Kitabı oku: «Ponte las alas cuando la vida te dé calabazas»

Yazı tipi:

© Rosetta Forner, 2010.

© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2019.

Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

REF.: ODBO448

ISBN: 9788491873655

Composición digital: Newcomlab, S.L.L.

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Índice

¿Por qué he escrito Ponte las alas... cuando la vida te dé calabazas?

Libro dedicHado

PrólogoS (dos, porque dos son las alas y yo no «quería ir de ala»)

Las damas y las reinas, primero: Carla Royo-Villanova

El turno del caballero: Íñigo Sota Heras

Primera parte. Aprendiendo a vivir sin complejos

Diccionario Rosettiano

1. Déjate de cuentos

2. Confesiones desde mi varita: yo también quiero ser hada

3. Cuando necesites un milagro, sílbale a tu ángel de la guarda

Segunda parte La constelación calabazina. Las 13 calabazas que el CdR te da, te ha dado y te dará

Calabaza n.º 1: Sin blanca y a dos velas

Calabaza n.º 2: Corazón partío (nadie me quiere, soy un/a single)

Calabaza n.º 3: Cuando te impulsan hacia tu destino (o la forma fina de decir «que te han dado una p

Calabaza n.º 4: Cuando la primavera olvidó echar flores

Calabaza n.º 5: Te quedaste sin recreo, y sin piruletas

Calabaza n.º 6: Tu verbena no tiene orquesta ni fuegos artificiales

Calabaza n.º 7: Cáncer no es solo un signo del zodíaco

Calabaza n.º 8: Cuando Leoncio dejó a Tristón y encontró su bastón

Calabaza n.º 9: La pasa marchita

Calabaza n.º 10: Lo que se siembra, se recoge

Calabaza n.º 11: La «Flaca» quiere besarte

Calabaza n.º 12: Papá Noel no hará sonar sus campanillas esta Navidad

Calabaza n.º 13: Mentiras, engaños y otros trucos del CdR

Tercera parte. Al final, porque me da la gana real

1. Cuando la vida te dé calabazas... aprende a elaborar «trampolines de lanzamiento hacia tu destino»

2. Propina hadada en forma de artículos y dos cuestionarios hadados

1. Cuestionario 1. Ponte Alas

2. Cuestionario Liberador

3. Otros hadadeos

Notas

«Il faut supporter deux ou trois chenilles si on veut connaître les papillons.» «Hay que aguantar dos o tres orugas si quieres conocer las mariposas».

El Principito

¿POR QUÉ HE ESCRITO PONTE LAS ALAS... CUANDO LA VIDA TE DÉ CALABAZAS?

Después de unos cuantos libros, y muchas oportunidades en medio de muchas islas de problemas, decidí volver al tema de las calabazas con las que la vida suele obsequiarnos con demasiada frecuencia, o con más de la que nos gustaría.

Las ideas, las creencias, la mente en definitiva, nos da alas o nos sume en pozos de profunda melancolía. Asimismo, la sociedad, a la que yo etiqueté como CdR (Club del Redil, Pídeme la luna, Planeta, 2007), ha ido a la deriva en los últimos años, cayendo en una espiral de materialismo y consumismo que ha acabado por eclipsar los valores humanos además de pervertir el sentido espiritual de la vida. Mucha gente ni recuerda ni quiere creer que son almas, seres espirituales viviendo experiencias humanas. Hemos sustituido valores por enseres. Y así nos va. La infelicidad campa a sus anchas, la insatisfacción vital ha echado raíces en el ánimo de la gente. No hay dinero que calme el hambre interior. El dinero da cosas, pero no proporciona lo que es esencial: compra una casa, pero no proporciona un hogar; paga sexo, pero no proporciona amor; compra tratamientos médicos, pero no otorga salud; paga viajes, pero no incluye el disfrute de las vacaciones... Solo el alma contiene lo esencial, eso que es invisible a ojos de la sociedad consumista, pero vital puesto que sin amor la vida se queda fría y la existencia pierde su sentido.

Ejerzo de hada madrina (coach, para entendernos), con mi estilo rosettiano, obviamente. ¿Por qué Hadamadrina y no simplemente coach? Porque veo los talentos y el alma de la gente. Hadadeo sus vidas y desde ahí les animo a desplegar las alas, y a descubrir al ser que habita en su interior: les animo a adorarlo, acunarlo y descubrirlo en su inmensidad y genialidad. Cuando mis amadrinHados se quitan las telarañas del alma, tiran a la basura las ideas del redil (las del CdR), le dan la vuelta al calcetín de la vida y convierten las calabazas en oportunidades... les salen alas en el alma, y eso se nota enseguida porque sus ojos pasan a tener luz y su voz se viste de cascabeles.

El mal de la humanidad son las calabazas que se da a sí misma, el miedo al que se condena, y la pérdida de los valores espirituales a la que se castiga. Tanto materialismo ha acabado por generar una oportunidad de tomar decisiones (en el CdR lo llaman «crisis»). Ha llegado el tiempo de decidir regresar al alma, de reconectarnos y sanear esta sociedad del siglo XXI que se ha tornado agria, falsa, soberbia, prepotente, aburrida, sectarista y fanática. Sin amor, la vida es un centro comercial donde se le podrá sacar humo a la tarjeta de crédito, pero donde no se hallará consuelo para el vacío emocional y espiritual que ha dejado en el alma el hecho de ser ignorada por la parte humana. Ahora bien, no solo es el amor quien anda perdido, la magia también, y la alegría. Lo verdaderamente importante de la vida es ignorado y vilipendiado.

Me refiero al ser humano.

Sin alas estamos desconectados de nuestro ser interior.

Sin alas carecemos de imaginación.

Sin alas no sentimos el amor de nuestra alma.

Sin alas hemos perdido la conexión con la genialidad que crece en nuestra esencia. Sin alas nos ponemos las cadenas del CdR.

Sin alas no recordamos quiénes somos ni qué venimos a hacer aquí ni cuáles son nuestros verdaderos principios y valores.

Sin alas no hay singularidad que valga.

Sin alas competimos por un mendrugo de pan podrido en forma de poder, dinero, fama, contactos, posesiones materiales y consumismos varios.

Estoy comprometida en enseñar (no soy la única) a los humanos a ponerse las alas, ajustarse la corona y coger las riendas espirituales de sus vidas: soy «comadrona del espíritu humano», me apodó así Judith De Lozier cuando aprendía PNL con ella y con Robert Dilts en Santa Cruz (California). No puedo hacer otra cosa que cumplir con mi destino humano. A la gente le veo el alma, y sé cómo puede salir de su laberinto (esto de mi misma, me lo descubrió Robert Dilts). Por eso, cuando llaman a mi puerta, les digo que sé sacarles del infierno; pero, eso sí, me han de dar la mano.

Tuve la oportunidad de conocer a Rosetta por vez primera hará unos siete años en la NLP University, en Santa Cruz de California. La recuerdo en los albores de un profundo viaje, y tuve la sensación de que algo se estaba «gestando» en Rosetta, lo cual traería una bocanada de aire fresco a este, tan a menudo, serio mundo. Ella era como una pequeña mariposa volando de persona en persona, de grupo en grupo, creando alegre celebración a su paso. Rosetta todavía hace esto, a la par que aporta al mundo su experiencia, sus habilidades, su conocimiento y, por supuesto, su toque de varita mágica y sus alas de ángel. Ella nos recuerda el misterio y la magia contenidos en la Vida, y mucho más importante que eso: nos recuerda que somos parte de esa magia. El mundo de Rosetta está lleno de metáforas y de creatividad, y todo ello está reflejado en sus maravillosos libros. Gracias a estas historias ella abre sus alas expresando en palabras su propio viaje vital. Rosetta hace una llamada a las experiencias humanas, esas que compartimos porque somos miembros de la misma especie: nacemos, amamos, se operan profundas transformaciones en nosotros, sanamos, nos perdemos a nosotros mismos y nos volvemos a encontrar. La he observado ejerciendo de monitor, de esponsorización, y de maestra para otros. He sido testigo de su habilidad para despertar a otros: Rosetta es la comadrona del espíritu humano. Les deseo, a todos los lectores, que oigan la llamada que les hace Rosetta para volver al espíritu y que se decidan a expresar su viaje vital con arte, creatividad y amor.

Habiendo dicho todo esto, no olvidemos que Rosetta ha trabajado en el mundo de los negocios. Quedando reflejado este equilibrio entre lo espiritual y lo profesional, o mundo de los negocios, en sus libros. Ella camina en perfecta armonía y belleza.

Judith DeLozier, Santa Cruz, California (21 de julio de 2001)

Mucha gente se ha puesto sus alas y ahora vuelan felices sus vidas. Se saben los capitanes de su destino: reinas y reyes que se pusieron la corona según la versión rosettiana de restituirse la dignidad y liderar la vida propia.

Te animo a que te pongas las alas y que hagas con las calabazas lo que te dé la real gana, como si las quieres usar para pasártelas por el arco del triunfo, ¡qué caray!

Desde que escribí La reina que dio calabazas al caballero de la armadura oxidada (RBA, 2004), muchas son las personas que «hacen lo que les pasa por la corona», «no se quitan la corona ni para dormir», «golpean los problemas con sus varitas», y se dedican a ser la Reina o el Rey de su vida; o lo que es lo mismo, han asumido las riendas emocionales, cuidan de su dignidad y alimentan su integridad.

Desde hoy, además de ponerte la corona, te puedes poner las alas y... ¡ya estás completHada!

La clave de la felicidad es ser auténticamente tú, sin disfraces, sin complejos y... ¡con un buen par de alas!

LIBRO DEDICHADO

Por supuesto, a mi manHada de alma: Eliseo y Rosita, mi aeropuerto humano, o sea, mis padres. El resto de mi familia en la Tierra: Sergio, Mariola y sus hijos Yaiza y Alejandro (soy su madrina). Y los que llevan alas permanentes: mi abuelo Viçent, mi padrino Visantet, mi famosa abuela María Rosseta y mi abuela Lola. Ellos saben que son mi «tesoro», la mejor fortuna que un hada puede hallar y poseer en la Tierra, y lo mejor que hay en mí.

Hay otras almas en forma humana que han cruzado y hadado mi cielo terrícola dejando una estela de esponsorización positiva, de luz, amistad e inspiración maravillosa. Algunos todavía están, aunque en otros países; otros andan cercanos, y otros emigraron a tierras de plenitud: Ingrid Weiner, Pat Ryle, Judith DeLozier, Robert Dilts, Stephen Gilligan, Robert Macdonald, José Carlos Gutiérrez... entre muchos.

A mi reencontrada amiga Alicia Monsonís.

A mi agente literaria y compañera de aventuras literarias Angela Reynolds.

A Íñigo Sota Heras(www.periodistaaudiovisual.blogspot.com), mi hado prologuista con quien me voy intercambiando alas literarias.

A Carla Royo-Villanova, mi prologuista rosHada (www.carlabulgaria.com), Carla Bulgaria Roses Beauty. Por su generosidad y por compartir las alas del alma hadada en esta aventura humana.

A los editores que publican mis libros y me acompañan en esta misión hadada.

Y, cómo no, a todos los hados y hadas que han hecho posible el milagro de que mis libros se vendan y lleguen al alma de muchas personas. Y también, a los amadrinHados y amadrinHadas que me inspiran y hacen que me estruje las neuronas para idear planes de «salida de sus laberintos». Gracias por ejercitar mis varitas. Para muestra, un botón de blog, cuya autora lo dedica a la causa rosettiana: http://di-facil.blogspot.com, y otro blog de un osHado: www. osoasturpp.myblog.es

Por último, y muy especialmente, a Pilar Vidal, mi amiga diseñadora, cuyos maravillosos diseños animo a admirar y vestir (www. pilarvidal.com). Y, por supuesto, a la editora de este libro, Clara Sabrià Miracle, por su claridad, franqueza, apoyo y por hacer honor a su segundo apellido.

PrólogoS

LAS DAMAS Y LAS REINAS, PRIMERO:
CARLA ROYO-VILLANOVA

Ponte las alas... cuando la vida te dé calabazas es un título sugerente, apetecible, tanto que yo añadiría: y no te las quites nunca. Nos ha tocado vivir una época «rara», dura, la llaman crisis. Pero «crisis», del griego Krisis, realmente significa decisión, implica algo que se ha roto, y por ello hay que analizarlo. La crisis debe llevarnos a la reflexión, al análisis y, tras él, al cambio. Para los chinos, crisis es peligro, pero también oportunidad. En definitiva, afrontar una época de crisis es una nueva oportunidad que se nos presenta y no debemos desaprovechar. Ponte las alas cuando la vida te dé calabazas es una mirada optimista al futuro, y una sabia petición de reflexión para dejar a un lado la frivolidad escandalosa que nos ha abocado a esta crisis. Ponte las alas cuando la vida te dé calabazas es una llamada a recuperar nuestro lado más mágico y espiritual, nuestra alma, un alma que todos llevamos dentro pero que hemos olvidado y pretendido sustituir por armaduras. Ahora las armaduras se han oxidado, como la del caballero a quien la reina inteligente dio calabazas. Su armadura estaba en crisis, oxidada y a punto de romperse; ella reflexionó y le dio calabazas. Podía haberle dado otra cosa, o podía haber usado la violencia. Pero recurrió a meras calabazas, un rico fruto de vivos colores que en la Antigüedad tenía, además, otras utilidades: servía para transportar agua, para tocar música o para que los niños jugaran. Más tarde, el hombre le dio otros significados menos alegres. Este bello libro, lleno de ilusión y optimismo, nos obliga a meditar, a buscar para encontrar la fórmula que nos lleve a recuperar el alma.

Rosetta Forner cree en el fondo del ser humano, no se da por vencida ante la aparente importancia que damos a la riqueza material. Ella quiere que profundicemos en nuestra riqueza espiritual, porque es esa riqueza alejada de lo material la única capaz de ayudarnos a afrontar este cambio. Rosetta es una buscadora incansable de otras alternativas que nos reconforten el espíritu. No en vano con algunos títulos de sus libros se podría escribir una bella canción: «El creador de sueños nos da grandes Alas de luz para que mientras dure La danza de amor de las hadas me leas, allí donde Nadan las sirenas, Cuentos de hadas para aprender a vivir y puedas, incluso, Pedirme la luna. Porque siempre podremos decir aquello de Déjate de cuentos si por nuestra vida pasa El último sapo que besé...».

Rosetta es pura energía positiva, y allí por donde pasa llena de esperanza y luz. Es generosa y se siente libre. Por eso comparte con nosotros su energía y forma de ver la vida, una vida complicada pero a la que se le puede sacar mucho partido si cambiamos nuestro enfoque... y nos ponemos las alas.

Una nueva sociedad con valores recuperados nos espera al otro lado. Una nueva sociedad deseosa de que seamos muchos los que a ella lleguemos. Una nueva sociedad donde todos llevaremos alas y no nos las quitaremos.

CARLA ROYO-VILLANOVA

Web: www.carlabulgaria.com

Creadora de: Carla Bulgaria Roses Beauty.

Escritora: La sencillez de saber estar, Recibir en casa

y saber vestir en cada ocasión

EL TURNO DEL CABALLERO:
ÍÑIGO SOTA HERAS

La importancia de tener unas alas y la responsabilidad de abrirlas

«Date prisa, Íñigo, te vas ya a entrevistar a Rosetta Forner.» Fueron las palabras que mi redactor jefe vociferó provocando una reverberación que traspasó las paredes de la redacción. Recuerdo perfectamente aquella tarde de primavera. La Feria del Libro de Madrid comenzaba a llenarse cuando me vi frente a ese enorme pasillo de casetas, con mi micrófono en la mano y en busca del rótulo que, efectivamente, produciría el encuentro entre hados. Rosetta ya había decidido que se presentaría ante mí en forma de entrevista hadada. Y yo, ante ella, para desplegar las alas y reconocerme en mi condición. Sabía que existían personas como yo, y verla allí, provista de su permanente e incansable sonrisa, confirmó mis sospechas. «Hoy firma... Rosetta corner», leí en el letrero. Y Juan, mi amigo y compañero, asintió mientras levantaba la cámara de vídeo para posarla en su hombro.

Con Rosetta pronto entendí qué era exactamente el CdR (Club del Redil o «sociedad»). Supe que había encontrado a una persona que, por algún motivo, sabría decirme por qué siempre me he sentido diferente, especial en algún sentido, alejHado (con «H» de hada, recomiendo intercalarla siempre) de las consignas de un mundo que siempre se me ha revelado frío, dado al borreguismo, interesado y egoísta. Sí, supe entonces que había llegado el momento de SER POR FIN YO, no agachar las orejas, y de expresar mis opiniones con valentía y claridad, sin miedo a la represalia del redil que pudiera sobrevenir. ¿Y sabes qué? ¡Que todo funciona mejor desde entonces! Me siento más libre, más abierto, más feliz, he entendido que los verdaderos valores los llevamos dentro, que es absurdo hablar/pensar/expresarse en función de la aprobación final de una supuesta autoridad (del redil, por supuesto) que nos aplauda al ver que hemos conseguido el objetivo que tenía preparado para nosotros.

¡Basta ya! Eso solo supone quedar bien con el CdR a costa de nuestra dignidad y singularidad. Como dice Rosetta (y es una de mis frases favoritas), «solo me preocupa quedar bien conmigo mismo». ¡Y cuánta razón tiene! Mejor nos iría a todas y a todos si dejáramos de pensar en la complacencia ajena en detrimento de la propia.

¿Que cómo entendí qué era el CdR? Muy sencillo. Por aquella época solo había caído en mis manos un libro de Rosetta, La maldición de Eva, una radiografía realista y muy inteligente acerca de las mujeres y sus actitudes al filo de este siglo. Me encontraba yo un buen día leyéndolo en una cafetería, expectante, cuando apareció el amigo al que estaba esperando. Él, tras mirar con extrañeza la portada y hacerme volver a la realidad de la Gran Vía madrileña, exclamó: «¡Literatura femenina! ¡Cada día estás peor!». Y, en fin, fue en ese momento cuando lo comprendí: un perfecto ejemplar redilero se había presentado ante mí sobrepasando las barreras de la humildad y el prejuicio, como a ellos les gusta hacer. Una de sus estratagemas favoritas es esa: dar por hecho e intentar imponer sus ideas a golpe de aquello que debería ser y no es en ese momento. Me guardo la frase que solté por mi boca en aquella ocasión, pero adelanto que fue una forma elegante de «mandar a mi amigo a freír monas».

Ahora que tienes este libro entre tus manos, aprovecha cada palabra y cada idea para pensar un poco en ti, en tus expectativas, en aquello que quieres hacer y en las razones por las que tantas veces (o no) saliste perdiendo en pro de una idea preconcebida sobre la que no te dieron la oportunidad de opinar, y ni mucho menos de disentir. Atrévete a ser tú.

Rosetta vuelve a las andHadas con este Ponte las alas... cuando la vida te dé calabazas, mostrando su particular forma de analizar y diagnosticar la realidad vital y el ser que cada uno somos. Da igual si ya la conoces o si es la primera vez que te acercas a las páginas de esta magnífica escritora-hada madrina, quien no ha hecho sino enseñarnos que otra realidad es posible, más que eso, ¡necesaria!

Al principio, nos enseñó la importancia de desplegar la luz de las alas del alma y volar con la libertad que merecemos; después, nos presentó a un selecto conjunto de hadas que consiguieron arrancar de nosotros lo mejor que llevamos dentro; conocimos a las diversas Evas que existen a nuestro alrededor, y supimos de la importancia de ser una reina o un rey en lugar de propugnar la «flojera de diadema más propia de las damiselas»; nos atrevimos a dar calabazas a un caballero de dudosa calidad humana, y más tarde nos pedimos la Luna para entender definitivamente que los «Planes C» existen y son la forma más inteligente de ganar (porque «los perdedores suelen tener siempre su excusa apropiada»).

Más tarde vinieron otros libros encantHados y llenos de luz: con El secreto está en el genio aprendimos que desplegar la genialidad que cada uno alberga en su interior es importante para ser felices y tener un alma sana y fuerte, además de contener otra de mis frases favoritas: «En el CdR, en lugar de “¡que viene el lobo!”, gritan “¡que viene el ostracismo!”». El último sapo que besé sirvió para que todos nos diéramos cuenta de la importancia-elegancia de ser un rey, y la decepción continua que provocan los sapos-sapetes-sapones. Y el año pasado Rosetta nos sorprendió con un libro de cuentos (que curiosamente coincidió en el tiempo con la publicación de mi segundo libro, también de relatos), o más bien de contra-cuentos: un diagnóstico astuto y real sobre el engaño que esconden algunos de los cuentos clásicos más conocidos y, por supuesto, la alternativa hadada perfecta para ellos.

Rosetta es clara desde el principio. Abre las alas... cuando la vida te dé calabazas contiene al comienzo una máxima clara y directa: «He venido a contarle a la gente que existe otra realidad». Y prosigue con la nítida intención de subrayar que «si todos fuéramos un poco más atrevidos, osHados, descarados, valientes, francos y sinceros, este sería un mundo mejor donde vivir». Resalto esta idea porque siempre he pensado del mismo modo. Y la remarco porque ya va siendo hora de pensar qué queremos, qué nos llena, y movernos de forma efectiva para ser más felices. E insisto en ella una vez más porque desgraciadamente somos herederos de aquellos cuentos chinos que nos han querido contar, y vale la pena realmente incorporar dichos adjetivos a nuestra vida cuanto antes. Por todo esto, vuelvo a suscribir otra máxima de este libro que no paro de repetirme: «Cree en ti como nadie lo ha hecho, cómprate una buena dosis de autoestima y unos cuantos kilos de auto-valoración, consideración e inspiración». Y apostillo: ¿Todavía sigues creyendo que necesitas la aprobación de los demás y que todo lo que hagas ha de estar encaminado a ella? ¡Vale ya de mareos, de ideas torpemente urdidas para beneficiar a unos pocos, de sandeces que solo consiguen la auto-anulación en pro de un bien ajeno! ¡No esperes que otros te hagan buena publicidad, porque seguramente tendrán otras cosas mejor que hacer (en el mejor de los casos, porque en el peor harán lo contrario, a saber, publicidad negativa de ti)! Cree en ti, cree en tus alas, y despliégalas con todos tus mejores deseos. Rosetta es el mejor ejemplo de lo que esto significa: una persona atrevida, genial, sonriente, feliz, reina en todo su ser, dueña de sí misma, singular y... ¡una estupenda hada madrina!

Este libro es mágico. Créelo, porque así es. Siente su fuerza, observa la luz que irradia, inmiscúyete entre sus páginas. Entre otras cosas, te enseñará que las naranjas enteras son mucho más importantes que las medias naranjas atontadoras de sentimientos y adoradoras de complejos; que todos estamos a tiempo de coger nuestra dignidad y dar con la puerta en las narices al Club del Redil; que el éxito o fracaso no se mide por lo que a «los otros» les apetece disponer, sino por aquello que se encuentra en lo más hondo de nuestra genialidad; que una patada en el culo por parte del CdR es lo mejor que puede pasarnos, porque de ese modo no hace otra cosa que «impulsarnos hacia nuestro destino»; que lo mejor que puedes hacer es quererte como nunca nadie lo hará, pasando olímpicamente de lo que digan o piensen los demás; que la rebeldía es la mejor cualidad con la que podemos contar para abrir las alas, batirlas y desplegar así el ser genuino que somos; que será mejor que salgas corriendo antes de resignarte a un «te aguantas porque la vida es cruda y así nos pasa a todos»; que «nadie debe ser figura de autoridad para nosotros, excepto nosotros mismos»; que la verdadera magia reside en el alma, no en las compras del sábado por la tarde, ni en el poder en cualquiera de sus formas o en la apariencia más glam-hourrorosa; que el infantilismo no existe, sino que solo se trata de una invención interesada (como todas) del CdR; que las máscaras en carnaval son divertidas, pero en cambio en la vida solo procuran falsedad y problemas... Y un sinfín de consejos y palabras cargadas de ideas rompedoras y, sobre todo, impolíticamente incorrectas o ImpInc (parafraseando a la autora).

Hace dos años Rosetta se prestó, como buena hada madrina, a prologar Las distancias cortas, mi primer libro. El año pasado volvió a llenar de luz el segundo libro en mi haber, Monika sonríe frente al espejo, además de amadrinarme en la presentación del primero. La alegría que sentí cuando recibí el pedido hadado de prologar este libro se hizo tan patente que... ¡no encontré forma mejor de desplegar las alas una vez más (porque ya las llevo puestas desde siempre) y devolver a Rosetta esa enorme luz con la que me ha obsequiado desde aquella tarde de libros, firmas y sonrisas! Es mi forma personal de agradecer su apoyo.

Espero que lo leas con ganas, que descubras toda la magia que mora en tu interior y que, si es la primera vez que te acercas a ella, sea para ti una fuente de inspiración y autoconocimiento. Y, por supuesto, ¡que te pongas las alas cuanto antes y comiences a disfrutar de lo más preciado que tienes... tú misma/o!

¡Ah! Y hazme el favor de intercalar una «H» en cada paso que des.

ÍÑIGO SOTA HERAS

isheras83@yahoo.es

Web: periodistaaudiovisual.blogspot.com

Periodista y autor de: Monika sonríe frente al espejo,

Las distancias cortas

Primera parte

Vivir, a veces, no es una tarea fácil. En cambio, en otras ocasiones nos salen alas en los pies, el corazón se nos llena de gozo, y despierta el alba de la esperanza en nuestra alma. Considero, asumo que acertadamente, que a casi todos nos gustaría que la magia de la infancia se prolongara más allá de sus confines cronológicos y envolviese nuestro último hálito hasta más allá del arco iris.

Desafortunadamente, no suele ser así. La mayoría de las personas tiran sus alas de magia a la basura, abjuran de su singularidad, y se pierden en la noche oscura del alma, ¡caput! Si creyeran en la magia, si no se hubieran soltado de la mano de su hada madrina, si se hubiesen dedicado a cuidar de su singularidad, si hubieran alimentado la dignidad de su niño-niña interior, si nunca hubieran comprado el lote «complejos»... otro gallo les cantaría.

Crecemos envueltos en consignas que tratan por todos los medios de hacernos creer que no somos correctos, ni válidos, ni dignos de magia, genialidad, amor o milagro alguno. Lo de la magia, incluso lo del amor, se nos hace creer que son memeces, creencias propias de seres de inferior neurona y vulgar destino. Nada más lejos. La magia existe. El amor es real. La felicidad no es una utopía. Ahora bien, nada es gratis. El CdR (Club del Redil), está empeñado en que abjuremos de nuestra singularidad, de manera que se nos pueda hacer sujetos fácilmente manipulables.

¿Has probado alguna vez a sentirte invulnerable?

¿Has probado a pensar que un «no» pueda ser la antesala de tu éxito, o de tu sueño hecho realidad?

¿Has probado a considerar la idea de que, pase lo que pase, siempre te tendrás a ti, y de que un «no» no es el fin del mundo? A veces, más bien es el principio de un gran comienzo.

La composición de nuestro Universo interior es muy diferente cuando nos programamos para la independencia del resultado; esto es, cuando no nos importa si nos dan calabazas, porque nosotros estamos dispuestos a cocinarlas en caso de que nos las den.

Prueba a negociar contigo que te independizas del resultado, y que en su lugar solamente deseas hacer feliz a tu alma, ser fiel a tu integridad, respetar tu singularidad y ocuparte de ti como nadie más lo haría.

Recuerda que eres lo mejor que te ha podido pasar. Animo y enseño a muchas personas a amarse a sí mismas, a creer en ellas, a salir de su noche oscura, a recuperar la memoria de quien son más allá y por debajo de la capa de mierda emocional (perdón por la grosería, pero es muy gráfica la metáfora. Así, la próxima vez, cuando estés pensando en traicionar tu integridad y tomarte una dosis de complejos, la tendrás presente y desistirás, eso espero).

Sin complejos, abre tus alas y muéstrale al mundo el ser tan maravilloso que hay ahí dentro. El mundo necesita personas como tú. Yo te necesito. Yo quiero un mundo lleno de gente que sea capaz de soñar, de reír, de llorar y de expresar todas y cada una de sus emociones, de ser quien es a pesar de quien sea. Quiero un mundo lleno de personas auténticas, singulares y espirituales (que expresen el alma que son). Nadie es mejor que nadie, no importa si se es mujer u hombre, rico o pobre, triunfador o no, al estilo del CdR. Todos somos maravillosas gotas de agua caídas del cielo, ángeles cuyas alas, si se abrieran, llenarían el mundo de felicidad.

Mmm... No creas que la maldad no existe, o que me ha dado un ataque de flower power. No, nada de eso. El lado oscuro existe como existe el luminoso. Yo los he etiquetado como «humanoides», seres que parecen humanos y se comportan como tal. Sin embargo, son una suerte de «visitantes» —¿has visto la serie V?— que nos traen un mensaje de paz o de guerra con el propósito de someternos. Unas veces ponen al mundo en guerra. Otras, en cambio, se disfrazan de salva patrias, ecologistas, gurús de la New Age, reparten beneficios económicos y nos hacen creer que todos podemos ser ricos como ellos. Nos elevan para luego dejarnos caer desde lo alto de la cima del dinero. Nos han convencido de que consumir, acumular bienes materiales, apuntarnos al código de las apariencias, es lo mejor que podemos hacer. Incluso el amor lo han convertido en un bien de consumo perecedero.

Sin complejos, di no.

Lárgate del CdR.

El Universo está hecho para los humanos, pensado en los humanos. No te dejes llevar por la desesperación, ni por las falsas apariencias de los humanoides. No creas en sus patrañas ni en sus encantadores anzuelos para que dejes de amar al ser más importante de tu vida: TÚ.

Déjate de complejos. Déjalos. Tus principios son tuyos y no has de tener ningunos otros. Defiéndelos a capa y espada, o a golpe de corona si prefieres. Pero defiéndelos.

No hay nada como ponerse las alas de la autenticidad para que las mañanas de la vida parezcan otra cosa.

Afortunadamente, el Universo, ese «dios» de varios nombres y de todos los géneros, fue previsor y proveyó a la Tierra de tesoros al alcance de todos, siendo el más grande de ellos el que habita en las alforjas del alma humana: el amor.

Si buscas dentro de ti, nunca más volverás a tener hambre; nunca más. Porque tu alma estará saciada de cariño, de magia, de abrazos angelicales. El amor del alma, el de verdad, no es posible sustituirlo por nada material. Por eso, si quieres amar y que te amen con el corazón espiritual (el de tu alma), deberás ir a tu interior y buscar al ser que eres, descubrir sus principios, sus valores, sus creencias, su identidad, y serle fiel, no traicionar su integridad por nada ni por nadie. Harías bien en que te dejara de importar si te aceptan o no en el CdR, porque de lo contrario no te librarás de la infelicidad y de las calabazas podridas que el CdR suele repartir a diestro y siniestro para tener a sus socios manipulados, asustados y bajo el influjo de su falso buenismo.

¿Quieres ser feliz?

¿Quieres ser una persona rica?

¿Quieres tener mañanas de gloria y noches repletas de estrellas fugaces?

Si de verdad lo quieres con toda tu alma, tendrás que dejarte de complejos y ponerte las alas. Solo siendo el alma que eres podrás ser todo lo que se te antoje y más.

La riqueza no es algo meramente material, ni tan siquiera estrictamente material.

No lo es.

¿No te lo crees?

La riqueza es un estado interior. Hay quien es más rico con cinco que otro con cien (lo aprendí de mi abuela María Rosseta). El sentirse rico, afortunado, tiene que ver con el alma. Con el estar conectado a los principios y valores del alma que uno es más allá de las apariencias humanas.

Si eres de los que se relacionan con sus semejantes en función de a las apariencias, es que tienes muchos complejos.

Si, por el contrario, pasas del CdR, eres de los humanos.

Dios previó la existencia de los humanoides, o desarrolló una estrategia de supervivencia cuando estos aparecieron; esto es, pintó atardeceres, dibujó estrellas fugaces, hizo cantar a las olas del mar y dio alas a los ángeles para que todos nos sintiésemos criaturas afortunadas.

Si amas con tu alma, te sentirás feliz. Ese amor te alimentará hasta las entretelas de tu cotidiana vida material, y no necesitarás sucedáneos, ni atiborrarte de pastillas, ni le darás a las compras compulsivas, ni tampoco aguantarás que te humillen por un mísero sueldo de unos cuantos billetitos de papel al mes que tan solo pagan cosas pero que no compensan la pérdida de dignidad.

No tengas complejo de mostrar el rostro de tu alma.

No te guardes las alas para otra vida, para otra ocasión. Ésta es la tuya, es tu vez, es tu vida humana.

No somos mejores ni peores según a la cantidad de dinero que ganamos o poseemos, ni en función de los metros cuadrados de nuestras casas, de la cilindrada de nuestro coche, de la edad cronológica que tengamos o de nuestra orientación política o religiosa.

Todos tenemos un lugar en las alas de Dios.

Todos tenemos un lugar en el alma del Universo.

Despojados de nuestros atributos materiales, terrenales y propios de la vida humana, tan solo queda el alma. Y ese es el rostro que debemos mostrarle al mundo cada día al despertar. No te menosprecies por tener más o menos de esto o de aquello. No traiciones tu integridad por un contrato, un trabajo o una relación. Nada es más importante, o no debería serlo, que la felicidad de tu alma.

He crecido en una ciudad pequeña donde repartían, y aún hoy reparten (como en la mayoría de las comunidades que alberga la Tierra), una buena dosis de complejos y de apariencias. He visto a gente agachar la cabeza o elevarla según el «postín». Absurdo. Humillante. Lamentable. Mi abuela solía decir que «más era el fosero (enterrador) que nos daba tierra». Tenía razón. Así pues, no malgastes tu vida alimentando las apariencias. Quien te quiera amar, que te ame porque vea tu luz y honre tu autenticidad. No permitas que te quiera alguien que solo se acerque a ti por lo que representas porque, al igual que te adora, dejará de hacerlo cuando pierdas todo «eso».

Si eres feliz, si amas con la luz del alma, si te han llenado las alforjas de tu alma con amor verdadero, pasarás por las diversas vicisitudes de la vida humana con ánimo y voluntad. Tus estructuras emocionales no se quebrarán ni traicionarás tu integridad.

Mucha gente se acerca a mí esperando que sea «rica» al modo del CdR. A pesar de leer mis libros, no aciertan a darse cuenta de que soy tal cual: camino lo que hablo y viceversa. Ergo, no alimento las apariencias. Vivo mi vida a mi aire, y al que le parezca bien y quiera unirse, genial. Y al que no, que le aplaudan en el CdR, pero que no espere que yo cambie mis principios por ajustarme a sus expectativas. Carezco de complejos de clase. No soy rica al estilo del CdR, pero sí soy inmensamente rica y afortunHada como hada que soy. Alimento mi alma sin complejos. Procuro hacer lo que me pasa por la varita, y me importa mucho el bienestar de Rosetta, te soy muy sincera. Yo soy lo mejor que me ha pasado en esta vida. Con eso, y con el haber nacido entre los de mi manHada, me siento muy afortunHada, profundamente dichosa.

La luz del alma es imposible de fingir. ¿Quieres hacer la prueba? Mírate en el espejo, ¿qué ves? Sí, ¿qué ves en tus ojos? ¿Ves luz, ves oscuridad? Si hay luz, pregúntate cómo contribuyes a ello, si eres fiel a tus principios... Seguro que sí. En cambio, si no hay luz, seguramente es que has apostado por darle a los complejos, dejándote de lado. ¡Mal hecho! Tira los complejos y regresa a tu alma. Tengo, y he tenido, personas en consulta —soy hada madrina. He creado el Anticoaching*—, cuyo semblante ha experimentado un rejuvenecimiento después de unas cuantas sesiones. Les ha vuelto la luz a los ojos, y su rostro ha reflejado el cambio interior. Pero no hace falta verles, basta con observar sus acciones, fijarse en cómo se conducen por la vida: exponen su verdad, se comportan con arreglo a sus principios, no se los callan, y no tienen ni quieren tener otros principios que esos.

Si quieres rejuvenecer, no te pongas bótox; en vez de ello, tira los complejos, ponte las alas y reconéctate con tu alma. La vida humana es demasiado corta para vivirla de espaldas a ti.

Ama, ríe, sé feliz, haz lo que te pase por la varita o la corona, o por ambas. Pasa de las consignas del CdR. No malgastes tu tiempo en la Tierra tratando de complacer al CdR o empeñándote en alcanzar sus zanahorias. Más te vale emplearte a fondo en usar tus alas, disfrutar de la vida, soñar con el alma abierta de par en par, y tomándote a la ligera como hacen los ángeles. Ríete del CdR y de sus rediladas. No serás más feliz porque vivas en la calle Mayor —antiguamente, la calle principal en los pueblos—, pero si te apetece vivir ahí y tener la casa más lujosa del barrio, adelante, tu vida es tuya, debes hacer lo que te dé la gana con tu vida y con tu dinero, para eso son tuyos y no has de justificarte ante nadie. Ahora bien, si tu logro te quita el sueño, no te quejes, porque nadie te ha obligado a ello. Tú y solo tú eres el responsable de tu vida. Recuerda que nada nos hace nada que no permitamos. Todos contribuimos por acción (lo que hacemos) y por omisión (lo que no hacemos) a las circunstancias y resultados de nuestra vida. Así pues, si no te gusta el resultado, modifica la fórmula o alguno de sus ingredientes.

Sin complejos, ponte las alas.

Yo vine con ellas. Nunca me las he quitado. Es verdad que hubo un tiempo en que me las llenaron de alquitrán, y que me han roto alguna que otra de sus plumas en ciertas ocasiones. Eso sí, siempre me volví a levantar, cada vez más sabia, más rebelde, más brillante y atrevida. Aprendí a cuidar de mí, y pongo los límites (aprendí que nadie nos hace nada que no le permitamos). Me dedico a ser auténticamente yo haciendo lo que me pasa por la varita, esto es, apuesto por quedar bien conmigo misma. He aprendido a volar libre, sin tapujos, sin complejos. Si alguien ama y honra mi luz, genial. Caso contrario, el CdR está lleno de humanoides dispuestos a que les hagan la pelota, a cambio de ello te prometerán «oro, fama y cromos» y unas cuantas boberías más.

Respeto, sí. Humillación, no. El dinero va y viene por la vida, pero no así el alma. Mi abuela también sostenía que «más valía persona que bienes». Ergo, si el dinero, la fama, el estatus y todo eso, va y viene, apúntate a ser quien eres. No inviertas tu tiempo y energía en tratar de ser quien nunca llegarás a ser. Me refiero tanto a la profesión (si eres feliz siendo jardinero, en vez de superdirectivo, adelante), como a modificar tus rasgos de personalidad por complacer a otra persona o tener un estilo de vida que no es el que te llena por amoldarte a otra persona.

Apúntate a triunfar como ser humano. Por eso, dedícate a ser quien eres, brilla el alma que eres, y algún día lograremos convencer a todos los humanoides para que, o bien hagan las maletas o evolucionen a Humanos, y así esto pueda volver a ser el paraíso que era en el inicio de los tiempos.

El tesoro más valioso es el alma.

Si eres una persona auténtica y genuinamente tú, tienes la mejor fortuna del mundo.

Ponte las alas, y déjate de cuentos.

«Mérida, abril 2010, junto a las mansas y caudalosas aguas del Guadiana. Cientos de mujeres emprendedoras extremeñas, una especie en expansión. Desplegaste tus alas de hada. Tus polvos mágicos de autoestima, de creer en uno mismo, enaltecieron a las masas. Y hubo un momento con todo el pabellón en pie, que fuiste consciente de lo bello de tu misión. Luego nos tocaste con tu varita y dejaste el recuerdo imborrable de la luz.

Jaime Ruiz Peña, Transformador.»

DICCIONARIO ROSETTIANO

Humanoide: Dícese de la persona que vive según las normas y preceptos del CdR. A pesar de que ello suponga abjurar de sus principios (suele tener varios en función de con quién se relaciona y/o la ocasión = relativismo moral); traicionar su integridad, sentirse emocionalmente fatal. Asimismo, acusa a los demás de ser los causantes de sus males, y fluctúa entre el victimismo, el acusismo, y el «prepotentismo» (algunos incluso hacen mobbing o como poco tocan las pelotis). ¿Tienen remedio? ¡Claro que sí! Si una persona quiere asumir las riendas de su vida, podrá aprender a librarse de sus «virus» redileros, limpiarse las alas de alquitrán y aprender a volar. A muchos humanoides les pasa que han confundido «habitual con normal», esto es, de tanto dar se algo se ha normalizado. Por ejemplo: te puedes comer una magdalena hoy, y no pasa nada. pero si te comes una cada día al cabo del año son 365 magdalenas: ¡no te extrañe si tienes unos cuantos kilos de más! Hazte consciente, y no comas tantas magdalenas, o mueve más el culo. Ergo, si una persona quiere, puede aprender a ser lo mejor que le ha pasado y largarse del CdR para nunca más regresar. «Humanoide» se refiere al nivel de conductas, no a la esencia del ser; a menos eso quiero creer yo, porque puede que haya almas que de tanto vivir como humanoides vida tras vida, habrán acabado por creer que lo son... Si bien ello no es excusa para aprender a ser humano.

Para saber más de las variedades Humanoides, ver Pídeme la luna (Planeta, 2007), donde se describen a Torquematis, Miseratis, Desvaloratis, Manipulatis y Tocapelotis, variedades de comportamiento adoptadas por los diferentes humanoides cuando deciden tocar las pelotis ajenas y, a veces, incluso las propias.

Humano: Algunos antes fueron Humanoides, adoradores del CdR. Otros ya vinieron así, o sea, almas evolucionadas. Se diferencian de los Humanoides porque no se sienten víctimas sino responsables de su destino. No le bailan el agua al CdR, ergo no son políticamente correctos, sino todo lo contrario. Viven sus vidas como les place, o como poco lo intentan. Son genuinos, dicen lo que piensan, son fieles a sus principios. No imponen, pero sí defienden sus creencias y opiniones. No siguen a ningún gurú de turno, no son aduladores ni falsarios. Admiración y servilismo no son sinónimos. Los Humanos tienen ideas propias, se atreven y les gusta. No permiten que nadie les diga lo que deben ser, pensar o tener: son «fuera de la ley del CdR». No se les puede comprar. Se esfuerzan por ser ellos, vivir su vida como les place, procuran vivir sin hacer daño a nadie, y se apuntan a quedar bien con ellos mismos aunque eso suponga que les critiquen. No engañan, ni hacen la pelota. Les gusta amar a la gente por quiénes son y les gusta que les amen así. Se saben seres espirituales viviendo una experiencia humana.

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DÉJATE DE CUENTOS

Si te dicen que no logras esto o aquello porque tienes mal karma, o porque eres demasiado pesimista o negativo, o no tienes ni idea de cómo crear éxito en tu vida... asúmelo, están en lo cierto. ¿Cómo no iban a estarlo si lo afirman los millones de libros de supuesta autoayuda que se venden en el mundo? ¿Puede la gran masa estar equivocada? Por poderlo estar, puede. Quizá pretenden que actuemos como borregos, que van hacia donde les indican y mansamente levantan la patita o balan cuando y como se les indica.

A mí, como a ti, me ha dado por pensar que la suerte —buena o mala— puede que no sea cuestión de adorar al dios adecuado... ni de ponerle una vela al gurú apropiado, sino un tema cartesiano de currárselo. La crisis de valores ha traído consigo a muchos charlatanes que, de ser esto el Oeste americano, venderían pócimas cúralo-todo en vez de libros soluciona-todo-problema- existencial. Para muchos redileros (los integrantes del CdR), aquellos que no leen el libro de moda, ni siguen al charlatán de turno son tontos o algo peor. ¿Cómo pueden pensar así? Muy sencillo; a su entender, es de necios empeñarse en seguir trabajando duro, y prosperar a base de ganarse el mérito con el sudor del prestigio y la valía profesionales. Ergo, apostar meritocracia en un mundo basado en la enchufocracia, amiguitocracia o redilocracia es de oshados.

Estos del CdR pretenden que nos apuntemos al estupidismo y aplaudamos mientras nos imponen la «etiqueta» correspondiente: a unos la de «potencial triunfador», y a otros la de «perdedor». Si te rebelas, te dan con la puerta del Club del Redil en las narices, y te largan a la calle del ostracismo. El CdR decide por ti si has de ser triunfador o perdedor, y lo decide según sus reglas, no según las tuyas.

¡No se hable más!

El mundo se merece HUMANOS. ¡Basta ya de humanoides que nos complican la vida! Si no eres uno de ellos, no te preocupes, los proscritos del CdR somos muchos, cada día más y más. Si te han tachado de esto o de aquello, lárgate ya de una vez del CdR, aquí afuera se está de maravilla: somos ImpIncs (Impolíticamente Incorrectos), re-evolucionarios, rebeldes, hadados y geniales. Usamos al crítico sano en nosotros, o lo que es lo mismo, usamos las neuronas para pensar, nos creamos opinión propia, y no creemos que los burros vuelen.

¿Te apuntas?

Eso sí, aquí (fuera del CdR) no creemos que solo con desear algo profundamente nos será concedido. Mi abuela solía decir que «nadie da duros a cuatro pesetas». Así entonces, ¿¡cómo va a lloverte dinero del cielo si no trabajas, ni sales de tu casa!? ¿Cómo vas a conseguir tus metas, hacer tus sueños realidad si lo único que haces es «imaginarlo» o «repetir frases en voz alta»? Es de ilusos fiar nuestro destino al capricho de un «Universo» que solo «premia» (al parecer) a quien hace bien los deberes. ¿Te suena esto? Seguimos con la manipulación esclavizante de la zanahoria y el palo: «Si lo haces bien, si te portas bien, te premiaré». Las metas hay que currárselas. El éxito suele llegar de muchos y variados intentos, perseverancia, esfuerzo, persistencia, y valía propias. No obstante, muchos se preguntan: «Y, ¿si ellos tuviesen razón y aquí estuviera yo haciendo el imbécil al empeñarme en prosperar en base a esforzarme y aplicarme en hacer bien mi trabajo?». Eso es lo que el CdR quiere que creamos. Ahora bien, si decides fiar tu éxito al «secreto de la física cuántica», te garantizo que no lograrás tu meta. No te creas lo que se cuenta en esos libros. En vez de ello, hazte tu propio plan, confecciónate tu propio paquete de creencias y opiniones, hazte con las capacidades que te permitan discernir la verdad de la mentira, y así no te darán gato por liebre. De entrada, recuerda que a veces las cosas no son lo que parecen. Por eso, en vez de ir por la vida creyéndote todo lo que te dicen, antes de tragarte las ideas o la realidad que te presenten, déjala en cuarentena, rasca, pregunta, cuestiona, discrepa, refuta... Observa si esas ideas resuenan contigo, si te hacen bien y a qué nivel. Y, siempre, siempre, hazte las siguientes preguntas:

a) ¿Cómo sé que eso es así y no es de otra manera?

b) Cuando dicen tales cosas, ¿qué quieren decir?

Las creencias son tremendamente importantes: «así pensamos, así nos comportamos». Aquello en lo que creo es aquello en lo que me convierto, porque las creencias (forma de pensar) activan las capacidades en nosotros o las desactivan, y todo eso se refleja en nuestra conducta (la pantalla donde nos mostramos). Por consiguiente, procura tener creencias que te alienten y animen a creer en ti, a perseverar, a esponsorizarte positivamente y a poner en marcha tus capacidades. Asimismo, destierra todas las creencias y forma de pensar que te impida salir al mundo e intentar lograr hacer realidad tus sueños asumiendo que «quien algo quiere, algo le cuesta».

Me encantaría que los milagros se cocinasen en el microondas en cinco minutos, ¿a ti no? Si usamos el sentido común —el menos común de todos los sentidos, decía José Esteve Patuel, un profesor de Filosofía que tuve en el Bachillerato—, nos damos cuenta de que, a pesar de que haya que imaginar algo antes de plasmarlo en un lienzo —la creatividad es el punto de partida—, si todo se queda en un imaginar, y no pasamos a la acción, nuestro sueño-meta-objetivo no tendrá ni la más mínima posibilidad de verse materializado. No ir más allá de la mera fase de imaginación es usar la fantasía «helado» —como la denomina Clarissa Pinkola Estés: Mujeres que corren con los lobos—, a modo de consuelo; uno que congela la psique y atonta, sobre todo, a la mujer que la practica («él cambiará», «cuando los niños crezcan, volveré a la universidad», «si el Universo piensa que es bueno para mí, ya me lo dará», «mi amor le cambiará», y etc.). El mundo de las ideas es genial, pero hay que pasar de la fase «ideas» a la fase «práctica». Eso sí, ten presente una de las máximas de la PNL (Programación Neuro Lingüística): «El mapa no es el territorio que describe», equivalente al dicho español: «Del dicho al hecho, hay un trecho». Ergo, hay que currarse lo de poder hacer los sueños realidad y conseguir los objetivos. Si te quedas en casa, solo imaginando, nunca llegarás a la meta.

En mi opinión (muy reflexionHada), al calor de la Nueva Era han florecido toda una serie de avispados (demasiados, para mi gusto) que pretenden erigirse en los nuevos sacerdotes y sacerdotisas para todas esas personas desencantadas que optaron por creer que la culpa de sus males la tenían la religión de turno, ya sea esta la fe católica, cristiana u otra. A alguien había que echarle la culpa, y echársela a la religión es fácil, será por ello que los «avispados» han dogmatizado que las religiones tienen la culpa de todo lo malo en el mundo. Yo, particularmente, aspiro a un mundo genuino, sincero, espiritual y tolerante. Estoy convencida de que la solución no está ni en el materialismo ni en «grupos pseudo espirituales». No soy partidaria de atacar a la religión, ni al catolicismo, ni a la espiritualidad de la gente, ni de pasarme a otra «fe» más progre o «nueva era». Hace tiempo que opté por ser espiritual y seguir siendo cristiana (me gustan las enseñanzas de Jesús). Y, aún te diré más, a mi modo de ver, el CdR procede igual que en la oscura Edad Media y cuando la maldita Inquisición: los que mandan dictan las leyes, y los demás han de seguirlas, so pena de ser «ostraciszados» (condenados al ostracismo). Puede que no se nos castigue abiertamente, sí no de forma solapada, esto es, se nos condiciona a pensar que algo no estaremos haciendo bien o algo habremos hecho en el pasado —karma— que nos impide ser felices y prósperos, esto es, tener dinero a raudales. Hay una «new age tocapelotis» (no toda la gente que se apuntó a la New Age es mala, falsa, demagoga ni ha pervertido el mensaje. Porque haberlos auténticos, y que «caminen lo que hablan» (congruentes, haylos, aunque sean los menos), que ha estructurado la realidad a partir del binomio PRÓSPEROS versus POBRES. Quieren hacernos creer que si sabemos alinearnos con las fuerzas del Universo, o lo que es lo mismo, somos buenos y hacemos lo que manda el Universo, se nos premiará con la prosperidad económica y con el triunfo. Ergo, todos aquellos que no conseguimos lo que queremos somos malos (equivalente de «no merecer la pena ni el favor de los dioses») o tontos de remate, o ambas cosas a la vez.

¡No hemos logrado librarnos de ese «dios» (alguien superior) que premia y castiga!

¿Qué tal si empezamos por animar a la gente a que sea ella misma?

¿Qué tal si empezamos por amarnos no importando si somos feos, pobres, fracasados, no triunfadores e ImpIncs, y a partir de ahí empezamos a amar a todos nuestros semejantes?

¿Qué tal si nos dejamos de zarandajas, hipocresías varias y comenzamos por respetar la Vida y a los hijos de Gaia, o sea, a nosotros mismos?

¿Qué tal si dejamos de agachar la cabeza y sentirnos inferiores ante un famoso, político o poderoso de turno?

¿Qué tal si dejamos de creernos a pie juntillas lo que dice el gurú o la gurusa de turno, y de paso dejar de reírle las gracias y de seguir sus «enseñanzas ahora»?

¿Qué tal si nos rebelamos ya de una vez contra la estulticia y la esclavitud que ejercen los humanoides?

Ahora bien, si tú prefieres seguir creyendo que simplemente con imaginar que llega a tu vida esto o aquello, así será, estás en tu perfecto derecho, ¡faltaría más! Tu vida es tuya, y tienes derecho a malvivirla como te dé la gana, o a vivirla respetando tu integridad. Por eso, no esperes a que llegue un buen día en que te despiertes y te des cuenta de que has dejado pasar la vida sin atreverte a crear tu suerte, una que ni es buena ni es mala: «No existen los fracasos, solo resultados que ni buscamos ni nos gustan, a veces». Atrévete a creer en ti, arremángate y sal al mundo a labrarte tu destino basándote en el respeto a tu integridad, y quedando siempre bien con tu alma.

¿Qué hacer con resultados que uno no busca ni desea?

Primera medida: tirar a la basura la frustración, los anti-piropos, los malos rollos...

Segunda medida: reflexionar sobre cómo contribuimos a este resultado «no deseado».

Tercera medida: aprender de nuestros «errores».

Cuarta medida: despedir, si fuera necesario, al Torquematis, al Tocapelotis y a todos los monstruos del CdR (Club del Redil: ver libro Pídeme la luna).

Quinta medida: decidir si se quiere volver a intentar, y cómo volverlo a intentar.

Sexta medida: ponerse la corona, las alas e irse de varitas.

2
CONFESIONES DESDE MI VARITA: YO TAMBIÉN QUIERO SER HADA

Si yo tuviera una escoba... ¡barrería la maldad y la tontería del corazón de muchas personas!

Si pudiera, con mi varita daría toquecitos en las neuronas a muchas mujeres y hombres a ver si le hacían sitio al sentido común y la dignidad.

Si tuviera un despertador, lo pondría a las once para no perderme la conversión de la calabaza en calabazón.

Ya lo confesé anteriormente, no soy un coach al uso: soy hada madrina. Me dedico a despertar a la gente, le enseño a ponerse las pilas, o sea, las alas, la corona, y todas las neuronas que haya en su cabeza así como todas las capacidades y los dones que encuentre en las alforjas de su alma. He decidido crear el anticoaching (y lo registré como marca: «Anticoaching & Anima coaching»). Estoy hasta la mismísima varita de ver tanta mediocridad (tanto en el coaching como fuera del mismo), de tanto pseudo profesional que no ha hecho su propio proceso ni ha abordado todavía el habérselas con sus monstruos interiores. Consecuentemente, si un/a coach así se encuentra con un coacheado genial, líder, atípico, o en plena crisis o embrollo personal, lo más probable es que no se aperciba de su singularidad, en el mejor de los casos. En el peor, le tendrá celos o le proyectará su «mierda psicológica» (perdón por la expresión soez), o no sabrá cómo ayudarle a salir de su laberinto y le dirá que con «tres o cuatro sesiones» ya está bien, o le tirará los tejos (esto también se da) alegando que prefiere tenerla como amiga que como cliente/coacheada en consulta. ¡Albricias, necesitamos muchas varitas para limpiar estas inmundicias! Mi «anticoaching» enseña a preguntar, a recuperar los dones olvidados, a rascar, a cuestionarse, a pensar... Soy hada madrina, y eso es un varitazo diferente... ¡Qué caray, no pertenezco al CdR ni me da la real gana! A mí me han dado muchas calabazas, y no precisamente para que las convirtiera en carrozas o en sueños maravillosos. ¡Qué va! Me las dieron con la intención de sepultar mi genialidad a la par que trataron de hacerme renegar de mi singularidad. No me da la gana abjurar de mi plan hadado de vida. He asumido —aunque a veces escoja ponerme la varita— que mi vida solo es mía y que a la única a quien le importa cómo sea vivida y asumida es a mí. Ergo, me recuerdo muy a menudo que este puede ser mi último día en la Tierra y que debo apurarlo como si así fuera de verdad, porque llegará el día en que lo será... Es más, me gusta darle en los morros al CdR; no me gusta que se salgan con la suya. No todos aceptamos bailarles el agua ni estamos dispuestos a hacerles la pelota o a seguir sus consignas redileras. Ni todo el miedo del mundo podrá eclipsar mi luz hadada. ¡A la porré con el CdR, que le den!

Hubo un día en que decidí hacer lo que me pasara por la varita, aunque eso supusiera poseer menos dinero —que no es lo mismo que ser menos próspera: dinero y prosperidad no son lo mismo ni están directamente relacionados, ¡la de milongas que nos han contado!—, o tener menos conocidos con derecho a café o sin derecho... Esto es, supuestos «amigos» que en realidad solo son «conocidos». Asumámoslo, la mayoría son humanoides y con ellos solo se puede establecer relaciones humanoideas, o sea, falsas, figuradas, aparentadas, o de conveniencia. Los del CdR suelen arrimarse a los triunfadores redileros; se sienten atraídos por la fama, el dinero, la posición, etcétera, pero se alejan de los auténticos si estos carecen de todo eso. Cada vez que no cumplimos con los preceptos del CdR somos obsequiados con el ostracismo, el criticismo, el ignorismo, el despidismo... Es su manera de darnos a entender que «o pasamos por el aro, o se nos retira el carné de socio».

Prefiero que me retiren el carné de socio del CdR antes que abjurar de mis creencias hadadas. La libertad solo puede asomar su rostro si la rebeldía le despeja el camino.

A mí me encanta ser rebelde, diferente, distinta, ImpInc (Impolíticamente Incorrecta). Ya sé que mis opiniones no gustan a todos, pero ni lo pretendo ni lo espero, es más, no lo deseo. ¿Cómo es eso? Porque la discrepancia y la diferencia de opiniones son muy saludables para el espíritu, la mente, las entendederas y el carácter.

Tengo una máxima rosettiana: «Discrepar, sí. Insultar, no». Asimismo, sostengo que hay que respetar a la persona, al menos procurarlo —independientemente de su rango, clase o condición—, aunque no se comparta sus opiniones. Por consiguiente, no hay que humillarse ni agacharse ante nadie. En mi hadada opinión, nadie es más que nadie; podrá tener más rango, pero tendrá igualdad de respeto. Mi abuela solía decir que «todos nacemos por el mismo lugar», ergo, somos iguales. Es más, todos nos despojamos de nuestra identidad mortal para volver al lugar del espíritu, para regresar a casa, ese preciado lugar del alma. Precisamente, en dicho lugar no existen las crisis (mi creencia no te la puedo demostrar «científicamente». Ergo, no te pido que la compartas pero sí que la respetes. No pretendo sentar cátedra, es solo mi «fe», la vivencia de mi alma). De pequeña, decía que provenía de un lugar donde no existían las enfermedades ni las guerras ni el odio. Sigo creyendo que provengo de un lugar celestial, donde no existen las crisis porque, sencillamente, no las crean. Ahí radica el secreto de la ausencia de crisis, en no crearlas. En mi opinión, mucha gente se complica la vida de manera muy innecesaria; parecer que les encanten los líos, convierten en conflicto todas y cada una de las situaciones vitales que les acontecen, y si no las inventan con tal de tener algo que hacer. Al parecer no saben vivir fuera del conflicto, ¿será porque en su interior no hay paz? En ese caso, el conflicto reflejaría lo que acontece en su interior, de ahí que necesiten crear conflicto en el exterior. Hace años, cuando estaba estudiando en la universidad en Estados Unidos, leí que los espectadores seleccionaban los programas en la televisión en función de sus estados de ánimo: se decantaban por programas que reflejaran su «ánimo». Y, te contaré aún más: durante cuatro años residí en una calle muy ruidosa de Madrid; cuando me cambié a un barrio que parece más un balneario que uno madrileño, no podía conciliar el sueño. ¿Por qué? ¡Echaba de menos el follón de aquella calle! Así creo que les pasa a algunos: no saben vivir si no es en permanente «follón», o crisis (que haberlas, haylas de todo tipo y color). Y, puestos a discutir sobre el tema y, de paso, elaborar una hipótesis, ¿qué tal si nos fijamos en el beneficio de la crisis? Sí, ¿a quién beneficia? Desde mi punto de vista: a todos los que están en situación de poder, pero con mayúsculas. A esos gobiernos de turno humanoides que se frotan las manos cada vez que los ciudadanos muerden los anzuelos. Por supuesto que ellos no inventaron las crisis, estas se inventaron hace milenios de años (están documentadas en los libros de Historia). Ahora bien, nada parece haber cambiado desde hace siglos: los poderosos crean crisis, los humanoides (ciudadanos del CdR) muerden el anzuelo, son presas de la zozobra, se untan de miedo la piel, echan al saco de la basura su sentido común, abjuran de su alma y salen corriendo en pos de la ansiada pomada que calmará su dolor crítico. ¡Pamplinas! Podríamos habernos dedicado a hacerles cortes de mangas, o mejor dicho: corte de varitas, sí señor.

Una de las consecuencias de «ser hada» es haberse liberado del yugo del miedo, haber tirado al agujero negro del nunca jamás las falsas crisis del CdR, y haber asumido la valentía, la libertad primigenia de ser quien soy porque es lo único bueno que me puede pasar y quiero que me acontezca en mi vida humana. Nada mejor que crear mis propias reglas, regirme por mi propia escala de valores, una basada en la autenticidad del alma y no en las mentiras del CdR. Mi código del alma es éticamente hadado, mientras que los códigos del CdR son demagógicos y sirven tan solo a sus intereses, esto es, asfixian a la gente para luego poder acudir en su salvación. ¡Qué retorcidos que son! Pero así es.

Me esfuerzo en contarle a la gente que existe otra realidad.

No soy la primera —y espero no ser la última— que trata de descubrir a los otros que viven en una irrealidad que les han hecho creer que es real (¿recuerdas el mito de la caverna, de Platón?). Viven de espaldas a la luz, a la verdad, a la realidad humana. Acepto que quizás haya quien, pudiendo elegir, prefiera seguir así, allá cada uno con su conciencia y con su vida. Sin embargo, no espere que me sume a su queja y le retroalimente su victimismo. Otra de mis máximas es: «Nadie nos hace nada que no le permitamos».

Valientes, aguerridos, atrevidos, osHados, los ha habido y habrá. Igual que los hay comodones, acomplejados, pesimistas, perdedores, acomodaticios, políticamente correctos... que gustan de alimentar y servir a los monstruos del CdR (comportamientos y actitudes disfuncionales). Yo prefiero que se mueran de hambre, figurada y psicológicamente hablando (sería algo así como no hacer lo que dicen, ni seguir sus consignas, vamos, no hacerles ni caso. O sea, hacerles corte de varitas y lo que nos pase por la corona), a ver si de una vez por todas la Tierra (Gaia) puede respirar libertad...

De las crisis creadas en el laboratorio del CdR, nada de nada. Por consiguiente, en lugar de hablar de cómo superar las crisis o hacerse con ellas, más bien me pongo manos a la varita y te voy a contar cómo hacerle corte de ídem —o sea, de varita, de corona, de lo que quieras—, esto es, te voy a dar claves (las mías rosettianas) para que aprendas a no crearte crisis ni morder los anzuelos de «crisis redileras» que desde el CdR te lanzarán una y otra vez.

No existen crisis, sino actitudes ante la vida. Cada uno es libre de escoger cómo quiere pensar, sentir, plantearse la vida, manejarse con las situaciones que se nos presentan. No pretendo decirte que tu vida estará libre de problemas; en la Tierra, mientras exista el CdR, me temo que va a ser misión imposible. Por consiguiente, mi antídoto rosettiano es asumir la actitud que uno quiere tener frente a los temas del CdR, y más aún, cómo dejar de convertir en conflicto la vida humana a propósito de las consignas del CdR.

Si no puedes con ellos, ponte las alas y elévate por encima de las maniobras redileras.

Dicho queda: ponte las alas.

El alma tiene de los dos géneros o «alas»: masculino y femenino, pero no por ello existe conflicto entre ambos. ¿Será por eso que los ángeles se toman a sí mismos a la ligera, y vuelan a imagen y semejanza de Dios? Será... Nos han contado muchas «historias para no dormir», por eso haríamos bien en acordarnos de las hermosas y sabias palabras de Jesucristo. Él nos habló de un Dios todo AMOR, compasión, alegría, magia, consideración... Ése es el Dios en quien yo creo. El dios en quien no creo es ese que se han empeñado en pintarnos quienes han querido tener a la humanidad aterrorizada y a su servicio, un dios ciertamente huraño, vengativo, duro como el pedernal, castigador, inmisericorde... Deja ya de crear en ese dios, y apúntate a creer en el Dios que solo respira amor, alegría, dicha, magia... Ese —y esa— que desde el rincón más recóndito del Universo nos envía risas sanadoras, amor en grandes dosis y magia para superar los obstáculos que los humanoides crean en el devenir humano.

Yo me he puesto las alas de Dios, las de mi Padre-Madre que desde el eterno cielo me bendicen con su luz. Me siento protegida. Sé que soy una privilegiada del Universo. Dios me ama, y tengo muchos ángeles que guardan mis dones y me acompañan en esta vida humana.

Ponte las alas, y verás cómo tu escala de valores se modifica. El dinero paga facturas, pero es el AMOR el que llena todos los espacios, todos los vacíos, aleja todas las soledades, alimenta y sacia todas las hambrunas del alma humana... No te rindas. Encuentra fuerza en el amor para salir adelante.

No quisiera que pensaras que te animo a ser pobre de dinero, a no tener ni para comer ni un techo que te cobije, puesto que no es eso a lo que me refiero. Ni eso es agradable ni deseable en esta sociedad material en la que el dinero es necesario para pagar cosas (alquiler, luz, agua, comida, gasolina, medicinas, ropa...). Si te sientes bien, estás sano, hay amor en tu vida y por tus venas corre el agradecimiento, esas cosas que el dinero paga, las disfrutarás, y mucho. En cambio, si posees fortuna material pero careces de amor, alegría y tu corazón lo pueblan la tristeza y la soledad, te sentirás muy desdichado y el dinero no logrará hacerte feliz. Leí que Sigmund Freud había llegado a la conclusión de por qué el dinero no nos hacía felices de adultos: porque en la infancia no existe. Cuando somos pequeños son el amor, sobre todo este, y la comida lo que nos mantiene a salvo, vivos. No malgastes tu vida por ganar unas monedas de más. Guarda en épocas de vacas gordas por si acaso vienen épocas de vacas flacas, y mientras, disfruta, vive, sonríe. Se puede ser feliz en una tienda de campaña y en un palacio, porque ello depende del alma, no de la cartera. Yo he conocido a gente humilde muy feliz y a ricos desgraciados, y también, viceversa. Ponte las alas, y atesora felicidad en tu interior, así, te sentirás afortunhado independientemente de la cantidad de dinero que poseas. El dinero va y viene por la vida. Me contaron que un hombre, superviviente de los campos de concentración nazis, cuyos activos manejaban unos brokers de Bolsa, no se enfadaba si bajan sus activos. ¿Por qué?, te preguntarás. Él les contó que se había hecho fortuna y arruinado varias veces a lo largo de su vida: el dinero iba y venía, pero lo que nunca volvería sería su familia, los que perdió en los campos de concentración nazis. Por eso, para él sus hijos y sus nietos, su familia, eran su verdadera fortuna.

Lo dicho, cuando tengas, guarda un poco por si acaso. Hazte un colchón de ahorros. Y, mientras, disfruta, bendice cada latido de tu corazón y cada minuto de tu vida. Sé una persona afortunada en alegría, abundante en espíritu de lucha y superación, en amor, en imaginación y creatividad para crearte soluciones.

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CUANDO NECESITES UN MILAGRO, SÍLBALE A TU ÁNGEL DE LA GUARDA

Todos tenemos momentos de desamparo, desilusión, rupturas, pérdidas, crisis vitales, sueños rotos y rasguños que nos dejan dolorida el alma. No es fácil vivir, a veces no es nada fácil. Aunque bien mirado, ¿hay alguien que lo tenga fácil?

Sí, hay quien lo tiene muy fácil: los ángeles. Los ángeles son los diversos rostros de Dios/Diosa —porque Dios, ya lo he confesado, es masculino y femenino a la par, en mi rosettiana opinión, la cual no tiene por qué ser la de otros—, unos rostros para facilitar la comunicación con los humanos. Dios les regaló alas para poder volar por encima de los problemas, de las crisis, y no contaminarse con el miedo que tanto poder y ascendencia tiene sobre los humanos. Porque, a veces, no se trata tanto de aprender a salir de las crisis, sino de no entrar en ellas.

No obstante, sílbale a tu ángel de la guarda cuando las cosas vayan mal, y practica el ejercicio de ponerte las alas de Dios.

Todos tenemos un ángel, o una hada madrina —versión femenina de los ángeles aladHos—, que cuida de nosotros, que procura darnos consuelo en aquellos momentos en que «caen chuzos de punta», nos abraza con su angélica energía cuando el corazón se nos encoje, o nos susurra palabras de alegría cuando necesitamos inspiración para crear nuestras obras maestras. No siempre estamos apenados, ni es necesario sentirse desesperado para silbarle al ángel de la guarda. Basta con querer poner un poco más de magia en nuestras vidas, en darle color a las mañanas.

Si nos hubieran enseñado a ser felices en lugar de infelices, a alabar nuestras vidas humanas en vez de maldecirlas...

Si nos hubieran enseñado a amar en vez de odiar a la persona más importante de nuestra vida...

Si en la escuela se impartiera la asignatura de «autoestima»...

Si se potenciase la asertividad en lugar del borreguismo...

Si todos fuéramos un poco más atrevidos, osHados, descarados, valientes, francos y sinceros, este sería un mundo mejor donde vivir.

En lugar de ello, los mass media, los gobernantes y muchos gurús se dedican a inculcarnos la desesperación, el miedo, la desesperanza. Propugnan la ausencia de valores espirituales, se esfuerzan en darnos collejas en el alma, todos los días. Mucha revolución tecnológica, pero poca o nula revolución emocional, y mucho menos, espiritual.

Vivimos tiempos malos para la lírica, decía la canción... En verdad, son malos (revueltos) tiempos para la espiritualidad. No me refiero a ser «religiosos», sino a la conexión con el alma. Esa que, cuando se pierde, provoca la pérdida de rumbo, de fe, de confianza, de seguridad, de felicidad... Lejos del alma solo hay frío, soledad, desamparo y escasez de todo tipo.

Me gustaría vivir en un mundo donde todos fuéramos más felices, sinceros, prósperos y singulares. Un mundo donde cada uno nos dedicáramos a estar contentos con nuestras vidas. Mucho teorizar, arengar a las masas, animarlas a consumir desaforadamente, mientras se les azuza con el miedo hasta lograr que la desesperación haga nido en sus almas.

Si todos emuláramos a los ángeles. Si nos dedicásemos a fomentar pensamientos respetuosos, amorosos, alegres y confiados en nosotros, nos iría muchísimo mejor.

Tenemos que dejar de competir unos contra otros. Tenemos que cesar en el odio, en la envidia, el rencor y la maledicencia.

Vamos a sembrar amor, cariño, amabilidad, simpatía, esperanza, buen humor, sentido común, sabiduría...

Cada uno de nosotros tenemos que hacer nuestra propia reevolución, ocuparnos de crear una realidad diferente y así, granito a granito, acabaremos por cambiar la realidad del mundo.

«Cuanta más intensa es la luz, más intensa es la oscuridad.»

Obviamente, soy una utópica. Estoy empeñHada en crear un mundo mejor, uno donde todos podamos vivir, reír, amar, ser felices, apoyarnos los unos a los otros, darnos aliento, ayuda y consideración, en lugar de lo que venimos dándonos...

Sílbale a tu ángel de la guarda.

Silbémosles a todos para que vengan a sembrar el mundo de luz y cobijarlo bajo sus alas.

Cuando era niña creía que venía de un lugar más allá del sol donde no existían las enfermedades ni las guerras, un lugar de hermosa luz donde la gente se amaba, era feliz y fluía con la vida. He llegado a la edad adulta, y me he encontrado con un mundo lleno de tristeza, desesperación, odio, miedo, envidia, rencor, demagogia, maltrato... ¿Es real la realidad? Sí, lo es para todo aquel que así quiere creerlo. Nuestras creencias (forma de pensar), conforman nuestra realidad: así pensamos, así nos sentimos, así es nuestra realidad. Por consiguiente, si uno quiere modificar la percepción de la realidad, debe ir dentro de sí mismo y cambiar su programación, su forma de pensar. Ahora bien, ¿estás dispuesto a realizar semejante tarea? ¿Estás dispuesto a dudar de que todo lo que te han contado hasta la fecha puede ser cierto o no serlo?

Si es así, imagina por un momento que eres un ángel o un hada que ha venido de visita a la Tierra. Fíjate en la cantidad de mentiras, o de distorsiones, que te han presentado como ciertas y verdaderas, como única forma de realidad.

¡Pamplinas!

Cuando las cosas van mal, lo «mal» se va de compras... (When things go tough, the tough go shopping). Los americanos, tan consumistas ellos —también son dados a los dichos como lo era mi abuela María Rosseta (muy valenciana ella además de sabia)—, dieron con la solución a sus males: irse de compras. Ergo, si las cosas te van mal, vete de compras de nuevas ideas. Eso sí, cómprate unas favorecedoras, que resalten tus rasgos, embellezcan tu alma y den alas a tus pies. Cómprate unas ideas llenas de colores, risas, afabilidad, sentido común, valentía, osadía y especias humanas. Cree en ti como nadie lo ha hecho. Cómprate una buena dosis de autoestima y unos cuantos kilos de auto-valoración, consideración e inspiración.

Érase una vez dos ángeles que bajaron a la Tierra de excursión. El más viejo de ellos —si los ángeles pudieran tener edad—, quería enseñarle al más joven las apariencias, esto es, cómo eran los humanos y los humanoides que poblaban la Tierra. Al final de su primer día, viendo que no tenían donde dormir, llamaron a la puerta de la primera casa que salió a su paso: se trataba de una mansión cuyos ricos dueños se disponían a cenar en aquellos momentos. Les abrió la puerta el mayordomo, quien trasladó la petición de asilo para pernoctar esa noche a los dueños de la mansión. Tan generosos y amables eran —no todos los ricos son iguales, algunos son más caritativos y considerados que otros—, que permitieron a los dos ángeles alojarse en el sótano de la casa. Ciertamente, no era la estancia más acogedora de la mansión; por no disponer, no disponía siquiera de una cama sino tan solo de unos viejos colchones llenos de polvo y mugre de olvidada caridad cristiana. Los ángeles se acomodaron, plegaron sus alas, y entonaron sus almas. Dormir, dormirían como lo que eran: ángeles...

Los ángeles fueron capaces de aislarse del exterior y concentrarse en el interior: un lugar donde mora la magia. Por eso, cuando en el exterior pinten bastos, ve a tu interior y decide qué actitud quieres tener, cómo quieres responder a una situación dada, y cómo te las quieres apañar.

Haz como tu ángel de la guarda, ponte las alas:

Ala 1: Tengo el corazón contento: la importancia del amor propio y de rodearnos de personas que nos amen y crean en nosotros.

Ala 2: No me da la gana tirar la toalla. Prefiero organizarme una estrategia porque «los ganadores siempre tienen un plan... y si no, lo inventan».

Ala 3: Segundas, terceras, cuartas... quintas partes son, a veces, las que triunfan.

Ala 4: Si NO te gusta que te humillen, maltraten o ninguneen... no te apuntes a programas de telebazofia. En vez de ello, aprende a poner los límites y/o a cantar las cuarenta.

Ala 5: Aíslate del exterior y concéntrate en el interior: ahí mora la magia.

Ala 6: Si del CdR te quieres largar, al hada madrina has de llamar.

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Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
14 kasım 2024
Hacim:
211 s. 2 illüstrasyon
ISBN:
9788491873655
Yayıncı:
Telif hakkı:
Bookwire
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