo en la ciudad durante las varias epidemias de cólera que asolaron a Londres.
Aunque las riquezas de algunos aumentaron gracias a los avances de la manufactura y la expansión del comercio, la pobreza afligía a muchas personas que vivían en los barrios sobrepoblados y a menudo insalubres de Londres durante la primera mitad del siglo. La prostitución y otras formas de vicio contrastaban fuertemente con la era de la moralidad victoriana, que constaba de una ética sexual estricta, la ley y el orden y una visión romantizada de la mujer como el «ángel de la casa». Los valores religiosos permeaban la cultura victoriana y su ética laboral aventurera estimuló la industria.
Susie permaneció en la ciudad en el período que Dickens catalogó como el «mejor de los tiempos y el peor de los tiempos».18 Sin embargo, logró evadir la enfermedad, la muerte y el trabajo arduo en las fábricas, y experimentó muchos beneficios inaccesibles para las niñas londinenses menos favorecidas. A pesar de sus problemas, el victorianismo entró a su era dorada gracias a su economía en expansión y a que, con la excepción de la Guerra de Crimea, el continente europeo gozó de un período de relativa paz.
El Londres victoriano fue el contexto principal de toda la vida de Susie. Cuando se aventuró a salir de la ciudad durante su juventud, lo hizo en busca de experiencias culturales y oportunidades educativas en Francia. En esos viajes, Susie, acompañada de una chaperona, se dirigía hasta Dover en coche, cruzaba el Canal de la Mancha en barco y seguía su curso hacia el resplandor de París, con sus galerías de arte, catedrales y monumentos conmemorativos de victorias militares. Allí aprendió a hablar francés, y, al observar las torres de Notre Dame, caminar junto al río Sena y transitar cerca del Louvre, su sensibilidad inglesa se refinó aún más. Quizás la «ciudad de las luces» fue tan importante para moldear la calidad poética del habla de Susie y posteriormente su escritura como el Londres victoriano. Sin duda alguna, ambas ciudades contribuyeron a sus propensiones culturales y desarrollo educacional.
Susie brilla en «La Ciudad de las Luces»
Al igual que la mayoría de las niñas de Londres, Susie aprendió música (era pianista), artes plásticas, modales, protocolos y economía doméstica. Sin embargo, de joven, también pasó un tiempo considerable buscando educarse en París.
El siguiente aviso publicado en un periódico londinense nos da indicios de la causa por la que Susie se dirigió a París y cómo fue que, a la postre, se relacionó con el Rev. Jean-Joël Audebez, uno de los líderes del movimiento reformado francés, y su familia.
Se informa a las damas y jovencitas que deseen pasar algunos meses en París que encontrarán un hogar feliz y cómodo en la familia del Rev. J. J. Audebez, pastor francés. Disfrutarán de todos los beneficios de la interacción social y religiosa. Sus tres hijas las instruirán a diario en la lengua francesa.19
Si el aviso es un indicio fiel del momento en que Susie comenzó a estudiar en París, probablemente tenía unos dieciocho años. Sin embargo, es probable que haya visitado París antes, y, como ya existían oportunidades de estudio en París antes, puede que haya tenido apenas dieciséis años cuando realizó su primera visita.
De todas formas, el aviso de Audebez resultó ser una oportunidad perfecta para que Susie expandiera su educación y se involucrara en conversaciones teológicas y sociales. París se transformó en su sala de clases y su segundo hogar, pues viajó allá con frecuencia hasta cumplir veintidós años.
La capital francesa fascinaba a Susie, que se sentía atraída por sus hermosas catedrales y galerías de arte. Los colores, ventanas y chapiteles de los edificios antiguos le parecían celestiales. Conocía muy bien la historia de Francia, y en sus escritos posteriores, recordó con nostalgia los días de gloria de París antes de lo que ella describió como los «fuegos comunistas» que «quemaron y ennegrecieron sus calles» y las «multitudes turbulentas» que «saquearon sus templos y palacios».20 Sus múltiples viajes a París incluían excursiones en las que recorría sus atracciones famosas, además de aprender la lengua gala. Fue durante esas aventuras parisinas que estuvo meses viviendo en el hogar cristiano del pastor Audebez.21
Susie llegó por primera vez a la casa del pastor Audebez después de la muerte de su primera esposa en 1840 y su matrimonio con la hermana de su esposa en 1842. Seguramente, su hija Clary Pauline y su hijastra María se hicieron amigas de Susie, pues eran más o menos de su edad. También cumplieron el rol de tutoras de francés para ella. Audebez fue un escritor, predicador y líder de misiones que además pastoreó varias congregaciones independientes en París.22
El reverendo John Yeardly, en su Memoir and Diary [Autobiografía y diario], escribe con afecto sobre el pastor Audebez:
Nos sentimos muy inclinados a escucharlo por nosotros mismos, así lo que asistimos a Rue St. Maur la tarde del domingo, y este es nuestro testimonio: que escuchamos el evangelio predicado a los pobres. Primero leyó el Salmo 25 y luego una parte de la Epístola a los Romanos, que constituyó la base de su exhortación. Me hizo recordar [lo que he leído sobre] la predicación de los cristianos primitivos. Mi propio corazón fue impactado por su exhortación impresionante a que creyéramos en el Señor Jesucristo como el único medio de salvación y que entendiéramos lo necesario que es dar frutos de santidad.23
Audebez también fue uno de los fundadores de la Sociedad Evangélica de Francia. Durante la década de 1840, visitó Londres varias veces para informar sobre el movimiento del Espíritu de Dios en Francia y conseguir fondos para apoyar los esfuerzos evangelísticos en ese país. Es posible que durante sus viajes a Londres Audebez conociera a R. B. Thompson, que terminó sintiéndose cómodo con la idea de encomendar a Susie a la escuela del pastor. Vivir en el hogar piadoso de la familia Audebez fue una influencia cristiana sólida para Susie, ya que aumentó su educación, profundizó su comprensión del evangelio y ella asistió a la iglesia junto a la familia.
Las múltiples incursiones de Susie en París le brindaron oportunidades que resultaron muy útiles a lo largo de su vida. Años después, tendría contactos frecuentes con misioneros y pastores de todo el mundo, y sus experiencias multiculturales en Francia sin duda alguna contribuyeron a mejorar su comunicación internacional con los obreros evangélicos. París terminó siendo aún más memorable para Susie, pues ese fue el lugar donde pasó su luna de miel con Charles.
Las experiencias culturales y educativas que Susie tuvo en su juventud contrastan con las del varón con que se casaría. Charles Spurgeon era un hombre de libros y educación, pero sus primeros años estuvieron impregnados de la cultura rural de pastos verdes, caminos sucios y aldeas pequeñas. Aunque había visitado Londres, se sentía más cómodo en el terreno de su abuelo, ubicado en la comunidad agrícola de Stambourne; en el hogar de sus padres, situado en el pueblo de Colchester, y en el mundo puritano de Cambridge, con sus aldeas remotas, donde vivió de adolescente. Incluso después de trasladarse a Londres y casarse, buscaba casas fuera de la ciudad que tuvieran aire fresco, cielos más despejados y estuvieran ubicadas a mayor altura. La vida campestre caracterizó las primeras experiencias de Spurgeon, y eso fue patente en su habla, escritura y predicación hasta que murió a los cincuenta y siete años de edad.
Aunque Susie era una niña de ciudad, también apreciaba profundamente la naturaleza. En los años posteriores, cuando se vio asolada por el dolor físico y tuvo que quedarse confinada frecuentemente en Westwood, su hogar en la colina Beula, escribió que le hubiera encantado ser artista para «poder inmortalizar con el lápiz o el pincel algunas de las escenas encantadoras» que descubrió al pasear con Charles por los jardines de dicha propiedad. Esos recuerdos felices incluso la hicieron referirse a ese lugar como Dulce Domum, dulce hogar.24
La niñez y juventud de Susie fueron prósperas en el plano material y astutas en el plano social. Por otro lado, Charles era un hombre de menos recursos que, en especial gracias a su asombrosa mente cultivada por sus hábitos de lectura voraz, podía hablar con la gente de la aldea o la metrópolis, con el campesino y el arquitecto. Inicialmente, llegó a Londres vestido como predicador rural para pastorear la New Park Street Chapel (NPSC). Venía de una pequeña iglesia pueblerina, con un sueldo aún más pequeño; sin embargo, los miembros de la Waterbeach Chapel compartían alegremente con su pastor bivocacional todos los recursos con que Dios los bendecía. Spurgeon le contó a su amigo H. L. Wayland:
Pagaba doce chelines a la semana por mi cuarto en Cambridge, y me quedaban siete chelines para todos los otros gastos, pero cada vez que la gente venía al pueblo, me traía papas, nabos, repollos, manzanas y a veces un poco de carne, así que lograba subsistir.25
En contraste, la familia de Susie gozaba de condiciones más prósperas, que a veces mejoraban por los emprendimientos de su padre y, probablemente, por la generosidad de sus parientes.
Los padres y la familia de Susie
[Para evitar confusiones, puede ser útil notar que esta sección se refiere a tres personas distintas de nombre Susannah: Susannah (Susie) Thompson (más tarde Susie Spurgeon); su madre, Susannah Knott Thompson, y su prima, Susannah Kilvington Olney].
Susie Thompson apenas nos dejó un par de escritos sobre su niñez y adolescencia. Podemos unir los fragmentos de su trasfondo familiar gracias a los censos y archivos legales. La dirección de Susie en Old Kent Road era cercana a la residencia de sus abuelos, Sampson y Mary Knott. La casa de los Knott y su pequeño jardín llegarían a tener un papel importante en el romance de Susie y Charles.
En uno de esos pocos atisbos de su niñez, Susie recordó:
Cuando era niña y fastidiaba a mi madre, siempre le respondía a sus reprensiones o castigos con esta pregunta temblorosa: «Madre, ¿no me amas?». La respuesta de mi mamá siempre era la misma: «Sí, te amo, pero no amo tus malos caminos». ¡Pobre mi madre! Sin duda probé mucho su paciencia, y eso era lo mejor que podía decir su amor maternal ofendido, pero el Padre Celestial tiene palabras más dulces y oportunas para Sus hijos errantes. Su amor es divino, así que dice: «He visto sus caminos; pero le sanaré». ¡Oh, la dulce compasión de nuestro Dios! ¡Oh, ternura inexplicable! ¡Oh, amor que excede todo afecto agradable de esta tierra! ¿No se rinden nuestros duros corazones ante el poder de tal compasión? Dios conoce toda nuestra maldad. Él ha visto todos nuestros descarríos, pero Su propósito para con nosotros es el de sanarnos y perdonarnos, no el de enojarse y alejarse.26
Como era hija única, es probable que Susie y su madre hayan tenido una vida doméstica relativamente solitaria, pues su padre tenía un trabajo que le requería viajar.
R. B. trabajó en la industria bodeguera como supervisor y vendedor viajero en diferentes momentos de su carrera y finalmente fue contratado por Messers. Cook and Son, una gran compañía almacenera que distribuía productos de seda, lino, lana y algodón, ubicada en el área de St. Paul’s Courtyard en la ciudad de Londres.27 Durante gran parte de la juventud de Susie, su padre trabajó como vendedor viajero, comercializando telas, ropa y accesorios. Viajaba por las vías férreas en expansión a lo largo y ancho del país, visitando a los distribuidores con muestras de los productos de su empresa.28
Susie era una niña de ocho años cuando comenzó la década de 1840 y tenía diecisiete cuando terminó. Para ella, su familia, y mucha gente de Londres, esos años fueron tiempos de altibajos. Durante ellos, se celebró la boda de Victoria y Alberto, pero también estuvieron caracterizados por una recesión económica considerable, que desencadenó un aumento del desempleo y el mayor índice de delincuencia del siglo.29 El revés financiero que asoló a la nación también llegó a sentirse en la puerta de los Thompson.
A comienzos de la década, R. B. era socio de otros dos almacenistas mayoristas. Esa sociedad se disolvió el 24 de agosto de 1840. En mayo del 1842, R. B. no logró cumplir las demandas de sus acreedores. En octubre de 1842, el periódico comercial The Morning Advertiser enlistó bajo el encabezado «Avisos legales de hoy. Tribunal de quiebras» a «Robert Bennett Thompson de Wood-street, almacenista; auditoría y dividendo a las doce».30 Sin duda, esto trastocó a la familia Thompson. Aun cuando la bancarrota, las deudas y el desempleo eran realidades generalizadas y temidas en la Inglaterra del siglo XIX, se veían con malos ojos. Si bien Thompson logró eludir las casas de caridad31, que eran una de las peores posibilidades ligadas a tales crisis financieras, esta incapacidad temporal de cumplir con sus obligaciones debe haber sido una carga difícil de llevar para él.
Por aquel entonces, Susie tenía apenas diez años, edad suficientemente alta para que sintiera el golpe emocional que recibió su familia, pero suficientemente baja para que sus padres y otros familiares la protegieran del impacto pleno de los problemas financieros de su padre. Susie nunca mencionó los problemas económicos de su papá en sus escritos posteriores, ni tampoco se han conservado cartas que revelen su sentir durante esos tiempos difíciles. Resulta inusual, ya que Susie escribió de forma prolífera más tarde en su vida, que rara vez se refiriera a sus padres y su niñez. Quizá esa reticencia se debió a la idea victoriana de lo que era correcto o a la tristeza o incomodidad que sentía al pensar en esos tiempos tan difíciles.
La década de 1850 trajo tiempos mejores para Londres, pues el tránsito ferroviario veloz generó una «cultura nacional» que permitió que los diarios londinenses se leyeran a la hora del desayuno en todas las aldeas y ciudades de Inglaterra. Gracias a la velocidad aumentada de los barcos a vapor que cruzaban el Atlántico, se desarrolló una cultura más internacional en Inglaterra.32 Quizá el monumento más visible de la «supremacía británica» fue la Gran Exposición que se inauguró en el parque Hyde Park, ubicado en Londres, en mayo de 1851 y continuó hasta octubre de ese mismo año.33
Es casi seguro que R. B., su esposa Susannah y su hija Susie fueron parte de los seis millones de personas que asistieron a la Exposición. En 1851, Charles Spurgeon vivía al norte de Londres y en el mes de junio viajó en tren desde Cambridge para visitar la Gran Exposición.34 Durante seis meses, se exhibieron las últimas invenciones y avances tecnológicos de todo el mundo. Luego del cierre de la Exposición, su estructura central, el Crystal Palace, fue desmantelado, reconstruido y reinaugurado en el sur de Londres en 1854.35 Construido con metal y vidrio, era una maravilla arquitectónica única que además cumplía el sueño del príncipe Alberto. La enorme estructura, que acogió más de 100.000 puestos y tenía una longitud tres veces mayor a la Catedral de San Pablo, era «un triunfo de la ingeniería y el diseño».36 En 1854, el Crystal Palace tendría un rol clave para la relación incipiente de Susie y Charles.
La familia de Susie vivió principalmente en el área de Falcon Square, ubicada en el centro de Londres, durante gran parte de la década de 1850. Las condiciones financieras de R. B. estaban mejorando, por lo que pudo contratar a una empleada doméstica para su hogar. A excepción de los tiempos en que estuvo en París, Susie vivió con sus padres hasta que se casó, en 1856. Sin embargo, durante dos años y medio, la familia Thompson volvió a vivir en la ribera sur del Támesis, en St. Ann’s Terrace 7, Brixton Road, el hogar de la tía de Susie, Mary, y su esposo, Henry Kilvington.37
Lo más probable es que los Thompson se unieron a la familia Kilvington para ayudarlos debido al deterioro de la salud y posterior muerte de Mary. Los Kilvington aún tenían niños en su hogar, y, sin duda, Susie y su madre deben haber sido de ayuda.
La segunda hija de Henry y Mary,que también se llamaba Susannah, era prima de Susie y una amiga muy querida para ella. Cuando los Thompson vivieron con los Kilvington, Susannah, la prima de Susie, ya se había casado. Su matrimonio con William Olney, hijo de Thomas y Unity Olney, que eran miembros incondicionales de la iglesia New Park Street Chapel, terminaría siendo el nexo clave entre Susie, la familia Olney y, a la postre, Charles Spurgeon.
Susie era particularmente cercana a Susannah y William. Una vez, le pidió consejos a William por una lucha espiritual. Escribe sobre esa ocasión refiriéndose a él como el «segundo hijo del padre Olney» y su primo político. Lo describe como «un obrero activo en la escuela dominical de New Park Street, un verdadero sr. Gran-Corazón y consolador de los peregrinos jóvenes».38
La relación cercana de Susie y su prima Susannah solía introducirla en los círculos sociales de la familia de Thomas Olney, que la recibía habitualmente en su casa, pues era «una joven favorita muy privilegiada del Sr. y la Sra. Olney».39 El amor de los Olney por la New Park Street Chapel (NPSC) y la familia Thompson hizo que Susie y sus padres asistieran ocasionalmente a la NPSC. Aunque Susie aún no era cristiana, estaba rodeada de influencias piadosas.
El Rev. James Smith pastoreó la NPSC durante nueve años (1841-1850). Era el último de una serie de predicadores bautistas destacados que se remontaba al siglo XVII e incluía a Benjamin Keach y John Gill.40 Smith se ganó el respeto de los Thompson y también el de Susie, que lo describió como «un predicador pintoresco y tosco, pero bien versado en el arte bendita de traer almas a Cristo». Sin embargo, en ese momento de su vida, Susie era inconversa y estaba insegura. Veía cómo Smith bautizaba nuevos creyentes «preguntándose con anhelo lloroso si alguna vez podría confesar así [su] fe en el Señor Jesús».41
Thomas y Unity, junto a sus hijos, fueron importantes para el desarrollo espiritual de la joven Susie. Aunque tenemos poca información sobre Susie antes de su matrimonio con Charles, emerge la imagen de una niña y una joven influenciada por gente piadosa.
En su biografía The Life of Susannah Spurgeon [La vida de Susannah Spurgeon], escrita en 1903, Charles Ray afirma: «Las visitas de la joven a la New Park Street Chapel sin duda eran más frecuentes que lo que habrían sido debido a que los ancianos Olney le tenían mucho afecto y solían invitarla a visitarlos».42
Sin embargo, hasta los veintiún años, Susie aún no había profesado su fe en Cristo. En sus escritos, manifestaba con frecuencia que sentía convicción por sus pecados. Tal vez, su sensación de culpa le nublaba los ojos para que no viera la gracia de Cristo, obstaculizando así su confesión. Muchos años después de su conversión, Susie seguía lamentándose por sus «dudas» y «debilidades». En sus últimos años, seguía considerándose «tan olvidadiza, tan indigna, tan inexcusable», pero para aquel entonces ya entendía la bondad de Dios y buscaba en Él la ayuda para vencer sus pecados.43
Sigue siendo incierto qué tan profundas eran las convicciones religiosas de los padres de Susie; el hecho de que R. B. fuera bautizado como infante en una capilla independiente y que su esposa, Susannah Knott, también fuera bautizada de infante en la Iglesia de Inglaterra no resuelve el asunto. El hecho de que los Thompson asistieran a la NPSC, principalmente durante el pastorado del Rev. Smith, sugiere que, si alguna vez estuvieron ligados al anglicanismo, ya no lo estaban.
Probablemente, la lectura de la Escritura era una actividad habitual para la familia Thompson, como lo era para muchos hogares ingleses de la época. Aunque se sigue debatiendo qué tan profundo era el amor de Inglaterra por las Escrituras en esa época, la Biblia era, como afirma Timothy Larse, experto en la época victoriana: «una presencia dominante en el pensamiento y la cultura victoriana».44 La literatura y el arte victoriano estaban saturados de referencias a la Escritura,45 y las familias victorianas solían participar en «devocionales matutinos y vespertinos privados y familiares». Larsen afirma que la Biblia «era el lente por el cual la gente veía sus propias experiencias».46 Sin embargo, el imperio de la Biblia en el mundo victoriano era más que nada una fachada cultural.
Así y todo, es incuestionable que las personas de la era victoriana tenían presente la Biblia en todas partes, y eso nos ayuda a entender la niñez y los primeros veinte años de la vida de Susie Thompson.
Cuando Susie murió, en 1903, su hijo Thomas dijo en el culto fúnebre que «el escudero R. B. Thompson y su esposa asistían ocasionalmente a la New Park Street Chapel»,47 lo que indica que no eran miembros de la iglesia ni tampoco participantes muy activos. Eso puede indicar que luego de que Smith dejara la NPSC, los Thompson perdieron el interés o puede ser un indicio de que la Sra. Thompson desarrolló una enfermedad que le impidió participar.
Robert, Susannah y Susie se mudaron del hogar de los Kilvington al sector de Falcon Square a fines de la primavera de 1855.48 Falcon Square era un área de tiendas y hostales donde residían personas y se desarrollaba el comercio. Las oficinas centrales del trabajo de R. B. estaban cerca, y era común que Susie caminara más allá de la empresa de su padre para vitrinear los últimos productos de las tiendas. El enorme domo de la Catedral de San Pablo, un monumento imponente que da cuenta de los días de la destreza arquitectónica de Sir Christopher Wren, probablemente era visible desde la casa de Susie. Cuando salía a caminar por la ciudad, ella pasaba junto al viejo abrevadero de bovinos y caballos que estaba cerca de su casa, y solía pasear hasta acercarse a la calle Aldersgate Street, donde se convirtió el gran predicador metodista John Wesley en 1738.
La muerte de los padres de Susie
Susie se casó en 1856 y sus padres siguieron viviendo en Falcon Square. R. B. continuó trabajando como almacenista. Lamentablemente, para Susannah, la madre de Susie, comenzó un largo período de enfermedad y sufrimiento en 1862. La aflicción de la Sra. Thompson fue severa, y murió el 14 de abril. El certificado de defunción registra su causa de muerte como «Tumor abdominal de fecha incierta. Hemorragia estomacal». Su obituario, publicado en el periódico The Observer, simplemente decía: «14, Susannah, esposa del Sr. R. B. Thompson, Falcon-square City, 57 años».49 Charles Spurgeon menciona el largo período de sufrimiento de la Sra. Thompson en una carta dirigida a sus padres en abril:
21/abril/62
Queridos padre y madre:
Debido al apuro y la emoción excepcional de la semana pasada, no hice lo que debí haber hecho: informales de nuestra pérdida.
La pobre Sra. Thompson dejó de respirar la tarde del lunes pasado, y la enterré esta mañana. Había sufrido tanto tiempo que su partida es causa de gozo no fingido. La amargura de la muerte ya pasó. Fue mejor que partiera antes que se quedara aquí para transformarse en una masa de corrupción y agonía viva. Tanto Susie como nuestro pobre Sr. Thompson están tan resignados como podría desease; de hecho, al igual que yo, sienten que es bueno.
Gozó de mucha paz y se veía llena de una fe sencilla como la de un niño. Entró a la gloria como debemos hacerlo, solo por el mérito de nuestro único Salvador.
La pobre alma pecaminosa está lavada en la sangre preciosa y el cuerpo aguarda la trompeta del arcángel.
Reciban nuestro amor más afectuoso. Se acerca el tiempo en que esperamos verlos. Cuéntennos de sus planes y téngannos siempre en mente.
Sus hijos que los aman,
Charles a nombre de ambos.50
Susie sintió alivio porque el sufrimiento de su madre había terminado, pero también dolor por la pérdida. La carta no solo nos dice la fecha de muerte de Susannah y que Charles ofició su culto fúnebre, sino que también revela que la enfermedad de la Sra. Thompson le produjo un sufrimiento prolongado. Eso, en conjunto con la muerte prematura de su hermana y, después, la larga enfermedad de Susie, sugiere la posibilidad de que hayan sufrido una enfermedad hereditaria. Lo más importante de todo es que la correspondencia de Charles indica que la Sra. Thompson tenía una «fe sencilla como la de un niño».
Al parecer, la muerte de la Sra. Thompson cambió la dinámica de la relación entre Susie y su padre. A fines de la década de 1860, R. B. se trasladó de Falcon Square a Bell Street, donde trabajó como vinatero. El 18 de octubre de 1870, se casó con Mary Ann Kirkwood, una viuda, en la Christ Church, ubicada en Newgate Street. R. B. y Mary Ann vivieron en Middleton Street, Hornsey, a las afueras de Londres. Para nuestra sorpresa, no hay menciones de que Charles, Susie ni ningún pariente de los Thompson hayan participado en la boda o se hayan relacionado con R. B. después de que volviera a casarse. Más bien, el contador de R. B., Joseph Ramsdale, sirvió como testigo legal de la boda y, luego, como albacea testamentario de Thompson. La última referencia conocida de que R. B. interactuara con su familia es una carta que Charles le escribió a Susie en 1869, en la que menciona que su padre había visitado su hogar en Nightingale Lane mientras Susie se recuperaba de su cirugía en Brighton.51
Con la partida de su madre y las circunstancias inciertas de su padre, Susie se contentó con su propio hogar y sus propias actividades. Después de casarse con Charles, adoptó a los padres de su esposo hubieran sido suyos, y se refería a ellos como madre y padre. Incluso firmaba las cartas que les dirigía con el cálido título de «hija».
El censo de 1871 registra que R. B. y Mary Ann aún vivían en Hornsey y señala que Robert era vinatero y estaba desempleado.52 Por razones que se desconocen, en 1873 R. B. viajó a South Terrace, Penzance, a casi 500 kilómetros de su hogar, donde murió el 5 de octubre a la edad de sesenta y cinco años, probablemente debido a un infarto cardíaco («espasmo de estómago y corazón»).53 El periódico West Briton and Cornwall Advertiser señala que era «suegro del Rev. C. H. Spurgeon». Resulta curioso que Thompson haya sido enterrado en Penzance y no en Londres, la ciudad donde pasó la mayor parte de su vida. Si el problema hubiera sido de dinero, Susie y Charles podrían haber suplido fácilmente los recursos necesarios.
Al momento de la muerte de R. B., sus recursos habían disminuido en comparación con sus primeros días de comerciante, que fueron más fructíferos, y murió endeudado con la Asociación de Créditos Mercantiles.54 Al parecer, las finanzas de R. B. fluctuaron a lo largo de su vida, aunque sí gozó de tiempos de relativa prosperidad. En Inglaterra, la riqueza no era lo único que determinaba la clase social de una persona. Los negocios, la posesión de propiedades y los cargos laborales solían ser tan importantes como la cartera financiera personal para determinar el estatus social. Por lo tanto, el hecho de que Robert fuera descrito como escudero y caballero puede haber sido un indicio de sus propiedades, su trabajo y su posición.
La historia de R. B. termina con un dejo de tristeza. Murió y fue enterrado a kilómetros de su hogar y de su única hija, aunque es probable que su esposa haya estado con él. Cuando falleció, Susie estaba enferma y confinada en su casa la mayor parte del tiempo. Sin embargo, su carácter piadoso nos lleva a pensar que amaba a su padre y oraba por él.
A pesar de la poca información que tenemos sobre los primeros veinte años de Susie, el hecho de que afirmara que asistía a la iglesia en el vientre de su madre y que profesaba amar a Jesús desde la niñez55 indica que creció en un hogar donde se honraba a Cristo y a Su Iglesia. Y aunque no hizo una profesión de fe hasta los veintiún años, su madre, sus amigos, sus parientes y su pastor plantaron las semillas del evangelio en su corazón, semillas que a la larga brotaron en una fe genuina en Cristo que siguió aumentando.
oventa y ocho kilómetros al norte de Londres, en la capilla Zion de Cambridge, un predicador rural de diecinueve años se dirigió a la congregación reunida para celebrar el aniversario de una escuela dominical. Charles Haddon Spurgeon, pastor de la Waterbeach Baptist Chapel, ubicada al norte de los chapiteles de Cambridge, predicó con fuerza, y su sermón impresionó profundamente a otro joven que estaba presente ese día. Después de escuchar al apasionado predicador, George Gould se imaginó el revuelo que ese talento podría producir en la ciudad, y sabía cuál era la iglesia precisa. Apenas Gould volvió a Londres, se reunió con Thomas Olney y lo instó a invitar a Spurgeon a predicar en la New Park Street Chapel. Como se dice, el resto es historia.
Unos meses antes de la experiencia de Gould, un sermón transformador similar fue proclamado en Londres. La tarde de un domingo a finales de 1852, Susie Thompson salió de su casa en la ciudad, se dirigió a la calle Cheapside Street, dobló a la izquierda y entró a la iglesia Poultry Chapel para asistir al culto. No se imaginaba que el trayecto de seis minutos que emprendió esa tarde bajo la sombra de la Catedral de San Pablo y en dirección a la vieja capilla ubicada en el área comercial de Londres la llevaría a emprender otro viaje antes de que acabara la noche, un viaje de la oscuridad espiritual a la vida eterna.
Aunque Susie asistía normalmente a la New Park Street Chapel, no era inusual que de cuando en cuando participara en un culto especial de otra iglesia. El corto trayecto hacia la Poultry Chapel era familiar para Susie y sus padres, pues habían vivido en el sector durante un buen tiempo. Los orígenes de dicha capilla se remontan a 1640, y se cree que la fundó el predicador puritano Thomas Goodwin. La congregación no conformista (disidentes de la Iglesia de Inglaterra) se trasladó a Poultry, Cheapside, en 1819.56 El sector se llamaba Poultry (aves de corral en inglés) debido a los comerciantes avícolas que solían negociar allí en el pasado.
El padre de Susie nació cerca de ese lugar, en el sector de Old Artillery Grounds Parish, y fue bautizado de infante en el tabernáculo de George Whitefield, cerca de la calle Moorgate Street. Justo al norte, en el cementerio de Bunhill Fields, descansan los restos de santos como Susannah Wesley y John Bunyan, cruzando la calle desde la capilla de John Wesley.
Los hechos de que R. B. fuera bautizado en el Tabernáculo, que Susie asistiera a la Poultry Chapel y que ella y sus padres participaran en la New Park Street Chapel indican que la teología de los Thompson era más afín al no conformismo que a la Iglesia oficial de Inglaterra. En el caso de los Thompson, su no conformismo con la Iglesia de Inglaterra significaba, en parte, que creían en una iglesia libre, independiente del Estado, y que eran de naturaleza evangélica.
Esa tarde invernal, el pastor S. B. Bergne predicó a partir del libro de Romanos: «Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Rom 10:8-9).
A pesar de la luz menguante de la tarde invernal, dentro de esa capilla relativamente pequeña y «lúgubre»,57 Susie experimentó «el amanecer de la luz verdadera» en su alma. Mientras las palabras del sermón entraban a los oídos de la congregación, Susie también escuchó otra cosa… escuchó al Señor que le decía: «Dame tu corazón».
«Constreñida por Su amor», escribió después, «esa noche fue testigo de mi resolución solemne a rendirme completamente a Él».58 Susie tenía casi veintiún años.
Al igual que muchas personas de la cultura inglesa cortés y religiosa que la rodeaba, Susie pasó sus primeros veintiún años de vida en un cristianismo asumido, leyendo la Biblia, orando y asistiendo a la iglesia. El resto de su vida cristiana sería muy distinta, aunque al principio se vio abrumada por las dudas sobre su nueva fe.
Susie recordaba su experiencia en la Poultry Chapel como el momento de su verdadera conversión a Cristo; sin embargo, allí comenzó un año de «oscuridad, desaliento y dudas». Le fue difícil enfrentar esos retos espirituales tan pronto después de su conversión, pero, peor aún, mantuvo su nueva fe y sus dudas ocultas en su corazón. Dijo que se volvió «fría e indiferente hacia las cosas de Dios» y describió su condición espiritual como «enfermiza y somnolienta».59

Aunque no se sintió impresionada la primera vez que escuchó predicar a Charles Spurgeon, Susie llegaría a ver ese primer encuentro a la luz del gobierno soberano de Dios. Le habían enseñado a apreciar lo socialmente correcto en el habla, las formas y el vestido. Chales transgredía sus nociones preconcebidas de lo que era adecuado para un joven cortés en la era victoriana y especialmente para un predicador. El cabello, el traje, los gestos y el estilo homilético provocativo de Charles le resultaron chocantes. Más adelante, reflexionando en sus primeros sentimientos, escribió:
¡Oh!, ¡cuán poco me imaginé entonces que mis ojos estaban observando al hombre que sería el amor de mi vida! ¡Cuán poco me imaginé el honor para el que Dios me estaba preparando en el futuro próximo! Es una misericordia que no seamos nosotros los que tenemos que planear nuestras vidas, sino que nuestro Padre elija por nosotros. Si no fuera así, a veces podríamos alejarnos de nuestras mejores bendiciones, y apartar de nosotros los dones más selectos y preciosos de Su providencia.60
La mañana del domingo 18 de diciembre de 1853, Charles ocupó por primera vez el púlpito de la histórica capilla. Susie, que estaba de visita en la casa de la familia de Thomas Olney, diácono de la NPSC, no asistió a ese culto matutino, pero sí vio el entusiasmo de los Olney cuando regresaron a casa: ambos estaban perplejos y sorprendidos, pues «nunca habían escuchado una predicación así… [pues] los había alimentado con manjares reales».61
Olney y su familia estaban encantados con el joven Charles, y creían que su primer sermón de ese día era un indicio de las grandes cosas que vendrían para él y, esperaban, para su iglesia.
Sin embargo, Charles tuvo una reacción distinta ante ese culto. La baja asistencia a un edificio que tenía una capacidad de más de mil personas sentadas lo desanimó, y anheló regresar a la Waterbeach Chapel, junto a la gente que lo amaba y sostenía.62 La multitud que se congregó en dicha iglesia rural la mañana en que Charles predicó en Londres superó con creces a la pequeña congregación que se juntó en la ilustre New Park Street Chapel ese domingo de diciembre. Los Olney, decididos a alentar al predicador de diecinueve años, quisieron asegurarse de que hubiera una mayor asistencia al culto vespertino, así que pasaron la tarde reclutando amigos que asistieran a oír el sermón de la tarde.
Susie fue una de las personas a las que Thomas Olney convenció.63 Mientras esperaba que Spurgeon apareciera en el púlpito, su mente se llenó de gratos recuerdos de la histórica capilla. Recordó los momentos destacados de sus primeras experiencias en la iglesia. Se acordó de todo: de las vestimentas de los diáconos, del «extraño púlpito sin escaleras» y de la manera en que el pastor anterior, James Smith, dirigía los cultos.64 Susie tenía opiniones refinadas respecto al decoro adecuado que debía haber en el culto y el pastor.
Los Olney se alegraron porque «la pequeña Susie», como le decían, los acompañaría a escuchar predicar a Spurgeon. Susie estimaba a los Onley, pero no la entusiasmaba la idea de escuchar a Charles. ¡Los «informes sobre la apariencia externa poco convencional del joven que trajeron los fieles que asistieron al culto matutino… desafiaron bastante sus ideas de lo que era digno y propio en el ministerio»! Cuando vio por primera vez a Charles en el púlpito, fue más lo que la distrajo su aspecto que lo que la atrajo su sermón. Encontró graciosa su «gran corbata de seda negra», su «cabello largo y mal cortado, y el pañuelo azul con puntos blancos».65
La preocupación de Susie por la apariencia externa del predicador da cuenta de su inmadurez espiritual y la perspectiva cultural que había forjado su educación en Londres. Esa era la condición de muchos feligreses que eran miembros de iglesias destacadas en la gran ciudad inglesa. Sin embargo, Susie quería complacer al Sr. y la Sra. Olney, así que, como escribiría muchos años después, estuvo «presente en el segundo sermón que mi precioso esposo predicó en Londres».66
Aunque accedió a asistir al culto, Susie, que no era una joven común de recursos o sentimientos humildes, no se sintió «fascinada en absoluto por la elocuencia del joven orador» y pensaba que «los gestos y el habla pueblerina [de Spurgeon] producían más lástima que reverencia».67
Años después, luego de la muerte de Spurgeon, Susie meditó en las opiniones desinformadas de sus días de juventud. Admitió que fue «necia» y que «no tenía la mentalidad espiritual suficiente para comprender su presentación ferviente del evangelio ni su ruego poderoso a los pecadores».68 Pero ese era un sermón que Susie, tan llena de incertidumbres, necesitaba oír con desesperación.
Susie y los desafíos espirituales
de la New Park Street Chapel
Las susceptibilidades ofendidas de Susie le impidieron recibir el mensaje de Charles, pero, al mismo tiempo, estaba preocupada porque no estaba segura de tener fe verdadera. Años después, reflexionó: «Nadie podría haber necesitado más la vivificación y el despertar que recibí de los ruegos y advertencias fervientes de esa voz, que pronto se convertiría en la más dulce del mundo para mí».69 Susie necesitaba predicación bíblica, y, aunque en un comienzo se mostró reticente, encontró auxilio para sus aflicciones en el ministerio de Charles.
La New Park Street Chapel tenía sus propios problemas y estaba muy mermada en comparación con sus viejos días de vitalidad. La asistencia había disminuido considerablemente, y los fieles que aun así seguían activos en la iglesia se vieron tentados a sentir desaliento. Dentro de esos pocos fieles estaba la familia Olney, que oraba para que Dios avivara la iglesia. Ahora incluso los padres de Susie rara vez se veían en la NPSC y, de no haber sido por los Olney, la misma Susie no habría asistido de forma tan activa.
Al igual que Susie, la iglesia necesitaba una renovación espiritual. Las actas de una asamblea congregacional celebrada el 14 de diciembre de 1853, apenas cuatro días antes de que Spurgeon predicara su primer sermón en la NPSC, nos dan una idea de las dificultades que enfrentaba la iglesia: «Queridos hermanos: lamentamos informar que, durante el año pasado, no hubo ninguna adición a nuestra membresía debido a que estuvimos sin pastor». Las actas, que fueron enviadas a la Asociación Bautista de Londres, terminaban con estas palabras reveladoras: «Adjuntamos nuestras estadísticas. Hermanos, oren por nosotros».70
Luego del primer sermón de Charles, la iglesia vio renovada sus esperanzas de que vinieran días mejores. Incluso antes de que se completara el período de prueba acordado, que comenzó a fines de enero de 1854, la congregación, por abrumadora mayoría, le extendió el llamado al joven Charles Spurgeon para que fuera su pastor. El 28 de abril de 1854, Spurgeon envió una carta a la iglesia, en la que simplemente indicó: «LO ACEPTO».71 Le imploró a la congregación que lo recordaran en oración y les solicitó su «cooperación en toda buena obra; en la visitación de los enfermos, en la invitación de personas interesadas y en la edificación mutua».72
Aunque tenía apenas diecinueve años, demostró madurez al solicitar ayuda y, por la gracia de Dios, estaba preparado para la tarea que tenía por delante.73 Charles no se imaginaba que su mayor ayuda vendría de una hermosa señorita londinense de cabello largo, castaño y rizado que estaba sentada en la banca ese primer domingo por la tarde. Gracias al ministerio de Charles, la iglesia se revitalizó y experimentó crecimiento numérico y espiritual. Susie Thompson también experimentó revitalización y crecimiento espiritual a nivel personal.
El Progreso del Peregrino
Como medio de asistencia Espiritual
Antes de que Charles influenciara la vida espiritual de Susie, ella buscó la guía de William Olney, el marido de su prima Susannah, que escuchó atento las inquietudes que Susie le describió respecto a su estado espiritual. Probablemente, William fue quien informó a Charles de las luchas de Susie.
Poco después de su conversación con William, Susie se sorprendió al recibir una copia ilustrada del Progreso del peregrino de John Bunyan con la siguiente inscripción: «Para la señorita Thompson, con el deseo de que progrese en la peregrinación bendita. De C. H. Spurgeon, 20 de abril de 1854».74
A juicio de Charles, El progreso del peregrino era el libro preciso para Susie. Aunque tenía veintidós años, recién se había convertido y además estaba desanimada. Como los escritos de Bunyan habían sido claves para que el propio Charles comprendiera la fe cristiana, él tenía la confianza de que la alegoría de Bunyan contrarrestaría favorablemente la incertidumbre de Susie. Ella consideró el regalo de Charles como un indicio de que deseaba «ayudar a un alma en conflicto a llegar al cielo». La impresionó mucho su preocupación, y «el libro se volvió muy preciado y útil».75 La alegoría de Bunyan echó raíces profundas en su corazón, y terminó influenciando sus propios libros, cartas y otros trabajos literarios, que solían usar las descripciones de la vida cristiana de Bunyan.

Charles mostró perspicacia al recurrir al Progreso del peregrino como un medio para alentar espiritualmente a Susie. En 1903, el año de la muerte de ella, su hijo Thomas Spurgeon escribió que su padre estaba «enamorado de John Bunyan» y que era «similar a él en su fe, pensamiento y lenguaje».76 Thomas señaló: «Aquí [en El progreso del peregrino] hay leche para los bebés y carne para los hombres… Además, la carne es de tal tipo que los “bebés” pueden disfrutar su sabor y los “hombres” se sienten mucho mejor si toman un sorbo o dos de la leche».77
Peter Morden, que se ha especializado en el estudio de Spurgeon, explica que los escritos de Bunyan influenciaron a Charles, pues le dieron «un marco para entender la vida cristiana» y le brindaron una manera de «encontrarle el sentido a las experiencias particulares que ocurren a lo largo del trayecto del cristiano».78 De seguro, Charles esperaba que esos resultados se vieran en Susie.
Ya que tanto Charles como Susie solían visitar el hogar de los Olney, tenían la oportunidad de verse con frecuencia. Cuando Susie fue conociendo mejor a Charles, confió en él y le contó de sus inquietudes espirituales. Resulta difícil y aun gracioso pensar en que la chica refinada de la ciudad compartió las inquietudes de su corazón con Charles, que era más rústico. Qué irónico es que el hombre que una vez ofendió sus susceptibilidades se convirtiera en alguien en quien buscara consejos:
Gradualmente, aunque con mucho temblor, le conté de mi condición ante Dios, y él me guio con suavidad, mediante su predicación y sus conversaciones, por el poder del Espíritu Santo, a la cruz de Cristo para hallar la paz y el perdón que anhelaba mi alma agobiada.79
Interactuar con Charles y leer El progreso del peregrino de Bunyan ayudó a Susie a aplicar mejor la Escritura. Thomas Spurgeon, en el prólogo del libro Pictures from Pilgrim’s Progress [Imágenes del progreso del peregrino], nos da un contexto que nos ayuda a entender cómo es que el clásico de Bunyan pudo haber ayudado a Susie:
Instando al estudio ferviente de las Escrituras, C. H. Spurgeon dijo en una ocasión: «¡Oh, que tú y yo nos adentráramos hasta el corazón mismo de la Palabra de Dios e introdujéramos esa Palabra dentro de nosotros! He visto cómo el gusano de seda penetra en la hoja mientras la come y la consume; nosotros deberíamos hacer lo mismo con la Palabra del Señor: no arrastrarnos sobre su superficie, sino penetrar en ella comiéndola, hasta que la hayamos metido en nuestros rincones más profundos. Es inútil hacer que el ojo solamente mire las palabras o que recordemos las expresiones poéticas y los hechos históricos; lo bendito es comer hasta alcanzar el alma de la Biblia y, al fin, llegar a hablar en el lenguaje bíblico, con un estilo moldeado por la Escritura y, mejor aún, con un espíritu impregnado de las palabras del Señor. Me referiré a John Bunyan para ejemplificar lo que quiero decir. Lean cualquiera de sus obras, y verán que es casi lo mismo que leer la Biblia. La había leído hasta que su alma quedó saturada de la Escritura, y, aunque sus escritos están llenos de poesía encantadora, no puede darnos su Progreso del peregrino–el poema en prosa más dulce de todos–sin hacernos sentir y decir todo el tiempo: “¡Vaya, este hombre es una Biblia viva!”. Pínchalo donde quieras: su sangre es bíblica, la esencia de la Biblia fluye de él. Le es imposible hablar sin citar un pasaje, pues su alma está llena de la Palabra de Dios».80
Para Spurgeon, leer a Bunyan era «casi lo mismo que leer la Biblia» y «la esencia de la Biblia fluye de él». Confesó:
Después de la Biblia, el libro que más valoro es «El progreso del peregrino» de John Bunyan. Creo que lo he leído completo por lo menos cien veces. Es un volumen del que nunca parezco cansarme, y el secreto de su frescura es que fue compilado en gran medida a partir las Escrituras. En verdad, es enseñanza bíblica expresada en la forma de una alegoría simple pero muy llamativa.81
Resulta obvio que el clásico de Bunyan impactó a Susie, pues después su propia sangre llegó a poder considerarse «bíblica» y en 1884 ya había leído la Biblia completa catorce veces, lo que equivalía a «leer tres capítulos al día para logar terminar la Biblia en un año».82
Años después, Charles le preguntó a Susie si recomendaría el plan de lectura que ella utilizaba. Respondió que la lectura regular de la Biblia completa era útil para familiarizar al lector con toda la Escritura, incluso las partes que «de otra manera podrían pasarse por alto». Sin embargo, para su «iluminación y alivio espiritual», prefería meditar en porciones más breves de la Escritura, por ejemplo, «medio versículo». Por lo general, era durante sus momentos de meditación concentrada en unos pocos versículos que «experimentaba más aplicación del texto por parte del Espíritu Santo».83
La profundización de la fe de Susie es una prueba del impacto que tuvo su lectura personal y meditación de la Biblia, además de la posterior tutela de Charles. Veía las palabras de la Escritura como «palabras tiernas» y como las palabras «del mismo Jesucristo, mi Señor y Maestro clemente, que habla de esa forma, y hago bien al considerar cada oración importante mientras escucho Su voz amorosa».84
La cadena de eventos que llevaron a Susie a Charles e incluso al Progreso del peregrino es un gran ejemplo de la providencia de Dios.
Piensa en que si Susannah, la prima de Susie, no se hubiera casado con William Olney, si Thomas Olney no se hubiera casado con Unity Potter y si James Smith hubiera seguido pastoreando la New Park Street Chapel, quizás Charles y Susie nunca se habrían conocido. Sin embargo, el primer evento que puso todo en movimiento ocurrió un sábado en la tarde en Cambridge.
George Stevenson, en su libro Sketch of the Life and Ministry of the Rev. C. H. Spurgeon [Bosquejo de la vida y ministerio del Rev. C. H. Spurgeon], escribió poéticamente sobre la reunión de George Gould y Thomas Olney:
El joven orador de Cambridge es recomendado al diácono de la New Park Street Chapel; triunfa la esperanza; se fortalece la fe. El joven es contactado, y, muy pronto, siendo aún «adolescente», se transforma en el pastor elegido por la que fuera la iglesia bautista más grande de Londres. Este joven es el Rev. Charles Haddon Spurgeon.85
Charles dijo que su discurso en Cambridge y la consiguiente petición que Gould le hizo a Olney fue «la mano de Dios, el medio para que pasara de Cambridgeshire a la metrópolis».86 También fue su medio de transporte hacia el corazón de Susie Thompson.
a expectación de Londres venía aumentando durante meses, pues los periódicos publicaban información constante sobre los avances de un enorme proyecto de construcción al sur de la ciudad. El 10 de junio de 1854 debía ser el día de la algarabía, el día de la reinauguración del Crystal Palace. El palacio, formado de hierro y vidrio, fue la obra maestra del famoso diseñador Sir Joseph Paxton (1803-1865), una maravilla arquitectónica. Fue construido por primera vez en el parque Hyde Park de Londres, para que sirviera como salón temporal de la Gran Exposición de 1851. Fue edificado en menos de un año, desmantelado seis meses después de la Exposición y trasladado a su ubicación permanente, el barrio Sydenham Hill.87 Además de ser una construcción magnífica, las espectaculares áreas verdes que rodeaban el palacio acogían jardines, fuentes y múltiples modelos de animales extintos. En medio del entusiasmo de la gran inauguración del palacio, se estaba desarrollando una historia de amor igual de impresionante.
Susie no se imaginaba que la inquietud pastoral de Charles por ella en abril de 1854 y su posterior amistad creciente se transformaría en un romance en junio. Aunque Susie atestigua que era «más feliz que nunca desde los días de la Poultry Chapel», donde se había convertido, su gozo se enfocaba en su nueva claridad espiritual y en el privilegio de gozar de una amistad con su pastor. Al parecer, en su mente no había habido ningún pensamiento romántico hacia Charles hasta antes de junio. En un comienzo, Charles simplemente quiso ayudar a «un alma en conflicto a llegar al cielo» regalándole El progreso del peregrino, pero debe haber pasado poco tiempo antes de que pensara en la posibilidad de que su amistad con Susie se convirtiera en algo más. Menos de dos meses después de regalarle el libro de Bunyan, Charles encontró una manera creativa de comunicarle a Susie su interés en buscar algo más que una amistad.
Susie Thompson y Charles Spurgeon estaban sentados juntos con algunos amigos de la New Park Street Chapel. Mientras la multitud esperaba ansiosa el comienzo de la ceremonia de apertura del Crystal Palace, Charles le pasó a Susie una copia del libro Proverbial Philosophy [Filsofía proverbial] de Martin Tupper, y le mostró una sección titulada «Sobre el matrimonio».
Busca una buena esposa en tu Dios, pues ella es el mejor regalo de Su providencia.
Sin embargo, no pidas con confianza intrépida lo que Él no ha prometido.
Tú no sabes cuál es Su buena voluntad; por lo tanto, que tu oración sea sumisa a ella,
Y déjale tu petición a Su misericordia, con la seguridad de que Él te hará bien.
Si has de tener una mujer de tu juventud, ahora ella vive en la tierra;
Por lo tanto, piensa en ella y ora por su bien; sí, aunque no la hayas visto.88
Susie miró a Charles y este le susurró al oído: «¿Oras por el hombre que será tu esposo?».89 El mensaje implícito la sorprendió, pero era inequívoco. No respondió la pregunta, pero el pulso acelerado le pintó las mejillas de un rojo delatante. No quiso encontrar la mirada de Charles, pues temía que viera «la luz que nació de inmediato entre ellos». Siguió sentada en silencio junto a él «mientras la procesión radiante pasaba alrededor del palacio». Sin embargo, «el desfile rutilante» no podía competir con «la multitud de emociones que acababan de despertar y palpitaban al interior de su corazón».90
El hecho de que, aparentemente, Susie no tuviera ni la menor idea del interés romántico de Charles antes de ese día puede resultar sorprendente para los lectores modernos, pero da cuenta de su absoluta falta de presunción en su amistad con Charles. La joven pareja se apartó del grupo con el que estaban sentados y caminaron juntos por el edificio, los jardines del palacio y los escalones exteriores que dirigían al lago ubicado noventa metros más abajo. En el lago, vieron «formas colosales de monstruos extintos». Esos modelos de dinosaurios fascinaron a la pareja, pero lo más importante era que Dios estaba forjando un vínculo de amor entre Charles y Susie que duraría toda la vida.91
Luego de la muerte de Charles en 1892, Susie describió el paseo por las afueras del palacio esa tarde de junio: «Mientras caminábamos, ese memorable día de junio, creo que Dios mismo nos unió para siempre. Desde ese momento, nuestra amistad creció con rapidez y muy pronto maduró en un amor profundísimo».92 Susie dijo que el Crystal Palace «era uno de nuestros lugares favoritos»: «tenía grandes atractivos por sí solo, y quizás las asociaciones del día de su apertura le daban más gracia ante nuestros ojos».93
El compromiso de Charles y Susannah
Menos de dos meses después de regalarle El progreso del peregrino a Susie, Charles le mostró el poema de Tupper para comunicarle sus intenciones románticas, y dos meses después de eso, el 2 de agosto de 1854, le propuso matrimonio en el jardín de Sampson Knott, el abuelo de ella.94 El lugar, según Susie, «era un jardincito anticuado… que tenía altos muros de ladrillo en tres de sus lados, y contaba con senderos de grava rectos y ordenados, además de un pequeño prado, en medio del cual florecía un peral muy alto y fructífero, el orgullo del corazón de mi abuelo». El jardín no era un ambiente muy romántico, y Susie no creía que la mayoría de la gente escogería un lugar así para hacer una «declaración de amor».95
Sin embargo, para Susie, el jardín, por «lúgubre» que haya sido, adquirió una atmósfera mágica, pues se transformó en el escenario de su compromiso y quedó grabado para siempre en su memoria. «Hasta el día de hoy», escribió después, «pienso en ese viejo jardín como si fuera un lugar sagrado, un paraíso de felicidad, pues allí mi amado me pidió que fuera suya y me dijo lo mucho que me amaba».96
El amor de Charles por Susie era obvio, pero reservó las dos palabras poderosas –«Te amo»– hasta el momento en que le propuso matrimonio. Susie «tembló» por la experiencia y se quedó «callada de puro gozo y alegría». De la «dulce ceremonia de compromiso», dijo: «Todo corazón amante y veraz puede completar los detalles a partir de su experiencia o expectación. Para mí, fue un momento tan solemne como dulce».97
Susie, abrumada por la experiencia, sintió que debía buscar de inmediato a Dios en oración. Rápidamente, abandonó el peculiar jardín y se retiró a un cuarto privado en el segundo piso de la casa de su abuelo. Allí, «me arrodillé ante Dios, lo alabé y le agradecí con lágrimas de alegría por Su gran misericordia al darme el amor de un hombre tan bueno».98 En su diario, esto fue lo que escribió el 2 de agosto de 1854: «Es imposible escribir todo lo que me ocurrió esta mañana. Solo puedo adorar en silencio la misericordia de mi Dios y alabarlo por todos Sus beneficios».99
Más adelante, Susie confesó que en ese entonces no sabía plenamente cuánta era la grandeza de Charles. Si hubiera comprendido por completo lo que significaría ser la esposa de Charles Haddon Spurgeon, probablemente se habría visto abrumada. En sus muchas meditaciones en torno a su compromiso y matrimonio con Charles, Susie expresaba que Dios los unió. Afirmó: «El amor perfecto que nos unió no disminuyó ni flaqueó nunca, y, aunque ahora veo lo indigna que era de ser la compañera de vida de tan eminente siervo de Dios, sé que él no pensaba así, sino que veía a su esposa como el mejor regalo terrenal que Dios le había dado».100
Charles y Susie adquirieron pases de temporada para el Crystal Palace y, durante su compromiso, se reunían ahí una vez por semana para caminar juntos y conversar.101 Aquel palacio, con sus jardines coloridos, fue un contexto interesante y hermoso para que su amor creciera. Sentimentalmente hablando, tenía un lugar especial en el corazón de Susie, pues allí Charles le reveló sus sentimientos de esa forma tan creativa en junio de 1854. Además, el palacio mismo, con sus fascinantes exhibiciones de países exóticos y sus encantadores exteriores, era un lugar educativo y placentero. Cada vez que entraban a los jardines del palacio y caminaban junto al lago, la mente de Susie se inundaba de los recuerdos de aquel dulce día de junio. Susie pensaba que esas visitas semanales preparaban a Charles para las exigencias constantes de su ministerio, como también para los efectos deprimentes de las condiciones climáticas de Londres, que a menudo eran sombrías, y del humo de las industrias.
Para reunirse todas las semanas con Susie en Sydenham, Charles tomaba el tren en la estación de London Bridge y en poco tiempo llegaba al Crystal Palace. Susie, por su parte, vivía en St. Ann’s Terrace 7, Brixton Road, por aquel entonces y solía caminar once kilómetros para llegar al palacio, lo que era una hazaña no menor. Aunque era una caminata larga para Susie, afirmó que «para mí era una tarea placentera, teniendo en mente semejante reunión y una compañía tan agradable como recompensa».102
Charles era astuto para sugerirle esos encuentros semanales a Susie. Ella recordaba: «Luego del culto del jueves por la tarde [en la New Park Street Chapel], oía un susurro en el pasillo: “A las tres mañana”, que significaba que si estaba en el palacio a esa hora, “alguien” me encontraría en la fuente de cristal».103 El romance de Charles y Susie era jovial y encantador. Susie describía los momentos que pasaban en el palacio como «horas brillantes y dichosas». Durante estas primeras experiencias, los dos gozaban de buena salud, y, aunque Charles estaba muy ocupado en su ministerio, ni él ni Susie estaban afectados aún por los problemas que luego disminuirían su vitalidad física.
Aparte de los encuentros habituales en el Crystal Palace, sus «citas» semanales giraban en torno al trabajo de Charles. Casi todos los lunes, Charles recorría el corto trayecto que distanciaba su residencia en Dover Road 75 de la casa de Susie. Llevaba una copia transcrita de su sermón del domingo a fin de revisarla antes de que se publicara y distribuyera. Mientras Charles trabajaba, Susie se sentaba en silencio junto a él, y consideraba que ese tiempo juntos era «una buena disciplina para quien quería ser la esposa del pastor».104
Si Susie alguna vez tuvo aspiraciones independientes para sí misma, a estas alturas ya había adoptado los objetivos, planes y labores de Charles como propios, y encontraba su gozo en ayudarlo. Aunque las mujeres de la época victoriana tenían poca independencia y por lo general se esperaba que vivieran a la sombra de su marido, la visión relacional de Susie no estaba basada en las normas culturales; simplemente se deleitaba en someter su vida a un hombre tan gentil como Charles.
Charles amaba profundamente a Susie, y la trataba como una reina cuando estaba bajo su cuidado; su historia de amor está repleta de ejemplos del trato tierno, considerado y romántico que tenía con ella. Sin embargo, también estaba incondicionalmente dedicado a su trabajo. Susie dijo que la devoción de Charles por su ministerio «dominaba e incluso absorbía todas las demás pasiones y propósitos de su corazón».105
Aunque Susie estaba contenta con sus circunstancias excepcionales, a veces se sentía sola. En ocasiones, Charles estaba tan absorto en su ministerio que ni siquiera reconocía a Susie cuando se le acercaba los domingos en la iglesia. Hubo veces en que incluso se presentó como si ella fuera una completa extraña. Susie era bondadosa para tratar con las distracciones de Charles, y no era dada a atribuirle malas intenciones. Sin embargo, hubo al menos una vez en que se enojó por el descuido de Charles. En la comunidad de Kennington, ubicada a solo un par de kilómetros de donde vivían los Thompson por entonces, había un salón de reuniones llamado the Horns, que se usaba ocasionalmente como punto de predicación.
Charles tenía que predicar allí una tarde. Almorzó gratamente con los Thompson, y luego él y Susie tomaron un coche en dirección al salón. Aunque llevaba menos de un año en Londres, su fama se había disparado y, como resultado, las multitudes se agolpaban para oírlo cada vez que predicaba. Después de que Charles la ayudara a bajar del carruaje, Susie intentó mantenerse cerca de él para no perderse en la masa de gente. Sin embargo, Charles estaba tan enfocado en lo que iba a ocurrir, la predicación del evangelio, que se olvidó de Susie y, sin notarlo, la dejó atrás mientras la multitud hacía presión para entrar al edificio.
Susie volvió corriendo del salón a la casa de su madre, furiosa y con el rostro empapado en lágrimas. Compartió su «dolor» con la Sra. Thompson, que escuchó atenta el relato de su hija y luego intentó calmar su «espíritu alborotado». Susie recordó: «Me dijo sabiamente que mi prometido no era un hombre común, que toda su vida estaba completamente dedicada a Dios y a Su servicio y que yo nunca, nunca, debía obstaculizarlo tratando de ponerme en el primer lugar de su corazón».
Susie se dio cuenta de que había sido «muy necia y caprichosa», y estaba empezando a calmarse cuando Charles irrumpió en la casa gritando: «¡Susie, Susie!». Muy conmovido, le dijo a la Sra. Thompson que había buscado en vano a Susie por todas partes.
Más tarde, Susie recordó:
Mi querida madre se le acercó, lo llevó aparte y le dijo toda la verdad; creo que cuando Charles se dio cuenta de lo que había pasado, tuvo que calmarlo a él también, pues en su corazón se sentía tan inocente de haberme ofendido en forma alguna que debe haber sentido que fui injusta al dudar de él. Al final, mi mamá me fue a buscar, y yo bajé las escaleras. En silencio, me dejó decirle lo indignada que me sentí, y después repitió la pequeña lección que me había dado mi mamá, asegurándome de su gran afecto por mí, pero también señalando que, antes que todo, era siervo de Dios, y yo debía estar preparada para someter mis pretensiones a las de Él.106
Charles, al igual que su héroe George Whitefield, priorizó tanto su ministerio público que a veces su involucramiento personal en las necesidades inmediatas de su familia quedó relegado a un segundo plano. No obstante, si vemos el panorama completo del matrimonio de Charles y Susie, observamos que Spurgeon no descuidó sus responsabilidades ministeriales, pero también se aseguró de que Susie estuviera bien cuidada. Susie, por su parte, hizo un firme compromiso: «Siempre fue el sólido propósito de mi vida de casada no obstaculizarlo nunca en su trabajo para el Señor, no intentar nunca impedir que cumpliera sus compromisos, no presentar nunca mi propia salud deteriorada como un motivo para que se quedara en casa junto a mí».107 Aunque los desafíos únicos de estar casada con un hombre que enfrentaba «las demandas incesantes de su ministerio, labor literaria y los múltiples esfuerzos de su vida excepcionalmente ocupada» a ratos eran apabullantes, el Señor ayudó a Susie a cumplir esa promesa secreta.
Una vez que los esfuerzos pacificadores de la Sra. Thompson demostraron haber sido fructíferos, los tres compartieron «un té deliciosamente acogedor» esa tarde. «¡Cuán dulce fue la calma de nuestros corazones después de la tormenta!», pensó Susie con posterioridad, «¡y cuánto amamos y honramos a mi madre por sus sabios consejos y su tierna diplomacia!».108 Una madre menos sabia podría haber aumentado la distancia entre Charles y Susie, pero la madre de Susie, gentil como era, tenía un carácter firme y reconoció que la relación entre Charles y Susie que se estaba desarrollando ante sus ojos era hermosa y única. Esa tarde emotiva, la relación entre Charles y Susie se fortaleció, y el respeto de ambos por la Sra. Thompson se intensificó.
El período de compromiso de la pareja está repleto de ejemplos que muestran que Charles se tomaba en serio el crecimiento espiritual de Susie y que entendía su rol en el progreso de su novia en la piedad. El obsequio de El progreso del peregrino fue una evidencia temprana de su compromiso con la santificación de Susie. El uso del libro de Tupper apuntaba a lo necesario que era que oraran y Charles recurrió a un tercer libro, esta vez escrito por el pastor y escritor puritano Thomas Brooks (1608-1680), para alentar a Susie en los meses previos a su matrimonio.109 Susie estaba ansiosa por aprender y especialmente encantada por recibir consejos de alguien que le era tan querido como su propia vida.
En el verano de 1855, luego de que los Thompson se mudaran a Falcon Square, Charles y Susie comenzaron a verse con más frecuencia y ella afirmó con alegría que su «corazones se fueron uniendo cada vez más en amor purísimo».110 Aunque Susie y Charles pasaron más tiempo juntos, él siguió llevando su trabajo a la casa de Susie. Un día, ella quedó bastante sorprendida cuando Charles le dijo: «Quiero que leas este volumen con cuidado y marques todos los párrafos y oraciones que te parecen particularmente dulces, pintorescos o instructivos. ¿Harías eso por mí?».111 La intención de Charles era que esa recopilación de citas realizada por Susie de los escritos de Thomas Brooks fuera publicada como un libro.
Este fue el primer proyecto literario de Susie, lo que no impidió que describiera sus hallazgos en ese volumen de Thomas Brooks como «diamantes brillantes y oro rojo». Más adelante, meditó en las consecuencias de trabajar junto a Charles:
El amor… es un maestro incomparable, y yo fui una alumna voluntariosa, así que, con la ayuda y los consejos de un tutor tan querido, el trabajo progresó día a día hasta que, a su debido tiempo, surgió un pequeño volumen, que él llamó Smooth Stones Taken From Ancient Brooks [Piedras lisas tomadas de arroyos antiguos]. Ese título fue un simpático juego de palabras puritano con el apellido del autor, y creo que los compiladores se complacieron bastante en los resultados de su alegre trabajo en conjunto. Me parece que el librito ahora está descatalogado, y es muy raro encontrarse con una copia, pero es posible que los que lo tienen sientan un mayor interés en su uso ahora que conocen la dulce historia de amor que se esconde entre sus páginas.112
En ese entonces, el libro no llevaba el nombre de Susie ni tampoco lo hacen las ediciones modernas. Ella no anhelaba el crédito personal ni la fama que podrían haberla acompañado si su nombre hubiera aparecido en la obra; lo que le preocupaba era el contenido del libro y la «dulce historia de amor» que se escondía entre las páginas. El hecho de que Susie trabajara en compilar citas de Brooks sirvió para unirla con Charles en un proyecto, y fue otra oportunidad para que ella obtuviera sabiduría espiritual. Charles creía que los sermones y escritos de Brooks eran exposiciones bíblicas sólidas. Así se estaba estableciendo un fundamento firme sobre el que Susie y Charles aguantarían las tormentas y sortearían los desafíos del matrimonio y el ministerio.
Bajo la tutela de Charles, Susie solicitó la membresía de la iglesia New Park Street Chapel unos cuatro meses después de su compromiso. Los requisitos para la obtención de la membresía hacían necesario que Susie escribiera una descripción de su fe. Luego, presentó ese testimonio ante uno de los líderes, que expresó su aprobación firmando el libro oficial de la iglesia. Posteriormente, se agendó una reunión entre Susie y el pastor (Charles), ella fue visitada por los líderes de la iglesia para discernir si estaba viviendo una vida piadosa y fue presentada ante la congregación, donde dio testimonio de lo que el Señor había hecho con ella (23 de enero de 1855). Por último, fue aceptada como miembro después de su bautismo. Junto al nombre de Susie en el libro de la iglesia, hay un comentario sencillo escrito por Charles: «Confirmada por C. H. Spurgeon».113
La primera reacción de Spurgeon ante el testimonio escrito de Susie fue de deleite:
¡Oh!, podría llorar de gozo (como en verdad lo estoy haciendo ahora) al pensar en que mi amada puede atestiguar tan bien de la existencia de una obra de gracia en su alma. Sabía que en verdad eras hija de Dios, pero no pensaba que Él te había guiado por tal camino. Veo que mi Maestro ha estado arando profundo y que la semilla sembrada en lo hondo, que lucha con los terrones, es la que hace que tu pecho suspire de angustia… Yo no halago a nadie, pero déjame decirte honestamente que hay pocos casos tan satisfactorios como el tuyo de los que tenga noticia. Considera que ahora no te estoy escribiendo como el amigo que te admira, sino como tu pastor imparcial.114
La prosa jubilosa de Charles está impregnada de emoción. Susie era su prometida, y pronto sería miembro de la New Park Street Chapel al igual que él. Fue en este momento que Charles animó por primera vez a Susie a vivir una vida de servicio activo a Cristo:
Si sé algo sobre los síntomas espirituales, creo que conozco una cura para ti. Actualmente no estás en la esfera del trabajo serio para Cristo. Has hecho todo lo que has podido en más de una manera, pero realmente no has entrado en contacto con los santos ni con los pecadores, enfermos o miserables a los que podrías servir. El servicio activo conlleva calidez, y esa calidez tiende a quitar las dudas, pues entonces nuestras obras se transforman en evidencias de nuestra vocación y elección.115
En su carta a Susie, Charles tuvo la sensatez de evitar borrar las líneas entre sus deberes pastorales y su creciente afecto romántico por ella. En la carta, escribió: «Considera que ahora no te estoy escribiendo como el amigo que te admira, sino como tu pastor imparcial». La animó dulcemente a plasmar su fe en actos de servicio. Creía que el servicio activo a otros cristianos haría que Susie encontrara alivio para sus dudas y exhibiera evidencias de su salvación. En El progreso del peregrino, Susie había aprendido que cuando estaba en el «Castillo de la Duda» debía recordar las promesas de Dios. Cuando el «Gigante Desesperación» apresó a Cristiano y Esperanza, lo único que tuvieron que hacer fue orar y recordar las promesas de Dios para salir libres. Bunyan escribió:
Bien, el sábado empezaron a orar cerca de la medianoche, y siguieron orando casi hasta el amanecer. Ahora, un poco antes de que aclarara, el buen Cristiano, medio sorprendido, estalló en este discurso apasionado: «¡Qué necio soy por estar aquí en una prisión apestosa cuando podría estar caminando en libertad! Tengo una llave en mi pecho, llamada Promesa, que, estoy convencido, puede abrir cualquier cerrojo del Castillo de la Duda». Entonces dijo Esperanza: «Esas son buenas noticias, mi buen hermano, sácala de tu pecho e inténtalo». Entonces Cristiano la sacó de su pecho, e intentó abrir la puerta de la prisión. Al girar la llave, el pestillo cedió, la puerta se abrió fácilmente y Cristiano y Esperanza salieron de la celda.116
Lo primero que Susie necesitaba era sopesar las promesas de Dios y luego debía actuar en conformidad a ellas. Tenía que introducir la llave, abrir la puerta y volver al «Camino Real».117 Servir a otros era parte de andar por el «Camino Real». Charles animó a Susie y luego se regocijó en su alegre testimonio de fe. Con el cuidado de no halagarla, compartió con ella su convicción de que era una cristiana verdadera: «Dios, en Su misericordia, me ha mostrado que de verdad eres elegida». Charles llegó a esa conclusión respecto a la espiritualidad de Susie al observar su vida, leer su testimonio de conversión y presenciar su buena disposición a escuchar consejos sabios.
Susie alcanzó la madurez espiritual con rapidez, tanto así que Charles la describió como «profundamente instruida en las lecciones del corazón» y «cabalmente versada en el saber del alma».118 Cuando Charles vio el amor robusto que Susie tenía por Cristo, se desbordó de emoción. Declaró: «Querida adquisición de la sangre del Salvador, eres para mí un don del Salvador, y mi corazón está lleno y rebosante con la idea de tal bondad continua». Charles nunca dudó de que Dios era bueno, pero, al leer el testimonio de fe de Susie, no pudo evitar «alzar la voz de gozo por Sus muchas misericordias».119 Los sentimientos de Charles deben leerse, en primer lugar, como el gozo de un pastor por el testimonio de fe en Cristo de otra cristiana y, en segundo lugar, como el gozo doble que expresó porque se trataba de su prometida. Susie fue bautizada el 1 de febrero de 1855, y se transformó en miembro de la iglesia el domingo 4 de febrero. Ella describió su bautismo: «Fui bautizada allí [en la New Park Street Chapel] por mi amado, tras profesar arrepentimiento para con Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo».120
Charles estaba encantado con Susie: era la compañera que necesitaba, por la que había orado y de la que dependía cada vez más. En abril de 1855, visitaron a los padres de Charles en Colchester, donde Susie fue acogida con calidez. El padre de Susie le permitió realizar el viaje con reticencia, y luego ella lamentó: «Tras algunos problemas y desilusiones, se obtuvo el consentimiento de mi padre y partimos».121 Quizás, R. B. Thompson solo estaba actuando como un padre cuidadoso, preocupado por la idea de mandar a su hija con un joven que aún no era su esposo, o quizás sentía, como parece indicar la historia de más adelante, que Charles no lo había honrado lo suficiente. De todas maneras, los sentimientos de Thompson hacia Spurgeon fluctuaban, lo que queda claro en esta carta que Charles le escribió a su madre en noviembre de 1854, dos meses después de comprometerse con Susie:
Dover Road 75
1 de noviembre de 1854
Mi querida madre:
Polly [probablemente una pariente] fue al Crystal Palace ayer, y espero que haya disfrutado el día. Nos reunimos con la Sra. Thompson y su hija, y, tras haber sido invitados insistentemente por el Sr. Thompson [R. B.] nos fuimos a casa, a Brixton.
Dejé a Eliza [la hermana menor de Charles] allí y ahora voy a pasar el día en dicha casa. El joven Kilvington [hijo de Henry y Mary] se va a Australia mañana, y toda la familia se reunirá hoy, incluso la anciana Sra. Knott. Espero que disfrutemos sin pecar. Dios sigue haciéndome bien. Solo piensa en las más de £800 que fueron donadas de una sola vez para nuestra capilla. Donar £100 fue como arrancarme las plumas, pero, con la ayuda de la providencia, pronto volverán a crecer…
No es frecuente que salga y, cuando lo hago, me adapto a los demás. El Sr. Thompson de pronto se ha vuelto extremadamente amable y no sabe cómo atenderme lo suficiente. Dice que debió haberme querido antes, pero nunca vine a verlo; como ves, no soy muy dado a visitar.
Soy
Tu hijo que te ama,
Charles122
La carta, escrita al comienzo de la relación de Charles y Susie, indica que R. B. Thompson se demoró en aceptar al joven prometido de su hija, pero al momento de la carta parecía más inclinado a mostrarle hospitalidad e incluso a «atender» a su futuro yerno. Aun así, Thompson volvió a mostrar reticencia hacia Charles en la primavera de 1855, cuando dudó en autorizar que Susie fuera a visitar a los padres de Charles con él. Aunque tenía casi veintidós años, resulta obvio que Susie no tomaba decisiones al margen de su padre. De todas formas, es posible que las dudas de R. B. solo se hayan debido al hecho de que le preocupaba que su hija soltera viajara tan lejos con un hombre que aún no era su esposo. A Susie le pareció frustrante la renuencia de su papá.
Los padres de Charles, John y Eliza, no expresaron duda alguna respecto a la novia que escogió. Quedaron encantados con la visita de Susie y la recibieron jubilosos. «Toda la familia recibió, mimó y entretuvo» a Susie «con mucho afecto» y la llevaron «a ver todos los lugares y objetos de interés de Colchester y los alrededores». Susie se mostró muy agradecida por el tiempo prolongado que pudo pasar con Charles esos días y por «el gozo de estar todo el día» con su amado. Ese tiempo con Charles, dijo, «bastó para llenar mi corazón de alegría y hacerme olvidar todos los otros placeres».123 Después de visitar a John, Eliza y los hermanos de Charles, volvieron a Londres. Como de costumbre, Charles volvió a enfocarse de inmediato en su trabajo.
Esa semana de vacaciones les permitió pasar momentos significativos juntos, pero volver a Londres significó que tendrían menos oportunidades de verse. Sin embargo, como era su costumbre, intercambiaban cartas todas las semanas, además de las visitas de Charles a la casa de Susie. Él le escribió a ella: «Ora por mí, mi amor, y que nuestras peticiones unidas ganen una bendición por el mérito del Salvador». Por eso, poco después de pasar varios días alegres con su amada prometida, Charles tuvo la sabiduría de entender con aún más claridad que era posible que se vieran tentados a elevar su amor mutuo a un nivel idólatra. La instó: «Tengamos cuidado de no colocarnos en una posición demasiado prominente dentro de nuestros corazones, sino encomendemos nuestro camino al Señor».124 Tan intenso era su amor por Susie que le daba miedo idolatrarla y que ello obstaculizara su relación con Dios.
Otra sección de su carta también demuestra una de las luchas más frustrantes de Charles. Durante gran parte de su vida, sufrió de depresión, y esta carta que le envió a Susie revela que en ese momento tenía «el espíritu muy abatido». Sin embargo, miraba a la Escritura para encontrar alivio en su desaliento. También reconoció que necesitaba orar. A medida que su fama iba creciendo, también lo hacía su sentido de dependencia de Dios.
Susie respondió con mucho cariño a la carta de Charles:
Mi querido:
Te agradezco calurosa y sinceramente por la nota que acabo de recibir. Es inútil que intente decirte cuánta felicidad tuve durante la última semana. Las palabras no son más que platos fríos para servir los pensamientos y sentimientos que salen cálidos y fulgurantes del corazón. Me gustaría expresarte mi aprecio por toda la ternura y el cuidado que me mostraste durante esta feliz semana, pero me da miedo entristecerte al agradecerte por lo que sé que fue un placer para ti. Me imagino que hoy tus pensamientos han estado ocupados en las «joyas de la corona» [me había dicho que iba a predicar de ese tema –Susie Spurgeon]. Las gemas pueden variar en tamaño, color, riqueza y hermosura, pero incluso las más pequeñas son «piedras preciosas», ¿no?
El periódico The Standard ciertamente no tiene por lema «excelencia» ni puede tener por enseña «Buena voluntad para con los hombres», pero no importa; sabemos que todo está bajo el control de Aquel del que Asaf dijo: «Ciertamente la ira del hombre te alabará; Tú reprimirás el resto de las iras». Que Su bendición repose especialmente sobre ti esta noche, mi querido amado, y también el próximo domingo, cuando te pares ante la gran congregación. ¡Que estés «lleno de toda la plenitud de Dios»! Buenas noches. Cariñosa y fielmente tuya, Susie.125
Susie brilla en su carta para Charles. Cuando él reconoció que tenía «el espíritu abatido», hizo algo más que solo orar por él, aunque ciertamente también hizo eso. Lo animó mientras enfrentaba las críticas injustas de la prensa religiosa y secular.
Susie, que seguía exultante por los momentos que pudo pasar junto a Charles en Colchester, aludió específicamente en su carta a cómo él la cuidó. Le garantizó que estaba interesada en la preparación de su sermón y lo consoló con su conocimiento bíblico, especialmente evidente en su entendimiento del control soberano de Dios sobre todas las cosas. Le ofreció sus oraciones mientras se preparaba para predicar el domingo. Es una carta encantadora que debe haber levantado a Charles de su tristeza. Obviamente, él anhelaba hablar con Susie. Escribió: «Mi amor, si estuvieras aquí, cómo me consolarías, pero como no lo estás, haré algo aún mejor: ir a solas al segundo piso y derramar mis penas en los oídos de mi Salvador».126 Charles hizo lo que acostumbraba a hacer en los tiempos de prueba: orar. También le dio el ejemplo a Susie de que el «oído del Salvador» está abierto para escuchar las peticiones de Sus siervos.
Las cartas de amor de Charles y Susannah (1855-1856)
En junio de 1855, Charles partió a Escocia. Su intención era encontrar descanso y alivio, a la vez que cumplir con varias predicaciones que tenía agendadas. Al final, tuvo poco tiempo para descansar. El tiempo que estuvo lejos, anheló su hogar y deseaba estar cerca de su prometida. En una carta a Susie, le pidió: «Ora por mí, mi amor».127 Más adelante, cuando narró su historia de amor en la Autobiografía de Charles, Susie experimentó tensión al pensar en cuánto debía revelar sobre su relación con Spurgeon. Sin embargo, optó por dejar entrar suficiente luz a su relato con las cartas de Charles para que el lector pudiera ver un poco de la ternura, dulzura e inmenso gozo de su relación.128
Charles no solo le derramó su corazón para pedirle que orara por él; quería que escuchara las palabras de un «amante devoto».129 Susie describió su afecto mutuo y habló de los «arroyitos de ternura que corren entre todas las oraciones».130 Dijo que esas oraciones eran «como las aguas que cantan y danzan entre las piedras del arroyo, y no puedo silenciar completamente la música».131 Las palabras cariñosas de Charles para Susie no se «secaron» con el paso de los años, afirmó ella, sino que «el curso se volvió más ancho y profundo, y el ritmo de su canto se volvió más dulce y vigoroso».132
Desde Escocia, el 17 de junio de 1855, Charles describió el éxito de sus predicaciones y los desafíos de su trabajo. Sin embargo, pronto llevó sus pensamientos de vuelta a Susie y su amor por ella: «Ahora, para volver a ti otra vez, te soñé despierto mientras iba en el coche, pensé que estabas cerca mío. Mi querida, no pasará mucho tiempo antes de que vuelva a gozar de tu dulce compañía, si así lo permite la providencia de Dios».133 Para los que solo están familiarizados con los sermones de Spurgeon, resulta un poco sorprendente escucharlo comunicarse de esa forma. «Te soñé despierto mientras iba en el coche» parece demasiado para el predicador del que se ha dicho que no ha tenido igual desde el apóstol Pablo.134
Susie estaba constantemente en la mente de Charles, pero él reconocía que su relación, y cualquier reunión futura que pudieran tener, dependía en última instancia de la providencia soberana de Dios. Sus cartas a Susie revelan lo mucho que la veía como una verdadera compañera para él: «Antes, sabía que te amaba mucho, pero ahora siento lo necesaria que me eres».135 Él dependía de ella, pero era igualmente pronto para considerar a Susie y lo mucho que ella también lo extrañaba: «Mi querida, acepta el amor más profundo y puro de un hombre que no es dado a exagerar, pero siente que aquí no hay lugar para la hipérbole».136
Aunque estaba somnoliento cuando redactó esa carta, no quería que Susie se imaginara que «me fatigo al escribir».137 La razón por la que no veía como una carga escribirle a su amada era esta: «es mi deleite complacerte».138 Concluyó su carta de amor enfatizando la importancia de la oración: que, aunque estuviera cansado y su cuerpo necesitara desesperadamente dormir, no podía dejar ni dejaría de buscar a Dios en oración y orar por Susie, cuyo nombre era «dulce para él».
Los ojos me duelen de sueño, pero seguirán abiertos hasta que haya invocado bendiciones de lo alto –misericordias temporales y eternales– para que reposen sobre la cabeza de una persona cuyo nombre me es dulce y que también ama el nombre del que es suyo, de su muy amado,
C.H.S.139
Las cartas que le escribió a Susie desde Escocia contienen reportes de sus predicaciones y excursiones, como también reflexiones sobre toda la experiencia. No obstante, es imposible pasar por alto el amor creciente por su prometida que está plasmado en ellas. La humildad, honestidad y necesidad espiritual que sentía eran aspectos en común con su futura esposa; Susie era la amiga y compañera que Charles necesitaba. Contaba con sus oraciones y esperaba que ella escuchara gustosa sus dolores, lo animara con palabras de aliento y lo fortaleciera para los desafíos que debía enfrentar. Charles era un hombre sensible, y lo peor que podía imaginar era tener un corazón frío hacia el Dios que había sido tan bueno con él.140 De forma conmovedora, expresó:
Me sentiré en gran deuda contigo si oras fervientemente por mí. Me temo que no estoy tan lleno de amor por Dios como solía estarlo. Lamento mi triste declive en las cosas espirituales. Quizás tú y los demás no lo hayan observado, pero ahora yo estoy consciente de él, y sentirlo ha puesto amargura en mi copa de gozo. ¡Oh! ¿De qué vale ser popular, ser exitoso, tener abundancia, incluso contar con un amor tan dulce como el tuyo, si Dios me deja caer y apartarme de Sus sendas? Tiemblo al ver la enorme altura en la que estoy y desearía ser desconocido, pues de hecho soy indigno de todo mi honor y fama. Confío en que ahora volveré a comenzar y ya no vestiré estas prendas con mezclas de hilos. Sin embargo, te imploro que entremezcles tus ruegos fervientes con los míos, para que seamos dos los que estemos de acuerdo y así promuevas la utilidad, santidad y felicidad del que amas.141
En efecto, la oración fue el pegamento que lo unió con Susie cuando estaban separados por kilómetros de distancia.
En la época navideña de 1855, Charles salió de Londres para visitar a sus padres en Colchester, a poco más de dos semanas de su boda. Al poco tiempo, le escribió a Susie:
Dulzura, ¡cuánto te amo! Anhelo verte, aunque apenas ha pasado media hora desde que te dejé. Consuélate en mi ausencia pensando que mi corazón está contigo. ¡Que mi Dios clemente te bendiga en todas las cosas: en el corazón, en los sentimientos, en la vida, en la muerte, en el cielo! Que tus virtudes se perfeccionen, tus expectativas se materialicen, tu celo persista, tu amor por Él aumente y tu conocimiento de Él se profundice, enaltezca y ensanche… ¡de hecho, que más de lo que mi corazón puede desear o mi esperanza anticipar sea tuyo para siempre!142
Antes de partir a Colchester, Charles le dio otro libro a Susie. Esta vez, no era de Bunyan, Tupper ni Brooks; venía del propio puño de Charles. Años después, cuando Charles ya había muerto, Susie escribió sobre ese obsequio:
Hay una sola reliquia de ese tiempo memorable. En mi escritorio, mientras escribo este capítulo, hay un libro titulado The Pulpit Library [La biblioteca del púlpito]. Es el primer volumen que se publicó de los sermones de mi amado, y tiene la siguiente inscripción en su primera hoja:
En unos pocos días me resultará imposible hacerle un obsequio a la señorita Thompson. Que este sea un recuerdo de nuestras alegres reuniones y dulces conversaciones.
22 de diciembre de 1855
C. H. Spurgeon143
La razón por la que Charles ya no podría hacerle un obsequio a la «señorita Thompson» es que el 8 de enero de 1856 se transformaría en la Sra. Spurgeon. Ser la esposa de C. H. Spurgeon iba a ser complicado. Quizás, el refrán «ojos que no ven, corazón que no siente» era aplicable para Susie, pues la esperaban muchas pruebas, no solo porque iba a perder su propia salud doce años después, sino también porque le aguardaban muchas otras pruebas que vendrían por estar casada con Charles Spurgeon.
Uno de los obsequios que Susie le entregó a Charles justo antes de su boda fue un cuadro del joven predicador. Le puso «el regalo de una amada». Recordaba los gratos pensamientos que tenía de su futuro esposo y que solía «mirar el dulce rostro del muchacho y pensar que ni aun un ángel podía ser la mitad de encantador».144 Más adelante, ese cuadro fue enmarcado y colgado en un sitial de honor en las paredes de la primera casa que tuvieron juntos. Posteriormente, cuando la fama de Charles creció aún más y él estaba lejos de casa, el retrato consolaba a Susie y «su expresión de fe confiada y serena le fortalecía el corazón». Susie expresó que, en ese cuadro, «el dedo elevado de Charles [que era bien conocido por los estudiantes de Spurgeon] apuntaba a la fuente donde debo buscar el consuelo en mi soledad».145
Ya que su abuelo y su padre eran pastores, Spurgeon estaba consciente de las múltiples dificultades que acompañaban el rol del pastor y sus efectos sobre la familia. Sin embargo, en la antesala de su matrimonio, ni Charles ni Susie podrían haberse imaginado las pruebas, pero también las bendiciones, que les aguardaban.
l aire de Londres estaba frío y húmedo el 8 de enero de 1856. Sin embargo, el tiempo no impidió que las multitudes cubrieran las calles, bloquearan los caminos e inundaran el santuario de la New Park Street Chapel. Fue necesario sacar a más de dos mil personas del atiborrado edificio, las que luego se unieron al resto de la muchedumbre que llenaba las calles y hacía presión buscando acercarse lo más posible a la capilla. La gente se reunió con la esperanza de lograr ver a los recién casados, que eran famosos en todo Londres.
Susie había pasado gran parte de la mañana en oración. R. B. Thompson tomó de la mano a su única hija y la ayudó a subirse al coche; luego, iniciaron el corto trayecto que separaba Falcon Square y la entrada principal de la New Park Street Chapel, al otro lado del Támesis. Susie recordaba que, durante el camino a la iglesia, ella, que iba sentada junto a su padre, se preguntaba si los que la veían pasar tenían siquiera una remota idea de «cuán maravilloso era el novio con el que iba a encontrarse».146
La policía, que fue requerida en esta ocasión especial, tuvo que abrirse paso entre la gente para que R. B. y Susie pudieran ingresar a la iglesia, que los espera con su capacidad máxima. Si en algún momento el Sr. Thompson tuvo dudas respecto a Charles Spurgeon, ahora aprobaba el matrimonio de su hija con el joven predicador inmensamente popular. Aunque las nubes cubrían el cielo de ese frío sábado, fue un día de gran gozo, pues en él se celebró la boda de Charles Spurgeon y Susannah Thompson.147
Años después, Susie meditó en la boda y catalogó lo que sintió ese día como «una alegría profunda y tierna». Ella y Charles «se tomaron las manos y luego las colocaron en las del Maestro». Veía su boda como el comienzo de un «viaje», y estaba «segura de que [Dios] sería su guía».148 Susie consideraba a Charles como «el mejor hombre de la tierra de Dios».149 Recordó con suma ternura los eventos de ese día maravilloso, que comenzó temprano en la mañana, de rodillas en oración:
Veo a una jovencita arrodillada junto a su cama temprano en la mañana; está asombrada y profundamente conmovida porque siente el peso de las responsabilidades que asumirá ese día, pero también está inexpresablemente feliz porque el Señor la ha favorecido tanto. Y allí, sola con Él, busca con fervor la fuerza, bendición y guía para la vida nueva que se abre ante ella.150
Esta dependencia de Dios para que Él supliera los recursos que ella y Charles necesitarían en su matrimonio da cuenta de la piedad de Susie, una piedad que la caracterizaría por el resto de su vida. Charles se dio cuenta de que Susie no era una mujer común, y la valoraba como su esposa, amiga y asistente en el ministerio.
Tom Nettles, biógrafo de Spurgeon, nota:
Descubrir la profundidad de la experiencia cristiana de Susie hizo que Spurgeon valorara aún más el don de sus manos, pues sabía que si Dios mismo amaba el don, él también podía amarlo… Las cartas que Spurgeon le escribía a «Susie» siempre mostraban una combinación indivisible de espiritualidad ardiente, un amor intenso por ella, un deseo profundo de ser más útil y un amor irrestricto por Dios y el evangelio, además de la conciencia de que necesitaba más pureza y determinación en su amor por Cristo.151
La boda fue la clase de ceremonia saturada del evangelio que Charles habría aprobado. Fue presidida por Alexander Fletcher, pastor de la Finsbury Chapel, y comenzó con la congregación cantando el himno «Salvation, O the Joyful Sound» [¡Salvación, oh, gozoso son!].152 Un himno así, que exaltaba tanto la salvación, era una forma apropiada de iniciar el matrimonio de los Spurgeon, y acentuaba la mentalidad evangélica tan característica de Susie y Charles. Después de leer el Salmo 100, Fletcher le recordó a la congregación que su pastor había hablado muchas veces sobre las sonrisas de Cristo en sus predicaciones: «Él [Cristo] seguramente sonrió al ver a la novia y el novio cuya boda recibió la gracia de Su presencia». Luego, abordando a la pareja, Fletcher los exhortó, asegurándoles que Dios tenía «más bendiciones reservadas para su disfrute, felicidad y utilidad».153
Thomas Spurgeon habló de la dulce boda y el matrimonio de sus padres poco después de la muerte de Susie en octubre de 1903: «Así comenzó la unión “hasta que la muerte nos separe”, que duró treinta y seis años y fue de suma ternura y amor de principio a fin. La esposa de mi amado padre fue una verdadera ayuda, y eso quedó demostrado por el testimonio reiterado de su valor que él expresó verbalmente y también plasmó en papel y tinta en repetidas ocasiones».154 Citando a Tennyson, Thomas reflexionó: «Ella se adaptaba a él cual melodía perfecta para una letra noble».155
Para Susie Thompson, los años 1854-1856 fueron un período de cambio. Aunque en un comienzo las formas rústicas de Charles la desconcertaron, cuatro meses después de ese primer encuentro recibió un regalo de su parte. Pasaron dos meses más, y el «niño predicador de los Fens» le reveló sus sentimientos románticos. Y seis semanas después, Charles Spurgeon, que era dos años y medio menor que ella, pidió en matrimonio la mano de Susannah Thompson, que tenía veintidós años. Por último, el 8 de enero de 1856, cerca del púlpito donde predicaba todos los domingos, le puso una argolla en el dedo para el deleite de la muchedumbre que atiborraba la New Park Street Chapel.
Aunque los Spurgeon gozaron de mucha felicidad, la pareja tuvo que enfrentar dificultades desde el comienzo. Además de los desafíos del ministerio, tanto Susie como Charles experimentarían problemas de salud prolongados con posterioridad. En 1888, Susie describió un año de sufrimiento, señalando que les trajo «una serie de pruebas variadas, y tanto mi amado esposo como yo nos vimos asolados por un gran combate de aflicciones».156 Un año así no era inusual, pero aunque enfrentaron pruebas a nivel personal y también como pareja, Susie afirmó que quería «alabar al Señor, con todo mi corazón, alma y fuerza, pues nos ha sido “un pronto auxilio en las tribulaciones”».157
Al comienzo de su matrimonio, Susie experimentó las dificultades propias de la popularidad de su marido y las exigencias de su vocación. Realmente detestaba los múltiples viajes que hacía para predicar y a veces se abatía porque lo extrañaba. Sin embargo, determinó que jamás le sería un obstáculo para el ministerio.158 Charles le escribió: «He servido al Señor mucho más y nunca menos por tu dulce compañía».159 A lo largo de su vida adulta, Charles sufrió episodios de depresión tan severos que su salud mental se vio en serio peligro. Lewis Drummond sostiene que Susie fue una de las razones principales por las que Spurgeon conservó su cordura.160 Su apreciación recalca una vez más lo necesaria que Susie era para Charles.
Charles y Susie comenzaron su matrimonio con corazones ardientes en oración, fundados en la Escritura y unidos en los lazos del santo matrimonio. Emprendieron sus labores con el corazón gozoso y la convicción valiente de que duraría toda la vida. Bien entrada su viudez, Susie analizó su boda y sus treinta y seis años de matrimonio con Charles: «Pero el anillo dorado que entonces me puso en el dedo, aunque ahora está gastado y adelgazado, da cuenta de un amor más allá de la tumba, y es la prenda preciada de una unión espiritual que durará por toda la eternidad».161 Aunque Susie entendía que el matrimonio humano no forma parte del cielo, la «unión espiritual» que los creyentes comparten en la tierra es solo un comienzo que no terminará jamás. Se daba cuenta de que, en Charles, tenía un compañero con el que adoraría a Dios por toda la eternidad.
Vale la pena analizar la naturaleza excepcional de la unión de los Spurgeon. Susie y Charles se unieron con fines espirituales, utilizaron medios espirituales el día de su boda y se mantuvieron juntos a lo largo de los años debido a sus objetivos espirituales. Miraron a Dios, buscaron Su ayuda, y unieron sus manos en servicio a Él. En la boda, Alexander Fletcher clamó a Dios en oración: «¡bendícelos con utilidad creciente, con felicidad creciente y con un disfrute creciente de Tu comunión!».162 Charles solía hablar de la bondad de Dios al colocar a Susie a su lado. Se refería a ella como «la esposa ideal» y decía que Dios la había diseñado «para que fuera la mayor de todas las bendiciones terrenales para él».163
El biógrafo Russell Conwell analizó el matrimonio de los Spurgeon y creía que Susie y Charles eran especialmente idóneos el uno para el otro. Charles invitaba a Susie a ayudarlo a superar sus «excentricidades rústicas» y «corregir sus errores de lenguaje o historia». Ella pudo asistirlo, y, según Conwell, Spurgeon «nunca podría haber llegado a la eminencia que alcanzó» sin la ayuda de su esposa. Aunque la opinión de Conwell puede ser exagerada, Susie fue inestimablemente valiosa para Spurgeon. Conwell aseguraba que si Charles se hubiera «aliado con una esposa menos piadosa y sincera», su reputación y ministerio habrían terminado dañados. En cambio, Susie «trabajó con él, oró con él, creyó en él y lo amó intensamente durante esos múltiples años de trabajo».164
Susie fue una amiga y asistente fiel para Charles. Un ministerio como el de su marido, que atraía enormes multitudes, se prestaba para calumnias y malentendidos. Las iglesias grandes y los predicadores populares no eran escasos en Londres, pero el evangelismo apasionado, la teología puritana y la metodología práctica de Charles contrastaban con los pastores de Londres, que eran más refinados. Según Conwell, Susannah era un consuelo alentador para Spurgeon cuando enfrentaba ataques de los oponentes: «Se ponía como un escudo entre él y las flechas de la impiedad, apagando fácilmente esos dardos de fuego con el escudo del amor doméstico».165
La académica Patricia Kruppa señala: «El matrimonio de Spurgeon contribuyó a sostenerlo en ciertas experiencias muy ásperas de sus primeros años».166 Quizás no es exagerado suponer que si Charles Haddon Spurgeon no hubiera conocido a Susie Thompson ni se hubiera casado con ella, su vida y ministerio nunca habrían llegado al nivel que alcanzaron tanto en su vida como después de ella. La soltería no era un don con que contara Charles. Sin embargo, Charles no solo requería una esposa; necesitaba una esposa muy específica: necesitaba a Susie Thompson.
Luego de la boda, Charles y Susie salieron con dificultad de la New Park Street Chapel, se subieron a un tren en dirección al puerto de Dover, y allí tomaron un barco hacia París, donde estarían nueve días de luna de miel. En la romántica ciudad, se alojaron en las inmediaciones de primera clase del Hotel Meurice. Este hotel era tan maravilloso que muchos millonarios y famosos se registraron en él a lo largo de los años. Era conocido como «el hotel de los reyes y las reinas».
En 1835, el hotel Meurice fue trasladado a «una de las locaciones más elegantes de la ciudad, frente al histórico Jardín de las Tullerías».167 El hotel ofrecía «entretención lujosa» con cenas abundantes y platos extravagantes. En 1855, justo un año antes de que Susie y Charles se registraran en su fabulosa habitación del hotel Meurice, la reina Victoria se había alojado en él. El compositor Tchaikovsky también había sido uno de sus huéspedes y hacia finales del siglo XIX, el hotel Meurice solía acoger a «la élite de la aristocracia».168 Para la estadía de Susie y Charles resultó relevante la atmósfera británica del hotel. El lugar estaba repleto de huéspedes británicos, su personal hablaba inglés y el apodo del lujoso edificio era «Ciudad de Londres».
El famoso escritor inglés W. M. Thackeray describió el hotel Meurice:
Si no sabes ni una pizca de francés, si te gusta la comodidad inglesa, las habitaciones limpias, el desayuno y los recepcionistas… si en el extranjero quieres estar rodeado de tus coterráneos, de tu cerveza oscura, de tu amigo y de tu coñac—también de tu agua—, no escuches a ningún mensajero, sino grita enérgicamente «¡Meurice!» con tu mejor acento británico, y, de inmediato, aparecerá alguien que te llevará directo a la rue de Rivoli.169
Los recién casados se hospedaron en la opulencia. El hotel, que asombraba por su belleza arquitectónica y tenía una ubicación ideal a corta distancia del río Sena y en las cercanías de las galerías de arte y las catedrales de París, sirvió como un oasis romántico perfecto para los jóvenes amantes. Uno podría preguntarse cómo es que un pastor recién casado logró costear un hospedaje así. Susie escribe: «Utilizamos una suite de habitaciones acogedoras (por un favor especial) en el entresuelo del hotel Meurice».170 El comentario «por un favor especial» podría indicar que la estadía hotelera de los Spurgeon fue un regalo de bodas de su familia, sus amigos o la iglesia. O, quizás, como la fama de Charles iba en aumento, el mismo hotel le ofreció la suite a un costo muy reducido con la intención de ganarse su favor.
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