Kitabı oku: «La cosecha del patriotismo»
LA COSECHA DEL PATRIOTISMO
FIDEL CASTRO, SU GRUPO POLÍTICO
Y LA EMERGENCIA DEL NACIONALISMO
EN LA EMIGRACIÓN CUBANA, 1955-1958
LA COSECHA DEL PATRIOTISMO
FIDEL CASTRO, SU GRUPO POLÍTICO
Y LA EMERGENCIA DEL NACIONALISMO
EN LA EMIGRACIÓN CUBANA, 1955-1958
Sergio López Rivero
UNIVERSITAT DE VALÈNCIA
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© Sergio López Rivero, 2013
© De esta edición: Publicacions de la Universitat de València, 2013
Publicacions de la Universitat de València
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Diseño de la maqueta: Inmaculada Mesa
Fotografía de la cubierta: Manifestación del Movimiento Revolucionario
26 de Julio. Los Angeles (California), 1958. Archivo del autor
Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera
ISBN: 978-84-370-9213-3
INDICE
Advertencia al lector
RACIONALIZACIÓN DEL NACIONALISMO, DESCONTENTO CIVIL Y CONVOCATORIA A LA ACCIÓN COLECTIVA
Identificación demográfica, social y cultural de la emigración cubana
La elite revolucionaria y la movilización de ciertas variantes de los sentimientos de pertenencia colectiva
La convocatoria a la acción colectiva desde la emigración
VIVIFICACIÓN DEL GRUPO POLÍTICO, CUERPO DE ESPECIALISTAS IDEOLÓGICOS Y DEIDAD ÚNICA
El nuevo tributo de «sacrificio y de vidas»
La creación de un cuerpo de especialistas ideológicos
Realidad del mito, traspaso de paradigmas y lealtad del grupo
DESCONTENTO PRIMORDIAL, CRIBA REVOLUCIONARIA Y MUTACIÓN EN LO IMAGINARIO DE LOS CUBANOS NORMALES Y CORRIENTES
Stop a la espontaneidad y desconfianza ante los (otros) héroes vivos
Palabras del cambio: preocupación por los orígenes, idea de destino y barbarización del lenguaje revolucionario
La diferencia con lo estadounidense, la Revolución Cubana y Fidel Castro en el centro de la nueva construcción intelectual
Fuentes seleccionadas
Índice onomástico
La historia no es una memoria atávica ni una tradición colectiva. Es lo que la gente aprendió de los curas, los maestros, los autores de libros de historia y los editores de artículos de revista y programas de televisión. Es muy importante que los historiadores recuerden la responsabilidad que tienen y que consiste ante todo en permanecer al margen de las pasiones de la política de la identidad incluso si las comparten. Después de todo, también somos seres humanos.
Eric Hobsbawm. Dentro y fuera de la Historia
ADVERTENCIA AL LECTOR
El que piensa escribir un ensayo histórico, lo hace generalmente porque considera que tiene un profundo conocimiento sobre el tema de su elección. No es mi caso. Empecé a pensar en este ensayo en la Universidad de La Habana, sin saber un ápice sobre la historia de los emigrados cubanos. Tampoco era un especialista, en ese fenómeno histórico conocido como Revolución cubana. Hasta ese momento todo lo que había llegado a mis manos estaba demasiado etiquetado ideológicamente por los cubanos «de dentro» y por los cubanos «de fuera», manifestando la permanencia del valor afectivo. Ambas variantes del pensamiento nacional, coincidían sin proponérselo. Se habían dedicado a estudiar cómo los grupos políticos interpretaron el apoyo de alguna parte de la población cubana a la convocatoria a la acción colectiva frente al golpe de estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, pero las dos habían pasado por alto por qué aquellos cubanos normales y corrientes ofrecieron lealtad a sus proyectos políticos.1 Para colmo, la relación emigración-revolución ha sido siempre un tema tabú en las dos trincheras de la historiografía cubana. Por una u otra razón, las dos variantes de la historia de Cuba han olvidado el papel de los emigrados en el proceso revolucionario cubano. ¡Como si se pudiera entender el nacionalismo en Cuba, sin atender a la historia de la emigración cubana!
De esta premisa, cae otra por su propio peso. Quien quiera ofrecer luz al dilema cubano durante los años cincuenta del siglo XX, debe recordar que «Democracia o Comunismo» repetía el golpista Fulgencio Batista alineado junto al gobierno de los Estados Unidos de América en la confrontación hemisférica contra el bloque comunista liderado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Y que como un aliado incondicional de la «democracia» contra el «comunismo», consideró por mucho tiempo al golpista Fulgencio Batista el gobierno de los Estados Unidos de América. Sólo que para los cubanos normales y corrientes no había nada que se pareciera menos a una democracia que el régimen dictatorial de Fulgencio Batista, y aquel slogan podía interpretarse de este modo: defensa de la democracia extranjera en detrimento de la nuestra. Lo anterior fue lo que ofreció el pie forzado al Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) desalojado del poder el 10 de marzo de 1952 y al Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) que era el pretendiente favorito para sucederlo en las elecciones a celebrarse el 1 de junio del mismo año, para convocar a la acción colectiva enarbolando la bandera nacional. Sin embargo, estos grupos políticos tradicionales de la izquierda cubana prefirieron jugar de manera conservadora asegurando su posición en lo alto de la clasificación de la opinión pública. Habituados a esto vaciaron de contenido la fe nacionalista, pasando por alto el auge de la identificación nacional de la población cubana y dejando el terreno libre a los grupos políticos emergentes.
Una oportunidad que no desaprovechó el grupo político emergente de Fidel Castro jugando con imaginación, abriendo el juego y atacando primero, mediante la elevación hasta la intransigencia de su mensaje nacionalista.2 Algo así como la diferencia entre el whisky puro que «nos tumba» y el diluido que «nos deja achispados», en la sugerente imagen de Charles Taylor sobre los distintos registros del nacionalismo.3 Esto es: 1) privilegiando la violencia sobre el diálogo, para zanjar los problemas políticos; 2) actualizando «los otros» (los españoles) con «ellos» (los norteamericanos), en el ejercicio de reafirmación colectiva frente a «nosotros» (los cubanos); 3) sustituyendo nación por revolución, en la ecuación patria-pueblo-nación que expresaba el sentido de pertenencia en Cuba.4 Con esos elementos capaces de provocar la emoción patriótica, el grupo político emergente de Fidel Castro se lanzó a la búsqueda de la hegemonía política socavando los métodos que hasta entonces aseguraban la lealtad y la subordinación de la población cubana. De ahí la validez histórica del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953, empeñado en desatar la acción colectiva mediante la movilización de la elite revolucionaria. De ahí también el cambio de condiciones, junto a la existencia de un grupo político emergente con tributo propio de «sacrificio y de vidas».5
Ya sé que nuestra mirada está teñida por nuestras ideas, y que el color de nuestro cristal nos hace ver el mundo de una u otra forma. Pero esta certeza, no debe nublar nuestro punto de vista. El 26 de julio de 1953 fue considerado en su momento por una franja importante de la población cubana, el sacrificio ritual del nacionalismo cubano ante los cien años de la muerte de su símbolo fundacional José Martí. Un «sacrificio de construcción» diría Mircea Elíade, que imita el gesto primordial del origen de la nación cubana y asume la «responsabilidad de mantenerlo y renovarlo».6 La doble negación, por la muerte de la muerte. Conforme avanzan los años, cada vez quedan menos dudas. La muerte aceptada el 26 de julio de 1953, que anuncia el final (más que del golpe de estado el 10 de marzo de 1952) de la fundación de la República el 20 de mayo de 1902. El poder sacramental de dominar el tiempo en que radica la esencia del sacrificio, permitiendo el intercambio del pasado por el futuro en palabras de Gilbert Durand.7 ¿Qué esta actitud nos resulta extraña? Pues sí. Pero eso que Peter Burke denomina «empatía prematura», debe recordarnos que estamos ante un sistema de creencias cuyos elementos se complementaban en aquel entonces, haciendo prácticamente irrebatibles sus proposiciones centrales.8 Algo que Hayden White, asociaría enseguida con «los estándares de moralidad y buen gusto sancionados socialmente» en aquel momento histórico.9 Y Ernesto Laclau, con el estado embrionario de una configuración populista. Entendiendo el populismo no como ideología, sino como un modo de construir lo político.10
Esto explica que a partir del período en prisión al que fue condenado por conducir aquellos sucesos violentos, Fidel Castro haya reconsiderado el camino hacia la toma del poder. Como podrán imaginarse, invirtiendo el valor simbólico de su sacrificio ritual en la estructuración de un alineamiento colectivo que provocara la subversión de las formas de sociabilidad y que modificara las relaciones con el poder en Cuba. Con esta intención, Fidel Castro fundó el Movimiento Revolucionario 26 de Julio. En esta empresa, a los emigrados cubanos miembros del Movimiento Revolucionario 26 de Julio les tocó coadyuvar a sufragar el costo de la revolución nacional y brindarle apoyo logístico.11 Pero, sobre todo, hacer existir visiblemente al grupo político emergente, estimulando con sus manifestaciones la fidelidad de sus integrantes y el crédito de la opinión pública, con la convicción de que se trataba de una fuerza numerosa, disciplinada y efectiva. Igual que estandarizar el nacionalismo intransigente, haciendo que la revolución ocupara cada vez más lo imaginario de los cubanos normales y corrientes.
Un proceso que transita de convocar a la acción colectiva contra la dictadura de Fulgencio Batista, pretendiendo hacer reconocer su identidad a través de José Martí; a exhibir una manera propia de ser, incorporando sus propios símbolos, rituales y ceremonias. Hasta ascender a su líder Fidel Castro, al lugar sagrado de los padres fundadores del nacionalismo cubano. El proceso de violencia simbólica que llega desplazar el conflicto político: de la dictadura de Fulgencio Batista al gobierno de los Estados Unidos de América como centro trascendente de la Revolución cubana. Lo cual, parafraseando a Clifford Geertz, era como saltar del descontento civil provocado por el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, al descontento primordial que conlleva a reajustar las fronteras imaginarias de la identidad colectiva. O lo que es lo mismo: pasar de desear la cabeza de Fulgencio Batista, a la de los Estados Unidos de América.12 A simple vista, el desequilibrio hacia el particularismo que Jürgen Habermas advierte en los nacionalismos, en la tensión permanente que sostienen en este tipo de sociedades con los elementos más universalistas.13
¿Cómo se fabricó y se puso en circulación ese discurso político que ha cumplido función de verdad y que todavía hoy constituye un formidable instrumento de control y de poder? Con varios entuertos por enderezar, esa pregunta la dirigiremos a un conjunto de fuentes documentales, publicísticas y orales durante los años 1955, 1956, 1957 y 1958; a través de tres puestos de observación. La confección y venta del Movimiento Revolucionario 26 de Julio como grupo político emergente, es el primero. El segundo, tiene que ver con la jerarquía de Fidel Castro en el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, que presupone una ventaja en clave de competencia política a la vez que una deformación en el grupo político que lo convierte en amo de las reglas del juego. Entre estas dos aguas navega el tercero: el tránsito de una visión ciudadana universalista (derechos y deberes en el entorno de un acuerdo plural) a una visión de compromiso político marcada por la redefinición de la identidad colectiva. De inversiones en el campo de la creencia y de estrategias de poder habla este ensayo, las mismas que con sus ardides, estratagemas y maquinaciones confirieron valor absoluto al «hacer existir» la nación de Fidel Castro, desafiando la relatividad que define la existencia de cualquier punto de vista.14
Quisiera advertirlo desde el principio. A diferencia de ese cierto estrabismo con que la historiografía tradicional cubana ha visualizado una reacción natural del cambio social en el resultado revolucionario de 1959, la perspectiva analítica que propongo se centra en conocer el proceso a partir del cual los revolucionarios cubanos confirieron sentido a su acción colectiva.15 En saber de sus esfuerzos colectivos conscientes, y en determinar las claves de la búsqueda racional de sus metas colectivas.16 Desafíos simétricos, avanzando en el camino contrario al continuo discursivo del proceso macrohistórico. Excesos teóricos. Todo exceso. Vis-á-vis entre las llamadas «leyes de dirección» y los sujetos históricos ideales.17 Maniobras de distracción, que Giuseppe Galaso simplifica en la ausencia de códigos genéticos político-sociales, madurez histórica o temporal en la escrituras de las revoluciones.18 Historia express cuestionada por su naturaleza exclusivamente social, su carácter rupturista y su desarrollo progresivo.19
Lo digo, sin afeites. Aún cuando reconozca que los acontecimientos históricos no deben ser despojados de su importancia, por mucho espacio que ocupen en el análisis los significados compartidos y las atribuciones simbólicas.20 Que no «todo vale», en el juicio desde el presente de los hechos del pasado.21 Y que las pruebas deben apuntar al pasado, más que a las «otras» interpretaciones del pasado.22 Según se mire, la «razonable certidumbre» que necesita ayer y hoy de sus códigos de certificación crítica.23 Me permito añadir, que con una pasión similar a la que despierta la comprensión y el saber en Natalie Zemon Davis.24 Sin más pretensión que Michel Foulcaut, cuando reduce el trabajo intelectual (interrogando de nuevo las evidencias y los postulados, cuestionando los hábitos, las mane-ras de hacer y de pensar, disipando las familiaridades admitidas y retomando las medidas de las reglas), a desempeñar el papel de ciudadanos.25
1 El asunto, no es novedoso. George Rudé, se refería a algo similar en sus estudios sobre la multitud en Francia. El problema, era que uno y otro bando habían proyectado sus propias aspiraciones, fantasías y/o temores sobre la multitud sin haberse planteado las interrogantes históricas básicas. Ver: Harvey J. Kaye. «George Rudé, historiador social», en George Rudé. El rostro de la multitud. Estudio sobre la multitud, ideología y protesta popular. Centro Francisco Tomás y Valiente, UNED Alzira-Valencia, Fundación Instituto de Historia Social, Valencia, 2001, p. 26.
2 Con todo el cuidado que conlleva el tratamiento de fenómenos no idénticos, presenciamos una reacción parecida a lo que describe Ernest Gellner para el fundamentalismo. Esto es, frente a esa suerte de «ecumenismo relativista» que asegura «la tolerancia y la mutua compatibilidad al vaciar tácitamente la fe de su contenido». Ernest Gellner, lo resume de este modo: si el fundamentalismo tiene una doctrina que lo acompañe, es que el mensaje debe tomarse literal-mente. «La amputación de la fe es ciertamente una traición». Ver: Ernest Gellner. «La unicidad de la verdad», en Antropología y Política. Revoluciones en el bosque sagrado. Editorial Gedisa, Barcelona, 1997, p. 23.
3 Charles Taylor. «Nacionalismo y modernidad», en Robert Mc Kim y Jeff Mahan (comp.). La moral del nacionalismo. Orígenes, psicología y dilemas de parcialidad de los sentimientos nacionales. V.1, Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, p. 53.
4 Véase mi exposición sobre el origen de este tema en El viejo traje de la revolución. Identidad colectiva, mito y hegemonía política en Cuba. Publicacions de la Universitat de Valencia, Valencia, 2007, pp. 62-71.
5 Fidel Castro. «Manifiesto n.º 2 del 26 de Julio al Pueblo de Cuba», Nassau, 10 de diciembre de 1955. En: Centro de Estudios de Historia Militar. Granma. Compilación de documentos. S.E., S.L., 1981, p. 17.
6 «Para que dure una construcción (casa, templo, obra técnica, etc.) ha de estar animada, debe recibir a la vez una vida y un alma. La “transferencia” del alma sólo es posible por medio de un sacrificio sangriento. La historia de las religiones, la etnología, el folclore, conocen innumerables formas de sacrificios de construcción, de sacrificios sangrientos o simbólicos en beneficio de una construcción». Ver: Mircea Elíade. «El espacio sagrado y la sacralización del mundo», en Lo sagrado y lo profano. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona, 2003, pp. 44-47.
7 A través del sacrificio, es como si el hombre adquiriera «derechos» sobre el destino, y como consecuencia pudiera modificar el orden del universo. Así, los rituales sacrificiales alcanzan el «gran sueño alquímico del dominio». Véase: Gilbert Durand. «Del Denario al Basto», en Las estructuras antropológicas de lo imaginario. Introducción a la arquetipología general. Fondo de Cultura Económica de España, Madrid, 2005, pp. 319-321.
8 «La cuestión es que para comprender el comportamiento de la gente de otras culturas no basta con ponerse en su situación; también es necesario imaginar su definición de la situación, verla a través de sus ojos». En: Peter Burke. «Relevancia y deficiencias de la historia de las mentalidades», en Formas de Historia Cultural. Alianza Editorial, Madrid, 1999, pp. 215-216. En términos de conflictividad, Marc Howard Ross lo ha relacionado con las expectativas compartidas sobre como se responderá a determinadas clases de eventos. Las reglas culturalmente compartidas que pueden encauzar la conducta aunque no haya instituciones que obliguen a observarlas. Ver: Marc Howard Ross. «La cultura del conflicto», en La cultura del conflicto. Las diferencias interculturales en la práctica de la violencia. Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1993, p. 253.
9 Hayden White. «La trama histórica y el problema de la verdad en la representación histó-rica», en El texto histórico como artefacto literario y otros escritos. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., I.C.E. de la Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, 2003, p. 195.
10 Ver: Ernesto Laclau. «La construcción del pueblo», en La razón populista. Fondo de Cultura Económica de Argentina, Buenos Aires, 2005, p. 99.
11 Aparece recogido en Sergio López Rivero. Emigración y Revolución (1955-1958). El papel del frente exterior del MR-26-7 en el proceso nacional liberador cubano. Editorial Félix Varela, La Habana, 1995. Especialmente dedicado al asunto financiero, el texto de Sergio López Rivero, María Antonia Marqués Dolz y Zayda Purón Riaño. Emigración y clandestinidad en el M-26-7. La emisión de bonos. Editora Política, La Habana, 1990. A pesar de las diferencias conceptuales, terminológicas y de objeto de estudio, esta obra es deudora de aquellos estudios iniciados en la Universidad de la Habana.
12 «La primera aspiración representa una busca de identidad y la demanda de que esa identidad sea públicamente reconocida como algo importante; es la afirmación social de «ser alguien en el mundo». La otra aspiración es práctica: es una demanda de progreso, de mejores niveles de vida, de un orden político más efectivo, de mayor justicia social y, además de todo eso, la demanda de «desempeñar un papel en el escenario mayor de la política internacional», de «ejercer influencia entre las naciones». Véase: Clifford Geertz. «La revolución integradora: sentimientos primordiales y política civil en los nuevos estados», en La interpretación de las culturas. Editorial Gedisa, Barcelona, 1996, pp. 222-223, 236. En cualquier caso, hacemos patente que necesitamos del Otro para definirnos. Que somos nosotros, porque al lado está él. Ver: Carmelo Lisón Tolosana. «Antropología de la frontera», en Las máscaras de la identidad. Claves antropológicas. Editorial Ariel, Barcelona, 1997, p. 179. La paradoja de arraigarse de nuevo en el pasado para entrar en la civilización moderna, que explica Paul Ricoeur. «Civilización universal y culturas nacionales», en Historia y Verdad, Ediciones Encuentro, Madrid, 1990, pp. 256-257.
13 Jürgen Habermas. «Conciencia histórica e identidad postradicional. La orientación de la República Federal hacia Occidente», en Identidades nacionales y postnacionales. Editorial Tecnos, Madrid, 1994, p. 90.
14 Me refiero a la tesis de Pep Subirós acerca de que el Estado existe; mientras las naciones «son existidas». En pocas palabras: que sin nacionalismo no hay nación. Incluida en «Genealogía del nacionalismo». Claves de Razón Práctica (24), 1992, p. 33. Un terreno en el que reina la concepción de que el lenguaje no sólo no refleja la realidad, sino que «construye» la realidad cuya autenticidad acabamos creyendo. Íntimamente relacionado con quienes hablan de la nación en su nombre y en caso del logro de sus objetivos políticos resultan los mayores beneficiados. Véase: José Álvarez Junco. «El nombre de la cosa. Debate sobre el término nación y otros conceptos relacionados», en José Álvarez Junco, Justo Beramendi y Ferran Requejo. El nombre de la cosa. Debate sobre el término nación y otros conceptos relacionados. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2005, pp. 15 y 73.
15 Véase: Enrique Laraña. «La reconstrucción del concepto de movimiento social», en La construcción de los movimientos sociales. Alianza Editorial Madrid, 1989, p. 74. Una interpretación que hace saltar por los aires la Santa Bárbara donde se almacenan los intentos de demostrar la paridad correlacional entre el nacionalismo y la alineación derivada de la privación económica, la injusticia social o la mayor marginación de un determinado grupo étnico. Ver: William A. Douglas. «Críticas de las últimas tendencias en el análisis del nacionalismo», en William A. Douglas, Stanfor M. Lyman y Joseba Zulaika. Migración, etnicidad y etnonacionalismo. Servicio Editorial Universidad del País Vasco, Bilbao, 1994, p. 84. El precio que pagan las «teorías de sistemas puros» al separar el nexo entre las experiencias vitales y los intereses de los actores por un lado, y los de las teorías sociales por el otro. Ver: Agnes Heller. «De la hermenéutica en las ciencias sociales a la hermenéutica de las ciencias sociales», en Historia y futuro. ¿Sobrevivirá la modernidad? Ediciones Península, Barcelona, 2000, p. 36.
16 Sobre este asunto, ver: Benjamín Tejerina. «Los movimientos sociales y la acción colectiva. De la producción simbólica al cambio de ideas», en Pedro Ibarra y Benjamín Tejerina (eds). Los movimientos sociales. Transformaciones políticas y cambio cultural. Editorial Trotta, S.A., Madrid, 1998, p. 114.
17 Véase: Julián Casanova. «Las caras cambiantes del sujeto histórico: en busca de la igualdad», en M. Cruz Romeo, Ismael Saz (eds.) El siglo XX. Historiografía e Historia. Universitat de València, Valencia, 2002, p. 114. Sobre el mismo tema: Jesús Millán. «Los sujetos históricos: modelos, tipos ideales y estrategias de investigación», en ibid. p. 107.
18 Por hacer referencia en este contexto a las dificultades de carácter teórico-metodológico, lo que no pretende minimizar las de carácter político. Ver: Giuseppe Galaso. «Historia e historicismo: la perspectiva que ha abierto la historiografía», en Nada más que Historia. Teoría y metodología. Editorial Ariel, Barcelona, 2001, p. 81.
19 Significativamente importante, para una cultura en que el examen de conciencia parece un obligado ejercicio mental. Véase: Álvaro Santana. «Entre la cultura, el lenguaje, lo “social” y los actores: la nueva historiografía anglófona sobre la Revolución francesa». Historia Social (54), 2006, p. 159.
20 Elena Hernández Sandoica y Alicia Langa (eds). «Introducción», en Sobre la Historia actual. Entre política y cultura. Abada Editores, S.L., Madrid, 2005, pp. 9-10.
21 Dolores Sánchez. «La línea interpretativa en la historiografía francesa. El debate sobre la Revolución francesa». Entopías/Documentos de Trabajo. Colección Interdisciplinar de estudios culturales. Impreso en Imprenta Lliso, Valencia, 1998, p. 3.
22 La atención sobre el tronco, las ramas y las hojas en la parábola de Frank R. Ankersmit. «Historiografía y postmodernismo». Historia Social (50), 2004, p. 15.
23 María Rosa Stabili. «Introducción. Los desafíos de la memoria al quehacer historiográfico», en María Rosa Stabili (coord.). Entre historias y memorias. Los desafíos metodológicos del legado reciente de América Latina. AHILA, Iberoamericana-Vervuert, Madrid, 2007, p. 11.
24 Atento al peligro de dejarme invadir por la excesiva familiaridad (cercanía) con el pasado. En: Natalie Zemon Davis. Pasión por la Historia. Entrevistas con Denis Crouzet. Publicacions de la Universitat de València y Ediciones Universidad de Granada, Valencia, 2006, p. 11.
25 Michel Foulcaut. «El interés por la verdad», en Saber y Verdad. Las Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1991, pp. 239-240.
RACIONALIZACIÓN DEL NACIONALISMO, DESCONTENTO CIVIL Y CONVOCATORIA A LA ACCIÓN COLECTIVA
Algunos elevaban al cielo sus ojos apagados, con la cabeza reclinada hacia atrás; otros, profundamente inclinados sobre las rodillas, hundían los rostros entre las manos. Los ojos de la escritora erótica se oscurecían cada vez que oía la palabra «castidad», y el filósofo con aspecto de canguro escribía de vez en cuando en el aire algo ininteligible con un largo y torcido dedo índice. El novelista buscaba hacía rato, aunque en vano, la postura cómoda para su espalda dolorida. Alrededor de las diez tuvo la visión de un bocadillo de jamón, pero lo ahuyentó varonilmente.
Thomas Mann. En casa del Profeta
IDENTIFICACIÓN DEMOGRÁFICA, SOCIAL Y CULTURAL DE LA EMIGRACIÓN CUBANA
En el pasaje inicial de La ignorancia, Milan Kundera coloca en labios de Sylvie e Irene una charla que versa sobre la nostalgia del emigrado.1 El caso es que, luego de veinte años viviendo en el extranjero, ante la oportunidad de regresar a su tierra Irene se estremece cuando Sylvie se inclina hacia ella y apretándole la mano le dice: «Será un gran regreso –y repitió–, tu gran regreso». Quizás la «gran magia del regreso», esté en el centro neurálgico de esa sensibilidad especial del emigrado cubano en los Estados Unidos de América, que lo hace vulnerable al lenguaje del nacionalismo en la quinta década del siglo XX. Dejémoslo claro: mezclando las condiciones de vida, que pueden hacer que la idea del nacionalismo les parezca atractiva que explica Ernest Gellner;2 con el desarraigo, que señala Eric Hobsbawm empuja a la gente hacia el «revolucionarismo consciente».3 Ustedes lo percibirán como ficción en pequeñas dosis, pero no me resisto a compararlo con los «vivas al optimismo» de esas categorías especiales de seres humanos excluidos a través del Estado-nación, ante la retórica curalotodo del usado credo revolucionario que se sostiene en la insatisfacción de esos grupos con su identidad anterior.4 El zumbido de la desesperanza, que Liah Greenfeld ha colocado en el centro de las crisis de identidad.5
En consecuencia, no resulta extraña la idea de que en este «microclima» de emigrados de primera generación, integrado por estratos sociales bajos o de brusco desplazamiento, amenazado por la desintegración cultural y la ruptura de los vínculos con los grupos primarios cohesivos, se reprodujera a menor escala el pensamiento político nacional. Y empiezo por despejar un prejuicio que pudiera dañar esta idea: de ese grupo perseverante «que permanece hoy aquí y se irá mañana» que identifica Alejandro Portes, en el año 1955 existían menos de dos mil cubanos naturalizados y menos de diez mil cubanos con residencia permanente en los Estados Unidos de América. Eso sí, casi tres veces más que en el año 1952, cuando Fulgencio Batista ejecutó el golpe de estado.6 En los Estados Unidos de América, donde la efervescencia política de los emigrados cubanos se localizaba principalmente en la ciudad de Nueva York, habían brotado tres grupos políticos adversarios: el Cuban Orthodox Party de Arnaldo Barrón, Acción Cívica Cubana de Ángel Pérez Vidal, y el Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos de Pablo Díaz. Tres en raya. Tres emigrados cubanos, que habían llegado a la política a la chita callando. El Cuban Orthodox Party se fundó en el año 1949, como una extensión de apoyo en el exterior del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos). No seré yo quien discuta, que luego de la muerte del líder de aquel grupo político Eduardo Chibás el 16 de agosto de 1951, la lejanía del escenario nacional acaso explica lo autóctono del Cuban Orthodox Party de Nueva York, ajeno a la atomización de tendencias contrapuestas que desvertebraron posteriormente ese grupo político. Quizás ello explique también que cuando en las filas de los «ortodoxos» surgió un grupo político emergente que presumía de rescatar el pensamiento de su ex-candidato presidencial en 1948, el Comité Ortodoxo se identifique con sus protagonistas.7
Por su parte, Acción Cívica Cubana apareció pocos días después del golpe de estado con una reconocida influencia del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico).8 Sin embargo, el impacto del 26 de julio de 1953 también penetró sus filas y expusieron su solidaridad con la elite revolucionaria mediante un acto en el Hotel White Hall. No hay dos sin tres, parece que dice esta historia. Como un desprendimiento de Acción Cívica Cubana, el Comité Obrero Democrático de Exiliados y Emigrados Cubanos se fundó en el primer semestre del año 1954. Y aunque pensaba que era yo que no me había fijado bien, se han confirmado mis sospechas. En esa fecha, el Comité Obrero Democrático de Exiliados y Emigrados Cubanos se identificaba con la orientación y los procedimientos del denominado «Plan Moncada».9
Es cierto que el rifi-rafe político, transformó aquellos grupos en irreconciliables. No obstante, ante los sucesos violentos del 26 de julio de 1953 se habían mostrado receptivos. Cuentan que el Comité Ortodoxo, sostuvo relaciones con la elite revolucionaria encabezada por Fidel Castro desde los días de prisión. Y posteriormente, contactó con los reos excarcelados durante el Congreso del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), celebrado en el Teatro Martí el 15 de agosto de 1955. Centrándonos en los cincuenta y tres días que transcurrieron desde la excarcelación de Fidel Castro el 15 de mayo hasta su salida al extranjero el 7 de julio de 1955, había ocurrido otro hecho relevante. El 7 de junio de 1955, Fidel Castro visitó el hospital donde se reponía de un rocambolesco episodio con los cuerpos represivos de Fulgencio Batista el ex-consejal ortodoxo Juan Manuel Márquez. Como quien dispara a un blanco móvil, Juan Manuel Márquez antes había integrado las filas del autenticismo y era un pionero en eso de enfrentar a Fulgencio Batista con acciones violentas. Ahora, en momentos en que la oposición bullía en estado grupuscular, mantenía valiosos contactos con emigrados cubanos en tierras norteamericanas. Era un valor en alza. En estas andaba, cuando relacionó a Fidel Castro con el dirigente del Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos Pablo Díaz. Curioseando en el ranking de popularidad, la confianza ascendía en paralelo. A estas alturas, para nadie resultó una sorpresa que en el mes de septiembre Acción Cívica Cubana expresara también su conformidad de propósitos con Fidel Castro, en una carta de adhesión enviada al líder del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.10
Aparentemente, todo salía a pedir de boca para Fidel Castro en los Estados Unidos de América. A la vista de los resultados, mucho le debe a la gestión con los emigrados cubanos de Juan Manuel Márquez. Ahora bien, a pesar de que no solemos darnos cuenta del modo gradual en que suceden los acontecimientos históricos, si ustedes se fijan bien en las palabras de Fidel Castro en aquel momento específico, asistimos a un cambio estratégico. «Ahora estamos arando para sembrar la semilla», afirmaba en el mes diciembre de 1955 quien el 26 de julio de 1953 había fracasado en querer tomar el poder por la fuerza.11 Un buen amigo, lo ha relacionado con el pasaje de El Loco de la obra de Friedrich Nietzche. Sí, aquel que en pleno día buscaba de Dios con un farol en la mano. El «estamos arando para sembrar la semilla» de Fidel Castro, por el «¡Busco a Dios!» de El Loco de Friedrich Nietzche. Vale, se trata de una analogía exagerada. Pero no me negaran que ese nihilismo (legalidad en la historia de la descalificación de los valores hasta ahora supremos) estudiado por Martin Heidegger en la obra de Friedrich Nietzche, puede pensarse suficientemente a partir de la esencia de la voluntad por llegar al poder de Fidel Castro. O si se prefiere. Este hombre trastornado salido fuera y por encima del hombre anterior, iba en busca de la Historia.12
LA ELITE REVOLUCIONARIA Y LA MOVILIZACIÓN DE CIERTAS VARIANTES DE LOS SENTIMIENTOS DE PERTENENCIA COLECTIVA
Dicho lo dicho, ya sabemos. Los piropos de los militantes y simpatizantes de un grupo político, representan siempre un termómetro defectuoso. Volvamos pues, al 7 de julio de 1955. Ese día, Fidel Castro arribó a Ciudad México trasladando hacia el exterior el escenario de preparación de la acción colectiva iniciada el malogrado 26 de julio de 1953. En poco más de cincuenta días, había erigido en Cuba la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.13 Entre los veteranos de las acciones violentas en los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes Pedro Miret, Jesús Montané, Haydee Santamaría, Melba Hernández, José Suárez, Antonio López y Pedro Aguilera; así como Faustino Pérez, Armando Hart y Luis Bonito, recientes disidentes del Movimiento Nacional Revolucionario fundado el 20 de mayo de 1952 por el profesor Rafael García Barcenas,14 quedaron repartidos los puestos de decididores. En la mente de todos los mandantes, coordinar las tareas correspondientes a la subversión interna y programar un recorrido por los Estados Unidos de América, para movilizar ciertas variantes de sentimientos de pertenencia colectiva que ya había reconocido entre los emigrados a fines del siglo XIX el símbolo fundacional del nacionalismo cubano José Martí.15
De este modo, en una misiva fechada el día 8 de octubre de 1955, Fidel Castro subrayó las normas de la unidad en torno al Movimiento Revolucionario 26 de Julio al Comité Ortodoxo de Arnaldo Barrón.16 Y diez y seis días después, arribó junto a Juan Manuel Márquez a la Pennsylvania Station de Nueva York, donde les obsequiaron un recibimiento «emocionante» de acuerdo a los testimonios de la época.17 Allí estaban todos los posibles representantes del «26», como se había indicado.18 Los seguidores de Arnaldo Barrón, Ángel Pérez Vidal y Pablo Díaz, a partes iguales. La acumulación de buenas noticias, añadió la presencia de cubanos simpatizantes radicados en Bridgeport, Connecticut. Se había abierto la veda, y la primera jornada se cumpliría en la Casa Dominicana.19 En aquel lugar, Fidel Castro y Juan Manuel Márquez recibieron también el espaldarazo de una representación de cubanos localizados en Union City, New Jersey.

Figura 1. Acto proselitista en el teatro Palm Garden de Nueva York, el 30 de octubre de 1955. En primer plano José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez, padres fundadores de la nación cubana. Archivo personal de Eusebio Valdés y Eva Iturbe.
Son muchos los que dicen, que el clímax del apoyo colectivo se alcanzó en el acto central celebrado en el Palm Garden de Nueva York, el 30 de octubre de 1955. A la sazón, el Comité Obrero Democrático, el Comité Ortodoxo, y Acción Cívica Cubana habían hecho circular este mensaje patriótico: «Como en el 68 y el 95, con el mismo fervor, desinterés y pureza de propósitos, los hijos de Cuba se preparan para llevar la libertad a su pueblo». Separar lo citado de lo que sigue, es casi imposible:
Los miles de compatriotas que han tenido que abandonar su país perseguidos por el hambre y la opresión política –no renuncian al deseo de volver a él y vivir con decoro y libertad en la tierra en que nacieron, donde están sus familiares, sus afectos y sentimientos. Pero para tener Patria, como dijo Martí, hay que conquistarla. Ningún cubano honesto puede permanecer indiferente ante tal empeño. La Gran Tarea de Redimir a Cuba está hoy en manos de hombres nuevos, limpios y sin complicidades ni compromisos con el pasado. Esa tarea no es hoy la obra de un Caudillo o de un partido, sino el Ideal y el Programa de un Pueblo. Libertad, Decoro y Pan queremos para todos los cubanos. Hablarán representaciones de todas las organizaciones de cubanos que no se han olvidado de su Patria y el resumen del acto estará a cargo del DOCTOR FIDEL CASTRO, líder de los combatientes del Moncada, luchador honesto y probado en quien hoy ha puesto sus esperanzas el Pueblo de Cuba.20
Reuniones previas el 26 de octubre de 1955, en The Straffield Hotel de Bridgeport;21 y 29 del mismo mes, con los emigrados de Union City en una barra de la 26 Street y Berganline Avenue, ataron los cabos sueltos.22 Es bajo este panorama, que ante las imágenes de los padres fundadores de la nación cubana José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez, se celebró el acto del Palm Garden el 30 de octubre de 1955. Cerca de 800 personas, acudieron a aquel recinto. Para empezar, la venta de la edición neoyorquina de La historia me absolverá, escenificó todo un gesto político. Una publicación con premio en su interior, si tenemos en cuenta la nota a modo de prólogo firmada por los tres alineamientos oposicionistas. Como una marca de fábrica estampada al fuego, identificados ahora con este rótulo: «Integrados hoy en el Club 26 de Julio de New York».23
No por azar, las palabras iniciales de Juan Manuel Márquez fueron para dar lectura a aquel documento, y gran parte de su discurso nacionalista lo dedicó a valorar la importancia de aquellos sucesos.24 Nada más acabar, también con el vocabulario del nacionalismo Fidel Castro recorrería tópicos similares.25 Aun conociendo que los sentimientos no hacen política duradera, generalmente todos coinciden: aquel acto ritual se convirtió en una ceremonia patriótica que convenció y finalizó como todo un símbolo con el aporte económico de los presentes sobre un sombrero mambí.26 Similar al utilizado por los patriotas cubanos, en la reclamación de un estado separado de España.27
Igual de acomodaticio, transcurrió el itinerario de Fidel Castro y Juan Manuel Márquez por el estado de la Florida, en el extremo sur de los Estados Unidos de América. Dicho de otro modo, el 30 de octubre se cruza con el 20 de noviembre de 1955, en el Teatro Flagler de Miami. Están de acuerdo, en casi todo. Me explico. En los intercambios que se sucedieron en casa de los simpatizantes, así como ante el Sindicato n.º 233 de los trabajadores de hoteles en huelga, Fidel Castro y Juan Manuel Márquez disertaron sobre el deber político que se imponía a todas las obligaciones públicas. La venta de La historia me absolverá acaparó también la atención de la elite revolucionaria. Y la redacción manuscrita de una invitación personal escrita con frases, comparaciones y metáforas heredadas del nacionalismo, dejó preparada la escena para la actividad principal. Como testigo de lo que digo, el símbolo fundacional del nacionalismo cubano José Martí presidió la ceremonia, y el sombrero que utilizaron los patriotas que reclamaron un estado separado de España, sostuvo otra vez el aporte económico.28
Por último, el juramento colectivo de «En 1956 la Patria será libre», y el canto del himno nacional cuyos versos convocaban a la acción colectiva,29 aumentaron el estado emocional de los asistentes homologando los sentimientos alrededor de los códigos básicos del nacionalismo. Habían dado en el clavo. En vista de ello y desde esta misma atalaya, se pactó una cita para el local de los obreros del acero en Tampa el 27 de noviembre. La fecha marcada en el calendario patriótico cubano, en que 84 años antes 8 estudiantes de medicina habían sido fusilados en Cuba, marcando una ruptura simbólica entre los habitantes de la isla con el Estado español. Tres cuartos de lo mismo, ocurrió en Cayo Hueso. El acto celebrado en un parking de Stock Island, se dedicó al 7 de diciembre de 1896. Y esta vez, casi con el totémico «extra» de las fechas redondas: el 59 aniversario de la muerte en combate frente a las tropas españolas del patriota Antonio Maceo.30
Hecho producto de devoción por sus sponsors políticos, el éxito de la movilización del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, solo se explica si tenemos en cuenta la racionalización del nacionalismo como catapulta de la masa de emigrados cubanos. Con esto quiero decir, que para este proceso de conversión al nuevo nacionalismo la elite revolucionaria encontró un «terreno fértil» en la emigración, donde explotar la emoción que provocaba en los emigrados los lugares relacionados con José Martí, el calendario patriótico cubano o el sombrero mambí utilizado en la reclamación de un estado separado de España.31 Hablo de ritos como conceptos compulsivos, que definen la realidad social a la vez que controlan las percepciones y las conductas. De juramentos colectivos, donde la lealtad al grupo es un principio más poderoso que cualquier devoción abstracta por la justicia.32 Del uso emotivo de las palabras: notaciones musicales al servicio de una psicología emocional.33 Todos lo vieron, pero nadie lo dijo. Hablo de una nueva jerarquización de acuerdo a la proximidad en relación al objeto que condensa lo sagrado.34
Era un juego de espejos. Como verdaderos flautistas de Hamelin, estas serían las bases para que Fidel Castro y Juan Manuel Márquez invitaran a los emigrados cubanos para que les siguieran. Reduciendo el lenguaje verbal y sistematizando la doctrina, mediante la codificación de esa leyenda de la «revolución inconclusa» que pretendía enmendar la plana a la realidad de la guerra hispano-cubana-norteamericana en 1898 y considerar legítimo el uso de la violencia en Cuba. Debería decir con Enrique Moradiellos, que una leyenda con vocación de llenar el vacío de la idea de progreso: ese proceso de avance con mejora que tiene lugar en el tiempo.35 Un nuevo concepto del tiempo homogéneo y simultáneo, que sólo existía en la imaginación de los neonacionalistas cubanos tras la identificación con un nuevo proyecto nacional.36 No lo he comprobado, pero me han dicho que una subcultura política que hace tiempo se ha comparado con el suplicio de Tántalo. Imaginan bien, aquel hijo de Zeus condenado a estar de pie en medio de una laguna, que cada vez que se inclinaba para saciar su sed, la corriente desaparecía absorbida por la tierra en castigo por abusar de la confianza de los dioses.37
¿A su favor? Lo que Oscar W. Gabriel denomina sentimientos de «confianza» y de «efectividad» políticos se encontraba tan debilitado en Cuba, que los actos estaban amortizados antes de celebrarse.38 En la actualidad, Enrique Gil Calvo lo podría llamar «progresivo deterioro del clima ciudadano». Y tras leer a Fareed Zakaria, estaríamos de acuerdo en que la opinión pública respecto a la política estaba «bajo mínimos» en Cuba. O viceversa, lo mismo da. Ni siquiera Xavier Arbos, se abstendría de calificar la realidad cubana de aquellos años como una cultura empañada por el «descrédito de la política». Lo que en palabras de Santiago Sastre, no sería más que la «falta de vitalidad (calidad) democrática» en Cuba.39
Todo ello, adosado a cuatro defectos de la realidad cubana. Dos, que Stephen J. Lee hubiera detectado a la primera. La personalización de las decisiones claves; y el atajo hacia el poder, que ofrecía la interpretación del inciso I del artículo 36 del Código de Defensa Social y el artículo 40 de la Constitución de 1940, legitimando la violencia para proteger los derechos y libertades fundamentales.40 Los otros dos, seguro serían visualizados por Aurora Riviére y Javier Roiz. El déficit del individualismo en la cultura política cubana, es el uno. El otro, la atadura del cubano a la historia. Simplifico. La tendencia a atribuir los derechos políticos a la colectividad, en lugar de situarlos en el conjunto social entendido como agregado de ciudadanos.41 Con estilo llano y tono mortificado, el etiquetado de «pueblo» como portador supremo de la soberanía, evocado 21 veces por Fidel Castro en el «Manifiesto n.º 1 del 26 de Julio Al Pueblo de Cuba», fechado el 8 de agosto de 1955.
En una prueba inversa, donde se trata no de lo que hay sino de lo que no hay, la historia sustituyendo la garantía jurídico-formal y efectiva realización material de los derechos y libertades fundamentales que definen los caracteres generales del Estado de Derecho.42 En definitiva, un argumento que disuade de indagar en otros argumentos. La memoria extremadamente selectiva de la gente, ha borrado este hecho. El grupo de intelectuales cubanos encabezado por Jorge Mañach, que prologó la primera edición del alegato político de Fidel Castro ante el tribunal que lo juzgó por las acciones violentas del 26 de julio de 1953, afirmó que iba dirigido al Tribunal de la Historia. En perfecta sintonía con La historia me absolverá, el título escogido para nombrar aquel discurso político.43
Se notará que lo estoy recomendando, pero si tuviera que seleccionar una imagen en el límite inferior del paréntesis temporal de aquellos años que representara la codificación de esa leyenda de la «revolución inconclusa» que pretendía enmendar la plana a la realidad de 1898, escogería aquella del enterramiento y resurrección de la Constitución de 1940 por un grupo de jóvenes malhumorados el 3 de abril de 1952. Más allá de las derivas ideológicas, 286 artículos rebosados de soberanía nacional, Estado de Derecho, economía de mercado y representatividad del poder rotos por el golpe de estado de Fulgencio Batista.44

Figura 2. Enterramiento y resurrección simbólicos de la Constitución de 1940 en La Habana, el 3 de abril de 1952. Señalados con los números 1 y 2, Armando Hart y José Antonio Echevarría. Archivo personal de Noruela Fernández.
De hecho, cuando Fidel Castro afirma a los emigrados cubanos de Nueva York que pretende completar la «independencia, sacrificada y dura, ordenada y seria, medularmente republicana democrática, revolucionaria y justiciera» lograda en 1898, ¿no habla de «implantar de una vez las instituciones políticas y sociales que sitúen a Cuba entre las primeras naciones de América y hagan posible la felicidad y el progreso de un pueblo sufrido, inteligente y noble y una tierra maravillosamente rica sin los grandes problemas fronterizos o religiosos, o étnicos que agobian a otros pueblos del Continente»?45 Repárese en que Jesús Montané no desvía el debate sobre esta hinchazón constitucional en carta a los líderes del Comité Ortodoxo de Nueva York, cuando se refiere a los quince puntos esenciales del programa del Movimiento Revolucionario 26 de Julio recogidos en el «Manifiesto n.º 1 del 26 de Julio al Pueblo de Cuba». Con esta luz roja intermitente, que aporta al andamiaje para la convivencia: «La revolución cubana realizará todas las reformas dentro del espíritu y las pragmáticas de nuestra Constitución avanzada de 1940, sin despojar a nadie de lo que legítimamente posee e indemnizando a cada uno de los intereses lesionados, con plena conciencia que a la larga toda la sociedad saldrá beneficiada».46
¿Ya suponen a cuento de que viene todo esto? Se los voy a poner más fácil. En un popular juego de rol en la red llamado Second Life, los usuarios pueden inventarse una identidad virtual. Tal vez un lector avispado, sea capaz de sorprendernos con algún fotomontaje ingenioso, que nos ayude a imaginar en esta época lo que pudiéramos considerar un revolucionario ideal. Yo propongo uno. Preguntemos a cualquiera de aquellos jóvenes malhumorados, el 3 de abril de 1952. Al joven abogado Armando Hart por ejemplo, acerca del valor fundamental de la sociedad, sus libros de cabecera, el sentido de la vida, el tipo de crisis que vivía la sociedad cubana y la responsabilidad en ello de Fulgencio Batista. Conforme leo las preguntas intuyo las respuestas: el imperio de la Ley, Las fuerzas morales y El hombre mediocre de José Ingenieros, sentido cristiano de la vida, crisis institucional y Fulgencio Batista en el centro del problema. Para entenderlo, basta con leer la armazón de sus palabras: «Exhortamos a todos los estudiantes, obreros, campesinos, intelectuales y profesionales a que alcen su voz fundida con la nuestra, que es la voz del pueblo y por ello la voz de Dios. Los convocamos a todos para discutir la situación y organizar un plan de lucha que conduzca al restablecimiento de la estructura democrática de la República y a la soberana vigencia de la Constitución de 1940».47
El pensamiento complejo ajustado en su alta dimensión a la talla de un cubano normal y corriente, lo reduciría a dos conceptos: Dios y Ley.48 Cuatro años después, los millones de configuraciones posibles para conseguir que cada cara vuelva a ser de un solo color desde cualquier combinación desordenada en el cubo de Rubik, Fidel Castro los tenía casi resueltos en Cuba. Para que negarlo. Porque al final se trataba de eso, ¿no? De reamueblar el imaginario colectivo de los cubanos normales y corrientes, con los apliques del nuevo nacionalismo. Y fíjense que todavía hablo de diseño, no de fabricación. La primera parada del neonacionalismo cubano, en uno de esos conocidos juegos de ir saltando de casilla en casilla. El principio del principio, que podemos situar en el 30 de octubre de 1955. ¿Recuerdan el juego virtual que tenía la ventaja de permitir jugar a ser otras personas a través del ciberespacio? Pues bien, puestos a elegir, ¿por qué no ser otra vez el joven abogado Armando Hart en 1956? Es curioso. De las cinco respuestas, dos mudarían la piel. En 1956, para el hijo del magistrado de la Sala de lo Contencioso Administrativo de la Audiencia de La Habana convertido en miembro de la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el valor fundamental de la sociedad cubana era la revolución como fuente de derecho. ¿El sentido de su vida? Servir a la historia.
Cuando el joven Armando Hart confiesa a su familia: «...soy capaz de entregar todo lo que poseo por alcanzar una vida superior (la que se vive al servicio de la historia) ...sin esas grandes emociones la vida no valdría nada para mí», se refería a ello. Como si la tabla de salvación de la historia, lo salvara del naufragio de la religión.49 En sintonía con las palabras de David Bell, en eso de relacionar el avance del nacionalismo con la progresiva ausencia de Dios.50 El revolucionario cubano que se descubre como «guarda-agujas de la historia» (en palabras de Ernst Bloch) y que se considera con poder para transformarla.51 Lo ha repetido Marcel Gauchet. La acción sobre las cosas, el vínculo entre los seres y las categorías organizadoras del intelecto, funcionando en las antípodas de la lógica de la dependencia de la religión, su regla constitutiva desde los comienzos.52
A la historiografía tradicional cubana, ¿no le dice nada que los revolucionarios cubanos emblemáticos en estos años fueran creyentes confesos? A mucha gente le suena la medalla religiosa al cuello de Fidel Castro, la invocación a Dios en lo que se considera el testamento político de José Antonio Echevarria y que Frank País fuera un conocido maestro bautista. ¿Máscaras y fachadas? No me lo creo. En el código de barras de los principales revolucionarios cubanos, aparecía un espacio dedicado a la religión. Antes del año 1956, era su primer mandamiento. A partir de aquí, las zonas erógenas y los puntos susceptibles de excitación del nuevo nacionalismo, parece ser que lo trasladan a un segundo plano. A ello me refiero, cuando hablo de la reconfiguración por parte de Fidel Castro en Cuba, del rompecabezas de 9 facetas en cada una de sus 6 caras, que inventó el arquitecto húngaro Erno Rubik. Lo que George Lakoff, llama marcos. Estructuras mentales, que conforman nuestro modo de ver el mundo. Nuestras metas, planes, maneras de actuar y aquello que cuenta como resultado.53
Cuesta trabajo creerlo, pero en esta fecha el traspaso de la frontera de las palabras y de las cifras gracias al clavado en el sillón presidencial de Fulgencio Batista, se extendía al peligroso atractivo de lo irracional. Así las cosas, la reducción a dos conceptos del pensamiento complejo, revelaba el tamaño de los excesos: violencia y derecho sagrado a la libertad. Las nuevas medidas de valor de las normas, en que se hacen descansar todas las otras normas básicas de convivencia. Para concebirlo como Fidel Castro, ¡Libertad o Muerte! En una encuesta rápida realizada conmigo mismo, coincido con Terry Eagleton. Quienes no están en disposición de morir por el Estado, pueden estarlo en morir por la nación. Modificando, de una manera definitiva e irreversible, sus conciencias políticas. Liberándolas en fin, respecto de esas creencias que versan sobre la muerte.54 También con Pedro Cerezo, quien asegura que sólo en nombre de lo sagrado se puede reclamar un derecho absoluto.55 Obediente a esa previsible lógica, en 1956 Armando Hart era Henry Jekill después de tomar la pócima. Edward Hyde vamos, en el famoso texto de Robert Louis Stevenson. La opción de aplicar para héroe (o para mártir), que implica un descenso en la condición de ciudadano. «Revolucionariamente», era la fórmula para despedirse en sus cartas íntimas que había escogido en 1956. Cuando le parecía estar viviendo las Guerras de Independencia, del siglo anterior. No olvidar, que para Fidel Castro Fulgencio Batista representaba a España. Y su grupo político, los independentistas que organizaba José Martí.56 Claro que al conocer la metamorfosis antes de comenzar la lectura, hemos perdido la capacidad del asombro.
En política hay pocas cosas que inventar. Si acaso, cambiar las reglas. Cuando se interrumpe una partida, se recogen las cartas, se baraja y se reparten de nuevo, queda claro que el contador vuelve a cero. Ese es el verdadero aporte de Fidel Castro a la realidad cubana. Esa fue su obra maestra. En eso deben coincidir sus hagiógrafos y sus detractores. Los suspiros y los chillidos. Lo demás, arte de cortar y pegar. ¿Socialdemocracia a la cubana? Teniendo en cuenta la recuperación de lo público, el estado garante y la insistencia en rebanar las desigualdades; parece claro. Puestos a especular, su ideario contra el monopolio, la exclusión y la precariedad social, así como el equilibrio entre los derechos y los deberes de los ciudadanos cubanos con voluntad de molestar a los Estados Unidos de América, inclinan un poco hacia la izquierda esa vocación de centroizquierda que inundaba la sociedad cubana antes de Fulgencio Batista. Pero nada más. Aunque el guionista mezcla un poco de Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) y otro poco de Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) y lo entrega como si fuera nuevo, es más de lo mismo. ¿Qué su intención de sobrepasar los límites del discernimiento que trazaban las leyes lo colocan del lado de lo que Thomas Sowell define como «visión no restringida de la política»?57 Cierto. ¿Qué no se privaba de la espontaneidad, la flexibilidad y la informalidad que reconoce John R. Searle en la práctica cuando no está codificada?58 También es verdad. Pero no me digan que se avizoraban señales de ruptura, en los documentos programáticos de Fidel Castro.
Existen tantas razones para negarlo, que rebasa la mención de los seis puntos que los protagonistas de los sucesos violentos del 26 de julio de 1953 plantearon como razones de su descontento. Aunque se nota mucho, en los seis puntos que plantearon como razones de su descontento los protagonistas de los sucesos violentos del 26 de julio de 1953. Hablo del problema de la tierra, de la industrialización, de la vivienda, del desempleo, de la educación y de la salud; junto con la conquista de los derechos individuales y la democracia política. Casi copiadas al carbón, las mismas medidas que fueron presentadas durante el mes de diciembre de 1953 en el «Mensaje a Cuba que sufre. Manifiesto a la Nación».59 En la travestida política cubana de la segunda mitad del siglo XX, convivían los platos más sofisticados y los macarrones con tomate frito de bote. Como en la película de Jim Carrey, a Fidel Castro le hubiera costado mucho decir la verdad todo el tiempo. Otra cuestión es la verdad de Fidel Castro, que ni se acercaba a esas reformas irreversibles, acumulativas y dirigidas hacia el socialismo que Adam Przeworski divisa en el «sí y sólo sí» de los socialistas reformistas clásicos.60 Tijereteando el presente con repartición de tierras y utilidades entre los trabajadores, abaratamiento de alquileres, destitución y confiscación de bienes a funcionarios corruptos; pero, sin alejarse demasiado del enfrentamiento a cualquier abuso del cargo que Dolf Sternberger anota en cualquier proyecto basado en la legitimidad civil.61 De acuerdo en el incremento de la producción de bienes y de servicios, que Philip Kotler, Somkid Jatusripitak y Suvit Maesincee consideran el principio básico de los policymarkers.62
Ni rastro de ese vocabulario histórico de la izquierda, que habla de imperialismo, proletariado, explotación del hombre por el hombre y lucha de clases. Que nadie se engañe, en el caso de molestar a los Estados de Unidos de América, hablo del frenazo a los experimentos liberales que le tocaban de soslayo. Tal vez haya sido una pantomima escénica, pero la bandera norteamericana junto a la cubana como escarapela, ocupó parte de cada ritual público del 26 de Julio. En medio de tanto adorno navideño, la instantánea que recoge a Fidel Castro escoltado por dos jóvenes cubanas portando las banderas de Cuba y los Estados Unidos de América el 7 de diciembre de 1955 en Cayo Hueso, nos regala lo espontáneo de aquellas horas políticas. Mirando de cerca, que el descontento civil era lo que gobernaba sobre todo lo demás en la cabeza de los mandarines del 26 de Julio es un hecho. Aun cuando ese proceso de secularización, en el sentido de apropiación y adaptación de las formas religiosas con fines profanos que descubrimos en el nacionalismo, contenga cierta dosis de pasarlo por alto.63 Era un José Ingenieros de andar por casa con Eduardo Chibás de copiloto, quien gobernaba los impulsos de los revolucionarios cubanos. El influyente médico y catedrático argentino junto al popular abogado cubano, tirando de la moral para solucionar la justicia social en América Latina. Ignorar esto, es como jugar a la gallina ciega.
A tono con lo antes expuesto, Fidel Castro añadió un tercer aspecto a este proceso de racionalización del nacionalismo cubano: organizó a los emigrados de las seis ciudades visitadas en Clubes Patrióticos, tal y como lo había hecho José Martí a finales del siglo XIX. Teníamos advertido, que en Nueva York el prólogo a la segunda edición de La historia me absolve-rá se refería ya a la integración de las tres organizaciones. Al parecer, un documento posterior firmado en aquella ciudad por Fidel Castro el 3 de noviembre del mismo año, precisaba que el Movimiento Revolucionario 26 de Julio quedaba representado por una comisión de tres miembros, proporcional a las organizaciones inicialmente adheridas.64 En paralelo, la constitución de los Clubes Patrióticos durante la estancia en cada localidad, se repitió en Miami, Tampa y Cayo Hueso. A pesar del mimetismo, en Bridgeport y en Union City los acontecimientos tomaron otro curso. Un cruce de cartas entre el 15 de noviembre y el 3 de diciembre de 1955, encaminaron a favor de Fidel Castro el caso de Bridgeport.65 Sospechas e indicios, hacen ver que en Union City la jefatura del «26» debió hilar fino para colocarle el distintivo.66

Figura 3. Fidel Castro escoltado por dos jóvenes cubanas, portando las banderas de Cuba y los Estados Unidos de América en Cayo Hueso, el 7 de diciembre de 1955. Archivo personal de Emilia Carbó.
Asimetrías aparte, todos los Clubes Patrióticos 26 de Julio fueron fundados sobre la base de la aceptación de la autoridad de Fidel Castro. A la vez que avanzaban en dirección contraria, ofreciendo participar a todos los emigrados cubanos. Sólo el nivel de compromiso, distinguía a los asociados. El socio-activista, tenía derecho a integrar la Asamblea Directiva del Club con voz y voto en las reuniones, así como la posibilidad de elegir su núcleo conductor. ¿Sus deberes? La cuota de cotizante semanal, la captación de adeptos, la recaudación de fondos y la publicidad política. Mientras, el socio-contribuyente sólo cotizaba y carecía de los derechos del anterior. Si por alguna razón, cualquiera no quería inscribirse como socio, formaría una lista aparte bajo la denominación de contribuyente «no socio».67 Debemos reconocer, que mientras a los activistas los identificaba un carnet de color blanco, con la firma del Ejecutivo en el anverso y una fotografía junto a la firma del activista y de Fidel Castro en el reverso. A los contribuyentes se les entregaba un carnet de color azul sin foto, con la firma del Ejecutivo del Club y sin la rúbrica de Fidel Castro.
El autorretrato de cada Club Patriótico, estaba integrado por un Presidente, un Secretario y un Tesorero. Era construido por la libre decisión de sus miembros, y podía estar compuesto por tantas secretarías como el caso local demandara.68 Con su período de dirección sujeto a la elección de los asociados, ellos serían los únicos conectados con la Dirección Nacional del Movimiento.69 Es cierto, que esta forma de organización no sustituía a la minoría elitista por la mayoría asociada. Ni evitaba que las decisiones giraran alrededor de su líder político como pináculo del grupo, árbitro de las posiciones y de las relaciones. Pero para sus militantes y simpatizantes, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio organizado en Clubes Patrióticos los representaba y actuaba en su nombre. Del mismo modo que la Dirección Nacional ocupaba el lugar de sus subordinados y Fidel Castro trataba de dominar el Movimiento Revolucionario 26 de Julio fortaleciendo o devaluando, distinguiendo, rebajando o alterando la escala de los prestigios. Salvo que esté muy equivocado, la autoridad «dispensadora de los triunfos y los descréditos» que describe Roger Chartier, probablemente luego de pasar un buen rato quitando y poniendo números en el sudoku revolucionario.70
Como esos boleros donde lo bueno y lo malo alternan en el pentagrama, el 7 de diciembre del año 1955 concluyó el recorrido de Fidel Castro y Juan Manuel Márquez por tierras estadounidenses. Quedaba atrás el reconocimiento que distingue la existencia de los grupos políticos, mediante una organización territorial en Clubes Patrióticos que abarcaba seis ciudades y un compromiso político por cumplir. En el «Manifiesto n.º 2 del 26 de Julio al Pueblo de Cuba» firmado en la isla de Nassau tres días mas tarde, la máxima autoridad del 26 de Julio valoraba positivamente el resultado de la consagración del grupo, acaso en lo que podía considerarse la manifestación embrionaria del poder político:
A los hombres y mujeres de mi patria dirijo fundamentalmente estas líneas. En mi retina traigo todavía las escenas inolvidables que he vivido entre la emigración cubana en los Estados Unidos. Puestos de pie, en todas partes, los cubanos, con la mano en alto, juraron no descansar hasta ver redimida su tierra y acudieron luego en masa a depositar en el sombrero mambí el producto de su sudor que aquí vierten en rudo trabajo (...) Todo lo hermoso de nuestra tradición histórica ha revivido en la emigración cubana con indescriptible fervor. Ya están en marcha los Clubs Patrióticos de Bridgeport, Union City, New York, Tampa y Cayo Hueso. Nuevos núcleos irán organizándose en Chicago, Filadelfia, Washington y otros lugares donde radican los cubanos que han tenido que abandonar el país para irse a ganar en tierra extraña el pan que no podían obtener en su tierra natal. Siete semanas de esfuerzo incansable dedicados a organizar a los cubanos desde la frontera del Canadá hasta el Cayo glorioso, han rendido los mejores frutos.71
Ni más ni menos, que el acto de magia que Pierre Bourdieu considera suficiente, para convertir lo que no es más que una serie de individuos yuxtapuestos, en un cuerpo místico encarnado en uno o más cuerpos biológicos.72
LA CONVOCATORIA A LA ACCIÓN COLECTIVA DESDE LA EMIGRACIÓN
«La Isla está revuelta y el Movimiento avanza en todas partes a paso de vencedor», escribía Fidel Castro ya casi de retirada hacia territorio mexicano a los líderes del Club Patriótico de Bridgeport.73 Empero en la nueva convocatoria a la acción colectiva no todo fue color de rosa, al aparecer el pugilato por el control precisamente en los lugares que habían reclamado mayor atención.74 En Nueva York, salieron a la superficie las divergencias habituales. Mientras en Miami, querellas internas desarticularon la concebida autoridad. Víctima del fuego amigo, sucedió la modificación de su Ejecutivo el 25 de enero de 1956. De tal suerte, el grupo político se desdibujó en los Estados Unidos de América tal como lo expresó el líder del Movimiento al Ejecutivo de Nueva York: «¿Es justo que Cuba entera crea en la existencia de una pujante organización de los emigrados cubanos en Nueva York, y esa organización a pesar del evidente patriotismo y entusiasmo de la masa, no funcione?».75 Algo así como que si no existían cubanos normales y corrientes que podían justificar la existencia del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en los Estados Unidos de América, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio perdía el crédito concedido por sus destinatarios y peligraba su identidad como grupo político.
No obstante, su habitual perspicacia para las realidades políticas lo condujo a gobernar sus pasiones e interpretar que se trataba de insuficiencias propias de la esfera de dirección, no imputables a la masa de emigrados. Este control de las emociones, lo llevó a afirmar que de los primeros sería injusto decir que no fuesen «buenos cubanos».76 En suma, que el momento no era para polémicas. Comenzaba el año 1956 y en México se completaba el staff de los futuros expedicionarios del yate Granma seleccionados en Cuba, Estados Unidos de América y algunos países de Centroamérica. La manutención de los revolucionarios, iba a cargo del Movimiento en Cuba, México y los Estados Unidos de América. Con todo, el armamento y el transporte que los trasladaría reclamaban atención urgente. Era preciso ganar tiempo, y para ello la elite revolucionaria engrasó la maquinaria. A partir de ahora, simplificó la documentación oficial para iniciar el trabajo de los Clubes Patrióticos; así mismo, añadió un apartado de selección de contribuyentes. A continuación, facilitó el envío de los fondos a México a través de giros bancarios. Siguiendo las mismas líneas matrices, cada Club Patriótico debía sufragar una cuota financiera establecida de antemano en un plazo no mayor de un mes y medio. A poco que se piense, convendremos en que las huellas del descontento civil también se encuentran por todas partes. El 10 de marzo de 1956, el Comité Ortodoxo de Nueva York circuló el documento «Liberate Cuba from Batista dictatorship» que condenaba al régimen golpista y solicitaba el apoyo de la opinión pública norteamericana. Unos días después, la zona de la Florida se agrupó en torno al repudio por la elección de Fulgencio Batista como «Hijo Adoptivo» de la ciudad de Daytona Beach. Y, pasado un mes, el Club de Miami se incorporó al rechazo internacional por la matanza del Cuartel Goicuría77 editando el pergamino «Asesina Batista y su régimen».78

Figura 4. Un manifestante del Comité Ortodoxo de Nueva York, sostiene un cartel que acusa al gobierno de Fulgencio Batista de conducir a Cuba hacia la miseria. S/F. Archivo personal de Eusebio Valdés y Eva Iturbe,
Se veía venir. El 20 de abril de l956 Fidel Castro envió a Juan Manuel Márquez a visitar cada Club Patriótico, en una misión financiera urgente que activaba los compromisos nacionales.79 El recorrido, siguió los pasos del precedente. El día 13 de mayo, los Clubes Patrióticos 26 de Julio de Bridgeport, Union City y Nueva York habían aportado un total que ascendía a $7.200.23. Según se mire, una cifra considerable que paradójicamente mostraba los huesos rotos del Club Patriótico de Nueva York. Baste saber, que Ángel Pérez Vidal, Arnaldo Barrón y Pablo Díaz demostraron que vivían en mundos paralelos que no se cruzaban, cuando se empeñaron en desmembrar la suma monetaria de acuerdo a lo aportado por Acción Cívica Cubana, el Comité Ortodoxo y el Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos. No es de extrañar que en los Clubes Patrióticos de Miami, Tampa y Cayo Hueso, la historia fuera similar. Al menos, a juzgar por el tono dramático de Juan Manuel Márquez. «De mis gestiones por la Florida, les diré que no marchan bien», comentaba avanzado el mes de mayo de 1956 al Club de Bridgeport, argumentando que el estado económico de allí era bastante precario. Pero sobre todo, que la organización iniciada el 20 y el 27 de noviembre, así como el 7 de diciembre de 1955, continuaba estropeándose. El 24 de febrero de 1956, el Club de Miami había sufrido otra restructuración. Otra más, soportó el 4 de mayo. «Aquí llegué con el fin de levantar $5.000 (añadía Juan Manuel Márquez el 30 de mayo de 1955) y creo que si logro $2.500 es un verdadero milagro».80
Se equivoca, quien crea que en adelante las cosas mejoraron para el grupo político de Fidel Castro. Cada vez disimulando menos sus intenciones, el 20 de junio de 1956 Fidel Castro y más de veinte miembros del Movimiento Revolucionario 26 de Julio fueron detenidos en la capital azteca, en el vórtice de una campaña propagandística hostil con el fin de deportarlos por parte de la prensa mexicana azuzada por los diplomáticos del gobierno de Fulgencio Batista. Se imponía un punto y aparte. Así que luego de coordinar los detalles para el envío de fondos, Juan Manuel Márquez se trasladó a Ciudad México. El 2 de julio de 1956 él, junto a los revolucionarios Raúl Castro y Héctor Aldama, orientaron al Club Patriótico de Nueva York intensificar la publicidad en torno a la detención. El revolucionario del medio, hermano menor de Fidel Castro, su acompañante en los sucesos violentos del 26 de julio y emparentado desde aquella fecha con los comunistas cubanos. Según estas voces, también debían atender a la urgencia del dinero que con ese fin se había solicitado y en hacer pública una carta del Movimiento Revolucionario 26 de Julio al Presidente de México.
El documento «Al Honorable Presidente de la República y al Pueblo de México», rechazaba los argumentos de la prensa mexicana. Para el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, Fidel Castro no era «coyote», «delincuente» o «mercenario»; sino «patriota». Y para demostrarlo, acudía al lenguaje nacionalista apuntalado por la función política que debía cumplir la leyenda de la «revolución inconclusa»: «Vivimos con la sencilla altivez de los hombres que aspiran a continuar en su patria el sueño trunco de sus libertadores. No hay grandeza ni valentía posible en calumniar en el infortunio y en la cárcel a los que viven y acaso tengan la dicha de morir luchando por la liberación de la patria encadenada (...) Libertad para Fidel Castro y sus 23 compañeros encarcelados es lo que pedimos a México en nombre del pueblo de Cuba».81
Un conjuro que les permitía reivindicar su proximidad con los dominados y les hacía sentirse autorizados para hablar en nombre de «el pueblo». Quizá enfatizando con Will Kymlicka, en lo que representa el término como fuente de dignidad para todos los individuos.82 Y en cierta medida, reclamando para sí un sistema de clasificación favorable bajo la apariencia legítima del nuevo orden y jerarquía que se proponían.83 Volviendo a lo del principio, otra forma de llamar a la nación. Si se quiere, más cercana a la identidad religiosa que sustituye (o absorbe) a medida que declinaba con la llegada de la secularización. El sujeto redentor que José Álvarez Junco mira con recelo, por su participación al lado del populismo en los grandes movimientos totalitarios del siglo XX.84 Por si sirve de algo, una forma de convocar a los cubanos por parte de Fidel Castro, que coincide con su idea de racionalizar el nacionalismo. Vidas paralelas a los juramentos colectivos, el uso emotivo de las palabras, la codificación de la leyenda y el mimetismo organizativo. Dice más de lo que parece. A la manera del mago David Copperfield, desde 1953 a 1955 Fidel Castro tele transportó su mensaje de la «nación» al «pueblo» de Cuba.85
La violencia simbólica surtió efecto. El 24 de julio de 1956, Fidel Castro fue liberado. Varios días antes había sido excarcelado parte del grupo, y una semana después se completaba la cifra. De corre-corre, los meses siguientes exigieron más prudencia en los entrenamientos y en el alistamiento de revolucionarios dispuestos.86 En el mes de agosto, se produjo una importante entrevista entre Fidel Castro y el joven maestro bautista Frank País. A buen seguro, un peso pesado del Movimiento Nacional Revolucionario. Hasta muy poco, desconfiado de las actitudes revolucionarias de Fidel Castro, convertido ahora en una suerte de arquitecto de la guerrilla urbana del «26».87 A partir de aquí, se estableció el esquema del juego clandestino en las ciudades: el apoyo al desembarco. Ocupados en esta empresa, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio y el Directorio Revolucionario decidieron unir sus esfuerzos para destronar a Fulgencio Batista. La «Carta de México»,88 como se denominó aquella alianza, fue firmada por Fidel Castro y el Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria José Antonio Echeverria, popular estudiante católico de arquitectura en la Universidad de La Habana, probablemente el revolucionario mejor ubicado en el escalafón de la desobediencia civil contra el golpe de estado del 10 de marzo de 1952. Sé de algunos escépticos que todavía hoy se preguntan, ¿por qué Fidel Castro y José Antonio Echevarría pertenecían a grupos diferentes si decían lo mismo? Ante lo cual, digamos que hablamos de competencia política; no de ideología.
Con todo, los acontecimientos posteriores se precipitaron. En el mes de septiembre, la adquisición del yate Granma. En el mes de octubre, el reencuentro con Frank País y José Antonio Echeverria. Contra lo que muchos suponen, para tratar de convencer a Fidel Castro de posponer la expedición pues el acondicionamiento en Cuba no era suficiente. Ni caso. Quien había demostrado un olfato prodigioso para el aroma de la política, decidió no plegarse a una actuación en cámara lenta. Entonces, la limosna de tiempo de la cual disponía, lo condujo a negociar con el ex-ministro auténtico Carlos Maristany el apoyo del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) para equilibrar el presupuesto.89 Desde 10 mil hasta 100 mil dólares, según la fuente. 5 mil más dice haberle entregado en mano Justo Carrillo, fundador y presidente del Banco de Fomento Agrícola e Industrial hasta el golpe de estado de Fulgencio Batista.90 En total, algo que por lo menos igualaba sino multiplicaba por diez el apoyo de los emigrados cubanos. A esa luz, dos deserciones en el campamento de Abasolo, junto a la prisión de los revolucionarios Pedro Miret, Enio Leyva y Teresa Casuso en Ciudad México, decidieron la partida.91 Esta última, viuda del escritor puertorriqueño Pablo de la Torriente Brau, radicado en Cuba desde los ocho años y muerto en el bando republicano de la guerra civil española. Por ende, apenas tres años después de extinguirse los ecos de los disparos en los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el yate Granma transportó hacia Cuba al grupo liderado por Fidel Castro. Era el 24 de noviembre de 1956. Con la distancia de los años, en un momento histórico en que la población cubana si bien todavía no asumía la nueva lealtad política, era demasiado evidente que comenzaba a desmarcarse de viejas lealtades.
Cierto es, que actualmente cubanos que vivieron aquellos años, me dicen que en el mes de diciembre del año 1956 a Fidel Castro no lo conocía nadie en Cuba. Y yo, claro está, no lo pongo en duda. Pero me da la impresión de que se equivocan. No sé como sería exactamente. Sin embargo, todo hace suponer que si hubiésemos preguntado por él en un bar de La Habana en las Navidades del año 1956, nos responderían tres cosas:92 que su prestigio político iba indexado a la violencia, que se trataba del «héroe del Moncada»;93 así como que juró en el exilio retornar en 1956 para destronar a Fulgencio Batista, y lo había cumplido.94
Podrá parecer poco. Pero este tipo de expresiones denominadas por John L. Austin «expresiones realizativas», poseen la peculiaridad de que al pronunciarse en ciertas circunstancias hacen más que decir algo.95 Y si se cumplen, a Jon Elster le bastaría para hacer notar que su posición entre los «primeros revolucionarios», le otorgaba un don especial para «hacer promesas» o «proferir amenazas», que en boca de otros políticos carecerían de credibilidad.96 Entonces, si en 1956 Fidel Castro tenía prestigio político, era algo. Y si al prestigio político añadía que sus simpatizantes le consideraban un héroe, algo más. ¿Cuánto sería si cumplía lo prometido? En múltiples ocasiones, la construcción de su figura mediática se ha comparado con Frankenstein. Si, la obra del científico visionario y de su criatura que Mary Shelley publicara en 1817, con tan solo diecinueve años. De la criatura inadaptada y del error del científico, al creer que luego de enseñarlo a andar se podían controlar sus pasos.
1 Milan Kundera. La ignorancia. Círculo de Lectores, S.A., Barcelona, 2000, pp. 11-12. La sentimentalidad propia de todo exiliado, según José Luis Abellán. «La revista España peregrina como paradigma del exilio español de 1939», en Archipiélago. Cuadernos de Crítica de la Cultura (26-27), 1996, p. 122. Hay que renunciar al buen juicio, para no creer a Rosa Abenosa Guardiola cuando afirma que en los casos de migraciones forzosas las personas se sienten razonablemente «desposeídos de su propia vida» porque otros (o las circunstancias) han decidido por ellos. En: Rosa Abenosa Guardiola. Identidad e inmigración: orientaciones psicopedagógicas. Ministerio de Educación y Ciencia, Secretaría General Técnica, Madrid, 2004, pp. 52-53. Sobre este asunto: Carlos Martín Beristain y colaboradores. Reconstruir el tejido social. Un enfoque crítico de la ayuda humanitaria. Icaria, Barcelona, 2004, pp. 194-196. Las dificultades de adaptación, integración y comunicación, refuerzan los sentimientos de agresividad y rechazo hacia el país receptor. Emergiendo sentimientos de fracaso, desolación y reivindicación. Sentimientos amplificados, al constatar que en muchos casos no cabe la alternativa de volver a casa si el éxito no acompaña. Ver: Rafael Anes y Álvarez de Castrillón. «Factores socioeconómicos de la diversidad. El caso de la emigración», en José Manuel Pérez-Prendes Muñoz-Arraco (dir.) La violencia y los enfrentamientos de las culturas. Fundación Ricardo Delgado Vizcaíno Justel Publicaciones, Madrid, 2004, p. 102.
2 Ernest Gellner. «Nacionalismo e Ideología», en Naciones y Nacionalismos. Alianza Editorial, Madrid, 2003, p. 163.
3 Eric Hobsbawm. «Los intelectuales y la lucha de clases», en Revolucionarios. Editorial Crítica, Barcelona, 2000, pp. 349-352.
4 Ver: Seyla Benhabib. «El derecho a tener derechos: Hannah Arendt y las contradicciones del Estado-nación», en Los derechos de los otros. Extranjeros, residentes y ciudadanos. Editorial Gedisa, Barcelona, 2005, p. 49.
5 Liah Greenfeld. Nacionalismo. Cinco vías hacia la modernidad. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2005, p. 17.
6 Alejandro Portes. «La nueva nación latina: inmigración y población hispana de los Estados Unidos». Reis. Revista Española de Investigaciones Sociológicas (116), octubre-diciembre, 2006, p.75. Las cifras exactas son 1.921 cubanos naturalizados y 9.924 cubanos con residencia permanente en 1955. Que contrastan con los 812 y 2.536, en el año 1952. En: Cuba Económica y Financiera (385), abril de 1958, p. 24.
7 Fidel Castro. «Mensaje al Congreso de Militantes Ortodoxos», (S.L.), agosto de 1955. En: Centro de Estudios de Historia Militar. Granma. Compilación de documentos. S.E., S.L., 1981, pp. 3-4.
8 En el mes de abril del año 1952, de acuerdo a su líder Ángel Pérez Vidal en Historia íntima de la Revolución Cubana. Ediciones Universal, Miami, 1997, p. 37.
9 Pablo Díaz. Entrevista realizada por el autor en Ciudad de La Habana, el 5 de febrero de 1990.
10 La respuesta de Fidel Castro, es incluida (el original y la transcripción) por Ángel Pérez Vidal en Historia íntima de la Revolución Cubana, pp. 40-53.
11 Fidel Castro. «Discurso en el Teatro Flagler de Miami». En: Bohemia, 4 de diciembre de 1955, pp. 77-78.
12 Martin Heidegger. «La frase de Nietzche “Dios ha muerto”», en Caminos de bosque. Alianza Editorial Madrid, 1998, p. 173.
13 El domingo 12 de junio de 1955, quedó constituida la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Ver: Mario Mencia. «Solución la del 68 y el 95». Bohemia, La Habana, 16 de agosto de 1985, p. 85.
14 Veterano dirigente del Directorio Estudiantil Universitario de los años treinta del siglo XX y del Consejo Nacional del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos). En el mes de abril del año 1953, el proyecto fue abortado y su jefe encarcelado. En cuanto a su doctrina, ver: Movimiento Nacional Revolucionario. «Propósitos inmediatos», en Mario Mencia. El Grito del Moncada, Volumen II, Editora Política, La Habana, 1986, pp. 610-614.
15 Ver: Fidel Castro. «Discurso en el Palm Garden». En: Fidel Castro. José Martí el autor intelectual. Editora Política, La Habana, 1983, p. 87.
16 Fidel Castro. Carta a Antonio González Jaén y al Comité Ejecutivo del Comité Ortodoxo de Nueva York (México), 8 de octubre de 1955. En: Luis Conte Agüero, ob. cit., pp. 320-322.
17 Juan Manuel Márquez. Carta a Raúl Castro y otros compañeros, Miami, 14 de noviembre de 1955. En: Guillermo Alonso y Enrique Vignier. Juan Manuel Márquez. Documentos de Combate. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1983, pp. 151-162.
18 Fidel Castro. Carta a Antonio González Jaén y al Comité Ejecutivo del Comité Ortodoxo de Nueva York (México), 8 de octubre de 1955. En: Luis Conte Agüero, ibid.
19 Celestino Rodríguez. Entrevista realizada por el autor en Ciudad de La Habana, el 10 de abril de 1987.
20 Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos, Comité Ortodoxo de New York y Acción Cívica Cubana. Cubano. Facsímil. Archivo personal de Celestino Rodríguez.
21 Los detalles del encuentro, fueron perfectamente recordados por Celestino Rodríguez, en la entrevista realizada por el autor en Ciudad de La Habana, el 10 de abril de 1987. Con idéntica memoria los expuso Luis García, en la entrevista que junto a Armando Hidalgo concedió al autor en Ciudad de La Habana, 21 de abril de 1987.
22 Juan Manuel Márquez. Carta a Raúl Castro y otros compañeros, Miami, 14 de noviembre de 1955, ob. cit., pp. 151-160. Este acto ocupa una parte importante de la entrevista de Rafael López, Carlos Cerdeña y Gilberto García con el autor en Placetas, Villa Clara, el 3 de junio de 1988.
23 Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos, Comité Ortodoxo de New York y Acción Cívica Cubana. «Nota aclaratoria a la segunda edición». En: Fidel Castro. La historia me absolverá. Discurso pronunciado por el Dr. Fidel Castro ante el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba el día 16 de octubre de 1953, (S.E.), New York, 30 de octubre de 1955, p. 1.
24 Juan Manuel Márquez. «Discurso pronunciado en el Palm Garden de Nueva York». En: Guillermo Alonso y Enrique Vignier, ob. cit., p. 153.
25 Fidel Castro. «Discurso en el Palm Garden», en ob. cit., p. 100.
26 Luis García. En: Luis García y Armando Hidalgo. Entrevista realizada por el autor en Ciudad de La Habana, el 21 de abril de 1987. De acuerdo a un testimonio inédito escrito en aquellos días por Celestino Rodríguez, en la Casa Dominicana las palabras de Fidel Castro no les habían convencido. De él, sólo conocían lo que habían leído en la revista Bohemia y no estaban dispuestos a un nuevo desengaño político. Sin embargo, en el acto del Palm Garden su discurso cambió de registro: «Ellos hicieron lo de Moncada y el pueblo a pesar que no los secundó, sabe que de estos hombres, solamente de ellos, puede esperar la libertad de la tiranía batistiana». Ver: Celestino Rodríguez. Testimonio inédito, S.L., S.F., S.P. Archivo personal de Celestino Rodríguez. En la «Nota aclaratoria a la segunda edición» incluida en La Historia me absolverá, se calificaba de «heroico» el ataque al cuartel Moncada. Ver: Comité Obrero Demo-crático de Exilados y Emigrados Cubanos, Comité Ortodoxo de New York y Acción Cívica Cubana. «Nota aclaratoria a la segunda edición». En: Fidel Castro. La historia me absolverá. Discurso pronunciado por el Dr. Fidel Castro ante el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba el día 16 de octubre de 1953, (S.E.), New York, 30 de octubre de 1955, p. 1.
27 Según el historiador cubano Manuel Moreno Fraginals, las autoridades españolas bautizaron a las tropas criollas con un nombre africano que comenzaba con el prefijo yoruba mbí, que los españoles no acostumbrados a este fonema inicial convirtieron en mambí. El término utilizado en forma despectiva, se convirtió luego en laudatorio del patriotismo cubano, en: Manuel Moreno Fraginals. Cuba/España. España/Cuba. Editorial Crítica, Barcelona, 1995, p. 247.
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