Kitabı oku: «El retorno. Geógrafos latinos menores.»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 304

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO Y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN GIL .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2002.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO386
ISBN 9788424933999.
INTRODUCCIÓN GENERAL
El género geográfico ocupa en la historia de las letras latinas un lugar descollante dentro de la literatura técnica por varios motivos: primero, porque la Geografía fue objeto de estudio permanente durante todo el desarrollo de esa civilización y por tanto alcanzó un considerable volumen de producción; pero también porque al ser por su propia naturaleza objeto del interés de historiadores, militares, comerciantes y gobernantes, y apoyatura de literatos, el número y calidad de quienes la cultivaron fue elevado, la diversidad de sus enfoques muy rica y su vehículo lingüístico plural, la prosa y el verso. Así, del gran tronco de la Geografía brotaron tantas ramas como variados eran los objetos de atención de sus estudiosos.
En consecuencia, de la aspiración general de describir físicamente el mundo nacieron los tratados de Geografía general que llamamos corografías, consistentes en descripciones de costas y continentes del tipo de la de Agripa. Con la añadidura de comentarios sobre las costumbres de los pueblos se sentaron las bases de la Geografía humana, representada en Roma por la obra de Pomponio Mela. Ésta, por evolución natural, engendró a su vez una Geografía política de pretensiones exhaustivas que sirvió a los intereses del Estado romano, como es el caso de la obra de Plinio. Derivación última de ésta es la Geografía administrativa.
A cada una de esas ramas acompañó en el tiempo ya desde su nacimiento una pretensión cartográfica, que por lamentable ausencia de una concepción abstracta del espacio no desarrolló una visión de conjunto geométrica e isótropa 1 .
Como derivación de la mentalidad cartográfica, —no opuesta a ella sino precisamente como conciencia de la superficie espacial más ligada a la visión inmediata y cotidiana del mundo 2 —, se llega a la confección de planos e itinerarios para uso militar, comercial, pedagógico e incluso catastral que, si bien usados ya en Grecia desde el s. IV a. C., alcanzaron con el Imperio Romano una difusión desconocida hasta entonces.
En su desarrollo, el género cartográfico produjo luego un curioso fenómeno al ir los textos acompañados de mapas, y ello fue que por una explicable falta de confianza en la imagen dibujada 3 , y acaso también por causas pedagógicas, se procedió en sentido inverso a una copiosa descripción del mapa en palabras, como ejemplifica la obra de Julio Honorio y otros.
No obstante el esfuerzo empeñado en la tarea geográfica, es de lamentar que la ambición de sus objetivos estuviera a menudo muy por encima de los medios técnicos de que se disponía, de modo que alguno de los caminos emprendidos resultó intransitable a sus investigaciones, como es el caso de la medición de longitudes. Efectivamente, como acontece en toda la Geografía antigua, la romana encontró su mayor dificultad en la determinación de las posiciones, la medición de las distancias y el cálculo del tiempo. De ello ya había adolecido la Geografía griega, que padeció —no sólo en el terreno geográfico— y transmitió las consecuencias no tanto del divorcio de la ciencia y de la técnica como de la falta de recursos tecnológicos. En qué grado haya transmitido esas consecuencias y cuánta sea la originalidad de la Geografía romana es cosa que aún hoy se discute: de un lado forman quienes contraponen frontalmente la concepción cartográfica griega, que pretenden científica y matemática, a la romana, según ellos de base netamente empírica 4 ; de otro, los que consideran erróneo presentar la cuestión en términos tan contrastados 5 . Para aquéllos son argumentos suficientes las mediciones de latitudes efectuadas con aparatos de invención griega, como la clepsidra, el gnomon y la dioptra, y la creación de sus propias unidades y divisiones de la ecumene, como las zonas astronómicas proyectadas sobre la esfera terrestre, los klímata de Hiparco, y las sfragídes de Eratóstenes. Los otros, en cambio, invalidan en parte el carácter científico de la Geografía griega aduciendo numerosísimos errores de medición, como los cometidos por Ptolomeo, se remiten a los conocimientos teóricos y prácticos evidenciados por técnicos romanos de la categoría de Vitruvio y recuerdan que los geógrafos latinos de los siglos II y I a. C. —caso de Varrón de Reate, Julio César, y Agripa— hicieron mediciones y sirvieron incluso de fuente a geógrafos griegos como Estrabón, que tomó datos del propio César, y Artemidoro.
Pero, a la postre, el establecimiento de una koiné cultural a partir del s. II a. C. unificó la visión del mundo de modo tal que, como afirma Nicolet 6 , en época de Augusto ya puede hablarse de una comunidad de conocimientos geográficos y, por tanto, de una sola Geografía. De tal unidad dan fe las obras de Diodoro, Estrabón, Artemidoro y Plinio.
En tanto que documentos escritos, independientemente de que su naturaleza sea o no literaria, los tratados recogidos en este volumen entrañan un indudable interés filológico, aunque acaso no será éste el que convoque en nuestros días a mayor número de curiosos. Su atractivo se hallará entonces como fuentes de la Geografía posterior o como documentos históricos de las reformas administrativas e, incluso, en su calidad de testimonios del estado de los conocimientos geográficos tras la regresión producida por la gran crisis del s. III d. C. La circunstancia de haber permanecido ocultos a la atención del gran público no debe achacarse, pues, al hecho de que se trate de obras de carácter menor, sino más bien a que han permanecido eclipsadas por el brillo de las de los grandes geógrafos latinos, como Mela, Plinio y Solino.
Traemos por ello a este volumen un conjunto de obras de contenido geográfico encabezadas por el poema De reditu suo del último gran poeta latino, Rutilio Namaciano (s. V d. C.), que añade a su interés literario e histórico el de ser también fuente de información sobre la costa italiana del Tirreno medio y septentrional y la navegación costera. Precisamente fue el carácter de documento geográfico inherente a la obra el que la destinó a ser compilada en la tradición manuscrita y editada desde las primeras versiones impresas en compañía de otros autores y obras tardías de contenido geográfico, como Vibio Secuestre y los Regionarios de Roma y Constantinopla , aquí recogidos. La filología alemana del s. XIX culminó el proceso agrupando tratados que vagaban dispersos, estableciendo un conjunto más ordenado y armónico en el ámbito de la Geografía menor para luego proceder a la edición de los textos con arreglo a las leyes de que se había dotado. A Alexander Riese debemos la compilación, en su edición de 1878, de no menos de diecisiete obras de muy diversa datación —desde el siglo I a. C. hasta el s. V d. C.—, autoría, carácter y fama, pero de indudable unidad y homogeneidad no sólo por los presupuestos que las alumbraron, sino incluso por su valor como fuentes para calibrar la profundidad del saber geográfico romano en sus aplicaciones administrativas, didácticas, cartográficas, militares, etc. 7 .
Todo ello, según vemos, acredita el acierto de Riese como compilador, y precisamente de su obra nos hemos servido para seleccionar los textos agrupados en el presente volumen. No obstante, hemos dejado fuera de nuestra selección los tres últimos tratados de esa obra titulados Liber Generationis, Ex chronographo anni p. Chr. 354 excerptum y Exordium (págs. 160-174), que por su neto carácter cronográfico caían de suyo fuera de nuestro propósito. Asimismo hemos prescindido de la parte geográfica de las Historiae adversus paganos de Orosio (págs. 56-70) por haber aparecido ya en la presente colección 8 la obra completa de ese autor y por hallarse inserta en la parte II de la Cosmografía del Pseudo Ético, que recogemos en este volumen. Igualmente orillamos el texto compilado por Riese bajo el título de Laus Alexandriae (pág. 140), que añade a la parvedad de su extensión —poco más de media docena de líneas— el escaso interés de la información que procura. A cambio hemos añadido, anteponiéndolos al Regionario de Constantinopla (págs. 133-139 de Riese), otros dos regionarios de Roma anteriores a él y modelos suyos que editó Jung 9 en 1897.
Para cuatro de los tratados estudiados nos hemos servido de ediciones más recientes y críticamente más fiables sólo por el hecho de llevar incorporados los progresos habidos en el establecimiento de la tradición textual: así, para los titulados Dimensuratio provinciarum y Divisio orbis terrarum (págs. 9-14 de Riese) hemos acudido a la edición de Schnabel 10 de 1935; para la Expositio totius mundi et gentium (págs. 104-126 de Riese), a la reciente edición de Rougé 11 , en la que se han despejado no pocos problemas estructurales; por último, la moderna edición de Parroni 12 nos ha servido de guía para el estudio de la obra de Vibio Secuestre (págs. 145-159 de Riese).
Se ha respetado el orden de los tratados establecido por el compilador, salvo en lo que concierne al autor precitado, que hemos procedido a agrupar con las obras de carácter más descriptivo o didáctico, desplazando en consecuencia a continuación de él, al final del volumen, los que por su naturaleza caen dentro de la Geografía administrativa 13 .
Acompañamos además los textos con varios mapas que describen diacrónicamente las modificaciones habidas en el sistema provincial romano desde la época inmediatamente anterior a Agripa hasta finales del s. IV , en que se produce la última gran reforma administrativa. Asimismo reproducimos como curiosidad el mapa que Kubitschek dibujó a imitación del que suponía modelo de Julio Honorio 14 .
En lo que concierne a los índices de nombres, dada la diferencia de géneros literarios que confluyen en este volumen y el deseo de mantener la unidad de cada tratado, hemos preferido acompañar cada obra de su propio índice en lugar de ofrecer uno general, cuya consulta resultaría sin duda enojosa por el elevado número de siglas que inevitablemente vendrían a coincidir en cada lema.
Por lo que atañe a topónimos, étnicos y antropónimos griegos y latinos, hemos procurado atenernos a las normas que rigen su transcripción al español de acuerdo con los conocidos estudios de M. Fernández Galiano y A. Pociña 15 . Somos conscientes de haber incurrido en algunas inconsecuencias inducidas —aquéllas que no se deban a descuido— por el deseo de no perder de vista el criterio de que lo que era forma usual en latín debe serlo también en nuestra lengua.

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1 Niega, desde luego, la existencia de tales conceptos P. JANNI , La mappa e il periplo. Cartografia antica e spazio odologico , Macerata, 1984, págs. 77 s.
2 C. NICOLET , L’inventaire du monde. Géographie et politique aux origines de l’Empire romain , París, 1986, pág. 106.
3 Así lo entiende P. JANNI , para quien el recurso a la imagen cartográfica no era tal en la Antigüedad; véase su obra La mappa e il periplo …, págs. 41 s.
4 Últimamente ha insistido en esta tesis tradicional P. PÉDECH , «Géographes grecs et géographes romains», Caesarodunum 15 bis (1980), 23-35.
5 Defienden los logros romanos en ese campo O. A. W. DILKE , M. S. DILKE , «Perception of the Roman World», Progress in Geography 9 (1976), 41-72, y NICOLET , L’inventaire du monde …, págs. 100, 103 s.
6 L’inventaire du monde …, pág. 100.
7 A. RIESE , Geographi Latini Minores , Hildesheim, 1964 (= Heilbronn, 1878).
8 B. C. G., núms. 53 y 54.
9 J. JUNG , Grundriss der Geographie von Italien und dem Orbis Romanus , Múnich, 1897.
10 P. SCHNABEL , «Die Weltkarte des Agrippa als wissenschaftliches Mittelglied zwischen Hipparch und Ptolemaeus», Philologus 90 (1935), 405-440.
11 J. ROUGÉ , Expositio totius mundi et gentium , Colección Sources Chrétiennes , núm. 124, París, 1966.
12 P. G. PARRONI , Vibii Sequestris de fluminibus fontibus lacubus etc ., Milán-Varese, 1965.
13 Se trata de los Regionarios de Roma y Constantinopla y de la Lista de Verona, Lista de Polemio Silvio y Lista de las Galias .
14 En su art. «Die Erdtafel des Julius Honorius», Wiener Studien 8 (1886), 278-330.
15 Respectivamente, La transcripción castellana de los nombres propios griegos , Madrid, 1961, y «Sobre la transcripción de los nombres propios latinos», Estudios clásicos XXI (1977), 307-329.
RUTILIO NAMACIANO
EL RETORNO
INTRODUCCIÓN
Biografía
De Rutilio Namaciano apenas sabemos más de lo que de sí mismo cuenta en su poema, pues carecemos de testimonios contemporáneos, salvo acaso el de Cesario de Arlés, que sin mencionarlo por su nombre responde a un ataque anticristiano haciendo referencia a un pasaje del poema 1 .
Nacido en el seno de una familia pagana 2 terrateniente del Sur de la Galia, probablemente en Tolosa o en la zona de Carcasona-Narbona 3 , verosímilmente en el último tercio del siglo IV d. C., aparece nombrado como Rutilio Claudio Namaciano en el ms. Vindobonense, frente a la secuencia Claudio Rutilio Namaciano que aportan el ms. Romano y la edición de Castalio, con la que se le denominó hasta que Zumpt restauró el orden que ofrecían aquel ms. y la editio princeps . En cuanto a la forma errónea Numaciano del cognomen con que aparece denominado hasta Zumpt, parece claro que se trata de una confusión con P. Rutilio Rufo, que prestó servicio como tribuno militar en las guerras numantinas 4 . De la forma correcta Namaciano, al parecer de origen céltico, tenemos sobrados testimonios 5 .
Aunque dedica a sus amigos una quinta parte de su obra, no da noticias ni de su madre ni de sus hermanos o esposa ni de ninguna otra mujer, pero menciona a su pariente Exuperancio (I 213-216), al hijo de éste, Paladio (I 208-212), y a su propio padre Lacanio (I 575-596) —ya fallecido en la fecha del viaje—, que tras haber sido conde del sagrado Tesoro, cuestor del sagrado Palacio y consular de Etruria y Umbria desempeñó el cargo de prefecto de la ciudad de Roma 6 .
Sin duda siguió Rutilio en Roma los estudios de Derecho, Elocuencia y Preceptiva literaria que, regulados a partir de 370 por edicto de Valentiniano I, sólo resultaban accesibles a la clase senatorial y a los grandes terratenientes, especialmente los galorromanos, y abrían las puertas de las numerosísimas oficinas imperiales y de la carrera política 7 . No es seguro, sin embargo, que nuestro autor conociera la lengua griega, pues desde el siglo IV su estudio entró en decadencia y quedó constreñido en los muros de algún monasterio de Sicilia y sur de Italia, mientras que en provincias la situación atravesó por tantas dificultades que ya en 376 el emperador Graciano a duras penas pudo cubrir la vacante de la escuela de Tréveris. Así, se ha hecho ver 8 que las citas homéricas de nuestro poeta (vv. I 439 ss., 515 ss.) pueden proceder de la tradición literaria latina y del estudio de la retórica para la poesía de ocasión, es decir, de la obra de los preceptistas griegos como Menandro el Rétor. Contra esto se argumenta 9 que si Rutilio podía leer en griego a Menandro, bien pudo leer también a Homero, y que los poetas, no los preceptistas ni los rétores de escuela, fueron su referencia fundamental. En todo caso nada hay en su obra que permita afirmar taxativamente que lo manejaba.
De sus sentimientos religiosos paganos, que hoy ya nadie discute, dan idea las elocuentes invectivas contra el monacato cristiano (I 439-452, I 515-526) y el judaísmo (I 381-398). En lo que concierne al monacato, Rutilio coincide en el tono y en la forma habituales de la literatura pagana, que achaca a los monjes una tendencia antisocial inquietante incluso para el poder político 10 . No obstante, los últimos estudios propenden a ver en las críticas de Rutilio al monacato un ataque prudentemente solapado a la totalidad del cristianismo, circunstancia que se cree latente también en su desprecio del judaísmo —de amplia tradición estoica— en cuanto origen de la religión cristiana 11 .
Ya en la madurez, siguió los pasos de su padre y alcanzó bajo el emperador Honorio la dignidad de maestro de Oficios (I 561) en el año 412 12 y la de prefecto de la ciudad de Roma (I 157 ss., 423 ss., 467 s.) en 413 ó 414 13 .
No tenemos ningún dato más sobre el personaje desde esa fecha hasta la realización de su viaje a las Galias en 415 ó 417 ni posterior a él, pero del sentido del v. I 162 se desprende el anhelo de retornar a Roma una vez alcanzados los objetivos que lo habían movido a emprender la marcha.
Título y estructura de la obra
La falta, al menos, de un dístico inicial y la conciencia ya antigua de que el texto era fragmentario, como se desprende del propio manuscrito Vindobonense, mueven a pensar que el título que nos transmite la tradición —De reditu suo — no sea el original, sino apenas una indicación de su argumento. Tampoco parece aceptable la sola denominación de Itinerarium con la que aparece en la edición de Pío y que sabemos solía figurar en la titulación de este género literario latino. Las reconstrucciones de Vollmer como Iter Gallicum , y de Carcopino como Iter maritimum no dejan de ser aproximaciones hipotéticas 14 .
El poema, escrito en dísticos elegíacos, está dividido en dos libros, de los que el primero comprende seiscientos cuarenta y cuatro versos con una laguna inicial de un dístico por lo menos, y el segundo, que debió de abarcar un número semejante de versos, conserva actualmente los primeros sesenta y ocho completos y dos fragmentos consecutivos de veinte y diecinueve versos, pero de insegura precedencia y de incierta localización dentro del libro.
Motivo del viaje
Nada sabemos sobre las causas de su tardanza en retornar ni acerca de si ésta se debió a la complejidad de los preparativos de la marcha, que, si no definitiva, el poeta consideraba harto problemática como se desprende del sentido de los versos 161-164.
No obstante, las reticencias de Rutilio sobre los motivos de su retorno y las dolorosas vivencias que canta al principio del poema parecen referirse a las consecuencias de las devastaciones bárbaras y de las luchas sociales contra los grandes terratenientes del sur de la Galia. Así, se ha apuntado 15 la posibilidad de que al poeta le urgiera estar presente en caso de reparto de tierras y bienes a las tropas de foederati bárbaros por extensión del derecho de hospitalidad o para hacer frente a las sublevaciones de bagaudas. Otros 16 buscan la explicación en el hecho de que el poeta tiene conciencia de un retraso culpable y se sabe con experiencia y autoridad suficientes para encarar una situación posbélica aún de emergencia y en la que podría acaso desempeñar una misión diplomática. En fin, se ha atribuido también 17 su marcha a la imposibilidad de seguir ascendiendo en su carrera administrativa, lo que desde luego no justificaría la precipitación del regreso y menos en pleno otoño y en período de mare clausum 18 . En todo caso, la imprecisión que hasta hoy se mantiene acerca de la fecha del viaje impide determinar exactamente el estímulo, probablemente político, al que responde el poeta.
Redacción y fecha del viaje
En la propia naturaleza del poema —un itinerarium o diario de viaje— está el origen de la discusión sobre el momento de su redacción. Así, Vessereau 19 , basándose en la falta de hilación entre los diversos episodios y digresiones, en el uso constante del presente de indicativo, en la sensación de inmediatez de ciertos detalles y epítetos supone una redacción día a día durante el recorrido. Últimamente Gelsomino 20 se ha manifestado también partidario de la descripción inmediata del viaje. Prevalece hoy, sin embargo, la opinión manifestada ya por Carcopino, De Labriolle y Vollmer, que lo suponen compuesto en su patria, pero, en opinión de Préchac 21 , con la evidente preocupación de darle un aire de improvisación. Efectivamente, el cúmulo de información —prosopográfica, geográfica, literaria, mitológica, anticuaria y política— implica un imprescindible acopio de materiales, acaso previo a la partida, cuyo manejo no debía de ser factible en medio de las incomodidades y contingencias del viaje. Añádase a ello su casticismo y erudición literaria, la consulta de centones de los poetas clásicos y la patente maestría en el uso de los recursos estructurales, así como los errores topográficos, todo lo cual mueve a pensar que el poema se redactara sosegadamente en la quietud del punto de destino incluso si el poeta tomó apuntes diarios de ruta.
Pero el más arduo interrogante que plantea el poema es el de la fecha en que el autor realizó su viaje, pues aún hoy la crítica sigue defendiendo distintas cronologías basándose en diversas interpretaciones de los datos que proporciona la obra. Desechados ya como sumamente improbables los años 416 y 418, la discusión se centra en el 415 y el 417 atendiendo especialmente a los siguientes hitos: alusión al año 1169 de la fundación de Roma (vv. I 135 s.), juegos circenses y escénicos (vv. I 201-204), fiesta de Osiris en Falesia (vv. I 373-376), espera en Triturrita (vv. I 633-638) con mención de varias constelaciones, y elogio de Constancio (fr. B 7-19).
La complejidad de los datos en cuestión ha dado lugar a un copioso y sutil debate en torno a las dos fechas arriba mencionadas 22 . Quienes optan por el año 415 23 se atienen a la era de Varrón aduciendo un error de cálculo frecuente en su uso, refieren a las idus de noviembre los Ludi plebei cuyos aplausos cree oír el poeta, sitúan la heúresis de Osiris el 21 de noviembre de acuerdo con los Menologia rustica , se apoyan en la imprecisión del poeta sobre el ocaso de las Híades y por último niegan que Constancio estuviera ocupando ya su segundo consulado.
Los que, por el contrario, se acogen al 417 24 optan por la era de Catón y los Fastos oficiales, invalidan las referencias a los juegos teatrales, hacen coincidir la llegada a Falesia con los hilaria de Osiris, toman sólo en cuenta el ocaso matutino de las Híades y sitúan a Constancio ya en su segundo consulado.
De acuerdo con sus conclusiones se puede resumir la cronología del viaje según el croquis de la página siguiente.

Himno a Roma
Con tal denominación se conoce tradicionalmente el pasaje más famoso y extenso del poema, que abarca del verso I 47 al 164, si bien Castorina 25 incluye también el dístico siguiente por estimarlo resumen y cumbre del drama personal del autor.
El himno está concebido como un panegírico en prosopopeya y revela en su concepción los antecedentes literarios de Virgilio (En . X 271), Lucano (I 186), Horacio (Sát . I 5), Servio y Donato, Plinio, Estrabón y Elio Aristides 26 . No menos importante, aunque insuficientemente valorada en opinión de Fo 27 , es la relación de este pasaje con el adiós a Roma de Ovidio incluso en su soporte métrico, el dístico elegíaco. En la elaboración del himno hay, desde luego, vislumbres de la formación retórica propia de la época y la extracción social del autor, sin que ello implique dependencia servil de las normas que regían en las composiciones epidícticas, según diversos estudiosos 28 .
En cuanto aristócrata pagano tradicionalista, Rutilio participa del culto a Roma, cuya deificación, elaborada desde Oriente, había sido consagrada por Adriano en 135 d. C. y seguía siendo objeto de culto en los siglos IV -V . Pero en nuestro poeta se produce además la identificación de Roma con el Imperio mismo 29 y partiendo de principios estoicos se concibe su divinidad como expresión de un monoteísmo en el que, como afirma Alfonsi 30 , se da la justificación del Imperio como cuerpo articulado en múltiples miembros coordinados con la unidad. Así, se ha podido afirmar que el himno ocupa en la obra de Rutilio el mismo puesto que Roma en su vida 31 .
Fragmentos
En 1973, M. Ferrari 32 dio cuenta de su reciente hallazgo de un fragmento de Rutilio Namaciano, en una tira de pergamino de 92 por 55 mm. usada para restaurar un códice del monasterio de Bobbio, hoy conservado en la Biblioteca Nacional de Turín con la signatura F IV 25. El fragmento presenta gran afinidad con el Turinense A II 2, del que acaso sea membrum disiectum . Conserva treinta y nueve versos, distribuidos diecinuve sobre el recto y veinte sobre el verso , siglados respectivamente A y B, escritos en letra cursiva lombarda de fines del siglo VII o principios del VIII y sobre cuyo orden de precedencia hay desacuerdo, pues mientras la mayoría de los críticos opina que A precede a B, Lana y Cecchini 33 proponen el orden inverso. Entre ambos trozos del fragmento debía de mediar un espacio de diez ó doce versos, número par en todo caso, según cálculos de Castorina 34 . No es posible precisar el número de versos que los separan del v. II 68 en que se interrumpe la tradición, pero la referencia a los hiberna Ligustica de A 5, que se une bien con la alusión a Luna de II 68, hace pensar a Ferrari 35 que la distancia era escasa.
Su atribución a nuestro autor no ofrece dudas y viene abonada por las siguientes características típicamente rutilianas: uso de verbos frecuentativos, juegos de palabras, vocabulario netamente clásico pero raro, influencias de Virgilio, Ovidio y Estacio, aliteraciones, idéntica técnica métrica, panegírico de un amigo, descripción de una población, elogio de Flavio Constancio frente a la invectiva de Estilicón de II 41 ss., etc. Se trata, pues, de la técnica y de los tópicos panegiristas característicos de las escuelas retóricas de la Galia.
Aunque el hallazgo de los fragmentos acabó con la discusión sobre el carácter voluntario de la interrupción del texto en el V . II 68 36 , sin embargo avivó las especulaciones acerca de la fecha del viaje, pues mientras Lana y Castorina 37 encuentran motivos para reafirmarse en su elección del año 415 basándose en las referencias de los fragmentos a Flavio Constancio, Ferrari 38 cree encontrar en eso mismo confirmación de las tesis de Carcopino y Cameron en favor del 417.
En el terreno de la hipótesis se mueven los intentos de reconstrucción de los fragmentos a cargo de P. Frassinetti, con traducción al italiano, y de A. Mazzolai, que se remite a las reconstrucciones de V. Tandoi 39 , quien afirma ser suficientes unas sílabas del códice para suplir con posibilidad de acierto versos enteros, dado que el lenguaje del autor es previsible.
Desde el descubrimiento de los fragmentos, llamó poderosamente la atención de los estudiosos la similitud de las alabanzas de las nuevas murallas construidas por Flavio Constancio, de las que se habla en el fragmento B, con una inscripción epigráfica en dísticos elegíacos conservada en Albenga en que se elogia a Constancio por haber promovido la construcción de murallas en su política de consolidación del orden romano en Liguria en 415, tras el paso de Ataúlfo 40 . A Cecchini 41 se debe la identificación de la ciudad de que se habla en el fragmento B con Albingaunum . Sus analogías expresivas y la igualdad de metro han dado pie al lanzamiento de varias hipótesis, de las cuales ninguna cuenta con la unánime aprobación de la crítica: o bien el redactor del epígrafe ha leído a Rutilio 42 , o nuestro poeta ha leído el epígrafe e incorporado algún trozo en el fragmento B 43 o él mismo es el autor de la inscripción y ha insertado parte de ella en el fragmento B 44 .
Tipología. Lengua y estilo
Resulta problemática la adscripción del poema a un género concreto por tratarse de una de las obras que atestiguan la mezcla de géneros propia de la Spätantike . Efectivamente, la obra no pertenece sólo a la tradición de la Reisesatura , en la que se desenvuelven el Iter Siculum de Lucilio, el Iter Brundisinum de Horacio, el Propempticon de Estacio y el Mosella de Ausonio, sino que puede enmarcarse también dentro del género de la descripción de costas, con características —la descripción en primera persona— que lo hacen único. Participa incluso de los modos propios del llamado género epidíctico (genus demonstrativum) , que trata de forma armoniosa y rebuscada asuntos políticos, morales y civiles o celebra acontecimientos, instituciones y prohombres 45 . En fin, se atiene además a las reglas de la diatriba estoicocínica, que se dirige a un auditorio no especialista mediante discursos sobre cuestiones de ética en estilo simple con anécdotas, exempla históricos, citas poéticas e inserción de un interlocutor ficticio. Efectivamente, en el poema se emplean los motivos casi completos del lógos syntaktikós , esto es, del discurso de despedida como se puede deducir a partir de los datos de Menandro el Rétor.
La narración del viaje de Rutilio constituye un documento histórico de su época, que se presenta mediante una gran variedad de descripciones geográficas, históricas y mitológicas, y de vivencias personales. Su clasicismo queda patente en la aplicación de los principios de máxima economía y técnica depurada, ajeno a las características de la literatura decadente, pues a pesar de algunos rasgos retóricos no cae en el manierismo ni en el tópico del arrepentimiento por la falta de formación 46 . Por el contrario, lo que le da más atractivo es el tono de sentimiento personal expresado con gusto incluso en los préstamos de modelos clásicos, que en Rutilio adquieren una identidad nueva gracias a su originalidad 47 . Entre los modelos en que se inspira Rutilio, acaso escogidos de centones, descubrimos 28 pasajes de Ovidio, 17 de Claudiano, 15 de Virgilio, 13 de Horacio, 11 de Ausonio, 6 de Estacio, Juvenal y Tibulo, y un buen número de Séneca, así como 4 préstamos de Homero 48 posiblemente conocidos del poeta por tradición popular, como arriba se ha dicho.
En la sintaxis se remite especialmente a los poetas y prosistas de las mejores épocas. Crea pocos neologismos (I 384, 610), pero siguiendo mesuradamente las tendencias de su tiempo. Cuando se trata de usos lingüísticos tardolatinos, van introducidos por un buen autor de época clásica aunque a veces (I 134, 250, 413) son indudablemente tardolatinos. En el empleo de helenismos se ciñe a los límites señalados por los poetas clásicos. En ocasiones su expresión está salpicada de arcaísmos y del vocabulario de especialidades o técnico (I 345, 370) y, por tanto, procede del sermo quotidianus .
Particularidad de Rutilio es el empleo de perífrasis rebuscadas, juegos de palabras (I 312, 399, 547), paralelismos y antítesis. En lo que atañe a la descripción de personas, que ocupa casi un quinto de la obra, se evidencia un uso lingüístico tardolatino en el empleo de substantivos abstractos creados sobre adjetivos o pronombres.
En resumen, se trata de una obra muy original, de fondo realista castizamente expresado y de tono melancólico matizado de estoicismo que se ha definido, no sin razón, como «el canto del cisne de la literatura romana» 49 .
Métrica
La dificultosa adscripción de la obra a un género concreto tiene su correspondencia en la elección del metro, pues si bien el tradicional de la Reisesatura es el hexámetro dactílico, el poema está compuesto en dísticos elegíacos. Aunque, tras Ovidio, este metro sufrió un fuerte retroceso hasta finales de la Antigüedad, seguía siendo suficientemente versátil para los acontecimientos de un viaje 50 . De él, efectivamente, se sirve Rutilio dentro de la mejor tradición poética latina 51 al seguir la ley general del dístico, que prescribe que el pentámetro concluya la oración y el sentido del dístico entero. En el cumplimiento de la estructura óptima de este metro, nuestro poeta se revela como un maestro al dar cabida en el hexámetro a un pensamiento y en el pentámetro a otro. Las uniones de dos dísticos son frecuentes, pero muy infrecuentes las de tres y sólo presenta un caso de unión de cuatro. Gran maestría revela también la disposición de substantivos y adjetivos, colocados con arreglo al modelo áureo propuesto por los poetas antiguos. En fin, presenta dos ejemplos de uso de heptasílabo en dos pentámetros (I 450, 628) y —caso único en toda la poesía latina— un pentámetro compuesto con sólo dos palabras (I 450).
Tradición textual
Ni de Rutilio ni de su poema, conservado en unicum , se tiene noticia hasta 1493. En efecto, al monasterio de San Columbano de Bobbio, fundado en 614, afluyeron originales y copias en mayúscula de los clásicos y entre ellos probablemente se hallaba el arquetipo tardoantiguo de Rutilio, que sería copiado a finales del siglo VII o principios del VIII en un códice en minúscula llamado Bobiensis . Ordenado el archivo del monasterio a mediados del xv, los códices más deteriorados, entre los cuales se contaban algunos folios del Bobiensis , se usaron para restaurar otros, de modo que cuando Giorgio Galbiati, secretario de Giorgio Merula y escrupuloso copista con credenciales del dux de Milán, lo descubrió en 1493, ya estaba mútilo el texto de Rutilio. Se ignora si Galbiati se llevó de allí originales o si pudo hacer una o varias copias de ellos in situ , pero cabe pensar que los monjes los cedieran dado su mal estado de conservación, la dificultad de la letra —en cuya lectura era él precisamente experto— y el lógico deseo de los benedictinos de conciliarse al dux de Milán, ciudad que se constituyó por entonces en depósito de distribución de los nuevos testimonios traídos de Bobbio. Al original de Bobbio (Bobiensis) , luego perdido, arquetipo de la edición humanista, podrían pertenecer los fragmentos de Rutilio usados para restaurar el Turinense F IV 25 y descubiertos por Ferrari 52 en 1973, quien propone, no sin reservas, completar la reconstrucción del códice del que provienen los fragmentos con el Turinense A II 2 53 . Sin embargo, la relación de los fragmentos con este Turinense no parece fundamentarse en una sólida e inequívoca semejanza paleográfica 54 .
En 1496 Tommaso Inghirami tras obtener numerosos manuscritos de Bobbio probablemente en apógrafo pudo hacer una copia que trasladó a Roma, de donde se generaron, a su vez, dos apógrafos, el códice de Gabriele Faerno, que sirvió para la edición de Onofrio Panvinio (1558), y el Romanus , (= R , Biblioteca Corsiniana dell’Accademia dei Lincei, Fundación Caetani, 158), redescubierto por Castorina 55 , quien lo considera anterior a la cuidadosa editio princeps (= B) de G. B. Pio 56 , impresa en Bolonia en 1520 sobre un ejemplar de Rutilio luego perdido, por lo que la edición adquiere un valor autónomo de fuente manuscrita.
Por último, el manuscrito más estimable de Rutilio Namaciano resulta ser el Vindobonensis (= V , Nationalbibliothek de Viena, 277) 57 , apógrafo de un Rutilio con el que Sannazaro se había hecho en Roma en 1501 y que copió con ayuda de F. Bononi y de otro copista anónimo 58 .
La obra, de la que no conocemos otra versión completa al español, ha sido traducida a partir de la edición de Vessereau-Préchac abajo mencionada. De ella sólo nos apartamos en las ocasiones que seguidamente se detallan:

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Portada de la edición de Castaglione conservada en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla de la Universidad Complutense de Madrid. Signatura: Filol. 9934. Con licencia.

1 P. DE LABRIOLLE («Rutilius Claudius Namatianus et les moines», Revue des Études latines 6 [1928], 30-41) apunta esta posibilidad confrontando un pasaje del Sermo de vita Honorati (PATR . LAT . 50, 1256 ss.) con los versos I 525 s. del poema de RUTILIO .
2 Sobre la polémica en torno al paganismo del autor, que hoy nadie discute, véanse BOANO , «Sul ‘De reditu suo’…, LABRIOLLE , art. cit ., y notas.
3 La crítica se inclina mayoritariamente por Tolosa ateniéndose, demasiado literalmente en nuestra opinión, al sentido del V . I 510; sin embargo, VESSEREAU (Claudius Rutilius …, pág. VI) y VESSEREAU -DIMOFF («Rutiliana») optan por Carcasona o Narbona debido a la presencia de los apellidos Rutilius y Rutilianus en esa zona, que no se atestiguan en las de Poitiers y Tolosa.
4 F. VOLLMER , «Rutilius», PAULY -WISSOWA , Realencyclopeadie des Altertunswissenchaft (RE) I Al (1914), cols. 1249-1254.
5 Y también de su variante Namacio, atestiguada por el Cod. Theod . VI 27, 15 como perteneciente a un magister officiorum del año 412 con el que se ha querido identificar a nuestro poeta. Véase A. HOLDER , «Namatius», Alt-celtischer Sprachschatz , vol. II, pág. 675..
6 Es insegura su identificación con el Claudio que el Cod. Theod . II 4, 5 menciona como consular de Etruria desde el 2 de mayo del 389. Véase O. SEECK , «Claudius», RE III 2 (1899), col. 2667.
7 Sobre este punto véanse los estudios de H. I. MARROU , Historia de la educación en la Antigüedad , Buenos Aires, 1976, págs. 368-379, y E. AUERBACH , Lenguaje literario y público en la Baja Latinidad y en la Edad Media , Barcelona, 1969, págs. 245 s.
8 DOBLHOFER , vol. I, págs. 49-51.
9 Fo, págs. 77-78.
10 Teodosio llegó a prohibir el 2 de septiembre de 390 la permanencia de monjes en las ciudades (Cod. Theod . XVI 3, 1). Sobre el monacato romano en esta época y su repercusión social véanse G. M. COLOMBÁS , El monacato primitivo , Madrid, 1998, págs. 339-351, y A. H. M. JONES , «El trasfondo social de la lucha entre el paganismo y el cristianismo», en A. MOMIGLIANO et alii, El conflicto entre el paganismo y el cristianismo en el siglo IV , Madrid, 1989, págs. 31-52.
11 Así interpretan la expresión radix stultitiae del V . I 389 BOISSIER (La fin du paganisme , París, 1891, pág. 233), LANA (pág. 169) y DOBLHOFER (vol. II, pág. 183), frente a USSANI (art. cit.) y M. PASTOR MUÑOZ («Cuestiones en torno a…»).
12 Véase n. 5.
13 En 413 lo sitúan CASTORINA (pág. 164) y LANA (págs. 15-17), pues, no estando ya su sucesor Albino en el cargo el 27 de diciembre del 414, tuvo que ser nombrado prefecto al inicio de ese año, lo que desplaza la prefectura de RUTILIO al año anterior. DOBLHOFER (vol. II, pág. 23) se inclina por el 414, dado que Albino estaba aún en el cargo el 17 de septiembre de ese año, luego Rutilio fue prefecto hasta esa fecha, pero después del 27 de mayo en que cesó su antecesor Epifanio.
14 Cf., respectivamente, «Rutilius», RE I A 1 (1914), col. 1252, y Rencontres de l’histoire …, págs. 269 s.
15 DELLA CORTE , «Rutilio Namaziano ad Albingaunum», Romanobarbarica 5 (1980), 89-103.
16 CORSARO , Studi rutiliani , págs. 51 y 53.
17 L. ALFONSI , «Significato politico e valore poetico nel ‘De reditu suo’ di Rutilio Namaziano», Studi romani 3 (1955), 125-139.
18 El tráfico marítimo se interrumpía por ley desde el 11 de noviembre hasta el 10 de marzo. Véase J. ROUGÉ , «La navigation hivernale sous l’empire romain», Revue des Études Anciennes 54 (1952), 316-325.
19 Claudius Rutilius Namatianus. L’æuvre et l’auteur , París, 1904, pág. 254.
20 «Note a Rutilio Namaziano: I, 371 ‘Falesia’ non ‘Faleria’, e il comportamento prosodico di Rutilio», Rivista di cultura classica e medioevale 15 (1973), 35-47.
21 CARCOPINO , «À propos du poème…»; DE LABRIOLLE , «Rutilius Claudius…»; VOLLMER , art . «Rutilius», col. 1251; PRÉCHAC , Rutilius Namatianus …», págs. XIX s.
22 El debate puede seguirse detalladamente, p. ej., en CORSARO , Studi rutiliani , págs. 7-53.
23 Entre otros, LANA (págs. 54 ss.), CASTORINA (pág. 161), CORSARO (págs. 9 s.), Fo (págs. 71 s.).
24 Fundamentalmente, CARCOPINO («À propos du poème…»), GIANNOTTI -VILLA (Rutilio Namaziano …, pág. 20), DOBLHOFER (vol. I, pág. 37) y CAMERON («Rutilius Namatianus…»).
25 Pág. 66.
26 Véase CORSARO , págs. 74-77.
27 Págs. 66-68.
28 Sobre el himno a Roma véanse especialmente DOBLHOFER , vol. I, pág. 33 ss., vol. II, págs. 38-94; JÄGER , «Rhetorische Beiträge zu Rutilius…».
29 CORSARO , ibídem .
30 «Significato politico e valore poetico nel ‘De reditu suo’ di Rutilio Namaziano», Studi romani , 3 (1955) 125-139.
31 Fo, pág. 67.
32 En «Spigolature bobbiesi», Italia Medioevale ed Umanistica 16 (1973), 1-41.
33 En AA. VV, «Il nuovo Rutilio Namaziano», Maia 27 (1975), 3-26.
34 Ibídem .
35 Ibídem .
36 Entre los partidarios de la voluntaria conclusión en ese punto se hallaba CARCOPINO , «À propos du poème…»; en sentido contrario se expresaron VESSEREAU -PRÉCHAC , Rutilius Namatianus …, pág. XXII, y CAMERON , Rutilius Namatianus …
37 En AA. VV., «Il nuovo Rutilio Namaziano».
38 Ibídem .
39 P. FRASSINETTI , «I nuovi frammenti di Rutilio Namaziano», Studi e ricerche dell’Istituto di Latino , 3, Facoltà di Magisterio, Génova, 1980, págs. 51-58; A. MAZZOLAI , Claudio Rutilio Namaziano, De reditu (Il ritorno) , Grosseto, 1990; V. TANDOI , en AA. VV. «Il nuovo Rutilio Namaziano». Para el sentido e interpretación del texto de los fragmentos, véase también Fo, págs. 54-57; 126-129; 142-145.
40 LANA , en AA. VV. «Il nuovo Rutilio Namaziano», y DELLA CORTE , «Rutilio Namaziano ad Albingaunum».
41 «Per il nuovo Rutilio Namaziano», Rivista di filologia e di istruzione classica 102 (1974), 401-404.
42 FERRARI , ibídem .
43 FO , pág. 151.
44 F. DELLA CORTE , «La ricostruzione di Albingaunum (414-417 d. C.)», Revue des Études Ligures , 50 (1984), 18-25.
45 De ahí la dependencia de nuestro autor con respecto a MENANDRO DE LAODICEA O EL RÉTOR (s. III d. C.), que en sus dos tratados de discursos epidícticos había ejemplificado los diversos tipos y fijado las reglas de las alocuciones ceremoniales.
46 AUERBACH , Lenguaje literario y público …, pág. 242.
47 A este respecto véase, p. ej., L. ALFONSI , «Un’eco di Properzio in Rutilio Namaziano», Aevum 28 (1954), 287.
48 Se trata de I 195, inspirado en Od . I 57-59; I 291, en Il . III 3 ss.; I 328, en Od . X 80 ss.; 1450, en Il . VI 200-203.
49 Particularmente útiles en lo que se refiere a tipología, lengua y estilo son los estudios, citados en la Bibliografía, de CHADWICK (págs. 122-141), DOBLHOFER (vol. II, págs. 41-51); VESSEREAU (págs. 383-401), MERONE (Rutilius Claudius …, págs. 11-15 y Rutilio ellenizzante , Nápoles, 1953), ALFONSI («Sull’ellenismo…»), JÄGER («Rhetorische Beiträge…», reseñada por C. WEYMAN en Historisches Jahrbuch [1917], 638-639), y PASCHOUD , («À quel genre littéraire…?»).
50 Fo, págs. XII-XIII.
51 Sobre la métrica rutiliana son especialmente útiles P. RASI , «In Claudii Rutilii Namatiani libros adnotationes metricae», Rivista di filologia e d’istruzione classica 25 (1897), 169-214; A. GIANNOTTI -VILLA , La metrica di Rutilio Namaziano , Udine, 1940.
52 En «Spigolature bobbiesi», Italia medioevale e umanistica 16 (1973), 1-41.
53 Destruido por el fuego en 1904, conservamos afortunadamente facsímiles en el trabajo de C. CIPOLLA , Codici bobbiesi della Biblioteca Nazionale Universitaria di Torino , Milán, 1907, tab. VII-VIII.
54 Fo, pág. 133.
55 En su edición atribuye a R un valor que la crítica considera excesivo. Colacionado por primera vez por C. HOSIUS en Rheinisches Museum 51 (1896), 197-210, se perdió y fue hallado por CASTORINA en 1963.
56 FERRARI (ibídem) lo considera posterior, de hacia 1530.
57 A. W. ZUMPT fue el primero en emplearlo en su edición berlinesa de 1840.
58 Pueden verse fotografías de R, B, V en la obra de R. MERKELBACH - H. VAN THIEL , Lateinisches Leseheft: zur Einführung in Paläographie und Textkritik , Gotinga, 1969, núm. 21.
LIBRO PRIMERO
*** 1 Más extrañeza ha de causarte, lector, la precipitación de mi retorno, que pueda yo renunciar tan presto a las excelencias de la ciudad de Rómulo 2 . ¿Se les hace largo a quienes pasan su vida entera adorando a Roma? Nada que gusta sin límites se hace largo.
¡Oh, cuán imponderablemente y cuántas veces felices [5] puedo considerar a quienes merecieron nacer en este suelo dichoso, y como generosos retoños de los nobles romanos acrecientan la distinción de su cuna con la gloria de su Ciudad! Las semillas de las virtudes caídas y transmitidas del cielo 3 no habrían podido hallar más digno asiento en otros lugares. ¡Dichosos también aquellos que habiéndoles correspondido [10] en suerte beneficios parejos a los anteriores han alcanzado una morada en el Lacio! La sagrada Curia se abre a los méritos del forastero, y no considera extraños a quienes [15] cuadra que le pertenezcan. Gozan de la autoridad del orden senatorial y de la de sus colegas y poseen una parte del Genio que veneran: tal creemos que es la asamblea del dios supremo por los polos celestiales de la bóveda del mundo 4 .
Pero esa fortuna se me arrebata al arrancarme de estas [20] queridas tierras, pues los campos de la Galia reclaman a su paisano, desfigurados —cierto es— por guerras harto largas, pero tanto más dignos de conmiseración cuanto menos atractivos 5 . Pequeño delito es descuidar a los conciudadanos si viven seguros, pero las calamidades que sufre la comunidad [25] reclaman la lealtad individual. Las lágrimas por las moradas de nuestros ancestros debemos derramarlas estando allí presentes: la enseñanza que se obtiene del dolor hace a menudo provechosa la tarea de reconstrucción, y no es lícito seguir ignorando unas ruinas que se han acrecentado por la tardanza de un socorro que va demorándose. Es ya tiempo, [30] destrozadas nuestras heredades tras largos incendios, de edificar al menos cabañas de pastores. Es más, si las mismas fuentes pudieran hacer oír su voz y los propios árboles hablar, podrían apremiarme con justas quejas, si yo permaneciera [35] ocioso, y dar velas a mis deseos. Ahora que afloja el abrazo de mi querida Ciudad, voy a dejarme vencer y a emprender, mal que me pese, tarde mi camino.
He escogido el viaje por mar, pues por tierra los caminos llanos están inundados por los ríos, y los de montaña erizados de peñascos. Es preferible confiar las velas a la incertidumbre del mar, ya que la campiña etrusca y los muros de contención de la vía Aurelia han estado sufriendo a hierro [40] y fuego las hordas de los getas, e incluso los bosques carecen de casas de posta y los ríos de puentes 6 . Imprimo apretados besos en las puertas que he de dejar atrás y mis pies traspasan a disgusto el sagrado umbral. Ruego el perdón [45] con mis lágrimas y ofrezco en sacrificio una alabanza, en tanto los sollozos dejan fluir mis palabras:
«¡Escucha 7 , Roma, hermosísima reina de un mundo que es tuyo, acogida entre las celestes estrellas! ¡Escucha, engendradora de hombres y engendradora de dioses, gracias a [50] tus templos no nos mantenemos alejados del cielo! A ti cantamos y siempre cantaremos mientras los hados lo permitan: nadie en vida puede olvidarte. Antes sepultaría yo el sol en impío olvido que apartar de mi corazón tu gloriosa fama, pues derramas tus favores como rayos de sol por donde [55] se agita vacilante el envolvente Océano. Por ti da vueltas Febo, que todo lo abarca, y en ti esconde los caballos que de ti habían salido. A ti no te detuvo Libia 8 con sus ardientes arenas ni te arredró la Osa guarnecida de hielo. Cuanta extensión [60] comprende la naturaleza hasta las regiones habitables, otro tanto la tierra se convierte en camino accesible a tu valor. Formaste de pueblos distintos una única patria; al imponer tu poder, beneficiaste a los vencidos, ignorantes de la justicia, y al ofrecerles compartir tus propias leyes, formaste [65] una ciudad de lo que antes era un mundo 9 . Como autores de tu linaje reconocemos a Venus y a Marte, la madre de los Enéadas y el padre de los Romúlidas. Cuando [70] vences, la clemencia ablanda tu brazo armado: en tu personalidad aúnas la inspiración de ambos dioses. De ahí tu gran satisfacción en combatir y en perdonar: vences a quienes has temido, amas a quienes has vencido. Damos culto a la diosa que creó el olivo y al dios que descubrió el vino, y al [75] niño que fue el primero en hincar el arado en tierra; gracias a la destreza de Peón, la Medicina mereció los honores de un altar, y merced a su distinción personal, Alcides fue convertido en dios 10 . También tú, que abarcas el mundo con tus triunfos civilizadores, haces que todo viva con arreglo a una ley común. A ti, diosa, a ti el último rincón romano te ensalza [80] y ofrece su cuello libre a tu pacífico yugo. Los astros todos que mantienen su eterno movimiento no han visto nunca imperio más hermoso. ¿Cómo compararlo con el que los asirios llegaron a reunir con las armas y que sus vecinos [85] los medos domeñaron? Los Grandes Reyes de los partos y los tiranos de los macedonios varias veces se impusieron alternativamente sus leyes 11 . Y es que tú no tuviste al nacer más almas y más brazos, sino mayor decisión y cordura. Conocida por las justas motivaciones de las guerras que emprende y por no ensoberbecerse en la paz, tu gloria alcanza su [90] máximo poder. El que reines es menos que el que merezcas reinar. Con tus hazañas superas las más grandes hazañas. Tanta fatiga produce enumerar los altos monumentos de tu gloria rica en trofeos, como pretender contar el número de estrellas. Tus deslumbrantes templos turban las miradas que [95] los recorren: tal creería yo con gusto que viven los propios dioses. ¿Y qué decir de los canales suspendidos en el aire sobre arcadas, adonde a duras penas podría Iris elevar sus llovedizas aguas? 12 . Antes parecen montes encumbrados a los astros. Tamaña obra la alabaría Grecia como propia de [100] gigantes. Ríos de agua se acumulan encerrados en tus muros, tus baños se alzan consumiendo lagos enteros 13 . Y no menor humedad brota de tus propias entrañas al nacer en ti corrientes que hacen murmurar las murallas por doquier. Un [105] fresco soplo atempera entonces las auras del estío y la pureza incomparable del agua alivia la sed inofensiva. Por cierto, un torbellino de agua caliente te brotó de súbito en el camino de la roca Tarpeya con ocasión de un ataque enemigo. Si hubiera pervivido, yo lo habría juzgado cosa del azar, pero fluyó en tu ayuda para luego retirarse 14 . ¿Y qué decir [110] de los bosques encerrados en tus artesonados, donde se solaza con su abigarrado canto el ave allí nacida? En tu primavera el tiempo nunca deja de suavizarse y el invierno de [115] vencida ampara tus encantos. Levanta, ¡oh Roma!, tus cabellos laureados y trenza en verdes bucles tu vetusta y sagrada cabellera; que desde su almenada cimera lance tu diadema dorados rayos, y tu bloca de oro vomite fuego sin cesar; que el olvido de las afrentas a ti inferidas oculte dolorosos [120] reveses y el desprecio del dolor restañe y cicatrice tus heridas. En la adversidad tienes por costumbre confiar en el éxito: a imitación del cielo los daños sufridos te enriquecen. Las llamas de los astros traen con su ocaso nuevos ortos; [125] ves que la luna acaba su ciclo para iniciarlo. No difirió el río Alia el castigo del victorioso Breno; el samnita pagó con la esclavitud su cruel pacto; tú, derrotada y tras numerosos desastres, pusiste en fuga a Pirro y el propio Aníbal hubo de lamentar sus éxitos 15 . Lo que no puede hundirse resurge con [130] renovado brío y salta empujado aún más arriba desde las más profundas simas. Y así como una antorcha recobra nuevas fuerzas cuando se la inclina, así tú tratas de alcanzar los cielos aún más esplendorosa tras un suceso humillante. Extiende al porvenir romano tus leyes perdurables: sólo tú no [135] has de temer los hilos del destino aunque a los mil años y dieciséis décadas transcurridos se les añada además el noveno 16 . El tiempo que te queda no está sujeto a límite alguno mientras la tierra perviva, mientras el cielo transporte los [140] astros. A ti te da fuerzas lo que a otros reinos debilita: el secreto de renacer está en poder crecerse en la desgracia. ¡Ea, pues! Sucumba, por fin, como víctima un pueblo sacrílego: ofrezcan temblorosos los getas sus pérfidas cervices; que las tierras ya pacificadas paguen abundantes tributos; que el botín tomado a los bárbaros colme los pliegues majestuosos de tu toga; eternamente surque el Rin la tierra para ti y para [145] ti la inunde el Nilo, y el mundo así fertilizado fertilice a su nodriza. Más aún, proporciónete copiosas cosechas el África, rica en sol, pero más rica aún por la lluvia que de ti recibe 17 . Y que, mientras, se alcen los graneros entre los surcos del Lacio y fluyan abundantes los lagares en néctar de la [150] Hesperia. Ceñido de triunfal junco el propio Tíber apreste servicialmente sus aguas en provecho de los descendientes de Rómulo y transporte desde aquí por sus amenas riberas las copiosas provisiones del campo y traiga de allá corriente arriba las del mar. Franquéame —te lo ruego— el mar ya [155] pacificado por el gemelo Cástor y que la Citerea 18 , mi guía, sosiegue la llanura marina si es que no decepcioné cuando aplicaba las leyes de Quirino, si reverencié y consulté a los inviolables senadores. Pues en cuanto a que ningún delito me ha hecho desenvainar la espada, no se tome como mérito [160] del prefecto, sino del pueblo 19 . Tanto si se me concede terminar mi vida en la tierra de mis padres, como si alguna vez de nuevo eres devuelta a mis ojos, seré feliz e incluso más feliz de lo que ansío si te dignas recordarme siempre».
[165] Tras estas palabras emprendemos ansiosamente el camino. Me acompañan unos amigos. Mis ojos no pueden decir adiós sin humedecerse. Y mientras los demás se vuelven a Roma, me sigue acompañando Rufio, gloria viviente de su padre Albino, que trae su apellido del antiguo linaje de Vóluso [170] y que según testimonio de Marón evoca a los reyes rútulos 20 . A su elegante palabra se ha encomendado el palacio 21 : a pesar de su juventud ha merecido el honor de hablar en nombre del emperador. Anteriormente, mozo aún, había gobernado como procónsul a los cartagineses; les infundió a [175] los tirios miedo y afecto a partes iguales 22 . Su diligencia en el desempeño del cargo le tiene asegurado el altísimo honor de los fasces. Si se puede confiar en los méritos contraídos, llegará a cónsul 23 . Al final le obligué, mal que le pesaba, a dar media vuelta. Con todo, una misma disposición de espíritu mantiene unidos a quienes físicamente están separados.
[180] Me encamino, en fin, hacia los barcos por donde el Tíber, que aparece dividido en dos brazos, corta más hacia la derecha. El izquierdo, intransitable por los bancos de arena, hay que evitarlo; sólo le queda la gloria de haber acogido a Eneas 24 . Para entonces ya Febo había prolongado las horas de la noche en el desvaído cielo de Escorpio. Dudamos si [185] aventurarnos en el mar, pero permanecemos en puerto y sobrellevamos sin contrariamos la inactividad impuesta por el retraso mientras la Pléyade cae encolerizada en el mar traicionero y se enfurece la cólera del temporal propio de la estación 25 . Me entretengo volviéndome con frecuencia a mirar la Ciudad, aún cercana, y recorriendo los montes con [190] una mirada que ya apenas los distingue. Por donde nos guía la vista, los ojos disfrutan contemplando el querido terruño mientras creen poder distinguir lo que anhelan. Y ese lugar que comprende las atalayas soberanas y la capital del mundo no lo reconozco por indicios de humo, por más que Homero 26 [195] recomienda tales indicios siempre que desde el solar amado se eleva el humo hasta las estrellas, sino que una zona del cielo más clara y un trecho despejado dibujan las cumbres brillantes de las siete colinas. Allí luce de continuo el sol e incluso parece más puro el día que Roma se forja [200] para sí misma. De vez en cuando los ruidos del Circo resuenan sorprendiendo mis oídos; una encendida salva de aplausos indica que los teatros están a rebosar; batidos por el aire recibo ecos de voces conocidas, bien porque realmente me lleguen o bien porque los fragüe mi cariño 27 .
[205] Durante quince días observamos las condiciones de seguridad del mar, en tanto se presentase el viento bonancible de la luna nueva. A punto ya de marcharme, hago volver a sus estudios de Roma a Paladio, esperanza y prez de mi linaje; por su elocuencia y juventud acaba de ser enviado de [210] las campiñas de las Galias a aprender las leyes del foro romano. Cuenta con una dulcísima atadura, la de mi interés por él, hijo mío en lo afectivo y pariente por sangre 28 . Su padre Exuperancio está ahora enseñando a las costas de [215] Armórica a estimar el retorno de la paz: ha restablecido la ley, ha restituido la libertad y no consiente que para sus sirvientes los amos sean esclavos 29 .
Zarpamos rayando el alba, justo en el momento en que el retorno del color permite distinguir los labradíos. Avanzamos [220] por cerca del litoral en unas barcas pequeñas a las que en una emergencia podría abrir la costa numerosos refugios. Traspase las olas en verano el velamen de los barcos mercantes, que el otoño es más seguro con mayor posibilidad de pronta huida. Costeamos la tierra de Alsio y dejamos atrás Pirgos, hoy grandes quintas, pequeños pueblos antaño. A continuación nos muestra el piloto el territorio de Cere 30 : [225] con el tiempo Agila ha abandonado su antiguo nombre. Pasamos rozando Castro 31 , 〈asediado〉 32 por el oleaje y por el tiempo: como ejemplo, la vieja puerta de esta localidad semiderruida. Preside, representado en una pequeña estatua de piedra, aquél que como protector de los rebaños lleva cuernos [230] en la frente. Aunque los muchos años hayan borrado su primitivo nombre, la leyenda asegura que esto fue Castro de Inuo, sea que Pan cambiara el Ménalo 33 por los bosques tirrenos, o que Fauno entrara a habitar las sinuosidades de su tierra natal; pues que renueva la humana estirpe con abundantes [235] preñeces, a este dios se le representa muy inclinado a los placeres de Venus.
Por la fuerza del austro nos desviamos a Centuncelas 34 : las naves atracan en su tranquilo puerto. Entre los muelles enormes queda el mar encerrado formando un anfiteatro y [240] su estrecha bocana la protege una isla artificial. Se yerguen allí dos torres, y a uno y otro lado se abre un canal angosto con doble entrada. Como no bastaba la construcción de fondeaderos en la parte más amplia del puerto para evitar que [245] incluso allí la virazón agitara los barcos, la parte interior de la ensenada se ha replegado hasta el medio de los edificios, y la estabilidad de sus aguas ya no sabe de cambios de viento, como el agua que encerrada en las piscinas de la euboica Cumas 35 sostiene los brazos de sus nadadores de pausado y alterno chapoteo.
Me apetece conocer las termas que toman su nombre de [250] un toro 36 , pues desviarse tres millas no representa un serio retraso. Los manantiales no tienen allí el defecto de amargos regustos ni sus aguas calientes están saturadas de vapores de azufre. La pureza de olor y la suavidad de sabor hacen dudar [255] al bañista qué aplicación darles mejor. Si se ha de dar crédito a la leyenda, fue un toro el que al descubrir el manantial nos proporcionó estos baños termales, pues suele anunciar su embestida arrancando terrones y frotando sus cuernos amenazadores contra un duro tronco; o bien fue un dios que aparentando las hechuras y las armas de un novillo [260] no quiso que permanecieran ocultos los dones del suelo abrasador, como aquél que arramblando con la joya raptada a Agenor se llevó su carga virginal a través de los mares 37 . No sólo los griegos han de adornarse con portentos difícilmente creíbles: la fuente del Helicón tiene por creador un animal 38 ; convengamos en que estas aguas han brotado de [265] parecido origen y en que la pezuña de un caballo cavó las fuentes de las Musas. En el poema de Mesala 39 que enaltece estos parajes se compara estas hendiduras con las grutas del monte Pierio. Este delicioso poema, grabado en su sagrada [270] puerta, cautiva a los que entran y retiene a los que salen. Este Mesala es aquél cuya estirpe arranca del primer cónsul, si nos remontamos a sus antepasados los Publícolas. También es él quien como prefecto del pretorio mandaba en las cohortes pretorianas con sólo un gesto de su cabeza. Pero su grandeza le viene sobre todo de su inteligencia y elocuencia. Nos ha enseñado qué asiento moral exige la elocuencia: uno [275] será elocuente en la medida en que desee ser persona de bien 40 .
El crepúsculo cubierto de rocío comenzó a brillar en el cielo de color de púrpura 41 . Desplegamos las velas, que se curvan al darles el viento de través. Por poco tiempo nos apartamos de la orilla del Munión 42 , llena de bancos de arena: su estrecha desembocadura se alborota ante el mar traicionero. [280] Desde allí divisamos los tejados diseminados de las Graviscas 43 , agobiadas a menudo en verano por el mal olor de sus marismas. Pero sus frondosos alrededores verdeguean de espesos bosques y la sombra de los pinos flota en [285] las orillas del mar. Distinguimos unas ruinas antiguas sin guarda alguno y las repulsivas murallas de Cosa 44 , ya deshabitada. Vergüenza da, frente a lo serio de su desgracia, sacar a colación su risible causa, pero sería una pena pasar por alto esta chanza: dícese que antaño sus vecinos se vieron [290] obligados a emigrar abandonando sus hogares por estar infestados de ratones. Yo preferiría creer en los daños sufridos por la cohorte de los pigmeos o en las grullas juramentadas para sus propósitos bélicos.
No lejos de aquí se toca un puerto distinguido por el nombre de Hércules 45 ; al ocaso del día le sigue un viento ya [295] más suave. En medio de las ruinas de un campamento nuestra conversación recae sobre la precipitada huida de Lépido a Cerdeña 46 . Y es que Roma, yendo en pos de su valiente general Cátulo, expulsó de las costas de Cosa a enemigos de su misma sangre. Peor fue, sin embargo, aquel Lépido 47 que [300] durante las contiendas civiles llevó a cabo una impía guerra en tiempos del triunvirato y que en medio del terror de la Ciudad sepultó con nuevos refuerzos la libertad recuperada en la batalla de Módena. Un tercer Lépido 48 , que había osado maquinar asechanzas a la paz, encontró el destino correspondiente a tan funesto malhechor. El cuarto 49 , cuando [305] intentaba encaramarse al poder absoluto de los Césares, hubo de pagar las consecuencias de un impuro adulterio. También hoy en día… 50 . Pero mejor será dejar que la Historia se lamente de nuestros contemporáneos y que el juicio de la posteridad condene esta funesta estirpe. No sé si pensar que de ciertos nombres se derivan determinadas conductas o si [310] más bien por determinadas conductas se asignan ciertos nombres. Sea como sea, hay en los anales latinos la sorprendente coincidencia de que la maldad de los Lépidos aparece siempre truncada a espada.
Y sin que aún se hayan disipado las sombras nos confiamos al mar 51 . Nos llega viento de una montaña próxima: en medio del agua penetra el monte Argentario 52 , que con [315] su doble cima amenaza las bahías azuladas y forma un estrechamiento que se alarga entre sus colinas hasta dos veces tres millas; su perímetro por mar llega hasta tres veces doce millas. Del mismo modo el istmo de Éfira 53 , cuyo litoral da [320] a dos mares, divide por entre ambas orillas las aguas del mar Jonio. A duras penas costeamos su contorno erizado de escollos y la maniobra zigzagueante no deja de presentar serios cuidados: a cada variación de rumbo cambian también los vientos, las velas tan pronto resultan útiles como dañosas. [325] De lejos admiro las boscosas cumbres de Igilio 54 ; sería un pecado privarlo del honor de su alabanza. Esta isla consiguió proteger, poco ha, sus propios bosques, bien por la índole de su naturaleza, bien por el genio tutelar de su dueño 55 cuando merced a su mediano estrecho resistió a las [330] armas victoriosas como si hubiese estado separada por un dilatado brazo de mar: acogió a muchos fugitivos de la Ciudad, que había sido saqueada 56 ; aquí hallaron a sus fatigas segura salvación y abandonaron el miedo. Pues la caballería, que en contra de su propia naturaleza se hizo luego temible por mar, había devastado diversas zonas costeras con [335] tácticas de tierra. Es de admirar el hecho histórico de que un mismo puerto, por la inconstancia del azar, estuviera para los romanos tan cerca y para los getas tan lejos.
Tocamos el Umbrón 57 , río no carente de fama, cuya desembocadura acoge protectora los navíos en apuros: tan accesible es su cauce de fluidas aguas, que se abre acogedor siempre que se abate sobre el mar un violento temporal. En [340] este punto quise yo ganar su tranquila ribera, pero hube de seguir a los marineros, ansiosos de avanzar más. Y así, por más que me apresuro, nos quedamos sin viento y sin luz: ya no se puede ni avanzar ni retroceder. Tomamos medidas para [345] el descanso nocturno en la arena de la orilla 58 ; un bosque de mirtos nos proporciona el fuego para la tarde; levantamos unas tiendas pequeñas poniendo debajo los remos, y un bichero colocado de través nos sirvió para improvisar un techo.
La luz del día hacía su aparición 59 . Aunque avanzamos a fuerza de remo, tenemos la impresión de estar parados, pero [350] la tierra firme que va quedando atrás prueba el desplazamiento de la proa. Aparece la isla de Elba, famosa por las minas de los cálibes; el subsuelo del Nórico no produce mayor riqueza. No es mejor tampoco la colada que fluye de los pródigos hornos de los bitúriges ni la masa que brota del suelo de Cerdeña 60 . Más servicio presta a los pueblos una [355] tierra fecunda en hierro que el amarillo cascajo del Tajo de los tartesios 61 . El oro trae la muerte y da materia a procurarse vicios; el ciego apetito de oro conduce a toda clase de delitos; presentes de oro abaten cabales matrimonios; una [360] lluvia de oro compra un pecho virginal; corrompida con oro, la lealtad traiciona ciudades bien guarnecidas 62 ; por el abuso escandaloso de oro enloquece la ambición misma. Pero, al contrario, con el hierro se labran los campos incultos; gracias al hierro se halló el primer medio de subsistencia; [365] con el hierro refrenaba las fieras sanguinarias la Edad de los Semidioses, desconocedora de un Marte guarnecido de hierro; al hombre no le basta que su mano trabaje desarmada si a modo de mano no tiene un arma de hierro.
Con tales pensamientos intentaba yo aliviar la tediosa [370] flojedad del viento mientras en diversos tonos iba repitiéndose la vulgar cantilena de la chusma 63 . La proximidad de Falesia 64 detiene nuestra ya cansada singladura aunque apenas había cubierto Febo la mitad de su camino. Casualmente a la sazón los lugareños, por las encrucijadas de su aldea, andaban entreteniendo alegremente sus ánimos cuitados con [375] festivos sacrificios, pues tal día precisamente resucita Osiris para convertir las fértiles semillas en frutos nuevos 65 . Tras haber desembarcado nos dirigimos a una posada y nos paseamos por un bosque: nos seducen unos estanques deliciosos de aguas bien cercadas. La espaciosa extensión del agua [380] allí encerrada permite que los peces retocen juguetones por entre los viveros. Pero el posadero, más cruel que Antífates 66 con sus huéspedes, nos hizo pagar caro el reposo en este ameno paraje. Y en efecto, regentaba este lugar un judío quejumbroso, animal incompatible con el alimento humano 67 . Nos cobra por haber zarandeado unos arbustos y [385] pisado unas algas y se pone a gritar que hemos derramado agua causándole graves perjuicios. Devolvemos los insultos apropiados a esta raza sucia que se recorta desvergonzadamente el prepucio, origen de insensatez 68 , y que tan dentro del corazón lleva esos fríos sábados, pero su corazón es aún [390] más frío que su religión. Uno de cada siete días se condenan a un vergonzoso letargo como afeminado retrato de su dios cansado. Los restantes disparates de esta cordada de esclavos mentirosos opino que ni un chiquillo puede creérselos. ¡Ojalá Judea no hubiera sido nunca sometida por las armas [395] de Pompeyo y el mando supremo de Tito! 69 , pues el contagio de esta peste, aunque se extirpe, se expande más y más y, así, una nación vencida atosiga a sus vencedores.
Se yergue de frente el bóreas 70 , pero también nosotros [400] pugnamos por erguirnos al remo cuando el día oculta los astros. Inmediatamente después Populonia 71 abre su costa serena, donde extiende hacia las tierras de labor una bahía natural. Allí no alza su mole erecta hacia las estrellas ningún faro cuya [405] luz se pueda ver de noche, sino que en tiempos antiguos se eligió como atalaya una fuerte roca cuya escarpada cresta amenaza las olas amansadas y que sirvió a los hombres de asentamiento para un castillo de doble uso, defensa terrestre y guía marítima. No pueden reconocerse los monumentos del [410] pasado: la voracidad del tiempo ha consumido sus murallas poderosas. Sólo quedan a trechos restos de sus muros; unas casas yacen sepultadas bajo amplias extensiones de escombros. No ha de irritarnos que cuerpos mortales perezcan: estamos viendo ejemplos de que pueden morir ciudades.
Cunde a la sazón entre nosotros de oído en oído una feliz [415] noticia; a punto estuve de decidir mi regreso a Roma, pues aquí nos enteramos, querido amigo, de que ha sido confiada a tus méritos la prefectura de la Ciudad sagrada 72 . Yo quisiera engarzar en mi poema tu verdadero nombre, pero [420] la rigidez del metro rechaza cierto tipo de pies 73 . Te traeré a mis versos con tu sobrenombre, queridísimo Rufio; con él te canta mi libro más arriba. Que un día de fiesta, como el que hace poco honró mis penates, celebre la consecución de mis deseos coronando de guirnaldas los montantes de mi puerta; que unos ramos verdes adornen nuestra común alegría: [425] una buena parte de mi propio ser ha obtenido un ascenso. Así, así me gustaría que se renovase mi cargo, volviendo a disfrutar de esa magistratura a través de la persona por la que yo más me inclinaba.
Al virar el aquilón 74 , nos disponemos a navegar a vela en cuanto Eos empezó a brillar en su rosáceo caballo. Córcega [430] comienza a mostrar entre penumbras sus montañas, y una sombra del mismo tono prolonga sus cumbres nubosas. Así suelen desvanecerse a intervalos los gráciles cuernos de la luna y esconderse a los ojos que fatigosamente los habían entrevisto. La estrechez de este brazo de mar ha incrementado [435] las fantasías de la leyenda: cuentan, en efecto, que un rebaño de bueyes lo cruzó a nado en el momento en que llegó casualmente a las costas de Cirne por vez primera una mujer, Corsa, persiguiendo un buey suelto 75 . Siguiendo por [440] mar se alza enseguida Capraria, desolada isla llena de hombres que huyen de la luz. Ellos se llaman a sí mismos con el apodo griego de «monjes» porque desean vivir solos sin testigo alguno 76 . Recelan de los dones de la fortuna, pues temen sus reveses. ¿Quién es capaz de hacerse voluntariamente [445] desgraciado por no ser desgraciado? ¿Qué rabia es ésa tan necia y propia de un cerebro extraviado, de no poder soportar lo bueno por miedo a lo malo? Puede que como atajo de esclavos estén expiando sus fechorías o que sus sombrías entrañas se hallen henchidas de negra hiel. Así, [450] Homero atribuyó a una enfermiza demasía de bilis las angustias de Belerofonte 77 . Dícese, en efecto, que al caer herido este joven tras las acometidas de un dolor brutal, sintió aversión por la raza humana.
Al entrar en la región de Volterra, propiamente llamada Los Vados 78 , escojo la parte profunda de su canal, que es [455] inseguro. El vigía de proa observa el fondo, guía el timón obediente a sus órdenes y gobierna la nave voceando la maniobra. Dos árboles permiten distinguir su equívoco acceso y ambas orillas quedan delimitadas por unas estacas. A éstas es costumbre atarles unos lauros altos fáciles de ver por sus [460] ramas y frondoso follaje, para que, si el banco movedizo de espeso limo muestra un manto de algas, las señales permanezcan inalterables indicando claramente el camino 79 . Allí me obligó a detenerme un impetuoso viento del noroeste, cual el que suele conmover las espesuras de los bosques. Aun protegidos por unas casas, a duras penas pudimos aguantar [465] la furia del aguacero. Pronto nos acogió la finca de mi querido Albino 80 , pues querido es, en efecto, aquél que Roma nombró para sustituirme en el cargo prolongando a través de él la autoridad de mi toga 81 ; con sus méritos compensó los años que aún debía esperar, siendo como es un niño por su [470] edad florida, pero un anciano por su ponderación. La mutua estima unió caracteres parejos y la simpatía evolucionó hacia una amistad recíproca. Él prefirió que llevara yo las riendas aun cuando habría podido ser el primero, pero el cariño por su predecesor lo ha hecho mayor. Me entretengo en [475] observar unas salinas 82 situadas al pie de la finca, pues con este nombre se designa una laguna salada en la que entra el mar por unos canales en pendiente cavados en la tierra y en que una fosa pequeña reparte el agua a unas albercas de muchas secciones. Pero cuando aplica Sirio 83 su fuego ardiente, [480] cuando palidece la hierba, cuando está sediento el campo todo, entonces se cierra el paso al mar con las compuertas de las represas para que, abrasada, la tierra endurezca las aguas allí retenidas. La masa coagulada que surge de forma natural recibe la fuerza punzante de Febo y con el [485] calor del verano se cuaja una pesada costra, de un modo que no difiere en absoluto de cuando el hórrido Histro 84 queda endurecido por el hielo y permite, al solidificarse, el arrastre de carros enormes. Investigue los procesos de la naturaleza quien esté acostumbrado a examinarlos e indague los efectos contrarios de un mismo elemento: corrientes que se han solidificado por obra del hielo se licúan cuando reciben el [490] sol y, al revés, aguas en estado líquido se congelan a causa del sol.
¡Oh, cuán a menudo del mal nace el germen del bien!: un temporal desabrido trajo consigo una gustosa demora. Efectivamente, Victorino 85 , parte queridísima de mi alma, colmó los anhelos de ambos al coincidir aquí conmigo. La [495] toma de Tolosa lo empujó al exilio hasta establecerse en tierras etruscas y venerar lares extranjeros. Su sabiduría brilló no sólo en la adversidad: con idéntico espíritu sobrellevó la prosperidad. Océano es sabedor de sus cualidades, también lo es Tule 86 y los labradíos todos que ara el fiero britano, [500] donde, haciendo las veces de prefecto, su moderación en el ejercicio del poder va produciéndole una gran cosecha de cariño imperecedero. Aquel país está apartado en un confín del mundo, pero él lo rigió como si estuviera en el centro 87 . Mayor mérito tiene haber querido complacer a gentes entre [505] las que suscitar desagrado entraña poco desdoro. Habiéndosele destinado recientemente a la sagrada corte en calidad de conde honorario 88 , despreció los más altos peldaños del escalafón por amor al campo. Después de haberle dado un abrazo burlé los vientos contrarios, en tanto que creo estar [510] ya disfrutando de una porción de mi tierra natal 89 . La aurora azafranada y serena había sacado su tiro 90 ; la brisa de la orilla aconseja tensar las antenas; un soplo apacible empuja la toldilla de popa, que no se zarandea; tiemblan suavemente las velas, firmes sus amarras. Aparece Górgone 91 en [515] medio del mar rodeada de olas entre la costa de Pisa y la de Cirne. Rehúyo el arrecife, recuerdo de una reciente desgracia: aquí se frustró sepultándose en vida un conciudadano nuestro 92 , pues nuestro era hasta hace poco ese joven de [520] ilustres antepasados, en nada inferior a ellos en hacienda o matrimonio, quien impelido por las Furias abandonó hombres y tierras y vive en la superstición, desterrado en vil escondrijo. Cree, el infeliz, que las divinidades celestiales se alimentan de su inmundicia y a sí mismo se tortura con mayor [525] crueldad de lo que lo harían dioses ofendidos. ¿Acaso no es peor —pregunto yo— esta secta que los venenos de Circe? 93 . En aquel entonces se transformaban los cuerpos, ahora las almas.
Desde allí nos dirigimos a Triturrita 94 : así se llama el caserío, una península que yace repeliendo el oleaje, pues [530] avanza en el mar sobre rocas apiladas a mano, y quien levantó una casa edificó previamente su suelo. Me dejó impresionado el puerto vecino 95 cuya reputación se elogia a menudo por sus mercancías de Pisa y las riquezas de su mar. El aspecto del lugar es admirable: lo bate el mar abierto y su costa está desamparada y expuesta a todos los vientos. No tiene rompeolas alguno que con sus brazos protectores [535] pueda alejar las amenazas de Éolo. Pero las crecidas algas que se entretejen en sus profundidades no causan daño a las embarcaciones, que chocan blandamente en ellas y, sin embargo, en su golpear fragmentan las olas enfurecidas y no [540] permiten que vengan de alta mar con grandes crestas.
El euro 96 , despejando el cielo, había dado ocasión de seguir navegando, pero yo tenía interés en visitar a Protadio 97 . Si acaso alguien desea conocerlo por señales inequívocas, dispóngase a representarse en su corazón la imagen de la virtud. La pintura no producirá matices más verosímiles [545] que la estampa que surge moldeada de sus cualidades: resplandecen de lejos su sabiduría, visible en su rostro decidido, y su imagen de equidad, digna de admiración. Quizá sería menor la alabanza si se la otorgara a su paisano la Galia. Roma puede dar testimonio de quien fue su prefecto. [550] Umbria 98 le ha ofrecido, en sustitución de su morada natal, un modesto retiro: sus virtudes han equiparado la buena y la mala suerte. El espíritu indomable de este varón considera grande lo pequeño y para su mente fue pequeño lo grande. [555] Un exiguo pegujal contenía vencedores de reyes y unas pocas yugadas producían Cincinatos. Para mí, desde luego, las cualidades de Protadio no tienen menor categoría que el arado de Serrano o el hogar de Fabricio 99 .
Atracados, pues, mis barcos en fondeadero seguro 100 , [560] hago que me conduzcan a Pisa por donde suelen ir los viajeros a pie. El tribuno 101 , a quien guardo estima —y él a mí— de cuando éramos compañeros de armas y de cuando yo, como maestro de oficios, administraba la casa imperial y la guardia armada del piadoso príncipe, me procura caballos y [565] me ofrece incluso vehículos. Contemplo la vieja ciudad que tiene origen en el Alfeo, ceñida por el Arno y el Áusur de aguas gemelas 102 . Éstos ríos trazan al encontrarse el cono de una pirámide: la parte frontal resultante ofrece acceso por una mediana lengua de tierra 103 . Pero en la confluencia de [570] ambos ríos es el Arno el que conserva su nombre y, claro está, sólo él se encamina al mar. Mucho antes de que el azar implantara unos penates de origen troyano a los reyes de Laurento, Etruria había acogido a gentes de Pisa procedentes de la Élide, raza de la que da testimonio manifiesto su nombre. Aquí se me presentó ante los ojos la estatua de mi [575] venerado padre que los pisanos erigieron en su propio foro. Me mueven a llorar los elogios dedicados a mi progenitor ya desaparecido: por mis mejillas humedecidas corrieron el gozo y la tristeza. Y es que, efectivamente, mi padre había gobernado tiempo atrás los campos tirrenos y ejercido el [580] poder jurisdiccional encomendado a los seis fasces 104 . Solía contar —lo recuerdo— que después de haber recorrido muchos cargos públicos era su gobierno de Etruria el que más le había agradado, pues ni la administración del sagrado Tesoro, por importante que fuera, ni la autoridad de la cuestura le habían complacido más. En su cariñosa inclinación por los etruscos no dudaba incluso, si se me permite decirlo, en [585] relegar a un segundo plano su cargo de prefecto. Y no se engañaba, siendo como era tan grato a quienes él a su vez apreciaba: es el cariño recíproco el que les hace cantar en versos su eterna gratitud. Los viejos que lo recuerdan comentan [590] a sus hijos que fue tan firme para sus cosas como agradable, incluso celebran que yo no haya desmerecido de los honores que él alcanzó y me acogen con redoblado afecto. Estas mismas muestras de fidelidad al prestigio de mi padre las hallé a menudo al marchar por las comarcas aledañas a la vía Flaminia. Toda Lidia 105 venera, entre los [595] allí nacidos, la memoria de Lacanio como si fuera un dios. Esta provincia, agradecida a las gentes de bien, conserva sus viejas costumbres y es merecedora de tener siempre buenos gobernantes, como actualmente Decio, noble hijo de Lucilo, [600] que administra las fértiles campiñas del país de Córito 106 . Y no es extraño que su padre, viéndose representado en la grandeza de carácter de su hijo, se sienta dichoso por tan parecida descendencia. Ni Turno ni Juvenal lo harían mejor cuando escribe sus sátiras burlonas con los hirientes versos [605] de las Camenas 107 . Su crítica mordaz ha acabado por restablecer la antigua honestidad y al tiempo que censura a los malos enseña a ser bueno. ¿Y cuando administraba con extraordinaria mesura el sagrado Tesoro, no consiguió repeler a las harpías 108 que en derredor lo acosaban? Sí, a las harpías, [610] que despedazan el mundo con sus uñas, que con sus patas pegajosas arrastran cuanto tocan, que vuelven tuerto a Argos y a Linceo ciego y vuelan, pública rapiña, entre los custodios. Pero a Lucilo no le pasó desapercibido este expolio propio de Briareo y a tamaña concurrencia de manos hizo él frente con la suya sola 109 .
Y tras haber regresado ya de la ciudad de Pisa a Triturrita 110 [615] estaba yo haciendo aparejar velas que colgaran al límpido noto cuando cubriéndose repentinamente de nubarrones se ensombreció el cielo; las nubes al rasgarse derramaron rayos a voleo. Nos detuvimos, pues ¿quién en un avieso temporal se atrevería a andar por mares que amenazan [620] furia? Ante la imposibilidad de navegar matamos el tiempo en unos bosques cercanos y nos entretenemos en desentumecer los miembros persiguiendo las fieras. El granjero que nos hospeda apresta los avíos de cazar y perras adiestradas en descubrir las apestosas guaridas. Un jabalí aterrador [625] de colmillo centelleante se lanza a las trampas y redes de ancha malla, y cae en ellas; ante él se arredrarían los brazos de Meleagro y blandearía la fuerza atenazante del hijo de Anfitrión 111 . Resuena entonces la trompa por los cerros, que pronto responden, y cantando se hace liviano el transporte [630] de la presa.
Entretanto el ábrego de húmedas alas no cesa de vedarnos insistentemente los días con unas nubes negras como la pez 112 . Ya están en su ocaso matutino las húmedas Híades, ya, tapada por una lluvia inverniza, se esconde la Liebre, [635] astro escaso de luz pero causante de grandes olas, bajo el cual ningún navegante abandonaría la tierra mojada, pues está, en efecto, colocado al pie del tormentoso Orión y, como presa empapada en rocío, huye de la Canícula abrasadora 113 . [640] Vimos amarillear el mar al alborotarse sus arenas, y anegar los campos arrojándose en tromba, igual que Océano se derrama tierra adentro cubriendo con vacilante fluctuación los sembrados que pronto ha de abandonar, tanto si su reflujo proveniente de otro mundo choca contra el nuestro, como si nutre con sus aguas los astros rutilantes 114 .

1 El comienzo ex abrupto del poema mueve a pensar en la pérdida de al menos un dístico, que varios filólogos han reconstruido en pura hipótesis. Véase Introducción , pág. 22 s.
2 Achacable a la muerte de Ataúlfo, según LANA , Rutilio Namaziano , pág. 52.
3 Según los estoicos, el alma recibe en su descenso del cielo a la tierra semillas que se desarrollarán durante su vida.
4 Alusión al genius populi Romani , es decir Urbis Romae que tutelaba la vida, el Estado y la propiedad.
5 Referencia a las invasiones de vándalos, suevos, alanos y burgundios en 406-407, de los visigodos de Ataúlfo en 412 y de las correrías de los bagaudas.
6 Con el nombre de getas, pueblo originario de Tracia, designa RUTILIO a los visigodos y cualesquiera bárbaros hostiles a Roma; también en vv. I 142, 336 y II 51. La Vía Aurelia, que toma su nombre de Aurelio Cota, censor en 241 a. C., parte de Roma, toca el Tirreno en Alsium (Palo), remonta hasta Génova y penetra en la Galia hasta Forum Iulii (Fréjus).
7 Sobre el himno a Roma, que se extiende hasta el v. I 164, véase Introducción, pág. 28 s.
8 Sc . África.
9 Se alude a la Constitutio Antoniniana de Caracalla del año 212 d. C. por la que se concedió la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio, unificados desde ese momento bajo un Derecho único. Cf . PLINIO , Historia Natural III 39.
10 Se inicia la segunda parte del himno, cuyo modelo es el himno a Venus que abre el De rerum natura de LUCRECIO . Se alude a Minerva, Baco, Triptólemo, Peón (médico de los dioses identificado luego con Apolo y Asclepio), y a Hércules, nieto de Alceo; tras ellos aparece Roma divinizada.
11 Gran Rey es el título oficial de los soberanos persas; los tiranos de los macedonios son los Seleucos de Siria, sucesores de Alejandro Magno.
12 Se creía que el arco Iris aspiraba con sus extremos el agua y la transmitía a las nubes; véase A. BARTALUCCI , «Note rutiliane», Studi classici e orientali 14 (1965), 30-39.
13 Se trata del río Anio actual Aniene, que alimentaba el Anio Novus y el Anio Vetus ; del Herculaneus , que surtía al Anio Novus ; del Curtius y del Caeruleus , que nutrían el Aqua Claudia . Los lagos que cita a continuación son el Alsietinus (Lago di Martignano), el Sabatinus (Lago di Bracciano) y el Sublacensis (Lago di Subiaco). Cf . FRONT ., Aquaed . 11; 71; 93, 2. Véase la interesante nota de USSANI , («Leggendo Rutilio»), que toma el término lacus en sentido figurado.
14 Jano ayudó a los romanos haciendo brotar de la roca Tarpeya un manantial de agua hirviente que cerró el paso a los sabinos de Tito Tacio.
15 Derrota de Roma en Alia en 390 a. C. ante los galos; desastre romano ante los samnitas en las Horcas Caudinas en 321 a. C.; Pirro es finalmente vencido por Roma en Benevento en 275 a. C.; Aníbal acaba destrozado en Zama en 202 a. C.
16 El año 1169 desde la fundación de Roma. Sigue siendo objeto de discusión la era que se toma como base de cálculo y, por tanto, la fecha del viaje. Véase Introducción, pág. 24 ss.
17 Creencia antigua de que el viento del norte reunía en Italia lluvias providenciales para África.
18 Invocación a los Dioscuros, Cástor y Pólux, mediante la corriente mención de uno solo, y a Venus, nacida de la espuma del mar cerca de la isla de Citera. Roma y los Dioscuros tenían santuarios en Ostia, y Venus, a quien estaba consagrada la Insula Tiberina , en la zona del Portus Augusti , donde embarcará el poeta.
19 Probablemente en el año 413 Rutilio fue prefecto de Roma; de ello habla también en vv. I 423-428 y 467-468. Quirino es el nombre de Rómulo tras su apoteosis.
20 Primer panegírico de sus amigos y parientes, a los que dedica el poeta más de 1/5 de su obra. Rufio Antonio Agripnio Volusiano, Proconsul Africae en 411-412, Quaestor Sacri Palatii, Praefectus Urbi durante el viaje de Rutilio (cf . vv. I 415 ss.) y acaso una segunda vez en el 421, y Praefectus praetorio Italiae en 428-429. Véase A. CHASTAGNOL , «Le sénateur Volusien et la conversion d’une famille de l’aristocratie romaine au Bas-Empire», Revue des Études Anciennes 58 (1956), 241-253. Vóluso es un caudillo de los rútulos (cf . VIRGILIO , Eneida XI 463 s.).
21 El Quaestor Sacri Palatii daba forma de ley a las órdenes del emperador y leía en la Curia las comunicaciones de éste al Senado.
22 Sc . cartagineses, que procedían de la fenicia Tiro.
23 Al llegar el poeta a Populonia, se enterará de que Rufio Volusiano ha sido nombrado Prefecto de Roma; cf . vv. I 415 ss.
24 El poeta llega al Portus Augusti por un canal de unos cuatro metros de profundidad, la Fossa Claudia o Traiana , actual Fiumicino; el brazo izquierdo, hoy Fiumara, es el lecho original del Tíber (cf . VIRG ., Eneida VII 29-32). Ambos brazos trazan la Insula Sacra o Tiberina .
25 No sabemos si se alude a las Pinzas de Escorpio (entre 19 de octubre y 17 de noviembre) o a la constelación de Libra (entre 19 sept. y 18 oct.). Optan por Escorpio quienes datan el viaje en el 415; por Libra, los que lo fechan en 417. Para la datación del viaje, véase Introducción, pág. 24.
26 Cf . HOM ., Od . I 57-59 y X 29-30. Aunque el estudio del griego ya se hallaba muy orillado, no se excluye un conocimiento directo de Homero por parte del poeta. Sobre este asunto, véase Introducción, pág. 33.
27 Referencia cronológica ambigua: si optamos por el 415, sólo caben los Ludi plebei , celebrados cinco días en las idus de noviembre (véase LANA , págs. 31 s.; CORSARO , págs. 16 ss.); optando por el 417, sólo encajan los juegos Circenses, pues en los días de octubre propuestos para el viaje en ese año no había juegos escénicos, luego los aplausos son fantasía del poeta. Véase Introducción, pág. 25.
28 Acaso pariente de Rutilio por rama femenina; parece tratarse del Paladio Rutilio Tauro Emiliano autor de un Opus agriculturae y prefecto del Pretorio bajo Mayoriano en 458.
29 Se alude a las revueltas de Armórica, entre el Loira y el Sena, en 408. Exuperancio no parece que deba ser identificado ni con el homónimo correspondiente de SAN JERÓNIMO (Epístolas 145) ni con el Julio Exuperancio autor de un breviario de Historia (De Marii, Lepidi ac Sertorii bellis civilibus) . Véanse CASTORINA , págs. 172 s.; LANA , págs. 74 ss.; DOBLHOFER , vol. I, pág. 24, y vol. II, págs. 113 s.
30 Alsio, actual Palo, antigua ciudad etrusca. Pirgos, cerca de la actual Santa Severa, era el puerto de la etrusca Cere, hoy Cerveteri. Sobre localidades citadas y no citadas, véase DOBLHOFER , vol. II, págs. 117-119.
31 Se trata de Castrum Novum , próximo a la actual Santa Marinella, donde hoy está Torre Chiaruccia. LANA (págs. 113 ss.) ha demostrado que no se trata de Castrum Inui al S. de Roma, sino que el poeta sugiere que durante algún tiempo se llamó Castrum Inui .
32 Leemos 〈expugnatum 〉 con E. BAEHRENS , Poetae Latini Minores , vol. V, Leipzig, 1883.
33 Inuo, antigua divinidad solar identificada con el Fauno latino o con el Pan de Arcadia. Ménalo, monte de Arcadia consagrado a Pan.
34 Hoy Civitavecchia, cuyo puerto construyó Trajano (Portus Traianus) y describió PLINIO EL JOVEN (Ep . VI 31, 15-17), testigo de la obra.
35 Porque Cumas, lugar de veraneo, era colonia de su homónima de Eólida y de Calcis de Eubea. Eran famosas sus termas y piscinas, luego denominadas Aquae Baianae .
36 Hoy Terme del Toro en Bagni di Ferrata, 3 millas al N. de Civitavecchia.
37 Europa, hija del rey Agenor, raptada de la playa de Sidón o Tiro por Zeus metamorfoseado en toro blanco que la transportó a Creta y la hizo madre de tres hijos, Minos, Sarpedón y Radamantis. El toro fue luego catasterizado y colocado entre los signos del Zodíaco.
38 La fuente Hipocrene de Beocia consagrada a las Musas en el monte Helicón; surgió por un golpe de pezuña del caballo alado Pégaso.
39 Valerio Mesala, prefecto del pretorio en 399-400. Pretendía descender de Valerio Publícola, colega de Junio Bruto sólo por renuncia de Tarquino Colatino. Cf . LIVIO , II 2, 11 y 8, 1.
40 Cf . vv. I 597 ss. y 606.
41 Comienza el 2.° día de viaje (19 de noviembre del 415 ó 30 de octubre del 417), hasta Porto Ercole, de 50 millas de singladura.
42 O Minión, hoy Mignone, nace al O. del Lago di Bracciano y muere en el mar entre Civitavecchia y la desembocadura del Marta.
43 Puerto etrusco de Tarquinios, junto al actual Porto Clementino.
44 Junto a la actual Ansedonia, cerca de Orbetello. Su puerto era Porto Ercole, llamado también Portus Cosanus . Sólo Rutilio transmite esta noticia que considera inverosímil. Los pigmeos, enanos de la altura de un puño habitantes de las riberas del Nilo, luchaban contra las grullas; cf . HOM ., Il . III 3-6.
45 Porto Ercole.
46 M. Emilio Lépido, padre del triúnviro, cónsul en 78 a. C. Declarado enemigo público por haber intentado abolir la constitución aristocrática de Sila, marchó contra Roma y fue vencido por su colega Cátulo y por Pompeyo. En su huida se embarcó para Cerdeña, donde acabó su vida.
47 M. Emilio Lépido, triúnviro hijo del anterior, unió sus fuerzas a las de Antonio tras la batalla de Módena (44 a. C.) y fue obligado a retirarse con el cargo de pontífice máximo.
48 Probablemente hijo del triúnviro, que conspiró en el 30 a. C. para asesinar a Octaviano después de Accio, pero fue detenido y condenado a muerte. No obstante, LANA (págs. 64-66) lo identifica con L. Emilio Paulo, cónsul en el año 1 d. C. e hijo de P. Emilio Lépido. Véase también la interesante nota de USSANI , art. cit .
49 Otro M. Emilio Lépido, segundo marido de Drusila, hermana de Caligula; conspiró contra su cuñado y tuvo relaciones ilícitas con Agripina y Livila, también hermanas del emperador. Fue ejecutado en 39 d. C.
50 Parece aludir a Claudio Póstumo Dárdano, gobernador de Germania y hermano de Póstumo Dárdano. Para esta identificación, véase la ingeniosa argumentación de Fo, págs. 89-90. Según LANA (págs. 61-73) la reticencia afecta a más Lépidos contemporáneos del poeta, que calla por prudencia, lo que discute CASTORINA (págs. 187 s.) en vista del V . I 312. Véase también USSANI , art. cit .
51 Comienza el 3.° día de viaje (20 de noviembre del 415 ó 31 de octubre del 417), de unas 40 millas de navegación.
52 Antes llamado Mons Cosanus . Rutilio es el primero en atestiguar la denominación de Argentarius , debida al centelleo de su mica. La cima del S. está sobre Porto Ercole, la del N. sobre Porto Santo Stefano. El poeta yerra, pues su perímetro es de unas 20 millas.
53 Istmo de Corinto. En sentido estricto el mar Jonio sólo baña un lado del istmo, siendo el otro ribereño del Egeo.
54 Hoy Giglio, frente al Argentario, refugio de los fugitivos de Roma en el 408 (bajada de Alarico a Roma), ó 410 (saco de Roma por Alarico) ó 412 (marcha de Ataúlfo hacia la Galia). Fo (págs. 91 s.) refiere al año 410 esta huida en la que acaso participara el poeta.
55 Sólo aquí se menciona al emperador, el cristiano Honorio, pero con alusiones paganas.
56 La huida podría deberse a la llegada de Ataúlfo en 412.
57 El Ombrone. A partir de este río comienza el territorio de Umbria.
58 Donde la actual Pineta del Tombolo.
59 Comienza el 4.° día de viaje (21 de noviembre del 415 ó 1 de noviembre del 417), de la Pineta del Tombolo a Falesia, en que se cubren 40 millas hasta mediodía (cf . v. 372).
60 Cálibes, pueblo legendario del Ponto. Nórico, hoy Estiria y Carintia. Bitúriges, entre el Loira y el Garona.
61 Tópos del elogio del hierro e invectiva del oro (cf . vv. I 607-614). El pasaje se relaciona con el tráfico de honores bajo Arcadio, reprimido por Honorio (cf . v. I 608), según VESSEREAU -PRÉCHAC , pág. 19. Para este pasaje y sus precedentes literarios, véase DOBLHOFER , vol. II, págs. 165-172. «Tartesios» vale por «hispanos».
62 Los personajes aludidos son: Erífile, que corrompida por Polinices persuade a su marido Anfiarao de participar en la expedición contra Tebas sabiendo que perecerá en ella; Dánae, que fecundada por Júpiter en forma de lluvia de oro dará a luz a Perseo; y, por último, Filipo de Macedonia.
63 Se alude a la zaloma o saloma (gr. kéleusma) , canto que marcaba el ritmo a los remeros.
64 Puerto etrusco al NE. de Piombino, donde hoy Porto Vecchio, también llamado Falese o Porto di Faliesi. No debe confundirse con Falerios, capital de los faliscos. Véase R. GELSOMINO , «Note a Rutilio Namaziano: I 371 ‘Falesia’ non ‘Faleria’, e il comportamento prosodico di Rutilio», Rivista di cultura classica e medioevale , 15 (1973), 35-47, cuya corrección aceptamos. El atraque a mediodía tras 45 millas de singladura podría ser una exageración para realzar la fiesta de Osiris. Véase LANA , págs. 90 y 121-124.
65 Referencia cronológica controvertida. Véase Introducción, pág. 24 ss. La fiesta de Osiris, relacionada con la conclusión de la siembra, duraba 4 días; parecen explícitas las alusiones a los ritos de la heúresis y los hilaria . Obsérvese que la alusión a la fiesta de Osiris es anterior a la mención del desembarco (cf . v. I 377).
66 Célebre pasaje antijudío de raigambre estoica. Antífates, rey de los lestrígones, devoró a uno de los hombres de Ulises y hundió todos sus barcos, excepto aquél en que navegaba el héroe (cf . HOM ., Od . X 114 ss).
67 Alude a la abstinencia de la carne de cerdo, que TÁCITO (Historias V 4, 4) atribuye al miedo a la lepra. Sobre el tabú del cerdo, véase J. G. FRAZER , La rama dorada , Madrid, 1984, págs. 536-542.
68 Pasaje muy discutido. Se ha querido ver aquí un ataque encubierto al cristianismo como derivación del judaísmo (cf . CASTORINA , págs. 200 s.), o bien la insinuación de que la demencia del letargo sabático radica en la circuncisión, considerada casi castrante (cf . USSANI , art. cit.) ; otros, en fin, entienden que el judaísmo es fuente de ideas y hábitos no superados en necedad (véase GIANNOTTI -VILLA , págs. 50 s.).
69 Alusión a las conquistas de Jerusalén por Pompeyo (63 a. C.), que puso fin al reinado de los Macabeos, y por Tito (70 d. C.).
70 Comienza la 5.a jornada de viaje (22 de noviembre del 415 ó 2 de noviembre del 417), de 10 millas de navegación hasta Populonia, 8 kms. al N. del promontorio de Piombino.
71 Floreciente ciudad etrusca (Popluna) que disponía de puerto ya en el siglo VII a. C. y fue prácticamente destruida en la guerra civil entre Mario y Sila. Su bahía es el actual golfo de Baratti.
72 Se trata de Rufio, el mismo que había acompañado al poeta hasta su embarque (vv. I 167 ss.). Rufio fue evidentemente nombrado prefecto en torno al día 20 de noviembre del 415, pues la noticia le llega al poeta el 22 y no la conocía el 17, víspera de su embarque; si el viaje se desarrolla en el 415, como pretende LANA , cabe la posibilidad, apuntada por CHASTAGNOL (art. cit.) de que las dos prefecturas urbanas de Rufio se fundieran en una sola. Véase CASTORINA , pág. 205.
73 Su nombre no cabe en el metro dactílico.
74 Comienza el 6.° día de navegación (23 de noviembre del 415 ó 3 de noviembre del 417), de Populonia a los Vada Volaterrana . El pasaje es controvertido: dado que el aquilón sopla del norte y que el desconocimiento de la vela triangular impedía navegar en contra de él, hemos de suponer que ese viento comienza a soplar en dirección distinta y favorable al rumbo, es decir del sur, de donde nuestra traducción. Véanse USSANI , art. cit ., CASTORINA , págs. 206 s., LANA , págs. 125 s.
75 Córcega era denominada Kýrnos por los griegos. Dista del continente 55 millas. Según una leyenda que trata de explicar la colonización lígur de Córcega, la isla toma su nombre de una pastora lígur que observó cómo un buey solía cruzar hasta allí atraído por la abundancia de los pastos; cf . SAL ., Hist . fr. II 11 MAURENBRECHER , Sol. III 3, ISID ., Etim . XIV 42.
76 Este pasaje, así como los vv. I 511-526, es famoso por sus ataques al monacato y, por ende, al cristianismo. Cf . MINUCIO FÉLIX (Octavius VIII 4), que llama a los cristianos latebrosa et lucífuga natio , y PÁLADAS (XI 384), que afirma. «¿Si son ‘monjes’, por qué hay tantos? ¿Y si hay tantos, cómo es que son solitarios?».
77 Cf . HOM ., Il . VI 201 ss., que no achaca a la negra bilis (melancholía) su conducta, sino a la muerte violenta de sus hijos. Rutilio asimila esa locura a la de los monjes porque también aquél incurrió en el odio a los dioses, según Fo, págs. 103 s.
78 Actual Secche di Vada, entre Cecina y Pisa.
79 Pasaje muy discutido. Véanse comentarios ad. loc . en DOBLHOFER , vol. II, págs. 209 s. y GIANOTTI -VILLA , pág. 59.
80 El aristócrata pagano Cécina Decio Acinacio Albino, prefecto de la Ciudad tras Rutilio, nuevamente prefecto en 426, prefecto del pretorio de Italia en 443 y 447, cónsul en 444. En 439-440 Valentiniano III le confió una misión en la Galia. No debe confundirse a este Albino con el padre de Rufio (vv. I 165 ss.). Para más datos prosopográficos, véase DOBLHOFER , vol. I, pág. 26 y vol. II, págs. 210 s.
81 En tiempos de Rutilio la toga ya sólo era distintiva de senadores y altos funcionarios imperiales. Cf . lo dicho a propósito de Rufio Volusiano (vv. I 171 ss.). El poeta ya ha hecho referencia a su prefectura en los vv. I 157-160 y 1427-428.
82 Situadas en la actual Padule, existían aún en el siglo VIII . Cf . PLIN ., His. Nat . XXXI 73-81.
83 La Canícula, estrella más brillante de la constelación del Can Mayor, cuya aparición en julio señalaba el inicio de los calores más mordientes. Citada también por el poeta con motivo de su ocaso invernal en v. I 638.
84 Se trata del Danubio inferior.
85 Galo, como Rutilio (cf . v. I 510), dejó Tolosa tras su toma por Ataúlfo en 413 ó 414 (cf . v. I 496). Había sido vicarius Britanniarum antes del 408, cargo equivalente al de viceprefecto, lo que le valió el título de comes illustris .
86 Tule se situaba confusamente al N. de Britania en Escandinavia, las Órcades o Islandia.
87 Según BOANO (art. cit.) el poeta abraza aquí la doctrina estoica al expresar la estrecha cohesión entre las diversas partes del mundo.
88 De las tres categorías del cargo —ejercientes, nominados y honorarios— Victorino pertenece a la última, sin residencia en la corte del emperador Honorio.
89 Parece deducirse que el poeta es originario de Tolosa y propietario en la zona. Véase Introducción, pág. 19.
90 Dependiendo de la duración de la estancia en Vada (1/2 jornada o bien 1 1/2 jornada) estaremos ante el 7.° día de viaje (24 de noviembre del 415 ó 4 de noviembre del 417) o el 8.° (25 de noviembre del 415 ó 5 de noviembre del 417) respectivamente. Véase Introducción, pág. 24 ss. En todo caso, la demora mencionada en el v. I 492 puede entenderse como imprevista a causa de la violencia del temporal. De los Vada Volaterrana al Portus Pisanus hay unas 18 millas.
91 Hoy Gorgona, a unos 40 Km. al N de Capraria y 30 Km. al SE de Livorno. Sólo Rutilio la denomina así, pues era conocida como Urgo (PLINIO , Hist. Nat . III 81), Gorgónē y Orgṓn . Comienza aquí la segunda invectiva contra los monjes y su vida solitaria (cf . vv. I 440 ss.).
92 Sobre los intentos de identificación del personaje, véase DOBLHOFER , vol. I, pág. 25.
93 Célebre maga que transformó en cerdos y otros animales a los compañeros de Ulises (cf . HOM ., Od . X 133-574). Con el vocablo secta se denominan a sí mismos los cristianos hasta bien entrado el siglo III . En todo caso podría asumir el significado más amplio de religión , pero sin sentido peyorativo, según USSANI , art. cit .
94 Islote artificial próximo al Portus Pisanus (cf . v. I 531) y desaparecido quizá por el aluvión; debía de ser una fortaleza destinada a proteger el puerto; Sólo Rutilio hace alusión a ella pues no parece tratarse de la Turrita de la Tabula Peutingeriana y del Anónimo Ravenate , según sostiene LANA , págs. 132 s. De Vada a Triturrita hay sólo 18 millas, por lo que LANA , ibídem , achaca el atraque al empeoramiento del tiempo, lo que anima al poeta a dirigirse a Pisa.
95 Es el Portus Pisanus , de imprecisa localización.
96 Viento del SE. que además de traer el buen tiempo ayudaba a navegar hacia el N., como pretende Rutilio, que no obstante decide dirigirse a Pisa.
97 Pagano fanático nacido en Tréveris, hijo de un famoso rétor de Burdeos, cruzó correspondencia con SÍMACO (Ep . IV 17-34, 56 y 57); fue prefecto de Roma en 401 (cf . v. I 550). Para otros datos prosopográfícos, véase VESSEREAU , Claudius Rutilius …, págs. 223 s., DOBLHOFER , vol. I, págs. 25 s. y W. ENSSLIN , «Protadius», RE XXIII (1957), col. 908. La casualidad del atraque obliga a desechar una cita previa, pues Protadio residía a la sazón en Umbria (cf . v. I 551).
98 Sc . Etruria, habitada antiguamente por los umbros.
99 De Cincinato, dictador en 458 a. C., es fama que su designación lo halló empuñando el arado. G. Fabricio Lúscino, cónsul en 282 y 278 a. C., combatió contra Pirro y los samnitas sin dejarse corromper. G. Atilio Serrano recibió su nombramiento mientras sembraba su terruño.
100 En el Portus Pisanus .
101 Es un tribunus militum de guarnición en esta plaza. Probablemente pertenecía a los scholares , guardias del palacio imperial dependientes del magister officiorum , cargo que a la sazón desempeñaba Rutilio en la corte (cf . v. I 563).
102 Pisa, fundada por los habitantes de la ciudad homónima griega de la Élide, por donde discurre el Alfeo (cf . vv. I 573 ss.). Áusur, actual Serchio, que fue luego desviado y desemboca 10 km. al N. del Arno.
103 Pasaje controvertido: o bien se trata simplemente de un triángulo de tierra sobre el que está situada Pisa, o bien de una especie de polígono piramidal de corta base formado por el aluvión. Véanse VESSEREAU -PRÉCHAC , pág. 43, CASTORINA , pág. 226, y GIANNOTTI -VILLA , Rutilio Namaziano …, pág. 69.
104 Antes que consularis Tusciae et Umbriae con derecho a las seis fasces había sido comes sacrarum largitionum (v. I 583) o administrador del Tesoro regio, quaestor sacri Palatii (v. I 584) y praefectus Urbi (v. I 585), no praefectus Praetorio . Véanse más datos prosopográficos en CASTORINA , pág. 227 y en DOBLHOFER , vol. II, págs. 246 s.
105 Sc . Etruria, pues según HERÓDOTO , I 94, 2, los etruscos eran originarios de Lidia.
106 De Lucilo y de Decio, consulares Tusciae et Umbriae a la llegada del poeta, sólo tenemos esta noticia. «De Córito», es decir «de Etruria», pues Córito, hijo de Menelao y Helena, era el mítico fundador de la antigua ciudad etrusca de Cortona.
107 De Turno (s. I d. C.) conocemos sólo dos versos transmitidos por el escoliasta de JUVENAL (Sát . I 71). Las Camenas, originariamente ninfas de las fuentes, dotadas de facultades proféticas, fueron pronto identificadas con las Musas.
108 Míticas rapaces de cabeza de mujer y cuerpo de pájaro encontradas, entre otros, por los Argonautas. Fo (pág. 116) sostiene que Rutilio está reelaborando aquí materiales del propio Lucilo.
109 Argos, apodado panóptēs («el que todo lo ve»), tenía cien ojos, de los que cincuenta estaban siempre abiertos. Linceo era uno de los argonautas, célebre por su agudeza visual. Briareo o Egeón, hijo de Titán y de la Tierra, podía robar con sus cien brazos gracias a sus artimañas. El pasaje es de difícil interpretación; véanse GIANNOTTI -VILLA , Rutilio Namaziano …, pág. 74, FRASSINETTI , «Postille rutiliane», Bollettino di studi latini 2 (1972), 36-48, y Fo, pág. 117.
110 LANA (págs. 138-141) afirma que regresó el mismo día (24 de noviembre del 415, 7.° día de viaje) y pospuso su partida por la tormenta (vv. I 617 s.) hasta primeros de diciembre; para CARCOPINO (pág. 260 s.), el poeta pernoctó en Pisa el 7 nov. y regresó el 8, zarpando el 11; según VESSEREAU -PRÉCHAC (pág. XVII), regresó la tarde del 9.° día de viaje, es decir el 8 nov. Véase cuadro cronológico del viaje en Introducción, pág. 27.
111 Meleagro, hijo de Eneo y de Altea (cf . v. II 53), reyes de Calidón en Etolia, logró matar un enorme jabalí que Artemisa había enviado a devastar sus tierras. Hércules, hijo de Júpiter suplantador de Anfitrión, capturó un jabalí que devastaba el Erimanto y, estrechado entre sus brazos, se lo llevó vivo a Euristeo, que le había impuesto ese trabajo.
112 Este pasaje, precisado por los versos 633 ss., indica que la espera en Triturrita no fue muy breve.
113 Las Híades, la Liebre, el cazador Orión y el Can aparecen relacionadas por su ocaso: el de las Híades, ligado al de la Liebre (21-22 de noviembre) y al de Orión (23 de noviembre) parece confirmar la espera en Triturrita del 24 de noviembre al 1-2 de diciembre del 415. Quienes propugnan el 417 sólo dan valor literario a estas citas. Véase LANA , págs. 32-37, DOBLHOFER , vol. I, pág. 37, vol. II, pág. 260, y CARCOPINO , pág. 198 e Introducción, pág. 24 ss.
114 Las teorías antiguas aparecen en LUCANO (I 411 ss.), SOLINO (XVI 2; XXVI 21) y SÉNECA (Sobre la providencia I 1, 4.). Se creía que la marea surge empujada por un viento del polo opuesto o como un rebote de agua de los Antípodas o bien al atraer los astros el agua para su alimento. Rutilio omite la moderna teoría lunar, presente ya en esos autores, si bien CASTORINA (pág. 235) la cree incluida en la segunda explicación.
LIBRO SEGUNDO
Aún no resultaba largo el volumen de mi libro ni daba muchas vueltas al desplegarse: bien podía con todo derecho alargarse más 115 . Pero receló de que el esfuerzo continuado cediera al hastío, hasta el punto de que al lector le asustara tomar en sus manos una obra interminable. La demora en [5] acabar de comer suele producir repugnancia a los manjares; el agua, cuando hay sed, resulta más agradable a pequeños sorbos; a quienes están fatigados el mojón que trae grabado un crecido número de millas parece ofrecerles un alto en el camino. Repartiré en dos librillos el rubor que me atribula y [10] que habría sido preferible padecer de una sola vez.
Liberados, por fin, del temporal que nos asediaba, nos fue dado hacernos a la mar desde el puerto de Pisa 116 . Sonríe sosegada la llanura marina rizada por los rayos del sol, y el agua, abriéndose en surco, susurra con ligero acento. Empiezan [15] a verse las pendientes del Apenino por donde brama Tetis repelida por encumbrado monte 117 . Quien desee abarcar con la mirada a Italia, dueña de todas las cosas, y representársela toda ella de una vez en su mente, hallará que en [20] su desarrollo es semejante a una hoja de encina: se estrecha al converger el hueco de sus lados. A lo largo su recorrido consume diez veces el espacio de cien millas desde territorio de los lígures hasta el estrecho de Sicania. A lo ancho penetran con furia perniciosa el mar Tirreno y el Adriático [25] produciendo diversos golfos. Sin embargo, por la parte en que la tierra se estrecha más al aproximarse ambos mares sólo alcanza ciento treinta millas. Entremedias corre la cordillera en dirección oblicua a ambos mares opuestos, por donde Febo trae y retira una y otra vez el día. Con sus cumbres [30] orientales amenaza las aguas de Dalmacia y con las cimas occidentales corta los mares azulados de Etruria. Si reconocemos que el mundo ha sido creado según un designio determinado y si tamaño artifìcio implica un proyecto divino 118 , entonces la divinidad, para guarnecer el Lacio, ha situado como centinela la barrera del Apenino apenas accesible [35] por caminos de montaña. La naturaleza, recelosa de la codicia, consideró que los Alpes eran escasa defensa frente a los pueblos del norte, al igual que tiene atrincheradas las partes vitales tras muchos otros miembros y no tiene echado [40] solamente un cierre a las exquisiteces que ha producido. Ya en aquel entonces la que había de ser Roma se hizo digna de un largo cinturón de fortificaciones y tuvo solícitos a los dioses. Por eso resulta más dolorosa la fechoría del funesto Estilicón 119 , porque fue traidor del secreto del Imperio. Mientras se afanaba en sobrevivir a la estirpe romana 120 , su locura sanguinaria enmarañó cielos y tierra, y mientras temía [45] lo que a él mismo le había hecho temible, azuzó las armas de los bárbaros al exterminio del Lacio. En las entrañas desguarnecidas metió un enemigo en armas, estando así el engaño más expedito para causar la desgracia. Incluso Roma estaba abierta a sus compinches vestidos de pieles 121 , y [50] cautiva previamente a su captura. Y no sólo ha procedido como un traidor en lo relativo a los ejércitos getas: anteriormente había reducido a cenizas el amparo de los Oráculos Sibilinos 122 . Odiamos a Altea por la muerte que ocasionó al consumirse el tizón; las aves lloran, según creencia, la cabellera de Niso 123 . Pero Estilicón pretendía arruinar las [55] garantías del hado acerca de la eternidad del Imperio y acelerar las ruecas colmadas de futuro. ¡Cesen en el Tártaro las torturas de Nerón y que una sombra aún más lúgubre consuma [60] las antorchas de la Éstige! 124 . Aquél ha abatido a una inmortal, éste a una mortal; aquél, a la madre del mundo, éste, a la suya sólo.
Pero acaso hemos estado harto locuaces en esta digresión; volvamos ya al viaje relatado en nuestro poema. Deslizándonos rápidamente, llegamos a unas murallas radiantes de blancura. Autora de su nombre es la que brilla gracias a [65] su hermano el Sol 125 . La piedra de los bloques que allí se dan aventaja a los lirios reidores y reverbera adornada de tenue resplandor: tierra rica en mármoles que con su esplendoroso colorido desafía orgullosa la pureza impoluta de las nieves *** 126

115 No parece caber duda sobre si Rutilio empleó el rollo de papiro o el códice de pergamino. En todo caso resulta evidente la referencia a dos opuscula —las dos partes del libro— casi iguales, de lo que KEENE (págs. 227 s.) dedujo la pérdida del final de la obra.
116 Comienza el 8.° día de navegación (principios de noviembre del 415 ó 2.a mitad de noviembre del 417), del Portus Pisanus a Luna, de 44 millas de singladura.
117 Se inicia el elogio de Italia en correspondencia con el de Roma del libro I; toda la descripción está tomada de PLINIO , Hist. Nat . III 43, con ligeras variantes. Tetis, hermana de Océano, designa aquí el mar.
118 Concepto de carácter estoico; cf . también v. II 36.
119 Famosa invectiva contra Estilicón (vv. 41-60), general y tutor de Honorio. Se hizo sospechoso de traición por connivencia con Alarico con la probable intención de tomar el poder para sí o para su hijo Euquerio. Sobre esta figura, véase el estudio ya clásico de MAZZARINO citado en la Bibliografía.
120 Se alude a Roma. A Estilicón sólo se le acusaba de haber favorecido a los bárbaros, pero Rutilio le achaca la destrucción del genus romanum , la apertura del arcanum Imperii , es decir de Roma, y la aspiración a la tiranía, según explica MAZZARINO , pág. 289, n. 1.
121 Se alude a la política de Estilicón de convertirlos en foederati dentro del ejército romano.
122 Los Libros Sibilinos se consultaban en caso de grave crisis. Su sacrílega cremación resultó fatal según Rutilio, única fuente de la noticia. El hecho debe situarse entre el 402, fecha de la última referencia a su consulta (CLAUD ., Guerr. Gét . 231 s.), y la muerte de Estilicón en 408.
123 Altea, madre de Meleagro, que indignada por la muerte que a sus hermanos causó su hijo durante la caza del jabalí de Calidón volvió a arrojar al fuego el tizón de cuya consunción las Moiras habían hecho depender el destino de Meleagro. Escila, hija de Niso, rey de Mégara; por amor a Minos, enemigo de su patria, le facilitó la victoria cortando a su padre un cabello de púrpura u oro que lo hacía invencible.
124 Rutilio sitúa a Estilicón en el infierno.
125 Se refiere a Luna, actual Luni, junto a Carrara, donde el poeta acaso hizo escala tras una singladura de 44 millas desde el Portus Pisanus . Allí se daban el mármol blanco y el de veta azulada, aquí aludido. Véase su historia y bibliografía en DOBLHOFER , vol. II, págs. 284 ss.
126 Hasta aquí el texto transmitido por la tradición. Sobre los fragmentos aparecidos recientemente, véanse referencias en Bibliografía e Introducción, pág. 29.
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