Kitabı oku: «Prosa Política (Las Repúblicas Americanas)»
Rubén Darío
Prosa Política (Las Repúblicas Americanas)

Publicado por Good Press, 2022
EAN 4057664159236
Índice
ARGENTINA
VENEZUELA
COLOMBIA
CUBA
PERÚ
CHILE
BRASIL
URUGUAY
PARAGUAY
BOLIVIA
NICARAGUA
GUATEMALA
ECUADOR
EL SALVADOR
HONDURAS
COSTA RICA
SANTO DOMINGO
PANAMÁ
LESSEPS Y PANAMÁ
ARGENTINA
Índice


Entre los acontecimientos que la historia ha de señalar de modo principal en los principios del siglo xx, está el surgir ante el mundo de la «nueva y gloriosa Nación» que se canta en el himno de los argentinos, no a la vida política, libre e independiente que se conquistara hace una centuria, sino a la vida de los pueblos superiores por el trabajo y la riqueza pacífica. En la balanza que forma el continente americano, es la República Argentina la que hace el contrapeso a la pujanza yanqui, la que salvará el espíritu de la raza y pondrá coto a más que probables y aprobadas tentativas imperialistas. Y hoy, por eso el mundo fija la mirada en ese gran país del Sur, de apenas siete millones de habitantes, que rivaliza en más de una empresa agraria, pecuniaria o financiera con el otro gran país del Norte cuya población pasa de ochenta millones.
Pueblo formado con savia española, que heredara todas las cualidades y defectos de los conquistadores, con agregación de nuevos elementos, inició su independencia con hechos épicos, sufrió las consecuentes agitaciones y revueltas de un estado de ensayo; soportó los soplos del pampero anárquico y se desangró en choques intestinos; supo lo que pesa el plomo y hierro de las tiranías; se revolvió contra ellas; fué poco a poco iluminando su propia alma, el alma popular, y enseñó al Demos la verdadera diferencia entre la civilización y la barbarie; cuida de la escuela y de la universidad; propaga cultura y progreso; levanta y da brillo a la organización parlamentaria; ve que en el seno de su tierra está la mayor de las riquezas; se preocupa de las cuestiones económicas que son las cuestiones vitales; por eliminación y por cruzamiento comienza la formación de una raza flamante; recibe sangre viva y músculo útil de los cuatro puntos del globo; echa al olvido el daño español del «pronunciamiento» y el mal hispano-americano de la revolución; crece; se hace fuerte al amparo de una política de engrandecimiento económico; hace que las grandes potencias la miren con simpatía, y celebra su primer fiesta secular con el asombro aprobador de todas las naciones de la tierra.
De tal modo puede decir con justo orgullo un ilustre argentino, Joaquín V. González, palabras como éstas: «Así, el pueblo argentino, con ser en América uno de los que mayores dificultades ha debido vencer para fundar un estado social de libertad y un hogar común para todos los hombres, puede ofrecer un cuociente de trabajo propio y prospectivo que equivale a un período más extenso de paz y de orden que el que realmente ha podido gozar, y su mérito mayor a la consideración de sus contemporáneos, será la consagración absoluta de su labor y supremas energías, a labrar una prosperidad y una riqueza materiales que no ciegue de modo irreparables las fuentes del ideal y la belleza, que no encierre como el avaro dentro de su propia casa, sino que la ofrezca al goce de todos los hombres y pueblos, en un banquete eucarístico de fraternidad y de solidaridad universal».
Pocos países, puede decirse, están más seguros de su porvenir. La prosperidad nacional no tiene, relativamente, parangón, pues asombra a los mismos hombres del Norte, que comparan. Las lecciones del pasado se han tenido en cuenta, y en medio de las más enconadas luchas políticas, todos los partidos, todos los hombres dirigentes, han tenido ante todo en mira la dignidad y el engrandecimiento nacionales. Ha habido grandes errores que la ola del progreso ha borrado, y aun desaciertos de ayer han abonado el campo del trabajo de hoy.
Ha tenido el país que hacerse fuerte para hacerse respetable, aunque, según la palabra del eminente Sr. Norberto Piñero, «el papel histórico de la Argentina es el de la creación de una raza y de una civilización que ha de difundirse en la paz y por medios pacíficos». Y ha sostenido, a pesar de su desenvolvimiento positivo y práctico, la cultura tradicional. «Bajo el punto de vista literario, escribía un autor francés hace más de cuarenta años, Buenos Aires ocupa el primer rango entre las ciudades de la antigua América española».
La prensa Argentina es hoy la primera en lengua castellana, por su riqueza, por su incomparable impulso y por su nutrición universal. El adelanto universitario ha sido enorme en pocos años. Su instrucción pública, sus planteles pedagógicos no tienen nada que envidiar, y sí mucho que mostrar con justo orgullo a cualquier país de la tierra.
Al antiguo romanticismo político, noble y generoso de ideales, sucede, por virtud de la evolución, un concepto más hondo y firme de la misión nacional y del patrio porvenir, sin mengua de la fraternidad humana, antes bien, ofreciendo trabajo y hogar a todos los hombres.
Y ello no es una frase lírica. Yo he habitado en el suelo argentino y he visto cuán grandes se abren las puertas de la república a todo extranjero, cuán sincera y práctica es la hospitalidad para todo elemento útil. El programa patrio pudiera declararse en dos palabras: trabajo y cultura. En ello van la independencia y la libertad. ¿Quién más dueño de su futuro que semejante pueblo? Escribe C. O. Bunge: «La semilla arrojada con gesto grandioso por la mano de la Revolución sobre el suelo fecundo de la patria, ha germinado, desarrollándose en gigantesco árbol, exuberante de flores, muchas de las cuales cuajáronse ya en riquísimos frutos. Si nos enorgullecemos con razón de la presente cultura, obra en gran parte de la enseñanza nacional, mucho más debemos esperar para el porvenir. ¡El porvenir es nuestro!» Ese porvenir, que será resultado del esfuerzo argentino y de la colaboración extranjera, se define en las palabras de Edmundo d'Amicis, que citara en un concienzudo trabajo sobre inmigración Aníbal Latino; es el voto y el augurio de que los argentinos y los extranjeros vivan siempre como hermanos, «y avancen juntos en el camino de la bondad y del trabajo, manteniendo ese amplio y fecundo sentimiento de tolerancia, de benevolencia, de amor patrio sin soberbia, de amor fraternal sin recelos, que puede hacer de diez pueblos un solo pueblo, de varias razas un solo estado, produciendo una maravillosa generación multiforme que verá una patria argentina transfigurada y poderosa, como lo desean y lo sueñan la fiereza amable de sus hijos y la gratitud sincera de sus huéspedes».
VENEZUELA
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Por sus antecedentes históricos de heroísmo libertador, Venezuela ocupa la primera página en los fastos de la América Meridional. Allí tuvieron lugar las primeras rebeldías emancipadoras del continente Sur, y surgieron muchos de los grandes soldados patriotas que fundaron cinco nacionalidades. Patria de Simón Bolívar, Venezuela abrió amplios horizontes a la cultura y al progreso de nuestra raza, influyendo de manera trascendental en el desenvolvimiento político de ella.
A pesar de los contratiempos de la vida interna y de los reveses en la marcha evolutiva, los venezolanos y su régimen mantuvieron siempre esa influencia. En defensa de su integridad, Venezuela ha dado muestras de firme civismo, oponiéndose a los poderosos y sosteniendo la justicia de su causa. Todas las condiciones de una raza superior acreditan al venezolano, que es valiente, franco y comprensor de sus deberes de ciudadano, para quien la patria está sobre todo otro interés. Las instituciones y Legislatura del país lo llevan a un alto destino entre los pueblos avanzados, pues desde el establecimiento de la República, ha tenido por norma los mejores principios democráticos.
Venezuela, como es sabido, ocupa el límite Norte de la América del Sur, en una superficie de 1.553.742 kilómetros cuadrados, o sea el cuádruplo de la totalidad del territorio de Centro-América. Con arreglo a la Constitución, la República se compone de 20 Estados, un Distrito Federal y dos territorios, como sigue: Estados de Apure, Aragua, Anzoátegui, Bolívar, Carabobo, Cojedes, Falcón, Guárico, Lara, Monagas, Mérida, Miranda, Nueva Esparta, Portuguesa, Sucre, Táchira, Trujillo, Iaragui, Zamora y Zulia, los territorios de Amazonas y Delta Amacuro y el Distrito Federal formado por la ciudad de Caracas y sus parroquias Foráneas. El censo de la República ascendía en el año de 1909 a 2.664.294 habitantes. El clima se adapta a toda clase de cultivos. Son desconocidos los extremos de calor y frío. La salubridad es inmejorable en todo el país.
Venezuela, más que el Paraguay, es la Mesopotamia de América. Cruzan y bañan su territorio algo como 1.059 ríos, de los cuales 436 son afluentes del Orinoco. Esto es causa de que exista allí una flora de las más ricas y variadas del mundo.
En las llanuras crecen las palmas; en los bosques, los bambues, los manglares y una inmensa variedad de árboles selváticos como el laurel, el tamarindo y las palmas de hojas pinadas. En la región cálida, el cacao, el café, la caña de azúcar, el coco, el banano y la yuca. En la zona templada, además de lo anterior, se dan el algodón, maíz, trigo, cebada, todos los cereales y árboles frutales. La región vegetal consta de 349.661 kilómetros cuadrados, de los cuales 785.590 están en plena naturaleza, abundando las maderas preciosas.
Después de la Argentina, Venezuela es el país que posee más terrenos aptos para la ganadería. Estos alcanzan a unos 405.620 kilómetros cuadrados. La minería es de una riqueza casi inverosímil. Existen allí todos los metales conocidos; pero pueden explotarse con mayor facilidad el oro, la plata, el cobre, el hierro, el plomo, el azufre y el asfalto. Hasta el año de 1894 se conocían en el país 62 minas de oro. Venezuela ocupa el quinto lugar entre los países auríferos de América.
Las minas de cobre ascendían en el año de 1894 a 14, estando en constante explotación. Los yacimientos de hierro son de una ley de 80 por 100 de metal puro. El asfalto es de fabuloso acopio cerca del río Pedernales, en Maracaibo, Mérida y Coro. La hulla, el azufre, el petróleo, el azabache, la pizarra, el mármol, la cal, así como las salinas, se explotan abundantemente.
Venezuela es una de las naciones americanas más favorables a la inmigración, y su gobierno, con el fin de fomentarla, ha dictado leyes liberales que otorgan a los que inmigran importantes garantías, auxilios y franquicias. El carácter esencialmente hospitalario del venezolano, la fertilidad de la tierra, la legislación, la estabilidad de su sistema monetario y de su régimen económico, abren horizontes dilatados al extranjero que llega a la República dispuesto a trabajar.
La nación está constituída federalmente. Los estados son autónomos. Reconocen la autonomía federal de los distritos y su independencia del poder político del Estado, en todo lo concerniente a su régimen económico y administrativo.
La tierra venezolana fué descubierta por Colón en 31 de Julio del año 1498. El incremento que tomaron posteriormente las tierras descubiertas, hizo que el gobierno español las dividiera en virreinatos y capitanías generales. Venezuela fué, en el año de 1731, una de éstas, dependiente del virreinato de la Nueva Granada, que abarcaba lo que después fué la gran Colombia. En el año de 1567 se echaron las bases de la ciudad de Caracas, erigiéndose la primera iglesia católica al año siguiente. En 1725 establecióse la Universidad de Caracas.
A fines del siglo xviii empezaron a propagarse las ideas de independencia. El 13 de Julio de 1797 se descubrió el primer conato revolucionario, que debía estallar pocos meses después, y que llevó al patíbulo a varios de sus promotores. El primer mártir de la libertad venezolana fué don José María España, que murió ahorcado el 8 de Mayo del año de 1799.
Francisco de Miranda inició en 1806, aunque sin éxito, la época heroica, que debía tener como resultado la independencia. El 19 de Abril de 1810, el capitán general Emparán fué depuesto por el pueblo, y se nombró en su lugar una Junta de gobierno que reconoció a Fernando VII como legítimo rey. La Regencia de Cádiz protestó de esta determinación y ordenó el bloqueo de los puertos venezolanos; pero la Junta de gobierno convocó una Asamblea, que se reunió el 2 de Mayo de 1811. Esta Asamblea, en 5 de Junio del mismo año, declaró a la nación absolutamente desligada de España, y una guerra empezó entre venezolanos y españoles, en la que intervinieron gloriosamente Bolívar, Soublette, Nariño, Cedeño, Plaza, Rivas, Anzoátegui, Flores, Urdaneta, Páez, Brián y otros egregios patriotas. Esta contienda terminó el 7 de Noviembre de 1823 con la toma de Puerto Cabello por las armas libertadoras.
La Gran Colombia, creada por el Congreso de Angostura, fué despedazada por las tempestades revolucionarias de 1830, surgiendo entonces la República de Venezuela. El general José Antonio Páez, uno de los héroes de la Independencia, desentendiéndose de los vínculos que le unían a Bolívar, rompe todo ligamen entre Venezuela y la Gran Colombia, toma el poder en 1831 e inicia la primera presidencia constitucional. Siguieron a Páez, que tomó por segunda vez el poder en 1839, José María Vargas, José Tadeo Monagas y José Gregorio Monagas, que fueron desposeídos de sus cargos por nuevas revoluciones. En 1858 sube al poder el general Julián Castro, cuyo gobierno fué poco estable por la lucha armada entre liberales y conservadores, en la cual aquéllos alzaron por primera vez la bandera de la federación, sistema que ha imperado hasta hoy. Después de una dictadura del general Páez, el triunfo de las ideas liberales elevó al poder, en 1863, al general Juan C. Falcón, jefe del liberalismo, quien dió a la República una nueva Constitución.
El florecimiento de la Instrucción Pública es muy notable en Venezuela. Por decreto de 23 de Febrero de 1909, el gobierno dispuso elevar a 1.012—que luego han sido 1.217—el número de escuelas de la República que, cuatro años antes, sólo alcanzaban a 716. A estas escuelas asisten, por término medio, 27.000 alumnos. Hay, además, dos escuelas normales, una para cada sexo; 54 colegios particulares, de los cuales están subvencionados 21; numerosos institutos especiales, entre ellos la Academia Nacional de Bellas Artes, las Escuelas de Artes y Oficios, las universidades Central de Caracas, y la Andina en Mérida; la Escuela de Ingeniería, el Seminario, las Escuelas Politécnicas, de Agricultura, de Ingenieros, la de Minas y otras. Por lo que se ve, la educación pública de Venezuela estará muy pronto a la altura de su intelectualidad.
Este ramo importante cuenta con valiosos elementos profesionales, como los doctores D. Trino Baptista y D. Samuel Darío Maldonado. El primero está considerado como la mejor autoridad en el ramo por su vasta ilustración, su amplio espíritu reformador y su patriotismo. Hoy ocupa el ministerio de Instrucción Pública un hombre eminente, nutrido de letras humanas, y en el cual hay el espíritu de los grandes Cancilleres: el Dr. Gil Fortoul.
El Tesoro Público ha tomado grande incremento. Se han suprimido los monopolios que existían sobre algunas industrias importantes y roto las trabas que impedían las transacciones comerciales en general, derogándose muchos decretos y disposiciones de viejos gobiernos sobre exportación e importación. Han sido exonerados de derechos aduaneros varios artículos considerados como esenciales para el desarrollo de la riqueza nacional y libertádose de gabelas el comercio de cabotaje, y se han dejado además sin objeto disposiciones sobre impuesto tabacalero, y se ha restablecido el importante tráfico mercantil con la vecina República de Colombia. Se han dictado medidas acertadas sobre salinas y venta de licores, aumentando considerablemente los ingresos públicos.
El presupuesto del año fiscal, comprendido entre el 1.o de Octubre de 1909 hasta el mismo día de 1910, ascendía a 50.000.000 de Bolívares, equivalentes a francos.
Las obras públicas se hallan en singular desarrollo, y se cuentan ya varias construcciones de nuevas escuelas, hospitales, lazaretos, cuarteles, ferrocarriles y puentes, que se llevan a cabo tanto en Caracas como en los diversos estados federales. No he de terminar sin saludar cordialmente la mentalidad venezolana, en sus representantes de un siglo de labores transcendentes, que han enaltecido el nombre nacional en la Historia, en la Crítica, en la Polémica, en la Novela, en la Poesía...
COLOMBIA
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Nosotros, decía un eminente argentino, no tenemos un país rico, hemos hecho nuestra riqueza. Países ricos, son esos que suben al norte en tierras de tesoros, Colombia, por ejemplo». En efecto, si todo nuestro continente es generoso y rico, Colombia es uno de los países que tienen mayores riquezas en la tierra. Hay que recordar que en ella está la fabulosa región de El Dorado. «Su clima variadísimo—escribía hace poco el Sr. Luis Cano—y la riqueza insoluble de su suelo atraerán seguramente la inmigración europea, que hasta hoy no ha logrado recibir, a causa de la inestabilidad política y por falta de propaganda exterior y de leyes correspondientes a este objeto. Apenas ahora el Gobierno se preocupa formalmente de provocar una corriente inmigratoria que desde hace mucho tiempo necesita, y que será uno de los factores principales en su proceso de crecimiento. Del mismo modo, parece ya casi suspendido por obra de la paz y de la moralidad gubernativa, el éxodo de nacionales, que constituía una de las características más desconsoladoras de la pasada difícil situación del país. Cierto, esa tierra de leones ha sido de las más agitadas del continente por la fiebre revolucionaria. El hombre que aró en el mar, conocía bien el ambiente de sus empresas. Ha sido Colombia en la América Latina, el país de las más grandes ilusiones políticas y de terribles contiendas, que han debilitado la salud de la república. «Durante toda nuestra vida independiente, ha escrito Pérez Triana, hemos malgastado nuestras energías en pavorosas luchas cruentas, que nos han hecho aparecer ante el mundo como indignos de la independencia que obtuvieron nuestros mayores, y como inhábiles para el aprovechamiento, en bien de nosotros mismos y de la humanidad, de la egregia herencia que nos legaron.» Pero esos son cargos para todas nuestras nacionalidades, con señaladísimas excepciones.
Lo que ha distinguido en todo tiempo a Colombia, ha sido su fecundidad en valores intelectuales. Santa Fe de Bogotá fué tenida, desde antaño, como la Atenas hispano-americana, aunque tal denominación se haya dado a otras ciudades estudiosas. ¿Hasta qué punto tendrán razón los que afirman que hoy es bastante lamentable para un país nuestro el poseer una capital que sea más o menos nombrada la Atenas de las repúblicas? El progreso, en la América latina, se dice, se mide por la mayor o menor preocupación por las bellas letras y por el cultivo de la lengua castellana. El culto de la gramática, he ahí el enemigo. La capital menos castiza: Buenos Aires. El único presidente que haya decretado sobre el idioma de sus conciudadanos: el doctor Soto, de Honduras. Hay mucho en esto de paradoja. Colombia, no hay duda, ha sido un gran cerebro en América; pero ha tenido también un brazo fuerte, un corazón vasto, un cuerpo rico de energías, cuya acción se desviara a causa de haber concentrado más que en otras partes, la influencia nociva de los antiguos filtros españoles. A propósito de una región del interior colombiano, habla el Sr. don Miguel Triana de «el régimen cuasi feudal, el ensueño aristocrático, la veneración al estandarte real que pudiera decirse nostalgia colonial, el predominio teocrático en la disciplina íntima y el consiguiente desafecto hacia los hombres, las glorias, las ideas y los métodos de la democracia moderna. Así se explica como, en los plenos días de la vida nueva, se oyen protestas contra el 89, contra el anhelo de la concordia republicana y contra la igualdad civil, culpando todos esos cánones modernos de inspiración diabólica». No os imaginéis que ella sea aplicable a toda Colombia. ¿No es allí en donde han surgido, en toda época, espíritus revolucionarios, y en donde se llevara a la práctica un ensueño de romanticismo político, como la famosa constitución de Río Negro, que mereciera, ¡naturalmente! la bendición pontifical de Víctor Hugo? Nada más desdeñable que el jacobinismo; y no seré yo quien censure y desee la completa desaparición de antiguallas, como el respeto a las jerarquías, el predominio de los excelentes, el orden y la disciplina, y, la más antigua de todas, el concepto de Dios. Pero todo eso puede ir y debe ir en la vida moderna, acompañado de ferrocarriles, bancos, industrias, agricultura; esto es, trabajo y hacienda pingüe en los estados.
Colombia ha pasado, a costa de su sangre y de su oro, por harto dolorosas experiencias; y si se afirma la dirección de paz y de progreso, y verdadera regeneración que se ha iniciado con la buena voluntad de sus hombres eminentes y el aumento de los caudales públicos, florecerá en una nueva y grandiosa era. ¿Qué llegará a ser esa renombrada Bogotá, archivo de cultura y señorío, de la cual cuentan encantos los que han tenido la suerte de visitarla, cuando una a sus tradicionales atractivos, que desde luego tomarán otros aspectos, la vitalidad y el brillo de una ciudad moderna? ¿Qué de ese país predilecto de la abundancia, el día en que sus energías se empleen, dados ya al olvido los intereses partidarios, en la labor de hacer riqueza, civilización y patria grande? En una obra del general Jorge Holguín, se encuentra el siguiente penoso resumen estadístico: «En los setenta y tres años transcurridos de 1830 a 1903, tuvieron lugar en Colombia:
Nueve grandes guerras civiles, generales.
Catorce guerras civiles, locales.
Dos guerras internacionales, ambas con el Ecuador.
Tres golpes de cuartel, incluyendo el de Panamá.
Una conspiración fracasada, que hacen en total veintinueve calamidades públicas.
De los informes publicados por los ministerios de Hacienda y Tesoro en los años correspondientes a 1830, 1840, 1851, 1854, 1861, 1867, 1876, 1885 y 1899 (que fueron los años de las grandes guerras), resulta que, sin computar la destrucción de riqueza ni calcular las pérdidas sufridas por los particulares, desdeñando lucro cesante y daño emergente, y haciendo cuenta únicamente del dinero pagado o reconocido por el Tesoro Nacional, las susodichas guerras costaron aproximadamente:
| Nueve guerras, por término medio, a pesos oro 3.500.000 cada una | 31.500.000 |
| Catorce guerras locales, por término medio, a 400.000 | 5.600.000 |
| Dos guerras internacionales | 800.000 |
| Dos golpes de cuartel, 23 de Mayo y 31 de Julio de 1912 | |
| Una conspiración de cuartel encabezada por el general Huertas en Panamá el 3 de Noviembre de 1903, importe de la concesión conforme contrato Herrán-Hay, 10.000.000. Anualidades del ferrocarril, capitalizadas en 4.000.000. | 14.000.000 |
| 51.900.000 |
Muy pocos son los países del mundo que tengan la desgracia (proporciones guardadas) de registrar en sus Anales inventario tan aterrador y, sin embargo, a pesar de ser tan elevada la cuenta, es muy cierto que, atendido el apasionamiento y la exacerbación en que han vivido los partidos, las ofensas que se han irrogado, los golpes que se han descargado en medio de luchas espantosas, de agitaciones horribles y de ansiedades incesantes, las guerras, los golpes de cuartel y las conspiraciones no han sido tantos cuantos habría podido suponer un observador imparcial que hubiera seguido con atención la marcha de los asuntos públicos.» Si se hiciese un inventario igual de cada una de nuestras enfermas democracias, Colombia tendría el alivio de las comparaciones. De todos modos, es la patria la que ha sufrido. Y los estadistas, los gobernantes no han tenido sino que sufrir la fatalidad de su medio. El mismo Sr. Holguín da una discreta explicación: «...Por grandes que fuesen, dice, su inteligencia y su ilustración, y por nobles y rectas que fueran sus intenciones, estando la nación dividida en partidos intransigentes que habían adquirido la costumbre de confiar la solución de sus diferencias al juego tan peligroso de las batallas, no contando con ninguna clase social que sirviera de contrapeso a las otras clases sociales, que andaban enloquecidas con la política; viéndose obligados a defenderse con frecuencia de las revoluciones, de las conspiraciones, de los golpes de cuartel y de los ataques formidables que le dirigía la prensa de oposición; con escasas rentas públicas, con gastos enormes, teniendo que hacer esfuerzos extraordinarios para cumplir los más urgentes compromisos del erario... por grande, decimos, que fuese su inteligencia, la tarea de guiar la nave del Estado por entre tantos obstáculos, ha tenido que ser, si no imposible, por lo menos muy difícil». En cualquiera de nuestros países, apartando desde hace algunas centurias a Chile, la Argentina y la pequeña Costa Rica, la situación ha sido la misma. Lo continental endémico no aminora sino que acrece lo lamentable. Todos hemos tenido nuestros criollos y chapetones, al comienzo, para seguir después con nuestros federales y unitarios, rojos y blancos, liberales y conservadores, y la innumerable división de los istas. Pero Colombia, como pocos pueblos, ha pagado sus choques y disenciones civiles. Y pocos pueblos han podido también contar con varones tan ilustres en los distintos partidos.
No me ocuparé nunca de la política interior de ninguna nación. Haré notar, no obstante, que desde la unión efectuada por los diferentes elementos de las agrupaciones políticas, se ha logrado «la reimplantación gradual y segura de un Gobierno democrático y liberal, dentro de las exigencias no estrechas de su criterio conservador». Y el actual mandatario se esfuerza por mejorar el crédito ante todo, impulsar la industria y el comercio, vigorizar, en una palabra, su país, que ha de llegar a ser todo lo que puede, con sus vastas riquezas fomentadas en una paz laboriosa.
Bogotá la docta y palatina, se abrillanta, se rejuvenece. Medellín, cuyos adelantos se han expuesto tan plausiblemente en una publicación, con motivo del centenario Colombiano; Popayán, ciudad que, según la frase de Reclus, es de las ciudades que, vistas a distancia, presentan el cuadro más encantador y más grandioso; Cali, «la ciudad más bella de Colombia y la que algún día habrá de disputar a Valparaíso el imperio del Océano Pacífico»; otras ciudades más, serán quizá en breve focos de civilización y de vitalidad.
Es demás señalar las ventajas de las regiones colombianas descriptas en los tratados geográficos y en los libros de viajes; y la belleza y encantos rurales que en el mundo entero se han podido apreciar con la simple lectura de la María, de Jorge Isaacs. Colombia es la Fertilidad, en su aspecto físico, como en su aspecto moral es el Talento. Es el imperio de las esmeraldas y de los versos. Sus figuras intelectuales son incontables, desde la colonia hasta nuestros días. ¿Qué será Colombia el día que lleguen a sus inmensas tierras los brazos y las iniciativas europeas? Colombia será una de las grandes sorpresas de la historia humana. Seguid, oh pueblos de nuestra América, la estela que va dejando en triunfo hacia el porvenir el potente navío argentino, y más de un sueño increíble se realizará entre las naciones.
CUBA
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Isla bella, de feracidad sorprendente y de riqueza casi fabulosa. La página de sus heroísmos cerró el libro de glorias de la América multirrepublicana, y entre sus grandes hombres tuvo a un santo de la libertad: José Martí. País de sol y de palmas en que la naturaleza se recrea.
Descubierta por Colón el domingo 28 de Octubre de 1492, el almirante llamó a Cuba la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto, donde no se conciben la muerte ni el dolor.
A principios de la Conquista, en 1511, llegaron el capitán Diego Velázquez y otros, y con el suplicio del cacique Hatuey se inició en la Isla una época de inquietudes. A partir del siglo xvi, hasta fines del xviii, la piratería de franceses, ingleses y holandeses mantuvo en constante sobresalto a los pobladores, que no llegaban por entonces a cuarenta mil.
España estableció un monopolio mercantil, y quedó la Isla sometida al Imperio. Las guerras sostenidas entonces por España trajeron como una de sus consecuencias la sujeción de Cuba a Inglaterra por un pacto de familias reales. El gobernador británico, conde de Albermale, dió libertad al comercio, y en sólo un año llegaron a la Habana cerca de mil embarcaciones mercantes.
La dominación inglesa duró hasta la paz de Versalles, y España restauró su poder en 1763. Gobernaron entonces el marqués de la Torre, que hizo el primer censo del país, el cual censo arrojó 172.620 habitantes; D. Luis de las Casas y el marqués de Somernelos, buenos administradores que fundaron instituciones económicas y construyeron obras de pública utilidad. En 1812 se nombró la diputación cubana a las Cortes de Cádiz. El rey Fernando VII, como lo habían hecho los ingleses, decretó el comercio libre, y fué en aquel mismo tiempo cuando quedó oficialmente abolida la trata de africanos, por un convenio con Inglaterra. No obstante, el comercio de esclavos continuó.
Después de la abdicación de Carlos IV comenzaron a cundir en Cuba las ideas liberales; se fundaron asociaciones de cubanos separatistas, y con motivo de la elección de Diputados a Cortes ocurrió el primer episodio sangriento entre nativos y peninsulares. Era la principal de aquellas asociaciones revolucionarias la que se llamó Rayos y Soles de Bolívar, que envió delegación a Venezuela para demandar apoyo al Libertador Sud-americano, mientras en Méjico se instalaba la Junta Promotora de la Libertad Cubana. La gestión de esas agrupaciones patrióticas fracasaron por los temores esclavistas reinantes en los Estados Unidos de Norte-América, y desde entonces no cesaron los levantamientos contra el poder español. Y en el año de 1850 flameó por vez primera la bandera de la estrella sola, cuando el prócer Narciso López desembarcó con seiscientos hombres en la ciudad de Cárdenas.
Las sociedades El Aguila Negra, Los Soles de la Libertad, de Camagüey y otras continuaban sus propósitos. Vinieron el levantamiento y muerte de Joaquín Agüero, la insurrección de Armenteros, el segundo desembarco de Narciso López—su captura y muerte—y otros muchos episodios de sangre anteriores a 1868. La Junta de Información convocada en Madrid en 1866 fracasó, y Carlos Manuel de Céspedes, hombre de fortuna y de cultura, se rebeló en Octubre de 1868, en su Ingenio azucarero Demajuana, dió libertad a sus esclavos, y con un grupo de bravos soldados tomó la ciudad histórica de Bayamo, que fué el primer triunfo de la guerra larga que, en 1878, concluyó aparentemente con el conocido Pacto del Zanjón. Formóse luego el partido autonomista cubano, cuyos ideales no eran creídos en la Metrópoli. Era jefe de este partido D. José M. Gálvez, hombre fuerte y talentoso. El estadista español señor Maura fué el único que por aquel entonces vió claro el problema cubano, y aunque las reformas propuestas por él no daban la autonomía al país, eran una base de ella. El partido constitucional, integrado por elementos españoles y que gobernaba la Isla, combatió tenazmente el proyecto de Maura, impidiendo su aplicación. Vino luego una época de parlamentarismo activo en el Congreso español, que sirvió a Martí para hacer la última guerra de independencia.
Ya he hablado de este apostólico héroe en mis «Raros» y suelo evocarle con singular sentimiento. Hace poco dije en América cómo le conocí. Doy la palabra, pues, al escritor y diplomático cubano señor Machado, cuya monografía de Cuba he visto:
«Era José Martí hombre de dotes extraordinarias, de poderoso genio, de cultura intensa y varia y sólida y admirablemente gobernada: orador, periodista, poeta, jurisconsulto, sociólogo y prosista de arte originalísimo. Y junto con todas esas preeminencias de la naturaleza y del estudio, poseía un corazón de santo y un carácter de verdadero apóstol, que lo elevaron a las más altas cimas de la perfección humana.
En Baire empezó la guerra decisiva, la que había de dar fin al gobierno español en América, el 24 de Febrero de 1895, y en la que ganaron los laureles de la inmortalidad el casi legendario Maceo, el sagaz Máximo Gómez, el denodado Calixto García, el propio e insuperable Martí, y cien y cien más caudillos y capitanes de imperecedera recordación...»
Han gobernado la República cubana el patriota y dulce pedagogo D. Tomás Estrada Palma, a quien derrocó una revolución, una de las desgraciadamente epidémicas de nuestros pueblos juveniles e inquietos. Y después de una segunda intervención Norte-Americana, el pueblo cubano fué llamado a elecciones, y por voto de la mayoría asumió el mando nacional el bravo general de la independencia José Miguel Gómez.
En cuanto a producción, exportación, importación, etc., etc., de Cuba, véase lo que dice el gran diario bonaerense La Nación:
«Los progresos de Cuba.—La jira que el secretario de estado de la Unión, Mr. Knox, está realizando por los países que baña el mar Caribe, ha tenido como primer resultado provocar la atención general hacia esos países, de los cuales en realidad se sabe poco, particularmente en esta parte de la América del Sur. Entre ellos, la república cubana es uno de los más interesantes.
Con trece años apenas de existencia, Cuba ha hecho progresos sorprendentes en todo orden de cosas, y una de las equivocaciones más generalizadas consiste en creer que tales progresos son debidos únicamente a los norte-americanos, no habiendo cabido a los cubanos ninguna o apenas muy pequeña participación en ellos. En verdad que en el período de la intervención norte-americana en la isla se llevaron a cabo o se iniciaron importantes obras de saneamiento, se desarrolló la instrucción pública, se construyeron ferrocarriles y caminos, etc.; pero no es menos cierto que posteriormente, terminada la intervención, los gobernantes cubanos, por sí mismos, no sólo han continuado la obra de los norte-americanos, sino también han realizado mucha obra nueva, de todo linaje, hasta alcanzar el satisfactorio estado actual de cosas, labor que resulta más meritoria si se recuerda la situación en que, por razón de múltiples y variadas causas, se encontraba la isla al concluir la dominación española. Los interesantes datos que publicamos a continuación, comprueban los progresos realizados por la República de Cuba en los pocos años que lleva de existencia.
El censo de 1907 fijó la población de la isla en 2.048.980 habitantes: en nueve años (desde 1899) ha aumentado en más de medio millón. La administración sanitaria, regida por un ministerio especial, o secretario del despacho, como se dice en Cuba (primer país en el mundo que estableció ese departamento), ha extinguido absolutamente la fiebre amarilla, el paludismo, la viruela, el sarampión y las numerosas enfermedades clasificadas por la patología intertropical; la mortalidad ha bajado a un 13 por mil, una de las más cortas proporciones que se registran en el mundo; la natalidad ha subido a 34 por mil, y el aumento de la población, no contando las inmigraciones, es de cerca de cincuenta mil personas por año.
Se ha realizado lo que hace algún tiempo se hubiera creído un milagro: hacer de Cuba uno de los países más saludables de la tierra.
No menos digna de señalarse como ejemplo notabilísimo es la reforma de la instrucción primaria: 3.774 escuelas, con maestros competentes y bien retribuídos, con abundante y adecuado material pedagógico, con métodos modernos de educación instructiva y objetiva, con 210.092 alumnos y con el 78 por 100 de asistencia, proclaman altamente el progreso logrado.
Se han aumentado considerablemente las vías de comunicación: 3.433 kilómetros de ferrocarriles y 2.304 de carreteras distribuyen por todos los lugares habitados de la isla los artículos de importación, y conducen a los puertos, para ser exportados, los preciosos frutos del suelo cubano.
Los servicios de correos y telégrafos, organizados y regidos con tanta perfección como donde los haya mejores, cuentan con 487 oficinas, 9.952 kilómetros de línea, nueve estaciones de telegrafía inalámbrica y 368 líneas de servicio particular, aparte de las destinadas al servicio de la guardia rural. La Administración postal y telegráfica dió curso el año pasado a 68 millones de cartas y 645.000 telegramas.
Atiende a la defensa nacional y la conservación de orden público un ejército de 5.000 hombres (de infantería y caballería) bien equipado, instruído, disciplinado y pagado, y un cuerpo de guardia rural de 5.246 plazas, en las mismas excelentes condiciones, y que además de las funciones ordinarias de policía de seguridad en los campos, tiene las propias del arma de caballería en tiempo de guerra.
Esparcidos por toda la isla hay 175 grandes ingenios (fábricas de azúcar), que el año pasado produjeron un millón ochocientas treinta y seis mil doscientas siete toneladas de dicho artículo, y cuya producción en el presente año se espera que llegue a dos millones de toneladas, es decir, casi una tonelada por cada habitante del país. La cosecha de tabaco, la segunda producción de la isla en orden a su cuantía y valor, alcanzó en el mismo período a 823.082 quintales, con una exportación de 26.331.835 pesos.
Siguen inmediatamente en importancia la exportación de minerales, frutas, maderas, cera y miel.
Cuando se leen las cantidades que valúan el comercio de Cuba, cuyo total volumen con relación a la población, ocupa el segundo lugar en el mundo (sólo le supera el de Inglaterra), hay que asombrarse del gran esfuerzo industrial y mercantil que significan, y de la riqueza que distribuyen 237.774.700 pesos oro, de los cuales 129.178.865 representan la exportación y la importación 108.095.855, con una diferencia en favor de Cuba, de 21.083.010.
Cabe agregar, para concluir esta breve información, que a esos progresos materiales corresponde un progreso político muy apreciable, que permite el funcionamiento regular del mecanismo constitucional y administrativo, alejándose así la enojosa expectativa de una nueva intervención norte-americana, que hace poco pareció probable a causa de la excitación pública motivada por la actitud de la Asociación de veteranos de la guerra de la independencia, excitación que felizmente parece ya concluída, circunstancia que hace esperar que la próxima elección presidencial y la consiguiente transmisión del mando, han de efectuarse en condiciones que contribuyan al afianzamiento del progreso y del prestigio de la joven república cubana.»
Son, como se ve, sorprendentes los progresos materiales y morales de la Perla de las Antillas, una de las Repúblicas latino-americanas de más porvenir. Su comercio exterior aumenta de año en año, en progresión extraordinaria; sus producciones naturales y famosas, como el azúcar, el tabaco y el café, invaden el mercado mundial y son activamente solicitadas por los países consumidores. Las riquezas de la isla adquieren positivo valor, y las ciudades se embellecen y se higienizan con rapidez extraordinaria.
A este resurgimiento material corresponde un verdadero florecimiento intelectual.
El pensamiento cubano ha tenido, como la libertad cubana, nobles adalides. El evangélico Martí descolló gallardamente en ambos campos llevando en su múltiple y grande espíritu las virtudes más altas del patriotismo libertador y las dotes más puras de la oratoria, de la poesía y de la prosa caudales.
PERÚ
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Hace ya largos años tuve la suerte de pasar algunas horas en Lima. ¡Lima! La ciudad tradicional de la riqueza, de la gentileza y del encanto femenino, la ciudad de Santa Rosa y de D. Ricardo Palma. Y volvía yo de Chile para Centro América. El vapor tenía que permanecer algunas horas en el Callao, y yo aproveché ese tiempo para hacer mi corta visita a ese precioso relicario de la galantería y esplendor coloniales. No sufrí desilusión ninguna, antes bien, creo que hubiera permanecido allí por largos años. Pero noté ya que Lima se modernizaba. Actualmente sí que, si ha perdido algo de su vieja poesía, ha ganado en progreso y sigue siendo la flor del Perú.
Sobre el Perú de hoy se han publicado algunos libros en Europa y Estados Unidos; con todo, es poco sabida su situación presente, su despertamiento. Empieza a conocerse porque tiene laboriosos propagandistas, como el Sr. Carlos Larrabure, que hace en Europa tanto bien a su patria.
El Perú que, bajo el Imperio de los Incas primero, y bajo la dominación española después, ocupaba una enorme extensión territorial, comprendiendo bajo su dominio, además del Perú actual, el Ecuador y parte de los territorios de las Repúblicas de Bolivia y Chile, vió replegarse sus fronteras cuando la emancipación del continente dió vida independiente a las citadas repúblicas. Y aun cuando disminuído nuevamente su territorio por consecuencia de la desastrosa guerra del Pacífico, que hizo pasar a manos del afortunado vencedor el inmenso departamento de Tarapacá, con su ingente riqueza salitrera, cuenta todavía con la considerable extensión territorial de 1.800.000 kilómetros cuadrados, en el que se encuentran todos los climas del mundo, en el que se aglomeran las más variadas y las más ricas producciones de los tres reinos de la naturaleza, y en el que se pasa de las llanuras arenosas y de los valles de prodigiosa riqueza agrícola de la Costa del Pacífico, a las fragosidades de la sierra, cuyos flancos están cruzados por filones de los minerales más variados; y de las altiplanicies andinas, cubiertas de pastos naturales, capaces de alimentar millones de cabezas de ganado, a los bosques seculares del Oriente, cruzado por los grandes ríos navegables, el Amazonas y sus afluentes septentrionales y meridionales, recorridos sin cesar por legiones de caucheros, explotadores intrépidos del Hevea y del Castilloa.
La región de la costa se extiende a lo largo del Pacífico, en una extensión de Norte a Sur de 2.270 kilómetros, desde la línea fronteriza con el Ecuador, hasta el territorio de Chile. Su anchura, desde el Océano hasta las primeras estribaciones de la Cordillera de los Andes, es muy variable, alcanzando un máximum de 100 kilómetros.
Esta ancha faja de territorio, dotada de un clima suave que no pasa de los 28° centígrados en verano, ni baja a más de 8° sobre cero en invierno, y en la que es casi desconocida la lluvia, que sólo se presenta bajo la forma de llovizna menuda (garna), está atravesada de Este a Oeste por numerosos ríos, torrentosos en su mayor parte, que bajan de las cumbres de los Andes, y forman una serie sucesiva de valles, en los que se cultivan, sobre todo, la caña de azúcar, el algodón, el arroz y la vid.
Puede calcularse en 321.450 hectáreas la extensión de tierras irrigadas actualmente en la región que nos ocupa. Además, los diferentes proyectos de irrigación en estudio, permitirán aumentar esa superficie en 314.982 hectáreas más.
La producción de azúcar en el año de 1910 alcanzó la cifra de 148.045.033 kilos, de los que 26.400.000 fueron consumidos en el país, y kilos 121.465.033 fueron exportados en su mayor parte a Inglaterra y a Chile, cuyas refinerías se proveen exclusivamente de azúcar peruano.
En lo que se refiere al cultivo del algodón, introducido en el Perú cuando surgió la crisis de la producción, originada por la guerra separatista de los Estados Unidos, las condiciones particularmente favorables de la tierra y del clima, superiores a las de Egipto para esta planta, han mejorado notablemente las clases diversas que fueron introducidas en aquella época, y aun se ha formado una variedad netamente nacional, que se distingue esencialmente de los demás en la aspereza de su fibra, que le da tal semejanza con la lana, que se le emplea para mezclarla con ésta en diversos tejidos, siendo necesario recurrir al análisis químico para distinguirlo.
La producción de algodón en sus diferentes clases, fué el año último de 24.005.144 kilos, de los cuales fueron exportados 21.305.144 kilos, siendo consumida la diferencia de 2.700.000 kilos por las fábricas nacionales de tejidos.
La producción de arroz en el mismo año fué de 39.409.910 kilos, y la de vino y alcohol de uva, de 12.175.639 litros.
La principal producción mineral de la costa es el petróleo y sus derivados, cuya exportación alcanzó la cifra de un millón de toneladas, a la que hay que agregar el consumo nacional.
Las producciones agrícolas de la sierra, susceptibles de recibir un impulso que decuplique su monto, cuando se desarrolle la red ferroviaria que permita la exportación, consisten principalmente en maíz, trigo, cebada y papas. Su producción en 1910, ha sido la siguiente, íntegramente consumida en el país:
| Maíz | 80.000.000 | kilos |
| Trigo | 78.000.000 | » |
| Cebada | 60.000.000 | » |
| Papas | 85.000.000 | » |
La ganadería es, sin duda, la principal industria de la sierra, después de la minera, no obstante que, sólo ahora, comienzan a introducirse en su explotación los modernos métodos científicos que, indudablemente, le comunicarán en un plazo más o menos largo, el impulso decisivo que puede convertir al Perú en uno de los primeros países ganaderos del mundo, debido a las excepcionales condiciones que para ello ofrecen las altiplanicies andinas, cubiertas de pastos naturales.
No obstante la forma empírica, por lo general, en que se explota esta industria en la actualidad, la exportación de lanas de oveja, llama y vicuña, fué el año pasado de 4.729.460 kilos.
En la actualidad, la principal riqueza de la sierra peruana es la minería. La exportación total del Perú en 1910 ha sido de 650.643 toneladas métricas, con un valor total de 1.922.460 libras esterlinas.
En estas cifras figura la exportación de cobre, ya puro o mezclado con plata, con 497.824 toneladas, con un valor de 1.231.578 libras esterlinas; siguiendo su importancia la exportación de plata, oro, vanadio, antimonio, etc. La producción principal de la región oriental, llamada La Montaña, es la goma elástica y el cauchú. La exportación del año último ha sido de 2.801.567 kilos.
La población actual del Perú está calculada en 4.600.000 habitantes, de los que hay un 64 por 100 de indios, 30 por 100 de blancos y mestizos y 6 por 100 de negros y asiáticos, lo que corresponde a una densidad de 2,6 por kilómetro cuadrado, cifra ínfima, susceptible de adquirir un gran aumento mediante la inmigración europea, dadas las riquezas naturales del país y las ventajas de su clima privilegiado.
Los medios de comunicación adquieren un desarrollo bastante rápido: numerosas líneas de vapores ponen en comunicación con Europa, tanto los puertos peruanos del Pacífico como los fluviales de la Montaña. Iquitos, el gran centro comercial peruano sobre el Amazonas, situado en el corazón de la selva, está unido al viejo continente por una línea de trasatlánticos que hacen el viaje directo desde Iquitos hasta Liverpool, con escala en Manaos, Pará, Lisboa y el Havre.
Gracias a la fundación de la compañía peruana de vapores, cuyas naves rápidas hacen el recorrido del Callao a Panamá y escalas en cuatro días, puede hoy hacerse el viaje de Lima a Londres o París, vía New-York, en diez y nueve días, en magníficos vapores que ofrecen todo género de lujosas comodidades.
El Perú dispone en la actualidad de treinta y cuatro líneas férreas en explotación, una de las cuales, la de Moliendo a Puno, atraviesa todo el territorio de la República de Oeste a Este, empalmando con el ferrocarril boliviano de Guaqui a la Paz, mediante la línea peruana de vapores del lago Titicaca que hace el trayecto de Puno a Guaqui. Siendo particularmente notable la línea férrea del Callao a la Oroya y Cerro de Pasco, por ser el ferrocarril más alto del mundo, y ser una obra maestra de ingeniería. Actualmente están en estudio o en construcción ocho nuevas líneas, de las cuales dos son de penetración: la de Paita al Marañón y la de Oroya al Ucayali.
La red telegráfica alcanza una extensión de 11.381 kilómetros, que pone en comunicación los puntos más extremos de la costa y de la sierra con la capital, empalmando en las fronteras con los telégrafos bolivianos y ecuatorianos. La Montaña está servida por telegrafía inalámbrica, que pone en comunicación directa a Iquitos con Lima. Actualmente se está construyendo en esta última ciudad una estación inalámbrica, capaz de comunicarse con Iquitos, prescindiendo de las estaciones intermedias, en una distancia en línea recta de 1.022 kilómetros.
Pronto se construirá también una red inalámbrica en la parte meridional de la Montaña. Es bueno recordar que el Perú ha sido el primer país que ha establecido la comunicación por telegrafía sin hilos a grandes distancias, a través de las selvas y de altas montañas. Las líneas telefónicas interurbanas tienen una extensión de 791 kilómetros.
El Perú no es, propiamente hablando, un país manufacturero; tiene, sin embargo, fábricas de tejidos de lana y de algodón, de ladrillos y cerámica, de papel, de sombreros, etc., así como grandes usinas de fuerza eléctrica.
Intelectualmente, el Perú ha alcanzado un desarrollo, en concordancia con su tradición de alta cultura en el continente. En la época colonial, Lima era el centro intelectual y universitario de Sud-América, en la que su hegemonía, en tal sentido, era indiscutida. Hoy, sus cuatro universidades, sus escuelas especiales de ingenieros de minas, de ferrocarriles y electricistas, de agronomía, de medicina, de comercio, artes y oficios, normales de maestras y maestros; sus múltiples instituciones literarias y científicas, entre las que se destacan el Ateneo de Lima, la Sociedad Geográfica, el Instituto Histórico y otras, dan gran impulso a los estudios científicos y literarios. Numerosos son los hombres que se han distinguido en todos los ramos del saber humano. Muchos de aquellos hombres han sido estadistas eminentes. Como hombres representativos de la mentalidad del Perú moderno y contemporáneo, se pueden citar, como jurisconsultos egregios, a José Gregorio Paz Soldán, a Francisco García Calderón, autor del monumental Diccionario de la Legislación peruana; en las ciencias médicas y naturales, a Hipólito Unanue y Sebastián Barranea; como historiadores, a Mariano Felipe Paz Soldán, autor de la historia del Perú independiente y de la guerra del Pacífico, y Manuel de Mendiburo que escribió el Diccionario histórico-geográfico del Perú colonial; a Félix Coronel Zegarra, investigador paciente y autor de monografías históricas de mucho mérito; a Eugenio Larrabure y Unanue, presidente del Instituto Histórico del Perú e individuo de la Academia de la Historia de Madrid; a José de la Rive Agüero, crítico de alta cultura y de gran erudición. Su diplomacia se ha honrado con Pando, el renombrado publicista de Derecho Internacional, con Wiesse, miembro del Instituto de Derecho Internacional en Bruselas. La lista de sus literatos y poetas sería interminable, pero entre muchos brillan Corpancho, Pardo y Aliaga, Segura, Luis Benjamín Cisneros, José Gálvez, el vibrante González Prada, y los de universal renombre en tierras de lengua castellana, que hoy sostienen la gloria literaria del Perú, así el ilustre y benemérito anciano, autor de las tradiciones, Ricardo Palma y el renombrado José Santos Chocano. Cultivadores de las ciencias filosóficas ha habido, como ese joven cerebro privilegiado que brilla aquí en París mismo en los centros de Filosofía, y que ha escrito sobre el Perú contemporáneo un libro hermoso y sapiente: me refiero a Francisco García Calderón y Rey; Mariano H. Cornejo, orador, diplomático y filósofo, cuyo tratado de psicología, traducido del francés, ha obtenido brillante acogida en el Continente; como pintores han sobresalido a mediados del siglo pasado, adquiriendo un nombre de primer orden, Montero, Merino, Lazo y Suárez, y más recientemente, Vaca Flor, Hernández, Astete, Jiménez y Castillo.
Las damas, entre sus flores de graciosa belleza, han tenido también flores de intelectualidad. Actualmente, en Europa, la señora Aurora Cáceres justifica los lauros de sus antiguas compatriotas ilustres.
Y el Perú, para concluir con un heroico recuerdo, ha tenido en el siglo xx su Icaro: Chávez.
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