Kitabı oku: «Alimentación vegana»
Ruediger Dahlke
Alimentación vegana
Una opción pacífica para tu salud y la del planeta
30 sabrosas recetas veganas de Dorothea Neumayr
Traducción de Eva Nieto

NOTA IMPORTANTE: en ocasiones, las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal. Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactas y ciertas en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.
Título original: Peace Food. Wie der Verzicht auf Fleisch und Milch Körper und Seele heilt.
© GRÄFE UND UNZER Verlag GmbH, Múnich, 2011.
© de la traducción: Eva Nieto, 2012
© de esta edición: RBA Libros S. A., 2012.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona
rbalibros.com
Primera edición: noviembre de 2012
REF.: OEBO957
ISBN: 9788491180197
Queda rigurosamente prohibida, sin autorización por escrito del editor, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.
Contenido
Sorprendentes posibilidades para estar sano
PRIMERA PARTE.
ENFERMAR DEBIDO AL CONSUMO DE CARNE Y PRODUCTOS LÁCTEOS
El pionero: The China Study
Enfermedades cardiovasculares a causa de la proteína animal
El colesterol: un problema fundamental
Los productos lácteos favorecen (no solo) el cáncer
Dos tipos de carbohidratos: de mínimo valor y de valor integral
Enfermedades cancerosas y sus causas
El carácter nocivo de la grasa animal
Enfermedades autoinmunes: ¿qué sucede en el cuerpo?
El avance de la obesidad y la diabetes de tipo 2
Cómo perder peso sin dietas nocivas
Osteoporosis: un problema de los consumidores de leche
Se pueden frenar las enfermedades asociadas a la edad
Las grandes ventajas de la alimentación vegana
¿Muerto o vivo? ¿De qué se trata realmente?
Una mirada retrospectiva a la historia de nuestro desarrollo
La cuestión del pescado
SEGUNDA PARTE.
EL SUFRIMIENTO DE LOS ANIMALES
Guerra contra los peces
Vacas desesperadas
El matadero: no son bien recibidas las miradas críticas
Marranadas modernas
Los efectos que ejerce sobre nosotros el sufrimiento animal
De la granja a la fábrica de animales
Los consumidores tienen fuerza
Para la salud del planeta
Un motivo para la esperanza
TERCERA PARTE.
LO MEJOR PARA EL CUERPO Y LA MENTE
El sol como fuente de salud
El ayuno como terapia hormonal
Serotonina, la fuente de la felicidad y el bienestar
Algo más sobre lo que es mejor para el ánimo y la salud
Triplicar la energía durmiendo
Pasos hacia un nuevo mundo vegano
Comer en tiempos radiactivos
Respaldo de las religiones del mundo
CUARTA PARTE.
RECETAS VEGANAS PARA UNA VIDA FELIZ
Una forma de vida ideal
Epílogo
ANEXO
Verdura cruda como respaldo de la serotonina
Notas
Libros de Ruediger Dahlke
CD de Ruediger Dahlke
Direcciones útiles
Agradecimientos
Citas célebres
Sorprendentes posibilidades para estar sano
En una época como la nuestra, en que la información se transmite a gran velocidad y es más accesible que nunca, llama la atención el hecho de que todo nuevo conocimiento tenga que batallar durante muchísimo más tiempo para calar en la opinión general. Este libro aspira a contribuir a que un gran número de personas comprenda algunos descubrimientos médicos revolucionarios, concernientes sobre todo a alimentación, formas de vida y aprovechamiento de la energía solar.
Los conocimientos actuales sobre el cuerpo y la mente nos permiten reforzar nuestra salud hasta límites sorprendentes. Es algo que he podido comprobar en mí mismo y en muchos de mis pacientes, por lo que me siento muy agradecido y quisiera transmitirlo. Hoy, no solo podemos alcanzar una edad mucho más avanzada, sino que, además, podemos hacerlo con mejor calidad de vida. Es posible que estos conocimientos choquen contra creencias enquistadas, que en un principio produzcan rechazo, por eso es tan importante estar dispuesto a abrir la mente y tener buena voluntad para asumir los cambios.
Así como el equilibrio psíquico es muy importante para la salud, también podemos ejercer sobre ella una increíble influencia, tanto positiva como negativa, por medio de la alimentación. Se ha generado una gran cantidad de estudios científicos cuyos resultados muestran los efectos de los componentes animales en nuestra alimentación, y dichos estudios son tan claros como alarmantes.
En más de una ocasión, se me ha echado en cara no haberme basado suficientemente en la ciencia. Aun cuando, por mi parte, lamento el escaso interés que se percibe en las ciencias naturales por los aspectos anímicos, debo decir que la ciencia me ha fascinado siempre, y no he abandonado mi ya antiguo intento de interpretar sus resultados para relacionarlos con la mente y, por tanto, con nosotros mismos. Además, me siento muy agradecido y satisfecho, ya que existe una buena cantidad de estudios muy convincentes que muestran, por ejemplo, los efectos de los alimentos sobre la salud. De ellos me he servido gustosamente para justificar ciertas cuestiones que son, desde hace mucho tiempo, muy importantes para mí. A lo largo de esta obra se irán mencionando esos estudios.
Después del capítulo dedicado a las enfermedades y su trasfondo físico, incidiré en la situación previa de los animales que llegan a los platos de las personas. Advierto de entrada que leer esos párrafos puede resultar muy duro para mucha gente, pero considero imprescindible sacar a la luz estas situaciones tan crueles. Muchos devoradores de carne no tienen ni idea de lo que sucede tras las puertas cerradas de los mataderos; si supieran lo que ocurre allí, no volverían a comer ni un solo pedazo de carne. A quienes les resulte especialmente insoportable la lectura de esos pasajes, les recomiendo que los tomen como un ejercicio de confrontación con su sombra, pues la moderna cría de animales y los mataderos nos sitúan ante nuestras sombras (miedos) más profundas. Cuando sentimos que algo nos disgusta y nos provoca rechazo, es que tiene mucho que ver personalmente con nosotros mismos y con el «principio de la sombra». Mi libro titulado con ese mismo nombre, Das Schatten-Prinzip, explica claramente esta relación.
Yo preferiría contar el lado esplendoroso de una vida vegana (es decir, una alimentación sin ningún producto animal), en armonía con la naturaleza, en la que los animales libres se acurrucan en nuestro regazo cuando meditamos al aire libre, pues ellos captan y perciben unas vibraciones de las que no se desprende ningún peligro. Me gustaría hablarles con detalle de los bishnoi, un pueblo del Rajastán indio que ha sabido construir un pacífico entorno en los lindes del desierto. En su territorio, las gacelas salvajes llegan hasta el centro de la aldea para jugar con los niños. Son 29 las reglas que rigen su vida y que, por ejemplo, prohíben matar a personas o animales, así como la tala de árboles. Ellos viven en su pequeño paraíso desde hace quinientos años. Este es un sueño, por supuesto vegetariano, en una diminuta parte del mundo.1
Como los bishnoi, tenemos que ponernos manos a la obra para terminar con la situación enfermiza de nuestro mundo. Si lo hacemos de forma conjunta podremos reforzar y hacer crecer la luz tanto en nosotros mismos como en el planeta.
La tercera parte de este libro nos lleva directamente a la creación de un mundo mejor, dentro y fuera de nosotros. Nos mostrará caminos en los que con pocas y pequeñas adaptaciones podremos dar impulsos decisivos a nuestra vida en pos de la salud, la vitalidad y la dicha. De hecho, no se necesita mucho para permitirse disfrutar de ciertas dosis de felicidad, y para mí es una verdadera alegría poder mostrar pequeños trucos que nos ayudarán a descubrir los grandes secretos de la felicidad.
DIETA DE LA PAZ, PARA NOSOTROS Y EL MUNDO
«Dieta de la paz» es una expresión cargada de implicaciones, no en vano afecta a muchos niveles. Si queremos encontrar paz interior, debemos dejar de recargar nuestra vida con las hormonas del miedo y el estrés procedentes de la carne de animales de matadero. Si deseamos conseguir paz exterior en este mundo, todas las personas deberían tener suficiente comida, y eso es algo que se puede conseguir fácilmente si renunciamos al consumo de productos animales. La tortura y el martirio de los animales es inconcebible. Pero, además, la paz no incumbe solo a las personas y los animales, sino que es necesario extenderla a la Madre Tierra. Un cambio de alimentación a escala mundial podría ayudar de forma decisiva a prevenir las catástrofes climáticas. En lugar de declarar la guerra a nuestro propio cuerpo, a otras personas, a los animales y a la Tierra, podríamos firmar la paz y, además, realizarlo sin necesidad de dejar de comer.
UN EJEMPLO DESTACADO: BILL CLINTON
Hace relativamente poco, Bill Clinton, expresidente de Estados Unidos, afirmó ante las cámaras de televisión que renunciaba a comer animales para tener la oportunidad de ver crecer a sus nietos. El expresidente declaró que se había sumado al grupo de gente que desde 1986 había notado cómo sus cuerpos comenzaban a sanar sin más cambios que pasarse a una alimentación basada en el consumo de vegetales y plantas. A raíz de adoptar una alimentación carente de colesterol, este les había disminuido, y habían desaparecido los trombos arteriales y los depósitos de calcio alrededor del corazón en un 82 % de las personas que llevaron a cabo los cambios nutricionales. De hecho, nuevos estudios señalan que las afecciones cardiovasculares, como las que padece Bill Clinton, remiten gracias a una dieta adecuada.
Con la alimentación y otras sencillas medidas, incluso el riesgo de cáncer se puede minimizar, así como casi todas las llamadas «enfermedades de la civilización», a la vez que, dicho sea de paso, se podrían empezar a solventar muchos problemas relacionados con la comida, el clima y la ecología de nuestro planeta. Se trata de una gran promesa que usted, lo mismo que Bill Clinton, puede hacer realidad.
MENTE, SOL Y ALIMENTACIÓN
Durante tres décadas me he dedicado intensamente a estudiar el efecto del equilibrio mental sobre la salud y he escrito libros como La enfermedad como símbolo, una obra de consulta sobre los síntomas de las enfermedades. Este libro, por sí solo, ha contribuido a que mucha gente tendiera el puente que une el cuerpo y el espíritu. En una sociedad basada en el materialismo y con una medicina dedicada exclusivamente al cuerpo, se aprecian especialmente los influjos materiales y, por el contrario, se infravaloran los espirituales. Un ejemplo nos puede ayudar a entenderlo: hoy en día, casi todo el mundo sabe que el tabaco perjudica la salud. De cien carcinomas bronquiales, el tipo más frecuente de cáncer de pulmón, noventa de ellos se dan en fumadores. Y nadie se sorprende. Pero, entre cien fumadores habituales, ¿cuántos de ellos van a sufrir un cáncer de pulmón a lo largo de su vida? ¡Solo dos!, lo cual parece desconcertante. Y es que ambos resultados pueden presentarse de forma muy distinta. El 90 % es algo conocido por casi todas las personas, mientras que ese 2 % permanece escondido en la sombra, pues se trata de algo desconocido que no se ajusta al concepto del espíritu de la época actual, que subraya mucho lo material y no contempla lo espiritual.
Hoy sabemos lo siguiente: de cada cien personas que en la segunda mitad de su vida pierden a su pareja de muchos años, más del 60 % desarrolla un cáncer al cabo de un año de la pérdida. La conclusión es evidente: las influencias materiales (como podrían ser los productos condensados que exhalan los cigarrillos) siempre han existido, pero no son tan importantes como las espirituales. En mis libros dedicados a la interpretación de los cuadros clínicos se muestran los significados de los síntomas físicos y psíquicos junto a las funciones de aprendizaje y evolución que se basan en ellos.
De un modo sorprendente e inesperado para muchos científicos, un estudio mostró la diferencia entre los factores físicos y de otro tipo en la aparición de ciertas enfermedades. En Suecia se estudió a los padres biológicos de niños adoptados y se investigó la influencia de la aparición de eventuales afecciones cancerosas comunes entre padres e hijos: se estudió la probabilidad de que los niños adoptados padecieran las enfermedades genéticas transmitidas por sus padres biológicos. ¡Era inexistente!
Sin embargo, sí existía una conexión entre el cáncer de padres adoptivos y de niños adoptados con los que genéticamente no tenían ninguna relación. El cáncer en los padres adoptivos multiplicaba por cinco la probabilidad de que lo padecieran los niños adoptados.
Al parecer, es mucho más decisivo el entorno en el que vivimos que los genes que portamos. Y ese entorno viene dado tanto por el punto de vista mental como social, así como, desde luego, por la influencia de la alimentación y el medio ambiente. Ya en el año 1981 los investigadores ingleses Doll y Peto, de la Universidad de Oxford, mostraron que solo del 2 al 3 % de los casos de cáncer estaban relacionados con la herencia.2
También resulta muy sorprendente lo que hoy por hoy indican las nuevas orientaciones de la epigenética:3 los genes se pueden conectar y desconectar a fuerza de experiencias mentales, de las influencias del medio ambiente, de las condiciones sociales de vida, de la alimentación y del clima, como podría ser la radiación solar. Por lo tanto, el entorno es mucho más decisivo de lo que pudiéramos creer hace un tiempo. Si antes los investigadores pensaban que los genes controlaban las células y, a través de ellas, los tejidos y los órganos, hoy en día debemos aceptar que ocurre justamente lo contrario: el medio ambiente controla de forma decisiva las células y, en ellas, los genes.
Los numerosos trabajos sobre la vitamina D (que se ha clasificado como hormona, lo que hace que la piel sea un órgano endocrino con carácter de glándula) reflejan, por ejemplo, unos efectos sorprendentes del sol sobre nuestra salud. Está demostrado que el sol ayuda a que nuestra piel active la vitamina D, puesto que es capaz de llegar a las células en las que, según sabemos desde hace relativamente poco, están situados casi todos los receptores especiales de vitamina D. Allí, la vitamina puede influir (en el sentido de estabilizar) de forma muy precisa en el ADN, nuestro bagaje hereditario, y evitar de esa forma tanto el cáncer como otras enfermedades crónicas; incluso se ocupa de que, una vez que se ha declarado el mal, su evolución sea más benigna. Más adelante ofreceremos información abundante sobre el sol y la vitamina D (página 36).
Tanto las influencias mentales como las nutricionales, junto con la radiación solar, pueden tener una enorme influencia en la salud, circunstancia que, hasta la fecha, nadie podía o quería imaginar. Podría pensarse que la medicina convencional ha ignorado de forma consciente y durante siglos la mente, el sol y la alimentación, los tres factores más importantes para la conexión y desconexión de los genes.
Es probable que las sustancias que desencadenan o favorecen el cáncer también sigan el mismo camino. El conocimiento de que el desencadenante del cáncer son las modificaciones producidas en el ADN es algo que se sabe desde hace mucho tiempo.
Resulta evidente que nuestro organismo no funciona como la maquinaria de un reloj, tal y como pensó Descartes, sino que es una verdadera maravilla en cuanto a su complejidad, en la que los niveles biomecánicos colaboran estrechamente con los fisiológicos y mentales. Por lo tanto, no existe un único motivo desencadenante de un cáncer, sino que intervienen otros muchos factores.
LO QUE PODEMOS CONSEGUIR POR MEDIO DE LA ALIMENTACIÓN
Tengo muy presente que el equilibrio psicológico es de gran importancia para la salud; en mi opinión, ocupa el primer lugar. Por eso, llegados a este punto, me gustaría hablar de los resultados de diversos estudios realizados por investigadores como Colin Campbell, autor de The China Study (El estudio de China, ed. Sirio, 2012), obra a la que voy a referirme con frecuencia en este libro; también me referiré a Caldwell Esselstyn y Dean Ornish y a sus estudios referentes a la alimentación; así como a Jörg Spitz y William Grant, que complementan la cuestión de la vitamina D y nos hacen tomar conciencia tanto del aspecto mental como del físico. El escritor Jonathan Safran Foer, con su libro Comer animales,4 me ayudó mucho a descorrer una cortina para mostrar al mundo cómo funciona la producción de alimentos de origen animal. Aun cuando esta visión pueda ser repugnante, espantosa y angustiosa, no podemos dejarla de lado durante mucho más tiempo. Estoy francamente agradecido a todos los autores citados por su animosa apuesta.
Como dietista y naturópata, siempre he subrayado a mis pacientes la importancia de una alimentación saludable. Desde el comienzo de mi actividad médica he abogado por una alimentación adaptada a la especie, integral y, en el sentido de la medicina tradicional china, adecuada a cada tipo; desde hace cuarenta años soy un partidario convencido de la alimentación vegetariana. En la actualidad, se ha demostrado (sobre todo gracias al trabajo de Colin Campbell) la necesidad de un completo cambio en el pensamiento científico fundamentado en la enseñanza nutricional. Ese cambio puede tener efectos espectaculares en el tratamiento de dolencias tan extendidas como son las afecciones cardiovasculares, el cáncer y, sobre todo, el amplio espectro de las denominadas enfermedades de la civilización, como la diabetes de tipo 2. En este libro me gustaría acompañar al lector en un viaje que le ayude a cambiar su forma de pensar, en principio en beneficio propio, tal y como hizo Bill Clinton. A mí me fue muy fácil modificar mi alimentación mientras leía The China Study. Si usted quisiera hacer algo semejante, esta lectura podría ser un gran regalo, el mayor de todos: el descubrimiento consciente de lo que podría hacer por este mundo. A mí me parece que, después de los innumerables escándalos de la carne contaminada detectada en múltiples países, de las orgías tóxicas en la comida y los consumidores, así como de los virus de gripe porcina y aviar, ha llegado el momento de cambiar nuestro enfoque conceptual y empezar de nuevo. Este cambio podría comenzar poco a poco, entre los individuos, para luego extenderse como un reguero de pólvora, de boca en boca, de corazón a corazón.
Para concluir, conviene tener en cuenta que existen posibilidades con base científica de dar una orientación razonable a las dietas insensatas, aprovechar el sol como fuente de energía y, en general, hacerlo todo más fácil, tanto para nosotros mismos como para los demás. Siento una gran satisfacción al poder tomar la palabra, y eso a pesar de que en este viaje deberemos enfrentarnos a aspectos realmente difíciles para los que, quizá, lo mejor sería cerrar los ojos y continuar con nuestra vida tal y como ha discurrido hasta ahora. Está claro que esto no puede ni debe seguir así. Al fin y al cabo no solo se trata de nosotros, sino también de los animales y del medio ambiente.
Naturalmente, esta gran empresa contiene en sí misma una enorme sombra: la de la mala conciencia que surge entre las personas que comen carne, que continuarán haciéndolo igual que antes y que aceptarán conscientemente toda esta miseria. Pero mi gran esperanza se basa en que usted sea capaz de tomar el camino adecuado y, además, que consiga hacerlo a tiempo.
CON PEQUEÑOS PASOS SE CONSIGUEN GRANDES COSAS
Este libro puede y quiere ser la base de la creación de un lobby de la salud, y la semilla para continuar ampliando el terreno de la salud contagiosa. Se van a mostrar caminos sencillos, propicios y saludables con el fin de conseguir una vida larga y gozosa, y para eso se utilizarán los resultados de las investigaciones más modernas. Como se verá, sobre todo deberemos desechar muchas costumbres, lo que, por otro lado, nos ayudará a ahorrar; en cambio, habrá que servirse de otros hábitos, por ejemplo tomar el sol de forma controlada y sensata, y utilizar nuestros conocimientos sobre las hormonas, los neurotransmisores y componentes de la alimentación tan importantes como los antioxidantes. De hecho, este libro es un ataque contra los prejuicios y las excusas, y nos puede servir para reducir considerablemente las excepciones con las que nos solemos autoengañar.
Es bastante complicado renunciar a lo que apreciamos, pues las costumbres son como amplias autopistas por las que se circula con gran comodidad. En cambio, los nuevos conceptos necesitan tiempo hasta obtener suficientes seguidores y crecer por sí mismos. Las oportunidades que tenemos para ser pioneros en un nuevo ámbito de la salud y, de entrada, salvarnos a nosotros mismos, dependen del entendimiento y de un cambio apoyado por estudios científicos. Pero no se trata solo de cambiar para nuestra propia satisfacción, sino porque nuestros hábitos alimenticios tienen dramáticos efectos en muchos niveles. El físico Stephen Hawking lo dijo con toda sencillez: «Todas las fuerzas son transmitidas por campos».5 Y esto debería ser válido más allá de la física cuántica. A medio y largo plazo se trata realmente de la supervivencia del colectivo humano y, en último término, del planeta Tierra.
En realidad, esta ambiciosa empresa es más sencilla de conseguir que el establecimiento de una amplia psicosomática holística que incluya dimensiones espirituales, tal y como tuve la posibilidad de comprobar con la interpretación de los cuadros clínicos en otro libro. Actualmente, ya existen masivos respaldos científicos, aunque, al contrario de lo que ocurría en tiempos pasados, también se cuenta con un amplio espectro de consorcios industriales (desde el farmacéutico hasta el de la cosmética, pasando por la industria alimentaria). Aun cuando mi concepto de medicina psicosomática choca con la industria farmacéutica, no pretendo realizar un ataque directo contra esta. Las nuevas enseñanzas sobre nutrición conducen a un enfrentamiento con los productos de la poderosa industria de la carne y la leche.
Las increíbles oportunidades que veo en este campo se refieren a las grandes plagas que azotan a los seres humanos, víctimas de enfermedades cada vez más frecuentes y severas, que los afectan tanto física como mentalmente. Eso hace que la denominación «psicosomatismo» resulte muy adecuada. Por ahora nos vamos a referir a los estudios científicos relativos a las principales enfermedades, y me gustaría presentarlos de forma sencilla para que resulten fáciles de comprender.
Podrá encontrar las indicaciones más importantes al final del capítulo a modo de resumen resaltado visualmente. Así le bastará un simple y rápido vistazo para ver la información sobre los resultados de estudios relativos a la alimentación. Además, en la tercera parte del libro podrá consultar una práctica guía sobre la alimentación vegana con la información fundamental.
PRIMERA PARTE
El pionero: The China Study
Todos los aspectos relacionados con la mente, así como los efectos de la alimentación y la fuerza sanadora del sol, han sido desatendidos durante mucho tiempo mientras nos poníamos en manos de la industria alimentaria. A pesar de los perjuicios causados por esta última, se han acabado imponiendo los intereses comerciales. Pero en la actualidad contamos con estudios modernos, llevados a cabo durante mucho tiempo y con gran número de participantes, como The China Study, del profesor T. Colin Campbell y su hijo Thomas M. Campbell, que nos permiten conocer unas estimaciones totalmente distintas en cuanto a los riesgos clínicos que puede causar la alimentación.6 Este trabajo, que vio la luz en 2004, ha contribuido a cambiar mucho las cosas. Aunque el núcleo de los estudios se centra en la China rural, las conclusiones traspasan las fronteras chinas: sin dejarse intimidar por la enorme cantidad de datos, cifras y resultados, nos dan una visión general de la influencia que tiene la alimentación en la incidencia de ciertas enfermedades. Uno de los aspectos más destacados del estudio es no solo haber abarcado una enorme extensión del territorio chino, con una gran cantidad de participantes, sino que también permite evaluar una gran diversidad de aspectos relacionados con la alimentación. Mientras que los estudios occidentales se basan, como es lógico, en participantes occidentales, que consumen bastante o mucha carne, The China Study también trabajó con personas escasamente carnívoras y, por tanto, sustentadas por una alimentación abundante en vegetales.
Los resultados de los estudios occidentales relacionados con la dieta vegetariana han dejado muy claros sus beneficios para la salud. Hace ya muchos años que el Centro Alemán de Investigación Oncológica de Heidelberg concluyó que las personas vegetarianas tenían menor tendencia a las afecciones cancerosas, y eso que muchas ingerían proteína animal en forma de productos lácteos.
La posición de los Campbell es la siguiente: «Lo que hace tan convincente el efecto de la alimentación sobre la salud es el volumen de pruebas científicas. […] No podemos afirmar que todo se refiera a la casualidad, datos inservibles, investigación parcial, estadísticas mal interpretadas o números falseados. Los hechos son sencillamente contundentes».7
Esta nueva colección de estudios ha conseguido modificar el concepto mundial de la nutrición, y lo ha hecho de una forma científica muy convincente. Por supuesto, siempre ha habido gurús de la alimentación, como Bircher-Benner, Kollath, Waerland o Broker, que recomendaban una alimentación basada casi exclusivamente en los vegetales, pero no contaban con el apoyo de investigaciones científicas del tipo The China Study.
Como no podía ser de otra manera, el estudio ha sufrido críticas de determinados grupos cuyas objeciones se basan en la gran cantidad de participantes, lo que supone un disparate. Campbell siempre ha reaccionado de forma muy científica y ha podido demostrar que todas las críticas carecen de base científica y que, en muchas ocasiones, han sido provocadas por intereses evidentes.
¿CÓMO HACER CAMBIOS EN LA ALIMENTACIÓN?
A pesar de que existe un gran número de pruebas sustentadas por la ciencia, la pregunta es la siguiente: ¿Podemos cambiar tan rápidamente de hábitos como lo hizo Bill Clinton? Este hombre, después de dos operaciones de corazón, tenía a su favor la ventaja de carecer de alternativas y de contar, además, con la motivación que le suponía su hija Chelsea. Tuvo que abandonar todos los «clásicos» de la alimentación norteamericana, aunque el expresidente era, como se sabe, un reconocido fan de las hamburguesas. Según sus propias declaraciones, confiaba en los nuevos estudios y en las personas que los realizaban; esos son los resultados que voy a mostrar a continuación. Al parecer, Clinton se sintió más fortalecido por sus malas experiencias que por las recomendaciones de los autodenominados «expertos» que, según se puede comprobar cada vez más en el ámbito de la medicina, pertenecen a menudo a grupos de interés (como el de la industria alimentaria) y, por tanto, tienen sobrados motivos para mantenerse en posiciones seguras que les reporten ganancias. Uno de los fracasos más tristes de nuestro sistema sanitario es que los médicos se benefician de la enfermedad en lugar de hacerlo de la salud.
Pero merecer la salud no es tan sencillo como pudiera parecer, lo que supone un reto para médicos y terapeutas. La salud, por desgracia para nosotros, tiene poco de «grupo de presión», y eso es algo que puede ir cada vez a más porque en la actualidad aumentan los casos de muertes por afecciones cardiovasculares, cáncer, diabetes o demencia, y esas personas mueren «la mayoría de las veces en hospitales o asilos, en lugar de hacerlo en sus propias camas como fruto de la decrepitud».8
Resumen:
Gracias a The China Study contamos con una gran cantidad de resultados de investigaciones sobre la influencia de la alimentación en las principales enfermedades de nuestro tiempo.
Enfermedades cardiovasculares a causa de la proteína animal
Las enfermedades cardiovasculares se han convertido en los últimos años en una de las causas más frecuentes de muerte en los países occidentales, aun cuando en muchas ocasiones esto se percibe muy subjetivamente. El miedo de las mujeres modernas al cáncer de mama, por ejemplo, es seguramente muy superior al que sienten frente a las afecciones cardíacas, y eso a pesar de que el riesgo de morir por problemas de corazón es ocho veces superior al de hacerlo por cáncer de mama. Esta percepción se debe en gran medida a que en la cuestión del cáncer se han forzado enormemente los denominados reconocimientos preventivos, que en realidad son solo una serie de medidas de diagnóstico precoz, mientras que los infartos se han dejado de lado, sobre todo en las mujeres. La realidad es que se trata de un tema que apenas tiene importancia para la opinión pública. Tras los problemas cardiovasculares, el cáncer ocupa el segundo puesto de causas de muerte, mientras que en tercer lugar están los fallecimientos provocados por errores médicos.
CORRELACIONES EVIDENTES DESESTIMADAS POR LA CIENCIA
Los problemas cardíacos constituyen una amenaza real, independientemente del sexo o la raza de la persona. Las enfermedades del corazón se desarrollan a lo largo de toda la vida, como sabemos desde hace mucho tiempo. Casi un 80 % de los jóvenes soldados norteamericanos caídos en la guerra de Corea padecían arteriosclerosis, lo que permite aventurar que en breve se les podría haber presentado alguna afección cardíaca.
Las investigaciones más recientes muestran lo peligrosos que son los depósitos arterioscleróticos que, aunque no sean demasiado grandes, hacen que los vasos coronarios se estrechen y se reduzcan hasta la mitad de su tamaño. Sin embargo, la historia que comento a continuación deja patente lo lentos y costosos que re-sultan los conocimientos científicos cuando no se corresponden con intereses económicos: en 1946, un médico californiano llama-do Lester Morrison constató que una reducción moderada del consumo de grasa y carne de animales podía elevar considerablemente las cuotas de supervivencia de los pacientes afectados por infartos cardíacos. En 1948 comenzó el «Estudio Framingham» en una pequeña ciudad en los alrededores de Boston, Massachussets. Hoy en día, ya en su cuarta generación, mantiene su validez con más de 15.000 participantes y más de 1.000 publicaciones científicas a las que debemos buena parte de nuestros conocimientos acerca de enfermedades cardiovasculares. Gracias al estudio sabemos mucho sobre los factores de riesgo, como pueden ser un elevado nivel de colesterol y una tensión sanguínea alta, el tabaquismo, el sobrepeso y la falta de ejercicio físico. Por aquel entonces casi no se tenía en cuenta la alimentación. Unos diez años después, en 1956, los investigadores Lyon, Yankley y Gofman comprobaron que los pacientes con avanzados problemas de corazón mostraban unos índices de mortalidad cuatro veces más bajos si se sometían a una dieta pobre en grasas y colesterol. Estos estudios hicieron que ambos, el colesterol y la grasa, cayeran bajo sospecha y se comenzara a hablar de ellos. Hoy en día sabemos que son la expresión de una dieta basada predominantemente en proteína animal. El organismo intenta impermeabilizar las microfisuras vasculares, provocadas por el estrés y la hipertensión, y reforzadas por la carencia de vitamina C, con ayuda de proteína y colesterol. A eso hay que añadir, además, la cal, por lo que el fenómeno ha recibido el nombre de calcificaciones arteriales.
Si comparamos los índices de mortalidad de las enfermedades cardíacas coronarias en diversos países, descubriremos que se elevan más cuanto mayor es la cantidad de productos animales que aparecen en su alimentación. La lista está encabezada por los estadounidenses, con más de 700 muertes por cada 100.000 habitantes; en Alemania se cuentan menos de la mitad, unos 300; Austria y Suiza se encuentran justo debajo; Japón, con un consumo bastante reducido de carne, arroja un total de 100 casos; en Papúa-Nueva Guinea la cantidad es muchísimo más baja, como atestiguan diversos estudios. Los habitantes las tierras altas de Papúa consumen muy pocas cantidades de proteína animal y grasas, y en contraposición ingieren buah merah, un aceite extraído de un tipo de pandanáceas (Pandanus conoideus) que en toda Indonesia es considerado como «remedio milagroso», incluso para tratar enfermedades hepáticas o cancerosas. Hace ya algunos años, durante un viaje a Bali, este producto me llamó mucho la atención por su coloración extremadamente roja: me decidí a probarlo y desde entonces lo he recomendado con buenos resultados a diversos pacientes. El problema es que la Unión Europea está cerrada a todos los remedios que procedan de «fuera de Europa», lo que obliga a conseguirlos por vías indirectas.9
PIONEROS VALIENTES
En la ciudad estadounidense de Cleveland, Ohio, un animoso médico e investigador dio un gran paso adelante. El doctor Caldwell B. Esselstyn, tras once años de actividad quirúrgica, afirmó que había perdido toda la ilusión en lo relativo a los modernos tratamientos de las afecciones cardiovasculares y del cáncer. Pensaba que muchas personas no padecen realmente enfermedades cardiovasculares, sino afecciones claramente relacionadas con el tipo de alimentación.
En un estudio propio, iniciado en 1985, utilizó dietas pobres en grasas y ricas en vegetales y alimentos integrales: sus resultados fueron espectaculares (solo se utilizaron fármacos químicos para provocar un mínimo descenso del colesterol). Los pacientes tuvieron que renunciar a la ingesta de carne, pescado, aceites y productos lácteos, exceptuando la leche desnatada y los yogures bajos en grasa. Al cabo de cinco años prescindió por completo de los últimos productos lácteos. La motivación de sus 18 pacientes estaba seguramente más respaldada por el miedo que por la esperanza, pues en los ocho años anteriores al estudio ya habían padecido severos problemas cardíacos, como infartos, angina de pecho e incluso algún ataque de apoplejía, y habían sido sometidos a operaciones quirúrgicas. Al comenzar el estudio, el nivel medio de colesterol estaba situado en 246 mg/dl, y durante la investigación bajó hasta los 132 mg/dl, muy por debajo de las directrices de la medicina convencional, que lo sitúan en 150 o incluso 200 mg/dl.
Pero lo más decisivo fue que durante los once años de control, un solo paciente, que se apartó de la dieta durante dos años, volvió a padecer una angina de pecho (en los ocho años anteriores había tenido un total de 49 problemas cardíacos). Ese paciente tornó a la dieta e inmediatamente después fue perdiendo de vista todas sus afecciones cardiovasculares.
Esselstyn pudo demostrar que las enfermedades no solo se pueden detener a edades avanzadas, sino que pueden llegar a remitir en el 70 % de los casos si se practica una alimentación vegana. Los pacientes que aceptaron ser sometidos a una angiografía (es decir, una representación en rayos X de sus vasos sanguíneos) pudieron comprobar en unas impresionantes imágenes que sus vasos obstruidos habían vuelto a despejarse.
Durante los dos primeros años, cinco de los pacientes se retiraron del grupo, que originalmente estaba compuesto por 23 personas, y regresaron a su alimentación normal de tipo norteamericano. Hasta el año 1995 estas cinco personas sufrieron un total de diez problemas cardíacos graves; en cambio no hubo ningún contratiempo entre los que se mantuvieron fieles al grupo y siguieron de forma perseverante todas las pautas fijadas por Esselstyn.10 El resultado del estudio fue un rotundo éxito en la historia de la medicina occidental en su combate contra las enfermedades cardíacas. El doctor Esselstyn merece todo nuestro reconocimiento y gratitud, pues sus investigaciones, además de pioneras en su campo, han conseguido salvar más vidas humanas que otras realizadas por científicos que han logrado avances mínimos pero, en cambio, han sido exageradamente publicitados. Así, el reconocimiento real que Esselstyn debería haber obtenido casi no se vio, porque su investigación no provenía del círculo admitido por la comunidad científica. La última persona que obtuvo un premio Nobel en la rama científica sin que sus publicaciones se hubieran generado en el seno de una universidad fue Albert Einstein.
Otro pionero fue el doctor Dean Ornish, quien, en 1990, realizó un estudio con 28 pacientes a los que les hizo cambiar de estilo de vida al mismo tiempo que trataba a otros 20 pacientes con un programa típico de medicina convencional. Los 28 primeros fueron alimentados con una dieta vegetariana en la que tan solo el 10 % de las calorías procedía de grasas. Podían comer tanto como desearan siempre que se tratara de fruta, verdura y cereales. Los productos animales estaban prohibidos, con la excepción de una clara de huevo y una taza de leche desnatada al día. Además, estaban obligados a hacer ejercicio físico tres horas a la semana y a practicar durante una hora diaria distintos métodos de control del estrés. Igualmente, asistían a charlas dos veces por semana.
En el primer año del estudio, la vitalidad de los pacientes aumentó significativamente al tiempo que disminuían las dolencias cardíacas. Los niveles de colesterol pasaron de 227 a 172 mg/dl y el colesterol LDL, supuestamente «peligroso», de 152 a 95 mg/dl. Las condiciones cardíacas eran más favorables cuanto más estricto era el paciente en el respeto de las recomendaciones. El 82 % experimentó una mejoría considerable en sus problemas vasculares, y solo en el transcurso de un año.
En los 20 pacientes del grupo de control, sometidos a una terapia normal en la medicina convencional, se observó, como se preveía, que se agravaban los dolores en el pecho, así como la frecuencia y la gravedad de los ataques. Expresado en cifras: mientras que el grupo de estudio experimentó un retroceso en la frecuencia de sus dolencias de un 91 %, en el grupo de control aumentó hasta el 165 %. En lugar de disminuir, en el grupo de control se mantuvieron los bloqueos arteriales. La comisión ética que tenía a su cargo la supervisión del estudio debería, en aras de la justicia, haber prohibido el tratamiento convencional, lo mismo que se tendría que hacer con el que siguen millones de personas en todo el mundo. Por desgracia, esas comisiones de ética solo tienen, hasta la fecha, el objetivo de apoyar el statu quo de la medicina convencional y no el de los pacientes.
ÉXITO GRACIAS A UN PROGRAMA DE ESTILO DE VIDA
Mientras tanto, el problema en Estados Unidos ha llegado al extremo de que ya a partir del año 1993 se empezaron a seleccionar enfermos del corazón para tomar parte en seminarios de estilo de vida. A pesar de eso, en 1998 solo los habían seguido 200 pacientes. Pero eso sí, el 65 % de ellos, que parecían destinados a tratamientos con métodos quirúrgicos, se sintió libre de dolores al cabo de un año y así se mantuvo en los tres años posteriores al estudio. El éxito fue tan rotundo que en 1998 al menos 40 aseguradoras se mostraron dispuestas a asumir los costes de los seminarios. Estos costes eran muy bajos por comparación, pues Ornish pudo demostrar que por cada paciente que practicara uno de esos programas de estilo de vida se podrían ahorrar unos 30.000 dólares. De todas formas, hay que matizar que los pacientes de Ornish siguieron consumiendo productos animales, y sus niveles de colesterol, alrededor de 170 mg/dl, aún eran elevados si se comparaban con los que se pueden conseguir con una dieta basada totalmente en los vegetales.11
Colin Campbell escribió en The China Study: «Ahora sabemos con certeza cómo podemos descartar casi por completo las enfermedades cardíacas… Si ingerimos los alimentos adecuados podremos mantener sano nuestro corazón». Los resultados de este estudio en China se obtuvieron tras examinar grandes grupos de población, por lo que se deben considerar significativos o incluso muy significativos desde el punto de vista científico. «Significativo» quiere decir que la probabilidad de que se trate de algo casual es menor del 5 % y el término estadístico «muy significativo» se refiere a que tal probabilidad está por debajo del 1 %.
Exactamente igual que Esselstyn, Ornish y también el doctor William Castelli, director durante muchos años del ya comentado «Estudio Framingham», Colin Campbell recomendaba la alimentación vegetariana, una dieta basada en productos en cuyo cultivo no se hubieran utilizado abonos artificiales o medios auxiliares químicos como los herbicidas o plaguicidas, una dieta cuyo con-sumo era calificado como alimentación bio o ecológica. Los estudios de Campbell advertían también que incluso las más pequeñas cantidades de productos lácteos pueden resultar nocivas y es pre ciso evitar su consumo.
Un estudio que comparaba a 20 países12 pudo constatar un espectacular incremento de las enfermedades cardíacas en los territorios de mayor consumo de proteína animal. También se hicieron estudios con animales (Campbell también los menciona en The China Study) que demostraron que en una alimentación con esas proteínas se elevaban rápidamente los niveles de colesterol de los propios animales, mientras que si su alimentación se basaba en proteína vegetal como, por ejemplo, la procedente de la soja, se obtenía el efecto contrario y se rebajaba el colesterol en sangre. Estudios similares realizados con personas mostraron resultados parecidos. El consumo de proteína vegetal hace descender con mayor efectividad el nivel de colesterol que si se mantiene una dieta en la que solo se tiende a evitar grasas y colesterol en la alimentación (se puede consultar con más extensión el tema del colesterol a partir de la página 41).
Este es un caso, no muy frecuente, en el que las investigaciones con los animales coinciden con los resultados obtenidos con seres humanos. Yo, personalmente, tengo mis dudas respecto a estos estudios, porque se trata de eludir que los animales sufren por ello o que no reaccionan como las personas. Pero, puesto que The China Study estaba dirigido por Colin Campbell, médico responsable y reconocido protector de los animales, he asumido en algunos casos la plausibilidad de sus resultados.
VITAMINA D PARA UN CORAZÓN SALUDABLE
Investigaciones recientes concluyen que nuestro corazón también necesita el sol en forma de radiaciones sobre la piel. Así, un estudio publicado en 2007 afirmaba que el riesgo de padecer hipertensión en las personas con un nivel de vitamina D por debajo de 15 ng/ml, en comparación con las personas del estudio que tenían por encima de 30 ng/ml, era seis veces superior en el caso de los hombres y 2,6 veces en las mujeres.13 Naturalmente también podemos ingerir esta vitamina D, pues está muy presente, por ejemplo, en los platos de setas (ver página 143).
Pero no toda la vitamina D es igual. Existe una forma activa de la vitamina D que se ha demostrado efectiva en la prevención, no solo del cáncer, sino también de la osteoporosis y las enfermedades autoinmunes. Esta forma activa, que también recibe el nombre de vitamina D-1,25 o calcitriol, funciona como si fuera una hormona, tal y como describen el profesor Jörg Spitz y el doctor William Grant,14 especialistas en vitamina D. El sol adquiere así una importancia que hasta la fecha estaba totalmente subvalorada (véase la página 272 el tema de los baños de sol).
En todo caso, vuelve a ser la alimentación la que determina cuántas y qué funciones orgánicas tienen lugar a causa de la forma activa de la vitamina D. La proteína animal tiene la característica de bloquear el calcitriol a base de hiperacidificar el organismo. Además, inhibe la activación de enzimas decisivas en los riñones. Por otra parte, el exceso de ácido generado por tales proteínas, y también por los dulces, acarrea otros inconvenientes de sobra conocidos. Por ello, resulta muy beneficioso un cambio a la alimentación vegana, así como la correspondiente reducción del estrés. Por medio de los polvos que se recetan con mucha frecuencia para la alteración gástrica, se neutralizan particularmente los ácidos gástricos, circunstancia no del todo recomendable. El énfasis vegano sobre la fruta y la verdura es, desde el punto de vista de la nutrición, la mejor respuesta a la hiperacidificación general.
El calcitriol, además, puede quedar bloqueado por un consumo regular de grandes cantidades de calcio, y también disminuye por una ingesta continuada de leche (o productos derivados).
Hoy en día existen estudios muy convincentes que subrayan de manera muy directa lo importante que es para nuestra salud un elevado nivel de vitamina D y, en consecuencia, de la suficiente radiación solar. El sol beneficia mucho a nuestra piel y a nuestro corazón, y eso es algo que tiene muy claro todo el mundo. Se suponía que se trataba exclusivamente de una forma de hablar, pero desde hace mucho tiempo ha quedado confirmado que esta afirmación es tan buena como convincente desde el punto de vista científico. El sol es el astro central alrededor del que gira nuestro sistema solar, lo mismo que el cuerpo gira alrededor del corazón. De hecho, la radiación solar es beneficiosa para todos nuestros órganos, pues en la mayoría de ellos se encuentran receptores de vitamina D.
LA SIESTA: RELAJACIÓN PARA EL CORAZÓN
Es evidente que dormir bastante resulta muy saludable para nuestro espíritu; corresponde con el punto negro sobre campo blanco en los signos del tai chi. Incluso una siesta corta después de comer puede aportarnos imágenes oníricas y sumergirnos en un campo psíquico especial. Las investigaciones sobre el sueño afirman desde hace mucho tiempo lo importante que son las noches para nuestra salud mental.
Un estudio realizado sobre un colectivo de trabajadores que de forma regular se tomaban a mediodía una pausa en el trabajo y la acompañaban de una pequeña siesta concluyó que para esas personas el riesgo de morir a causa de enfermedades cardiovasculares se reducía en un 64 %. En la Universidad de Atenas se realizó una investigación similar con 23.681 personas de ambos sexos. Aunque solo hicieran tres siestas a la semana, el riesgo disminuía hasta un 37 %. El efecto era más señalado en las personas en activo que en las jubiladas, y en general en los hombres más que en las mujeres. Pero se habla de que las personas que más rechazan estas pausas para dormir son las que más las necesitarían, por ejemplo esas personas con mucho estrés profesional que están en la senda del burn out («quemarse trabajando»).
CORAZÓN Y (SU) MENTE
Es posible que el gran beneficio que la alimentación vegana reporta a nuestro corazón se deba a que no agobia a la mente haciéndole soportar el efecto inconsciente de los agravios e injusticias que se cometen hoy en día con la cría de animales. Como ocurre en tantas ocasiones, la ignorancia aquí tampoco protege del castigo.
Con una alimentación vegetariana consecuente dejamos de ser cómplices de los mataderos, no tomamos parte en las torturas cometidas con los animales ni participamos en la crueldad de su transporte. Nos liberamos de los abusos que se cometen con tantas vacas y gallinas que, degradadas a máquinas de producir leche y huevos, vegetan en fábricas o criaderos de animales donde no ha intervenido ninguna compasión ni se ha pensado en la dignidad de esos seres. Este tema va a ser objeto de un amplio tratamiento a lo largo del libro.
Con la alimentación vegana, además de beneficiar a nuestro corazón, apoyamos de forma directa la conservación de los seres creados, de la Creación. Y el hecho de que vegetarianos, protectores y amigos de los animales, agricultores ecológicos y defensores del medio ambiente disfruten, desde hace tiempo, de posiciones de responsabilidad y preeminentes, y sean respetados en el ámbito científico, deja patente que son capaces de aportar increíbles ventajas en cuanto a la salud. Eso es algo que alimenta mis esperanzas y me indica que todos podríamos ir montados, como colectivo, en el mismo carro. En la vida personal se trata de regresar a un sendero orientado hacia la salud, y en un sentido más global expresaría un respeto por la Tierra, al salvar a todos los seres vivos que se encuentran en ella. Podemos acercarnos al lema de san Francisco de Asís, que desde su corazón puro dijo: «Señor, hazme instrumento de tu paz».
EL CORAZÓN COMO FUENTE DE ENERGÍA VITAL
Ya presenté las modificaciones en el estilo de vida necesarias para los enfermos del corazón en mi libro Herz(ens) probleme (Proble-mas de corazón). Uno de los cambios importantes consiste en percibir el sol en el corazón. Con este contacto solar transmitiremos alegría a otras personas y eso supondrá un beneficio para el mundo. En ese libro también se hace referencia a los problemas psicológicos básicos, para ayudar a muchas personas a analizar los verdaderos sentimientos y deseos que subyacen en los síntomas físicos.
De una manera simbólica, el corazón es el asiento del alma y la fuente de nuestra energía vital. Como centro energético también es el origen de nuestros sentimientos y nuestros miedos. Esto queda muy claro cuando algo nos agobia u oprime. Según la Biblia no deberíamos hacer de él una cueva de asesinos, sino desahogarse en él. Es nuestro órgano sensorial más importante y hay que «sentir con el corazón», obedecerle y seguir sus inclinaciones.
La misión del corazón es la práctica del amor y la unidad. Quien preste atención a los asuntos de su corazón, lo abra y lo entregue, quien lo tome en consideración como asunto central de su vida, quien acepte para su corazón lo que a su corazón conmueve, quien mantenga su energía vital en forma de río de sangre, dispondrá de un corazón sano que latirá durante mucho tiempo, tal y como se merece su poseedor.
Por lo tanto, cuando permitimos que el sol penetre en nuestro corazón, abrimos y ampliamos una vida cordial, en su sentido figurado; si no lo permitimos, todas nuestras misiones se quedarán exclusivamente en el plano físico y sufriremos insuficiencia en el corazón. Nuestro corazón puede permanecer muy sano hasta una edad muy avanzada si dispone de una actitud y una alimentación adecuadas. Necesitamos que no se quiebre a causa de un infarto ni quede estrangulado por una angina de pecho, por lo que siempre debemos saber adaptarnos a tiempo a sus intereses, y vivir nuestros asuntos de corazón. Si encontramos nuestro ritmo vital, él nos apoyará con el suyo durante toda la vida.
Resumen:
La carga científica de las pruebas contrarias a los productos animales y su relación con las afecciones cardiovasculares es realmente impresionante. Con la alimentación vegana, tanto la presión arterial como los problemas cardiovasculares mejoran por sí solos y en ocasiones se pueden llegar a curar aunque estén avanzados. No habría por qué llegar tan lejos, pues la alimentación adecuada sirve de freno, desde el primer momento, a esos trastornos y favorece una vida placentera. En el plano mental se debe afirmar que es necesario dar espacio a los asuntos del corazón y seguirlos.
Los baños de sol regulares y las siestas reducen el riesgo de padecer enfermedades cardíacas. Lo más decisivo es establecer una comunidad de los factores implicados, desde la alimentación vegetariana hasta la toma en consideración de la mente.
El colesterol: un problema fundamental
En el pasado, he afirmado en muchas ocasiones que la reducción del nivel de colesterol a fuerza de fármacos es un paso equivocado. Está claro que el aumento del colesterol es una mala señal. Pero luchar contra los síntomas (el colesterol no es otra cosa que un biomarcador) no tiene ningún sentido. Prohibir las ambulancias para urgencias porque su empleo refleja un mal síntoma sería una estupidez. En vez de tragar los peligrosos reductores de grasa que ofrece la industria farmacéutica, lo mejor sería modificar el estilo de vida, y, en esto, un factor decisivo es la alimentación. ¿Cuántas personas deben sufrir grandes perjuicios y cuántas deben morir hasta que se retiren del mercado los reductores del colesterol como el Clofibrat y el Lipobay? No solo son peligrosos, sino que además nos adentran en una senda equivocada. Se nos sugiere que solo podremos seguir viviendo como antes a fuerza de tomar las sustancias químicas adecuadas.
La vida media de los conocimientos farmacológicos de la medicina convencional es realmente muy baja. Lo que hoy en día ingerimos puede estar mañana prohibido. Si yo prescribiera actualmente lo que se daba por bueno en mi examen de farmacología de hace treinta años, seguro que cometería un delito.
Los actuales reductores del colesterol no solo son provechosos para la industria farmacéutica y su accionariado, sino que también se limitan a «mejorar» los valores en el sentido de una cosmética del sistema que solo tranquiliza a los poco informados; y esto es realmente peligroso porque se está perdiendo un tiempo decisivo para dar los pasos importantes.
El dicho inglés An apple a day keeps the doctor away (algo así como: «Una manzana al día nos mantiene alejados del médico») señala la dirección adecuada, solo que no basta con una manzana, sino que sería necesario realizar un cambio drástico hacia una alimentación vegetal completa y de esa forma podríamos olvidarnos totalmente de las pantomimas que rodean al colesterol. Los médicos la rehúyen, al igual que otras medidas impopulares en la medicina convencional, como son la meditación y el ayuno. Los médicos no son capaces de apreciarlo, en absoluto, ya que les va muy bien tal como están las cosas.
Valores recomendados de colesterol y grasa
Por desgracia, estamos muy mal informados respecto al colesterol y a la grasa como alimento. Las grandes organizaciones médicas recomiendan mantener los valores de colesterol por debajo de los 200 mg/dl. Pero el 35 % de los infartos afectan a personas con niveles de 150 a 200 mg/dl. De acuerdo con The China Study, se considera que se está relativamente seguro con unos niveles por debajo de los 150 mg/dl. Por tanto, los valores que se publicitan por todas partes, y que normalmente se consiguen con ayuda de fármacos reductores del colesterol, resultan ser un paso decisivo hacia un ataque al corazón.
La buena noticia: una alimentación vegana reduce los valores muy por debajo de los 200 mg/dl. Tal y como mostraron los estudios realizados en China, basados en las observaciones de enormes cantidades de participantes, fueron muy raros los casos de personas que, con niveles por debajo de 100, cursaron algún episodio de cáncer. Eso indica lo elevados que son los valores que se consideran tolerables en nuestras latitudes, con el consiguiente riesgo de afecciones cardiovasculares, cáncer o cualquier otra enfermedad «de la civilización».
Algo parecido a lo que sucede con el colesterol se puede aceptar para la grasa de la comida. Mientras que por todas partes los valores recomendados de grasa se sitúan entre el 25 y el 30 %, o incluso más allá, en The China Study solo se admite hasta el 10 %. Está claro que tales valores ideales se consiguen exclusivamente con una alimentación de base vegetal.
El colesterol es un componente muy importante para nuestros nervios, para las hormonas sexuales, la digestión de las grasas, etcétera. Pero resulta que no necesitamos ingerirlo porque el cuerpo lo genera en cantidad suficiente y, por otro lado, resulta dañino tomarlo en exceso, por ejemplo a través de productos animales; pero hacer bajar su nivel a fuerza de química es aún más nocivo.
The China Study puso de manifiesto que un nivel alto de colesterol es un mal síntoma. Esta sustancia era conocida como indicador de problemas cardíacos, pero ahora no solo debe alertarnos acerca de un estilo de vida peligroso, sino también de la práctica de una alimentación incorrecta que incrementa drásticamente el riesgo de cáncer. Y no solo se trata del cáncer, sino de las denominadas enfermedades de la civilización, de las que se harán frecuentes referencias a lo largo de este libro.
Cuando Campbell dice «No es saludable ingerir alimentos cuyo contenido de colesterol sea superior a 0 mg», la frase puede sonar provocativa, pero no le coloca al mismo nivel de partidarios de rebajar el colesterol a fuerza de productos químicos. El colesterol se puede reducir de una manera natural con una alimentación adecuada, así como con la correspondiente actitud vital o un cambio en ella.
Resumen:
La carne, el pescado, la leche, los huevos y la grasa hacen que el colesterol aumente y que se incremente en consecuencia el peligro de sufrir las denominadas enfermedades de la civilización. El consumo de proteína vegetal es el medio más efectivo para reducir eficientemente el nivel del colesterol. La alimentación vegetal es el camino más saludable hacia una reducción natural del colesterol y un mantenimiento de su nivel, para así disfrutar de una vida mejor y más dilatada.
Los productos lácteos favorecen (no solo) el cáncer
No se habla del papel que desempeñan los productos lácteos en el desarrollo de un cáncer, ni se menciona en absoluto nada relativo al consumo de carne. Si en las cajetillas de tabaco se advierte con imágenes de la posibilidad de sufrir un cáncer, y eso a pesar de que solo dos de cada cien fumadores desarrollan un carcinoma bronquial, los envases de leche y productos cárnicos deberían advertir de forma similar de los problemas que acarrea su consumo; por ejemplo: «El consumo de carne produce cáncer e infartos», o «Este postre contiene leche, puede provocar cáncer y matar». Lo que muchos profesionales sospechaban ya ha quedado demostrado con estudios científicos. A continuación se va a comentar el asunto de forma detallada. ¿Qué hace que los productos lácteos se conviertan en desencadenantes del cáncer?
El problema es debido a que en el organismo son muchos los procesos que, estando relacionados entre sí de forma muy estrecha, tendemos a ver por separado, de forma individual. La naturaleza acostumbra a trabajar con sistemas interconectados que se afectan e influyen mutuamente. En esta estructura general de múltiples retroacciones, no resulta sencillo afirmar que esto va bien y esto otro mal, sino que todo tiene su lugar y su sentido, y una mínima modificación de las circunstancias puede resultar peligrosa.
DEMASIADO DE LO BUENO: LA HORMONA DEL CRECIMIENTO IGF-1
El organismo humano dispone de una hormona denominada IGF1 (del inglés, Insulin-like Growth Factor 1), o factor de crecimiento insulínico tipo 1, cuya misión natural es regular la velocidad de crecimiento de las células sanas, en el sentido de estimular, y eliminar las células viejas. En una situación como la que aparentemente se produce a raíz del consumo de mucha proteína animal, la IGF-1 comienza a elevar la velocidad de escisión de las células y a impedir la eliminación de células viejas superfluas, lo que favorece la aparición del cáncer. Resulta, pues, poco beneficioso que a causa de un elevado consumo de proteína animal, o de leche, se genere repentinamente mayor cantidad de IGF-1. La proteína animal altera la forma de trabajar de las hormonas y, además, motiva su superproducción.15 En el sentido inverso, los investigadores han podido comprobar que una dieta con baja cantidad de proteína animal reduce también la IGF-1.
Hoy en día un elevado nivel de IGF-1 se puede considerar como un marcador para el cáncer, del mismo modo que el colesterol alto lo es para los problemas de corazón y cáncer y otras enfermedades de la civilización. En el año 2002, los doctores Chan y Stampfer pudieron demostrar que un elevado nivel de IGF-1 quintuplica la probabilidad de sufrir un cáncer maligno de próstata.16
La leche es, en principio, de origen materno, y constituye la alimentación básica de los mamíferos, pero solo nosotros, los seres humanos, la usamos para fines distintos de los que le son propios, por lo que se hace necesario observar con más atención este contexto. Para un niño recién nacido (lo mismo que para un carnero) la hormona del crecimiento es esencial porque en los mamíferos se encarga de la reproducción celular y la formación de las estructuras específicas. No es urgente eliminar células viejas, y queda en segundo plano. Por lo tanto, en esta época, la IGF-1 es una hormona muy importante, si no crucial. La alimentación con leche materna estimula la formación, y es algo muy recomendable y sensato.
Sin embargo, en una etapa posterior de la vida, cuando se trata de mantener el estado de las células y suprimir las viejas, la hormona IGF-1 pierde su sentido y se inhibe. Pero si se la estimula en una época poco adecuada por medio de una contraproductiva alimentación lactante, se desarrollan peculiaridades que favorecen el cáncer en órganos adultos, a la vez que se estimula un rápido crecimiento y se impide la eliminación de las células viejas supervivientes.
TAMBIéN ES PERJUDICIAL EN PEQUEñAS CANTIDADES
Cuanto más se tarde en la vida en abandonar los productos lácteos, peor irán las cosas para el o rganismo. Se trata de una verdadera trampa para las personas maduras, aunque sí tiene sentido real para lactantes, niños y adolescentes. Quien deja de mamar, debe aceptarlo y abandonar la leche materna que ingería de lactante. Cualquier otra posición es un uso abusivo y acabará por pasar factura. Hasta la adolescencia los productos lácteos (de vaca) pueden ser poco perjudiciales, aunque no son favorables en ningún caso porque causan hipersecreción mucosa. Esa circunstancia también se tiene en cuenta en la medicina tradicional china, que recomienda la supresión total de la leche después del destete.
Muchos terapeutas hemos podido observar que los niños que ingieren gran cantidad de leche (y productos lácteos) suelen resfriarse con frecuencia. Está claro que la secreción mucosa es un notable mecanismo del organismo: supone un útil lubricante para el transporte de las deposiciones por el intestino y para las relaciones sexuales. Sin embargo, si se toma en demasía, como sucede con los productos lácteos, se tiende a padecer afecciones como resfriados o asma inducidos por un exceso de producción de mucosidad.
Que la ingesta de pequeñas cantidades de productos lácteos, como el yogur, puede ser peligrosa es algo que han demostrado algunos estudios comparativos entre personas que padecen cáncer y tienen una alimentación normal, otras con hábitos veganos, es decir sin ingesta de proteína animal, y un tercer grupo que consumía dosis reducidas de yogur. Como no podía ser de otra forma, los adeptos a la alimentación vegana se mantenían mucho más seguros y firmes contra el cáncer que los que se alimentaban de forma normal. Incluso pequeñas cantidades diarias de yogur causaron que en el grupo que las consumía se registraran algunos casos de cáncer.
LECHE MATERNA Y LECHE DE VACA; A CADA CUAL LA SUYA
No hay ninguna especie, excepto la humana, que consuma leche procedente de otros animales. ¿Por qué la creemos necesaria? Ningún otro animal padece tantas afecciones cancerosas, que pueden atribuirse a muchos motivos, incluidos los psíquicos.
¿Por qué, al principio de la vida, la leche es algo esencial como proteína animal y luego resulta tan dañina? De hecho, la propia leche materna no deja de ser proteína animal, o humana. Todos los estudios, realizados naturalmente en personas adultas, señalan que lo mejor sería mantener una alimentación pobre en proteína a lo largo de toda la vida.
En la infancia suele necesitarse mucha proteína para la estructuración vital y el crecimiento, así como grasa que sirva de acolchado y dé forma al cuerpo. Por ese motivo los recién nacidos reciben y toleran en esa época tan decisiva de su vida la leche materna, relativamente rica en proteínas si se la compara con otros tipos de leche, pobres en grasa y proteína, y con muy escasos carbohidratos. Es lo ideal para bebés que no necesitan combustible en forma de carbohidratos, pero sí mucho material para su estructuración física.
Cada leche materna está en armonía con su correspondiente especie, y es más rica en proteína cuanto más rápido deba crecer el recién nacido. Por ejemplo, la leche de coneja contiene mucha más proteína que la de vaca y, desde luego, que la de mujer. Los gazapos recién nacidos deben duplicar su peso en los tres primeros días de vida, y para eso reciben una leche materna que contiene un 10,4 % de proteína; la leche de las gatas tiene solo un 7 % y los gatitos tardan nueve días en doblar su peso; la leche de vaca tiene un 3,3 % de proteína y al ternero le cuesta 47 días llegar al 100 % de su peso. Los lactantes humanos consumen leche materna con un 1,2 % de proteína y precisan de 180 días para doblar su peso. En su primer año de vida, un ternero puede llegar a alcanzar demasiado peso, cualidad que las madres humanas deberían ahorrar a sus hijos.
La leche de vaca está adaptada a las necesidades de los terneros. Es necesario un crecimiento rápido y una formación ósea veloz y fuerte, mientras que solo necesita un desarrollo moderado del cerebro, lo suficiente para, en estado natural, poder mantener de inmediato el paso de la manada y, en caso necesario, huir de los depredadores. Ese rápido crecimiento exigido a los huesos del ternero provoca que en la leche de vaca haya un contenido de calcio cuatro veces superior al de la leche de mujer, además de mucha más proteína y minerales.
Los niños humanos cuentan, evidentemente, con otra situación de partida. Permanecen mucho tiempo con la madre y al principio se trata sobre todo de desarrollar el cerebro. Por ese motivo la leche humana tiene más del doble de lactosa que la de las vacas. La lactosa favorece la formación de mielina, elemento protector de las células nerviosas. Resulta por lo tanto evidente que no todas las leches son iguales y que su composición está perfectamente adaptada a las necesidades de cada especie.
Puede que la causante del enorme crecimiento físico de los niños modernos sea su errónea alimentación basada en la leche de vaca, que es poco adecuada para los seres humanos. Tan pronto como crecemos y se cierran paulatinamente las epífisis de crecimiento, ese impulso ya no puede continuar y tiende a transformarse en otro bastante más peligroso.
El engorde moderno a base de proteína
Cuando, con la adolescencia, finaliza la estructuración física, las proteínas y las grasas pierden su consecuente significado en la vida del adulto. Los hidratos de carbono son un buen combustible natural, muy importante a lo largo de toda la vida pero, tal y como ya se ha comentado, poco significativo para el lactante. A partir de la adolescencia, las sustancias de tipo combustible y locomotor se convierten en las más importantes para el mantenimiento del cuerpo. Se puede entender muy bien que, después de la adolescencia y a lo largo de toda la vida, la proteína y las grasas deban ser prácticamente eliminadas de una forma natural del menú de nuestras comidas. Este punto de vista lo comparten numerosos especialistas en nutrición, como la doctora rusa Schatalowa, o, mucho antes, el filósofo austríaco Rudolf Steiner.
Por desgracia, en el mundo occidental actual ocurre justo lo contrario, y eso entraña sus consecuencias. El consumo más elevado hace que a lo largo de la vida también se incremente el engorde humano a causa de la proteína animal que es la base de comida del arquetipo masculino.
LECHE DE VACA: PERJUDICIAL EN MUCHOS SENTIDOS
El hecho de que los humanos sean los únicos seres vivos que, en la edad adulta, no se apartan de la leche puede entenderse como un aspecto de regresión, una obstinación de mantenerse en la edad infantil. Este comportamiento, tan contrario a la naturaleza, podría juzgarse, como explica el lobby de la industria lechera, necesario para la vida, pero es tan poco natural como sospechoso. La leche materna no solo se adecua a cada una de las especies, sino que está hecha a la medida de las necesidades de las distintas edades del lactante, y así se ajusta a su desarrollo y sus necesidades en los primeros meses de vida. La medicina convencional casi recomienda el destete precoz (antes del primer año de vida), que considera superfluo prolongar el amamantamiento del cachorro humano, puede ser la responsable de que en épocas posteriores suframos un exceso de avidez por la leche. Quizá en nuestra fase de lactantes, nosotros, seres humanos del mundo occidental, no recibimos bastante cantidad de leche, ya que de media mamamos durante unos cuatro meses frente a los cuatro años que dura la lactancia en ciertas partes del planeta.
La leche de cada vaca es individual en su composición de albúmina y contiene otras proteínas, pero la industria lechera actual mezcla la leche de miles de vacas después de haber desnaturalizado la proteína por medio de la pasteurización; eso supone un cóctel de proteínas que recarga cada vez más el sistema inmunitario humano, hace que la leche se convierta en una fuente de alergias, como ya se ha demostrado, y fomenta la aparición de enfermedades autoinmunes.
Debido a la perversa política económica de la Unión Europea, las granjas no están autorizadas para suministrar directamente una leche grasa y rica en proteínas. Primero debe ser manipulada en otras factorías. Esto significa una retirada masiva de grasas y proteína, que se utilizan para la elaboración de quesos y después son sustituidas por grasas baratas que, en el peor y más ilegal de los casos, son de procedencia porcina. La leche que se vende actualmente es un líquido uniforme, de sabor alterado y que, debido a la posterior aportación de grasa, no resulta adecuado para una alimentación vegetariana que permita tener la conciencia tranquila.
ENERGÍAS NEGATIVAS Y CONTAMINACIÓN
La leche que se consume actualmente es desde hace mucho tiempo una mascarada: la producen vacas sometidas a una cría de alto rendimiento cuya única función es la producción de leche. No viven en prados al sol, sino que las mantienen constantemente atadas en las grandes granjas industriales de leche, donde vegetan en espacios muy pequeños y han quedado reducidas a la condición de eslabones de una cadena. Una vaca pastando en el campo es desde hace mucho tiempo una imagen obsoleta, un espectáculo poco común. En la leche de esos animales habría un poco de ese agradable campo y en su carne no existiría nada de la violencia habitual.
Aun cuando alguien no sea alérgico a la leche, puede que no sea capaz de digerirla adecuadamente. Esto se debe a que, después del destete, la naturaleza ya no tiene prevista su ingesta, con lo que muchos adultos no disponen de suficiente lactasa, una enzima que se ocupa de eliminar la lactosa, es decir, el azúcar contenido en la leche. Esa carencia de lactasa es totalmente normal y no es problemática, su falta solo se percibe debido a una alimentación poco natural a base de productos lácteos. En ella, la carencia de lactasa provoca flatulencia.
La grasa de la leche de la vaca es además peligrosa para las personas porque contiene una cantidad de ácidos grasos saturados muy superior a la de la leche humana, lo que puede provocar la aparición de arteriosclerosis.
Asimismo, siempre existen sustancias nocivas que la vaca ingiere con la alimentación y se transmiten después a la leche. Del mismo modo que el organismo de las mujeres lactantes, las vacas lecheras utilizan la fase de amamantamiento para eliminar con la leche una serie de productos tóxicos, como puede ser el mercurio. Se entiende que cuantos más sean los productos nocivos eliminados por la vaca, más recargada de ellos estará la leche producida por el animal.
Está claro que el consumo de productos animales también afecta a la leche materna de los seres humanos. Se ha podido captar una gran cantidad de sustancias venenosas incluidas en la carne, incluso en la de las aves y el pescado, en los huevos, en la leche y en los productos lácteos que la madre ha ingerido.17 La carne contiene de media un 14 % más de plaguicidas que los alimentos vegetales; la leche y los productos lácteos tienen 5,5 veces más.18 El New England Journal of Medicine publicó un estudio del que se deducía que incluso los peores valores de la leche de mujeres que se alimentaban de forma vegetariana eran bastante mejores que los valores óptimos conseguidos al analizar la leche de mujeres no vegetarianas. Por término medio, el grado de toxicidad química de la leche materna de una mujer que se regía por la forma de vida vegana era 35 veces inferior a la media.19
¿CONSISTE LA SOLUCIÓN EN LA LECHE DE CABRA Y LA MOZZARELLA DE BÚfala?
Puesto que lo mejor para nuestra salud es evitar la leche de vaca y todos los productos que se fabrican con ella, buscamos un sucedáneo que la sustituya. ¿Es más saludable la mozzarella de búfala que el queso de vaca? ¿Los quesos de cabra, de oveja o incluso de leche de yegua o burra suponen una alternativa?
El maltrato infligido a los animales productores de leche, que se va a comentar mucho en este libro, no se limita a los establos de las vacas; la leche de otros animales se obtiene con las mismas artimañas o fraudes hacia ellos. Pero el hecho de que la leche de oveja, cabra, yegua o búfala no haya sido objeto, hasta el momento, de una superproducción industrial, y que en consecuencia estos animales vivan mejor, tiene, por supuesto, sus ventajas.
Sin embargo, no hay más remedio que aguar un poco las esperanzas depositadas en la utilización de otros tipos de leche y derivados. Todas las leches animales son básicamente de tipo materno; aunque hasta ahora solo se ha examinado la leche de vaca, el resto de ellas provoca los mismos estímulos de crecimiento que, una vez pasada la adolescencia, pueden favorecer la aparición del cáncer. La génesis cancerosa por la estimulación de factores de crecimiento ocurre de forma muy especial a través de la caseína láctea, por lo que los efectos en cuanto a la aparición de cáncer no son mucho más favorables en el caso de la leche de cabra, oveja o de cualquier otro animal.
Quien siga una dieta vegana puede hacer uso de otras alternativas, por ejemplo la leche de arroz o de otros cereales, la de coco, almendra, cáñamo o soja.
Alternativas a la leche de vaca
La leche de arroz, de coco, de cáñamo y de almendra20a (sin aditivos) son alternativas naturales, pero solo tienen en común con la leche su color y su estado líquido. Hasta la fecha no se ha dicho nada en contra de ellas. En los postres y los platos con curry son un aporte sabroso. Sin embargo, no son alternativas para la nutrición infantil.
Leche de arroz
Se comercializa con el nombre de «bebida de arroz», y consiste en agua, arroz, aceite vegetal y sal. El mismo procedimiento se aplica con otros tipos de cereales, como la espelta y el cáñamo, a partir de los que también se preparan bebidas y muesli.
Leche de coco
Coco con agua. Se utiliza para las comidas dulces y para preparar platos asiáticos.
Leche de almendras
Una pasta de almendras o bien almendras molidas y tostadas que se mezclan con agua. Se utilizan en muchos procesos culinarios, por ejemplo para la elaboración de muesli. Hasta un café capuchino queda magnífico con una espumosa leche de almendras.
Leche de soja
Más al respecto en las próximas líneas.
EL PROBLEMA DE LA SOJA
A partir de la soja se puede «copiar» todo lo que conocemos en cuanto a variante de carne: desde un escalope hasta una pechuga de pollo o, incluso, unas gambas. Además, con ella se dispone de una leche de sustitución que ha ido ganando muchos adeptos en los últimos años. Quien acuda a comer a un buen restaurante vegano se sorprenderá de todo lo que se puede hacer con la soja. Pero, a pesar de todos estos atractivos, especialmente tranquilizadores para aquellos que deseen hacer su primera incursión en el reino de la dieta vegana, las judías de soja están bajo sospecha debido, sobre todo, al elevado nivel de estrógenos que poseen.
En el caso de las mujeres, acostumbradas al exceso de estrógeno, esta base vegetal no supone ningún problema. Además es incomparablemente mejor elevar así el nivel de estrógenos que hacerlo a base de hormonas, ya que por experiencia sabemos lo elevados que son los ratios de cáncer de mama causados por esas hormonas. El hecho de que las mujeres asiáticas vivan mucho mejor la edad madura gracias a su elevado consumo de soja dice mucho en favor de esta leguminosa. Sin embargo, las asiáticas no suelen comer tanta cantidad de soja como lo haría una adepta a la alimentación vegetariana o una partidaria de la alimentación vegana, sobre todo al inicio del cambio de hábitos.
Para los hombres existe el problema de que pueden engordar a causa de la soja y desarrollar, a largo plazo, formas femeninas, desde unas «suaves» caderas hasta una tripa un tanto redondeada, pasando por el desarrollo de senos. Sin embargo, los hombres que consumen carne pueden adquirir también una figura mucho más femenina, pues con la carne se ingieren demasiadas hormonas; aunque, por el contrario, suelen tener muy poco cultivada su ánima, su parte femenina, y eso afecta a su cuerpo físico, según explico en mi libro La enfermedad como símbolo.
Los estómagos prominentes de los aficionados a la soja están propiciados, además, por la retención de gases, pues la soja es una judía y, como tal, genera flatulencia. Desde el punto de vista psíquico se puede argumentar que a muchos hombres les sentaría muy bien adquirir algo de la condición femenina, por ejemplo un aumento de sensibilidad. El problema es que el tipo «macho» se suele alimentar con una amplia base animal (con lo que consigue un patológico exceso de hormonas femeninas procedentes de las vacas, y con él un aumento del pecho), por lo que el cambio al veganismo no les haría más femeninos, ni en lo físico ni en lo mental.
Un amigo que no atendió a mis advertencias sobre la soja pudo comprobar en su posterior fase de renuncia que volvía a ser claramente más masculino y sentía más arrojo, y no solo en los negocios. En los muchachos jóvenes, aún en fase de desarrollo, hay que vigilar especialmente que no abusen del consumo de soja, pues una ingesta demasiado elevada puede hacer que sus niveles de estrógeno sean centenares de veces superiores a los valores aceptados. Por eso en Inglaterra y Nueva Zelanda los departamentos de salud pública alertaron sobre los inconvenientes de servirse de la soja como sucedáneo de la leche. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ambos países tienen una intensa cultura relacionada con la leche de vaca y que sus industrias lecheras son líderes a escala mundial. En todo caso, recordemos que para los niños pequeños la soja es poco recomendable.
Otro aspecto en la sombra (sobre todo en la elaboración de alimentos) es que la industria de la soja representa un peligro para los bosques lluviosos amazónicos, el mismo que puede suponer la producción de carne de vaca exigida por las cadenas de hamburguesas.
Aun cuando todo lo anterior agregue unas gotas de amargura al sabor de la leche de soja, lo cierto es que sus judías seguirán siendo una buena fuente de grasa y proteína vegetal. Da igual que sea salsa de soja, tofu, tempeh o miso; son muchos los productos que suponen un componente fundamental para la cocina vegana. También supone una gran ayuda para quienes desean cambiar su alimentación pero añoran la carne y la sensación que produce en la boca: muchos de los sucedáneos de la carne que se preparan con soja también se pueden fabricar con gluten extraído del trigo y que son de una textura semejante.
Resumen:
Se considera que los productos lácteos en general impulsan el cáncer. Favorecen en especial la aparición del cáncer de próstata, por lo que resultan peligrosos a edades avanzadas. Desde el comienzo de la vida hasta la adolescencia se recomienda la sensata postura de practicar una alimentación relativamente rica en proteínas; después, a lo largo de la evolución vital, ya irán apareciendo cada vez más en primer plano los carbohidratos. Por lo tanto, los niños pueden tomar mayores cantidades de productos lácteos que los adultos (el cáncer no es un problema tan acuciante a esa edad), pero, una vez que han crecido, mantener ese hábito puede resultar peligroso. Por eso los padres deben contrarrestar la influencia de la publicidad. Una alternativa a la leche animal son las de arroz, cáñamo, almendra y, con reservas, la de soja.
Dos tipos de carbohidratos: de mínimo valor y de valor integral
La alimentación está sujeta, como todo, a la bipolaridad: puede enfermar y también puede curar. Esto resulta válido tanto en el aspecto general como en el referido a sus componentes por separado. Tras años de demonización de los carbohidratos por parte de los «científicos de la alimentación», ha llegado la hora de su rehabilitación. Existe una hipótesis, muy bien fundamentada, que afirma que los mismos factores de riesgo que favorecen la resistencia a la insulina (y con ello también la diabetes de tipo 2, véase página 101) propician igualmente el cáncer de colon (página 73). Si se piensa lo mucho que se refuerza la resistencia de insulina por medio de unos hidratos de carbono refinados (a los que se ha eliminado casi la fibra), se percibe de inmediato la necesidad de diferenciar entre estos y los carbohidratos vegetales integrales o complejos. Desde el punto de vista de la salud, existe un abismo entre ambos. Hoy en día ya no se puede negar que los carbohidratos refinados sean dañinos para el organismo.
En eso se basa en parte el éxito de las dietas denominadas bajas en carbohidratos, que han conquistado el mundo occidental en las últimas décadas y que van desde la dieta Atkins, pasando por la South Beach, hasta la Metabolic Balance. Que estas dietas aportan algo positivo es palpable, pues consiguen reducir los perjudiciales carbohidratos refinados. Pero al hacer propaganda de la proteína animal y la grasa caen en una contradicción. En el mejor de los casos, reducen la posibilidad de sufrir obesidad o diabetes de tipo 2, pero incrementan considerablemente el riesgo de padecer una elevada presión sanguínea, arteriosclerosis, infartos cardíacos, ataques de apoplejía y, sobre todo, tal y como se ha constatado en nuestros días, cáncer. Es como tener que elegir entre la peste y el cólera. Las dietas bajas en carbohidratos desplazan lentamente el riesgo de un peligro al otro. De hecho, la probabilidad de reducir la obesidad y la diabetes de tipo 2 a base de grasas y proteína animal es bastante escasa y no está justificada en ningún caso.
El paso de la condena a los carbohidratos por una parte y su elogio por la otra se mueve en las últimas décadas en la cuerda floja, y eso es debido a las diversas orientaciones de las dietas. Existe una solución muy sencilla. Con la misma seguridad con la que podemos afirmar que los carbohidratos refinados no conducen a nada bueno y deberían minimizarse, también podemos decir que los carbohidratos integrales son importantes para evitar el cáncer, las afecciones cardiovasculares y otras muchas enfermedades. Tal y como se mostrará más tarde, son, asimismo, una solución para la obesidad y la diabetes, dos de los grandes azotes de la humanidad actualmente, hasta el punto de que la Organización Mundial de la Salud ya las ha clasificado como las epidemias del futuro. Por tan-to, los himnos a los carbohidratos son válidos tan solo en lo que se refiere a sus formas de presentación naturales (sin tratar) e integrales. Aun cuando los carbohidratos refinados e integrales se basan en los mismos componentes básicos, sus efectos no pueden ser más distintos.
Prioridad para los carbohidratos integrales
| Carbohidratos refinados | Carbohidratos integrales o complejos |
| (obligatorio renunciar a ellos) | (muy recomendables) |
| Azúcar blanco y moreno Productos de harina blanca Dulces preparados con ellos | Cereales y arroz, con cáscara Legumbres secas Patatas Fruta y verdura, frescas Productos integrales |
Todo lo anterior muestra que la actual producción de alimentos industriales constituye nuestro auténtico problema. El refinamiento de los hidratos de carbono hace que se conviertan en alimentación muerta que no nos fortalece, al tiempo que nos lleva a una muerte precoz. Quien desee una vida larga, saludable y feliz, deberá evitar los alimentos refinados o animales. Así evitaremos encontrar en nuestros platos seres muertos cuando lo que hay que propiciar son los carbohidratos complejos.
Resumen:
Los carbohidratos complejos vegetales son tan valiosos e importantes como peligrosos y vacíos son los refinados. Por ello, son perjudiciales las dietas bajas en hidratos de carbono, puesto que si bien reducen los carbohidratos refinados, lo que constituye un aspecto favorable, también lo hacen con los integrales, por lo que no solo incrementan el riesgo de afecciones cardiovasculares, sino, sobre todo, el de padecer cáncer.
Enfermedades cancerosas y sus causas
A lo largo de las tres últimas décadas he escrito sobre los fundamentos psíquicos de ciertos cánceres. El planteamiento de mis libros La enfermedad como símbolo, El mensaje curativo del alma y El mensaje curativo del alma femenina tiene como objetivo evitar que las células cancerosas campen a sus anchas por nuestro organismo y que cada persona asuma por sí misma su autorrealización para vivir. La idea puede sorprender a muchos pacientes, pero me consta que a algunos les ha deparado verdaderos beneficios en su salud. De acuerdo con las ideas de la psicosomática, de base científica y complementada por el correspondiente programa de alimentación, nuestras posibilidades de lucha contra el cáncer mejoran sensiblemente. Ahora disponemos de un arma muy efectiva que carece de efectos secundarios y que no es superflua, todo lo contrario, para las personas sanas: la adaptación del trasfondo mental, así como la alimentación vegana por sus efectos sobre la aparición del cáncer, la deberían utilizar todos los seres humanos.
CÁNCER Y COLESTEROL
En el año 1992, Campbell y sus colaboradores ya observaron en sus estudios con ratas de laboratorio que se podía activar el cáncer a base de una alimentación rica en proteínas y, al contrario, desactivarlo con una ingesta de escaso contenido proteínico. Dos grupos de ratas fueron tratados con aflatoxinas, un poderoso cancerígeno que afecta al hígado. Uno de esos grupos recibió, además, una alimentación enriquecida con un 20 % de caseína (proteína de la leche), mientras que a la comida del otro grupo solo se incorporó la cuarta parte de esa sustancia. Al cabo de cien semanas todos los animales del primer grupo estaban muertos o moribundos. En el otro grupo, en el mismo periodo y a pesar de haber recibido la misma cantidad de aflatoxinas, todos los animales estaban vivos e irradiaban vitalidad, algo que se podía apreciar perfectamente en su sedoso pelaje.
Proteína de «alto valor» y de «bajo valor»
Durante mucho tiempo, la medicina convencional ha considerado que la proteína animal es algo muy valioso, pues contiene todos los aminoácidos y hace que el crecimiento se active rápidamente. Pero entretanto, y debido a los episodios de cáncer aparecidos, conocemos los inconvenientes que puede presentar un crecimiento rápido posterior a la adolescencia. Además, según esta lógica, para nosotros la carne humana sería lo mejor, es decir, la de alto valor biológico… Pero son muchos los estudios que muestran que las denominadas proteínas vegetales de bajo valor biológico favorecen un crecimiento más lento pero más duradero, no fomentan el cáncer y, además, tienen la capacidad de minimizarlo. El hecho contrastado es que una alimentación basada en frutas y vegetales puede evitar el cáncer, del mismo modo que la comida animal puede activarlo.
Por otra parte, sabemos que la proteína vegetal es capaz de reducir de forma natural el nivel de colesterol, pues este, como materia de unión y asociación, ya no es necesario en tan gran medida. Igualmente, se sabe que la proteína vegetal hace descender el riesgo de cáncer y nos procura una gran cantidad de efectos positivos. Hasta la fecha no hay un solo estudio que se haya referido a sus inconvenientes o aspectos negativos. El uso actual de la denominación «alto valor» y «bajo valor» para referirse a las proteínas es totalmente falso e induce a error. En otras palabras: la proteína vegetal, desde el punto de vista de la salud, es de alto valor, mientras que la animal es no solo de bajo valor sino, además, peligrosa.
En el caso de los animales cuya alimentación pasó de ser rica en proteína láctea a ser proteínicamente escasa, se pudo observar que el crecimiento de tumores descendía de un 35 a un 40 %. Si posteriormente se volvía al exceso de proteínas, esos valores volvían a subir. La sospecha extraída de estas observaciones intrigó al autor durante muchos años y pudo seguir alimentándola a través de diversos experimentos. Campbell pudo demostrar que la proteína de la leche influye en las células y las hace reaccionar como cancerígenas. Puesto que se habían comprobado muchas sustancias para los distintos tipos de cáncer y dado que las ratas disponen de un metabolismo proteínico muy similar al de los humanos, estaba muy claro que el paso siguiente era hacer estudios semejantes en personas.
The China Study, con su gran cantidad de participantes, supuso ese paso y arrojó unos resultados en verdad escalofriantes. Un elevado nivel de colesterol no solo era un claro signo de la probabilidad de sufrir afecciones cardiovasculares, sino que también representaba un elevado riesgo de cáncer. El colesterol alto en sangre surge por una alimentación carnívora que aporta gran cantidad de contenido graso. Por tanto, es también un marcador para personas que disfrutan con esa alimentación animal.
El carácter nocivo de la grasa animal
Entre la ingesta de grasa y el cáncer, en especial el cáncer de mama, aparece una correlación semejante a la que existe entre el colesterol en sangre y el cáncer. Campbell citó un estudio de Ken Carroll, por aquel entonces profesor de la universidad canadiense de Western Ontario, que mostraba un vertiginoso aumento de los índices de cáncer de mama relacionado con una creciente ingesta diaria de grasa, y en este caso no se establecían diferencias entre grasas animales y vegetales. El ratio de muerte por cáncer de mama en las mujeres tailandesas, que solo toman 30 g de grasa al día, no era ni de un solo caso por cada 100.000 mujeres. En los Países Bajos, con unos 150 g de grasa diaria, el índice pasaba a ser de 25:100.000. En países como Austria, con unos 120 g y Alemania, 130 g, el valor de casos mortales figuraba entre 17/18:100.000. Y en Suiza, con 140 g de ingesta diaria, se situaba en 22 mujeres afectadas por cada 100.000.20b
El profesor Carroll también estudió por separado los efectos de la grasa animal y vegetal, sobre todo en la frecuencia de la aparición de cáncer de mama21 y descubrió una fuerte correlación entre la grasa de origen animal y ese tipo de cáncer, una conexión que resultó casi inexistente en el caso de las grasas de origen vegetal. Tanto del colesterol total en sangre como del contenido de grasa en la alimentación se puede obtener la misma relación: una alimentación básicamente animal incrementa considerablemente la probabilidad de sufrir cáncer de mama.
Aun cuando el estudio comentado se remite a un solo tipo de cáncer, Campbell señala sin atisbo de duda que todos sus hallazgos se podrían extrapolar a otros tipos de cáncer.
CÁNCER DE MAMA
El cáncer de mama es el carcinoma más frecuente entre las mujeres de las sociedades occidentales modernas. Los investigadores Colditz, Pillen y Hunter ya constataron en un estudio del año 1993 que menos de un 3 % de todos los casos de cáncer de mama se podían asociar a circunstancias de transmisión por herencia. Se midió en este aspecto el miedo atroz que provoca el gen del cáncer de mama y la anamnesis familiar positiva. De hecho, estamos ante un fenómeno semejante al que ya hemos comentado sobre los fumadores y el miedo: se insiste premeditadamente en la posibilidad de aparición del cáncer. En este caso, los más pequeños facto-res de riesgo se subrayan de una forma extraordinaria y se hacen materialmente concretos, tal como se quería, mientras que otros factores, como los psíquicos o los relacionados con la alimentación, se ocultan bajo la alfombra a pesar de su dramatismo, porque no se adaptan a las concepciones actuales. La ciencia, y sobre todo el trato que da a los resultados, no es realmente objetiva, sino altamente tendenciosa. Para que cambiara esa actitud, el sentido de la alimentación debería correlacionarse con la visión materialista del mundo. Tendrían que hacerse públicos los intereses económicos que obligan a ocultar los conocimientos alcanzados. Además, también advertimos el error de que el cáncer de mama sea esencialmente hereditario, para que toda la responsabilidad quede en ma-nos de los médicos, puesto que eso es lo que interesa.
Incluso la pequeña cantidad de mujeres portadoras de genes de cáncer de mama reconocidos (según las más recientes investigaciones son un 0,2 % de las mujeres) no tiene por qué sufrir a largo plazo ese mal: la probabilidad de padecerlo es del 50 %. Sin embargo, como hemos visto al principio, la alimentación sí puede afectar a la eficacia de los cancerígenos. Algo muy similar a lo que ocurre con la predisposición genética, como pudieron corroborar los estudios con animales (ratas) que presentaban genes de cáncer. La alimentación puede contribuir a activar o desactivar estos genes. Con una alimentación adecuada, hasta en las mujeres peor dotadas genéticamente disminuye de forma muy considerable la probabilidad de padecer cáncer.
La alimentación contra los factores de riesgo
Campbell escribió sobre el peligro general de cáncer de mama, dado que en Estados Unidos una de cada ocho mujeres lo sufre a lo largo de su vida: «Existen al menos cuatro factores de riesgo muy significativos para sufrir un cáncer de mama y pueden ser influidos por la alimentación». Se refería a:
Una primera menstruación precoz.
Una menopausia tardía.
Un elevado nivel de hormonas sexuales femeninas en sangre.
Un elevado nivel de colesterol en sangre.
The China Study demuestra que la alimentación con abundancia de productos animales y carbohidratos refinados (productos de harina blanca, azúcar blanco…, véase el resumen sobre el tema en la página 61) puede favorecer esos factores de riesgo, es decir, una primera menstruación temprana, una menopausia tardía y elevados niveles de estrógenos y colesterol. Por otro lado, la exposición a estrógenos durante la vida de una mujer se eleva mucho, y con ella los índices de cáncer de pecho.
Hasta la fecha, en Estados Unidos a las mujeres con un elevado riesgo de padecer cáncer de mama se les ofrece una de las siguientes opciones:
1 Reconocimientos preventivos regulares, es decir practicados por la medicina convencional, además de una constante autoobservación, la cual implica un efecto secundario: el miedo constante.
2 Terapia «profiláctica» antiestrogénica a base de medicamentos, por ejemplo tamoxifeno, con el drástico efecto secundario de un climaterio precoz y descenso del atractivo femenino.
3 Amputación «profiláctica» de la mama sin tener en cuenta la enorme carga psicológica que esa cirugía acarrea. Esta intervención presenta, naturalmente, un elevado factor de riesgo, aunque solo se trate de los posibles efectos secundarios de la anestesia en los procesos quirúrgicos. Curiosamente, la medicina convencional no reconoce como destacado grupo de riesgo a las mujeres que consumen muchos productos animales en su dieta habitual, por ejemplo, carne, huevos y productos lácteos. A estas habría que añadir, como factor de riesgo, a las que reciben muy poca radiación solar. Por ese motivo, sería muy recomendable añadir las opciones 4 y 5, y suprimir por completo la 2 y la 3 (me extenderé más sobre el tema del diagnóstico precoz a partir de la página 82):
4 Reducción consecuente de los productos animales en la comida. Lo ideal sería optar por una alimentación vegana.
5 Suficiente exposición al sol.
La opción de cuidar la alimentación tiene, por otro lado, una serie de ventajas, como se ha podido comprobar en las mujeres chinas. La ingesta de productos vegetales de alto valor biológico no solo disminuye el tiempo de la exposición a hormonas entre la primera y la última menstruación, sino que también aminora los síntomas de la menopausia. Por el contrario, si la dieta que se sigue es carnívora, los trastornos resultan especialmente severos cuando surge bruscamente una fuerte regresión de los valores hormonales. En el caso de las mujeres que se alimentan de forma vegana esto no sucede con tanta intensidad, pues sus niveles durante la época de madurez sexual no son tan elevados y posteriormente no disminuyen con tanto rigor. Naturalmente, a todo esto se agregan las ventajas de la vida vegana, que ya se han expuesto al tratar las afecciones cardiovasculares.
Asimismo, ha quedado científicamente demostrado el efecto del sol en una considerable reducción de la probabilidad de sufrir cáncer de mama. En el año 1999 el doctor Martin Lipkin realizó varios estudios y confirmó el efecto positivo de la vitamina D. Entre los años 1986 y 2004, Kim Robien y sus colaboradores constataron en 34.000 mujeres, incluidas en el denominado Iowa Women Study, que la ingesta diaria de 800 UI (unidades internacionales) de vitamina D, en lugar de 400, reducía alrededor de un 34 % el riesgo de padecer cáncer de mama. A partir de aquí ha seguido un estudio tras otro, siempre con los mismos resultados: altos valores de vitamina D disminuyen considerablemente el riesgo de sufrir un carcinoma de mama.22
La prevención es la verdadera previsión: un amplio remedio
Desde mi punto de vista, la primera opción, obligatoria, es aceptar la relación entre la psique y el cáncer de mama, tal y como se explica en libros como El mensaje curativo del alma femenina y La enfermedad como símbolo. La verdadera prevención que resulta de todo ello es la aceptación de nuestra función en la vida.
Las mujeres que se colocan en esta realidad mental de autoconocimiento y siguen de forma consecuente su senda femenina, a la vez que renuncian a la alimentación a base de animales y carbohidratos refinados, consiguen la mejor prevención posible en dos niveles fundamentales. Por un lado, en el ámbito psíquico, al desarrollar su verdadera forma de ser encuentran el camino para desarrollarse. Por otro lado, una alimentación correcta ayuda a mantener la salud del organismo.
Las opciones preventivas de la medicina convencional, antes apuntadas, son realmente atroces, sobre todo cuando se piensa en el terrible error del pasado de prescribir hormonas antes de la menopausia (la consecuencia fue que se elevaran los ratios de cáncer de mama por encima de un 60 %), o de recomendar mamografías, sin evaluar sus efectos secundarios, y el desacierto de que, aunque ya estén anticuadas, aún se siguen realizando, a pesar de que es innegable lo complicada que resulta la localización de nódulos a partir de estos métodos de reconocimiento basados en radiaciones intensivas que son absorbidas por los tejidos, con sus peligros subyacentes. Un estudio sueco determinó que tales métodos, en lugar de aportar algo positivo en lo referente al diagnóstico precoz de la enfermedad, provocan más cánceres.23 Mientras que con métodos más recientes, como son las tomografías de resonancia magnética (MRT, por magnetic resonance tomography), se localiza más del 90 % de los nódulos cancerosos, o el ultrasonido, que consigue un 38 %, con las mamografías solo se llega al 33 %,24 y además hay que agregar en este caso la posible presencia de muchos falsos positivos.
Aun cuando, al parecer por motivos económicos, todavía son muchas las mujeres a las que se invita a someterse a estos nocivos reconocimientos, hace ya mucho tiempo que existen datos, en forma de investigaciones científicas, de cuyos resultados se deduce que se deberían prohibir estas medidas. A las mujeres modernas, desde mi punto de vista, solo se les plantean dos preguntas: si la amortización de los equipos de mamografía debe ir en contra de su delicado tejido mamario, y si quieren asumir los costes que pueden soportar en cuanto a su calidad y esperanza de vida.
Las mujeres a las que les parezcan exagerados estos comentarios deberían consultar los artículos del profesor Holzgreve en la revista Münchner Medizinischen Wochenschrift, donde realiza una valoración extremadamente crítica sobre los chequeos preventivos de cáncer de mama. En su valoración más optimista, a base de mamografías regulares cada dos años, durante diez años se habría conseguido salvar a solo una mujer entre 2.500. Sin embargo, habría 1.000, más de la tercera parte, diagnosticadas con un falso positivo; 500 sometidas a innecesarias biopsias; y de 5 a 15 habrían sufrido operaciones quirúrgicas, igualmente innecesarias y, además, recibido radio/quimioterapia.25 Detrás de estas cifras se esconden dramas terribles. Un diagnóstico positivo erróneo significa que más de un tercio de las mujeres fueron advertidas de que padecían cáncer a pesar de estar sanas, con la gran carga de angustia que esa noticia implica. En general, un 20 % de las mujeres reconocidas sufrieron biopsias inútiles, es decir, les perforaron el pecho (con todo lo que ese proceso entraña) y tuvieron que soportar el terrible miedo de la espera del diagnóstico. Los datos presentados por el profesor Holzgreve acerca de operaciones quirúrgicas innecesarias, además de sesiones de radioterapia y quimioterapia, a un tercio de las mujeres son inimaginables en cuanto a dolor y angustia. Y todo ello para, quizá, salvar a 1 mujer entre 2.500.
CÁNCER DE COLON O RECTO
Se trata del segundo cáncer más frecuente en la práctica totalidad de los países del área occidental, después del cáncer de pulmón, y el cuarto más habitual en el mundo. El 50 % de las personas de Occidente, a partir de los setenta años, están en peligro de padecer un tumor colorrectal. Las diferencias entre los países industrializados occidentales y los que están en vías de desarrollo, como Bangladesh, son muy importantes. Mientras que en estos últimos tan solo 1 habitante de cada 200.000 enferma de ese tipo de cáncer, en nuestras latitudes la media suele ser de 30, y en la República Checa casi llega a los 70.
La proteína animal eleva el riesgo del cáncer de colon
La enorme importancia que tienen la alimentación y el estilo de vida es algo que se observa de inmediato al ver cómo los inmigrantes de los países en vías de desarrollo, con sus bajos ratios de enfermedad, alcanzan rápidamente las elevadas cifras de los países industrializados a partir de la segunda generación. Los investigadores Doll y Armstrong26 comprobaron en un estudio del año 1975 una clara correlación entre el cáncer de colon y un consumo de carne abundante de proteínas animales en general y azúcar o carbohidratos refinados unidos a una baja ingesta de cereales integrales. Se compararon las cifras de 23 países. Mientras que en un país como Nigeria, con un consumo medio diario de 20 g de carne, no se llegaba a una mujer afectada de cada 100.000, en Nueva Zelanda, con un consumo de 320 g de carne al día, se superaban las 40:100.000.
Otro estudio27 estableció una nítida conexión entre el escaso consumo de fibra y el cáncer colorrectal. Bastaría una aportación adicional diaria de 10 g de fibra para reducir en una tercera parte el riesgo de cáncer de colon, y esos 10 g no son más que un puñado de frutos secos. Esto dio como resultado un magnífico complemento al primer estudio citado: la proteína animal incrementa el riesgo y la vegetal lo disminuye. Muchos otros estudios corroboran esta relación: el 20 % de los europeos que consumen por término medio 34 g de fibra al día cuenta con un 42 % menos de riesgo de sufrir cáncer de colon frente a otro 20 % que solo ingiere 13 g de estos productos. Si se comparan los efectos del consumo de carne y fibra, todo indica que el riesgo máximo hay que buscarlo antes que nada en las cantidades elevadas tanto de grasa como de proteína animal. Las sustancias de lastre o fibra son, por tanto, poco significativas.
Atención a la carencia de vitamina D
En este punto se deben añadir otros estudios recientes que confirman la estrecha relación entre la falta de vitamina D, es decir, poca exposición a la luz solar, y el riesgo de padecer cáncer colorrectal. En 2008, el equipo de D. M. Freedman publicó un estudio realizado con 16.800 participantes entre el año 1988 y el 2000. En él se determinaba que las personas que disponían de un nivel de vitamina D relativamente alto (por encima de los 80 nmol/l) mostraban un 72 % menos de riesgo de sufrir cáncer de colon frente a las que lo tenían bajo, aun cuando estaban en los límites que marca la medicina convencional (por debajo de 50 nmol/l). Adicionalmente, se contrastó una mayor supervivencia posterior al diagnóstico del tumor en muchos de los pacientes con un alto nivel de vitamina D.28 La vitamina D, como ya se ha mencionado, sobre todo la procedente de la radiación solar sobre la piel, no solo tiene un efecto preventivo frente a las enfermedades, sino también curativo. La radiación solar natural es mucho más beneficiosa que cualquier radiación de las que utiliza la medicina convencional.
Ayuda adicional para el cáncer de colon
Ya hemos hablado del carácter nocivo de los carbohidratos refinados: eliminarlos de la dieta ayuda a prevenir el cáncer de colon. Por otro lado, en un metaestudio se compararon los resultados de otros 20 estudios y se dedujo que 17 de dichas investigaciones confirmaban la importancia del ejercicio físico para evitar el cáncer de colon. Una actividad corporal moderada, por ejemplo la que se consigue con un entrenamiento de resistencia y el denominado equilibrio de la oxigenación (véase el recuadro siguiente) ha mostrado ser muy eficaz en el caso de las afecciones cardiovasculares y su prevención (aunque estos consejos de salud ya eran conocidos desde hace mucho tiempo, ahora han quedado científicamente respaldados). «El jogging es beneficioso para el cerebro», dice Gerd Kemperman de la Universidad Técnica de Dresden. Un ejercicio realizado con carácter regular en la naturaleza fortalece el sistema inmunitario, el cardiovascular, el metabolismo en general y, además, nos hace inteligentes y felices. Desde el punto de vista científico esto se debe a que el ejercicio físico ayuda a elevar el nivel de serotonina en el cerebro y, como corroboró un estudio realizado por la Universidad de Bayreuth en el que intervinieron 1.500 participantes,29 basta realizar un ejercicio continuado de resistencia (correr, nadar, bailar…) durante media hora para conseguirlo.
Asimismo, es una realidad reconocida desde hace mucho tiempo que el ejercicio regular previene las enfermedades asociadas a la edad avanzada, como el Alzheimer y la demencia. Lo expongo en mi libro Aller guten Dinge sind drei y lo ilustro con una serie de ejercicios y recomendaciones muy fáciles de poner en práctica.
Entrenamiento en el equilibrio de la oxigenación
Entrenarse para obtener el equilibrio de oxígeno es tan sencillo como efectivo. Se practica durante media hora, y a diario siempre que sea posible, con un deporte de resistencia como el jogging, la natación o el baile, y se realiza con la intensidad suficiente para que se pueda absorber el aire a través de la nariz y en ningún momento se haga necesario respirar por la boca. Con este suave ejercicio se evita la hiperacidificación y, además de quemar grasa, se entrena el sistema cardiocirculatorio.30
En el caso del cáncer de colon, el efecto positivo del ejercicio tiene mucho que ver con su acción favorable para la digestión. El movimiento activa la respiración y su músculo más importante, el diafragma, aplica un masaje en el intestino. Es una forma de prevención natural contra el estreñimiento, una importante causa del cáncer de recto, el más frecuente de los cánceres de colon.
Dado que respalda a la digestión, se puede afirmar también que el café ayuda a impedir el cáncer de colon. Incluso se podría decir lo mismo de los cigarrillos. Cuando el denominado «cigarrillo de la digestión» nos lleva al cuarto de baño por la mañana, está impidiendo que surja el estreñimiento, con la consiguiente prevención del cáncer de recto. Pero quien toma suficiente alimentación vegetal integral, rica en fibra, y renuncia a los productos animales y, con ellos, al engorde a base de proteína, favorecedora del estreñimiento, avanza por una senda segura sin sufrir los indeseables efectos de los cigarrillos.
Trasfondo mental del estreñimiento
Como en el resto de las enfermedades, también el trasfondo mental del cáncer es un factor muy importante, tal y como señalan mis libros Verdauungsprobleme (Problemas digestivos) y La enfermedad como símbolo. Por tanto, habría que proceder a una prevención psicosomática e investigar el verdadero causante del estreñimiento y del cáncer de colon. Se debería aprender a conservar lo importante y dejar de lado lo superficial. En lo referente a las posesiones materiales, cada uno debería hallar su camino individual.
Las posesiones son el anverso de la moneda, pero la parte oculta tiene, hoy en día, una variante muy extensa. El estreñimiento es un problema de dar y recibir, y su amplia difusión muestra que en la actualidad las personas están dominadas por lo material y hacen del dinero el motor de su vida. Mi libro La psicología del dinero trata este tema y ahonda en las profundidades más simbólicas. Que en este entorno sean tan habituales los casos de cáncer revela que muchas personas siguen la «normopatía», es decir el superyó económico, en lugar de recorrer su propio camino personal.
CÁNCER DE PRÓSTATA
Una estadística muy fácil de recordar afirma que en el mundo occidental el 60 % de los hombres de sesenta años, el 70 % de los que tiene setenta años y el 80 % de los octogenarios padecen un carcinoma de próstata. Se trata del tumor registrado con más frecuencia en Estados Unidos y en los países de Europa occidental; es el responsable de casi un cuarto de los diagnósticos tumorales. A pesar de que es el cáncer más frecuente entre los hombres, no es el más mortal. Es mucho más letal el carcinoma bronquial. En el caso del cáncer de próstata hay que distinguir entre el benigno, que el oncólogo alemán Julius Hackethal denomina cáncer mascota, y el cáncer depredador, maligno y de rápido crecimiento.
La situación es especialmente controvertida cuando se menciona el PSA (por sus siglas en inglés de prostate specific antigen) o antígeno prostático específico, el conocido marcador tumoral que tanto inquieta a médicos y pacientes. Por encima del valor PSA= 4 en sangre, la medicina convencional amenaza con la cirugía. Aquí de nuevo se plantea la pregunta de si se trata de una pequeña o gran operación, pues esta última es una frecuente causa de impotencia.
El valor PSA ha sido estimado en muchas ocasiones como poco descriptivo por los médicos naturistas, que aconsejan la ingesta de alimentos que ayudan a la próstata, por ejemplo pipas de calabaza, tomates (licopina) o serenoa (en homeopatía: Sabal serrulata). No es raro que el valor del PSA descienda con este tratamiento. Si a ello se añade un elemento auxiliar, que para mí es primordial, en forma de una mejora de la salud mental a través del desarrollo de la sexualidad (en breve me extenderé acerca de este tema), entonces las medidas de la medicina naturista pueden resultar decisivas para que no se tenga que recurrir a la operación quirúrgica.
Como ocurría con el cáncer de mama, de nuevo observamos que la frecuencia del cáncer de próstata es mucho más elevada en determinados países. Es mayor en las sociedades industrializadas occidentales que en los denominados países en vías de desarrollo. Sin embargo, cuando los varones de estos últimos países se trasladan a países industrializados y adoptan los hábitos sexuales y de alimentación que observan en ellos, sus ratios de morbilidad acaban por incrementarse.
No resulta sorprendente que muchos estudios constaten una evidente relación entre la alimentación vegetariana y el cáncer prostático. Campbell afirmaba que «una enorme cantidad de estudios muestra que los alimentos de origen animal mantienen una relación muy directa con el cáncer de próstata».31
Debemos agregar algo más sobre este tipo de cáncer, una advertencia muy clara sobre el gran peligro que suponen los productos lácteos (véase página 45). En 2001 los investigadores Chan y Giovanucci comprobaron, a lo largo de un trabajo de revisión de docenas de estudios que ya se habían realizado, que los varones con un alto consumo de productos lácteos doblaban la probabilidad de padecer carcinoma prostático respecto a los de consumo más moderado; además, el riesgo de padecer un cáncer de próstata con metástasis maligna, y por tanto letal, se multiplicaba por cuatro.
Vitamina D y cáncer de próstata
De nuevo vuelve a aparecer como elemento significativo la vitamina D, una hormona que produce el organismo con ayuda de los rayos solares. Se ha comprobado que un nivel bajo de vitamina D prolongado a lo largo del tiempo favorece cualquier tipo de cáncer, incluido el de próstata.
En el año 2007, el profesor Li pudo constatar, a raíz de un estudio realizado a lo largo de 18 años sobre un colectivo de 14.900 hombres, que los que tenían un nivel de vitamina D superior a los 62 nmol/l contaban con la mitad de posibilidades de padecer cáncer de próstata que los que tenían valores más bajos. En el año 2006 el doctor Vieth, en Toronto, registró que los niveles de PSA en los casos de cáncer de próstata eran más bajos durante los meses de primavera y verano.32 Esto hace suponer que la radiación del sol no solo evita el mal, sino que, además, puede tener propiedades curativas.
Próstata y mente
A todo ello se añade el embarazoso componente emocional que un problema de próstata acarrea a los hombres de nuestra sociedad. En las sociedades industrializadas occidentales altamente competitivas, casi el 100 % de los hombres de setenta años tiene un aumento del tamaño de la próstata que le dificulta la micción. La orina simboliza las aguas residuales del alma. Que los hombres occidentales tienen un problema para liberarse mentalmente es algo que no solo se manifiesta en la micción a edades avanzadas, sino también en otros muchos planos, e incluso a edades anteriores. Los árabes que tienen que «atender» a un harén no tienen esos problemas de evacuación…
La misión de la próstata, que en su volumen natural tiene el tamaño de una avellana, es la de producir fluido para favorecer las relaciones sexuales, apoyada por la glándula de Cowper, generar un lubricante y aportar fluidos nutrientes al esperma. Pero para ello precisa de un determinado entrenamiento; por decirlo de alguna forma, debe tomar parte en largos rituales amorosos y ser entrenada para realizar correctamente su misión. Si ocurre así, tiende a disponer de una vida larga para trabajar y ocuparse de que todo se deslice y fluya correctamente, de forma sensual y placentera.
Pero cuando su trabajo es ignorado, porque esas fiestas amorosas no son dignas de tal nombre y son tan solo unos fugaces fuegos artificiales que enseguida se apagan, es muy posible que aparezcan los problemas. Tras décadas de una silenciosa vida pasional, la glándula lo acusa y comienza a crecer con un desarrollo excesivo: la denominada hipertrofia. Por regla general suele ser benigna y el problema se hace perceptible por una «emisión» masculina cada vez más lastimosa. No tiene por qué ser muy preocupante, pero ¿cuántos de los jóvenes que ahora compiten por «llegar más lejos y más alto» sospechan que en algún momento se producirá un agotamiento paulatino de su actual y orgulloso chorro masculino?
En este caso no sería útil la conocida solución de los urólogos con los masajes prostáticos que, en tiempos, gozaban de gran consideración. La solución radica en una activa vida sexual, con festivales amorosos por todo lo alto, suculentos y, sobre todo, mantenidos de forma prolongada, con sus correspondientes erecciones tal y como exige la próstata. Está claro que esa actitud no suele ser la regla habitual en una sociedad en la que todo son prisas, y, cuando se da, para la glándula, su propietario y su pareja, suele ser una excepción.
De hecho, en nuestras sociedades casi todos los hombres son frígidos, es decir, en las eyaculaciones, que los occidentales confunden con orgasmos, permanecen totalmente secos. Aun cuando en los patriarcados este diagnóstico suele estar reservado a las mujeres, el fenómeno es más que claro. ¿Por qué la Madre Naturaleza, que siempre va sobre seguro y para conseguir una pareja de ranas produce una gran cantidad de renacuajos, aquí no debería ir también sobre seguro y hacer que los dos sexos tengan, por obligación, una jugosa «fiesta resbaladiza»? Los hombres de otras culturas (amorosas) muestran cómo funciona la cosa de forma natural.
El dilema es cómo mejorarse a sí mismo, incluso a edades avanzadas. Está claro que una sexualidad desarrollada de forma temprana y continuada, al mismo tiempo que una renuncia a la leche en la vida adulta y el traslado del deseo de carne desde el comedor al dormitorio, y con ello al plano de la vida amorosa, sería la mejor medida preventiva. En este caso tampoco se han observado efectos secundarios; una sexualidad placentera nos hará felices hasta edades muy avanzadas.
Sin embargo, las constantes visitas al urólogo por el aumento de los valores de PSA constituyen, evidentemente, un proceso penoso y embarazoso de diagnóstico precoz que siempre implica mucho miedo. La prevención real aporta justo lo contrario que el miedo, el goce de la vida. Este sería el deseo y la misión de esta glándula: quiere regir y favorecer una maravillosa vida sexual.
PREVENCIÓN Y DIAGNÓSTICO PRECOZ DEL CÓNCER
La prevención es, en principio, algo distinto al diagnóstico precoz. En el primer caso se puede impedir el mal de antemano y, además, hacerlo imposible gracias al correspondiente posicionamiento vital. El segundo caso, el diagnóstico precoz, pretende que el problema salga a la luz lo antes posible y poder luchar a tiempo contra él. Por eso la prevención empobrece a los médicos y el diagnóstico los enriquece. Posiblemente sea ese uno de los motivos por los que la primera casi no aparece en la medicina convencional mientras que el segundo ha generado a su alrededor una industria que no para de crecer. Comparado con la prevención en el sentido que señala el libro La enfermedad como símbolo, el diagnóstico es poco significativo, escasamente necesario y, además, va siempre asociado al miedo y la esperanza de que no se encuentre nada…, pero nunca se puede afirmar con total seguridad, ni siquiera haciendo rastreos semanales.
Por regla general, la prevención puede aportar mucha satisfacción, pues trabaja sobre algo que es necesario para la vida y lo hace con una mayor probabilidad de remedio que la que supondría tropezarse con la temida enfermedad que se pretende prevenir. En el libro Lebensprinzipien (Principios de vida) reúno todas mis ideas relativas a la auténtica prevención con la ayuda de los principios originales. Esta prevención debe englobar, por supuesto, a la mente, tomar en gran consideración una alimentación eficiente y de calidad, así como incluir el ejercicio (lo mejor es practicarlo al aire libre) con fases de recuperación y descanso hasta llegar a la dimensión espiritual de la meditación.
El diagnóstico precoz, que de forma totalmente errónea se considera una profilaxis o prevención del cáncer, es una insolente falacia que no tiene tales pretensiones, pero que siempre es mejor, por supuesto, que un diagnóstico tardío… exceptuando las peligrosas mamografías. Sobre su efectividad como diagnóstico precoz, las mamografías están cada vez más en tela de juicio e incluso aumenta el número de médicos convencionales que se distancian de esos métodos, como es el caso de la profesora Ingrid Muhlhauser, de Hamburgo, o Holzgreve, su colega de Munich. Este último escribió sobre un metaanálisis, es decir, un estudio que englobaba seis estudios independientes, relativos al carcinoma de próstata, que entre los años 2005 y 2010 se realizaron a 387.286 personas y que no pudieron determinar un descenso significativo de la mortandad basado en las evaluaciones de valores PSA.33 Si se piensa en la angustia que se provoca, las circunstancias de los reconocimientos y las consecuentes operaciones quirúrgicas, parece decididamente necesario desaconsejar este tipo de «previsiones». Estos alejamientos de los métodos tradicionales han aparecido incluso en revistas especializadas, como Deutsche Ärzteblatt y Münchner Medizinische Wochenschrift, lo que constituye una clara muestra de lo mucho que cambian los síntomas y los tiempos.
A estos avances se añaden los estremecedores resultados de la denominada «medicina basada en la prueba», una rama de la medicina científica que tiene la misión de examinar, muy de cerca y de forma científica, las medidas médicas aplicadas. Como resultado de estas investigaciones, hace ya años que en Inglaterra se han suprimido los reconocimientos preventivos en los problemas de próstata, pues ha quedado claro que provocan más perjuicio que beneficio, sin olvidar su carga de angustia y los falsos positivos, es decir, diagnósticos erróneos que suponen la práctica de un gran número de intervenciones quirúrgicas innecesarias.
Pero el hecho de que desde hace tiempo no parezcan razonables las mamografías no significa que no tenga sentido un reconocimiento manual de la mama por parte de facultativos competentes. Esto no supone ningún obstáculo para una auténtica prevención.
Yo, personalmente, a mis sesenta años, nunca me he sometido a uno de los denominados reconocimientos de la medicina convencional y aseguro que no voy a hacerlo si, en el peor de los casos, se trata de un reconocimiento precoz que sea peligroso o molesto. Me pasé a la alimentación vegetariana cuando tuve claro lo que me aportaba tanto en la salud como en el terreno espiritual: hace ya más de cuarenta años que renuncié con sumo gusto al consumo de carne. Desde que leí The China Study sigo, como ya he dicho, una dieta vegana.
En el plano emocional intento realizar satisfactoriamente mi misión en la vida y avanzar por mi camino, tanto en el ámbito laboral como el de pareja y espiritual, lo que supone también una prevención mental contra el cáncer. Además, dedico tiempo y espacio a los temas del corazón, tal y como hago ahora en este libro, y eso se puede asociar a una prevención mental de las afecciones cardiovasculares. Naturalmente recomiendo a todos que sigan este mismo procedimiento.
CORRELACIÓN ENTRE EL CÁNCER Y LOS PRODUCTOS CÁRNICOS, ALGO DESATENDIDO DURANTE MUCHO TIEMPO
No desearía, en absoluto, dar aquí la impresión de que el conocimiento de la relación existente entre el cáncer y la alimentación es algo nuevo y que The China Study no contaba con precedentes. La conocemos y advertimos sobre ella desde hace décadas, pero este estudio en concreto, con su gran cantidad de participantes y sus conclusiones, ha logrado llegar hasta el fondo de la cuestión. Con ese estudio, la medicina convencional, que dice estar tan vinculada a la ciencia, debería haber cambiado su enfoque; es como una conclusión de las investigaciones más antiguas. En relación con el cáncer existe una gran cantidad de estudios anteriores en el mismo sentido, que muestran que la medicina actual lleva mucho tiempo dormida y que se han ocultado los mejores conocimientos relativos a las correlaciones más importantes.
En 1992 se realizó un estudio de síntesis de otros 200 (!) en el que se afirmaba: «En la mayoría de los tipos de cáncer, las personas con un bajo consumo de frutas y verduras […] tienen doble riesgo de sufrir cáncer que las que las toman en abundancia».34 La dependencia estaba muy clara en la gran mayoría de los estudios pero, de hecho, no en todos. Sin embargo, en ninguno de ellos se mencionaban las posibles ventajas referidas al abandono de la alimentación vegetal o a su reemplazo por la proteína animal.
En 1999, el científico japonés Hirayama, del Instituto de Prevención Oncológica de Tokio, basándose en un estudio realizado durante 17 años sobre 265.118 adultos de seis prefecturas de Japón, llegó a la siguiente conclusión: «Los grandes comedores de carne muestran una clara tendencia a sufrir cáncer de colon, pulmón o mama. El riesgo se incrementa notablemente si, además, son fumadores y no toman a diario verdura verde o amarilla».35 De igual modo, en el año 1990 los autores de un metaanálisis referido a seis estudios independientes afirmaron: «Nuestras investigaciones muestran entre las mujeres que ya han pasado la menopausia una consistente y estadísticamente significativa relación positiva entre el riesgo del cáncer de mama y la ingesta de grasas saturadas; se ha comprobado el extraordinario efecto protector proporcionado por la ingesta elevada de fruta y verduras. Ese alto grado de protección se acusa en especial con la vitamina C».36
La conclusión final de los autores en otro estudio: «Entre las mujeres que padecían riesgo de sufrir cáncer de ovario, se comprobó que podían reducirlo considerablemente solo con proceder a un cambio en su alimentación: disminuir la ingesta de grasas saturadas y aumentar el consumo de verdura».37
Y algo realmente radical para los científicos, a pesar de que ya data de 1990: «Basta pensar con calma sobre la base de los datos existentes [en lo que se refiere al cáncer de colon], para concluir que la cantidad óptima de carne roja que se debe comer es igual a cero».38
Claus Leitzmann y Andreas Hahn escribieron hace 15 años en Vegetarische Ernährung (Dieta vegetariana): «Los análisis epidemiológicos nos llevan a la conclusión de que con una adecuada selección de los alimentos se puede reducir en un 90 % el riesgo de cáncer de colon y estómago, en un 50 % el de mama y en no menos del 20 % el referido a gran cantidad de otros tipos de cáncer (pulmón, boca, cuello, tráquea, esófago, vejiga, cuello del útero). […] Tal y como han reseñado numerosos estudios epidemiológicos, los adeptos a la alimentación vegetariana muestran una morbilidad y mortalidad a causa del cáncer claramente menores que las del resto de la población, en especial en lo que se refiere al cáncer de colon y de mama. Al mismo tiempo, a partir de un estudio longitudinal se concluyó que las mujeres vegetarianas que sufren cáncer de mama tienen un ratio de supervivencia cinco años más alto que el de las pacientes que no viven según las doctrinas vegetarianas. […] Un consumo alto y mantenido en el tiempo supone un factor de elevado riesgo para el cáncer de intestino. […] Si se sigue una alimentación rica en fibra, ese riesgo de cáncer de intestino disminuye alrededor de un 40 %».
En consecuencia, los autores llegaron a la siguiente conclusión: «Está más que contrastado que los vegetarianos son un grupo de bajo riesgo en lo que se refiere al cáncer. Una dieta cuya base prima-ria sean los vegetales les aporta toda una serie de alimentos preventivos, como pueden ser la fibra, las vitaminas y los minerales».39
Y el diario médico Ärzte Zeitung ya lo anunció en 1997: «Fumar sigue siendo, con una cuota de aproximadamente el 20 %, una de las causas más importantes de enfermedad, pero los datos epidemiológicos más recientes dejan atisbar que los fallos en la alimentación son responsables, al menos, de la misma cantidad de casos de cáncer».40 Y en el año 1999 fue aún más tajante: «Una alimentación rica en grasas, y con gran cantidad de carne y poca verdura tiene una correlación muy directa con casi la tercera parte de todas las afecciones cancerosas. Hasta la fecha se ha detectado una estrecha dependencia entre los hábitos alimenticios y la incidencia de carcinomas en 18 tipos de tumores».41
La carga de las pruebas disponibles desde hace muchos años es impresionante. Pero para aquellos colegas que todavía no lo puedan creer y prefieran criticar la metodología de los estudios independientes u orientar su indignación en un sentido distinto mediante la racionalización de otra pseudociencia, habría que añadir dos puntos más:
No existe ni un solo estudio que corrobore algún efecto positivo de la carne sobre el cáncer.
En el Anexo42 se dispone de una extensa lista de estudios que ya comenzaron en el año 1975. Todos van en el mismo sentido: comer carne favorece el desarrollo del cáncer, mientras que la dieta vegetariana nos mantiene saludables.
Como apoyo, aquí apunto una referencia de la página web www.fleisch-macht-krank.de, en la que aparece una lista de otros estudios internacionales, todos en la misma dirección.
Resumen:
Cuanto más elevado sea el nivel de colesterol, mayor será la probabilidad de enfermar de cáncer, y ese riesgo también aumenta con la grasa animal incluida en la alimentación: se puede concluir que una ingesta puramente vegetal provoca un claro efecto reductor del peligro de padecer cáncer.
Hace ya décadas que una gran cantidad de estudios señala a los productos animales como impulsores del cáncer y a la dieta vegetariana como una eficaz protección contra él; esta última alimentación es una auténtica medida preventiva que debe ir acompañada de la suficiente atención al trasfondo mental que genera la enfermedad. Si la verdadera prevención es muy útil y apropiada, resultan muy peligrosas las medidas de diagnóstico precoz, como las mamografías, de las que se va apartando paulatinamente la medicina convencional. La alimentación vegetal no solo puede ser efectiva contra los agentes cancerígenos, sino que también disminuye la predisposición genética. La alimentación vegana y unos baños de sol moderados, es decir, un abastecimiento suficiente de vitamina D, reducen de forma efectiva el riesgo de padecer cáncer.
En el caso de cáncer de colon se debe añadir algo más: una alimentación vegetal rica en fibra favorece la digestión, lo mismo que la práctica regular de ejercicio tiene un efecto muy saludable contra el estreñimiento, que posiblemente sea una de las causas fundamentales de este tipo de cáncer. La dependencia entre el consumo de productos lácteos y el riesgo de sufrir una enfermedad tumoral es especialmente llamativa en el caso del cáncer de próstata.
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