Kitabı oku: «Marketing, más de un siglo de historia: antecedentes, génesis y evolución»

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Hoyos Ballesteros, Ricardo

Marketing, más de un siglo de historia : antecedentes, génesis evolución / Ricardo Hoyos Ballesteros

Bogotá : Universidad Piloto de Colombia, 2020

210 páginas

Incluye referencias bibliográficas

ISBN: 9789585106208

1. MARKETING - HISTORIA

CCD 658.8


Universidad Piloto de Colombia

Presidente › Olinto Eduardo Quiñones Quiñones

Rectora › Ángela Bernal Medina

Director de Publicaciones y Comunicación Gráfica ›

Rodrigo Lobo-Guerrero Sarmiento

Director de Investigaciones › Mauricio Hernández Tascón

Coordinador de Publicaciones › Diego Ramírez Bernal

Decana Facultad de Ciencias Sociales y Empresariales ›

Ana María Lobo-Guerrero

Decano del Programa de Marketing › Enrique Muñoz Borrero

ISBN › 978-958-5106-17-8

Primera edición › 2020. Bogotá, Colombia

Coordinación editorial › Catalina Moreno Correa

Corrección de estilo › Juan Felipe Forero Bocanegra

Diseño y diagramación › Carolina Suárez Tovar

Impresión › Digiprint Editores S.A.S.

La obra literaria publicada expresa exclusivamente la opinión de sus respectivos autores, de manera que no representan el pensamiento de la Universidad Piloto de Colombia. Cada uno de los autores suscribió con la Universidad una autorización o contrato de cesión de derechos y una carta de originalidad sobre su aporte, por tanto, los autores asumen la responsabilidad sobre el contenido de esta publicación.


Contenido

Prólogo

Introducción

Capítulo 1

Evolución económica de la humanidad

Primitivismo

El esclavismo

El feudalismo

El capitalismo

Capítulo 2

Génesis y evolución del marketing

Condiciones sociopolíticas que contribuyeron al nacimiento del marketing

Las eras del marketing

Evolución del concepto

Dimensiones del marketing

Capítulo 3

El marketing hoy

El marketing hoy desde lo instrumental

El marketing hoy desde la evolución del consumo

Referencias

Lista de figuras

Figura 1. Etapas de la evolución de la humanidad.

Figura 2. Etapas del marketing.

Figura 3. Evolución del marketing como concepto.

Figura 4. Escuelas del pensamiento de marketing.

Figura 5. Evolución del consumo.

Lista de figuras

Tabla 1. Grandes desarrollos tecnológicos dentro del sistema capitalista.

Tabla 2. Primeros jounals publicados en la segunda era del marketing. Fuente: Lehmman, D. (2005). Journal Evolution and the Development of Marketing. Policy & Marketing, 24(1), p. 138

Tabla 3. Journals publicados en la tercera era del marketing

Tabla 4. Hechos relevantes en las eras del marketing.

Tabla 5. Journals publicados en la cuarta era del marketing (1980 a 1990).

Tabla 6. Journals publicados en la cuarta era del marketing (1991 a 2000).

Tabla 7. Principales journals publicados en la cuarta era del marketing después del 2000.

Tabla 8. Escuelas de pensamiento en marketing.


Lo nuevo reclama la memoria, la referencia cronológica, la genealogía.

Gilles Lipovetsky


A mi hijo David, quien ha sido lo más hermoso que he tenido en la vida, con la esperanza de que recuerde de mí solo las cosas positivas, especialmente que siempre lo he amado y siempre lo haré.

A la memoria de mi hermano Héctor Augusto, le haces mucha falta a toda la familia. Te amaremos y recordaremos por siempre.


Agradecimientos

Un profundo agradecimiento a mis amigas y amigos: Carolina Garzón Medina, directora de Investigación de la Facultad de Mercadeo de la Universidad Santo Tomás; Sara Forero, profesora de tiempo completo de la misma institución; Luis Enrique Gómez, historiador y docente de la Universidad Sergio Arboleda, y al profesor Néstor Díaz Videla, investigador y autor también de diversos libros sobre marketing.

Sus aportes, comentarios y sugerencias hicieron de este un documento más riguroso y digno de ponerse a consideración del público.

Quiero también agradecer al Doctor Enrique Muñoz Borrero, decano del programa de Marketing de la Universidad Piloto de Colombia, quien creyó en este proyecto y contribuyó a que se hiciera realidad.


Prólogo

El ejercicio adelantado por el profesor Ricardo Hoyos ha sido muy interesante. Los que trabajamos en la academia y somos apasionados por el mercadeo vemos con gran entusiasmo un estudio que permite tener a profesores y estudiantes un acercamiento claro a lo que ha sido la evolución de una disciplina tan importante.

Es indiscutible que la evolución de la humanidad ha estado enmarcada por grandes cambios, y, sin lugar a dudas, el mercadeo ha sido un actor preponderante en las relaciones comerciales entre productores, intermediarios, usuarios y consumidores.

Si bien existen libros que han tratado la temática, el trabajo del profesor Hoyos nos permite revisar, en un mismo texto, muchos de ellos; además de contar con un tono agradable para leer.

El autor hace un recorrido desde la aparición del hombre sobre la tierra hasta nuestros días, lo cual fue un proceso de construcción de relaciones comerciales, en gran parte mediadas por diferentes actividades que hoy reconocemos como propias de nuestra disciplina; las cuales enaltecen y dan fortaleza a los que somos los responsables de la consolidación y el fortalecimiento de esta actividad tan importante para el desarrollo de la economía del mundo, centrada siempre en la búsqueda de mejorar las condiciones de vida de las personas.

Celebro el ejercicio adelantado por el profesor Hoyos y confío en que este aporte enriquecerá el conocimiento de los ya profesionales en mercadeo, e incluso en otras áreas, y estoy seguro de que indiscutiblemente lo será para los que se están formando hoy en día en este campo.

Enrique Muñoz Borrero

Decano del programa de Ingeniería de Mercados


Introducción

Escribí este libro motivado por el interés de contribuir a que los estudiantes y practicantes del marketing y, sobre todo, los profesionales de otras disciplinas, tengan una visión mucho más amplia de su origen y evolución. He visto que, a pesar de que se interactúa mucho con él, existen visiones sobre este que, a mi parecer, están lejos de su verdadera esencia. Mucho se habla del marketing, pero poca claridad se tiene sobre su origen y alcance. Algunos dicen que ha existido siempre, coincidiendo con la misma aparición del hombre sobre la tierra, confundiéndolo con el trueque o con el mismo comercio. Se sobreestima a tal punto que algunos afirman que este debe orientar la estrategia de la alta gerencia (Heras, 2011). También se subvalora. Las personas que no han tenido la oportunidad de estudiarlo a profundidad creen que el marketing solo está relacionado con las ventas de una compañía o con sus procesos de comunicación, no se acepta que el alcance del marketing es mucho más amplio de lo que comúnmente se cree.

En ese orden de ideas, el objetivo de este libro es mostrar que el marketing no es una invención casual por parte de una persona o una empresa, sino que su origen se da dentro de un proceso relacionado con la evolución económica de la humanidad. El libro quiere evidenciar que su nacimiento y desarrollo, además de lo económico, ha sido influenciado por variables de orden político y social, entre otras. Por eso, la historia que se propone aquí no es una colección de fechas anecdóticas, sino que articula las variables que influenciaron esta disciplina con el fin de colocarla en su justa dimensión.

Debo aclarar que la primera aproximación a este libro fue un artículo presentado en 2007 a la revista Lecturas Seleccionadas de Mercadeo, editada por Asomercadeo; la cual era la principal asociación de ejecutivos de marketing en Colombia en ese momento. Luego, este fue actualizado dos veces y publicado en los sitios web de las universidades Sergio Arboleda y Santo Tomás, en las cuales tuve la oportunidad de trabajar como director del Programa de Marketing y Negocios Internacionales y Decano de la Facultad de Mercadeo, respectivamente. El objetivo de ese artículo simplemente era mostrar que el marketing no era una invención casual, sino que era una expresión propia del capitalismo, y, en el mismo sentido, producto y consecuencia del desarrollo económico de la humanidad.

Dicho artículo se convirtió en 2017 en el primer capítulo de un libro de fundamentos de mercadeo, editado por la Facultad de Mercadeo de la Universidad Santo Tomás y Ecoe Ediciones. Este fue escrito por doce personas, once docentes, y yo como decano. Para ese capítulo, se presentaron dos aportes importantes: el primero fue reconocer que el mercadeo podía pensarse como un producto de la política de Estados Unidos para consolidar su hegemonía mundial. El segundo elemento fue una descripción desde dos perspectivas de lo que es el marketing en la actualidad, las herramientas del marketing y la evolución del consumo, sobre este último se sustenta su razón de ser.

Ahora, ya como libro, el presente estudio pretende desarrollar las ideas iniciales, las cuales se han profundizado de manera generosa con la inclusión en la bibliografía de autores importantes como Beaud, Braudel, Childe, Dobb, Finley, Kocka, Morgan, Pirenne, Galbraith, Bauman, Hobsbawn, Lipovestsky, Sombart, Veblen, Morgan y Vargas Llosa, entre otros; lo anterior contribuye a darle mayor rigor a la investigación sobre la cual se sustenta el texto.

El libro se centra en el nacimiento del marketing como disciplina, el cual se da a inicios del siglo xx, pero hace un rastreo en diferentes sociedades antiguas del uso de algunas de sus herramientas que se manejaban de manera aislada como fueron, por ejemplo, las marcas, las tiendas, la publicidad, las promociones de ventas y los vendedores ambulantes, entre otras.

No obstante, a pesar de que cualquier propuesta de dividir la historia de la humanidad en periodos puede ser artificial y conllevar una intencionalidad determinada (Le Goff, 2016), para el desarrollo de la investigación acerca del origen del marketing, el presente libro asume la propuesta que afirma que la evolución económica de la humanidad ha transitado por cuatro etapas: primitivismo (que se divide a su vez en salvaje y barbarie), esclavismo, feudalismo y capitalismo. Esta caracterización es propia del materialismo histórico que en su propuesta se centra principalmente en la propiedad de los medios de producción, dejando de lado variables importantes como son las de orden político, social y cultural.

Para el análisis, se relacionó la etapa salvaje con el paleolítico, la etapa bárbara con el neolítico, la etapa esclavista con la Edad Antigua, la etapa feudal con la Edad Media y el capitalismo, por su lado, con la Edad Moderna y Contemporánea. Lo anterior permite encontrar equivalencias entre los autores que trabajan dentro del materialismo histórico y los autores que lo hacen desde otros paradigmas. Los periodos seleccionados, propios del materialismo histórico, son muy criticados por su sesgo político y la intencionalidad subyacente en ellos, como se mencionó anteriormente. Sin embargo, según Ruiz de la Peña (1984), son los más adecuados para revisar el desarrollo económico de la humanidad y tienen plena correspondencia con la concepción clásica que divide la historia en Edad Antigua, Edad Media y Edad Moderna.

Una vez terminando de escribir el manuscrito me asaltó la duda de si era o no pertinente escribir un libro sobre la historia del mercadeo, sabiendo que la comunidad, en general, como anotaba Galbrait (1999), hablando de la economía, no valora este tipo de aportes por cuanto no resultan muy pertinentes para ganar notoriedad frente a académicos y practicantes de una disciplina, en este caso la de mercadeo. La duda la pude resolver apelando a varios elementos; por un lado, los colegas que conocían de mi proyecto me indicaban que consideraban que era un aporte importante ya que no existían mucho en ese sentido. Debo reconocer que si bien no existen muchos libros que aborden la historia del marketing, por lo menos actuales, si existen grandes aportes, citados regularmente en los artículos que tratan sobre este tema; por ejemplo, está Robert Bartels, quien en 1951 publicó el libro The History of Marketing Thought y el artículo titulado “Influences on the Develoment of Marketing Thought”, que me sirvió para abordar el génesis del marketing como campo de estudio. Otro aporte importante es el artículo de 2003 titulado “Scholarly Research in Marketing: Exploring the ‘4 Era’ of Thought Development”, escrito por Willian Wilkie y Elzabeth Moore, en el que se propone la evolución del marketing como disciplina. Otro avance notable es el libro de Tadajewski, y Jones, titulado The History of Marketing Thought: Introduction and Overview publicado en 2008, que incluye tres tomos y es utilizado como libro de texto. Lamentablemente este no está disponible en nuestro medio. Si bien estos artículos y libros pueden considerarse suficientes para entender el nacimiento del marketing como campo del saber, mi aporte es encontrar sus primeras manifestaciones en sociedades antiguas y el análisis de algunas variables de orden sociopolítico que favorecieron su desarrollo, relacionadas estas con la industrialización de Estados Unidos y la emergencia de este país como potencia mundial a partir de los primeros años del siglo xx.

Otro elemento que me animó a seguir adelante con el proyecto fue conocer que la historia del mercadeo había sido incorporada como curso regular en la formación de doctorandos en Estados Unidos y de pregrado en otros países (Domegan, 2010). Esto fue también importante para ratificar mi interés de terminar el libro, ya que, como director y decano de un programa de mercadeo, soy consciente de que a la luz de los procesos de acreditación de alta calidad nacional o internacional, gubernamental o privada, se requiere de una epistemología apropiada, y la epistemología del marketing no puede hacerse sin entender su historia, y, más aun, teniendo en cuenta, como se verá más adelante, que la historia es consustancial con la génesis del marketing, teniendo en cuenta el aporte de la Escuela Alemana.

Ya hechas todas las salvedades, es imprescindible presentar el contenido del libro. El primer capítulo hace una revisión de las cuatro etapas de desarrollo anteriormente señaladas: primitivismo, esclavismo, feudalismo y capitalismo. Se toman como unidades de análisis la economía, la organización social, el desarrollo cultural, la generación de excedentes, el intercambio, la propiedad privada, el consumo, la vida doméstica, y, finalmente, la tecnología; esta última ha sido muy importante para determinar la transición de un estadio de desarrollo al subsiguiente. El primer capítulo es extenso, lo cual preocupó a quienes evaluaron el libro de manera formal e informal, pero decidí mantener esta condición por cuanto los periodos abarcados son realmente largos y merecen el espacio dedicado en el libro.

El segundo capítulo aborda las condiciones sociopolíticas que contribuyeron al nacimiento del marketing. En este, se enfatiza sobre cómo el marketing juega un papel importante en el proceso de consolidación de Estados Unidos como potencia mundial después de la Primera Guerra Mundial y cómo su filosofía podría asimilarse a una política de estado orientada a consolidar dicha hegemonía. Se hace referencia allí a como ese país pasa de una economía agrícola a una economía de manufactura, producto de la Segunda Revolución Industrial, en la que se da el nacimiento de importantes empresas y marcas que inclusive permanecen actualmente. Este capítulo, en su segunda parte, se mete de lleno en la historia del marketing como disciplina, presenta las principales etapas de su desarrollo desde el premarketing hasta la madurez conceptual que evidencia hoy. Se plantea allí el aporte de la Escuela Histórica Alemana a su consolidación y se identifican los pioneros en Estados Unidos y las universidades que permitieron su trabajo. Se hace, además, un rastreo de instituciones importantes como la American Marketing Association (ama), los journals especializados y la evolución del concepto de marketing mix, entre otros.

Finalmente, el tercer capítulo presenta el marketing en su visión más actual. La revisión se hace desde dos perspectivas: la primera es la instrumental, es decir, se plantean cuáles son los conceptos, las herramientas y las tecnologías que han emergido para la puesta en práctica de esta disciplina. La segunda perspectiva es la evolución del consumo, a partir del cual se dan las relaciones de las personas con su entorno, con sus pares y consigo mismos. Para esto último, se parte de la propuesta del sociólogo francés Gilles Lipovetsky, quien plantea que el consumo ha transitado por tres etapas: el consumo de masas, la sociedad de la abundancia y la sociedad del buen vivir.

A modo de conclusión, debo ofrecer disculpas a los historiadores por entrometerme en su campo, pero resulta que no conozco muchos de ellos que se animen a escribir asuntos relacionados con elementos específicos como el marketing, la empresa y otros asuntos de este orden. No pretendo fungir como historiador, y, por ello, es posible que algunas ideas presentadas en este libro no sean compartidas por algunas personas o que en el futuro estas sean vistas de otra manera. Para paliar las consecuencias de mi atrevimiento, me apoyo en Braudel (1986), quien afirma que la historia se encuentra en constante construcción, lo cual deja claro que lo que se diga hoy puede ser revaluado posteriormente, porque la historia tiene tantas versiones como personas la vivieron y la intentan interpretar desde diferentes ángulos. Sin perjuicio de lo anterior, he tratado de ser muy responsable con este trabajo para ofrecer un producto serio, maduro, bien pensado y sobre todo que haga un aporte de peso a los interesados en el marketing y en su evolución. Sin embargo, este libro no está terminado y nunca lo estará, esta es una primera aproximación de mi parte y seguramente con el tiempo seguiré agregando elementos.

Agradezco mucho el tiempo que usted, lector, se ha tomado para leer este libro y espero que lo que se presenta aquí ilumine a los interesados en el marketing y les permita tener una perspectiva más amplia acerca de esta disciplina. Guardo la esperanza de que su lectura genere el interés por intercambiar conmigo ideas frente al tema y me haga el honor de escribirme al respecto.

Evolución económica de la humanidad

La evolución del género humano ha transitado por diversas etapas, las cuales han sido analizadas por disciplinas diversas como la arqueología, la antropología, la economía y la biología evolutiva, entre otras. Dependiendo de la disciplina que haga la revisión del desarrollo de la humanidad, se adoptará una determinada clasificación. Desde una perspectiva económica, Carl Marx propuso cuatro etapas, tal y como se ve en la figura 1: el primitivismo, el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo (Mijailov, 1994). El primitivismo a su vez se puede dividir en salvajismo y barbarie (Morgan, 1975).

La clasificación propuesta por Marx y adoptada por los economistas socialistas, se fundamenta en el supuesto de que las relaciones entre los seres humanos se dan exclusivamente alrededor de la propiedad de los medios de producción, lo que ellos denominaron el materialismo histórico1. Esta posición ha sido cuestionada por quienes opinan que el hombre no es solamente un ser económico, sino que su desarrollo está determinado también por factores diversos como el social, el cultural y el político. Otra fuente de crítica a los periodos propuestos es el modo tan radical con que los socialistas afirman que, en cada una de estas etapas, excepto en el primitivismo, ha sido común la intención de los dueños de los medios de producción de explotar al trabajador, en lo que ellos han denominado la explotación del hombre por el hombre.

Los antropólogos, por su lado, plantean una clasificación determinada por las herramientas que se usaban; es así como hablan de una primera etapa paleolítica, también conocida como Antigua Edad de Piedra y que es equivalente a la etapa salvaje en la cual el hombre usaba herramientas de piedra burdamente fabricadas. Luego, se desarrolla una segunda etapa denominada neolítica o Nueva Edad de Piedra, equivalente a la barbarie, en la cual el hombre empleaba herramientas de este material mejor elaboradas2. A continuación, se plantea una etapa posterior denominada civilización, cuyo inicio coincide con la Edad de los Metales (la de Bronce y la de Hierro) en que se encuentran imbuidos el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo (Childe, 1985). Este libro trabajará con la periodización dada por el materialismo histórico por ser la más corriente en los documentos que tratan sobre la evolución económica de la humanidad y porque, como se dijo en la introducción, es la más adecuada para revisar cómo ha evolucionado el ser humano desde una perspectiva económica (Ruiz, 1984).


Figura 1. Etapas de la evolución de la humanidad.

Fuente: adaptado de La revolución industrial, de M. Mijalov, 1994, Bogotá, Colombia: Panamericana editorial; La sociedad primitiva, de L. Morgan, 1975, Madrid, España: Ayuso, y Orígenes de la civilización, de L. G. Behaine y C. Díaz, 1997. Bogotá Colombia: Universidad Santo Tomás.

Primitivismo

El primitivismo, periodo que inaugura la prehistoria, se considera el primer estadio de la humanidad. Se inicia con la aparición del hombre sobre la tierra y termina con la invención de la escritura3. El primitivismo, a su vez, se divide en dos: el salvajismo, asimilable con el paleolítico, y la barbarie, asimilable con el neolítico; periodos que se revisan a continuación.

Etapa salvaje (paleolítico)

Este periodo, como se dijo anteriormente, se inicia con la aparición del hombre sobre la tierra. Se estima que puede haberse dado hace siete millones de años en el continente africano4 (Diamond, 2007). Al ser tan extensa, esta etapa acoge importantes cambios en la evolución del hombre, el cual inicia su trayecto siendo un ser eminentemente biológico cuya única preocupación era satisfacer sus necesidades primarias, “vivía como cualquier animal de rapiña, parásito de otros seres, recogiendo y reuniendo los alimentos que por casualidad le brindaba la naturaleza” (Childe, 1985, p. 35). Esta condición precaria fue superada solo hace cincuenta mil años cuando se empiezan a evidenciar rasgos humanos similares en lo biológico y lo comportamental al hombre de hoy. Este hombre evolucionado es el que Kuczynski (1975) denomina el hombre completo. El hallazgo de joyas y útiles de piedra con algún grado de perfección permiten hacer esta afirmación (Diamond, 2007).

Economía

En esta fase no se puede hablar de un modelo económico propiamente dicho. El hombre simplemente vivía una economía destructiva de subsistencia, depredaba la naturaleza en procura del alimento diario mediante la recolección, la pesca y la caza de animales salvajes, alimentos que encontraba desplazándose por amplios territorios como nómada. Al inicio del primitivismo, la propiedad privada estaba representada en las herramientas que se usaban, es decir, en los instrumentos de sílex y la ropa que vestían nuestros antepasados (Behaine y Díaz-Granados, 1997). Esta propiedad no era individual sino colectiva, situación que según Kuczynski (1975) se mantuvo durante toda la etapa de salvajismo, e, inclusive, dice él, en parte de la barbarie. Al final del salvajismo aparece un concepto importante de propiedad y es el denominado arte mobiliar5, ese que se hace para llevar consigo mismo, constituido por bastones, estatuillas y adornos de colgar a los que se les pasaba un hilo para ponerlos en un habitad determinado. También las armas se intervienen de manera artística y dejan de ser un elemento solamente funcional y empiezan a convertirse en un elemento de carácter estético y seguramente utilizado para marcar o establecer jerarquías entre los miembros de una comunidad (Behaine y Díaz-Granados, 1997).

La organización social y el desarrollo cultural

El ser humano pasa del árbol a la cueva y de la cueva evoluciona hacia una cultura doméstica propiciada por la construcción de viviendas estructuradas a modo de cabañas. En la infancia de la humanidad, aunque no había ningún tipo de organización política ni religiosa, se vivía en grupos que no superaban los quince o veinticinco individuos (Kuczynski, 1975) y se actuaba de manera colectiva. Luego, en la mitad del salvajismo empiezan a aparecer conceptos sociales importantes tales como la religiosidad, la cual se manifestaba especialmente a través de los ritos funerarios (Behaine y Díaz-Granados, 1997).

Se empieza a manifestar el concepto de propiedad, inicialmente la denominada mobiliar, representada por bastones, estatuillas y adornos de colgar.

Posteriormente, los grupos humanos se hacen más numerosos y aparece la necesidad de tener jerarquías para instaurar el orden (Behaine y Díaz-Granados, 1997). En la primera parte del salvajismo se da comienzo a la palabra articulada, hecho importante en el desarrollo mental del ser humano, lo cual evidencia ya un pensamiento complejo (Morgan, 1975). El pensamiento abstracto se empieza a hacer más evidente, el arte de las cuevas representa diversos motivos entre los que predominan el hombre y los animales. Estos últimos eran representados posiblemente desde una perspectiva religiosa y también económica, dada la importancia que tenían estos en la supervivencia de los seres humanos (Behaine y Díaz-Granados, 1997).

Al principio no había división del trabajo, posteriormente, el hombre empezó a cazar mientras que la mujer se quedaba cuidando los hijos y recogiendo frutas. En la etapa superior del salvajismo aparece la división del trabajo entre cazadores, unos se dedican a cazar animales pequeños y otros hacían lo propio con animales grandes, o cada grupo cazaba especies diferentes. Esto llevó a que se aumentará el nivel técnico de cada cazador y, por ello, la eficiencia en el trabajo de cada cual (Kuczynski, 1975).

El mayor avance obtenido desde lo cultural es la invención del arte de la alfarería (Morgan, 1975), hecho que da fin a la etapa salvaje e inaugura la barbarie. La alfarería es un hecho de mucha importancia porque es “tal vez la primera utilización consciente, hecha por el hombre, de una transformación química” (Childe, 1954, p. 130). El proceso de producir elementos en este material da cuenta de un pensamiento complejo capaz de entender la diversidad de fenómenos inmersos en él.

Se empiezan a dar manifestaciones de un consumo no solo dedicado a satisfacer las necesidades primarias, sino a mostrar un estatus dentro del grupo social al que se pertenece, lo que Thorstein Veblen denominó a finales del siglo xix consumo conspicuo.

Excedentes e intercambio

En esta fase se vivía una economía de autosuficiencia en la que apenas se producía lo que se necesitaba. Al inicio de esta etapa no se podía hablar de excedentes, por lo cual, el intercambio era un concepto en el cual no se pensaba, simplemente cada cual tomaba lo que necesitaba; como se anotaba anteriormente, se vivía una economía predatoria de caza y recolección. Childe (1985) refiere que hacia el final de este periodo es posible que se haya iniciado el intercambio de una manera muy precaria. Este se daba alrededor de algunos elementos de lujo como conchas y collares. Es importante resaltar que ya en esta época se presenta el consumo del lujo, entendido este desde una definición muy básica como “todo dispendio que va más allá de lo necesario” (Sombart, 1958, p.47); este dispendio o gasto excesivo es propio de las sociedades opulentas en las que existe una clase ociosa muy grande, esto es, un grupo de personas que por su alto nivel de renta, personal o familiar, se ve excluido de las labores productivas y se puede dedicar al consumo conspicuo (Veblen, 1988).

Consumo y vida doméstica

El consumo debe ser visto en tres momentos: al inicio, el hombre se desplazaba muy poco y su consumo se restringía a frutas, granos silvestres, raíces, insectos y nueces; luego, empezó a desplazarse más lejos de su morada, se convirtió en nómada y complementó su dieta con el consumo de mariscos, moluscos, pescado y animales salvajes (Morgan, 1975). Posteriormente, con la invención del arco y la flecha y el descubrimiento del fuego, integró la carne de mamíferos a su dieta (Kuczynski, 1975).

Las condiciones climáticas de la época llevaron también a la confección y el uso de pieles a manera de vestido, inclusive hay hallazgos que muestran el tratamiento de pieles con raspadores y agujas para confeccionar diferentes elementos. El hallazgo de una estatuilla de la época insinúa el uso de una especie de pantalones a la usanza de los esquimales de hoy (Childe,1985).

Los artefactos más relevantes de la vida doméstica eran cestos de fibras vegetales, recipientes de madera y vestidos elaborados con pieles animales. El tiempo disponible era escaso y poco se dedicaba a la fabricación de estos instrumentos. Al final del periodo, cuando se desarrolla la alfarería o cerámica, esta se vuelve parte de la cotidianidad de las familias salvajes y da paso a la siguiente etapa de desarrollo de la humanidad.

El hogar de los humanos en esta época, como se afirmó anteriormente, fueron los árboles en el origen más lejano; este descendió de allí y empezó a habitar las cuevas para resguardarse de las condiciones climáticas y de los animales. Pero en la medida en que el ser humano evolucionó empezó a construir espacios para vivir, para ello construyó chozas circulares de tres metros de diámetro, con pisos cubiertos por lajas de piedra. Inclusive estos y otros materiales se reutilizaban para construir otras edificaciones (Leroi-Gourhan, 1896).

Tecnología

Al inicio del periodo las manos eran la única herramienta del hombre, luego se ayudó con piedras, palos y huesos, sin hacerles ninguna transformación previa (Kuczynski, 1975). Descubrió a continuación el fuego, el cual le permitió integrar las carnes a la dieta. Después se dio otra gran innovación tecnológica, la invención de instrumentos de caza como la maza y la lanza, lo que permitió avanzar de la ingesta de productos de río y mar, a la de otro tipo de animales, especialmente de mamíferos. En la última etapa del salvajismo (estadio superior), se introduce otra gran desarrollo, el arco y la flecha, herramientas que le permitieron volverse más eficiente en la consecución del alimento (Morgan, 1975). Estos, junto con el puñal y la lanza, permitieron que el hombre aumentara su eficiencia para cazar animales y que dicha forma de alimento fuera más corriente. Aparecieron también instrumentos de trabajo rudimentarios hechos de piedra, hueso y madera (Shteerman y Sharevskaia, 1968). Otro invento importante fueron los propulsores o lanzadardos que permitían al cazador alcanzar mayores distancias y, a la vez, permanecer lejos de la presa y estar más seguro (Childe, 1985).

Para fabricar los artefactos anteriormente referidos, se necesitaban otro tipo de herramientas, denominadas secundarias y terciarias. Para ello, el hombre se servía de la piedra, el marfil, la madera y el hueso; con estos elementos se fabricaban hachas, herramientas para raspar la pieles, y también agujas para convertir estas en vestido y vivienda (Childe, 1985). En la parte alta del salvajismo, refiere Kuczynski (1975), el hombre inventa la embarcación, que permitió el aprovechamiento más amplio de los cuerpos de agua disponibles. Como se anotaba anteriormente, los desarrollos en la caza y la pesca imprimieron un desarrollo importante a la raza humana, llevándola a una mejor alimentación, una mayor competencia técnica y un mayor desarrollo mental.

Barbarie (neolítico)

La aparición de la alfarería inaugura esta etapa y la separa de la salvaje (Morgan, 1975), pero es en la etapa media de la barbarie en la que se da la gran revolución de la humanidad: la agricultura, un suceso que produjo un salto cualitativo y cuantitativo de enorme importancia. Su inicio puede situarse entre quince y diez milenios atrás6 (Kuczynski, 1975) y tuvo una influencia importante hasta los años 1650-1750, época en la cual se da la Revolución Industrial (Toffler, 1985). Gracias a la agricultura, el hombre, que para ese entonces alcanzaba un total de seis millones (Livi-Bacci, 2009), empezó a volverse sedentario y a concentrase en zonas geográficas de una manera mucho más regular. Esto, y el aumento de la población dadas las mejores condiciones alimentarias, sembraría la semilla para los grandes asentamientos humanos que luego se convertirían en ciudades. Esta etapa tuvo como resultado un hombre mejor alimentado y con un desarrollo mental superior a la etapa anterior, en la que predominaba el hombre biológico, para quien su principal preocupación, aunque no la única, era satisfacer sus necesidades.

Economía

En esta etapa, tal como se señaló, se produce un salto importante a nivel económico: la agricultura. Alvin Toffler (1985) la denominó como la primera gran revolución en el mundo; gracias a ella y a la domesticación de animales, los seres humanos obtenían muchos más beneficios mediante la explotación de extensiones geográficas más pequeñas, el trabajo ahora era más productivo y eficiente. Esto permitió entonces alimentar mejor a la población y generar algunos excedentes. La producción y el consumo en esta etapa aún no se habían separado, se vivía una economía de autoconsumo o de tipo autárquica.

En esta etapa, anota Kuczynski (1975), segunda subetapa del primitivismo, el hombre ya se dedicaba a la agricultura y a la cría de ganado para uso doméstico y seguramente aún practicaba la caza. Aunque es común afirmar que la agricultura antecedió a la domesticación de animales, la Escuela Historicista Alemana afirma lo contrario, lo cual no es descabellado ya que, en la etapa salvaje, es posible que el hombre a través de pastores haya dado los primeros pasos para la domesticación, antes de abandonar su condición nómada y antes de dedicarse a la agricultura (Childe, 1954).

El hombre se empieza a volver sedentario, por lo menos en forma temporal, pero persiste aún la vida nómada sobre todo porque las técnicas de producción y las herramientas utilizadas eran muy precarias; en la medida en que el hombre aumenta su experticia en estos temas, se estabiliza la obtención de alimentos, lo cual lleva a que los asentamientos poblacionales aumenten (Kuczynski, 1975).

Propiedad privada

En esta etapa paulatinamente desaparece el concepto de propiedad colectiva característica del salvajismo, la cual se mantiene por un tiempo importante sobre la tierra. Empieza a aparecer entonces el concepto de propiedad privada individual. En esta se entiende que quien más se destaca en un proceso debe recibir más que quien no lo hace, a manera de ejemplo, los comandantes de los ejércitos empezaron a ser reconocidos como importantes generadores de riqueza y, por ello, se les empezó a reconocer mayor acceso a los bienes y demás beneficios posibles, derecho que fue extendiéndose paulatinamente a otros niveles dentro de los ejércitos, hasta que de una manera notoria empezaron a aparecer grandes propietarios de lotes de ganado y de esclavos (Kuczynski, 1975).

La organización social y el

desarrollo cultural

Aunque no es posible describir de manera taxativa la organización social de la sociedad bárbara, Childe (1954) afirma que los grandes logros de esta no hubieran sido posibles sin que los seres humanos se hubieran organizado de alguna manera. El esfuerzo cooperativo para limpiar grandes extensiones de tierra y el cuidado de los animales domésticos frente a los salvajes son tareas que debieron requerir una mínima organización social.

En el neolítico surgen los primeros templos y la clase sacerdotal, lo cual implica que el pensamiento místico se vuelve más fuerte y más complejo. El tiempo para el ocio aumenta y algunas personas se dedican a producir algunos elementos para la comunidad como objetos de alfarería y textiles (Behaine y Díaz-Granados, 1997).

La sociedad se empieza a volver compleja y a dividirse en clases, aparecen los religiosos, los trabajadores (que se ocupaban del campo o de la arcilla, por ejemplo) y los guerreros, quienes protegían las tierras que se iban conquistando paulatinamente. El hombre se vuelve sedentario y hay un aumento importante de las aldeas (Behaine y Díaz-Granados, 1997).

Excedentes e intercambio

Una vez se estabilizan los procesos productivos fundamentales de la agricultura y la cría de ganado, aparecen colonias humanas más estables y también se empieza a generar intercambio entre poblaciones cercanas ya de una manera deliberada, por lo cual, Kuczinsky (1975) sitúa el nacimiento del comercio organizado y del comercio internacional en esta etapa. Al respecto anota Childe (1954) que a pesar de que las comunidades neolíticas eran autosuficientes, no por ello vivían aisladas unas de otras, sino más bien formaban una “cadena continua de comunidades” (p. 176) que, aunque no sostenían contacto permanente, sí se mantenía una relación a lo largo del tiempo.

Se empieza a generar intercambio entre poblaciones cercanas ya de una manera deliberada, por lo que, según Kuczinsky, se sitúa en esta etapa el nacimiento del comercio organizado y del comercio internacional.

El intercambio se da primero de manera casual y luego se realiza de una manera más formal e intencional. Se daba sobre elementos de poca importancia como conchas y otros utilizados para la elaboración de adornos, por lo cual se puede afirmar que el comercio en los inicios de la barbarie no era parte del sistema económico por lo precario de este y de sus alcances (Kuczynski, 1975). No obstante, Childe (1954) afirma que la civilización neolítica o bárbara, debe su desarrollo en gran parte a este enlace comercial rudimentario, porque a través de él, se empezó a realizar una especie de intercambio de valores culturales entre diversos grupos primitivos. Esta aseveración resulta importante porque el autor citado reconoce que ya desde esa época existía la mercancía entendida como un libro a través del cual se pueden leer las particularidades culturales de ciertos grupos humanos, elemento que resultaría esencial para Estados Unidos al momento de instaurar su imperio del consumo como se verá más adelante y crucial en la manera como se desarrolla el marketing hoy en día, el cual trasciende su función eminentemente económica y se convierte en un mediador del orden social (Díaz, 2009).

Luego, los productos agrícolas y pecuarios dejan de servir solo para el consumo de las familias y pasan a convertirse en mercancía, se pasa del valor de uso al valor de cambio, esto da pie a la aparición de una economía basada en mercancías o economía mercantil, y, derivado de ello, a la aparición del comerciante formal (Kuczynski, 1975).

Aparece el concepto de dinero representado por collares, paños, pieles y otros elementos.

La aparición del artesano, que corresponde a una segunda división social del trabajo7, se da porque al elevarse los niveles de producción, algunos hombres se pueden dedicar a estas labores parcialmente en principio y luego completamente. Antes la división del trabajo se daba entre hombres y mujeres, ahora se hace entre diferentes comunidades y personas; hay unos grupos que se dedican solo a la agricultura y otros a la cría de ganado, inclusive entre estos últimos también hay divisiones, pues se forman grupos que cuidan diferentes tipos de ganado. El comerciante es un ejemplo de este tipo de división soportada en factores diferentes al género. El desarrollo del comercio da pie a la aparición del dinero, representado en collares, paños, pieles, cueros, puntas de arado y anzuelos, entre otros (Kuczynski, 1975).

La agricultura permitió generar excedentes que eran guardados con diversos fines, primero para poder atender la escasez de los alimentos en el invierno y para intercambiar por otros elementos con poblaciones cercanas. Kuczinsky (1975) insinúa que para poder almacenar el trigo y otros granos, estos eran sometidos a procesos de trilla y molido para ser luego almacenados en primitivos silos, los cuales eran excavados en la tierra y forrados con paja o con esteras (Childe, 1954). Según Helpman (2014), “el comercio a larga distancia, que desempeña un papel esencial en las economías modernas, también fue una característica importante del desarrollo económico después de la revolución neolítica” (p. 16).

El comercio se concretó a través del intercambio de ganado por productos agrícolas entre diferentes colonias humanas, adelantándose de alguna manera al comercio interior, el cual en la práctica no existía, dice Kuczinsky (1975), ya que los productos derivados de la agricultura y otros oficios eran de propiedad colectiva, por lo que no se podría afirmar que estos fueran objeto de intercambio ya que pertenecían a todos los miembros dentro de una comunidad. Solo hasta que se presentó la división del trabajo entre agricultores y artesanos, se empezó a delinear lo que se conocería como comercio interior.

Consumo

Aparecen los primeros bienes como los tejidos y objetos domésticos, también se da la ingesta de productos más elaborados que hoy son comunes entre nosotros, como la mantequilla, el queso, la miel, las salchichas, las sopas, el vino, la cerveza, la sidra, las salsas, los condimentos, las hierbas y las aromáticas. En palabras de Kuczinsky, “se empieza a usar la mesa y el plato” (1975, p. 36).

La vida doméstica

Transcurre entre el desarrollo de tareas relacionadas con cuidar a los hijos, la elaboración de la alfarería y la producción de trajes de lino, lana y algodón. La vida doméstica es muy sencilla, y tal vez se complementaba con actividades alrededor de la magia en procura de obtener mejores resultados en las labores propias de la comunidad. La enseñanza de estos oficios en cada hogar seguramente constituía otra tarea importante de la vida cotidiana en la familia bárbara o neolítica (Childe, 1968).

Tecnología

El hacha de piedra pulimentada fue el símbolo distintivo del periodo neolítico (Childe, 1954). Se usó también la guadaña, la piedra de moler, el molino a mano y la prensa para la uva. Sin embargo, fue la invención del arado, los sistemas de irrigación y el uso de ganado para la agricultura, hace alrededor de siete mil años, lo que imprimió a la agricultura un gran desarrollo frente a la manera primitiva de cultivar, que consistía en hacer agujeros con el bastón y mover tierra con la azada (Kuczynski, 1975). El uso del bronce y la fundición de hierro cierra la etapa media de la barbarie (Morgan, 1975).

El arte de la alfarería se desarrolló de manera importante, y, a partir de él, se desarrollaron, paralelamente, la técnica del horneado y de la pintura, lo cual permitió tener objetos muy elaborados. Esto aportó mucho al desarrollo mental del ser humano, pues se necesitaba desarrollar un pensamiento más complejo para lograr los altos estándares que se conocen actualmente (Childe, 1985). Aunque ningún historiador lo comenta, en esta etapa empiezan a aparecer los primeros esbozos de lo que hoy se conoce como el packaging o empaquetado, variable importante del marketing de consumo contemporáneo; efectivamente, para poder almacenar los granos, estos tenían que ser guardados en recipientes apropiados para ello, elaborados lógicamente en cerámica; luego fue el vino el que fue protegido por este tipo de envases.

Primeras manifestaciones del packaging en los granos y los cereales, en primer lugar, y luego en el vino.

La creación de un alfabeto fonético coincide con el fin de la barbarie y abre el camino a la civilización (Morgan, 1975). El hombre ya había alcanzado en este momento un gran desarrollo social y cultural, y se dan los primeros esbozos de la medicina, la arquitectura y de otras disciplinas conocidas hoy. Los seres humanos pasan de vivir en colonias y centros habitados, a vivir en verdaderas ciudades (Kuczynski, 1975).

En esta etapa se evidencian los primeros desarrollos de la industria textil, los vestidos de lino, primero, luego en lana y algodón, que fueron reemplazando los antiguos vestidos de piel de animales y de hojas vegetales. Esto supone el desarrollo de competencias relacionadas con el cultivo de plantas especiales, la selección de especies adecuadas y el desarrollo de instrumentos que permitieran el tratamiento de fibras, como ruecas y telares (Childe, 1954). La existencia del vestido se evidencia a partir de una figura tallada en marfil hallada en una cueva en Francia que exhibía una especie de falda pequeña compuesta por tiras o cuerdas entretejidas que se puede considerar uno de los primeros vestidos de la humanidad (Pericot y Malluquer, 1982).

Otro gran aporte a la tecnología es la invención de la “rueda que facilita el transporte y la producción misma de algunos bienes” (Kuczynski, 1975, p. 47). Su real impacto se daría posteriormente en otras etapas de desarrollo de la humanidad gracias al desarrollo de nuevas tecnologías.

El esclavismo

Esta segunda etapa del desarrollo de la humanidad se da en sociedades complejas y podría afirmarse que es el primer estadio de lo que los antropólogos han llamado civilización. Cuando se habla de él como sistema económico, se está abarcando un periodo bastante amplio, que empieza con los sumerios, primera civilización reconocida como tal, pasa por los egipcios, luego por los griegos y culmina con los romanos, sin prejuicio de que existan otros grupos sociales que pudieran ser incluidos en este periodo como se menciona posteriormente.

Las civilizaciones mencionadas, de alguna manera, se sucedieron de forma cronológica, por ello, su grado de desarrollo aumentó gradualmente. Como afirma Kramer (2015), los sumerios establecieron una sociedad muy evolucionada, con comportamientos y desarrollos comparables a los de nuestra época; sin embargo, fueron los egipcios, los griegos y, claro está, los romanos, quienes mostraron un grado de sofisticación alto en las artes, la filosofía y el derecho, que todavía tiene gran influencia en nuestros días (Van-Doren, 2013).

Esta etapa coincide con lo que se conoce como Edad Antigua8 (ver figura 1), la cual va desde la aparición de la primera civilización conocida (los sumerios9) entre el año 3000 a. C. y va hasta la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo v d. C. (año 476). Se caracteriza por el hecho de que el ser humano se vuelve un objeto al servicio de su amo y se integra a la producción como un medio más; aquí el hombre empieza a cosificarse al servicio de la acumulación de riqueza. El esclavismo es un sistema económico en el que la generación de riqueza se basa en la explotación de los seres humanos en tareas relacionadas con la producción de alimentos, la extracción de minerales y otras actividades. En este sistema, “todo el producto pertenecía al amo del esclavo, que le daba a este lo suficiente para mantenerlo con vida” (Kuczynski, 1975, p. 118).

Aunque ya en plena etapa bárbara existía el esclavismo, este no se daba como sistema principal para producir, sino como un recurso subsidiario que permitía cuidar el exceso de ganado (Kuczynski, 1975). Como sistema económico surge en el sur de Mesopotamia y en Egipto hacia el año 3000 a. C. Se extendió a Siria, Fenicia, Palestina, Persia, India y China del 2000 al 1000 antes de nuestra era, aproximadamente. En Grecia se desarrolló entre los siglos viii al vi a. C. y en Roma entre los años 500 y 301. El esclavismo fue el sistema predominante en el mundo antiguo y se extendió por alrededor de 3500 años (Shteerman y Sharevskaia, 1968).

Aunque el esclavismo resulta a todas luces un régimen oprobioso para la dignidad humana, “las quejas acerca de la esclavitud que han llegado hasta nosotros son de orden moral, no económico” (Finley, 2003, p. 125). Inclusive Aristóteles defendía la figura de la esclavitud afirmando que los seres inferiores, es decir, los esclavos en este caso, les convenía estar bajo el dominio de un amo (Galbraith, 1999). Frente al esclavo existía una ambivalencia, ya que, a pesar de ser considerado una propiedad, no siempre se le consideraba cosa, y en ocasiones trabajaba al lado de los hombres libres al mismo nivel (Beard, 2016; Finley, 2003).

Según Toner,

Roma fue una de las grandes sociedades esclavistas de la historia, los esclavos constituían entre el 10 y el 1510 por ciento de toda la población; en Italia representaban entre el 15 y el 25 por ciento de toda la población que no pertenecía a la élite. Un solo amo podría tener alrededor de 400 esclavos. (2012, p. 11)

El esclavismo fue el resultado de diversos factores dentro de los cuales se destacan los avances logrados en la agricultura producto de desarrollos técnicos como el arado y la eficiencia en la ganadería, lo que permitió generar unos excedentes tales que resultaban insuficientes los hombres para cuidar y hacer buen uso de estos, de tal manera que los productos agrícolas se perdían y los animales volvían al estado salvaje. Para solucionarlo y seguramente por otros factores, los pueblos o Estados se enfrentaron en cruentas guerras de las cuales tomaban prisioneros que luego ocupaban como esclavos para poder así mantener sus sistemas de producción funcionando adecuadamente (Kuczynski, 1975). Para entender la magnitud de este fenómeno cabe anotar que “tan solo Julio Cesar fue responsable de haber capturado durante su campaña en la Galia un millón de esclavos” (Finley, 2003, p. 113).

Además de la guerra, existían otras maneras de incrementar la tenencia de esclavos, el pobre que quería evitar la indigencia podría convertirse en tal. No pagar deudas a un rico o el tráfico de personas era otro camino para ello. La subyugación de tribus agrícolas a tribus que criaban ganado era otra forma de incrementar el número de esclavos, es decir, las tribus débiles se acercaban a las fuertes y voluntariamente se sometían a su dominio. Otra forma, muy parecida a la anterior, consistía en que tribus pobres se acercaban y se sometían a tribus más ricas para asegurar su protección y sustento, especialmente cuando huían de sus tierras por factores climáticos, sequias y otras razones (Kuczynski, 1975). Finalmente, convertirse en esclavo por ser hijo de uno se fue conviertiendo en el mecanismo más importante en la medida en que el Imperio Romano se consolidó y disminuyeron sus guerras de conquista (Beard, 2016).

El sistema logró su máximo apogeo en Grecia y Roma y aunque no se dio en ciertos pueblos (eslavos, germanos, árabes y mongoles) tuvo presencia histórica alrededor de 3500 años en diferentes lugares del mundo (Shteerman y Sharevskaia, 1968). En Asia Menor, en Siria y en Egipto, la esclavitud nunca llegó a ser factor importante en el campo (Finley, 2003).

Economía

Había diversas clases de esclavos, estaban los esclavos-cosa que eran considerados exclusivamente una propiedad mueble, por captura o por deudas (Finley, 2003). Esto es importante entenderlo por la ambivalencia que había sobre estas personas, dado que en ocasiones se les consideraba estrictamente un objeto y, en otras, vivían a la par de hombres libres con quienes desarrollaban mucha afinidad (Finley, 2003).

En este orden de ideas, Finley critica la definición típica en la que se afirma que “un esclavo es una propiedad sujeta a las reglas y procedimientos de la propiedad respecto a venta, alquiler, robo, multiplicación natural , etc.” (2003, p. 100). Si bien esta definición es cierta, no es completa, por cuanto existían matices diversos cuando se hablaba de un esclavo. Más allá de imaginarlo como una propiedad que se usa como peón o se pone al servicio de los artesanos, como afirma Toner (2012), existen unos matices que sorprende conocer. Los esclavos además de ser peones que ayudaban en canteras, ocuparon diversos roles, por ejemplo, fueron incorporados a los ejércitos romanos como combatientes al nivel de los mismos romanos; este fue el caso de los iliotas, un pueblo subyugado que no pertenecia de manera particular a alguna persona en específico. Beard (2016) también critica la visión típica que se tiene del esclavo como un ser paupérrimno ya que su vida se desarrollaba entre “la crueldad y la penuria hasta rozar el lujo”, llegaban incluso, según la autora, a actuar como “médicos privados y consejeros literarios de ciudadanos muy adinerados” (p. 352).

Finley refiere que en el periodo clásico griego y romano los esclavos fueron fundamentales no solo por su aporte al trabajo, sino que las clases superiores les concedieron un papel importante en la estructura social. Por ejemplo, algunos libertos en Roma y metecos11 en Grecia alcanzaron elevados niveles dentro de la escalera social. En Grecia, el esclavo público era un tipo de esclavo diferente al privado que predominaba en esta época, tenía funciones diferentes, entre ellas, recoger los muertos que resultaban en la vía pública (Picard, 1953).

El trabajo doméstico era otro de los trabajos de los esclavos, podían fungir como mensajeros, secretarios, lectores, cocineros, sirvientes, contadores e incluso médicos (Beard, 2016). Estos también podían trabajar en áreas relacionadas con el comercio, las finanzas y otra serie de tareas de orden productivo o industrial. Este es el caso de los que operaban bajo la figura del peculium, algo así como una franquicia en la que el propietario podía prestar al esclavo para diversas labores, inclusive se podía hacer el préstamo a sí mismo para que trabajaba por su cuenta y ahorrara para comprar su libertad. Hubo además esclavos célebres, como es el caso de Pasiono, quien estuvo al frente de la operación bancaria más importante de Atenas (Finley, 2003).

La minería era atendida casi que exclusivamente por esclavos, mientras que el servicio doméstico se prestaba tanto por esclavos y libertos. Cocineros, mayordomos, doncellas, niñeras (pedagogas), hilanderas, tejedores, contadores, administradores, eran cargos que se ejercían de manera indiferente tanto por hombres libres como por esclavos (Finley, 2003). La mano de obra libre contratada era casual y estacional, por ejemplo, en época de cosecha, en la construcción o en los muelles cargando mercancía en los barcos.

Según Finley,

Durante todo el periodo clásico, la administración griega y romana, urbana y rural, fue patrimonio de esclavos y libertos, al menos en los grandes establecimientos, aquellos en donde el propietario normalmente no tomaba parte activa. Es evidente que los hombres del status más elevado no querían ni podían dedicarse a administrar sus propiedades y otros negocios, su estilo de vida lo hacía imposible. (2003, p. 120)

No solo de la esclavitud vivían los antiguos, ellos tenían una economía ampliamente desarrollada, “cosechaban, comerciaban, manufacturaban, explotaban las minas, gravaban con impuestos, acuñaban moneda, depositaban y prestaban dinero, obtenían ganancias o sufrían pérdidas” (Finley, 2003, p. 48).

La guerra era otra fuente importante de la economía romana y de esta época en general, los botines que llegaban a Roma resultaban muy atractivos y jalonaron el crecimiento de la ciudad ya que esta riqueza atraía a personas del campo que veían allí una oportunidad de mejorar su economía personal (Nieto, 2013).

Propiedad privada

El concepto de riqueza, como se conoce hoy, aparece en esta época debido al incremento de la producción de alimentos derivado de la cría del ganado, del pastoreo y, en gran proporción, por lo botines de guerra. La riqueza acumulada a través de estos medios (proceso que se produce muy lentamente) luego se convertiría en propiedad privada como tal. Aunque Babilonia ya era un estado con un desarrollo comercial amplio, que exportaba entre otras mercancías cereales, dátiles y aceite de sésamo a destinos como Egipto (Poliansky, 1965a), el comercio tanto local como regional se desarrolló mucho en la última etapa, especialmente debido a la expansión de los imperios que establecieron colonias muy lejanas. Con estas mantenían un comercio fluido dentro del cual se destacaban los cereales, el vino, el aceite y algunos productos manufacturados por los artesanos; la producción minera también formaba parte de los productos incluidos en el comercio organizado (Shteerman y Sharevskaia, 1968).

La organización social

y el desarrollo cultural

La primera división social que se puede hacer de la sociedad romana era la de hombres libres y esclavos, los últimos estaban en lo más bajo de la escala social, solo superaban a los indigentes que representaban alrededor del 10 % de la población, pero inclusive los indigentes preferían sentirse ciudadanos de Roma en vez de serviles (Toner, 2012); de cualquier manera, el hombre libre, así fuera el más pobre, era considerado de un nivel superior al esclavo (Shteerman y Sharevskaia, 1968).

Aunque en Grecia la ciudad era el epicentro de la vida social y económica, existía de manera paralela una comunidad campesina que vivía especialmente del cultivo y del pastoreo, que podían ser grupos humanos resultantes de las guerras que tenían alguna subordinación con las clases superiores, o campesinos independientes originarios de los territorios griegos. Estos convivían con pastores nómadas que aprovechaban terrenos no explotados para alimentar a sus rebaños. De igual forma, en Roma, vivían en el campo personas de manera cómoda generando su subsistencia de la agricultura y de la cría del ganado (Picard, 1953).

Las ciudades griegas contaban con una guardia cívica, lo que podría ser hoy la policía. Estas eran desordenadas, sus calles estrechas y se construyeron sin mucho criterio urbanístico. Como en cualquier ciudad de hoy, por lo menos en el llamado Tercer Mundo, la escasez de agua era común al igual que la insalubridad. En general, los robos eran comunes, inclusive a la luz del día, y, además, los servicios sanitarios eran escasos y carecían de una iluminación adecuada. Es curioso el contraste entre las grandes construcciones oficiales de teatros, ágoras, monumentos y templos, con lo pobre de sus calles y de los hogares de la gente del común. Podría decirse que lo público estaba por encima de la comodidad doméstica (Picard, 1953).

En Grecia, para ocupar el tiempo libre, la gente se entretenía de diversas maneras: por un lado, estaban los grandes juegos atléticos y el teatro, a los cuales se acudía en masa, pero también en los hogares se acostumbraba a practicar ciertos juegos que han sobrevivido a nuestra época como la oca, el trompo, el juego de pelota, los bolos, el columpio, entre otros. Fuera del hogar se podía pasar el tiempo con peleas de perros, gatos y gallos. En las ágoras se podían encontrar encantadores de serpientes, exhibidores de animales, prestidigitadores, tragadores de sables y el teatro de siluetas (Picard, 1953).

Las ciudades romanas, por su parte, eran planificadas a partir de un estándar que se tenía en la época y existían edificios de más de una planta. Eran notables los acueductos construidos que permitían tener agua disponible para el consumo en fuentes públicas o en los hogares a través de personas, denominadas Aquator, que vendían el agua a domicilio.

Aparece la venta puerta a puerta a través del Aquator, personaje que vendía agua a domicilio en los hogares griegos.

Adicionalmente, las ciudades ofrecían a los ciudadanos espacios para arrojar las basuras y hacer sus necesidades; otras atracciones era la oferta de diversos juegos que podrían disfrutar los ciudadanos. A pesar de estos desarrollos y prestaciones, las ciudades romanas, en general, eran desordenadas, sucias y contaminadas por las industrias y por la vida doméstica de sus habitantes; la inseguridad, especialmente de noche, era común también en esta época (Nieto, 2013).

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Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
205 s. 26 illüstrasyon
ISBN:
9789585106178
Telif hakkı:
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