Kitabı oku: «Elige solo el amor»

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Elige solo el amor

Libro I: Ecos de santidad

© de los textos: Sebastián Blaksley, 2019

© de esta edición: Editorial Tequisté, 2020

Coordinación editorial: M. Fernanda Karageorgiu

Corrección: Noelia González Gerpe

Diseño y maquetación: Alejandro G. Arrojo

1ª edición: abril de 2020

Producción editorial: Tequisté

contacto@txtediciones.com.ar

www.tequiste.com

ISBN: 978-987-4935-26-7

Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723

No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.

LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA

Un mensaje de Sebastián

El amor incluye todo lo que somos. Desde nuestra realidad humana nos puede llevar más allá de nuestras ideologías, culturas, educaciones, personalidades y creencias, hacia lo que no puede ser expresado en palabras porque está más allá de todo límite. Esta es la razón por la que, en esta oportunidad, los ángeles expresan su amor universal utilizando símbolos concretos. En mi caso, los propios de una persona laica, devota del siglo XXI, nacida en Argentina y con educación católica. Sin embargo, durante las manifestaciones, se entiende con claridad que el amor es universal y su voz va dirigida a todos y todo. El amor no hace excepción de personas. Es siempre inclusivo.

Sé, por lo que escucho, veo y experimento, que los mensajes recibidos son para todo el mundo e incluso para todos los tiempos, a pesar de la dificultad que a veces experimentamos por causa de la limitación de las palabras humanas, las cuales pueden separar, a pesar de que están ahí para explorar y unir.

Espero de todo corazón que todos se sientan incluidos dentro del abrazo del amor de Dios, expresado de un modo particular en estos mensajes del cielo, no para que se entiendan estos escritos como especiales ni como un puerto de llegada, sino como un trampolín o puerto de salida desde el cual nos animemos cada día más a expresar con nuestra voz particular el amor divino que vive en nosotros. En otras palabras, dar a conocer esa parte del amor que solo cada cual puede manifestar.

Si somos capaces de entender las palabras y símbolos de esta obra como medios y no como un fin, y recibimos estos mensajes con el corazón y no con la mente pensante, podremos ir, más allá de los símbolos, hacia el amor que los suscita y comenzaremos a recordar a nuestro primer amor, es decir a Dios.

Tal como Jesús lo ha dicho en el capítulo 1 del libro 5 titulado “La dulzura del amor”:

...Antes de seguir adelante por el camino de la dulzura del amor, es importante que recuerdes que los nombres, al igual que las palabras, no tienen un significado propio en relación con el reino de la verdad divina. Sin embargo, en el plano de las percepciones, los nombres pueden significar mucho, al igual que las palabras. No te olvides que el amor no tiene palabras.

En esta obra se han utilizado deliberadamente nombres con un alto contenido emocional y dotados de muchos significados a los largo de siglos. Nombres tales como Jesús, María, Espíritu Santo, Dios, y muchos otros pueden ser signos de contradicción.

No podemos escapar a las leyes de la percepción mientras se viva en ella. Tampoco hay por qué hacerlo. El amor de Dios no se salta nada de lo que hayas creado en tu mundo. Más bien se une a ello y, desde esa unión, lo transforma junto contigo en medios eficaces para que la verdad que está más allá de toda palabra brille libremente.

Esta obra no busca prosélitos ni seguidores. Tampoco busca evangelizar o compartir una sabiduría que otros no conocen. Si esta fuera la meta, esta obra carecería de sentido porque intentaría enseñar lo que todos saben: el amor.

Se han elegido los nombres que se eligieron y el contexto que se eligió para que esta obra salga a la luz por múltiples razones, muchas de las cuales exceden el propósito de estos escritos. Sin embargo, hay una razón que es esencial a la meta de la sanación de la memoria y el refuerzo de tu verdadera identidad...

Estos escritos son una carta de amor de Dios, el padre, para sus hijas e hijos bien amados. Va dirigida a la sanación de la memoria para que, una vez sanada resplandezca en nosotros el recuerdo de un amor que no tiene principio ni fin: el amor de Dios, en cuyo centro vive nuestro ser.

Cómo se originó

El 3 de octubre de 2018, súbitamente una presencia que era todo amor, y cuya magnificencia, belleza y benevolencia no se pueden describir, vino a mí de un modo que nunca había experimentado. Se presentó diciendo: “soy la medicina de Dios”. Se me dio a entender con perfecta claridad que era el Arcángel Rafael en toda su gloria. Me dijo que orara una oración en particular durante nueve días. También me dictó las intenciones por medio de inspiración interior. Así lo hice. La oración consistía en rezar cinco Padrenuestros, cinco avemarías y cinco glorias, tal como estas oraciones son descriptas en la Iglesia católica, a la que pertenezco.

El día 13 de octubre, al día siguiente de finalizar la novena de oración, comencé a recibir la visita gloriosa de un coro de incontables ángeles de Dios, cuyo amor y belleza son indescriptibles. En el coro viene una voz, que es la de Cristo, la cual es expresada en una forma inefable.

La voz se hace imagen y se muestra en símbolos visibles para el espíritu. Lo visto luego es puesto en palabras escritas y grabado por mi voz humana, para que también quede plasmado en la palabra dicha. Cada sesión viene a mí de esa manera. La secuencia es la siguiente: recibo las imágenes que el coro presenta, luego el coro se retira, los arcángeles Rafael y Gabriel quedan como custodios, o presencias amorosas, hasta que es transcripto el mensaje o la sesión en cuestión.

El glorioso arcángel Rafael es quien guía la transcripción, permitiendo que se reciba el mensaje y que lo mostrado se pueda pasar de imagen a palabra. El arcángel Gabriel es custodio amoroso de todo lo que atañe a la obra; no solo en referencia a la manifestación en sí y a los escritos, sino a todo lo que de ellos surge y surgirá.

Los mensajes, o sesiones, me son mostrados como en un cuadro de gran belleza en el que cada forma (que no tiene forma) es en sí una voz, un “sonido-imagen”. Es como el tañido de un arpa que se hace palabra. Este es una vibración de música celestial cuya frecuencia no es como la de los sonidos del mundo. Es una especie de “vibración- frecuencia” que el alma conoce perfectamente bien y que con perfecta certeza reconoce como la voz del cordero de Dios. Una vez que todo es transcripto, en palabras escritas y dichas, entonces el coro se presenta en toda su gloria una vez más, como si vinieran a buscar a los santísimos arcángeles Rafael y Gabriel, y todos juntos se retiran cantando un hosanna al Cristo de Dios.

Ese hosanna cantado por el coro de ángeles es un majestuoso canto de alabanza y gratitud al creador, por el misterio infinito de amor que es la segunda venida de Cristo. Es un preludio de su venida. Si los hombres fuéramos capaces de comprender, en toda su magnitud, el inefable misterio de amor que significa la segunda venida de Cristo, cantaríamos eternamente las misericordias de Dios en unión con los ángeles y toda la creación.

Durante las visiones, en ciertas oportunidades, me son mostrados textos de otros tiempos, algunos de los cuales nunca había conocido. Ellos encierran dentro de sí una sabiduría que no es del mundo. En particular me han sido mostrados los escritos de la Bhagavad Gita, Santa Teresa de Jesús, la sabiduría sufí expresada por medio de los textos de Rumi, así como pasajes específicos del Antiguo y Nuevo Testamento. Todo ello unido a su significado. Lo que me fue mostrado está reflejado en esta obra. De este modo, la revelación desea expresar que la sabiduría es una y que es la misma voz de Cristo la que se expresa en toda manifestación en la que ella es plasmada, a lo largo de los siglos, sin importar el contexto cultural, religioso o mental de quienes reciben la revelación. En otras palabras, lo que se pretende expresar es que somos una sola mente, un solo corazón, un solo ser, unidos en la verdad.

En los casos en que la mismísima virgen María o Jesucristo se hacen presentes en su persona humana y divina, y se comunican en forma directa, el coro de ángeles del cielo y toda la creación quedan enmudecidos de amor. Un silencio que es sagrado y de pura expectación rodea sus presencias benditas, por decirlo de algún modo. Los ángeles inclinan sus cabezas, fijando sus miradas hacia abajo y quedan arrobados en un éxtasis de amor, veneración y contemplación. Nada ni nadie se atreve, ni puede, interrumpir el silencio santísimo en el que el universo queda sumergido ante la soberana presencia de María y de Jesús, cuando le hablan en forma directa a nuestras almas. Esto se debe a que ese espacio de dialogo, entre Cristo y el alma, es un espacio inviolable. Es el templo sagrado de la intimidad del alma con Dios.

Durante las manifestaciones, todo mi ser experimenta una gran paz y alegría. Es como si fuera abrazado por el amor universal. Al finalizar la misma, el cuerpo manifiesta un gran cansancio. Pareciera que le cuesta sostener la energía que recibe. La parte de la manifestación que incluye al coro de ángeles, la voz y las imágenes, es algo que ocurre en cualquier momento, lugar o circunstancia. Sin embargo, la transcripción de los símbolos recibidos en palabras escritas y luego dicha ocurre cuando puedo ponerme a disposición para hacerlo. Puede ser en forma inmediata o varios días después.

El mensaje principal de esta obra podría resumirse de la siguiente manera: ha llegado el tiempo de una nueva humanidad. Una humanidad que está lista para que manifieste en cada uno de nosotros al Cristo viviente. Somos Cristo. Esta es la verdad acerca de nosotros, aunque nos percibamos de un modo diferente. Ya estamos preparados para poder vivir la vida en la certeza que dice: ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Ayudarnos a hacer real esta verdad en nuestras vidas, aquí y ahora, es de lo que se trata esta manifestación. Todo el cielo nos ayudará en este santo propósito, pues es en sí el segundo advenimiento.

Espero de todo corazón que quienes reciban esta manifestación se dejen amar cada día más por Dios, y de esa manera sean transformados por la belleza de un amor que no tiene principio ni fin.

Descripción de las manifestaciones

Cuando los arcángeles vienen, vienen sin alas. Son como personas (personas humanas) con túnicas. La túnica de San Rafael es verde y el borde de la túnica es dorado, la de San Gabriel es rosa, casi blanca, con el borde amarillo. Todas las túnicas son majestuosas, como si estuvieran hechas de una seda muy preciosa.

Las caras son alegres, radiantes, con una piel amarillenta muy clara y todos tienen el pelo largo hasta el hombro, como si fueran dorados, rubio-dorado... Sus ojos son verdes... Todos tienen características particulares, de modo tal que se identifican muy bien en su singularidad. Sus cuerpos están radiantes de luz en un brillo sereno que genera paz a la vista y un gran sentido de belleza y armonía.

En el coro de los ángeles hay muchos de ellos con túnicas de color rosa claro y azul claro, otros con dorado claro... Todos en colores pasteles, con una luminosidad serena. Algunos tienen túnicas verdes, como si fueran esmeraldas, pero un poco más tenues.

Sorprende la expresión de felicidad permanente. Todo es alegría en ellos, ángeles y arcángeles. Un día me dijeron que irradian felicidad perpetua porque siempre dan alegría.

La presencia de los ángeles está rodeada de luz blanca y majestuosa, como si vivieran en un mediodía eterno de amor y luz que nunca se apaga. Además, la visión se presenta con una canción que es un coro celestial, el cual suena en todos los rincones del universo. Es como el sonido de millones de arpas que suenan al unísono, formando una sinfonía amorosa de gran armonía.

Las vibraciones son de tal cualidad, que calman la mente y el corazón, dando paz a todo el ser. Uno sabe, sin saber cómo, este himno es una especie de himno-oración-alabanza que es canción inmemorial. Es el canto de gratitud de la creación hacia Dios, Padre y creador, por haberla llamado a la existencia. Es la música celestial que el alma ha dejado de escuchar y que cuando regrese a la casa del Padre, recuperará y volverá a oír. Es una canción olvidada y amada por siempre por el alma que ama a su Padre y creador.

Cabe señalar que la belleza inefable de las visiones de los ángeles y los arcángeles, la cual no puede expresarse plenamente en palabras humanas, deja al alma sumergida en un éxtasis de amor y arrobamiento, del cual participa todo el ser. No hay alegría, ni felicidad en la tierra que pueda compararse con este éxtasis que genera la visión de la grandeza, magnanimidad y hermosura de los ángeles y arcángeles.

La inteligencia angélica es de tal grado que supera todo entendimiento del mundo. Sus pensamientos viajan a una velocidad que no se puede describir, incluso más rápido que el pensamiento humano. Sus pensamientos no tienen distorsión de ningún tipo, son pensamiento puro y no hay contradicción de ninguna especie. Todos son caridad perfecta y solo expresan una cualidad de santidad. Así como un relámpago atraviesa el firmamento, tanto más rápido los pensamientos angelicales atraviesan la mente.

La humildad, prudencia y simplicidad son las características centrales de los ángeles, y su mayor alegría es servir. Servir a Dios, sirviendo a toda la creación. Aman a los seres humanos, animales, plantas, piedras, elementos y todos los aspectos materiales e inmateriales de la creación, con un amor y ternura que, cuando se experimenta, es capaz de derretir incluso el corazón más duro. Estoy convencido de que la dureza del corazón procede muchas veces de una falta de experiencia de amor perfecto. Si cada uno de nosotros conociera el amor de Dios, no solamente lloraríamos de felicidad, sino que nos haríamos uno con el amor, y de nosotros brotaría solo amor.

Si bien la belleza y la magnanimidad de las visiones angélicas son inefables, estas son solo un pálido destello en comparación con la magnificencia, grandeza y cualidad inefable de Jesús y María. Nada en el universo se parece a lo que son sus corazones en términos de su realidad indescriptible.

El corazón de Jesús y María son la belleza eterna. Son la hermosura que no puede ser nombrada. Son Dios mismo hecho hombre y mujer. Son la alegría de los ángeles y la veneración de la creación. De ellos brota toda armonía, grandeza y santidad.

Las miradas de Jesús y María derriten todo el universo, por la ternura y el amor que irradian. Sus sonrisas son la pureza en sí misma y de ahí es que brota su hermosura. En su presencia, el alma queda fascinada en un éxtasis de veneración y contemplación que la deja muda. El alma se queda sin palabras y exhala un gemido de alegría que dice algo así, como un “¡ah!”.

Personalmente creo que el cielo consiste en tener la alegría de contemplar eternamente las miradas y sonrisas de Jesús y María.

Espero que se sepa entender algo de lo que intento decir al intentar describir lo indescriptible. Solo digo lo que veo, experimento y escucho. Solo digo que el cielo existe, que Dios existe y que es amor.

Esto es lo que me es dado a ver, oír y entender.

Con amor en Cristo,

Sebastián Blaksley, un alma enamorada

Buenos Aires, Argentina, enero de 2019

Nota aclaratoria

Tal como ha sido transmitido por la voz de la conciencia de Cristo, el mensaje central de la obra que ha sido denominada Soplo de amor vivo, y de la cual Elige solo el amor es parte integral, es el siguiente:

«Ha llegado el tiempo de la relación directa con Dios, una relación sin intermediarios, tal como lo era en el origen del tiempo».

En la relación directa con Dios es donde se alcanza la plenitud del ser y, por ende, la plenitud del amor. Esto se debe a que es en Dios donde eres tal como él te creó para ser. Es en la relación directa entre el creado y su creador donde el ser se conoce a sí mismo en la verdad de lo que es. Conocerse a sí mismo, tal como Dios lo conoce, es un anhelo inherente del ser, porque ser y conocer son en verdad uno y lo mismo.

Dado que el amor es relación, puesto que es unión, el amor divino solo puede conocerse en la relación con lo divino, es decir, con Dios. Dicho llanamente, conocerse a uno mismo en la relación directa con Dios es conocer a Dios, fin último de todo ser. Conocer a Dios es tu meta y tu destino.

En la relación directa con Dios es donde descubres, por medio de la revelación, la verdad de lo que eres: el Cristo viviente que vive en ti. Vivir en armonía con este descubrimiento es lo que significa retornar al amor.

Preludio

Un mensaje de Jesús, identificándose a sí mismo como “el Cristo viviente que vive en ti.”

Amada mía. He venido como el Cristo viviente que vive en ti. He venido a reclamar mi herencia. He venido a reclamar tu ser. He venido a recordarte a ti, alma enamorada, y a los muchos que recibís estas palabras de sabiduría y amor, cuál es el camino de la felicidad y la plenitud. El camino consiste en amar todo lo que surja en tu interior. Todo lo que percibas que experimentas interiormente.

Tu función es bendecir a la creación. En otras palabras, es llevar amor a todo lo que surge en el marco de tu consciencia, sean imágenes, sentimientos, recuerdos, emociones, pensamientos, sensaciones, cosas, cuerpos, circunstancias o acontecimientos. Todo. Sea lo que sea que el espíritu puro, que es aquel a quien habéis dado el nombre de Espíritu Santo y procede del Padre, te muestre.

Soy el Cristo viviente que vive en ti.

Soy el fiel reflejo de tu ser, de tu alma.

Soy la perla de inestimable valor.

Soy la dracma perdida.

Soy el tesoro escondido.

Soy eso que habéis olvidado precisamente porque es verdad.

Soy la luz de la consciencia crística.

Soy tu verdadera identidad.

Soy lo que eres en verdad.

Soy el Cristo en ti.

La blancura de la luz en la que he venido es un pálido reflejo de la inefable gloria y poder que viven en ti, que eres luz de luz verdadera.

Soy el reflejo perfecto de tu ser.

Soy la morada de la luz.

No vengo a ti en cualquier momento sin tu participación volitiva. Nunca irrumpo intempestivamente en vuestras vidas. Estoy siempre a la puerta y llamo. Cuando os disponéis a abrir vuestras mentes y vuestros corazones, haciendo un espacio sereno para mí, entonces sin demoras me hago presente. Me manifiesto en toda mi gloria y todo mi esplendor. Gloria y esplendor que también es vuestra pues yo no me quedo nada para mí mismo. Yo no escucho ni sigo a la llamada codiciosa porque no tengo ni albergo miedo alguno.

Soy puro amor.

Soy la pura potencialidad.

Soy pura inteligencia.

Soy tu alma, radiante, ilimitada, perfecta.

Soy la morada de la luz.

Basta un solo pensamiento para que haga acto de presencia en vuestras vidas y os abrace en la luz, la calidez y el solaz de mi amor. Yo amo todo lo que surge en mí y tú eres precisamente eso que ha surgido de mi divinidad, de mi ser de amor infinito. Eres mi perfecta creación. Eres esa parte de mí que solo tú puedes ser. Eres un pedacito de cielo. Una partícula de amor. Eres una molécula del Dios que soy. Eres mi luz, mi amor, mi verdad.

No existe ningún lugar donde yo no esté.

Allí donde sopla el viento, allí estoy yo.

Allí donde la brisa de una tarde de primavera abraza todo, allí estoy yo.

Allí donde el rocío besa la hierba, allí estoy yo.

Allí donde el perfume del nardo es esparcido por la belleza de su flor, allí estoy yo.

Allí donde nace una estrella, allí estoy yo.

Allí donde hay un corazón roto, y una lágrima brota, allí estoy.

Allí donde mora la dulzura, allí estoy yo.

Allí donde reside la ternura, allí estoy yo.

Allí donde las aguas del cielo se juntan con las de la tierra creando océanos insondables, allí estoy yo.

Allí donde un pensamiento de miedo asoma sobre el horizonte, allí estoy yo.

Allí donde hay una flor, allí estoy yo con todo mi amor.

Allí donde estás tú, allí estoy yo porque tú eres mi luz, mi amor y mi todo.

No hay un lugar donde yo no esté.

No hay un lugar donde tú y yo no estemos por siempre unidos en la luz de la verdad.

Allí donde el rayo de luz que emerge del sol ilumina, allí estamos tú y yo.

Allí donde cae el pétalo de una rosa, allí estamos tú y yo porque somos aquello que ha dado vida a todo lo que ven los ojos y más allá.

Somos la pura potencialidad del amor.

Somos la morada de la luz.

1
Amor trino

Un mensaje del arcángel Rafael al unísono con el coro de los ángeles en presencia del arcángel Gabriel

I. Refugio de amor divino

Existe un refugio en la creación. Un refugio en el universo creado. Ese es el umbral de la esencia y la esencia misma. Es todo luz. Es belleza informe y multiforme. Es alegría incolora y a la vez plena de matices como si se tratara de una paleta de colores con la que se pinta un arco iris.

Ese refugio de luz, de belleza, de plenitud, de unión, es todo vida. De él surge la vida. En él se sostiene la existencia. Él da forma a los universos de universos creados y por crearse. Nada perturba la paz, el sosiego, la seguridad y el solaz de este refugio en el que la brisa perenne refresca todo lo que lo abarca. Toda creación es creada dentro del refugio. Todo proceso de infinitos procesos en unión perfecta de infinitos mundos es constelado dentro del seno de su poder y su gloria. Dentro del refugio toda seguridad es dada y no puede ser amenazada por nada ni nadie.

En este refugio vuelan libremente y para siempre las aves del cielo y resplandecen en toda su gloria los lirios del campo, cantan eternamente los ángeles y entonan sus himnos de alabanzas los espíritus humanos inmortales. Todo es un tintinar rítmico de belleza y melodía de canto y gratitud. Todo es luz.

En este refugio, en cuyo solaz todo existe y nada puede ser amenazado, las aguas danzan y las amatistas refulgen dando alegría a todo en todo. Una abeja crea la miel que endulza vida. Una oruga envuelta en su seda comienza a tejer una nueva tela que dará comienzo a una nueva vida. Todo vibra al compás de las armonías eternas en este refugio de amor divino donde toda palabra queda muda y el asombro y la reverencia reemplazan al lenguaje.

Silencio, expectación, asombro. Éxtasis de amor y verdad en este inefable lugar del universo donde el refugio se yergue como soberano de todo y lo envuelve todo en su paz.

Hijas e hijos del altísimo, de este modo intento describir lo indescriptible. Valiéndome de una mano que da forma a estas palabras del mismo modo en que un pintor da vida a un cuadro pincelando su obra. Sirviéndome de una mente y un corazón, que unidos en plenitud actúan como palestra y púlpito, desde el cual quiero revelarles una nueva dimensión del amor divino para el gozo de vuestras almas. De este modo, intento expresar en palabras la belleza inefable del refugio de amor divino que es la unión del inmaculado corazón de María y el sagrado corazón de Jesús, unidos en una totalidad como círculos concéntricos de luz y verdad. En la unión de ambos corazones reside la seguridad del corazón humano y de todo lo creado. En su unidad reside la fortaleza de Dios, todo su poder y toda su gloria.

II. Trinidad santa

Hijas e hijos de Dios, el corazón de María, el corazón de Jesús y el corazón humano unidos son una trinidad santa, dentro de la cual todo es creado y fuera de la cual nada existe que sea verdad. Este círculo de amor trino es un círculo de amor infinito que se extiende ilimitadamente hasta el amor de Dios el Padre haciéndose uno con él y con todo lo creado. En esta unidad reside toda la creación. En esta unidad todo es tal como Dios lo creó para ser. En esta unidad sois los co-creadores y co-redentores del universo. Permaneciendo en esta unidad es como permanecéis en la presencia del amor.

Hijas e hijos de la santidad, estas palabras están dirigidas de un corazón trino a un corazón trino. Del corazón de Dios el Padre, el hijo y el Espíritu Santo al corazón unido en santidad en la unión de los tres corazones. De la unión de ellos es de lo que he venido a hablaros hoy y siempre.

En la unión de los tres corazones reside la verdad de todo lo que es en verdad. En esta unidad reside la santidad de vuestro ser. En esta unidad sois la luz del mundo. En esta unión todos unidos creamos un nuevo cielo y una nueva tierra. A esta unidad retornamos cuando volvemos a la casa del Padre y en ella existimos en la eterna unidad que es creación perpetua, extensión de amor.

Siente la ternura del amor dentro de esta unidad del refugio. Hazte una con él. Fúndete en su luz. Deja que el yo desaparezca en el nosotros, en la totalidad. Vuela con el vuelo de tu ser hacia este refugio donde ya estás y donde la espaciosidad es de tal envergadura que nada puede limitarte. Nada escapa de la luz de este refugio de amor divino que todo lo abarca.

Siente la alegría de la unión. La beatitud del amor. Deja que cada fibra de tu ser se embeba en sus aguas cristalinas y se refresque con el viento que sopla desde la ternura de la paz. Comienza a recordar las memorias divinas. Recuerda todo el amor que en este refugio has experimentado. El abrazo de tu Padre creador. El gozo de la unión y la alegría inefable de crear lo bello, lo bueno, lo santo.

Un cántico de alegría comienza a oírse desde lo alto. Son los ángeles y vuestras creaciones santas que entonan un triludio de amor y gratitud al ser reconocidas por el amor de su creador. El movimiento de este canto crea un nuevo canto. De sus notas emerge una nueva creación. Al dar a luz una nueva creación, una nueva trinidad santa es creada. Ahora, tú te unes a tus creaciones y ellas a las suyas, y de ese modo creador, creado y creación se hacen nuevamente uno en una nueva tríada de creación eterna. Siempre tres. Siempre uno. Siempre trino.

2
La cuna del pensamiento

Un mensaje del arcángel Rafael al unísono con el coro de los ángeles en presencia del arcángel Gabriel

I. ¿Dónde nacen los pensamientos?

A ver si puedes sumergirte en las memorias divinas. A ver si dejamos atrás todo lo aprendido en la experiencia humana para dejar de vivir en la limitación de una conciencia que concibe la realidad desde una perspectiva tan pequeña, que es como si se tratara de un minúsculo grano de arena que, aunque bello, perfecto y santo, es ínfimo en comparación a la totalidad del universo. Seguir concibiendo a ese granito de arena como la totalidad es algo que carece de razón, porque carece de sentido.

Expande tu consciencia. Dejemos atrás la mente pensante y comencemos a dejar que la consciencia se expanda abarcándolo todo. Comencemos a ver con los ojos del alma. Comencemos a conocer con esa parte del ser que está más allá de la mente pensante e informa al ser siendo aquello que informa y lo informado.

Dejemos todo juicio a un lado. No juzgues lo que oirás, ni lo que verás porque verás lo que ojo humano jamás vio y lo que ningún oído humano ha oído ni podrá oír jamás. Verás y oirás lo que nadie jamás podrá oír ni ver por ti, pues solo tú puedes ver lo que eres en verdad. Nadie podrá contártelo y tú no podrás contárselo jamás a nadie. No se puede compartir.

¿Dónde nacen los pensamientos? ¿Dónde habitan los pensamientos? ¿De dónde emanan? ¿Quién o qué cosa les da existencia? ¿Quién piensa lo que los pensamientos piensan? ¿Dónde reside la dulzura? ¿Dónde vive la vida? ¿Dónde mora el amor?

Todo pensamiento debe que tener un origen. Tiene que existir un lugar o un algo que bien puede ser llamado la cuna del pensamiento. Hacia allí es hacia donde iremos y de ese modo retornaremos a la conciencia de nuestro ser. Pues ese centro es lo que en verdad somos. Sigue la estela de pensamiento (no de su contenido sino de la energía del pensamiento) y deja atrás el cuerpo. No te aferres a la idea del cuerpo físico.

Comienza a sentir esa parte del universo desde donde fluyen los pensamientos. Siente la miríada de pensamientos fluir en profusión, yendo y viniendo de un lado a otro como si se tratara de una fuerza energética que brota desde un centro y se extiende hacia fuera de sí mismo, como si se tratara de un volcán desde cuyo núcleo, en el centro de la tierra, lanza su calor y su fuerza hacia el exterior sin que nada pueda detenerlo. Una explosión de vitalidad que emana del núcleo y se expande. Ese núcleo es un origen, un alfa.

¿Dónde nacen los pensamientos? Deja que tu memoria sea libre y permítele ir donde quiera ir. O mejor dicho deja que el recuerdo venga a ti por sí mismo. La memoria sabe quién la creó y dónde reside su valor. La memoria sabe dónde reside el amor y es allí, al refugio de amor divino, a dónde querrá ir por sí sola en busca de su refugio y su paz. Y dado que conoce el camino, puede habitar en la casa del Padre sin inconveniente alguno si la dejas en libertad.

II. La ventana de la consciencia

Hay un lugar en el universo desde donde emana todo pensamiento. Tiene que haberlo, pues la capacidad de crear pensamiento o la capacidad de pensar, lo cual no debe ser confundido con el acto de pensar, debe tener un origen, ya que el pensamiento es un efecto. Todo el que observa su pensamiento puede saber esto de modo simple, claro y sencillo. Todo pensamiento es un medio y nunca un fin. No puede ser un fin porque el pensamiento no es su propio origen. El pensamiento no se crea a sí mismo.

Es evidente que existe algo que antecede al pensamiento. Ese algo es precisamente de lo que estamos hablando. ¿Es ese algo, un lugar? ¿Es un solo lugar? ¿O hay un lugar para cada uno de vosotros? ¿Cuál es la razón de que cada uno tenga diferentes pensamientos? ¿Cada uno de vosotros sois una fuente en sí misma? ¿Fuente de vosotros mismos? ¿Fuente independiente e individual que crea para sí y por sí mismo sus propios pensamientos? ¿Los pensamientos que piensas que piensas los has pensado tú? ¿Sobre qué base los has concebido? En ese caso, si cada uno fuera un sistema cerrado en sí mismo, el cual crea su propio pensamiento de un modo en que no está unido a otros sistemas cerrados de pensamiento (el otro), ¿quién mantiene unidos a esos sistemas independientes? ¿De dónde obtiene cada sistema individual la energía vital a la que llamamos pensamiento? ¿Cada uno de vosotros sois un volcán independiente con un núcleo autónomo desde el cual se expande la energía de su centro hacia fuera de sí mismo?

Si reposas en la quietud y cierras los ojos por un instante y renuncias a juzgar, verás pasar enfrente de ti a una serie de pensamientos. Esto no es nada sorprendente. Es lo que es. Lo llamas observación. ¿Qué ha ocurrido? Simplemente que ciertos pensamientos han atravesado el marco de tu consciencia. Es decir que tu consciencia es como una ventana a través de la cual estás mirando. Todo lo que pasa a través de ella es visto. Lo que no transita frente a ella parece no existir.

Si la consciencia es como la ventana de una casa y tú estás encerrado dentro mirando hacia la ventana, entonces quiere decir que todo lo que observas que atraviesa el marco de esa ventana es algo parcial. No estás viendo la totalidad porque desde este lado de la ventana no puedes ver la totalidad de las relaciones que existen entre todo lo que es, y eso que atraviesa el marco de la ventana y que entonces puedes ver, es decir, percatarte. Estás tú. Está la casa. Esta esa ventana por la cual miras. Si te alejas más de la ventana, ves menos. Si te acercas ves más. Fuera de la casa, tras la ventana, surge un sinfín de pensamientos que se transforman en imágenes que dan forma a esos pensamientos, según crees tú. ¿Quién piensa esos pensamientos? ¿Qué relación existe entre tú y ese algo que piensa lo que piensa? ¿De dónde surgen esos pensamientos que pasan frente a la ventana que estás mirando?

III. Imaginación y pensamiento verdadero

Hijas e hijos de la pureza y la verdad, esos no son pensamientos. Cuando os sentáis solos dentro de la casa a contemplar por la ventana vuestros pensamientos y las imágenes que ellos forman, estáis sentados en la casa del sueño, soñando una vida. Imaginando que estáis pensando. Dando imágenes a todo. Creando imágenes de ensueño. Esos no son pensamientos, son imaginaciones que proceden del sueño. Del sueño del olvido, si bien son fruto de una actividad de la mente. Fuera de la casa está la vida. Fuera de la casa está la verdad acerca de ti, de vosotros y de todo. Dijimos que si os acercáis a la ventana podéis ver más. ¿Qué ocurriría si atravesarais la ventana y os aventurarais más allá de ella? ¿Cómo se vería la vida desde fuera de la casa?

Sal y gloríate en tu gloria y alcanzarás los anhelos de tu corazón. Es lo que en Mi diálogo con Jesús y María te exhortábamos a hacer. Salir de la casa del miedo es lo que te lleva a lanzarte al amor. Hija del amor, estás sentada dentro de una casa desde cuya ventana observas la vida sin involucrarte en ella y de este modo dejas que la vida se viva en ti en vez de estar viviéndola tú. Esto quiere decir que no estás pensando en nada en absoluto. Esto quiere decir que has renunciado a tu poder de crear.

La vida es pensamiento porque este es el medio a través del cual se crea todo lo que es creado. Si no piensas en nada dejas de crear. Si no creas dejas de ser quien eres, en el sentido en que dejas de expresar tu ser, y al dejar de expresar tu ser pierdes el conocimiento de lo que eres, ya que pierdes la consciencia de lo que eres en verdad y eso te genera una sensación de pequeñez, vulnerabilidad e in-apropiación que te hace sentir cada vez menos.

Ha llegado el tiempo de salir de la crisálida. Ha llegado el tiempo de recordar una vez más, y de este modo reconocer, que la cuna del pensamiento es el corazón de Dios. Que si retornamos y nos mantenemos dentro del refugio de amor divino que es Dios mismo, en la unión indivisa de los tres corazones, entonces todo pensamiento de Dios será pensado en nuestra mente y dejaremos para siempre la mirada limitada que surge de ver todo desde la perspectiva de lo que los sentidos del cuerpo nos quieren decir.

IV. Pensar y ser

Dejamos el cuerpo atrás. Lo abandonamos. Lo observamos con benevolencia y compasión. Empezamos a tomar distancia de la forma y comprendemos que la forma imita al contenido. Que todo pensamiento amoroso de Dios se expresa en una rosa, en un haz de luz, en el tintinar de las gotas de agua cristalina que salpican en un estanque donde las aves se bañan y detienen a beber. Comenzamos a ver desde más allá de la ventana.

Comenzamos a descubrir. Hemos salido de la casa del miedo. Nos aventuramos a lo desconocido. Comenzamos a descubrir que todo pensamiento verdadero es de Dios, pues él, y solo él, puede crear pensamiento. Hemos recordado. Hemos recordado donde reside la dulzura. Donde mora el amor. Donde reside la verdad. Y al recordar nos levantamos dulcemente, miramos frente a frente la ventana, la abrimos, la traspasamos y nos adentramos en la infinitud de la creación, para gozo de nuestras almas.

Ya no miramos la creación desde un lugar pasivo sin relacionarnos con ella ni con nadie. Ahora recordamos que la verdad nos es revelada en la relación de los tres corazones. Ya no perdemos el tiempo tratando de conocernos a nosotros mismo, a Dios y a la vida, del único modo en que jamás puede conocerse nada, buscando en la soledad.

Ahora somos el observador, lo observado y la relación que existe entre ambos. Somos el creador, lo creado y la relación que existe entre ambos, somos uno y trino. Ahora reconocemos con feliz asombro que lo que estaba sucediendo no era otra cosa que esto: nuestro ser estaba buscándose a sí mismo para conocerse. Se miraba en todas las cosas sin darse cuenta de que era en la relación directa con Dios, fuente de todas las cosas, cuna del pensamiento, el todo de todo, donde se conocería a sí mismo, pues todo conocimiento verdadero procede de la unión y relación.

Reconocemos que somos la cuna del pensamiento y también la relación entre la mente que piensa lo que piensa y el pensamiento pensado. Esa relación es la consciencia, pues es ella quien permite que exista la relación entre lo observado y el observante, entre lo pensado y quien piensa.

Ahora el ser que es hijo de la verdad, que es siempre verdad, dice jubilosamente: pienso como pienso porque soy el que soy. Soy la cuna de mi pensamiento. Soy el ser que piensa lo que piensa. Si soy uno con Dios mi pensamiento también será uno con él en razón del que soy. Si soy uno con el amor, mi pensamiento también será amor, en razón del que soy. Así, las hijas e hijos del altísimo reivindican su poder en la creación y retornan al refugio del amor reconociendo que ellos, y solo ellos, son la cuna de sus pensamientos del mismo modo en que Dios, y solo Dios, es la cuna de toda verdad.

3
El origen de la creación

Un mensaje del arcángel Rafael al unísono con el coro de los ángeles en presencia del arcángel Gabriel

I. Preludio

Hijas e hijos del altísimo. Hoy hemos venido a hablaros acerca del origen de la creación.

Antes de desarrollar el tema que hemos venido a compartir, quisiéramos pediros que nos permitan pasar a solas un tiempo juntos. Un tiempo lleno de amor y verdad. Un tiempo que se transmite y experimenta de un corazón trino a un corazón trino. Os hablo en plural para que sepáis a ciencia cierta que somos muchos, muchos los que hemos venido y estamos aquí y ahora.

A ti que lees estas palabras, te digo: has de saber que un número incontable de seres celestiales te está rodeando en este mismo instante. Tantos que no puedes nombrarlos. El mismísimo Jesús de Nazaret, el Dios humanado, te está mirando con amorosa devoción. La madre del amor te está abrazando y absorbiendo en su corazón inmaculado dando calidez a tu corazón y a todo lo que eres. Los ángeles te rodean por todas partes y las sinfonías del cielo se reúnen en un coro de alabanza envolviendo todo tu ser y toda tu existencia. Las armonías del cielo inundan la tierra con su amor y misericordia por medio de esta manifestación que aquí y ahora se hace presente. Siente el batir de las alas de los serafines. Siente la dulzura del amor.

Tú que lees estas palabras, tú que has sido elegida en el designio por aquel que es tres veces santo para recibir y dar estas palabras en un acto de creación perfecta, has de saber que el cielo ha descendido hacia ti y desde esa unión es desde donde se realiza todo lo que en esta obra bendita se materializa por medio de los símbolos de estas palabras. Símbolos que son la manifestación creada en la forma de un diálogo entre tú y la creación. Entre tú y el cielo.

Eres tú quien les da vida a estas palabras. Hazte consciente de esta unión entre el cielo y tu ser, pues literalmente te estamos rodeando por todas partes y llenando todo tu ser, tu vida y tu existencia de amor infinito. De luz. De sosiego. De paz. Siente la ternura del amor. Siente la paz y el descanso que brotan de este refugio de amor divino en el que estamos juntos. Disfruta de este tiempo de unión mientras desarrollamos el tema de hoy. Siéntete abrazada por el amor pues el amor te está abrazando.

II. El ser como fuente

Toda creación tiene un origen. Comienza con algo. Tú mismo tienes un origen y tienes que haber comenzado por algo. Algo tiene que haberte antecedido. Esta verdad eterna está implícita incluso en la forma, la cual imita el contenido. Todo surge desde un algo o un alguien. Los cuerpos surgen de otros cuerpos. Las flores surgen de otras flores. Las ideas se concatenan unas tras otras dando vida a su contenido y creando así nuevas ideas. Nuevos umbrales de la mente.

La mente es un medio creativo. Es un medio, por medio del cual toda creación es creada. La creación es expresión literal de un algo a través de la mente y el corazón. La mente pensante no es fuente de creación, por más que parezca serlo. El corazón no es fuente de creación, por más que los sentimientos y emociones parezcan crear un estado emocional o clima.

En verdad tiene que haber algo que antecede a la mente y al corazón a la hora de crear y que se vale de ambos para su expresión. La consciencia tampoco es fuente de creación, ya que la consciencia es simplemente esa parte del ser que hace que te percates de lo que la mente y el corazón están manifestando, expresando. Es la ventana del ser por medio de la cual miras, y de este modo te conoces a ti misma. Podemos entonces argumentar que la voluntad y su libre albedrío son fuente de creación. Y que toda creación es el resultado de una voluntad creadora. Sin embargo, la voluntad y su libre albedrío, en el grado en que este sea, ya que puedes limitarlo, tampoco pueden ser fuente de creación ya que son medios y no fines. No se crea para la voluntad. Tampoco para la mente, ni para el corazón, ni para la consciencia.

Si toda creación tiene un origen, debe tener un fin. No en el sentido de un final sino en el sentido de un propósito. La mente, el corazón, la consciencia, la voluntad, el libre albedrío no pueden ser el fin de la creación, no pueden ser su propósito.

¿Qué sentido tendría crear toda la creación con el solo fin de dar existencia consciente a la mente, el corazón, la voluntad, el libre albedrío y la consciencia misma? ¿Puedes con tu mente pensante crear una estrella? ¿Puedes con tu voluntad humana crear un sol? ¿Puedes hacer que las montañas cambien de lugar y se planten en el océano por medio de tus sentimientos y emociones? ¿Cuántas veces deseas que algo sea de un determinado modo y sin embargo es de otro modo? Es lo que es.

III. El ser unificado

Hijos a hijas de la pureza, la mente pensante y no pensante, es decir, la imaginación, la memoria y la capacidad de pensar junto con el corazón que siente y se expresa en sentimientos y emociones, la voluntad, el libre albedrío y la capacidad de ser conscientes (consciencia) son simplemente facultades del alma. Así como un cuerpo físico tiene pies para caminar y boca para hablar y muchas otras partes que tienen una función, del mismo modo ocurren con el alma.

No confundáis las potencias del alma con el alma en sí. Las potencias del alma son eso, potencias. Y, por ende, no son nada en acto en sí mismas. Son solo en potencias. Son los medios que permiten la expresión de la potencialidad del alma en la forma. Toda potencialidad del alma es manifestada por medio de sus potencias haciéndose acto. La creación es el acto surgido de una potencialidad por medio de las potencias.

Ahora reemplazamos la palabra alma por la palabra Ser. Usamos la mayúscula en este caso para distinguir por última vez al ser del Ser. Al viejo ser que era una falsa identidad o imagen falsa de ti misma por el verdadero Ser creado por Dios para ser tal como Dios te creó para ser. Ya no es necesario hacer esta distinción entre ser y Ser ya que toda hermana y hermano en Cristo que haya llegado hasta aquí ya ha pasado por el proceso de deshacimiento del ego, y ya no es más el viejo ser que un día fue.

El hombre o la mujer vieja quedaron atrás para siempre y ya han sido abandonados. Ahora sois uno. Un nuevo ser. El verdadero ser que Dios creó a su semejanza. Ahora sois una sola alma. Un solo ser. Un solo corazón. Somos uno con todo lo que somos y con todo lo que es. En efecto, este nuevo ser que eres es lo que aún te genera cierta incomodidad, inquietud e impaciencia. Pues un viejo ser ha desaparecido para siempre, y con ello todo un mundo, regresando al polvo desde el cual había surgido y un nuevo Ser ha comenzado a resplandecer como la luz del mundo. Poco a poco irás acostumbrándote más y más a tu gloria y a tu poder. A la magnificencia del ser que eres en verdad. Para facilitar esto es que no haremos más distinciones entre el ser y el Ser. Ahora hablamos del único ser verdadero. Hablamos de ti, de mí y de todos.

El ser es la fuente de la creación. Es su origen y su fin. La creación no es otra cosa que la potencialidad del espíritu manifestada en la forma. El ser se expresa en razón de ser el que es. Todo ser se expresa y no puede dejar de expresarse. Esa expresión del ser es lo que llamamos creación. Por ende, el origen de la creación es el ser, el espíritu. ¿Pero de qué ser estamos hablando? Del único ser verdadero. Del amor.

El amor es el ser que es origen de la creación. Nada puede ser creado sin el amor, porque fuera del amor no existe nada. El ser amor que es Dios, y procede de Dios como extensión de sí mismo, es lo único en el universo que posee dentro de sí el potencial y el poder creativo verdadero. Núcleo de poder este que reside en todo espíritu por la sola razón de ser. De tal manera que la sola existencia del ser hace que la creación se extienda. No se puede abolir el poder de extensión de la creación porque es con-natural al ser.

IV. Amor y creación

El amor es el origen de la creación porque solo el amor es. El poder de ser causa y efecto que es propio del amor es el poder que hace que todo lo que se pueda crear sea creado. El poder que reside en el amor es el que activa la voluntad para que la potencialidad pase a ser acto, y de ese modo sea manifestado el amor. Sea extendido. El origen de la creación reside en la naturaleza misma del impulso irrefrenable del amor a extenderse a sí mismo para ser conocido. Esa fuerza que creó todo el universo reside en ti. Hay un núcleo dentro de ti que está unido al divino, el cual empuja a vuestro espíritu y lo espolea para que se extienda. Para que salga de la crisálida y comience a volar.

Hijas e hijos de la luz, comprendedlo llanamente. Expresar amor es crear. Expresar amor es ser tal como Dios os creó para ser. Expresar amor es expresarse a vosotros mismos en verdad. Solo los sentimientos compasivos y los pensamientos amorosos son la verdad acerca de vosotros. Solo las memorias felices. Solo las imágenes de belleza y armonía. Solo las miradas limpias. Solo la pureza de vuestros corazones. Solo la alegría de ser. Solo las palabras santas son la verdad acerca de vosotros.

Abrazad el amor dentro de vosotros. Reuníos con el amor que vive en vosotros. Sentid la ternura del amor. Permaneced allí donde mora el amor y dejad que el amor se exprese por sí mismo por medio de sus potencias. El amor, y solo el amor, salvará al mundo, pero no el amor tal como ha sido concebido de modo tergiversado por siglos, sino el único y verdadero amor. El amor que sois en verdad. Vuestro ser.

Todo lo amoroso en vosotros es lo que hoy comenzará a expandirse.

Este es un llamado a la voluntad y a todas vuestras potencias. Este es un llamado a permitir la explosión del poder del amor que sois. Tú que lees estas palabras ya estás lista para dejar que el amor que sois se manifieste, no lo ahogues más. Mira que las alas del espíritu de Dios espolean a tu ser y lo empujan a extender más amor eternamente y de ese modo seguir creando desde tu ser.

Hermanas y hermanos en la luz, permaneced en la presencia del amor que vive en la unión indivisa de los tres corazones ahora y siempre. Y de ese modo salvareis al mundo y creareis nuevos universos de infinitos universos cuyo fundamento será la paz y gozaréis eternamente del juego del amor hermoso, el juego de crear tal como Dios crea. Es decir, de crear un nuevo amor desde el amor, con amor y para el amor. No intentéis amar a vuestro modo. Más bien dejad que el amor que sois se exprese a sí mismo permaneciendo ahora y siempre en la presencia del amor.

4
La llamada del amor

Un mensaje del arcángel Rafael al unísono con el coro de los ángeles en presencia del arcángel Gabriel

I. La oración como unión

¡Hijas e hijos de la luz que no menguará jamás! En esta oportunidad hemos venido como luz que ilumina a todo hombre y a toda mujer. Como hijos de la luz que somos en perfecta igualdad de amor con vosotros, que sois la luz del mundo cuando permanecéis en la presencia del amor. No hemos venido a criticar ni a deciros cosas que nosotros sabemos y vosotros no. No, eso es imposible. Venimos como hermanos en Cristo. Desde todos los universos creados, desde la creación perfecta del Padre de la creación, para morar con vosotros por amor.

El mundo está cansado de críticas y de maestros. Este cansancio debe deciros algo. Dejaos llevar por ese cansancio. Abrazad ese hastío que siente el alma, el cual procede de un genuino cansancio con respecto a todo lo que viene de una sabiduría externa a vosotros mismos, que pretende deciros lo que sois y cómo debéis actuar. Como si alguien externo a ti pudiera conocer más que tú quién eres, qué sientes, qué debes sentir y cómo obrar en relación con lo que solo tú eres. Nada de eso procede de Cristo en estos tiempos del corazón inmaculado de María, unido en perfecta unidad con el sagrado Corazón de Jesús y ambos unidos a vuestros corazones haciéndose un solo corazón, una sola alma, un solo Dios, una sola voluntad santa. A esta unión, que hemos llamado la unión de los tres corazones, nos referimos una y otra vez para no olvidar nuestra fuente y nuestro fin, nuestro alfa y nuestra omega.

Hoy hemos venido nuevamente a hablarte a ti. De corazón a corazón. Estas palabras son escritas para ti, por amor. Hemos venido a decirte que escuches la llamada del amor y te regocijes en ella. Esta es una llamada urgente a vivir y ser la presencia del amor. Esta llamada te invita a ti y a todo el universo a vivir en oración constante. La oración debe ser tu vida.

La oración ha de ser tu modo de ser para que puedas pasar del estado de amar o ser amado al estado de ser la presencia del amor. Del estado de orar al estado de unión que es la oración verdadera. En Mi diálogo con Jesús y María hemos dicho que la oración es la vida del alma. Ahora decimos que la oración es el néctar que hace que el alma sea alma. Es su esencia. La oración es unión, es la decisión deliberada de unirte a nosotros que somos Cristo uniéndote al Cristo en ti.

La unión divina es oración verdadera. Esto quiere decir que la verdadera oración solo puede proceder del estado de unidad y, por ende, del amor. Es un diálogo entre tú y tu Dios. Entre tú y tu ser. Es la relación directa entre tú y todo lo que eres en verdad. En esa unión con todos tus sentimientos, pensamientos, sensaciones, creencias, ideas, memorias, deseos y más. En esa unión amorosa en la que abrazas todo lo que eres y de ese modo abrazas todo lo que son tus hermanas y hermanos en verdad, de ese modo permaneces en oración constante. Esto no supone palabras, ni pensamientos, ni esfuerzo de ninguna especie, aunque pueda incluirlo. Esta unión supone simplemente el deseo de permanecer en la unidad.

II. La sanación de la memoria

La oración no es solamente el vehículo de los milagros, sino también la gran sanadora de la memoria. Existe una relación directa entre la oración y la memoria espiritual. Esa parte de ti que conoce a Dios pero lo ha olvidado deliberadamente puede realizar una reversión serena y comenzar a olvidar el olvido, salir de la amnesia en que ha sido envuelta la mente y permitir que la memoria traiga el recuerdo glorioso de quién eres en verdad.

La memoria puede traerte al presente las memorias divinas. De este modo despiertas del sueño del olvido y permaneces dentro de la llamada del amor. Recordando quién eres en verdad. Recordando el amor que eres en verdad. Recordando que no estás sola ni un solo instante de tu existencia. Rememorando la unión con nosotros y permitiéndonos tener una relación sensible contigo a cada instante de tu vida. Asumiendo jubilosamente la responsabilidad que emana de saber a ciencia cierta que todos estamos unidos por un hilo invisible que hace que seamos uno con todo. Un cordón umbilical que nos une a todos con nuestra divinidad y entre nosotros. Ese hilo invisible puede hacer fluir desde nosotros hacia todo y todos lo bello, lo sano, lo bueno y lo santo, o interrumpir su dación cortando u obstruyendo el cordón.

Los que reciben amorosamente estas palabras ya no son los que han intentado cortar el cordón umbilical de la vida y separase de Dios y de todos. Son los hijos de la resurrección y, por ende, no existe ya necesidad de pensar en la pavorosa realidad de un niño en el vientre de su madre sin el flujo de vida que fluye por medio del cordón umbilical que le da vida en abundancia. No es necesario pensar ya en nada de aquello que un día causó tanto dolor, puesto que ahora sois los hijos de la resurrección.

Esta es la llamada del amor. Es la llamada a recordar única y exclusivamente el amor que habéis recibido y dado. A recordar únicamente historias felices. Y de ese modo dejar que la memoria sea iluminada por la luz que brilla en todo lugar. La luz del Cristo viviente. Así es como nos unimos en la alegría del ser y salimos de ese estado degenerativo que era el miedo. Lo soltamos para siempre decidiendo deliberadamente olvidar toda ofensa recibida, todo dolor experimentado, todo pecado percibido, dejando que retornen a nuestra mente iluminada los recuerdos divinos y permitiendo que el milagro sane la memoria. De este modo la memoria será oración perfecta nacida y desarrollada en la unión, en la alegría. En la confianza filial de saber que en la unión con nuestro ser reside toda verdad acerca de lo que somos, toda belleza imaginada e inimaginable.

En esta unión con todo lo que somos en verdad nos unimos a la totalidad y experimentamos en forma perpetua la alegría de vivir y de ser quienes somos. No juzgamos nada. Solo somos la presencia del amor y de ese modo respondemos a la llamada a la unión que es la llamada del amor. Ahora y siempre.

III. Unión y creación

Este es el camino de la creación porque la oración es creación, ya que es unión y solo la unión crea. Solo desde un estado de amor, solo desde un estado de unidad puedes unirte en oración. Dicho de otro modo, la oración que no procede de la unión es una plegaria que surge del miedo emanado de la separación y eso no es oración en absoluto.

¡Hijas e hijos de la luz que brilla en todo lugar! Habéis de recordar que crear una nueva realidad para vuestra existencia aquí, ahora y para todo el mundo es posible y, además, necesario. Esa es la razón de la urgencia de la llamada del amor. Es una urgencia amorosa de crear una nueva experiencia basada en el amor perfecto para ti y para el mundo entero. Esto es crear un nuevo cielo y una nueva tierra. Creación esta que surge de la oración que es unión, diálogo incesante, aceptación amorosa de todo lo que es en Cristo nuestro ser.

De la aceptación incondicional en el amor de todo lo que estás siendo a cada instante de tu existencia surgirá una nueva realidad basada en la belleza de lo que eres en verdad, basada en lo perfecto, lo sano, lo santo. En fin, basada en el amor que eres. De este modo verás surgir ante ti una transformación amorosa que dejará a tu alma llena de paz y de felicidad. Amados hijos de Dios, esto sí que funcionará y los milagros inundarán la tierra con su luz y benevolencia. Orad, orad, orad. Aceptad todo lo que sois en amor y verdad. Abrazad todo lo que surja dentro del amor que sois y veréis nacer un nuevo cielo y una nueva tierra. Veréis el sol que es el amor y cantaréis jubilosamente un himno de alegría y gratitud que no terminará jamás.

Bendita seas tú, alma enamorada, que has respondido a la llamada del amor.

5
Una luz en las tinieblas

Un mensaje del arcángel Rafael al unísono con el coro de los ángeles en presencia del arcángel Gabriel

I. Unidos en una cadena de luz

¡Amadas hijas e hijos de Dios! Gracias por permitirnos morar entre vosotros, que sois la luz del mundo cuando permanecéis en la presencia del amor. Gracias por escuchar nuestra voz que es la voz de los muchos que, desde el reino del amor que es Dios, hemos venido a pasar juntos este tiempo de sabiduría y amor con vosotros. Hoy hemos venido a hablaros acerca de la verdadera unión. Para que el discernimiento que somos brille en el mundo entero por medio de la mente una que somos en verdad. Somos una sola mente. Somos un solo corazón. Unidos somos el cielo del mundo. Somos el Cristo viviente.

Gracias por responder a la llamada del amor. Gracias por vuestra voluntad deliberada de recordar lo santo, lo bello, lo perfecto y de ese modo permitir que las memorias divinas iluminen vuestras mentes y al mundo entero. Los beneficios de estos diálogos son inconmensurables. Toda mente se beneficia de ellos, pues por este medio la luz que brilla en todo lugar resplandece en vuestra mente y refleja un destello de luz que es visto por todas las mentes de todos los tiempos y lugares e incluso por las mentes que no están en el tiempo. De este modo, vuestra mente iluminada actúa como un faro de luz que en medio de las tinieblas señala el camino de regreso al hogar.

Tú, que has llegado a las orillas del reino y has dejado atrás para siempre el mar encrespado, ahora eres como un faro de luz. Faro que guía las barcas que navegan en la noche. No podemos dar un solo paso más. No podemos porque ya no es necesario hacerlo. No es necesario ir a ningún lado.

Ahora somos la presencia del amor. Somos faro que ilumina. Ahora es el tiempo de guiar con nuestra luz a los que con nosotros entrarán en las profundidades de las moradas interiores del corazón de Dios. Las moradas de la luz.

Desde ahora y hasta el final de los tiempos nuestra luz atraerá a otros como si se tratara de una bella melodía que poco a poco va siendo recordada y seguida por otros a causa de su belleza y armonía. Nuestras melodías serán melodías de luz. Cantos de amor. Resplandeciendo gozamos en la alegría de servir a la causa y el efecto del amor.

De esta manera guiamos tal como nosotros hemos sido guiados hasta aquí por los muchos que en amor y verdad nos han ayudado. Ahora somos como un faro de luz que no hace nada, no va a ningún lado, simplemente brilla en medio de la oscuridad. Simplemente extiende su luz permaneciendo inmóvil, soberano. Siendo la presencia de la luz. La presencia del amor.

¡Hijas e hijos de la luz eterna! Debéis tener presente que todos formamos parte de una cadena de expiación, que es amor perfecto. Guiando y siendo guiados como uno. Dando y recibiendo como uno. Guiados ya no por una fuente externa sino por la luz que brilla en todo lugar. Guiados por la sabiduría que procede de la plenitud del corazón. Es decir, de una mente y un corazón unidos en la plenitud del amor. Unidos en esta unión de luz que brilla en las tinieblas nos hacemos conscientes de la unidad que somos en verdad.

Dejamos que la sabiduría de Dios sea la fuente de nuestro saber y obrar. Ahora encontramos nuestra guía en la sabiduría del corazón. Y reconocemos que somos el guiado y el guía. Guiamos a medida que somos guiados. Dar y recibir son uno y lo mismo. Causa y efecto son uno. Guiar y ser guiados son uno.

II. Aceptación y unidad

¡Hijas e hijos de la luz que brilla en las tinieblas! Faros de amor. Una vez más queremos recordaros lo que ya sabéis. No podéis recordar quienes sois en verdad y vivir en armonía con esta verdad si no reconocéis y aceptáis que sois el guiado y el que guía. Sois el faro, la luz que ilumina a todo hombre y el iluminado. Esto es lo mismo que decir: unir es amar y amar es unir. Permanecer en la presencia del amor es permanecer en la unidad.

Sois una unidad. No puede ser de otro modo, ya que lo que no está unido no puede permanecer. Todo reino dividido sucumbe. Por ende, vuestro ser sucumbiría si no estuviera unido en una unidad que es integridad del ser. A ti que escuchas nuestra voz, que es la voz del amor, la de tu verdadera consciencia que es la consciencia de Cristo. A ti te recordamos que eres un ser íntegro. Eres el yo soy de Dios. Eres la belleza indivisa. Imagínate a la belleza dividida, es decir, sin ser una unidad. ¿Sería posible algo así? Es evidente que no. Lo mismo ocurre con el ser.

No puede existir tal cosa como un ser fragmentado. Un ser desintegrado. No puede existir la separación de ninguna manera. Solo puede existir la unidad. Ser un ser desintegrado o fragmentado es ser menos que la totalidad del ser. Un ser que es menos ser es algo inconcebible. O eres o no eres en absoluto. No existen grados de ser. Del mismo modo en que no existen grados de verdad ni grados de amor. Es verdad o no es verdad en absoluto. Es amor o no es amor en absoluto.

Eres tu ser verdadero o no eres nada. Si no vivís en la verdad de lo que sois en verdad no podréis iluminar al mundo. Si no aceptáis vuestra santidad como la verdad de lo que sois y de lo que todo es, entonces no podréis ser felices. Si no aceptáis serenamente que cada uno de vosotros sois los creadores de vuestra propia experiencia no vivís en la verdad que es siempre verdad.

¡Hermanas y hermanos en Cristo! Aceptar la verdad acerca de vosotros es aceptar todo lo que sois aquí, ahora y siempre, incluyendo vuestras circunstancias. Esto incluye, desde luego, el aceptar amorosamente todo lo que son vuestras hermanas y hermanos en Cristo. Y todo lo que es cualquier cosa o circunstancia que este siendo en cada momento de la existencia. Esto significa abrazar todo lo que surge en tu interior haciéndote una con todo. Y también significa que todo lo que percibes como externo a ti debe ser abrazado por el amor que eres. Esto era imposible hacerlo por completo antes de este tiempo en que el ego se ha ido.

Ahora vivimos un nuevo tiempo. Somos un nuevo ser. Por lo tanto, desde este instante, todo lo que se acerque a vosotros no será otra cosa que barcas que vienen navegando entre las tinieblas, acercándose para reunirse con la presencia del amor. Ya no son los viejos fantasmas que asustaban al hijo de Dios cuando estaba identificado con el ego. Eso ya pasó y no volverá jamás.

Desde ahora en adelante los que se encuentran allí afuera y vienen a ti (y esto incluye toda circunstancia que atraes hacia ti misma) no son otra cosa que esa parte de tu ser que habías separado de ti. Y dado que ahora responderás con amor donde antes respondías con miedo, esa parte de ti que se había perdido y ahora regresa se hace una contigo, y de ese modo retorna a tu consciencia la plenitud del amor que eres.

Desde ahora y para siempre vive la vida con los brazos bien abiertos y abraza todo lo que surja. Ama lo que eres y tus circunstancias. Ama lo que es tu hermano y sus circunstancias. Ama todas las cosas por lo que son en verdad. Deja que venga todo lo que venga. Deja que se vaya todo lo que se vaya. Y recuerda que eres simplemente un faro de luz. Eres la luz del mundo. Eres una luz en las tinieblas.

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