Kitabı oku: «Actuel Marx 28.»

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María Emilia Tijoux Merino

Comité Editorial

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Consejo Editorial

Gilbert Achcar (Universidad París VIII), Étienne Balibar (Universidad París X), Daniel Bensaïd (†) (Universidad París VIII), John Beverley (Universidad de Pittsburgh), Alex Callinicos (Universidad de York), Jean-Marc Lachaud (Universidad París VIII), Domenico Jervolino (Universidad Federico II, Nápoles), Michael Löwy (CNRS/EHESS), Stefano Petrucciani (Universidad de Roma), Gabriel Salazar (Universidad de Chile), Jacques Texier (CNRS/EHESS), Slavoj Zizek (Instituto de Estudios Sociales de Ljubljana), Ernesto Laclau (†) (Universidad de Essex), Klaus Dörre (Universität Jena), Enzo Traverso (Universidad Cornell de Ithaca, New York), Armando Boito (Universidad Estatual de Campinas), Ricardo Antunes (Universidad Estatual de Campinas), Juan Carlos Marín (†) (Universidad de Buenos Aires), Adrián Scribano (Universidad de Buenos Aires) y François Chesnais (Francia).

Edición francesa (París)

Guillaume Sibertin-Blanc y Jean-Numa Ducange

Traducciones

Roberto Merino Jorquera, Juan Riveros Barrios y María Emilia Tijoux Merino

Diseño de portada

Autor: Juan Riveros Barrios

E-mail: info@actuelmarxint.cl Página Web: www.actuelmarxint.cl Huérfanos 1841, Santiago, Chile Diseño, diagramación y correcciones: Lom ediciones María Emilia Tijoux Merino / Lom ediciones ISSN: 0718-0179 ISBN impreso: 9789560013842 ISBN digital: 9789560014146 Registro Nº 010.121 LOM ediciones Concha y Toro 23, Santiago lom@lom.cl | www.lom.cl

In memorian A Vicente Olavarría André

A los y las que luchan por la justicia y dignidad social…

¿Qué es resistir?

Resistir es, primero que todo y simplemente, no ceder, incluso en las situaciones más comprometidas, incluso si la postura es mala, incluso si estamos sumergidos en una posición de debilidad o de impotencia que puede ser pasajera…

Resistir implica reconocer su debilidad, admitir una correlación de fuerzas desfavorables; pero nunca jamás consentirlas, sin consentir o admitir esa debilidad, sin aceptarla, sin sonreír y sin resignarse.

Podemos ser vencidos –innumerables resistencias admirables lo han sido en el transcurso de la historia– cualquiera haya sido su justicia.

Lo que importa es no reconocer ser vencido, no reconocer al vencedor su victoria, no transformar la derrota en oráculo del destino o en capitulación vergonzosa, no dejar que una derrota física se transforme en una desbandada o derrumbe moral.

Daniel Bensaïd

Résistances. Essai de taupologie générale, 2001

Índice

  Presentación: Las crisis del capitalismo mundializado y la discusión sobre la financiarización del modelo neoliberal

  Financiarización: revisión del debate y precisiones para una interpretación marxista

  Exacerbación de la autonomización del capital a interés (eso que llaman financiarización): el paroxismo de la irrealidad de la economía capitalista

  Crisis económica y desórdenes mundiales

  Capital financiero y clase dominante en Rudolph Hilferding: aportes para una aproximación política a los procesos de financiarización del capitalismo mundial

  Bancos centrales autónomos y la reproducción de la acumulación capitalista: el caso de Chile 1973-1990

  Crítica del capitalismo neoliberal-financiero: del fetichismo de la mercancía al trabajo abstracto

  De la aspiracionalidad a la circulación del deseo-capital. Reflexiones sobre la capacidad performativa de los publicistas en Chile

  Reseña de Robado: ¿Cómo salvar al mundo de la financiarización?, de Grace Blakeley

  Llamado a la revista Actuel Marx / Intervenciones N°29Segundo semestre 2020

  Normas de publicación

Presentación: Las crisis del capitalismo mundializado y la discusión sobre la financiarización del modelo neoliberal

La situación actual de crisis a nivel mundial, debido a la pandemia y la depresión económica, ha puesto en evidencia las desigualdades estructurales y las opresiones generadas por el neoliberalismo. La confrontación geopolítica por la supremacía mundial y la agudeza del inminente desplome ecológico convergen en 2020, al mismo tiempo que la humanidad entera hace frente a una pandemia mundial sin precedentes en el capitalismo contemporáneo.

Las causas que subyacen a las crisis, tanto económica, social, política, ecológica y humanitaria-sanitaria del capitalismo mundializado, son una de las problemáticas más debatidas en las diversas corrientes y escuelas de pensamiento de los marxismos, adquiriendo muchas de ellas profundas raíces históricas e ideológicas.

Bajo el término «crisis», los marxistas comprenden a la vez las «crisis periódicas», que son un fenómeno corriente que se produce a intervalos relativamente regulares, como también las «crisis estructurales». Numerosos autores identifican las «crisis estructurales» como las ondas largas de contracción económica, durante las cuales los periodos de reactivación y de crecimiento son más bajos y las recesiones periódicas más agudas.

La crisis actual se funda sobre la teoría económica que Marx nos ha legado. Aunque Karl Marx no haya analizado la crisis estructural o las ondas largas de contracción económica, no encontramos en sus obras una presentación sistemática de una teoría de las crisis, su crítica de la economía política, y su teoría del valor y del capital expuestos en los tres libros de El Capital son instrumentos para comprender las crisis periódicas y estructurales, incluida la crisis mundial actual.

El rol central que tienen las crisis en el análisis de las contradicciones y límites del capitalismo determinan los cursos de la acción política. En los últimos años, poco antes del colapso de la economía mundial de 2007-2008, ha tenido lugar un profundo debate al interior de la economía política crítica, para elaborar una explicación a las crisis del capitalismo. En el presente número se pretende pasar revista a los principales argumentos que contienen este debate, con el objeto de plantear la comprensión del funcionamiento y de las leyes generales del modo de producción capitalista.

Una de las problemáticas más importantes en este debate sobre la caracterización de la crisis económica es la denominada financiarización, específicamente entre lo que aparece y lo que es, es decir, entre causa y efecto. Tal caracterización incluso negaría la Ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, articulada dialécticamente por Marx y considerada por él como «la ley más importante de la economía política moderna, y la más esencial para comprender sus relaciones complejas». De esta manera, para estos teóricos, la actual crisis no sería tal cual como la concibió Marx, esto es, una crisis normal y esperada del capitalismo, sino una crisis de su modalidad actual y específica: el neoliberalismo.

Estas teorías parecen no tener como base las leyes propias del régimen de acumulación capitalista de producción, tan criticadas por Marx en su momento como una especie de «armonicismo» al estilo de Jean-Baptiste Say. En los pasajes de las Teorías sobre la plusvalía, Marx desarrolla el análisis de las crisis y sus recurrencias iniciadas en los Grundrisse. Es allí donde se opone a las teorías del equilibrio, inspiradas en el «insípido Jean-Baptiste Say», según las cuales la sobreproducción sería imposible en razón de una identidad inmediata entre la demanda y la oferta. El principio según el cual «intercambiamos los productos contra los productos» garantizaría «un equilibrio metafísico entre vendedores y compradores». David Ricardo toma de Say esta fábula, según la cual «nadie produce si no es con la intención de vender o de consumir, y no vende jamás si no es para comprar otra mercancía que pueda serle útil». En este sentido, produciendo, cada uno devendría «consumidor de su propia mercancía», ya sea como «comprador o consumidor de las mercancías de algún otro». Así, el circuito estaría perfectamente cerrado, y el equilibrio entre venta y compra, oferta y demanda, asegurado.

El disfuncionamiento de la información no podría entonces venir, sino que de un defecto de información ligado a la complejidad creciente del mercado. Ricardo la plantea, pero se asegura inmediatamente diciéndonos lo siguiente: «No podríamos admitir que el productor pueda estar largo tiempo mal informado sobre las mercancías que puede producir con una gran ganancia» y «es entonces increíble que pueda durablemente producir una mercancía para la cual no existe la demanda». En suma, para ellos, el mercado sería un informador perfecto. Más próximo a nosotros, el argumento liberal de Friedrich Hayek es en favor de la concurrencia libre y no falseada, tan enarbolada por los arquitectos neoliberales del mercado mundial. La privatización de la información financiera y la invención de productos financieros cada vez más sofisticados, que borran las pistas y nublan los mensajes, han confirmado este mito.

La «inadecuación» de estas teorías para explicar las crisis no consiste en la inexistencia de los fenómenos que se describen y señalan, ya que estos están presentes en la realidad, sino que sitúan estos fenómenos como las causas cuando estas son las consecuencias, nublando así la comprensión de este histórico modo de producción. De esta manera causa y efecto se presentan en forma difusa y confusa, planteado así la discusión de la dicotomía entre esencia y apariencia de los fenómenos.

En esta discusión, el término financiarización es también debatido. Los autores incorporan o excluyen diferentes elementos de esta categoría y puede ser entendido como el auge de los movimientos financieros y crediticios, especulativos y de formación de capital ficticio, que según algunos autores está asociado con la desregularización adjudicada principalmente al neoliberalismo.

Al interior de las corrientes marxistas, Claudio Katz considera que tales teorías fenoménicas son políticamente «inocuas», es decir, que carecen de consecuencias directas sobre la acción de los movimientos sociales y políticos. Debemos señalar que sin una explicación de la crisis que tenga el carácter de general para la comprensión de los fenómenos, que permita develar las lógicas internas y externas del capital mundializado, de la explotación, de las contradicciones y los límites del régimen capitalista de producción, las consecuencias en vista de una acción social y política transformadora son profundamente perjudiciales en relación con el ¿qué hacer?

No pretendemos en esta presentación realizar una revisión exhaustiva de cada una de las teorías en presencia para explicar la crisis, sino entregar de una manera general algunos elementos que permitan situar las orientaciones en este debate. Se observan dos variantes principales en las teorías relacionadas con la financiarización: las que las consideran como la causa de la crisis y las que las consideran una consecuencia de esta.

En la financiarización como causa se destacan autores como Gerard Duménil, Dominique Lévy y, en cierta medida con algunas divergencias, Michel Husson, para quienes la crisis actual del capitalismo es una crisis financiera, una crisis de la modalidad específica del capitalismo de las últimas décadas: el neoliberalismo. Es una crisis específica de esta modalidad y no una crisis normal de este modo de producción. No es una crisis provocada por la caída de la tasa de ganancia, de una cierta pérdida de la rentabilidad que afectaría a la tasa de acumulación del capital.

De este modo, a juicio de los autores a partir de los años 70 el capitalismo experimentó una de sus crisis habituales que se manifestó en la denominada crisis de los precios del petróleo y en el caso de América Latina, en la crisis de la deuda. La tasa de ganancia de las empresas productivas habría caído. Las respuestas a estas caídas fueron las medidas y políticas neoliberales: privatizaciones, flexibilización laboral, liberalización comercial. Ello significó una mayor expropiación y explotación de la clase trabajadora y, en consecuencia, un incremento de la tasa de plusvalía. De esta forma, se habría logrado recuperar las tasas de ganancias, debido a los ataques a las condiciones laborales, y a priori puesto fin a la crisis. Se argumenta, en esta misma línea, que además se habría logrado el resurgimiento de una hegemonía financiera, de una fracción de las clases dominantes, producto de la desregulación. Según los mismos autores, la tasa de beneficios experimentó una recuperación significativa durante los años 80, pero la tasa de acumulación de capital o tasa de inversión productiva continuaría deprimida, generándose una brecha entre ambas. La explicación de esta brecha es la financiarización, que es la expresión de las tendencias liberales: los beneficios originados se invirtieron en actividades financieras, es decir, en actividades improductivas. Las finanzas en este sentido estarían drenando el capital necesario para la inversión, según Michel Husson.

Esta crisis del neoliberalismo sería una crisis provocada por la hegemonía, específicamente una crisis de la hegemonía de Estados Unidos, por lo que algunos autores sostienen que la crisis quedaría adicionalmente relacionada con las teorías del imperialismo. Es preciso en este punto diferenciar la posición de Michel Husson con la postura de Duménil y Lévy. Michel Husson afirma que la esfera financiera no es autónoma. La principal función de las finanzas es borrar lo más posible las fronteras y límites de las áreas de valorización del capital. Además, agregará que la financiarización es un resultado, una respuesta a las contradicciones de la economía real que es de larga data, por lo que cada crisis debe ser interpretada como una especie de llamado al orden de la teoría del valor.

Para Husson, la esfera financiera no es autónoma ni independiente de la esfera productiva. En esta se establece una relación dialéctica, en el mismo sentido en que lo describe Marx entre estructura y superestructura. Es la esfera productiva la dominante, en tanto la participación de la esfera financiera en las ganancias, presentes y futuras, depende del desempeño de la actividad productiva y, en última instancia, del comportamiento de la tasa de ganancia.

Por otro lado, encontramos la financiarización como consecuencia. Una de las variantes que inciden en esta discusión es la escuela de la Monthly Review, que se enfoca en los problemas de desequilibrio provocados por una insuficiente demanda, causada por el capital monopolista y salvaguardada por el capital financiero, que ha sido plasmada en su teoría del «consumo insuficiente». En esta, la explicación de la crisis se sitúa en el contexto del capitalismo monopolista (imperialista). Para Magdoff y Sweezy, la financiarización sería un efecto de los obstáculos al proceso de acumulación real, sirviendo como elemento contrarrestante de la tendencia hacia el estancamiento, en ausencia del cual esta sería aún mayor, dado su impacto favorable sobre la demanda agregada. Se señala que a raíz del capitalismo monopolista existe una distribución del ingreso perjudicial para el trabajo, lo que tendría como consecuencia directa una insuficiente demanda agregada y un insuficiente nivel de consumo. Estos desequilibrios entre oferta y demanda, causados por una demanda deficiente y desequilibrios entre capital productivo y capital financiero, actuarían como paliativo frente al estancamiento. La solución sería una política económica que promueva un incremento de los salarios y medidas antimonopolios. De esta forma la crisis podría ser controlada.

En esta discusión es importante destacar la contribución de François Chesnais, que en su texto publicado en 2017, Finance Capital Today, amplía la temática a un cuestionamiento de los límites del capitalismo y como lo indica el subtítulo está principalmente consagrado al análisis de las relaciones entre empresas y bancos. Chesnais rechaza de partida la idea de que la crisis actual sería una crisis del capitalismo «financiarizado», ya que se trata de una crisis del capitalismo pura y simplemente. Por eso rechaza toda distinción simplista entre el «buen» capital productivo y el «mal» capital financiero, y añade que bastaría con regular las finanzas para reinyectar todo el dinamismo al capitalismo.

La definición que propone Chesnais de la crisis es clásica: es una «crisis de sobreacumulación y de sobreproducción, agravada por una baja de la tasa de ganancia». Esta crisis estaba en gestación desde la segunda mitad de los años 1990, pero su explosión se ha retrasado «por la creación masiva de créditos y la plena incorporación de China a la economía mundial».

Uno de los aspectos fundamentales del texto de Chesnais es que permanece en el marco de la ley del valor. En este sentido, señala que cualquiera sea la definición que se haga del sector financiero, es una enorme maquinaria de captar y reciclar la plusvalía, pero no de crearla, pues esa plusvalía es producida por la explotación del trabajo. El libro, además, contiene elementos fundamentales y esclarecedores sobre la estructura de clase de la dominación capitalista, planteando «la interpenetración del capital bancario y del capital industrial» como un proceso que conduce a la «formación, a nivel de los Estados, de un bloque de poder unificado». De la misma manera discute sobre la formación de una clase capitalista mundial y remarca los obstáculos para su constitución, que remiten fundamentalmente a la competencia entre numerosos capitales.

Por último, Chesnais propone una periodización según la cual la crisis actual marca el fin de «la más larga fase de acumulación en la historia del capitalismo, que no se ha interrumpido nunca, aunque progresivamente se haya ralentizado». Enfatiza que ha sido «una fase muy larga, de setenta años, por tanto sin paralelo en la historia del capitalismo, de acumulación ininterrumpida». Las recesiones generalizadas de 1974-1976 y de 1980-1982 habrían «provocado un cambio de ritmo en los países capitalistas avanzados, pero no habrían afectado la dinámica de reproducción ampliada a nivel mundial».

Otros autores, que parten de las leyes que rigen el funcionamiento del modo de producción capitalista y en particular de la Ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, consideran el carácter histórico y social del capitalismo, y analizan la crisis como parte orgánica del proceso de acumulación del capital, de sus límites y contradicciones. Ven la crisis actual como una crisis «normal» del modo de producción capitalista, cuyo origen se sitúa en la esfera productiva, en la forma y lógicas de la acumulación, que son esperables, inevitables, dado su contradictorio funcionamiento, y necesarias para su continua reproducción.

De esta manera sitúan los movimientos financieros como una consecuencia de la crisis, una de las formas de manifestarse y uno de los elementos detonantes. En esta corriente se señala que el capitalismo necesita modificar constantemente su coraza, con el fin de preservar intacto su núcleo central. Sostienen que este régimen de producción, particularmente el estadounidense, tras recuperar la tasa de ganancia, desde la crisis de los 70, enfrenta en la actualidad un colapso generado por una caída abrupta de las tasas de interés. La crisis actual entonces sería el resultado del agotamiento del mecanismo implementado para recuperar la tasa de ganancia perdida durante la crisis anterior, mecanismo conformado por un incremento de la tasa de explotación y una consecuente disminución del salario real, con una reducción acelerada de la tasa de interés, con el objeto de recuperar las ganancias de los sectores empresariales. Para estos autores, las leyes del capitalismo no admiten modificación y aunque en algunas coyunturas puedan mitigarse sus efectos, las contradicciones congénitas darán lugar a crisis que serán cada vez más profundas y con efectos cada vez más desastrosos para la clase trabajadora. Se insiste que no hay lugar para la gestión ni para un cierto perfeccionamiento del capitalismo. Esta es entonces la explicación de la crisis actual, una crisis analizada por Marx, con las respectivas particularidades del periodo o momento histórico dado.

La crisis de 2007-2008, y su subsecuente desaceleración económica, estaría asociada a la explosión de una inmensa burbuja en el sector inmobiliario y en la bolsa de valores como consecuencia del relativo estancamiento económico, siendo la continua caída de la tasa de ganancia el elemento explicativo esencial. Para Marx, la acumulación está directamente determinada por la tasa de ganancia y más aún por el monto total de las ganancias. En el capitalismo, la tasa de acumulación refleja, en general, el comportamiento de la tasa de ganancia.

En el prefacio del libro Marx y las crisis (texto inédito), Daniel Bensaïd (2009) señala que detrás de la apariencia económica de la ley de «la baja tendencial» se manifiesta en realidad el conjunto de las barreras sociales con las cuales viene a chocar la acumulación del capital. Esta extraña ley, en que Marx expone en los capítulos siguientes «las contradicciones internas», ha alimentado bastantes controversias. Parece, de hecho, no poder imponerse sino que a través de sus propias negaciones: el aumento de la tasa de explotación que apunta a redireccionar la ganancia; la depredación imperialista que permite rebajar la composición orgánica del capital por la explotación de una fuerza de trabajo a buen mercado y por la baja del costo de las materias primas; la aceleración de la rotación del capital gracias a la publicidad, al crédito y a la gestión de los stocks para compensar la baja de la tasa de ganancia por el aumento de su masa; la intervención pública del Estado por la vía de gastos públicos, las ayudas fiscales y principalmente los gastos en armamentos. Fuertemente bizarra entonces, esta ley se contradice y se contraría ella misma. Y agrega que según Marx, la depreciación periódica del capital, que es un medio inmanente al modo de producción capitalista de estancar la baja de la tasa de ganancia y de acelerar la acumulación del capital por la formación de capital nuevo, perturba las condiciones dadas en las cuales se cumplen el proceso de circulación y de reproducción del capital y, enseguida, se acompaña de bruscas interrupciones y de crisis del proceso de producción.

A continuación señala que cuando la tasa de ganancia baja, el volumen de capital que debe disponer el capitalista para invertir aumenta. A ello sigue una concentración de capitales que lleva a una nueva baja de la tasa de ganancia, en la medida que ella se traduce por una acumulación creciente de capital constante. La tasa de ganancia es la relación de la plusvalía dividida por la suma del capital constante y del capital variable.

Dividiendo la tasa de ganancia 1 por v encontramos en el numerador la tasa de explotación (o de la plusvalía): pl/v y al denominador la composición orgánica c/v (+1) y obtenemos la ecuación de la baja tendencial de la tasa de ganancia. Si la composición orgánica aumenta cuando la tasa de explotación permanece igual, la tasa de ganancia disminuye. Mientras mas el trabajo muerto (c) se acumula en detrimento del trabajo viviente (v) (la «composición orgánica» del capital c/v aumenta), y la tasa de ganancia pl/c+v tiende entonces a bajar. Esta no es una ley mecánica o física, aclara Bensaïd, sino una «ley social» (si es que el término de ley es aún apropiado). Su aplicación depende de múltiples variables, de luchas sociales de salida incierta, de relaciones de fuerzas sociales y políticas inestables. Ella entonces no cesa de contrariarse a sí misma, suscitando las contra-tendencias.

Según Daniel Bensaïd, las contra-tendencias serían las siguientes:

 El aumento de la tasa de explotación tiende a restablecer la tasa de ganancia, sea por la prolongación del tiempo de trabajo, sea por el aumento de su productividad, sea por la compresión de los salarios por debajo de las tasas de inflación, sea aun por la amputación del salario indirecto (la protección social);

 Los mecanismos de dominación imperialistas contribuyen a hacer bajar la composición orgánica del capital por el llamado al trabajo a buen mercado y por la reducción del costo de producción de una parte del capital constante;

 La aceleración de la rotación del capital compensa la baja de la tasa de ganancia por el aumento de su masa;

 La intervención económica del Estado sostiene la economía por la vía del gasto público, de los gastos en armamentos, de las ayudas fiscales y por «la socialización de las pérdidas»;

El aumento de la tasa de plusvalía (pl/v) puede entonces contrarrestar la «baja tendencial» de diversas maneras:

 Por la intensificación del trabajo: aumento de la plusvalía relativa.

 Por la prolongación de su duración: aumento de la plusvalía absoluta.

 Por la reducción del capital variable por la baja de los salarios directos e indirectos.

 Por la reducción del capital constante por la baja de los costos de las materias primas, la producción a flujos tensionantes, el stock 0…

Bensaïd añade que la caída efectiva de la tasa de ganancia no conlleva automáticamente una baja de su masa. Si el ritmo de rotación del capital se acelera, la masa puede continuar aumentando, aunque la tasa de ganancia caiga. Si cierra, por ejemplo, cuatro veces su ciclo en el año, en lugar de una sola, la masa puede, por el contrario, ser multiplicada por dos incluso si la tasa disminuye de la mitad. La facilidad del crédito, el marketing, la publicidad, la gestión de los grandes consumos, la obsolescencia integrada y la falsa novedad de la moda contribuyen precisamente en acelerar esta rotación y a dar la sensación de una aceleración de la historia.

La extensión geográfica del campo de la producción mercantil puede igualmente retardar los momentos de la crisis. El desdoblamiento en veinte años de la fuerza de trabajo disponible en el mercado mundial del trabajo significa también a la vez un aumento del capital variable (una baja relativa de la composición orgánica global) y un aumento del grado de explotación (de la vulnerabilidad social de una mano de obra a menudo desprovista de derechos laborales y de protecciones sociales). Ambos factores son susceptibles de frenar la caída de la tasa de ganancia, ver en este sentido su restablecimiento temporalmente.

Estas respuestas del capital a la erosión tendencial de la tasa de ganancia, señala Daniel Bensaïd, son los resortes escondidos de lo que el sentido común llama «mundialización». Las crisis no constituyen entonces los límites absolutos a la producción y al consumo de riquezas sociales, sino las contradicciones relativas a un modo de producción específico, «correspondiente a una cierta época de desarrollo restringido de las condiciones materiales de producción». No generamos demasiados bienes de consumo en relación a las necesidades, ni demasiados bienes de producción en relación a la población en condiciones de trabajar, «pero producimos periódicamente demasiadas riquezas bajo las formas capitalistas contradictorias». En el libro III del Capital, la separación de la compra y de la venta que constituye la condición general formal de las crisis se traduce concretamente en el hecho que la capacidad de consumo solvente entra en contradicciones con la búsqueda de la ganancia máxima.

Por último, Bensaïd enfatiza que Marx no habla jamás de una «crisis final». Demuestra solamente cómo «la producción capitalista tiende sin cesar a traspasar sus barreras inmanentes». Contrariamente a lo que se ha pretendido, en los años 1930, Evgeni Varga y los teóricos de la crisis del hundimiento final del capitalismo explican que estas crisis son inevitables, pero no infranqueables. La cuestión es saber a qué precio, y sobre la espalda de quién, ellas pueden ser resueltas. La respuesta no pertenece a la crítica de la economía política, sino a la lucha de clases y a sus actores políticos y sociales.

Abrimos este número con el artículo de Vicente Olavarría, Jonathan Bidwell e Ivo Gasic, titulado «Financiarización: revisión del debate y precisiones para una interpretación marxista», que propone una mirada marxista a la financiarización con base en los planteamientos de Minsky y Marx. A partir de una exhaustiva revisión bibliográfica de las principales corrientes analíticas, los autores centran parte de su argumentación en los excedentes y su absorción en la economía real. El diálogo entre la teoría marxista y la teoría minskiana permite dar respuesta a los modos en que las crisis y recesiones se manifiestan en el proceso de financiarización.

El principal aporte está anclado en la explícita necesidad de fijar la mirada en los medios de producción y el proceso de creación de riqueza material que trae consigo la financiarización, cuestión que de ser pasada por alto impide una aproximación marxista a la hegemonía financiera.

Andrés Piqueras y Paulo Nakatani, miembros del Observatorio Internacional de la crisis, en su artículo titulado «Exacerbación de la autonomización del capital a interés (eso que llaman financiarización): el paroxismo de la irrealidad de la economía capitalista», nos entregan elementos explicativos para la comprensión de cómo se ha llegado al predominio actual del capital monetario como capital a interés que se hace especulativo-parasitario y cuáles son sus consecuencias. Para ello se mueven en diversos niveles de abstracción teórica, histórico-concreto y la distinción interna al movimiento del capital entre los flujos y existencias en una metamorfosis permanente.

Constatan que luego de decenios de sobreacumulación y decadencia del capital productivo y la exacerbación del sistema de créditos a escala mundial, el capitalismo se encuentra en una crisis permanente. Señalan que en sus intentos de escapar a sus propias contradicciones, producto de la ley general de la acumulación y la ley de la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, el capitalismo expandió de una manera inaudita las formas ficticias de acumulación y la creación de «nuevos productos financieros» cada vez más sofisticados y complejos.

A lo largo de su ciclo completo (producción-circulación-producción), el capital industrial adopta tres sucesivas formas funcionales, presentando un continuo movimiento entre ellas: capital-dinero, capital-producción y capital-mercancía, para convertirse nuevamente en capital-dinero incrementado.

Lo que explican los autores en su trabajo, necesariamente de manera abreviada, son parte de las contradicciones del movimiento del capital en su momento actual. Esta crisis no afecta sólo a la clase capitalista sino que alcanza a toda la sociedad, a través del aumento de las tasas de explotación y plusvalía, y las relaciones laborales cada vez más precarizadas o a menudo disfrazadas con lo que se denomina «emprendimiento» (que no es otra cosa que quedar fuera de la relación laboral).

Por otro lado, señalan los ataques contra las conquistas históricas en forma de políticas sociales que acrecientan las desigualdades económicas y sociales, logrando un punto extremo en un momento en que la producción de riquezas alcanza niveles elevadísimos. Por último, sostienen que las formas ficticias del capital a interés crearon y siguen creando fetiches que profundizan la enajenación individual y social en la creencia de que es posible la creación y reproducción de valor y riqueza sin trabajo humano. Terminan por expresar, que hemos llegado a un punto en que el desarrollo del capital implica necesariamente la continuidad de la destrucción de la naturaleza, debido a la irrefrenable necesidad de aceleración del crecimiento.

Esto marca un punto de inflexión para las luchas de clases, dado que el capital desata todo tipo de ofensivas contra la sociedad. Ello genera, a juicio de los autores, un creciente «movimiento defensivo» que abre un nuevo ciclo de luchas y que necesariamente tendrá por base la radicalización del antagonismo capital/trabajo.

El texto de Michel Husson, «Crisis económica y desórdenes mundiales», publicado originalmente en 2018 y traducido para la presente edición, opera como una especie de oráculo y muestra un panorama bastante sombrío para la economía mundial, cobrando especial vigencia para comprender la presente crisis capitalista producto de la pandemia a nivel mundial.

A través de su análisis del devenir histórico de las finanzas, se adentra en las políticas económicas del gobierno norteamericano de Donald Trump y las respuestas de China, con los evidentes impactos de estos en la dinámica del capital mundial, mostrando asimismo la fatal herencia de las finanzas en las sociedades contemporáneas. Esta cuestión trajo consigo, además –según el autor–, un auge de los populismos y los fascismos a nivel planetario. Adicionalmente, Husson destaca el rol que desempeñan las materias primas en los diversos circuitos de capital financiero, en el marco de la mundialización capitalista.

El texto de Husson es particularmente ilustrativo al evidenciar los efectos de los ajustes estructurales posteriores a la década de los setenta. Dichos ajustes se orientaron fundamentalmente a derribar cualquier obstáculo a la libre circulación de capital a nivel mundial, cuestión que repercutió, para el autor, «en un entrelazamiento sin parangón de las relaciones de poder en el capitalismo contemporáneo».

El artículo «Capital financiero y clase dominante en Rudolph Hilferding: aportes para una aproximación política a los procesos de financiarización del capitalismo mundial», de David Kornbluth, aborda el fenómeno de la financiarización desde un foco particular, esto es, desde el lente de la lucha de clases. En ese sentido se pone al centro de la discusión la necesidad de asumir que la colonización de «lo financiero» no sólo ha transformado las formas en las que el capital circula y se acumula alrededor del mundo, sino también la forma en la que las distintas facciones que componen las clases dominantes nacionales se articulan entre ellas, reproduciendo su dominación sobre el resto de la sociedad.

Utilizando los aportes fundamentales que Hilferding realizó en ese tema, como su aproximación a la articulación entre el Estado y las clases dominantes en la reproducción y estabilización del capitalismo financiarizado, el autor enfoca la discusión sobre las clases sociales en el marco de esta fase histórica particular, un elemento que no siempre ha sido abordado con la suficiente profundidad por los teóricos de la financiarización. En consecuencia, este artículo entrega herramientas teóricas relevantes para comprender aquel fenómeno desde una arista sumamente necesaria para fortalecer la lucha política de los trabajadores.

El artículo de Alejandra Solar Ortega, «bancos centrales autónomos y la reproducción de la acumulación capitalista: el caso de Chile 1973-1990», analiza la instauración del Banco Central autónomo en Chile y el rol que esta institución estatal juega en el proceso de financiarización del capitalismo en su fase neoliberal. De manera pedagógica, vincula el contexto internacional y el contexto chileno con la implementación de la autonomía del Banco Central y su función como aparato al servicio de la clase dominante, en específico del bloque en el poder.

En su desarrollo, el texto permite preguntarse por qué si el Banco Central autónomo es tan bueno y necesario no fue instalado durante casi dos décadas de dictadura militar y configuración de políticas neoliberales, esperando al último año de este. Asimismo, despierta interrogantes sobre los bancos centrales como dispositivos de control no exclusivamente del mercado, sino de la sociedad como un todo, excluyendo a aquellos que no se encuentran ni forman parte del bloque en el poder. En tercer lugar, dada la relevancia que este agente tiene en la estructura económica como agente de clase, el artículo enciende las alarmas de cara a un proceso constitucional que recién se inicia en Chile y la discusión que se dará en torno al rol que desempeñará el Banco Central durante las próximas décadas.

El texto titulado «Crítica del capitalismo neoliberal-financiero: del fetichismo de la mercancía al trabajo abstracto», de Jorge Olivares-Rocuant, enfatiza la noción marxista de «fetichismo de la mercancía» y su secreto como una posibilidad de pensar la operación de acumulación del capital a la luz del capitalismo neoliberal-financiero. El artículo da cuenta críticamente de que el capitalismo adquiere una relación de orden biopolítico (Foucault) y de orden necropolítico (Mbembe) que el autor llamará «bio-necro-política». La desarticulación de categorías fetichistas, en este sentido, puede, según su autor, «abrir modos de incertidumbre respecto del capital neoliberal» desde una línea teórica de la crítica del valor fundamentalmente alemán.

En su artículo «De la aspiracionalidad a la circulación del deseo-capital. Reflexiones sobre la capacidad performativa de los publicistas en Chile», Nicolás Arenas aborda elementos que no necesariamente han sido lo suficientemente relevados a propósito de los procesos de financiarización desarrollados por el capitalismo mundial. La financiarización no es un fenómeno sólo acotado a las economías-políticas nacionales y mundiales. También tiene manifestaciones culturales y subjetivas a nivel agencial, sobre todo en el nivel de los hogares y los individuos.

Mediante el análisis discursivo de distintos publicistas chilenos, el autor remarca el carácter performativo que tiene la publicidad en la construcción del consumo y cómo esto no es casual, sino que se encuentra íntimamente vinculado con el auge y la consolidación de fenómenos asociados a la financiarización de la vida cotidiana, en especial, con la institucionalización del crédito como principal medio para consumir, pero además, como un mecanismo fundamental de integración social en sociedades neoliberales como la chilena.

Terminamos este dosier de Actuel Marx Intervenciones con una reseña de José Jorquera al libro de Grace Blakeley, Robado: ¿Cómo salvar al mundo de la financiarización? (Stolen: How to save the world from financialisation?). Como bien explica Jorquera, la tesis principal del libro en cuestión es que luego de la crisis financiera de 2007-2008, Reino Unido habría entrado en una nueva fase de desarrollo económico. Atrás habría quedado el desarrollo basado y guiado por el capital financiero, o al menos, en la forma en que existía previo a la «Gran recesión». En consecuencia, Blakeley destaca la necesidad de que tanto los partidos como organizaciones políticas de izquierda generen planteamientos políticos acorde a esta nueva realidad.

Sin embargo, y como también plantea Jorquera en su reseña, el análisis y la propuesta de Blakeley tienen limitaciones. La principal es que se enmarca casi exclusivamente en cómo los procesos de financiarización se fueron desplegando en el norte global (EE.UU. y Reino Unido, principalmente), no considerando necesariamente cómo esos elementos también tomaron forma en lugares como América Latina, entre otros. A pesar de esto, y gracias a su análisis histórico detallado y la incorporación de elementos teóricos del marxismo y keynesianismo, Stolen se posiciona como un buen punto de partida para introducirse en ese complejo fenómeno que es la financiarización.

Alejandra Solar Ortega

David L. Kornbluth Camblor

Roberto Merino Jorquera

Santiago de Chile, noviembre de 2020

1 Ecuación de la baja tendencial de la tasa de ganancia:

Financiarización: revisión del debate y precisiones para una interpretación marxista1

Vicente Olavarría André 2 Jonathan Bidwell Boitano 3 Ivo R. Gasic Klett 4

Resumen

Tras la crisis financiera global de 2008 ha emergido el debate sobre la financiarización del capitalismo. No obstante, aún persisten ciertas imprecisiones sobre el concepto de financiarización y sus fundamentos económicos, lo que dificulta el análisis y el debate entre las distintas posiciones. Aquí presentamos una síntesis basada en una lectura marxista de los conceptos y fenómenos financieros. Primero, se revisan las principales discusiones sobre financiarización; luego, se aclaran algunas tendencias y conceptos financieros puntualizados por Marx; finalmente, se asimilan las contribuciones teóricas de algunos autores especializados en las dinámicas financieras contemporáneas, como Hyman Minsky, actualizando la teoría de Marx. De este modo proponemos una interpretación marxista de la financiarización, el ciclo económico, las crisis y el rol de las finanzas en el capitalismo contemporáneo.

Palabras clave: financiarización, crisis, sistema crediticio, ciclo financiero.

Abstract

After the 2008 global financial crisis, the debate on the financialization of capitalism has emerged. However, certain inaccuracies still persist regarding the concept of financialization and its economic foundations, which makes analysis and debate between the different positions difficult. Here we present a synthesis based on a Marxist reading of financial concepts and phenomena. First, the main discussions on financialization are reviewed; Then, some financial trends and concepts pointed out by Marx are specified; finally, the theoretical contributions of some authors specialized in contemporary financial dynamics, such as Hyman Minsky, are assimilated, updating Marx’s theory. In this way, we propose a Marxist interpretation of financialization, the economic cycle, crisis and the role of finance in contemporary capitalism.

Keywords: financialization, crisis, credit system, financial cycle.

I. Revisando las tesis de la financiarización
I.1. Contexto general del debate

En el debate económico contemporáneo ha ido emergiendo la tesis de la financiarización, la cual pretende explicar los descensos en la inversión y la producción interna de las economías capitalistas avanzadas –medidas como formación bruta de capital fijo y PIB, respectivamente– a partir del desvío de plusvalía hacia el mercado de activos financieros. En este sentido, la contracción de la actividad productiva estaría explicada por un flujo de capitales hacia activos financieros no productivos, lo que a su vez explicaría los fenómenos más visibles de endeudamiento, booms crediticios, burbujas bursátiles, inflación de precios de activo, etc., propios de las economías capitalistas avanzadas.

El contexto histórico que habilita esta tesis de la financiarización se sitúa en la década de los ’70, la cual podría definirse como la década de la liberalización financiera, en años previos a la implementación de las políticas neoliberales y previo también al desarrollo pleno de lo que se conoce como globalización. En particular, la decisión de Richard Nixon de desanclar el dólar al patrón oro en 1971 representa para muchos el hito fundacional del período de financiarización, aunque más precisamente inaugura la monetarización de la economía, consistente en el establecimiento del dólar como dinero fiat5. A ello se siguió la liberalización de la cuenta de capitales durante toda la década, cerrando con la mayor operación de revaluación de una divisa en la historia a través del Shock Volcker en 1979, que consistió en la fijación por parte de la Reserva Federal de una tasa de interés de 20% para lograr una afluencia de capital hacia EE.UU., revaluando el dólar e imponiendo una nueva doctrina de control de la inflación.

Este contexto institucional explica que la mayoría de la literatura de financiarización se encuentre basada en la experiencia de EE.UU., que no representa sólo un caso de estudio sino una centralidad geohistórica correlativa a la hegemonía norteamericana. La literatura refiere a las mutaciones de lo que se ha denominado tradicionalmente como capital financiero, pero también a una intensificación de las dinámicas crediticias y especulativas asociadas al mismo, muchas de las cuales han sido impulsadas institucionalmente desde EE.UU. hacia el resto del mundo, tal como lo demostró la crisis financiera global de 2008. Desde ahí en adelante, la literatura de financiarización ha crecido sorprendentemente, y en lo que sigue de este trabajo se resumen las principales contribuciones que podrían contribuir a una interpretación marxista de las finanzas contemporáneas.

I.2. Interpretaciones sobre la financiarización

La primera referencia a la expresión financiarización fue del economista italiano Giovanni Arrighi, quien advirtió a mediados de los ’90 el inusitado crecimiento de las finanzas, en el marco de lo que él denomina un cambio en el ciclo sistémico de acumulación capitalista. En su definición, los ciclos sistémicos corresponden a períodos del capitalismo compuestos por fases de crecimiento y decaimiento de aquella potencia nacional que hegemoniza el sistema mundial, siendo las expansiones financieras6 las interfases de transición, en las cuales se movilizan los excedentes: desde el centro geográfico del ciclo de acumulación en decadencia, hacia el que lo sustituye7. De esta forma, el concepto de financiarización de Arrighi (1994) alude a la expansión financiera –concentración y centralización de capital dinerario– ubicada históricamente en la transición del ciclo norteamericano a un ciclo nuevo, eventualmente radicado en China8.

Poco después, el economista marxista norteamericano Paul Sweezy escribió un pequeño texto donde menciona el término financiarización (financialization en inglés) para caracterizar al capitalismo que emerge tras la recesión de 1974-1975, cuando se comienza a observar una desviación de inversión productiva hacia la compraventa de activos financieros9. Para Sweezy, la financiarización se produce dado que el capital a interés –fondos acumulados de dinero que se prestan a la producción y reproducción del capital– ha experimentado un límite en sus funciones de ahorro y préstamo a la producción, teniendo que desplazarse hacia préstamos no productivos al sector público, a los hogares y a la especulación con activos10.

Esta migración del capital al sector no productivo marca un tránsito desde lo que se entiende tradicionalmente como capital financiero, a una fase de financiarización del capital o del proceso de acumulación11. Es importante especificar entonces el significado del concepto capital financiero, introducido por un economista de filiación marxista, el alemán Rudolf Hilferding. En su libro «El Capital Financiero» (1910) da cuenta de un fuerte proceso de centralización y concentración del capital a inicios del siglo XX, el cual, en el caso alemán constatado por el autor, se llevó a cabo mediante múltiples fusiones y absorciones entre bancos y grandes empresas industriales.

Por este motivo, el concepto capital financiero está históricamente pensado para analizar el rol del capital bancario en el crecimiento de las grandes empresas del siglo XX. Luego, cuando el capitalismo de posguerra empezó a experimentar caídas en la rentabilidad empresarial a fines de los ’60, se comenzó a desarrollar un conjunto de reformas financieras y monetarias –como se señala en el siguiente apartado-, tendientes a liberar al capital financiero de sus compromisos con las empresas nacionales. Esta liberalización permitió una reaparición del capital financiero con un nuevo rostro y contenido histórico, que dan pie al concepto de financiarización de Sweezy.

Según Sweezy, si el capital financiero impulsó la producción industrial hasta la década del ’60, desde los ’70 en adelante su liberalización ha implicado el movimiento de capital desde la inversión productiva hacia la tenencia de activos financieros de carácter especulativo, respondiendo a la crisis de sobreacumulación de capital en la economía productiva12. Esta perspectiva estancacionista plantea como tesis general la sobreacumulación de capital productivo, sin capacidad de reinvertirse. Mientras la tesis de la sobreacumulación es discutible en sí misma por su capacidad explicativa de la crisis estructural del capital13, lo que genera más duda es la racionalidad económica que explica el movimiento de los capitales hacia lo que Sweezy califica como especulativo: ¿Qué es lo que se puede obtener de esas inversiones especulativas? ¿en qué sentido no son productivas?

Foster y Magdoff (2009) responden a esta pregunta indicando que el capital se ha ido moviendo desde el sector productivo hacia la tenencia de activos financieros; especialmente, deuda. Pero no se trataría sólo de un aumento cuantitativo, sino de un cambio cualitativo de gran significancia, ya que sus datos muestran que –al menos en el caso norteamericano– no han sido las empresas, ni los hogares, ni los Estados los principales deudores, sino el mismo sector financiero. Solo para graficar, si en 1975 un 10% de la deuda total en EEUU correspondía al sector financiero, en 2005 esa cifra ascendió a 30% restando participación relativa a las empresas no financieras y al Estado, y manteniendo estable la participación de los hogares.

En resumen, la tesis estancacionista sostiene que la financiarización se genera porque el capital productivo está sobreacumulado y, por ende, sus excedentes deben ser absorbidos mediante inversiones no productivas en activos especulativos. Esta intermediación de la deuda constituye lo que Marx denominó capital ficticio14. A nivel general, puede decirse que esta categoría alude al tratamiento de los activos financieros –bonos, acciones y derivados– como capital, es decir, no sólo como instrumento que representa obligaciones de pago, sino como valor que espera retornar acrecentado.

Para el debate sobre financiarización es relevante precisar que si bien un comprador de títulos –por ejemplo, acciones– puede estar especulando en el mercado, desde el punto de vista del proceso de acumulación el vendedor del título está capitalizando su producción. Para Marx lo ficticio es el valor del activo, pero si este es comprado con capital dinerario, dicho capital puede ser utilizado productivamente según el carácter del vendedor del título. La tesis estancacionista no parece considerar esta advertencia, ya que el capital dinerario sigue transformándose de todas maneras en capital productivo.

No obstante, Carcanholo y Nakatani proponen que en la financiarización, el polo dominante del capital ficticio es la especulación y no la capitalización de las empresas, invirtiendo las determinaciones originales de Marx. Aseguran que el capitalismo actual está dominado por el capital especulativo, que no es sino el capital ficticio bajo esta nueva determinación15. La implicancia de esta definición es que reconoce que los niveles de capitalización de las empresas pasan a depender de la especulación y, por ende, esta no se remite sólo a los mercados secundarios. El capital especulativo, entonces, tendría efectos sobre la producción, cuestión que si bien Marx advirtió como posibilidad, no juzgó que fuese algo estructural que pudiera sostenerse a largo plazo.

Independiente de si la lógica de capital ficticio tiene o no efectos sobre la producción, es provechoso destacar que diversos autores reconocen la existencia de especulación en el mercado bursátil como un indicador de financiarización16. Gretta Krippner, la autora más citada sobre financiarización, ha insistido en que la subsunción de la lógica de la ganancia empresarial por la lógica de las ganancias de capital, es decir del capital ficticio, constituye uno de los principales rasgos de esta forma de capitalismo17. Se ha denominado shareholder value a esta mayor disposición a la tenencia de acciones con orientación a su reventa en el mercado de valores, para mejorar su liquidez, y para algunos, representa un rasgo constitutivo de la financiarización18.

Por su parte, Duménil y Lévy han interpretado este crecimiento del capital ficticio como un desarrollo histórico de las relaciones entre propiedad, control y gestión capitalista. La financiarización sería el proceso mediante el cual se consolida, desde los años ’70, el managerial capitalism, esto es la escisión entre la propiedad del capital (financiero) y la gestión empresarial. Ambos identifican que el capital ha logrado una nueva articulación entre propiedad, control y gestión empresarial, donde la acumulación toma la forma accionarial. Así, y se fortalece el mercado financiero –el cual comprende al mercado de dinero (money market) y al mercado de capitales (capital market)– como forma institucional ad hoc de asignación, y de retención de la ganancia fuera de las empresas19.

Husson ha contribuido con una definición atingente al problema de la acumulación de capital en las empresas, destacando que se ha generado una brecha entre la tasa de ganancia y la tasa de acumulación de capital al interior de las empresas no financieras, lo que constituye específicamente su definición de financiarización. Su centro de análisis está puesto en la baja acumulación de capital en las empresas no financieras, lo que se expresa en el rédito, es decir, en el flujo de ganancia que se retira de la empresa y que constituye el ingreso financiero, que en el caso de las corporaciones corresponde al momento de distribución de los dividendos. De hecho, remite expresamente el alcance del concepto financiarización a la dinámica de acumulación de capital, señalando que se trata de una característica central del capitalismo contemporáneo, pero que no determina el comportamiento del mismo20.

Los enfoques recién descritos se han mantenido en el ámbito de la producción, circulación y acumulación del capital. No obstante, es un hecho fáctico que la distribución de los ingresos desde los ’80 se ha tornado cada vez más desigual, afectando los salarios y las prestaciones sociales. Frente a esta situación han emergido visiones institucionalistas que explican el cambio distributivo a partir de las políticas neoliberales, tendientes a recortar salarios y prestaciones sociales supuestamente excedidas durante las décadas keynesianas21; dichos enfoques también han incorporado el concepto de financiarización dentro de la discusión sobre neoliberalismo.

En particular, pueden distinguirse dos escuelas institucionalistas gravitantes en el ámbito de la economía heterodoxa que vinculan neoliberalismo y financiarización: la Escuela de las Estructuras Sociales de Acumulación (EESA) y la Escuela Regulacionista (ER). En cuanto a la EESA, Kotz (2015) –principal referente de esta escuela– argumenta que el neoliberalismo subsume a la financiarización, dado que la estructura social de acumulación neoliberal reacciona frente a la contracción de la demanda que generan los recortes salariales y prestacionales de los años ’80 y, sólo a condición de ello, emerge una brecha entre el salario y el costo de reproducción de la fuerza de trabajo que debe ser cubierta por la deuda privada de los trabajadores en el neoliberalismo.

Por su parte, la ER, representada por autores como Michel Aglietta y Robert Boyer, igualmente sitúa la financiarización dentro del cambio de régimen de acumulación, –categoría teórica de gran similitud a la de estructura social de acumulación–. Sin embargo, a diferencia de la EESA, su énfasis no ha sido distributivo, sino más ampliamente orientado a la forma en que se autorregula la acumulación del capital, en un contexto de mayor competencia, desregulación estatal y velocidad de rotación de aquel22.

Para los regulacionistas, la financiarización aparece como el vehículo mediante el cual la acumulación capitalista se autorregula, aunque de manera inestable23. Su concepto de financiarización, también definido como «régimen de acumulación arrastrado por las finanzas»24, no reduce el asunto al reparto entre empresarios y trabajadores, ni a las deudas de estos, sino a la autonomía relativa de las finanzas respecto a ambos, forzando a que dispongan sus ingresos a los fondos de inversión que administran25.

Si bien todos los autores anteriormente referenciados hacen alusión a la inestabilidad asociada a la financiarización –sea como la definan-, Chesnais ha sido quien más ha polemizado sobre el carácter autodestructivo de este mismo régimen de acumulación, inclusive criticando la noción de régimen26. Sostiene que la sobreacumulación de capital produce un desarrollo de capital ficticio –lo que constituye su concepto de financiarización-, el cual logra reproducirse de manera ampliada por décadas, dado un desarrollo institucional y político que ha permitido extender este impasse del capitalismo27. Por eso, para este autor el énfasis en el estudio de las instituciones debiese enfocarse en explicar cómo estas logran extender la duración del capitalismo financiarizado, más que en el funcionamiento y la lógica del régimen de acumulación28.

Costas Lapavitsas y Ben Fine, dos economistas de la School of Oriental and African Studies (SOAS, UK), se han sumado al debate discutiendo cómo interpretar las ganancias del sector bancario en el contexto de la financiarización. Lapavitsas ha argumentado en diversos trabajos que la financiarización responde a un reacomodo del espacio que ocupan bancos, empresas y hogares en el capitalismo maduro29, en el cual la banca comercial ha sido desplazada hacia la entrega de créditos a los hogares, debido: 1) al efecto de las políticas neoliberales sobre el endeudamiento; y 2) a la mayor competencia que el sector bancario ha experimentado, gracias a la proliferación de los diversos agentes que participan del mercado financiero –monetario y de capitales.

Esta observación empírica ha sido comentada anteriormente, a raíz del relativo consenso entre los autores, desde los primeros escritos de Sweezy hasta las referencias de los enfoques institucionalistas más actuales; todos sostienen que la banca ha dejado de ser el principal brazo financiero del capital productivo, discutiendo la tesis clásica del capital financiero. Sin embargo, a diferencia de otros autores, Lapavitsas no centra la atención en la nueva forma de regulación de las relaciones capital-trabajo; para él, la financiarización no emerge como respuesta a la crisis del capital. Incluso discute los alcances de las teorías de la sobreacumulación y de la caída tendencial de la tasa de ganancia en la explicación de la crisis subprime30.

La particularidad del planteamiento de Lapavitsas es que conceptualiza los créditos a los hogares como una nueva forma de «expropiación», en donde los bancos obtendrían su rentabilidad a costa de los ahorros y activos de los hogares, como analiza Hudson para el caso de los activos inmobiliarios. Consecuentemente, la financiarización no se definiría a partir del crédito que toman los hogares, sino a partir del desarrollo de un tipo nuevo de ganancia capitalista que denomina «expropiación financiera»; la orientación de los bancos hacia los hogares implicaría un nuevo nicho de negocio de carácter predatorio31. En efecto, esta tesis sólo puede admitirse estructuralmente si se acepta que los hogares tienen activos acumulados por sobre sus requerimientos de reproducción32.

Por este motivo, Ben Fine critica a Costas Lapavitsas señalando que este carece de una teoría adecuada sobre el origen de las ganancias en el capitalismo, forzando a una interpretación precapitalista de la ganancia y del rol de los bancos. Fine detecta que la expropiación financiera propuesta por Lapavitsas no alude a un ajuste de los salarios al costo de reproducción de los trabajadores, sino a una alteración de la canasta de bienes-salario33. En este sentido, la tesis de la expropiación financiera de Lapavitsas requiere un conjunto de supuestos adicionales sobre el cambio en las condiciones históricas que definen la reproducción de los trabajadores, sin lo cual su teoría queda disociada del capitalismo en su conjunto.

I.3. De Keynes a Minsky

Todo lo que se ha comentado hasta ahora permite tener nociones generales sobre las distintas interpretaciones de la financiarización, muchas de las cuales plantean una definición de esta como respuesta a los problemas de realización del mercado en contextos de crisis de sobreacumulación o de caída de la masa salarial, conforme al desarrollo de las fuerzas productivas dentro del capitalismo. Incluso autores que se identifican con la teoría del valor y de la plusvalía de Marx, llegan al debate de la financiarización sosteniendo un argumento keynesiano.

Para Keynes, la economía capitalista requiere de una constante intervención exógena para sostener la inversión y el crecimiento, dada la tendencia de las empresas a nivel individual a dirigirse a las actividades más rentables –usualmente aquellas destinadas al consumo de los estratos más altos– o al atesoramiento cuando la rentabilidad no es la esperada. Esto merma la demanda agregada, la cual sólo puede incrementar su nivel estándar a partir de una mayor inversión. En este esquema, el sector financiero es el medio por el cual se extraen rentas de la producción para reasignar capital hacia actividades más rentables, desfinanciando las actividades más intensivas en empleo y constituyendo lo que Keynes prospectó como la eutanasia del rentista34.

En el contexto neoliberal, la ausencia de dicha intervención exógena –el Estado– genera las condiciones propicias para la tesis de la eutanasia del rentista, que es el punto de inicio de los continuadores de Keynes en la discusión sobre financiarización35. Las finanzas aparecen aquí como medios de asignación del capital desde unidades productivas que invierten y generan empleo, a unidades productivas de baja inversión y empleo. Sin política fiscal de por medio y tras el desmantelamiento monetarista de las políticas recomendadas por Keynes, aplicadas entre los ’30 y ’70, los keynesianos y postkeynesianos actuales advierten la tendencia a la eutanasia del rentista, la cual refuerza la espiral de menor crecimiento, inversión y empleo36.

No obstante, dada la sostenida baja en las tasas de interés tras el Shock Volcker y sus repercusiones internacionales en los ’80, así como las políticas monetarias anti-deflacionarias aplicadas, algunos autores han propuesto la reaparición de un keynesianismo privatizado37, expresado en el creciente endeudamiento de los hogares, como se ha comentado. Es decir, la figura del rentista en dinero se trastoca frente a los nuevos estímulos monetarios y financieros a la producción y el consumo, haciendo que la eutanasia del rentista sea precisamente su opuesto: la reanimación del capitalismo.

Las finanzas contemporáneas ya no tratan, como en los tiempos de Keynes, de cómo movilizar el ahorro sino de cómo expandir el crédito. Esta es la contribución que dota de actualidad a la obra de Hyman Minsky siendo una de las principales referencias teóricas de los estudios sobre financiarización, tras la crisis financiera global iniciada en 2008. De acuerdo con su teoría, el sistema financiero se fragiliza paulatinamente, ya que existen fuerzas endógenas que derivan de transformaciones institucionales y de la disposición de las empresas y los bancos a adoptar prácticas financieras crecientemente riesgosas; cuando todo marcha bien, en el auge, se instala la percepción de una baja incertidumbre38. Por esta razón, para Minsky la estabilidad financiera es desestabilizadora per se: esta es la hipótesis de inestabilidad financiera.

Asimismo, los mercados financieros juegan un rol importante en la creación de auges y recesiones, dado que los movimientos en los precios de activos financieros afectan la hoja de balance de las empresas y en consecuencia, sus decisiones de inversión y apalancamiento39. En particular, el momento Minsky es aquel punto del ciclo financiero en que se desploman los precios de los activos, hundiendo en la insolvencia a las empresas más endeudadas, anticipando así una recesión40.

II. Conceptos y fenómenos financieros en El Capital

Marx investigó los fenómenos financieros de su época y desarrolló en forma de publicaciones y borradores sus conexiones internas. Apoyado sobre la base teórica existente y la evidencia empírica, reconstruyó conceptos previos relacionados con el sistema financiero y expuso numerosos principios. El objetivo de este apartado es ofrecer una síntesis esencial de algunos de estos conceptos y principios, los cuales pueden ser usados para comprender el devenir del sistema capitalista contemporáneo.

II.1. El sistema crediticio y el interés

El capitalista industrial que extrae plusvalor de la clase trabajadora es el primer apropiador, pero en modo alguno el propietario último41, pues debe compartirlo con otros capitalistas, escindiendo en partes el plusvalor arrancado a la fuerza de trabajo. Históricamente, el capital se presenta como patrimonio dinerario (D-D). Así, el dinero que engendra más dinero corresponde al capital que deviene interés. Aquí el dinero se presta (otorga un préstamo) y esencialmente adopta el valor de uso de funcionar como capital, es decir, de producir plusvalor (o ganancia media en la superficie de la competencia). El interés corresponde a la parte de esa ganancia que se apropia el prestamista de dinero. Las altas tasas de interés provocaron en el pasado una aversión contra la usura y el desarrollo del sistema crediticio como reacción contra ella.

El sistema crediticio nace de la expansión de los mercados en el tiempo y espacio. El tesoro individual se transforma en capital a disposición de otros capitalistas que crece con interés. Las obligaciones de pago encarnadas en títulos jurídicos circulan a la vez como medios de cambio, dando origen a la economía crediticia, forma de economía dineraria que se distingue por el modo de intercambio. El dinero crediticio surge desde la circulación de certificados de deuda. Estos créditos aumentan con el sistema crediticio y se establecen en las grandes transacciones comerciales, aliviando la demanda dineraria. Mediante esta mayor competencia, el capital que devino interés tuvo que adecuarse a las condiciones capitalistas de la producción, es decir, a una tasa decreciente de interés.

Para Marx, la división de la ganancia en ganancia empresarial (comercial e industrial) e interés está regulada por la oferta y la demanda esto es por la competencia. No existe una tasa natural del interés, sino tasas particulares que varían según el plazo de pago y el riesgo. Si todo el capital se hallase en manos del capitalista industrial, no existiría interés ni tasa de interés. Tampoco existiría si todo el capital estuviese en forma dineraria, prescindiendo del capital industrial. El límite máximo del interés es la ganancia; el mínimo es completamente indeterminado. El capitalista actuante está dispuesto a pagar un interés mayor en tanto mayor sea la tasa de ganancia. Sin embargo, un mayor desarrollo del sistema capitalista implica, por el contrario, una disminución tendencial de la tasa de ganancia y, por enede, una disminución del límite máximo de la tasa de interés.

Marx expone que el crédito media la concentración del capital en una sola mano, así como abrevia el período de trabajo y, con él, el tiempo de rotación. Su existencia, además, nivela la tasa de ganancia, reduce los costos de circulación, eleva la metamorfosis mercantil y, en efecto, la velocidad de circulación dineraria. Por otro lado, ayuda a generar sobreproducción y especulación en el comercio, forzando a su límite la elasticidad de la reproducción.

Con el desarrollo del sistema crediticio se crean grandes mercados dinerarios concentrados. Los banqueros ponen masivamente a disposición de corredores de bolsa el capital dinerario del público, multiplicando ese tipo de traficantes. El capitalista dinerario convierte los ahorros ajenos en su propio capital, transforma el crédito que se dan entre sí los capitalistas reproductivos y el que les concede el público, en su fuente privada de enriquecimiento.

El negocio de los banqueros consiste en concentrar en sus manos el capital dinerario prestable disperso y enfrentar al capital industrial y comercial, así como al público en general, tomando prestado dinero a una tasa de interés menor de la que presta (spread bancario). Con todo, Marx advierte que este sistema no elimina la necesidad de pagos dinerarios en efectivo, aunque conlleve una disminución de la reserva metálica al mínimo, produciendo una hipersensibilidad en el mercado dinerario. Limita a un mínimo técnico la circulación metálica, lo cual aumenta la artificiosidad del mecanismo y la probabilidad de ser perturbado.

El carácter antagónico de la producción capitalista configura una barrera, una traba constantemente quebrantada por el sistema crediticio. Esta acelera el desarrollo material de las fuerzas productivas, la ampliación de la producción a gran escala y el establecimiento del mercado mundial, cuya instauración constituye la misión histórica del capital42. El crédito acelera los estallidos violentos (como veremos a continuación) y con ello la disolución de elementos del antiguo modo de producción.

II.2. El ciclo económico

El sistema capitalista produce periódicamente ciclos industriales que recorren las fases de estancamiento, creciente animación, prosperidad, sobreproducción y crisis43. El estancamiento corresponde al periodo posterior a la crisis y se caracteriza por una desaceleración de la circulación mercantil, una acumulación excesiva de mercancías y una contracción del capital industrial, es decir, una restricción de la producción. Aumentan las reservas de dinero, la oferta y demanda de capital de préstamo se reducen y la tasa de interés se mantiene baja. Estos factores producen una disminución de los salarios, unido a una caída de los precios del capital constante, lo cual permite un aumento progresivo del plusvalor. Así la productividad mejora y se reinicia el ciclo, aumentando la demanda de capital dinerario prestable para transformarlo en capital productivo o comercial.

Durante el periodo de creciente animación, o de prosperidad mediana, la tasa de interés se incrementa tenuemente y abunda el crédito mercantil (aquel que se otorgan mutuamente los capitalistas reproductivos) por sobre el crédito bancario. La reanimación de la circulación mercantil aumenta los precios de las mercancías y la tasa de ganancia empresarial. Se producen ganancias extraordinarias y una acumulación real en la economía.

La prosperidad corresponde al periodo en el que la tasa de ganancia empresarial es máxima y la demanda de capital de préstamo se satisface más fácil. La presión sobre el capital productivo social y el aumento de la demanda solvente de consumo relativamente mayor que la oferta elevan los precios, salarios y la importación de mercancías. Esto estimula la aparición de especuladores e intermediarios. Los negocios parecen exageradamente sólidos. En los ramos donde la oferta es elástica ocurre una sobreproducción y posterior colapso, como en la producción de viviendas.

Durante la sobreproducción, los capitalistas se empeñan en una encarnizada lucha por su participación individual en el producto. Una baratura del producto genera un aumento en la cuota de mercado. Un acrecentamiento en la intensidad y frecuencia de revoluciones en el valor (guerras de precios) implica una mayor autonomización (independencia) del valor frente a la previsión del capitalista. Por lo tanto, aumenta la especulación y el riesgo. La expansión a saltos de la industria y la dependencia del mercado mundial aceleran la producción, saturando los mercados.

Por otro lado, una concentración de capital permite aumentar la productividad del trabajo y la consiguiente disminución de la tasa de ganancia fruto de la competencia y, por ende, una migración de capitales fragmentarios a la especulación, las estafas crediticias y accionarias. Esto conduce a una paralización de la actividad económica, caracterizada por demora en los reflujos, mercados saturados, bajas de precios y pérdida de la confianza en la fluidez de la reproducción, generando un excedente de capital industrial sin operar.

Por lo tanto, el sobrecomercio, la sobreproducción y el sobrecrédito empujan el proceso de producción más allá de sus límites posibles y racionales44. La enorme masa de capital mercantil pierde así su potencial de transformarse en capital dinerario. Esto en parte se debe a una disminución de los precios de las mercancías, nivelando la anterior inflación. Al final del ciclo, una alta tasa de interés coincide con una sobreabundancia de capital industrial.

II.3. Las crisis

A primera vista, la crisis se presenta como una crisis de crédito y de dinero. Pero la inconvertibilidad de las letras en dinero está expresando que hubo compras y ventas reales, cuya amplitud supera la escala de las necesidades sociales45. Esto es, las mercancías no son directamente intercambiables por dinero. Primero, el trabajo concreto debe probar ser socialmente necesario en el mercado. Sin embargo, esto depende de procesos que se autonomizan frente a los productores particulares. El trabajo puede saturar de mercancías el mercado, volviéndolas excesivas e inútiles. La posibilidad de la crisis existe a partir de este salto mortal de la mercancía46.

El colapso vuelve a liberar al ejército de reserva y disminuye los salarios. Aunque un aumento de salarios y prestaciones públicas pueden aliviar temporalmente los síntomas, estos no remedian las crisis. Por otro lado, el capital que se encuentra en la forma de asignaciones sobre la producción o rendimientos futuros resulta más desvalorizado, o se convierte en una masa de letras representando negocios fraudulentos, que surgen a la luz del día y estallan. Especulaciones llevadas a cabo con capital ajeno, pero que fracasan en manos de bill-brokers.

La tasa de ganancia ha desaparecido. El capital constante se desvaloriza y la producción se paraliza por los bajos precios. Los comerciantes dejan de recibir el reflujo de dinero de sus ventas, los plazos de pago hacia el capital industrial vencen antes de la reventa y comienzan las ventas forzadas para poder pagar. Durante la crisis, cada cual tiene para vender pero no puede hacerlo, a pesar de que tiene que vender para pagar47. La masa del capital inhibido en el proceso de reproducción es máxima, pero también es máxima la escasez de crédito.

Una perturbación de la cadena de pagos ocurrida por interrupción de las metamorfosis mercantiles ocasiona además perturbaciones en los mercados dinerarios de países que comercian entre sí. Esto posibilita las crisis a escala internacional. Además, el aumento transitorio de la acumulación dineraria por los capitalistas que devengan interés, por sobre la acumulación real, implica una deducción mayor del plusvalor total. El capital de préstamo acumula a costa de los capitalistas industriales y comerciales. En la crisis, la deducción de plusvalor es máxima.

La demanda de capital dinerario prestable aumenta exclusivamente para pagar deudas y para el atesoramiento. Durante el colapso total del crédito, cuando las mercancías, títulos y obligaciones se vuelven invendibles, predomina el dinero en efectivo o al contado como medio de pago. Debido a que los pagos se efectúan realmente con dinero, puede ocurrir una crisis dineraria, fase dentro de la crisis industrial y comercial que expresa anomalías en los procesos de producción y reproducción mismos. El dinero pasa de su figura ideal de cuenta a su figura real, como dinero metálico o dinero de crédito, como los billetes de banco. En la crisis, este cambio es súbito y se manifiesta como hambruna de dinero48; en este periodo se plantea la exigencia irracional de que todas las letras de cambio, títulos, obligaciones y mercancías sean simultáneamente convertibles en dinero bancario, y todo este dinero bancario en dinero real, llevando la contradicción a su límite.

Todos los países resultan envueltos en la crisis; todos han importado y exportado demasiado. La crisis puede estallar en países acreedores o deudores netos. Una legislación bancaria ignorante y errada puede agravar aún más la crisis de dinero, pero no existe ley bancaria alguna que pueda eliminar las crisis49. Todo el sistema artificial de expansión violenta del proceso de reproducción no puede remediarse por el hecho de que los bancos otorguen a los especuladores el capital faltante, y compren a los antiguos valores nominales las mercancías desvalorizadas50.

La razón última de las crisis es la pobreza relativa y la restricción del consumo, en contraste con la tendencia absoluta del capital a desarrollar las fuerzas productivas51. En tanto exista el sistema crediticio, si el crédito cesa súbitamente y sólo vale el pago en efectivo, debe producirse una crisis violenta, una corrida masiva en procura de medios de pago52.

El mercado mundial modifica la forma que adoptan los ciclos y las crisis. Alberga en su seno el germen de crisis mucho más formidables53. Mientras el carácter social del trabajo se presente como la existencia dineraria de la mercancía y, por consiguiente, como una cosa situada fuera de la producción real, resultarán inevitables las crisis dinerarias, independiente de las crisis reales o como agudización de las mismas54.

III. ¿Un Marx minskyano?

Marx describe la economía capitalista en desequilibrio permanente55, causado por crisis endógenas y recurrentes56. En esto se observa una similitud con el aporte actualizado de Minsky, en tanto teórico del sistema crediticio en el capitalismo contemporáneo. Sin embargo, los cuerpos teóricos de ambos brotan de preguntas de investigación diferentes: Marx se pregunta cómo el sistema capitalista, basado en la extracción de plusvalor del trabajador por el capitalista, arriba a su crisis final; Minsky se pregunta cómo el sistema financiero moderno, basado en la tendencia hacia la especulación, produce su propia inestabilidad57. Así, podríamos decir que a la hipótesis de inestabilidad financiera del segundo, se enfrenta una hipótesis de inestabilidad fundamental en el primero58.

A continuación se argumenta que el corazón de la teoría de Minsky, la hipótesis de inestabilidad financiera, puede ser exitoso y ventajosamente incorporado en la teoría de Marx. Se muestra que ambos autores comparten una visión afín sobre los llamados ciclos financieros, así como su interacción con el ciclo económico real. Para ello se discuten tres conceptos de la obra de Marx que establecen puentes teóricos con Minsky. Como se verá enseguida la literatura económica mainstream posterior a la crisis subprime ofrece sustento empírico a los fenómenos descritos por ambos autores. Finalmente, se ofrece una interpretación marxista del aporte de Minsky.

III.1. Marx y Minsky: similitudes y diferencias

Marx y Minsky coinciden en que el dinero es esencialmente endógeno: la base monetaria, la cantidad de dinero circulante, no se encuentra externa o exógenamente determinada, ni tampoco se halla fija; ella varía según las condiciones y necesidades de la producción y circulación. Para Marx, esto obedece a que esta segunda esfera refleja las condiciones de la primera, pues allí se crea el plusvalor, que luego se distribuye como ganancias, rentas o intereses, las formas en las cuales circula el plusvalor. En consecuencia, sostiene que la cantidad de dinero circulante se ajusta –en particular, durante el periodo de recuperación y animación media– para que las empresas puedan establecer los precios de las mercancías que llevan al mercado59.

En realidad, esta causalidad señalada por Marx se cumple tanto para el dinero de antaño, ya fuera oro o dinero convertible, como para el dinero inconvertible de hoy60. El dinero de crédito que predomina actualmente se encuentra determinado de forma parcialmente exógena, merced a la intervención estatal de las tasas de interés, mediante las políticas monetarias de los bancos centrales; y de forma parcialmente endógena, como hemos indicado, por las dinámicas de la acumulación de capital61. Similarmente, para Minsky la cantidad de dinero circulante es endógena porque las empresas demandan más crédito cuando el ciclo económico se encuentra en auge, es decir, cuando el nivel de precios es elevado, en parte debido a sus propias expectativas alcistas. En efecto, los bancos crean nuevo dinero, emitiendo créditos a estas empresas, y elevan la cantidad de medios de pago circulantes.

Que el dinero sea endógeno implica que la tasa de interés se debe ajustar para permitir que la oferta y la demanda por capital prestable se igualen. Esto pone a ambas corrientes en la tradición horizontalista62, visión postkeynesiana que plantea que la tasa de interés es una categoría monetaria y un parámetro de distribución, determinado por las políticas monetarias del banco central, así como por las preferencias de liquidez de los bancos comerciales y los poseedores de dinero. El crédito es creado por los bancos comerciales para ajustarse a la demanda, y así la cantidad de dinero puesta en circulación es ajustada por el banco central, una vez predeterminada por el nivel de actividad económica, la estructura de obligaciones de pagos y la disposición del público a mantener dinero en efectivo63.

Marx reconoce, como luego lo harán Keynes y sus seguidores, que una economía monetaria se encuentra naturalmente amenazada por la posibilidad de una escasez de demanda efectiva64, a causa del excesivo atesoramiento o acumulación de dinero, fruto a su vez de la libertad de vender sin la obligación de comprar65. Como se mencionó anteriormente, el crédito desfasa el momento de la compra con el momento del pago, rompiendo las barreras temporales que limitan la producción de plusvalía, acortando el tiempo y los costos de circulación; medidas útiles para combatir la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, como ha sido ampliamente documentado por los estudiosos de la financiarización, así como anteriormente por Marx.

Las crisis dinerarias descritas por Marx son perturbaciones de la cadena de pagos que anticipan una interrupción de la circulación de mercancías y por lo tanto, de la reproducción del capital en su conjunto66. Sólo pueden tomar lugar una vez que un sistema financiero propiamente tal se ha desarrollado, y se presentan, en primer lugar, como fase particular e inicial de cualquier crisis, industrial o comercial. En segundo lugar, se pueden llegar a presentar como crisis autónomas del sistema financiero, originadas en los mercados de capital-dinero, de forma aparentemente independiente del resto de los sectores de la economía, pero que los afecta colateralmente.

Hoy identificamos la «hambruna por dinero» marxista con un alza súbita de la demanda por liquidez, aumentada por la pérdida de confianza de los acreedores: los bancos. Ellos limitan o contraen súbitamente la oferta de crédito en el mercado del capital prestable, elevando así las tasas de interés y refrenando la creación de dinero. La elevación repentina de las tasas de descuento dispara los llamados «costes de capital» y conlleva un desplome automático de los precios de los activos, que reflejan sus «valores presentes». Así, las crisis parecen emerger porque revienta una burbuja financiera. Sin embargo, sus orígenes se ubican en contradicciones reales del sistema global de acumulación de capital67.

Más allá de estas similitudes, existen diferencias cruciales entre Marx y Minsky. Destacamos sólo la más importante: para Marx el conflicto capital-trabajo es lo fundamental, especialmente en lo concerniente a la explotación del trabajo productivo, pues determina la tasa y la masa del plusvalor. Las decisiones de inversión se toman en medio de aquel conflicto, orientando la competencia entre capitalistas que resulta en la distribución del plusvalor en sus formas concretas. En el largo plazo, ella empuja al cambio tecnológico y a la elevación de la composición orgánica del capital; así, la tasa de ganancia enfrenta una tendencia a caer. En el mediano plazo, la interacción entre esta tendencia con las fuerzas que se le oponen genera lo que llamamos ciclo económico o ciclo industrial68.

III.2. Ciclos y evidencia empírica

Paralelamente y en alta sincronía con el ciclo real, se genera otro ciclo de fases periódicas que acompaña y acentúa el ciclo real. Se trata del ciclo que atraviesa el crédito, es decir, la cantidad de capital prestable que se ofrece en el mercado: el ciclo financiero. La evidencia revela fuertes vínculos entre las diferentes fases de los ciclos industriales y financieros; que las recesiones asociadas a disrupciones financieras tienden a ser más prolongadas y profundas; y que, por el contrario, los auges o recuperaciones asociados a crecimiento acelerado del crédito y precios de bienes raíces, tienden a ser más vigorosos69. Congruentemente, los ciclos financieros exhiben mayor duración y amplitud vis a vis los reales, y sus características distintivas se han vuelto más pronunciadas en años recientes70.

Asimismo, los periodos de expansión veloz del crédito están asociados al nivel de actividad y la implementación de reformas financieras, y una de cada tres expansiones crediticias precede una crisis financiera71. Más aún, los indicadores que buscan modelar el ciclo financiero predicen crisis con mayor precisión que las medidas tradicionalmente ocupadas para ello, por ejemplo, la brecha entre las tasas de interés de bonos con diferentes maduraciones72 y la relación deuda-ingreso73. Esto sugiere la existencia de semejante ciclo financiero, restándole pertinencia a la teoría de que las crisis financieras se deben a perturbaciones o shocks exógenos, en favor de una teoría de crisis endógenas y recurrentes, como la de Marx y Minsky.

Como estos, una gran cantidad de estudios económicos empíricos confirma el rol amplificador del crédito durante las crisis, descrito por Marx. Las investigaciones de este estilo no nos permiten rechazar la hipótesis de que la economía atraviesa ciclos, reales y financieros, conducentes a crisis endógenas, como los detallados por la síntesis teórica que proponemos entre Marx y Minsky. Más aún, incluir conceptos minskyanos, o la propia hipótesis de inestabilidad financiera, en el marco teórico marxista, puede ayudar a profundizar el alcance de este, en el estudio de los fenómenos descritos por el concepto de «financiarización».

III.3. Inestabilidad fundamental e inestabilidad financiera

Marx plantea que el crédito, como categoría económica específicamente capitalista y distinta de la usura, nace por la necesidad de continuidad de la reproducción del capital social a escala ampliada. Más adelante en su desarrollo, sin embargo, el sistema de crédito amplía dicha escala de reproducción de manera crecientemente errática y contradictoria74. A este fenómeno amplificador característico refiere Marx diciendo que el crédito se convierte en palanca de la sobreproducción. Al igual que Minsky, destaca que el crédito es un arma de doble filo para la economía.

El sistema de crédito es un entramado de obligaciones de pago entre un sinnúmero de empresas, por distintas sumas, a diversos plazos y con diferentes tipos de interés asociado. Naturalmente, su desarrollo conlleva una interdependencia creciente entre las empresas de todos los sectores con las de la banca, la cual se refleja en sus hojas de balance75. Sumada al apalancamiento progresivo, genera una «hipersensibilidad de todo el organismo», el cual se desploma frente a caídas en la tasa de ganancia.

Por otro lado, como se mencionó antes, Marx advierte que este desarrollo conlleva la separación creciente entre la propiedad y el control de las empresas capitalistas. Esta sienta la base de un problema en torno al desacople de los incentivos de propietarios y controladores o administradores, que hoy denominamos «riesgo moral76». Este problema acentúa la tendencia de las empresas a apalancarse en exceso y a embarcarse en proyectos cada vez más riesgosos.

Esta concepción de fragilidad orgánica marxista se asemeja a la minskiana, de fragilidad financiera77; hasta cierto punto, ambas concepciones se basan en la interacción entre el apalancamiento, la sobreconfianza (overconfidence en inglés) y el cortoplacismo de los capitalistas, o de los gerentes de sus empresas, durante la fase alcista del ciclo económico78. Sin embargo, existe consenso en que la teoría de Marx identifica el origen, o la causa, de las crisis en el sector real de la economía y sólo superficialmente en el sector financiero. En concordancia, aquí se propone que la inestabilidad marxista contiene la minskiana.

Finalmente, incorporar a Minsky en el marco teórico de Marx permite profundizar este último, particularmente en la dimensión financiera. A pesar de esto, podemos extender las herramientas de análisis de dicha obra para entender el desarrollo del crédito y del sistema financiero contemporáneos, así como su rol en la generación y emergencia de crisis recurrentes y endógenas. Semejante incorporación refuerza el nexo entre las finanzas y la ley del valor; y también, entre la competencia capitalista, la explotación y la lucha de clases.

Conclusión

Es necesario analizar el sistema financiero a partir de la contribución teórica de Marx, robustecida con la actualización empírica que ofrecen los teóricos de la financiarización y los investigadores del ciclo financiero. Como se ha mostrado en este trabajo, el concepto financiarización describe elementos contingentes de lo que Marx en esencia entendía por desarrollo histórico del sistema crediticio, el cual es una expresión del desarrollo del modo de producción capitalista y de la competencia. Dichos fenómenos, sin embargo, sólo pueden vincularse estructuralmente a la producción capitalista si se recuperan los fundamentos de Marx, resumidos en este trabajo.

La financiarización no se basa exclusivamente en el ahorro que se presta a la producción, sino en su financiamiento vía crédito. Por medio del crédito, al dinero constante y sonante se le añade el dinero crediticio sin respaldo real o directo; así, la proliferación del crédito saca a la luz la inestabilidad endógena de la producción capitalista, obligando, cada cierto tiempo, a una devaluación del capital y/o a la destrucción de la deuda acumulada.

Todos estos fenómenos empíricos están siendo estudiados actualmente por los economistas minskyanos y otros teóricos de la financiarización, pero han sido escuetamente conectados con los fundamentos teóricos del modo de producción capitalista. De hecho, la financiarización avanza en paralelo a otros fenómenos, tales como la competencia mundial y las crisis, que describen las consecuencias más irracionales de la organización capitalista en las esferas de la producción, la distribución y el intercambio. Ella abarca estos fenómenos y tendencias que se vuelven autónomos frente a los productores, alzándose como una fuerza hostil contra ellos mismos.

Por otra parte, resulta discutible una «tesis de la financiarización», en el sentido de una subordinación de la rentabilidad empresarial a las finanzas. Semejante «tesis» sería presa del fetichismo del dinero, enfocando el análisis en el movimiento de este, en vez de hacerlo en el valor; o mejor aún, en la creación del plusvalor que lo convierte en capital y en la competencia capitalista. Se señala que la explotación y la competencia continúan siendo el corazón de la economía moderna, siguiendo un argumento clásico. Sin embargo, el que ellas se sostengan en el crédito refleja la inestabilidad del modo de producción, no su subordinación a las finanzas.

Es relevante precisar que la financiarización no constituye una «nueva lógica del capitalismo». Resulta imposible un capitalismo carente de crisis, ciclos, anarquía en la producción o saltos mortales, es decir, un capitalismo desfinanciarizado. Tampoco sería preciso indicar que el capitalismo se financiariza, cuando lo que en realidad se observa son fenómenos y/o procesos de financiarización subordinados al modo de producción capitalista. Desde un punto de vista político, sólo la conquista de los medios de producción y la producción social misma por la clase trabajadora que genera la riqueza material, la gestión asociada y racional en la sociedad comunista, podrá eliminar la naturaleza de las crisis y las consecuencias violentas que diezman periódicamente a la población.

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1 Dedicamos este artículo a la memoria de Vicente Olavarría André, joven compañero de ideas que contribuyó a su realización con rigor intelectual y pasión por el conocimiento. Destacamos en particular su perseverancia en la revitalización y difusión de la economía política marxista

2 Economista, Universidad de Chile. Miembro de la Red de Estudios Nueva Economía.

3 Economista, Universidad de Chile.

4 Doctor(c) en Arquitectura y Estudios Urbanos, Académico del Departamento de Geografía, Universidad Alberto Hurtado

5 Es decir, emitido por la autoridad monetaria sin fijación a ningún valor.

6 Arrighi, G. The Long Twentieth Century. Money, Power and the Origins of our Times (Reino Unido: Verso, New Left Book, 1994).

7 Ibid.

8 Ibid.

9 Sweezy, P. «More (or Less) on Globalization», Monthly Review, vol. 49, 1997, nº 4.

10 Foster, J.B. & Magdoff, F. «The Great Financial Crisis. Causes and Consequences», Monthly Review Press, 2009, p. 160.

11 Sweezy, op. cit.

12 Ibid.

13 Roberts, M. The Long Depression. How it happened, Why it happened, and What happens next, (Canadá, Haymarket Books: 2016), p. 355.

14 Marx, K. (1976b). El Capital. Crítica de la Economía Política. El proceso global de la producción capitalista (Tomo III). Compilación de Friedrich Engels. Traducción de Pedro Scarón. Editorial Siglo XXI, México D.F.

15 Carcanholo, R. & Nakatani, P. «Capital especulativo parasitario versus capital financiero», Revista Problemas del Desarrollo, vol. 32, 2001, n°124; Carcanholo, R. & Nakatani, P. «Capitalismo especulativo y alternativas para América Latina», Herramienta, 2007, n° 35.

16 Aglietta, M. «La globalización financiera». Sinpermiso, 2000; Chesnais, F., «Los peligrosos espejismos de la “relativa funcionalidad de las finanzas”», Razón y Revolución, 1999, n° 5; Chesnais, F., «La teoría del régimen de acumulación financiarizado: contenido, alcance e interrogantes», Revista de Economía Crítica, 2003, nº 1, pp. 37-72; Krippner, G. «The financialization of the American economy», Socio-economic Review, 2005, nº3, pp. 173-208; Epstein, G. Financialization and the World Economy. Introduction (Edward Elgar Publishing, 2005); Duménil, G. & Lévy, D. A Crise do Neoliberalismo (Boitempo Editorial, Sao Paulo, 2014), p. 365.

17 Krippner, op. cit.

18 Krippner, op. cit.; Epstein, op. cit.

19 Duménil, G. & Lévy, D., op. cit.

20 Husson, M. Finanzas, hipercompetencia y reproducción del capital (Herramienta ediciones;,2009).

21 Boyer, R. Los financieros ¿destruirán el capitalismo? (Buenos Aires: Miño y Dávila Editores, 2013); Kotz, D. «Neoliberalism, Globalization, Financialization: Understanding Post-1980 Capitalism», Department of Economics, University of Massachusetts Amherst. Working paper, 2015.

22 Aglietta, M. Regulación y crisis del capitalismo. La experiencia de los Estados Unidos (Madrid: Siglo XXI, 1979).

23 Boyer, op. cit.

24 Boyer, op. cit.

25 Aglietta, M. La globalización financiera, op cit; Aglietta. Regulación y crisis del capitalismo, op cit; Boyer, op. cit.

26 Chesnais, F. «La teoría del régimen de acumulación financiarizado», op. cit., p. 37-72.

27 Chesnais, F. «Las dimensiones financieras del impasse del capitalismo» (Buenos Aires, Sinpermiso), 2017b.

28 Chesnais F. «Los peligrosos espejismos de la “relativa funcionalidad de las finanzas”», op cit; Chesnais, F. «La teoría del régimen de acumulación financiarizado, op. cit.

29 Lapavitsas, C. «Capitalismo financiarizado. Crisis y expropiación financiera. Huellas de los Estados Unidos», Estudios, Perspectivas y Debates desde América Latina, 2011a, pp. 48-75.

30 Lapavitsas, C. «Capitalismo financiarizado. Crisis y expropiación financiera. Huellas de los Estados Unidos. Estudios»; Lapavitsas, C., «Theorizing Financialization», Work, Employment and Society, vol. 25, 2011b, nº4, pp. 611-626; Lapavitsas, C. Beneficios sin Producción. Cómo nos explotan las finanzas (Madrid: Traficantes de Sueños, 2013).

31 «(Banks) extract profit directly out of wages and salaries, rather than surplus value». (Lapavitsas, C. capitalismo financiarizado, op cit.

32 Lapavitsas, C. «Theorizing Financialization», op. cit.

33 Fine, B. «Financialisation, the Value of Labour Power, the Degree of Separation, and Exploitation by Banking», SOAS Research Students, Summer Seminar Series, 2009.

34 Coppola, F. «Keynes y la eutanasia del rentista», Sinpermiso, 2019.

35 Stockhammer, E. «Financialisation and the slowdown of accumulation», Cambridge Journal of Economics, vol. 28, 2004, nº 5, pp. 719-741; Epstein, G. op. cit.; Palley, T. «Financialization: What It Is and Why It Matters», The Levy Economics Institute and Economics for Democratic and Open Societies. Working Paper, 2007, n°525.

36 Stockhammer, E., op. cit.; Epstein, G., op. cit.; Palley, T., op. cit.; Coppola, op. cit. .

37 Término acuñado por Colin Crouch en 2009.

38 Nikolaidi, M. & Stockhammer, E. «Minsky models: A structured survey», Journal of Economic Surveys, vol. 31, 2017, nº 5, pp. 1304-1331.

39 Kincaid, J. «Marx after Minsky: Capital surplus and the current crisis», Historical Materialism, vol. 24, 2016, nº 3, pp. 105-146.

40 Ibid.

41 Marx, K. El Capital, I (México: Siglo XXI, 1975), p. 692.

42 Marx, K. El Capital, III (México: Siglo XXI, 1976b), p. 569.

43 Compárese en Marx, K. El Capital, I, op. cit., p. 31, 551, 554 y 787; Marx, K. El Capital, II (México: Siglo XXI, 1976a), p. 224; Marx, K. El Capital, III, op cit, p. 460.

44 Marx, K. El Capital, III, op. cit., p. 654.

45 Ibid., p. 630.

46 Marx, K. El Capital, I, op. cit., p. 129.

47 Marx, K. El Capital, III, op. cit., p. 622.

48 Marx, K. El Capital, I, op. cit., p. 169.

49 Marx, K. El Capital, III, op. cit., p. 630.

50 Ibid., p. 631.

51 Ibid., p. 623.

52 Ibid., p. 630.

53 Ibid., p. 629.

54 Ibid., p. 666.

55 Ivanova, M. «Marx, Minsky, and the great recession», Review of radical Polítical economics, vol. 45, 2013, nº 1, pp. 59-75.

56 De Grandi, A. & Tutin, C. «Marx and the ‘Minsky moment’», Ponencia para la Sociedad Europea de Historia del Pensamiento Económico Universidad de Lille, Francia, 2019.

57 Moseley, F. «Marx, Minsky and Crotty on crises in capitalism», Heterodox Macroeconomics, 2019, p. 140.

58 Kühne, K. Economía y marxismo vol. 2. (Barcelona: Instrumentos Grijalbo, 1973), p. 554.

59 Marx, K. El Capital, I, p. 148.

60 Moseley, F. «The Determination of the “Monetary Expression of Labor Time” (“MELT”) in the Case of Non-Commodity Money», Review of Radical Polítical Economics, vol. 43, 2011, nº 1, pp. 95-105.

61 Hein, E. «Karl Marx: an early post-Keynesian? A comparison of Marx’s economics with the contributions by Sraffa, Keynes, Kalecki and Minsky», European Journal of Economics and Economic Policies: Intervention, vol. 16, 2019, nº 2, pp. 238-259.

62 Hein, op. cit.

63 Ibid.

64 Ramírez, M. «Keynes, Marx and the business cycle», Eastern Economic Journal, vol. 16, 1990, nº 2, pp. 159-167.

65 Marx, K. El Capital, I, op. cit, p. 138.

66 De Grandi, A. & Tutin, C., op. cit.

67 Ivanova, op. cit.

68 Brooks, M. Capitalist Crisis: Theory and Practice: a Marxist Analysis of the Great Recession, 2007-11 (Londres: Expedia, 2012), p. 134.

69 Claessens, S., Kose, M. y Terrones, M. «How do business and financial cycles interact?», Journal of International economics, vol. 87, 2012, nº 1, pp. 178-190.

70 Strohsal, T., Proaño, C. y Wolters, J. «Characterizing the financial cycle: Evidence from a frequency domain analysis», Journal of Banking & Finance, vol. 106, 2019, pp. 568-591.

71 Dell’Ariccia, G., Igan, D., Laeven, L. y Tong, H. «Credit booms and macrofinancial stability», Economic Policy, vol. 31, 2016, nº 86, pp. 299-355.

72 Borio, C., Drehmann, M. y Xia, F. «The financial cycle and recession risk», BIS Quarterly Review December, 2018.

73 Schüler, Y, Hiebert, P. y Peltonen, T. «Financial cycles: Characterisation and real-time measurement», Journal of International Money and Finance, vol. 100, 2020, p. 102082.

74 Ramirez, M. «Credit, Indebtedness and Speculation in Marx’s Polítical Economy», Economic Thought, vol. 8, 2019, pp. 46-62.

75 Kincaid, op. cit.

76 Ramírez, «Credit, Indebtedness and Speculation in Marx’s Polítical Economy», op. cit.

77 Kincaid, op. cit.; De Grandi & Tutin, op. cit.

78 Keen, S. Can we avoid another financial crisis? (EEUU. John Wiley & Sons, 2017), p. 9.

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275 s. 9 illüstrasyon
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9789560014146
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