Kitabı oku: «Hemos conocido el amor»
Sebastián Escudero
Hemos conocido el amor
Reflexiones diarias para crecer en el amor de pareja
Editorial Claretiana
Índice
Prefacio
Introducción
DÍA 1: El amor es una gracia
DÍA 2: El amor cultiva la amistad
DÍA 3: El amor es sincero
DÍA 4: El amor es altruista
DÍA 5: El amor establece prioridades
DÍA 6: El amor es comprensivo
DÍA 7: El amor se fortalece en el servicio a Dios y en la oración
DÍA 8: El amor es comunicación
DÍA 9: El amor no es ambicioso
DÍA 10: El amor es divertido
DÍA 11: El amor no controla
DÍA 12: El amor siembra generosamente
DÍA 13: El amor es delicado
DÍA 14: El amor es compasivo
DÍA 15: El amor no regaña
DÍA 16: El amor embellece
DÍA 17: El amor guía tu corazón
DÍA 18: El amor se enorgullece por el otro
DÍA 19: El amor no lleva cuentas
DÍA 20: El amor es servicial
DÍA 21: El amor es conquistador
DÍA 22: El amor no es rutinario
DÍA 23: El amor es creativo
DÍA 24: El amor busca la paz
DÍA 25: El amor cede
DÍA 26: El amor no es cruel
DÍA 27: El amor no acusa
DÍA 28: El amor es humilde
DÍA 29: El amor es influyente
DÍA 30: El amor no tiene miedo
DÍA 31: El amor es ubicado
DÍA 32: El amor es oportuno
DÍA 33: El amor corrige fraternalmente
DÍA 34: El amor corrige en privado
DÍA 35: El amor resuelve los conflictos a puertas cerradas
DÍA 36: El amor busca ayuda
DÍA 37: El amor sabe pedir ayuda a su pareja
DÍA 38: El amor es paciente
DÍA 39: El amor es incansable
DÍA 40: El amor es afectuoso
DÍA 41: El amor es luchador
DÍA 42: El amor protege
DÍA 43: El amor lucha por la cercanía
DÍA 44: El amor sabe establecer límites
DÍA 45: El amor es una atalaya
DÍA 46: El amor es tenaz
DÍA 47: El amor no es caprichoso
DÍA 48: El amor no es obstinado
DÍA 49: El amor resiste
DÍA 50: El amor no se deja determinar
DÍA 51: El amor todo lo cree
DÍA 52: El amor ayuda a cumplir el llamado
DÍA 53: El amor no compara
DÍA 54: El amor es admiración
DÍA 55: El amor y la falsa admiración
DÍA 56: El amor procura la admiración
DÍA 57: El amor no cambia su naturaleza
DÍA 58: El amor busca la sanación interior
DÍA 59: El amor es liberador
DÍA 60: El amor no es nostálgico
DÍA 61: El amor perdona
DÍA 62: El amor no es rencoroso
DÍA 63: El amor sabe pedir perdón
DÍA 64: El amor es complementación
DÍA 65: El amor es validación
DÍA 66: El amor no evade
DÍA 67: El amor es hermenéutico
DÍA 68: El amor es visionario
DÍA 69: El amor no es dramático
DÍA 70: El amor no es utilitarista
DÍA 71: El amor es observador
DÍA 72: El amor es detallista
DÍA 73: El amor es romántico
DÍA 74: El amor no es obsesivo
DÍA 75: El amor y la obsesión patológica
DÍA 76: El amor es agradecido
DÍA 77: El amor es celebrativo
DÍA 78: El amor es un signo del amor de Dios
DÍA 79: El amor no es apego
DÍA 80: El amor no es egocéntrico
DÍA 81: El amor no es narcisista
DÍA 82: El amor acepta la corrección
DÍA 83: El amor no es posesivo
DÍA 84: El amor aprovecha las diferencias
DÍA 85: El amor es ser un “equipo
DÍA 86: El amor no proyecta
DÍA 87: El amor sabe recibir
DÍA 88: El amor es expansivo
DÍA 89: El amor está dispuesto a seguir al otro
DÍA 90: El amor no se impone
DÍA 91: El amor no es sarcástico
DÍA 92: El amor es complicidad
DÍA 93: El amor es transparente
DÍA 94: El amor madura
DÍA 95: El amor es más que química
DÍA 96: El amor es compañerismo
DÍA 97: El amor asume su responsabilidad
DÍA 98: El amor sabe discutir
DÍA 99: El amor es pasión
DÍA 100: El amor se preocupa por el otro
DÍA 101: El amor supera la idealización
DÍA 102: El amor es aceptación
DÍA 103: El amor no es agresivo
DÍA 104: El amor procura satisfacer deseos
DÍA 105: El amor no es apático
DÍA 106: El amor sostiene
DÍA 107: El amor no es ansioso
DÍA 108: El amor planifica encuentros especiales
DÍA 109: El amor sabe recordar
DÍA 110: El amor no echa en cara
DÍA 111: El amor sabe administrar el dinero
DÍA 112: El amor no exige garantías
DÍA 113: El amor es puro
DÍA 114: El amor ora y pide oraciones
DÍA 115: El amor no le teme a la soledad
DÍA 116: El amor no es competitivo
DÍA 117: El amor es refugio
DÍA 118: El amor no es impulsivo
DÍA 119: El amor no actúa con bajeza
DÍA 120: El amor depende de Dios
DÍA 121: El amor procura la intimidad
DÍA 122: El amor y la intimidad sexual
DÍA 123: El amor santifica
DÍA 124: El amor sonríe
DÍA 125: El amor es atento
DÍA 126: El amor es respeto
DÍA 127: El amor respeta la independencia del otro
DÍA 128: El amor respeta los gustos
DÍA 129: El amor respeta los afectos
DÍA 130: El amor respeta las costumbres
DÍA 131: El amor respeta la individualidad
DÍA 132: El amor es libertad
DÍA 133: El amor es confianza
DÍA 134: El amor y los celos normales
DÍA 135: El amor y los celos enfermizos
DÍA 136: El amor cree lo mejor
DÍA 137: El amor es fiel
DÍA 138: El amor lucha por mantenerse fiel
DÍA 139: El amor y las consecuencias de la infidelidad
DÍA 140: El amor y los beneficios de mantenerse fiel
DÍA 141: El amor es fiel en las miradas
DÍA 142: El amor es fiel mentalmente
DÍA 143: El amor es fiel emocionalmente
DÍA 144: El amor lucha por la fidelidad emocional
DÍA 145: El amor es precavido
DÍA 146: El amor es confiable
DÍA 147: El amor no abandona
DÍA 148: El amor no es descartable
DÍA 149: El amor es un compromiso
DÍA 150: El amor nunca deja de ser
Conclusión
| Escudero, SebastiánHemos conocido el amor : reflexiones diarias para crecer en el amor de pareja / Sebastián Escudero. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Claretiana, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-762-085-61. Reflexiones. 2. Superación Personal. 3. Relaciones Interpersonales. I. Título.CDD 158.2 |
Editorial Claretiana es miembro de Claret Publishing Group
Bangalore • Barcelona • Buenos Aires • Chennai • Colombo • Dar es Salaam • Lagos • Madrid • Macao • Manila • Owerri • São Paulo • Warsaw • Yaoundè
Diseño de tapa: Equipo Editorial
1ª edición libro papel, octubre 2015
1ª edición libro digital, marzo de 2021
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto451
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.
Inscripción ley 11.723 en trámite
© Editorial Claretiana, 2015
ISBN edición digital (ePub): 978-987-762-085-6
EDITORIAL CLARETIANA
Lima 1360 – C1138ACD Buenos Aires
República Argentina
Tel: 4305-9510/9597 – Fax: 4305-6552
E-mail: contacto@claretiana.org
www.claretiana.org
A mi amada esposa Belén Valdez.
No existe posibilidad alguna de que no
te dedique este libro, mi amor. Es tu libro.
Te pertenece de punta a punta, lo sabes
muy bien. Gracias por tu generosidad de permitirme hoy compartirlo al mundo.
Te amo cada día más.
Prefacio
En agosto del año 2012, viendo la película cristiana A prueba de fuego, tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: aprender a amar. Tenía 32 años, era predicador internacional y profesor de teología. Daba conferencias y talleres sobre el amor en colegios y en tantas ciudades donde Dios me había permitido viajar. Se suponía que tenía claro lo que significaba amar. Sin embargo, esa tarde, exactamente la tarde del domingo 5 de agosto del 2012, me di cuenta que no sabía amar bien. Y tomé la decisión de hacer el desafío del amor que propone la película.
El film cuenta la relación matrimonial y los problemas de pareja que enfrentan Caleb Holt, un bombero de Albany, Georgia, y su esposa Catherine. Luego de siete años de matrimonio, las discusiones continuas sobre sus ambiciones, finanzas, trabajos domésticos y sus intereses personales, han sido una fuerza que ha empujado a ambos a buscar algo más atractivo fuera del hogar. Cuando la pareja se prepara para embarcarse en los procedimientos de divorcio, Caleb es retado por su padre. El reto consiste en someterse a un experimento llamado El desafío del amor durante 40 días. Se trata de leer y practicar, un día a la vez, los principios allí propuestos acerca de lo que significa amar bien a la pareja. Con la ayuda de Dios, Caleb empieza a comprender, en el transcurrir de los retos cotidianos, lo que significa amar verdaderamente. Y se dispone a enfrentar la tarea más difícil de su vida: rescatar el corazón de su esposa. (1)
Unos días después de ver la película, adquirí el libro en el que esta se inspira: El desafío del amor (2), y empecé mi propio reto. Fueron 40 días de pura revelación de Dios a mi vida acerca de cómo tenía que amar a Belén, de quien estaba perdidamente enamorado, aunque, en ese entonces aún no éramos novios. Terminados los 40 días decidí hacer lo que hace el esposo en la película: continuar aprendiendo. Su esposa en un momento le pregunta:
—¿Por cuál día vas?
— Por el 43 —le responde él.
— Pero si son solo 40.
—¿Y quién dijo que debo detenerme?
Estaba por volver a empezar a leer de nuevo los 40 días, cuando de pronto tuve la moción de Dios de escribir yo mismo 40 días más con nuevas características del amor de pareja. El martes 30 de octubre tengo anotado en una agenda del año 2012 que empecé a escribir el día 1 de una nueva serie de reflexiones.
Unas semanas después Belén y yo empezamos nuestra relación de noviazgo. Y una de las primeras y más hermosas gracias que el Señor nos regaló en esos tiempos fue que ella empezó a hacer el reto del amor, leyendo cada día las reflexiones del libro. Lo consideramos como parte del proceso de discernimiento rumbo al altar. Para cuando ella terminó sus 40 días yo ya tenía los 40 días escritos por mí, así que ella decidió continuar leyendo mis reflexiones.
El miércoles 6 de febrero de 2013, estando en el aeropuerto de mi ciudad de Córdoba, rumbo a Puerto Mont, sur de Chile, le pregunté a Belén por mensaje de texto si valía la pena, según su parecer, que me ponga en la tarea de darle forma a esos escritos para que un día fueran mi propio libro con reflexiones acerca del amor. Y ella colocó textualmente: “¡Sí, mi amor! Vale la pena”. Ese día, a esa hora, en ese lugar… empecé a escribir este libro que tienes en tus manos.
Pido a Dios que cada día de reflexión te ayude a conocerlo más a Él, que es EL AMOR (1Jn 4, 8). Y así, un día, seamos muchos los que digamos, con un corazón agradecido… “Hemos conocido el Amor”.
Sebastián Escudero, febrero de 2015
sebaescudero3@hotmail.com
1- Síntesis adaptada del argumento de la película disponible en http://es.wikipedia.org/wiki/Fireproof.
2- KENDRICK, Stephen & KENDRICK Alex. El desafío del amor. B&H Publishing Group. 2010.
Introducción
Han pasado casi 2000 años desde que el apóstol san Pablo definiera de modo magistral la naturaleza del verdadero amor:
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1Cor 13, 4-8).
Sin embargo, el significado de semejantes definiciones aún permanece sin ser comprendido en su plenitud. Y quizás no lo sea jamás para nosotros acá, en esta vida. Mientras tanto, humildemente, somos muchos los que buscamos profundizar el alcance de estos breves conceptos que da el apóstol.
Notemos que cuando san Pablo habla del amor está describiendo características propias como si se tratara de una persona. Cuando dice el amor es paciente nos está queriendo decir que el que ama verdaderamente tiene que ejercitarse en la paciencia con aquel a quien ama.
¿Necesitaremos hoy este tipo de aclaraciones acerca de lo que significa amar? ¿Tiene vigencia esta carta de san Pablo que le escribió a una comunidad griega,veinte siglos atrás? Yo creo que sí. Por eso escribí este libro. Quizás hoy más que nunca necesitemos profundizarla. Especialmente cuando aplicamos la palabra amor con referencia al amor de pareja. Hoy en día existen miles de noviazgos y matrimonios en crisis justamente por no comprender ni practicar el amor verdadero en sus relaciones. Se habla demasiado del amor romántico en todos lados y en todo momento (en las canciones, en los libros, en las películas, etc.) pero muy pocas veces se ama como Dios quiere que amemos.
Este libro, el sexto que Dios me permite escribir, trata de ser una pequeña luz más de reflexión acerca de este tipo de amor, aplicado exclusivamente al amor de parejas. No es un libro como los demás que escribí. Se trata más bien de una especie de trabajo de investigación personal, un compendio de enseñanzas que en alguna ocasión me fueron de gran bendición, una recopilación de datos proporcionados por profesionales, por expertos, por personas con décadas de experiencia matrimonial. Cada una de las fuentes está citada con su debida referencia bibliográfica -que por cierto es bastante extensa- al final del libro.
Esto hace que sea una obra singular en su manera de escribir, porque por lo general me involucro con testimonios personales en mis escritos. En este caso he elegido ser objetivo y escribir sin incluirme, salvo en dos o tres ocasiones particulares. En parte debido a que no me considero con la autoridad suficiente en el asunto porque que llevo pocos meses de casado. (3) Pero especialmente, porque considero de máxima importancia tener un panorama amplio de autores que reflexionaron sobre el amor.
A diferencia del libro El desafío del amor, en el que me he basado para escribir este libro, cada uno de los días de reflexión no concluye con un desafío, sino que solo procura sembrar principios a tener en cuenta. Quedará para el trabajo personal (o de la pareja) la elaboración de desafíos concretos a poner en práctica luego de lo aprendido.
Los días de reflexión no tienen un orden jerárquico. No es mi intención hacer una categorización ni una escala de valores acerca de qué día debe ser considerado más importante que el otro. Eso lo podrá hacer cada lector conforme a la utilidad y sentido que le encuentre a las reflexiones. Desde el punto de vista teológico no creo que exista una característica del amor más importante que la otra, sino que cada una se integra con las demás para expresar la esencia del amor auténtico.
Igualmente cabe aclarar que, aunque ningún día se repite, encontrarás a lo largo del libro que algunos principios se han señalado ya en algún día de reflexión previo. Esto es debido a que todas las características están relacionadas unas con otras para definir lo que implica el acto de amar a la pareja.
Sugiero, como lo hice en mi anterior libro Pan de Héroes, leer una reflexión por día, de manera tal que podamos rumiarla adecuadamente a lo largo de la jornada. No está pensado como un libro de lectura continua, sino más bien como parte de un proceso de reflexión y meditación diaria que nos permita degustar, analizar, orar y poner en práctica los principios enseñados. Tampoco está pensado como libro para leerlo en pareja, aunque podría serlo. Sería más provechoso leerlo por separado, respetando el proceso reflexivo de cada uno.
Los destinatarios principales de este libro son los que están en una relación de pareja, pero esto no excluye a los que quieran aprender más acerca de las características del amor romántico, sea cual sea su estado de vida y situación sentimental.
El término “pareja” abarca de modo amplio a los matrimonios en primer término, a los novios en segunda instancia, y a todas las relaciones afectivas que por diversas razones no pueden ser incorporadas en ninguno de estos dos grupos, pero que sí se reconocen como pareja. No me pareció justo limitar el alcance de la palabra amor a un solo tipo de relaciones.
El estilo utilizado es el mismo de los anteriores libros que escribí. No quiero hacer teología, psicología ni filosofía, sino tal vez una mezcla de las tres, pero desde un enfoque espiritual.
He procurado la variedad, cambiando permanentemente de temáticas para reflexionar. Por lo cual no será posible hacer una lectura continuada de reflexiones sin tener que hacer necesariamente una pausa mental entre enseñanza y enseñanza, salvo en algunos días indicados cuyas enseñanzas están concatenadas y que siguen una línea temática. Esto se da en temas que ameritan una reflexión de más de un día, por ejemplo: cuando hablo de la comunicación asertiva, el carácter del amor, el respeto, la confianza, etc.
Ruego a Jesús que, en cada reflexión que leas de este nuevo trabajo que Él me encomienda, encuentres respuestas y revelación a tu vida y a tu pareja. Que este aprendizaje signifique tanto para ustedes como significó para nosotros a lo largo de estos años escribiéndolo.
El título del libro está sacado de una canción que mi mamá me enseñó cuando tenía 11 años y que siempre quedó dando vueltas en mi corazón. Hoy entiendo el para qué: no solo usamos la letra con Belén como mensaje central de nuestra tarjeta de bodas, sino también para darle título a nuestro primer libro para parejas.
HEMOS CONOCIDO EL AMOR
Hemos conocido el amor,
hemos puesto en El nuestro ideal,
y sabemos que al unirnos en el nombre del Señor,
dando fuerza a nuestra vida Dios está.
Hemos descubierto que la vida es
solo una mentira si el amor no está,
porque en el amor está viviendo Dios,
como fuente eterna de felicidad.
(Música: Emilio Mateu; letra: Jaume Reynés).
3- No obstante, no considero indispensablemente necesario llevar una vida de casado para poder hablar del amor de pareja. Jesús y san Pablo fueron célibes y sin embargo fueron expertos en la cuestión.
DÍA 1
El amor es una gracia
La primera y más importante verdad que necesitamos saber en este camino que empezamos juntos hoy es que el amor es una gracia. La gracia es la fuerza, el favor, el auxilio divino que el Señor coloca en nuestro interior para poder vivir conforme a su voluntad. Amar a nuestra pareja es, sin duda alguna, una gracia divina, porque nos sería imposible amar verdaderamente al estilo de Dios con un amor solamente humano. Cuando digo “al estilo de Dios”, me refiero a ese tipo de amor que ama incondicionalmente, que no tiene fin. La Biblia se refiere a esta clase de amor con el uso de la palabra griega ágape. El amor ágape es distinto de las otras clases de amor: fileos (amor de amistad) y eros (el amor sexual), que pueden fluctuar según los sentimientos. El amor ágape, sin embargo, es un amor que se manifiesta “en la salud y la enfermedad”, “en la prosperidad y en la adversidad”, en buenos y malos momentos. Es la única clase de amor verdadero. Esto se debe a que es la clase de amor que Dios tiene. Y a menos que esta clase de amor constituya el cimiento de tu pareja, el desgaste del tiempo la destruirá.
Así que si no le permites a Dios que comience a cultivar este tipo de amor dentro de ti, lucharás y no lograrás amar a tu pareja como debieras hacerlo. El amor que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1Cor 13, 7) no surge en nuestro interior. Solo puede venir de Dios. (4) Tu corazón no puede fabricar el amor ágape. Es imposible. Excede tus capacidades. Tal vez estés convencido de que si te esfuerzas y te comprometes lo suficiente puedes obtener de tu corazón el amor incondicional, perdurable y sacrificial. Quieres creer que está en ti. Sin embargo, no puedes dar lo que no tienes. No puedes invocar reservas ni recursos interiores que no existen. Así como no puedes regalar un millón de dólares si no los tienes, no puedes dar más amor del que posees. Puedes intentarlo, pero fracasarás.
Así que, en concreto: el amor que puede soportar todas las presiones está fuera de tu alcance, mientras busques encontrarlo dentro de ti mismo. Necesitas que alguien te dé esa clase de amor. El amor es de Dios (1Jn 4, 7). (5) La maravillosa noticia es que en el matrimonio Dios regala al hombre la gracia matrimonial, con la cual, el cristiano casado tiene la seguridad de haber recibido de Dios todo lo que necesita para vivir esta misión en el estado matrimonial. Las parejas que saben aprovechar esta gracia y dejar al Espíritu Santo operar en ellos, cuentan con una fuerza especial para superar el desorden del pecado y avanzar en el camino hacia la perfección en el amor.
DÍA 2
El amor cultiva la amistad
Una de las mayores caricias de Dios a las parejas es el don de la amistad. Seguramente has comenzado tu noviazgo luego de un tiempo de intensa amistad, en la que sin dudas han compartido muchos momentos especiales. Este tipo de amistad debe seguirse cultivando en el noviazgo y luego en el matrimonio, de manera que siga creciendo cada vez más en sus vidas. Tu pareja debe ser tu mejor amigo, tu primer y mayor confidente, el número uno, luego de Dios, a la hora de recurrir a contar algo importante. Las parejas que saben acompañarse tienen más elementos para perseverar en las crisis. Entonces, al resistir juntos las tormentas, tendrán más fuerza para continuar. La amistad, la diversión y el compañerismo deben ir creciendo, en lugar de disminuir. Es increíble la cantidad de matrimonios frustrados que existen, muchos de ellos terminando en un triste divorcio, por haber hecho de su relación una sociedad, un vínculo solo de paternidad o de deberes conyugales sin el condimento indispensable de la amistad.
Estamos viviendo en el mundo de la tecnología y de la comunicación. Si supiéramos usarlas al servicio de nuestro noviazgo o matrimonio… ¡qué maravilloso sería! Pero por el contrario, muchas personas se comunican con docenas de personas al día por las distintas redes sociales, abren su corazón, comparten sus crisis y alegrías, se ríen, se divierten con muchas personas a las que llaman “amigos”; pero resulta ser que con el compañero de vida, con su pareja, quien debiera ser el confidente número uno, el mejor amigo, la mejor columna para apoyarse, no se comunican.
Se suelen ver en los bares deplorables escenas de parejas que entran a tomar algo y luego de varios minutos mirando cada uno por separado sus celulares, encerrados en el círculo de sus amistades personales, con una sonrisa en sus rostros, cuando tienen que voltear para hablar con su pareja, se les apaga la sonrisa y se miran como preguntando… “¿Y ahora? ¿Qué hacemos…? ¿De qué hablamos?” ¡Qué tristeza! Es que la demasiada familiaridad genera menosprecio. A veces la costumbre de estar tantos años con la misma persona ha ido cortando de a poco el puente de la comunicación, del gozo ese, de esa chispa con la que se enamoraron al principio. Por eso debemos aprender a cultivar la amistad si queremos mantener viva la llama del amor en la pareja.
DÍA 3
El amor es sincero
La honestidad es un elemento vital de las parejas felices. Nadie quiere estar al lado de alguien oscuro, de alguien que no mira a la cara cuando habla, de alguien que parece estar escondiendo cosas permanentemente.
En la pareja no deben existir los secretos, mucho menos cuando se trata de algo referido a la fidelidad. Para luchar contra los secretos es necesario aprender a confesarse mutuamente aquellos temas y asuntos que piensan que podrían dañar a la pareja. No se trata de tener que contar absolutamente todo al otro. Hay casos en que una amistad o un familiar te contó algo que merece ser guardado por ti, por ser asuntos referidos a temas del propio sexo. Esto es irrelevante para la relación, tu pareja no tiene ni el deber ni el derecho de saberlo. Pero hay casos particulares que sí merecen ser transmitidos al otro; especialmente cuando se trata de los inevitables intrusos que quieren entrar de algún modo a la pareja.
Satanás suele entrar en las parejas, destruyendo familias enteras, a través de aparentes pequeñas grietas que tienen su origen en pecados de omisión en la comunicación. Cuántas infidelidades comienzan con pequeños pasos que, si los hubiéramos confesado al principio, podríamos haber contado con el apoyo de nuestra pareja, con su consejería, con su punto de vista. ¿Quién mejor que tu compañero de vida para cuidarte cuando se aproxima el peligro? Qué injusticia más grande es empacar las maletas del hogar y marcharse con otra persona sin haberle dado al compañero de batalla la posibilidad de lucharlo, de cuidarlo, de salvarlo.
Lo que suele suceder es que muchas veces no hay un círculo de confianza y de armonía en la pareja, que permita que la sinceridad aflore adecuadamente. Muchas veces no se le puede confesar alguna tentación o situación especial a la pareja porque suele reaccionar con violencia, haciendo escándalos o melodramas que uno considera más prudente evitar. Por eso es necesario que ambos se den este marco de contención y de libertad para poder decirse cualquier fenómeno que entre a formar parte de la pareja. No hay sinceridad donde hay miedo, terror, falta de confianza. Quizás sea necesario sembrar esto primero para luego poner sobre ese cimiento la estructura firme de la sinceridad.
Y luego sí o sí será conveniente establecer un “pacto de sinceridad”, un código de honor donde la sinceridad, la transparencia, la lealtad, la honestidad, la verdad serán elementos vitales de la pareja. Levantado este muro no solo habrá paz y armonía, sino que los demonios no tendrán grieta para entrar a hacer de sus obras de destrucción. Y si por alguna razón lograran entrar, siempre habrá posibilidad de ponerles un freno, para que no sigan haciendo más daño. Este freno tiene un nombre: SINCERIDAD.
DÍA 4
El amor es altruista
El que ama está pendiente de las necesidades de su pareja. Es propio de la naturaleza misma del amor el salir de sí mismo para meterse en el otro. Sin embargo, existen ciertos egoísmos que se van filtrando en la pareja desde el comienzo, que a la larga pueden hacer sucumbir todo el proyecto de amor. Estos egoísmos se pueden descubrir detrás de una falta de caballerosidad, detrás de una búsqueda permanente de ser escuchados en vez de escuchar al otro; detrás de patrones permanentes de falta de atención; etc.
En estos casos, habría que preguntarse seriamente si te trata de “amor” o simplemente de “querer”. Es fácil la diferencia: el que ama busca dar, el que quiere busca recibir.
El amor busca el bien del amado; es más, la felicidad de quien ama no es sentirse uno feliz, sino ayudar al otro a ser feliz. De hecho, uno no se casa para ser feliz, sino para ayudar a ser feliz al otro. Fíjate que digo: “ayudar a ser feliz” y no “hacer feliz”, porque nadie debiera tener semejante pretensión. Solo Dios y uno mismo pueden ser responsables de la propia felicidad. Nadie hace feliz al otro. Pero sí podemos ayudar, contribuir a la construcción de esta felicidad. Lo maravilloso de la vida en pareja es cuando esta concepción del amor la tienen ambos, porque entonces, al estar mutuamente pendientes el uno del otro, ninguno de los dos sufre necesidades… pues el otro está velando por ellas. De este modo, por ejemplo, el varón puede buscar la felicidad de su pareja con la paz de que ella está haciendo lo mismo con él.
Qué lindo anticipo del cielo es vivir así la vida. La Palabra de Dios nos enseña que hay más felicidad en dar que en recibir (Hch 20, 35) y esto es una realidad muy fácil de constatar. Hay un gozo que Dios reserva para las personas que están pendientes de dar, un gozo indescriptible que viene del sentirse feliz por la felicidad del amado.
En cambio, muchas de las amarguras diarias que vive una pareja es una consecuencia de no practicar este principio de ser altruista. Los reclamos permanentes, los celos enfermizos, las quejas diarias al otro, son un indicador de que nuestro nivel de altruismo es demasiado bajo en la relación. Si buscáramos mirar, en lugar de ser mirados; escuchar, en vez de ser escuchados; soltar, en lugar de estar asfixiando… nuestras vidas serían muy distintas. Como lo indica la oración del santo de Asís: “Señor, que no busque tanto ser comprendido como comprender, ser consolado como consolar, ser amado como amar…”.
DÍA 5
El amor establece prioridades
Si hay algo en nuestras vidas que nos provee paz a la hora de tomar decisiones importantes es tener bien claras nuestras prioridades. El amor sabe hacer esto. El amor tiene esa bendita capacidad de poner en los estantes del corazón las personas que hay que amar en cada lugar.
Y supongo que no es noticia para ti, si eres creyente, que el primer lugar de tu corazón no lo debe ocupar nunca tu pareja, sino Dios. Pero, puesta esta base, el segundo lugar tampoco lo ocupa tu pareja… ni tampoco tus hijos, si los tienes. ¿Cómo? Te estarás preguntando. No, el segundo lugar lo debe ocupar tu propia persona, ya que no puedes dar amor a los demás si no te amas a ti mismo primero. Esto es lo que deja entender el Señor cuando nos indica que tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos (Cf. Mc 12, 30-31). Somos nosotros el parámetro principal para amar a los demás. Esto no quiere decir que tengas que ser un egocéntrico o un narcisista; solo se trata de quererse sanamente a uno mismo. Luego de esto podemos amar bien a los demás.
El tercer lugar de prioridades será distinto para solteros que para casados. Para los solteros no es la pareja -es decir, el novio o la novia- la que sigue, sino los padres y hermanos de sangre. Luego recién se puede colocar a la pareja, aunque el corazón diga lo contrario. De hecho el corazón no es el indicado para armar esta lista, pues no se trata de sentimientos, sino de prioridades establecidas según la voluntad divina. Si lo hiciéramos conforme al corazón algunos podrían poner al perro en el primer lugar y a los padres en el último, dependiendo de las historias personales.
Para los casados el tercer lugar es distinto. Y aquí es donde empieza la polémica, porque muchas personas creen que ese espacio lo deben ocupar los hijos. Pero no es así; el tercer lugar debe ocuparlo el cónyuge. Y es justamente este amor que se profesan el que provee de salud y estabilidad emocional a los hijos. El amor de los padres es la salud de los hijos.
Lamentablemente se ve muy seguido a parejas que se terminan descuidando en su romance cuando llegan los hijos. Porque tienen mal ordenado el estante de sus prioridades. Entonces el diálogo, la pasión y el amor se van enfriando de a poco en la pareja al enfocarnos tanto en quien pensamos que merece nuestra dedicación absoluta. Pero tristemente es en el divorcio cuando nos damos cuenta del mal que les causamos a nuestros hijos al descuidar nuestro amor de pareja.
Establecer prioridades brinda paz y seguridad. Sabemos ubicar a nuestros parientes, amigos, trabajo, tecnología, estudio y demás cosas en su lugar secundario respecto a lo más importante que tenemos que amar. Y entonces cuando tenemos que discernir una invitación o una actividad que nos proponen podemos tranquilamente elegir en base a lo que hemos establecido como prioridad. Podemos decir “no” sin sentir culpa, porque sabemos que estamos cuidando el tiempo, el dinero, el afecto, la fuerza y el amor que se merecen las personas que tienen prioridad en el corazón.
DÍA 6
El amor es comprensivo
Si todo lo que sabes de tu pareja fuera equivalente a un diploma de la escuela secundaria, entonces deberías seguir aprendiendo sobre ella/él hasta obtener un “título universitario”, una “maestría” y un “doctorado”. Imagínalo como un viaje que dura toda la vida, el cual te acerca cada vez más a su corazón. ¿Sabes cuáles son sus mayores esperanzas y sus sueños? ¿Comprendes bien cómo prefiere dar y recibir amor? ¿Conoces sus mayores temores y por qué lucha con ellos? Uno de los problemas que impide tener una buena relación con tu pareja es que sencillamente no lo comprendes. Es probable que reaccione en forma muy distinta a ti frente a ciertas situaciones, y no comprendes porqué. (6)
El que ama busca comprender a su pareja. Comprender implica ponernos en el lugar del otro sin la actitud del juez condenador. Se trata de buscar los elementos que puedan hacernos entender la raíz de sus conductas. La madre de un asesino quizás sea la única que comprenda la razón por la cual su hijo hizo lo que hizo. De la misma manera, el que ama busca comprender a su pareja. Sea lo que sea lo que haya hecho, hay una raíz que le ha hecho llegar hasta ese punto. Existen razones ocultas de sus reacciones actuales. El que ama a su pareja trata de conocer y entender de la mejor manera la historia personal, las heridas, las situaciones del pasado que le pueden haber conducido a tener hoy las reacciones emocionales que tiene.
Qué distinta sería nuestra convivencia en la pareja si viéramos al otro permanentemente desde esta perspectiva, desde la misericordia, desde la comprensión; si entendiéramos que la “acción” que está haciendo ahora puede ser la “re-acción” a algo que le sucedió en su pasado. No se trata de ser psicólogos, solamente personas que aman lo suficiente como para considerar estas heridas…las lleguemos a conocer o no.
Lamentablemente muchas veces nos ponemos en posición de jueces, levantamos un martillo y un dedo acusador, en lugar de aplicar con el otro la misericordia que el Señor vive aplicando con nosotros. Es que a veces nos olvidamos de dónde nos sacó a nosotros el Señor y somos como el fariseo que critica la pelusa del ojo ajeno sin pensar en el árbol gigante que tenemos en el nuestro.
El verdadero amor entiende el estado de ánimo, las reacciones, las debilidades, los errores, los pecados de su pareja. Y los cubre con un manto llamado comprensión.
DÍA 7
El amor se fortalece en el servicio a Dios y en la oración
Aquellas parejas que sirven a Dios juntos tienen muchas probabilidades de mantenerse unidas. El servicio a Dios en equipo hace que la pareja se ame con un tipo especial de amor. Es que han dejado entrar a quien debe ser siempre el centro de todo matrimonio o noviazgo. Las parejas cristianas tienen esa característica de ser una pareja de tres, donde Jesús es el centro de unidad.
Lo mismo respecto a la oración: la familia que reza unida permanece unida. Es muy bueno suscitar y mantener el hábito de orar diariamente el uno por el otro y adorar finalmente juntos a Dios. Eso hace crecer el amor sobrenatural de la pareja, el amor de ágape, ese tipo de amor verdadero que es necesario para ser feliz en esta vida… y junto a ello todo lo que la pareja más necesita: paz emocional, confianza, respeto, etc.
Jesús no debe ser un recurso más de las parejas, debe ser el primero. Con el Señor de su lado, los que se aman tienen ganadas todas sus batallas. Se trata de dejarlo actuar a Él… dejarlo ser el centro de sus vidas.
Una pareja que tiene a Dios en su corazón y que tiene el hábito de la oración y de la intercesión muy difícilmente sufrirá de celos enfermizos, por ejemplo. Porque sabe que su pareja tiene a Dios en su corazón, por lo tanto confía en su discernimiento, en su temor de Dios, en sus valores cristianos… y si por alguna razón fuera seducida por el diablo para cometer algún tipo de infidelidad, tener a Dios en el equipo hace la diferencia… porque Él puede alejar de un solo golpe esos demonios que entran sutilmente a la pareja (Cf. Ex 14, 14).
DÍA 8
El amor es comunicación (7)
La mejor manera para nutrir cualquier relación es a través de la comunicación. No podemos amar lo que no conocemos. La comunicación en la pareja abarca varios aspectos, a través de los cuales podemos lograr ese acercamiento:
La comunicación intelectual: cada vez que nos sentamos a platicar y expresamos nuestras ideas, nuestros conceptos, lo que pensamos de tal o cual cosa, estamos fortaleciendo la relación. El simple hecho de compartir lo que leímos en un libro nos acerca. El hablar de política, el conocer los puntos de vista del otro y respetarlos, y compartir experiencias que vivimos en el trabajo, etcétera. Todo lo que sea compartir ideas nos acerca.
La comunicación emocional: tiene su propio lenguaje, se refiere al tono de voz que usamos al hablarle, a la mirada que se intercambia cariñosamente, la sonrisa compartida, el contacto físico (abrazos, caricias), cualquier detalle a nivel emocional que demuestra que te ocupas de tu pareja. Por ejemplo, levantarte a media noche y no hacer ruido, o abrirle la puerta del coche. En fin, la ternura y la admiración son la clave para tener una mayor fuerza emocional.
La comunicación motriz: esta se da cuando se comparte una actividad, como bailar, salir a correr, andar en bici, hacer deporte juntos, o el simple hecho de ir al cine, a un museo, salir a comer una vez a la semana solos. Divertirse juntos, compartir alegrías fortalece enormemente la comunicación. Hay que buscar cómo crear esos momentos, ya que no llegan solos.
La comunicación instintiva: esta se da a través de los sentidos, la atmósfera, el entorno que nos rodea en la casa. El disfrutar de sabores, aromas, colores y temperaturas. Cuando logramos una mayor afinidad en estos aspectos, estrechamos lazos que crean identidad.
La comunicación sexual: es la manifestación íntima del amor. La pareja debe vivir conquistándose y teniendo presente que si se deja abandonada la plantita, o damos por un hecho de que ahí está segura, en cualquier momento se puede marchitar. En el amor solemos soñar mucho y trabajar poco.
Es importante mantener esa ilusión de novios, y no hacernos parásitos del amor, donde se cree que lo único que se requiere es el encanto personal, y no es así. Enrique Cueto dice: “El amor no existe, sino el gerundio estar amando”, cada momento de todos los días. Cuando una pareja decide hacer la vida en común, la historia del amor está en sus manos. No es magia, hay que construirla. Cuando nos casamos comenzamos literalmente a hacer el amor.
Si procuramos practicar estas cinco formas de comunicación cotidiana, creceremos juntos en pareja, logrando así fortalecer el amor.
DÍA 9
El amor no es ambicioso
El origen de muchos males en la pareja se origina en las ambiciones. Eso de pretender más y más del otro, de buscar recibir más placeres, más atención, más cuidado… de no conformarse nunca con lo que el otro le puede dar en este momento histórico.
Hay que tener mucho cuidado con los excesos en los noviazgos y matrimonios. Excesos que nos pueden llevar a comportamientos adictivos, y estos evidentemente pueden acabar con nuestra pareja. Algunos de estos excesos tiene su comienzo en cosas nobles, buenas, pensadas como algo bueno por Dios para la pareja pero que cuando son realizadas de manera obsesiva o desordenada quitan la paz y corrompen el vínculo haciéndolo enfermizo. Por ejemplo: el sexo en exceso en el matrimonio puede conducir a la lujuria y esta sabemos el daño que puede ocasionar a corto tiempo. La lujuria lleva a la posesión, y la posesión lleva a la muerte. (8)
Sin embargo existen otros excesos sutiles como por ejemplo los afectos desordenados, las caricias permanentes, la comunicación desmedida…cosas que sin duda empiezan como bendiciones en la pareja, pero que al hacerlas en exceso se convierten en un monstruo que devora el amor. Los celos enfermizos, el control a través de la manipulación, los reclamos histéricos permanentes, la posesión del otro, el vacío que sienten algunas parejas de novios al estar un día sin ver a la otra persona, etc., tienen su raíz en estas ambiciones de pretender tener cada vez más y más del otro.
Una pareja que ha caído en la trampa de este tipo de adicciones amorosas debe tomarlo en seria consideración y buscar ayuda urgente, quizás de tipo terapéutica y pastoral a la vez. Son muchas las personas que terminan en suicidio al romperse una relación, o al descubrir la infidelidad del otro. Esto es consecuencia de haberse enfermado en su relación amorosa. El amor puede producir en algunas personas, con ciertas características psicológicas o desórdenes afectivos, un efecto parecido al que produce la droga en un drogadicto. La adicción del amor es una de las peores cosas que sufre el alma del ser humano. Para ello debemos evitar los excesos. Aquello de la carta a los hebreos: conténtense con lo que tienen (Heb 13, 5) puede ser perfectamente usado aquí por las parejas.
DÍA 10
El amor es divertido
Está científicamente comprobado que compartir experiencias risueñas es la mejor manera de afianzar la unión de una pareja. (9)
Un gran secreto de las parejas longevas es que han sabido disfrutarse mutuamente a lo largo de toda su vida. Nada más hermoso que gozar de la compañía de quien amas. Para ello hay que aprender a reírse más, aún de cosas sin demasiado sentido: esto llena de vida a ambos. Dos personas que se aman deben divertirse, y cuanto más se rían juntos, más amor sentirán y se demostrarán. El humor sirve para ayudarnos a enfrentar los problemas.
Los días están cargados de mucha tensión por lo general. Tensiones del trabajo, del estudio, de los hijos, de cuestiones familiares, de problemas económicos, etc. Tú debes intentar proveer a tu pareja de algo que le quite un poco de tantas tensiones permanentes. Y esto lo suele hacer maravillosamente el humor.
Pero lamentablemente muchas veces nos encargamos de proveer todo lo contrario: más estrés, más angustia, más cargas en el otro. Muchas personas se cansan de estar al lado de alguien que solo pelea, grita, discute, cela, controla, asfixia. La risa y el humor son un antídoto contra este tipo de gigantes en las parejas. Don Herold, en el poema Instantes dice: “si pudiera volver a vivir no me tomaría la vida tan en serio” (10). Eso es lo que tenemos que hacer en la vida de pareja: no tomarnos las peleas y crisis como algo tan en serio. Ser más flexibles, relajarnos más, reírnos.
Según la psicología positiva, existe una relación muy íntima entre las cosquillas y las caricias. Las personas con las que más reímos son las que más amamos, y viceversa. El “tonteo” es fundamental en el juego amoroso, y no digamos en el erótico. Y a largo plazo, las parejas que ríen y bromean juntas son más duraderas y están más satisfechas con su relación. Un buen sentido del humor es uno de los tres atributos más valorados en una pareja romántica. Y como dijo Víctor Borge: “La risa es la distancia más corta entre dos personas”. (11)
Además, el humor es una manera de seducción extraordinaria. Si tu pareja se está riendo de lo que tú dices o haces es imposible que no se sienta atraída por ti. Y si tú aprendes a celebrar sus chistes, sus actos de humor, también tu pareja se sentirá seducida por ti.
DÍA 11
El amor no controla
El que ama respeta la libertad del otro. Y no solo la respeta, sino que también la ama y la promueve porque sabe que esta libertad es un bien de la persona. El que ama no manipula ni extorsiona para tener al otro haciendo lo que uno quiere. No usa las lágrimas ni la ira, ni ningún mecanismo de manipulación para hacerle hacer al otro lo que uno quiere.
Existen personas enfermas y obsesivas en el amor que quieren tener el control absoluto de la relación, y son capaces de hacer lo que sea para saber dónde o con quién está su compañera/o. El que ama repudia estas cosas, simplemente porque no necesita este tipo de control, no precisa ser un detective, ya que confía en su pareja. No controla sus cuentas de correos electrónicos o redes sociales para saber de su vida. No le dice con quién tiene que hablar, ni cómo debe actuar en cada caso, ni a qué lugares ir, ni qué ropa usar. Estas cosas son una expresión de violencia en la pareja.
Hay parejas que tienen ojos sátiros, atrevidos, que buscan inspeccionar todo del ser que supuestamente quieren. La falsa excusa es que “tienen que cuidar” a su pareja. Sin embargo se trata de una verdadera violación a la intimidad y a los espacios ajenos. Nadie tiene derecho a inspeccionar nuestras vidas, por más que sea nuestro cónyuge mismo, pues ni Dios lo hace.
El problema de este tipo de averiguaciones de estilo policial es que, al ser inspiradas obviamente por el diablo, siempre llevan a uno a interpretar mal cualquier cosa. El enemigo nos miente sobre cualquier elemento visto o “descubierto” del otro; y nos miente así porque sabe que le vamos a creer ya que tenemos una fuerte herida de desconfianza en el alma.
La raíz de este tipo dañino de conductas puede ser la falta de confianza en Dios y en uno mismo, pues solo una persona con falta de confianza tiene la necesidad de tener el control de los demás. Esto es un claro indicador de que algo está funcionando mal en su seguridad personal. Tenemos que aprender a relajarnos en Dios y dejar en sus manos todos esos miedos e incertidumbres que tanto daño nos provocan en la pareja.
DÍA 12
El amor siembra generosamente
La segunda carta a los Corintios dice que el que siembra generosamente cosechará también generosamente. Esto se cumple plenamente en el amor de pareja. Debemos aprender a sembrar generosamente en nuestra relación semillas de amor, de tiempo, de escucha atenta del otro, de oración, de dinero, etc. En el futuro cosecharemos asimismo también.
Aun cuando la naturaleza del verdadero amor consista en dar desinteresadamente al otro, sin esperar nada a cambio, es importante invertir en sembrar semillas para que el día de mañana, en un futuro no tan lejano, podamos ver un fruto abundante. El que sabe sembrar bien cosechará esa paz, esa felicidad, ese respeto y ese gozo que tiene reservado el Señor para los generosos de corazón.
Por el contrario, dice la Palabra que el que siembra vientos cosechará tempestades (Os 8, 7). Hay quienes siembran maltrato, infidelidad, violencia, discordia, malhumor y denigraciones permanentes. Así cosecharán también. Nada de qué asombrarse cuando su pareja lo abandone. Incluso están los que siembran en terreno ajeno, los que son generosos en brindar de su tiempo, de su cariño, de su dinero con todos, menos con su compañero de vida.
Por eso tenemos que aprender a ser generosos con quien amamos, darle lo mejor de nuestro tiempo, no solo cantidad de tiempo, sino sobre todo calidad. Hacerle sentir que estamos felices de estar a su lado. Escucharle con atención, como si fuera lo más importante de nuestras vidas lo que nos está contando, con todas las fuerzas de nuestra concentración, mirándole a la cara, suspendiendo lo que estemos haciendo o aquello por lo que estamos preocupados… y no mirando nuestro reloj como esperando que deje ya de hablarnos. Separar tiempos permanentes de oración por nuestra pareja, por todas sus necesidades. Separar tiempo para ayudarle en alguna necesidad que tenga.
Sembrar también económicamente. Aquello en lo que más invertimos da un indicio de dónde está colocado nuestro corazón. El problema es que muchas personas invierten en tantas cosas externas a la pareja, cuando esta debiera ser la principal inversión. Cuando invertimos en el otro le estamos diciendo que lo amamos, que lo valoramos. Y nos lo estamos diciendo también a nosotros mismos; nos estamos recordando de alguna manera lo que vale para nosotros esta persona, porque le estamos dando lo mejor que tenemos. Quien ama verdaderamente no es mezquino con su dinero, busca regalarle lo mejor, o lo que más puede al otro; procura complacerlo, no con cosas vanas, sino con aquellas necesidades que realmente tiene. El que ama no hace cálculos, simplemente se da por entero. No quiere decir que tengamos que ser imprudentes con el manejo de nuestra economía, simplemente se trata de saber que cada vez que estamos utilizando nuestro dinero para ayudar a ser feliz a quien amamos, no estamos derrochando la plata, sino que la estamos “invirtiendo” en lo que sin dudas traerá beneficios enormes a la pareja.
Cada inversión que hacemos en nuestra pareja es una semilla, la mejor semilla que podemos sembrar. En su momento veremos su fruto.
DÍA 13
El amor es delicado
El amor nos convierte en personas tiernas y delicadas en el trato al otro. Se hace falta mucha delicadeza para aprender a esperar a la persona que amamos; esperarla para todo: para tener relaciones sexuales, para soportar sus momentos de crisis, para esperar que se le pase un malestar personal… la delicadeza es la clave de una vida pacífica en la pareja.
En el caso de los varones, la primera carta de Pedro (1Pe 3, 7) enseña que las mujeres son vasos frágiles a los que debemos tratar con mucho cuidado. Debemos ser tiernos y no tratarlas duramente como si fuera un varón, ni física ni verbalmente. Se ven a diario escenas de adolescentes jugando con las niñas de su edad como si fueran varones, tironeándolas, empujándolas y hasta insultándolas. Eso, llevado después al matrimonio, es un verdadero infierno. El matrimonio suele endurecer el corazón de los esposos; y en esta época es frecuente escuchar en las noticias los casos de violencia de género que terminan en verdaderas tragedias. No podemos ser brutos ni agresivos con esa princesa que tenemos al lado. Nunca debemos dejar de cuidarla con mucha delicadeza. El corazón de una dama es como una flor: si la tratas con delicadeza florece, pero si la tratas con dureza se marchita.
Tampoco se deben permitir los varones ser groseros en la pareja. Ser grosero es actuar en forma indecorosa, vergonzosa o irritante. Podría tratarse de tener una boca sucia, malos modales en la mesa o el hábito de hacer bromas con doble sentido. Desde cualquier punto de vista, a nadie le gusta estar cerca de una persona grosera. La conducta grosera puede parecerle insignificante a quien la practica, pero es desagradable para los que están cerca. Cuando un hombre es impulsado por el amor, se comporta en forma intencional de una manera que a su pareja le resulte más agradable. En esencia, el amor genuino cuida sus modales. Los buenos modales le expresan a tu esposa (o esposo): “Te valoro lo suficiente como para ejercer algo de dominio propio cerca de ti. Quiero ser una persona con la que sea un placer estar”. (12)Lo mismo sucede con las mujeres. La Biblia dice en la misma carta de Pedro que el adorno de ustedes no consista en cosas externas: peinados rebuscados, joyas de oro, trajes elegantes; sino en lo íntimo y oculto: en la modestia y serenidad de un espíritu tierno. Esto es lo que tiene valor a los ojos de Dios (1Pe 3, 3-4). Y yo me atrevería a agregar: … y esto es lo que más seduce a un varón. Ningún varón quiere estar al lado de una mujer que grita todo el día, que es prepotente, que se cree el sargento del hogar, que trata al marido como si fuera el hijo, dándole órdenes.
Lo que el varón suele destruir con la violencia física, la mujer lo suele destruir con su violencia psicológica. Ambas son espadas dolorosas que vienen del mismo infierno para destruir las parejas. Por eso tenemos que aprender a ser delicados en el trato diario.
DÍA 14
El amor es compasivo
El amor se sabe poner en el lugar del otro, sabe sufrir cuando el otro sufre y alegrarse cuando el otro se alegra. Hace propias las alegrías y triunfos del ser que ama, y los celebra como si fueran propios, porque realmente lo son. Y llega a sufrir los sufrimientos del otro como si fueran los suyos mismos, porque se siente unido de una manera misteriosa al ser que ama.
La palabra compasión viene de compadecer, que significa justamente eso: “padecer con”. Y este padecer viene de estar sujeto a una “pasión”, la cual puede ser amarga o alegre. Se trata de compartir la pasión que el otro está viviendo. Recuerdo a mi madre compartir todos los fanatismos que teníamos con mi hermano en la adolescencia. Ella amaba a mi ídolo de rock y gritaba con devoción los goles de nuestro equipo de fútbol preferido, del cual obviamente ella también se hizo fanática. Nos prestaba atención cuando hablábamos como si lo que estuviéramos diciendo fuera la noticia más importante de la historia de su vida. Te prestaba ese tipo de atención que te hacía sentir especial, amado, favorito, interesante. Qué hermoso si en la pareja pudiéramos tener este tipo de identificación con el otro, ese poder decir: tu problema familiar es mi problema; lo que estás disfrutando en tu trabajo es mi gozo también.
Lejos de eso, en muchos casos se da lo opuesto: que muchas personas no quieren contarle a su pareja lo que les pasa por miedo a que se le ría con crueldad, que le agarre envidia por su logro, que lo abandone si le cuenta su debilidad, o que simplemente no le preste atención cuando le hable. Y eso da lugar lamentablemente a que cualquier intruso venga a ocupar el lugar de quien debiera tener un corazón para la compasión con su pareja.
Tenemos que aprender también a ser verdaderos compañeros de camino, a involucrarnos con la vida del otro. Es de destacar la actitud de Jack con Rose en la película Titanic, cuando, sin conocerla aún, al estar en la cubierta de aquel mega barco, él la ve que está intentando suicidarse y le dice: “Si se suelta yo tendré que saltar después de usted. Ya estoy involucrado”. Podría haber sido una bella y romántica afirmación pasajera, pero la película concluye con él dando su vida en el mar para que ella viva. Eso es lo que hace el amor verdadero: involucrarse con el otro a tal punto de dar la vida de ser necesario… “Si tú saltas yo salto”.
DÍA 15
El amor no regaña
Leí una vez un comentario de una esposa que quise transcribir textualmente aquí:
Una de las cosas que hago para proteger a mi matrimonio del divorcio es no actuar como si yo fuera el Espíritu Santo para mi esposo. He tomado el compromiso de dejar que el Señor trabaje a su manera y en su tiempo. En lugar de regañarlo, acudo al Señor en mis plegarias y comienzo a pedirle que revele estas cosas a la mente y al corazón de mi esposo, de la manera que solamente Él puede. (13)
No puedes cambiar a tu pareja. No importa cuánto lo desees, no puedes hacer el papel de Dios y llegar a su corazón para transformarlo en lo que quieres que sea. Sin embargo, muchas parejas pasan gran parte de su tiempo intentando cambiar al otro. Si lo haces así obtienes la mayor de las frustraciones. En algún momento, debes aceptar que no es algo que tú puedas hacer. Sin embargo, hay algo que sí puedes hacer: puedes interceder para que Dios haga la obra que tenga que hacer en su tiempo y forma y descansar en la verdad de que Dios puede “arreglar” a tu pareja mucho mejor que tú. Lograrás más a través de la oración estratégica que con todos tus esfuerzos de persuasión. Además, es una manera mucho más agradable de vivir. Así que transforma tus quejas en oraciones y observa cómo el Maestro obra mientras tú observas la batalla (Cf. Ex 14, 14). (14)
Qué hermosa forma de amar es esa, de dejarle al Señor el control de nuestra pareja y dejar un poco de lado tanto regaño que termina pudriendo al otro. Es que, como mencionamos antes, nadie quiere ni necesita casarse con una madre o un padre que le esté retando permanentemente.
Hay personas que pareciera que les pagaran para ser críticos de su pareja. Son esos observadores que siempre le encuentran el error a lo que el otro hace o deja de hacer. Y vivir en una permanente crítica termina intoxicando la relación.
Por eso tenemos que aprender a ser los principales admiradores de nuestra pareja. Y cuando encontramos defectos, que son inevitables, pues nadie puede tener la ambiciosa pretensión de estar al lado de alguien perfecto, podemos corregirlos con cariño, pero confiando en que Dios está trabajando en su vida. De esta manera logramos relajarnos, que es algo tan indispensable para nuestra salud mental.
Lo que debe discernirse bien es cuando el enojo con el otro es permanente, pues esto sería un indicador claro de que se tienen expectativas demasiado elevadas, lo cual genera frustraciones y enojos permanentes. Y en el fondo esto evidencia que no se lo acepta al otro como es, pues es claro que se lo quiere moldear según el propio ideal y no según como la persona es.
Un regañador es, además, alguien que esconde un profundo sentimiento de rechazo a sí mismo, pues solo quien se vive rechazando encuentra permanentes defectos en los demás. Debiéramos aprender a reírnos más de nosotros mismos y no tomarnos tan en serio nuestros defectos. Un antiguo proverbio chino dice: “aprende a reírte de ti mismo y disfrutarás toda tu vida”. Si realmente lo aprendiéramos, estaríamos preparados para reírnos tiernamente de los defectos de nuestra pareja y no tomárnoslo tan en serio, como solemos demostrar con tanto regaño.
DÍA 16
El amor embellece
El amor hace salir lo mejor del otro y lo embellece. Existe una belleza extraordinaria que todos tenemos, pero que solo quien nos ama nos puede ayudar a verla. Es tan importante aprender a sacar a relucir esa belleza en el ser que amamos. Esto podemos hacerlo fácilmente a través de nuestras palabras, a través de nuestras declaraciones permanentes acerca de lo bella que nos parece nuestra pareja. El libro de los Proverbios dice: en los labios está el poder de la vida y de la muerte, conforme a cómo lo uses será el efecto (Prov 18, 21). ¡Qué verdad más grande es esa! Tenemos poder en nuestros labios para hacer salir lo mejor que el otro tiene.
Y cuando digo belleza no me refiero únicamente a la belleza física…existen varios tipos de belleza en nuestra persona que suelen estar escondidas hasta que alguien que nos ama nos ayuda a convencernos de que somos mucho más de lo que pensamos nosotros. El cuento de Rapunzel refleja esto de un modo bien gráfico: la joven encerrada en un castillo con una bruja que permanentemente le dice que es horrible logra convencerse de que realmente lo es. Hasta que asomada en el balcón del altillo de aquel alto castillo escucha los halagos de un joven enamorado de su belleza, que a fuerza de insistentes declaraciones sobre su hermosura logra convencerla de que en realidad no es un sapo como le han hecho creer, sino una joven preciosa que merece ser amada. Es ese descubrimiento lo que logra motivarla a salir de ese castillo consiguiendo finalmente la libertad. Me pregunto si nosotros seremos como este joven enamorado, si estaremos sacando lo mejor del otro, o si estaremos pareciéndonos más bien a la bruja que le marcaba permanentemente sus miserias.
Tu pareja es una piedra en bruto que en tus manos puede convertirse en un diamante precioso. Esas personas con muchos años de casadas que vemos caminar elegantemente vestidas, con una sonrisa que demuestra su felicidad, con un trato agradable con los demás y con una belleza especial manifestada en todo lo que hace, probablemente sea porque están al lado de alguien que simplemente las ama y las hace sentirse felices consigo mismas. Por el contrario, la dureza amarga y envejece a las personas. En el polo opuesto podemos encontrar a una persona casada mal vestida, con un aspecto desagradable, con un mal genio que hace espantar hasta a los perros y con una apariencia horrible que nos produce rechazo… y probablemente se deba a que convive con alguien que no sabe amarle verdaderamente y que, por ende, con tanta denigración y maltrato no ha sabido sacar a relucir su belleza.
No existe tratamiento de belleza que supere al amor en esta vida, practícalo y verás sus frutos. En ocasiones tendrás que repetirle hasta el hartazgo acerca de su belleza, porque las heridas de su autoestima son demasiado elevadas como para creérselo de inmediato, pero vale la pena cuando el final es que se sienta feliz con su propia persona.
El amor hace salir lo mejor del otro y lo embellece.
DÍA 17
El amor guía tu corazón
El mundo dice: “¡sigue tu corazón!” Es la filosofía de los gurús de la nueva era, de los seminarios de autoayuda y de las canciones románticas del pop. Como parece tan romántico y tan noble, vende millones de discos y de libros. El problema es que seguir tu corazón en general significa hacer cualquier cosa que te parezca bien en el momento, esté bien o no. Significa echar por la borda toda precaución y conciencia y perseguir tus últimos caprichos y deseos sin importar lo que digan la lógica y el consejo.
La Biblia dice:
El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado (Prov 28, 26).
Nada más falso y perverso que el corazón (Jer 17, 9).
Las personas olvidan que los sentimientos y las emociones son superficiales, volubles e inconstantes. Pueden fluctuar según las circunstancias. En el intento de seguir su corazón, hay personas que han dejado a su compañero de toda la vida para perseguir a un colega de trabajo atractivo que ya se había casado dos veces. Lo que parece correcto en el auge de los dulces sentimientos a menudo resulta ser un error amargo unos años más tarde. Esta filosofía egoísta también es la fuente de un sinnúmero de divorcios. Lleva a muchos a dejar de lado sus compromisos para toda la vida porque ya no se sienten enamorados. Típico del adolescente que puede estar “de novio” -como suelen llamarle falsamente- con varias personas distintas en un mismo mes…solo porque va dejando de sentir. Si en el mundo las cosas pasaran por sentimientos o sensaciones ¡qué caos sería todo!
A medida que le des el primer lugar a Dios, Él intervendrá y concederá los buenos deseos de tu corazón. El único momento en el que puedes sentirte bien al seguir tu corazón es cuando sabes que está decidido a servir y agradar a Dios. Es allí solamente cuando tu corazón puede guiarte, porque tienes la brújula correcta de la dirección divina.
Ahora bien, ¿cómo guío mi corazón? En primer lugar, es necesario que comprendas que tu corazón está donde se encuentra tu tesoro. Tu corazón se volcará a lo que le dediques tiempo, dinero y energía. Examina tu corazón. Una de las claves para guiar con éxito tu corazón es estar permanentemente consciente de dónde se encuentra. ¿Sabes en dónde está tu corazón en este momento? Puedes darte cuenta si observas en qué has invertido tu tiempo durante el último mes, adonde ha ido tu dinero y los temas de los que hablas constantemente. Protege tu corazón. Cuando algo poco saludable tienta tu corazón, es tu responsabilidad protegerlo contra la tentación. La Biblia dice: Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida (Prov 4, 23).
Haz una inversión de corazón. No esperes a tener ganas de hacer lo correcto. No esperes a sentirte enamorado para guiar tu corazón. (15)
DÍA 18
El amor se enorgullece por el otro
El que ama siente un profundo orgullo por aquella persona con la que comparte la vida. Orgullo que implica estar feliz y admirar con todo el corazón a quien uno ama. Es este orgullo el que nos hace suspirar ante los demás antes de tener que hablar de él o de ella; el que nos hace inflar el pecho de alegría al poder presumir que esta persona, precisamente tan admirable, está con nosotros… y para toda la vida.
Este orgullo no debe confundirse con la soberbia o la vanidad. Y se diferencia claramente en que estas dos últimas nos hacen estar pendientes de nosotros mismos, en cambio el orgullo nos hace estar pendientes del otro. No hablamos, por lo tanto, del orgullo en su sentido peyorativo, sino del orgullo como alegría por estar uno a gusto con aquella persona que ama.
Tenemos que estar orgullosos de todas las áreas de su vida:
De su belleza exterior. Muchas personas ni se animan a mostrar una foto de su pareja porque en el fondo sienten como una vergüenza de estar a su lado.
De su belleza interior. Algunos eligen a su pareja por la mera superficialidad, pero a la hora de escucharle hablar quisieran taparse los oídos, porque son vacíos por dentro, no tienen tema de conversación profunda, no tienen una vida espiritual, carecen de esa belleza interior que es la que le da verdadera hermosura a la persona.
De su vocación. Están los que desprecian el llamado del otro, que no lo apoyan en lo que hacen, en sus metas, en su trabajo, en el llamado que Dios puso en su vida. Esto suele suceder por desconocer el principio bíblico de no unirse en yugo desigual (2Cor 6, 14). Debemos escoger para el caminar para siempre en Dios a una persona que no solo apoye nuestra vocación, sino que la promueva cada día para que crezcamos en eso.
De sus raíces. Nos casamos con un ser completo, que tiene una historia personal, una cultura, una raíz, un trasfondo que le ha hecho ser lo que hoy es. No podemos amarle sin aceptar y estar orgullosos de sus raíces. Sin embargo hay personas que no solo no están orgullosos de la familia de su pareja, sino que además la terminan separando totalmente de la misma.
De su clase social. No importa si ambos son pordioseros o multimillonarios, o si uno es una cosa y el otro la otra, mientras haya orgullo de la clase social del otro el matrimonio puede caminar en paz. Pero si en lugar de esto se siente vergüenza de la economía del otro se está destinado a la amargura y a la infelicidad.
En definitiva, se trata de estar orgulloso de todo lo que el otro es. Y ese orgullo que tienes no solo tendrías que hacérselo saber permanentemente a la persona que amas sino que tendrías que hacérselo saber a gritos al mundo entero.¡Procura que el mundo sepa que estás orgulloso de tu pareja! Comunica cuán importante es, cuando hables de él o de ella, en lugar de atraer la atención para ti solamente. Habla siempre positiva y constructivamente de tu cónyuge delante de tus hijos o familiares. Cuando estés con otros adultos, hazte el propósito de mencionar detalles que halaguen a tu pareja. Comparte generosamente tus comentarios en privado, cuando estés a solas con tu pareja, así como en público. (16)
El amor construye una buena imagen social del otro… le grita al mundo lo feliz que uno es con esta persona.
DÍA 19
El amor no lleva cuentas
Uno de los problemas más grandes entre las parejas casadas ocurre cuando los maridos y las esposas llevan cuentas de lo que hacen el uno por el otro. Lamentablemente, muchas parejas operan de acuerdo al popular “Plan del 50/50”, la filosofía del “Yo atenderé tus necesidades si tú atiendes las mías”. En este plan, el matrimonio se convierte en un contrato de intercambio y compromisos, cuyas partes llevan la cuenta de manera tal que ninguno dé o reciba más que el otro. Su objetivo es atender al otro en un 50 por ciento. Te coloco un ejemplo a continuación:
Tomás y Susana cuando se casaron juraron que dividirían en partes iguales todas las tareas y responsabilidades. Las tareas domésticas serían repartidas entre ambos cónyuges equitativamente. Estaban convencidos de que su relación 50 y 50 sería cien por ciento justa. Sonaba lógico y viable, y permitiría que cada uno mantuviera el control sin ser pisoteado. Sin embargo, en lugar de crear un entorno adecuado, el plan del 50 y 50 parecía un contrato leonino (17).
Discutían por quién había sido el último en lavar los platos, en lavar la ropa o en cocinar. Los fines de semana en los que Susana salía con sus compañeras de la universidad, coincidían exactamente con las salidas de Tomás y sus amigos para cazar.
Cumplían con la obligación de cuidar a sus hijos como si tuvieran un cronómetro en la cabeza. Cuando Tomás llegaba a casa de su trabajo, Susana le decía que las obligaciones de ella habían terminado. También controlaban cuánto ganaba cada uno y los gastos estaban claramente diferenciados en cuentas bancarias separadas.
Como podemos observar, Tomás y Susana eligieron este plan mezquino para vivir su vida. Pero se trata de un plan peligroso, que puede terminar dividiendo a la pareja hasta la separación definitiva. Empieza con manejar su dinero por separado y termina con un divorcio en la puerta. Se echan tanto en cara lo que uno hace por el otro que terminan distanciándose y llenándose de odio, porque en el fondo están viviendo como “socios” más que como “compañeros de vida”.
Pero hay un método mejor: es el matrimonio del 100/100, que es el propósito de Dios para el marido y para la esposa. El apóstol Pablo dice: Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra (Ef 5, 25). Cuando dos personas aman de esa manera, eligen servir a su pareja porque su deseo es el de ser obediente al propósito de Dios para su vida. Los estimula no solo el complacer al otro, sino también a Dios. Cuando se sirvan uno al otro, entregando el cien por ciento para amar y servir al cónyuge, hallarán gozo y realización más allá de lo que puedan imaginar. (18)Ya no se trata nunca más de “mi plata y la tuya” sino de “nuestra plata”, “nuestras cosas”, “nuestros asuntos”.
DÍA 20
El amor es servicial
Ser servicial significa ser amable. Y ser amable significa que cubres las necesidades del momento de quien amas. Si se trata de tareas domésticas, te pones a trabajar. ¿Hace falta un oído dispuesto? Lo proporcionas. La amabilidad adorna a la esposa con la capacidad de servir a su esposo sin preocuparse por los derechos propios. La amabilidad hace que un esposo tenga curiosidad de descubrir lo que su esposa necesita, y lo motiva a ser el que dé un paso al frente y se asegure de que esas necesidades se satisfagan, aún si las propias quedan en espera. (19)
Amar es sinónimo de servicio. La segunda característica que san Pablo nombra acerca del amor es precisamente esta: es servicial (1Cor 13, 4). Ahora bien, ¿qué significa para el apóstol el término servicio? Lo vemos definir este término en el capítulo 4 de la misma carta, cuando los exhorta a los corintios de la siguiente manera: Que los demás vean en nosotros a servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios (1Cor 4, 1).
La palabra utilizada por Pablo como servidores, en griego “uperetes, palabra compuesta que significa: up (abajo) eretos (remadores). Hace alusión a los esclavos de la antigüedad que les tocaba la ardua tarea de remar en el primer piso de los barcos de carga. Mientras los que viajaban en el piso superior disfrutaban del paseo. Ellos debían trabajar duramente durante horas consecutivas para que el vehículo avanzara.
Lo que Pablo les está queriendo decir a los corintios es que se pongan por debajo de los demás, como esclavos de sus hermanos; que vean en los otros al mismo Cristo, a quien deben servir esforzadamente. Si esto sirve para los hermanos, cuánto más para nuestra pareja, nuestro compañero de vida. Debemos servirle como al mismo Cristo.
Es lo que Jesús les pide a sus discípulos que hagan a los demás luego de lavarles los pies en la última cena: Si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo (Jn 13, 14-15).“El que no vive para servir, no sirve para vivir” decía la hermosa madre Teresa de Calcuta. Que podamos vivir sirviendo a los demás, empezando por la pareja, que es nuestro primer ámbito de servicio. (20)
DÍA 21
El amor es conquistador
El que ama debe tener una pasión por mantener viva la llama del amor. Para eso tiene que estar en actitud permanente de seducción, sin relajarse ni un solo día de su vida. Como ya vimos antes, no se trata de estar con una máscara, sino de poder ser uno mismo, pero con esa tensión interna de tratar de mantener al otro enamorado de uno.
Algunas carreras profesionales, si no son todas, tienen la necesidad de seguir capacitándose a lo largo de toda la vida. Para ello se entregan una cierta cantidad de puntajes que se suma a su título universitario acrecentando su currículum y abriéndole mayores puertas laborales. ¿Qué tal si vemos la pareja de esta manera? ¿Y si la única forma de que se abran las puertas del corazón de esa persona que tanto amas consistiera en que te capacitaras permanentemente en el arte de seducirla? ¿Y si te dieran puntaje permanentemente en tu currículum del amor?
La película Como si fuera la primera vez muestra esto brillantemente. El actor Adam Sandler protagoniza a un joven que se enamora de una chica con una enfermedad algo particular: a causa de un accidente sufrido, cada amanecer pierde su memoria a corto plazo, por lo cual, él tiene que ingeniárselas cada día para conquistarla, para seducirla, para enamorarla… como si fuera la primera vez. Algo así debiéramos hacer nosotros: tratar de conquistar cada día al ser que amamos, como si fuera la primera vez. Esto hace de la pareja una hermosa aventura, que además de llenarnos de felicidad, nos evita la tan torturante rutina que suele destruir de a poco hasta los romances más profundos.
Que estés leyendo este libro habla de lo importante que es este concepto de la seducción para ti. No te detengas nunca de seducir a quien amas, como cuando en la antesala del noviazgo estabas pendiente hasta de los detalles más pequeños: la apariencia física, el pelo, el aliento, los modales, las bromas, las miradas, el perfume.
A veces dejamos que se vayan filtrando con el tiempo faltas de respeto y groserías que hacen mucho daño a la pareja. Quizás por aquello que ya mencioné antes de que “la demasiada familiaridad genera menosprecio”. Un buen consejo de R. Tagore dice: “Guarda lo mejor de tus sonrisas para tu hogar”. Todo lo contrario de lo que solemos hacer. Tenemos las mejores sonrisas, el mejor humor, lo más dulce de nuestro carácter para los de afuera. Con los de afuera somos educados, tenemos tiempo de sobra, somos presumidos, somos un derroche de amor. Y, como sabemos que en casa nos aceptan y aman como somos, nos damos el lujo de ser groseros, atrevidos, mal educados, odiosos, malhumorados... mal llevados. Por eso decide hoy ser un conquistador permanente de tu pareja, jamás dejes de presumirle; el día que lo hagas estarás preparando lentamente el terreno para que otro intente quedarse con la llave de su corazón.
DÍA 22
El amor no es rutinario (21)
Quien ama verdaderamente nunca deja que entre la maldita rutina, porque sabe que es quizás el principal enemigo de las parejas. Algunos expertos opinan que los matrimonios suelen sobrevivir a la infidelidad, a la violencia, a las diferencias culturales, a los problemas económicos, al flagelo de la pérdida de un hijo, pero raras veces sobreviven al efecto devastador que produce el veneno mortal de la rutina. Claro que se pueden avivar las cenizas apagadas para que vuelva a surgir el fuego, pero lograrlo es una peligrosa hazaña que muy pocas veces da resultado.
Por eso es indispensable que la pareja combata contra la rutina. Pensemos por ejemplo en los matrimonios con hijos. Si todos los días hacen lo mismo: levantarse, llevar los hijos al colegio, ir al trabajo, regresar a casa al final de la jornada y dormir; seguramente el matrimonio se deteriorará. Y lo mismo puede suceder con esos noviazgos donde tanto compartir espacios juntos sin darse un margen para extrañarse y haciendo siempre lo mismo y de la misma manera logran apagar el fuego de la pasión antes de casarse. Puedes imaginar lo complicado que será en esos casos la convivencia posterior.
Hay que ayudarle a la relación, hay que hacer cosas diferentes que le impregnen a la vida un toque divertido y diferente. Para ello entonces podemos pensar en alternativas como: ir al cine en día de semana, preparar una cena especial sin tener un motivo, ir a tomar un café, tomarse un vino juntos al final de un duro día, salir a comer un helado, dar una vuelta en el parque, encontrarse en algún sitio para almorzar juntos, compartir aficiones o hobbies, como practicar algún deporte, salir a caminar, arreglar el jardín o sembrar nuevas plantas, cocinar, montar a caballo, ir al teatro, a un concierto, a una fiesta, salir a comer, ir a un bar, etc. Estas son algunas acciones que como pareja se necesitan conservar para no perder nunca la diversión.
La excusa de muchos es el tema económico, pero no hay necesidad de gastar dinero para pasar un rato agradable con la pareja. Y en todo caso, sería un dinero muy bien invertido, ¿qué mejor que nuestra propia felicidad y estabilidad emocional?
Ya hemos visto el día 12 que el amor sabe invertir en lo esencial. Y cuidar el fuego de la pasión sin dudas que lo es. Pero, más que dinero, quizás lo que más necesite una pareja para luchar contra la rutina sea la creatividad. De eso nos ocuparemos el siguiente día.
DÍA 23
El amor es creativo
Vivimos en una civilización que insiste en el goce máximo a costa de cualquier cosa, motivando a las parejas a centrar sus expectativas en la inmediatez; de ahí que cuando apenas desaparece el encanto de los comienzos, echan mano de la primera solución: el divorcio. (22)
Sin embargo, la mejor forma de mejorar el matrimonio, cuando ha entrado la rutina, es cambiando la relación, no la persona. El amor es lo suficientemente creativo para hacer que el amor siga deleitándose en esa persona y no tenga que recurrir a otra.
Un ejemplo podemos verlo en las relaciones sexuales. El doctor John Billings lo dijo así:
Si la relación sexual se lleva a cabo con demasiada frecuencia, es también menos satisfactoria y atractiva. Es como tener un desayuno súper opíparo, una comida y una cena súper opíparas. Y esto no un día, sino diez... Cuando esto sucede en las relaciones sexuales, la insatisfacción lleva a las personas a cambiar su inclinación sexual o a buscar afrodisíacos. ¡No saben que el mejor afrodisíaco es la abstinencia! (23)
El aburrimiento en el matrimonio es la raíz de otros males que lo aquejan: ocurre muchas veces que, sin palabras, se establece una especie de acuerdo para vivir aburridamente juntos el resto de sus vidas, que más que promesa de un alentador proyecto de vida, parece más una condena; alguno de los dos, o los dos, buscan fuera la novedad, los estímulos que les devuelven las ilusiones y las ganas de vivir. No tiene que ser un amante. A veces es el trabajo, otras serán nuevas amistades no compartidas con la pareja; nuevos o viejos pasatiempos individuales, aficiones o adicciones. Es como si se experimentase que la auténtica vida, al menos la más estimulante, está fuera de la pareja.
Por obvias razones, llegará un punto en que el tedio ya no se soportará más y sin necesidad de haberse producido una circunstancia extrema, la relación se disolverá. Por eso es tan importante evitar el aburrimiento antes de que llegue. (24)
Para ello resulta imprescindible estar en vigilante cuidado de la creatividad en la pareja.
DÍA 24
El amor busca la paz
El apóstol Pablo les exhortó a los romanos: Hagan todo lo que esté a su alcance, todo lo que dependa de ustedes, para estar en paz con todos (Rom 12, 18). Y esto en el amor de pareja es indispensable practicarlo. Tenemos que hacer todo lo que podamos para estar en paz con quien hemos decidido pasar el resto de nuestras vidas. Es demasiado corta la vida para arruinarla al lado de alguien con quien vivamos peleando, renegando, discutiendo, amargándonos permanentemente. Por eso tenemos que poner todo el empeño de nuestra alma, todas las fuerzas de nuestra voluntad para tratar de vivir en paz. Esto implicará en algunos momentos tener que ceder, tener que darle al otro la razón, tener que ser el que pide perdón, aun estando convencidos que el otro tiene la culpa, tener que ser el que busca la reconciliación, sin esperar que sea el otro el que emprenda el primer paso.
Nadie se casa para sufrir; sin embargo, hay parejas que viven casi a las escupidas, y en el mejor de los casos, sin hablarse ni mirarse. Pero este no es el plan de Dios para el matrimonio. Él lo pensó para que se lo pueda “disfrutar”, no para que se lo tenga que “soportar”.
Hay casos complicados de personalidad y temperamentos que hacen muy difícil la convivencia. Pero eso no es un motivo para que tengan que vivir batallando como perros y gatos en el hogar. Hay que buscar siempre la paz; y esto implicará siempre una gran cuota de humildad. Es que el orgullo es el que nos hace encerrarnos en nuestras verdades; el que nos hace justificar nuestra rabia y violencia. Pero Dios no quiere el desorden, sino la paz (1Cor 14, 33).
Debiéramos poner en práctica en la pareja primero que todo aquella oración de san Francisco de Asís: “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz”. Pídele a Dios te use como instrumento para proveer paz, tranquilidad y mansedumbre a tu pareja. Y no dejes que pase mucho tiempo sin buscar la reconciliación. Establece un pacto, un código de honor de que practicarán siempre aquella máxima bíblica que exhorta: enójense, pero que no les dure hasta la puesta del sol, pues esto daría ocasión al demonio (Ef 4, 26-27). Jamás se vayan a acostar sin estar reconciliados, sin buscar tener paz en sus corazones, de lo contrario dejarían que el diablo empiece a borrar las huellas que conducen al tesoro de sus corazones.
Y si eres tú la persona que siempre está contendiendo en la pareja tendrías que buscar ayuda, quizás de tipo profesional, para encontrar esa paz que has perdido en tu interior. De lo contrario, jamás podrás brindársela a los demás; mucho menos a tu compañero/a de camino, con quien tienes que convivir demasiado tiempo en el día.
DÍA 25
El amor cede
Una de las principales acciones que tiene que realizar una pareja para alcanzar esa paz de la que venimos hablando es ceder. Ceder significa darle la razón al otro cuando me equivoco, pidiéndole perdón y reconociendo mi error. Ceder es dar el primer paso en pos de una reconciliación, sin esperar que el otro acuda primero. Esto ayuda, además, al desarrollo de la autoestima de quien amamos. Pero ceder significa además dejar al otro:
Guiarme: se trata acá de vencer ese orgullo de querer siempre nosotros tener el control de todo y dejarle al otro conducirnos, liderarnos, mostrarnos por dónde debemos conducir (aun cuando nosotros sepamos exactamente cuál es la ruta)… en definitiva, dejarle al otro marcarnos el camino, independiente del sexo que sea.
Corregirme: dejar al otro decirme aquellas cosas que hago mal. Una persona orgullosa y soberbia por lo general detesta tomar esta actitud de dejar que le marquen los errores. Se enoja de inmediato logrando que el otro ya no se anime a corregirle cuando lo ve necesario. En el fondo esto esconde el miedo interno que tenemos de ser descubiertos como somos y que por ende dejen de amarnos. Pero ya vimos que en el amor verdadero no hay temor.
Educarme: ceder es también dejar que el otro me siga educando. Por lo general no nos gusta esto, porque no queremos ser tratados como niños; sin embargo todos necesitamos seguir siendo educados por el resto de nuestras vidas. Pero hay que tener una gran cuota de humildad para dejar que el otro lo haga. A veces nuestra pareja tiene brotes de “padre” o de “madre” con nosotros, y es un gesto de ternura dejarle hacerlo. Obviamente no se trata de sostener estos roles permanentemente; pero hacerlo de vez en cuando puede hacer sentir muy bien a quien amas.
Marcarme límites: generalmente nos gusta a nosotros poner límites y establecer cuáles serán las condiciones de juego en la pareja, pero es propio del amor dejar al otro también hacerlo. El problema es que el otro a veces nos pone límites difíciles de cumplir, porque queremos hacer las cosas según nuestro antojo, o según nuestro modo de ver las cosas. Respetarle al otro su punto de vista y ceder haciéndole saber que estamos de acuerdo con su punto de vista es una manera de hacerle sentir feliz. Claro que no se trata de ser condescendientes todo el tiempo; me estoy refiriendo aquí a esos momentos especiales en que tenemos que aprender a ceder para que haya paz y para que el otro se sienta bien.
Cuidarme: cuando éramos adolescentes solíamos odiar la sobreprotección de nuestros padres, que eran capaces de esperarnos en la puerta del boliche en su obsesión por protegernos. Y al ponernos de novios o casarnos solemos ver cada acto de cuidado de nuestra pareja con miedo de que vuelvan esos arcaicos cuidados policiales. Sin embargo, como una de las funciones principales del amor es proteger, tenemos que aprender a dejarnos cuidar. No controlar, sino a cuidar amorosamente, a dejar que nos llamen para preguntarnos cómo o dónde estamos, a que nos abriguen o estén pendientes de nuestra salud. Incluso a que nos llame la atención sobre alguna persona que ven como un peligro intruso que puede robarse nuestro corazón.
En definitiva, se trata de ceder en el amor, una excelente forma de generar paz y armonía en la relación.
DÍA 26
El amor no es cruel
En el amor verdadero jamás hay que herir al otro con palabras que sabemos le pueden hacer daño. Una forma cruel es recordarle al otro algún pecado del pasado, o lo que es peor hacerle notar sobre una debilidad del presente. Cuando el diablo quiere hacernos un mal, por lo general recurre a las personas más cercanas a nosotros, porque sabe que nos conocen bien. Cuánto más lo hará con nuestro novio/a, con nuestro cónyuge, con nuestro compañera/o de camino. Así comienza esa gran tragedia de los matrimonios o parejas de novios de aprovecharse de la información conocida, de la debilidad del otro, de lo que sabemos que le va a doler.
Uno se preguntará: ¿es posible que dos personas que se aman lleguen a herirse así? Por supuesto que lo es. Hay un momento lamentable en que uno se enoja con su pareja y se vuelve cruel. Y quizás más que eso: sádico. Es como si le gustara ver al otro destruido, tirado en el suelo sin poder defenderse. Las frases, como por ejemplo: “Yo te lo dije”¸ “Ya te pareces a fulana/o”, “eres tan cobarde”, etc., sabiendo que al otro le hacen mal, son un indicador de un cierto grado de crueldad en la pareja. Es indicador de falta de compasión y de ternura.
No podemos ni debemos tratar así a quien se supone que amamos. No tenemos que hacer leña del árbol caído, como dice el dicho.
A causa de esta crueldad que existe muchas veces en la pareja es que uno en ocasiones no quiere abrirle su corazón a su compañero/a; es que sabe que si lo hace el otro puede aprovechar eso. ¡Qué pena! ¿Cierto?... justamente la persona que más debiera cuidar la intimidad del otro termina abriendo más las heridas, en lugar de sanarlas.
Hay una especie de sarcasmo en ciertas parejas ya que la demasiada familiaridad ha generado una confianza en la que se terminan hiriendo, en lugar de respetarse con cariño. Muchas veces esto se debe a que uno termina repitiendo ese modelo familiar en el que se crió, donde se vivían burlando unos de otros en el propio seno familiar. A veces hasta considerando esta barbaridad como un juego. Pero lo que no sabemos medir es el daño que podemos estar causando en el otro. No deja de ser un modo de violencia. Y no está muy lejos de los maltratos físicos y hasta del abuso o violación, pues si somos capaces de desnudar así al otro en sus defectos, somos capaces de mucho más si seguimos por la misma ruta.
Fuiste creada/o por Dios para levantar a esa persona, no para enterrarla más. Por eso elige exaltarla y no dejes que el diablo use tus palabras para destruirla. No permitas jamás que entre en tu corazón la crueldad. Pídele a Dios que te ayude a descubrir aquellas cosas que le dañan a tu pareja, pero para rezar por ellas, y no para usarlas como recurso cuando estén discutiendo. Nunca le hagas sentir el peso de su pecado; nunca le dejes desnudo/a frente a ti en su debilidad. Jamás te burles ni hagas bromas con aquellas cosas que le afectan seriamente en su corazón. En lugar de eso, elige siempre, aún en medio de tu tentación de ser cruel y sádico, siempre elige ser tierno y delicado, pase lo que pase, discutan por lo que discutan, estés enfadado y con mucha razón para estarlo por lo que sea. Jamás dejes aflorar la crueldad en ti.
DÍA 27
El amor no acusa
El verdadero amor no acusa ni hace culpable al otro de lo que está sucediendo. En todo caso se hace cargo de lo suyo y reconoce humildemente la parte de culpa que le toca sin juzgar al otro.
Acusar es hacerle el trabajo al diablo. El amor no actúa así, no acusa ni hace sentir mal al otro. La palabra Satán significa, nada más y nada menos que acusador. Eso es lo que hacemos muchas veces: ser un satán con nuestra pareja cada vez que le refregamos en la cara sus puntos débiles o sus errores.
Acabamos de ver que el amor no es cruel ni sádico, actitudes que tienen que ver más bien con el pecado capital de la ira que se instala en nosotros para destruir al otro y encontrar un cierto deleite en ello. Pero acá nos referimos a la acusación como actitud relacionada con el pecado capital de la soberbia que nos convierte en jueces del otro y nos posiciona en una situación de aparente superioridad. Digo “aparente” superioridad porque nadie es más pequeño que el que se coloca en actitud de juez de sus hermanos. Y esto se agrava si este “hermano” es nada menos que nuestra pareja.
Además, la actitud de acusar tiene que ver con un mal hábito -que suele venirnos desde la infancia- de desligarnos de la responsabilidad de lo sucedido, pensando que nunca es culpa nuestra sino de los demás. Es que encontrando un culpable podemos quedarnos con la conciencia tranquila justificando y escudándonos en las acciones de los demás.
Están incluso aquellos en la pareja que son “abogados del ego” (25), que tienen esa increíble capacidad para ser defensores y justificadores de su propia conducta. Es como un talento innato que llevan dentro que les hace sacar todas sus garras para dejar al ego bien parado, aun cuando saben que son en verdad culpables. Por ejemplo: siendo responsables de una infidelidad en la pareja, no solo no se hacen cargo de lo que hicieron sino que le echan la culpa al otro por haber descuidado la relación. De esta manera y como por arte de magia se colocan en el papel de víctima, y con una astucia demoníaca, terminan logrando que sea el que sufrió la infidelidad el que termine a sus pies pidiéndole perdón. Pero en lugar de eso, el Señor quiere que nos amemos con ese tipo de amor humilde que encuentra siempre en uno mismo, antes que en los demás, la culpa de lo que sucedió.
Ciertamente que hay casos en que es el otro el que tiene la principal culpa o responsabilidad de lo que sucede; pero aún en esos casos, el que ama verdaderamente no se dedica a remarcarle al otro esta culpa, sino que busca comprender la debilidad de su compañero/a y extendiéndole la mano le perdona su error. Y para eso, es necesaria una gran cuota de humildad, que es lo que veremos a continuación.
DÍA 28
El amor es humilde
El amor es humilde, particularmente a la hora de dialogar. La primera cualidad del diálogo es la humildad. No se debe avanzar hacia el otro hinchado por su propia perfección, seguro de lo definitivo de sus razones. No existe el cónyuge ideal, ni tampoco nadie es dueño de toda la verdad. Semejante actitud imposibilita el intercambio sano.
El peligro de todo diálogo conyugal es que, frecuentemente, se vuelve una acusación: se tortura, se ataca, se acusa recíprocamente (como acabamos de ver el día anterior), y se sale de esta situación más apartado que nunca. Por eso conviene que los esposos, a la hora de iniciar el diálogo, tengan la prudencia de ejercer una sana autocrítica; de reconocer delante de Dios las propias fallas. Es algo básico. Hay que tener un gran cuidado a la hora de las recriminaciones, críticas, preguntas embarazosas, para examinarse a sí mismo y verificar hasta qué punto puede uno mismo ser sujeto de censura. No es tan raro que uno proyecte sus fallas y limitaciones en el otro. Con una actitud de humildad y autocrítica, la conversación se desarrollará en un clima de lucidez, calma y comprensión. (26)
Cuando te sientas inclinada/o a juzgar a tu pareja y a criticarle ferozmente por una mala conducta que está llevando, trata de tomarte un momento de tiempo para pensar primero: ¿no sería yo capaz de hacer lo mismo o peor en sus mismas condiciones? Si eres humilde la respuesta sin duda en tu interior será: “Sí, seguro sería capaz de hacer algo peor”. Porque si te pones a pensar seriamente probablemente tú también ya lo hiciste en muchas ocasiones menores; así que puedes dejar de lado la piedra para lacerar a tu pareja, porque no estás libre de pecado como para ponerte en actitud de juez.
Ahora, si tu respuesta es un tajante: “la verdad que no, nunca yo haría algo semejante”. Eso es un indicador de que tienes que trabajar en la virtud de la humildad, porque se ha anidado en tu corazón la cizaña de la soberbia. Y esa soberbia te aviso que es la antesala de tu caída. Proverbios dice: Antes de la ruina hubo orgullo; la arrogancia precede a la caída (Prov 16, 18).
Pidámosle a Dios el don de amarnos con humildad, sabedores de que si nos hemos mantenido firmes ha sido por pura gracia de Dios y no tanto por nuestras brillantes capacidades. El amor nos hace humildes.
DÍA 29
El amor es influyente
Pocas cosas producen tanta influencia en la vida como el amor de una pareja, especialmente en los hijos.
La relación de los padres es para los hijos el modelo de todas sus relaciones de intimidad. Los hijos reciben seguridad cuando ven a sus padres y madres respetarse y ser respetadas por su cónyuge, o por el contrario, se llenan de miedo y desconfianza ante el amor cuando conviven con padres que no logran amarse y respetarse. (27)
Es frecuente encontrar que algunas de las personas que sienten algún rechazo frente la unión matrimonial se debe a que su pasado estuvo envuelto en un ambiente familiar donde los padres sostenían una relación con más tintes de hostilidad que de amor, en donde se agredían, se referían displicentemente uno sobre el otro, o lo que es peor, sobrellevaban una vida de maltrato físico y/o psicológico. De modo que el matrimonio de los padres sirve a los hijos como ilustración de un proyecto de vida, además puede influir en la elección de la pareja y en las expectativas que se centran en ella. Sin duda será determinante en el bienestar emocional y en las habilidades sociales que los hijos promoverán en su futuro. Los hijos imitan a sus padres y “toman prestada” una manera de hablar, un gesto, una forma de caminar… Pero a diferencia de un juego de roles, estos comportamientos no son imitaciones temporales, sino que luego se convierten en características o atributos que el niño toma como parte de sí mismo. Por lo tanto, si los hijos observan malas palabras, gritos o discordia entre sus padres, ¿qué imitarán después?
Diversas investigaciones señalan que los niños que crecen bajo un hogar conformado por padre y madre, que a su vez gozan de una convivencia sana, disminuye las probabilidades de que tengan dificultades en los estudios, presenten comportamientos violentos, elijan amistades desfavorables o incluso caigan en algunas adicciones como el alcohol y las drogas. Lo que resulta sensato, pues un joven que esté rodeado de buen ejemplo, de un clima pacífico de amor y regocijo por parte de sus padres, no tendría motivos para buscar carencias en ambientes externos.
Queda claro entonces que los hijos se merecen que sus padres hagan un esfuerzo por construir una relación armoniosa y amorosa entre ellos, la cual busque crecer y mejorar cada día su matrimonio. (28)
Esto mismo se puede trasladar tranquilamente a todo miembro de la sociedad, pues, aunque en menor grado que con los hijos, toda pareja es influencia para los demás. Siempre hay personas observándonos cómo nos amamos, miramos, respetamos, tratamos para seguir nuestros pasos sea para bien o lamentablemente, para mal. Es el poder que tiene la influencia del amor.
DÍA 30
El amor no tiene miedo
El que ama no tiene miedo. Sencillamente son incompatibles el miedo y el amor, como lo son el agua y el aceite. La Biblia declara:
En el amor no hay temor. El amor perfecto echa fuera el temor, pues hay temor donde hay castigo. Quien teme, no conoce el amor perfecto (1Jn 4, 18).
Encontramos acá una clave de comprensión de por qué tantas parejas viven con miedos permanentes: de ser abandonados, de que le sean infieles, de que el otro se muera, de que descubran verdaderamente quiénes son, etc. Se debe a que no han llegado a amar con el amor perfecto que Dios nos brinda. El que tiene miedo siempre está pendiente de sí mismo, de lo que va a perder, de lo que va a sufrir o volver a sufrir. En cambio quien ama, al estar metido en la felicidad del otro está confiado, con paz en el corazón, con esa tranquilidad que viene de quien ya no hace cálculos mezquinos de cuánto puede terminar sufriendo. Simplemente no lo hace porque ama bien.
Cuando amamos podemos sacarnos las máscaras y ser auténticos, sin ningún miedo a que nos dejen de querer. Porque ya no estamos preocupados de eso, de lo que estamos preocupados ahora es de no dejar de brindar nosotros amor al otro.
Muchos miedos tienen su raíz en situaciones traumáticas vividas en el pasado, y que en el presente nos hacen ver fantasmas por todos lados, con la sensación permanente de que estamos a punto de repetir lo mismo que ya sufrimos. Pensemos por ejemplo en los celos. Los celos son la reacción propia de quien tiene miedo de volver a sufrir un abandono que padeció en algún momento de su vida, o en varios. Esta raíz herida es la que nos hace florecer lo peor de nosotros: ese miedo a perder de nuevo, con la violencia que eso genera por dentro y a veces, lamentablemente, por fuera.
El problema mayor con el miedo es que nos hace enfocar tanto en lo negativo que, a corto o largo plazo, termina haciéndose realidad aquello que tanto se teme. Siguiendo con el ejemplo de los celos, celar a tu pareja con alguien de manera enfermiza, obsesiva y permanente puede lograr que su enfoque se termine desviando y te termine siendo infiel. Por eso Eclesiástico nos enseña: No seas celoso de la mujer que amas: podría nacer en ella la tentación de engañarte (Eclo 9, 1).
La buena noticia es que hay una manera formidable de vencer estos miedos: amar bien. Cuando aprendemos a amar bien, el miedo se disipa porque el amor no tiene miedo de sufrir; al contrario, el que ama sabe que para que el otro sea feliz tiene que pasar necesariamente por el sufrimiento. Así que, como tiene asumido esto, no tiene miedo del mañana. Y esto le permite vivir con paz y tranquilidad el presente.
Amar nos quita el miedo y nos permite disfrutar a nuestra pareja, sin miedo a que deje de amarnos o que nos abandone. Anímate a amar, esa es la mayor terapia contra el miedo.
DÍA 31
El amor es ubicado
El amor nos hace ubicarnos frente al otro, no solo en el respeto de modales, sino también en conocer los momentos apropiados para hacerle bromas, para besarle, para hacerle algún cariño, para dialogar, para hacer el amor, etc. La Biblia dice:
Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para hacer cada cosa: Tiempo para nacer, y tiempo para morir; tiempo para plantar, y tiempo para arrancar lo plantado; tiempo para matar y tiempo para curar; tiempo para demoler y tiempo para edificar; tiempo para llorar y tiempo para reír; tiempo para gemir y tiempo para bailar; tiempo para lanzar piedras y tiempo para recogerlas; tiempo para los abrazos y tiempo para abstenerse de ellos; tiempo para buscar y tiempo para perder; tiempo para conservar y tiempo para tirar fuera; tiempo para rasgar y tiempo para coser; tiempo para callarse y tiempo para hablar; tiempo para amar y tiempo para odiar; tiempo para la guerra y tiempo para la paz (Ecl 3, 1-9).
¡Qué hermoso sería tener en cuenta esta cita bíblica en el amor de pareja! Le haríamos tanto bien al otro. Es un gesto de enorme delicadeza el respetar los tiempos de nuestro cónyuge o novio. El otro no es una prolongación mía, sino alguien distinto, que tiene sus propios tiempos y ritmos. Esto implica que tenemos que conocer bien, estudiar en profundidad a la pareja, para saber en qué momento podremos ser oportunos con aquello que queremos hacer, sea esto lo que sea: hablar de algo serio, discutir una cuestión, tener intimidad sexual, hacerle cosquillas, pedirle un favor…lo que sea, si no lo hacemos en el momento oportuno seremos unos desubicados que lo uno que lograremos es arruinar de a poco el amor de la otra persona.
A veces será cuestión de esperar a que el otro tenga paz, gozo y comunión para poder realizar eso que anhelamos y la brújula para estar ubicados se llama AMOR. El que ama se ubica, sabe hacer las cosas a la hora indicada y en el momento oportuno. De esto último nos ocuparemos el siguiente día.
DÍA 32
El amor es oportuno
Este principio es una prolongación del aprendido ayer. Una de las maneras específicas de ser ubicados es siendo oportunos en la comunicación.
Es un arte saber escoger lo que debe decirse y lo que debe callarse. El proverbio lo enseña: No toda verdad es para ser dicha. Existen algunas que es mejor callar, porque diciéndolas solo lograríamos herir; sin provecho alguno para un mejor entendimiento. Existen silencios que deben ser respetados, secretos que son inviolables. No todo ha de decirse ni tampoco puede preguntarse todo. Para poder escucharse, la pareja debe respetarse. Una de las formas de respeto consiste en saber no preguntar o no insistir cuando no conviene; otra forma es no decir al cónyuge una verdad demasiado dolorosa. La discreción, en el sentido profundo de la palabra, es la clave de los diálogos conyugales. Es decir, deben discernir qué puede comunicarse y qué debe callarse, en todos los casos. (29)Esto no contradice lo que aprendimos el día 3, El amor es sincero, porque allí mismo veíamos que no es necesario decirle todo a la pareja, pero sí aquello que en justicia el otro debe saber porque es de suma importancia para la convivencia.
Esto se aplica también al momento escogido para manifestarse. La verdad no puede ser dicha en cualquier momento. No habría que hablar jamás cuando se está en determinados estados de espíritu. Por ejemplo, cuando se está dominado por la cólera, los celos, la tristeza profunda o una excepcional euforia.
No son las emociones las que deban animar al diálogo, sino exclusivamente la razón. Se juzgará, a nivel de la inteligencia, no de las pasiones, cuándo es el momento oportuno para decir tal o cual verdad, o pedir determinada explicación. Escoger en forma acertada el momento del diálogo es asegurar su éxito. (30)Indefectiblemente necesitaremos ser oportunos cuando se trate de corregir a nuestra pareja. Los próximos días nos encargaremos de este asunto.
Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.